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Escuela de Filosofía

Asignatura: Seminario de pensamiento cristiano


Profesor: Abelardo Bazzó
Bachiller: Wilfredo Mendoza. C.I: 23.883.520

FE Y RAZON

Fe y razón, dos posturas que intentan estar unidas y en constante equilibrio pero que el
hombre ha puesta en dos extremos distantes. Por medio de la encíclica fides et ratio escrita por
San Juan Pablo II en el año 1998, se intentará responder a dos interrogantes que intentan
responder a la importancia de la fe y la razón para creyentes y no creyentes. La primera de
ellas es la siguiente:

¿De qué le sirve al creyente la razón?

Hoy día vemos que la sociedad está sumergida en aquella creencia de que la religión y la
razón (vista como ciencia) no pueden ir de la mano, es decir, que ambas están caminando por
caminos separados y que además tienen objetivos distintos. Tal es esta creencia, que se ha
llegado al punto de decir, que la fe niega la ciencia y viceversa. Todo este resultado se
enmarca por las diferencias que estas traen consigo, pero no se ha tomado en cuenta que la fe
y la razón (ciencia) van de la mano.

No obstante, para un creyente es indispensable el uso de la razón, ya que por ésta guiará y
dilucidará su fe; porque la fe se trata de eso: dar cuenta por medio de la razón aquello que se
cree. Esto lo podemos ver con mayor detenimiento en la encíclica Fides et ratio. En esta
encontramos, que la fe nos viene dada por medio de otra persona, es decir, nuestra fe viene por
nuestros padres. Al crecer, estaremos en la capacidad de darle validez o no a dicha fe; pero
solo lo podremos lograr si utilizamos la razón para dar cuenta de. De ahí que, cuando la fe es
privada de la razón, esta corre el riesgo de ser reducida a mito o supersticiones. Un ejemplo de
esto, es la revelación de Dios hacia el hombre. Cuando esto sucede, el hombre por la fe da
cuenta que algo le ha sido revelado, pero por la fe sola no entenderá aquello, es decir, necesita
de la razón para entender aquello que le fue revelado y así encontrarle sentido a todo ello. Por
consiguiente, la razón le permite a la fe indagar y comprender de manera limitada el misterio
infinito de Dios, en otras palabras, la razón orienta a la fe para que esta en su fin último
alcance así la verdad. Por ello se hace necesario lo siguiente: cuando la fe no está
fundamentada en razonamientos sólidos, ésta pierde sentido y pasaría a ser mera opinión o
creencia.

De igual manera surge la pregunta de: si así como le sirve la razón al creyente… ¿De qué
le sirve al estudioso, filósofo y científico la fe? Para responder a esto y siguiendo lo anterior
mencionado; sabemos que el hombre desde sus orígenes comenzó preguntándose asimismo
¿Qué soy? ¿Qué hago aquí? ¿Cuál es mi finalidad? ¿Qué es todo lo que me rodea? ¿Cuál es el
origen de todas las cosas? Etc, dicho en otras palabras, a filosofar. Éste, desde un principio ha
usado la razón para poder responder a todas las interrogantes planteadas y a otras más que van
surgiendo. A este respecto, la filosofía nos ayuda a desarrollar nuestra habilidad intrínseca de
pensar, de allí que para el estudioso y científico es de suma importancia filosofar por medio de
la razón, porque es esta la que llevará a dar respuestas coherentes a lo que se quiere buscar, o
sea que, la razón es la que lleva al hombre a cuestionar todo cuanto se le presente.

Por otra parte, el científico busca por medio de la ciencia dar razón de todo lo que lo
rodea; pero este sólo puede buscar el porqué de la cosas, más no el origen de las mismas. Por
ello, el hombre en su deseo de conocer, construyo un sistema complejo de pensamientos que
abarcaran varias ramas del saber. En la encíclica fides et ratio Juan Pablo II nos menciona
algunas de estas ramas, como lo son: la antropología, la lógica, las ciencias naturales, la
historia, el lenguaje, etc. Partiendo de allí, se han creado teorías mecanicistas que sostienen
que son las leyes de la naturaleza las que determinan las cosas y sus relaciones.
Dentro de este mismo orden de ideas, las ciencias por medio de la razón han desarrollado
numerosas teorías que intentan explicar el origen de la vida; como por ejemplo: la teoría de la
abiogénesis, que se refiere al origen de la vida a partir de la no vida, es decir, partiendo de la
materia inerte. Tiempo después, se desarrolló otra teoría que refuto la anterior y le quito su
validez y esta fue la teoría de la biogénesis, la cual afirma que la vida tuvo que surgir de una
vida preexistente. En estas teorías podemos ver de fondo un problema filosófico que fue
planteado por el filósofo antiguo Parménides; aquello de que de la “nada” no puede surgir
nada ya que la nada no existe y de la nada, nada. Posteriormente, surgieron diferentes teorías
que intentaron explicar el origen de la vida como la panspermia, entre otras; pero desde el
punto de vista razonable, la teoría que tiene mayor validez sería la de la biogénesis. En esta, el
hombre reconoce que tuvo que haber una vida preexistente que condujera así a la creación de
nuevas vidas, pero no puede responder al misterio de ¿Quién o cuál es el origen de esa primera
vida? Y es allí donde entra en juego la fe, ya que esta ayuda y hace transcender a la verdad
plena de toda la creación cuyo principio y fin es Dios. Pero esto nos lleva a otra interrogante
¿Cómo ha llegado el hombre a esta conclusión? Y la respuesta es, la revelación. Aunque la
revelación está llena de misterio, sabemos que sólo la fe permite penetrar en ella y favorecer
su comprensión coherente. Juan pablo II nos hace ver, al igual que las sagradas escrituras, que
la revelación vino dada por medio de su hijo Jesucristo, nos mencionan que todas las cosas
fueron creadas por él y para él, y que en efecto, le dará sentido y plenitud a todas ellas. Como
resultado, por medio de él ya no se podrá decir que la fe niega la ciencia, ni viceversa; sino
que estas se pueden compaginar.

Sucede pues, que todas las teorías elaboradas por el hombre son insuficientes a la hora de
explicar la gran variedad de fenómenos sociales, o la potencia del mal que actúa en el mundo o
la misma dimensión del hombre abierto a la trascendencia. Además, a pesar de los argumentos
de las ciencias, la concepción de la creación en el Espíritu, se puede compaginar con las
teorías evolutivas, ya que la misma creación ha sido diseñada con la mirada puesta en la
transformación plena y en la manifestación definitiva del reino de Dios. Siendo un constante
proceso de vivificación, que se puede entender como un proceso evolutivo producto del
movimiento propio del Espíritu dentro de la creación. A fin de que el hombre entienda todo
esto, hace falta que tenga fe, ya que sin ésta se estaría limitando la plenitud misma de la
verdad.