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SUBGÉNEROS NARRATIVOS: LA EPOPEYA Y LA NOVELA.

ACTIVIDADES

1. Lee atentamente:

Y así habló Hagen: «Aunque en verdad [no conozco a Sigfrido], yo me atrevería a creer, sin saber por qué, que
es [arrogante], [viéndolo venir hacia mí] tan apuesto (…). Él es el que derrotó con su brazo a los valientes
[príncipes] nibelungos Schilbungo y Nibelungo (…) A estos los aniquiló colérico el brazo de Sigfrido, y además
sometió a setecientos guerreros del país nibelungo con la formidable espada llamada Balmung. Muchos
jóvenes guerreros, a causa del terrible pavor que les infundía la espada y el animoso héroe, le entregaron sus
tierras y fortalezas (…). Todavía puedo contar otro lance que he sabido de él. A un dragón lo mató con su
propia mano, luego se bañó en la sangre y la piel tomó la dureza de un cuerno, de suerte que no hay arma
alguna que pueda atravesarla, como se ha demostrado muy a menudo».

El cantar de los Nibelungos


Fuente: http://museoliterario.blogspot.com.es/2015/07/hagen-narra-quien-es-sigfrido-cantar-de.html

a) Sigfrido es uno de los muchos héroes épicos (que tienen como antecedentes a los héroes
mitológicos como Hércules o Aquiles). ¿Qué cualidades se nos muestran de él en este
fragmento? ¿Qué hazañas se le atribuyen? ¿Tiene algún arma o poder especial?

2. Busca información sobre los siguientes héroes épicos: el Cid Campeador, Beowulf y
Gilgamesh. Después, rellena el siguiente modelo de ficha (uno para cada héroe):

NOMBRE:

POEMA ÉPICO EN EL QUE APARECE:

FECHA DEL POEMA:

NACIONALIDAD DEL POEMA:

CUALIDADES DEL HÉROE:

PODERES, ARMAS…:

PRINCIPALES HAZAÑAS:

3. ¿Conoces alguna heroína épica? ¿No? ¿Cuál crees que puede ser el motivo?

4. Busca información sobre las siguientes mujeres: Penélope, Helena de Troya, Ariadna,
Juana de Arco.

5. ¿Cuáles de ellas podrían considerarse heroínas épicas? ¿Cuáles no? ¿Por qué?

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6. Los héroes épicos eran, por sus cualidades, representantes de su pueblo; y se
enfrentaban muchas veces a lo que su pueblo consideraba una amenaza para su
forma de vida (invasores, reyes despóticos, plagas…). ¿A qué amenazas crees que
debería enfrentarse hoy día un héroe o heroína?

7. Teniendo en cuenta tus respuestas en el ejercicio anterior, vas a crear tu propio héroe
o heroína. Para ello, rellena la siguiente ficha ficha (puedes acompañarlo con un
dibujo):

NOMBRE:

LUGAR DE NACIMIENTO:

ORIGEN:

CUALIDADES:

HABILIDADES (PODERES, ARMAS…):

ALIADOS/AMIGOS:

PRINCIPALES HAZAÑAS:

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8. Lee los siguientes textos, referidos a distintos héroes. ¿Qué se dice de ellos? ¿Qué
función crees que cumplen?

Mientras asistía a una exposición de radiología, el


estudiante PETER PARKER

Cíclope, Coloso, Rondador Nocturno, recibió una picadura de una araña que había sido
Tormenta, Lobezno, Kitty Pride. Hijos del expuesta accidentalmente a RAYOS RADIACTIVOS.
átomo, estudiantes de Charles Xavier,
Debido a un milagro científico, Peter obtuvo los
mutantes, temidos y odiados por el mundo
que han jurado proteger. Estos son los
poderes del arácnido… y se convirtió en una
más extraños de todos los héroes. ¡Estos verdadera araña humana… ¡El asombroso
son los X-Men! Spiderman!

Sabed, oh, príncipe, que entre los años en que los océanos anegaron Atlantis y las
resplandecientes ciudades, y los años de la aparición de los hijos de Aryas, hubo
una edad olvidada en la que brillantes reinos ocuparon la tierra como el manto
azul entre las estrellas: Nemedia, Ofir, Brithunia, Hiperbórea. Pero el más
orgulloso reino de ese mundo fue Aquilonia, que reinó suprema sobre el dormido
occidente. Y allí llegó Conan, el cimmerio de cabellos negros, ojos sombríos y
espada en la mano. Ladrón, asaltante, asesino, de grandes melancolías y grandes
alegrías, preparado para pisotear con sus sandalias los enjoyados tronos de la
Tierra.

9. Haz tú una entradilla para tu héroe/heroína (máximo diez líneas)

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10. LEE LOS SIGUIENTES TEXTOS Y DI A QUÉ TIPO DE NOVELA PERTENECEN.
JUSTIFICA TU RESPUESTA:

TEXTO 1:

Tengo aquí unos papeles –me dijo mi amigo Sherlock Holmes, sentados una noche invernal al lado
del fuego– que creo de veras, Watson, que merecerían un vistazo suyo. Se trata de los documentos
acerca del extraordinario caso de la Gloria Scott, y éste es el mensaje que tanto horrorizó al juez de
paz Trevor cuando lo leyó.
Había sacado de un cajón un pequeño rollo de aspecto ajado y, desatando su cinta, me entregó una
breve nota garabateada en medio folio de papel gris pizarra. Decía:
«El suministro de caza para Londres aumenta sin cesar. Al guardabosque en jefe Hudson, según
creemos, se le ha pedido ahora que reciba todos los encargos de papel atrapamoscas y que
preserve la vida de vuestros faisanes hembra.»
–No comprendo que un mensaje como éste pueda inspirar horror. A mí me parece más grotesco
que cualquier otra cosa – dije.
–Y no me extraña en absoluto. Sin embargo, persiste el hecho de que el lector, que era un anciano
robusto y bien conservado, se desplomó al leerlo, como si le hubieran asestado un culatazo con una
pistola.
–Excita mi curiosidad –dije–. ¿Por qué ha dicho hace un momento que había razones muy
particulares por las que yo debería estudiar estos documentos?
–Porque fue el primer caso en el que yo intervine.

TEXTO 2:

Alicia murió, por fin. La sirvienta, que entró después a deshacer la cama, sola ya, miró un rato
extrañada el almohadón.
-¡Señor! -llamó a Jordán en voz baja-. En el almohadón hay manchas que parecen de sangre.
Jordán se acercó rápidamente Y se dobló a su vez. Efectivamente, sobre la funda, a ambos lados
del hueco que había dejado la cabeza de Alicia, se veían manchitas oscuras.
-Parecen picaduras -murmuró la sirvienta después de un rato de inmóvil observación.
-Levántelo a la luz -le dijo Jordán.
La sirvienta lo levantó, pero enseguida lo dejó caer, y se quedó mirando a aquél, lívida y temblando.
Sin saber por qué, Jordán sintió que los cabellos se le erizaban.
-¿Qué hay? -murmuró con la voz ronca.
-Pesa mucho -articuló la sirvienta, sin dejar de temblar.
Jordán lo levantó; pesaba extraordinariamente. Salieron con él, y sobre la mesa del comedor Jordán
cortó funda y envoltura de un tajo. Las plumas superiores volaron, y la sirvienta dio un grito de horror
con toda la boca abierta, llevándose las manos crispadas a los bandós. Sobre el fondo, entre las
plumas, moviendo lentamente las patas velludas, había un animal monstruoso, una bola viviente y
viscosa. Estaba tan hinchado que apenas se le pronunciaba la boca.

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TEXTO 3

Después que Viernes y yo hubimos intimado, y que él fue capaz de entender casi todo lo que le
decía así como hablarme en un inglés chapurreado, empecé a hacerle saber mi historia, por lo
menos la parte referente a mi existencia en la isla (…). Le describí el naufragio por cuya causa
arribara a la isla, y traté de indicarle con precisión el sitio donde estaba el casco; pero tanto se
había roto la estructura del barco que nada quedaba a la vista.
(…)
Una mañana me ocupaba en estas tareas, cuando se me ocurrió llamar a Viernes y mandarlo a que
fuera a la costa en busca de una tortuga, cosa que hacíamos generalmente una vez por semana
para comer su carne y los huevos. No llevaba Viernes mucho tiempo ausente cuando lo vi volver
corriendo y saltar el vallado como uno que no toca el suelo con los pies. Antes que hubiera podido
hablarle, gritó:
— ¡Oh amo, amo! ¡Desgracia! ¡Pena!
— ¿Qué te ocurre, Viernes?
— ¡Allá, allá! —exclamó—. ¡Una, dos, tres canoas! ¡Una, dos, tres!
Por su manera de expresarse deduje que eran seis canoas, pero al interrogarlo vi que sólo eran
tres.
— Bueno, Viernes —le dije—, no te asustes.
Traté de animarlo lo mejor posible, pero me di cuenta de que el pobre muchacho estaba
mortalmente aterrado. Parecía convencido de que los salvajes venían exclusivamente en su busca,
dispuestos a descuartizarlo y a comérselo; temblaba de tal manera que no sabía qué hacer con él.
Traté de conformarlo y le dije que también yo estaba en peligro, ya que si nos capturaban sería
igualmente devorado.

TEXTO 4

Cuando comenzó la guerra1, mi tío Jack se fue de nuestra granja en Virginia y no le volvimos a ver
durante unos quince o dieciséis años. Cuando regresó lo hizo sin aviso y me sorprendí mucho al
notar que no había envejecido ni cambiado nada. En presencia de otros era el mismo: alegre y
ocurrente como siempre; pero le he visto, cuando se creía solo, quedarse sentado horas y horas
mirando al infinito, escudriñando el cielo, buscando quién sabe qué secretos. Años más tarde,
después de leer su manuscrito, descubrí cuáles eran:
“Soy un hombre de edad muy avanzada, aunque no podría precisar cuántos años tengo.
Posiblemente tenga cien, o tal vez más, pero no puedo afirmarlo con exactitud porque no envejecí
como los demás hombres. Nunca relaté esta historia, ni ningún mortal verá este manuscrito hasta
que yo haya pasado a la eternidad. Sé que ninguna mente humana puede creer lo que no es posible
comprobar, de modo que no es mi intención ser considerado un embustero colosal cuando lo que
estoy haciendo no es más que contar aquellas verdades que un día corroborará la ciencia:
posiblemente las experiencias que recogí en Marte y los conocimientos que pueda exponer en esta
crónica lleguen a ser útiles para la futura comprensión de los misterios que rodean nuestro planeta
hermano. Misterios que aún subsisten para el lector, aunque ya no más para mí…”.

1
Se refiere a la Guerra de Secesión norteamericana, que tuvo lugar entre 1861 y 1865
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