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Rescatar al Estado para rescatar la

democracia
Por Emir Sader | 12/10/2021 | Opinión

Fuentes: Rebelión [Imagen: Manifestación celebrada durante el III Foro Social Mundial celebrado en
Porto Alegre en 2003. Créditos: FSM]
En este artículo el autor sostiene la necesidad de rescatar el Estado como condición necesaria
para rescatar la democracia.
El surgimiento del neoliberalismo fue, al mismo tiempo, el inicio de la campaña frontal de
crítica y descalificación del Estado. Las críticas a su incompetencia, su burocracia, por ser
fuente de corrupción, por no tener dinamismo económico, por gastar demasiados recursos en
servidores públicos, por rechazar erróneamente la competencia del libre mercado, por su
carácter autoritario, se concentraron en el Estado.
En definitiva, sin Estado o con un Estado mínimo, la sociedad funcionaría mejor, la economía
sería más dinámica, los precios serían más bajos y habría más democracia. Esta promesa
neoliberal, de hecho, se traduce en la centralidad del mercado, la supresión de los derechos
de la gran mayoría de la población, la mercantilización de la sociedad y la imposición del
reino del dinero, donde todo tiene un precio, todo es mercancía, todo se vende, todo se
compra.
En el Foro Social Mundial se unieron varias corrientes antineoliberales, que aglutinaron
distintas concepciones del Estado: visiones como las de John Holloway, para quien sería
posible cambiar el mundo sin tomar el poder, o las concepciones de Toni Negri y otros, entre
los que se encontraba en ese momento, Boaventura de Sousa Santos y otros intelectuales
europeos, que se sumaron al ataque al Estado.
Desde este punto de vista, el Estado sería una institución conservadora, autoritaria, que se
opondría a la sociedad civil, reproduciendo la visión clásica del liberalismo. Se unían, así, en
una postura aparentemente común: la oposición al Estado, posiciones liberales y sectores que
decían ser antineoliberales.
Cuando surgieron gobiernos antineoliberales en América Latina, el Estado se convirtió en un
instrumento fundamental en la lucha por la superación del neoliberalismo, demostrando el
papel fundamental del Estado en inducir la reanudación del crecimiento económico, la
implementación de políticas sociales y políticas exteriores soberanas.
Había que reciclar las miradas contra el Estado de corrientes presentes en el FSM  o aislarse
del proceso real de superación del neoliberalismo en países como Venezuela, Brasil,
Argentina, Uruguay, Bolivia y Ecuador.
La posición en relación con el Estado siguió siendo decisiva en la era neoliberal. La
descalificación del Estado se restringió cada vez más a posiciones neoliberales. Gobiernos o
fuerzas antineoliberales comenzaron a proponer un proceso de democratización del Estado,
como condición para que éste tenga una función antineoliberal.
En oposición al Estado mínimo, el Estado empezó a asumir funciones económicas, sociales y
políticas renovadas. Pero, a pesar de ese rescate de su rol, no fue posible revertir la
descalificación de las empresas estatales, por ejemplo, manteniendo un consenso favorable a
la privatización de las empresas públicas. Es una de las disputas ideológicas más importantes
de la actualidad.
 Hay quienes defienden una “autonomía de los movimientos sociales”. ¿Autonomía en
relación a qué? ¿Al Estado? ¿La política? Representaría una posición corporativa, de reflujo de
los movimientos sociales sobre sí mismos, sin articularse con la fuerza política, sin disputar la
hegemonía en la sociedad en su conjunto.
Esta postura antiestatal impide que la fuerza social, la fuerza de masas acumulada en la
resistencia al neoliberalismo, permita la construcción de una alternativa política al
neoliberalismo.
La posición en relación al Estado acaba siendo decisiva para definir cada fuerza política en la
era neoliberal. La izquierda, frontalmente antineoliberal, disputa la hegemonía política en la
sociedad, lucha por dirigir al Estado y convertirlo en un instrumento de superación del
neoliberalismo.
Pero no puede contentarse con el Estado existente. Es un aparato burocrático, que no está
diseñado para transformar la sociedad, sino para mantenerla como está. Tiene vínculos
promiscuos con grandes intereses privados, tiene fuertes intereses corporativos. Para hacer
del Estado un instrumento de democratización de la sociedad, la izquierda debe, ante todo,
democratizar el Estado, transformar sus estructuras internas, establecer vínculos estrechos
con las fuerzas sociales.
El presupuesto participativo fue un ejemplo de la redefinición de las relaciones del Estado con
las fuerzas sociales y políticas de manera concreta. Poner en manos de estas fuerzas las
definiciones presupuestarias -quién debe pagar impuestos, qué hacer con estos recursos- es
un principio fundamental para la democratización del Estado y la sociedad, que la izquierda
tiene que retomar y desarrollar, en base a ello, otros públicos. políticas.
El rescate del Estado y su democratización son condiciones indispensables para el
rescate de la democracia.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia
de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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