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RESTAURACIÓN DE ARMAS ANTIGUAS

Más de una vez y más de dos han parecido en el foro armas de diversa
procedencia y tipo, especialmente armas de fuego bien de avancarga aparecidas e
un desván o incluso alguna que otra de las que protagonizaron nuestra Guerra
Civil, hoy tan manida nuevamente por desgracia. Por lo tanto, ahí van unos
consejos que pretenden orientar al personal a la hora de intentar su restauración
sin destrozarla o, lo que es peor, que no parezcan un trozo de hierro pintado de
purpurina.

Pero antes de comenzar, recordar al personal unas cosillas:


La actual legislación permite la tenencia de armas antiguas sin guía ni licencia,
pero siempre y cuando sean para fines meramente ornamentales y dentro del
domicilio particular.
Si encontramos una cuyo estado sea francamente bueno, comprobamos que
puede ser usada sin riesgo para nuestra integridad física, y nos daría un morbo
enorme disparar con ella, hay que obtener la Licencia para armas de avancarga y,
una vez conseguida, guiarla en la Intervención de Armas de la Guardia Civil.
Ojo: Legalmente, estas armas solo pueden ser usadas en galerías o polígonos de
tiro, de modo que si a uno se le ocurre irse a un sembrado a probarla, lo más
seguro es que le claven un multazo, le requisen el arma e incluso pierda la
licencia.
Hechas estas prevenciones, comenzamos:

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1ª PARTE

LA MADERA

Suele ser habitual que la madera haya desaparecido si el arma en cuestión ha sido
encontrada bajo tierra. En ese caso, poco o nada se puede hacer. Pero hay veces
en que el abuelo la dejó olvidada en un sobrado o en un desván, y en ese caso sí
que podemos atrevernos a devolverle en mayor o menor grado su aspecto
original. Para ello, pocas herramientas nos harán falta: Unos trapos de algodón,
un soldador de estaño, aceite de linaza y lana fina de acero nos bastarán para
solucionar desperfectos menores, y algo de habilidad y unas escofinas y pasta de
madera si vemos que falta algún trozo de la misma.
Primero conviene separar las partes metálicas a fin de reservarlas. Si algún
tornillo se resiste, un día entero impregnado con aceite mineral y un
destornillador cuya pala se adapte perfectamente a la ranura del tornillo vencerá
su resistencia. Una vez logrado esto, conviene limpiar bien la madera de restos de
grasa solidificados. La gasolina va muy bien para eso, pero sin abusar a fin de
que la madera no se impregne de la misma. Usar para esta operación un cepillo
de dientes de cerda dura. Luego observaremos los desperfectos que pudiera haber
y, en función de cada uno de ellos, actuaremos de una forma u otra.
Los arañazos superficiales pueden ser eliminados con una lija de madera de
grano fino, lijando siempre en la dirección de la veta. Si por el contrario vemos
que hay golpes que hayan hundido el material, recurriremos al calor. Colocamos
sobre la zona dañada un trapo doblado varias veces y empapado en agua, y sobre
el mismo aplicamos un soldador de estaño o una plancha casera (sin que la
parienta nos vea, obviamente). Iremos remojando el trapo y aplicando calor hasta
que veamos que, por la acción del vapor, la madera, hinchada, recobre su forma
original. Lógicamente, la desaparición total es casi imposible, y más si ha habido
pérdida de madera por el golpe de marras, pero el hundimiento se verá muy
disminuido. Una vez seca la madera, lijaremos hasta igualar y, si fuese necesario,
aplicaríamos pasta de madera del mismo color y lijaríamos nuevamente. Dicha

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pasta se compra en las tiendas de pinturas y droguerías, y las hay de varios
colores. En el caso que nos ocupa, la más habitual sería la color nogal. Hay que
tener en cuenta que esta pasta no admite tintado, luego hay que usar aquella cuyo
color se asemeje más a la culata que estamos restaurando.
Si la zona deteriorada está cudrillada, la cosa se complica, ya que dicho
cuadrillado se efectúa con un útil especial y, además, no es nada fácil. Habría que
recurrir a un armero.
Una vez eliminados en todo lo posible los arañazos y golpes, procederemos a
lijar nuevamente con un grano muy fino para, finalmente, pulir con lana de acero
o con un Scotch Britte de esos verdes que se usan para fregar (si usamos esto
último, debe estar sin estrenar y totalmente seco).

Una vez concluido el pulido, es el momento de preservar la madera para que nos
dure algunos siglos más. Tengamos en cuenta que las culatas de las armas
antiguas no iban barnizadas, de modo que a nadie se le ocurra soltarle un
pistoletazo de barniz nitrocelulósico porque el resultado final sería como un
caballero con la armadura cromada. Las armas antiguas iban acabadas al aceite.
Para ello, compramos en una droguería o tienda de pinturas un litro de aceite de
linaza con secante, lo freímos, o sea, lo hacemos hervir, y cuando se enfríe lo
mezclamos a partes iguales con esencia de trementina, vulgo aguarrás. No vale el
sucedáneo, sino aguarrás puro.
Lo aplicaremos directamente con la mano, siempre en el sentido de la veta y
masajeando suavemente la madera a fin de que penetre mejor en la misma. Tras

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dejarlo secar unas ocho horas, nuevamente volveremos a darle otra mano, que
tardará en secar algunas horas más. Finalmente damos una tercera mano y con
ello habremos terminado. No conviene abusar, ya que el aceite se filtra entre las
fibras de la madera y en caso de exceso debilitaría la misma.
Cuando esté totalmente seco, aplicaremos como protección final una capa de cera
color nogal o incolora, dejaremos secar y cepillaremos la madera con un cepillo
como si de un zapato se tratara, lo que le da un acabado satinado que queda
francamente bonito. También puede frotarse con lana de acero de la más fina que
encontremos y muy muy suavemente.

ROTURAS EN LA MADERA
Si nos encontramos con una culata que muestre grietas por donde es obvio que
tarde o temprano acabará rompiéndose, prepararemos una mezcla de cola blanca
y agua de forma que se filtre sin problemas por la grieta. Aseguraremos con
cinta adhesiva un par de horas hasta que se seque y fin del problema. La más
adecuada es la Pattex, que seca muy rápido. Otra opción si la grieta es muy fina
es derramar sobre ella un poco de cianocrilato, que es ese pegamento que como
no andes listo te deja los dedos pegados en 3 segundos. Hay muchas marcas en el
mercado, si bien la más conocida es Loctite, y se encuentra en cualquier
droguería, etc. Una vez seco, se elimina el sobrante con una lija fina y, al ser
transparente, no se notará casi nada.

Si por el contrario la culata está rota, si bien los trozos casan bien, los uniremos
con pegamento epoxídico de dos componentes, como el Araldit.

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Esos pegamentos proporcionan unas uniones tan extraordinariamente fuertes que,
con seguridad, la pieza se romperá antes por cualquier sitio antes que por ahí.
Alinearemos bien las piezas a pegar, previamente limpias de polvo, y
aplicaremos en una sola cara el pegamento. Uniremos, aseguraremos, y
dejaremos secar al menos 12 horas o, mejor aún, 24. El sobrante no lo
limpiaremos estando fresco, ya que es muy pegajoso y mancharía la madera, por
lo que lo dejaremos secar y lo cortaremos o lijaremos una vez seco. Si queremos
reforzar esa zona aún más por estar la rotura en un punto delicado, como por
ejemplo el pistolete, podemos hacer un taladro en cada lado y embutirle una
espiga del diámetro adecuado, o incluso un vástago de acero
Si tenemos una culata con partes talladas, y dichas partes muestran zonas donde
falta material, eso queda reservado a los manitas consumados. Hay una masilla
de dos componentes llamada Milliput, usada en modelismo, que es perfectamente
moldeable.

Aplicaremos la misma sobre la zona a tratar y la moldearemos teniendo en cuenta


que, una vez seca, es perfectamente trabajable con limas, formones o gubias. No
admite tintado, pero sí se puede pintar con Enamel, que es un esmalte mate
también usado en modelismo. Hay infinidad de colores, por lo que siempre
podremos encontrar el que mejor nos convenga. La marca que se encuentra con
más facilidad es Humbrol. Son unas latitas del tamaño de un capuchón de

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rotulador de los gordos, y conviene que al abrirlas se remueva muy bien el
contenido, ya que el pigmento se decanta en el fondo y a veces se pone muy
duro. No es de extrañar que, a veces, haya que estar removiendo durante 5 ó 10
minutos.

Si la madera muestra signos de apolillamiento, en el mercado hay infinidad de


productos para acabar con esos bichos. Basta aplicarlo siguiendo las
instrucciones del fabricante y, una vez exterminada la plaga, tapar los agujeritos
con pasta de madera o con cera virgen de color nogal. Esta es una cera que se
vende en unas tarrinas pequeñas, y la usan los ebanistas para disimular defectos
en el material. Es muy dura, por lo que basta arrimarle un cerillo para que arda
un poco y se reblandezca.

CONSEJOS A TENER EN CUENTA:

1) Siempre lijaremos, frotaremos y cepillaremos la madera en el sentido de la


veta. No hacerlo así implica simplemente cargarnos lo que pretendemos
arreglar.
2) La madera es un material vivo por muchos años que tenga. Ojo con la
humedad, porque la hincha, la deforma o la alabea. Cuando trabajemos
con ella, mantenerla lejos de fuentes excesivas de calor, y si aplicamos
vapor para reducir golpes, secar lo antes posible.
3) Paciencia. Los aceites, los pegamentos, las colas tardan en secar. No
esperar a que el fraguado recomendado por el fabricante concluya puede
implicar arruinar el trabajo.
4) Lijar provistos de un taco de madera para que el lijado sea uniforme y,
repito una vez más, siempre en el sentido de la veta.

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Como se ve, trabajar la madera no es nada complicado, y resulta muy gratificante
hacer resurgir de sus cenizas algo que parecía condenado a la destrucción. Si
alguno no se atreve, que pruebe antes con cualquier trozo de madera inservible,
pero enseguida comprobará que todo lo dicho es más fácil de hacer que de
escribir.
Finalmente, decir que si algún forero tiene alguna duda, que me mande un
mensaje privado y gustosamente le aclararé cualquier duda.
Próxima entrega, la madre del cordero: LOS HIERROS

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2ª PARTE

LOS METALES

Por razones obvias, este apartado es un tanto más complejo que el anterior, ya
que tendremos que recurrir a herramientas o métodos más agresivos con el
material, por lo que en todo momento deberemos tener muy claro qué es lo que
queremos hacer y cual será el resultado final al que pretendamos llegar.
A fin de hacer las cosas con el debido orden y para que nadie se líe, dividiré esta
parte por tipos de piezas y daré una lista de herramientas y materiales adecuados
para llevar a cabo la restauración. Algunos de ellos los tendremos en casa si
somos aficionados a hacer cosas con las manos además de con otras partes del
cuerpo; pero en otros casos, si queremos llegar a un resultado óptimo, tendremos
que rascarnos el bolsillo y adquirir algunas herramientas que, no solo nos
facilitarán enormemente el trabajo, sino que harán que el resultado sea superior.
Comencemos pues:

Tornillería: Aunque parezca una chorrada, los tornillos son cosa delicada. En las
armas que nos ocupan, siempre encontraremos tornillos de ranura, pero cada uno
de un padre y una madre distintos. ¿Por qué? Pues porque en aquellos tiempos no
había patrones ni estandarizaciones, y en cada taller hacían sus propios tornillos
con el paso de rosca y la ranura que les daba la real gana. Era habitual que al
vender un arma fuese acompañada de sus propias herramientas, pero estas ya han
desaparecido por lo general, por lo que deberemos tener una buena batería de
destornilladores. Pero de los buenos, no de esos de todo a cien o del paisa de
turno.
Para aflojar un tornillo recalcitrante, lo mejor es rociar con aceite mineral, dejarlo
actuar varias horas, y luego intentar aflojarlo con un destornillador cuya pala se
adapte perfectamente tanto en el ancho como en largo a la ranura del tornillo.
Antes de intentar aflojar, conviene apretar un poco, lo que nos facilitará
desprender la capa superficial de orín que lo mantiene como pegado a su

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alojamiento. Santa paciencia si alguno se resiste, porque si nos cargamos la
ranura o, lo que es peor, la cabeza del tornillo, lloraremos amargamente y nos
insultaremos con denuedo, porque ese tornillo ya no tiene solución. Habría que
taladrar para eliminarlo y buscar uno lo más semejante posible, cosa que, aunque
no lo parezca, es más complicado de lo que pueda un profano imaginar.
Advertencia: Esto no nos vale para tornillos atornillados a la madera, ya que el
aceite hincharía las fibras de la misma y se pondría aún más duro. Sin embargo,
el orín no se pega tanto a la madera como al metal, por lo que si tenemos
paciencia y usamos el destornillador adecuado podremos sacarlo sin problemas.
Otro método para aflojar tornillos es calentar con un pequeño soplete sin llegar al
rojo vivo y dejar enfriar, pero eso siempre y cuando no haya madera cerca. Si no
tenemos soplete de gas, podemos usar el fuego de la cocina cuando la parienta
esté en casa de su mamá y no nos vea. La dilatación producida por el calor y la
posterior contracción que sufre el material al enfriarse harán que el tornillo más
tenaz caiga rendido ante nuestro destornillador. Ojo, dejar enfriar a temperatura
ambiente. No sumergir en agua, porque estaríamos templando una pieza que
posiblemente no nos interese templar.
Una vez extraídos todos y apuntando en un papel donde va cada uno, que la
memoria es débil y luego nos sobran piezas a la hora de montar de nuevo,
sumergirlos en Coca Cola un par de días. Ese brebaje negro eliminará hasta la
última partícula de orín y los dejará pelados. Antes de sumergirlos, un cepillado
suave con un cepillito de cerdas de bronce facilitará la limpieza.

Guarniciones: Al hablar de guarniciones me refiero a anillas, cantoneras,


guardamontes, pasadores y demás piezas metálicas. En las armas antiguas, casi
siempre veremos que están fabricadas de bronce, lo que hace que su estado de
conservación sea muy bueno y que prácticamente se solucione todo con una
limpieza del cardenillo que la cubrirá. Basta para ello cualquier limpia-metales
para latón de los que hay en el mercado. No temamos aquí dejar la pieza
reluciente, ya que así estaban en su estado original, aunque al cabo de varios días
volverá a ponerse de un tono apagado. Su mantenimiento es mínimo. Basta con

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eliminar el cardenillo si vuelve a salir, cosa rara si el arma está bien protegida de
la humedad.
Con todo, hay veces en que nos encontraremos con que las guarniciones de
marras están fabricadas en hierro o acero. Aquí la cosa ya cambia, porque su
estado puede ser lamentable a consecuencia de la oxidación, y su deterioro
irreversible. Según es estado de la pieza actuaremos de distinta forma, a saber
(estos métodos son válidos para el resto de las piezas metálicas de un arma,
cañón incluido):
Oxidación muy profunda, el hierro mohoso se desprende en escamas y la
pérdida de material amenaza con debilitar la pieza hasta el extremo de
romperse: Chungo. Ruina total. Lo más que podemos hacer es bañarla en
parafina para crear una capa protectora. Si el resto del arma presenta mejor
estado, podemos encargar una pieza similar en una herrería, ya que la pieza
nueva no desentonará con el conjunto. Si el resto del arma está en condiciones
similares, baño de parafina o de barniz para metales y colocarla en algún lugar
protegida por un cristal donde no le de ni el aire, aunque, eso sí, siempre y
cuando la pieza en cuestión merezca verdaderamente la pena.
Oxidación profunda, pero el material mantiene sus cualidades: Eliminar el
orín a base de frotar con lana de acero y aceite mineral hasta eliminar totalmente
el óxido. Nos encontraremos con que habrá pérdida de material, pero la pieza
conservará su forma más o menos original. Podemos, una vez concluida la
limpieza, darle una capa de barniz para metales para preservarla.
Esta operación puede también llevarse a cabo con alguna herramienta tipo
Dremmel, pero si de verdad se sabe usar porque los tratamientos abrasivos
mecánicos son muy delicados y si uno no los domina puede cargarse la pieza. Si
no, lo mejor es tener paciencia y eliminar el orín de la forma anteriormente
descrita. Más vale pasar una tarde frotando que maldiciendo por habernos pasado
con el Dremmel.
Oxidación superficial: Gran chollo es eso, porque bastará frotar con lana de
acero y aceite y en menos que un Seprona nos clava una multa por pitear en un
sembrado de melones la dejaremos como una patena. Una pieza en ese estado no

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precisa más que estar bien aceitada para su conservación. Puede usarse aceite
mineral para armas, o bien cubrirla con una fina capa de vaselina.
Ojo con los punzones y marcas que puedan llevar las piezas con las que
trabajamos. Borrarlos sería como eliminar la jeta del gran Octavio Augusto de un
denario. Para ello, donde creamos o veamos que hay un punzón, frotar con un
cepillito de bronce de forma delicada y echando aceite constantemente. Si lo
hacemos con primor y cariño, el punzón resurgirá glorioso tras la ominosa capa
de orín. Con todo, en las guarniciones lo más que encontraremos por lo general
son los últimos números de serie del arma, si es que el arma estaba numerada.
Los punzados principales iban en los cañones y en las llaves, pero el que un
guardamonte o una cantonera lleven su punzonado y lo hayamos rescatado da un
morbo muy aceptable. Ojo, que puede que no lleve punzones pero sí algún tipo
de grabado decorativo.

Llaves y mecanismos: Son el corazón del arma, y por ello deben ser tratados con
especial esmero. Al mismo tiempo, al ser los mecanismos de acero y
consiguientemente por sufrir oxidación, hay que estar muy seguro de lo que se
hace para no acabar rompiéndolo todo. Por ello, hay que tener perfectamente
claro si, a la vista del estado del arma, merece la pena acometer la restauración o,
por el contrario, “consolidar la ruina” y dejarla como está. Vayamos por partes:

Muelles: Siempre serán planos. Nunca encontraremos un muelle helicoidal entre


otras cosas porque aún no se habían inventado. Los muelles planos acusan mucho
la pérdida de material por el óxido, ya que les hace perder fuerza y tensión. Por
lo tanto, es muy fácil que se rompan si pretendemos accionar los mecanismos sin
comprobar antes el estado de los muelles. La ventaja que tienen es que son
fáciles de fabricar, y como quedan ocultos no desentonan con el resto del arma.
Ojo, que a nadie se le ocurra calentarlos porque al enfriarse perderán el temple,
con lo cual pasarán de ser muelles a ser simples pletinas metálicas.

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Martillos: Son piezas macizas que tienen buen arreglo. Pero ojo con el muelle
que los acciona, llamado muelle real. Este es un muelle potente, por lo que al
desmontarlo deberemos tener cuidado de que no salte y lo perdamos o, lo que es
peor, nos salte un ojo. Trabajar siempre con precaución cuando hay piezas
“saltarinas” de por medio. Yo solía desmontarlos poniéndome una toalla
alrededor de las manos. Se trabaja a ciegas, pero ni se pierden los muelles ni me
dejan marcas en la cara cuando saltan.

Gatillos: Al igual que los martillos, son piezas que no suelen revestir
complicaciones. Sin embargo, sobre los gatillos actúan uno o dos muelles,
dependiendo del arma: Si es una pistola, algunas llevan un pequeño muelle plano
para hacerlos volver a su posición original al disparar. Si es un revólver, con él
irá una leva que bloquea el tambor. Cuidadín con perder la leva, porque esa es
una pieza complicadilla de reproducir.

Pletinas: Las llaves y mecanismos de las pistolas y rifles de avancarga, van


montadas sobre una pletina más o menos elaborada, y algunas son verdaderas
obras de arte con damasquinados en plata u oro. Al ser de un grosor aceptable
suelen ser recuperables. En caso contrario, son fácilmente sustituibles con una
simple lámina de hierro recortada con la misma forma y con los taladros que
sujetan las piezas en su debido lugar. Basta con usar la pletina vieja como
plantilla y repasar a golpe de lima y con nuestra principal herramienta: La
paciencia.
En todo caso, antes de desmontar una llave la dejaremos varios días sumergida
en gasoil (salvo que salte a la vista que está en perfecto estado, claro) para
blandar el orín. Tras ese baño reparador, procederemos a desmontarla. Mucho
cuidado con los tornillos, porque su paso de rosca es posiblemente insustituible y
para reproducir uno tendríamos que recurrir a un tornero cualificado que nos lo
quiera fabricar. Mucho cuidado con el muelle real, que en este caso será una
pletina en forma de V. Hay un útil especial para desmontarlos, pero con maña y

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unos alicates fuertes puede hacerse sin problemas. Como dije antes, cuidado si
salta, porque es un muelle extremadamente potente.
Si la llave es de chispa, limpiar bien la batería y buscad un trozo de pedernal para
ponerlo en el martillo. Aunque no baya a usarse, queda mejor con su pedernal
que sin nada. Estas piedras solían ponerse protegidas con un trocito de badana, a
fin de que al apretar el tornillo de la mordaza no las rompiese. El pedernal es
muy duro, pero frágil al mismo tiempo.

El cañón: Antes de nada, hay que hacer una comprobación muy importante:
¿Está cargado? Sí, que nadie lo tome a coña. Las armas de avancarga solían
dejarse cargadas tras un día de caza, o si uno volvía a casa sin toparse con El
Tempranillo de turno. Era seguro hacerlo porque bastaba con vaciar la batería de
polvorilla si era de chispa o quitar el pistón si era de este sistema. Hoy día se
encuentran aún en los museos armas cargadas que llevan así 200 años y más, y la
cosa es que la pólvora mantiene sus propiedades y, debidamente cebadas,
disparan. De modo que lo dicho, antes de nada comprobar si está cargada. ¿Y
cómo se hace eso? Fácil: Basta con meter una baqueta o una aguja de hacer punto
y comprobar cuanto entra en el cañón. Luego, vemos por fuera hasta donde llega
la medida y si vemos que nos faltan 3 ó 4 cm. para llegar hasta la culata del
cañón es que hay algo dentro. ¿Y cómo se descarga sin disparar? También fácil.
Venden unas baquetas que vienen provistas de un accesorio llamado sacabalas,
que es como un tornillo de rosca chapa que se acopla a la baqueta. Al ser la bala
de plomo, se perfora sin dificultad ya que el plomo es blando, y se extrae como si
del tapón de una botella se tratase. ¿Qué no sale? Entonces hay que dispararlo, y
como eso no lo haremos sin saber el estado del arma, una de dos: O renunciamos
a verla en estado de funcionamiento, o buscamos a alguien que sepa como
hacerlo. Yo no voy a decirlo aquí, porque esto puede leerlo cualquier
irresponsable y no quiero tener cargos de conciencia. Un armero sabrá como
sacar la bala, de modo que buscad uno y santas pascuas.
Supongamos que no está cargada, o que ya hemos conseguido sacar la bala. En
ese caso actuaremos sobre el exterior de la forma descrita arriba, poniendo

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especial cuidado en no dañar punzones o marcas. Casi siempre nos
encontraremos con cañones hexagonales ya que en aquellos tiempos eran más
fáciles de fabricar que los redondos. Eso nos facilitará el trabajo ya que
actuaremos sobre superficies planas. Lana de acero y aceite en cantidad hasta
devolverle dentro de lo posible su estado original. El interior estará seguramente
en muy mal estado debido a que los residuos de la pólvora negra son muy
higroscópicos, y si el arma no se limpia y aceita tras disparar, en menos de una
semana el cañón se habrá oxidado totalmente. Lógicamente, tras tantos años,
podemos decir que el estriado habrá desaparecido, y que incluso se hayan
producido mermas de material que supongan un serio peligro a la hora de
disparar aunque el aspecto externo del arma sea impecable.
Por ello, conmino a que todo aquel que pretenda ponerla en uso lo haga solo
cuando esté absolutamente seguro de que el cañón está en perfectas condiciones.
Sólo aquellos que tengan los conocimientos necesarios podrán acometer esa
empresa, porque recuerdo que estamos hablando de armas de fuego y no de
flechas, y un reventón es algo muy desagradable y más cuando uno comprueba
entre lamentos que con el cañón del arma se han ido al carajo dos o más dedos de
la mano derecha, que es encima la que usamos para firmar los cheques.
Tras la eliminación de orín, sólo nos restaría decidir si dejamos el cañón pulido
sin más o si, por el contrario, queremos pavonarlo. Para eso, hay que esperar a la
tercera parte, donde daré algunas fórmulas para pavonar que cualquiera puede
llevar a cabo sin problemas. Si se prefiere dejarlo pulido, daremos una capa de
barniz de metales si queremos desentendernos del mantenimiento o, lo que yo
haría, dar una capa de vaselina y repasarla cada dos o tres meses, que tampoco es
tanto trabajo.
Todo se hará en función al estado general del arma y del criterio de cada cual,
que eso es cosa muy personal y no hay cánones establecidos más que el buen
gusto y un mínimo sentido de la estética

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Bien, ya tenemos la madera arreglada y aceitada, las guarniciones brillan como
nuevas, los mecanismos ya se mueven sin que se desintegren, y el cañón ha
recuperado su aspecto primitivo. Recordar solo que cuando desmontemos un
arma, salvo que sepamos lo que tenemos entre manos, lo mejor es ir
confeccionando un croquis con el detalle de donde va cada pieza, porque de lo
contrario luego no sabremos recordar donde va cada una.

CONSIDERACIONES GENERALES

Como método general, usaremos lana de acero y aceite mineral para eliminar el
óxido. Si sabemos usarlo, recurriremos a un mini-taladro para acelerar el trabajo,
pero usando siempre piedras o lijas de poco poder abrasivo a fin de no pasarnos.
Las piezas que hayan sufrido una merma de material en la limpieza pueden ser
igualadas bien con lima o bien con el mini-taladro.
Antes de volver a poner los tornillos en su sitio, aplicarles un poco de aceite. Eso,
además de preservarlos, ayudará a que sea más fácil desatornillarlos
posteriormente. Si son tormillos para madera, en vez de aceite aplicaremos jabón.
Es preferible conservar un arma con sus piezas originales aunque no funcionen
que meternos a armeros de circunstancias. El verdadero valor de esas piezas está
en su originalidad, no en que funcionen de mala manera con piezas bastardas.
Sinceramente creo que, salvo en el caso de que el arma esté en perfectas
condiciones de uso, no merece la pena intentarlo. Y el que quiera disparar con
armas de avancarga, que sepa que hoy día se fabrican infinidad de réplicas
exactas de las mismas, y que por 300 ó 400 euros podemos disponer de un rifle
Hawcken chulísimo o de una pistola de duelo Schweizer con una precisión
escalofriante.
Si el estado de corrosión hacen prácticamente inviable su restauración, mejor
será dejarla como está. Eliminaremos el orín superficial con el método general, y
aplicaremos una capa de parafina o de barniz para metales.

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MATERIALES Y HERRAMIENTAS
* Punzones y botadores de bronce de varios calibres para sacar pasadores
* Martillo de fibra
* Juego de destornilladores de pala de varias medidas
* Aceite mineral (A mi siempre me ha gustado mucho el de la casa Franchi)
* Lana de acero de varios grosores
* Cepillo de cerdas de bronce
* Dremmel o similar, siempre y cuando sepamos usarlo
* Alicates
* Juego de baquetas con gratas de bronce, sacabalas y sacatrapos para limpieza
del interior del cañón
* Juego de limas de modelismo para metal. Las usaremos para desbastar piezas
que requieran un igualado tras la limpieza.
* Papel de esmeril de varios granos para dar un acabado final pulido al metal
* Liquido limpia-metales para bronce o latón
* Trapos de algodón en cantidad. Las sábanas viejas de popelín son una
maravilla, y también las gasas de algodón que aún se venden en tiendas de esas
antiguas para los críos. Me refiero a lo que se usaba de pañal antes de inventarse
los Dodotis. Preguntad a la parienta y os dirá qué puñetas son esas gasas, seguro.
Son de un algodón superior.
* Si es posible, una llave para desmontar muelles reales. No son caras, y las
venden en armerías que dispongan de material de avancarga. Supongo que un ojo
de la cara vale más que la llave de marras.

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3ª PARTE

EL PAVONADO

Antes de nada, las consideraciones generales de turno, que no quiero tener sobre
mi conciencia muertes prematuras. No, no se me acojonen, pero en este caso
hablaremos de manipular productos tóxicos, de modo que ojo al parche.

1. Como digo, algunos de los productos que vamos a usar son más venenosos que
diez cobras cabreadas, de modo que en todo momento tendremos en cuenta lo
siguiente:

A) Proteger las manos con guantes de goma para ácidos


B) Proteger los ojos con gafas. Una salpicadura de estos productos pueden
dejarle a uno la retina escabechada.
C) Proteger nuestro aparato respiratorio si vamos a usar métodos de
pavonado por calor.
D) En cualquier caso, haremos estas operaciones en habitaciones bien
ventiladas o, mejor aún, al aire libre.
E) Las salpicaduras manchan la ropa y los muebles de cocina de forma
irreversible, de modo que si no queremos que la parienta no forme un
pollo, mejor hacerlo con un delantal y en un hornillo de gas portátil si
precisamos calor.

2. Pavonaremos en los siguientes casos:

A) Cuando tratándose de un arma moderna, haya desaparecido al menos un


80% del pavón original. Hay que tener en cuenta que el pavón original es
como la pátina de una moneda. En las armas modernas usaremos pavón
negro.
B) En las armas antiguas usaremos pavón marrón por ser éste el usado en la
época. Pero sólo si el estado del arma es bueno, ya que de lo contrario
quedaría un tanto impropio ver un arma hecha puré maravillosamente

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pavonada. Procuraremos siempre mantener un aspecto real y adecuado, y
no contrastes absurdos como si a una venerable anciana de 80 años la
vistiésemos con un picardías.

3. Método general:

A) PIEZAS PEQUEÑAS: Tanto si las pavonamos en frío como en


caliente, siempre lo haremos aparte de los cañones, ya que para ello
usaremos recipientes pequeños y más manejables. A fin de no perder
ninguna, si pavonamos por calor convendrá meterlas en un cestillo de
malla metálica.
B) CAÑONES: Si son de pistola, podremos usar un perol de esos
grandes. Si es de arma larga, tendríamos que hacernos una cubeta de
hierro. Lógicamente, eso será viable siempre y cuando vayamos a
pavonar a menudo. Por lo tanto, siempre serán más viables los
métodos de pavonado en frío, mucho más cómodos si bien precisan de
una serie de productos más complicados de conseguir.
C) Los recipientes para pavonar en calor no podrán ser esmaltados.
Siempre de hierro o acero, pero sin esmalte porque dicho esmalte
estropearía la mezcla.
D) Las piezas deben estar perfectamente desengrasadas. Si no es así, el
pavón no se pegará bien a la pieza. Hay que tener en cuenta que el
pavón no es más que una oxidación artificial y controlada que,
mediante la creación de un par magnético, se quedará pegado a la
pieza en cuestión.
E) Las piezas deberán ser pulidas a espejo. Cuanto más pulidas, más
brillante quedará el pavón. Para pulir se puede usar un simple taladro
de “virtuoso bricolador” que todos tenemos en casa. Lo fijamos a la
mesa con su accesorio correspondiente, le ponemos un disco de lija de
esmeril para afinar y luego uno de fieltro o de trapo para pulir.
Impregnamos el disco con pasta de pulir (la venden en ferreterías), y
vamos puliendo con cuidado hasta que el resultado sea satisfactorio.

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Ojo: No deben quedar “aguas” en el pulido, ya que eso se vería
reflejado en el pavón. Es un proceso éste que en realidad no entraña
dificultad, pero antes de atacar a la pieza a pavonar conviene, en caso
de no haberlo hecho antes nunca, practicar con un trozo de metal hasta
tomarle el pulso al tema. Recordad que en esto, como en todo lo antes
dicho, la PACIENCIA es nuestra mejor herramienta.
F) Los productos necesarios se pueden comprar sin problemas en
cualquier tienda de productos químicos. En un momento dado, incluso
podemos darle la fórmula a ellos y que nos la preparen. Estas mezclas
suelen perder propiedades al cabo de poco tiempo, por lo que
convendrá ir agrupando piezas para pavonarlas todas juntas y no dejar
que se pierda la mezcla.
G) Como digo, los métodos por calor usan un producto más barato y más
fáciles de conseguir, pero es más complejo de aplicar porque hay que
controlar mucho las temperaturas y el tiempo de inmersión. Los
métodos en frío llevan productos más rebuscados, pero se aplican con
mucha más facilidad, y no precisamos ni de cubetas ni de persuadir a
la parienta para que no nos riña. En todo caso, que cada uno use el que
prefiera, si bien mi recomendación es ir probando con métodos fríos.
H) Antes de pavonar una pieza, probar con un trozo de metal. Siempre
conviene practicar un poco antes de trabajar de balde. El pavón, si sale
defectuoso, es eliminable mediante un nuevo lijado y pulido, pero
mejor es ir a tiro hecho sabiendo uno lo que se hace, ¿no?
I) Si no sale bien del todo a la primera, que no decaigan los ánimos que
nadie nace sabiendo. Paciencia, tranquilidad y que este trabajo sea un
disfrute, y no fuente de berrinches.
J) Cuando pavonemos por calor, deberemos sumergir los cañones sujetos
por un alambre para poder sacarlos y controlar el color que va
tomando. Las piezas pequeñas, como ya dije, metidas en un cestillo
casero de tela metálica.

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4. Útiles y herramientas

- Guantes de goma especiales para ácido


- Cepillo de cerdas de bronce suave
- Lana de acero
- Aceite mineral para armas
- Mascarilla para volátiles
- Gafas protectoras
- Delantal
- Alambre para suspender las piezas o los cañones
- Cesta de tela metálica para piezas pequeñas
- Cubetas o peroles sin esmaltar para pavón por calor
- Recipientes y varilla de vidrio para pavón en frío

5. Las fórmulas que doy a continuación las he rebuscado, unas en la red y otras
en libros que tengo por ahí. Si alguien tiene alguna duda en cuanto al
procedimiento o sobre lo que sea, mensaje privado al canto y le aclaro lo que sea.
La minuta ya se la pasaré, jejeje...

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FORMULAS DE PAVÓN NEGRO

PAVON EN FRÍO

Fórmula Nº 1

1.- Se limpia y desengrasa escrupulosamente la pieza a tratar una vez pulida.


Siempre usaremos guantes de goma, ya que aparte de protegernos de los ácidos,
también protegeremos a la pieza de la grasa natural de nuestro cuerpo.

2.- En un recipiente de vidrio se realiza la siguiente mezcla con la ayuda de una


varilla de vidrio:

Agua destilada (250 gramos)

Cloruro ferrico (30 gramos)

Alcohol de 90º (14 gramos)

Cloruro de Mercurio (2 gramos)

Ácido nítrico (20 gramos)

Sulfato de Cobre (2 gramos)

3.- La mezcla se conserva tapada (con vidrio) en recipiente de vidrio.

4.- Con una muñequilla (bola de trapo de algodón) impregnada con la mezcla
anterior, se unta la pieza a tratar sin que derrame líquido. Se deja actuar durante
24 horas.

5.- Sin tocar la pieza con las manos (recordad que siempre usaremos guantes de
goma), se sumerge en agua a punto de ebullición fuerte durante 30 minutos.

6.- Se saca la pieza y se deja que evapore por sí sola todo el agua. Se puede
acelerar el proceso con un secador de pelo. Lo ideal es colgarla sujeta con un
alambre.

7.- Una vez seca, se cepilla y pule con lana de acero.

8.- Se repite la aplicación de untado y hervido hasta tres veces.

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9.- Cuanto mejor se cepille y pula entre operaciones, de mayor calidad será el
pavonado resultante. Una vez terminado el proceso, aceitar y frotar con una
gamuza.

Fórmula Nº 2 (Pavón negro nº 5 - Negro Inglés)

Nota: La ejecución práctica de la siguiente mezcla es peligrosa

1.- Se limpia y desengrasa la pieza escrupulosamente la pieza a tratar.

2.- En un recipiente de vidrio se realiza la siguiente mezcla con la ayuda de una


varilla de vidrio:

Agua destilada (97 gramos)

Sulfato de Cobre (29.5 gramos)

Espíritu de vino puro (34 gramos)

Sublimado corrosivo molido (5.5 gramos)

Espíritu de nitro dulce (34 gramos)

Ácido nítrico (17 gramos)

Tintura de acero (45 gramos)

3.- La mezcla se conserva tapada (con vidrio) en recipiente de vidrio.

4.- Con una muñequilla (bola de trapo de algodón) impregnada con la mezcla
anterior, se unta la pieza a tratar sin que derrame líquido. Se deja actuar durante
24 horas.

5.- Sin tocar la pieza con las manos, se sumerge en agua a punto de ebullición
fuerte durante 30 minutos.

6.- Se saca la pieza y se deja que evapore por sí sola todo el agua.

7.- Una vez seca, se cepilla y pule con lana de acero.

8.- Se repite la aplicación de untado y hervido hasta tres veces.

9.- Cuanto mejor se cepille y pula entre operaciones, de mayor calidad será el
pavonado resultante. Una vez terminado, aceitar y frotar con una gamuza.

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PAVON EN CALIENTE

Doy dos fórmulas muy usadas. En éste caso, la temperatura de operación está en
el entorno de 121 - 149°C . El tiempo de inmersión oscila entre los 10 - 30 min.
Ojo, que los vapores son tela de tóxicos y huelen fatal, y las salpicaduras queman
como el diablo.

• 3 kilogramos de soda cáustica, 500 gramos de nitrato sódico y tres litros


de agua de grifo. Esta es muy usada, pero si nos pasamos en el tiempo de
inmersión nos saldrá la pieza con un feo color pardo. Por ello, hay que
sacarla de vez en cuando para controlar el color. Si vemos que pasados 30
minutos la pieza no toma color, añadiremos un poco más de sosa cáustica.
Si de momento de pone pardusca, añadir agua. En esto, como en todo,
cuenta más la experiencia que la exactitud de la fórmula, ya que
dependiendo de un fabricante u otro variará la pureza del producto. En
todo caso, si hay que añadir algo, hay que dejar enfriar antes la mezcla
porque de no hacerlo las salpicaduras llegarán al techo y nos llevaremos
un susto de muerte. Como veis, los productos usados en ésta fórmula se
pueden conseguir en cualquier droguería bien surtida.

• Otra fórmula: 1 Kilogramo de sosa cáustica, 300 gramos de nitrato sódico,


100 gramos de limaduras de hierro y un litro de agua. >El proceso es igual
que en la anterior. Probad ambas y usad la que mejor os vaya.

La utilización de estas formulas han dado muy buenos resultados. Los acabados
son diferentes según la formula utilizada de modo que probad antes con trozos de
hierro inservibles hasta cogerle el punto y usad la que mejores resultados os dé.
Al igual que con el pavón en frío, una vez concluido el proceso aceitar y frotar
con una gamuza.

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PAVÓN MARRÓN

Este será el que usemos para las armas antiguas. Su composición es fácil: Ácido
nítrico a 6º. En cualquier tienda de productos químicos nos lo prepararán sin
problemas. Con un litro tendremos para montones de pavonados ya éste producto
no pierde propiedades con el tiempo, de modo que tendréis material para
montones de piezas.

El procedimiento será:

1) Como siempre, limpiar y desengrasar la pieza previamente pulida y


sin tocarla con las manos desnudas.

2) Aplicaremos una capa de producto con una muñequilla y la


dejaremos actuar al menos un par de días. Veremos que el óxido irá
aflorando por toda la pieza.
3) Al cabo de dos días, limpiaremos la pieza eliminando el óxido
superficial con un cepillito suave de bronce o con lana de acero
muy fina y volveremos a aplicar otra capa de producto.
4) A los dos días, volver a limpiar de la misma forma. Veremos que a
medida que vayamos dando capas, la oxidación irá siendo cada vez
más uniforme.
5) Cuando veamos que la capa de óxido es totalmente uniforme, lo
que ocurrirá con 3 ó 4 capas, limpiaremos el sobrante de la forma
ya descrita y haremos lo siguiente:
6) Sumergimos la pieza en agua hirviendo unos minutos, secaremos y
aceitaremos frotando suavemente con lana de acero fina.
7) O bien, aplicaremos vapor y después procederemos de igual forma.
Un método fácil para obtener vapor es simplemente poner la olla
exprés con agua hirviendo y, cuando la válvula de la misma no
avise de que el agua hierve a todo tren, la quitaremos y

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aprovecharemos el chorro de vapor hirviente para aplicarlo a la
pieza hasta que deje de salir.
8) Aceitar y frotar con una gamuza una vez concluido el proceso

Como siempre, conviene practicar antes con un trozo inservible. Pero cuando le
cojáis el punto puedo aseguraros que os quedará un pavón marrón chulísimo,
profundo y brillante. De hecho, este método era el que antaño se usaba en las
Maestranzas militares para pavonar las armas.

En fin, con esto termina este trabajo. Espero que os sea útil, y que sea una
herramienta para conseguir que las armas antiguas que caigan en vuestras ávidas
garras sean adecuadamente rejuvenecidas y, cual Ave Fénix, renazcan de sus
venerables cenizas.

TESÓN, PACIENCIA Y HALA, A DISFRUTAR....

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