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DEUDA ETERNA – EXTERNA

Es bien sabido que esencia misma del capitalismo financiero consiste en que el
monto principal no se devuelva nunca para seguir calzando nuevos “préstamos puente”
–hacia donde- que incrementen la deuda y multipliquen exponencialmente los intereses,
en realidad las mayores dificultades de los países deudores provienen de las altas tasas
de interés y del derrumbe de los precios internacionales de las materias primas, pero
como accidentes fatales del destino, sino como expreso propósito de los acreedores. Por
lo tanto las tasas de interés son altísimas, para financiar de esa manera el peso que
soporta el Tesoro norteamericano, lo que desnuda la inmoralidad de la deuda; como se
ve si alguien piensa que el teorema de la deuda, esto no es más que el sofisma de la
deuda.
Desde 1989, el gobierno de Carlos Menem cobró por privatizaciones más de
10.000,00 millones de dólares en efectivo y más de 13.200,00 millones en rescate de
títulos públicos, pese a ese ingreso no evitó que la deuda externa tuviera un crecimiento
vertiginoso y que hoy ronde los 135.000 millones de dólares y ahora hay déficit fiscal y
no queda nada por privatizar.
Además del desempleo, del déficit fiscal, del creciente rojo comercial y de otros
males que ya están en la superficie, tales como los problemas educativos, de salud y
seguridad, hay otras señales que se pueden convertir en más dolor de cabeza para los
tiempos que vienen a partir del año 2.000.
En lo que lleva de gestión el gobierno recaudó una jugosa suma por
privatizaciones, y sin embargo la deuda pública creció en más de 60.000 millones.
La venta de ENTEL, Obras Sanitarias, Gas del Estado, SEGBA, Aerolíneas
Argentinas y otras treinta o más privatizaciones vinculadas permitieron recaudar a partir
de 1989 y hasta 1994 9.910 millones de dólares en efectivo y 13.239 millones en títulos
de la deuda.
Al momento del rescate, esos 13.239 millones de bonos significaron 5.270
millones en efectivo. O sea que los papeles de deuda recobrados en las privatizaciones
fueron considerados, en promedio, al 39, 8% de su valor nominal.
Sí con los 9.910 millones de dólares recaudados en efectivo se hubiera efectuado
una paralela y paulatina recompra o rescate de más deuda externa a ese 39, 8% de valor
nominal, se hubieran podido recobrar otros 24.900 millones de dólares de
endeudamiento.
En consecuencia, entre lo “cobrado en títulos” y lo “cobrado en efectivo
convertido en títulos” se lo hubieran podido rescatar 38.139 millones de la deuda
externa. Y como la deuda ascendía en 1989 a 57.777 millones, ese rescate hubiera
dejado un endeudamiento de sólo 19.638 millones de dólares. Pero según un informe de
la Fundación Capital, dirigida técnicamente por Martín Redrado –a quien no podemos
sospechar de adversario del gobierno- y en base a datos del Banco Central y del
Ministerio de Economía, lo que debía el Estado Nacional Argentino a diciembre de
1994 es casi cuatro veces esa cifra: 70.748 millones de dólares; en consecuencias las
privatizaciones argentinas ante la falta de contralor han derivado en tarifas caras,
prestaciones deficientes e incumplimientos de compromiso de los inversores, y aún más
en posibles estafas, tales como el caso de la distribuidora de gas de la Patagonia, los
italianos Camuzzi que comercializaron gas con azufre, componente que obliga a los
consumidores a un mayor gasto para obtener un rendimiento normal, actitud que hizo
que el ente regulador los intimara a devolver cuatro millones de pesos a los usuarios de
la distribuidora Sur, personalmente dudo que se haga realidad este intimación del ente.
Y, lo que es peor, ahora no queda casi nada por privatizar y paulatinamente
observaremos como se encarece el crédito internacional y comprobaremos como volvió
a aflorar el déficit fiscal, conjuntamente con una interminable serie de vencimientos por
la deuda.
Frente a estos elementos surgen como mínimo dos preguntas obligadas: ¿En qué
se gastaron los 15.180 millones de dólares en efectivo que se cobraron por las
privatizaciones? O será que no se recibió ese dinero como ya aconteció en el País en el
siglo pasado con el vergonzoso robo realizado a través del empréstito con la banca
inglesa de los hermanos Baring, y a su vez; ¿cómo hará el próximo gobierno para la
afrontar la deuda externa si se recibe una estructura repleta de déficit, vacía de activos
para poner en venta y repleta de corrupción?
Tal vez para contestar estos interrogantes habría que rescatar de la memoria
popular muchas de las frases que, emitidas por el Gobierno en estos últimos años y
repetidas hasta el cansancio por las comunicaciones oficiales y cholulamente adictas;
que fueron ganando espacio y consenso en la población: “Las empresas públicas son el
agujero negro de la economía argentina”.
Hay que privatizar. Los ferrocarriles pierden un millón de dólares por día. Los
teléfonos nos dan pérdida, son malos y caros. Privados van a ser buenos y baratos..
“Empresas como ENTEL e YPF dieron pérdida durante los años anteriores a su
privatización”.
“Con lo que saquemos de las empresas públicas vamos a obtener una solución
doble. Resolveremos el endeudamiento externo y terminaremos con el eterno déficit del
sector público”.
“Hoy la deuda ya no es un problema......”
Como directa contestación a esas aseveraciones, los fríos números demuestran
que no bien se realizaron las privatizaciones surgieron dos efectos inmediatos: el
desempleo subió a un nivel sin precedentes en la República y los grupos que manejan
las empresas privatizadas tienen ganancias multimillonarias.
Ahora bien, el círculo se cierra; casi como por arte de magia, justo cuando se
acabaron “las joyas de la abuela”, vuelve a reaparecer el déficit fiscal y, frente a ello, la
primera y casi inmediata consecuencia fue un quiebre –encubierto- con el FMI e
inmediatamente los consabidos “tirones de oreja” tales como que los bancos no ven con
tranquilidad a países que no acuerdan con el FMI. Asimismo debemos tener presente
que las empresas privadas tienen lo suyo, ya que el endeudamiento de los privados está
en crecimiento, bajo la forma de Eurobonos, Comercial Papers, Médium Term Notes y
Yankees Bons, junto con las Obligaciones Negociables colocadas en el mercado
Argentino y sin incluir la deuda con los bancos, las empresas privadas acumulan un
endeudamiento global de más de 20.000 millones de dólares con vencimiento a corto y
largo plazo. Lo que agrega una mayor complicación al tema es que las empresas
argentinas encuentran más problemas para conseguir financiamiento, basta sólo
observar el estado casi de postración total en se hallan las Pymes. Esto ha llevado a la
primarización de la economía argentina, en la que los sectores manufactureros
retrocedieron más que la economía en su conjunto, parcialmente ese lugar lo ocuparon
los servicios lo que significa que el país cambió la actividad elaboradora por una fase
comercial y financiera. Pero, además, dentro del sector industrial, creció
significativamente la participación del sector de alimentos en detrimento del de
maquinarias y de equipos. El área de alimentos responde a una fase de algún modo
primaria de la manufactura, y el segmento de maquinarias y equipos es un típico rubro
que hace ingresar altos niveles de valor agregado. El sector servicios ha adquirido una
mayor dimensión, con el agravante de que la fase comercial, por ejemplo, posibilitó la
entrada a granel de bienes de consumo importados. Los rubros financieros-seguros,
transacciones bancarias, comercialización de inmuebles-, también experimentaron un
alza espectacular, reforzando la tercerización de la economía. Al nivel de la industria
pasaron a gravitar sectores productores de bienes de consumo durables, como
automotores y artefactos para el hogar, en detrimento de la siderurgia, petroquímica y
bienes de capital nacionales. El comercio exterior mostró, también, una primarización
de las exportaciones, con ventas masivas de cereales, alimentos y petróleo crudo, con
notables caídas en las llamadas manufacturas de origen industrial. El problema es que,
de continuar esa línea la Argentina seguirá dando pasos hacia atrás, aunque la economía
evidencie índices de crecimiento positivos. Por otra parte, estos índices no pueden
sostenerse en el tiempo, son de muy corto plazo, porque terminan por producir un
estrangulamiento en el balance de pagos y un achicamiento del mercado interno.
Por un lado el país incurre en déficit en su balanza comercial, porque depende de
importaciones de alto valor agregado y se especializa en bienes primarios, de escasa
elaboración. Por esto mismo disminuye el factor multiplicador propio de la
manufactura, con repercusiones negativas sobre el empleo y sobre el grado de
integración nacional de la producción interna.
La Argentina conoció en el pasado, el precio de semejante política. El otro
granero del mundo fue corrido del tablero internacional apenas los bienes primarios
dejaron de ser codiciados en los mercados mundiales; y al ponerse en práctica una
política arancelaria, cambiaria, monetaria y fiscal enderezada a no ponerle vallas a la
primarización de la economía y facilitando la importación indiscriminada; la
consecuencia fueron las décadas perdidas cuyas olas siguen salpicando; dado que el
valor agregado de las exportaciones argentinas es casi nulo; el valor agregado por kilo
de cereales oscilan entre 0.10 a 0.20 centavos, los valores del petróleo son apenas de
0.10 centavos, los de pasta celulósica de 0.40 centavos, los de los productos
siderúrgicos de 0.3 centavos a 0.6 centavos. Los de carne y pescado, los de lana y
aluminio bordean el dólar; estos son mayoritariamente los productos que exporta la
República.(Paridad u$s1=$1.-)
Muy por el contrario los valores por kilo de un avión de caza-una sofisticación
productiva para el mundo subdesarrollado-bordea los 1.000 dólares, una video cámara
trepa casi a los 600 dólares y los de un satélite, el súmmum del crecimiento tecnológico,
llega a los 40.000 dólares por kilo. En última instancia, el kilo de un avión equivale
estimativamente a los 10.000 kilos de cereales, en términos de valor agregado. Como
puede apreciarse no es lo mismo especializarse en caramelos –M de Hoz- que en acero;
además los productos de menor valor agregado o “commodities”, tanto agropecuarios
como industriales están sufriendo un duro embate en materia de precios, dado que las
naciones tienden al autoconsumo de los bienes más fácilmente producibles. En
consecuencia los datos indican, entonces, que el comercio exterior argentino es inverso
a los productos de mayor valor agregado: exporta los que menor peso tienen e importa
los que mayor elaboración incorporan. Por lo tanto hay una reprimarización del
comercio exportador argentino, al mismo tiempo que se importan bienes
industrializados que podrían elaborarse en el país, así que lamentablemente la
importación no complementa la producción nacional, sino que la sustituye. Lo que todo
esto denota es que se ha marginado o bien se ha abandonado toda estrategia de
industrialización y se ha caído en la primarización económica de exportación. De esto
quedan pocas dudas, si es que las hay, puesto que de acuerdo al ministro de R.
Exteriores en declaraciones a los embajadores argentinos en Europa, reunidos en Bs.As.
el domingo 19 de mayo de 1993 le dijo: “en la Argentina no hay política industrial, no la
habrá y yo me enorgullezco de ello”, publicado por el diario Clarín el 29-05-1993
página 19.
Ahora bien este tremendo incremento de la deuda coloca al País ante una
perspectiva sumamente difícil, tanto por las turbulencias financieras inmediatas como
por el esfuerzo que deberá hacer para sobrellevarla; por lo tanto en realidad no cabe
distinguir entre deuda pública o privada porque ambas, para ser pagadas impondrán
sacrificios a la sociedad, sea por disminución del consumo o de la inversión. Otras de
las excusas de las imprevisiones del gobierno se vio con lo dado en llamar “efecto
tequila”, y en base a esto decidió tomar préstamos del FMI, del Banco Mundial, del BID
y de los suscriptores de bonos argentinos por otros 7.000 millones. Tal vez no había
muchas alternativas; sin embargo, cabía intentar una mejora del impulso productivo de
las exportaciones y del resultado del intercambio, pero la opción excluyente fue
continuar con el ajuste fiscal de dudosa eficacia recaudador y de ineludibles
consecuencias recesivas, con más endeudamiento externo. A su vez debería existir una
política clara y transparente respecto de la enorme cantidad de dinero que se reclama en
juicios contra el Estado que según publicaciones con fuente en la Procuración del
Tesoro, no desmentidas por ese organismo, superan los 45.000 millones de dólares. El
tema de las demandas contra el Estado es importante, porque por más que se lancen
denuestos contra la “industria del juicio” muchas de esas demandas provienen de que el
Gobierno cuando tiene dificultades o, decide no pagar sus deudas suele olvidarse de los
derechos adquiridos (jubilados entre otros) y de las normas legales y constitucionales.
Luego, la opción es o pagar o pisotear la seguridad jurídica (actitud imitada entre otras
también por las empresas Telefónica y Telecom) con lo cual los efectos son igualmente
negativos desde el punto de vista de atraer inversiones y resolver problemas.
Por lo tanto presenciaremos permanentemente la “visita” de nuevas “misiones”
del FMI a nuestro país, es evidente que al parecer los deberes nunca estarían bien
hechos y esto nos plantea un nuevo y a la vez viejo debate sobre la naturaleza y la
consistencia del déficit externo de la República desenvolviéndose en torno a los mismos
argumentos de todo tipo, que el déficit es “malo” y que daña la economía y los
imbuídos del espíritu alberdiano que argumentan que no tiene ninguna importancia; en
consecuencia la pregunta del millón es que se nos está financiando desde el exterior y la
respuesta no es fácil. El déficit de la cuenta corriente para este año se proyecta a 16.000
millones de dólares, de ese total 7.000 millones por intereses de la deuda pública; 3.000
millones son por servicios como los seguros y los fletes, los restantes 6.000 millones
corresponde al déficit de la balanza comercial. Por lo tanto podemos ver que 13.000
millones de los 16.000 millones de dólares de déficit de la cuenta corriente pertenecen a
servicios financieros y mayores adquisiciones de bienes de consumo, en consecuencia
tenemos que el 80% del déficit no tendría nada que ver como se nos dice con mayores
inversiones en la República, en consecuencia sí el déficit es bueno o malo, la respuesta
es absolutamente negativa, para mayor abundancia los “inspectores” del Fondo
plantearon que si bien es cierto que han venido creciendo las importaciones de BIENES
DE CAPITAL, no es menos real que la mayor parte de esas importaciones van a equipar
sectores cuyos productos no son negociables internacionalmente, es decir, que no se
pueden EXPORTAR, como por ejemplo, servicios como el sistema bancario y las
telecomunicaciones, es evidente que de este modo, esas importaciones no van a
provocar ni a la corta ni a la larga mayores exportaciones, como se nos ha dado en
decir. A su vez el palacio de Hacienda no debiera olvidar que las compras que nos
ocupan, reitero, tienen como destino mayoritario su utilización en los servicios, que no
generan divisas genuinas con las cuales se puedan pagar las obligaciones financieras. Y
así vemos que cuando el FMI nos recomienda –ordena- enfriar, en realidad apunta,
aunque quizás no se de cuenta, estimativamente al 14% de la población que lleva un
tren de vida muy por encima del resto y de las posibilidades de la economía; y estos
serían los estamentos alcanzados por el efecto riqueza descriptos por Mackenzie
Gordon A., funcionario del FMI en “Macroeconomic impact of privatization” en su
informe al FMI (documento ppaa 97-9). Por supuesto que ese gasto se financia con
creciente deuda externa pública y privada, no olvidemos que el sobreendeudamiento
privada ya existió en la República, justamente Lorenzo Sigaut y Domingo Cavallo lo
afrontaron en 1982-1983 y lo estatizaron iniciando de esa manera una nada virtuosa
cadena que hoy nos amenaza con un desenlace tipo tequila.
Por otra parte, las supuestamente significativas inversiones en el país estarían
chocando con otra realidad, la tendencia a la deflación de los precios internacionales,
esto hace que las inversiones hoy no sean tan rentables, puesto que la producción se
vende al exterior a precios de remate, tal sería el caso del petróleo y de otros minerales,
o sea se continúa con el permanente saqueo de las riquezas de los pueblos, la jugada
siempre es la misma, las materias primas no valen nada y los productos elaborados por
los llamados países industrializados nos las venden –con la complicidad de la clase
dirigente de turno- a precios excesivamente caros en función del costo de elaboración.
Otro factor que hace a que continuemos con la dependencia es la tendencia a que
a el déficit se le permita seguir creciendo, porque continúa en aumento la deuda pública
y entonces hay que pagar más intereses, y como a su vez están disminuyendo los
precios de las exportaciones argentinas, el déficit comercial se va aun más arriba; lo que
aun podemos ver es como los inversores del exterior y los organismos internacionales
financian este mayor endeudamiento del país, peor la pregunta es ¿hasta cuándo?, que
ocurriría si en algún momento se corta el respaldo financiero externo, es probable que la
economía argentina sea llevada hacia una violenta recesión en virtud del retiro de los
capitales especulativos –que los son todos-, actitud tal que originaría una presión alcista
sobre las tasas de interés con consecuencias inmediatas en el mercado cambiario, por
una pérdida “eventual” de divisas, en consecuencias los organismos internacionales
quieren salvar la ropa y que se tomen medidas preventivas para no llegar a un retiro
masivo de capitales por problemas de endeudamiento internacional, pues también temen
un efecto dominó en Iberoamérica que potenciaría una “fuga de capitales”, por lo tanto
se nos exigen mayores ajustes internos, aumentos de impuestos, reducción del consumo,
aumentos del precio de los combustibles, avanzar aun más en la precarización laboral,
etc., puesto que sino y aquí viene la recurrente amenaza, nadie la presta a una nación
que no haga bien los deberes a costa de lo que sea. Dicho con más claridad; sin
financiamiento externo, la República sería empujada a una profunda recesión, de darse
esta situación, significaría que la economía padece un desequilibrio de mayores y muy
graves dimensiones, absolutamente distinto a lo que nos dice el gobierno nacional, no
obstante éste pone en conocimiento de la opinión pública proyectos tales como 10.000
km de autopistas, el impuesto a los autos para mejorar el salario docente?, y por otra
parte el llamado viceministro de economía Carlos Rodríguez afirma que “por ahora,
esos proyectos sólo son simbolismos políticos, que pueden ser un motivo válido pero no
real para preocuparse”; Clarín 12-04-1998 página 2 columna cuatro; o sea que el FMI
no se preocupe; en consecuencia el que esto escribe lo traduce al más puro porteñismo y
concluye que los mentados proyectos-independientemente de su necesidad,
conveniencia y viabilidad- son solamente más”chamuyo para la gilada”.
Asimismo es necesario ampliar lo hasta aquí expuesto y destacar que al déficit
comercial se le agrega el robusto y creciente déficit en la cuenta de servicios, que es tan
importante como el déficit comercial y juntos forman la cuenta corriente del balance de
pagos, cuyo desequilibrio en el curso de este año se acercaría al 5% del PBI. Es
conveniente que sepamos que comprende la cuenta de servicios, y esta incluye los
intereses de la deuda, el giro de dividendos al exterior, pago de patentes y fletes y otros
rubro menores, cuyo déficit estructural tiende a aumentar; a diferencia del déficit
comercial que es variable el saldo de la cuenta servicios es permanentemente deficitario.
En lo que hace a los intereses y a pesar del plan Brady, las privatizaciones que nos
pagaron con bonos de la deuda y de la reducción en su momento de las tasas de interés
internacional, la cuenta de intereses pagados sigue siendo muy elevada. Respecto a las
utilidades de las empresas extranjeras remitidas al exterior con total aceptación por las
autoridades de turno tienen una tendencia ascendente desde 1992, pasando de los 1.100
millones ese año a los 2.258 millones en 1996, y según datos macroeconómicos, en los
cinco años que van desde 1992 a 1996 se remitieron al exterior 8.656 millones, lo que
nos da una cifra superior a toda la inversión externa directa realizada durante ese
período y mayor que la inversión en 1997, estimada en 8.000 millones de dólares según
FIDE en base a información oficial. Lo que podríamos llamar servicios reales entre
1992 y 1996 nos significó más déficit por aproximadamente 2.479 millones de dólares,
esto es realmente preocupante puesto que al no producir nuestra propia tecnología sino
que la importamos, debemos pagar patentes y licencias a quiénes la producen en el
exterior. Como el país no tiene flota de mar de importancia, paga fletes a compañías
extranjeras, como el sector público y el privado hacen uso creciente de auditorías,
consultorías y aseguradoras extranjeras, también aumentan los pagos de estos servicios
al exterior; por lo tanto vemos que algunos países tienen superávit comercial y de
servicios, otros tienen déficit comercial que compensan con los ingresos en la cuenta
servicios o viceversa. Nuestra situación es la peor de todas, tenemos déficit en ambos
renglones de la cuenta corriente, por lo que, dependemos en este sistema en que nos han
inmerso, del ingreso de capitales –especulativos- de corto y largo plazo y del
endeudamiento externo, lo que aumenta nuestra vulnerabilidad externa. Debemos
también hacer una ligera referencia a la EVASIÓN FISCAL que solamente en el rubro
carnes se evaden anualmente 900 millones de dólares, cifra que estimamos desde 1989 a
1997 en 8.100 millones de la moneda referida anteriormente, claro esto debe ser
encuadrado dentro del conocimiento de quiénes son los grupos evasores, y en que
medida estarían vinculados a los factores de poder de turno, asimismo la evasión en
cereales rondaría los 800 millones por año, a esto debemos sumarle la evasión de más
de 1.000 millones de pesos anuales que estaría siendo llevado adelante por las empresas
multinacionales con filiales en la República, o si se quiere las empresa argentinas
vinculas con sociedades del exterior; la maniobra consistiría en la manipulación de los
“precios de transferencia”, computados cada aproximadamente doce meses. Los precios
de transferencia, son los estipulados en las transacciones internas entre filiales de una
multinacional y la casa matriz; envíos de mercaderías de todo tipo, funcionando esta
trampa de la siguiente manera: las empresas multinacionales planifican sus operaciones
impositivas a escala mundial, decidiendo de antemano que qué países declararan las
ganancias y en cuáles pérdidas. Las ganancias se declaran en los países donde es muy
baja la alícuota del impuesto a las ganancias y proceden a declarar pérdidas donde la
carga es mayor. Ejemplo: la filial argentina de una multinacional importa materias
primas de su casa matriz y las paga caro, reexportándolas baratas, como al vender barato
pierde, pide prestado, y ¿a quién? a la empresa madre; por la deuda obviamente le paga
intereses, con lo que aumenta la deuda, por supuesto que el holding tiene teóricamente
su sede en un paraíso fiscal, donde informa sobre sus ganancias, pero como en ese
paraíso está exento del pago de ese gravamen, no abona ningún impuesto, ni en la
Argentina ni en le paraíso fiscal, y si tenemos en cuenta que según el Palacio de
Hacienda, en la Argentina la mayoría de las empresas que no pagan o que pagan muy
poco del impuesto a las ganancias tienen un elevado nivel de deudas con el exterior, en
consecuencia debiéramos sospechar que esas deudas son autopréstamos. Lo
relatado tendría la siguiente mecánica: los accionistas tienen dinero negro depositado en
los paraísos fiscales, pero en lugar de blanquear ese dinero como capital propio, lo
ingresan al país como un préstamo de una compañía registrada en esos paraísos, luego,
la empresa argentina le transfiere todos los años los intereses por ese préstamo a la casa
matriz en aquel paraíso fiscal y como los intereses pagados todos sabemos que son un
gasto, se procede a deducirlos del impuesto a las ganancias. Y los intereses que
recepciona la empresa radicada en el paraíso fiscal, que son, en definitiva una absoluta
ganancia, tampoco pagan impuesto, porque en ese lugar están exentos de todo tipo de
gravámenes. A pesar de que resulta difícil, no imposible de cuantificar y de eliminar
toda esta trama impositiva, lo que realmente notamos es ver la enorme transferencia de
ingresos que se produce de los consumidores argentinos y de la República toda hacia las
empresas que actúan como holding o con sociedades vinculadas, lo que redunda en una
fenomenal estafa –y van- y una absoluta competencia desleal hacia el resto de las
empresas que no pueden apelar a esos mecanismos de evasión seudo legalizada, y hacia
los ciudadanos, cercados por la voracidad impositiva instituida por estas políticas
liberales, en la cual los gestores de las mismas tienen llegada a los lugares de decisión y
logran llevar adelante la política que más les conviene a sus intereses sectoriales.
Es por lo tanto absolutamente evidente que el neo-liberalismo se ha establecido
en la República y que éste se funda en un hecho básico: la absoluta libertad económica,
mediante el libre juego de las fuerzas económicas a través de la función cómplice del
estado gendarme, que solamente debe intervenir para crear el marco legal dentro del
cual funciona el mercado libre, la intervención también es aceptada cuando deba
restablecer el libre juego de la competencia, la iniciativa y el espíritu de empresa; sin
incidir sobre la oferta y la demanda, sin alterar jamás los precios mediante la aplicación
de tasas y otras imposiciones; se aplican tarifas aduaneras más que moderadas o
directamente inexistentes, con exclusión de todo género de restricciones en materias de
importación, del control de divisas –cuando no hay convertibilidad en otros sistemas- y
de la distribución oficial de las materias primas. Se postula un sindicalismo libre de todo
carácter obligatorio, o sea sin vigencia reglamentaria o contrariamente opuesta. Vemos
así que el neoliberalismo encierra una finalidad individualista, recomienda una
intervención del Estado en los asuntos económicos, que debe ejercerse sobre la oferta y
la demanda, pero directamente sobre los precios. En una especie de ensayo de juicio no
excluyente ni terminante, diremos COMO MINIMO EL LIBERLISMO NOS OBLIGA
A TRES CATEGORÍAS DE RESERVA:

I- Reservas de orden económico, en las que las fuerzas económicas


dominan el Estado y le imponen la inacción en provecho de su propio
interés. Y para que el Estado pueda obrar, es menester que se libere de
las tutelas de las potencias económicas y para esto, hace falta una
profunda reforma de las estructuras de este Estado neo-liberal.
II- Reservas de orden social, el neo-liberalismo no permite una real
integración de los asalariados en la vida económica y una superación
del régimen del salario. Tampoco aborda el problema de una reforma
de la propiedad capitalista en el sentido de un acceso general de los
individuos a la propiedad privada. No preconiza una reforma de la
empresa en el sentido de una participación de los asalariados en las
responsabilidades económicas y sociales. Para ellos el mundo
permanece dividido en dos clases: los empresarios y los asalariados –
cada vez menos-, no se reserva lugar alguno a los organismos sociales
capaces de dar vida a las comunidades naturales: la familia, el gremio
profesional, el medio social, etc.
III- Reserva de orden moral, digamos que no podemos admitir la idea de la
neutralidad de la economía que sustenta el neo-liberalismo y el
liberalismo clásico –el capitalismo a secas-. Es absolutamente
necesario que la ciencia económica aplicada y la actividad económica
deben estar al servicios del hombre; su función esencial consiste en
proporcionar a cada cual un nivel de vida compatible con la dignidad
humana y permitir con el ejercicio de las responsabilidades necesarias
para el completo desenvolvimiento del ser humano. No se trata de
permitir, mediante un individualismo extremista, la eclosión de los más
fuertes, sino de buscar la elevación y la felicidad de la mayoría de los
hombres o sea tender al bien común, y es acerca de estor puntos
esenciales (y no exclusivos) que el neo-liberalismo no puede
satisfacernos. Puesto que de esa forma se instala el reinado absoluto de
la flexibilidad, con los contratos temporarios o las pasantías que
tienden asegurar la sobreexplotación de los asalariados, y como
fundamento último de todo este orden económico la violencia
estructural del desempleo tan temido, y vemos así que la utopía neo-
liberal tiende a encarnarse en una suerte de máquina infernal,
sacralizada por los políticos que nos hablan del poder de los mercados
en nombre de la eficiencia económica y que pregonan la subordinación
de los Estados nacionales a las exigencias de la libertad económica,
que lo único que se logra es la miseria de fracciones cada vez mayores
de todas las sociedades incluyendo las más avanzadas económicamente
y la desaparición progresiva de los universos autónomos de la cultura
mediante la imposición de valores comerciales.
También debemos señalar que en lo que hace a la actual crisis del capitalismo
mundial, las soluciones que se proponen para tratar de terminar con el problema es una
suerte de drama ya visto antes, en varias oportunidades, y que no tiene para las
poblaciones sumergidas un final feliz, los anuncios de que la tormenta hará que el cielo
se desplome se reiteran día tras día, para lograr luego el rescate en una suerte de
operación Robin Hood, dado que los rescatados son los ricos y por último ingresa el
FMI con su consabida receta de trasladar los costos de la fiesta a los que nada tienen,
esto es una especie de socialismo inverso por el cual se protege al capital privado para
que haga lo que desea en el lugar que quiera, y luego se lo vuelve a proteger a la hora de
pagar los platos rotos. No obstante en algunos sectores del capitalismo norteamericano,
parecieran que se encontrarían preocupados, puesto que en la tapa del The New Time
del 2 de octubre de 1998, se publicó una nota en donde se responsabiliza de la crisis
mundial entre otros al Tesoro de EEUU, a los operadores financieros y al FMI, esto se
debe tomar con cuidado por aquello de que “cuando el barco se hunde.......”
La desvalorización de las bolsas y de los activos es una muy clara señal que
concluyó el período de la burbuja especulativa y que ahora hay que vivir con lo propio;
el problema para el que hay que encontrar soluciones es que la República fue llevada a
continuar elevando su hipoteca, y la solución tampoco es la de comprar confianza, dado
que esto produciría una mayor flujo de fondos que elevaría el endeudamiento del país
que, contradictoriamente lo haría más vulnerable a los vaivenes de la crisis financiera
internacional, quede entonces en claro que cuanto más confianza vende la Argentina,
mayor es la fragilidad externa. Por el contrario, la República necesita crecer, proceder a
la multiplicación de sus bienes y servicios, distribuir equitativamente la riqueza y no
caer en eso del recalentamiento de la economía cuando hay dos millones de
desocupados y vastos e importantes sectores de la industria tienen capacidad ociosa de
arrastre. Es notable ver como la Argentina está comercialmente desguarnecida frente a
la fuerte presión comercial, en razón de una apertura indiscriminada y porque tiene una
escaso nivel de elaboración interna. También serían una contribución apreciable una
mejora de la administración de la recaudación impositiva, una sensible reducción de los
gastos superfluos y un combate efectivo a las prácticas de la corrupción que erosionan
el tesoro nacional. A modo de ejemplo entre otros recordemos la respuesta del
gobernador de Santa Fe Don Servando Bayo, cuando Avellaneda le preguntó como se
las había arreglado en la provincia para seguir adelante en momentos de crisis con tan
poco dinero: “Señor Presidente –dijo el gobernador- la cosa es muy sencilla: ni he
robado ni he dejado robar a nadie”.
En consecuencia la deuda plantea entonces varias cuestiones, una de ellas es
definir con absoluta claridad su monto y su legalidad, para que se tenga un dato cierto al
momento de elaborar las decisiones de política económica y la otra es pensar que el
contenido tendrá esa política para poder cumplir los compromisos y no paralizar a la
República; por lo tanto no es el ajuste, es el desarrollo integral de la Nación con los
cambios de estructuras y de concepción que supone, lo que engendra crecimiento, y
además independencia nacional, justicia, elevación de las condiciones de vida, paz
social y fortalecimiento y mejoramiento de la democracia.

Buenos Aires, septiembre 1998. Reflexiones.


Carlos A. Castiñeira.