Está en la página 1de 3

El Talca en Huamachuco.

Rafael Mellafe Maturana*

* Rafael Mellafe Maturana es investigador militar especializado en la Guerra del Pacífico y


en el conflicto del Beagle de 1978. Como autor, coautor y editor ha publicado 17 libros
relacionados con su especialidad. Mail: rafael@mellafe.cl

Resumen
Participación del Regimiento Talca en la Batalla de Huamachuco, la última de la
Guerra del Pacífico (1879 – 1884).

Abstract
Participation of the Regimiento Talca in the Batalla de Huamachuco, the last of the
War of the Pacific (Saltpeter war) 1879 - 1884.

El 10 de julio de 1883 se libra la última batalla de la Guerra del Pacífico en la localidad


peruana de Huamachuco, decimos última ya que toda resistencia peruana, liderada por
Andrés Cáceres, es totalmente desbaratada con la victoria chilena y se abre el camino para
lograr la paz con el Tratado de Ancón del 20 de agosto de ese mismo año.

Una de las unidades que estuvo presente en aquella jornada y que se llenó de gloria, fue el
Regimiento Talca con 660 hombres, al mando del coronel Alejandro Cruz Vergara, y que
combatió ferozmente durante aquella jornada.

Los del “Talca” no eran ningunos novatos en la Guerra del Pacífico, ya habían participado
en las importantísimas batallas de Chorrillos y Miraflores, donde se lamenta la muerte de
los hermanos Eneas y Carlos Fernández Letelier, oriundos de la ciudad desde donde surge
el regimiento.

La región del Maule entregó a sus hijos para que fuesen al norte en defensa de la patria,
entre todos aquellos valientes destacamos al teniente coronel Emilio Gana Castro, segundo
comandante del regimiento, los hermanos Dionisio y Francisco Antonio San Cristóbal de la
Fuente, los capitanes Edmundo Armas Silva y Rudensindo Concha Solar. Lo anterior se le
agrega a otro grupo de talquinos que se enrolaron en otras unidades, como el cirujano
Clotario Salamanca que sirvió en el Buin o el capitán Marcial Novoa Concha del Batallón
Cívico Movilizado Caupolicán.

Aquella fría mañana del 10 de julio, los soldados chilenos y peruanos entran en combate,
los primeros descendiendo del cerro Sazón y los segundos del Coyulga para encontrarse en
el llano de Purrubamba, donde en un rápido y certero intercambio de fuego se inicia el
combate, siendo el primer soldado chileno en dejar su sangre regada en aquellas tierras
Vicente Hernández del “Talca”.

La batalla, que se había iniciado a eso de las seis de la mañana, para las 10 estaba
empeñada. La línea chilena se asentaba en los primeros pliegues del Sazón y tenía en su ala
izquierda al Concepción y en su derecha al Talca. Sin embargo, esta línea de batalla era
superada con creces por los efectivos peruanos sobrepasándola por ambos extremos.

Luego de combatir por más de 4 horas el humo producido por las miles de detonaciones de
fusiles y cañones oculta por momentos los rayos del sol, tornando la lucha en tinieblas y
limitando considerablemente la visibilidad del campo de batalla a no más de treinta metros
o cuarenta metros. Las fuerzas estaban tan cerca que era posible escuchar como los jefes,
tanto chilenos como peruanos, arengaban y animaban a sus respectivos soldados que
aprovechaban para imprecarse mutuamente.

A las 12:00 horas se combate bravamente, sin descanso y la batalla aún no se decide y no
cejan en su afán de obtener la victoria. El general Cáceres ordena que entre en combate su
reserva para así dar la estocada final y derrotar a las fuerzas chilenas de una manera
contundente y definitiva. Con nuevos bríos, los peruanos comienzan lentamente a
presionar y a estrechar las filas, ahogando paulatinamente al enemigo que ya empezaba a
retroceder subiendo la falda del Sazón, en forma metódica y ordenada. Es en ese momento
cuando los fuegos peruanos empiezan a ralear y súbitamente se apagan, el horror y la
desesperación se apodera de ellos. ¡¡Se habían quedado sin municiones!!

El comandante de la fuerza chilena, coronel Alejandro Gorostiaga rápidamente se da cuenta


de la situación y ordena tocar “degüello” a todos los clarines y tambores de la división. El
vibrante y sonoro toque se repite una y otra vez en forma ininterrumpida indicándole al
infante que debe calar la bayoneta en la boca del fusil y avanzar a como dé lugar. Al mismo
tiempo, Gorostiaga lidera personalmente el ataque y junto a su Estado Mayor desciende
por la ladera con sus sables en ristre, uniéndose a la lucha. Los soldados que combaten a
los pies del cerro ven con asombro a su Comandante entrar en batalla. Esto les da a los
soldados vigor e ímpetus quienes rápidamente calan bayoneta y se levantan con nuevos y
salvajes bríos combativos. Desde el primer instante de la brutal carga chilena se nota
vacilación en las líneas peruanas y no tardó nada en partirse y desmoronarse, declarándose
una nueva victoria para las armas de Chile.

Una vez firmada la paz entre Chile y Perú, las unidades retornaron a sus ciudades a sus
hogares y a sus familias. El 23 de mayo de 1884, entre los vítores de la población y ante una
ciudad engalanada, el Regimiento Talca entra marcialmente al compás de los acordes de la
banda del regimiento.

La guerra había terminado, ahora los “viejos” del Talca enfrentarían nuevos desafíos,
trabajar en paz por el progreso de su región con el mismo ahínco con el que combatieron.

También podría gustarte