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Libertad del hombre: puerta abierta hacia el conocimiento

Pico Della Mirandola en su “Discurso sobre la dignidad del hombre”, coloca al ser
humano en el justo medio entre los seres angelicales y las plantas y animales. Si
bien reconoce que el hombre es creado por Dios con la finalidad de admirar y
asombrarse de todo lo creado, afirma que su destino no viene de El, sino del hombre
mismo quien es artífice de sí mismo. Este filósofo sostiene que mediante el libre
albedrío, el hombre a través de su vida, tendrá la posibilidad de subir a un estado
superior, cercano a los querubines, o quedarse mas cercano de lo que vienen a ser
las plantas o animales. Durante su vida llevará a cabo guerras internas en su lucha
por salir de la oscuridad en busca de la perfección del conocimiento. Se ponen en
práctica en este camino hacia la luz tres fases bien diferenciadas: la purificación, en
la que la filosofía moral hace frente a sus pasiones desordenadas hasta hallar la
paz interna que orienta sus impulsos “de la carne” hacia la siguiente fase. La
iluminación, en la que a través de la filosofía natural y dialéctica debe salir de las
tinieblas de la ignorancia; y finalmente la perfección, que se trata de llenarse de luz
angelical mediante la filosofía teológica.
La libertad entonces es una puerta abierta hacia el camino que nos llevará al
conocimiento? Aunque analizando este discurso podría decirse que es un tanto
soberbio pretender situar al ser humano en cierto modo en un lugar superior a los
seres angelicales, ya que estos no tienen la facultad de elegir su destino, mientras el
hombre si; es ciertamente verdadero que del hombre depende, de su voluntad y de
su libre albedrío, el conocer las distintas ciencias, elegir de sus experiencias las
mas enriquecedoras, crecer interiormente, y llegar a la meta propuesta por uno
mismo. Pico dice que si el hombre sufre, no es por castigo de Dios, sino por su falta
de esfuerzo mental o manual, por su estupidez o por su perversión. Se refiere a que
lo que el hombre cultive será lo que ha consechado. Pienso entonces que teniendo
estos factores en cuenta, la libertad no es un fin, sino un punto de inicio, una puerta
por la que entraremos en el camino que nos ayudará a buscar la perfección y serán
nuestras virtudes las que nos guiarán por el camino correcto.
Pico no se aleja de Dios en su discurso, y debo citar un párrafo que el hace decir a
su Dios en el momento de la creación del hombre para que pudiera observar y
asombrase de todo lo creado:

“... No te he dado ni un lugar determinado, ni un aspecto propio, ni una prerrogativa


peculiar, con el fin de que poseas el lugar, el aspecto y la prerrogativa que
conscientemente elijas y que de acuerdo con tu intención obtengas y conserves. La
naturaleza definida de los otros seres está constreñida por las precisas leyes por mí
escritas. Tú, en cambio, no constreñido por estrechez alguna, te la determinarás
según el arbitrio a cuyo poder te he consignado. No te he hecho ni celeste ni terreno,
ni mortal, ni inmortal, con el fin de que tú, como árbitro y soberano artífice de ti
mismo, te informes y plasmes en la obra que quieras. Podrás degenerar en los seres
inferiores que son las bestias, podrás regenerarte, según tu ánimo, en las realidades
superiores, que son divinas.”

En conclusión, pienso que la grandeza del hombre radica en su capacidad de


hacerse a sí mismo, de experimentar errores, aprender de ellos y crecer
interiormente, de escapar a una naturaleza definida y parametrada, ya que no hay
destino escrito. Si así fuera, tendríamos que conformarnos de brazos cruzados a que
suceda lo que ya este predestinado. Nuestro conocimiento no tiene límites y
dependerá de nosotros el camino que tomemos y hasta donde avancemos. Pico lo
explica diciendo que Dios dio al hombre una serie de semillas y del hombre
dependerá que las haga germinar porque le otorgo también la capacidad para
hacerlo. Somos por lo tanto una tierra fértil en la que gracias a la libertad y a las
virtudes cultivadas en nuestras vidas, podremos obtener conocimiento que iremos
desarrollando en un intento por acceder a un estado superior, que podríamos
interpretar como “ganarnos el cielo”, por lo que este discurso de la dignidad humana
es una invitación hacia una vida virtuosa y ética.