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UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA

FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS


CURSO: INICIACIÓN A LOS ESTUDIOS FEMINISTAS Y DE GÉNERO

VICTOR ALFONSO AVILA GARCIA CÓD. 454582


PSICOLOGÍA

Plumas, colores, posiciones y otras invenciones del régimen heterosexista

A pesar de que Beatriz Preciado no describe una situación particularmente novedosa1 al afirmar
que “la heterosexualidad no ha existido siempre”2, sí pone en evidencia el carácter discursivo y
práctico de un proceso político que normaliza y preconiza las relaciones entre hombres y mujeres,
y por consiguiente construye también unos otros que resultan desviados, disfuncionales y/o
peligrosos; la autora resalta la dimensión económica del concepto de heterosexualidad, y la
define en consecuencia como “una posición… en las relaciones de producción y de intercambio
basada en la reducción del trabajo sexual, del trabajo de gestación y del trabajo de crianza y
cuidado de los cuerpos a trabajo no remunerado”3; en relación a esto es preciso integrar el hecho
de que a partir de tal práctica se hace posible la atribución social y cultural de unos significados –
y de importancia diferencial- a los cuerpos, que presupone la reciprocidad y la estabilidad del
sexo y el género4.

Esta definición, que amplía y subvierte aquella noción no tan ingenuamente construida que
ofrecen la psicología y otras disciplinas según la cual la heterosexualidad es una disposición,
configurada a partir de la previa instalación y reiteración de una categoría que impone un
dualismo de oposición, a hacer de un individuo del sexo “contrario” 5 objeto de deseo y goce
sexual (i.e. genital), no resulta evidente para quienes habitamos el espacio social normalizado; la
estructura de dicho espacio social, retomando a Bourdieu6, viene determinada por la distribución
de diversas formas de capital (que otorgan fuerza y poder a quienes las poseen): económico,
cultural, social y simbólico, por lo que la posibilidad de cuestionar el establecimiento está
determinada entre otras cosas, por la posición que se ocupa en el sistema productivo, por el
acceso que se tiene a la información, por los grupos a los que se pertenece y con los que se
establecen vínculos, y por el reconocimiento simbólico que es otorgado al individuo por las
1
No pretendo emitir un juicio peyorativo con respecto a la propuesta teórica de Beatriz Preciado, sino resaltar la
circulación de conocimientos producidos por la antropología y otras ciencias sociales que muestran la existencia de
sociedades en las que la heterosexualidad no es la única forma legítima de definir las relaciones sociales.
2
Preciado, 2008, pág. 96.
3
Ibid, pág. 95.
4
Butler, 2001.
5
La configuración discursiva del “sexo opuesto” supone en primer lugar, que sólo existen dos opciones de ocupar
una posición en el mundo de acuerdo a una diferencia anatómica que es interpretada socialmente y a partir de la cual
se construye dicha tensión; en segundo lugar, afirma la existencia de un sexo que ocupa una posición
central/dominante en el sistema (el masculino y/o lo masculino en términos hegemónicos) y por consiguiente un sexo
al que se le asigna un sentido de otredad, de subordinación (lo femenino).
6
Bourdieu, 2002.

1
formas que adoptan los capitales que detenta. A mí no se me habría ocurrido cuestionar el estatus
de normalidad otorgado a la heterosexualidad si no hubiera tenido contacto con las
revolucionarias propuestas de Beatriz Preciado o Monique Wittig; no habría visto que mi propia
subalternidad no ha de ser reivindicada como una “opción” válida junto a los dos elementos
hegemónicos de la categoría ‘sexo’, y que por el contrario debo reconocer y dinamizar su
capacidad para desestabilizar y resquebrajar un régimen que se apropia del trabajo de ciertos
grupos, les impide participar en la construcción de los significados que circulan en el mundo
social, y les niega de manera sistemática la habilidad de determinar de manera autónoma la
manera en que son y están en la sociedad. De este modo, no ocurre sencillamente que el
pensamiento dominante se niegue a auto-analizarse para evitar revelar aquello que lo pone en
tensión, como afirma Wittig7; a pesar de que el hombre blanco, heterosexual, de clase media
efectivamente se resiste a perder su posición dominante, el ordenamiento de los poderes sociales
le impide ver que el ejercicio opresivo le impone cargas a él también, es decir lo hace objeto de
dominación como diría Bourdieu en algún fragmento de La dominación masculina.

Adrianne Rich sugiere “que la heterosexualidad, como la maternidad, necesita ser reconocida y
estudiada en tanto que institución política, incluso, o especialmente, por esos individuos que
tienen la sensación de ser, en su experiencia personal, los precursores de una nueva relación
social entre los sexos”8. Esta afirmación, de algún modo similar a la que hace Wittig 9, nos
permite pensar que dicho régimen no sólo subordina y se apropia de las mujeres, sino de todos
aquellos que no son incluidos en esa definición fundacional, cerrada e inmóvil de la
masculinidad, que es además ligada de manera inextricable al poder, a la legitimidad y al
privilegio10, y también permite ampliar el espectro de identidades emancipatorias más allá de las
lesbianas11; Vemos transexuales en la localidad de Ciudad Bolívar, en Bogotá, que han
empezado a movilizar cuestionamientos con respecto a la normatividad del ‘sexo’, y que
evidencian, en medio de un espacio estigmatizado y periferizado, cómo la materialización de los
cuerpos no se finaliza, en tanto es un proceso inacabado que permite la existencia de estos seres
que contradicen y cuestionan el carácter hegemónico de la norma. Asimismo, existen madres y
padres que al asumir y aceptar la identidad disidente de sus hijas/hijos, muestran que los seres
humanos sí tienen la capacidad de comprender y/o desarrollar una conciencia con respecto a las
sumisiones y opresiones que atraviesan la realidad social y por lo tanto, detentan la capacidad de
modificarlas mediante sus acciones y su lenguaje. Este régimen político, que actúa de manera

7
Wittig, 2006.
8
Rich, 1999, pág. 9.
9
Wittig, 2006.
10
Halberstam, 1998.
11
Considero que Monique Wittig y Cheryl Clarke otorgan un rol predominante a la volición y a la postura política de
las lesbianas ideales que ellas retratan, y esto resulta un poco problemático puesto que su apuesta por desnaturalizar
las construcciones e interpretaciones de una sociedad heterosexista, no tiene en cuenta que existen individuos con
orientaciones sexuales que no necesariamente obedecen a un posicionamiento político y que por el contrario, parecen
ser el reflejo de un impulso interno “natural” cuya intención no es precisamente subvertir el orden social. Es decir,
¿podría una bio-mujer heterosexual que se hace consciente de los efectos del patriarcado, decidir hacerse lesbiana y
contribuir así a combatir la opresión de las mujeres?

2
discursiva sobre los cuerpos, se encarga de legitimar posiciones, historias, vidas, cosmovisiones,
prácticas y subjetividades que se delimitan a partir de la configuración de otros subordinados,
despojados, ajenos o no representativos de los valores dominantes; este patrón de dominación
capitalista, llamado por Quijano ‘Colonialidad’12, se fundamenta en la racialización de los grupos
humanos (introduciendo índices o grados de superioridad/modernidad entre las razas) y en el
establecimiento de una relación capital-trabajo que origina distanciamientos entre los individuos
–clases sociales-. Como afirma Wittig13, antes de la esclavitud el concepto de raza no tenía el
mismo significado opresivo que adquirió durante la modernidad, y que junto al sexo parecen ser
hoy datos adicionales, es decir un conjunto de atributos físicos naturales que no están sujetos a la
interpretación; por el contrario, están marcados por un sistema social que se encarga de construir
y oprimir a las mujeres, a las negras, a las prostitutas, a las jóvenes, a las lesbianas, a las ancianas,
a las desposeídas y a los hombres que encarnan una masculinidad no hegemónica.

“La sociedad heterosexual está fundada sobre la necesidad del otro/diferente en todos los niveles.
No puede funcionar sin este concepto ni económica, ni simbólica, ni lingüística, ni
políticamente… ¿qué es el otro/diferente sino el dominado? Porque la sociedad heterosexual no
es la sociedad que oprime a todas las mujeres y a numerosas categorías de hombres, a todos los
que están en la situación de dominados”14, el régimen se encarga de producir seres abyectos que
constituyen el exterior inhabitable de lo que ha de ser reconocido como sujeto 15. De este modo, y
como lo afirma Beatriz Preciado no sólo estamos en aprietos quienes cuestionamos esa
asignación originaria del género, sino quienes no pueden encarnar los prototipos corporales de la
masculinidad y la feminidad que se producen de manera farmacopornográfica16 desde la segunda
guerra mundial; no sólo sufre mi amigo Christian por habitar un cuerpo que no le corresponde
-condición que lo ha llevado a materializar la esclavitud sexual de la que habla Rich-, también lo
hace mi amiga Jennifer cuando me pregunta si le puedo ayudar a conseguir Sibutramina para
bajar de peso, luego de confesarme que no le preocupa su bienestar sino su aspecto.

REFERENCIAS

Bourdieu, Pierre. (2002). ¿Cómo se hace una clase social? Sobre la existencia teórica y práctica
de los grupos. Poder, derecho y clases sociales. Desclée De Brouwer: Bilbao.

Butler, Judith. (1993). Introduction. Bodies that matter. The discursive limits of "sex".
Routledge: New York.

12
Curiel, 2007.
13
Wittig, 2006.
14
Ibid, pág. 53.
15
Butler, 1993.
16
Preciado, 2008

3
Butler, Judith. (2001). Sujetos de sexo/género/deseo. El género en disputa. El feminismo y la
subversión de la identidad. Ediciones Paidós: España.

Curiel, Ochy. (2007). La crítica poscolonial desde las prácticas políticas del feminismo
antirracista. Revista Nómadas, Número 26. Universidad Central: Bogotá.

Halberstam, Judith. (2006). An introduction to female masculinity. Masculinity without men.


Female Masculinity. Duke University Press: Durham.

Preciado, Beatriz. (2008). Tecnogénero. Testo Yonqui. Espasa: Madrid.

Rich, Adrianne. (1980). La heterosexualidad obligatoria y la existencia lesbiana. DUODA:


Revista d'Estudis Feministas, Número 10-1996, pág. 15-42.

Wittig, Monique. (2006). El pensamiento heterosexual. El pensamiento heterosexual y otros


ensayos. Editorial Egales: Madrid.

Wittig, Monique. (2006). La categoría de sexo. El pensamiento heterosexual y otros ensayos.


Editorial Egales: Madrid.