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Todos hemos tenido desilusiones, pero hay quienes pueden

manejarlas y quienes no. Es un asunto de madurez.

El enemigo usa esto para desgastarnos. Es por eso que tantas


personas se quedan en el pasado mientras otras siguen
avanzando.

¿Qué es una desilusión?

Es el sentimiento de perder la esperanza y la confianza


causado por algo que usted estaba esperando y no sucedió.
Una expectativa no cumplida.

“La esperanza que se demora es tormento del corazón; Pero


árbol de vida es el deseo cumplido.” – Proverbios 13:12

Cuando una persona pierde la esperanza y la expectativa de


algo bueno, la desilusión apaga su fe.

La esperanza es la base y fundamento de la fe.


La pérdida de la esperanza y el aumento de las desilusiones
enferman el corazón.

Recuerde que Dios no quiere que perdamos la esperanza.

No podemos culpar a Dios por la pérdida de nuestras


expectativas.

Todos hemos sido decepcionados, pero no permita que esa


desilusión lo detenga o lo haga desistir de continuar su labor.
¿Qué pasa cuando usted permanece desilusionado?

La mayor parte de las veces, cuando no lidiamos con las


desilusiones, se convierten en un ciclo.

Esto nos lleva a la depresión y al luto.

Cuando usted permanece desilusionado puede enfermarse


físicamente.

Las decepciones o desilusiones son un veneno, y siempre


debemos lidiar con ellas.

Siempre hay una guerra entre La Verdad y Opinión:


“Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis
apagar todos los dardos de fuego del maligno” – Efesios
6:16

Los “dardos” son pensamientos malignos. Dirigidos la


mente mas vulnerable del creyente…

Cuando estamos en un estado vulnerable después de una


desilusión, es el momento en que esos dardos vienen y
atacan.

Cuando el enemigo ataca, vienen los falsos pensamientos y


la duda.

Reproducimos en nuestra mente las desilusiones y el


desánimo.
Es entonces que comienza la guerra espiritual en nuestra
mente.
Es una guerra contra la verdad y contra una opinión.

La Palabra dice que es por esa razón que debemos tomar el


escudo de la fe.

Tenemos que confrontar al enemigo y echar fuera esos


pensamientos.

Dios es un Dios de promesas y verdad.

Hay una guerra, pero nuestras circunstancias nunca


cambiarán la verdad que Dios ha establecido.

Nunca vaya con la opinión, vaya siempre con la verdad.

La opinión no tiene sustancia, pero la verdad sí, porque la


sangre de Jesús está detrás de la verdad.

Soltemos nuestras desilusiones:

Siempre va a ser un asunto de madurez el que podamos


soltar las desilusiones y las ofensas.

La madurez nos permite confrontarlas.

Podemos llegar incluso a estar decepcionados de nosotros


mismos, y eso también puede hacernos daño.
No podemos olvidar que Dios quiere que seamos maduros,
no perfectos.

¿Cómo sobreponernos a las desilusiones?

Dios siempre escucha nuestras oraciones.


Debemos ir más allá de nuestras expectativas, nuestro
desánimo y desilusiones, y permanecer conectados a Dios y
Su iglesia.

Dios nunca te abandonará, ni te fallará, ni te decepcionará.

El hombre te fallará. Por eso, debemos mantener nuestros


ojos en Dios, siempre.

Para vencer el desánimo y la desilusión, tenemos que


confesar cada pecado y pedirle perdón a Dios por escuchar
al enemigo.

También debemos perdonar a aquellos que nos causaron


alguna desilusión.

Fije su mente en la bondad de Dios porque Él es bueno.

Piense en Su bondad, y esto desviará las balas y los ataques


que el enemigo le lance.

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El diccionario Aristos ilustrado de la lengua española define
el termino desilusión como desencanto, perdida de la ilusión
y desengaño.
La desilusión es como una tormenta que barre con nuestro
techo de ilusiones sin que podamos controlarlo, o sea, es
como un huracán de fuerza cinco, que por muchas medidas
preventivas que se tomen destrozan todo lo que con esfuerzo
hemos levantado.

La actitud que generalmente se manifiesta en estos casos, es


el de desilusionarnos al pensar que lo perdido nunca
podremos recuperarlo, hasta que la vida misma nos
demuestra que con esfuerzo, podemos recuperar, si no todo,
al menos algunas cosas que hemos perdido, entonces
respiramos hondo y enfrentamos los pormenores de la vida
con nuevos bríos.

No hay en este mundo un solo ser humano que no se haya


desilusionado alguna vez en su vida.

Nos desilusionamos, al esperar lo mejor de alguna persona, y


despertar de nuestros sueños fantásticos al constatar que la
persona en cuestión nos traiciona, y lejos de cumplir con
nuestras expectativas se convierte en un escarnecedor de
todo cuanto hacemos o decimos.

Que decir de aquellos que convierten a las estrellas de los


escenarios evangélicos en sus modelos a imitar, y luego se
tienen que enfrentar al hecho de que ese, que hemos
convertido casi en nuestra figura mesiánica, no es más que,
alguien que nos mostró durante mucho tiempo la cara que
pretendía que nosotros viéramos y no su verdadero rostro.
Pensar que algunos líderes deben ser modelos de virtudes
que debemos imitar, olvidando que como seres humanos son
propensos a cometer errores, que muchas veces tiraran al
suelo el concepto que nos habíamos hecho de ellos al
convertirlos en nuestros modelos, es un error que no por
repetido, deja de ser una trampa que el enemigo sigue
usando con efectividad.

Es por eso que muchas veces digo (ocosionalmente


hablando) que el diablo es un buen diablo, porque prepara
sus vidrieras tan elegantemente que nos hace pararnos ante
ellas, para despertar en nosotros todo tipo de deseos
malsanos, para hacernos comprar todas aquellas conductas
que hagan de nosotros desilusionados.

Poner nuestra mira en los hombres, más tarde o más


temprano, nos convertirá en personas desilusionadas,
frustradas, y por qué no decirlo, presas de la amargura.

¿Dónde tienes puesta tu mira? No descuides tus relaciones


terrenales, pero dale mayor importancia a las cosas
relacionadas con el espíritu. Esas son para siempre.

“…Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas


de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.
Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.
Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con
Cristo en Dios…” Colosenses 3:1-3
Es mi deseo que cuando la desilusión toque a tu puerta,
puedas levantar tu cabeza y mires a la figura hermosa de
nuestro Señor y salvador, el único digno de ser imitado.

Te aconsejo que si no vas a comprarle nada al diablo, no


mires sus vidrieras.

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