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Estudiante: Yuri Astrid Soto Ordóñez Asignatura: Cristología

Fecha: Mayo 08 de 2019 Ensayo


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Jesucristo, Mediador entre Dios y el hombre

Para poder iniciar es necesario recordar que la preocupación fundamental de la cristología


hoy es mostrar cómo se puede entender dentro de la fe el dogma que encontramos en el
Concilio de Calcedonia (451) el cual nos dice que Jesucristo es: «verdadero Dios y verdadero
hombre en una persona» y a la vez buscar la manera de cómo se puede interpretar y adaptar
este dogma con ayuda de los métodos y categorías filosóficas de hoy. Es por ello que los
teólogos de hoy quieren hacer de la cristología una reflexión en cuanto a lo que esta puede
aportar y revitalizar la Iglesia y que esto pueda repercutir en la sociedad1.

A lo largo del curso de Cristología se ha logrado centrar la discusión acerca de la


humanidad y divinidad de Jesús. En la reflexión que se ha venido haciendo, se ha planteado
lo importante que ha de ser para nosotros, teólogos en formación, el desafío de la misión, tan
actual y presente, de la humanidad y divinidad de Jesús y como esta puede permitirnos
mostrar otros horizontes, otras realidades que interpelan y que piden ser tenidas en cuenta en
nuestra Iglesia y que no se alejan del mensaje de anunciado por Jesucristo.

Notemos además que este desafío de la misión humana y divina de Jesús se ha intentado
comprender desde tres grandes esbozos cristológicos: primero se logra comprender la fe en
Cristo dentro de un horizonte cosmológico, la cual nos quiere expresar que “Cristo es la
evolución llegada a su meta”2, un segundo esbozo es comprender este hecho
antropológicamente donde se interpretar “la encarnacion de Dios, como el caso supremo e
incomparable de la realización esencial de la realidad humana, y la cristología como la
realización más radical de la antropología”3. Por último, “el tercer intento parte de que no
existe en absoluto el hombre, sino que éste nos sale al encuentro en concreto y sólo dentro
del ensamblaje de condicionamientos filosóficos, biológicos, económicos, sociales y
espirituales, de modo que el hombre como individuo se encuentra entretejido en el todo
histórico de la humanidad.”4

1
Cfr. KASPER, WALTER, Jesús, el Cristo, Sígueme, Salamanca, 2012, pág. 40-41
2
Ibidem pág. 42
3
… Ibidem
4
… Ibidem
Todo lo anterior tiene un peligro debido a que, si nos quedamos solamente en estos
esbozos la profesión cristológica, la fe en Cristo seria pura ideología. Y a este punto era al
que quería llegar en cuanto a que nos ayuda a presentar que no solo basta todos estos esbozos,
sino que hemos de tener presente lo que llamamos la causa de Jesús, comprendiendo así que
Jesús, aquel que es verdadero Dios y Hombre, en completa unidad, en una única persona, nos
viene a revelar el plan salvífico de Dios y viene a constituirse en el mediador5 entre Dios y
los hombres.

Pero ¿cómo conocer la persona del Mediador? En la carta a los hebreos en los capítulos
8-9 se nos presenta el sacerdocio eterno de Cristo enlazado con el ofrecimiento de sí mismo
realizado durante su vida, permitiéndole así al creyente acercarse a Dios con plena confianza,
sin mediación humana. Ahora bien, en hebreos 9, 11-15, nos dice:

"Pero presentóse Cristo como Sumo Sacerdote de los bienes futuros, a través de una
Tienda mayor y más perfecta, no fabricada por mano de hombre, es decir, no de este
mundo. Y penetró en el santuario una vez para siempre, no con sangre de machos cabríos
ni de novillos, sino con su propia sangre, consiguiendo una redención eterna. Pues si la
sangre de machos cabríos y de toros y la ceniza de vaca santifica con su aspersión a los
contaminados, en orden a la purificación de la carne, ¡cuánto más la sangre de Cristo, que
por el Espíritu Eterno se ofreció a sí mismo sin tacha a Dios, purificará de las obras
muertas nuestra conciencia para rendir culto a Dios vivo! Por eso es mediador de una
nueva Alianza; para que, interviniendo su muerte para remisión de las transgresiones de
la primera Alianza, los que han sido llamados reciban la herencia eterna prometida."6

Es gracias a la entrega generosa y redentora de Cristo que contamos con un mediador


ante Dios, que se hizo uno de nosotros exaltado nuestra humanidad para atraernos hacia El
en comunión con el Padre. De ahí que nuestro Mediador Jesucristo tenía que ser verdadero
hombre, para que él, como hombre encarnado, pudiera cumplir con el plan de salvación que
estaba pensado desde siempre, Él que llevo su vida como un hombre que pasó por esta tierra
con su sufrimiento y muerte en cruz nos salva y a la vez diviniza la humanidad en su
resurrección. Además, Jesucristo nos abre la puerta para entrar en contacto directo con el
Padre, al regalarnos su Espíritu de amor.

En definitiva, la persona y la obra de Jesucristo son inseparables. Jesucristo se entrega


totalmente a su misión, está totalmente identificado con ella. Es el enviado y el entregado por
nosotros, es el reino de Dios en el amor, es incluso el amor de Dios en persona que se
comunica a sí mismo7. Es ver la plenitud de la revelación de Dios en la persona de Jesucristo

5
Aquel que media o intercede a favor de una persona o interviene en un asunto, discusión o problema,
tratando de solucionarlo. Tomado del Diccionario de la Real Legua Española.
6
Tomado de la Biblia de Jerusalén
7
Cfr. KASPER, WALTER, Jesús, el Cristo, Sígueme, Salamanca, 2012, pág. 369
mediador como lo expresa la Dei Verbum en el numeral 2 “… la verdad íntima acerca de
Dios y acerca de la salvación humana se nos manifiesta por la revelación en Cristo, que es a
un tiempo mediador y plenitud de toda la revelación”8

Llegados a este punto de la reflexión, me gustaría expresar que aún es posible continuar
la obra mediadora de Jesús. Cómo religiosa Escolapia y al hacer voto de dedicarme a la
misión educadora de la Iglesia desde los niños y jóvenes, considero que un maestro puede
ser un mediador siguiendo el ejemplo que Jesucristo nos ha dejado. Es poder ver al maestro
como aquel que se entrega y da lo mejor de sí a todos sus estudiantes sin tener ninguna
diferencia o sin esperar nada a cambio, es una entrega generosa donde se busca que el niño
y el joven puedan conectar con ellos mismos, logrando que se formen de manera integral, es
buscar salvarlos y acercarlos a Aquel que desde siempre los ha amado.

Me gustaría ahora citar a San José de Calasanz en su carta al Cardenal Miguel Ángel
Tonti (1566-1622)9. “Ministerio en verdad muy digno, muy noble, muy meritorio, muy
beneficioso, muy útil, muy necesario, muy enraizado en nuestra naturaleza, muy conforme a
razón, muy de agradecer, muy agradable y muy glorioso.”10 Con ello quiero expresar que en
Calasanz se ve claro el legado que quiere dejar a la Escuela Pía para salvar a los niños y
jóvenes de la ignorancia. Esto es lo que hacemos ahora las escolapias en los lugares en que
nos encontramos desde la educación y el acompañamiento que brindamos, donde podemos
ser instrumentos de Dios y continuar con la obra mediadora de Jesús.

Fuentes Bibliográficas

 KASPER, Walter, Jesús, el Cristo, Sígueme, Salamanca. Cap. 1: 13


 Diccionario de la Real Legua Española
 Biblia de Jerusalén
 Concilio Vaticano II, Constitución Dogmática Dei Verbum
 Memorial al Cardenal Tonti. Cartas de José de Calasanz (1566-1622)

8
Concilio Vaticano II, Constitución Dogmática Dei Verbum Sobre La Divina Revelación, N° 2
9
Calasanz en esta carta expone un conjunto de razones dirigidas a dicho Cardenal por ser el ponente de la
Comisión Pontificia encargada de estudiar la aprobación de las Constituciones y la conveniencia o no de
conceder a las Escuelas Pías votos solemnes con categoría de Orden Religiosa. Es este documento define
Calasanz con toda claridad la naturaleza, importancia y finalidad de las Escuelas Pías.
10
Tomado del Memorial al Cardenal Tonti, Cartas de José de Calasanz (1566-1622)

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