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Artículo publicado en Revista Raíces de Expresión. “El Destierro”. Número VIII, 2011.

Instituto
de Historia, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile. Pp.19-33.

HOJAS EN LA TORMENTA: EL DESTIERRO DE LA DIGNIDAD EN LA

MASACRE DE NANJING.

Por Pablo Ampuero Ruiz.

“¿Cómo podemos explicar que el Ejército Imperial


Japonés, de tradición Samurai, se haya bajado
los pantalones públicamente, en masa, ante los
ojos del mundo, creyendo que se exhibía solamente
en una remota ciudad asiática llamada Nanking?”

Lin Yutang. “Una hoja en la tormenta”.

INTRODUCCIÓN.

Sin lugar a dudas, uno de los periodos más importantes y latentes de la historia
contemporánea del Asia Pací fico fue la expansión imperialista de Japón desde fines del siglo
XIX. Al parecer, el sincretismo alcanzado por la influencia occidental, se significó en la
combinación de la tecnología y la táctica de los foráneos, con las particularidades propias de una
sociedad por muchos siglos militarizada. En este proceso, Japón hizo gala de su creencia como
una sociedad superior que debí a cumplir la misión de educar a los inferiores en un camino
virtuoso. En el presente caso de análisis, esos “otros” fueron el pueblo chino, en particular, los
habitantes de Nanjing, capital de la República de China (1911-1949), quienes sufrieron la
implacable crueldad del ejército imperial. La Masacre de Nanjing (南京大屠杀nánjīng
dàtúshā), como se conoce a este acontecimiento en China1, no significótan sólo la destrucción
de la capital de la República de China en tiempos de guerra, sino también el destierro de la
dignidad humana, donde la ejecución a sangre fría, la violación de niñas, adultas y ancianas, la
tortura y la extorsión eran ley. Esto no sólo conllevóun exilio físico, un inmenso movimiento de
masas desde Nanjing hasta Wuhan2 y posteriormente a Chongqing, sino también un destierro
psicológico de la dignidad que, pulverizada por la resignación, el temor y la frustración,
constituye hoy uno de los pilares fundamentales de la identidad construida en China.

El destierro, tal como plantea Silvia Jensen, no constituye tan sólo la expulsión del
individuo de su historia y un desgarro para el país. Cuando algunos ciudadanos son colocados al

1
Otras conceptualizaciones sobre el asunto son: “la violación de Nanjing”, presente en la esfera
occidental, o “el incidente de Nanjing”, masificado en la academia japonesa. En el presente trabajo se
utiliza prioritariamente la conceptualización de Masacre, en consecuencia de ser una de las más
utilizadas y reconocidas en el mundo. v. Askew, David. “The Nanjing Incident: Recent research and
trends”. En: Electronic Journal of Contemporary Japanese Studies [En Línea]. 4 de abril de 2002.
Revisado en: 15 de Julio de 2010. Disponible en:
http://www.japanesestudies.org.uk/articles/Askew.html
2
En publicaciones antiguas, puede leerse que la primera movilización del gobierno de la República de
China fue de Nanjing a Hankou o Hankow, lo cual es correcto, ya que hoy en dí a se comprende que
Hankou, junto a Wuchang y Hanyang conforman las 3 partes de Wuhan, la capital de la provincia de
Hubei. V. Travel China Guide. Wuhan History. En Lí nea. Revisado en 15 de Noviembre de 2010.
Disponible en: http://www.travelchinaguide.com/cityguides/hubei/wuhan/
“borde de la historia”, la exterioridad geográfica y el desplazamiento fuera de los límites del
Estado que son expresión y consecuencia de una derrota polí tica, sancionan también una
expulsión simbólica que perpetua el exilio más alláde los cambios políticos-institucionales o
viajes de retorno individuales o grupales3. De esto se sigue la trascendencia del destierro en los
pueblos, que se configura, por un lado, como consecuencia de la movilización fuera de los
horizontes conocidos, y, por otro, como una exoneración simbólica, que se presenta por la
destrucción de orden, por la humillación,la injusticia y la violencia que coinciden en un
momento y un espacio histórico. Jorge Domingo Cuadriello ha señalado que “el estudio del
exilio es un viaje por el mundo de la dignidad”4, y es precisamente aquello lo que se busca
destacar en este trabajo. El destierro, es decir, la separación del sujeto de su realidad -física o
simbólica-, es, ante todo, una violación de su dignidad, del respeto que le merece la pertenencia
y el reconocimiento. Es un quiebre con su identidad y su modo de ser. En el caso de Nanjing,
fue la huida hacia otros territorios con otras dinámicas sociales, a la vez que el cambio del orden
en el propio territorio. La invasión japonesa trajo consigo la humillación, la aculturación y un
nivel de violencia que despojóa los habitantes de las ciudades ocupadas de toda integridad.

Los sucesos de Nanjing gozan de un amplio espectro de investigaciones y puntos de


vista, tanto en China como en Japón e incluso en los Estados Unidos, siendo algunos de los
puntos centrales del debate, la polémica en torno a la cantidad y naturaleza de las víctimas, la
delimitación territorial de la ciudad, las dificultades para desarrollar una política de
reconciliación, etc., frente a lo cual se han establecido distintas escuelas de pensamiento.5 Sin
perjuicio de lo anterior, en el presente trabajo se busca analizar las consecuencias psico-sociales
de la Masacre de Nanjing en la construcción de una identidad común que perdura hasta hoy en
día, a más de 70 años de estos sucesos. El problema principal consiste en evaluar la proyección
de la memoria de la Masacre de Nanjing en el desarrollo de un imaginario y una práctica en el
escenario de las relaciones sino-japonesas, enfocado en dos fenómenos: el destierro fí sico (la
migración forzada) y el destierro psicológico (las ví ctimas de la ocupación). A partir de lo
anterior, se postula que la construcción de la relación identitaria entre ambas naciones, se
justifica plenamente en la persistencia en la memoria de ese destierro inconcluso. Para esto, se
establecen tres puntos de análisis: en primer lugar estudiar de manera general el desarrollo y las
particularidades históricas de la Masacre de Nanjing; en segundo lugar, los elementos psico-
sociales presentes en ambos fenómenos, para luego analizar la utilización del acontecimiento en
la construcción de las identidades de ambos bandos; finalizando con una valoración del asunto
en la situación actual de las relaciones entre los Estados chino y japonés.

CIUDAD DE VIDA Y MUERTE.

El marco general de la ocupación de la República de China se fundamenta en tres


elementos contextuales de importancia. En primer lugar, el imperialismo que desde fines del
siglo XIX impulsó la dominación colonial de un grupo de potencias industriales, lo cual se
potenció después del crack del 29, que obligó a los países industrializados a salir en búsqueda
de nuevos espacios productivos, a la apertura de nuevos mercados que les permitiesen controlar
su propia economía. Esta caída generó una gran depresión, que mantuvo al mundo en ciernes

3
Jensen, Silvia I. Suspendidos de la historia/exiliados de la memoria. El caso de los argentinos
desterrados en Cataluña (1976-...). Tesis doctoral dirigida por Dr. Josep Marí a Solé i Sabaté.
Departament d'Història Moderna i Contemporània, Facultat de Filosofia i Lletres, Universitat
Autònoma de Barcelona, 2004. 30.
4
Cuadriello, Jorge D. El Exilio Republicano Español en Cuba. Siglo XXI Editores, Madrid, 2009.XVII.
5
Para una revisión general de este debate, v. Askew, David. Op. Cit.; también v. Fogel, Joshua. “The
Nanjing Massacre in History and Historiography”. University of California Press, California, 2000.
durante una década, y motivó que naciones particularmente desfavorecidas enarbolaran las
banderas del nacionalismo filo-fascista (Alemania, Italia, Japón) e impulsaran una polí tica
expansionista. Tal como ha afirmado el lingüista y ensayista norteamericano Noam Chomsky,
desde su particular visión crí tica e irónica, “el interés de Mussolini por las 'poblaciones
liberadas' de Etiopía no era menos fervoroso. Lo mismo pasaba con los objetivos de Japón en
Manchuria y el norte de China y con sus sacrificios en la creación de un 'paraíso terrenal' para
esos sufridos pueblos y en la defensa de sus gobiernos legítimos de los 'bandidos' comunistas.
Nada más conmovedor que la 'sublime responsabilidad' japonesa de fundar un 'Nuevo Orden' en
1938 para 'asegurar la estabilidad permanente de Asia Oriental' basada en la 'ayuda mutua' de
Japón, Manchuria y China en 'los campos polí ticos, económico y cultural', en 'la defensa
conjunta contra el comunismo' y en el progreso cultural, económico y social”6.

En términos específicos, la caída del tercio de las exportaciones niponas en Estados


Unidos, más la crisis de la demanda interna, generó el argumento perfecto para invadir el
Nordeste de China, en forma tal de aprovechar los ricos recursos de la región. John King
Fairbank señala que “el primer intento del Japón militarista por conquistar China se concretó
con la ocupación de Manchuria en 1931, la que se transformó en una invasión en gran escala
desde 1937 hasta 1945”7, intensificación estratégica que coincide con una nueva crisis en el
seno del capitalismo, y que presionó al Imperio del Sol Naciente por recursos frescos que le
permitiesen sustentar la demanda interna y los gastos bélicos, en la concreción de su “Nuevo
Orden”.

El segundo elemento corresponde al contexto de la Segunda Guerra Mundial, marcado


por la exacerbación ideológica de la “nación” y el “honor nacional”, la “superioridad racial” y la
intención unilateral de ciertas naciones por cumplir con la “responsabilidad” de guiar al resto
hacia un “nuevo orden”, con un declarado carácter anticomunista. En este contexto, Bai Shouyi
señala que los japoneses “estaban ansiosos por atacar a China en gran escala en un intento por
suprimir las fuerzas anti-fascistas en sus tierras, estableciendo y extendiendo su dominio
colonial a través de la China continental, y y fortalecer su posición enfrentados a Estados
Unidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética”8. Complementariamente, hay que considerar que,
militarmente, el escenario era favorable: la caída de los Qing en 1911, las dificultades propias de
una República en fundación y la guerra civil entre comunistas y nacionalistas, tenía a China
sumida en un caos que Japón supo aprovechar en su favor9.

Finalmente, el tercer elemento presente, igualmente interrelacionado, corresponde a la


formación de la identidad japonesa en el siglo XX. En palabras de Iris Chang, “la identidad
japonesa en el siglo XX fue forjada en un sistema de mil años, en donde la jerarquía social se
estableció y sostuvo a través de la competencia marcial”10, materializado en un ideal de vida el
bushido (“el camino del guerrero”). Esto último, unido a su aislamiento, templó un carácter
particular predispuesto para la guerra. La humillación vivida por la isla en manos del comodoro
Matthew Perry, cuando los Estados Unidos le obligaron a abrir sus puertos al comercio en 1854,
fue la chispa que inicióel camino a la modernización del Estado y del ejército, ideal logrado tras
la restauración Meiji, con el claro convencimiento de construir un “¡rico y poderoso país!”. La

6
Chomsky, Noam. Hegemoní
a o supervivencia. Editorial Norma. Bogotá. 2004. 71.

7
Fairbank, John King. China, una nueva historia. Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile, 1996. 377.

8
Bai Shouyi (ed.). An outline history of China. Foreign Language Press, Beijing, 2008. 605.
9
Ibí
d. 605
10
Chang, Iris. The rape of Nanjing, the forgotten holocaust of World War II”. Penguin Books, New
York, 1997. 19.
imagen que Chang nos muestra es bastante clara: “para finales del siglo XIX, Japón estaba listo
para flexionar sus músculo, probando su nuevo poderí o contra sus vecinos asiáticos. En 1876 el
gobierno Meiji despachóa Corea una fuerza naval de dos artilleros y tres transportistas y forzó
al gobierno coreano para firmar un acuerdo comerciar -un movimiento que recuerda
inquietantemente a lo que Perry había hecho con Japón”11. En consecuencia, después de Corea
se preparaba la históricamente ansiada invasión de China, bajo la misma lógica de dominación.

El historiador chino Sun Zhaiwei es bastante claro y preciso al señalar la ruta que siguió
la invasión japonesa hasta el asalto de Nanjing: “El principio [de la invasión de Japon a China]
puede ser rastreado hasta poco después de la Restauración Meiji, cuando las fuerzas japonesas
invadieron Taiwan en 1874, este fue seguido por la Guerra Sino-Japonesa (1894-1895), el
incidente de Jinan (1928), y el Incidente del 18 de Septiembre (1931). Finalmente, el 7 de Julio
de 1937, Japón comenzó su invasión a gran escala de China, desde Pingjin a Songhu y
últimamente a la capital, Nanking” 12. De todos estos eventos, es fundamental destacar el
“Incidente del 18 de septiembre”, debido a que es el primer gran paso que dio el ejército japonés
en su avance hacia la capital de la República de China.

La noche del 18 de septiembre de 1931, las tropas japonesas dinamitaron las líneas
ferroviarias de Liutiaohu, en la provincia de Liaoning. En lo sucesivo, comenzaron a realizar
ataques al Cuartel de Mando del Ejército Chino del Nordeste y a Shenyang, capital de la
provincia de Liaoning. El llamado “Incidente del 18 de septiembre” (“九一八”事变“jiǔyībā”
shìbiàn), vio el amanecer con la ciudad totalmente ocupada por las tropas niponas. Entre tanto,
Jiang Jieshi (Chiang Kai-Shek) daba órdenes al Comandante del Ejército del Nordeste, Zhang
Xueliang, de no oponer resistencia para no empeorar la situación, ya que el Partido Comunista
constituía su principal preocupación. La decisión del líder del Guomingdang desembocó en la
consolidación del poder japonés en el 'Manzhouguo' (Manchuria), convirtiendo a Puyi, el último
emperador de la dinastí a Qing, quien había abandonado el trono hacía mucho tiempo, en
emperador tí tere13. En palabras del destacado sinólogo francés, Jacques Gernet, “tanto por la
amenaza que constituía para el régimen de Chiang Kai-shek como por las consecuencias que
tendría sobre la vida polí tica china, la invasión de Manchuria por las tropas japonesas merece
ser considerada como el acontecimiento más importante de este período de la historia de
China”14. No puede ser de una envergadura menor, en consideración de que la conquista de la
región nordeste de China impulsó cuantiosamente el potencial productivo del Japón, lo cual
permitiódisponer de recursos frescos para el sustento y ampliación de la guerra.

El avance de las tropas japonesas por China logró poner en jaque a la resistencia y la
sustentabilidad económica de la República misma. Según datos entregados por Sun Zhaiwei, el
total de bajas chinas entre el combate de Lüshun, el “Incidente de Jinian” (1928), el “Incidente
de 18 de septiembre” (1931) y el “Incidente del 7 de julio” (1937), fue de 66.607 personas, entre
civiles y militares, alcanzando un costo económico sobre los 20.030.000.000 yuanes. Estas
cifras nos indican que, si bien es posible comprobar la resistencia china al avance japonés, la
política de primacía de la vía diplomática desarrollada por Jiang Jieshi, al menos hasta el
incidente del Logouqiao (Puente Marco Polo, suceso también conocido como el “Incidente del 7
de Julio” - “七七”事变 “qīqī”shìbiàn), cuando “el Gobierno Nacional vaciló en su actitud sobre

11
Ibí
d. 23.

12
Sun Zhaiwei. “Causes of the Nanking Massacre”. En: Fei Fei Li; Sabella, Robert & Liu, David.
Nanking 1937: Memory and healing. East Gate Book, New York, 2002. 35.
13
Liu Zepeng 刘泽彭. 中国历史常识 Zhōngguó lìshǐ chángshì. Sinolingua, Beijing, 2009. 213.

14
Gernet, Jacques. El mundo chino. Editorial Crí
tica, Barcelona, 2005. 562.
el incidente y adoptó una polí tica de 'ni sumisión ni agravio'”15, permitió la entrega de vastas
extensiones territoriales al Japón con una relativamente baja cantidad de muertos, pero a un
costo económico altísimo. En consecuencia, cuando el Imperio del Sol Naciente se dispuso dar
un golpe estratégico a la República de China, Shanghai y Nanjing fueron los dos puntos
determinantes. Por un lado, Shanghai era uno de los principales puertos chinos, a partir del cual
se lograban altísimas entradas que permití an, entre otras cosas, sustentar la guerra; y por otro,
Nanjing era la capital de la República. En términos estratégicos, se sostení a que la caída del
centro económico debilitarí a poderosamente a las fuerzas enemigas y que, por tanto, la caída del
centro político sería el punto gravitante para la rendición del país.

En consecuencia, el 13 de agosto de 1937 las tropas niponas se dejaron caer sobre


Shanghai. Japón esperaba una conquista con relativa facilidad, pero Jiang Jieshi dispuso de sus
mejores fuerzas en la resistencia, lo cual no fue suficiente y al mes de noviembre Shanghai
quedó ocupada por Japón. De ahíen adelante, la historia pasa por ese obscuro y tenebroso
callejón al que algunas veces vuelve, donde “la perplejidad de la irracionalidad de la muerte,
mucho más cuando ésta es colectiva y sin sentido alguno, sigue sin ser comprendida”16. Un
destacamento del Ejército Imperial del Japón avanzó por la línea férrea Shanghai-Nanjing (ver
mapa nº1), asaltóSuzhou y Wuxi y se dispuso a asediar Nanjing desde el noreste. La segunda
columna se proyectó desde el sur del lago Taihu y, luego de arrasar con Jiaxing y Wujiang, se
dividióen dos columnas: una se movilizódesde Langxi hacia el norte, asentándose al sur de las
murallas de la ciudad; la otra división se ubicó en Xuancheng, en línea para atacar Wuhu,
pretendiendo inhabilitar la retirada del gobierno de Nanjing.17 El 8 de diciembre comenzaron
los enfrentamientos en las cercaní as de la ciudad y al día siguiente la aviación nipona arrojaba
panfletos sobre la ciudad, donde se señalaba que “no se mostraría clemencia alguna con los que
resistían, que serán tratados con extrema severidad, pero no serán heridos los civiles inocentes
ni el personal militar que no manifieste hostilidad. Si sus tropas luchan, la cultura que ha durado
por un milenio será reducida a cenizas”18. El 10 de diciembre se inició el bombardeo y en dos
días la ciudad amanecía ahogada en el llanto de la sangre derramada, en el dolor de la violencia
que recién germinaba. Era el inicio de “la Violación”. Sólo entre los dos días de ardua batalla, el
Guomingdang (GMD) alcanzó las 100.000 bajas; de ahíen adelante, el registro serí a de
alrededor de 260.000 muertes y entre 20.000 y 80.000 violaciones.19 Lamentablemente, estas
cifras no nos sensibilizan tanto como la aguda descripción que realizó Edgar Snow en su
“Scorched Earth”, al relatar que “miles de hombres fueron sacados de la Zona de Seguridad,
[…] los pusieron en filas y los ametrallaron. Algunas veces, grupos de gente eran usados para
prácticas de bayoneteo. Cuando los vencedores se aburrí an de un deporte tan simple, amarraban
a sus víctimas, derramaban queroseno sobre las cabezas y las quemaban vivas. Otros eran
llevados a trincheras vacías y se les decía que simularan que eran soldados chinos. Los oficiales
japoneses guiaban a sus hombres a asaltar y capturar estas 'posiciones enemigas' y mataban con
la bayoneta a los defensores desarmados. […] Cualquier mujer entre las edades de 10 y 70 años
era violada. Las que nadie querí a eran bayoneteadas por soldados borrachos. Con frecuencia,
madres tenían que ver cómo degollaban a sus bebés y después someterse a la violación. Una

15
Bai Shouyi, Op. cit. 606.

16
Caraballo, Ciro. “La memoria de la muerte como patrimonio colectivo”. En: Argos. Vol. 25, nº49,
2008. 85.
17
Bai Shouyi. Op. cit. 613.

18
Grecko, Témoris. “El genocidio olvidado de Nanjing”. En: Life & Style. Enero 2007. 79.

19
Chang, Iris. Op. cit. 102. Las cifras consideran las acciones acaecidas en la ciudad más sus seis
distritos periféricos. Para una revisión general respecto de esta polémica, v. Askew, David. op. cit. En
Línea.
madre dijo que al ser violada, el soldado se molestópor el llanto de su bebé, le puso un edredón
en la cabeza para asfixiarlo y poder terminar su asunto en paz... Unos 50.000 soldados quedaron
sueltos por más de un mes en una orgía de violación, asesinato y saqueo que no tiene igual en
tiempos modernos” 20 . Más allá de los motivos y/o justificaciones posibles de estos actos,
juzgados por los Tribunales Militares de Tokio y Nanjing, lo que se busca evidenciar en este
trabajo es la emergencia de una consciencia socio-polí tica, cuya memoria rescatada, construida,
resulta determinante a la hora de comprender las relaciones entre los Estados chino y japonés.
Una consciencia del dolor, de la muerte, de la humillación y del destierro, significados en un
sentir nacional y en una alteridad socio-política.

LA HUIDA O LA RESIGNACIÓN.

La guerra trae todo tipo de cambios en una sociedad, especialmente en las más abatidas.
La economía se vuelve inestable, el pánico inunda las ciudades y, frente a la amenaza de un
poderoso enemigo, a los habitantes de Nanjing sólo les quedaron dos alternativas: huir y dejar
todo atrás, o quedarse e intentar sobrevivir. En contextos de guerra, ambas decisiones son
complicadas: por un lado, dejar el hogar, con la incertidumbre del retorno y de la recuperación
de lo dejado; y, por otro, quedarse y resignarse a una lucha en franca desventaja.

Los que pudieron huir, huyeron, y es asícomo las multitudes se agolpaban en el escape
a Chongqing: “millones de personas llegaban al interior desde la costa, abandonando sus
hogares y ciudades, arrastrándose a través de las montañas y cruzando ríos, huyendo de la
matanza en masa, en una invasión incomprensible de un enemigo incomprensible”21. En cifras
estimables, Gernet señala que en el transcurso de seis meses, la nueva capital pasa de 200.000
habitantes a más de un millón.22 Estos auto-exiliados no tan sólo rompieron el vínculo fí sico y
cultural que les ataba a su antigua ciudad, a la vida de una ciudad-capital, a la arquitectura
propia de un tesoro de la dinastí a Ming, sino también el vínculo con su propia identidad. En la
huida se perdía todo, la familia quedaba desterrada de su condición social, de sus privilegios, de
su propia integridad por la pérdida de uno de sus miembros, de su dignidad por la calamidad
vivida. No importaba quién se hubiese sido; al fin y al cabo, en las incomodidades de una
ciudad colapsada por bocas que alimentar, muchos debían dormir bajo las estrellas, vestir con
ropajes de fenecidos, comer migas peleadas con los ratones y ser testigos del temor y la muerte,
que nunca permitían ser olvidados. Sin embargo, tal como señala el ensayista y literato chino
Lin Yutang, “la rabia silenciosa y reconcentrada de cuatrocientos cincuenta millones de personas
debe ser una inmensa fuerza histórica, y esto puede tener alguna relación con el heroísmo de
nuestros soldados y el espíritu y la unidad de la nación”23, dando el testimonio de que, en el
seno de estos migrantes, una vez que se asumía la depresión sobre Nanjing, no quedaba más que
abocarse a la guerra, a la lucha por la dignidad desterrada. En su relato nos muestra cómo “casi
no se veí an refugiados en las calles, por haber marchado al interior, la mayor parte por sus
propios medios, con los parientes que tení an en las provincias. Ahora, en su lugar, Hankow
[Wuhan] veí a todos los dí as pasar ejércitos y pertrechos de guerra con destino al frente, y al
transporte de maquinaria para las fábricas, río arriba. Todos los días zarpaban vapores llevando
refugiados, estudiantes y profesores, y equipo industrial por el río, hacia Chunking

20
Snow, Edgar. “Scorched Earth” (1941). Citado en: Grecko, Témoris. Op. cit. 84

21
Lin Yutang. Una hoja en la tormenta. Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile, 1985. 210.

22
Gernet, Jacques. Op. cit. 564.

23
Lin Yutang. Op. cit. 276.
[Chongqing]”24. Es en estos espacios de albergue desde donde se retoman las fuerzas que nutren
los frentes, donde se trata a los heridos, donde se ora, se conversa y se solidariza. Son nuevos
espacios de convergencia (de experiencias, de nacionalidades, etc.), que permiten conocer
distintas realidades, nutrirse del “espíritu nacional” de acción, lo cual se traduce en un espacio y
tiempo de socialización y unidad bajo el contexto de la guerra, que impulsa el retorno, la lucha
contra el destierro físico. En consecuencia, a través de la migración forzada, es posible
visualizar la configuración de dos espacios, uno de pérdida, nostalgia e incertidumbre, y otro de
solidaridad, optimismo y acción25.

En otro plano, están los que se quedaron. Tras la ocupación del 13 de diciembre de 1937
siguieron seis semanas de tortura, asesinatos y violaciones masivas de civiles chinos. En
palabras de Iris Chang, “los Japoneses sistemáticamente a los habitantes de la ciudad mientras
revisaban casa a casa en búsqueda de soldados chinos en Nanking. Pero también masacraron a
los chinos de los suburbios cercanos y la campiña. Los cuerpos se apilaban afuera de las
murallas de la ciudad, a lo largo del río (que literalmente se tornórojo de sangre), en estanqyes
y lagos, y por cerros y montañas”26. Es asícomo se llenaban páginas de diarios, artículos de
periódicos y archivos fotográficos que relataban el dolor de Nanjing. El periódico británico
“The Times” titulaba un artículo del 18 de septiembre de 1937, “Terror en Nanking, saqueo y
asesinato: La brutalidad del conquistador”. En él se relataba que “hombres jóvenes que podrían
haber sido soldados y varios agentes de la policía eran reunidos en grupos de ejecución, como se
comprobó con los cuerpos vistos posteriormente acumulados en pilas. Las calles estaban
cubiertas de cadáveres, incluso de inofensivos ancianos”27. En este contexto surge la iniciativa
de los extranjeros avecindados en Nanjing, quienes conforman la Zona Internacional de
Seguridad, a fin de proteger a los habitantes. Sin embargo, la hostilidad del Ejército Imperial
Japonés no respetódel todo el convenio. Al respecto, el testimonio dejado por el diario de John
Rabe resulta de gran importancia. El “Buen Alemán de Nanjing” –como se titula la publicación
de su diario-, presidente del ComitéInternacional de extranjeros en la ciudad, escribióuna carta
a las autoridades japonesas, donde señalaba que “¡los 27 extranjeros en la ciudad en ese
momento [de la invasión] y nuestra población china estaban totalmente sorprendidos por el
reino de asalto, rapiña y asesinato iniciado por sus soldados en el día 14! ¡No encontramos a una
simple patrulla japonesa […]! ¡Ayer, a plena luz del día, un grupo de mujeres del Seminario
fueron violadas en la mitad de una gran habitación llena de hombres, mujeres y niños! Los 22
occidentales no podemos alimentar a 200.000 civiles chinos y protegerlos noche y día. […] Si
usted puede otorgarles protección, ¡nosotros podemos ayudar a alimentarlos!. Si este proceso de
terrorismo continúa, será cercano a casi imposible localizar a los trabajadores para hacer
funcionar los servicios esenciales” 28 . El testimonio de Rabe es vital para comprender el
problema central del presente trabajo, ya que el terror, la humillación, la resignación, la cualidad
común de un grupo social victimizado, son elementos catalizadores de una fuerza movilizadora
de gran poder -como hace notar Lin Yutang-, del nacionalismo.

Las guerras no se ganan sólo con heroísmo y espíritu de unidad nacional; la posibilidad
de dar vuelta un escenario desfavorable radica en tres elementos concretos: organización,

24
Ibí
d. 276-277.
25
Sobre el exilio como espacio de pérdida y solidaridad, v. Jensen, Silvia I. Op. Cit. 69.
26
Chang, Iris. Op. cit. 46.

27
The Times. “Terror in Nanking, looting and murder: The conqueror’s brutality. Londres. 18 de
diciembre de 1937. 12.
28
Rabe, John citado en Chang, Iris. Op. cit. 118. La cursiva es nuestra.
estrategia y fuerzas efectivas29. En esto, el Partido Comunista de China jugóun rol fundamental,
a partir de donde surge gran parte de su legitimidad y proyección. En 1937, el Guomingdang
(GMD) logra un acuerdo con el Partido Comunista de China (PCCh) para enfrentarse juntos
contra las fuerzas japonesas, transformando al Ejército Rojo del noreste en el VIII Ejército de
Ruta, contando con la dirección de los audaces generales comunistas Zhu De, Peng Dehuai y Ye
Jianying; para septiembre se constituí a el Frente Único Nacional Antijaponés. La extensión,
estrategia y versatilidad combativa de las fuerzas comunistas fueron tremendamente eficaces,
por lo que se ganaba la confianza de la población con cada victoria alcanzada30. En este
contexto Mao Zedong escribióel libro Sobre la Guerra Prolongada, donde planteaba el carácter
del enfrentamiento contra las fuerzas niponas. En el texto, Mao enfatiza que “los requisitos
fundamentales para la victoria China sobre el Japón son la unidad nacional, los progresos en
todos los aspectos, en una escala diez, cien veces mayor que en el pasado”31, lo que sugiere el
peso gravitante del nacionalismo como fuerza impulsora del espíritu de lucha. Ahora bien, tal
como se ha planteado, este nacionalismo no sólo es consecuencia de una creación histórica del
aiguo (爱国“amor a la patria”) -compuesta por 56 etnias-, sino que, en símismo, se potencia en
la dicotomía conquistado/conquistador, donde los sujetos “subalternizados”, o más bien,
desterrados de su dignidad o condición identitaria, toman consciencia de sí y para sí,
permitiendo aunar sus esfuerzos libertarios en una acción dirigida por un núcleo orgánico que se
legitimaba no sólo en los aspectos político-ideológicos y militares, sino también en los socio-
culturales.32

En consecuencia, Lin Yutang nos daba una pista clave cuando hablaba de la
concentración de la rabia de cuatrocientos cincuenta millones de personas como una fuerza
histórica, constituyente del heroísmo de los soldados y del espíritu y unidad de la nación. Se
afirmaba con fuerza en que “nuestra nación, la nación china, tiene coraje para combatir al
enemigo hasta la última gota de sangre, determinación para recobrar con sus propias fuerzas
todo cuanto ha perdido, y capacidad para levantarse sobre sus propios pies entre las demás
naciones”33. Esa nación que invocan tanto Lin Yutang como Mao Zedong, es una sociedad
heterogénea, pluricultural, plurilingüística34. Lo que se convoca es lo trascendente a los chinos,
el espíritu de unidad, de osadía, de perseverancia. En definitiva, indudablemente, gran parte del
nacionalismo contemporáneo y de la legitimidad del Partido Comunista, surge de esta premisa y
en este contexto, lo cual se proyecta en la política internacional del Gobierno chino, y,
claramente, establece una tensión permanente con el Japón.

29
Clausewitz, Karl Von. De la guerra. Editorial Agebe y Terramar Ediciones, Buenos Aires, 2005. 71
30
Gernet, Jacques. Op. Cit. 564.
31
Mao Tse Tung. “Sobre la guerra prolongada (Mayo de 1938)”. Selección de Escritos Militares.
Ediciones en Lenguas Extranjeras. Beijing. 1967. 287.
32
Sobre los aspectos socio-culturales del socialismo chino y su incidencia en la época de transición
Imperio-República-Socialismo, v. Rojas, Robinson. La guardia roja conquista China. Ediciones ML.
Santiago de Chile. 1968. Una segunda visión puede encontrarse en Snow, Edgar. China: La larga
revolución. Editorial Alianza. Madrid. 1974; este último más centrado en el proceso de la Revolución
Cultural.
33
Mao Tse Tung. “Sobre la táctica de la lucha contra el imperialismo japonés” (27 de diciembre de
1935). Obras Escogidas, t. I. Ediciones en Lenguas Extranjeras. Beijing. 1972. 184.
34
Diario del Pueblo. “Libro Blanco: Unidad étnica ha sido una constante en la historia de China”.
Beijing, 28 de septiembre de 2009, En Línea. Disponible en:
http://spanish.peopledaily.com.cn/31621/6769803.html
NANJING... ¿QUÉ?

La cruda imagen de un fusilamiento de civiles, de un bebéllorando en medio de cuerpos


inertes repartidos por la ciudad o de un cúmulo de mujeres cuyos cuerpos desharrapados
evidencian la crueldad de una guerra violenta y enfermiza, no son cuadros de una sórdida obra
de Artaud ni corresponden a una descripción dantesca; son parte de los cientos de imágenes de
archivo que podemos revisar sobre la obscura ocupación de Nanjing. Imágenes que hoy nutren
la memoria del pueblo chino, ese patrimonio cultural colectivo que determina un pensar y un
hacer, no sólo en la opinión cotidiana y privada que se da en la sobremesa, sino también en la
actitud diplomática del gobierno y la reacción social de sus ciudadanos cuando el otro presiona
la llaga de este sensible tema. Y es que difícilmente puede ser de otra manera, en especial
cuando comprendemos que “la memoria, a diferencia de la información a partir de los datos, es
una construcción emocional, es un ideal reconstituido a partir de la experiencia”35, surge desde
las entrañas de sus víctimas, de las cuales muchas niegan cualquier posibilidad de
reconciliación.

Nanjing es un punto de controversia historiográfica. Parece obligatorio señalar en


cualquier investigación al respecto que “no existe consenso” o que “la reconciliación es algo
muy lejano”, y esto, por supuesto, porque contrapone las construcciones identitarias
fundamentales de dos espacios históricamente contrapuestos: China y Japón, en algunos
aspectos tan unidos, y en otros, tan divergentes. Ahora bien, como en Historia no hay concepto
casual ni relato inocente, y tal como las naciones requieren discursos que legitimen su realidad,
los historiadores han propuesto distintas visiones, que claramente se circunscriben a
determinadas ideologías. No da lo mismo hablar de masacre, violación, incidente o atrocidades,
ya que sus persistencias en la memoria, como símbolo de aprehensión de la realidad, incide en
la comprensión y el peso histórico que los hombres y mujeres que componen un campo social
determinado –parafraseando a Bourdieu- otorgan a los hechos históricos. Por tanto, el
acontecimiento se proyecta en la sociedad de una manera diametralmente distinta, que va desde
la masacre hasta el incidente o, más radical aún, el negacionismo.

Siguiendo a David Askew, el escenario historiográfico sobre Nanjing en Japón puede


ser dividido en tres tendencias fundamentales: 1) Incidente de Nanjing – Escuela Ilusionista
(maboroshi-ha), quienes definen la cifra en “varios miles”; 2) La Escuela a Mitad de Camino
(chūkan-ha), que sostienen las bajas entre 13.000 (Itakura Yoshiaki) y 38.000-42.000 (Hata
Ikuhiko); y 3) La Escuela de la Gran Masacre (daigyakusatsu-ha), que sostienen las muertes
entre 100.000 y 200.000 (Kasahara Tokushi).36 ¿Cómo es posible que existan diferencias tan
abismales? Askew, profesor asociado en Ritsumeikan Asia Pacific University37 (Japón), ha
señalado que “las enormes diferencias entre las varias estimaciones sobre la escala de las
atrocidades japonesas en Nanjing son, al menos en parte, debidas a las diferencias en la
definición de conceptos como 'Nanjing' y 'Masacre'”38. En consecuencia, dentro de la Academia
Japonesa no existe una definición clara y consensuada acerca de conceptos mínimos de
entendimiento, como “Nanjing” –en función de convenir el espacio a analizar, la cantidad de
distritos integrados, etc.- o “masacre” –en cuanto a la valoración numérica neta o proporcional
al número de habitantes, o si sólo se contabilizan civiles y no soldados de uniforme, lo cual

35
Caraballo, Ciro. Op. cit. 88.

36
Askew, David. Op. cit. En lí
nea.

37
Sólo como dato anexo, esta Universidad posee un Instituto Confucio.

38
Askew, David. Op. cit. En lí
nea.
desemboca en la polémica acerca de cuántos soldados se cambiaron a ropas de civiles y
actuaron entre la población, etc.- Cuestiones que parecen básicas para desarrollar una
investigación histórica seria y fidedigna. Sin embargo, la tensión política entre estas escuelas es
tal, que las probabilidades de consensuar un entendimiento son muy lejanas.

Con respecto a lo anterior, podemos categorizar políticamente a las escuelas. La Escuela


Ilusionista estáligada a sectores conservadores. En palabras de David Askew, “principalmente
se compone de pensadores conservadores, que no son historiadores profesionales, y de los tres
grupos es, fácilmente, la que posee un mayor número de miembros no militantes [lay
memebers]”39, lo cual se puede explicar porque los textos escolares, después de la crisis del
Negacionismo, están fundamentados en esta Escuela. Por otro lado, la Escuela A Mitad de
Camino podría considerarse la más rigurosa y equilibrada en términos disciplinarios, ya que
busca trabajar los documentos de manera más crí tica40. Finalmente, la Escuela de la Gran
Masacre se vincula a sectores de izquierda. Su mapa de análisis es mucho más amplio que el
resto de las escuelas (consideran los seis distritos de Nanjing) y en términos de construcción del
discurso, “es claramente la más sofisticada, contando entre sus miembros a un gran número de
académicos que dotan de un gran poder de autoridad a sus investigaciones”41.

Sin perjuicio de lo anterior, existe una última tendencia, que más que historiográfica es
eminentemente político-ideológica: el Negacionismo. Joseph Chapel, en una de las revisiones
generales más notables sobre este tema, ha señalado que “dos de los más grandes genocidios del
siglo XXI fueron el holocausto y la Masacre de Nanjing. Sin embargo, ambos incidentes han
sido negados desde el día en que ocurrieron, y siguen siéndolo hoy a pesar de la gran cantidad
de evidencia que muestra que ambos, de hecho, ocurrieron”42. En otras palabras, tal como en el
holocausto nazi, la masacre de Nanjing ha sido negada por grupos de interés vinculados a los
sucesos, desde el momento mismo de su acontecer. A este respecto, Lewis Smith, un misionario
norteamericano y profesor de sociología en la Universidad de Nanjing, escribí a una carta a sus
amigos americanos, donde señalaba: “¡Lo último ahora proviene del papel japonés que han
encontrado once asaltantes chinos armados quienes fueron culpados de todo! -y agrega- Bueno,
si cada uno violó de 100 a 200 mujeres día y noche por dos semanas y se arrancó con los
$50.000 reportados, ¡ellos eran unos chinos bien poderosos cuando el Ejército Japonés se ha
adelantado sobre todos esos derechos en la ciudad!”43. John Rabe, por su parte, escribí a en su
diario el 21 de diciembre de 1937: “no pueden haber más dudas de que los japoneses están
quemando la ciudad, presumiblemente para borrar todas las huellas de su saqueo y robo”44. Bajo
historias de este tipo, el Ejército Imperial buscaba ocultar la realidad, impulsando la negación de
la verdad de Nanjing. Este movimiento fue bastante importante bajo el reinado de Hirohito,
debido a que desde ese nivel del poder se propugnaba la censura de sucesos como los de

39
Askew, David. Ibí
d. En lí
nea.

40
v. Yamamoto, Masahiro. Anatomy of an Atrocity. Praeger Publishers. Connecticut. 2000.

41
Akew, David. Op. cit. En línea.

42
Chapel, Joseph. Denying genocide: the evolution of the denial of the Holocaust and the Nanjing
Massacre. En: Marcuse. UCSB History 2004. UCSB Press. California. 2004. 20.
43
Archives of the United Board for Christian Higher Education in Asia, Record Group No. 11. RG 10:
Box 4 Folder 64: "P-T". Cód. NMP0091. “March 8, 1938 "Dear Friends in God's Country”. Letter
from Lewis and Margaret Smythe in Nanjing to United Christian Missionary Society in Indianapolis,
IN re. current situation in Nanjing. 2.
44
Rabe, John. The good man of Nanking: the diary of John Rabe” [Ed. Erwin Wickert]. Alfred A. Knopf
Publisher. New York. 1998. 84.
Nanjing. Sin embargo, tras su muerte se ha podido discutir mucho más respecto a los crímenes
del Japón en la II Guerra Mundial, hasta que “en 1997, los textos escolares fueron librados de la
censura y la verdad fue dicha, marcando un increíble salto adelante e la parte japonesa”45. No
obstante, la persistencia de ciertas crí
ticas ultra-conservadoras no deja de tener un importante
nivel de influencia.

El escenario en China es muy distinto. Existe un consenso en la amplitud territorial


analizada –Nanjing y sus seis distritos- asícomo en la cifra oficial de víctimas: 300.000 muertes
y 80.000 violaciones, que en gran medida son compartidas a nivel mundial. La diferencia
fundamental se debe a que “el Tribunal de Tokio verificó varios tipos de evidencia y concluyó
que 20.000 chino murieron en la Masacre de Nanjing. La conclusión general del Tribunal de
Nanking fue que hubo más de 30.000 víctimas”46. En otras palabras, para los chinos goza de
mayor legitimidad su investigación (enviada por el Gobierno Republicano de Jiang Jieshi a una
comisión internacional), por sobre la realizada por los propios japoneses –compuesta por una
comisión de “aliados”- que evaluaron su actuar en combate. El Tribunal de Tokio exoneró a la
familia imperial, donde se incluía al príncipe Yasuhiko Asaka, comandante de las fuerzas
japonesas durante la ocupación de Nanjing, después de la cual fue promovido. En esto cabe
preguntarse, por ejemplo, sobre una justa valoración de ambos tribunales en la historiografía, o
el por quéde la ausencia del Tribunal de Nanjing en los relatos fuera de la Academia china.

La discusión historiográfica en torno a Nanjing es compleja; tanto así, que estas


discusiones tan propias de nuestra disciplina, calan hondo en la construcción de las identidades
y, más aun, en las relaciones establecidas a partir de una historia abierta, de una herida que aun
se siente, de un dolor en permanencia. Ya que, tal como se ha evidenciado, la historiografía no
es ajena al destierro, y sus consecuencias se proyectan en el plano social, nutriendo una praxis a
partir de la persistencia de la memoria, del recuerdo y del olvido.

DIGNIDAD, IDENTIDAD Y FUTURO

La inexistencia de un proceso de reconciliación entre China y Japón en el nivel polí tico


se proyecta en el campo social con un permanente resentimiento, por la dignidad perdida tras la
violación de un ejército a todo un paí s. En este sentido, Pu Xiaoyu ha señalado que “las heridas
causadas por los crimenes de guerra japoneses se siguen sintiendo en lo profundo de la sociedad
china”47. Desde la perspectiva china, esto no mejorarámientras en Japón se insista en retornar
al dolor con visitas oficiales al templo Yasukuni -donde residen los restos de 14 criminales de
guerra clase A, la más grave gradación de este tipo, condenados por el Tribunal Militar
Internacional para el Lejano Oriente48-, o construyendo discursos históricos que niegan el
pasado.

Aquíhay una cuestión clave que es preciso reiterar: Nanjing, como suceso histórico,
constituye parte fundamental de la identidad nacional china. No es coincidencia que el mismo
año en que se cumplían 60 años del discurso fundacional de la República Popular, junto al
estreno de “La Fundación de una República” (17 de septiembre 2009, China), se preparara el
terreno con dos lanzamientos fílmicos sobre la Masacre de Nanjing: “John Rabe” (2 de abril

45
Chapel, Joseph. Op. cit. 37.

46
Pu Xiaoyu. “The Nanking Massacre, justice and reconciliation: a chinese perspective”. En:
Perspectives. Vol. 6, Nº3. September 30, 2005. 25.
47
Ibí
d. 23.

48
Grecko, Trémoris. Op. cit. 81.
2009, Alemania-China) y “¡Nanjing! ¡Nanjing! Ciudad de vida y muerte” (22 de abril 2009,
China). Justamente, cuando el año 2011 se cumplirán 80 años del “incidente del 18 de
septiembre”, que marca el inicio de lo que los chinos llaman como “La gran humillación”. El
sentido de la unidad, en el seno de la legitimidad del Partido Comunista y de la Revolución
china, asícomo el espíritu nacional, tan característico al parecer de muchos especialistas, radica
en Nanjing, y, tal como señala Pu Xiaoyu “de todas las atrocidades de guerra de los japoneses,
la Masacre de Nanking ha sido, especialmente desde la perspectiva china, la más sobresaliente y
emocionalmente simbólica en la relación Sino-Japonesa”49.

Nanjing es una herida latente, aún no sanada. Por un lado, porque los polí ticos
japoneses no han mostrado mucha voluntad de disculparse y, por otro, porque la oposición de
ambos nacionalismos ha impedido un mejor diálogo. Como ya se mencionaba, uno de los
puntos más conflictivos gira en torno al Templo Yasukuni. Si bien el actual emperador del
Japón, Akihito, ha preferido abstenerse de visitarlo, al menos cuatro primeros ministros lo han
hecho: Yasuhiro Nakasone en 1985, Ryutaro Hashimoto en 1996, y Junichiro Koizumi, al menos
una vez al año en su mandato entre 2001 y 2006, y el actual Primer Ministro Shinzo Abe, quien
levantó una polémica en 2006 tras su visita. Sin embargo, este último ha suscitado mucha más
controversia por sus publicaciones oficiales que han planteado la negación de la utilización de
“mujeres de confort” en la Segunda Guerra Mundial o la eliminación de la categoría de
“criminales de guerra” a los militares condenados por el Tribunal de Tokio.50

La relación entre ambas naciones ha girado largamente en torno a este asunto. Por citar
algunos ejemplos recientes, en 2003 “400 turistas japoneses en una orgía de tres días con 500
prostitutas chinas, en el aniversario de la ocupación japonesa de 1931, reavivóel recuerdo de los
abusos cometidos por los soldados japoneses durante la guerra” 51. En 2005 se aprobaron
oficialmente libros de textos escolares en los que, “además de negar Nanjing, se usa el
eufemismo de 'mujeres de confort' en lugar de esclavas sexuales para describir los burdeles
militares”52. Y hoy en día, la polémica levantada en torno a la captura de la tripulación de una
embarcación pesquera china que colisionó con una guardiamarina nipona en las costas de las
islas Daoyu/Senkaku –en disputa territorial- hace resurgir el sentimiento nacional, nutrido por la
humillación de la dominación imperial y por el dolor de un destierro que estálejos de llegar al
final de su derrotero y que se materializa en fuertes polémicas diplomáticas.

REFLEXIONES FINALES.

Las relaciones entre China y Japón han sido siempre complejas. Peter Hays ha llegado a
plantear que “debido a la centralidad de Japón para la identidad nacional de China, las historias

49
Pu Xiaoyu. Op. cit. 22.

50
Para profundizar en esta polémica, v. MacNeill, David. “History redux: Japan's textbook battle
reignites”. En: Japan Policy Research Institute [En Lí nea]. Working paper nº107, Junio de 2005.
Revisado en: 15 de Julio de 2010. Disponible en:
http://www.jpri.org/publications/workingpapers/wp107.html. También revisar v. Salzberg,
Chris. “Abe's 'normal' Japan”. En: Znet [En Línea]. 5 de Octubre de 2006. Revisado en: 15 de Julio de
2010. Disponible en: http://www.zcommunications.org/abes-normal-japan-by-chris-salzberg

51
BBC Mundo. “Claves: China vs Japón”. En Línea, 22 de Abril de 2005. Revisado en: 15 de Julio de
2010. Disponible en:
http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/international/newsid_4472000/4472837.stm
52
Grecko, Trémoris. Op. cit. 82.
de las relaciones Sino-Japonesas se erigen como asuntos extremadamente sensibles”53. En esta
perspectiva, no son sólo los hechos los que sensibilizan aun más las relaciones, sino también la
lectura que de ellos se ha realizado hasta la actualidad.

En el presente trabajo se ha puesto en evidencia el fenómeno del exilio fí sico como un


escape a las atrocidades, que permitió una rearticulación de la resistencia china a partir de la
fermentación de un sentimiento nacional y heroico, donde se comprendía que sólo la lucha darí a
la libertad, el retorno de la dignidad desterrada. Por otro lado, se ha visibilizado un fenómeno
olvidado: el destierro de la humanidad de quienes decidieron o debieron quedarse. Este punto
resulta de particular interés al entender la dimensión de la experiencia: violaciones, matanzas y
atrocidades que destruyeron el temple de sus testigos. La humanidad fue desterrada de la
materia corporal de estos chinos residentes, que debieron ver la muerte de su familia, la
violación de sus mujeres, vivir en carne propia la hoja fría de un sable japonés o morir de
desesperación en uno de los tantos entierros de humanos vivos, dejando de lado los despojos
materiales, incendios y bombardeos. ¿No significa acaso aquella orgía de violación, asesinato y
saqueo –como ha descrito Edgar Snow- un destierro permanente de la dignidad de sus
víctimas?¿De quémanera se pueden sanar heridas que constituyen un patrimonio colectivo del
dolor y la muerte?

En otro nivel de análisis, se ha puesto en evidencia la polémica historiográfica en torno


a Nanjing. Difícilmente se podrádar respuesta a las preguntas planteadas mientras no se pueda
configurar una historia que salde sus cuentas con la verdad. La persistencia de elementos
políticos conservadores o ultra-conservadores en el escenario japonés, ha dificultado una
reconciliación entre ambos bandos, precisamente, porque la posibilidad de que el gobierno
japonés pida perdón por las atrocidades es muy lejana. Ahora bien, la proyección de esta
dignidad despojada, aun no resuelta se ha materializado en la membrana más sensible del
pueblo chino, ya que constituye parte integrante y fundamental de su identidad presente. La
ofuscación que nos muestra Peter Hays al relatar que “la idea de que los occidentales puedan
agrupar a chinos con japoneses los enfurece”54, nos muestra la intensidad de un conflicto social
proyectado en el ámbito polí tico con tensas relaciones, siempre al borde del conflicto, siempre
al borde de un quiebre diplomático.

La China de hoy se ha templado al clamor de sus dolorosas luchas, en las cuales creóla
unidad y legitimidad de su liderazgo polí tico, por lo que Nanjing, siempre será un hito
recurrente al hablar sobre su construcción. Sin embargo, el destierro de la dignidad de los chinos
bajo la Masacre de Nanjing, y su prevaricación contemporánea en la historiografía japonesa y
universal –como reclamaba Iris Chang-, es una deuda con la verdad. El destierro de esta
dignidad errante podráver luces de su fin cuando se valoren las conclusiones del Tribunal de
Nanjing, cuando se rescate su memoria en el patrimonio mundial del dolor, donde una actitud
mucho más constructiva permita reflexionar en torno a las heridas del pasado, y asumirlas en
conjunto.

53
Hays, Peter. China's new nationalism: pride, politics and diplomacy. University of California Press,
Berkeley, 2004. 36.
54
Ibíd. 37.
DOCUMENTOS CITADOS.

Archives of the United Board for Christian Higher Education in Asia, Record Group
No. 11. RG 10: Box 4 Folder 64: "P-T". Cód. NMP0091. “March 8, 1938 "Dear Friends
in God's Country”.
Askew, David. “The Nanjing Incident: Recent research and trends”. En: Electronic
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15 de Julio de 2010. Disponible en: http://www.japanesestudies.org.uk/articles/Askew.html
Bai Shouyi (ed.). An outline history of China. Foreign Language Press, Beijing, 2008.
BBC Mundo. “Claves: China vs Japón”. En Línea, 22 de Abril de 2005. Revisado en: 15
de Julio de 2010. Disponible en:
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Disponible en: http://www.travelchinaguide.com/cityguides/hubei/wuhan/

Yamamoto, Masahiro. Anatomy of an Atrocity. Praeger Publishers. Connecticut. 2000.


ANEXOS

ANEXO Nº1: Mapa de la Ciudad de Nanjing 1937. Ciudad de Nanjing, Zona de Seguridad
Internacional, sectores de incendios y zonas de matanzas.

Fuente: Chang, Iris. The rape of Nanjing, the forgotten holocaust of World War II”. Penguin
Books, New York, 1997.
ANEXO Nº2: Imágenes desde Nanjing. Todas las imágenes fueron tomadas desde el Archivo
del Memorial de las Víctimas de la Masacre de Nanjing por los Invasores Japoneses, disponible
en: http://www.nj1937.org/english/massacre_3.asp

1. Ejecuciones Públicas

3 Enterramientos de ciudadanos vivos


2.

3. Víctimas infantiles. En la imagen se


observa un niño de 7 años de edad
muerto en el hospital producto de siete
puñaladas.

4. Violaciones. En la fotografía se
muestra a una mujer embarazada que
tras la violación se le cortóel estómago,
4
dejando sus entrañas al aire libre.

5. Quemados. Ciudadanos empapados


en combustible y encerrados en
edificios fueron quemados vivos.
5