El teléfono sonó por tercera vez, Michael contestó con una voz cansada y lleno de mucha tensión.

– Hola, habla con Michael, ¿en qué le puedo ayudar? –. Pero al otro lado del auricular nadie contestó, se oía la respiración entrecortada y agitada de alguien que al parecer intentaba hacer el menor ruido posible– por favor deje de llamar, estoy muy ocupado– dijo Michael tratando de retener toda su ira. –Espere, no cuelgue– respondió una voz femenina y delicada– se donde se encuentra Ana. –¿Quién es usted? – preguntó Michael extrañado y lleno de sorpresa, esperaba todo menos que el caso que lo mantenía despierto se pudiera resolver de esta manera tan sencilla. –Eso no importa, solo espero que nos veamos–dijo la mujer–. ¿Qué le parece mañana a las ocho de la mañana en el café entre de golde avenue y grillad Street? –me parece bien, pero ¿cómo sé que no miente o que no es alguna clase de broma? –dijo Michael. –Oh Michael–dijo la mujer con una voz dulce–. A veces simplemente debes confiar en los demás. Y de esta manera colgó. Michael se quedó de una sola pieza, con el teléfono en su mano y la mirada perdida pensando en lo que acaba de suceder. Ana era una de las hijas de uno de los jueces más importantes de la ciudad, tenía tan solo 16 años el día que había desaparecido, salió de su casa como siempre pero a la hora de la cena no llegó. Se podría pensar que se había fugado de casa, pero toda su ropa estaba allí y sus amigos no la habían visto en la escuela. Los días siguientes fueron una pesadilla para la familia, se pegaron carteles con la descripción de la ropa que llevaba el día de su desaparición. Pero al final el caso había pasado a manos de la policía.

–Me dijo ayer que tenía información sobre Ana, y no tengo mucho tiempo es mejor que me diga todo lo que sabe rápidamente– dijo Michael que iba vestido con un pantalón oscuro y una chaqueta negra. –Primero quiero contarle una historia, luego entenderá todo– dijo la mujer que resultaba ser muy atractiva.

Mi nombre es Eliana, tengo 23 años y hace poco terminé la universidad, pero lo que quiero contarle no es precisamente mi vida, si no la vida de alguien que me influyó bastante. Mi padre era un contador, no ganaba mucho dinero pero era muy honrado siempre mantenía todo en orden y nunca hizo nada ilegal. Vivíamos en una pequeña casa de dos pisos y éramos felices mi madre y mis dos hermanos; mi madre era bellísima tenia la figura de una bailarina y realmente amaba a mi padre. Yo era la menor así que todo giraba alrededor de mí. Cuando cumplí precisamente dieciséis años, mi padre fue acusado de robo. El trabajaba en Archer y

Asociados, toda la familia tuvo que huir, excepto mi padre quien creía que todo se iba a solucionar. Pero no fue así, fue condenado y después de algún su salud empezó a deteriorarse –¿Qué tiene que ver todo esto con Ana? –preguntó Michael molesto. –y después de cierto tiempo murió, recibí una nota de él tiempo después– sacando de su cartera una nota que le paso a Michael y este leyó aun sin entender nada.

Mi hermosa niña de 16 años, si estás leyendo esto, quiere decir que hoy no he podido dejar mi nombre en limpio, y tal vez ya no pueda volver a casa, y tampoco podre volver abrazarte y decirte cuanto te quiero, mi dulce niña no te pierdas por el camino del odio sin sentido, ni busques venganza, eres muy hermosa e inteligente espero que olvides el dolor que te ha causado mi partida. Guarda la fe la vida es muy corta para sufrir.

–¿No entiendo que tiene que ver esto con Ana y de verdad me estoy molestando? –dijo Michael realmente molesto. –Ana no desapareció, como usted debe saberlo– dijo Eliana con una voz seria y profunda y las lágrimas empezaban a arrimarse a sus ojos–. No he obedecido a mi padre y decidí cobrar venganza, pero solo le he causado el mismo dolor a ese hombre quien condenó a mi padre, si el padre de Ana fue quien lo condeno y por culpa de él murió. Michael no podía creer lo que escuchaba, era toda una historia de venganza y de alguna manera esta joven e inteligente mujer había logrado su objetivo. –Sabe que irá a prisión– dijo Michael. –por supuesto que no iré, lo llame para decirle que si quiere saber donde esta Ana, primero debo hablar con el señor Smith–dijo Eliana de la manera más calmada y tranquila. El juez llegó a la cita con la joven en un lugar apartado de la ciudad, un edificio abandonado de color amarillo y cuyas ventanas estaban destrozadas, el tiempo había destruido esos edificios que alguna vez fueron emblemáticos, y aunque la policía vigilaba con un micrófono a unas cuantas calles del sitio; el juez no terminaba de sentirse tranquilo, solo hacia esto por su pequeña. El teléfono del juez sonó –¿juez como se encuentra hoy? –pregunto Eliana. –Devuélvame a mi hija, ahora porque le juro que le voy a hacer pagar con creces lo que ha hecho –dijo el juez con su cara enrojecida y las manos temblándole por la impotencia y angustia que sufría. –En este momento su hija se encuentra camino a casa, lo mejor es que se apresure– dijo la mujer con un tono casi angelical. –¿Cómo creerle, a una víbora mentirosa como usted? –preguntó el juez.

–Adiós juez–dijo Eliana con un tono de satisfacción. El juez salió rápidamente del edificio donde se encontraba, se subió a su auto, un flamante auto rojo, lo encendió y se fue a toda velocidad, el teléfono sonó de nuevo y justo cuando el juez iba a contestar y sin darse cuenta choco contra algún animal, y al salir con la prisa que llevaba olvido ponerse su cinturón de seguridad y por lo tanto el golpe que recibió lo envió al sueño de Morfeo. Ana volvió a su casa segura, y de Eliana nunca más se supo, el juez murió sin poder decirle a su hija cuanto la amaba.

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