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Caso 2. Grupo B.

Gerald salió precipitadamente del despacho de su supervisor, furioso porque estaba a


punto de ser despedido. Obstinado, se resistía buscar ayuda psicológica porque
afirmaba era la empresa y no él.

El conflicto más inmediato era la tirantez en sus relaciones con sus supervisores y
subordinados. Aunque sus credenciales eran excelente, Gerald había ideado nuevos
procedimientos contrarios a la cultura de la empresa, y estos cambios no habían
despertado demasiadas simpatías entre los afectados. Esperaba que todo el mundo
cumpliera al instante todos sus antojos. Algunas veces sus ideas innovadoras
funcionaban, otras no. Sin embargo, el horario de trabajo y las obligaciones laborales del
resto del equipo cambiaban con cada nueva imposición. Cuando las cosas funcionaban
bien, Gerald restaba importancia al papel que habían desempeñado sus compañeros de
trabajo en el proceso.

Para empeorar las cosas, nunca abandonaba ninguna de sus ideas. Estaba seguro de
que eran superiores a los “viejos procedimientos” y que funcionarían si el equipo se
limitaba a “sacarse la venda de los ojos lo suficientemente como para ver la situación
global y adaptarse a una situación mejor. No sé por qué la magnitud de mis
innovaciones no es obvia para todo el mundo”, se le había oído decir. Cuando se le pidió
que describiera cuál creía que sería su posición al cabo de cinco años, Gerald respondió
“tengo una gran fe en el poder del pensamiento positivo. Creo que la principal razón de
que no progresemos es que seguimos utilizando los viejos procedimientos. En todas las
empresas en las que he estado he encontrado nuevas formas de hacer las cosas, más
eficientes, algunas de ellas revolucionarias. Creo que en el futuro tendré un éxito
abrumador. Es mi destino”.

De hecho, Gerald había sido despedido de otras compañías por ser una persona
conflictiva, por haber credo los mismos problemas que estaba originando en ese
momento. Solía expresar abiertamente que los demás “o no me reconocen mis
capacidades o me tienen envidia”. En efecto, atribuye sus problemas con el resto del
equipo a la envidia. “Quieren que me despidan para evitar que les ponga en evidencia.
De hecho, creo que algunos de ellos pueden estar saboteando mi trabajo de forma
deliberada.”.

También explicó que se veía obligado a trabajar con “cretinos” y que su incompetencia
retrasaba siempre la finalización de sus proyectos y la puesta en práctica de sus ideas.

Ya que toda su vida se había visto obligado a trabajar con personas inferiores, estaba
contento de que le tratara un psiquiatra, porque sólo un médico especialista podía ser
capaz de entender su situación y de comprender sus quejas. Cuando se le pidió que
nombrara personas a las que se sentía cercano, mencionó a Einstein y a Salk, personas
que “han sufrido notablemente por ser unos adelantados a su tiempo, igual que yo”.
Diagnostico:

Trastorno de la personalidad narcisista 301.81 (f60.81).

Criterios que presenta:

 Tiene un grandioso sentido de auto importancia (exagera sus capacidades).


 Está preocupado por fantasías de éxito ilimitado.
 Cree que es especial y único, y que solo puede ser comprendido o solo puede
relacionarse con otras personas de alto status.
 Es muy pretencioso (expectativas poco razonables de recibir un trato de favor
especial o de que se cumplan automáticamente sus expectativas).
 Saca provecho de los demás para alcanzar sus propias metas.
 Carece de empatía: es reacio a reconocer o identificarse con los sentimientos y
necesidades de los demás.
 Envidia frecuentemente a los demás o se cree que los demás le envidian a él.

Tratamiento:

psicoterapia centrada en la transferencia.

Enfocada en la interacción entre el paciente y el terapeuta.

Preguntar y ayuda al paciente a pensar acerca de sus reacciones para que pueda
examinar su autoimagen distorsionada.

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