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La transición

adolescente
Peter Blos

ASAPPIA
Amorrortu editores

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The adolescenf passage. Developmental issues, Peter Blos A la memoria de mi padre, médico y filósofo.
© Peter Bios, 1979
Traducción, Leandro Wolfson

Unica edición en castellano autorizada por el autor y debida-


mente protegida en todos Jos países. Queda hecho el depósito
que previene la ley n° 11.723. © Todos los derechos de la edi-
ción en castellano reservados por la Asociación Argentina de
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Industria argentina. Made in Argentina.

ISBN 84-610-4059-7

Impreso en los Talleres Gráficos Didot S.A., Icalma 2001, B~­


nos Aires, en abril de 1981")
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Tirada de esta edición: 3.000 ejemplares.


Indice general
( t%<)o9 eí2J El concepto de acttiaéió,n, (acting out) en relación
con el proceso adolesPimte' , .
228 13. La concreción adó~escefite. Contribución a la teoría
de la delincuencia · ' ·' :
248 14. El niño sobrevalorado
x Dos poemas
1 Palabras preliminares 255 Cuarta parte·: Enfoque evolutivo de la forma-
ción de la estructura psíquica
3 Primera parte. La influencia mutua del adoles- 257 Introducción
cente y su entorno (1114) 261 r15:' La genealogía del ideal del yo
302 16. La epigénesis de la neurosis adulta
5 Introducción 327 17. ¿Cuándo y cómo termina la adolescencia? Criterios
11 l. Realidad y ficción de la brecha generacional estructurales para establecer la conclusión de la adoles-
21 2. Reflexiones sobre la juventud moderna: la agresión cencia
reconsiderada
32 3. Prolongación de la adolescencia en el varón. Formu-
lación de un síndrome y sus consecuencias terapéuticas 341 Quinta parte. La imagen corporal: su relación
45 4. Asesoramiento psicológico para estudiantes universi- con el funcionamiento normal y patológico
tarios
(1~1~ 57 J5. 1La imago parental escindida en las relaciones sociales 343 Introducción
del adolescente: una indagación de psicología social 347 18. Comentarios acerca de las consecuencias psicológi-
cas de la·criptorquidia: un estudio clínico

83 Segunda parte. Las etapas normativas de la


adolescencia en el hombre y la mujer 379 Sexta parte. Resumen: Contribuciones a la teo-
ría psiCoanalítica de la adolescencia
85 Introducción
89 6. Organización pulsional preadolescente 381 Introducción
99 7. La.etaoa inicial de la adolescencia en el v:uón 383 19. Modificaciones en el modelo psicoanalítico clásico
(l%:]\ 118· 8) E~ segundo proceso de individuación de la adoles-¡ , de la adolescencia
cenc1a 5
141 9. Formación del carácter en la adblescencia 403 Referencias bibliográficas
158 10. El analista de niños contempla los comienzos de la
adolescencia

177 Tercera parte. Acting out y delincuencia


179 Introducción
183 11. Factores preedípi<:os en la etiología dt• la delincuen-
cia femenina
203 Posfacio (1976)

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Intrusión
Cuando tenía catorce años iba caminando Incrustadas en el pensamiento
por la calle oscurecida demasiado montañoso para ser quebrado a golpes de pico
con un muchacho a quien había desvestido torpemente. las explicaciones lógicas tratan de abrirse camino
Como yo, el pobre chico estaba incómodo a través de una mente con infinitas obstrucciones
pero miró. empujadas por un perpetuo dolor
Espero, dijo, hecho de abatimiento, desánimo y desesperación
mirándome de soslayo, de desconocidas propuestas futuras
que no aguardarás nada más de eso ... que aguardan pacientemente ser liberadas.
Apartó la vista de una batahola de ensordecedora confusión
y todos lo supieron. sólo para ser negadas al precio de sufrir
piadosamente a los pies de dios
Yo sangré y sangré y sangré. ser liberadas en un movimiento de avance
arrastradas por mareas de la fortuna
Era como una negra habitación ignoradas por los malignos demonios siempre listos
y resplandecientes carbones rojos. para castrar la magnificencia de un segundo advenimiento
Yo finjo que todos ellos son reales. John B., dieciséis años
Cuando acabó el verano nunca había ningún lugar.
En el otoño yací entre quebradizas hojas.
En Navidad fui a un departamento nuevo
y a una cama con flores azules
y él se quejó de mi edad
como todos ellos.

Y fui al museo
y a un montón de doctores.

Y mi madre dijo lo mismo que


el hombre malo
pero, al igual que él,
ella jamás me llevó realmente
lloraAdo en s11s brazos.
J essica R., dieciséis años

X
Palabras preliminares

La psicología de la adolescencia despertó mi interés en los


inicios de mi vida profesional, pero no fue el campo hacia el
cual se dirigieron mis primeros intereses científicos, ni tampoco
el campo en que yo suponía que habría de trabajar.
Comencé como estudiante de biología, y obtuve el doctora-
do de esta disciplina en la Universidad de Viena, en 1934. No
obstante, mi dedicación a la biología sufrió un desafío cuando
me vinculé con el psicoanálisis, que infundió la vida de las
emociones humanas al estudio del organismo, su estructura,
función y evolución. La práctica del psicoanálisis, y en parti-
cular del análisis de niños, puso orden y disciplina en la
confluencia de las dos ciencias. Hice, pues, del psicoanálisis mi
profesión; el análisis de adolescentes pasó a ser mi interés fun-
damental y mi principal campo de investigación.
Rememorando los comienzos de mi labor psicoanalítica,
quiero dejar consignada aquí la influencia personal que August
Aichhorn ejerció en mi vida profesional. En la década de 1920
este hombre notable había adquirido fama internacional por
su trabajo con delincuentes. Su intelección psicoanalitica del
comportamiento delictivo y su técnica de rehabilitación y so-
cialización del adolescente asocial abrieron un ámbito entera-
mente nuevo para el tratamiento y la teoría, basado en la psi-
cología psicoanalítica. Mi vinculación con este dinámico inno-
vador y gran maestro dejó en mi espíritu una huella indeleble.
Mi identificación inmediata con él determinó, gradual pero
firmemente, mi interés por la adolescencia y mi dedicación a la
terapia de los adolescentes. A medida que trascurrió el tiem-
po, estas prímitivas influencias generaron empeños más especí-
ficos en mis estudios sobre los adolescentes, relacionados y
orientados por oportunidades felices que se presentaron en mi
camino. Las sensibilidades, predisposiciones y aptitudes perso-
nales cumplieron un papel decisivo en la elección temática de
mis proyectos de investigación.
Este volumen reúne el fruto de esas investigaciones. Su fuer-
za propulsora ha sido mantenida, a lo largo de varias décadas,
merced a mi fervor por ampliar y profundizar la comprensión
del proceso del adolescente.

Holderness, New Hampshire, 1° de enero de 1978.


Primera parte. La influencia mutua
del adolescente y su entorno
1
Esta nota preliminar no tiene por objeto resumir el conteni-
do de los cinco capítulos a los que sirve de introducción. Es, an-
te todo, un intento de reflejar conceptos oásicos que extraje de
mi labor clínica y que, a lo largo del tiempo, han condicionado
mi manera de observar el comportamiento humano y de con-
templar su naturaleza y desarrollo. Así pues, las siguientes
puntufilizaciones deben considerarse como una tentativa de
evqcar la corriente esencial de opinión y de ideas que ha dado
<t• ura fisonomía particular a todos los problemas clínicos estu-
diado~;' ·por mí. He traducido en términos conceptuales las
impresjones clínicas que cada vez me resultaban más convin-
centes, por ser esta la forma más confiable de verificar su vali-
dez teórica y su utilidad práctica.
El organismo humano emerge del útero equipado con deter-
minadas capacidades biológicas de regulación que requieren
un entorno próvidente para su funcionamiento y crecimiento
adecuados. L~ supervivencia depende del apoyo que reciban
necesidades biológicas y de contacto humano, de naturaleza
tanto física como emocional, y que se sintetizan en la reciproci-
dad de la conducta vincular. Las variantes constitucionales del
organismo en m.ateria de adaptabilidad, así como la presencia
empática de la persona que brinda los cuidados maternos du-
rante el progreso madurativo del bebé, determinan un
equilibrio óptimo. Desde el comienzo de la vida el organismo
humano es un animal social. Con la interiorización del entor.:
no, facilitada por la maduración del sensorio y personalizada
por las facultades receptivas y expresivas de un ser afectivo y
conciente de sí, tiene lugar en su debido momento una declina-
ción de la dependencia total respecto del entorno. El avance
hacia la etapa de la autonomía se funda en la formación de la
estructura psíquica; este proceso representa la trasformación
de las influencias vivenciales -introducidas discriminadamen-
te en la vida del niño por su entorno, y a las que aquel responde
de manera selectiva- en una realidad interior dotada de un
orden legal propio. Aludimos a este principio de organización
de la mente en términos de "instituciones" o "sistemas", los
cuales comprenden el ello, el yo, el superyó y el ideal del yo.
El organismo humano no puede, entonces, lograr o de-
sarrollar una presencia psíquica sin interferencias sistemáticas
1..
! del mundo exterior. El distingo entre un mundo exterior y un pacidad del organismo psíquico para utilizar los elementos am
1 1

mundo interior -en cuanto entidades delimitadas, separa- bientales dados en un proceso anabólico (vale decir, integniti-
das- sólo evoluciona lentamente en el tercer año de vida. vo) apunta a una analogía biológica, a saber, la ingestión de
'1
Suele sostenerse que el logro de la individuación, la interioriza- sustancias que conservan la vida y su conversión en tejido vivo.
ción y la estructura psíquica resguarda automáticamente, por Si este proceso opera bien en todas sus etapas, puede conside-
sí solo, el funcionamiento óptimo del organismo psíquico. ~a­ rárselo el indicador fundamental y garantizador de la normali-
mos fácilmente por sentado el papel del entorno. Debe constde- dad y la salud, según lo demuestran notoriamente los periodos
rarse, empero, que las permanentes interferencias procedentes de rápido y vigoroso desarrollo y adaptación (p. ej., la niñez
de este último -y que en parte emanan de la solicitación del • temprana y la adolescencia). Por supuesto, aquí se da por des-
niño- son estímulos indispensables para promover el creci- contado que existe siquiera en pequeña medida el "ambiente
miento y sostener la vida anímica. En su activación recíproca, facilitador" o la "madre suficientemente buena" de Winnicott.
estas excitaciones aferentes y eferentes mueven al pequeño a Una vez definido el punto de vista básico de los cinco capítu-
hacer elecciones y practicar evitaciones, aunque estas no son los que siguen, debemos examinar su importancia para la ado"·
concientes ni deliberadas. El proceso recíproco de "ajuste" es- lescencia. En los términos más simples, podemos decir que con
tablece entre el self y su entorno una pauta de interacción que el advenimiento de la maduración sexual se tornan no sólo fac-
poco a poco va conformando la individualidad y la singulari- tibles sino imperiosos los saltos cognitivos a niveles superiores y
dad personal. Este proceso de armonización existe siempre pre- nuevas aptitudes físicas, un desprendimiento de las dependen-
cariamente entre las alternativas críticas de la total dependen- cias infantiles de la familia en busca de un medio social más
cia del objeto y la autosuficiencia narcisista. En este hecho ve- amplio. El ambiente del niño y el niño mismo se vuelven más.
mos la intrínseca y precaria limitación de la autonomía indivi- complejos a medida que pasan los años y a, medida que en-
dual a la que suele denominarse "condición humana". cuentran un mundo, en permanente expansión, de fuerzas in-
La experiencia nos dice que el efecto inexorable de las teractuantes que se provocan, se rechazan y se neutralizan mu-
influencias ambientales -de los nutrientes sociales y senso- tuamente. Entre la gama de influencias que constituyen la
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riales, si se prefiere- se vuelve a lo largo de la vida un requisi- matriz familiar de la cual emerge cada individuo adolescente
to imprescindible para el mantenimiento de un funcionamienc puede siempre descubrirse un conjunto de vivencias prototipi-
to organísmico (o sea, somático y psíquico) óptimo. Al afirmar cas singularmente consecuentes. La posibilidad de combinar
que el entorno ejerce un influjo esencial, perpetuo y, en ver- estas influencias en una totalidad unitaria decisiva, a la que
dad, nutriente sobre el individuo, no sólo me refiero al am- suele titularse "identidad y carácter", dependerá del grado de
biente humano sino también al ambiente abstracto que opera a integración y diferenciación de que sea capaz el yo adolescen-
través de las instituciones sociales, las simbolizaciones compar- te. El hito del "yo" y el "no-yo", establecido en la niñez
tidas, los sistemas de valores y las normas sociales. Su conteni- temprana, abarca en la adolescencia una gama infinita de al-
do, modo de uso y complejidad, desde el punto de vista comu- ternativas físicas y psíquicas.
nitario y personal, están en flujo constante, independiente- No es que el adolescente carezca de preparación para el ale-
mente de que los veamos desde una perspectiva histórica o in- jamiento emocional de su matriz familiar. Anteriores disrup-
dividual. La autonomía psíquica y la madurez emocional se ciones en su desarrollo lo llevaron, por etapas, a una creciente
logran merced al uso selectivo que hacen el niño y el adolescen- dependencia de yoes auxiliares. Teniendo en cuenta el factor
te de sus particulares elementos ambientales y constitucionales temporal de estas trasformaciones psíquicas, parecería que el
11111
dados, que con el tiempo configuran pautas adaptativas pecu- ritmo de cambio es lento, o, en otras palabras, que para su
liares. Sea cual fuese la pauta adaptativa en un nivel cual- completamiento se requiere un lapso prolongado. Al menos tal
quiera, ella es escogida y organizada activamente (aunque no parece ser el caso en el mundo occidental contemporáneo, a di-
necesariamente de manera conciente y deliberada) por el niño ferencia de lo que ocurre en las llamadas sociedades primitivas,
en crecimiento a fin de proteger su integridad psíquica, su sen- donde los ritos de iniciación expulsan al adolescente, con la ra-
sación de bienestar, y mantener intacto su cuerpo y alerta y pidez de un parto, hacia la posadolescencia y la participación
sensible su mente. en la comunidad. No importa en qué dirección avance la ado-
Es inevitable que toda vez que perturbaciones emocionales lescencia, pronto podemos observar que el nuevo entotno del
impidan el uso nutriente del ambiente, se vean afectados en adolescente, más vasto y de hecho menos familiar, hereda fun-
grado critico el funcionamiento y desarrollo normales. La ca- ciones y significados que antaño pertenecieron a la matriz fa-

7
miliar de la niñez, y que en la adolescencia son sometidos a mo- de una teoría comprehensiva de la adolescencia; en su conjun-
dificación por rechazo parcial o absoluto, transitorio o perma- to, conforman las líneas de desarrollo de la adolescencia nor-
nente -proceso al que denomino aquí "la modulación ~al, y, ~n el campo de la patología, ofrecen puntos de referen-
l. idiosincrásica y la selectividad crítica" del adolescente-. Sólo Cia teóncos que pueden contribuir a restringir y hacer más ri-
utilizando un entorno social más amplio, como continuación, gurosas las afirmaciones y predicciones. En la evaluación de la
rechazo o revisión de las pautas familiares habituales, adquiere conducta y los estados emocionales del adolescente el clínico se
el adolescente pautas propias estables, duraderas, acordes con ve asediado siempre por diversas incertidumbr~s. Conside-
su yo, y se convierte en adulto. rarlos ~sp~ctos . r~ormales del proceso adolescente o, por el
Los comentarios que hemos hecho hasta ahora sientan las c~ntrano, Identificarlos como signos patológicos, le plantea un
bases conceptuales generales de la primera parte de esta obra. dilema para resolver el cual siente mucho la necesidad de con-
Hagamos breve referencia a los problemas de que se ocupa. El tar con los criterios diferenciadores provenientes de la investi-
primer capítulo de esta parte introduce, en vasta escala, una gación. La prosecución de este objetivo recorre como un hilo
variante del antiguo tema de la separación y polarización entre rojo todas las investigaciones de las que informamos en este vo-
las generaciones. En las décadas de 1950 y 1960 se produjo, lumen.
dentro de un sector norteamericano predominantemente cons- La .inestabilidad y vulnerabilidad psíquicas del adolescente
tituido por personas blanc~s de clase media, un desquicio endé- son bien conocidas. Esta labilidad hace posible que un de-
mico de los procesos normativos de desarrollo adolescente. Me sarrollo anori?a.l se torne permanente, pero también que se su-
impresionó en esos días la línea divisoria que estaba trazando peren pote?c1ah~~des anómalas anteriores ya sea compensan-
: ~ la juventud entre ella y sus mayores -"los de más de do su mflu]O debilitador o aislando sus penosas interferencias.
En. los ú~timos ti~mpos s~ ha encuadrado estas clases de ajuste
d
treinta"-, exigiendo que la generación de los adultos, la de los
padres, se hiciera a un lado y admitiera su futilidad en el nuevo baJO el titulo de mecamsmos de confrontación"'. Los residuos
mundo bravío. La insistencia de los jóvenes en que la vieja ge- de la historia inf.antil de la formación de la estructura psíquica
11
1

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,:
! neración se declarase perimida y renunciara a sus privilegios permanecen activos en todos los estadios de desarrollo subsi-
![ por considerarlos anacrónicos, desplazó la responsabilidad de guientes y adquieren, en verdad, una urgencia extrema duran-
i~ los adolescentes por su independencia a la generación de los te la adolescencia, cuando las alteraciones estructurales abren
padres, en calidad de garantizadores de la libertad juvenil y de cai?ino hacia la adultez. La elucidación de este proceso re-
1:::
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1
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la condición de adulto. Esta actitud delataba que la involucra- q.mere una ~escripción dinámica y genética de las dependen-
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1
ción de estos jóvenes con su familia seguía siendo intensa y no c~as gener~cwnales y de los movimientos de ruptura -emo-
il i había menguado; "dependencia negativa" podía ser un buen cwnal, social, de pensamiento- que caracterizan al proceso
1:''
rótulo para ella. Terminé por reconocer en este malestar una adolescente.
1 lucha en pro de la autonomía llevada a cabo por jóvenes inca- Se sabe.desde siempre que los adolescentes participan inten-
·'. paces de lograrla sin el apoyo y la servicial ayuda de la genera- s~ Y apaswnadamente en su ambiente global, y en las rela-
ción de sus padres. CI~nes co? .sus pares en particular. En este aspecto, la teoría
En este fenómeno de la época podemos ver un reflejo de una psic~a?~htica de la adolescencia ha tendido a poner de relieve
crisis política y de pensamiento universal, que en sus peores as- ~as viC.lsltudes del hallazgo de objeto fuera de la familia. En las
;:¡ pectos morales se sintetiza. en la guerra de Vietnam, y en los mvestigacio~es psi,coanalíticas propiamente dichas, los proble-
~as de la psiColog1a de grupo han constituido un tema tangen-
1~ 1'

','i mejores, en el Movimiento por los Derechos Civiles. En este


"li 1
sentido, no debemos pasar por alto que el blanco y culto joven ~Ial. He tratado de ampliar estos estudios en mi capítulo "La
i: alienado de quien aquí hablamos era el producto marginal o Imago parental escindida en las relaciones sociales del ado-
cabal del estilo hiperracional de crianza implantado en la dé- lescente". Lo que en .este sentido me importaba era el papel
1
cada del cincuenta, y elaborado e influido por la mentalidad que cumplen las relacwnes con los pares como función del en-
l. de la "sociedad opulenta". torno, y el empleo singular que el adolescente hace de ellas.
A este primer capítulo sobre la emancipación adolescente de Como. he estudiado estos procesos dentro de un encuadre psico-
las dependencias familiares merced a la identificación con las analítico, resulta lógico que mis observaciones y conclusiones
realidades más vastas y urgentes de la época le siguen investi- sean nítidamente distintas -a causa de la metodología utiliza-
gaciones de problemas más limitados, y de sus consecuencias da- de las del estudio habitual del comportamiento grupal.
te6rkas. Cada una de ellas es un ladrillo para la construcción Ambos enfoques (la indagación intrapsíquica del individuo y la

9
"

mdagación psicológica de este como parte ~e un .grupo) .se l. Realidad y ficción


complementan bien entre sí. En lo t~cante ~mi prop10 tra.ba]O,
por extrapolación he hecho inferencias pertl~entes para ciertas de la brecha generacional*
clases de conducta grupal. Esta argumentación lleva a la pro-
puesta de que la involucración sociocéntrica del adoles~e~te en
las relaciones con los pares no sólo contiene metas de libido de
objeto, sino que representa, ad.emá~, ~n esfuerzo por .ll.ega~ a
una conciliación con los restos mtenonzados de la esclSlón m-
fantil preambivalente en objetos "buenos:· y "malos". ~a tarea De tiempo en tiempo, aparecen en nuestra lengua nuevas
evolutiva que se ex;terioriza en es~as particulares ,relacwnes de expresiones que adquieren, insidiosamente, vida propia, se ge-
objeto del adolescente es de cambw estructural mas que de gra- neralizan en demasía y pasan a ser excesivamente utilizadas.
tificación de la libido de objeto. En este proceso llegan a servir como rótulos convenientes y
explicaciones fáciles de todo lo que sea similar; en suma,
quedan desgajadas de su contexto de origen. Expresan entonces
ora más, ora menos de lo que se pretendió que expresaran
cuando por vez primera brotaron de algún hablante creativo.
Una de esas expresiones es "brecha generacional": va en vías de
adquirir el estatuto de verdad y realidad eternas, semejante al
de un astro recién descubierto en el espacio exterior. La brecha
generacional es un memorable fenómeno que despierta nuestra
curiosidad analítica. A fin de asignar a esta nueva expresión su
marco de referencia apropiado, la deslindaré de otra frase usa-
da como sinónimo: el "conflicto generacional".
La creación de un conflicto entre las generaciones y su poste-
rior resolución es la tarea normativa de la adolescencia. Su im-
portancia para la continuidad cultural es evidente. Sin este
conflicto, no habría reestructuración psíquica adolescente. Es-
ta afirmación no contradice el hecho obvio de que el comporta-
miento adolescente contrasta, universal y radicalmente, con el
de los años precedentes de la niñez. No debemos olvidar, ver-
bigracia, que la maduración sexual o pubertad progresa en for-
ma independiente del desarrollo psicológico. Es por esta razón
que toda clase de pulsiones y necesidades infantiles pueden
hallar expresión y gratificación en la actividad genital. Nuestra
labor clínica nos ha permitido averiguar que la conducta se-
xual genital es un indicador muy poco confiable para evaluar
la madurez psicosexual: no existe correlación directa entre la
actividad genital per se y la genitalidad como etapa del de-
sarrollo. El énfasis actual en la libertad sexual (o sea, genital)
de acción me mueve a destacar esta diferencia desde el comien-
zo, pues puede sostenerse, con sólidos fundamentos clínicos,
que la conducta adultomorfa precoz como tal, y en especial la
• Conferencia del Premio a los Servicios Ilustres, pronunciada en Miami, F1o-
rida, el4 de mayo de 1969, en la reunión anual de la American Society forAdo-
lescent Psychiatry. Publicada originalmente en S.C. Feinstein, P. Giovacchini y
A.A. Miller, eds., Adolescent Psychiatry, Nueva York: Basic Books, 1971, vol.
1, pá~. 5-13.

JI
conducta sexual, a menudo impide el desarrollo progresivo en mientras que el razonamiento nos lleva a escoger lo útil, la
lugar de promoverlo. Quiero decir que este d~sarrollo pr?gresi- bondad moral nos lleva a escoger lo noble. Quieren más que los
vo sólo puede ser evaluado si se lo conceptuahza en térmmos de hombres mayores a sus amigos, allegados y compañeros, por-
cambios internos y de desplazamientos internos de investidu- que les gusta pasar sus días en compañía de otros. Todos sus
ras. Estos procesos internos no son necesariamente advertibles e;rores apuntari en _la misma dirección: cometen excesos y ac-
en lo exterior por el observador casual o por el ambiente; no tu~n con vehemencia. Aman demasiado y odian demasiado, y
obstante, intrapsíquicamente tienen lugar disloques revolu- asi con todo. Creen que lo saben todo, y se sienten muy seguros
cionarios que remplazan a los antiguos regímenes por otros de ello; este es, en verdad, el motivo de que todo lo hagan con
nuevos. La intensidad de los signos visibles -el "ruido exceso. Si dañan a otros es porque quieren rebajarlos, no pro-
público", digamos- rara vez nos informa de manera segura vocarles un daño real [ ... ] Adoran la diversión y por consi-
sobre el tipo de acomodamiento psíquico que el adolescente es- guiente el gracioso ingenio, que es la insolencia bien educada"
tá iniciando o consolidando. [págs. 323-25].
Difícilmente ocurran en las secretas honduras del alma cam-
bios psíquicos revolucionarios sin originar excesos e~ la ac~ión Esta descripción da testimonio de la· uniformidad de las eta-
y el pensamiento, manifestaciones turbulentas, Ideas I~o­ pas ~e desarrollo, que están cronológicamente reguladas y de-
noclásticas, tipos especiales de conducta de grupo y de est~l~s termma?as por procesos biológicos de maduración, propios de
sociales. Se ha considerado que todos estos fenómenos son tlpi- la especie. En contraste con ello, las formas en que los procesos
cos de la transición de la niñez a la adultez. psicobiológicos se traducen en expresiones psicosociales han
Trascribiré a continuación un pasaje escrito algún tiempo cambiado amplia e interminablemente a lo largo de los tiem-
atrás por Aristóteles, un agudo observador de la naturaleza hu- pos históricos. El conflicto generacional es esencial para el cre-
mana. En su Retórica dice acerca de la adolescencia: cimiento del self y de la civilización.
Podemos afirmar con certeza que este conflicto es tan anti-
"Los jóvenes tienen fuertes pasiones, y suelen satisfacerlas de guo como las generaciones mismas; y no podría ser de otro mo-
manera indiscriminada. De los deseos corporales, el sexual es el do, porque la inmadurez física y emocional del niño determina
que más los arrebata y en el que evidencian la falta de auto- su dependencia de la familia (nuclear o extensa) y, consecuen-
control. Son mudables y volubles en sus deseos, que mientras temente, establece los modelos esenciales de relaciones de obje-
duran son violentos, pero pasan rápidamente [ ... ] en su mal ge- to. Las instituciones psíquicas (yo, superyó, ideal del yo) se ori-
nio con frecuencia exponen lo mejor que poseen, pues su alto ginan en la interiorización de las relaciones de objeto y, de
aprecio por el honor hace que no soporten ser menospreciados hecho, son una manifestación de estos orígenes cuando se ins-
y que se indignen si imaginan que se los trata injustamente. Pe- taura la individuación adolescente. En ese momento los
ro si bien aman el honor, aman aún más la victoria; pues los jó- conflictos suscitados por las adaptaciones regresivas y progresi-
venes anhelan ser superiores a los demás, y la victoria es una de vas enfrentan al niño en proceso de maduración sexual con de-
las formas de esta superioridad. Su vida no trascurre en el re- safíos. y alternativas abrumadores. Allí radica el conflicto entre
cuerdo sino en la expectativa, ya que la expectativa apunta al las generaciones. En lo fundamental, es generado por .una des-
futuro, el recuerdo al pasado, y los jóvenes tienen un largo fu- vinculación emocional respecto de lo antiguo y un acercamien-
turo delante de ellos y un breve pasado detrás. [ ... ] Su arrebato to a lo nuevo, que sólo puede alcanzarse a través de la gradual
y su predisposición a la esperanza los vuelve más corajudos que elaboración de una solución transaccional o trasformación: la
los hombres de más edad: el arrebato hace a un lado los temo- estructura psíquica no se modifica, pero en cambio se alteran
res, y la esperanza crea confianza; no podemos sentir temor si a radicalmente las interacciones entre las instituciones psíquicas.
la vez sentimos cólera, y toda expectativa de que algo bueno El superyó sigue existiendo y funcionando, pero la influencia
sobrevendrá nos torna confiados. [ ... ] Tienen exaltadas ideas, crítica del yo y su creciente autonomía alteran el absolutismo
porque la vida aún no los ha humillado ni les ha enseñado su~ superyoi~o y modifican su cualidad así como su influjo en la
necesarias limitaciones; además, su predisposición a la espe- personalidad. Estos logros del desarrollo estabilizan la autoes-
ranza les hace sentirse equiparados con las cosas magnas, y esto tima en consonancia con la condición física del individuo su
implica tener ideas exaltadas. Preferirán siempre participar en capacidad cognitiva y un sistema de valores que trasciend~ la
acciones nobles que en acciones útiles, ya que su vida está go- ética familiar buscando una base más amplia para su concre-
bernada más por el sentido moral que por el razonamiento, y ción en la sociedad y en la humanidad.
·~1

13
1
1
Para continuar con mi tema, debo reducirlo a proporciones
El conflicto generacional ha sido conceptualizado en torno manipulables y prescindir de la dudosa valentía consistente en
de diversos puntos nodales de diferenciación psíqui_ca: An?a avanzar a campo traviesa bajo el fuego cruzado de disciplinas
Freud (1958) habla del aflojamiento de los lazos obJetal~s m- como la sociología, la educación, la teoría política y la historia,
fantiles, y Erikson (1956), de la crisis de identidad; por mipa~­ ~odas las cuales ponen su grano de arena para comprender a la
te describo eso mismo en términos del segundo proceso de mdl- JUVentud actual. No soy Lord Raglan ni estoy ansioso por vol-
viduación de la adolescencia (véase el capitulo 8). Todas estas ver a combatir en una nueva batalla de Balaklava. Todo cuan-
formulaciones tienen un supuesto básico común: sólo a través to hago es apuntar mis observaciones clínicas relacionadas con
del conflicto·puede alcanzarse la madurez. Podríamos dar un el p_r~blema de la_brecha generacional. No pretendo que mi ex-
paso más y sostener que el ~onflicto en el des~rrollo nunca apa- posi.ción sea pertmente para la revuelta juvenil actual en su
rece sin un correlato afectivo, como la tensión, en general, .Y conJunto; ella se centra en una sola forma de desarrollo adoles-
más específicamente la angustia y la depresió~. _La tolerancia cente anómalo, que a todos nos es familiar. Unas pocas viñetas
frenté a estos afectos dolorosos no puede adqmnrse en la ado- clínicas aclararán esto.
lescencia así como nada se consigue si se corre a comprar un Tuve hace poco-una charla con un muchacho de diecisiete
extinguidor de incendios cuand~ la casa y~ está envuelta en lla- años, es~udiante del primer año universitario, que había sido
mas. Nuestra concepción genética nos diCe que la etapa para suspendido luego de participar en la ocupación de un edificio
adquirir dicha tolerancia es el período de latencia. Es en esta con manifestaciones de protesta y actos vandálicos. Me explicó
etapa donde tantas perturbaciones adolescentes son quemadas que la universidad "separaba la emoción de la acción", dando
en el bendito olvido. en su lugar "acción y pensamiento". Había esperado que le
Antes de proseguir debo definir la postura desde la cu~ con- brindase "algo así como un sentido, una significación". No lo
templo al joven malquistado y hostil. El hecho de que vivamos recibió. A continuación pasó a describirme con gran detalle la
en medio de una revolución social no es en absoluto obra de la interminable serie de recriminaciones entre "nosotros" ,.
juventud, aun cuando esta sea la port~?ora ?el i~pulso para "ellos". Lo interrumpí recordándole la conversación telefónica
poner en práctica el cambio. A la hostlhdad JUveml_ debe, yux- en que habíamos acordado vernos. Le había dicho entonces
taponérsele la mentalidad adulta. Gran parte de la hlosoha ac- que yo sabí~ qu~ su madre sugirió que él hablase conmit?;o, pero
tual de los adultos me recuerda al doctor Pangloss, el personaje q~erí,~ avenguar por qué motivo él deseaba verme: y él respon-
de Voltaire. Pangloss, el omnisciente tutor de Cándido, envía a dió: Tengo un problema de comunicación con mi padre''.
su brillante e inquisitivo pupilo a viajar por un mundo ?e ~u­ Cuando ahora le traje a la memoria esta charla telefónica, me
c~n.tó que le había escrito una carta a su padre desde el colegio.
dosa calidad humana. A las inteligentes preguntas de Candido
acerca de los muchos absurdos de la conducta del hombre, pidiéndole "que me dejara vivir. que no discutiéramos más, y
Pangloss replica una y otra vez, con la perenne sofistería y ver- comprendiera que yo tengo que hacer lo que hago". En est'e
bosidad que dieron origen a su nombre, que el.mun~? en ~ue punto, le dije: "Ya veo ... Tú pro\·ienes de una familia en la
vivimos, pese a todas las apariencias en contrano, es el meJOr que hay mucha intimidad", tras lo cual sus ojos se empañaron
y ,r~plicó: "Sí, mi madre siempre me decía que yo tengo un es~
de los mundos posibles".
Es deplorable que sólo a través de la violencia pueda sacarse pmtu muy bueno, que tengo un libro en germen en mi
de su letargo y mover al cambio a las insti~uci?~es respons~?les cabeza". Este muchacho esperaba recibir de ~la universidad
de la sociedad. A mi juicio, este hecho no JUstifica que l_os JOV~­ "sentido y significación .. como una continuación directa del
nes se arroguen el exaltado privilegio de acudir a la vwlencm apoyo d~ los padres: en otras palabras. deseaba que la universi-
cada vez que algo los disgusta o incomoda. Aprecio cabalmente dad lo hberase de la sen·idumbre de su infancia. así como ha-
el lugar que ha de asignársele a la viole.ncia en l_a desesperada bía deseado que su padre le ahorrase las agonías del conflicto
búsqueda de una salida frente al mansm~ so~I~l de nue.stra generacional. En su hogar. la \"ida le había sido presentada en
época. Sé que estos problem~s no de?en _simphhcars~ atnb_u- l~s té:minos más amables. pero ya había dejado de ser su pro-

,, yéndolos a la brecha generacwnal. ~as bwn es al reves: los JÓ- pia vida. El \·erse obligado a abandonar la universidad le daba
i venes que creen en la brecha generac~onal ~bo~dan estas vastas un st·~IIimiento de libertad. independencia e identidad que le
cuestiones sociales, y su sentido de distanciamwnto personal Y pernut ta soportar pasajeramente su sentimiento de culpa. en~
discontinuidad cultural queda imbuido así de una ideología gendrado por su estallido de agresión v de destructh·idad de-
senfn•Jwda. ·
viable y de un marco de referencia emocional.

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Una chica universitaria relataba su exquisi.to sen~imiento de mulo y aliento. Podría pensarse que una estima tan abundante
exaltación mientras participaba en una mamfestaci~n de pro- durará toda la vida; a menudo ocurre exactamente lo contra-
testa. La gran decepción se produjo cuando las autondades de- rio. Esto se debe a que en la adolescencia el self ilusorio alimen-
cidieron no expulsar a los estudiantes rebeldes. Luego de.con- tado por los padres a lo largo de los años de la latencia es final-
tarme esto, la muchacha exlamó: "¡Quisiera que~~ hubier~n mente rechazado, en un empeño por lograr una definición más
expulsado! Odio la facultad". Cuando le preg~nte ~I .~o podia adecuada de uno mismo.
dejarla por propia voluntad, me frenó ensegu~da diCwndome: Los actos de rebeldía o de independencia, desde la desobe-
"¡Oh, no! Eso sería una desilusión para mi madre. Jamás dienCia civil hasta la libertad sexual, son con frecuencia resul-
podría hacerlo". . tado de rupturas violentas de las dependencias, más que seña-
Una muchacha de diecinueve años debió abandon~r sus es- les madurativas de la elaboración o resolución del conflicto.
tudios universitarios a causa de síntomas .~e angusti~; Se es- Los tres adolescentes a que nos hemos referido rechazaron a sus
tableció en un vecindario conocido como mdeseable con .su familias por considerar que estaban irremediablemente a
novio quien gozaba a sus ojos del mérito de ser de clase ?aJa. contramano de la época, que carecían de toda comprensión de
Ella, ~u e provenía de una "buena" familia d~ ~lase media,. s~ las motivaciones de sus hijos y eran incapaces dé decirles algo
sentía un ser excepcional entre sus pares por VIV~r c.on su n?v10, significativo. Estos jóvenes sentían agudamente la brecha ge-
ello le daba una sensación de madurez, supenondad e mde- neracional. En lo subjetivo, se utiliza esta brecha como un me-
pendencia. A través de su novio p~só a .formar parte de un ~ru: canismo de distanciamiento, merced al cual los conflictos inte-
po de extremistas a quienes ella Idealizaba como los he.rmco, riores y el desapego emocional son remplazados por separa-
protagonistas de la creación de un nuevo orden mundia~, o, ciones espaciales e ideológicas. El resultado es una detención
más bien, del repudio --ya que no la.destru~ción- del antiguo en el nivel adolescente, a causa de la evitación del conflicto; se
orden mundial en que había sido cnada. Sm emba~go, nunca pierde así la maduración a que da lugar la resolución del
pudo confiar plenamente en la sinceridad de ellos m en. la suya conflicto. Pero no todos los adolescentes que sostienen la exis-
propia. Actuar como extremista le ofrecía la o~ortu,?I?a~. de tencia de una brecha generacional están evitando el conflicto;
ser belicosa y hostil, y esto la hacía sentuse bie~ Y muchos deben adoptar esta postura para seguir siendo parte
"auténtica". Los irregulares hábitos laborales de su noviO la del grupo que estiman; aceptan el código del grupo sólo con re-
complacían porque de ese modo ella podía gozar d~ su compa- servas internas y una actitud contemporizadora ..
ñia constante. Aceptaba el dinero de sus padres, ~m pensarlo Ya insinué antes que los hijos de estos hogares de clase media
dos veces, desde luego. Tras una ardua tarea anahtiCa, el,la pu- por lo general liberales o progresistas cargan el peso de lazos fa-
do reconocer que sentía repulsión por el acto se~ual, al.cual se miliares que es difícil alterar de modo gradual. Estos lazos
sometía debido a su temor al abandono y a s~ mcapaci.dad de afectivos hallan permanente expresión, desde la niñez tempra-
estar sola. Durante toda su niñez y adolescencia, esta c~ICa sólo na hasta la pubertad, en una intimidad demostrativa y en la
había tenido una amiga: su madre. Un poderoso Impulso pronta gratificación de las necesidades. Este tipo de crianza, a
regresivo hacia la madre preedípica fue contrarrestado por el menudo recomendada por los psicólogos o por la opinión popu-
desplazamiento y el sometimiento heterosexuales. La apa~e~te larizada y mal entendida de los especialistas, obstaculiza el
emancipación ocultaba la perpetuación de la dependencia m- normal desarrollo de la latencia. Los avances del yo, caracte-
fantil. d bl rísticos de esta etapa, nunca se desprenden lo suficiente de las
Estos tres adolescentes provenían de hogares e.gente an- relaciones de objeto y en consecuencia nunca adquieren una
ca de clase media adinerada, donde la vida giraba en torn? de a.utonomía esencial. En otras palabras, las relaciones objetales
lo; niños. Las familias como estas siempre hacen las cosas )un- no son resignadas y remplazadas por identificaciones -no al
tos comparten libremente sus mutuos sentimientos y anahz~n menos en medida tal que la acometida de las pulsiones pubera-
sus' problemas de manera racional. Los padres, con frecuen~Ia les no fuera tan devastadora o desorganizadora-. Esos niños
peiigrosamente, se amoldan a las necesidad.es de s~s hi)OS carecen totalmente de preparación para abordar la regresión
mucho después todavía de que estos hayan depdo atras .la m- normativa adolescente porque viven con un temor mortal a
fancia a lo largo de toda su adolescencia ..No toleran bwn la quedar sumidos en la regresión. No tienen otra opción que la
ira a~gustia 0 culpa de esos hijos. La ten~Ión, el fracaso o la ruptura total con el pasado, el autoexilio espacial y el absolutis-
de;ilusión, de los que ningún niño se v~ hbrado,. son pronta- mo opositor. Las drogas y la libertad sexual adquieren una im-
mente neutralizados mediante una cornente contmua de estí- portante función en este "impase" del desarrollo, al impedir la

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c~ntra de ellos. Con su exagerado deseo de simpatizar, al ave-
disolución regresiva de la personalidad. La incapacidad para mrse a esta dicotomía el adulto elude el conflicto generacional
hacer esta regresión hace que no puedan rectificarse los rema- C:ada vez que confraterniza con el adolescente, borra las cues~
nentes infantiles del desarrollo defectuoso, y torna incompleto twnes generacionales, intrínsecas y esenciales, y transa. Los jó-
el proceso adolescente. El sentimiento de una .bre~ha ge?e:a- v~nes ~erc~ben esta actitud del adulto que se dice comprensivo
cional y de una alienación representa la concwnc1a subjetiva e .1guahtano como una renuncia a la vez bienvenida y decep-
de dicho impase como un abismo infranqueable. cwnante: En todo cas~, .e~la evita a jóvenes y viejos la agonía
Irónicamente, este callejón sin salida se ha convertido ~ntre del c~nfhcto Y. de las dlvlswnes emocionales. Pero dicha déten-
los jóvenes en una marca de distinción. No hace much~ Enk.H. ~e pnva a .los JÓvenes de su legítimo territorio, demarcado por
Erikson me comentaba acerca de una charla que hab1a temdo 1mpugna~10nes mutuas -el territorio en que el adolescente de-
con un estudiante que lo detuvo en los patios de Harvard, y que be co~sohdar su self dividido en el camino hacia la madurez
después de prepararlo convenientemente le declaró que estaba emocwnal-.
en busca de su identidad. Erikson le preguntó: "¿Se está usted L~ que el ad~lescen~e quiere es que el adulto estereotipado
quejando o jactando?': Hoy vemos a muchísimos jóvenes que admita su eqmvocac1ón, su egoísmo y su incompetencia
portan su crisis de identidad como un emblem~ d~ honor, ~ue ¡Cuántas veces hemos escuchado en nuestro consultorio a u~
les conferiría inmunidad diplomática en el terntono extranJero adolescente ~e~cargar su rabia contra los padres diciendo: "¡Si
de sus mayores. Esto me lleva a otro aspecto de la brecha gene- tan sólo ~dm1t1eran que están equivocados!"! Por supuesto to-
racional, a saber, la contribución de la sociedad adulta y sus do ~sto hene validez únicamente para aquellos jóvenes qu~ ex-
instituciones a la erosión de los vínculos entre las generaciones. p~nme~tan una brecha generacional, lo cual por definición in-
El verano pasado visité en su casa de campo a un viejo ami- dlCa su ~~~apacidad ~e experimentar el conflicto generacional.
go, cuyo hijo de dieciséis años pensaba en términos de la ~sta d~hmc1ón restnnge el uso de la expresión "brecha genera-
brecha generacional. El muchacho me saludó cordialmente, cwnal , porqu.e a~scribe a ella ciertas precondiciones evoluti-
pero yo hice a un lado sus saludos con una mueca de disgusto Y vas Y por con~1gmente le confiere significado psicológico.
le dije: "Yo no hablo con nadie que tenga menos de treint.a Mucho escnb~n hoy en día sobre la juventud adultos que só-
años". Su respuesta fue rápida: "¡Ah, de modo que estás envi- lo pueden aprec.~ar los efectos visionarios, reformistas y libera-
dioso de nosotros!': Esta pequeña anécdota sirve para ilustrar- dores, que ella tlene en la sociedad. Esa apoteosis de idolatría
nos acerca de los motivos que, según suponen los jóvenes, go- de los JÓVenes es una cuestión sumamente personal y tales
biernan las actitudes de los adultos hacia ellos. Es innegable ~bra~os entusiastas ocultan, como en la mayoría de la~ genera-
que hay en esto gran parte de verdad. La obsesión del adulto hzaclOnes, los elementos contradictorios y heterogéneos ope-
norteamericano por la juventud, la explotación comercial de rante~. Contemplando el problema como yo lo hago, 0 sea psi-
los estilos de indumentaria que los jóvenes han creado, la popu- cológlCament~, no puedo ser un cabal apologista y admi;ador
larización y mercantilización de lo "suyo", despoja a los jóve- ~e tod~s. los h?eradores e iconoclastas juveniles. Tampoco ha
nes de su legítimo monopolio. sido ~I mtención abarcar en esta exposición la situación total
Los adultos miran fascinados a los jóvenes, prontos a imi- ~e la Ju_ventud de nuestros días; más bien, he dirigido mi em e-
tarlos -marginalmente, por supuesto- con el fin de evitar el no ~acia u~a de~inición té~minos,
de .los y, en consecuenJa,
envejecimiento. Uno puede observar el efecto recíproco del jo- hacia la delineación de un tlpo psiCológico. Este tipo -"el jo-
ven alienado y el adulto desasosegado: el actor ostentoso y el ven que cree en la brecha generacional"- constituye sin lu-
espectador ambivalente. Existe en los jóvenes una compulsiva ~ar a d~das, ~na minoría: pero, ¿acaso nuestra profesiÓn no se
necesidad de despertar la atención del mundo adulto, del or- a d~d1eado siempre a las minorías y a las formas inadaptadas
den establecido, en todas sus formas. Y a la inversa, en el adul- d e vida?
to de mentalidad "juvenil" hay un compulsivo deseo de ·
mostrar comprensión frente a los jóvenes aceptando sus más
.oe~tro ?e las definiciones que he expuesto, es posible resu-
mir mi. tesis. Cuando se establece la brecha generacional como
disparatadas demandas y sus desaires. La situación más des- mecamsmo prolongado de distanciamiento, en términos de un
concertante se presenta cuando algún joven rebelde que cree desa~ego total del individuo respecto de su contexto original el
en la brecha generacional se encuentra con un adulto de men- crnfhcto. gene~acional resulta débil, carente de estructura v'de
talidad realmente abierta y dispuesto al diálogo. Tan pronto e abor~c1ón. SI, en cambio, se afirma este conflicto que a~túa
como surge una discrepancia, el totalitarismo juvenil se afirma con miras a la individuación y la diferenciación, la' brecha ge-
en esta alternativa: o se está a favor de los jóvenes o se está en

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neracional. en cuanto estilo de vida, no encu~n~ra terreno fé~­ 2. Reflexiones sobre la juventud
til en el cual crecer y sostenerse. En tales condtcwnes, es transi-
toria\' tiende a su autoeliminación. Los extremos de ambas ~a­
moderna*
tegorÍas son fácilmente reconociblt;s. mientras que los estad10s La agresión reconsiderada
intermedios~ que contienen ingredtentes de a~?as, ,s~elen ca~­
gar de dudas e incertidumbres nuestra \·aloracwn ch.mca. Defi-
nir los extremos a fin de reconocer lo que se aproxtma a ellos
puede ser proYechoso. Sólo mediant~ .este laborioso proceso de El alarmante aumento de la agresión adolescente en todos
evaluación podremos calibrar la uhhdad ~ue le prestamos al los sectores de la vida, independientemente de la clase social,
adolescente que cree en la brecha ge~eracwnal. ~oda ve~ que nos obliga a reconsiderar aspectos bien conocidos de la teoría
seamos capaces de descifrar el mensaJe que su acc,tón contiene,
psicoanalítica a fin de determinar su particular pertinencia pa-
podremos alentar la razonable esperanza de que el com~renda ra nuestra comprensión de esta clase de conducta adolescente.
lo que nosotros le decimos. Quizá la entenderemos mejor si centramos nuestra atención en
los destinos de la pulsión agresiva. Esta pulsión aparece con to-
da su intensidad en la adolescencia bajo múltiples y cambian-
tes formas, que van de la mentalización a la acción o, más pre-
cisamente, del sueño y la fantasía al asesinato y el suicidio.
La agresión manifiesta del adolescente ha atraído el interés
del psicoanalista desde mucho tiempo atrás. Su operación, en
términos de sus determinantes endógenos y exógenos, conti-
núa siendo objeto de nuestra curiosidad científica. En la com-
parativamente breve historia del psicoanálisis, la primitiva y
duradera fascinación con los destinos de la libido ha llevado la
delantera. La indagación de esta pulsión·permitió discernir el
conflicto sexuál, que sin duda tuvo particular virulencia en el
clima moral de la época victoriana. Lo que engendró a la nueva
ciencia del psicoanálisis fue la sincronía de la era de la repre-
sión sexual con la existencia de un genio como Freud.
Sea como fuere, lo cierto es que sólo a desgano y lentamente
la preocupación por los destinos de la libido cedió lugar a una
inquietud cada vez más profunda por las vicisitudes de la pul-
sión agresiva. En muchos aspectos, el problema de la agresión
('Ontinúa siendo oscuro y enigmático, al par que las manifesta-
dones clínicas de la pulsión agresiva atraen nuestra atención
de manera persistente y creciente. Muchos tabúes sexuales del
rnundo occidental se han debilitado o parecen haber desapare-
,.ido por completo. Si tomamos al pie de la letra la conducta y
lus palabras del adolescente, su angustia conciente y sus senti-
rnit·ntos de culpa en relación con la sexualidad (autoerótica y
lll'll·roscxual) han declinado notablemente. No obstante, como
analistas pronto descubriremos que la culpa y la angustia.vin-
l'llladas a la sexualidad no desaparecieron, sino que simple-
• DI!K·urso presidencial pronunciado en la reunión de la American Asso-
t•l•llon for Child Psychoanalysis realizada en Hershey, Pennsylvania, el 4 de
nlnll el•· 1!170. Publicado originalmente en Psychosocial Processes: Issues in
ChUt/ Mrntal Health, vol. 2, n° 1, pá~. 11-21, 1971.

ll
mente han sido desalojadas de la conciencia en virtud de que la Mis especulaciones han alcanzado un punto en que debo de-
sexualidad infantil y adolescente cuenta con la aprobación y el limitar el ámbito desde el cual contemplo el problema de la
aliento de los especialistas, los padres y los pares. agresión adolescente. Ese ámbito es constreñido y específico, y
No está desvinculada de la llamada "revolución sexual" la no puede amoldarse a la totalidad de los fenómenos agresivos
impresión que tenemos (a partir del diván y de la ob~ervación de la adolescencia. No tengo dudas de que la actual inquietud
directa) de que la pulsión agresiva persigue sus prop1as metas· adolescente es sintomática de anacronismos o colapsos sociales
independientes como resultado de una mezcla insuf.ic~ente e institucionales: en relación con el desarrollo adolescente, el
entre libido y agresión. En los puntos extremos se sltua la ambiente ha perdido algunas de sus funciones esenciales. Cada
violencia, apoyada por toda suerte de ideologías y razones, y la vez que "algo está podrido en el estado de Dinamarca", la ju-
pasividad que es dable apreciar en el estilo de vida de los "hip- ventud ha sido siempre el más sensible indicador. Con su con-
pies". En uno y otro caso, la agresión se vuelve contra uno mis- ducta inadaptada el adolescente nos está manifestando el
mo, contra el objeto o contra el ambiente no humano, ind~can­ caprichoso desorden de las funciones societales al que se suele
do un desequilibrio o desmezcla fatal entre las dos pulswnes llamar "anomia". El adolescente expresa este estado de cosas,
básicas. aunque es incapaz de dar expresión a la verdadera naturaleza
Debo confesar que en mis escritos anteriores atribuí un papel de su causa o a las medidas necesarias para la regeneración de
demasiado grande en la formación del conflicto adolescente a la sociedad. Empero, para el joven deben existir causas básicas
los impulsos libidinales, relegando la pulsión agresiva casi y remedios definitivos; así pues, los infiere de la realidad y de
exclusivamente a una función defensiva. Con posterioridad he la ficción, con el urgente propósito de armonizar su self con el
corregido este descuido: mi actual modelo teórico de la adoles- entorno. De este proceso surge una amalgama de innovaciones
cencia descansa en la teoría de las dos pulsiones. La labor clíni- constructivas, que a menudo alternan con coléricos desplantes
ca me ha convencido de que en la pubertad (o sea, en la madu- de iconoclastas. Una de estas tendencias, o ambas, urge a la ac-
ración sexual) se intensifican en igual medida las pulsiones ción o bien hace su obra en silencio sin exteriorizaciones tumul-
agresivas y libidinales. Sigue constituyendo un interrogante si tuosas visibles. También en este caso, la diferencia depende del
la intensificación de las pulsiones que observamos con tanta medio social y del estilo predominante de crianza de los niños.
claridad en la adolescencia no obedece a una desmezcla de pul- En los últim9s tiempos se ha vuelto evidente que las manifes-
siones, más que a meros cambios cuantitativos. Además, debe taciones por la paz o contra el servicio militar obligatorio, así
recordarse que la pulsión agresiva, en su forma primaria no como las revueltas universitarias, no son sino los signos decla-
atenuada, es cualitativamente diferente de la agresión emple- rados de una revolución social moldeada por el hecho trágico
ada con fines defensivos. Esta difere.ncia obedece a que para de que sólo la violencia, la destrucción y el terror parecen traer
asumir una función defensiva la pulsión agresiva debe primero a la conciencia actitudes, condiciones y costumbres sociales
ser modificada y adaptada a los intereses del yo. que ya no resultan tolerables. El fenómeno social de la violen-
Gran parte de la actual agresión acorde con el yo, aun cuan- cia juvenil (en especial la de los negros) no pertenece en forma
do parezca patognomónica a ojos de muchos observadores, de- exclusiva a la órbita de nuestra especialidad profesional; las ur-
be ser evaluada por el psicoanalista de acuerdo con su función. nas y los tribunales de justicia ejercerán sobre él el efecto más
La agresión es, sin duda, un medio que permite al individuo constructivo y duradero. Estos comentarios quieren trasmitir
injerirse en el ambiente a fin de moldearlo de modo de salva- mi convicción de que la turbulencia y la violencia adolescentes
guardar apropiadamente su integridad psíquica, su autoestima tienen vastas implicaciones sociales, con respecto a las cuales el
y su integración social. Las técnicas y políticas de la conducta aporte directo del psicoanálisis es limitado. En lo que sigue,
aloplástica deben aprenderse en cada estadio de desarrollo. En restringiré mis especulaciones a aquellos aspectos de la agre:
la adolescencia mucho más que antes, deben hallarse modelos sión adolescente que pueden ser iluminados mediante la obser-
útiles que tras~iendan los límites de la familia, en el medio vación y la intelección psicoanalíticas.
inás amplio de la sociedad global. Esta formulación destaca el Con el fin de exponer mi tesis, debo volver al problema del
hecho de que todo investigador de la agresión adolescente debe dpsarrollo adolescente. Un principio aceptado de la teoría psi-
entrar, marginal pero implícitamente, en ·los dominios de la (•oanalítica de la adolescencia ha sido que el avance hacia la ge-
psicología de grupo, la sociología y la ciencia política. Debe- nitalidad saca a la luz los antecedentes pulsionales de la niñez y
mos admitir que la mayoría de los psicoanalistas no se mueven ~us relaciones objetales predominantes. Entre las relaciones ob-
con soltura o con conor.imiento del terreno en tales territorios. jPlalcs infantiles reactivadas por la maduración sexual, duran-

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te mucho tiempo cumplió un papel cardinal el vínculo edípico pectivas relaciones de objeto siempre posee un carácter desa-
positiYO; sólo más tarde y en forma gradual, hallaron un l~gar corde con el yo; tiende a disminuir la autoestima, a no ser que
de singular importancia en la teoría de. la adol.escencia el, alcance el estado de la megalomanía infantil. Tenemos amplia
complejo de Edipo negativo y las relaciOnes ob]etales pre- evidencia clínica del movimiento regresivo en la intensifica-
edípicas. ción del narcisismo de la adolescencia, el cual provee un asilo y
Hemos llegado a admitir que el desarrollo adolescente refugio cada vez que el proceso adolescente fracasa estrepitosa-
progresiYo procede siempre por vías regresivas; en otras pa- mente, o bien es visitado como efímero lugar de descanso. En
labras, que la genitalidad sólo se alcanza por el ro~eo de ~n ne- uno y otro caso, la regresión adolescente representa un peligro,
xo de inYestiduras con posturas pulsionales pregemtales, mclu- que adquiere dimensiones catastróficas cuando el impulso
,·endo, desde luego, sus respectivas relaciones de objeto p~eedí­ regresivo a la fusión con el objeto se vuelve demasiado fuerte y
picas v edípicas. En esta regresión forzosa, sin la cual es !~po­ el yo-realidad no puede contrarrestarlo. En tal situación la ani-
sible álcanzar la madurez emocional, radica el más ommoso quilación de la individualidad llega a su punto culminante y se
peligro a la integridad de la organización psíquica. Se ded';lce torna inminente la disolución de la estructura psíquica; el co-
esta importante consecuencia: la intensificación de la puls1ón lapso del examen de realidad es siempre una elocuente adver-
sexual (pregenital y genital) en la pubertad n~ re?resenta P?r si tencia. Por su propia índole, la regresión es ilimitada e intermi-
misma· la fuente exclusiva de los peligros ps1qmcos conocidos nable, en tanto que el progreso sólo es asegurado por la cre-
como angustia edípica y culpa sexual. La singularidad del de- ciente delimitación del self. En su derrotero final, la regresión
sarrollo adolescente se destaca plenamente cuando tenemos en da paso a la megalomanía y al narcisismo primario, mientras
~uenta que. a diferencia de todos los otros períodos anteriores a que el progreso desemboca en una afirmación del principio de
la pubertad. ese desarrollo progresivo depende de -y ~n ver- realidad y en la aceptación de la muerte. No hay que
dad está determinado por- la regresión, su tolerancia y su asombrarse de que los adolescentes cavilen en torno de la
empleo en pro de la reestructuración psíquic~. . muerte más que las personas de mayor o de menor edad.
Las ,·astas consecuencias de esta formulación necesitan ser Cuando postulé que la regresión es un aspecto forzoso del de-
elaboradas. Comenzaré, tras algunas vacilaciones, con un sarrollo adolescente, tenía presente una función dinámica es-
enunciado rotundo, porque él nos llevará sin demora in medias pecífica que es inherente a dicha regresión. La mejor forma de
res. Normalmente, el avance hacia la genitalidad es acor.de con describirla es esta: la regresión hace operar al yo evoluciona-
el vo y cuenta con el apoyo social de los pares y la sanciÓn del do, dotado de las capacidades propias del período posterior a la
m~d~l~ parental respecto de la unión sexual y la paternidad o latencia, sobre los conflictos, la angustia y la culpa infantiles
maternidad. En ese camino, los obstáculos están dados por las que el débil y limitado yo de años anteriores era incapaz de re-
fijaciones pulsionales y la angustia superyoica. Estos impedi- solver, neutralizar o despojar de su carácter nocivo. Esas tareas
mentos que se yerguen en el sendero de desarrollo son aspectos han pasado a ser el mandato del yo adolescente. A la inversa,
universales de la condición humana; tanto la enfermedad co- puede afirmarse que sólo un yo capaz de hacer frente a esas ta-
mo la salud proceden de ellos. Del éxito que tenga la regresión reas tiene las propiedades de lo que cabe denominar "yo ado-
adolescente -a la que Anna Freud (1958) llamó "la segunda lescente".
posibilidad"- como reparación y restauración ?epende, en úl- Apenas he insinuado aún las vicisitudes de la agresión en la
tima instancia, que una u otra de estas alternativas sea el lega- regresión adolescente. En términos teleológicos, la regresión
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do de la adolescencia. adolescente apunta a resolver las dependencias infantiles .por-
La regresión, en cuanto componente forzoso del proc~so que estas son inconciliables con las relaciones objetales adultas
adolescente, constituye inevitablemente una fuente de conflic- v la autonomía del yo. Sumamente característico de las rela-
to, angustia y culpa. Como en cua~quier otro .esta~~ de emer- dones objetales infantiles es su ambivalencia, o sea, su natura-
gencia psíquica (o sea, cualquier mterferenc1a cnbca. con la lt•za afectiva intrínsecamente antitética, que afirma la depen-
homeostasis psíquica), también aquí se recurre a med1~as de ' lt ·ncia del objeto tanto en términos de agresión como de libido.
defensa. Estos acomodamientos autoplásticos y alopláshc9s a El temor a la pérdida del amor y la angustia de castración pro-
un estado de emergencia suelen presentarse en una mezcla de vocan una tenue mezcla de ambas. Bajo la influencia de la
diversas combinaciones. Dicho de otro·modo, pueden darse co- re •).!;n•sión adolescente, esta fusión se anula parcialmente, y la
mo cambio interno y como acting out. En términos generales, arrrbivalencia primaria -que incluye el amor incondicional
cabe sostener que la regresión a la pregenitalidad Y a sus res- (po)>csividad total) y el odio irreconciliable (destructividad to-

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tal)- invade las relaciones del a~olescent~. con los obje~os, los los lazos familiares y de las fantasías y simbolismos infantiles,
símbolos, las representaciones y el self. El adolesce~lte mtra~­ que sobrevivirán entonces como enclaves dentro del concepto
sigente" de Anna Freud (1958) utiliza una defensa bier: conoci- de realidad. Estas batallas por desasirse de los primeros la-
da, que puede empero ser considerada como un ?envado de zos objetales se libran normalmente en la escena psíquica entre
una lucha de ambivalencia que enraíza en las pnmeras rela- las representaciones del self y del objeto. Por supuesto, tal esce-
ciones objetales y en el anhelo de domini? total; los polos nificación únicamente es posible merced al uso de la regresión
opuestos de esta ambivalencia pueden asumu duran~e la ado- como mediadora. Cuando la regresión tiene que evitarse, el
lescencia proporciones delirantes sin que ello constituya una proceso interno se juega sobre el tablado de las realidades efec-
tivas actuales, y en ese caso el adolescente exterioriza y concre-
indicación de psicosis. . . .
Los estudios sobre la niñez nos han permitido avenguar que ta lo que es incapaz de vivenciar y tolerar interiormente como
la mezcla de pulsiones en relación con un mismo obje~o puede conflicto, angustia, culpa y depresión. .
ser eludida dividiendo al objeto, o simplemente escogiendo un Si al adolescente le es imposible conciliar e integrar, merced
objeto parcial para amar y otro para od~ar, uno par~ poseerlo Y , a la resolución del conflicto -o simplemente "soltándose"-,
otro para destruirlo. Esta solución arcaica del confhcto de am- las necesidades y deseos anacrónicos del período infantil, ten-
bivalencia durante la adolescencia tiene el efecto (a menos que derá a reafirmar su libertad de las dependencias de la niñez por
sea transitorio) de primitivizar en forma permanente las .rela- medio de la acción y la imitación. Ya que no puede entablar
ciones objetales. Como siempre, el nivel de desarrollo pul~wnal contacto, regresivamente, con su mundo infantil, desplaza el
es desviado hacia el yo en términos de los intereses y actitudes drama interior al tablado público. La consecuente desmezcla
de este; aparece en este caso en la necesidad de o~jetos de amor de las pulsiones aumenta la intensidad de la acción v de la emo-
y odio en el mundo exterior. Si la desmezcla pulswnal y la. am- ción; la resolución del conflicto queda como tarea ~xterna, sólo
bivalencia primaria son duraderas, esta pos~u~a en ~aten.a de consumable mediante cambios exteriores logrados por medio
conducta, de ideas y de moral se torna ngida e mflexible. de un obrar enérgico o bien voluntariamente ofrecidos. Esta
Habrá de ser descartado todo aquel que no se adecue a este mo- lucha con el ambiente demora o impide la restauración de la
delo, porque no puede tol~ra~s~ nin?una ne?.esidad ,personal mezcla de pulsiones, y lo que es más importante, perjudica la
del objeto, o sea, ninguna mdividuahdad en el otro . concertación de una alianza entre las pulsiones libidinales y
Es posible comprobar que la fácil exteriori~a~ión del bebé ?e agresivas -condición previa para el logro de la genitalidad-.
pecho y del que da los primeros pasos se co~tmua en la convic- En el plano moral o superyoico, las posturas pulsionales irre-
ción que tiene el niño acerca de que la agresión de sus padres es sueltas e inconciliables -infantiles y puberales, dependientes y
igual a la suya, vale decir, ilimit~da. El niñ~ control~ su t~mor autónomas- se presentan bajo la apariencia de elementos ab-
del progenitor persecutorio mediante represión, sublimaciÓn~ solutos y opuestos: el bien contra el mal, lo nuevo contra lo
mezcla de las pulsiones. Análogamente, el adolesce~te esperara viejo, lo hermoso contra lo feo, el compromiso contra la transi-
tal vez una represalia persecutoria del mund~ extenor, y lu.cha gencia, la libertad contra la tiranía.
para librarse de ella con un sentido ?~ reahdad extraordma- Se ha vuelto una observación corriente que el adolescente
riamente menoscabado. Un cuadro chmco como este prueba, a mayor de clase media, al toparse con los angustiantes y depre-
mi entender, que el yo adolescente no estaba en ?ondi~io.nes de sivos estados de ánimo de la adolescencia normal, descubre en
hacer frente a la regresión. En tales circunstancias, asistimos a los menesterosos y desposeídos un reflejo de la desilusión que él
una adolescencia incompleta, o, lo que es peor, abortada. mismo experimenta con respecto a su propia vida, y, en parti-
A esta altura ya debe resultar claro qu~ la regresión: tal ~o­ cular, a las idealizaciones de sus años precedentes. La adoles-
mo la concibo en este contexto, no es de mdole defensiva smo cencia ha sido siempre un estado de expatriación y de aliena-
que cumple una función adaptativa. Un yo adolescente se~á ción. En busca de una nueva matriz social de la que puedan lle-
capaz de cumplir la tarea regresiva si puede tolerar la angustia ~ar a ser parte integrante, muchos adolescentes se vuelven ha-
resultante de la regresión pulsional y del yo. Y esto sólo es po- da grupos combativos foráneos, sin advertir que sus a menudo
sible si permanece lo suficientemente ligado a la reali?a~ como lt·~ítimos reclamos y provocaciones realistas no son en su caso
para impedir que la regresión alcance la etapa de mdifere~­ sino una pantalla para mantener fuera de la visión y el contac-
ciación. Si no está preparado para dicha tarea, por fuerza evi- to a sus conflictos interiores.
tará la resolución regresiva de los conflictos infantiles y, conco- Es, desde luego, la función social de la adolescencia abrazar
mitantemente, n<;> podrá consumar el desapego emocional de 1111u ideología, impregnarla de la singularidad de una vida in-

27
divi dual particular, y trasformarla en las mani~estaciones so- de cierto nivel de complementariedad, adquiere un carácter
ciales y caracterológicas del hombre moral. Aqm, empero, me nocivo y el organismo psíquico que él envuelve sufre un daño.
estoy refiriendo a los atajos que toma el adolesc~~te cuando Winnicott (1965) ha introducido el feliz concepto de "am-
trata de eludir la regresión; lo seducen entonces facilmente las biente facilitador" para designar el hecho de que el desarrollo
causas o grupos sociales que definen para él lo bueno y 1? malo, humano sólo puede producirse si el organismo cuenta con fuen-
y él hace suyos los agravios sufridos por esta gente. Precisame~­ tes externas de experiencias específicas de cada fase. Este hecho
te esta tendencia de identificación defensiva es lo que ha movi- es obvio en el caso de la niñez, pero con relación a la juventud,
do al militante negro a excluir, como compañero en esta lucha, ni los psicoanalistas, ni los educadores, ni los hombres de Esta-
al joven blanco de clase media: . . . do le han prestado seria consideración. Y esta negligencia ha
Si uno comete actos de agresión y vwlenc1a pero es miembro preservado como estructuras carentes de vida muchas institu-
de un grupo que aprueba la acción, ello tiende a_neu~~alizar su ciones sociales perimidas o ineficaces.
culpa individual: la vindicación grupal supera sm dificultades Es de todos conocido que durante la niñez adquiere singular
los dictados del superyó. Sé de muchos adolescentes ~u~ usan importancia la particular naturaleza del entorno -especial-
al grupo como mampara protectora contra los senhmwn.tos mente en lo que hace a las relaciones objetales y al sentido de
de culpa, santificando así la agresión en nombre de un bie? seguridad física-. Mi propósito es ampliar aquí este concepto
supremo. Digamos, entre paréntesis, que esta defensa es. u m- hasta abarcar el período adolescente, en el cual la envoltura de
versal; opera tanto en el orden establecido como entre ~u~en~s la familia y el vecindario se despliegan y penetran en el ámbito
están contra él. En verdad, ninguna sociedad puede existir ~m más amplio de la sociedad, sus instituciones e historia, su pasa-
aquella. Podemos describirla como el aprovechan.liento social do, presente y futuro. Si el entorno carece de las condiciones
de la agresión por prescripción y ritualización de ciertas mo~a­ esenciales que permiten la articulación de las potencialidades y
lidades definidas y aprobadas de esta, con lo cual se neutraliza aspiraciones de los jóvenes con respecto a algo que realmente
la culpa individual. . importa -y que importa en una escala mayor que la de cual-
Para redondear mi tesis debo pasar ahora a la conceptualiza- quier preocupación individual-, se verán críticamente perju-
ción que hace el adolescente de su ambiente: Este se destaca, dicadas las interacciones mutuamente beneficiosas enti"e el
en agudo relieve, como el blanco de su agresión. No obstan:e, adolescente y su ambiente. La apatía y el caos, la rebelión y la
distintos adolescentes lo definen de diferente manera Ycon ter- violencia, la alienación y la hostilidad, son las consecuencias
minos muy característicos. · sintomáticas de un mal funcionamiento del proceso social me-
Hay que establecer como fundamen~al ~ste ?echo on~ogené­ tabólico, cuya sana actividad es esencial para mantener con-
tico sobre el ambiente: la estructura psiqmca tiene su ongen en certados de manera productiva al organismo que crece y su en-
la interacción incesante entre el individuo y su entorno huma- torno.
no y no humano, y necesita ser apuntalada por ella. Dicho de El empeño del adolescente por cambiar su ambiente es un
otro modo es el reflejo de las influencias ambientales, luego de afán de establecer armonía y congruencia entre las estructuras
que estas han sido selectivamente interiorizadas, i~tegradas Y psíquicas y ambientales, para que se soporten una a la otra.
organizadas en un patrón duradero que se suele designa~ con el Tengo la impresión de que la actual desorganización de las
nombre de "personalidad". Como un proceso metabólico que Pstructuras sociales y la cínica corrupción de los ideales profe-
sostiene y extiende la vida, esa interacción depende de ~a re- sados por la comunidad en el caso de ciertas figuras públicas
ciprocidad de la función: opera como un sistema de realimen- actúan como agentes psicológicos nocivos para la consolidación
tación. En esta definición damos por sentado que el entorno de la adolescencia tardía. A la inversa, todo lo defectuoso u ob-
proporciona aquellos ingredientes o nutrientes indisp~ns~bles soleto que presentan las estructuras de las instituciones sociales
para que el organismo psíquico ~uman? tenga u_n crecimiento aparece expuesto en la conducta de muchos adolescentes. Una
y desarrollo sólidos. Entre estos mgred1en~es ~e mcluy~n t~m­ dt'sviación o inmadurez yoica que dentro de la estructura fami-
bién la plétora de estímulos externos cuantitativa y cualitativa- liar permanecía oculta e inadvertida se verá en la adolescencia
mente suministrados por el medio cultural según el sexo, la fácilmente influida o arrebatada por tendencias y oportunida-
edad, el lugar y la época. Estos estímu~os com~lementan las dt•s que ofrece el ambiente, buenas o malas, productivas o inú-
predisposiciones madurativas y las cana_hzan h_acia una es~ruc­ t ill's. Todo niño adolescente espera expectante, por así decirlo,
ttira y contenido apropiados, vale decu, hacia sus funcwn~s hat't'r las paces con los asuntos inconclusos de su niñez cuando
personales y sociales. Toda vez que el entorno cae por debaJO iu~resa en el tablado social más amplio. Sostengo que la regre-

1
--
sión adolescente específica de la fase, en caso de no encontrar del pa~~e edípico libere al niño, al menos parcialmente, de la
un adecuado apoyo social o una oportunidad razonable para detencwn ~e su des.arrollo psicosexual. En suma, si hay una
un progreso evolutivo sostenido, llevará al adolescente a adop- cuot~ excesiva de cmdados y dependencias nutrientes preedípi-
tar una raison d'étre por vía de la polarización respecto del c?s vmculados al padre .e,dípico, el self no consigue afirmarse y
mundo que antecedió a su propia individualidad floreciente. tiene l,ugar una regreswn a la constelación edípica pasiva.
Para quienes arriban a esta etapa con capitales insuficiencias !endra que lanzarse una embestida contra alguna autoridad
yoicas, el grupo de pares se convierte en heredero directo de la mterna o externa a fin de afianzarse mejor, tardíamente en el
descartada envoltura familiar, sin cumplir, empero, esa fun- plan? edí~ico positivo y, en forma concomitante, cons~lidar
ción positiva para el desarrollo que han mantenido en gran me- una Identidad masculina, por poco firme que esta sea.
dida y por doquier las formaciones grupales juveniles. Los adolescentes que ~e ven trabados en este impase siguen,
Una última reflexión sobre este tema: el efecto positivo del por lo general, dos cammos alternativos: uno lleva a retraerse
"ambiente facilitador", que depende de los requisitos normati- e.n un "exilio" de co~te personal, dentro de una regresión narci-
vos del desarrollo adolescente, presupone que el niño ya ha in- s~~ta, a me~udo au~Ista; el otro reafirma la necesidad de pose-
teriorizado, antes de llegar a la adolescencia, aquellos aspectos swn del obJeto mediante la conquista violenta resistiéndose de
del ambiente que durante este último período jamás podrán ese modo a la fusión regresiva. El comport~miento agresivo
pasar a formar parte de aquel. En otras palabras, si el adoles- ~roteg~ a este tipo d~ a?ole~centes. de recaer en las dependencias
cente tiene expectativas o demandas inadecuadas para su edad, mf~nhles; sus extenonzacwnes henden una cuerda salvadora
nuevamente se producirá una disrupción entre el organismo y haci~ el mu~do de objetos que está a su alcance. De estos dos
el ambiente. Se llegará a este callejón sin salida cuando los cammos, Y siempre y cuando existan las condiciones previas y
logros esenciales del proceso de individuación queden deplo- e~~mentos .antecedentes que hemos analizado, el de la interac-
rablemente incompletos (véase el capítulo 8). Se supone que to- CI~n agresiva con el ambiente augura una solución adaptativa
da suerte de expectativas infantiles han de cumplirse en el en- mas favorable ... una vez pasada la tormenta. Sin embargo si
torno de manera constante y atemporal si son activadas por el se da fre~te a esta cuestión una respuesta demasiado apresu~a­
estado de necesidad y de deseo del niño. La sociedad -o su da, pod~Ia soslayarse el núcleo del problema, que no radica ni
institución representativa- se trasforma en el progenitor idea- en la psiCología del individuo ni en los malestares sociales de
lizado, y torna emocionalmente perimido y vano al progeni- nuestra época, sino en sus interacciones y expectativas mu-
tor real. tu~mente anacrónicas. Un enfoque verdaderamente organís-
En casos de esta índole solemos observar que el confHcto edí- mico del comportamiento humano debe considerar a individuo
pico ha sido débil y su resolución incompleta. El progenitor fo- Y entorno como sistema unitario. No hay etapa de la vida hu-
menta este resultado cuando trata de ahorrarle al niño la an- mana en ~ue esto se exprese más dramáticamente que en la
gustia conflictiva de la fase edípica y calma la desilusión que adolescencia, con su turbulencia agresiva.
este siente por su insuficiencia y pequeñez con profusas afirma-
ciones acerca de su perfección y promesas de su grandeza futu-
ra (véase el capítulo 14). Tales gratificaciones narcisistas suelen
demorar el ingreso en el período de latencia, o lo tornan imita-
tivo v deficiente.
En el caso del varón, por ejemplo, observamos en forma retros-
pectiva que ha contado con un monto insuficiente de agresión
en relación con el padre edípico. En consecuencia, la resolución
del conflicto edípico por medio de la identificación careció de
vigor e independencia. Dicho de otro modo, el complejo de
Edipo negativo siguió siendo el conflicto central de su depen-
dencia objetal hasta la adolescencia tardía. Esta excesiva e in-
mitigada conducta agresiva hasta la adolescencia tardía es, en
muchos casos, una defensa contra deseos pasivos o contra la ho-
mosexualidad. Esta situación no excluye la posibilidad de que
una demorada erupción <;!el conflicto de ambivalencia respecto

31
l~ personalidad.~·n la adolescencia tardía. La frase "adolescen-
3. Prolongación de la adolescencia cia prolongada ha adquirido con los años una connotación
más va~ta, ,c~n el.~csultado d: que se ha perdido su especifici-
en el varón* dad I?si~ologiCa .. Adolescencia prolon~ada" es una expresión
descnptiva eokctn·a, que abarca constelaciones dinámicas he-
Formulación de un síndrome terogeneas, entre _las cuales ~e escogido una para su estudio
y sus consecuencias terapéuticas más detallado .. Mis observaciOnes fueron realizadas en jóve-
n~s _norteamer~ca?os de clase media, de aproximadamente
diecwcho a. vem_tid~s años de edad, que por lo común eran
Al analizar la adolescencia surge una tentación difícil de re- a!umnos um~ersitanos o tenían, en todo caso, ciertas aspira-
sistir: la de centrarse en los aspectos de la formación de la per- ciOnes profe~wnales; con frecuencia este hecho los hace depen-
sonalidad significativos para la crisis de desarrollo ert su totali- der económiCamente de sus familias en los comienzos de su
dad y típicos de los adolescentes en general, varones y mujeres. edad adulta.
El deseo de conferir unidad y orden a esta fase madurativa, El cuadro clínico que bosquejaré a continuación ha sido ob-
que tan tormentosamente pone punto final a la niñez, llevó a servad? con asiduidad suficiente como para justificar la pre-
soslayar las diferencias sustantivas entre las diversas modalida- sentación de un resumen sinóptico.l
des de adaptación que los adolescentes manifiestan durante es- Aquí e~plearemos la expresión "adolescencia prolongada"
te período, así como las diferencias que separan a los adoles- para refenrnos a una perseveración estática en la posición ado-
centes masculinos de los femeninos. Este comentario parece lescente, que en circunstancias normales dura un lapso limita-
particularmente pertinente en la etapa actual de investiga- d? Y es de naturaleza transitoria. Se ha convertido en modo de
ciones sobre la adolescencia, cuando ya han sido bastante bien vida una fase del desarrollo destinada a ser dejada atrás luego
comprendidos los cambios dinámicos y estructurales del proce-. de haber cumplido su tarea. En lugar del ímpetu progresivo
so adolescente típico. Parece ser que el cuadro clínico de la que no~malmente lleva al adolescente hacia la adultez, la ado-
adolescencia es mucho más rico de lo que nos hicieron presumir lescencia prolongada detiene este movimiento, con el resultado
nuestras formulaciones teóricas. Nuestras diversas tentativas' de _que el proc.eso adol~sc:n~e no es abandonado sino que queda
de clasificación del ajuste adolescente (normal y anormal) han abierto. De_hech~, elmdividuo se adhiere a la crisis adolescen-
sido hasta ahora notablemente infructuosas; pienso que este· te con persistencia, desesperación y ansiedad. En este estado
decepcionante resultado obedece a la escasez de estudios clíni- tumultuoso nunca falta un componente de satisfacción. El ob-
cos que deliberadamente se limiten a elucidar un fragmento es- serv_ador percibe ens~g~ida el confortamiento superficial pro-
pecífico del proceso adolescente total. Esas tentativas de clasi- ?ucido por una condición que ~~ntiene inconcluso el proceso
ficación se tornan más inútiles cuanto más se concentran en las adolesce~te. La ferv~rosa adheswn a la inconstancia de todas
diferencias sustanciales que la observación clínica del proceso las cuesti?n:-s de la vida convierte al progreso hacia la adultez
adolescente nos permite aislar. Uno de los enfoques podría en un ?bJehvo <_IUe casi no merece la pena. Este dilema hace
apuntar a las diferencias entre los sexos, ya que de las similitu- ~ue se_mventen mgeniosas combinaciones de las gratificaciones
des se ha tratado in extenso. Con esta idea en mente, me he li- mfantiles con las prerrogativas adultas. El adolescente se afana
mitado, en esta exposición, al problema de la adolescencia pro-
longada en el varón. d ~ Aldpregarar este artículo para su inclusión en el presente volumen no pude
La expresión "adolescep.cia prolongada" fue acuñada por e¡ar e o. servar de qué manera radical ha cambiado la fenomenología de la
Siegfried Bernfeld en 1923. En esa época, el objeto de su inda- adolescencia prolongada en los años que van de 1954 a 1977. · 1
afirmacI·ón del "desertor" umversltano
· . . o a la elección de "otro
' peroestilo
pese a a auto-
gación era la prolongación de la adolescencia en el varón como de vida"
fenómeno social observado en los movimientos juveniles euro- ~·r part~j.~l(~d~nte mayor, y pese a la aceptación general de la "moratoria
IC~soci n n, 1956) en sus diversas manifestaciones oonductales ueda
en pie ~1 ~ec~o ~e que para un gran número de gente joven las motivacio~es si-
peos después de la Primera Guerra Mundial. Los integrantes de
estos grupos manifestaban una intensa predilección por la inte- ~en sien o siiDilares a las ~ue se describen en este trabajo -en verdad, son las
lectualización y la represión sexual, demorando así la resolu- nus~~-· Llamo la atención del lector sobre el "Posfacio" que escribí 1976
ción del conflicto adolescente y, por ende, la consolidación de para ll)
tul Lossal
factores
d preedípicos
· en 1a et10
· 1ogía de la delincuencia femenina" en(capí-
~ ' . van ~ esa _brecha de veinte años mediante la comparación de las
• Publicado originalmente en American ]ournal of Orthopsychiatry, vol. 24, ~~ la ef:~~:=~~~:~o~ófec
1
1~ ::d~~:.ascendentales cambios que tuvieron lugar
págs. 733-42, 1954. .

33
pudia. Parecería que, a través de la elección de su objeto amo-
por sortear las opciones terminantes que el final de la adoles- ~oso, el adolescente ~a .hecho un desesperado esfuerzo por
cencia le impone. arranc~rse de un medio mfantil que lo envolvía. Esta batalla
En la luz crepuscular de esta transición detenida en la que emancipa~ora, en la que la novia es su camarada de armas
,.¡,·e. el adolescente actúa con embarazo y Yergüenza. Gran suele con~muar durante mucho tiempo. He visto convertirs~
parte de su conducta y de su Yida mental tiende a eliminar es- esa.s r:lacwnes .~n un conveniente matrimonio prematuro, con
tos talantes disfóricos. Cuando procura estar solo, se pone in- o sm mtervencw~ de una terapia en el impase de la lucha ado-
quieto y confuso: su incapacidad para la soledad lo obliga a su- lescente por desvmcularse de la familia.
marse a grupos. La compañía lo sah·a de sus ensoñaciones y de Las expecta~ivas exageradas respecto d~ sí mismos ocupan
sus preocupaciones autoeróticas. Su amistad con varones es un lugar prommente en la vida de estos jóvenes. Cuando niños
transitoria e inestable: siempre existe la amenaza de una rela- de ~n modo u otro mostraron algún talento promisorio; la ma~
ción homosexual. Si se dncula a una muchacha, se aferra a ella ~ona d~ ellos son bastante dotados e inteligentes. Bajo la
con de,·oción y con indigente dependencia. Parece capaz de I~f~uencia de !~_ambición parental y de la sobrevaloración nar-
entablar una relación íntima y encuentra satisfacción en lo se- ciSI.sta, estos mnos llegaron a confiar en que sus realizaciones
xual: sin embargo. un examen más atento muestra que estas se· senan
1 · fabulosas
• (véase el capítulo 14) · La fama Y 1a gran d eza
dicentes .. relaciones sexuales .. son del tipo de placer previo. Va- a paswn Y la fortuna, la aventura y el frenesí aparecen vívida~
le decir. las zonas erógenas pregeni tales cumplen el principal mente en sus fantasías. Los primeros fracasos en una carrera
papel en la organización de la pulsión sexual, que, debido a la ~ue supuestamente se tendía ante ellos en forma infalible cons-
maduración puberal. toma como modo de expresión lo genital. tituy.en golpes demoledores, por lo general en el período que va
Esta temprana etapa de desarrollo psicose~ual no siempre se ~~ fmal de ~a e~cuela secundaria a los primeros años de univer-
manifiesta en la conducta, pero es discernible en las fantasías, s~ ad. En mng.un momento deja el joven de percatarse de que
sueños e inquietudes de índole compulsiva. En la conducta he- he~e ~rente a SI el fracaso y el posible desastre. Se siente moles-
terosexual. la pregenitalidad abarca desde el mero placer en es- to, ~rr~tado Y ~nsioso, pero no procura mantener una fantasma-
tar desnudos juntos hasta la masturbación mutua, y las prácti- g?na Irreal n~ de regresar a posiciones infantiles. No busca ali-
cas yoyeurísticas ,. exhibicionistas típicas del "mundo del cuar- VIO en u_n actmg out. asocial o en una pasividad vengativa. No
to de baño··: sien~pre. empero, encuentran a la postre manifes- ha perdi~o la capacidad de iniciar una acción por propia vo-
tación genital. Todo esto es normal en las primeras etapas de la luntad; de hech~, el peligro inminente de derrota moviliza to-
adolescencia. como también lo es que la pregenitalidad alcan- dos sus recursos mte~nos para postergar la étapa final y decisi-
ce un carácter personal idiosincrásico dentro de los juegos se- vadde la l.ucha. La vida de estos adolescentes jamás aparece del
xuales preYios en las relaciones adultas. Sólo adquiere carácter to o v~cia Y caduca; es preciso examinarla más de cerca para
patognomónico si la detención en la posición pulsional preado- ~dverhr cuán perdidos se encuentran en un vacío de incerti-
lescente se yueh·e permanente y acorde con el yo en la adoles- umbre Y.d~ dudas acerca de sí mismos. A fin de escapar dei
cencia tardía.2 ~mpobrecimiento .narcisista, recobran desesperadamente las
Desde luego, el tipo de relación amorosa que aquí estamos uerz~~ para contmuar con sus intentos de "compensación"·
examinando no tiene en absoluto mero carácter sexual; el com- tambi~n estos se pr~sentan, ante una mirada más atenta, com~
partir intereses, ideas e ideales desempeña un importante pa- expedi~ntes desmanados y espurios. En medio de toda esta tur-
pel. No obstante, en la intensa necesidad de compartir, que ca- bulencia nun~a se pierde por completo la facultad crítica de
si semeja una adicción, discernimos una cualidad de extremo autoobserva~Ión, y es fácil provocarla en la terapia con el indi-
egocentrismo y exigencia que revela el componente infantil de ~ador apr~piado. El conocido estado esquizofrenoide de la
la relación. La muchacha elegida es a .menudo un apropiado adolescencia no forma parte de este cuadro clínico
reto para el vínculo incestuoso del varón; ella presenta rasgos Si dejamos de lado por el momento las numerosas ~imilitudes
de notables diferencias o similitudes con miembros significati- que ~1 bosquejo anterior presenta con el cuadro de la adoles-
vos de la familia, ya se trate de la madre, el padre, la hermana cenci~ en general, veremos con mayor claridad la diferencia
o el hermano. Habitualmente, la familia del muchacho la re- esencial que distingue a los casos que estamos considerando de
".tr~s formas de turbulenci~ ~d?lescente. Esa diferencia parece
2 Para una exposición detallada del desarrollo yoico y psicosexual pread~les­ ~adiCar en .una nota?le ~esishvidad al impulso regresivo, junto
cente, y su importancia respecto del concepto de fijación en la preadolescencia, con la persistente evitación de cualquier consolidación del pro-
véase Blos (1962, págs. 57-71).

35
34.
·.
dad significativa a la regresión. Hartmann (1950) ha denomi-
ceso adolescente. 3 Estos son los rasgos predominantes de la nado a esta característica del yo, sea cual fuere la etapa de de-
condición específica denominada "adolescencia. prolongada". sarrollo en que se produce, la "autonomía secundaria del yo".
Podríamos decir, a la inversa, que esta es expresión de la nece- Como es o'~vio, la sublimación y las defensas desempeñan su
sidad interior de mantener inconclusa la crisis adolescente. pap~l en dicho proce~o. La adolescencia prolongada, si se la
En este punto, la sinopsis clínica debe ser complementada considera una pausa mdefinida en la vía hacia la adultez da
con consideraciones dinámicas. A partir de los Tres ensayos de por resultado (al igual que cualquier otra perseveración ex~esi­
teoría sexual de Freud (1905b) sabemos que con el advenimien- va en un estadio de maduración) la deformación de los atribu-
to de la madurez sexual en la pubertad se inicia una nueva t~s de la. pe:sonal!dad. ~n agudo contraste con los procesos de
distribución de énfa§iS en la experiencia sexual, que permite di- diferenciación ymca típicos de la síntesis de carácter adolescen-
ferenciar entre el placer previo y el placer final y en consecuen- te, la adolescencia prolongada refleja el fracaso en arribar a
cia produce un reordenamiento de las met~s pulsionales. Las una or~anización jerárquica estable (inflexible, en verdad) de
innovaciones biológicas de la pubertad exigen un reordena- las pulswnes y de las funciones yoicas.5
miento jerárquico de las numerosas p~s,iciones in~antiles (_mo- Durant~ la adolescencia prolongada, las funciones yoicas
dalidades de gratificación y de resolucwn de tenswnes, asi co- -pensamiento, ~et;noria, juicio, concentración, percepción,
mo identificaciones) que, por diversos motivos, eran indispen- e~c.- se ve~ perJudicadas desde dos fuentes: por una inunda-
sables para el funcionamiento de l.a perso?alidad Y. demanda- CIÓn de pulswnes sexuales y agresivas pertenecientes a todas las
ban expresión continuada. Es un liecho bien conocido que las f~es del ~esarrollo, y por el ascendiente que cobran las fun-
pulsiones pregenitales vuelven a. manifestarse tan pronto c~mo ciOnes ymcas arcaicas y las defensas primitivas. El adolescente
aparece la pubertad. La urgencia de ~ontar con u~a orgamz~­ recae en las antiguas modalidades de manejo de las tensiones,
ción jerárquica definitiva de las pulswnes cobra Importan.cia lo cual revela. que la latencia ha obrado un magro avance en el
con el avance de la adolescencia y suministra un incesante Im- desarrollo ymco así como una renuncia insuficiente a las posi-
pulso hacia el progreso de la ~ad~rac~ón; . . . c!ones. yoicas in~antiles. En tales casos no hablamos de regre-
Esta necesidad de una orgamzación 1erarqmca no se restrm- sión, smo más bien de una activación de etapas nunca abando-
ge, empero, a las pulsiones sexuales sino que se ~plica también ~adas. del desarrol.lo yoico anterior. Permítaseme ilustrar esta
a las funciones yoicas. 4 Puede ilustrárselo mediante una fun-
situación con·un eJemplo típico. Si el estudio crea en el adoles-
ción voica arcaica como el pensamiento mágico. Si este cobra.
cente un~ tensión que sólo puede aliviar recurriendo a formas
prim~cía en la adolescencia, quiebra la unidad ~el yo y por ~n­ autoerótlcas -masturbación, el dormir y comer excesivos
de estorba su capacidad para el examen de reahdad; pero si el etc.-, o si aquel está habitualmente asociado a fantasías qu;
pensamiento mágico queda subordinado al re~no ?e
la f~~tasía desvían su atención, no podrá mantener la tensión indispen-
y halla salida en el trabajo creado~ o en ~lgun hpo de pasa- sa~le para comprender y dominar un problema, y todo su em-
tiempo", el yo puede retener su un~dad. En t~l caso, podemos p~no por estudiar estará destinado al fracaso. En la ·adolescen-
decir que la ideación orientada hacia la fantasia se separa de la cia n~rmal estos madi operandi son pasajeros y a la postre se re-
dirigida por la realidad y se torna incompatible con ella. ~ste nun~Ia a ellos, pero en la adolescencia prolongada no sólo no se
proceso de diferenciación amplía dentro del yo la esfera hbre persigue esta renuncia, sino que se la evita y contrarresta. 6 Sur-
de conflicto. ge entonces esta pregunta: ¿Cuáles son los factores económicos
Puede estimarse que el proceso adolescente ha llegado a su que impiden al joven en la adolescencia prolongada buscar una
término cuando se ha alcanzado una organización jerárquica solución cualquiera (aunque sea abortada) a la crisis ado-
relativamente inflexible de las pulsiones genitales y pregenita- lescente?
les, y cuando las funciones yoicas han adquirido una resistivi- Al estudiar este grupo de adolescentes se hizo evidente que
compa~tían una constelación infantil típica. Ambos progenito-
3 El superyó del adolescente se construye, en gran medi?a, sobre la base de res, o bien más declaradamente la madre, consideraban que es-
la identificación con el progenitor idealizador (no el 1deahzado); es~o sustenta taban destinados a hacer grandes cosas en la vida. Por razones
hasta tal punto la autoidealización del adolescente que la evaluac1ó_n q':e él
hace de sí mismo resulta desacorde, hasta un grado crítico, con sus reahzac10nes 5 En el capítulo 9 se examinan ampliamente los problemas caracterológicos
efectivas. que entraña esta organización jerárquica.
4 En otro lugar (Blos, 1962, págs. 174-77) he descrito co.n m~yor detenimien- 6 En el capítulo 16 se presenta el caso de un adolescente mayor que ilustra
to la formación del placer previo durante la pubertad y su InflUJO en la reestruc- con detalles analíticos, la constelación psíquica a la que aquí nos referimos.· '
turación yoica.

1
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vinculadas con la formación de su propia personalidad, tal~s ceso típico de identificación. De niños, carecieron siempre de
madres son propensas a conferir a sus hijos varones la capaci- afirmación de sí y de autocrítica; plácidamente aceptaron la
dad para realizaciones extraor~inarias: sin tener en ~~ent~ pa- enaltecida posición en que sus progenitores, sobre todo sus
ra nada el sexo y las reales aptitudes e mtereses del mno. Smte- madres, los colocaron. En consecuencia, desarrollaron una su-
sis de esta situación es la historia de la muj~r emba~aza?.a que, misa dependencia de adultos aduladores y una autosuficiencia
al comentario de una amiga sobre su situación, rephca: Sí, lle- narcisista -rasgo que a menudo otorga al chico un encanto y
vo conmigo a mi hijo el doctor". Los niños que creen en las f~n­ atractivo particulares-. Ya de hombres, estos adolescentes se
tasías que sus padres urden acerca de ellos esperan que la ":1da sienten cómodos en la compañía de mujeres, pero con frecuen-
se ha de desarrollar de acuerdo con las promesas y expectativas cia sienten temor, malestar e inhibiciones en su trato con los
del padre 0 de la madre. Con la adolescencia prolon.g~da se varones. Por identificación, han interiorizado a la madre ide-
elude una crisis: la que produce la anonadante adm1s~ón ~e alizada y le han conferido permanencia estructural en el ideal
que el mundo externo a la familia no reconoce el papelimag¡- del yo infantil, el self idealizado. Pronto han renunciado a
nario que el niño había representado durante casi dos décadas competir con el padre o con el principio paterno, y así, siempre
de su historia. Cuando las fuentes de la identidad son,. en grado están a punto de irrumpir impulsos pasivos. En cuanto adoles-
abrumador, externas, el individuo perderá su sentido de la centes, tienen una afectuosa admiración por sus padres o los
identidad si se lo separa de su ambiente. Encuéntrese donde se tratan con desprecio y conmiseración, aunque lo más común es
encuentre, sigue el esquema de la preservación infantil de !~ una ondulación ambivalente del afecto, tomada de la actitud
identidad, que reza: "Yo soy lo que los demás creen que soy . de sus madres. No nos asombra que la revuelta del adolescente,
Cuando estos adolescentes tratan de romper c~n. sus dependen- cuando surge, se dirija casi con exclusividad hacia la madre.
cias infantiles, pronto advierten que es~e movimiento va acom- La identificación básica con la madre alcanza un momento
pañado de un empobrecimiento narcisista para. el, cual no está~ de crisis para el muchacho que crece cuando la pubertad lo
preparados y que les resulta intolerable. Contmuan, pues, VI- enfrenta con el problema de la identidad sexual. Este dilema
viendo con la imagen de sí mismos que sus madres, padres, her- fue muy bien expresado por un adolescente de más edad, quien
manas o hermanos crearon para ellos. dijo: "Hay una cosa que uno debe saber y sentirse seguro de
De estos jóvenes podría decirse que, cuando alcanzan el eso, y es si uno es hombre o mujer". Cuando el conflicto nor-
umbral de su condición de hombres, su gran futuro q.ueda tras mal de la adoléscencia en torno de la bísexualidad urge una so-
ellos· nada que la realidad les ofrezca pue~e competir c~n ese lución definitiva, la adolescencia prolongada da un rodeo per-
exaltado sentimiento de ser únicos que fácilmente e~penmen­ severando en la posición bisexual. De hecho, esta posición es
taban de niños cuando sus padres derramaban cop10sa~ente investida con libido, y todo abandono de ella es resistido, en lu-
sobre ellos su admiración y su confianza. Ambos progemtores gar de buscárselo. Las gratificaciones que así pueden obtenerse
-cada cual por motivos propios- pasaron po: a~t~ ~n forma hacen el juego a la necesidad de que la vida les ofrezca posibili-
persistente los primeros fracasos del niño, sus mhibiCIOnes, su dades ilimitadas, y, simultáneamente, mitigan la angustia de
nerviosismo 0 las patéticas formas que adoptaba su auto- castración perpetuando la ambigüedad de la identidad sexual.
engrandecimiento. La constante e ilusoria confia~~a de los Esta ambigüedad se refleja en forma significativa en los tro-
padres anulaba la significación del fracaso, Y el mno p~só a piezos y vacilaciones del adolescente en materia profesional o
sustituir el dominio de la realidad por fantasías narcisistas. educativa, su ineficacia y su eventual fracaso.
La adolescencia revela finalmente fuera de toda duda,. que El niño narcisista siempre tiene a mano una forma de esca-
nunca se ha separado con claridad la fantasía del pensam~ento par a la tensión conflictiva; en verdad, el niño no vivencia un
orientado hacia la realidad. El sentido del tiempo se ha distor- conflicto interior sino más bien ira y furor debido a la disminu-
sionado por la sustitución continua del futuro por el pasado, y, ción o privación de los suministros narcisistas. Elude el conflic-
amén de ello, por la vaga creencia en que 1~ m~ra suerte. obra- to mediante la desmentida y/o el autoengrandecimiento.
ría con el correr del tiempo, lo que de ordmano en la v1da de Cuando un niño que ha utilizado predominantemente defensas
un'hombre lleva años lograr.7 narcisistas se aproxima a la adolescencia, no es de sorprender
Si se indagan los comienzos de la vi~a de estos jóvenes, no que los conflictos típicos de esta edad permanezcan fuera de su
sorprende encontrar llamativas desviaciOnes respecto del pro- experiencia conciente. Un adolescente de este tipo se torna te-
7 El capítulo 14 está dedicado a esta clase de patología en el caso de un varón meroso cuando advierte que las exageradas expectativas que
en su adolescencia tardía. . abrigaba sobre sí no se cumplen; ávidamente busca aliento en

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el entorno, y en este empeño suele tener éxito,. ya que. a esta al- propósitos y las capacidades potenciales pueden fácilmente
tura se ha convertido, con su encantadora mocencia, en un ocupar el sitio de las realizaciones y el dominio real. Una per-
maestro del juego que consiste en sa.c~r provech~ de los demás~ manente corriente subterránea de ansiedad sólo es endicada en
Ante un aflujo de suministros narcisistas, reaccw~a con e~t~ parte por la interposición de medidas defensivas. El desborde
siasmo y con su acostumbrada evitación de la tensión confli~tl­ sirve como estimulante para la intensificación de seudoacciones,
va. La adolescencia prolongada presenta el cuadro paradóp~ que constituyen empeños abortados por trasponer las fantasías
de que no hay ningún conflicto que abordar, porque no se Vi- infantiles en actividades adultas. A título de ejemplo: Un estu-
vencia ninguno. A estos adolescentes hay que ayudarlos a al- diante universitario que debía preparar un examen de biología
canzar el conflicto adolescente propiamente dic~o antes de que elemental se volcó apasionadamente al estudio de los artículos
puedan ingresar en la fase final de la adolescenqa, la de la con- más eruditos en ese campo, dejando de lado en cambio su libro
de texto y sus apuntes. Paradójicamente, fue aplazado en el
solidación. · · ft examen porque, como él mismo explicó, "sabía demasiado".
Para algunos de estos muchachos, la ado1escencia co~s I u-
ye un nuevo período, lleno de esperanzas, y en el que se sienten La angustia conflictiva, que durante la adolescencia normal
subjetivamente mucho más competentes que antes. Anna activa la reorganización y represión de la libido, tiene ínfima
Freud (.1936) ha destacado que la mad~ración sexual de la p~­ fuerza motivadora en la adolescencia prolongada en términos
bertad, como variable independiente, ma~gura el predomm10 de los procesos de síntesis. La crisis adolescente permanece
de la masculinidad en el niño pasivo-fememno, hacwndo retro- abierta merced a los acomodamientos yoicos descritos. Pode-
ceder temporariamente a los impulsos pasivos; créas~ así una mos decir que la estructura de la adolescencia prolongada es se-
·t ción más favorable para un desarrollo potencialmente mejante a la de un trastorno del carácter: en ambos casos, las
~r~:resivo. La inclinación a la desvinculación emocional de los actitudes limitadoras del yo no se vivencian como ajenas a este.
opresivos lazos familiares cobra primacía por el momento, Yen Pero en la adolescencia prolongada no se presenta la rigidez de
la medida en que la crisis adolescente continú~ el much~c~10 se un trastorno del carácter; lo más habitual es que el proceso ado-
siente esperanzado. La incapacidad para resignar pos~c10nes lescente mantenga su fluir y sea accesible a la mediación tera-
infantiles, junto con el deseo conciente de independencia~ ~e péutica. No debe pasarse por alto, sin embargo, que la perseve-
una viril afirmación de si fuera de los confines de la famiha, ración en la posición adolescente sólo es factible dentro de cier-
son los dos factores que se combinan para hacer de la prolonga- tos límites temporales. A la postre (entre los veinte y los veinti-
ción de la adolescencia la única solución a su alc~nce. Hemos cinco años), la adolescencia prolongada desemboca en una
llegado a entender que la necesidad de ma~tener mconclusa la configuración más organizada y rígida; el trastorno narcisista
crisis adolescente es una medida de protección contr~ dos fata- del carácter es el que mejor describe la tendencia general que
les alternativas: la regresión y la ruptura ?on la realidad (solu- habrá de asumir la evolución patológica de la adolescencia
ción psicótica) o la represión y la formación de síntoma (s~lu­ prolongada.
ción neurótica). Frente a este dilema, el yo ad~lescente prefiere Por sus condiciones dinámicas y económicas, este cuadro ha-
evitar ambas opciones modificando su pr~pia natur~le~; s~ ce oportuna la intervención terapéutica. El desarrollo de la
crea así a partir de una fase de la maduración, un estilo e v.I- personalidad es todavía fluido y posee aún un alto grado de
da: " .. .'El yo tendrá la posibilidad de evit~r la ruptu:a ?acia plasticidad; además, la posición resistiva que mantiene el yo en
cualquiera de los lados deformándose a sí mismo, consmhendo dos frentes (contra el progreso y contra la regresión) revela una
menoscabos a su unicidad y eventualmente segmentándose y fortaleza considerable, que puede emplearse en el proceso tera-
partiéndose" (Freud, 1924, págs. 152-53) · péutico. Cierto es que los jóvenes de este tipo, cuando solicitan
Estas limitaciones y esta regresión del yo crea~ una desarn~o­ ayuda profesional, lo hacen en la esperanza de restaurar una
nía entre el adolescente y las demandas de la socwd~d, Y perJU- existencia narcisista relativamente libre de tensiones, o de que
dican las funciones ejecutivas del yo. Las frustrac~ones resu~­ se facilite, como por medios mágicos, el cumplimiento de sus
tantes son neutralizadas mediante sobreco~P_Cns~cwnes narci- contradictorios impulsos, tales como la afirmación de sí y el so-
sistas como un exagerado optimismo y grat1hcac10nes fantase- metimiento. Pero lo que les da el empuje final para solicitar la
adas ~ue tienen la índole de las ilusiones. u~ l?oderos? recurs~ terapia es la frustración narcisista debida a las repetidas desilu-
para el mantenimiento del equilibrio narclSlsta reside en e siones o fracasos que sufren en sus actividades profesionales,
pensamiento mágico al que no se ha renunciado y que nunca educativas y sociales, así como (de manera particularmente
ha sido sólidamente ;elegado por el principio de realidad. Los aguda) en su vida amorosa. Comprobamos que en este cuadro

Aft
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. . . tan prominente a causa de la remplazar la búsqueda de fuentes exteriores de autoestima por
la desilusi?n tlene .u~·J.~~oentre la imagen que tienen de sí el descubrimiento de los recursos interiores. De hecho, gran
flagrante mcomp~tlb~ 1 a les entre sus ambiciones y el re- parte de la labor terapéutica está constituida por la explora-
mismos y sus reahzacw~es ref ' t Notamos la premiosa ur- ción y verificación, convalidación y diferenciación de estos re-
conocimiento que les bn~da a fen :~salida al intolerable esta- cursos tal como se reflejan en la conducta cotidiana.
gencia de encontrar rápi .~m en ;e~o buscaremos en vano la an- En esta fase inicial de la tarea, es evidente que el adolescente
do de desesperación narcl.slsdt~. d r de la lucha intrapsíquica. ve con buenos ojos que el terapeuta penetre a través de la
gustla . confl'lC t'¡va como1 m.ó ICasi oue buscándose en esencia . una fachada de sus pretensiones e ilusiones. Ejemplo: Un hombre
Por obra de esta conste acl n, gl ·meras etapas de latera- de veinte años ha asistido a una conferencia y relata todas las
solución externa; d e a hí que. en asd pn una interpretación tota1'1- preguntas estúpidas que el público hacía al conferencista.
. h d andas contmuas e , . . f '1 Cuando el terapeuta le inquirió qué pregunta le había hecho
pla se agan em . . t tánea de la vivencia m anh pa-
zadora, una revelacló.n ms an . fórmula o triquiñuela -se- él, repiicó sin perder la compostura: "Ninguna. ¿Eso qué tiene
tógena, una sugerencia o c~nse]~· nte d~ la terapia sea ingenua que ver?"; al insistir el terapeuta en la pertinencia de saberlo, a
gún que la idea que te~ga edpacl~atisface ese reclamo, el ado- la luz de las críticas que había descargado el paciente sobre los
o bien infor.mada-. u::n~a~ente mejor, más esperanzado y demás oyentes, este se turbó y confesó su total ignorancia e in-
1. lescente se siente mamen d el mantenimiento acos- comprensión del tema tratado, que supuestamente pertenecía
. ·ó que concuer a con a un campo que le interesaba en especial. Y sin que se le pi-
fehz, reaccl n . durante la niñez.
tumbrado de la autoestl~~ sté estructurada y organizada diera, continuó diciendo que su conversación, erudita y culte-
El hecho de que la ~ensl n n~ e unta en qué dirección de- rana, solía basarse en ideas tomadas hábilmente por él de otras
en términOS del con~lC~O ps~q~~~~ ara. ha de provocar la viven- personas, sin conocer la cuestión de primera mano. No había
be moverse en un prmcrfto t a E ~tr~s palabras, debe ayudar leído un solo libro desde el primer año de la escuela secundaria,
cía y tolerancia del fon ~ic~~ a~olescente propiamente dicho. pero se las ingenió pal'a ganarse la fama de ser uno de los alum-
al joven a alcanzar e con 't tera éuticos: 1) aumentar nos más leídos. Este comentario basta para ilustrar de qué mo-
A tal fin, prevalecen dos pro2p)ósl os lpas defensas narcisistas do se llevó a la conciencia del paciente en un caso particular la
. t 'ón y exponer
la tolerancia a 1a e~sl , 'ó la introspección críticas. Esto defensa narcisista. En esta etapa de la terapia, centrada en la
a través. de la a~too ser:~c~e~/ euta se abstenga de toda ~n­ disrupción del sistema narcisista de defensa y la exposición del
vuelve 1~pe~~t1vo q~e, 0 "del ~llo", ya que sólo se consegmr.á yo a la vivencia de la tensión y el conflicto, no nos interesa si el
terpretaclón profun. a ex lotadas por el sistema narcl- abandono de la lectura se relaciona con un conflicto infantil.
que estas interpretacwn~s sean uede arafrasear dicha explota- Cada vez que se renuncia a actitudes yoicas arcaicas y este-
sista de defensa. El pacwnteép 1 p é este problema está reotipadas, se ensayan nuevas formas de dominio, que se sinte-
· d "Ah ahora s e porqu ... d tizan en el término general de "experimentación". Esta abarca
ción dicwn o: • . foria pronto se disipa en e-
entonces resuelto". La postenor eu e después de todo nada el examen de la realidad, del self y de la interacción entre am-
silusión, .Y se ~cusab~ ~era~~~~:r~:d~dible, pues, q~e.el t~ra- bos. En tal sentido, la experimentación y la diferenciación
ha sucedido m cam la o. de resunta ommsciencla o progresiva de la imagen del self van de la mano y generan un
peuta se despoje de to~as las fo~~a~s t~n reconfortantes para funcionamiento más eficaz. El dominio cada vez más apro-
de la posesión de po eres ~ giC -' aquel se coloca en direc- piado pasa a ser una nueva fuente -una fuente legítima, di-
esta clase de paci~ntes. Al o /ar a~~e proveía la gratificación ríamos- de gratificación narcisista. En consecuencia, el man-
ta oposición a la l~agen "ia ~:na ompartiera su grandeza. Pa- tenimiento del equilibrio narcisista queda determinado cada
narcisista al permltlf que ~ ~:n~t~ que el terapeuta responda a vez más por los procesos de autogobierno, en lugar de depen-
ra el adolescente, es muy un ~·y lo sé" pero, por otro la- der de influencias externas. Por ejemplo, ya no es necesario tra-
sus ansiosas pregun~as con un t~rn:Sí su valentía, sinceridad e tar de influir en la impresión que otra gente tiene de uno y
do, el paciente comwnzdaba respe 1 'dar que el adolescente está luego tomar sus opiniones como reflejo del auténtico self.
0
incorruptl'b'l'd d No e .emos
11 a . do de)Vl identificarse con un a d ulto En esta primera fase de la terapia se observa que la vida del
siempre pronto a (y necesl~a lidad que él desea coro- adolescente se enriquece con una experimentación deliberada;
que posea tales atributos de1persona o de ~u desarrollo son un se amplía el alcance de las funciones yoicas autónomas, en tan-
partir y que en términos e. progres rem lazar esa forma to que los impulsos infantiles poco a poco adquieren un carác-
apoyo' útil. El objeti_vo dedl tya?e~~:s:s por
infantil de compartir y e uslO
fa identificación, ter desacorde con el yo y son aislados de su rama ejecutiva. Este

43
. l l ros reales y la tolerancia a la ten- 4. Asesoramiento psicológico
avance es postble por os og l d terminantes patógenos se
sión. Concomitantemente, os b e forma una perturbación para estudiantes universitarios*
vuelven más f~alizados Y f 0
ar~tulo 16). El paciente viven-
neurótica o~gamzada (véa:~ e ~st~ circunstancia indica que el
cia el conflicto y la ang~s ta. l 'coanálisis. La conducta más
próximo paso de la terapia es e p!~ele incluir la independencia
competente del adole~cente, q~~· . como empresa de largo pla-
económica, hará facttble e~ an tstse la trasferencia es utilizada Nuestra comprensión cada vez mayor de los trastornos de la
zo. El pasaje de una terapta e~ qu n ue el vehículo intrínseco personalidad y el creciente reconocimiento de la necesidad de
en forma bastante activa a ol ra e q l'dad es la neurosis de servicios bien equipados para abordar estbs problemas han
ción de a persona 1 traído a la palestra un nuevo campo de actividad terapéutica,
para la rees t ruc t ura . conveniente aunque no
1
tras ferencta vue v con frecuencia
. e . d t uta Pero si 'la capac1.d a d que denominaré "asesoramiento psicológico". En este capítulo
imprescindible, un cambiO e er~pesido.liberada mediante el intentaremos diferenciar sus alcances, función y técnica de los
¡e
integradora del adol~sce~te, ~~Ja la adolescencia prolonga-
tratamiento del calleJón sm sa lidación fimil de la adolescencia
de otros servicios de asesoramiento ya bien arraigados (orienta-
ción vocacional, asesoramiento pedagógico, etc.)
da, basta para lograr la ~onso a com leta en este punto. El asesoramiento psicológico se ocupa de situaciones proble-
tardía, la tarea terapéutica ~ledt pi; al final de la primera máticas individuales que obedecen en gran medida a factores
La decisión d~ interrumptr d:l ~~ance entre la movilidad irracionales, en cuyo caso las soluciones racionales (el conver-
fase antes descnta depende . ra fase y 1'l inconmovible sar sobre ellas) o la expresión catártica (el exteriorizarlas ver-
afectiva que se obtuvo en esa pnmd ora uella. Si se torna balmente) demuestran no dar resultado y son de poca ayuda.
fortaleza de las fijaciones n.o .afef~aen~: ~espo~sables de la pro- Dentro de este grupo, sólo sacarán provecho del asesoramiento
evidente que las fuerzas or~gn~a haciéndose valer de mane- psicológico aquellos individuos en los que aún no se ha estable-
lo ngación de la adolescencia stguen l 'oría en el fun- cido una pauta neurótica rígida y repetitiva, aunque están
d d 'f e que pese a a me) abrumados por agudas presiones internas y externas. Carente
ra irremisible, ha e a mi trs bl 'l avance hacia la madurez
. . to a menudo nota e, e l l de preparación o capacidad para hacer frente a tales presiones,
cwnamten .' . na ex ctativa ilusoria; en ta caso, e
emocional stgue stendo u [: ·no la tarea terapéutica. En el individuo acude a reacciones autoprotectoras. Estas si-
psicoanálisis debe ll~var a ~u rmt onsigue que se resignen las tuaciones reactivas son particularmente frecuentes cuando las
otros casos, e? .la pnmera a~=s~::cia prolongada, y se movili- tensiones madurativas, tanto instintivas como ambientales, son
defensas narcisistas de la ado f t' del adolescente hasta un la regla más que la excepción, o sea, durante la niñez temprana
zan y canali~and lys r~u:~;u:; l~:~~r adelante de manera re-
y la pubertad. Como es obvio, los conflictos y crisis madurati-
punto a partir e cua . sidad de ayuda, ponerle vos son periodos cruciales para la aparición de dificultades
alista el proceso adolescente y' sm nece neuróticas. ·
Entre los adolescentes mayores, el estudiante universitario se
término. halla en una posición peculiar. El ha pospuesto, ya sea por pro-
pia voluntad o bajo presiones morales o sociales, el logro pleno
de la adultez en beneficio de progresos educativos o de presti-
gio social. Esta demorada adolescencia, con sus inevitables
efectos sobre la economía psíquica del individuo, sigue siendo
para la psiquiatría y la higiene mental un hijo ilegítimo. Los
problemas creados por la prolongación artificial de un período
madurativo afectan a casi todos los estudiantes en algún mo-
mento de su carrera universitaria. La mayoría puede hacerles
frente, pero un número apreciable de ellos sufren trastornos de

• Publicado originalmente en American ]ournal oj Orthopsychiatry, vol. 16,


P'IP· 571-80, 1946.

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los trastornos de personalidad. En verdad, al intentar clasificar
personalidad algunos de los cuales son hoy en día susceptibles 387 casos, me asombró descubrir que esa clasificación los obli-
de modificación. Este grupo representa un área estratégica en garía a amoldarse, en aras de la nosología, a un lecho de Pro-
que debería centrar sus esfuerzos la psiquiatría preventiva. custo. <:omencé a advertir que la casuística que me ocupaba
Teniendo en cuenta estas consideraciones, el Brooklyn e~a básicamente distinta de la que se ve en una clínica de hi-
College organizó en 1941 un servicio de asesoramiento ps~coló­ g¡ene mental o de orientación infantil, ya que en estos casos no
gico. Se había vuelto evidente qu.e su plantel de estudiantes se había desarrollado ningún complejo sintomático definido
-como cualquier plantel de estudiantes- presentaba trastor- ~abía apareci?o una disfunción en un ámbito limitado del~
nos de personalidad que a menudo interferían grave~ente c?n v~da d~l es~udi.ante, que tornaba insatisfactoria a la experien-
el trabajo universitario. Esta situaci~n ~reaba p~rbc~lar m- cia umversitana.
quietud cuando un alumno de promisona capacidad mtelec- Esta clase de malestares rara vez llegan a conocimiento de
tual era incapaz de desempeñarse adecuadamente. y J?arecía los servicios psiquiátricos o de higiene mental situados fuera
destinado a la mediocridad o al fracaso. Para famihanzarme d~l recinto univers.itario, pues el individuo todavía se halla a la
con los estudiantes corrientes, dediqué parte de mi tiempo a busque~a de ~olucwnes mediante la manipulación del ambien-
una tarea rutinaria de asesoramiento, vinculada con el aban- te o el aislamiento de sus conflictos en el proceso de formación
dono de los cursos, las faltas excesivas, los cambios de progra~ de ~íntomas. Precisamente en esta etapa del trastorno de perso-
ma las amonestaciones de mediados de semestre, etc. Asi nahdad, cuando el conflicto madurativo se actúa de manera
co~probé cuán frecuentemente tales situaciones indican. una b~ta~te directa en forma desplazada y el síntoma aún no ha
perturbación remota, y cuán eficaz puede ~er el asesora~Iento cnst~hzado .en un. complejo sintomático, es necesario el aseso-
si se concentra en las dificultades sintomáticas secundanas tan rami~nto psiCológiCo. En verdad, este tipo de trastorno de per-
pronto aparecen. . . sonalidad es su campo de acción legítimo.
Dado que el asesor psicológiCo depende de los pacientes que Al ~ratar de agrupar los problemas que han sido objeto de mi
se le deriven, es menester que los demás comprendan su labor, atención en el curso de los años, no he encontrado útiles ningu-
su función y sus responsabüidades a fin de hacer uso de sus ser- na de las clasificaciones usuales basadas en la dinámica del
vicios. Con este propósito dicté unos seminarios para el cu~rpo trastorn<:>._ y en lu~a~ de ello he tenido que referirme al males-
de profesores-y los integrantes del Departamento de Estudian- tar .mamfxesto o dificultad tal como era presentado por el es-
tes durante un período lectivo de un año. Los debates con el tudiante. Los siguientes tipos de problemas se encuentran con'
claustro de profesores dieron fruto. Descubrí que la presenta- regularidad: 1) el alumno que no puede estudiar que se queja
ción de casos era la mejor manera de ilustrar a qué estudiantes de su incapacidad para concentrarse; 2) el alm.;mo solitario,
había que derivar, y qué podía esperarse razona?lemen~e ~el que no puede hacer amigos; 3) el alumno temeroso de los exá-
asesoramiento psicológico en cuanto a un cambiO o meJona. menes, incapaz de hablar en clase; 4) el alumno carente de to-
Algunos alumnos evidenciaban un progreso en el curso de unas d? propós.ito o meta vocacional; 5) el alumno que tiene por há-
semanas, en tanto que a otros les llevaba años mostrar algún bito evaduse del estudio, poner obstáculos y lamentarse· 6) el
signo de crecimiento. . . . alumno que .tiene un conflicto agudo con su familia;' 7) el
En el momento de escribir esto, el serviCIO de asesoramiento alumno aquejado de un defecto físico; 8) problemas especiales
psicológico ya ha sido adoptado en esta universidad, y los mé- de los veteranos de guerra.l Forzosamente, quienes se hallan
dicos decanos y profesores requieren su colaboración en todos e~ este esta~o de disfunción limitada sólo pueden recibir aten-
los c~sos que corresponden a su jurisdicción. Sus archivos ción correctiva cuando los servicios de asesoramiento psicológi-
tienen carácter confidencial; sus datos no se incluyen en la car- co son internos, vale decir, se hallan dentro del establecimiento
peta del estudiante ni están a disposición de cualquie:a· . educativo. Unicamente en ese caso las derivaciones se hacen
Los casos que llegan a conocimiento del asesor psiCológiCo prontamente, antes de que un número excesivo de profesores
son tan diversos como puede preverse. Los trastornos mentales haya~ ensa~ado en el estudiante los frutos de sus últimas lectu-
graves se derivan a una clínica o psiquiatra con el consenti- ras P.slCológiCas. Si dicho servicio forma parte de un consultorio
miento y la colaboración de la familia del alumno. Las afec- médiCo o de un departamento sanitario (dedicado principal-
ciones neuróticas también se derivan, en lo posible, para su
tratamiento psicoterapéutico o psicoanalítico. Fuera de estos ! Aunque ~quí me refiero a los hombres que participaron en la Segunda
<:uerra Mundial, los ~eteranos de cualquier guerra, y en todas las épocas histó-
casos, quedan gran cantidad de pert~r?aci.ones psíq~icas que ncas, presentan especiales problemas de readaptación a la vida civil.
no se acomodan a ninguna de las clasificaciOnes habituales de

47
ríos. Una técnica tan poco ortodoxa plantea de inmediato el
mente a la atención física de los estudiantes), se levanta una problema de la trasferencia, y de la forma en que esta opera en
barrera psicológica que tiende a eliminar aquellos casos que un proceso de asesoramiento acumulativo. Más adelante reto-
más se beneficiarían con el asesoramiento. Además, debe ad- maremos en detalle este problema.
mitirse que la derivación a una clínica o a ~n psiquiatra es para . Un ejemplo servirá ahora para presentar algunos aspectos tí-
la universidad un paso drástico, y atemonzante para el alum- p~co~ del as~soramiento psicológico. Stanley, un muchacho de
no. Nadie que pertenezca a una institución educativa.tomará di~IOcho anos que cursaba el segundo año de universidad, fue
la responsabilidad de dar ese paso a menos que su neces.Idad se.a denvado P?r el consejero de su clase al asesor psicológico por-
evidente. Si los casos de disfunción limitada, perturbaciOnes di- que se queJaba de apatía y de incapacidad para concentrarse.
fusas de la concentración, la memoria, las relaciones interper- ~t~nler es un alumno de muy alto nivel de inteligencia. Sus ca-
sonales, etc., reciben atención correctiva en el momento en l!fi~acwn.es son buenas pero irregulares, y han decaído en los
que se vuelven observables y se puede examinar su carácter, el ultimas tiempos. Se muestra ansioso de recibir ayuda.
efecto preventivo de tales servicios sin duda merecerá el esfuer- . Stanley duda de su aptitud intelectual y de cualquier deci-
zo y ahorrará múltiples costos. sión que debe tomar. Se compara compulsivamente con los de-
Una ventaja adicional del servicio de intramuros es el fácil m~ Y~e p:egunta si él es normal. Siguiendo los deseos de su fa-
contacto con el asesor psicológico, que puede repetirse en cual- milia, IDICIÓ estudios universitarios con el propósito de hacerse
quier momento. En la mayoría de las situaciones terapéuticas cargo de la exitosa empresa de su padre. Luego de ser aplaza-
estamos acostumbrados a pensar en términos de limitaciones do en los cursos previos indispensables para la carrera que ha-
temporales, de la finalización del contacto en un p~nto deter- bía planeado, decidió abandonarla. Ahora, un año después,
minado del logro terapéutico. El proceso acumulativo del ase- ~tanley ha encontrado un campo que le interesa, pero se siente
soramiento psicológico, tal como aquí se lo describe, presenta mseguro en cuant~ a la validez de su decisión. Se pregunta si
problemas técnicos y posibilidades terapéuticas que hasta la no debería renunciar a sus propios deseos y atenerse a los de su
fecha no han sido plenamente explorados. El hecho de que el p~dre. En este momento dominan en él la apatía, la distrac-
contacto con el asesor sea repetible en cualquier momento ci.ón, ,}a falt.a d~. concentración y el recelo. "¿Qué debo estu-
tiene una influencia directa en la técnica. Las dificultades diar? , se dice.· ¿A qué debo dedicarme? ¿Para qué tengo ta-
pueden ser abordadas de modo progresivo: un sem.est:e el lento?"
problema manifiesto serán los estudios, .el sen:testre sig~Iente De .niñ?, S~anley presentaba un panorama promisorio; era
las relaciones sexuales, el próximo la onentación vocacwnal, un chico I~tehgente y sus padres lo admiraban mucho. Declaró
etc. En cada circunstancia, el asesoramiento sienta las bases en u? .comienzo que era hijo único, pero luego de cuatro meses
para avanzar hacia la siguiente etapa de 1~ labor.· . admitió que tenía una hermana mayor que había estado du-
Mi experiencia con este tipo de asesoramiento me ha deJado rante algunos años en un establecimiento para enfe,rmos men-
la convicción de que la resolución de un conflicto agudo (v.gr., tales. Su madre lo abrumó con su amante posesividad e inhibió
"No puedo hacer la tarea para el hogar porque nunca c~nsig? s? desarrollo masculino. Su tendencia a la pasividad y la sumi-
hacerla tan bien como mi padre cree que puedo hacerla ) esti- Sión era sobrecom¡;>en~ada por una hiperactividad, pero a él es-
mula la integración del nuevo insight o experiencia de creci- to no 1~ ~a usaba ~mgun placer. En los últimos tiempos, esa hi-
miento, que hace que la personali?ad se~ c~paz de desplazar~e per~ctiVId.ad ha sido sustituida por la sensación de vivir sin fi-
hacia un nivel superior de autodiferenciación. Esta ganancia nalidad m futuro. El deseo y el temor de hacerse cargo de la
de "movilidad afectiva" (mobilité ajjective) como resultado de empresa del padre dieron por resultado un estado de indecisión
la nueva intelección pone de relieve conflictos de los que el indi- Y apatía. El colapso mental sufrido por su hermana cuando te-
viduo no era candente, y puede incluso llevar a que se reanude nía la edad que él tiene ahora es un factor que intensifica dicho
el pedido de asesoramiento. Un individuo puede necesitar m~ temor. En aquel momento ella había decidido, contra la vo-
ses o años para integrar las experiencias terapéuticas o de creci- luntad de sus padres, iniciar una carrera escogida por ella.
miento; a menudo, el asesoramiento se suspende durante ese ~anta Stanley como su hermana habían elegido carreras artís-
lapso. El hecho de que el proceso de asesoramiento, tal como ticas. El temor a la insania como consecuencia natural de deso-
aquí se lo describe, no termine nunca y pueda reanudarse en bedecer los deseos parentales contribuía al estado de indecisión
cualquier momento es particularmente importante en aquellos ~e Stanley. Poc? antes de iniciar el asesoramiento, Stanley leyó
casos que se centran en torno de conflictos madurativos, como hbros sobre psiCopatología, hasta que estas lecturas se vol-
ocurre la mayoría de las veces con los estudiantes universita-

49
vieron demasiado perturbadoras para él y "sacó todo eso fuera conflicto básico perdure· se ha
de [su] mente ... tuar, de tomar decisione;. el pa r~cuferad~ la capacidad de ac-
El trastorno de Stanley es resultado de un conflicto interior mente introspectivo y en ~onse cien ~es a or~ menos mórbida-
que tiene como componente conciente e inconciente el temor periencias y puede dar más l"bcuencia está abierto a :huevas ex-
de asumir el papel del padre. El deseo de hacerlo representa, Stanley fue atendido trein:a re curso a sus afectos inhibidos.
con su ambivalencia, el recrudecimiento típico del conflicto de tres semestres lectivos U y n';leve veces en un período de
· na entrevista de
d a diez meses más tarde · .
Edipo a nivel adolescente. Pero no debemos pasar por alto las m t h segmmiento realiza-
tendencias, igualmente fuertes, a la pasividad y el sometimien- dad de actuar de entab-1 ues tra que a conservado su capaci-
to. Como defensa contra ellas, Stanley se impuso un comporta- ' ar con actos con 1 t d
su carrera y que las cal"f" . a gen e, e proseguir
'
b uenas. Sigue teniendo una 1sensIcacwnes qu bt"
miento viril de afirmación de sí que, por ende, no es del todo . .e o . ~ene. son muy
genuino. De su flaqueza en la lucha que ahora debe librar pecto a su ajuste heterosexual ación ~e msuficiencia con res-
Stanley acusa a su madrl'. por no haber sido suficientemente mente las dudas acerca des' '. pero se an reducido marcada-
estricta con él cuando era niúo. La ilimitada confianza que le . I mismo y la ind . "ó
mterés vocacional y a sus b" . ecisi h en torno a su
dispensaban los progenitores, y en especial la madre, le dieron estigma de la anterior h7~r~c~?~~· Su conducta aún porta el
un sentimiento de omnipotencia que le ayudó a tener éxito en incluyendo rasgos compulf¡vose IVI ad com~ensatori~ y sigue
la escuela sin demasiado esfuerzo. En la crisis actual, ha perdi- más realista y estable ~ J?ero está mejor orgamzada, es
do este sentimiento de capacidad incuestionable, y con él, la otras cosas, ha fundad~
creativa.
Jn :::ub Integrada .s~cialmente. Entre
para los afiCIOnados a su labor
confianza en sí mismo. Su actitud actual de ignorar a la madre,
su aparente indiferencia frente a la inquietud de los dos proge- ¿Por qué se juzgó conveniente
nitores por su futuro, en suma, su falta de todo sentimiento en to psicológico? A la vez que res o~~oa este caso el asesoramien-
el hogar, junto con su intensa, casi frenética preocupación por algunos conceptos teóricos sobrpe t ~le~ta pregunta, aclararé
su normalidad y su elección de carrera, indican que ha despla- p es e u timo
ara empezar' debemos record .
zado el conflicto con su familia a la esfera de los estudios y la sonalidad tiene diferentes estratoar que cad~ trastorno de per-
vida universitaria. puede ser descrito, evaluado e infls~i~n ~rmmos de los cuales
Merced al proceso de asesoramiento, se conecta entre sí un en la base de su trastorno h bi o. ~el caso de Stanley,
material conciente que Stanley ha mantenido cuidadosamente obstaculizaba un· adecuado fa ~ un c?nfliCto emocional que
aislado; por ejemplo, se traen a su conciencia el temor a la in- tar la necesidad de emanci ~~s~IOnamiento _d_el yo. Al enfren-
sania vinculado con su elección autónoma y su necesidad de ser demasiado débil para sop¿ t lde su famiha, su yo resultó
tranquilizado en cuanto a su normalidad. Mediante la trasfe- dieron observarse dos reaccio~:: ~ consecuente batalla. Pu-
rencia se afloja su rigidez emocional y se le suministra una crisis madurativa: la limitación Yf~~as car~cterísticas ante una
nueva experiencia afectiva, lo cual tiene un doble efecto: son medidas de protección. la 1" y "t ~gresión. Ambas defensas
contribuye a fortalecer su débil identificación masculina, y ~er la angustia mediante 1~ inh~~~i~~~n fe~yo s~rve para dete-
brinda apoyo a su yo incompetente para que retome una posi- SIÓn del yo, para dominarla a tr , e a un~Ión, y la regre-
ción de control y objetividad. Puede, verbigracia, por primera caicas. La limitación del a~es d~ expresiOnes yoicas ar-
vez en dos años, informar a su familia acerca de sus deseos vo- fracasó en los cursos previJ'o. s~ _hizo evidente cuando Stanley
cacionales. Con el tiempo, será capaz de proseguir con menos de la empresa del padre ( s lT Ispensables para hacerse cargo
angustia esa actividad que acaba de ganar para si, de entablar aptitud que se le adminisfr; f .a pesar de que en la prueba de
con mayor libertad sus contactos con la gente, y por último co- tajes en ese campo habían a mgres.ar a la facultad, sus pun-
menzará a admitir sus problemas sexuales. En el curso del ase- regresión del yo se manifestlertenecido a! décimo decil). La
soramiento, las dificultades de Stanley para concentrarse dis- identidad (enfermedad de la h:~~u confusión de similitud cop
minuyen (obtiene en ese semestre un promedio de califica- de la voluntad y el intel t ( ana~ y en su recurso al poder
ciones "Muy bueno"), se torna más activo y se siente menos Cierto es que hubo fac~~r~ pensamiento mágico).
apático. Su comparación compulsiva con los demás, sus dudas tivo descrito, como el colapsos~ea~esl ~aula~tes del estado reac-
acerca de su.s propias decisiones, merman poco a poco, aunque edad que él tenía y el afán . en a e a ermana a la misma
no desaparecen por entero. sometimiento de sus hijos· Incansable del padre por lograr el
El proceso de asesoramiento puede resumirse así. Se ha derárselos los únicos res ~n~=~1 a estos f~ctor~s no podía cansí-
quebrado un callejón sin salida emocional, aun cuando el miento de conflictos inlant"l es( lde su sit~ación. El recrudeci-
I es e complejo de Edipo, a todas

&n ~ 1
caso ~uando el ~esor discutió de modo bastante crítico las pro-
luces) determinó su reacción ante un pres~nte perturba~or. ducciOnes creativas de Stanley en vez de aceptarlas indiscrimi-
Además, Stanley se vio afectado por conflictos madurativos nadament~ como t.entativas de independencia. La experiencia
con relación al desarrollo psicosexual adolescente. Aunque P';l-
trasfe.rencial o.f~eciÓ al mu~hac~o la oportunidad de expresar
do mantener exteriormente un equilibrio hasta la adolescencia
em?cwn~s posih~~ y negativas sm tener que volver a vivenciar
tardía, la creciente presión de las demandas pulsionales Y am- la situación famihar, debido a que la actitud del asesor fue de-
bientales le impuso un peso mayor que los recursos co.n qu.e lib~radamente crítica, aunque benévola. J::n este aspecto, la re-
contaba su vo. La tarea de asesoramiento se centró en la msuf~­ laCión que Stanley entabló con él fue distinta de todas las que
ciencia del yo y no en el conflicto infantil que estaba en el on-
gen de la situación actual. . .
e!
t';lvo en pasado. E~ta ~xtensión del pasado en el presente ejer-
CIÓ, gracias a la mediación del asesor, un efecto modificador en
El asesoramiento psicológico no trata de resolver confliCtos una pauta·emocional que aún se hallaba en estado fluido.2
infantiles inconcientes; evita cuidadosamente entrar en est~ es- Este emple? de la ~~asferencia difiere, en principio, del que
fera, que es el reino del psicoanálisis. Se ocu~a de las. denva- se hace en psicoanálisis. Como es bien sabido, en este último
ciones de estos conflictos en términos de reaccwnes ymcas. En caso la trasferencia actúa como una pantalla en la cual se pro-
su aspecto interpretativo, se limita al ámbito del yo. En el ~aso yectan los conflictos vinculares infantiles. El desarrollo de una
de Stanley, trajo a la conciencia el vínculo ent~e. hechos aisla-
neurosis. de t:asfere~c~a es,. de hecho, la condición previa para
dos, algunos de los cuales subieron a la superfici~ co~ mucha la ter~pia ~siC~anahtiCa. En el asesoramiento psicológico, en
lentitud. Y al relacionar este material conc~ente disociado, pu-
cambiO, se Impide a toda costa el desarrollo de una neurosis de
do obtenerse una intelección de las defensas yoicas mediante la
trasferencia, porque no se está preparado para afrontar las
interpretación de omisiones, contradicciones, desmentidas, ol-
consecuencias. Conviene tener presente que los fenómenos
vidos, etc. Todos estos esfuerzos habrían sido infructuoso~ sin
trasferenciales se manifestarán durante el asesoramiento inde-
un empleo deliberado de la trasferencia. En ella, los con~ICtos
pendientemente del proceder del asesor. Este no puede eludir
inconcientes reconocibles durante el proceso de asesoramiento
e~ quedar compr~metido. A menudo se pregunta si es prefe-
encontraron un modo de expresión y comunicación, mientras
nble un asesoramiento activo o pasivo, directivo o no directi-
que las manifestaciones verbales directas habrían sido ob-
vo: A la luz del<? anterior, la actitud del asesor deja de consti-
viamente insuficientes. t~Ir una cuestión de principio y pasa a ser una variable depen-
En este sentido, quisiera mencionar que tod? trastorno de
d~ente de los afec~os que están en juego y del propósito primor-
pe,rsonalidad está vinculado, de a~guna manera mtrí~seca, con dial del asesoramiento en esa circunstancia. Sólo estos factores
conflictos no resueltos en las relacwnes personales. As1 pues, re-
determinan hasta qué punto y de qué manera participará el
sulta claro que la relación que se establece en el asesoramient?,
asesor en el proceso .
que difícilmente puede eludir el convertirse ~n una trasferencia
. Ya hemos dicho antes 9u~ no todos los trastornos de persona-
en el sentido apropiado de la palabra, es un mstrumento suma-
lidad que llegan a conocumento del asesor son necesariamente
mente valioso, aunque delicado, para abordar los trastornos
adolescentes de la personalidad. Según el caso, la interpre- adecuados a este tipo de terapia. Hay contraindicaciones de
tación o bien el uso discriminativo y atinado de la trasferen- particular importancia, porque su admisión evitará al asesor
cia, 0 ~mbas cosas, proporcionará esa experiencia centr~l que p~rdidas ?etiempo y, lo que es más importante, una experien-
cia ~egativa al est~diante, que convierta a la terapia durante
facilita recuperar la movilidad afectiva perdida o detemda.
un tiempo en algo maceptable para este. Por consiguiente, en
En el caso presente, el asesor debía eludir una repetición de
la pauta parental. Por ejemplo, en los p~im~ros meses St.an.ley 2 Clara Thompson (1945) ha expresado una idea similar acerca del uso limi-
evidenció un anhelo de comprenderse a si mismo, una objetivi- tado. d.e la trasferencia: "Por ejemplo, una persona subyugada por un padre~
dad para contemplar el problema, una actitud ~an aparent~­ prohib1dor presenta. sin insight una actitud sumisa ante el terapeuta, probable-
mente madura, que todo ello bien podría haber sido confundi- m~~te basada en el miedo. El hecho de que el terapeuta sea en realidad más per-
misivo y tolerante significa que el paciente se encuentra en un medio más favo-
do con una señal favorable; pero la rigidez y frialdad de su ac- ra?le y puede desarrollarse hasta cierto punto, aunque no se haga nada para do-
titud traicionaban su carácter defensivo. Era su manera de fre- m mar su tenden?a. Seguirá siendo una persona sometida, pero, por así decir, se
nar sus tendencias a la pasividad y el sometimiento respecto del habrá puesto ba¡o la guía de un tirano benévolo, y en sus empeños por compla-
asesor. Ciertas situaciones fortalecieron su yo disminuyendo su <W a este nuevo padre tal vez logre para sí cierto crecimiento válido. Es pro-

temor a la pasividad, que asomaba peligrosamente en cual- hable que nunca llegue a ser una persona independiente, pero bajo esta autori-
dad podrá gozar de mayor libertad que bajo la antigua" (pág. 276) .
quier contexto de aceptación incondicional y total; este fue el

.. .,
un apreciable número de casos el asesoramiento psicológico só- desde la puerta de su casa, vestido con pantalones cortos y con
lo consiste en tornar aceptable para el alumno alguna forma de las manos recién lavadas, miraba hacia afuera y veía a los chi-
psicoterapia. De ahí que el asesor evite participar de las ma- cos más libres que él. David ansiaba poder hablar con el asesor,
niobras del estudiante para subestimar una dificultad actual. pero a)o largo de varias entrevistas su actitud fue siempre la
(Esas maniobras, que simulan un progreso y mejoría, son a me- misma: distante, apagado, amistoso pero levemente condes-
nudo notables. Un estudiante, por ejemplo, se sobrepuso a su cendiente, verborrágico y repetitivo. Debía convencer al asesor
depresión y a su síntoma de conversión histérica tan pronto el de que él, David, era uno de los tantos "genios neuróticos in-
asesor le mencionó la posibilidad de que recibiera ayuda psi- comprendidos". "Yo soy como ellos", era su explicación estere-
otipada. Su aislamiento era su sello de distinción y la prueba de
quiátrica.)
Antes de pronosticar la conveniencia del asesoramiento psi- su superioridad. Obtenía excelentes calificaciones.
cológico es necesario evaluar el malestar o complejo sintomáti- Se juzgó a este caso inapropiado para el asesoramiento psico-
co tomando en cuenta sus elementos transitorios y permanen- lógico porque el conflicto estaba completamente interiorizado
tes; en otras palabras, hay que estimar los componentes madu- y las construcciones de la fantasía habían remplazado a todas
rativos (instintivos) y ambientales del desajuste, así como los las relaciones personales. La historia del alumno y sus síntomas
neuróticos o psicóticos. Si los síntomas han adquirido rigidez Y actuales indicaban una grave perturbación neurótica (neurosis
repetitividad neuróticas, el asesoramiento psicológico no logra- ob~esivo-compulsiva), posiblemente con tendencias esqui-
rá ninguna mejoría fundamental; pero resultará eficaz ~i el zOides. El asesor se mantuvo informado sobre él a través de
conflicto no ha sido plenamente interiorizado y los denomma- periódicas entrevistas de seguimiento, esperando que manifes-
dos síntomas obedecen en gran medida a presiones amenazado- tara su necesidad de ayuda psiquiátrica, como se le explicó en
ras y exasperantes desde el exterior (ambiente) o el interior diversas ocasiones.
(ello, superyó). En ningún momento se pasa por alto que los La línea divisoria entre el campo del asesoramiento psicoló-
conflictos inconcientes desempeñan su papel en todo trastorno gico y otras disciplinas terapéuticas vecinas no es tan neta co-
de personalidad, lo cual determina que el asesoramiento psico- mo uno desearía. En primer lugar, este campo es nuevo y aún
lógico aborde su tarea con limitados objetivos. no está bien definido; además, hay que recordar que los adoles-
El siguiente ejemplo ilustrará una situación en que el aseso- centes presenta.n complejos sintomáticos que se considerarían
ramiento psicológico estaba contraindicado. David fue deriva- mucho más serios si apareciesen a otra edad. Sus reacciones
do por el consultorio médico porque en un examen de rutina se frente a la tensión madurativa son a menudo difíciles de dife-
mostró tenso, nervioso y aprensivo. Ante el asesor psicológico, renciar a primera vista de las afecciones neuróticas o psicóti-
David habló con toda libertad; dijo que la entrevista con él le cas. Sylvan Keiser (1944) ha formulado claramente lo que la
había complacido "más de lo previsto" y prontamente concertó experiencia le ha enseñado al clínico que trabaja con adoles-
un horario para volver. Este estudiante se considera un intro- centes: "Creemos que muchas reacciones psicopatológicas be-
vertido que mantiene poco contacto con la gente y no busca ese nignas del período adolescente son incorrectamente diagnosti-
contacto. Vive en el mundo de sus ideas, se siente superior a los cadas como esquizofrénicas. Un buen número de ellas repre-
demás y no le interesa compartir con nadie sus "intereses bási- sentan estados reactivos, que dependen del recrudecimiento en
cos primitivos", como la cinematografía, los deportes o las la adolescencia de conflictos infantiles" (pág. 24). Sin embar-
muchachas. Se ha habituado tanto a la compañía imaginaria go, la historia del alumno, la duración del conflicto manifiesto
que puede prescindir sin dificultades de las personas reales. Los o del síntoma, el grado de actividad aloplástica del yo, junto
espíritus afines a él en cuya proximidad se mueve son, entre con los fenómenos trasferenciales, ayudarán a evaluar el
otros Nietzsche Rimbaud, Baudelaire, Kierkegaard, Proust. cu.adro agudo frente al cual el estudiante busca ayuda, y deter-
'
Sostiene '
que "todos ellos vivieron dentro de un caparazó n " . mmarán si está o no indicado el asesoramiento psicológico. Por
Su único lamento es que se siente "completamente improducti- lo general, no puede arribarse a esta decisión si no se realiza
vo". No le importan su aislamiento social, su desinterés por la una cierta cantidad de entrevistas exploratorias.
gente ni la distancia que lo separa de ella. En su hogar se siente El asesoramiento psicológico, tal como aquí se lo expone, se
incomprendido: "Soy una anomalía en mi familia". basa en la aplicación de la psicología psicoanalítica. Con su
David es hijo único. Sobreprotegido por su madre, hasta los técnica particular, debe estar fundado en un sistema o teoría
ocho años no se le permitió jugar con otros niños a menos que psicológica coherente, que provea al asesor de las herramientas
estuviera bajo la vigilancia de alguien. Aún recuerda cuando conceptuales para comprender los problemas dinámicos y eco-

54
nómicos de cada caso. El hecho de que el asesor deba diferen-
ciar entre aquellos clientes que pertenezcan a su jurisdicción y
5. La imago parental escindida en las
aquellos que precisan otro tipo de ayuda -y que por ende esta- relaciones sociales del adolescente*
rán mejor sin ningún asesoramiento psico~ógico- pla.n~ea
muchos interrogantes en materia de formación y supervisión U na indagación de psicología social
del terapeuta. Además de su capacitación técnica e~ psicolo-
gía, considero que el asesor psicológico debe someterse a un
psicoanálisis como requisito profesional para este tipo ~e labor.
Una extensa supervisión realizada en su lugar de trabaJO es otro Supuesto básico
aspecto esencial de su formación. Una afirmación tan superfi-
El convertirse en un ser humano depende del contacto e inte-
cial como esta exigiría mayores puntualizaciones, pero la fina- racción con otros seres humanos. Mientras que la morfología de
lidad de este capítulo es otra y, por consiguiente, sólo men-
la especie humana es el resultado de un proceso de evolución
ciono al pasar el problema de la capacitación.
Como síntesis, podríamos decir que la prolongada adoles- el 9~~arrollo psicoló~co de cada individuo es determinado y es~
tabihzado, en esencia, por un proceso social, por un sistema
cencia de los jóvenes universitarios tiende a precipitar trastor-
qu~ sueld~ u~o.al otro al organismo y su entorno. La contrapo-
nos de personalidad de tipo reactivo, que estorba seriamente el
SICión de mdividuo y ambiente tiende ya sea a sobrestimar la
éxito que pueden lograr en sus estudios y en su vida social. Esas
independencia del primero respecto de su matriz social o a su-
perturbaciones madurativas sólo se detec~an .en ~.ma etap~
temprana cuando dentro del recinto umversltano existen servi- bestimar su dependencia del medio social que lo e~vuelve
-tanto si se considera que este es la familia, o el ambiente so-
cios de asesoramiento psicológico y se ha implantado un simple
cial más amplio-. Este hecho tiene claridad meridiana para
pero eficaz sistema de derivación de pacientes. nosotros a pa!tir de las investigaciones en niños pequeños, que
nos han ensenado a concebir la unidad madre-bebé como una
l~gazón del bebé con el entorno, o, en otras palabras, como un
siste.ma (Sander et al., 1975). Winnicott ha expresado epigra-
máticamente esta idea al decir: "No existe eso que se llama un
bebé" Games, 1970, pág. 81).

Psicología individual y social


La discontinuidad perceptual de sujeto y objeto, del obser-
vador y lo observado, de individuo y grupo, fácilmente empa-
ñ~ su intrínseca indivisibilidad. El estudioso del comporta-
~~en.to hu.mano n~ puede dejar de notar las percepciones
IdwsmcrásiCas de diversos individuos dentro de un entorno en
apariencia homogéneo; el consecuente punto de vista dualista
se reflej~ en esquemas conceptuales separados, cada uno de los
cuales hene su propio modelo descriptivo y explicativo. Resul-
tado de esto es que la psicología individual y la psicología social
han llevado a cabo sus investigaciones cada una por su lado.
Esta dic.otomía es ?otoria en el campo del psicoanálisis, pese a
que la ImportanCia del ambiente social y físico para el de-
• Co~~rencia en memoria de Abraham A. Brill pronunciada en la Academia
de MediCina de Nueva York en 1975. Publicada originalmente en The Psycho-
analytic Study oj the Chíld, vol. 31, págs. 7-33, New Haven: Yale University
Press, 1976.

56
sarrollo de la mente humana ha tenido siempre pleno reconoci- suspensión de ciertos problemas edípicos, una détente que ca-
miento en la teoría psicoanalítica. Nadie puede enunciarlo con racteriza al período de latencia. Lo que se observa en la adoles-
más claridad que la de estas palabras de Freud: "Hemos debido cencia es, entonces, una continuación y no sólo una recapitula-
insistir repetidamente en que el yo debe su origen, así como ción del conflicto edípico (Blos, 1962). Ellocus social en que se
sus más importantes caracteres adquiridos, a su relación con el efectivizan tanto la recapitulación como la continuación del
mundo exterior real" (1940, pág. 201). conflicto se aparta, creciente e inexorablemente, de la familia
Si consideramos la pavorosa irrevocabilidad con que la con- y se desplaza hacia la vida grupal de los compañeros de madu-
ducta social -en sus formas destructivas y creativas- afecta rez sexual, a quienes se suele denominar "los .pares".
los asuntos humanos, podemos lamentarnos de que el psicoaná- No es casualidad, por cierto, que gran parte de lo escrito por
lisis, en cuanto psicología general, no haya hecho una contri- los psicoanalistas sobre la psicología de los grupos o masas se
bución mayor a la comprensión de la conducta grupal. Ya en vincule con la adolescencia. Esta edad representa, por antono:
1944, Heinz Hartmann manifestó su convicción de que los masía, la etapa de la vida en que las relaciones grupales exclu-
problemas sociológicos podían ser estudiados a través del análi- sivas con los pares asumen, de manera conspicua y dramática,
sis individual, y deploró que los psicoanalistas hubieran hecho una preocupación y dedicación que barren con todas las res-
tales exploraciones en tan escasas oportunidades. tantes inquietudes del joven, en una actitud de apasionada uni-
La primera indagación sistemática de la relación entre el lateralidad. Esos caracteres globales de la conducta no se pres-
ambiente social y físico y el desarrollo psíquico fue llevada a tan a indagaciones psicoanalíticas. Al abordar los problemas
!1
cabo en el estudio del niño pequeño. La observación detallada de la psicología de grupo adolescente sigo un consagrado prin-
de las secuencias normativas desde las relaciones objetales has- cipio analítico que procura reducir los fenómenos globales del
t! ta las diferenciadas, así como de su influencia sobre la forma- comportamiento a sus distintos componentes para su estudio
ción del self, ayudó al analista a entender mejor los movimien- detenido. Sabemos que uno solo de los rasgos de conducta de
tos regresivos de niños, adolescentes y adultos. Las formas los adolescentes, como la rebeldía, puede cumplir una multi-
extremas que adopta en la época contemporánea la conducta tud de funciones (Waelder, 1930). Esta mudable función de
social adolescente obliga a todo adulto dotado de espíritu inda- una sola faceta del comportamiento social, y su impredecible
gador a comprender más cabalmente estos fenómenos sociales. alternancia en .cuanto a la valencia, torna al comportamiento
Los aportes del análisis al estudio de la psicología social adoles- adolescente voluble y caprichoso.
cente han sido aislados y esquemáticos; nunca se incorporaron No pretendo aquí proponer una comprehensiva psicología
de manera natural o duradera al conjunto principal de cono- grupal psicoanalítica. Mi intención es informar sobre observacio-
cimientos psicoanalíticos, pese a que hubo, esporádicamente, nes hechas en análisis de adolescentes y sobre ideas de ellas sur-
brillantes comienzos. gidas que tienen relación con los problemas de la psicología de
Un prominente obstáculo en el camino de la psicología social grupo. Destaco esto porque los datos de la psicología de grupo
y grupal adolescente lo constituye la teoría psicoanalítica sobre Y sus formulaciones teóricas se basan habitualmente en los
la "recapitulación" adolescente. Esta teoría establece, en lo hallazgos de un observador participante que ha interactuado
esencial, que en la adolescencia se reviven las relaciones objeta- con el grupo, ya sea este una pandilla callejera o un refinado
les edípicas; en ese proceso, se abandonan las dependencias li- grupo terapéutico. Mis propias indagaciones al respecto, en
bidinales y agresivas infantiles y se las remplaza por relaciones cambio, están insertas en la situación de tratamiento analítico
objetales con coetáneos ajenos a la familia y por nuevas identi- y por ende representan un aspecto particular -cuya importan:
ficaciones dentro del ámbito más amplio de personalidades, cia es pareja a la de todos los demás aspectos- de la vida aní-
valores, ideas y ambiciones, o sea, en términos generales, por mica del paciente tal como ella se despliega durante la labor
una formación madura del ideal del yo. La teoría de la recapi- psicoanalítica.
tulación postula que el complejo de Edipo es disuelto, para
bien o para mal, al fin de la niñez temprana y reaparece, esen-
cialmente inmodificado, en la adolescencia. En esta etapa se Los comienzos de una psicología social
procura una nueva disolución del complejo, que sea congruen- psicoanalí tic a
te con la madurez sexual de la pubertad. Es mi impresión que
la disolución del complejo de Edipo al final de la fase fálica es, En este punto se vuelve necesario decir unas palabras sobre
por lo común, sólo parcial. En otras palabras, hay una mera el trabajo de Freud "Psicología de las masas y análisis del yo"

58 59
(1921). Cuando Freud ingresó en el campo de la·psicología so- ción conceptual de Freud a un solo tipo de formación de masa
cial con la publicación de "Tótem y tabú" (1913b), sintió que explica por qué su psicología social quedó como un hito mo-
había acometido una nueva empresa de tendido de puentes y numental más que como una plataforma de lanzamiento para
que se había internado en especulaciones de vastísimos alcan- los estudios en este campo. . ·
ces. Era para él evidente que entre la psicología individual y la Según ocurre tan a menudo, los enigmas sociales contempo-
psicología social había una clara solución de continuidad, pero ráueos han dirigido nuestra atención hacia los antiguos proble-
lo era igualmente su esencial complementariedad. El in- mas. En época más reciente, los grandes tra1>tornos sociales, su-
quietante reconocimiento de la separación y la fusión entre mados al comportamiento irracional endémico entre los jóve-
ambas fue expresado por él en una carta a Ferenczi escrita el30 nes, han planteado la cuestión de que las instituciones, cos-
de noviembre de 1911, por la época en que formuló sus concep- tumbres y principios morales de la sociedad podrían ejercer
tos de psicología social para "Tótem y tabú": "Siento, con res- una influencia nociva en la personalidad del adolescente. No
pecto a todo ello, como si hubiera intentado solamente iniciar tenemos claro en absoluto cómo operan estos fenómenos so-
una pequeña aventura amorosa para descubrir luego que, a es- ciales, pero hay indicios de que no puede relegárselos única-.
:1 ta altura de mi vida, tengo que casarme con otra mujer" (Jo- mente a la historia ontogenética y su lógica reduccionista. Los
nes, 1955, pág. 352). Nosotros conservamos todavía esta int~rrogantes que de allí se siguen -vastos, urgentes, in-
aprehensión acerca de la monogamia conceptual. Poco ha im- qmetantes- nos incitan; volveremos a ocuparnos de ellos más
portado que Freud afirmara los fundamentos homólogos de adelante.
ambas disciplinas, .al decir: "En la vida anímica del individuo,
el otro cuenta, con total regularidad, como modelo, como
objeto, como auxiliar y como enemigo, y por eso desde el co-
mienzo mismo la psicología individual es psicología social La imago parental escindida!
en este sentido más lato, pero enteramente legítimo" (1921,
pág. 69). Es común observar que los adolescentes tienen tendencia a
Freud dio un paso de singular significación cuando extendió ver al mundo y a las personas en términos de "blanco o negro".
la psicología psicoanalítica. Por supuesto, a la sazón trató qe Sean cuales fueren los opuestos, por el momento resultan para
aplicar a la psicología de las masas [group psychology] la teoría ellos inconciliables,. separados y absolutos. La moderación o la
de la libido, definiendo a la masa dentro de un contexto diná- transacción son considerados una señal de debilidad o de insin-
mico en que se discernían los miembros de la masa y el conduc- ceridad. La imagen del self no está exceptuada de esta manera
tor. He aquí la formulación a que arribó: "Una masa primaria radical de ordenar el mundo externo, n0 obstante la violencia
de esta fndole es una multitud de individuos que han puesto un que ella hace a la percepción y a la razón. El adolescente se per-
objeto, uno y el mismo, en el lugar de su ideal del yo, a conse- cata intermitentemente de que esta división tajante en opuestos
cuencia de lo cual se han identificado entres{ en su yo" (1921, e~ bas~ante irreal y no puede ser cabalmente sostenida, pero se
pág. 116). Recordemos que en.la época de esta formulación, _siente mcapaz de atender a esta amonestación. Trata, corr toda
"ideal del yo" y "superyó" eran utilizados por él de manera in- su voluntad, de contradecir el epigrama de Heráclito: "Uno
distinta. Lo que en 1921 se trasmitía con la expresión "ideal del nunca entra dos veces en el mismo río". Es como si el adoles-
yo" sería atribuido, según la terminología actual, al superyó y cente dijera: "Sé que el mundo no se conduce en realidad de ese
al ideal del yo infantil (véase el capítulo 15). Este último daría modo, pero por ahora tiene que ser como yo digo; debo ernpe- ·
razón de la naturaleza regresiva del comportamiento de la ma- zar desde el principio y conformar un nuevo orden, mi nuevo or-
sa, característica que Le Bon (1895) y McDougall (1920) ha- den en mi mundo propio". Con esta disposición anímica, atri-
bían descrito en detalle y a la que Freud añadió la dimensión buye cualidades antitéticas a los objetos en una forma primiti-
de los desplazamientos intrapsíquicos de investiduras. Para va :-p.ej., lo "bueno" o lo "malo"--.
ejemplificar su tesis, Freud escogió como grupos representati- 1 En la actualidad, la palabra "imago" no es empleada con mucha frecuencia
vos a la Iglesia y el ejército. Esta limitación excluía necesa- en la bibliografía psicoanalítica, pese a que su utilidad todavia no se ha agota-
riamente innumerables tipos de grupos o masas. Redl (1942) do. Como para entender este capítulo es esencial que esté claro el significado de
hizo un gran aporte a la diferenciación estructural de estos últi- este término, creo conveniente dar aquí su definición: "Figura prototípica in-
mos, muchos de los cuales carecen de conductor y quedan conciente que orienta la forma en que el sujeto aprehende a los otros; es elabora-
da a partir de las primeras n~laciones realeo; y fantaseadas con el ambiente fami-
fuera del modelo freudiano. Es razonable pensar que la restric- liar" (Laplanche y Pontalis, 1973, pág. 211).

60 ·,y 61
Sabemos que originalmente• en. la mente del niño la madre transacciones se refleja en las peculiaridades semánticas de esta
"buena" y la madre "mala" no son un objeto idénti~~; c~da edad. Por ejemplo, todas las personas (incluido uno mismo) son
'1
~ i una de ellas es diversa y separada de la otra, una cosificación brillantes o estúpidas, interesantes o aburridas, amistosas u
1
de sensaciones a lo largo del espectro placer-dolor. Aún no son hostiles, sensuales o asexuadas, activas o pasivas, buenas o ma-
audibles las voces de la memoria y de la cognición discrimina- las, generosas o avaras, atractivas o feas, creativas u ordina-
toria. Sólo con la formación del objeto y la constancia del self rias, introvertidas o extravertidas. Ninguna persona (incluido
se vuelve factible la síntesis de los objetos parciales, y puede uno mismo) es "poco amistosa" o "no tan amistosa"; las formas
emerger el objeto total. Sin embargo, a lo largo de la vida nun- adverbiales "poco", "no tanto", etc., que indican gradación en
ca se extingue del todo la posibilidad de que, en situaciones de el significado, rara vez o nunca forman parte del lenguaje del
stress, este proceso se revierta; este hecho debe ser considerado adolescente, a menos que el savoir jaire lleve a ocultar gentil-
parte de la condición humana. Mahler, Pine y Bergtnan mente en público los crudos extremos de la emoción y el pensa-
(1975), con una argumentación parecida, sostienen que ~as ba- miento.
tallas de la escisión apuntan a "numerosos problemas y dilemas En general, estamos habituados a esta clase de polarización
:¡ específicamente humanos, que a veces no pueden resolverse en la conducta adolescente. Anna Freud (1958) ha hecho refe-
por entero en todo el ciclo de la vida" (pág. 10~). . rencia al "adolescente intransigente", en tanto que yo he
En el análisis de adolescentes, a menudo atnbmmos a un empleado en mis escritos la expresión "totalismo adolescente"
conflicto de ambivalencia lo que resulta ser de origen preambi- (Blos, 1962). Estas expresiones aluden a un proceso defensivo
valente. La transitoria dialéctica adolescente del "o bien ... o del mismo modo que la conducta opositora y el retraimiento:
bien. . ." se remonta a los signos preverbales del "si" y el "no". que son características normales de las relaciones objetales du-
El movimiento cefalógiro y el gesto del "no", descrit.os por rante el segundo proceso de individuación de la adolescencia
Spitz (1957), hacen su aparición alrededor de los quince me~es (capítulo 8). Lo que aquí observamos forma parte de una si-
de edad. Una fuente anterior aún de polaridades básicas radica tuación conflictiva normativa. La polarización a que me re-
fiero en esta exposición es genéticamente diferente, puesto qu~
1

'1
en el estadio simbiótico de la infancia, cuando el niño no sólo
extrae una sensación de omnipotencia al compartir con la hunde sus raíces en la etapa preambivalente de la infancia,
madre su todopoderoso estado, sino que concomitantemente está cuando la vivel)cia de la escisión del objeto constituye una sen-
en constante peligro de perder esta fuente vital de bienestar. sación preconflictiva normativa del organismo somatopsíquico
La elevada posición de la madre es mantenida primero me- inmaduro. · ·
diante la escisión y luego mediante la idealización. Las distor-
siones de la realidad inherentes a ambas reaparecen en la ado-
,¡ lescencia, con la idealización transitoria del self y el objeto. A Preámbulo a un estudio clinico
la postre, si esta idealización es atemperada por la razón y el
juicio, se aparta del self y el objeto y halla permanente mora- Antes ~e presentar un ejemplo clínico, debo hacer algunos
da en el ideal del yo maduro (véase el capítulo 15). comentanos sobre el análisis de aquellos pacientes míos que se
Dentro de la cosmovisión antitética de la adolescencia, el or- hallan en la adolescencia tardía. He notado que la tenaz perse-
den más alto de absolutos y de opuestos se halla en la polaridad verancia de la imago parental escindida sólo se pone claramen-
de masculino y femenino, activo y pasivo, interior y exterior, te de manifiesto hacia la fase terminal del análisis. Para esa
yo y tú, bueno y malo. Estos emblemas básicos se adscriben al época, los conflictos de ambivalencia edípicos y preedípicos,
mundo de las representaciones. Así, por ejemplo, para una los de identidad sexual, y la reverberación de los traumas infan-
muchacha adolescente cualquier libro científico, o simplemen- tiles, han sido ya analizados y reelaborados. Queda, empero, un
te cualquier volumen de gran tamaño, puede ser masculino, en resto de desarmonía interior que sube periódicamente a la su-
tanto que las novelas o los libros de arte portan un rótulo feme- perficie, impidiendo la conciliación final de los opuestos y no
nino; de manera análoga, tal vez conciba como femenino permitiendo, en modo alguno, que disminuya el uso exagerado
entregarse a ensoñaciones o comer bocados a deshora, y como de los absolutos en la concepción de la realidad, el objeto y el
masculina toda actividad intelectual o ejercicio físico. La vi- self en momentos de stress. Parece concebible que estos reduc-
vencia del self dentro de esas antítesis globales tiende a promo- tos de modalidades primitivas de pensamiento y examen de re-
ver oscilaciones extremas del talante. La tendencia del adoles- alidad no admiten el cambio o resolución dentro del mismo
cente a la polarización y su intolerancia de las gradaciones y ámbito psíquico de labor lnterpretativa en que el análisis ha

63
62
obtenido buenos resultados terapéuticos. Es evidente que el fe- vés del proceso analítico pondrá nuevamente en marcha el de-
nómeno clínico residual pertenece a una categoría genética que sarrollo, aunque sea a ritmo demorado. Esta activación re-
difiere fundamentalmente del conflicto neurótico, con el cual quiere facilitación y apoyo ambientales, en relación con los
hay que conectarlo. Los reductos remanentes de P.ercepción y cuales los impulsos propios de la edad, liberados por la labor
pensamiento primitivos pueden considerarse como el resto terapéutica, pueden ejercitarse y practicarse. Debemos tener
petrificado de la temprana vivencia -normativa, no defensi- presentes las palabras de Piaget (1954): "La maduración, por sí
va- de escisión del objeto, que se ha filtrado, a lo largo de los sola,. no es la causa de nada; ella no hace sino determinar, para
años de análisis, de la organización neurótica que precipitó la un mvel cualquiera, la gama de posibilidades". Esa ayuda am-
enfermedad. Distingo aquí entre un componente evolutivo y biental es tanto más significativa cuanto más joven es el niño, y
otro conflictivo en la disfunción de la personalidad. se vuelve comparativamente intrascendente en el análisis de ni-
El principio de causalidad implícito en el razonamiento ge- · ños mayores y de adolescentes, cuyos niveles de cognición, abs-
nético no es igualmente aplicable en la esfera de los problemas tracción y expresión simbólica más altos trasportan el campo
conflictivos y las vicisitudes del desarrollo. En verdad, la inter- de la acción, la realidad efectiva y la experiencia a la escena
vención psicoanalítica clásica demuestra ser inapropiada cuando psíquica y a la situación terapéutica.
ha habido una crítica falta de completamiento del desarrollo o El análisis de adolescentes tardíos presenta especiales obstá-
una grave asincronía en el movimiento de avance hacia la más culos, de los que dan cuenta problemas específicos del de-
temprana diferenciación psíquica. Un retraso en el desarrollo sarrollo que han dejado una huella duradera en la vida aními-
no es forzosa o primordialmente el resultado de un conflicto in- ca. Lo que parece un déficit del desarrollo, con frecuencia es
•terior, pero secundariamente puede dar origen a un conflicto un aspecto del desarrollo normal al cual se ha adherido más
cuando el niño en crecimiento o, más tarde, el adolescente no allá del momento oportuno; así, continúan existiendo modali-
pueden ya ignorar las consecuencias de la traba evolutiva. A dades anacrónicas de funcionamiento junto a conflictos nor-
fin de mantener un tolerable equilibrio narcisista, el ·niño males propios de la fase y a su resolución normal o anormal.
puede acudir a expedientes restaurativos en la fantasía o en la Los déficit de desarrollo a que aludo aquí pertenecen al pe-
acción. Con frecuencia son evidentes las desfiguraciones, gran- ríodo preedípico; sus raíces se hunden en la etapa preverbal.
des o pequeñas, de la realidad. Dentro de este ámbito particu- · En vista de la.fenomenología del adolescente típico y normal,
lar de inmadurez en el desarrollo, el enfoque interpretativo del podría preguntarse si esa falta de completamiento (en lo grueso
analista, tendiente a ayudar al yo aún inmaduro a tomar con- o en lo fino) de la más temprana formación de estructura no
ciencia del mecanismo de defensa y de aquello de lo cual se de- hace universalmente su reaparición ·en esta edad. Aduciré
fiende, resulta ineficaz, porque no existen determinantes luego algunas características lingüísticas de la adolescencia en
conflictivos inconcientes que conviertan al funcionamiento apoyo de este punto de vista. La tendencia del adolescente a
inadaptado en un estabilizador psíquico, y por otra parte esta idealizar o condenar se reconduce, al menos parcialmente, al
clase de estancamiento no ofrece tampoco una ganancia secun- temprano mecanismo de escisión, que alcanza una síntesis
daria como ocurre en la formación del síntoma neurótico. viable en el proceso de consolidación adolescente. La desideali-
Anna Freud (1974) aclaró la diferencia entre la patología del zación es una tarea capital para este proceso; en verdad, la for-
desarrollo y la del conflicto al afirmar: "En la medida en que el mación de la personalidad adulta depende del complet~miento
avance mismo del desarrollo es defectuoso o desequilibrado a de esta tarea de diferenciación psíquica. Aquello que he deno-
causa de condiciones innatas o ambientales, no podemos espe- minado un obstáculo típico del desarrollo en el análisis de ado-
rar que la interpretación cancele el daño, aun cuando ella acla- lescentes tardíos representa, simultáneamente, un fenómeno
re el pasado y pueda ayudar al niño para que encuentre mejo- regresivo adecuado a la fase. Es el dilema universal de la ado-
res formas de hacer frente a sus consecuencias" (pág. 16). lescencia. Como bien nos enseña la experiencia, la "realidad"
La línea divisoria entre la patología del conflicto y la del de- se convierte en una "mala palabra" para los adolescentes en es-
sarrollo no es, por lo común, tan nítida como parecería impli- te estado de regresión. Se hace evidente una similitud con el
car la descripción anterior, en especial en aquellos pacientes paciente fronterizo, aunque a mi juicio se trata más de una
cuyo análisis coincide con exigentes tareas del desarrollo, como analogía que de una homología; mucho tiempo atrás, Siegfried
es el caso en la adolescencia. Sabemos que la psicopatología Bernfeld (1923), y más tarde Anna Freud (1936), sostuvieron
conflictiva puede introducir el desorden y la confusión en el que uno de los aspectos de la adolescencia normal se asemeja al
progreso del desarrollo. El aflojamiento de las fijaciones a tra- estado de una psicosis incipiente.

64 6S
cia el nivel edípico, cuyas excentricidades habían sido extensa-
Ejemplo clfnico mente analizadas, la dejó, al ser interceptada, literalmente
muda. Al mismo tiempo, su mente se vio inundada de imáge-
A sabiendas o no, son varias las adaptaciones de la técnica nes -la forma de la mentalización preverbal-. A su conjuro
analítica que se aplican a la etapa adolescen~e. La validez d.e aparecieron monstruos, brujas y diosas-madres; llevada por
esas divergencias respecto de la técnica canómca durante la m- un apremio intenso, se acurrucó en el diván y se durmió.
ñez y su estadio terminal, la adolescencia, se calibra de acue~­ Cuando la paciente asimiló el hecho de que la "diosa-madre"
do con el nivel madurativo del yo y su grado de dependencia analista y la "bruja-monstruo" analista no existían como alter-
del ambiente. Estas adaptaciones técnicas no deben confundir- nativas tajantes en la realidad, sino que eran, en diversas com-
se con los parámetros determinados por la índole de la psic.opa- binaciones, la esencia de la vida e integridad personales, un
tología o por exigencias extraordinarias en la vida del paciente nuevo punto focal y un nuevo movimiento revitalizaron el tra-
adulto. Mi estilo personal en el análisis de adolescentes -y ca- bajo analítico.
da vez son menos los casos que se prestan a esta forma de tera-
pia- es de adhesión al modelo clásico. Dentro de este en- Una de las comprobaciones más dolorosas es que el mundo
cuadre, puede ocurrir que el analista haga espontá~eamente de los objetos no se moldeará en respuesta a las necesidades
un comentario que provoque en el paciente una reacción fuera subjetivas cuando estas se presenten, ni lo hará en consonancia
de lo común, suceso que con frecuencia lleva a paciente y an~­ con ellas. De hecho, a esta comprobación se la ignora en tanto
lista a una nueva y sorprendente intelección. Eso que podna y en cuanto ello es posible sin precipitar una ruptura del senti-
parecer un beneficio gratuito ~me~e. muy. bien ~bedecer a que do de realidad. Michael Balint (1955) ha descrito esta etapa del
la intervención ha sido hecha, mtmtiva e mconcwntemente, en tratamiento: "Cuando, por último, estos pacientes se estable-
1 el momento oportuno. cen en esta segunda fase, se sienten envueltos en una oscuridad
Fue de este tipo la reacción que suscitó en una pa~iente m~a, acogedora, cálida, no estructurada, que los protege del mundo
una joven en su adolescencia tardía, el comentano que ~ICe exterior indiferente e inamistoso, representado con gran fre-
cuando entró al consultorio cierta vez con un poncho de vivos <·uencia por el analista. Abrir los ojos en esta etapa significa
colores, que impresionó mi sentido estético como alg? singular- destruir la amigable oscuridad y exponerse a ese mundo exte-
mente hermoso, y así se lo dije. La muchacha, que siempre e:a rior desagradable, indiferente o tal vez hostil de objetos separa-
locuaz, guardó un silencio llamativamente pro~ongado, y al f~n dos" (pág. 237).
dijo que mi comentario le había hecho sentu una angustia Incidentes ocasionados por la paciente misma, pero seme-
extrema. La tomó enteramente por sorpresa: de pronto, yo me jantes al que acabamos de referir, se interponían repetidamen-
había vuelto "real" para ella, aterradoramente real, como los 1<' frente a su necesidad de vivenciar al analista en el nivel de la
monstruos nocturnos de su niñez. El consultorio perdió su ca- t•scisión primitiva, de asegurarse de que constituía una unidad
rácter de santuario. ¿Acaso mis palabras, como un ataque por t•on el objeto bueno. El parcial fracaso del desarrollo en su
sorpresa habían despertado el pánico edípico y la huida? Ella uvunce hacia las representaciones del "objeto total" arrojó
se daba ~uenta de que hasta entonces había mantenido alejado ~ombras sobre todas las etapas posteriores, que pese a ello per-
del análisis un fragmento de su realidad interior, impidiendo lllltllecieron abiertas y sensibles a la labor analítica. En verdad,
así que yo me contaminara con sus impulsos desagr~dable~, , .. ,Jo después de que esta última dio a la paciente un firme
egoístas, mezquinos y voraces. Siempre había.mantemd~ baJO urrui~o en el nivel edípico, pudo aventurarse una regresión a
un control razonable su ilimitada furia hacia mí, haciendo <·lapas anteriores sin el pánico por la reabsorción y pérdida del
prontamente las modificaciones que le di.ctab~ el a~ata~iento. M·lf. Se observó entonces cómo el mecanismo infantil de esci-
En esta oportunidad se refirió a su umdad Imagmar.Ia pero .,¡,·m daba paso poco a poco en la trasferencia a la etapa de am-
esencial con una madre "buena", en este caso el anahsta. La f,lvul<'ncia y a la integración de los estados emocionales antité-
perfección del objeto podía así devolverle a la vida y a su pro- tit-os en relaciones con objetos totales; este avance facilitó una
pio self, en momentos de necesidad, un ~sta~o de. segura a~m?,­ rnuyor tolerancia ante las imperfecciones del mundo de los ob-
nía. "Me esforcé tanto para que usted sigmera siendo muJer . l<•lw;, A su debido tiempo, se produjo la unificación del self es-
declaró. Las obvias implicaciones edípicas de este incidenk c•hrdido -el malvado y el perfecto-. Las cambiantes rela-
representaban, en esta etapa de su análisis, una defe.~sa con.~ru dunc•s c•ntrc yo y superyó que tienen lugar junto a este proceso
la regresión hacia el temido ~undo .?e .~a m~?re bu~na Y dto Nfnlt~sis nos hablan de la influencia que ejercen, en el fun-
"mala", y, parí passu, del self bueno y malo . Su hmda ha-

67
l 66
cionamiento del superyó, los restos del mecanismo de escisión llegado a considerar el acting out como una variedad de com-
primitivo. portamiento adolescente específica de la fase (véase el capítulo
En mi paciente, la resolución de la temprana dicotomía fue 12). Este fenómeno bien puede deberse, al menos parcialmen-
lo que allanó el camino para una nueva ponderación y reorga- te, al hecho de que el adolescente ha revivido en forma regresi-
nización de los conflictos edípicos y puberales que tan patológi- va la etapa de motilidad expresiva que corresponde a las fases
camente habían entorpecido su desarrollo yoico. Esta fase del preverbales y a las primeras fases verbales de la vida. Lo
análisis de adolescentes suele requerir una prudente interac- concreto y su símbolo, el acto y su significado, pierden así su
ción transitoria mediante comunicaciones preverbales, a través distintividad, ya sea durante breves instantes o durante largos
de gestos y palabras personalizados. Más adelante puede retor- períodos de confusión. Es típico de la vida grupal adolescente
ser exclusivista, limitada a los pares, o, en términos generales,
.
'',

'i
1
narse al riguroso trabajo analítico que facilitó en sus orígenes la
regresión profunda. En este punto queda abierta la posibilidad a los de pareja edad. Sabemos bien qué destacado papel
de una "re-reelaboración" [reworking through] -si nos es per- cumplen las relaciones con los pares en el proceso de desapego
mitido utilizar esta expresión paradójica- de las tomas de con- emocional respecto de la familia.
ciencia, las síntesis y las resoluciones de conflicto que prece- Más allá de este aspecto familiar, quiero destacar que la
den, en el análisis, a la regresión a la etapa de las imagos pa- imago parental escindida del período preedípico es una esta·
rentales escindidas. Una vez que el paciente transita por este ción de paso regresiva universal en la consolidación de la perso-
sendero de re-reelaboración, el objetivo analítico de establecer nalidad adolescente. Mostré un fragmento de análisis de una
la continuidad yoica se encuentra al alcance. Se libra al pre- adolescente tardía a fin de proporcionar una descripción clíni-
sente de la pesada carga de repetir el pasado, y, simultánea- ca de la naturaleza de esa estación de paso y del derrotero por
mente. se altera en forma fundamental el futuro. "La nove- el cual se llegó hasta ella. ¿De qué manera se infiltra en el siste-
dad de todo futuro demanda un pasado novedoso" (Mead, ma interactivo de las relaciones entre los pares la tendencia
1932). ambivalente de la niñez temprana? A este tema, que pertenece
a la psicología social, nos dedicaremos ahora con más deteni-
miento.
Conceptuali~ando mis observaciones, postulo la tesis de que
El concepto de medio autoplástico los adolescentes exteriorizan dentro del grupo de pares los res-
tos de la tendencia ambivalente preverbal infantil. Emplean,
La unidad diádica entre el bebé y el adulto que lo tiene a su digámoslo así, un medio social creado por ellos mismos a fin de
cuidado, y más tarde su unidad con el ambiente en expansión moderar y sintetizar las imagos parentales escindidas, que a
en el cual el pequeño articula el proceso de separación- menudo están apenas integradas, tratando con ello de separar
individuación, ambas dejan un estrecho margen de acción. La su sentimiento de división interior, de desarmonía e incerti-
dependencia infantil mantiene restringido el universo de laS dumbre, en la medida en que proviene de esta fuente en parti-
posibilidades, y, además, los elementos constitucionales dados cular. Las relaciones sociales dentro del grupo de pares adoles-
determinan en gran medida la capacidad del bebé para provo- cente tienen un sello peculiar, que yo designo mediante la
car de manera activa en el ambiente las respuestas que pro- expresión medio autoplástico; me refiero con esto a la capaci-
mueven su crecimiento físico y psicológico. Cuando el proceso dad del adolescente para gestar y promover m:i medio social
adolescente revive la etapa temprana de la imago parental es- con el único propósito de integrar y armonizar los residuos de
cindida, con su característica tendencia ambivalente (Mahler, dicotomías por escisión del objeto. Al revivir sustitutivamente
Pine y Bergman, 1975), ya ese estadio primitivo se ha entrama- las imagos escindidas en el medio autoplástico, el adolescente
do con pasiones y angustias edípicas, con las intencionalidades instituye, de manera autónoma, un sistema social transac-
propias del yo y del ideal del yo, con revisiones superyoicas y cional con la finalidad de modificarse a sí mismo pero no a su
con el dominio de un mundo de objeto más vasto. Todo ello ambiente. Los demás pueden modificarse en este proceso, mer-
busca expresión, por así decir al unísono, en el ambiente social ced a una complementación no provocada -y es muy pro-
global. La importancia fuera de lo común de la vida grupal es bable que esto suceda siempre-, pero no es esa la función
un sinónimo de la adolescencia. Cualquier cosa que haga un inherente al medio autoplástico. Si el uso de este tiene éxito, se
adolescente, lo hace en forma extrema; con frecuencia en for- produce, siquiera temporariamente, una declinación conside-
ma episódica, otras veces sin solución de continuidad. Hemos rable, aunque circunscrita, del examen de realidad. No obs-

68 69
.i.l:
tante, esta fragmentaria regresión yoica no impide que se padres. Tendencias opuestas regían su conducta: dominio ver-
abran paso otras clases de adaptación. sus sumisión, intimidad versus distancia emocional, autome-
Me centraré aquí en las cuasi-relaciones del medio autoplás- nosprecio versus idealización del objeto, autoidealización ver-
tico, donde el adolescente utiliza a sus pares con vistas a alcan- sus menosprecio del objeto. Concientemente, el muchacho te-
zar una unidad interior fundamental. Esta especie particular nía su propia dialéctica, que funcionaba bien: sentía rechazo y
de relación entre pares no es auténtica; las relaciones de esta ín- desdén por su madre, que era para él una persona superficial,
dole se desvanecen como espectros sin que se sienta su pérdida egocéntrica, exhibicionista, perseguidora del status, ilógica y
ni sobreviva un claro recuerdo de ellas. No debe pasarse por al- arbitraria. El estaba seguro de que,.sean cuales fl)eren sus pro-
to que muchas otras especies de relación -auténticas, imitati- pias realizaciones, ella las utilizaría para pavonearse ante sus
vas, exploratorias, etc.- siguen su curso concomitantemente amigas; en otras palabras: se las robaría. A su padre, en cam- •
en esta etapa. De hecho, esos paradójicos paralelismos son mo- bio, lo veía bajo una luz más favorable; aunque era un hombre
dalidades genuinamente adolescentes de funcionamiento de la apocado y callado en el hogar, evitaba las rencillas con su espo-
personalidad. sa y nunca se ponía del bando de su hijo, este lo consideraba un
La incapacidad de emplear el ambiente para el desarrollo individuo realista, racional, generoso y capaz. El muchacho
propio se considera peculiar del niño pequeño, como lo es del percibía su conflicto en agudas polaridades. Fortificado por su
adolescente. El uso que este último hace del ambiente consti- dialéctica, manejaba su vida con los adultos en un ciclo repeti-
1[' tuido por sus pares con este fin particular representa un aspec- tivo en que pasaba del conformismo a la oposición.
to normativo especial de las relaciones sociales del adolescente. El análisis de las relaciones con sus pares puso al descubierto
Asistimos a la moderación y síntesis de elementos vivenciales. en parte la dinámica central del comportamiento inadaptado
dados, tales como los tempranos acomodamientos al placer- de este joven. Era capaz de informar con notable fidelidad
dolor. Uno de estos se retrotrae al primitivo mecanismo de esci- acerca de su pauta de interacción social. En primer lugar, él
sión. Desde luego, el desarrollo normal posterior elevó a un ni- mismo señaló que pertenecía a diversos grupos incompatibles
vel simbólico las relaciones objetales infantiles interiorizadas, entre sí, al par que emocionalmente no se sentía parte de nin-
promoviendo de ese modo el1,1so eficaz de los procesos simbóli- guno. Entraba y salía de estos grupos y era conciente de que
cos, como el lenguaje y el pensamiento, para el avance de la pasaba de entablar un vínculo bastante estrecho con sus pares a
maduración. Siempre es una delicada tarea, para el observa- cortar con ellos en forma abrupta. También se percataba de su
dor clínico de la adolescencia, trazar la línea demarcatoria cínica frialdad y de la imagen efectista que proyectaba. En un
entre la repetición y la creación novedosa, entre la mera reedi- tipo de grupo comenzó a tallar fuerte, hablando con autoridad
ción de un texto antiguo y su ampliación mediante nuevos y convicción, pero se alejó de él antes de comprometerse de
párrafos que lo convierten en un libro parcialmente nuevo. manera personal y significativa. En otra clase de grupo se
mostraba parco y retraído, proyectando la imagen del pensa-
dor autosuficiente, del filósofo por cuya cabeza pasan muchas
Dos casos a modo de efemplo ideas. El percibía el carácter irreal de esta postura social.
"Tengo muchas máscaras", decía; "una para cada grupo, y me
Un muchacho de diecisiete años fue traído a consulta a causa las cambio con toda facilidad".
de su conducta rebelde e ingobernable, su oposición a las for-
mas convencionales de educación y de enseñanza, su frialdad Sería erróneo atribuir este juego de roles a una ambivalencia
emocional y egocentrismo, su arrogancia y la imposibilidad de identificatoria en relación con las imagos de su madre y su
persuadido mediante razones o castigos. Episódicamente padre. Aunque este punto de vista es en parte correcto, las po-
abandonaba todos estos rasgos para adoptar una conducta de siciones polares reflejan al mismo tiempo las imagos parentales
acatamiento y conformismo excesivos, y luego volvía a su indi- escindidas, que el muchacho había intentado en vano sinteti-
ferencia irresponsable. La impredecibilidad de este muchacho zar. Su fracaso en tal sentido se ponía de manifiesto en su repe-
brillante y cautivante exasperaba y confundía a sus padres y titiva conducta inadaptada. La promiscuidad social conse-
maestros, quienes sin embargo le otorgaban siempre el benefi- cuente lo dejaba solo e insatisfecho. No sabía qué destino darle
cio de la duda. al grupo "necio y despreciable", pero estaba indefectiblemente
Este adolescente estaba atrapado en el centro de la tormenta atrapado por él; al otro grupo, que él tildaba de "agradable y
desatada por su desvinculación emocional respecto de sus brillante", lo respetaba, pero lo eludía una y otra vez, ternero-

70 71
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so del poder potc•ndul !JIIt' huh,rfu dt· tener sobre él. Su vaga- diaba sus dicotomías residuales de objeto escindido y self es-
bundeo dt• un Krupo u otro lo dejaba sin un habitáculo social cindido.
,1 donde adquirir un sentido de pertenencia. Esta lucha emocional guarda notable semejanza con la sub-
Los dos grupos polares representan la cosificación social de fase de acercamiento a que hacen referencia Mahler, Pine y
las imagos de la madre "buena" y de la madre "mala" viven- Bergman (1975). Esa semejanza se aprecia en el uso particular·
c.iadas c?mo una d.icotomía en el self. Al muchacho lo' impre- que hace el adolescente de su grupo de pares, provocando
siOnó m1 comentano de que él parecía desplegar en uno de Jos aquellos tipos de respuestas que facilitan su cambio inte'rior, en
grupos los rasgos que despreciaba, pero secretamente envi- especial dentro del sistema de representaciones del self y del
diaba, en su madre. A esta, su omnipotencia le confería poder ~~. .
sobre los demás; sobre el padre, como es obvio, y, en el pasado, La autonomía yoica lograda en los años trascurridos ha de
sobre su hijo. Si se adhiere a la polaridad básica (vivenciada dar un aspecto novedoso a las soluciones anteriores de la di-
como e~vidia y temor) fuera del momento oportuno, ella ha de visión interior. En este proceso, el ingenio y la inventiva social
contammar la formación del complejo de Edipo. En tal caso, del adolescente son tan esenciales como el "ambiente facilita-
las imagos de la madre "buena" y "mala" se superponen a la dor" (Winnicott, 1965), sobre el cual se articula el medio
tría~a de la con~guració? .edípica, con la consecuencia de que autoplástico.
las figuras edíptcas parhctpan del paradigma primordial del Daremos otro ejemplo de participación grupal en términos
primer período infantil. Esta clase de fijación aparece, en la fa- del medio autoplástico; se trata de una muchacha en su adoles-
se edípica, como el padre "todo bueno" y la madre "todo cencia tardía que pertenecía a un grupo feminista. Sus repre-
b~ena". Estamos familiarizados, desde luego, con los desplaza- sentaciones del self escindido y del objeto escindido eran arti-
mientos normales de la valencia positiva y negativa dentro de culadas por ella dentro de las candentes cuestiones del Movi-
la tríada edípica; pero lo que aquí intento destacar es la índo- miento de Liberación Femenina. El problema inconciente
le de las relaciones con objetos parciales, decididamente ca- de la liberación correspondía, en esta paciente, a su liberación
racterísticas de la primera etapa infantil de las relaciones obje- de la madre preedípica. Este hecho no privaba a la cuestión so-
tales. Un resultado de la etapa cuasi-edípica, tal como fue cial, la liberación femenina, de su validez objetiva. La dicoto-
descrita, puede observarse en la estructuración anómala o in- mía de mi paciente se manifestaba en dominar a los demás o
completa del superyó al final de la fase fálica. El caso del ado- ser dominada· por ellos; esto último significaba para ella ser
lescente sobre el cual informamos aquí ofrece un ejemplo clíni- "buena" y repudiar sus impulsos mezquinos, rapaces y agresi-
co de mis propuestas teóricas. Podría añadir que los permanen- vos. Tenía que mantener sobre sí misma una vigilancia perma-
tes empeños del paciente por avanzar hacia una etapa edípica nente, para impedir que sus impulsos hostiles fueran actuados,
no contamína~a eran derrotados una y otra vez por los restos y, por ende, que los demás llegaran a conocerla. Sólo podía
preedípicos. Por último, inició un renovado y resuelto esfuerzo concebirse a sí misma como una persona "todo buena" o "todo
en la misma dirección durante la adolescencia, a través del uso mala", y el mismo moldeles aplicaba a los otros. (No entrare-
del medio autoplástico dentro de la matriz social de las rela- mos a considerar aquí los problemas superyoicos vinculados
ciones con sus pares. con esta constelación.) Cuando en una de las reuniones del gru-
En la interacción social de la adolescencia, se reviven las po la paciente se atrevió a expresar abiertamente sus pensa-
imagos parentales despreciadas e idealizadas frente a sus mientos y afectos agresivos a un miembro de aquel que le era
"dobles" respectivos, creados en el ambiente de los pares, con particularmente detestable, sintió que su espíritu se libraba de
miras a su unificación. En la liza social de las relaciones con sus una opresión. Tras este incidente, el grupo fue perdiendo poco
pares, el muchacho actuaba de manera activa y pasiva las ima- a poco para ella su razón de ser. El proceso de desvinculación
gos parentales "buena" y "mala". Ideó, dentro de las cama- fue acompañado de una creciente diferenciación social, con el
rillas de sus pares, los "objetos grupales" representativos que resultado de que se hizo amiga de una de las chicas, en tanto
guardaban correspondencia, merced a una analogía espuria, que las demás quedaban relegadas a diversos niveles de rela-
con las primitivas dicotomías parentales del pasado. Estas ana- ción. El análisis de su pertenencia al grupo puso de relieve su
.logías suelen fundarse en caracteres abstractos, como los valo-~ avasallador apremio por llegar a una conciliación con las
res, patrones de conducta, intereses, gustos mundanos y princi- tempranas dieotomías de sus relaciones de objeto. Sus rabietas
pios morales. La cuasi-relación es un rasgo evidente del com- en el grupo aportaron al trabajo analítico, con suma claridad,
portamiento entre pares, y a través de él este muchacho paro- el problema de las imagos parentales escindidas.

72 73
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i.
El punto decisivo se alcanzó cuando la paciente dijo: "Siento este proceso. Al crear una palabra o utilizar en una acepción
a mi grupo feminista como a una persona única; el único . diferente otra ya conocida, se establece una nueva identidad
nombre apropiaP,o que se me ocurre darle es el de «madre»". La entre el nombre y la cosa, emerge un nuevo significado. El vo-
supuesta homología del grupo y la imago materna constituía el cabulario siempre cambiante del argot adolescente ilustra bien
medio autoplástico de esta paciente, dentro del cual se afanaba la originalidad lingüística de cada generación.
por trascender sus dicotomías infantiles. Podría afirmarse, por El singular lenguaje del adolescente nos ofrece un notable
lo tanto, que el grupo del medio autoplástico es una combina- ejemplo de inventiva lingüística. Nuevos vocablos y una sinta-
ción organizada de representaciones de objetos parciales (psí- xis distinta pasan a formar parte, imperceptiblemente, de la
quicos), vivenciados como cuasi-individuos en el mundo exte- lengua oral (y aun de la escrita). En contraste con lo que suce-
rior. Al dar un paso adelante hacia la síntesis y la conciliación, día anteriormente, en que la jerga de los jóvenes quedaba
la paciente elevó sus relaciones de objeto a un nivel de diferen- restringida a su propio ámbito, en los Estados Unidos contem-
ciación superior. Por entonces ya había tomado conciencia de poráneos los adultos tienden a adoptar sus innovaciones -no
su avasallador impulso regresivo hacia la madre preedípica. sólo en materia idiomática sino en la indumentaria y los hábi-
!i1' Cuando este impulso se vuelve extraordinariamente intenso
i'! tos de aseo personal-. Cuando finalizó la guerra de Vietnam y
en la pubertad, da origen (en la mujer) a anhelos homosexuales volvieron a su patria prisioneros de guerra que habían vivido
y a hostilidad contra el hombre. En la conducta manifiesta ha- durante años separados de sus familias, la Fuerza Aérea de Es-
bitualmente observamos lo contrario. En el caso de mi pacien- tados Unidos publicó un glosario de términos propios de los
te, que se hallaba entre la tendencia ambivalente infantil y la adolescentes, a fin de posibilitar que los soldados que retorna-
ambivalencia madura, sólo el nuevo análisis del complejo de ban pudieran conversar con sus hijos adolescentes y con la co-
Edipo podía resolver el antagonismo entre masculino y femeni- munidad joven en general (New York Times, 8 de marzo de
no, activo y pasivo, dependencia e independencia, bueno y 1973). Es impresionante observar la gran cantidad de nuevos
malo. En suma, sólo la tolerancia en cuanto a que coexistan en vocablos y modismos populares que surgieron durante los años
sujeto y objeto cualidades antitéticas puede atemperar el uni- de la guerra.
verso cruel del "o bien ... o bien ... ", de la perfección contra la
nulidad. La inventiva de los adolescentes en materia lingüística no só-
lo se aplica a 1as palabras sino también a la sintaxis. En gran
parte esta es tomada (en especial por los jóvenes norteamerica-
nos de clase media) del lenguaje usual de otros grupos étnicos de
Una digresión lingüística clase baja. Ese lenguaje peculiar confirma que existe, entre los
coetáneos de pareja maduración sexual, una nueva cohesión
Ya me referí antes al lenguaje y al modo de hablar como in- social; todos desdeñan en parte el lenguaje que les fuera ense-
dicadores de los procesos regresivos e integrativos de la adoles- ñado cuando eran niños. Esta situación es particularmente vá-
cencia. Sabemos bien que la función simbólica del lenguaje lida en el caso del adolescente culto, cuyo uso de un argot es-
ayuda al niño pequeño a dominar la realidad mediante la gra- tablece una distancia lingüística respecto del mundo de la ni-
dual transición del lenguaje emocional al lenguaje enunciati- ñez. En algún momento, el lenguaje torpe del niño pequeño da
vo. El funcionamiento de la inteligencia se basa en la adquisi- paso a un lenguaje correcto; pero al comienzo "las proferencias
ción del lenguaje o de un sistema de símbolos. Las propias leyes humanas elementales no se refieren a las cosas materiales [ ... ]
gramaticales asisten a la mente del niño para que este ponga or- Ellas son expresión involuntaria de sentimientos, interjecciones
den en el mundo que lo rodea. Ernst Cassirer (1944) ha señalado: y exclamaciones humanas" (Cassirer, 1944, págs. 148-49).
"La realidad física parece retroceder en forma proporcional al El lenguaje peculiar del adolescente recupera algo de la
avance de la· actividad simbólica del hombre" (pág. 43). Cuan- cualidad emocional que poseían las palabras del bebé, y que
do se aprende una palabra que corresponde a una cosa conoci- en verdad nunca perdieron. Lo novedoso de ese lenguaje -al
da, no sólo se establece un código simbólico, sino que queda que los jóvenes suelen referirse diciendo que hablan con las
definida también una nueva cohesión social entre los indivi- "tripas", o con el "alma"- radica en que crea un vínculo co-
duos que emplean idénticos símbolos. Pienso aquí en los cam- munitario entre los coetáneos. Si los adultos lo adoptasen (y
bios que se producen en el lenguaje de generación en genera- sobre todo si lo hicieran los padres de clase media y alta), los
ción, y en el papel creativo que desempeña la adolescencia en adolescentes lo escucharían (suponiendo que lo escuchasen) con

74 75
l'
divertida indulgencia o con desdén. El rechazo pars pro toto tihéroe adolescente, que en modo alguno pertenece a la misma
del lenguaje tradicional disminuye con la edad, como lo hace especie que los antihéroes de Sartre, Beckett o Pinter. El acto
la necesidad de amoldarse al obligatorio argot adolescente. Su heroico del antihéroe adolescente consiste en vilipendiar la tra-
uso pasa a ser facultativo y queda reservado a determinadas si- dición y desentronizar los valores absolutos. La atención con-
tuaciones sociales; y, en parte, es incorporado al lenguaje suetudinariamente prestada al aseo y el embellecimiento per-
corriente. sonal, la pulcritud en el vestir, la instrucción, la fidelidad se-
xual (por mencionar tan sólo unos pocos valores), se convierte
en la preocupación por los valores contrarios, a los que se
Individuo y ambiente adhiere con un riguroso conformismo, que cimenta los diversos
grupos juveniles en cónclaves "antiheroicos" o contracultura-
La materialización del medio autoplástico trae consigo su les. Bajo la influencia de esta inversión de valores, ser expulsa-
propia destrucción; dicho de otro modo, se elimina a sí mismo do de la universidad o vivir desenfrenadas experiencias se-
a través del proceso de consolidación de la adolescencia tardía. xuales -hacer "lo de uno", en suma- se ha convertido para
No obstante, el resultado de este proceso no depende por entero muchos jóvenes en el símbolo de status de la madurez. Helene
de la historia del individuo, sino que, en alguna medida intrín- Deutsch (1967) ha dedicado a este tema una monografía en que
seca, está codeterminado por las circunstancias externas, como investiga la influencia y presión social de la cultura de los pares
las oportunidades, costumbres y expectativas prevalecientes en sobre el comportamiento sexual de las muchachas universita-
el ambiente social. No hay duda alguna de qúe los patrones de rias. Destaca el peligro de infantilización emocional que en-
conducta interiorizados inmunizan al niño contra el comporta- gendra esta clase de acatamiento al código moral del grupo. El
miento antisocial y autodestructivo, pero la experiencia nos en- abandono provisional y episódico que hace el individuo de su
seña que el umbral de atractivo y contagio puede ser peligrosa- sistema de valores en aras de la aceptación del grupo se paga
mente rebajado por las influencias sociales. con un sentimiento de alienación y de difusión de la identidad
Redl (1956) ha descrito en forma amplia la dinámica del (Erikson, 1956).
"contagio" en el comportamiento de niños y adolescentes. Le El cuadro de la nueva moralidad sería incompleto si no hi-
Bon (1895) ya había hecho uso del término en su estudio sobre ciéramos referencia a sus logros positivos. Mucha crítica social,
la conducta de las multitudes. Nadie discute, en principio, que política y moral constructiva se ha expresado con auxilio de las
los niños deben ser protegidos contra las influencias dañinas cambiantes costumbres sociales de la juventud. Basta men-
para su desarrollo. Lo que se debate es hasta qué punto de la cionar la fortaleza moral de los que se resistieron a párticipar
1
1 adolescencia ha de mantenerse esta tutela personal e institu- en la guerra de Vietnam, o el hecho de que fueran los jóvenes
cional (de la escuela, la Iglesia, los tribunales, etc.). Aquí sur- quienes escucharon a Rachel Carson (1962) y su grito en el de-
gen dos cuestiones: una de ellas se refiere a la oportunidad y el sierto de la "callada primavera", y los que iniciaran con él una
grado en que los padres o instituciones deben renunciar a su cruzada contra la devastación ecológica. En el momento de
presencia protectora y reguladora; la otra, a la elección de los escribir esto, la protección ambiental se ha convertido en un
hábitos de crianza que mejor aseguren la conservación autóno- respetable problema público. Por desgracia, muchos de los que
ma de la integridad personal en momentos de stress. participan en estas batallas resultan ser individuos que viven
Durante los últimos años hemos comprobado en un número de idéologías prestadas, atrapados en la causa egoísta de dar
impresionante de adolescentes con cuánta frecuencia se elude descanso a los fantasmas de su pasado personal. Habiendo per-
el arduo proceso de la individuación sustituyendo el cambio in- dido vigencia para ellos las vastas cuestiones a las que declara-
terior (vale decir, psíquico) por la acción y el pensamiento ban servir, enarbolan su volubilidad como una virtud y, carac-
concreto. En esta sustitución podemos ver un reflejo grotesco terísticamente, arrastran tras de sí a aquellos que, por su inde-
de las características predominantes en la llamada "generación cisión crónica, han sido llevados a un callejón sin salida en la
mayor", que ha conferido un valor supremo a la superioridad encrucijada de la adolescencia tardía.
competitiva y al éxito material, como elementos de los que de- Podría preguntarse, en términos simples, si las llamadas
pende básicamente el sentido de dignidad personal. La discre- "malas compañías" pueden hacer descarrilar el desarrollo indi-
pancia generacional con estos ideales puede observarse en su vidualllevándolo poi vías regresivas, o en general, hacia for-
periódica inversión de contenido y valencia. Así nació el an- mas anómalas de adaptación. Nos inclinamos a pensar que la

76 77
respuesta del individuo al ambiente está sólo determinada por dicotomía: la del escepticismo positivista y el perfeccionismo
la complementariedad de lo "interior" y lo "exterior", de lo in- moral. La búsqueda del conocimiento como fin en sí remplazó
dividual y lo social, o, en otras palabras, por la presencia pro- gradualmente a los valores morales, o, al menos, hizo que se los
tectora y reguladora del yo y el superyó. Sigue siendo un in- cultivase aislados del saber y de la acción. Por consiguiente, el
terrogante hasta qué punto estas estructuras psíquicas necesi- acto amoral pudo coexistir, en una armonía sin conflicto, con
tan de la complementariedad o apoyo constantes del ambiente la pretensión de sustentar los más altos principios morales.2 Es-
personal e institucional. Sea como fuere, la psicología indivi- ta dicotomía de actitudes mentales ya había sido anunciada en
dual por sí sola no logrará hacer inteligible en su totalidad este la literatura moderna; pienso aquí en los crímenes gratuitos del
fenómeno social. Tal vez debamos tomar en cuenta ciertos de- Raskolnikov de Dostoievski, del Lafcadio de Gide, del Mer-
terminantes del comportamiento humano que son de un orden sault de Camus (El extranjero), y en muchos otros. A esas acti-
distinto que aquellos hacia los cuales acostumbramos volvernos tudes Polanyi se refiere cono "nihilismo moral cargado de furia
en busca de referencias causales y explicativas. moral". La fe en el principio de la máquina y en los descubri-
mientos e inventos científicos como guardianes de la seguridad
exterior e interior del hombre ejerció, pues, una influencia pe-
netrante en el espíritu de cada individuo.
'1
1'
El Zeitgeist como ambiente El escepticismo total priva a la vida de su significado, y sólo
un acto sin sentido, desprovisto de todo motivo· moral, restaura
Quiero ahora presentar las ideas de Michael Polanyi (1974), en el hombre su sentimiento de autenticidad. He oído a los
el fisicoquímico e historiador de la ciencia que ha indagado la adolescentes hablar con orgullo de esos actos inmotivados de
cambiante cosmovisión humana del mundo físico y ha inquiri- violencia o depravación; utilizan frases tales como estas: "Lo hi-
do de qué manera ella gravitó en la mentalidad moderna y, por ce por divertirme"; "Es tan sólo una experiencia"; "Eso no sig-
ende, en el comportamiento del hombre actual. Su indagación nifica nada". Aparte de la historia familiar, el Zeitgeist repre-
se halla, por así decir, más allá de la economía de Marx y el psi- senta una matriz social en que los adolescentes tienen que en-
coanálisis de Freud. Sobre estas dos disciplinas estamos bastan- contrar su rumbo, a menudo con una afirmación extrema de su
te bien informados. Si queremos dirigir nuestros pensamientos integridad moral. Uno no tiene que ser literato para que lo
hacia lo que constituye el centro del interés de Polanyi, debe- afecte este espíritu predominante de la época, ni tampoco tiene
mos recordar la revolución copernicana y la alteración subsi- que estar personalmente envuelto en los problemas o tenden-
guiente en la relación del hombre con el universo físico. El im- cias que él encarna; su influjo alcanza, como por vía de ósmo-
pacto que tiene sobre la mentalidad contemporánea la cam- sis, a todos los que se encuentran dentro de su órbita, a través
biante visión del mundo físico como consecuencia de los des- de los medios de comunicación de masas cuyo eco nos circunda
cubrimientos científicos contribuye en grado significativo a y de las instituciones sociales en que vivimos. Aquí concebimos
plasmar el Zeitgeist, ese elusivo y penetrante espíritu intelec- a Zeitgeist e individuo como una unidad funcional, un proceso
tual y mental de una época, que nos rodea a todos como una dialéctico, un sistema.
atmósfera.
La creciente fe en las leyes de la física y la química, por
ejemplo, hizo que lo tangible y lo mensurable pasaran al pri-
mer plano de la conciencia del hombre, como los medios más Observaciones finales
confiables y controlables de asegurar el mejoramiento del indi-
viduo y de la sociedad. La ilimitada potencialidad de la má- Una psicología social psicoanalítica de la adolescencia deberá
quina y la combinación infinita de nuevas sustancias brindaron aclarar algún día cuál es el ambiente "suficientemente bueno"
la esperanza y la seguridad de haber hallado medios fidedignos para esa etapa de la vida o, al menos, delinear las categorías
gracias a los cuales se libraría a la condición humana de sus im- con las cuales puede describirse y estudiarse este problema. En
perfecciones. El incremento de las investigaciones en las cien- forma análoga a las investigaciones sobre la infancia y la niñez
cias físico-naturales hizo creer que el perfeccionamiento de la temprana, en que el sujeto y su entorno son concebidos como
condición del hombre y de su moral era cosa cierta. Afirma Po-
lanyi que al recurrir a leyes naturales, no gobernadas por el 2 La era de Nixon nos ofrece una convincente demostración de este estado
principio moral, y confiar en ellas, el hombre fue presa de una mental.

78 79
un sistema y no meramente como entidades discontinuas, tam-
bién para la adolescencia el uso recíproco que hacen de sí el in- emprendí el viaje sin antes instalar, precavidamente, aparatos
dividuo y su ambiente deben examinarse en relación con las ta- que me mantienen en comunicación -vía satélite- con el fir-
reas de desarrollo específicas de esta etapa de maduración se- me tráfico costero que se desplaza por canales de navegación
xual. He abordado, particularmente, uno de los muchos usos probados y seguros. Hasta ahora, las olas marinas no me han
mutuos del individuo adolescente y su grupo de pares tomado provocado pánico, pues el contacto con algunos de los con-
como objeto, e intenté demostrar que esta cuestión es un ele- fiables capitanes de las aguas conocidas se ha preservado no-
mento componente, clínicamente identificable, de la psicolo- tablemente bien.
gía grupal adolescente.
Si la contraposición de la psicología individual y la psicolo-
gía social cede lugar con el tiempo a su integración, es muy
probable que esto contribuya poco o nada al tratamiento de las
neurosis, ya que la existencia de estas se halla confinada al li-
mitado campo de los conflictos interiores, donde sólo el insight
puede quebrar la perpetuidad de las pautas inadaptadas infan-
tiles. En cambio, la influencia de una psicología social psico-
analítica en la esfera de la prevención puede ser considerable,
y su utilidad se hará por cierto manifiesta en el tratamiento
de esa multitud de trastornos en los que el psicoanálisis pro-
piamente dicho no logra incidir. Pienso, en especial, en los
adolescentes perturbados y desorientados cuya contagiosa
influencia sobre sus pares se ha vuelto creciente por el mero pe-
so de su número. ¿Acaso este fenómeno social se debe al
anacronismo de instituciones sociales disfuncionales, o, en ge-
neral, a las críticas deficiencias de un ambiente que no sumi-
nistra algunos de los nutrientes sociales fundamentales para el
proceso de adaptación de la adolescencia? Con toda probabili-
dad, estos son los factores cardinales que operan.

Epílogo
En la década de 1920 llegó a conocimiento de Freud un "sis-
tema caracterológico multidimensional"· en el cual se habían
embarcado algunos colegas más jovenes. Esto ocurrió, según
nos narra Robert Waelder (1958), en una de las habituales
reuniones celebradas en la sala de espera de Freud; este abrió
la sesión diciendo que se sentía "como el capitán de una barca-
za que siempre había navegado cerca de la costa, y ahora se en-
teraba de que otros, más aventurados que él, se habían lanzado
al mar abierto. Les deseaba la mejor suerte, pero ya no podía
participar en su aventura". Y cerró su comentario con estas pa-
labras: "No obstante, soy un viejo marinero de la ruta costera y
seguiré fiel a mis rías azules" (pág. 243).
Siento que aquí me he aventurado lejos en el mar abierto,
con un navío que tal vez no tenga el calado requerido; pero no

80
81
Segunda parte. Las etapas
normativas de la adolescencia
en el hombre y la mujer
r
1

t Habitualmente se utiliza la palabra "adolescencia" como si


un conjunto de características unitarias definiera ese tramo de
la vida, que abarca aproximadamente la segunda década; no
obstante, todo el mundo sabe que no es así. Con demasiada fre-
cuencia el énfasis recae en lo que es típico, a grandes rasgos, de
los adolescentes de ambos sexos, en tanto que los amplios
contrastes en los estadios evolutivos de uno y otro, así como las
diferencias que su sexo determina, se dan por sentado sin más
examen. Los comienzos de la pubertad en el varón y la niña no
son sincrónicos, su respectiva maduración y desarrollo no
avanzan a ritmo parejo ni tampoco son de naturaleza total-
mente comparable. Sea cual fuere la posición psicosexual y
yoica en que se hallen temporariamente situados la muchacha
o el muchacho adolescentes -ya se trate, verbigracia, de una
chiquilla marimacho o de un joven misógino-, ello siempre es
un preámbulo a la formación definitiva de su yo y su identidad
sexual. Cualesquiera que sean los acomodamientos sociales en
que durante un tiempo se empeñe el adolescente, siempre
representan el preludio de la formación de una identidad so-
cial. Ambas cosas determinan, en última instancia, el sentido
adulto del self.
La contribución que ha hecho el psicoanálisis, con su parti-
cular metodología de indagación, a este problema ha consisti-
do en establecer las etapas evolutivas y normativas, fijando así
una pauta epigenética de progresión ordenada desde la infan-
cia hasta la adultez que incluye a la adolescencia. Estudiando
las similitudes y diferencias en el desarrollo de los adolescentes
de ambos sexos yo me he empeñado, con mi labor, en tornar a
eSte esquema más comprehensivo y completo. Los puntos de
vistá ~enético y evolutivo, como conceptos rectores, han, regi-
do mis investigaciones sobre los orígenes, integraciones y tras-
formaciones que tienen lugar a lo largo del proceso adolescente.
Mi estudio de las secuencias evolutivas se organizó finalmente
merced a la delineación y definición de fases (preadolescencia,
adolescencia temprana, adolescencia propiamente dicha, ado-
lescencia tardía, posadolescencia) y sus características en cuan-
to al desarrollo. La utilidad de estas diferenciaciones se hizo
sumamente evidente en la patología, pues no sólo contribuye-
ron a aclarar la etiología y la dinámica sino también a localizar

1
1

SS
aquellos puntos del proceso en que tuvo lugar, en un caso de-
terminado, un crítico "descarrilamiento" respecto del de-
sarrollo corriente. En este sentido he hablado de "puntos de fi-
1 llegue a la adultez mediante un rodeo regresivo. Las trasfor-
maciones psíquicas siempre incompletas -aunque viables-
que tienen lugar desde la niñez hasta la adultez encuentran en
jacion" adolescentes. las estabilizaciones caracterológicas una estructura que las
En la construcción de secuencias evolutivas ha resultado de apuntala. He formulado la opinión de que la formación del ca-
máximo provecho el estudio de la regresión que, de una mane- rácter recibe su impulso decisivo y su perdurabilidad durante
Ta u otra, siempre se produce durante el desarrollo adolescen- el período adolescente.
te. Su función como fenómeno no defensivo ha conferido a este
proceso en apariencia infantilizador el carácter de un suceso ')
normativo. La regresión adolescente hace que puedan aplicar-
se las facultades avanzadas del yo a aquellas vicisitudes infanti-
les que sólo podían ser abordadas de manera inadecuada e in-
completa durante los primeros años de vida. Este aspecto típi-
co de la adolescencia me permite afirmar que el progreso evo-
lutivo de esta depende de la capacidad de regresión. A esta for-
ma normativa, no defensiva, de la regresión adolescente la he
llamado "regresión al servicio del desarrollo".
Sólo puede darse con éxito este peligroso paso adelante en la
evolución -que aparentemente es un retroceso- cuando el
ambiente brinda apoyo y facilitaciones; estas últimas incluyen,
en este contexto, no sólo aquello que reduce la tensión, ofrece
gratificación o apacigua los estados disfóricos, sino igualmente
lo que expone a los conflictos y frustraciones específicos de la
edad, a la angustia y la culpa como retos para los ajustes adap-
tativos y la resolución de las dificultades. Como cualquier otra
etapa del desarrollo, la adolescencia está signada por conflictos
típicos, externos e internos, que por su propia índole pro-
mueven el avance progresivo. Por consiguiente, no se atiende a
los mejores intereses del desarrollo si se elude el conflicto entre
las generaciones o entr_e el· adolescente y su ambiente. A la ge-
neración de los padres y a los planificadores sociales les incum-
be mantener las consecuentes constelaciones tensionales dentro
de los límites de la tolerancia y la capacidad de adaptación de
los adolescentes.
La regresión adolescente es el tema central de mi ensayo "El
segundo proceso de individuación de la adolescencia" (ca-
pítulo 8). Los peligros potenciales de esta regresión obligatoria
torna a los adolescentes sumamente propensos al estallido de la
enfermedad emocional. En los dos extremos, la evitación de la
regresión (huida a roles adultomorfos) y la perseverancia en el
nivel regresivo (psicosis) representan estados patológicos bien
conocidos. En ambos casos, se ha descarriado la función de la
regresión específica del adolescente.
Para lograr desvincularse de los objetos infantiles interiori-
zados es menester completar, merced a la regresión, la re-
estructuración psíquica. He resumido esto diciendo que la for-
mación de la personalidad posadolescente depende de que se

86 87
6. Organización pulsional
preadolescente*

Uno de los prinCipios básicos del psicoanálisis ha sido


siempre comprender el comportamiento humano, en c~alquier
estadio, en relación con los acontecimient9s precedentes, con-
temporáneos y previstos, o concebirlo como un momento
dentro de un continuo de experiencia psíquica. Este concepto
evolutivo ha echado luz sobre aquellos complejos procesos de la
adolescencia que, en un pasado no demasiado remoto, única-
mente eran vinculados con el advenimiento de la maduración
sexual. El enfoque genético de las investigaciones en este cam-
po ha hecho que el comportamiento adolescente revelara algo
de su naturaleza sacando a luz algo de su historia.
Los "Tres ensayos de teoría sexual" (Freud, l905b) estable-
cieron las pautas de la secuencia de desarrollo psicosexual; ade-
más, pusieron de relieve que una característica del desarrollo
sexual del ser humano es su acometida en dos tiempos. Se exa-
minó en detalle las primeras fases qe desarrollo de las pulsiones
y de organización de las zonas erógenas, y en los ú1timos tiem-
pos se estableció con mayor pr~isión su coordinación con la
formación de la estructura psíquica. Es un hecho notable que
aunque el segundo gran estadio del desarrollo psicosexual, la
pubertad, ha sido explorado en sus aspectos más generales, to-
davía se carece al respecto de una teoría comprehensiva y de
una elaboración de sus pautas de secuencia. En lo que sigue
trataré de integrar la observación y la teoría correspondientes a
un pequeño sector de la psicología adolescente: el de la preado-
lescencia.
La conocida afirmación de que la adolescencia es una "re-
edición" o "recapitulación" de la niñez temprana· sólo tiene
sentido en cuanto destaca el hecho de que la adolescencia
incluye elementos de las fases de desarrollo previas, del mismo
modo que cualquier otra fase anterior del desarrollo psicose-
xual es influida en grado significativo por el desarrollo pul-
sional y yoico precedente. El requisito para ingresar en la fase
adolescente de organización pulsional y yoica reside en la con-
solidación del período de latencia; si ella no se produce, el pú-
ber no vivencia sino una intensificación de las características
previas a la latencia, y exhibe un comportamiento infantil que
• Publicado originalmente en ]oumal oj the American Psychoanalytic Aaso-
ciatíon, vol. 6, pá~. 47-56, 1958.

89
tiene el carácter de una detención más que el de una regresión.
Sería interesante delinear los logros fundamentales de la laten- pensamiento confuso. El niño encaminó su interés hacia temas·
cia que son condición previa para un avance exitoso hacia la vinculados con la castración, que en su mayoría procedían de
adolescencia. En nuestro trabajo analítico prestamos de hecho la Biblia: el sacrificio de un cordero en la Pascua, el Señor que
particular atención -principal~ente cuando tratamos. a pa- "destruirá al primogénito en la tierra de Egipto", la matanza
cientes que se hallan en los cm~uenzos de la adolescencia- a de niños ordenada por Herodes en Belén, el temor a la presen-
aquellos déficit de la latencia que impiden que sobr~vengan l~s cia de un toro salvaje en las cercanías de su casa de campo.
conflictos propios del adolescente. Cu~ndo la lat~ncia ~o ha SI- Creo que sin el agregado de una injerencia educativa (la re-
do establecida de manera satisfactona y el paciente muestra nuencia de la madre a satisfacer sus deseos sexuales infantiles),
sustanciales retrasos en su desarrollo, complementamos o pro- el análisis de este niño no habría sido posible.
longamos el análisis con empeños educativos tendientes a que
se alcancen algunos de esos logros fundamentales. En verdad,
esto se pone en práctica con más frecue~cia de lo que suele ad-
mitirse; el gran número de niños atendi.dos que presentan ~~­ Diferencias en el desarrollo del niño y la niña
tardos o desviaciones en su desarrollo ymco ha otorgado leg¡b- preadolescentes
midad, a lo largo de los años, a "la amp~iación ~C: los alcances
del psicoanálisis" en lo tocante al trabaJO con mnos y adoles- Abordemos ahora el estado de la preadolescencia, cuya apa-
centes. rición marca, en el caso típico, el final del período de latencia.
Es un hecho bien conocido que a comienzos de la pubertad! se
observa un desarrollo psicológico muy distinto en el varón y la
Ejemplo mujer. La desemejanza entre los sexos es notable; la psicología
descriptiva ha dedicado amplia atención a este período y se ha
Un niño de diez años, bien desarrollado, presentaba dificul- enriquecido con un cúmulo de datos de observación significati-
tades para el aprendizaje, inadaptación social e ide~ extrava- vos. En el varón, nos sorprende el camino indirecto que
ganteS· repentinamente manifestó el deseo de dormu en la ca- emprende, a través de la investidura pulsional pregenital, ha-
ma de 'su madre y de que su padre se abstuviera de acercarse a cia una orientación genital; la niña se vuelca hacia el otro sexo
ella. Pretendía que la madre lo abrazara y ~esara, o, en ot;:'s mucho más pronta y enérgicamente. Decir que el aumento
momentos que lo cogiera en brazos como si él fuera un mno cuantitativo de las mociones pulsionales durante la preadoles-
pequeño o' lo sentara en. su· regazo. La madre te.ndía a avenir~e cencia conduce a una investidura indiscriminada de la pregeni-
a sus deseos. Pareció esencial que, desde el eomienzo del anáh- talidad sólo es correcto con referencia al varón; en este, el re-
sis del niño, la madre desarrollara una resistencia a sus tant~~s surgimiento de la pregenitalidad marca, en efecto, el final del
sexuales y aprendiera a frustrarlo al par que le ofrecía gratifi- período de latencia. En la niña suele observarse que ese resur-
caciones sucedáneas compatibles con su edad. Que fuera la gimiento es mucho más moderado, hecho que revela, por su
madre y no el padre quien pusiera activamente límites .a. la propia índole de táctica diversiva (la exteriorización de las pul-
concreción de sus deseos edípicos obró de manera decisiva siones es indirecta), que esta coyuutura del desarrollo constitu-
sobre la reacción del niño. ye una crisis más compleja para ella que para el varón.
Frente a las prohibiciones de la madre, el chico ~eaccio?ó En este particular estadio de la adolescencia Plasculina ob-
reprimientlo sus deseos edípicos y evid~nciando una triste resig- servamos un aumento de la motilidad difusa (agitación, impa-
nación. Comenzó a ocuparse compulsivamente de las tareas es- ciencia, desasosiego), as{ como de la voracidad oral, las activi-
colares: llenaba un cuaderno de ejercicios tras otro, controlan- dades sádicas, las anales expresadas en placeres coprofílicos, y
do sin cesar sus respuestas. Esta conducta compulsiva servía de el lenguaje "sucio". Hay una desidia en materia de limpieza,
defensa contra fantasías de represalia anales, dirigidas contra
la madre frustradora; esas fantasías eran actuadas en relación l·El término "pubertad" se usa aquí para designar la manifestación física de
con las madres de sus compañeros de colegio. Sólo despu~ de la maduración sexual; vale decir, la "prepubertad" es el período que precede in-
haber reelaborado en el análisis esta regresión y desplazamien- mediatamente al desarrollo de las características sexuales primaria~ y secunda-
rias. El término "adolescencia" denota los procesos psicológicos de adaptación
to, apareció el material edípico: la ang~stia de castraci?n pasó al estado púber; o sea que la preadolescencia puede continuar durante un tiem-
a primer plano a través de la desmentida, la proyección y el po excesivamente largo y no resultar afectada por el progreso de la maduración
física.

..
90
91 ..
una fascinación por los olores y una hábil producción de ruidos propia maduración sexual (A. Freud, 1936). Sin embargo, an-
onomatopéyicos. Un muchacho de catorce años que había ini- tes de que se produzca un vuelco exitoso hacia la masculinidad,
ciado su análisis a los diez lo expresó muy bien al decir, retros- es característico que se recurra a la defensa homosexual contra
pectivamente: "A los once m~ mente estaba puesta en la mugre, la angustia de castración. Precisamente a esta particular y
ahora está puesta en el sexo; esto es muy diferente". transitoria resolución del conflicto asistimos en el niño que se
Ya hemos adelantado que la niñ~ preadolescente no muestra halla en los comienzos de la adolescencia. La psieología
las mismas características que el muchacho; o es un mari- descriptiva ha titulado "la etapa de la pandilla" a este típico
macho, o es una pequeña dama. El niño preadolescente se es- comportamiento de grupo, y la psicología dinámica se refiere a
capará tímidamente de esta joven Diana que despliega su en- él como "la etapa homosexual" de la preadolescencia.
canto y seducción mientras recorre el bosque con una jauría de Nada igual o semejante aparece en la vida de la niña. La di-
sabuesos. Se utiliza la referencia mitológica para apuntar el as- sim~litud en el. comportamiento preadolescente de varones y
pecto defensivo de la ~nvestidura pulsional pregenital del va- muJeres es prefigurada por la masiVa represión de la pregenita-
rón, a saber, su evitación de la mujer castradora, de la madre lidad que la niña tiene que efectuar antes de poder pasar a la
arcaica. A partir de las fantasías, juegos, sueños y conducta fase edípica; de hecho, esta represión es el requisito previo para
sintomática de los varones preadolescentes, he llegado a la el desarrollo normal de la feminidad. Al apartarse de su madre
conclusión de que la angustia de castración vinculada con la debido a la desilusión narcisista vivenciada en sí misma y en la
mujer fálica no sólo es un hecho universal de la preadolescencia mujer castrada, la niña reprime las mociones pulsionales ínti-
masculina sino que puede considerarse su leitmotiv. Esta ob- mamente ligadas a sus cuidados maternales y la atención que
servación recurrente, ¿se debe acaso a que vemos en el análisis aquella prestaba a su cuerpo -vale decir, a todo el ámbito de
a tantos varones adolescentes con impulsos pasivos, provenien- la pregenitalidad-. En su trabajo clásico sobre "La fase pre-·
tes de familias en las que hay una madre fuerte resuelta a mo- edípica del desarrollo de la libido", Ruth Mack Brunswick
delar a sus hijos en consonancia con sus fantasías de toda la vi-
da? Esas posibilidades merecen nuestro cuidadoso examen.
., (1940) afirma: "Una de las mayores diferencias entre los sexos
es la enorme magnitud de la represión de la sexualidad infantil
en la niña. Salvo en estados neuróticos profundos, ningún
hombre apela 51 una represión similar de su sexualidad infantil"
Ejemplo (pág. 246).
. La niña que no puede mantener la represión de su pregenita-
·En los sueños de un chico de once años obeso, sumiso, inhibi- hdad se topará con dificultades en su desarrollo progresivo.
do y compulsivo aparecía una y otra vez una mujer desnuda. Consecuentemente, en los comienzos de la adolescencia suele
El no recordaba muy bien las partes inferiores de su cuerpo, exagerar sus deseos héterosexuales y se apega a los varones, a
apenas entrevistas; el seno ocupaba el lugar del pene, ya sea co- menudo en frenética sucesión. Helene Deutsch (1944) apunta:
mo órgano eréctil o excretorio. Los sueños de este chico eran "Para las muchachas prepúberes, el vínculo con la madre
incitados siempre por sus experiencias en una escuela mixta representa un peligro mayor que el vínculo con el padre. La
donde la competencia entre varones y mujeres le daba intermi- madre es el mayor obstáculo que se opone al deseo de la niña de
nables pruebas de la malicia de estas últimas, su ':juego sucio'' crecer, y sabemos que el «infantilismo psíquico» que encontra-
y su viciosa rapacidad. Interpretada dentro de este contexto, su mos en muchas mujeres adultas es el resultado de un vínculo
compulsiva reafirmación mediante la actividad masturbatoria irresuelto con la madre durante la pubertad" (pág. 8).
dio origen en él a un trastorno del dormir, con la idea predomi-
Al examinar las desemejanzas entre la preadolescencia del
nante de que durante la noche su madre podría matarlo.
varón y la mujer, es preciso recordar que el conflicto edípico no
La angustia de castración, que había llevado a la fase edípi- llega a su fin de manera tan abrupta y fatal en esta como en
ca de este muchacho hacia su declinación, volvió a alzar su aquel. Afirma Freud (1933): "La niña permanece dentro de él
horrible rostro con el comienzo de la pubertad. En la fase pre- por un tiempo indefinido; sólo después lo derrumba, y aun así,
adolescente de la pubertad masculina podemos comprobar que l~~ace de manera incompleta" (pág. 129). Por consiguiente, la
la angustia de castración se vincula con la madre fálica, aun- mna se debate contra las relaciones objetales de manera más
que se la vivencie en relación con las mujeres en general. Los intensa durante su adolescencia; de hecho, las prolongadas y'
impulsos pasivos son hipercompensados y la defensa contra la penosas acciones que lleva a cabo para romper vínculos con su
pasividad, en líneas generales, recíbe poderoso auxilio de la madre constituyen la principal tarea en este período.

~ '
92 1,' ....,.
93
Ya hemos señalado que el varon preadolescente lucha con la porque en caso de ceder a él, ello produciría una ruptura fatal
angustia de castración (temor y deseo) en relación con la madre en el desarrollo de su feminidad, al recaer en una elección ho-
arcaica, y, en consecuencia, se aparta del sexo opuesto; en mosexual de objeto. Al preguntársele a una chica de catorce
contraste con ello la niña se defiende del impulso regresivo ha- años por qué necesitaba tener diez novios al mismo tiempo, res-
cia la madre preedipica mediante un vuelco vigoroso y decisivo pondió con un gesto de virtuosa indignación: "Tengo que obrar
a la heterosexualidad. No puede decirse que en este rolla pre- así. Si no tuviera tantos novios, ellos dirían que soy una les-
adolescente sea "femenina", ya que en el juego del seudoamor biana". El "ellos" de esta declaración incluye la proyección de
ella es, palpablemente la agresora y la seductora; en verdad, las mociones pulsionales que la muchacha se empeña tan vehe-
el carácter fálico de su sexualidad cobra prominencia en esta mentemente en contradecir mediante su efusiva y provocativa
etapa y durante un breve periodo le otorga un inusual senti- conducta.
miento de suficiencia y compleción. El hecho de que entre los La quiebra producida en el desarrollo emocional progresivo
once y los trece años las niñas sean, en promedia., más altas que de la niña por el advenimiento de la pubertad constituye una
los varones no hace sino acentuar esta situación. Benedek amenaza más seria a la integración de la personalidad en su ca-
(1956) menciona los descubrimientos realizados en materia en- so que en el del varón. El siguiente fragmento de un historial
docrinológica: "Antes de que madure la función procreadora Y clínico ilustra el típico colapso de la organización pulsional -de
se instale la ovulación con relativa regularidad, domina la fase la muchacha preadolescente mediante el comportamiento de-
del estrógeno, como para facilitar las tareas propias del de- lictivo, y pone de relieve la crucial tarea emocional que la ni-
sarrollo adolescente, vale decir, para establecer relaciones ña debe cumplir normalmente en esta etapa para poder avan-
emocionales con el sexo masculino" (pág. 411). Helene Deutsch zar hacia la adolescencia propiamente dicha.
(1944) se ha referido a la "prepubertad" de las ~iñas .como."~
período de mayor libertad respecto de la sexualidad m~antil .
Otro ejemplo
Este estado va acompañado normalmente de un vigoroso
"vuelco a la realidad" (Deutsch) que, a mi juicio, contrarresta N anc¡, una chica de trece años, era una "delincuente
el resurgimiento de la organización pulsional infantil. sexual" . Mantenía relaciones sexuales en forma indiscrimina-
El conflicto específico de la fase de la preadolescencia en la da con muchachos adolescentes, y atormentaba a su madre con
mujer revela particularmente bien su naturaleza defensiva en el relato de sus hazañas. Culpaba a esta última de su infelici-
aquellos casos en que no se ha mantenido un desarrollo pro¡p-e- dad; desde la infancia había experimentado sentimientos de so-
sivo. Las mujeres delincuentes, por ejemplo, ofrecen una ms- ledad. Nancy creía que su madre nunca la había querido tener
tructiva oportunidad para estudiar la organización. pu~sional como hija, y que las incesantes exigencias que le planteaba
preadolescente de la niña. Ya he citado la puntualiZación de eran ilógicas. Nancy estaba obsesionada por su deseo de tener
Deutsch en cuanto a que "para las muchachas prepúberes, el un bebé; todas sus fantasías sexuales apuntaban al tema de la
vinculo con la madre representa un peligro mayor que el vin- "madre-bebé" y, básicamente, a una abrumadora voracidad
culo con el padre". En el comportamiento delictivo femenino, oral. En uno de sus sueños, mantenía relaciones sexuales con
que en lineas generales constjtuye un acting out sex~~· la fija- varios adolescentes, y luego concebía 365 hijos, uno por cada
ción a la madre preedípica desempeña un papel deciSIVO (véase día del año, de uno de ellos, ·a quien mataba de un tiro tras
el capítulo 11). De hecho, los actos delic~ivos so~ a menudo lograrlo.
precipitados por el fuerte impulso regr~Ivo ~acia la ";ladr.e Su actuación sexual cesó por completo tan pronto se hizo
preedípica y el pánico que crea esa capitulación. En mi opi- amiga de una joven y promiscua mujer casada de 22 años, que
nión, el vuelco de la niña hacia la actuación heterosexual, que tenía tres hijos y estaba nuevamente embarazada. En la amis-
a primera vista parece representar el recrudecimiento d~ de- tad con esta novia-madre, Nancy encontró gratificación para
seos edípicos, ante un examen atento muestra estar relaciOna- sus necesidades orales y maternales, al par que era protegida
do con puntos de tijación anteriores, pertenecientes a las fases contra su capitulación homosexual. Hacía el papel de madre de
pregenitales del desarrollo libidinal: se vivenció una frustra- los hijos de su amiga, los cuidaba con devoción mientras esta
ción excesiva, una estimulación excesiva, o ambas cosas. La callejeaba. A los quince años, Nancy emergió de esta amistad
seudoheterosexualidad de la muchacha delincuente actúa co- convertida en una persona narcisista, bastante pundonorosa; le
mo defensa frente al impulso regresivo hacia la madre preedi-
pica Y si se resiste tan desesperadamente a este impulso, es 2 Se informa con mayor extensión sobre este caso en el capítulo 11.

.,
94 95
interesaba la actuación teatral y asistía a una escuela de teatro.
K., amor que antes fue conciente, sino que también debía ocul-
No consiguió avanzar hasta el hallazgo de objeto heterosex~al.
tar el amor por la señora K., inconciente en un sentido más
En el desarrollo normal de la mujer, la fase de la organiZa- profundo" (pág. 62).
ción pulsional preadolescente está domi~ada por la defensa
contra la madre preedípica; esto se refleJa en los nu~~rosos Es corriente observar que en la adolescencia los impulsos
conflictos que surgen en este período entre madre e hiJa. El edípicos se hacen notar más que las fijaciones preedípicas, las
cuales son a menudo, en verdad, de más profundo alcance pa-
progreso hasta la adolescencia propi~mente dicha est~ signado
tógeno. En el caso de Dora, se puso término al análisis "antes
por el surgimiento de impuls~s ed.ípJCos qu~ al comi~nzo son de que se pudiera arrojar luz alguna sobre este aspecto de su vi-
desplazados, y por último extmgmdos, mediante un nroceso
da anímica". El adolescente nos hace saber una y otra vez que
irreversible de desplazamiento" al que Anny Katan (1951) con
mucha propiedad denominó "remoción del objeto". Esta fase necesita en forma desesperada asentai'se en el nivel edípico
-tener una orientación apropiada a su sexq- antes de que las
del desarrollo adolescente queda fuera de los alcances de la
fijaciones previas puedan tornarse accesibles a la investigación
presente comunicación.
analítica. Parece pertinente., en este sentido, la referencia a un
paciente que se hallaba en los comienzos de la adolescencia, un
muchacho pasivo que durante tres años de análisis (entre sus
once y trece años) mantuvo pertinazmente la fantasía de que su
El caso de "Dora"3 padre, un hombre tímido y apocado, era la figura fuerte e im-
portante dentro de la familia. El "padre poderoso", imagen
Una vez definida la organización pulsional preadolescente ilusoria de su imaginación, le servía como defensa contra la an-
en términos de posiciones preedípicas, quiero ahora vincular gustia de castración preedípica. Este chico nunca se permitía
mis puntualizaciones con el primer análisis de una ,mu~h~ch.a criticar al analista, cuestionar o poner en duda lo que este de-
adolescente, el de "Dora" (Freud, 1905a). Esta tema dieciSéis cía: su analista siempre tenía razón. Ni siquiera se atrevía a mi-
años cuando acudió por primera vez al consultorio de Freud, y rar la hora por temor a que se ofendiera. A la postre, el análisis
dieciochocuando inició el tratamiento con él. Una vez trazado de la trasferencia sacó a la luz su temor a las represalias del
en su libro el cuadro clínico, Freud introduce un elemento.que, analista y al daño que este podría causarle. El análisis de la an-
según él mismo confiesa, "no podrá menos que enturbiar y gustia de castración ~brió el camino finalmente a las angustias,
borrar la belleza y la poesía del conflicto que podemos suponer mucho más perturbadoras, vinculadas con la madre preedípi-
en Dora. [ ... ] Tras el itinerario de pensamientos hiperval~ntes ca. La reelaboración de estas tempranas fijaciones dio por re-
que la hacían ocuparse de la relación de su padre con la senora sultado una evaluación realista -aunque decepcionante- del
K. se escondía, en efecto, una moción de celos cuyo objeto era padre. El mantenimiento de una "situación edípica ilusoria"
esa mujer; vale decir, una moción que sólo podía basa~se en parece enmascarar una fuerte fijación preedípica.
una inclinación hacia el mismo sexo" (págs. 59-60). Podnamos
parafrasear la última parte dici~ndo: "que ~ólo podía b~~rse
en una inclinación de la niña hacia su madre . Leemos fascma-
dos el relato que hace Freud de la relación de Dora con su go-
Conclusiones
bernanta, con su prima y con la señora K. Apunta..Freud qu.e
esta última relación tuvo "mayor efecto patógeno que la SI- En esta breve comunicación me he centrado en la organiza-
tuación edípica, que ella "trató de usar como pantall.a" ~ar.a ción pulsional de la preadolescencia, a partir de la cual el
ocultar un trauma más profundo vinculado co~ su amiga m~I­ derrotero conduce a alteraciones en dicha organización que
ma la señora K. quien "la había sacrificado sm reparos a fm arraigan cada vez más firmemente en la innovación biológica
de ~o verse pert~rbada en su relación con el pa?r~ de ?ora" de la pubertad: el establecimiento del placer del orgasmo. Esta
(pág. 62). En sus conclusiones finales, Freud c~ntmua senalan- innovación biológica requiere un ordenamiento jerárquico de
do que "el hipervalente itinerario de pensamientos de Do~a, las numerosas posiciones infantiles residuales que, por razones
que la hacía ocuparse de las relaciones de su padre con la se~o­ individuales, han permanecido investidas y presionan para su
ra K., no estaba destinado sólo a sofocar el amor por el senor continua expresión y gratificación. Tal ordenamiento da por
resultado, en definitiva, una pauta sumamente personal de
3 Se hallará un examen más amplio del caso de "Dora" en el capítulo 19. placer previo. El concomitante desarrollo yoico parte, como

96 97
siempre, de la organización pulsional existente y de su interac- 7. La etapa inicial de la
ción con el ambiente. En consecuencia, podemos observar que
en la adolescencia priva asimismo la tendencia hacia un o~de­ adolescencia en el varón*
namiento jerárquico de la organización yoica; en verdad,_ SI es-
te no se produce, sobrevendrá en el individuo una carencia ge-
neral de propósitos y de recursos propios, que. en mu.cho~ casos
impide adaptarse a un trabajo estable. Es mi expenencia que
en estos casos hay que prestar cuidadosa atención a 1~ patología
de la organización pulsional, lo cual pu~de requ~nr un largo Antes de abordar el tema de este capítulo, delimitaré las di-
período de indagación clínica y de trabaJo analítico. mensiones conceptuales dentro de las cuales formularé mis ob-
Abandonaré aquí esta idea, antes de que me haga desb~rdar servaciones. Esta introducción parece conveniente, porque ella
los limites del presente capítulo. Si he enfocado un pequeno _as- me librará de tener que hacer referencia constante a nociones
pecto del problema total de la psicología adolesce~te, ha sid? moderadoras de los problemas que habré de examinar, y en-
en la creencia de que, a su turno, las grandes cuesti?nes Y aspi- cuadrará a estos desde el vamos dentro del contexto de una
raciones de la adolescencia serán mejor comprendidas. De~de perspectiva amplia. Debo declarar desde ya que concibo a "in-
la época de los "Tres ensayos" (Freud, 19~5b), la intelecc1ó~ dividuo" y "ambiente" como abstracciones operativas comple-
psicoanalítica de esta etapa de la vida creció en forma sostem- mentarias, cuya influencia recíproca constituye un proceso
da. No obstante; aún merecen repetirse las palabras d~ Freud continuo (véase el capítulo 5). Por lo general se describe, en
en la sección de ese trabajo titulada "Las metamorfos~s de la puntos de intersección decisivos, uno u otro sector del proceso
pubertad": "Vemos con toda claridad el punto de partlda_y_la total, o sea, ora el "hombre social", ora el "hombre instintivo".
meta final del curso de desarrollo que acabamos de descnbu. La mejor forma de estudiar el proceso total es hacerlo en térmi-
Las transiciones mediadoras nos resultan todavía oscuras en nos de sistemas de interacción o de procesos proyectivos-
muchos aspectos; tendremos que dejar subsistir e~ ellas más de introyectivos documentables, por decirlo así, dentro del yo, o,
un enigma" (pág. 208). Hoy, con la misma urgencia que enton- más concretamente, dentro del mundo yoico de representa-
ces, lo que clama por nuestra atención es el problema de las ciones del objeto y del self.
"transiciones mediadoras". En su acepción más amplia, considero la adolescencia como
un segundo proceso de individuación (véase el capítulo 8); el
primero se ha completado hacia el final del tercer año de vi-
da con el logro de la constancia objetal. Lo que Mahler (1963)
denomina, para la infancia, el proceso psicológico de "salir del
cascarón" pasa a ser, en la adolescencia, el emerger desde la fa-
milia hacia el mundo adulto, hacia la sociedad global. Hasta el
término de la adolescencia las representaciones del self y del
objeto no adquieren límites definidos. En ese punto, se tornan
resistentes a los desplazamientos de investiduras, con lo cual
logra establecerse la constancia de la autoestima, así como me-
canismos reguladores internos de control para su manteni-
miento o recuperación Gacobson, 1964). La individuación ado-
lescente puede describirse, asimismo, como un desasimiento
progresivo de los objetos de amor primarios, o sea, de las figu-
ras parentales infantiles o sus sustitutos (A. Freud, 1958). La
individuación adolescente abre el camino a las relaciones obje-
tales adultas. No obstante, este avance sólo es una victoria
pírrica si no se lo complementa mediante el surgimiento de un

• Publicado oriltinalmente en The Pst¡choanalytic Study of the Child, vol. 20?


págs. 145-64, Nueva York: International Universities Press, 1965.

99
98
•.. f:•,
rol social peculiar, un sentido de finalidad y adecuación; que Antes de presentar el material básico sobre la adolescencia
en-su conjunto aseguran un firme arraigo en la comunidad masculina, debo adelantar una vislumbre. Si bien las manifes-
humana. taciones agresivas constituyen uno de los aspectos más destaca~
El hallazgo de nuevas identificaciones, lealtades y relaciones dos y eminentes del comportamiento del varón adolescente,
íntimas fuera de los habituares vínculos de dependencia fami- ellas no han sido satisfactoriamente situadas en relación con el
liares impregna todo el curso progresivo del desarrollo adoles- proceso adolescente o con la reestructuración psíquica. El estu-
cente, pero es más apremiante en la etapa final de la adolescen- dio de la fa;e inicial de la adolescencia masculina echa luz
cia -que, en verdad, es definida por esos logros piecisamen- sobre los destinos de la pulsión de agresión elucidando un par-
te-. Asistimos a una extraordinaria gama de acomodamiento~ ticular componente de esta. Dicho componente, la agresión fá-
idiosincrásicos dentro de los ámbitos de la maduración, la lica o sadismo fálico, se recorta con gran claridad en la preado-
estructuración y la adaptación. El enfoque intercultural del es- lescencia, cuando la fase genital vuelve a afirmarse tras su tem-
tudio de la adolescencia, así como las investigaciones sobre su poraria declinación durante el período intermedfo, el de la la-
morfología histórica, nos han aleccionado acerca de la enorme tencia. Tal declinación es más aparente que real, pues obedece
plasticidad de las organizaciones pulsionales y yoicas en esta al influjo de la expansión del yo, que torna comparativamente
etapa, junto con la formación y apuntalamiento de los roles e menos prominentes y dominantes las influenpias del ello en
instituciones sociales. esta edad.
Como puntualización final de esta introducción, quiero se-
ñalar que la adolescencia se compone de fases de desarrollo de-
finidas que no están tan estrictamente determinadas, en cuan-
to al tiempo, como las de la niñez temprana; no obstante, am- Preadolescencia en el varón
bos períodos de desarrollo tienen en común una pauta secuen-
cial de fases distintas entre sí. Cada una de las fases de la ado- Partamos de los comienzos de la adolescencia y dirijamos
lescencia puede describirse según tres parámetros: 1) las modi- nuestra atención a la fase de la preadolescencia en el varón. Lo
ficaciones pulsionales y yoicas típicas; 2) un conflicto integral más notable que se observa en él es su decidido apartamiento
que debe ser resuelto, y 3) una tarea de desarrollo que debe del sexo opuest~ tan pronto como los primeros impulsos pube-
cumplirse (:alos, 1962; Deutsch, 1944). En otras palabras, cada rales incrementan la presión pulsional y trastruecan el
fase debe hacer su singular aporte al desarrollo de la personali- equilibrio entre yo y ello prevaleciente durante el período de
dad; en caso contrario, el proceso adolescente se descarría. La latencia. Las gratificaciones de la libido de objeto parecen blo-
des.viación así iniciada en el curso del desarrollo puede com- queadas, y, de hecho, a menudo son resistidas con violencia.
prenderse en función de los puntos de fijación adolescentes. La pulsión agresiva se vuelve predominante y halla expresión
La orientación bisexual, tolerada dentro de ciertos límites ya sea en la fantasía, la actividad lúdica, el acting out o la con-
durante la niñez, llega a su fin con el advenimiento de la pu- ducta delictiva.
bertad, o sea, con la maduración sexual. Sería más exacto decir Ustedes reconocerán de inmediato a esta clase de chico si les
que es tarea de la adolescencia tornar inocuas las proclivida- recuerdo las numerosas sesiones en cuyo trascurso él dibujaba
des bisexuales a través de los. acomodamientos pulsionales y o personificaba batallas y bombardeos, acompañando sus ata-
yoicos, que alcanzan su forma definitiva en el período de con- ques con un cañoneo de ruidos onomatopéyicos repetidos hasta
solidación de la fase terminal de la adolescencia -la adoles- el infinito. Es el niño que ama los dispositivos y artefactos me-
cencia tardía-. El desarrollo progresivo del varón y el de la cánicos; inquieto y saltarín, suele estar ansioso por expresar su
niña adolescentes no son idénticos ni paralelos, pero ambos queja respecto de lo injusta que es su maestra, quien se ha pro-
implican la aguda diferenciación de las cualidades que aso- .puesto -nos asegura- acabar con él. En su conducta, len-
ciamos con "ser un hombre" o "ser una mujer". Aun cuando guaje y fantasías es fácil comprobar el resurgimiento de la pre-
ciertos roles sociales contribuyen al sentido del self y trascien- genitalidad. Un chico de once años que había iniciado su análi-
den el sexo, todo análisis revela que el fundamento del sentido sis a los diez ilustró muy bien este proceso al decir: "Ahora mi
de identidad se encuentra en la claridad con que se refleja en el palabra favorita es «mierda». Cuanto más crezco, más sucio
self la identidad sexual. Durante la adolescencia se hace un me vuelvo".
aporte primordial para e5ta .conformación -en verdad, el La conducta descrita apenas logra ocultar el permanente te-
aporte final y decisivo- (Blos, -1962; Greenacre, 1958). mor a la pasividad. Objeto de este temor es la madre arcaic:a,

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..
·;
la activa (domesticadora) y preedípica madre que ha servido mis padres me querían mucho. Por supuesto. Pero cuando des-
de arquetipo a las brujas del folklore. El temor gira en torno al perté a la vida conciente ya me.habían amado dur~~t~ tanto
sometimiento a esa madre arcaica, y los salvajes impulsos agre- tiempo que mi amor recién nacido no tenía ya posibihdades.
sivos apuntan a la avasalladora y ominosa mujer gigante. En el Comenzó, pero nunca pudo ponerse a la par. Vinieron más tar-
nivel genital de la prepubertad, esta constelación se vivencia de mis hermanas, una tras otra. También a ellas se las amó des-
como angustia de castración en relación con la mujer, la madre de que nacieron, y lo lógico sería que se hubieran quedado a la
preedípica. El pene erecto investido de impulsos agresivos evo- zaga como yo, pero las chicas son diferentes; mis hermanas pa-
ca, en esta etapa, el temor de que la destrucción alcance una recen haber nacido amando, y no sólo amadas. Sea como
intensidad incontrolable. En el papel contrafóbico de los acci- fuere, lo cierto es que mi primera hermana, aunque era menor
dentes y acciones físicas temerarias suele verse un claro esfuer- que yo, me amó (por lo que recuerdo) mucho antes de que ~.o
zo de apaciguar el temor a la castración: "Nada me acontecerá, siquiera advirtiese su presencia; y nunca ol~idaré la ~e~plejl­
saldré ileso". Es sorprendente notar cuán poco de este temor se dad y humillación que me produjo descubnr s':~ sentimient~s
_vincula en esta fase con el padre; de hecho, la relación del niño hacia mí. Se había ido cierta vez a Stockton, a vlSltar a la fami-
con él suele ser llamativamente buena y positiva. Aunque no lia del coronel Carter, y a la semana sentía tanta nostalgia de
haya entre ambos gran intímidad ni afinidad, por·lo común mí que mi padre y mi madre tuvieron que tomarme consigo e
tampoco hay temor, competitividad ni hostilidad. · ir a buscarla. Ese era el propósito de ellos; el mío era ver al
En 1963, en una clínica psiquiátrica infantil de Suecia, me gran conductor de la caravana en que mi padre había cruzado
mostraron -en términos descriptivos (o sea, estadísticos) y en las praderas, y hablar con él sobre cuestiones de ga~ado.
L modo alguno dinámicos- que los chicos de once a trece años Pueden ustedes imaginar cómo me sentí cuando, al subu los
l
1 presentan predominantemente problemas de agresión contra peldaños que conducían a la casa, se abrió la puerta principal Y
su madre, en tanto que en los de catorce a diecisiete esa agre- mi pequeña hermana salió corriendo, ~e arrojó los b~azos al
sión se desplaza al padre. Esta observación concuerda bien con cuello y gritó -de verdad, gritó- mientras las lágnmas le
mis formulaciones teóricas, basadas en una muestra compara- caían por las mejillas: «¡Mi Len, mi Len!».
tivamente pequeña de varones adolescentes. El niño preadoles- "Yo no tuve más remedio que aguantarlo, pero, ¿qué pensa-
cente percib.e a su padre (a quien a menudo ha engrandecido) o rían el coronel Carter y sus hijos?" [pág. 77].
a otros hombres como aliados más que como rivales. Suele ha-
ber una llamativa discrepancia entre la flaqueza del padre y la Las abundantes acciones y fantasías sádicas de la preadoles-
imagen que el hijo tiene de él. Sólo después de que esa idealiza- cencia son elocuentes ecos de las luchas sadomasoquistas infan-
,,
'{
ción defensiva del padre se ha desmoronado llegamos a adver- tiles en que normalmente se traban la madre y el hijo durante
tir que el hijo extraía un enorme confortamiento, frente a la las fases pregenitales del aprendizaje del control corporal.
angustia de castración, de un padre en apariencia fuerte al que Cuando el niño entra en la preadolescencia, por lo común asis-
nadie había debilitado, degradado o dominado -o sea, que no timos a una regresión a la pregenitalidad y a la efectivización
había sido castrado por la madre "bruja"-. de sus modalidades en el nivel genital.· Es en virtud de este
El varón preadolescente no tiene cabida para los sentimenta- hecho que en esta fase la delincuencia amenaza con tornarse
lismos femeninos; preferiría rporir antes que someter sus senti- virulenta; que ello sea una desviación pasajera.o permanent.e
mientos (y por ende su self corporal) a las trampas y tretas del depende, ante todo, de la proclividad al acting out. La condi-
cariño, la ternura y la amatividad de las mujeres. El es un ción previa para el acting out no ha de hallarse en la adoles-
hombre entre los hombres. Lincoln Steffens (1931) nos ha deja- cencia; ella está ligada a una separación incompleta entr~ el
do un delicioso relato de esta etapa de la vida de un niño: niño y el objeto que satisface su necesidad, el cual es postenor-
mente remplazado, en el comportamiento delictivo, por el
"Uno de los males que sufren los varones es que son amados siempre accesible ambiente como objeto parcial que alivia
antes de amar. Reciben tan temprana y generosam,ente el afec- tensiones.
to y la devoción de sus madres, hermanas y maestras que no· De manera conciente o inconciente, la niña se le aparece al
aprenden a amar; y así es que cuando crecen y se convierten en varón preadolescente como la encarnación del mal; a sus ojos,
amantes y en maridos se vengan en sus novias y esposas. Como ella es maliciosa, perversa, traicionera, posesiva, o directa-
1 nunca tuvieron que amar, no pueden hacerlo: no saben cómo mente de naturaleza criminal. En los relatos de los niños de es-
se hace. Yo, por ejemplo, fui criado en una atmósfera de amor; ta edad, el tema de la mujer ruin y peligrosa está entramado

1
...
,
••
102 103
con tal realismo a la recapitulación de los hechos cotidianos
que a menudo es difícil discernir la verdad de la ficción.l La
tendencia del varón preadolescente a dar crédito su vivencüt
interior soldándola a su percepción no puede ser relegada, me-
ramente, a una defensa proyectiva. Desde luego, no hay duda
a 1 nivel hará que las posteriores relaciones objetales del niño con
la mujer sean pasivas, inmaduras y frustrantes.
Hay en esta fantasía elementos típicos, que en el análisis de
adolescentes mayores a menudo he llegado a discernir como
una fijación a la fase preadolescente. En un caso de esta índole,
alguna de que la índole con frecuencia delirante de su percep- un estudiante universitario relató dos fantasías que había teni-
ción da testimonio de este mecanismo. Al mismo tiempo, hay do alternadamente desde su temprana pubertad: 1) ser golpe-
que reconocer un empeño adaptativo por llegar a una conci- ado en los genitales por una mujer mayor, que permanece ves-
liación con las angustias o fantasías infantiles manteniéndolas tida mientras que él está desnudo, y se sienta a su lado en tanto
ligadas a la realidad, para que sea posible verificarlas y domi- que él yace acostado; 2) ser amado, admirado y engrandecido
narlas. En sí mismo, este hecho presenta un obstáculo para el por una chica muy hermosa e inteligente, de firmes y protube-
1
tratamiento, porque obra en contra de la posibilidad de acce- rantes senos. La idea de hallarse en compañía de una diosa así
'i,
der a las fantasías, así como de la toma de conciencia de los (la madre arcaica) lo hacía sentirse débil y pequeño ("una na-
afectos (sobre todo si estos son de naturaleza infantil, depen- da"); literalmente temblaba de miedo. Compartiendo el gran-
diente o pasiva). Esta situación ha llevado a muchos terapeutas dor de una muchacha inalcanzable, el paciente esperaba res-
a asumir un rol directo y activo en el tratamiento, apartándose taurar el sentimiento infantil de compleción, poder y seguri-
por necesidad del modelo psicoanalítico de terapia. Hemos lle- dad que había tenido antaño cuando era parte de su madre. En
gado a aceptar que las modificaciones de la técnica terapéutica estos casos, la angustia de castración en relación con la madre
para el caso de los adolescentes se basan en "las condiciones de arcaica se vuelve absorbente en un grado tal que impide toda
trabajo disponibles", dictadas a su vez por la constelación di- disolución del complejo de Edipo.2 El resultado de este impase,
námica de esta etapa del desarrollo. que yo designo como una fijación preadolescente, se torna evi-
Un niño reveló en momentos sucesivos de su análisis una bien dente en una orientación homosexual (latente o manifiesta)
oculta fantasía,.que guardaba más o menos desde los cinco que habitualmente se afianza en la etapa terminal de la adoles-
años y a los once volvió a utilizar para despertar su excitación cencia y se vuelve más o menos conciente. La patología pul-
genital. No declaró la concomitante excitación sexual sino dos sional impregna poco a poco las funciones yoicas, y prevalece
años más tarde, cuando corrigió de manera espontánea su an- una situación de fracaso o insatisfacción. Este resultado hace
terior desmentida. La fantasía era esta: "Siempre pensé que a que muchos de estos casos nos sean traídos a consulta. No obs-
las chicas se les daba cuerda con una llave que llevaban adheri- tante, como una advertencia contra generalizaciones dema-
da al costado de sus muslos. Cuando les daban cuerda se vol- siado amplias, debe tenerse presente el hecho rea. de que la
vían muy altas; en proporción, los chicos eran de unos dos cen- terapia psicoanalítica atrae, en número preponderante, a
tímetros apenas. Estos chicuelos trepaban por las piernas de es- muchachos de tendencias pasivas. Por lo general, en tales casos
tas chicas altas, se metían por debajo de su pollera y se introdu- la pulsiÓn agresiva es inhibida, relegada a la fantasía, o desti-
cían en su ropa interior. Allí colgaban hamacas, no se veía de nada a la formación de síntoma.
dónde. Los chicos subían a las hamacas. A esto yo siempre lo Como siempre sucede en las crisis madurativas, cuando los
llamaba para mí mismo «montar a la chica»". Reconocemos en peligros alertan al yo para que tome medidas extraordinarias a
esta fantasía el abrumador grandor de la hembra, la madre fá- fin de asegurar continuidad a la integridad del organismo psí-
lica, que ha despojado al niño de su masculitlidad: él no tiene quico, el yo a su vez avanza en su dominio de la angustia y ad-
ninguna llave que lo haga alto. Vemos también la pasiva dicha quiere una mayor independencia respecto de su desvalimiento
con que se apoya en ella como su apéndice. Una fijación en este primitivo. Así pues, tras esta prolongada descripción de la or-
1 El varón preadolescente que se precipita a la actividad heterosexual no refu- ganización pulsional regresiva en la preadolescencia del varón,
ta esta formulación. En verdad, el análisis de niños preadolescentes (y, más a debo destacar que normalmente el yo emerge fortalecido de su
menudo aún, la reconstrucción de esta fase en casos de adolescentes varones de lucha con la madre arcaica. El crecimiento del yo se vuelve
mayor edad) revela el aspecto contrafóbico de tales relaciones heterosexuales
precoces, así como una sobrecompensación de tendencias pasivas. (Esta nota fue
2 A pesar de la importancia y persistencia del papel del estadio preedípico. el
agregada a·mediados de la década de 1970, cuando las costumbres de la época
progreso hacia la fase edípica siempre seguirá su curso. En todos los casos obser-
alentaban las tempranas relaciones sexuales y muchos observadores estimaban
vados hemos podido comprobar hasta qué punto está entretejida la relación
que se había producido un cambio revolucionario en la cronología del desarrollo
diádica infantil con 1:·.; constelaciones edípicas, debilitando y quitando \'Ígor
psicosexual adolescente.)
conflicti\'o al complejo de Edipo.

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particularmente notorio en el ámbito de la idoneidad social, en contraste con ello, la muchacha resiste con mucho mayor de-
las hazañas físicas en contiendas de equipo, en una competen- terminación el impulso regresivo hacia la madre preedípica.
cia de meta inhibida entre varones, en la conciencia de proba- Huye del sometimiento a la pasividad primordial volcándose a
das destrezas corporales que otorgan libertad de acción e in- un acting out heterosexual, que .en esta etapa debería ser lla-
ventiva e instan a practicar osados juegos; en suma: en la mado, con más propiedad, "mimoseo". Parecería que en el ca-
emancipación del cuerpo respecto del control, cuidado y pro-• so del varón la regresión a la pregenitalidad no es tan peligrosa
tección de los padres, en especial de la madre. A partir de estas para el desarrollo propio de su sexo, ni tan violentamente resis-
diversas fuentes el niño va adquiriendo el sentido de una total tida, como lo es en la mujer. La conducta regresiva del varón
potestad sobre su cuerpo, que nunca había experimen~ado en preadolescente es expuesta por él a la vista de todos; la niña, en
igual grado -salvo, quizá, cuando comenzó a caminar-. cambio, la mantiene envuelta en el secreto (p. ej., sus raterías
A fin de abordar un aspecto elusivo de la preadolescencia, en- negocios), detrás de bien guardadas puertas.
me embarcaré ahora en un tour de force. No es menester exten- En el varón púber, la excitación sexual se manifiesta en la
derse en cuanto a que la actividad delictiva durante la puber- activación de los genitales, la erección y el orgasmo con eyacu-
tad suele evidenciar una detención del desarrollo emocional o lación. En esta etapa, el orgasmo contiene la amenaza de un
una fijación en el nivel preadolescente. Esto es igualmente váli- estado de excitación psicomotriz incontrolada e incontrolable,
do para varones y mujeres. Ahora quisiera llamar la atención y enfrenta al yo con el peligro de que irrumpan impulsos agre-
de los lectores sobre un hecho clínico bien conocido por todos sivos primitivos. Hay indicios de una desmezcla de pulsiones.
los que trabajan con adolescentes: la observación de que entre Sea como fuere, observamos que el niño busca, con ingenio y
los varones la delincuencia se manifiesta primordialmente en persistencia, canales de descarga para su pulsión agresiva me-
una lucha agresiva con el mundo objetal y sus figuras de auto- diante el desplazamiento o la sustitución. No existe una si-
ridad representativas, en tanto que entre las mujeres suele tuación análoga en la muchacha delincuente, quien nunca ex-
incluir el acting out sexual (véase el capítulo 11).3 La universa- perimenta el orgasmo en sus relaciones sexuales regresivas (o
lidad de este hecho clínico es notable; en un viaje de estudios sea, en su "mimoseo"). Ella encuentra amplia salida para sus
realizado en 1963, me fue corroborada por todos los observa- impulsos agresivos en la conducta provocadora, seductora, vo-
dores. interesados en el fenómeno de la delincuencia desde luble y exigenJ:e que la caracteriza en general, y especialmente
Oslo, a través de todo el continente europeo, hasta Jerusalén. en su relación de pareja.
La explicación que más comúnmente se da afirma simplemente Para el varón, no hay ninguna modalidad pasiva de descar-
que este hecho clínico es resultado del doble patrón de conduc- ga somática de las pulsiones que concuerde con el funciona-
ta, o que se debe a la ausencia de toda protección jurídica de la miento masculino adecuado a su sexo. En los albores de la ado-
virginidad del varón; ambos argumentos constituyen una peti- lescencia, el falo sirve como órgano inespecífico de descarga de
ción de principio. Por cierto, no puede aducirse un razona- la tensión proveniente de cualquier fuente, y es investido en es-
miento análogo para tornar más inteligible otro hecho clínico ta fase con una energía agresiva que se refleja en fantasías sádi-
conexo, a saber, la relativa frecuencia, durante la adolescen- cas salvajemente agresivas. En los comienzos de la pubertad,
cia, del incesto entre padre e hija por contraste con la casi ine- las sensaciones genitales y la excitación sexual, incluido el or-
xistencia del incesto entre madre e hijo. gasmo, pueden provenir de cualquier estado afectivo (temor,
La observación nos fuerza a concluir que el varón delincuen- conmoción, ira, etc.) o ruda actividad motora (luchar cuerpo a
te posee mayor capacidad que la mujer delincuente para la ela- cuerpo, correr detrás de otros niños, trepar a la cuerda, etc.);
boración psicológica de su pulsión sexual. Por ende, en el caso con frecuencia las producen una combinación de ambas cosas.
del primero asistimos al remplazo de la exteriorización genital La pulsión agresiva o, más bien, sádica asociada al falo puede
directa por acciones simbólicas como comportamiento regula- inhibir su empleo heterosexual al suscitar una angustia por la
dor de la tensión. Atribuyo este repertorio mucho más diversi- represalia. Debe recordarse que en esta etapa del desarrollo
tificado de conducta delectiva en el varón a su mejor acceso a adolescente el genital masculino aún no se ha convertido en el
la pregenitalidad, o a su investidura regresiva de esta. En portador de las sensaciones específicas que forman parte de las
emociones interpersonales posambivalentes. Sólo a través de la
3 Los cambios habidos en los últimos veinticinco años en la conducta sexual,
las costumbres y la moral han conferido un valor diagnóstico y pronóstico total- participación gr~;tdual en una relación afectuosa y erótica (real
mente distinto al comportamiento sexual adolescente. Me he ocupado de esta o imaginaria) podrá domesticarse el componente agresivo
cuestión en mi "Posfacio" de 1976 al capítulo 11. de la pulsión sexual. Sólo entonces la meta libidinal, la preser-

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vación y protección del objeto de amor, apartará a la pulsión sexual se presenta en la modalidad del sadismo fálico. Este
agresiva de la persecución directa de su meta primitiva, y se tiene un aspecto positivo; reconocemos en él un empeño qué
obtendrá una gratificación mutua. Antes de alcanzar esta eta- nos es familiar desde etapas anteriores y que a menudo sólo ha
pa, empero, normalmente el varón elabora representaciones sido consumado de manera parcial: el empeño de lograr auto-

t
simbólicas de su pulsión sexual que de hecho envuelven expre- nomía con respecto a la zona erógena que ha adquirido predo-
siones tanto activas como pasivas de la gratificación instintiva. minio en una etapa particular del desarrollo psicosexual.
No es preciso que nos detengamos en el prominente papel que Cuando esta fase se atraviesa sin tropiezos, los conflictos, pro-
cumple el sadismo en esta edad; el comportamiento del varón pensiones pulsionales y empeños yoicos de la preadolescencia
preadolescente, así como el del joven delincuente, hacen que J ' apenas se evidencian borrosamente, pero toda vez que en la
aquel sea bien conocido. etapa inicial de la adolescencia del varón hay una falla en el
Los varones en los comienzos de su adolescencia revelan "de desarrollo reconocemos e11 todo ello fuentes de angustia especí-
continuo en las sesiones terapéuticas la proximidad emocional ficas de la fase.
de sus impulsos libidinales y agresivos, y pasan rápidamente
de unos a otros. Relataremos un incidente típico, que ilustrará
brevemente el pasaje abrupto de la preocupación sexual a la
aCtivación de fantasías agresivas destructivas. Chris, un niño El caso de Ralph
de trece años que se hallaba en psicoterapia por su conducta
exhibicionista y su inmadurez social, le estaba describiendo al Antes de pasar a la próxima fase del desarrollo adolescente,
terapeuta sus "sueños de mojadura" y sus teorías sexuales in- será útil quizás ejemplificar con datos clínicos nuestra concep-
fantiles -que habían sobrevivido por detrás de una fachada de tualización de la preadolescencia. Además de ilustrar la teoría,
conocimiento de los hechos reales-. Para él, en el coito "el la casuística sirve también como un conveniente puente de
hombre orina dentro de la vagina", y se aventuró a preguntar enlace con la fase posterior a la preadolescencia que aún forma
si las mujeres tenían en verdad testículos y un pene. En este parte de la etapa inicial de la adolescencia en el ~arón. .
punto, su creciente excitación quedó de pronto' envuelta en el Ralph, de doce años de edad, es un pendenc1er~, cr~mco.
silencio, hasta que estalló en una vívida descripción de una "Los líos me siguen a todas partes como una sombra , diCe de
nueva arma de fuego "que no desintegraría a la persona, pero sí. Se siente víctima: el mundo entero es injusto con él, todos se
quemaría sus ropas, su cuerpo y aun la dejaría ciega". Frenan- abusan de su benevolencia y lo ponen en dificultades acusá_n-
do sus fantasías agresivas, de manera abrupta pasó a sugerir dolo indebidamente de fechorías que jamás ha cometido. Es un
que los científicos deberían encaminar sus esfuerzos hacia obje- niño sensible que no puede tolerar la mínima crítica. Intimida
tivos pacíficos, como la invención de un aparato de rayos X que con ·sus bravatas a sus compañeros y controla a sus padres con
predijera inmediatamente después de la concepción si el bebé histriónicas exhibiciones de su talento. Tiene una sed insa-
sería varón o mujer. ciable de reconocimiento y de obtener poder sobre la gente. A
La violencia desenfrenada de los impulsos fálicos sádicos de lo largo de los años, se ha perfeccionado en dos roles sociales: el
esta fase puede investigarse mejor en adolescentes mayores que bromista fastidioso y el tramposo embustero. Recurre a ambos
están fijados al nivel preadolescente y continúan librando una de manera compulsiva e indiscriminada para lograr dominar .a
implacable batalla contra la madre (arcaica) preedípica. Por lo los demás y atraer sobre él· las candilejas. En la escuela consti-
común, descubrimos en tales casos fantasías de ira que elabo- tuye un grave problema de eonducta; es por entero indiferente
ran la agresión destructiva y mutiladora contra el cuerpo de la a los castigos o a la amabilidad con que lo traten. Sus tretas ex-
mujer cuya protección se desea y cuya dominación se teme. citan la ira de sus compañeros cuando se vuelven francamente
Desde el punto de vista diagnóstico, es importante que el clíni- sádicas. En una ocasión, sintió que el chico que estaba sentado
co determine hasta qué grado esos afectos, fantasías y actitudes· al lado suyo en el ómnibus no hacía caso de él, absorto e? la
derivan de las imagos maternales escindidas infantiles -la lectura de un periódico; entonces, para llamar su atención,
madre "buena" y la madre "mala"-, y por ende pertenecen a Ralph sacó un fósforo y prendió fuego a este último. Las bro-
la etapa preambivalente de las relaciones objetales. Por otro la- mas que les gasta a los maestros, en cambio, suelen contar con
do, hay que cerciorarse de la medida en que esa cólera es gené- 'la entusiasta aprobación de sus camaradas; por ejemplo, cierta
ticamente un. resto de sadismo oral y anal, que en la fase geni- vez, para evitar que el maestro les tomara una prueba que les
tal de la preadolesceocia y bajo el impacto de la maduración había anticipado, Ralph comenzó a hablar de un tema que, se-

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gún sabía, a aquel le interesaba en forma personal, y mediante
este ardid consiguió que pasara la hora.
A Ralph lo fascinan el fuego, los petardos y l(>S sangrientos
accidentes de tránsito en que alguna víctima queda destripada
1 nía ideas extravagantes, ideas que habían pasado a formar par-
te de la realidad del niño; y él ~e defendía contra su avasallado-
ra influencia, sus distorsiones de la realidad y sus temores mór-
bidos. Llegó a ver a su madre como la extraña, mentalmente
enferma, persona que en verdad era. El desenmascaramiento
o mutilada. Nunca -protesta- haría él la broma de "poner
p~~ardos en la boca de una rana o de quemarle la cola a un ga- de la madre-bruja facilitó la indagación de las distorsiones de
to . En las chanzas y bromas de Ralph es evidente su sadismo; la realidad en que el propio niño incurría, así como de los pe-
como lo es ~u temor de ser atacado, de sufrir un daño corporaly ligros catastróficos por los que se sentía rodeado en un mundo
de ser dommado o subyugado. Estos temores son especialmente hostil -el mundo de una imago materna destructiva, que no le
intensos en relación con su madre y sus maestras. Fantasea ven- ofrecía protección-
garse de las mujeres mediante torturas sádicas como arran~ Dos cambios se manifestaron en la terapia luego de recondu-
caries el cuero cabelludo o .hacerlas sangrar punzándoles las cir a su núcleo central el temor a la mujer (temor y deseo de
manos. En su presente combate por eliminar a la madre ar- castración): se volvió crítico respecto de su padre delincuente,
p
,¡ caica c~tradora a través de sus figuras sustitutivas, Ralph ha y se trasformó en un consumado mago profesional, llegando

convertido a su padre en un aliado insistiendo en que es un incluso a imprimir y distribuir tarjetas de propaganda y ac-
hombre fuerte e inteligente -lo cual, en verdad, no es cierto, y tuando en reuniones sociales a cambio de una remuneración.
de seguro n.o lo es a ojos de su esposa-. Ralph justifica las os- El bromista y tramposo se había socializado. El uso de sus ma-
curas maniobras comerciales de su padre (p. ej., la compra y nos cobró relieve, asimismo, al interesarse por la fabricación de
venta de artículos robados) diciendo que se trata de. notables joyas, en lo cual llegó a adquirir gran habilidad -ante el des-
muestras de astúcia y de coraje. La identificación con él ha dén de su padre, que quería que él "trabajase con el cerebro y
hecho de Ralph un delincuente que, verbigracia, fabricó con no con las manos"-. Venció este mandato paterno (que en su
extraordinaria habilidad un pase de ómnibus que no le corres- inconciente equivalía a la prohibición de masturbarse), pero
pondía. Este niño fue incapaz de contemplar en forma realista no logró éxito como artesano ni una verdadera satisfacción por
o crítica a su padre hasta que pudo resolver el conflicto con su sus realizaciones. Ralph condenó la corrupción moral de :m
madre preedípica; entonces, y sólo entonces, la delincuencia padre y los valores vulgares a que este adhería enfrentándolo
de Ralph pasó a ser prescindible y desapareció. airadamente én el pensamiento y la acción, y se sintió comple-
El abordaje terapéutico de este problema se centró en las tamente derrotado cuando aquel se mostró renuente a refor-
quejas de Ralph !lCerca de la integridad físicade su cuerpo. La marse y a vivir de acuerdo con el ideal de su hijo. A causa de
angustia de castración y la ambivalencia hacia la madre se ha- ello, Ralph comenzó a tener frecuentes depresiones y a viven-
bían organizado en torno de un trauma de la niñez temprana. ciar el rechazo de sus deseos por parte del padre como una he-
Ralph introdujo el trauma del daño corporal al referirse a una rida deliberada que este le infligía, y que le dejaba la sensa-
gran cicatriz que tenía en su bajo abdomen y sus muslos como ción de que lo menospreciaba, hacía caso omiso de él 1 no lo
consecuencia de una quemadura de tercer grado que había amaba.
sufrido cuando, contando él quince meses de edad lo habían Luego de cuatro años de terapia se hizo evidente que se ha-
dejado sobre un aparato de calefacción. Más tarde ~e compro- bía conseguido evitar una carrera delictiva y perversa, res-
bó que su relato de los hechos era correcto, aunque la madre no taurando en el niño su sentido de integridad corporal, redu-
recordaba todos los detalles. Ralph lo concluyó diciendo que ciendo en grado apreciable su temor a la mtijer y mantenjendo
tenía "un agujero en la pierna" causado por la quemadura, y vigente su desarrollo adolescente progresivo. No obstante, la
asegurando al terapeuta que "habían dejado que su piel se cha- desilusión respecto del padre seguía siendo para él una fuente
muscara sobre el calefactor". Ahora continuamente se cortaba de disforia y desaliento; el intento del hijo por convertir al
los dedos por accidente, o se arrancaba las costras de sus heri- padre a su modo de vida era un deseo inútil pero al que nunca
das cicatrizadas y las hacía sangrar de nuevo. En un arranque renunció, confiriendo así limitadas p,robabilidades a la pers-
de furia impotente increpó al terapeuta: "¿Dónde estaba mi pectiva de alcanzar la madurez emocional, o predestinándola
madre cuando yo me quemé?". Cuando finalmente reveló que al fracaso.
duranl:e su infancia ella le había prohibido comer azúcar para
que no se convirtiera en diabético, ya estaba preparada la esce-
na para familiarizar a Ralph con el hecho de que su madre te-

110 111
Adolescencia temprana existir y funcionar independientemente de un objeto amoroso
en el mundo exterior. Ralph procuró modelar a su padre para
Si se repasa este caso atendiendo a la secuencia de manifesta- hacer de este su compañero ideal en la vida real. Dicho de otro
ciones clínicas y a sus cambios, quedan pocas dudas de que la modo: no logró extraer suficiente libido narcisista de objet? del
investidura de la imago del "padre bueno" -el engrandeci- padre edípico, que le permitiera, a su vez, mantener un. Ideal
miepto del padre y el concomit~nte reflujo de la marea, la del yo impersonal. En consecuencia, el ideal del yo Jamás
lucha conflictiva con él- representa una típica operación de- quedó consolidado como institución psíquica (véase el capítulo
fensiva del varón preadolescente. El engrandecimiento del 15). Los ecos de este fracaso eran clara~ente visi~!es. en todos
padre atenúa la angustia de castración del niño en relación con sus empeños de reestructuración psfqmca. Una fiJa~Ión en la
la madre arcaica, y por ende apenas guarda semejanza con el adolescencia temprana es la causante del aspecto psiCopatoló-
complejo de Edipo positivo. En este contexto, puede hablarse gico específico que quedó irresuelto en el caso de Ralph.
de una defensa edípica, o, si se prefiere, de una formación El progreso terapéutico descrito es a menudo todo cuanto. la
seudoedípica. La defensa edípica del niño se observa clínica- terapia puede conseguir en esta etapa de ia adolescencia.
mente de dos maneras. Una está dada por la obstinada perseve- Cabría preguntar si es nuestro conocimiento de la teoría y de l.a
rancia de la posición edípica negativa, que, por su propia índo- técnica el que nos enf-renta con limitaciones similares a las evi-
le, entraña una idealización exagerada del padre y una genera- denciadas por el análisis de niños, o si estas limitaciones no for-
lizada actitud pasiva-femenina. La otra se manifiesta en la ex- marán acaso parte inherente del tratamiento cuando este .se ll?-
cesiva preocupación del adolescente por su virilidad, su posesi- va a cabo durante una fase de activo desarrollo. La expenenCia
vidad tierna o sensual de la madre (o de las mujeres en nos dice que una gran proporción de niños pone fin a sus aná-
general), que él verbaliza con demasiada locuacidad y a la que lisis luego de haber alcanzado considerables beneficios, pero
se aferra como defensa contra la regresión a la pregenitalidad y deben retomarlo en una edad más ávanzada (por ~o común en
a la imago materna arcaica y castradora. Sin embargo, he lle- la adolescencia tardía o la posadolescencia), cuando una nueva
a
gado darme cuenta de que el contenido sustancial de este oleada de insuperables dificultades- emocionales amenaza otra
conflicto no es la constelación edípica, pese a su similitud con vez sumir sus vidas. En los casos de adolescencia prolongada,
ese cuadro clínico. La confusión proviene de la conducta mani- la terapia misma se convierte en. una actividad de holding,
fiesta del muchacho: su admiración y envidia del padre y el pu~ represen'ta la promesa de que las fantasí~s narcisistas
aparente freno que pone a su amor posesivo por la madre edípi- pueden tornarse realidad merced a la acción mág¡ca del trata-
ca. Toda vez que la terapia yerra la esencia de este conflicto se miento vale decir, merced a la benévola voluntad de los pro-
encuentra en un callejón sin salida. En el caso de Ralph vimos genitor~ (véase el capítulo 3). El estancamiento a que llegó el
que, con la resolución del conflicto vinculado a la madre ar- desarrollo adolescenté de Ralph requerirá, sin duda alguna,
caica, se hizo evidente un progreso en dirección al padre edípi- que retome el tratamiento más adelante. A ~i juicio, ese mo-
co. Este avance en el desarrollo psicosexual está signado por el mento llegará cuando sus fracasos en la ~elación con .ambos se-
abandono de la madre fálica y el ascendiente que cobra la xos así como las frustraciones y la vacmdad de su VIda profe-
madre femenina. La envidia de esta y la identificación con ella sio~al y social, movilicen una crisis de gravedad mayor que la
son típicas de una etapa de transición, al final de la preadoles- usual en la adolescencia tardía o poco después de esta. La tera-
cencia. Es muy probable que este aspecto del desarrollo pre- pia realizada en la fase inicial de la adolescencia de Ralph ~vi­
adolescente precipite en esta fase la elaboración conflictiva del tará que este recaiga en el acting out; además, se ha estab~ectdo
complejo de Edipo negativo. El derrotero de la constelación una condición para la interiorización que, por así decir, ha
pulsional pasiva conduce al conflicto central de la adolescen- sentado un promisorio fundamento para la continuación futu-
cia temprana en el varón. Pasaremos a ocuparnos ahora de los ra de la labor terapéutica. .
destinos de las pulsiones y del yo característicos de esta fase. Ya estamos en condiciones de ocuparnos de la adolescencia
En el punto de viraje hacia la adolescencia temprana, el de- temprana, que se inicia en el plano pulsional por c~ertos cam-
sarrollo progresivo de Ralph llegó a un impase, a causa de su bios característicos (Blos, 1962). Uno de ellos consiste en que
imposibilidad de mantener la discordia con el padre y su extra-- del acrecentamiento pulsional meramente cuantitativo propio
ñamiento respecto de este en el plano de un método de vida y de la preado~escencia se pasa al.s~rgimiento de una ~ueva vida
de acción que abarcase las ideas, la moral, las actitudes y lavo- pulsional, cualitativamente diStmta. Se torna evidente u~
cación. Era incapaz de forjarse un ideal del yo que pudíera abandono de la posición regresiva preadolescente. La pregem-

.,
112 113
talidad pierde cada vez más, con frecuencia de manera lenta y
sólo gradual, su función saciadora; al quedar relegada -men-
tal y físicamente- a un papel subordinado o preliminar, da
origen a una nueva modalidad pulsional: el placer previo. Esta
1 conciliación con el padre como su objeto de amor edípico. En
mi labor analítica con varones adolescentes he hallado en esta
temática una permanente fuente de conflicto, que exige los
mayores esfuerzos a fin de- hacerla accesible al proceso tera-
mudanza de la organización pulsional eleva a la genitalidad, a péutico. Me inclino a opinar que el despliegue de la libido de
la postre, hasta un lugar preponderante. Tanto la organización objeto en el varón adolesceqte se topa con su primer (y a menu-
jerárquica de las pulsiones como su carácter definitivo e irre- do fatal) impase cuando la escena emocional está dominada
versible constituyen una innovación que influye de manera de- por e! recrudecimiento del apego pasivo al padre edípico. Des-
c~siva en el desarrollo yoico. El yo toma como señal indicativa, de luego, reconocemos de inmediato en la exacerbación excesi-
digamos así, las alteraciones en la organización pulsional y ela- va de esta difícil situación la resolución incompleta de la pre-
bora dentro de su propia estructura una organización jerár- adolescencia, que culmina en la resistencia contra la regresión
quica de funciones yoicas y de pautas defensivas. Volveré luego a la pasividad original. Si se siguiera la tendencia regresiva, se
sobre esto. - agravarían profundamente los conflictos y trabas que son as-
En la adolescencia temprana se inicia la prolongada tentati- pectos normales del desarrollo en la adolescencia temprana.
va de aflojar los primeros lazos objetales. No es sorprendente, El estudio de la adolescencia prueba con suma claridad que
entonces, ver que surgen una serie de difíciles situaciones vin- el dominio o resolución del complejo de Edipo positivo y nega-
culadas a las relaciones objetales, y, en verdad, una concentra- tivo no se logra por completo en la niñez temprana, sino que es
ción cada vez menor en estas transacciones. Suponemos que este tarea de la adolescencia, o sea, de la fase genital. El período de
proceso ha de seguir las líneas ontogenéticas de relaciones obje- latencia intermedio desempeña un importante papel económi-
tales con que ya nos encontramos en la preadolescencia, cuan- co, que es decisivo para el resultado. El enorme aumento de su
do la ambivalencia del niño respecto de la madre preedípica expansión y autonomía que obtiene el yo durante ese período
era fuente de angustia y constituía el principal conflicto que proporciona los recursos estructurales esenciales para hacer
había que dominar. frente a la pubertad. Un período de latencia abortado impide
Por lo corriente, la maduración puberal fuerza al niño a el despliegue de la adolescencia y conlleva una reactivación
abandonar su autosuficiencia defensiva preadolescente y su in- violenta de la sexualidad infantil (perversiones). Es obvio que
vestidura pulsional pregenital. Advertimos que el avance de la estas tempranás modalidades pulsionales se manifiestan en el
libido de objeto conduce, en su forma inicial, a una elección de plano de la maduración puberal y buscan gratificación bajo la
objeto acorde con el modelo narcisista. La historia de las rela- égida de esos recursos yoicos adquiridos durante los años inter-
ciones objetales en cada individuo trae a la mente de inmediato medios del desarrollo.
aquel aspecto de la constelación edíp~ca que sufre la más pode- Para sintetizar: Luego de la posición regresiva de la preado-
rosa represión en el varón, a saber, su apego pasivo al padre, el lescencia en el varón, el avance de la libido de objeto lleva, en
complejo de Edipo negativo. La posición edípica del niño su primer paso, a la elección narcisista de objeto. No ha de
puede parafrasearse así: "Amo a aquel que es como yo quiero sorprender que esta elección quede dentro de los lí.~nites del
ser"; esta posición es remplazada qe manera gradual, y rara mismo sexo. La adolescencia temprana es la época de las amis-
vez completa, por esta otra alternativa: "Me convertiré en una tades teñidas de inequívocos matices eróticos, ora atenuados,
persona igual a aquella que envidio y admiro". Este paso de- ora vivenciados más o merros concientemente. La masturba-
semboca en la disolución del complejo de Edipo positivo y con- ción mutua, la práctica temporaria de la homosexualidad, las
solida a los precursores del superyó en la formación de este últi- recíprocas gratificaciones voyeurísticas, las trasgresiones o de-
mo como institución psíquica. Una vez que esta estructura ha litos compartidos, las idealizaciones, el arrobamiento y la exal-
sido completada, o al menos está en vías de serlo, el niño ingre- tación en presencia del amigo: he ahí experiencias en que se po-
sa en el período de latencia, sólo para volver a enfrentar, en las ne de manifiesto la elección narcisista de objeto. Por lo demás,
diversas fases de la adolescencia, la temática preedípica y edí- ellas suelen provocar una terminación súbita de la amistad to-
pica. Unicamente entonces, y de acuerdo con una cierta se- da vez que la intensidad de la moción pulsional genera el páni-
cuencia de reestructuración psíquica, se lleva a su disolución co homosexual o, más concretamente, moviliza deseos pasivos.
definitiva el complejo de Edipo. La fijación en esta fase nos es conocida por el análisis de varo-
Según mi experiencia, el desarrollo pulsional de la adoles- nes adolescentes mayores cuyas relaciones objetales se hallan
cencia temprana refleja el empeño del niño por llegar a una perturbadas, y que se "enamoran" (a menudo, sólo en una efí-
i
':

.,
114 115
mera fantasía) de cada uno de sus compañeros o de cada en la personalidad como perversión" (pág. 100). En otras pa-
hombre adulto cuyas facultades mentales o físicas envidian en labras, la perseverancia en la temprana posición adolescente
ese momento. Lo que aquí nos interesa es el curso que sigue es- impide el avance de la libido hacia el hallazgo de objeto hete-
te desarrollo, o sea, los acomodamientos pulsionales y yoicos rosexual. En tales circunstancias, nunca se alcanza la fase si-
que facilitan o impiden el desarrollo progresivo. guiente, la adolescencia propiamente dicha, aunque puedan
Sostengo que la fase de elección narcisista de objeto es fini- imitarse, siquiera por un tiempo, las formas sociales de una
quitada mediante un proceso de interiorización, dando lugar conducta propia de una posición más madura.
al surgimiento dentro del yo de una nueva institución: el ideal En la adolescencia temprana, la patología del ideal del yo
del yo. Tal como aquí lo concebimos, este es heredero del -prefigurada, sin duda, por condiciones antecedentes-llega
complejo de Edipo negativo. Las identificaciones transitorias a un estadio de especificidad dinámica. El caso de Ralph nos
de la adolescencia cumplen un papel primordial en conferirle ofreció una vislumbre. Dentro del cuadro clínico total, no
nuevo contenido y una dirección determinada. Desde luego, el siempre se pone cl~uamente de manifiesto el aspecto específico
ideal del yo puede reconocerse en estadios previos que se re- que procede del fracaso de la consolidación de esta instancia.
montan a la niñez temprana, pero su primer avance resuelto De hecho, según mi experiencia, es a menudo empañado y
hacia la consolidación como institución psíquica coincide con apartado de la vista por una maniobra seudoedípica, una pre-
la adolescencia temprana, o, más concretamente, con el fin de ocupación defensiva con la heterosexualidad, o la declarada
esta fase. Mientras ella se va diluyendo, la libido de objeto impaciencia por crecer y hacer cosas importantes en la vida.
narcisista y homosexual es absorbida y ligada (neutralizada) Puestas a prueba, esas aspiraciones con frecuencia se vienen al
en la formación del ideal del yo. De esta fuente deriva su ina- suelo como un castillo de naipes, según lo demuestra el caso de
1 ¡ gotable vitalidad y fortaleza. El sometimiento al ideal del yo Ralph. Atrapado en este impase, el adolescente busca en forma
1
-o más bien la afirmación de este- convierte a cualquier pa- desesperada un sentido a la vida, o al menos intenta (mental-
decimiento, aun la muerte voluntaria, en una opción inelu- mente o a través del acting out) mantener el resultado de este
dible. El establecimiento de dicha instancia atenúa el predomi- impase dentro de los confines de sus propias capacidades, su
nio del superyó, haciendo que el individuo confíe eri un princi- decisión y su arbitrio. Mi experiencia con casos de adolescencia
pio orientador tácitamente acorde con el yo, sin el cual la vida prolongada me ha enseñado que la crisis a que asistimos con
pierde dirección, continuidad y significado. Las trasgresiones tanta frecuenéia en la adolescencia tardía del varón enraíza en
contra una y otra institución son seguidas ora de culpa (super- postergaciones o resoluciones incompletas de las tareas evoluti-
yó), ora de vergüenza (ideal del yo). Cualquier discrepancia vas que cortesponden a la fase inicial de la adolescencia.
entre el ideal del yo y la representación del self se siente como Con esto llego al final de mi empeño por esbozar, dentro de
un menoscabo de la autoestima o provoca vergüenza, contra lo esa fase, los conflictos, tareas, así como fracasos en términos de
cual el sujeto se resguarda mediante defensas "paranoides", tí- organización pulsional y yoica, que le son inherentes. Si consi-
picas de los adolescentes en esta etapa Oacobson, 1964). El deramos estos fracasos y su catastrófico influjo en el desarrollo
· hecho de que el ideal del yo incluya no sólo un elemento indivi- como puntos de fijación, sus ecos se observan en la psicopatolo-
dual sino también un componente social, según señaló Freud gía de muchos varones en su adolescencia tardía o de muchos
(1914b), hace de él una instancia de control particularmente jóvenes incapaces de poner fin al proceso adoJescente. En la
apropiada para el proceso adolescente de desvinculación res- mayoría de los casos, advertimos la lucha que se ha librado en
pecto de las dependencias familiares. esa etapa inicial y comprobamos que ella contenía obstáculos
En mi estudio de la formación del ideal del yo durante la que probaron ser insuperables, constituyendo así una barrera
adolescencia temprana en el varón, y, en especial, de la patolo- permanente contra el desarrollo progresivo. Por consiguiente,
gía del ideal del yo, comprobé que la formulación que con' refe- el estudio de esta etapa permite comprender mejor los fracasos
rencia a esto hace Freud en el trabajo citado es fundamental evolutivos del varón adolescente, al par que arroja luz sobre un
para una comprensión de la adolescencia. Tengo presentes los problema más vasto: el de los destinos de la pulsión agresiva,
siguientes pasajes: "Grandes montos de una libido en esencia que por lo común cumple un prominente papel en el cuadro
homosexual fueron así convocados para la formación del ideal clínico del varón adolescente.
narcisista del yo, y en su conservación encuentran drenaje y sa-
tisfacción" (pág. 96). "Donde no se ha desarrollado un ideal
así, la aspiración sexual correspondiente ingresa inmodificada

116 117
'{.•,
. :•. .-J,•, •.
8. El segundo proceso de ríodos comparten la mayor vulnerabilidad de la organización
de la personalidad, así como la urgencia de que sobrevengan
individuación de la adolescencia* en la estructura psíquica cambios acordes con el impulso ma-
durativo. Por último, aunque·esto no es menos importante que
lo anterior, cualquiera de ellos que se malogre da lugar a una
determinada anomalía en el desarrollo (psicopatología) que
corporiza los respectivos fracasos en la individuación. Lo que
en la infancia significa "salir del cascarón de la membrana sim-
Los procesos biológicos del crecimiento y la diferenciación biótica para convertirse en un ser individual que camina por sí
en el curso de la pubertad producen cambios en la estructura y solo" (Mahler, 1963), en la adolescencia implica desprenderse
funcionamiento del organismo. Estos cambios tienen lugar se- de los lazos de dependencia familiares, aflojar los vínculos ob-
gún un orden de secuencia típico, llamado "maduración". jetales infantiles para pasar a integrar la sociedad global, o,
También los cambios psicológicos de la adolescencia siguen simplemente, el mundo de los adultos. En términos metapsico-
una pauta evolutiva, pero de distinto orden, ya que ellos ex- lógicos, diríamos que hasta el fin de la adolescencia las repre-
traen su contenido, estimulación, meta y dirección de una sentaciones del self y del objeto no adquieren estabilidad y lí-
compleja interacción de choques internos y externos. A la mites firmes, o sea, no se tornan resistentes a los desplazamien-
postre, lo que se observa son nuevos procesos de estabilización tos de investiduras. El superyó edípico -en contraste con el su-
y modificaciones de las estructuras psíquicas, resultados ambos peryó arcaico- pierde en este proceso a~go de su rigidez y de
de los acomodamientos adolescentes. su poder, en tanto que la institución narcisista del ideal del yo
Los tramos críticos del desarrollo adolescente se hallan en cobra mayor prominencia e influencia. Así, se interioriza más
,¡ aquellos pun_tos en que la maduración puberal y el acomoda- el mantenimiento del equilibrio narcisista. Estos cambios
lj,
miento adolescente se intersectan para integrarse. Desde una estructurales hacen que la constancia de la autoestima y del ta-
fi perspectiva clínica y teórica, he denominado a estos tramos lante sea cada vez más independiente de las fuentes exteriores,
1 "las fases adolescentes" (Blos, 1962). Ellas son los hitos del de- o, en el mejor de los casos, más dependiente de fuentes exte-
sarrollo progresivo, y cada una está signada por un conflicto riores que el ptopio sujeto escoge.
específico, una tarea madurativa y una resolución que es con- La desvinculación respecto de los objetos -de amor y de
dición previa para pasar a niveles más altos de diferenciación. odio- interiorizados abre el camino en la adolescencia al
Más allá de estos aspectos típicos de las fases adolescentes, po- hallazgo de objetos de amor y de odio ajenos a la familia. Esto
demos reconocer en la reestructuración psíquica un hilo común es lo inverso de lo acontecido en la niñez temprana, durante la
que recorre la trama íntegra de la adolescencia. Este infaltable fase de separación-individuación; en ella, el niño pudo sepa-
componente se manifiesta con igual pertinacia en la preado- rarse psicológicamente de un objeto concreto, la madre, mer-
lescencia y en la adolescencia tardía. Aquí lo conceptualizare- ced a un proceso de interiorización que poco a poco facilitó su
mos como "el segundo proceso de individuación de la ado- creciente independencia respecto de la presencia de aquella, de
lescencia". En mis estudios anteriores he destacado repetidas sus socorros y de su suministro emocional como principales re-
veces lá heterogeneidad de las fases en lo tocante a posiciones y guladores (si no los únicos) de la.homeostasis psicofisiológica.
movimientos pulsionales y yoicos; ahora vuelvo mi atención a El pasaje de la unidad simbiótica de madre e hijo al estado de
1 un proceso de orden más general;que con igual dirección y me- separación respecto de ella está signado por la formación de fa-
ta se extiende, sin solución de continuidad, a lo largo de todo el cultades reguladoras internas, promovidas y asistidas por
:f período de la adolescencia. avances madurativos -en especial motores, perceptuales, ver-·
l!
•1 Si el primer proceso de individuación es el que se consuma bales y cognitivos-. En el mejor de los casos, el proceso es pen-
¡ hacia el tercer año de vida con el logro de la constancia del self
y del objeto, propongo que se considere la adolescencia en su tiende que la fase de separación de la infancia (en el sentido de Margaret
Mahler) no está involucrada en este proceso de diferenciación psíquica, de más
conjunto como segundo proceso de individuación.! Ambos pe- alto nivel. La experiencia primordial del "yo" y el "no-yo", del self y el objeto,
no tiene una resonancia comparable en el desarrollo adolescente normal. Es tí-
• Publicado originalmente en Thc Psychoa11alytic Study of the Child. \'Ol. 22. pica del adolescente psicótico la regresión a esta última etapa; se la puede obser-
págs. 162-86, Nue\'a York: International Uni\·ersities Press. 196í. var en la síntomatología de la fusión y en fenómenos pasajeros de despersonali-
l. Al hablar de un segundo proceso de indi\'iduación en la adolescencia. se en- zación durante la adolescencia.


,1 •

118 119
dular, como volvemos a observar en el segundo proceso de in- domasoquista infantil. Al apelar·a los procedimientos mágicos
dividuación: los movimientos regresivos y progresivos se alter- de su madre, él se convertía en la víctima de la omnipotencia
nan, en intervalos más cortos o más largos, dando al observa- de esta, compartiendo su falsificación de la realidad. La libidi-
dor casual del niño la impresión de una maduración despro- nización del sometimiento obstruía el desarrollo progresivo. El
porcionada. Sólo si esa observación se practica a lo largo de recurso mágico sólo podía llegar a ser algo ajeno al yo cuando
cierto período está uno en condiciones de juzgar el comporta- este hubiera ganado en autoobservación crítica y en su examen.
miento corriente del niño que empieza a caminar o del adoles- de realidad. Dicho de otro modo: sólo después de reconocer la
cente típicos, a fin de evaluar si es normal o anómalo. angustia de castración vinculada con la madre arcaica podía
La individuación adolescente es un reflejo de los cambios afirmarse la modalidad fálica y contrarrestar la tendencia al
estructurales que acompañan la desvinculación emocional de sometimiento pasivo. En este caso, la creciente aptitud para el
los objetos infantiles interiorizados. Este complejo proceso ha examen de realidad corrió pareja con el repudio de las posi-
ocupado durante un lapso el centro del interés analítico. Hoy ciones yoicas infantiles, ampliando así los "alcances del yo autó-
( ya resulta axiomático que si esa desvinculación no se logra con nomo.
1 ~ éxito, el hallazgo de nuevos objetos amorosos fuera de la fami- . La desvinculación del objeto infantil es siempl'e concomitan-
lia queda impedido, obstaculizado o limitado a una simple te con la maduración yoica. También lo inverso es cierto: la in-
'
i réplica o sustitución. En este proceso está intrínsecamente en- suficiencia o menoscabo de las funciones yoicas en la adoles-
~! vuelto el yo. Hasta la adolescencia, el niño tenía a su alcance,
!, cencia es un hecho sintomático de fijaciones pulsionales y de la-
según su voluntad, el yo de los padres como una legítima exten- zos de dependencia infantiles con los objetos. El cúmulo de al-
sión de su propio yo; esta condición forma parte inherente de la t~raciones yoicas que marchan paralelas a la progresión pul-
dependencia infantil al servicio del control de la angustia y de swnal en cada fase adolescente desembocan en una innovación
la regulación de la autoestima. Al desligarse, en la adolescen- estructural, resultado último de la segunda individuación.
¡i cia, de los vínculos libidinales de dependencia, se rechazan asi-
mismo los consuetudinarios lazos de dependencia del yo en el Sin. duda alg~na, durante la adolescencia surgen nuevas y
1'
~ ¡ período de latencia. Por ende, en la adolescencia observamos peculiares capacidades o facultades yoicas, como los espectacu-
'1 una cierta debilidad relativa del yo, a causa de la intensifica- l~res avances en la esfera cognitiva (Inhelder y Piaget, 1958).
ción de las pulsiones, así como una debilidad absoluta por el Sm embargo, ra observación nos deja en la incógnita en cuanto
rechazo adolescente del apoyo yoico de los padres. Estos dos ti- a su autonomía primaria, y, además, su independencia de la
pos de debilidades yoicas se entremezclan en nuestras observa- maduración pulsional. La experiencia dice que cuando el de-
1 ciones clínicas. El reconocimiento de estos elementos dispares sarrollo pulsional queda críticamente rezagado respecto de la
1

1 en la debilidad del yo adolescente no sólo reviste interés teórico diferenciación yoica, las funciones yoicas recién adquiridas pa-
sino utilidad práctica en nuestra labor analítica. Lo ilustrare- san a ser utilizadas infaliblemente en forma defensiva y pier-
1:1
,,l, mos con un ejemplo. den su carácter autónomo. A la inversa, un avance en la madu-
ración pulsional favorece la diferenciación y el funcionamiento
¡ Un muchacho en los comienzos de la adolescencia, atormen-
tado por la angustia de castración, tomó en préstamo de su yoicos. La mutua estimulación entre las pulsiones y el yo obra
madre la siguiente defensa mágica: "Nada malo te pasará ja- con máximo vigor y eficacia si ambos actúan y progresan
más mientras no ·pienses en ello". La forma en que el mu- dentro de una recíproca proximidad optativa. El aflojamiento
chacho utilizaba el control del pensamiento al servicio del de los lazos objetales infantiles no sólo cede paso a relaciones
manéjo de la angustia reveló estar constituida por dos compo- más maduras o más adecuadas para la edad, sino que al mismo
nentes inextricablemente unidos: el componente pulsional, que tiempo el yo se opone de manera creciente a que se restablez-
residía en el sometimiento masoquista del niño a la voluntad y can .l~s p~rimidos, !' en parte ab~ndonados, estados yoicos y
1 al consejo de su madre, y el componente yoico, reconocible en gratl!ICacwnes pulswnales de la mñez.
·1 la adopción de ese recurso mágico para mitigar su angustia. El Los psicoanalistas que trabajan con adolescentes siempre
1 yo del niño se había identificado con el sistema de control de han ~ido impresionados por esta preocupación central pÓr las
angustia de la madre. Al llegar a la pubertad, el empleo reno- relaciOnes. No obstante, la intensidad y magnitud de las mani-
vado y en verdad frenético de ese recurso mágico no hizo sino festaciones o inhibiciones pulsionaies dirigi.das hacia los objetos
aumentar su dependencia de ella, señalando así cuál era la úni- no deben hacer olvidar las radicales alteraciones que se produ-
ca vía que podía seguir su pulsión sexual: el sometimiento sa- cen en esta épocá en la estructura yoica. La sumatoria de estos

120
r 121
.¡,<_'J'" t'._'
cambios estructurales sobrevive a la adolescencia, como atri- diosidades, seguridades y gratificaciones de la infancia. En sÍ,
butos permanentes de la personalidad. el empeño por separarse de los lazos de dependencia infantiles
Lo que estoy tratando de trasmitir es el carácter particular concuerda con la tarea adolescente, pero los medios empleados
de la reestructuración psíquica en la adolescencia, cuando los suelen abortar el empuje madurativo.
desplazamientos de la libido de objeto originan alteraciones Para muchos adolescentes, esta ruptura violenta constituye
yoicas que, a su vez, dan al proceso de pérdida y hallazgo de un momento de respiro, una posición de holding, hasta que se
objeto (la alternancia de movimientos regresivos y progresivos) reaviva el desarrollo progresivo; pero para muchos se convierte
no sólo mayor urgencia sino también más amplios alcances en en un modo de vida que a la corta o a la larga los lleva de vuel-
materia de adaptación. Esta reacción circular ha disminuido, ta a aquello que desde el principio se quiso evitar: la regresión.
por lo general, al cierre de la adolescencia, con el resultado de Al obligarse a tomar distancia física, geográfica, moral e ide-
que el yo ha obtenido una organización diferenciada y definiti- ológica con relación a su familia o al lugar donde trascurrió su
va. Dentro de esta organización, hay amplio margen para las niñez, este tipo de adolescente hace que la separación interior
elaboraciones de la vida adulta, sobre las cuales influye en gra- se vuelva prescindible. En su separación e independencia
,1
do decisivo el ideal del yo. concretas experimenta una exultante sensación de triunfo sobre
'1•
i Pasemos ahora al curso que sigue la individuación durante la su pasado, y poco a poco se aficiona a este estado de aparente
adolescencia. En el estudio de este proceso, hemos aprendido liberación. Las contrainvestiduras aplicadas al mantenimiento
¡¡ mucho de aquellos adolescentes que eluden la trasformación de
la estructura psíquica y remplazan la desvinculación respecto
,-
de dicho estado dan cuenta de la llamativa ineficacia práctica,
superficialidad emocional, actitud dilatoria y espera expectan-
de los objetos interiores por su polarización; en tales casos, el te que caracterizsn a las diversas formas de evitar la indivi-
rol social y la conducta, los valores y la moral, están determi- duación. Es cierto que, en alguna etapa crítica del proceso de
nados por el deseo de ser manifiestamente distinto a la imago individuación, la separación física de los padres o la polariza-
interiori21ada, o simplemente lo opuesto de esta. Las perturba- ción del pasado merced al cambio de rol social, a la nueva ma-
::iones yoicas, evidentes en el acting out, en las dificultades pa- nera de vestir y acicalarse, a los intereses especiales o preferen-
ra el aprendizaje, en la falta de objetivos, en la conducta dila- cias morales que se h~n adquirido, son el único medio con que
toria, temperamental y negativista, son con frecuencia los sig- cuenta el adol~scente para conservar su integridad psicológica.
nos sintomáticos de un fracaso en la desvinculación respecto de Sin embargo, el grado de madurez que en definitiva se alcance
los objetos infantiles, y, en consecuencia, representan un des- dependerá de hasta dónde haya avanzado el proceso de indivi-
carrilamiento del proceso de individuación en sí. Como clíni- duación, o de que en algún punto haya llegado a un impase y
cos, percibimos en el rechazo total que hace el adolescente de permanezca incompleto. De lo anterior se desprende que el
su familia y de su pasado el rodeo que da para eludir el penoso concepto de "segunda individuación" es relativo; por un lado,
11 proceso de desvinculación. Por lo común, tales evitaciones son depende de la maduración pulsional; por el otro, de la perdu-
transitorias y las demoras se eliminan por sí mismas; no obstan- rabilidad que ha adquirido la estructura yoica. Con esa expre-
te, pueden asumir formas ominosas. Nos es bien conocido el sión se designan, pues, los cambios que acompañan la desvin-
adolescente que se escapa de su casa en un coche robado, deja culación adolescente respecto de los objetos infantiles y son
la escuela, vagabundea sin rumbo fijo, se vuelve promiscuo y consecuencia de esta.
1' adicto a las drogas. En todos estos casos el carácter concreto de La individuación implica que la persona en crecimiento asu-
1
la acciónJ>uple al logro de una tarea evolutiva -p. ej., el irse ma cada vez más responsabilidad por lo que es y por lo que ha-
1
1• lejos de la casa suple al distanciamiento psicológico de los vín- ce, en lugar de depositarla en los hombros de aquellos bajo cu-
culos de dependencia infantiles-. De un modo u otro, por lo ya influencia y tutela ha crecido. En nuestra época hay una ac-
general estos adolescentes se han alejado de sus familias en for~ titud muy generalizada entre los adolescentes más "refinados",
ma drástica y concluyente, convencidos de que no hay comuni- que consiste en culpar a sus padres o a la sociedad ("la
cación posible entre las distintas generaciones. Al evaluar estos cultura") por las deficiencias y desilusiones de su juventud; o
casos, uno a menudo llega a la conclusión de que el adolescente bien, en una escala trascendental, la tendencia a ver en los po-
"procede mal llevado por buenos motivos". Uno no puede de- deres incontrolables de la naturaleza, el instinto, el destino y
jar de reconocer en las medidas de emergencia de una ruptura otras generalidades por el estilo las fuerzas absolutas y últimas
violenta con el pasado infantil y familiar la huida frente a un que gobiernan la vida. Al adolescente que ha adoptado dicha
avasallador impulso regresivo hacia las dependencias, gran- postura le parece vano oponerse a tales fuerzas; declara, más

,' '
122 123
bien, que el verdadero rasgo distintivo de la madurez es la re- Así pues, la individuación adolescente es reflejo de un proceso
signación ante la falta de objetivos. Asume la actitud displicen- y de un logro, y ambos constituyen elementos inherentes al
te de Mersault en El extranjero, de Camus. La incapacidad de proceso total de la adolescencia.
separarse de los objetos interiores salvo mediante un distan- Dejaré ahora ia descripción d~ conocidos ajustes adolescen-
ciamiento físico acompañado de repudio y menosprecio se vi- tes y pasaré a examinar sus implicaciones teóricas. En la des-
vencia subjetivamente como un sentimiento de alienación. Ad- vinculación de los objetos 'infantiles, tan esencial para el de-
vertimos que tal es el estado de ánimo endémico en un sector sarrollo progresivo, se renueva el contacto del yo con posi-
considerable de los adolescentes actuales, chicos y chicas de ciones pulsionales y yoicas infantiles. El yo de la poslatencia es-
promisorias dotes criados en hogares ambiciosos aunque indul- tá, por decir asi, preparado para este combate regresivo, y es
gentes, por lo común de clase media, y en el seno de familias capaz de dar soluciones distintas, más perdurables y apro-
progresistas y liberales. piadas para la edad, a las predilecciones infantiles. La reins-
Al estudiar la morfología de la individuación adolescente tauración de las posiciones pulsionales y yoicas infantiles es un
con perspectiva histórica, notamos que en cada época surgen elemento esencial del proceso de desvinculación adolescente.
roles y estilos predominantes a través de los cuales se instru- Las funciones yoicas comparativamente estables (v. gr., la me-
.' '¡'·
menta y socializa esta tarea de la adolescencia. Tales epifenó- moría o el control motor) y, además, las instituciones psíquicas·
!

'¡' menos del pn:x.."ess de individuación siempre se hallan, de un mo- comparativamente estables (v.gr., el superyó o la imagen cor-
''•'! do u otro, en oposición al orden establecido.2 La diferencia poral) sufrirán notables fluctuaciones y cambios en sus opera-
1¡ crucial sigue siendo que este nuevo modo de vida se convierta ciones ejecutivas. El observador experto puede reconocer, en el
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'1
en un desplazado campo de batalla donde el muchacho se libe- colapso pasajero y reconstitución final de estas funciones e ins-
)
re de sus lazos de dependencia infantiles, y pueda así llegar a la tituciones, su historia ontogenética. Uno estaría tentado de de-
individuación, o, por el contrario, que las nuevas formas pasen cir, mecanísticamente, que en la adolescencia se produce un
il!l a ser sustitutos permaqentes de los estados infantiles, impidien-
do así el desarrollo progresivo. La valencia patognomónica de
reacomodamiento de los elementos que componen la psique,
dentro del marco total de un aparato psíquico que se man-
'1.
una separación física tal como el abandono del hogar o de la es- tiene fijo.
cuela, o el entregarse a modos de vida adultomorfos (especial- En el superyó, considerado otrora una institución posedípica
mente en lo sexual), sólo puede determinarse si se la considera inflexible, sobreviene durante la adolescencia una reorganiza-
1: en relación con el ethos contemporáneo (el Zeitgeist o espíritu ción considerable (A. Freud, 1952a). La observación analítica
'¡:
1! de la época), el medio total y sus sanciones tradicionales de las de los cambios del superyó en este período ha sido sumamente
1: formas de conducta que dan expresión a las necesidades pube- instructiva para estudiar la variabilidad de las estructuras psí-
rales. La intensificación de las pulsiones en la pubertad reacti- quicas protoadolescentes. Echaremos ahora una mirada más
1 va relaciones objetales primarias dentro del contexto de ciertas de cerca a la mutabilidad de esta institución posedípica. En el
1 modalidades pulsionales pregenitales a las que se acuerda prefe- análisis de adolescentes aparece con gran claridad la personifi-
rencia. Sin embargo, durante la adolescencia la libido y la cación regresiva del superyó. Esto nos permite vislumbrar su
1,·
agresión no pasan simplemente, en un giro de ciento ochenta origen en las relaciones objetales. Desenvolver el proceso que
grados, de los objetos de amor primarios a otros no incestuosos. dio lugar a la formación del superyó es como pasar hacia atrás
El yo está intrínsecamente envuelto en todos estos desplaza- una película cinematográfica. Lo ilustraremos con el análisis
11 mientos de investiduras, y en ese proceso adquiere la estructura de dos adolescentes, ambos incapaces de adecuarse a los re-
'[ ' por la cual puede ser definida la personalidad posadolescente. quisitos rutinarios de la vida cotidianá, ambos fracasados en
materia de trabajo, cualquiera que fuese la índole de este, y
2 Un ejemplo sería la indumentaria cómoda y ostentosamente simple introdu- también en materia de amor, cualquiera que fuese su índole.
cida por un sector de muchachos alemanes cultos durante la segunda mitad del
siglo xvm, como reacción frente al refinamiento y delicadeza franceses en ma- A un muchacho posadolescente lo desconcertaba el hecho de
teria de vestimenta masculina. Al par que se arrancaban las finas cintas de las que mostraba igual indiferencia ante lo· que le gustaba hacer y
camisas, los jóvenes desplegaban de modo abierto y exuberante sus emociones ante lo que no le gustaba; esto último lo entendía bien, pero lo
(llantos, abrazos). Análogamente, la peluca fue remplazada por largas cabelle- primero le parecía sin sentido. Advirtió que cada vez que reali-
ras naturales. Estos jóvenes, en quienes se combinaba la influencia de Rousseau
con una reacción ante "la hipocresía del orden establecido", crearon su propia
zaba una actividad o la escogía, lo acompañaba esta pregunta
moda anticonvencional y espontánea, y, más allá de esta, agregaron su cuota de preconciente: "A juicio de mi madre, ¿sería bueno lo que yo
fermento político a la época. hago? ¿Querría que yo lo hiciese?". La respuesta afirmativa

124 125
automáticamente desacreditaba la actividad en cuestión, aun anomalía peculiar de los adolescentes. Cuando durante la ni-
cuando esta fuera de naturaleza placentera. En este impase, el ñez sólo se obtuvo tenuemente la autonomía secundaria de las
muchacho llegó a una inactividad total, procurando ignorar la f~nci_ones yoica~, la.l~bido de objeto continúa extrayendo grati-
constante presencia de la madre en su mente y la influencia fiCación de su eJercicio. Con el avance de la maduración pube-
que ella tenía en sus elecciones y acciones. Cuando retomó el ral, esta herencia arrojará a las funciones superyoicas en un es-
relato de su dilema, dijo: "Si compruebo que mi madre quiere pantoso desorden. Si al adolescente su comportamiento le es
lo que yo quiero, o sea, si ambos queremos lo mismo, me turbo dictado, en forma general y duradera, por una defensa contra
y, haga lo que hiciere en ese instante, dejo de hacerlo". l~ gratificación objetal infantil, queda vedada la reorganiza-
Una muchacha posadolescente había orientado su proceder, ción del superyó, o, dicho de otro modo, la individuación ado-
a lo largo de toda su niñez, por el deseo de ganarse el elogio y lescente resulta inconclusa.
admiración de sus allegados; empero, en su adolescencia tardía La labor analítica con adolescentes pone de manifiesto casi
se embarcó en una modalidad de vida que se alzaba en franca invariablemente, que las funciones yoicas y superyoicas ~uel­
oposición a la de su familia: dejó de ser lo que los demás, según ven a estar involucradas con las relaciones objetales infantiles.
ella pensaba, querían que fuese. Para su pesar, esta indepen- El estudio de este tema me ha llevado al convencimiento de
dencia elegida por ella no le garantizó en absoluto su autode- que el peligro qué amenaza a la integridad del yo no emana
terminación, pues a cada momento se interponía la idea de la únicamente de la fuerza de las pulsiones puberales sino en
aprobación o la desaprobación de sus padres. Sentía que sus igual medida, de la fuerza del impulso regresivo. D~carta'ndo
decisiones no le pertenecían, porque estaban guiadas por el de- el supuesto de una enemistad fundamental entre el yo y el ello,
seo de hacer lo opuesto de aquello que hubiera complacido a he llegado a la conclusión de que la reestructuración psíquica
1
sus progenitores. Como consecuencia de ello, llegó a un por regresión representa la más formidable tarea anímica de la
¡ completo callejón sin salida en materia de acción y decisión. adolescencia. Así como Hamlet anhela el placer que conlleva el
Marchaba a la deriva, llevada por la capric~osa brisa de las dormir pero teme a los sueños que este ha de traerle así tam-
¡1¡ circunstancias. Todo cuanto podía hacer era delegar la orien- bién el adolescente anhela la gratificación pulsional y'yoica pe-
tación parental en sus amigos de ambos sexos, viviendo vica- ro teme volver a quedar involucrado en relaciones objetales in-
riamente a través de las expectativas y gratificaciones de estos, fantil~. Para~ójicamente, esa tarea adolescente sólo puede
al par que la atormentaba el constante temor de sucumbir a su cumphrse a través de la regresión pulsional y yoica. Sólo a tra-
influencia o bien, en un plano más profundo, de fundirse con vés de la regresión pueden ser modificados los restos de
ellos perdiendo su sentido de sí misma. traumas, conflictos y fijaciones infantiles, haciendo obrar
En ambos casos, el enredo del superyó con las relaciones ob- sobre ellos los ampliados recursos del yo, apuntalados en esta
jetales infantiles dio por resultado un impase evolutivo. No se edad por el empuje evolutivo que propende al crecimiento y la
había logrado lo que normalmente se obtiene durante la laten- maduración. Torna factible este avance la diferenciación o
cia: la reducción de la dependencia objetal infantil merced a la maduración del yo, legado normal del período de latencia. Du-
1! identificación y a la organización del superyó. En lugar de rante los movimientos regresivos de la adolescencia, la parte
'lii ello, las identificaciones primitivas yacentes en el superyó ar- del yo autoobservadora y ligada a la realidad se mantiene por
caico y en los estadios precursores del superyó habían dejado su lo común intacta, al menos marginalmente. Quedan así redu-
poderosa impronta en estos dos adolescentes. Fantasías con res- cidos o controlados los peligros que entraña la regresión -la
pecto a la propia originalidad y expectativas grandiosas acer- pérdida catastrófica del self, el retorno al estadio de indiferen-
ca de sí mismos, una vez materializadas por vía de la identifi- ciación, o la fusión-.
cación con la madre omnipotente, convertían a toda acción do- Geleerd (1961) ha sugerido que "en la adolescencia tiene lu-
tada de un propósito en algo penosamente nimio y decep- . gar una regresión parcial a la fase indiferenciada de relaciones
cionante. La tarea de reorganización del superyó, propia de la objetales". En un trabajo posterior, basado en su estudio pre-
adolescencia, sumió de nuevo a estos dos jóvenes en el plano ar- vio, Geleerd (1964) amplía su concepción y enuncia que "el in-
caico de las identificaciones primitivas (A. Reich, 1954). El dividuo que crece pasa a través de muchas etapas regresivas, en
hecho de que el superyó tenga su origen en relaciones objetales las que participan las tres estructuras". Esta última formula-
edípicas y preedípicas hace que dicha institución psíquica sea ción ha sido confirmada por la práctica clínica y hoy forma
sometida a una revisión radical en la adolescencia. No es de parte integrante de la teoría psicoanalítica de la adolescencia.
sorprender que las perturbaciones superyoicas constituyan una Hartmann (1939) fue quien sentó las bases para estas considera-

126 127
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1
ciones sobre el desarrollo con su formulación de la "adaptación
regresiva". Esta modalidad adaptativa desempeña un papel, a
lo largo de la vida, en toda suerte de situaciones críticas.
donados total o parcialmente, los cuales o bien fueron ciudade-
las de protección y seguridad, o constituyeron otrora formas es-
peciales de hacer frente al stress. La regresión yoica siempre se
,:'! Lo que aquí quiero destacar es que la adolescencia es el úni- evidencia en el proceso adolescente, pero únicamente opera en
co período de la vida humana en que la regresión yoica y pul- contra de la segunda individuación cuando actúa de manera
sional constituye un componente~ obligatorio del desarrollo puramente defensiva. Viendo las cosas en retrospectiva, no po-
normal. La regresión normativa adolescente opera al servicio demos dejar de admitir, ante muchas de las extravagancias de
del desarrollo; la regresión como mecanismo de defensa actúa los adolescentes, que una retirada estratégica era el mejor ca-
junto a la regresión al servicio del desarrollo. No es fácil dife- mino hacia la victoria: Reculer pour mieux sauter. El de-
renciar en la clínica estas dos formas de regresión; de hecho, a sarrollo progresivo se estanea sólo cuando la regresión pul-
menudo es imposible hacerlo, y queda como un punto discu- sional y yoica alcanza la inmovilidad de una fijación adoles-
1' tible, al menos durante cierto lapso. En un sentido estricto, el cente.
,.1 tema de mi investigación es la influencia mutua entre la regre- La regresión yoica se hallará, por ejemplo, en la reviven-
'r sión yoica y la pulsional (o la int~racción de ambas) a medida ciación de estados traumáticos, que no faltan en la niñez de na-
:
que producen cambios en la estructura psíquica. Conceptuali- die. En enfrentamientos que él mismo inventa con reproduc-
zamos aquí como "individuación adolescente" el proceso de ciones en miniatura o representaciones vicarias del trauma ori-
cambio estructural y su logro, subrayando el prominente papel ginal en situaciones de la vida real, el yo adquiere poco a poco
1 de la desinvestidura de representaciones objetales infantiles en dominio sobre situaciones peligrosas arquetípicas. La dramati-
''
i¡: la reestructuración psíquica de la adolescencia. La regresión zación y experimentación de los adolescentes, así como gran
~specífica de la fase inaugura transitorias vicisitudes de ina- parte de su patología delictiva (véase el capítulo 13), corres-
!l f daptación y mantiene en la juventud un estado de grim volubi- ponden a esta actividad yoica, a menudo inadaptada. Por lo
1 lidad psíquica (véase el capítulo 12). Esta condición explica común, sin embargo, de la lucha contra los restos de traumas
gran parte de la desconcertante conducta y singular turbulen- infantiles surge una mayor autonomía yoica. Desde este punto
cia emocional de esta edad. de vista, puede decirse que la adolescencia ofrece una segunda
1'
i A fin de exponer mejor la función que cumple la regresión oportunidad p~ra hacer las paces con situaciones de peligro
'' adolescente, será útil compararla con los movimientos regresi- abrumadoras (en relación con el ello, el superyó y la realidad)
1
vos de la niñez temprana. En esta, a los estados de stress que que sobrevivieron a la infancia y la niñez.
'l sobrecargan la capacidad adaptativa del niño se responde nor- Los estados yoicos adolescentes de naturaleza regresiva
¡ 1 malmente mediante la regresión pulsional y yoica, pero las pueden reconocerse, asimismo, en un retorno al"lenguaje de la
'¡ ¡ regresiones de esta naturaleza no constituyen pasos evolutivos acción", a diferencia de la comunicación verbal simbólica, y,
.1 previos a la maduración pulsional y yoica. Por el contrario, la además, en un retorno al "lenguaje· corporal", a la somatiza-
:1 regresión adolescente, que no es de índole defensiva, forma ción de los afectos, conflictos y pulsiones. Este último fenóme-
1
Í parte inherente del desarrollo puberal. Pese a ello, esta regre- no es el responsable de las numerosas afecciones y dolencias fí-
. ¡' sión provoca con suma frecuencia angustia; si esta angustia se sicas típicas de la adolescencia, ejemplificadas por la anorexia
torna ingobernable, se movilizan, secundariamente, medidas nerviosa y la obesidad psicógena. Dicha somatización es más
defensivas. La regresión de la adolescencia no es, en y por sí evidente en las niñas que en los varones; forma parte de esa di-
¡ --- misma, una defensa, pero constituye un proceso psíquico esen- fusión de la libido que en la mujer normalmente produce la
cial, que, pese a la angustia que engendra, debe seguir su cur- erotización del cuerpo, en especial de su superficie. La libido
l. so. S6lo entonces puede consumarse la tarea implícita en el de- de ol?jeto, desviada hacia diversas partes del cuerpo o sistemas
~- sarrollo adolescente. Nunca se destacará lo suficiente que
',.l aquello que, al comienzo, cumple en este proceso una función
de órgano, facilita la formación de "sensaciones hipocon-
dríacas y de cambios corporales que son bien conocidos clíni-
l!
defensiva o restitutiva, pasa luego a cumplir normalmente una
función adapt~tiva y contribuye en grado decisivo a la singula-
ridad de una determinada personalidad.
camente a partir de los estadios iniciales de la psicosis" (A.
Freud, 1958, pág. 272). Durante la adolescencia podemos to-
parnos con estos mismos fenómenos, pero sin que se presenten
l. En la reestructuración psíquica adolescente no sólo observa- secuelas psicóticas.
l:i mos una. regresión pulsional sino también una regresión yoica. Contemplando el "lenguaje de la acción" de los adolescen-
li
Esta última connota la revivenciación de estados yoicos aban- tes, uno no puede dejar de reconocer en él el problema de la ac-
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128 129
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tividad versus la pasividad, la antítesis más antigua de la vida este úl~imo como entidad funcional. La adolescencia perturba
del individuo. No cabe sorprenderse de que con el estallido de esta ahanz~, y la regresión yoica deja al desnudo la integridad
'1 la pubertad, con el pasmoso crescendo de la tensión pulsional y o la_s _falencia~ de la temprana organización yoica, que extrajo
1' el crecimiento físico, el adolescente recaiga en viejas y conoci- deciSivas cualidades positivas o negativas de su tránsito a través
!
das modalidades de reducción de la tensión. La regresión pul- de la prim~ra fase _de separación~individuación, en el segundo
sional, en busca de una ge estas modalidades, conduce en últi- Y tercer anos de vida. La regresión yoica adolescente en una
ma instancia a la pasividad primordial, que se alza en fatal estru?t~ra yoica fallida sume al yo regresivo en su primitiva
oposición frente al cuerpo que madura, sus incipientes capaci- condición anormal. La distinción entre una regresión yoica
dades físicas y sus aptitudes mentales recientemente desplega- ~ormal o patol?gi~a radica, precisamente, en que ella se apro-
das. El desarrollo progresivo apunta a un grado creciente de XIme al estado Indiferenciado o lo alcance en forma consuma-
confianza en sí mismo, a un dominio cada vez mayor del am- da. Esta _disti.nción es análoga a la que existe entre un sueño y
biente y, en verdad, a la trasformación de este último por obra una alucmación. La regresión al yo seriamente defectuoso de
de la voluntad, que aproxime más la concreción de los deseos y la niñez temprana trasforma el típico impase evolutivo de la
aspiraciones. adolescencia en una psicosis pasajera o permanente. El grado
Los estados yoicos regresivos se disciernen, asimismo, en la d~ ~nsuficiencia del yo temprano a menudo sólo se pone de ma-
conocida idolatría y adoración de hombres y mujeres célebres mfi~~o en la adolescencia, cuando la regresión deja de estar al
por parte del adolescente. En nuestro mundo actual, estas figu- serviciO del desarrollo progresivo, impide la segunda indivi-
ras son escogidas predominantemente en el ámbito de los es- dua~ió? y cierra el camino a la maduración pulsional y yoica.
pectáculos y los deportes: son "los grandes astros del público". Siguiendo el desarrollo de niños esquizofrénicos a quienes
Nos recuerdan a los padres idealizados por el niño en sus más traté con éxito en el comienzo y en el período intermedio de su
tiernos años. Sus imágenes glorificadas constituyen un regula- niñez, comprobé que en su adolescencia tardía volvía a reinci-
dor indispensable del equilibrio narcisista del niño. No ha de dir, con más o menos gravedad, su patología primitiva. Esta
llamar nuestra atención que las paredes de su cuarto, cubiertas recaída por lo común se producía cuando abandonaban el ho-
con posters de los ídolos populares, queden desiertas tan pronto gar para cursar sus estudios universitarios, luego de haber
la libido de objeto se compromete en relaciones personales ge- hecho, en los ~ños intermedios, notables avances en su de-
nuinas. Entonces, esa pasajera bandada figurativa de dioses y s~rro~lo psicológico (v. gr., en materia de aprendizaje y comu-
diosas efímeros se vuelve prescindible de la noche a la mañana. mcación) así como en su adaptación social. La función evoluti-
Los estados yoicos infantiles son también reconocibles en es- va de la regresión yoica adolescente quedaba reducida a cero
tados emocionales próximos a la fusión, y que con frecuencia se cuando los estadios yoicos tempranos, de los que debe extraer
vivencian en conexión con abstracciones como la Verdad, la su fuerza el segundo proceso de individuación, eran reacti-
Naturaleza, la Belleza, o en la brega por ideas o ideales de ín- vados y de~ostraban poseer falencias críticas. La patología
1' dole política, filosófica, estética o religiosa. Estos estados de nuclear volVIó una vez más a fulgurar. Su imposibilidad de
cuasi-fusión en el ámbito de las representaciones simbólicas se desvincularse emocionalmente de su familia durante la adoles-
buscan como un respiro temporario, y sirven como salvaguar- cencia puso de relieve hasta qué punto estos niños habían vivi-
dias c0ntra la fusión total con los objetos infantiles interioriza- do? en el lapso intermedio, tomando en préstamo la fuerza
dos. A esta esfera de la regresión yoica pertenecen las conver- yoiCa. La terapia les permitió derivar nutrimento emocional
siones religiosas o los estados de fusión provocados por drogas. del ambiente. Esta capacidad les fue útil, por cierto, durante
La regresión yoica limitada que es característica (y obligato- s~ segundo episodio agudo; ella hizo que lo atravesaran y pu-
ria) en la adolescencia sólo puede tener lugar dentro de un yo dieran recuperarse. Cuando, en la adolescencia, debe cortarse
comparativamente intacto. Por lo general, el aspecto del yo al el ~ordón umbilical psicológico, los niños con temprano daño
que designamos como "el yo crítico y observador" continúa ymco recaen en una estructura psíquica fallida que resulta
ejerciendo su función, aunque esta haya disminuido en forma comJ?Jetamente inadecuada para la tarea del proceso de indivi-
notoria, e impide así que la regresión yoica se deteriore y con- duaCión. Estos casos arrojan luz sobre los problemas estructu-
1 vierta en un estado infantil de fusión. Sin duda alguna, esta rales de cierta psicopatología adolescente, y a la vez insinúan
¡- regresión adolescente impone una severa pruebaoal yo. Ya se- un c?ntinuum de tratamiento de la psicosis o esquizofrenia in-
,,
ñalamos que, antes de la adolescencia, el yo parental se vuelve fantil, que llega a la adolescencia (por lo común la adolescen"
asequible al niño y brinda estructura y organización al yo de cia tardía) o debe ser retomado en ese período.

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Un rasgo de la adolescencia que no escapa a nuestra atención Quisiera reconsiderar aquí el "hambre de objeto" del adoles-
reside en el frenético empeño por mantenerse ligado a la reali- cente y su empobrecimiento yoico. Estas dos pasajeras si-
dad -moviéndose de un lado a otro, mostrándose activo, ha- tuaciones evolutivas encuentran compensatorio alivio en el
ciendo cosas-. Se revela además en la necesidad de tener expe- grupo, la pandilla, el círculo de amigos, los coetáneos en gene-
riencias grupales o relaciones personales en que haya una vívi- ral. El grupo de pares sustituye (a menudo literalmente) a la
da e intensa participación y afectividad. Los cambios frecuen- familia del adolescente (véase el capítulo 5). En la compañía
tes y repentinos en estas relaciones con cualquiera de los dos se- de sus contemporáneos el muchacho o la chica hallan estímulo,
xos pone de relieve su carácter espurio. Lo que se busca no ~ sentido de pertenencia, lealtad, devoción, empatía y resonan-
un lazo personal sino el aguzado afecto y la agitación emo- cia. Recuerdo aquí al saludable niño del estudio de Mahler
cional que él provoca. Pertenece a este dominio la urgente ne- (1963), un caminador novel, quien durante la crisis de
cesidad de hacer cosas "por divertirse", para escapar a la sole- separación-individuación reveló una sorprendente capacidad
dad afectiva, la ápatía y el tedio. Este cuadro sería incompleto para "extraer de la madre suministros de contacto y participa-
si no mencionáramos al adolescente que busca estar a solas en ción". En la adolescencia, estos suministros de contacto son
un "espléndido aislamiento" a fin de conjurar en su mente esta- proporcionados por el grupo de pares. El niño que empieza a
dos afectivos de extraordinaria intensidad; para estas inclina- caminar requiere del auxilio de la madre para alcanzar la auto-
ciones, no hay mejor rótulo que el de "hambre de objeto y de nomía; el adolescente se vuelve hacia la "horda" de sus con-
afecto". Lo que todos estos adolescentes tienen en común es la temporáneos, de cualquier tipo que ella sea, para obtener esos
necesidad de penetrantes e intensos estados afectivos, ya sea suministros sin los cuales no es posible materializar la segunda
que estos se distingan por su exuberante exaltación o bien por individuación. El grupo permite las identificaciones y los ensa-
el dolor y la angustia. Podemos concebir esta situación afec- yos de rol sin demandar un compromiso permanente. También
tiva como un fenómeno restitutivo que es secuela de la pér- da lugar a la experimentación interactiva como actividad de
dida del objeto interno y el concomitante empobrecimiento corte con los lazos de dependencia infantiles, más que como
del vo.3 preludio a una nueva, duradera relación íntima. Por añadidu-
La experiencia subjetiva del adolescente -expresada en el ra, el grupo comparte -y así, alivia- los sentimientos indivi-
dilema: "¿Quién soy yo?"- contiene múltiples enigmas. Refle- duales de culpa que acompañan la emancipación de las depen-
ja lo que conceptualizamos como pérdida o empobreci~iento dencias, prohibiciones y lealtades infantiles. Resumiendo, cabe
del yo. La pérdida del yo e..<;, a lo largo de la adolescencia, una afirmar que, en líneas generales, los contemporáneos allanan
amenaza constante a la integridad psíquica y da origen a for- el camino para pasar a integrar la nueva generación, dentro de
mas de conducta que aparecen anómalas, pero que hay que la cual el adolescente debe establecer su identidad social, per-
evaluar como empeños por mantener en marcha el proceso sonal y sexual en cuanto adulto. Si la relación con los pares no
adolescente mediante un vuelco frenético (aunque inadaptado) hace más que sustituir los lazos de dependencia infantiles, el
hacia la realidad. El cuadro clínico de muchos delincuentes, grupo no ha cumplido su función. En tales casos, el proceso
visto desde esta perspectiva, suele revelar más componentes sa- adolescente ha sufrido un cortocircuito, con el resultado de que
nos de los que por lo general se le acreditan (véanse ejemplos. las dependencias emocionales irresueltas se convierten en atri-
clínicos de esto en el capítulo 12). butos permanente'> de la personalidad. En esas circunstancias,
la vida en el seno de la nueva generación se desenvuelve, extra-
3 A primera vista, parecería una contradicción hablar de "empobrecimiento ñamente, como sombras chinescas del pasado del individuo: lo
del vo" cuando la libido de objeto es desviada hacia el self, pero un j"O sano noto- que más debía evitarse se repite con fatídica exactitud.
lera' bien durante mucho tiempo que se lo cercene de las relaciones objetales. La Una adolescente mayor, estancada en una rígida postura an-
inundación del self con libido narcisista sólo se toma acorde con el yo en el ado-
lescente psicótico, para quien el mundo real es opaco e incoloro. El adolescente ticonformista que le servía como protección contra un impulso
"normal" tiene una sensación de aterradora irrealidad ante un creciente aisla- regresivo inusualmente intenso, expresó tan bien lo que yo me
·miento narcisista respecto del mundo de los objetos. Por consiguiente, la mas- he empeñado en decir que le cederé ,la palabra. Reflexionando
turbación no le proporciona jamás una forma de gratificación permanente, ya sobre un caso de inconformismo, acotó: "Si uno actúa en oposi-
que a la postre reduce su autoestima. Si bien es cierto que las fantasías mastur- ción a lo previsto, se da de porrazos a diestra y siniestra con las
batorias pueden despertar sentimientos de culpa a través de la prohibición su-
peryoica, no podemos ignorar el hecho de que la merma de la autoestima _deri- reglas y normas. Hoy, el hacer caso omiso de la escuela
va, en gran medida, del debilitamiento del vínculo con el mundo de los obJetOS, -simplemente no fui- me hizo sentir muy bien. Hizo que me
o sea, en otras palabras, de un crítico desequilibrio narcisista. sintiera una persona y no un autómata. Si uno continúa rebe-

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lándose y choca lo suficientemente a menudo con el mun.do que cional en las relaciones personales, y, por encima de ello, la
lo rodea, en su mente comienza a esbozarse un bosqueJO d~ sf inundación de las funciones yoicas autónomas por la ambiva-
mismo. Eso es indispensable. Tal vez, cuando uno sabe qmén lencia en general, crea en el adolescente un estado de precaria
es no necesita ser distinto de aquellos que saben (o creen que labilidad y de contradicciones incomprensibles en cuanto a los
saben) cómo debería ser uno". Una declar~ción como estar~­ afectos, pulsiones, pensamientos y conducta. La fluctuación
afirma el hecho de que para la conformación de la personali- entre los extremos del amor y el odio, la actividad y la pasivi-
dad adolescente es condición necesaria una firme estructura dad, la fascinación y la indiferencia, ~una característica tan
social. . conocida de la adolescencia que no tenemos que detenernos
Abordaré ahora las vastas consecuencias que tiene el hecho aquí en ella. Sin embargo, el fenómeno merece ser explorado en
de que la regresión de la adolescencia sea ~a cond~ción previa relación con el tema de este estudio, a saber, la individuación;
para un desarrollo progresivo. La observación clímca me llevó Un estado de ambivalencia enfrenta al yo con una situación
a inferir que el adolescente tiene que entabla~- contacto emo- que, a causa de su relativa madurez, el yo siente como intole-
cional con las pasiones de su infancia y de su nmez temprana a rable, no obstante lo cual el manejo constructivo de esa si-
fin de que estas depongan sus investiduras originales. Sólo.en- tuación desborda, al menos temporariamente, su capacidad de
tonces podrá el pasado desvanecerse ~n. los recue~dos co~cien­ síntesis. Muchas aparentes operaciones defensivas, como el ne-
tes e inconcientes, y el avance de la hbido confenr a la JU~en­ gativismo, la conducta opositora o la indiferencia, no son sino
tud su singular intensidad emocional y firmeza de pr~pósit?s. exteriorizaciones de un estado ambivalente que ha penetrado
El rasgo más profundo y peculiar de la adolescencia .reside en la personalidad total.
en la capacidad de pasar de la conciencia regresiva a. la ~rogre­ Antes de proseguir con estas ideas, las ilustraré con un frag-
siva con una facilidad que no tiene parangón en mng~n otro mento tomado del análisis de un muchacho de diecisiete años.
período de la vida humana. Esta fluide~ da cuenta, qm~á, de En lo que sigue me centraré en aquellos aspectos del material
los notables logros creadores -y decepciOnadas expectativas- analítico que reflejan la desvinculación respecto de la madre
de esta particular edad. La experim.en~ación del adol~cente arcaica y que tienen relación directa con el tema de la ambiva-
con el self y la realidad, con los sentimientos y pensamientos, lencia y la individuación. Este muchacho, capaz e inteligente,
otorgará, en caso de que todo vaya bien, cont~nido y forma ~u­ se vinculaba cqn los demás en un plano de intelectualización, y
raderos y precisos a la individuación, en térmi~~s de su real~za­ mejor con los adultos que con sus pares. Todas sus relaciones
ción en el ambiente. Una de esas formas declSlvas de realiza- personales, en especial dentro de su familia, estaban impregna-
ción es, por ejemplo, la elección vocacional. . das de una actitud pasivo-agresiva. Uno advertía en él una tu-
En el proceso de desvinculación de los objetos ?e amor y odiO multuosa vida interior que no había hallado expresión en la
primarios, una cualidad de las te~pranas. relaciOnes obJe,ta.les conducta afectiva. Era dado al malhumor y a la reserva sigilo-
se manifiesta bajo la forma de ambivalencia. El cuadro cl~mco sa; su desempeño escolar era irregular; se volvía por períodos
de la adolescencia pone de relieve la desmezcla de las mociOnes terco y negativista, y fríamente exigente en el hogar. Dentro de
pulsionales. Actos y fantasías de agresión ~ura son tipic?s de la este cuadro fluctuante era posible discernir una generalizada
adolescencia en general, y ~e la masculma en especial: .No e impenetrable altanerfa, rayana en la arrogancia. Esta anor-
quiero decir con ello que todos los ado~escentes s~an mamhes- malidad se hallaba bien fortificada por defensas obsesivo-
tamente agresivos, sino que la pulsión agresiva .afecta. el compulsivas. En sí misma, la elección de este mecanismo de
equilibrio pulsional existente antes de la adolescenci~ .Y exige defensa insinúa el papel predominante que desempeñaba la
nuevas medidas de adaptación. En este punto de mi md~ga­ ambivalencia en la patogénesis de este caso.
ción no me interesa la forma que puedan adoptar esas medidas Hasta que no se logró acceso a las fantasías del muchacho no
-desplazamiento, sublimación, represión o trastorno hacia lo se pudo apreciar su necesidad de una rígida, inatacable organi-
contrario-. El análisis de la agresión manifiesta conduce, en zación defensiva. Cada uno de sus actos y pensamientos iba
última instancia, a elementos de furia y sadismo infantiles; en acompañado de una involucración (hasta entonces inconcien-
esencia, a la ambivalencia infantil. Revividas en la adolescen- te) con la madre y de su fantaseada complicidad, para bien o
cia las relaciones objetales infantiles habrán de presentarse en para mal, en su vida cotidiana. Tenía una insaciable necesidad
su forma original, vale decir, en un estado ambivalente. De de sentirse próximo a la madre, quien desde sus primeros años
hecho la tarea suprema de la adolescencia es fortalecer las lo había dejado al cuidado de una parienta bienintencionada.
relaci~nes objetales posambivalentes. La inestabilidad emo- De niño siempre había admirado, envidiado y alabado a su

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n '1

1 ,,

madre; el análisis lo ayudó a vivenciar el odio, desprecio Y ~e­ dad de trabajo que ella tenía, el uso que daba a su inteligencia
mor que sentía hacia ella cada vez q~e ~ran frustra.dos sus m- y su idoneidad social, todo lo cual había sido objeto de la envi-
tensos deseos de ser objeto de la generosidad matenal de ella. dia del muchacho. En cambio, otros de sus valores, criterios y
Se volvió claro que sus procederes y talantes estaban. determi- rasgos de carácter eran rechazados por él considerándolos in-
nados por el flujo y reflujo del amor y odio que expenme~taba deseables o repulsivos. Ya no se los percibía como la arbitraria
hacia su madre, o que él imaginaba que ella sentía hac~a él.
Así, por ejemplo, no hacía sus tareas e~~lares cuando pnva?a
en él la idea de que su buen rend1m1ento en los estudios
complacería a la madre. En otros momentos sucedi.a lo inverso.
, renuencia de la madre a ser todo aqu·ello que pudiera agradar o
confortar a su hijo. Quedó establecida una constancia de obje-
to secundaria en relación con la madre del periodo adolescen-
te. La madre omnipotente del período infantil fue relevada al
En cierta oportunidad en que se le otorgó un premio en el cole- comprobar el hijo sus falencias y virtudes, en suma, al hacer de
gio, lo mantuvo en seéreto para que su madre no .se enterara r, ella un ser humano. Unicamente a través de la regresión pudo
utilizara su logro como "una pluma de su propio sombrero el muchacho revivenciar la imagen materna e instituir las en-
-o sea se lo robara-. Salia a caminar a escondidas, pues su miendas y diferenciaciones que neutralizaron su relación obje-
madre ~refería a los muchachos que hacían vida al aire l~bre, ta! ambivalente preedípica. La reorganización psíquica que
y, para ponerla a ella en una situación censurable, él se deJaría aquí describimos fue subjetivamente vivenciada por él como
regañar por no tomar aire fresco. Si él disfrutaba de un espec- un aguzado sentido del self, esa toma de conciencia y ese
táculo o invitaba a un amigo a la casa, todo el placer del acon- convencimiento que la frase "Este soy yo" sintetiza mejor que
tecimiento se le estropeaba si su madre se sentía encantada por cualquier otra. Tal estado de conciencia y sentimiento subjeti-
ello y mostraba su aprobación. A modo de venganza, tocaba el vo reflejan la incipiente diferenciación en el interior del yo que
piano, tal como quería su madre, pero lo h~cía e~ un perm~­ aquí conceptualizamos como el segundo proceso de indivi-
nentejortissimo, sabiendo m?y bien que la ~ntens1dad del som- duación.
do a ella le crispaba los nervios. Tocar el p1ano fuerte era una El alborozo que produce el sentirse independiente del proge-
acción sustitutiva de gritarle. Cuando tomó conocimiento de nitor interiorizado, o, más exactamente, de la representación
esta agresividad suya, se llenó de angustia. de ese progenitor como objeto, es complementado por un afec-
En este punto, el análisis de la ambivalencia del muchacho to depresivo que acompaña y sigue la pérdida del objeto inte-
quedó bloqueado por una defensa .narcisista: se sentía. como un
espectador ajeno al drama de la Vida, no comprometido ~n l?s
1 rior. El afecto concomitante de esta pérdida de objeto ha sido
comparado con~~ trabajo de duelo. Normalmente, luego de re-
sucesos cotidianos, y veía su entorno en trazos borrosos e mdis- nunciar al earácter infantil de la relación con el progenitor, la
tintos. Para hacer frente a esta emergencia no vino en su ayuda continuidad de esta no se interrumpe. La tarea de la indivi-
la usual defensa obsesivo-compulsiva (catalogar, archivar, re- duación adolescente está vinculada con ambas representa-
mendar o reparar). Este estado de despersonalización le ~esultó ciones objetales de los progenitores, la infantil y la contempo-
sumamente incómodo y desconcertante. La labor analítica pu- ránea; estos dos aspectos derivan de la misma persona pero en
do seguir adelante cuando él tomó conciencia del asp~to sádi- distintos estadios de desarrollo. Esta constelación tiende a con-
co de su ambivalencia; lo abandonó entonces el extrano estado fundir al adolescente en la relación con su progenitor, ya que lo
yoico. Vivenció y expresó verbalmente su violento impulso de vivencia, parcial o totalmente, como aquel del período infan-
golpear y herir físicamente a su madre cada vez que esta lo til. Dicha confusión se agrava cuando el progenitor participa
frustraba. El sentimiento de frustración dependía, más que de en las cambiantes posiciones del adolescente y demuestra ser
las acciones objetivas de ella, de la marea de sus propias necesi- incapaz de mantener una posición fija como adulto frente al
dades interiores. La réplica de la ambivalencia infantil era evi- niño que madura.
dente. Ahora, él estaba en condiciones de diferenciar entre la La desvinculación del adolescente respecto de los objetos in-
madre del periodo infantil y la de la situación presente. Este fantiles exige, ante todo, que estos sean desinvestidos, a fin de
avance permitió rastrear hasta qué punto e:'taban ~nvolucradas que la libido pueda otra vez ser vuelta hacia el exterior en bus-
sus funciones yoicas en su conflicto de amb1valenc1a adolescen- ca de gratificaciones objetales específicas de la fase dentro del
te, y restaurarles su autonomía. . . ambiente social global. En la adolescencia observamos que la
Fue interesante observar que en la resolución del confliCto libido de objeto es desasida (por cierto, en grado diverso) de los
de ambivalencia ciertos atributos de la personalidad de la objetos externos e internos y, desviándola hacia el self, se la
madre pasaron a serlo del yo del hijo; por ejemplo, la capaci- convierte en libido narcisista: Este viraje del objeto al self da

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por resultado la proverbial egolatría y ensimismamiento del nera casi exclusiva, hacia la sintomatologia regresiva dentro
adolescente, que fantasea ser independiente de los objetos de del contexto de la gratificación pulsional, o hacia las opera-
amor y odio de su niñez. Al ser inundado el self con libido nar- ciones defensivas y sus secuelas; sostengo que la resistencia
cisista, se produce un autoengrandecimiento y una sobresti- contra la regresión es, en igual medida, motivo de inquietud,
mación del poder del cuerpo y la mente propios. Esto tiene un pues puede oponer una tenaz e insuperable barrera en el curso
efecto adverso en el examen de realidad. Recordaré, para men- del desarrollo progresivo.
cionar una consecuencia bien conocida de este estado; los fre- La resistencia contra la regresión puede adoptar muchas for-
cuentes accidentes de tránsito que tienen los adolescentes pese mas. Un ejemplo es el enérgico vuelco del adolescente hacia el
a ser hábiles conductores y conocer la técnica del manejo del mundo exterior, hacia el movimiento corporal y la acción. Pa-
automóvil. Si el proceso de individuación se detuviera en esta radójicamente, la independencia y autodeterminación en la
etapa, nos encontraríamos con toda clase de patologías narci- acción y el pensamiento se tornan más resueltas y violentas
sistas, dentro de las cuales el retraimiento respecto del mundo cuando el impulso regresivo posee una fuerza fuera de lo co-
de los objetos, el trastorno psicótico, representa el impase más mún. He observado que niños apegados y sometidos en extremo
grave. . . . . a uri progenitor pasan en la adolescencia a la actitud inversa,
Los cambios internos que acompañan a la md1v1duación vale decir, se apartan a toda costa de ese progenitor y su código
pueden describirse, desde el lado del yo, como una reestructu- de conducta. Al hacerlo, obtienen una victoria aparente, sólo
ración psíquica en cuyo trascurso la desinvestidura de la repre- ilusoria. En tales casos, lo que determina la acción y el pensa-
sentación objetal del progenitor en el yo ocasiona una inestabi- miento del joven es simplemente que representen lo opuesto de
lidad general, una sensación de insuficiencia y de extrañamien- las expectativas, opiniones y deseos de los padres o sustitutos y
to. En el empeño por proteger la integridad de la organización sucedáneos sociales, como los maestros, policías y adultos en
yoica, se pone en marcha una conocida gama de maniobras de- general, o, en términos más abstractos, la ley, la tradición, la
fensivas, restitutivas, adaptativas e inadaptativas, antes de que convención y el orden en cualquier lugar y forma en que estos
se establezca un nuevo equilibrio psíquico. El logro. de este últi- se presenten, y con independencia de todo propósito o finali-
mo se reconoce por el estilo de vida autónomo e idiosincrásico. dad social. También en este caso, los disturbios transitorios en
En el momento en que el proceso de individuación adoles- la interacción.entre el adolescente y su ambiente son cualitati-
cente se halla en pleno vigor, cobra prominencia la conducta vamente distintos de aquellos que adquieren una permanencia
desviada -o sea, irracional, voluble, tu.rbulenta-. El adoles- prematura al moldear, de manera definitiva, la relación del yo
cente recurre a esas medidas extremas para poner su estructura con el mundo exterior, haciendo que el proceso adolescente se
psíquica a salvo de la disolución regresiva. En este estado, plan- detenga antes de su debido tiempo, en lugar de alcanzar su fi-
tea al clínico una muy delicada tarea de discriminación en nal normativo.
cuanto a la transitoriedad o permanencia, o, más simplemen- Basándonos en nuestra experiencia con los niños y adultos
te, la naturaleza patológica o normal de los respectivos fenó- neuróticos, nos hemos habituado a centrarnos en las defensas
menos regresivos. La desconcertante ambigüedad a que debe como principales obstáculos en el camino del desarrollo nor-
hacer frente la evaluación clínica deriva de que una resistencia mal Además, tendemos a concebir la regresión como un proce-
contra la regresión puede ser signo de un desarrollo tanto nor- so psíquico opuesto al desarrollo progresivo, a la maduración
mal como anormal. Es signo de un desarrollo anormal si impi- pulsional y a la diferenciación yoica. La adolescencia puede
de la cuota de regresión indispensable para desvincularse de enseñarnos que estas connotaciones son a la vez limitadas y li-
las tempranas relaciones objetales y estados yoicos infantiles mitativas. Es verdad que no estamos bien preparados para re-
-condición previa para la reorganización delaestructura psí- conocer lo que en un estado regresivo de la adolescencia es me-
quica-. El problema de la regresión, tanto yoica como pul- ra resurrección estática del pasado y lo que anuncia una re-
sional, reverbera ruidosa o calladamente a lo largo de toda la estructuración psíquica. Es razonable suponer que el adoles-
adolescencia; la fenomenología es multiforme, pero el proceso cente que se rodea en su cuarto de láminas de sus ídolos no sólo
es siempre el mismo. Estos movimientos regresivos posibilitan repite una pauta infantil de gratificación de necesidades narci-
alcanzar la adultez, y así debe entendérselos. Representan sistas, sino que a la vez toma parte en una experiencia colectiva
también los núcleos o puntos de fijación en torno de los cuales que lo convierte en un miembro empático de su grupo de pares.
se organizan las fallas del proceso adolescente. Las perturba- Compartir los mismos ídolos equivale a integrar la misma fa-
ciones de la adolescencia han atraído nuestra atención, de ma- milia; pero hay una diferencia crucial que no puede escapárse-

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i,
n'1
:.

nos: en esta etapa de la vida, la nueva matriz social promueve


el proceso adolescente merced a la participación en un ritual 9. Forn1ación del carácter
tribal simbólico, con estilo propio y exclusivo. Bajo estos auspi-
cios, la regresión no procura simplemente reinstaurar el pasado
en la adolescencia*
sino {llcanzar lo nuevo, el futuro, dando un rodeo que pasa por
los senderos ya conocidos. Viene a mi memoria aquí una frase
de John Dewey: "El presente no es sólo algo que viene después
del pasado.[ ... ) Es aquello que la vida es cuando deja el pasa-
do atrás".
El problema de la formación del carácter es de tan vastos al-
c~nces que casi cualquier aspecto de la teoría psicoanalítica se
Las ideas aquí reunidas han confluido hacia una meta con- nncula con él. Este hecho nos está díeiendo, desde el comien-
vergente porque tienen el común o'9jetivo de elucidar los cam- zo, q~e abord.amos un c?ncepto de enorme complejidad o pro-
bios que la maduración pulsional produce en la organización cesos mtegrahvos del mas alto orden. Es una sensata v bienve-
yoica. Las investigaciones clínicas del proceso adolescente han nida limitación la de centrarse en el período adolesc~nte e -in-
puesto convincentemente en claro que tanto la desvinculación ~agar, dentro de este dominio circunscrito, si este estadio par-
de los objetos primarios como el abandono de los estados yoicos ticular del desarrollo nos permite inteligir el proceso formativo
infantiles exige un retorno a fases tempranas del desarrollo. d;l carácter, y, por ende, arrojar luz sobre el concepto de ca-
Esa desvinculación sólo puede lograrse merced a la reanima- racte~ ~~ general. No sería la primera vez en la historia del psi-
ción de los compromisos emocionales infantiles y las concomi- coa.nahsis q.ue la naturaleza de un fenómeno psíquico es escla-
tantes posiciones yoicas (fantasías, pautas de confrontación, recida mediante el estudio de su formación.
organización defensiva). Este logro gira, pues, en torno de la . Quienquiera que. haya estudiado la adolescencia, indepen-
regresión pulsional y yoica; ambas introducen en su decurso dientemente de cuales sean sus antecedentes teóricos, habrá
una multitud de medidas que, en términos pragmáticos, son advertido los cambios en la personalidad que madura común-
inadaptadas. De un modo paradójico, podría decirse que el de- mente identificados con la formación del carácter. Aun el
sarrollo progresivo se ve impedido si la regresión no sigue su adulto que, sin una capacitación especial, observa la conducta
curso apropiado en el momento apropiado, dentro de la se- de los jóvenes, o el que contempla de manera retrospectiva su
cuencia del proceso adolescente. propia adolescencia, no puede dejar de notar que al terminar
Al definir la individuación como el aspecto yoico de la tarea esta s~ pone d: n:anifiesto una nueva manera de manejar las
regresiva de la adolescencia, se torna evidente que el proceso n:cesidades objetivas de la vida. El comportamiento, actitudes
adolescente instituye, en esencia, una tensión dialéctica entre e mterese.s del indi;iduo, así como sus relaciones personales, re-
la primitivización y la diferenciación, entre las posiciones sultan mas predecibles, muestran mayor estabilidad y tienden
regresivas y progresivas; cada uno de estos elementos extrae su a tornarse irreversibles, incluso en situaciones de stress.
ímpetu del otro, a la vez que lo torna viable y factible. La con- El observador psicoanalítico de la adolescencia da testimo-
secuente tensión que implica esta dialéctica somete a un esfuer- nio de todo esto, pero se pregunta qué mecanismos psíquicos o
zo extraordinario a las organizaciones yoica y pulsional -o procesos evolutivos operan en la formación del carácter. El
más bien a su interacción-. A este esfuerzo le debemos las nu- proceso formativo, de hecho, plantea las preguntas: "¿.Qué es
merosas y variadas distorsiones y fracasos -clínicos y subclíni- lo que toma forma?" y "¿,Qué es lo que da forma?". Además,
cos- que sufre la individuación en esta edad. Gran parte de lo ¿cuáles son las precondiciones de la formación del carácter
que a primera vista parece defensivo en la adolescencia debería P?r qué se produce en la etapa de la adolescencia y en qué me~
designarse, más correctamente, como una condición previa pa- dida se produce en esta etapa? Pueden discernirse abundantes
ra que el desarrollo progresivo se ponga en marcha y prosiga su precursores del carácter en la niñez; pero a estas maneras bas-
curso. tante habitu.ales con que el yo se relaciona con el ello, el super-
y~ Y la reahdad no las designaríamos como "carácter", pues
aun falta en ell.as una pauta integrada y más o menos fija que

' Publicado originalmente en The Psychoanalytic Study of the Child, vol.


23, pág;. 245-63, Nueva York: International Universities Press, 1968.

..
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r
una a sus dispares componentes. Debido a que en la adolescen- carácte: y del carácter no son mutuamente excluyentes; por el
cia se da un paso adelante en la organización de los rasgos del c?ntrano, ellos se presentan en variadas mezclas y combina-
carácter, Gitelson (1948) ha dicho que la tarea terapéutica cwnes. Lo que ~istin,~e a cada formación caracterológica es
esencial de este periodo es la "síntesis del carácter". Todos he- que hay en. ella Imph.citamente una concordancia con el yo y
mos llegado empíricamente a idénticas conclusiones, y con- una ausencia de conflicto -a diferencia de los síntomas neuró-
templamos la formación del carácter en la adolescencia como ticos-, así como una fijeza pautada de la organización carac-
el resultado de la reestructuración psíquica; en otras palabras, terológica.
es el signo manifiesto de haber completado el tránsito a través He aquí dos definiciones del carácter que gozan de amplia
de la adolescencia -aunque ese tránsito no esté necesariamen- aceptación: " ... el modo típico de reacción del yo frente al ello
te completo-. Todos hemos tenido ocasión de observar cómo Y al mundo externo" (W. Reich, 1929, pág.125); " ... el modo
el análisis de un adolescente, en especial mayorcito, avanza ha- ?abi~ual de armonizar las tareas propuestas por las demandas
cia su culminación mediante el callado surgimiento del carác- mtenores y por el mundo externo es necesariamente una fun-
ter. ¿Qué significa, sin embargo, este "algoM que surge con to- ción[ ... ] del yo" (Fenichel, 1945, pág. 467).
da evidencia? Esta pregunta nos obliga a considerar ciertos as- El.carácter tiene su origen en el conflicto, pero, a causa de su
pectos pertinentes de la caracterología psicoanalitica. propia naturaleza, impide el surgimiento de la angustia-señal a
través de la codificación de las soluciones al conflicto. La auto-
matización del manejo de situaciones de peligro características
r~prese?ta un notable paso adelante en la integración y fun-
Rasgos de carácter y carácter cwnamiento de la personalidad. En verdad, la formación del
Etimológicamente, la palabra "carácter" proviene de una ca~ácter puede. conceptualizarse desde un punto de vista adap-
raíz griega que tiene el significado de "grabar", "dejar una t~hvo, y es fácil obtener pruebas clínicas que abonan dicha te-
impronta"; esa etimología siempre ha estado presente en el sis. La ganancia económica inherente a la formación del carác-
concepto de carácter en cuanto a la permanencia y fijeza de su ter res~ de en ~a liberación de energía psíquica para la expansión
pauta o trazado. En términos de la personalidad, este elemento de la. I?ve~~Iva puesta al servicio de la adaptación y para la
de permanencia está representado por rasgos o cualidades dis- efechvi~acw~ de las potencialidades humanas. Esta ganancia
tintivos y por maneras típicas o idiosincrásicas de conducirse. ~onómiCa fue claramente enunciada por Freud (1913a) al de-
Aun el estilo de vida y las actitudes del temperamento han sido Cir ~ue en 1~ formación del carácter "la represión no entra en
esporádicamente incorporados dentro de la amplia esfera del acci~n •. o bien alcanza sin tropiezos su meta de remplazar lo
carácter. repnmido por unas formaciones reactivas y sublimaciones"
En la bibliografía psicoanalítica sobre el carácter, nos en- (pág. 323). Habiendo observado estas sustituciones en el análi-
contramos con un uso impreciso e incongruente de los vo- sis de adolescentes, me pregunto si la contrainvestidura del ca-
cablos. En particular, es confuso el empleo de "carácter", "tipo ráct~r reactivo (defensivo) no restringe, en vez de ampliar, el
de carácter" y "rasgo de carácter" como expresiones equivalen- ámbito adaptativo de la autorrealización. Volveré a ocuparme
tes. A grandes trazos, es posible distinguir en la caracterología de este interrogante luego.
psicoanalitica clásica cuatro enfoques. Según el primero de La trasformación de las fijaciones pulsionales en rasgos de
ellos (Freud, 1908; Abraham, 1921, 1924a, 1924b; Jones, ca~ácter es tan universal. y está tan bien documentada .que no
1918; Glover, 1924), el rasgo de carácter se reconduce a un ni- exige mayores comentanos. Tal vez no sea superfluo, sin em-
vel especifico de desarrollo o de fijación pulsionales (p. ej., ras- bargo, acotar que las predilecciones instintivas en combinación
gos de carácter orales); para el segundo (W. Reich, 1928, con sensibilidades especiales constituyen aspectos inherentes al
1930), el factór decisivo es el aspecto defensivo del yo (v. gr., desarrollo humano. Cuando las fijaciones pulsionales se traspo-
carácter reactivo, coraza del carácter); para el tercer enfoque nen en rasgos de carácter, los factores cualitativos y cuantitati-
(Freud, 1939), lo que determina el carácter es el destino de la vos que proceden de la dotación innata confieren a cada carác-
libido de objeto (v. gr., carácter narcisista o anaclitico); para ter una fisonomía sumamente individualizada.
el cuarto (Erikson, 1946), la influencia del ambiente, la cultu- .conocemos bien la ser.ie de rasgos de carácter que tienen su
ra y la historia es lo que imprime en la gente un estilo de vida ongen, separada o combmadamente, en los diversos niveles de
pautado y preferente (definición psicosocial del carácter). Por desarrollo psicosexual. Secundariamente, el yo hace uso de ta-
supuesto, estos cuatro elementos determinantes de lo.s rasgos de les proclividades incorporándolas a su propio ámbito y emple-

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ándolas para sus propios fines. Hablamos entonces del tipo de de otras funciones, dentro del marco del yo" (Hartmann, ibid.,
carácter sublimatorio. Si la predilección instintiva provoca un pág. 25); o sea, puede seguir siendo una parte de la personali-
conflicto, la automatización de las defensas marca al carácter dad pese a haber desaparecido su primitiva raison d'etre. El
en forma decisiva, como lo ejemplifica el carácter reactivo. Ve- pun~o de vist~ de Hartmann abre dos amplios caminos al pen-
mos que una actitud fija del yo en su manejo del peligro (p. ej., samiento: o bien la naturaleza defensiva del rasgo de carácter
la ..evitación") tiene mayores alcances y es más inclusiva que se altera porque este es vaciado d.e su contrainvestidura, o bien
un rasgo de carácter derivado de las trasposiciones de la pul- al componente del ello se le brinda una gratificación no
sión (p. ej., la .. terquedad"). No obstante, en los niños no es po- conflictiva en el ejercicio y el mantenimiento del carácter.· El
sible discernir esas reacciones yoicas circunscritas, permanen- logro de la genitalidad en la maduración pulsional de la adoles-
tes y fijadas, pues el yo del niño está en parte, pero significati- cencia, ¿no facilitará acaso uno u otro de estos resultados? ¿y
vamente, entreverado con los lazos de dependencia objetales no podría suponerse que estas transiciones o estas alteraciones
que lo unen a sus padres y al ambiente, hasta la pubertad. de los rasgos de carácter en su pasaje a la formación del carác-
Cierto es que podemos discernir netos rasgos de carácter en el ter son el logro fundamental de la adolescencia? Sin duda reco-
niño, pero lo que en la niñez se nos aparece como carácter es nocemos e~ la formación del carácter procesos integrativos,
fundamentalmente una pauta de actitudes yoicas, estabiliza- ~tr~cturacwnes y pautamientos que pertenecen a un orden
das mediante identificaciones, que, como bien sabemos, d~stmto que ~1 ~el mero conglomerad<? de rasgos, actitudes, há-
pueden sufrir una revisión radical durante la adolescencia. He ~ntos y p~uhandades. Lampl-de Groot (1963), guiándose por
aquí otra razón para enunciar que formación del carácter y tdeas similares, ha modificado las definiciones anteriores del
'1 adolescencia son sinónimos. Una consolidación precoz del ca- carácter (W. Reich, 1929; Fenichel, 1945) diciendo que "el ca-
rácter antes de la pubertad debe considerarse una anormalidad rácter es la manera habitual en que se alcanza la integración".
del desarrollo, ya que impide esa esencial elasticidad y flexibi-
lidad de la estructura psíquica sin la cual el proceso adolescen-
te no puede seguir su curso normal.
La distinción entre rasgos de carácter y carácter se corres-
La función del carácter
ponde con la línea demru-catoria que constituye, en el de- Las puntu~izaciones que hasta ahora he hecho acerca de la
sarrollo, la adolescencia. Los rasgos de carácter, pues, no son formac.ión del ~rácter llevaban implícito un supuesto que ya
idénticos al carácter per se, ni este es simpiemente la suma total es preciso enunciar de manera directa y positiva. Ha de tenerse
de aquellos. Desde luego, en cada individuo podemos rastrear presente, sin embargo, que hacemos estas propuestas aquí sólo
características o rasgos de carácter orales, anales, uretrales y p~ra alla~ar el camino hacia el tema central de esta investiga-
fálico-genitales, pero ninguno de ellos explica el carácter de ese ción: el vmculo entre el proceso adolescente y la formación del
individuo ni le hace justicia a este carácter como estructura carácter.
monolítica. Si en una persona reconocemos un cierto grado de Se ha dicho que el carácter, como componente definitivo de
terquedad, frugalidad y orden, sin duda estamos ante rasgos de la estructura psíquica adulta, cumple una función esencial en
carácter anales; pero vacilaremos en llamar a esa persona un el organismo psíquico maduro. Esa función se manifiesta e~ el
"carácter anal" a menos que conozcamos mejor los factores ~antenimiento de la homeostasis ·psicosomática, en la regula-
económicos, estructurales y dinámicos -el grado en que estos ción pautada de la autoestima (A; Reich, 1958), en la estabili-
rasgos son todavía investidos de erotismo anal y el grado en que zac~ón de la identidad yoica (Erikson, 1956) y en la automati-
se han emancipado de su servidumbre infantil y han adquiri- zación de los umbrales y barreras, cambiantes ambos de acuer-
do, con el correr del tiempo, funciones muy distantes de su do con l.a intensidad de los estímulos interiores y exteriores. Es-
fuente genética-. ta función reguladora abarca el mantenimiento de las fluc-
Recordamos aquí lo dicho por Hartmann (1952): las fun- tuaciones afectivas (incluida la depresión) dentro de un mar-
ciones yoicas defensivas pueden con el tiempo perder su natu- gen tolerable como principal determinante de la formación del
raleza defensiva y convertirse en valiosas partes integrantes del carácter (Zetzel, 1964).
patrimonio del yo, cuya función es más amplia que la defensiva Cuanto más compleja es una formación psíquica, más evasi-
original. De manera análoga, puede afirmarse que "la forma- va se torna para el observador la configuración u organización
ción del carácter reactivo, que tiene su origen en la defensa total. El concepto de carácter es un oportuno ejemplo de ello.
contra las pulsiones, puede tomar poco a poco sobre sí una serie Debemos contentarnos con el estudio de sus componentes o
' '

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+ '·'"''
más exactamente, con la descripción de la tot~lidad en térmi- términos de las condiciones previas, o de secuencias epigenéti-
nos de la función de sus constituyentes. A partir de estas ~pre­ cas, o de etapas de desarrollo que quedaron atrás, la meta de
hensiones fragmentarias puede luego armarse la totalidad esta indagación estaría más próxima. Zetzel (1964) ha subraya-
como entidad psíquica (Lichtenstein, 19~5). Se nos ~bren así do el aspecto evolutivo de la formación del carácter y se refiere
dos caminos para la indagación: 1) estudiar la~ f~n~10~es o~­ a una tarea evolutiva que, a mi juicio, corresponde a la fase de
servables a fin de atribuirles una estructura (prmciplO dmru:m- la adolescencia tardía. Es notable la forma en que Zetzel
co, económico), y 2) rastrear el crecimiento ~e ';1-n_a forma~Ión amplía la definición de la formación del carácter; dice así: "La
psíquica y ver cómo llega a ser lo que es (pnncipi? ge~étl~o) · formación del carácter [ ... ] abarca toda la gama de soluciones,
Estos caminos no son el fruto de una elección arbitrana, SI?"O adaptadas ó inadaptadas, frente a demandas evolutivas reco-
que nos son impuestos por la naturaleza de nuestra matena. nocidas" (pág. 153).
Hablando en términos generales, la formación del c_ar~cte~ es
un proceso integrativo, y como tal prop~nde a la ehmmación
del conflicto y del surgimiento de angustia. Recordemos lo que
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afirmaba Anna Freud (1936): no puede estudiarse al yo cuando El proceso adolescente y la formación del carácter
se encuentra en armonía con el ello, el superyó y el mundo ex-
terior- sólo revela su naturaleza cuando prevalece la desarmo- He escogido cuatro de esas demandas evolutivas, que creo
estrechamente relacionadas a la formación del carácter. En
1! nía e~tre las instituciones psíquicas. En el estud~o _del caráct~r
enfrentamos un dilema similar: podemos descnbir con clan- verdad, si no se hace frente a tales demandas con razonable
idoneidad, la formación del carácter se atrofia o asume un ses-
')1 dad la formación del carácter patológico, en tanto que el pro-
,, ceso típico normal se nos escapa. En el análisis de adolescentes go anormal. Huelga decir que yo contemplo la formación del
no podemos dejar de observar de qué callada manera cobra carácter desde una perspectiva evolutiva y veo en ella un pro~
forma el carácter cómo se consolida proporcionalmente al ceso normativo, que refleja el resultado del desarrollo pul-
rompimiento con los lazos infantiles y la disolución d~ estos, sional y yoico de la adolescencia. Podría comparárselo con el
surgimiento del. período de latencia como resultado de la diso-
del mismo modo que un ave fénix que surge de ~as. ceniZas.,
lución del complejo de Edipo. Toda vez que el estadio edípico
Retomemos esta pregunta: ¿Por qué la fon_nación del ~arac­
se prolonga más allá del momento apropiado, la latencia r.esul-
ter se produce en el período de la adolescencia, o,. más ~nen, a
su término? En general, reconocemos el p~ogreso evolutivo por ta incompleta o fallida. Estamos habituados a considerar la
declinación del complejo de Edipo como prerrequisito para
la aparición de nuevas formaciones psíqmcas c~mo con~ecuen­
cia de procesos diferenciadores. La maduración yulswn~l Y que la latencia se haga valer; con una perspectiva análoga,
propongo aquí cuatro condiciones previas evolutivas sin las
yoica conduce siempre a una nueva y m~ compleJa orgamza-
ción de la personalidad. El avance pulswnal del adolescente cuales la formación del carácter adolescente no puede seguir su
curso y el logro de la adultez queda trunco.
hasta el nivel de la genitalidad adulta presupone ~n ordena-
miento jerárquico de las pulsiones, tal co~o se ~efleJa en la or-
ganización del placer previo. La maduración ymca, netamente La segunda individuación
influida (aunque no totalmente determinada) por el pr~~eso
pulsional, se traduce en avances cualitativos ~e la cogmción, La primera de esas condiciones previas abarca lo que se ha
según han descrito Inhelder y Piaget (1958). S~ contei?plamos dado en llamar "el aflojamiento de los lazos objetales infanti-
el desarrollo y la maduración como procesos diferenciadores e les" (A. Freud, 1958), proceso que, en sus más vastos alcances,
integrativos, cabe preguntar: ¿Cuáles de estos pr_ocesos son he conceptualizado como el "segundo proceso de individuación
condición previa, en la adolescencia, de la formación del ca- de la adolescencia" (véase el capítulo 8). La tarea del de-
rácter? sarrollo radica aquí en el desasimiento de las investiduras libi-
Abordaré este problema indagando ciertos aspectos de los dinales y agresivas respecto de los objetos de amor y odio infan-
progresos pulsionales y yoicos típ.icos del adol~cente, que tor- tiles interiorizados. Sabemos que las relaciones objetales infan-
nan no sólo posible sino imperativa la formación del ~arácter tiles están íntimamente entramadas con la formación de la
para estabilizar la nueva orga~ización ~e ~a personalidad al- estructura psíquica, según lo demuestra, verbigracia, la tras-
canzada en la adultez: Sise pudiera descnbu el carácter en tér- formación del amor de objeto en identificación. No necesito re-
minos de funciones observables, y la formación del carácter en ('ordar que las relaciones objetales activan y conforman nú-

147
146 "
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deos yoicos en torno de los cuales se aglutinan las experien- por vía de una reinvestidura regresiva de posiciones pregenita-
cias posteriores, ni que inducen y agudizan sensibilizaciones les y preedípicas. Se vuelve a recorrerlas, pGr así decir, se las
idiosincrásicas, incluidas las preferencias y evitaciones indivi- revive, pero con la diferencia de que el yo adolescente, que se
duales. La formación más dramáticamente decisiva que deriva halla en un estado muchísimo más maduro frente a las pul-
de las relaciones objetales es el superyó. Los conflictos de la in- siones y conflictos infantiles, es capaz de modificar el
. fancia y ra niñez dan origen a los numerosos rasgos de carácter equilibrio entre el yo y el ello. Nuevas identificaciones (''el
y actitudes que, en esta Ptapa, es fácil observar in statu nas- amigo", "el grupo", etc.) toman sobre sí, de modo episódico o
cendi. duradero, funciones superyoicas. El retraimiento emocional y
En el desasimiento de los lazos objetales infantiles vemos la físico del adolescente respecto del mundo de sus lazos de deptm-
contraparte psicológica del logro de la madurez somática, pro- dencia y protección infantiles, ~í como su enfrentamiento con
ducida por el proceso biológico de la pubertad. Las forma- ese mundo, hacen que busque durante un tiempo una coraza
ciones psíquicas que no sólo derivaron de las relaciones objeta- protectora en apasionadas (pero por lo común pasajeras) rela-
,, les sino que mantienen, en mayor o menor medida, firmes la- ciones con sus pares. Se observan entonces cambiantes identifi-
zos instintivos con las representaciones de objeto infantiles son ~aciones, con connotaciones imitativas y reparatorias, expresa-
afectadas, a menudo de manera catastrófica, por la segunda das en la postura, la manera de caminar y gesticular, el atuen-
individuación adolescente. El superyó vuelve a poner de mani- do, el lenguaje, las opiniones y sistemas de valores, etc. Su ín-
fiesto, por el grado de su desorganización o desintegración en dole mudable y experimental es una señal de que el carácter
la adolescencia, la afinidad afectiva de esta estructura con los aún no se ha formado, pero indica asimismo que la adaptación
vínculos de objeto infantiles. Aquí sólo puedo insinuar que social ha trascendido los confines de la familia, su medio y su
muchas funciones de adaptación y control pasan del superyó al tradición. Por significativas que sean estas estaciones de paso
ideal del yo, o sea, a una formación narcisista. El amor del be- de la vida social, dejan de ser útiles cuando se desenvuelve e
bé por sus progenitores es sustituido, al menos en parte, por el instrumenta un plan de vida, cuando el individuo es capaz de
amor a sí mismo o a su perfección corporal,! entablar relaciones objetales adultas y proyectar de manera re-
La reestructuración psíquica, implícita en lo anterior, no alista su self hacia el futuro. Sabemos entonces que se ha llega-
puede alcanzarse sin regresión. El impulso irresistible hacia do a una cons,olidación de la personalidad, que se ha dado un
una creciente autonomía por vía de la regresión nos obliga a nuevo paso adelante en la interiorización, que las congruencias
considerar que esta regresión de la adolescencra está al servicio y uniformidades interiores se han estabilizado, y que la con-
del desarrollo más que al servicio de la defensa. De hecho, el ducta y las actitudes han adquirido una fisonomía casi prede-
análisis demuestra a carta cabal no sólo que el adolescente se cible, confiable y armónica,
defiende contra la regresión especifica de la fase, sino también
que la tarea del análisis es facilitar dicha regresión.
La regresión adolescente es, además de inevitable, obligato- Traumas residuales
ria -o sea, es específica de la fase-. La regresión adolescente
al servicio del desarrollo pone en contacto a un yo más evolu- Abordaré ahora el segundo prerrequisito de la formación del
cionado con posiciones pulsionales infantiles, con antiguas carácter adolescente, que echará luz sobre la función del ca-
constelaciones conflictivas y sus soluciones, con las tempranas rácter. Confío en poder demostrar que este asume funciones
relaciones objetales y formaciones narcisistas. Podría afirmarse homeostáticas tomadas de otras instancias reguladoras de la ni-
que el funcionamiento de la personalidad que r~~ltaba ad~­ 1\ez. En este sentido, tenemos que examinar el efecto del
cuado para el niño protoadolescente sufre una revlSlón selecti- trauma en la formación del carácter adolescente (véase Blos,
va. Y a esta tarea se vuelcan los mayores rec~:usos del yo. 1962, págs. 132-40). En este artículo empleamos el término
En el curso de la reestructuración psíguica adolescente el yo "trauma" de acuerdo con la definición de Greenacre (1967):
trae hacia su propia jurisdicción las propensiones pulsionales y "En mi propia obra -escribe esta autora-, no he limitado mi
las influencias superyoicas, integrando estos elementos dispares concepción del trauma a acontecimientos traumáticos sexuales
en una pauta adaptativa. La segunda individuación procede (genitales) ni a episodios circunscritos, sino que he incluido las
mndiciones traumáticas, o sea, cualquier condición que parez-
1 En el capítulo 15 se abordan las conexiones entre las relaciones objeta- c·a definidamente desfavorable, nociva o sumamente dañina
les infantiles, él superyó y el ideal del yo. 1>ara el desarrollo del individuo joven" (pág. 277).

148 149
La formulación teórica que sigue es fruto de mis observa- carácter. Esta ha contrarrestado una situación de impotencia
ciones clínicas a lo largo de los años. El análisis de adolescentes vigilante. El carácter es, pues, equivalente a respuestas pauta-
mayores me ha demostrado que la resolución del conflicto das frente a situaciones de peligro arquetípicas o a la angustia-
neurótico, la emancipación respecto de las fantasías infantiles, señal; en otras palabras: equivale a la conquista del trauma re-
llevará a buen término la labor analítica sin que se hayan eli- sidual, no merced a su desaparición o su evitación, sino a su
minado, empero, todos los restos del cimiento patógeno sobre continuidad dentro de una formación adaptativa. En el tras-
el cual descansaba la enfermedad. Estos restos se vuelven reco- torno de carácter este proceso se ha descarriado: la estabiliza-
nocibles en la especial sensibilidad a ciertos estímulos externos ción caracterológica se ha vuelto inadaptada.
o internos, en la atracción por (o evitación de) ciertas vivencias Del trauma residual emana, digámoslo así, un tenaz y per-
o fantasías, o en tendencias somáticas, pese a que todos estos sistente impulso a la efectivización de esa formación interna de
aspectos pueden haber sido tratados exhaustivamente en el la personalidad que· llamamos ''carácter". Debido a su origen,
análisis. Cuando este llega a su fin, tales residuos han perdido el carácter contiene siempre un elemento compulsivo: está más
su valencia nociva, a causa de lá maduración pulsional y yoica, allá del libre arbítrio y la contemplación, es evidente por sí
pero continúan requiriendo una contención constante; o sea, mismo y forzoso. La energía requerida para que cobre forma
hay que seguir teniéndolos en cuenta en el mantenimiento de la deriva, en parte, de la investidura que el trauma residual po-
homeostasis psíquica. Sostengo que la automatización de este see. Los adolescentes que eluden la trasposición del trauma re-
1'
11 proceso de contención es idéntica a la función del carácter -o, sidual en formación del carácter proyectan la situación de pe-
'1
más exactamente, a una parte de esta función-. Tales sensibi- ligro al mundo externo, y así evitan enfrentarse interiormente
lizaciones permanentes a situaciones especiales de peligro de con ella. Al no interiorizar la situación de peligro, pierden la
'1
valencia traumática se encuentran, por ejemplo, en la expe- oportunidad de llegar a una conciliación; su proyección al
riencia de la pérdida de objeto, de la dependencia pasiva, de la mundo externo da por resultado un estado de temor de conver-
pérdida de control, de la merma de la autoestima, así como tirse e~ víctima; a ello siguen la indecisión y el azoramiento.
también de otras situaciones estructural y afectivamente perju- Erikson (1956) ha denominado a este impase "la moratoria
diciales. psicosocial del adolescente". La experiencia nos dice que ella
Suponemos aquí que el trauma es una situación humana uni- conduce a una. formación tardía del carácter o a una afección
versal durante la infancia y la niñez temprana, y que aun en patológica. Tenem,os la impresión de que la formación del ca-
las circunstancias más favorables deja un residuo permanente. rácter es más abarcadora que las influencias, identificaciones y
El proceso adolescente, incapaz de superar el efecto dese- defensas del superyó~ y estamos en condiciones de enunciar que
quilibrador de este residuo, lo asimila a través de la estabiliza- opera en ella un principio integrativo que une los diversos
ción caracterológica, o sea, volviéndolo acorde con el yo. Me aportes y elementos confluyentes con vistas a una ampliación
apoyo aquí en el distingo trazado por Freud (1939) entre el de la autonomía secundaria del yo. Dentro de esta esfera de
efecto positivo y el negativo del trauma. La reacción negativa impresiones clínicas se halla el concepto de identidad del yo, de
tiende a remover todo recuerdo o repetición de aquel, y, por la Erikson (1956).
vía de las evitaciones, fobias, compulsiones e inhibiciones, lleva En el análisis de adolescentes mayores podemos observar
a la formación del carácter reactivo. Los efectos positivos "son que, con la consolidación del carácter, se va marchitando su
tentativas de devolver al trauma su vigencia, vale decir, de re- exuberante vida de fantasía. Comenta Greena.cre (1967) que
cordar la vivencia olvidada [ ... ] ' de hacerla real' de vivenciar toda vez que una vivencia traumática ha estado asociada a una
de nuevo' una repetición de ella. [Los efectos] pueden ser acogi- fantasía subyacente, la fijación al trauma es más persistente
dos en el yo llamado «normal» y, como tendencias suyas, pres- que en aquellos casos en que este era más moderado y circuns-
tarle unos rasgos de carácter inmutables" (pág. 75). tancial. ¿Podría ser que en la formación del carácter adoles-
El apogeo de este logro integrativo se halla en el período fi- cente no sólo el aspecto vivencia! del trauma residual, sino
nal de la adolescencia, cuando la enorme inestabilidad de las también la fantasía preexistente a él asociada, fuera absorbida
funciones psíquicas y somáticas cede sitio poco a poco a una por la organización yoica? A menudo se ha dicho que las mo-
modalidad de funcionamiento organizado e integrado. Una ciones pulsionales se exteriorizan en el ejercicio del llamado
vez que se ha vuelto parte integral del yo, el trauma re$idual "carácter sano". Sea como fuere, ahora quisiéramos sostener
deja de alertado una y otra vez mediante la angustia-señal: ha que la estabilización caracterológica del trauma residual pro-
pasado a ser un organizador en el proceso de la formación del mueve la independencia del individuo respecto de su ambien-

150 ISI
1 • .' ~
te, del cual emanó originalmente el daño traumático en una Desde luego, este sentimiento tiene mucho en común con las
época en que el dolor equivalía ·a lo exterior al self, o bien al cualidades psicológicas que atribuimos al reflejo del carácter
no-self. en los estados de sentimiento subjetivos.

Continuidad yoica Identidad sexual

Paso ahora a la tercera condición previa para la formación A fin de completar el conjunto de prerrequisitos que pro-
del carácter adolescente. También eil este caso la observación ";lueven la formación del carácter adolescente, hay que men-
clí.nica ha mostrado el rumbo y aclarado el camino para una ciOnar, en cuarto lugar, el surgimiento de la identidad sexual.
formulación conceptual. Ya me he referido a ciertos casos de Si bien la condición de varón o mujer es establecida a tempra-
acting out adolescente en que el comportamiento inadaptado na edad, he sostenido que la identidad sexual con sus límites
representa un esfuerzo por contradecir, a través del lenguaje definitivos (o sea, irreversibles) sólo aparece en fecha tardía,
de la acción, una desfiguración de la historia familiar impueSta como proceso colateral a la maduración sexual de la pubertad.
al niño de manera coactiva. A esa distorsión la he llamado el Antes de alcanzar la madurez física en el plano sexual los lími-
"mito familiar" (véasf: el capítulo 12). Difiere de la clásica "no- tes de la identidad sexual son fluidos. En verdad, u~a identi-
vela familiar" en que la distorsión le es impuesta al niño desde dad sexual cambiante o ambigua, dentro de ciertos límites, es
afuera, poniendo en tela de juicio la validez de su propia per- la regla más que la excepción. Y esto es más evidente en la niña
cepción. El estudio de un número considerable de tales casos ~ue_ e~ el varón. Basta recordar el grado de aceptación social e
me ha llevado al convencimiento de que el desarrollo adoles- mdividual de que goza la "etapa varonera" de la niña, y la pro-
cente sólo puede seguir adelante si el yo logra establecer una funda represión de la envidia del pecho en el varón preadoles-
continuidad histórica en este ámbito. Vemos operar este empe- cente. De todos modos, la pubertad establece una línea demar-
ño en la generalizada reevaluación crítica de los progenitores, catoria, más allá de la cual las adiciones bisexuales a la identi-
o, por desplazamiento, de sus representantes en la sociedad. dad de s~xo se tornan in~ompatibles con el desarrollo progresi-
Sabemos muy bien que gran parte de lo que el niño percibe está vo. Clímcame!lte, es fácil observar esto en la creciente capaci-
determinada por lo que los demás suponen que él debe perci- dad del adolescente para el hallazgo de objeto heterose.x;ual y
bir. La enmienda introducida en la adolescencia restaura la in- en la merma de la masturbación, hechos ambos que avanzan
tegridad de los sentidos, al menos en cierta medida. Cuando es- de manera paralela a la formación de la identidad sexual.
te empeño falla, a elló sigue una parcial caducidad del de- No es mi propósito rastrear aquí el origen o la resolución de
sarrollo adolescente, y la reestructuración psíquica queda in- la bisexualidad, pero hay que señalar que en la medida en que
completa. Desde este ángulo pueden entenderse no sólo la con- perdura la ambigüedad -o ambivalencia- de la identifica-
ducta delictiva de los adolescentes, sino también gran parte. de c~?n sexual, el yo ~o puede dejar de ser afectado por la ambi-
los apur:os por los que pasan y la vida riesgosa que llevan, así guedad de _las pulswnes. Las exigencias madurativas de la pu-
como sus producciones creativas, en especial literarias. bertad estimulan, por lo general, procesos integrativos de
Desde luego, en todo análisis surge la instauración de la con- complejida~ c~da vez mayor, pero en tanto y en cuanto preva-
tinuidad histórica del yo, pero en el de adolescentes ella tiene lece .la ambiguedad sexual estos procesos pierden empuje, di-
un efecto integrador y estimulante del crecimiento, que va más rección y foco; o sea: la maduración es derrotada en toda la lí-
allá de la. resolución del conflicto. Hablaba en nombre de nea. El adolescente vivencia esto subjetivamente como una cri-
muchos aquel adolescente que dijo que no es posible tener un sis .o difusión de su identidad, para emplear la terminología de
futuro si no se tiene un pasado. Observamos, nuevamente, una Enkson (1956). En la prosecución de nuestro tema concluire-
tendencia a la interiorización, o bien, a la inversa, a una des- mos diciendo que la formación del carácter presu~one que la
vinculación (en el plano yoico) del ambiente protector de los identidad sexual ha avanzado a lo largo de un sendero que se
adultos, que ha actuado como custodio y guardián del yo in- va estrechando, y que conduce a la identidad masculina o fe-
maduro del niño. Parecería que la maduración yoica, según los menina.
lineamientos descritos, da origen en la adolescencia, cuando la En esta coy~ntura observamos, en la adolescencia tardía y la
envoltura familiar ha dejado de prestar su antigua utilidad, a posadolescenc1a, con qué persistencia han sido excluidos de la
un sentimiento subjetivo de integridad y de inviolabilidad. expresión genital y absorbidos en la formación del carácter los

1 1~2 IS3
más exactamente, con la descripción de la tot~lidad en térmi- términos de las condiciones previas, o de secuencias epigenéti-
nos de la función de sus constituyentes. A partir de estas apre- cas, o de etapas de desarrollo que quedaron atrás, la meta de
hensiones fragmentarias puede luego armarse la totalidad esta indagación estaría más próxima. Zetzel (1964) ha subraya-
como entidad psíquica (Lichtenstein, 19~5). Se nos ~bren así do el aspecto evolutivo de la formación del carácter y se refiere
dos caminos para la indagación: 1) estudiar la~ f~n~w~es o~­ a una tarea evolutiva que, a mi juicio, corresponde a la fase de
servables a fin de atribuirles una estructura (pnnciplO dmái.m- la adolescencia tardía. Es notable la forma en que Zetzel
co, económico), y 2) rastrear el crecimiento ~e '!n.a forma~Ión amplía la definición de la formación del carácter; dice así: "La
psíquica y ver cómo llega a ser lo que es (prmcipi? ge~étl~o). formación del carácter [ ... ] abarca toda la gama de soluciones,
Estos caminos no son el fruto de una elección arbitrana, SI?O adaptadas o inadaptadas, frente a demandas evolutivas reco-
que nos son impuestos por la ?aturaleza d~ nuestra matena. nocidas" (pág. 153).
Hablando en términos generales, la formación del c.ar~cte~ es
un proceso integrativo, y como tal prop~nde a la ehmmación
del conflicto y del surgimiento de angustia. Recordemos lo que
afirmaba Anna Freud (1936): no puede estudiarse al yo cuando El proceso adolescente y la formación del carácter
se encuentra en armonía con el ello, el superyó y el mundo ex-
He escogido cuatro de esas demandas evolutivas, que creo
terior· sólo revela su naturaleza cuando prevalece la desarmo-
nía e~tre las instituciones psíquicas. En el estud~o .del caráct~r
estrechamente relacionadas a la formación del carácter. En
verdad, si no se hace frente a tales demandas con razonable
enfrentamos un dilema similar: podemos descnbu con clan-
idoneidad, la formación del carácter se atrofia o asume un ses-
dad la formación del carácter patológico, en tanto que el pro-
ceso típico normal se nos escapa. En el análisis de adolescentes go anormal. Huelga decir que yo contemplo la formación del
carácter desde una perspectiva evolutiva y veo en ella un pro-
no podemos dejar de observar de qué callada manera cobra
ceso normativo, que refleja el resultado del desarrollo pul-
forma el carácter, cómo se consolida pro~orcü~nalmente al
sional y yoico de la adolescencia. Podría comparárselo con el
rompimiento con los lazos infantiles y la disolución d~ estos,
surgimiento del. período de latencia como resultado de la diso-
del mismo modo que un ave fénix que surge de ~as. ceniZas ..
lución del complejo de Edipo. Toda vez que el estadio edípico
Retomemos esta pregunta: ¿Por qué la fori?ación del ~arac­
se prolonga más allá del momento apropiado, la latencia r.esul-
ter se produce en el período de la adolescencia, o,. más ~nen, a
ta incompleta o fallida. Estamos habituados a considerar la
su término? En general, reconocemos el progreso evolutivo por
declinación del complejo de Edipo como prerrequisito para
la aparición de nuevas formaciones psíquicas c~mo con~ecuen­
que la latencia se haga valer; con una perspectiva análoga,
cia de procesos diferenciadores. La maduración. pulswn~l Y
propongo aquí cuatro condiciones previas evolutivas sin las
yoica conduce siempre a una nueva y más compleJa orgamza-
cuales la formación del carácter adolescente no puede seguir su
ción de la personalidad. El avance pulsional del ádolescente curso y el logro de la adultez queda trunco.
hasta el nivel de la genitalidad adulta presupone ~n ordena-
miento jerárquico de las pulsiones, tal co~o se ~efleJa en la or-
ganización del placer previo. La maduración ymca, netamente La segunda individuación
influida (aunque no totalmente determinada) por el pr~~eso
pulsional, se traduce en avances cualitativos ~e la cogmción, La primera de esas condiciones previas abarca lo que se ha
según han descrito Inhelder y Piaget (1958). S~ conte';Ilplamos dado en llamar "el aflojamiento de los lazos objetales infanti-
el desarrollo y la maduración como procesos diferenciadores e les" (A. Freud, 1958), proceso que, en sus más vastos alcances,
integrativos, cabe preguntar: ¿Cuáles de estos p~ocesos son he conceptualizado como el "segundo proceso de individuación
condición previa, en la adolescencia, de la formación del ca- de la adolescencia" (véase el capítulo 8). La tarea del de-
rácter? sarrollo radica aquí en el desasimiento de las investiduras libi-
Abordaré este problema indagando ciertos aspectos de los dinales y agresivas respecto de los objetos de amor y odio infan-
progresos pulsionales y yoicos típicos del adole~cente, que tor- tiles interiorizados. Sabemos que las relaciones objetales infan-
nan no sólo posible sino imperativa la formación del :arácter tiles están íntimamente entramadas con la formación de la
para estabilizar la nueva orga~ización ~e .la personahdad al- estructura psíquica, según lo demuestrá, verbigracia, la tras-
canzada en la adultez: Si .se pudiera descnbu el carácter en tér- formación del amor de objeto en identificación. No necesito re-
minos de funciones observables, y la formación del carácter en l'ordar que las relaciones objetales activan y conforman nú-

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cleos yoicos en torno de los cuales se aglutinan las experien- por vía de una reinvestidura regresiva de posiciones pregenita-
cias posteriores, ni que inducen y ag~dizan ~ens~biliz~cio~~ les y preedípicas. Se vuelve a recorrerlas, por así decir, se las
idiosincrásicas, incluidas las preferencias y ev1tac10nes mdtvl- revive, pero con la diferencia de que el yo adolescente, que se
duales. La formación más dramáticamente decisiva que deriva halla en un estado muchísimo más maduro frente a las pul-
de las relaciones objetales es el superyó. Los conflictos de la in- siones y conflictos infantiles, es capaz de modificar el
·.. fancia y l'a niñez dan origen a los numerosos rasgos de carácter equilibrio entre el yo y el ello. Nuevas identificaciones (''el
\ y actitudes que, en esta etapa, es fácil observar in statu nas- amigo", "el grupo", etc.) toman sobre sí, de modo episódico o
cendi. duradero, funciones superyoicas. El retraimiento emocional y
En el desasimiento de los lazos objetales infantiles vemos la físico del adolescente respecto del mundo de sus lazos de depen-
contraparte psicológica del logro de la madurez somática, pro- dencia y protección infantiles, ~í como su enfrentamiento con
ducida por el proceso biológico de la pubertad. Las forma- ese mundo, hacen que busque durante un tiempo una coraza
ciones psíquicas que no sólo derivaron de las relaciones objeta- protectora en apasionadas (pero por lo común pasajeras) rela-
les sino que mantienen, en mayor o menor medida, firmes la- ciones con sus pares. Se observan entonces cambiantes identifi-
zos instintivos con las representaciones de objeto infantiles son <?aciones, con connotaciones imitativas y reparatorias, expresa-
afectadas a menudo de manera catastrófica, por la segunda das en la postura, la manera de caminar y gesticular, el atuen-
individua~ión adolescente. El superyó vuelve a poner de mani- do, el lenguaje, las opiniones y sistemas de valores, etc. Su ín-
fiesto, por el grado de su desorganización o desintegración en dole mudable y experimental es una señal de que el carácter
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la adolescencia, la afinidad afectiva de esta estructura con los aún no se ha formado, pero indica asimismo que la adaptación
vínculos de objeto infantiles. Aquí sólo puedo insinuar que social ha trascendido los confines de la familia, su medio y su
muchas funciones de adaptación y control pasan del superyó al tradición. Por significativas que sean estas estaciones de paso
ideal del yo, o sea, a una formación narcisista. El amor del be- de la vida social, dejan de ser útiles cuando se desenvuelve e
bé por sus progenitores es sustituido, al menos en parte, por el instrumenta un plan de vida, .cuando el individuo es capaz de
amor a sí mismo o a su perfección corporal.1 entablar relaciones objetales adultas y proyectar de manera re-
La reestructuración psíquica, implícita en lo anterior, no alista su self hacia el futuro. Sabemos entonces que se ha llega-
puede alcanzarse sin regresión. El impulso irresistible hacia do a una cons!Jlidación de la personalidad, que se ha dado un
una creciente autonomía por vía de la regresión nos obliga a nuevo paso adelante en la interiorización, que las congruencil;lS
considerar que esta regresión de la adolescencra está al servicio y uniformidades interiores se han estabilizado, y que la con-
del desarrollo más que al servicio de la defensa. De hecho, el ducta y las actitudes han adquirido una fisonomía casi prede-
análisis demuestra a carta cabal no sólo que el adolescente se cible, confiable y armónica,
defiende contra la regresión específica de la fase, sino también
que la tarea del análisis es facilitar dicha ;egr~ión. .
La regresión adolescente es, además de mevttable, obligato- Traumas residuales
ria -o sea, es especifica de la fase-. La regresión adolescente
al servicio del desarrollo pone en contacto a un yo más evolu- Abordaré ahora el segundo prerrequisito de la formación del
cionado con posiciones pulsionales infantiles, con antiguas carácter adolescente, que echará luz sobre la función del ca-
constelaciones conflictivas y sus soluciones, con las tempranas rácter. Confío en poder demostrar que este asume funciones
relaciones objetales y formaciones narcisistas. Podría afirmarse homeostáticas tomadas de otras instancias reguladoras de la ni-
que el funcionamiento de la personalidad que r~~taba ad~­ ñez. En este sentido, tenemos que examinar el efecto del
cuado para el niño protoadolescente sufre una rev1s1ón selecti- trauma en la formación del carácter adolescente (véase Blos,
va. Y a esta tarea se vuelcan los mayores rec~usos del yo. 1962, págs. 132-40). En este artículo empleamos el término
En el curso de la reestructuración psíguica adolescente el yo "trauma" de acuerdo con la definición de Greenacre (1967):
trae hacia su propia jurisdicción las propensiones pulsionales y "En mi propia obra -escribe esta autora-, no he limitado mi
las influencias superyoicas, integrando estos elementos dispares concepción del trauma a acontecimientos traumáticos sexuales
en una pauta adaptativa. La segunda individuación procede (genitales) ni a episodios circunscritos, sino que he incluido las
condiciones traumáticas, o sea, cualquier condición que parez-
1 En el capítulo 15 se abordan las conexiones entre las relaciones objeta- ca definidamente desfavorable, nociva o sumamente dañina
les infantiles, él superyó y el ideal del yo. para el desarrollo del individuo joven" (pág. 277).

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La formulación teórica que sigue es fruto de mis observa- carácter. Esta ha contrarrestado una situación de impotencia
ciones clínicas a lo largo de los años. El análisis de adolescentes vigilante. El carácter es, pues, equivalente a respuestas pauta-
mayores me ha demostrado que la resolución del conflicto das frente a situaciones de peligro arquetípicas o a la angustia-
neurótico, la emancipación respecto de las fantasías infantiles, señal; en otras palabras: equivale a la conquista del trauma re-
llevará a buen término la labor analítica sin que se hayan eli- sidual, no merced a su desaparición o su evitación, sino a su
minado, empero, todos los restos del cimiento patógeno sobre continuidad dentro de una formación adaptativa. En el tras-
el cual descansaba la enfermedad. Estos restos se vuelven reco- torno de carácter este proceso se ha descarriado: la estabiliza-
nocibles en la especial sensibilidad a ciertos estímulos externos ción caracterológica se ha vuelto inadaptada.
o internos, en la atracción por (o evitación de) ciertas vivencias Del trauma residual emana, digámoslo así, un tenaz y per-
o fantasías, o en tendencias somáticas, pese a que todos estos sistente impulso a la efectivización de esa formación interna de
aspectos pueden haber sido tratados exhaustivamente en el la personalidad que· llamamos "carácter". Debido a su origen.,
análisis. Cuando este llega a su fin, tales residuos han perdido el carácter contiene siempre un elemento compulsivo: está más
su valencia nociva, a causa de lá maduración pulsional y yoica, allá del libre arbítrio y la contemplación, es evidente por si
pero continúan requiriendo una contención constante; o sea, mismo y forzoso. La energía requerida para que cobre forma
hay que seguir teniéndolos en cuenta en el mantenimiento de la deriva, en parte, de la investidura que el trauma residual po-
homeostasis psíquica. Sostengo que la automatización de este see. Los adolescentes que eluden la trasposición del trauma re-
proceso de contención es idéntica a la función del carácter -o, sidual en formación del carácter proyectan la situación de pe-
más exactamente, a una parte de esta función-. Tales sensibi- ligro al mundo externo, y así evitan enfrentarse interiormente
lizaciones permanentes a situaciones especiales de peligro de con ella. Al na interiorizar la situación de peligro, pierden la
valencia traumática se encuentran, por ejemplo, en la expe- oportunidad de llegar a una conciliación; su proyección al
riencia de la pérdida de objeto, de la dependencia pasiva, de la mundo externo da por resultado un estado de temor de conver-
pérdida de control, de la merma de la autoestima, así como tirse e~ víctima; a ello siguen la indecisión y el azoramiento.
también de otras situaciones estructural y afectivamente perju- Erikson (1956) ha denominado a este impase "la moratoria
diciales. psicosocial del adolescente". La experiencia nos dice que ella
Suponemos aquí que el trauma es una situación humana uni- conduce a una. formación tardía del carácter o a una afección
versal durante la infancia y la niñez temprana, y que aun en patológica. Tenem.os la impresión de que la formación del ca-
las circunstancias más favorables deja un residuo permanente. rácter es más abarcadora que las influencias, identificaciones y
El proceso adolescente, incapaz de superar el efecto dese- defensas del superyó~ y estamos en condiciones de enunciar que
quilibrador de este residuo, lo asimila a través de la estabiliza- opera en ella un principio integrativo que une los diversos
ción caracterológica, o sea, volviéndolo acorde con el yo. Me aportes y elementos confluyerites con vistas a una ampliación
apoyo aquí en el distingo trazado por Freud (1939) entre el de la autonomía secundaria del yo. Dentro de esta esfera de
efecto positivo y el negativo del trauma. La reacción negativa impresiones clínicas se halla el concepto de identidad del yo, de
tiende a remover todo recuerdo o repetición de aquel, y, por la Erikson (1956).
vía de las evitaciones, fobias, compulsiones e inhibiciones, lleva En el análisis de adolescentes mayores podemos observar
a la formación del carácter reactivo. Los efectos positivos "son que, con la consolidación del carácter, se va marchitando su
tentativas de devolver al trauma su vigencia, vale decir, de re- exuberante vida de fantasía. Comenta Greena.cre (1967) que
cordar la vivencia olvidada [o oo], de hacerla real, de viven ciar toda vez que una vivencia traumática ha estado asociada a una
de nuevo. una repetición de ella. [Los efectos] pueden ser acogi- fantasía subyacente, la fijación al trauma es más persistente
dos en el yo llamado «normal» y, como tendencias suyas, pres- que en aquellos casos en que este era más moderado y circuns-
tarle unos rasgos de carácter inmutables" (pág. 75). tancial. ¿Podría ser que en la formación del carácter adoles-
El apogeo de este logro integrativo se halla en el período fi- cente no sólo el aspecto vivencial del trauma residual, sino
nal de la adolescencia, cuando la enorme inestabilidad de las también la fantasía preexistente a él asociada, fuera absorbida
funciones psíquicas y somáticas cede sitio poco a poco a una por la organización yoica? A menudo se ha dicho que las mo-
modalidad de funcionamiento organizado e integrado. Una ciones pulsionales se exteriorizan en el ejercicio del llamado
vez que se ha vuelto parte integral del yo, el trauma rel'lidual "carácter sano". Sea como fuere, ahora quisiéramos sostener
deja de alertarlo una y otra vez mediante la angustia-señal: ha que la estabilización caracterológica del trauma residual pro-
pasado a ser un organizador en el proceso de la formación del mueve la independencia del individuo respecto de su ambien-

150 151
.~ .
te, del cual emanó originalmente el daño traumático en una Desde luego, este sentimiento tiene mucho en común con las
época en que el dolor equivalía -a lo exterior al self, o bien al cualidades psicológicas que atribuimos al reflejo del carácter
no-self. en los estados de sentimiento subjetivos.

Continuidad yoica Identidad sexual

Paso ahora a la tercera condición prevía para la formación A fin de completar el conjunto de prerrequisitos que pro-
del carácter adolescente. También eil este caso la observación: ~ueven la formación del carácter adolescente, hay quemen-
clí.nica ha mostrado el rumbo y aclarado el camino para una ciOnar, en cuarto lugar, el surgimiento de la identidad sexual.
formulación conceptual. Ya me he referido a ciertos casos de Si bien la condición de varón o mujer es establecida a tempra-
acting out adolescente en que el comportamiento inadaptado na edad, he sostenido que la identidad sexual con sus límites
representa un esfuerzo por contradecir, a través del lenguaje definitivos (o sea, irreversibles) sólo aparece en fecha tardía,
de la acción, una desfiguración de la historia familiar impueSta como proceso colateral a la maduración sexual de la pubertad.
al niño de manera coactiva. A esa distorsión la he llamado el Antes de alcanzar la madurez física en el plano sexual, los lími-
' í tes de la identidad sexual son fluidos. En verdad, una identi-
"mito familiar" (véao;"' el capítulo 12). Difiere de la clásica "no-
vela familiar" en que la distorsión le es impuesta al niño desde dad sexual cambiante o ambigua, dentro de ciertos límites, es
afuera, poniendo en tela de juicio la validez de su propia per- la regla más que la excepción. Y esto es más evidente en la niña
cepción. El estudio de un número considerable de tales casos que en el varón. Basta recordar el grado de aceptación social e
me ha llevado al convencimiento de que el desarrollo adoles- individual de que goza la "etapa varonera" de la niña, y la pro-
cente sólo puede seguir adelante si el yo logra establecer una funda represión de la envidia del pecho en el varón preadoles-
continuidad histórica en este ámbito. Vemos operar este empe- cente. De todos modos, la pubertad establece una línea demar-
ño en la generalizada reevaluación crítica de los progenitores, catoria, más allá de la cual las adiciones bisexuales a la identi-
o, por desplazamiento, de sus representantes en la sociedad. dad de sexo se tornan incompatibles con el desarrollo progresi-
Sabemos muy bien que gran parte de lo que el niño percibe está vo. Clínicame~te, es fácil observar esto en la creciente capaci-
determinada por lo que los demás suponen que él debe perci- dad del adolescente para el hallazgo de objeto heterose:¡¡:ual y
bir. La enmienda introducida en la adolescencia restaura la in- en la merma de la masturbación, hechos ambos que avanzan
tegridad de los sentidos, al menos en cierta medida. Cuando es- de manera paralela a la formación de la identidad sexual.
te empeño falla, a elló sigue una parcial caducidad del de- No es mi propósito rastrear aquí el origen o la resolución de
sarrollo adolescente, y la reestructunlCión psíquica queda in- la bisexualidad, pero hay que señalar que en la medida en que
completa. Desde este ángulo pueden entenderse no sólo la con- perdura la ambigüedad -o ambivalencia- de la identifica-
ducta delictiva de los adolescentes, sino también gran parte.de ción sexual, el yo no puede dejar de ser afectado por la ambi-
los apm:os por los que pasan y la vida riesgosa que llevan, así güedad de las pulsiones. Las exigencias madurativas de la pu-
como sus producciones creativas, en especial literarias. bertad estimulan, por lo general, procesos integrativos de
Desde luego 1 en todo análisis surge la instauración de la con- complejida~ c~da vez mayor, pero en tanto y en cuanto preva-
tinuidad histórica del yo, pero en el de adolescentes ella tiene lece .la amb1guedad sexual estos procesos pierden empuje, di-
un efecto integrador y estimulante del crecimiento, que va más rección y foco; o sea: la maduración es derrotada en toda la lí-·
allá de la. resolución del conflicto. Hablaba en nombre de nea. El adolescente vivencia esto subjetivamente como una cri-
muchos aquel adolescente que dijo que no es posible tener un sis .o difusión de su identidad, para emplear la terminología de
futuro si no se tiene un pasado. Observamos, nuevamente, una Enkson (1956). En la prosecución de nuestro tema concluire-
tendencia a la interiorización, o bien, a la inversa, a una des- mos diciendo que la formación del carácter presu~one que la
vinculación (en el plano yoico) del ambiente protector de los identidad sexual ha avanzado a lo largo de un sendero que se
adultos, que ha actuado como custodio y guardián del yo in- va estrechando, y que conduce a la identidad masculina o fe-
maduro del niño. Parecería que la maduración yoica, según los menina.
lineamientos descritos, da origen en la adolescencia, cuando la En esta coyuntura observamos, en la adolescencia tardía y la
envoltura familiar ha dejado de prestar su antigua utilidad, a posadolescencia, con qué persistencia han sido excluidos de la
un sentimiento subjetivo de integridad y de inviolabilidad. expresión genital y absorbidos en la formación del carácter los

1S2 JS3
,l-
remanentes de la orientación bisexual. El importante, decisivo, El aspecto evolucionista del carácter
papel que cumple el ideal del yo, heredero del complejo de
Edipo negativo, en este punto de viraje de la adolescencia tar- . Comp~uebo con recelo que no he prestado suficiente aten-
día sólo puede ser mencionado aquí al pasar (para una exposi-· CIÓn a mi adx~10nic~ón i~icial, y he cargado esta exposición con
ción completa sobre esto, véase el capítulo 15). una vasta sene de mqmetudes teóricas. Tal es el riesgo que se
corre al examinar la formación del carácter. Pero todavía me
queda por hacer un comentario adicional con respecto a este
La genealogía del carácter ·tema.
He enfocado la formación del carácter como un corolario de
Los cuatro prerrequisitos que he esbozado reposan en anteJ la maduracfón pulsional y yoica en el estadio de la pubertad.
cedentes que se remontan al período más antiguo de la historia: Al obrar asi, la he desprendido de su matriz ontogenética y le
del individuo. Tenemos buenos motivos para suponer que, más he asignado una función conmensurable con la maduración
allá de los aspectos vivenciales, hay insertos en la estructura del biológica (o sea, sexual) concomitante y con el logro morfológi-
carácter componentes que provienen de elementos biológicos co del estado adulto. Cada etapa de maduración aumenta la
innatos. De esto se desprende que la formación del carácter complejidad de la organización psíquica. El carácter refleja,
adolescente es afectada, favorable o adversamente, por condi- en el plano del desarrollo de la personalidad, el logro de la for-
ciones constitucionales así como por los antecedentes infantiles ma más alta de estructura y funcionamiento psíquicos.
! y su perdurable efecto en la estructura y el conflicto psrquicos.
No obstante, la estabilización caracterológica de los destinos ~n la ~ibliografía an~lítica pueden encontrarse, con diversas
pulsionales y yoicos no es sinónimo de carácter. Los cuatro re- designaciOnes, re~erencias explícitas o implícitas a la compleja
quisitos mencionados deben ser trascendidos de alguna manera e~t~uctura .Y funci~n del c~rácter, que atribuyen a este un prin-
antes de que se regule la función homeostática de esta neoforma- cipiO totalizador, mtegrahvo: la función sintetizadora del vo
ción a la que llamamos "carácter". Las credenciales del carácter ~1 aj~ste mutuo de las partes (Hartmann), la formación d~ 1~
han de hallarse en el nivel de desarrollo posadolescente, el I~enhdad, el principio organizador, el proceso de consolida-
cual, en caso de alcanzárselo, torna posible la formación" del ción, el self, la persona total, etc. Todas estas expresiones con-
carácter; dicho de otro modo, la formación del carácter refleja notan la vi:encia su?jetiva de que el carácter propio es idénti-
los acomodamientos estructurales que han llevado a su término c? al ~e~f; si_n él la vida anímica es inconcebible, como lo es la
al proceso adolescente. El grado en que han sido cumplidos los vida flSlca sm el cuerpo. Uno se siente respecto de su propio ca-
cuatro requisitos (o en que se han satisfecho las cuatro deman- rácter como en su casa, o bien, mutatis mutandis, el carácter
das evolutivas) determinará que el carácter consecuentemente de uno es como su propia casa y, en verdad, ofrece una confiable
tenga una naturaleza autónoma o defensiva. Al llegar a su fin Y, segura protección al self. Se aceptan las fallas del propio ca-
la niñez en la pubertad, se alcanza la estructura somática y el racter como se aceptan los defectos físicos que uno tiene: a uno
funcionamiento adultos; esto tiene su contraparte psicológica no le gustan, pero allí están. Cuando se le preguntó a Lawren-
en la consolidación de la personalidad o en la formación del ca- ce Durrell (196~) si tenía conciencia de alguna particular falla
rácter. suya como_ escntor, ~io la siguiente respuesta: "Mis grandes
Mi exposición debe de haber puesto en claro que, al hablar fallas provwnen de mi carácter, no de mi falta de talento; soy
del carácter, uno se ve tentado continuamente a referirse a una apresur~d~, atropellado, impulsivo en momentos en que debe-
sana o patológica formación del carácter. No he incorporado n~ ser t~mido, reservado y objetivo, y viceversa. En mi prosa y
explícitamente en mi esquema los llamados "trastornos del ca- mi poesia esta falla se nota bien a las claras". No se nos escapa
rácter" o "perturbaciones del carácter", ni tampoco el vasto es- ~n esta declaraci?n, una pizca de orgullo por tener el coraje d~
pectro de las caracteropatías. He llegado a las conclusiones y a_ceptar ~as propias flaquezas. Resulta pertinente un comenta-
formulaciones expuestas a partir de la observación clínica de no de LIChtenstein (1965): "En la medida en que percibimos
adolescentes y sobre la base de datos analíticos. A ellas hay que u?a constante de esa índole como característica de nuestro pro-
armonizadas con observaciones de esencia similar aunque deriva- JHO mund~ interior (Hartmann), tendemos a referirnos a ella
das de otros fenómenos caracterológicos y de otros períodos de com? la vwencia (Erlebnis) de nuestro self' (pág. 119). La for-
la vida. Pero esta es una tarea que desborda los límites de mi m~c~ón del carácter inst~~ra nueva~ constantes en la vida psí-
presente indagación. qmca, realzando y estabilizando asi la vivencia del self. Esta

154 l5S
oJ.AL-.
vivencia, esencialmente idéntica, ha sido derivada en la ni- condición de la vida libre".2 En este sentido, podemos con-
ñez de las constantes del ambiente: su confiabilidad y su in- templar la formación del carácter desde una perspectiva evolu-
mutabilidad. cionist~ y concebi:la como un sistema cerrado gracias a cuya
operación se mantiene la función adaptativa y se facilita el uso
La estructura del carácter torna al organismo psíquico me- creador de la potencialidad humana. Los procesos de interiori-
nos vulnerable que antes, y el mantenimiento de dicha estruc- zación y automatización en la formación del carácter estable-
tura es préservado contra cualquier interferencia interna o ex- cen Y esta,bilizan el medio psíquico interno, permitiendo así al
terna, venga de donde viniere. Si es preciso, uno muere por ella ?ombr~ plasmar su ambiente, en forma individual y colectiva,
antes de dejar que ella muera. La sobrevaloración del propio 1mpoméndole aquellas condiciones que guardan una corres-
carácter vuelve evidente que la formación del carácter es inves- pondencia más favorable con la inviolabilidad e in1:egridad de
tida con libido narcisista y que la gratificación narcisista es una su persona.
legítima ganancia extraída del ejercicio del carácter.
Soy conciente de que en lo anterior he hablado con metáfo-
ras antropomórficas en vez de hacerlo con conceptos psicológi-
cos. Corregiré esta digresión señalando que los cuatro requisi-
tos son fundamentalmente un paso adelante en la interioriza-
ción, y, por ende, promueven una mayor independencia res-
pecto del ambiente. Se alcanza así un nivel más alto de integra-
ción, que contiene nuevas posibilidades de homeostasis. En es-
te sentido cabe afirmar, aplicando el punto de vista genético,
que la total dependencia en que se encuentra la pequeña
criatura humana con relación a la estabilidad protectora del
ambiente tiene su contrapartida en la formación del carácter:
la interiorización de un ambiente protector estable. El conteni-
do y la pauta del carácter están socialmente determinados, pe-
ro sólo la interiorización torna al organismo psíquico indepen-
!j diente en gran medida de las fuerzas que lo trajeron a la vida.
Si bien la estructura del carácter es de índole perdurable e irre-
versible, sólo un cierto grado de apertura y flexibilidad podrá
asegurar su enriquecimiento y modulación a lo largo de la vi-
da adulta.
El aspecto evolucionista de la formación del carácter radica
en la interiorización de los lazos de dependencia y en la crea-
ción de una estructura psíquica cada vez más compleja. La
función del carácter consiste en el mantenimiento de esta
estructura psíquica, que se autorregula (o sea, está automatiza-
da) y por consiguiente reduce al mínimo la incidencia del daño
psíquico. Huelga decir que el nivel de organización psíquica
así alcanzado facilita el despliegue de las ilimitadas potenciali-
dades humanas.
En la formación del carácter obserVamos, dentro del plano
ontogenético de desarrollo de la personalidad, un principio
evolucionista que tiene su analogía, en el plano filogenético, en
la creciente independencia del organismo respecto de las con-
diciones del ambiente. Esta evolución ha llegado en el hombre
a su punto culminante. Claude Bernard (1865) expresó este . 2 A~n~ue Clau?e ~~rnard desa~rolló su obra en el campo de la fisiología y la
principio al decir que "la constancia del medio interior es la luoqtlll~lca,. el pr~nc1p1o organísm1eo por él formulado es igualmente aplicable
al mtxim ps!Cológ¡co exterior e interior.

156
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157
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10. El analista de niños contempla fase Y su resolución. Durante algún tiempo subrayé el hecho de
que la etapa inicial de la adolescencia es un período crucial
los comienzos de la adolescencia* dentro del proceso adolescente en su totalidad.l Todo lo que ha
?e sobrevenir luego, por ejemplo, en cuanto a la creación de la
Identidad, la consolidación de la personalidad, la formación
del carácter o la segunda individuación tiene augurios favo-
rables o desfavorables seglln cómo sean resueltos los particula-
res desafíos evolutivos que preceden al desencadenamiento Em
_ La literatura sobre la adolescencia muestra en los últimos años posteriores, de la turbulencia adolescente. '
tiempos una tendencia netamente nueva: un número creciente Nuestra familiaridad ·con el temprano desarrollo del niño
de' artículos y libros han comenzado (si bien en forma paulati- nos ha habituado a pensar que la edad, la maduración y el de-
na) a ocupa~se de los pr!meros años de la adolescencia. La ten- sarr~llo se hallan ~astante próximos entre sí. Este estrecho pa-
dencia es notoria porque .hasta hace poco la mayoría de los es- ralehsmo no es válido en el caso de la adolescencia. La menar-
tudios sobre la adolescencia se dedicaban de manera exclusiva ca Y la primera eyaculación no se producen dentro de un
a los adolescentes de mayor edad. La singular atención presta- es~recho inte~alo de edades cronológícas, como ocurre con la
da durante un período tan amplio a estos últimos -los jóvenes P!Imera son~Isa, la .adopción de la posición sedente y la denti-
espectaculares y tumultuosos- se nos aparece, en retrospecti- ción. Esta di~erencia se torna c.omprensible si advertimos que
va, como el fruto de una visión miope. ¿No habría sido lógíco ~urante la pnmer~ décad.a de vida ha ido aumentando progre-
traer primero la luz al alborear del proceso adolescente, en vez Siv.amente la ?es~m~ulación entre el niño y la persona que lo
de estudiarlo aislado en su alto mediodía? cmda, Y?~ dismm,m~o toda correlación simple entre los siste-
Dos factores dan cuenta de este creciente interés por los co- mas s~matlco y psiqmco. Por ejemplo, las expectativas de de-
mienzos de la adolescencia. En primer lugar, por su estilo de sempeno que emanan del ambiente social rivalizan cada vez
vida, el preadolescente se parece cada vez más a los muchachos ~ás con las desencadenadas por la sola maduración física. Es
y chicas mayores; todo lo típico de la adolescencía media está Cierto que la maduración puberal es la iniciadora biológica de
aconteciendo a una edad cada vez más temprana. Este cambio la adol~scenci~, pero el avanzado estado en que se encuentra la
tuvo lugar en forma bastante llamativa en la década de 1960, f?rmac1ón de la personalidad permite que actúen sobre la pul-
en cuyo. trascurso el preadolescente se apropió, de modo más SIÓn sexual toda suerte de influencias trasformadoras. La mono-
y más agresivo, de la posición que era propia del adolescente lítica ~ohesión entre pulsión y conducta, tan característica de
medio. Así, fue cortando amarras a edad cada vez menor con los J?nmeros años de vida, ya no es tan nítida en la pubertad.
la conducta y el rol social de la latencia. El quebrantamiento Temendo presentes estas reservas, podemos decir, sin embar-
de las expectativas tradicionales alteró rápidamente la presen- go, que la adolescencia es la sumatoria pe los acomodamientos a
cia social del preadolescente en la familia y la escuela, la calle y la condición de la pubertad. La forma que adopten estos ajus-
el patio de juegos. El nuevo balance entre conducta y edad no tes depende en gran medida de injerencias normativas extrínse-
sólo alertó al especialista, sino que la inquietud pública lo ur- cas, provenientes del ambiente.
gió a echar luz sobre este fenómeno. . Ya herpos dicho que el estudio de la adolescencia en su con-
En segundo lugar, debemos recordar que las investigaciones JUnto abarca diversas etapas de maduración y desarrollo. Estas
sobre la adolescencia, en especial en el campo de la psicología etapas se presentan, obviamente, en una secuencia ordenada
psicoanalítica, hicieron que el proceso adolescente en su con- per? el momento en que comienzan, así como su duración, so~
junto fuera· diferenciado desde el punto de vísta del desarrollo. vanables. En mi calidad de analista de niños me centraré en el
Dichas investigaciones concedieron al estadio inicial (la pre- · desar~ollo psicológíco, o sea, en el proceso de reestructuración
adolescencia) la jerarquía de una fase del desarrollo. En mi psíqmca al que llamamos."adolescencia". La fenomenología de
propia obra, he procurado delinear las cinco fases del de- ~ste proceso está determmada por las características sobresa-
sarrollo adolescente, cada una de las cuales está definida en lientes de una cierta época histórica y de una tendencia y estilo
términos de las posiciones pulsionales· y yoicas, la maduración
somática y el entorno., así como los conflictos específicos de la 1 .He descrit~ la preadolescencia en el capítulo 6. Las cinco fases de la adoles-
<'<'nc¡a se examman en On adolescence: a psychoana/ytic interpretation (Blos
HJ62). He ilustrado la fase preadolescente con el historial clínico de un m :
• Publicado originalmente en Daedalus, otoño de 1971, págs. 961-78.
l'hacho Y una chica en The young adolescent: clinical studíes (BIOs, 1970}.

158 159
imperantes en el ambiente. Por consiguiente, puede asumir mil ría, la previsión, la tolerancia a la tensión, la conciencia de sí y
formas distintas, cuyo aspecto cambia de continuo. No obstan- la capacidad de distinguir entre realidad y fantasía, o entre ac~
te, presumimos que la forma y contenido psicológi~os del logro ción y pensamiento. Cuando estas capacidades están infrade-
de la maduración sexual y de la plena estatura fístca están da- sarrolladas en grado crítico, estamos ante una latencia in-
dos por exigencias sociales predominantes: las expectativas. Y completa o abortada. Muchos trastornos de la adolescencia
tabúes sociales imponen al varón y a la niña púberes, en cualqmer temprana se deben a tales déficit evolutivos. Buscamos en vano
momento y lugar, requisitos similares, si no idénticos, en cuan- los signos de una transición hacia la adolescencia y nos topa-
to a las modificaciones y reorganizaciones psicológicas. mos con un reavivamiento de la expresión y manejo infantiles
de las pulsiones. No se trata de una regresión, puesto que nin-
guna posición de avanzada se alcanzó aún.
La transición hacia la adolescencia sólo puede producirse si
Preparación para la adolescencia las tensiones pulsionales de la pubertad llevan a la creación de
conflictos específicos de la fase, y a su resolución. Dar este paso
Es fácil observar que, entre los diez y los doce años, el niño presupone tener capacidad de interiorización, en contraste con
deja de avenirse a los controles que le fijan los ~dultos, a l?s h~­ la descarga inmoderada de las pulsiones o la prolongada de-
rarios y rutinas, a las imposiciones en matena de conct~~cta pendencia de las respuestas ambientales a sus necesidades en
moral. Asistimos a una disolución de la alianza entre el mno Y que vive el niño. En este último caso el conflicto es externo; se
el adulto, alianza que en la época intermedia de la ~iñe~ ~pe­ libra entre el niño y el ambiente, y aquel alienta la expectativa
ríodo de latencia) había neutralizado, por vía ~e tdent~ftea­ -y aun la exigencia- de que este cambie. El niño no tiene a
ción, los conflictos de años anteriores. Con los pnmeros stgnos su alcance ningún otro medio de gobernar su malestar y su an-
fisiológicos de la pubertad (cambios hormonales), la conten- gustia, procedentes de su sensación de desvalimiento por la fal-
ción emocional rompe sus límites relativamente estrec~os,. Yes- ta de aptitudes de confrontación propias de la fase.
to conlleva reacciones emoCionales cada vez. má.s mtensas, Erik Erikson ha caracterizado muy bien la crisis del período
impredecibles e incontrolables. Colectiva o indi':'id~almente, de latencia con su oposición de "industriosidad versus inferiori-
las influencias ambientales tornan a estas potenctaltdades ora dad", ya que .estos son los focos antagónicos en torno de los
en rebeldía ora en inhibición, según cuáles sean las cos- cuales se consolida el período intermedio de la niñez. El domi-
tumbres y ethos prevalecientes. Las demoras Y. restricciones no nio concreto, simbólico y conceptual del mundo comienza a
son, de· ninguna manera, impedimentos intrínsecos para el actuar como fuente autárquica de autoestima (en lugar de la
completamiento exitoso del proceso adolescente. No obstante, anterior dependencia tlelamor de objeto), y, má.s allá. de eso,
todo retardo o aceleración de la adolescencia provocado por el eleva las peculiares vivencias infantiles al plano de formas de
medio social alcanza fatalmente un punto crítico má.s allá del expresión comunicables y comunitarias. Al decir esto ya hemos
cual se genera daño estructural y desarrollo anómalo. Y ese da- puesto pie en el puente que conduce al mundo de los comienzos
ño deriva tanto de un "exceso" como de un "defecto", tanto de de la adolescencia.
lo que sobreviene "demasiado pronto" como de lo que sobre-
viene "demasiado tarde".
Otra fuente de descarrilamiento evolutivo proviene de una
falta de completamiento esencial de la etapa que precede a la Los comienzos de la adolescencia
adolescencia. En consecuencia, para ~m ingreso idóneo en esta
será conveniente que promovamos, como .condición .P~evia., el Es bien sabido que como secuela de la maduración puberal
má.s pleno desarrollo del periodo de latencta. ~1 dom.n~lO psteo- aumentan las tensiones pulsionales. Ante esto, el niño que aca-
lógico de las pulsiones (libidinales o agr~sivas) m.tenstft~ad~ en ba de ingresar en la adolescencia tiene una reacción inicial de
la pubertad está determinado por el mvel de dt~erenct~ctón Y ' desconcierto, pues la reactivación de las modalidades infantiles
autonomía del yo, y ambas se alcanzan en ~m~l~a ~edtda du-
rante la latencia. Entre estos logros, el má.s s1gn1ftcat1vo es pro- t de las posiciones pulsionales y yoicas le hace sentir que marcha
hacia atrás en lugar de ir hacia adelante.
bablemente el distánciamiento del yo respecto del ello. Este Se ha observado a menudo que con la acometida de la pu-
avanée de la autonomía yoica da por resultado la expansión Y bertad el logro del varón durante la latencia -la domestica-
firme arraigo de funciones tales como la cognición, la memo- ción y trasposición de las pulsiones infantiles- se hace trizas.

161
160
Asistimos a una regresión al servicio del desarrollo, que se ma- ~e remontan al período del aprendizaje infantil. He aquí el
nifiesta en voracidad oral, conducta rapaz y obscena, suciedad trascendental inicio del sentido de posesión del propio cuerpo y
y malos olores corporales, descuido total por la pulcritud y el el éxtasis derivado del "sí-mismo". Un éxtasis similar, aunque
aseo, intranquilidad motora, experimentación con acciones y más complejo aún, revivencia el adolescente que, al alborear
sensaciones de toda índole (especialmente conductas riesgosas, la pubertad, entra en su segundo proceso de individuación.
deseos de probar todo tipo de bebidas y comidas). Las fun- La fatídica lucha de la temprana regulación del organismo
ciones yoicas ya implantadas sufren con esta turbulencia regre- queda permanentemente asociada a la madre de la niñez
siva, como lo evidencia la declinación de la concentración y el te?Iprana. Cuando esta renueva su afirmación de poder al asu-
cuidado con que trabaja el niño en la escuela. La niña parece mu la tutela del cuerpo en crecimiento del niño, pasa a ser pa-
poseer una mayor capacidad sublimatoria -o bien se le acre- ra él una persona anatematizada. Se resiste hasta tal punto
ditan virtudes simplemente porque saben ocultar con sumo do- contra la madre de su infancia que, con fácil irracionalidad, le
naire sus rasgos no tan virtuosos-. Muchos chicos de esta edad atribuye facultades "diabólicas", que muy pronto imputa a to-
toman esta aparente capacidad de las niñas como prueba de su do el mundo femenino.
superioridad; de ahí que las ridiculicen y se burlen implacable- La tarea psicológica del niño de esta edad consiste en abando-
mente de ellas, a manera defensiva. nar las gratificaciones y evitaciones de la niñez temprana, pre-
El desarrollo adolescente avanza por vía de una regresión. parándose para adquirir la potencia última de un hombre. Si
Renovando su contacto con las posiciones infantiles, el niño ya esta tarea específica de la fase es eludida, surge la posibilidad
'mayorcito tiene una oportunidad de someter a revisión gene- de desarrollos sexuales anómalos de toda clase y grado. Al
ral, por así decir, los defectos, flaquezas e irracionalidades de aumentar el autocontrol y la emancipación emocional del ni-
la infancia, enfrentando estas mismas condiciones con un yo ño, declina proporcionalmente su temor irracional a la: mujer,
más competente. Este "trabajo" reviste máxima importancia y con lo cual se promueve su ingreso a la fase de la adolescencia
determina por entero el curso que ha de seguir la adolescencia. propiamente dicha. No obstante, antes de que se produzca esté
Cumplir con esta tarea de desarrollo exige tiempo y facilita- decurso, 1!1 relación del chico con su padre experimenta un
ción. En general, puede afirmarse que la intensidad del impul- ~ambio: su intimidad afectiva con él se diluye, al par que el
so regresivo es proporcional a la intensidad con que se persi- 1deal del yo cobra ascendiente, adquiriendo cualidades neta..:
guen "la independencia y la libertad", o, a la inversa, a la seve- mente distintas de las que son propias del ideal del yo cle la ni-
ridad de las inhibiciones y el sometimiento rechazados. ñez témprana (véase el capítulo 15). ·
Hemos llegado a un punto de nuestra descripción en que ce- El ideal del yo constituye el requisito previo para la elección
,1 sa la similitud entre la adolescencia del varón y la de la mujer. y prosecución de una meta vocacional, y para la estabilidad en
,, La regresiqn preadolescente del primero es más global que la materia de ideas. Cuando su formación sufre un impedimento
de la segunda, más orientada hacia la acción y más concreta. crítico, sobreviene una sensación de incertidumbre, indecisión,
Ante la primera embestida puberal, el niño se aparta, con des- desasosiego; el individuo anda a los tumbos y su autoestima
dén y menosprecio, del sexo opuesto. La niña, en cambio, em- disminuye ..En tales circunstancias, cualquier puerta que se
puja hasta un primer plano las ideas y fantasías románticas o abra repentmamente ante el adolescente prometiéndole arran-
directamente sexuales vinculadas con el otro sexo, al par que carlo de este impase le da, durante un breve lapso, la sensación
las tendencias regresivas se afirman en ella de modo periférico de avanzar con una dirección y un propósito.
y más secreto. De. lo dicho ~e desprende que en la adolescencia temprana el
Un hecho notable es que el varón, al acercarse la pubertad (y confliCto emocwnal del varón se centra primordialmente en la
durante varios años más), mantiene una buena relación con su madre. En este contexto, la "madre" es la interiorizada de la
padre, en la que están ausentes los conflictos. No hay eviden- infancia, la preedípica, no la madre real del presente. A ello se
cias del abrumador complejo de Edipo; por el contrario, el chi- debe gran parte de la conducta irracional y las desinteligencias
co de esta edad tiene poco o ningún trato con su madre y her- que se suscitan entre la madre y el adolescente. Superar esta
manas -en realidad, con el sexo femenino en general-, y es irracionalidad constituye el desafío de esta edad. La vulnerabi-
un trato sujeto a ciertas condiciones. Recordemos que la inten- lidad emocional del muchacho en los comienzos de su adoles-
sificación puberal de las pulsiones, junto con las extrañas y des- ~e~cia tiene dos aspectos; a ambos puede designárselos como fi- '
conocidas sensaciones corporales y estados afectivos del niño, Jacwnes adolescentes. Un aspecto consiste en su desvinculación
exigen regulaciones a lo largo del continuo cuerpo-mente que incompleta de la madre preedípica, con la consecuencia de una '

162 163
marcada ambivalencia en sus relaciones posteriores y de una d? al control y dominio del mundo material; la niña, en cam-
extraordinaria necesidad de ser nutrido (fijación preadolescen- blO, se vuelca -en la realidad o en la fantasía- al varón con
te). El otro aspecto es la perseverancia de su apego al padre (fi- una afectividad profunda, mezclada con ternura romántica
jación de la adolescencia temprana), 'que da por resultado una posesividad y envidia. Mientras el muchacho se lanza a enseño~
dividida fidelidad hacia los dos sexos y persistentes dudas en rearse del mundo material, la mujer intenta abordar las rela-
torno a su masculinidad. ciones personales. Algunas chicas se juntan en camarillas com-
Una constelación semejante rige para la mujer, aunque su petitivas, compartiendo secretos y pesquisas (quiénes son las
resolución es diferente. La chica busca, de manera regresiva, co~pañeras que ya han menstruado, o qué nuevo polvo facial o
intimidad emocional con la madre protectora y nutrieñte de la pemado usa la profesora, y con motivo de quién), sin cansarse
niñez temprana. A menudo se crea entre ambas un vínculo n~nca de proseguir durante mucho tiempo sus jlirts. Otras
muy especial; la madre se vuehe confidente de la muchacha megan o pospoqen la aceptación de su feminidad actuando
("No veía el momento de llegar a casa para contárselo a como varoneras o convirtiéndose en alumnas muy estudiosas.
mamá") y su consejera en el desconcertante tumulto emocional La estrategia de postergación que la muchacha emplea a esta
de esta edad. Esta asociación tiene una influenCia decidida- edad apuntala el desarrollo femenino normal. Sus escapadas
mente positiva en la incipiente feminidad de la niña, y ade- regresivas siempre son contrabalánceadas por su vuelco al otro
más la protege contra su . precoz indepéndéncia afectiva y sexo. Rara vez se abandona tan completa y persistentemente
contra relaciones sexuales prematuras. Hay una concepción como el varón a la conducta regresiva. De hecho, a esta edad
falsa muy difundida que interpreta las necesidades emociona- las niñas son mejores estudiantes que los varones y tienen ma-
les de la niña en los comienzos de su adolescencia como una in- yor capacidad de introspección. Desde luego, lo que han ad-
volucración edípica con el padre. En realidad, este a menudo quirido no es una auténtica feminidad; una mirada más pe-
se siente obligado a flirtear con su hija para aumentar la con- netrante nos convence de que en su vínculo con el otro sexo pre-
fianza de esta en su feminidad. La constelación edípica, no dominan la agresión y la posesividad. Estos modos de relación
obstante, corresponde a una etapa superior. La concepción a la objeta! insinúan el aspecto narcisista de sus anhelos: la necesi-
que aludimos encuentra aparente apoyo en el hecho de que, dad de sentirse completas merced a la posesión del objeto.
cuando el impulso regresivo hacia la madre de la niñez tempra- He comprobado que la vulnerabilidad emocional de la niña
na se vuelve demasiado intenso, predominan sentimientos de en los comienzos de su adolescencia presenta un doble aspecto;
oposición, aversión o extrañamiento hacia la madre, que tor- en ambos casos, el motivo es la perse:verancia (".quedarse atas-
nan muy ambivalente la relación con esta; en una huida defen- cado") en una posición evolutiva normalmente transitoria. Un
siva, la muchacha se vuelca hacia el padre o se vuelve "loca por aspecto consiste en su incapacidad para resistir y superar el im-
los varones". Si ya existe en ella una proclividad al acting out, p~so regresivo hacia la madre preedípica (preadolescencia),
no es raro que escape en dirección al sexo opuesto para retnstaurando así, tal vez en forma permanente, la ambivalen-
contrarrestar un impulso regresivo indebidamente severo ("de- cia primitiva de las tempranas relaciones objetales en las fi-
lincuencia sexual femenina").2 Aquí importa señalar que nor- liaciones íntimas de su vida. El otro aspecto reside en su inca-
malmente tanto los varones como las chicas en los comienzos de pacidad de abandonar la típica identidad bisexual de la adoles-
su adolescencia parecen, durante breves lapsos, comparativa- cencia temprana. Si la posición de "chica varonera", en lugar
mente liberados de su dependencia de relaciones infantiles, de de ser transitoria, deviene permanente, el .avance de la niña
su búsqueda o reanimación. Sin embargo, esa sensación subje- hac1a la feminidad correrá serio peligro. Ya debe ser evidente
tiva de libertad respecto de los lazos de la niñez se ve interrum- que el desafío evolutivo que enfrenta la niña en esta fase consis-
pida de continuo por luchas apasionadas y ambivalentes con te en resistir con éxito el impulso regresivo hacia la madre pre-
los progenitores, hermanos y maestros, con quienes se busca a ~ípica, renunciar a las gratificaciones pregenitales de la pul-
la vez intimidad y distancia. stón, a los lazos de dependencia infantiles o al hambre de con-
Desde los inicios de su adolescencia, la chica está mucho más tact? ~ísico en una u otra forma, y, last but not least, aceptar su
preocupada que el varón con las vicisitudes de sus relaciones de fem1mdad. Gran parte de la conducta inadaptada que irrum-
objeto. Las energías del varón se dirigen hacia afuera, tendien- pe durante la adolescencia propiamente dicha y la adolescen-
cia tardía muestra bien a las claras que esa renuncia se ha prac-
2 La heterosexualidad defensiva de las jóvenes es examinada desde un punto ticado en grado insuficiente, y que se ha fracasado, parcial o
de vista clinico en el capítulo 11. totalmente, en la resolución de esas tareas y desafíos.

164 16S
'11!

En circunstancias normales, la niña en los comienzos de la conclusión simplista de que la familia y la escuela por
adolescencia tramita intrapsiquicamente las vicisitudes de su ejemplo, deben amoldarse a este más temprano despertar de
desapego emocional de la madre, y se toma tiempo para armo- las necesidades puberales.
nizar sus necesidades emocionales y físicas. Pero no podrá Procuro segu,ir una línea de razonamiento diferente, para lo
cumplir con esta tarea sin la ayuda y la protección de la ma- cual comenzare por señalar que la pulsión sexual es un "instin-
dre. No es que esa interferencia le guste forzosamente a la to" extraordinariamente maleable y modificable en cuanto a su
muchacha o la desee a conciencia, pero es prerrogativa y deber objeto y su meta. Cuando se inicia el funcionamiento sexual
de la madre hacer oír sus juicios y opiniones en cuestiones de (alrededor de los trece años), la complejidad que ha adquirido
importancia para el desarrollo. la personalidad le permite acomodarse bien a la postergación,
repres~ón o trasposición (sublimación) de la pulsión sin poner
Deliberadamente me explayé con amplitud acerca de la eta- en ~e.l~gro con ello el proceso adolescente sino, por el contrario,
pa inicial del proceso adolescente, porque la trascendencia de auxihandolo y consolidándolo. No debemos olvidar que la ado-
esta etapa no suele ser apreciada lo bastante en la bibliografía, lescencia es un período de transición, culturalmente determi-
ni su complejidad definida en forma suficientemente sucinta. nado, entre la niñez y la adultez; si bien parte de cambios cor-
Cuando esa etapa inicial ya ha declinado, se despliega otra p~rales (la p~be:tad), pone al servicio de sus propios fines so-
completamente nueva, la adolescencia propiamente dicha, la ciales el subsigmente aumento de la tensión pulsional.
proverbial y típica. En dla predomina, en términos de pro- En la sociedad actual, el tiempo requerido para preparar al
greso pulsionaL el renacimiento de los conflictos edípicos; púber. a fin de que actúe como adulto (su vocación, sus deberes
concomitantemente, el yo elabora este avance en niveles más Y obhgaciones como ciudadano, su condición de padre o
altos de diferenciación. El proceso de la segunda individuación madre, etc.) se ha obtenido mediante la prolongación de la
(véase el capítulo 8) recibe vigoroso impulso, con el resultado ado!esc~~cia. La capa~idad.de destinar a este proceso energía,
de que la formación del carácter (véase el capítulo 9) confiere dediCacwn y constancia denva de una parcial inhibición de las
estructuras duraderas e irreversibles a la personalidad adoles- pul~~ones (sublimac~ón), o, al menos, de su postergada gratifi-
cente. Debo limitarme, en la descripción de esta etapa, a estos cacwn y su mantemmiento en un estado móvil en cuanto a su
pocos comentarios generales, pues una exposición detallada de· objeto y su m~ta. A fin de que sociedad y adolescencia se aco-
su decurso excedería las dimensiones de este ensayo. Abordaré, ~ode~ una a otr~,. se ha interferido drásticamente el plan
en cambio, el análisis de ciertos vastos problemas que gravitan bwlógiCo en beneficiO de ambas. En este sentido, decimos que
en el desarrollo adolescente aproximadamente entre los doce y en una sociedad industrial la adolescencia prolongada es una
los dieciséis años de edad. condición necesaria. Más aún: una sociedad abierta democrá-
tica, debe, para sobrevivir, fomentar la movilidad ~scendente
de sus miembros gracias a la educación, y por ende debe acep-
tar los riesgos inherentes a tales ajustes y las inevitables ten-
Factores actuales del desarrollo adolescente siones psicológicas de una adolescencia dilatada por motivos
culturales. En tal aspecto, debemos reconocer que sin un alto
?i~el de diferenciación psicológica el adolescente no es capaz ni
El adelanto de la pubertad Idoneo para enfrentar el mayor aprendizaje que se exige de él.
A todos aquellos que desean ingresar en las complejas profe-
Estamos en condiciones de afirmar -después de cinco dé- siones ?e una sociedad industrial o tecnotrónica se les plantea
cadas de observaciones- que la pubertad se adelanta cuatro la creciente demanda de un avanzado dominio cognitivo.
meses cada diez años, aproximadamente ..3 Se ha dicho que esta Tenemos amplias pruebas de que aceptar que el preadoles-
mudanza cronológica es la causante de que ciertas conductas cente es una "personita" autónoma y sexualmente activa obsta-
adolescentes -como el reclamo de independencia y el vuelco culiza en grave medida las funciones preparatorias que cumple
hacia la sexualidad genital- acontezcan antes que en el pasa- ;lsta etapa. Podemos afirmar que, en ella, la construcción del
do. Como es imposible refutar a la biología, se ha arribado a la 10 ofrece augurios más promisorios para el logro de la madurez
:}U e el empeño de tener, en los comienzos de la adolescencia
3 Es lógico esperar que la tendencia biológica se nivele con el tiempo, aunque una vida sexual plena. Si se adelantase el inicio de la adolesceh:
no sepamos exactamente dónde se encuentra ese nivel.
cía se privaría a las chicas y muchacho.s de las propiedades psí-

1 ,

166 167
quicas que los habilitan para soportar ese complejo proceso de que moldea en grado decisivo el curso de la adolescencia. Por
adaptación y de prolongada dependencia (el costo de los estu- desgracia, carecemos de datos suficientes para evaluar con pre-
dios y algún tipo de ayuda económica) que la sociedad contem- cisión las diversas formas y cursos de evolución de la adolescen-
poránea demanda a un sector cada vez mayor de su juventud. cia en relación con el logro de la madurez social y emocional.
Sostengo que conviene -o más bien, es imp~rativa- una La experiencia me ha impuesto la convicción de que la pro-·
prolongación de la niñez, y no su abreviación. Quien a los trece longación de la adolescencia (en especial de la adolescencia
años ingresa en la adolescencia es todavía, psicológicamente, temprana) incrementa la aptitud para las funciones cognitivas
un niño, con independencia de sus características sexuales pri- complejas (la "etapa de las operaciones formales" de Piaget).
marias o secundarias. Tanto la familia como la escuela y la so- La prolongación de la niñez (la "etapa de las operaciones
ciedad en general deberían reconocer este hecho. Estas institu- concretas" de Piaget) brinda un tiempo adicional para adquirir
ciones tienen que continuar ofreciendo sus roles de contención ese gran conjunto de conocimientos fácticos (ya se trate de las
y protección, en vez de empujar al preadolescente hacia ade- ciencias naturales, la matemática, el lenguaje, la geografía o la
lante bajo la engañosa insignia de que "cuanto más temprano y historia) a los que más tarde se da un uso integrado, cuando la
rápido, más grande y mejor". signifícatividad y pertinencia del saber y el aprendizaje pasan
Propongo, pues, que se prolongue el estadio de la niñez, en al primer plano de la experiencia educativa. ·
lugar de institucionalizar un adelanto de la adolescencia por Es axiomático que la filosofía educativa prevaleciente ejer-
seguir ciegamente una tendencia biológica. En conexión con ce una influencia decisiva en la forma que habrá de adoptar 1~
esta tesis digo, además, que la separación de los muchachos y maduración. Las filosofías educativas reflejan los valores e ide-
chicas en la escuela durante estos años iniciales de la adolescen- ologías que la generación de los progenitores sustenta y proyec-
cia (no durante todo el período adolescente) es', desde el punto ta en los jóvenes. Las clases instruidas son más propensas a ser
de vista psicológico y biológico, conveniente. No es menester int1uidas por los tratados de sofisticados especialistas cuyos pos-
que recapitulemos aquí las conocidas discrepancias intelec- tulados y teorías han dado origen a toda suerte de equívocos.
tuales, físicas, sociales y psicológicas que hacen del varón y la Uno de ellos puede parafrasearse así: Puesto que en toda neuro-
niña de esta edad muy malos compañeros en el trabajo y el sis hay· implícito un desarrollo sexual deficitario, y este es consi-
juego. Con esa separación no privamos a ambos sexos de su de- derado (popularmente) como "una prueba del fracaso de los
sarrollo normal, sino todo lo contrario. El varón que muestra padres", de e1lo se desprende que si se acepta -más aún: si se
una precoz predilección por las chicas como compañeras de promueve- la exteriorización heterosexual en la adolescencia
juego es aquel cuya masculinidad se revela, en años posteriores temprana se ha de asegurar la salud emocional. He observado,
(la adolescencia tardía o los comienzos de la adultez), tambale- por añadidura, que un difundido temor se adueña de muchas
ante, en tanto que aquel que prefiere la compañía de los varo- madres en la época en que su hijo varón arriba a la adolescen-
nes tiende luego a establecerse más firme y perdurablemente en cia temprana: advierten los típicos "rollos" prepuberales en
su identidad masculina. · torno de las caderas, notan su desinterés por las chicas y su pre-
ferencia por compañeros varones, y deducen que todo ello pre.:.
Los comienzos de la adolescencia, la clase social sagia la homosexualidad. Al impedir que el niño haga ese rodeo
y la filosofía educativa evolutivo de máxima importancia, se lo arranca violentamente
de su sendero normal. Este ejemplo debería convencer a los es-
Puede demostrarse que el es€1uema general de reestructura- pecialistas (incluyéndome a mi) de que mucho es aún lo que
ción psíquica durante los comienzos de la adolescencia que an- debe remediarse por vía del esclarecimiento de la población._.
t: tes hemos esbozado .Prevalece en la más heterogénea fenome- lo cual me lleva al próxi~o punto.
1 > nología adolescente. Deben discernirse por separado el proceso
.y el contenido antes de ponerlos en relación funcional con el Medios de comunicación de masas, propaganda comercial
contexto social en que se expresan. No es una idea novedosa y brecha generacional
que entre los factores que operan en la adolescencia se halla la
clase social. En la década del treinta se estudió a adolescentes La gradual, pero radical, caducidad de la tradición en la vi-
europeos de la clase obrera, y hoy se da por descontado que su da familiar -según se refleja en la crianza y alimentación de
"proveniencia social" (gueto, clase media urbana, medio rural los niños, sus hábitos y los preceptos morales que se les impar-
o regional, trabajadores migratorios, etc.) es una influencia ten- ha hecho que tanto los padres como los hijos tiendan a
'
~.

168 169
,
confiar cada vez más en la plétora de consejos públicos que los apoyan, explícita y esperanzadamente, su reclamo de adultez.
medios de comunicación de masas introducen en el hogar. La En uno y otro caso queda abortada la tarea específica de la fase
tradición ha sido sustituida por- el experto que brinda respues- (que antes hemos esbozado)_ Las secuelas se harán evidentes en
tas para todos los problemas de la vida. Así, la familia se ha una época en que las influencias normativas de los progenitores
convertido poco a poco en un laboratorio de experimentación o de la escuela han perdido su gravitación y rigor. Un trastor-
para toda suerte de asesoramientos, que ora se combinan con nado sentido de la cronología del desarrollo ha hecho que, en
las pautas tradicionales, ora las contradicen o sustituyen. Los tales circunstancias, se maneje el incipiente conflicto entre
padres que, con renuencia o con entusiasmo, ponen en práctica las generaciones empujando precozmente a la adolescencia ha-
esa desconcertante mescolanza de consejos pronto abdican su cia adelante. Como consecuencia de ello, emergerá más tarde
responsabilidad personal en favor de las decisiones que toma el el síndrome de la brecha generacional, a manera de ruptura
experto; en lugar de juzgar lo que les es ofrecido, renuncian a autoprotectora mediante la cual los irresueltos lazos de depen-
sus propias convicciones. Este sometimiento al especialista ha dencia y animosidades familiares son removidos de cuajo y fija-
quitado congruencia, integración e integridad a grupos cada dos en las polaridades de los jóvenes contra los viejos, los de
vez mayores de actividades o actitudes parentales. Frente a esa menos de treinta años contra los de más de treinta, "nosotros"
orientación sintética, el niño queda impasible y confundido. contra "ellos". En mi opinión, la vivencia subjetiva de la lla-
i, La crianza "científica" de los niños ha probado ser mucho más mada brecha generacional es un índice de un déficit evolutivo,
problemática de lo 9ue al principio parecía; en ve~dad, o sea, una evitación defensiva del doloroso y tortuoso conflicto
muchas gloriosas expectativas han pasado a ser decepciOnes entre las generaciones. 4
desconsoladoras. Este particular aspecto de la juventud moderna se aplica, en
Desde luego, tenemos que aceptar el hecho de que l~s medios forma casi exclusiva, a las familias de clase media. Un examen
de comunicación de masas están entre nosotros para siempre, y atento nos revela allí que la unidad familiar del progenitor y el
continuarán modelando la mente de padres e hijos. La propa- niño ha prolongado un vínculo emocional desusadamente
ganda comercial convierte a los artículos en bienes deseables estrecho, que ninguno de ellos es capaz de abandonar (o está
para los niños, y estos, a su turno, fastidian a sus padres para dispuesto a hacerlo) cuando llega la pubertad. A fin de no des-
que se los compren. Una chalanería particularmente disgus- caminar al lector, he de añadir que esa proximidad no es forzo-
tante se produce cuando las espontáneas innovaciones de los jó- samente un vínculo idílico y bendito; con mayor frecuencia, es
venes (sobre todo en materia de vestimenta) son expl~t~das co- un lazo rasgado por tiranteces francas o calladas. Sea como
mercialmente, vale decir, se las pone de moda y glonfiCa para fuere, esa situación se ve agravada por la exposición consuetu-
su consumo masivo. Esta imagen sintética, llena de expectati- dinaria a incesantes estímulos sensoriales (televisión, radio,
vas y promesas, tiene especial gravitación en el niño que se aparatos estereofónicos, drogas). La permanente necesidad de
halla en los comienzos de la adolescencia. A esta edad empieza estimulación externa reduce la capacidad de estar a: solas consi-
a afirmarse la oposición a los valores y pautas familiares; y los go mismo, o, dicho en términos psicológicos, de prestar aten-
progenitores, particularmente en las zonas urbanas, se ven en ción a las incitaciones y afanes interiores y, en general, al mun-
figurillas cada vez que ponen en práctica sus privi~egios paren- do de la fantasía autóctono de cada cual. El proceso de inte-
tales imponiendo límites y ratificando sus valores person~es. riorización traza una clara línea demarcatoria entre el mundo
Muy pronto el ejercicio de la autoridad parental es condenado interior y el exterior, con el resultado de que en años poste-
por el joven como autoritarismo y anticuada intolerancia. riores de la adolescencia se puede prescindir del acting out co-
La oposición -callada o exteriorizada- a la orientación de mo medio para resolver problemas.
los padres corresponde a la etapa inicial de la adolescencia; lo El fenómeno de "representar tener más edad" suele· conver-
nuevo son las dudas que el adulto abriga sobre sí mismo. Se tirse en una adaptación mimética que se inicia en la adolescen-
pregunta si debe con.cederle al niño-adole,sce~~e todos ~~ de- cia temprana, cuando el ambiente se ha vuelto insensible a las
seos y su pedido de hbertad, apurando as1 su madura mde- necesidades evolutivas de los jóvenes. Estas necesidades deben
pendencia, pero haciendo c~o omiso ~e que la tensió? y el a~­
tagonismo representan conflictos esenciales de este _penodo. Eh-
4 La viv-encia de la "brecha generacional" por parte de los jóvenes pertenece
minar los conflictos por principio obstaculiza el avance evolu- a su proceso normal de desasimiento del pasado. En lo anterior me he referido a
tivo en vez de contribuir a él. Los padres incapaces de tolerar un tipo particular de esa vivencia, que en el capítulo 1 estudiamos como fenó-
esta tensión dejan librado al niño a sus propiós recursos, o bien meno trascendental de la década de 1960.

170 171
ser tanto estimuladas como restringidas. Pese a la madurez se- temente impersonal envoltura social. En esta transición, asisti-
xual que ha adquirido el muchacho o la chica en los comienzos mos a un continuo despertar de respuestas afectivas frente a los
de su adolescencia, siguen siendo niños, o, más bien, se hallan problemas sociales, morales e ideológicos. Sólo cuando estas
·en un umbral a partir del cual lentamente irán dejando su ni- respuestas son un directo desplazamiento de las idealizaciones
ñez para siempre atrás. Este tránsito no se completa hasta el fin o padecimientos infantiles podemos decir que la reestructura-
de la adolescencia. La estatura y la capacidad de procrear son, ción psíquica adolescente se ha descarriado. En tal caso, cabe
al menos en nuestra sociedad, los indicadores menos confiables afirmar que han caído sobre el ambiente las sombras de las re-
de madurez emocional, o sea, del proceder independiente res- novadas culpa y cólera infantiles.
pecto de la generación de los progenitores. Sobre la base de estas observaciones y principios, quiero pro-
La tendencia de los muchachos y chicas en esta etapa a poner que ningún adolescente, en ninguna estación de su viaje,
querer trascender su edad, a querer ser más grandes represen- puede desarrollarse de manera óptima si las estructuras sociales
tando mayor edad, tiene como contrapartida el deseo del adul- no se muestran prontas a recibirlo y a ofrecerle la auténtiéa
to de pretender ser más joven de lo que es. El temor a enveje- credibilidad con lá cual él puede identificarse o contra la cual
cer ha convertido a muchos adultos en nostálgicos exiliados de la pueda oponerse polarmente.
juventud, que no ahorran ingenio ni gastos para hacer frente a Toda vez que la sociedad carezca en grado crítico de una
la marea del envejecimiento. El violento rechazo, por parte de estructura integrada y razonablemente estable, el niño que
quienes están en los comienzos de la adolescencia, de su parcial madura se ha de volver en forma exclusiva a sus contemporá-
condición de niños tiene su complemento en el terror del adulto neos; a sus pares, a fin de crear por y para sí mismo esa estruc-
a dejar su juventud atrás. En este sentido, los adoleseentes están
en lo cierto cuando sostienen que los adultos quieren apropiar-
se de "sus cosas".
t tura social extrafamiliar sin la cual le es imposible mantener su
integridad psíquica. Como ocurre con la mayoría de las "medi-
das de emergencia" y "acciones de salvamento" del niño (según
él las denomina), también el adolescente se protege de las noci-
Estructura psiquica y estructura social vas influencias ambientales al precio de cierto grado de autoli-
mitación. No obstante, el extremismo ("totalismo") de las acti-
La adolescencia nunca ocurre en un vacío social. La so- tudes y conductas adolescentes no está determinado en modo
ciedad siempre estampa en la generación adolescente un sello úni- alguno exclusivamente por la historia del individuo; la si-
co y decisivo, que, al parecer, puede anular muchas influencias tuación contemporánea de la sociedad, cualquiera que sea su
formativas de la familia. La integración colectiva que hacen carácter, es un factor que contribuye en forma decisiva. Según
los jóvenes del trascendente impacto de la sociedad (ya sea cuál sea la índole de los traumas infantiles, la fatal yuxtaposi-
mediante el conformismo o el oposicionalismo} está compren- ción de las urgencias propias del desarrollo adolescente y los re-
dida en los conceptos de "cultura de los jóvenes", "cultura de cursos y facilitaciones propios de la sociedad se convertirá en la
los pares" o "subcultura adolescente". Para entender bien este experiencia organizadora a partir de la cual los uoiversales
fenómeno, debemos concebir la tarea evolutiva adolescente co- complejos infantiles (lo que los chicos llaman "lo que quedó
mo una desvinculación psicológica de la familia y una vincula- colgado") tomarán su forma y expresión 'finales. S
ción simultánea con el contexto global de la sociedad. La observación y estudio de los jóvenes nos permite afirmar
Los lazos personales e íntimos de amor y odio que eran el que la estructura psíquica del individuo es sumamente afecta-
pulso de la matriz social del niño son poco a poco remplazados da, para bien o para mal, por la estructura de la sociedad. Esta
por la inmersión en el anonimato de la sociedad, representada idea no es de ninguna manera novedosa. Lo que aquí quiero
por sus instituciones. . . destacar es que el éxito del tránsito adolescente depende intrín~
La intimidad personal y los lazos emocionales pasan a ser secamente del grado de integridad y cohesión de las institu-
una cuestión privada que depende del arbitrio de cada quien, ciones sociales. No es necesario que nos detengamos aquí en e1
complementando así las impersonales (aunque significativas y estado fragmentado, trastocado, anticuado, cínico y corrompi-
esenciales) afiliaciones e identificaciones, desafiliaciones y do en que se hallan muchas instituciones sociales en el momen-
contraidentificaciones, con las instituciones sociales y sus fun- to de escribir esto. Permítaseme concluir diciendo que el inteli-
ciones ejecutivas.
r Durante la adolescencia el niño pasa, en forma gradual pero 5 En otro lugar he examinado la función del trauma en el proceso de consoli-
persistente, de la muy personal eilvoltura familiar a la eminen- dación de la adolescencia tardía (Blos, 1962, págs. 132-40).

r
172 ,. 173 ,,
gente chico de. "Las nuevaS ropas del emperador" puede en- viene el preadolescente, así como a aquel al cual tiende. No he
contrarse hoy casi por doquier, y que su débil vocecilla ha cre- dedicado parejas consideraciones al adolescente que se en-
cido hasta trasformarse en un coro potente. cuentra en la mitad del tránsito, el adolescente por antonoma-
El incremento del comportamiento inadaptado de los jóve- sia de catorce a dieciséis años de edad (la adolescencia pro-
nes no puede atribuirse únicamente a su crianza, a lá laxitud, piamente dicha). Preferí centrarme en la preadolescencia y en
severidad o descuido de la familia, la escuela, la comunidad o la adolescencia temprana porque estas etapas son las más deci-
la Iglesia. sivas y menos comprendidas de todas las que abarca el proceso
El determinante decisivo es la anomia. Tildar de "enfermo" adolescente. En esencia, mi objetivo ha sido exponer un pun-
al adolescente "inconformista" es ponerle un rótulo sin sentido; to de vista evolutivo que ofreciera marcos de referencia pa-
li
1
la esperanza de enfrentar esta fuerte tormenta mediante el ase- ra 'la coordinacióp. del progreso adolescente normativo, así co-
soramiento psicológico individual o en grupo, mediante en- mo para las medidas de apoyo y criterios que debe adoptar el
cuentros o sesiones psicoterapéuticas, resulta -a la luz de todo ambiente.
lo dicho- otra tarea de Sísifo.
Por supuesto, siempre ha habido y sigue habiendo adolescen-
tes que requieren diversos tipos de intervencipnes terapéuticas;
empero, aquí me refiero al epidémico "meterse en líos", y al
alarmante aumento de los colapsos psíquicos (psicosis). La
estrategia normalizadora se encuentra, en gran medida, fuera
de la rehabilitación individual. Ha de hallársela más bien en
la reestructuración del ambiente (p.ej., de las escuelas y de los
tribunales de menores) y, por encima y más allá de eso, en la
reforma de las funciones legislativa y ejecutiva del Estado en
todos sus hiveles. Esto influiría de manera constructiva en la
actitud de los jóvenes hacia el mundo de los adultos.

Resumen
Al ocuparme del niño que se halla en los comienzos de su
adolescencia, he descrito su desarrollo psicológico en términos
de reorganización psíquica. He mostrado los acomodamientos
de las pulsiones al estado de la pubertad e indicado el surgi-
miento de aptitudes yoicas que corren paralelas a la madura-
ción física y al cambio de status social.
Hemos extraído la conclusión de que la etapa inicial de la
adolescencia decide de manera crítica el curso que seguirá esta.
Se han expuesto los motivos que abonan una prolongación,
más que una abreviación, de la adolescencia temprana, pese al
hecho de que la maduración física se va produciendo a edades
cada vez menores. Hemos aducido que en la transición de los
lazos de dependencia familiares a la condición de miembro de
la sociedad cumplen un prominente papel las estructuras so-
ciales y su relación con las estructuras psíquicas individuales.
En todo este artículo, mi propósito ha sido explicitar los
principios del desarrollo y la localización de las situaciones cru-
ciales que promueven o impiden el proceso adolescente. Esto
me ha exigido prestar atención expresa al estadio del cual pro-

174 175
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Tercera parte. Acting out
y delincuencia

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Al abordar el problema de la delincuencia, nos enfrentamos
con una de las situaciones de "impase" en el desarrollo adoles-
cente que nos indican que el proceso ha fracasado o está por
fracasar. La conducta delictiva puede ser una señal de zo-
zobra o bien un particular estilo de adaptación -de inadapta-
ción, a ojos del observador- en el cual es sintomática la exte-
riorización del conflicto.
Ya en otros lugares de este libro (especialmente en la primera
parte) me he ocupado del adolescente y su entorno, apuntando
de qué manera ambos se modelan uno al otro en una acción
circular. Me empeñé en establecer que las dos órbitas tienen
influencias recíprocas y están inextricablemente entrelazadas;
en el caso del niño preedípico, describí estas órbitas como la de
la autonomía individual, por un lado, y la de la matriz social,
por el otro. Cualquier referencia a estas órbitas coexistentes co-
mo entidades cuasi-aisladas es un artificio conceptual. Tenien-
do presentes estas salvedades, el estudio de los procesos indivi~·
duales y socioculturales por separado se justifica y, en verdad,
es provechoso a los fines del examen y la clarificación.
La exploración de la delincuencia plantea problemas muy
distintos de los que dieron origen a los interrogantes preceden-
tes. Aquí estamos frente a los usos especiales que el individuo
hace de su entorno. En este sentido, atrae nuestra atención el
sistema de acción, su significado y función dentro del proceso
adolescente. La conducta delictiva pasajera durante la adoles-
cencia está indicando una crisis psicológica, pero en sí misma
no es un suceso patológico. Es siempre esencial evaluar de ma-
nera diferente cada comportamiento delictivo. Descubriremos
que algunos de los usos inadaptados que hace el adolescente de
su ambiente representan frenéticos esfuerzos por superar obstá-
culos que interfieren la maduración, la socialización o, funda-
mentalmente, el segundo proceso de individuación. Esos es-
fuerzos frenéticos se ponen de manifiesto en la conducta ina-
daptada en general, y en particular en la formación aloplástica
de síntomas. La conducta delictiva promueve una detención en
el desarrollo, que, aun cuando sólo sea transitoria, puede im-
pedir seriamente y hasta abortar el proceso adolescente y ad-
quirir la inflexibilidad de un síntoma.

179
Cualquier observador, profesional o lego, de la conducta Con el propósito de ampliar y enmendar el concepto vigente
adolescente conoce bien los extremos del desarrollo inadapta- de acting out, algunos de los estudios que siguen se centran en
do, que sus manifestaciones polares revelan con máxima clari- la conducta de acting out como una forma altamente organiza-
dad. Por un lado, tenemos la falta de respuesta emocional del da de comunicación por la vía del sistema de acción. De-
adolescente y su desapego estático respecto del mundo que lo mostraremos que, en los casos en consideración, el adolescente
rodea; en contraste con ello, asistimos por otro lado a su parti- ha perdido parcialmente el sistema simbólico del lenguaje y el
cipación incontenible, indiscriminada, explotadora y eg~­ pensamiento como instrumento expresivo de sus ideas y senti-
céntrica en el mundo de los objetos y de las personas. El pn- mientos, empleando por lo tanto una modalidad particular de
mero es el estado de retraimiento emocional; el segundo, el comunicación codificada, a través de la acción. Ciertos casos
del acting out o actuación. Este último es el que ahora nos de delincuencia y de adicción inadaptada a la acción en gene-
interesa. ral se someten a una investigación detallada como casos de "ac-
En las tendencias asociales preexistentes juegan dos compo- ting out al servicio del desarrollo". Se examinarán algunos
nentes del desarrollo normal: la desmezcla de las pulsiones bá- ejemplos en que la presunta delincuencia o acting out -que en
sicas, libido y agresión, y la intensificación madurativa del sis- parte no entra en colisión con la ley- se presenta como un re-
tema de acción. A la luz de la desmezcla de las pulsiones bási- suelto y deliberado esfuerzo por resistir a la regresión y detener
cas en la adolescencia, comprobamos que la mezcla de las pul- una inminente J?érdida de la identidad (desintegración yoica).
siones en la niñez temprana representa uno de los pasos más Indicaré de qué manera el desciframiento del lenguaje de la ac-
notables y decisivos hacia la humanización y la socialización. ción logró elevar la conducta inadaptada, destructiva del self y
En el varón, por ejemplo, observamos durante su preadoles- del objeto, hasta un nivel más alto de funcionamiento psí-
cencia -la etapa en que suelen aparecer las conductas d~licti­ quico, tornándola así gradualmente innecesaria. Recordamos
vas- cómo irrumpen ciertas manifestaciones típicas de la pul- aquí las enigmáticas palabras de Hipócrates, acerca de las
sión agresiva. Me he referido a ellas denominándolas "sadismo cuales se han interrogado a través de las épocas los practicantes
fálico" y considerando que su surgimiento es resultado de la del arte de curar: "La enfermedad es la cura". Ciertas varian-
regresión y la desmezcla pulsional. Sólo la "re-mezcla" de las tes de acting out que describiré en detalle dan nueva significa-
pulsiones reintegrará esos afectos primitivos preambivalentes ción a estas p~labras. En estos casos de delincuencia, el tera-
dentro de relaciones objetales maduras. Pese a las pritnitivi- peuta presta oídos (e im.aginación) al lenguaje de la accióp a fin
zaciones regresivas, no debemos perder de vista que la intensi- de resolver, allí donde se presenta, la paradoja de hacer lo in-
ficación del sistema de acción apuntala el avance hacia la auto- correcto por el motivo cc;>rrecto.
nomía y el distanciamiento afectivo del self respecto de los ob-
jetos de su dependencia. .· .
Por desgracia, el término "acting out" insinúa toda suerte de
connotaciones peyorativas, con la consecuencia de que a me-
nudo se pasa por alto su aspecto potencialmente positivo. Este
estrecho punto de vista tiene sus raíces en la historia del con-
cepto, por lo cual me he empeñado en rastrearla y actualizarla.
A partir de mi propia labor clínica, emergió una nueva y más
compleja conceptualización de dicho término, que da cabida a
fenómenos de acting out radicalmente distintos de la formula-
ción corriente. Lo tradicional es que se considere el actíng out
una descarga impulsiva que obedece a una fallida estructu-
ra superyoiCa y a un defectuoso sistema de control de los impul-
sos. Lo que me pareció significativo, dentro del cuadro total
del acting out, fueron las distintas formas en que se manifiesta
la intensificación del sistema de acción en la delincuencia mas-
culina y en la femenina. Aquí intentamos conceptualizar estas
diferencias, observadas en la clínica y documentadas en la ca-
suíStica.

181
180
11. Factores preedípicos
en la etiología de la delincuencia
femenina*

En el estudio de la delincuencia, cabe distinguir dos frentes


de indagación; los denomino los "determinantes sociológicos",
por una parte, y el "proceso psicológico individual", por la
otra. Estos dos frentes son en esencia distintos, pero por el
hecho mismo de estudiar idénticos fenómenos fácilmente se los
confunde, en detrimento de la claridad y del avanc~ de la in-
vestigación. Ambos aspectos están intrínseca y fundamental-
mente entrelazados en cada caso individual; no obstante,
nuestra comprensión de este será incompleta si no logramos di-
ferenciar los "tempranos factores predisponentes inconcientes
(llamados factores «endopsíquicos» )" de los "factores constitu-
cionales y precipitantes" (Glover, 1956). Esta diferenciación
nos ha llevado a hablar de una delincuencia latente y de otra
manifiesta. En este capítulo me limitaré a examinar algunos
factores psicodinámicos predisponentes. tal como puede re-
construírselos a partir de la conducta delictiva manifiesta y
sustentarlos con los datos de la anamnesis.
Por definición, la delincuencia está referida a un trastorno
de la personalidad que se exterioriza en un conflicto franco con
la sociedad. Este hecho, por sí solo, ha empujado al primer pla-
no el aspecto social del problema y ha estimulado investiga-
ciones sociológicas que, a su vez, echaron luz sobre las condi-
ciones ambientales que guardan una relación significativa con
el comportamiento delictivo. Aquí mi foco lo constituye el pro-
ceso individual; espero que no se interprete esto como expre-
sión de mi descuido del aporte que han hecho en este campo las
investigaciones sociológicas. El estudio de la delincuencia ha
sido siempre por fuerza multidisciplinario, y ninguna discipli-
na puede reclamarlo como su dominio exclusivo.
Las estadísticas sobre delincuencia nos dicen que el compor-
tamiento antisocial ha ido en aumento en los últimos tiempos;
esto va aparejado con un aumento general de colapsos en la
conducta adaptativa de la población en su conjunto. Así pues,
el aumento de la delincuencia no puede considerarse un fenó-
meno aislado, sino que debe concebírselo como parte de una
tendencia general. Punto de vista este que se vuelve aún más
• Publicado originalmente en The Psychoanalytic Study oj the Child, vol. 12,
págs. 229-49, Nueva York: International Universities Press, 1957.

IR3
convincente si aceptamos la opinión sustentada por Healy, lativas a la patología del yo. No pongo en tela de juicio que 1a
Aichhorn, Alexander, Friedlander y otros, de que "las diferen- opinión de Kaufnian y Makkay (1956), para quienes un "tipo
cias en la conformación psicológica del delincuente y del no de- infantil de depresión" que obedece a una "defección efectiva o
lincuente son de índole cuantitativa más que cualitativa" emocional" es un "elemento predisponente y necesario de la
(Friedlander, 1947). delincuencia", es correcta, pero igualmente correcto es afirmar
En los últimos tiempos hemos asistido también a un cambio que en todos los tipos de trastornos emocionales infantiles-hay
en el cuadro sintomatológico de las neurosis; la clásica histeria elementos depresivos. Lo que más nos intriga en el delincuente
de conversión predomina menos en la actualidad, cediendo su es su incapacidad para interiorizar el conflicto, o más bien su
lugar a otras formas de trastornos de la personalidad, que ingeniosa evitación de la formación de síntomas mediante la
pueden sintetizarse como patologías del yo. La ansiosa "pronti- vivencia de la tensión endopsÚ¡uica como un conflicto con el
tud para la gratificación" de sus hijos que muestran los padres, mundo exterior. El uso exclusivo de soluciones antisociales
,, y aun su gratificación anticipada de las necesidades instintivas aloplásticas es una característica de la delincuencia que la
1'

de estos cuando ya han dejado atrás la etapa infantil, parece aparta de otras formas de fracasos adaptativos. Contrasta cla-
ser el motivo de muchos casos de escasa tolerancia a la frustra- ramente con las soluciones psiconeurótica o psicótica, la prime-
ción y alto grado de dependencia presentes en muchos niños. ra de las cuales representa una adaptación autoplástica, .y la se-
Contribuye a esta confusión el hecho de que los progenitores gunoa, una adaptación autista.
renuncien a su propio saber práctico intuitivo entregándose a .Hasta cierto punto, todos los casos de delincuencia exhiben si-
los consejos publicitarios y pronunciamientos de los especialis- militudes psicodinámicas, pero me parece más redituable estu-
tas. En tales circunstancias, el yo del niño queda expuesto a diar sus diferencias, único método para penetrar en los aspec-
una estimulación insuficiente e incongruente (positiva y nega- tos más oscuros del problema. Al formular esta advertencia,
tiva), con el resultado de que sobrevienen defectos yoicos más o Glover (1956) se refiere a "clisés etiológicos" tales como el "ho-
menos permanentes; estos se tornan más evidentes en la mal- gar quebrado" o la "angustia de separación", y continúa di-
formación de las funciones de postergación y de inhibición. El ciendo: "No exige gran esfuerzo mental suponer que la separa-
fuerte impulso a la descarga inmediata de la tensión es típico ción en los primeros años de la infancia debe ejercer un efecto
del delincuente, y la edad en que se incrementa la tensión ins- traumático, ps;lrO convertir este factor ambiental en un deter-
tintiva es la pubertad. En esta época el individuo por lo general minante directo de la delincuencia es soslayar la propuesta
vuelve a representar su drama personal en el escenario más central del psicoanálisis, según la cual estos elementos predis-
amplio de la sociedad, y es desde luego en esta coyuntura del ponentes adquieren fuerza y forma patológicas de acuerdo
stress madurativo que se torna notoria la insuficiencia yoica. con el efecto que tiene su tránsito por las diversas fases de la.si-
Si comparo los casos de delincuencia que acuden hoy a tuación edípica jnconciente" (págs. 315-16). Mis puntualiza-
nuestras clínicas con los que recuerdo de mi labor conjunta con dones clínicas y teóricas parten de este punto, sobre todo en la
Aichhorn en Viena en la década del veinte, me sorprende la di- medida en que las fijaciones preedípicas impiden que se conso-
ferencia que existe -el predominio actual de fallas en la in- lide la etapa edípica y, por lo tanto, impiden la maduración
tegración yoica y de trastornos de los impulsos-. El consejo emocional.
clásico de Aichhorn (1925) de que se convirtiera primero al de-
lincuente en un neurótico para hacerlo pccesible al tratamiento
parece aplicarse en nuestros días sólo a un pequeño sector de la Algunas ~onsideraciones teóricas
población delincuente. .
El estudio de la psicodinámica de la delincuencia ha tenido
relativas a la delincuencia femenina
siempre propensión a quedar envuelto en una maraña de for- Siempre he opinado que la delincuencia masculina y la fe-
1' mulaciones generales y totalizadoras. Las ideas prevalecientes
en el ámbito de la conducta y la motivación humanas tienden a
.menina siguen caminos diferentes, y en verdad son en esencia
distintas. Conocemos bien las variadas manifestaciones de am-
1 proporcionar el "plan magistral" para su solución. De hecho, bas, pero quisiéramos estar mejor informados acerca del origen
los determinantes etiológicos cambian según cuál sea la inda- de tales divergencias. Nuestro pensamiento se vuelve de inme-
gación psicoanalítica que predomine: la teoría de la gratifica- diato a las diferencias en el desarrollo psicosexual del varón y la
ción de los instintos, así como la del superyó faltante, han niña en la niñez temprana. Por añadidura, parece pertinente
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quedado atrás, pasando a primer plano las consideraciones re- destacar en este contexto que la estructura del yo depende en
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1
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184 1R5
grado significativo de la organización pulsional vigente, que bigracia: "Si mamá lo supiera, se moriría", o bien: "Ya ves,
sufre distintas vicisitudes en el varón Y. en la mujer. El estudio [mamá], yo también tengo a alguien". En un trabajo sobre las
de las identificaciones y de las representaciones del self a que delincuentes sexuales, Aichhorn (1949) estima que la condición
conducen en uno y otro caso permite explicar algunas disimili- predisponente pesa más que cualquier factor ambiental. Ha-
tudes del desarrollo yoico en los dos sexos. ciendo referencia a la desenfrenada prostitución juvenil en
Si repasamos los casos de delincuencia masctllina y femenina Viena luego de la Segunda Guerra Mundial, sostiene que sus
que hemos llegado a conocer íntimamente, obtenemos la observaciones lo llevaron a pensar que "una constelación ins-
impresión de que la delincuencia femenina se halla muy próxi- tintiva específica debe ser uno de los factores determinantes
ma a las perversiones, mientras que no puede aseverarse lo mis- pero el ambiente y la constitución sólo pueden ser factores con:
mo respecto del varón. El repertorio delictivo de la chica es comitantes" (pág. 440). Tal vez los casos de muchachas delin-
mucho más limitado, en su variedad y alcances, que el del va- cuentes que han sido chisificadas como psicópatas deberían
rón; además, faltan en él, significativamente, los actos agresi- considerarse casos de perversi~n.
vos y destructivos contra las personas y la propiedad, y el rico En época más reciente, Schmideberg (1956) ha seguido una
campo de las aventuras impostoras es patrimonio del varón. El tendencia de pensamiento similar. Esta autora contrasta la re-
comportamiento deséarriado de la muchacha se restringe a los ac~ión o síntoma neuróticos con la perversa, destacando que la
robos de tipo cleptomaniaco, a la vagancia, a los actos impúdi- pnmera representa una adaptación autoplástica y la segunda
cos y provocativos en público y a los francos extravíos sexuales. una adaptación aloplástica. Continúa diciendo: "En cierto
Por supuesto, estas trasgresiones son atribuibles también al sentido, el síntoma neurótico es de índole más social en tanto
muchacho que participa en ellas, pero sólo constituyen una que el síntoma perverso es más antisocial. Hay así un~ estrecha
fracción de todas las que comete. En la mujer, la delincuencia conexión entre las perversiones sexuales y el comportamiento
parecería ser un franco acto sexual, o, para decirlo más correc- delictivo, que es por definición antisocial" (pág. 423). La im-
tamente, un acting out sexual.! pulsividad, igualmente intensa en la conducta de acting out y
Veamos en qué forma se produce esta disparidad. En la de-
en !as perversiones, es un rasgo bien conocido. Vacilo en gene-'
rahzar tanto como lo hace Schmideberg, pero quisiera subra-
lincuencia femenina, la organización pulsional infantil, que
yar que la iden~idad de delincuencia y perversión se correspon-
nunca fue abandonada, irrumpe con la pubertad y encuentra
de notablemente con el cuadro clínico de la delincuencia feme-
salida corporal en la actividad genital. Las metas pulsionales
nina, al par que constituye sólo una variante especial en la di-
pregenitales que predominan en la conducta delictiva de la
versa, mucho más heterogénea, etiología de la delincuencia
mujer vinculan esa conducta con las perversiones. Un varón
masculina.
adolescente atrapado, digamos así, en un conflicto de ambiva-
Es jus~ificable que se nos pida aquí que explicitemos por qué
lencia con su padre puede defenderse tanto de su temor a la
razón afumamos que la delincuencia masculina y la femenina
castración como de su deseo de castración emborrachándose,
están diversamente estructuradas. A tal fin, debemos volcar
destruyendo la propiedad ajena o l'Obando un coche y desman-
telándolo; aun cuando resulten abortados, sus actos son empe- nuestra atención a lo que distingue el desarrollo psicosexual del
niño varón y de la niña. No pretendo repetir aquí una serie de
ro un intento de mantener el desarrollo progresivo (Neavles y
Winokur, 1957). El típico proceder delictivo del varón con- hechos muy conocidos, sino que pondré de relieve algunos pun-
tos significativos de diferencias entre los sexos centrándome en
tiene elementos de un agudo interés por la realidad; además,
las estaciones selectivas que se suceden en el desarrollo de la ni-
reconocemos en ese proceder su fascinación por la lucha que se
libra entre él y }a gente, las instituciones sociales y el mundo de ñez temprana. En lo que sigue, los focos evolutivos represen-
., ¡Í tan, asimismo, puntos potenciales de fijación que llevan al va-
la naturaleza. Por el contrario, una chica adolescente con igual
rón y la niña adolescentes a situaciones de crisis en esencia dis-
propensión al acting out se vengará, por ejemplo, de su madre,
por quien se siente rechazada, procurándose relaciones se- tintas.
.xuales. Las chicas de este tipo me han relatado las persistentes l. Todos los bebés perciben a la madre como la "madre acti-
fantasías que tienen durante el juego sexual o el coito; ver- va". La antítesis característica de este período de la vida es la
de "actividad versus pasividad" (Brunswick, 1940). La madre
1 Los cambios habidos, luego de este estudio, en el comportamiento sexual arcaica es siempre activa; con respecto a ella el niño es pasivo y
adolesce'llte han puesto en tela de juicio la validez general de esta formulación.
Para una reevaluación, véase mi "Posfacio" de 1976 (infra, págs. 203-08). receptivo. Normalmente, la identificación con la madre activa

186 187
pone fin a la temprana fase de la pasividad primordial. Apun- · va de resistir la regresión. Tanto en el varón como en la niña, la
ternos que ya en esta coyuntura se prefigura una bifurcación en regresión adolescente se pres~nta como una dependencia pasi-
el desarrollo psicosexual del varón y la niña. Esta se vuelca po~ va, sumada a una sobrevaloración irracional de la madre, o
co a poco hacia la pasividad, en tanto que el vuelco primero bien, manifiestamente, de un sustituto de esta.
del varón hacia la actividad es absorbido más tarde por la iden-
tificación que habitualmente establece con su padre. De ello 3. Se ha preguntado con frecuencia por qué la preadolescen-
no debe inferirse que feminidad y pasividad, o masculinidad y cla del varón y la de la mujer son tan marcadamente distintas.~
actividad, son términos sinónimos. Lo que se destaca es una Cuando la pubertad introduce al niño en la heterosexualidad,
tendencia -que por lo tanto no es de orden dualista absoluto se aproxima a ella a través de una prolongada perseveración en
sino de orden potencial y cualitativo- intrínseca a ambos se- la preadolescencia, con un público y desinhibido despliegue
xos y característica de ellos. (o, a menudo, una reelaborada recapitulación) de sus modali-
La temprana identificación con la madre activa llena a la ni- des pulsionales pregenitales, evidentes en rasgos tales como su
ña, por vía de la fase fálica, a una posición edípica inicial acti- obscenidad, su descuido del aseo corporal, su glotonería y su
va (negativa) como paso típico de su evolución. Cuando luego excitabilidad motora. Nada comparable en sus alcances se ob-
vuelca sus necesidades de amor hacia el padre, existe siempre el serva en la niña preadolescente, o, para expresarnos con más
peligro de que sus impulsos pasivos hacia él vuelvan a activar la precisión, ella mantiene su reavivamiento pregenital más ocul-
primitiva dependencia oral; el retorno a esta pasividad pri- to de la mirada de su entorno.
mordial impedirá el avance exitoso hacia la feminidad. Toda Si la niña se acerca más directa y prontamente que el varón a
vez que un apego excesivo al padre signe la situación edípica de la heterosexualidad, ello está determinado en medida significa-
la niña, podemos sospechar que por detrás de eso hay un exce- tiva por su temor a la regresión. La fase preadolescente se dis-
sivo apego, profundo y duradero, a la madre preedipica. Sólo tingue por las distintas ,metas libidinales del varón y la niña, y
si la niña logra abandonar el lazo pasivo con la madre y avanza da origen a una marcada tensión en los chicos de esta edad.
hasta una posición edípica pasiva (positiva) podrá ahorrársele Esa diferencia en la conducta preadolescente está prefigura-
la regresión adolescente a la madre preedípica. da por la masiva represión de la pregenitalidad establecida por
la niña antes de avanzar hasta la fase edípica; ya he dicho que
2. El primer objeto de amor de todo niño es su madre. En de- esta represión ·es requisito previo al desarrollo normal de la fe-
terminado momento, la niña abandona a este objeto de amor, minidad. La niña se aparta de la madre, o, dicho en términos
y busca su completamiento y consumación en su feminidad más exactos, le sustrae la libido narcisista que había servido de
volcándose al padre; este vuelco sucede siempre a una decep- base para su reconfortante sobrevaloración, y trasfiere esta
ción respecto de la madre. Como para el varón el sexo de su ob- sobrevaloración al padre. Todo esto es bien conocido. Me apre-
jeto de amor no cambia nunca, su desarrollo es más directo y suro, pues, a destacar que, al apartarse de la madre, la niña
menos complicado que el de la niña. reprime las mociones pulsionales íntimamente ligadas a los
La situación edípica de esta, a diferencia de la del varón, no auxilios y cuidados corporales que esta le brindaba, o sea, todo
alcanza nunca una declinación abrupta. Son pertinentes aquí el ámbito de la pregenitalidad. La correlación entre delincuen-
las siguientes palabras de Freud (1933): "Las niñas permane- cia femenina y perversión se basa en el retorno a estas modali-
cen en ella [la situación edípica] por un lapso indeterminado; dades de gratificación en el período de la pubertad; la regre-
la disuelven en forma tardía, y aun así, de manera incompleta" sión y la fijación se presentan como condiciones necesarias y
(pág. 129). La constelación edípica de la niña continúa for- complementarias.
mando parte de su vida emocional a lo largo del período de la- Podría suponerse, pues, que la niña que en su adolescencia
tencia. Sea como fuere, en la adolescencia femenina observa- no consigue m11ntener la represión de su pregenitalidad en-
mos un impulso regresivo que apunta en la dirección de un re- contrará dificultades en su desarrollo progresivo. La fijación a
torno hacia la madre preedípica. Frente a este impulso regresi- la madre preedípica y el retorno a las gratificaciones de este pe-
vo, cuya fuerza está determinada por la fijación existente, a ríodo·suelen dar por resultado una conducta de acting out que
menudo se reacciona mediante el ejercicio de una independen-
cia excesiva, hiperactividad y un vigoroso acercamiento al otro . 2 ~o haY duda ah.(tma de que el medio social actúa sobre el desarrollo adoles-
sexo. Este impase se despliega dramáticamente en la adolescen- c('lile acekrándolo o retardándolo. Por lo tanto, sólo es posible establecer una
contparadt\n '>ignifieatiYa de pautas evolutivas entre varones y mujeres de un
cia con el frenético apego de la niña a los varones en su tentati- medio >imilar.

188 189
,,
tiene co.rno terna central "el bebé y la madre", la recreación de impulso regresivo hacia la madre preedípica y el pánico que tal
una unión en ·que ambos estaban confundidos. Las actitudes sometimiento infunde. Es fácil ver que para la chica que
que exhiben hacia sus hijos las adolescentes que, siendo solte- enfrenta uh fracaso o desilusión edípicos que ella es incapaz de
r~, devienen madres ofrecen amplia oportunidad para estu- superar, hay dos soluciones posibles: o regresar en su relación
dtar este problema. tina chica de diecisiete años me dijo, des- objeta! a la madre, o mantener una situación edípica ilusoria
pués de haber tenido un aborto, que hacía cosas extrañas en la con el solo propósito de resistir la regresión. Esta lucha defensi-
casa cuando se encontraba sola; caminaba por todas partes di- va se manifiesta en la necesidad compulsiva de crear en la re-
ciendo "Marnita" con angustiada voz de bebé apenas audible. alidad un vínculo en que ella sea necesitada y querida por su
Y añadió: "Debo de estar loca". Huelga decir que en su vida pareja sexual. Estas constelaciones constituyen las condiciones
emocional predominaba un agitado conflicto con la madre. previas paradigmáticas de la delincuencia femenina.
~n contraste con la condición prevaleciente en la mujer,
5. Digamos ante todo unas pocas palabras más sobre el últi-
qmero apuntar brevemente cuál es la muy otra situación del
mo de los tipos mencionados. Mi impresión es que esta clase de
varón. Puesto que este preserva a lo largo de toda su niñez el
chica delincuente no sólo ha vivenciado una derrota edípica a
mismo objeto de amor, no se ve enfrentado a una necesidad de
manos de un padre -literal o metafóricamente- distante,
reprimir la pregenitalidad que iguale en aproximación sumaria
cruel o ausente, sino que ha visto con qué insatisfacción llena
a la de la niña. Ruth Mack Brunswick (1940), en su trabajo clá-
de menosprecio trataba la madre a su propio esposo: rnadre.e
sico sobre "La fase preedípica del desarrollo de la libido", dice:
hija compartían, así, su decepción. Un fuerte y muy ambiva-
"Una de las mayores diferencias entre los sexos es el enorme
lente vínculo continuaba existiendo entre ambas. En tales cir-
grado en que se reprime en la niña la sexualidad infantil. Salvo cunstancias, la hija no podía lograr una identificación satisfac-
en estados neuróticos profundos, ningún hombre recurre a una toria con la madre; en lugar de ello, su identificación hostil o
represión similar de su sexualidad infantil" (pág. 246).
negativa forjaba entre ambas una relación destructiva e in-
El varón adolescente que regresa, episódicamente, a gratifi- destructible. Las preadolescentes de este tipo fantasean con
caciones pulsionales pregenitales aún se halla en relativa armo-
plena conciencia que, si tan sólo pudieran ocupar el lugar de su
nía con el desarrollo progresivo propio de su sexo, y en todo ca-
madre, el pa~re revelaría su auténtica personalidad, vale de-
so no está en una oposición fatal a este. por cierto. Los trastor- cir, gracias al amor de ellas se trasfiguraría en el hombre de su
nos de conducta provenientes de estos movimientos regresivos
idealización edípica. En la vida real, estas chicas delincuentes
no son por fuerza tan dañinos para su desa,rrollo emocional co- eligen de manera promiscua parejas sexuales que poseen
rno lo son, a mi juicio, en el caso de las niñas. "Paradójicamen- flagrantes defectos de personalidad, que ellas niegan o sopor-
te, la relación de la niña con su madre es más persistente, y a
tan con sumisión masoquista.
menudo más intensa y peligrosa, que la del varón. La inhibi-
ción que ella enfrenta al volcarse hacia la realidad la retrae a En términos más generales, podríamos decir que el compor-
su madre durante un lapso signado por mayores y más infanti- tamiento delictivo es motivado por la necesidad de la niña de
les demandas de amor" (Deutsch, 1944). poseer permanentemente una pareja que le permita superar en
la fantasía un irnpase edípico y, lo que es más importante, ven-
· 4. De lo anterior se desprende que hay básicamente dos tipos garse de la madre que odiaba, rechazaba o ridiculizaba al padre.
de delincuentes femeninas: las que han regresado a la madre Por añadidura, observarnos su deseo de ser requerida busca-
preedípica y las que tratan en forma desesperada de aferrarse a da y utilizada sexualrnente. Son frecuentes las fant~ías de
la etapa edípica. En ambos casós, el principal problema vincu- desdén y revancha hacia la madre; el propio acto sexual está
lar es la madre. Estos dos tipos de muchachas delincuentes co- dominado por tales fantasías, con el resultado de que jamás se al-
meterán trasgresiones que parecen idénticas, y de hecho lo son canza el placer sexual. Buscamos en vano en estas chicas el de-
ante la ley, pero que son esencialmente diferentes en cuanto a seo de tener un bebé; si quedan embarazadas, ello es por un ac-
su dinámica y estructura. En un caso tene'rnos una solución to de venganza o rivalidad, que se refleja en la actitud que
regresiva, en tanto que en el otro prevalece.una lucha edípica adoptan hacia su hijo: "Me da lo mismo tenerlo que no
que, por cierto, no alcanzó jamás ningún grado de interioriza- tenerlo".
ción o resolución.
Consideraciones teóricas tienden a abonar la tesis de que la 6. En el caso de la delincuencia femenina basada en la regre-
delincuencia femenina es precipitada a menudo por el fuerte sión hacia la madre preedípica, asistimos a un cuadro dinámi-

190 191
co por entero distinto. Helene Deutsch (1944) ha llamado vicario. A esas mujeres, el hecho de ser madres sólo les puede
nuestra atención sobre el hecho de que la condición previa pa- brindar satisfacción en la medida en que el bebé dependa de
ra el desarrollo normal de la feminidad es la disolución del vín- ellas; se vuelven contra el niño tan pronto como este empieza a
culo pasivo que la chica tiene con su madre. Estas "acciones de afirmar su afán de independencia. El manido resultado es una
rompimiento" son típicas de la adolescencia temprana. Conti- infantilización de la criatura.
núa diciendo Deutsch: "Un intento fracasado o demasiado dé-
bil por liberarse de la madre en la prepubertad puede inhibir el 7. A la niña fijada a la madre preedípica se le abre una posi-
futuro crecimiento psicológico y deja un sello definidamente bilidad más: la identificación con el padre. Esta resolución del
infantil en toda la personalidad de la mujer" (pág. 21). conflicto edípico se debe a menudo a un rechazo del padre que
La delincuente que ha fracasado en este intento de libera- se siente como penoso. La chica que asume así el rol masculino
ción se protege de la regresión mediante un desenfrenado vigila celosamente a la madre y desafía a todo hombre que pro-
despliegue de seudoheterosexualidad. No mantiene ningún cura poseerla. Solemos referirnos a esta constelación como en-
vínculo personal con su pareja sexual ni le interesa esta; su hos- vidia del pene; este factor no merece que se le conceda, en la
tilidad hacia el hombre es a menudo intensa (véase más ade- etiología de la delincuencia femenina, la abrumadora ímpor-
lante, en pág. 195, el sueño de los 365 bebés de Nancy). El tancia que antaño se le daba. Su papel en la cleptomanía es,
hombre le sirve para gratificar su insaciable voracidad oral. desde luego, innegable, y la preponderancia de este síntoma en
Puede estar concientemente obsesionada por el· deseo de tener las mujeres atestigua su-significación etiológica. No obstante,
un bebé, deseo que, en su ficticio infantilismo, recuerda el de- el factor dinámico de la envidia del pene no puede aislarse de
seo de la niña pequeña de tener una muñeca para jugar. la acusación que está en la base de él: lo que impidió al niño su-
De este modo, una conducta que a primera vista parecía perar su voracidad oral fue que la madre, en forma aparente-
representar el recrudecimiento de deseos edípicos demuestra, mente voluntaria, le denegara la gratificación prevista.
luego de un examen más atento, estar vinculada a puntos de fi-
jación anteriores, que pertenecen a las fases pregenitales de de-
sarrollo de la libido. En esa época se experimentó una grave
privación, una estimulación excesiva, o ambas cosas. Ejemplo clínico
La seudoheterosexualidad de estas muchachas les sirve como
Las consideraciones teóricas que han ocupado nuestra aten-
defensa contra el impulso regresivo hacia la madre preedípica, ción hasta el momento deben ser ahora reintegradas al caso in-
y, por ende, hacia la homosexualidad. Como apuntamos en el
dividual en que se las estudió originalmente. El resumen que
capítulo 6 (pág. 95), al preguntársele a una chica de ca-
sigue corresponde al historial de Nancy, una chica en los co-
torce años por qué necesitaba tener diez novios al mismo tiem-
mienzos de su adolesbencia.3 No registraremos aquí los aspectos
po, respondió con pundonorosa indignación: "tengo que obrar
terapéuticos, sino que prestaremos oídos al lenguaje de la con-
así; si no tuviera tantos novios, ellos dirían que soy una les-
ducta.
biana". A esta misma chica la preocupaba la idea de casarse..
Cuando Nancy tenía trece años de edad, su familia y las
Relató sus fantasías al respecto a su terapeuta, a fin de conse-
autoridades de la escuela a la que asistía se vieron ante un
guir su cuidado protector. Cuando la terapeuta mostró indife- problema de delincuencia sexual que fue llevado a los tribuna-
rencia ante sus planes matrimoniales, echó a llorar, acusándola les; los hurtos de la niña sólo eran conocidos por su madre. En
de esta manera: "¡Es usted la que me empuja! Yo no quiero ca- el hogar, Nancy era una chica incontrolable y suelta de lengua:
sarme". Aquí podemos ver claramente cómo la urgencia o el empleaba un lenguaje obsceno, maldecía a sus padres y hacía
"empuje" decisivo para el acting out proviene de la necesidad lo que le venía en gana sin tomar en cuenta para nada cual-
frustrada de ser amada por la madre. La preocupación de esta quier interferencia de un adulto. "¡Los insultos que Nancy me
muchacha por el matrimonio enmascaraba su anhelo de la dirige son tan sexuales ... !", se lamentaba repetidamente la
madre preedípica y encontró una gratificación sustitutiva bajo madre. Pese a su aparente independencia, Nancy no dejaba
la forma de un seudoamor heterosexual. nunca de contarle a esta sus proezas sexuales, o al menos se las
Es un hecho bien conocido que una aguda desilusión con res-
dejaba entrever lo suficiente como para despertar su curiosi-
pecto a la madre es con frecuencia el factor decisivo que preci-
dad, ira, culpa y solicitud maternal. Le mostraba con regocijo
pita un matrimonio ilegítimo. Vicariamente se restablece la
unidad madre-niño, pero con los peores augurios para el niño . 3 Tuve a mi cargo la supen·isión de la terapeuta de Nancy.

192 193
.~ ''.
historias que hábía escrito y que consistían en su mayoría en genital ni placer sexual. Expresó su esperanza de tener un bebé
frases obscenas. Nancy era ávida lectora de "sucios libros se- y manifestó que lo que pretendía con esas relaciones era ven-
xuales", para comprar los cuales le robaba dinero a la madre. garse de su madre. Sostuvo que si naciera una criatura, se
Esta se hallaba dispuesta a dárselo, pero, como Nancy le expli- quedaría con ella y se casaría con el muchacho. Estaba conven-
có a su terapeuta, "Yo quería tomar ese dinero y no que me cida de que su madre no había querido que ella, N ancy, na-
fuera dado". ciera, y que en verdad nunca había querido tenerla junto a sí.
Nancy culpaba agriamente a su madre por no haber sido fir- Por esta época tuvo un sueño en el que mantenía relaciones con
me con ella cuando era pequeña: "Mamá debió saber que yo adolescentes y nacían 365 bebés, uno por cada día del año, hi-
actuaba con el fin de llamar su atención y para que los adultos jos de un muchacho a quien ella abandonaba luego de conse-
se ocupasen de mí". Jamás se casaría -afirmaba Nancy- con guir esto.
un hombre que sólo supiera decir "querida, querida"; prefería Nancy pasaba mucho tiempo en ensoñaciones; sus fantasías
a alguien que la abofeteara cuando cometiese algún error. Co- se vinculaban con el matrimonio, y la consumía el deseo de te-
mo es obvio, la crítica implícita en esta observación iba dirigi- ner un bebé. Temía no resultar atractiva a los muchachos y no
da al padre, un hombre débil a quien ella no reprochaba care- poder casarse. Nancy tenía un buen desarrollo físico para su
cer de instrucción ni ganar un sueldo modesto, sino su indife- edad, pero estaba insatisfecha con su cuerpo, en especial con su
rencia y el ineficaz papel que cumplía en la familia. piel, cabello, estatura, ojos (usaba anteojos) y orejas (tenía los
Nancy creció en un pequeño departamento situado en un po- lóbulos pegados al rostro). En·su hogar era extremadamente
puloso barrio urbano. Su familia quería que ella tuviese "las púdica; nunca permitía que su madre la viese desnuda. Según
mejores cosas en la vida", y encontró la manera y los medios ella, sólo existía una razó~ para todas sus tribulaciones, decep-
para pagárselas; así, Nancy recibió lecciones de acrobacia, ciones y angustias: su madre; ella era la "culpable de todo
ballet y declamación. Al llegar a la pubertad, todos estos refi- cuanto la hacía infeliz". La acusaba de quitarle sus amigos
namientos terminaron. (muchachos y chicas), de retacearle la alegría que ella sentía al
A Nancy le interesaba el sexo hasta el punto de excluir cual- encontrarse con sus amistades, de ponerle una traba al teléfono
quier otra inquietud. Ese interés alcanzó proporciones anor- para aislarla del mundo. Nancy decía que necesitaba amigas
males poco después de su menarca, a los once años. Se jactaba íntimas que fueran sus hermanas de sangre; ella y otra chica
de salir con muchos muchachos y mantener relaciones sexuales. llamada Sally s'e grabaron mutuamente sus iniciales en el brazo
Pidió a sus compañeras de colegio que se sumaran a su "club se- con una navaja· como prueba de amistad eterna. Cuando
xual". Sólo le gustaban los "muchachos malos", aquellos que Nancy mostró las cicatrices a la madre, esta la regañó, lo cual
robaban, mentían, tenían antecedentes criminales y "sabían para aquella fue otra prueba de que la madre no quería que tu-
cómo conseguirse una chica". También ella quería fumar y ro- viese amigas íntimas. Desilusionada, intentó huir de la casa
bar, pero no acompañaba a sus amigos en sus incursiones delic- pero, como siempre, el lazo con la madre probó ser demasiad~
tivas porque "podía ser atrapada". Una cosa que la intrigaba fuerte, y al poco tiempo retornó.
era que siempre podía conquistar a un muchacho si otra chica Pese a su vehemente rechazo de la madre, Ñancy necesitaba
andaba tras él, pero no en caso contrario. Se había hecho res- su presencia a cada instante. Insistió, por ejemplo, en que la
petar entre las demás chicas porque enseguida las desafiaba a acompañara a sus sesiones terapéuticas. Como le resultó muy
una pelea a golpes de puño: "Tengo que mostrarles que no les difícil encontrar un trabajo para la temporada de verano, .pen-
temo", decía. só que la madre podría emplearse como asesora de un campa-
Nancy admitió ante la terapeuta que deseaba mantener rela- mento y ella trabajaría en calidad de asistente suya. Nancy no
ciones sexuales, pero negó haber·cedido jamás a su deseo; dijo se daba cuenta en absoluto de que su madre no era idónea para
que únicamente usaba su cuerpo para atraer a los muchachos. esa tarea, ni tampoco podía evaluar razonablemente su propia
Sin embargo, en una oportunidad la encontraron "atontada, capacidad.
desgreñada y mojada" tras haber estado en intimidad con va- Continuando con sus acusaciones, aseguraba que si la madre
rios muchachos sobre el techo de una casa. Fue entonces que el hubiera tenido, no un solo hijo (¡y para colmo mujer!), sino va-
caso se llevó a los tribunales; se le concedió la libertad bajo rios, la vida de ella (de Nancy) habría tomado un curso dife-
fianza a condición de que se pusiera bajo tratamiento. Ante la rente. En la primera entrevista con la terapeuta, al inquirirle
evidencia, ya no pudo negar a la terapeuta que había tenido esta en tono amistoso qué propósito perseguía al venir a verla,
relaciones sexuales. En ellas no experimentó ninguna sensación Nancy mantuvo al principio un largo y hosco silencio, y de

194 19S
pronto empezó a llorar. Sus primeras palabras fueron para ma- la enfermedad de su madre (quien sufría de alta presión arte-
nifestar su abrumadora necesidad de ser amada: "Como hija rial) y de causarle tal vez la muerte.
única, siempre estuve tan sola ... ". Siempre había querido tener En el hogar de su amiga casada, Nancy había encontrado un
un hermanito o hermanita, y se lo había pedido a la mamá. En refugio temporario, aunque peligroso. Se sentía segura en la
uno de sus sueños, estaba cuidando bebés, que eran en realidad intimidad de esta madre embarazada que conocía el modo de
los hijos de su amiga (véase más adelante), y su madre decía: atraer a los hombres y tener muchos bebés. También le causa-
"Es una vergüenza que chicos tan monos no tengan una madre ba placer provocar la celosa ira de su madre, que desaprobaba
como la gente que los cuide. ¿Por qué no los adoptamos?". dicha relación. "Ahora -pensaba Nancy-, tengo una amiga-
Nancy estaba llena de júbilo en el sueño, y corría a lo de su te- madre con quien puedo compartirlo todo". En esta época co-
rapeuta para contarle que estaban por adoptar unos bebés. Co- menzó a apartarse de las chicas de su edad, sintiendo que ya no
mo la terapeuta le replicase que eso les iba a costar mucho di- tenía más nada en común con ellas. Embarazoso testimonio del
nero, Nancy le espetó: "¿Pero usted no sabe que estamos podri- hecho de que hubiera dejado atrás a sus compañeras fue la res-
dos en plata?". Al despertar, Nancy pi dio a su madre que adop- puesta que dio a un grupo de ellas que estaban conversando
tase un chico. "Tendrá, que ser un varón", le dijo, "porque sólo sobre ropa; cuando alguien le preguntó: "¿Cuál es la ropa que
sé poner pañales a los varones". Se imaginó a sí misma cuidan- más te gusta?", Nancy le espetó: "La de las mujeres embaraza-
do chicos de una familia campesina durante el verano. Poco das". Incidentes como estos la unían más profundamente aún a
más tarde, cuando tuvo catorce años, realmente trabajó un ve- la vida familiar ficticia que había construido con su amiga, a
rano como ayudante en el fardín de infantes de una comuni- quien amaba y de quien en una oportunidad dijo a la tera-
dad. Fue allí una niña más entre los niños, una hermana mayor peuta: "No puedo sacármela de la cabeza".
que enseñaba a jugar a los más pequeños. Siempre le gustó En su relación con la terapeuta, Nancy fluctuaba entre la
cuidar criaturas, en especial si eran muy pequeñas; le encanta- proximidad y la distancia; esta inestabilidad está bien expresa-
ba sostenerlas en brazos. En cierta ocasión en que su prima da en estas palabras suyaS: "Cuando pienso que debo venir al
quedó embarazada, comenzó a hacer planes para atender al consultorio, no quiero hacerlo; pero cuando estoy aquí me
bebé, pero añadiendo: "Lo cuidaré gratis durante tres meses; siento contenta y tengo ganas de hablar". Admitió finalmente
eso es macanudo, pero después tendrán que pagarme". que le agrad~ría ser confidente con ella, pero la puso sobre
En estos años de preocupaciones sexuales, Nancy se vinculó alerta confesándole que era en realidad "una mentirosa com-
con una mujer de veinte años que se había casado a los dieci- pulsiva". Le sugirió que se revelasen mutuamente sus secretos,
séis, había tenido tres hijos, y, en ausencia del marido, vivía de así podrían aprender una de otra. La necesidad de intimidad,
manera vagabunda y promiscua. Cuando Nancy la conoció, que era el impulso emocional que la-llevaba a la terapeuta,
ella estaba embarazada. Nancy compartió vicariamente la vi- resultaba, por oposición, la responsable de sus repetidas hui-
da sexual y la maternidad de esta mujer, haciéndose cargo de das de esta.
los niños cuando ella .estaba fuera de casa. En casos en que no A la postre llegó a repudiar a los "burdos, groseros adoles-
regresaba durante uno o dos día5, ello le exigía quedarse a dor- centes" y su fantasía se encaminó hacia la actuación teatral,
mir en casa de ella, con lo cual Nancy comenzó a faltar a la es- apoyándose en intereses y actividades lúdic.as <!e sus años de la-
cuela. En una de las escapadas de su amiga, que duró tres días, tencia. Al principio tenía infantiles y extravagantes ensueños:
Nancy llevó consigo a los tres Qiños a su propio hogar. En las ri- se encontraba con actores de cine, se desmayaba y descubrían
ñas entre su amiga y el marido -de quien, según ella decía, en ella a una nueva estrella; más tarde, esto cedió lugar a la
había estado una vez enamorada-, tomaba partido ardorosa- idea más sensata de estudiar teatro. Pensaba que el teatro la
mente por su amiga. También rechazaba con violencia las acu- "convertiría en una dama", con lo cual quería significar que
saciones que le hacía la madre respecto de la amiga, comentan- tendría buenos modales y su conversación y conducta serían
do a la terapeuta: "Mi madre tiene la mente como una cloaca". delicados; estaba segura de que entonces la gente la querría.
Nancy se sabía comprensiva con su amiga; sabía que esta era Cuando había comenzado a menstruar su madre le explicó:
desdichada porque su padre había muerto cuando ella era chi- "Ahora serás una dama".
ca, y jamás había amado a su madre. "Discutir con mamá no Nancy se aferró al teatro durante toda su adolescencia,· y a
lleva a nada", decía Nancy, y sintetizaba la situación diciendo~ los dieciséis años obtuvo en realidad ún modesto reconocimien-
"Mi madre y yo simplemente no nos entendemos". Después de to al participar en una obra en la temporada veraniega. La es-
esas disputas, de pronto N ancy sentía miedo de haber agravado cena ~e volvió el legítimo territorio en que se permitió a su im-
li'
11 1

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pulsividad expresarse en todas direcciones y donde sus impulsos cos cuyo entendimiento se ha aguzado gracias a las investiga-
exhibicionistas fueron poco a poco domeñados por el propio có- ciones que vienen realizando en los últimos quince años John-
digo de la actuación. A la sazón, Nancy se había vuelto algo son y Szurek. En el caso de Nancy, el "tratamiento en colabo-
mojigata, era sociable con sus pares, pero al solo fin de promo- ración" siguió el esquema trazado por ellos.
ver su propio interés en las producciones teatrales. Tan buena Otra serie de hechos despiertan mi curiosidad. Por el análisis
manipuladora como su madre, se vinculó ahora de manera de padres adultos conocemos sus fantasías delictivas, perversas
narcisista con su ambiente y aprendió a sacar provecho de los y desviadas inconcientes, y también sabemos con qué frecuen-
demás. El interés por el teatro pasó a ser el foco de su identi- cia el progenitor está identificado con el niño y la vida pul-
dad, en torno del cual cobró forma la integración de su perso- sional de este a determinada edad. Sin embargo, muchos hijos
nalidad ..El núcleo de esa identidad tenía su origen en "las me- de tales progenitores no muestran tendencia alguna al acting
out de lo_.s impulsos delictivos, perversos y desviados de sus

1
jores cosas de la vida" que la madre siempre había querido pa- '
ra ella. En la adolescencia Nancy retornó a estas aspiraciones, padres; más aún, muchos revelan en este aspecto una resistivi-
que le habían sido instiladas por las lecciones de declamación y ' dad que en el caso de Nancy faltaba por completo. Normal-
expresión corporal que recibiera durante sus años de latencia. mente los niños buscan en su ambiente experiencias que les
Este empeño artístico fue precisamente el que en la adolescen- ., compensen hasta cierto punto las deficiencias de la vida emo.,.
cia le sirvió como camino para sublimar la irresuelta fijación a 1 cional de su familia; esto es particularmente válido para los ni.,,
la madre. La identidad vocacional la rescató de la regresión y ños que se encuentran en el período de latencia, pero también
de la delincuencia, pero también le impidió avanzar hacia re- lo es para niños más pequeños, que establecen significativas re-
laciones objetales maduras; después de todo, seguía siendo el laciones con sus hermanos mayores, vecinos, parientes, amigos
deseo de la madre el que ella continuaba satisfaciendo median- de la familia, maestros, etc. En contraste con ello, niños ~omo
te su actividad artística. Cuando en una oportunidad, contan- Nancy son por entero incapaces de suplementar sus experien-
do ella dieciséis años, se le recordó su anhelo de tener bebés, cias emocionales en el ambiente que los rodea, y continúan de-
respondió bruscamente, disgustada: "Los bebés son cosa de sarrollando una pobre vida social dentro de los estrechos confi-
,, chicos". nes de la familia.
Es apenas necesario destacar aquellos aspectos del caso que Parecería, pues, que debe operar una clase especial de inte-
1 ilustran la importancia etiológica de la fijación a la madre pre- racción entre el progenitor y el niño a fin de impedir que este
edípica en el comportamiento delictivo de Nancy. Su seudohe- desarrolle progresivamente una vida más o menos indepen-
terosexualidad aparece claramente como una defensa contra el diente. Este particular carácter del vínculo progenitor-hijo re-
retorno hacia la madre preedípica y contra la homosexualidad. posa en un esquema sadomasoquista, que no sólo ha impregna-
La única relación segura que encontró fue una folie adeux con do la vida pulsional del niño sino que además ha afectado de
una amiga-madre embarazada; este vínculo y esta identifica- manera adversa su desarrollo yoico. La ambivalencia primor-
ción transitoria tornaron prescindible por un tiempo el actíng dial que deriva de la etapa del mordisco de la fase oral consti-
out sexual. No obstante, no pudo avanzar en su desarrollo emo- tuye un núcleo a partir del cual surge una pauta duradera de
cional hasta que hubo arraigado firmemente en ella el vuelco interacción entre la madre y el niño, pauta que recorre como
hacia un empeño sublimado: el de convertirse en actriz. Este leit motiv todos los estadios del desarrollo psicosexual. Las po:
ideal del yo -adolescente, y probablemente pasajero- dio laridades de amor-odio, dar-tomar, sumisión-dominación per-
por resultado una representación del self relativamente más es- duran en una ambivalente dependencia recíproca de madre e
table, y abrió el camino para la experimentación adolescente y hijo. Esta modalidad sadomasoquista desborda poco a poco
para los procesos integradores del yo. hacia todas las interacciones del niño con su ambiente, y a la
La conducta delictiva de Nancy sólo puede entenderse en postre influye en el desarrollo yoico por vía de la introyección
conjunción con el trastorno de personalidad de la madre. Una de un objeto ambivalente. Como consecuencia de ello, las fun-
inspección más atenta de la patología familiar nos permite re- ciones inhibitorias se desarrollan en grado insuficiente y la to-
conocer -citando a Johnson y Szurek (1952)- "el involunta- lerancia a la tensión es baja. El hambre de estímulos de estos
rio empleo del niño por parte del progenitor para que actúe niños representa la expresión más perdurable de su voracidad
sus propios impulsos prohibidos y deficientemente integrados oral. Acaso la impulsividad que observamos en el acting out de
en lugar de él". El diagnóstico y tratamiento de este tipo de Nancy constituya un carácter esencial de una organización
acting out antisocial se ha vuelto consabido para aquellos clíni- pulsional sadomasoquista que lo ha impregnado todo. Recor-

198 199
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demos aquí lo señalado por Szurek (1954): "Ambos tactores, las iniciar el primer grado escolar, Nancy tuvo pataletas y trató de
fijaciones libidinales y la interiorización de las actitudes de los escapar de la escuela. La madre se quedaba en las proximida-
padres, determinan qué impulsos del niño se han vuelto acor- des· para espiar lo que sucedía y la obligaba a volver al aula;
des con el yo y cuáles han sido reprimidos. En la medida en que después de unas semanas sus escapadas cesaron para siempre.
estos factores interfieren la vivencia de satisfacción del niño en A partir de ese momento su comportamiento en la escuela fue
cualquiera de las fases del desarrollo, las actitudes interioriza- causa de continuas quejas. Durante todo su período de latencia
das son vengativamente (o sea, sádicamente) caricaturizadas y Nancy fue una chica "terca, irritable, gruñona y quejosa".
los impulsos libidinosos son masoquísticamente distorsionados; Durmió en la habitación de sus padres hasta los ocho años
vale decir, la energía libidinal tanto del ello como del superyó momento en que le dieron un cuarto propio. Comenzó entonces ~
se funde con la cólera y la angustia derivadas de la repetida tener pesadillas y a trasladarse al cuarto de aquellos. Ninguna
frustración" (pág. 377). medida disciplinaria logró impedir que perturbara el sueño de
El caso de Nancy resulta de interés a la luz de estas conside- sus pa?res, h~sta 9ue una vez la madre la hizo sentarse y per-
raciones. Abordaremos ahora, por consiguiente, sus primeros manecer en una stlla toda la noche en el dormitorio de ellos.
años de vida en busca de las experiencias que cumplieron un Luego de esta severa prueba la niña se rindió, quedándose en
papel primario y predisponente en términos de la fijación sado- su propia habitación, y nunca más volvió a quejarse de tener
masoquista a la madre preedípica y el eventual fracaso adapta- pesadillas.
tivo en la pubertad. El significado transaccional de la c<?nduc- Nancy conocía muy p_ocos chicos y rara vez jugaba con ellos;
ta delictiva no carece de implicaciones para la técnica tera- prefería estar en companía de su madre. Durante toda su niñez
péutica, per.o esto constituye un problema que no podemos de-
sarrollar aquí.
r
~empr~na, pr?b~blemente durante la latencia, tuvo "campa-
neros tmagmanos ; en su adolescencia temprana todavía solía
Nancy era hija única y había nacido dos años después de hablarles cuando estaba en la cama, prohibiéndole a su madre
contraer matrimonio sus padres. La madre, que deseaba tener que la escuchase. La madre tenía tanta curiosidad por conocer
· muchos hijos, había querido tenerla. El padre pr~tendía es~e­ la vida íntima de Nancy como esta la tenía de conocer la suya.
rar diez años; incapaz de soportar esta postergación, su muJer Con referencia a su falta de amigos, la madre señaló: "Nancy
había hecho los trámites para obtener un hijo adoptivo, pero su pretende demasiado amor".
solicitud fue denegada. Al poco tiempo quedó encinta. Dos f~~tores complementarios de la temprana interacción
Nancy tomó el pecho durante seis meses; a los cuatro comen- madre-ht)a parecen haber predispuesto a Nancy y a su madre
zó a morder el pezón, causando considerable dolor a su madre. p~ra su durad~r? vínculo ambivalente. La madre quería tener
Pese a las protestas de esta, el médico insistió en que siguiera ht)OS para gratifiCar sus propias necesidades infantiles, en tanto
amamantándola; dos meses más tarde, cuando el amamanta- que Nancy -tal vez dotada de una pulsión oral inusualmente
miento se había convertido ya en una experiencia penosísima, intensa- le exigía a la madre cosas que ella, a su vez, no era
1~ permitieron destetada. Así pues, durante dos meses madre e c~paz de cumplir. Esta batalla por los intereses respectivos que
'1 hija estuvieron empeñadas en una batalla de chupar y morder; nmguna de ellas toleraba en la otra estaba destinada a conti-
de ofrecer y retirar el pezón. Puede advertirse el perdurable nuar ininterrumpidamente y sin solución hasta la pubertad de
efecto de este período en el-persistente rechazo de Nancy a be- Nancy. Su sumisión a la cruel disciplina materna su renuncia
1~ .
ber leche. A los tres años comenzó a chuparse el pulgar, lo cual a los imp~lsos ora.les a cambio de gratificaciones ~asoquistas,
le fue violentamente sofocado mediante el uso de guantes. Ca- revela la mtegractón progresiva de una relación objetal sado-
be presumir que la lactancia temprana brindó a Nancy sufi- masoquista que impidió el despliegue exitoso de la indivi-
ciente estimulación y gratificación. Comenzó a hablar alrede- duación; por el contrario, desembocó en un estrecho enredo
dor del año y caminaba bien a los diociseis meses. . simbiótico de la niña con la madre arcaica.
Interesan especialmente algunos sucesos de la vida de esta Las tentativas de separación de Nancy en su niñez temprana
niña. Cuando ingresó al jardín de infantes, vomitaba todos los y p~b~~tad son evi?entes ~n su creación de "compañeros imagi-
días antes de entrar' síntoma que desapareció tras varias sema- narlOs y en su vmculactón con la amiga-madre a los trece
nas de asistencia forzada. La maestra observó entonces que años. Estos inte_ntos de liberación fueron infructuosos; la
Nancy hacía caso omiso de su presencia, de un modo que suge- seudoheterosexualidad era el único camino abierto a esta niña
·i ría audición defectuosa; no obstante, las pruebas audio- impulsiva para satisfacer su voracidad oral, vengarse de la
métricas demostraron que esta suposición era incorrecta. Al madre "egoísta" y protegerse de la homosexualidad.

200 20)
•'¡'
Habiendo reconducido la conducta delictiva de Nancy a los Posfacio (1976)
antecedentes predisponentes de la segunda fase or~ (sádtca)~ el Siempre es un sensato ejercicio rever un artículo que uno ha
circulo parece completo. Materia de esta indagactón genética escrito una veintena de años atrás y examinarlo a la luz de la
fue una configuración típica de personalidad que co~duce a realidad contemporánea. Esta segunda mirada es particular-
una conducta delictiva en la pubertad. El examen teón~o pre- mente útil si el artículo proponía formulaciones teóricas acerca
cedente aludió a otras configuraciones que no fueron. llustra- de un determinado tipo de conducta asocial femenina, con el
das empero con material clínico. El caso de Nancy tlene q~e propósito expreso de dar un abordaje significativo -o sea, clí-
con~iderarse' representativo de un solo tipo de delincuenc1a nicamente eficaz- a la terapia de esas adolescentes. Una reva-
femenina. loración de las ideas relacioiladas con la delincuencia sexual fe-
1'
menina parece rev~ir especial urgencia en la actualidad,
cuando la escena social de la adolescencia ha sufrido cambios
tan radicales en cuanto a costumbres, valores y expresiones en
la conducta -todo aquello a lo que se suele llamar "modo de
vida"-.
La delincuencia siempre tiene un marco de referencia soc~al
y, por ende, tiene que ver con la desviación respecto de las nor-
mas sociales o las expectativas predominantes en materia ·de
comportamiento. El sistema individual de motivaciones (o la
configuración dinámica) de la delincuencia siempre es influido
por la tradición y el cambio social. Al decir esto no hacemos si-
no repetir las prímeras oraciones de mi artículo original, donde
afirmábamos que al ocuparnos de la conducta delictiva tene-
mos que tomar en cuenta los factores predisponen tes y psicodi-
namicos en correspondencia con las normas sociales del medio
en cuestión. ·
Es obvio que lo que denominamos "acting out sexual" en la
década del cincuenta no es igualmente aplicable al comporta-
miento sexual del adolescente en 1976. En la década actual, la
actividad sexual (genital) se ha vuelto la forma legítima de con-
ducta de los jóvenes desde la preadolescencia hasta la adoles-
cencia tardía. Hemos asistido en el curso de estos años a la de-
saparición casi total de la privacidad o intimidad en materia
sexual. Al observador de los adolescentes, la franqueza de sus
relaciones heterosexuales le suena a una declarada insistencia
en que la generación de los progenitores participe, de manera
positiva o negativa, de la conducta sexual de los jóvenes.
Observamos, además, .que la tradicional ritualización de la
conducta según el sexo se ha extinguido en gran medida, o ha
sido decididamente arrasada, con planeado celo, por la joven-
cita. Como residtado de ello, la franca y resuelta iniciativa de.
las chicas en materia de seducción -sobre todo de las que se
hallan en los comienzos de la adolescencia- suele superar hoy
a la proverbial iniciativa sexual que antaño le correspondía al
varón. El rótulo "acting out sexual" ha perdido gran parte de
su significado debido a que en buena medida esta conducta de-
jó de estar "en abierto conflicto con la sociedad". Toda vez que

203
202
una variedad de comportamiento considerada anómala o des- Hay.un rasgo peculiar ~e la píldora que pertenece por entero
viada gana aceptación dentro de un sector importante de la a la psicología: ella permite una temporaria disociación entre
población, el estigma de la anomalía se esfuma, y la exteriori- el acto d~ tragar!~ y el acto sexual mismo. Todos los otros mé-
zación en la conducta -en nuestro caso, la actividad genital todos anticonceptivos exigen la manipulación de los genitales
de la joven- se vuelve un indicador cadá vez más falible de en_ tanto que la píldora es tan inocua como una cápsula de vita:
desarrollo anormal. mmas. ~1 hecho de que sea administrada por vía oral ha gravi-
Se ha inqu,irido con frecuencia de qué manera y hasta. qué
punto el comportamiento sexual de la adolescente ha sido
t~?o sutll~e~te en la actitud, no sólo de los padres, sino tam-
bien del pubhco en general, hacia la conducta sexual de la ado-
influido por la píldora anticonceptiva y el Movimiento de Li- lescente.
beración Femenina. En mi opinión, estas dos innovaciones
. Con !a píldora a su alcance, muchachos y chicas están en un
-tecnológica la una, ideológica la otra- tienen muchas más pie de Igualdad en el libre y desembarazado camino hacia el
consecuencias entre las adolescentes mayores, en especial entre logro de la experiencia sexual y el particular placer a ella vin-
la población universitaria, pero su gravitación en las preado- culado. Lo que en un pasado no rriuy distante se decía acerca
lescentes, o, en térmjnos generales, entre las alumnas del cole- de la ~asturbación del'adolescente, a saber, que representa (en
gio secundario, es insignificante. Ser sexualmente activa y ha- especial para el varón) un método voluntario no específico de
cérselo saber a los pares y a los adultos se ha convertido en un regul~ción de la tensfón en general, puede hoy aplicarse
símbolo de status a lo largo de la escala de maduración. En el ampliamente a l~ función que cumple el coito en esa edad. El
caso extremo -y este extremo ha cobrado los rasgos de un mo- tema del sexo, difundido por los carteles publicitarios, el cine-
vimiento social- la sexualidad ha sido equiparada a la mera matógrafo y las obras impresas, se ha convertido en una suer-
acción o experiencia, dejando de vinculársela con una relación te de. panacea, y su ejercicio equivale per-se a la madurez
personal significativa en el plano emocional (o sea, con una re- emocwnal.
lación íntima) que trasciende el acto sexual y la dependencia El grupo de pares llama "maduros" a los muchachos y chi-
gratificatoria. La soltura y libertad, en apariencia carente de cas qu,e ~on sexu~l~ente activos; en otras palabras: con su ca-
conflictos, con qu~ la adolescente consuma el acto sexual está ra~tensbco auspiciO del conformismo, equipara el comporta-
diciendo a viva voz que para ella el juicio reprobador de los ~Ient~ heterose_xual adolescente con la independencia, el indi-
padres -con más frecuencia de la madre- no hace sino VIdualismo y la .adulte~. ~~te precepto ha remplazado casi por
mostrar su anticuada y total ignorancia respecto de la impor- co~pleto a los ntos de IniCiación de antaño, y en la actualidad
tancia de la experiencia sexual. es Impuesto por los propios adolescentes o por la llamada "cul-
Las madres cultas de clase media, sintiéndose impotentes tura de los pares" sin la participación de los adultos ni los ri-
:11 frente a la revolución sexual, vuelcan sus cuidados en la pre- tuales tradicionales. Como en toda conducta estandarizada no
1 vención del embarazo y le sugieren a sus hijas que tomen la píl- es sólo el deseo ~ersonal ~1 que mueve a la elección y decid~ la
.,'
1 dora o practiquen algún otro procedimiento anticonceptivo. forma de expresión emocional o sexual, sino que la persuasión
De este modo, la píldora ha sustituido a la anticuada "moral"; del ¡u_edio social significativo es un determinante igualmente
una buena y segura preparación anticonceptiva ha tornado notono.
prescindibles "el buen juicio y la inhibición" en lo tocante a las So~et~das a los apremios de la pubertad, los medios de co-
relaciones sexuales. Desde tiempos inmemoriales, los adóles- mumcaCión de masas y las presiones del código de los pares
centes se han dejado arrastrar por los experimentos sexuales ca- muchas adolescentes "dan los pasos" conducentes a "hacer ei
rentes de toda participación persónal o romántica; lo que hoy amo~·~ en conso.nancia con las expectativas sociales, pero sin
contemplamos es la práctica de tales experimentos como un fin ~a~bcipar emociOnalmente. En su búsqueda desesperada de fe-
en sí mismos, y la extensión de esta etapa de la conducta sexual hCidad a través de la promiscuidad, el acto sexual, como medio
hasta la adolescencia tardía bajo la protección de la píldora. de alcanzar un sentimiento de realización y de pertenencia al
¿No deberíamos extrapolar, en este punto, teniendo en cuenta grupo, lleva a muchas de ellas á la frustración y la decepción.
los estudios sobre el desarrollo en general, y recordar que la Podemos llamar a esto la dicotomización psicosocial del acto
perseveración en una etapa cualquiera del desarrollo más allá sexual. Esta postura es bastante normal como transición tem-
de las edades en que es normativa incita potencialmente a un P?ra.:ia y experimental, pero si se la practica como "modo de
progreso evolutivo anómalo o unilateral? Volveremos más ade- vida ?urante toda la ·adolescencia, arroja sombras sobre la fu-
lante a esta cuestión. tura VIda sexual del adulto. Esto se torna evidente en la persis-

204 20S
tente dificultad o imposibilidad para integrar el acto sexual fí- y sublimación. Las muchachas que procuran esta clase de reso-
sico con respuestas emocionales maduras. Pretender abreviar el lución del problema tienen que conseguir un equilibrio entre la
desarrollo emocional adolescente apoyándose en la actividad autonomía personal y la intensa presión social proveniente de
genital o dependiendo de ella, o, dicho de Dtro modo, preten- la persuasión y el dogmatismo de sus pares. Atrapadas en esta
der eludir la reestructuración psíquica recurriendo habitual- disyuntiva, muchas resuelven representar un papel y simulan
mente a la satisfacción sexual como svstituto de la resolución públicamente tener una activa vida sexual, hasta cobrar la su-
de los conflictos internos, deja su huella en el desarrollo psico- ficiente fqerza interior como para declarar su preferencia per-
sexual. La frigidez y el infantilismo emocional, esbozados am- sonal en cuestiones íntimas y su estilo peculiar de conducta se-
bos en un momento anterior de la vida, suelen alcanzar su ina- xual, independientemente de la censura de los pares.
movilidad definitiva con la dicotomización psicosodal adoles- 2. El coito es practicado en conformidad con la influencia
cente. El carácter incompleto de la experiencia sexual es, tal social del grupo de pares y de los medios de comunicación de
vez, lo ·que ha otorgado a las "técnicas sexuales" un lugar tan masas. En su condición de ritual colectivo de rompimiento, es-
influyente y destacado en la conducta sexual contemporánea taría destinado a estabiecer los límites entre las generaciones y
de adolescentes y adultos. . tendría que llevar al abandono del conformismo sexual de los
De ·todo esto se desprende que las actuales tendencias del adolescentes; no obstante, en el caso típico, esta forma (a me-
comportamiento sexual adolescente han hecho que carezca de nudo promiscua) de conducta sexual pierde su justificación
sentido hablar de "delincuencia sexual". Se ha vuelto en extre- evolutiva y adquiere la permanencia de un modo de vida. Co-
mo difícil para el clínico evaluar la "normalidad" de la con- · mo tal se extiende, en esencia inmodificada, a lo largo de toda
ducta heterosexual de la joven cuando el coito es de rigueur en la adolescencia hasta los comienzos de la adultez.
un sector cada vez mayor de la población adolescente femeni- 3. La muc;hacha practica el coito (con frecuencia desde la
na, desde la adolescencia temprana hasta la tardía. En tales temprana pubertad): a) como defensa contra la regresión hacia
circunstancias, tenemos que reorientarnos dentro de un nuevo la m~dre preedípica; b) para satisfacer su hambre infantil de
contexto, en cambio permanente, de tecnología biológica (mé- contacto ("mimoseo") con anestesia genital; e) como una ma-
todos anticonceptivos), costumbres adolescentes, elecCiones nera de cuidar activamente a su pareja cediendo a sus necesi-
personales, etapas del desarrollo y elementos madurativos in- dades físicas, ~n identificación con la madre idealizada del pa-
natos. sado preedípico. La participación emocional de la muchacha
Al dejar de lado las perimidas expresiones "delincuencia se- es equivalente al ju.ego de las niñas pequeñas con las muñecas
xual f~menina" y "acting out sexual", propondré a conti- -que por lo general o no lo tuvo, o lo tuvo sólo escasamente en
nuación una serie de distinciones que permitan evaluar si la sus primeros años-.
conducta sexual de la adolescente actual es adecuada a la fase.
Describiré tres categorías o tipos, que en realidad se mezclan Las adolescentes representativas de estas tres categorías
en variadas proporciones, pero que permiten contar con un muestran la misma conducta sexual; incumbe al clínico discer-
marco de referencia a los fines de la evaluación. nir los factores etiológicos y dinámicos de esta. Evaluar esa
conducta se ha vuelto complicado a causa de que la sociedad
l. El acto sexual de la adolescente es, predominahtemente, acepta cada vez más y considera normal que se tengan rela-
expresión de su "conflicto de rompimiento" respecto de los la- ciones sexuales desde los comienzos de la pubertad. No obstan-
zos de dependencia infantiles. Cabe percibir que ella tiene con- te, importa establecer diferenciaciones en ella, si tenemos en
ciencia (vaga o aguda) de que su conducta sexual es ajena a su cuenta las consecuencias que el desarrollo psicosexual adoles-
yo, en cuyo caso la· expresión de sus impulsos a través del coito cente tiene para la vida sexual de la mujer adulta y su ido-
suele declinar o es espontáneamente abandonada. Merced al neidad futura como madre.
proceso· de interiorización, que constituye un aspecto intrínse- Creo que la muchacha cuya conducta sexual está determina-
co del segundo proceso de individuación de la adolescencia, da principalmente por las influencias descritas en las dos pri-
logra dar poco a poco una resolución psíquica a ese conflicto de meras categorías no ha abandonado su evolución psicosocial y
rompimiento. A fin de que estos cambios internos sigan su cur- psicosexual progresiva, aunque en muchos casos formas induci-
so, la muchacha debe tener cierta capacidad para tolerar la das o impuestas de conducta sexual pueden poner en peligro el
frustración o la tensión. En la jerga psicoanalítica, a estos me- logro de la madurez emocional. La tercera categoría represen-
eanismos psíquicos se los denomina represión, desplazamiento ta, a todas luces, una catastrófica detención del desarrollo

206 207
emocional. En mi labor clínica de los últimos años he en-
contrado la misma constelación esbozada en mi artículo de 12. El concepto de actuación
1957. Debido a la tolerancia pública del coito tempra~w, lapa- (acting out) en relación con ·
tología de la conducta sexual de algunas de estas chicas suele
permanecer oscura. Hay, empero, en el cuadro clínico general, el proceso adolescente*
indicios que apuntan a una anormalidad en la actividad sexual
de la preadolescente; tengo presentes signos de depresión, los
llamados "rasgos fronterizos", un malhumor extremo Y una
exuberante vida de fantasía infantil.
Sólo mediante una evaluación cuidadosa puede separarse a En los informes clínicos sobre adolescentes, el término "ac-
estas muchachas de las que corresponden a las otras dos catego- tuación" (acting out) suele ocupar un lugar prominente. De
rías. Su conducta sexual es una tentativa de mantenerse lig~das a hecho, basándose en la experiencia uno ha llegado a pensar que
la madre preedípica, utilizando el ambiente como cont~nente la actuación es tan específica de la fase adolescente como el
de su posición emocional infantil ("holding", en. el sentido de juego lo es de la niñez, o como la comunicación directa a través
Winnicott). Es bien sabido que con la maduración .sexual, la del lenguaje lo es de la etapa adulta. Hemos llegado a ver en la
expresión genital de las pulsiones libi?inales y a.gresivas cobr.a actuación un típico fenómeno adolescente, al punto que "ado-
primacía y, durante un lapso, se convierte tam~Ié~ en el ~ami­ lescencia" y "actuación" se han vuelto casi sinónimos.
no principal para la efectivización de la pregemtali~ad. SI un.a No obstante, un examen más atento revela que el amplio u'so
detención en el desarrollo, exacerbada por tendencias regresi- que se hace de este término en relación con la adolescencia obe-
vas se consolida hasta trasformarse en una posición permanen- dece a imprecisas generalizaciones y a un uso descuidado del
te 'nos encontramos con el tipo de chica que se destaca neta- concepto. No hay duda alguna de que, en nuestra cultura, los
m~nte respecto de las otras dos categorías, pese a que todas adolescentes normales muestran una proclividad a menudo tan.
comparten una idéntica con~uct.a sexual. Carece I!?r completo intensa y compulsiva a la acción, que uno está tentado de
de sentido llamarlas a todas delincuentes sexuales ; pero tene- hablar de su "adicción a la acción". En tJste capítulo nos ocu-
mos que discernir a la muchacha regresiva e inm~dura,. por su par~mos de averiguar si las especiales condiciones de la adoles-
necesidad de ayuda y protección. Ella corre seno pehgro, a cencia favorecen el acting out, o si simplemente dan rienda·
despecho del reclamo universal de libertad sexual. como la ruta suelta a una disposición preexistente para esa actuación.
que lleva infaliblemente hacia la madurez emocwna!. No nos detendremos, en este punto, en la distinción teórica
Debemos advertir que, para la adolescente dete~uda .en su entre "acción" y "actuación"; las diferencias esenciales entre
desarrollo emocional, el coito no guarda una relación directa una y otra se irán haciendo más claras a medida que deline-
con el placer genital, estrictamente hablando. El placer q11;e emos la actuación dentro de la fenomenología total de la ac-
ella busca y vivencia es de índole infantil, y ~ertenece al c?nh- ción e indaguemos qué función particular cumple aquella du~
nuo de la saciedad visceral y del confortamiento provem~nte rante el período adolescente. Admitamos que en la labor clíni-
del contacto físico; está, por ende, disociado de la reahdad ca estas delineaciones no siempre son tan sencillas como uno lo
biológica de las funciones sexuales, una ?e las c~ales es la desea. Suele suceder que nuestros infructuosos empeños por
manejar una escenificación [play acting] o una descarga en ac-
procreación. En este sentido, la píld?ra anticonceptiva ha mo-
dificado poco o nada su comportamiento sexual o su compren- ción desinhibida nos enseñan que estamos ante un fenómeno de
sión del acto sexual. Si anhela tener un bebé, este deseo en apa- acting out; la situación inversa es igualmente instructiva. Exa-
riencia maternal es expresión del deseo infantil de reinstaurar minaremos en este capítulo aquello que diferencia entre sí a
la unidad madre-hija (fusión); o bien simplemente busca s~la­ manifestaciones conductales de similar apariencia pero de dis-
zarse con el contacto corporal sin ninguna sensación. o exci.ta- tinta estructura. Esto nos llevará a indagar las razones por las
ción genital. Dentro del marco de t:;stas as~ciaciones mfanhles cuales el proceso adolescente tiende a promover y favorecer el
0 de estas necesidades físicas y el!locwnales mmaduras, no .es de mecanismo de la actuación como recurso homeostático. Conse-
sorprender que los métodos anticonceptivos sean un. conJunto cuencia de tales exploraciones será que nos preguntaremos, fi-
de informaciones irrelevantes e inútiles, que nada tienen que nalmente, si la formulación tradicional del concepto de ac-
ver con ella.
• Publicado originalmente en ]ournal of the American Academy of Child
Psychíatry, vol. 2, págs. 118-36, 1963.

208 209
tuación es demasiado estrecha para dar cabida a los fenómenos logra estructurarse firme y claramente gracias a la adquisición
adolescentes correspondientes, y si es menester ampliar el con- de símbolos léxicos, se carecerá de una organización viable del
cepto usual a fin de volverlo más útil en la clínica. recuerdo para evalua~ la realidad presénte con fines adaptati-
vos. En tales condiciones, las modalidades preverbales de reso-
lución de p~o?lem~s y de comunic~ción (la fantasía y la acción)
serán los umcos mstrumentos disponibles para llegar a un
Reseña histórica del concepto de actuación arreglo .con u? !?asado que sigue siendo apremiante, o sea, que
no ha sido asimtlado. Fenichel afirma, en este sentido, que la
Debemos distinguir en este concepto tres aspectos: uno es la actuación es una forma especial del recuerdo; podemos referir-
predisposición a la actuación; otro, su manij~tación en l~ con- nos a esto como la función de la actuación.
ducta· un tercero, la función que cumple dwho mecamsmo. Greenacre (1950), entre otros, ha investigado más concreta-
Entre' estos aspectos no hay en absoluto una relación incondi- mente los factores predisponentes que tornan a la actuación el
cional. Por ejemplo, la actuación puede producirse sin que mecanismo preferido para reducir la tensión. Alude a tres fac-
exista una predisposición particularmente intensa, ~omo qu~da tores que tienen un vínculo genético específico con la ac-
ilustrado de manera notoria durante la adolescencia. Este hpo tuación: 1) "una especial insistencia en la sensibilización vi-
de comportamiento puede obedecer, en~onces, a una c~r~cte­ sual, que genera una inclinación por la dramatización"; 2)
rística estructural del yo, o bien ser estimulado y precipitado "una creencia, en gran medida inconciente, en el efecto mági-
por una circunstancia vital aguda -una experiencia terapéuti- co de la acción"; 3) "una distorsión en el nexo de la acción con
ca o un fenómeno madurativo como la pubertad o la adoles- el lenguaje y con el pensamiento ver balizado" (pág. 227). Esta
cencia-. Es posible hablar de un aspecto latente y de un .as- última perturbación tiene lugar en el segundo año de vida,, y
pecto manifiesto de la actuación, y, además, de una actuación debe entendérsela como una fusión defectuosa, en el uso lin-
transitoria o consuetudinaria. güístico, entre la cosa denotada y la emoción que se asocia a
La predisposición a la actuación fue formulada por Fenichel ella. En esas circunstancias, la función del lenguaje se ha des-
(1945), quien se refiere a la "disposición aloplástica" que se carriado, y junto a él sigue operando, como forma de comuni-
presenta como una vinculación singular de la persona actuante cación y de resolución de problemas, el lenguaje de la acción
con el mundo exterior. El individuo vivencia como externos propio de etapas anteriores. Al contemplar la actuación con es-
tanto a su adversario en el conflicto como a la fuente de su po- ta perspectiva, vemos que esta forma de expresión es un meca-
der estabilizador; a su vez, esta percepción hace que se man- nismo estructurado de un alto grado de organización. Esto
tenga en un estado de permanente y excesiva dependencia res- contrasta con el proceso de descarga, más primitivo, que ca-
pecto del mundo exterior. Fenichel al.ude, a~emás, a la m~da­ racteriza a la conducta impulsiva, a la cual volveremos a refe-
lidad oral de impetuosidad y urgencta, las mtensas necesida- rirnos en nuestro subsiguiente examen.
des narcisistas concomitantes y la intolerancia a la tensión. Del resumen precedente se infiere que en el individuo actuante
Menciona, asimismo, algo no menos importante: los traumas el sentido de relitlidad es escaso e impreciso; fácilmente forja
tempranos como requisitos genéticos previos de la actuación. identificaciones transitorias y cumple roles. Con frecuencia
No hay duda de que los traumas tempranos son un prerre- esta facilidad para modificar su self resulta llamativa; CarroiÍ
quisito de la actuación, pero esta sólo adquiere su singular ca~ (1954) atribuye esta disposición a una rica vida de fantasía
rácter merced a la superposición de este factor con otros ele- autónoma y aislada, que no concede transacción alguna con l~
mentos predisponentes específicos. Uno recibe la impresión de realidad. Los adolescentes de este tipo afirman que sus fanta-
que el acting out se parece poco a esos partic~l~res e~peños sías son más reales que cualquier cosa del mundo exterior. En
por dominar tardíamente un trauma en pequenas dos~s me- consecuencia, aceptan a este último sólo en la medida en que
diante la repetición. Por su propia naturaleza, la actuación ha da crédito a su realidad interna, y lo atacan o se apartan de él
anulado la capacidad de dominio convirtiéndola en un acto de tan pronto como la indispensable gratificación que les ofrece
evitación. Un aspecto privativo de la actuación la distingue de deja de estar en inmediata y perfecta armonía con la tensión de
la compulsión de repetición propia de la neurosis, a saber: en necesidad que ellos vivencian. Esta condición es típica del dro-
ella es defectuosa la formación de símbolos mediante la cual, gadicto adolescente. · ·
normalmente la acción es remplazada o postergada a través Aclaremos el distingo entre los factores predisponentes de la
del ensayo en ~1 pensamiento y en la fantasía. Si la memoria no actuación y la función de la actuación examinando esta última

210 211
por separado. Freud empleó originalmente el término "actuar" gico de la acción y de los gestos. Tocamos aquí una característi-
en su historial del caso de "Dora", la primera adolescente so- ca. central del adolescente; este necesita desmentir su desvali-
metida a un psicoanálisis. En el "Epílogo", al referirse al aban- ~mento por ~edio de la acción, reafirmar con exageración su
dono qtre ella hizo del tratamiento, dice: "De tal modo, actuó m~ependencia de la madre arcaica omnipotente, contrarrestar
un fragmento esencial de sus recuerdos y fantasías, en lugar de e~ Impulso regresivo hacia la pasividad recusando su dependen-
reproducirlo en la cura" (Freud, 1905a, pág. 119). Así se vengó cia de la realidad misma. Asistimos aquí a la megalomanía del
del hombre que, según ella, la había engañado y abandonado. adolescente que sostiene: "Nadie puede decirme a mí lo que
Vemos en esta actuación la satisfacción de un deseo hostil de tengo que hacer", confiando en la magia de la acción, a través
venganza. El mecanismo de defensa operante en esta actuación de la cual espera gobernar su destino. Si logramos penetrar tras
que puso prematuro término al tratamiento de Dora fue el la fachada reparatoria de esa actitud desafiante, descubrire-
desplazamiento. mos fantasías que apenas se distinguen de la realidad, pues no
·Más adelante, Freud utilizó el término "actuación" en un ha.y entre aquellas y esta ninguna línea limítrofe estable. Los
trabajo sobre técnica psicoanalítica (1914a), aplicándolo a la SUJe~os en quienes p~edominan estas condiciones "equiparan la
situación analítica, en especial a la trasferencia y la resistencia: reahdad de pensamiento con la realidad externa efectiva y sus
"Hemos aprendido que el analizado repite en vez de recordar, deseos con el cumplimiento de esos deseos. ( ... ] De ahí 1~ difi-
y repite bajo las condiciones de la resistencia( ... ] mientras ma- cultad de distinguir las fantas~as inconcientes de los recuerdos
yor sea esta, tanto más será sustituido el recordar por el actuar que se han vue~to .in.concie~tes" (Freud, 1911, pág. 225).
(repetir). [ ... ] Pronto advertimos que la trasferencia misma es En todos los mdividuos actuantes el sentido de la realidad se
sólo un fragmento de repetición, y que la repetición es una halla perturbado, pero lo que llama nuestra atención es el ca-
trasferencia del pasado olvidado, no sólo sobre el médico, sino rácter de esa perturbación. Pronto descubrimos que nunca han
sobre todos los restantes aspectos de la situación presente" renunciado a la realidad externa como fuente de satisfacción
(pág. 151). d~r~cta de sus necesidades. La observación de que para estos in-
'Estas inquietudes y formulaciones tienen como propósito dividuos la persona con relación a la cual se materializa su ac-
esclarecer la situación analítica, y por ende deben ser tratadas tuación cumple un papel escaso o nulo, de que cualquier perso-
por separado de la actuación en calidad de "síntoma", según se na es a tal ef~cto intercambiable por otra, no es sino una
la llama -más bien sería un equivalente sintomático-, que prueba más de que la actuación arraiga en una organización
trae a consulta a muchos adolescentes. psíquica primitiva. Vemos en ella un uso autoerótico del mun-
En la situación terapéutica, es preciso mantener constante do externo, qu~ está s~empre disponible para una gratificación
vigilancia para saber hasta qué punto puede y debe permitirse ~om.entán~a e mmediata. Esta condición es opuesta a la grati-
que la actuación siga su curso, o bien cuándo hay que frenarla ~Icaciór_t onentada hacia el objeto. Una verdadera relación ob-
urgentemente so pena de que afecte de manera adversa la vida Jeta! exige reconocer y aceptar que la otra persona tiene intere-
del adolescente y eche por tierra la terapia. En general, puede ses ~ropios, y sólo puede darse dentro de los límites de la tran-
enunciarse que la actuación trasferencia! o al servicio de la re- sacción y l.a empatía. El individuo actuante, en cambio, se
sistencia debe ser interpretada, o tornarla inocua de algún otro vuelca .h~cia el m~ndo externo como hacia un objeto parcial
modo. No obstante, existen, como veremos, otras clases de ac- que ahvia su tensión. ·concebida en estos términos la ac-
tuación que no requieren interponer las mismas medidas, pues tuac~ón es equivalente al autoerotismo. Anna Freud (1949)
están al servicio de funciones diversas y no plantean peligro al- aludió a ello al so~tener que "la actuación de fantasías ( ... ] es,
guno para la alianza terapéutica. por ende, un retono de la masturbación fálica [ ... ] su sustituto
Jacobson (1957) ha mencionado una de esas otras funciones y representante" (pág. 203).
de la actuación. La resistencia contra el recuerdo materializa- El mecanismo ~e la proyección desempeña un prominente
da en la actuación constituye una forma de desmentida. "La papel. en la ac~uación y puede fácilmente encubrir un proceso
actuación -dice Jacobson- parece estar regularmente vincu- psiq~lCO del hpo d~ un estado paranoide incipiente; esto es
lada a una inclinación por la desmentida" (pág. 91). Los pa- pa~t1eularmente váhdo para las actuaciones adolescentes. Si-
cientes de esta clase muestran de manera convincente que esta ~mendo un~ ~rgumen~ación similar, Kanzer (l957b) afirma:
persistente desmentida conlleva una desfiguración de la reali- Esta necesidad regresiva ?e u~a posesión inmediata del objeto
dad. La función de la actuación es la desmentida a través de la es probablemente más pnmana que la actividad motora que
acción; en tales casos se aprecia con gran claridad el poder má- está a su servicio, aliviando por un lado la angustia de castra-

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ción y permitiendo recobrar, 'en un nivel más primit~vo, el La actuación como mecanismo específico de la fase
temprano sentimiento de dominio resultante de la posesión del durante la adolescencia
pecho" (pág. 667). En este sentido, la actuación tiene entonces
una función reparatoria, ya que desmiente las frustrantes limi- Hemos examinado los diversos aspectos del concepto de ac-
taciones de la realidad, declara que objeto y self son intrínseca- tuación -su predisposición, manifestación y función- y he-
mente una misma cosa, y demuestra su carácter concreto me- mos explicitado su complejidad. Ahora nos haremos esta ·pre-
diante la reafirmación repetida a través de la acción. En conse- gunta: ¿Cuáles son las características peculiares del proceso
cuencia, la actuación es siempre acorde con el yo. De hecho, adolescente que facilitan la actuación? Dicho de otro modo,
cuando se aviene a reconocer un aspecto ajeno al yo., ya ha pa- ¿la actuación adolescente está determinada sólo. por factores
sado al ámbito de la formación de síntoma o se ha convertido predisponentes, o puede sostenerse que es, en el proceso adoles-
en un acto sintomático. Este cambio va acompañado de una cente, un mecanismo específico de la fase? ¿Podemos hablar de
declinación de las necesidades narcisistas y del surgimiento de una "solicitación adolescente", en el sentido de una tendencia
relaciones objetales diferenciadas. evolutiva a encontrar a mitad de camino ciertas predisposi-
Debemos mencionar aquí otra función más de la actuación, ciones que, en otros períodos del desarrollo, permanecían dor-
que tiene un importante cometido en la adolescencia .. Me ~e­ midas o eran menos notorias? En todo caso, la experiencia nos
fiero a la necesidad del adolescente de establecer en elmtenor dice q~e la incidencia de la conducta de actuación aumenta
de su yo una continuidad temporal, continuidad que ya no agudamente cuando se aproxima la pubertad, y este hecho clí-
puede mantenerse por delegación apelando a un argumento nico reclama por sí solo una explicación.
simple de esta índole: "Aun cuando yo no comprendo, o no re- Como un camino hacia la comprensión de la proclividad
cuerdo, o no conozco lo que aconteció realmente en el pasado, adolescente a la actuación, exploraré aquellas características del
mis padres sí lo saben; por lo t~nto, nada habrá d~s~par~cido desarrollo adolescente que acompañan la reestructuración psí-
ni se habrá perdido en la medida en que yo contmue siendo quica y que, por definición, tienen un vínculo especial con la
parte de ellos". Sabemos que toda vez que los padres falsean, actuación. Este empeño no exige que volvamos a recorrer en
con sus palabras o sus acciones, la realidad de aquellos hechos nuestra exposición los largos e intrincados senderos de la ado-
de los que uno de los sentidos del niño fue testigo idóneo, este lescencia; ya l}e narrado esta historia con gran detalle en otro
experimenta una perturbación de su sent~do de la re~lidad ~~e lugar (1962). En vez de ello, escogeré ciertas características
puede llevarlo, en la adolescencia, a un Impase críbco. ~Isb­ de la adolescencia que tienen directa conexión con el tema de
remos entonces a actuaciones de toda índole, con frecuencia de la actuación.
naturaleza asocial o antisocial, en su tentativa de restaurar su En líneas generáles, podemos decir que el proceso adolescen-
sentido de la realidad. Tales casos suelen corresponderse muy te se inicia con una desinvestidura de los objetos de amor pri-
bien con un descubrimiento del pasado despojado de distor- marios, recorre luego una fase de aumento del narcisismo y el
siones. Me inclino a otorgar a este hecho poderosa significa- autoerotismo, y alcanza por último la etapa del h._allazgo de
ción; afirmo que la actuación al servicio del restablecimient? objeto heterosexual. Estos cambios en la organización pul-
de la continuidad temporal del yo, o, más brevemente, al servi- sional son paralelos a otras variaciones en los intereses y actitu-
cio del yo, no debe confundirse con la actuación en que priva~ des del yo, que alcanzan estabilidad estructural en el período
las demandas instintivas y en que se procura restablecer la um- de consolidación de la adolescencia tardía. La desvinculación
dad con el objeto merced al control mágico del mundo externo. de las instituciones psíquicas respecto de la influencia de los
Esta última _propensión a la postre se consolidará en. la perso- progenitores, que las· generó, constituye un esfuerzo funda-
nalidad impulsiva o narcisista, en tanto que la actuación al ser- mental del yo adolescente; a la inversa, este logro facilita la
vicio del yo tiende a estabilizarse en el carácter compul~iv~. ~n formación definitiva del self.
la práctica clínica con adolescentes, a menudo es difícil distm- Esta desvinculación de los objetos de amor y odio interiori-
guir estos dos casos; esa diferenciació~ sólo ~uede hac~rse, ~on ?:ados va acompañada de un profundo sentimiento de pérdida
el correr del tiempo, gracias al uso sistemático de la situaCión y de aislamiento, de un grave empobrecimiento del yo, que
terpéutica. explica el frenético vuelco del adolescente hacia el mundo ex-
terno, la estimulación sensorial y la acción. Si se vuelve tan
vehementemente hacia la rellidad, es porque corre el peligro
constante de perderla. El extendido proceso de desplazamiento

214 215
objeta! abre el camino a la repetición de facetas esenciales del cuando se llega a una síntesis del pasado, el presente y el entre-
pasado en relación con la situación actual o el ambiente inme- visto futuro. La piedra de toque de esta síntesis es la integra-
diato. Mientras duran estas acciones de rompimiento se evi- ción de las organizaciones yoica y pulsional. Desde el punto de
dencia un sorprendente deterioro del examen de realidad -a vista psicológico, entonces, el proceso constituye un permanen-
menudo sólo selectivo-. El mun9,o externo se le aparece al te afán por armonizar el pasado con el estadio final de la niñez,
adolescente, al menos en ciertos aspectos, como la imagen es- o sea, con la adolescencia. ¿Es acaso sorprendente que la ac-
pecular de su realidad interna, con sus conflictos, amenazas y tuación sea una de las formas del recuerdo? En un sentido muy
reconfortantes seguridades; por consiguiente, vivencia suma- real, ella puede estar al servicio del desarrollo progresivo. Nos
riamente su mundo interno como externo. Todo adolescente es referimos a la experimentación adolescente que domina la es-
re~orrido, aunque sea tan sólo por breves momentos, por ide- cena antes de que el ensayo en el pensamiento y la escenifica-
aciOnes paranoides. El examen de realidad, tan francamente ción en la fantasía la tornen prescindible.
defectuoso durante este proceso, se restaurará una vez que se Al hacer esta enumeración selectiva de características de la
produzca el vuelco hacia los objetos de amor no incestuosos y se adolescencia, ha sido mi propósito destacar que el proceso ado-
haya concedido un lugar a la pregenitalidad como placer pre- lescente contiene condiciones psicológicas que hemos llegado
vio. Junto a esta diferenciación de las pulsiones hay un reorde- a considerar típicas para que se produzca la actuación. No ha
namiento de la jerarquía de jntereses y actitudes yoicos. de llamarnos la atención, pues, comprobar que en la adoles-
La proclividad a la acción es uno de los rasgos más notables cencia esta es un fenómeno casi universal. Esta conducta típica
de la adolescencia; en este fenómeno se reconoce la confluencia de acting out es habitualmente pasajera, benigna, y está al ser-
de diversas tendencias. Una es la antítesis de actividad y pasivi- vicio del desarrollo progresivo; no obstante, cualquiera de los
dad rhacer a los demás" y ·"que los demás le hagan a uno"), aspectos del proceso que hemos enumerado pueden conducir a
que tiene un papel predominante en la adolescencia 'temprana, un impase, un fracaso, una detención. En tal caso el mecanis-
cuando el impulso regresivo hacia la madre fálica (preedípica) mo de la actuación, propio de la fase, ha pasado a ser una con-
activa y la identificación con ella confieren una especial fisono- dición patológica permanente; dependerá de los factores pre-
mía a la organización pulsional del varón y la niña. La acción disponentes que ella esté signada por un acting out continuo o
y el movimiento son valorados en sí mismos, no necesariamente que se trasfot:.me en una neurosis o alguna otra enfermedad.
como conductas dirigidas hacia una meta sino más bien como El universal y transitorio predominio de la actuación en la.
un medio de resistir el impulso regresivo hacia la madre cuida- adolescencia no puede nunca, por sí solo, convertirse en una
dora activa, y de escapar al sometimiento a la pasividad pri- conducta de actuación permanente.
mordial. En esta constelación, la acción asume, pues, el carác- Creo que la adolescencia brinda una buena oportunidad pa-
te~ de un ademán mágico: evita el mal (la castración), des- ra el tratamiento de las propensiones a la actuación, que hasta
miente los deseos pasivos y reafirma el control delirante de la cierto punto representan siempre medidas específicas de la fase
realidad. Esta tendencia, sumada al aislamiento narcisista, en el empeño por hacer frente a las realidades efectivas del cre-
compone la conocida inclinación megalomaníaca del adoles- cimiento. Estas realidades efectivas giran en torno de la pérdi-
cente, quien usa al mundo externo para su engrandecimiento da y el hallazgo de objeto, que se entremezclan en el proceso de
de igual modo que el niño usa al progenitor para la gratificación establecer relaciones objetales maduras, y en torno del recuer-
de sus necesidades narcisistas. En ambos casos, parece haber do -no necesariament~ conciente- y el olvido, que se entre-
afuera una provisión de inagotable riqueza -aunque sólo sea mezclan en el proceso de síntesis del yo. La tensión dialéctica
imaginaria, vale decir, deseada- y todolo que resta hacer es entre estos opuestos se resuelve, en la adolescencia tardía, por
mantener el aflujo permanente al self de estos suministros nar- la consolidación definitiva del self. A esta situación humana re-
cisistas. sumida en la adolescencia el escritor James Baldwin (1956) la
El cuadro del proceso adolescente no estaría completo si no ha descrito con las siguientes palabras: "O bien esto, o bien
prestáramos atención a otra tendencia gerteral. Dicho proceso aquello: se necesita fuerza para recordar y otro tipo de fuerza
evoluciona, desde luego, a partir de los estadios precedentes de para olvidar, y se necesita ser un héroe para hacer ambas cosas.
desarrollo, que nunca se atraviesan sin que queden huellas de Las personas que recuerdan se exponen a la locura por el do~
los traumas y si~ que haya detenciones por fijación, sensibiliza- lor de la perpetuada muerte de su inocencia; las que olvidan,
ción hacia modalidades escogidas de gratificación y lagunas en se exponen a otra clase de locura, la de la negación del dolor y
la continuidad del yo. Sólo se consuma el proceso adolescente el odio de la inocencia; y el mundo se divide en su mayor parte

216 217
entre locos que recuerdan y locos que olvidan. Los héroes son atmósfera de un hogar culto, medio al cual él se adaptó bien. A
infrecuentes" (pág. 37). -
lo largo de la escuela primaria y secundaria había sido un buen
alumno, dinámico en los deportes y en las actividades escola-
res, que mantenía con naturalidad buenas relaciones sociales y
era querido por sus maestros y sus compañeros. Teniendo en
Material clínico cuenta esta historia, su fracaso en el ámbito universitario asu-
mía las características de un giro inexplicable de los aconteci-
La presentación de material clínico relativo a ciertos adoles- mientos.
centes actuantes cumple dos finalidades. Por un lado, ese ma- Al dejar la facultad inició la psicoterapia. Tuvo varios
terial ofrece ~":idencia~ concretas de acting out, al par que de- empleos de oficina hasta que repentinamente decidió conver-
muestra la difiCultad mtrínseca de subordinar cómodamente tirse en un obrero. Yo sentí que esta urgencia.por realizar un
los datos al concepto corriente de actuación.' Nos vemos ante trabajo manual era tan elemental que compartí con simpatía
·un dilema: o ampliamos el concepto, o adscribimos ciertos este radical apartamiento de sú vida acostumbrada. Decidí es-
hech.os clínicos a otras categorías. Hay una tercera posibilidad: perar y ver. Frank se sentía sumamente feliz en su nuevo traba-
considerar la actuación como un mecanismo transitorio típico jo y se llevaba bien con sus compañeros. Pronto resolvió dejar
del p~oce~o adolescente, que debe su prominencia al pasajero el cómodo hogar de su familia y trasladarse a la casa de uno de
d~bll~tamwnto de las !u_erzas inhibidoras y represivas, y, por ellos en un barrio sórdido de una gran ciudad. Disfrutaba pro-
anadi~ura, al predommiO de las posiciones libidinales y yoicas fundamente de los placeres simples y las poco sofisticadas in-
regresivas. quietudes de su nuevo medio. En esta conducta era evidente el
Los casos de actuación adolescente al servicio de la gratifica- rasgo de la actuación.
ción pulsional son bien conocidos; típica de esta clase es la Durante la época en que residió allí, fue posible penetrar en
seudoheterosexualidad d~ la muchacha, que tanto puede ser un su amnesia infantil y traer a la conciencia recuerdos cruciales.
r~torno a la madr~ preedípica por la vía de una pareja sustitu- Facilitó este paso su familiaridad realista con el nuevo medio y
tiva como una acción vengativa y rencorosa dirigida contra la los vínculos. asociativos entre su experiencia presente y su pasa-
madre ed~pica. En el capítulo 11 he descrito ya esta categoría do. Al cambiar de entorno, siguió el impulso inexorable hacia
de actuación que está al servicio de la grati~icación pulsional. el lazo objeta! infantil con los padres adoptivos de su niñez
Por lo demás, estamos bien familiarizados con aquellos casos temprana -había vivido en el seno de una familia de clase
en que el adolescente actúa los deseos inconcientes del progeni- obrera hasta ser adoptado, cuando tenía dos años-. La reali-
tor. Por contraposición con esto, he escogido material clínico dad primera de su vida revivió en la adolescencia tardía y,
que no pertenece a ninguna de estas categorías y al cual se le ha luego de haber sido desencadenada por el recuerdo en la ac-
prestado escasa atención en la bibliografía. Los casos que si- ción, se hizo conciente en la terapia. Frank pudo rememorar
guen ejemplifican la actuación ádolescente al servicio del de- hechos de su niñez temprana, así como revivenciar afectos que
sar!ollo progresivo, o, más concretamente, al servicio de la sín- había sentido hacia sus padres adoptivos. La actuación, como
tesis del yo. forma especial de recuerdo, fue trasladada a la rememoración
verbalizada de su. pasado. A esto siguió una gradual desvincu-
lación de sus tempranos objetos amorosos; podía ahora enamo-
Frank, el obrero rarse y hallar un objeto fuera de su familia, como ocurre en la
adolescencia propiamente dicha. Tan pronto pudo prescindir-
Frank, un muchacho de diecinueve años que se hallaba en su se de esa revivencia del pasado, Frank retornó con sus padres
adolescencia tardía, no logró aprobar el primer año de estudios adoptivos. Liberado del impulso regresivo hacia su medio ori-
~niversitarios y una vez que dejó la facultad se sintió perdido, ginal, respecto del cual su separación había sido traumática,
s~n saber qué hacer. Comenzó a andar a la deriva, sumido en un retomó los estudios universitarios, llegó a doctorarse y a sobre-
le~argo.' con ~end~ncia a entregarse a fantasías sentimentales y salir tanto como sus padres por su capacidad intelectual.
a Imagmar histonas. Abrumado por la incertidumbre y la con- Este caso nos invita a hacer algunos comentarios. Ante todo,
fusión, era incapaz de hacer planes para su futuro. debe destacarse que ·no hubo acting out en la etapa que prece-
.Frank era hijo adoptivo. Sus padres eran intelectuales pro- dió a su crisis de la adolescencia tardía, ni en los ocho años que
mmentes y de destacada posición social. Criaron al niño en la la sucedieron. Si bien él había hablado ya en terapia acerca de

218 219
·('.
i
1 su pasado, conocía sus antecedentes y recordaba algunas cir- mito; en el otro, se crea una mentira o un mito a fin de acomo-
¡ :¡ cunstancias de sus primeros años de vida, el componente afec- dar la realidad a los propios temores y necesidades.
1:¡ tivo de sus recuerdos sólo. vino a la conciencia gracias a la Para ilustrar estas puntualizaciones, expondré el caso de
,¡ reproducción de su historia temprana. Parecería que el proceso Carl, un muchacho de quince añO& que fue traído a tratamien-
'1

:¡ 1,
de consolidación que tiene lugar en la adolescencia tardía se ve
obstaculizado, demorado o de hecho abortado toda vez que re-
to por un pariente preocupado por sus tendencias delictivas.
Los síntomas presentados eran hurtos, falsificaciones de docu-
·:i cuerdos decisivos no integrados permanecen disociados en for- mentos, ausencias injustificadas a la escuela, mentiras re-
ma permanente y resisten la represión. Esta situación, por sf currentes. Estas cuatro infracciones eran ejecutadas por Carl
:rr sola, impide la creación de una continuidad temporal en el in- de un modo que instaba a que se lo descubriera. La urgencia

,¡ '1 terior del yo. Si esto no se logra en la adolescencia tardía, la se- pulsional de su conducta, junto 'con su sentimiento de que la
paración respecto de las primitivas relaciones objetales resulta carrera criminal era su sinó, daban a sus actos delictivos la par-

i1
apenas parcial. Si el proceso adolescente -el segundo proceso
de individuación- no tiene un decurso normal, a menudo se lo
simula frenéticamente mediante una reparación en la fantasía
ticular fisonomía de una actuación. La conducta delictiva de
Carl comenzó a partir de su pubertad.
Gracias a la información que me proporcionó el mencionado
1 o un decidido retorno a los comienzos propios. Y estos empe- pariente, pude conocer el mito familiar. Según su relato, la
1 ños, como en el caso de Frank. llevan con frecuencia el sello de madre les había dicho a Carl y a su hermano mayor, que le lle-
¡ la actuación. Este adolescent~ no podía ir haciaadelante sin vaba tres años, que el padre de ellos había muerto. Se habían
antes tomar contacto con su pasado traumático no asimilado, divorciado cuando Carl contaba tres años y medio, y do~ años
¡ en un intento desesperado por integrarlo a él. Su acting out es-
taba al servicio del desarrollo progresivo. Esto nos trae a la me-
más tarde, durante los cuales los niños no vieron nunca a su
padre, este fue acusado de malversación de fondos y enviado a
f
! moria al gígante Anteo, 'hijo de Poseidón y de Gea, la Tierra; la cárcel. Según la m.adre, había muérto en prisión dejándola
Anteo era invencible porque cada vez que en el combate sufría viuda. Los niños, que a la sazón tenían seis y nueve años, res-
una caída, se levantaba con mayor fuerza aún a causa de haber pectivamente, aceptaron tal noticia sin formular preguntas y
tocado a la tierra, su madre. Hércules lo derrotó alzándolo en de ahí en más se condujeron como si fuera cierta. Nadie habla-
vilo y estrangulándolo en el aire. Pudo así quebrar el contacto ba del padre mperto en el hogar, salvo para comparar la "pe-
del gigante con su origen, la fuente de su poder. queña mente torcida" de Carl con la de aquel. La verdad es
que el padre no estaba muerto: atacado de una afección psi-
cótica que se tornó crónica y que lo volvió ingobernable, debió
Carl, el criminal ser trasladado a un hospital carcelario para enfermos mentales
delincuentes. Cuando Carl inició el tratamiento su padre ya
Todos conocemos casos de adolescentes cuyo acting out se re- había sido internado allí.
laciona con un mito familiar, entendiendo por ello una delibe- Ante mi indagatoria, el muchacho no pareció extrañarse de
rada desfiguración de los hechos concernientes a la historia de ignorar si su padre tenía personas allegadas, así como la fecha o
la familia. Este tipo de casos, en los que se presentan como sin- causa de su muerte, el lugar en que había sido sepultado, o aun
1 tomas fundamentales la confusión de la identidad o la conduc- las circunstancias en que cometió el desfalco o las razones por

,,
¡ ta impostora o delictiva, difieren radicalmente, en cuanto a su
estructura, de aquellos casos de delincuencia en que el mundo
las cuales se había divorciado de su madre. No debe sorpren-
dernos que el chicQ se lamentara de su llamativa incapacidad
1
i! externo es distorsionado por la proyección de conflictos intra- para estudiar historia, porque era incapaz de retener fechas,
psíquicos. En ambos casos, un suceso, intrapsíquico se vivencia nombres y lugares. A fin de desembarazarse de una impe-
como externo, pero con la decisiva diferencia de que en el pri- netrable confusión, Carl insistía en que su padre había muerto
mero el mundo externo es distorsionado por figuras autoritati- poco después de nacer él, y que jamás lo había conocido: In-
! vas del ambiente -quienes en su carácter de custodios de la re- -concientemente, obedecía el mandato tácito de su madre, co-
!¡ alidad tienen la misión de interpretar para el niño el mundo fe-
noménico y causal-, mientras que en el segundo el propio ni-
mo se traslució en un incidente que más tarde recordó durante
el tratamiento: "Un día vino un tío mío a casa, cortó la figura
1 ño desfigura la realidad para la satisfacción de sus pulsiones o de mi padre de todas las fotografías de la familia y lo eliminó
la evitación de la angnstia. En un caso, la desviación adoles- del álbum". Luego pudo confirmarse que este recuerdo era
cente opera al servicio .de la rectificación de una mentira o un correcto.

220 221
'1 mágico de restaurar su integridad genital. A través de los hur-
1
La actuación de Carl funcionaba como una tentativa de
mantener viva la memoria de su padre, como una vindicación tos -de ropa~ masculinas, predominantemente-, él recupera-
del "padre bueno" y una extensión de la continuidad temporal ba de manera simbólica su masculinidad y, a la inversa, se de-
del yo hacia las oscuras regiones de sus primeros años de vida. fendía contra sus impulsos femeninos, o sea, contra la homose-
La imagen del padre le era esencial para afianzarse en la reali- xualidad.
dad y protegerse de talantes depresivos. Además, sólo le era po- Como siempre ocurre en los casos en que un mito familiar
sible mantener su sentido de la realidad desmintiendo con su cumple un papel patógeno, la rectificación del mito apenas
acción las imputaciones de irrealidad que la madre hacía a las sorprende al paciente. Así sucedió con Carl: las partes del rom-
percepciones del niño y a las huellas que guardaba de estas en pecabezas, que él siempre había conocido en fragmentos diso-
su memoria. Todo cuanto Carl recordaba de su niñez tempra- ciados, fueron acomodadas de manera gradual y laboriosa
na era prohibido, en especial sus sentimientos positivos y afec- dentro de una totalidad coherente y significativa. Carl reme-
tuosos hacia el padre. Habían sido extinguidos como recuerdos moró el "departamento de lujo" en que viviera cuando su fami-
concientes por la madre mediante el mismo arrebato de ira y lia era rica, y reconoció en su deseo de llevar una vida dispen-
venganza con el que est3: había "matado" al padre. La adoles- diosa el persistente recuerdo de aquellas épocas. En cierta
cencia de Carl se vio fatalmente amenazada por su someti- oportunidad «::stuvo a punto de reincidir en sus robos porque
miento a la madre-hechicera arcaica, sometimiento que impli- necesitaba dinero para alquilar un Cadillac con chofer a fin de
caba el abandono de la imagen del padre, con la cual en esa pasar una velada con su novia; recordó entonces que su padre
etapa él tenía que llegar a un arreglo (en lo positivo y en lo ne- había conducido un Cadillac en compañía de e){trañas chicas y
gativo) a través de la identificación y la contraidentificación. mujeres. Después del divorcio, su padre acostumbraba sacarlo
Era obvio que para que ~mainara el aspecto delictivo de la a pasear en un gran automóvil. El invencible deseo de Carl de
actuación era menester desenterrar al padre muerto y revivir y vestir ostentosamente lo llevaba con frecuencia a robar dinero
rectificar el pasado. La proclividad a la actuación probó ser só- ? ~opas, hasta que admitió que en su conducta se reflejaba la
lo en parte reversible; no obstante, la terapia logró evitar que Imagen ?el padre, que era un meticuloso petimetre. Tras su-
esta tendencia fuera utilizada para generar el ineludible desti- cumbir a otro episodio de hurtos, expliéó al terapeuta que se
no de convertirse en un criminal. Carl visitó a su padre en el sentía inevitablemente com_pelido a gastar dinero en su novia.
hospital carcelario, y a partir de entonces se interesó apasiona- Fragmentos de recuerdos y de conversaciones escuchadas al pa-
damente por él. Quería enviarle dinero para que pudiera ves- sar confluyeron en la rememoración de que su padre era un
tirse decentemente y para que su vida fuera más fácil. Conjetu- derro¡;hador dispendioso y que le gustaba divertirse con coris-
ró que el mutismo de su padre obedecía a que estaba enojado tas. En las caras porcelanas, cristales y antigüedades que había.
porque nadie lo visitó nunca ni se preocupó por él. Poco a poco en su casa comenzó a ver las señales tangibles de un pasado que
fue dándose cuenta de hasta qué punto echaba de menos a su revivía y narraba su historia.
padre, y qe que se conducía con los hombres mayores como si En el caso de Carl, la actuación era muy a menudo seguida
fuesen padres capaces de interesatse por él. En esos momentos de la rememoración y la vivencia de particulares estados afecti-
esperaba imperiosamente que el ambiente reparase la falta que vos y sensibles. El efecto acumulado de este proceso cíclico se
había cometido con él al negarle la legítima posesión de su pro- notó en su novedosa capacidad para recurrir a la acción de en-
pio padre. sayo en el pensamiento y la fantasía, así como para exteriorizar
Debe mencionarse un factor que complicaba este caso, ya verbalmente sus ideas cada vez que surgía el apremio de ac-
que él contribuía a la actuación, en especial a los robos: Carl tuar. Esta alertada toma de conciencia atestiguaba el imperio
tenía un testículo no descendido. Esta afección, antes ignora- del yo autoobservador (introspectivo), que a su v~z fortalecía
da, fue corregida guirúrgicamente en las primeras épocas del tanto el proceso secundario de pensamiento como el examen de
tratamiento. Por desgracia, la operación sólo cumplió una fi- realidad. La actuación, como tentativa inadaptada de estable-
nalidad cosmética, ya que el testículo había dejado de fun- cer la continuidad temporal en su yo, perdió gradualmente su
cionar. Carl, quien había hecho sus propias observaciones en verdadero carácter y puso al desnudo los puntos de fijación del
cuanto al tamaño comparativo y las sensaciones provenientes desarrollo pulsional y yoico. Pasaron entonces a ocupar el
de sus testículos, fue informado sobre el verdadero estado de centro del cuadro clínico la formación de síntomas y la natura-
cosas. Antes de que se le esclareciera esta situación genital, sus leza defensiva de la acción. Las tendencias pasivas de Carl, jn-
hurtos contenían un elemento cleptomaniaco: e~:an un intento tensificadas por su defecto genital, eran sobrecompensadas me-

222 223
. diante la acción; esta, per se, había sido equiparada a una re- dos factores. Pri~ero, tenemos que considerar el hecho de que
afirmación de la masculinidad. Entramos aquí en una segunda con el aumento cuantitativo de la presión instintiva a causa de
fase de este caso de actuación, que va más allá de lo que en este la pubertad, se reviven regresivamente posiciones pulsionales
momento nos interesa) anteriores y sus concomitantes posiciones yoicas. Vuelve a dis-
La actuación y rememoración de Carl evocan la imagen que cernirse en la adolescencia la más antigua antítesis de la vida
nos ha entregado Proust (en su carta a Antoine Bibesco, de no- del individuo, la que existe entre la actividad y la pasividad.
viembre de 1912), de su redescubrimiento de "años, jardines, La posición activa primitiva que surgió por ídentificación con
personas olvidadas, en un sorbo de té donde encontró restos de la madre fálica (activa) preedípica se constituye, en especial en
,¡ un bizcochuelo francés". La actuación establece, pues, esa par- las etapas iniciales de la adolescencia, en una fortaleza defensi-
¡¡ ticular congruencia vivencia! por la cual la realidad presente va contra la regresión a la pasividad primordial. Este procedi-
ofrece un eslabón hacia el pasado traumático; en ec;te sentido, la miento de defensa contra la pasividad se torna notorio en la
actuación es un proceso reparatorio aloplástico inadaptado. El adolescencia en desinhibidas e inadecuadas actividades de
hecho de que constituya una operación psíquica organizada la autoafirmación. En segundo lugar, tanto la deslibidinización
distingue claramente de la acción impulsiva típica de los tras- de los objetos de amor infantiles durante la adolescencia pro-
tornos impulsivos. Esta se caracteriza, no por una pauta orga- piamente dicha, como el aumento del narcisismo durante la
nizada, sino por un mecanismo primitivo de descarga de la ten- adolescencia temprana, dan por resultado un empobrecimien-
sión, al que J.J. Michaels ha denominado "actuación primaria" to del yo. La amenaza de pérdida del yo que este procéso
(en Kanser, 1957a). conlleva es contrarrestada por un enérgico vuelco hacia el
mundo externo. La realidad exterior ofrece un punto de afian-
zamiento reparatorio antes de reestablecer relaciones de objeto
Discusión y conclusiones estables.
Las dos fuentes mencionadas contribuyen a la lisa y llana ne-
Repasemos una vez más la situación del adolescente. Su cesidad de.acción tan típica del adolescente. Por supuesto, nos
proclividad a la acción es obvia; además, en el tratamiento de resultan igualmente familiares sus estados de inercia, de letar-
algunos adolescentes actuantes se pone de manifiesto que el ac- go y de aversióq a toda actividad, que no hacen sino realzar el
ting out no es un elemento integrante de la personalidad, sino carácter defensivo que tiene la actividad en la secuencia cíclica
que, una vez superado, no deja ulteriores huellas en el compor- de estos estados. Por contraste con la típica irrupción adoles-
tamiento del adulto. En otros casos, prueba ser una reacción cente de mociones pulsionales sexuales y agresivas, vemos que
habitual frente a la tensión, revelando así su componente de la actuación es un mecanismo estructurado y organizado.
predisposición. La actuación no puede considerarse en sí mis- · La auténtica actuación adolescente implica una fijación a la
ma un obstáculo insuperable para el tratamiento de adolescen- fase de la preadolescencia o de la adolescencia temprana. Estas
tes, ya que su forma auténtica constituye un mecanismo especí- dos. fases se singularizan por un fuerte impulso regresivo, una
. fico de la fase dentro del proceso adolescente. reanimación de la pregenitalidad, un incremento del narcisis-
Como señalé al comienzo de este capítulo, entiendo que la mo y el mantenimiento de una identidad bisexual. Huelga de-
proclividad del adolescente a la acción está determinada por cir que estas condiciones gravitan de manera adversa en la re-
lación del yo con la realidad. Esta predispos:K:!ón latente asu-
mirá llamativas proporciones bajo el impacto la pubertad
1 Me fue conced\do, de manera fortuita, un segiiimiento del caso de Carl, toda vez que exista antes de la adolescencia un defe oso sen-
quien vino a ve¡me diez años más tarde, cuando ciertos asuntos comerciales y tido de la realidad, así como la necesidad que experim ta el
"
l. amorosos lo pusieron frente a "grandes decisio~es". Lo vi tres v~ en esta épo-
ca. Bastará decir que: l) No encontré rastro alguno de conducta actuante o de- sujeto de sentirse una misma cosa con el objeto (o sea, con el
lictiva; 2) tras un período de fluctuaciones, se centró en una actividad profe- mundo externo). El hecho de que los dos casos de actuación al
¡'
sional con espíritu de iniciativa, ambición y un grado apreciable de sensatez; servic\o de la síntesis yoica sobre los cuales he informado ten-
3) si bien sus relaciones objetales eran superficiales, evidonciaban preocupación gan en común la pérdida de un objeto significativo de la niñez
por los demás y responsabilidad; pudo entablar vínculos de cierta duración
(aunque no permanentes) con varias mujeres; 4) se mantuvo en contacto con su
temprana sugiere que casos análogos podrían tener una etiolo-
padre a través de l¡¡s autoridades de la prisión en que estaba internado, y tam- gía similar.
bién de manera personal; y siguió contribuyendo en lo que, a su juicio, podía Cuando se evidencia una actuación, suponemos que opera,
hacer más llevadera la vida de aquel. no un mero procedimiento de descarga de necesidades instinti-

224 225
1 ~ .!
,

vas, sino un mecanismo organizado. Esta organización por no- Ya hemos visto que ella es resultado de la confluencia de facto~
sotros postulada aparece, en sus manifestaciones clínicas cono- res de predisposición, de manifestación evolutiva y de función.
ci~as, bajo tres for~as dis~intas: 1) la repetición por desplaza- La propia índole del proceso suele empañar la clara demarca-
~~ento ~e una relac1?n O?Jetal anterior y de su modalidad gra- ción del concepto dentro del cuadro clínico. Esta dificultad
hfiCatona; 2) la achvac1ón de una fantasía y su exterioriza- tiene como principal origen cuatro características de la adoles-
ción en el ambiente, en cuyo caso la actuación es un equivalen- cencia: la alternación de movimientos regresivos y progresivos,
te del autoerotismo; 3) el empeño por restaurar el sentido de la el papel del deSplazamiento en la desvinculación de los
realidad reafirmando, a través de la acción, recuerdos desmen- tempranos objetos de amor, el vuelco frenético hacia el mundo
tidos, prohibidos o distorsionados por el ambiente durante la externo para compensar el empobrecimiento yoico, y los es-
infancia del sujeto. A esto último lo denomino "actuación al fuerzos de,síntesis que constituyen el logro es~ructural de la
servicio de la síntesis del yo". adolescencia tardía. Aquí sólo hemos elucidado en parte la re-
En su carácter de mecanismo regulador de la tensión, el ac- lación de estos factores con la actuación, pero se ha puesto de
ting out protege al organismo psíquico contra la angustia relieve su relevancia para el problema global. Además, hemos
conflictiva: el-conflicto se plantea exclusivamente entre el yo y expuesto la conveniencia de reconsiderar el concepto corriente
el mundo externo. Por otro lado, la actuación al servicio de la de actuación si se quiere dar cabida dentro de un marco con-
síntesis del yo o de su continuidad tt)mporallo protege de la an- ceptual amplio a los diversos fenómenos de la actuación adoles- ·
g~stia provenie~te de una estructura fallida o en desintegra- cente.
ción. La angustia estructural surge como consecuencia de las
lagunas del yo, o toda vez que, durante la adolescencia el sen-
tido de la realidad corre peligro de hacerse trizas. En ~te pe-
ríodo ya deja de ser conveniente, o siquiera tolerable, la forta-
leza o la reparación yoica derivadas de una dependencia conti-
nua del progenitor; en caso contrario, el desarrollo progresivo
puede ser por completo abandonado, y asistiríamos a una ado-
lescencia abortada.
Si bien la actuación es por lo general aloplástica e inadapta-
da, las distinciones aquí sugeridas parecen esenciales para un
abordaje terapéutico diferencial. En los casos en que ella cons-
tituye un intento de revivir mediante su desplazamiento al
mundo exterior, relaciones objetales o gratificaciones pulsiona-
les parcialmente abandonadas, el tratamiento se ha de centrar
al principio en una creciente tolerancia a la tensión, en la inte-
riorización y en una diferenciación más clara entre yo y reali-
dad, entre self y objeto. Por consiguiente, esta fase de latera-
pia tiene como objetivo estab1ecer una organización yoica ca-
paz de asimilar la segunda fase, la interpretativa y reconstruc-
tiva. En los casos de actuación al servicio de la síntesis yoica, el
tratamiento comienza por la reconstrucción del pasado
traumático disociado y luego asiste al yo en la tarea de dominar
la angustia y asimilar los afectos subsiguientes a la ola de
enfrentamientos con la verdad histórica. No obstante, rara vez
se pueden clasificar con tanta nitidez como aquí los diversos ti-
pos de acting out; por lo común vienen mezclados y requieren
que la terapia maniobre haciendo hincapié en uno u otro.
El problema de la actuación adolescente -su nítida diferen-
ciación genética, dinámica y estructural- se ve ~scurec!ido _por
diversas tendencias que forman parte del proceso adolescente.

226 227
13. La concreción adolescente* que podemos ejercer en la vida del hombre a través de nuestra
ciencia. La historia contemporánea nos urge a buscar medios
Contribución a la teoría de la delincuencia racionales de intervención que moderen la destructividad y
brutalidad del hombre para consigo mismo y sus semejantes.
Cualquier aporte, por pequeño que sea, si amplía nuestro co-
nocimiento de estas fuerzas ciegas, sus fuentes ontogenéticas y
sus vías de trasformación, responde a una búsqueda de la co-
munidad.
";\legar aquello que es, es explicar aquello que no es". He elegido para su exploración analítica a un grupo de ado-
J-J. Homseau, La Souvelle lleloise. lescentes blancos sentenciados por tribunales de menores a
causa de sqs actividades delictivas. Los enigmas que estos casos
presentan en cuanto a· su evaluación y rehabilitación han des-
He escogido un tema de indagación que está muy distante pertado hasta un alto grado mi curiosidad durante mucho
del psicoanálisis como técnica terapéutica, y sin embargo se en- tiempo. Luego de dedicarme por décadas al análisis de niños y
cuentra al mismo tiempo muy próximo al corazón y la mente de adolescentes, he vuelto, por así decir, a mis comienzos psi-
de todos los que lo practican. Si contemplamos a las personas coanalíticos. El ejemplo de August Aichhorn, su obra en rela-
de toda edad cuyo mal desarrollo emocional les ha provocado ción con los adolescentes y la formación personal que tuve el
una falta de armonía consigo mismas o con el ambiente que las privilegio de recibir de él influyeron mucho en mi elección de
rodea -falta de armonía causante, a su vez, de un tipo de pa- profesión. Cumplo con un legado de esos primeros años de
decimiento que inexorablemente sigue su curso en las genera- aprendizaje al explor~r ahora ciertos p~:oblemas clínicos de la
ciones sucesivas- y luego contemplamos nuestra especializa- delincuencia.
ción psicoanalítica, no podemos eludir la conclusión de que la Al ampliarse los conceptos explicativos y extendérselos hasta
gran mayoría de los afligidos por ese mal desarrollo emocional la etapa preedípica del desarrollo, fue surgiendo un modelo
son inmunes a los beneficios derivados de la técnica psicoanalí- más complejo de la delincuencia. Hablamos ahora de múltiples
tica estándar -aún suponiendo la utopía de que el tratamiento "delincuencias", todas las cuales tienen corrio denominador co-
analítico estuviera al alcance de todos-. No hay necesidad al- mún estas dos cáracterísticas: la participación -del sistema de
guna de que las cosas permanezcan así, ya que el psicoanálisis, aceión en la resolución de problemas y el uso del ambiente co-
como psicología general, ha abierto de pronto muchas puertas mo ·regulador de la tensión. Ambos factores operan contra- la
nuevas, invitándonos a recorrer territorios que nadie ha pisádo interiorización y los cambios dentro del self. El padecil"'!~ento
todavía. emocional que mueve al neurótico a instrumentar un c~mbio
El psicoanálisis ha reconocido siempre que la mudabilidad interno constituye una experiencia totalmente ajena al delin-
de la vida pulsional y adaptativa del ser humano tiene limita- cuente.
ciones, pero a la vez ha demostrado hasta qué punto los recur- He llegado a la conclusión de que la actuación, sello distinti-
sos que este posee permiten una trasformación de su personali- vo de este grupo de adolescentes asociales, és una especie de
dad. Corno analistas, vivimos y trabajamos concientes de los conducta coll muchas subespecies distintas. Me he empeñado
inalterables límites de la naturaleza humana; de hecho, la in- en estudiar las variedades identificables y en distinguirlas entre
dagación de los alcances y flexibilidad de tales límites es la fi- sí. Aquí me limitaré a una particular subespecie de conducta
,nalidad de nuestra ciencia. Ella está dedicada a los asuntos hu- de acting out. Dentro de este limitado contexto, me centraré en
manos y a la facilitación de la autorrealización del individuo. los procesos de interiorización y de diferenciación yoica, cori
El psicoanálisis ha adherido siempre con firmeza y pasión a la especial. referencia a la función de la memoria y del lenguaje
tradición humanista. Nada es para nosotros más valioso ni más simbólico.
merecedor de nuestros afanes que la armonizadora influencia Describiré las características de la subespecie de actuación
que es el tema de este capítulo. En p:Fimer lugar, en ella el siste-
ma de acción ha asumido, en grado significativo aunque limi-
• Conferencia Herman Nunberg, pronunciada en la Academia de Medicina
¡! de NueYa York, 1969. Publicada originalmente en l. M. Marcus, ed., Currents
tado, una función yoica que normalmente corresponde al len-
i'
in psychoanalysi.Y, Nueva York: International Universities Press, 1971, págs. guaje simbólico. La conducta inadaptada impresiona al obser-
66-88. vador como una comunicación gestual cuyo contenido es a to-

228 229
: ...
das luces ignorado por quien la emite. Soslayando el lenguaje fantasía de acción, la cual permite una resolución sincrética
como canal expresivo, parecería que para la exteriorización de imaginaria sin que sea menester ninguna acción en la reali?ad.
las ideas, recuerdos, afectos o conflictos el sujeto sólo considera Las interpretaciones del concretismo de la acción o de las Imá-
adecuadas las modalidades concretas de expresión. El princi- genes eidéticas es ineficaz porque el pensamiento prelógico pri-
pal vehículo de la comunicación es la. acción. No es una mera mitivo que está implícito en él revoca la comprensión de los
acción realizada al azar, pero tampoco es una acción volunta- elementos discontinuos del lenguaje gobernado por el proceso
ria e intencional. Por analogía con la investidura de la atención secundario. Sólo podemos saber si ha intervenido el principio
como característica del pensamiento, podría decirse que la ac- de realidad cuando la concreción de las imágenes eidéticas se
ción, tal como aquí la examinamos, es investida selectivamente resuelve en un lenguaje figura! o metafórico, o, a la inversa,
en relación con ciertos afectos e intereses yoicos. La idiosincrá- cuando el gesto corporal es remplazado por palabras. La irra~
sica y limitada ausencia de expresión simbólica por vía del len- cionalidad de las ideas con las que ciertos delincuentes justifi-
guaje, con referencia a ciertas áreas escogidas y bien delimita- can y defienden su comportamiento asocial posee ...ma fijeza e
das de la vida anímica, impide su integración dentro de un inmutabilidad que nos recuerdan a un sistema delirante, aun-
funcionamiento psíquico superior y más complejo. En conse- que no aparezca ningún trastorno del pensamiento ni distor-
cuencia, junto a un uso del lenguaje y a una capacidad de sión de la realidad derivados de una psicosis o de una causa or-
aprendizaje adecuados a la edad, sobreviven procesos anímicos gánica. ·
prelógicos. Suponemos correctamente que el pensamiento má- Teniendo en cuenta estos rasgos peculiares de esta subespecie
gico de la niñez temprana se continúa en la adolescencia. de conducta actuante, la he llamado "concreción". Este térmi-
De esto se desprende que, siendo (en los casos aquí conside- no ya ha tenido cabida en la teoría de la psicosis, pero aquí
rados) una comunicación gestual, la acción no expresa forzosa- propongo utilizarlo con un marco de referencia evolutivo. En
mente enunciados inequívocos, compuestos de elementos sepa- ·este contexto, pensamiento concreto y pensamiento abstracto
rados, como puede discernirse en el pensamiento lógico verba- son etapas ontogenéticas de la comprensión del mundo externo
lizado, sino que es una formación sincré~ica dotada de una y la interacción con él. El carácter concreto de la acción y de
irracionalidad implícita, que es ajena al uso comunicativo del las representaciones de las cosas, y su transición hacia un len-
lenguaje. Conocemos ese sincretismo a partir de los sueños en guaje simbólico y la formación de conceptos, representa un
los que un individuo puede ser varias personas al mismo ~iem­ punto cardinal del desarrollo, en torno del cual gira no sólo la
po, sin que surja en el soñante un sentimiento de irrealidad. modalidad individual de comunicación sino su progresiva utili-
Greenacre (1950) llamó nuestra atención hace mucho tiempo dad para el dominio adaptativo del mundo interior y exterior.
sobre un factor predisponente de la actuación, que consiste en Cuando procuro reconstruir un contenido latente coherent.e
1,: "una distorsión en el vínculo entre la acción y el lenguaje y el a partir de una acción manifiesta que suele presentarse desarti-
pensamiento verbalizado" (pág. 227). . culada, en apariencia irrelevante, extrínseca e incidental, llena
Como resultado de esta distorsión, cabe distinguir dos for- de fútiles detalles que semejan expresiones fortuitas u bcurren-
mas extremas: el concretismo mediado por la acción y el cias accidentales, recuerdo a menudo el psicoanálisis de los
concretismo mediado por las imágenes eidéticas; el adolescente sueños y de los actos fallidos. Para este tipo de tr~bajo, una
puede describir estas dos formas, siendo ambas inaccesibles a la avezada experiencia analítica es condición sine qua non. Un
interpretación verbal. He comprobado que la imaginación ejemplo de concreción én la acción nos ayudará en este_punto.
eidética, en particular la proveniente de sueños diurnos, preva- Un adolescente que robó un automóvil desestimó todas las
lece más entre las niñas, en tanto que los muchachos recurren acusaciones que se le hicieron repitiendo hasta el hartazgo que,
más prontamente a la acción. Ambas modalidades pueden después de todo, el propietario del auto lo tenía asegurado y no
constituir un equivalente del pensamiento verbalizado, del habría de importarle que le fuera robado, siempre y cuand?
mismo modo que decimos que el pensamiento es un equivalen- pudiese recuperar el dinero. El muchacho pensaba que 1~ pol.I-
te de la acción. Una adolescente a la que analicé me decía que cía y los tribunales conspiraban para exonerar a ese prol?Ie~ano
ella tenía una imagen mental de cada uno de sus pensamientos de su codicia pecuniaria tildándolo a él de ladrón y cnmmal.
y sentimientos. Por ejemplo, si tenía que hacer una difícil tarea En actitud desafiante, "mandó al diablo" a las autoridades ase-
escolar, podía evitarlo imaginando que montaba a caballo y gurando que no sabían de qué es~aban hablando. E? la e~tre­
galopaba a través de la pradera. Esta acción imaginaria es la vista de evaluación, el joven volvió a adoptar su .típica achtud
tarea escolar; se podría decir que está escrita a lo largo de la de indiferencia y desinterés al discutir sus actos. Me di cuenta
i
1'
1

230 231
ción puede d~J.r, cabida en su organización a afanes e ideas anti-
de que sú obstinación no se debía a que no estuviera dispuesto téticos. Expresado en términos de relaciones objetales, la perse-
a decir nada, sino a que no tenía nada más que decir. Con su veración en el nivel de la ambivlllencia ha impedido la fusión
acción y el comentario subsiguiente ya lo había dicho todo. Su del objeto gratificante y del objeto frustrante que genera ten-
idée fixe con referencia al propietario del auto me convenció de sión. Esta perseveración en la viv~ncia del objeto arcaico
111 naturaleza concretadora del robo. De hecho, este demostró siempre deja su huella en la cognición y en la función dellen-
ser una condensación de elementos determinantes percep- gu'aje; ni una ni otra pueden elevarse por sobre 1~ etapa preló-
tuales, cogl).itivos y afectivos. La traducción de la acción mani- gica de comunicación, y tienden, en consecuencia, a apoyarse
fiesta en la latente se lee así: "Mi padre murió cuando yo tenía mucho en los procesos psíquicos eidéticos -"una especial insis-
seis años, y todo lo que le preocupó a mi madre fue el cobro del tencia en la sensibilización visual"- y en comunicaciones ges-
seguro. No le importó que él estuviera muerto, en la medida en tuales de diversa índole -"una creencia, en gran medida in-
que ella cobrara por ello. Mi madre nunc-a lo amó. Yo la odio a conciente, en el efecto mágico de la acción"-. (Las citas son
causa de esto. Ahora quiere controlarme y tenerme como un de Greenacre, 1950, pág. 227; cf. supra, pág. 211.)
chico. No confío en ella. Es egoísta. Debería ir a la cárcel. Es El delincuente concretante da testimonio de una realidad de
una criminal". su pasado y de recuerdos (preconcientes) aislados y olvidados,
No es menester que nos explayemos sobre el significado del que. permanecen excluidos de la asimilación cognitiva cuando el
auto robado y la representación simbólica del padre, pues ya ambiente los contradice abiertamente o los ignora con sarcas-
estamos muy familiarizados con estas cuestiones; no obstante, mo. El yo del niño padece así de una discontinuidad a causa de
su utilidad para la comprensión del robo y la elección de la in- la patología yoica de las personas significativas que lo tienen a
tervención rehabilitadora apropiada sólo es tangencial. Todo su cuidado (por lo común sus progenitores), la desmentida
cuanto aquí puedo decir es que la historia del sujeto y su enclavada en esas personas contradice la peFcepción del niño
conflicto adolescente confluyeron en una "forma particular de privándolo de convalidación consensual. Hallamos aquí un
comportamiento antisocial. Evidentemente, no estoy diciendo motivo más para la supervivencia de lo concreto, ya que la sa-
una metáfora cuando llamo a la concreción un "lenguaje pri- lud gira en torno de la identidad de la percepción y la realidad,
vado".; la acción ha usurpado una función lingüística que no de los recuerdos y los hechos.
tiene, empero, referencias colectivas y que posee un carácter El adolescente concretante no sólo usó el' ambiente para
idiosincrásico comparable al de un dialecto personal. De esta la gratificación de deseos infantiles sino que, simultáneamente,
concepción se desprende que el robo, tal como ha sido descrito, procura arrancarse con sus acciones de los lazos de dependen-
no constituye simplemente un desplazamiento sino más bien cia objetal infantil. Procura, en suma, activar el segundo pro-
una interacción comunicativa con el ambiente, una enun- ceso de individuación de la adolescencia. A través de la acción
ciación del recuerdo, un pensamiento y un afecto, junto con re- evita o corrige una porción de su realidad histórica. En los ca-
capitulaciones evolutivas y, en este caso, soluciones abortadas. sos que habré de presentar, la desmentida de la realidad es de
Estos casos siempre me han impresionado por la ausencia de una clase peculiar, pues lo que se desmiente es un fragmento de
1
conflicto y culpa. Sin embargo, no tratamos con un psicópata; irrealidad que las figuras autoritativas le impusieron al niño
¡:
además, el déficit del superyó es muy selectivo y en modo algu- por comisión u omisión, como realidad positiva o negativa ..
no general. Cabría hacerse aquí esta simple pregunta: ¿Es La concreción implica, por su propia naturaleza, una conti-
que acaso podría ser de otra manera? DespuéS de todo, el nua y obstinada dependencia del ambiente. En estos casos se
/1
muchacho exonera a su padre muerto y le arranca a la madre presenta insuficiente y selectivamente desarrollado el callado
1' malévola la exaltada imagen de él. Un héroe que lucha en pro dominio de la tensión merced al pensamiento, la fantasía, la
de una gran causa no se siente culpable por sus actos; por el rememoración, la anticipación -en síntesis, merced a procesos
¡¡
contrario, ellos lo alivian de la culpa que le crearía aceptar que resultan de la interiorización-. Observamos cómo se pro-
1

pasivamente un crimen del que fue y sigue siendo testigo vivo. voca de manera persistente la participación del medio; no se
Si destacamos en el cuadro clínico la ausencia de conflicto y de evitan, sino que más bien se buscan, las represalias e inje:en-
culpa, y basamos nuestra evaluación en estos hallazgos, po- cias ambientales. Tres instituciones -famili~;t, escuela, tnbu-
dríamos tomar erróneamente la apariencia por la esencia del nales de justicia-. son movidas a tomar medidas que confieren
sedicente "crim"en", o su contenido manifiesto por el latente. "carácter real" a los gestos que el adolescente concretante efec-
Concibo la concreción como una función no conflictiva del tiviza desvalido pero con resuelta pertinacia.
yo. ESa aparente ausencia de conflicto se debe a que la concre-

233
232
Antes de presentar otros ejemplos clínicos, deseo aclarar una
cuestión. Acostumbramos referirnos al pensamiento como ac-
Rubin
ción de ensayo. La economía del pensamiento radica en su me- Habiendo descrito ya las características evolutivas del ado-
nor gasto de energía psíquica; él prevé el desenlace de la ac- lescente concretante, me referiré ahora a un muchacho delin-
ción, sopesa el placer-displacer, y adopta un curso de acción cuente de trece años en cuyo caso fue posible, realmente, "de-
que es una formación de compromiso adaptativa. El proceso satl:\r un lazo del desarrollo", para aplicar la feliz frase de Win-
conciente (a menudo preconciente) recurre al percatamiento y nicott.
al recuerdo, a través de las representaciones de palabra, para Rubín pertenecía a un hogar judío ortodoxo. En la festividad
sintetizar una conclusión o decisión. Las tensiones que surgen de Yom Kippur, irrumpió en la yeshiva [escuela] del templo y
en este proceso dialéctico se resuelven por la mediación de al- robó una caja con clavos y algunos lápices. Este hurto, junto
ternativas que éstán dentro de los recursos del yo y el ambiente. con sus crónicas escapadas de la escuela, hicieron que Rubín
Lo que quiero destacar es que el pensamiento implica una po- fuera llevado a los tribunales. El juez pidió una evaluación psi-
tencial conciencia o percatamiento de la tensión adherida a los cológica antes de dictar sentencia. Para que el lector aprecie el
impulsos o afectos desequilibrantes en una situación determi: proceso de evaluación y sus conclusiones, debemos narrar cier-
nada. El pensamiento desemboca en un acto. deliberado, sea tos hechos de la vida de Rubín.
positivo o negativo. En contraste con esto, el adolescente El chico y su madre habían vivido siempre en Williamsburg,
concretante actúa sin pensar y sin resolver interiormente la un secto_r de Brooklyn; el padre, que .se dedicaba a la compra-
tensión, o sin acomodarse a ella. Está predestinado, pues, a venta de trastos viejos, murió cuando Rubio tenía seis años. A
entrar en conflicto con el ambiente, a ser un delincuente, aun partir de ese momento, Rubín comenzó a asistir a la escuela del
cuando nunca se vea enfrentado realmente a la justicia. La templo, pero a los doce años se negó a continuar reCibiendo en-
economía de la acción radica en el desdibujamiento de las señanza religiosa· y fue trasferido a una escuela estatal, donde
contradicciones con respecto a los afectos, pensamientos y re- empezaron sus "rabonas". La madre se quejaba del antagonis-
cuerdos. mo de Rubín hacia los preceptos religiosos y de su predilección
Descansar en la acción como reguladora de la tensión indica por amigos no judíos. A través de estos fue iniciado en pe-
un estado de indiferenciación yoica que se advierte en los vagos queños hurtos que dieron por resultado una colección de partes
y fluidos límites entre percepción, sentimiento y pensamiento. o piezas sueltas de bicicletas; el patio trasero de su casa quedó
Hacia el fin del período de latencia ya tiene que haber desapa- convertido en un depósito de chatarra. La desobediencia de
recido la confusión entre lo interior y lo exterior, o sea, entre lo Rubín no hizo sino intensificar en la madre su fervoroso empe-
subjetivo y lo objetivo (el "adualismo" de Piaget). No ocurre tal ño para que su hijo se amoldara a la vida ortodoxa. Estos
cosa en el adolescente concretante, quien parecería enfrentar fueron los datos recogidos en el historial por la escuela, los or-
una barrera insuperable en el camino de su desarrollo, y con- ganismos de asistencia social y los tribunales, pero apenas bas-·
fiar en que el ambiente la superará en lugar de él. Así pues, taban para una adecuada comprensión del comportamiento de
cuanto más batalla contra esa barrera, tanto más cae en la im- Rubio.
potencia y la cólera. No podría ser de otro modo, porque "la Nuestra labor analítica nos ha acostumbrado a obtener una
objetivación y la toma de conciencia se excluyen mutuamente" imprevista intelección de un c~o gracias a detalles secunda-
(Piaget, citado por Odier 1 1956, pág. 113). De ello se sigue que rios, rarezas aisladas del pensamiento o la conducta, coinci-
el adolescente concretante es opuesto al insight, que arraiga en dencias circunstanciales, contempladas dentro del cuadro de
la introspección y depende de la interiorización y del pensa- los acontecimientos fundamentales de la historia y dentro de la
miento verbalizado. situación evolutiva del momento. Me intrigó saber dónde pasa-
En tales ·circunstancias, la influencia de una institución ba el chico sus interminables vagabundeos cuando faltaba a
autoritativa impersonal, a saber, el tribunal de justicia, obra clase. El me contó que solía cruzar el puente Williamsburg y
como fuerza coactiva que moviliza eficazmente -suponiendo pasar a Manhattan, donde deambulaba sin rumbo fijo por el
que su poder sea utilizado con tino- una situación irreme- Bowery. El negocio de compraventa de su padre había estado
diable de otro modo. Para este fin, la psicología psicoanalítica situado allí, y de niño Rubín había hecho bajo su tutela su pri-
i esclarece el intrincado proceso de la concreción y señala el ca-
1 mer trabajo de carpintería. Aún quería ser carpintero. El robo
mino· hacia una intervención constructiva en las extravagan- de los clavos quedó vinculado a la lucha librada por Rubín en
ri cias de estos sujetos recalcitrantes y opositores. su adolescencia temprana para llegar a un arreglo con el re-
l.

234 23S
cuerdo de su padre, a quien había perdido en medio de la diso-
lución del complejo de Edipo. El duelo debía ser completado
en la adolescencia.
Ahora bien: ¿por qué había robado la caja con clavos el día
1 currf a un atajo para instrumentar la mejor estrategia de reha-
bilitación: acudí al rabino, cuya autoridad la madre respeta-
ba, y le pedí que dispensara a Rubín de los preceptos judaicos
vinculados con la álimentación. El rabino lo acordó de inme-
de Yom Kippur, y por qué la había sacado de un lugar sagra- diato, y poco después Rubín dejaba, esperanzado, su hogar.
do? Merced a esta acción, Rubin daba un cariz concreto a la Supongo que en la severa voz de la autoridad que le ordenaba
pugna entre sus progenitores acerca de la observancia religiosa hacerlo, Rubín oyó susurrar el mensaje de que su madre era la
aliándose con su padre, un agnóstico que nunca había llevado que debía ser apartada de él, pues el juez la condenó a causa de
el apunte al judaísmo ortodoxo. La coacción religiosa de la su destrucción del padre edípico.
madre trajo a primer plano, en torno a esta cuestión, los temo- Una vez instalado como pupilo, Rubín no faltó a clase un so-
res preedípicos a la madre castradora arcaica. De hecho, la lo día; cuando se le pidió escoger un oficio, eligió la carpinte-
madre había tomado la implacable determinación de hacer de ría. Se adaptó muy bien al nuevo ambiente, no volvió a in-
Rubín un mejor judío de lo que jamás fuera su padre, pero el currir en conductas desviadas y entabló buenas relaciones con
pequeño Rubin defendía su identidad coleccionando trastos sus compañeros y con los adultos. Comprensiblemente, no. se
viejos que recogía en sus andanzas callejeras. La madre trató mostró muy interesado en ir de visita a su hogar. Por último,
en vano de rescatar a su hijo de la influencia del padr~ erradi- su integración autónoma del antagonismo religioso de sus
cando al difunto de su memoria o, al menos, convirtiéndolo en padres se hizo evidente cuando, por propia voluntad, comenzó
una persona de la que más valía no hablar ni pensar. No pode- a asistir a los servicios religiosos. Ya han pasado dos años desde
mos dejar de advertir en el proceder del muchacho un esfuerzo que fuera llevado a la justicia, y todo cuanto hoy puede decirse·
por proteger su sentido de la realidad, basado en una percep- es que Rubín logró sustraerse a un catastrófico impedimento
ción que depende qe la continuidad yoica y de la investidura del evolutivo, gracias a que bis· condiciones ambientales facilitaron
¡ 1 recuerdo. Una vez descifrado, el lenguaje delictivo de Rubín la diferenciación psíquica, la interiorización y la identidad vo-
hablaba con elocuencia de su lucha adolescente por salvar la cacional. Pero el caso de .Rubín es excepcional; yo diría que es
·imago positiva del padre, así como de la angustia engendrada un caso sencillo, que no debe hacernos albergar un Óptimismo
1 en él _por la madre arcaica. · indebido sobre el tratamiento de los adolescentes concretantes.
Rubin no tenía capacidad alguna de verbalización ni tampo-
co le interesaba obtener una comprensión conceptual de los
hechos. Había buenos motivos para suponer que sabría apro- Antes de proseguir con un caso más complejo, me detendré
vechar un medio que le ofreciera experiencias adecuadas para en algunas dudas y objeciones que debe haber planteado, por
promover el crecimiento de un chico de su edad y condición. cierto, el material precedente. Después de todo, muchos auto-
Aunque nunca hacía referencia a su padre, estaba ansioso por res psicoanalíticos se han ocupado de manera exhaustiva del
identificarse vocacionalmente con él. La realización de este acting out, y no parece oportuno deslindar una categoría sin-
anhelo podría reducir en grado significativo su temor a la gular de ese concepto ya establecido. ¿Por qué no ha~lo,
madre arcaica y su necesidad de concreción delictiva. Se me simplemente, de exteriorización de conflictos inconcientes, de
ocurrió que la profanación del lugar sagrado unificaba pensa- la actuación como modalidad de conducta específica del ado-
mientos antitéticos: por un lado, defendía al padre agnóstico, lescente, como defensa contra un núcleo depresivo y la pérdida
por el otro lo acusaba de haber cometido un delito. Rubin sa- del objeto, como una forma del recuerdo, como una réplica
bía distinguir el bien del mal. Para interceptar su carrera como simbólica del pasado ... (conformémonos con esto por ahora)?
delincuente, parecía lo más promisorio apartar la fanática in- Siempre he sido de la. opinión de que el acting out que tiene lu-
jerencia de la madre en su reestructuración psíquica adolescen- gar dentro de la situación analítica merece ocupar una posición
te. Lo que estaba en juego era el completamiento del duelo, la teórica propia, a diferencia del acting out extra-analítico ob-
identificación positiva con el padre y, en general, el proceso de servado, por ejemplo, en la delincuencia. En un simposio sobre
socialización adolescente. la actuación llevado a. cabo en 1967, Anna Freud (1968) señaló
La madre rechazó la decisión de la corte, que resolvió la de- que " .. .la revivenciación en la trasferencia se ha dado por
volución del caso a un tribunal inferior, y se negó a que su hijo sentada de manera creciente; y cuanto más sucedía esto, más a
fuera internado en un centro asistencial no ortodoxo, pese a menudo se aplicaba el término «actuación», no en absoluto a la
que Rubín lo aceptó. Como era esencial obrar con rapidez, re- repetición en la trasferencia, sino exclusivamente a la re-

236 237
ji ejecución del pasado fuera del análisis. [ ... ] Personalmente, la- El padre de Eddy había muerto cuando este tenía dos años y
mento este cambio en el uso del término, ya que, por un lado, medio. A lo largo de los años se le dieron muchas versiones
1' empaña el distingo entre recordar y repetir, muy tajante al sobre esa muerte, en ninguna de las cuales él pudo creer total-
1! mente; en otras palabras, el niño sabía inconcientemente que
principio, y, por otro lado, pasa por alto las diferencias entre
las diversas formas de «actuación»" (pág. 108). Con el concepto nunca se le había dicho la verdad. Sólo una certidumbre tenía
de "concreción" me aventuro a comprender una de estas di- Eddy sobre su padre: que estaba muerto. Ignoraba la profesión
versas formas -lo que he llamado una "subespecie" de la ac- de este y sus· antecedentes familiares; tampoco conocía a sus
tuación-. Tal vez el único factor que aparta a esta forma de parientes paternos actuales, ni sabía dónde estaba la sepultura
las otras, pese a sus muchas similitudes, es el empeño 'del sujeto de su padre.
por man~ener su autonomía y su sentido de la realidad cuando Los hechos pertinentes de la vida del padre de Eddy pueden
ambos son amenazados de continuo por el ambiente. La resumirse así: Era una ladrón profesional especializado en
concreción, que subjetivamente se vivencia como una merma violación de domicilios; trabajó en un hotel, donde se procuró
de la tensión y una restauración de la autoestima, los estabiliza una llave maestra para entrar en las habitaciones. Un día,
de manera reactiva. mientras conducía mercaqería robada en su automóvil, fue ca-
En el caso de Rubín, las amenazas a su autonomía y sentido sualmente seguido por un coche policial; le dio pánico, trató de
de la realidad provenían de dos fuentes: la distorsión (o des- acelerar el vehículo para huir, perdió control sobre él y se
mentida) de la realidad que la madre imprimió al yo del niño estrelló contra un muro de piedra, hallando la muerte.
dolido, y la ineptitud del yo de este último para hacer frente de Comparando la carrera criminal del padre con las activida-
modo integrativo, en tales circunstancias, a los recuerdos selec- des delictivas Q.el hijo, nos sorprende la réplica de detalles deci-
tivos y afectos vinculados con el padre. Siempre hemos recono- sivos de los que este último, supuestamente, no tenía conoci-
cido que ciertas condiciones previas son características de todas miento. Aunque nunca le fueron relatados los hechos, sin duda
las formas de actuación. ¿No podría suceder que esta variedad percibió que estos eran el tipo de cosas acerca de las cuales no
de formas responda a la preponderancia de una u otra de esas se debe hablar ni pensar. Pero aquí debemos recordar que esas
precondiciones? El caso sobre el cual informaré ahora tornará desmentidas o represiones no son nada raras en la vida de los
más nítida la línea demarcatoria que separa a la concreción de niños; ¿por qué, entonces, invadieron con fuerza tan compulsi-
otras variantes de conducta inadaptada, en general, y de otras va el sistema de acción del adolescente Eddy que ningún poder
formas de actuación, en particular. exterior que se le interpusiera podía afectarlo?
He 'tenido siempre la impresión que hay dos tipos cualitati-
vamente distintos de secretos que los padres mantienen respec-
to de sus hijos. La diferencia esencial radica en el grado de re-
Eddy alidad que el propio progenitor atribuye a los hechos que silen-
cia. Al niño le resulta más fácil vérselas con prohibicíones y ta'-
Eddy, de quince años de edad, era un ladrón de automóvi- búes, que con contradicciones, confusiones e incoherencias. El
les, un "rabonero" crónico, un salvaje incontrolable para sus caso de Eddy dell!uestra hasta qué punto los enclaves de des-
padres, quienes, desesperados, llevaron el caso a la justicia mentida de la madre habían infiltrado el sentido de la realidad
cuando Eddy chocó con un auto robado y estuvo a punto de que ella tenía, impidiendo al niño abordar jamás de manera
matarse. (Ya antes había hablado de suicidarse). Al referirse a integrativa la vida y muerte de su padre. La madre no podía
su accidente, Eddy adoptó una actitud indiferente y divertida: brindar al niño ni una convalidación consensual de las percep-
le gustaba jugar a cortejar a la muerte. Poco tiempo atrás ha- ciones de este, ni una refutación congruente. Así pues, no ha-
bía conseguido una llave maestra de la casa de departamentos bía modo de ajustar cuentas intrapsíquicas con la catástrofe; el
en que vivía, y pensaba usarla con fines de robo. lenguaje de la acción era la única modalidad comunicativa me-
Con los hilos aislados de información que aportó cada diante la cual mantenerse en contacto con el recuerdo. Consi-
miembro de su familia (madre, padrastro y hermana mayor) dero que este empeño del yo fue la fuerza pulsionante de la
pudo tejerse arduamente la trama total de la historia de Eddy. conducta inadaptada de Eddy, y, por ende, adjudico en este
Al. entrelazar esos hil~s aleatorios surgió un cuadro final que ilu- caso un papel secundario al proceso identificatorio.
mmó el. comportamiento del muchacho con una imprevista Esto nos lleva a considerar las relaciones objetales de Eddy.
perspectiva de continuidad histórica. Tan pronto nos encontramos ante este muchacho se nos hizo de

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inmediato evidente que estaba apasionadamente ligado a los ambiente sea sensible y coopere en el momento de cnsis.
miembros de su familia. El sostenía que el comienzo de sus ac- Aquellos padres cuya necesidad de r~cu~rir a la desment~da no
tividades delictivas había sido coincidente con una de las mis- está fijada de modo in~terable co~tnbmrán, por lo comun de-
teriosas ausencias de su padrastro, que solía irse de la casa du- cisivamente, al desarrollo progresivo del adolescente; pero en
rante varios meses; sólo la madre sabía que era un jugador y casos semejantes al de Eddy su participación en un proceso re-
que se iba de "gira". El muchacho se quejaba de la ausencia novado de crecimiento nunca será espontánea. La madre, que
paterna y acusaba a la madre por perdonarlo. Este endurecido en dos oportunidades había escogid~ ~n marido co~ i~cli?a­
delincuente afirmaba con ternura: "Yo pensaba que mi padre ciones asociales, era incapaz de participar en la soci~hzación
[el padrastro] nos dejaba porque no nos quería. ¡Anhelaba de su hijo. El padrastro mantenía con este una rela<:_Ión. sado-
tanto que él fuera mi verdadero padre!". El niño había corteja- masoquista que entró en crisis cuando la pubertad anadió una
do a este nuevo padre desde que su madre se volvió a casar, amenaza homosexual a las antiguas inclinaciones perversas la-
cuando él tenía cuatro años; usaba el apellido de aquel aun tentes de aquel.
cuando no había sido reconocido legalmente por él. Eddy era Los cambios adaptativos en la vida de Eddy se vieron brus-
un niño huérfano en busca de padre. Uno de los requisitos de la camente interrumpidos cuando su novia lo dejó. Sintió enton-
adolescencia es hacer las paces con el padre edípico, tarea para ces que se había equivocado y buscó una reparación; para ello,
la cual es condición previa que se establezca la continuidad his- se volvió hacia su familia, y tomó como lema su derecho natu-
tórica del yo con independencia de las sanciones y complemen- ral al amor y la aceptación incondicion~es. Suce~ió entonces
taciones de los progenitores. He aquí, pues, el punto en que se lo inevitable: reincidió en su comportamiento asocial, llaman-
puso de manifiesto un temprano y catastrófico obstáculo al de- do a sus padres con arrogancia los verdaderos "villanos" Ycon-
sarrollo. siderándose su víctima. La justicia debió intervenir nuevamen-
A través de sus actos, el muchacho hizo público que él cono- te cuando la madre encontró en el bolsillo de su saco unas "píl-
cía, aunque fuera de manera inconciente, todos los hechos per- doras" (Metedrina); llamó a la policía, y Ed?Y• que a .1~ sazón
tinentes en torno de la vida y muerte de su padre. Quedó con- contaba diecisiete años, fue remitido a la pnsión mumc1pal de
firmado este conocimiento cuando se lo puso al tanto de la his- la isla de Riker. Me tocó visitarlo allí, luego de dos meses de
toria de aquel. Reviste particular interés de qué manera afectó cárcel, para determinar si debía recomendarse al tribunal a un
su conducta este compartido conocimiento y la convalidación centro de internación terapéutica en Manhattan.
implícita de sus velados recuerdos. Sus concreciones, sus juegos Lo que me resultó llamativo en mi c?arl~ co~ él fue que su
suicidas con la muerte y su conducta provocativa declinaron en preocupación por su padre muerto y la Idealización que de este
forma marcada; también se advirtieron cambios en su vida hal:iía hecho fueron sustituidas por la idealización de sus proge-
afectiva. Mencionaré entre estos el surgimiento en él de senti- nitores actuales. No tenía nada que reprochar a su madre, res-
mientos tiernos hacia su padre natural, su pena y compasión ponsable directa de que él estuviera en prisión; al menos -de-·
hacia ese hombre que, según él sostenía, no había sido amado cía- se había interesado por él. Recordaba perfectamente
lo suficiente para valorar la vida más que la muerte. Por propia bien el egoísmo de sus padres y la ambigüedad con que se
iniciativa, redescubrió a la familia del padre, supo dónde esta- expresaban, pero me aseguró que tó?o eso era cosa del pasado,
ba su sepultura, se empleó en el negocio de un tío paterno, se insistiendo en que mental y emociOnalmente ambos habían
mudó al hogar de una tía, y se enamoró de una chica de su cambiado. Esta firme creencia realzaba su necesidad de padres
nuevo vecindario. Trató de asimilar, a través de la acción más "todo buenos", que lo protegieran de la reanima~ión de su co-
que del insight, su pasado no consumado. Con la exuberancia dicia y su cólera infantiles, las cuales. habían termm~do por po-
propia de los adolescentes, se volvió hacia el medio que lo rode- nerlo entre rejas. En este punto su exame~ de .re~l~dad probó
aba para que apoyara sus empeños adaptativos. ser defectuoso, a causa de su ambivalencia pnmitlva y de su
La concreción, por su propia naturaleza, implica una de- creencia mágica. Es característico del adolescente concretante
pendencia infantil del ambiente. Parafraseando a Spitz (1965), que su tensión de necesidad inven~e la ima~inaria correspo~­
podemos decir que las acciones de Eddy constituían un diálogo dencia ambiental que mantendrá diCha tensión dentro de lími-
permanente entre su self y su entorno. La concreción represen- tes tolerables. La estrat-egia de rehabilitación proyectada. se
ta siempre una forma primitiva de adaptación; en consecuen- fundó en la compulsiva tendencia a la inadaptación que tan
cia, que este impase evolutivo se pueda superar, y llevar acle~. convincentemente me trasmitió cuando conversé con él en la
!ante el detenido proceso de interiorización, depende de que el cárcel.

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1

¡:: Atribuí particular importancia al hecho de que casi cinco


Mi labor con delincuentes concretantes y casos de mitos fa- años de su vida temprana estuviesen completamente fuera de
1'' miliares me llevó a la qonclusión de que, allí donde la comuni- su alcance para la reestructuración psíquica adolescente, y,
cación verbal no consigue influir en la conducta y la cognición, además, de que Mario fuese incapaz de utilizar ellen.guaje con
una concreción bien escogida, propuesta por el terapeuta, el fin de acceder, cognitiva y .afectivamente, a los ~nmeros ~­
puede remplazar al lenguaje simbólico. El terapeuta se comu- tadios formativos de su desarrolio. Para todos los fmes prácti-
nica provocando una acción específica. Debe tenerse presente cos estaban ausentes las peculiares funciones yoicas que nor-
que el extravío de la función del lenguaje es en estos casos sólo maimente facilitan la reconstrucción. Su conducta inadaptada
selectivo así como la desinvestidura de la atención, y en modo era un intento de avanzar a ciegas hasta tocar el basamento de
alguno c~nstituye una anormalidad generalizada del lenguaje su vida. No podía ir ni para adelante ni pa;a a~rás: se. aferraba
o un trastorno del pensamiento. Sea como fuere, se me ocurrió de manera frenética mediante una sucesión mtermmable de
que a través de una concreción inducida podía tenderse un uniones sexuales car~ntes de significado, a su vacilante senti-
puente hacia las percepciones y afectos que no habían llegado miento de anhelo objetal anterior al trauma. Su vida estaba
hasta las representaciones de palabra, o bien habían sido impregnada de un fallidq sentid? de identidad; ;en otr~ ~a­
excluidas de estas por detención o disociación. Examinaré aho- labras, estaba signada por un Impase en la diferenciación
ra un caso en que apliqué el principio de la concreción induci~ yoica. ·
da o, si se me permite la expresión, de la "actuación orientada". Pensé que, a través del contacto sensorial con el medio de su
niñez temprana, podría lograrse una continuidad en su yo q~e
elevara a un nivel de mayor integración el uso preverbal, pn-
Mario mitivo de la acción. Barajé la posibilidad de que volviera a vi-
sitar l~s lugares anteriores al trauma. ¿Cómo reaccionaría al
ver una escena que antaño le había sido familiar, al oír los ecos
Hace unos años fui consultado acerca de un muchacho de interiores de la lengua de su infancia, el sonido de las campa-
dieciocho años, llamado Mario, que había estado varios años nas de la iglesia, al incorporar los olores y paisajes de ese medio
en tratamiento psicoterapéutico. Sus fracasos escolares, su provinciano? Esta romántica combinación de sensaciones ates-
conducta incontrolable, su indiferencia y falta de metas, suma- tigua mi ignorancia de lo que en verdad podía impactar a Ma-
do todo ello a su extrema intolerancia a la frustración, habían rio una vez que pisara la tierra en que trascurrió su orfandad.
acabado con la paciencia tanto de los familiares como de los Como se verá, no pude haber previsto lo que realmente
profesores. Mario no tenía capacidad ninguna para la intelec- ocurrió.
ción, ni podía concebir sus acciones o vivencias dentro de un Recomendé que el muchacho visitara su aldea natal, en lo alto
.continuo temporal. Su única referencia temporal era el presen- de una colina de la Umbría. Mario recibió este consejo con en-
te. Por lo tanto, el tratamiento se había deteriorado hasta caer tusiasta alborozo y confesó que ese ~abía sido su deseo s~reto
en un prolongado estancamiento. durante mucho tiempo. Viajó en compañía de un estudiante
Mario había sido adoptado en Italia por una mujer norte- universitario que hablaba su Jengua nativa. Cuando descendió
americana soltera; tenía casi cinco años cuando dejó el orfana- del ómnibus que lo llevó hasta la piazza de la ald~a, fu~ reco-
to en que viviera desde su nacimiento. Tres hechos me pare- nocido por una anciana que gritó su nombre, cornó hacia él Y
cieron significativos en la consulta: primero, la impulsiva e in- lo estre~hó entre sus brazos: Era la "matrona" que lo había
saciable búsqueda de placer de Mario, junto con su resignada cuidado en el orfanato. En una iluminación súbita, él supo
aceptación de sus flaquezas y defectos; segundo, su incapaci- quién era ella, así pues, sus primeros. pasos en la al~ea natal lo
dad para proyectarse hacia su futuro o su madurez, salvo por habían llevado en forma directa hacia las profundidades de su
la vía de expectativas regresivas de satisfacción de necesidades; infancia. Seguidamente, indagó acerca de su orige?', des~
y tercero, su total amnesia de los acontecimientos de su vida cubriendo que era hijo ilegítimo de una joven campesma que
anteriores a la adopción. Su recuerdo más antiguo databa de la fuera seducida por un hombre de avanzada edad. ¿Qué más
travesía del Atlántico y reflejaba una angustia catastrófica de natural que buscar a su madre? Supe que i~tentó hacerlo, p~ro
aniquilamiento, que describió así: "Grandes olas se estrellaban. también que todo consejo sobre esta cuestión habría carecido
contra la escotilla del buque, y yo tenía miedq, de que llegaran de sentido para él. Mario averiguó quién era su madre y_ dón~e
hasta mí y me ahogaran". A partir de ese momento, la memo- vivía, pero justo en el momento en que su búsqueda ·de toda la
ria de Mario era excelente.

243
242 A•'
vida parecía llegar a su fin, abruptamente volvió su espalda al hiera sido reparado en su totalidad el daño infligido a su perso-
pasado. nalidad; lejos de ello. No obstante, dentro de las limitaciones
¿Qué lo hizo retraerse de un encuentro personal con su irreversibles de las relaciones objetales y la diferenciación
madre cuando por fin esta se hallaba a su alcance? Según sus yoica, Mario logró una solución de compromiso adaptada, que
propias palabras, el darse cuenta de que su aparición habría le pertenecía exclusivamente a él y que estaba dispuesto a de-
destruido su matrimonio y su felicidad. Esta decisión trasunta- fender.
ba una empatía y un sentimiento altruista de protección que
1. jamás supuse que él pudiera alcanzar. No obstante, el factor
decisivo en términos de desarrollo progresivo radica, a mi Una característica significativa del adolescente concretante
juicio,en su moción deliberada de no ver a su madre, convir- es la participación de sus intereses yokos en su comportamien-
tiendo así el abandono pasivo en separaciór:t y partida activas. to inadaptado, en contraste con la gratificación puramente
Debo confesar mi asombro al enterarme de que este pulsional que se da en otras formas de actuación. Siempre se
muchacho, que nunca había tenido en cuenta antes los senti- trata de un problema de equilibrio o de preponderancia. Aun
mientos ajenos en la prosecución de sus deseos, practicó la pro- cuando es evidente una irrupción de impulsos del ello, el pro-
videncia y la empatía al hallarse en el umbral de una consuma- motor decisivo de la actuación ha de encontrarse, empero, en
ción emocional. un interés yoico. El próximo caso ilustra esto.
Tras el regreso de Mario de su terruño, poco a poco se pu- ..
sieron de manifiesto los resultados de la concreción inducida.
Lo más notable fue cómo aumentó su capacidad de introspec-
ción y de transacción. Comenzó a reconocer que las limita-
t Steve
ciones estaban en su interior, en vez de sentirse constreñido por
la malevolencia del entorno, que antes lo había abandonado y Steve, un muchacho de catorce años, fue llevado a la justicia
en cualquier momento volvería a hacerlo. No es que este viaje a por "atacar a una mujer con un arma peligrosa". Había tocado
la Umbría trajera a su memoria sucesos de su infancia, pero su el timbre de su vecina cubriéndose la cabeza con una funda de
visión del futuro se tornó más orgánica y realista. La experien- almohada y exhibiendo un cortaplumas abierto en la mano; la
cia le brindó una mayor fluidez de pensamiento y emoción, co- vecina, aterrotizada, quiso apartar la mano que empuñaba el
mo si se hubiese roto aquello que mantenía herméticamente arma y al hacerlo se tajeó. Steve aseguró que lo único que
guardado a su pasado, volcando toda su experiencia vital en la quería era darle un susto. Este acto demostró ser la concreción
corriente del proceso adolescente. La conducta hipomaníaca de un hecho impensable, que esbozaré brevemente.
desapareció de manera espontánea. Mario pudo ahora (con El abuelo materno de Steve, postrado en cama desde hacía
ayuda de la psicoterapia) vivenciar y tolerar el afecto depresivo un tiempo, vivía tres pisos más arriba del departamento de la
de su niñez temprana, porque un puente emocional y cognitivo mujer elegida como víctima. Lo atendía una enfermera con la
a la vez había establecido el enlace con su historia anterior a la cual el padre de Steve entabló una relación amorosa. Steve y su
adopción, súbitamente perdida en el disloque traumático. padre siempre habían sido camaradas; ambos pertenecían a un
Junto con estas modificaciones afectivas, Mario desarrolló grupo de hoy scouts del que el padre era jefe. El cortaplumas
una relación positiva y relativamente estable con su terapeuta. empleado era el que el padre usaba en ese grupo. La infideli-
Había encontrado ahora en él un modelo identificatorio, tras dad y deslealtad del padre, vagamente percibidas por Steve, lo
haberlo utilizado durante años como blanco de su exigente des- afectaron más allá de lo tolerable; la degradación de aquel me-
valimiento o de su cínica vengatividad. Cuando las circunstan- noscabó la autoestima del muchacho hasta un punto en que es-
cias impusieron a la postre una separación geográfica, y, por talló desesperado, con el propósito de salvar a su ideal del yo
ende, el término de la terapia, Mario se dedicó a escribir car- -su padre-, quien corría peligro de ser aniquilado por una
tas, sin permitir que esta vez los hechos exteriores anularan la mujer rapaz. Aquí se reafirmó un interés yoico adolescente al
relación. Consecuentemente, no recayó en su monótona con- que asigno un alto puesto en la jerarquía de los determinantes .
. ducta anterior de búsqueda de placer, sino que inició una vida
más moderada, afanándose activamente por conseguir un tra-
• De todos modos, este muchacho no era un maníaco homicida
que debiera ser aislado de la sociedad, sino un chico que recla-
bajo adecuado, aunque más corriente, que lo hiciera sentirse. maba a su amado padre. Una vez que se ayudó a Steve a reco-
satisfechp y realizado. Este paso no implicó, empero, que hu- nocer lo impensable, salvó con bastante rapidez la brecha entre

..
244 24~
la concreción y el pensamiento verbalizado". A causa de ello, concreción adquiere la función de impedir una fusión del self y
solicité al tribunal qqe cerrara el caso por falta de méritos. A el objeto, de evitar que la influencia nociva del entorno se di-
fin de neutralizar la concreción antisocial, la intervención pre- funda por toda la personalidad, y, last but not least, de asimi-
ferible parecía ser la psicoterapia. Dos años de tratamiento lar una pérdida tornándola real, convalidada por recuerdos
corroboraron esta expectativa. fragmentarios, inferencias y suposiciones. Observamos de qué
modo la conducta concretante trata de eludir el hundimiento
regresivo al par que cede a él. Este vaivén alcanza un desgra-
Sartre (1952) nos ha dejado una vívida descripción de cómo ciado impase cuando el adolescente concretante es llevado a la
se fabrica un delincuente en su biografía de Jean Genet, un hi- justicia. En este punto se requiere la comprensión psicoanalíti-
jo ilegítimo criado en un orfanato público. Cuando el pequeño ca de ese impase y de sus determinantes históricos para impe-
Jean tenía diez años, sus padres adoptivos lo acusaron de ser un dir, de ser ello posible, la calamidad extrema de un estanca-
ladrón porque había sustraído algunas golosinas. Escribe mier\to o regresión evolutivos, que conducen de modo inelu-
SartrP.: dible al llamado "recidivismo".
"El [ Genet cuando era niño] considera la existencia de los Expuse en este capítulo las conclusiones teóricas y prácticas
adultos más cierta que la suya, y los testimonios de aquellos, que he extraído de mi estudio de una forma especial de ac-
más válidos que los de su conciencia. [ ... ]Por lo tanto, sin per- tuación, que denominé "concreción". Frente al vasto espectro
catarse claramente de ello, juzga que la apariencia (que él es actual de conductas inadaptadas de los adolescentes, se espera
para los otros) es la realidad y que la realidad (que él es para sí) del psicoanalista que ofrezca modalidades de intervención
es sólo apariencia. [ ... ] Se niega a escuchar la voz de la refle- apartadas de las variantes habituales de tratamiento. A esas
xión. [ ... ]En suma, aprende a pensar lo impensable, a sostener modalidades hay que inventarlas. No me sorprendería que, pa-
lo insostenible, a postular como cierto lo que sabe muy bien ra muchos lectores, esas invenciones sean sólo el resultado de
que es falso" (págs. 46-47). preferencias intuitivas, empáticas o identificatorias, sumamen-
te personales en esencia, que, si bien interesantes, en términos
Tal vez el hallazgo más interesante de los casos que he ex- ·estrictos están fuera de la ciencia psicoanalítica. Me he empe-
puesto sea que todos estos adolescentes habían suboido una pér- ñado particularmente en mostrar que no poseemos mejor guía
dida desastrosa que no les dio descanso ni pudieron sustituir, en el campo de la conducta adolescente inadaptada que la apli-
no obstante lo cual ninguno de ellos mostraba señales clínicas cación. rigurosa de la psic?logía psicoanalítica. Por supuesto,
de depresión o retraimiento. Por el contrario, se aferraban con cualqmera que haya trabaJado con adolescentes debió recurrir,
asombrosa pertinacia a la vida y la participación en la so- en algún momento, en casos de emergencia, a toda suerte de
ciedad. Parecían pretender algo del entorno del que dependía medidas "no ortodoxas", como se dice. Algunas de esas medi-
su supervivencia. das probaron ser muy eficaces y aun duraderas. Lo que he pro-
i::'! puesto es simplemente que se estudie esa aparente eficacia, ya
,, En general, uno interioriza (para bien o para mal) al objeto
'1 perdido; cuando una conciencia vaga y contradictoria de dicho que los procesos auténticamente restaurativos siempre ponen al
'¡,
objeto obstaculiza el proceso, la ambivalencia original que él desnudo, para nuestra indagación, la naturaleza de las anoma-
liil
¡,, lías evolutivas y madurativas.
! 1
porta consigo permanece incólume. La incapacidad para sinte-
'1
::1 tizar la parte buena y la mala del objeto p~rdido relega el
,, complejo de pérdida a un nivel primitivo y prelógico de in-
tegración. En mis casos, este tipo de dominio está caracteriza-
do por la magia de la acción, o, dicho de otro modo, por la
concreción de huellas mnémicas disociadas. Opera invariable-
mente el mecanismo proyectivo, enturbiando los límites entre
el self y el mundo de los objetos. En modo alguno actúa al ser-
vicio de la defensa, sino que representa una forma primitiva de
comercio con el mundo externo en el plano del animismo. Sin
embargo, esta primitivización está ligada a un contenido psi-
quico restringido, a saber, las experiencias no asimiladas. La

246 ,.
:JJ.a 247
nos adolescentes regresan a pautas de conducta, modalidades
14. El niño sobrevalorado* afectivas y de defensa y relaciones objetales infantiles, ya cono-
cidas por ellos, en tanto que otros se lanzan con denuedo exce-
sivo hacia adelante y demandan que el mundo.los considere
adultos cabales. Si estas tendencias persisten por un lapso de-
masiado extenso o alcanzan una expresión extrema, ambas so-
luciones -la escapada hacia atrás o la escapada hacia adelan-
te- revelan su índole infantil. Aquí tenemos que formularnos

La esencia del conflicto es que contiene en sí, simultáne-


.. un interrogante que suele dejt4rnos perplejos: ¿estamos ante
conflictos interiorizados, o asistimos a las consecuencias de una
amente, dos fuerzas inconciliables y contradictorias. En la ni- falla evolutiva que la adolescencia ha traído a primer plano
ñez temprana, las fuerzas que pugnan en direcciones opuestas con la catastrófica gravedad que le es inherente? En este últi-
se sitúan, por un lado, en las necesidades y pulsiones que pro- mo caso, la tarea terapéutica consiste en enmendar una falla o
curan exteriorizarse y ser gratificadas, y, por el otro, en las déficit evolutivo.
restricciones y frustraciones que emanan del mundo externo. A los déficit evolutivos la interpretación no contribuye a sub-
El dinamismo de estas fuerzas antagónicas facilita el desarrollo sanarlos ni los remedia; ellos requieren el fortalecimiento del
en caso de armonizar con la capacidad de integración que el yo, o, más precisamente, el tardío completamiento de las etapas
niño posee en ese momento. En este período, el conflicto de la dei desarrollo yoico causantes de la debilidad de la estructura
división "entre el sí y el no" se plantea, pues, entre el niño y su yoica en s~ conjunto. En ciertos casos, esta reparación sólo
entorno. Con su creciente conciencia de su self y del no-self, y puede efectuarse en la situación terapéutica, mediante la pola-
con su dependencia cada vez mayor del objeto, el niño inte- rización o la colisión deliberada con el paciente. El distingo
rioriza las demandas y expectativas de las personas de su entor- entre ambos tipos de trastorno (evolutivo o conflictivo) nunca
no que lo tienen a su cuidado. Este proceso de interiorización es tan nítido en la clínica como en nuestras formulaciones te-
pone en marcha una división interna. La formación de esta óricas; tampoco el adolescente los vivencia como diferentes.
nueva clase de conflicto exige un manejo interno, ya no exclusi- Sin embargo, creo que estas distinciones teóricas nos ayudan a
vamente externo. La transición de uno a otro es siempre lenta y poner orden en las observaciones clínicas, al delinear alternati-
ambas etapas se superponen en cierta medida, hasta que el yo vas etiológicas.
en maduración ha adquirido suficientes recursos para amol- Un hecho que contribuye a enturbiar el cuadro clínico de la
darse (mediante su resolución, o mediante defensas y transac- psicopatología adolescente es que la regresión normativa de este
ciones) al conflicto interno. El sistema de control interior período revive posiciones infantiles, evidentes en una conducta
queda completo en cuanto a su estructura (aunque no en cuan- actuante que o bien disimula fallas evolutivas o las pone de re-
to a su eficiencia) cuando la dependencia respecto del objeto es lieve. La evaluación de este sector de personalidad perturbada
remplazada por la dependencia respecto del superyó; en este nunca es sencilla, pero en todos los casos resulta cardinal. Todos
período, una conducción impersonal dice "sí", "no" o "quizás" los adolescentes buscan nuevos modelos de identificación o pola-
a las propensiones pulsionales y las aspiraciones yoicas. Esta rización; algunos los requieren para una reparación estry,ctural
nueva estructura opera con principios abstractos más bien que (falla evolutiva), en tanto que otros recurren a ellos a fin de
en el contexto del amor concreto de objeto. La amenaza de lograr una trasformación estructural (conflicto normativo ado-
pérdida del objeto es sustituida por el sentimiento de culpa. lescente).
He presentado este sumario bosquejo del desarrollo del Mi atención ha sido atraída a lo largo de los años por un gé-
conflicto a fin de suministrar un distingo conceptual para la nero especial de perturbación adolescente en los varones, que
evaluación de ciertos trastornos de la adolescencia. Enfrenta- en la última década ha adquirido, en mi opinión, la configura-
dos a la penosa tarea de dejar atrás el mundo de la niñez, algu- ción de un tipo (vale decir' es posible describirla por caracterís-
ticas distintivas). Por lo general, estos varones proceden de fa-
• Este capítulo es un comentario de la Conferencia Semestral Peter Blos (ins- milias blancas de clase media o de clase media alta; su tipici-
tituida en 1971 por el Jewish Board of Guardians) que pronunció E. James dad se torna más y más evidente -sobre todo a través de su
Anthony el4 de diciembre de 1973, bajo el título "Between Yes and No" [Entre conducta asocial- entre los quince y los veinte años. La expe-
el sí y el no]. Publicado originalmente en Psychosocial Process, vol. 3, n° 2, riencia me ha enseñado que este tipo de muchachos demandan
págs. 47-54, otoño de 1974.

1'
f
. ''
248
~ 249
en la terapia una P!olongada fase de pr~paración, duran~e la Confiar en los demás (al menos en este punto) pasó a ser la se-
cual el conflicto con el mundo externo es mcorporado a la mte- gura fuente de una inflada autoestima.
racción entre el joven y su terapeuta. El denominador común En su adolescencia, estos muchachos se sintieron solos y ate-
de todos ellos es la ausencia o la superficialidad de su conflicto morizados, con períodos de extática felicidad y de sentimientos
interior; a cambio, tienen un profundo y pundonoroso sentido de grandeza personal. Los años de su crecimiento fueron de
de una falta de equidad, de una injusticia cometida con ellos, una búsqueda incesante de esos estados de exaltación, sin los
rayano en la cólera o la desesperación y dirigido contra el mun- cuales la vida les parecía vacía, opaca y aburrida. Cuando en su
do que los rodea. Este mundo hostil estáyoblado ~or adulto~ Y vida posterior el paciente recuerda esta época, la describe co-
regido por entidades públicas que, en la Jerga propia de esos JÓ- mo una etapa oscura y desolada, llena de temores. Esta
venes "están todos trastornados". descripción traza el síndrome del niño sobrevalorado.
Si ~no se familiariza con la historia de esos pacientes, apare- Al encontrarnos con él en la adolescencia, el déficit evolutivo
ce siempre el cuadro de un niño que, desde su. más temprana se torna evidente en la lucha entre el self y el mundo externo,
edad fue extraordinariamente alabado y admuado, en tanto lucha que suele confundirse con la previsible y corriente rebe-
que l~s progenit~res pasaban por alto más allá de lo debido, o lión adolescente, de naturaleza transitoria y valencia positiva.
justificaban, sus defectos y fallas. Estos. ?~ños desarrol.laron Los pacientes a que nos referimos sólo experimentan conflictos
una autoadmiración narcisista carente de cntlcas, que devmo su interiores de índole superficial, vaga y meteórica: agudos en un
fuente predilecta o exclusiva de autoe~tima y que, con .el tie.m- • 1
instante determinado, un momento después han desaparecido.
po, los volvió completamente dependientes de ~na estimación La temprana sobrevaloración, sumada a las prematuras ex-
irreal y exagerada de sus realizaciones y sus méntos. Para man- pectativas exageradas (responsables ambas de la falla evoluti·
tener este alto nivel de autoestima, es preciso que el mundo ex- va), perduran en estos niños como una promesa y la certi-
terno provea un flujo continuo de suministros narcisist~; si es- dumbre de que todo le!i irá bien cuando crezcan. Ya en la ado-
te flujo se corta momentáneamente, un afecto d~presiv? y un lescencia tendría que haber llegado el día de la consagración,
doloroso sentimiento de inutilidad invaden de mmediato el pero la promesa no se cumple. Ese día pasa a ser el día de ajus-
self. En caso de no controlársela, esta dependencia asume a la tar las cuentas consigo mismos. Sus almas torturadas y desvali-
postre las características de una adicción. . das se llenan de incredulidad, de rabia y del seJ].timiento de ha-
' 1 Debemos apuntar otro rasgo típico de la crianza de estos m- ber sido traicionados; anhelan un mundo de objetos idealizado
ños porque él sienta las bases para una característica yoica es- que les restaure su despedazada armonía inteiior, construida
pecífica de índole infantilista en años posteriores. Desde qu.e el sobre el fundamento de la grandiosidad infantil. Sólo pueden
niño era pequeño se le exigió, en forma prematura, qu~ tuvier.a decir que "sf' a aquello que los hace sentirse bien y decir que
una opinión independiente y fuera dueño de sus propias deci- "no" a todo lo que disminuya su autoestima; no existe para
siones, antes aún de que hubiese desarrollado los recursos para ellos el "quizá", porque viven exclusivamente en el instante
poder adoptar tales decisiones. El niño no podía hacer otra co- presente.
sa que elegir sobre la base de sus deseos o anhelos del'fllomento, Los adolescentes de este tipo con que me he encontrado son
sin tener en cuenta las consecuencias; s1,1 evolución todavía no por lo común inteligentes, interesantes, atrayentes; pueden te-
11
lo había dotado de la aptitud para prever el futuro. Así pues, ner sentimientos y reacciones conmovedoramente tiernos.
1

,,i: las consecuencias imprevistaS y desagradables sólo podían con- Muchos de ellos poseen esa natural y espontánea inteligencia,
cebirse como una vileza del mundo externo, que permitió que esa franqueza y encanto propios del niño de tres a seis años, tal
1
ellas ocurrieran. como fueron inmortalizadas en el cuento "Las nuevas ropas del
Durante toda la niñez se le hizo creer a este chico que él era emperador". Sin embargo, esta faceta de su personalidad
¡ mejor (de algún modo indefinido) de lo..que pudieran mos.~rar puede ser barrida, de manera repentina y sin causa aparente,
sus desempeños: estuvo desde el vamos fuera de concurso . A por una ira primitiva y por fantasías sádicas de corte infantil y
ese algo invisible que él poseía se lo llamaba su "capacidad po- perverso. Los adolescentes de este tipo son incapaces de matar
'1 tencial"· se hablaba permanentemente de ella, a veces en tér- a una mosca, pero en la reclusión de su florida vida de fantasía
,,,¡ minos bastante concretos, como si se tratase de un visitante pueden ser crueles, orgullosos y vengativos, al estilo de la Reina
retrasado que habría de arribar en cualquier momento. Por de Corazones: "¡Fuera con sus cabezas!". Los hostigan, aun·
consiguiente, había un Johnnie a quien Johnnie conocía y ha- que sólo por breves lapsos, temores de represalias y el horror
1,
bía otro Johnnie, el potencial, a quien sólo los demás conocían. ante su secreta maldad. Más astutos que Orestes, rápidamente
1:,

250 251
despistan a las Erinias y vuelven a encontrar la felicidad en esa interés por las cosas, un vagar sin rumbo durante mucho tiem-
región escindida de su psique en la que reinan supremas la bon- po con talante depresivo, relaciones sexuales esporádicas pero
dad y la inocencia. Estos respiros se producen con frecuencia y superficiales, ingestión prolongada de drogas con el temor de
duración suficiente como para que el adolescente compruebe ser "atrapado" por las drogas "fuertes", conocimiento de los lu-
las ventajas personales y materiales que puede obtener de esta jos que podía brindarle el comercio de estupefacientes y poste-
pureza de propósitos tan' plenamente convincente -en espe- rior desencanto de esa vida suntuosa: todos estos aspectos se ha-
cial cuando los adultos le dan crédito sin advertirlo y contribu- bían mezclado en él hasta crearle un atormentador y persisten-
yen a trasformar en realidad su escenificación recíproca-:-. te sentimiento de futilidad. Pronto se estableció el rapport,
Durante la niñez, habían descubierto de modo fortuito las ven- porque yo sabía con qué rivales me enfrentaba: las drogas y las
tajas sociales de esta fingida despreocupación por sí mismos; fantasías, y también conocía la intensidad de su anhelo de estí-
con los años, ese descubrimiento fue trabajado hasta hacer de mulos. Luego del gambito de apertura para establecer rapport,
él un estilo de vida, y perfeccionado en una escala más grande lo acepté como paciente con la condición de que nuestra rela-
aún durante la adolescencia. ción se terminaría si, una vez cerrado el trato, más tarde él lo
Indudablemente, el tratamiento de este tipo de adolescentes q~ebraba. Yo esperaba que él dejara el "comercio" de estupefa-
está plagado de escollos; si el terapeuta no declara explícita- Cientes (me prometió pagarme honorarios más altos si le permi-
mente cuál es su posición, quién es él y qué puede o no puede tía seguir con eso) y que,me mantuviera informado de su uso de
• 1
hacer, la terapia se pierde en un pantano de interpretaciones drogas. Si bien él aceptó estos requisitos, demoré durante un
correctas pero inútiles. Si, en cambio, calibra malla tolerancia tiempo mi compromiso de tratarlo porque dudaba de su vera-
del adolescente a la polarización, el tratamiento puede conver- cidad. Desde luego, le comenté qué es lo que me hacía reticen~
tirse en una lucha por el poder. Un positivo contacto emocional te y me súgería esperar. Al adoptar esta postura, me hice éco de
inicial es decisivo para todo lo que sigue. No basta con ser la propia divisió~ interna de él, explicitándole cuál era mi lu-
comprensivo, paciente y tolerante; como este tipo de adoles- gar en nuestro "comercio" mutuo. No le aseguré en absoluto
centes tiene hambre de estímulos, el terapeuta debe-ser intere- que el hecho de que pagara sus honorarios y de que tuviera re~
sante, estimulante, participante. Su incorruptibilidad, el servada una hora de sesión le· conferiría el privilegio de
hecho de que se muestre insensible a la seducción (tarea nada "~dueñarse" de mí o de usarme a su antojo. Sobre esta base, re-
simple con estos jóvenes maestros del oficio), despierta al co- alizamos una productiva labor durante un año.
mienzo en el adolescente un belicoso resentimiento ("Yo pensé La colaboráción del paciente llegó a su apogeo el día que me
que un terapeuta era alguien que comprendía"); esta reacción confesó que durante un largo período me había mentido, ocul-
se mezcla poco a poco con el fastidio y la sospecha ("Ya enten- tándome su uso continuo (aunque limitado) de drogas, incluso
deré lo que me dice.,. tendré que esperar"), con el asombro y la de drogas "fuertes", que le regalaba un amigo adinerado. Te-
curiosidad ("¿Realmente querrá significar eso que dice?"). nía yo todos los motivos para pensar que desde que estableci-
Gradualmente, la fascinación inicial toma el cariz de la admi- mos nuestro contrato, un año atrás, había abandonado el
ración: la balanza de la ambivalencia se inclina hacia el lado "comercio". ¿Acaso me aseguraba ahora todo esto (primero,
de los sentimientos positivos. Dentro del marco de esta relación que ya no comerciaba con las drogas sino que le eran sumi-
se procede a reparar los déficit evolutivos a que hice referencia, nistradas por sus amigos, y segundo, que las ingería de manera
con úcasionales y repentinas excursiones colaterales a las re- limitada) a modo de circunstancias atenuantes y aun exculpa-
giones de la defensa, la fantasía, la memoria y el afecto, o sea, torias? Sea como fuere, con esta confesión me puso ante la
en suma, a las regiones de la introspección, si no aún de la inte- prueba suprema: ¿Revocaría yo mi convencimiento, me aso-
lección. c!aría con su corrompido superyó y demostraría que, en defini-
A fin de ilustrar estas puntualizaciones, describiré breve- tiva, su omnipotencia era invencible? Le dije que habíamos lle-
mente los rasgos centrales de la terapia de un muchacho en su gado al punto en que él debía partir. Aceptó el veredicto casi
adolescencia tardía, que present~ba de manera vívida el con alivio, pero me preguntó si podría retornar en el futuro en
síndrome del "niño sobrevalorado". El mismo llegó a llamarlo caso de que se nubiera librado de las drogas y hubiera conse-
"el malcriado que llevo adentro". Aunque parezca un caso extre- guido un trabajo de algún tipo. (En la época en que nos vimos,
mo, lo cierto es que la mayoría de los casos de este tipo lo son. hizo muchos intentos de conseguir empleo o de dedicarse a "ac-
Este joven vino a verme porque en los últimos tiempos nada tividades autónomas creativas"). Le di todas las seguridades de
había salido como él quería. Fracasos en sus estudios, falta de que mis puertas permanecerían abiertas.

252 253
/
El seguimiento de este caso por un lapso de dos años reviste Cuarta parte. Enfoque evolutivo
especial interés. Nuestra separación fue un punto de viraje de-
cisivo en su vida. En los años siguientes vino a verme en varias de, la .formación de la estructura
oportunidades. Dejó la casa de sus padres y se mudó a otra ps1qmca
ciudad; donde probó suerte en varios trabajos. Hizo nuevos
amigos de ambos sexos y logró, sin ayuda ajena, dejar las dro-
gas "fuertes". Perdió contacto con su amigo adinerado y con la
vieja pandilla. Por último, se inscribió en un establecimiento
universitario escogido por él, donde lo admitieron teniendo en
cuenta la obra creativa en materia de diseño que había hecho
durante el segundo- semestre de tratamiento conmigo. Se em-
barcó así en una carrera profesional para la cual tenía sin duda
talento.
Hueiga decir que la estabilización de su personalidad aún se-
rá un proceso arduo. En casos como estos, hay una alta tasa de
recidivas. Pero lo cierto es que ya ha andado lo bastante por un
camino que lo lleva en sentido ascendente como para tener una
visión más optimista de su futuro. A mi entender, en la lenta
reparación de la seria falla evolutiva de este paciente, el punto
crucial se presentó cuando yo le di mi "no" inequívoco, con el
que le expresaba: "No, tú no puedes adueñarte de mí, no
puedes forjarme según tu propia imagen; tú no eres Dios".
Tras la interrupción de la terapia, tuvo lugar una gradual aun-
que tenue transición de la omnipotencia a la identificación pa-
sando por el amor de objeto. En otro plano, vi en su avance la
progresión desde la irresponsabilidad hasta la culpa moral.
Hace poco el paciente volvió a visitarme; estaba considerando
la posibilidad de tomar una nueva serie de sesiones en la ciudad
en que ahora vive. Yo no dudo de que al recomenzar la terapia
esta seguirá un curso distinto, alcanzando el nivel de la intelec-
ción significativa. Pero estas no son más que especulaciones.
No hay mejores palabras, para cerrar estas reflexiones mías,
'1
que las de la sensata y avezada experiencia:
;¡ "La vida terapéutica, como la vida real, no es tan nítida ni
tan fragmentaria como aparece en los informes. Como la vida
:¡ misma, es esencialmente nebulosa y en modo alguno constituye
un «sistema de acontecimientos». Todo sistema se encuentra,
11
lj
j¡ en gran medida, en nuestras cabezas, y es abstraído del flujo de
la conciencia. Para poder manejarlo y meditar en él, lo dividi-
lf mos en categorías. Si esto es verdad, ¿qué valor tiene para los
'~ demás un informe en el que se describe la situación terapéuti-
' ca? La mayoría de las veces, no es sino una nueva manera de
mirar cosas muy antiguas" (Anthony, 1976, pág. 343).
:¡. ¡
1 .
1 ¡

2S4
En esta parte nos ocuparemos exclusivamente de elabora-
ciones teóricas. El interrogante fundamental. es el siguiente:
¿Constituye la adolescencia. un período evolutivo durante el
cual se produce, de modo predominante o únicamente, un re-
ordenamiento de estructuras psíquicas existentes, o bien se tra-
ta de un período evolutivo en el cual tiene lugar la formación
de nuevas estructuras? En otras palabras, ¿es la adolescencia
un período que se distingue por la reestructuración o la trasfor-
mación de organizaciones psíquicas protoadolescentes, o es po-
sible identificar nuevas estructuras como resultado de conflic-
tos puberales, específicamente adolescentes, y de su resolu-
ción? Aun cuando la observación clínica nos permite afirmar
que ambos procesos son simultáneos, procederé a considerar
por separado sus respectivas contribuciones a la formación de
la personalidad adulta, con el fin de describir sus diferencias,
identificar sus orígenes y aclarar su interacción. Podemos com-
parar la transición de la adolescencia a la adultez con la transi-
ción de la protolatencia al período de latencia; ambas tienen en
cofi1ún el hecho de que nuevas estructuras surgen de la resolu-
ción de conflictos que son específicos y típicos del respectivo ni-
vel de maduración. En los dos casos, el avan~ en la formación
de estructuras se refleja en un progreso hacia la consolidación
de la personalidad.
Para ilustrar la hipótesis de que en la adolescencia aparecen
cambios estructurales, y que estos son, de hecho, típicos del
proceso adolescente, elegí una estructura particular, el ideal
del yo. A partir de mis estudios clínicos sobre la historia de vida
del ideal del yo a lo largo de toda la niñez, desde la niñez
temprana hasta la adolescencia tardía, llegué a conclusiones
definidas con respecto a la formación de estructuras específica-
mente adolescentes. Dichas conclusiones pueden resumirse en
la afirmación de que el ideal del yo adulto tiene su origen en la
disolución del complejo de Edipo negativo, que en la adoles-
cencia adquiere una predominancia conflictiva. A instancias
de la maduración sexual en la pubertad, la disolución de este
componente edípico se convierte en un punto de urgencia evo-
lutivo en la adolescencia. La bisexualidad de la niñez toca a su
fin: este paso radical es asegurado por la formación de estruc-

257
turas. Por consiguiente, en nuestro estudio del ideal del yo ado- píamente dicha). No obstante, debemos admitir que nues~ros
lescente discernimos nuevos modos para la regulación de la conocimientos son menores en lo que respecta al destino de las
autoestima, básicamente distintos de los que cumplieron dicha pulsiones vinculadas con el padre del mismo sexo y a la manera
función durante el período infantil. como este lazo libidinal afecta las relaciones objetales adoles-
centes y el sentido del self.
A partir de mi trabajo clínico con adolescentes, es mi impre- Al reflexionar sobre estas proposiciones nos preguntamos de
sión, incluso mi convicción, que el complejo de Edipo no sólo qué modo una disolución en dos tiempos (en la niñez y en la
resurge en el período de la maduración sexual, sino que nor- adolescencia) del complejo de Edipo se relaciona con la teoría
malmente completa el trabajo de disolución durante esa etapa de la génesis de las neurosis. Al respecto, subsiste un interro-
evolutiva. En otras palabras, al comenzar el período de laten- gante, que puede dar pie a controversias pero que es significa-
cia el complejo de Edipo no·se disuelve sino que queda en sus- tivo, acerca de la contribución respectiva de cada una de esas
penso -para bien o para mal-, y tiene su continuación en la disoluciones edípicas a la formación de la neurosis adulta. La
adolescencia. La nueva problemática edípica adolescente se dicotomía evolutiva a la que nos referimos nos lleva a pensar
centra en el complejo de Edipo negativo, el amor hacia el pro- que la organización de la neurosis definitiva (adulta) no se
genitor del mismo sexo. La resolución de esta problemática completa antes de terminar la adolescencia, o, en otras pa-
representa un momento fundamental del trabajo edípico de la labras, antes de terminar la niñez, hecho signado por la disolu-
adolescencia; la formación de la identidad sexual adulta de- ( i ción definitiva -ya sea normal o patológica- del complejo de
pende de dicha rElSolución. La problemática e~í~ica negati:a 1
Edipo.
de la adolescencia no consiste meramente en reviVIr un confhc- Atribuir al proceso adolescente una duración limitada, aun-
to infantil· se trata de una realidad que antes nunca había sido que variable, plantea el problema de cómo conceptualizar la
tan imperfosa. En la adolescencia no cabe resolverla mediante conclusión de la adolescencia. La respuesta a esta pregunta se-
el desplazamiento hacia un objeto no incestuoso sin que un pre- rá formulada en términos de la formación de estructuras y de
dominio homosexual se convierta en un aspecto permanente de tareas evolutivas. Como veremos estas son idénticas al proceso
las relaciones objetales. adolescente mismo. La investigación de este aspecto constituye
. Asimismo, mi trabajo clínico me ha sugerido, convincente- la última contril:mción de esta parte del volumen.
mente, que la disolución del complejo de Edipo negativo se
logra mediante la elaboración de una nueva estructura, a la
que denomino el "ideal del yo adulto", en contraposición con
el anterior "ideal del yo infantil". Tal vez no sea superfluo
reiterar que hablo aquí de estructuras y no de contenidos: el
santo y el criminal tienen ambos un ideal del yo en cuanto
estructura, pese a que los contenidos de uno y otro son dos
mundos distintos y los niveles evolutivos de los respectivos ide-
ales del yo difieren por completo. Lo que deseo subrayar es que
el ideal del yo adulto se convierte en el heredero del complejo
de Edipo negativo al finalizar la adolescencia. Desde un punto
de vista adaptativo o. psicosoci~, el ideal del yo adulto puede
considerarse la socialización del narcisismo. Lo que quiero de-
cir con esto requiere una detallada exposición, que se encontra-
rá en los capítulos subsiguientes.
1 Por supuesto, el resurgimiento y el desplazamiento del
complejo de Edipo positivo durante el período adolescente
constituye, por lo común, un aspecto central y conflictivo de
las relaciones objetales adolescentes. De hecho, estamos bien
informados acerca de la influencia del complejo de Edipo posi~
tivo sobre el desarrollo adolescente mediante su tumultuosa re-
aparición durante el período adolescente (la adolescencia pro-

258 .
'1
259
15. La genealogía del ideal del yo*
q-¡¿L
1•t '

El período adolescente se presta particularmente bien para


el estudio de las estructuras ps~quicas en relación con su origen,
contenido y función. Si bien en esta etapá avanzada del de-
sarrollo las estructuras psíquicas se hallan en esencia formadas
e integradas, es propio de la adolescencia -o del desarrollo bi-
fásico de la sexualidad en la especie humana- que la madura-
ción puberal suscite un proceso de reestructuración psíquica.
El curso de la consiguiente inestabilidad emocional se halla de-
terminado por procesos más o menos desintegradores de índole
regresiva; no obstante, simultáneamente observamos también
un impulso vigoroso e integrador hacia la formación de la per-
sonalidad. La relativa franqueza y fluidez de la personalidad ')
durante este período de reestructuración psíquica proporciona
al observacJor psicoanalítico del desarrollo de la personalidad la
oportunidad de hacer importantes descubrimientos respecto de
la formación y trasformáción de estructuras, oportunidad que
ningún otro período de la vida humana ofrece de modo compa-
rable. Las dramáticas repercusiones de este proceso en la exis-
tencia del adolescente no han dejado de ser advertidas y re-
gistradas a lo largo de la historia.
En el curso de mis estudios psicoanalíticos he utilizado este
medio de laboratorio natural que es la reestructuración psí-
quica en la adolescencia para investigar aquellas estructuras
que el proceso adolescente afecta de modo más decisivo. El
presente estudio extiende dicha investigación al ideal del yo.
La observación popular y la psicología académica han señala- 1
do siempre la propensión de los jóvenes a los ideales elevados, .a
las idealizaciones e ideologías. Esta tendencia, que suele entrar
en conflicto con los valores, tabúes y costumbres tradicionales,
ha hecho que las nuevas generaciones sean santificadas o de-
nostadas. La vaguedad de la teoría psicológica en relación con
la formación del ideal en la adolescencia, así como la exaltada,
a menudo desesperada búsqueda de ideales de la juventud con-
temporánea, convierten al estudio del ideal del yo dentro del
.P;I'üceSO adolescente en un tema de actualidad. Mis hallazgos
g()~ .n r· . .
, • Publicado originalmente en The Psychoanalytic Study of the Child, vol. 29,
pá¡p. 43-&8, New Haven: Yale University Press, 1974.

,.
261
·¡.
serán considerados a la luz de los conceptos elaborados durante
años acerca del ideal del yo, los cuales se han integrado a la teo- abundantes expresiones o asociaciones directas, ideas y afectos
ría psicoanalítica. que apuntan en esta dirección. Sin embargo, las interpreta-
ciones que hacen hincapié en este conflicto no resuelven, de
acuerdo con mi experiencia, la sintomatología de las generali-
zadas inhibiciones y detenciones evolutivas que he descrito.
El punto de partida clínico Opino que en estos casos el complejo complementario de la
rivalidad del varón con el padre -su amor hacia él y el deseo
Todas mis contribuciones a la teoría psicoanalítica tienen al- de recibir su afecto- constituye un obstáculo para la forma-
go en común: se han originado en observaciones clínicas. Esto ción de objetivos realistas y su activa consecusión. De hecho,
~is~o es válido para mi estudio sobre el ideal del yo. Por con- las metas pasivas emergen a la superficie reiterada e inevitable-
siguiente, comenzaré mi exposición. refiriendo una serie de ob- mente, aun cuando dichas met~ chocan contra las aspira-
servaciones procedentes del análisis de adolescentes varones en ciones concientes y se hallan sujetas a una severa autocrítica.
especial de jóvenes cuya adolescencia finalizaba. ' Obviamente, su pertinaGia se debe a los beneficios secundarios
l: En varios pacientes varones en su adolescencia tardía se desta- que aseguran. ·
1
caba un mismo complejo de síntomas. Todos ellos tenían eleva- La sexualización de las funciones del yo y del superyó duran-
das ambiciones, pero eran incapaces de obrar en consecuencia. te la adolescencia es algo bien conocido; ella se aplica asimismo
Ca~ecían de prop~sitos y se mostraban abatidos; eran proclives a aquellas formaciones def ideal del yo que preceden a la ado-
a VIólentos cambios de humor, a esporádicos y fugaces arran- lescencia. Como ejemplo, citaré el caso de un joven estudiante
ques de actividad e iniciativa y a un indefectible retorno a mo- cuyas aspiraciones vocacionales coincidían con lo que su padre
nótonos sueños de gloria. Nada de esto culminaba nunca en una había dispuesto para él. Su éxito tenía que malograrse debido a
b.úsq?eda ~~uelt~, en una experimentación original o en la ex- un cuádruple conflicto: si triunfaba, ello suponía que se ofrecía
í citación visionana de una meta realista. Estos rasgos típica- i! al padre como objeto de amor (deseo de castración), o bien que

i¡ mente adoles~e~tes adquirían la especificidad de un complejo


de síntomas umcamente por su índole estática, repetitiva, y
P?r hallarse fuer~ del control volit_ivo. Por consiguiente, perju-
lo aniquilaba usurpando su posición (parricidio); por"Otra par-
te, si fracasaba renunciaba a sus aspiraciones y por lo tanto in-
ducia al padr~ a tratarlo como a una mujer despreciable; no
diCaban su capaCidad de enfrentar los desafíos propios de la ju- obstante, al fracasar establecía también su autonomía, si bien
ventud, t~es como el desempeño laboral, los logros académi- de un modo negativo, rechazando la seducción del padre, evi-
cos y la busqueda de_ relaciones objetales gratificadoras, ya sea tando convertirse en su preferido, en su hijo ideal. La comple-
con otros muchachos o chicas o personas adultas. Ante la irre- jidad de esta constelación se-debe a que tanto el complejo de
futable evidencia del fracaso, el presente se mostraba sombrío Edipo positivo como el negativo vuelven a desempeñar un pa-
Yel futuro ominoso. La fuga hacia la rebeldía o las fantasías de pel en la última fase de la adolescencia. Por supuesto, los pun-
restitución terminaban en la impotencia. El negativismo, en tos de fijación en las relaciones objetales tempranas y la orien-
caso de presentarse, nunca duraba mucho; no obstante, todo tación bisexual implícita en la niñez influyen decisivamente en
esfuerzo por trascender no lograba sostenerse. Las metas ocu- la disolución definitiva de ambos complejos.
pacionales o los objetivos a corto plazo cedían fácilmente ante Las observaciones de este tipo me persuadieron de que el
la indecisión y la duda; se los .abandonaba a menudo y brusca- ideal del yo continúa siendo. una insta:Q.cia inmadura, que sirve
mente, a pesar de la motivación al parecer fuerte que los había a la: idealización del self y a la realización de deseos, y que se
originado. resiste a trasformarse en una fuerza madura, es decir, autóno-
Estos fenómenos, y otros conexos, han sido ampliamente ma, aplicada a fines y capaz de motivar para la acción, en la
des_critos en la literatura especializada, en particular los que se medida en que el complejo de Edipo negativo· del joven no
r~fiere~ al adoles~ente varón. Entre las diversas explicaciones pueda examinarse lo suficiente en el trabajo analítico. Tengo la
dmám1eas y genéticas, la más frecuente es la rivalidad del ado- certidumbre de que los analistas saben por experiencia hasta
lescente varón con el padre edípico. Las defensas contra la an- qué punto este aspecto de la organización defensiva se man-
gustia de castración. parecen haber obstruido el camino hacia tiene impenetrable en el análisis de los adolescentes varones.
un desarrollo progresivo. No ca~ duda de que este tema reper- La formación de un ideal del yo adecuado a la edad y factible
cute a lo largo de la lucha adolescente del varón. Hay siempre sólo podrá tomar un curso normal una vez que se haya acome-
tido con éxito el análisis de la fijación en el complejo de Edipo

262 ,,
263
negativo. Esto me ha llevado a decir que el ideal del yo, tal co- que asuman la estructura de una instancia psíquica. Ambos'
mo aparece al finalizar la adolescencia, es el heredero del surgen como respuesta al mundo externo y, por consiguiente,
complejo de Edipo negativo (véase el capítulo 7). Por inferen- tienen propensión a reexteriorizarse. Deseo subrayar aquí que
cia, doy por sentado que la reestructuración psíquica adoles- el ideal del yo está sujeto a cambios cualitativos durant~ el cur-
cente que se desarrolla sin una ayuda terapéutica sigue un cur- so del desarrollo. Es decir, el ideal del yo se enreda fácilmente
so similar. con nuevas modalidades pulsionales, y con nuevas aptitudes
yoicas, a medida que unas y otras aparecen en dif~rentes eta-
pas evolutivas. De este modo, no sorprende ~ue el ~d~a.I del yo
se vea absorbido por el tumulto de las pulswnes hbidmales Y
Formulaciones teóricas agresivas durante la adolescencia. Por lo tanto, la reinstintiva-
ción adolescente de aquellas estructuras psíquicas que proce-
Antes de proseguir con las implicaciones teóricas de lo que den de la interiorización de las relaciones objetales abarca tam-
he afirmado hasta aquí, debo decir algunas palabras sobre la bién al ideal del yo. Su núcleo narcisista se vincula con la libi~o
idealizació