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Texto literario: LAS SILVAS AMERICANAS

Autor: ANDRÉS BELLO

Fecha: 1826

Silva: es una serie métrica compuesta por versos endecasílabos (11 sílabas) y heptasílabos (7


sílabas), de rima consonante libre hasta el punto que incluso se pueden dejar versos sueltos sin
rima. Es de origen italiano.

Análisis del texto

En Alocución a la poesía, el emergente que se presenta es la tematización de la poesía


Americana. A esto se arriba a partir de la consideración de diferentes presencias. En primer
lugar, el título del poema “alocución” ya se refiere a una apelación, es decir, el Yo poético le va
a pedir algo a la poesía: que deje de cantar hechos de Europa y cante a los nuevos héroes de
América: “Divina poesía […] tiempo es que dejes ya la culta Europa; // que tu nativa rustiquez
desama, // y dirijas el vuelo adonde te abre // el mundo de Colón su grande escena”; así como
también que cante la labranza de la tierra americana: “Tiempo vendrá cuando de ti inspirado /
algún Marón americano, ¡Oh diosa! / también las mieses, los rebaños cante, / el rico suelo al
hombre avasallado, / y las dádivas mil con que la zona / de Febo amada al labrador corona”.

Una de las presencias que constituye este emergente es la intertextualidad de las Silvas con Las
Geórgicas de Virgilio, porque en este texto se incita a los soldados romanos a trabajar en el
campo, y lo mismo ocurre con las Silvas donde se incita a los soldados que habían logrado la
independencia en América a trabajar en el campo. Por eso se construye el imaginario del campo
(a partir de todas las bondades que posee). Además, ambos textos están al servicio de un otro:
Virgilio al servicio de Augusto, y Bello al servicio de Bolívar. Otros intertextos son las Églogas
de Garcilazo de la Vega, que aparece en algunas preguntas retóricas: “¿Qué a ti, silvestre ninfa,
con las pompas / de dorados alcázares reales?” que se remite a la Égloga I. Por último, en
relación con la poesía europea y americana, si bien se postula que tendría que ser una poesía
nueva, hay presencia del hipérbaton que tiene origen latino en varios versos, por ejemplo,
“Tiempo vendrá cuando de ti inspirado / algún Marón americano, ¡Oh diosa! / también las
mieses, los rebaños cante”, donde se ubica el verbo al final de la oración, que coincide con el
final del verso.

Otra de las presencias que contribuyen a la tematización de la poesía Americana es la apelación


a la poesía, a partir de proponerse como un Tú a quien se dirige el Yo poético, y éste Yo apela a
través de vocativos como “Divina Poesía” […] “tiempo es que dejes ya la culta Europa”, “¡Oh
quien contigo, amable poesía,” y “Renacerás, renacerás ahora; / florecerán la paz y la
abundancia / en tus talados campos; las divinas / Musas te harán favorecida estancia, / y
cubrirán de rosas tus rüinas”. Otra presencia es la modalidad deóntica que se presenta a partir de
verbos en imperativo que se atribuyen a la segunda persona del singular Tú, es decir, a la
poesía: “No te detenga, oh diosa, / esta región de luz y de miseria” (Europa), “Descuelga de la
encina carcomida / tu dulce lira de oro, con que un tiempo / los prados y las flores, el susurro /
de la floresta opaca, el apacible / murmurar del arroyo transparente, / las gracias atractivas / de
Natura inocente, / a los hombres cantaste embelesados”, “Tú cantarás cómo indignó el funesto /
estrago de su casi extinta raza / a Nenqueteba, hijo del Sol, que rompe / con su cetro divino la
enriscada / montaña …”, “Ve, pues, ve a celebrar las maravillas / del ecuador …”. La presencia
de la modalidad deóntica tiene relación con una orden que se le asigna al Tú de dejar Europa y
cantar los nuevos héroes y la tierra americana.

También, hay presencia de preguntas retóricas que, consideradas como enumeraciones de


lugares americanos, podemos considerarlas como una apelación a la poesía a partir de presentar
lugares para que pueda cantar: “¿Qué morada te aguarda? ¿qué alta cumbre, / qué prado ameno,
que repuesto bosque / harás tu domicilio?” y “¿A qué provincia el premio de alabanza, / o a qué
varón tributarás primero?”. También cumple la misma función las comparaciones que se
realizan entre América y Europa: “a otro mundo, a otras gentes te encamina, / do viste aún su
primitivo traje / la tierra, al hombre sometida apenas; y la riqueza de los climas todos / América,
del Sol joven esposa”, referida a América; “No te detenga, oh diosa, / esta región de luz y de
miseria, / en donde tu ambiciosa / rival Filosofía, / que la virtud a cálculo somete, / de los
mortales te ha usurpado el culto; / donde la coronada hiedra amenaza / traer de nuevo al
pensamiento esclavo / la antigua noche de barbarie y crimen; / donde la libertad vano delirio, fe
la servilidad, grandeza el fasto, la corrupción cultura se apellida”, referida a Europa.

Por último, al final del poema, aparece expresamente la primera persona, es decir, el Yo poético
que se puede reconocer por verbos en primera persona del singular, y que culmina el poema con
“Mas no a mi débil voz la larga suma / de sus victorias numerar compete; / a ingenio más feliz,
más docta pluma, / su grata patria encargo tal comete”, por lo cual el Yo poético se distancia del
Tú, atribuyéndole todas las funciones y órdenes que propuso al Tú, poesía.

Una posible pregunta problema sería ¿A efectos de qué se tematiza la poesía americana en
oposición a la poesía europea? Y una posible hipótesis podría ser “para establecer un programa
de independencia literaria americana, que esté en consonancia con la independencia de las
naciones. Esto tiene que ser considerado desde el punto de vista de que la política y lo literario
no tienen un límite marcado, sino que los escritores son políticos. De esta manera, la
independencia literaria, si bien se logra desde la semántica y no desde lo lingüístico ni desde lo
formal (se escribe en español y la forma es europea, así como los intertextos), forma parte del
proyecto mayor de independencia americana.

Si bien se busca la independencia literaria, también se está trabajando la inserción en la


tradición europea, por eso se retoma la forma (silvas) y los procedimientos de la poesía europea
(hipérbaton), así como la mención de Europa, de sus vientos, entre otras cosas. Sin embargo, lo
que sí se logra es la propuesta de un nuevo discurso estético en el cual la literatura no es un
ejercicio retórico como en el Barroco, sino que es un proyecto político (Neoclasicismo).
Tampoco se logra una independencia literaria porque se escribe para comunidades imaginadas,
ya que en América no había lectores de poesía reales, como sí los había en Europa.

“La Alocución a la poesía es un llamado a la constitución de una literatura propiamente


americana, un programa de literatura independiente. En la Alocución, el poeta, después de
impetrar a Poesía para que, abandonando Europa, se dirija al continente americano, le propone
tres motivos principales de canto: las ‘memorias de los lejanos días’ (pasado precolombino de
América); las luchas americanas en procura de la libertad (guerras de la independencia); la
naturaleza americana (naturaleza agreste y la dominada por el hombre, o sea, la agricultura).
[…] La agricultura de la zona tórrida es por su parte, el primer cumplimiento de la tercera parte
del programa esbozado en la Alocución” (Íñigo-Madrigal, L. – Introducción a Las silvas
Americanas. Ed. Biblioteca nueva).
El segundo emergente que podemos construir integrando Alocución a la poesía y La
agricultura de la zona tórrida es la tematización de la tierra como programa político y la
construcción del imaginario del campo.

La tematización de la tierra comienza en Alocución a la poesía con la presencia del campo


semántico referido a la naturaleza (plantas que se encuentran en América), y la presencia de
modalidad axiológica positiva respecto a la tierra americana: “también allí la florecida vega, / el
bosque enmarañado, el sesgo río, / colores mil a tus pinceles brindan; / y Céfiro revuela entre las
rosas” y “Tiempo vendrá cuando de ti inspirado / algún Marón americano, ¡Oh diosa! / también
las mieses, los rebaños cante, / el rico suelo al hombre avasallado, / y las dádivas mil con que la
zona / de Febo amada al labrador corona; / donde cándida miel llevan las cañas, / y animado
carmín la tuna cría, / donde tremola el algodón su nieve, / y el ananás sazona su ambrosía; / de
sus racimos la variada copia / rinde el palmar, de azucarados globos / el zapotillo, su manteca
ofrece / la verde palta, da el añil su tinta, / bajo su dulce carga desfallece / el banano, el café el
aroma acendra / de sus albos jazmines, y el cacao / cuaja en urnas de púrpura su almendra”. Y
también la presencia de enumeraciones como “con que un tiempo / los prados y las flores, el
susurro / de la floresta opaca, el apacible / murmurar del arroyo transparente, / las gracias
atractivas / de Natura inocente” y “En densa muchedumbre / ceibas, acacias, mirtos se
entretejen, / bejucos, vides, gramas;”.

Por otra parte, hay presencia de una modalidad axiológica negativa referida a la tierra de
América y que tiene que ver con los semas de las guerras, como se puede observar en Alocución
a la poesía: “a otro mundo, a otras gentes te encamina, / do viste aún su primitivo traje / la
tierra, al hombre sometida apenas; y la riqueza de los climas todos / América, del Sol joven
esposa “¡Colombia! […] // cuál queda ya solitaria cima, / que horror no ponga y grima, / de
humanas osamentas hoy sembrada, / feo padrón del sanguinario instinto / que también contra el
hombre al hombre anima? / Tu libertad, ¡cuán caro / compraste! ¡cuánta tierra devastada! /
¡cuánta familia en triste desamparo!”.

En La agricultura de la zona tórrida, las presencias que construyen este emergente tienen
relación, ya no con los semas de la naturaleza, sino con los semas de la agricultura. En primer
lugar, en el título, se presenta “agricultura” como focalizado y “zona tórrida”, al igual que el
primer verso “¡Salve, fecunda zona” donde, por medio de un vocativo, se presenta América
como una sola extensión de tierra, una zona. A partir de allí, se apela a esta zona para exaltarla y
se presenta con modalidad axiológica positiva: “Tú tejes al verano su guirnalda / de granadas
espigas; tú la uva / das a la hirviente cuba […] Tú das la caña hermosa, / de do la miel se
acendra / por quien desdeña el mundo los panales; / tú en urnas de coral cuajas la almendra / que
en la espumante jícara rebosa […] El vino es tuyo, que la herida agave / para los hijos vierte /
del Anahuac feliz; y la hoja es tuya, / que, cuando de süave / humo en espiras vagorosas huya, /
solazará el fastidio al ocio inerte”. Asimismo, al final de esta cita con “ocio inerte”, se habilita
otra modalidad axiológica, ahora negativa, para la ciudad. Esto se presenta a partir de oponer
“labrador” del campo a la ciudad: “¡Oh! ¡Si al falaz rüido / la dicha al fin supiese verdadera /
anteponer, que del umbral le llama / del labrador sencillo, / lejos del necio vano / fasto, el
mentido brillo, / el ocio pestilente ciudadano” – el labrador se opone a todas las modalidades
negativas: necio vano, mentido brillo y ocio pestilente ciudadano, que se corresponde con el
ocio inerte de la enumeración anterior; y también esta modalidad negativa se extiende hacia las
ciudades que tienen algún resto europeo: “¿Por qué ilusión funesta / aquellos que fortuna hizo
señores / de tan dichosa tierra y pingüe y varia, / al cuidado abandonan / y a la fe mercenaria /
las patrias heredades, / y en el ciego tumulto se aprisionan / de míseras ciudades, / do la
ambición proterva / sopla la llama de civiles bandos, / o al patriotismo la desidia enerva; / do el
lujo las costumbres atosiga, / y combaten los vicios / la incauta edad en poderosa liga?”. La
operación de las modalidades axiológicas positivas y negativas es la legitimación de un espacio
y la deslegitimación del otro.

Asimismo, para legitimar el espacio “campo”, se apela al Tú hacia quien se está dirigiendo
(soldados que lucharon en las guerras de independencia) por medio de la modalidad deóntica
con verbos en imperativo: “El campo es vuestra herencia; en él gozaos”, “Id a gozar la suerte
campesina; / la regalada paz, que ni rencores / al labrador, ni envidiosas acibaran; / la cama que
mullida le preparan / el contento, el trabajo, el aire puro […] y el asilo seguro / de sus patrios
hogares / que a la salud y al regocijo hospeda”; y también para que se encuentre la paz, es decir,
ordena ir al campo para terminar con la guerra, sin olvidarla: “Allí también deberes / hay que
llenar: cerrad, cerrad las hondas / heridas de guerra; el fértil suelo, / áspero y ahora bravo, / al
desacostumbrado yugo torne / del arte humana y le tribute esclavo”. También operan los verbos
en imperativo cuando el Tú son las “naciones jóvenes”: “¡Oh jóvenes naciones, que ceñida /
alzáis sobre el atónito occidente / de tempranos laureles la cabeza! / honrad al campo, honrad la
simple vida / del labrador, y su frugal llaneza. / Así tendrán en vos perpetuamente / la libertad
morada, / y freno a la ambición, y la ley templo”.

Por último, la tematización del espacio se presenta a partir del didactismo, es decir, de la
apelación al lector para que pueda comprender lo que se está diciendo por sí mismo. Esto se da
a partir de una enumeración de preguntas retóricas que funcionan como estrategia del discurso
argumentativo: “¿Y será que se formen de ese modo / los ánimos heroicos denodados / que
fundan y sustentan los estados? / ¿De la algazara del festín beodo, / o de los coros de liviana
danza, / la dura juventud saldrá, modesta, / orgullo de la patria, y esperanza? / ¿Sabrá con firme
pulso / de la severa ley regir el freno; / brillar en torno aceros homicidas / en la dudosa lid verá
sereno; / o animoso hará frente al genio altivo / del engreído mando en la tribuna, / aquel que ya
en la cuna / durmió al arrullo del cantar lascivo, / que riza el pelo, y se unge, y se atavía / con
femenil esmero, / y en indolente ociosidad el día, / o en criminal lujuria pasa entero?”. En todos
los casos, las respuestas a todas las preguntas son NO en relación a las preguntas acerca de
quedarse en el ocio pestilente de la ciudad. Otra pregunta retórica que funciona en el mismo
sentido, le atribuye la tarea de cantar los hombres americanos a la poesía: “¿quién contará la
pavorosa suma?”.

Una posible pregunta sobre este emergente es ¿A efectos de qué se tematiza la tierra Americana
y se construye el imaginario del campo? Y la posible hipótesis sería, “a efectos de crear un
programa político que se centre en la búsqueda de la paz: orden y progreso. Se pretende
convencer a los habitantes de América (lectores imaginados) que participaron de las guerras de
la independencia para que vayan a trabajar al campo”. En relación con la hipótesis propuesta
para el emergente anterior, podemos relacionarla en tanto que, para crear una nación, se necesita
una lengua + proyecto político + construcción de una identidad que sea opuesta a otro +
referente del pasado; y en el emergente anterior se pretende afianzar una lengua y una literatura
propia, y en este emergente se pretende crear el proyecto político. Cabe destacar que, así como
no hay una figura de escritor, tampoco hay una figura de lector, sino que la mayoría de la
población es analfabeta, por lo tanto, Bello escribe sólo para quienes son iguales al Yo y pueden
comprenderlo. El escritor debe acompañar el programa político del modelo civilizador de la
agricultura a partir de un programa político-pedagógico, por eso se presenta el didactismo en el
poema mediante diferentes procedimientos.