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La Infinitud de Dios

Texto: sal. 113:4-6; 147:5 y 1reyes 8:27


Introducción: La Iglesia saldrá de su estancamiento cuando nos demos cuenta de que la salvación no es
solo una lámpara, que no es solo una póliza de seguro contra el infierno, sino una puerta hacia Dios y que
Dios es todo lo que tendremos y podremos desear. Juliana de Norwich dijo “Vi que Dios es para nosotros
todo lo que es bueno y confortable. Él es nuestro abrigo; su amor nos envuelve y nos rodea con su ternura,
Él nunca nos dejará, y es para nosotros todo lo que es bueno”. El cristianismo es una puerta hacia Dios. Y
entonces, cuando usted entra en Dios, “con Cristo en Dios”, está en un viaje hacia lo infinito, a la infinitud.
No hay límites ni lugar para detenerse. No hay solamente una obra de la gracia, ni una segunda o tercera, y
eso es todo. Hay innumerables experiencias y épocas y crisis espirituales que pueden ocurrir en su vida
mientras usted viaja hacia el corazón de Dios en Cristo.

Significado de infinitud: significa que Dios no tiene límites, frontera ni final. Todo lo que Dios es, lo es sin
límites ni fronteras.

Lo infinito no puede ser medido: las palabras “ilimitado”, “inagotable” e “infinito”. Estas palabras
describen a Dios: no describen otra cosa sino a Dios. No describen un espacio ni un tiempo ni una situación
o un movimiento ni una energía; estas palabras no caracterizan a criaturas o arena o estrellas o cualquier
cosa que pueda ser medida.
La medición es una manera que tienen los objetos creados de ser cuantificados. Por ejemplo, el peso es una
forma en la que nos cuantificamos: por la fuerza gravitacional de la tierra. Y también tenemos distancia: el
espacio entre cuerpos celestes. También está la longitud: extensión del cuerpo en el espacio.
Nosotros podemos medir cosas. Sabemos cuán grandes son el sol y la luna, cuánto pesa la tierra y cuánto
pesan el sol y otros cuerpos celestes. Sabemos aproximadamente cuánta agua hay en el océano. Parece algo
sin límites para nosotros, pero sabemos la profundidad que tiene y podemos medirlo, de manera que no es
para nada algo ilimitado. No hay nada ilimitado sino Dios, y nada infinito sino Dios. Dios existe por sí
mismo y es absoluto; todo lo demás es contingente y relativo. No hay nada que sea lo suficientemente
grande ni sabio ni maravilloso. Todo es relativo. Solo Dios no conoce medida.
Si hubiera un punto en el que Dios se detuviera, no sería perfecto. Por ejemplo, si Dios supiera casi todo,
pero no todo, no sería perfecto en conocimiento. Su entendimiento no sería infinito, como dice el Salmo
147:5.
Tomemos todo lo que puede ser conocido—pasado, presente y futuro, espiritual, físico y psíquico—en todo
el universo. Y digamos que Dios sabe todo excepto un porcentaje: Él conoce el noventa y nueve por ciento
de todas las cosas que pueden ser conocidas. Me daría vergüenza ir al cielo y mirar a la cara a un Dios que
no lo supiera todo. Él debe saber todo o no puedo adorarlo. No puedo adorar a alguien que no es perfecto.
¿Y qué sucede con el poder? Si Dios tuviera todo el poder excepto un poquito, y hubiera algún otro que
acaparara un poquito de ese poder que Dios no tuviera, entonces no adoraríamos a Dios. No podríamos decir
que ese Dios tiene un poder infinito; solo estaría cerca de tenerlo. Aunque sería más poderoso que cualquier
otro ser y quizás más poderoso que todos los seres del universo juntos, tendría un defecto, y por consiguiente
no podría ser Dios. Nuestro Dios es perfecto: perfecto en conocimiento y en poder.
Si Dios tuviera bondad, pero hubiera un punto en el que Dios no fuera bueno, entonces no sería nuestro
Dios y Padre. Si Dios tuviera amor, pero no todo el amor, sino solo noventa y nueve por ciento de amor—o
quizás un porcentaje aún mayor—Dios todavía no sería Dios. Dios; para ser Dios, debe ser infinito en todo
lo que es. No puede tener límites ni fronteras, nada que lo detenga, ningún punto que no pueda alcanzar. Si
usted piensa en Dios o en algo relacionado con Dios tiene que pensar infinitamente respecto a Él.
Usted podría terminar con un calambre en la cabeza durante dos semanas después de intentar esto, pero sería
una buena cura para este pequeño dios barato que tenemos ahora. Este pequeño dios barato que hemos
inventado puede ser su compinche: “el de arriba”, el que lo ayuda a ganar los juegos de béisbol. Ese dios no
es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. No es el Dios que puso los fundamentos del cielo y de la tierra;
es otro dios.
Los estadounidenses cultos podemos fabricarnos dioses como hacen los paganos. Usted puede hacer un dios
de plata, madera o piedra, o puede hacerlo en su propia imaginación. Y el dios que se adora en muchos
lugares en simplemente un dios imaginario. No es el Dios verdadero. No es el Dios infinito, perfecto,
omnisciente, sabio, todo amor, infinitamente ilimitado, perfecto. Es algo menos que eso. El cristianismo está
en decadencia y se está hundiendo en la alcantarilla porque el dios del cristianismo moderno no es el Dios de
la Biblia. No quiero decir que no oramos a Dios; me refiero a que oramos a un dios que es menos de lo que
debería ser. Debemos pensar en Dios como el ser perfecto.
Dios se complace consigo mismo: Lo que diré a continuación podría sorprenderlo: Dios se complace
consigo mismo y se regocija en su propia perfección. He orado, meditado, investigado y
leído la Palabra durante demasiado tiempo como para retractarme de esto. Dios se complace en sí mismo y
se regocija en su propia perfección. ¡La divina Trinidad se complace consigo misma! Dios se deleita en sus
obras.
Cuando Dios creó los cielos y la tierra y todas las cosas que están sobre ella, dijo una y otra vez “y vio . . .
que era bueno” (Génesis 1:4, 10, 12, 18, 21, 25). Luego Dios creó al hombre a su imagen y al contemplarlo
dijo que era “bueno en gran manera” (1:31). Dios se regocijó en sus obras. Estaba contento de lo que había
hecho.
La redención no es una tarea pesada para Dios. Él no se encontró de repente en problemas y tuvo que correr
tratando de resolver algún asunto de “política exterior” con los arcángeles. Dios hizo lo que hizo
gozosamente. Hizo los cielos y la tierra gozosamente. Es por eso que las flores miran hacia arriba y sonríen,
las aves cantan y el sol brilla, el cielo es azul y los ríos fluyen hacia el mar. ¡Dios hizo la creación y amó lo
que hizo! Él se complace en sí mismo, en su propia perfección y en la perfección de su obra. Y cuando se
trata de la redención, repito que no fue una tarea forzada que le impuso una necesidad moral. Dios quería
hacerlo. Dios no tenía la necesidad moral de redimir a la humanidad. No tenía que enviar a su Hijo
Jesucristo a morir por la humanidad. Lo envió, pero al mismo tiempo Jesús lo hizo voluntariamente. Si Dios
estaba dispuesto, esa fue la feliz voluntad de Dios.
Una madre no tiene que levantarse para alimentar a su bebé a las dos de la madrugada. No hay ninguna ley
que la obligue a hacerlo. La ley probablemente la obligará a cuidar al chiquillo, pero no tendría la obligación
de darle ese amoroso cuidado que le brinda. Ella quiere hacerlo. Yo solía hacerlo por nuestros pequeños y lo
disfrutaba. Una madre y un padre hacen lo que hacen
porque les gusta hacerlo.
Lo mismo sucede con nuestro formidable, eterno, invisible, infinito, sabio, omnisciente Dios, el Dios de
nuestros padres, el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo y el Dios a quien llamamos “nuestro Padre que
está en los cielos”. Él es ilimitado e infinito; no puede ser pesado ni medido; no se le pueden aplicar la
distancia, el tiempo ni el espacio, ya que Él hizo todas las cosas y todas las cosas en Él subsisten, en su
propio corazón. Aunque se levanta por encima de todo, al mismo tiempo este Dios es un Dios amigable,
agradable, y se deleita consigo mismo. El Padre se deleita en el Hijo: “Este es mi Hijo amado, en quien
tengo complacencia” (Mateo 11:25). Y desde luego el Espíritu Santo se deleita en el Padre y en el Hijo.
La encarnación, además, no fue algo que Jesucristo hiciera a regañadientes, diciendo: “Odio esto; me
encantaría poder librarme de esto”. Uno de los queridos escritores de himnos antiguos dijo: “No aborreció el
vientre de la virgen”. El escritor pensó en esto y dijo: “Espera un minuto. ¿El vientre de una criatura?
¿Cómo puede ser que el Dios imperecedero, eterno, infinito, a quien el
espacio no puede contener, esté confinado dentro de una de sus propias criaturas? ¿Eso no sería una
humillación?” Luego sonrió y dijo: “No, Él no aborreció el vientre de la virgen”, lo escribió, y lo hemos
estado cantando durante centurias. La encarnación de la carne inmortal de Jesucristo no fue una tarea
pesada. La segunda persona de la Trinidad, el Hijo imperecedero, el Verbo eterno hecho carne,
¡gozosamente! Cuando los ángeles cantaban respecto a la encarnación, cantaban con gozo.

Dios se complace en su obra: Y también se deleita en la salvación. Fíjese en Lucas 15:5 que cuando
Jesucristo salva a un hombre, lo pone sobre sus hombros. ¿Y cuál es el verbo de este versículo?
¡Regocijándose! (BTX) Dios no solo se complace consigo mismo, se deleita en su propia perfección y está
feliz con su obra de creación y redención, sino que también está entusiasmado. Hay entusiasmo en la
Deidad, y hay entusiasmo en la creación. Si no hubiera entusiasmo en la creación, pronto se deterioraría.
Este Dios infinito está disfrutando. Alguien la está pasando bien en el cielo, en la tierra, en el mar y en el
firmamento. Alguien está pintando el cielo. Alguien está haciendo crecer los árboles donde había solo tajos
un año atrás. Alguien está haciendo que el hielo se derrita y baje hacia el río y hace que los peces naden y las
aves canten y pongan sus huevos azules y construyan sus nidos y empollen a sus crías. Alguien está
haciendo funcionar el universo.

Cantar con júbilo: Y creo que sé quién es. Creo que es el Padre eterno, “fuerte para salvar, cuyo
poder gobierna los agitados mares”. Creo que es la Trinidad, nuestro Padre que está en los cielos y su único
Hijo Jesucristo, nuestro Señor. Dios la pasa bien en su rol. Así que no pensemos más en Dios como alguien
sombrío, con el ceño fruncido. Repito que cuando Dios hizo los cielos y la tierra ellos cantaron juntos y
todos los hijos de Dios gritaron de júbilo. No hubo un funeral en la creación
del mundo; hubo un cántico. Toda la creación cantó.
En la encarnación cantaron. Algunas personas colocan un paño mortuorio húmedo y pastoso sobre sus
felices bocas y dicen: “Los ángeles no cantaban: ‘Paz en la tierra, buena voluntad a los hombres’”. De
acuerdo con el griego, ellos decían: “Paz en la tierra, buena voluntad a los hombres”. Pero no se puede leer
esto sin que algo empiece a moverse dentro de usted. Capte el ritmo; capte la música en su corazón. “En la
tierra paz, buena voluntad para con los hombres”,
decían. Hubo canto en la encarnación.
Y luego en la resurrección también hubo canto. “Cantaré de ti entre las naciones” (Salmos 57:9) dijo Jesús
en el salmo. En el Nuevo Testamento no se nos dice que Jesús cantó cuando se levantó de entre los muertos.
Pero el Antiguo Testamento predice que una de las primeras cosas que haría Jesús sería cantar. Y una de las
últimas cosas que hizo antes de ir a morir fue cantar a coro con sus
hermanos. ¡Me hubiera encantado oír ese himno! ¿Alguna vez se detuvo a pensar en el rapto? Va a ser algo
que jamás ha sucedido. Tal vez usted podría estar caminando por la calle cuando oiga el
sonido de la trompeta ¡y de repente será transformado! No sabrá qué hacer ni cómo actuar. Y las personas
que yacen en sus tumbas, ¿qué harán? Sé lo que harán, ¡van a cantar! ¡Habrá canto en la consumación, en
ese gran día! “Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos;
porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido”
(Apocalipsis 5:9): ese es el tema de la nueva canción. El tema de esa nueva canción no es “Yo soy”, es “Tú
eres”. ¡Note la diferencia! Cuando usted mira los himnos de Wesley, Montgomery y Watts, eran: “Tú eres,
oh Dios, tú eres”. Pero cuando miramos los himnos modernos, dicen: “Yo soy, yo soy, yo soy”. Me enferma.
De vez en cuando un buen himno con testimonios está bien, pero
estamos exagerando. La canción del rapto será: “Tú eres digno, oh Dios”. Y cantaban un nuevo cántico,
diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos
has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y
sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra. Y miré, y oí la
voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era
millones de millones (Apocalipsis 5:9-11).
Si usted puede escribir en una pizarra cuántos son, le pago la cena. ¿No es raro que los hombres tengan
semejantes vigas en sus mentes que en vez de ponerse contentos por esto solo intenten entender quiénes son
esos diáconos, ancianos, bestias y criaturas? Escriben libros sobre quiénes son y cómo son. ¿No es raro eso?
¿Cuán tonto se puede volver un erudito? Yo no sé nada de estas
criaturas que se mencionan aquí. Búsqueme cinco minutos después del rapto y le contaré todo sobre ellas.
Pero ahora solo quiero tomarlo por fe. “Nos ha hecho . . . reyes y sacerdotes”, dijo Juan. Todas las criaturas
respondieron: “el Cordero que fue inmolado es digno” (5:12). No decían: “Mírenme a mí. Soy maravilloso;
estoy feliz, feliz, feliz”. No: el Cordero, el Cordero es digno.
Esa es la consumación. La infinita Deidad nos invita a que vayamos a Él a compartir las intimidades de la
Trinidad. Y Cristo es el camino.
La luna y la tierra giran de tal manera que solo vemos un lado de la luna y nunca vemos el otro. El eterno
Dios es tan inmenso, tan infinito, que no puedo tener la esperanza de conocer todo lo que haya para saber de
Él. Pero Dios tiene un lado enfocado hacia el hombre, así como la luna tiene un lado enfocado hacia la
tierra. Así como la luna siempre tiene esa cara sonriente hacia la tierra, Dios
siempre tiene un lado enfocado hacia el hombre, y ese lado es Jesucristo. El lado enfocado hacia la tierra,
Jesús, es la forma en que Dios nos ve. Siempre nos mira y ve a Jesucristo en nosotros. Entonces volvemos a
la cita de lady Juliana: “Donde aparece Jesús se entiende la bendita trinidad”. ¿Está conforme usted con el
cristianismo nominal? Si lo está, no tengo nada que decirle. ¿Está satisfecho con el cristianismo popular de
personas influyentes? Si lo está, no tengo nada que decirle. ¿Está satisfecho con el cristianismo elemental?
Si lo está, todo lo que tengo para usted es exhortarlo a que siga adelante hacia la perfección. Pero si no está
satisfecho con el cristianismo nominal ni popular ni con cómo comenzaron las cosas y quiere conocer al
Trino Dios por sí mismo, siga leyendo.

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