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La deuda social de los organismos garantes del derecho


de acceso a la información pública en México

Semana Nacional de Transparencia 2021.


El valor de la información: Inclusión e
igualdad en la era de la transparencia.
Tlaxcala. Viernes 1 de octubre de 2021.
Samuel Bonilla Núñez,
Coordinador del Programa Transparencia para Tod@s.

Muy buenos días. Mi agradecimiento para ustedes, quienes hacen el favor de


acompañarnos en la sede de este evento, en Tlaxcala, o en línea, muchas gracias por su
tiempo y su atención. Saludos al moderador de este panel el Coordinador de la Región
Centro del SNT, Fernando Hernández. Un saludo afectuoso también al estimado Maestro
Claudio Cirio Romero.

Agradezco la invitación a participar en este evento a las comisionadas del INAI Blanca
Lilia Ibarra y Norma Julieta del Río, y al comisionado Adrián Alcalá.

Doy por hecho que la gran mayoría de quienes estamos presentes en este evento
hemos escuchado hablar del derecho de acceso a la información pública (DAIP).
Pero ahora les voy a pedir que, por favor, levanten la mano quienes hayan
realizado solicitudes de acceso a la información pública.

Mantengan la mano levantada quienes hayan obtenido la información que


pretendían.

Ahora, mantengan la mano arriba quienes, con la información que recibieron,


pudieron lograr un caso de éxito, es decir un aprovechamiento concreto para
ustedes o para otras personas.

Muchas gracias.

Hay que admitir que al DAIP le sobran predicadores de escritorio, pero le faltan
obreros, jornaleros en la calle, en las vecindades, en los barrios, en las cárceles,
en los refugios para migrantes, en los llamados cinturones de miseria, en los
mercados, en el campo, en el altiplano, en la sierra, en las comunidades
marginadas.

Debido a lo anterior es que se ha saturado de discursos y mensajes simplistas,


inexactos y hasta falsos el uso, la utilidad, el impacto y, sobre todo, el
aprovechamiento de este derecho, y es así como se están acuñando mitos que
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abren expectativas que se desmoronan ante realidades completamente diferentes.


Y así, surge el descrédito y aumenta la desconfianza. Y esos, son autogoles.

Y es que una cosa es hablar de este derecho desde un escritorio y otra muy
diferente es hacerlo desde las comunidades donde se requiere, se aprende y se
practica. Desde el escritorio podemos discurrir acerca de su supuesta utilidad, sus
bondades, sus aplicaciones, su impacto, sus beneficios. Desde la comunidad de
práctica, donde lo que se pretende no es disertar ni dar por hecho resultados que
no hemos constatado sino solucionar problemas y necesidades reales, cotidianas,
lacerantes, intolerables, surgen las dudas, las preguntas, la frustración, el enojo, la
rabia, la decepción; y en ocasiones, sí, la alegría y la satisfacción.

El hecho de que se inaugure un gran supermercado en nuestra colonia no significa


que tendremos comida sabrosa y nutritiva en nuestra mesa todos los días. Entre
un hecho y otro hay una serie de etapas y cada una representa retos que
demandan capacidades y recursos específicos para superarlos. Así es cuando
hablamos del hecho de que existan organismos autónomos garantes del DAIP y el
hecho de estar en condiciones de aprovecharlo.

1. Una cosa es que tengamos leyes de transparencia y acceso a la


información pública y la segunda mejor ley en el mundo;

2. Pero otra cosa es que conozcamos lo pertinente de ese derecho;

3. Y otra cosa es que sepamos específicamente en cuáles asuntos y de qué


manera nos puede ser útil en nuestro propio contexto social para que
podamos tener la motivación necesaria para animarnos a usarlo;

4. Pero otra cosa es que sepamos usarlo;

5. Y otra muy diferente es que lo podamos usar, es decir que tengamos las
capacidades y los recursos necesarios para hacerlo de forma eficaz;

6. Y otra es que conozcamos los medios de defensa, estemos en condiciones


de ejercerlos y de darles seguimiento, y de comprender qué es lo que dicen
las resoluciones resultantes, que muchas veces sufren un rezago
desesperante del que casi nunca se habla en estos foros;

7. Y otra es que finalmente obtengamos la respuesta requerida.

8. Pero otra cosa es que podamos comprender la información obtenida, que


aún estemos a tiempo de utilizarla, que sepamos qué uso darle y seamos
capaces de hacerlo, y que, finalmente, podamos alcanzar los beneficios
que pretendíamos.
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Tratemos de identificar todos los retos que, como integrantes de comunidades en


situación de vulnerabilidad, habría que superar, no para ejercer -que de suyo los
tiene y muchos-, sino para poder estar en condiciones de aprovechar el DAIP.

SENDEROS DESCONOCIDOS

Hace años, en la periferia de una ciudad, mis hermanos y yo visualizamos la


montaña más alta que destacaba en una sierra muy cercana. Era imponente,
retadora, a diario la veíamos; desafiante ella, desafiantes nosotros. Un día les dije,
“vamos a subirla, vámonos muy temprano para regresar por la tarde”.

La verdad es que regresamos hasta la noche, titiritando de frío y sin haber


conseguido nuestro objetivo. Y es que, escalar esa montaña hasta su cúspide, que
desde la ciudad se veía algo tan sencillo, al intentarlo resultó muy diferente. Al
subir la primera loma descubrimos que había otra, y después de esta otra más, y
otra y otra y otra, y al llegar a la última descubrimos que había más montañas
antes de la nuestra, y entre estas había cañadas, ríos, barreras de todo tipo de
arbustos y plantas espinosas, y una prolífera fauna.

Y cuando nos encontrábamos al fondo de una profunda cañada arbolada, en


donde el sol parecía desaparecer, perdimos por completo la noción de la
orientación y no teníamos guía ni alimentos y agua suficiente para continuar
avanzando. Con muchas dificultades y temores encontramos el camino de
regreso.

Lección aprendida: no pretender guiar a nadie por senderos que no has recorrido.

Lo que quiero decir es que ya dejemos de vender cuentas de vidrio porque, al


menos en su vertiente instrumental y para problemas de fondo, el aprovechamiento
de este derecho no es tan fácil como se nos está vendiendo, ni tan sencillo como
se nos dice y no siempre tan rápido como algunos suponen.

Es necesario decir que hay una gran brecha, una profunda cañada, entre contar
con este derecho, con organismos garantes autónomos y con la segunda mejor
ley del mundo y el hecho de lograr beneficiarnos con él en nuestros asuntos
prioritarios.

Las cámaras legislativas ya hicieron su trabajo para que se nos reconociera como
derechohabientes del acceso a la información pública. Ahora, la pelota está en la
cancha de los organismos garantes para generar las condiciones necesarias para
que toda persona pueda estar en posibilidad de ser beneficiaria de ese derecho.
Ese es el reto medular en el campo de la socialización para el aprovechamiento
del acceso a la información pública.

Ahora les voy a pedir que hagamos juntos un ejercicio de imaginación. Por favor
cierren sus ojos e imagínense que vivimos en las peores condiciones de
marginación social:
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Somos una persona sintecho que vive en la vía pública, duerme en algún rincón o
banca y busca qué comer en los depósitos de basura.

Somos una anciana, enferma, sin ningún familiar que viva con ella, y que habita un
cuarto hecho de pedazos de madera, láminas y cartones.

Somos una madre ciega, sin educación escolarizada, que vive en un caserío rural
carente de todos los servicios públicos.

Somos una persona indígena de edad avanzada, que vive en un caserío aislado
en la montaña sin electricidad, que no habla español y está al cuidado de su hija
enferma y sus tres pequeños nietos.

Somos una adolescente sin estudios que, por la muerte de su madre que
trabajaba como empleada doméstica, se quedó al frente de sus cuatro hermanos
menores. Su prioridad es conseguir qué comer y ella mendiga para conseguir
algunas monedas.

Etcétera.

Abran los ojos, por favor. Ahora, imaginen cómo, desde esas condiciones u otras
similares o peores, podrían ustedes aprovechar el derecho de acceso a la
información pública. ¡Imagínenlo! Un derecho del que ni siquiera han oído hablar,
mucho menos entender en qué consiste, ni para qué sirve, ni cómo lo podrían
relacionar con ustedes, ni saben de qué forma se ejerce.

¿Vamos a acercarnos al organismo garante de este derecho que tiene su sede en


algún edificio de la ciudad capital de nuestro estado? ¿A pedir qué, cómo, para
qué?

Alguien tendrá que decirnos que, bajo esas condiciones u otras similares o peores,
jamás en nuestra vida podremos aprovechar el DAIP.

“Es obligación de los Organismos garantes otorgar las medidas pertinentes para
asegurar el acceso a la información de todas las personas en igualdad de
condiciones con las demás”. Esta, es la cita textual del artículo 10 de la Ley
General de Transparencia.

Pero veamos lo que dispone el artículo 42: “Los Organismos garantes tendrán, en
el ámbito de su competencia, las siguientes atribuciones”, fracción XIV:
“Garantizar condiciones de accesibilidad para que los grupos vulnerables puedan
ejercer, en igualdad de circunstancias, su derecho de acceso a la información”.
Entonces, en este tema específico, la pelota está en la cancha de los organismos
garantes.
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A casi 20 años de que se crearon las primeras leyes de transparencia, una de las
principales deudas sociales de los organismos garantes del DAIP sigue siendo,
precisamente, con los millones de personas que viven en situación de
vulnerabilidad, para quienes este derecho y contar con la 2ª mejor ley de la
materia en el mundo no representa absolutamente nada.

Hay que decirlo, los organismos garantes han fallado en diseñar, desarrollar y
ejecutar estrategias efectivas, permanentes y de auténtica cobertura nacional,
para, por una parte, mostrar a la población la amplia diversidad de aplicaciones
útiles, más allá de las típicas que se repiten en foros académicos, conferencias y
declaraciones, y, por otra, en generar las condiciones para que el
aprovechamiento de este derecho pueda estar al alcance de toda persona sin
importar sus condiciones socioeconómicas.

Preguntémonos, ¿de qué sirve que se nos reitere que a través de la Plataforma
Nacional de Transparencia se envían millones de solicitudes de información,
principalmente desde zonas urbanas, si millones de personas continúan viviendo
al margen de los beneficios de este derecho? Ejercer el DAIP no significa,
necesariamente, aprovecharlo; entendámoslo, hay una diferencia cualitativa. No
confundamos los medios con los fines ni las actividades con los logros. En el
campo de la socialización para el aprovechamiento de este derecho el éxito se
mide en resolver problemas de las personas o satisfacer sus necesidades; no por
el número de talleres, horas de capacitación, personas capacitadas o solicitudes
de información enviadas. Utilicemos, valga la expresión, los indicadores indicados,
midamos lo fundamental.

Un partido de futbol no lo gana el equipo que más corrió en la cancha o que más
veces pateó el balón hacia la portería del otro, sino el que más goles anotó.
Dejemos de jugar para las gradas y enfoquémonos en el marcador.

SUBIR DE NIVEL
Como en los videojuegos, para poder avanzar es necesario subir de nivel. Es
necesario pasar de la prédica a la formación de personas usuarias; de los
exhortos a la formación de agentes socializadores; de la propaganda a la
didáctica; de la promoción a la asesoría; de la difusión a la empatía; de los
continuos actos protocolarios al acompañamiento a las personas usuarias; de los
discursos a la gestoría A-Z para que las personas logren aprovechamientos
concretos, y no hipotéticos. Subir de nivel es llegar a la cúspide de la montaña, es
mucho más que pasar de la teoría a la práctica; es, en dos palabras, lograr
aprovechamientos.

A casi 20 años de vigencia de este derecho en México ya es necesario que


dejemos de decirle a las personas para qué les puede servir; es preciso mostrarles
para qué está sirviendo. Pasemos de las hipótesis a los resultados tangibles, ¿o
es que acaso no los tenemos?, ¿no los conocemos?, ¿no los hemos documentado
en nuestro estado, en el país?, ¿acaso no estamos estudiando cómo es que se
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generan y cómo más personas podrían usar esas experiencias para también
lograr aprovechamientos con ayuda del DAIP? ¿Entonces qué es lo que estamos
haciendo?

¿De cada 100 solicitudes de información en Jalisco cuántas terminan en casos de


éxito, es decir que ayudaron a resolver problemas y necesidades de sus
protagonistas? ¿Cuál es el porcentaje de aprovechamiento gracias a este derecho
en Nuevo León, en Zacatecas, en Tabasco, en Guanajuato, en Sinaloa, en la
Ciudad de México, en toda la república? Esa, es una de las estadísticas
inexistentes a casi 20 años de vigencia de este derecho.

Subir de nivel es pasar de la socialización entendida como una mera tarea de


comunicar, difundir, dar a conocer o promover la cultura y conocimiento de este
derecho -lo que de suyo aporta-, a ejecutar un plan nacional integral con un conjunto
de estrategias articuladas hacia un solo fin: el aprovechamiento del derecho de
acceso a la información pública.

En tanto que las condiciones socioeconómicas de la población son diferentes es


preciso generar un plan integral con estrategias diferenciadas, adecuadas a los
diversos contextos sociales, aplicando medidas compensatorias que “nivelen la
cancha” para quienes más lo requieren, subsanando los déficits que tengan respecto
a las capacidades y recursos necesarios para poder, no sólo usar, sino,
fundamentalmente, aprovechar este derecho. Esas estrategias deben considerar
desde los escenarios más extremos de marginación social que incluyen a millones
de personas que, sin servicios de asesoría o gestoría casuística, jamás en su vida
van a poder aprovechar este derecho humano hasta ahora de élite. Un
contrasentido.

Es justo reconocer que en varios organismos garantes existen algunos programas y


proyectos valiosos que apuntan al propósito de enfocarse en la utilidad social del
DAIP o de apoyo a integrantes de sectores en desventaja social, como el Prosede o
el PlanDAI, entre otros. Pero es necesario integrarlos y vincularlos con otros que
potencien sus alcances en una gran estrategia global de socialización para el
aprovechamiento de este derecho.

Imaginen integrar esos y otros valiosos esfuerzos de otros organismos garantes y de


organizaciones ciudadanas y articularlos en una gran estrategia integral de alcance
nacional y de carácter permanente, que cada organismo garante opere en su estado
en función de las necesidades y problemas específicos de su entidad, y de los
recursos y posibilidades disponibles, con la participación de agrupaciones sociales,
activistas e instituciones públicas y privadas. Todo ello en el entorno de un plan
nacional que orienta, apoya, se nutre y fortalece con las experiencias de cada
estado.

Para las personas sintecho, sin empleo, sin esperanza, sin comida, sin universidad,
sin salud, sin agua, sin conocimiento de todos sus derechos, la estrategia del plan
integral de socialización para el aprovechamiento del DAIP puede representar una
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extraordinaria ventana de esperanzas y de oportunidades. De ese tamaño es el reto,


pero también la meta.

Dejemos ya de hablar de las personas en situación de vulnerabilidad y mejor


escuchémoslas; dejemos ya de decir que no tienen voz porque eso es falso, ¡claro
que la tienen!, el problema es que no les prestamos la debida atención.

Sacudamos la carreta del Sistema Nacional de Transparencia y replanteemos las


prioridades asociadas a sus responsabilidades sociales, legales y morales.
Revisemos no sólo lo que se está haciendo sino cómo se puede mejorar. Pero
principalmente revisemos lo que es necesario hacer y aún no se está haciendo.

Un Plan Nacional Integral de Socialización para el Aprovechamiento del DAIP debe


ser una prioridad y responsabilidad del Estado mexicano, impulsado por el Sistema
Nacional de Transparencia y liderado por el INAI, con la participación de
instituciones públicas y privadas y sociedad civil. La magnitud del reto lo demanda.

Quienes han tenido la oportunidad de protagonizar, atestiguar o conocer de primera


mano la amplia diversidad de aplicaciones útiles del DAIP podrán coincidir que, a
través de una adecuada estrategia integral de socialización enfocada no a su
difusión o promoción, sino a su aprovechamiento, este derecho puede llegar a ser
una poderosa palanca de desarrollo social en nuestro país. De esa dimensión es su
potencial.

Subir de nivel implica, por paradójico que parezca, bajar primero a los sótanos de
este derecho, alejarnos de las fachadas y de las candilejas que sólo son apariencias
y distraen de lo fundamental; retomemos los orígenes, reencontrémonos con la
esencia de este derecho, revisemos sus cimientos y su infraestructura: el por qué y
el para qué -su razón de ser-, que es lo que debe guiar y dar sentido al trabajo de
quienes impulsamos este derecho, preguntas a responder con los pies en los
zapatos de nuestras y nuestros compatriotas que viven en las peores condiciones de
marginación y de injusticia social. Después de eso, completemos todo el trabajo de
obra negra, tomará generaciones, hasta llegar a la cima para generar posibilidades
de aprovechamientos y beneficios para toda persona.

Y así, con el poder y la visión que da el conocimiento de los alcances de la utilidad


social del derecho de acceso a la información pública derribemos barreras, abramos
portones, ventanales y, principalmente, nuestras mentes. Y tendamos puentes
radiales desde el Sistema Nacional de Transparencia que comuniquen con nuevos
actores para que nadie se quede atrás y nadie se quede afuera; no para sumar
esfuerzos, porque eso no es suficiente, sino para multiplicar resultados con un
verdadero trabajo en equipo, y el equipo es México.

Subamos de nivel y avancemos hacia otro México posible.

Muchas gracias por su atención.

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