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cuanto más nos lancemos al interior de las cosas, mayor motivo de

renovado placer surgirá de la permanente su admiración y de su


comprensión. Por último, todo ello lo comprenden bien sin duda
aquellos que saben cómo es siempre agradable, casi hasta el éxtasis,
el ir encontrando nuevas y admirables perfecciones en aquellos que
amamos.. . Pero me estoy dejando llevar por el encanto del tema,
aun cuando de todos modos es verdad que sobre esto nunca se pue-
den decir demasiadas cosas, y tampoco parece que todos comprendan
de modo suficiente qué es el amor a Dios, ni en qué consiste su vi-
sión, porque si lo entendieran no podrían menos de conmoverse.
Por último, hemos de establecer, con estos principios rectores
de la conciencia, una disciplina que contenga la justicia universal; en
efecto, si Dios no existiese, los sabios no estarían obligados a ejercer
la caridad más allá de lo necesario a su propia utilidad, ni tampoco 4. ELEMENTOS DEL DERECHO
se sentirían en la otiligación de actuar honradamente, a no ser en lo Y DE LA EQUIDAD '
que a la propia perfección se refiere, puesto que, dada la brevedad
de la vida en este mundo, la medida de la perfección no se podría
establecer con suficiente fundamento si el alma no fuese inmortal. Es evidente que la felicidad humana consiste, no sólo en poder
Pero Dios hace que todo lo honesto sea al mismo tiempo útil, y todo conseguir lo que se desea, en la medida en que ello es posible,
lo repulsivo perjudicial, de tal modo que aquel que incluso llega a sino también en saber querer lo más conveniente. Si bien es cierto
exponerse al sufrimiento, y aún a la muerte, en aras del bien común, que lo primero el hombre está en vías de conseguirlo, la verdad es
no sea por ello tenido por loco. que no ocurre así con lo segundo, ya que, en efecto el hombre en
Por todo eiio, quien desee exponer los fundamentos del derecho nada parece más impotente que en aquellas cosas que se relacionan
natural tendrá primero que enumerar los principios comunes de la consigo mismo. Es cosa sabida que su poder ha aumentado mucho
justicia acerca de la caridad del sabio; después, el derecho privado, en los dominios de los dos elementos que componen nuestro mun-
o los preceptos de la justicia conmutativa que se dan entre los hom- do: uno lo ha sometido casi por completo; el otro ha conseguido
bres en la medida en que son iguales entre sí; en tercer lugar, hablará arrancárselo a la voracidad del primero. Me refiero a los mares, que
sobre el derecho público, que se refiere a la distribución de bienes ya estitn como cubiertos por una especie de puentes móviles, y a
y males comunes entre personas que son desiguales, distribución las tierras que están unidas entre sí, aunque antes estaban separadas
realizada en función de lo que sea más conveniente para alcanzar el Desencan
tamiento
por hendiduras gigantescas e insalvables.
bien común mayor posible en esta vida. En cuarto lugar, expondrá Sabemos también que el firmamento no puede engañarnos, y
el derecho interno, que ilustra acerca de la virtud en general y sobre que, si se ocultan los astros, ello es sólo porque su lugar ha sido
Ia obligación natural para con Dios, que hace que miremos por nues- ocupado por una simple piedra; que se ha reducido al propio fir-
tra propia felicidad etterna. mamento, poniéndolo más a nuestro alcance; que nuestros ojos, acre-
Ahora hay que añadlr, a todo esto, los elementos del derecho centada su capacidad de visión, han penetrado en el interior de las
legítimo, sea humano, o bien divino; en el primer caso, tanto cuando cosas, y que el espectáculo del universo, ahora centuplicado (por
I
tiene lugar en nuestro estado como cuando rige a los demás pueblos. una parte se han descubierto nuevos mundos, y, por otra. conocemos
En el segundo, en tanto rige a la Iglesia universal. I
El derecho legítimo se desarrolla enumerando los deberes de los nuevas especies) es contemplado, digo, con doble admiración: en
magistrados y de los particulares. Tales deberes están definidos por 1 unos casos la admiración la produce su grandeza, en otros su pe-
queñez.
las leyes, entre las cuales incluyo a las costumbres. l
Original en latín, publicado por MOZLAT,
págs. 19 a 35.
I 1
rimentos importantes que al no haber sido estudiados y ordenados,
Tampoco parece que falten descubrimientos del otro tipo, refe. carecen de utilidad o sólo son útiles por casualidad.
ridos al conocimiento del propio hombre, y que ayuden a penetrar ¿De qué nos sirve tener al alcance de la mano un material
en muchos hechos diseminados, no sólo en diversos lugares, sino reunido con tanto esfuerzo si hay que esperar hasta otro siglo para
Un nuevo tipo de
también en épocas distintas. La luz de la historia avanza, de forma recuerdos lograr realmente nuestra felicidad? {Por qué no reunimos nuestras
que nos puede parecer que hemos vivido siempre, ya que poseemos fuerzas y luchamos contra esa pertinacia de la naturaleza, que gusta
un tipo nuevo de recuerdos que, aunque son solamente escritos, de ocultarse? (Por qué no, digo, a no ser porque la imperfección
l sin embargo, son más duraderos que el mismísimo bronce; efectiva-
1 mente, con elios puede lograrse que, trascendiendo la dureza de
de la ciencia de la naturaleza se ha extendido al orden político,
los tiempos bárbaros y las épocas de tiranía, ~erdurensiempre los siendo como es posible conseguir las cosas cuando todos juntos las
1 deseamos y resulta imposible hacerlo cuando las queremos de un
grandes talentos, y se anticipen a la segura inmortalidad del cielo modo individual? {Cómo iban a obrar conjuntamente, si no acome-
con la eternidad aparente de la fama. tieran el asunto con rectitud y a partir de los principios de la ver-
Hemos abarcado el tiempo con la escritura, el firmamento con dadera política, aquellos que tienen en su mano el hacer feliz a Ia
los observatorios, la tierra con los caminos, el mar con los barcos. mayor parte de la humanidad cuando ésta siga su ejemplo y ellos
Los restantes elementos siguen el mismo camino, y el aire, por mismos llegan a ser felices en ello?
vez primera, comienza a mostrar sus ocultas cavidades que siempre Ciertamente, quienes juzgan el asunto desde el punto de vista
fueron invisibles; el fuego, que desde antiguo estaba asociado a la verdadero, saben que la ciencia de lo justo y de lo útil, esto es,
acción humana por un favor inmarcesible de los dioses, en la trans- del bien público y privado, se implican reciprocamente, y que no
formación de cuanto se mantenía tenazmente en la postura de ne- es fácil que nadie llegue a ser feliz en medio de desgraciados. Hasta
garnos sus recursos, nos proporcionó sus rayos, a los que ninguna ahora, pues, hemos ignorado, o, lo que es lo mismo, no hemos
fuerza puede igualarse, si no es la que opone a su enemigo la furia utilizado, ni hemos bebido en las verdaderas fuentes de lo bueno y de
humana. lo justo: efectivamente, podemos ignorar cosas que han sido leídas
Sin embargo, aun habiendo conquistado el mundo, tenemos to- mil veces y otras tantas oídas; más aún, cosas que muchas veces
davía al enemigo dentro de nosotros, y si todo obedece al hombre, hemos repensado, si la reflexión, y también -por decirlo así- la
el hombre mismo es la excepción; tampoco el cuerpo obedece al atención del espíritu, han quedado ausentes. Evidentemente, que-
i
espíritu, se obedece a sí mismo. Para decirlo de una manera más remos poner en práctica las cosas que sabemos que co.nocemos: lo
llana: desconocemos la medicina del cuerRo y del alma; hacemos i que ignoramos saber, eso ni siquiera lo sabemos.
uso de la primera como un procurador actúa en una causa -por 1 Hay dos cosas que nos obligan a fijar nuestra atención: la elo-
dinero- y de la segunda como un niño aprende una lección: para cuencia y la demostración. La una afecta a los sentimientos y pro-
nada, puesto que en realidad la estudia con el propósito de olvi- voca una ebullición, por llamarla de alguna manera, de la sangre
darla. (sanguinis ebullitionem). La segunda es causa de una clara com-
Por esta razón, no es de admirar que hasta ahora no se haya ;! prensión en el espíritu. Así, pues, la primera, si no se acompaña
consolidado una ciencia ni de lo agradable, ni de lo útil, ni de lo de una demostración, es frágil y vano éxtasis de una plebe zaran-
justo. La ciencia de lo agradable es la medicina; la política es la
1 deada por sentimientos desenfrenados. En cambio, la segunda sólo
i
de lo útil, y la ética es la ciencia de lo justo. llega a unos pocos, y nada más que a los grandes, a aquellos para
El médico examina nuestra constitución y la disposición y fun- quienes hay esperanza de mejora, sobre todo en un siglo como éste,
cionamiento de nuestros órganos, de manera que conserve o restaure en el que una especie de hambre insaciable conduce a todos los
las fuentes del placer y al mismo tiempo, aleje o impida las causas grandes talentos a buscar el alimento auténtico de la verdad.
del dolor. Para ello debe servirse del conocimiento de los caracteres, Si diéramos cuanto necesitan a estos hombres, si estimulásemos
de la óptica, de la música, de la perfumería y de la gastronomía, en ellos la constante ansia de saber, si llegáramos a asentar la ver-
tanto como de la química y la botánica. dad sobre un fundamento sólido, quizá podríamos mitigar los malos
efectos de la elocuencia. En otro lugar revelaré, según espero, im-
Tenemos a nuestra disposición una increíble cantidad de expe-
i
portantes verdades acerca de su completa utilidad; ahora sólo pre- l nombre, y siendo la demostración el origen de la ciencia y la de-
finición el origen de la demostración, de todo ello se sigue lógica-
tendo esparcir la simiente de una ciencia que muestra dónde y cómo
mente que debemos investigar, sobre todo, las definiciones de las
cada uno debe ceder en sus intereses ante el bien de la mayoría, si
palabras «derecho», «justo», «justicia», o, lo que es lo mismo, al-
quiere así aumentar la felicidad de la sociedad en general, por medio
gunas ideas importantes, en virtud de las cuales noostros mismos,
de la reflexión.
aun sin darnos cuenta, cuando hablamos, solemos cifrar la verdad
Llevar esto a cabo equivale a mostrar los fundamentos del de-
de las proposiciones ante todo, o sea, el uso de las palabras.
recho y la justicia, cosa que intentaremos hacer ahora, en relación
con los bienes que hemos recibido del cielo.

El método de investigación será éste: comparando los más no-


tables y más diferentes ejemplos, tomados del lenguaje, imaginemos
La ciencia del derecho pertenece a aq~iellasque no dependen
un significado que no sólo esté de acuerdo con ellos, sino con todos
de experimentos, sino de las definiciones, y que tampoco están
los demás ejemplos que puedan ponerse. Igual que planteamos hi-
ligadas a demostraciones perceptibles por los sentidos, sino por la
pótesis con las inducciones a partir de los experimentos, así tam-
razón. Por decirlo de alguna manera, se trata de una ciencia de
derecho, y no de hecho. Efectivamente, dado que la justicia consiste bién elaboramos una definición a partir de la comparación de las
en una cierta congruencia y proporcionalidad, se puede entender que proposiciones y, .n ambos casos, hacemos un resumen de los res-
existe algo que es justo, aun en el caso de que no haya quien tantes, a partir de los experimentos más importantes. Es necesario
practique la justicia, ni nadie sobre quien se ejerza. usar este método cuando no sea prudente que uno mismo determine
De la misma manera que las relaciones entre los números son arbitrariamente las acepciones de las palabras; cuantas veces habla-
verdaderas aunque no haya ni quien enumere ni cosas que enumerar, mos en el lenguaje vulgar de nosotros, de nuestras cosas o de un
I
asunto no bien conocido, estamos en libertad para unir una idea
así se puede decir de antemano que algo será hermoso, un meca- l
nismo eficaz, o un Estado rico, aún en el caso de que nunca lleguen concreta con una palabra, cualquiera que ésta sea, con tal de que
a existir. Por ello, no debe sorprendernos que los principios de estas sea capaz de activar la memoria, de forma que no sea necesario
ciencias pertenezcan a las verdades eternas, ya que todos son con- 1 repetir siempre la definición, con lo que repetiríamos no una, sino
diez palabras. Ahora bien, cuando hablamos en público o nos refe-
dicionales y no nos dicen qué existe, sino qué hay que da? por I rimos a un asunto de sobra conocido, y cuando no escribimos con
supuesto para que se siga que algo existe. No se derivan de los 1 una apremiante escasez de palabras, el utilizar términos cuyo signi-
sentidos, sino de la clara y precisa imagen, que Platón llamaba
idea, y que, expresada con palabras, es lo mismo que una definición; ficado sólo uno mismo conozca, o escoger los sentidos más peculia-
pero cualquier cosa que puede ser rectamente entendida, no siempre res de las palabras usuales, o bien es propio de la necedad de quien
es realmente posible. Será verdadera en la medida en que la única no quiere ser entendido, o de la malicia de quien quiere engañar,
1 o de la soberbia de quien espera inducir a los demás a concebir una
cuestión se reduzca a su posibilidad, mas cuantas veces sea proble-
mática su necesidad, habrá problemas acerca de su posibilidad. En opinión falsa sin razones para ello. Sobre esto hemos hablado largo
efecto, si decimos que algo es necesario, estamos negando la posi- y tendido en el prólogo de la obra de Nizolio.
bilidad de su opuesto. Por ello, las conexiones necesarias de las
cosas y sus consecuencias, quedan por lo mismo demostradas, porque
se deducen de una clara y precisa representación, esto es, de la
definición, cuando se expresa con palabras, y a través de una conti-
nuada serie de definiciones que se implican mutuamente, es decir, En el derecho, en primer lugar, se trata del bien no sólo nuestro,
a través de una demostración. sino también del ajeno. En cuanto a lo que afecta a nuestro bien,
Siendo, pues, la ciencia del derecho una ciencia digna de ese somos unánimes en decir que lo que alguien ha hecho por necesidad
razones últimas, las antepone a las desgracias o a la felicidad de
para protegerse, nos parece que lo ha hecho con justicia. Por tanto, los otros; si alimenta sus crueles ojos con cadáveres, si hace ne-
en vista de esto, no habrá nadie que pretenda desligar la justicia gocios con homicidios y torturas, si prefiere que perezca un esclavo
de la prudencia. En efecto, siendo como es la justicia una virtud, a que quede insatisfecho alguno de sus vicios; finalmente, nadie
según el parecer de todos, debe consistir, como toda virtud, en la hay que apruebe el lucro conseguido mediante el perjuicio ajeno.
moderación de los afectos, de forma que nada pueda oponerse a Por fin, existe aún otra causa de descontento: si la misma des-
los mandatos de la recta razón. gracia aflige a dos, y uno pretende quedar él solo indemne, aunque
Pero la recta razón es lo mismo que la prudencia en el obrar. lo justo sería que existiese siempre similar derecho, cuando las
Luego ni la prudencia puede existir sin la justicia, ni, por consi- situaciones son similares. En todas estas acciones, los hombres no
guiente, la prudencia puede desligarse del propio bien. Cuanto sólo lamentan el hecho, sino también la voluntad que este heiiho
pretende contradecir lo que acabamos de decir carece de sentido, y refleja. De aquí se deducen estas proposiciones:
es, además, ajeno al comportamieuto~dequien lo mantiene. Nadie - En primer lugar, injusto es querer dañar a otro, a no ser
hace riada deliberadamente que no tenga como motivo su propio buscando preservar el propio bien.
bien. Incluso buscamos el bien de los que amamos a causa del
propio que nos causa su felicidad (amar es, efectivamente,
- En segundo lugar, no es justo querer causar la ruina de
otro sin necesidad.
alegrarse con la felicidad de otro). A Dios mismo lo amamos por
encima de todo, porque disfrutar de la contemplación del Ser
- En tercer lugar, es injusto querer el daño de otro para con-
seguir el provecho propio.
más hermoso de todos es un placer superior a cualquier otro que - En cuarto lugar, no es justo el no querer compartir una
podamos imaginar. desgracia que debe ser común.
Queda, pues, claro, si uno se hace cargo del núcleo de la cues-
tión, que nadie puede ser obligado a su propio mal. Hay que aña-
dir que nadie puede ser obligado más que a hacer lo que contri-
buye a su propio bien. Dado que la práctica de la justicia es algo
de lo que puede convencerse a un hombre prudente, y dado que Como, en definitiva, parece claro que el justo ha de tener en
de nada quedará convencido un oyente, a no ser que vea satisfe- cuenta no sólo e1 propio bien, sino también el ajeno, vamos a in-
chos sus cálculos acerca de la utilidad de ello, es necesario que toda tentar defiilirlo gradualmente.
obligación comporte alguna utilidad. ¿Hay que definir lo justo como el querer lo que n o es no-
De ello se derivan, pues, dos proposiciones: civo para i.silie? Pero, de este modo, lo justo no consistirá en
- En primer lugar: todo lo necesario es justo. preferir que sea evitado el daño propio a que lo sea el dafio ajeno.
- En segundo lugar: todo lo debido (injusto) es útil (dañoso), ¿Acaso entonces lo justo es precisamente lo que se hace para
según el acuerdo de los que utilizan las palabras. Queda ahora evitar el propio daño? Pero, en ese caso, lo justo sería preferir
por tratar hasta qué punto en la justicia hay criterios sobre el bien el vicio propio a que perezca el esclavo.
ajeno. ¿Será entonces lo que se hace por propia necesidad? Pero, en
ese caso, no (sic) estaría permitido anteponer el lucro propio al
ajeno.
¿Consistirá, pues, lo justo en que no haya daño para la colec-
tividad? Pero en ese caso mi bienestar debería ser valorado en me-
En primer lugar, todos los hombres claman porque se comete nos que el daño público.
injusticia con ellos; más aún, que se violenta a la misma naturaleza, {Acaso consiste lo justo en lo que no es motivo de guerra?
cuando alguien busca el mal de los demás sin ventaja alguna para Pero entonces lo injusto sería, en caso de conflicto de intereses,
sí mismo, si niega a los otros un servicio inocuo, si prefiere que preferir que otro muera a morir yo mismo.
muera quien puede ser salvado sin dificultades para uno mismo. Quizá sea lo justo aquello que no motiva la queja de un hombre
También, si alguna ventaja propia, que nada tiene que ver con
hay discusión; es la que se toma al mismo tiempo de las palabras,
factible, o de lo que tiene pocos requisitos, o , si se trata del mismo
de las leyes y de la sentencia.
género, en favor de lo que tiene menos requisitos. Por ello es correc-
Pero sucede que cuando con la ley se une alguna otra proposi-
to lo que dicen los jurisconsultos:
ción, y a partir de ésta se constituye una argumentación de cuyas
«En problemas oscuros, hay que seguir lo menos oscuro».
premisas una es la ley, la conclusión es la decisión de alguna cues-
Aquí tiene toda su aplicación la doctrina sobre los grados de
tión.
probabihdad, que nadie, que yo sepa, ha dado todavía la suficiente
Pero la proposición puede estar unida a la ley o a otra ley o
importancia.
enunciación tomada de alguna otra disciplina, por ejemplo: los ju-
La argumentación con la que se intenta establecer el motivo de
ristas toman muchas cosas de la lógica sobre las proposiciones con-
una ley, a veces no se puede dar. En efecto, no es posible estable-
dicionales y disyuntivas; de la física, cuando se trata de hijos legf-
cer el motivo de todo lo que legislaron nuestros antepasados. Sin
timos y de heridas mortales; de las matemáticas, cuando se trata de
embargo, no se pueden cambiar las cosas sin razones de peso, pues,
como dice el jurista. trazar límites y calcular herencias.
3. Resta que tratemos de la formación del sistema de las leyes,
«Nada se debe cambiar fácilmente en las costumbres». o de su método a partir de varias leyes.
A veces es mendaz la razón que se da por parte de los propios En este sistema se debe considerar la materia y la forma u orden.
jurisconsultos y legisladores. Efectivamente, sucede a menudo que 3.1. La materia del sistema la constituyen las propias leyes, en
no está de acuerdo con la situación actual del Estado; sin embargo, las cuales debemos hacer lo que se hace con las piedras con las
cuando cesa el motivo de la ley, no por ello cesa al momento la que construimos un edificio: deben estar cortadas d e forma que
propia ley; efectivamente, no por esto se subordina al juicio de las ajusten entre sí con precisión y solidez, y sin que pueda quedar
personas particulares o incluso de los magistrados inferiores. Del entre ellas vacío alguno.
mismo modo, es imposible dar la razón de dos leyes cuando mutua- De igual modo, en la coordinación de las leyes, se requiere que,
mente se contradicen. por una parte, no haya contradicción entre ellas, y que, por otra
2.2. La consecuencia de las leyes o su aplicación a los asuntos !i parte, no dejen lugar a dudas sobre ningún asunto.
reales no se expresa claramente en ellas, es principalmente tarea de l Tal sistematización de las leyes, basta ahora no se ha hecho, pero
los juristas, y, al mismo tiempo, contiene una interpretación dianoé- 1 yo no tengo la menor duda de que es factible. Generalmente se cree
tica, sobre la que ya he hablado anteriormente. Esta tiene lugar si lo contrario, que el número y la clase de asuntos a regular mediante
el legislador no hizo mención expresa del asunto que nos interesa, las leyes es ilimitado, y que abarcarlos todos está muy por encima
pero sabemos que quiso hacerlo. Es extensiva o supletoria, restric- de nuestras fuerzas. Eso sería cierto si nos propusiéramos enumerar
tiva o correctiva. ! todos los casos, pero hay que tener en cuenta que quien conoce lo
Extensiva si, por la misma razón de la ley, la disposición se i universal puede clasificar con facilidad un número ilimitado de
extiende a circunstancias no expresas en la ley. 1 casos particulares sin que se le pueda escapar absolutamente nin-
Restrictiva si, por haber caducado la razón de ser de la ley, cesa I - Además, se piensa generalmente que no hay ley sin excepción,
guno.
su vigencia, aunque el asunto del que se trata se contenga en las
palabras de su redacción. cuando el jurista, por el contrario, debe pretender que una regla
Hasta qué punto esto está permitido, es un gran problema para carezca de excepciones hasta el punto de que si falla una sola vez,
los juristas, y no debe ser definido de la misma manera en todos le parezca que ya ha perdido toda su utilidad.
los Estados. ¿De qué manera llegaremos a un acuerdo, o, dicho más clara-
Ciertamente, d e los legisladores, unos están más y otros menos mente, cómo sacaremos conclusiones seguras de las leyes si esta-
mos siempre inseguros? Hay que contestar a esto que, ciertamente,
de acuerdo con estos juristas. Y o estimo que hay que concebir las
cada ley, tomada en particular, puede tener excepciones, pero la to-
leyes de tal manera que no baya necesidad de interpretación dia-
noética. talidad del sistema legal debe carecer de ellas. En efecto, las leyes
Se da otra consecuencia a partir de las leyes, sobre la que no se limitan unas a otras, y de una ley puede tomarse la regla; d e
otra, la excepción; de otra, a su vez, la réplica, y así sucesiva.
mente.
De aquí se sigue un gran ahorro en la promulgación de leyes,
y queda claro cómo unas pocas leyes podrían abarcar innumerables
casos, dado que a pesar de ser su número escaso, se pueden combi-
nar entre sí de muchísimas maneras, según la índole de los asuntos
a resolver.
Solamente habrá que poner atención en conocer qué ley puede
limitar a otra. cosa no difícil, si se ha entendido lo que dijimos
acerca de la presunción.
Efectivamente, toda ley tiene una presunción, y ésta actúa en
un caso dado, si no se demuestra que haya impedimento o contra-
dicción que dé lugar a una excepción deducida de alguna otra ley.
De aquí se sigue que el pase de la prueba (otzzrs probandi) deba 7. CARTA DE LEIBNIZ A LOUIS FERRAND '
soportarlo quien alega la excepción. 31 de enero de 1672
3.2. Para que el derecho se convierta en una técnica se puede
proceder de varias formas, dependiendo del tipo de objetivo que
quien escribe sobre esto se ha fijado de antemano. Si escribimos
Al señor Ferrand, 31 de enero de 1672.
para jueces, debemos enumerar las soluciones del derecho, o las
En lo jurídico se trata de conseguir establecer ante todo estas
demandas y sus excepciones, para que al punto aparezca qué de- cuatro cosas, Dios mediante:
mandas deben ser admitidas, rechazadas o reguladas. l. Los principios del derecho natural.
Si escribimos para personas partlculares y para sus abogados, 2. Los principios del derecho civil común en la actualidad.
recorremos la vida y hacienda de las gentes y les iremos explicando
3. El núcleo de las leyes romanas.
qué clase de derechos u obligaciones dependen de cada circuns- 4. El Corpus de derecho romano revisado.
tancia. Por esta razón, el conocimiento del derecho es parte de la
l. Los principios del derecho natural, siendo como son escasos
ciencia económica. en número, son grandes por su importancia, pues contienen las de-
Si es al.legislador a quien pretendemos instruir, o a alguien que mostraciones simplemente deducidas de las definiciones de lo justo.
haga sus veces, esto es, a quien se le ha concedido la potestad de
Llamo justo o bueno a aquel que ama a todos.
suplir o interpretar el derecho, hay que hablarle de las causas del
Defino el amar como el alegrarse con la felicidad ajena.
derecho, y poner todo nuestro esfuerzo en reducirlo todo a unas
Llamo felicidad al estado de puro gozo.
pocas reglas o razones, haciendo notar también las irregularidades
Entiendo por goce la sensación de armonía.
permitidas o excepciones, pues nada de lo que se acepte en contra
De estas definiciones deduzco todo lo demás y, en caso de con-
de la razón de ser del derecho debe considerarse consecuencia de ese flicto, demuestro que se debe preferir la bondad de aquello de
derecho. donde, al final, nace una armonía mayor. De aquí extraigo todas las
La explicación del inétodo de esta ensefianza es científico. Los teglas del derecho: las que versan sobre el engaño, la culpa, las
primeros tienen niás en cuenta las enumeraciones de casos concretos.
I
Ocurre como en la geometría, que puede ser enseñada de dos ma-
neras: la una es científica, por principios, como hace EucIides; la
' El original en latín se encuentra en AK 1-1-180. Louis Ferrand (1645-
1699), conocedor de literatura hebrea y oriental en general. Louis Ferrand
otra es práctica, y es propia para quienes tienen suficiente con sa- conoció a Leibniz en Alemania. Puso al pensador alemán en contacto con el
bibliotecario real Picrre de Carcavy. Esta carta resume esfuerzos del mismo
ber las proposiciones, aunque no entienden las razones. período de mayor envergadura en los que Leibniz trata de desarrollar una ju-
risprudencia racional. Concretamente, pienso en los Elementa juris naturalis,
AK 6-1-431 a 489.

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