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LA REVOLUCIÓN MEXICANA

Ricardo Flores Magón, La Revolución Mexicana, Partido de la Revolución Democrática,


México, 2019
Introducción
No cabe duda que uno de los procesos de mayor trascendencia para América Latina en
el siglo XX fue la Revolución mexicana: a la par que se expandían los ejércitos de
Emiliano Zapata y de Pancho Villa la opinión pública y los profesionales de la política en
otros países estaban a la expectativa. Es entonces mucho lo que se puede analizar del
proceso revolucionario que sacudió a ese país a partir de 1910. Y casi desde cualquier
punto de vista la Revolución vino a significar una coyuntura histórica para México. Una
de las dimensiones de gran significado para el transcurso del proceso revolucionario fue
la ideológica: las diferentes posturas que fueron expresadas por los actores políticos y
militares se consignaron en un sin número de escritos, mediante los cuales se puede
tener constancia del pensamiento mexicano de aquella época. Así ocurre por ejemplo
con las ideas y el discurso de Ricardo Flores Magón. Reconocido periodista y político
oaxaqueño, este personaje fue siempre un opositor directo del gobierno de Porfirio Díaz
y así lo daba a conocer en sus escritos en la prensa.
A pesar de ser miembro del Partido Liberal Mexicano, Flores Magón estuvo influido
siempre por ideas anarquistas. Así lo demuestran algunos de sus escritos, como los
que fueron reunidos en libro recientemente (2019) por el Partido de la Revolución
Democrática: en ellos se ofrecen múltiples ideas sobre lo que debía ser la revolución en
México según el pensamiento de Flores Magón. El propósito de este texto es reseñar el
dicho libro. Este se encuentra dividido en cuatro capítulos, que agrupan distintos
escritos de acuerdo con algunos temas principales: el revolucionario, la revolución, la
relación con Estados Unidos y el manifiesto del liberalismo mexicano. Valga anotar que
estos escritos fueron tomados en su mayoría del periódico Regeneración.
Resumen de los capítulos
El primer capítulo se encarga de consignar algunas ideas acerca de lo que debe ser el
revolucionario. En sus tres subtítulos (Los ilegales, Los utopistas y No quiero ser tirano)
consagra una idea muy radical acerca de los revolucionarios: se cree de ellos que son
ilegales y utopistas por naturaleza, pues su inclinación a cambiar la sociedad y
revolucionar las leyes los lleva a contravenirlas: “el verdadero revolucionario es un ilegal
por excelencia. El hombre que ajusta sus actos a la Ley podrá ser, a lo sumo, un buen
animal domesticado; pero no un revolucionario” (p. 3). Además, según Flores Magón,
todos los líderes de todas las épocas han soñado con transformar el mundo más allá de
la imaginación de los contemporáneos: “es a los ilusos y a los utopistas de todos los
tiempos a quienes debe su progreso la humanidad” (p. 5). En estos escritos el autor
deja en claro también su rechazo a toda organización estatal, considerando los
gobiernos como opresores por definición, como instrumentos de una clase dirigente y
como obstáculos para las transformaciones sociales relacionadas con los obreros y los
campesinos. Se puede observar una postura de oposición a Francisco Madero y a
todos quienes creían que la revolución debía ser un cambio de gobierno.
El segundo capítulo agrupa algunos escritos en los cuales se debate el tema de la
naturaleza de la revolución. El primero de ellos (En pos de la libertad) es también una
crítica a las vertientes moderadas dentro de la oposición a Porfirio Díaz: Flores Magón
cree que la verdadera revolución debe realizar cambios profundos y garantizar la
libertad para los mexicanos, no únicamente cambiar el gobierno y quienes se
encontraban al frente de él. Esto lo afirma después de dejar en claro las grandes
diferencias sociales a las que México estaba sometido y el contexto internacional de
entonces, en el cual ya se podían avistar algunos de los procesos revolucionarios que
marcarían esas primeras décadas del siglo. El segundo subtítulo es una exhortación a
los proletarios, a quienes invita a tomar las armas para derrotar a las fuerzas de las
clases dirigentes, a proceder a la expropiación de la tierra, de las fábricas, de las minas
y demás propiedades de los notables mexicanos. Según Flores Magón solo de esta
manera era posible conseguir la justicia social. Es un documento muy radical en
términos ideológicos, en la medida en que llama a los proletarios de México a sacudir el
imperio de las leyes y formar parte del movimiento, no solamente contra Porfirio Díaz
sino también contra las clases dominantes y el sistema económico en general.
En un escrito de gran interés por su contenido, realiza una invitación a las mujeres de
México para que tomen parte en el movimiento revolucionario auxiliando en todo lo que
fuera posible a las tropas y demás participantes de las acciones contra el gobierno. La
curiosidad de este pronunciamiento de Flores Magón radica en que en ningún momento
postula la supuesta inferioridad de las mujeres (creencia todavía común en la época):
por el contrario, critica el dominio tradicional sobre ellas (muy fuerte en las sociedades
de origen europeo) y utiliza este argumento para invitarlas a participar de la revolución.
En seguida hay un artículo que con el título de La evolución define algunas pautas para
la revolución que se pensaba iniciar. Allí se insiste en el tema de los cambios sociales
como principal objetivo de los levantamientos armados. Es por esto que se extiende el
llamado hacia los sectores populares y se rechazan las visiones moderadas acerca de
la transformación en México. Valga anotar que este artículo apareció el día anterior al
estallido de la revolución.
Las posturas radicales de la revolución social se hacen todavía más enfáticas en el
apartado sobre La guerra social. Aquí se consolida una visión muy propicia a los
cambios y reformas en la estructura social y económica: según el pensamiento de
Flores Magón las condiciones socio-económicas de una determinada agrupación
humana son las que determinan las realidades políticas de sus miembros. Es por esto
que, según este autor, los cambios no debían ser solamente políticos sino también
sociales y económicos y desde este punto de vista lanza algunas críticas a las
revoluciones burguesas del pasado y a quienes defendían una transformación política
para México. Se observa entonces que las ideas de Flores Magón sobre la revolución
se enmarcan dentro de la idea de la lucha de clases, a pesar de no utilizar este término.
En otro de los artículos (El horror a la revolución) invita a los participantes en los
levantamientos a no temer a la guerra que se desataría, pues la paz que había reinado
bajo el régimen porfirista no garantizaba los derechos más básicos de los mexicanos:
Flores Magón presenta algunos argumentos como la criminalidad y los numerosos
accidentes en las fábricas y minas para criticar al régimen y su estabilidad política.
Enseguida procede con artículo corto a invitar de nuevo a los proletarios a tomar parte
en la revolución social y realizar las reformas a su favor, para lo cual debería tomar
conciencia de su misión y no luchar únicamente para favorecer a los jefes.
Posteriormente se encarga de tratar el tema de la propiedad y es aquí donde pueden
observarse algunas de sus ideas más significativas. Considera la propiedad privada
como una figura con un origen ilícito considerando la primera propiedad como un robo.
Flores Magón considera entonces que es preciso proceder a la expropiación de los
latifundios y a la repartición de la tierra entre quienes la trabajan. Esto no podría
garantizarse solamente por medio de las leyes, sino que debía aprovecharse la
insurrección en la que estaba México para llevar a cabo la reforma agraria. Se presenta
también la opinión sobre las ideas tradicionales de las revoluciones en Europa:
Libertad, igualdad y fraternidad. Se analizan estos aspectos desde el punto de vista de
la economía y la sociedad, concluyendo que en un país tan desigual como México estas
tres ideas fundamentales no podían consolidarse plenamente. No podía haber libertad
porque las condiciones de la población lo impedían, la distribución de la riqueza no
permitía la igualdad y los odios sociales eliminaban cualquier tipo de fraternidad.
El artículo titulado Carne de cañón se encarga de hacer un llamado también a las
clases populares mexicanas para que no fueran simples instrumentos de unos líderes
que buscaban el poder y que pensaran en cambio en una transformación a favor de sus
intereses como clase social. Se remite entonces a la historia para intentar demostrar
que durante los trastornos políticos de México (la independencia y las distintas guerras
del siglo XIX) los campesinos y demás sectores populares asistieron en calidad de
soldados rasos. Flores Magón invita entonces a tomar conciencia para que el pueblo
mexicano no siguiera siendo “carne de cañón”. Luego se procede a tratar el tema de las
libertades políticas, las cuales se ejercen a partir de aspectos como el voto, la libertad
de reunión, de expresión, etc. Según Flores Magón estas libertades no pueden
garantizarse en un medio económica y socialmente tan desigual como lo era el México
de entonces. Se observa entonces otro intento de privilegiar los aspectos económicos
sobre los políticos: las libertades debían garantizarse a partir de los medios
económicos.
El siguiente subtítulo se encarga del asunto del futuro de la revolución. Al respecto se
invita a los revolucionarios a transformar la sociedad sin esperar la consolidación de un
nuevo gobierno, porque esto podría demorar los cambios sociales que según Flores
Magón debían darse en México. La similitud de este apartado con el siguiente
(Diferencias con Madero) es muy grande, pues las diferencias entre Madero y Flores
Magón radicaban en los propósitos que se ponían en cuanto a la revolución: este último
acusaba a Madero y los demás líderes moderados de ser solamente burgueses
buscadores de títulos políticos y cargos públicos. En cambio, Flores, su círculo cercano
y sus seguidores perseguían transformaciones sociales, empezando por la reforma
agraria. Con Madero solo se retornaría a las elecciones y las libertades políticas, de las
cuales no disfrutaban los sectores populares según Flores. La oposición de Madero
hacia Díaz y hacia los “científicos” (aliados del gobierno) sería, según este líder,
solamente por cuestiones de reparto del poder.
Hay en seguida un artículo acerca de la obra de Benito Juárez. Se trata de una
comparación de la trayectoria y de algunas decisiones del político liberal del siglo XIX
con la época contemporánea a Flores Magón. Este destaca la determinación con que
actuó el “indio” Juárez en el caso de la expropiación de los bienes de la Iglesia católica,
para invitar a sus contemporáneos a apropiarse y repartirse la tierra de los grandes
latifundistas, toda vez que había llegado una época diferente a la de Juárez y era
necesario llevar a cabo esta iniciativa. En virtud de estas ideas, Flores se declara
heredero de Juárez en términos políticos, junto con los demás miembros del Partido
Liberal Mexicano de aquel entonces. Prosigue después en otro artículo a defender al
movimiento revolucionario mexicano como una reacción del pueblo contra la
desigualdad y contra la concentración de la riqueza en pocas manos: “no es la
presente, la revuelta mezquina del ambicioso que tiene hambre de poder, de riqueza y
de mando. Esta es la revolución de los de abajo” (p. 78). De esta manera Flores celebra
la ocasión como el despertar del pueblo mexicano contra las adversas condiciones
sociales y políticas.
En un artículo posterior (correspondiente a un discurso pronunciado por Flores Magón)
se vuelve a tratar el tema de la naturaleza de la Revolución mexicana. Se lanzan
fuertes críticas a quienes imaginan a la revolución únicamente como un estallido de
violencia y se insiste en el carácter social del conflicto que por entonces se encontraba
ya en una fase álgida. Las críticas se lanzan sobre todo hacia los representantes de la
burguesía, no solamente los de México sino también los de otros países.
En el siguiente capítulo aparece consignado el tema de las relaciones de México con
Estados Unidos. El primer subtítulo contiene las declaraciones de Flores Magón acerca
de los episodios de violencia que por entonces se presentaron en México contra los
estadounidenses y contra los representantes del gobierno norteamericano. Afirma que
la violencia y la xenofobia no se vivían únicamente en México, sino que también en
Estados Unidos existía un rechazo y una agresión muy fuerte contra los mexicanos.
Además, argumenta que las reacciones nacionalistas en América Latina se deben a las
distintas intervenciones estadounidenses en algunos países de la región.
El segundo subtítulo desarrolla mejor esta idea, cuando argumenta que las
intervenciones militares de Estados Unidos en México respondían al peligro que corría
la burguesía nacional y las empresas norteamericanas ante el movimiento armado que
por entonces se desarrollaba. En un tercer subtítulo se presenta un análisis del
concepto de patria a propósito de los sucesos bélicos que ya por entonces (1915)
habían tomado fuerza en Europa. Se presenta entonces a la patria como un concepto
manipulado ideológicamente por las clases dominantes en el mundo para realizar actos
que favorecieran a sus intereses. De esta manera se considera que esta deformación
del patriotismo impide la unión de todos los sectores sociales desfavorecidos y por tanto
ayuda a evitar las revoluciones sociales.
El último capítulo corresponde al asunto del manifiesto del Partido Liberal Mexicano,
documento en el que se recogen gran parte de las ideas que fueron expresadas por
Flores Magón. El manifiesto como tal corresponde al segundo subtítulo de este último
capítulo pues el primero es un artículo aparecido en 1915 (El mundo marcha) en el cual
se defienden los ideales expresados en el manifiesto, afirmando que estos se estaban
cumpliendo en concordancia con los resultados que hasta entonces mostraba la
revolución en México. El Manifiesto del Partido Liberal, del 23 de septiembre de 1911 es
entonces un documento que se encarga de condensar las ideas liberales de entonces,
que, a juzgar por el contenido, poseen importantes influencias comunistas y
anarquistas. Así por ejemplo se expresa el rechazo a casi toda autoridad (no solamente
al gobierno porfirista), al régimen de la competencia capitalista y a la religión; la
abolición de la propiedad privada y su remplazo por el trabajo comunitario de la tierra, y
la desaparición de las clases dominantes con la conversión de todos en trabajadores.
Se da prioridad a los derechos económicos de las personas y se considera al capital, a
la autoridad y al clero como los enemigos principales.
Análisis
Después de este repaso sobre los temas principales de cada uno de los capítulos es
posible realizar un análisis pequeño acerca de esos contenidos. Primeramente, es
conveniente afirmar que la recopilación de estos artículos es un trabajo de suma
importancia desde el punto de vista de la historiografía y de la disciplina histórica,
porque provee a los estudiosos de una serie de fuentes muy valiosas, sobre todo para
el estudio de las ideas relacionadas con el proceso revolucionario mexicano. Además,
el conocimiento de dichas ideas puede servir incluso para el público en general. Estas
serían las ventajas principales de la lectura de documentos como este.
Analizando los contenidos de todos estos artículos se pueden determinar las distintas
corrientes ideológicas que se hicieron presentes entre los intelectuales de la época de
la Revolución en México: tanto el liberalismo (ya tradicional), como el socialismo y el
anarquismo. En el pensamiento de Ricardo Flores Magón es posible observar estas
ideas, en la medida en que recoge la tradición liberal (sobre todo la de Benito Juárez) y
expresa las ideas anarquistas en aspectos como el rechazo a todo gobierno, a la
propiedad privada y a la autoridad. La inclinación no religiosa de Flores Magón se
observa en su rechazo a la religión (en el caso mexicano al cristianismo católico), a la
cual considera un instrumento de dominación utilizado por los sectores sociales altos
para la conservación de sus privilegios. Se observa también en este líder un rechazo a
los planteamientos nacionalistas extremos, buscando en cambio la unión de todos los
sectores populares del mundo en pro de una gran revolución internacional.
No sería descabellado comparar estas ideas con las de otros líderes latinoamericanos
de aquella época y aun posteriores a ella para buscar similitudes y diferencias en las
distintas ideologías de la política en América Latina. Podrían hacerse paralelos con
personajes como Manuel González Prada, Jorge Eliécer Gaitán, Víctor Manuel Haya de
la Torre, entre otros, quienes también eran cercanos a los sectores populares. En todo
caso la lectura y el análisis de estos documentos arrojan grandes ganancias para la
comunidad académica y para los estudios que se realicen sobre la Revolución
mexicana, especialmente en asuntos de ideas y de política.