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Libro de las

Horas
Título original: Il libro delle Ore
© 1975 Editoriale Jaca Book, Milano
© 2009 Cooperativa Editoriale Nuovo Mondo, Milano

Edición española: Libro de las Horas


© 2010 Asociación Cultural Huellas

Edición especial con licencia


para la Fraternidad de Comunión y Liberación

Los textos litúrgicos oficiales en su versión castellana utiliza-


dos en esta obra han sido aprobados por la Conferencia Epis-
copal Española y han recibido la recognitio de la Santa Sede.

Imprimatur
+ Fidel Herráez Vegas, Obispo auxiliar y Vicario General
Madrid, 4 de abril de 2010
Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

© Para los textos litúrgicos oficiales en castellano:


CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA

Para las imágenes:


© Centro Aletti
© Cabildo de la Catedral de Madrid
© Imán Comunicación Agencia Hiperactiva, Gesyca y
Catedral de Santiago de Compostela

En Portada: Virgen orante de la Capilla de la Casa de Ancia-


nos de Crni Vrh, Eslovenia, del Libro Los colores de la luz
SUMARIO

Presentación ............................................................... 6
Introducción ................................................................ 10
Textos comunes ........................................................... 17
Himnos para diversos tiempos y fiestas ..................... 22
Horas del domingo ..................................................... 73
Horas del lunes ........................................................... 95
Horas del martes ......................................................... 117
Horas del miércoles .................................................... 139
Horas del jueves .......................................................... 163
Horas del viernes ........................................................ 185
Horas del sábado ......................................................... 205
Completas ................................................................... 227
Antífonas a la Virgen .................................................. 241
Música ......................................................................... 249
Misa de Angelis .......................................................... 270
Devocionario ............................................................... 281
Índice alfabético de himnos y antífonas ..................... 297
En él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
(Col 1,17)

Cristo glorioso
Pórtico de la Gloria, Catedral de Santiago de Compostela
PRESENTACIÓN

Este Libro de las Horas, esencial a la vez que rico en con-


tenidos para la meditación, fue utilizado, desde sus prime-
ras ediciones, para la oración común no sólo de laicos sino
también de religiosos y sacerdotes.
El Libro responde a la exigencia de disponer de un ins-
trumento ágil en los ambientes donde se vive cotidianamen-
te: en la familia, en el lugar de estudio o de trabajo, duran-
te los viajes o las vacaciones. De esta manera, se comienza
el día con las laudes, se interrumpe lo que se está haciendo
con la hora intermedia, se concluye la jornada con las vís-
peras y se va a dormir tras las completas.
El criterio con el que se han elegido los textos de cada
día de la semana permite recorrer, meditándola, la historia
de la salvación. La versión de las lecturas y los salmos está
aprobada por la Conferencia Episcopal Española y está con-
siderada apta para el uso litúrgico.
Conforme a las amplias posibilidades de elección ofre-
cidas por la Institutio generalis (n. 252) y por su idoneidad
espiritual y pastoral, se considera el presente libro como ap-
to para ser utilizado en la oración litúrgica con ocasión de
encuentros públicos.

Don Luigi Giussani propuso continuamente como com-


pañía de Cristo a la vida, la recitación de las horas a los jó-
venes con los que trataba y, sucesivamente, a todas las rea-

6
Presentación

lidades sociales con las que entró en contacto. La propuesta


de don Giussani no era sino una ayuda para percibir la vida
como compañía de Cristo.
Agradecemos a las comunidades trapenses de Vittor-
chiano y Valserena el permiso de reproducción de muchos
de los himnos por ellas compuestos; al Cabildo de la Cate-
dral de Madrid el permiso para reproducir las imágenes del
P.M.I. Rupnik que aparecen en el libro Los mosaicos de la
Sala Capitular y de la Sacristía de la S.I. Catedral de San-
ta María la Real de la Almudena; al P.M.I. Rupnik y al Ate-
lier del Centro Aletti por las imágenes de las p. 23, 29, 41,
138 y 280; al Cabildo de la Catedral de Santiago de Com-
postela, por la imagen del Cristo Glorioso que aparece en el
libro El Pórtico de la Gloria.
Además de la selección de la Liturgia de la Horas se-
manal, este libro contiene una sección de música, con las par-
tituras de algunos himnos y de la Misa de Angelis, y por úl-
timo, un pequeño Devocionario con algunas oraciones que
nos ofrece la Santa Madre Iglesia para introducirnos en la
familiaridad con el Misterio que nos hace y nos salva, tal y
como ha acontecido en la Historia de la Salvación.

7
Creó Dios al hombre a su imagen;
a imagen de Dios lo creó;
hombre y mujer los creó.
(Gn 1,27)

Creación de Adán
Catedral de Chartres
INTRODUCCIÓN

La expresión de la religiosidad y de la moralidad, en cuan-


to conciencia de la dependencia de Dios, se llama oración. La
oración es la conciencia última de nosotros mismos, como con-
ciencia de una dependencia constitutiva. Esa era la urdimbre
del sentimiento que tenía Cristo de sí mismo, tal como se trans-
parenta en los admirables capítulos de san Juan: «El Hijo no
puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre;
lo que hace él, eso también lo hace igualmente el Hijo».
En la persona de Jesús, el hombre aprende a reconocer
que la dependencia es continua, en cada instante, en cual-
quier aspecto de nuestro de obrar. Cada fragmento de nues-
tra existencia tiene en el misterio del Ser su origen total; Dios
es nuestro verdadero Padre, el padre de esta continua gene-
ración que es nuestro existir. Precisamente porque pudo afir-
mar: «El Padre y yo somos una sola cosa», pudo afirmar tam-
bién: «Separados de mí no podéis hacer nada».
En Jesús, el Emmanuel, el «Dios con nosotros» la fami-
liaridad y el diálogo con quién nos crea en cada instante se
convierte no sólo en trasparencia iluminadora, sino también
en compañía histórica.

En la exhortación de Pablo —«La palabra de Cristo ha-


bite entre vosotros en toda su riqueza: enseñaos y aconsejaos
unos a otros lo mejor que sepáis; con agradecimiento cantad
a Dios de corazón salmos, himnos, cánticos inspirados; y

10
Introducción

cualquier actividad vuestra, de palabra o de obra, hacedla en


honor del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por me-
dio de él» (Col 3,16s)— la oración se inscribe dentro de la
normalidad de la existencia cristiana vivida enteramente co-
mo acción de gracias: la oración es el momento más agudo
en la conciencia del hombre, del que nace una novedad ince-
sante.
Es el mismo Espíritu que habla a través de los diferen-
tes miembros del único cuerpo que es la Iglesia. La alaban-
za es el gesto que más determina una personalidad comu-
nional: iniciativa originaria de la persona, incluso dentro de
la coralidad de la asamblea, y expresión comunitaria, inclu-
so en la soledad de la propia casa.
Salmos, himnos y cánticos son parte de la milenaria tra-
dición del pueblo tanto de la Antigua como de la Nueva
Alianza. La memoria de cada generación la acoge y la hace
una experiencia viva. Confiándose a estas palabras, la ora-
ción cristiana garantiza una inspiración sólida, una sorpren-
dente actualidad y un respiro universal.

El Concilio Vaticano II, hablando del Oficio divino, dice:


«El Sumo Sacerdote de la nueva y eterna alianza, Cristo Jesús,
al tomar la naturaleza humana, introdujo en este exilio terres-
tre aquel himno que se canta perpetuamente en las moradas ce-
lestiales. Él mismo une a sí la comunidad entera de los hom-
bres y la asocia al canto de este divino himno de alabanza.
Por una antigua tradición cristiana el Oficio divino es-
tá estructurado de tal manera que la alabanza de Dios con-
sagra el curso entero del día y de la noche, y cuando los sa-
cerdotes y todos aquellos que han sido destinados a esta
función por institución de la Iglesia cumplen debidamente
ese admirable cántico de alabanza, o cuando los fieles oran
junto con el sacerdote en la forma estableecida, entonces es
en verdad la voz de la misma Esposa que habla al Esposo;

11
Introducción

más aún, es la oración de Cristo, con su Cuerpo, al Padre».


(SC 83.84).
«Siendo el fin del Oficio la santificación del día... guár-
dense estas normas: Laudes, como oración matutina, y Vís-
peras, como oración vespertina, que, según la venerable tra-
dición de toda la Iglesia, son el doble quicio sobre el que gira
el Oficio cotidiano. Al término de las preces de estas ora-
ciones, ha sido restablecida la oración dominical. De este mo-
do, teniendo en cuenta el rezo que se hace de ella en la mi-
sa, queda restablecido en nuestra época el uso de la Iglesia
antigua de recitar esta oración tres veces al día. Conforme a
una tradición muy antigua de la Iglesia, los cristianos acos-
tumbraron a orar en determinados momentos del día, inclu-
so en medio del trabajo, a imitación de la Iglesia apostólica;
esta tradición cristalizó en la Hora intermedia de Tercia, Sex-
ta y Nona, principalmente porque se unía a estas Horas el re-
cuerdo de los acontecimientos de la pasión del Señor y de la
primera propagación del Evangelio. Las Completas son la úl-
tima oración del día, que se ha de hacer antes del descanso
nocturno, aunque haya pasado ya la media noche». (SC
88.89) (LC 8) (IGLH 74.75.84).

Indicaciones prácticas

Existen algunas indicaciones que en la recitación del Ofi-


cio divino favorecen la continua recuperación de su signifi-
cado más profundo y ayudan a expresarlo del modo más ade-
cuado:

1. La conciencia de sí hasta el fondo.

Un gesto para ser humano debe tender a ser consciente.


«Nosotros no podemos pronunciar estas palabras o acercar-

12
Introducción

nos a estos pensamientos sin una determinada intención que


les permita mostrarse ante nosotros como las palabras ver-
daderas -la verdad sobre la vida, de la vida, en la vida-, pues
estas palabras están destinadas a impulsar de un modo irre-
sistible nuestra vida a lo eterno, que comienza en esta tie-
rra» (D. Giussani).
La petición común nace de la acción del yo, de la ex-
presión de su libertad personal. La comunidad es el conjun-
to de las relaciones creadas con los otros seres por la activi-
dad de la conciencia personal y por la energía eficiente de
la voluntad personal. La comunidad es mi yo que se afirma,
es mi yo que se agranda.

2. La religiosidad del gesto.

El sentido más verdadero de la oración consiste, en pri-


mer lugar, en un ser implicados por la presencia del Señor,
que se expresa en su Palabra. Por tanto, se necesita com-
prender que nuestro rezar, antes que ser un sentimiento sub-
jetivo, la interpretación o la comprensión de un texto, es el
expresarse de una dependencia de Aquel que nos alcanza a
través de su Palabra. Sólo a partir de aquí el gesto puede ha-
cerse «mío» con verdad y sólo entonces es verdaderamente
«religioso».

3. La unidad de la expresión.

Esta Presencia que nos implica y que se expresa en su


Palabra, nos hace una sola cosa. De ahí que todo nuestro sen-
timiento y esfuerzo en la oración deban comprometerse en
una obediencia al Cuerpo del que somos hechos partícipes.
Lo que se nos pide es una tensión a ser un todo orgánico con
los otros. Así la voz de uno se convierte en la voz de todos.
Orar con esta dinámica nos educa a percibir entre nosotros

13
Introducción

la presencia del Señor y testimonia esta Presencia a todos los


que nos escuchan.
Uno de los instrumentos elegidos para dar forma a los
valores que vamos a enunciar a continuación, es el tono rec-
to. Este presenta algunas características diferentes a la reci-
tación simplemente hablada:
a. Sobre todo la nota de la recitación se mantienen siem-
pre igual durante toda la oración. Es el modo más sencillo y
mejor para expresar la vigilancia del corazón.
b. Se pronuncian todas las sílabas, sin poner acentos par-
ticulares, apoyando la voz sobre cada sílaba con igual in-
tensidad y duración. De hecho, el acento tiende a acelerar o
a omitir algunas sílabas, imprimiendo un ritmo arbitrario a
la recitación. Sin embargo, con el tono recto la Palabra de
Dios se repite tal como es y se convierte más fácilmente en
objeto de meditación y de oración.

De aquí algunas normas a las que prestar atención du-


rante la recitación; ellas especifican en la práctica todo cuan-
to se ha dicho anteriormente.
1. Se necesita rezar escuchando a los otros (y siendo es-
cuchado por ellos); por tanto es necesario uniformar la in-
tensidad de las voces y procurar fundir el propio tono con el
del coro, no imponiendo la propia voz sobre las otras.
2. Tener un tono más alto de lo normal, aunque no de-
masiado para no ser estridentes, favorece mucho más la vi-
gilancia.
3. Durante el salmo, para volver a normalizar el tono que
siempre tiende a decaer, es necesario intentar no bajar de tono
en la última sílaba del versículo, como la voz tiende a hacer.
4. Entre un versículo y otro (por tanto, entre un coro y
otro) debe haber una continuidad sin pausa.
5. Entre un hemistiquio (mitad del verso) y el otro está
el asterisco. Aquí se debe hacer una pausa, que debe ser un
respiro real, sosegado.
14
Introducción

6. A lo largo de los hemistiquios, la puntuación de cual-


quier tipo (puntos, comas, etc) no se observa.
7. La doxología (Gloria al Padre...) que introduce la re-
citación de los Laudes, de la Hora intermedia, de las Víspe-
ras y de las Completas, se divide en dos partes, que se reci-
tan, cada una, sin pausa. La doxología con que se concluye
la recitación de cada salmo se divide en dos partes y cada
una de las partes en dos hemistiquios.

Normalmente se reza de pie, sentándose durante los sal-


mos, la lectura y el responsorio.

P. Presidente de la asamblea.
T. Todos los presentes.
1c. El primero de los coros que se alternan.
2c. El segundo de los coros que se alternan.
Sal. Salmista.
L. Lector
Ant. Antifonario.
* El asterisco indica la pausa para favorecer la oración
coral y la comprensión de lo que se recita.

15
TEXTOS COMUNES

Invocación inicial
P. Dios mío, ven en mi auxilio.
T. Señor, date prisa en socorrerme.
P. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,
T. como era en el principio, ahora y siempre, por los si-
glos de los siglos. Amén. Aleluya [excepto en Cua-
resma].
Conclusión
P. El Señor nos bendiga, nos guarde todo mal y nos lle-
ve a la vida eterna.
T. Amén.
si preside un sacerdote o un diácono.
P. El Señor esté con vosotros.
T. Y con tu espíritu.
P. La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y
Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
T. Amén.
si se despide la asamblea, se añade
P. Podéis ir en paz.
T. Demos gracias a Dios.
Para la Hora intermedia
P. Bendigamos al Señor.
T. Demos gracias a Dios.

17
Textos comunes

Benedictus
(Lc 1,58-79)

a) Versión para tono recto

Sal. Bendito sea el Señor, Dios de Israel,* porque ha visita-


do y redimido a su pueblo.
1 c. suscitándonos una fuerza de salvación* en la casa de
David, su siervo,
2 c. según lo había predicho desde antiguo* por boca de sus
santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos* y
de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia que tuvo con nuestros pa-
dres,* recordando su Santa Alianza y el juramento
que juró a nuestro Padre Abrahán.
Para concedernos que, libres de temor,* arrancados de
la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,* en su presencia, to-
dos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,* porque
irás delante del Señor a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,* el perdón de sus
pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,* nos vi-
sitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra
de muerte,* para guiar nuestros pasos por el camino
de la paz.

18
Textos comunes

b) Versión para cantar

Ant. Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del
mundo, Aleluya.
1 c. Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
2 c. suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David su siervo
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa Alianza
y el juramento que juró a nuestro Padre Abrahán.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

19
Textos comunes

Magnificat
(Lc 1,46-55)

a) Versión para tono recto

Sal. Proclama mi alma la grandeza del Señor,* se alegra mi


espíritu en Dios, mi salvador;
1 c. porque ha mirado la humillación de su esclava.* Desde
ahora me felicitarán todas las generaciones,
2 c. porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:* su
nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles* de generación en
generación.
Él hace proezas con su brazo;* dispersa a los soberbios
de corazón,
derriba del trono a los poderosos,* y enaltece a los hu-
mildes,
a los hambrientos los colma de bienes* y a los ricos los
despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,* acordándose de la miseri-
cordia.
como lo había prometido a nuestros padres,* en favor
de Abrahán y su descendencia por siempre.

20
Textos comunes

b) Versión para cantar

Ant. Tú eres la luz que no se apaga nunca,


morada de Aquél que el Cielo habita,
Virgen y Madre.
Sal. Proclama mi alza la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
Coro Porque ha mirado la humildad de su sierva,
desde ahora me felicitarán todas
las generaciones.
Sal. Porque el Poderoso ha hecho obras
grandes por mí: su nombre es santo,
Coro Y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Sal. Él hace proezas con su brazo;
dispersa a los soberbios de corazón.
Coro Derriba del trono a los poderosos
y enalcete a los humildes.
Sal. A los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Coro Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia.
Sal. Como lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abrahán y su descendencia
por siempre.
Coro Gloria al Padre Omnipotente,
Gloria al Hijo y al Espíritu Santo, Amén.

21
HIMNOS PARA DIVERSOS
TIEMPOS Y FIESTAS

«La santa Madre Iglesia considera deber suyo celebrar con


un sagrado recuerdo en días determinados a través del año
la obra salvífica de su divino Esposo. Cada semana, en el
día que llamó ‘del Señor’, conmemora su Resurrección,
que una vez al año celebra también, junto con su santa Pa-
sión, en la máxima solemnidad de la Pascua.

Además, en el círculo del año desarrolla todo el misterio


de Cristo, desde la Encarnación y la Navidad hasta la As-
censión, Pentecostés y la expectación de la feliz esperan-
za y venida del Señor.

Conmemorando así los misterios de la Redención, abre las


riquezas del poder santificador y de los méritos de su Se-
ñor, de tal manera que, en cierto modo, se hacen presen-
tes en todo tiempo para que puedan los fieles ponerse en
contacto con ellos y llenarse de la gracia de la salvación»
(SC 102).

Anunciación (detalle).
Capilla del Seminario de Reggio Emilia, Italia
Tiempo de Adviento
Himnos para los tiempos litúrgicos

Rorate caeli desuper, et nubes pluant justum

Ne irascaris Domine, ne ultra memineris iniquitatis:


ecce civitas Sancti facta est deserta:
Sion deserta facta est: Jerusalem desolata est:
domus sanctificationis tuae et gloriae tuae,
ubi laudaverunt te patres nostri.

Peccavimus, et facti sumus tamquam immundus nos,


et cecidimus quasi folium universi;
et iniquitates nostrae quasi ventus abstulerunt nos:
abscondisti faciem tuam a nobis
et allisisti nos in manu iniquitatis nostrae.

Vide Domine afflictionem populi tui,


et mitte quem missurus es:
emitte Agnum dominatorem terrae,
de Petra deserti ad montem filiae Sion:
ut auferat ipse jugum captivitatis nostrae.

Consolamini, consolamini, popule meus:


cito veniet salus tua:
quare moerore consumeris, quia innovavit te dolor?
Salvabo te, noli timere, ego enim sum Dominus Deus tuus,
Sanctus Israel, Redemptor tuus.

24
Tiempo de Adviento

Oh, cielos, dadnos el rocío, que las nubes lluevan al justo.

No te enojes, oh Señor, ni te acuerdes más de las iniquidades:


porque la ciudad Santa se quedó desierta,
Sión desierta se quedó; Jerusalén desolada está:
la casa de santificación tuya y la de tu gloria,
donde te alabaron nuestros padres.

Pecadores, y mancillados como leprosos,


hemos caído como las hojas de otoño:
y nuestra vil iniquidad como el viento nos arrebató;
has escondido de nosotros tu rostro,
nos abandonaste al capricho de nuestros pecados.

Contempla, Señor, las calamidades de tu pueblo,


y envía al que has de enviar:
manso Cordero dominará la tierra,
desde los desiertos hasta la cumbre de Sión:
para que salgamos libres de nuestro cautiverio.

Consolaos ya, consolaos ya, oh pueblo mío;


pronto va a llegar tu salvación:
¿por qué te consumes llorando, cuando se renueva tu dolor?
Te salvaré, no tengas miedo, porque yo soy el Señor y Rey,
el Dios tuyo, Santo de Israel, Redentor tuyo.

25
Himnos para los tiempos litúrgicos

LAUDES

música pág. 258


¡Elevad la mirada a los cielos!
¡Ya se acerca el Dios que nos salva!
Despertad en el alma la espera
y acoged al Señor de la gloria.
El Mesías que todos invocan
de David descendiente será,
tomará de una Virgen el cuerpo
por poder del Espíritu Santo.
¡Ven, oh Rey, mensajero de paz!
¡La sonrisa de Dios trae al mundo!
Ningún hombre jamás vio su rostro,
sólo tú el Misterio desvelas.
Ahora ven en la fe a nosotros,
para darnos la vida de Dios,
nos ofreces tu Cuerpo y tu Sangre
en rescate de nuestro pecado.
En el último día creemos
volverás con poder y esplendor,
a juzgar con tu misericordia
a los hombres y a su libertad.
Haz que entonces miremos serenos
a tu rostro radiante de Gloria,
te sigamos allí donde reinas
con el Padre y (el) Espíritu Santo.
Amén.

26
Tiempo de Adviento

VÍSPERAS

música pág. 258


Radiante entre densa penumbra,
viene el Señor Jesús, luz verdadera;
en su esplendor caminarán los pueblos,
a él dirigirán ya su mirada.
Hoy le preparamos la senda,
exultaremos ante nuestro Dios,
que viene ya trayendo vida eterna,
que viene ya con equidad y amor.
Venido a salvar al hombre,
lo lleva a Sí humilde y dulcemente;
fidelidad y gracia manifiesta,
entre nosotros vivo estará siempre.
La nueva les trae a los pobres:
serán dichosos en el Reino eterno,
serán llamados el pueblo de Dios,
hará con ellos alianza eterna.
Un día tendrá fin la espera,
¡habrá un cielo nuevo y tierra nueva!
Cristo Señor dice: «¡Sí, vengo pronto!»
Dice la Esposa: «¡Ven, Señor Jesús!».
Amén.

27
Himnos para los tiempos litúrgicos

Resplandezca una gran luz en la noche.


Descienda el rocío en el desierto.
Brote un renuevo del tronco ya seco.
El salvador germine de la tierra.

Exulta de alegría, oh, tú que lloras,


porque Dios está viniendo a tu encuentro.
Fuerte resuena un grito en el desierto:
«Preparad el camino al Dios que viene».

Al eterno deseo de las gentes


responderá Dios haciéndose niño.
Concebirá una mujer en su seno
a Aquél que rige todo el Universo.

El mundo entero está en vela a la espera


del clarear de la sombra nocturna
abrid los ojos, alzad la mirada
(que) Cristo Jesús, aurora, amanece.

Cantad en el adviento de la vida


a Cristo que es el sol de la justicia
deseando su última venida
el día del amor definitivo.
Amén.

Natividad
Capilla de la Sagrada Familia, New Heaven,
Connecticut, USA
Tiempo de Navidad
Himnos para los tiempos litúrgicos

Puer natus in Bethlehem, alleluia:


unde gaudet Jerusalem, alleluia.
In cordis jubilo
Christum natum adoremus, cum novo cantico.
Assumpsit carnem Filius, alleluia,
Dei patris altissimus, alleluia, alleluia.
Per Gabrielem nuntium, alleluia,
virgo concepit Filium, alleluia, alleluia.
Tamquam sponsus de thalamo, alleluia,
processit Matris utero, alleluia, alleluia.
Hic jacet in praesepio, alleluia,
qui regnat sine termino, alleluia, alleluia.
Et Angelus pastoribus, alleluia,
revelat quod sit Dominus, alleluia, alleluia.
Reges de Saba veniunt, alleluia,
aurum, thus, myrrahm offerunt, alleluia, alleluia.
Intrantes domum invicem, alleluia,
novum salutant Principem, alleluia, alleluia.
De Matre natus Virgine, alleluia,
qui lumen est de lumine, alleluia, alleluia.
Sine serpentis vulnere, alleluia,
de nostro venit sanguine, alleluia, alleluia.
In carne nobis similis, alleluia,
peccato sed dissimilis, alleluia, alleluia.
Ut redderet nos homines, alleluia,
Deo et sibi similes, alleluia, alleluia.
In hoc natali gaudio, alleluia,
benedicamus Domino, alleluia, alleluia.
Laudetur sancta Trinitas, alleluia,
Deo dicamus gratias, alleluia, alleluia.

30
Tiempo de Navidad

Cantad al Niño de Belén, aleluya.


Brilló tu luz, Jerusalén, aleluya, aleluya.
Alegre el corazón,
adoremos al Dios niño con cánticos de amor.
El Hijo excelso, Dios de Dios, aleluya,
de carne humana se vistió, aleluya, aleluya.
El Ángel llega a Nazaret, aleluya
florece el Tronco de Jesé, aleluya, aleluya.
Del Seno santo maternal, aleluya
precioso fruto se nos da, aleluya, aleluya.
El rey de reyes y Señor, aleluya,
en un pesebre apareció, aleluya, aleluya.
Los ángeles anuncian paz, aleluya,
el Niño-Dios os va a salvar, aleluya, aleluya.
Los Magos llegan a Belén, aleluya,
le ofrecen dones a su Rey, aleluya, aleluya.
Guiados por celeste luz, aleluya,
a Dios adoran en Jesús, aleluya, aleluya.
El que es belleza y caridad, aleluya,
nació de Madre virginal, aleluya, aleluya.
Asume nuestra humanidad, aleluya
mas no el pecado y la maldad, aleluya, aleluya.
Concédenos en ti vivir, aleluya,
tu misma Vida compartir, aleluya, aleluya.
Que el gozo de la Navidad, aleluya,
nos lleve a todos a cantar, aleluya, aleluya.
Al Padre, al Hijo, al Santo Amor, aleluya,
la gloria demos y el honor, aleluya, aleluya.
Alabada sea la Santa Trinidad,
a Dios damos gracias, aleluya, aleluya.

31
Himnos para los tiempos litúrgicos

LAUDES

música pág. 259


Sol que te alzas de sombras de muerte
hoy resplandeces sobre lo creado,
haces brillar en todos nuestros rostros
la primitiva imagen de Dios Padre.
Palabra eterna que al Padre reflejas
Tú, hombre nuevo en una carne santa,
el cumplimiento de antiguas promesas,
el gozo y el amparo de la tierra.
Dulce cordero, Hijo de María,
en ti la creación es liberada;
el cielo ha hecho la paz con la tierra
y el universo canta a Tu gloria.
Por ti sellados con un sello eterno,
hemos nacido ya a vida nueva
y en el gozo de volvernos hijos
podemos dar a Dios el nombre: «Padre».
Emmanuel, oh dulce Dios cercano,
que has puesto tu morada entre nosotros,
en ti que eres el «sí» sin reserva,
a Dios le respondemos nuestro «amén».

32
Tiempo de Navidad

Nuevo despuntar de luz matutina


en este día sin par,
es Tu nacimiento en nuestra carne,
oh nítida imagen del Padre.

La tierra humilde te acoge,


dulzura que al mundo desciendes.
Tú eres el Verbo que era en el principio,
el Hombre-Dios, la Luz, la Vida.

Colmado el tiempo de espera,


una virgen pura ha engendrado al Hijo,
y ahora envuelve, pobre y silenciosa / en silencio,
al Niño, en pañales, en un pesebre.

Pobres y desconocidos pastores


el anuncio recibieron en la noche:
vienen a ti, se postran y adoran;
vendrán a ti las gentes desde lejos.

Y también nosotros, redimidos por Tu sangre,


llamados de todo el mundo a la unidad,
con gran júbilo te cantamos alabanzas
oh Emmanuel, príncipe de la paz.

Presente entre nosotros está ahora el Hijo


y es puente entre el tiempo y lo eterno.
Por él sea gloria al Padre celestial
en el Espíritu Santo, fuente de vida.
Amén.

33
Himnos para los tiempos litúrgicos

VÍSPERAS

música pág. 259


Por ti solo es clara la noche,
las tinieblas son como la luz;
engendrado en el seno del Padre
el eterno Esplendor de los cielos.
Oh Palabra potente de Dios,
Rey del tiempo, Señor del espacio,
por ti el mundo ha sido creado,
eres alfa y omega de todo.
¡Inefable, inmenso Misterio!
Cante el cielo y exulte la tierra:
naces hoy de una virgen sin mancha,
revestido de carne mortal.
Como un pobre a nosotros tú vienes,
nos anuncias el Reino del cielo,
das al mundo la vida del Padre,
nos redimes a precio de sangre.
¡Sea bendita por siempre la tierra!
Como lluvia ha bajado el perdón,
nuevo amor se derrama en nosotros.
¡En silencio el Misterio adoramos!
Por el Hijo, que tú nos has dado,
y el Espíritu, fuente de vida,
a ti, Padre, sea gloria en los cielos,
y en la tierra sea paz a los hombres.
Amén.
La Piedad (detalle)
Sala Capitular de la Catedral de la Almudena
Tiempo de Cuaresma
Himnos para los tiempos litúrgicos

Attende Domine et miserere,


quia peccavimus tibi.

Ad te Rex summe, omnium Redemptor


oculos nostros sublevamus flentes:
exaudi, Christe, supplicantum preces.

Dextera Patris, lapis angularis,


via salutis, janua, caelestis,
ablue nostri maculas delicti.

Rogamus, Deus, tuam majestatem:


auribus sacris gemitus exaudi:
crimina nostra placidus indulge.

Tibi fatemur crimina admissa:


contrito corde pandimus occulta:
tua, Redemptor, pietas ignoscat.

Innocens captus, nec repugnans ductus,


testibus falsis pro impiis damnatus:
quos redemisti tu conserva, Christe.

36
Tiempo de Cuaresma

Señor, escúchanos, ¡misericordia!,


contra ti hemos pecado.

A ti, nuestro Rey, Redentor de todos,


se alzan los ojos, manantial de llanto;
óyenos, Cristo, pues te suplicamos.

Diestra del Padre, piedra y fundamento,


vida y camino que nos lleva al cielo,
limpia las manchas de nuestros delitos.

Te suplicamos que abras tu grandeza


a nuestro llanto, corazón benigno,
nuestos pecados, tu bondad perdone.

Te confesamos cuanto cometimos,


arrepentidos lo reconocemos,
Redentor nuestro, tu piedad no salve.

Puro, inocente a la cruz llevado,


por los impíos condenado a muerte
nos redimiste, sálvanos, oh Cristo.

37
Himnos para los tiempos litúrgicos

LAUDES

música pág. 260


Al clarear velando te cantamos,
oh Padre omnipotente, la alabanza;
tú, fuente de bondad, tú, sumo Bien
y misericordioso en el perdón.
Con corazón abierto y confiado,
Señor, en tu presencia nos postramos,
entonces la humildad llega a ser luz,
y se abre el camino a la verdad.
En nuestra nada sólo en ti esperamos,
la vida en plenitud en ti se encuentra,
es don que tú nos haces en Tu Hijo,
que por su gran amor se ha inmolado.
Florecerán en él todas las cosas
el día de la luz y de la gloria,
vendrá aquel día, aurora sin ocaso,
y nuevas alabanzas cantaremos.
Gloriosa Trinidad, hoy te adoramos,
oh luz indefectible y eterna,
con el perdón, tú, danos nueva vida,
y cantaremos siempre tu alabanza.
Amén.

38
Tiempo de Cuaresma

VÍSPERAS

música pág. 260


Liberados del yugo del mal,
bautizados en el mar profundo,
a la tierra de prueba llegamos,
al desierto, que nos purifica.
De la tierra de Egipto salimos,
¡acompáñamos por el desierto!
que nos lleva a la santa montaña
en la cual ya la Cruz se levanta.
Tú eres agua que rompe la peña,
en el yermo, maná que nos sacia,
tú, la nube que guía el camino
y la ley que conduce a los hombres.
Tú eres roca presente en tu pueblo,
en ti amparo y defensa encontramos,
de ti brota la fuente de vida,
que nos lava de nuestros pecados.
Por el éxodo nuevo nos llevas
hacia el gozo profundo de Pascua,
por la muerte pasando a la vida
gozaremos la eterna promesa.
Amén.

39
En el lago Tiberiades,
Cristo resucitado pregunta a Pedro:
¿me amas más que estos? (detalle)
Capilla Redemptoris Mater
del Palacio Apostólico Vaticano
Tiempo de Pascua
Himnos para los tiempos litúrgicos

música pág. 262


Alleluia, alleluia, alleluia.

O filii et filiae,
Rex caelestis, Rex gloriae
morte surrexit hodie. alleluia.

Et mane prima sabbati


ad ostium monumenti
accesserunt discipuli, alleluia.

Et Maria Magdalene
et Jacobi et Salome
venerunt corpus ungere, alleluia.

In albis, sedens Angelus


praedixit mulieribus:
«In Galilaea est Dominus» alleluia.

In hoc festo sanctissimo


sit laus et jubilatio;
benedicamus Domino, alleluia.

Ex quibus nos humillimas


devotas atque debitas
Deo dicamus gratias, alleluia.

42
Tiempo de Pascua

Aleluya, aleluya, aleluya.

Oh, hijos e hijas,


el Rey del cielo, el Rey de la gloria
hoy ha resucitado de la muerte, aleluya

El sábado, al alba,
a los umbrales del sepulcro,
los discípulos fueron, aleluya.

Y María Magdalena,
y la Madre de Santiago y Salomé
vinieron para ungir el cuerpo, aleluya.

Un ángel, sentado, con blancos ropajes,


dijo a las mujeres:
«En Galilea os espera el Señor», aleluya.

En este día santísimo de fiesta


todo sea alabanza y júbilo,
bendito sea el Señor, aleluya.

De estas cosas, humildemente,


con la devoción del que espera,
demos gracias a Dios, aleluya.

43
Himnos para los tiempos litúrgicos

Victimae paschali laudes inmolent christiani.

Agnus redemit oves: Christus innocens Patri,


reconciliavit peccatores.

Mors et vita duello conflixere mirando:


dux vitae mortuus regnat vivus.

Dic nobis Maria, quid vidisti in via:


«Sepulcrum Christi viventis, et gloriam vidi resurgentis.

Angelicos testes, sudarium et vestes.


Surrexit Christus spes mea; praecedet suos in Galilaeam».

Scimus Christum surrexisse, a mortuis vere;


tu nobis victor Rex, miserere.

Amen, alleluia.

44
Tiempo de Pascua

A la víctima pascual, los cristianos loan.

El Cordero ha redimido a las ovejas:


Cristo inocente ha reconciliado a los pecadores con el Padre.

La muerte y la vida se han batido en un sorprendente duelo:


el Señor de la vida, muerto, vivo reina.

Dinos, María, qué viste en el camino:


«He visto el sepulcro de Cristo vivo, y su gloria de resucitado.

Testigos los ángeles, el sudario y los ropajes.


Cristo, mi esperanza, ha resucitado, precederá a los suyos en
Galilea».

Sabemos que Cristo ha resucitado verdaderamente de entre


los muertos;
tú, oh Rey victorioso, ten piedad de nosotros.

Amén, aleluya.

45
Himnos para los tiempos litúrgicos

LAUDES

música pág. 261


Oh noche, luminosa más que el sol,
oh noche, refulgente como luz,
noche pascual de una larga espera,
noche nupcial de Cristo con su Iglesia.
Despojas al demonio ya vencido,
tú rompes las cadenas de la muerte,
engendras de tu fuente nueva vida,
irrumpe en ti el misterio del amor.
La luz que en ti disipa las tinieblas
precede el origen de los siglos
y hace transparente cada cosa;
en sí renueva todo el universo.
Cristo, nuestra pascua, se ha inmolado,
su Cuerpo es paraíso verdadero
de donde brota el río de la vida,
que al mundo entero lava de la culpa.
El hombre, rescatado del pecado,
un canto nuevo canta a su Señor,
se sienta a la mesa del Cordero,
ceñidos los vestidos para el Cielo.
Amén.

46
Tiempo de Pascua

VÍSPERAS

música pág. 261


Salvados por la sangre del Cordero,
en él purificadas nuestras vidas,
por el Amor criaturas renacidas,
a ti, Cristo Señor, te alabamos.
Contigo a la cruz hemos subido,
contigo en tu muerte bautizados,
en ti, oh Cristo, ya resucitados
del Padre nueva vida recobramos.
Oh Cristo, es tu vida inmensa fuente
de gozo que ahora mana eternamente:
eterno Esplendor, en ti se acoge
la humana pequeñez de los salvados.
La luz de nuestro día ya declina,
junto a nosotros quédate, Señor,
y la certeza que la fe nos dona,
alumbre esta noche que se acerca.
Haz tú que nuestra muerte sea absorbida
por la gloriosa luz de tu victoria
y, muertos ya, siguiéndote en tu muerte,
en ti vivamos, que eres nuestra vida.
Oh Padre de bondad, te lo pedimos
por Cristo, tu Hijo, que ha resucitado,
por el Amor eterno que nos guía
hacia la dulce luz de tu presencia.
Amén.

47
Himnos a Cristo crucificado

Crux fidelis inter omnes


arbor una nobilis:
nulla silva talem profert,
fronde, flore, germine.
Dulce lignum, dulce clavo,
dulce pondus sustinens.

Pange, lingua, gloriosi lauream certaminis,


et super Crucis trophaeo dic triumphum nobilem:
qualiter Redemptor orbis immolatus vicerit.

Felle potus ecces languet: spina, clavi, lancea,


mite corpus perforarunt, unda manat et cruor:
terra, pontus, astra, mundus, quo lavantur flumine!

Flecte ramos, arbor alta, tensa laxa viscera,


et rigor lentescat ille, quem dedit nativitatis:
et superni membra Regis tende miti stipite.

Sola digna tu fuisti ferre mundi victimam:


atque portum praeparare arca mundo naufrago:
quam sacer cruor perunxit, fusus Agni corpore.

Sempiterna sit beatae Trinitati gloria:


aequa Patri Filioque; par decus Paraclito:
Unius Trinique nomen laudet universitas.
Amen.

48
Himnos a Cristo

Cruz fiel,
árbol el más noble
entre los que el bosque ha producido:
en hojas, en flores y en retoños.
Sujeta el dulce leño,
los dulces clavos, la dulce carga.

Canta lengua la gloriosa victoria de la lucha


y sobre el trofeo de la cruz escribe el triunfo verdadero:
cómo el Redentor del mundo, sacrificado, ha vencido.

Mira que agoniza con la hiel de la bebida: la corona de espinas, los clavos,
la lanzada atravesaron el manso cuerpo. Mana agua y sangre derramada:
la tierra, el mar, las estrellas y el universo, son purificados por este río.

Dobla tus ramas, árbol alto, tus entrañas ablanden su dureza,


sea ablandado el rigor que te dio la naturaleza
y a los miembros del Rey supremo trátalos benignamente.

Solamente tú fuiste capaz de soportar la víctima del mundo,


ser nave, y preparar a la humanidad náufraga el puerto;
la sangre del Cordero más sagrado te roció destilada de su cuerpo.

Tenga gloria eterna la bienaventurada Trinidad:


igual para el Padre y el Hijo e igual honor para el Espíritu Santo.
Del Uno y Trino ensalce el nombre el universo entero.
Amén

49
Himnos a Cristo

¡Oh árbol glorioso, en ti el Señor reinó!


De su sangre preciosa Jesús te revistió.
En ti la salvación y la gloria encontramos:
¡y tu eterna victoria, oh Cruz, todos cantamos!
¡Oh, árbol glorioso, misterio de piedad!
Clavada en ti triunfa la eterna caridad.
Para el hombre eres fuente de vida y libertad;
convierte al Redentor la entera humanidad.

¡Desde la Cruz tú me miras


esta noche, oh Señor!
Y mientras, tu voz me dice:
hijo, ¡dame el corazón!
¡Que este corazón ingrato,
comprenda bien tu dolor!
¡Y del sueño del pecado,
lo despierte, al fin, tu Amor!
¡Madre amada, tristes días
he pasado en el error!
¡Madre buena, haz que vuelva
llorando a mi Salvador!

50
Himnos a Cristo

Ave verum Corpus natum ¡Salve, verdadero Cuerpo,


de Maria virgine: nacido de la Virgen María;
vere passum, immolatum padeció verdaderamente,
in cruce pro homine; inmolado en la cruz por el hombre
cuius latus perforatum de cuyo costado abierto
fluxit aqua et sanguine! manó sangre y agua!

Esto nobis praegustatum Sé para nosotros consuelo


in mortis examine. en la hora de la muerte.
O Jesu dulcis! O Jesu pie! ¡Oh Jesús, dulce y piadoso!
O Jesu, fili Mariae! ¡Oh Jesús, Hijo de María!

51
Himnos a Cristo

Himnos a Cristo en la Eucaristía


Adoro te devote, latens Deitas,
quae sub his figuris vere latitas:
Tibi se cor meum totum subiicit,
quia te contemplans totum deficit.
Visus, tactus, gustus in te fallitur:
sed auditu solo tuto creditur.
Credo quidquid dixit Dei Filius:
nil hoc verbo veritatis verius.
In cruce latebat sola Deitas;
at hic latet simul et humanitas.
Ambo tamen credens atque confitens
peto quod petivit latro paenitens.
Plagas, sicut Thomas, non intueor;
Deum tamen meum te confiteor.
Fac me tibi semper magis credere,
in te spem habere, te diligere.
O memoriale mortis Domini,
panis vivus vitam praestans homini,
praesta meae menti de te vivere,
et te illi semper dulce sapere.
Pie pellicane Iesu Domine,
me immundum munda tuo sanguine,
cuius una stilla salvum facere
totum mundum quit ab omni scelere.
Iesu, quem velatum nunc aspicio,
oro fiat illud quod tam sitio;
ut, te revelata cernens facie,
visu sim beatus tuae gloriae.
Amen.

52
Himnos a Cristo

Te adoro devotamente, oh Dios escondido,


que realmente te ocultas bajo estas especies:
mi corazón está sometido del todo a ti,
porque contemplándote, todo el resto palidece.
La vista, el tacto, el gusto, no te perciben,
sólo el oído hace creer del todo:
creo en todo aquello que ha dicho el Hijo de Dios,
ninguna verdad es más verdadera que su palabra.
Sobre la cruz sólo la divinidad permanecía escondida,
mientras que aquí se esconden humanidad y divinidad:
creyendo en las dos con confianza,
pido lo que pidió el ladrón arrepentido.
No tocaré las llagas como Tomás,
sino que a ti te confieso Dios mío:
haz que siempre crea más en ti,
tenga más esperanza en ti, te ame más.
Oh, memorial de la muerte del Señor,
pan vivo que das a los hombres la vida,
concede a los míos vivir de ti,
y gustar siempre tu dulzura.
Señor Jesús, pelícano amoroso,
purifica con tu sangre mi impureza;
una sola gota de tu sangre puede salvar
al mundo entero de todos sus pecados.
Jesús, ahora te veo oculto,
te pido que ocurra aquello de lo que tengo sed:
que, viendo tu rostro revelado,
sea bienaventurado en tu gloria.
Amén.

53
Himnos a Cristo

Pange, lingua, gloriosi Canta, oh lengua, el miste-


Corporis mysterium, rio del Cuerpo glorioso y de
Sanguinisque pretiosi, la Sangre preciosa, que el
quem in mundi pretium Rey de las naciones, Hijo de
fructus ventris generosi una Madre noble, derramó,
Rex effudit Gentium. como rescate del mundo.

Nobis datus, nobis natus Nos fue dado, nos nació, de


ex intacta Virgine, una Virgen sin mancilla, y
et in mundo conversatus, habiendo vivido en el mundo,
sparso verbi semine, una vez esparcida la semilla
sui moras incolatus de su palabra, clausuró la eta-
miro clausit ordine. pa de su vida mortal, con una
institución admirable.

In supremae nocte coenae Así la noche de la Ultima


recumbens cum fratribus Cena, recostado a la mesa
observata lege plene con los Apóstoles, cumplidas
cibis in legalibus, las reglas sobre la comida le-
cibum turbae duodenae ga!, se da, con sus propias
se dat suis manibus. manos, a Sí mismo, como
Alimento para los Doce.

Verbum caro, panem verum Con su palabra, el Verbo,


verbo carnem efficit: hecho Carne, convierte el
fitque sanguis Christi merum, pan en su Cuerpo y el vino
et si sensus deficit, en su propia Sangre; aunque
ad firmandum cor sincerum fallen los sentidos, es sufi-
sola fides sufficit. ciente la fe, para cerciorar
de ello a un corazón puro.

54
Himnos a Cristo

Tantum ergo Sacramentum Adoremos, pues, humilde-


veneremur cernui: mente, tan augusto Sacra-
et antiquum documentum mento y las ceremonias de
novo cedat ritui: la antigua Alianza cedan su
praestet fides supplementum puesto al nuevo rito; supla
sensuum defectui. ahora la fe, la incapacidad
de los sentidos.

Genitori, Genitoque Alabemos con cantos de jú-


laus et jubilatio, bilo, gloria, honor, poder y
salus, honor, virtus quoque bendición, al Padre y al Hi-
sit et benedictio: jo; tributemos también el
Procedenti ab utroque mismo homenaje al Espíritu
compar sit laudatio. que de ambos procede.
Amen. Amén.

Aquí, junto a ti, Señor, quedarme quiero,


lo grita el corazón, escúchame, oh Dios.
La noche llega oscura, el corazón se asusta,
la fe me tenga aquí, junto a ti.
Aquí, junto a ti, Señor, quedarme quiero,
nadie ve mi dolor, tú solo, oh Dios.
Oh, veraz pan de vida, tú solo me das paz,
no hay paz para mí, lejos de ti.

55
Himno al Espíritu Santo

1. Veni, Creátor Spíritus, 1. Ven, Espíritu Creador,


mentes tuórum vísita, visita las almas de tus fieles
imple supérma grátia, llena con tu divina gracia,
quae tu creásti péctora. los corazones que creaste.

2. Qui díceris Paráclitus, 2. Tú, a quien llamamos Paráclito,


altíssimi donum Dei, don de Dios Altísimo,
fons vivus, ignis, cáritas, fuente viva, fuego,
et spiritális únctio. caridad y espiritual unción.

3. Tu septifórmis múnere, 3. Tú derramas sobre nosotros


dígitus paternae déxterae, los siete dones;
tu rite promíssum Patris, tú, dedo de la diestra del
sermóne ditans gúttura. Padre;
tú, fiel promesa del Padre;
que inspiras nuestras palabras.

4. Accénde lumen sénsibus, 4. Ilumina nuestros sentidos;


infúnde amórem córdibus, infunde tu amor en nuestros
infírma nostri córporis corazones;
virtúte firmans pérpeti. y, con tu perpetuo auxilio,
fortalece la debilidad de
nuestro cuerpo.

56
Himnos al Espíritu Santo

5. Hostem repéllas lóngius 5. Aleja de nosotros al enemigo,


pacémque dones prótinus; danos pronto la paz,
ductóre sic te práevio sé nuestro director y nuestro
virtémus omne nóxium. guía,
para que evitemos todo mal.

6. Per te sciámus da Patrem 6. Por ti conozcamos al Pa-


noscámus atque Fílium, dre, al Hijo revélanos tam-
treque utriúsque Spíritum bién;
Credámus omni témpore. Creamos en ti, su Espíritu,
por los siglos de los siglos.

7. Deo Patri sit gloria, 7. Gloria a Dios Padre,


et Filio, qui a mórtuis y al Hijo que resucitó,
surréxit, ac Paráclito. y al Espíritu Consolador,
in saeculórum saécula. por los siglos de los siglos.
Amen. Amén.

57
Himnos a la Virgen María

Salve, mater misericodiae,


mater Dei et mater veniae,
mater spei et mater gratiae,
mater plena sanctae laetitiae, o Maria!
Salve, decus humani generis,
salve, virgo dignior caeteris,
quae virgines omnes transgrederis
et altius sedes in superis, o Maria!
Salve, felix Virgo puerpera,
nam Qui sedet in Patris dextera,
caelum regens, terram et aetera,
intra tua Se clausit viscera, o Maria!
Te creavit Pater ingenitus,
obumbravit te Unigenitus,
foecundavit te Sanctus Spiritus,
Tu es facta tota divinitus, o Maria!
Te creavit Deus mirabilem,
te repexit ancillam humilem,
te quaesivit sponsam amabilem,
tibi nunquam fecit consimilem, o Maria!
Te beatam laudare cupiunt,
omnes iusti, sed non sufficiunt;
multas laudes de te concipiunt,
sed in illis prorsus deficiunt, o Maria!
Esto, mater, nostrum solatium;
nostrum esto, tu virgo gaudium;
et nos tandem, post hoc exilium,
laetis iunge choris caelestium, o Maria!
58
Himnos a la Virgen María

Salve, madre de misericordia,


madre de Dios y madre del perdón,
madre de la esperanza y madre de la gracia,
madre llena de santa alegría, ¡oh María!
Salve, honor del género humano,
salve virgen entre todas la más digna,
a todas las sobrepasas
y te sientas en el cielo más alto que ellas, ¡oh María!
Salve, virgen y madre feliz,
El que está sentado a la derecha del Padre
y sostiene el cielo, la tierra y los astros,
se ocultó en tu seno, ¡oh María!
Te creó el Padre increado,
te cubrió la sombra del Unigénito,
y el Espíritu Santo te hizo fecunda;
eres completamente obra divina, ¡oh María!
Dios te ha hecho admirable,
te vio su humilde sierva,
te eligió como esposa amable;
jamás hizo nada semejante a ti, ¡oh María!
A ti, bienaventurada, te quieren alabar
todos los justos, pero no bastan;
comienzan muchas alabanzas en tu honor,
pero no dan abasto, ¡oh María!
¡Oh Madre, sé nuestro consuelo,
sé tú, oh Virgen, nuestra alegría
y únenos, tras este destierro,
a los bienaventurados coros celestiales, oh María!

59
Himnos a la Virgen María

música pág. 262


Ave maris stella, Dei mater alma
atque semper virgo, felix coeli porta.

Sumens illud Ave Gabrielis ore,


funda nos in pace, mutans Evae nomen.

Solve vincla reis, profer lumens caecis,


mala nostra pelle, bona cuncta posce.

Monstra te esse matrem: sumat per te preces


qui pro nobis natus, tulit esse tuus.

Virgo singularis, inter omnes mitis,


nos culpis solutos, mites fac et castos.

Vitam praesta puram iter para tutum,


ut, videntes Iesum, semper colletumur.

Sit laus Deo Patri, Summo Christo decus,


Spiritui Sancto, tribus honor unus.
Amen.

60
Himnos a la Virgen María

Salve, estrella del mar, dulce Madre de Dios,


por siempre virgen, puerta feliz del cielo.

Recibiendo aquel «Salve» de los labios de Gabriel,


establécenos en la paz, cambiando el nombre de Eva.

Desata las cadenas de los pecadores, devuelve luz a los cie-


gos, quita de nosotros todos los males, pide para nosotros todos
los bienes.

Muéstrate Madre; reciba por medio de ti la oración


Aquél que, nacido por nosotros, se hizo hijo tuyo.

Virgen singular, pura entre todos,


líbranos de las culpas, haznos puros y castos.

Danos un corazón puro, prepara un camino seguro,


para que, viendo a Jesús, siempre nos alegremos.

Sea gloria a Dios Padre, y alabanza a Cristo


y al Espíritu Santo, a los Tres un único honor.
Amén.

61
Himnos a la Virgen María

Agua de fuente, cristalina y pura,


Madre de inocencia y de candor;
tierra fértil, siempre esperas al sol,
en ti posa la mirada el Señor.
Aquel saludo que el ángel llevó
con la humildad y la fe has creído;
y, cumplido el tiempo de espera,
Virgen pura, concebiste al Hijo.
Y tienes oculto en tu seno
al que es grande y crea los cielos;
al que llaman los astros por su nombre,
y tiene en su mano el universo.
En él eres la Madre de los hombres;
hacia ti la Iglesia se vuelve,
y en tu amor, en tu obediencia,
reconoce el camino hacia Dios.

62
Himnos a la Virgen María

Virgen madre, hija de tu Hijo,


la más humilde y alta de las criaturas,
término fijo del eterno consejo.

Tú ennobleciste la naturaleza humana hasta tal punto


que su hacedor no desdeñó hacerse en su hechura.
En tu vientre prendió el amor,
por cuyo calor, en la eterna paz
germinó esta flor.

Aquí eres faz meridiana de caridad


y abajo, entre los mortales, fuente viva de esperanza.
Mujer, eres tan grande y tanto vales,
que quien desea una gracia y no recurre a ti,
quiere que su deseo vuele sin alas.

Mas tu benignidad no sólo socorre a quien lo pide,


sino que muchas veces libremente a ese pedir precede.
En ti misericordia, en ti la piedad, en ti la magnificencia, en
ti se aúna cuanto es bondad en la criatura.
(Dante, Divina Comedia, Paraíso XXXIII)

63
Himnos a la Virgen María

Oh cielo que te abres al mundo,


purísima sierva del Padre,
tu seno derrame en nosotros
la luz de tu Hijo divino.

Te envuelve el Espíritu Santo,


un viento potente y discreto,
Dios mismo te hace su Madre
oh, Virgen fiel e inmaculada.

La Madre eres tú de la Iglesia,


nacida de la Cruz de Cristo,
el alba de un día radiante,
la rosa que adorna el mundo.

Por siempre sea gloria a ti, Padre,


al Hijo que nos ha donado,
sea gloria al Espíritu Santo
que es fuente eterna de vida.

Amén.

64
OTROS HIMNOS

música pág. 263


Inmersos en el gran Misterio
que anima todo lo creado,
cantamos al nacer el día
el gran esplendor de Dios Padre.

La luz que ahora ya transfigura


la opaca tiniebla del mal
renueve en nosotros la espera
del día de luz inmortal.

La luz ya reviste las cosas,


desvela la vida que nace,
anuncio de eterna victoria
en Cristo que vence la muerte.

Al Padre sea gloria en los siglos


al Hijo que es luz de luz
y gloria al Espíritu Santo,
que enciende la vida de luz.

Amén.

65
Otros himnos

música pág. 264


Iesu, dulcis memoria,
dans vera cordis gaudia:
sed super mel et omnia
eius dulcis praesentia.
Nil canitur suavius,
nil auditur iucundius,
nil cogitatur dulcius,
quam Iesus, Dei filius.
Iesu, spes paenitentibus,
quam pius es petentibus!
Quam bonus te quaerentibus!
Sed quid invenientibus?
Nec lingua valet dicere,
nec littera exprimere:
expertus potest credere
quid sit Iesum diligere.
Sis, Iesu, nostrum gaudium
qui es futurus praemium;
sit nostra in te gloria
per cuncta semper saecula.
Amen.
música pág. 264
Te adoro Redentor de espinas coronado,
por todo pecador a muerte condenado.
Te adoro Jesús bueno que sufres ultrajado,
tú donas tu perdón a quien te ha flagelado
Te adoro Jesús pío, cordero inmolado,
Y en mí corazón pienso que tú me has amado.
Amén

66
Otros himnos

Oh Jesús, memoria llena de dulzura,


fuente de auténtica fuerza para el corazón:
pero por encima de cualquier otra dulzura,
dulzura es su presencia.
Nada se canta más suave,
nada se oye tan jovial,
nada se puede imaginar más tierno
que Jesús, Hijo de Dios.
Jesús, esperanza de quien vuelve al bien,
¡cuán bondadoso eres para quien te desea,
cuán bueno para quien te busca!
¿qué no serás para quien te encuentre?
La boca no acierta a decir,
la palabra no sabe expresar:
sólo el que lo prueba puede juzgar
lo que es amarte, Jesús.
Sé, oh Jesús, nuestra alegría,
tú que serás eterno premio;
que nuestra gloria esté en ti
por los siglos de los siglos.
Amén
música pág. 263
Dios que de clara luz tejes la trama al día,
acoge nuestro canto en la serena víspera.
El sol desaparece detrás del horizonte,
silencio y sombra cubren toda la fatiga humana.
La mente no se ofusque en la noche del mal,
serena nos refleje tu rostro luminoso.
Que la voz te proclame y el corazón te cante,
oh Dios único y trino, te adore nuestro espíritu.
Amén.
67
Otros himnos

música pág. 265


Christe, cunctorum dominator alme
mente Supremi generate Patris,
supplicum voces pariterque carmen cerne benignus.

Cerne quod templi, Deus, ad decorem.


Plebs tua supplex resonet per Aedem.
Annuo cujus redeunt colenda tempore festa.

Haec Domus surgit tibi dedicata


rite, ubi sumit populus sacratum
Corpus ex aris, bibit et beati Sanguinis haustum.

Hic sacrosancti latices nocentum


diluunt culpas, perimuntque noxas;
chrismate invictum genus et creatur christicolarum.

Hic salus aegris, medicina fessis,


lumen et caecis datur: hic reatu,
Christe, nos solvis; timor atque mœror pellitur omnis.

Daemonis saevi perit hic rapina:


pervicax monstrum pavet, et retentos
deserens artus, fugit in remotas ocyus auras.

Hic locus Regis vocitatur aula


nempe cœlestis, rutilansque cœli
porta, quae vitae patriam petentes accipit omnes.

Turbo quem nullus quatit, aut vagantes


diruunt venti penetrantque nimbi,
hanc domum tetris piceus tenebris Tartarus horret.

sigue en p. 70

68
Otros himnos

Cristo, Señor de todo que das la vida,


engendrado de la mente del Eterno Padre,
mira benigno la voz y el canto de los que te suplican humildemente.

Mira, Dios, cómo tu pueblo suplicante


hace resonar en el templo su canto,
en el día del año en que celebramos su fiesta.

Esta casa surge dedicada a ti, según el rito;


en ella el pueblo toma del altar el Cuerpo consagrado,
y bebe la bienaventurada Sangre.

Aquí las aguas sagradas disuelven las culpas de los pecadores,


y perecen los pecados;
con la unción es creada la raza invencible de los cristianos.

Aquí se les da la salud a los enfermos, el remedio a los cansados,


la luz a los ciegos; aquí, Cristo, nos liberas del crimen;
el temor y la aflicción son alejados de todos.

Aquí perece la presa del feroz demonio; aquí el monstruo


obstinado tiene miedo y, dejando los huesos que retenía,
huye veloz hacia lejanas regiones.

Este lugar es llamado en verdad corte del Rey celestial,


brillante puerta del cielo,
que recibe a todos los que piden la patria de la vida.

A éste no lo sacude ninguna tempestad,


los vientos agitados no lo destruyen y las nubes no lo penetran;
el negro tártaro de oscuras tinieblas tiene pavor de esta casa.

sigue en p. 71

69
Otros himnos

Ergo te votis petimus sereno


annuas vultu famulos gubernes,
qui tui summo celebrant amore gaudia templi.

Nulla nos vitae cruciet procella;


sint dies laeti placidaeque noctes;
nullus ex nobis, pereunte mundo, sentiat ignem.

Hic dies, in quo tibi consecratum


conspicis templum, tribuat perennne
gaudium nobis, vigeatque longo temporis usu.

Laus poli summum resonet Parentem,


laus Patris Natum pariterque Sanctum
Spiritum dulci moduletur hymno omne per aevum.

Amen

70
Otros himnos

Te pedimos, entonces, con oraciones


que gobiernes con rostro sereno a tus siervos,
que celebran con gran amor los gozos de tu templo.

Que ninguna tempestad de la vida nos atemorice;


que los días sean alegres y las noches plácidas;
que ninguno de nosotros, una vez que el mundo perezca,
sienta el fuego.

Este día en que observas el templo consagrado a ti,


nos dé un gozo perenne,
y que éste tenga largo tiempo de uso.

Resuene la alabanza al Padre supremo del Cielo,


y se module con un dulce himno la alabanza al Hijo del Padre
y también al Espíritu Santo por todos los siglos.

Amén.

71
HORAS DEL DOMINGO

Los salmos del domingo expresan la certeza en la victoria


de Cristo, más fuerte que todas las dudas y la tristeza, que
todo el escepticismo y todos los errores y las desilusiones
que nos acosan. La certeza es la posibilidad de caminar y de
construir, porque sin fundamentos no se puede construir un
edificio. El problema radica, por tanto, en reconocer que él
es más fuerte que todas mis dudas y en caminar con él. Por-
que con él se realizarán todas las exigencias humanas.

Cristo transfigurado (detalle)


Sala Capitular de la Catedral de la Almudena
Horas del domingo

LAUDES

Invocación inicial
(ver página 17)

Himno
en tiempos y fiestas particulares págs. 22-47

música pág. 250


Ya brilla la luz de la aurora
y el cielo se viste de cantos.
La tierra celebra gozosa
a Cristo, que ha resucitado.

La vida ha vencido a la muerte


lavando en Amor el pecado;
y Cristo, esplendor de la gloria
inunda en su luz la mañana.

Atrás queda la noche oscura,


el día de nuevo amanece
y nos descubrimos con gozo
hermanos unidos en Cristo.

Como a Magdalena a nosotros


el Cristo glorioso se muestre,
nos salga al encuentro y nos llame
Aquél que murió y ahora vive.

74
Laudes

A nuestro camino se una,


el corazón arda al oírLe
y al partir el pan, como entonces,
veremos su rostro viviente.

A nuestra morada fraterna


un nuevo Invitado se acerque.
Confirme la fe vacilante
mostrando sus llagas gloriosas.

En esta alegría de Pascua


salvados, de nuevo inocentes,
a Cristo alabanzas cantamos,
al Padre y Espíritu Santo.

Amén.

Ant. 1. Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor.


T. La asamblea de los santos le cante alabanzas.

Salmo 88 (2-3.6.10.12.14-19)
Vuestra alegría será completa
Volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y nadie os quitará
vuestra alegría (Jn 16,22)

Sal. Cantaré eternamente las misericordias del Señor,*


anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
1 c. Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno,*
más que el cielo has afianzado tu fidelidad».
2 c. El cielo proclama tus maravillas, Señor,* y tu fide-
lidad, en la asamblea de los ángeles.

75
Horas del domingo

Tú domeñas la soberbia del mar,* y amansas la hin-


chazón del oleaje.
Tuyo es el cielo, tuya es la tierra;* tú cimentaste el
orbe y cuanto contiene.
Tienes un brazo poderoso,* fuerte es tu izquierda y
alta tu derecha.
Justicia y derecho sostienen tu trono,* misericordia
y fidelidad te preceden.
Dichoso el pueblo que sabe aclamarte,* caminará, oh
Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,* tu justicia es su or-
gullo.
Porque tú eres su honor y su fuerza,* y con tu favor
realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,* y el Santo de Is-
rael nuestro rey.
Gloria...

Ant. Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor.


T. La asamblea de los santos le cante alabanzas.

Ant. 2. Recordad los prodigios que ha hecho por nosotros,


T. démosle gracias por su misericordia.

Cántico (Ex. 15,1-4.8-13.17)


Memoria de la liberación
Acuérdate de los días remotos, considera las edades pretéritas,
pregunta a tu padre, y te lo contará (Dt 32,7)

Sal. Cantaré al Señor, sublime es su victoria,* caballos


y carros ha arrojado en el mar.

76
Laudes

1 c. Mi fuerza y mi poder es el Señor,* él fue mi salvación.


2 c. Él es mi Dios: yo lo alabaré;* el Dios de mis padres:
yo lo ensalzaré.
Los carros del Faraón los lanzó al mar,* ahogó en el
mar Rojo a sus mejores capitanes.
Decía el enemigo: «los perseguiré y alcanzaré,* re-
partiré el botín,
se saciará mi codicia, empuñaré la espada,* los aga-
rrará mi mano».
Pero sopló tu aliento y los cubrió el mar,* se hun-
dieron como plomo en las aguas formidables.
¿Quién como tú, Señor, entre los dioses?* ¿Quién
como tú, terrible entre los santos?
¿Quién como tú, temible por tus proezas,* autor de
maravillas?
Guiaste con misericordia a tu pueblo rescatado,* lo
llevaste con tu poder hasta tu santa morada.
Lo introduces y lo plantas en el monte de tu here-
dad,* lugar del que hiciste tu trono, Señor;
santuario, Señor, que fundaron tus manos.* El Señor
reina por siempre jamás.
Gloria...
Ant. Recordad los prodigios que ha hecho por nosotros,
T. démosle gracias por su misericordia.

Ant. 3. Por la justicia contemplaré tu rostro,


T. al despertarme me saciaré de tu presencia.

77
Horas del domingo

Salmo 45
Dios refugio de su pueblo
Esta es la morada de Dios con los hombres: Dios estará con ellos
y enjugará las lágrimas de sus ojos (Ap 21,3b-4a)

Sal. Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,* poderoso


defensor en el peligro.
1 c. Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,* y los
montes se desplomen en el mar.
2 c. Que hiervan y bramen sus olas,* que sacudan a los
montes con su furia.
El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,*
el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila;* Dios la so-
corre al despuntar la aurora.
Los pueblos se amotinan, los reyes se rebelan;* pe-
ro él lanza su trueno, y se tambalea la tierra.
El Señor de los ejércitos está con nosotros,* nuestro
alcázar es el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,* las maravillas que
hace en la tierra.
Pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe, rom-
pe los arcos, quiebra las lanzas,* prende fuego a
los escudos.
«Rendíos, reconoced que yo soy Dios:* más alto que
los pueblos, más alto que la tierra».
Gloria...
Ant. Por la justicia contemplaré tu rostro,
T. al despertarme me saciaré de tu presencia.

78
Laudes

Lectura
Bar 5,2-4

L. Envuélvete en el manto de la justicia de Dios y pon-


te a la cabeza la diadema de la gloria perpetua, por-
que Dios mostrará tu esplendor a cuantos viven ba-
jo el cielo. Dios te dará un nombre para siempre:
«Paz en la justicia» y «Gloria en la piedad».
pausa de meditación.

Responsorio
Is 60,3-4

L. Levanta la vista en torno, mira: todos esos se han reu-


nido, vienen a ti, tus hijos vienen de lejos.
T. Levanta la vista en torno, mira: todos esos se han reu-
nido, vienen a ti, tus hijos viene de lejos.
L. Caminarán los pueblos en tu luz y los reyes en tu es-
plendor.
T. Todos esos se han reunido, vienen a ti, tus hijos vie-
nen de lejos.
L. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
T. Levanta la vista en torno, mira: todos esos se han reu-
nido, vienen a ti, tus hijos vienen de lejos.

Ant. En sus días florecerá una gran paz:


T. el Señor salva la vida de sus pobres.

Benedictus pág. 18

79
Horas del domingo

Preces
P. Reconciliados con el Padre, celebramos con alegría
la Pascua de Cristo, vencedor de la muerte:
T. Cristo Señor, nuestra resurrección y vida.
L. Que donde dos o tres se reúnan en tu nombre:
T. te reconozcamos presente perdonándonos y soco-
rriendo las necesidades de todos.
L. Que al escuchar tu Palabra y unirnos en la fracción
del pan:
T. aumentes la fe y la caridad de tu pueblo, para que la
Iglesia sea santa y libre.
L. Danos tu paz:
T. y haz que la humanidad, fundándose en la comunión,
construya un mundo nuevo.
L. Tu reino es de amor y de verdad:
T. escucha el grito del pobre y concede la libertad de
los oprimidos.
L. Señor, tú que estás sentado a la derecha del Padre:
T. haz que tu Iglesia sea signo e instrumento de con-
versión a Dios y de unidad del género humano.
P. Unidos a la asamblea de los santos, alabemos al Se-
ñor de la gloria, diciendo:
T. Padre nuestro...

80
Laudes

Oración
P. Dios, Padre nuestro, suscita en tu pueblo el deseo de
ir con buenas obras al encuentro de Cristo que vie-
ne; para que, en la visión y posesión de la comunión
eterna, se cumplan todas las promesas.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y rei-
na contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios
por los siglos de los siglos.
T. Amén.

Conclusión
(ver página 17)

81
Horas del domingo

HORA INTERMEDIA

Invocación inicial
(ver página 17)

Himno
Emmanuel, Dios con nosotros,
que pones la tienda a nuestro lado,
que nos has adoptado como hijos:
¡podemos llamarte Padre!
Palabra eterna sobre el mundo,
Dios hecho carne por nosotros,
tú cumples la antigua promesa:
sé nuestra alegría, nuestra paz y salvación.
Marcados con el sello eterno,
vemos en ti la luz;
y en el amor del Santo Espíritu,
demos siempre gloria a tu nombre.
Amén.

Ant. 1. Tú sabes que amo tus preceptos,


T. por tu gracia dame vida.

82
Hora intermedia

Salmo 118 (73-80)


Que tu gracia me consuele
Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel
en lo poco, te daré un cargo importante
pasa al banquete de tu señor (Mt 25,23)

Sal. Tus manos me hicieron y me formaron:* instrúyeme


para que aprenda tus mandatos;
1 c. tus fieles verán con alegría* que he esperado en tu pa-
labra;
2 c. reconozco, Señor, que tus mandamientos son justos,*
que con razón me hiciste sufrir.
Que tu bondad me consuele,* según la promesa hecha
a tu siervo;
cuando me alcance tu compasión viviré,* y mis deli-
cias serán tu voluntad;
que se avergüencen los insolentes del daño que me ha-
cen,* yo meditaré tus decretos.
Vuelvan a mí tus fieles,* que hacen caso de tus pre-
ceptos;
sea mi corazón perfecto en tus leyes,* así no quedaré
avergonzado.
Gloria...

Ant. Tú sabes que amo tus preceptos,


T. por tu gracia dame vida.

Ant. 2.Nos alejamos de los ídolos.


T. para servir al Dios vivo y verdadero.

83
Horas del domingo

Salmo 113b (1-8)


¡No tendréis otro Dios!
¿Qué acuerdo puede tener el santuario de Dios con los ídolos?
Pues nosotros somos santuario de Dios vivo (2Cor 6,16a)

Sal. No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre


da la gloria,* por tu bondad, por tu lealtad.
1 c. ¿Por qué han de decir las naciones «Dónde está su
Dios»?
2 c. Nuestro Dios está en el cielo,* lo que quiere lo hace.
Sus ídolos, en cambio, son de plata y oro,* hechura de
manos humanas:
tienen boca, y no hablan;* tienen ojos, y no ven;
tiene orejas, y no oyen;* tienen nariz, y no huelen;
tienen manos, y no tocan; tienen pies, y no andan;* no
tiene voz su garganta:
que sean igual los que los hacen,* cuantos confían en
ellos.
Gloria...

Ant. Nos alejamos de los ídolos.


T. para servir al Dios vivo y verdadero.

Ant. 3. Os acogeré y seré para vosotros un Padre,


T. y vosotros para Mí hijos e hijas.

84
Hora intermedia

Salmo 113b (9-18)


Te alaban los vivos
Habitaré y caminaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán
mi pueblo (2Cor 6,16b)

Sal. Israel confía en el Señor:* él es su auxilio y escudo.


1 c. La casa de Aarón confía en el Señor:* él es su auxilio
y escudo.
2 c. Los fieles del Señor confían en el Señor:* él es su au-
xilio y escudo.
Que el Señor se acuerde de nosotros y nos bendiga,*
bendiga a la casa de Israel, bendiga a la casa de Aa-
rón;
bendiga a los fieles del Señor,* pequeños y grandes.
Que el Señor os acreciente,* a vosotros y a vuestros
hijos;
benditos seáis del Señor,* que hizo el cielo y la tierra.
El cielo pertenece al Señor,* la tierra se la ha dado a
los hombres.
Los muertos ya no alaban al Señor,* ni los que bajan
al silencio.
Nosotros, sí, bendeciremos al Señor* ahora y por siem-
pre.
Gloria...

Ant. Os acogeré y seré para vosotros un Padre,


T. y vosotros para Mí hijos e hijas.

85
Horas del domingo

Lectura
2 Tes 2,13-14
L. Nosotros debemos dar siempre gracias a Dios por
vosotros, hermanos amados por el Señor, porque
Dios os escogió como primicias para obtener la sal-
vación mediante la santificación, obra del Espíritu,
y la fe en la verdad, para lo cual os llamó a través
de nuestro Evangelio, para adquirir la gloria de nues-
tro Señor Jesucristo.
pausa de meditación

L. Cristo ha sido constituido juez de vivos y muertos,


T. todos los pueblos dan testimonio de él.

Oración
P. Oremos: Señor Padre santo, que el pueblo que has
liberado sea para ti una ofrenda agradable, pues la
memoria fiel de la Pascua de Cristo lo constituye en
levadura de verdad sincera. Por Jesucristo nuestro
Señor.
T. Amén.

Conclusión
(ver página 17)

86
Vísperas

VÍSPERAS
Invocación inicial
(ver página 17)

Himno
en tiempos y fiestas particulares págs. 22-47

música pág. 250


Oh Trinidad eterna,
tu gloria en el crepúsculo cantamos,
porque tú en Cristo nos hiciste hijos
y nuestro corazón es tu morada.

Eterno eres, sin tiempo,


oh fuente de la vida que no muere.
La creación regresa entre tus manos
y fluye eternamente en el amor

Glorioso, a ti cantamos
en este breve sábado del tiempo
que anuncia aquel gran día sin ocaso
en el que te veremos, luz viviente.

A ti nuestra alabanza
oh Trinidad dulcísima y santa,
amor que siempre manas y retornas,
inagotable fuente de la vida.
Amén.

Ant. 1. Venid, benditos de mi Padre,


T. recibid el reino preparado para vosotros.

87
Horas del domingo

Salmo 112
El Señor premia
Ellos son la estirpe que el Señor ha bendecido

Sal. Alabad, siervos del Señor,* alabad el nombre del Se-


ñor.
1 c. Bendito sea el nombre del Señor,* ahora y por siem-
pre:
2 c. de la salida del sol hasta su ocaso,* alabado sea el nom-
bre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,* su gloria
sobre los cielos.
¿Quién como el Señor, Dios nuestro, que se eleva en
su trono* y se abaja para mirar al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,* alza de la basura al
pobre,
para sentarlo con los príncipes,* los príncipes de su
pueblo;
a la estéril le da un puesto en la casa,* como madre fe-
liz de hijos.
Gloria...
Ant. Venid, benditos de mi Padre,
T. recibid el reino preparado para vosotros.

Ant. 2. Como un joven se desposa con su novia,


T. así Dios se desposará contigo, Jerusalén.

88
Vísperas

Salmo 47
Gloria en la ciudad de Dios
Llamarás a un pueblo desconocido, un pueblo
que no te conocía correrá hacia ti (Is 55,5)

Sal. Grande es el Señor y muy digno de alabanza* en la ciu-


dad de nuestro Dios,
1 c. su monte santo, altura hermosa,* alegría de toda la tie-
rra:
2 c. el monte Sión, vértice del cielo,* ciudad del gran rey;
entre sus palacios,* Dios descuella como un alcázar.
Mirad: los reyes se aliaron* para atacarla juntos;
pero, al verla, quedaron aterrados* y huyeron despa-
voridos;
allí los agarró un temblor* y dolores como de parto;
como un viento del desierto,* que destroza las naves
de Tarsis.
Lo que habíamos oído lo hemos visto en la ciudad del
Señor de los ejércitos, en la ciudad de nuestro Dios:*
que Dios la ha fundado para siempre.
Oh Dios, meditamos tu misericordia,* en medio de tu
templo:
como tu renombre, oh Dios, tu alabanza llega hasta
el confín de la tierra;* tu diestra está llena de jus-
ticia:
el monte Sión se alegra,* las ciudades de Judá se go-
zan con tus sentencias.
Dad la vuelta en torno a Sión,* contando sus to
rreones;

89
Horas del domingo

fijaos en sus baluartes, observad sus palacios,* para


poder decirle a la próxima generación:
«Este es el Señor, nuestro Dios».* Él nos guiará por
siempre jamás.
Gloria...

Ant. Como un joven se desposa con su novia,


T. así Dios se desposará contigo, Jerusalén.

Ant. 3. El Señor ha tomado posesión del Reino,


T. y la esposa está lista para las bodas.

Cántico (Ap 4, 11; 5, 9-10.12)


Himno a Cristo, Cordero de Dios
Una muchedumbre inmensa gritaba con voz potente:
¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono,
y del Cordero! (Ap 7, 10)

Sal. Eres digno, Señor, Dios nuestro,* de recibir la gloria,


el honor y el poder,
1 c. porque tú has creado el universo;* porque por tu vo-
luntad lo que no existía fue creado.
2 c. Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,* por-
que fuiste degollado,
y con tu sangre compraste para Dios* hombres de to-
da raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios un reino de sa-
cerdotes,* y reinan sobre la tierra.
Digno es el cordero degollado* de recibir el poder, la
riqueza, la sabiduría,

90
Vísperas

la fuerza, el honor,* la gloria y la alabanza.


Gloria...

Ant. El Señor ha tomado posesión del Reino,


T. y la esposa está lista para las bodas.

Lectura
Ef 1, 17a.18-20

L. El Padre de la Gloria, el Dios de nuestro Señor Jesucristo,


ilumine los ojos de vuestro corazón para que compren-
dáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza
de gloria que da en herencia a los santos y cuál la ex-
traordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que
creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa, que
desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y
sentándolo a su derecha en el cielo.
pausa de meditación

Responsorio
Ef 1, 22-23

L. Todo lo puso bajo sus pies y lo dio a la Iglesia, como


cabeza de todo.
T. Todo lo puso bajo sus pies y lo dio a la Iglesia, como
cabeza de todo.
L. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en
todos.

91
Horas del domingo

T. Y lo dio a la Iglesia, como cabeza de todo.


L. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
T. Todo lo puso bajo sus pies y lo dio a la Iglesia, como
cabeza de todo.

Ant. Tengo un fuego ardiente dentro de mí,


T. me esfuerzo por contenerlo, pero no puedo.

Magnificat pág. 20

Preces
P. Reunidos en oración, demos gracias al Señor que vi-
ve en medio de nosotros:
T. que el servicio que te ofrecemos sea digno y fiel.
L. tú que participaste en las bodas de Caná,
T. mantén a las familias unidas y dales fecundidad, y a
los vírgenes concédeles una total y gozosa consa-
gración.
L. tú que fuiste enviado por el Padre a revelar su gloria,
T. envía operarios a tu mies, que anuncien la palabra, par-
tan el pan y perdonen los pecados.
L. tú que fundaste la Iglesia sobre la roca de Pedro,
T. haz que tu Espíritu nutra la fe y la caridad del Papa y
de los obispos, para que sean vínculo de unidad y
garantía de verdad.
L. Dona a la Iglesia, por intercesión de san José, su pro-
tector,

92
Vísperas

T. libertad y fortaleza, vigilancia y paciencia, para que sea


profecía de tu reino de paz y justicia.
L. Otorga a la Iglesia, por intercesión de María su Ma-
dre,
T. la pobreza de la obediencia y la generosa humildad de
servir.
P. Hijos de un mismo Padre y conciudadanos de los san-
tos, rezamos para que todo hombre se reconozca hi-
jo de Dios:
T. Padre nuestro...

Oración
P. Señor Dios, todopoderoso y eterno, que con piedras vi-
vas edificas el templo de tu gloria, derrama sobre la
Iglesia tu Santo Espíritu para que constituya el pueblo
de los creyentes que formará un día la Jerusalén del
cielo.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y rei-
na contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios
por los siglos de los siglos.
T. Amén.

Conclusión
(ver página 17)

93
HORAS DEL LUNES

El lunes representa el primer paso del camino, el alba: yo-soy


el hombre que te busca con certeza, porque tú me has con-
movido y eres todo.

El Bautismo en el Jordan (detalle)


Sacristía de la Catedral de la Almudena
Horas del lunes

LAUDES

Invocación inicial
(ver página 17)

Himno
en tiempos y fiestas particulares págs. 22-47

música pág. 251

Al alba naciente del día


vestidas de luz y silencio
las cosas desvelan su rostro
igual que al principio del mundo.

Nosotros, que en vela esperamos


atentos a la fe del mundo,
miramos la luz que despunta,
anuncio de Cristo que vuelve.

Oh Cristo, esplendor de Dios Padre,


vivísima luz de lo alto
en ti nos vestimos de espera,
vivimos de amor y de gozo.

Cantemos por todos los siglos


a ti nuestros himnos, Dios Padre,
a ti, luz de luz, oh Dios Hijo,
a ti Dios, Espíritu Santo.
Amén.
96
Laudes

Ant. 1. Somos la generación que te busca.


T. Que busca tu rostro, Dios de Israel.

Salmo 62 (2-9)
Al Dios que se hace buscar
Nuestro corazón está inquieto hasta que repose en ti (San Agustín)

Sal. Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,* mi alma


está sedienta de ti;
1 c. mi carne tiene ansia de ti,* como tierra reseca, agos-
tada, sin agua.
2 c. ¡Cómo te contemplaba en el santuario* viendo tu fuer-
za y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,* te alabarán mis labios.
Toda mi vida te bendeciré* y alzaré las manos invo-
cándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,* y mis la-
bios te alabarán jubilosos.
En el lecho me acuerdo de ti,* y velando medito en
ti,
porque fuiste mi auxilio,* y a la sombra de tus alas can-
to con júbilo;
mi alma está unida a ti,* y tu diestra me sostiene.
Gloria...

Ant. Somos la generación que te busca.


T. Que busca tu rostro, Dios de Israel.

Ant. 2. Cuando encontré tu palabra, Señor,


T. la acogí con gozo.

97
Horas del lunes

Cántico (Is 49, 1-4, 8-9)


La vocación que nos constituye
Tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón,
porque tu Nombre fue pronunciado sobre mí, Señor (Jer 15,16)

Sal. Escuchadme, islas;* atended, pueblos lejanos:


1 c. Estaba yo en el vientre y el Señor me llamó,* en las
entrañas maternas y pronunció mi nombre.
2 c. Hizo de mi boca una espada afilada,* me escondió en
la sombra de su mano,
me hizo flecha bruñida,* me guardó en su aljaba,
y me dijo: «Tú eres mi siervo Israel,* de quien estoy
orgulloso».
Mientras yo pensaba: «En vano me he cansado,* en
viento y en nada he gastado mis fuerzas».
En realidad, mi derecho lo llevaba el Señor,* mi sala-
rio lo tenía mi Dios.
Dice el Señor: «En el tiempo de la misericordia te es-
cuché,* en el día de la salvación te socorrí.
Te he formado y puesto como alianza para el pueblo,*
para restaurar el país y repartir las heredades de-
vastadas;
para decir a los presos: «¡Salid!»* y a los que están en
tinieblas: «¡Venid afuera!»
Gloria...
Ant. Cuando encontré tu palabra, Señor,
T. la acogí con gozo.
Ant. 3. El Dios que hizo el mundo y lo que contiene,
T. da a todos la vida.

98
Laudes

Salmo 138 (13-18.23-24)


En él nos movemos y existimos
Me escogió desde el seno de mi madre y me llamó a su gracia
(Gal 1,13)

Sal. Tú has creado mis entrañas,* me has tejido en el seno


materno.
1 c. Te doy gracias, porque me has escogido portentosa-
mente,* porque son admirables tus obras;
2 c. conocías hasta el fondo de mi alma,* no desconocías
mis huesos.
Cuando en lo oculto me iba formando,* y entretejien-
do en lo profundo de la tierra,
tus ojos veían mis acciones,* se escribían todas en tu
libro;
calculados estaban mis días* antes que llegase el pri-
mero.
¡Qué incomparables encuentro tus designios, Dios
mío,* qué inmenso es su conjunto!
Si me pongo a contarlos, son más que arena;* si los
doy por terminados, aún me quedas tú.
Señor, sondéame y conoce mi corazón,* ponme a prue-
ba y conoce mis sentimientos,
mira si mi camino se desvía,* guíame por el camino
eterno.
Gloria...

Ant. El Dios que hizo el mundo y lo que contiene,


T. da a todos la vida.

99
Horas del lunes

Lectura
Hch 17,23.27-28

L. Eso que veneráis sin conocerlo, os lo anuncio yo: el


Dios que hizo el mundo y lo que contiene. Quería que
lo buscasen a él, a ver si, al menos a tientas, lo encon-
traban; aunque no está lejos de ninguno de nosotros,
pues en él vivimos, nos movemos y existimos; así lo
dicen incluso alguno de vuestros poetas: «somos estir-
pe suya».
pausa de meditación.

Responsorio
Jn 1,3.16.17b

L. Por medio de la Palabra se hizo todo. Pues de su ple-


nitud todos hemos recibido.
T. Por medio de la Palabra se hizo todo. Pues de su ple-
nitud todos hemos recibido.
L. La gracia y la verdad vinieron por medio de Jesu-
cristo.
T. Pues de su plenitud todos hemos recibido.
L. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
T. Por medio de la Palabra se hizo todo. Pues de su ple-
nitud todos hemos recibido.

100
Laudes

Ant. El Verbo se hizo carne y habita entre nosotros.


T. Nuestros ojos han visto y nuestras manos han tocado
al Verbo de la vida.

Benedictus pág. 18

Preces
P. Renovando la fe del primer encuentro con el Dios vi-
vo y agradecidos al Espíritu que nos lo ha hecho re-
conocer, oremos:
T. Cristo, hombre nuevo, ¡sálvanos!
L. Tú que eres el camino, la verdad y la vida:
T. revélanos el misterio del hombre y cumple su deseo de
liberación.
L. Tú que eres el origen y el fin de toda criatura:
T. da significado al tiempo y verdadera utilidad a nues-
tro obrar.
L. Por tu esplendor y tu amor todo es bello y bueno:
T. mantennos vigilantes a los signos de tu presencia.
L. Tú que no quieres que nadie perezca:
T. revélate a los simples y a quien te busca con cora-
zón sincero.
P. Conscientes de nuestra vocación y misión, te pedi-
mos fidelidad a tu designio de salvación:
T. Padre nuestro...

101
Horas del lunes

Oración
P. Dios Padre santo, que por tu omnipotencia creaste to-
das las cosas de la nada y por tu misericordia redi-
miste lo que se había perdido, da claridad a nuestros
pasos desde por la mañana, y mantén en la paz a
quienes sólo en ti ponen su esperanza.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y rei-
na contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios
por los siglos de los siglos.
T. Amén.
Conclusión
(ver página 17)

102
Hora intermedia

HORA INTERMEDIA

Invocación inicial
(ver página 17)

Himno
Eterno, inmutable Dios,
la fuente en ti del ser está;
desde tu inamovible paz
al tiempo su camino das.
Danos la verdadera luz,
vigila nuestras vidas;
en el ocaso fúlgido
la vida en ti recobre paz.
Cantemos gloria unánimes
al Padre omnipotente,
a Cristo y al Espíritu
ahora y por siempre.
Amén.

Ant. 1. Mi palabra está en tu boca y en tu corazón,


T. para que tú la pongas por obra.

103
Horas del lunes

Salmo 118 (89-96)


El Verbo de la vida
Bienaventurados aquellos que oyen la palabra de Dios
y la ponen en práctica (Lc 11,28)

Sal. Tu palabra, Señor, es eterna,* más estable que el


cielo;
1 c. tu fidelidad de generación en generación,* igual que
fundaste la tierra y permanece;
2 c. por tu mandamiento subsisten hasta hoy,* porque to-
do está a tu servicio.
Si tu voluntad no fuera mi delicia,* ya habría pereci-
do en mi desgracia;
jamás olvidaré tus decretos,* pues con ellos me diste
vida;
soy tuyo, sálvame,* que yo consulto tus leyes.
Los malvados me esperaban para perderme,* pero yo
meditaba tus preceptos;
he visto el límite de todo lo perfecto,* tu mandato se
dilata sin término.
Gloria...

Ant. Mi palabra está en tu boca y en tu corazón,


T. para que tú la pongas por obra.

Ant. 2. La frialdad del amor es el silencio del corazón.


T. Señor, enséñanos a orar.

104
Hora intermedia

Salmo 118 (145-152)


Al Señor que está cerca
No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra
que sale de la boca de Dios (Mt 4,4)

Sal. Te invoco de todo corazón:* respóndeme, Señor, y


guardaré tus leyes;
1 c. a ti grito: sálvame,* y cumpliré tus decretos;
2 c. me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,* esperando
tus palabras.
Mis ojos se adelantan a las vigilias,* meditando tu pro-
mesa;
escucha mi voz por tu misericordia,* con tus manda-
mientos dame vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,* están lejos
de tu voluntad.
Tú, Señor, estás cerca,* y todos tus mandatos son es-
tables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos* los fundaste
para siempre.
Gloria...

Ant. La frialdad del amor es el silencio del corazón.


T. Señor, enséñanos a orar.

Ant. 3. Señor, ¿a quién iremos?


T. Sólo tú tienes palabras de vida eterna.

105
Horas del lunes

Salmo 118 (169-176)


Vivo para alabarte
¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero si se pierde
a sí mismo? (Lc 9,25)

Sal. Que mi clamor llegue a tu presencia,* Señor, con tus


palabras dame inteligencia;
1 c. que mi súplica entre en tu presencia,* líbrame se-
gún tu promesa;
2 c. de mis labios brota la alabanza,* porque me ense-
ñaste tus leyes.
Mi lengua canta tu fidelidad,* porque todos tus pre-
ceptos son justos;
que tu mano me auxilie,* ya que prefiero tus decre-
tos;
ansío tu salvación, Señor;* tu voluntad es mi deli-
cia.
Que mi alma viva para alabarte,* que tus manda-
mientos me auxilien;
me extravié como oveja perdida:* busca a tu siervo,
que no olvida tus mandatos.
Gloria...

Ant. Señor, ¿a quién iremos?


T. Sólo tú tienes palabras de vida eterna.

106
Hora intermedia

Lectura
Rom 8,26-27
L. El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, por-
que nosotros no sabemos pedir lo que nos convie-
ne, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros
con gemidos inefables. Y el que escudriña los cora-
zones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su in-
tercesión por los santos es según Dios.
pausa de meditación

L. Escuchadme lo que buscáis la justicia, los que bus-


cáis al Señor.
T. Mirad la cantera de la que fuisteis sacados, la mina
de la que fuisteis extraídos.

Oración
P. Oremos: Señor Jesucristo, sin ti no podemos hacer
nada, contigo todo es posible; haz que en este día
reconozcamos tu voluntad, para que nuestros pen-
samientos sean tus pensamientos y nuestros cami-
nos sean tus caminos. Tú que vives y reinas por los
siglos de los siglos.
T. Amén.

Conclusión
(ver página 17)

107
Horas del lunes

VÍSPERAS

Invocación inicial
(ver página 17)

Himno
en tiempos y fiestas particulares págs. 22-47

Señor, fuerza de todo ser,


Dios inmutable y único
la tarde llega tras la luz,
el tiempo ordenas con amor.

Llena nuestro crepúsculo


de paz y luz sin límite.
Con santa muerte prémianos.
Danos tu eterna gloria.

Jesús es nuestro intercesor.


Oh, Padre Dios, escúchanos
que reinas por la eternidad
con Cristo y el Espíritu.

Ant. 1. Me hice encontrar por quien no Me buscaba.


T. Le dije: «Heme aquí», a quien no invocaba mi nom-
bre.

108
Vísperas

Salmo 138 (1-12)


Al Dios que nos precede
Antes que Felipe te llamara, te vi (Jn 1,48)

Sal. Señor, tú me sondeas y me conoces; me conoces cuan-


do me siento o me levanto;* de lejos penetras mis
pensamientos;
1 c. distingues mi camino y mi descanso,* todas mis sen-
das te son familiares.
2 c. No ha llegado la palabra a mi lengua,* y ya, Señor, te
la sabes toda.
Me estrechas detrás y delante,* me cubres con tu pal-
ma.
Tanto saber me sobrepasasa,* es sublime, y no lo abar-
co.
¿Adónde iré lejos de tu aliento,* adónde escaparé de
tu mirada?
Si escalo el cielo, allí estarás tú;* si me acuesto en el
abismo, allí te encuentro;
si vuelo hasta el margen de la aurora,* si emigro has-
ta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,* me agarrará tu dere-
cha.
Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra,* que
la luz se haga noche en torno a mí»,
ni la tiniebla es oscura para ti,* la noche es clara co-
mo el día.
Gloria...

109
Horas del lunes

Ant. Me hice encontrar por quien no me buscaba.


T. Le dije: «Heme aquí», a quien no invocaba mi nom-
bre.

Ant. 2. A la caída del sol,


T. te damos gracias, Señor.

Salmo 144 (1. 3-4.7-8.14-16.18-19)


Al Dios providente
Grandes y maravillosas son tus obras, justos y verdaderos
tus caminos (Ap 15,3)

Sal. Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;* bendeciré tu nombre


por siempre jamás.
1 c. Grande es el Señor, merece toda alabanza,* es incal-
culable su grandeza;
2 c. una generación pondera tus obras a la otra,* y le cuen-
ta tus hazañas.
Difunden la memoria de tu inmensa bondad,* y acla-
man tus victorias.
El Señor es clemente y misericordioso,* lento a la có-
lera y rico en piedad;
el Señor sostiene a los que van a caer,* endereza a los
que ya se doblan.
Los ojos de todos te están aguardando,* tú les das la
comida a su tiempo;
abres tú la mano,* y sacias de favores a todo viviente.
Cerca está el Señor de los que lo invocan,* de los que
lo invocan sinceramente.

110
Vísperas

Satisface los deseos de sus fieles,* escucha sus gritos,


y los salva.
Gloria...

Ant. A la caída del sol,


T. te damos gracias, Señor.

Ant. 3. Cristo ha muerto y resucitado,


T. no hay otro nombre en el que podamos salvarnos.

Cántico (Col 1,12-20)


Cristo, sentido y plenitud
La piedra, despreciada por los arquitectos,
es ahora la piedra angular (Hch 4,11)

Sal. Damos gracias a Dios* Padre de nuestro Señor Jesu-


cristo,
1 c. que nos ha hecho capaces de compartir* la herencia del
pueblo santo en la luz.
2 c. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,* y nos
ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,* el per-
dón de los pecados.
Él es imagen de Dios invisible,* primogénito de toda
criatura;
porque por medio de él fueron creadas todas las cosas:*
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;* todo
fue creado por él y para él.

111
Horas del lunes

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.* Él es


también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,*
y así es el primero en todo.
Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.*
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,* haciendo la paz por la
sangre de su cruz.
Gloria...

Ant. Cristo ha muerto y resucitado,


T. no hay otro nombre en el que podamos salvarnos.

Lectura
Col 1,3-6a

L. En nuestras oraciones damos siempre gracias por vos-


otros a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, desde
que nos enteramos de vuestra fe en Cristo Jesús y del
amor que tenéis a todos los santos. Os anima a esto la
esperanza de lo que Dios os tiene reservado en los cie-
los, que ya conocisteis cuando llegó hasta vosotros por
primera vez el Evangelio, la palabra, el mensaje de la
verdad. Éste se sigue propagando y va dando fruto en
el mundo entero.
pausa de meditación

112
Vísperas

Responsorio
Fil 1, 21; Rom 8,28

L. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir.


T. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir.
L. Todo sirve para el bien de los que aman a Dios.
T. Y una ganancia el morir.
L. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
T. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir.

Ant. Tu palabra fue el gozo de mi corazón,


T. pues yo llevaba tu nombre.

Magnificat pág. 20

Preces
P. Reunidos en la ciudad colocada sobre el monte, ro-
guemos por la Iglesia, que resplandece delante de
los hombres:
T. Que vean las buenas obras y den gloria a Dios.
L. A quien busca la verdad y la paz,
T. concédele encontrarse con los testigos de Cristo.
L. A quienes has hecho partícipes de tu designio,
T. dales paciencia en el camino emprendido.
L. A aquellos que dudan y se escandalizan,
T. manifiéstales tu Espíritu y la potencia de tu gracia.

113
Horas del lunes

L. De quien prefiere las tinieblas a la luz,


T. purifica el corazón de las obras malas.
L. Para que los hombres no pisoteen la sal de la tierra,
T. mantén en tus discípulos el vigor de la sabiduría reci-
bida.
P. Regenerados por el agua y el Espíritu, pedimos que
venga tu reino, desde ahora y para todos:
T. Padre nuestro...

Oración
P. Padre de los vivientes, vigor tenaz de toda cosa, con-
firma en tu camino a los que has llamado por tu gra-
cia, y en las vidas de los que tu Espíritu imprimió el
nombre de tu Hijo, reanima la fuerza de tu presencia.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y rei-
na contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios
por los siglos de los siglos.
T. Amén.

Conclusión
(ver página 17)

114
HORAS DEL MARTES

El martes es el día en que el hombre, tras los primeros pasos,


se da cuenta de que el camino es una prueba. «Quien crea
estar en pie, cuide de no caer»; hay que estar alerta, o de lo
contrario decae la verdad con la que afrontamos nuestro pro-
pio camino: «Caminad delante del Señor en la justicia».
¿Qué es la justicia? La justicia es el designio de Dios como
misericordia. Hay que caminar estando alerta, sin miedo a la
distracción o la fragilidad, porque él es misericordioso, es
«paciente y no quiere que ninguno se pierda». Siempre po-
demos emprender de nuevo el camino.

La creación del hombre (detalle del pecado original)


Sacristía de la Catedral de la Almudena
Horas del martes

LAUDES

Invocación inicial
(ver página 17)

Himno
en tiempos y fiestas particulares págs. 22-47

música pág. 251

¡Nacidos de la luz, hijos del día!


Vamos hacia el Señor de la mañana;
su claridad disipa nuestras sombras
y llena el corazón de regocijo.

Que nuestro Dios, el Padre de la gloria,


limpie la oscuridad de nuestros ojos
y nos revele, al fin, cuál es la herencia
que nos legó en el Hijo Primogénito.

Es el himno de amor y de alabanza


que en el seno del Padre ha comenzado
y, al entrar en el mundo, Jesucristo
canta en nombre de toda criatura

Que sea este canto, entre nosotros,


el claror que a los hombres ilumina,
el agua que engendra vida nueva,
el Pan que alimenta en el camino.

118
Laudes

¡Honor y gloria a Dios, Padre celeste,


por medio de su Hijo Jesucristo,
y el don de toda luz, el Santo Espíritu
que vive por los siglos de los siglos!
Amén.

Ant. 1. No pongáis a prueba al Señor.


T. Quien crea estar en pie, cuide de no caer.

Salmo 94
Al Dios de la alianza traicionada
La mayoría de vuestros padres no agradaron a Dios,
pues sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto (1Cor 10,5)

Sal. Venid, aclamemos al Señor,* demos vítores a la Ro-


ca que nos salva;
1 c. entremos a su presencia dándole gracias,* aclamán-
dolo con cantos.
2 c. Porque el Señor es un Dios grande,* soberano de to-
dos los dioses;
tiene en su mano las simas de la tierra,* son suyas
las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,* la tierra firme que
modelaron sus manos.
Entrad, postrémonos por tierra,* bendiciendo al Se-
ñor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo,* el
rebaño que él guía.
Ojalá escuchéis hoy su voz:* «No endurezcáis el co-
razón como en Meribá, como el día de Masá en el
desierto;

119
Horas del martes

cuando vuestros padres me pusieron a prueba* y me


tentaron, aunque habían visto mis obras.
Durante cuarenta años aquella generación me as-
queó, y dije:* «Es un pueblo de corazón extravia-
do, que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera* que no entrarán en
mi descanso».
Gloria...

Ant. No pongáis a prueba al Señor.


T. Quien crea estar en pie, cuide de no caer.

Ant. 2. Dios tendrá misericordia de nosotros,


T. caminemos ante él en la justicia.

Cántico (Tb 13, 2-6b)


Dios castiga y salva
La ira del Señor se encendió, pero se acordó
de su Alianza con ellos (Sal 106,40-45)

Sal. Bendito sea Dios, que vive eternamente,* y cuyo rei-


no dura por los siglos:
1 c. él azota y se compadece,* hunde hasta el abismo y
saca de él, y no hay quien escape de su mano.
2 c. Dadle gracias, israelitas, ante los gentiles,* porque
él nos dispersó entre ellos.
Proclamad allí su grandeza,* ensalzadlo ante todos
los vivientes:
que él es nuestro Dios y Señor,* nuestro Padre por
todos los siglos.

120
Laudes

Él nos azota por nuestros delitos,* pero se compa-


decerá de nuevo,
y os congregará de entre las naciones,* por donde es-
táis dispersados.
Si volvéis a él de todo corazón y con toda el alma,*
siendo sinceros con él,
él volverá a vosotros* y no os ocultará su rostro.
Veréis lo que hará con vosotros,* le daréis gracias a
boca llena,
bendeciréis al Señor de la justicia,* y ensalzaréis al
rey de los siglos.
Gloria...

Ant. Dios tendrá misericordia de nosotros,


T. caminemos ante él en la justicia.

Ant. 3. El Señor es paciente con nosotros,


T. porque no quiere que ninguno se pierda

Salmo 89 (11-17)
La confianza en el Dios de bondad
Acerquémonos confiadamente al trono de gracia,
a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para ser socorridos
en el tiempo oportuno (Heb 4,16)

Sal. ¿Quién conoce la vehemencia de tu ira,* quién ha


sentido el peso de tu cólera?
1 c. Enséñanos a calcular nuestros años,* para que ad-
quiramos un corazón sensato.

121
Horas del martes

2 c. Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?* Ten compasión de


tus siervos;
por la mañana sácianos de tu misericordia,* y toda
nuestra vida será alegría y júbilo.
Danos alegría, por los días en que nos afligiste,* por
los años en que sufrimos desdichas.
Que tus siervos vean tu acción,* y sus hijos tu gloria.
Baje a nosotros la bondad del Señor* y haga prós-
peras las obras de nuestras manos.
Gloria...

Ant. El Señor es paciente con nosotros,


T. porque no quiere que ninguno se pierda.

Lectura
1Jn 1,6 -7

L. Si decimos que estamos unidos a él, mientras vivimos


en las tinieblas, mentimos con palabras y obras. Pero,
si vivimos en la luz, lo mismo que él está en la luz,
entonces estamos unidos unos con otros, y la sangre
de su Hijo Jesús nos limpia los pecados.
pausa de meditación.

Responsorio
Ef 5,8-9

L. En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el


Señor. Caminad como hijos de la luz.

122
Laudes

T. En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el


Señor. Caminad como hijos de la luz.
L. Toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz.
T. Caminad como hijos de la luz.
L. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
T. En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el
Señor. Caminad como hijos de la luz.

Ant. Tú sales al encuentro de los que practican la jus-


ticia,
T. y te reconocen presente en medio de ellos.

Benedictus pág. 18

Preces
P. El Señor nos ha llamado a ser santos delante de él.
Pidámosle conocer su voluntad para cumplir
aquello que le complace:
T. despójanos, Señor, del hombre viejo y renuévanos a
imagen del Creador.
L. Que la verdad y la caridad habiten en nosotros,
T. para corregirnos con amor y sabiduría.
L. Con tu palabra eficaz y más afilada que una espada
T. penetra en los pensamientos de nuestro corazón y
juzga al mundo.
L. Que todas nuestras palabras y acciones las realice-
mos en tu nombre,

123
Horas del martes

T. dando gracias al Padre por tu medio.


L. Nos has reconciliado en tu sangre,
T. que lo recordemos en este día para no traicionar tu
Alianza.
P. Conscientes de nuestra debilidad ante el mal, te pe-
dimos que nos mantengas vigilantes:
T. Padre nuestro...
Oración
P. Padre de la Nueva Alianza, tu pueblo tiene dura cer-
viz y se dispersa a lo largo del camino; refuerza nues-
tra fidelidad, para que sepamos rechazar lo que se
opone a nuestra vida cristiana y abrazar todo lo que
es digno de ella.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y rei-
na contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios
por los siglos de los siglos.
T. Amén.

Conclusión
(ver página 17)

124
Hora intermedia

HORA INTERMEDIA

Invocación inicial
(ver página 17)

Himno
A ti que suscitas cada cosa,
y como sol nos alumbras;
nosotros te imploramos, oh Altísimo,
que ilumines nuestras vidas.
Después del ardiente trabajo,
concede al alma la paz;
que el gozo del Espíritu
temple el cuerpo cansado.
Cantemos gloria unánimes
al Padre omnipotente,
a Cristo y al Espíritu
ahora y por siempre.
Amén.

Ant. 1. Quien comete pecado es esclavo del pecado.


T. Seréis libres si el Hijo os hace libres.

125
Horas del martes

Salmo 118 (1-8)


La libertad consiste en seguirte
Si os mantenéis en mi palabra seréis de verdad discípulos míos;
conoceréis la verdad y la verdad os hará libres (Jn 8,31)

Sal. Dichoso el que, con vida intachable,* camina en la


voluntad del Señor;
1 c. dichoso el que, guardando sus preceptos,* lo busca
de todo corazón;
2 c. el que, sin cometer iniquidad,* anda por sus sende-
ros.
Tú promulgas tus decretos* para que se observen
exactamente.
Ojalá esté firme mi camino,* para cumplir tus con-
signas;
entonces no sentiré vergüenza* al mirar tus manda-
tos.
Te alabaré con sincero corazón* cuando aprenda tus
justos mandamientos.
Quiero guardar tus leyes exactamente,* tú, no me
abandones.
Gloria...

Ant. Quien comete pecado es esclavo del pecado.


T. Seréis libres si el Hijo os hace libres.

Ant. 2. Quien me ha enviado no me abandona,


T. para que pueda cumplir cuanto me ha encomendado.

126
Hora intermedia

Salmo 118 (9-16)


Mi gozo está en tu voluntad
Si dijera: “No lo conozco”, sería como vosotros, un embustero;
pero yo le conozco y guardo su palabra (Jn 8,55)

Sal. ¿Cómo podrá un joven andar honestamente?* Cum-


pliendo tus palabras.
1 c. Te busco de todo corazón,* no consientas que me
desvíe de tus mandamientos.
2 c. En mi corazón escondo tus consignas,* así no peca-
ré contra ti.
Bendito eres, Señor,* enséñame tus leyes.
Mis labios van enumerando,* los mandamientos de
tu boca;
mi alegría es el camino de tus preceptos,* más que
todas las riquezas.
Medito tus decretos,* y me fijo en tus sendas;
tu voluntad es mi delicia,* no olvidaré tus palabras.
Gloria...

Ant. Quien me ha enviado no me abandona,


T. para que pueda cumplir cuanto me ha encomen-
dado.

Ant. 3. Mis ovejas escuchan mi voz,


T. yo las conozco y ellas me siguen.

127
Horas del martes

Salmo 118 (33-40)


¡Perseverad!
Yo les doy la vida eterna, no perecerán para siempre
y nadie las arrebatará de mi mano (Jn 10,28)

Sal. Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes,* y lo se-


guiré puntualmente;
1 c. enséñame a cumplir tu voluntad* y a guardarla de to-
do corazón;
2 c. guíame por la senda de tus mandatos,* porque ella
es mi gozo.
Inclina mi corazón a tus preceptos,* y no al interés;
aparta mis ojos de las vanidades,* dame vida con tu
palabra;
cumple a tu fiel la promesa* que hiciste a tus fieles.
Aparta de mí la afrenta que temo,* porque tus man-
damientos son amables;
mira cómo ansío tus decretos:* dame vida con tu jus-
ticia.
Gloria...

Ant. Mis ovejas escuchan mi voz,


T. yo las conozco y ellas me siguen.

128
Hora intermedia

Lectura
Tt 2,11-12

L. Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación


para todos los hombres; enseñándonos a renunciar a
la vida sin religión y a los deseos mundanos, y a lle-
var ya desde ahora una vida sobria, honrada y reli-
giosa, aguardando la dicha que esperamos.
pausa de meditación

L. El Señor se acordó de su amor,


T. de su fidelidad con la casa de Israel.

Oración
P. Oremos: Aléjanos, Padre, de los deseos que llevan a
la muerte y sostén nuestros pasos en el camino de la
vida; que no nos venza el autor de la ruina, sino que
triunfe en nosotros Aquel que nos redimió, y que vi-
ve y reina por los siglos de los siglos.
T. Amén.

Conclusión
(ver página 17)

129
Horas del martes

VÍSPERAS

Invocación inicial
(ver página 17)

Himno
en tiempos y fiestas particulares págs. 22-47
Oh Creador altísimo,
tú, Señor del universo,
que das al día luz clara,
dale a la noche tu paz.
Nuestras fuerzas desgastadas
recupera con tu gracia,
dale descanso al alma,
que sufre en la angustia.
Al acabar la jornada,
las tinieblas nos acechan;
recordando tus favores
este himno te cantamos.
Con el corazón alegre,
nuestras voces a ti cantan;
y nuestra alma serena
te adora con piedad.
Cuando las sombras descienden
para ceñir a la noche,
la fe se levanta
venciendo a las tinieblas.

130
Vísperas

El alma esté en vela,


y las culpas se dispersen;
que la fe pura y limpia
temple el fuego del sueño.
Del tentador nos liberas
pues nos engaña constante;
el corazón temeroso
repose su sueño en ti.
Al Verbo hoy suplicamos,
al Padre y al Espíritu,
vela, oh Santa Trinidad,
por los que en ti esperan.
Amén.

Ant. 1. Vuestros padres siguieron lo que es vano,


T. y ellos mismos se convirtieron en vanidad.

Salmo 89 (1-10)
Sin Mí no podéis hacer nada
Al que no permanece en Mí, lo tiran fuera, como el sarmiento,
y se seca; luego lo recogen y lo echan al fuego (Jn 15,6)

Sal. Señor, tú has sido nuestro refugio* de generación en


generación.
1 c. Antes que naciesen los montes o fuera engendrado
el orbe de la tierra,* desde siempre y por siempre
tú eres Dios.
2 c. Tú reduces el hombre a polvo, diciendo*: «Re-
tornad, hijos de Adán».

131
Horas del martes

Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó;* una


vela nocturna.
Los siembras año por año,* como hierba que se re-
nueva:
que florece y se renueva por la mañana,* y por la tar-
de la siegan y se seca.
¡Cómo nos ha consumido tu cólera* y nos ha tras-
tornado tu indignación!
Pusiste nuestras culpas ante ti,* nuestros secretos an-
te la luz de tu mirada:
y todos nuestros días pasaron bajo tu cólera,* y nues-
tros años se acabaron como un suspiro.
Aunque uno viva setenta años, y el más robusto has-
ta ochenta,* la mayor parte son fatiga inútil, por-
que pasan aprisa y vuelan.
Gloria...

Ant. Vuestros padres siguieron lo que es vano,


T. y ellos mismos se convirtieron en vanidad.
Ant. 2. Exultad, justos, en el Señor,
T. alegraos, rectos de corazón.

Salmo 31 (1-10)
Alegría después del perdón
El padre dijo a sus criados: celebremos un banquete,
porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido (Lc 15,24)

Sal. Dichoso el que está absuelto de su culpa,* a quien


le han sepultado su pecado;

132
Vísperas

1 c. dichoso el hombre a quien el Señor* no le apunta el


delito.
2 c. Mientras callé se consumían mis huesos,* rugiendo
todo el día,
porque día y noche tu mano pesaba sobre mí;* mi
savia se me había vuelto un fruto seco.
Había pecado, lo reconocí,* no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,* y tú per-
donaste mi culpa y mi pecado.
Por eso, que todo fiel te suplique* en el momento de
la desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas* no lo alcanzará.
Tú eres mi refugio, me libras del peligro,* me rodeas
de cantos de liberación.
—Te instruiré y te enseñaré el camino que has de se-
guir,* fijaré en ti mis ojos.
No seáis irracionales como caballos y mulos,* cuyo
brío hay que domar con freno y brida; si no, no
puedes acercarte.
Los malvados sufren muchas penas;* al que confía
en el Señor, la misericordia lo rodea.
Gloria...
Ant. Exultad, justos, en el Señor,
T. alegraos, rectos de corazón.

Ant. 3. Vosotros que antes estabais lejos,


T. ahora estáis cerca por la sangre de Cristo.

133
Horas del martes

Cántico (Ef 2, 14-18)


Cristo es el reconciliador
A quien no conoció el pecado, le hizo pecado por nosotros para
que en él fuéramos justicia de Dios (2 Cor 5,21)

Sal. Cristo es nuestra paz.* Él ha hecho de los dos pue-


blos una sola cosa,
1 c. derribando con su cane el muro que los separaba: el
odio.* Él ha abolido la Ley con sus mandamien-
tos y reglas,
2 c. haciendo las paces,* para crear con los dos, en él, un
solo hombre nuevo.
Reconcilió con Dios a los dos pueblos,* uniéndolos
en un solo cuerpo mediante la cruz,
dando muerte, en él,* al odio.
Vino y trajo la noticia de la paz:* paz a vosotros, los
de lejos; paz también a los de cerca.
Así, podemos acercarnos al Padre,* unos y otros con
un mismo Espíritu.
Gloria...

Ant. Vosotros que antes estabais lejos,


T. ahora estáis cerca por la sangre de Cristo.

Lectura
Ez 34,15-16

L. Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las ha-


ré sestear —oráculo del Señor Dios—. Buscaré las

134
Vísperas

ovejas perdidas, vendaré a las heridas, curaré a las


enfermas; y las apacentaré debidamente.
pausa de meditación

Responsorio
2Cor 5,18-19

L. Todo viene de Dios, que por medio de Cristo nos re-


concilió consigo.
T. Todo viene de Dios, que por medio de Cristo nos re-
concilió consigo.
L. Y a nosotros nos ha confiado el mensaje de la re-
conciliación.
T. Por medio de Cristo nos reconcilió consigo.
L. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
T. Todo viene de Dios, que por medio de Cristo nos re-
concilió consigo.

Ant. No acojáis en vano el don de Dios.


T. No nos volveremos a uncir el yugo de la infidelidad.

Magnificat pág. 20

Preces
P. No hay nadie que pueda esconderse a sus ojos, el ami-
go de los pecadores busca a quien se ha perdido:
T. Cristo, ten piedad de nosotros.

135
Horas del martes

L. Nos olvidamos de tu alianza, la traicionamos y pre-


tendemos vivir por nosotros mismos
T. perdona, Señor, nuestra infidelidad.
L. Perdidos en las obras de nuestras manos, buscamos
la gloria que pasa:
T. arráncanos de la falsedad de los ídolos.
L. Entristecemos al Espíritu con nuestra infidelidad y
discordia:
T. recompón la unidad entre tus miembros dispersos.
L. No hacemos carne tu palabra, no te reconocemos en
la necesidad de nuestros hermanos:
T. líbranos del pecado y del temor a la muerte.
P. Pues sabemos que él no quebrará la caña cascada, ni
apagará el pábilo vacilante, decimos con alegría:
T. Padre nuestro...

Oración
P. Padre, rico en misericordia, renueva las maravillas de
tu amor con el pueblo que a ti se convierte; que tu Es-
píritu lo libre de la antigua esclavitud y le conceda la
paz.
Por nuestro Señor Jesucristo...
T. Amén.

Conclusión
(ver página 17)

136
HORAS DEL MIÉRCOLES

El miércoles vemos de nuevo al hombre que camina lleno de


valor porque está cierto de que Dios es todo y es misericor-
dioso: «Por eso mi corazón y mi carne exultan por el Dios
vivo». Toda mi vida es de Cristo: «Sois templo de Dios y el
Espíritu de Cristo habita en vosotros». El Espíritu es lo que
hace percibir a Dios sensiblemente, haciéndolo experimen-
table. El Espíritu es el principio por el que Dios, que es in-
visible, se hace sensible. Pero, ¿cómo acontece esto? Dios se
hace experimentable cuando se perciben las criaturas como
signo.

La mano del Padre dona el Espíritu Santo


Capilla del Instituto Polaco en Roma
Horas del miércoles

LAUDES

Invocación inicial
(ver página 17)

Himno
en tiempos y fiestas particulares págs. 22-47

música pág. 252

Verbo, imagen radiante


de la gloria del Padre,
Dios de Dios, luz eterna
que el día iluminas.

Danos, sol verdadero,


tu gloria para siempre,
enciende en nuestras vidas
el fuego del Espíritu.

Alcemos nuestros ruegos


al Padre omnipotente,
con gracia infinita
perdone nuestras culpas.

Inspire nuestros actos,


derrote al enemigo,
sane nuestra tristeza,
nos colme con su fuerza.

140
Laudes

Al bien dirija el alma


conserve el cuerpo casto,
haga la fe ardorosa,
y libre de la duda.

Cristo como alimento


del hombre que le ama
y gusta sobriamente
el vino del Espíritu.

Transcurra el día limpio,


el alma sea pura,
la fe cual sol naciente
ahuyente las tinieblas.

El alba engendra el día,


del Padre nace el Verbo.
El Hijo es en el Padre,
que habita en su Hijo.

Al Padre toda gloria,


al Hijo Jesucristo,
al infinito Amor,
por los siglos eternos.

Amén.

Ant. 1. Mi corazón y mi carne,


T. exultan por el Dios vivo.

141
Horas del miércoles

Salmo 96 (1-4. 6-7a. 8-12)


A la luz de sus juicios
En sus manos estamos nosotros y nuestras palabras
y toda la prudencia y destreza de nuestras obras (Sab 7,16)

Sal. El Señor reina, la tierra goza,* se alegran las islas in-


numerables.
1 c. Tiniebla y nube lo rodean,* justicia y derecho sos-
tienen su trono.
2 c. Delante de él avanza fuego,* abrasando en torno a
los enemigos;
sus relámpagos deslumbran el orbe,* y, viéndolos, la
tierra se estremece.
Los cielos pregonan su justicia,* y todos los pueblos
contemplan su gloria.
Los que adoran estatuas se sonrojan,* los que ponen
su orgullo en los ídolos;
lo oye Sión, y se alegra,* se regocijan las ciudades
de Judá por tus sentencias, Señor;
porque tú eres, Señor, altísimo sobre toda la tierra,*
encumbrado sobre todos los dioses.
El Señor ama al que aborrece el mal,* protege la vi-
da de sus fieles y los libra de los malvados.
Amanece la luz para el justo,* y la alegría para los
rectos de corazón.
Alegraos, justos, con el Señor,* celebrad su santo
nombre.
Gloria...

142
Laudes

Ant. Mi corazón y mi carne,


T. exultan por el Dios vivo.

Ant. 2. ¿No sabéis que sois santuario de Dios


T. y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?

Cántico (Ez 36, 24-28)


La Nueva Alianza
Vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el
Espíritu de Dios habita en vosotros (Rom 8,9)

Sal. Os recogeré de entre las naciones,* os reuniré de to-


dos los países, y os llevaré a vuestra tierra.
1 c. Derramaré sobre vosotros un agua pura* que os pu-
rificará:
2 c. de todas vuestras inmundicias e idolatrías* os he de
purificar;
y os daré un corazón nuevo,* y os infundiré un es-
píritu nuevo;
arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra,* y
os daré un corazón de carne.
Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis se-
gún mis preceptos,* y que guardéis y cumpláis
mis mandatos.
Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres.*
Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios.
Gloria...

Ant. ¿No sabéis que sois santuario de Dios


T. y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?

143
Horas del miércoles

Ant. 3. Si vivimos por el Espíritu,


T. caminemos según el Espíritu.

Salmo 18b
En la novedad de la gracia
El pecado no os dominará; ya no estáis bajo la ley,
sino bajo la gracia (Rom 6,14)

Sal. La ley del Señor es perfecta* y es descanso del alma;


1 c. el precepto del Señor es fiel* e instruye al ignorante.
2 c. Los mandatos del Señor son rectos* y alegran el co-
razón;
la norma del Señor es límpida* y da luz a los ojos.
La voluntad del Señor es pura* y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos* y en-
teramente justos.
Más preciosos que el oro, más que el oro fino;* más
dulces que la miel de un panal que destila.
Aunque tu siervo vigila* para guardarlos con cuida-
do,
¿quién conoce sus faltas?* Absuélveme de lo que se
me oculta.
Preserva a tu siervo de la arrogancia,* para que no
me domine:
así quedaré libre e inocente* del gran pecado.
Que te agraden* las palabras de mi boca,
y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón,* Se-
ñor, roca mía, redentor mío.
Gloria...
144
Laudes

Ant. Si vivimos por el Espíritu,


T. caminemos según el Espíritu.

Lectura
Rom 12,1-2

L. Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios,


a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, san
ta, agradable a Dios; éste es vuestro culto razonable.
Y no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por
la renovación de la mente, para que sepáis discernir
lo que es voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agra
da, lo perfecto.
pausa de meditación.

Responsorio
Rom 8,15; 2Cor 3,17; 1Cor 2,10

L. No hemos recibido un espíritu de esclavos para re-


caer en el temor. Donde está el Espíritu del Señor,
está la libertad.
T. No hemos recibido un espíritu de esclavos para re-
caer en el temor. Donde está el Espíritu del Señor,
está la libertad.
L. El Espíritu todo lo penetra, hasta la profundidad de
Dios.
T. Donde está el Espíritu del Señor, está la libertad.
L. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
T. No hemos recibido un espíritu de esclavos para re-
caer en el temor. Donde está el Espíritu del Señor,
está la libertad.
145
Horas del miércoles

Ant. Derramaré mi Espíritu sobre todo hombre,


T. y vuestros hijos y vuestras hijas se volverán profetas.

Benedictus pág. 18

Preces

P. Poseemos las primicias del Espíritu, que recrea la faz


de la tierra y nos hace miembros del Resucitado:
T. Que demos testimonio de que somos hijos de Dios.
L. Nos alimentas con el pan de la inteligencia y nos sa-
cias con el agua de la sabiduría:
T. confórmanos con Cristo, nuevo principio de conoci-
miento y de acción.
L. Tu Espíritu da la fuerza, la carne es débil:
T. danos vigor para que seamos testigos de tu presencia.
L. Nos has dado palabras que son espíritu y vida:
T. ayúdanos a realizar tu designio de salvación.
P. El amor de Dios ha sido derramado en nuestros co-
razones, por el Espíritu que se nos ha dado. Por
eso nos atrevemos a decir:
T. Padre nuestro...

Oración
P. Padre Santo, que has revelado a los apóstoles y pro-
fetas el misterio de Cristo, el hombre nuevo, en el
que se encuentra todo tesoro de sabiduría y de cien

146
Laudes

cia; que tu Hijo nos proteja para que sea recto nues-
tro actuar y claro nuestro testimonio.
Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíri-
tu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
T. Amén.

Conclusión
(ver página 17)

147
Horas del miércoles

HORA INTERMEDIA

Invocación inicial
(ver página 17)

Himno
Oh Espíritu Paráclito
con el Padre y el Unigénito,
desciende vibrante y penetra
lo íntimo de nuestros corazones.
Para tu alabanza, Altísimo,
ilumina la mente y los sentidos,
suscita el amor fraterno,
consúmanos en la unidad.
Oh Luz de sabiduría,
revélanos el misterio
del Dios uno y trino,
la fuente del amor eterno.
Amén.

Ant. 1. Ya no conocemos a nadie según la carne.


T. Si uno está en Cristo, es una nueva criatura.

148
Hora intermedia

Salmo 103 (1a-b.2.4.13-15.30-31.33)


En el Espíritu creador
Escondes tu rostro, y se espantan; les retiras el aliento,
y expiran y vuelven a ser polvo (Sal 103,29)

Sal. Bendice, alma mía, al Señor:* ¡Dios mío, qué gran-


de eres!
1 c. La luz te envuelve como un manto.* Extiendes los
cielos como una tienda;
2 c. los vientos te sirven de mensajeros,* el fuego lla-
meante, de ministro.
Desde tu morada riegas los montes,* y la tierra se sa-
cia de tu acción fecunda;
haces brotar hierba para los ganados,* y forraje pa-
ra los que sirven al hombre.
Él saca pan de los campos,* y vino que le alegra el
corazón;
y aceite que da brillo a su rostro,* y alimento que le
da fuerzas.
Envías tu aliento, y los creas,* y repueblas la faz de
la tierra.
Gloria a Dios para siempre,* goce el Señor por sus
obras.
Cantaré al Señor mientras viva,* tocaré para mi Dios
mientras exista.
Gloria...

Ant. Ya no conocemos a nadie según la carne.


T. Si uno está en Cristo, es una nueva criatura.

Ant. 2. Anuncio a Cristo con toda sabiduría,


T. para hacer a todos perfectos en Cristo.

149
Horas del miércoles

Salmo 118 (65-72)


Tu sabiduría es preciosa
Concédame Dios hablar juiciosamente y pensar dignamente
de los dones recibidos, porque él es quien guía a la sabiduría
y quien rige a los sabios (Sab 7,15)

Sal. Has dado bienes a tu siervo,*Señor, con tus palabras;


1 c. enséñame a gustar y a comprender,* porque me fío
de tus mandatos;
2 c. antes de sufrir, yo andaba extraviado,* pero ahora me
ajusto a tu promesa.
Tú eres bueno y haces el bien;* instrúyeme en tus le-
yes;
los insolentes urden engaños contra mí,* pero yo cus-
todio tus leyes;
tienen el corazón espeso como grasa,* pero mi deli-
cia es tu voluntad.
Me estuvo bien el sufrir,* así aprendí tus manda-
mientos;
más estimo yo los preceptos de tu boca* que miles
de monedas de oro y plata.
Gloria...

Ant. Anuncio a Cristo con toda sabiduría,


T. para hacer a todos perfectos en Cristo.

Ant. 3. La sabiduría del Señor resplandece en los justos,


T. la boca del justo la proclama.

150
Hora intermedia

Salmo 118 (97-104)


El Espíritu del Señor habla en vosotros
La sabiduría lo ensalzará sobre sus compañeros para que abra
la boca en la asamblea (Eclo 15,5)

Sal. ¡Cuánto amo tu voluntad!:* todo el día la estoy me-


ditando;
1 c. tu mandato me hace más sabio que mis enemigos,*
siempre me acompaña;
2 c. soy más docto que todos mis maestros,* porque me-
dito tus preceptos.
Soy más sagaz que los ancianos,* porque cumplo tus
leyes;
aparto mi pie de toda senda mala,* para guardar tu
palabra;
no me aparto de tus mandamientos,* porque tú me
has instruido.
¡Qué dulce al paladar tu promesa:* más que miel en
la boca!
Considero tus decretos,* y odio el camino de la men-
tira.
Gloria...

Ant. La sabiduría del Señor resplandece en los justos,


T. la boca del justo la proclama.

151
Horas del miércoles

Lectura
Col 2,6-8

L. Ya que habéis aceptado a Cristo Jesús, el Señor, pro-


ceded según él. Arraigados en él, dejaos construir y
afianzar en la fe que os enseñaron, y rebosad agra-
decimiento. Cuidado con que haya alguno que os
capture con esa teoría que es una insulsa patraña for-
jada y transmitida por hombres, fundada en los ele-
mentos del mundo y no en Cristo.
pausa de meditación

L. Quien confía en la Sabiduría, no quedará confundi-


do.
T. Quien se apoya en ella no vacilará.

Oración
P. Oremos: Inspira, Señor, nuestras acciones y acom-
páñalas con tu ayuda, a fin de que todo comience en
ti como en su fuente y tienda a ti como a su fin. Por
Jesucristo nuestro Señor.
T. Amén.

Conclusión
(ver página 17)

152
Vísperas

VÍSPERAS

Invocación inicial
(ver página 17)

Himno
en tiempos y fiestas particulares págs. 22-47

música pág. 252


Veni, Sancte Spiritus, Ven, Espíritu Santo
et emitte coelitus e infunde desde el cielo
lucis tuae radium. un rayo de tu luz.
Veni, pater pauperum, Ven, padre de los pobres,
veni, dator munerum, ven, creador de bienes,
veni, lumen cordium. ven, luz de los corazones.
Consolator optime, Total consolación,
dulcis hospes animae, dulce huésped del alma,
dulce refrigerium. tierno alivio.
In labore requies, Reposo en la fatiga,
in aestu temperies, consuelo en la miseria
in fletu solatium. calma en el llanto.
O lux beatissima, Oh beatísima luz,
reple cordis intima llena hasta lo hondo
tuorum fidelium. el corazón de los fieles.
Sine tuo numine, Sin tu socorro,
nihil est in homine, nada bueno en el hombre vi,
nihil est innoxium. nada que no le haga mal.

153
Horas del miércoles

Lava quod est sordidum, Purifica lo inmundo,


riga quod est aridum, irriga lo árido
sana quod est saucium. sana lo herido.
Flecte quod est rigidum, Moldea lo rígido,
fove quod est frigidum, templa lo frío,
rege quod est devium. corrige lo equivocado.
Da tuis fidelibus Da a tus fieles,
in te confidentibus, que en ti confían,
sacrum seprenarium. tus siete dones sagrados.
Da virtutis meritum, Concede el premio de la virtud,
da salutis exitum, abre la puerta de la salvación,
da perenne gaudium. da la alegría perenne.
Amen. Alleluia. Amén. Aleluya

Ant. 1. Cuando soy débil,


T. entonces soy fuerte por Cristo.

Salmo 32 (1.10-12.14-22)
El Señor es nuestro auxilio
No perdáis la calma: creed en Dios y creed también en Mí (Jn 14, 1)

Sal. Aclamad, justos al Señor,* que merece la alabanza


de los buenos.
1 c. El Señor deshace los planes de las naciones,* frus-
tra los proyectos de los pueblos;
2 c. pero el plan del Señor subsiste por siempre,* los pro-
yectos de su corazón, de edad en edad.

154
Vísperas

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,* el pueblo


que él se escogió como heredad.
Desde su morada observa* a todos los habitantes de
la tierra:
él modeló cada corazón,* y comprende todas sus ac-
ciones.
No vence el rey por su gran ejército,* no escapa el
soldado por su mucha fuerza,
nada valen sus caballos para la victoria,* ni por su
gran ejército se salva.
Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,* en
los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte,* y reanimarlos en
tiempo de hambre.
Nosotros aguardamos al Señor:* él es nuestro auxi-
lio y escudo;
Con él se alegra nuestro corazón,* en su santo nom-
bre confiamos.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,*
como lo esperamos de ti.
Gloria...

Ant. Cuando soy débil,


T. entonces soy fuerte por Cristo.

Ant. 2. Quien enseña a muchos la justicia,


T. brillará como una estrella para siempre.

155
Horas del miércoles

Salmo 33 (4.7-9.11.13-15.19-21)
Libres del temor
Yo consulté al Señor, y me respondió, me libró de todas
mis ansias (Sal 33,5)

Sal. Proclamad conmigo la grandeza del Señor,* ensal-


cemos juntos su nombre.
1 c. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha* y lo sal-
va de sus angustias.
2 c. El ángel del Señor acampa* en torno a sus fieles y
los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,* dichoso el que
se acoge a él.
Los ricos empobrecen y pasan hambre,* los que bus-
can al Señor no carecen de nada.
¿Hay alguien que ame la vida* y desee días de pros-
peridad?
Guarda tu lengua del mal,* tus labios de la falsedad;
apártate del mal, obra el bien,* busca la paz y corre
tras ella.
El Señor está cerca de los atribulados,* salva a los
abatidos.
Aunque el justo sufra muchos males,* de todos lo li-
bra el Señor;
él cuida de todos sus huesos,* y ni uno solo se que-
brará.
Gloria...

156
Vísperas

Ant. Quien enseña a muchos la justicia,


T. brillará como una estrella para siempre.

Ant. 3. Nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna


T. sino a Jesucristo, y éste crucificado.

Cántico (Ef 1,3-10)


Cristo, centro del universo
El que es de Cristo, es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado,
lo nuevo ha comenzado (2Cor 5,17)

Sal. Bendito sea Dios,* Padre de nuestro Señor Jesucristo,


1 c. que nos ha bendecido en la persona de Cristo* con
toda clase de bienes espirituales y celestiales.
2 c. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear
el mundo,* para que fuésemos santos e irrepro-
chables ante él por el amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,* por pu-
ra iniciativa suya, a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia, que tan generosa-
mente nos ha concedido en su querido Hijo,* re-
dunde en alabanza suya.
Por este Hijo, por su sangre,* hemos recibido la re-
dención, el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia* ha si-
do un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer* el misterio de su voluntad.
Éste es el plan que había proyectado realizar por
Cristo* cuando llegase el momento culminante:

157
Horas del miércoles

recapitular en Cristo todas las cosas* del cielo y de


la tierra.
Gloria...

Ant. Nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna


T. sino a Jesucristo, y éste crucificado.

Lectura
Ef 3,17-19

L. Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones;


que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento; y así,
con todo el pueblo de Dios, lograréis abarcar lo an-
cho, lo largo, lo alto y lo profundo, comprendiendo
lo que trasciende toda filosofía: el amor cristiano. Así
llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de
Dios.
pausa de meditación

Responsorio
1Cor 1,30; 2,15-16

L. Somos en Cristo Jesús, que Dios ha hecho para nosotros


sabiduría, justificación, santificación y redención.
Tenemos los mismos pensamientos de Cristo.
T. Somos en Cristo Jesús, que Dios ha hecho para nosotros
sabiduría, justificación, santificación y redención.
Tenemos los mismos pensamientos de Cristo.
L. El hombre según el Espíritu juzga todo y no es juz-
gado por ninguno.

158
Vísperas

T. Tenemos los mismos pensamientos de Cristo.


L. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
T. Somos en Cristo Jesús, que Dios ha hecho para nosotros
sabiduría, justificación, santificación y redención.
Tenemos los mismos pensamientos de Cristo.

Ant. En ti está la fuente de la vida,


T. en tu luz vemos la luz.

Magnificat pág. 20

Preces
P. Tus dones, Señor, llenan todo deseo de conocimiento,
de amor y de gloria:
T. haz que la fuerza del Altísimo nos mantenga en tu
presencia.
L. Que el Espíritu, que descendió en forma de fuego:
T. purifique toda mediocridad, nos libre de la rutina, y
conforte el testimonio de los profetas.
L. Que la verdad, que se ha manifestado al mundo:
T. libre de la mentira a quien sigue sus propios pro-
yectos.
L. Que el amor, que ha sido derramado en nuestros co-
razones:
T. acoja a los que son rechazados, sostenga a los débi-
les y a quienes trabajan por la justicia.
L. Que tu misericordia, que no tiene límites:
T. reconduzca a los que se alejaron, levante a los que
se han caído, y conceda el descanso a los que mue-
ren.

159
Horas del miércoles

L. Que tu Espíritu consolador:


T. permanezca con quien está solo, y alivie los sufri-
mientos del cuerpo y del espíritu.
P. El Espíritu, que nos hizo hijos y nos conserva en la
memoria de Cristo, ora con nosotros:
T. Padre nuestro...

Oración
P. Dios Padre todopoderoso, que de manera admirable
creaste al hombre, y más admirablemente aún lo re-
dimiste, consérvanos en la novedad de tu Hijo, que
se dignó compartir nuestra condición humana, y que
vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios
por los siglos de los siglos.
T. Amén.

Conclusión
(ver página 17)

160
HORAS DEL JUEVES

El hombre que posee el Espíritu debe caminar como hijo de


la luz. Si Cristo ha muerto por nosotros, debemos seguir su
amor. Por eso nos juntamos a una compañía buena («con-
templaré cada día el rostro de los santos»). El jueves expre-
sa el carácter rutinario del camino y la necesidad de un
esfuerzo de coherencia moral por nuestra parte.

La fracción del pan en Emaús (detalle)


Sacristía de la Catedral de la Almudena
Horas del jueves

LAUDES

Invocación inicial
(ver página 17)

Himno
en tiempos y fiestas particulares págs. 22-47
música pág. 254
Antes que rompa el alba
velamos en la espera,
lo creado calla, y canta
en silencio el Misterio.
Nuestra mirada busca
un rostro en la noche,
del alma a Dios se eleva
más límpido el deseo.
La sombra se retira
frente a la luz que viene,
florece la esperanza
del día que no muere.
Clarea ya la aurora,
nos llenará de luz,
Tu gran misericordia,
oh Padre, nos dé vida.
Y este nuevo día
que el alba nos anuncia,
dilate en todo el mundo
el reino de tu Hijo.

164
Laudes

A ti, oh Padre santo,


a Tu único Verbo,
al infinito Amor
sea gloria por los siglos.
Amén.

Ant. 1. Ahora vivís en la luz del Señor,


T. caminad como hijos de Dios.

Salmo 5 (4-10a.12-13)
En tu casa
Caminad como hijos de la luz (toda bondad, justicia y verdad
son fruto de la luz) buscando lo que agrada al Señor,
sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas (Ef 5,8b-11)

Sal. A ti te suplico, Señor; por la mañana escucharás mi


voz,* por la mañana te expongo mi causa, y me
quedo aguardando.
1 c. Tú no eres un Dios que ame la maldad,* ni el mal-
vado es tu huésped,
2 c. ni el arrogante se mantiene en tu presencia.* Detes-
tas a los malhechores,
destruyes a los mentirosos;* al hombre sanguinario
y traicionero lo aborrece el Señor.
Pero yo, por tu gran bondad, entraré en tu casa,* me
postraré ante tu templo santo con toda reverencia.
Señor, guíame con tu justicia, porque tengo enemi-
gos;* alláname tu camino.
En su boca no hay sinceridad,* su corazón es per-
verso;

165
Horas del jueves

que se alegren los que se acogen a ti,* con júbilo


eterno;
protégelos, para que se llenen de gozo* los que aman
tu nombre.
Porque tú, Señor, bendices al justo,* y como un es-
cudo lo rodea tu favor.
Gloria...

Ant. Ahora vivís en la luz del Señor,


T. caminad como hijos de Dios.

Ant. 2. Dios nos mostró su amor,


T. pues siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Cántico (Os 11,1-4.7-9)


Dios ama a su pueblo
Esto anunciarás a los israelitas: «Ya habéis visto lo que he hecho
con los egipcios y cómo a vosotros os he llevado sobre alas
de águila y os he traído a mí» (Ex 19,4)

Sal. Cuando Israel era joven, lo amé,* desde Egipto lla-


mé a mi hijo.
1 c. Cuando lo llamaba,* él se alejaba.
2 c. sacrificaba a los Baales,* ofrecía incienso a los
ídolos.
Yo enseñé a andar a Efraín, lo alzaba en brazos;* y
él no comprendía que yo lo curaba.
Con cuerdas humanas,* con correas de amor lo atraía;

166
Laudes

era para ellos como el que levanta el yugo de la cer-


viz,* me inclinaba y le daba de comer.
Pueblo mío, perturbado por tu apostasía;* aunque in-
voquen a Baal, no les ayuda.
¿Cómo podré entregarte, Efraín;* abandonarte, Is-
rael?
Se me revuelve el corazón,* se me conmueven las
entrañas.
No cederé al ardor de mi cólera,* no volveré a des-
truir a Efraín;
que soy Dios, y no hombre;* santo en medio de ti, y
no enemigo a la puerta.
Gloria...

Ant. Dios nos mostró su amor,


T. pues siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Ant. 3. Contemplaré cada día el rostro de los santos,


T. para encontrar descanso en sus palabras.

Salmo 25
Amo la casa donde moras
Hasta el gorrión ha encontrado una casa, la golondrina un nido.
Vale más un día en tus atrios que mil en mi casa (Sal 83,4.11)

Sal. Hazme justicia, Señor, que camino en la inocencia;*


confiando en el Señor, no me he desviado.
1 c. Escrútame, Señor, ponme a prueba,* sondea mis en-
trañas y mi corazón,

167
Horas del jueves

2 c. porque tengo ante los ojos tu bondad,* y camino en


tu verdad.
No me siento con gente falsa,* no me junto con men-
tirosos;
detesto las bandas de malhechores,* no tomo asien-
to con los impíos.
Lavo en la inocencia mis manos,* y rodeo tu altar,
Señor,
proclamando tu alabanza,* enumerando tus maravi-
llas.
Señor, yo amo la belleza de tu casa,* el lugar donde
reside tu gloria.
No arrebates mi alma con los pecadores,* ni mi vi-
da con los sanguinarios,
que en su izquierda llevan infamias,* y su derecha
está llena de sobornos.
Yo, en cambio, camino en la integridad;* sálvame,
ten misericordia de mí.
Mi pie se mantiene en el camino llano*; en la asam-
blea bendeciré al Señor.
Gloria...

Ant. Contemplaré cada día el rostro de los santos,


T. para encontrar descanso en sus palabras.

Lectura
Ef 2,19-22
L. Hermanos: Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino
que sois ciudadanos de los santos y miembros de la

168
Laudes

familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento


de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús
es la piedra angular. Por él todo el edificio queda en-
samblado, y se va levantando hasta formar un templo
consagrado al Señor. Por él también vosotros os vais
integrando en la construcción, para ser morada de
Dios, por el Espíritu.
pausa de meditación.

Responsorio
1Jn 4,11.8

L. Si Dios nos amó primero, también nosotros debemos


amarnos unos a otros.
T. Si Dios nos amó primero, también nosotros debemos
amarnos unos a otros.
L. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios
es amor.
T. También nosotros debemos amarnos unos a otros.
L. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
T. Si Dios nos amó primero, también nosotros debemos
amarnos unos a otros.

Ant. Escuchad mi voz, y guardad mi alianza.


T. Seréis mi propiedad entre todos los pueblos.

Benedictus pág. 18

169
Horas del jueves

Preces

P. Somos llamados a vivir en un solo Cuerpo:


T. que tu paz, Señor, reine en nuestro corazón y nos ha-
ga signos de unidad y de primicias del mundo nue-
vo.
L. Señor, que has muerto y resucitado por todos:
T. concédenos tu amor para que no vivamos más para
nosotros mismos, sino que llevemos las cargas
unos de los otros.
L. Señor, que eres manso y humilde de corazón:
T. haz que venzamos el mal con el bien y seamos cons-
tructores de la paz.
L. Príncipe de la paz, que transformas las espadas en
arados y las lanzas en podaderas:
T. convierte nuestro odio en amor y nuestros deseos de
venganza en perdón.
L. Pastor bueno, que conoces la voz de cada uno y por
todos has dado la vida:
T. sostén a quien guía con paternidad y vigilancia a tu
Iglesia.
P. Cristo se hizo semejante en todo a nosotros, a fin de
revelarnos el amor del Padre. Por eso, nos atreve-
mos a decir:
T. Padre nuestro...

170
Laudes

Oración
P. Dios Padre todopoderoso, te pedimos que ensanches
nuestro corazón para que, poseídos por el amor de
tu Hijo, podamos como él compartir las necesidades
de los hombres y en ellas servirte.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y rei-
na contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios
por los siglos de los siglos.
T. Amén.

Conclusión
(ver página 17)

171
Horas del jueves

HORA INTERMEDIA

Invocación inicial
(ver página 17)

Himno
Dios verdadero y omnipotente,
que regulas las estaciones,
e iluminas la mañana
y enciendes el mediodía:
extingues las discordias,
deshaces el ímpetu del odio,
da salud a nuestro cuerpo
y verdadera paz al alma.
Jesús por nosotros te suplica,
escúchanos, oh Padre,
que eternamente reinas,
con él y el Espíritu Santo.
Amén.

Ant. 1. Soy amigo de los que son fieles a ti,


T. y observan tus preceptos.

172
Hora intermedia

Salmo 118 (129-136)


Tu alianza es maravillosa
Quien aborrece a su hermano está en las tinieblas, camina
en las tinieblas, no sabe a dónde va, porque las tinieblas
han cegado sus ojos (1Jn 2, 11)

Sal. Tus preceptos son admirables,* por eso los guarda mi


alma;
1 c. la explicación de tus palabras ilumina,* da inteli-
gencia a los ignorantes;
2 c. abro la boca y respiro,* ansiando tus mandamientos.
Vuélvete a mí y ten misericordia,* como es tu nor-
ma con los que aman tu nombre;
asegura mis pasos con tu promesa,* que ninguna
maldad me domine;
líbrame de la opresión de los hombres,* y guardaré
tus decretos.
Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,* enséñame tus
leyes;
arroyos de lágrimas bajan de mis ojos* por los que
no cumplen tu voluntad.
Gloria...

Ant. Soy amigo de los que son fieles a ti,


T. y observan tus preceptos.

Ant. 2. La paz tiene como fruto la justicia,


T. para aquellos que trabajan por la paz.

173
Horas del jueves

Salmo 49 (16-23)
La fe sin obras está muerta
Quien dice: “Yo lo conozco”, y no guarda sus mandamientos,
es un mentiroso, y la verdad no está en él (1Jn 2, 4)

Sal. Dios dice al pecador: «¿Por qué recitas mis precep-


tos* y tienes siempre en la boca mi alianza,
1 c. tú que detestas mi enseñanza* y te echas a la espal-
da mis mandatos?
2 c. Cuando ves un ladrón, corres con él;* te mezclas con
los adúlteros;
sueltas tu lengua para el mal,* tu boca urde el enga-
ño;
te sientas a hablar contra tu hermano,* deshonras al
hijo de tu madre;
esto haces, ¿y me voy a callar? ¿Crees que soy co-
mo tú?* Te acusaré, te lo echaré en cara.
Atención los que olvidáis a Dios,* no sea que os des-
troce sin remedio.
El que me ofrece acción de gracias, ése me honra;*
al que sigue buen camino le haré ver la salvación
de Dios».
Gloria...

Ant. La paz tiene como fruto la justicia,


T. para aquellos que trabajan por la paz.

Ant. 3. Señor, la tierra está llena de tu amor,


T. enséñame tu voluntad.

174
Hora intermedia

Salmo 118 (137-144)


El celo de tu casa me devora
Quien guarda su palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado
en él a su plenitud (1Jn 2, 5)

Sal. Señor, tú eres justo,* tus mandamientos son rectos;


1 c. has prescrito leyes justas* sumamente estables;
2 c. me consume el celo,* porque mis enemigos olvidan
tus palabras.
Tu promesa es acrisolada,* y tu siervo la ama;
soy pequeño y despreciable,* pero no olvido tus de-
cretos;
tu justicia es justicia eterna,* tu voluntad es verda-
dera.
Me asaltan angustias y aprietos,* tus mandatos son
mi delicia;
la justicia de tus preceptos es eterna,* dame inteli-
gencia, y tendré vida.
Gloria...

Ant. Señor, la tierra está llena de tu amor,


T. enséñame tu voluntad.

175
Horas del jueves

Lectura
Col 2,17-19

L. La verdadera realidad es Cristo. Que no vaya a des-


calificaros ninguno que se recrea en humildades y
devociones a ángeles, que se enfrasca en sus visio-
nes y se engríe tontamente con las ideas de su car-
ne; ése se desprende de la cabeza, que por las juntu-
ras y tendones da al cuerpo entero el alimento y
cohesión, haciéndolo crecer como Dios quiere.
pausa de meditación

L. Todo lo que es verdadero, noble y justo, sea objeto


de vuestros pensamientos.
T. Con nadie tengáis otra deuda que la del mutuo amor.

Oración
P. Oremos: Dios Padre todopoderoso, que el amor que
derramaste en nosotros sea auténtico y nos haga ale-
gres en la esperanza, fuertes en la tribulación, per-
severantes en la oración; para que tengamos los mis-
mos sentimientos los unos con los otros, y
compartamos la alegría y el sufrimiento de nuestros
hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
T. Amén.

Conclusión
(ver página 17)

176
Vísperas

VÍSPERAS

Invocación inicial
(ver página 17)

Himno
en tiempos y fiestas particulares págs. 22-47

Oh único y trino Señor,


con tu luminosa claridad,
mientras las sombras descienden,
esclarece nuestras almas.
Estrellas celestes nos dicen
que ya la tarde se acerca.
Cristo reluce y libera
del pecado a todo hombre.
Llenos de Espíritu Santo,
los corazones se alegran,
y en la caridad, renacen
a la vida por tu gracia.
Con nuestras voces dirigimos
a Dios un cántico gozoso,
agradecimiento alegre,
por sus regalos admirables.
A ti Jesús sea la gloria,
esplendor en las tinieblas,

177
Horas del jueves

al Padre y al Paráclito,
por los siglos de los siglos.
Amén.

Ant. 1. No olvidéis los beneficios recibidos,


T. la gracia del Señor es desde siempre y para siempre.

Salmo 102 (8-19)


Grande en el amor
Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó,
estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir
con Cristo (Ef 2, 4-5)

Sal. El Señor es compasivo y misericordioso,* lento a la


ira y rico en clemencia;
1 c. no está siempre acusando* ni guarda rencor perpetuo;
2 c. no nos trata como merecen nuestros pecados* ni nos
paga según nuestras culpas.
Como se levanta el cielo sobre la tierra,* se levanta
su bondad sobre sus fieles;
como dista el oriente del ocaso,* así aleja de nosotros
nuestros delitos.
Como un padre siente ternura por sus hijos,* siente
el Señor ternura por sus fieles;
porque él conoce nuestra masa,* se acuerda de que
somos de barro.
Los días del hombre duran lo que la hierba,* flore-
cen como flor del campo,
que el viento la roza y ya no existe,* su terreno no
volverá a verla.

178
Vísperas

Pero la misericordia del Señor dura siempre,* su jus-


ticia pasa de hijos a nietos;
para los que guardan la alianza,* y recitan y cumplen
sus mandatos.
Gloria...

Ant. No olvidéis los beneficios recibidos,


T. la gracia del Señor es desde siempre y para siempre.

Ant. 2. Hemos conocido al Amor y hemos creído en él.


T. La noche en que fue entregado se dio a sí mismo por
nosotros.

Salmo 80 (5-14.17)
Si mi pueblo me escuchase
Este cáliz es la Nueva Alianza sellada con mi sangre (Lc 22, 20)

Sal. Es una ley de Israel,* un precepto del Dios de Jacob,


1 c. una norma establecida para José,* al salir de Egipto.
2 c. Oigo un lenguaje desconocido:* «Retiré sus hombros
de la carga, y sus manos dejaron la espuerta.
Clamaste en la aflicción y te libré,* te respondí ocul-
to entre los truenos, te puse a prueba junto a la
fuente de Meribá.
Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti;* ¡oja-
lá me escuchases, Israel!
No tendrás un dios extraño,* no adorarás un dios ex-
tranjero;

179
Horas del jueves

yo soy el Señor, Dios tuyo, que te saqué del país de


Egipto;* abre la boca que te la llene».
Pero mi pueblo no escuchó mi voz,* Israel no quiso
obedecer:
los entregué a su corazón obstinado,* para que an-
duviesen según sus antojos.
¡Ojalá me escuchase mi pueblo* y caminase Israel
por mi camino!
Te alimentaría con flor de harina,* te saciaría con
miel silvestre.
Gloria...

Ant. Hemos conocido al Amor y hemos creído en él.


T. La noche en que fue entregado se dio a sí mismo por
nosotros.

Ant. 3. Que por encima de todo esté la caridad,


T. que es el vínculo de la perfección.

Cántico (1Cor 13, 1-8)


Himno a la caridad
Las tres cosas que permanecen son: fe, esperanza y
caridad. Pero de todas la más grande es la caridad (1Cor 13, 13)

Sal. Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de


los ángeles;* si no tengo amor, no soy más que un
metal que resuena o unos platillos que aturden.
1 c. Ya podría tener el don de profecía* y conocer todos
los secretos y todo el saber,

180
Vísperas

2 c. podría tener una fe como para mover montañas;* si


no tengo amor, no soy nada.
Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun
dejarme quemar vivo;* si no tengo amor, de nada
me sirve.
El amor es paciente, afable; no tiene envidia;* el
amor no presume ni se engríe;
no es mal educado ni egoísta;* no se irrita, no lleva
cuentas del mal;
no se alegra de la injusticia,* sino que goza con la
verdad.
Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin lí-
mites, aguanta sin límites.* El amor no pasa nun-
ca.
Gloria...

Ant. Que por encima de todo esté la caridad,


T. que es el vínculo de la perfección.

Lectura
Col 3,12-13

L. Como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos de


la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzu-
ra, comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdo-
naos, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Se-
ñor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.
pausa de meditación

181
Horas del jueves

Responsorio
Gal 3, 27-28

L. Los que os habéis incorporado a Cristo por el bau-


tismo os habéis revestido de Cristo. Todos sois uno
en Cristo Jesús.
T. Los que os habéis incorporado a Cristo por el bau-
tismo os habéis revestido de Cristo. Todos sois uno
en Cristo Jesús.
L. Ya no hay distinción entre judíos y gentiles, escla-
vos y libres, hombres y mujeres.
T. Todos sois uno en Cristo Jesús.
L. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
T. Los que os habéis incorporado a Cristo por el bau-
tismo os habéis revestido de Cristo. Todos sois uno
en Cristo Jesús.

Ant. Aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo,


T. porque todos participamos del mismo Pan.

Magnificat pág. 20

Preces
P. Dirijámonos a Dios, que consuela y concede la per-
severancia, para que nos haga sentirnos uno en
Cristo:
T. que podamos darle gloria con una sola voz.
L. Tu gran sabiduría nos ha concedido a cada uno sus
dones:

182
Vísperas

T. concédenos hacer uso de ellos en beneficio de todos,


en libertad y amor.
L. Tú que nos has dado el mandamiento nuevo:
T. haz que nos amemos como Tú nos has amado.
L. A ti que pediste al Padre que nuestra unidad sea per-
fecta:
T. te rogamos que por ella el mundo reconozca que le
has sido enviado.
L. Tú que nos convocas en torno a la mesa:
T. haz que el Pan y la Palabra generen lazos de comu-
nión entre nosotros.
L. Derrama sobre nosotros tu Espíritu y concédenos la paz:
T. para que podamos compartir las necesidades de
nuestros hermanos.
P. Cristo ha sido levantado para atraer a todos hacia sí.
Reconstruyamos la unidad perdonándonos unos a
otros y diciendo:
T. Padre nuestro...

Oración
P. Señor Jesucristo, que nos has llamado amigos, tu yu-
go es suave y tu carga ligera; restaura a quien está fa-
tigado y oprimido, danos el coraje de la corrección fra-
terna y la humildad del servicio recíproco.
Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del
Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de siglos.
T. Amén.

Conclusión
(ver página 17)

183
HORAS DEL VIERNES

El viernes es el corazón de la prueba: la cruz. «Bienaventu-


rado quien encuentra en ti su fuerza» y vive decididamente.
Incluso en los momentos más difíciles, en el tiempo de la an-
gustia, «el Señor es mi defensa».

El mundo ha sido creado en el signo de la cruz (detalle)


Sacristía de la Catedral de la Almudena
Horas del viernes

LAUDES

Invocación inicial
(ver página 17)

Himno
en tiempos y fiestas particulares págs. 22-47
música pág. 255

Eterno Creador que en el mundo


alternas la noche y el día,
al hombre concede reposo
tu lento mudar de los tiempos.

La noche ya está terminando,


envuelve el silencio las cosas,
cantándote a ti madrugamos
y a ti vigilantes pedimos.

Son estas las horas pesadas,


encuentre el dolor su esperanza,
se laven el mal y la culpa,
nos done la luz su pureza.

La espera nos haga hermanos


salvados y unidos por Cristo.
La fe nos renueve las fuerzas
y dé al corazón la esperanza.

186
Laudes

Al Padre alabanzas cantamos,


a Cristo, el Verbo encarnado
y gloria al Espíritu Santo,
la fuente infinita de vida. Amén.

Ant. 1. Bienaventurado quien encuentra en ti su fuerza,


T. y decide en su corazón su santo viaje.

Salmo 142 (1-8.9-11)


Sólo en ti confío
Empezó a tener temor y angustia...; ¡Abba, Padre!...
El espíritu está dispuesto, pero la carne es débil (Mc 14,34-36)

Sal. Señor, escucha mi oración; tú, que eres fiel, atiende


mi súplica;* tú, que eres justo, escúchame.
1 c. No llames a juicio a tu siervo,* pues ningún hombre
vivo es inocente frente a ti.
2 c. El enemigo me persigue a muerte, empuja mi vida
al sepulcro,* me confina a las tinieblas como a los
muertos ya olvidados.
Mi aliento desfallece,* mi corazón dentro de mí es-
tá yerto.
Recuerdo los tiempos antiguos, medito todas tus ac-
ciones,* considero las obras de tus manos
y extiendo mis brazos hacia ti:* tengo sed de ti co-
mo tierra reseca.
Escúchame enseguida, Señor,* que me falta el alien-
to.
No me escondas tu rostro,* igual que a los que ba-
jan a la fosa.

187
Horas del viernes

En la mañana hazme escuchar tu gracia,* ya que con-


fío en ti.
Indícame el camino que he de seguir,* pues levanto
mi alma a ti.
Enséñame a cumplir tu voluntad, ya que tú eres mi
Dios.* Tu espíritu, que es bueno, me guíe por tie-
rra llana.
Por tu nombre, Señor, consérvame vivo;* por tu cle-
mencia, sácame de la angustia.
Gloria...

Ant. Bienaventurado quien encuentra en ti su fuerza,


T. y decide en su corazón su santo viaje.

Ant. 2. Pobreza y fatiga desde mi juventud:


T. tras la humillación he sido ensalzado.

Cántico (Jr 15,10-11.15-21)


El profeta, signo de contradicción
Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan y os
proscriban a causa del Hijo del Hombre (Lc 6,22)

Sal. ¡Ay de mí, madre mía que me engendraste* hombre


de pleitos y contiendas para todo el país!
1 c. ¿Acaso no te he servido de todo corazón?* ¿No te
he invocado en el tiempo de la desgracia?
2 c. Señor, acuérdate de mí y defiéndeme,* mira que por
ti he soportado el oprobio.
Cuando encontraba palabras tuyas, las devoraba;* tus
palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón.

188
Laudes

No me senté a disfrutar con los que se divertían,* for-


zado por tu mano, me senté solitario, porque me
llenaste de ira.
¿Por qué se ha vuelto crónica mi llaga,* y mi heri-
da, enconada e incurable?
Entonces respondió el Señor:* «Si vuelves, te haré
volver a mí, estarás en mi presencia;
si separas lo precioso de la escoria, serás mi boca.*
Que ellos se conviertan a ti, no te conviertas tú a
ellos.
Frente a este pueblo te pondré,* como muralla de
bronce inexpugnable:
lucharán contra ti, pero no te podrán,* porque yo es-
toy contigo para librarte y salvarte».
Gloria...

Ant. Pobreza y fatiga desde mi juventud:


T. tras la humillación he sido ensalzado.

Ant. 3. La salvación de los justos viene del Señor,


T. en el tiempo de la angustia es su defensa.

Salmo 26 (7-14)
¡No temáis!
Dichosos vosotros cuando os insulten, y os persigan,
y os calumnien de cualquier modo por mi causa (Mt 5,11)

Sal. Escúchame, Señor, que te llamo;* ten piedad, res-


póndeme.
1 c. Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro».* Tu rostro
buscaré, Señor,

189
Horas del viernes

2 c. no me escondas tu rostro.* No rechaces con ira a tu


siervo.
Que Tú eres mi auxilio, no me deseches,* no me
abandones, Dios de mi salvación.
Si mi padre y mi madre me abandonan,* el Señor me
recogerá.
Señor, enséñame el camino,* guíame por la senda
llana, porque tengo enemigos.
No me entregues a la saña de mi adversario,* por-
que se levantan contra mí testigos falsos, que res-
piran violencia.
Espero gozar de la dicha del Señor* en el país de la
vida.
Espera en el Señor, sé valiente,* ten ánimo, espera
en el Señor.
Gloria...

Ant. La salvación de los justos viene del Señor,


T. en el tiempo de la angustia es su defensa.

Lectura
Heb 12,2-4

L. Jesús, renunciando al gozo inmediato, soportó la


cruz, despreciando la ignominia, y ahora está senta-
do a la derecha del trono de Dios. Recordad al que
soportó la oposición de los pecadores, y no os can-
séis ni perdáis el ánimo. Todavía no habéis llegado
a la sangre en vuestra pelea contra el pecado.
pausa de meditación.

190
Laudes

Responsorio
Col 1,24

L. Me alegro de sufrir por vosotros: así completo en mi


carne los dolores de Cristo.
T. Me alegro de sufrir por vosotros: así completo en mi
carne los dolores de Cristo.
L. Sufriendo por su cuerpo, que es la Iglesia.
T. Así completo en mi carne los dolores de Cristo.
L. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
T. Me alegro de sufrir por vosotros: así completo en mi
carne los dolores de Cristo.

Ant. No caerás, no te vencerán,


T. pues te he formado y establecido como Alianza del
pueblo.

Benedictus pág. 18

Preces

P. El Hijo aprendió sufriendo a obedecer:


T. que él nos enseñe a negarnos a nosotros mismos y
cargar con la cruz de cada día.
L. Tú que reinas desde el leño cubierto con tu sangre:
T. ayúdanos a perder nuestra vida si queremos salvarla.
L. Tú, que te hiciste siervo, en todo semejante al hombre:
T. sostén en nosotros la tensión por crecer, el empeño
del estudio, y la fatiga del trabajo.

191
Horas del viernes

L. Varón de dolores, que aceptaste morir por nosotros:


T. ayúdanos a no rechazar a quien sufre, a soportar la
enfermedad, a llenar la soledad de los ancianos.
L. Tú, que sentiste el abandono, la tristeza y la agonía:
T. valora el dolor del inocente, la persecución del jus-
to, la paciencia del pobre.
L. Tú, que te entregaste libremente, amándonos hasta
el extremo:
T. no dejes que nos venza la desesperación, y acoge a
quien hoy te encontrará en la muerte.
P. Confirmemos la obediencia de la fe al Dios que no
evitó la cruz a su Hijo, diciendo:
T. Padre nuestro...

Oración
P. Oh Padre, que en tu misterioso designio unes la pa-
sión de los miembros a la de la Cabeza, concede a
quien sufre por causa del nombre de tu Hijo ser pa-
ciente en la prueba y perdonar a quien le persigue.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y rei-
na contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios
por los siglos de los siglos.
T. Amén.
Conclusión
(ver página 17)

192
Hora intermedia

HORA INTERMEDIA

Invocación inicial
(ver página 17)

Himno
Ya se acerca la hora de tercia,
y Cristo en la cruz agoniza,
que el alma contemple humilde,
y el corazón suplique piadoso.
Esta hora nos despierta
del sueño del gran crimen,
la culpa del hombre es perdonada,
la muerte yace vencida.
Desde lo alto de la cruz
Jesús sostiene a la Virgen:
Madre, ahí tienes a tu hijo,
apóstol, ahí te dejo a tu madre.
Cristo es el Hijo de Dios,
e Hijo de la Virgen María
es redentor de los hombres,
y reina por siempre dichoso.
Amén.

Ant. 1. Mi mano es su apoyo,


T. y mi brazo su fuerza.

193
Horas del viernes

Salmo 21 (1-12)
Grito del justo sufriente
Al llegar el mediodía, toda la región quedó en tinieblas...
Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró (Mc 15,33.37)

Sal. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?;*


a pesar de mis gritos, mi oración no te alcanza.
1 c. Dios mío, de día te grito, y no respondes;* de noche,
y no haces caso;
2 c. aunque tú habitas en el santuario,* esperanza de Is-
rael.
En ti confiaban nuestros padres;* confiaban, y los
ponías a salvo;
a ti gritaban, y quedaban libres;* en ti confiaban, y
no los defraudaste.
Pero yo soy un gusano, no un hombre,* vergüenza
de la gente, desprecio del pueblo;
al verme se burlan de mí,* hacen visajes, menean la
cabeza:
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;* que lo li-
bre, si tanto lo quiere».
Tú eres quien me sacó del vientre,* me tenías con-
fiado en los pechos de mi madre;
desde el seno pasé a tus manos,* desde el vientre ma-
terno Tú eres mi Dios.
No te quedes lejos, que el peligro está cerca* y na-
die me socorre.
Gloria...

Ant. Mi mano es su apoyo,


T. y mi brazo su fuerza.

194
Hora intermedia

Ant. 2. Al pasar por el valle del llanto,


T. lo transformaré en una fuente.

Salmo 118 (49-56)


Tu ley es como un canto
Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas,
y yo os transmito el Reino (Lc 22,28)

Sal. Recuerda la palabra que diste a tu siervo,* de la que


hiciste mi esperanza;
1 c. éste es mi consuelo en la aflicción:* que tu prome-
sa me da vida;
2 c. los insolentes me insultan sin parar,* pero yo no me
aparto de tus mandatos.
Recordando tus antiguos mandamientos, Señor*,
quedé consolado;
sentí indignación ante los malvados,* que abandonan
tu voluntad;
tus leyes eran mi canción* en tierra extranjera.
De noche pronuncio tu nombre, Señor*, y, velando,
medito tus preceptos;
esto es lo que a mí me toca:* guardar tus decretos.
Gloria...

Ant. Al pasar por el valle del llanto,


T. lo transformaré en una fuente.

Ant. 3. A lo largo del camino se acrecienta el vigor,


T. hasta llegar a tu presencia.

195
Horas del viernes

Salmo 118 (81-88)


No dejaré a quien me conforta
Todos os odiarán por mi nombre: el que persevere hasta el final,
se salvará (Mt 10,22)

Sal. Me consumo ansiando tu salvación;* y espero en tu


palabra;
1 c. mis ojos se consumen ansiando tus promesas,* mien-
tras digo: «¿Cuándo me consolarás?»
2 c. Estoy como un odre puesto al humo,* pero no olvi-
do tus leyes.
¿Cuántos serán los días de tu siervo?* ¿Cuándo ha-
rás justicia de mis perseguidores?
Me han cavado fosas los insolentes,* ignorando tu
voluntad;
todos tus mandatos son leales,* sin razón me persi-
guen, protégeme.
Casi dieron conmigo en la tumba,* pero yo no aban-
doné tus decretos;
por tu bondad dame vida,* para que observe los pre-
ceptos de tu boca.
Gloria...

Ant. A lo largo del camino se acrecienta el vigor,


T. hasta llegar a tu presencia.

196
Hora intermedia

Lectura
Heb 2,14-15

L. Los hijos de una misma familia son todos de la mis-


ma carne y sangre, y de nuestra carne y sangre par-
ticipó también él; así, muriendo, aniquiló al que te-
nía el poder de la muerte, es decir, al diablo, y liberó
a todos los que por miedo a la muerte pasaban la vi-
da entera como esclavos.
pausa de meditación

L. Los sufrimientos del tiempo presente no pesan lo que


la gloria que se nos manifestará.
T. Conformados con él en la muerte, podremos alcan-
zar la resurrección.

Oración
P. Oremos: Señor Jesús, nuevo Adán, que entregando
tu vida al Padre engendraste un nuevo pueblo por el
agua y por la sangre, reúnelo de todos los confines
de la tierra, para que aceptando la cruz haga presen-
te tu resurrección. Tú que vives y reinas por los si-
glos de los siglos.
T. Amén.

Conclusión
(ver página 17)

197
Horas del viernes

VÍSPERAS

Invocación inicial
(ver página 17)

Himno

en tiempos y fiestas particulares págs. 22-47

música pág. 255


Desnuda raíz arrancada
del árido suelo reseco,
nos muestras tu rostro dolido,
que por nuestro amor ha sufrido.
Tú solo, oh Santo que sufres,
cargaste con nuestro dolor,
y haces que en ti sea fecundo
de gloria y de salvación.
Del hombre el corazón duro
se rompa en ríos de llanto,
que lave sus culpas secretas,
lo haga capaz de amar.
Oh Cristo, hermano que sufres,
acoge el canto perenne,
de quien en ti proclama Padre
al Santo de todos los santos.
Amén.

198
Vísperas

Ant. 1. Suba nuestra oración como incienso.


T. El alzar de nuestras manos como sacrificio de la tarde.

Salmo 3
El Señor me sostiene
Jesús se durmió en la muerte, pero despertó en la resurrección
porque Dios lo sustuvo (san Ireneo)

Sal. Señor, cuántos son mis enemigos,* cuántos se le-


vantan contra mí;
1 c. cuántos dicen de mí:* «Ya no lo protege Dios».
2 c. Pero tú, Señor, eres mi escudo y mi gloria,* tú man-
tienes alta mi cabeza.
Si grito invocando al Señor,* él me escucha desde su
monte santo.
Puedo acostarme y dormir y despertar:* el Señor me
sostiene.
No temeré al pueblo innumerable que acampa a mi
alrededor.* Levántate, Señor; sálvame, Dios mío:
tú golpeaste a mis enemigos en la mejilla,* rompis-
te los dientes de los malvados.
De ti, Señor, viene la salvación* y la bendición so-
bre tu pueblo.
Gloria...

Ant. Suba nuestra oración como incienso.


T. El alzar de nuestras manos como sacrificio de la tarde.

Ant. 2. Dios permite la tentación,


T. y da la fuerza para soportarla.

199
Horas del viernes

Salmo 16 (1-9)
A través de la prueba
En los días de su vida mortal, Cristo ofreció oraciones y súplicas al
que podía librarlo de la muerte y fue escuchado (Hb 5,7)

Sal. Señor, escucha mi apelación,* atiende a mis clamores,


1 c. presta oído a mi súplica,* que en mis labios no hay
engaño:
2 c. emane de ti la sentencia,* miren tus ojos la rectitud.
Aunque sondees mi corazón, visitándolo de noche,*
aunque me pruebes al fuego, no encontrarás ma-
licia en mí.
Mi boca no ha faltado* como suelen los hombres;
según tus mandatos,* yo me he mantenido en la sen-
da establecida.
Mis pies estuvieron firmes en tus caminos,* y no va-
cilaron mis pasos.
Yo te invoco, porque tú me respondes, Dios mío;* in-
clina el oído y escucha mis palabras.
Muestra las maravillas de tu misericordia,* tú que salvas
de los enemigos a quien se refugia a tu derecha.
Guárdame como a las niñas de tus ojos,* a la som-
bra de tus alas escóndeme,
de los malvados que me asaltan,* del enemigo mor-
tal que me cerca.
Gloria...
Ant. Dios permite la tentación,
T. y da la fuerza para soportarla.
Ant. 3. Cristo padeció por nosotros, dándonos un ejemplo,
T. para que sigamos sus huellas.
200
Vísperas

Cántico (Flp 2,6-11)


Cristo, obediente al Padre
El Hijo del Hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y
dar su vida en rescate por todos (Mc 10,45)

Sal. Cristo, a pesar de su condición divina,* no hizo alar-


de de su categoría de Dios;
1 c. al contrario, se despojó de su rango y tomó la con-
dición de esclavo,* pasando por uno de tantos.
2 c. Y así, actuando como un hombre cualquiera,* se re-
bajó hasta someterse a la muerte, y una muerte de
cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo* y le concedió el
«Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se do-
ble* en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:* Jesucristo es Señor, para
gloria de Dios Padre.
Gloria...

Ant. Cristo padeció por nosotros, dándonos un ejemplo,


T. para que sigamos sus huellas.

Lectura
2Cor 4,8-10

L. Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; es-


tamos apurados, pero no desesperados; acosados, pe-
ro no abandonados; nos derriban, pero no nos rema-
tan; en toda ocasión y por todas partes llevamos en el

201
Horas del viernes

cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de


Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.
pausa de meditación

Responsorio
1Cor 1, 25.21

L. Lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y


lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.
T. Lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y
lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.
L. Quiso Dios salvarnos por la cruz de Cristo.
T. Escándalo para los judíos, necedad para los gentiles.
L. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
T. Lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y
lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

Ant. Dijo Simeón a María, su Madre:


T. «Una espada te traspasará el alma».

Magnificat pág. 20

Preces
P. Miremos a Jesús, signo de contradicción, criterio de
ruina y de resurrección, y digámosle:
T. Con tu santa cruz redimiste al mundo.
L. Te revestiste de la debilidad humana:

202
Vísperas

T. ten compasión de quien no conoce tu verdad y per-


manece en el error.
L. Viniste a traer la espada:
T. líbranos de nuestros proyectos, para entregarnos a tu
alianza.
L. Nos mandas como ovejas entre lobos:
T. haznos simples y prudentes, para dar testimonio de
ti con obras y palabras.
L. Sobre ti recayó la iniquidad de todos nosotros:
T. líbranos del hábito de darte siempre la espalda y ne-
garte delante de los hombres.
L. Desde la cruz nos diste a tu Madre:
T. que toda la Iglesia la imite en la fe y en el amor.
P. Pidamos al Señor que transforme la aflicción de aho-
ra en el gozo que nadie puede arrebatar, diciendo:
T. Padre nuestro...

Oración
P. Te pedimos, Padre, que hagas de nosotros un sacrifi-
cio permanente que te sea agradable, y que la fe nos
haga dóciles a tu designio, esperando contra toda es-
peranza en tu Hijo Jesucristo, que venció a la muerte.
Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíri-
tu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
T. Amén.

Conclusión
(ver página 17)

203
HORAS DEL SÁBADO

El sábado es la redención. Era sábado cuando el Señor des-


cendió a los infiernos para rescatar a todo el universo que
esperaba la Resurrección. «Es tiempo de despertarse del sue-
ño», la vida cristiana consiste en retomar el camino conti-
nuamente. «Prosigo mi carrera hasta alcanzar a Cristo, por
quien yo ya fui alcanzado», es la síntesis de toda la semana.

La Resurrección: el descenso a los infiernos (detalle)


Sacristía de la Catedral de la Almudena
Horas del sábado

LAUDES

Invocación inicial
(ver página 17)

Himno

en tiempos y fiestas particulares págs. 22-47

música pág. 256


Oh Cristo divino esplendor,
tú envuelves en dones de luz,
el mundo que a vida despierta
alzándolo al Padre en ofrenda.
La Gracia de esta mañana
transforme la tierra en altar,
y toda la obra del hombre
se vuelva oblación de alabanza.
En breve seremos saciados
con tu Sacramento de vida,
que funde nuestras existencias
en Místico Cuerpo, tu Iglesia.
Y ante tu rostro de luz
diriges el curso del tiempo,
al día que no tiene ocaso
conduces tu pueblo, oh Cristo.
A ti, luz eterna del mundo,
al Padre que es fuente de luz,

206
Laudes

al Fuego, que es luz de tu amor,


en esta mañana sea gloria.
Amén.

Ant. 1. Es hora de despertarse del sueño;


T. la salvación está más cerca de lo que creemos.

Salmo 120
El Señor vela por ti
Soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis
y deis fruto, y vuestro fruto permanezca (Jn 15,16)

Sal. Levanto mis ojos a los montes:* ¿de dónde me ven-


drá el auxilio?
1 c. El auxilio me viene del Señor,* que hizo el cielo y
la tierra.
2 c. No permitirá que resbale tu pie,* tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa* el guardián de Israel.
El Señor te guarda a su sombra,* está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,* ni la luna de noche.
El Señor te guarda de todo mal,* él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,* ahora y por
siempre.
Gloria...

Ant. Es hora de despertarse del sueño;


T. la salvación está más cerca de lo que creemos.

Ant. 2. Cambiaré vuestro luto en alegría,


T. os consolaré y os haré felices.

207
Horas del sábado

Cántico (Is 49,14-18.22)


La Iglesia, esperanza de los pueblos
La Iglesia es Su Cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos
(Ef 1,23)

Sal. Sión decía: «Me ha abandonado el Señor,* mi due-


ño me ha olvidado».
1 c. ¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura,*
no conmoverse por el hijo de sus entrañas?
2 c. Pues, aunque ella se olvide,* yo no te olvidaré.
Mira, en mis palmas te llevo tatuada,* tus muros es-
tán siempre ante mí;
los que te construyen van más aprisa que los que te
destruyen,* los que te arrasaban se alejan de ti.
Levanta los ojos en torno y mira,* todos se reúnen
para venir a ti;
a todos los llevarás como vestido precioso,* serán tu
cinturón de novia.
Mira, con la mano hago señas a las naciones,* alzo
mi estandarte para los pueblos:
traerán a tus hijos en brazos,* a tus hijas las llevarán
al hombro.
Gloria...

Ant. Cambiaré vuestro luto en alegría,


T. os consolaré y os haré felices.

Ant. 3. Prosigo mi carrera hasta alcanzar a Cristo,


T. por quien yo ya fui alcanzado.

208
Laudes

Salmo 67 (1-11)
El Señor es quien nos conduce
Yo te he puesto para luz de las naciones, para llevar mi salvación
hasta los confines de la tierra (Is 49,6)

Sal. Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos,* hu-


yen de su presencia los que lo odian;
1 c. como el humo se disipa, se disipan ellos;* como se
derrite la cera ante el fuego, así perecen los impí-
os ante Dios.
2 c. En cambio, los justos se alegran,* gozan en la pre-
sencia de Dios, rebosando de alegría.
Cantad a Dios, tocad en su honor, alfombrad el ca-
mino del que avanza por el desierto;* su nombre
es el Señor: alegraos en su presencia.
Padre de huérfanos, protector de viudas,* Dios vive
en su santa morada.
Dios prepara casa a los desvalidos, libera a los cau-
tivos y los enriquece;* sólo los rebeldes se que-
dan en la tierra abrasada.
Oh Dios, cuando salías al frente de tu pueblo* y
avanzabas por el desierto,
la tierra tembló, el cielo destiló, ante Dios, el Dios
del Sinaí;* ante Dios, el Dios de Israel.
Derramaste en tu heredad, oh Dios, una lluvia co-
piosa,* aliviaste la tierra extenuada;
y tu rebaño habitó en la tierra* que tu bondad, oh
Dios, preparó para los pobres.
Gloria...
Ant. Prosigo mi carrera hasta alcanzar a Cristo,
T. por quien yo ya fui alcanzado.

209
Horas del sábado

Lectura
Flp 1,3-6

L. Doy gracias a mi Dios cada vez que os menciono;


siempre que rezo por todos vosotros, lo hago con
gran alegría. Porque habéis sido colaboradores míos
en la obra del Evangelio, desde el primer día hasta
hoy. Ésta es mi convicción: que el que ha inaugura-
do entre vosotros una empresa buena la llevará ade-
lante hasta el día de Cristo Jesús.
pausa de meditación.

Responsorio
Hch 1,8; Mt 28,20

L. Seréis mis testigos hasta los confines de la tierra.


T. Seréis mis testigos hasta los confines de la tierra.
L. Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del
mundo.
T. Hasta los confines de la tierra.
L. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
T. Seréis mis testigos hasta los confines de la tierra.

Ant. Oí la voz del Señor: «¿A quién mandaré?»


T. Yo respondí: «¡Aquí estoy, envíame!»

Benedictus pág. 18

210
Laudes

Preces

P. Cada uno a su trabajo. Velad y orad:


T. esperamos los cielos nuevos y la tierra nueva, don-
de la justicia tendrá una morada eterna.
L. Como el Padre te envió, así nos has enviado tú a
nosotros:
T. por tu gracia somos lo que somos, te pedimos que
no sea vana en nosotros.
L. También hoy nos pones delante la vida y la muerte:
T. no abandones a los que llevamos tu nombre para edi-
ficar tu reino.
L. Trabajamos toda la noche sin fruto:
T. que dejemos nuestra tierra y echemos las redes fia-
dos en tu palabra.
L. Tú eres el mismo ayer, hoy y siempre:
T. mantennos irreprensibles y simples, resplandecien-
tes como estrellas en el mundo.
L. Tú, que estás en nosotros como esperanza de la gloria:
T. madura la semilla plantada, vence nuestras resisten-
cias, líbranos de las vanas esperanzas.
P. Esperando la salvación, recemos al Señor con con-
fianza:
T. Padre nuestro...

211
Horas del sábado

Oración
P. Dios Padre todopoderoso, que unes en un mismo
querer a los que en ti esperan, concede a tu pueblo
amar lo que mandas y desear lo que prometes, para
que, en medio de las vicisitudes de este mundo, nues-
tros corazones estén fijos allí donde reside la verda-
dera alegría.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y rei-
na contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios
por los siglos de los siglos.
T. Amén.

Conclusión
(ver página 17)

212
Hora intermedia

HORA INTERMEDIA

Invocación inicial
(ver página 17)

Himno

De nuevo Santo Espíritu,


uno con el Padre y el Hijo,
con abundancia digna de ti
desciende a nuestros corazones.
A ti, la mente, la lengua y el canto,
la fuerza y los sentidos te alaban:
ilumínanos con tu caridad,
acerca nuestro corazón al hermano.
Al Padre alabanza cantamos
y al Hijo que es luz de luz,
y gloria al Espíritu Santo
que es fuente eterna de vida.

Ant. 1. Ayudé a un valiente.


T. Mi Alianza le será fiel.

213
Horas del sábado

Salmo 118 (41-48)


Hablaré delante del rey
Lo que os digo de noche, decidlo en pleno día, y lo que os digo
al oído, pregonadlo desde la azotea (Mt 10,27)

Sal. Señor, que me alcance tu favor,* tu salvación según


tu promesa:
1 c. así responderé a los que me injurian,* que confío en
tu palabra;
2 c. no quites de mi boca las palabras sinceras,* porque
yo espero en tus mandamientos.
Cumpliré sin cesar tu voluntad,* por siempre jamás;
andaré por un camino ancho,* buscando tus decre-
tos;
comentaré tus preceptos ante los reyes,* y no me
avergonzaré.
Serán mi delicia tus mandatos,* que tanto amo;
levantaré mis manos hacia ti* recitando tus manda-
tos.
Gloria...

Ant. Ayudé a un valiente.


T. Mi Alianza le será fiel.

Ant. 2. El Señor completará por mí su obra,


T. no abandonará la obra de sus manos.

214
Hora intermedia

Salmo 118 (105-112)


Manteneos firmes
Permaneced firmes, inconmovibles, progresando siempre
en la obra del Señor, sabiendo que vuestro trabajo,
en el Señor, no es estéril (1Cor 15,58)

Sal. Lámpara es tu palabra para mis pasos,* luz en mi


sendero;
1 c. lo juro y lo cumpliré:* guardaré tus justos manda-
mientos;
2 c. ¡estoy tan afligido! Señor*, dame vida según tu pro-
mesa.
Acepta, Señor, los votos que pronuncio,* enséñame
tus mandatos;
mi vida está siempre en peligro,* pero no olvido tu
voluntad;
los malvados me tendieron un lazo,* pero no me des-
vié de tus decretos.
Tus preceptos son mi herencia perpetua,* la alegría
de mi corazón;
inclino mi corazón a cumplir tus leyes,* siempre y
cabalmente.
Gloria...

Ant. El Señor completará por mí su obra,


T. no abandonará la obra de sus manos.

Ant. 3. El Señor Dios es mi sol y mi escudo.


T. No niega la bendición a quien camina con rectitud.

215
Horas del sábado

Salmo 127
Recompensa para quien es fiel
Quien deje todo por mí y por el Evangelio, recibirá ahora,
en este tiempo, cien veces más, y en la edad futura vida eterna
(Mc 10,29-30)

Sal. Dichoso el que teme al Señor* y sigue sus caminos.


1 c. Comerás del fruto de tu trabajo,* serás dichoso, te
irá bien;
2 c. tu mujer, como parra fecunda,* en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,* alrededor de tu
mesa:
ésta es la bendición del hombre* que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,* que veas la pros-
peridad de Jerusalén todos los días de tu vida;
que veas a los hijos de tus hijos.* ¡Paz a Israel!
Gloria...

Ant. El Señor Dios es mi sol y mi escudo.


T. No niega la bendición a quien camina con rectitud.

216
Hora intermedia

Lectura
1Cor 3,7.9-10

L. El que planta no significa nada, ni el que riega tam-


poco; cuenta el que hace crecer, o sea, Dios. Vosotros
sois campo de Dios, sois edificio de Dios. Confor-
me al don que Dios me ha dado, yo, como hábil ar-
quitecto, coloqué el cimiento, otro levanta el edifi-
cio. Mire cada uno cómo construye. Nadie puede
poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Je-
sucristo.
pausa de meditación

L. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis.


T. De la plenitud del corazón habla la boca.

Oración
P. Oremos: Señor Jesucristo, recapitulador de todas las
cosas, confirma y acrecienta en nosotros la comu-
nión de tu Iglesia, para que podamos servir a la co-
munidad humana con la experiencia del Espíritu pa-
ra la edificación del Reino. Tú que vives y reinas por
los siglos de los siglos.
T. Amén.

Conclusión
(ver página 17)

217
Horas del sábado

VÍSPERAS

Invocación inicial
(ver página 17)

Himno

en tiempos y fiestas particulares págs. 22-47


música pág. 256

Fue luz la primera palabra,


artífice sumo y sublime,
y fue con la luz lo creado,
comienzo del curso del tiempo.
Al brillo primero del alba,
responde el fulgor de la tarde;
el cielo que tiñes de fuego
proclama cuán grande es tu gloria.
Un hálito nuevo de vida
alienta en todas las cosas;
en busca del sol se levantan
y luego, en paz ya reposan.
Nuestra única paz verdadera
está sólo en Cristo, tu Hijo,
que ya elevado a lo alto
atrae a sí todas las cosas.
Eterno Pastor de los hombres,
que guías sus pasos seguro,

218
Vísperas

en la noche oscura del mundo,


al pasto fecundo de vida.
Con cantos e himnos sinceros
sea gloria por siempre a ti, Padre,
al Hijo que tú nos has dado
y gloria al Espíritu Santo.
Amén.

Ant. 1. Tu diestra me sostuvo,


T. tu bondad me ha hecho crecer.

Salmo 71 (12-19)
Librará al pobre
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque El me ha ungido.
Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar
a los cautivos la libertad (Lc 4,18)

Sal. Él librará al pobre que clamaba,* al afligido que no


tenía protector;
1 c. él se apiadará del pobre y del indigente,* y salvará
la vida de sus pobres;
2 c. él rescatará sus vidas de la violencia,* su sangre se-
rá preciosa a sus ojos.
Que viva y que le traigan oro de Saba;* que recen
por él continuamente y lo bendigan todo el día.
Que haya trigo abundante en sus campos,* y susurre
en lo alto de los montes;
que den fruto como el Líbano,* y broten las espigas
como hierba del campo.
Que su nombre sea eterno,* y su fama dure como el
sol;

219
Horas del sábado

que él sea la bendición de todos los pueblos,* y lo


proclamen dichoso todas las razas de la tierra.
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,* el único que
hace maravillas;
bendito por siempre su nombre glorioso;* que su glo-
ria llene la tierra.
Gloria...

Ant. Tu diestra me sostuvo,


T. tu bondad me ha hecho crecer.

Ant. 2. La gloria del Señor es que el hombre viva,


T. que todo se cumpla en el nombre del Señor.

Salmo 84 (2-3.6-13)
Volveré a daros vida
Nosotros compartimos con él la debilidad, pero viviremos con él
para vosotros por la fuerza de Dios (2Cor 13,4)

Sal. Señor, has sido bueno con tu tierra,* has restaurado


la suerte de Jacob,
1 c. has perdonado la culpa de tu pueblo,* has sepultado
todos sus pecados.
2 c. ¿Vas a estar siempre enojado,* o a prolongar tu ira
de edad en edad?
¿No vas a devolvernos la vida,* para que tu pueblo
sea alegre contigo?
Muéstranos, Señor, tu misericordia,* y danos tu sal-
vación.

220
Vísperas

Voy a escuchar los que dice el Señor: «Dios anuncia


la paz a su pueblo y a sus amigos* y a los que se
convierten de corazón».
La salvación está ya cerca de sus fieles,* y la gloria
habitará en nuestra tierra;
la misericordia y la fidelidad se encuentran,* la jus-
ticia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,* y la justicia mira des-
de el cielo;
el Señor nos dará la lluvia,* y nuestra tierra dará su
fruto.
Gloria...

Ant. La gloria del Señor es que el hombre viva,


T. que todo se cumpla en el nombre del Señor.

Ant. 3. Estad alertas, con las lámparas encendidas,


T. esperando al Señor que viene.

Cántico (Ap 11,17-18; 12,10b-12a)


Esperamos su venida
Sepultados con él a través del bautismo en la muerte para que, como
Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así
también nosotros caminemos en una vida nueva. (Rom 6,4)

Sal. Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,* el que


eres y el que eras.
1 c. porque has asumido el gran poder* y comenzaste a
reinar.
2 c. Se encolerizaron las gentes,* llegó tu cólera,

221
Horas del sábado

y el tiempo de que sean juzgados los muertos,* y de


dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos* y a los que temen tu nombre.
Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reina-
do de nuestro Dios,* y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado el acusador de nuestros her-
manos,* el que los acusaba ante nuestro Dios día
y noche.
Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Corde-
ro* y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida* que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,* y los que moráis en
sus tiendas.
Gloria...

Ant. Estad alertas, con las lámparas encendidas,


T. esperando al Señor que viene.

Lectura
2Cor 5,1.10

L. Si se destruye este nuestro tabernáculo terreno, te-


nemos un sólido edificio construido por Dios, una
casa que no ha sido levantada por mano de hombre
y que tiene una duración eterna en los cielos. Todos
tendremos que comparecer ante el tribunal de Cris-
to para recibir premio o castigo por lo que hayamos
hecho mientras teníamos este cuerpo.
pausa de meditación

222
Vísperas

Responsorio
2Cor 5,5; 4,6

L. Dios mismo nos creó para eso y como garantía nos


dio el Espíritu.
T. Dios mismo nos creó para eso y como garantía nos
dio el Espíritu.
L. Suspiramos como en el exilio, pero estamos llenos
de confianza.
T. Como garantía nos dio el Espíritu.
L. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
T. Dios mismo nos creó para eso y como garantía nos
dio el Espíritu.

Ant. María guardaba todas estas cosas, meditándolas en


su corazón.
T. Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos.

Magnificat pág. 20

Preces
P. El Señor dará la corona de justicia a quien ha com-
batido el buen combate:
T. el Espíritu y la Esposa te dicen: «¡Ven Señor Jesús!»
L. Para que nos reconozcas delante del Padre:
T. haz que te reconozcamos delante de los hombres con
sinceridad y fidelidad.
L. No sabemos el día ni la hora:

223
Horas del sábado

T. renueva la vigilancia de tus fieles, para que no deje-


mos pasar el momento favorable.
L. Quien se detiene a mitad de camino no es digno de
ti:
T. concédenos perseverar hasta el fin.
L. Tu palabra es fecunda y tu Cuerpo nos alimenta:
T. conforta a quienes parten para anunciarte y condu-
ce en la paz al pueblo que has rescatado.
L. Nos has dado el Espíritu y suscitas pastores en tu
Iglesia:
T. reúne en el único rebaño a tus hijos extraviados y
haznos dóciles a los que elegiste para confirmar-
nos en el camino.
P. Roguemos incesantemente a Dios que nos hizo hi-
jos y herederos en Cristo:
T. Padre nuestro...

Oración
P. Acoge, oh Padre, el grito de tu Iglesia y socórrela en
el cansancio y en las pruebas de su peregrinación por
esta tierra; que la venida gloriosa de tu Hijo la libe-
re de los restos del antiguo mal y la haga dichosa en
la posesión de los bienes prometidos.
Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíri-
tu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
T. Amén.

Conclusión
(ver página 17)

224
COMPLETAS

«El Señor, volviendose, le echó una mirada a Pedro, y


Pedro se acordó de la palabra que el Señor le había
dicho: 'Antes de que cante hoy el gallo, me negarás tres
veces'. Y saliendo afuera, lloró amargamente».
(Lc 22,61-62)

El llanto de Pedro (detalle)


Sala Capitular de la Catedral de la Almudena
Completas

Invocación inicial
(ver página 17)

P. Hermanos: Llegados al fin de esta jornada que Dios


nos ha concedido, reconozcamos humildemente
nuestros pecados.

examen de conciencia

T. Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros


hermanos, que he pecado mucho de pensamiento,
palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi cul-
pa, por mi gran culpa. Por eso ruego a santa Ma-
ría, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a
vosotros hermanos, que intercedáis por mí ante
Dios, nuestro Señor.
P. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida
eterna.

228
Completas

Himno
música pág. 257

Llegado el día a su término,


oh Creador de cada ser,
desvela nuestro corazón,
a su Destino, guíalo.
En el reposo vélanos
con tu piedad dulcísima,
libera el cuerpo exhausto
del mal que nos fascina.
A ti, oh Padre, gloria
al Hijo Unigénito,
y gloria al Santo Espíritu
ahora y por los siglos.
Amén.

Tú eres día radiante de luz,


que disipa la noche de los corazones.
Tú eres sol de vida inmortal,
oh Jesús, dulce premio de los santos.

Oh Señor santísimo, escucha:


custódianos a todos en el sueño;
da paz a nuestro descanso
en la noche tranquila y serena.

Mientras los ojos se cierran al sueño


vigile en ti nuestro corazón.
Abrace la mano divina
a los creyentes y a todos los mortales.

229
Completas

Eres nuestra defensa, oh Señor,


contra todas las insidias del mal.
Custodia en el bien a tus hijos,
que has redimido con sangre preciosa.

A ti, Cristo, salvación del mundo,


a ti, Padre, Señor del cielo,
a ti, Espíritu Santo, Amor,
sea gloria por los siglos eternos.

Amén.

(Uno de los cinco salmos siguientes)

Ant. 1. En ti confío, Señor,


T. y en paz me duermo.

Salmo 4
Tu presencia llena la soledad
No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido
a bien daros el Reino (Lc 12,32)

Sal. Escúchame cuando te invoco, Dios defensor mío;* tú


que en el aprieto me diste anchura, ten piedad de
mí y escucha mi oración.
1 c. Y vosotros, ¿hasta cuándo ultrajaréis mi honor,* ama-
réis la falsedad y buscaréis el engaño?
2 c. Sabedlo: el Señor hizo milagros en mi favor,* y el Se-
ñor me escuchará cuando lo invoque.
Temblad y no pequéis,* reflexionad en el silencio de
vuestro lecho;

230
Completas

ofreced sacrificios legítimos* y confiad en el Señor.


Hay muchos que dicen: «¿Quién nos hará ver la di-
cha,* si la luz de tu rostro ha huido de nos-
otros?»
Pero tú, Señor, has puesto en mi corazón más ale-
gría* que si abundara en trigo y en vino.
En paz me acuesto y en seguida me duermo,* por-
que tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo.
Gloria...

Ant. En ti confío, Señor,


T. y en paz me duermo.

Ant. 2. Volveré y os llevaré conmigo,


T. para que estéis donde yo estoy.

Salmo 90
Sólo en él descansa nuestra seguridad
La paz os dejo, mi paz os doy: no os la doy como la da el mundo.
Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde (Jn 14,27)

Sal. Tú que habitas al amparo del Altísimo,* que vives a


la sombra del Omnipotente,
1 c. di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío,* Dios mío,
confío en ti».
2 c. Él te librará de la red del cazador,* de la peste funesta.
Te cubrirá con sus plumas,* bajo sus alas te refu-
giarás.
Su brazo es escudo y armadura.* No temerás el es-
panto nocturno,

231
Completas

ni la flecha que vuela de día, ni la peste que se des-


liza en las tinieblas,* ni la epidemia que devasta
a mediodía.
Caerán a tu izquierda mil, diez mil a tu derecha;* a
ti no te alcanzará.
Nada más mirar con tus ojos,* verás la paga de los
malvados,
porque hiciste del Señor tu refugio,* tomaste al Al-
tísimo por defensa.
No se te acercará la desgracia,* ni la plaga llegará
hasta tu tienda,
porque a sus ángeles ha dado órdenes* para que te
guarden en tus caminos;
te llevarán en sus palmas,* para que tu pie no tro-
piece en la piedra;
caminarás sobre áspides y víboras,* pisotearás leo-
nes y dragones.
«Se puso junto a mí: lo libraré;* lo protegeré porque
conoce mi nombre.
me invocará y lo escucharé.* Con él estaré en la tri-
bulación, lo defenderé, lo glorificaré,
lo saciaré de largos días,* y le haré ver mi salva-
ción».
Gloria...

Ant. Volveré y os llevaré conmigo,


T. para que estéis donde yo estoy.

232
Completas

Ant. 3. Los ojos de los siervos están vueltos al Señor.


T. El Señor es mi heredad.

Salmo 15
La vida tras la muerte
Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos
y Cristo será tu luz (Ef 5,14)

Sal. Protégeme, Dios mío,* que me refugio en ti;


1 c. yo digo al Señor: «Tú eres mi bien».* Los dioses y
señores de la tierra no me satisfacen.
2 c. Multiplican las estatuas de dioses extraños; no de-
rramaré sus libaciones con mis manos,* ni toma-
ré sus nombres en mis labios.
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,* mi
suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,* me encanta mi he-
redad.
Bendeciré al Señor, que me aconseja,* hasta de no-
che me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,* con él a mi dere-
cha no vacilaré.
Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis en-
trañas* y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,* ni dejarás a
tu fiel conocer la corrupción.
Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de go-
zo en tu presencia,* de alegría perpetua a tu derecha.
Gloria...

233
Completas

Ant. Los ojos de los siervos están vueltos al Señor.


T. El Señor es mi heredad.

Ant. 4. Señor, ¿a quién iremos?


T. Sólo Tú tienes palabras que dan la vida.

Salmo 129
La esperanza del perdón está llena de certeza
Cristo es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo
por los nuestros, sino también por los del mundo entero (1Jn 2,2)

Sal. Desde lo hondo a ti grito, Señor;* Señor, escucha mi


voz;
1 c. estén tus oídos atentos,* a la voz de mi súplica.
2 c. Si llevas cuenta de los delitos, Señor,* ¿quién podrá
resistir?
Pero de ti procede el perdón,* y así infundes res-
peto.
Mi alma espera en el Señor,* espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,* más que el centinela la
aurora.
Aguarde Israel al Señor,* porque del Señor viene la
misericordia,
la redención copiosa;* y él redimirá a Israel de todos
sus delitos.
Gloria...

Ant. Señor, ¿a quién iremos?


T. Sólo Tú tienes palabras que dan la vida.

234
Completas

Ant. 5. La multitud de los creyentes,


T. era un solo corazón y una sola alma.

Salmo 132
Alegría del amor fraterno
La señal por la que conocerán que sois mis discípulos,
será que os amáis unos a otros (Jn 13,35)

Sal. Ved qué dulzura, qué delicia,* convivir los hermanos


unidos.
1 c. Es ungüento precioso en la cabeza,* que va bajando
por la barba,
2 c. que baja por la barba de Aarón,* hasta la franja del
ornamento.
Es rocío del Hermón,* que va bajando por el monte
Sión.
Porque allí manda el Señor la bendición:* la vida pa-
ra siempre.
Gloria...

Ant. La multitud de los creyentes,


T. era un solo corazón y una sola alma.

Lectura
después de la lectura, pausa de meditación

Domingo
Ap 22,4-5
L. Verán al Señor cara a cara y llevarán su nombre en la
frente. Ya no habrá más noche, ni necesitarán luz de

235
Completas

lámpara o del sol, porque el Señor Dios irradiará luz


sobre ellos, y reinarán por los siglos de los siglos.

Lunes
1Tes 5,9-10
L. Dios nos ha destinado a obtener la salvación por me-
dio de nuestro Señor Jesucristo; él murió por noso-
tros, para que, despiertos o dormidos, vivamos con
él.

Martes
Col 2,13; Gal 3,13; 2Cor 5,21
L. Dios os dio vida en Cristo, perdonándoos todos los
pecados. Borró el protocolo que nos condenaba con
sus cláusulas y era contrario a nosotros; lo quitó de
en medio, clavándolo en la cruz. Cristo nos rescató
de la maldición de la ley, haciéndose por nosotros un
maldito, para que nosotros, unidos a él, recibamos la
justificación de Dios.

Miércoles
1Cor 1,6-9
L. En vosotros se ha probado el testimonio de Cristo. De
hecho, no carecéis de ningún don, vosotros que
aguardáis la manifestación de nuestro Señor Je-
sucristo. Él os mantendrá firmes hasta el final, para
que no tengan de qué acusaros en el tribunal de Je-
sucristo, Señor nuestro. Dios os llamó a participar en
la vida de su Hijo, Jesucristo Señor nuestro. ¡Y él es
fiel!

236
Completas

Jueves
1Tes 3,12; Ef 4,26.29-30
L. Hermanos: que el Señor os colme y os haga rebosar
de amor mutuo y de amor a todos. No lleguéis a pe-
car; que la puesta del sol no os sorprenda en vuestro
enojo. Malas palabras no salgan de vuestra boca, si-
no buenas cuando sea necesario para la edificación
de los que os oigan. Y no entristezcáis al Espíritu
Santo de Dios, con cuyo sello fuisteis marcados pa-
ra el día de la redención.

Viernes
Rom 8,35-37
L. ¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo? ¿la
aflicción?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el ham-
bre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?, como
dice la Escritura: «Por tu causa nos degüellan cada
día, nos tratan como ovejas de matanza». Pero en to-
do esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha
amado.
Sábado
Rom 5,1.3-5
L. Hermanos: Ya que hemos recibido la justificación por
la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nues-
tro Señor Jesucristo. Nos gloriamos en las tribula-
ciones sabiendo que la tribulación produce constan-
cia; la constancia, virtud probada; la virtud,
esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el
amor de Dios ha sido derramado en nuestros cora-
zones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.

237
Completas

Responsorio
L. Mucha paz tienen los que aman tu ley, Señor.
T. Mucha paz tienen los que aman tu ley, Señor.
L. Y no hay peligro para ellos.
T. En tu ley, Señor.
L. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
T. Mucha paz tienen los que aman tu ley, Señor.
o bien:
L. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
T. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
L. Tú el Dios leal nos librarás.
T. Encomiendo mi espíritu.
L. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
T. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras


dormimos
T. para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

Cántico de Simeón
Lc 2,29-32

Sal. Ahora, Señor, según tu promesa,* puedes dejar a tu


siervo irse en paz;
1 c. porque mis ojos han visto a tu Salvador,* a quien has
presentado ante todos los pueblos;

238
Completas

2 c. luz para alumbrar a las naciones* y gloria de tu pue-


blo Israel.
Gloria...

Oración
(Se elige una; la primera, para el sábado)
P. Oremos:
Guárdanos, Señor, durante esta noche y haz que ma-
ñana, ya al clarear el nuevo día, celebremos llenos de
gozo la Resurrección de tu Hijo. Que vive y reina por
los siglos de los siglos.
Visita, Señor, nuestra casa: aleja de ella las insidias
del enemigo; que tus santos ángeles habiten en ella y
nos guarden en paz, y que tu bendición permanezca
siempre con nosotros. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Ilumina, Señor, esta noche y concédenos un descan-
so tranquilo; que mañana nos levantemos en tu nom-
bre y podamos contemplar, con salud y gozo, el cla-
rear del nuevo día. Por Jesucristo, nuestro Señor.
T. Amén.
P. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tran-
quila y una muerte santa.
T. Amén.

En la tradición de la Iglesia, después de rezar Completas se


reza o canta una antífona a la Virgen (pp. 242-246).

239
ANTÍFONAS A LA VIRGEN

¡Oh Madre, Tú eres la seguridad de nuestra esperanza!

La presentación en el Templo (detalle)


Sala Capitular de la Catedral de la Almudena
Antífonas a la Virgen

música pág. 266


Alma Redemptoris mater,
quae coelu per via porta manes,
et stella maris, sucurre cadenti,
surgere qui curat populo.

Tu quae genuisti, natura mirante,


tuum sanctum Genitorem,
virgo prius ac posterius,
Gabrielis ab ore sumens illud Ave,
peccatorum miserere.
Madre del Redentor, virgen fecunda,
puerta del cielo siempre abierta, estrella del mar,
ven a librar al pueblo que tropieza y quiere levantarse.
Ante la admiración de cielo y tierra,
engendraste a tu santo Creador, y permaneces siempre virgen.
Recibe el saludo del ángel Gabriel,
y ten piedad de nosotros pecadores.
música pág. 267
Ave, regina caelorum;
ave, domina angelorum
Salve, radix; salve, porta,
ex qua mundo lux est orta
Gaude, virgo gloriosa,
super omnes speciosa;
vale, o valde décora
et pro nobis Christum exora.
Salve, Reina de los cielos y Señora de los ángeles;
salve raíz, salve puerta, que dio paso a nuestra luz.
Alégrate, virgen gloriosa, entre todas la más bella;
salve, oh hermosa doncella, ruega a Cristo por nosotros.

242
Antífonas a la Virgen

Inviolata, integra et casta es, Maria:


quae es effecta fulgida coeli porta.
O Mater alma Christi carissima:
suscite pia laudum praeconia.

Te nunc flagitant devota corda et ora:


nostra ut pura pectora sint et corpora.
Tua per preacata dulcisona:
nobis concedas veniam per saecula.

O benigna, o regina, o Maria,


quae sola inviolata permansisti.

Virginal y purísima eres, María


brillante puerta del cielo.
Oh, muy amada madre nutricia de Cristo,
recibe los piadosos cantos de alabanza.
Te reclaman nuestros piadosos corazones y labios
para que sean puros nuestros pensamientos y nuestros cuerpos.
Por tu intercesión maternal,
nos concedas el perdón por los siglos.
Oh, generosa, oh reina,
oh María, la única sin pecado.

Memorare, piissima Virgo Maria,


a saeculo non esse auditum
quemquam ad tua currentem praesidia,
tua implorantem auxilia,
tua petentem suffragia esse derelictum.

Ego, tali animatus confidencia,


ad te, Virgo virginum Mater, curro;
ad te venio, coram te gemens peccator assisto.

243
Antífonas a la Virgen

Noli, Mater Verbi, verba mea despicere,


sed audi propitia et exaudi. Amen.

Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oí-


do decir que uno solo de cuantos han acudido a tu protec-
ción e implorado tu ayuda, haya sido desamparado por ti.
Yo, pecador, animado con tal confianza, acudo a ti, oh Ma-
dre, Virgen de las vírgenes, a ti vengo, delante de ti me pre-
sento gimiendo.
No quieras, oh Madre del Verbo, despreciar mis súplicas; an-
tes bien, óyelas y atiéndelas benignamente. Amén.

O virgo pulcherrima! O mater meliflua! O Dei filia!


O stella clarissima! O rosa purissima! O pascens lilia!
O lumen luminum! O flos convallium! O labiis nescia!
Fac nos tuum Filium amare in perpetuum, mater pia!
Ac perduc in gaudium olympi suavissimum, o María!

¡Oh Virgen la más hermosa, oh Madre dulcísima, oh Hija de Dios!


¡Oh estrella clarísima, oh rosa purísima, oh savia de los lirios!
¡Oh claridad de las claridades, oh flor de los valles, oh limpia
de pecado!
¡Oh decoro de las vírgenes, oh esperanza de los fieles, oh lle-
na de gracia!
Haz que a tu Hijo amemos perpetuamente, Madre piadosa
y condúcenos al gozo suavísimo del cielo, ¡oh María!

Omni die, dic Mariae mea laudes anima;


eius festa, eius gesta, cole splendidíssima.
Pulchra tota, sine nota cuiuscúmque máculae,
fac me múndum et iucúmdum Te laudare sédule.

244
Antífonas a la Virgen

Ut sim cástus et modéstus, dúlcis, blándus, sóbrius,


píus, réctus, circunspéctus, simultátim néscius.
Erudítus et munítus dívinis elóquiis,
timorátus et ornátus sácris exercítiis.

Virgo santa, cerne quanta perferámus júgiter


tentaménta, et susténta nos ut stemus fórtiter.
Esto tútrix et adiútrix christiáni pópuli;
pácem présta, ne molésta nos pertúrbent saécula.
Amén.

Cada día, alma mía, canta las alabanzas de María;


venera sus fiestas y sus misterios resplandecientes.
Toda pura sin el signo de una sola mancha,
haz que te alabe con corazón puro y sereno.
Haz que permanezca casto, modesto, tierno, paciente, sobrio,
devoto, leal, sagaz y, al tiempo, sencillo.
Haz que sea cultivado y reforzado por la palabra de Dios,
atento y fiel en el seguimiento del Señor.
Virgen Santa, protégenos de los peligros que siempre encon-
traremos;
sé sostén, a fin de que estemos firmes y seguros.
Protege y ayuda al pueblo cristiano;
danos la paz, a fin de que los tiempos oscuros no nos turben.
Amén.

música pág. 268


Salve, Regina, Mater misericordiae;
vita, dulcedo, spes nostra, salve.
Ad te clamamus, exules filii Evae.
Ad te suspiramus, gementes et flentes in hac lacrimarum valle.

245
Antífonas a la Virgen

Eia ergo, advocata nostra,


illos tuos misericordes oculos ad nos converte.
Et Iesum, benedictum fructum ventris tui,
nobis post hoc exilium ostende.
O clemens, o pia, o dulcis virgo María.

Dios Te salve Reina y Madre de misericordia,


vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios Te salve.
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva,
A ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus
ojos misericordiosos,
y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de
tu vientre.
¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!

música pág. 269


Sub tuum praesidium confugimus,
sancta Dei Genitrix;
nostras deprecationes ne despicias
in necesitatibus;
sed a periculis cunctis libera nos semper,
Virgo gloriosa et benedicta.

Bajo tu protección nos acogemos, santa Madre de Dios;


no deseches las súplicas que Te dirigimos en nuestras necesi-
dades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro,
oh Virgen gloriosa y bendita

246
MÚSICA

«Para ti es mi música, Señor». (Salmo 100,1)

La Sabiduría (detalle con la cítara)


Sacristía de la Catedral de la Almudena
Música

Horas de la semana
YA BRILLA LA LUZ DE LA AURORA

OH TRINIDAD ETERNA

250
Horas de la semana

AL ALBA NACIENTE DEL DÍA

NACIDOS DE LA LUZ, HIJOS DEL DÍA

251
Música

VERBO IMAGEN RADIANTE

VENI SANCTE SPIRITUS

252
Horas de la semana

253
Música

ANTES QUE ROMPA EL ALBA

254
Horas de la semana

ETERNO CREADOR QUE EN EL MUNDO

DESNUDA RAÍZ ARRANCADA

255
Música

OH CRISTO, DIVINO ESPLENDOR

FUE LUZ LA PRIMERA PALABRA

256
Horas de la semana

LLEGADO EL DÍA A SU TÉRMINO

257
Música

Himnos para los Tiempos litúrgicos


ELEVAD LA MIRADA A LOS CIELOS

RADIANTE ENTRE DENSA PENUMBRA

258
Tiempos litúrgicos

SOL QUE TE ALZAS

POR TI SÓLO ES CLARA LA NOCHE

259
Música

AL CLAREAR VELANDO TE CANTAMOS

LIBERADOS DEL YUGO DEL MAL

260
Tiempos litúrgicos

OH NOCHE, LUMINOSA MÁS QUE EL SOL

SALVADOS POR LA SANGRE DEL CORDERO

261
Música

O FILII ET FILIAE

Otros himnos
AVE, MARIS STELLA

262
Otros himnos

DIOS QUE DE CLARA LUZ

INMERSOS EN EL GRAN MISTERIO

263
Música

TE ADORO, REDENTOR

IESU DULCIS MEMORIA

264
Otros himnos

CHRISTE CUNCTORUM

REGINA CAELI

265
Música

ALMA REDEMPTORIS MATER

266
Otros himnos

AVE REGINA CAELORUM

267
Música

SALVE REGINA

268
Otros himnos

SUB TUUM PRAESIDIUM

269
Música

Misa de Angelis
KYRIE ELEISON
Kyrie eleison

 ¡K ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ >
Ký - ri - e,

¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡   ¡K ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ >
¡ K K
e lé - i - son. Chrí - ste,
  ¡ ¡ ¡ ¡
¡ K
¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡  , ¡, ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
K
e - - - - lé - i - son. Ký - ri - e,

¡ ¡ ¡ > ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡K ¡ > ¡, ,¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ >
K
e - - - - lé - i- son. Ký - ri - e,
 ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
¡ ¡ ¡ ¡ ¡ > ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡K¡K
¡ ¡
e - - - lé - i - son.

270
Misa de Angelis

Gloria
GLORIA
 K K
 ¡ ¡ ¡K ¡K ¡K ¡K ¡K ¡ ¡
Gló - ri - a in ex - cél - sis Dé - o.
 K K K K
 ¡ ¡ ¡ ¡K ¡K ¡K ¡ ¡K ¡ >
Et in tér - ra pax ho - mí - ni - bus
 K K K K ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
¡ ¡ ¡ ¡ ¡ > ,
bó - næ vo - lun - tá - tis. Lau - dá - - mus te.
 ¡ ¡ ¡ K ¡ ¡ ¡ K K
, , , ¡ ¡ > ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
Be - ne - dí - ci - mus te. A - do - rá - mus te.
 K K K K ¡ K¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
¡ ¡ ¡ ¡ , ¡ >¡ , , , , ¡ >
Glo - ri - fi - cá - mus te. Grá - ti - as á - gi - mus tí - bi
 K K K K K K K
¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
pró - pter má - gnam gló - ri - am tú - am.
 K K
 ¡ ¡ ¡K ¡K ¡ K K
¡ ¡ ¡ ¡ >
Dó - mi - ne Dé - us, rex cæ - lé - stis
 K
 ¡K ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
 DéK - usK Pá - ter
Kom - ní - po - tens,
 ¡ ¡ ¡K ¡K ¡K ¡K ¡K ¡ ,¡ ¡ > ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
Dó - mi - ne Fí - li U - ni - gé - ni - te, Jé - su Chrí - ste
 ¡ ¡ ¡ ¡
, , , , ¡ ¡ ¡ , , ¡ ¡ ¡
Dó - mi - ne Dé - us, Á - gnus Dé - i,

271
Música

 K K
¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
¡
Fí - li - us Pá - - - - tris.
 K K K K ¡ ¡ ¡
¡K ¡ ¡ ¡ ¡, ¡ ¡ ¡ ¡
Qui tól - lis pec - cá - ta mún - - - - di,
 K K
¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
mi - se - ré - - - - re nó - bis.
 K
 ¡, ,¡ ¡, ¡ ¡, ,¡ ¡ ¡
Qui tól - lis pec - cá - ta mún - di,
 K K K K K K K¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
sú - sci - pe de - pre - ca - ti - ó - nem nó - - - stram.
 K K K K K K
¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ K >
¡
Qui sé - des ad déx - te - ram Pá - tris,
 K K
 ¡K ¡K ¡K ¡ ¡ ¡ >> ,¡ ,¡ ,¡ ¡ ,¡ ¡,
mi - se - ré - re nó - bis. Quó - ni - am tu só - lus
 ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
¡ > , , ¡
Sán - ctus, tu só - lus Dó - mi - nus,
 K K K K
¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ >
tu só - lus al - tís - si - mus,
 K K
¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ > ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
Jé - su Chrí - ste, cum Sán - cto

272
Misa de Angelis

 K ¡K ¡K ¡K ¡ K
 ¡ ¡ K
¡ ¡ > ¡ , ¡
Spí - ri - tu in gló - ri - a Dé - i

¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ > ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
Pá - tris. A - - - - men.

CCredo
REDO
 K K
 ¡ ¡K ¡K ¡ K
¡ ¡ ¡ ¡ ¡
Cré - do in ú - num Dé - - um,
 K K K K K
¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
Pá - trem om - ni - po - tén - tem,
 K K K K K
 ¡K ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
, ¡
fa - ctó - rem cæ - li et tér - ræ,
 K K ¡ ¡
¡ ¡ ,¡ ,¡ , ¡ ¡ ¡
, ¡
vi - si - bí - li - um óm - - - ni - um
 K K
 ¡ ¡K ¡K ¡ ¡ ¡ ¡
K
¡ ¡
et in - vi - si - bí - - - li - um.
 K K K K K K K ¡K K |
¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
Et in ú - num Dó - mi - num Jé - sum Chrí-stum,
 K K K K K K K ¡ ¡
¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ , , ¡
Fí - li - um Dé - i u - ni - gé - ni - tum.

273
Música

 K K K K K
 ¡ ¡K ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
|
¡ ¡
Et ex Pá - tre ná - - - tum án - te
 K ¡ K K K K K K |
¡ , ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ > ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
óm - ni - a sæ - - - cu - la. Dé - um de Dé - o,
 K K K K K K
K
¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
|
¡ ¡ ,¡ ¡
lú - men de lú - mi - ne, Dé - um vé - rum
 ¡ ¡ K ¡ K K K |
, , ¡ , ¡ >> ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
de Dé - o vé - ro. Gé - ni - tum, non fá - ctum,
 K K K K ¡ K K ¡ ¡ ¡ K K
¡ ¡ ¡ ¡ , ¡ ¡ ¡ > , , , ¡ ¡
con - sub - stan - ti - á - lem Pá - tri: per quem óm - ni - a
 ¡ K K K K K K ¡ |
, ¡ ¡ >> ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ , ¡
fá - cta sunt. Qui pró - pter nos hó - mi - nes
 K K K K K K K | ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ , , , ¡ , ¡
et pró - pter nó-stram sa - lú - tem de - scén - dit de cæ - lis.
 K K K K K K K K
¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ K ¡ ¡ |
Et in - car - ná - tus est de Spí - ri - tu Sán - cto
 ¡ K K K K K
 ¡, , ¡, ¡ ¡, ,¡ ¡ > ¡K ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
ex Ma - rí - a Vír - gi - ne, et hó - mo fá - ctus est.
 K K
¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡K ¡K ¡K ¡K ¡ ¡ ¡ ¡
|

Cru - ci - fí - - - xus é - ti - am pro nó - bis

274
Misa de Angelis

 K K K K K | K K K
 ¡ ¡ ¡ ,¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡K ¡ ¡ ¡ ¡ ¡K ¡
sub Pón - ti - o Pi - lá - to; pás - sus et se - púl - tus est.
 K K K ¡ K K K K K |
¡ ¡ ¡ , ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
Et re - sur - ré - xit tér - ti - a dí - e,
 K K K K ¡ ¡ ¡
K
¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ >¡ ¡ K ¡ ¡ , , ¡¡ ¡ >
se - cún-dum scri - ptú - ras. Et a - scén - dit in cæ - lum,
 K K K K K K
¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
sé - det ad déx - te - ram Pá - - - tris.
 K K K
 ¡ ¡ ¡ ¡K ¡K ¡K ¡K ¡K ¡K ¡K ¡K ¡
|

Et í - te - rum ven - tú - rus est cum gló - ri - a,


 K K K K
¡ ¡ ,¡ ¡ ,¡ ,¡ ¡ ¡, ,¡ ¡ >
ju - di - cá - re ví - vos et mór - tu - os,
 K K K K K K
 ¡ ¡ ¡ ¡K ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
cú - jus ré - gni non é - rit fí - nis.
 K
 ¡, ,¡ ,¡ ,¡ ,¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ |
, ,
Et in Spí - ri - tum Sán - ctum, Dó - mi - num
 K K K K K K K
 ¡K ¡K ¡ ¡ ¡, ¡ > ¡ ¡ ¡ ¡K ¡ ¡K ¡K ¡
et vi - vi - fi - cán - tem: qui ex Pá - tre Fi - li - ó - que
 K K K K K K
¡ ¡ ¡K ¡ > ¡K ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
|

pro - cé - dit. Qui cum Pá - tre et Fí - li - o

275
Música

 K ¡ K K K K
 ¡, ¡ , ¡, ¡, ¡ ¡K ¡ ¡ ¡ ¡ ¡, ¡
|
>
sí - mul a - do - rá - tur et con - glo - ri - fi - cá - tur:
 K K K K K K
¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡K ¡
qui lo - cú - tus est per pro - phé - tas.
 K K K K K K |
¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
Et ú - nam, sán - ctam, ca - thó - li - cam
 K K K K K K K K
 ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ,¡ ¡ ¡ ¡ ¡
et a - po - stó - li - cam Ec - clé - si - am.
 K ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
¡ , , , , , ¡ ¡ ¡ |
,
Con - fí - te - or ú - num bap - - tí - sma
 K K
 ¡K ¡K ¡K ¡ ¡ ¡K ¡K ¡K ¡ ¡
in re - mis - si - ó - nem pec - ca - tó - rum.
 K K K K K K K
 ¡ ¡ ¡K ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ,¡ ¡ ¡K ¡K ¡K ¡
Et ex - pé - cto re - sur - re - cti - ó - nem mor - tu - ó - rum,
 K K
 ¡, ¡ ¡ ¡ ¡K ,¡ ¡ ¡K ¡K ¡
et vi - tam ven - tú - ri sæ - cu - li.

 ¡ K
¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡K ¡
A - - - - - - - - - - - men.

276
Misa de Angelis

Sanctus
SANCTUS

D ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ K | |
¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
Sán - - - - - ctus, sán - ctus,

D ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ > ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
sán - - - - - - ctus Dó - - - -

D ¡ ¡ ¡
| ¡
, ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
mi - nus Dé - us Sá - - - - - -

D ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
- - - - - - - - - - ba - oth.

K ¡ ¡
D ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
Plé - ni sunt cæ - - - - li et

¡ ¡ ¡ ¡ ¡ | ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
D ¡ ,
tér - - - - ra gló - ri - a

D ¡ ¡ K
¡ ¡ > ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
tu - - - - a. Ho - sán - - - na

D ¡K ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
in ex - cél - - - - - - sis.

277
Música

D ¡K ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
Be - ne - - - dí - - - - - ctus qui
K K K
D ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡K ¡
|
¡
vé - - - - - nit in nó - mi - ne

D ¡ ¡ ¡
, ¡, ¡ > ,¡ ¡, ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ |

Dó - - mi - ni. Ho - sá - - - - - na


D ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
in ex - cél - - - - - - - sis.

Agnus
AGNUS Dei
DEI

D ¡K ¡ ¡ ¡K ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
|

Á - - - - gnus Dé - - - i,

K
D ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡K ¡K ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
qui tól - lis pec - cá - ta mún - - - di:

K
D ¡K ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
mi - se - ré - re nó - - - bis.

D ¡K ¡ ¡ ¡ ¡ |
¡ ¡ ¡
Á - gnus Dé - - - - - - i,

278
Misa de Angelis

K K K
D ¡, ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
qui tól - - - lis pec - cá - ta mún - - - di:
K
D ¡K ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
mi - se - ré - re nó - - - bis.

D ¡K ¡ K |
¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
A - - - - - gnus Dé - - - - i

K
D ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡K ¡K ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
qui tól - lis pec - cá - ta mún - - - di:
K
D ¡K ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡ ¡
dó - na nó - bis pá - - - cem.

279
DEVOCIONARIO

«Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le


gritan día y noche?».
(Lc 18,7)

Virgen orante
Capilla de la Casa de Ancianos en Crni Vrh, Eslovenia
Devocionario

Señal de la cruz Signum Crucis


En el nombre del Padre, In nómine Patris,
y del Hijo, et Fílii,
y del Espíritu Santo. et Spíritus Sancti.
Amén. Amen.

Gloria al Padre Gloria Patri


Gloria al Padre, Glória Patri
y al Hijo, et Fílio,
y al Espíritu Santo. et Espiritui Sancto.
Como era en el principio, Sicut erat in princípio,
ahora y siempre, et nunc et semper,
por los siglos de los siglos. et in saécula saeculórum.
Amén. Amen.

Ángel de Dios Angele Dei


Ángel de Dios, Angele Dei,
que eres mi custodio, qui custos es mei,
pues la bondad divina me, tibi commíssum
me ha encomendado a ti, pietáte superna,
ilumíname, guárdame, illúmina, custódi, rege
defiéndeme y gobiérname. et gubérna.
Amén. Amen.

282
Devocionario

Padre nuestro Pater noster


Padre nuestro, que estás Pater noster, qui es in caelis:
en el cielo,
santificado sea tu Nombre; sanctificétur Nomen Tuum;
venga a nosotros tu Reino; advéniat Regnum Tuum;
hágase tu voluntad Fiat volúntas Tua,
en la tierra como en el cielo. sicut in caelo, et in térra.
Danos hoy Panem nostrum
nuestro pan de cada día; cotidiánum da nobis hódie;
perdona nuestras ofensas, et dimítte nobis débita nostra,
como también nosotros sicut et nos dimíttimus
perdonamos
a los que nos ofenden; debitóribus nostris;
no nos dejes caer en la et ne nos indúcas in
tentación, tentatiónem;
y líbranos del mal. sed líbera nos a Malo.
Amén. Amen.

Ave, María Ave, Maria


Dios te salve, María, Ave, Maria,
llena eres de gracia; grátia plena,
el Señor es contigo. Dóminus tecum.
Bendita Tú eres Benedícta tu
entre todas las mujeres, in muliéribus,
y bendito es el fruto de tu et benedíctus fructus
vientre, Jesús. ventris tui, Iesus.
Santa María, Madre de Dios, Sancta María, Mater Dei,
ruega por nosotros, ora pro nobis
pecadores, peccatóribus,
ahora y en la hora de nunc et in hora
nuestra muerte. mortis nostrae.
Amén. Amen.

283
Devocionario

Ángelus
El ángel del Señor anunció a María.
Y concibió por obra y gracia del Espíritu Santo.
He aquí la esclava del Señor.
Hágase en mí según tu palabra.
Y el Verbo de Dios se hizo carne.
Y habitó entre nosotros.
Dios te salve, María...
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.
Oremos
Infunde, Señor,
tu gracia en nuestras almas,
para que los que hemos conocido,
por el anuncio del Ángel,
la Encarnación de tu Hijo Jesucristo,
lleguemos por los Méritos de su
Pasión y su Cruz, a la gloria de la
Resurrección.
Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén. Gloria al Padre...

El Eterno Reposo
Dale, Señor, el descanso eterno,
y brille para él la luz perpetua.
Descanse en paz. Amén.

284
Devocionario

Ángelus Dómini
Ángelus Dómini nuntiávit Maríae.
Et concépit de Spíritu Sancto.
Ecce ancílla Dómini.
Fiat mihi secúndum verbum tuum.
Et Verbum caro factum est.
Et habitávit in nobis.
Ave, María...
Ora pro nobis, sancta Dei Génetrix.
Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.
Orémus
Grátiam tuam, quaesumus,
Dómine, méntibus nostris infunde;
ut qui, Ángelo nuntiánte,
Christi Fílii tui incarnatiónem
cognóvimus,
per passiónem eius et crucem,
ad resurrectiónis glóriam perducámur.
Per eúndem Christum
Dóminum nostrum. Amen. Gloria Patri...

Réquiem Aetérnam
Réquiem aetérnam dona eis, Dómine,
et lux perpetua lúceat eis.
Requiéscant in pace. Amen.

285
Devocionario

Regina Caeli
Reina del cielo alégrate; aleluya.
Porque el Señor a quien has merecido llevar; aleluya.
Ha resucitado según su palabra; aleluya.
Ruega al Señor por nosotros; aleluya.
Gózate y alégrate, Virgen María; aleluya.
Porque verdaderamente ha resucitado el Señor; aleluya.

Oremos
Oh Dios, que por
la resurrección de tu Hijo,
nuestro Señor Jesucristo,
has llenado el mundo de alegría,
concédenos, por intercesión de su
Madre, la Virgen María,
llegar a alcanzar los gozos eternos.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.

Te adoro (por la mañana)

Te adoro, Dios mío, y te amo con todo mi corazón.


Te agradezco que me hayas creado, hecho cristiano y guar-
dado durante esta noche.
Te ofrezco mis acciones de la jornada: haz que sean todas
conforme a tu santa voluntad y para mayor gloria tuya.
Guárdame del pecado y de todo mal.
Que tu gracia esté siempre conmigo y con todos los míos.
Amén

286
Devocionario

Regina Caeli
Regina caeli laetáre, allelúia.
Quia quem meruísti portare, allelúia.
Resurréxit, sicut dixit, allelúia.
Ora pro nobis Deum, allelúia.
Gaude et laetáre, Virgo María, allelúia.
Quia surréxit Dóminus veré, allelúia.

Orémus
Deus, qui per
resurrectiónem Fílii tui Dómini
nostri Iesu Christi mundum
laetificáre dignátus es, praesta,
quáesumus, ut per eius Genetrícem
Vírginem Maríam perpetuae
capiámus gáudia vitae.
Per Christum Dóminum nostrum.
Amen.

Te adoro (por la noche)

Te adoro, Dios mío, y te amo con todo mi corazón.


Te agradezco que me hayas creado, hecho cristiano y guar-
dado durante este día
Perdóname el mal que haya podido cometer y, si he hecho
algo bueno, acéptalo.
Guárdame durante el descanso y líbrame del peligro.
Que tu gracia esté siempre conmigo y con todos los míos.
Amén.

287
Devocionario

Rosario

Misterios gozosos (lunes y sábado)

1. La encarnación del Hijo de Dios.


2. La visitación de Nuestra Señora a su prima santa Isabel.
3. El nacimiento del Hijo de Dios.
4. La Presentación de Jesús en el templo.
5. El Niño Jesús perdido y hallado en el templo.

Misterios luminosos (jueves)

1. El Bautismo de Jesús en el Jordán.


2. La autorrevelación de Jesús en las bodas de Cana.
3. El anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión.
4. La Transfiguración.
5. La Institución de la Eucaristía.

Misterios dolorosos (martes y viernes)

1. La Oración de Jesús en el Huerto.


2. La Flagelación del Señor.
3. La Coronación de espinas.
4. Jesús con la Cruz a cuestas camino del Calvario.
5. La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor.

Misterios gloriosos (miércoles y domingo)

1. La Resurrección del Hijo de Dios.


2. La Ascensión del Señor a los Cielos.
3. La Venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles.
4. La Asunción de Nuestra Señora a los Cielos.
5. La Coronación de la Santísima Virgen como Reina
de Cielos y Tierra.

288
Devocionario

Letanías del Santo Rosario

Señor, ten piedad; Cristo, ten piedad; Señor, ten piedad


Cristo, óyenos; Cristo, escúchanos
Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros
Dios Hijo redentor del mundo, »
Dios Espíritu Santo, »
Trinidad Santa, un solo Dios, »

Santa María, ruega por nosotros


Santa Madre de Dios, »
Santa Virgen de las vírgenes, »
Madre de Cristo, »
Madre de la divina gracia, »
Madre purísima, »
Madre castísima, »
Madre siempre virgen, »
Madre inmaculada, »
Madre amable, »
Madre admirable, »
Madre del buen consejo, »
Madre del Creador, »
Madre del Salvador, »
Madre de la Iglesia, »
Virgen prudentísima, »
Virgen digna de veneración, »
Virgen digna de alabanza, »
Virgen poderosa, »
Virgen clemente, »
Virgen fiel, »
Espejo de justicia, »
Trono de la Sabiduría, »
Causa de nuestra alegría, »

289
Devocionario

Vaso espiritual, »
Vaso digno de honor, »
Vaso insigne de devoción, »
Rosa Mística, »
Torre de David, »
Torre de marfil, »
Casa de oro, »
Arca de la alianza, »
Puerta del cielo, »
Estrella de la mañana, »
Salud de los enfermos, »
Refugio de los pecadores, »
Consuelo de los afligidos, »
Auxilio de los cristianos, »
Reina de los Angeles, »
Reina de los Patriarcas, »
Reina de los Profetas, »
Reina de los Apóstoles, »
Reina de los Mártires, »
Reina de los Confesores, »
Reina de las Vírgenes, »
Reina de todos los santos, »
Reina concebida sin pecado original, »
Reina asunta al cielo, »
Reina del santísimo Rosario, »
Reina del mundo, »
Reina de la paz, »

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,


perdónanos Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
escúchanos Señor
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
ten misericordia de nosotros

290
Devocionario

Ruega por nosotros santa Madre de Dios,


para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nues-
tro Señor Jesucristo.

Oración
Te rogamos, Señor y Dios nuestro, nos concedas a tus sier-
vos gozar de perpetua salud de alma y cuerpo; y, por la glo-
riosa intercesión de la Bienaventurada siempre Virgen Ma-
ría, vernos libres de la tristeza presente y disfrutar de la
eterna alegría. Por Cristo nuestro Señor.
Amén.

Bendita sea tu pureza


Bendita sea tu pureza, y eternamente lo sea,
pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza.
A ti, celestial princesa, Virgen sagrada María,
te ofrezco desde este día, alma, vida y corazón.
Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía.

Oración del P. Grandmaison


Santa María, Madre de Dios, consérvame un corazón de niño
puro y limpio como agua de manantial.
Obtenme un corazón sencillo
que no se repliegue a saborear las propias tristezas;
un corazón magnánimo en donarse, fácil para la compasión;
un corazón fiel y generoso que no olvide ningún bien
y no guarde rencor de ningún mal.
Fórmame un corazón dulce y humilde
que ame sin exigir ser amado,
contento de desaparecer en otros corazones,
sacrificándose ante vuestro divino Hijo;
un corazón grande e indomable, para que ninguna ingratitud
lo pueda cerrar y ninguna indiferencia lo pueda cansar;

291
Devocionario

un corazón apasionado por la Gloria de Cristo,


herido por su amor,
con una llaga que no se cure sino en el cielo.
Amén.

Oraciones a san José


A vos, bienaventurado San José, acudimos en nuestra tribula-
ción, y después de implorar el auxilio de vuestra Santísima Es-
posa, solicitamos también confiadamente vuestro patrocinio.
Con aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María,
Madre de Dios, os tuvo unido, y por el paternal amor con
que abrazasteis al Niño Jesús, humildemente os suplicamos
que volváis benigno los ojos a la herencia que con su sangre
adquirió Jesucristo, y con vuestro poder y auxilio socorráis
nuestras necesidades.
Proteged, ¡oh, providentísimo custodio de la Divina Familia!,
la escogida descendencia de Jesucristo, apartad de nosotros
toda mancha de error y de corrupción; asistidnos propicio
desde el cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha con
el poder de las tinieblas; y como en otro tiempo librasteis al
Niño Jesús del inminente peligro de la vida, así ahora de-
fended la Iglesia santa de Dios de las asechanzas de sus ene-
migos y de toda adversidad, y a cada uno de nosotros prote-
gednos con perpetuo patrocinio, para que, a ejemplo vuestro,
y sostenidos por vuestro auxilio, podamos santamente vivir,
piadosamente morir y alcanzar en los cielos la eterna bien-
aventuranza. Amén.

Te rogamos Señor, que por los méritos de San José, esposo


de tu santísima madre, no ayudes, para que lo que no pode-
mos alcanzar con nuestras fuerzas, lo alcancemos por su in-
tercesión, Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

292
Devocionario

Oración de san Anselmo


Te suplico, Señor, haz que guste a través del amor, lo que gus-
to a través del conocimiento. Hazme sentir a través del afec-
to lo que siento a través del intelecto.
Todo lo que es tuyo por condición haz que sea tuyo por amor.
Atraeme entero a tu amor.
Haz tú, ¡Oh Cristo!, aquello que mi corazón no puede.
Tú que me haces pedir, ¡concédeme!

Oración de san Anselmo por los amigos


Hay varios para los que tu amor ha impreso en mi corazón una
ternura más especial e íntima; para ellos mis deseos son más
ardientes y me gustaría rogar a favor suyo con más devoción.
Te pido pues, oh Dios eterno y bueno, por aquellos que me
aman a causa de ti y por aquellos que yo amo en ti; y con más
devoción aún, por quienes Tú sabes que es mayor la ternura por
mí y la mía por ellos. No hago esto, Señor mío, como si fuese
justo y estuviese seguro en cuanto a mis pecados, sino empu-
jado por cierta caridad para con los otros.
Ámalos Tú también, fuente de amor, que me prescribes y
concedes la gracia de amarles. Y, si mi oración no merece
serles útil, porque va ofrecida por un pecador, que tenga un
valor para ellos, ya que eres Tú quien la ordena y quien le
das valor. Ámalos, ya que eres el autor y dispensador de la
caridad, y haz que también ellos te amen con todo su cora-
zón, su inteligencia y su alma; que no quieran, ni hagan más
que lo que te agrada y es beneficioso para ellos.
Haz por ellos y haz en ellos, Señor, lo que puede serles útil
según tu voluntad, para que sean guiados y protegidos por ti
siempre y en todas partes, hasta que lleguen a la gloriosa y
eterna seguridad.
Amén.

293
Devocionario

Oración a san Ricardo


San Ricardo, caminaste un tiempo por las calles de nuestra
tierra, rezaste en el silencio de nuestras iglesias, serviste con
amor e inteligencia a los enfermos en nuestras casas, acogiste
a todos los que te buscaron. Como hace tiempo tus enfermos,
hoy yo también te busco y me acerco a ti, para que me ayu-
des a sanar en el cuerpo y en el espíritu, e intercedas para
que el Señor me conceda tu misma fe.

+Giovanni Volta
Obispo de Pavía

Yo confieso
Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos
y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

Confiteor
Confiteor Deo omnipotenti
et bobis, frates,
quia peccavi nimis
cogitatione, verbo, opere et omissione:
mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa.
Ideo precor beatam Mariam Semper Virginem,
omnes Angelos et Sanctos,

294
Devocionario

et vos, frates,
orare pro me ad Dominum Deum nostrum.

Acto de Contrición
(Tradición española)
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Creador, Pa-
dre y Redentor mío. Por ser Tú quién eres. Bondad infinita,
y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo co-
razón haberte ofendido. También me pesa que puedas casti-
garme con las penas del infierno. Ayudado de tu divina gra-
cia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y
cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.

295
ÍNDICE ALFABÉTICO
DE HIMNOS Y ANTÍFONAS MARIANAS

A ti que suscitas cada cosa ................................... 125


Adoro te devote ..................................................... 52
Agua de fuente, cristalina y pura........................... 62
Al alba naciente del día ......................................... 96, 251
Al clarear velando te cantamos.............................. 38, 260
Alma Redemptoris mater....................................... 242, 266
Antes que rompa el alba ........................................ 164, 254
Aquí, junto a ti, Señor............................................ 55
Attende Domine..................................................... 36
Ave maris stella...................................................... 60, 262
Ave, regina caelorum ............................................. 242, 267
Ave verum .............................................................. 51

Chirste, cunctorum................................................. 68, 265


Crux fidelis ............................................................ 48

De nuevo Santo Espíritu ........................................ 213


Desde la Cruz tú me miras .................................... 50
Desnuda raíz arrancada.......................................... 198, 255
Dios que de clara luz ............................................. 67, 263
Dios verdadero y omnipotente............................... 172

Elevad la mirada a los cielos ................................. 26, 258


Emmanuel, Dios con nosotros ............................... 82

297
Eterno Creador que en el mundo........................... 186, 255
Eterno, inmutable Dios .......................................... 103

Fue luz la primera palabra ..................................... 218, 256

Iesu, dulcis memoria.............................................. 66, 264


Inmersos en el gran Misterio ................................. 65, 263
Inviolata, integra et casta ....................................... 243

Liberados del yugo del mal ................................... 39, 260


Llegado el día a su término ................................... 229, 257

Memorare............................................................... 243

Nacidos de la luz.................................................... 118, 251


Nuevo despuntar de luz matutina .......................... 33

O filii el filiae ........................................................ 41, 262


O virgo pulcherrima............................................... 244
Oh árbol glorioso ................................................... 50
Oh cielo que te abres al mundo ............................. 64
Oh Creador altísimo............................................... 130
Oh Cristo divino esplendor.................................... 206, 256
Oh Espíritu Paráclito.............................................. 148
Oh noche, luminosa más que el sol ....................... 46, 261
Oh Trinidad Eterna ................................................ 87, 250
Oh único y trino Señor .......................................... 177
Omni die ................................................................ 244

Pangue, lingua, gloriosi ......................................... 54


Por ti solo es clara la noche ................................... 34, 259
Puer natus ............................................................. 30

298
Radiante entre densa penumbra............................. 27, 258
Regina caeli............................................................ 265, 287
Resplandezca una gran luz en la noche................. 28
Rorate caeli desuper ..................................... 24

Salvados por la sangre del Cordero .................. 47, 261


Salve Regina .......................................................... 245, 268
Salve, mater misericordie ...................................... 58
Señor, fuerza de todo ser ....................................... 108
Sol que te alzas de sombras de muerte.................. 32, 259
Sub tuum praesidium ............................................. 246, 269

Te adoro Redentor.................................................. 66, 264


Tú eres día radiante de luz..................................... 229

Veni, Creator Spiritus ............................................ 56


Veni, Sancte Spiritus.............................................. 153, 252
Verbo, imagen radiante .......................................... 140, 252
Victimae paschali................................................... 44
Virgen madre ......................................................... 63

Ya brilla la luz de la aurora.................................... 74, 250


Ya se acerca la hora de tercia................................. 193

299
Preimpresión: Ediciones Encuentro
Impresión y encuadernación: Cofás, Madrid

ISBN: 978-84-613-9629-0
Depósito Legal: M.15496-2010
Printed in Spain