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Mujeres en conflicto con la ley

UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA


ESCUELA SUPERIOR DE TRABAJO SOCIAL

V JORNADAS DE INVESTIGACION EN TRABAJO SOCIAL

TITULO: MUJERES EN CONFLICTO CON LA LEY


AUTORAS: Lic. Senatore Anatilde
Ab. Bonfiglio Melina

EXPOSITORA: Lic. Senatore Anatilde

INSTITUCIÓN: Subsecretaría de Política Penitenciaria y


Readaptación Social, Mrio. de Justicia Bonaerense

EJE PROBLEMATICO: Políticas Públicas, Justicia


Mujeres en conflicto con la ley

a ellas

“…las mujeres ante el Poder


Judicial sufrimos la aplicación de penas más
severas que el hombre, tal vez será porque a
los ojos de nuestros jueces, rompemos el
patrón de madre, esposa o hermana… somos
producto de un país quebrado”
norma r.
detenida en la unidad N° 8
los hornos
Mujeres en conflicto con la ley

Introducción
La Subsecretaría de Política Penitenciaria y Readaptación Social depende del
Ministerio de Justicia. A su cargo se halla la responsabilidad de generar y
controlar las políticas en materia de ejecución penal, quedando bajo su órbita el
Patronato de Liberados y el Servicio Penitenciario Bonaerense.
Este trabajo pretende realizar una recuperación del problema abordado,
mujeres privadas de libertad, reconociendo al producto final de la
intervención, el Programa de Género de la Subsecretaría de Política
Penitenciaria, como instrumento de denuncia y norte de implementación de
políticas. Este programa fue el resultado de un proceso de indagación,
problematización y propuestas de abordaje desarrollado por un equipo
conformado especialmente para esta tarea, integrado por las abogadas
Mariana Mostajo y Melina Bonfiglio y la trabajadora social Anatilde Senatore.

La cárcel es, para muchos intelectuales, un intrigante laboratorio en el cual


medir y probar teorizaciones más o menos certeras, más o menos adecuadas.
Entran en el territorio más oscuro del dolor y del espanto y salen por el
luminoso mundillo académico a dar sus sesudas conferencias acerca de la
cárcel, desde múltiples líneas de análisis, sin plantearse muchos de ellos, en
ningún momento que si la ciencia no está al servicio de la transformación de las
condiciones abominables en que se debaten los sectores más desprotegidos y
castigados del sistema imperante, carece de sentido. Esto resulta altamente
funcional a un discurso del orden que construye una representación acerca de
la peligrosidad y del sujeto que porta este estigma que fundamenta la
implementación del estado penitencia, en reemplazo del estado providencia1.

Serán las mujeres presas quienes marquen para nosotros, con su palabra y su
acción, el norte de la intervención.
Desde esta inserción laboral, tuve la oportunidad de integrar un complejo
proceso de investigación/intervención que tuvo ciertas peculiaridades. Una de
1
WAQUANT L. LAS CARCELES DE LA MISERIA, Manantial,
Bs. As., 1.999
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ellas fue formar parte de una gestión política, con lo cual, los tiempos de
producción de resultados son dictados por cuestiones electoralistas.
Otra particularidad está dada por la negación constante del servicio
penitenciario bonaerense a reconocer una dependencia del poder político, al
cual embate constantemente con mecanismos de disuasión extremadamente
eficaces, dejando muchas veces la ejecución de las políticas instauradas en el
orden de lo declamatorio, en un perverso juego de hacer como sí.

La pena y sus sentidos


El desarrollo del capitalismo monopólico requiere de una transformación en sus
mecanismos de dominación; en este sentido, debe fortalecer la reconfiguración
de las instituciones de control y coerción.
La cárcel es hoy, la mayor intromisión que el estado realiza en la vida de las
personas. Los argumentos para garantizar el consenso que permita tal acción
alcanzan un amplio espectro de argumentaciones, yendo desde la teoría de la
pena como castigo en sí misma hasta la teoría finalista, que, desde una
perspectiva que se autodefine como humanista, intenta recuperar una mirada
integradora del problema. El debate queda cercenado si no se develan las
coordenadas sociohistóricas en las que tal análisis se inscribe.
Si durante el período de acumulación productiva la cárcel operó como
reaseguro de la norma, los nuevos vectores de la cuestión social obligan a
repensar seriamente su utilidad hoy.
Con una concentración colosal de la riqueza en un sector cada vez más
restringido, la clase trabajadora ha comenzado a construir su identidad en torno
a la incertidumbre acerca del futuro. Entre la sumisión y la resistencia, una
creciente franja de la población se halla hoy en conflicto con la ley. No siendo
objeto central de este trabajo un análisis pormenorizado de la cuestión, sólo me
detendré en enunciar someramente las razones centrales para esta situación:
 La inclusión de cláusulas penales en contratos comerciales que hasta
hace poco solo se dirimían en el ámbito civil por lo cual hoy se puede
tener una causa penal por conectarse ilegalmente a algún servicio
público elemental como la luz.
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 La desocupación genera y agudiza estrategias de sobrevivencia ligadas


con actos punibles tales como el trabajo sexual, el hurto y el comercio de
drogas a pequeña escala.
 Borrados los límites tolerables de la corrupción institucionalizada, la
construcción del estado de impunidad fortalece la legitimación de ilícitos,
en particular, los delitos contra la propiedad privada.
 Los grupos de lucha, conformados por las diversas expresiones del
movimiento de desocupados, cuentan, cada vez más, con compañeros
procesados y/o penados en el marco de la criminalización de la protesta
social.
 La configuración de un problema político-sanitario, como es el consumo
de estupefacientes, en un problema delictivo, llena las cárceles de
consumidores y promueve el crecimiento del mercado a gran escala.
¿Qué rol le cabe a la cárcel, como institución punitiva, en este contexto?
Sería de una ingenuidad banal pensar en términos normativos para
comprender sus objetivos y sus alcances. Metodológicamente, resulta
claramente insuficiente tensar el deber ser institucional, Constitución y Reglas
Mínimas2 mediante, con lo que la apariencia de realidad3 muestra.
El crecimiento exponencial de la población encarcelada lleva al límite la
capacidad de absorción de los diversos sistemas (instituciones de menores,
penitenciario provincial, federal y comisarías).
Hasta aquí, podemos hablar tanto de hombres como de mujeres.
Estas generalidades l@s igualan.
Sin embargo, hombres y mujeres recorren el camino hacia la cárcel de modos
diversos, significan la pérdida de la libertad de modos particulares, transitan el
proceso de detención en condiciones materiales y subjetivas desiguales y
atraviesan la puerta hacia la calle de manera diferente.

De hadas y brujas

2
Reglas Mínimas para el Tratamiento de los Reclusos, Departamento de
Información Pública, N.York, 1984
3
KOSIK K., DIALECTICA DE LO CONCRETO, MIMEO CETS, 1998
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Hablar de las mujeres privadas de la libertad requiere delimitar objetivamente el


entramado ético, ideológico y político desde el que se construyen las prácticas
vinculadas con este tema.
Las precisiones deben remitir, entonces, a los pilares teóricos que sustentan el
entramado de un asunto de doble negación: negación de una identidad
particular, en términos de género y negación de la privación de la libertad como
sanción hacia las mujeres en conflicto con la ley.
Harari y Pastorino4 plantean que el derecho tiene género, reafirmando su
hipótesis mediante un estudio de caso, del que se desprende que el poder
judicial se sigue pronunciando según viejos modelos sociales, operando como
instrumento de control social sobre las mujeres, fortaleciendo los pares
binarios: frígida-ninfómana, madre-prostituta, hada-bruja; el imaginario produce
prácticas que cristalizan estos estereotipos asegurando un desigual reparto de
poder en términos de género.
El Decreto Reglamentario 1373/62, vigente hoy como reglamentación de la
ejecución penal refuerza esta aseveración: “serán consideradas faltas graves
de conducta la negligencia manifiesta para el cuidado de su hijo o la rudeza
inmotivada en el trato para con él. La reincidencia en estos hechos traerá como
accesoria a la sanción disciplinaria la inmediata separación del menor para
quien se arbitrarán las medidas conducentes a su guarda con la debida
intervención del juez de menores”, cabe destacar que este reglamento, vigente
hoy, data del año 1.962.
Esta regla no incorpora, como tampoco lo hacen las normativas más actuales,
una intervención de tipo preventiva en la vinculación madre-hijo, con miras a
fortalecer esta relación, habida cuenta de las trayectorias de violencia que
muchas mujeres portan, así como el propio impacto que el encierro genera en
las personas.
Este artículo permite conocer qué se espera de las mujeres, no sólo con sus
hijos alojados en el penal, sino con los que la visitan: ser madres las califica en
sí mismas.

4
Acerca del género y el derecho, Harare y Pastorino, en EL DERECHO EN EL
GENERO Y EL GENERO EN EL DERECHO, H. Birgín, Ed. Biblos, Bs. As. 2000
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Las explicaciones acerca de las causas del delito en las mujeres pendulan
entre la perversión y el desvío. Descalificadas en el deber ser, es preciso
marcar la norma y apresurarse a rotular el tipo de patología psicosocial que las
perturba: “a qué nivel de degradación cae la mujer a veces (…) pierde todo
sentido de vergüenza, de modestia, de autorespeto, de gentileza, toda su
femineidad convertida en violencia, cruel…”5
Negando toda referencia al encierro, el estereotipo de la mujer privada de
libertad la define hoy como hace dos siglos atrás; cada jefe de unidad
consultado al respecto, manifestó preferir una cárcel con 1.000 varones a un
anexo6 con 35 mujeres; del paternalismo protector al desprecio, cada
aseveración dejó por fuera la diferencia de géneros.
¿Cómo opera esta negación en las prácticas cotidianas? La muestra más
flagrante resulta en la falta total de provisión de toallas femeninas para la
población. Como artículo suntuario, debe ser proporcionado por la propia
interna, sea mediante su peculio7, destacando que menos de un 20 % de la
población femenina trabaja o mediante el aporte de quienes la visitan, aún
sabiendo que menos de un 30 % recibe visitas.
Para la psicóloga Liliana Martínez8, “la realidad carcelaria promueve la
emergencia de síntomas corporales que pueden sostenerse en el tiempo o
desaparecer afuera… conlleva reducción del espacio y hacinamiento… la
iluminación es escasa y la falta de colores… podría pensarse como ´llevar una
vida gris´… la audición se ve sometida a un incremento de estímulos
sonoros… lo olfativo y lo gustativo también sufren modificaciones… la tensión y
el alerta se traducen en tensión muscular… el malestar que se silencia y se
niega retorna por alguna vía; el cuerpo es una de ellas”
La constante comparación de las mujeres recluidas con la población general es
otro indicador de esta negación; desde el programa de Género se implementó
5
Maudsley, LAS CARCELES DE MUJERES, citado en CUERPO, FEMINEIDAD Y PELIGRO
6
nominación con la que se reconoce a los apartados para mujeres en cárceles
masculinas
7
peculio: salario penitenciario, consistente en unos 20 pesos por mes, por jornadas
de 6 a 8 horas diarias de trabajo, cinco días a la semana.
8
MARTINEZ LILIANA, LOS EFECTOS DE LA CARCEL EN LA SUBJETIVIDAD DE LAS
MUJERES PRIVADAS DE LIBERTAD, ensayo presentado en las Jornadas: “Buenas
prácticas penitenciarias”, Bs. As. ´03
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un sub programa, cuyo único objetivo era garantizar para cada niño alojado en
el penal la celebración de su cumpleaños y para la totalidad, el poder participar
en el festejo. Hasta entonces, la madre del homenajeado decidía a qué chicos
invitaba, en sintonía con sus propias relaciones intra carcelarias. El argumento
del personal para sostener y fomentar esta discriminación se argumentaba
diciendo que en cada casa, cada madre decidía a qué niños del barrio iba a
invitar y esto debía ser respetado en el penal.
La discusión con las internas madres puso de manifiesto que todas habían
sufrido la discriminación hacia sus hijos en algún cumpleaños. Se trabajó sobre
la particularidad de estar detenidas y las escasas ocasiones de celebración que
tiene para compartir con los pequeños, tras lo cual acordaron propiciar el
festejo compartido.
Fueron, entonces las agentes penitenciarias quienes reprocharon la acción
institucional, hablaban de discriminación, arguyendo que con sus magros
sueldos muchas veces no podían agasajar a sus chicos, en tanto, éstas, que ni
siquiera deberían ser madres, tiene fiesta y regalo “de arriba”, otra vez la falsa
igualación que permite negar la diferencia.

Algunas precisiones numéricas


A lo largo de esta exposición se irán marcando las múltiples desigualdades que
en términos de género se advierten con claridad, proporcionando para las
mujeres un plus en el castigo.
La población femenina privada de su libertad en cárceles bonaerenses se ha
exponencialmente. En el año 1.984 había 127 detenidas. Para el 2.003,
sumaban 646, de las cuales sólo un 16 % se halla penada, es decir, con
sentencia firme. El resto se halla aún sometida a proceso.
Los datos demográficos no dan cuenta de la complejidad de la situación. Se
acercan algunos elementos a modo de ilustrar numéricamente la cuestión:
El 16 % tiene menos de 21 años, muchas de ellas ingresaron con causas de
menores, debido a que no existen institutos de máxima seguridad para
menores mujeres, el 37 % tiene entre 22 y 30 años, casi la misma proporción
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se halla en la franja siguiente, 33 % entre 31 y 40, mientras que mayores de 40


suman el 14 %.
Del primer grupo, los delitos se vinculan con robos y hurtos, de los 3 homicidios
consignados, 2 lo fueron en ocasión de robo.
La edad analizada en relación con el tipo de delito, permite observar que las
mujeres menores de 30 años están acusadas por delitos contra la propiedad,
básicamente robo y hurto, en tanto en las mayores de 30 priman los delitos
contra las personas tales como homicidio, lesiones, amenazas y abandono de
persona.
La inmensa mayoría proviene de los partidos más densamente poblados,
destacándose entre ellos los siguientes partidos: Lanús, Lomas de Zamora,
Quilmas, Morón, San Martín y La Plata.
El nivel de escolaridad formal es básico. Si bien la educación aparece como
uno de los derechos fundamentales al tiempo que representa una estrategia de
disminución del conflicto –toda vez que para obtener el permiso de estudio se
debe tener una conducta buena, en términos penitenciarios9 - acceder a los
ámbitos escolares se restringe aún más para las mujeres que tienen consigo a
sus bebés, debido a que se les permite ingresar con los niños al aula y
tampoco pueden encomendar su cuidado a otras compañeras. Si bien existe
una guardería, ésta se halla extramuros y admite a los pequeños a partir de los
6 meses; algunas madres, apegadas en extremo a sus niños, se niegan a
permanecer sin ellos varias horas al día.

Contexto de surgimiento de la demanda


En el mes de enero de 2.003, un grupo de mujeres alojadas con sus hijos en la
cárcel de Los Hornos, inicia una protesta cuyo objeto es modificar el
reglamento que determina que a las 10 de la noche, cada interna debe ser
encerrada en su celda, lo cual implica que aquellas madres que no
amamantaran y no contaran con un termo debían dar la leche a los bebés tal

9
La regulación de la conducta responde a cánones absolutamente subjetivos, por lo
que su evaluación es siempre una incertidumbre, aún para los funcionarios del área.
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como se encontrara al momento de la ingesta, lo cual se traduce en la mayoría


de los casos, en leche en mal estado.
Un mes más tarde, un grupo de reclusas inicia una propuesta pidiendo con
suma urgencia la atención médica correspondiente para una de las jóvenes,
que, enferma de SIDA y con defensas muy bajas, exhibía un cuadro febril que
no cedía. La respuesta en este caso, fue una violenta represión, con balas de
plomo incluidas y el traslado a la cárcel de mayor seguridad, temido espanto de
los rebeldes.
A partir de aquí, el equipo organizó un intenso programa de trabajo, tendiente a
describir y caracterizar la situación desde las diversas perspectivas.
Se planificaron entrevistas con los referentes de cada sección del Servicio
Penitenciario involucrada en el tema y se recorrieron las cárceles destinadas al
alojamiento de mujeres: Los Hornos, Romero, Bahía Blanca, San Nicolás,
Mercedes y Azul. En cada una de ellas, se procedió a instrumentar una
encuesta semiestructurada, con el objeto de indagar sobre los problemas
identificados por el personal penitenciario, en relación a las mujeres detenidas;
se mantuvieron entrevistas en profundidad con los referentes de las áreas de
salud, asistencia social, educación, trabajo y disciplina.
Simultáneamente, se indagó en la bibliografía existente con respecto al tema,
se inició un mapeo de la situación a nivel latinoamericano en primer término,
para ampliarlo luego al contexto occidental global.
Se consideró prioritario conocer la propia perspectiva de las mujeres, pero al
mismo tiempo, se estimó necesario trabajar sobre los preconceptos del propio
equipo y fortalecer el encuadre de trabajo antes de encontrarnos con las
detenidas, habida cuenta de la ansiedad con que la población espera la
intervención de agentes externos al propio servicio penitenciario.
Se efectuaron entrevistas individuales y colectivas, propiciando el encuadre
informal, como contracara de la rigidez institucional.

Nosotras y los otros


La mayoría de las mujeres entrevistadas inició el relato de la pérdida de la
libertad aludiendo a situaciones vinculares: siguiendo a sus parejas, siendo
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cómplices de padres y hermanos, resolviendo violentamente una situación de


maltrato familiar, víctimas o victimarias, en relación con el varón, poniendo de
manifiesto el desigual reparto de poder; la calificación laboral es menor que la
del hombre, de niñas han debido ser madres de sus hermanos, siendo muchas
de ellas madres en la adolescencia.
Atravesar el portón del penal marca a fuego en la piel el estigma de la
deshonra, de allí en más, justifican en muchos casos el destrato que reciben,
entendiendo que es parte del castigo por no responder a la norma.
Antes que optar por la prostitución, muchas prefieren el robo, viendo en esta
acción un gesto de dignidad frente al varón que las usa y las denigra.
Solo una cárcel ha sido pensada para las mujeres, escapando a la arquitectura
cuadrada y gris, imperante en las unidades masculinas. El resto son anexos,
con lo cual queda claro el lugar que ocupa la mujer, espacios reducidos, donde
se hallan hacinadas. En las comunidades terapéuticas con modalidad
residencial no había, previo al Programa, cupo para mujeres, como tampoco lo
había en el único hospital penitenciario; no existían, tampoco, unidades de
régimen abierto o semiabierto. Las mujeres reciben a sus visitas con un bolso
preparado: alimentos, ropa, algún juguete de manufactura casera, piden
permiso para bañar y despiojar a sus hijos, revisan sus cuadernos; los hombres
reciben de sus visitas las provisiones para la semana. Cuando se forman
parejas de detenidos, a la visita intercarcelaria, es la mujer quien lleva la
comida, para lo cual cuentan con el apoyo del cocinero, quien refuerza esta
obligación de la mujer de atender a su hombre, sin importar las condiciones.
Forman familias y parejas, la homosexualidad es más un clamor desesperado
de afecto que una opción sexual en sí.
La situación de los niños alojados con sus madres constituyen todo un tema en
sí mismo: no existen estudios serios acerca del impacto de nacer y crecer
privado de la libertad, en un contexto altamente agresivo como el del penal; no
existe un presupuesto específico para sus necesidades, lo lúdico no forma
parte de las prioridades para las autoridades penitenciarias, para los pequeños
alojados en los anexos del interior, salir del penal se constituye en una
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aventura que puede suceder a los 3 ó 4 años, no existiendo guarderías ni


programas de salidas.
Recuperar la libertad implica un desafío enorme: estigmatizadas, en muchos
casos institucionalizadas, rotos los vínculos pre existentes, entre el
resentimiento y la culpa, desandan el camino buscando a sus afectos,
buscando el paradero de sus hijos, intentando recuperar el afecto y transitar el
sinuoso trayecto del retorno a una sociedad que las expulsó.
Cuando una mujer recupera la libertad es día de fiesta en el penal, lo dicen los
rostros maquillados, la cumbia que suena más fuerte, si cabe y las palmas que
se baten como si la vida se fuera en ello, despedir a la compañera las acerca
un poco a la propia libertad

El Programa de Género
Por la diversidad de actores involucrados, fue preciso determinar las áreas más
vulneradas identificadas como esferas de intervención posible, desde la
Subsecretaría: identidad, familia y salud10:
Área familiar: Un estudio en perspectiva de género permite identificar un
primer nivel de análisis vinculado con la producción de sentidos y la asignación
de significados presente en toda construcción de imaginarios sociales con
respecto a la homologación de la mujer con el rol materno. El mito
mujer=madre remite a un deber ser profundamente entronizado en la cultura
occidental y su matriz se resquebraja frente a la diversidad de lo real. En esta
diversidad, distintos elementos se potencian: historias intra e inter
generacionales de desarraigo, abandono familiar, violencia simbólica y física,
donde la vertebración de la estructura familiar, en tanto producción y
reproducción cotidiana se asienta sobre la responsabilidad de la madre. Así,
mujeres que no han vivenciado el rol de hijas, que no han podido decidir
cuándo y cómo ser madres, se ven exigidas a interpretar una tarea tan
compleja como la maternidad sin los mínimos recursos materiales y simbólicos
para ello. Esta exigencia que en muchos casos no se condice con el capital
indispensable para desarrollarla, se ve agravada por la situación de detención,
10
Se transcriben a continuación los fundamentos de cada área del Programa
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durante la cual su capacidad para ser lo que socialmente se espera que sean,
se convierte en un elemento de más de su calificación, traduciéndose en un
monto de angustia que genera trastornos para sí misma y para la convivencia
con sus pares.
Otro aspecto central a considerar es la interrupción vincular que la detención
provoca al interior de los grupos convivientes. Muchas mujeres encuentran en
la detención una barrera insalvable para la continuidad de los lazos familiares.
Sea porque sus familias están desintegradas, sea porque los recursos
económicos son precarios para sostener la frecuencia indispensable de los
encuentros, cada vez es mayor la proporción de mujeres que no reciben visitas
y que desconocen dónde y cómo se encuentran sus afectos.
Estas situaciones de desencuentros se potencian en el marco de un encierro
que promueve la revisión de los vínculos, acrecentando la culpa y la
desesperanza.
Área Salud: para muchas mujeres de los sectores populares, el propio cuerpo
es un espacio inexplorado, el desentenderse del mismo es una estrategia de
sobrevivencia, a partir de la seria dificultad que encuentran en la provisión de
satisfactores tales como la alimentación de calidad y la salud en términos
preventivos. Con el crecimiento en términos cuali-cuantitativos de la pobreza,
cada vez es más frecuente que los sectores pobres estructurales y aún los
empobrecidos desoigan las demandas de su propio cuerpo ante la
imposibilidad de obtener respuestas. Las mujeres que conforman la población
penal proviene de estos sectores y comparten estas dificultades. La detención,
por su parte representa, si no se toman los recaudos indispensables, una
instancia riesgosa de transmisión de algunas patologías, al tiempo que provee
una situación ideal para la difusión de normas de salud y criterios
indispensables para el cuidado del cuerpo.
Cuestiones subjetivas como la autoestima y la propia desvalorización se
entrecruzan con elementos concretos como el desconocimiento o la falta de
recursos para ocuparse de sí mismas.
Área Identidad: la trayectoria vital de estas mujeres las ha confrontado con
situaciones extremas que las ha llevado a silenciar y/o desdibujar su propia
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identidad femenina en pos de una dura supervivencia. La masculinización, la


autoagresión en sus diversas formas, la tergiversación de su propia historia,
operan como mecanismos de defensa que las contienen al tiempo que las
segregan con más intensidad.
Conocerse, reconocerse, aceptarse son principios elementales para iniciar un
proceso real de integración. La propia estima es el soporte que posibilita la
aceptación de los demás, la resignificación de la mirada sobre sí mismas es el
paso inicial para incluirse en la sociedad con un proyecto posible. Para ello,
recuperar sus aptitudes y capacidades es tan preciso como fortalecer sus
debilidades. La identidad adquiere, entonces, una importancia vital.
Expresarse, poner palabras a lo callado, desnaturalizar lo obvio, conocerse, en
definitiva, aceptarse es trazar un puente hacia la aceptación de los otros.

Traducir en acciones este puñado de buenas intenciones es una tarea ardua


que ha sido apenas esbozada, con pequeños avances y grandes retrocesos.
Cerramos el año de gestión con un motín por demás violento, con la sensación
de haber apenas iniciado un camino.

La Plata, 2.004
Mujeres en conflicto con la ley

BIBLIOGRAFIA
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GENERO Y EL GENERO EN EL DERECHO, H. Birgín, Ed. Biblos, Bs. As. 2000
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KOSIK K., DIALECTICA DE LO CONCRETO, MIMEO CETS, 1998
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MUJERES PRIVADAS DE LIBERTAD, ensayo presentado en las Jornadas:
“Buenas prácticas penitenciarias”, Bs. As. ´03
MARTURET, H. “Neoliberalismo y exclusión”, MIMEO UBA, Bs. As. 1.995
MARX, K “El método de la economía política”. Mimeo Cets. 1998.
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Biblos, Col. Mujer y Derecho, Bs. As. 2000
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TILLY, C. LA DESIGUALDAD PERSISTENTE, Manantial, Bs. As., 2.000
WACQUANT, L. LAS CARCELES DE LA MISERIA, Manantial, Bs. As., 1.999
WACQUANT, L. PARIAS URBANOS, Manantial, Bs. As., 2.000

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