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EL
LEON
Y EL
RATON
Hacia un calor sofocante. El rey de los animales se detuvo en lo más áspero del
bosque y se echó a dormir a la sombra de un frondoso árbol.
- ¡El rey duerme! Dicen los ratoncitos y rápido salen de sus agujeros,
empiezan a dar saltos de contentos y contemplan al soberano que dormía
plácidamente.
En medio de la alegría, uno de ellos, al dar una voltereta cayó sobre el hocico
del león. La fiera, al despertar cogió con su garra al desdichado ratoncito que,
enloquecido de miedo le suplico:
¡Misericordia, Majestad! Si me sueltas, jamás olvidare tu generosidad y tal
vez, algún día pueda corresponder a tu bondad.
Aunque esta promesa hizo sonreír al león, soltó generoso al roedor.
Y mientras el ratoncito se alejaba y se metía contento a su escondite, el león
pensaba:
- ¿Qué podría hacer este animal tan pequeño para corresponder el favor
que le hice?...
Mas, a pocos días de lo acontecido al salir el león por el bosque, en pos de una
presa para saciar su hambre, cayo prisionero en una trampa.
La trampa era red cuyas gruesas cuerdas aprisionaron al rey de la selva.
2
Este agitado, furioso y desesperado; pero cuanto más se agitaba, más se
enredaba e impotente se hallaba.
Todos sus esfuerzos fueron inútiles. Entonces, el león rugía tan fuerte, que el
bosque retumbo.
Los demás animales lo escuchaban aterrados. Ninguno se atrevía a moverse.
Solamente el agradecido ratoncito corrió en su auxilio.
- Por lo que veo le dijo -, has caído en un artero engaño; pero no te
desalientes y confía en mis dientes; ellos te salvaran.
El ratoncillo reunió a sus compañeros y les dijo:
¡Amigos, todos a trabajar en mi compañía!
Los ratoncillos, al escuchar el llamado de su compañero, empezaron a roer con
empeño las cuerdas de la infame prisión y salvaron al león.
De esta manera, el ratoncillo agradecido salvo la vida del rey de los animales.
Esta vez, el león no se rio. Antes bien medito en el favor recibido y prometió
ser, en adelante más servicial con los débiles.
Fin