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CLAUDE LÉVI-STRAUSS

Criterios científicos
en las
disciplinas sociales y humanas

Introducción
José Rubio Carracedo

Traducción
Francisca Castillo Rosero

Valencia
1978
INTRODUCCIÓN

Levi-Strauss escribió el texto que presentamos vertido al español como respuesta a una
encuesta de la UNESCO sobre "las tendencias principales de la investigación en el dominio de las
ciencias sociales y humanas", en l964, coma continuación de otra realizada previamente, y en
idénticos términos, sobre las ciencias exactas y naturales. El texto corresponde, pues, a la época de
plena madurez del pensamiento estructuralista de nuestro autor, quien se muestra repetidas veces
disconforme con tal planteamiento de la encuesta, que le parece equivoco, ya que permite suponer
que las ciencias humanas y sociales se encontrarían respecto de las exactas y naturales en plano de
igualdad en cuanto ciencias. De ahí que Levi-Strauss dedique el primer tercio de su respuesta a
establecer su respectivo estatuto científico, con una fuerte acentuación de sus diferencias. También le
parece ambigua la denominación genérica de "ciencias sociales y humanas". Por eso dedicara varias
paginas a establecer criterios diferenciales entre las mismas a partir precisamente del estatuto
epistemológico propio de cada una. Finalmente, tampoco acepta la distinción convencional entre
ciencias sociales y ciencias humanas; por ello dedica el ultimo tercio de su exposición a proponer los
criterios adecuados que permiten diferenciarlas.
l. ¿Son realmente ciencias las "ciencias sociales y humanas"? ¿Cual es su estatuto
científico propio? Levi-Strauss comienza negándoles el estatuto de ciencias, en su desarrollo actual,
con términos tajantes: no cabe establecer ninguna paridad con las ciencias exactas y naturales, piles
estas "son ciencias y las otras no la son"; si se las designa con el termino de ciencias es "en virtud de
“una ficción semántica y de una esperanza filosófica" de que la lleguen a ser; esperanza que no ha
tenido confirmación por el momento. El nombre de ciencia cubre en ellas un numero de actividades
heteróclitas, de las que solo unas pocas tienen verdadero carácter científico.
Seguidamente Levi-Strauss pasa revista a "ciertas causas accesorias de la disparidad que se
manifiesta entre las ciencias físicas y las ciencias humanas". La desgracia de las ciencias humanas es
que el hombre no puede desinteresarse de una investigación que le concierne directamente. Pero no
puede olvidarse que "se encuentran todavía en su prehistoria. Suponiendo que puedan un día ponerse
al servicio de la acción práctica, actualmente no tienen nada o casi nada que ofrecer".
Por lo demás, toda investigación científica exige una dualidad entre el observador y su
objeto. Así acontece en las ciencias naturales, y de allí su objetividad característica. Pero la
conciencia es "el enemigo secreta de las ciencias del hombre". Aunque estas poseen algunos medias
para neutralizar la subjetividad: miles de sistemas fonológicos y gramaticales que se ofrecen al
examen del lingüista y la diversidad de las estructuras sociales a disposición del historiador y del
antropólogo, que constituyen experiencias "toutes faites" y que cumplen funciones de laboratorio
experimental, que solo es precise interpretar correctamente.
Para ello las ciencias humanas han de servirse de modelos operatorios, aunque ello implique
un empobrecimiento y hasta una "deshumanización" de la realidad; es la exigencia de la cientificidad:
las ciencias humanas deben renunciar a su pretensión de ocupar un lugar aparte en el sistema de las
ciencias; si quieren ser científicos, sus modelos deben "atenuar" la distinción entre lo humano y lo
natural. Nótese que en un texto paralelo de La pensée sauvage (l962) Levi-Strauss exigía "disolver" al
hombre en lo natural y esta es su tendencia de fondo, coma he mostrado en otro lugar (Levi-Strauss.
Estructuralismo y ciencias humanas. Madrid: Istmo, l976).
Levi-Strauss concluye su exposición diferenciadora asegurando que "hasta ahora las ciencias
humanas han tenido que limitarse a ofrecer explicaciones vagas y aproximativas"; han cumplido un
papel a media camino entre la explicación y la previsión, incapaces de bifurcarse resueltamente en
una u otra dirección, hacia el pensamiento puro o hacia la eficacia. Han adoptado preferentemente una
función sapiencial a caballo entre el conocimiento y la acción.
2. Estatuto científico diferencial de las ciencias humanas y sociales. El nombre genérico de
ciencias humanas y sociales engloba todo un conjunto de ciencias de calidad científica muy desigual,
y que se sitúan a diferentes niveles lógicos; algunas, coma la etnología y la historia, tienen por objeto
el estudio de realidades empíricas que constituyen totalidades; otras, coma la lingüística, el derecho,
la economía, la política, se ocupan de aspectos parciales. Se hace precise, por tanto, comenzar por una
"critica epistemológica" de tales ciencias. Para ello recurre Levi-Strauss a un trabajo suyo de l952
("Social Structure", publicado en Anthropologie structurale en 1958) en el que presentaba una
clasificación de las ciencias humanas y sociales en base a dos pares de oposición: a) la oposición
entre la observación empírica y la construcción de modelos; b) la oposición entre las dos clases de
modelos: mecánicos (a escala de los fenómenos representados) o estadísticos (a diferente escala). Si
aplicamos este criterio a las mencionadas ciencias, tenemos que la historia basa su estatuto científico
en la observación empírica y utiliza modelos estadísticos; La etnología ocupa una posición invertida:
se basa en la construcción de modelos y estos son de naturaleza mecánica; la sociología comparte con
la etnología la construcción de modelos, pero los utiliza estadísticos; finalmente, la etnografía se basa
en la observación y utiliza modelos mecánicos. El esquema muestra coma etnografía y cosmología
son dos etapas de una misma investigación, esta comienza en la observación y termina en los modelos
mecánicos, mientras que sociología e historia, por su parte, utilizan modelos estadísticos, pero cada
una sobre base diferente.
Como es natural, otras clasificaciones son posibles a partir de las diferentes oposiciones,
entre las que Levi-Strauss cita bastantes ejemplos; advierte incluso que la utilizada por el debe
completarse con nuevos pares de oposiciones: perspectiva total /perspectiva parcial espaciotemporal;
objetos reales / objetos generales; hechos observados mensurables y no mensurables ... Lo cierto es
que esta “prueba crítica" permite esclarecer la peculiaridad científica y las relaciones entre las
diversas disciplinas.
Otro banco de pruebas para la cientificidad de cada una de las ciencias sociales y humanas lo
constituyen los tres criterios epistemológicos siguientes: a) que posean un objeto universal; b) que su
método sea homogéneo; c) que su método se base en ciertos principios fundamentales y sobre cuya
validez exista un consenso generalizado entre los científicos. Según Levi-Strauss solamente la
lingüística esta en condiciones de superar esta prueba, seguida a distancia por la economía (falla el
primer criterio), la demografía (falla el segundo) y la etnología (falla el tercero).
Este enjuiciamiento se apoya en linos supuestos implícitos que no son Giros que los de la
metodología estructural. La lingüística estructural, coma única ciencia humano-social en estado
adulto, marca la pauta para las demás, cuyos progresos científicos han partido de una transposición
mas o menos abierta del método fonológico. En este sentido, han sido las ciencias mas "literarias"
entre las humano-sociales -la retórica, la poética, la estilística, la critica literaria- quienes han tornado
la vanguardia y utilizan habitualmente métodos algebraicos y el calculo electrónico. Levi-Strauss
aduce igualmente otro criterio estructural: la investigación científica se facilita grandemente cuando
se realiza sobre un objeto homogéneo, bien delimitado y con pocas variables, lo que resulta difícil de
conseguir en las ciencias humano-sociales. Aquí radica precisamente la ventaja de los métodos
estructurales.
Se comprende ahora mejor por que Levi-Strauss juzga inaceptable el planteamiento de la
UNESCO en su encuesta, que establece un paralelismo global (entre las ciencias físico-naturales y las
humano-sociales) e indiscriminado (entre las humano-sociales). Su contrapropuesta consiste en
sustituir aquel planteamiento "horizontal" por un corte "vertical" mediante el que las ciencias
humano-sociales prolongan selectivamente las fisiconaturales, coma ilustra el grafico que aparece en
el texto.
3. La distinción entre las ciencias sociales y las ciencias humanas. Esta distinción se ha
venido presentando en base a ciertos criterios insatisfactorios: a) Las ciencias humanas se orientan
hacia la teoría, la erudición : y la investigación pura, mientras que las ciencias sociales lo harían sobre
la práctica, la observación y la investigación aplicada. Sin embargo, esta orientación no es objetiva,
sino que depende mas bien del tipo de investigación y del talante de cada investigador. b) Otro
criterio basa la distinción en el supuesto de que las ciencias sociales se ocupan de estudiar fenómenos
de grupo, mientras que las humanas lo hacen de fenómenos individuales. Pero se trata de un criterio
claramente falso, pues da por supuesto que "todo lo que es humano es social", lo que supone caer en
un circulo vicioso. Además, la significación antropológica no es exclusiva de las ciencias humanas y
sociales, sine que está implícita en toda investigación física y biológica.
En definitiva, los criterios tradicionales para diferenciar las ciencias sociales de las humanas
son inconsistentes. Por lo demás, este tipo de distinción nació y se desarrolló casi exclusivamente en
los Estados Unidos, aunque también la UNESCO la adoptó. Y es suficientemente conocida la
oposición que encontró en científicos tan dispares coma Redfield y Evans-Pritchard. De hecho, en los
Estados Unidos se está imponiendo actual mente una nueva terminología que engloba las ciencias
humanas y las sociales bajo la denominación genérica de "ciencias del comportamiento", orientadas
hacia un tratamiento riguroso de los fenómenos humanos. Lo que podríamos considerar su
"manifiesto" fundacional pone el acento en cinco tipos de investigaciones a las que se les concede un
lugar preferente: la teoría de la comunicación entre los individuos y los grupos, basada en modelos
matemáticos; los mecanismos biológicos y psicológicos del desarrollo de la personalidad; la
neurofisiología del cerebro; el estudio del psiquismo individual y de la actividad intelectual, basado
tanto en la psicología animal coma en la teoría de las maquinas calculadoras.
La importante es que todas las investigaciones consideradas coma preferentes suponen una
estrecha colaboración entre las ciencias humano-sociales y ciertas ciencias exactas y naturales. Levi-
Strauss no solo juzga acertado este planteamiento interdisciplinario, sino que ve en el mismo una
confirmación de los supuestos metodológicos del estructuralismo, que postulaban una actitud
fuertemente selectiva respecto de las ciencias humano-sociales mediante la cual podría establecerse
un puente con las exactas y naturales.
Ahora bien, desde el punto de vista administrativo podría hacerse una división tripartita entre
las ciencias llamadas sociales y humanas: a) un primer grupo la constituiría la tendencia humanística,
orientada hacia la erudición, la reflexión moral o la creación estética, que podría dar lugar a una
facultad de "artes y letras"; b) una segunda facultad podría denominarse de "ciencias sociales" y
comprendería los estudios jurídicos, las ciencias económicas y políticas, así coma ciertas ramas de la
sociología y de la psicología social. Su tendencia común de fondo seria la preparación para una
actividad profesional y una consideración predominantemente practica dentro de la perspectiva de
una sociedad concreta y particular; c) finalmente, una tercera facultad de “ciencias humanas" que
agruparía la prehistoria, la arqueología, la historia, la antropología, la lingüística, la filosofía, la lógica
y la psicología. Su perspectiva seria universal, fuera de toda sociedad particular, y su enfoque
estrictamente científico.
Desde una perspectiva interdisciplinar, las ciencias humanas comparten su objeto con las
ciencias sociales, pero su metodología es mas próxima a la de las ciencias exactas y naturales. Desde
otra consideración, las ciencias humanas adoptan el punto de vista de la inmanencia, frente a la
postura "transcendental" típica de las ciencias sociales (economía, derecho), que han hipostasiado los
caracteres de una sociedad concreta coma paradigma para todas las demás. Por ultimo, no es solo
cuestión de método, sine también de actitud en el investigador: respecto de las ciencias exactas y
naturales, las ciencias sociales se sitúan coma clientes, mientras que las humanas lo hacen con la
aspiración de llegar a ser discípulas.
Finalmente, Levi-Strauss presenta otra diferenciación típica de la epistemología
estructuralista: las ciencias humanas han aprendido de las físicas la lección de que para comprender el
mundo es precise comenzar por recusar sus apariencias, mientras que las ciencias sociales se apoyan
en otra simétrica, según la cual se debe aceptar el mundo si se pretende cambiarlo. Ambas tienden a
desviaciones divergentes: las sociales, mas acá de la previsión, hacia la tecnocracia; las humanas, mas
allá de la explicación, hacia las especulaciones filosóficas. En ultimo término, las limitaciones
científicas les vienen a ambas de su mismo objeto: el mundo siempre cambiante y heterogéneo de lo
sociocultural; mientras que las exactas y naturales se ocupan de un mundo homogéneo y apenas
cambiante. La aplicación a sus propios objetos produce una divergencia mas aparente que real, pues
"la tierra del conocimiento científico es redonda": se encontrarían cuando todas sean ciencias adultas.
Coma habrá apreciado el lector, la encuesta de la UNESCO -pese a rechazarla en los términos
en que había sido planteada- le sirve a Levi-Strauss para exponer una serie de criterios científicos
sobre las ciencias humanas y sociales que sólo pueden ser entendidos cabalmente desde los supuestos
propios de su metodología estructural. La explicitación de tales supuestos no es posible hacerla aquí.
Pero la hemos hecho en el libro citado al comienzo de esta introducción, al que nos permitimos -entre
otros- remitir al lector interesado en una profundización critica de los mismos. Lo que el lector
encuentra en las paginas que siguen es sólo una breve y muy autorizada exposición de ciertos
principios metodológicos del estructuralismo referentes al planteamiento de las ciencias humanas y
sociales para convertirlas en ciencias dignas de tal nombre. De ningún modo se trata de linos criterios
total y universalmente compartidos, pero el planteamiento ha demostrado ser fecundo y su relevancia
es innegable en la actual epistemología de las ciencias del hombre.

José Rubio Carracedo


El autor del presente ensayo espera no infringir las conveniencias al confesar el sentimiento
de turbación, incluso de malestar, que ha suscitado en él el anuncio de la encuesta acordada por la
resolución de la Conferencia general de la UNESCO. Le parece demasiado grande el contraste entre
el interés manifestado para con "las tendencias principales de la investigación en el dominio de las
ciencias sociales y humanas" y la negligencia o el abandono de que son victimas estas ciencias, allí
incluso donde se esta mas interesado en favor del proyecto.
Menos espectacular que este testimonio inesperado de benevolencia (por lo demás
desprovisto de alcance practico, ya que se sitúa en el plano internacional donde no existen medias de
intervención inmediata), pero mucho mas eficaz hubiera sido, en el plano nacional, la concesión de
lugares de trabajo a investigadores dispersos, y muy frecuentemente desmoralizados por la falta de
una silla, de una mesa y de linos metros cuadrados indispensables para el decoroso ejercicio de un
oficio; por la inexistencia o insuficiencia de bibliotecas, por la mediocridad de los créditos... Hasta
tanto no se nos haya liberado de estas preocupaciones agobiantes, no podremos eludir la impresión de
que, una vez más, el problema que plantea el puesto que se otorga alas ciencias sociales y humanas en
la sociedad contemporánea ha sido abordado por un mal camino; de que se prefiere darles una
satisfacción de principio, a falta de satisfacciones reales; y avenirse a la ilusión de que tales ciencias
existen, antes que atacar la verdadera tarea que seria suministrarles los medias de existencia.
El inconveniente seria menos grave y se reduciría, a pesar de todo, a una nueva ocasión
frustrada, si los poderes públicos no pretendieran, a nivel nacional e internacional, hacer compartir a
los propios científicos la responsabilidad de una encuesta cuya carga llevarían doblemente: primero,
porque tiene sobre todo valor de coartada, al hacer que la superfluo que promete ocupe el lugar de lo
necesario; y segundo, porque reclama su participación activa, y les obligara, a menos de exponerse al
reproche de falta de civismo, a distraer de un tiempo ya roído por las dificultades materiales en que se
les deja debatirse, el que se exige que den a una empresa cuya validez teórica no esta en modo alguno
asegurada.
Por nuestra parte, no hubiéramos expresado estas dudas a propósito de la precedente encuesta
sobre las tendencias de la investigación en el dominio de las ciencias exactas y naturales. Pero ello es
también porque la situación sería diferente: estas ciencias existen desde hace tanto tiempo, han
aportado pruebas tan numerosas y tan manifiestas de su valor, que se puede dar por resuelta la
cuestión de su realidad. Ningún problema ni prejuicio se opone a su presencia: ya que existen, es
legitimo preguntarles lo que hacen, y describir cómo llegan a hacerlo.
Se admitirá igualmente que era cómodo introducir en la estructura de las instituciones
nacionales e internacionales cierto paralelismo entre las ciencias exactas y naturales e investigaciones
diferentes, bautizadas "ciencias sociales y humanas" en pro de las necesidades de la causa: la
nomenclatura resulta así simplificada y se asegura también por este media una igualdad de trato
legítimo, material y moralmente, para los maestros, investigadores y administradores que consagran
un tiempo y unos esfuerzos comparables en uno u Giro de estos aspectos.
La duda se pasa por alto cuando razones de orden práctico, de las que no debería perderse de
vista que proceden de una convención administrativa, son explotadas hasta sus ultimas consecuencias
en beneficia de intereses profesionales, cuando es que no se trata, mas sencillamente, de pereza
intelectual. El autor del presente ensayo ha consagrado su vida entera al estudio de las ciencias
sociales y humanas. Mas no experimenta despecho alguno al reconocer que entre estas y las ciencias
exactas y naturales no se sabría simular una igualdad verdadera; que las unas son ciencias y que las
otras no lo son; y que si se las designa no obstante con el mismo término, es en virtud de una ficción
semántica y de una esperanza filosófica que todavía están faltas de confirmación; en consecuencia de
lo cual el paralelismo implicado por las dos encuestas aunque solo fuese a nivel de mere enunciado,
delata una visión imaginaria de la realidad.
Intentemos, pues, inicialmente definir de modo precise la diferencia que des de un principio
afecta al empleo del término "ciencia" en los dos casos. Nadie duda que las ciencias exactas y
naturales son efectivamente ciencias. Todo lo que se hace en su nombre no ofrece sin duda igual
calidad: hay científicos grandes y otros mediocres. Pero la connotación común de todas las
actividades que se despliegan bajo la cobertura delas ciencias exactas y naturales no puede ser puesta
en tela de juicio. Expresándolo en el lenguaje de los lógicos diríase que, en el caso de las ciencias
exactas y naturales, su definición "en extensión" se confunde con su definición "en intensión": los
caracteres que hacen que una ciencia merezca este apelativo se unen también, en líneas generales, al
conjunto de actividades concretas cuyo inventario abarca empíricamente el dominio de las ciencias
exactas y naturales.
Pero cuando se trata de las ciencias sociales y humanas, las definiciones en extensión y
intensión dejan de coincidir. El termino "ciencia" no es ya mas que una apelación ficticia que designa
un gran numero de actividades completamente heteróclitas y de las cuales sólo un pequeño número
ofrecen un carácter científico (a poco que se quiera definir la noción de ciencia de una misma
manera). De hecho, muchos especialistas de investigaciones arbitrariamente clasificadas bajo la
etiqueta de ciencias sociales y humanas serian los primeros en repudiar toda pretensión de hacer obra
científica, al menos en el mismo sentido y con el mismo espíritu que sus colegas de las ciencias
exactas y naturales. Dudosas distinciones, tales coma la establecida entre el espíritu de finura y el
espíritu de geometría, les sirven desde hace largo tiempo para defender esta causa.
En estas condiciones se plantea una cuestión preliminar. Puesto que se pretende poner de
relieve "las tendencias principales de la investigación en las ciencias sociales y humanas", ¿de que se
tiene, en principio, la intención de hablar? Si uno pretende mostrarse fiel al ideal de simetría
implícitamente afirmado entre las dos encuestas, será necesario, esta vez como la otra, examinar el
objeto en extensión. Pero entonces nos exponemos a una doble dificultad. Porque, coma es imposible
ofrecer una definición satisfactoria del conjunto de materias enseñadas en las facultades de ciencias
sociales y ciencias humanas, no será posible limitarse con validez a ese conjunto. Todo lo que no
incumba alas ciencias exactas y naturales podrá, por este motive sólo, pretender que se lo encuadre en
ciencias de otro tipo, cuyo campo se tornaría prácticamente ilimitado. Además, comoquiera que el
criterio mismo de la ciencia llega a confundirse con el de una investigación desinteresada, no se podrá
extraer ninguna conclusión que responda a la finalidad de la encuesta; sin termino prácticamente asig-
nable, esta quedara teóricamente sin objeto.
Para precaverse de este peligro será preciso, pues, que, en un campo cuyos limites no
coinciden, según que se escoja definirlo por su con tenido empírico o por la noción que de el se tiene,
se empiece por aislar aquella zona restringida donde se ajusten aproximadamente las dos acepciones.
Las encuestas serán entonces teóricamente comparables, pero dejaran de ser empíricamente
homogéneas, ya que resultara que una pequeña parte solamente de las ciencias sociales y humanas
puede ser tratada de la misma forma en que seria justo proceder con el conjunto de las ciencias
exactas y naturales.
A nuestro entender, el dilema no tiene salida. Pero antes de ponernos a la búsqueda de una
solución inevitablemente poco sólida, no será inútil pasar rápidamente revista a ciertas causas
accesorias de la disparidad que se manifiesta entre las ciencias físicas y las ciencias humanas.
Nos parece en primer lugar que, en la historia de las sociedades, las ciencias físicas se han
beneficiado, de entrada, de un clima favorable. De modo paradójico, esto resultaba del hecho de que
durante siglos, si no milenios, los científicos se han ocupado de problemas por los que la masa de la
población no se sentía atraída. La oscuridad en la que se proseguían sus investigaciones constituyó el
manto providencial al amparo del cual estas pudieron seguir existiendo gratuitamente durante largo
tiempo: en parte, si no tal vez (como mejor hubiera sido de desear) en su totalidad. Gracias a ello los
primeros científicos tuvieron oportunidad de interesarse desde un principio por las cosas que creían
poder explicar, en lugar de que alguien les exigiera a cada paso que explicaran lo que a los demás les
interesaba.
Desde este punto de vista, la desgracia de las ciencias humanas es que el hombre no sabría
dejar de manifestar interés por si mismo. Preocupación en nombre de la cual desde un principio ha
rehusado ofrecerse a la ciencia como objeto de investigación, puesto que esta concesión le habría
forzado a moderar y a limitar sus impaciencias. La situación ha cambiado desde hace algunos años
bajo el efecto de los prodigiosos resultados adquiridos por las ciencias exactas y naturales, y se nota
una creciente solicitación orientada hacia las ciencias sociales y humanas para que, a su vez, ellas
también se decidan a dar la prueba de su utilidad. Se nos excusara si vislumbramos en la reciente
resolución de la Conferencia general de la UNESCO un testimonio de este dudoso celo, que, para
nuestras ciencias, constituye solamente un nuevo peligro. Porque de este modo se olvida que están
todavía en su prehistoria. Aun suponiendo que algún día puedan ser puestas al servicio de la acción
practica, no tienen en el presente nada o casi nada que ofrecer. El verdadero medio de permitirles
existir consiste en darles mucho, pero, sobre todo, en no exigirles nada.
En segundo lugar, toda investigación científica postula un dualismo del observador y de su
objeto. En el caso de las ciencias naturales, el hombre desempeña la función de observador y tiene al
mundo por objeto. El campo en el sella del cual se verifica este dualismo no es ciertamente ilimitado,
coma lo han descubierto la física y la biología contemporáneas, pero es lo suficientemente extenso
para que el cuerpo de las ciencias exactas y naturales haya podido desplegarse en él libremente.
Si las ciencias sociales y humanas son verdaderamente ciencias deben mantener este
dualismo que ellas desplazan únicamente para instalarle en el sella mismo del hombre: el corte pasa,
pues, entre el hombre que observa y aquel o aquellos que son observados. Pero, al hacer así no van
mas ana de la observancia de un principio. Porque si les fuera necesario modelarse íntegramente
sobre las ciencias exactas y naturales, no deberían experimentar solamente sobre aquellos hombres
que ellas se contentan con observar (cosa teóricamente concebible, si no fácil de poner en práctica y
moralmente admisible), sine que seria asimismo indispensable que esos hombres no fueran
conscientes de que se experimentaba sobre ellos, pues en caso contrario la conciencia que tomaran al
respecto modificaría de manera imprevisible la marcha de la experimentación. La conciencia
aparecería así coma la secreta enemiga de las ciencias del hombre, bajo el doble aspecto de una
conciencia espontánea, inmanente al objeto de la observación, y de una conciencia refleja -conciencia
de la conciencia- en el científico.
Sin duda las ciencias humanas no están enteramente desprovistas de medias para evadir esta
dificultad. Los millares de sistemas fonológicos y gramaticales que se ofrecen al examen del
lingüista, la diversidad de estructuras sociales desplegada en el tiempo y en el espacio, que alimenta
la curiosidad del historiador y del etnólogo, constituyen -se ha dicho con frecuencia- otras tantas
experiencias "completas" cuyo carácter irreversible debilita tanto menos el valor que se reconoce hay
día, en contra del positivismo, a la tesis de que la función de la ciencia no consiste tanto en prever
coma en explicar. Más exactamente, la explicación encubre en ella misma una forma de previsión:
previsión de que en tal otra experiencia "completa", que corresponde al observador descubrir allí
donde se de, y al científico interpretar, estando presentes ciertas propiedades, otras les estarán
necesariamente vinculadas.
La diferencia fundamental entre ciencias físicas y ciencias humanas no consiste pues, como
se afirma con frecuencia, en que solo las primeras tienen la facultad de hacer experimentos y
reproducirlos idénticamente en otros momentos y lugares. Porque las ciencias humanas lo pueden
hacer también; si no todas, al menos aquellas como la lingüística y, en una mas débil medida, la
etnología- que son capaces de captar elementos poco numerosos y recurrentes, diversamente
combinados en un gran numero de sistemas, por detrás de la particularidad temporal y local de cada
uno.
¿Qué es lo que esto significa sino que la facultad de experimentar, ya sea a priori o a
posteriori, consiste esencialmente en la manera de definir y de aislar lo que se ha convenido en llamar
hecho científico? Si las ciencias físicas definiesen sus hechos científicos con la misma fantasía y el
mismo descuido del que dan muestra la mayor parte de las ciencias humanas, también serían
prisioneras de un presente que no se reproduciría jamás.
Ahora bien, si las ciencias human as testimonian bajo este aspecto una suerte de impotencia
(que, con frecuencia, sencillamente encubre una mala voluntad), es que las acecha una paradoja cuya
amenaza presienten confusamente: toda definición correcta del hecho científico tiene por efecto
empobrecer la realidad sensible y, por tanto, deshumanizarla. En consecuencia, en la medida en que
las ciencias humanas logren hacer una obra auténticamente científica, debe ir atenuándose en ellas la
distinción entre lo humano y lo natural. Si por ventura llegan a ser ciencias de plena derecho, dejarán
de distinguirse de las otras. De ahí el dilema que las ciencias humanas no se han atrevido todavía a
afrontar: o bien conservar su originalidad e inclinarse ante la antinomia desde ese momento
insalvable, entre la conciencia y la experiencia; o bien pretender superarla; pero renunciando entonces
a ocupar un lugar aparte en el sistema de las ciencias, y aceptando ingresar. por así decirlo, “en cl
rango”.
Ni siquiera en el caso de las ciencias exactas y naturales hay vinculación automática entre la
previsión y la explicación. No cabría dudar sin embargo, de que su marcha hacia adelante ha sido
poderosamente favorecida por el efecto combinado de estos dos faros. Sucede que la ciencia explica
fenómenos que no prevé: es el caso de la teoría darwiniana. Sucede también que sabe prever, como
hace la meteorología, fenómenos que es incapaz de explicar. Con todo, cada objetivo puede, al menos
teóricamente, encontrar su corrección o su verificación en el otro; las ciencias físicas no serían
ciertamente lo que son si no se hubiera manifestado un encuentro o una coincidencia en un
considerable numero de casos.
Si las ciencias humanas parecen condenadas a seguir un camino mediocre y vacilante, es
porque este no permite ese doble punto de referencia -uno quisiera decir de triangulación- que permite
al viajero calcular a cada instante su movimiento por relación a puntos estables y sacar de ahí las
enseñanzas oportunas. Hasta el presente, las ciencias humanas han debido contentarse con
explicaciones imprecisas y aproximativas, a las que el criterio de rigor hace casi siempre defectuosas.
Y a pesar de que, por vocación, parecen predispuestas a cultivar esta previsión que una opinión ávida
no cesa de exigir de ellas, se puede decir sin crueldad excesiva que el error les es habitual.
En verdad, la función de las ciencias humanas parece situarse a media camino entre la
explicación y la previsión, coma si fueran incapaces de seguir resueltamente bien sea por la una o por
la otra dirección. Eso no quiere decir que estas ciencias sean inútiles teórica y prácticamente, sino
mas bien que su utilidad se mide por una dosificación de ambas orientaciones, que no las admite
nunca ni a la una ni a la otra de forma completa, sino que. reteniendo un poco de cada una, crea una
actitud original en la que se resume la misión propia de las ciencias humanas. No explican nunca -o
raramente- hasta el final; no predicen con cierta seguridad. Pero. comprendiendo una cuarta parte o a
medias y previendo una vez sobre dos o cuatro, no son menos aptas, por la intima solidaridad que
instauran entre estas semi-medidas, para aportar a los que las practican alga intermedia entre el
conocimiento puro y la eficacia: la sabiduría, o en todo caso una cierta forma de sabiduría que
permita obrar menos mal porque se comprende un poco mejor, pero sin poder hacer nunca la
separación exacta entre lo que se debe al uno o al otro aspecto. Porque la sabiduría es una virtud
equivoca que participa a la vez del conocimiento y de la acción, diferenciándose completamente de
cada una de estas dos funciones tomadas en particular.
Se ha vista que, para las ciencias sociales y humanas, se impone una cuestión preliminar. Su
denominación no corresponde, o no corresponde mas que imperfectamente, a su realidad. Es
necesario pues, desde un principio, intentar introducir un poco de orden en la masa confusa que se
ofrece al observador bajo el nombre de ciencias sociales y humanas; y a continuación, determinar lo
que, en ellas, merece el epíteto de "científico" y por qué.
En lo que concierne al primer respecto, la dificultad proviene de que el conjunto de
disciplinas ordenadas bajo la etiqueta de ciencias sociales y humanas no se sitúan, desde un punto de
vista lógico, al mismo nivel. Por añadidura, los niveles a que se vinculan son numerosos, complejos, y
a menudo difíciles de definir. Ciertas de nuestras ciencias toman por objeto de estudio seres empíricos
que son a la vez realia y tota: sociedades que son o fueron reales, localizables en una posición
determinada del espacio o del tiempo, y consideradas cada una en su globalidad. Se reconocerá a la
etnología y a la historia.
Otras versan sobre seres no menos reales, correspondiendo a una parte, o un aspecto, de los
conjuntos precedentemente evocados: así, la lingüística estudia lenguas, el derecho formas jurídicas,
la ciencia económica sistemas de producción y de cambio, la ciencia política instituciones de un tipo
igualmente particular. Pero estas categorías de fenómenos no tienen nada en común, si no es ilustrar
esta condición parcelada que las desgaja de las sociedades enteras. Tomemos, por ejemplo, el
lenguaje; aunque sea el objeto de una ciencia coma las otras, las impregna todas: en el orden de los
fenómenos sociales, nada puede existir sin él. No se podrá, pues, poner los hechos lingüísticos sobre
el mismo plano que los hechos económicos o jurídicos. Los primeros son posibles en ausencia de los
segundos, pero no a la inversa.
Por otro lado, si el lenguaje es un órgano integrante de la sociedad, es coextensivo a la
realidad social, lo que no se puede afirmar de otros fenómenos parciales que hemos considerado. La
ciencia económica no ha tenido duran re mucho tiempo en su haber más que dos o tres siglos de
historia humana, la ciencia jurídica una veintena (lo que sigue siendo apenas nada). Aun suponiendo
teóricamente posible que estas ciencias agilizasen sus categorías para aspirar a una mas vasta compe-
tencia. no es en absoluto cierto que ellas no sucumbirían como ramas distintas del saber, al rigor del
tratamiento que les seria preciso infligirse.
Incluso el paralelismo que hemos trazado sumariamente entre la historia y la etnología no
resiste a la critica. Porque si, teóricamente al menos, toda sociedad humana es "etnografiable" (aun
cuando muchas no lo hayan sido, y no lo serán nunca puesto que ya no existen), todas no son
"historiables", dada la inexistencia de documentos escritos en la inmensa mayoría de los casos. Y sin
embargo, consideradas bajo otro Angulo, todas las disciplinas que tienen un objeto concreto -ya sea
este objeto total o parcial- se reagrupan en una misma categoría si se las quiere distinguir de otras
ramas de las ciencias sociales y humanas que buscan ocuparse menos de los realia que de los
generalia: así la psicología social, y sin duda también la sociología, en tanto se quiera asignarle un fin
y un estilo propios que la aíslen netamente de la etnográfica.
Hágase intervenir la demografía, y entonces el cuadro se complicara todavía mas. Desde el
punto de vista de la absoluta generalidad y de la inmanencia en todos los demás aspectos de la vida
social, el objeto de la demografía, que es el numero, se sitúa al mismo nivel que la lengua. Por esta
razón, tal vez, la demografía y la lingüística son las dos ciencias del hombre que han conseguido ir
mas lejos en el sentido del rigor y de la universalidad. Pero, curiosamente también, son las que
difieren al máximo bajo el respecto de la humanidad o inhumanidad de su objeto, puesto que el
lenguaje es un atributo específicamente humano, mientras que el numero pertenece, como modo
constitutivo, a cualquier género de población.
Desde Aristóteles, los lógicos han atacado periódicamente el problema de la clasificación de
las ciencias, y aunque sus cuadros y esquemas clasificatorios sean sujetos a revisión a medida que
aparecen nuevas ramas del saber y que las antiguas se transforman, suministran una aceptable base de
trabajo. Las mas recientes de estas clasificaciones no ignoran las ciencias humanas. Pero, por regla
general, zanjan rápidamente la cuestión del lugar que ocupan en relación con las ciencias exactas y
naturales, y las examinan globalmente, agrupándolas bajo dos o tres encabezamientos. En verdad, el
problema de la clasificación de las ciencias sociales y humanas no ha sido nunca tratado seriamente.
Pero de la breve recapitulación que hemos presentado, con el fin de poner de relieve los
equívocos, las confusiones y las contradicciones de la nomenclatura, resulta ya que no se puede
intentar nada sobre la base de las divisiones admitidas. Será preciso, pues, comenzar por una critica
epistemológica de nuestras ciencias, a la espera de desprender, por encima de su diversidad y su
heterogeneidad empíricas, un pequeño número de actitudes fundamentales cuya presencia, ausencia o
combinación, de mejor cuenta de la particularidad y de la complementariedad de cada una que de su
finalidad, confusa y abiertamente proclamada.
En. una obra reciente (Anthropologie structurale, París, Plon, 1958, pp. 305-3l7) hemos
esbozado la que podría constituir un tal análisis de las ciencias sociales y humanas, según la manera
coma se sitúan por relación a dos pares de oposición: por una parte, la oposición entre la observación
empírica y la construcción de modelos y, por otra, una oposición relativa a la naturaleza de estos
modelos, que pueden ser mecánicos o estadísticos, según que los elementos que en ellos intervengan
sean o no del mismo orden de magnitud, o de igual escala, que los fenómenos a los cuales tienen por
misión representar:

Observación empírica Construcción de modelos

Modelos estadísticos Modelos mecánicos

Al punto nos resultaba manifiesto que este esquema, a pesar (o a causa) de su simplicidad,
permitiría, mucho mejor que un inventario de sus funciones, comprender las posiciones respectivas, la
una por relación a la otra, de las cuatro ramas de las ciencias humanas entre las l cuales se ha tratado a
menudo de hacer reinar un espíritu polémico.

Si se conviene, en efecto, asignar arbitrariamente el signa + al primer terminG de cada por de


oposición y el signa - al segundo, se obtiene el cuadro siguiente:

Historia Sociología Etnografía Etnología


Observación
empírica/Construcción + - + -
de modelos
Modelos
mecánicos/Modelos - - + +
estadísticos

Por aquí se ve que la etnografía y la historia difieren de la etnología y de la sociología, por


cuanto las dos primeras se fundan en la recopilación y organización de los documentos, mientras que
las otras dos estudian sobre todo los modelos construidos a partir de o por medie de estos
documentos. En contraposición, la etnografía y la etnología tienen de común el corresponder res-
pectivamente a dos etapas de una misma investigación que desemboca finalmente en modelos
mecánicos, mientras que la historia (con sus llamadas ciencias auxiliares) y la sociología terminan en
modelos estadísticos, si bien cada una de ellas marcha por caminos que le son propios.
Sugeríamos finalmente que recurriendo a otras oposiciones: las que se dan entre observación
y experimentación; conciencia e inconsciencia; estructura y medida; tiempo mecánico y reversible,
tiempo estadístico e irreversible, cabía profundizar y enriquecer estas relaciones y aplicar el mismo
método de análisis a la clasificación de arras ciencias diferentes de las que habíamos tomado coma
ejemplo.
Las comparaciones que hemos esbozado mas arriba invitan a hacer intervenir un nuevo lote
de oposiciones: entre perspectiva total y perspectiva parcial (en el tiempo, en el espacio, o en ambos a
la vez); entre los objetos de estudio, captables bajo forma de realia o de generalia; entre los hechos
observados según que sean o no mensurables. etc. Se vería entonces que, por relación a todas estas
oposiciones, las disciplinas tienen su lugar bien marcado positiva o negativamente, y que, en un
espacio de varias dimensiones (rebelde, por esta razón, a las representaciones intuitivas), a cada una
de ellas corresponde un itinerario original que o bien intercepta, o bien acompaña a otros itinerarios y
muchas veces también. se aleja de ellos. Además no queda excluido que ciertas disciplinas, sometidas
a esta prueba crítica, pierdan su unidad tradicional y estallen en dos o mas subdisciplinas, condenadas
a permanecer aisladas, o a unirse a otras investigaciones con las que se confundirían. En fin. se
descubrirá tal vez caminos lógicamente posibles (es decir aún no roturados) que trazarían el itinerario
de ciencias todavía por nacer, o ya latentes tras investigaciones dispersas cuya unidad no se había
percibido: la presencia insospechada de estas lagunas explicaría la dificultad en que nos hallamos
para discernir los lineamicntos -algunos, en efecto, faltan- de una organización sistemática de nuestro
saber.
Finalmente se comprenderá por este media, tal vez, por que ciertas elecciones, ciertas
combinaciones, son, de hecho o de derecho, compatibles o no con las exigencias de la explicación
científica, de suerte que la primera etapa desembocaría bien naturalmente en la segunda, quedando así
nosotros en condiciones de abordar a esta ultima.
En dicha segunda etapa, se trataría de "descremar", si se puede hablar así, la masa confusa
bajo cuya apariencia se ofrecen primero las ciencias sociales y humanas, y extraer de ah! si no las
propias disciplinas, al menos ciertos problemas y las maneras de tratarlos, que autoricen el
acercamiento entre las ciencias del hombre y las ,de la naturaleza.
Una constatación se impone, desde el principio, de la forma mas absoluta: en el conjunto de
las ciencias sociales y humanas, únicamente la lingüística puede ser colocada en pie de igualdad con
las ciencias exactas y naturales. Y ello por tres razones: a) tiene un objeto universal, que es el
lenguaje articulado, del cual ningún grupo humano esta desprovisto; b) su método es homogéneo;
dicho de otra forma, permanece el mismo cualquiera que sea la lengua particular a la que se le
aplique: moderna o arcaica, "primitiva" o civilizada; c) este método reposa sobre algunos principios
fundamentales con respecto a los cuales los especialistas son unánimes (pese a divergencias
secundarias) en reconocer su validez.
No existe otra ciencia social o humana que satisfaga íntegramente estas condiciones.
Ateniéndonos a las tres disciplinas cuya aptitud para extraer relaciones necesarias entre los
fenómenos se acerca mas a la lingüística: el objeto de la ciencia económica no es universal, sino que
esta estrechamente circunscrito a una pequeña porción del desarrollo de la humanidad; el método de
la demografía no es homogéneo, fuera del caso particular que ofrecen los grandes números; y los
etnólogos están lejos de haber logrado entre ellos esta unanimidad sobre los principios que es ya cosa
adquirida' para los lingüistas.
Estimamos, pues, que solo la lingüística es inmediatamente susceptible de ser objeto de la
encuesta proyectada por la UNESCO; agregándole, tal vez, ciertas investigaciones "punteras" que uno
observa aquí y allá en el campo de las ciencias sociales y humanas, y que son manifiestamente una
transposición del método lingüístico.
¿Cómo hacer con el resto? El método mas razonable parece ser efectuar un sondeo preliminar
entre los especialistas de todas las disciplinas, pidiéndoles una respuesta de principio: ¿Estiman o no
que los resultados obtenidos en su dominio particular, o al menos que ciertos resultados, satisfacen los
mismos criterios de validez que los admitidos por las ciencias exactas y naturales? En caso
afirmativo, se les rogara a continuación que enumeren estos resultados.
Cabe prever que nos hallaremos entonces frente a una lista de cuestiones y de problemas, de
los cuales podrá afirmarse que existe una cierta "dosis de comparabilidad" desde el punto de vista de
la metodología científica concebida al nivel mas general. Estas muestras serían muy heteróclitas, y se
hará verosímilmente dos constataciones a su respecto.
En primer lugar, se advertirá que los puntos de contacto entre ciencias sociales y humanas
por una parte, y ciencias exactas y naturales por otra, no se producen siempre en las disciplinas de los
dos ordenes que uno se sentiría inclinado a aproximar. Serán a veces las mas "literarias" entre las
ciencias humanas las que se mostraran a la vanguardia. Así, ramas muy tradicionales de las
humanidades clásicas, coma la retórica, la poética y la estilística. saben ya recurrir a modelos
mecánicos o estadísticos que les permiten tratar ciertos problemas por métodos derivados del álgebra..
por el empleo que hacen de calculadoras electrónicas, se puede decir que la estilística y la critica de
textos están a punto de acceder al fango de las ciencias rigurosas. En la carrera del rigor científico, es
necesario desde ahora reservar los derechos de numerosos outsiders; y se cometería el mas craso error
si se creyese que las ciencias denominadas "sociales" se beneficiarían, desde un principio, de un
mejor progreso que ciertas ciencias a las que se denomina mas simplemente "humanas".
El estudio de estas anomalías aparentes será en extremo instructivo. Se constatara, en efecto,
que aquellas de nuestras disciplinas que se aproximan mas a un ideal propiamente científico, son
también las que saben mejor limitarse a la consideración de un objeto fácil de aislar, de contornos
bien delimitados, y cuyos diferentes estados, revelados por la observación, pueden ser analizados
recurriendo solamente a algunas variables. Sin duda, las variables son siempre mucho mas numerosas
en las ciencias del hombre de lo que es generalmente el caso en las ciencias físicas. También se
buscara situar la comparación en el nivel en que la desviación es relativamente poco sensible. Por
ejemplo, entre aquellas ciencias físicas don de las variables son mas numerosas y aquellas ciencias
humanas donde este numero es menos elevado. La obligación en que se encuentran las primeras de
apelar a modelos reducidos (así, los que la aerodinámica pone a prueba en sus ingenios) permitirá
comprender mejor el usa que las ciencias humanas deben hacer de los modelos y mejor apreciar la
fecundidad de los métodos denominados "estructurales". Estos consisten, en efecto, en reducir
sistemáticamente el numero de variables, por una parte al considerar que. para las necesidades de la
causa, el objeto a estudiar forma un sistema cerrado; por otra parte, al procurar no considerar a la vez
mas que variables de un mismo tipo, permitiéndose tan solo renovar la operación bajo otros ángulos.
En segundo lugar, la lista de muestras no sorprenderá únicamente por su diversidad; será
también mucho mas copiosa teniendo aquellos que hayan de elegir al respecto todas las razones para
mostrarse indulgentes. Exceptuamos el caso, sobre el cual volveremos, de especialistas que se
situarán deliberadamente fuera de pista, por estimar que sus investigaciones se acomodan al arte, no a
la ciencia, o a un tipo de ciencia irreducible al que ilustran las ciencias exactas y naturales.
Se puede prever, sin embargo, que los ejemplos serán numerosos y de valor muy desigual.
Será necesario contrastarlos, retener únicamente algunos de entre ellos, rechazar los demás. ¿Quién,
pues, habría de juzgar? La cuestión es delicada. ya que se trata de extraer ciertas propiedades
comunes a investigaciones que conciernen a ciencias sociales y humanas, pero por referencia a
normas que dependen, si no exclusivamente de las ciencias exactas y naturales, si, al menos, de una
epistemología científica formulada a nivel mas general. El problema es, en consecuencia, obtener un
consensus sobre lo que es científico y sobre lo que no lo es, no solamente en el gena de las ciencias
sociales y humanas, que no tienen cualidad para legislar de modo soberano, ya que es, a fin de
cuentas, su propia madurez científica aquello sobre lo que habrá que pronunciarse, sine hacienda
también apelación a los representantes de las ciencias exactas y naturales.
Nuestra concepción tiende, pues, a imprimir a la encuesta un movimiento de bascula. Todo
sucede, en efecto. coma si sus instigadores hubieran querido sencillamente superponer una encuesta a
otra: segunda encuesta: ciencias sociales y humanas; primera encuesta: ciencias exactas y naturales.
Mientras que nosotros proponemos, en suma, reemplazar este esquema horizontal por un esquema
vertical, debiendo la segunda encuesta prolongar la primera al integrar su espíritu y una parte de sus
resultados. Mas, por otro lado, la primera encuesta será total, mientras que la segunda no puede ser
mas que selectiva: el conjunto de ambas formará un todo, pero que irá tornándose mas y mas afilado:

Ciencias sociales y humanas

Ciencias exactas y naturales


El esquema que antecede no es arbitrario. Nos proponemos demostrar que refleja fielmente
una evolución que se ha producido en las ciencias sociales y humanas en el transcurso de estos
últimos años.
La distinción entre ciencias sociales y ciencias humanas responde a preocupaciones
antiguas: acaso se la encuentre ya implícitamente esbozada en la organización del Instituto de
Francia, organización que cuenta con un siglo y media de antigüedad, donde los especialistas en el
estudio del hombre se reparten en dos academias: la de las sciences morales et politiques, y la de las
inscriptions et belles-lettres. Pero nada es mas difícil de captar que el criteria que preside esta
distinción. Para los fundadores del Instituto de Francia era, parece ser, de orden histórico: en una
academia, los que se ocupan de las obras humanas anteriores al Renacimiento; en la otra, los
modernos. La distinción deja de ser aplicable en las civilizaciones exóticas, en donde estas categorías:
temporales cambian de sentido, a menos, incluso, que queden abolidas (como es el caso de las
sociedades que estudian los etnólogos): y no lo ha sido hasta repartir a los filósofos entre las dos
academias, según que hagan la historia de las doctrinas antiguas o que mediten sobre datos actuales.
¿Se dirá que las ciencias humanas se inclinan de antemano hacia la teoría, la erudición y la
investigación pura. y las ciencias sociales hacia la practica, la observación y la investigación
aplicada? Es cada ciencia en lo que tiene de particular lo que uno se expone entonces a ver estallar.
según el tiro de investigación y el género de espíritu del científico. Se podría buscar también la
distinción del lado de los fenómenos, al considerar que los estudiados por las ciencias sociales tienen
su directo nacimiento en el grupo, mientras que las ciencias humanas consideran más bien obras
creadas bajo un régimen de producción individual. Pero además de que esto se revelaría inme-
diatamente como falso en un gran número de casos la última tentativa nos hace tocar con el dedo la
contradicción inherente a la propia distinción. Todo lo que es humano es social, es la expresión
misma de "ciencias sociales", que revela un pleonasrno y que ha de ser tenida por viciosa. Porque, al
declararse "sociales", esas ciencias implican ya que se ocupan del hombre: y va de suyo que, al ser
desde el principio "humanas", son automáticamente "sociales".
Y además, (,que ciencia no lo es? Coma escribíamos hace algunos años: "incluso el biólogo
y el físico se muestran hoy día cada vez mas conscientes de las implicaciones sociales de sus
descubrimientos, o, por mejor decir, de su significación antropológica. El hombre no se contenta ya
con conocer; al conocer, se ve a si mismo conociendo, y el verdadero objeto de su investigación se
convierte un poco mas, cada día, en esta unión indisoluble formada por una humanidad que
transforma el mundo y que se transforma ella misma en el curso de sus operaciones".1
Esto es verdad también desde el punto de vista del método. El de la biología debe hacer un
usa creciente de modelos de tipo lingüístico (código e información genéticos) y sociológico (puesto
que se habla ahora de una verdadera sociología celular). En cuanto al físico, los fenómenos de
interferencia entre el observador y el objeto de observación han llegado a ser para el mucho mas que
un inconveniente practico que afecta al trabajo de laboratorio: un modo intrínseco del conocimiento
positivo. que lo aproxima singularmente a ciertas ramas de las ciencias sociales y humanas, coma la
etnología, que se sabe y se reconoce prisionera de un similar relativismo. Las ciencias sociales y
humanas tienen también sus relaciones de incertidumbre, por ejemplo entre estructura y proceso: no
se puede percibir lo uno mas que ignorando lo otro e inversamente, lo que, dicho sea de paso, pro-
porciona un cómodo media de explicar la complementaridad entre historia y etnología.
No cabe disimularlo: la distinción entre ciencias sociales y ciencias humanas gala de un usa
muy extendido. Ha nacido y se ha desarrollado en los Estados Unidos hace menos de media siglo.
Allí subsiste todavía en algunas instituciones (como en los grandes consejos nacionales de
investigación); y era todavía lo suficientemente vigorosa para imponerse a la UNESCO en el instante
1
Les sciences sociales dans I'enseignement superieur: sociologie, psychologie sociale et anthropologie culturelle, Paris.
Unesco, 1954, p.275 (L'enseignement des sciences sociales).
de su creación. Mas, aparte de que ciertos países no la han aceptado jamás, como Francia (de la que,
no obstante, no queda excluido que se la incorpore, si bien dándole, esperamos, un significado muy
diferente), nada sorprende tanto coma las criticas de que fue rápidamente objeto en los países
anglosajones, por parte de espíritus tan diferentes como el lamentado Robert Redfield en Estados
Unidos, y, en Inglaterra, E. E. Evans-Pritchard: ha bastado que la antropología fuera desgajada de las
ciencias humanas y englobada en las ciencias sociales para que se sintiese exiliada.
Como para aportar una solución más satisfactoria a este viejo problema, se ve nacer
actualmente en los Estados Unidos una nueva terminología que reagrupa las ciencias según otros
criterios. Tal es, a nuestro parecer, la significación de la emergencia de las behavioral sciences, o
ciencias de la conducta humana. Al revés de lo que se cree con frecuencia, esta locución no designa
en modo alguno las anteriormente citadas ciencias sociales. Por el contrario, procede de la creciente
convicción, en los Estados Unidos como en otras partes, de que la expresión '"ciencias sociales" es
bastarda, y que vale mas evitarla.
El término behavioral sciences ha sido formado por medio de la palabra behavior, que, por
razones particulares de la historia de las ideas al otro lado del Atlántico (y esto solo excluye que se la
exporte), evoca la noción de un tratamiento riguroso de los fenómenos humanos. En efecto, las
behavioral sciences cubren un dominio instalado en la intersección, si se puede decir así, entre
ciencias humanas y ciencias exactas y naturales. Reúnen el conjunto de problemas que permiten o
exigen una colaboración estrecha con la biología, la física y las matemáticas.
Esto se deduce claramente de un interesante documento titulado Strengthening the behavioral
sciences, emanado de un subcomité del President's Science Advisory Committee, que juega, cerca del
Ejecutivo de los Estados Unidos, un papel comparable al que desempeña en Francia la Délégation
générale á la recherche scientifique et technique. Este documento ha sido publicado en varias
ocasiones, especialmente por las revistas Science (1962, vol 136, n° 3512, 20 de abril, pp.233-24l) y
Behavioral science (vol. 7, n° 3, julio de l962, pp.275-288). La cual es índice de la importancia de la
acogida que le ha sido reservada.
Ahora bien, el documento pone el acento sobre cinco tipos de investigaciones "propias para
ilustrar los éxitos obtenidos y los problemas que cabe esperar resolver en un futuro próximo" (Behav.
sc., op. cit., p.277). Son, por orden: la teoría de la comunicación entre los individuos y los grupos,
fundada en el empleo de modelos matemáticos: los mecanismos biológicos y psicológicos del
desarrollo de la personalidad; la neurofisiología del cerebro; el estudio del psiquismo individual y de
la actividad intelectual, fundado por una parte en la psicología animal, y por otra en la teoría de las
maquinas de calcular.
En los cinco casos considerados se trata, pues, de investigaciones que suponen una
colaboración intima entre ciertas ciencias sociales y humanas (lingüística, etnología, psicología,
lógica y filosofía) y ciertas ciencias exactas y naturales (matemática, anatomía y fisiología humanas,
zoología). Esta manera de delimitar los problemas es fecunda, puesto que permite reagrupar, bajo un
doble punto de vista teórico y metodológico, todas las investigaciones "punteras". Al mismo tiempo,
la perspectiva en que se sitúa es evidentemente incompatible con la distinción tradicional entre
ciencias físicas y ciencias humanas, que descuida lo esencial, a saber: que si las primeras son hay
ciencias plenamente constituidas, alas cuales se puede efectivamente pedir que fijen sus "tendencias",
no ocurre lo mismo con las ciencias humanas, para las que se plantea la cuestión previa de su capaci-
dad científica. Al querer mantener totalmente, en lo que les concierne, la ficción del paralelismo, se
arriesga uno a relegarlas a la hipocresía y al engaño.
Nuestro temor consiste en que, una vez mas, las consideraciones testimoniadas en las ciencias
sociales y humanas, el halagüeño lugar que les ha sido dado en un programa de conjunto, no tuviesen
sobre todo valor de coartada. Alas ciencias exactas y naturales se les puede legítimamente exigir lo
que son. Pero las ciencias sociales y humanas no están todavía en situación de rendir cuentas. Si se
quiere exigir esto de ellas, o si, por política se cree oportuno simularlo, no nos deberá asombrar que se
obtengan balances trucados.
Después de este retorno a inquietudes formuladas ya al principio de este ensayo, volvamos
sobre el caso de las behavioral sciences, o mas exactamente sobre el desglose original que implica
esta locución. Se vislumbra ya coma dicho desglose confirma y refuerza nuestras sugerencias. En
efecto, postula una actitud resueltamente selectiva frente alas ciencias sociales y humanas; gracias a
lo cual consigue restablecer el puente con las ciencias exactas y naturales. La experiencia justifica
esta doble orientación. Pues no creemos exponernos a excesivos desmentís al afirmar que, en la
situación actual, el lingüista el etnólogo, pueden con mas facilidad encontrar temas de conversación
mutuamente aprovechables con el especialista de neurología cerebral o de etología animal, que con el
jurista, el economista, o el especialista de ciencia política.
Si fuera precise hacer una nueva predistribución de las ciencias sociales y humanas entre "las
facultades, en lugar de este dualismo implícito preferiríamos una división en tres grupos. Desde un
principio se reservarían los derechos, evocados mas arriba, de aquellos a quienes el vocablo
"ciencias" no inspira ninguna concupiscencia, y menos aun nostalgia: de quienes yen en el genera
particular de "ciencia humana" que practican, una investigación que se acomoda mas bien a la
erudición, a la reflexión moral, o a la creación estética. Por lo demás, no los consideraremos coma
atrasados, puesto que, aparte de que no hay ciencia humana posible que no haga apelación a este
genera de investigaciones, y quizás, incluso, que no empiece por ahí, muchos dominios de nuestras
ciencias son o bien demasiado complejos, o bien demasiado próximos o demasiado alejados del
observador, para que se los pueda abordar con otro espíritu. La rubrica "artes y letras" les convendría
bastante bien.
Las otras dos facultades llevarían entonces, respectivamente, los títulos de "ciencias sociales"
y de "ciencias humanas", pero a condición de que se ponga al fin alga precise tras esta distinción. En
líneas generales, la facultad de ciencias sociales comprendería el conjunto de los estudios jurídicos,
tales coma existen actualmente en las facultades de derecho; se añadirían (lo que no es realizado mas
que en parte dentro del sistema francés) las ciencias económicas y políticas, y ciertas ramas de la
sociología y de la psicología social. Del lado de las ciencias humanas se agruparían la prehistoria, la
arqueología y la historia, la antropología, la lingüística, la filosofía, la lógica, la psicología. Desde
este memento, el único principio concebible de la distinción entre ciencias sociales y ciencias hu-
manas destacaría claramente. No se lo reconoce de buen grade: bajo el manía de las ciencias sociales,
se encuentran todas aquellas que aceptan sin reticencia establecerse en el corazón mismo de su
sociedad, con todo lo que esto implica de hecho para la preparación de los alumnos en una actividad
profesional, y para la consideración de los problemas bajo el ángulo de la intervención practica. No
pretendemos que estas preocupaciones sean exclusivas, pero sí que existen y que son francamente re-
conocidas.
En contrapartida, las ciencias humanas son las que se ponen fuera de cada sociedad
particular: ya sea que busquen adoptar el punto de vista de una sociedad cualquiera, ya sea el de un
individuo cualquiera en el sella de cualquier sociedad, ya sea, en fin, que, en el intento de captar una
realidad inmanente al hombre, se coloquen mas acá de todo individuo y de toda sociedad.
Entre ciencias sociales y ciencias humanas se establece la relación (que, desde ahora,
manifiesta ser más bien de oposición que de correlación) entre una actitud centrípeta y una actitud
centrífuga. Las primeras consienten a veces en partir de fuera, pero con el fin de volver al interior.
Las segundas siguen la marcha inversa: si, a veces, se instalan en el interior de la sociedad del ob-
servador, es para alejarse lo mas rápidamente de ella e insertar observaciones particulares en un
conjunto que posee un alcance más general.
Pero al mismo tiempo se descubre la naturaleza de la afinidad con las ciencias exactas y
naturales, sobre la que insisten las behavioral sciences, y que juega más en favor de las ciencias
humanas que de las ciencias sociales. En efecto, las ciencias para las cuales reservamos el nombre de
"ciencias humanas" pueden poseer un objeto que las empariente con las ciencias sociales; desde el
punto de vista del método, se aproximan mas alas ciencias exactas y naturales, por cuanto que con
este objeto (que no les pertenece propiamente) repudian toda connivencia; digamos vulgarmente que,
a diferencia de las ciencias sociales, ellas no entran nunca en "complicidad" con él.
Al prohibirse toda complacencia, ni aunque fuese de orden epistemológico, para con su
objeto, las ciencias human as adoptan el punto de vista de la inmanencia; mientras que las ciencias
sociales, hacienda una clase particular de la sociedad del observador, atribuyen a esta un valor
trascendental. Esto es muy claro en el caso de los economistas que no vacilan en proclamar, para
justificar la estrechez de sus miras, que la sociedad económica constituye un estado privilegiado de la
naturaleza humana, aparecido en un cierto memento de la historia y en cierto punto del mundo. Y esto
no es menos claro en el caso de los juristas, que tratan un sistema artificial coma si fuera real, y que
parten, para describirlo, del postulado de que no debería ocultar contradicciones. De ahí que,
frecuentemente, se les haya comparado a los teólogos. Sin duda, la trascendencia a la cual se refieren
implícita o explícitamente las ciencias sociales no es de orden sobrenatural. Pero es, podría decirse,
"sobrecultural": aísla una cultura particular, la pone por encima de otras, la trata coma un universo
separado que contiene su propia legitimación.
Estas observaciones no entrañan, por nuestra parte, ninguna critica. Después de todo, el
hombre político, el administrador, el que desempeña una función social esencial, coma el
diplomático, el juez o el abogado, no pueden volver a poner en causa a cada instante el orden
particular en el sella del cual se despliega su actividad. Y no pueden tampoco asumir los riesgos
ideológicos y prácticos a los cuales expone una investigación verdaderamente fundamental (pero que
son moneda corriente en la historia de las ciencias exactas y naturales) cuando obliga a revocar cierta
representación del mundo, a tergiversar un cuerpo de hipótesis, a reemplazar un sistema de axiomas y
postulados. Una pareja intransigencia implica que uno se tome sus distancias respecto de la acción. La
diferencia entre ciencias sociales y ciencias humanas no es solamente asunto de método; es también
asunto de temperamento.
Pero, de cualquier manera que se interprete esta diferencia, la conclusión es la misma. No
existen, por una parte, las ciencias exactas y naturales, y, por otra, las ciencias sociales y humanas.
Hay dos perspectivas, de las cuales sólo una es científica por su espíritu: la de las ciencias exactas y
naturales que estudian el mundo, y en las que las ciencias humanas intentan inspirarse cuando
estudian al hombre en tanto que es parte del mundo. La otra perspectiva, que ilustran las ciencias
sociales, pone sin duda en obra técnicas extraídas de las ciencias exactas y naturales; pero las
relaciones que así anudan con estas ultimas son extrínsecas, no intrínsecas. Con respecto alas ciencias
exactas y naturales, las ciencias sociales están en situación de clientes, mientras que las ciencias
humanas aspiran a constituirse en discípulas.
Esto nos brinda la oportunidad de pronunciarnos sobre una cuestión delicada, que ha dado
ya lugar a tomas de posición resonantes: las "tendencias", objeto de la encuesta, ¿deben ser las de una
ciencia accidental y contemporánea, o es precise incluir todas las reflexiones sobre el hombre que han
vista la luz en otras épocas y bajo otros climas? Desde un punto de vista teórico, no se aprecia bien en
virtud de que principio se adheriría uno al primer partido. Pero el segundo comportaría dificultades
prácticamente insuperables: el saber occidental es doblemente accesible, puesto que existe bajo forma
escrita y en lenguas conocidas por la mayor parte de los especialistas; mientras que una fracción
considerable del otro no vive mas que en la tradición oral, y que el resto debería ser previamente
traducido.
La fórmula que héroes sugerido permite eludir este dilema. En efecto, héroes propuesto que
las únicas investigaciones que sirvan de base a la encuesta sean también las que satisfagan un criterio
externo: el de la conformidad alas normas del conocimiento científico tales coma son generalmente
admitidas, no solamente por los especialistas de las ciencias sociales y humanas (lo que expondría al
circulo vicioso), sine también por los de las ciencias exactas y naturales.
Sobre esta base, parece realizable un amplísimo consensus. Pero uno se percatara
inmediatamente de que si el criterio del conocimiento científico no es definible mas que por
referencia a la ciencia del Occidente (lo que, parece, ninguna sociedad discute), las investigaciones
sociales y humanas que mejor pueden pretenderlo no son todas occidentales; lejos de ello. Los
lingüistas contemporáneos reconocen de buen grade que, en ciertos descubrimientos fundamentales,
los gramáticos de la India les han precedido en varios siglos; y no es este, sin duda, el único terreno
en el cual se deberá conceder ventaja al saber del Oriente y del Extremo Oriente. En otro orden de
ideas, los etnólogos están hay persuadidos de que incluso sociedades de muy bajo nivel técnico y
económico, e ignorantes de la escritura, han sabido dar a veces a sus instituciones políticas o sociales
un carácter consciente y 'reflexivo que les confiere un tono científico.
Si de la consideración de los resultados se pasa a la del objeto y del método, se advierte que
hay entre ciencias físicas. ciencias sociales y ciencias humanas unas relaciones que no son
cuantitativas y que exigen ser cuidadosamente puestas en su lugar. Esta claro que las ciencias sociales
y las ciencias humanas explotan en común el mismo objeto, que es el hombre, pero ahí se detiene su
parentesco. Porque, en lo que concierne al método, se imponen dos constataciones: tanto las ciencias
sociales coma las ciencias humanas buscan definirse por referencia a las ciencias exactas y naturales,
que poseen los arcanos del método científico. Pero, con estas ciencias canónicas, Las nuestras
mantienen relaciones inversas. De las ciencias exactas y naturales, las ciencias humanas han tomado
la lección de que hay que empezar por recusar las apariencias, si se aspira a comprender el mundo;
mientras que las ciencias sociales se benefician de la lección simétrica, según la cual se debe aceptar
el mundo, si se pretende cambiarlo.
Todo sucede, pues, coma si la unidad facticia de las ciencias sociales y humanas, animadas
por el mismo deseo de contrastarse en la piedra de toque del saber científico, no resistiera la toma de
contacto con las ciencias exactas y naturales. Se escinden, logrando tan solo asimilarse aspectos
opuestos del método de aquellas: más acá de la previsión, las ciencias sociales regresan hacia una
forma bastante baja de tecnología (a la cual se aplica, sin duda por esta razón, el término infortunado
de tecnocracia); más allá de la explicación, las ciencias humanas tienden a perderse en la vaguedad de
las especulaciones filosóficas.
No es este el lugar de investigar por qué un método de dos caras ha podido ser practicado con
el resultado que se sabe en las ciencias exactas y naturales, mientras que las ciencias sociales y las
ciencias humanas no son capaces cada una de ellas mas que de retener una mitad, que, por lo demás,
se empeñan en desvirtuar. Después de todo, esta desigualdad no debe sorprendernos. No existe, ni ha
existido nunca, mas que un único mundo físico, cuyas propiedades han permanecido las mismas en
todas las épocas y en todos los lugares, mientras que en el transcurso de los milenios y aquí y allá no
han dejado de nacer y de desaparecer, coma un centelleo efímero, infinidad de mundos humanos. De
todos estos mundos, lo cual es el bueno? Y si todos lo son (o ninguno), ¿dónde se sitúa, por detrás o
por delante de ellos, el objeto verdadero de las ciencias sociales y humanas? La diferencia entre estas
refleja la alternativa que las atormenta (a diferencia de las ciencias exactas y naturales, que no tienen
ocasión de experimentar incertidumbre sobre su objeto): o bien privilegiar a uno de estos mundos a
fin de capturarlo, o bien ponerlos a todos en duda en beneficia de una esencia común que resta por
descubrir, o de un universo único que, si es verdaderamente único, llegará fatalmente a confundirse
con el de las ciencias exactas y naturales.
En las paginas precedentes no hemos hecho nada por enmascarar esta divergencia, que
ninguno nos reprochará haber acentuado complacidamente. Nos parece, en efecto, que las ciencias
sociales y las ciencias humanas no tienen actualmente interés en ocultar lo que las divide, y que
redunda incluso en su ventaja, tanto para las unas como para las arras. proseguir durante algún tiempo
rotas separadas. Si el progreso del conocimiento debe demostrar algún día que las ciencias sociales y
humanas merecen ser llamadas ciencias, la prueba vendrá por la experiencia: al verificar que la tierra
del conocimiento científico es redonda y que, creyendo alejarse las unas de las otras para alcanzar la
condición de ciencia positiva aunque sea por vías opuestas, las ciencias sociales y las ciencias
humanas, incluso sin darse cuenta, llegarán a confundirse con las ciencias exactas y naturales, de las
que cesarán de ser distintas.
Conviene, pues, que el nuevo informe de a la palabra "tendencia" su sentido mas rico y más
pleno; que se esfuerce en ser una meditación atrevida sobre lo que no existe aún, mucho más que un
balance falseado por el embarazo de establecer la insuficiencia de los resultados adquiridos; que al
precio de un esfuerzo constructivo, en el que la imaginación desempeñara su papel, busque adivinar
las gestaciones latentes, esbozar los lineamientos de evoluciones indecisas; que se preste menos a
describir el estado presente de nuestras ciencias que a presentir las sendas por donde podrán -acaso
gracias a él- adentrarse las ciencias del mañana.
NOTA BIO-BIBLIOGRAFICA SOBRE LEVI-STRAUSS

Claude Levi-Strauss, nacido en Bruselas de padres franceses en 1908, es el creador de la


antropología estructural y una de las figuras mas destacadas del pensamiento científico y filosófico
contemporáneo.
Insatisfecho con la filosofía académica que estudia y enseña en Francia, pasa a ocupar en
1935 la Cátedra de Sociología de la Universidad de Sao Paulo, en Brasil, y realiza varias expedi-
ciones científicas para investigar las costumbres de las tribus indias del Matto Grosso y Sur del
Amazonas, experiencias decisivas que posteriormente relatara en su escrito autobiográfico Tristes
Trópicos. Hacia el fin de la Segunda Guerra Mundial, de 1942 a 1945, es profesor invitado en la
School for Social Research de Nueva York, donde establece contacto personal con el lingüista Roman
Jacobson. Retornado a Francia, será desde 1950 Director de Estudios en la École pratique des hautes
études (Cátedra de religiones comparadas de los pueblos sin escritura). Desde 1959 ocupa la Cátedra
de Antropología Social del College de France.
La obra de Levi-Strauss ha sido extraordinariamente fecunda al triple nivel de la
investigación empírica de campo en antropología y etnología la formulación teórica del método
científico de las disciplinas sociales y humanas, y la especulación filosófica. En la lectura del data
sensible ha sabido complementar el punto de vista empírico de la antropología anglosajona con el
interés, manifiesto en investigadores continentales coma Durkheim, Marx y Freud, por detectar
estructuras y sistemas subyacentes a los fenómenos. Una de sus mas brillantes contribuciones
epistemológicas esta en el programa de aplicar al mundo global de la cultura las técnicas del análisis
lingüístico estructural de Saussure y la escuela de Praga. A la luz del modelo lingüístico, los
fenómenos culturales pueden ser considerados coma complejos de símbolos, susceptibles de ser
codificados en una tabla o alfabeto y sometidos a operaciones y combinaciones que reflejan leyes y
relaciones genuinas entre ellos.
"El conjunto de las costumbres de un pueblo tiene siempre su estilo particular; las costumbres
constituyen sistemas. Estoy convencido de que el número de esos sistemas no es ilimitado, y de que
las sociedades humanas, al igual que los seres humanos individuales (en el juego, en sus sueños, o en
momentos de delirio), jamás crean absolutamente; todo lo que pueden hacer es elegir ciertas
combinaciones tomadas de un repertorio de ideas que seria posible reconstituir. POT eso es urgente la
tarea de confeccionar un inventario de todas las costumbres que hayan sido observadas, sea por uno
mismo o por otros. Ello permitiría, eventualmente, establecer una especie de carta periódica de
elementos, análoga a la diseñada por Mendeleiev. De esta suerte, todas las costumbres, sean reales o
meramente posibles, serian agrupadas en familias, y no nos restaría sino reconocer aquellas que, de
hecho, han adoptado las sociedades".
Principales obras de Levi-Strauss: Les structures elementaires de la parenté? (1949, 2a ed.
1967); Tristes Tropiques (1955); Anthropologie structurale (1958); Le totemisme aujourd'hui (1962,
2a cd. l965); La pensée sauvage (l962); lWythologiques I; Le ern et le cuit (1964); Mythologiques ll:
Du miel aux cendres (1966); Mythologiques III: L'origine des manières de table (1968);
Mythologiques IV: L 'homme nu (1971); Anthropologie structurale deux (1973).
Traducciones al castellano: Las estructuras elementales del parentesco, Buenos Aires:
Paidós, 1969; Tristes trópicos, Buenos Aires: Eudeba, l970; Antropología estructural, Buenos Aires:
Eudeba, 1968; El totemismo en la actualidad, México: Fondo de Cultura Económica, 1965; El
pensamiento salvaje, México: Fondo de Cultura Económica, l964; Mitológicas I: Lo crudo y lo
cocido, México: Fondo de Cultura Económica, l968; Mitológicas II: De la miel alas cenizas, México:
Fondo de Cultura Económica, 1972; Mitologicas fll: El origen de las maneras de mesa, Mexico: Siglo
XXI, l970; Mitológicas IV: El hombre desnudo, Méxicoo: Siglo XXI, 1976; Antropología estructural
dos, México: Siglo XXI.