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BASES TEORICAS E HISTORICAS DE LOS DERECHOS HUMANOS.

DERROTERO DE LOS DERECHOS HUMANOS.


La protección de los derechos humanos en el Perú no se limita a la defensa de los
derechos fundamentales consagrados en el ordenamiento constitucional. A través de
diversas disposiciones normativas, el Estado Peruano ha buscado dar cumplimiento
a las resoluciones de los órganos internacionales de protección de derechos
humanos. En adición a ello, la jurisprudencia peruana, en un derrotero no exento de
contradicciones y retrocesos, ha destacado el papel privilegiado de las normas
internacionales de derechos humanos, así como lo que han señalado los tribunales
internacionales al respecto, en especial la Corte Interamericana.
Es en este particular vaivén que se han podido conseguir diferentes avances en la
inclusión de lo señalado por el derecho internacional de los derechos humanos. Este
no ha sido solo a nivel normativo sino también siguiendo los lineamientos
argumentativos de los tribunales internacionales.
Caso:
Creo que fue el de los campesinos apresados en Jaén, que protestaban por la
deforestación que realizaba la empresa INCAFOR y, como era la época del
terrorismo, los acusaron de terroristas y estuvieron en la cárcel. El caso es
emblemático porque marca un caso de confluencia entre derechos humanos y
derechos ambientales. En esa época, los defensores de derechos humanos estaban
centrados entre derechos civiles y políticos y los problemas de la guerra interna, los
temas ambientales como que quedaban fuera. El caso colocó en el tapete el hecho
de que la acción por los derechos humanos debe extenderse a los derechos
colectivos y, en este caso, a los derechos ecológicos. Esto llevó a que la Iglesia y la
Vicaría de Jaén se fortaleciera alrededor de ese núcleo y cerraran filas desde el
Obispo hasta el último catequista. El caso pasó a ser un caso público, adoptado por
la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, y marcó el derrotero de lo que
hacemos ahora.

CLASIFICACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS.


¿Cómo se clasifican los derechos humanos?
Los derechos humanos son clasificados en tres grupos: i) derechos civiles y políticos; ii)
derechos económicos, sociales y culturales; y iii) derechos colectivos.

I. DERECHOS CIVILES Y POLÍTICOS.

Entre los derechos civiles y políticos podemos mencionar el derecho al libre desarrollo de la
personalidad, el derecho a la vida, el derecho a la identidad, el derecho a la integridad personal, el
derecho a la libertad personal, el derecho a la libertad religiosa, el derecho a la igualdad, el derecho a
elegir y ser elegido representante, entre otros.

EJEMPLO.
En el ámbito de los derechos civiles y políticos, el Registro Nacional de Identificación y Estado Civil
(RENIEC), está materializando el derecho a la identidad mediante la implementación del Plan
Nacional Contra la Indocumentación 2011-2015. En dicho plan se ha priorizado a las poblaciones
en situación de mayor vulnerabilidad, tales como las personas en situación de pobreza, las
comunidades indígenas, los adultos mayores, las personas con discapacidad, entre otras.

1.1 ¿Qué es el derecho al libre desarrollo de la personalidad?

Se trata del derecho de cada ser humano de desarrollar autónomamente su proyecto de vida,
mientras no afecte los derechos de terceros. Es un derecho humano fundamental, puesto que es
presupuesto para el ejercicio de las demás libertades.

1.2 ¿Qué es el derecho a la vida?

El derecho a la vida es el derecho a la existencia física y a acceder a una vida digna. Es también uno
de los derechos humanos más importantes, pues su goce es requisito indispensable para el disfrute
de todos los demás. Todos los seres humanos gozan de este derecho desde el momento mismo de la
concepción. El Estado debe asegurar los medios para que el ejercicio del derecho a la vida se dé en
condiciones de dignidad.

1.3 ¿Qué es discriminar y cómo afecta al derecho a la igualdad?

Se entiende por discriminación todo acto de distinción entre seres humanos basado en su raza, sexo,
nacionalidad, religión, edad, condición económica, social o política, orientación sexual, identidad de
género, o circunstancia de cualquier otra índole, sin fundamento objetivo y razonable.

EJEMPLO.
El Código Penal peruano, bajo ciertas condiciones, considera a la discriminación como delito y la
sanciona con pena privativa de la libertad hasta de tres años; y si su autor es funcionario o servidor
público, hasta de cuatro años.

1.4 ¿Qué se entiende por discriminación étnico-racial?

El Ministerio de Cultura, señala que la “discriminación étnico racial es todo trato diferenciado,
excluyente o restrictivo basado en el origen étnico y/o características físicas de las personas (como el
color de piel, facciones, estatura, color de cabello, etc.) que tenga como objetivo o por resultado
anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio de los derechos y libertades fundamentales
de las personas en la esfera política, económica, social y cultura”.

EJEMPLO.

En julio del año 2006, Indecopi y la Municipalidad de Miraflores clausuraron la discoteca “Café del
Mar”, por prácticas discriminatorias respecto a los clientes que ingresaban al local. El caso de
“Café del Mar” es considerado un símbolo de la lucha contra la discriminación en el Perú, debido a
que fue la primera vez que se ha cerrado un local por practicar una selección de clientes basado en
sus características físicas. (Resolución N°1415-2006-TDC-INDECOPI).

1.5 ¿Qué se entiende por igualdad entre hombres y mujeres?

El Plan Nacional de Igualdad de Género 2012-2017, señala que: “la Igualdad entre mujeres y hombres
es un principio jurídico universal reconocido en convenios internacionales. El principio hace
referencia a los derechos y responsabilidades que como seres humanos tenemos todas las personas,
lo que implica dar las mismas condiciones, trato y oportunidades sin distinción de clase, sexo, edad,
creencias, etnia o cultura”

EJEMPLO.
La Convención Sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer es de
obligatorio cumplimiento para el Estado peruano ya que fue aprobada por Resolución Legislativa Nº
23432, publicada el 05 de junio de 1982. El instrumento de ratificación fue depositado el 13 de
septiembre de 1982 y el tratado es vigente desde el 13 de octubre de 1982.

1.6 ¿Cuándo estamos frente a una detención ilegal?

Una persona solo puede ser válidamente detenida por mandato escrito y motivado del juez o por las
autoridades policiales en caso de flagrante delito. La detención policial no puede extenderse más de
24 horas. Dentro de dicho plazo, el detenido debe ser puesto a disposición del juzgado
correspondiente o puesto en libertad. El referido plazo no es aplicable a los casos de terrorismo,
espionaje o tráfico ilícito de drogas en los que la detención policial puede extenderse hasta por un
máximo de 15 días, dándose cuenta al Ministerio Público y al juez.

2.7 ¿En qué consiste la esclavitud?

La esclavitud es aquella situación donde una persona es tratada como propiedad de otra. En este
caso, la persona víctima de la esclavitud no ejerce su libertad para decidir por sí misma y,
consecuentemente, es tratada como un simple objeto. Por tanto, es una de las formas más evidentes
de violación de la dignidad y la libertad de los seres humanos. La Constitución Política del Perú
prohíbe expresamente la esclavitud.

Si bien esta práctica está prohibida, todavía existen formas de esclavitud una de las cuales se conoce
como la trata de personas.

2.8 ¿Qué es la trata de personas?

El Plan Nacional de Acción Contra la Trata de Personas 2011- 2016 indica que: “la trata de personas
es una forma de esclavitud contemporánea vinculada al comercio de seres humanos, quienes son
objeto de ‘compra y venta’ dentro o fuera de un país para su explotación u otros fines ilícitos (…)”.

EJEMPLO.

Actualmente la explotación sexual es la modalidad más frecuente de este delito. Incluye la


explotación de la prostitución u otras formas de explotación semejantes como las desarrolladas en
el ámbito del turismo y la pornografía.

2.9 ¿Qué es el derecho al debido proceso?

El derecho al debido proceso consiste en el acceso, dentro de todo proceso judicial, a una serie de
garantías procesales cuyo respeto es indispensable para que la decisión final pueda considerarse
válida.

EJEMPLO.
Algunas garantías que integran el debido proceso son:

• El derecho a un juez independiente, competente e imparcial.

• El derecho a la presunción de inocencia.

• El derecho de defensa.

• El derecho al plazo razonable de duración de un proceso.

• El derecho a recurrir el fallo ante un juez o tribunal superior.

• El derecho a la publicidad del proceso.


• El derecho a la prohibición de doble enjuiciamiento penal por los mismos hechos.

• El derecho a ser asistido gratuitamente por un intérprete si no comprende o no habla el idioma


empleado en el tribunal.

1.10 ¿En qué consiste el derecho a la libertad de expresión?

Consiste en el derecho de cada persona a expresar pensamientos, ideas y creencias libremente. Este
derecho constituye una garantía fundamental para el sostenimiento de un sistema democrático. De
acuerdo a la Constitución no existe el delito de opinión.

1.11 ¿En qué consiste el derecho a la libertad de información?

Consiste en el derecho a poder buscar, recibir y difundir información veraz de relevancia pública, es
decir, cuyo contenido contribuya a la formación de opinión pública libre en una sociedad
democrática.

II. DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES Y CULTURALES.


Los derechos económicos, sociales y culturales (DESC) son derechos que exigen del Estado la
realización de determinadas acciones o la concesión de determinadas prestaciones, a fin de que cada
persona tenga garantizada la cobertura de ciertas necesidades básicas para el desarrollo de una vida
digna. Entre ellos encontramos el derecho a la salud, a la educación, al trabajo, a la seguridad social,
entre otros.

El Estado peruano, con la finalidad de promover y fomentar la salud de la población, en especial de


los niños, niñas y adolescentes, promulgó la Ley N° 30021, Ley de Promoción de la Alimentación
Saludable. Dicha ley busca incentivar la educación física y regular la publicidad de alimentos y
bebidas con alto contenido de azúcar y grasas saturadas, conocidas popularmente como comida
chatarra.

2.1. ¿En qué consiste el derecho a la salud?


De acuerdo a lo señalado por el Tribunal Constitucional, el derecho a la protección de la salud
“comprende no solo el derecho al cuidado de la salud personal, sino también el acceso a condiciones
mínimas de salubridad a fin de vivir una vida digna. Así, se afirma que el derecho a la salud abarca,
por un lado, la atención de salud oportuna y apropiada, y, por otro, los factores que determinan la
buena salud tales como el agua potable, la nutrición, la vivienda y las condiciones ambientales y
ocupacionales saludables, entre otros”

EJEMPLO

El derecho a la salud, comprende algunos factores como:

• El derecho a la prevención y el tratamiento de enfermedades.

• El derecho al acceso a medicamentos esenciales.

• El derecho a la salud materna, infantil y reproductiva.

• El acceso igual y oportuno a los servicios básicos de salud.

• El derecho de ser informado sobre cuestiones relacionadas con la salud.

• El derecho a la salud mental.


• El derecho de todos a participar en el proceso de adoptar decisiones en cuestiones relacionadas
con la salud a nivel comunitario y nacional.

2.2 ¿En qué consiste el derecho a la educación?

El derecho a la educación consiste en el derecho que debe garantizarse a todo ser humano, desde
muy temprana edad, de acceder al conocimiento y al desarrollo de las habilidades mentales, técnicas
y físicas.

Sin el acceso progresivo al conocimiento en sus distintas manifestaciones, y al desarrollo de las


propias habilidades, no existe posibilidad de que los seres humanos puedan desarrollar su vida
dignamente. Por ello, el artículo 13 de la Constitución Política del Perú señala que “la educación tiene
como finalidad el desarrollo integral de la persona humana (…)”. De acuerdo al TC, la educación,
además de un derecho fundamental, es también un servicio público.

EJEMPLO

El derecho a la educación implica:

• La existencia de un servicio de educación básica.

• La asistencia y permanencia en las escuelas, por un tiempo necesario para realizar sus estudios
básicos.

• Lograr aprendizajes relevantes para su vida presente y futura.

• Concluir los estudios oportunamente.

• Educación para todos y todas y de calidad.

3.3 ¿En qué consiste el derecho al trabajo?

De acuerdo al artículo 22 de la Constitución Política “el trabajo es un deber y un derecho. Es base del
bienestar social y un medio de realización de la persona”. En ese sentido, se reconoce también el
derecho a una remuneración digna (artículo 24), a una jornada laboral que no supere las 8 horas
diarias o las 48 horas semanales (artículo 25), a la libertad sindical y a la huelga ejercida en armonía
con el interés social (artículo 28).

En conformidad con ello, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), máxima entidad vinculada a
los derechos laborales a nivel internacional, ha señalado que acceder al trabajo no es suficiente, sino
que éste debe reunir ciertos requisitos mínimos que garanticen los derechos de los trabajadores. A
estos requisitos mínimos, que incluyen seguridad en el trabajo y condiciones laborales salubres,
seguridad social, seguridad de ingresos, entre otros, se les denomina “trabajo decente”

El Consejo Nacional de Trabajo y Promoción del Empleo (CNTPE) es un mecanismo de diálogo social y
concertación laboral del Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo, que tiene por objeto la
promoción del empleo y capacitación laboral, y la protección social para el desarrollo nacional y
regional. Asimismo, participa en la regulación de las remuneraciones mínimas

EJEMPLO

Entre algunos derechos laborales podemos destacar:

• Salud ocupacional, es decir, aquellos dispositivos de protección frente a riesgos en el trabajo.

• Vacaciones o el descanso por la prestación laboral después de determinado tiempo.

• Prohibir y sancionar el acoso u hostigamiento sexual como práctica discriminatoria por razón del
sexo, contra la dignidad de la mujer y del hombre en las relaciones laborales.
III. DERECHOS COLECTIVOS.

Los derechos colectivos o de solidaridad tienen la particularidad de que su cumplimiento va a


requerir un esfuerzo común entre todas las naciones y pueblos del mundo. Entre ellos podemos
mencionar el derecho a un medio ambiente sano, equilibrado y adecuado al desarrollo de la vida.

3.1 ¿En qué consiste el derecho a vivir en un medio ambiente sano?

Consiste en el derecho que tenemos todos a vivir en un ambiente libre de todo tipo de
contaminación que permita el desarrollo de la persona. Además, para garantizar la efectiva vigencia
de este derecho es preciso que se adopten las medidas para el uso racional de los recursos naturales.
Es un derecho que en los últimos años ha adquirido la mayor importancia, dado que su respeto
permite el disfrute y ejercicio de otros derechos, por la íntima vinculación del ambiente en el que nos
desenvolvemos con el nivel de vida en general.

EJEMPLO.
El Ministerio del Ambiente ha identificado siete (7) metas prioritarias vinculadas al derecho que
tenemos todos a un ambiente sano. Estas metas se encuentran en el Plan Nacional de Acción
Ambiental 2011-2021 y están vinculadas a los temas de: agua, residuos sólidos, aire, bosques y
cambio climático, diversidad biológica, minería y energía y gobernanza ambiental.

FUNDAMENTOS FILOSOFICOS DE LOS DERECHOS HUMANOS.

Definición. - El fundamento de los derechos humanos, como hemos dicho, es la vida


humana; pero la vida, y esto es fundamental, se define esencialmente a partir del futuro. De
manera general, la vida humana se define, ontológicamente, en términos temporales.

El problema de la fundamentación de los derechos humanos puede plantearse dentro de distintos


marcos de referencia y, consecuentemente, puede desembocar en soluciones cualitativamente
dispares. La búsqueda de la fundamentación puede apuntar hacia la explicación de por qué los
derechos humanos son un elemento crucial de las actuales estructuras jurídico-políticas, o pueden
orientarse hacia la demostración de por qué los derechos humanos deben ser un elemento básico de
la ordenación jurídica de las relaciones sociales en el mundo actual.

¿Cuáles son los fundamentos filosóficos?


Los fundamentos filosóficos de un modelo educativo de calidad tienen que ver
principalmente con siete elementos en estrecha relación: principios, fines, criterios,
premisas, valores, conceptos y contextos.

1. LA DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA

La dignidad es un valor inherente a todo ser humano que no termina por una decisión de otro ser
humano. La dignidad no sólo hay que verla desde el punto de vista de vivir diario, sino también desde
esos dos elementos básicos que le sostienen que son la libertad y la igualdad; ambas, obtenidas con
el nacimiento en el lugar y bajo cualquier circunstancia favorable o desfavorable. Esa libertad
intrínseca hace que la persona pueda pensar y tener conciencia real de lo que le rodea, a pesar de las
influencias naturales, económicas, sociales y políticas. Esa libertad que no sólo se ejerce por el
derecho a la libertad de movimiento o locomoción, o a la libertad de expresión o a todo lo que
representa los derechos civiles y políticos. La Libertad es mucho más que eso, es un don inviolable,
inalienable que posee todo ser humano por el único hecho de ser tal. La Libertad, hace que el ser
humano pueda desarrollarse libremente dentro de sí misma y que nadie puede cambiarlo sino es tan
sólo por una propia voluntad, aun cuando tenga impedimentos de ejercer derechos reconocidos, esa
libertad va más allá, es desarrollarse dentro de valores y principios propios que son sólo propiedad
de uno y de nadie más. La dignidad de la persona también incluye un elemento importante que es la
Igualdad. Esta “igualdad” no es la misma igualdad que usualmente conocemos; es decir, igualdad de
oportunidades de trabajo, igualdad de un derecho a la educación; igualdad de condiciones; igualdad
de trato, etc. Esta “igualdad”, es algo que va más allá, es aquel elemento de la Dignidad que cada ser
humano posee por el hecho de ser concebido, igualdad de vivir, igualdad de desarrollarse
interiormente, igualdad de poder pensar con libertad, igualdad de saber que es lo bueno y que es lo
malo.

Por eso insisto en que esta DIGNIDAD y sus dos elementos “libertad” e “igualdad”, es el fundamento
básico de la existencia de la persona. Yo tengo mi propia percepción de la igualdad, en el tema de la
fundamentación de los derechos humanos trato de ir más allá. Igualdad ante la ley es un derecho
humano reconocido por el derecho natural y por el derecho positivo y, la igualdad material, es un
anhelo de todas las personas de alcanzar por medios iguales condiciones económicas, sociales y
culturales.

La Igualdad desde mi punto de vista, es aquella que hace del hombre la posibilidad de desarrollarse
con todas sus potencialidades para alcanzar no solamente cosas materiales que le permita vivir en
condiciones dignas, sino de reconocérsele como persona todos los principios y valores que por el
hecho de ser persona tiende a desarrollar desde el momento de su nacimiento.

Todos nacemos “iguales”, pero son las sociedades las que se encargan de hacernos diferentes los
unos a los otros, las circunstancias económicas, sociales y culturales, el entorno familiar, hace que
seamos diferentes y que existan las desigualdades que llevan a las violaciones continuas de los
derechos más elementales de las personas.

2. EL JUSNATURALISMO: LOS DERECHOS NATURALES COMO "INHERENTES A LA NATURALEZA


HUMANA"

La naturaleza es la esencia y característica de cada ser, y hablamos de los derechos naturales como
inherentes a la naturaleza humana, nos referimos a “natural” como esos derechos propios de la
“naturaleza” humana; es decir, el reconocimiento normal, natural y espontáneo de esos derechos
que le son propios a los seres humanos. Sin embargo, lo que puede parecer algo normal, en la
práctica diaria es totalmente diferente.

En primer lugar, no hay un reconocimiento práctico de los derechos naturales, por que no hay un
entendimiento universal de esos derechos naturales; y, en segundo lugar, no hay reconocimiento
práctico o una actitud humana de que la naturaleza humana nos ha dotado de derechos que son
inviolables, propios, indisolubles.

El punto de discusión es la manera en que las personas conozcamos nuestros propios derechos por el
hecho de haber nacido, es decir nuestros derechos naturales, esto por un lado; y, por el otro lado,
que estos derechos naturales son propios o inherentes de todos los que habitamos este universo.

Uno de los autores que desarrolla este punto es Santo Tomás de Aquino, con su obre “La Ley Natural
y Ley Humana”. Santo Tomás inicia su reflexión preguntándose si “existe una ley humana” y nos dice
que “parecería que no existe una ley humana”. Santo Tomás afirma que la ley natural es una
participación de la ley eterna y que a través de esta “todas las cosas están perfectamente
ordenadas”, citando a San Agustín.

Afirma Santo Tomás que “La razón humana no puede tener una total participación en los dictados de
la razón divina, sino sólo según su propio modo”, posición Tomista que si la ubicamos en nuestros
días, la vemos claramente practicable al vivir diario de las sociedades y de las personas, en el sentido
que la persona usa de acuerdo a sus principios y valores esa “razón humana” para establecer
actitudes que para el propio hombre no atentan contra esos valores y principios que la razón divina
le indica.

Pero, qué pasa con los que no creen en una razón divina. Significará que la razón humana es fruto de
la supervivencia diaria?, o tal vez que, la razón humana es una razón “divina” a la vez?. Nadie puede
negar que las personas poseemos derechos naturales, ni aún los que no creen en una ley divina
pueden afirmar lo contrario. Sin entrar a temas religiosos, que no es el afán de esta conferencia,
pensemos y reflexionamos acerca de la condición humana y su origen en el universo.

Santo Tomás también pregunta si la ley natural es la misma para todos los hombres. Dice, que
parecería que la ley natural no es la misma para todos. Según los Decretales, se entiende por ley
natural “aquella que se encuentra contenida en la Ley y en los Evangelios”, pero estos no son
comunes a todos los hombres porque no todos obedecen al Evangelio, en conclusión, dice Santo
Tomás de la ley natural no es la misma para todos los hombres.

3. EL POSITIVISMO JURÍDICO: LOS DERECHOS HUMANOS COMO PRODUCTO DE LA ACTIVIDAD


NORMATIVA DEL ESTADO.

La historia jurídica nos ha presentado diversas etapas de lo que fue el positivismo jurídico. El
reconocimiento de los derechos humanos por parte de las sociedades ha pasado también por
diversas etapas que nos ha llevado a un entendimiento progresivo y a un desarrollo escalonado de lo
que son los derechos humanos.

Max Weber en su escrito titulado "Racionalización Formal y Racionalización Sustantiva en el Derecho


(leyes sagradas)", menciona que las antiguas formas de justicia popular tenían su origen en los
procedimientos conciliatorios entre grupos de parientes. Afirma que, en la medida en que
aumentaba la racionalidad de la organización de la autoridad, se eliminaba las formas de
procedimiento irracionales y el derecho sustantivo era racionalizar, es decir, el Derecho como un
todo era racionalizar.

La meta de las jerarquías eclesiásticas nos dice Weber, es encontrar el tipo de derecho más
apropiado para realizar los objetivos éticos y prácticos de tales autoridades. En el curso de este tipo
de racionalización del pensamiento jurídico de un lado y de las formas de relaciones sociales de otro
lado, se pueden derivar las más diversas consecuencias a partir de los elementos no jurídicos de una
doctrina legal creada por una clase sacerdotal. Una de esas posibles consecuencias fue la separación
del fas, mandato religioso, de jus, la ley establecida a dar la solución de los conflictos humanos que
no tenían relevancia histórica.

4. LAS ETAPAS EN EL DESARROLLO HISTÓRICO DE LOS DERECHOS HUMANOS.

El desarrollo histórico de los derechos humanos, se inicia no con una positivación, sino mediante
principios y valores que las sociedades impusieron para la convivencia pacífica. Sin embargo, la
necesidad de positivizar los derechos humanos, nos lleva a la garantía de la existencia de una
seguridad jurídica, que nos permita tener los elementos necesarios para reclamar el cumplimiento de
los mismos. Las normas de derechos humanos deben de encuadrarse dentro de las condiciones que
la seguridad jurídica reclama.

Es decir, normas positivas de derechos humanos, la seguridad de ser un derecho "seguro", que la
fundamentación en que se basa este derecho tenga los mínimos errores posibles sobre todo cuando
se trata de derechos humanos, y que las normas internas sean lo fuertemente estables a fin de no
cambiar las garantías de derechos humanos reconocidas por los Estados.
Si no se cumple lo anterior el campo de los derechos humanos, significa que no existe la seguridad
que jurídica que estas normas principalmente deben de contar para su cumplimiento y protección de
todas las personas.

Sin embargo, si tenemos presente, el hecho de que el ser humano crea el derecho, entonces puedo
afirmar con convicción de que el poder y el derecho es un “matrimonio” donde deben de convivir en
armonía y paz, ya que ambas, a mi modo de ver, no pueden estar separadas.

5. EL HUMANISMO CRISTIANO.

Una vez más quisiera insistir en que los documentos relacionados a temas religiosos usados para una
reflexión de este tema, responden a una visión filosófica que nos ayudará a reflexionar aún más
sobre los fundamentos de los derechos humanos. Cada uno de ustedes, con base a sus creencias
debe valorar las mismas y meditar dentro de la perspectiva de lo que se quiere transmitir.

Michael Villey, en su trabajo titulado “Caracteres de la Justicia Cristiana según San Agustín”, nos dice
que el oficio de San Agustín era predicar la justicia bíblica con preferencia a la justicia clásica pagana
del Derecho Natural. San Agustín, como dice Villey, sabe que esas reglas de caridad de la justicia
cristiana tienen el defecto de no prever con certeza ninguna actitud objetiva; sus aplicaciones
objetivas presentan una diversidad al infinito. San Agustín gusta mostrar la Movilidad de las
instituciones jurídicas. La obra cumbre de San Agustín "Confesiones", presenta su posición sobre lo
que es la justicia clásica. El autor menciona también, que San Agustín había asumido la defensa ante
la propiedad privada, en tanto que esta institución procede de las leyes del estado.

Con relación a esta posición de San Agustín, si el derecho a la propiedad se fundamenta en los Diez
Mandamientos, no creo, que había necesidad en que San Agustín defienda la propiedad privada sólo
si procede de las leyes del Estado, pregunto entonces: ¿por qué San Agustín no se basó en los diez
mandamientos para defender la propiedad privada? Aunque, hay que reconocer que, San Agustín
tenía el ideal de justicia comunitaria.

Dice Villey, que el derecho cristiano de origen divino puede perfectamente coexistir con las leyes
temporales de origen humano. Estos dos derechos no pueden contradecirse, ni siquiera se
encuentran, porque no tienen el mismo terreno de aplicación. Nos dice que el uno "nos ordena
apartar nuestro amor de las cosas temporales", y el otro se refiere a cosas transitorias, al cuerpo, la
fortuna, las familias, o la libertad en el sentido de condición social.

La síntesis de San Agustín dice el autor, no revela su coherencia sino a su nivel espiritual; supone el
mismo tiempo un cierto respeto y un cierto desprecio por las leyes temporales. Implica la
indiferencia de la justicia cristiana perfecta respecto de los bienes terrenales.

Por otro lado, Santo Tomás de Aquino, fundamenta su posición basándose en la razón humana y
contradice, a lo manifestado por San Agustín. "Será que la razón humana no puede tener una total
participación en los dictados de la razón divina, sino sólo según su propio modo o imperfectamente".

6. LAS CORRIENTES MODERNAS: RACIONALISMO, EMPIRISMO, CONTRACTUALISMO.

Racionalismo se refiere a cualquier teoría filosófica que defiende el predominio de la razón sobre
cualquier forma de conocimiento. Distintos aspectos: la razón es capaz de establecer criterios de
verdad (frente al escepticismo); la razón es una forma a priori del conocimiento -tal como lo
defendían Platón, Descartes y Leibniz- superior al conocimiento sensible (frente al impirismo).

Empirismo por otro lado, es la actitud de atenerse a los hechos comprobables, un método basado en
la observación, experimentación e inducción. Es la doctrina que defiende que la experiencia es la
fuente única de conocimiento, al menos de todo lo que tiene referencia existencia.
Y el contractualismo, es lo relativo a la doctrina basada en la convivencia social mediante un acuerdo,
un pacto o un contrato.

Hans Kelsen, en su escrito titulado “El Fundamento de la validez de los órdenes normativos: La
Norma Fundamental”, conocido por su teoría pura del derecho, nos dice que si concebimos el
Derecho como un orden normativo, como un sistema de normas que regulan la conducta de seres
humanos, se plantea de inmediato un problema: ¿qué es lo que funda la unidad de una pluralidad de
normas y, por qué una norma dada forma parte de un orden determinado? Obviamente, decir que
toda norma válida para los seres humanos tiene carácter obligatorio; es decir, que el verdadero
principio de validez, es una verdadera norma y no las circunstancias bajo las cuales se dio dicha
norma.

En este trabajo, Kelsen desarrolla su teoría sobre la base de los Diez Mandamientos. Si comparamos
su análisis de la validez de los mismos y lo que se proclama en “Los Diez Mandamientos”, podemos
sacar interesantes conclusiones en el sentido que, no interesa las circunstancias en que se dieron
dichos mandamientos, sino los principio que en él contienen. Por eso, he sostenido siempre la
importancia que tiene los Diez Mandamientos dentro de la fundamentación filosófica de los
derechos humanos.

Kelsen afirma que solamente una autoridad competente puede dar normas válidas y tal competencia
no puede basarse sino en una norma que la habilita para crear norma. De allí que insiste en que la
norma que constituye el fundamento de validez de otra norma es, con relación a ella, una norma
superior.

Con base a lo anterior estoy en condiciones de afirmar que, la fundamentación de los derechos
humanos, es por encima de todo la razón y la naturaleza del hombre.

Y que, por encima de este hombre, hay una razón superior que lo hace a su vez razonar para crear
normas de vida, las mismas que hace a los seres humanos superiores a cualquier otro ser que habita
el universo, al menos hasta hora conocido.

Cuando hablaba sobre la Dignidad, decía que los dos elementos básicos de esta “dignidad” que son
libertad e igualdad, están dentro de esa razón que hace del ser humano un potencial ser que al
desarrollar ambos elementos totalmente al margen de las circunstancias que lo puedan rodear.

Más adelante, Kelsen explica los dos tipos de principios de unidad para los sistemas normativos
según la naturaleza del fundamento de la validez: el principio estático y el principio dinámico. Dicho
principio a mi modo de ver, también es aplicable para las leyes y normas sobre derechos humanos.

7. EL SIGLO XX: LA INTERNACIONALIZACIÓN Y LA DIVERSIFICACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS;


LOS MECANISMOS DE PROTECCIÓN Y LOS NUEVOS SUJETOS DE LOS DERECHOS HUMANOS.

El reconocimiento y la internacionalización de los derechos humanos en los últimos doscientos años,


ha llevado a crear los mecanismos de promoción y protección de los mismos. Aunque hay que
reconocer que los esfuerzos son invalorables, aún hoy en día no hay esa percepción y ese
apoderamiento de los Estados y sus sociedades en apropiarse del tema de los derechos humanos.

Hay que analizar con mayor detenimiento las actuales circunstancias en que se desenvuelven los
derechos humanos, la superación a ciertos mitos y la propuesta de nuevas alternativas que nos
lleven a la consolidación de los mismos.

En este subtítulo, y obviamente dentro de los fundamentos filosóficos de los derechos humanos, mi
interés es que se conozca algo más del derecho, su interpretación y las nuevas iniciativas desde el
lado positivo del derecho por avanzar en el reconocimiento integral de los derechos humanos.
Un trabajo interesante de mencionar, es el escrito por Jerome Frank, titulado “El Derecho y la
Mentalidad Moderna”. Él dice que “la actitud de los legos frente a los abogados es un compuesto de
contradicciones, una mezcla de respeto y burla. A pesar de que los abogados ocupan posiciones
importantes en el gobierno y en la industria, a pesar de que la gente les pida orientación en algunos
de sus más vitales problemas, al mismo tiempo la gente se ríe de ellos por tinterillos y sofistas”.

Ya Lutero en el siglo XVI se refería del abogado diciendo que es “buen jurista, mal cristiano”.
Diferentes pensadores a través de la historia de la humanidad se han referido a los abogados no tan
generosamente. Se escucha sobre los abogados lo siguiente: “duplicidad”, “ambigüedad”,
“evasiones”, “un amplio sistema de engaños”, “prestidigitación”, “habilidad y señuelo”, “el arte de
hacer las cosas difíciles y confundir a los demás”, “el robo refinado, hipócrita disfrazado de
legalidad”, etc. Estos calificativos, no se han perdido con los años y por el contrario es una parte del
comportamiento social contra el abogado, aunque hay que reconocer que las sociedades no
funcionarían sin los abogados, para bien o para mal.

8. EL CONCEPTO DE DERECHOS HUMANOS.

Los derechos humanos han existido desde que existe la vida humana. Y creo que esta es la primera
conclusión a la que llegamos luego de lo descrito todo lo anterior. Sin embargo, el concepto, la teoría
de los mismos no dista de años atrás.

Tratadistas, académicos, gobiernos, periodistas, abogados, sociólogos, filósofos, y cuanto otra


profesión de las ciencias sociales se imagine, han elaborado “su” concepto de los derechos humanos,
de acuerdo obviamente, a su conveniencia y sus intereses.

La ex Jueza de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y mi buena amiga la Doctora Sonia


Picado, en un ensayo titulado “Los Derechos Humanos en la Filosofía del Derecho de América Latina”,
hace una presentación de los fundamentos filosóficos de los derechos humanos dentro de América
Latina. Reconoce que en América Latina, hemos “sido parcos” en el filosofar, por que hemos dejado
que nuestras leyes e ideas las hemos recibido de fuera de nuestro continente.

Un recorrido por la historia de la América, nos lleva a reflexionar sobre el hecho que los derechos
humanos siempre estuvieron con nuestros antepasados; sin embargo, fueron a los que más se les
violaron y esta situación hace que incluso a inicios de un nuevo siglo, el desarrollo de los derechos
humanos en Latinoamérica desde el punto de vista de su cumplimiento y práctica esté atravesando
un momento en que hagamos un alto y replantemos nuevamente desde qué punto de vista hay que
enfocarlos para hacerlos efectivos.

Hay que hacer un alto y reflexionar sobre el concepto académico de los derechos humanos y su
fundamentación para el mismo. Trabajar sobre la realidad de los derechos humanos en América
Latina con ejemplos claros e insistir en la necesidad de una educación de los derechos humanos. Los
derechos humanos son un asunto de personas, es un asunto que va más allá de eso.

Los derechos humanos son un asunto de todos los humanos, sin importar condición social o
profesión u oficio. Es un asunto de civiles y militares, de hombres y mujeres, de niños y niñas, de
ancianos y enfermos, de grandes y chicos. Es un asunto que nos pertenece a todos porque todos los
sentimos.

Otra cosa es que los desconozcamos o que nos hagamos los que no los conocemos. Por eso, si no
practicamos los derechos humanos cada día, todo lo escrito, dicho y defendido no servirá de nada.
Para mí –insisto una vez más- los derechos humanos es un asunto de todos los humanos.

Los cuatro grandes problemas de los derechos humanos son la conceptualización, fundamentación,
determinación y realización; este último, sin embargo, es el problema más grave al que hay que
buscarle soluciones prontas y efectivas. Cuando en los años setenta especialmente en América Latina
y en algunos países africanos se vivían bajo las dictaduras militares, la importancia de los derechos
humanos fue desde el punto de vista de la garantía de los derechos civiles y políticos. Esto llevó a
dejar de lado, los otros derechos que permitían la supervivencia de las sociedades, los derechos
económicos y sociales.

La pobreza por la que atraviesan la mayoría de los países del mundo, tiene que ver sin duda alguna
con la realización de los derechos humanos. Sin una plena realización de éstos, por más estado de
derecho y democracia que se tengan en dichos países, sus pobladores necesitan respuestas efectivas
y oportunas que les permitan superar condiciones de vida dignas.

9. CONTENIDO DE LOS DERECHOS HUMANOS.

Muy poco se ha reflexionado sobre el contenido de los derechos humanos. Decíamos que uno de los
problemas de los derechos humanos es su conceptualización. Si no atendemos el tema de la
conceptualización, muy poco es lo que podamos decir sobre su contenido.

Para reflexionar sobre este punto, quiero referirme al trabajo titulado “Bases de la Progresividad en
el Régimen Internacional de Protección de los Derechos Humanos”, publicado en “Derechos
Humanos de las Americas”, como homenaje a Carlos Dunshee de Abranches. En este trabajo se
desarrolla la progresividad de los derechos humanos a partir de la Segunda Guerra Mundial.

Un primer título es el de “La Instauración Progresiva del Régimen Internacional de Protección”,


desarrollando sus antecedentes y, de las declaraciones a los tratados. El segundo título es “La
Progresividad Intrínseca”, donde se desarrolla la concepción progresiva del régimen, los
compromisos abiertos a la progresividad mediante: los derechos y la competencia progresiva.

10. HACIA LA CONSTRUCCION DE UNA NUEVA VISION DE LOS DERECHOS HUMANOS PARA EL NUEVO
MILENIO.

La validez de una nueva visión de los derechos humanos cobra mayor fuerza cada vez que las
sociedades se detienen a repensar su papel y responsabilidad frente a una población que día a día
incrementa y afina estrategias para la permanente vulneración de los Derechos Humanos. De ahí la
importancia de repensar la función de las sociedades en términos de la defensa, promoción y
protección de los Derechos Humanos, con miras a un nuevo milenio y hacia una nueva concepción de
los derechos humanos.

La importancia de construir una sociedad mejor con valores más sólidos y profundos es
incuestionable hoy. El mundo está necesitando de profesionales, estudiantes, mujeres, hombres,
niños, ancianos que favorezcan la armonía, la solidaridad y el compromiso en las relaciones
personales. Es en este ámbito en donde las organizaciones e instituciones sociales deben cumplir un
papel importante para conseguir los consensos que dirijan a la construcción de una sociedad pacífica.

El objetivo central de la construcción de una nueva visión de los derechos humanos para el nuevo
milenio es, formar personas bajo principios del respeto por la vida, la dignidad de la persona, la
formación de valores éticos, la igualdad de todos los seres humanos ante la ley, el conocimiento de
los lineamientos constitucionales y legales sobre la defensa, promoción y protección de los Derechos
Humanos, en el diálogo y la tolerancia. Buscando consolidar un espacio de expresión y reflexión que
siga construyendo una sociedad en donde primen la convivencia y la fraternidad.

Los derechos humanos se debe de desarrollar desde el punto de vista de la práctica diaria por todos
los seres humanos, la vivencia de los Derechos Humanos debe ir a la par de su fundamentación
filosófica, su concepción jurídica o su evolución histórica. Se trata, de un proceso de formación de
actitudes que, requiere de ingredientes cognoscitivos, afectivos y de manifestaciones conductuales.
Debe efectuarse un cambio de enfoque de los derechos humanos, que promueva y fortalezca su
ejercicio pleno, que lleve a una nueva forma de ver o hacer las cosas.
La construcción de una nueva visión de los derechos humanos para el nuevo milenio, debe señalar
las actitudes y conocimientos que hay que desarrollar. Una actitud de aceptación frente a personas
de distinta raza, religión, cultura y nacionalidad, que contemple el reconocimiento de que los
Derechos Humanos básicos son iguales a todos. Una actitud de tolerancia de las discrepancias en las
convicciones, hábitos y sistemas sociales, económicos y políticos.

Una actitud que aprecie los aportes de los otros pueblos a aspectos importantes de la civilización; el
interés por el arte de otras culturas, y el reconocimiento de su valor, con la capacidad de apreciarlo;
y, una actitud capaz y abierta para examinar cuestiones de diversa índole desde el punto de vista de
los demás; de “ponerse en el lugar” de los otros. Se debe de reafirmar la disposición a formarse una
idea general acerca de otros pueblos y una opinión acerca de las personas basándose más en la
realidad de los hechos que en los prejuicios y en las ideas estereotipadas; debemos abrirnos más al
deseo de cooperar para eliminar sufrimientos, respetando los Derechos Humanos y tratar de
mantener la paz, incluso sacrificando nuestra vida. Debemos de encontrar un conocimiento y una
comprensión de los demás pueblos y países, de la raza humana, y de las condiciones de la sociedad
actual, y hacerlos útiles y adecuados para fomentar todas aquellas actitudes que nos hagan a los
seres humanos menos imperfectos.

Para lograr estos fines, se requiere un contexto de las sociedades que presenten un conocimiento
totalmente antidogmático en especial de los mismos Derechos Humanos, que se traduce en un
permanente análisis, reflexión y crítica; y, una irrestricta libertad de expresión pública del
pensamiento, de las críticas y contra críticas que se elaboren con relación a los principales problemas
de derechos humanos que se presenten en las sociedades, como características básicas.

Sobre el Término "derechos humanos". Hablar de derechos humanos es visto, en diferentes


sectores de las sociedades, como sinónimo de comunismo, de identificación con grupos socialistas,
de grupos de izquierda o de defensa de los delincuentes. Tal percepción se origina por las
actuaciones de los gobiernos por desprestigiar a las instituciones de derechos humanos y, aunque la
siguiente no sea una razón aceptada por todos, también se originan por la actitud de algunas
organizaciones no gubernamentales de derechos humanos que utilizaron el trabajo de los derechos
humanos para favorecer a ciertos sectores políticos, en su mayoría de los tradicionales llamados de
izquierda. De allí que se cree que los partidos políticos de izquierda o sus militantes o simpatizantes
son los únicos propietarios del discurso en favor de los derechos humanos.

Una nueva visión de los derechos humanos para el nuevo milenio significa trabajar en varios frentes:

1. Revalorización de los derechos humanos

2. Sensibilización de las sociedades a las violaciones de los derechos humanos

3. Apoderamiento de las sociedades de la defensa de los derechos humanos.

1. Revalorización de los Derechos Humanos.

Decíamos que el término de "derechos humanos" ha caído en desprestigio por diversos factores.
Quienes se dedican a trabajar en el campo de los derechos humanos, desde la academia o desde el
campo, por lo general son sujetos de falsas acusaciones que van desde posiciones ideológicas
extremistas hasta de ser fanáticos por una causa que sólo favorece a los sectores sociales que viven
al margen de la ley.

Los "derechos humanos", deben de ser concebidos desde una perspectiva humanista que nos invite a
pensar y reflexionar sobre la misión de la persona para con su prójimo. Una revalorización de los
"derechos humanos", que nos lleve a seguir trabajando en favor de los sectores sociales que sufren
miseria, injusticias, atropellos, discriminación; sectores, que se ven privados de vivir en Dignidad bajo
los principios de libertad e igualdad.
Diferentes sectores de las sociedades acusan de que en nombre de los "derechos humanos" los
activistas y académicos lucran con el dolor de otros; acusan, que bajo los "derechos humanos" se
esconden personas extremistas que son capaces de hacer desestabilizar a los Estados.

2. Sensibilización de las sociedades a las violaciones de los derechos humanos. El proceso de


profundización de la democracia, significa crear las condiciones que aseguren la plena vigencia del
Estado de Derecho y dar garantía de respeto a los derechos inherentes a la persona humana.

Es necesario el funcionamiento eficaz, orgánico y coordinado de los recursos interinstitucionales y es


importante la participación de la sociedad civil en el tema de los derechos humanos. De parte de la
sociedad civil, se tienen que crear estrategias para la prevención de las violaciones a los derechos
humanos, crear un ambiente de sensibilización a los problemas de los que más sufren y proponer la
organización de un moderno y eficiente sistema de información al ciudadano en derechos humanos a
fin de sensibilizar a todos los sectores en el tema.

Equivocadamente se piensa que los “derechos humanos” pertenecen a un sólo sector de la sociedad.
Se debe buscar, a través de medios eficaces y modernos, trabajar a la par de los gobiernos y de las
instituciones públicas y privadas en políticas que lleven a sensibilizar a las sociedades en el tema de
los derechos humanos.

Las sociedades se preguntan ahora más que nunca: ¿Por qué, si a pesar de que contamos con un
desarrollo conceptual de los Derechos Humanos y debatido en muchos ámbitos y fuentes
documentales, los hombres nos seguimos matando?, o ¿Por qué si todos queremos la paz no nos
comprometemos a lograrla?, o. ¿Por qué invocamos a cada rato valores como la tolerancia, la
solidaridad, la convivencia, la participación, la justicia, el respeto, etc., pero tenemos profundamente
arraigada la actitud de exclusión?, o ¿Cómo evitar que esto siga siendo principalmente un discurso?.

3. Apoderamiento de las sociedades de la defensa de los derechos humanos. Las transformaciones


ocurridas en el ámbito mundial, llevan a desarrollar por parte de las organizaciones de la sociedad
civil un papel cada vez mayor en la dinámica social y política. Es necesario que estas organizaciones
conozcan y manejen la doctrina de los derechos humanos como una herramienta de trabajo y como
un horizonte orientador, que lleven a que otras organizaciones tanto públicas como privadas se
involucren en el tema de los derechos humanos y hagan que las sociedades se apoderen de él como
especie de patrimonio de la humanidad.

Los Derechos Humanos están pidiendo una vía de legitimación oportuna y de apropiación de sentido
en la comunidad, que se convierte como el primer espacio potenciado para la promoción, defensa y
conservación de los mismos.

En este sentido, se debe contribuir al fortalecimiento de los procesos de desarrollo educativo, social,
político y ético que requieren los países y hacer efectivos los principios de la educación y los valores
de la democracia participativa definidos en las Constituciones Políticas. Se debe fortalecer a las
organizaciones de derechos humanos a fin de iniciar un trabajo útil que permita contar con sectores
sociales lo suficientemente tolerantes y con voluntad para trabajar en el campo de los derechos
humanos.

De la sensibilización debe desarrollarse ese apoderamiento de las sociedades de los derechos


humanos para comprender no solo un entendimiento dogmático, sino también un compromiso de
los mismos. Se tiene que trabajar directamente con las clases más desfavorecidas y con aquellas
personas que, por su situación están desprotegidas, como refugiados o inmigrantes. Se deben de
desarrollar diversos programas en zonas marginales para conseguir la integración de todas las
minorías y colectivos marginados, y sin la ayuda de la sociedad por completo este reto es muy difícil.

SISTEMAS DE ROTECCION DE LOS DERECHOS HUMANOS


Definición de tratado según la Comisión de Derecho Internacional de las
Naciones Unidas.
Cualquier acuerdo internacional escrito, no importando su denominación, ya sea
tratado, convención, protocolo, pacto, convenio, carta, estatuto, acta, decreto, ley,
declaración, concordato, intercambio de notas, memorando de acuerdo, nota de
acuerdo, o cualquier otra denominación, concluido entre dos o más Estados o
cualesquiera otros sujetos de derecho internacional.
Los tratados como instrumentos jurídicos internacionales
En las relaciones entre Estados, la práctica hace evidente que existe una innegable
necesidad de contar con instrumentos jurídicos suficientes para asumir obligaciones
y cumplir compromisos internacionales, reconocer derechos, formar o incorporarse a
organizaciones de naturaleza internacional o participar, como parte, en los fines de
un bloque de integración. Estos instrumentos reciben el nombre genérico de
tratados.
Por estos motivos, entre muchos otros, los tratados se convierten en el principal
instrumento jurídico y una de las fuentes del derecho internacional más utilizadas por
los Estados, especialmente cuando tienen la intención de imprimir un cariz de
solemnidad, revestir de importancia un acuerdo entre (Estados) soberanos o tratar
una materia particularmente sensible.
Es a partir de los intereses de estos mismos Estados, de vincularse dentro de la
sociedad internacional, en hacer cumplir las obligaciones pactadas, hacer valer sus
derechos o interpretar en su favor o en su defensa las cláusulas de un tratado, que
el llamado derecho de los tratados cobra una importancia muy grande para la
negociación de instrumentos jurídicos de carácter internacional y la interrelación que
puedan tener entre Estados al mismo nivel, puesto que el tratado se convierte en el
principal vehículo jurídico formal, diseñado para contener compromisos, obligaciones
y/o derechos dentro del derecho internacional público.

La Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados


Corría el año 1969 cuando, después de casi dos décadas de debates —pues se
iniciaron en 1949— y de múltiples conferencias internacionales, se adoptó el texto
final de lo que se conoce hoy como la Convención de Viena sobre el Derecho de los
Tratados.
La práctica jurídica con respecto al régimen aplicable a los tratados tiene mucho
más años que los transcurridos desde la adopción y posterior apertura a ratificación
de la Convención, por lo que no es exagerado afirmar que, con los trabajos de
codificación de la Comisión de Derecho Internacional, “el derecho de los tratados ha
tomado un nuevo punto de partida” (Reuter, 1999, p. 28), el que ha servido para
ordenar y, en muchos casos, desarrollar la práctica de los Estados en la materia
hasta ese entonces.
Gran parte de los artículos de la Convención trata sobre reglas de derecho
existentes que versan sobre tratados; es decir, se la considera en esa gran parte
como declarativa, “codificadora” de derecho internacional consuetudinario. Otras
secciones y artículos de la Convención, sin embargo, incorporan un desarrollo y
reglas que van más allá de la práctica establecida hasta la fecha de su adopción
entiéndase, hasta 1969, o alteraron en todo o en parte reglas que se tomaban como
establecidas, por lo que se la considera, en términos generales, como la codificación
de la costumbre internacional, formada por la práctica de los Estados respecto a los
tratados, pero con precisiones que permiten fortalecer esa misma práctica o dar
solución a interrogantes a los que la costumbre no había podido dar respuesta de
manera eficaz o llegar a ser aceptada por los Estados en su mayoría.
Durante el primer periodo de sesiones de la Comisión de Derecho Internacional se
determinó que el derecho que regulaba los tratados era susceptible de codificación
y, por lo tanto, materia de estudio. Fue así que, a partir de 1949 en adelante, y por
casi veinte años, se llevaron a cabo largos periodos de reflexión y discusión
académica, lo que dio como fruto diversos informes que sirvieron a la comisión para
presentar un borrador de proyecto final a la Asamblea General de las Naciones
Unidas en 1966, proyecto que fue aceptado como principal documento a ser
debatido en el primer periodo de sesiones de la Conferencia de Viena de 1968, y en
el segundo, celebrado en 1969.

EL PERU Y LOS TRATADOS INTERNACIONALES.


BASE LEGAL:
CONSTITUCIÓN POLÍTICA DEL PERÚ DE 1993
TÍTULO II DEL ESTADO Y LA NACIÓN
CAPÍTULO II DE LOS TRATADOS
Artículo 55
Los tratados celebrados por el Estado y en vigor forman parte del derecho nacional.
Artículo 56 Los tratados deben ser aprobados por el Congreso antes de su
ratificación por el presidente de la República, siempre que versen sobre las
siguientes materias:
1. Derechos Humanos.
2. Soberanía, dominio o integridad del Estado.
3. Defensa Nacional.
4. Obligaciones financieras del Estado.
También deben ser aprobados por el Congreso los tratados que crean, modifican o
suprimen tributos; los que exigen modificación o derogación de alguna ley y los que
requieren medidas legislativas para su ejecución.
Artículo 57
El presidente de la República puede celebrar o ratificar tratados o adherir a éstos sin
el requisito de la aprobación previa del Congreso en materias no contempladas en el
artículo precedente. En todos esos casos, debe dar cuenta al Congreso.
Cuando el tratado afecte disposiciones constitucionales debe ser aprobado por el
mismo procedimiento que rige la reforma de la Constitución, antes de ser ratificado
por el presidente de la República.
La denuncia de los tratados es potestad del presidente de la República, con cargo
de dar cuenta al Congreso. En el caso de los tratados sujetos a aprobación del
Congreso, la denuncia requiere aprobación previa de éste.
El artículo 56 de la nueva Constitución Política del Perú, regula en gran parte el
procedimiento interno de celebración de los tratados. Este artículo concordado con
el primer párrafo del artículo 57 realiza una clara distinción a través de una «lista
positiva» entre los denominados acuerdos simplificados (o convenios ejecutivos) y
los acuerdos complejos (o solemnes), atendiendo al procedimiento de conclusión de
los mismos. Así, los primeros, serían potestativos del Presidente de la República, es
decir, celebrados a sola firma. Los segundos, por la importancia de las materias que
regulan, requerirían de un control parlamentario previo.

LOS TRATADOS SOBRE DERECHOS HUMANOS EN LA CONSTITUCIÓN DE


1993

La Constitución de 1979 se inscribió en una clara opción de promoción y defensa de


los derechos fundamentales. Así, aunque se estableció que los tratados en general
tenían rango legal, se señalaba que en caso de conflicto entre la ley y un tratado
prevalecía éste (Art. 101°). Pero el paso trascendental fue el reconocimiento expreso
del rango constitucional de las normas referidas a derechos fundamentales
contenidas en tratados y pactos internacionales sobre derechos humanos ratificados
por el Perú (Art. 105°). Esta Constitución disponía también que agotada la
jurisdicción interna, quien se considerara lesionado en sus derechos podía acudir a
la jurisdicción internacional (Art. 305°). Para reafirmar esta opción, en la
Decimosexta de las Disposiciones Generales y Transitorias de dicha Carta Política
se confería una ratificación constitucional a diversos tratados internacionales sobre
derechos humanos entonces ya formalmente ratificados y vigentes en el país.

Si bien el carácter progresista de estas normas constitucionales no había alcanzado


un suficiente reflejo en su aplicación concreta por parte de los órganos judiciales, el
proceso se encontraba en marcha. No obstante, el incremento de las acciones
subversivas y terroristas, la orientación antidemocrática impuesta por el discurso
político gubernamental y la acción represiva de las fuerzas de seguridad estatal,
crearon un clima francamente adverso a la noción de los derechos humanos y a sus
defensores. Fue así que tras el autogolpe de Estado dado por Fujimori en abril de
1992, se dictaron numerosos decretos-leyes antiterroristas que violaban
flagrantemente los pactos internacionales y la propia Constitución de 1979. La
normativa sobre derechos humanos era percibida por el régimen como un obstáculo
a sus planteamientos y acciones, incluso en aspectos como la ampliación de la pena
de muerte para los casos de terrorismo que propugnaba el gobierno y que
colisionaba con el Pacto de San José.

Fue con la elaboración de la Carta de 1993 que se intentó «resolver» algunos de


estos problemas y «constitucionalizar» muchas de las normas y medidas adoptadas
durante el período de facto. Así, en el Art. 140° de la nueva Carta Política se
establece la pena de muerte para los delitos de traición a la patria, en caso de
guerra, y de terrorismo, ampliando lo previsto en la Constitución de 1979 que sólo la
contemplaba por traición a la patria en caso de guerra exterior, vulnerando así el Art.
4° del Pacto de San José. La Corte Interamericana, al absolver una consulta
promovida por organizaciones de derechos humanos sobre este tema, señaló que la
norma prevista en el entonces proyecto constitucional no podría aplicarse en
armonía con el Pacto, quedando plasmada formalmente en la Constitución pero sin
desarrollo o aplicación penal. A su vez, en el Art. 173° de la Constitución se
establece que los civiles podrán ser juzgados ante el Fuero Militar y las normas de
dicho Código en los delitos de traición a la patria y en los de terrorismo que
determine la ley.

Bajo esta inspiración restrictiva de los derechos humanos, no fue nada casual que la
Carta de 1993, al regular el capítulo sobre los Tratados, eliminara las dos normas
claves de la Constitución de 1979, es decir, la que disponía la prevalencia del
tratado sobre la ley en caso de conflicto con ésta y, por supuesto, de la norma que
confería rango constitucional a los derechos consignados en los pactos
internacionales sobre derechos humanos. Es más, dado que la Carta guarda
deliberado silencio sobre estas materias, puede interpretarse que atribuye jerarquía
meramente legal a cualquier tratado, pues sólo hace referencia al asunto de manera
incidental al ocuparse de las «Garantías Constitucionales», cuando habilita la Acción
de Inconstitucionalidad ante el Tribunal

Constitucional contra las normas que tienen rango legal, incluyendo en su


enumeración expresamente a los tratados (Art.200°, inc. 4). Cabe sí mencionar que
la Carta de 1993, en su Art. 205° reitera la norma contenida en la Constitución de
1979 en el sentido que «agotada la jurisdicción interna, quien se considere lesionado
en los derechos que la Constitución reconoce puede recurrir a los tribunales u
organismos internacionales constituidos según tratados o convenios de los que el
Perú es parte».

Pero a pesar de la opción explícita del constituyente respecto a los tratados y


normas internacionales sobre derechos humanos, el tratamiento dado al tema de los
tratados no sólo adolece de las deficiencias y silencios anotadas sino que puede
prestarse a una interpretación diferente. En efecto, en la Cuarta de las Disposiciones
Finales y Transitorias de la Constitución de 1993, de manera casi desapercibida en
su momento de adopción, se contempla una norma que señala:

«Las normas relativas a los derechos y a las libertades que la Constitución reconoce
se interpretan de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos y
con los tratados y acuerdos internacionales sobre las mismas materias ratificados
por el Perú».

Consideramos que la existencia de esta norma y su contenido permiten sostener


una interpretación que conduce a que los tratados sobre derechos humanos tendrían
rango constitucional. Y es que si los derechos plasmados en la Constitución deben
interpretarse de conformidad con los tratados sobre derechos humanos, se atribuye
a éstos el papel de parámetro o límite para el contenido de dichos derechos y su
interpretación, lo que no podría ser posible si fueran normas de rango inferior a la
Constitución. Es más, incluso podría argumentarse que este papel rector o
delimitador de los tratados sobre derechos humanos, para efectos de la
interpretación del contenido y alcances de los derechos constitucionales, los
colocaría en una suerte de rango o posición supraconstitucional. En todo caso, es
necesario y recomendable que la futura reforma constitucional estipule
expresamente el rango, cuando menos, constitucional de los tratados sobre
derechos humanos.

MECANISMOS DE PROTECCION EN EL SISTEMA UNIVERSAL DE LOS


DERECHOS HUMANOS
El Sistema Universal de Protección de los Derechos Humanos (SUDH) es
el conjunto de normas sustantivas y procesales, así como de organismos con
alcance internacional, pertenecientes a la Organización de las Naciones Unidas
(ONU), cuyo fin es la promoción y la protección de los derechos humanos
universales.
El SUDH está integrado por el Sistema de Tratados y el Sistema de Órganos.
SISTEMA DE TRATADOS DE DERECHOS HUMANOS
Los Tratados de Derechos Humanos son los instrumentos adoptados por el Derecho
Internacional para darle una base jurídica a la protección de los derechos humanos.
Son firmados y ratificados voluntariamente por los Estados en ejercicio pleno de su
soberanía.
A través de ellos, los Estados adquieren las obligaciones internacionales de:

 Respetar o No interferir o limitar el disfrute de los Derechos Humanos.


 Proteger o Impedir que se lesionen los Derechos Humanos de las personas.
 Realizar o Adoptar medidas y leyes positivas para asegurar su disfrute.

Cada uno de los tratados internacionales prevé la creación de un Comité que se


encarga de la supervisión y monitoreo de la implementación de las obligaciones
adquiridas por los Estados.
Sistema de Órganos de Derechos Humanos
El Sistema de Órganos, comprende:

1. Los Órganos Convencionales, que son Comités de expertos independientes


creados por los tratados internacionales.

2. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos


(ACNUDH).
3. Los Procedimientos Especiales: Expertos Independientes, Relatores
Especiales y Grupos de Trabajo. 
4. El Consejo de Derechos Humanos (HRC).

Si bien estos órganos son los principales encargados de llevar a cabo las funciones
de promoción y protección de los derechos humanos, todo el sistema de las
Naciones Unidas debe tener dentro de sus propósitos «el desarrollo y estímulo del
respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales de todos, sin
hacer distinción por motivos de raza, sexo, idioma o religión», tal como establece el
artículo 1 de la Carta de las Naciones Unidas.
En este sentido, dentro de las Naciones Unidas existen otros organismos que
desarrollan, promueven y protegen los derechos humanos, como son la Asamblea
General, la Corte Internacional de Justicia, el Consejo Económico y Social
(ECOSOC), la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y los organismos de
cooperación (PNUD, ACNUR, OMS, UNESCO, ONUSIDA, UNICEF, etc.).

LOS ÓRGANOS CONVENCIONALES DDHH


Los Órganos Convencionales son el conjunto de Comités que se desprenden de
cada uno de los tratados internacionales y que tienen la función de supervisar y
evaluar de forma periódica las obligaciones de los Estados estipuladas en sus
disposiciones. Reciben el nombre de «Convencionales» porque cada Comité
proviene de una convención internacional firmada en el seno del Sistema Universal.
Los comités están conformados por un grupo de expertos independientes que
actúan en nombre propio y de manera independiente. Cumplen su función de
supervisar y hacer seguimiento de la aplicación de los pactos a través de exámenes
periódicos que realizan a los Estados Parte, conforme a Observaciones
Generales que facilitan lo concerniente a lograr de manera progresiva y eficaz la
plena realización de los derechos reconocidos en cada Pacto.
¿Qué órganos conforman el Sistema Universal?
Actualmente existen 10 comités que se desprenden de 9 pactos internacionales de
derechos humanos:

1. Comité de Derechos Humanos (Proveniente del Pacto Internacional de


Derechos Civiles y Políticos) – CCPR
2. Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales – CESCR
3. Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial – CERD
4. Comité para la Eliminación de la Discriminación Contra la Mujer – CEDAW
5. Comité Contra la Tortura – CAT
6. Subcomité para la Prevención de la Tortura (Proviene del Protocolo
Facultativo del Pacto Internacional Contra la Tortura y Otros Tratos Crueles,
Inhumanos y Degradantes) – SPT
7. Comité de los Derechos del Niño – CRC
8. Comité para la Protección de los Derechos de Todos los Trabajadores
Migratorios y sus Familias – CMW
9. Comité Sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad – CRPD
10. Comité Contra las Desapariciones Forzadas – CED

Para formar parte de estos comités, el Estado Peruano tiene que haber firmado y
ratificado las convenciones que los han creado.

FLUJO PROCESAL DE LA COMPETENCIA CONTENSIOSA DE LA CORTE


INTERNACIONAL DE LOS DDHH.

¿QUÉ ES LA FUNCIÓN CONTENCIOSA DE LA CORTE? Dentro de esta función, la


Corte determina si un Estado ha incurrido en responsabilidad internacional por la
violación de alguno de los derechos consagrados en la Convención Americana o en
otros tratados de derechos humanos aplicables al Sistema Interamericano.
Asimismo, a través de esta vía, la Corte realiza la supervisión de cumplimiento de
sentencias.
PROCEDIMIENTO CONTENCIOSO ANTE LA CORTE.
¿CÓMO SE PRESENTA UN CASO ANTE LA CORTE?
De acuerdo con la Convención Americana, sólo los Estados Partes y la Comisión
tienen derecho a someter un caso a la decisión de la Corte. En consecuencia, el
Tribunal no puede atender peticiones formuladas por individuos u organizaciones.
De esta manera, los individuos u organizaciones que consideren que existe una
situación violatoria de las disposiciones de la Convención y deseen acudir al Sistema
Interamericano, deben dirigir sus denuncias a la Comisión Interamericana, la cual es
competente para conocer peticiones que le presente cualquier persona o grupo de
personas, o entidad no gubernamental legalmente reconocida que contengan
denuncias o quejas de violación de la Convención por un Estado Parte.
¿EN QUÉ MOMENTO LA CORTE TIENE COMPETENCIA PARA CONOCER UN
CASO SOBRE UN ESTADO EN ESPECÍFICO?
La Corte tiene competencia para conocer de cualquier caso relativo a la
interpretación y aplicación de las disposiciones de la Convención que le sea
sometido, siempre que los Estados Partes en el caso hayan reconocido su
competencia contenciosa. Todo Estado Parte puede, en el momento del depósito de
su instrumento de ratificación o adhesión de la Convención Americana, o en
cualquier momento posterior, declarar que reconoce como obligatoria de pleno
derecho la competencia de la Corte.
¿CUÁNTO DURA EL PROCEDIMIENTO DE UN CASO ANTE LA CORTE?
El promedio de duración del procedimiento de un caso contencioso ante la Corte en
el año 2015 fue de 22.2 meses. Este promedio se considera desde la fecha de
sometimiento de un caso ante la Corte, hasta la fecha de emisión de sentencia de
reparaciones por parte de la Corte.
¿CUÁL ES EL QUORUM QUE SE NECESITA PARA LAS DELIBERACIONES DE
LA CORTE?
El quorum para las deliberaciones de la Corte es de cinco Jueces.
¿SON SUSCEPTIBLES DE APELACIÓN LOS FALLOS DEL TRIBUNAL?
No, los fallos del Tribunal son definitivos e inapelables.
¿LAS SENTENCIAS DE LA CORTE SON VINCULANTES?
Sí, las sentencias de la Corte son vinculantes.
¿QUÉ ES EL CONTROL DE CONVENCIONALIDAD?
Es una institución que se utiliza para aplicar el derecho internacional, en este caso el
Derecho Internacional de los Derechos Humanos, y específicamente la Convención
Americana y sus fuentes, incluyendo la jurisprudencia de este Tribunal. Así, en
varias sentencias la Corte ha establecido que es consciente de que las autoridades
internas están sujetas al imperio de la ley y, por ello, están obligadas a aplicar las
disposiciones vigentes en el ordenamiento jurídico. Pero cuando un Estado es Parte
en un tratado internacional como la Convención Americana, todos sus órganos,
incluidos sus jueces y demás órganos vinculados a la administración de justicia en
todos los niveles, también están sometidos al tratado, lo cual les obliga a velar para
que los efectos de las disposiciones de la Convención no se vean mermados por la
aplicación de normas contrarias a su objeto y fin, de modo que decisiones judiciales
o administrativas no hagan ilusorio el cumplimiento total o parcial de las obligaciones
internacionales. Es decir, todas la autoridades estatales, están en la obligación de
ejercer ex officio un “control de convencionalidad” entre las normas internas y la
Convención Americana, en el marco de sus respectivas competencias y de las
regulaciones procesales correspondientes. En esta tarea, deben tener en cuenta no
solamente el tratado, sino también la interpretación que del mismo ha hecho la Corte
Interamericana, intérprete última de la Convención Americana.

CONTENIDO Y PROTECCION DE LOS DDHH EN LA JURISPRUDENCIA DE LA


CORTE INTERAMERICANA DE DDHH.

El derecho a la vida e integridad personal

1. ¿Qué es el derecho a la vida e integridad personal?

El derecho a la vida es un atributo del ser humano que le permite ejercer los demás
derechos fundamentales. Por su importancia es un derecho absoluto que no puede
ser suspendido de forma alguna, ni siquiera en situaciones excepcionales, y que
debe estar protegido por la ley. Nadie puede ser privado de la vida arbitrariamente.

El derecho a la vida implica no solo aspectos referentes a garantizar el ciclo vital


(crecer, reproducirse y morir), sino también el hecho de satisfacer necesidades de
alimentación, agua, trabajo, salud, vivienda, entre otros.

Uno de los principales derechos relacionados con el derecho a la vida es el derecho


a la integridad personal, ya sea esta física, psíquica, moral y sexual, lo cual supone
la garantía de una vida libre de violencia y, además, la prohibición de la tortura, la
desaparición forzada y los tratos y penas crueles inhumanos o degradantes. Por lo
tanto es deber del Estado adoptar todas las medidas que garanticen el derecho a la
integridad personal.
2. ¿Quiénes pueden estar en riesgo?

Cualquier persona puede estar en riesgo de que sus derechos a la vida y a la


integridad personal sean vulnerados, sin embargo son especialmente susceptibles
quienes pertenecen a los grupos de atención prioritaria, como personas privadas de
la libertad, mujeres, niños, niñas, adolescentes, migrantes, personas con
discapacidad, personas sin hogar y personas pobres, entre otros.

4. ¿Cuáles derechos se relacionan con este Eje?

El derecho a la vida y el derecho a la integridad personal – al ser derechos


esenciales y en virtud de los principios de interdependencia y progresividad- se
constituyen en presupuestos indispensables para el ejercicio   de todos los demás
derechos reconocidos y que en el futuro se consagren y desarrollen.

DERECHO A LA INTEGRIDAD
En el Perú el derecho a la integridad constituye un atributo que alcanza el ámbito
físico, espiritual y síquico de la persona. Este derecho posee la máxima importancia
ya que es el soporte indispensable del derecho a la vida, bastando el riesgo
potencial de afectación para justificar la limitación de otros derechos. Ningún
menoscabo en la integridad resulta admisible ya que nadie puede ser objeto de
violencia moral, síquica o física, ni sometido a torturas y este derecho se encuentra
tutelado tanto en el ámbito civil como en el penal a nivel local y por los tratados
internacionales sobre derechos humanos. Las personas privadas de libertad tienen
algunos derechos limitados pero la restricción no alcanza al derecho a la integridad
pudiendo practicarse requisas que respeten este derecho así como la intimidad y
realizar tras la dos siempre que las condiciones climáticas no afecten la salud del
detenido.
El respeto al contenido esencial del derecho a la integridad personal, tanto en lo que
respecta al ámbito físico como en lo que atañe al ámbito espiritual y síquico de la
persona, transita entre aquellos atributos que constituyen la esencia mínima
imperturbable en la esfera subjetiva del individuo.
Inclusive en aquellos casos en que pueda resultar justificable el uso de medidas de
fuerza, éstas deben tener lugar en circunstancias verdaderamente excepcionales, y
nunca en grado tal que con lleven el propósito de humillar al individuo o resquebrajar
su resistencia física o moral, dado que esta afectación puede desembocar incluso en
la negación de su condición de persona, supuesto inconcebible en un Estado
constitucional de derecho. Así lo ha establecido la Corte Interamericana de
Derechos Humanos al establecer que "todo uso de la fuerza que no sea
estrictamente necesario por el propio comportamiento de la persona detenida
constituye un atentado contra
la dignidad humana (Caso Loayza Tamayo, párrafo 57).

El derecho a la integridad

La más caracterizada doctrina constitucional de nuestro país sostiene que el


derecho a la integridad se refiere a la intangibilidad de los diversos elementos que
componen la dimensión física de la persona humana.
Dentro de este concepto, la norma constitucional peruana en el inciso primero del
artículo 2o. comprende, además del anterior, el derecho a la integridad síquica y
moral. El derecho a la integridad síquica se refiere a la preservación de todas las
capacidades de la psiquis humana, que incluyen las habilidades motrices,
emocionales e intelectuales sin que ninguna de ellas pueda resultar afectada por la
aplicación de métodos técnicos o sicológicos

Por otra parte se ha definido este derecho como "aquella facultad de rechazar
cualesquiera agresiones corporales, estableciendo un deber general de respeto que
alcanza validez erga omnes en el sentido de marcar una abstención común de
cuantas actividades pudieran devenir perjudiciales al organismo humano.
La efectiva protección del derecho a la vida exige el reconocimiento previo del
derecho a la integridad ya que en múltiples ocasiones la afectación del primero y
fundamental se inicia con el ataque al segundo.
DERECHOS CIVILES Y POLITICOS
Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, los Estados se conjuraron para que el
“desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos” no volviese a originar
“actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad”, según reza
la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Para ello era clave el
reconocimiento de los derechos civiles y políticos como forma de asegurar que las
discrepancias ideológicas y políticas no acabarían generando conflictos que llevasen
a nuevas guerras y pudieran resolverse desde el respeto a la integridad física y la
libertad de las personas.

¿Qué son los derechos civiles y políticos?

Los derechos civiles y políticos son aquellos que garantizan las libertades


fundamentales de las personas y su participación activa en la vida política y social.

¿Qué es el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos?

El Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos (PIDCP) es un tratado


internacional que fue aprobado por la Asamblea General de Naciones Unidas en su
resolución 2200 A (XXI) de 16 de diciembre de 1966. Consta de un preámbulo y 53
artículos, y entró en vigor el 23 de marzo de 1976, tres meses después de que fuese
ratificado por 35 Estados. Actualmente ha sido ratificado por 173 países; otros seis
Estados lo han firmado, pero no ratificado y 18 están totalmente al margen de este
tratado. El PIDCP se desarrolló en dos protocolos facultativos. El primero fue
aprobado conjuntamente con el Pacto y establece mecanismos internacionales de
investigación y denuncia para contribuir al cumplimiento del mismo. El segundo,
aprobado en diciembre de 1989 y vigente desde 1991, está destinado a abolir la
pena de muerte.

¿Cuál es su origen?

Al igual que su “hermano gemelo”, el Pacto Internacional de los Derechos


Económicos, Sociales y Culturales, el PIDCP es la traducción jurídica de los
principios de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Este texto, aprobado
en diciembre de 1948 por la Asamblea General de Naciones Unidas era una
enumeración de principios. Unos principios poderosos, sin duda, pero que no tenían
ningún respaldo legal.

En 1951, la Comisión de Derechos Humanos de la ONU comenzó los trabajos para


redactar un tratado internacional de derechos humanos.

En el contexto de la polarización ideológica mundial a la que llevó la Guerra Fría,


estos trabajos enseguida se dividieron en dos partes, debido a la insistencia del
bloque occidental en la importancia de los derechos civiles y políticos y la insistencia
del bloque comunista en la importancia de los derechos económicos y sociales. El
primer borrador de ambos pactos fue presentado a la Asamblea General en 1954,
pero la aprobación de los tratados se retrasó 12 años.

¿Existe algún mecanismo de control sobre el cumplimiento del Pacto Internacional


de Derechos Civiles y Políticos?

Sí. El propio pacto establecía la creación de un Comité de Derechos


Humanos compuesto por 18 miembros que examinaría el grado de cumplimiento del
PIDCP por parte de los Estados Parte. Dicho Comité recibiría informes periódicos de
los Estados Parte y emitiría informes y comentarios a dichos Estados y al Consejo
Económico y Social de las Naciones Unidas. 
A raíz de la creación en 2006 del Consejo de Derechos Humanos y del mecanismo
conocido como Examen Periódico Universal (EPU), este proceso de revisión del
cumplimiento del pacto se hizo notablemente más transparente. 
Tanto los informes periódicos de los Estados Parte, como informes y
recomendaciones emitidos por otros Estados, organizaciones internacionales y
organizaciones de la sociedad civil, son públicos. 

Los Estados Parte, al finalizar cada cuatro años la revisión de las medidas tomadas
para garantizar el respeto de los derechos humanos en sus territorios y
políticas, deben hacer público qué recomendaciones se comprometen a
implementar, cuáles rechaza y cuáles son, simplemente, anotadas.

¿Cuáles son los derechos civiles y políticos?

El PIDCP reconoce numerosos derechos. Entre ellos se pueden destacar:


 Derecho a la vida (artículo 6). El Pacto asegura que es un derecho “inherente
a la persona humana” y que “nadie podrá ser privado de la vida arbitrariamente”.
También dice que la pena de muerte solo podrá imponerse “por los más graves
delitos” y “en cumplimiento de una sentencia definitiva de un tribunal competente”.
 
 Derecho a no ser torturado ni sometido a tratos crueles, inhumanos o
degradantes (artículo 7).
 
 Derecho a no ser sometido a esclavitud ni servidumbre (artículo 8).
 
 Derecho a la libertad y a la seguridad personales (artículo 9). Este derecho
incluye es no ser sometido “a detención o prisión arbitrarias”, a ser informado de la
razón de cualquier detención y a ser llevado ante la justicia “sin demora”.
 
 Derecho a libre circulación (artículo 12). Incluye el derecho a circular
libremente por el territorio de un Estado en el que se resida o haya entrado de forma
legal; a salir de un país y a entrar en su propio país.
 
 Derecho a la justicia (artículo 14). Es el derecho de toda persona “a ser oída
públicamente y con las debidas garantías por un tribunal competente, independiente
e imparcial” en el caso de ser acusada de un delito. Este derecho garantiza la
presunción de inocencia y la revisión de la condena por al menos un tribunal de
instancia superior.
 
 Derecho a la privacidad (artículo 16). Es decir, a no ser objeto de “injerencias
arbitrarias o ilegales” en la vida privada, la familia, el domicilio y la correspondencia
ni de “ataques ilegales” a la honra o reputación.
 
 Derecho a la libertad de pensamiento, conciencia y religión (artículo 18)

 Derecho a la libertad de opinión y de expresión (artículo 19). Incluye el


derecho e toda persona a no “ser molestado a causa de sus opiniones” y a “buscar,
recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideración de
fronteras”.
 
 Derecho de reunión pacífica (artículo 21).
 
 Derecho de asociación (artículo 22). Incluye el derecho a fundar y a afiliarse a
sindicatos.
 
 Derecho a la familia y al matrimonio (artículo 23). Incluye la prohibición de
celebrar matrimonios “sin el libre y pleno consentimiento de los contrayentes” y
establece la “igualdad de derechos y responsabilidades de ambos cónyuges”.
 
 Derecho a la protección del menor (artículo 24). Incluye el derecho a la
nacionalidad y al registro.
 
 Derecho a la participación política (artículo 25). Se puede ejercer
“directamente o por medio de representantes” e incluye el derecho a “votar y ser
elegidos”.
 
 Derecho a la igualdad ante la ley (artículo 26). El pacto indica que la ley
“prohibirá toda discriminación y garantizará medidas de protección contra cualquier
discriminación “por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, opiniones políticas
o de cualquier índole”.

Derechos económicos, sociales y culturales


Los Derechos Económicos Sociales y Culturales (DESC) son los derechos humanos
relativos a las condiciones sociales y económicas básicas necesarias para una vida
en dignidad y libertad, y hablan de cuestiones tan básicas como el trabajo,
la seguridad social, la salud, la educación, la alimentación, el agua, la vivienda,
un medio ambiente adecuado y la cultura.
Los derechos humanos proporcionan un marco común de normas y valores
universalmente reconocidos, y establecen obligaciones del Estado para actuar de
determinada manera o de abstenerse de ciertos actos. Constituyen una herramienta
importante para asegurar la rendición de cuentas de los Estados y cada vez más
actores no estatales que han cometido violaciones, y también para movilizar los
esfuerzos colectivos para desarrollar comunidades y marcos globales que
conduzcan a la justicia económica, el bienestar social, la participación y la igualdad.
Los derechos humanos son universales, inalienables, interdependientes e
indivisibles.
¿Dónde se establecen los DESC?
En 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas(link is external) adoptó
la Declaración Universal de los Derechos Humanos(link is external) (DUDH), en la
cual se establecen los derechos civiles, culturales, económicos, políticos y sociales
fundamentales de los que deben disfrutar todas las personas. En 1966, los DESC
quedaron reflejados como derechos legales en el Pacto Internacional de Derechos
Económicos, Sociales y Culturales(link is external) (PIDESC) - que junto con la
DUDH y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos forman la denominada
Carta Internacional de Derechos Humanos - y en otros tratados universales(link is
external) y mecanismos regionales. Hasta la fecha, más de 160 Estados han
ratificado el PIDESC. Asimismo, numerosos países han articulado su compromiso
con los DESC por medio de sus constituciones nacionales y legislación nacional.
¿Cuáles son los principios fundamentales relativos a los DESC?
El PIDESC esboza una serie de principios importantes para la realización de los
DESC que, a menudo, están incluidos también en otros tratados relacionados con
los DESC. Bajo el PIDESC, un Estado tiene la obligación de tomar medidas
progresivas “con el máximo de sus recursos disponibles” hacia la plena realización
de los DESC. En concreto, un Estado (incluidos sus niveles subnacionales) tiene las
siguientes obligaciones:

 Respetar los DESC (abstenerse de violarlos)


 Proteger los DESC (impedir que otros los violen)
 Cumplir los DESC (tomar las medidas necesarias para hacerlos efectivos,
como aprobar legislación, disponer partidas presupuestarias y otros procesos
administrativos)
 Buscar y proporcionar asistencia y cooperación internacional en la realización
de los DESC.

Los Estados deben evitar la discriminación en el acceso a los DESC basada en


motivos especificados en el PIDESC, incluyendo la raza, el color, el sexo, el idioma,
la religión, la opinión política o de otra índole, el origen nacional o social, la posición
económica y el nacimiento. En su trabajo, el Comité de Derechos Económicos,
Sociales y Culturales(link is external) (CESCR) de la ONU ha identificado motivos
adicionales para prohibir la discriminación, como la discapacidad, la edad, la
nacionalidad, el estado civil y la situación familiar, la orientación sexual e identidad
de género, el estado de salud, el lugar de residencia y la situación económica y
social. La eliminación de la discriminación y ciertas obligaciones mínimas
identificadas por el CESCR en algunas de sus observaciones generales(link is
external), no están sujetas a una realización progresiva, sino que son obligaciones
inmediatas.
El preámbulo de la Declaración Universal de Derechos Humanos confirma que “todo
individuo y órgano de la sociedad” actuará para promover el respeto a los derechos
humanos y para “asegurar su reconocimiento y aplicación universal”. Esto se
extiende a las empresas, las organizaciones internacionales y multilaterales y otros
actores no estatales.
¿Por qué son importantes los DESC?
La articulación de los DESC en el derecho internacional se produjo tras años de
demandas de estos derechos básicos en todo el mundo, y refleja la preocupación
por la vida de todas las personas, en particular las más vulnerables, tal como
aparece expresado en numerosas tradiciones filosóficas, religiosas y demás.
En una era de creciente globalización económica y desigualdad dentro y entre los
Estados, existe una urgente necesidad para que los grupos de base, las ONG, los
académicos y otras organizaciones y personas se unan para reconocer las
conexiones existentes entre luchas continuas y localizadas, y para realizar en la
práctica los derechos humanos para todas las personas. Al plantear los casos y los
patrones de la pobreza y la privación como violaciones de los DESC – en lugar de
meras circunstancias desafortunadas y fuera del control humano, o como resultado
de carencias individuales – se le impone la obligación al Estado y, cada vez más, a
las empresas y otros actores no estatales, de prevenir y reparar estas situaciones.
En todo el mundo, el marco de los DESC es utilizado para fortalecer acciones por la
justicia y contra la opresión, y para amplificar alternativas progresivas para mejorar
el ejercicio de los DESC. Los activistas han presentado casos legales frente a los
órganos de tratado de la ONU, tribunales y otras instituciones de resolución de
disputas para exigir cambios; documentaron y publicaron violaciones recurrentes,
movilizaron comunidades, desarrollaron legislación, analizaron presupuestos
nacionales y tratados de comercio internacional para garantizar el respeto por los
derechos humanos, y generaron solidaridad y formaron redes entre comunidades en
el ámbito local y en todo el mundo. Los DESC unen a hombres y mujeres, migrantes
e indígenas, jóvenes y ancianos, personas de todas las razas, religiones,
orientaciones políticas y orígenes económicos y sociales en una realización común
de la libertad y dignidad humana universal.

Los Derechos Económicos Sociales y Culturales


 El derecho al trabajo y los derechos de los trabajadores.
 El derecho a la salud.
 El derecho al agua.
 El derecho a la Seguridad Social.
 El derecho a la vivienda.
 El derecho a la alimentación.
 El derecho a la educación.
 El derecho a un medio ambiente adecuado y saludable.

GARANTIAS CONSTITUCIONALES.

Artículo 200°. Son garantías constitucionales:

1. La Acción de Hábeas Corpus, que procede ante el hecho u omisión, por parte
de cualquier autoridad, funcionario o persona, que vulnera o amenaza la
libertad individual o los derechos constitucionales conexos.
2. La Acción de Amparo, que procede contra el hecho u omisión, por parte de
cualquier autoridad, funcionario o persona, que vulnera o amenaza los demás
derechos reconocidos por la Constitución. No procede contra normas legales
ni contra resoluciones judiciales emanadas de procedimiento regular.
3. La Acción de Hábeas Data, que procede contra el hecho u omisión, por parte
de cualquier autoridad, funcionario o persona, que vulnera o amenaza los
derechos a que se refiere el Artículo 2°, incisos 5), 6) y 7) de la Constitución.
4. La Acción de Inconstitucionalidad, que procede contra las normas que tienen
rango de ley: leyes, decretos legislativos, decretos de urgencia, tratados,
reglamentos del Congreso, normas regionales de carácter general y
ordenanzas municipales que contravengan la Constitución en la forma o en el
fondo.
5. La Acción Popular, que procede, por infracción de la Constitución y de la ley,
contra los reglamentos, normas administrativas y resoluciones y decretos de
carácter general, cualquiera sea la autoridad de la que emanen.
6. La Acción de Cumplimiento, que procede contra cualquier autoridad o
funcionario renuente a acatar una norma legal o un acto administrativo, sin
perjuicio de las responsabilidades de ley.

Una ley orgánica regula el ejercicio de estas garantías y los efectos de la declaración
de inconstitucionalidad o ilegalidad de las normas.

El ejercicio de las acciones de hábeas corpus y de amparo no se suspende durante


la vigencia de los regímenes de excepción a que se refiere el artículo 137 de la
Constitución.

Cuando se interponen acciones de esta naturaleza en relación con derechos


restringidos o suspendidos, el órgano jurisdiccional competente examina la
razonabilidad y la proporcionalidad del acto restrictivo. No corresponde al juez
cuestionar la declaración del estado de emergencia ni de sitio.

Proceso de hábeas corpus


Artículo 200
Son garantías constitucionales:
l. La Acción de Hábeas Corpus, que procede ante el hecho u omisión, por parte de
cualquier autoridad, funcionario o persona, que vulnera o amenaza la libertad
individual o los derechos constitucionales conexos.
Nos encontramos ante uno de los mecanismos más importantes de protección de los
derechos fundamentales, históricamente orientado a la defensa de la libertad física o
locomotora.
Recién a través de la ley del 21 de octubre de 1897 que el hábeas corpus se
incorporará al ordenamiento jurídico peruano, en su formulación clásica de
mecanismo de defensa de la libertad física. Su constitucionalización se verificó con
la Carta de 1920, que respetó en esencia el modelo configurado en la ley de 1897.
En la Constitución de 1933 se mantuvo la figura, pero se amplió su ámbito de
protección a todos los derechos reconocidos en dicha Carta, desviándolo de su
esquema original. Fue la Constitución de 1979 la que devolvió el hábeas corpus a su
fórmula tradicional de defensa de la libertad individual, estableciendo el proceso de
amparo para la protección de todos los demás derechos fundamentales.
La Carta de 1993 mantuvo la figura del hábeas corpus en el inciso 1 de su artículo
200, aunque con algunas modificaciones importantes. Asimismo, a partir del 1 de
diciembre de 2004, este proceso constitucional se encuentra desarrollado en la Ley
N° 28237, Código Procesal Constitucional- CPC.
Si bien la Constitución recurre a los términos garantía constitucional y acción para
referirse al hábeas corpus, la naturaleza de esta institución corresponde en estricto a
la de un verdadero proceso constitucional. En efecto, se trata de un mecanismo
procesal expeditivo, de tutela urgente, reconocido en la Constitución y orientado a la
discusión de una controversia de naturaleza constitucional, esto es, la vigencia de la
libertad individual. De ahí que su estudio forme parte del Derecho Procesal
Constitucional.
En cuanto a los derechos protegidos, como ya se adelantó, el hábeas corpus está
destinado a la protección de la libertad individual, es decir, la libertad física, de
locomoción o ambulatoria. Conviene advertir que este derecho fundamental no es
absoluto, sino que admite distintos grados o niveles de limitación legítimas, sea para
armonizarlo con la vigencia de otros derechos fundamentales u otros bienes
constitucionales. De este modo, el legislador puede establecer límites a la libertad
física o ambulatoria de las personas, siempre que se orienten a tales fines y
satisfagan las exigencias derivadas de los principios de razonabilidad y
proporcionalidad reconocidos en el último párrafo del artículo 200 de la Constitución.

La demanda de hábeas corpus puede dirigirse contra cualquier autoridad,


funcionario o persona, por lo que también se podrá recurrir a este mecanismo, por
ejemplo, cuando la libertad individual se vea afectada a través de resoluciones
judiciales. Sin duda, los jueces son funcionarios públicos. Sin embargo, en este
caso, a efectos de que el hábeas corpus no se desnaturalice convirtiéndose en una
instancia de revisión judicial, sobre todo en el caso de los procesos penales, el
segundo párrafo del artículo 4 del CPC, siguiendo un consolidado criterio
jurisprudencial del Tribunal Constitucional, exige algunos requisitos: que se trate de
una resolución judicial firme, que estemos frente a una afectación manifiesta de la
libertad individual y la tutela procesal efectiva, categoría esta última que comprende
el acceso a la justicia, las garantías del debido proceso, así como la ejecución
adecuada y oportuna de las resoluciones judiciales. Ciertamente, este criterio
también se extiende a las resoluciones emitidas por la justicia castrense.

La legitimación para interponer el hábeas corpus es bastante amplia. De acuerdo al


artículo 26 del CPC, la demanda puede ser formulada por la persona perjudicada o
por cualquier otra que quiera actuar a su favor, sin que se requiera contar con
representación. También se encuentra legitimada la Defensoría del Pueblo, en tanto
órgano constitucional autónomo encargado de la defensa de los derechos
constitucionales y fundamentales de la persona y la comunidad. Esta opción se
explica por la importancia objetiva o institucional de la libertad individual en un
Estado constitucional. Sin duda, constituye no solo un derecho fundamental que
actúa como presupuesto del ejercicio de muchos otros derechos fundamentales,
sino además un valor esencial del ordenamiento jurídico y social.
El hábeas corpus cuenta con un trámite expeditivo y des formalizado. Así, de
acuerdo al artículo 27 del CPC, la demanda puede ser presentada verbalmente o por
escrito, de manera directa, por correo postal, medios electrónicos o cualquier otro
que resulte idóneo. No se requiere el patrocinio de letrado, el pago de tasas
judiciales o alguna otra formalidad según el artículo 26 del Cpc. El artículo 28 del
CPC radica la competencia para conocer de las demandas de hábeas corpus en
cualquier Juez Penal sin consideración de turno y entendemos que de ningún otro
criterio de distribución competencial. El CPC establece además algunas
especialidades procedimentales al proceso de hábeas corpus según se trate de una
detención arbitraria (artículo 30), supuestos distintos al anterior y donde no esté en
juego la integridad personal (artículo 31), así como en supuestos de desaparición
forzada (artículo 32).
El proceso constitucional de amparo
Artículo 200
Son garantías constitucionales:
(...) 2. La Acción de Amparo, que procede contra el hecho u omisión, por parte de
cualquier autoridad, funcionario o persona, que vulnera o amenaza los demás
derechos reconocidos por la Constitución, con excepción de los señalados en el
inciso siguiente. No procede contra normas legales ni contra resoluciones judiciales
emanadas de procedimiento regular.
1. Introducción
De acuerdo al artículo 200 inciso 2 de la Constitución de 1993, el amparo
procede contra el hecho o la omisión de cualquier autoridad, funcionario o
persona que vulnera o amenaza derechos distintos a la libertad individual y a los
tutelados por el hábeas data. En términos generales, la Carta vigente mantiene el
diseño previsto por la Constitución de 1979; no obstante existen algunos
aspectos que resulta relevante desarrollar tomando en cuenta los aportes
efectuados por la jurisprudencia, particularmente, del Tribunal Constitucional.
2. Derechos tutelados
La Constitución ha optado por una tesis amplia en lo que respecta a la tutela de
los derechos fundamentales a través del amparo, al disponer que aquel protege
los derechos constitucionales distintos a la libertad individual y a los tutelados por
el hábeas data. El texto constitucional emplea la expresión derechos
fundamentales para denominar aquellos incluidos en el primer Capítulo de su
Título 1, estableciendo una aparente distinción con los restantes derechos
desarrollados en otros capítulos pues a ellos no los denomina fundamentales
sino sociales y económicos (Capítulo II) y políticos (Capítulo III).
A nuestro juicio, tal distinción carece de sentido. En efecto, los derechos no
previstos en el primer capítulo también gozan de la protección reforzada de los
procesos constitucionales, pues el artículo 200 señala que el amparo protege
todos los derechos reconocidos por la Constitución sin distinguir en función de su
ubicación.
Asimismo, la cláusula abierta -prevista por el artículo 3, ubicado en el primer
capítulo de la Constitución permite afirmar que también son derechos
fundamentales los demás reconocidos por ella así no se encuentren ubicados en
el capítulo primero y los derechos "implícitos", es decir, aquellos que no se
encuentran expresamente reconocidos por la Constitución pero que derivan de la
dignidad del ser humano -el artículo 3 indebidamente se circunscribe a la
dignidad del "hombre"-, tal como lo ha reconocido constante jurisprudencia del
Tribunal Constitucional.
3. Procedencia contra cualquier autoridad, funcionario o persona.
Tradicionalmente se ha admitido que los derechos fundamentales han nacido
históricamente como "facultades consistentes en pretensiones de hacer,
intervenir, o participar, o recibir prestaciones alegables solo frente a los poderes
públicos", es decir, como "derechos públicos subjetivos". Sin embargo, en la
actualidad existe consenso en reconocer su influencia en las relaciones entre
particulares.
La Carta vigente al igual que la Constitución de 1979 no solo autoriza el amparo
contra los actos, omisiones o amenazas de los poderes públicos sino también
frente a las conductas de los particulares.
4. Procedencia contra normas legales y resoluciones judiciales.
Una de las innovaciones introducidas por la Carta vigente ha sido incorporar dos
causales de improcedencia que expresamente no contemplaba la Constitución
de 1979. Así, señala en su artículo 200 inciso 2 que el amparo no procede
"contra resoluciones judiciales emanadas de un procedimiento regular". Al
introducir la referida causal de improcedencia elevó a jerarquía constitucional lo
dispuesto por el artículo 6 inciso 2 de la Ley N° 23506.
La doctrina y la jurisprudencia ya habían interpretado que un "procedimiento
regular" es aquel en el cual se han respetado las pautas esenciales de un debido
proceso, reconocido por el artículo 139 inciso 3 de la Constitución. Por tanto si
ellas, de modo manifiesto, no se respetan procede acudir al amparo. En rigor,
debemos reconocer que era innecesario constitucionalizar esta causal de
improcedencia, pues ella ya estaba prevista en la Ley N° 23506 Y había sido
desarrollada por la jurisprudencia.
El artículo 4 del Código Procesal Constitucional precisa que: "El amparo procede
respecto de resoluciones judiciales firmes dictadas con manifiesto agravio a la
tutela procesal efectiva, que comprende el acceso a la justicia y el debido
proceso. Es improcedente cuando el agraviado dejó consentir la resolución que
dice afectarlo".
La Constitución también menciona en forma expresa que el amparo "no procede
frente a normas legales" (artículo 200 inciso 2). Al hacerlo, se pensó impedir el
uso del amparo contra normas -su viabilidad frente a actos de aplicación de
normas se encuentra fuera de discusión, lo cual en la práctica no ha ocurrido
pues la jurisprudencia ha efectuado una interpretación distinta.
Y es que no resulta conveniente impedir el empleo del amparo en tales casos.
Existen claros supuestos de normas de ejecución inmediata o autoaplicativas
-que pueden ser leyes o reglamentos-, que no requieren de ningún acto que las
aplique, pues desde su vigencia lesionan derechos fundamentales. En estos
casos, creemos, debe ser posible utilizar directamente el amparo.
Así lo ha entendido el Tribunal Constitucional pues en reiterada jurisprudencia,
ha admitido el amparo contra normas en la medida que ellas sean
autoaplicativas.

Proceso de hábeas data


Artículo 200
Son garantías constitucionales:
(...) 3. La Acción de Hábeas Data, que procede contra el hecho u omisión, por
parte de cualquier autoridad, funcionario o persona, que vulnera o amenaza los
derechos a que se refiere el artículo 2, incisos 5 y 6 de la Constitución.
1. Norma constitucional
En la norma constitucional peruana, el hábeas data es una garantía
constitucional concreta destinada a proteger directamente determinados
derechos constitucionales. Se halla recogida en el artículo 200 inciso 3, en el que
se la define según los derechos constitucionales que debe proteger: los
contenidos en los incisos 5 y 6 del artículo 2 de la Ley Fundamental. Empleando
el mismo contenido que el utilizado para la definición constitucional del hábeas
corpus y del amparo, se ha dispuesto que el hábeas data es una garantía
constitucional que procede contra cualquier afectación de los mencionados
derechos constitucionales, ya sea en la modalidad de amenaza, ya en la
modalidad de lesión efectiva, configurada a partir de una acción o de una
omisión, independientemente del sujeto agresor, que puede ser una autoridad,
funcionario, persona jurídica o persona natural.
Los derechos protegidos por el hábeas data, entonces, son los siguientes:
El derecho de acceso a la información pública (primer párrafo del artículo 2.5 de
la Constitución). El constituyente ha previsto que toda persona tiene derecho a:
"solicitar sin expresión de causa la información que requiera y a recibirla de
cualquier entidad pública, en el plazo legal, con el costo que suponga el pedido.
Se exceptúan las informaciones que afectan la intimidad personal y las que
expresamente se excluyan por ley o por razones de seguridad nacional"
El derecho al secreto bancario y la reserva tributaria (segundo párrafo del artículo
2.5 de la Constitución), las cuales solo "pueden levantarse a pedido del Juez, del
Fiscal de la Nación, o de una comisión investigadora del Congreso con arreglo a
ley y siempre que se refieran al caso investigado".
El llamado derecho a la autodeterminación informativa (artículo 2.6 de la
Constitución). Este derecho se define, en términos del texto constitucional, como
aquel por el cual toda persona tiene derecho a "que los servicios informáticos,
computarizados o no, públicos o privados, no suministren informaciones que
afecten la intimidad personal y familiar".
Si bien con base en una aplicación estricta del artículo 200.3 de la Norma
Suprema, el hábeas data procederá para la defensa de estos derechos
constitucionales, será con respecto al tercero de los mencionados derechos
donde encuentre su plena virtualidad.
2. Hábeas data y poder informático
Qué duda cabe que "hoy en día con los adelantos tecnológicos
experimentados en el campo de la informática, no solo es posible la
recolección y el almacenamiento de información referida a varios ámbitos de
la vida de una persona, sino que esa misma operación puede realizarse
respecto de un gran número de ellas a la vez"
Como bien se ha advertido, "hoy se puede decir que cualquier ser humano
puede acumular, sin mayor esfuerzo, un conocimiento detallado sobre cientos
(sino miles) de otros seres humanos en sus horas libres. Con cuanta mayor
razón no acumulará información sobre ellos alguien que se especialice en la
tarea o que, inclusive, la vea como un negocio potencial: acumula información
y luego la vende como servicio"
De esta manera, la información organizada que pueda poseer quien crea,
alimenta y mantiene un banco de datos, le confiere un poder muy importante
a la par que riesgos o, pues en definitiva se trata de una "fuente de
acumulación de poder económico y político a nivel mundial". Este poder de no
ser bien utilizado, o mejor aún, de no ser utilizada la información almacenada
para la finalidad por la cual fue solicitada, puede acarrear serias
consecuencias negativas para los derechos constitucionales de las personas
cuyos datos están almacenados, particular riesgo es el que corren derechos
como a la intimidad y conexo s (como el del honor y la buena reputación).
Como bien se ha advertido, "quienes hacen informática (productor, gestor y
distribuidor de datos) tienen generalmente protección constitucional de su
actividad en las reglas que tutelan la libertad de comerciar, trabajar,
inviolabilidad de los papeles privados, etc. La situación no es la misma para
los registrados en los archivos o bancos de datos, ya que estos pueden
contener información equivocada, antigua, falsa, o con potenciales fines
discriminatorios, o lesiva del derecho a la intimidad de las personas.
Frente a este poder informático y frente al riego que supone para los
derechos fundamentales su ejercicio irregular y extralimitado, ha surgido el
concepto de -en términos del Tribunal Constitucional- "Derecho a la
autodeterminación informativa" como un nuevo derecho de la persona, de
modo que "a la larga lista de derechos humanos existentes debería agregarse
uno más, que algunos llaman libertad informática o derecho a la libertad
informática, y otros auto tutela informativa o autodeterminación informativo'.
En términos generales, este nuevo derecho va a suponer el reconocimiento a
toda persona de una serie de facultades jurídicas que se le atribuyen
precisamente para enfrentar las extralimitaciones del mencionado poder
informático y evitar de esta manera que el mal uso del mismo pueda lesionar
bienes o derechos constitucionales de las personas. Precisamente para la
protección de estos derechos frente a agresiones que puedan proceder del
mal empleo del poder informático es que se ha reconocido la garantía
constitucional llamada hábeas data.

Proceso de inconstitucionalidad
Artículo 200
Son garantías constitucionales:
(..) 4. La Acción de lnconstitucionalidad, que procede contra las normas que
tienen rango de ley: leyes, decretos legislativos, decretos de urgencia, tratados,
reglamentos del Congreso, normas regionales de carácter general y ordenanzas
municipales que contravengan la Constitución en la forma o en el fondo.
1. Introducción

El proceso de inconstitucionalidad es uno de los mecanismos de defensa de la


Constitución a través de los órganos jurisdiccionales del Estado. La Constitución
de 1993 lo contempla y asigna al Tribunal Constitucional la competencia para
conocer y resolver, como instancia única, las demandas de inconstitucionalidad.
En la actualidad este proceso viene siendo bastante utilizado y las decisiones
emitidas en el marco del mismo han contribuido sustancialmente a la
interpretación de las normas constitucionales y, en particular, de los derechos
fundamentales.
La Constitución y el Código Procesal Constitucional (Ley N° 28237, publicada el
31 de mayo de 2004 y que entró en vigencia el 1 de diciembre del mismo año)
constituyen el marco normativo para el estudio y análisis del proceso de
inconstitucionalidad.
2. Normas objeto de control
El artículo 200 inciso 4 de la Constitución de 1993 señala que el proceso de
inconstitucionalidad procede contra las siguientes normas: leyes, decretos
legislativos, decretos de urgencia, tratados, reglamentos del Congreso, normas
regionales de carácter general y ordenanzas municipales que contravengan la
Constitución en la forma o en el fondo. En comparación con la Carta de 1979, la
de 1993 amplió el número de disposiciones que pueden ser cuestionadas a
través del proceso de inconstitucionalidad.
Aparte de las normas previstas en el citado artículo 200 inciso 4 de la
Constitución, el Tribunal Constitucional ha precisado su competencia para
conocer a través del proceso de inconstitucionalidad demandas contra decretos
Ley Y Leyes de reforma constitucional. La decisión de ampliar las normas que
pueden ser objeto de control a través del proceso de inconstitucionalidad es
competencia exclusiva del Tribunal, respecto de la cual no cabe la posibilidad de
establecer cuestionamiento alguno.
3. Control posterior de normas
El proceso de inconstitucionalidad en el Perú ha sido previsto como un
mecanismo de control posterior de normas, es decir, solo a partir de su
promulgación es posible impugnarlas a través de una demanda de
inconstitucionalidad. Esto es acorde con lo dispuesto en el Código Procesal
Constitucional (artículo 100), el que señala que el plazo para presentar una
demanda de inconstitucionalidad se empieza a contar a partir de la publicación
de la norma.
existen situaciones en donde se aprueban normas manifiestamente contrarias a
la Constitución, cuyos respectivos proyectos de ley podrían ser sometidos a un
control previo ante el Tribunal Constitucional. Esto evitaría, si el Tribunal se
pronuncia por su inconstitucionalidad, que tales normas entren en vigor y originen
perjuicios en asuntos de especial trascendencia.
4. Plazo para presentar una demanda de inconstitucionalidad.
El Código Procesal Constitucional aborda el tema del plazo para presentar una
demanda de inconstitucionalidad en su artículo 100 y señala que el mismo es de
seis (06) años contados a partir de la publicación de la norma y de seis (06)
meses para el caso de los tratados. La Segunda Disposición Final establece que
al entrar en vigencia el Código, los procesos en trámite continuarán rigiéndose
por las normas anteriores a efectos de, entre otros aspectos, el cómputo de los
plazos que hubieran empezado. El artículo 100 del Código precisa asimismo que,
una vez vencido el plazo para presentar una demanda de inconstitucionalidad
prescribe la pretensión, sin perjuicio de lo dispuesto por el artículo 51 y por el
segundo párrafo del artículo 138 de la Constitución, es decir, sin perjuicio de que
los jueces puedan hacer uso de su facultad de control difuso de la
constitucionalidad de las normas jurídicas, lo cual confirma el carácter mixto de
nuestro sistema de control constitucional abstracto de normas.
5. Motivos para declarar inconstitucional una norma por el fondo o por la forma
En un proceso de inconstitucionalidad, una norma puede ser declarada contraria
a la Constitución, por razones de forma o por razones de fondo. Así lo establece
de manera expresa el artículo 200 inciso 4 de la Constitución.
Proceso de acción popular
Artículo 200
Son garantías constitucionales:
5. La Acción Popular, que procede, por infracción de la Constitución y de la ley,
contra los reglamentos, normas administrativas y resoluciones y decretos de
carácter general, cualquiera sea la autoridad de la que emanen.

1. Aspectos generales
El proceso de acción popular es un mecanismo de defensa de la Constitución a
través de los órganos jurisdiccionales del Estado. Fue incorporado en nuestro
ordenamiento jurídico a través de la Carta de 1933, pero recién fue reglamentado
en la Ley Orgánica del Poder Judicial de 1963. Con una mejor precisión sobre
sus alcances, este proceso también fue incorporado en la Constitución de 1979 y
se mantiene en el actual texto constitucional de 1993 (artículo 200 inciso 5),
aunque en este último no se precisan mayores aspectos procesales.
La ausencia de normas constitucionales sobre el proceso de acción popular
constituye una gran ventaja, pues deja un amplio margen al legislador ordinario
para desarrollar el marco legal más adecuado. Esto queda demostrado si
comparamos esta situación con lo que ocurre respecto al proceso de
inconstitucionalidad, cuya regulación constitucional es tan rigurosa que deja poco
margen para reformas que permitirían un mejor control constitucional, en temas
tan importantes como la legitimidad procesal, los efectos en el tiempo de las
sentencias del Tribunal Constitucional, entre otros.
Su actual regulación (Ley N° 28237, publicada el 31 de mayo de 2004 y que
entró en vigencia el 1 de diciembre del mismo año), se encuentra en el Código
Procesal Constitucional.
En este nuevo cuerpo normativo se establece una sección común (Título VI,
artículos 75 al 83) dedicada al proceso de inconstitucionalidad y al proceso de
acción popular, lo cual se explica por cuanto se trata de dos procesos similares
en cuanto a su alcance: defender la supremacía normativa de la Constitución.
Asimismo se establece un conjunto de normas específicas sobre el proceso de
acción popular en el Título VII (artículos 84 al 97). En términos generales, las
normas del Código son similares a las de la derogada Ley N° 24968, aunque
existen algunas diferencias interesantes.
2. Normas objeto de impugnación
El artículo 200 inciso 5 de la Constitución de 1993 señala que el proceso de
acción popular procede contra: reglamentos, normas administrativas,
resoluciones y decretos de carácter general. En comparación con la Carta de
1979, la de 1993 es bastante similar.
Como señala Garcia Belaunde, el proceso de acción popular está pensado como
"una suerte de control que ejerce cualquier ciudadano sobre el poder
reglamentario de la administración pública, y más en particular, contra el Poder
Ejecutivo, en la medida que la administración, mediante su propia actividad,
puede vulnerar las leyes y la Constitución".
La incorporación de un proceso como la acción popular en nuestro ordenamiento
jurídico constituye una opción asumida por nuestro constituyente y que forma
parte de la tradición constitucional del país. El hecho que existan otras vías para
evaluar la constitucionalidad de los reglamentos, no descarta la posibilidad de
acudir a un control abstracto de normas, similar al proceso de
inconstitucionalidad (previsto para el caso de normas con rango de ley). Lo
importante es crear adecuados mecanismos de coordinación para que exista
uniformidad de criterios entre los pronunciamientos de los órganos
jurisdiccionales.
3. Legitimidad para dar inicio al proceso de acción popular
El tema de la legitimidad para presentar una demanda que permita dar inicio a un
proceso de control abstracto de normas tiene una especial importancia. Al
establecerse quiénes son los sujetos facultados para presentar una demanda al
respecto, se está al mismo tiempo determinando el grado de protección de la
Constitución.
Tanto la Carta de 1979 como la de 1993 contemplan una legitimidad popular
respecto a este proceso, es decir, cualquier persona tiene potestad para
presentar la demanda respectiva. Aquí se aprecia una diferencia sustantiva con
el proceso de inconstitucionalidad, respecto al cual la Constitución establece
(artículo 203) una lista taxativa de sujetos legitimados.
Es importante anotar que existen una serie de obligaciones que surgen para
aquellas personas que presentan una demanda de acción popular, previstas para
evitar demandas temerarias. En este sentido, el artículo 97 del Código Procesal
Constitucional establece: "Si la demanda fuere desestimada por el Juez, este
podrá condenar al demandante al pago de los costos cuando estime que incurrió
en manifiesta temeridad".
Un aspecto adicional relacionado con el tema de la legitimidad es el de los
efectos del desistimiento de los demandantes. El Código no establece nada al
respecto, pero es importante señalar que en un caso relacionado con el proceso
de inconstitucionalidad, el Tribunal Constitucional realizó la siguiente precisión,
que consideramos asimismo válida para el caso del proceso de acción popular:
"(…) en la acción de inconstitucionalidad, los legitimados activamente intervienen
no para promover la defensa de intereses particulares, sino a fin de promover la
tutela de un interés general, lo que se traduce, en el caso concreto, en la defensa
de la constitucionalidad del ordenamiento jurídico; de alú que, una vez admitida
la demanda y habilitada la competencia del Tribunal Constitucional, queda
inexorablemente constituida la relación jurídico procesal".
4. Plazo para presentar una demanda de acción popular
De acuerdo a la ley anterior (artículo 6) el plazo para presentar la demanda de
acción popular variaba de acuerdo al tipo de norma a impugnar. En este sentido,
si se trataba de normas violatorias de la Constitución, el plazo era de cinco años;
pero si se trataba de normas contrarias a la ley, el plazo era de tres. El Código
Procesal Constitucional uniformiza estos plazos y establece: "El plazo para
interponer la demanda de acción popular prescribe a los cinco años contados
desde el día siguiente de publicación de la norma."
5. Instancias
De acuerdo al Código Procesal Constitucional (artículo 85), el conocimiento y
resolución de las demandas de acción popular es competencia exclusiva del
Poder Judicial.
A diferencia del proceso de inconstitucionalidad, en donde el Tribunal
Constitucional actúa como instancia única, en el proceso de acción popular
existen hasta dos instancias.
La primera instancia se determina de acuerdo a las siguientes reglas (artículo 85
del Código):
1) Cuando la norma objeto de la acción popular es de carácter regional o local,
es competente la Sala correspondiente, por razón de la materia de la Corte
Superior del Distrito Judicial al que pertenece el órgano emisor; y
2) En los demás casos, es competente la Sala correspondiente de la Corte
Superior de Lima. En ambos casos, la Sala Constitucional y Social de la Corte
Suprema actúa como segunda instancia (artículo 93 del Código). Si la sentencia
que declara fundada la demanda no es apelada, los autos se elevarán en
consulta también a este tribunal (artículo 95).

01.- DERECHO INTERNACIONAL HUMANITARIO.

DEFINICIÓN.
Definición del DIH El derecho internacional humanitario (DIH) es un conjunto de
normas cuya finalidad es limitar las consecuencias humanitarias de los conflictos
armados.
A veces, también se lo conoce como el derecho de los conflictos armados o el
derecho de la guerra (jus in bello). El principal objetivo del DIH es restringir los
métodos y medios de guerra que pueden emplear las partes en conflicto, así como
garantizar la protección y el trato humano de las personas que no participan o que
han dejado de participar directamente en las hostilidades.
En resumen, el DIH abarca las disposiciones del derecho internacional que
establecen normas mínimas de humanidad que deben respetarse en toda situación
de conflicto armado.
¿QUÉ ES EL DERECHO INTERNACIONAL HUMANITARIO?
El derecho internacional humanitario (DIH) es un conjunto de normas que, por
razones humanitarias, trata de limitar los efectos de los conflictos armados. Protege
a las personas que no participan o que ya no participan en los combates y limita los
medios y métodos de hacer la guerra.
El DIH suele llamarse también "derecho de la guerra" y "derecho de los conflictos
armados". El DIH es parte del derecho internacional, que regula las relaciones entre
los Estados. Está integrado por acuerdos firmados entre Estados denominados
tratados o convenios, por el derecho consuetudinario internacional que se compone
a su vez de la práctica de los Estados que éstos reconocen como obligatoria, así
como por principios generales del derecho
El DIH se aplica en situaciones de conflicto armado. No determina si un Estado tiene
o no tiene derecho a recurrir a la fuerza. Esta cuestión está regulada por una
importante parte – pero distinta– del DIH, que figura en la Carta de las Naciones
Unidas.
¿DE DÓNDE PROVIENE EL DERECHO INTERNACIONAL HUMANITARIO?
El origen del DIH se remonta a las normas dictadas por las antiguas civilizaciones y
religiones. La guerra siempre ha estado sujeta a ciertas leyes y costumbres.
En la misma medida en que ha crecido la comunidad internacional, ha aumentado el
número de Estados que ha contribuido al desarrollo del DIH. Actualmente, éste
puede considerarse como un derecho verdaderamente universal.
¿DÓNDE SE ENCUENTRA EL DERECHO INTERNACIONAL HUMANITARIO?
El DIH se encuentra esencialmente contenido en los cuatro Convenios de Ginebra
de 1949, en los que son parte casi todos los Estados. Estos Convenios se
completaron con otros dos tratados: los Protocolos adicionales de 1977 relativos a la
protección de las víctimas de los conflictos armados.
Hay asimismo otros textos que prohíben el uso de ciertas armas y tácticas militares o
que protegen a ciertas categorías de personas o de bienes. Son principalmente:
La Convención de la Haya de 1954 para la protección de los bienes culturales en
caso de conflicto armado y sus dos Protocolos;
La Convención de 1972 sobre Armas Bacteriológicas;
La Convención de 1980 sobre Ciertas Armas Convencionales y sus cinco
Protocolos;
La Convención de 1993 sobre Armas Químicas;
El Tratado de Ottawa de 1997 sobre las Minas Antipersonal;
El Protocolo facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo a la
participación de niños en los conflictos armados.
Ahora se aceptan muchas disposiciones del DIH como derecho consuetudinario, es
decir, como normas generales aplicables a todos los Estados.
¿CUÁNDO SE APLICA EL DERECHO INTERNACIONAL HUMANITARIO?
El DIH sólo se aplica en caso de conflicto armado. No cubre las situaciones de
tensiones internas ni de disturbios interiores, como son los actos aislados de
violencia. Sólo es aplicable cuando se ha desencadenado un conflicto y se aplica por
igual a todas las partes, sin tener en cuenta quien lo inició. El DIH distingue entre
conflicto armado internacional y conflicto armado sin carácter internacional. En los
conflictos armados internacionales se enfrentan, como mínimo, dos Estados.
En los conflictos armados sin carácter internacional se enfrentan, en el territorio de
un mismo Estado, las fuerzas armadas regulares y grupos armados disidentes, o
grupos armados entre sí. En ellos se aplica una serie más limitada de normas, en
particular las disposiciones del artículo 3 común a los cuatro Convenios de Ginebra y
el Protocolo adicional II.
Es importante hacer la distinción entre derecho internacional humanitario y derecho
de los derechos humanos. Aunque algunas de sus normas son similares, estas dos
ramas del derecho internacional se han desarrollado por separado y figuran en
tratados diferentes. En particular, el derecho de los derechos humanos, a diferencia
del DIH, es aplicable en tiempo de paz y muchas de sus disposiciones pueden ser
suspendidas durante un conflicto armado.
¿CUÁL ES LA FINALIDAD DEL DERECHO INTERNACIONAL HUMANITARIO?
El derecho internacional humanitario tiene como objetivo limitar los sufrimientos
engendrados por la guerra y mitigar sus efectos.

 CONFLICTO ARMADO INTERNACIONAL


1. El derecho convencional
El conflicto armado típico es de carácter internacional y se libra entre dos Estados o
más. En la actualidad, el DIH que rige los conflictos armados internacionales está
principalmente codificado en el Reglamento de La Haya de 1907, en los cuatro
Convenios de Ginebra de 1949 y en el Protocolo adicional I. El derecho
convencional se complementa con una extensa rama del DIH consuetudinario.
El artículo 2 común establece lo siguiente:
“Aparte de las disposiciones que deben entrar en vigor ya en tiempo de paz, el
presente Convenio se aplicará en caso de guerra declarada o de cualquier otro
conflicto armado que surja entre dos o varias Altas Partes Contratantes, aunque una
de ellas no haya reconocido el estado de guerra.
y […] se aplicará también en todos los casos de ocupación total o parcial del
territorio de una Alta Parte Contratante, aunque tal ocupación no encuentre
resistencia militar.
Para los Estados que han ratificado el Protocolo adicional I, las situaciones
mencionadas en el artículo 2 común también comprenden: “los conflictos armados
en que los pueblos luchan contra la dominación colonial y la ocupación extranjera y
contra los regímenes racistas, en el ejercicio del derecho de los pueblos a la libre
determinación, consagrado en la Carta de las Naciones Unidas y en la Declaración
sobre los principios de derecho internacional referentes a las relaciones de amistad y
a la cooperación entre los Estados de conformidad con la Carta de las Naciones
Unidas”.
Así, la existencia de un conflicto armado internacional depende básicamente de dos
elementos: el estatuto jurídico de las partes beligerantes y la naturaleza del
enfrentamiento entre ellas.
2. Estatuto jurídico de las partes beligerantes.
Los conflictos armados son de índole internacional porque se libran entre las Altas
Partes Contratantes de los Convenios de Ginebra de 1949, es decir, los Estados.
Además, los Estados Partes en el Protocolo adicional I han acordado reconocer
ciertos tipos de movimientos de liberación nacional como “partes” en un conflicto
armado internacional pese a que, hasta el momento, no son Estados soberanos
según el derecho internacional68. Los enfrentamientos armados entre partes que
no son ni Estados ni movimientos de liberación nacional no pueden considerarse
conflictos armados internacionales, pero sí constituyen conflictos armados no
internacionales o bien otras situaciones de violencia.

3. Naturaleza del enfrentamiento: “guerra”, “conflicto armado” y “ocupación” Los


conflictos armados internacionales son enfrentamientos bélicos entre dos Estados
o más. Tradicionalmente, los Estados expresaban su intención beligerante
(animus belligerendi) mediante declaraciones formales de guerra, que de
inmediato creaban un estado de guerra político y daban lugar a la aplicación del
derecho de la guerra (jus in bello) entre las partes, incluso ante la ausencia de
hostilidades abiertas. En rigor, el derecho de la guerra tradicional es más amplio
que el DIH, puesto que abarca no solo las normas humanitarias, sino básicamente
todas las normas que regulan las relaciones entre los Estados beligerantes.
Incluye las disposiciones sobre las relaciones diplomáticas, económicas y
convencionales, y sobre la posición jurídica de los Estados neutrales. Al mismo
tiempo, el derecho de la guerra tradicional es menos amplio que el DIH si se
considera que el primero se aplica únicamente durante un estado de guerra
formal entre Estados, mientras que el DIH establece normas mínimas de
humanidad que son aplicables a cualquier conflicto armado, independientemente
de la existencia de un estado de guerra político.
Durante el transcurso del siglo XX, las declaraciones formales de guerra se volvieron
cada vez menos frecuentes, y el concepto político de “guerra” fue, en gran medida,
reemplazado por el concepto real de “conflicto armado”. Hoy en día, se considera
que existe un conflicto armado internacional a partir del momento en que un Estado
recurre a la fuerza armada contra otro Estado, sin importar los motivos o el nivel de
intensidad del enfrentamiento ni si se ha reconocido o declarado formalmente un
estado de guerra político. Si bien se la aborda pocas veces en la jurisprudencia o en
la bibliografía académica, la intención beligerante sigue siendo un requisito previo
implícito para la existencia de un conflicto armado internacional. Ello significa que el
DIH no se aplica simplemente por un daño ocasionado en forma errónea o
accidental, o bien por la violencia ejercida por individuos que actúan sin el
consentimiento del Estado que representan. Este tipo de actos podría conllevar las
consecuencias jurídicas de la responsabilidad estatal, como el deber de reparar,
pero no constituyen un conflicto armado dado que carecen de intención beligerante.
Sin embargo, cuando esa intención sí existe, cualquier situación de violencia
armada, por más mínima que sea –basta con que una sola persona sufra incidentes
en la frontera o sea detenida, herida o sea asesinada–, podría ser suficiente para dar
lugar a la aplicación del DIH que rige los conflictos armados internacionales.
En este sentido, cabe hacer un par de salvedades. En el caso especial de los
movimientos de liberación nacional, el umbral de violencia requerido en ocasiones
podría acercarse más al de las situaciones de conflictos armados no internacionales,
según si las circunstancias reales se asemejan más a la relación entre Estados
soberanos o a la relación entre una autoridad gubernamental y un grupo armado no
estatal. Además, hay dos casos en que se puede decir que existe un conflicto
armado internacional en ausencia de hostilidades abiertas. El primer caso se da
cuando se hace una declaración formal de guerra, lo que da lugar a la aplicación del
DIH. El segundo caso se da cuando el DIH se aplica automáticamente porque un
Estado ocupa, en forma total o parcial, el territorio de otro Estado sin el libre
consentimiento de este último, incluso cuando tal ocupación no encuentre
resistencia armada.
En síntesis, ante la ausencia de una declaración formal de guerra, la intención
beligerante se deduce de las circunstancias reales más que del reconocimiento
oficial de un estado de guerra político. Por consiguiente, la existencia de un conflicto
armado internacional se determina, sobre todo, a partir de lo que en realidad ocurre
en el terreno70. Por ende, una situación puede constituir un conflicto armado
internacional y dar lugar a la aplicación del DIH aunque uno de los Estados
beligerantes no reconozca al gobierno de la Parte adversa o bien directamente
niegue la existencia de un estado de guerra.
4. ÁMBITO DE APLICACIÓN TEMPORAL Y TERRITORIAL DE LOS CONFLICTOS
ARMADOS INTERNACIONALES
A) Ámbito De Aplicación Temporal De Los Conflictos Armados Internacionales.
La aplicabilidad del DIH que rige los conflictos armados internacionales comienza
con una declaración de guerra o, si no existiera esa declaración, con el empleo
real de la fuerza armada que expresa la intención beligerante. También tiene lugar
por el solo hecho de que un Estado invada a otro con la intención de ocupar su
territorio, en forma total o parcial, incluso cuando tal ocupación no encuentre
resistencia armada.
Un conflicto armado internacional termina con un tratado de paz o un acuerdo
similar, o bien con una declaración unilateral u otro acto que inequívocamente
exprese el cese de la intención beligerante, como una capitulación, un acta de
rendición o el retiro incondicional, permanente y completo del territorio en disputa.
En la actualidad, los conflictos armados internacionales casi nunca terminan con
la firma de un tratado formal de paz, sino que tienden a concluir con una
disminución lenta y progresiva del nivel de intensidad, un alto el fuego inestable o
la intervención de personal de mantenimiento de la paz. En última instancia, tanto
el principio como el final de un conflicto armado deben determinarse sobre la base
de criterios reales y objetivos. En este sentido, el cese de las hostilidades, un alto
el fuego o armisticio, e incluso un acuerdo de paz no necesariamente ponen fin a
un conflicto armado internacional. En cambio, si se los considera junto con otros
elementos, estos factores expresan la intención de los beligerantes de terminar
definitivamente el conflicto armado. El criterio decisivo siempre debe ser que el
enfrentamiento armado entre las partes beligerantes haya llegado a un final
duradero en circunstancias que puedan interpretarse razonablemente como un
cese general de las operaciones militares.
El ámbito de aplicación temporal de un conflicto armado internacional debe
distinguirse del ámbito de aplicación temporal de las normas del DIH relacionadas
con esos conflictos. En efecto, el hecho de que un conflicto haya terminado no
significa que ciertos aspectos del DIH no se sigan aplicando luego de su
finalización. Por ejemplo, las personas privadas de libertad por motivos
relacionados con un conflicto armado están protegidas por el DIH hasta que son
liberadas y repatriadas, o bien hasta que se haya normalizado su estatuto73,
Asimismo, las partes que estaban en conflicto también deben cumplir ciertas
obligaciones relacionadas con el restablecimiento del contacto entre familiares74,
la información sobre las personas fallecidas y desaparecidas y otras labores
humanitarias75. Tal como señaló el TPIY, “el derecho internacional humanitario
se aplica desde el inicio de este tipo de conflictos armados y se extiende más allá
del cese de las hostilidades, hasta que se instaure una paz general (…). Hasta
entonces, seguirá aplicándose el derecho internacional humanitario en todo el
territorio de los Estados beligerantes (…), independientemente de que se libren
combates o no en él”
B) Ámbito De Aplicación Territorial De Los Conflictos Armados Internacionales.
En cuanto al ámbito de aplicación territorial, la interpretación del TPIY no implica
que el DIH no se pueda aplicar fuera del territorio de las partes beligerantes.
Simplemente pretende aclarar que la aplicabilidad del DIH no se puede limitar a
las regiones de los Estados beligerantes donde tienen lugar los combates
propiamente dichos, sino que también se extiende a cualquier acto que esté
vinculado con el conflicto (es decir que se lleve a cabo por motivos relacionados
con el conflicto). De hecho, ya en virtud del derecho de la guerra tradicional, las
relaciones entre los Estados beligerantes están regidas por ese derecho, sin
importar dónde se enfrenten, pese a que el derecho de la neutralidad podría
impedirles participar en hostilidades fuera de sus respectivos territorios, en el
espacio aéreo internacional o en alta mar.

 CONFLICTOS ARMADOS NO INTERNACIONALES


La gran mayoría de los conflictos armados contemporáneos no se libran entre
Estados, sino entre Estados y grupos armados organizados, o bien entre esos
grupos. Esos conflictos son de índole no internacional. El DIH convencional que rige
los conflictos armados no internacionales consta, principalmente, del artículo 3
común y del Protocolo adicional II. A esta clase de conflictos también se aplican una
serie de tratados que regulan, prohíben o restringen ciertos tipos de armas. Por
último, cabe destacar que, dado que el DIH convencional es relativamente poco
aplicable en estos casos, el derecho consuetudinario cobra gran importancia en la
regulación de los conflictos armados no internacionales. El derecho convencional
hace una distinción entre los conflictos armados no internacionales en el sentido del
artículo 3 común y los conflictos armados no internacionales según la definición
contenida en el artículo 1 del Protocolo adicional II.
1. Artículo 3 común a los Convenios de Ginebra de 1949.
Durante las negociaciones previas a la adopción de los Convenios de Ginebra de
1949, se propuso ampliar la aplicabilidad de los Convenios in toto a los conflictos
armados no internacionales94. Sin embargo, pronto se hizo evidente que los
Estados estarían dispuestos a aplicar plenamente los cuatro Convenios a los
conflictos armados no internacionales a cambio de una definición muy restringida
de los conflictos armados sin carácter internacional, que difícilmente llegara a
alcanzarse en la realidad95. Por consiguiente, la aplicabilidad del DIH a los
conflictos armados no internacionales probablemente hubiera seguido siendo
excepción en vez de transformarse en una norma. Por tanto, finalmente se decidió
limitar las disposiciones aplicables a los conflictos armados no internacionales en
vez de restringir los casos de conflictos armados no internacionales a los que
podría aplicarse el DIH96. De modo que el artículo 3 común simplemente
identifica una serie de obligaciones y prohibiciones básicas que brindan una
protección mínima a las personas que no participan o que han dejado de
participar activamente en las hostilidades. A cambio, cada parte debe aplicar este
“Convenio en miniatura”, “como mínimo” en todo “conflicto armado que no sea de
índole internacional”. El artículo 3 común establece lo siguiente: “En caso de
conflicto armado que no sea de índole internacional y que surja en el territorio de
una de las Altas Partes Contratantes, cada una de las Partes en conflicto tendrá la
obligación de aplicar, como mínimo, las siguientes disposiciones:
1. Las personas que no participen directamente en las hostilidades, incluidos los
miembros de las fuerzas armadas que hayan depuesto las armas y las
personas puestas fuera de combate por enfermedad, herida, detención o por
cualquier otra causa, serán, en todas las circunstancias, tratadas con
humanidad, sin distinción alguna de índole desfavorable basada en la raza, el
color, la religión o la creencia, el sexo, el nacimiento o la fortuna o cualquier
otro criterio análogo. A este respecto, se prohíben, en cualquier tiempo y lugar,
por lo que atañe a las personas arriba mencionadas:
(a) los atentados contra la vida y la integridad corporal, especialmente el
homicidio en todas sus formas, las mutilaciones, los tratos crueles, la tortura
y los suplicios;
(b) la toma de rehenes;
(c) los atentados contra la dignidad personal, especialmente los tratos
humillantes y degradantes;
(d) las condenas dictadas y las ejecuciones sin previo juicio ante un tribunal
legítimamente constituido, con garantías judiciales reconocidas como
indispensables por los pueblos civilizados.
2. Los heridos y los enfermos serán recogidos y asistidos. Un organismo
humanitario imparcial, tal como el Comité Internacional de la Cruz Roja, podrá
ofrecer sus servicios a las Partes en conflicto. Además, las Partes en conflicto
harán lo posible por poner en vigor, mediante acuerdos especiales, la totalidad
o parte de las otras disposiciones del presente Convenio.
La aplicación de las anteriores disposiciones no surtirá efecto sobre el estatuto
jurídico de las Partes en conflicto”.
Un conflicto armado no internacional en el sentido del artículo 3 común no
necesariamente implica la participación de fuerzas gubernamentales; ese tipo de
conflictos también puede librarse entre grupos armados organizados únicamente, lo
que suele ocurrir sobre todo en lugares donde el gobierno es débil, como en los
llamados “Estados fallidos”. Para que un grupo armado no estatal sea considerado
“parte” en un conflicto, el artículo 3 común no exige ningún reconocimiento de
beligerancia por parte del Estado adversario ni tampoco exige ningún tipo de apoyo
popular, control territorial o motivación política. Sin embargo, como se demostrará, el
concepto de “parte en un conflicto armado” supone un nivel mínimo de organización
sin el cual las operaciones militares coordinadas y el cumplimiento general del DIH
no serían posibles. Asimismo, para entrar en la categoría de “conflicto armado”, los
enfrentamientos no internacionales siempre deben implicar un nivel de violencia que
alcance cierto umbral de intensidad.
2. Artículo 1 del Protocolo adicional II
El Protocolo adicional II, que se adoptó en 1977, desarrolla y completa el artículo 3
común. El Protocolo no modifica las condiciones de aplicación del artículo 3 común,
sino que limita su propio ámbito de aplicación y, por tanto, no puede utilizarse como
una definición genérica de conflicto armado no internacional. El artículo 1 del
Protocolo establece lo siguiente: “
1. El presente Protocolo (...) se aplicará a todos los conflictos armados que no
[sean de índole internacional] y que se desarrollen en el territorio de una Alta
Parte Contratante entre sus fuerzas armadas y fuerzas armadas disidentes o
grupos armados organizados que, bajo la dirección de un mando responsable,
ejerzan sobre una parte de dicho territorio un control tal que les permita realizar
operaciones militares sostenidas y concertadas y aplicar el presente Protocolo.
2. El presente Protocolo no se aplicará a las situaciones de tensiones internas y
de disturbios interiores, tales como los motines, los actos esporádicos y
aislados de violencia y otros actos análogos, que no son conflictos armados”.
Por ende, a diferencia del artículo 3 común, el Protocolo adicional II se aplica
únicamente a los conflictos armados en los que un Estado contratante sea una
de las partes en conflicto y que se libren en el territorio de ese Estado. Además,
parte del territorio del Estado debe estar bajo el control efectivo de las fuerzas
de oposición, quienes desempeñan las mismas funciones que una autoridad de
facto, con obligaciones directas no solo respecto de la parte adversaria, sino
también de los habitantes del territorio bajo su control. El alto umbral de
aplicabilidad del Protocolo refleja la constante reticencia de los gobiernos a que
los conflictos armados internos sean regulados internacionalmente, a menos
que se transformen en situaciones equivalentes, en muchos sentidos, a
conflictos armados internacionales.
A los fines del presente libro, las principales ventajas del artículo 1 del
Protocolo adicional II son, por un lado, que ofrece un umbral objetivo de
criterios reales en función de los cuales la existencia de un conflicto armado no
internacional se vuelve innegable, y, por otro, que establece que las situaciones
de “tensiones internas y de disturbios interiores, tales como los motines, los
actos esporádicos y aislados de violencia y otros actos análogos” no son
conflictos armados.
3. Umbral de organización.
Sin un mínimo nivel de organización, resulta imposible llevar a cabo operaciones
militares coordinadas y garantizar el cumplimiento general del DIH. Por ende, una
mínima organización siempre ha sido un elemento característico de las fuerzas
armadas o de los grupos armados organizados que participan en un conflicto
armado, en contraposición a los participantes en motines u otros actos de
violencia de gran escala y desorganizados100. Si bien se supone que, por lo
general, las fuerzas armadas estatales cumplen con este criterio, el nivel de
organización de los grupos armados no estatales ha sido evaluado, en la práctica,
sobre la base de una serie de factores indicativos que incluyen elementos como:
“la existencia de una estructura de mando y de normas y mecanismos
disciplinarios dentro del grupo; la existencia de un cuartel general; el hecho de
que el grupo controle cierto territorio; la capacidad del grupo para aprovisionarse
de armamento, de otro equipamiento, de reclutas y de entrenamiento militar; la
capacidad para planificar, coordinar y ejecutar operaciones militares, incluidos
movimientos de tropas y logística; la capacidad para definir una estrategia militar
unificada y emplear tácticas militares; la existencia de un vocero oficial y la
capacidad del grupo para negociar y celebrar acuerdos de paz o de cese al fuego.
4. Umbral de intensidad.
En las relaciones entre los Estados, la prohibición general de la amenaza o del
uso de la fuerza que establece la Carta de las Naciones Unidas significa que,
básicamente, cualquier empleo de la fuerza entre Estados dará lugar a un
conflicto armado internacional.
En cambio, el uso interno de la fuerza por parte de las autoridades estatales
contra particulares, o bien el empleo de la fuerza de esos particulares entre sí,
suele enmarcarse en el contexto del mantenimiento del orden y el cumplimiento
de la ley, que se rige principalmente por el derecho de los derechos humanos y el
derecho penal interno. Para que ese tipo de enfrentamiento no internacional
llegue a ser un conflicto armado, debe distinguirse claramente de las situaciones
de tensiones internas y de disturbios interiores, tales como los motines, los actos
esporádicos y aislados de violencia y otros actos análogos. Además de que cada
una de las partes en conflicto debe contar con cierto nivel de organización militar,
es necesario que el enfrentamiento alcance un umbral de intensidad que no
pueda controlarse mediante la actividad policial habitual en tiempo de paz, sino
que necesite de la intervención de las fuerzas armadas.
Por lo tanto, para que exista un conflicto armado no internacional, el TPIY exige
una situación de “violencia armada prolongada” entre un Estado y grupos
armados organizados, o bien entre esos grupos.
En la práctica, se considera que este criterio se refiere más al grado de intensidad
de la violencia armada que a su duración. Los elementos indicativos para evaluar
el nivel de intensidad incluyen: “el número de enfrentamientos y la duración e
intensidad de cada uno de ellos, el tipo de armas y de otro equipamiento militar
utilizado, el número y el calibre de las municiones utilizadas, el número de
personas y los tipos de fuerzas que participan en los enfrentamientos, el número
de bajas, la extensión de la destrucción material y el número de civiles que huyen
de las zonas de combate. Asimismo, la eventual intervención del Consejo de
Seguridad de las Naciones Unidas puede dar una idea de la intensidad de un
conflicto”
En síntesis, dada la gran variedad de situaciones de violencia sin carácter
internacional, su clasificación como conflicto armado siempre dependerá de una
evaluación exhaustiva de las circunstancias específicas y no de una definición
uniforme, en particular para los casos con un bajo nivel de intensidad. No
obstante, la existencia de un conflicto armado no internacional siempre será una
cuestión de hecho y no dependerá de las consideraciones políticas de las partes
de que se trate. En la práctica, los memorandos confidenciales del CICR que
recuerdan a las partes las obligaciones que tienen en virtud del DIH pueden
cumplir una importante función, dado que también suelen expresar una postura
acerca de la clasificación jurídica de la situación106. Sin embargo, en casos
polémicos, por lo general se requieren clasificaciones jurídicamente vinculantes
formuladas por un tribunal o por un mecanismo cuasijudicial que haya sido
convocado para decidir sobre el caso como una cuestión de derecho
internacional.
5. Ámbito de aplicación temporal y territorial de los conflictos armados no
internacionales.
a) Ámbito de aplicación temporal de los conflictos armados no internacionales.
En cuanto al ámbito de aplicación temporal, los conflictos armados no
internacionales comienzan tan pronto como la violencia armada entre partes
con la suficiente organización alcanza determinado umbral de intensidad. Si
bien estos elementos constitutivos proporcionan criterios objetivos para
identificar una situación de conflicto armado, en la realidad política a menudo
son interpretados con cierta laxitud, particularmente por los gobiernos de que
se trate.
Si bien, en algunos contextos, los Estados se niegan a reconocer la
aplicabilidad del DIH (a pesar de los miles de víctimas que deja la violencia
armada organizada cada año), otros tipos de enfrentamientos son de inmediato
sometidos al paradigma jurídico de la “guerra”, pese a que tienen que ver más
con operaciones para hacer cumplir la ley que con un conflicto armado
propiamente dicho. Una vez iniciado un conflicto armado no internacional, el
DIH se aplica hasta que “se llegue a una solución pacífica”.
Aquí también existen distintos tipos de resoluciones posibles, que van desde
acuerdos formales de paz o declaraciones de rendición hasta la derrota militar
absoluta de cualquiera de las partes o la disminución gradual de la violencia
armada hasta alcanzar el restablecimiento efectivo de la paz y la seguridad
pública.
En la práctica, para que un conflicto armado no internacional llegue a su fin, se
necesita el cese no solo de las actividades hostiles, sino también de las
operaciones militares de naturaleza bélica en circunstancias en que sea
razonable descartar la probabilidad de que se reanuden las hostilidades.
b) Ámbito de aplicación territorial de los conflictos armados no internacionales.
Respecto del ámbito de aplicación territorial, la aplicabilidad del artículo 3
común y del Protocolo adicional II se limita a los conflictos armados que surjan
“en el territorio” de una de las Altas Partes Contratantes; el Protocolo incluso
exige que el Estado territorial sea una de las partes en conflicto. El requisito
territorial se debe al hecho de que ambos instrumentos introdujeron normas
vinculantes no solo para los Estados contratantes en sí, sino también para los
grupos armados no estatales que operen en su territorio. La autoridad
legislativa para hacerlo deriva de la soberanía territorial de cada Estado
contratante y se limita a ello.
Por consiguiente, es lógico que ambos instrumentos incorporen un vínculo
territorial entre el conflicto y el Estado contratante.
En la actualidad, la restricción territorial del ámbito de aplicación del artículo 3
común y del Protocolo adicional II ya no cumple su propósito original. En primer
lugar, los cuatro Convenios de Ginebra de 1949 han sido ratificados
universalmente, con lo cual es muy poco probable que un conflicto armado no
internacional tenga lugar completamente fuera del territorio de un Estado
contratante108. En segundo lugar, incluso si se produjera ese conflicto armado,
aún estaría regido por las disposiciones humanitarias del artículo 3 común,
dado que son reconocidas como parte del derecho consuetudinario y una
expresión de un principio general del derecho (“consideraciones elementales
de humanidad”) y, por tanto, son universalmente vinculantes más allá de las
obligaciones convencionales. En tercer lugar, cuando han implicado
incursiones extraterritoriales con el consentimiento del Estado vecino, los
conflictos armados no internacionales fueron considerados parte del conflicto
armado no internacional original.
Si ese consentimiento no existiera, las operaciones extraterritoriales podrían
desencadenar un conflicto armado internacional con el Estado territorial. En
este sentido, existe una constante controversia acerca de si el conflicto armado
internacional más reciente coexiste con el conflicto armado no internacional
original o bien si lo incorpora, al menos en la medida en que se libra en
territorio extranjero.
Si quienes redactaron el artículo 3 común y el Protocolo adicional II tenían la
intención de reflejar alguna restricción conceptual de los conflictos armados no
internacionales a los límites de un solo Estado, es evidente que esa idea no
salió a la luz y claramente fue reemplazada por la opinión jurídica
contemporánea y la práctica estatal. Aunque es probable que el propósito
original de estas disposiciones haya sido regular los conflictos armados que
tienen lugar dentro de los límites territoriales de un Estado, actualmente el
término conflicto armado “no internacional” ya no puede considerarse sinónimo
de conflicto armado “interno”.
Al mismo tiempo, en situaciones de conflicto armado no internacional, el DIH no
solo se aplica en las regiones expuestas a las hostilidades activas, sino que
también rige básicamente cualquier acto u operación que se lleve a cabo en
relación con el conflicto (nexo con el conflicto), más allá de la ubicación
territorial. Ello no significa que se pueda iniciar lícitamente una acción militar en
cualquier momento y en cualquier parte del mundo (“campo de batalla
mundial”).
Por el contrario, para que una acción militar extraterritorial sea lícita, siempre
debe cumplir no solo con las normas y los principios del DIH, sino también con
los del jus ad bellum, los del derecho de la neutralidad y los de cualquier otra
rama pertinente del derecho internacional.

Por último, los conflictos armados no internacionales no se caracterizan por un


ámbito de aplicación territorial limitado o ilimitado, sino por la naturaleza y la
calidad de las partes de que se trate, y también por la existencia de
hostilidades y otros actos u operaciones que tengan un nexo beligerante.

1. DECLARACION UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS


Articulos: 1 al 30
¿Qué nos dice la Declaración Universal de los Derechos Humanos?
Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en
esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión
política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica,
nacimiento o cualquier otra condición.

¿Cuál es el origen de la Declaración Universal de los Derechos Humanos?


El texto de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 está inspirado
en el texto de la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. ...
La Declaración Universal de Derechos Humanos fue adoptada por la tercera
Asamblea General de las Naciones Unidas, el 10 de diciembre de 1948 en París.

¿Por qué se hicieron los derechos humanos?


El 10 de diciembre de 1948 la Declaración Universal de los Derechos Humanos fue
adoptada y proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su
Resolución 217 A (III), como respuesta a los horrores de la Segunda Guerra Mundial
y como intento de sentar las bases del nuevo orden internacional.

¿Por qué son los derechos humanos?


Los derechos humanos son derechos inherentes a todos los seres humanos, sin
distinción alguna de nacionalidad, lugar de residencia, sexo, origen nacional o
étnico, color, religión, lengua, o cualquier otra condición. Todos tenemos los
mismos derechos humanos, sin discriminación alguna.

¿Cuál es la finalidad de los derechos humanos?


Los derechos humanos determinan cómo podemos vivir pacíficamente en
colectividad, protegiendo los derechos y libertades de cada persona. Son requisitos
necesarios para una paz, un desarrollo y una seguridad duraderos.

¿Qué es la Declaración Universal de los Derechos Humanos resumen?


La Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH) es un documento que sirve
de plan de acción global para la libertad y la igualdad protegiendo los derechos de
todas las personas en todos los lugares. ... La Declaración contiene 30 derechos y
libertades que pertenecen a todas las personas y que nadie nos puede arrebatar.
¿Cómo se aplica la Declaración Universal de los Derechos Humanos?
La Declaración y sus valores básicos, incluidos la no discriminación, la igualdad, la
equidad y la universalidad, se aplican a todas las personas, en todos los lugares y
en todo momento.

DEFINICION
La Declaración Universal de Derechos Humanos, adoptada por la Asamblea General
de las Naciones Unidas en 1948, fue el primer documento legal en establecer la
protección universal de los derechos humanos fundamentales, cumplió 73 años en
2021, sigue siendo la base de toda ley internacional de derechos humanos. Sus 30
artículos ofrecen los principios y los bloques de las convenciones de derechos
humanos, tratados y otros instrumentos jurídicos actuales y futuros.

La Declaración Universal de Derechos Humanos, junto con los dos pactos el Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto Internacional de Derechos
Económicos, Sociales y Culturales, componen la Carta Internacional de Derechos
Humanos.

Artículo 1º. Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos
y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los
unos con los otros.

Artículo 2º.
1. Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta
Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión
política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica,
nacimiento o cualquier otra condición.

2. Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o


internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si
se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración
fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía.

Artículo 3º. Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su


persona.

Artículo 4º. Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre; la esclavitud y la


trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas.

Artículo 5º. Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos 05
o degradantes.

Artículo 6º. Todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de
su persona06 lidad jurídica.

Artículo 7º. Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual
protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda
discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal
discriminación.
Artículo 8º. Toda persona tiene derecho a un recurso efectivo, ante los tribunales
nacionales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos
fundamentales reconocidos por la constitución o por la ley.

Artículo 9º. Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado.

Artículo 10º. Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser
oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la
determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier
acusación contra ella en materia penal.

Artículo 11º.
1. Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia
mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en juicio público en el que
se le hayan asegurado todas las garantías necesarias para su defensa.

2. Nadie será condenado por actos u omisiones que en el momento de cometerse no


fueron delictivos según el Derecho nacional o internacional. Tampoco se impondrá
pena más grave que la aplicable en el momento de la comisión del delito

Artículo 12º. Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su


familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su
reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales
injerencias o ataques.

Artículo 13º.
1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el
territorio de un Estado.

2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a
regresar a su país.

Artículo 14º.
1. En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar
de él, en cualquier país.
2. Este derecho no podrá ser invocado contra una acción judicial realmente
originada por delitos comunes o por actos opuestos a los propósitos y principios de
las Naciones Unidas.

Artículo 15º.
1. Toda persona tiene derecho a una nacionalidad.
2. A nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiar de
nacionalidad.

Artículo 16º.
1. Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin
restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar
una familia, y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el
matrimonio y en caso de disolución del matrimonio.
2. Sólo mediante libre y pleno consentimiento de los futuros esposos podrá
contraerse el matrimonio.
3. La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a
la protección de la sociedad y del Estado.

Artículo 17º.
1. Toda persona tiene derecho a la propiedad, individual y colectivamente.

2. Nadie será privado arbitrariamente de su propiedad.

Artículo 18º. Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia


y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia,
así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y
colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el
culto y la observancia.

Artículo 19º. Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión;


este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de
investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de
fronteras, por cualquier medio de expresión.

Artículo 20º.
1. Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas.

2. Nadie podrá ser obligado a pertenecer a una asociación.

Artículo 21º.
1. Toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país, directamente o
por medio de representantes libremente escogidos.
2. Toda persona tiene el derecho de acceso, en condiciones de igualdad, a las
funciones públicas de su país.
3. La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público; esta voluntad
se expresará mediante elecciones auténticas que habrán de celebrarse
periódicamente, por sufragio universal e igual y por voto secreto u otro
procedimiento equivalente que garantice la libertad del voto.

Artículo 22º. Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la


seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación
internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la
satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su
dignidad y al libre desarrollo de su personalidad.

Artículo 23º.
1. Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a
condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el
desempleo.
2. Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo
igual.
3. Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y
satisfactoria que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la
dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros
medios de protección social.
4. Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de
sus intereses.
Artículo 24º. Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a
una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas
pagadas.

Artículo 25º.
1. Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así
como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la
vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo
derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez y
otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias
independientes de su voluntad.
2. La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales.
Todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a
igual protección social.

Artículo 26º.
1. Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al
menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción
elemental será obligatoria. La instrucción técnica y profesional habrá de ser
generalizada; el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función
de los méritos respectivos.

2. La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el


fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades
fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las
naciones y todos los grupos étnicos o religiosos, y promoverá el desarrollo de las
actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.

3. Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá
de darse a sus hijos.

Artículo 27º.
1. Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la
comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los
beneficios que de él resulten.

2. Toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y materiales


que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas
de que sea autora.

Artículo 28º. Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e
internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración
se hagan plenamente efectivos.

Artículo 29º.
1. Toda persona tiene deberes respecto a la comunidad, puesto que sólo en ella
puede desarrollar libre y plenamente su personalidad.

2. En el ejercicio de sus derechos y en el disfrute de sus libertades, toda persona


estará solamente sujeta a las limitaciones establecidas por la ley con el único fin de
asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y libertades de los demás, y
de satisfacer las justas exigencias de la moral, del orden público y del bienestar
general en una sociedad democrática.
3. Estos derechos y libertades no podrán, en ningún caso, ser ejercidos en oposición
a los propósitos y principios de las Naciones Unidas.

Artículo 30º. Nada en esta Declaración podrá interpretarse en el sentido de que


confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y
desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los
derechos y libertades proclamados en esta Declaración.

03.- DECLARACION DE LOS DERECHOS DEL NIÑO

PRINCIPIOS DEL 1 AL 10.

¿Qué dice la Declaración de los Derechos del Niño?


Los Estados Partes reconocen el derecho del niño a estar protegido contra la
explotación económica y contra el desempeño de cualquier trabajo que pueda ser
peligroso o entorpecer su educación, o que sea nocivo para su salud o para su
desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social.

¿Qué documento protege los derechos de los niños?


El 20 de noviembre de 1959, se aprobó la Declaración de los Derechos del Niño de
manera unánime por todos los 78 Estados miembros de la ONU. Esta fue adoptada
y aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas mediante su resolución
1386 (XIV) en la Resolución 1386 (XIV)
DEFINICION. Proclama la presente Declaración de los Derechos del Niño a fin de
que éste pueda tener una infancia feliz y gozar, en su propio bien y en bien de la
sociedad, de los derechos y libertades que en ella se enuncian e insta a los padres,
a los hombres y mujeres individualmente y a las organizaciones particulares,
autoridades locales y gobiernos nacionales a que reconozcan esos derechos y
luchen por su observancia con medidas legislativas y de otra índole adoptadas
progresivamente en conformidad con los siguientes principios:

Principio 1. El niño disfrutará de todos los derechos enunciados en esta Declaración.


Estos derechos serán reconocidos a todos los niños sin excepción alguna ni
distinción o discriminación por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión,
opiniones políticas o de otra índole, origen nacional o social, posición económica,
nacimiento u otra condición, ya sea del propio niño o de su familia.

Principio 2. El niño gozará de una protección especial y dispondrá de oportunidades


y servicios, dispensado todo ello por la ley y por otros medios, para que pueda
desarrollarse física, mental, moral, espiritual y socialmente en forma saludable y
normal, así como en condiciones de libertad y dignidad. Al promulgar leyes con este
fin, la consideración fundamental a que se atenderá será el interés superior del niño.

Principio 3. El niño tiene derecho desde su nacimiento a un nombre y a una


nacionalidad.

Principio 4. El niño debe gozar de los beneficios de la seguridad social. Tendrá


derecho a crecer y desarrollarse en buena salud; con este fin deberán
proporcionarse, tanto a él como a su madre, cuidados especiales, incluso atención
prenatal y postnatal. El niño tendrá derecho a disfrutar de alimentación, vivienda,
recreo y servicios médicos adecuados.

Principio 5. El niño física o mentalmente impedido o que sufra algún impedimento


social debe recibir el tratamiento, la educación y el cuidado especiales que requiere
su caso particular.

Principio 6. El niño, para el pleno y armonioso desarrollo de su personalidad,


necesita amor y comprensión. Siempre que sea posible, deberá crecer al amparo y
bajo la responsabilidad de sus padres y, en todo caso, en un ambiente de afecto y
de seguridad moral y material; salvo circunstancias excepcionales, no deberá
separarse al niño de corta edad de su madre. La sociedad y las autoridades públicas
tendrán la obligación de cuidar especialmente a los niños sin familia o que carezcan
de medios adecuados de subsistencia. Para el mantenimiento de los hijos de
familias numerosas conviene conceder subsidios estatales o de otra índole.

Principio 7. El niño tiene derecho a recibir educación, que será gratuita y obligatoria
por lo menos en las etapas elementales. Se le dará una educación que favorezca su
cultura general y le permita, en condiciones de igualdad de oportunidades,
desarrollar sus aptitudes y su juicio individual, su sentido de responsabilidad moral y
social, y llegar a ser un miembro útil de la sociedad. El interés superior del niño debe
ser el principio rector de quienes tienen la responsabilidad de su educación y
orientación; dicha responsabilidad incumbe, en primer término, a sus padres. El niño
debe disfrutar plenamente de juegos y recreaciones, los cuales deben estar
orientados hacia los fines perseguidos por la educación; la sociedad y las
autoridades públicas se esforzarán por promover el goce de este derecho.

Principio 8. El niño debe, en todas las circunstancias, figurar entre los primeros que
reciban protección y socorro.

Principio 9. El niño debe ser protegido contra toda forma de abandono, crueldad y
explotación. No será objeto de ningún tipo de trata. No deberá permitirse al niño
trabajar antes de una edad mínima adecuada; en ningún caso se le dedicará ni se le
permitirá que se dedique a ocupación o empleo alguno que pueda perjudicar su
salud o su educación o impedir su desarrollo físico, mental o moral.

Principio 10. El niño debe ser protegido contra las prácticas que puedan fomentar la
discriminación racial, religiosa o de cualquier otra índole. Debe ser educado en un
espíritu de comprensión, tolerancia, amistad entre los pueblos, paz y fraternidad
universal, y con plena conciencia de que debe consagrar sus energías y aptitudes al
servicio de sus semejantes.
ESTOS TEMAS DESARROLLADOS SON LOS TRES ULTIMOS DEL SILABOS DE
DDHH.

ALGUNA inquietud hacer saber


Att.
Antonio Cotrina Ch

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