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¿Pensamiento Positivo? ¡¡¡NO!!! ¡Pensamiento CRÍTICO!

Creo que con demasiada frecuencia, los “bienintencionados” profesionales de la salud que
se ¿ocupan? de nuestras enfermedades, nos engañan.

Lo hacen de diversas maneras, a veces muy sutiles y retorcidas, pero otras cínicamente
descaradas. A veces con buenas intenciones, dentro de la tremenda impotencia que sienten
frente a nosotros y nosotras (por no saber ni cómo ayudarnos, aunque lo deseen de
corazón, pero, eso sí, con poco esfuerzo por su parte para formarse e informarse
debidamente), y otras con plena conciencia.

Engañar y engañarse a sí mismo suelen ser dos respuestas muy frecuentes ante temas
incómodos y que no se terminan de comprender por la razón que sea. Es mucho más fácil
ver si el engaño cuela y el problema se “devanece” por negación y falta de verdadera
atención sobre él.

Quizás sea un remanente de nuestra tierna infancia, cuando mentíamos tras haber roto el
jarrón del salón por jugar en él a la pelota, a pesar de la seria prohibición paterna, y
decíamos que se había roto “él solo”, o alguna historia mucho más fantástica y elaborada,
con la esperanza de que fuera creída y el asunto olvidado, lo que no sucedía nunca.

Determinar si es así, lo dejo para investigación de los psicólogos clínicos y científicos (que
también los hay, no os vayáis a creer que todos los psicólogos y psicólogas usan y abusan
de la pseudociencia).

Un engaño muy de moda y muy extendido por algun@s profesionales de la salud entre
nuestro colectivo de personas aquejadas de síndromes de SC, es el de que “nuestro
problema” (¡Cómo odio esa coletilla!) es que carecemos de “Pensamiento positivo”; que la
Fibromialgia, o la Encefalitis Miálgica, o la Sensibilidad Química Múltiple, la
Electrosensibildad, o lo que sea en cada caso se “cura” “siendo positivos”, cual si fuéramos
una batería que pudiera funcionar con un solo polo (en este caso, sólo el polo de la
sonrisita estúpida porque “hoy puede ser un gran día y nada me puede dañar”, “todo está
bien y no permitiré que nada lo estropee”. La variedad de frasecitas para acompañar a la
sonrisita es muy amplia). Y si no se cura, nos dicen, al menos nos sentiremos mejor.

Yo he comprobado hasta la saciedad que eso NO FUNCIONA, ES UNA MEMEZ, UN


FRAUDE, UNA MENTIRA Y TE DEJA PEOR QUE ANTES, porque encima empiezas a
culparte porque “no sabes ser positivo” cada vez que, al final, resultó NO ser un buen día o
SÍ que tu enfermedad lo estropeó de mil maneras inimaginables, imposibles de prever.
Total, más frustración a la que ya llevamos a las espaldas. ¿Os pasa también a vosotros y
vosotras o soy el único? La realidad biológica y social no cambia por “pensar
positivamente”, cambia a partir de otro tipo de pensamiento: el PENSAMIENTO
CRÍTICO.

Se trata de analizar la realidad que vives y la que te rodea con visión de qué, por qué y
cómo hay que cambiar lo que sea que no está bien en ella. Es un esfuerzo por estudiar a
fondo el tema, detectar dónde falla y cómo y cuándo actuar para corregirlo.

Cuesta más trabajillo que sonreír ante el espejo y decirse frasecitas ñoñas elaboradas por
“psicólogos” de esos que usan la pseudociencia; pero antes o después, da mucho mejores
resultados, porque incita a HACER ALGO EFECTIVO por cambiar lo que está mal, lo que
es insatisfactorio, lo que te daña en el mundo real, de los hechos cotidianos. Entre ello, sin
duda, quizás determinados esquemas de pensamiento y de conducta personales, pero no
sólo eso, como con el “pensamiento positivo”, que se queda en las nebulosas inmateriales
de la propia mente y no sale de ahí al final. Dejas tirado o tirada a tí misma y a tus
compañeros y compañeras de exilio e infortunio, al final, para que cada quien se las apañe
como pueda (que siempre es malamente cuando se está sol@ y enferm@).

Además, tiene otra ventaja sumada a que de verdad sirve para cambiar las cosas reales, de
manera efectiva, palpable. Con el “pensamiento positivo” te condenas a reprimir, a
esconder o ahogar la ira, la frustración, el malestar, el dolor, el hartazgo y la sensación de
ser víctima de abuso intolerable que en realidad sientes. Con el pensamiento crítico,
esas emociones encuentran su lugar e impulsan a la acción inteligente, medida y sopesada
para el logro de nuestra meta: romper en mil pedazos, para siempre, los muros del ghetto
en que nos han exiliado y alcanzar el ejercicio efectivo de todos y cada uno de nuestros
derechos inalienables como personas enfermas, pero con dignidad, orgullo y vida.

Yo, además de muchas personas más de nuestro colectivo, he escogido el pensamiento


crítico y hemos desterrado el “pensamiento positivo”.

Con este escrito, quiero incitarte, invitarte, a que hagas lo mismo por el bien de todos,
incluido en lugar de honor el tuyo propio.

Un abrazo y mucha fuerza, compañeras y compañeros.

José Manuel Chía Gómez,

a 14 de Abril de 2011.