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646 KANT/CRITICA DE LA RAZON PURA

este resultado sin necesidad de consultar sobre ello a los filóso-


fos.
No voy a celebrar ahora los méritos de la filosofía
ante la razón humana en virtud del penoso esfuerzo de su
crític , incluso suponiendo que dichos méritos resultaran pura-
mente negativos. En la sección siguiente se dirá algo más
a este respecto. Pero ¿exigís acaso que un conocimiento que
afecta todos los hombres rebase el entendimiento común
^
y os sea revelado únicamente por los filósofos? Eso que censu-
ráis es precisamente la mejor confirmación de que lo hasta DOCTRINA TRASCENDENTAL
aquí afirmado es correcto, ya que revela lo que antes no DEL METODO
podía preverse, a saber, que, g! relación con lo que interesa
a todos los hombres por igual, no puede acusarse a la natuialeza C¡pÍruro III
de páiciaiiclad en la distibución de sus dones. La más elevada
filosofía no puede llegar más lejos, en lo que se refiere a LA ARQUITE,CTONICA DE LA RAZON PURA
los fines más esenciales de la natttrzleza humana, que la guía
que esa misma naturaleza ha otorgado igualmente incluso al Entiendo por arqaiÍectónica el arte de los sistemas. Como
entendimiento más común. la unidad sistemática es aquello que convierte el conocimiento
ordinario en ciencia, es decir, lo transforma de mero agregado
de conocimientos en un sistema, la arquitectónica es la doctrina
de lo científico en nuestro conocimiento y. consiguientemente,
pertenece de modo necesario a la doctrina del método.
Regidos por la nzón, nuestros conocimientos no pueden
constituir una rapsodia, sino que deben formar un sistema.
Unicamente desde éste pueden e impulsar los [ines
^poya.r
más esenciales de la r^zón. Por sistema entiendo la unidad
de los diversos conocimie ntos bajo una idea. Esta es el concepto
¡acional de la forma de un todo, en cuanto <1ue mediante
tal concepto se determina a priori tanto la amplitud de lo
diverso como el lugar respectivo de las partes en el t<¡do.
El concepto racional científico contiene, pues, el fin y la forma
del todo congruente con é1. La unidad del fin al que todas las
partes se refieren y en la idea del cual se relacionan todas
ellas entre sí hace, por un lado, que la faIta, de cada una
de esas partes pueda ser notada al conocer las otras y, por laar:
otro, que no se produzca ninguna adición fortuita ni haya
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ninguna magnitud indeterminada del todo que no posea los


límites determinados a priori. El todo está, pues, articulado
(articalaÍio), no amontonado (coaceruatio). Puede crecer interna-
mente Qper intut suscepiionem), pero no externamente Qper apposi-
tionem), como hace un cuerpo animal, cuyo crecimiento no
supone adición de nuevos miembros, sino que fortalece cada
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uno de ellos, sin modificar su proporción, y lo capacita mejor idea con la que se relacionan rapsódicamente y que se halla
para cumplir sus fines. oculta en nosotros, e incluso después de haber pasado mucho
La realizzctón de la idea requiere vn esqtlema, es decir, tiempo ensamblándolos técnicamente, nos sea posible contem- . .

esencial variedad y orden de las partes, ambas cosas determina- plar esa idea desde una luz más clara y esbozar t"¿" l13l
das a priori por el principio según el cual se rige el fin. ""
arquitectónico de acuerdo coo los fines de la razón. Incomple- [
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El esquema que no se traza de acuerdo con una idea, es tos al principio y completados con el tiempo, los sistemas
decir, partiendo del fin primordial dei la razón, sino desde parecen haberse formado, como los gusanos, por generatio aequi-
un punto de vista empírico, de acuerdo con intenciones que aoca, pot mera confluencia de los conceptos reunidos, aunque
se presentan accidentalmente (cuyo número no puede conocerse todos ellos hayan tenido su esquema, como germen originario,
de antemano), nos ofrece una unidad témica; el que surge en una razón que no hace más que desarrollarse. Consiguiente-
en cambio, como resultado de una idea (donde Ia razón propone mente no sólo está cada uno de los sistemas articulado por
los fines a priori y no los espera empíricamente) funda una sí mismo de acuerdo con una idea, sino que, además, todos
unidad arqaitectónica. Lo que llamamos ciencia no puede origi- \ .-
ellos se hallan convenientemente unificados entre sí ei.ün
narse técnicamente, en virtud de la similaridad de lo diverso sistema del conocimiento humano , estz vez como miembros
o del uso accidental de conocimientos concretos destinados )' L. l de ui 'todo, permitiendo así úna arquitectónica de todo el
a cualesquiera fines externos, sino arquitectónicamcnte, en vir- saber humano. En la actualidad, trn vez que tanto material
tud del parentesco y como resultado de un único fin supremo ha sido reunido o puede ser tomado de los viejos edificios
, e interno; es éste el que hace posible el todo. El esquema caídos, esa arquitectónica es, no sólo posible, sino que ni lrl
i 0.. la.ciencia tiene que .o-pr.nd". el esbozo lroaogÁraoll siquiera resultaría difícil. Nos conformamos aquí con completar
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' y la dii isión del todo en sus miembros y tiene quc hacerlo il
nuestra tlÍe^,saber, con esbozar simplemente la arqtitectónica
^
en conformidad con la idea, es decir, a priori, como debe de todo conocimiento derivado de la ra7ón pura, empezando
también distinguir ese todo de otro cualquiera de modo seguro por el punto en que la raiz genenl de nuestra capacidad
v de acuerdo con principios. cognoscitiva se bifurca en dos ramas, una de las cuales es
Nadie intenta establecer una ciencia sin basarse en una Ia raqón. Por razón entiendo aquí toda la facultad cognoscitiva
idea. Sin embargo, mientras se elabora esa ciencia, raras veces superior y, consiguientemente, contrapongo lo racional a lo
coincide su esquema, ni tampoco la definición dada al comienzo emt'lflco.
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de la misma, con la tdea, ya que ésta se halla oculta en la Si prescindo por completo del contenido del conoci-
conc
raz-óp,9.9ryo un g-.grmen en el que todas las parres están todavÍa miento, considerado objetivamente, todo conocimiento es, con- J ,r aro
siderado subietivamente, o bien hist<irico, o bien racional. I
aarx
en embrión, apenas reconocibles a la obscrvación microscópica.
Consiguientemente, dado que todas las ciencias han sido idea- EI histórico es cognitio ex dati¡, mientras que el racional es
das desde el punto de vista de cierto interés general, no hay cognitio ex principiis. Sea cual sea la procedencia originaria de
que explicarlas y determinarlas según la descripción que un conocimiento dado, pata el sujeto que lo posee se trata
de ellas ofrece su autor, sino según la idea que, partiendo de de un conocimiento histórico cuando sólo conoce en el grado
la natural unidad de las partes reun.idas por éi, encontramos y hasta el punto en que le ha sido revelado desde fuera,
fundada en la misma rlzón. En efecto, se verá entonces que ya sea por la experiencia inmediata, por un relato;'-;'tñvés
ei autor, y a veces incluso sus más tardíos sucesores, dan de una enseñanza (de conocimientos generales). Quien haya
vueltas en torno a una idea que ellos mismos no han sido aprendido, en sentido propio, un sistema de filosofía, el de
cap^ces de dilucidar, como se verá también que, por tal razón, Wólf, por ejemplo, no posee, consiguientemente, por más
no han podido determinar el contenido propio, la articulación que sepa de memoria todos sus principios, explicacion€s y
(unidad sistemática) y los límites de la ciencia. demostraciones, iuntamente con la división del cuerpo doctrinal
Es una pena que sólo tras haber reunido, como material entero, y por más que sepa enumerarlo todo con los dedos,
de construcción, múltiples conocimientos sugeridos por una sino un conocimiento hi¡lóriru completo de la filosofía wolfiana.
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No sabe ni iuzga más que en la medida de lo que le ha Hay que tomarla objetivamente si por ella se entiende el modelo
sido dado. Si alguien le discute una definición, no sabe de que 1nos sirva para valorar todos los intentos de filosofar
dónde extraef otÍa. Se ha formado a la luz de una raz6n y toda filosofía subfetiva, cuyo edificio suele ser tan diverso y
ajena, pero la capacidad imitadora no es una facultad producto- cambiante. De esta forma, la filosofía es--la mera idea de
ra. Es decir, el conocimiento no ha surgido en él de la razó¡ una ciencia posible que no está dada en concreto en ningún
y, aunque es, desde un punto de vista objetivo, un conocimien- lugar, pero a [a que se tt^ta de aproximarse por diversos
to racional, es meramente histórico desde un punto de vista caminos hasta descubrir el sendero único, recubierto en gran
subietivo. Ha entendido y retenido bien, es decir, aprendido, p^rte z causa de la sensibilidad, y hasta que consigamos, en
y es una reproducción en yeso de un hombre viviente. Los la medida de lo concedido a los hombres, que la copia hasta
conocimientos racionales que 1o son obietivamente (esto es, ahora defectuosa sea igual al modelo. Mientras esta meta no
los que no pueden originarse más que p^rfir de la razón haya sido alcanzada, no es posible aprender filosofía, pues
^
humana propia) sólo pueden llevar tal nombre desde un punto
¿dónde está, quién la posee y en qué podemos reconocerla?
, de vista subjetivo, además del objetivo, cuand<¡ han sido exrraí- Sólo se puede aprender a filosofar, es decir, a eiercitar el
t|iíl 0". de las fuentes universales d,e la razón de las talento dela razón siguiendo sus principios generales en ciertos
' que puede surgir la misma crítica e incluso -fuentes
el rechazo de ensayos existentes, pero siempre salvando el derecho d.q la
lo aprendido-, es decir, de principios. razón a examinar esos principios en sus propias fuentes y
Todo conocimiento racional lo es o bien por conceptos, a refrendarlos o rechazarlos.
o bien por construcción de conceptos. El primero se llama Mientras tanto, el concepto de filosofía sólo constituye
filosófico; el segundo, matemático. En el primer capítulo he !fl clflrcpt0 de escaelaz, a saber, el de un sistema de conocimientos
tratado ya de la diferencia ent¡e ambos. Un conocimiento que sólo se buscan como ciencia, sin otro objetivo que la
puede ser, pues, objetivamente filosófico siendo, a la vez, unidad sistemática de ese saber y, consiguientemente, que la
subjetivamente hist<irico, como ocurre con la mayoría de los perfección lógica del conocimiento. Pero hay también un con-
aprendices y con todos aquellos que nunca ven más allá de cepto cósmico (conceptas tosmicas) de la filosofía que siempre
la escuela y que siguen siendo aprendices toda su vida. Llama, ha servido de fundamento a esta denominación, especialmente
sin embargo, la atención ei que el conocimiento matemático, cuando se lo personificó, por asi decirlo, y se lo representó / ,r arr
tal como ha sido aprendido, pueda considerarse como conoci- como arquetipo en el ideal del filónfo. Desde este punto de lnaor
miento racional también subjetivamente y el que no haya en vista, la filosofía es la ciencia de la relación de todos los
él tal distinción, a diferencia de lo que ocurre con el filosófico. conocimientos con los fines esenciales de la razón humana
La causa reside en que las únicas fuentes cognoscitivas de (teleología rationis bamanae), y el filósofo es un legislador de
las que el enseñante puede extraer el conocim.iento se haiian esa misma razón, no un artífice de ella. En tal sentido demostra-
en los principios esenciales y genuinos de la r^zón y en que, úa gtan arcogzncta el llamarse a sí mismo filósofo y pretender
por t¿nto, el discente no puede derivarlos más que de ahí, igualarse a un prototipo que sólo se halla en la idea.
como tampoco puede ponerlos en cuesrión, y ello debido El matemático, el naturalista, ei lógico, por muy sobresa-
a que, en este caso, la nzón sólo es usada en concreto y, lientes que sean los progresos de los primeros en el conocimien-
sin embargo, a priori, es decir, en una intuición que, por to racional y por mucho que avancen los segundos, especial-
'. ser pura, es infalible. Tal uso excluye, pues, el engaño y mente en el terreno filosófico, son meros artífices de la razón.
¡ el error. Las matemáticas son, por tanto, la única ciencia En el ideal se encuent¡a el maestro que los une, que los
i entre las ciencias de la nzón (a priori), que puede aprenderse. utiliza como instrumentos para promover los fines de la razón
i Norr." puede aprenderse, en cambio (a .ro s.r desde un punto humana. Sólo a ese maestro deberíamos dar el nombre de
de vista histórico), la filosofía. Por io que a la razón se refiere,
', se puede, a lo más, aprender a filosoJar. I Leyendo, con Rosenkranz, uelches, en lugar de pehbe (N. del T.)
I ff: l rí filosofaes el sistema de todo conocimiento filosófico. 2.lcbttbegrrlj