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la imaginacion sociologica

capitulo # 1
Capítulo 1 imaginación sociológica

¿Qué es sociología?
Podemos comenzar diciendo que la sociología es el estudio sistemático de la sociedad
humana. También podríamos decir que en lo más profundo de la sociología existe un
especial punto de vista que la caracteriza. La sociología no consiste en recoger datos
acerca de un tema social u otro. La sociología es mucho más que una lista de hechos y
cifras. La sociología es, sobre todo, una toma de conciencia, una manera de pensar y de
entender de una forma crítica los fenómenos sociales. Lleva un tiempo, a veces incluso
años, hacer que esta forma de entender el mundo tome forma. Sin duda, tiene el potencial
de cambiar su vida para siempre. No obstante, es necesario hacer una sana advertencia:
la sociología puede transformar su vida… y dañarla. En contra de la opinión general, que
defiende que la sociología es simplemente sentido común, ambos entran a menudo en
conflicto. Una vez que la sociología se arraigue en su pensamiento, estará siempre ahí
exigiéndole que «piense socialmente», cuestionando lo obvio y todo aquello que damos
por hecho y convirtiendo lo familiar en desconocido. Esto es muy enriquecedor, incluso le
hará sentirse poderoso, pero puede convertirlo en una persona muy crítica: dotada de
pensamiento crítico. En esta sección, y a lo largo de todo el libro, nos preguntaremos qué
es lo que distingue esta manera de ver las cosas.
A continuación vamos a mostrar algunas definiciones estándar que pueden resultar de
utilidad.
Las siguientes definiciones pueden ayudarle en este propósito (aunque darán lugar a más
preguntas de las que responden): Un sociólogo [...] es alguien preocupado por la
comprensión de la sociedad de una manera disciplinada. La naturaleza de esta disciplina
es científica.
(Peter Berger, Invitación a la sociología, 1963) Sociología es… en primer y principal lugar
una manera de pensar en el mundo humano […] [Pregunta cómo] es que los humanos
viven siempre (y no pueden evitarlo) en compañía, comunicación, intercambio y
cooperación con otros seres humanos […] Sus preguntas hacen extraño lo familiar.
(Zygmunt Bauman, Thinking Sociologically, 1990: 8, 15) El «mundo humano» o el «mundo
de los humanos» es el reino particular de la experiencia y la existencia humana […] y el
tema que preocupa a la sociología.
(Richard Jenkins: Foundations of Sociology, 2002: 3) El término «sociología» tiene dos
raíces (la latina socius, que significa «social», y la griega logos, que significa «estudio
de») y literalmente significa «estudio de los procesos sociales». Basándonos en estos
términos, la sociología se puede definir como el estudio de las bases de la afiliación
social. Más técnicamente, la sociología es el estudio de la estructura de las relaciones
sociales que se construyen a partir de la interacción social, pero ninguna definición es
enteramente satisfactoria debido a la diversidad de perspectivas.
(Nicholas Abercrombie, Sociology: 232) Ciencia que trata de las condiciones de existencia
y desenvolvimiento de las sociedades humanas. Diccionario de la Lengua Española,
vigésima primera edición, 1992. Definida en los diccionarios como la ciencia o estudio de
la sociedad.
El término «sociología»fue acuñado por Comte (1830), relacionando el latín socius
(originalmente una persona, tribu o ciudad aliada de Roma, pero después una sociedad)
con el griego logos (razón o conocimiento). El término se extendió rápidamente y ahora se
emplea en prácticamente todas las lenguas para indicar cualquier estudio de la sociedad
razonado y realizado de manera rigurosa.
(Michael Mann, Enciclopedia de Sociología, 1983) Ciencia social que se centra en el
estudio de las instituciones sociales nacidas a partir de las transformaciones industriales
de los pasados dos o tres siglos [...] (Implica) un carácter histórico, antropológico y crítico.
(Anthony Giddens, Sociology: A Brief but Critical Introduccion, 2.a edición, 1989: 9 y 13)
Ver lo general en lo particular
El pequeño trabajo de Peter Berger Invitación a la Sociología (1963) ha animado a varias
generaciones de estudiantes para que adquieran esta perspectiva. En él se propone que
la perspectiva sociológica consiste en ver lo general en lo particular. Esto quiere decir que
los sociólogos deben ser capaces de identificar las pautas de la vida social observando
ejemplos específicos y concretos. En otras palabras, aunque reconocen que cada
individuo es único, los sociólogos afirman que la sociedad actúa de manera diferente
según varias categorías de personas (pongamos por caso, los niños comparados con los
adultos, las mujeres frente a los hombres, los ricos a diferencia de los pobres).
Empezamos a pensar sociológicamente cuando comenzamos a darnos cuenta de cómo
las categorías generales en las que nos ha tocado vivir definen nuestras experiencias
vitales particulares.
¿Cómo podemos estar seguros de que es la sociedad y no la biología la que define estas
pautas que relacionamos con cada etapa de la vida de una persona? Investigando las
sociedades del pasado y las sociedades actuales de otros lugares del mundo,
comprobamos que no todas las sociedades definen las etapas de la vida de un individuo
de la misma manera. En capítulos posteriores veremos que los nativos americanos hopi
conceden a sus niños un sorprendente grado de independencia, y que en Abjazia (en la
Federación Rusa) los ancianos son las personas más respetadas y valoradas
socialmente. Un vistazo sociológico a nuestro alrededor nos revela el poder que ejerce la
posición social.. Observar el mundo sociológicamente también nos hace ser conscientes
de la importancia del género. Todas las sociedades otorgan un significado determinado
(aunque a menudo diferente) a lo que implica ser hombre o mujer, asignando a unos y
otras diferentes tipos de trabajos y responsabilidades familiares. Y, a medida que la
sociedad cambia, también lo hacen estos significados. Hoy en día, a comienzos del siglo
XXI, lo que hombres y mujeres pueden esperar de la vida es muy distinto de lo que
podían esperar a principios del siglo XX o a comienzos del XIX. Las personas
experimentan sobre sí mismas el funcionamiento de la sociedad cuando comprueban las
ventajas y las oportunidades asociadas a ser hombre o mujer

Ver lo extraño en lo familiar


Especialmente al principio, utilizar la perspectiva sociológica es equivalente a ver lo
extraño en lo familiar. Como Peter Berger (1963: 34) afirma en su Invitación a la
sociología, «el primer enunciado de la sociología es este: las cosas no son lo que
parecen». Por ejemplo, observar sociológicamente exige dejar a un lado la idea familiar
de que la conducta humana depende únicamente de lo que las personas deciden hacer, y
aceptar en su lugar la idea un poco extraña al principio de que la sociedad guía nuestros
pensamientos y nuestros actos. Aprender a «ver» de qué manera nos afecta la sociedad
exige cierta práctica. Si le preguntaran por qué eligió una facultad o universidad
determinada, podría dar algunas de las siguientes razones: ●Quería estar cerca de casa.
●Esta universidad tenía el mejor polideportivo.
●Un grado en derecho en esta universidad asegura un buen trabajo.
●Mi pareja va a esta universidad.
●No me aceptaron en la universidad a la que quería ir en primer lugar.
Estas respuestas dependen de las circunstancias personales de quien las expresa, pero,
¿es esta toda la verdad? La perspectiva sociológica aporta implicaciones más profundas
que pueden resultar menos evidentes. Si pensamos sociológicamente acerca del hecho
de recibir una formación universitaria, nos daremos cuenta de que, en la mayor parte del
planeta y para la mayoría de las personas esta opción está, simplemente, fuera de su
alcance. Es más, si hubiéramos vivido hace uno o dos siglos, la «elección» de ir a la
universidad era una opción solo para una reducidísima elite. Pero, incluso aquí y ahora,
un vistazo a los estudiantes de un aula universitaria sugiere que las fuerzas sociales aún
tienen mucho que decir a la hora de si un individuo decide asistir o no a la universidad.
Por lo general, los estudiantes universitarios son relativamente jóvenes (entre unos 18 y
24 años de edad).
¿Por qué? Porque en nuestra sociedad se asocia ir a la universidad con esta etapa de la
vida de un individuo. Pero esto no tiene por qué ser así necesariamente, como lo
atestigua el crecimiento del número de «estudiantes maduros». Por otro lado, realizar
estudios universitarios implica asumir ciertos costes económicos, de modo que los
estudiantes suelen pertenecer a familias con ingresos superiores a la media. Los jóvenes
que tienen la suerte de pertenecer a familias que ejercen su actividad laboral en el sector
servicios (clase media) tienen una probabilidad diez veces mayor de ir a la universidad
que aquellos que pertenecen a familias de la clase obrera. También existen diferencias
según la etnia y el género de los estudiantes. De modo que, en una primera aproximación,
la sociología se propone mostrar las pautas y los procesos por los cuales la sociedad
determina aquello que hacemos.

La perspectiva sociológica en la vida cotidiana


La sociología y la marginalidad social El pensamiento sociológico es especialmente
común entre los «marginados» sociales. Todos experimentamos cierto grado de
marginalidad social en un momento u otro de nuestra vida. Sin embargo, para algunas
categorías de personas sentirse marginados socialmente forma parte de sus vidas
cotidianas. Cuanto más marginal sea la posición social de una persona mejor podrá
reconocer hasta qué punto la sociedad puede condicionar su vida y, así, ver el mundo
desde una perspectiva sociológica. No pasará mucho tiempo antes de que un turco que
esté trabajando en Alemania, o un magrebí trabajando en España, aprenda en qué
medida afecta su «raza» a su vida cotidiana. Pero los blancos, como son la mayoría
dominante en estos países, piensan en la «raza» solo ocasionalmente y, a menudo, son
de la opinión de que la raza afecta únicamente a las personas de color y en ningún caso a
sí mismos. Lo mismo se puede decir de las mujeres, los gays y las lesbianas, las
personas con discapacidades, las personas sin hogar y los ancianos. Aquellos más
susceptibles de ser relegados a los márgenes de la sociedad suelen ser más conscientes
de pautas sociales que otros dan por supuestas o nunca se cuestionan. Dicho de otro
modo, para desarrollar una perspectiva sociológica es necesario dar un paso hacia atrás,
despegarnos de nuestras rutinas cotidianas, y nuestras vidas con una nueva conciencia y
curiosidad. La sociología nos conduce a cuestionarnos todo aquello que damos por
supuesto. Ver el mundo con los ojos de aquellos que viven «al margen» puede ayudarnos
a comprender más claramente la manera en que funciona el mundo. Y ello dará lugar a
interesantes cuestiones acerca de cómo aparecen las marginaciones y las fronteras.

La sociología y la crisis social


Los periodos de profundos cambios o crisis sociales nos alejan un poco de nuestra
situación de equilibrio, lo que puede también estimular nuestra visión sociológica. C.
Wright Mills (1959), un destacado sociólogo estadounidense, ilustró este principio
recordando la Gran Depresión de la década de 1930. Cuando la tasa de desempleo en los
Estados Unidos se elevó al 25 por ciento, las personas que se habían quedado sin trabajo
no pudieron evitar ser conscientes de cómo las fuerzas sociales actuaban sobre sus vidas
particulares. En lugar de personalizar su grave situación afirmando: «Algo estoy haciendo
mal, no soy capaz de encontrar un empleo»; la enfocaron desde un punto de vista
sociológico razonando de la siguiente manera: «La economía se ha derrumbado. ¡No hay
trabajo para nadie!». A la inversa, el pensamiento sociológico a menudo provoca un
cambio social. Cuanto más aprendemos acerca del funcionamiento «del sistema», más
deseamos cambiarlo de alguna manera. Por ejemplo, cuando las mujeres y los hombres
se han enfrentado a los estereotipos sobre el género y la sexualidad, muchos han
intentado activamente reducir las diferencias tradicionales entre hombres y mujeres. En
pocas palabras, una introducción a la sociología es una invitación a aprender una nueva
manera de ver en qué medida la sociedad en que nos ha tocado vivir influye en nuestras
decisiones, nuestras expectativas y planes de vida. En este punto, deberíamos considerar
si merece la pena aceptar esta invitación. En otras palabras, ¿qué beneficio podemos
extraer cuando aprendemos a ver la realidad que nos rodea desde la perspectiva
sociológica?

Los beneficios de la perspectiva sociológica


Cuando aprendemos a ver las cosas desde la perspectiva sociológica, podemos
fácilmente aplicarla a nuestra vida cotidiana. Y hacerlo nos proporciona cuatro tipos de
beneficios.
1. La perspectiva sociológica se convierte en una manera de pensar, en una «forma de
conciencia» que pone en duda los conocimientos que tenemos de nosotros mismos y de
los demás, de modo que nos hace capaces de cuestionar críticamente la validez de los
juicios y las suposiciones que parecen universalmente aceptadas. En otras palabras,
cuando pensamos sociológicamente nos damos cuenta de que ideas que hemos dado por
supuestas no siempre son ciertas. Como ya hemos visto, un buen ejemplo de una
«verdad» muy extendida pero engañosa es que Europa está habitada por «individuos
autónomos» que son personalmente responsables de sus vidas. Y pensar de esta
manera, a veces, nos lleva demasiado rápidamente a situar a personas que han
alcanzado el éxito en un nivel muy superior con respecto a otras cuyos logros más
modestos los señalan como personalmente deficientes. El enfoque sociológico se
convierte en una manera de alimentar la «mala costumbre» de preguntar cuestiones
incómodas. Nos empuja a preguntarnos si estas creencias son realmente ciertas y, en la
medida en que no lo sean, por qué se admiten de manera tan general. La sociología
siempre pone en duda «aquello que se da por supuesto».
2. La perspectiva sociológica nos permite evaluar tanto las oportunidades como las
limitaciones que caracterizan nuestras vidas. Pensar sociológicamente nos empuja a
entender que, para mejor o para peor, nuestra sociedad funciona de una manera
determinada. Nos ayuda a comprender las pautas y el orden que subyace en todas las
sociedades. Además, en el juego de la vida, podemos decidir cómo jugar nuestras cartas,
pero es la sociedad la que reparte las cartas. Cuanto mejor entendamos el juego, mejores
jugadores seremos. La sociología nos ayuda a entender aquello que podemos conseguir
con mayor o menor probabilidad de éxito y cómo podemos luchar por nuestros objetivos
de la manera más efectiva.
3. La perspectiva sociológica nos concede el poder de participar activamente en nuestra
sociedad. Sin la conciencia de cómo actúa la sociedad, con toda probabilidad
aceptaremos el statu quo. Podemos llegar a pensar que así ocurre en todas las
sociedades, o que así se comportan las personas de manera «natural». Pero cuanto
mayor sea nuestra comprensión de la forma de actuación de la sociedad, más activo será
el papel que podamos tomar en la determinación de la vida social. Para algunos, esto
puede significar aceptar la sociedad tal como es; otros, sin embargo, querrán cambiar
todo el planeta. La disciplina de la sociología no toma partido por ninguna orientación
política determinada, y podemos encontrar sociólogos en todo el espectro político. Pero la
sociología posee cierta tendencia a la «crítica». Y evaluar cualquier aspecto de la vida
social
4. La perspectiva sociológica nos ayuda a reconocer las diferencias entre los seres
humanos y sus sufrimientos, y a hacer frente a los desafíos que comporta vivir en un
mundo diverso y desigual. El pensamiento sociológico pone en evidencia, tanto la
extraordinaria variedad social del mundo, como sus padecimientos, reales y potenciales.
«Los españoles», por ejemplo, representan solo una pequeña proporción de la población
del planeta, y, como veremos en los restantes capítulos de este libro, muchos seres
humanos viven en sociedades radicalmente diferentes. En todo el mundo, las personas
tienden a considerar su propia forma de vida como la apropiada y «natural», y a rechazar
los estilos de vida de aquellos que se comportan de manera diferente. Pero la perspectiva
sociológica nos anima a pensar críticamente acerca de los puntos fuertes y débiles que
poseen todos los estilos de vida (incluyendo el nuestro). También nos anima a que
seamos conscientes de los muchos padecimientos que ocurren (pobreza, rupturas
matrimoniales, enfermedades, guerras, etc.) y que veamos cómo estos problemas, en
muchas ocasiones, aparecen por la manera en la que están organizadas las sociedades.

Problemas de la perspectiva sociológica


Aunque el enfoque de la perspectiva sociológica produce muchos beneficios, también da
lugar a algunos problemas característicos. Mencionamos tres de ellos.
1. La sociología forma parte de un mundo en continua transformación. Una de las
dificultades del estudio de la sociología es que estamos estudiando un objeto en
movimiento: ¡la sociedad puede cambiar exactamente tan rápido como la estudiamos! El
«hallazgo» de un día se puede demostrar erróneo cuando cambian las situaciones y las
circunstancias. Y, dado que es una característica de las sociedades modernas la
extraordinaria velocidad a la que cambian, podemos esperar que nuestros conocimientos
acerca de ellas cambien rápidamente también. Por ejemplo, muchas de las estadísticas
que verá en este libro estarán desfasadas en el momento en que las lea.
2. Los mismos sociólogos forman parte de su objeto de estudio. «He visto la sociedad, y
soy yo.» En la medida en que todos formamos parte de la sociedad, todos formamos
parte de nuestro objeto de estudio. Esto no puede ser de otra manera, pero dificulta en
gran medida la tarea del sociólogo. Los objetos de estudio de la mayor parte de las otras
ciencias son independientes de la especie humana, pero esto no ocurre con la sociología.
Dado que formamos parte del mismo mundo que estudiamos, nos puede resultar difícil
mantener la distancia necesaria. Un sociólogo nacido en Europa puede albergar todo tipo
de supuestos europeos que no tienen por qué ser válidos en Thailandia o en Brasil. Es
por esta razón que, en gran medida, la sociología sigue siendo etnocéntrica (limitada a
una visión cultural determinada).
3. El conocimiento sociológico termina siendo parte de la sociedad. Las investigaciones y
los estudios que llevan a cabo los sociólogos (sus ensayos, sus argumentaciones)
eventualmente terminan formando parte del conocimiento de una sociedad acerca de sí
misma. Los sociólogos desarrollan ideas que pueden encontrar su aplicación en la
sociedad. Las conclusiones sobre la criminalidad (por ejemplo, que el número de delitos
está aumentando) pueden llegar a los medios de comunicación y, como consecuencia,
hacer que las personas sean más conscientes del problema. Y, como consecuencia, que
incluso se denuncie un mayor número de delitos. Es decir, la sociología ejerce un impacto
sobre la sociedad.

El cambio social y los orígenes de la sociología


Los grandes acontecimientos históricos casi nunca se producen porque sí. Normalmente
son el resultado de fuerzas sociales poderosas que son siempre complejas y solo
parcialmente previsibles. Así ocurrió también con la aparición de la sociología. Después
de haber descrito el enfoque característico de la disciplina y de haber dado una visión
global de algunos de sus beneficios, ahora podemos pasar a considerar cómo y por qué
apareció la sociología. Aunque los seres humanos hemos reflexionado acerca de la
sociedad desde el principio de nuestra historia, la sociología tiene un origen relativamente
reciente. En muchos sentidos fue el producto del Siglo de las Luces. Los filósofos
franceses fueron la piedra angular de esta manera de pensar, un «sólido y respetable clan
de revolucionarios» (Gay, 1970: 9) que incluyó a Montesquieu, Rousseau y Voltaire. Esta
manera de pensar señaló la llegada del «mundo moderno». El sociólogo Peter Hamilton
ha sugerido diez características que definen la mentalidad ilustrada:
1. La razón se convierte en una manera clave de organizar el conocimiento, pero
moderada con:
2. el empirismo, los hechos se pueden aprehender a través de los sentidos;
3. la ciencia, relacionada especialmente con la revolución experimental científica;
4. el universalismo, especialmente la búsqueda de leyes generales;
5. el progreso, la «condición humana» se puede mejorar;
6. el individualismo, el punto de partida de todo conocimiento;
7. la tolerancia, la creencia de que las otras naciones y pueblos no son inferiores a los
europeos cristianos;
8. la libertad;
9. la uniformidad de la Naturaleza Humana;
10. la secularización, a menudo opuesta a la Iglesia (Hamilton, 1996).
Sin embargo, no fue hasta 1838 cuando el intelectual social francés Auguste Comte
acuñó el término «sociología» para describir una manera nueva de observar el mundo.

Ciencia y sociología
La naturaleza de la sociedad fue uno de los temas de reflexión más importantes para casi
todos los pensadores brillantes de la Antigüedad, incluyendo el filósofo chino K’ung Futzu,
también conocido como Confucio (551- 479 a. C.), y los filósofos griegos Platón (alrededor
del 427-347 a. C.) y Aristóteles (384-322 a. C.). Asimismo, el pensador medieval Santo
Tomás de Aquino (alrededor de 1225-1274), el musulmán del siglo XIV, Ibn Khaldun, y el
filósofo francés Montesquieu (1689-1755) estudiaron a sociedad humana. Hubo muchos
más pensadores sociales. Sin embargo, como apuntó Emile Durkheim hace casi un siglo,
ninguno de ellos enfocó la sociología desde un punto de vista verdaderamente
sociológico. Si miramos hacia atrás en la historia [...] descubriremos que, hasta fecha muy
reciente, no ha habido ningún pensador que abordara las cuestiones con una perspectiva
sociológica [...] Les parecía suficiente reflexionar sobre las metas que debían proponerse
las sociedades, o aquello que debían evitar [...] No intentaban describir o explicar lo mejor
posible cómo funcionaban las sociedades. Se limitaban a recomendarnos tal o cual
modelo ideal o utópico de sociedad y el modo de alcanzarlo. (Durkheim, 1972: 57; edición
original de 1918) Pero, ¿qué es lo que diferencia a la sociología de las reflexiones
anteriores? Antes del nacimiento de la sociología, los filósofos y los teólogos básicamente
se centraban en imaginar la sociedad ideal, en describir cómo debía ser la sociedad.
Ninguno de ellos trató de analizar la sociedad tal como era realmente. Pioneros de la
disciplina como Auguste Comte, Emile Durkheim y Ferdinand Toennies (véase a
continuación) invirtieron el orden de prioridades.
Aunque estaban ciertamente preocupados en cómo mejorar la sociedad humana, su
principal objetivo era llegar a entender cómo funciona realmente. La clave para alcanzar
este objetivo, según Comte, consistía en desarrollar un enfoque científico del estudio de la
sociedad. Mirando hacia atrás en el tiempo, Comte clasificó los esfuerzos de la
humanidad por comprender el mundo en tres etapas bien diferenciadas: teológica,
metafísica y científica (1975; edición original de 1851-54). La primera, que comprendía la
Edad Media en Europa, fue la etapa teológica. En ella, el mundo se interpretaba a través
de la religión, de manera que las personas consideraban la sociedad como una expresión
de la voluntad de Dios (amenos en la medida en que los seres humanos podían ser
capaces de satisfacer un plan divino). Con el Renacimiento, el enfoque teológico de la
sociedad gradualmente fue dando paso a lo que Comte llamó la etapa metafísica. Durante
este periodo, las personas pasaron a entender la sociedad como un fenómeno natural, en
lugar de sobrenatural. La naturaleza tomó protagonismo en las explicaciones metafísicas
de la sociedad: Thomas Hobbes (1588-1679), por ejemplo, propuso que la sociedad
reflejaba no tanto la perfección de Dios como los defectos de una naturaleza humana
bastante egoísta. La que Comte dejó para el final, la etapa científica, hace referencia a la
larga búsqueda por entender la sociedad impulsada por científicos como Copérnico
(1473- 1543), Galileo (1564-1642) e Isaac Newton (1642-1727).
La contribución de Comte consistió en aplicar este enfoque científico (que se utilizó en un
primer momento para estudiar el mundo físico) al estudio de la sociedad. Así pues, Comte
fue un defensor del positivismo, definido como una manera de entender el mundo basada
en la ciencia. Como positivista, Comte estaba convencido de que la sociedad se somete a
leyes invariables, de un modo parecido a como el mundo físico se somete a la gravedad y
a las otras leyes de la naturaleza. Incluso hoy en día, la mayoría de los sociólogos están
de acuerdo en que la ciencia juega un papel crucial en la sociología. Pero, como veremos
en el Capítulo 3, ahora somos conscientes de que la conducta humana es a menudo más
compleja que los fenómenos naturales y que la ciencia es asimismo más sofisticada de lo
que creíamos. Los seres humanos somos criaturas con una considerable imaginación y
espontaneidad, de modo que nuestra conducta nunca podrá explicarse totalmente por
ningún conjunto rígido de «leyes sociales». Igualmente, el universo parece ser mucho
más «caótico» y «accidental» de lo que pensábamos, lo que hace más complicadas las
observaciones y la deducción de leyes físicas.

Cambio, transformación y sociología


La sociología fue el fruto de las «enormes transformaciones sociales» de los últimos dos
siglos. Dos grandes revoluciones (la Revolución Francesa de 1789 y la más generalizada
«Revolución Industrial» que tuvo su origen en Inglaterra en el siglo XVIII) «disolvieron las
formas de organización social bajo las cuales había vivido la humanidad durante
milenios» (Giddens, 1986:4). Las enormes transformaciones que sufrió Europa en los
siglos XVIII y XIX condujeron al nacimiento y desarrollo de la sociología. No es de
extrañar que, a medida que se tambaleaban los cimientos de la sociedad y las tradiciones
iban desmoronándose, las personas centraran su atención en el estudio de la sociedad.
En un primer momento se produjeron una serie de descubrimientos científicos y
aplicaciones tecnológicas que condujeron a una economía industrial basada en las
fábricas. En segundo lugar, estas fábricas arrastraron a millones de personas desde las
zonas rurales hacia las ciudades, que vieron aumentar su población de manera
incontrolada. En tercer lugar, las personas que vivían en estas ciudades industriales en
crecimiento empezaron a albergar nuevas ideas acerca de la democracia y los derechos
políticos. Finalmente, las comunidades estables en las cuales las personas habían vivido
durante siglos comenzaron a entrar en decadencia. Describimos a continuación cada una
de estas cuatro etapas, aunque todas ellas se analizarán con más detalle en próximos
capítulos.
1. Una nueva economía industrial: el crecimiento del capitalismo moderno Durante la
Edad Media europea, la mayoría de la población cultivaba los campos próximos a sus
hogares o se dedicaba a la manufactura (palabra derivaba de las raíces latinas que
significan «hacerlo con las manos») a peque- ña escala. Pero, a finales del siglo XVIII, los
inventores habían conseguido aplicar nuevas formas de energía (en un primer momento
la energía hidráulica y después la energía del vapor) en el funcionamiento de grandes
máquinas, lo que dio lugar al nacimiento de las fábricas. Como consecuencia, en lugar de
trabajar en sus casas o cerca de ellas, los trabajadores se convirtieron en parte de una
fuerza de trabajo industrial gigantesca y anónima, y pasaron a trabajar duramente para los
dueños de las fábricas a los cuales desconocían. Este cambio drástico en el sistema de
producción debilitó la estructura familiar y erosionó las tradiciones que habían orientado
las vidas de los miembros de las pequeñas comunidades humanas durante siglos. En el
Capítulo 4 trataremos con profundidad el desarrollo del moderno capitalismo.
2. El crecimiento de las ciudades Las fábricas que iban surgiendo a lo largo y ancho de
casi toda Europa eran como imanes que atraían a las personas que necesitaban un
empleo. Esta «atracción» de mano de obra como fuerza de trabajo industrial se
acentuaba por un efecto de «empujón» adicional a medida que los propietarios cercaban
más y más terrenos de labranza para convertirlos en campos de pastoreo para rebaños
de ovejas (la fuente de lana para las florecientes fábricas textiles). Este fenómeno
conocido como «cercado de campos» o «cercamiento» hizo que incontables agricultores
arrendatarios se vieran forzados a desplazarse desde las localidades rurales hasta las
ciudades en busca de trabajo en las nuevas fábricas. En poco tiempo muchos pueblos
quedaron abandonados; sin embargo, simultáneamente, las localidades industriales
crecieron rápidamente hasta convertirse en grandes ciudades. Este rápido crecimiento
urbano cambió las vidas de las personas de manera dramática. Las ciudades eran un
hervidero de forasteros, en cantidades que superaban los alojamientos disponibles. Los
problemas sociales generalizados (que incluían pobreza, enfermedad, suciedad, crimen y
personas sin hogar) estaban a la orden del día. Todas estas crisis sociales estimularon
aún más el desarrollo de la perspectiva sociológica. En el Capítulo 24 abordaremos la
aparición de las ciudades modernas.
3. El cambio político: control y democracia Durante la Edad Media, tal como señaló
Comte, la mayoría de las personas pensaba que la sociedad era la expresión de la
voluntad de Dios. Los reyes decían gobernar por «derecho divino», y el resto de las
personas, independientemente de su posición en la jerarquía social tenía su papel en el
plan divino. De hecho, a lo largo de la historia las personas raramente se han visto a sí
mismas dueñas de su propio destino. Con el desarrollo de la economía y el rápido
crecimiento de las ciudades, fue inevitable que se produjeran cambios en el pensamiento
político. A partir del siglo XVII, todas las tradiciones se atacaron con vehemencia. En los
trabajos de Thomas Hobbes, John Locke (1632- 1704) y Adam Smith (1723-1790), vemos
un cambio crítico de orientación: desde la obligación moral de las personas de
permanecer leales a sus gobernantes hasta la idea de que la sociedad es el producto del
interés individual. Por tanto, los conceptos clave en el nuevo clima político pasaron a ser
libertad individual y derechos individuales. Haciéndose eco de las ideas de Locke, la
Declaración de Independencia de Estados Unidos proclamó que todo individuo poseía
«ciertos derechos inalienables», que incluían «la vida, la libertad, y la búsqueda de la
felicidad». La revolución política en Francia que comenzó poco después, en 1789,
significó una ruptura aún más radical con las tradiciones políticas y sociales. Cuando el
analista social francés Alexis de Tocqueville (1805-1859) estudió su sociedad después de
la Revolución Francesa, tan solo exageró un poco cuando afirmó que los cambios que
hemos descrito equivalían a «nada menos que la regeneración de la raza humana» (1955:
13; edición original de 1856). En este contexto, resulta fácil entender por qué Auguste
Comte y otros pioneros de la sociología pronto desarrollaron su nueva disciplina. La
sociología nació precisamente en aquellas sociedades (Francia, Alemania e Inglaterra)
donde los cambios fueron más notables.
4. La pérdida de la Gemeinschaft: el eclipse de la comunidad El sociólogo alemán
Ferdinand Toennies fue el autor de la teoría de la Gemeinschaft (comunidad) y la
Gesellschaft. Toennies (1963; edición original de 1887) veía el mundo moderno como la
pérdida progresiva de la Gemeinschaft, o la comunidad humana. Argumentaba que la
Revolución Industrial había debilitado el fuerte tejido social de la familia y la tradición,
fomentando el individualismo y un énfasis formal en los hechos y en la eficiencia. Las
sociedades de Europa y América del Norte gradualmente se hicieron más desarraigadas e
impersonales a medida que las personas se asociaban básicamente sobre la base de su
propio interés (la condición que Toennies apodó Gesellshaft). La tesis de Toennies era
que las sociedades tradicionales, construidas sobre el parentesco y la vecindad,
fomentaban los sentimientos colectivos, la virtud y el honor. La modernización actúa sobre
la sociedad como un ácido, erosionando la comunidad humana y desencadenando un
individualismo desenfrenado. Durante gran parte del siglo XX, al menos algunas áreas del
mundo occidental todavía se aproximaban al concepto de Toennies de la Gemeinschaft.
Las familias, que habían vivido durante generaciones en pueblos o aldeas rurales,
estaban fuertemente integradas en una forma de vida que se caracterizaba por el trabajo
duro y la ausencia de grandes cambios. Antes de que existieran el teléfono (inventado en
1876) y la televisión (introducida en 1939 y ampliamente extendida después de 1950), los
miembros de las familias y de las comunidades se hacían visitas y se comunicaban
mediante cartas con aquellos que vivían más alejados. Antes de que los vehículos
privados se hicieran comunes después de la Segunda Guerra Mundial, para muchas
personas su localidad natal constituía todo su mundo. Las comunidades del pasado vivían
tensiones y conflictos inevitables (a menudo por diferencia de raza o religión). Sin
embargo, según Toennies, los lazos tradicionales de la Gemeinschaft mantenían a las
personas de una comunidad, «esencialmente unidas a pesar de todos los factores que
deberían mantenerlas separadas» (1963: 65; edición original de 1887). El mundo
moderno puso a las sociedades del revés, de manera que, como Toennies dijo, las
personas están «esencialmente separadas a pesar de la existencia de factores que
deberían facilitar la unión» (1963: 65; edición original de 1887). Este es el mundo de la
Gesellschaft donde, especialmente en las grandes ciudades, la mayor parte de las
personas vive entre extraños y no sabe nada de aquellos con los que se cruza por la
calle. Resulta muy difícil llegar a tener confianza en alguien en una sociedad anónima y
cambiante en la que, según los investigadores, las personas tienden a anteponer sus
necesidades personales a la lealtad al grupo y donde una mayoría de personas están
convencidos de que «nunca se toman demasiadas precauciones» a la hora de tratar con
los demás (Russell, 1993). El trabajo de Toennies muestra una profunda desconfianza en
el concepto de «progreso», que para él equivalíaa una continua pérdida de la moralidad
tradicional. Solo le faltó afirmar que la sociedad moderna era «peor» que las sociedades
del pasado y puso todo su empeño en elogiar la difusión del pensamiento científico y
racional. No obstante, el individualismo creciente y el egoísmo característicos de las
sociedades modernas le preocupaban. Consciente de que no había posibilidad de volver
al pasado, miraba hacia el futuro, con la esperanza de que las nuevas formas de
organización social que estaban por venir combinarían la racionalidad moderna con la
responsabilidad colectiva tradicional.

Los sociólogos miran hacia el futuro


Vivir los cambios trascendentales que produjeron la Revolución Francesa y la Revolución
Industrial debió de ser al mismo tiempo excitante y peligroso. Resulta muy difícil para el
ciudadano del siglo XXI imaginar cómo debió de haber sido. Pero este fue precisamente
el periodo que vivieron los primeros sociólogos y la razón que les condujo a intentar
entender esos cambios y a considerar hacia dónde conducían. La sociología fue la
consecuencia inevitable de todos estos cambios. Con todo, los sociólogos reaccionaron
de manera diferente ante el nuevo orden social, del mismo modo que responden de
manera diferente a la sociedad de hoy en día. Algunos, incluido Auguste Comte y
después Ferdinand Toennies, mostraron su temor a que las personas se vieran
desarraigadas de sus comunidades locales largamente consolidadas y fueran dominadas
por el cambio. De modo que, con un enfoque conservador, Comte buscó reforzar la
familia y la moral tradicional.
Por el contrario, a Karl Marx (1818-1883) le preocupaba poco la pérdida de las
tradiciones. Pero le parecía intolerable la manera en que la tecnología industrial
concentraba su patrimonio en manos de una pequeña elite, mientras otros muchos se
enfrentaban al hambre y la miseria. En el Capítulo 4 estudiaremos estas ideas
extensamente. Evidentemente, Comte y Marx proponían soluciones radicalmente
diferentes para los problemas que planteaba la sociedad moderna. Pero tenían en común
la convicción de que el funcionamiento de la sociedad no dependía únicamente de la
decisión individual. La perspectiva sociológica estimula el trabajo de ambos, poniendo de
manifiesto que las vidas individuales de las personas están enmarcadas por el conjunto
de la sociedad en la que viven. Esta afirmación, por supuesto, sigue siendo tan cierta hoy
como hace un siglo.

Cambio continuo
Del mismo modo que los cambios que se produjeron en el siglo XIX fueron
trascendentales, también lo son los cambios que están ocurriendo en el siglo XXI. Esta es
una era que se está viendo revolucionada por las tecnologías digitales, los nuevos medios
de comunicación, las nuevas tecnologías reproductivas, y nuevas interconexiones
globales. Es una era en la que se están replanteando las familias tradicionales, las
religiones, los patrones de trabajo y de gobierno. Cada vez más, las personas no tienen
una idea clara de cómo vivir sus vidas como la tenían en el pasado. En su lugar tienen
que preguntarse continuamente: ¿qué tipo de vida quiero para mí? Se hacen más
individualistas, menos comprometidos con los estándares comunes, más propensos a la
autorreflexión. Es una era en la que las divisiones de clase, etnicidad, edad y género se
han hecho más evidentes, y es un mundo en el que parecen proliferar nuevos conflictos
significativos sobre religión y cultura. Todas estas ideas necesitarán definirse, describirse,
analizarse y explicarse, y esta es una tarea continua para los sociólogos en el nuevo siglo
(así como la tarea de este manual introductorio). Del mismo modo que la sociología nació
como fruto de la Revolución Industrial, ahora encuentra un nuevo impulso en el desafío de
lo que podemos llamar la sociedad posmoderna o de la información

Fuente Bibliografica

Libro de Texto: “SOCIOLOGIA”, Macionis John, Plummer Ken. Sociología. Pearson


Educación, 2007, ISBN., CAPITULO

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