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Capítulo 2

EL PROYECTO PERSONAL DE VIDA

Un caminante recorre un país desconocido.


Después de atravesar un cañón estrecho y largo que le cubre el horizonte,
descubre de golpe una llanura inmensa.
Aquí se encuentra con un árbol de dimensiones extraordinarias,
como nunca antes había visto otro igual.
El caminante observa en primer lugar las raíces que levantan la tierra.
Luego el tronco tan grueso no logra abarcarlo de una sola mirada.
Ve el follaje tan tupido y tan alto que le era imposible mirarlo hasta la punta.
En pocas palabras era un árbol tan grande que el caminante no lograba percibir en su conjunto
la grandeza del mismo. ¿Qué hace el caminante?, o mejor, ¿Qué debería haber hecho?
Debería haberse echado para atrás algunos kilómetros
para poder ver el árbol en todo su esplendor y majestuosidad.
Más careciendo de este coraje, el caminante se acerca al tronco,
lo mira a la altura de su 1.70 del suelo, descubre la arrugada corteza en esos pocos
centímetros que están bajo sus ojos. Ve el musgo y los hongos que crecen en el tronco,
algunos ramos viejos, se retira unos pasos atrás y dice:
“He encontrado un árbol medio muerto”.

Vagliasindi. La morale della favola, p. 182

La persona que está en posesión de sí mismo1 llega a posicionarse frente a la


pregunta por el sentido encontrando en el proyecto de vida un dinamismo de
apoyo que le permite concretar y materializar su respuesta. La idea de proyecto
sugiere visión, prospectiva, realidad, impulso y camino. El proyecto de vida
puede constituirse en motivador para seguir construyendo respuesta dentro de
los momentos propios de discernimiento. El proyecto de vida es un pretexto
para mirar la vida en profundidad y de manera holística. No permite
reduccionismos, ni facilismos. Lleva a la valoración del todo que es la persona
humana.

1
De acuerdo con Zubiri el hombre requiere estar en posesión de sí mismo para ser realmente
hombre. “En este sentido digo que vivir es poseerse… Poseerse significa que la totalidad del
ser de uno vaya normalmente envuelta en las actividades que desarrolla para ser el mismo que
ya era”. Cfr. SUAREZ, Gabriel. La socialidad de la realidad personal. Bogotá: Pontificia
Universidad Javeriana. 2001

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1. QUÉ ES EL PROYECTO PERSONAL DE VIDA

El Proyecto Personal de Vida se entiende como el núcleo central del sujeto


formado por los valores en torno a los cuales va estructurándose su identidad.
Tal núcleo manifiesta la cualidad de vida que la persona persigue como un bien
necesario o en gran manera útil. El proyecto está constituido, en consecuencia,
por el conjunto de cosas o realidades que son importantes para la persona, por
sus valores y por su modo de vida. El proyecto de vida no es un esquema
abstracto de ideas que embridan o atenazan las iniciativas que
permanentemente brotan en la vida; no predetermina nada ni es carril
obligatorio. “El proyecto de vida no es una programación de tiempo y tareas ni
un plan ordenador de la vida… Parte de principio de subjetividad: la
transformación de la persona ‘desde dentro’. Nace del discernimiento integral”2.

El proyecto personal responde a la pedagogía de la persona en proceso que,


haciendo un análisis de la historia vivida para captar las grandes cuestiones
vividas (sentido de la existencia, historia familiar, experiencias y
acontecimientos significativos, tendencias psicológicas relevantes y
problemáticas existenciales en relación con los ciclos vitales), lleva al
discernimiento del momento actual en donde el individuo emerge desde dentro
superando aquello que le entorpece en su crecimiento como persona.3

El Proyecto de Vida llega a poseer cierta naturaleza intuitiva que deja


vislumbrar el desarrollo futuro, una hipótesis, un interrogante, una invitación,
sobre todo un sentido que dar a la vida, un esbozo de respuesta a los grandes
interrogantes existenciales: ¿Por qué he venido al mundo? ¿Qué sentido tiene
la vida y la muerte? ¿Cuál es el sentido del universo que me rodea?4.

El individuo que ha logrado un nivel significativo de autoconciencia percibe el


proyecto de vida como un dinamismo que le permite tomar la vida en sus
propias manos sin dejar de lado su unicidad. La autoconciencia es la
autopercepción del yo en su relación consigo mismo, con los demás y con Dios.

2. PROPÓSITO DEL PROYECTO DE VIDA

2
GARRIDO, Javier. Proceso humano y gracia de Dios. Apuntes de espiritualidad cristiana.
Santander: Sal Terrae. 1996. p. 552
3
Cfr. Ibid. P. 553
4
Cfr. SOVERNIGO, José. El proyecto de vida. En busca de mi identidad. Sociedad de educación
Atenas. Madrid. 1990. pp.46-47

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El Proyecto de Vida es una clave eficaz dentro del proceso de ser persona. Un
Proyecto Vital tiene un triple propósito:

1.- Un propósito en el presente:

El Proyecto de Vida es la ubicación del individuo en un hoy. Es el eje central, el


punto de apoyo alrededor del cual la personalidad va construyéndose,
estructurándose como principio unificador de las propias aspiraciones. Se
constituye en un punto sobre el cual se comienza a caminar con sentido.

El individuo que es consciente de lo que es, esto signfica si es capaz de dar


cuenta de sus valores, cualidades, potencialidades y capacidades y, de otra
parte, reconocer sus defectos, miedos, frustraciones y bloqueos, puede trazar
un proyecto realista y dar una respuesta de sentido con los pies sobre la tierra
ya que el proyecto de vida tiene como punto de partida el propio yo.

Aquel que es capaz de establecer su Proyecto de Vida hace uso de su


autonomía y su libertad, se compromete consigo mismo para que el ideal se
haga realidad y se constituya como hacedor de su vida sin olvidar que es un ser
en relación.

Si este propósito se da, el resultado es un individuo que vive en un presente-


presente, esto quiere decir que vive consciente e intensamente cada momento.
El presente es una oportunidad que no vuelve y, por tanto, es necesario
situarse dentro de él para dar y recibir desde sí.

2.- Un propósito hacia el futuro:

La palabra Proyecto revela esta intención, pro: hacia adelante, en favor de;
jactum: lanzar, dirigirse a. El Proyecto de Vida genera una tensión hacia el
futuro, pone de relieve las expectativas del porvenir, exige y ayuda a buscar una
orientación para la propia vida. Es el marco teleológico del crecimiento propio.

Si bien es cierto que la incertidumbre es un factor que incide en la consecución


de metas personales, también es cierto que la persona puede poner todo lo que
está de su parte para orientar su propia vida y conseguir las mismas metas.
Este es un desafío por cuanto nos encontramos en una sociedad hedonista y
presentista que ha dejado el curso de su vida al destino y al azar. El reto
consiste en que la persona se empodere de sí misma para ejercer hasta donde
es posible la autonomía como expresión de su libertad y responsabilidad.

La persona que logra este propósito tiene como resultado vivir en el presente-
futuro. ¿Qué significa esto? El futuro no se ve como un “algo” que ya viene o

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que nunca viene. El futuro es visto como el tiempo que se construye desde el
hoy. Cuando la persona viva en el mañana (que será su presente) podrá darse
cuenta que éste es el resultado de la forma como vivió el presente (que será su
pasado). La vida es un continuo en donde el individuo es el responsable de su
existencia.

3.- Un propósito desde el pasado:

El proyecto exige el descubrimiento del propio yo bajo un profundo


conocimiento de la historia personal. Todo aquello forma parte de su historia,
da cuenta de lo que la persona es, hace y vive. Siendo la persona un ser
eminentemente relacional, es en la interacción con las personas como tienen
lugar los valores que le dan identidad, también sus actitudes y
comportamientos. Además, es en las experiencias de su vida donde se puede
encontrar respuesta a la manera como la persona se ve a sí misma
(autoimagen), se concibe a sí misma (autoconcepto) y se quiere a sí misma
(autoestima). Dichas experiencias son clave para entender los éxitos que
elevan el espíritu o los fracasos que han dado lugar a estados de depresión. La
historia personal es el marco donde ha surgido el concepto que se tiene de los
otros –que tienen significado afectivo para el individuo, la manera de
comprender el mundo con cada uno de sus sistemas y el modo propio de
relacionarse con el trascendente con sus mitos, ritos y normatividades.

Hombres y mujeres que tienen en cuenta este propósito logran vivir en un


presente-pasado. No viven anclados al pasado cargando pesados lastres que
no los dejan vivir en el presente o, lo que podría ser ver, viviendo en un
presente que niega el pasado porque habidas las experiencias no se han
querido o no han podido reconciliarse con el pasado aunque algunas de ellas
hayan sido dolorosas y traumáticas. El presente-pasado se constituye en
condición para reconocerse y sanar frente a posibles heridas y, como fruto, el
pasado no se ve con miedo sino como parte de la propia historia que nos ayuda
a aceptarnos como verdaderamente somos.

Además, si el proyecto de vida es un factor que contribuye a la construcción de


la personalidad, tenemos que decir que el Proyecto de Vida evita que el hombre
sea presa del impulso o del condicionamiento. Hace que se enfrente con su
vida y le busque sentido. Descubre valores que le atraen y se deja guiar por
ellos.

El Proyecto de Vida favorece la integración de dos elementos que pueden ser


distantes: El yo real y el yo ideal. El yo real se puede entender como lo que yo
soy ahora, la situación personal del individuo: valores, defectos, los problemas
que tiene, su historia compuesta de acontecimientos, experiencias,

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equivocaciones y conquistas. Y el yo ideal representa lo que yo quiero ser, el
motivo por el cual se vive, las metas propuestas para ser hombre en las
circunstancias adyacentes. Elaborar un Proyecto de Vida conlleva por eso
mismo, partir de lo que uno es y concretar poco a poco lo que se ha de ser.

3. EL PROYECTO PERSONAL DE VIDA Y LOS VALORES

La base axiológica es el alma sobre la cual se cimienta el Proyecto de Vida. Por


eso, hablar de Proyecto de Vida es hablar de valores constituidos dentro de un
sistema propio que, a su vez, hace la diferencia entre un proyecto y otro.
Conviene poner de relieve, ante todo, que el Proyecto de Vida no es igual para
todos ni todo enunciado de valores constituye un proyecto auténtico y válido.
Existe una notable variedad de proyectos según la diversidad de valores y del
tipo de personalidad que los encarna. Dicho de otra manera, siendo las
personas únicas e irrepetibles, su proyecto existencial es único e irrepetible.

Por otro lado, el sistema de valores da sentido a los actos de cada día haciendo
que el Proyecto de Vida otorgue al individuo confianza y esperanza en las
dificultades y lo haga libre y protagonista ante los condicionamientos de la
sociedad.

El Proyecto de Vida es la concreción de valores en una persona. Es hacer que


estos tengan sentido y se expresen vivencialmente. Es la interiorización y
afianzamiento de los valores dentro de un orden que generan actitudes y
comportamientos con razón de ser.

Los valores que ha clarificado un individuo son su sistema de abordaje de la


realidad. Cuando se establece el Proyecto de Vida se está respondiendo,
indudablemente, a la pregunta ¿Cuáles son los valores que le dan sentido a mi
ser y a mi que-hacer? Revelación particular del sistema valórico frente a sí
mismo, frente a los demás, frente al mundo y frente a Dios .

"El proyecto es la ordenación inteligente de la dinámica de crecimiento en los


valores. En y según el proyecto se da el cultivo de los mismos. El proyecto está
determinado por los valores que se pretende alcanzar. Se hace proyecto para
conseguir valores. El sentido de los valores es correlativo al sentido humano y
cristiano de la dignidad de la persona"5. Los valores aseguran que la persona
no llegue a un vacío existencial, al contrario, que alcance una plenitud.

5
MARTINEZ, Mariano, cmf. Los proyectos personales y comunitarios. Publicaciones Claretianas.
Madrid. 1992. p. 61

26
Finalmente, un proceso de discernimiento serio debe ayudarle al individuo a
clarificar los valores que le dan identidad, que le motivan a tomar una decisión y
que le llevan a actuar de una manera específica. Cuando la persona reconoce
sus valores no hay lugar para decir lo que no se es, al contrario, éstos dan
cuenta de porqué es como es y hace lo que hace.

4. EL PROYECTO DE VIDA Y SUS DIMENSIONES

El ser humano es una integralidad en la cual se entrelazan, de manera


armónica y sin dejar límites, las diferentes dimensiones de su ser. Aunque
suene paradójico, se hace una presentación acerca de las dimensiones no para
dividir sino para apreciar el valor que tiene cada una de las partes. Además, lo
que viene a continuación no es una contradicción a la consideración hecha de
manera fehaciente de considerar al hombre como un todo.

Hay cuatro dimensiones que aseguran la solidez y la unidad del Proyecto de


Vida: afectiva, política, profesional y trascendente6. Al nombrarlas en este
orden no se está proponiendo en ningún momento que esta sea la secuencia
para crecer en cada una de ellas o que tienen un valor jerárquico. Las cuatro se
van dando simultáneamente porque las cuatro forman un sistema en la que es
imposible incidir en alguna y no incidir en las demás. Si se afecta una de ellas
de inmediato las otras también se afectan.

Pero, ¿de dónde surgen estas dimensiones? El hombre es un ser


eminentemente relacional. Tiene la posibilidad de relacionarse consigo mismo
generando un modo de autoconciencia que le permite reconocer su yo real con
todas sus dinámicas como ser pensante, sentiente y actuante. Además, emerge
desde dentro para relacionarse con el otro, los otros, lo otro y el infinitamente
Otro.

Relación con el otro: La persona tiene la posibilidad de conocer, reconocer,


admirar, simpatizar y amar al otro. Cuando ve en el alter-ego un legítimo otro
podrá construir intimidad y generar vínculos afectivos. La afectividad como
proceso y experiencia sólo es posible en el encuentro de un yo y un tú. Esta no
se da en “masa”. En la relación con el otro surge la dimensión afectiva que se
expresa en el amor de pareja, la amistad, la fraternidad o la filiación.

Relación con los otros: Dentro de la opción existencial que haga el individuo,
más aun si ésta es la proexistencia, tiene la condición de relación con los otros
para dar y recibir, para pertenecer y excluirse, para construir o deconstruir. En
la relación con los otros el individuo hace su aporte para generar o fortalecer

6
Cfr. MEZA. José Luis. La afectividad en el proyecto personal de vida. Libros y Libres. Bogotá.
1996

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grupos, “roscas”, comunidades, organizaciones o sociedad. La envergadura del
ente social lo da su propia mirada, su concepción de mundo y su capacidad de
darse cuenta de la trascendencia de sus acciones para permitir el bien común.
En la relación con los otros se ubica la dimensión socio-política.

Relación con lo otro: Lo otro es el mundo como cosmos (en cuanto orden y
universo), el entorno como oikos (casa), la naturaleza (como natura y creación).
El ser humano –desde el lenguaje teológico cristiano- está llamado a ser co-
creador del mundo y re-creador en el mundo. Para lograr esto, hace
comprensión del mismo mundo, se hace poseedor de un saber y se constituye
en transformador a través de una profesión, por eso, esta relación da lugar a la
dimensión profesional.

Relación con el Otro: La fe como realidad antropológica permite reconocer y


creer en un ser trascendente. Para la teología cristiana, el Dios en el cual
creemos es Persona lo que nos permite una relación díadica interpersonal de
donde emerge la espiritualidad y la religión. Dentro de la espiritualidad es
posible pensar en interioridad, intimidad, discernimiento y oración para poder
proclamar “Señor, hágase tu voluntad” como expresión máxima de la mística.
Por otro lado, la religión, da la posibilidad de tener una idea de Dios y una
prácticas con sentido que no minen la libertad del individuo sino que, al
contrario, permitan la unificación con el mismo Dios. En la relación con el
infinitamente Otro está la dimensión trascendente.

El Otro

DIMENSION
DIMENSION TRASCENDENTE
SOCIOPOLITICA

El otro

Los otros

DIMENSION
PROFESIONAL DIMENSION
AFECTIVA

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Lo otro
FIGURA 1

Ahora, demos un paso y veamos el proyecto desde las dimensiones que surgen
de las relaciones explicadas anteriormente:

1. La dimensión afectiva

Los valores de la dimensión afectiva tienen que ver con el conocimiento de sí


mismo y el valor de la vida, la autoimagen, el autoconcepto, la autoestima y la
autonomía. Además, el valor que un individuo da a su existencia y a la
existencia de los demás.

El amor por la vida tiene que ver con la sexualidad, suya y la del otro. La
afectividad se pone a prueba en las diferentes expresiones de la sexualidad que
se dan en las situaciones de la vida cotidiana como la identidad sexual, los roles
sexuales, el noviazgo, el embarazo no deseado, la posibilidad de aborto, la
droga, las conductas sexuales parafílicas, el acoso sexual, etc.

Todos somos conscientes que la vida está llena de decisiones que se dan en
cada momento, pero las decisiones que se toman en la vida afectiva -a nuestro
parecer- son las más trascendentales de todas. De hecho, el éxito en esta
dimensión genera en la persona una sensación de plenitud y realización. O, lo
contrario, las "embarradas" afectivas han llevado a la consumación total, la
depresión, el suicidio como “solución” extrema, ó un giro de 180 grados en el
proyecto personal de vida.

Valdría la pena preguntarse cómo vive un hombre que se siente amado y que
ama. ¿No es acaso un hombre que se vuelve altamente productivo? que piensa
en el bien del otro? que es comprensivo, optimista y alentador? que tiene un
espíritu en paz y alegría, y estrecha sus lazos con el Dios de su fe? Pero, yendo
al otro extremo, cómo vive un hombre que no ama y se siente rechazado por el
otro -ó en el peor de los casos, odiado-. No es aquel que reniega de lo que
hace? que se vuelve neurótico en la sociedad? que se siente solo y
abandonado? que no tiene metas o ideales? que hace de Dios una blasfemia?

2. La dimensión política

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Cuando se menciona una dimensión de esta naturaleza no se hace referencia a
los movimientos políticos, ni a pertenecer a un partido político, sino que se
refiere al espíritu que impulsa cualquier acción política del hombre: el que lleva
a hacer de él un sujeto que se interrelaciona con los otros para buscar el bien
común de todos.

Dentro de la dimensión política se encuentran los valores del servicio, la


solidaridad, el compromiso, la honestidad, el respeto por el otro, la tolerancia, el
pluralismo, la convivialidad y todos aquellos que hacen que el hombre pueda
vivir en la sociedad de la cual forma parte.

El hombre no es una isla y, por tanto, no se puede quedar en un "mi vida, mi


estudio, mi trabajo, mi casa..." debe ser capaz de abrir las fronteras de su yo
para descubrir que otros tienen los mismos derechos y que deben ser
respetados aunque no haya lazos afectivos que los unan.

Los valores de lo político hacen del ser humano un sujeto crítico frente a las
situaciones que se le presenta al grupo social del cual forma parte. Se habla del
grupo social sin determinar su extensión porque puede ser tan grande como lo
conciba la conciencia política que tiene el individuo que pertenece a él. A un
nivel mínimo podríamos hablar de familia; si ampliamos un poco, pasaríamos a
considerar el sector, el barrio, la ciudad, la región, la nación o el mundo.

El hombre debe ser consciente que cualquier cosa que haga o deje de hacer
afecta positiva o negativamente a los otros en los diferentes niveles. Ese
“hacer” puede ir desde sembrar un árbol hasta fundar una ONG, o desde tirar
un papel a la calle hasta colocar una bomba en un sitio populoso.

3. La dimensión profesional

Pareciera que en una sociedad donde el sistema capitalista neoliberal rige las
vidas de las personas, de las instituciones, empresas y macro-grupos humanos,
la dimensión profesional fuera la más importante. De hecho, muchos proyectos
de vida se han reducido a esta dimensión haciendo que la persona busque
afanosamente oportunidades para estudiar una carrera, para encontrar un
trabajo y para ganar dinero.

A este respecto es fácil encontrar instituciones educativas que han generado


todo un proceso de orientación profesional para los jóvenes que cursan sus
últimos años de secundaria. Aparecen psicólogos, orientadores, tests de
aptitudes, charlas con profesionales.. etc, para asegurar que cada individuo
tome la mejor opción de acuerdo con sus capacidades y limitaciones. La

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dimensión profesional no debe absorber la fuerza que tienen las demás
dimensiones. No puede hacer del sujeto un homo-faber que reduce su
existencia a hacer...hacer para ganar... y subsistir.

La dimensión profesional hace referencia a los valores del trabajo y al desarrollo


de las cualidades del hombre. El trabajo y la profesión no pueden ser
considerados como un único medio de supervivencia. El trabajo debe ser la
tarea que, al ser desarrollada, produzca realización, satisfacción y felicidad. El
dinero no puede ser el fin del trabajo, sino la consecuencia de la propia
realización y la contribución al progreso personal, social y cultural.

De la palabra profesión surge la acción de profesar y "profesa" aquel que se


consagra a algo. Es el que se deja apasionar por lo que hace pero no se deja
absorber. Vibra en su corazón cuando logra hacer lo que quiere porque vierte
en su trabajo grandes dosis de creatividad, ingenio, objetividad, ciencia,
humanismo y entrega. Lejos de él cualquier automatización de su quehacer que
lleve a perder su sentido y llegar a una rutinización inacabable.

4. La dimensión trascendente

La dimensión trascendente, sin duda, forma parte del proyecto vital de una
persona. Esta convicción esta fundamentada en la fe que profesa el hombre y
que anima su vida. Es la convicción del hombre como ser perfectible que se
mueve dentro del continuo inmanencia-trascendencia: un hombre que está
sujeto al tiempo y al espacio, y un hombre que traspasa los límites que ponen
estas dos variables.

Darle un sentido trascendente a la vida es aceptar que ella tiene un


componente espiritual compartido por un Ser superior al que consideramos
Padre, del cual procedemos y al cual volvemos. Dentro de una perspectiva
teológica cristiana este Dios Padre es amor y por eso perdona al hombre, lo
acompaña, lo guía y lo conduce a El, pero, no se confunda, respeta su libertad
como don que legitima su naturaleza.

Es el hombre quien, a través de su libertad, hace amistad con Dios desde su


propia situación y desde esta vida. Por eso, esta dimensión trascendente lleva
en sí misma los valores llamados religiosos y morales: la fe, la fraternidad, el
amor, el perdón, el servicio y todos aquellos que presenta el evangelio.

Nótese que no hay ningún valor evangélico que se quede dentro de una
relación simbiótica cerrada entre el hombre y Dios. Todos los valores
trascienden a los demás hombres. Por eso, la dimensión espiritual o

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trascendente le da sentido a muchas de las cosas que hace el hombre y a su
propia vida.

5. A MANERA DE CONCLUSIÓN: ¿QUÉ PERMITE LA UNIDAD?

Aunque atrás hemos hecho la salvedad metodológica sobre la presentación de


las dimensiones, podría quedar en el ambiente la pregunta: ¿Qué facilita o
permite la relación de las dimensiones dando lugar a la unidad de la persona? A
nuestra manera de ver y analizando la misma dinámica humana, consideramos
que hay una quinta dimensión que podríamos denominar “la relación de
relaciones” por cuanto se convierte en una espiral envolvente que ‘conecta’
todas las demás: la dimensión comunicativa.

La persona es un ser que comunica y se-comunica a cada momento. De hecho,


de acuerdo con los estudiosos de la Escuela de Paloalto, es imposible no
comunicarse en cualquiera de los niveles y las formas que tiene la
comunicación. Por eso, cualquier acto que ocurre al interior de las dimensiones
es de suyo comunicativo porque le permite al hombre construir, fortalecer,
extender y ahondar la relación con el otro, los otros, lo otro o el Otro.

Acciones sencillas o complejas, racionales o emotivas, puntuales o regulares,


dentro de su naturaleza comunicativa traspasan el umbral de cada dimensión
influyendo en las demás para crear una armonía en el individuo –configuración
integrada- o una fragmentación y disminución del mismo individuo -
configuración desintegrada-:

- La dimensión afectiva se expresa a través de un detalle que se regala al


ser amado, el encuentro de un padre con su hijo, la celebración de un
cumpleaños en donde se reúnen los amigos o la carta que se envía a un amigo
lejano.

- La dimensión socio-política contiene acciones como el tiempo real que se


dedica para visitar una casa de ancianos, o la campaña que se hace en favor
de los homosexuales, o reunirse con los vecinos del barrio para celebrar las
fiestas de fin de año o para discutir sobre la inseguridad del sector, o la acción
misma de votar por el candidato que ha presentado un programa pertinente a
las necesidades del país.

- La dimensión profesional contempla todos los actos creativos en donde


se conjugan la imaginación, el trabajo, la capacidad organizadora y de
respuesta, entre otros. Acciones como trabajar en equipo para sacar adelante
un proyecto, la exposición de una idea, la venta de un producto, la conciliación
en un proceso y la decisión sobre un requirimiento son comunicativas.

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- La dimensión trascendente es posible si el hombre y la mujer creyentes
establecen un re-ligare con Dios a través de la oración, acto comunicativo por
excelencia que se hace liturgia permitiendo que sacramentos, símbolos y ritos
expresen la fe que profesa la persona. Una persona que pide perdón, una
comunidad que reza el padrenuestro o que estrecha sus manos para dar la paz,
están comunicando un mensaje.

Como puede apreciarse en cada dimensión, la comunicación es el factor


común. Incluso, ésta es la que posibilita un equilibrio o desequilibrio en todas
las dimensiones. No es extraño encontrar que un acto afectivo reconforte en lo
espiritual, que un acto creativo incida en lo socio-político, que un acto de fe
acreciente el vínculo afectivo que tenemos con alguien o que un acto solidario
nos haga sentir coherentes con nuestra opción cristiana.

Finalmente, una clave de trabajo en el proyecto de vida, sin duda alguna, es lo


comunicativo porque siendo don de la persona también se hace tarea. Tenemos
el desafío de aprender a comunicarnos para que seamos más asertivos, más
profundos, más integradores, con capacidad de escuchar al otro, de dar “desde
dentro” y de solucionar los conflictos que acompañan la vida misma. La
comunicación es verdadera si el sujeto aprende a abrirse trasparentemente, a
interesarse por el otro, a percibir al otro como semejante y diferente, a llegar a
consensos y a entender al interlocutor tratando al máximo de captar los códigos
de su lenguaje. Este aprendizaje nos ayudaría en nuestro proceso de ser
personas y de construcción de comunidades.

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