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ENSEÑANDO A LOS LÍDERES A ALCANZAR SUS METAS

“Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve


allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da
semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que
sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero,
y será prosperada en aquello para que la envié” (Isaías 55:10-11).

El camino hacia el éxito comienza con el interrogante “¿Hacia dónde


me dirijo?”. Cuando carecemos de metas y objetivos en la vida, nos
enfrentamos al mayor impedimento en la realización plena de nuestros
sueños.

Al observar detenidamente a aquellas personas que han alcanzado un


nivel de alto liderazgo y éxito personal, puedo decir que en todas ellas
hay una constante que determina la clave de su éxito: metas y
prioridades definidas. Y están dedicando sus mayores esfuerzos y
tiempo para lograrlas.
¿Qué es una meta? Es un objetivo claro con una fecha establecida. Es
un sueño al cual se le ha asignado un tiempo límite.

Tres planteamientos que le ayudarán a organizar sus metas son:


¿Para cuándo deseo alcanzar esa meta?
¿Qué necesito aprender para poder conquistarla?
¿Qué personas son las indicadas para ayudarme a alcanzar la meta y
de qué forma?

Vivir sin metas es experimentar un fracaso continuo.


Como le escuché decir al Dr. Derek Prince: "El que apunta a la nada, a
la nada llegará". Si un cohete, en el momento de ser lanzado de la
tierra al espacio, tiene una leve desviación, aunque sea de unos
pocos centímetros, y no se corrige a tiempo, se amplía su
distanciamiento del objetivo final.

Si desde una temprana edad el propósito no es muy claro, no está


bien definido y hay un leve desvío, cuanto más pasen los años, más
lejos se estará de la realización en la vida.

La meta que usted se trace para el futuro será como los rieles del tren,
que lo llevarán al destino. Su vida tomará el rumbo que usted mismo
le haya trazado. Cuántas veces una misma situación trata de empañar
nuestras metas, procurando desviarnos de la meta final. El salmista
David dijo: "Pacientemente esperé a Jehová y se inclinó hacia mí, y
oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo
cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso
luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios..." (Salmos
40:1-3).

Las primeras horas del día son claves.

Si usted tiene un plan de estudio de la Palabra, desarróllelo en las


primeras horas del día. Si tiene un plan de oración, hágalo en las
primeras horas del día. Si tiene un plan para capacitarse o leer algún
libro que le edifique, realícelo en las primeras horas del día.
La mejor manera de redimir el tiempo es aprovechando las primeras
horas del día, y luego mantener el mismo entusiasmo por el resto del
tiempo que le quede. Es como si usted recibiera un cheque de parte de
Dios firmado por veinticuatro horas, para que lo administre como crea
conveniente.
“Si en verdad amas la vida, no desperdicies tu tiempo porque éste es
la materia prima de la cual está hecha” (Benjamín Franklin).
Las metas son declaraciones de fe. Por tal motivo, todo lo que Dios
declara se tiene que cumplir.
Las metas no deben regresar sin el resultado esperado.
El vivir bajo metas fue una idea originada en el corazón de Dios.

Cuatro pasos fundamentales.

El Señor nos da el ejemplo de la lluvia, la cual tiene cuatro propósitos


asignados. A continuación presentaremos un paralelo entre ellos y la
escalera del éxito.

Regar la tierra o Ganar. No podemos ir más allá de donde nos lleve


nuestra fe. Podremos llegar tan lejos como nuestra fe nos lo permita.
Si no hay lluvia, habrá sequía; si no hay metas, habrá esterilidad
ministerial. No tengamos temor de trabajar con metas. Propóngase la
meta de cuántas personas ganará por año; eso le ayudará a ubicarse
dentro del propósito divino.

Hacer germinar la tierra o Consolidar. El segundo cometido de la lluvia


es hacer que todas las semillas que están en la tierra germinen. Esa es
la función de la consolidación, ayudar a que cada persona que Dios nos
ha confiado dentro del ministerio pase por un proceso de
quebrantamiento, similar al de las semillas, que se parten para que
salga de ellas el fruto. Para que la fructificación tenga lugar, el grano
debe morir. El error que han cometido algunos líderes es que, por el
afán de crecer rápidamente, omitieron algunos aspectos de la visión en
sus discípulos, y como resultado sólo obtuvieron estancamiento.
Dentro de las metas, debemos ser muy cuidadosos de cumplir
fielmente con cada detalle de la visión. En otras palabras, la gente que
gane es la que debe consolidar.

Producir o Discipular. Gracias al proceso eficaz de la lluvia los campos


gozan de buenas cosechas. Cada pastor o líder cristiano debe entender
que la gente que está ganando no es para que llene las sillas de su
congregación domingo a domingo. Si ellos no tienen la capacidad de
ser productivos, entonces los objetivos de la responsabilidad
ministerial no se han cumplido.
Dar semilla al que siembra y pan al que come o Enviar. La lluvia
cumplió su misión, ahora se deben cosechar los frutos. Dentro de la
Visión sucede algo similar. Las pocas personas que se formaron a su
lado ahora están listas para poner por obra en otras personas el
mismo cuidado que recibieron de su líder. Así es como viene la
multiplicación; cada uno de los discípulos está capacitado para abrir
una célula y dar inicio a su ministerio. Ahora podrá dar de lo que ha
recibido.

Para alcanzar sus sueños tiene que trazar metas y éstas no deben
regresar sin el resultado esperado ya que son declaraciones de fe y
debe dedicar su mayor esfuerzo y tiempo para lograrlas.

Tome tiempo junto a sus discípulos para planear las metas que
llevarán a cabo en los próximos tres, seis y doce meses. Si usted pone
en práctica los pasos de la visión, tendrá como fruto la multiplicación
de discípulos.

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