Trifulca 9

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Número de dictamen previo: 04-2008-062512191300-01

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Índice
Abigail Rodríguez Contreras

Autobiografía de la hipérbola .......................................................................... 6
Rita Dahl

San Antonio .............................................................................................................. 7
Rosario Loperena

El corte ....................................................................................................................... 9
Sebastián del Pino Rubio

La confesión de María Magdalena ................................................................ 10
Davo Valdés de la Campa

Restaurant ............................................................................................................... 12
Luis Arnulfo Medina Lira

Tu cadera.................................................................................................................. 15
Aurora Zúñiga

Acto fallido .............................................................................................................. 16
Elena Medel

Árbol genealógico ............................................................................................... 18
José Miguel Casado

Presbiopía ................................................................................................................ 19
Juan Carlos Urtaza Abarca

K.O ............................................................................................................................. 20
María Teresa Irazaba González

Sin hacer ruido ....................................................................................................... 24 4

Rafael García Godos

Noche irreversible ................................................................................................ 26 Oráculo impresora ................................................................................................ 27
Joselin González

En reversa (fragmento) ....................................................................................... 29
Álvaro Manuel Concha Díaz...

Diez terribles presagios ...................................................................................... 33
Tino Quiroz

Orla, Cenefa ............................................................................................................ 36
Diana Ferreyra

Lo que debería ser la escopeta ........................................................................ 39 Siglos de los demás siglos (...) .......................................................................... 42
Carlos Jasso

Suspender la noche ............................................................................................. 40
Fernando Pérez Alarriba

Decorados con billetes y pulpos ..................................................................... 43
Augusto Enrique

La inteligencia de la piel ..................................................................................... 46
Antonio Calera-Grobet

Oración (camino al colegio) .............................................................................. 48

5

Abigail Rodríguez Contreras
Puebla, México, 1990

Autobiografía de la hipérbola

Yo nací obligada a mirar a los ojos a las bestias, acostumbrada a lidiar con todo aquello, que por salud mental se da la espalda. Yo comprendo las suturas, el origen de los malestares, el dolor de moverse. Comprendo a las bestias, porque yo soy una de ellas. Inmersa en el desastre, suplico el nal, pero una plaga del cielo fastidia nuestros planes; con su poder indeseable pudre cada soga atada al cuello, y todos los suicidios se frustran; las bestias ya no podemos decidir ni la hora de nuestra muerte. Negado todo, recluidos en el derrumbe de nuestras ambiciones, padecemos el hecho de colocarnos todos, entre tus dedos estalactita. Las caricias hacia nosotros nos obligan a devolverte mordidas como la única señal de amor que conocemos, esas heridas que ves, simbolizan la necesidad de estar contigo, ahogando súplicas, atragantándonos de dolor, cada vez más dolor, cuantas veces sea posible multiplicarlo. Yo no deseo apartarme, pero en la ecuación de la hipérbole, está descrita la grafía de nuestra separación, la ley nalista de este destino inalterable. En cuanto al lenguaje; sólo estoy exagerando. Tú ya sabes, tú ya conoces cómo somos las bestias.

6

Rita Dahl
Finlandia

San Antonio

Cuando Bosch frotaba sus anteojos un rayo los partió en dos. Al nublársele la vista los mamíferos terrestres y subacuáticos aprovecharon la situación. Los leones se agolparon en sombreros, los peces en zapatos, los sapos en medias y macetas rotas. Los cadáveres de los animales caminaban atravesados por estacas buscando equivalentes humanos. Las carabelas de las grullas avanzan en el cielo hacia un destino desconocido, la otra orilla. Montado en un pez un campesino y su esposa están protegidos por el diablo que los persigue con su lanza. Un lisiado jorobado está a poco de entrar en la protección de las ruinas, pasando con sus cascos, para llegar a la mesa, al pez caminante, al santo con un cáliz en la mano. Bajo los cimientos hay una cueva con una ventana arqueada. El mundo se desliza sobre arena movediza tambaleándose como la cría recién nacida de la grulla, piernas demasiado largas, difíciles de controlar. La caballería está cruzando el puente, pero los techos de paja del pueblo que esperan detrás ya echan llamas y así llamearán, por siglos, quizás para siempre?

(del poemario Elämää Lagoksessa)

7

8

Rosario Loperena
Ciudad de México, 1985

El corte
Fui a cortarme el pelo. Pensé en los monos, en cómo se acicalan unos a otros. El peluquero hizo volar gajos de pelitos caían como granizo negro. Pensé en las frutas en una piña, en una zanahoria pelada. Las tijeras astutas modelaban yo, temía la integridad de mi corona. Mi cáscara siendo recortada al placer indeciso del re ejo. Pensé en la fortuna de que el pelo no doliera, y en lo caro del arreglo.

9

Sebastián del Pino Rubio
Puente Alto, Santiago de Chile, 1987

La confesión de María Magdalena
El peso de la historia me ha sentenciado la realeza de mi sangre ha sido variada hacia una vida disoluta Gregorio Magno miente al identi carme con la ramera de los Evangelios el título de penitente nunca estuvo tan mal usado soy una reina, no una cortesana Añoro ocupar el lugar del discípulo amado compartir el lecho con el Mesías generar una estirpe salvadora para la raza humana ser el cáliz que contenga el semen dorado la perpetua vasija de la divinidad más humanizada ser por n la emperatriz del universo tomar al sol y la luna como cetro y estrado deseo ser la corredentora y no me importaría morir clavada en el árbol de la vida siempre que la recompensa fuera el amor del Maestro pero el trono del consorte lo ocupa el discípulo amado en tanto me consumo en un fuego interno condenada a ser el humo y la ceniza de una obsesión celosa de las letras que escribió san Juan en el otero (yo debería ser la paloma) La virginidad es el silicio atado en mi clítoris es la paradoja de la veneración que se me brinda el eco de cristal que retumba en mis paredes ardorosas que genera el hambre de ser accedida por el varón que añoro No temo arder en el in erno a causa de las amas de mi pecho acaso éste ya no es un in erno 10

pues cualquier condena es irrisoria ante el desprecio de Cristo No soy la adúltera que contempló al Mesías escribir en el suelo aunque conozco el mensaje que ha borrado el tiempo soy la princesa de Magdala que renunció a su corona por creer en ese mensaje olvidado soy la santa ramera que gusta del desprecio.

11

Davo Valdés de la Campa
Córdoba, México, 1988

Restaurant

Llego a un restaurante de segunda Las mesas están vacías

lo que sea que eso signi que

Se escucha esa música de fondo que sabe a eternidad en los elevadores Veo frente a mí sobre el techo seis ventiladores girando Vuelvo la vista y veo cinco ventiladores girando extendiéndose hasta el in nito Escucho una cuchara chocar contra una taza de porcelana tin tin tin Huele a café Una mesera de cabello negro y eco se acerca a mí Es hermosa Parece ángel Su mirada mortal Pido un café de esos ángeles que tienen los minutos contados su mirada que contiene la muerte y prendo un cigarro

Me siento veo la calle: no hay coches, ni personas, no hay nada sólo silencio 12

Esta soledad es distinta a cualquier soledad Esta soledad tiene un café y un cigarro que se consume en un cenicero Esta soledad tiene una erección bajo la mesa y una mesera muerta de tanta belleza Tiene música de fondo y cucharas que chocan con la inmensidad Esta soledad no es una elección Esta soledad es inexorable Estoy en el n del mundo y tengo una cámara polaroid en mis manos Puedo retratar el descenso de los Jinetes Una estrella roja cae sobre el mar Estoy en el n del mundo y nada me importa

Sólo quiero terminar de beber mi café Caminar una última vez por estas calles tan absurdas en donde caminé tantas veces sin rumbo sin rumbo como esos fantasmas que cruzan hacia el limbo como esas ores que crecen y se mueren 13

como esas paredes que escuchan y se condenan a callar los ventiladores siguen girando la máquina del café seguirá encendida hasta que el sol se devore a la tierra los semáforos el vacío mis pasos que retumban en esta soledad las ventanas que miran la oscuridad tan espesa tan pesada llueven rocas sobre los coches sobre los trenes sobre el cuerpo de la mesera en la banqueta me recuesto en la barra del restaurante y apago la música es tiempo de nacer. cierro los ojos y y los fantasmas

14

Luis Arnulfo Medina Lira
Ciudad de México, 1984

Tu cadera
Después de una curva estrecha de piel ajustada y suave, como las alas de un ave se ensancha una na brecha capaz de volverme mecha como unos tragos de agave, por eso ni Dios lo sabe no sabe cómo estás hecha. Ahí, al nal de tu espalda, te rindo mi pleitesía como si fuera tu falda, si lo fuera entendería sin que nada hiciera falta la forma de la poesía.

15

15

Aurora Zúñiga
Ciudad de México, 1988

Acto fallido
No era esto lo que hubiera deseado para ti. Juro que cuando me dije adiós desde tus labios no era yo esta suerte de anémonas rotas asidas al entresueño de la voracidad de tus ojos. Tuve miedo. Tuve miedo del único rostro cálido que me diste. El esqueleto que se fotogra ó ese instante que no advertías a mi sed abriéndose como la or que se entrega a las abejas me persigue ahora con su estruendo de huesos y pedazos de carne colgando. Y anhelaba tanto el paseo por los botones de tu camisa, arrojarte dentro de mí con el sobretodo puesto -el sobrenada en las cadenas que desde mí se engendran-. He muerto tanto en todos los hombres como tanto repetí no ensombrecerte conmigo. Desde mi sueño la simetría de tu mirada era la hora la luz y el ocaso de las ciudades mudas. Y podría desnudarme a cada palabra que dices, desangrarme en un mar de hijos que heredan de ti la distancia, y de mí obtienen el espectro de la constelación de mi madre.

16

He despertado a la mesa en la celebración de tu cumpleaños. El nacimiento de tus ojos en la soledad de mis senos y el acento tuyo en el arete de mi vientre; la Voz que me prohibió abandonarme entre tus brazos. El beso que no te dí se muere de ausencia, muere de insolación en el baúl de los amores que por la luz del sol nunca orecieron.

17

Elena Medel
Córdoba, España, 1985

Árbol genealógico
Yo pertenezco a una raza de mujeres con el corazón biodegradable. Cuando una de nosotras muere exhiben su cadáver en los parques públicos, los niños se acercan para curiosear en su garganta de hojalata, se celebran festines con moscas y gusanos, me cae mal porque me hizo sonreír a mí, que soy tan triste. A los treinta días exactos de su muerte el cuerpo de esta extraordinaria raza se autodestruye, y a las puertas de vuestras casas llaman los restos del alma de las mujeres sobrenaturales, chocan contra vuestras paredes, sus empastes y sus uñas agujerean vuestras ventanas hasta que sangran nuestras aortas clavadas en la tierra, igual que las raíces. Al morir nos abren el estómago, examinan con los dedos su interior, rebuscan entre las vísceras el mapa del tesoro, sacan sus dedos negros de todos los poemas que se nos han quedado dentro con los años. Un espectáculo. Pertenezco a una raza desarrollada más allá de los púlpitos. Soy una de ellas porque mi corazón mancha al tomarlo entre las manos, porque coincide en tamaño con el hueco de un nicho; fresco y dulce como el de un animal, chupad mi corazón para que, al morir, sepan que hemos estado juntos. Soy una de ellas porque mi corazón será abono. Porque mi sangre, que es la suya, sube y baja por mi cadáver como por escaleras mecánicas; porque el fundamento de mi carácter, al descomponerse, se incorpora a una especie salvaje que ladra y que hiere y que te lleva a su terreno, que ignora las afrentas, que jamás se extinguirá. 18
De Tara (DVD, 2006)

José Miguel Casado
Caracas, Venezuela, 1985

Presbiopía

la NASA enviaba una misión multimillonaria al espacio para arreglar el Hubble y poder ver cercanas las estrellas mientras el niño las observaba desde su ventana rectángulo escapado de la miseria y pensaba que eran tan inútiles

19

Juan Carlos Urtaza Abarca
Santiago de Chile, 1982

K.O
Knock Out

I
Mientras la cuerda va girando Como un aura de rápidos movimientos El boxeador repasa lo que ha sido su vida En un par de segundos No sabe si la conclusión es alegre O triste La cuerda gira alrededor de su cuerpo Como el mundo Como una imagen devastada del mundo Y como tantas cosas que giran Sin sentido

20

II
Este largo y angosto país no es más que un ancho y hondo cuadrilátero donde no existen reglas y se puede golpear por la espalda -con secreta inmunidadUn cuadrilátero mide lo que mide un país que se puede llamar Chile o se puede llamar olvido Que se mide lo que mide un Arturo Godoy que se puede llamar Víctor Nilo Godfrey Stevens Martín Vargas ¿Cuántas generaciones serán capaces de sostener sus rostros? ¿Cuántos años en la memoria de un hombre? ¿Cuántas horas en la mente de un niño? El mismo boxeador sobre la misma escena un hombre que sangra con aplausos de fondo Un hombre que no pestañea –memorízate esono puede perder ni ganar Un boxeador hasta el cansancio como una anáfora Hasta el delirio Hasta el desquicio

21

Después el gran estadio como un ojo as xiante va quedando vacío las luces se apagan (re ejos y pupila) y ese hombre que no pestañea -recuerdasNo puede ganar ni perder Un boxeador sale del cuadrilátero Como de su vida

III
A Manuel

Mi hermano boxeador quiere ganar a Joel Louis pero Louis murió invicto hace muchos años dice que cobrará revancha por la chanchada que le hicieron a Godoy. Él prometió que golpearía a Bush -que es un hijo de putaYo le conté lo que hicieron con Marilyn que la dejaron desnuda con un teléfono en la mano. ¡Mi hermano golpea la mesa y dice que le sacará la lengua por el cogote como los Gurkas cuando atacaron las Malvinas! Yo sueño que cumple esa promesa.

22

23

María Teresa Irazaba González
Ciudad de México, 1970

Sin hacer ruido
Mi madre en la cocina sólo mira cómo caen lentamente las gotas de la leche caliente y para sobrevivir enfría su propia soledad En su fragilidad soñó con ser moderna y sin protestar se mordió los labios En mi casa lo único que tenía permitido hacer ruido era la licuadora Mi perro para esconder sus ladridos se fugó 24

Y yo giré prendida de mi triciclo Una vez y otra otra vez sin lograr escapar

25

Rafael García Godos
Lima, Perú, 1979

Noche irreversible
a medianoche esta vez en el sueño el anciano que se hacía llamar noche (porque en realidad) era el poema había dejado a su perro tuerto (porque en realidad) era solo un perro al cuidado de mis pequeños huesos deshechos recostados alrededor de la caja que guarda el corazón quizá esté loco pero estoy seguro de lo que hablo hermanos míos. esa NOCHEIRREVERSIBLE aparecieron las heridas. por más que traté de ocultarme encontraron mi corazón y las heridas sabían muy bien del único consejo. venían tras él. se habían acercado cuatro veces antes de la última iluminación. eso lo sé porque pude verlo escrito en la lengua de la máscara de barro. las heridas tomaron el único consejo que he atendido y dejaron la caja junto a mis huesos casi deshechos.las heridas tomaron mis pies. salieron corriendo. eso es todo lo que pude ver. antes de que el perro me pusiera a dormir de un ladrido. luego desperté y no sé qué signi ca eso era de día y no sé qué signi ca eso los 4 soles aún brillaban y no sé qué signi can ellos me hablan de las heridas y no sé qué es una herida no sé qué signi can pero en la caja LA POESÍA HA MUERTO ESCRITA no sé qué signi ca pero no sé que es la noche CON LA MÁSCARA SE ENTERRARON LAS PALABRAS en la caja LA POESÍA HA MUERTO ESCRITA y no sé qué signi ca 26

Oráculo impresora

de mañana el oráculo impresora me ha despertado tirando letras a la casa me ha dicho que este lenguaje posee gran signi cación en sí solo y por sí solo: es el lenguaje visto como un castillo DECÍA que esto ocurrió durante el último bimestre —cuando aún contábamos— de aquel año en que habíamos comenzado a olvidar cómo soñar y comenzábamos escribir nuestros primeros poemas o los que podíamos recordar esa mañana las máquinas comenzaron a trasmitirnos sus propias cciones las máquinas ensayaban junto a todos nosotros un libreto que no escribieron los maestros quemaban los mensajes se habían quedado sin lenguas las matemáticas habían sido prohibidas y así todos los campos de lo real eran consumidos desde sus restituciones puras y perfectas los maestros nos hablaban de una patria que recordaban los maestros no esperaron demasiado se retiraron a las montañas y entre los gritos de las piedras escondieron en el barro todas las lenguas para que no pudiéramos entender a los nuevos profetas EL ORÁCULO IMPRESORA ME HA DESPERTADO ESTA MAÑANA entonces quise cerrar los ojos por cincuenta días y que los peces de fuego regresaran quise cerrar los ojos y ver que regresabas 27

NO VOLTEES LAS RESTITUCIONES DE LA ILUMINACIÓN EMPEZARON POR LOS CUERPOS AUNQUE EN REALIDAD HACE MUCHO TIEMPO HABÍAN COMENZADO POR LAS MENTES

28

Joselin González
Canelones, Urugay, 1975

En reversa
fragmento

¡Cosa de mandinga no! ¡Andar apagados con tanta luz escondida!. Oleajes caros de pagar. Coartados corazones miedosos de saberse, hundidos en la miseria misma del horror; con tantos miedos y temblores solo corren tras el montón de cuerpos que creen pero no ven. Al ser humano se le ha perdido la historia Real, no la que es; camu ajes, mentiras no ha lo vivido “Historicismo” llámenlo así. Y nos comparan con los enfermos esquizofrénicos, paranormal. Por una falta; la de sabernos ¡ en un pasado que fue inventado! ¿ para seguir ? ¿ para durar ? 29

El devenir… como un bebe creyendo estar seguro sintiendo la mirada de brazos conocidos de: Sombras desmembradas de copas embrujadas de furias acabadas de penas masticadas de glorias venideras; de ganas de nacer. Si simples y sencillos como la or a la que dejamos vivir.

▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲ ¿ Dónde está el engaño ? ¿ Tú lo sabes vida ? Las termas taladran el estante ,la madera… Me veo linda, adyacente al ras de ese crujir. El bicho que depreda; el pecho las entrañas me amarra a ese deseo. El frío de mis dedos; los mocos al caer. El pedazo obscuro sonriendo siempre de que nuestras uñas ¡ muertas igual crezcan!. Saltan los instintos 30

armoniosos suenan; con gritos chulecos con llantos quemados, vomitando todo lo que allí vivía… ¿ Has estado triste ? Que pregunta ¡no! Si a pesar de todo aquí estamos vivos sintiendo al que escucha sintiendo al que escucha. Así debe ser.

▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲

Duele como una palabra Destajo Suena en el aire y duele Espera que delira / Ira Parte punta en la noche y duele Escoliosis múltiple tristeza in nita nostalgia tardecitas 31

Puñadito pobre…

sombras de la sangre sin humanidad.

▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲▲ ¡El viento ha arrasado las frutillas! ¿Cómo pueden escaparse sin notarlo? Cuasimodo que andan por ahí congelando alguna muela; las postizas. ¡ Alcanzadme ! Las alforjas traen gránulos sinuosos, ¡ ondulantes ! Dejad mi vientre está diciendo: “ Rodará onírica tinaja será la cumbre mañana y desaparecerá la lucha de esta raza ” Come cruzando rayas engrasadas en el vidrio. Come, come bien y el bien no come nada. ¿Qué dirán sin saber? ¿Qué no dicen? El aire huele mal y somos postigos en el viento

32

Álvaro Manuel Concha Díaz
Quintana Roo, México, 1992

Diez terribles presagios

I
Sé bien que hay un edi cio gris de paredes sucias y grises. Sé que alguien camina por sus pasillos con plantas sardónicas y sátiras bajo los vidrios inmensos sobre polvo. Sé las canciones que las puertas cantan cuando lloran. Sé los graves himnos que los pies aluden. Pero no sé qué vidrios empolvados, qué edi cios tristes o llantos invisibles estará escribiendo un loco desde ese manicomio.

II
De todos los días de mi vida, de los que al nal no recordaré un carajo, pretendo retener a cierta niña que ha recogido una or esta mañana.

III
Leyendo algún libro de Historia he descubierto sucesos extraños y grises que golpean los relojes y detienen el tiempo, como la pureza terca en el cuello de una mujer, como la aproximación de una mano, tal vez, terrible y voraz acercándose al rey. Pero qué más son. Yo diría que no distintos ángulos y terraplenes que los demás fragmentos eternos del tiempo. 33

IV
Como andar oscuros páramos de tierras secas y olvidadas… Hortelanos muertos, vergeles quemados, tertulias ardientes que se retuercen una sobre otra de una vez y para siempre, de una vez y para siempre…

V
¿Quién demonios va a poblar con su aliento esta noche? ¿Quién, de manos limpias, puede demostrar que la vida vale? Y sin embargo, pablo neruda creía que podía escribir los versos más tristes; pero no, él no sabe un carajo, él no podría escribir una mierda.

VI
El aroma doloroso de la leña, tal vez el rumor del río y su incansable verbo; una estrella deprimida de la madrugada o quizá el más callado de los inviernos… Verbigracia de saber quién me ha besado la frente mientras dormía.

VII
Encerrado quince años en el laberinto, por n he encontrado una variación particular de un habitación respecto de las millones que he revisado en estos años. Todas, en general, están cubiertas de un denso y pegajoso polvo, y para abrir la puerta de una habitación es necesario que las demás en todo el laberinto estén cerradas. Ésta, en cambio, tiene dos terribles virtudes; primero, puedo abrir una puerta aunque la de este cuarto también lo esté, es decir, de los tres lustros que llevo aquí jamás tuve la fortuna divina o fatal de encontrar dos 34

puerta abiertas. Lo otro, es que al entrar he descubierto, deprimido y viejo, un espejo en el que he podido re ejar mis ropas y mi lámpara, pero en el que no he acertado con mirar mis manos ni mi rostro.

VIII
Frenesí, belleza perpetua del mar.

IX
-¿Por qué has escrito de aquella forma tan cruel y tan siniestra los poemas que debieron ser encantos de proezas y el folclor?- Preguntaba mi viejo Maestro a un discípulo de lo más callado y taciturno. -Ha sido Dios quien ha mandado a una gigante a pisar la poesía para hacerla breve y signi cante. Mi culpa no es otra que haber coincidido con él para escuchar decir de su ronca voz que Dios está harto de la literatura y de ti, Maestro.

X
…Y es que el amor, según la religión católica, es el mayor acto de odio posible.

35

Tino Quiroz
Mazatlán, México, 1988

Orla, Cenefa
A Moisés Vega

quítate de ahí muévete al sur o al este levántate de aquí, hay una gotera sobre tus poemas ve hacia la izquierda, o en aquél rincón ¡levántate de aquí! boxea con tu sombra busca un lugar donde a tus palabras no las levante el viento camina como reptil frase sucia con una herida en el estómago cerrazón de cada letra de cada endecasílabo de cada pierna muerte hastío persecución lástima lágrimas sobre la tierra en las hojas en un signo envuelve tus poemas en una nube amarrilla en un amanecer dorado en un techo de caracoles en el latir del corazón de un tigre 36

pronuncia mi nombre tu nombre su nombre haz que cada lengua vibre con un recuerdo con un recuerdo lúgubre, hambriento, ojeroso viejo, malhumorado -suspiros de pus verde y viciadapálido con cada memoria vista visiones blancas soplos ambarinos mareos anestésicos desmayos de proporciones homéricas cada sílaba uno... dos... tres contra la lona mientras caes; un recuerdo, una palabra al oído, una sopa caliente, un salón de clases, un juego, un baile, un charla viene por ti aquél re ejo viene por ti ¿ya lo viste? taciturno, fumando tabaco negro en la mesa de la esquina, con un café bien cargado, sin nada, ni leche ni azúcar, ni compasión, sin-nada cruza las piernas, espera a que cierres los ojos a que digas ya no puedo, me rindo esto es todo, dices mi cuerpo exhausto ya no soporta un día, una hora, un aliento no queda nada para los perros, tenías hambre 37

dices y rezas un párpado a la mitad del ojo, piensas y no planeas el ojo derecho se cierra caminas sin moverte aúllas en el interior de tu garganta te quedas con medio ojo para la vida o para el minuto que aún no sueltas.

38

Diana Ferreyra
Morelia, Michoacán, 1990

Lo que debería ser la escopeta
Debería la escopeta exigir recompensas. Eso de ser paño de lágrimas no deja dinero. Si dice la escopeta shoooooooooot es porque tiene sinusitis. No puede con la alergia. Si dice la escopeta kapuuuuuuuuuuuuum no controla el pulso cardiaco. La escopeta se arrima porque siendo el que manda-y-mandado-a-hacer no goza eso que se llama cacería y que nadie se queja. Quién sabe lo que planee. Pre ere quedarse en los años cuarenta donde era silencio o tierra sumergida.

39

Carlos Jasso
Ciudad de México, 1991

Suspender la noche
Tender la cama siempre se vuelve un problema. Las esquinas nunca terminan por estar bien dilatadas y hay que llamar a alguien, o bien, dejarlas en aquel estado ajado. Asir la sábana de un extremo y dejarla caer de modo que disfrace la otra orilla, se vuelve pesadísimo cuando tiene resorte en el borde (se ha dado por llamarles bajeras ajustables). Hay que ayudarnos del delicado viento; con pulso de prestidigitador doblar las muñecas de modo que se cree una onda hasta el otro lado. Si se falla, recomenzar. Y así hasta anidar un temblor en las manos. Luego de que la sábana bajera ajustable esté parcialmente en su posición, se debe rodear la cama, estirar en cada esquina el resorte (éste siempre le da un aspecto reducido, como si no fuera del tamaño de la cama). A veces, al tensar una de la esquinas, la contra esquina se desprende y se tiene que iniciar de nuevo. Es preferible rodear la cama e ir al sitio en que se quiera ajustar el resorte, puesto que si se sube en el medio, la rodilla marca una profundidad que es difícil de quitar y sólo reiniciando se puede sobreponer en el espacio. Una vez puesta la sábana bajera ajustable sucede la cobija. Ésta, aunque en un principio parece fácil, resulta contumaz. Su di cultad no radica en extenderla en la super cie del colchón, sino en los sobrantes que siempre quedan a los lados. Nunca termina por quedar simétrica y esto es un inconveniente. Yo, por ejemplo, tengo sólo un colchón en el piso, y los sobrantes derruyen mi paciencia, porque los tengo que meter debajo del colchón, pero se ensucian y terminan siempre crespos por el polvo. Algunos pensarán en doblar los bordes encima del colchón, sin embargo no es viable, porque la orilla sobresale como una víbora debajo de la colcha, cosa que resulta molesta a la hora de acostarse a leer. Para los que tienen base hay dos posibilidades, una es meter los sobrantes entre el colchón y la peana; la otra, es dejar los holanes otando… Esto último se recomienda si, y sólo si, la colcha es más larga que la cobija. 40

41

Diana Ferreyra
Morelia, Michoacán, 1990

Siglos de los demás siglos (…)
Imaginemos que Dante tiene una bazuca y piensa usarla entre los anillos infernales. Si acaso le atinará a Edipo o a Ulises el fuerte pero no los derribará. Lo usará para abrir ese muro donde estuvieron los-innombrables-papas y encontrar a Beatriz-Luz-de-Día. Imaginemos a Virgilio tapándose los oídos para evitar el rugir de la bala. En una rueda sobre otra y la mirilla queda en blanco un (.) en (medio) empieza la nueva coordenada por los siglos de los demás siglos (…)

42

Fernando Pérez Alarriba
Mazatlán, México, 1983

Decorados con billetes y pulpos
Gabriela avanza con torpeza sobre la acera roja. La noche guarda cantos de grillos y ronquidos de ancianos en su silencio. Por la tarde llovió mucho, la carretera estaba empapada; las luces de los automóviles y semáforos se mezclan para escurrirse hasta los ojos de Gabriela. A su derecha, el océano se arrastra con pesadez: venía avanzando con paso rme al medio día, pero sintió hambre, sueño, náuseas y hastío; decidió estancarse en una franja plateada para estar entre huellas, miradas, sombras y orines. Gabriela se detiene frente a unas escaleras, mira sobre sus hombros, salta lentamente sobre un pie y rasca su nariz durante dos segundos. Despertó con los tobillos in amados, la boca seca y la piel erizada; entre golpes de cazuelas contra la pared, gritos, martillazos y ladridos. Su mano derecha guardaba una extraña sensación, algo que se confundía entre frío y dolor, ardor y pesadez. A cada uno de sus pasos, la habitación avanza hacia la nada; se encorva y sonríe al recordar las sombras de cromo que derramó durante seis horas en el vientre de su protectora, dice adiós y se detiene. Su madre está afuera, sentada sobre su trasero de cuarenta años, fumando, haciendo hilos azules con el humo, vertiendo lágrimas y saliva, mirando al sol. Gabriela recuerda el extraño olor que bramó en la sala durante toda la noche: pesado, semejante a un toro negro o a un conejo de algodón rojo, con olor a vinagre y lodo. John, el amigo de Sofía, su madre, lo llevaba tatuado bajo su ombligo. Al pensar en ese lugar, Gabriela muerde sus labios y siente que una lombriz de hielo surca su hígado y llega a las costillas para reventar lentamente; después escupe y se talla los ojos con la mano izquierda.

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Da un salto, luego otro y luego otro; escucha el berrido del mar, ese extraño sonido que escuchó al nacer. Cada salto la acerca y aleja, no sabe si está entrando o saliendo. Escucha y no ve nada. El mar, en sus once años, siempre la ha desilusionado por las noches. Nunca ha visto el color blanco que tanto le gusta tiñendo el mar: un cielo negro y un mar muy blanco con olas que estallen y se revuelquen vestidas de blanco; con la arena espesa que surja de las entrañas rocosas y muera en un grito blanco; con sus ojos partiéndose en la eternidad blanca; con su cuerpo brincando, sudando y emborrachándose en esa extraña leche acuosa. El mar siempre la ha desilusionado por las noches. Ha visto muertos sobre un mar amarrillo, perros en las olas cafés, ha olido a su madre y a John en medio de una soledad azul o verde; ha sido gris, rojo e incluso negro, pero jamás, y mucho menos por la noche, será blanco. Escucha algo que le es familiar: el murmullo de su habitación por las tardes, cuando es golpeada por el sol de las 4, entre viento seco y silencio urbano. Sigue escuchando y no ve nada. - Acércate niña – brotan palabras en la oscuridad- ven, ven. - No puedo verte, ¿En dónde estás?, – pregunta Gabriela entusiasmadatampoco puedo olerte ¿En dónde estás? - La arena me está ocultando, patéala para que se vaya. Gabriela lanza seis pataditas y un extraño olor irrumpe en la noche. - Me llamo Jonás. - ¿Tienes la garganta quemada o cortada Jonás?, ¿Por qué hablas así? - Por esto- Jonás muestra una botella a Gabriela- no me gusta mi voz; huye, escapa, también cambia. -A veces yo tampoco quiero escuchar mi voz – dijo Gabriela mientras lanzaba arena sobre su cabeza. Jonás le pasó la botella a Gabriela, ella dio dos grandes tragos. -¿Sigues escuchando tu voz Gabriela? - Siempre Jonás, siempre. Ella ve las manos de John pasando por sus nalgas, sonríe y trata de seguir viendo el televisor. Siempre ha sentido asco al comer aguacate, 44

al ver un espejo o al mirar agua estancada; siempre ha detestado su re ejo. Él ve a su madre, sonríe y trata de seguir viendo el televisor. Siempre ha sentido asco al ver el televisor, al escuchar a Bach, o al dirigirse al banco. Luna amarilla; un paseo sobre el cementerio con sus cruces y claveles golpeados por el viento y el llanto; los senos, vagina y rodillas de su madre; un ri e o un ojo rojo: Gabriela tiembla y agacha la cabeza, pero todo esto sigue allí, como un enorme buitre azul marino. Jonás tiembla y cierra los ojos cada doce segundos: un golpe, una sonrisa, una abeja en su cráneo, piedras bajo sus ojos, un papalote sobre el tejado o jeringas; Jonás escucha una ola cada doce segundos. Se ilumina la enorme alfombra vieja. Una in nidad de al leres de cabezas escarlata, los primeros destellos del sol, caen sobre el océano; un azul pálido y denso se apodera del cielo. Los automóviles han abandonado las calles. Gabriela y Jonás dejaron de reír hace media hora; suben las escaleras, él cruza la calle y ella vuelve sobre sus pasos, avanza sobre la acera roja para volver a casa. Piensa en Jonás, en las historias que le contó, en su voz dislocada y sola, en los primeros destellos del sol sobre el océano. Al llegar a casa ve a su madre sobre el trasero de cuarenta años, percibe el olor de John y escucha el ladrido de un perro. Recuerda a un gatito que encontró bajo una banca; lo llevó a casa, lo alimentó y lo bañó, le dio un beso en la cabeza y se fue a dormir. Ese día permaneció media hora rezando por el gato y por el mundo, al día siguiente el gato escapó. Gabriela lleva lágrimas volando en sus mejillas. La habitación está de vuelta, entra en su cama, sonríe, y cierra los ojos.

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Augusto Enrique
San Miguel, Argentina, 1977

La inteligencia de la piel
Yo te llamo, te llamo desde un pequeño barco desde un ataúd que ota sobre las aguas del río. Había enterrado tu imagen bajo la tierra del recuerdo. Sin embargo en el espacio negro de la inocencia tus ojos hablaban como unas pequeñas guras de color azulado. La inocencia me había atrapado. Tenemos que aprender a usar la inteligencia de la piel. Me habían dicho que soy una serpiente pero yo no me arrastro. Un gato azul caminaba sobre los techos metafísicos del misterio. Pequeñas calaveras brillaban como diamantes bajo la mirada de la luna. Yo buscaba el hueso que me faltaba para completar mi esqueleto. Respirar entre la belleza me as xia y me envenena. Solo las cenizas de un pájaro habían quedado como vestigio del vuelo. No está y sin embargo vino, vino como un lenguaje que naufraga porque el salvavidas de la palabra está pinchado. ¿Por qué esta condena a hurgar en el silencio?. O será una bendición que todavía no comprendo. Aún si me cortara la lengua mis ojos seguirían hablando. Nada puedo hacer si me desplomo, nada. Por eso construyo los caminos que unen las ciudades que existen en el país de mi alma. Algunos te condenan por tener cara de niño. 46

Otros simplemente por ser un niño. El amor te inmuniza, es cierto, el amor te inmuniza. Aunque tu cuerpo vibre y respire confuso como un fugitivo. Ya no imitaba los gestos aprendidos ahora empezaba a crear los míos. Inventaba nuevas formas para luego caer hacia el fondo del pozo conocido. Necesito una mujer con la piel inteligente porque la verdad a veces estoy harto de la poesía.

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Antonio Calera-Grobet
Ciudad de México, 1972

Oración
(camino del colegio)
a Samantha

Muy al principio fue el verbo, el verbo, me dicen, bregar. Se levantaba el pueblo muy de temprano, con su orden y progreso bajo el brazo, a dar sobre la tierra de mazazos, sol a sol, desoladoramente. Luego sobrevino la ebre, del Oro, el Vino y la Muerte, y aquel pobre pueblo se convirtió en otro, desordenada y progresivamente, ladino de otros por no decir más. Entonces se empecinaron en decir de cosas, un tanto si se quiere (¡y vaya si se quiere!) sin sentido (porque vaya que se nos da, que se nos da naturalmente la valla), perdiendo la mente, la pista original, de veras lamentablemente. Desde ahí se cuenta que todo dista, se nos cayó la vista, la cara en el lodo de la vergüenza mundial. Aunque cabría mencionar aquí que, aunque bastante crudo el derrame cerebral (contra lo que se ha venido diciendo en el noticiero estelar), hubo alzados dando tubos por doquier, en busca de a nar el rumbo, el bienestar, aunque se haya canjeado la Paz por el Joder. Y duelen por supuesto las palomas, mensajeras del amor que da más, que yazcan nuestras obras en zozobra a la vera de la Cosa Nuclear. Por eso es que ruego a ti madrecita tierra, abras tu boca de roca, revientes de verdad, que tu vientre ilumine a los de armas tomar, brigadas de alma dura, madera integral. A ti mi madre ingente, de belleza sideral, que llames a tu gente a la plaza a librar, por ahora y por siempre la Batalla Universal: por el mundo nuevo, el porvenir, el soñar, tan bendito que vendrá, in nito como el mar.

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