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Entre lo que evocan las expresiones µtipo clínico¶ y µcaso único¶, hay lugar para todo el debate
metodológico que muy lógicamente intenta prescribir el buen camino. Tanto el buen camino por la
verdad, como el buen camino hacia lo real.
µTipo clínico¶ es expresión modesta, pero ya señala la potencia de lo simbólico para la creación de
ficciones útiles que puedan llegar a encontrar lo real. Dicha potencia se verificó cuando tales ficciones
se pudieron ordenar en una secuencia lógica precisa del orden de la proposición o ley universal, y
demostrando que en el ámbito de su alcance, por experiencia, no hay unicidad de los casos, sino
unificación de cada uno bajo el régimen legal que los determina. En el fondo sólo fue algo notable y
notorio, la ciencia física de origen occidental, que ahora decae en lo probabilístico para la extensión de
sus pretensiones en lo biológico y lo social, según la vileza de unas falsas leyes de mercado ante las
cuales, aún hoy, los auténticos científicos se silencian...
Quedaba el resto de la prueba caso por caso, por la vía de la experimentación, lo que daba lugar al
caso único que contradecía la ley. K. Popper, hoy ya µsobrepasado¶, pero inquieto en su tiempo por el
estatuto de la minucia psicoanalítica, hizo de ese caso único excepcional que objeta la regla el
fundamento del método científico, y el fundamento de lo que podía enriquecerlo como apertura a un
deseo de saber, contra la ruindad de pretender imponer ese µmétodo¶ en su envoltura probabilística,
donde sólo un apostador, por razones de riesgos de ganancias, puede evaluar lo que escapa a su
cálculo. (Y los casos que no entran se suprimen de manera policial, a ojos vista)
Exactamente dentro de esa dicotomía del µtipo¶ y el µcaso¶, cuyo destino µcientífico occidental¶ he
tratado de esbozar en las líneas precedentes, podemos empezar a pensar que de ahí la práctica del
psicoanálisis se desplazó al introducir una novedad... antigua... ya registrada en la lengua. Esa
novedad la recupera Freud, con eso que inventó, y en lo que estamos comprometidos: la práctica
psicoanalítica.
En efecto, si digo que la novedad es antigua, es porque estaba en el saber de algunas lenguas
(francés y español, por ejemplo) al inventar el uso notorio del artículo determinado: cuando digo que
ese no es un futbolista, sino el futbolista, no lo hago caso de un tipo universal, sino que hago de su
unicidad misma algo notorio, una regla de excepción, algo paradigmático en el sentido de Lacan. Así
es como, por Freud, Dora no es una histeria sino lahisteria, y el hombre de las ratas no es una
neurosis obsesiva sino la neurosis obsesiva, y Juanito no es una fobia sino la fobia. Y también es así
como, por Lacan, Joyce no es un sinthome, sino el sinthome.
Lacan hizo un empleo del artículo determinado de notoriedad muy refinado al volver a elaborar la
expresión: el Otro. (Cf. Le Séminaire,livre XVI, D¶un Autre à l¶autre, p. 357)
Y François Regnault, en La prueba en psicoanálisis (Ver Lacaniana 2, Publicación de la EOL, p.125),
por vía de la autoridad en el tema de J.-C. Milner, encuentra ahí el apoyo para enunciar esta regla:
³toda observación psicoanalítica singular tomada en el caso puede transformarse ipso facto en una
proposición teórica sobre la estructura del caso´.
Es necesario, a partir de un caso, su elevación al caso notorio, porque esa es la hipoteca que ha
contraído el psicoanálisis en lo relativo al saber. ¿Es saber científico? Seguramente no desde los
ideales racionales de la ciencia, pero es saber que se pone a prueba en lo real de cada caso. Y es
necesario cada el caso, y sabérselos lo mejor posible, porque orientan en la práctica, no para
subsumir un caso en una supuesta ley, en un µpara todos lo casos¶, sino para localizar lo que tiene de
singular, y para que se eleve a un diferente y otro el caso.
Por eso, no es lo que me inquieta que nos abrumen con nuevos tipos clínicos: ataque de pánico,
ataque de ira, anorexia, bulimia, obesidad, deficiencia de atención, hiperactividad, aburrimiento,
stress, depresión, bipolaridad, timidez, soledad, y fatiga, y etc. (Tarda en llegar lo real del AID, la
apetencia ilimitada de dinero) Podrían, si conviniese al mercado, proponer histeria, obsesión,
perversión, psicosis. Y no cambiaría la gestión estadística con la que manipularían el tipo clínico.
Como siempre, lo que me preocupa es nuestro adelantado atraso.
No estaría mal que algún colega nos presente no un caso de ataque de pánico sino el ataque del
pánico, no un caso de anorexia sino la anorexia, no un caso de adicción sino la adicción, no una
suplencia sino la suplencia, no una depresión sino la depresión, ... y etc.
¿Por qué no, en nuestro Encuentro Americano, pero no µamericano¶?
¿Qué hay en nuestra tradición (por lo demás, tan tonta como otra cualquiera) sino, por falta de
universal, un aprecio por el caso notorio?