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Páginas: 96

Presentación: Electrónico
DR ©: 2019
ISBN: 9786074488227

INTRODUCCIÓN 1

CAPÍTULO 1. BREVE PERSPECTIVA SOCIODEMOGRÁFICA 4

CAPÍTULO 2. CONSIDERACIONES PRELIMINARES PARA EL USO DE ESTA GUÍA 10

CAPÍTULO 3. LA FIGURA DEL PERITO EN PSICOLOGÍA PARA EL DERECHO FAMILIAR 14

CAPÍTULO 4. LA PSICOLOGÍA FORENSE Y SUS APORTACIONES AL CONTEXTO JURÍDICO FAMILIAR


17

CAPÍTULO 5. ALGUNOS ASPECTOS JURÍDICOS 22

CAPÍTULO 6. EL DICTAMEN PERICIAL 25

CAPÍTULO 7. TÉCNICAS DE EVALUACIÓN 37

CAPÍTULO 8. CONSIDERACIONES FINALES 43

REFERENCIAS 44

ANEXO I. PROPUESTA DE FORMATO DE INFORME PSICOLÓGICO FORENSE EN MATERIA


FAMILIAR 49

ANEXO II. CÓDIGO ÉTICO DEL PSICÓLOGO 51

ANEXO III. MARCO LEGAL DE LA EVALUACIÓN PSICOLÓGICA PERICIAL Y FORENSE EN MATERIA


FAMILIAR 57

ANEXO IV. ESQUEMA DE DICTAMINACIÓN PSICOLÓGICA FAMILIAR 69


Carta del editor

Editorial El Manual Moderno se complace en presentar la obra Psicología forense en


materia familiar. Guía para la elaboración del dictamen pericial, la cual es resultado de una
colaboración profesional e institucional de los psicólogos forenses del Tribunal Superior de
Justicia de la Ciudad de México, el reconocido autor Eric García-López y la maestra Olga
Leticia Galicia García.

Esta guía pretende ser un puente de comunicación práctico y un punto de reunión inicial
para peritos psicólogos y otras áreas afines a la salud mental que ejercen la psicopatología
forense en México, en donde se proponen lineamientos de evaluación psicológica familiar,
abiertos al diálogo interdisciplinario, inicialmente en el del derecho de familia, pero
extensivo progresivamente a otros ámbitos del derecho penal, civil, laboral, etc.

En Manual Moderno el ejercicio de Responsabilidad Social Empresarial ha definido su forma


de trabajo y, de manera paulatina, se construye y reafirma mediante prácticas ejemplares
e iniciativas innovadoras con impacto en diferentes: ética y transparencia empresarial,
cuidado del medio ambiente, calidad de vida en la empresa y vinculación con la comunidad.

Con la distribución de esta guía, la editorial lleva a la práctica sus valores empresariales
pero, sobre todo, busca que los profesionales de la psicología y la salud mental puedan
acudir ante los tribunales de justicia con una guía de actuación basada en la experiencia y
el conocimiento forense, tanto de quienes pertenecen al público como del privado.

Especial reconocimiento y agradecimiento a las personas y empresas que colaboraron en


este proyecto a través de sus aportaciones profesionales en formación (Arturo Castro
García), diseño de portada (Elena Frausto Sánchez), elaboración de índice (Leticia García
García), aportación de papel, impresión y encuadernación (ADISA S.A. de C.V.).
Colaboradores del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México

Sergio Aguilar Álvarez Bay. Maestría y especialidad en Psicoterapia Racional Emotiva


Conductual, Instituto de Terapia Racional Emotiva de México. Maestría en Alta Dirección de
Empresas (MEDE), Instituto Panamericano en Alta Dirección de Empresa (IPADE Business
School). Licenciado en Filosofía, Universidad Panamericana y coautor del libro “Límites de
la argumentación ética en Aristóteles”. Director de Evaluación e Intervención Psicológica
para Apoyo Judicial del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México. Profesor titular
en el Programa de Maestría, Instituto de Terapia Racional Emotiva de México.

Karen Eugenia Cintra Buenrostro. Licenciatura en Psicología, Universidad Autónoma de


México. Maestría en Criminología, Instituto de Formación Profesional de la Procuraduría de
Justicia de la Ciudad de México. Perito en Psicología del Tribunal Superior de Justicia de la
Ciudad de México desde hace 8 años.

Daniel Estrada Silva. Licenciatura en Psicología, Universidad Nacional Autónoma de México.


Psicólogo Especializado, adscrito a la Subdirección de Evaluación Psicológica de la
Coordinación de Intervención Especializada del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de
México. Participante en el “Programa de Relaciones de Pareja y Familia, Correlatos y
Predicción de los Síntomas Depresivos” de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza.
Laboró como psicólogo en la Dirección Ejecutiva de la Defensoría de los Derechos de la
Infancia del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia de la Ciudad de México.

Roberto González Toríz. Licenciatura en Psicología, Universidad Nacional Autónoma de


México, Maestrante en Criminología, Instituto de Formación Profesional de la PGJCDMX, y
en Psicología Criminal y Forense, Instituto Ciencia Aplicada. Certificaciones Internacionales
por parte de la Academy of Behavorial Profiling y The Forensic Criminology Institute en
Perfilación Criminal y Victimología Forense. Entrenamiento especializado en Psicología
Forense aplicada al ámbito familiar, penal y civil, Metodología de la Evaluación Pericial,
Aplicación de Protocolo de Estambul, Estudios sobre Víctimas y Violencia, entre otros.
Testigo experto en Psicología Forense. Psicólogo Especializado en la Subdirección de
Evaluación Psicológica del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México.

Rocío Estela López Orozco. Licenciada en psicología, Universidad Nacional Autónoma de


México. Maestra en prevención del delito y sistemas penitenciarios, Instituto de Prevención
del Delito. Doctora en Ciencias penales y política criminal, Instituto Nacional de Ciencias
Penales. Cuenta con un entrenamiento especializado en autopsia psicológica por el Instituto
Cubano de Antropología. Subdirectora de Evaluación psicológica del Tribunal Superior de
Justicia de la Ciudad de México. Ex funcionaria del sistema penitenciario y del de menores
infractores, asesora penitenciaria del grupo PRECOOR. Perito en psicología forense.
Gabriela Noriega Sánchez. Licenciatura en Psicología, Universidad de Ecatepec. Diplomado
en Psicología Forense, Academia Internacional de Formación en Ciencias Forenses A.C.
Auxiliar en el Departamento de Psicología de la Fiscalía Especializada en la Ejecución de
Penas y Medidas Judiciales de la Penitenciaría del Estado de Chihuahua. Psicóloga
Especializada, Unidad de Asesoramiento Psicológico en Materia Familiar. Perito en
Psicología, Subdirección de Evaluación de la Dirección de Evaluación e Intervención
Psicológica para Apoyo Judicial del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México.

Mariana Ortiz Castañares. Maestría y especialidad en Terapias Psicosociales, Universidad


Mexicana. Licenciada en psicología, Universidad Iberoamericana. Responsable de la
Coordinación Especializada para Apoyo Judicial en el Tribunal Superior de Justicia de la
Ciudad de México, donde también ha ocupado los siguientes cargos: Psicóloga Especializada
de la Unidad de Asesoramiento Psicológico en Materia Familiar, Coordinadora de Apoyo
Psicológico Parental y Directora de Evaluación e Intervención Psicológica. Ex Directora
General de Recursos Humanos en iniciativa privada y ex Directora de Servicios Sociales en
la Secretaría de Gobernación.
Introducción
Las relaciones entre el derecho y el estudio del comportamiento humano son tan antiguas,
que sus raíces se encuentran en los primeros intentos legislativos y periciales. Por ejemplo,
pueden encontrarse referencias sobre la reparación del daño o el falso testimonio en años
tan distantes como el de 2392 a.C (en el Código de Hammurabi) o en los títulos hebreos de
Nezikim y Rhalabah, en la Ley del Talmud.

Asimismo, existen documentos orientales -como el Hsi Yüan Lu de entre los años 1100 a
1200 a.C- donde se incluyen las actuaciones clínicas ante los tribunales de justicia. Además,
el derecho romano -por ejemplo, en el Digesto, Pomponius Dig. XXVI, 26.7.61- establece
que ha de fallarse sin castigo lo que ocurra por padecimiento mental (Impune autem puto
admittendum, quod per furorem alicuis accidit) y es muy conocido el cuestionamiento
romano al libre albedrío de una persona trastornada: furiosi nulla voluntas est. En el mismo
sentido, vale la pena recordar que: Furioso sententia a judice vel arbitrio dice non potest1
(ni el juez ni el árbitro, pueden dictar sentencia para un loco).

Por su parte, Modestinus advirtió que el parricidio no habría de ser sancionado penalmente
en caso de que hubiese evidencia de trastorno mental en el sujeto activo (si per furorem
aliquis parentem occiderit, impunitus erit 2).

Ahora bien, las raíces históricas no sólo están vinculadas a situaciones homicidas, sino hay
también evidencia de las interacciones entre Derecho y Psicología en materia civil, por
ejemplo, en los casos de testamento: Furiosus tempore intermissi furoris testamentum
facere potest; nam furor superveniens non pesimit actum prius perfectum.

La llamada “locura” en aquel tiempo, tenía también impacto en las leyes medievales. Por
citar un caso -vinculadas las alteraciones mentales a la demonología (homo rabiosus aut
demoniacus)- se afirmaba en el Fuero Juzgo (año 634) que no podía ser imputable quien
cometiera un homicidio estando afectado de sus facultades cognitivas y volitivas: “quien
mata a otro homme sin su grado (sin querer) no conociendo e ninguna malquerencia non
avie contra el, non debe prender muerte”.

Por último, vale la pena mencionar lo expresado en las Siete Partidas del Rey Sabio: el
homme que es fuera de su seso non face ningún fecho enderezadamente et por ende non

1
1 Digesto, L. XLII, título I, IX
2 2 Libro XLVIII, Tit IX, Ley 9, c 32, Modestinus, Libro XII. Pandectarum.

1
se puede obligar porque non sabe ni entiende por ello (citado en Esbec y García-López,
2016, p. 235-238).

Como puede apreciarse en estos párrafos breves, la historia de afectos/encantos y


desencantos o entre el Derecho y la Psicología es muy antigua y verdaderamente fascinante.
Los juristas frecuentemente se cuestionan acerca de la naturaleza del comportamiento
humano, en particular el que ocurre entre las personas que han sido víctimas o
perpetradores de delitos, de los testigos y quienes demandan la reparación de un daño
sufrido y, particularmente, la conducta que ocurre al interior de la familia.

Por tal motivo, solicitan del psicólogo dar respuesta ante diversos cuestionamientos
surgidos del contexto de la justicia, por lo que esta guía facilitará el trabajo a quienes deben
dar contestación a dichos cuestionamientos desde una perspectiva científica, aportando
hallazgos y evidencia empírica que facilite la toma de decisiones judiciales.

En México, la práctica de la psicología jurídica y forense no se encuentra plenamente


estructurada y desarrollada, debido -entre otros factores- a la notable ausencia de
posgrados acreditados (Morales, García-López y Mercurio, en prensa)— a la falta de guías,
lineamientos, inventarios, manuales o protocolos específicos de actuación para la
evaluación psicológica forense y el ejercicio pericial.

Existen esfuerzos muy importantes (principalmente expuestos a través de actas de


congresos nacionales e internacionales, capítulos de libros o documentos institucionales o
diplomados y cursos intensivos) que, a pesar del esfuerzo, no han conseguido establecerse
como puntos de referencia para una práctica forense estandarizada en los diferentes
estados de la República Mexicana. Así, los dictámenes periciales que se suscriben -tanto en
el ámbito público como en el privado- son realizados de acuerdo con el conocimiento y
experiencia que cada perito ha ido adquiriendo de la experiencia cotidiana y las prácticas
profesionales observadas en otros países, pero sin un acuerdo generalizado, claro y preciso
sobre las etapas y metodología de consenso para la evaluación psicológica con fines
periciales y forenses.

De tal manera que, al no contar con una metodología de consenso, cada perito psicólogo
formula un objetivo, procedimiento y conclusiones que, aún para un mismo caso, pueden
diferir radicalmente de un perito a otro; lo que ha llevado a la falsa creencia de que
cualquier procedimiento es válido, que toda orientación psicológica puede realizar
aportaciones forenses, que todo tipo de entrevista (libre o semi-estructurada) e incluso
cualquier instrumento de evaluación psicológica, puede ser llevado ante los tribunales de
justicia como elemento definitorio o trascendente dentro de un dictamen pericial. Aún más,
parece estar permitido en casos complejos, no incluir ningún tipo de instrumento de
evaluación e incluso así comparecer ante los jueces.

2
Lo anterior representa graves errores en la evaluación psicológica con fines periciales y
forenses y ello compromete la credibilidad de los dictámenes, la pertinencia de los datos
aportados por el perito en psicología y la propia capacidad profesional de los así llamados
expertos, restando no sólo valor probatorio a la pericial y, o informes en psicología, sino
vulnerando los derechos de los justiciables. En este sentido, debe subrayarse el sentido
ético y legal de las evaluaciones psicológicas con fines periciales y forenses, en este caso en
el ámbito familiar, pero en general en todos los ámbitos donde se requieran estas
evaluaciones.

Aunque suena a verdad de Perogrullo, se debe recordar que está en juego la libertad, la
propiedad o el mismo sentido vital de una persona y que, por lo tanto, la obligación tanto
ética, como jurídica del experto en salud mental, es la de realizar un trabajo que respete los
derechos humanos y sus garantías, de lo contrario, no sólo habrá de responder al reclamo
ético, sino a la sanción legal que una malpraxis amerite.

La guía que el lector tiene en sus manos, es un primer esfuerzo para estructurar un código
de comunicación unificado en México. La idea central de este proyecto es que los
profesionales de la salud mental puedan acudir ante los tribunales de justicia con una guía
de actuación basada en la experiencia y el conocimiento forense de sus operadores, tanto
de quienes pertenecen al ámbito público, como de quienes ejercen esta disciplina desde el
ámbito privado y la investigación científica realizada en las universidades y los centros
públicos de investigación.

Asimismo, esta guía pretende ser un puente de comunicación práctico y un punto de


reunión inicial para los peritos en comportamiento humano y salud mental que ejercen la
psicopatología forense en México, proponiendo también el diálogo interdisciplinario con
los juristas y operadores jurídicos, inicialmente en el ámbito del derecho familiar, pero
extensivo progresivamente a otros ámbitos del derecho: penal, civil, laboral, canónico, etc.

Esta guía es posible gracias a la generosa colaboración profesional e institucional de los


psicólogos forenses del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México, el Colegio
Mexicano de Profesionistas de la Psicología A.C., el Instituto Nacional de Ciencias Penales,
el Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y la
Editorial El Manual Moderno que, como muestra de responsabilidad social, edita y
distribuye gratuitamente.

3
Capítulo 1. Breve perspectiva sociodemográfica
Con base en la información presentada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía
(INEGI), publicada en febrero de 2019, en México la población de 15 años y más tiene las
siguientes características: “58% se encuentra en unión libre, 32% es soltera y 11% es
separada, divorciada o viuda 3”. Asimismo, se mantiene la tendencia de varios años
anteriores en cuanto a la disminución de matrimonios y el aumento de divorcios, ya que
mientras los primeros descendieron en un 2.8%, los segundos aumentaron en un 5.6%
durante 2016 a 2017 (INEGI, 2019, p.1). Además, “hay una disminución en la proporción de
personas casadas, ya que pasó de 59.7% a 42.8% del 2008 al 2018”.

El párrafo anterior ofrece un panorama claro del fenómeno e implica que más de la mitad
de la población vive en pareja, con la posibilidad de encontrarse formando una familia, de
diversa estructura e integración y con la presencia de hijos de diversas edades (propios o
adoptados).

Es muy importante conocer las variables sociodemográficas más actuales al momento de la


evaluación (tanto clínica como con fines periciales), ya que el contexto juega un papel
esencial en el comportamiento humano y ello debe ser explicado por los peritos ante los
tribunales de justicia. Por ejemplo, es importante reconocer que al analizar “la situación
conyugal de las personas, es posible identificar múltiples contextos de vulnerabilidad, lo
cual resulta pertinente en el diseño de políticas públicas encaminadas a mejorar su nivel de
vida” (INEGI, 2019).

Para el contexto forense, estos datos sociodemográficos permiten al perito disponer de


información valiosa en cuanto a la influencia que ejerce el contexto sociocultural durante
la evaluación, y le permite poner en perspectiva el desarrollo personal de las partes
evaluadas a lo largo del tiempo. Así, por ejemplo, vale la pena mencionar que en México
hay cambios muy interesantes en los jóvenes de 15 a 19 años (figura 1-1, elaborada por el
INEGI, 2019), pues este subgrupo “presenta un incremento de 21 puntos porcentuales” en
cuanto a la conducta de vivir en unión libre. Asimismo, las personas de 15 a 29 años
presentan “una disminución en la proporción de las casadas [entre 2008 y 2018], ya que
pasó de 59.7 a 42.8%”

También, dos de las gráficas más elocuentes en cuanto a casamientos y divorcios en México
muestran la clara tendencia a postergar la edad para unirse en pareja. Además, la tendencia

3 Ahora bien, tal como se especifica en el comunicado del INEGI, en el que cita Encuesta Nacional de
Ocupación y Empleo, “esta estructura [la situación conyugal] cambia radicalmente dependiendo de la edad
de la población. Por ejemplo, si se analiza sólo al grupo de 15 a 29 años las proporciones son distintas, pues
las personas solteras representan 67.8 por ciento” (INEGI, Ob. Supra).

4
hacia la baja que muestran los matrimonios (excepción hecha del aumento que hubo entre
2010 y 2012) y la clara tendencia al alza que muestran los divorcios.

La figura 1-2 no incluye los matrimonios entre personas del mismo sexo, ya que el
porcentaje es muy pequeño, pues en 2017 el total de uniones matrimoniales entre hombres
y mujeres “fue de 526,008 (99.5%) y 2670 (0.5%) entre personas del mismo sexo [...] 1264
entre hombres y 1406 entre mujeres”

Figura 1-1. Distribución porcentual de la población de 15 a 29 años actualmente unidas,


por grupo de edad según tipo de unión, 2008 y 2018.

Figura 1-2. Matrimonios en México en el periodo de 2010 a 2017.


Fuente:
https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/aproposito/2019/matrimonios2019_
Nal.pdf

5
Por otra parte, los divorcios muestran un incremento sostenido en nuestro país, pues si “en
2010 fueron 86,000; en 2017 fueron casi 150,000 (147,581)”, tal como se aprecia en la figura
1-3.

Otro aspecto muy relevante y que fortalece la justificación de esta guía es el alto porcentaje
que tienen los divorcios que se llevan a cabo con la necesidad de un fallo judicial (figura 1-
4). Así, “en 2017 el 90.9% de los divorcios fueron judiciales, y de éstos: en 40.6% de los casos
no tienen hijos menores de 18 años, en 27.6% sólo uno y en 21.2% hay dos [...] en 8.3%
tienen tres o más hijos” (INEGI, 2019, Ob. Supra e infra). Vale la pena destacar también,
“que de 2010 a 2017 ha disminuido la proporción de divorcios administrativos, al pasar de
14.1 a 9.1 por ciento.”

Figura 1-3. Divorcios en México en el periodo de 2010 a 2017.


Fuente:
https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/aproposito/2019/matrimonios2019_
Nal.pdf

6
Figura 1-4. Distribución porcentual de los divorcios por tipo de trámite.
Fuente:
https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/aproposito/2019/matrimonios2019_
Nal.pdf

Las figuras 1-1 a 1-4 incluidas en esta guía son sólo un panorama general para mostrar la
dimensión más amplia del fenómeno en el cual se inscribe la evaluación psicológica con
fines periciales en materia familiar. Sin embargo, la problemática derivada de la ruptura de
pareja y, o del matrimonio, es una de las más arduas, complejas, confusas y demandantes
que una persona puede experimentar a lo largo de la vida, razón por la cual la atención a
este fenómeno social exige conocer los recursos y herramientas psicológicas disponibles
para hacer frente a esta situación.

En este sentido, se recomienda abordar la problemática de la familia desde una perspectiva


de justicia terapéutica:

a) La cual implica que la decisión de recurrir al sistema de justicia para resolver un


problema de familia, las partes en el juicio no solo logren resolver el conflicto, sino
que incluso resulten fortalecidos con un mayor conocimiento o capacidad para
enfrentar los problemas familiares, mediante procesos como la mediación judicial o
extrajudicial, la convivencia familiar supervisada, los cursos psicoeducativos en
coparentalidad positiva o el proceso de coordinación de parentalidad.

7
b) Por ejemplo, se sugiere el texto introductorio publicado por el Instituto Nacional de
Ciencias Penales, “Justicia Terapéutica: experiencias y aplicaciones” (Wexler, Fariña,
Morales y Colín, 2014). De igual manera, “Elaboración de informes periciales
psicológicos en las disputas sobreguarda y custodia de los hijos” (Tejero, González
Trijueque y García-López, 2014), y “Psicología y justicia: la convergencia entre el
mundo psicológico y jurídico” (Maffioletti y Contreras Taibo, 2019), entre otros.

c) Consultar los registros estadísticos, con información sociodemográfica actual para


aproximarse al contexto en el cual se desenvuelve la persona evaluada.

Comparar cómo se ha dado el desarrollo social en un periodo de tiempo determinado,


puede brindar información muy valiosa para el análisis individual y, en conjunto, presentar
los resultados de esta evaluación ante los tribunales de justicia. Para ello, en México se
dispone de las herramientas de acceso libre, que proporciona el INEGI. Por ejemplo, el
conjunto de datos sobre matrimonios y divorcios que el lector puede consultar libre y
directamente en este enlace electrónico:
https://www.inegi.org.mx/sistemas/olap/Proyectos/bd/continuas/nupcialidad/Divorcios.a
sp?s=est.

Tanto el perito como el juez se verán muy fortalecidos al integrar con mayor frecuencia en
sus análisis psicojurídicos, las aportaciones que a ambos brinda la estadística.

8
Figura 1-5. Nupcialidad y divorcios. INEGI, 2017.

9
Capítulo 2. Consideraciones preliminares para el uso de esta guía
El Poder Judicial posee la alta responsabilidad de impartir justicia de manera imparcial,
pronta y expedita, con la participación cada vez mayor de científicos (en este caso del
comportamiento humano), que deben aportar objetividad a los casos complejos que
requieren el análisis de los integrantes de la judicatura.

En este sentido, es muy relevante conocer lo expuesto en el Semanario Judicial de la


Federación y su Gaceta, mismo que en la página 1269 del tomo XXVIII, indica:

[...] en el artículo 17 constitucional, se establece la obligación del Estado de


administrar justicia efectiva a los ciudadanos, la cual se desempeña mediante la
actividad jurisdiccional. Esta función se traduce en la conducción y vigilancia del
proceso, en el esclarecimiento de los hechos controvertidos y en la adopción de todas
aquellas medidas para lograr ese fin, ya que no se puede dejar de cumplir bajo el
pretexto de que faltan elementos aptos o suficientes que el juzgador estuvo en
aptitud de recabar o completar. Por tanto, los poderes conferidos a los Jueces para
dicha finalidad son deberes para ellos, es decir, no queda a su gusto o apreciación
puramente subjetiva hacer uso de los mismos, en la forma y en el momento que
quieran, pues de lo contrario se entendería que no tuvieran la obligación de realizar
todo lo necesario para lograr la mejor resolución de los conflictos a que está obligado
el poder público y en cuya representación actúan. 4

Así, dado que sus señorías están comprometidas con la impartición de justicia y el bien
común, esta guía pretende ser un vehículo que comunique efectivamente a los expertos en
salud mental y comportamiento humano, con los expertos en derecho, que han de emitir
un fallo judicial en un contexto de tanta trascendencia, como lo es el ámbito familiar.

Para concluir estos primeros párrafos, vale la pena resaltar la importancia de la Psicología
(muy particularmente de la Psicología Jurídica y Forense) para el Derecho de Familia y su
trabajo de manera articulada y armónica en el contexto judicial, de tal suerte que el estudio
y avances de cada una de estas disciplinas derive en el beneficio mutuo y especialmente en
beneficio de la sociedad.

4Cuarto Tribunal Colegiado en materia civil del Primer Circuito. Amparo directo 679/2007. Casa Driana, S.A.
de C.V. 31 de octubre de 2007. Unanimidad de votos. Ponente: Leonel Castillo González. Secretaria: Ma. Luz
Silva Santillán. 168919. I. 4°.C.30K. Tribunales Colegiados de Circuito. Novena Época. Semanario Judicial de la
Federación y su Gaceta, Tomo XXVIII, septiembre de 2008, p. 1269. Disponible en:
http://sjf.scjn.gob.mx/SJFSist/Documentos/Tesis/168/168919.pdf

10
Con el fin de mencionar brevemente uno de los porqués de esta importancia (la de la
Psicología en el Derecho), conviene citar una de las definiciones que aluden a esta parte del
derecho privado:

El derecho de familia se refiere a las normas de orden público e interés social que regulan y
protegen a la familia y a sus integrantes, así como su organización y desarrollo integral,
sobre la base del respeto a la dignidad humana, en orden a lo establecido en la Constitución
Política de los Estados Unidos Mexicanos y los instrumentos internacionales de derechos
humanos ratificados por México, aplicables a la materia, fundamentalmente en el Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos, la Convención sobre los Derechos del Niño, la
Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, la
Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la
Mujer, así como del trabajo realizado por Naciones Unidas en favor de la familia a través de
la División de Política Social y Desarrollo del Departamento de Asuntos Económicos y
Sociales. Instrumentos y actividades universales y regionales que contienen disposiciones
dirigidas, entre otros muchos aspectos, al fortalecimiento de la capacidad de la familia para
atender sus propias necesidades, el equilibrio entre el trabajo y las responsabilidades
familiares, la prevención y sanción de la violencia familiar y la mejora en la calidad de vida
de los integrantes de la familia (Pérez Contreras, 2010, p. 21).

Como puede apreciarse, tanto los jueces, como los peritos en materia de psicología, tienen
ante sí un reto y una responsabilidad mayúscula, ya que tanto el dictamen pericial, como el
fallo judicial, impactarán de manera directa en la vida de las personas que integran una
familia.

Así, dada la trascendencia del trabajo pericial, el forense que acuda como experto ante los
Tribunales de Justicia, debe conocer indispensablemente la importancia de la Constitución
Política de los Estados Unidos Mexicanos (CPEUM), particularmente en lo que respecta al
Capítulo I, “De los Derechos Humanos y sus Garantías”, así como en los párrafos sexto y
séptimo del artículo 4, que señalan:

En todas las decisiones y actuaciones del Estado se velará y cumplirá con el principio
del interés superior de la niñez, garantizando de manera plena sus derechos. Los niños
y las niñas tienen derecho a la satisfacción de sus necesidades de alimentación, salud,
educación y sano esparcimiento para su desarrollo integral. Este principio deberá
guiar el diseño, ejecución, seguimiento y evaluación de las políticas públicas dirigidas
a la niñez.5

5CPEUM, consulta realizada el 13 de febrero del 2019. Documento disponible en


http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/1_270818.pdf

11
Por otra parte, también debe considerar la perspectiva de género que, de acuerdo con la
Ley General para la igualdad entre hombres y mujeres, se define como aquella
“metodología y los mecanismos que permiten identificar, cuestionar y valorar la
discriminación, desigualdad y exclusión de las mujeres, que se pretende justificar con base
en las diferencias biológicas entre mujeres y hombres, así como las acciones que deben
emprenderse para actuar sobre los factores de género y crear las condiciones de cambio
que permitan avanzar en la construcción de la igualdad de género (artículo 5, fracción VI de
la ley referida).

Tal como señala la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las
Mujeres: “cuando se habla de perspectiva de género, se hace alusión a una herramienta
conceptual que busca mostrar que las diferencias entre mujeres y hombres se dan no sólo
por su determinación biológica, sino también por las diferencias culturales asignadas a los
seres humanos6”.

En síntesis, este texto se apega a lo establecido en la Constitución Política de los Estados


Unidos Mexicanos y los criterios promovidos por la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
También, se basa en la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes (2014)
y subraya la importancia del Principio del Interés Superior de la Infancia. Ejemplo de lo
anterior, es lo publicado en una Jurisprudencia de 2012, emitida en la 10a. Época; 1a. Sala;
Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, que a la letra dice: “[…] los tribunales, en
todas las medidas que tomen relacionadas con los menores, deben atender
primordialmente al interés superior del niño” (SCJN, 2012, p. 334).

Los forenses que hagan uso de esta guía deben conocer la normatividad aplicable a la
infancia y la adolescencia y apegarse de manera irrestricta a ella. Su colaboración ética y
profesional como expertos en salud mental, no sólo contribuye al sistema de justicia, sino
al concepto de Justicia en sí mismo.

Una aproximación al conocimiento de la normativa mencionada puede consultarse en la


“Compilación de fundamentos útiles para la aplicación del Protocolo de actuación para
quienes imparten justicia en casos que involucren niños, niñas y adolescentes7.” Asimismo,
los lectores disponen de un archivo anexo, en el cual encontrarán una selección de valiosas
interpretaciones jurídicas y planteamientos específicos para el derecho familiar. Dicho

6 Recuperado el 25 de abril de 2019 de: https://www.gob.mx/conavim/articulos/que-es-la-perspectiva-de-


genero-y-por-que-es-necesario-implementarla
7 Este documento también puede consultarse de manera gratuita en el siguiente enlace electrónico de la

Suprema Corte de Justicia de la Nación:


https://www.sitios.scjn.gob.mx/codhap/sites/default/files/archivos/paginas/Anexo_infanciacolors.pdf
Último acceso: 12-08-2019.

12
anexo, debe ser estudiado por los expertos que acudan ante los tribunales de justicia para
emitir sus dictámenes periciales.

13
Capítulo 3. La figura del perito en psicología para el derecho familiar
En el sistema judicial, tradicionalmente se ha considerado al perito como un auxiliar del
juez. Dicho perito aportará sus conocimientos y experiencia para dilucidar, sobre todo,
aquello que comprenda su campo de conocimiento, en este caso, sobre el estudio científico
del comportamiento humano: la Psicología y de manera muy específica, la Psicología
Jurídica y la Psicopatología Forense.

Estas disciplinas son tan cercanas entre sí, que hay quien las confunde, aunque su diferencia
es clara; por una parte, la Psicología Jurídica implica el estudio científico del
comportamiento humano en todos los ámbitos jurídicos, es la disciplina que estudia,
investiga y analiza el comportamiento con relación al derecho y la justicia.

Así, la Psicología Jurídica actúa como estructura, contexto y fuente de la expresión forense,
pero no es lo forense, ya que la Psicopatología en dicha vertiente representa el estudio y la
evaluación de los trastornos mentales, los problemas emocionales, las conductas
desadaptativas y, en suma, la discapacidad psicosocial de personas vinculadas a procesos
legales, con el fin directo de presentar dicha información ante el sistema de justicia (García-
López, 2016).

Por otra parte, el papel del psicólogo forense -de acuerdo con el Grupo de trabajo e
investigación de la sección de Psicología Jurídica y Forense del Colegio de Psicólogos de
Cataluña, (2014)- “[...] es el de un perito que emite informes que pueden ser utilizados en
un proceso judicial” con distintas funciones, tales como:

a) Asesor.
b) Testigo experto.
c) Perito.
d) Mediador.
e) Coordinador parental.
f) Psicoterapeuta en el ámbito judicial.
g) Acompañante judicial de niños y, o personas en alguna situación de discapacidad o
vulnerabilidad.

En este sentido, subrayando la idea del psicólogo como perito, Torres Coto (2016) menciona
que el perito debía a) aceptar el cargo conferido, b) protestar el fiel y legal cumplimiento
del mismo, c) imponerse del contenido de la prueba que ha de resolver y, por lo menos, de
aquellas partes de los autos pertinentes o relacionadas con ella, aun cuando
preferentemente debería ser de todo el asunto, d) realizar las pesquisas e investigación que
se requieran para acopiar la información necesaria, e) inspeccionar o reconocer

14
personalmente el o los bienes que han de valorarse, f) practicar personalmente todas las
operaciones y análisis que sean precisos según las características de la prueba, g) obrar y
conceptuar con imparcialidad, lealtad, veracidad y buena fe, h) fundamentar su dictamen,
i) expresar los hechos en forma clara y precisa, j) emitir su dictamen por escrito en forma y
tiempo, k) ratificar el mismo en la presencia judicial, con las formalidades de ley, l) asistir a
las audiencias para las que se le cite y contestar las preguntas que en ellas le formulen los
abogados de las partes, el representante social y si fuera el caso, el juez.

El dictamen correspondía pues a la opinión fundada de un especialista, cuidando de la


metodología y técnicas empleadas; no obstante, en el nuevo sistema de justicia oral en
México, no es suficiente con aportar una opinión fundada, sino que se debe aportar un dato
científico de prueba. Es decir, un hallazgo basado en una sólida y cuidadosa evaluación
psicológica forense, que siga una metodología precisa y que el perito sea capaz de explicar
de una manera comprensible para una audiencia judicial.

En este sentido, vale la pena recordar lo planteado por Muñoz, Echeburúa y García-López
(2014, p. 59 y ss) sobre los pasos en el proceso de la evaluación pericial psicológica:

1. Solicitud de la evaluación pericial.

2. Primera recopilación de información pertinente para el caso.

3. Formulación de hipótesis (se deben considerar simultáneamente hipótesis de dos


tipos: basadas en el supuesto de cuantificación y basadas en el supuesto de
semejanza. En las primeras se intenta comprobar si se produce un determinado
fenómeno psicológico en los peritados y en qué intensidad se produce (por ejemplo,
presencia de un cuadro psicopatológico, de un estilo educativo determinado, de
unos factores de riesgo concretos, etcétera). Con las segundas se trata de averiguar
si las características identificadas empíricamente en un grupo de sujetos (por
ejemplo, mujeres víctimas de violencia en su relación de pareja, agresores sexuales,
menores víctimas de abusos sexuales, etcétera) están presentes en el peritado
(Amor, Echeburúa y Carrasco, 2010). El perito psicólogo siempre trabajará con una
hipótesis y la contraria, evitando así fenómenos como la profecía autocumplida o el
efecto Pigmalión (Rosentahal, 2002).

4. Operativización de las hipótesis mediante instrumentos y procedimientos de


evaluación. Las hipótesis deben especificarse en función de las variables psicológicas
implicadas y, a su vez, éstas deben ser operativizadas según los instrumentos de
evaluación más adecuados. Se entiende que en esta fase es fundamental una
formación especializada del perito psicólogo orientada al campo en el que va a
actuar (selección de las variables implicadas e instrumentos de análisis).

15
5. Contrastación de las hipótesis. Esta fase se podría dividir en dos secuencias: a) una
descriptiva, que implica la recogida y organización de la información obtenida
mediante los distintos métodos de evaluación e incluye también los resultados de
las pruebas aplicadas; y, b) una técnica, que supone la integración, análisis e
interpretación del conjunto de los datos manejados en relación con las hipótesis
planteadas. Como en todo acto científico, en el caso de que las hipótesis no sean
confirmadas, se deberán reformular nuevas a la luz de los datos obtenidos.

6. Comunicación de resultados a través del informe psicológico forense y traslado al


operador jurídico demandante. Además de un documento científico, el informe
psicológico en el contexto forense adquiere la condición de documento legal y,
como tal, está sujeto a distintos principios legales que garanticen una tutela judicial
efectiva (publicidad, oralidad, contradicción e inmediación). En este sentido, en el
informe debe recogerse de forma suficientemente explícita el proceso de evaluación
realizado por el perito para que pueda ser reproducido y valorado por la autoridad
correspondiente.

7. Ratificación. Si el órgano judicial así lo acuerda, el psicólogo forense deberá


comparecer ante el mismo e intervenir en el sentido estipulado en la normatividad
vigente. El acto de ratificación permite ilustrar a los distintos operadores jurídicos
sobre el proceso de elaboración del informe y el sentido de los términos o métodos
utilizados, resultando de especial importancia para el juzgador, que no dispone de
otro medio para verificar la cualificación del perito y la calidad de su dictamen (Erice,
2006). El clima de enfrentamiento propio de los intereses contrapuestos que se
dirimen en el procedimiento judicial convierte el acto de ratificación en una
situación incómoda para el perito ya que habitualmente debe enfrentar la crítica y
el cuestionamiento de su labor. Una previa preparación del acto de ratificación
ayudará a manejar adecuadamente la ansiedad habitual de estas situaciones y
contribuirá a una defensa segura y confiada del informe lo que, a su vez, revertirá
en una valoración más positiva por el juez o tribunal (mayor credibilidad del
dictamen). Es importante que el perito cuente para su ratificación con todo el
material que ha utilizado para la elaboración del informe (por ejemplo, perfiles de
las pruebas, informes clínicos, escolares o sociales, etc.), ya que le pueden ser
solicitados durante su exposición

En el anexo IV se describe de manera esquemática el papel del perito en psicología en el


derecho familiar, con relación a los demás actores que intervienen: usuario, abogado,
autoridad y perito.

16
Capítulo 4. La psicología forense y sus aportaciones al contexto
jurídico familiar
Soria (2006) refiere que la psicología forense, pericial o psicología aplicada a los tribunales,
es la rama de la Psicología Jurídica que desarrolla sus conocimientos y aplicaciones con
miras a concluir sus hallazgos en el seno de una sala de justicia, con el propósito de auxiliar
a jueces y jurados en la toma de decisiones.

Entre las principales aportaciones por parte del profesional en materia de psicología en el
escenario judicial, se encuentra la realización de valoraciones -llamadas también periciales-
que, de acuerdo con lo expuesto por Galicia (en García- López, 2010), tienen como
propósito la estimación cualitativa y cuantitativa de las características psicológicas sujetas
a valoración, con la finalidad de corroborar no sólo su existencia, sino también las posibles
peculiaridades y efectos, a través de instrumentos propios de la materia.

En lo que respecta al área familiar, el experto en psicología cumple un enorme desafío:


informar a la autoridad ordenadora -de manera puntual, ética y precisa- sobre las
características psicosociales que permitan al especialista en derecho, allegarse de los
elementos necesarios (respecto con las áreas cognitivas, emocionales, interpersonales y
sociales de las personas evaluadas) para promover alternativas y soluciones a las
problemáticas planteadas en derecho familiar (guarda y custodia, visitas y convivencias,
pérdida de patria potestad, alimentos, etc.), preponderando esencialmente el interés
superior de la niñez.

Respecto al párrafo anterior, resulta destacable que la realización de las evaluaciones


psicológicas con fines forenses supone para el especialista en psicología contar
indispensablemente con conocimientos jurídicos en derecho familiar, así como en la
legislación correspondiente. Desde luego, lo anterior no significa que el experto en
Psicología deba serlo también en Derecho. Es decir, no se pretende que el psicólogo forense
sea también abogado (pues bastaría con que fuera Psicólogo Jurídico), pero sí se exige que
conozca los límites y alcances de su profesión ante los tribunales de justicia.

Además, otro criterio irrenunciable en la formación del forense es el conocimiento


actualizado y pormenorizado de los instrumentos de evaluación psicológica, que deben
cumplir con el estándar de la prueba exigible en todo ámbito judicial (Hunter, 2017;
Larroucau, 2012; Taruffo, 2005). De igual manera, el forense debe conocer la naturaleza de
los instrumentos de evaluación psicológica y dominar conceptos tales como validez,
objetividad, confiabilidad y estandarización de dichos instrumentos para determinada
población, las ventajas y desventajas de su uso, así como la adecuación y pertinencia a cada
caso, situación y problemática jurídica específica. Es decir: sería un grave error incluir en el

17
dictamen pericial, instrumentos y técnicas que no estén reconocidas por la comunidad
científica internacional8 y carezcan de la fortaleza necesaria para resistir los
cuestionamientos esperables en un entorno judicial.

En este sentido, Estrada (en prensa) refiere que la psicología, en tanto disciplina científica,
ha realizado valiosas aportaciones en torno al discernimiento de cuestiones sumamente
delicadas –inherentes a la práctica pericial-, como lo son las variables involucradas a la
violencia familiar (véase Corsi, 1994; Echeburúa & de Corral, 1998), valoración del
testimonio y factores psicológicos asociados a denuncias de abuso sexual (véase Steller,
1989; Raskin & Esplin, 1991, Vrij, 2000, 2005), evaluación de la psicopatología en nociones
involucradas en mayor o menor medida a la dinámica familiar o social (véase Jiménez-
Gómez, 2006; Cantón-Duarte, Cortés-Arboleda & Justicia-Díaz, 2007; Doddi & Souto, 2008;
Gómez-Maqueo & Heredia, 2014), competencias parentales (véase George, Kaplan & Main,
1985; Bermejo et al., 2006), directrices de evaluación (APA, 1994, 2010; Chacón y Cols,
2009) y componentes asociados a problemáticas en el mantenimiento de convivencias
entre padres no custodios e hijos (véase Aguilar, 2006; Luengo & Coca, 2007; Bernet, 2008;
López-Orozco, 2013).

Por otra parte, Ramírez-Acuña (2008) alude que, en lo referente a las evaluaciones
psicológicas forenses en el área familiar, el especialista o perito se encuentra obligado a
informar y dar cuenta sobre los siguientes elementos:

1. El cuidado básico de la niña o el niño (expresión y recepción de afecto, escucha,


aceptación, resolución de problemas cotidianos, disciplina, y atención de las
necesidades de salud y alimento).

8 Al respecto, vale la pena recordar la importancia del conocido “estándar Daubert”. Éste no es el único
estándar, pero reúne al menos cuatro elementos que son inexcusables para el perito. A saber:

1. Falseable. Se evalúa rigurosamente la metodología en la cual se ha basado el experto para emitir sus
conclusiones. Es decir, la teoría o técnica utilizada es demostrable.
2. Pública. Dicha metodología, ha sido revisada por pares y está sustentada en las publicaciones
científicas internacionales.
3. Tasa de error. Se puede responder por la tasa de error conocida, y potencial, de la metodología
utilizada por el experto.
4. Aceptación. La metodología goza de la aceptación de la comunidad científica internacional.

De manera específica, se han publicado análisis sobre los estándares (Frye, Daubert, Kumho) y su relación con
la prueba psicológica. Por ejemplo, con las publicaciones de Fradella, Fogarty y O´Neill (2003): The Impact of
Daubert on the Admissibility of Behavioral Science Testimony; Gordon (2016): Crossing the Line: Daubert, Dual
Roles, and the Admissibility of Forensic Mental Health Testimony; Goodman-Delahunty (1997): Forensic
Psychological Expertise in the Wake of Daubert; Shapiro et al. (2015): Psychological expert witness testimony
and judicial decision making trends, entre otros.

18
2. El autocontrol (estabilidad emocional, control de impulsos, roles y funciones
parentales, y tolerancia a la frustración).

3. El manejo de estrés (con base en autocuidado y su relación a redes de apoyo,


capacidades de afrontamiento y organización financiera en adherencia a la
resolución de necesidades materiales del núcleo familiar).

4. Los factores sociocognitivos (análisis, reflexión y resolución de conflictos, con


relación a las capacidades y necesidades de los niños).

5. Las capacidades de interacción social (respecto al conflicto de pareja, separación y


relación paterno o materno filial).

La evaluación forense en el entorno familiar, a partir de lo expuesto por Chacón y


colaboradores (2009), debe reconocer la complejidad de las dinámicas inherentes a dicha
estructura social y brindar, en un dictamen pericial resumido y estructurado, información
relevante respecto a las pautas de crianza, estilos de comunicación, características
conductuales relacionadas con el cuidado y cualquier otro factor sujeto a análisis
psicológico, con el propósito de ayudar en el proceso de toma de decisiones de los órganos
judiciales correspondientes.

Los autores reiteran que la elaboración de las evaluaciones periciales en materia de


psicología, deben realizarse a través del uso de procedimientos, técnicas e instrumentos
válidos y fiables propios del área, tomando en cuenta no sólo las variables individuales
relevantes a considerar, sino además las que estén relacionadas con la dinámica familiar y
los contextos en que ésta se desenvuelve.

Lo expuesto con anterioridad, brinda sustento a lo referido por Estrada y García-López


(2018), respecto a que el carácter de la evaluación psicológica en los ámbitos forenses
familiares no estriba en descalificar o connotar de manera negativa a los progenitores, sino
brindar certeza al juzgador sobre las fortalezas y las áreas de oportunidad y promoción que
los padres guardan en adherencia a las atenciones de sus hijos o familiares que pudieran
estar bajo su cuidado.

Como puede apreciarse, la evaluación psicológica con fines periciales y forenses en materia
familiar debe brindar información objetiva y confiable para responder, entre otras, la
siguiente pregunta: ¿Qué indicadores objetivos explican el cuidado del niño o adolescente?
Estos indicadores objetivos pueden ser referidos en el dictamen pericial tanto a través de
las pautas conductuales observadas y sustentables a lo largo del tiempo previo a la
evaluación, como a través de los documentos que prueben el cuidado correspondiente

19
(tarjetas de vacunación, boletas escolares, gastos comprobables en la atención, cuidado,
esparcimiento9, etc.).

Además, es oportuno conocer los postulados inicialmente planteados por Diana Baumrind
y continuados por varios grupos de investigadores a lo largo de los últimos 40 años, con el
fin de identificar los estilos de crianza parentales y, de ser pertinente, señalarlos en el
dictamen pericial de tal manera que el juzgador conozca también la importancia de estos
modelos y pueda tomar una decisión que represente ante todo el interés superior de la
infancia.

Los lectores de este libro pueden inferir que el trabajo pericial en materia de psicología es
altamente demandante y requerirán la inversión de un importante número de horas para
la elaboración de un buen dictamen pericial. Al respecto, autores como Ackerman y Pritzl
(2011) hicieron un seguimiento de casi 20 años sobre el uso de técnicas de evaluación y
número de horas dedicadas a la labor pericial, observando que pasaron de una media de
21.9 horas para la elaboración de un informe en 1986, a 46.1 horas en 2008 (Tejero,
González Trijueque y García-López, 2014). La tabla 4-1 muestra el promedio de tiempo que
los profesionales dedicaron a las tareas periciales.

Se podrán apreciar que la tarea pericial en materia de psicología forense exige una alta
dedicación y por ello se requiere una formación especializada y una experiencia acreditada.
Al mismo tiempo, es evidente que en México se necesitan más psicólogos forenses
trabajando con el sistema de justicia, son necesarios más profesionales que integren las
fiscalías, tribunales de justicia, comisiones de víctimas y derechos humanos, entre otras
muchas instituciones donde la Psicología Jurídica puede realizar aportaciones muy
significativas para los justiciables.

9 4. m. Conjunto de actividades con que se llena el tiempo libre. Fuente: Real Academia Española.

20
Tabla 4–1. Tiempo medio invertido por los peritos psicólogos en las distintas fases del
informe en procedimientos de custodia (adaptado de Ackerman y Brey Pritzl, 2011,
publicado en Tejero, González Trijueque y García-López, 2014).

21
Capítulo 5. Algunos aspectos jurídicos
Sin una perspectiva adecuada para comprender el pensamiento y la conducta infantil, los
adultos pueden elaborar conclusiones desde su propia realidad (adulta) con consecuencias
difíciles de comprender y asumir para los niños en contacto con el sistema de justicia.

En escenarios jurídicos y técnicos vinculados al proceso de administración de justicia, el


riesgo de exigir al niño acciones que están fuera de sus posibilidades cognitivas,
conductuales y afectivas, es alto. Lo anterior se debe esencialmente a que el proceso de
justicia y todas sus diligencias han sido concebidos y diseñados desde y para los adultos.

Esta guía pretende poner de relieve esta realidad, y al mismo tiempo requiere de los
profesionales un conocimiento jurídico sobre los límites, alcances y responsabilidades de su
ejercicio. También, exige al menos cuatro condiciones para ejercer las labores periciales y
forenses:

• Conocimientos especializados en psicología jurídica (específicamente relacionadas


con la infancia y la adolescencia, con los procesos de separación y divorcio, con las
investigaciones científicas sobre guarda y custodia de los hijos y, en este ámbito,
sobre Justicia Terapéutica y Coordinación de Parentalidad).

• Conocimientos jurídicos relacionados con el derecho de familia, los derechos


humanos y los derechos y necesidades de la infancia y la adolescencia.

• Responsabilidad ética y consciencia de las responsabilidades legales derivadas del


ejercicio profesional en psicología forense de familia.

Así, en este apartado se presentan algunos referentes jurídicos que los profesionales de la
salud mental deben conocer para su labor profesional en este ámbito. Por ejemplo, lo
señalado en el Amparo en revisión 6/2012, que a la letra indica:

Conforme al artículo 4o. de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos,


la salud física y mental de los menores de edad es un derecho sustantivo garantizado
expresamente, y reconocido en los tratados internacionales que en materia de
derechos del niño, han sido firmados y ratificados por el Estado Mexicano, entre ellos
la Convención sobre los Derechos del niño, así como en los criterios de los distintos
órganos encargados de su interpretación, como los de la Corte Interamericana de
Derechos Humanos, quien a propósito de la “condición jurídica y derechos humanos
del niño” determinó que en el artículo 3 del citado instrumento internacional, se
consagra el principio del “interés superior del niño”, el cual implica que el desarrollo

22
de éste y el ejercicio pleno de sus derechos deben ser considerados como criterios
rectores para la elaboración de normas y su aplicación en todos los órdenes relativos
a la vida de los menores de edad, a fin de evitar cualquier forma de daño a su salud
física o mental o, incluso, ponerla en riesgo. Por lo tanto, en atención al citado
principio y a fin de garantizar a los menores la tutela y el respeto de sus derechos
reconocidos, en el desahogo de la prueba pericial en psicología que se les practique,
las autoridades deben atender, como mínimo, al “Protocolo de actuación para
quienes imparten justicia en casos que afecten a niñas, niños y adolescentes”,
publicado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que establece las reglas de
actuación para el acceso a la justicia de ellos, fundadas en el respeto de sus derechos
humanos, y creado con el fin de proveer a los juzgadores de una herramienta que
pueda auxiliarlos en los casos en que exista un interés directo de los menores,
independientemente de la situación en la que se encuentren 10.

Por otra parte, en el capítulo tercero “Reglas de actuación generales” del Protocolo de
actuación para quienes imparten justicia en casos que afecten a niñas, niños y adolescentes
se aborda la temática sobre las periciales para esta población y en ella se manejan algunos
puntos relacionados con su registro, repetición y valoración que deben considerarse; a
continuación, se enlistan de manera textual.

a) Registro: el juez que admita como prueba una pericial en psicología o psiquiatría
practicada a un niño o adolescente deberá solicitar que la misma se registre grabada
en audio o imagen con el objetivo de que pueda ser estudiada posteriormente,
evitando en la medida de lo posible mayor involucramiento directo y personal por
parte del niño o adolescente, y para que la valoración de la pericial en su momento
abarque el desarrollo de esta y no únicamente su resultado.

b) Repetición: el juez deberá evitar en lo posible la repetición de periciales a las que es


sometido un niño o adolescente. El uso de grabaciones periciales puede ser
recomendable en aquellos casos en los que el niño ha sido víctima de algún tipo de
violencia, cuidando que no sea un estresor relevante que altere los resultados. En
estos casos la inspección de las grabaciones es un recurso para evitar la repetición
de las evaluaciones.

c) Valoración: respetando el sistema de libre y lógica valoración de la prueba pericial,


se sugiere que la persona que imparte justicia tome en consideración los siguientes
parámetros metodológicos al momento de resolver lo conducente:

10Noveno tribunal colegiado en materia penal del primer circuito. Amparo en revisión 6/2012. 14 de marzo
de 2012. Unanimidad de votos. Ponente: Fernando Hernández Piña. Secretaria: Lorena Lima Redondo.
Disponible en: https://www.buscatdh.bjdh.org.mx/Jurisprudencia%20Mexicana/2000875.pdf

23
1. Los conocimientos con los que cuenta la persona que funge como perito en
infancia dentro de la materia de su pericia;

2. Si la persona que funge como perito conoció el expediente de juicio y


antecedentes generales del niño o adolescente;
3. Si se sostuvo una interacción previa con el niño o adolescente para
establecer un ambiente de confianza;

4. Si se contempla la narrativa libre del niño o adolescente, y

5. Si contiene los resultados de las pruebas aplicadas y no únicamente


haciendo referencia a las conclusiones obtenidas a partir de las mismas.

Los aspectos jurídicos deben ser consultados por el perito en sus fuentes originales y por lo
tanto esta guía incluye también un anexo donde se ha reunido una selección de aquellas
normas jurídicas que son de especial relevancia para el derecho de familia y tienen relación
directa con la evaluación psicológica.

En los próximos párrafos, se brindarán los elementos mínimos e indispensables para la


elaboración del dictamen pericial.

24
Capítulo 6. El dictamen pericial
Como se ha mencionado, la elaboración de dictámenes periciales en el ámbito forense es
el resultado del trabajo científico del experto en Psicología, que tiene como uno de sus
propósitos coadyuvar en la impartición de justicia, a partir de la aportación de los elementos
de prueba necesarios, encaminados a que el juzgador pueda tomar una determinación
respecto al caso analizado.

En este sentido, cabe mencionar lo establecido en el amparo directo 334/2002 11, que
señala:

PRUEBA PERICIAL. VALOR PROBATORIO DE LOS DICTÁMENES. Atendiendo a la


naturaleza de la prueba pericial, a la finalidad de los dictámenes de los peritos y a que
al juzgador le corresponde su valoración, independientemente de que las partes
objeten tales dictámenes, éste se encuentra facultado para apreciar tanto la calidad
técnica de los peritos, como la de sus dictámenes pues, de lo contrario, sería tanto
como concederles valor probatorio por el solo hecho de no ser objetados, lo que
atentaría contra la naturaleza misma de la prueba pericial, cuyos expertos [...] son
coadyuvantes del Juez, cuando los dictámenes lo ilustren sobre cuestiones que
escapan a su conocimiento y, por ello, se requiere que el perito, en cuyo dictamen se
apoyará una resolución judicial, demuestre ante el juzgador que tiene plenos
conocimientos.

PRIMER TRIBUNAL COLEGIADO EN MATERIA CIVIL DEL SEXTO CIRCUITO.

Por otra parte, Espinosa, Lobo y Guerrero (2016) señalan que: “[...] la necesidad de la
evaluación proviene de la inquietud jurídica que plantea un abogado o una persona que se
encuentre en conflicto con la Ley. Esta solicitud en muchas ocasiones puede escapar a la
real posibilidad de dar respuesta desde la psicología, por lo que el psicólogo forense debe
tener claridad acerca de lo que es viable y lo que no y hacérselo saber al solicitante”.

De la misma forma, Galicia (2010) menciona que la labor forense retoma lo señalado por la
psicología experimental, en cuanto al cumplimiento de las siguientes directrices (p.637):

1. Identificar y explicar la naturaleza de la conducta cuestionada.


2. Establecer hipótesis acerca de su origen y de las consecuencias de esta.

11184808. VI.1o.C.57 C. Tribunales Colegiados de Circuito, novena época. Semanario Judicial de la


Federación y su Gaceta. Tomo XVII, Febrero de 2003, Pág. 1122. Disponible en:
http://sjf.scjn.gob.mx/ SJFSist/Documentos/Tesis/184/184808.pdf

25
3. Seguir el lineamiento científico y describir la forma en que se llega a las conclusiones
o dictaminación pericial psicológica.
4. Describir los métodos que se utilizaron para analizar los datos.
5. Explicar los procedimientos que se llevaron a cabo.
6. Describir las técnicas e instrumentos de investigación psicológica utilizados.
7. Contestar los interrogatorios solicitados o ampliados por las partes en el juicio,
concluir sobre los temas particulares de manera concreta y mencionar las fuentes
de recolección de los datos e información.

En lo que respecta a la idoneidad del perito, Talarico (2003) señala que ésta puede ser
comprendida como el conjunto de rasgos o capacidades implícitas en el profesionista, que
supone no sólo la actuación responsable del mismo, sino además el cumplimiento de la
tarea solicitada, en atención a los términos establecidos. Esta responsabilidad, por lo tanto,
incluye y demanda en los peritos la neutralidad e imparcialidad, en cuyo informe desplegará
la descripción de los hallazgos, en concordancia con el conocimiento científico que lo
fundamenta. En este sentido, vale la pena subrayar que un elemento importante por
considerar es que el informe se refiere exclusivamente a la situación y el momento en que
se realiza.

Por otra parte, Soria (2006) señala que el peritaje psicológico forense, debe comprenderse
como “una evaluación realizada a petición del juez, que tiene como objetivo adquirir
información relacionada con los implicados en un litigio, y que servirá como soporte
judicial”.

El informe pericial, comprendido por Chacón y colaboradores (2009) como un instrumento


científico –imparcial, libre de mitos, falacias y prejuicios- que coadyuva en la toma de
decisiones judiciales, debe contar no sólo con rigor en el diseño y desarrollo inherentes al
área de diagnóstico, sino además con una estructura robusta, justificable y contrastable que
brinde cuenta de lo obtenido a través de los instrumentos utilizados para su elaboración.

Chacón et al. recomiendan la siguiente estructura de desarrollo:

1. Objetivo pericial.
2. Metodología.
3. Resultados.
4. Discusión forense.
5. Conclusiones.
6. Recomendaciones.

Por otra parte, Jiménez (2010) refiere que, si bien no existe un formato único de informe
psicológico forense, resulta recomendable abordar la siguiente secuencia (p.p. 696-697).

26
• Datos identificativos, en el que se contempla información en torno al nombre de la
persona o instancia que ha remitido al evaluado, así como los generales de la
persona evaluada y del evaluador.
• Procedimiento, comprendido como las consideraciones generales en torno a las
evaluaciones realizadas, la metodología utilizada, los resultados y, en su caso, la
sinopsis de las entrevistas.

• Conclusiones, siendo este uno de los apartados fundamentales del dictamen


forense, en el que se engloban todos los elementos expuestos en el informe.

• Terminología técnica, comprendido como un apartado que contempla una breve y


clara definición en torno a los conceptos propios al área utilizados en el dictamen.

• Anexo, siendo éste aplicable cuando resulte pertinente como medio de inclusión de
documentación relacionada con el caso en cuestión.

• Bibliografía, entendida como el respaldo teórico ocupado a lo largo del proceso


evaluativo y de la redacción del informe.

• Datos del evaluador.

El dictamen psicológico forense se presenta por escrito, firmado y fechado, toda vez que, si
así lo considera la autoridad ordenadora, deberá ser objeto de defensa en las audiencias de
juicio oral por el profesional en materia de psicología. El propósito, es asesorar e ilustrar a
la autoridad jurídica para auxiliarlo técnicamente sobre los hechos enjuiciados; dicha
función implica que el psicólogo forense cuente con conocimientos generales en la materia
-estudio de la conducta y procesos mentales-, y los inherentes al derecho -comportamiento
e interacción, dentro del marco jurídico-.

Es importante resaltar que la intervención del profesional en materia de psicología no


puede ni debe circunscribirse a una cuestión diagnóstica o de tratamiento (García-López,
2004; 2014; 2016), sino contribuir al esclarecimiento del objetivo pericial y presentarse en
un momento determinado dentro del proceso judicial:

• Antes del proceso judicial. Como un medio de prueba sobre la necesidad de iniciar
un proceso, como medida preventiva inmediata, para acreditar un hecho.

• Durante el proceso judicial. Como una prueba pericial que debe seguir los
lineamientos descritos en el código de procedimientos civiles con respecto a los

27
requisitos legales y a los términos judiciales para su entrega o desahogo en audiencia
oral.

• Después del proceso judicial. Como un medio de seguimiento de las medidas


señaladas o recomendadas en la sentencia y así acreditar que se ha cumplido con
las medidas, que las condiciones descritas en los hechos se modificaron a favor del
interés superior de los menores involucrados.

Si bien al parecer no existe un formato unificado a nivel internacional para el desarrollo de


estas labores, es importante mencionar que en concordancia con la experiencia profesional
y de investigación realizada en la Subdirección de Evaluación -adscrita a la Coordinación de
Intervención Especializada para Apoyo Judicial, del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad
de México (en adelante, TSJ)-, así como por peritos privados (adscritos a las listas de los
auxiliares de la administración de justicia del TSJ), se deben de tomar en cuenta los
siguientes aspectos:

1. Contacto inicial. Se refiere a la manera en la cual es requerida la elaboración del


informe/dictamen pericial que puede ocurrir a solicitud de alguna de las partes en
el juicio o bien, directamente por una autoridad que demande intervenir como
perito único de ambas partes 12. Esta indicación puede realizarse tanto a la Dirección
de Evaluación Psicológica del TSJ, como a alguno de los profesionales inscritos en la
lista de peritos del mismo TSJ.

2. Primera entrevista del proceso de evaluación psicológica forense. En el ámbito


privado, se conoce el objetivo de la evaluación, se solicita la lectura de los
antecedentes del caso (si es que existe algún expediente) y se acepta o rechaza la
realización del peritaje. Si se acepta, se explica detalladamente el procedimiento a
seguir. En cambio, en el ámbito institucional, se reciben las solicitudes de evaluación
psicológica y se deriva a un psicólogo evaluador, con la posibilidad de que el
expediente judicial sea revisado. En ambos supuestos (público o privado),
idealmente se solicita tener acceso a todos los documentos vinculados al caso
motivo del peritaje.

3. Encuadre del proceso de evaluación psicológica con fines periciales. En esta etapa,
se identifica a quiénes serán las personas que requieren de la evaluación psicológica;
se planifica el número de sesiones y se acuerda el lugar, fecha y persona a quien
deberá dirigirse para la evaluación. Es importante mencionar que ya desde esta fase

12Ver artículo 347 del Código de Procedimientos Civiles donde se encuentran contemplados los requisitos de
actuación del perito y los requisitos para el desahogo de la prueba.

28
del proceso se formulan las posibles hipótesis de trabajo para guiar la evaluación
con fines periciales y forenses.

4. Evaluación psicológica forense. Se plantea desde la metodología empírico-analítica,


en donde se sigue un procedimiento en el cual se integran aspectos generales de la
evaluación psicológica clínica, pero implementando la metodología forense,
necesaria para el control de la simulación y la disimulación. Asimismo, es
indispensable tener en cuenta que el objetivo de este tipo de evaluaciones, es
contestar la petición de la autoridad y, o de los abogados de las partes. Es decir, se
reitera la necesidad de distinguir y establecer las diferencias entre la psicología
clínica y la psicología forense (véase Muñoz, Echeburúa y García-López, 2014, p. 54
y ss13)

5. Integración y, o redacción del informe psicológico forense, teniendo en cuenta los


siguientes elementos:

a. Formato: elaboración en hojas membretadas o con logotipos institucionales.

b. Datos generales: datos de las partes, número de expediente, tipo de juicio,


registro intrainstitucional de la Dirección de Psicología o Servicios Periciales,
autoridad a la que va dirigido el documento y número de juzgado.

c. Presentación del perito: se introduce la información al juez por medio de un


proemio en el que el perito se presenta como el experto encargado de
evaluar a los involucrados e integrar el resultado.

d. Datos de identificación de la persona evaluada: una ficha de identificación


sociodemográfica es indispensable, en ella no deben referirse datos privados
como la dirección o el número de teléfono, ya que no son necesarios para la
evaluación. En ese sentido datos sociodemográficos como edad, lugar de
nacimiento, escolaridad, ocupación, objetivo pericial y fecha de evaluación
deben recabarse.

e. Planteamiento del problema y, u objetivos periciales: en este apartado se


puede exponer brevemente el objetivo del dictamen pericial, a quién se

13 Muñoz, J.M., Echeburúa, E.y García-López, E. (2014). La exploración psicopatológica dentro de la evaluación
psicológica forense: propuestas de estructuración y pautas para su integración en el informe psicológico
forense. En E. García-López (Ed.), Psicopatología Forense. Comportamiento Humano y Tribunales de Justicia.
Bogotá, Colombia: Manual Moderno.

29
deberá evaluar, la razón y el fundamento jurídico, emisor de la solicitud y
tipo de procedimiento judicial.

f. Descripción metodológica: en todos los casos, la metodología de evaluación


se basa en el método científico (empírico-analítico y método de
extrapolación), con fundamento en tres modalidades de aplicación:

• Desde una perspectiva longitudinal, mediante el estudio de los


antecedentes del individuo, de la historia familiar, los factores
protectores y de riesgo en la historia de la persona evaluada para poder
estimar su efecto o participación en el momento actual al caso
particular.
• Desde una perspectiva transversal, mediante el estudio de las
condiciones actuales, de las variables actuales que se encuentran
presentes y que definen el momento de la familia.

• Desde una perspectiva sistémica, mediante el estudio de los


subsistemas que intervienen para la conformación de la dinámica
familiar actual y que no debe perderse de vista la forma en cómo estos
sistemas interactúan.

Para realizar este tipo de abordaje metodológico, es necesario acceder


a distintas fuentes de información y no limitarse al testimonio de la o
las personas evaluadas, de tal manera que resulta muy recomendable
estudiar el expediente judicial y, de ser posible, a las personas
indirectamente involucradas en el asunto-motivo de evaluación
pericial.

Es necesario, también, seguir las recomendaciones respecto al


protocolo de credibilidad hacia las personas evaluadas14, que incluya
tanto un formato narrativo de entrevista de psicológica forense (que
puede ser la “Entrevista Cognitiva mejorada de Fisher y Geiselman”

14Los peritos deben recordar lo establecido en el artículo 5 de la Ley General de Víctimas, que incluye allí los
principios, y entre ellos la buena fe. Al respecto, el citado artículo señala:

Buena fe. Las autoridades presumirán la buena fe de las víctimas. Los servidores públicos que intervengan con
motivo del ejercicio de derechos de las víctimas no deberán criminalizarla o responsabilizarla por su situación
de víctima y deberán brindarle los servicios de ayuda, atención y asistencia desde el momento en que lo
requiera, así como respetar y permitir el ejercicio efectivo de sus derechos. Disponible en:
http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/LGV_030117.pdf

30
[1992] o bien los modelos propuestos por autores como Arce y Fariña
[2001], entre otros).

Además, debe analizarse de manera sistemática la información vertida


por cada una de las personas evaluadas, para detectar los puntos de
coincidencia, la consistencia y la congruencia entre sus entrevistas.
Estas tareas habrán de ser corroboradas o descartadas posteriormente
con el apoyo de los resultados obtenidos en los instrumentos de
evaluación psicológica que hayan sido seleccionados para el caso
específico.

Como en toda evaluación psicológica-forense, además de tener en


cuenta el objetivo pericial, es necesario considerar la edad, el ámbito
sociocultural y el grado de estudios de las personas evaluadas, así como
la posible discapacidad sensorial al momento de seleccionar los
instrumentos psicométricos que servirán de apoyo en la evaluación con
fines periciales.

Lo anterior es relevante, ya que la cantidad y variedad de las pruebas


seleccionadas será distinta en cada caso, pues depende de si se va a
evaluar a un preescolar, niña o niño, adolescente, adulto, persona de
la tercera edad o personas indígenas, por ejemplo (Vaca, 2010).

Cada técnica elegida para la evaluación debe tener una breve


explicación de las características (cognitivas, de personalidad, etc.) que
va a evaluar, para que quienes revisen el dictamen comprendan la
razón de la selección de la batería que ahí se especifica. Estos
procedimientos deben cumplir con los criterios propios de la psicología
en lo que respecta a confiabilidad, validez, objetividad y
estandarización, así como actualización.

Con respecto al procedimiento, vale la pena subrayar que, en todos los


casos, se debe iniciar con la explicación y obtención del consentimiento
informado por parte de la persona evaluada, con la finalidad de
asegurarse que el procedimiento se realiza con pleno conocimiento y
anuencia; se le deberá explicar la cantidad de tiempo y, o sesiones que
dicho proceso tomará, así como la aplicación de diversas técnicas y, o
instrumentos de evaluación. Además, en el documento de
consentimiento informado, se deberá precisar que los resultados de la
evaluación serán entregados directamente ante la autoridad como
parte del proceso judicial en el que se esté actuando.

31
• Resultados: el proceso de interpretación de los resultados debe tener la
finalidad de dar respuesta al planteamiento del problema u objetivo del
peritaje. Es decir, tratando de establecer una relación explicativa entre los
resultados y los hechos controvertidos dentro del proceso judicial.

En este sentido, es posible utilizar dos tipos de formatos, uno en el que sea
necesario aportar los resultados crudos para conocer en dónde se ubica la
respuesta de una persona con respecto a la media y estimar, en su caso, sus
cualidades y, o competencias parentales y en algunos casos sus
sintomatologías, o su nivel de vinculación afectiva; o pasar directamente al
análisis funcional de la conducta en donde se encuentre representada la
descripción de la dinámica de personalidad del evaluado.

En todos los casos, los datos deben ser interpretados y valorados de manera
conjunta y utilizando múltiples fuentes de información.

No se recomienda utilizar pruebas de tipo proyectivo como único


instrumento de evaluación para fines periciales (García-López, 2016;
Lilienfeld, Wood y Garb, 2000; Lilienfeld et al, 2015).

Por el contrario, estas herramientas auxiliares (nunca principales) deben ser


tomadas con suma cautela en el ámbito forense y siempre deben
complementarse con instrumentos de evaluación que puedan superar los
estándares exigidos por los Tribunales de Justicia.

Lo anterior, permitirá al psicólogo forense contextualizar adecuadamente los


resultados de dichas pruebas de acuerdo con las características del evaluado.

Desde 2010 el Anuario de Psicología Jurídica recordaba que “aunque las


técnicas proyectivas gozaron de un gran reconocimiento durante más de
cuatro décadas [...] a partir de los años sesenta han suscitado numerosas
críticas entre los expertos en evaluación psicológica, derivadas, entre otros
factores, del escaso soporte empírico constatado a través de la investigación
(Márquez, Vizcarro y Fernández-Ballesteros, 2004)” (Arch, 2010, p. 64).

Este mismo documento subraya que: “el uso de pruebas proyectivas en


entorno forense ha recibido duras críticas por parte de los expertos (Grisso,
1990; Lilienfield, Wood y Garb, 2000; Medoff, 2003)”. Asimismo, “[...]
respecto al uso concreto en evaluaciones de custodia de pruebas proyectivas
basadas en el dibujo, la literatura científica señala con claridad que su

32
fiabilidad y validez puede ser débil o inexistente (Baerger, Galatzer-Levy,
Gould y Nye, 2002; Erickson et al., 2007; Hynan, 2003; Lally, 2001)” (Arch,
2010, p. 64).

En los resultados, se toma en cuenta sólo la información necesaria solicitada


por la autoridad judicial. Así, es necesario ser muy cauto en el manejo de la
información clínica, especialmente en las apreciaciones que se hagan con
fines periciales, ya que la actividad de las personas evaluadas se encuentra
limitada por el contexto y objetivo pericial.

Asimismo, es importante considerar tres aspectos principales de una


evaluación pericial en psicología, a saber:

• La correcta selección de las técnicas.


• Su adecuada aplicación siguiendo la metodología explícita en los
manuales de cada una de ellas.
• Interpretación de los resultados.

Dicha interpretación debe contextualizarse para cada caso particular y


establecer una adecuada vinculación entre los datos recabados en la
entrevista, en la revisión del expediente, los resultados obtenidos a través de
pruebas psicométricas y los hallazgos de la investigación psicológica
relacionada con el caso a dilucidar.

Por último, se debe tener en cuenta que los resultados, obtenidos de la


evaluación pericial, únicamente se refieren al momento y circunstancias en
el que fueron realizados, con la posibilidad que no sean válidos para otros
momentos o situaciones. Asimismo, cuando el caso lo requiera o sea
solicitado, conviene incluir en el dictamen una lista clara y breve de
recomendaciones, para su implementación en los contextos clínicos y
psicosociales.

h) Conclusión acerca de la persona evaluada y, o de la dinámica familiar: debe hacerse


una conclusión en la que de manera breve se informen las características de la
persona evaluada con relación al objetivo pericial y de la dinámica familiar
encontrada, si se considera necesario, alguna recomendación de seguimiento o
tratamiento que facilite la modificación de la problemática familiar que se está
enfrentando. Ambas deben estar relacionadas con los resultados que la sustentan.

i) Teorías explicativas: las teorías explicativas y, o hallazgos de investigación acerca de


la temática central del dictamen juegan un papel fundamental toda vez que es

33
necesario manejar un enfoque teórico que proporcione sustento a los hallazgos, lo
que además fortalece la estructura lógica de la evaluación al desarrollar una
congruencia entre los hallazgos de la misma, las teorías y la conclusión a la que se
llega.

Se trata pues de una argumentación basada en la evidencia, cuyo fundamento se


verá reflejado a modo de síntesis en las conclusiones, pero ampliamente explicado
en la discusión forense.

Este ejercicio, permitirá aceptar o rechazar las hipótesis elaboradas en el


planteamiento inicial del problema.

j) Contestación al cuestionario pericial: se debe dar una respuesta puntual, clara,


concreta y sustentada en los resultados de la evaluación a los cuestionamientos,
formulados por la autoridad o por las partes en el proceso.

k) Conclusiones generales: se hace una breve mención de la dinámica familiar y se


explican los motivos psicológicos por los que no han sido capaces de resolver la
conflictiva por la que se encuentran en litigio.

l) Bibliografía: se relaciona con las teorías utilizadas para sustentar la información


descrita, por lo que es importante sea actualizada y relacionada con el objetivo
pericial.

m) Firma y datos del perito: es indispensable que aparezca el nombre,firma, cédula


profesional y de posgrado del psicólogo responsable de la integración, pues con ello
se muestra que el perito cuenta con los estudios requeridos para haber sido
convocado.

n) Ratificación: en muchas ocasiones, es necesario ratificar en todas y cada una de sus


partes el contenido y la firma del peritaje, el mismo que con frecuencia se hace ante
la presencia judicial (secretario de acuerdos) o bien, como parte del proceso de
desahogo de la prueba, en la audiencia de juicio oral.

Con respecto a la redacción del documento pericial, se recomienda que el lenguaje sea
científico, pero no petulante, que sea claro y preciso, entendible para quien lo revise,
evitando el uso de tecnicismos que requerirían la formación profesional en psicología. La
redacción debe ser clara, concisa, ajustada a lo que se solicitó, pues a veces entre más
información contenga, mayor confusión puede generar entre los ajenos a las ciencias del
comportamiento humano.

34
Como puede observarse, en los pasos aquí descritos, se ha omitido la información
correspondiente a los antecedentes del caso, pues sólo se realizaba una repetición de la
que ya consta en el expediente del juzgado, alargando innecesariamente el documento.

Se ha trabajado con este formato sin encontrar dificultades para su comprensión, tanto por
los jueces, magistrados, abogados y partes en conflicto. Su extensión es breve, lo que
permite que se pueda dar lectura al informe completo, buscando que las partes que lo
integran conlleven una lógica secuencial que permita la comprensión de su contenido
(Anexo 1).

A modo de síntesis de este apartado, se cita (García-López, 2016, p. 42) un primer bosquejo
de formato unificado para la elaboración del dictamen pericial, que incluye de manera
destacada el concepto de formulación funcional forense.

Este formato [...] incluiría los pasos a seguir en el proceso de la evaluación psicológica con
fines periciales, la metodología (Muñoz, Echeburúa y García-López, 2014), las fases
(Jiménez, 2010), los criterios (Ackerman, 2010; Buela, 20016) y especialmente la
formulación funcional forense, misma que ocurre cuando: «[...] Luego de recoger la
información procedente de las distintas fuentes descritas, estamos en condiciones de
desarrollar una formulación forense, aspecto más importante del trabajo del psicólogo
forense, dado que le permitirá dotar de carácter explicativo al contenido de nuestro
informe pericial. Los aspectos fundamentales por trabajar en esta segunda fase de análisis
serían dos: a) elaborar las hipótesis de origen y mantenimiento del comportamiento de
interés psicojurídico y b) plantear un modelo explicativo de cuándo, cómo y por qué el
peritado desarrolló y mantuvo la conducta objeto de pericia; enfatizando, por otra parte,
los factores antecedentes, consecuentes y de predisposición o vulnerabilidad» (p. 622).
Aunque ya hemos tratado en otras ocasiones esta problemática, consideramos
conveniente, citando a Peña, Andreu y Graña (2010), mencionar los pasos de la discusión
forense:

Se estructurará en apartados diferenciados y titulados, que harán referencia a las diferentes


cuestiones formuladas por el demandante del informe, objeto de discusión.

Los aspectos fundamentales que pueden estar presentes en una discusión forense, por ser
objeto de pericia dentro del ámbito de estudio de la conducta [...], podrían ser entre otros:
estado mental y psicológico [...] capacidades cognitivas y volitivas [...] simulación o sobre
simulación y, en algunas ocasiones, recomendaciones terapéuticas.

Se comenzará cada apartado exponiendo los datos obtenidos durante el proceso de


evaluación (observación e impresión clínica, análisis descriptivo, exploración psicométrica,

35
análisis documental, datos de informadores externos, etc.) que converjan y fundamenten
las hipótesis explicativas con relación al objeto de la pericia.

Se analizará en qué medida las hipótesis defendidas se adecuan a los hallazgos bibliográficos
y científicos más actuales relativos al tema de estudio. La fundamentación de la discusión
forense nunca podrá ser una inferencia arbitraria sin apoyo empírico o experimental;
tampoco interpretaciones parciales de los datos obtenidos; referencias bibliográficas
partidistas o no científicas; o únicamente la versión o referencias de la persona explorada.

En la medida de lo posible, deberemos dar respuesta anticipada a posibles cuestiones que


puedan ser objeto de pregunta o interés en la vista oral. (Peña, Andreu y Graña, 2010, p.
622).

36
Capítulo 7. Técnicas de evaluación
Con respecto al uso de instrumentos de evaluación psicológica en la evaluación
correspondiente en materia familiar, Arch y Jame (2010), hacen referencia a la controversia
existente para el uso de instrumentos que desde su construcción fueron conceptualizados
para un objetivo clínico y que, por lo tanto, mediante dichos instrumentos no se puede
valorar de manera directa la capacidad parental, la recomendación para el tipo de guarda y
custodia, los vínculos familiares, etc.

No obstante, de manera indirecta y manteniendo una aplicación conjunta de varios


instrumentos, nos podrá aportar una confiabilidad concurrente, que hará factible confirmar
que el rasgo detectado esté presente en diversos instrumentos, lo que implicará integrar
un perfil que sí permita esclarecer la capacidad y competencias parentales de las personas
evaluadas.

Rorhrbaugh (2008) propone nueve criterios básicos para elegir y utilizar una prueba
psicológica en el contexto forense de la evaluación de los menores de edad, que también
puede aplicarse a la evaluación de adultos:

• Identificar el problema o las características que deben evaluarse: definir el


comportamiento o propiedad que refleja el tema legal o características de crianza.

• Pertinencia: seleccionar el método y la técnica de evaluación que valore las


preguntas (variables) solicitadas.

• Publicación de la prueba: manual, normas y disponibilidad de la prueba.

• Fiabilidad del instrumento.

• Validez del instrumento

• Varianza de error de medición.

• Valoración del estilo de respuesta.

• Contraste con las investigaciones en revistas de prestigio científico.

• Formación especializada.

37
Para el ámbito familiar existen distintos instrumentos de evaluación psicológica que han
sido utilizados en la valoración psicológica pericial, algunos de ellos han sido adaptados y, o
estandarizados para la población mexicana (Monroy y García-López, 2017).

Muchos de los instrumentos psicométricos (cuantitativos) aún y cuando gozan de una


mayor certeza en sus resultados, pueden resultar inválidos al ser contestados con un alto
índice de defensividad o deseabilidad social (como es el caso de los inventarios de
personalidad, tales como el MMPI-2, MCMI-III, PAI, CUIDA, entre otros).

En tanto que las técnicas proyectivas, aunque podrían considerarse erróneamente más
fiables dada la necesidad de los evaluados de otorgar una imagen altamente positiva de sí
mismos, tampoco se encuentran libres de controversia, ya que han sido señaladas como
técnicas con “escaso soporte empírico a través de la investigación” (Marquez, Vizcarro y
Fernández Ballesteros, 2004, citados en Arch y Jame, 2010).

Vale la pena recordar, que quienes acudan ante los tribunales de justicia en calidad de
peritos, serán cuestionados y exigidos en la fundamentación de sus dictámenes periciales y
una de las preguntas que mayor exigencia representa, está relacionada con el estándar de
la prueba.

En este sentido, ninguno de los instrumentos proyectivos por sí solo o en conjunto, puede
responder a las exigencias de los estándares probatorios exigidos por los tribunales de
justicia, por lo que no se recomienda su uso preponderante y mucho menos exclusivo (Garb,
Woord, Lilienfeld y Nezworski, 2002; Medoff, 2003; Trygg et al., 2000).

Dentro de los instrumentos de evaluación psicológica recomendados, están aquellos que


cumplan al menos con cuatro criterios elementales: objetividad, validez, confiabilidad y
estandarización. Ahora bien, no debe caerse en el error de sobreestimar los instrumentos
de evaluación psicológica, ya que en el ámbito forense es frecuentemente citada la
tendencia de las personas evaluadas, a simular o disimular alteraciones psicológicas dado
el contexto judicial. Así, los peritos deben dedicar mucho cuidado no sólo a la elección de
instrumentos específicos, sino también a que dichos instrumentos sean en efecto útiles
para los fines periciales (Rosenfeld, Green, Pivorava, Dole y Zapf, 2010). Además, debe
recordarse que “la principal limitación con la cuenta el perito psicólogo es que son escasos
los instrumentos de evaluación elaborados específicamente para el contexto de exploración
forense” (Muñoz, Echeburúa y García-López, 2014, p. 61). Así, las características del
contexto forense “comprometen en gran medida los índices de fiabilidad y validez que estas
pruebas han demostrado para su contexto original (clínico o educativo, por ejemplo”
(Muñoz et al., Ob. Supra).

38
Todo lo anterior aumenta la responsabilidad del perito en disponer de conocimientos muy
actualizados, basados en la evidencia y aceptados por la comunidad científica internacional.
Es decir, su dictamen no puede depender de instrumentos de evaluación psicológica
propios del ámbito clínico o educativo, son fuentes de apoyo y pueden formar parte de la
estructura del informe, pero no de sus cimientos. En síntesis, son “los indicadores de
convergencia los que determinarán la calidad de la evaluación forense, [incluso] por encima
de los índices de fiabilidad y validez de las pruebas individuales (Archer, 2006, citado por
Muñoz, Echeburúa y García-López, 2014, p. 62). Por ello, adquiere tanta relevancia la
formación académica, conocimiento científico, experiencia profesional y acreditación
constantemente actualizada del perito, ya que le permitirá alcanzar los estándares
señalados por Muñoz, Echeburúa y García-López (2014, p. 82) para un informe pericial que,
entre otras características, implica:

a) Organizar los datos recogidos durante el proceso de evaluación pericial en función de


la demanda realizada.

b) Integrarlos de forma coherente.

c) Llevar a cabo un proceso explícito de análisis e interpretación de éstos en función de


los conocimientos arrojados por la investigación científica actual.

Si el lector desea conocer una lista actualizada de instrumentos de evaluación


estandarizados y, o elaborados en México y otros países de la región latinoamericana,
puede consultar los instrumentos de evaluación contenidos en la página web de Editorial El
Manual Moderno y otras editoriales de referencia en el campo.

Por otra parte, conviene recordar que una de las técnicas principales en la evaluación
pericial es la entrevista y, de acuerdo con Ackerman y Pritzl (2011), “es la técnica que más
tiempo ocupa a los peritos y es también la que con más frecuencia se emplea. Asimismo,
vale la pena destacar que la mayoría de los autores propone un formato de entrevista
semiestructurado (Tejero, González Trijueque y García-López, 2014, p. 134). Al respecto, el
Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid (2009) aporta un esquema para casos familiares
basado en la propuesta de Ramírez (2003), cuyos puntos de abordaje se describen a
continuación:

• Historia familiar.

• Relaciones interparentales posruptura valoradas por los padres.

• Relaciones parentofiliales posruptura valoradas por el progenitor provisionalmente


custodio.

39
• Relaciones parentofiliales posruptura valoradas por el progenitor provisionalmente
no custodio.

• Hábitos relativos a la alimentación.

• Hábitos relativos al sueño.

• Hábitos relativos a la autoridad o disciplina.

• Hábitos relativos a la autonomía/dependencia.

• Hábitos relativos al ocio.

• Desajuste psicológico parental.

• Competencia/apoyo social de los progenitores.

• Estabilidad laboral.

• Conocimiento parental de los hijos y de su ajuste al divorcio.

• Apoyo social de los hijos (informe parental).

• Ajuste a nivel escolar.

• Cambios efectuados o previstos a nivel intrafamiliar y ambiental.

• Control percibido por padres sobre los cambios después de la separación.

• Red de apoyo social de los hijos.

• Relaciones parentofiliales valoradas por los hijos.

• Relaciones interparentales valoradas por los hijos.

• Preferencias motivadas de custodia de los hijos.

40
Aunado a lo anterior, es también conveniente tomar en consideración los 11 principios
planteados por Saywitz et al. (2010), cuya síntesis (tomada de Tejero et al., Ob. Supra) para
la práctica de entrevistas con menores se reproduce a continuación:

1. Adecuar el entorno a la edad del menor, procurando la máxima intimidad y las


menores distracciones posibles.
2. Adecuar a la edad del menor las explicaciones sobre el objeto de la entrevista, el
papel del menor ante la evaluación y la función del profesional.
3. Crear un clima objetivo en la entrevista, donde el menor sienta que sus percepciones
son exploradas y respetadas, pero no juzgadas. Mostrar la intención de escuchar
todas las opciones, sin presionar al menor.
4. Esforzarse por establecer una buen rapport (contacto emocional) con el menor
evitando mecanismos sugestivos.
5. Fomentar en la entrevista un clima de apoyo, no amenazante (sin reforzar o
sugestionar las respuestas del menor).
6. Adecuar el objeto de la entrevista al desarrollo del menor. Utilizar conceptos y
lenguaje comprensible para éste.
7. Establecer reglas de conversación, proporcionando instrucciones y ejemplos
prácticos para fomentar su capacidad narrativa y autonomía del menor.
8. Implicar al menor en una gama de temas relacionados con el proceso de toma de
decisiones, y obtener información de las ventajas y desventajas de las posibles
opciones, en lugar de reducirlo a “donde prefiere vivir”.
9. Utilizar preguntas abiertas y no directivas, que admitan en lo posible múltiples
respuestas, invitando a los menores a responder con sus propias palabras.
10. Evitar el uso de técnicas sugestivas que sesguen las respuestas del menor, fomenten
en él la especulación o provoquen que ceda a la presión de los estereotipos o de las
expectativas del entrevistador.

41
11. Además, es importante considerar la guía orientativa para la evaluación psicológica
en procedimientos de custodia, elaborada por la American Psychological Association
y cuyo resumen (Tejero, González Trijueque y García-López, 2014, p. 145) se incluye
en la tabla 7-1.

Tabla 7–1. Guía orientativa para la evaluación psicológica en procedimientos de custodia.


Resumen de (Tejero, González Trijueque y García-López, 214).

Los forenses dedicados a evaluaciones con fines periciales en materia de guarda y custodia
encontrarán muy apropiada la lectura del artículo “Elaboración de informes periciales
psicológicos en las disputas sobre guarda y custodia” (Tejero et al., 2014; p. 123-161), donde
dispondrán mayores detalles prácticos sobre esta evaluación específica.

Para concluir este apartado, vale la pena reiterar la necesidad de dedicar fondos financieros
para apoyar proyectos de investigación que permitan desarrollar instrumentos y
procedimientos estandarizados de evaluación psicológica específicamente diseñados para
ámbitos forenses en México y América Latina.

42
Capítulo 8. Consideraciones finales
La Evaluación Psicológica Forense es, sin duda, una de las labores más importantes y
reconocidas no sólo por expertos en materia de psicología, sino también por quienes
retoman lo expuesto en dictámenes periciales para la toma de decisiones en cuestiones y
procedimientos judiciales.

Si bien lo expuesto hasta ahora ha hecho énfasis en el área familiar, conviene además
analizar lo inherente a las demás áreas del derecho, con el propósito de brindar mayores
elementos a la autoridad ordenadora, en cuanto a los elementos que resulten sujetos a
análisis jurídico y forense.

Esta guía es una propuesta práctica para unificar formatos y procedimientos de evaluación
psicológica con fines periciales y forenses en México, en materia familiar.

Entre los objetivos de esta propuesta de unificación, está el fortalecer la presencia de la


Psicología Jurídica y Forense como disciplina de referencia ante los Tribunales de Justicia,
tal como ha ocurrido en otros países del mundo. La guía no busca ser un documento
académico, sino un elemento operativo, de valor aplicado al ejercicio profesional de los
expertos en salud mental y comportamiento humano que ejercen su labor en ámbitos
periciales y forenses.

Esta guía es un esfuerzo conjunto y está sujeta a discusión y revisión por parte de todos
aquellos profesionales que estén dispuestos a mejorarla1515. Su objetivo es fortalecer los
puentes de comunicación interdisciplinares para brindar una mejor atención a los
justiciables y contribuir así a nuestra sociedad desde el sistema de justicia.

15Para tal fin, se pone a la disposición de los lectores el correo electrónico del coordinador de esta publicación
y la dirección postal: Dr. Eric García-López, Instituto Nacional de Ciencias Penales, Calle Magisterio # 113,
Tlalpan Centro, Código Postal 14000, Ciudad de México, México. Correspondencia: garcialopez@gmx.com.
Todas las comunicaciones recibidas serán compartidas con los coautores de esta guía y se dará respuesta
puntual a las sugerencias para la mejora de la misma. Invitamos muy cordialmente a los psiquiatras y
psicólogos forenses, abogados y trabajadores sociales que deseen mejorar este documento, a enviar sus
análisis fundamentados para los fines que se señalan.

43
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48
Anexo I16. Propuesta de formato de informe psicológico forense en
materia familiar
xxxxxxxxxxx
VS
xxxxxxxxxxxxx
CONTROVERSIA DEL ORDEN FAMILIAR
EXPEDIENTE: 0000/2018
REG. SE/XX/2018

C. JUEZ DEL JUZGADO FAMILIAR DEL TRIBUNAL SUPERIOR DE JUSTICIA DE LA CIUDAD DE MÉXICO.
P r e s e n t e.

Con el fin de dar debido cumplimiento a la pericial psicológica que se me ha encomendado, quien suscribe, PERITO EN
MATERIA DE PSICOLOGÍA nombrada por La Dirección de Evaluación e Intervención psicológica para Apoyo Judicial, dentro
del término establecido, me dirijo a usted con el debido respeto, para presentarle el resultado de la evaluación psicológica
practicada para el presente juicio.

INFORME PSICOLÓGICO FORENSE


FICHA DE IDENTIFICACIÓN
Nombre:
Edad:
Fecha de nacimiento:
Lugar de nacimiento:
Ocupación:
Último grado de estudios:
Fecha de evaluación:

OBJETIVO PERICIAL:
• Metodología
• Resultados
• Conclusión
• Teorías explicativas
• Discusión forense
• Conclusiones generales
• Respuesta a los cuestionamientos enviados
• Bibliografía

PARA LOS EFECTOS LEGALES A QUE HAYA LUGAR.

__________________________

ATENTAMENTE.
Lic./ Mtro. Dr.
Cédula(s) Profesional(es):
FECHA DE ENTREGA:

16Este formato es sólo una síntesis del planteamiento general. El forense debe añadir los aspectos específicos
señalados en cada uno de los apartados descritos en este documento.

49
Nota: los datos obtenidos se examinan desde un marco de referencia, constituido por
teorías del desarrollo y la personalidad, valorando e integrando la información, que sitúa al
sujeto en un contexto de tiempo y espacio. Los psicólogos no basan sus evaluaciones o
recomendaciones en datos o resultados de los test que estén desfasados con relación a los
objetivos perseguidos en la actualidad o en resultados con una temporalidad anterior o
posterior. Por lo tanto, los resultados aquí presentados deberán ser considerados al tiempo
en que los mismos fueron emitidos. La información contenida y, o adjunta al presente, es
confidencial y está protegida por la Ley de Protección de Datos Personales en Posesión de
Sujetos Obligados para la Ciudad de México.

50
Anexo II. Código ético del psicólogo
BASES GENERALES

El psicólogo asume la responsabilidad de actuar, en el desempeño de sus actividades


profesionales, académicas y científicas bajo un criterio rector, que es garantizar en todo
momento el bienestar de todos aquellos individuos, grupos u organizaciones que requieran
sus servicios, dentro de los límites naturales de la práctica de la psicología. Por tanto, se
adhieren a los siguientes principios:

1. Respeto a los derechos y dignidad de las personas.


2. Cuidado responsable.
3. Integridad en las relaciones.
4. Responsabilidad hacia la sociedad y humanidad.

COMPETENCIAS Y HONESTIDAD DEL PSICÓLOGO


Del apartado de la calidad de la valoración y, o evaluación psicológica.

Artículo15. El psicólogo que construye, desarrolla, adapta, administra o usa técnicas de


valoración, entrevistas, pruebas, cuestionarios u otros instrumentos y, o califica, o
interpreta con fines clínicos, educativos, de selección de personal, organizacionales,
forenses, de investigación u otros, lo hace en forma y con propósitos apropiados con base
en los datos de investigación o acerca de la utilidad y la aplicación apropiadas de las
técnicas. Es decir, las valoraciones, recomendaciones, informes y diagnósticos psicológicos
o enunciados se basan estrictamente en información y técnicas (incluyendo entrevistas
personales al individuo cuando es apropiado) suficientes y actuales para proporcionar
sustento a sus interpretaciones y recomendaciones.

Artículo 16. El psicólogo que desarrolla y conduce investigación con pruebas y otras técnicas
de valoración utiliza procedimientos científicos y conocimiento profesional actualizado para
su diseño, estandarización, validación, reducción o eliminación de sesgos y
recomendaciones de uso.

Artículo 17. El psicólogo que administra, califica, interpreta o usa técnicas de valoración se
cerciora de que éstas se basan en datos sólidos que garanticen la confiabilidad, validez y
normas, así como la aplicación apropiada y uso de las técnicas y, o instrumentos que
emplea. Asimismo, toma decisiones, reconociendo los límites de la incertidumbre con la
que es posible diagnosticar, emitir juicios o hacer predicciones acerca de individuos o
grupos.

51
Artículo 18. El psicólogo identifica situaciones en las que ciertas técnicas de valoración o
normas no son aplicables o requieren de ajustes para su administración o interpretación.
Debido a factores tales como género, edad, raza, origen étnico, nacionalidad, orientación
sexual, minusvalía, idioma o nivel socioeconómico de los individuos o grupos, no emplea
técnicas o instrumentos solamente traducidos de otro idioma y, o cuyos datos acerca de su
construcción, adaptación, validez, confiabilidad, estandarización y, o investigación de
resultados se hayan determinado con base en estudios realizados en poblaciones diferentes
a las que pertenezcan los individuos o grupos que pretende valorar.

Artículo 19. El psicólogo que ofrece servicios de valoración a individuos pertenecientes a los
pueblos indígenas de México u otros grupos emplea técnicas de valoración y normas
elaboradas ex profeso o adaptadas debidamente para esa población y que tomen en cuenta
su contexto cultural.

Artículo 20. Al interpretar resultados de valoración, incluyendo interpretaciones


automatizadas, el psicólogo toma en cuenta los diversos factores de la prueba u otros
instrumentos de medida, y las características de la persona valorada que pudiesen afectar
su juicio o reducir la precisión de las interpretaciones. Indica cualquier reserva significativa
que tenga acerca de la precisión o las limitaciones de las interpretaciones.

Artículo 22. El psicólogo no basa sus decisiones de valoración o intervención, o sus


recomendaciones, en datos, normas o resultados de pruebas psicológicas obsoletas para
propósitos actuales. De manera similar, no basa tales decisiones o recomendaciones en
pruebas psicológicas o medidas inútiles o construidas con otros propósitos.

Artículo 25. El psicólogo asume la responsabilidad por la aplicación, interpretación y uso de


instrumentos de valoración apropiados, ya sea que el mismo califique e interprete los
resultados o que emplee servicios automatizados o de otra índole.

Artículo 27. El psicólogo hace esfuerzos razonables para mantener la integridad y seguridad
de las pruebas y otras técnicas de valoración, de acuerdo con la ley, obligaciones
contractuales, y con este código ético. No da a conocer los contenidos, respuestas y, o
resultados posibles de pruebas e instrumentos psicológicos a no psicólogos, ni a estudiantes
sin la supervisión adecuada. Instruye e informa a los estudiantes de psicología acerca de las
faltas éticas en las que podrían incurrir si emplean técnicas u otros instrumentos de
valoración psicológica.

Artículo 28. En testimonios e informes forenses, el psicólogo testifica veraz, honesta e


imparcialmente, además, de acuerdo con los procedimientos legales aplicables, describe
con justeza las bases de sus testimonios y conclusiones. Y para evitar engaños, siempre que
sea necesario, dará a conocer las limitaciones de sus datos o conclusiones.

52
CALIDAD DE LAS INTERVENCIONES PSICOLÓGICAS

Artículo 31. El psicólogo basa sus conclusiones, recomendaciones e intervenciones en


resultados confiables y válidos de investigaciones científicas, valoraciones y diagnóstico
psicológicos.

COMUNICACIÓN DE LOS RESULTADOS

Artículo 50. Cuando el psicólogo hace valoraciones, evaluaciones; o proporciona


tratamiento, consejo, supervisión, enseñanza, consultoría, investigación, u otros servicios
dirigidos a individuos, grupos, comunidades u organizaciones, lo hace utilizando un lenguaje
razonablemente entendible para el receptor de sus servicios o actuación, proporcionando
de antemano información apropiada acerca de la naturaleza de tales actividades y
posteriormente sobre los resultados y conclusiones. Si la ley o los roles organizacionales
impiden que el psicólogo proporcione tal información a individuos particulares o grupos,
podrá hacerlo al término de su servicio.

Artículo 51. El psicólogo se asegura de que se proporcione una explicación de los resultados
utilizando un lenguaje entendible para la persona valorada o para otras personas
autorizadas legalmente para actuar en favor de ésta. Independientemente de que las
calificaciones e interpretaciones las realice el psicólogo, un ayudante, por medios
automáticos u otros servicios externos, sólo el psicólogo puede tomar las medidas
razonables para asegurar que se den las explicaciones apropiadas de los resultados. En los
casos en los que la naturaleza de la relación impida dar estas explicaciones a la persona
evaluada o personas autorizadas para recibirlas (como ocurre en algunos casos de selección
o consultoría organizacional, preempleo o selección de elementos de seguridad, y
evaluaciones judiciales o forenses), el psicólogo aclarará con antelación que no
proporcionará tales explicaciones.

Artículo 52. El psicólogo se abstiene de hacer uso indebido de las técnicas de valoración,
intervenciones, resultados, e interpretaciones y toma las medidas razonables para evitar
que otros hagan mal uso de éstas. Esto incluye el abstenerse de ceder datos o resultados
crudos de pruebas a personas, que no sean los pacientes o clientes como es apropiado, y a
quienes no estén calificadas para usar tal información.

Artículo 53. El psicólogo documenta apropiadamente su trabajo profesional y científico para


facilitar la prestación posterior de servicios por parte de él mismo o de otros profesionales,
para asegurar la responsabilidad, y para cumplir con otros requisitos de instituciones o de
la ley. El psicólogo se abstiene de externar opiniones acerca de individuos a los cuales no ha
valorado debidamente, en dictámenes escritos o verbales, medio de comunicación alguno
o en cualquier otra forma.

53
Artículo 54. Cuando el psicólogo tiene razones para creer que los archivos de sus servicios
profesionales se van a usar en autos legales involucrando receptores de su servicio o
participantes en su trabajo, tiene la responsabilidad de crear y mantener la documentación
con tal detalle y calidad que sea congruente con el escrutinio razonable de un foro
adjudicador. El psicólogo crea, mantiene, disemina, almacena, retiene, y desecha archivos
o expedientes y datos relacionados con su investigación, práctica y demás trabajo de
acuerdo con la ley y de manera que permita cumplir con los requerimientos de este código
ético.
CONFIDENCIALIDAD DE LOS RESULTADOS

Artículo 61. El psicólogo mantiene la confidencialidad debida, al crear, almacenar,


recuperar, transferir y eliminar los registros y expedientes bajo su control, sean escritos,
automatizados o en cualquier otra forma. Lo hace con apego a la ley y de manera que
permita el cumplimiento de los requisitos del presente código ético. Asimismo, el psicólogo
está obligado a tomar las medidas pertinentes para proteger sus registros electrónicos de
cualquier forma de incursión por parte de extraños.

RELACIÓN CON COLEGAS Y OTROS PROFESIONALES

Artículo 103. Cuando un psicólogo acepta proporcionar servicios a personas o entidades a


petición de un tercero, aclarará en la medida de lo posible, al inicio del servicio, la naturaleza
de su relación con cada una de las partes. Esta aclaración incluye el papel que desempeña
(como terapeuta, consultor organizacional, de diagnóstico o testigo pericial), los usos
probables de los servicios proporcionados o de la información obtenida, y el hecho de que
podría haber límites a la confidencialidad.

CONFIDENCIALIDAD

Artículo 132. El psicólogo tiene la obligación básica de respetar los derechos de la


confidencialidad de aquellos con quienes trabaja o le consultan, reconociendo que la
confidencialidad puede establecerse por ley, por reglas institucionales o profesionales, o
por relaciones científicas y toma las precauciones razonables para tal efecto.

Artículo 133. Con el fin de minimizar intrusiones en la privacidad, el psicólogo sólo incluye
en sus informes escritos u orales, consultorías o asesorías y similares, aquella información
pertinente al propósito de dicha información.

RELACIÓN CON LA SOCIEDAD Y LA HUMANIDAD

El psicólogo se apega a este código ético al hacer declaraciones públicas relacionadas con
sus servicios, productos, o publicaciones profesionales o con el campo de la psicología. Las

54
declaraciones públicas no están limitadas, pero incluyen: anuncios pagados o no pagados,
folletos, material impreso, lista de directorios, páginas en la internet, currículum vitae
personales, entrevistas o comentarios para su uso en los medios, declaraciones en
procedimientos legales, conferencias y presentaciones orales públicas, y materiales
publicados.

METACÓDIGO DE ÉTICA DE LA FEDERACIÓN EUROPEA DE ASOCIACIONES DE


PROFESIONALES EN PSICOLOGÍA (EFPPA)

Privacidad y confidencialidad

1. Los psicólogos restringirán su búsqueda y difusión de información a aquella que sea


estrictamente necesaria para el propósito profesional.
2. Deberán almacenar y manejar adecuadamente la información y archivos, de forma
que se asegure la confidencialidad, incluyendo la toma de medidas de seguridad
para conseguir que los datos sean anónimos cuando sea necesaria su utilización y la
restricción del acceso a los informes y archivos a aquellos que estén legitimados para
ello.
3. Estarán obligados a informar a los clientes y otros con los que se mantiene una
relación profesional de los límites, según la ley, del mantenimiento de la
confidencialidad.
4. En el caso de que el sistema legal exija la revelación de alguna información, los
psicólogos estarán obligados a proporcionar sólo aquella que sea relevante para el
asunto en cuestión, manteniendo la confidencialidad de cualquier otra información.

Artículo 12. Especialmente en sus informes escritos, la o el psicólogo será sumamente


cauto, prudente y crítico, frente a nociones que fácilmente degeneran en etiquetas
devaluadoras y discriminatorias, del género de normal/anormal, adaptado/inadaptado o
inteligente/deficiente.

Artículo 42. Cuando dicha evaluación ha sido solicitada por otra persona -jueces,
profesionales de la enseñanza, padres, empleadores o cualquier otro solicitante diferente
del sujeto evaluado- , éste último, o sus padres o tutores, tendrá derecho a ser informado
del hecho de la evaluación o intervención y del destinatario del Informe psicológico
consiguiente. El sujeto de un informe psicológico tiene derecho a conocer el contenido del
mismo, siempre que de ello no se derive un grave perjuicio para el sujeto o para el/la
psicólogo/a, y aunque la solicitud de su realización haya sido hecha por otras personas.

Artículo 43. Los informes psicológicos realizados a petición de instituciones u organizaciones


en general, aparte de lo indicado en el artículo anterior, estarán sometidos al mismo deber
y derecho general de confidencialidad antes establecido, quedando tanto la o el psicólogo

55
como la correspondiente instancia solicitante obligados a no darles difusión fuera del
estricto marco para el que fueron recabados.

Las enumeraciones o listas de sujetos evaluados en los que deban constar los diagnósticos
o datos de la evaluación y que se les requiera al psicólogo por otras instancias, a efectos de
planificación, obtención de recursos u otros, deberán realizarse omitiendo el nombre y
datos de identificación del sujeto, siempre que no sean estrictamente necesarios.

56
Anexo III. Marco legal de la evaluación psicológica pericial y forense
en materia familiar
El conocimiento legal básico que debe comprender el psicólogo para la elaboración de la
pericial en psicología debe contemplar, en primera instancia, las obligaciones y derechos de
su intervención como perito o como testigo experto en su desempeño profesional; conocer
algunos aspectos básicos de la normatividad aplicable a su función y en los asuntos legales
en donde se le solicita su intervención, que se encuentran contemplados, para el caso de la
Ciudad de México, en el código de procedimientos civiles, en el código civil y en las tesis
jurisprudenciales de la SCJN. En el caso específico de su intervención como perito psicólogo
en materia familiar es fundamental que puede consultar las distintas resoluciones de la
Suprema Corte de Justicia sobre los distintos temas de familia, que ya han sido estudiados
por dichos ministros y que representan un marco normativo que ayuda a la toma de
resoluciones en los juzgadores. Por lo que resulta sumamente ilustrativo que el psicólogo
consulte algunas de estas tesis y jurisprudencias, como las que a continuación se mencionan
a manera de ejemplo:

Código de Procedimientos Civiles para el Distrito Federal


(de acuerdo con la última reforma publicada en la Gaceta Oficial de la Ciudad de México
de fecha 18 de julio de 2018)
http://www.aldf.gob.mx/archivo-ab814182c8da973b9fba2cabed6183b5.pdf

Sección IV Prueba Pericial


(Requisitos para la aceptación de cargo de perito)
Artículo 347.- fracción III

“En caso de estar debidamente ofrecida, el juez la admitirá, quedando obligadas las partes
a que sus peritos, dentro del plazo de tres días, presenten escrito en el que acepten el cargo
conferido y protesten su fiel y legal desempeño, debiendo anexar el original o copia
certificada de su cédula profesional o documentos que acrediten su calidad de perito en el
arte, técnica o industria para el que se les designa; manifestando, bajo protesta de decir
verdad, que conocen los puntos cuestionados y pormenores relativos a la pericial, así como
que tienen la capacidad suficiente para emitir dictamen sobre el particular, quedando
obligados a rendir su dictamen dentro de los diez días siguientes ala fecha en que hayan
presentado los escritos de aceptación y protesta del cargo de perito, salvo que existiera
causa bastante por la que tuviera que modificarse la fecha de inicio del plazo originalmente
concedido. Sin la exhibición de dichos documentos justificativos de su calidad, no se tendrá
por presentado al perito aceptando el cargo, con la correspondiente sanción para las
partes”.

57
Sección IV Prueba Pericial
Artículo 353.-
Sobre el nombramiento de peritos
(párrafo 1 y 7)
Los jueces podrán designar peritos de entre aquéllos autorizados como auxiliares de la
administración de justicia o de entre aquéllos propuestos, a solicitud del juez, por colegios,
asociaciones o barras de profesionales, artísticas, técnicas o científicas o de las instituciones
de educación superior públicas o privadas o las cámaras de industria, comercio,
confederaciones de cámaras, o la que corresponda al objeto del peritaje. En los casos de
que el Tribunal designe a los peritos únicos o terceros en discordia, los honorarios de éstos
se cubrirán por mitad por ambas partes, observando lo establecido en el párrafo siguiente,
y aquella que no pague lo que le corresponde será apremiada por resolución que contenga
ejecución y embargo de sus bienes.

SECCIÓN CUARTA PERICIAL


Artículo 1016.-
(obligación de asistir a la audiencia –junta de peritos-)

Los peritos asistirán a la audiencia respectiva con el fin de exponer verbalmente las
conclusiones de sus dictámenes, a efecto de que se desahogue la prueba con los exhibidos
y respondan las preguntas que el juez o las partes les formulen, debiendo acreditar, en la
misma audiencia y bajo su responsabilidad, su calidad científica, técnica, artística o
industrial para el que fueron propuestos, con el original o copia certificada de su cédula
profesional o el documento respectivo. En caso de no asistir los peritos designados por las
partes, se tendrá por no rendido su dictamen y de no presentarse el perito tercero en
discordia se le impondrá una sanción pecuniaria equivalente a la cantidad que cotizó por
sus servicios, en favor de las partes, en igual proporción.

TÍTULO DÉCIMO OCTAVO DEL JUICIO ORAL EN MATERIA FAMILIAR


CAPÍTULO 1 DISPOSICIONES GENERALES
Artículo 1019.-
(párrafo 1 y 3)

Se tramitarán en este juicio conforme a las disposiciones de este Título, las controversias
relacionadas con alimentos; guarda y custodia; régimen de convivencias; violencia familiar;
nulidad de matrimonio; rectificación o nulidad de los atestados del registro civil; filiación;
suspensión o pérdida de la patria potestad; constitución forzosa de patrimonio familiar ;
cambio de régimen patrimonial controvertido; y la interdicción contenciosa.

58
La modificación de las resoluciones definitivas dictadas en asuntos de alimentos, ejercicio y
suspensión de la patria potestad, guarda y custodia, régimen de convivencias e interdicción
contenciosa, se substanciarán en juicio oral autónomo.

Artículo 1029.-
(Audiencia de menores)

Cuando alguna de las partes solicite la custodia y convivencia provisional de menores de


edad lo hará por escrito en la demanda principal o reconvencional o en sus contestaciones,
se dará vista a la contraria por el término de tres días, quien por escrito contestará la
solicitud. El Juez escuchará al menor durante la audiencia preliminar atendiendo al caso
concreto.

En caso de rebeldía, por desacuerdo de las partes, o bien, a juicio del Tribunal se señalará
día y hora para que el Juez en diligencia privada escuche al menor ante el Ministerio Público,
sin la presencia de las partes, en la que podrá comparecer el asistente de menores, quien
será profesional en psicología, pedagogía o trabajo social, adscritos al Sistema para el
Desarrollo Integral de la Familia del Distrito Federal u otra institución, sólo para el efecto de
facilitar la comunicación libre, espontánea y procurarle protección psicoemocional al
menor. Sin que se requiera la protesta del cargo del citado profesional. Si la diligencia se
encuentra debidamente preparada, no comparece el asistente y sí el menor, la audiencia
se llevará a cabo, correspondiendo al Juez velar por el interés superior del menor. El
Tribunal contará con una sala especial para escuchar al menor, que permita el
desenvolvimiento adecuado para las niñas, los niños y adolescentes. Las personas que
tengan a los menores bajo su cuidado, estarán obligados a presentarlos en las diligencias y
audiencias respectivas para que sean escuchados, apercibidos que de no hacerlo se les
aplicarán las medidas de apremio establecidas en este Código, sin perjuicio de que el Juez
resuelva lo conducente respecto de la custodia y convivencia provisional solicitadas.

El Juez deberá tomar en cuenta todos los elementos que estén a su alcance para decidir
bajo el principio del interés superior del menor el derecho de convivencia de manera
provisional. En caso de duda y para salvaguarda de los menores, deberá ordenar que las
convivencias se realicen durante el procedimiento en los centros e instituciones destinados
para tal efecto. Ante la falta o imposibilidad de los

progenitores para detentar la custodia de los menores se estará a lo previsto en los artículos
414 y 418 del Código Civil para el Distrito Federal. El Juez resolverá en la misma diligencia o
audiencia sobre la custodia y convivencia provisional.

Artículo 1030.-
(Derecho de convivencia del padre no custodio)

59
El ascendiente que no le sea otorgada la custodia podrá convivir con el menor, tal y como
lo determine el Juez, diversos días de la semana fuera del horario escolar, sin desatender
las labores escolares y debiendo auxiliarlo en dichas actividades. También en forma
equitativa tiene derecho a convivencias en fines de semana alternados, períodos de
vacaciones escolares y días festivos.

Capítulo III De las Pruebas


Sección Tercera: De la Pericial
Artículo 1065
Designación de perito
(Párrafo 1, 2 y 3)
En el ofrecimiento de la prueba pericial se deberá de observar lo previsto en el primer y
segundo párrafo del artículo 346 de este Código, y señalar con toda precisión los puntos
sobre los que versará y las cuestiones que se deban resolver, con el cual se dará vista a la
parte contraria para que al momento de contestar la demanda principal o reconvencional,
en su caso, amplíe el cuestionario correspondiente. En el supuesto de que se encuentre
debidamente ofrecida, el Juez la admitirá y designará perito único, ya sea que pertenezca a
instituciones públicas, privadas o bien de la lista de auxiliares de la administración de
justicia, emitida por el Consejo de la Judicatura del Distrito Federal.

En el caso de que el perito pertenezca a una institución pública, su designación se le hará


saber mediante el oficio correspondiente, con la información necesaria para que pueda
rendir oportunamente su dictamen, sin que se requiera su comparecencia para los efectos
de su aceptación. Tratándose de peritos de instituciones privadas, se les hará saber su
designación mediante notificación personal para el efecto de que en el término de tres días,
presenten escrito de aceptación y, de ser necesario, precise los elementos que requiera
para poder elaborar su dictamen, tales como entrevistas, exámenes o acceso a
determinados, expedientes, archivos, bienes o cosas objeto de su dictamen.

Código Civil para el Distrito Federal


(de acuerdo con la última reforma publicada en la Gaceta Oficial de la Ciudad de México
de fecha 18 de julio de 2018)
http://www.aldf.gob.mx/archivo-0bd3121a0334f53844d2fe92b52fb5a2.pdf

Artículo 282.-
Medidas provisionales en el juicio de divorcio

“Desde que se presenta la demanda, la controversia del orden familiar o la solicitud de


divorcio y solo mientras dure el juicio, se dictarán las medidas provisionales pertinentes;
asimismo en los casos de divorcio en que no se llegue a concluir mediante convenio, las

60
medidas subsistirán hasta en tanto se dicte sentencia interlocutoria en el incidente que
resuelva la situación jurídica de hijos o bienes, según corresponda y de acuerdo con las
disposiciones siguientes:

A. De oficio: I.- En los casos en que el Juez de lo Familiar lo considere pertinente, de


conformidad con los hechos expuestos y las documentales exhibidas en los convenios
propuestos, tomará las medidas que considere adecuadas para salvaguardar la integridad y
seguridad de los interesados, incluyendo las de violencia familiar, donde tendrá la más
amplia libertad para dictar las medidas que protejan a las víctimas.

B. Una vez contestada la solicitud: I.- El Juez de lo Familiar determinará con audiencia de
parte, y teniendo en cuenta

el interés familiar y lo que más convenga a los hijos, cuál de los cónyuges continuará en el
uso de la vivienda familiar y asimismo, previo inventario, los bienes y enseres que continúen
en ésta y los que se ha de llevar el otro cónyuge, incluyendo los necesarios para el ejercicio
de la profesión, arte u oficio a que esté dedicado, debiendo informar éste el lugar de su
residencia. II. - Poner a los hijos al cuidado de la persona que de común acuerdo designen
los cónyuges, pudiendo estos compartir la guarda y custodia mediante convenio.

En defecto de ese acuerdo; el Juez de lo Familiar resolverá conforme al Título Décimo Sexto
del Código de Procedimientos Civiles, tomando en cuenta la opinión del menor de edad. Los
menores de doce años deberán quedar al cuidado de la madre, excepto en los casos de
violencia familiar cuando ella sea la generadora o exista peligro grave para el normal
desarrollo de los hijos. No será obstáculo para la preferencia maternal en la custodia.

Artículo 283.-
Sobre la Sentencia de Divorcio

La sentencia de divorcio fijará la situación de los hijos menores de edad para lo cual deberá
contener las siguientes disposiciones:

I.-Todo lo relativo a los derechos y deberes inherentes a la patria potestad, su pérdida,


suspensión o limitación; a la guarda y custodia, así como a las obligaciones de crianza y el
derecho de los hijos a convivir con ambos progenitores.

II.-Todas las medidas necesarias para proteger a los hijos de actos de violencia familiar o
cualquier otra circunstancia que lastime u obstaculice su desarrollo armónico y pleno. III.-
Las medidas necesarias para garantizar la convivencia de los hijos con sus padres, misma
que sólo deberá ser limitada o suspendida cuando exista riesgo para los menores.

61
IV.- Tomando en consideración, en su caso, los datos recabados en términos del artículo
282 de este Código, el Juez de lo Familiar fijará lo relativo a la división de los bienes y tomará
las precauciones necesarias para asegurar las obligaciones que queden pendientes entre
los cónyuges o con relación a los hijos. Los ex cónyuges tendrán obligación de contribuir, en
proporción a sus bienes e ingresos, al pago de alimentos a favor de los hijos.

V.- Las medidas de seguridad, seguimiento y las psicoterapias necesarias para corregir los
actos de violencia familiar en términos de la Ley de Asistencia y Prevención a la Violencia
Familiar y Ley de Acceso de las Mujeres a una vida libre de Violencia para el Distrito Federal.
Medidas que podrán ser suspendidas o modificadas en los términos previstos por el artículo
94 del Código de Procedimientos Civiles para el Distrito Federal. VI.- Para el caso de los
mayores incapaces, sujetos a la tutela de alguno de los ex cónyuges, en la sentencia de
divorcio deberán establecerse las medidas a que se refiere este artículo para su protección;

VII.- En caso de desacuerdo, el Juez de lo Familiar, en la sentencia de divorcio, habrá de


resolver sobre la procedencia de la compensación que prevé el artículo 267 fracción VI,
atendiendo a las circunstancias especiales de cada caso.

Artículo 285

El padre y la madre, aunque pierdan la patria potestad quedan sujetos a todas las
obligaciones que tienen para con sus hijos.

CAPÍTULO III
DE LA VIOLENCIA FAMILIAR
Artículo 323 Ter

Los integrantes de la familia tienen derecho a desarrollarse en un ambiente de respeto a su


integridad física, psicoemocional, económica y sexual y tienen la obligación de evitar
conductas que generen violencia familiar. A tal efecto, contarán con la asistencia y
protección de las instituciones públicas, de acuerdo con las leyes para combatir y prevenir
conductas de violencia familiar.

Artículo 323 Quárter

La violencia familiar es aquel acto u omisión intencional, dirigido a dominar, someter,


controlar o agredir física, verbal, psicoemocional, o sexualmente a cualquier integrante de
la familia dentro o fuera del domicilio familiar, y que tiene por efecto causar daño, y que
puede ser cualquiera de las siguientes clases:

62
I. Violencia física: a todo acto intencional en el que se utilice alguna parte del cuerpo, algún
objeto, arma o sustancia para sujetar, inmovilizar o causar daño a la integridad física del
otro;

II. Violencia psicoemocional: a todo acto u omisión consistente en prohibiciones,


coacciones, condicionamientos, intimidaciones, insultos amenazas, celotipia, desdén,
abandono o actitudes devaluatorias, que provoquen en quien las recibe alteración auto
cognitiva y auto valorativa que integran su autoestima o alteraciones en alguna esfera o
área de la estructura psíquica de esa persona;

III. Violencia económica: a los actos que implican control de los ingresos, el apoderamiento
de los bienes propiedad de la otra parte, la retención, menoscabo, destrucción o
desaparición de objetos, documentos personales, bienes, valores, derechos o recursos
económicos de la pareja o de un integrante de la familia. Así como, el incumplimiento de
las obligaciones alimentarias por parte de la persona que de conformidad con lo dispuesto
en este Código tiene obligación de cubrirlas, y

IV. Violencia sexual.


Artículo 323 Quintus
Violencia Familiar

También se considera violencia familiar la conducta descrita en el artículo anterior llevada


a cabo contra la persona que esté sujeta a su custodia, guarda, protección, educación,
instrucción o cuidado, siempre y cuando el agresor y el ofendido convivan o hayan convivido
en la misma casa.

Artículo 323 Sextus

Los integrantes de la familia que incurran en violencia familiar deberán reparar los daños y
perjuicios que se ocasionen con dicha conducta, con autonomía de otro tipo de sanciones
que éste y otros ordenamientos legales establezcan. En todas las controversias derivadas
de violencia familiar, el Juez dictará las medidas a que se refiere la fracción VII del artículo
282 de este Código.

Artículo 414 Bis


(Obligaciones de crianza)

Quienes ejercen la patria potestad o la guarda y custodia provisional o definitiva de un


menor, independientemente de que vivan o no en el mismo domicilio, deben dar
cumplimiento a las siguientes obligaciones de crianza:

63
I.- Procurar la seguridad física, psicológica y sexual;

II.- Fomentar hábitos adecuados de alimentación, de higiene personal y de desarrollo físico.


Así como impulsar habilidades de desarrollo intelectual y escolares;

III.- Realizar demostraciones afectivas, con respeto y aceptación de éstas por parte del
menor, y

IV.- Determinar límites y normas de conducta preservando el interés superior del menor. Se
considerará incumplimiento de las obligaciones de crianza, el que sin justificación y de
manera permanente y sistemática no se realicen las actividades señaladas; lo que el Juez
valorará en los casos de suspensión de la patria potestad, de la determinación de la guarda
y custodia provisional y definitiva, y el régimen de convivencias. No se considera
incumplimiento de estas obligaciones el que cualquiera de los progenitores tengan jornadas
laborales extensas.

Artículo 416.- (Guarda y custodia)

En caso de separación de quienes ejercen la patria potestad, ambos deberán continuar con
el cumplimiento de sus obligaciones y podrán convenir los términos de su

ejercicio, particularmente en lo relativo a la guarda y custodia de los menores. En caso de


desacuerdo, el Juez de lo Familiar resolverá lo conducente, previo el procedimiento que fija
el Título Décimo Sexto del Código de Procedimientos Civiles.
Con base en el interés superior del menor, éste quedará bajos los cuidados y atenciones de
uno de ellos. El otro estará obligado a colaborar en su alimentación y crianza conservando
el derecho de convivencia con el menor, conforme a las modalidades previstas en el
convenio o resolución judicial.

Artículo 416 Bis.-


(Derecho de convivencia de la NNA con ambos progenitores)

Los hijos que estén bajo la patria potestad de sus progenitores tienen el derecho de convivir
con ambos, aun cuando no vivan bajo el mismo techo. No podrán impedirse, sin justa causa,
las relaciones personales entre el menor y sus ascendientes. En caso de oposición, a petición
de cualquier de ellos, el Juez de lo Familiar

resolverá lo conducente previa audiencia del menor, atendiendo su interés superior. Para
los casos anteriores y sólo por mandato judicial, este derecho deberá ser limitado o
suspendido considerando el incumplimiento reiterado de las obligaciones de crianza o
peligro para la salud e integridad física, psicológica o sexual de los hijos.

64
Artículo 416 Ter.- (Interés superior del menor)

Para los efectos del presente Código se entenderá como interés superior del menor la
prioridad que ha de otorgarse a los derechos de las niñas y los niños respecto de los
derechos de cualquier otra persona, con el fin de garantizar, entre otros, los siguientes
aspectos:

I.- El acceso a la salud física y mental, alimentación y educación que fomente su desarrollo
personal;

II.- El establecimiento de un ambiente de respeto, aceptación y afecto, libre de cualquier


tipo de violencia familiar;

III.- El desarrollo de la estructura de respeto,aceptación y afecto, libre de cualquier tipo de


violencia familiar;

IV.- El desarrollo de la estructura de personalidad, con una adecuada autoestima, libre de


sobreprotección y excesos punitivos;

V.- Al fomento de la responsabilidad personal y social, así como a la toma de decisiones del
menor de acuerdo a su edad y madurez psicoemocional; y

VI.- Los demás derechos que a favor de las niñas y los niños reconozcan otras leyes y
tratados aplicables.

Artículo 417 (Escucha del menor)


En caso de desacuerdo sobre las convivencias o cambio de guarda y custodia, en la
controversia o en el incidente respectivo deberá oírse a los menores. A efecto de que el
menor sea adecuadamente escuchado independientemente de su edad, deberá ser asistido
en la misma por el asistente de menores que para tal efecto designe el Sistema para el
Desarrollo Integral de la Familia del Distrito Federal. En caso de que a la audiencia no se
presentare el asistente de los menores, atendiendo al interés superior de estos, será
potestativo para el Juez celebrar o no la audiencia una vez que verifique si es factible la
comunicación libre y espontánea con el menor.

Artículo 417 Bis (Asistente de menores)

Se entenderá por asistente de menores al profesional en psicología, trabajo social o


pedagogía exclusivamente, adscrito al Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia del
Distrito Federal u otra institución avalada por éste, que asista al menor, sólo para efecto de
facilitar su comunicación libre y espontánea y darle protección psicológica y emocional en

65
las sesiones donde éste sea oído por el juez en privado, sin la presencia de los progenitores,
y sin que ello implique su intervención en la audiencia. Dicho asistente podrá solicitar hasta
dos entrevistas previas a la escucha del menor, siendo obligatorio para el

INTERÉS SUPERIOR DEL MENOR


Amparo directo en revisión 908/2006. 18 de abril de 2007. Unanimidad de cuatro votos.
Ponente: Olga Sánchez Cordero de García Villegas.

Amparo directo en revisión 1475/2008. 15 de octubre de 2008. Unanimidad de cuatro


votos. Ponente: José Ramón Cossío Díaz.

Amparo en revisión 645/2008. 29 de octubre de 2008. Mayoría de cuatro votos. Ponente:


Juan N. Silva Meza.

Amparo directo en revisión 1187/2010. 1o. de septiembre de 2010. Cinco votos. Ponente:
Arturo Zaldívar Lelo de Larrea.

Amparo directo en revisión 2076/2012. 19 de septiembre de 2012. Cinco votos. Ponente:


Guillermo I. Ortiz Mayagoitia. Tesis de jurisprudencia 25/2012 (9a.). Aprobada por la
Primera Sala de este Alto Tribunal, en sesión privada el veintiuno de noviembre de dos mil
doce.

Registro: 159897. Instancia: Primera Sala. Tipo de Tesis: Jurisprudencia. Fuente: Semanario
Judicial de la Federación y su Gaceta Libro XV, Diciembre de 2012, Tomo 1. Materia(s):
Constitucional . Tesis: 1a./J. 25/2012 (9a.) Página: 334.
http://sjf.scjn.gob.mx/SJFSist/Documentos/Tesis/1013/1013883.pdf

INTERÉS SUPERIOR DEL MENOR. SU CONCEPTO

“Por interés superior del menor se entiende el catálogo de valores, principios,


interpretaciones, acciones y procesos dirigidos a forjar un desarrollo humano integral y una
vida digna, así como a generar las condiciones materiales que permitan a los menores vivir
plenamente y alcanzar el máximo bienestar personal, familiar y social posible, cuya
protección debe promover y garantizar el Estado en el ejercicio de sus funciones legislativa,
ejecutiva y judicial, por tratarse de un asunto de orden público e interés social.”.

Amparo Directo en revisión 69/2012. Cinco votos. Ponente: José Ramón Cossío Díaz.
Tesis 1a. CXXII/2012 (10a.), Décima Época, Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta,
junio de 2012, Libro IX, Tomo 1, página 260, registro 2000988

66
https://sjf.scjn.gob.mx/sjfsist/Documentos/Tesis/2000/2000988.pdf

INTERÉS SUPERIOR DEL MENOR. SU FUNCIÓN NORMATIVA COMO PRINCIPIO JURÍDICO


PROTECTOR

“Esto es constituirse en una obligación para las autoridades estatales y con ello asegurar la
efectividad de los derechos subjetivos de los menores, es decir, implica una prescripción de
carácter imperativo, cuyo contenido es la satisfacción de todos los derechos del menor para
potencializar el paradigma de la “protección integral”.

Amparo directo 309/2010. 10 de junio de 2010. Unanimidad de votos. Ponente: Walter


Arellano Hobelsberger. Amparo directo 657/2010. 21 de octubre de 2010. Unanimidad de
votos. Ponente: Walter Arellano Hobelsberger.

Amparo en revisión 257/2010. 11 de noviembre de 2010. Unanimidad de votos. Ponente:


María Soledad Hernández Ruiz de Mosqueda. Amparo directo 733/2010.

25 de noviembre de 2010. Unanimidad de votos. Ponente: María Soledad Hernández Ruiz


de Mosqueda.

Incidente de suspensión (revisión) 356/2010. 9 de diciembre de 2010. Unanimidad de votos.


Ponente: María Soledad Hernández Ruiz de Mosqueda. Secretario: Hiram Casanova Blanco.

Registro: 162561. Instancia: Tribunales Colegiados de Circuito. Tipo de Tesis: Jurisprudencia.


Fuente: Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta Tomo XXXIII, Marzo de 2011.
Materia(s): Civil . Tesis: I.5o.C. J/15 . Página: 2188

http://sjf.scjn.gob.mx/sjfsist/Documentos/Tesis/164/164024.pdf

INTERÉS SUPERIOR DEL MENOR. SU RELACIÓN CON LOS ADULTOS

“El concepto interés superior del menor, cuya salvaguarda es prioritaria en el sistema
jurídico mexicano, permite delimitar con precisión y claridad los derechos y obligaciones
que corresponden a las personas adultas en relación con los niños, para lo cual se privilegia
el deber de atenderlos y cuidarlos, con el objeto permanente de alcanzar el mayor bienestar
y beneficio posibles para ellos, como un imperativo de la sociedad; de manera que su
protección se ubica incluso por encima de la que debe darse a los derechos de los adultos,
con lo cual se cumple una trascendente función social de orden público e interés social”.

Amparo directo en revisión 1187/2010. 1o. de septiembre de 2010. Cinco votos. Ponente:
Arturo Zaldívar Lelo de Larrea.

67
Registro: 162797; Instancia: PRIMERA SALA; Tipo: Tesis Aislada; Fuente: Semanario Judicial
de la Federación y su Gaceta; Localización: Tomo XXXIII, Febrero de 2011; Materia(s): Civil;
Tesis: 1a. XVI/2011; Pag. 616.

http://sjf.scjn.gob.mx/SJFSist/Documentos/Tesis/162/162797.pdf

JUICIOS DE GUARDA Y CUSTODIA. DE ACUERDO AL INTERÉS SUPERIOR DEL NIÑO DEBE


VALORARSE LA TOTALIDAD DEL MATERIAL PROBATORIO QUE OBRA EN AUTOS

“De acuerdo al interés superior del niño, en los procedimientos que directa o
indirectamente trascienden los derechos de los menores, el juez debe decidir atendiendo
al mayor beneficio del menor por lo que debe valorar todos los elementos probatorios que
tenga a su alcance. En tal sentido, aun cuando en la demanda de guarda y custodia se
omitan plantear hechos que podrían resultar perjudiciales para los menores, tal omisión no
limita al juzgador a valorar el material probatorio en autos que pudiera corroborar tal
situación”.

Registro: 2006593; Instancia: Primera Sala; Tipo: Tesis Aislada; Fuente: Semanario Judicial
de la Federación y su Gaceta; Decima época Localización: Tomo I Junio de 2014; Materia(s):
Civil; Tesis: 1a. J.44/2014; Pag. 270.

https://sjf.scjn.gob.mx/SJFSist/Paginas/DetalleGeneralV2.aspx?

68
Anexo IV. Esquema de dictaminación psicológica familiar
Para la dictaminación psicológica en materia familiar es necesario que el Perito en Psicología
conozca el papel que puede desempeñar dentro de este proceso:

1. Cuando un usuario vive una problemática familiar, que no puede gestionar o


resolver por sus propios medios, una opción que tiene es buscar la resolución judicial
para lo que consulta un abogado.
2. El abogado puede proponer un asesoramiento psicológico para corroborar que se
está ante un fenómeno psicológico, p. ej., maltrato.
3. Una vez analizado el caso, se decide hacer una demanda ante la autoridad judicial y
solicitar en el momento procesal oportuno, una pericial en psicología como medio
probatorio de una determinada situación familiar.
4. Llegado el momento judicial, la autoridad ordena su desahogo. Las partes en el juicio
son notificadas mediante el abogado, o bien mediante una notificación personal por
parte del juzgado. De la misma manera, se le notifica al perito de manera oficial
mediante un oficio o informal, por medio del abogado postulante para que acepte
el cargo.
5. Una vez aceptado el cargo, el perito propone el día, hora y lugar para llevar a cabo
la evaluación psicológica forense familiar del o los usuarios. El personal del juzgado
notifica al usuario para que se presente a la evaluación psicológica o bien, el usuario
puede ser notificado por medio de su abogado de manera directa.
6. El usuario se presenta a la cita de evaluación psicológica forense con el perito
psicólogo. El psicólogo perito realiza la evaluación psicológica forense familiar y
analiza los resultados y elabora un dictamen.
7. Dicho dictamen se entrega ante el juzgado familiar y el abogado y el usuario se dan
por enterados del resultado del dictamen psicológico.

La autoridad judicial valora el dictamen y, en su caso, toma decisiones o las medidas


judiciales pertinentes al caso; en conjunto con otros medios probatorios.

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