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CCC Licenciatura en Letras – Literatura Griega – Prof. Dra. Fernández Deagustini M.

del Pilar

Análisis comparativo de Orestes matricida en Electra de Sófocles y Eurípides


Maldonado Carlos Andrés
Universidad Católica de La Plata

Desde nuestra perspectiva contemporánea, el mundo clásico antiguo parece tan


cercano a nosotros en sus problemáticas como lejano en su cosmovisión. Cuando leemos
obras de la literatura clásica griega, no asistimos al abordaje de un individuo particular; nos
encontramos con una literatura que trabaja con arquetipos y orientaciones diversas: el héroe
debe comportarse de un modo específico, orientado hacia objetivos determinados, utilizando
como guía su valor, sin dar rienda a sus inclinaciones personales o su vocación. A pesar de su
juventud, sus actos requerían tener en cuenta sus lazos parentescos, su linaje, su clase social, y
su noble conducta debía reflejar cierta lealtad profunda y algún tipo de relación particular: la
del lazo familiar que comprometían en concreto su hacer y su honra. Pese a los modelos
arquetípicos en los mitos, las tramas variaban según las regiones, adoptando nuevas maneras
de contar, decir, con nuevos propósitos, modificaciones y representaciones, por parte de los
poetas.

Las tragedias se ubican en el mundo del mito, una parte fundamental de la cultura
griega, plinto donde se apoyaron las distintas artes poéticas y visuales, y fundamentos para la
educación de los niños. Los dramaturgos adataban y variaban los mitos tradicionales,
manteniéndolos vivos. Esto deja de lado la estabilidad arquetípica de las tramas, los poetas
utilizaban aquello ya sabido, para construir dramas más excitantes, otorgándole movilidad, en
base a, por ejemplo, las regiones en donde eran compartidos. 1

Para el presente estudio, entonces, nos centraremos en la figura de Orestes en la obra


Electra, de Sófocles, y Electra, de Eurípides; nuestro análisis comparativo tendrá su eje en la
escena del matricidio, donde observaremos que ambos autores, en rasgos generales, plantean
el mismo argumento pero con diferencias marcadas según distintos fines interpretativos: en
Electra, de Sófocles, Orestes se muestra seguro, decidido e ingenioso al momento de llevar a
cabo el matricidio y asesinato de Egisto, en venganza por la muerte de su padre, Agamenón.
En la versión de Eurípides, de la misma tragedia, por el contrario, Orestes es temeroso, débil y
vacilante, demostrando cierto arrepentimiento por el asesinato de su madre. En Sófocles,

1
Dra. Deagustini M. del Pilar, Literatura griega clásica, Módulo VI: Tragedia Griega Clásica, UCALP-2021.
-2-

prima la deidad, Eurípides, abordará la tragedia desde un punto de vista más humano, con un
héroe atravesado por las pasiones humanas.

Todo lo que acaece a Agamemnón, Clitemnestra, Electra y Orestes, tiene una


afectación intrínseca al núcleo familiar básico, pero por su condición de gobernante, se
expande desde el hogar a la vida ciudadana, al Estado todo y finalmente al cosmos. Una vez
desaparecido Agamenón, se rompe la relación de armonía entre naturaleza, sociedad y Estado.

Hasta aquí, una primera lectura nos permite advertir los rasgos generales en las
tramas y concepciones del héroe en ambos autores, podemos configurar una mirada global del
hombre en su manifestación arquetípica. Si expresa el dolor humano lo concreta en personajes
que no son individuales, son arquetipos; y, por ello, lo que les sucede es algo particular, pero
también universal, porque podría ocurrirnos a cada uno de nosotros. Desde esta perspectiva,
las obras hacían presente al público circunstancias que lo inquietaban: lo arbitrario, lo
desconocido, lo ilimitado, lo inestable, lo increíble, la tragedia evidenciaba el horror al vacío.

Partiendo desde la base del quiebre del equilibrio, como mencionamos más arriba, la
restauración del mismo es un acto de justicia por ley divina, con la ayuda de los dioses, la
justicia reclama su deuda, la muerte debe pagarse con la muerte a modo de venganza. Sin
embargo, esta venganza justa contribuye al caos, por estar al nivel de la estirpe y ser ejecutada
por un miembro de la familia contra un pariente, en nuestro caso: la escena del matricidio.
Así, la justicia familiar transgrede los lazos de sangre, y Orestes se hará digno de las
maldiciones de su madre.

En Sófocles, las pasiones, oscuras e intrincadas, los traumas que acosan al ser
humano modelando la psicología de los personajes, se despliegan en Electra, la heroína que
aguarda la llegada de su hermano Orestes para ejecutar la venganza contra los adúlteros y
criminales. Electra es un personaje de gran fuerza interior que posee la energía necesaria para
cumplir por sí misma la venganza; pero, sólo es la realizadora intelectual. Si actuara en forma
autónoma, según su deseo, negaría toda posibilidad de restablecimiento del equilibrio perdido:
su comportamiento sería similar al de Clitemestra, domestica su espíritu y aguarda al elegido,
al varón, a Orestes.2

2
Aquí encontramos la posibilidad de analizar en algún estudio posterior, la predominancia de los principios
patriarcales, desde el sentido de la familia. Por su condición de mujer, está impedida de actuar, debe funcionar
como un puente hacia la restauración del equilibrio.
-3-

Es una heroína solitaria e incomprendida, característica de la soledad del héroe en las


obras del poeta.3

El concepto de justicia en Sófocles, plantea el matricidio como antinomia entre la ley


natural o divina, contra la ley de los hombres. Podemos distinguir tal situación desde el
momento mismo en que está a punto de cometerse el asesinato de Clitemnestra:

“[...]Pedagogo. — En este momento Clitemnestra está sola y no hay adentro ninguno de los
servidores.
Orestes. — No debe ser ya para nosotros tarea de largos discursos, Pílades, sino de entrar
cuanto antes tras inclinarnos a saludar a las imágenes de los dioses patrios que se encuentran en
este atrio. […]” (pp 425-426, vv1365-1375).

Lo que nos ocupa es apreciar cómo Orestes, es condicionado más por su naturaleza
efímera que por el heroísmo épico, es capaz de cometer tan terrible crimen asistido por la
razón ya que, la ley le permite hacer justicia concretando su venganza. El matricidio es
necesario, así es el designio absoluto de los dioses, así restablecerá el equilibrio. En Sófocles
los designios de los dioses no son comentados con tanta profusión, todo lo que procede de
ellos es absoluto y las reglas que provienen del orden divino revisten este carácter intangible
que les da prioridad por sobre todo.4 No duda, no vacila, se muestra decidido a llevar a cabo la
acción. Incluso ante la súplica de su madre, no muestra compasión, no se conmueve ni se
detiene en cuestionamientos: “[…] Clitemnestra. — ¡Oh hijo, hijo!, Ten compasión de la que
te dió a luz […]” (p 427, v1410).

Encontramos una profunda subjetivación de las acciones, no pesa tanto la clase o el


linaje, sino el efecto psicológico que provoca la tragedia familiar, incluso tal determinación en
sus acciones, se evidencia intensificada por la reiteración del daño hasta lograr el cometido,
Orestes se las ingenia para dar fin a la vida de Clitemnestra:

“[…] Clitemestra . — ¡Ay, he sido herida!


Electra . — Hiere una segunda vez, si tienes fuerza.
Clitemestra . — ¡Ay de mí otra vez! […]” (p 428, v1415).

Muerta su madre, el futuro ya está contenido en el presente, lo que será ya es. La


muerte de Clitemestra a manos de su hijo verifica el cumplimiento del oráculo, la palabra del
dios se transforma para el hombre en acción:

“[…] Electra. — ¿Ha muerto la miserable?

3
de Romilly J. (2019: 94).
4
de Romilly J. (2019: 97).
-4-

Orestes. — Ya no temas que la audacia materna nunca te deshonre nunca, ya me voy.


[…]” (p 428, v1425).

Este acontecer es el que da sentido y justifica una vida, es decir, se convierte en el


fatum de un ser humano: su destino propio e irrenunciable, Orestes, planifica y urde su
engaño desde la primera escena. En de Romilly, el hombre no influye en la justicia divina
como quisiera, está determinada de antemano, lo que queda por definir es su valor para
enfrentar sus actos, y este es el aspecto que interesa a nuestro análisis. Orestes demuestra
indefectiblemente su valor, no busca comprender sino adorar.5

A modo de síntesis de estos primeros apartados, diremos que el personaje Orestes en


Sófocles, actúa por consejo del oráculo, está consciente de que ha realizado justicia; puesto
que todo aquel que no cumpla con las leyes debe recibir castigo, lógica del personaje que
evidencia, que estamos frente a un nuevo orden.

Por otro lado en Eurípides, asistimos al abordaje de la tragedia siguiendo los


lineamientos argumentales de Sófocles, pero con ciertas diferencias, propias de los cambios
que mencionamos más arriba, respecto de la época y las regiones en donde fueron producidas
las distintas versiones de Electra. Este poeta “refleja en su teatro, muchas ideas y problemas
nuevos, renovando la tragedia, siguiendo las realidades de su tiempo”. [de Romilly J. (2019:
113-122)].

Abordó la tragedia desde un punto de vista más humano que el de sus predecesores,
resaltando el escepticismo y espíritu crítico del autor que le imposibilitaban estar plenamente
conforme con los principios inalterables establecidos por los dioses y su religión. Al centrarse
en el hombre, ganó en profundidad psicológica el perfil de los personajes, tanto masculinos
como femeninos.

Continúan apareciendo las figuras arquetípicas, pero, ahora, presentadas desde una
nueva perspectiva: el nacer en una clase no implica nobleza de espíritu y el tener lazos de
parentesco no significa adquirir el fatum destructor. Presenta al hombre como víctima de sus
pasiones, aparecen los problemas de la culpa y el castigo, que estaban por encima de la
psicología. 6 Centrándonos en la escena del matricidio vemos un claro ejemplo:

“[…] Electra. — Bien, esclavos, hay que introducir su cadáver y ocultarlo para que, cuando
venga mi madre no vea el cadáver antes de su propia muerte.

5
de Romilly J. (2019: 109-110).
6
de Romilly J. (2019: 123-124)
-5-

Orestes. — Espera pasemos a considerar otra cosa.


Electra. — ¿Qué? ¿No estoy viendo tropas que vienen desde Micenas?
Orestes. — No, sólo la madre que me alumbró.
Electra. — ¡Qué bien camina hacia el centro de la red! Y relumbra, eso sí, con su carro y
sus arreos.
Orestes. — Entonces, ¿Qué hacemos con nuestra madre? ¿La mataremos?
Electra. — ¿Acaso te ha entrado compasión ahora que has visto su figura?
Orestes. — ¡Ay! ¿Cómo voy a matar a la que me crío, a la que me parió?
Electra. — ¿Qué daño puedes recibir por vengar a tu propio padre?
Orestes. —Tendré que desterrarme como matricida, yo que antes era puro. […]” (pp 324-
325, vv 960-975).

Anteriormente nos ocupamos de Orestes en cuanto a su determinación y astucia para


lograr su cometido. Su falta de vacilación, en contraposición con el mismo héroe en
Eurípides, se muestra débil y dubitativo.

Presenta a los hermanos impulsados en asesinar a la madre, pero plantea que los
principios que involucra tal acción, así como la acción misma, son abominables. Cometido el
crimen materno, Electra no encuentra tranquilidad ni se siente satisfecha, Orestes es
perseguido por las Furias, encarnaciones de la desordenada fantasía del personaje:

“[…] Orestes. — Oh Febo, invisible es la justicia que cantaste, pero bien visibles los dolores
que has cobrado ¡me has dado un lecho de asesino lejos de la tierra griega! ¿A qué otro pueblo
marcharé? ¿Qué huésped quien que sea piadoso pondrá sus ojos en mi rostro de matricida?
[…]” (p 333, v1190).

La tragedia continúa la misma temática, pero el poeta innova con la introducción de


las Furias, que son las personificaciones del sentimiento de culpa:

“En efecto, de forma general, las pasiones conllevan, en el teatro de Eurípides, todo tipo de
violencias motivadas por el deseo de devolver golpe por golpe, de hacer sufrir porque se sufre…
estos gestos de violencia están, en primer lugar, motivados, y luego separados, o bien
justificados.” [de Romilly J. (2019: 126)].

El destino para Sófocles, era una motivación interna que había que explicar con el fin
de comprender al hombre y su acción, Eurípides no otorga valor a la predestinación que
obliga al hombre a actuar de modo prefijado por los dioses y en contra de su voluntad.
Incluso, cuestiona las leyes de herencia, en la naturaleza reina el azar.7

7
Podemos encontrar aquí, otro posible punto de análisis, teniendo en cuenta que en Eurípides, no hay causa
alguna, genética o psicológica, que justifique que el hijo de un buen gobernante sea tan ejemplar como su padre,
y el hombre de alma noble o innoble, puede darse en cualquiera posición social, pues considera que el hombre
nació libre y que, en calidad de tal, debe hacerse su destino y abandonar los prejuicios inhibidores. El centro es el
individuo y su comportamiento se genera a partir de su naturaleza, con su propia capacidad y decisión para
actuar, el hombre debe imponerse al medio, tal como Orestes que debió reunir valor para retornar.
Orestes hace un reconocimiento del hombre de pueblo que vive, a través de su contacto con la tierra, la
verdadera realidad. Podríamos afirmar que ni el parentesco ni el hogar constituyen garantías de un actuar noble,
-6-

Orestes, llevado por su odio, aunque consciente de lo terrible que es dar muerte a la propia
madre, sólo piensa en ejecutarla. De aquí provienen la duda, la culpa y los remordimientos. La
ejecución de Clitemestra muestra el dolor por el crimen cometido, que permitirá a Electra y
Orestes, una instancia de redención, pero el verdadero castigo será la separación de ambos
hermanos.

Encontramos aquí una valoración del hombre en sí, por sus sentimientos, acciones y
palabras, considerando que la persona es la única responsable de sus decisiones, y que no
puede continuar actuando según la voluntad de diversas divinidades. He aquí la cuestión que
nos da rienda para sostener la hipótesis planteada, un héroe determinado por el designio
divino frente a otro atravesado por sus pasiones humanas, la restauración del equilibrio se
alcanza a través de una independencia lograda por la razón. El ser humano debe aprender a
pensar, a reflexionar y a no continuar sujeto a usos y costumbres que pueden destruirlo en su
propio crecimiento personal. “Y se diría, en definitiva, que la pasión moviliza todos los
medios del hombre.” [de Romilly J. (2019: 128)].

De las dos obras estudiadas, la de Eurípides es la más innovadora en su estructura


dramática, y la más humana. Sus creaturas cobran vida y actúan apasionadamente, corren
riesgos y se equivocan, y estas facetas humanas los convierte más que personajes, en
personalidades. Personalidades que aman, odian, se vengan y se arrepienten, actúan seguros y
luego dudan, son victimarios y luego víctimas. Este enfoque racional de los problemas
humanos, configuran cierto escepticismo de todo lo establecido.

Concluiremos entonces que, el análisis del accionar de Orestes en Electra de


Sófocles, y el mismo héroe en Electra de Eurípides, nos permite concebir dos tipos de
comportamientos del personaje, basados en la concepción del mundo y las divinidades, que
cada autor quiere representar. En Electra de Sófocles, Orestes es decidido, seguro e ingenioso,
el centro de la tragedia es el hombre. Las acciones de éste, el modo de vincularse con la
realidad y la forma de construida, es a través de la palabra que comunique el mundo interno
con el externo; es decir, que entregue en imágenes su propia visión del cosmos.

En Electra de Eurípides, el desequilibrio se produce en la base misma de la


concepción del mundo griego, al no considerar la libertad del hombre y su derecho a elegir
guiado por la razón. Para optar, el individuo debe tomar conciencia de sus decisiones, de sus

pareciera que la voluntad de los dioses es evidenciar en los todopoderosos los mayores defectos humanos. El que
supera una crisis gracias a su inteligencia, tiene un actuar consecuente y mantiene una actitud crítica ante la vida.
-7-

responsabilidades en su accionar, de sí mismo. De no ser así, las pasiones se desatan. El sujeto


requiere aprender a vivir con su propia dialéctica interior que lo conduce, a veces al acierto, y
otras, al error. El fatum inexorablemente se da a conocer mediante una revelación: en el caso
del victimario, Orestes, a través de un oráculo que determina lo que debe realizarse.

Una vez ejercida la venganza, los papeles se invierten y Orestes, acosado por la culpa
y el remordimiento se convierte en una nueva víctima.8 La actitud reflexiva de los personajes
de Eurípides, que actúan pensando su hacer, evidencia que las pasiones se interiorizan,
dándole fuerza al individuo. Una vez saciada la emotividad, sobreviene la duda, que se
traduce en remordimiento por el daño causado al otro. El reconocimiento de la culpa trae la
comprensión de que no se puede actuar sujeto a los dictámenes de un oráculo, sino conforme
a la inteligencia del hombre y a la ley pública.

Esta dualidad advertida y comparada, plantea una nueva cosmovisión: el hombre


forjador de su destino. Aquí radica el por qué de las diferencias en la escena del matricidio, en
las tragedias de los dos autores: en Sófocles, la matriz de su tragedia son los dioses, en
palabras de de Romilly: “…los héroes, por naturaleza, tienen tendencia a no cambiar, se
niegan a dejarse doblegar, a transigir con su ideal. Su empecinamiento mismo se funda en su
deseo de absoluto. Pero si don dueños de sus elecciones, no lo son de su destino, cuyas
consecuencias son los primeros en padecer. Estas consecuencias son, efectivamente, el
carácter específico de la condición humana a la que únicamente escapan los dioses.”9

El centro de Electra, de Eurípides, es el hombre en sus contradicciones existenciales


y sociales. Los autores estudiados han mostrado la necesidad de que cada individuo aprenda a
liberarse de las cadenas que implican el hogar y el parentesco, la culpa y la venganza. El
hombre que lo ha logrado lo manifiesta a través de una forma de lenguaje que expresa su
profunda reflexión; puesto que toda liberación humana sólo puede venir de un discurso que
revele la interioridad del sujeto; es decir, lo exprese y lo comunique.

“…en el interior de cada protagonista volvemos a encontrar la tensión que hemos observado
entre el pasado y el presente, entre el universo del mito y el de la ciudad. El mismo personaje
trágico aparece proyectado unas veces con un lejano pasado mítico, como héroe de otra edad,
cargado de un poder religioso temible, encarnación de toda la desmesura de los antiguos reyes
de la leyenda, pero otras veces hablando, pensando, viviendo en la época misma de la ciudad.”10

8
De igual modo Electra, aunque nos ocupamos en nuestra conclusión, del héroe y su comportamiento hipotético
utilizado en este análisis comparativo.
9
de Romilly J. (2019: 100).
10
Vernant, (2001: 30).
-8-

Bibliografía:

- Eurípides, Electra, en: Tragedias II. Ed. Gredos, Madrid, 1985.

- de Romilly, J., “Eurípides o la tragedia de las pasiones”, en: La tragedia griega.


(2019). Ed. Gredos, Madrid, 2019.

- de Romilly, J., “Sófocles o la tragedia del héroe solitario”, en: La tragedia griega. Ed.
Gredos, Madrid, 2019.

- Dra. Fernández Deagustini M. del P., Literatura griega clásica. UCALP. Módulo VI:
Tragedia Griega Clásica, 2021.

- Dra. Fernández Deagustini, M. del P. Módulo de clase - Clase 9, parte 1 (PDF),


UCALP, 2021.

- Sófocles, Electra, en: Tragedias. Ed. Gredos, Madrid. 1981.

- Vernant, J.P., Vidal Naquet, P., Mito y tragedia en la Grecia antigua. Ed. Paidós,
Barcelona, 2001.

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