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Sinopsis: Tomás Cruz es un joven santiaguino que descubre los secretos detrás de su
poderosa familia. Personajes como Nácrea Cruz, Paula, y el Jaque de Sanhattan
dilucidan una novela psicodélica en donde la trama llevará al lector por un Santiago
urbano pocas veces explorado. Los vericuetos de esta ciudad son transcurridos por la
mirada de un joven rebelde que ve como su vida perfecta se destruye ante la mirada de la
hipocresía.

Tomás Cruz rompe las reglas del sistema viéndose perdido en un mundo desconocido, en
donde sus conflictos existenciales lo llevarán en una travesía de experiencias nunca antes
vividas.

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La Casa Cruz

Ella llegó desde el sur a trabajar a Santiago. Una amiga le había dicho que
necesitaban nana en la casa de los Cruz. Y que pagaban bien, mejor que en la mayoría de
las partes. Pero que si tuviera cuidado, que la familia esa era medio rara.
Paula llegó en esa tarde calurosa, igual era joven, y primera vez que salía de su
ciudad. No mentira, miento, antes había salido un par de veces a Puerto Montt, al
casamiento de su tía Penicia. La primera, fue una pérdida de plata, ya que la tía no se casó.
La dejaron plantada y se armó la crema. Y la segunda fue cuando fue a Castro a visitar a su
abuela Tita que se moría. Pero ahora Paula estaba en la gran ciudad, se sentía como la
Carmela de la Pérgolas de las Flores, cuando en una gira fueron a Puerto Varas a
presentarse, pero les alcanzó a estar en el escenario durante veinte minutos no mas, ya que
de repente se largó a llover a cantaros, y todo el pueblo tuvo que salir arrancando hacia el
techo más cercano.
Cuando chica, Paula se había imaginado la gran capital, la capital de Chile, la
misma que estaba el Estadio Nacional, y la Moneda, la misma donde se encontraba el
metro, la Vega, y la torre Entel. Ya po, era la primera vez en frente de la casa, su primer día
de trabajo, recién llegaba, y se dio cuenta que algo raro había en la familia, tal como la
amiga de su prima Carmen, se lo había advertido.
La Residencia Cruz era una espectacular mansión de no se cuantos rechuchos
metros cuadrados, vivían cinco hermanos, que eran Tomás Cruz, y que tenía 16, Pedro
Cruz, de 17, José María Cruz de 19, Sirio Cruz de 24, y Pablo Cruz de 6, quien era el
regalón y mas joven de la gran familia. También, en la residencia moraban las hermanas
Cruz, que eran cuatro. Las gemelas llamadas Lina Cruz, y Eva Cruz, ambas con 14, María
José Cruz que la llamaban Cote, y que tenía 13, y la Maca Cruz de 9. A los nueve
hermanos Cruz se sumaba la Sra. Nacrea Cruz de edad indefinida, la cual se guardaba en
secreto bajo siete llaves, y ni 300 millones de pesos, una vez ofrecidos por la revista Cosas
podría revelar. En la casa, también trabajaban ocho nanas; Lucrecia, Florencia, Carmen,
Josefa, María, Fresia, Rosa, Luciana y ella, la Paula. Dos cocineras; la Verónica, y la
Isidora. Seis guardias, el José, Carlos, Rodrigo, Cristóbal, Germán, y Ricardo. Dos

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chóferes; Sergio, y Sebastián. Dos jardineros, Miguel, y Fernando. Una asistente de lavado,
la Ana. Un piscinero, el Juan José. El cuidador de mascotas, Carmelo, ya que habían tres
rottweiler que eran usados por los seis guardias que hacían dos turnos de doce horas cada
uno, también estaba el poddle de Nacrea., el gato de Eva, el labrador de Tomás, el terrier de
Lina, y el siamés de la Maca. Además estaban los porteros, Gabriel, y Eduardo, y la ama de
llaves, la terrible Petunia, quien era la mandamás de los 25 empleados, y la encargada de
organizar y sincronizar todo, desde lo que tenía que ser comprado en las mañanas, hasta
ordenar el orden de las vasijas puestas en la mesa del salón principal exactamente a las
8:55, ya que a las 9 en punto bajaba la familia a cenar. Si, eran veinte y cinco empleados, y
todo eso en una sola casa, total la casa era la envidia de los vecinos, y comúnmente portada
de las típicas revistas de decoración que se encontraban disponibles en la mayoría de las
peluquerías del país.
Esa era la casa de la familia Cruz, la misma que tenía un profundo secreto que
desencadenaban muchos mas, de los cuales nadie que veía las columnas sociales del
Mercurio y de La Tercera, hubieran osado imaginar, y que nunca, pero nunca podría ser
revelado, y también en el cual Paula tendría una estratégica, pero breve participación que
cambiaría su vidita de campesina y empleada para siempre. Pero sobre eso, entraremos en
detalles después.
Paula era joven, y no acostumbrada al trabajo domestico, y menos aun, si se trataba
de trabajar en una gran casa de estilo puramente victoriano. No se sintió cómoda con su
recepción, su llegada era calculadamente esperada por Petunia, así que llegó, la mandamás
le mostró su cuarto, en el área de los empleados, y le describió y explicó todas la reglas y
manías de esa casa y familia. Le explicó que estaba estrictamente prohibido entrar en la
habitación de la señora, y bajar al piso subterráneo, también añadió que cuestionar no era
bienvenido, y que el horario de trabajo era continuo desde las 6:30 a.m. hasta las 12:00
p.m., en el cual se tomaría un descanso de una hora y quince minutos, y después se seguiría
trabajando hasta las 6:00 p.m en el cual también habría un breve descanso de tres cuartos de
hora, y que después del recreo el trabajo sería continuo y sin interrupciones hasta las 9:45
p.m., horario en que las señoritas y señoriítos de la casa deberían estar en la planta superior
de la mansión, prontos para dormir.

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Petunia también le entregó un manual en el cual detalladamente se explicaba el
itinerario anual de la casa (incluido el cardapio de los desayunos, almuerzos, onces, y cenas
para los empleados y los patrones), además de la descripción del área en que Paula
trabajaría. El manual llevaba ilustraciones mostrando la forma de hacer las camas de cada
pieza, ya que cada una era hecha en un estilo diferente y variado, y también describía los
excéntricos gustos de cada patrón. Después de una extensa lista de caracteristicas que se
revelaban como confidenciales, había un verdadero index de cada empleado que trabajaba
en la casa, revelando así los más minimos detalles de sus compañeros de trabajo. Empezaba
así: 1– Petunia: Trabaja en la Residencia Cruz desde hace mas de 40 años, nació en
Valparaíso en 1942, y es la encargada de ordenar y comandar a la tropa de empleados que
diariamente trabajan en la casa, también es la encargada de combinar eficiencia con fineza,
y de controlar los horarios y calidad de los trabajos de cada trabajador. Petunia también esta
encargada de... 2– Josefa: Trabaja en la “Residencia Cruz” desde hace 16 años, nació en
Temuco el 3 de Enero de 1965, se encarga del aseo de todos los 14 baños, de la cocina, y
de todas las terrazas. También es encargada de llenar el jacuzzi de la señora con una
temperatura variada de 39.5 grados a 43.2 grados, dependiendo del clima presentado en el
día. También es la encargada de ordenar el gran closet de la señora y de cubrir y satisfacer
las mas variadas mañas y necesidades de la misma. El “handbook”, que según la propia
Petunia era la Biblia y la constitución de la gran casa, seguía describiendo cada labor en su
mas irrelevante detalle, y tenía que ser respetado y seguido al pie de la letra, ante pena
estricta de expulsión. Después de revisar cuidadosamente cada página de sus compañeros y
compañeras en todas sus letras y palabras, Paula llegó emocionadamente a su descripción, y
se dio cuenta que su trabajo no era tan ingrato como se imaginaba en sus previas noches de
pesadilla y terror. Finalmente ahí estaba ella, Paula, nacida en Puerto Varas en el día 22 de
Junio de 1982, era joven, y su labor consistía en ordenar la suite del joven Tomás y del
joven Pedro, también era la encargada de ordenar la biblioteca de la gran casa, y de ayudar
a los otros empleados de la casa en las mas variadas labores. En el handbook también
estaba descrito sus días de descanso, la cantidad de minutos en el cual podría usar
gratuitamente el teléfono de la cocina, su sueldo, el sistema de premios que usaba la gran
casa para premiar a sus empleados, en el cual se podría ganar desde un televisor a todo

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color, a unas vacaciones pagadas por una semana a alguna exótica parte del globo
terráqueo.
Paula se sentía más tranquila, y es verdad, estaba muy impresionada, no estaba
acostumbrada al ajetreo, y a las reglas, y nunca tuvo una personalidad que le permitiera ser
buena siguiendo instrucciones, ya que de niña fue un poco rebelde y solitaria, a pesar de
siempre estar rodeada de amigas. No le interesaba estar quieta durante mucho tiempo en un
lugar, y todavía se acuerda de las mas diversas travesuras que tramaba con su grupo del
terror, en especial se acuerda de su más fantástica amiga, Jimena, la cual también hizo parte
de su oscuro pasado, del cual nadie conocía, y ni siquiera sus más cercanos familiares
tenían idea.
Paula siempre tuvo problemas con la autoridad, y desde cuando era una adolescente
precoz de apenas 12 años, se interesaba, y se esforzaba con toda su energía, que por cierto
era mucha, en meterse en los más despiadados problemas y a desrespetar todo lo que era
impuesto en su camino. Como todos sabemos, Paula venía de una familia humilde, pero sin
embargo muy noble, su mamá era costurera, y su papá maestro de construcción, en la crisis
Asiática, cuando los bancos japoneses quebraron, y la moneda Rusa se desvalorizó, la
pequeña, y supuestamente estable economía chilena colapsó, y con eso miles de familias
que con un país que iba en crecida, y que ya tenían serías dificultades económicas,
quedaron a la deriva de la miseria. Paula de una personalidad muy rebelde, y parte de una
sociedad donde las diferentes clases sociales se notan a simple vista, tomó la decisión que
le fue más difícil tomar en su vida, abandonar la alegría de su hogar y meterse, junto a su
amiga Jimena, al pecaminoso mundo de la prostitución. El sexo era algo que le agradaba a
Paula, su primera experiencia fue a los 13 años, aunque aparentaba tener mucho mas, con
un amigo de su liceo que era cuatro años mayor. No fue una experiencia placentera, pero
decidió que ganarse un par de luquitas en apenas siete minutos valía la pena, y la ayudaba a
alimentar su vicio, y clandestinamente ayudar a su familia. Después de un tiempo, ganarse
la vida fácil no le parecía difícil, ya que lo hacía desde pequeña, cuando en una fiesta por
primera vez probó marihuana, de ahí, su vicio fue aumentando hasta llegar a drogas más
peligrosas, y a consecuencia más caras. Para pagar su vicio, Paula habitualmente ofrecía a
sus compañeros placer por una módica suma, y haciéndolo pocas veces durante la semana,
ella conseguía más de lo que su mamá podía hacer durante el mes. Pero a Paula le pareció

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hora de profesionalizarse, y de dejar andar “jugando” con sus compañeros, comenzó a
trabajar en un verdadero “pub”, en el cual señores mayores se divertían después de extensas
jornadas de trabajo, a liberar energías con chicas menores de edad. Después de trabajar
durante un breve tiempo con su amiga de infancia y de trabajo, en el “Dosis”, nombre del
local en Puerto Varas donde ejercía su secreta profesión, Paula le avisó a sus padres que ya
no soportaba morirse de hambre, y que trataría suerte en Santiago, y que junto con juntar
dinero, también trataría de financiar sus estudios. Fue ahí cuando llegó a la gran capital,
cosa que obviamente Petunia ignoraba, cuando tuvo una entrevista con ella, ya que
supuestamente Paula era una recién llegada, pero la verdad consiste en que Paula ya estaba
viviendo en Santiago desde hace poco mas de un año, ejerciendo su ya conocida profesión.
Tomás, en una de sus noches de drogas, alcohol, y perturbación, faltando
solamente un elemento para completar la ecuación de éxtasis total, fue al concurrido
burdel de la ya conocida Miss Euruska Slabesky, una inmigrante turca, descendiente de
rusos, que abrió en tiempos remotos de la dictadura, varios “lugares de entretención”, como
lo llamaban sus fieles clientes, que entre otros, pertenecían a la imponente clase militar de
esos años, y por lo tanto la señora dueña de los locales tenía cierta “impunidad diplomática”
para seguir trabajando día y noche con sus dóciles chicas. La más famosa, y por lo mismo
costosa, era Paula, la misma que en pocos años después, y por distintas razones,
abandonaría su rentable oficio de vida fácil, para trabajar como asesora de hogar, en la
Mansión Cruz.
En su primera visita, Tomás se sentía visiblemente nervioso, sería su primera
experiencia. Al llegar a los alejados, y miserables barrios del sector sur de la capital, Tomás
olió por vez primera en su vida, el olor a pobreza y suciedad que había por esos lados.
También sintió vergüenza de poseer tanto y tener una vida tan derrochadora, y al mismo
tiempo ver a gente que no tenía nada, ni siquiera lo suficiente para comer, y sobrevivir en
un mundo extremadamente materialista, donde vales por lo que tienes, y no por lo que eres.
Lo que había arrastrado a Tomás tan lejos de su cómoda burbuja, había sido la necesidad de
salir y conocer lo nunca antes visto, descubrir lo que había mas allá de las ostentosas casas
de su barrio, y de las limpias calles de su comuna. Sabía que había otro mundo al cual no
conocía , el mundo de donde provenían los múltiples sirvientes que trabajaban en su casa, y
que cubrían sus más básicas necesidades, y lujos. También sentía un tremendo furor

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estremeciéndose entre sus piernas que necesitaba saciarlo de una manera u otra. Supuso que
en su conservador, y rígido mundo no encontraría lo que buscaba y decidió que aventurarse
por lugares nunca antes vistos sería la mejor decisión a ser tomada. No estaba consciente de
nada, solo se dejó guiarse por sus instintos. Decidió tomar su mesada, ponerse un abrigo,
salir cautelosamente por la ventana de su cuarto, y escabullirse escondidamente fuera de las
vistas de los guardias, saltar la muralla, y llegar a la calle. Por primera vez en su vida
Tomás se sintió realmente libre de hacer lo que quería. Su reprimida infancia había estado
rodeada de obligaciones, que consistían de un extenso horario que empezaba a las seis y
media de la mañana, horario en que se despertaba, duchaba, desayunaba, e iba al colegio,
hasta las tres y diez de la tarde, horario en que salía del colegio, y proseguía a clases de
golf, chino, y tenis. En sus poquísimas horas de ocio se dedicaba a una extensa vida social,
que sin embargo era cautelosamente vigilada por sus padres. La seguridad y represión que
tenía Tomás y sus hermanos era sin precedentes. Estaban las 24 horas del día rodeados por
una extenuante seguridad, a lo que se derivaba a las constantes amenazas de secuestro
recibidas por su madre, y al secuestro y violación sufrida por su hermana Macarena cuando
recién esta cumplía los 7 años de edad. La noticia chocó a medio Chile, por que era la
primera vez que se sabía de un secuestro en mucho años, y tal noticia acaparó mas todavía
la atención de la prensa, debido a que se trataba nada mas y nada menos que la hija de la
magnate Nacrea Cruz, dueña del mas grande imperio comercial existente en Chile en
aquellos tiempos. El rescate pedido fue de diez millones de dólares, los cuales fueron pagos
apenas unas horas después, en su totalidad. La señora Nacrea estaba desesperada, no
soportaba ser el foco de atención de las conversaciones de mesa de casi la totalidad de las
familias del país, y mucho menos imaginar que su hija regalona estaría sufriendo lo que ella
sufrió muchos años atrás. Todavía estaba fresca en su memoria, durante eternas pesadillas
vividas una y otra vez, a causa de su trauma nunca superado, a pesar de haber estado en
tratamiento con los más reconocidos psicólogos del continente, los horribles maltratos
sufridos a manos de sus secuestradores. No solo esos le arrebataron su preciada virginidad,
penetrándola una y otra vez por lugares impensables, si no también le sacaron el dedo
meñique del pie (razón por la que nunca muestra su pie izquierdo), la inyectaron hartas
veces con desconocidas drogas, y la mantuvieron semanas en cautiverio, hasta que su
familia pagara hasta el último peso de la suculenta suma pedida por su rescate. Todavía

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recordaba como si fuera ayer, el dolor de estar lejos de sus queridos, y estar encerrada en
una habitación con cinco desconocidos enmascarados, que se encargaron de que ella
sufriera lo que jamás se hubiera imaginado sufrir. Fue tanto su dolor, y tanta la violación de
su cuerpo, que su pequeño orificio, en su órgano sexual, quedó completamente deformado y
adolorido durante semanas después de haber sufrido tales abusos. Y hasta hoy recuerda
todos los mínimos detalles de tan perversos sentimientos sufridos, y le cuesta tener una
relación placentera, porque siempre cuando esta a punto de llegar al culmine del placer, le
explotan esos horrorosos recuerdos en la mente, desconcertándola y submitiendola por
completo al oscuro recuerdo de su pasado.
Al pensar que su hija estaría sufriendo lo mismo que ella sufrió años atrás, cuando
era una inocente e inofensiva criatura, Nacrea se desesperó, al punto que a su débil corazón
le dió un ataque desesperado de nervios. Fue la primera en avisar a la policía de su
situación, ya que no quería repetir el error cometido en antaño por sus padres, cuando estos,
desesperados por el temor, confiaron plenamente en los malhechores que la secuestraron.
Los padres de Nacrea, al verse terriblemente presionados al ver el dedo meñique de su hija
en una botella de jengibre, decidieron seguir al pie de la letra lo dicho por los
secuestradores, ciegamente pagaron el también millonario rescate, sin hacer ninguna
llamada a la policía, y ni avisar palabra a sus más cercanos amigos.
Los padres de la víctima inútilmente esperaron la devolución de la niña, por
mientras los marginales, sin compasión alguna, seguían abusando en forma desmedida de la
pobre. La única razón por la cual la niña fue liberada fue porque si no lo hacían ella se
moriría desangrada, y los secuestradores, en caso de ser descubiertos, no estaban dispuestos
a ser procesados por homicidio y cumplir una larga y dura cadena perpetua, que en tan
rígido gobierno militar era tan típicamente dada a criminales de esa índole.
Sólo después de dos semanas de cautiverio y deterioro, la niña fue liberada. Nacrea
fue dejada en la vereda de su calle, y cuando sus padres, por suerte la encontraron, se
encontraba en un estado irreconocible.
Por esa razón, la tan inteligente y sufrida Nacrea, ideó una estrategia que
desbarataría incluso al más vil de todos los delincuentes existente en el país y el
continente. Nadie se osaría en hacer con su hija lo hecho con ella. Jamás permitiría que el

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pasado se repitiera y nuevamente comprometiera el glorioso futuro que ella tenía planeado
para su hija.
Nacrea inmediatamente llamó a la policía, y armó un cuartel general en su mansión.
Como si fuese una verdadera estratega en la época de Napoleón, decidió que jugaría con la
opinión pública, y no dudó en llamar a la prensa, desde los mas prestigiosos matutinos,
hasta los mas chabaneros programas de espectáculos cubrirían con los mas sadisticos
detalles el desenlace de la crisis.
La noticia del secuestro de la niña Macarena Cruz impactó a la comunidad mucho
mas de lo esperado por Nacrea, y pronto no sólo reporteros de todas categorías imaginables
se postraban frente a las gruesas murallas de su residencia, si no también una multitud de
gente con enormes pancartas tratando de apoyarla y consolarla durante esos difíciles
momentos.
Para Nacrea fue imposible impedir que la feroz prensa investigadora e indagadora
descubriera sobre el oscuro episodio que también le ensució y afectó la infancia; episodio
que había guardado sigilosamente la familia por más de treinta años, y que jamás esperaría
que saldría de las cuatro paredes de la enorme y colosal casa.
Nacrea se estaba muriendo, y las treinta y seis horas que tardaron los secuestradores
en contactarla después de haber secuestrado la niña, le parecieron treinta y seis vidas
vividas en el infierno.
La arriesgada estrategia de Nacrea de envolver profundamente a la prensa en el
asunto al menos dio resultado, por que por lo menos los secuestradores no pudieron exigir
que la policía y la prensa no estuvieran involucradas en el asunto, ya que mucho antes que
los atrevidos bandidos osaran en llamarla informándole del secuestro de su querida hija,
Chile entero sabía del trágico incidente ocurrido en el seno de la familia mas excéntrica del
país.
Los bandidos fueron muy claros...o la señora paga la suma de diez millones de
dólares que serían virtualmente transferidos a mas de doscientas cuentas secretas en suiza
para así despistar a los expertos internacionales que seguramente estarían envueltos en el
caso, o su hija sería brutalmente violada y torturada hasta el pago del último centavo.

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Nacrea no quería jugar con fuego, y no se arriesgaría a perder su hija, y tampoco le
importaba pagar inmediatamente la suma, porque para ella con tal de ver a su hija sana y
salva ni eso y ni todo el dinero del mundo podría pagar.
Fue sabiendo las historias de esa familia, que Paula entró por vez primera a la
colosal casa. Era su primer día de trabajo, y se mostraría sonridente por los obstáculos que
tendría que enfrentar.

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Paula

¡Ah! ¡Ah! ¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhh! ¡Ahhhhhh! ¡Sigue! ¡Sí! ¡Sí! ¡Sigue! ¡No pares!
¡Mas! ¡Mas! ¡Siii!.....gemía Paula en sus falsos orgasmos. Lo hacía para que así su cliente
se contentara, y creyera que él era lo máximo en la cama, cosa que contentaba a cualquier
hombre al punto de hacerlo ciegamente pagar cualquier cantidad exigida.
Era la sexta sesión de Paula en la noche, y estaba realmente exhausta, fueron seis
horas de trabajo intenso, y de incansables mamadas. Era verdad, al principio, cuando Paula
recién iniciaba su oficio, sentía que el mundo se le caía a sus pies. Llegó a adorar ese
trabajo, lo disfrutaba más que el mismo cliente. Se sentía el hoyo del queque. Ganarse
cualquier cantidad de plata, ¡y más encima hacerlo pasándolo la raja! Para Paula era el
trabajo ideal, aunque todavía no pensaba en abandonar su labor, que queriendo o no, una

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vez osó de llamar “ideal”, a Paula se le había escapado el toque de adrenalina y verdadero
placer que sentía por su oficio en antaño. Además, no había tenido mucha suerte
últimamente, no le habían llegado clientes con un producto apetitoso y rico de devorar, le
habían llegado puro viejos verdes con cosas chicas y flojas que apenas lograban pararse,
pero que sin embargo eran los mas disputados por sus colegas de trabajo, debido a las
reconocidas buenas propinas, que en días de suerte llegaban a ser valiosas joyas.
Paula se había ganado reconocida fama, era la única que cumplía con riguroso rigor
lo exigido por sus clientes, en muchos casos no solo acudían hombres que venían solo en
busca de placer carnal e irreverente, sino que también le había tocado hombres con el
corazón roto y desecho....sentimiento que no conocería hasta algunos años mas tarde.
Uno de los momentos más memorables de su corta carrera de meretriz, fue cuando
fue acudida por una famosa personalidad política, y del cual nunca esperaría que visitara
uno de esos lugares. La impresión fue tanta al ver su cara, que apenas pudo hacer sus
reconocidos y estratégicos movimientos, que guiaban a sus clientes al placer nunca antes
experimentado. Esa noche de invierno estaba aburrida, aunque le habían dejado buenas
propinas (como solía llamar a lo cobrado por sus servicios), no había tenido casi nada de
emoción, había sentido nulo placer.....ansiaba algo mas.
El corazón de la joven Paula se había completamente corrompido, del inocente y
dulce corazón poco quedaba. Su trabajo, le exigía dejar sentimientos de lado, para aguantar
el asco, como era en algunos casos, y también para no enamorarse, como era en otros
tantos. La primera “ley” de la “constitución” de su oficio consistía claramente en dejar los
sentimientos completamente de lado, y solamente preocuparse lo que se concierne a lo
físico y nada mas allá de lo físico. Paula sentía cierto respeto por el trabajito ese, por algo
era el oficio más antiguo del mundo, según ella misma contaba. Lo que necesitaba Paula
era algo nuevo....y eso fue lo que precisamente lo que le llegó esa noche, la cual ya
consideraba completamente perdida.
–Chiquillo. ¿Qué mierda haces aquí? No tienes edad para andar por estos lados
weoncito, ni siquiera tienes barba, y te quieres meter en la cama. Vuelve para tu casa,
cuiquito, acá atendemos a hombres grandes no mas. – reía Jimena, ante la llegada del
inesperado y juvenil visitante.
–Eeemmmm.... – trato de pronunciar Tomás, rojo como un tomate.

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– ¡Ya oh! Jimena no te burles, yo me lo quedo– dijo Paula
–No sabía que estabai tan necesita amiga, me lo hubierai dicho– decía riéndose entre
dientes Jimena
–Es para recordar a los viejos tiempos– decía Paula para no sentirse inferior su
compañera de infancia.
Jimena entendió por completo lo que Paula quería decir con esas frases, sabía que
Paula se refería a acordarse de los momentos en los cuales ellas se ofrecían a sus
compañeros de clases en las fiestas de liceo por míseros pesos, que después usarían para
comprar pasta base y así sustentar sus vicios. Con un cuerpo juvenil, concluyó ella, Paula
recordaría de cómo fueron sus primeras relaciones de infancia.
–Ya chico, ven, con que tengai plata basta, y eso se nota que teni– dijo Paula
fijándose en las caras y llamativas zapatillas que llevaba su futuro e impredecible cliente.
–Ehhhmmmm...– Trató de pronunciar Tomás, pero la voz y las silabas no le salían, porque
sentía una estupefacta mezcla de nervios, timidez, e inexperiencia.
–Ya, callado no mas– decía Paula, en un estilo más maternal de lo esperado por
alguien de su reputación.
–Ehmmmm....– seguía Tomás
–Ya mijo, pa callado– decía Paula decidida, ya que estaba convencida que lo iba a
pasar bien con ese chiquillo, sería interesante hacerlo con un cuerpo no todavía maduro,
después de estar una noche entera con unos viejos tan viejos como el roble de la calle,
pensó ella. Pero ella sabía lo que verdaderamente había pasado, sin embargo no quería
admitirlo. Algo ocurrió en ella cuando lo vio por primera vez, un extraño sentimiento, que
la retumbó por completo y que no lograba comprender por entero...un sentimiento que daba
cosquillas, y que seguramente significaba más que las puras ganas de innovar.
–ya po, ehhh....¿cómo te llamas?– dijo Paula
–ehmmmm.....me llamo...– murmuraba Tomás

– ¿Estás lúcido? – inquiría Paula.


Tomás no contestaba.
–Ya chico, si no te voy a morder, con confianza no mas, si ya sé que erí virgen, se te
nota en la cara, y no te preocupes, porque con que me pagues por hora, te enseño todo lo

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que quieras, y después de pocas sesiones conmigo, vay a salir como un experto, lo vay a
pasar bien weoncito, hay algo en ti que me gusta, no se lo que es, pero eso si, te advierto
que tienes harta suerte, no se como no te asaltaron o no te acuchillaron antes de llegar por
estos lugares, con esa pintita de niñito cuico que tie es, se nota en la cara, en las manos,
bueno weoncito, dime tu nombre. Tampoco tengo toda la noche– exclamaba Paula, como si
estuviera hablando con su hermano chico.
–ehhmmm.....me llamo Tomás– articuló Tomás apresuradamente, era la primera vez
que hablaba desde que llegó a ese lugar.
–Tomás, bonito nombre, gusto en conocerte, yo me llamo Paula, como ya lo debes
saber, y si tu quieres seré tu maestra en ahora en adelante, eso si que soy exigente, te pongo
nota y todo, y te lo digo, no soy nada barata, pero pa ti te hago descuento, la hora te va
costar veinte lucas no más, eso si, espero que llegues puntualmente todos los viernes, a las
doce en punto, yo soy harto exigente, y aunque vas a ser mi primer alumno, estoy segura
que las clases van a ser harto didácticas– decía Paula muerta de la risa, ella no se acordaba
lo que había tomado, pero eso de profesora le parecía interesante, desde chica siempre
había soñado con ser una, pero no se imaginaba que se convertiría en una tan peculiar.
Tomás estaba atónito, era su primera vez lejos de casa, y primera vez en plena
libertad, no sabía exactamente porque había escapado de su casa, y no sabía lo que estaba
haciendo, había tocado esa puerta como una estupida broma, como jugando, como volado y
no dándose cuenta de lo que estaba pasando. No estaba consciente de sus acciones, había
repentinamente abandonado una fiesta en donde había probado la parafernalia alucinante de
un amigo desconocido. Pero ahora todo cambiaba, todo giraba.
– ¿Oye, estay en la luna? ¡Te estoy hablando! Despierta– decía Paula
– ¿ahh....que? ¿Qué pasa?– decía Tomás, como si recién se hubiera despertado
– ¿y que te parece po? ¿Cerramos el trato? ¿Quieres ser mi alumno?– preguntaba la
alocada Paula
–Ehmmm… ya – fueron las silabas que emitió Tomás sin poder ocultar su
excitación por la nueva profesora
–ya Tomacito ¿Qué edad tienes?– indagaba Paula
–20– mentía Tomás, tratando de engrosar todavía mas su voz para aparentar más
edad.

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–Ya Tomás, si no nací ayer, entre nosotros no hay secretos, desde ahora somos
profesora y alumno– decía Paula disimulando su risa
–16– decía Tomás en una respuesta certera
– ¿Acaso, no hablas Tomacito? ¿Te comió el gato la lengua?....bueno me imagino
que debes estar asustado...pero no te preocupes, que ya ya se te va a pasar...– modulaba
Paula sintiéndose lo máximo por su nuevo papel de profesora, y al mismo tiempo
rozándole el ya erecto miembro.
Paula se encargó de todo, le parecía tan divertida la situación en que ella misma se
había metido, que le puso todo empeño posible. Sabía de los nervios de Tomás, y en parte
los entendía, porque ella había sentido lo mismo en su primera experiencia, hace algunos
años atrás, con un compañero de curso. Ella lentamente desabrochó el cinturón del estático
Tomás, que no se movía ni un centímetro, desabrochó su pantalón, sacó sus boxers y se
impresionó por lo que veía. Fue la primera vez en que Tomás sintió su miembro en una
boca. Tomás no demoró en correrse, típico de la primera vez, y miró a Paula, que con la
mirada le decía: “Tenemos mucho que aprender cabrito, aunque no te preocupes, por que
fue solo la primera vez, lo esencial ya lo tienes, que es un buen instrumento”, en seguida de
ese episodio Paula se sentó sobre el miembro viril de Tomás y empezó a pujar y a disfrutar
imaginando que ella también era una virgen. Al cabo de una hora de insaciable placer Paula
dijo: Ya Tomás, esto es todo por hoy, te felicito, empezaste bien, te veo la próxima semana.
A lo que Tomás muerto de excitación, pero todavía con una increíble timidez, respondía
con un escueto “ya”.
Fue la noche mas memorable de Tomás.

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–Señorito Tomás.....Señorito Tomás.......despierte señorito, hora de despertarse...ya


pues, Tomacito despierte– decía Petunia, con un tono maternal tan típico de su voz.
–No me llames Tomacito, Petunia, me carga– decía Tomás por centésima vez en la
semana.
–Es que para mí siempre serás mi guagüita Tomacito, y eso es imposible cambiar,
yo ya estoy vieja para cambiar mis mañas, Tomacito.....ya, pero no perdamos tiempo, ya es

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hora de despertar, acuérdese que hoy día es sábado, y que en media hora mas, o sea a las 10
en punto, su profesor de tenis va a estar acá, así que es mejor que estés listo, y
desayunado...– decía la irreprochable Petunia, con su porte de generala, quien además
controlaba todo en esa casa; Petunia era como la dama en el ajedrez, sin ella, la casa se
sumiría en un desorden desesperante, que ni siquiera un ejército de peones podría
controlar.
–Ya......ya.....si ya voy.....– decía Tomás en un somnoliento tono de voz
–Ya Tomacito.....lo dejo entonces– decía Petunia a su señorito favorito, incapaz de
imaginar las inexorables travesuras vividas por este anoche.

......................................................

Paula estaba enamorada. Lo que había empezado para ella como un simple desaire,
para salir de la aburrida jornada que le había tocado en ese día, se metió en su corazón
como lo haría la profundidad de un verdadero amor. – Pero era un amor imposible – se
decía Paula, el pendejito tiene 15 años, clase alta, y mira como la fue a conocer, de putita,
la perlita, o sea, peor, imposible. –Pero no me venga con huevaditas caballero, que pal amor
no hay edad y ni condición social, las personas son como imanes no mas, se atraen y listo,
no hay nada que hacerle ¡si esto es amor a primera vista!– Quizás ese era el argumento que
sus dos órganos, jefes de lo que podríamos llamar la “Corporación Paula”; discutían. El
cerebro, quien era feroz en sus negociaciones, no cedía ni medio milímetro, argumentaba
con la ferocidad de un lobo que el “amor” de Paula no era racional, y que por lo tanto no
podría ser concretado, ya que una relación amorosa así sería nada mas y nada menos
que.........¡imposible! Y la señora corazón argumentaba con toda su felicidad, y sensibilidad,
que la flecha del cupido llega, y cuando eso pasa, no hay nada mas que hacer que
disfrutarlo, y que en el amor no hay nada racional, y que si la niña se había enamorado, se
había enamorado no mas, no hay razón que buscarle– defendía el corazón.
Ahora Paula se debatía en ese conflicto, no sabía si seguir lo racional, o seguir sus
corazonadas, no sabía si seguir lo lógico y pararle el carrito a ese precipitado amor ahí y al
tiro, o seguir el corazón y seguir en ese mundillo de mariposas vestidas de rojo carmesí.

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Paula decidió seguir sus corazonadas, y aunque se hubiera decidido por la
razonable, no lo hubiera logrado, ya que el corazón tiene el infalible arma de ciegar y
hackear completamente la red de conocimientos y lógica que tiene el cerebro.
– ¡Lo Amo!– se despertó gritando Paula agitada

3
Descaro

– ¡Hijo de puta! ¿Cómo pudiste maricón de mierda? Concha de tu madre, vacuno,


hija de la cabra que te parió, después de todo lo que te di, como pude ser tan tonta. ¿Qué no
teni control de pija maricón de mierda? ¡Te mato! Te mato, por la chucha de tu madre, te
voy a sacar la mierda– decía Nacrea, iracunda y furiosa como nunca antes visto, porque

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para ella eso fue un golpe muy bajo, pero muy bajo, incluso bajo para lo que es
normalmente considerado muy bajo, la engañaron, pero la engañaron bajo sus narices, bajo
sus propias narices, y mas encima con la estupida que le servía el té. Es que ni siquiera con
la secretaria, fue con la nana, eso fue mucho, pero es que es el culmine del descaro, ella,
Nacrea Cruz, ¡engañada!
–Este matrimonio se terminó hace años, hace mucho tiempo que no soy nada para ti,
y adivina que, tú no significas nada para mí. Hace años que tú me ignoras, hace años que
nos ignorabos. ¿Cuál es la diferencia que yo te engañe? – berreaba Juan Ignacio Vega
–Una gran diferencia pues maraco de mierda ¿Y sabes cuál es la diferencia? Es que
esta casa es mía, este techo es mío, lo que estas pisando es mío, lo que estas viendo es mío,
lo que comes y gastas viene de mi bolsillo, yo soy la dueña de todo, y tú fracasado, llegaste
a mi sin ningún peso, weon de mierda, llegaste quebrado, con tu puto apellido que yo nunca
acepté, porque yo soy una Cruz. Lo que tu hiciste no tiene perdón, y adivina que Juan
Ignacio Vega, no te quiero ver ¡JAMÁS! ¡Nunca más! Lo único que vay a ver de aquí en
adelante van a ser mis abogados, aweonado, no sabes a quien engañaste, pero me las vay a
pagar puto de mierda, me las vas a pagar, ¡y te quiero fuera! ¡Fuera de aquí! ¡FUERA! O si
no te mato a balazos, es que te corto en mil pedazos. ¡Muere concha de tu madre!
¡MUERE.....! – vomitaba Nacrea Cruz, al pillar manos en la masa a su marido con la
empleada; la empleada Lucrecia, es que este se la estaba cogiendo por la boca cuando
Nacrea entró en la bodega, el choque fue tal, que Nacrea se desató por completo, y de sus
bocas salieron lo salido de la nada, y la empleada se salvó de la bronca, porque tuvo la
astucia de arrancarse a tiempo, suerte que no tuvo su patrón.
–¡Jujujum....jujum, eeeemmm, nnn, nooooooooooooo, nooooooooo, como me
puede suceder esto a mi, nooooooooo, jujum jujum!– Lloraba Nacrea, tan rabiada como
apenada, después de la paliza de palabras y amenazas que le dio a su marido después de la
primera impresión de infidelidad, le llegó un sentimiento que tardaba mas en llegar, pero se
instalaba por mucho más tiempo. La infidelidad de su marido causó que tristeza opacara la
siempre exitosa sonrisa de Nacrea, al menos por una considerable cantidad de días.
Nacrea Cruz decidió que su marido le iba a pagar el dolor sufrido hasta la
última arruga, y rápidamente convocó una reunión con su famoso equipo de abogados en el
salón principal.

18
– ¡Lo quiero muerto!– ordenó ella – ¡Le voy a sacar hasta el último peso!... ¡Es que
este maricón me las va a pagar! Lo quiero muerto de hambre ¡Endeudado hasta la muerte!–
ordenaba maléficamente Nacrea a la comisión de abogados que tenía. –Y mas les vale que
lo consigan, para eso les pago...no me importa como, si es necesario compren al juez,
compren a la prensa, compren a medio mundo, pero Juan Ignacio Vega me las va a pagar
los treinta años perdidos en este casamiento....y respecto a la chula esa de la
empleada.....como se llamaba...... ¿Petunia, como se llamaba la chula esa? ¿Cómo? Ah
ya......esa chula esa de la Lucrecia la quiero presa, quiero que pase el resto de su miserables
días encerrada en una celda..... ¿Cómo lo lograrán? No sé, pero no me importa, eso es cosa
de ustedes, disponen de los fondos suficientes para eso.....yo sólo quiero el resultado, y mas
vale que me lo den pronto, quiero a Juan Ignacio sin ningún peso, más pobre que una
cucaracha, y a esa chula esa pasando el resto de sus días en la oscuridad.....ya no dispongo
de más tiempo, me tengo que maquillar. ¡Los fotógrafos ya están por llegar!– comandaba
Nacrea desde su recién instalado cuartel general.
Lucrecia tuvo suerte de arrancar de la gran casa a tiempo, antes que a Nacrea con
todo el fervor que tenía, la acuchillara, total si eso llegara a pasar, jamás nadie se
enteraría....las personas con dinero en este país siempre se salían con las suyas, eran
inmunes a las garras de la justicia, y compraban todo lo que se les obstucalizara.....total
dinero es poder, y eso muy bien lo sabía Lucrecia, quien había trabajado por media década
sirviendo a los Cruz, y había presenciado la ferocidad de su patrona, especialmente cuando
se trataba de cumplir una de las muchas extravagantes metas que se ponía por delante.
Matar a un criado, sería mas fácil y más rápido que tratar de robarle un dulce a un niño, y
por esa misma razón, mientras Nacrea y su infiel esposo discutían a tronos, ella no perdió el
tiempo y empacó los pocos trapos que tenía, cada segundo mas en esa casa equivalía
arriesgar lo que quedaba de su vida.
Extrañaría el servicio en esa casa, pagaban bien, pero lo que más extrañaría sería
servir a los niños, y al tan guapo joven Tomás que se iba convirtiendo en un verdadero
hombre, hecho y derecho....era su señorito regalón, como se decía a si misma. También
extrañaría a su amante, el señor Juan Ignacio, y también extrañaría las joyas que le
regalaba, pero lo que mas extrañaría eran la placenteras noches en que los dos se arreglaban
para escabullirse sin ser vistos hacia el sótano de la casa. Ella se las arreglaría para escapar

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del oído, y la vigilancia de sabueso que ponía Petunia, y él se encargaría de calladamente
arrancarse de una de las grandes suites de la casa y bajar la majestuosa escalera de mármol
para penetrase en ese oscuro sótano, que rara vez era visitado, a no ser por los dos amantes
en ese amor clandestino.
Ella extrañaría no solo las calientes caricias de su amante descubriendo cada
apertura de su cuerpo. Extrañaría ser amada apasionadamente, y extrañaría la extraña
sensación de placer que le producía engañar a la mas odiosa persona en la faz de la tierra,
bajo sus propias narices, con su marido de hace años, quien además era padre de sus hijos,
adoraba esa sensación de engañar...de engañar a Nacrea Cruz. Sentía que de una manera u
otra, que descontaba todo el odio que le producía tanta diferencia social, en las inolvidables
mamadas que le daba a su marido. Ella no entendía porque ella tenía que servir y trabajar
como esclava, mientras su patrona solo se encargaba de ordenar el día entero. No aceptaba
tantas diferencias, ella bien sabía que lo que ella ganaba en un año equivalía a lo ganado
por su patrona en una hora. Ella apenas tenía para vestirse, mientras su odiosa patrona tenía
un closet equivalente al porte de su casa, adquirida después de tantos años de esfuerzo a
través de incontables intentos de postulaciones al SERVIU. Y la mejor manera de descontar
toda esa ira, era arrebatarle a ese terco marido, y destruir su tan longevo matrimonio.
Fue fácil entablar una relación sexual con él. Sabía que las cosas entre Nacrea y él
no estaban bien, sabía que el pobre se encontraba mas casto que un cura, y sabía que con
solo unos simples movimientos de cadera y unos pocos roces en el lugar indicado, sería
bastante para quebrar la fidelidad apenas mantenida en ese matrimonio. Y lo que se
propuso lo consiguió, al principio fue más difícil, porque él, como todas las otras personas
que vivían bajo el techo de esa gran casa, sentía pavor del incalculable poder de Nacrea
Cruz. No fue tan fácil convencerlo de que nadie nunca descubriría esa secreta relación entre
las cajas almacenadas en ese oscuro sótano. Pero como todo hombre, este cedió al placer
provocado por una chiquilla joven y dinámica con lindos y hermosos pezones, una fina
cintura, un enorme y rígido trasero, y una angelical mirada, que sin duda alguna ocultaba la
peor tentación que el diablo podría llegar a ofrecer.
Juan Ignacio trataba de convencerse a si mismo de sus escabullidas al sótano
diciéndose hacia sus adentros que todo era natural, y que ningún hombre podría aguantar la
castidad condenada impuesta por Nacrea Cruz. Y era verdad, no podía aguantarlo, aunque

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en el fondo del corazón amaba a su vanguardista y peleadora mujer; su cerebro y la busca
por el olvidado placer lo dirigían directamente a las seductoras garras de esa joven
empleada.
Lucrecia, como descrita antes, no solo era una endiablada experta en el complejo
arte del placer, si no también tenía un angelical cuerpo de joven crecida en praderas
vírgenes y puras, pero que sin embargo al adentrarse en la puridad del hermoso paisaje, y
explorar con poco más cuidado las cuevas ocultas detrás de enredadas arboledas, uno se
daba cuenta del intenso calor y energía que esconde la hermosa pradera.......la pradera que
embríaga a los mas resistentes de los hombres, y el paisaje que envía la fidelidad al carajo,
tomándose por completo el cuerpo a ser poseído.
Después de un año de relación, en el que el sexo era el único y principal centro,
Lucrecia se atrevió a componer las primeras palabras que pronunciaría a su amante.
– ¿Qué te parece esto?– preguntó ella tímidamente
– ¿Esto qué?– pronunció él tercamente
–Esto, nuestra relación, nuestro intercambio de fluidos, la unión de nuestros cuerpos
en uno, alcanzando un vigoroso placer....... ¿Qué te parece?– preguntaba más atrevida, con
una ligera ironía por el hecho de que ella se había cansado de relacionarse con su patrón
solamente a través de lo corporal y lo físico, y como ambiciosa cobra ansiando poder,
quería alcanzar algo mas.
– ¿En serio quieres que te diga? ¿Quieres la verdad? Bueno esta es la verdad,
cuando estoy contigo siento que soy otra persona, poseída por un espirito ardiente que me
deja a años luz del verdadero yo, al placer desencadenado se suma la culpabilidad de la
traición que le estoy estancando a mi gran y verdadero amor, y esa no eres tú, mi corazón
ya tiene dueña, y lo siento, pero no te amo, y si te amara hace harto me hubiera arrancado
de este lugar, y escapado contigo hacia una isla desierta en el medio del vasto Océano
Pácifico. No te amo......siento decírtelo, pero es la pura verdad, junto con la culpabilidad de
la traición, también siento culpa por no esclarecer mis sentimientos hacia ti. Pero no
importa que no te ame, porque cuando estoy contigo me olvido de todo, olvido quien soy, y
olvido que el mundo existe. Te quiero, pero no te amo, así es como definiría mis
sentimientos hacia a ti, el amor que siento por Nacrea es muy fuerte, es un amor agotado y
empolvado, que esta escondido y abandonado desde hace harto tiempo, pero un amor de

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treinta años no se puede comparar con una ardiente pasión venidera; con Nacrea tengo una
historia, una vida y una familia...contigo tengo placer, pasión y sexo, pero entiéndeme, no
es lo mismo, son dos elementos imposibles de mezclar. Y la razón por la que te confieso
todos estos sentimientos es porque me parece justo que tú tengas la posibilidad de tomar
esta decisión. Es importante que tú decidas entre tenerme, pero como mero instrumento de
placer, y aceptar que mi corazón está en otra dimensión, y seguir nuestra espectacular y
clandestina relación que hemos tenido desde el primer día de nuestra infidelidad, o
abandonarme para siempre y olvidar todo lo vivido como si fuera un sueño imposible o una
fantasía oscura.
Lucrecia se quedó callada, no podía hablar, en el fondo de su conciencia sabía que
eso era verdaderamente lo que sentía su amante, lo podía sentir, podía sentir su corazón
alejado, y su alma lejana a la suya en la hora del coito. Pero tenía una ligera esperanza que
él confesara algo más que el intenso interés por el placer. Algo burdo y falso como “Te
quiero Lucrecia”. Ella se había enamorado de él, al principio fue solo una venganza, y una
forma de hacer sufrir a su más grande enemiga, era una forma de reprochar hacia el mundo
todo el mal que está causando este sistema, en donde los ricos son los ricos y los pobres
son los pobres. También era una forma de reprochar el dolor que sentía. Un pobre nunca va
a tener la posibilidad de ascender, y de mejorar su calidad de vida, porque la sociedad
actual exige educación para surgir, y en este país, como se indignaba diariamente Lucrecia,
los pobres y la gente trabajadora como ella no tiene educación, es que no es un problema de
voluntad, es un problema de oportunidad, ni el mas trabajador de los pobres puede surgir en
esas condiciones. Sin educación tú no vales nada, pensaba Lucrecia. Ella sabía que no
importaba cuanto trabajara, cuanto se sacara la mugre, o cuanto se humillara en ese
inhumano trabajo de empleada, que mas bien es muy comparable al de esclava; ella nunca
podría sacar su familia de la miseria y decadencia. Y la forma que tenía de desquitarse con
todo, con la ira, la revuelta de pertenecer a otro mundo, que era mucho inferior al ambiente
en que ella trabajaba y por lo tanto presenciaba sirviendo el té y lavando baños, era
arrebatando y destruyendo el matrimonio de su patrona. Y fue esa la razón por la cual se
empeñó en usar sus técnicas de conquista, irresistibles para todos los hombres. Pero
después de tener una intensa relación con ese opulento hombre, ella se enamoró. Ahora se
encontraba al borde de un abismo, y tenía que tomar una rápida decisión. Tenía que decidir,

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si dejar a ese amante, que estaba completamente enamorado de su esposa, pero no resistía
su placentera tentación, o seguir cogiendo con este, esperanzada por una vuelta de suerte en
la ruleta, quizás al final de todo, él también se enamoraría de ella, tal como ella se había
enamorado de él. Y en un cuento de hadas sin fin los dos se irían a esa isla desierta del
vasto Océano Pácifico, y vivirían enamorándose día a día creando una inacabable felicidad
que los haría vivir felices para siempre.
Una semana más tarde los dos amantes serían sorprendidos a la luz tenue de una vel,
entre las cajas de la bodega por Nacrea Cruz. Es el fin de la relación, pensó ella.

..................................................................................

El Dr. Rubens, quien encabezaba el famoso y calificado equipo de abogados


contratados por Nacrea Cruz, le informó a su principal clienta de la situación actual. El
viejo abogado, que aun mantenía intacta su vasta sabiduría, le informó a la señora que no
habría mayores inconvenientes para ganar una multimillonaria demanda contra su marido,
sin embargo ella tendría que cuidarse porque este también la podría contra demandar en
otra demanda más multimillonaria aun. –Pero para esto están ustedes carajo, ¿para
defenderme no?– Imperativamente berreaba Nacrea, golpeando su decisivo puño contra el
escritorio de mármol al estilo barroco del siglo IV, tan de moda en las colonias inglesas en
el sur de África. La conversación que Nacrea tenía con el jefe de su equipo de abogados en
su escritorio ubicado en la última planta de la casa, justamente al lado de la biblioteca, fue
bruscamente interrumpida.
– ¿Quién carajo se atreve a interrumpirme de esta manera?– gritaba Nacrea
– ¡¿Y quien carajo te crees tú mamá de demandar a papá de esta manera!?– se
revelaba Sirio, el mayor de los hermanos, quien a pesar de su aparente valentía no había
heredado la fuertísima personalidad de su madre
–Mira pendejo, yo hago lo que se me de las ganas, y ni tú y ni nadie me hace
preguntas y me cuestiona, y mucho menos si estoy en mi escritorio en el medio de una
importante conversación, cabrito insolente. ¡Ahora retírate antes de que te saque
definitivamente de mi testamento!– jugueteaba Nacrea con su hijo, con el quien sin
embargo no perdía su severo tono de seriedad.

23
–Mamá no le puedes hacer eso, al fin de cuentas es nuestro padre– insistía Sirio
–Mira mijito tu padre es peor que un gato traicionero. ¿Tú no leís los diarios mijito?
Tú lindo padre me engañó con la chula de la Lucrecia, una mas de esa servidumbre que
trabaja en esta casa ¿Y todavía tienes las agallas de pedirme que no de una batalla digna de
emperatriz?– rígidamente decía Nacrea, aunque su seriedad no combinaba con las palabras
elegidas, causando una confusión notoria en la cara de Sirio. –Es cosa de mirar las
columnas sociales mijito, estamos en boca de todos ¿No es eso tremendo?– se reía Nacrea
convencida en un nuevo y exuberante triunfo.
–Y que me dices de candidatarte a alcaldesa de Santiago, ¿te has vuelto loca?
Mira mijito que a la próxima si que no vay a recibir ni un peso de mi fortuna, yo se
muy bien lo que estoy haciendo, y siento que ya es hora de cambiar las cosas de una vez
por todas en este país. Los políticos que tenemos en este país en vez de tomar decisiones
que favorecen a las personas se las pasan el día entero en protocolos, y discusiones
innecesarias, es cosa de mirar a la derecha y a la izquierda, si esos dos bandos son peor que
gato y perro, no paran de pelear y perder el tiempo, en vez de tomar verdaderas acciones
que ayude a la gente y al país.......pero con tu madre en el poder mijito, todo va a cambiar,
Santiago va a cambiar, y si la cosa esa de la política me queda gustando mijito, ¡demás que
me tiro a algo mas......!
Ese algo mas de su alocada y emprendedora madre aterró a Sirio, quien como
hermano mayor, era el miembro de la familia mas envuelto en los negocios de su madre,
sabía muy bien que pasaba cuando Nacrea Cruz se proponía a hacer algo mas......
Nacrea, con su fuerte corazón de mujer brava y exitosa logró sobreponerse
rápidamente del dolor causado por la infidelidad de su marido. Se dio cuenta que el mundo
sigue dando vueltas, y que las lunas siguen creciendo y decreciendo, que las personas
siguen muriéndose de hambre, que las bolsas seguían subiendo y bajando, y que las guerras
seguían empezando y terminando. Nacrea comprendió que ella no era el centro del mundo
como en muchas ocasiones llegó a imaginar abalada por toda la atención recibida, también
descubrió que su familia la necesitaba mucho mas de lo esperado por ella, y que no podía
dejar sus negocios ningún día solo sin que toda la exigente rutina siempre impuesta por ella
se descabellara por completo. Nacrea también entendió que tenía mucho que hacer en esta

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vida, y que andar encerrada triste y deprimida en una pieza no le iba a solucionar los
problemas.
Después de ese incidente, de vivir en carne y hueso la infidelidad y la traición, algo
en Nacrea cambió, fue como si su espíritu hubiese crecido, y se hubiese decidido a
enfrentar la vida con todavía más riesgos, y felicidad. Ella empezó a curtir todos los
momentos y segundos vividos, desde el amanecer con el canto de los pájaros en su hermoso
jardín, hasta el anochecer, con los primeros ruidos de los grillos cantando a las hermosas y
lejanas estrellas.
Nacrea se recuperó y decidió vivir la vida como nunca antes la había vivido....las
estrellas no estaban tan lejos.

4
Cita en el Burdel

–Ms. Goones– dice la profesora en una monótona voz –Present!– contestaba Sara
obedientemente, tal como era de costumbre en ella y en todo sus compañeros.
–Mr. Gulliver– dictaba la profesora nuevamente –Present!– contestaba Ricardo
–Mr. Ibáñez– decía pasando la lista la aburrida profesora Pringman –Present!– decía
Francisco
–Mrs. Ignetto– nuevamente decía la vieja Sra. Pringman –¡Presente!– decía
Francesca
–Mrs. Iriarteaga– rutinariamente dictaba la decana – ¡Presente!– decía Karina
–Mr. Cruz…Mr. Cruz…Mr. Cruz…¡Mr. CRUZ!– gritó la profesora haciéndose
escuchar

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–Ahh.... ¡Qué! ¿Qué pasó?– decía Tomás despertándose de un intenso sueño con
Paula, que por consecuencia lo dejó durmiendo con la boca abierta.
–Mr. Cruz, ¿estaba usted durmiendo en mi clase cuando yo, pasaba la lista?–
inquiría malévolamente la profesora
–No, Sra. Profesora, por su puesto que no......solo estaba en profundos pensamientos
sobre la interesante materia que hoy día veremos en su clase– decía Tomás, en la peor
excusa nunca antes escuchaba en los 40 años de profesión de la experiente y sabia
profesora, todavía peor que las típicas excusas de que el perro me comió la tarea, o llegué
tarde porque mi mamá chocó el auto.

–......Ahh.......Mister Cruz, así que indagando sobre la materia de hoy......., porque


obviamente a usted le interesan mucho mis clases. ¿No es cierto Mr. Cruz?– decía la
profesora siguiendo el estupido juego creado por Tomás.
–Si, por supuesto señora Pringman ¿Cómo se le va a ocurrir que yo iría aburrirme
hasta el punto de quedarme dormido en su interesante clase?– decía Tomás irónicamente
–Así que usted se interesa por mi clase, ¿no? Señorito Tomás, bueno, como usted es
tan buen estudiante con su estupendo promedio de 4.0, y apenas pasa el año escolar, pero
sin embargo se muere de interés por aprender, decido que usted se tome unas, digamos,
vacaciones pasajeras, así que señoriíto Tomás, usted esta suspendido por TRES días, y ojala
que en esas merecidas vacaciones obligatorias, después de tanto interés y trabajo
demostrado en clase, usted pueda pensar bien antes de intentar HUEVEAR a su profesora,
y recuerda que yo no nací ayer. Retirese de mi clase por favor, y no lo quiero ver pisando
los pasillos de este prestigioso establecimiento escolar, en al menos tres días. Recuerde que
yo también merezco vacaciones. Vacaciones de tener que mirar semejante flojera presente
en mi clase. ¡Retirese ahora mismo!– gritaba enojada la profesora, porque le pareció
insoportable que además de quedarse dormido, el travieso Tomás, tuviera las agallas de
enfrentarla con un estúpido jueguito en su clase, y delante de sus alumnos.
–Eso mismo haré señora profesora, que bueno que usted tenga la capacidad de
reconocer y premiar mi grandes esfuerzos demostrados constantemente en su clase, y
además se nota harto que usted no ha nacido ayer...– decía Tomás, en medio de risas de sus
compañeros, quien ya no aguantaban mas de las ganas de reírse de la profesora.

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– ¡Cállense! ¡Cállense!– decía la profesora –¡No toleraré esto! Con el poder que me
otorga este establecimiento como jefa del departamento de Ciencias, voy a suspender a
todos los chistositos que ahora osaron burlarse de mi en mi propia cara, ¡y ustedes saben
quienes son!– estrafalariamente chillaba la profesora.
Junto con esas palabras, la profesora tomó sus cosas, y salió bruscamente de la
clase, yéndose directamente al baño a llorar por las burlas y humillaciones recientemente
recibidas.
– ¿Weon a donde mierda tienes la cabeza?, si quieres hueviar a la vieja esa hazlo,
pero que te suspendan a ti no mas, tú sabes que a mi me van a matar por la suspensión esa,
no se que cresta voy hacer. ¡Puta la wea! Estoy jodido– se auto torturaba Gerardo.
–Puta aweonado, no todos somos Cruz, weon, no se si me entendí, si a ti te echan de
este puto colegio, o te suspenden por lo que queda del año, seguramente a tus papas no les
va a importar, o seguramente a ti no te importará, porque sabes que tarde o temprano, toda
las huevadas de tus papás, las vay a tener tú, weon, si tu ya sabes que plata no te va a faltar,
y por lo tanto el estudio vale hongo para ti, pero para la gente “normal” como “nosotros”,
nos hace harta falta, y aunque nos riamos de tu weas, nos sacamos la cresta tratando de
pasar con buena nota esta puta clase, ¡Mas vale por ti que la vieja esa se arrepienta de su
decisión......!– amenazaba iracundo José, quien también hablaba por su “grupito” en el cual
también estaba incluido Gerardo, y algunos otros agentes del supuesto proletariado elitista.
Grupo que además era enemigo número uno de Tomás Cruz y compañía, considerados por
el proletariado de elite, como los playboys buenos para nada.
–Puta weon no fue mi intención, pero quien se cagó de la risa no fui yo, sino que
fuiste tú, y ahora como tienes la decencia de venir a alegarme, que al pobrecito lo
suspendieron.......y quien puta mierda crees tú qué soy. ¿La gallina que cuida de los pobres
pollitos indefensos y amparados? Bueno amigo, estay harto equivocado, cada uno paga por
sus actos, y eso yo lo sé muy bien, y si a mí da un carajo los estudios, eso es cosa mía, y no
voy a dejar que ningún weon como tú me diga lo que yo tengo que hacer, yo hago lo que se
me da las ganas, y ni tú y ni nadie hasta ahora me ha podido contener. Y si a ti te
suspendieron eso es cosa tuya, cada uno paga por sus crímenes, cada uno por sus lados, y
nada de llorar como marica, que eso no sirve para nada– decía Tomás, defendiéndose, y
haciendo entender a José que era él quien controlaba el circo.

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–¡¿Que pasa aquí?!– gritó de repente una especie de inspector general, quien
sorpresivamente entró a la sala, era el “Principal” del Nido de Águilas, y se percató del
tremendo desorden, desorden que era tan poco presente en su territorio.
De repente toda gritería de la sala cesó. Ninguna mosca se atrevió a volar, y nadie se
atrevió a estornudar. Los alumnos presentes en aquella sala sabían muy bien las
consecuencias de quien se atreviera a desobedecer el mandato y las constitucionales
órdenes salidas de aquella tufosa boca....la consecuencia era convertirse en el mejor amigo
o amiga de aquella terrible y perversa criatura. Y convertirse en el mejor amigo de Mr.
McDonald, ese gringo viejo, pero imponente, no era nada agradable, y es mas, era mucho
más tortuoso que diez expulsiones simultáneas, o cien días de tortura china. En otras
palabras más simplificadas, nunca seas el mejor amigo de Mr. McDonald, como él mismo
dictaba una y otra vez.
Pero al social Tomás Cruz, le encantaban nuevas amistades, y no aguantó la
suculenta sentencia que recibiría gracias a esa nueva amistad.
–Lo que pasa Mr. McDonald, es que nuestra querida profesora le dio patatus de
nerviositis, y decidió suspender a gran parte de la clase por tener una descontrolada alegría,
y felicidad tan típica de nuestra edad, y ahora la mayoría de nosotros no sabemos que hacer
ante tal extrema decisión...– desafiaba Tomás, también conocido como “abogado del
diablo” debido a su desafiante personalidad que enfrentaba a la mayoría de los profesores.
–Mira mijo, no se venga a hacer el chistosito conmigo, que eso yo no se lo tolero a
nadie, y menos a un estudiante, yo acá vengo a establecer el orden y confirmar lo que la
Sra. Pringman ya había afirmado...Los siguientes alumnos que a continuación nombraré
estarán suspendidos, así que escuchen sus nombres, si los llegan a escuchar, por favor
párense calladamente y retírense de la sala, y vuelvan después de tres días, con la firma de
sus apoderados diciendo que saben de los motivos de la suspensión, recuerden que sin la
nota de sus padres, se les negará el paso en la entrada, acto que supervisaré yo en persona.–
amedentraba el Sr. McDonald.
–Los estudiantes Gerardo Alkmin, José Maya, Joaquín Cruz, Oscar Fernández,
Mario Luco, Felipe Ferrera, Mara Grafinter, Mary Cox, Marcela Fellinni estarán, como dije
previamente, suspendidos– sentenció el verdugo

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–Y por supuesto, ahora viene la mejor parte de la ejecución– como afirmaba el Sr.
McDonald riéndose de su propia broma –Nombraré a mi mejor amigo durante esta y la
próxima semana, espero que estas dos semanas que pasemos juntos en mi oficina durante
dos horas apos terminado el horario escolar, sirvan para estrechar nuestros ya amistables
lazos, así que Sr. Cruz, le doy a continuación el grandioso honor, de tres días de
“vacaciones”, y de permanecer en mi oficina durante dos horas después de terminada las
clases.......¡Muchas gracias, y hasta pronto!– esas fueron las últimas palabras del gran y
gordo verdugo, ídolo de la “tortura” y del aburrimiento, antes de salir de la sala.

............................................................

Hola Paulita, buenos días, ¿y como despertaste? Estay mejor ahora, porque antes
estabas bien enferma, que me llegué hasta a preocupar... Y no sé, te noto triste, como en
otra, perdida en pensamientos, volando con tu imaginación hacia paraísos desconocidos...
ayer, por ejemplo, estabas literalmente vegetando. No hiciste nada, no fuiste al bar a
atender a los clientes, y tampoco comiste, estuviste acostada en esa cama pensando y
dándole vueltas a la vida todo el rato........cuente a su amiga lo que le pasa po, yo merezco
saberlo, no ve que me preocupas con tanto misterio. ¿No será la flecha del amor la que la
picó? ¿No será un hombre que la tiene así, tan perdida y tan sumisa? ¿No será el chico que
te visitó hace dos noches que la tiene así?– preguntaba Jimena, a su mejor amiga.
–Yo se que te pasa algo, no te sirve de nada ocultármelo, algo raro anda dentro de ti,
como un espíritu o un demonio, o peor, creo que tu cuero no mas esta aquí, pero tu alma
esta en otra, completamente en otra, parece que le estoy hablando a una piedra, porque tu ni
siquiera me miras, ni siquiera mueves los ojos, ni siquiera......ya po, cuéntame en que te
puedo ayudar, que la tiene así, yo si que sé que es el amor, yo sé eso, no me lo niegues, ya
po, te dejo tranquila, pero sé que ese joven que te hizo una visita anteayer tiene algo que ver
con esto lo que te esta sucediendo.

............................................................

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La Josefa estaba haciendo el típico aseo matutino en la pieza de Pedro. Estaba
acostumbrada al desorden y a las múltiples poleras y camisas tiradas por el suelo, también
estaba acostumbrada al olor de mofo causado por la oscuridad existente en esa habitación,
donde el dueño no permitía entrar ni siquiera un rayo de luz. Pero secretamente Josefa, por
órdenes directas de Petunia, abría las cortinas y ventanas y dejaba el aire fresco ventilar por
la muerta habitación.
Pero algo en esa mañana había llamado la atención de Josefa, no era el típico
desorden y la usual oscuridad, sino que algo más. La curiosidad de campesina hizo que
Josefa revisara cada esquina de la gran habitación, no se contentaba con el hecho de no
saber exactamente que era lo que llamaba su atención. Después de observar
cuidadosamente la pieza, descubrió que la gran estante de libros estaba algo corrida, no sé,
pero no estaba derecha, estaba un poco movida, cosa que le pareció bastante extraña, ya que
como pudo un mueble de tan grande peso moverse solo. Cautelosamente se acercó al
estante y trato de moverlo usando todas sus fuerzas, pero al acercarse al mueble, se percató
que detrás de este había algo secreto, algo que sin duda alguna no debiera ser descubierto
por nadie, y menos por ella; una simple empleada de la casa. Pero la curiosidad heredada de
su campesino padre fue más que su temor de seguir indagando, así que de una vez por todas
decidió escabullirse completamente por el mueble, y lo que vio atrás de la pared de veras la
sorprendió.
– ¿Una puerta? – se preguntó ella. – ¿Cómo es posible que una puerta este aquí, esto
no tiene ninguna explicación lógica, o quizás si – empezó a imaginar ella. En tan gran casa,
habría mas de un pasadizo secreto, tan común en los castillos y palacetes europeos, pero no
en las ostentosas mansiones santiaguinas....pero lo que mas llamó su atención, era el hecho
que esa puerta estuviera tan escondida, y como un niña que jugaba en los verdes bosques
aventurándose por laberintos secretos, donde no tenía idea hacia donde encaminaban, entró
por la puerta....después de bajar por varios escalones, y submeterse a una oscuridad infinita
que la dejaba completamente ciega....se topó con algo sólido, se dio cuenta por su
contextura que era otra puerta, pero esta era mucho mas frondosa y gruesa que la puerta
anterior, y también estaba cerrada por más de algún candado o pestillo, porque al tratar de
abrirla no pudo moverla ni siquiera medio centímetro, estaba segura que algo intensamente
secreto ocultaba tan secreto pasaje.

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La oscuridad del sólido pasillo que conectaba a la habitación del más misterioso y
callado integrante de la dinastía Cruz, a una puerta que era todavía más secreta, la llenó de
temor, y decidió salir de allí, y hablar jamás sobre su descubrimiento por el miedo de perder
el trabajo que traía pan a la mesa de sus hijos. Esa, claro, era su intención hasta que salió
por la misma puerta donde entró y encontró de frontón a la pálida cara de Pedro.
– ¡P, p, pe, pedro!– tartamudeó ella asustada, como nunca antes lo había estado.
–¿Qué mierda hacías metida ahí?– gritó él con su maliciosa y arrogante forma de
hablar.
–Señoriíto Pedro, ehhmmm, que sorpresa, yo pensé que usted andaba en el colegio
como siempre, es que ehmmmmm, ¿y que hace usted aquí señoriíto Pedro? Si es que se le
permite preguntar, ehhmm, es que yo estaba ordenando todo, y poniendo todo en orden
como siempre lo hago, y de repente vi ese mueble que estaba como medio chueco....yyy,
ehhmmm– trataba de explicarse Josefa
–No lo voy a repetir de nuevo, y quiero que usted claramente me conteste, sin
rodeos y sin mentiras que MIERDA estaba haciendo metida donde no le concierne
meterse– preguntaba Pedro furioso.
–Señoriíto Pedro le juro que no vi nada, ni toqué nada, fui yo por tonta no mas y por
curiosidad que me fui a meter donde no debía, pero le juro, le juro por el santito Patricio, y
por mi madre y por mi padre que ahora están en el cielo, y por todo lo que amo y por todo
lo que tengo que no le diré nada a nadie, no se preocupe Pedrito mío, que yo soy su nana,
que siempre lo he cuidado desde que usted era chiquito, así de chiquito, y le salían los
moquitos, pero no se preocupe, que yo no le diré nada a nadie, en mi usted puede confiar–
decía Josefa desesperada.
–¿Llegó a entrar?– preguntaba menos irritado Pedro
–ehmmm.... ¿Entrar donde?– respondía con una pregunta Josefa desesperada.
–No se haga la tonta conmigo, mira que la mato ahora, ¿llegó a entrar o no?–
preguntaba Pedro recuperando su furia inicial.
–No, no, si ya se lo dije, no entré a ninguna parte, y aunque quisiera entrar, no lo
habría logrado, si todo esta tan oscuro y tan cerrado, no se preocupe don Pedro, que no se lo
voy a decir a nadie, no se preocupe, se lo juro, ya se lo juré ya, ahora confié en mi, en su
nana que siempre lo ha querido tanto, y siempre lo ha tratado con tanto cariño, eso,

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tranquilícese no mas, ¿quiere que le prepare una tacita de té?, pero por favor no se
enfurezca, y no se preocupe– suplicaba Josefa con ignorancia e inocencia de niña de
campo.
–No jetona, nadie sabe que estoy en esta casa, y nadie tiene que saber que yo no fui
al colegio hoy, y que tampoco iré mañana, ¿me escuchaste? Nadie, pero cuando digo nadie
es nadie, y mas te vale que no abras la boca, y agradece de que no descubriste lo que hay
detrás de la puerta, porque si tu lo hubieras hecho, o lo llegas a hacer, no tendría otra
opción que......acabar contigo, ahora váyase de aquí, y mantén la calma como si nada
hubiese pasado. No quiero que nadie sospeche de nada,... ¿está claro?– amenazaba Pedro
– ¡Sí, sí, sí! No se preocupe.....– decía Josefa saliendo de la habitación todavía mas
desesperada por las amenazas recién recibidas. Si el tipo hasta que parecía dictador pu.
Pedro estaba desesperado, tenía toda la presión de esos traficantes que estarían
esperando la carga en la próxima semana, tenía la presión de que si esa nana hallaba algo,
su mamá en vez de ayudarlo a ocultar el problema, como lo hacían la mayoría de las
familias de ostentosa tradición en el país, se encargaría de hacerlo escándalo nacional, se
encargaría de que se hiciera un juicio publico, y que la cara de su hijo estuviera en la mayor
cantidad de portadas posibles con el titular de “Wuachito Cruz del Barrio Alto en Pleno
Tráfico” como quizás escribiría La Cuarta, el diario popular, en su rasca manera de
comunicar a sus lectores, o también habrían titulares tipo: “Carabineros de Chile allanan
mansión en La Dehesa y encuentran toneladas de cocaína”, como diría quizás, el tradicional
y mentiroso El Mercurio. En total estaba comprobado que cuanto más veces el nombre
Cruz saliera en la televisión en los diarios o en las revistas, más famosa se hacía Nacrea
Cruz, que era lo que ella mas anhelaba después de claro, cerrar suculentos negocios y
multiplicar su cuenta corriente en cientos de veces.
Esta mañana había recibido una llamada del As de California, como lo llamaban, ya
que este era el que tenía total control y monopolio del tráfico de drogas en San Francisco y
Los Ángeles. El As era poderoso, y su inteligencia no era menor que su poder. Sabiamente
decidió que la forma más segura de transportar la droga proveniente de Colombia hacia las
vigiladas tierras del Tío Sam, era usando un intermediario pacífico donde nadie sospecharía
que de este provinieran mas del 40% de la cocaína traficada en las dos metrópolis. Y ese
preciado lugar, era Chile, territorio remoto y pacífico, en la punta sur del mundo, país que

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la mayoría de los egocéntricos estadounidenses piensa que la capital es nada menos que la
gótica Buenos Aires. El As fue inteligente en elegir a Chile, sabía que era un país de gran
reputación internacional, y de tremenda respetabilidad entre las organizaciones anti–
narcóticos.
Pero el paso que faltaba era conseguir un contacto en Chile, un contacto que
recibiera sigilosamente la droga de Colombia, y la transportara tranquilamente hacia su
destino y mercado final, eso si, después de tomar como forma de pago, un apreciable
porcentaje de la mercancía, que normalmente vacilaba entre los cinco y siete porciento,
dependiendo de la época del año...el porcentaje perteneciente al intermediario en Chile, que
en este caso era Pedro, era más que suficiente para alimentar al mercado nacional.
Pedro, gracias al convenio especial con el As de California, había adquirido
mercancía de gran calidad, sin tener costo alguno, y rápidamente se había convertido en el
principal proveedor de drogas a los más temidos traficantes del sector poniente de Santiago,
quienes se encargaban de redistribuir la merncancía a los vendedores más pequeños.
Pedro, tal como el As de California, era inteligente. Veía a las drogas como un
negocio, como un mercado, como una forma de ganar dinero rápido y fácil....no le
importaba cuanta destrucción causara, y el tamaño de la destrucción no la ignoraba, como
sería fácil suponer, sino que la sabía muy bien, sabía de primera mano el poder de las
drogas.
Pero Pedro, a diferencia de los consumidores, ganaba plata con la droga, ese era el
objetivo, y por lo tanto, en una más de sus astutas decisiones, decidió no meterse con estas,
no consumirlas, no viciarse, solo vender. Y por eso nadie nunca llegaría a sospechar de
Pedro, y por la misma razón Josefa se sorprendió ante la violenta reacción de su patrón.
Porque de lejos Pedro parecía un santo, algo intocable por los alto y bajos de la vida. Nadie
nunca imaginaría que Pedro era el “Jaque de Sanhattan, como era conocido informalmente
en el mundo subterráneo, el mundo en donde solo sobreviven los más fuertes, y son
aniquilados los más débiles. El mundo donde no existen las palabras de compasión y
piedad, también era el mismo mundo que controlaba todos los vicios, desde el tráfico de
todo tipo de drogas, hasta el negocio de la tan ya conocida prostitución. Y Pedro, el niño de
faz clara, juvenil e inocente, mateo en el colegio, y callado como gato, era el que controlaba
eso, el que proveía a ese mundo, sin él, sin el Jaque de Sanhattan, ese mundo moría, y tal

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como el As de California en sus metrópolis, Pedro era el rey de Santiago, el rey de la mafia,
el “proveedor”, y por eso tenía tanto poder, por eso lo respetaban tanto, aunque nadie
perteneciente a la oscuridad ha llegado a ver su clara cara, a mirar sus ojos de niño, y a oler
su fragancia de falsa inocencia.

....................................................................

Pedro desesperadamente entró a la bóveda, atravesando el oscuro y largo pasillo que


separaba a esa gruesa puerta, y las firmes cuatro paredes del resto de la ya poco civilizada
casa. Encendió la luz de la habitación, y comprobó con calamidad de toro que todo estaba
en perfecto orden, las tres toneladas y media de polvo blanco, que le había costado bastante
trabajo almacenar, estaban en perfecto orden. La operación denominada Zorro de York
podría seguir sin complicación alguna. Pedro tomó el teléfono, hizo algunas importantes
llamadas a pequeños obstáculos antes de concluir el clandestino plan, y finalmente después
de varios gritos y suspiros marcó el número de su polola, su enamorada y más fiel
colaboradora.
– Listo – dijo él –A las doce menos cuarto en el lugar de siempre, prepara los autos,
recuerda, esto tiene que ser sigiloso, que nadie sospeche nada. Hablamos – se despidió
Pedro de Lucila, quien era la víbora que ponía la cara por él en todos sus negocios, quien
era la reina del ajedrez, la pieza más importante, pero que sin embargo dependía del rey en
todos los aspectos.
Pedro tenía un día ocupado, hoy día era el día en que tenía que enviar toda la
preciosa mercancía que tenía escondida en su propia casa. Lugar en el que nadie
sospecharía que habría cantidades astronómicas de drogas. Nueva York era el destino, la
misma Nueva York de la tierra de la libertad, la tierra de los inmigrantes y de las distintas
culturas, centro cosmolita del mundo, y también parada obligatoria en las compras
invernales de Nacrea Cruz. Pero también lugar de mucho movimiento, hartos barcos en
puerto, y lugar fácil de ocultar cualquier mierda que sea, sin duda alguna era el destino
perfecto para la droga proveniente de Colombia.
Pedro había llamado al gran As y este le dijo que todo estaba preparado en el lugar
de destino, cosa que tranquilizó a Pedro, porque este sabía que si descubrían las drogas en

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suelo estadounidense, las autoridades norteamericanas no descansarían hasta descubrir de
donde estas venían y cual era la identidad de quien las envió. Aunque Pedro ya había
hecho varías operaciones similares, cosa que ya hacía hace un año y medio, Pedro siempre
trabajaba y manejaba su equipo de contrabando como si todo estuviera al borde del riesgo,
y cualquier mínimo error delataría todo, y los pondría detrás de celdas por el resto de los
miserables días de sus vidas.
Esta vez también sería la primera vez que se enviaría tal cantidad de drogas.
Generalmente el envío no sobrepasaba las dos toneladas mensuales, pero como el As de
California quien ya controlaba San Francisco y Los Ángeles, había ganado todavía mas
mercado esta vez controlando también parte de la costa Este de Estados Unidos, el envío
necesitaba ser intensificado. El territorio adquirido por el gran As, fue gracias al asesinato
del patriarca de la mafia que controlaba el tráfico en el Este, el Sr. Seog Il Wung, jefe de la
mafia coreana, en pleno Upper East Side de Nueva York. El asesinato fue efectuado por
unos sujetos enmascarados, quienes se presume fueron enviados por sus propios hijos.
Estos, a través de un simple susto, trataban de tomar el control de las operaciones
controladas por su padre, quien se negaba a que estos participaran en el negocio lucrativo
pero ilegal de la familia. Los enmascarados cumplieron con su misión al pie de la letra,
pero los resultados no fueron los esperados, ya que el susto planeado resultó en un ataque
cardíaco que llevó a su padre de avanzada edad directamente a las enormes puertas del
infierno.
Pedro transpiraba, ya que no estaba acostumbrado a manejar tan grotescas
cantidades. Y tampoco nunca antes había enviado su carga a la ciudad de la estatua, cosa
que lo perturbaba todavía más, ya que significaba que toda la mercadería tendría que pasar
sigilosamente por el vigilado canal de Panamá. Para hacer tal hazaña, Pedro tuvo que
duplicar su equipo repentinamente, cosa que tampoco le agradaba ya que siempre estaba
acostumbrado a saber todo lo que pasaba dentro de su imperio, y como este se había
duplicado repentinamente, le era imposible vigilar hasta el usual pestañeo de sus mas
íntimos trabajadores.
El plan ya había partido con el pie izquierdo, su estúpida nana estuvo a centímetros
de descubrir su verdadera verdad, cosa que todavía lo tenía aterrado, motivo por el que este

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decidió darse un breve descanso antes de las diez de la noche, hora en la que estaría en su
“centro de operaciones” controlando cada detalle de la odisea.
Pero antes del descanso siempre viene el trabajo, y ese es el lema de Pedro, quien
solo después de mucho trabajo, como un verdadero trabajólico estratega, se convencía en
darse vacaciones. Decidió bajar y hablar con su nana, quien estaba más aterrada y
desesperada que él. Pero no la encontró, preguntó a Petunia donde esta se había dirigido, y
Petunia sorprendida por la curiosidad de Pedro, le respondió que esta se había retirado
durante la jornada, ya que sentía mareos y un fuerte dolor de cabeza que ni siquiera la
mejor aspirina pudo curar. – ¡Mierda!– pensó el, no estaría tranquilo hasta arreglar el
asunto de una vez por todas, no podía arriesgar que esa insignificante, pero sin embargo
honesta y responsable trabajadora, echara a perder un negocio de múltiples millones de
dólares. Decidió hacer lo impensable, no me queda otra pensó él, con su sangre fría de
reptil. Le bastó hacer unas pocas llamadas desde su celular y sentenciar la palabra
“cállenla”.
Nunca más apareció Josefa Pérez por esa casa.

........................................................

En el día de hoy, Paula se había despertado con fuertes dolores en la espalda, pero
sorpresivamente, dado al bajo ánimo que había experimentado durante la última semana,
estaba mas contenta que nunca. Es viernes, pensó, hoy día lo veré nuevamente. ¡Hoy día
veré a mi amado alumno nuevamente!
Los dulces y negros ojos de Paula estaban más claros que nunca, pero no era un
claro celestial, si no un claro de felicidad y emoción. El gran momento que había esperado
durante toda la semana estaría por llegar.
A Paula le había costado un poco trabajar durante la semana, ya que sus intensos
pensamientos sobre el futuro de ese amor imposible la llevaban hacia otros lugares, lo que
le hacia imposible concentrarse en su placentero trabajo. Esto significó una gran
disminución en sus ingresos mensuales, ya que dejó de atender una larga lista de ricos
clientes. A pesar de todo, Paula estaba feliz, y más feliz que nunca, ya que por fin sintió un
verdadero amor creciendo en su corazón. Paula decidió que por nada en el mundo

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cometería el mismo error de olvidar una pasión, como lo había hecho con su anterior
enamoramiento, cosa que la dejó desecha, pero no importa, decía ella, con el dolor se
aprende, y el mismo error no será cometido otra vez.
Esperaría a ese guapo joven esa noche, pero no sería cualquier noche, sería una
noche especial, una noche para él solo, ella con sus ojos de gata enamorada haría lo posible
y lo imposible para atrapar su corazón, y alimentar a esa gran pasión.
Aunque Paula deseaba mantener su relación tan especial en secreto, no resistió a las
preguntas de su mejor amiga, quien vivía para indagar sobre su vida, así que como forma de
premiarla por haberla cuidado en esas enfermas horas, le reveló su más interno secreto. ¡Sí!
Lo amo, confirmó lo ya esperado por su amiga. Y si sé, es un cabro chico, pero el amor no
tiene edad, y el amor a primera vista si existe, esa fue la sensación que sentí desde la
primera vez que lo vi.
Paula sentía miedo, no sabía lo que esperar, no sabía nada, no sabía si él la iba
querer como ella lo quería, no sabía de donde venía, ni que hacía, apenas tenía algo, algo
para guiarla a través de la pesada jornada de la vida, llena de obstáculos y de impedimentos,
Paula solo conocía su nombre. Tomás.
Mientras Paula veía a Tomás en todo lo que observaba, el verdadero Tomás estaba
verdaderamente inquieto, los tres días de suspensión no le habían venido nada mal, pero sin
embargo estaba preocupado. Su madre todavía no se había enterado de lo acontecido en el
colegio, y no sabía cual sería su reacción cuando finalmente se enterara. Él conocía a esa
mujer muy bien, pero todo proveniente de Nacrea Cruz era inesperado. Quizás lo mandaría
a Alcatraz donde pagaría grandes sumas para que encarcelaran a su hijo durante meses, o
hasta lo felicitaría por tener tan fuerte carácter y personalidad brindándole unas estupendas
vacaciones en Dubai. Tomás sabía muy bien que su mamá era excéntrica, pero que no tenía
ni un pelo de tonta, por lo que no sería tan fácilmente engañada en creer en las supuestas
injusticias cometidas por los profesores.
Además de preocupado Tomás estaba excitado, hoy día era viernes, y la hora de la
cita con Paula ya se acercaba. Él ya lo había planeado todo, a las once de la noche,
sigilosamente desconectaría el cable de la alarma de su ventana, para que esta finalmente
no sonara al abrirse. Después de abrir la ventana, él saltaría hasta el primer piso de la casa,
donde los frondosos árboles del vasto jardín lo ocultarían de la mirada penetrante de los

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guardias. A continuación llegaría a la gruesa muralla que “protegía” a la gran casa del
mundo exterior, y la saltaría, llegando así al denso matorral ubicado detrás de estas. Desde
allí, Tomás sería finalmente libre de hacer lo que quisiera. De caminar perdidamente por el
Santiago real, en donde sus esquinas tenebrosas llenas de realidad esperarían a que sus ojos
de joven ingenuo se cruzasen con sus misterios y sacrilegios.
Todo estaba preparado, todo estaba listo para más una cita de placer, pero esta vez
no solo trataría de gozar lo máximo posible, si no también descubrir algo más de la vida de
esa alocada prostituta que había invadido cuartos enteros de su imaginación.

La Gran Casa Cruz estaba en caos, pero no era el típico y común caos siempre
existente, que hacía de este una rutina, sino algo más intenso. Nacrea Cruz estaba en plena
carrera política, una nana se había desaparecido, cosa que ya afectaba la impecable
organización de Petunia, quien sin dos trabajadoras a menos, Josefa y Lucrecia, estaba
completamente desesperada buscando una manera de reemplazarlas lo antes posible, ya que
la casa no podría seguir funcionando con un rumbo normal si siguieran faltando dos
esenciales trabajadoras, las cuales juntas casí representaba un diez por ciento de la fuerza
laboral de la casa. Pero no solo era el frenesí generalizado de Nacrea practicando sus
discursos, discutiendo con sus abogados sobre el juicio de su marido, gritando con unos
publicistas que la hicieron verse ancha en una foto, y dando instrucciones a un grupo de
detectives para que siguieran paso a paso que hacía su marido. Sino también Nacrea se
había enterado de la reprochable conducta de su hijo Tomás en el colegio, cosa que la
molestó mas de lo común, ya que eso sumado a su stress, mas a la subida del dólar, fue lo
que rebasó su ya lleno vaso de agua. – ¡Silencio!– gritó ella, aunque ella era la persona que
emitía la gran mayoría de los gritos. – ¡¿No ven que necesito silencio para meditar?! ¡Ya, y
no pierdan tiempo mirando! ¡Y sigan trabajando! ¡Que el tiempo vuela y vale oro!
Además del usual stress de Nacrea, la suspensión de Tomás, el desespero de
Petunia, la desaparición de Josefa, y los planes de Tomás de escabullirse durante la
noche......muy secretamente desde su habitación, como si se tratara de una central de
inteligencia, Pedro seguía repasando una y otra vez los pasos a seguir. Eran los pasos de la
compleja operación Zorro de York. Esta noche de viernes, cuando todos en la casa ya
estuvieran dormidos, llegarían unos silenciosos camiones que estacionarían a prudente

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distancia, justo detrás de la gruesa muralla trasera de la casa, para esperar las instrucciones
a seren recibidas.
Después de haberse confirmado la puntual llegada, Pedro ordenaría que la puerta
del túnel subterráneo que conectaba la bóveda secreta de su habitación con el vasto espacio
lleno de matorrales detrás de la muralla trasera de la casa fuese abierta. En seguida
transportaría, por medio de carritos de supermercado toda la droga de la bóveda hasta
dentro de los camiones, a continuación estos viajarían en dirección a una playa desierta a
unos cincuenta kilómetros al norte de Valparaíso, donde estarían esperando botes mas
pequeños que finalmente transportarían la valiosa mercadería a un buque enormemente
grande que estaría esperando en alta mar. En seguida el inmenso buque transportaría toda la
mercadería que estaría escondida dentro de huecos troncos de madera hacia el puerto de
Nueva York, donde finalmente la responsabilidad de la carga traspasaría desde las manos
del Jaque de Sanhattan a la jurisdicción del As de California, recién ahí, algunas semanas
después, Pedro finalmente respiraría aliviado. Pero hasta que esto ocurriera el detallista
Pedro Cruz no descansaría y menos aun dormiría bien. Comprar drogas es lo mas fácil del
mundo, pero venderlas; lo mas difícil.
Pero algo mas tenía al Jaque de Sanhattan de cabeza, el propio As de California,
personalmente le había pedido que se embarcara junto a la mercadería rumbo a Nueva
York. Por dos motivos, el primero sería para supervisar que cada detalle planeado en el
complejo plan se cumpliera a la perfección, y el otro era que él tenía una suculenta
propuesta que ofrecerle, esta sin embargo solo podría hacerse personalmente, por
seguridad, argumentaba el As. El As de California, estaba sin duda alguna muy contento
con el trabajo de su socio en el continente de abajo, ya que por primera vez, las mercaderías
eran transportadas sin ningún inconveniente, detalle muy importante en el mundo del
tráfico, ya que mercadería descubierta significa millones perdidos, redes desarticuladas, y
territorio desaprovechado.
–Voy en camino– dijo el Jaque al As por teléfono, mi viaje ya esta planeado, me
encuentro contigo en dos semanas. Sí, gracias, tendré un buen viaje, y el plan saldrá a la
perfección,hasta entonces– se despidieron los dos cabecillas de las drogas, uno que
dominaba al pequeño pero consumista mercado chileno, y el otro que manejaba gran

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porcentaje del gigantesco mercado estadounidense, pero lo mas importante era que los dos
eran esenciales en la red de este lucrativo negocio.

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El Jaque de Sanhattan

Era viernes. Las frías nubes del lluvioso día de junio opacaba la mirada hacia las
estrellas estacadas en el sucio cielo de invierno de la capital. En las ostentosas casas del
barrio alto santiaguino se prendían catalíticas chimeneas y los resistentes muros y techos
resistían la humedad y el frío sin ninguna dificultad. Pero algunos kilómetros más al sur,
donde se ubicaban las escondidas poblaciones marginales de Santiago, familias enteras se
congelaban y tiritaban bajo las escasas sabanas de sus humildes camas, parte de sus techos
y ventanas eran devorados por el pavoroso viento, y niños muriendo de hambre y de frío
despertaban a la oscura noche con sus gritos desesperados.
Mientras el frío y la penumbra invadían la poco iluminada noche santiaguina, el
celular de Pedro Cruz vibraba sobre el velador al lado de su calurosa cama.
– Listo?– inquiría Pedro Cruz
–Listo mi amor, quiero decir jefe– respondía Lucila, quien perturbada por la presión
de que toda la misión que le había encargado su patrón, y al mismo tiempo secreto
enamorado saliera bien, se había olvidado de que lo de amor era solo en privado.
–Bueno te espero entonces...voy a abrir la puerta, ya me aseguré que los guardias
hicieran otras cosas, les dije que había escuchado un raro ruido en la bodega, y les va a
tomar un buen rato revisar todo el lugar– decía Pedro.
– ¡Ya chao, am...jefe!– se despedía Lucila
Pedro cautelosamente movió el frondoso mueble que ocultaba la puerta del túnel, el
mismo que conectaba su habitación con el secreto lugar donde él ocultaba la valiosa
sustancia adictiva e ilegal. Bajó por una numerosa cantidad de escalones iluminados por la
linterna sostenida, en seguida, como en las más taquilleras películas de James Bond, pone

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su pulgar en un censor magnético, proceso que hace que la puerta se abriera. Al entrar en la
bodega, comprobó que todo estaba en orden y listo para ser transportado a los camiones.
Apretó un interruptor apegado a la pared y repentinamente la oscura bóveda se iluminó por
completo, deleitando el ojo común con su verdadero porte y seguridad. Ya que no solo
habían censores infrarrojos, si no también cámaras, y una serie de intricados sistemas de
seguridad, que eran también controlados por Pedro desde una habitación también secreta
anexada a la gran bodega.
Pedro toma algunos minutos en cruzar la sala que esta llena de paquetes cuadrados
que envuelven kilos de cocaína. Cuando llega al otro extremo de la sala, nuevamente
encuentra una puerta. El sistema de seguridad de la puerta nuevamente le exige poner su
pulgar en un censor, después de confirmada la auatenticidad del pulgar, la puerta se abre
dejando abierto el paso hacia un otro pasillo. Pedro de nuevo enciende su poderosa linterna
y camina durante un tiempo que parecía eterno, se percata de que todo este en orden.
Finalmente, llega a otra puerta, pero esta, en vez de encontrarse frente a sus narices,
se encuentra arriba suyo, este la abre, y una fría brisa suspira refrescándole la calurosa cara.
Pedro toma su celular y llama a Lucila, diciéndole que lleve los carros de supermercado
bajo el enorme sauce que esta tras las murallas de su casa. Esta y cuatro ayudantes mas
efectúan rápidamente el orden recibido. Bajo las cataratas que producían las ramas del
sauce, y entre la fértil y mugrosa tierra, se encuentra el hoyo de acceso donde yace el Jaque
con cara de burro endemoniado esperando con nerviosismo y sudor la llegada de su novia.
Era la finalización del comienzo de la operación. Pedro nuevamente oprime un botón, que
hace que una rampa se empiece a mover. La rampa lleva las “barras” de cocaína desde la
luminosa sala escondida, hasta el final del pasillo donde se encontraba Pedro. Este toma las
barras que llegan hacia él y se las pasa al ayudante que desde arriba, debajo del sauce, le
tiende la mano recogiendo la barra para finalmente depositarla en el carro de supermercado.
Cuando el carro se llena de las preciosas barras, Lucila lo dirige cautelosamente hacia un
camión estacionado a algunos metros de allí. La operación se repite varías veces, hasta que
la bodega estuvo completamente vacía, y el camión estuviese completamente estocado. En
seguida Pedro toma su práctica maleta y sus importantes documentos, y junto con Lucila y
los cuatro ayudantes, sube al camión. Uno de los trabajadores da marcha al camión y este
desapercibidamente desaparece entre las oscuras calles de la capital.

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.............................................................

Faltaba poco para las diez de la noche, y Tomás ya estaba preparado para
escabullirse nuevamente. Un sudor le empapaba la frente; porque aunque él estuviese a
kilómetros de distancia del lugar de encuentro, sus nervios lo traicionaban, tiritándoles las
piernas y refrescándole la cara. Tenía miedo de que todo no resultase, de que todo fuese un
sueño en medio de múltiples pesadillas, o que todo aquello vivido en la semana pasada
fuese solo una estupida broma a un empolgado adolescente. Pero para que Tomás supiese
verdaderamente lo que había pasado hace siete días, en aquel fantástico burdel con aquella
increíble mujer, no había otra forma que arriesgarse nuevamente en una jornada peligrosa
hasta el mismo centro de la capital, donde no solo se encontraban las mujeres de la noche,
si no también los hombres del trafico, y los soldados del crímen organizado –Tengo que ir –
pensó Tomás sin vacilar, y como un verdadero general, yendo a la guerra, tomó sus
utencillos, abrió la ventana, corrió por el jardín, y se dedicó a saltar la muralla...Se percató
que algo raro estaba sucediendo, había escuchado ruidos por donde no debiera haber
escuchado. Por donde Tomás había sigilosamente entrado a la casa durante la semana
pasada después de la fuga hacia Paula, estaba su hermano entrando en un camión. Que raro
pensaba él, ¿Qué hacía el niño genio de la familia subiéndose clandestinamente a un
camión? –¡No seré yo el único loco revoltoso del clan!– respondió riéndose Tomás a si
mismo. – Ojalá que le vaya bien, nunca pensé que tuviera tan excéntricos amigos que
hiciesen fiestas dentro de camiones– Tomás decidió no darle más vueltas al asunto, cada
loco con sus locuras pensó nuevamente. Si él no se metía en las huevadas de su hermano
prodigio, su hermano tampoco se enteraría en que estaría metido él, y además ahora no
había tiempo de desviarse de su máxima obsesión, lo que era llegar al lugar correspondiente
sin ser descubierto por los valiosos sistemas de seguridad instalados a petición de Nacrea
Cruz. Después, cuando tuviera mas calma y tiempo, se dedicaría a descubrir en que
interesante aventura se encontraba el quieto y callado Pedro. Hipócrita de mierda, solo tiene
la cara de tonto.
Hacía frío, era cierto, quizás mucho más de lo acostumbrado, ya que desde hace
mucho tiempo que Santiago no sufría tanto con la fuerza y proezas del invierno, la

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temperatura estaba varios escalones abajo del cero, y el viento despellejaba los altos alerces
de la calle. Pero el calor que Tomás tenía dentro de si, era más que el frío fantasmal que lo
rodeaba.
Tomás estaba libre, pero no sabía que hacer con su libertad. En la vida nunca le faltó
nada, y todo lo que estaba al alcance de su imaginación, también estaba al alcance de su
bolsillo. Tomás fue un niño mimado, no solo por su solemne madre, si no también por
todos los empleados de la casa, y por todas las personas que estaban a su alrededor...y tal
como un verdadero monarca su palabra era ley, sus excentridades eran hechos, y sus sueños
realidades. Pero ahora Tomás estaba fuera de su reino, y fuera de su palacio, lugar donde
todo lo que quería se le complacía. Tomás ya no estaba en su espléndida burbuja, donde
yacía su cuna de oro. Tomás se dirigía al mundo de la pobreza y de la perdición. Tomás se
dirigía al verdadero mundo. Al mundo real.
–Por la mierda, ya se me congelan las bolas, no hay taxi circulando por esta mierda
de ciudad– reclamaba Tomás, muerto de frío, ya que ni todo el calor acumulado en el
centro de la tierra podía soportar invierno tan tenso por tanto tiempo.
–Mierda, voy a irme no mas, me importa un carajo si hay taxi o no, total problema–
dijo Tomás en un espontáneo impulso, ya que no tenía ni la puta idea como llegar al local,
y menos que micro tomar, porque que haya llegado la vez pasada fue de pura suerte, ya que
en su estado de ebrio drogadicto caminaba al borde del delirio sin saber donde ni mierda
estaba.
Tomás ahora estaba ahí, estancado en el medio de todo. Algunos pasos mas atrás
estaba la gran y aquecida burbujita que lo atraía a la comodidad gritándole su nombre, pero
hacia delante estaba la selva donde las aventuras se desencadenarían, donde saldría de las
cuatro murallas, y donde toda la vida era distinta.
Así que con el mismo impulso de antes, Tomás empezó a caminar en medio de las
oscuras calles de su residencial barrio. De vez en cuando sorpresivos ladridos de perros lo
despertaban de su sueño. Nadie se percataba de su presencia, y era eso lo que impulsaba a
Tomás a seguir, por ese único momento de su vida, Tomás era invisible, solo él y el
destino, nada protegiéndolo, nada reprimiéndolo, y nada mas si no él.
Tomás siguió caminando, admirando el paisaje, y el aire cercano a puro que se
respiraba en aquella única parte de la capital, un aire que era accesible a pocos, y que a

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cada paso que se caminaba en bajada, se reducía mas y mas. A los veinte minutos de una
intensa caminata, Tomás se percata de algo extraño...escucha que un gran pedazo de vidrio,
que seguramente pertenecía a un gran ventanal, se rompe, haciendo un trizante ruido.
Tomás urgido por la gran curiosidad se acercó a ver lo que ocurría. La curiosidad
impulsaba a Tomas a acercarse al lugar desde donde parecía haberse producido el ruido. Al
acercarse los ya tiritantes huesos se congelaron por completo.....Tomás estaba muerto....

.................................................................

Todo seguía según lo planeado. Todo estaba a la hora cierta, y nadie se había
percatado de nada. En cosa de unas pocas decenas de minutos Pedro ya estaría embarcando
en el “Panamerican Express”, nombre del buque carguero que transportaría la droga hacia
su destino. En el buque estaban almacenados varios troncos, que legalmente Pedro, en
representación de una empresa de reconocida reputación, exportaría a Estados Unidos. Pero
el ya explicado truco consistía en que los supuestos troncos que serían exportados a una
empresa de muebles de Estados Unidos, estarían huecos, lo que pasaría inadvertido, ya que
en ningún lugar del mundo los troncos exportados eran pesados unitariamente. La madera
consistía en un material insignificante sin el valor agregado suficiente como para ser
inspeccionado. Los huecos troncos ya embarcados servirían para guardar la ya también
mencionada droga, lo bueno de los troncos, es que servirían para proteger la droga del
olfato de los perros que usaban las organizaciones antinarcóticos para detectar drogas en la
llegada del puerto de Nueva York.
Otra parte importante del plan era comprar al capitán del barco, quien lo detendría
cerca de las costas por algunos minutos; lo justo y necesario para que la mercadería a ser
enviada fuese embarcada. Y lo otro sería tener a alguien en el país del norte que firmara los
documentos protocolares confirmando que es el comprador de la madera. El plan era
perfecto, y eso lo sabía Pedro. Todo iba en su curso normal cuando de repente..... ¡PANG!
– ¡Mierda! ¿Qué cresta?, ¡Mira lo que hiciste weon concha de tu madre, weon
chocaste el camión! ¡Incompetente de mierda!– gritaba iracundo el calculista Pedro, quien
estaba desesperado por lo inesperado.

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–¡Chuta estoy frito!– exclamaba en un murmuro el conductor, quien sabía que
gracias al reciente acontecimiento, la dura mano del poderoso Pedro Cruz, no tardaría en
llegarle.
–Cálmate Pedro, esto lo vamos a solucionar...no te preocupes– decía Lucila, la jefa
de operaciones, recién recuperándose del susto del choque, quien también había hecho que
su cabeza se golpeara contra el vidrio del auto, que por suerte no se rompió cortándola en
mil pedazos.
–Calmarme....si calmarme, si, sin duda alguna, calmarme, esto es lo que tengo que
hacer. No perder el control, sí, lo voy a lograr, ¡me voy a calmar!– se decía Pedro a si
mismo, conteniendo sus emociones y sus impulsos.
–Ya, déjamelo a mi, yo me encargo de esto– decía la víbora de Lucila saliendo del
camión con una carta bajo la manga.
– ¡Qué mierda! ¿Fuiste tú quien estaba manejando ese monstruo de camión?–
pregunta el conductor del lujoso convertible chocado, quien tenía la cara roja de furia, pero
los ojos llenos de pena.
–Sí, fui yo, perdón no me di cuenta....pero seguramente usted tiene seguro. No
caballero, le juro que no fue mi intención, y que por favor no denuncie esto porque si no
voy a perder mi empleo, si sé, fue todo mi culpa, es que yo estaba distraída, mirando ese
hermoso auto que tiene usted, y además también andaba como media dormida, así que por
favor perdóname...– suplicaba Lucila, quien por supuesto estaba actuando pasándose por
una humilde conductora de camión, que accidentalmente había chocado a un lujoso
Mercedes–Benz que seguramente pertenecía a un importante empresario.
–Es que en que mierda estaba usted pensando, si no se trata de seguro ni de plata, y
ni del estado de mi auto, se trata de otra cosa, si mira un poquito, pero no al auto inepta, si
esta clarito que esta destrozado, mira al parabrisas, mira lo que hay delante del auto ....–
decía el caballero del convertible en una mezcla de sollozos y furia.
–Shuta socio, la rucia si que está herida.
–¡Mi am.....ama.....aman....aman...te...amante...esta muerta!– gritaba él en el medio
del desespero

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–Yo le dije que se pusiera el cinturón, pero la loca esa no me hizo caso y de repente
TÚ con tu mierda de camión me chocas a toda velocidad, y ella sale volando por el
parabrisas.– narraba el desesperado.
–¡Mira lo que hiciste!– gritaba él
–¿Y que mierda voy hacer ahora?– repetía nuevamente.
Esta vez Lucila realmente quedó ¡plop! Había esperado cualquier cosa, pero menos lo que
recién había escuchado.
En medio del plan perfecto que les iría a traer millonarios dividendos,
accidentalmente asesinan a alguien. Lucila no sabía que responder, no estaba preparada
para eso. Intentaría convencer al caballero que todo fue un mero accidente y que después él
se iría seguro y contento, ya que la cara póliza del seguro del auto que este pagaba
mensualmente, al fin iría a servir de algo. Pero no fue así. Frente a ella tenía a la
acompañante del caballero muerta. Suerte que solo es su amante, pensó ella. Podría usar el
recurso del chantaje, o quizás, mejor, usaría la carta que se traía debajo de la manga.....su
revolver calibre veinte tres.
– ¡Mira weon concha de su madre!– sorprendía la humilde camionera. –¡Usted se
me calla, que yo no tengo paciencia y ni tiempo de andar escuchando lamentos!– mandaba
Lucila usando su último recurso, ya que el desespero demostrado por ese caballero la había
sacado de juicio.
El caballero, que tenía una edad avanzada, en vez de asustarse y comenzar a gritar,
se desmayó.
– ¡Puta la wea! Eso si que es mucho– gritaba Lucila, el desmayo del caballero era lo
único que faltaba.
Pero en ese repentino desmayo vio la solución. La solución de ese choque, y la
solución del reciente problema presentado. Drogaría a ese viejo señor que yacía tirado en el
medio de la carretera. Y haría parecer que todo fue un hollywoodense accidente
automovilístico. Así el caballero, cuando despertara, pensaría que todo fue un sueño, o
quizás una alucinación producto de un fuerte golpe en la cabeza. O quizás cuando
despertara, el caballero recordaría momentos del choque recibido, y se acordaría de la falsa
camionera con el arma, quizás pensaría que esa hermosa mujer que manejaba camiones, era
miembro de una banda internacional, que robaba autos, y que por ese motivo lo chocaron,

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para que este se detuviera, y diera la oportunidad propicia para que se efectuara el robo.
Pero lo más importante sería que ese caballero nunca sospecharía lo que había dentro de ese
camión, y tampoco nunca sabría su destino. La operación Zorro del desierto permanecería
en estricto secreto. Y eso era lo único que importaba. La policía no le daría mayor
importancia al hecho, ya que pensaría que se trataba de un estupido accidente. Y tampoco
denunciaría nada ese singular caballero que se había desmayado a sus pies, ya que si de así
hacerlo su mujer y sus familias se enterarían de su infidelidad, y su fama y reputación
bajaría hasta las más oscuras tinieblas del infierno.
Lucila abrió la puerta del camión, sustrajo un pequeño frasco, de este sacó un par
de píldoras, e hizo que ese caballero, muerto del susto, que yacía en el suelo, las ingiriera.
A continuación, Lucila la víbora, se subió al camión y cerró la puerta de un golpazo.
–¡Acelera!– ordenó ella al conductor. A cada segundo quedaba más lejos el cadáver de la
amante, y el cuerpo inconsciente del medrentoso viejo desmayado.
–Lo importante ahora es seguir el plan conforme lo planeado y hacer como si
ningún obstáculo nos hubiera chocado– decía el Jaque, para imponer el orden perdido en la
operación.
–En aproximadamente media hora llegaremos al lugar de los botes – decía el
conductor.
–Bien. Solo estamos un par de minutos atrasados– Calculó Lucila. –¡Navarrrrrro!
Suba la velocidad en veinte kilómetros.– ordenó ella.
– ¿Jefa, esta segura? A esa velocidad estaríamos sobre los 140.– inquiría el
conductor
–Usted solo haga lo que se le manda– interfería Pedro.
A los veinte ocho minutos, el camión se detenía. Finalmente habían llegado, la
primera etapa del plan se concluía a pesar de todos los inconvenientes.
Los barrotes cuniculares fueron sacados del camión, puestos en los botes, y
finalmente dirigidos hasta el buque, lugar donde se encontraban los alerces. En cosa de
algunos pocos minutos toda la mercancía fue minuciosamente colocada y escondida al
interior de los troncos. Era increíble, nadie diría que en el barco se escondían toneladas de
cocaína. –¡Es un éxito!– dijo el capitán Goutier. Quien recibía al Jaque de Sanhattan y su
mercancía con los brazos abiertos. –Estaremos a toda popa en cosa de minutos ilustre

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invitado, así que por favor pongase cómodo, y en algunas semanas mas, estaremos
arribando en la tierra del vicio, placer, y consumo – se ironizaba a si mismo el capitán. –
¡Que así sea!– brindaba el Jaque descorchando una copa de champagne. En seguida el
capitán se retiraba del camarote, ya que tenía harto trabajo por hacer.
Al cerrarse la puerta alguien aparece...

................................................

...Muerto de miedo. Había sentido un revoltijo en el estómago y un enorme revólver


en la espalda. Pero sin duda alguna lo que mas lo asustó no fue el arma presionada contra
su columna, si no la voz tétrica y amenazante del asaltante que lo encaraba.
– ¡Quieto!– le decía – Mientras estés callado no te va a pasar nada. ¿Entendido? Es
cosa de que abras el pico, y te trituramos a balazos.– decía la tenebrosa voz del asaltante.
Para ese tiempo Tomás estaba fuera de si, nunca antes había vivido una experiencia
similar, nunca antes había sido amenazado o asaltado. Pero ahora, en aquella fría noche lo
estaba viviendo. La banda de asaltantes que estaba robando aquella casa, lo había visto
caminando por la misma calle, y seguramente se asustaron pensando que esa sombra
ambulante los había visto, y los delataría lo antes posible. Fue el susto, mas que nada, lo
que incentivó a que esos marginales encerraran a Tomás en un baño de la casa que estaba
siendo asaltada. En el mismo baño en que permanecían una parte de los propietarios de la
casa, que a igual que Tomás, fueron amenazados y encerrados, algunos con pijamas, otras
con calzones, no importaba, lo importante era que estarían encerrados, y darían tiempo
pertinente para que todo lo de valor se sustrajera. La otra parte permanecía encerrada en
otra dependencia.
Todo estaba oscuro, y Tomás muerto de miedo. Porque el de hacerse macho en la
vida cotidiana es una cosa, el de creerse el choro frente a los directores y a los profesores;
también. Pero encarar a una banda profesional de asaltantes que están armados hasta los
dientes es otra bien distinta. Ni Terminator y todas sus versiones unificadas en una, podrían
combatir a tal temor.

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–Ya pendejo, haz la cosa bien rápida, el trato es este, te vas a quedar callado, y no
vas hacer ruido, pasa todo de valor que tengas, y te vamos a encerrar en el baño, y en media
hora mas vas a poder a estar con mami y papi– se reían los asaltantes.
–Ya po pendejo, apúrate, parte con las zapatillas, que están harto buenas– ordenaba
otro miembro de la banda. El cual después de pronunciar las palabras se retiró de la cocina
de la casa, ya que necesitaba ayudar a otros de sus compañeros a encontrar donde se
ocultaban las joyas, que seguramente esa cuica señora tenía por montones.
Tomás, sin oponerse mucho, obedeció, ya que esas zapatillas para él no tenían
ningún valor, al día siguiente podría reponerlas.
– ¡Ya! ¡Toma!– decía Tomás, quien después del gran susto a causa de la chocante
impresión inicial, había recuperado la valentía que lo caracterizaba. La misma de los
distintos tipos de robocops y terminators.
– Ya weon, los pantalones y todo, no te hagas el leso– agradaba una sorprendente
voz femenina, la cual no era esperada por Tomás, ya que todavía vivía en el mundo en
donde los que roban y asaltan son solo varones.
–¿Y para que quieres mis pantalones?– inquiría en otro suspicaz golpe de doble
sentido, Tomás.
–Ya weon, no preguntes tanto, quieres que te disviesta yo, weon de mierda, así que
crees que me intereso en ti ¿no? Puta eres el típico machista con “m” de mamá. Bueno pa
que te enterí de la verdad no, tú no me importas para nada, solo quiero esos pantalones, eso
es todo, a mi hermano les van a encantar, y no te hagas el tímido, que a los de tu tipo los
conozco bien.– decía la misteriosa mujer detrás de la escalofriante máscara que ocultaba su
identidad.
Ella como viendo que el gallo ese no le hacia caso, decidió ir por otro camino, ya
que estaba mas que irritada perdiendo valioso tiempo, en el cual podría aprovechar de
proclamarse un valioso botín.
–Ya cabrito de mierda– decía ella apuntando con un arma. –ya me hiciste perder la
paciencia, yo no soy puta pa andar tirandome con cabros de tu edad, la voz la tendré joven,
y quizás el cuerpo también, pero la experiencia descara los largos años vividos. – decía ella,
como una sabia echada en su lecho. –Weoncito, perdí mi paciencia.– gritaba

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impertinentemente. – ¡Jacinto, ven aca, ayúdame a darle una paliza a ese cabro insolente!–
gritaba la mujer encapuchada todavía más iracunda.
Y en menos de medio segundo, activó sus experimentadas habilidades de kung fu, y
las puso en práctica. En un abrir y cerrar de ojos, tenía a ese joven que se creía galán de
cine en el suelo. No más al machismo, se dijo ella riéndose. –Y ahora, esta juventud de
mierda piensa que le pueden faltar el respeto, así no mas, cha, están bien equivocados, ojala
que este cabro insolente haya aprendido la lección.
Y como si fuera poco, siguió golpeando con combos y patadas, como una verdadera
experta profesional al indefenso cabro, que solo conocía las peleas a través del esgrima y de
las películas de fin de semana. Al dejarlo casi inconsciente, sacó toda su vestimenta, su
billetera, y su reloj.
–Ahí tienes tu merecido– decía la mujer de la máscara.
Pero sacando fuerza de la nada, Tomás se levantó y encaró a la mujer y a su
ayudante. Aunque estaba completamente adolorido y sentía como si tuviera todas su
extremidades torcidas, Tomás se levantó e intentó arrancarse, tratando de llegar a cualquier
parte, al menos para estar lo menos cerca de ahí. Cerca de esos peligrosos criminales, que
no solo se contentaban de robar todo lo material que encontraran, si no que también
disfrutaban de hacer sufrir a los miembros que no pertenecían a su clase. Esa era una forma
de vengarse, una forma de descargar todo el negativismo que le producían día a día, tener
apenas lo que comer, y ver a una familia con decenas de hijos vivir en un cuarto del mismo
tamaño del cuarto de la nana de esa señorial casa.
En seguida, la mujer que tenía una potencial fuerza, la cual se ocultaba detrás de su
feminidad de voz, se percató del intento de escape de la silueta que hace poco estaba yacida
en el suelo, y de un dos por tres, como ella acostumbraba a decir, agarró y levantó a la
sombra que trataba de escapar, y la encerró en uno de los baños de la casa. Ahora si que no
podrás escapar, dijo ella, cerrando la puerta de un portazo. Claro que sin antes volver a
golpear al joven que ya había sido golpeado.
Tomás petrificado dentro de si, ni siquiera se percato en donde estaba, cosa que
hizo recién cuando despertó de su casi vegetal estado. Cuando despesrtó, Tomás se enteró
que estaba golpeado por entero y en pelotas, todo le parecía inexplicable, ya que a razón de
los múltiples golpes recibidos, su memoria había olvidado el registro de los últimos

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minutos vividos. Esto, hasta que momentos después recordó que los asaltantes le habían
ordenado de que se sacara sus caras zapatillas y su costosa vestimenta. No solo para
apoderarse de las ropas, si no para que evitara que el joven saliera arrancando, ya que
estaban seguros que este no se atrevería a salir corriendo por la calle en ropa interior. Al
menos trataría de subir a las habitaciones del segundo piso y agarrar algo, pero nunca
trataría de salir por la minúscula y pequeña ventana del baño, o a través de alguna otra
forma parecida. Cosa que lo haría perder tiempo. Tiempo suficiente para que los asaltantes,
si todavía estuvieran en la casa, se percataran de su fuga.
Ahora Tomás estaba sangrando, adolorido, y desvestido; a kilómetros de distancia
de Paula y a kilómetros de distancia del placer, pero tan cerca del dolor ligeramente
transformado en sufrimiento.
Tomás recién entró en verdadera noción de si mismo un cuarto de hora después,
cuando desesperadamente escuchó gritos, plegando por ayuda. Seguramente eran gritos de
los propietarios intentando despertar a sus vecinos, que seguramente no podían escucharlos,
ya que metros de denso jardín los separaban. Pero lo que también lo sorprendió era un
llanto y varios murmullos que escuchaba cerca de él. Se había percatado que no estaba solo
en ese baño, y que con él se encontraban la nana de la casa y dos niños más.
–¿Cómo vamos a salir de aca?– pregunto él en una rara forma de introducirse.
–No tenemos la menor idea– decía la asustada nana, quien en su desespero se había
echado a morir, imaginándose mil y unas tenebrosidades, que iban desde que nadie
descubriría que estaban allí encerrados, y morirían sin comida e deshidratados en algunos
días mas, a que la casa se incendiaba e iban a morir incinerados bajo la humareda de llamas
provenientes de la cocina de la casa, sin dejar suficiente lapso de tiempo para que el
ineficiente cuerpo de bomberos llegara a rescatarlos.
Tomás vio, por la miserable actitud de la nana, que no contaría con su ayuda para
salir de ese baño. Y decidió que si llegase a salir de ese pequeño calabozo, sería por cuenta
propia. También decidió que no podía darse el lujo de esperar hasta que la policía los
rescatara, porque seguramente eso pasaría en la mañana siguiente. Y para él era menos
doloroso morir en el infierno, de que Nacrea Cruz se enterara de que su hijo se había
arrancado de noche de su casa, lo que posiblemente pasaría cuando la policía llegara y lo
interrogara. Tomás estaba decidido, debería arrancarse de esa casa lo antes posible, y hacer

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como si nada hubiese pasado. Convencer a la nana que no revelase su presencia. Cosa que
no tendría que hacer con los niños, ya que estos, en medio del miedo y del susto se
encontraban dormidos. Para eso le paso una buena propina a la nana algunos días después,
por la ilusa promesa del pago, y la certeza de que el infierno la rondaba, esta accedió a
quedar callada. En seguida Tomás, con sus clandestinas técnicas de cerrajero, tomó un
pinche, el cual también había sido suministrado por la simpática mujer de edad avanzada, e
intentó abrir la puerta. Después de un arduo trabajo; lo logró. Y salió lo más rápido posible
del baño. Pero ahora se encontraba delante de otro problema. Y tal como habían planeado
los profesionales asaltantes, este no se atrevía a salir corriendo por la calle con puros
calzoncillos. Así que pidió a la nana que buscara un pantalón cualquiera, y una camisa
cualquiera, cosa que sería suficiente para salir arrancando de ahí.
La nana así lo hizo. Rápidamente sacó un pantalón, una camisa, y un par de
zapatillas del closet de su patrón, y se las entregó al joven que primero le había “salvado la
vida” y que también le había comprado el silencio.
Tomás se vistió rápidamente, primero los pantalones, y con suerte comprobó que
tenía una talla parecida, después la zapatillas, y finalmente la camisa. Se despidió de la
nana con un inesperado beso, que un impulso le hizo entregar, y salió arrancando de ahí.
Nuevamente Tomás respiraba el aire fresco. El aire de libertad.
Era Tomás y el mundo.

....................................................

– ¿Qué pasa?... ¿Qué pasa?...No entiendo lo que pasa. No sé porque todavía no ha


llegado, no se todavía porque no esta aquí. No lo soportaré, he esperado toda la semana, y
él se atreve a llenarme la cara de tristeza con ese tremendo descaro– decía Paula perturbada,
con un verdadero dolor, que no solo abarcaba el corazón, si no que también le llegaba en el
alma.
El veneno del cupido, tal como una adictiva droga placentera, tenía que ser saciado.
Pero lo único que podría hacerlo, estaba todavía lejos de ahí. Tomás todavía no llegaba, y
no solo eso, pero ya llevaba dos horas de retraso. Y el dulce veneno introducido en el

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corazón, empezaba a hacer el efecto, primero llenándole los ojos de lágrimas, después
explotando su corazón de rabia, pero por último, la dulce miel hacía el efecto, provocando
que ella lo amara todavía mas que antes, y le perdonara el interminable atraso, esperanzada,
que algún día u otro el Romeo de sus sueños finalmente iría aparecer. Aunque tardara
siglos, y ella, con su melancólica forma de pensar, muriera en la difícil tarea de esperar, lo
esperaría hasta el último minuto, y hasta el último segundo, en que dejara de respirar.
La droga del amor tenía poseída a Paula, nunca antes le había pasado, pero lo
extraño siempre ocurre, y siempre hay una primera vez.
Paula esa noche durmió, durmió con el corazón mojado, lleno de lágrimas de dolor
y de desilusión, pero que al mismo tiempo no perdía la lejana esperanza del amor profundo
y duradero. Sabía que el que esperaba era el príncipe de sus sueños, y no dejaría que una
noche de soledad la dejara botada en el medio del mar.
Mientras Paula lloraba, en medio de su tristeza descomunal, Tomás caminaba cerro
abajo en la fiera noche invernal. Además de la incomoda ropa que no le pertenecía, pero
que sin embargo era la única disponible, Tomás tenía la espalda y la cara adolorida gracias
a los golpes proporciados por los asaltantes de la casa.
No sabía que hacer, si volver a su casa, y despertar mañana sin tener explicación
alguna por lo moretones de sus ojos, ante el desespero de su madre, o ir a una clínica para
tratar de mejorar la condición de su cara, pero aunque pensándolo bien, eso no resultaría
mucho, ya que no importaría cuanto hielo se le pusiera en la cara, ya que ni el mejor
tratamiento del mundo evitaría que él tuviera los rastros de la secreta noche en su faz
durante al menos una semana.
Tomás entonces, simplemente se dejó guiar por sus instintos, cosa que hacía muy a
menudo, y que constantemente lo llevaban hacia desesperadas y aventuradas locuras. Esta
vez él iría hacia Paula, y le daría lo mismo lo que pensaría su madre mañana sábado, al ver
que su hijo no estaba donde debiera estar. Porque ya estaba cansado de la represión, y el
cotidiano control recibido. Ya no aguantaba mas ser tan reprimido y controlado, la tan
esperada hora de la revolución había llegado. Pero él no era el primero que había tenido
arduas peleas con Nacrea Cruz sobre la independencia y la flexibilización de horarios. Sus
dos hermanos mayores ya lo habían hecho, y en ambas oportunidades, la ahora política
Nacrea, había ganado la pelea, eso si, claro está, que había dado una ardua batalla. Y sus

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hijos, en separadas ocasiones, habían al menos logrado mínimos beneficios, que daban un
poco más de aire a sus libertades, como una extensión de cincuenta y tres minutos de su
horario de llegada, que fue logrado por Sirio, y que fueron peleados minuto a minuto, pero
que sin embargo, aunque es una cantidad de minutos no despreciable, consistió en un total
fracaso, por parte del rebelde revolucionario en materias de su independencia, ya que
inicialmente él se propuso tener una libertad absoluta, cosa imposible cuando se convive
con Nacrea Cruz bajo el mismo techo. Pero claro, cuando ya eres mayor de edad, en la
familia Cruz, la burbuja se rompe, ya que es mal visto quedarse en la casa después de esta
edad. Lo normal, y lo que siempre se ha hecho en la tradicional familia es que los hombres
de la familia, obviamente, ya que a pesar de tener una matríarca que lidera, no podía borrar
los trazos machistas heredados durante siglos por parte de sus antepasados turcos que en su
mayoría durante muchos años profesaron la estricta religión mulsumana, a pesar de que en
las últimas tres generaciones los inmigrantes que llegaron a las Américas fueron, por medio
de discriminación y represalias, convertidos a la imponente y poderosa religión católica
chilena. La familia daba completa libertad y autonomía a los hombres, pero a las mujeres,
siempre se las cuidaban hasta el minuto en que se casaran, proceso que tenía que ser
rigurosamente aprobado por votación unánime por las importantes autoridades
constituyentes del círculo familiar, que van desde los bisabuelos, los tres que todavía viven,
pero que sin embargo no son muy confiables, ya que uno esta internado por loco desde hace
treinta años en un manicomnio particular, en plena Siberia occidental, sin duda muy lejos
de su Turquía natal, y los otros dos están completamente sordos, lo que constituye una gran
ventaja a los pretendientes de una Cruz, ya que asienten a cualquier votación pedida,
moviendo la ya deteriorada cabeza de arriba hacia abajo en un único y peculiar
movimiento....hasta los, por suerte, todavía sanos abuelos que mantienen como alguna
especie de bloque político, un tono conservador, hasta pasar por los tíos, que por bendición
de Dios ya son un poco más abiertos de mente y poseen una increíble táctica de expresión
oral, heredada de sus ancestros que usaban la ya mencionada habilidad, para negociar y
regatear, con las cuales logran convencer a los testarudos abuelos y locos bisabuelos, de
que el pretendiente no es una especie de guerrero griego que intenta secuestrar la virginidad
de la bella doncella que ansiosamente espera por el consenso de sus excéntricos familiares
para así poder casarse y salir lo antes posible del techo loco que la abarca.

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Tajantemente, así como suena, y a pesar del gran poder e influencia de Nacrea en
su familia, las tradiciones se mantenían, y era imposible cambiarlas, ya que ellas fueron
adquiridas, según pensaba Nacrea y todos sus familiares, en décadas de convivencia y
experiencia, que sumados, se anteponían a la propia creación de la torre de babel, las
fronteras, y las religiones. Una gran diferencia de libertad tenían los hombres respectos a
las mujeres, mientras estas permanecían, si se permite decirlo, casi completamente
encerradas adentro de una casa hasta la fecha de su casamiento, estos, al concluir la
mayoría de edad, dejaban la casa en donde vivieron toda su infancia, compuesta por la
sólida burbuja que los albergaba. Proseguían a hacer un intenso viaje hacia el mundo
exterior y al mundo real, al recurrir durante un año sabático el mundo en todos sus rincones
y realidades (capricho que esta experimentando José María el hermano más viejo después
de Sirio) para después ingresar a una prestigiosa universidad americana, y de ahí volver a
Chile, o al país de procedencia de la familia, dependiendo del caso, para reestablecerse y
expandir los negocios familiares. Las doncellas, como solían ser llamadas las integrantes
femeninas de la jerarquía, se casaban, y después, si querían y peleaban arduamente, iban a
estudiar, y conseguir un diploma universitario, para después volver nuevamente y dedicarse
exclusivamente, como verdaderas espartanas procreando en tiempo de guerra, a parir, y a
ser madre, tarea, que gracias a la modernidad, fue tornándose en vez de poco respetada, en
prestigiosa y admirable.
Bueno, así era la familia Cruz, y así es como se vivía ahí, y eso lo sabía muy bien
todos sus integrantes, principalmente Tomás, el mas revoltoso, y siempre considerado,
chivo rabioso del grupo. Pero era el momento de decir basta, y sacar la cara por la
globalización y la libertad. Se acabó eso de los mundos cerrados, y de los controles diarios,
él no lo soportaría más, y para eso pelearía y se atrevería a hacer lo que todos sus hermanos
y antepasados juntos no lograron hacer. El primer paso de la guerra se libraría tarde o
temprano, y él estaba dispuesto a dar ese primer paso.

...................................................

–PANG– fue el estruendoso ruido escuchado en una mañana del dos de mayo, hace
ya varios años de tristeza atrás. El corto pero fuerte y aterrador ruído desatado gracias al

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proyectil saliendo de la pistola hacia el pecho en el centro del corazón, fue suficiente para
cambiar la vida de la familia Cruz en ciento ochenta grados. Un único disparo, que
desafortunadamente, después de varios intentos fallidos en semanas anteriores, acertó el
malévolo destino presupuestado. Acto que fue lo único necesario para acabar con la vida,
tan vivida de Raúl Cruz, esposo de Vera Cruz, y padre de tres hijos, en los cuales se incluía
nuestra Nacrea Cruz.
La mafia lo había hecho, y eso Vera lo sabía. La mafia había matado a su esposo, y
le había desgarrado un pedazo de su vida, al convertirla en un día para otro, en menos de un
par de segundos, en una viuda de un difunto de muerte instantánea.
Palabras pronunciadas por el médico que revisó el cuerpo y firmó los documentos
correspondientes haciendo oficial la tan esperada muerte.
Muerte que fue sorpresiva para Nacrea y sus dos hermanos, lamentada por Vera, su
familia, y la aseguradora, pero secretamente festejada por un clandestino y poderoso grupo
mafioso. La mayor amenaza fue desecha de un solo golpe, y ya ninguna enjuiciadora
palabra delataría lo que no tiene que ser revelado. –¡Es la única solución!– pensó el ser que
financió el asesinato, en un mero intento de consolar su psicótica y perversa mente.
Para la mayoría, mejor dicho, para todos, excepto por minuciosas excepciones, Raúl
Cruz era un hombre ejemplar, una silueta a ser seguida y admirada, que contenía un
especial espíritu emprendedor. Pero esa no era la verdadera historia, quizás si la verdadera,
pero no la completa.
Raúl era un monstruo, quizás todavía más monstruo que el mismo diablo
personificado en la persona que lo mató. Al menos esta tendrá siete años de paz, como se
costumbra decir en las antiguas leyendas, ladrón que mata a ladrón siete años de perdón,
¿pero lo que pasa después de ese magazinesco período de arrepentimiento? Quizás no se
sabe, pero lo que si es real, y lo que si ocurrió, fue la múltiple red de inteligencia y de
ilegalidades armada por el propio Raúl. Las empresas en su nombre eran meras fachas para
despistar los pocos policías que no lograban ser corrompidos, y para confundir la opinión
pública y la sociedad.
No es todavía tiempo de discutir sobre las irrompibles telarañas armadas por Raúl,
muchas formadas a través del crímen y la violencia, otras fueron un poco más pacíficas,
donde solo intermediaba el dinero y la mentira. La víctima como siempre de esas típicas

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víboras rondando sueltas por el universo, son las contagiosas moscas desprevenidas e
ingenuas, que en un cerrar y abrir de ojos, tal cual como la instantánea muerte de Raúl,
quedan completamente inofensivas y enredadas en las pegajosas e indestructibles telas de la
red. Si algún día, el creador de ese mal decide salir de él, el mal que se lo tragó no se lo
permitirá. Y este, quizás, aunque nunca lo podremos averiguar con certerídad absoluta, fue
la razón del asesinato de Raúl Cruz. El cambio era una amenaza, y una amenaza tiene que
ser aniquilada.
Raúl sabía muy bien de las consecuencias del cambio de rubro, y sabía muy bien
cual sería la reacción de sus supuestos colegas, le había advertido a Vera sobre los riesgos,
pero esta insistía en que no podía dormir al lado de un criminal. Raúl estaba dispuesto al
peligro, cosa que siempre lo atrajo y entretuvo. Ya que nunca se sintió amenazado por él,
pensamiento que prevaleció hasta su muerte, ya que fue después de dejar el mundo cuando
entendió en el mal al cual se había submetido.
Hacer daño era como una dosis de éxtasis, es completamente adictivo. No solo la
adrenalina de tu cuerpo sube a niveles increíbles, que deja la sensación de la experiencia
sexual aburrida al lado de la sensación de destruir. Pero hacer daño, también te causa daño.
Aunque sea un daño a largo plazo, que te hiere la conciencia, si esa vocecita que te habla
todo el rato, y también te vence la culpabilidad, la misma que no te deja cerrar los parpados
de los ojos para tener una breve siesta dominical.
El pecado de Raúl, pecado secretamente hereditado por su nieto, el famoso Jaque,
fue ser precisamente admirado y odiado por muchos, dependiendo en el mundo en que
estas, y en desde que ángulo lo miras. El Jaque, quien por casualidades de la vida se enteró
del rubro de su abuelo, quien poseía la habilidad de manipular y liderar, unidas con una
gran codicia y ambición, decidió seguir el paso de su más querido ancestro, aunque este no
lo llegó a conocer. No se si fue por diversión, la razón de su iniciación, pero después de un
breve período de hueveo en el negocio, se enteró que verdaderamente este lo fascinaba. Lo
que lo divertía no era hacer dinero como se hace el pan. Sino que engañar a todos, y
demostrarse a si mismo su potencial inteligencia y capacidad, y que para él no existen los
límites, y menos los bordes.
Lo del Jaque es un reto, quiere saber hasta donde puede llegar, antes de que alguien
se entere, o lo detenga. Toda la plata hecha en el negocio es depositada en múltiples cuentas

57
secretas en Suiza, y posteriormente invertida en la creación de nuevas drogas, que te hacen
volar más, y que por lo tanto son mucho más adictivas. El Jaque era un verdadero
empresario, eso esta claro, pero también tenía un buen corazón. No se si donaba por ser
bondadoso, o para limpiar lo sucio de su conciencia, pero casi la mitad de lo ganado lo
donaba a instituciones de rehabilitación de drogadictos, las mismas en que estuvo Tomás.
La internación de su hermano fue un golpe duro y bajo para él. Su droga había amputado a
su familia. Mientras el vendía y proveía a los traficantes, su hermano compraba y se
drogaba. Bastó un llamado, para que la visión de mundo que tenía el Jaque se aclarara.
Su hermano menor fue llevado en urgencia a la UTI de la clínica Las Condes.
Estaba entre la vida y la muerte.

5
El pecado del Cura

Ding dong, sonaba el timbre del lugar, presionado por un nervioso y adolorido
Tomás, que apenas lograba sostenerse sobre sus pies.

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La jornada hasta el prostíbulo había sido una verdadera odisea. Ya que no solo
tuvo que caminar algunos kilómetros, porque ningún taxi se atrevía a llevarlo,
confundiéndolo con un friolento y ebrio mendigo, que tan comúnmente vagan por las calles
de la capital. Tampoco había locomoción colectiva alguna, ya que a esas altas horas de la
madrugada, los dragones amarillos, como se llamaban a los micreros, refiriéndose al color
de la ostentosa y moderna máquina que manejaban, descansaban después de una ardua
jornada de trabajo. Por lo tanto, Tomás no tuvo otra salida que caminar cerro abajo, donde
su ya adolorida espalda por poco no se desplomaba. Pero el ardor de una rebelión contra su
madre, y las ganas de ver a Paula, trasformaban su dolor en voluntad.
Después de tanto caminar, Tomás finalmente llega, sí a ese oscuro pasaje,
perpendicular a la arteria del Mapocho, cerca del mercado central. Allí donde en la
mismísima esquina se acumulaban un grupo de pandilleros a fumar marihuana y consumir
pasta base, Tomás, confundiéndose con uno más del montón, toca el timbre de la puerta.
Por sorpresa suya, alguien le abre, ese alguien es Jimena, la amiga rubia de Paula.
– ¿Cabro de mierda, que haces aquí? Acá no damos limosna– decía Jimena
ciegamente, ya que tal como hace la sociedad, ella miró primero a las zapatillas, subió hacia
los pantalones, y prosiguió hasta la camisa, donde finalmente, después de unas pocas
milésimas de segundos, llegó a una intachable decisión, sin ni siquiera mirar los ojos,
indicios de la verdad.
–¡Me esperan!– dijo Tomás en un tono insistente e imperioso, que sin duda alguna
no combinaba con su facha de mendigo pandillero.
–¿Y quien te espera mijito, acaso usted no se ha dado cuenta? Esto es una casa de
putas, no un asilo del Hogar de Cristo– decía Jimena, ya acostumbrada a la pobreza de sus
alrededores. –Ya y ahora andate, ya que no puedo perder mas tiempo, el tiempo vale oro
mijo, metetelo en la cabeza– añadía ella –Jimenarica.....–se escuchaba una voz ebria
llamándola desde uno de los cuartos del gran salón. –Viste cabrito, ya me están llamando–
dijo Jimena dando un portazo.
Tomás no había hecho tal odisea para irse del lugar sin insistir, ya que presentía que
Paula sí quería verlo. Así que trató nuevamente. Tocó el timbre, pero de esta vez de una
forma más insistente.

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Sus ojos reciben una instantánea sorpresa, en vez de Jimena, Paula abre la puerta, y
los saca fuera de orbita.
Paula, también preparada para ser agresiva, por la insistente interrupción recibida,
dio un alto a su agresión, sorprendiéndose por esa cara que automáticamente se adentró en
su corazón. Y en vez de Tomás, que en la visita anterior se quedó mudo, Paula era la que
quedaba sin habla.
–Hola– dijo Tomás, un poco menos nervioso que antes.
Paula sin decir palabra alguna, lo tomó de la mano, lo guió hasta dentro de la
“casa”, cerró la puerta, se adentró por los pasillos, y al final, donde yacía una vieja puerta
encrustada en la gruesa pared, estaba su cuarto, donde entró, siempre guiando la mano de
Tomás, momento en que finalmente el primer indicio de sonido salió initilegiblemente de
su voz.
Cosa que no importaba, pero que hizo que ella precipitadamente, en vez de tratar
producir más palabras de desespero, en un golpe poco esperado besara abismalmente los
labios de su amado.
Enterándose de su descontrol, debido a las infinitas horas de espera, Paula
fulminosamente se apartó de los labios del joven, tratando de un solo golpe calmar su lado
más irracional.
– ¿Qué fue ese beso?– le preguntó Tomás, sintiéndose más cómodo, de que cuando
vino por primera vez.
–Nada– dijo ella en un inesperado arrebato de timidez.
Paula estaba desesperada, no contaba que una impulsiva muestra de amor revelara
súbitamente sus sentimientos más secretos. Ahora ella estaba acorralada por la verdad y la
mentira, las dos le estaban cobrando, y si no pagaba, las consecuencias podrían ser
lamentables. ¿Pero qué decir? ¿Seguir viviendo en una plácida mentira y seguir sustentando
un amor imposible, o enfrentar de frontón la realidad que probablemente la haría
despertarse de un sueño de una manera tan brusca y violenta? El drama la estaba
consumiendo, y un desespero arraigaba sobre su corazón. Tenía a su amor en frente, tan
inocente y prudente, tan tímido, pero al mismo tiempo tan cruel y tan perverso y tan capaz
de saquearle el corazón de manera tan inhumana y siniestra. Todo era una incógnita, no
sabía como actuar, y ni que hacer, deseaba gritar, y liberar sus energías encarceladas dentro

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de si. Pero no sería prudente, y tampoco responsable. Pero lo tenía que hacer, ¿pero como?
¿Diciendo te amo? Muy tarde, ya lo hizo.
¡Te amo! Tomás. ¡Te amo! Desde el primer momento en que te vi. Pero no es
posible, mira tu edad, mira la mía, apenas eres un pendejo, y yo tan pervertida
enamorándote de ti, apenas un cabro chico, como pude, como pude caer tan bruscamente.
Pero lo hecho ya esta hecho, y para mí es importante decirte que te amo. Que te quiero, y
que me muero por ti.

Al menos eso fue lo que trató de decir, porque las palabras no le salieron, se
quedaron pegadas en la punta de su lengua, previniéndole de comunicar su intenso mensaje,
lleno de pasión e ilucidez. Pero no pudo, eso quiso pero no pudo, y en vez de seguir
intentando por los complicados caminos en que se dirigía, Paula prefirió lo fácil y divertido.

– ¿Por qué mierda llegaste tan tarde carajo?– decía Paula como una exigente
profesora lo diría.
–¿Qué crees que soy, pendejo de mierda? ¿Qué tengo todo el tiempo del mundo,
para esperarte y fornicar? – seguía Paula, en un papel que la hacía sentir como una
verdadera estrella cinematográfica.
–Mira pendejo, que te quede bien claro, no importa que truene, llueva, te atropellen,
o te maten, pero a mis clases se llega puntualmente, y cuando digo puntualmente no digo ni
las once y uno y ni a las once y cinco, y menos aun a las diez y cincuenta y nueve, cuando
digo puntual, lo digo en serio, y espero que llegues a las once con cero minutos y cero
segundos. ¿Entendido?– bramía Paula, tal como un verdadero sargento lo haría en un
colegio militar.
–Ya cabrito, que tengo el tiempo contado, tengo una agenda llena de clientes, y
creeme que tú no eres nada especial, tienes suerte que hoy estoy de buen humor, y voy
hacerte una excepción de recibirte en lo hora no marcada, pero eso si que te cobro extra por
el atraso, van a ser cinco lucas mas. – decía Paula, muriéndose de la risa por dentro, pero
mostrando una dureza intachable por fuera.
–Pero yo...

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–Tú callado no mas, no me interesan las excusas, y ahora empecemos no mas, que
debo admitir que este papel me divierte harto, y si no fuera por eso, nunca pero nunca,
rebajaría mi insuperable nivel, al enseñar a un pedejo como tú las artes del sexo y del
amor– decía Paula en otra de las extroversiones de su papel.
–Mira cabro, quiero decir alumno, en la lección pasada experimentaste de primera
mano lo que era el placer sexual en sus distintas maneras, pero sentirlo es muy simples, lo
difícil acá es provocar, y eso es precisamente lo que te voy a enseñar.
–El beso que te di cuando entraste a la “clase”, fue una introducción a la lección de
hoy, ya que en esta ocasión, como primer eslabón a ser franqueado, aprenderás como
verdaderamente besar a una mujer. Ya que sin ofenderte, apestas para eso. Se nota que si
hay pololeado, ha sido con puras pendejas estúpidas y conservadoras, que consideran un
abrazo algo muy precipitado. Pero bueno, no las culpo, ya que seguramente hubiera sido
igual si me hubiera educado en un ambiente de puros curas fraternales. Mira pendejo, antes
de desvestirse, como ordené que lo hicieras en la visita anterior, vas a tener que sacar la
lengua. Exacto, vas a tener que aprender a moverla, que ella es mas tiesa que que el palo
que tienes entre tus piernas. Exacto, así, la tienes que aprender a mover, a bailar con ella,
con salsa, ponle ritmo y sabor, eso, llega hasta el fondo con tu lengua de oro, y te aseguro
que vas a hacer furor.
–Bien, ahora volvamos a la practica del beso, cuando los dos estemos en un
ambiente propicio, que es con el cual supuestamente me darás el beso, sacarás tu lengua y
la introducirás en la parte superior del cielo de mi boca, pero lo tienes que hacer
delicadamente, ya que no se trata de que me ahogues, y tampoco de que me de asco ver esa
lengua con olor a cebolla metida en mi boca, lo tienes que hacer lentamente, como todo en
este juego, cabrito. Y así es, nada de apurarse, porque lento es mejor, es mas intenso y lo
disfrutas mas, un beso largo y profundo, donde verdaderamente el amor se transmite, como
en el mejor final de cualquier teleserie, o cualquier novela paradisíaca, donde el bien
siempre triunfa, y el amor siempre vence, el mal se esconde, pero solamente se esconde,
porque todos sabemos que siempre estará ahí, oculto entre las tinieblas, calculando el
momento exacto para entrar en acción, y cambiar los sueños por pesadillas...
– ¡Paula, córtala con los besos de mierda!– interrumpía la sección inesperadamente
Tomás. – ¿No ves que desde que llegue te he estado tratando de decir algo?–

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– ¿No te das cuenta? ¿Acaso eres ciega?
– ¿Qué carajo Paula? Ni te fijaste en la manera en que llegué, ni siquiera preguntas
cómo me siento y como estoy.
– ¿No te das cuenta que fui asaltado y bajé media ciudad para encontrarme contigo?
– Lo demás no importa, lo que quiero decirte es que necesito tu ayuda......Sí Paula,
necesito tu ayuda, no puedo volver a mi casa, y ni por nada del mundo volveré ahí, ahí no
es donde pertenezco, no es ahí donde quiero vivir, y no es como los de ahí a los que quiero
parecerme. En estos últimos días le he dado muchas vueltas al asunto, he pensado sobre mi
destino, y sobre mi futuro, he pensado sobre el presente, y sobre el pasado, y he llegado a
una conclusión, no quiero volver ahí, no quiero estar lejos de ti.– sacaba Tomás de su mas
secreto interior.
– ¿Paula, no lo notas? ¿De veras que no lo notas? ¿No te das cuenta?
–Yo te amo Paula, y te lo he estado diciendo desde que entré por primera vez aquí.
Desde de que te vi todo cambió, nada ha sido igual, por mi mente pasaron cosas que nunca
habían pasado, mi forma de ver la vida es distinta, y me he dado cuenta que me disgusta lo
que soy, y lo que pronto seré. Por favor, ayúdame a salir de esto, ayúdame a salir de este
mundo, porque quiero luego estar lo mas lejos de aquí, y lo mas pronto posible. Si es
posible embarcarme en tremenda odisea, en que quizás pierda mi pasado, lo haré, pero no
quiero volver bajo aquel maldito y dominante techo, que me deja sin aire, agobiándome
hasta mis últimos tentáculos de vida y libertad.
–Algo tengo claro, y eso es que te quiero, y seguiré queriéndote Paula, lo puedo
dejar todo, déjame vivir contigo, solo por esta semana, después si es posible, me embarcaré
a destinos más lejanos, fuera de aquí, lejos del universo, y lejos de este país. – decía Tomás
locamente, sin detenerse a meditar el contenido y las consecuencias de sus platónicas
palabras. Pero Tomás no estaba claro de nada, solo estaba seguro de una cosa, y esa era que
quería cambiar, y finalmente vivir. Y eso era lo que haría, ya se había decidido a hacerlo, y
como un verdadero Cruz, él siempre logra lo que se propone.
En ese punto de la conversación Paula estaba desmedidamente aturdida, las palabras
de su amado habían chocado fuertemente contra el iceberg de su corazón. Paula, tal como
Tomás, estaba ciega, pero no solo ciega, si no también en las nubes, siendo protagonista de

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un amor de novela, de esos que son fantásticos, pero que al final nunca perduran y te hacen
sufrir hasta no poder más.
–¡También te amo mi amor!

....................................................
– ¡Alto Ahí!
–Baja el arma
– ¡Alto ahí carajo!
–Tengo una propuesta que hacerle Sr. Jaque, mejor dicho Sr. Cruz. ¿Baja el arma
quiere?
– ¿Qué quieres? ¿Y cómo sabes quien soy? ¿Y si verdaderamente sabes con quien
estas hablando, no te das cuenta que estás cometiendo un tremendo suicidio? ¿Qué mierda
tomaste, que no te deja pensar? ¿Estás loco o que?
–No estoy loco Pedro, solo le vengo hacer una propuesta….Perdón, me presento,
como tan bruto, me llamo Jacques Burns, Mr. Jacques Burns, y por supuesto don Jaque, lo
que se hable aquí, no se habla con nadie.
–¡Hoy es tu día de suerte! Estoy de buen humor, todo ha salido bien, y de acuerdo
con lo planeado, tú eres la única callampa que salio de la nada. Pero como he dicho, es tu
día de suerte, estoy dispuesto a escuchar tu propuesta, y como caballeros, sentémonos a
charlar, tome mi arma, y no tenga miedo, ya que, ya sabes, todo son rumores, pero los
rumores si se hacen realidad, cuando conviene que lo ficticio pase a ser verdad, no se si me
entiendes Mr. Burns, pero bueno, dejémonos de leseras.... ¿quieres algo de aspirar, o
tomar? ¿Alguna dosis o algo? Le sugiero esta, muy buena calidad, no, yo no consumo, solo
lo tengo para invitados, no me gusta consumir mi mercadería, es muy fina para desperdiciar
su venta, pero me alegro por ti, entre nosotros, eres bien inteligente por no dejarte llevar por
el polvo, no vale la pena, pero bueno Mr. Burns, que es lo que lo trae a mi humilde morada,
que se le ofrece, se nota que usted es extranjero ¿no? De New Orleáns, quizás. Si, acerté, tu
acento es inconfundible aunque trates de parecer y hablar como chileno con un español de
experto, pero déjese de mariconadas, conmigo no funcionan esas tácticas de negociaciones,
hablemos como hombre, y dejémonos de rodeos y de protocolos, ya que me espera un largo
día mañana, y quiero descansar...

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–Gusto conocerlo, ¿Don Jaque? ¿Pedro? ¿Sr. Sanhattan? ¿Cómo puedo llamarlo?
–Me haces sentir como una celebridad en medio de un programa de televisión, usted
no se preocupe de tonteras mierda.– decía el Jaque perdiendo la paciencia. –¿No le he dicho
que quiero negociar sin rodeos?– volvía en si el Jaque con su ton mas amigable y habitual.
–Bueno, dejémonos de mariconerías, dime Jaque, Jaque de Sanhattan, pero no
menciones a Pedro Cruz, porque Pedro no existe aquí, Pedro es parte de Santiago, de la
vida quieta y calmada de la mansión Cruz, es hijo de Nacrea Cruz, y alumno ejemplar del
colegio Nido de Águilas, pero no es el Jaque, el Jaque es el Jaque, y Pedro es Pedro, los dos
son dicotomicamente opuestos, y no tienen nada que ver el uno con el otro, y dime Jacques
Burns, ¿Qué viene usted hacer aquí en mi barco? ¿Cómo sabe usted de mi presencia aquí?–
cuestionaba el Jaque con cierta curiosidad a ese misterioso personaje que aparecía sin
ningún escrúpulo ni temor, cosa inédita cuando el Jaque recibía algún tipo de visita, las que
generalmente transpiraban hasta morir, y le echaban culpa al calor, no importando la
estación del año, y ni la hora del día.
–Bueno, amigo Jaque, me gusta la idea de negociar sin leseras, vamos directo al
punto entonces, como le había dicho, yo soy Jacques Burns, del American Banking
Council, en otras palabras, presido esta junta de dueños de bancos americanos con
presencia en países Latinos, el trato es el siguiente, y anótelo bien, le pagare el 40% de lo
que usted robe de mis bancos. Simple y crudo, lo acepta o lo deja. – ofrecía en una
propuesta descabellada ese excéntrico e inescrupuloso señor.
–¿Usted que mierda cree que soy, para hacerme perder el tiempo de forma tan
descarada y abrumadora, usted me esta tomando el pelo? Viejo de......–
–No se exalte por favor, señor Jaque, lo que le propongo es verdad, yo no viajé ocho
horas de avión, y ni hice una investigación de doce meses para venir a este confín del
mundo a “tomarle el pelo” como dicen ustedes los chilenos, lo que le vengo a ofrecer es
concreto, sé que usted es el elixir de la mafia en este país, y de toda esta zona, sé que nadie
tiene más poder o contactos que usted, y estoy seguro que usted es la mejor persona para
hacer el trabajo que necesita ser hacido...
–Hecho, no “hacido”– corregía el perfeccionista Jaque de Sanhattan –Pero prosiga
por favor....

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– Como le decía, necesito que usted robe mis bancos, para decirle la verdad el
negocio no ha estado bien últimamente, y necesitamos rápidamente una inyección de
fondos, y lo que proponemos es lo siguiente, usted nos roba nuestros bancos, hace un gran
escándalo, y mata a una o dos personas. Eso va hacer que nuestras aseguradoras no sólo
nos paguen lo suma robada, si no que un cincuenta porciento más por daño a la imagen
corporativa, y con suerte hasta un setenta porciento más por tener un homicidio dentro de
nuestras agencias. Eso sería justo lo que nuestro negocio necesita. Y no es solo eso, nuestro
principal objetivo, lo que nosotros queremos es amedentrar a la gente, para que no vaya a
los bancos, y de esa forma impulsar de manera nunca antes vista nuestras agencias por
internet, eso nos ahorraría infinitos costos de seguridad, empleados, arriendos, etc...Además
la sensación de inseguridad impulsaría a nuestros accionistas a tomar la decisión que tanto
quiero, de una forma u otra tienen que aceptar vender nuestros bancos en América Latina,
perdone que le digue Jaque, pero este es un continente de caníbales, no se respetan leyes, y
desde que llegamos nuestra cuenta de corrupción es más alta que nuestros costos de
operación. Bueno Jaque, para usted es un negocio redondo, y por supuesto queremos que
usted se haga parte de esto, queremos compartir esta mina de oro con usted, lo que le
ofrecemos es un cuarenta por ciento de lo que nos pagará las aseguradoras por concepto de
robo, y hasta un diez por ciento de lo que ahorraremos con el impulso de las transacciones
vía Internet durante el primer trimestre después del último robo....píenselo Sr. Jaque, lo
queremos como socio, usted es el mejor para el trabajo, y por eso lo
queremos....respondeme cuando llegues a Panamá, ya que ahora salgo de este barco, por
supuesto que el capitán no sabe de mi presencia aquí, y no sería oportuno que nadie mas se
enterara o llegara o sospechar de esta propuesta, porque si caemos, caemos todos juntos–
decía Mr. Jacques Burns, impresionando hasta lo menos esperado de lo esperado.
–Arrivedeci señor Jaque, en Panamá tendremos más tiempo para charlar, y negociar,
después le explico como sé todo lo que sé, ya que cuando entres a nuestro círculo de
amigos, no habrá secreto alguno entre nosotros....–sugería Mr. Burns nuevamente
–Alto ahí, usted no se mueve de aquí. He tomado una decisión....he decidido que
usted me contará hasta el ultimo detalle de cómo usted sabe mi paradero, mi identidad y mi
rubro, quizás no sería difícil enterarse sobre el Jaque de Sanhattan, ya que la mitad de la

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DEA me anda buscando, pero es imposible enterarse de mi paradero, y mas aún de mi
verdadera identidad.....
–No sea ingenuo Mr.San...don Jaque, es obvio que hay bastante información sobre
sus pasos entre un pequeño grupo de altas autoridades de la DEA, recuerde que es una
organización anti-narcóticos, y que si lo atrapan, y acaban de manera tan brutal con el
narcotráfico, el presupuesto de la agencia caería fuertemente, ¿para qué hacer eso? ¿Para
qué matar el tigre, si todavía quedan bastantes ratas chicas con que impresionar a la prensa
y presionar al presidente para que suba el presupuesto...? ¿Usted me entiende, no? En el
país de los yanquis y en la tierra de las Maravillas, todo es negocio.....si no hay presas, no
hay cazadores.

...................................................

– ¡Señora Nacrea! ¡Señora Nacrea! ¡Señora, despierte señora!


– ¿Qué pasa Petunia, que griterío es ese? ¿Ya no se puede dormir en esta casa?
¿Qué mierda pasa, alguien murió? Porque por tu actitud, y por el tremendo escándalo algo
malo debe haber pasado, mujer, no me mates del corazón, deja de lloriqueos y dígame lo
que pasa.
–Señora Nacrea, es que, que, es, es sobre el señoriíto Tomás señora, no está, no está,
no durmió aquí anoche, ¿qué le habra pasado? La ventana de su cuarto estaba abierta,
señora Nacrea...
–Vamos Petunia, deja de escándalos, y no me huevees, te perdono porque hoy es
sábado.
–Señora si lo que le digo es verdad. El joven Tomás no está.
–Linda, si ya te dije que deberías ser comediante ¿no? Mira que estay hecha para la
tele, vamos ¿dónde está el desayuno?
–Haber, mira señora, por todo el respeto que le tengo no voy aceptar que no tome en
cuenta lo que digo. Si no me cree no es mi problema y váyase a la punta del cerro. Sólo le
advierto que su hijo Tomás Cruz no durmió aquí ayer en la noche.

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– ¡Petunia mírame bien! ¿No me estas hueviando cierto? Vamos, dímelo bien
clarito, palabra por palabra, sin pestañar y mirándome a los ojos. Dime que no me estay
lesiando.
–No la estoy lesiando señora Nacrea.
– ¡Petunia! ¡Dónde esta Tomás! Hay ese hijo de la, mejor me callo, puta el huevón
arrancándose justo ahora, justo cuando empiezo mi campaña el gran hijo de la gran, puta
mierda, donde se habrá metido ese cabrito.
–Mira señora Nacrea, si es que se me permite dar mi opinión, ya que desde que
usted es candidata a esta casa se la han dado las patas, hace harto que noto harto raro a ese
niño, como no se, como que anda en otra sabe, bien raro anda últimamente.
– ¡No me diga leseras Petunia! ¿No ve qué ya no cabe más mierda en mis neuronas?
Mira que no me sorprendería que todo Chile me llamase de mala madre, que ni siquiera
puedo cuidar los problemas de mi propia casa, y que como podría alguien como yo
solucionar los problemas de una comuna como la de Santiago. Y mira Petunia que en este
país a una se le acepta todo, ser teñida, anoréxica, gorda u operada, pero nadie acepta a una
mala madre… ¡Deja de mirarme con cara de lesa y anuncie a todos el surgimiento del Plan
Midia! Vamos a informar a todos que mi hijo ha sido secuestrado, y que ofrecemos una
millonaria recompensa para el que lo encuentre sano y salvo, digamos también, que en su
cama, donde mi pobre angelito dormía en esta terrible noche de secuestro, había una nota,
que supuestamente fue escrita por esos vándalos de la derecha extremista, que seguramente
trata de amedrentarme para que retire mi ganadora candidatura. Pero que no, que a Nacrea
Cruz nadie le juega así, y que a pesar de mucho dolor por lo ocurrido en esta casa, mi deber
por el pueblo está primero.... ¿Lo estas anotando Petunia?, es que anótalo todo, que quiero
que lo que estoy diciendo salga publicado en todos los diarios, y asegúrate que el tonto de
ese editor de Las Últimas Noticias no se equivoque al teclear, como ocurrió la última vez,
porque si lo hace de nuevo, asegúrale que no tendrá mas cabeza para volver a
equivocarse.....bueno Petunia, siga escribiendo, diga que estoy desesperada por lo ocurrido,
y que no toleraré mas las altas tasas de criminalidad en este país, donde de la noche a la
mañana, tu casa puede ser invadida y tus hijos pueden ser secuestrados....!ah! y también
asegurate de que salga lo siguiente: “¡Cuídense bandidos, que cuando yo salga alcalde, la
criminalidad en esta ciudad se acaba por una vez por todas!”– decía Nacrea en mas una de

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sus estrategias, en un tremendo golpe de suerte que sin duda alguna haría que su
popularidad subiera un par de puntos, lo justo y necesario para desempatar el virtual empate
que tiene con ese estupidillo de lentes que le encanta caminar bajo el río Mapocho
autodefiniéndose como el candidato del pueblo. – Y mas en cima criticándome vagamente
por mi frivolidad, ¿pero que quiere? ¿Qué por qué sea alcalde me vista en Falabella como
una rasca cualquiera? No po, la clase no se pierde tan fácilmente, pero acuérdate que
tampoco se gana así no mas– añadía Nacrea
–Estoy de acuerdo señora Nacrea, completamente de acuerdo, qué se cree ese
bastardo al tratarla así, y de seguro que si se llega a elegi...
–¡No se va a elegir PETUNIA!
–No se va a elegir, obviamente señora Nacrea, pero digo que de seguro que en una
eventual ele...cci..ón, se va olvidar de los pobres y de la gente que verdaderamente necesita
ayuda.
–¡No! ¡No! ¡NO, Petunia! No puedo seguir mintiéndome de esta manera, no ve que
estoy en una crisis de stress existencial. Mira a lo que he llegado, estoy buscando beneficios
para esta debacle, solo para no sumirme en el mundo de las rosas negras. ¿Qué le pasó a mi
hijo? ¡Dime Petunia, dime! ¿Qué le pasó a mi pobre hijo? ¿Qué crees que le pasó?, y no
sigamos con este juego cruel de las elecciones, que mi hijo es mi vida Petunia, mis hijos
son todo lo que tengo, todo lo otro lo puedo perder, pero no toleraré que mis hijos sufran,
que maldición tan perversa se ha apoderado de esta casa, que tantas desgracias ocurren al
mismo tiempo. ¡Petunia, dime Petunia, que le ha pasado a mi hijo!– berreaba Nacrea en una
sincera súplica de ayuda y desespero.
–Señora Nacrea, no se desespere, algo debe haber pasado, usted conoce al señoriíto
Tomás, tan revoltoso, quizás se quedó en la casa de un amigo, señora, y ya esta por volver,
no se imagine lo peor, que eso no pasa en este país, señora Nacrea, y ahora tranquilícese....
– ¿Cómo mierda quieres que me tranquilice Petunia? ¡Mi hijo no durmió aquí anoche, y no
tengo la menor idea de donde esta en este momento y que desgracia le habrá pasado!
–Mira señora Nacrea, ya le avisé a don Jacinto, uno de los guardias de turno anoche, para
que revisara las cintas de seguridad, quizás algo muestren, y si algo verdaderamente ha
pasado, seguro que quedó registrado...ah, y ahí viene, que bien, veamos que noticias nos
trae….

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–Hay Petunia, dios te oiga, dios te oiga.
–Doña Nacrea, el niño Tomás se escapó, nadie ha venido a secuestrarlo, así que no
se preocupe, y siéntese y calmese no mas, que seguramente aparecerá...usted sabe como son
los jóvenes de hoy en día señora Nacrea, todos los fuimos ¿no? Y además no es el primero
que hace tan tremenda aventura, ¿No se acuerda cuando a don Sirio se le ocurrió hacer lo
mismo, y preocupó a medio mundo?....Señora Nacrea, ¿cree que es necesario avisar a
carabineros sobre el asunto?, como lo había antes planeado, y accidentalmente hacer llegar
a la prensa la noticia...
–Sí Petunia, hazlo, al menos vamos a aprovechar lo que hizo ese mocoso, pero te
juro que me las va a pagar, y que si lo veo, va a permanecer castigado por el resto de sus
días, pero bueno, de algo útil será su escapada, ¿no? Al menos subiré en las encuestas...

..................................

–¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! Mr. Burns, usted es divertido, me hace reír de manera tan hipotética...
¿Está usted sugiriendo que conocen mi puta identidad, y no han hecho nada para impedir
mi tráfico?– sugería el Jaque
–Mira señor Jaque, a usted le tengo mucho respeto, pero no entremos en detalles,
acá se cuenta el milagro, pero no el santo, lo único que le advierto es que no se confíe
mucho, porque si yo lo puedo encontrar, estoy seguro que alguien mas también lo podría
hacer, admito que tu paradero fue mas difícil de encontrar que una aguja en un ajuar, pero
aunque cueste bastante, el grano de arena negra en una playa de arena blanca siempre se
encuentra. Y este es su caso don Jaque, usted acapara mucho la atención para tratar de
esconderse y ocultarse. Usted es precisamente ese grano de arena negro en el medio de tan
inmensa playa de densas y claras arenas. Usted es distinto, y por eso lo respetamos y lo
queremos como socio, nadie puede ser más vil y hábil que usted. Me impresionas y te
admiro, ¿cómo llevar las riendas de tremenda organización criminal, y ser el gueon del
colegio al mismo tiempo? Eres uno en un billón, te felicito. No te preocupes, en Panamá te
vuelvo a contactar. Me tengo que ir don Jaque, fue un placer hacer negocios. – insistía
Jacques Burns que en su exterior de ético negociador no mostraba ningún signo de miedo y
temor, omitiendo las señales con que su corazón tiritaba de terror, sabía que su vida podía

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acabar en cualquier momento ante la presencia de aquella monstruosa mente criminal. Pero
el discurso lo había ensayado miles de veces, y había considerado apropiado dejar pensar al
Jaque de su imaginario e inexistente sistema de inteligencia.
–¿Y qué te hace pensar que no te voy a disparar?
–Yo se que usted no es tonto Jaque. ¿Para que quemar una bolsa de un millón?
–Andate mejor, que hay veces que uno actúa sin lógica.
–Cabrón– dijo el Jaque a si mismo después que la puerta de la gran y lujosa
habitación que ocupaba en el Panamerican Express se cerró.

Estaba claro, la vida que llevaba no era fácil, era arriesgada, e incluso estresante,
pero era excitante, no lo aburría, era un reto, una competencia mortal, en donde tal como en
el mundo de los negocios, tratas de devorar a tu adversario, pero en vez de apegarse a
estupidos números, te apegas a una pistola y a un mini ejército, con sus propias leyes y
valores, que se encargaran de hacer de esta pega lo más entretenido y peligroso existente en
la faz de la tierra.
Ya era hora de llamar a su fiel y ardiente asesora, la mujer que estaba detrás de su
silueta. Esta se encargaba de los detalles menores, es cierto, pero que sin la maniática
organización e dirección que ella daba a todos esos detalles, estos se convertirían en una
verdadera pesadilla mezclada con varios irrepetibles dolores de cabeza, que le harían la
vida imposible hasta al más experto de los fugitivos del sistema.
Su relación con Lucila, el verdadero nombre de su amor, el mismo que organizaba
de “a” a “z “sus negocios y lo asesoraba en todo lo posible, desde el traje a usar, hasta la
intensidad del tan típico saludo de mano, tenía varios años de historia. Lucila era una
conocida del Jaque, quiero decir Pedro, ella era una fiel admiradora y enamorada. La
primera de Pedro, cuando este todavía no era lo que es. Ella era del mismo colegio que él,
pero varias generaciones mayor. Ella enseñaba, reemplazaba a los profesores cuandos estos
tenían crisis existenciales, estaban enfermos, o simplemente les daba lata venir a un trabajo
y enfrentarse a una banda de pendejos guarisapos.
El romance escolar de Lucila y Pedro era bien peculiar. Era difícil entender cual era
la base de tan extraña relación, aunque los dos eran inteligentes, no se explicaba como un
pendejo de primero podía salir con una profesora, que aunque era loca seguía siendo

71
profesora. Eso sorprendía, e incluso chocaba. Lucila había sido el primer amor de Pedro, y
Pedro el verdadero amor de Lucila. De las típicas tardes calurosas de verano que pasaban
juntos, en donde pasaba el típico heladero con la campanilla que anunciaba sus sabrosos
helados, el romance de los dos trascendió a mucho más. No fueron pocos los momentos que
pasaron juntos. Sus momentos fueron hermosos, bellos, e intensos. Eran una pareja rara,
pero perfecta. Se notaba que entre los dos había amor. Solo una cosa. Ninguno de los dos
admitía salir con el otro. Era como un secreto a voces que guardaban como lo más sagrado
de tan extraño romance, en donde no querían que nadie que fuera ajeno a ellos se mezclara
con la pureza negra tan pura en que todo aquello consistía. Ni si quiera el mejor amigo de
Pedro sabía algo. Y claro, Lucila la profesora extraña, anti social, y sin amigas, no tenía
nadie con quien compartir lo que vivía, parecía estar en luto profundo, en las pocas veces
que aparecía en el colegio para reemplazar a profesores cansados de sopa de rana, no
hablaba con nadie, no saludaba, no miraba, apenas caminaba. En total no importaba. Para
que decirlo, si lo puedes vivir. Para que soñar, si lo estas viviendo. Lo que ella siempre
quiso se hacía realidad. Pedro era un amor real. Y eso la contentaba. Los dos tenían mucho
que hablar. Y eso esta mas que claro. Porque nunca se ha visto que dos personas pasen
juntos tanto tiempo. yo sabía, pero no hablaba. Si pudieran dormir todos los días uno con el
otro, estoy seguro que lo hubieran hecho. Pero no era raro que en algún día de ardor, uno de
los dos se escapara al estilo “Tomás”, para ir enloquecidos por besos hacia el lado del otro.
Lucila era mujer que ya había recorrido la vida, pero no le gustaba recordar los días
vividos, como si de repente, de la noche a la mañana, o de la tarde a la noche, hubiese
decidido volver en el tiempo, y borrar con un botón rojo todo lo vivido. Pedro la quería, y
eso bastaba para enloquecerse hasta el final y basar un romance eterno en una organización
criminal.

..................................................
¡Adiós mundo cruel!
.......................................

– ¡Nacrea! ¡Nacrea! ¡Nacrea...! ¡Hija! Sube hija...necesito hablarte...– llamaba la


señora Vera Cruz, madre de Nacrea.

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–Si mamá, ya subo, espera un poco...
–Ese es un lujo que no tengo – decía Vera sollozándose en lágrimas....
– ¿Mamá? ¿Estás bien mamá? ¿Por qué lloras, qué es lo que ocurre?– preguntaba
Nacrea entrando en la oscura habitación que se encontraba al fondo del largo y angosto
pasillo que conectaba la habitación principal con la sala de juegos, la cual permanecía en
plena oscuridad desde el asesinato del Sr. Cruz, hace exactamente un año atrás.
–No llorarás por la fecha ¿no mamá?....Anímate, lo sucedido ya se ha
cicatrizado....– decía Nacrea sentándose en la amplía cama de su madre, donde esta pasaba
la mayor parte del día, rezando y divagando por sus penas.
–Ese es el problema hija....Nacrea eres tan inocente, tan dulce y tan pura, me
compadezco de ti, porque desafortunadamente querida, este mundo es una selva, y a los
jaguares que se esconden en los matorrales les encanta la posibilidad de comer de un golpe
a una oveja tan bella y tan auténtica como tú. Cuidado mi niña, quizás mañana no sea lo
mismo que hoy, y quizás el ayer no sea lo mismo que mañana, prepárate, se que te ha
tocado difícil, el asesinato de tu padre, mis peleas con tu abuelo, los problemas de tu
hermana...pero todavía eres la misma niña de siempre, te has detenido en el tiempo, y
quizás eso es lo que representas, o quizás no, quizás usas todo eso como una forma de
protección, como si el olvidar la verdad se convirtiese en una especie de escudo protector.
Pero hija...
–Me preocupas mamá...
–No me interrumpas Nacrea, déjame hablar, esto es importante, y necesito decirte
todo lo que pienso y siento, tú vas a ser la única que va a tener ese privilegio, fue una locura
que cometí, pero hija, como decía vas a recibir un golpe de un tirón, sin previo aviso, y eso
te va a chocar, vas a madurar de un golpe, de repente en un pasar de segundos vas a perder
los bellos años que justamente te corresponden en la infancia. Prepárate, es todo lo que
digo...y siempre recuerda Nacrea.... ¡yo te amo! Te quiero mucho, a ti, y a todos tus
hermanos, y perdóname por lo que he sido, por lo mala madre, egoísta y egocéntrica, pero
así soy yo, y por eso te pido que me perdones, sé que vas a saber lo que hay que hacer
cuando llegue el momento indicado....todavía no lo es, pero pronto lo será. Te dejo este
sobre, ábrelo cuando sea el momento, no antes, y te dejo a ti la tarea que allí esta explícita.
Te quiero mi niña, te amo mucho, ahora anda a jugar, a divertirte, y a disfrutar...

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..........................................

– ¡Es un asalto! Todos al suelo por la cresta. Nadie mueve el pico, o te juro que no
saldrá de aquí para contarlo. ¿No escuchó señora de mierda? Agachese concho, si no quiere
que la balee, ¡mire que esta es de verdad!
– Escucharon al caballero, señores, así que al suelo no mas, y nada mas va a pasar–
añadía la enmascarada.
– ¿Dónde está la mierda del gerente, loco? No tengo tiempo para el weveo, que te
creí por la mierda washita, si no te pones las pilas te juro que no te voy a dejar dormir
tranquila....... ¡habla puta de mierda!
–Ya, no le haga daño señor, yo soy el gerente del banco....
– ¿Y que a que cresta, o a quien cresta esperas para abrirme el cofre aweonado...?
–Ese es el problema caballeros, la bóveda del banco solamente se abre bajo órdenes
de la central del banco, son ellos los únicos que tienen el mecanismo para hacerlo, y si los
llego a llamar, tendremos que esperar entre veinte a treinta minutos para que lleguen los
técnicos.....
–Mira viejo de mierda.....yo no entré a este banco a jugar, no, yo entré a este banco a
robar, y te juro que si no abres la cresta de esta puerta ahora, esta tu secretaría, que esta
muy rica, va a cagar, y después de ella vendrán los clientes, y después de los clientes te
puedes imaginar a quien le va a tocar...
– ¡Por favor! Compréndeme, le puedo dar todo el dinero de las cajas, pero eso no
sobrepasa al millón, pero lo de la bóveda es imposible abrirla, ya nadie le deja llaves y
claves de bóvedas de seguridad a gerentes de bancos, desde que la onda de asaltos empezó
a azotar la ciudad, desde que el Jaque...
– ¡Concha de su madre, hijo de puta, te digo que no menciones al nombre de ese
hijo de puta! ¡TE DIGO QUE NUNCA MAS EN TU CORTA VIDA MENCIÓNES AL
NOMBRE DE ESE HIJO DE PUTA!
–Ehmm...p–p–p–er–erd–ón
– ¿Sabes qué? Es muy tarde, no me has servido de nada, suficiente, no me llevo la
plata pero tú tampoco vas a seguir hinchando pelotas.

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– ¡Siéntate! Siéntate ahora mierda
El calvo gerente del Banco de Chile, localizado a pasos del Apumanque, se sentaba
en una silla, obedeciendo a las órdenes de los a primera vista, principiantes y desesperados
asaltantes. “Se nota que son principiantes”, pensaba él calladamente en su mente, y al
mismo tiempo se auto torturaba por no haber escuchado a su esposa, que le había advertido
sobre la onda de asaltos vividas, y le había suplicado para que renunciara al peligroso
trabajo, ya que temía por su vida.
–No te preocupes mi amor, esto no le va a suceder a mi banco. En el Banco de Chile
ningún asalto nunca ha sucedido, eso sólo le pasa a los Bank Boston o a los Citibank, por
alguna razón u otra, un Banco de Chile nunca ha sido asaltado, y además no importa si
llegaran a entrar al banco, ya que esos gallos del Jaque son profesionales, y nunca matan,
buscan la plata no mas...ya mi amor, estoy atrasado, después hablamos, suerte, y besitos a
la Cuchita que esta durmiendo, es que no quiero despertarla.
Esa fue la última charla de Javier Soto Gutiérrez, gerente ejemplar del Banco de
Chile, banco en el que trabajaba desde hace mas de una década, donde desde una
procedencia humilde solo pudo aspirar a conseguirse un trabajo en el área del aseo, pero
que gracias a su duro trabajo fue ascendido lentamente, hasta llegar a ocupar el cargo más
alto en la agencia.
Ser gerente no era fácil, digamos que era hasta monótono y aburrido, siempre las
mismas viejas en las filas de diez a once, en la jornada de la tarde siempre eran las mamás
que venían corriendo al banco antes que este cerrara, y en la mañana entre nueve y diez era
turno de los júniores de la empresas, que venían apresados a hacer los pagos de sus jefes.
Hora caos, ya que las secretarías enloquecían, y las cajeras enloquecían, y le había tocado
pillar mas de alguna vez a alguna en las manos en la masa, como se decía a si mismo, en
pleno acto sexual, en el mismo baño de la agencia.
La indisciplina era algo intolerable para Javier Soto, donde desde pequeño percibió
una educación a base de la violencia. A él lo violentaban, lo golpeaban, pero no esos golpes
de mamá buena a niñito mimado, si no que esos golpes de madre loca a niño callado. Con
la violencia agarró la conducta que tanto lo caracterizaba, eso como premio de consuelo a
todas las dolencias psicológicas y emocionales que le quedaron encrustadas en la mente, y

75
que solo mucha de esas “terapias”, a las cuales iba forzado por su esposa, había logrado
aliviar.
La última vez que pilló a una fue la semana pasada, se llamaba Romina, y era bien
rica la chiquilla, pero cuando escuchó los ruidos, detuvo al tiro el acto, y la expresión de la
mina fue fatal. Sabía que iba a perder su empleo, y el júnior, claro, no atinó nada mas que
cerrar el cierre y decir.....chutaaa, me tengo que ir Romi, estoy atrasado, después hablamos.
Claro esta que nunca volverían a hablar, solo quería escaparse del problema, al cual claro
no iba escapar la “Romi”, como le decían sus compañeras y también compañeros de
trabajo.
– ¡Romina! ¿A qué se debe esto? ¿Cómo es que se le ocurre perpetuar tal acto de
degeneración bajo mis propias narices...? Es qué no es para eso que le pagan señorita, aquí
usted viene a hacer su trabajo, y no a joder, ese trabajo lo hacen las putas, no las secretarias.
–Hay jefe, porfa, perdóneme jefe, no fue mi intención, es que.....es que....
Muy tarde, la Romina no era nada ingenua, y había entendido que para salvar su
pega, no le quedaba otra salida que hacer lo mismo que estaba haciendo con el júnior, pero
ahora con el jefe.
–Hay “Romi”, así es, sí, sí, siga, está muy rico, ya pues no se detenga que me gusta
esto...
– ¡Que asco viejo asqueroso! Usted es la mugre en persona– dijo la Romina
deteniéndose en pleno acto, y escupiendo al suelo hasta no poder mas.
–Me voy, prefiero perder mi pega al tener que hacer esto...pero cuidado jefecito, que
esto no se va a quedar por aquí, no, no. ¡Le juro por el alma de la Carmela Carvajal, que me
vengaré de usted, ya lo verá, viejo asqueroso!
–Oye tú... ¡mal agradecida! Agradece que no la voy a echar, y llenar el formulario
con puras huevadas, para que usted no vuelva nunca más a pisar una oficina, ya que es un
peligro...
– ¡Sí! Un peligro, eso es lo que soy, como ves soy una bomba, y por eso ahora me
voy, no me va a costar nada encontrar trabajo, pero el que encuentre no va a ser por el par
de piernas que tengo, si no por lo que yo sé, y por lo que yo soy por dentro. Por mi
inteligencia, y porque soy bastante capa...

76
– ¡Huevadas! Si usted tiene alguna habilidad, es la habilidad de calentar, y nada
más. Me das pena, porque aunque no lo quieras, siempre te valorizaran por ese cuerpo de
mina que tienes.
–Mira viejo verde, usted se me calla, yo me voy de acá, me da lo mismo recibir
siquiera un peso por lo que he trabajado, pero te juro, te juro, que me vengaré, esto no
quedara por aquí.
–Ándate puta no mas, acá no te necesito...
Muy tarde, Romina ya se había ido del banco, arreglándose su falda, y
abrochándose su camisa, para que quedara muy claro a todos los presentes lo que había
pasado entre ella, y el degenerado jefe que tenían.
Eso había sucedido hace un par de meses, ahora la historia ya era otra.
– Ese viejo miente Guillermo.....lo que dice es mentira, yo trabajé en este banco
antes, y el jefecito este guarda la llave en su bolsillo, y la víbora de allá tienen un detector
de pánico, y la otra de allá tiene una pistola en su cajón. – dijo Romina sacándose la
máscara, que la había mantenido oculta a su jefe y a sus compañeros hasta ese entonces.
– ¿Qué...qué...qué es esto? ¿Romina? ¿Eres tú?
–Hola, jefecito, ¿se acuerda de mí...?
–Sí claro, Romina, ¿cómo estas?, que gusto verla por acá, ¿qué le puedo ofrecer...?
–Cállese viejo falsete de mierda, no venga con leseras, cuando dije que me iba a
vengar lo dije en serio, fue ese el motivo de venir justo a este banco, sabía que usted estaría
aquí a nuestra disposición.
–Romina, usted sabe muy bien que yo no tengo ninguna llave, usted sabe eso, dile,
dile a tus amigos, dile Romina, no dejen que me maten, por favor, no lo hagas, ¡no dejes
que me maten!
–Claro jefecito, claro que no dejaré que lo maten, obviamente que no, ¡la que lo va a
matar va a ser yo!
Y con mucho dolor, para Javier Soto, pero con mucha ira y energía de parte de la
“Romi”, la tortura hacia el ex–jefe había empezado. Pero claro que los pocos minutos que
la banda tenía planeado pasar en el banco ya habían pasado, y era mejor agarrar cachete y
arrancarse, si todavía no eran profesionales mejor era tomar las cosas con más calma, pero

77
con tiempo en contra y todo a la Romina le daba lo mismo revelar su identidad. La
venganza era mas dulce así.
Su vida ya se había arruinado hace tiempo, y salir sin ser reconocida por algo que no
fuera ese par de piernas no le haría nada de mal, aunque fuera por asaltante de banco. Y
nada mejor que en este momento, en donde seguramente sería considerada como la antifaz
del Jaque de Sanhattan, malhechor que arrasaba por los bancos de la capital, y que tenían a
todos sin sueño, y boquiabiertos, ya que era inexplicable tan rápida actuación que el Jaque
tenía cada vez que asaltaba a un banco, pareciera que lo conociera por completo, como si
fuese la palma de su mano, tenía todo planeado, e incluso sabía el sistema de abrir las
secretas bóvedas, que supuestamente nadie fuera de un circulo de restringidos funcionarios
de la agencia sabían hacer.
La vida de Romina era un desastre. Desde su despido se dio cuenta de las certeras
predicciones de Javier Soto, y todas la puertas que afirmaban aquel maldito país se le
cerraban, o al menos se le abrían, pero detrás de ellas siempre había un jefe mirando a sus
exóticas piernas, o a su dulce cara, eso Romina lo notaba, y también le apenaba. Había
decidido cambiar de vida, mandó todo lo que tenía a la cresta, incluidos el gato, el loro, el
perro, la futura suegra, y al futuro esposo. Fue una revolución de las buenas, sin piedad, y
completamente radical.

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6
Cuentos de Niños

El futuro de la joven pareja de tortolos enamorados estaba por cambiar. En medio de


la cálida choza que Paula usaba como burdel en e centro de Santiago, un grito que
combinaba adrenalina con preocupación acababa con la dulce pesadilla que Tomás estaba
viviendo.
– ¡Tomás!
– ¡Mi amor! ¡Despierta! ¡Tomás, levántate! – reiteraba Paula.
–Ya... ¿qué pasa, porque tanto apuro, que causa tanto escándalo?– decía Tomás en
un somnoliento tono de voz.
– ¡Esto mi amor! ¡Esto!– le dijo Paula tirando una pila de diarios a la cara de
Tomás. – ¿Reconoces esa cara?¡De que te ríes Tomás!
– ¿De que te ríes? Paula, ¿No te das cuenta en el medio lío en el cual estamos
metidos?
–Todo Chile piensa que estás secuestrado...Tomás esto es grande, basta que salgas a
la calle para que reconozcan tu cara.
–Si sé Paula, no esperaba tanto, este fue el último golpe que me pudieron dar, es
increíble, mi mamá es increíble, ¿cómo pudo hacer tanto alarde de mi desaparición, y cómo
puede tener tanta imaginación para pensar en un secuestro?
–No sé Tomás, lo hecho ya está, lo que ahora necesitamos es una solución...esto no
puede seguir así Tomás, la vida no es una aventura como tú y yo pretendemos que sea. Esto
se tiene que acabar ya. Tienes que volver a tu casa, tienes que decir que todo ha sido una
equivocación, una bobada de adolescente, dile que te fuiste de parranda, y que tomaste mas
de la cuenta, o menos peor todavía, diles que te quedaste dormido o algo por el estilo, pero
lo que pasó acá nunca tendrá que salir de acá, y esto se tiene que acabar ya...tienes que irte.
–Nunca Paula....eso nunca lo haré, ya me he decidido salir de aquella casa, no puedo
volver, sólo puedo irme, no puedo acercarme si no sólo alejarme. Paula,
acompáñame...márchate conmigo, al menos hasta que todo esto se acabe.

79
– ¿Que tonteras dices Tomás?....ni siquiera la pasión más profunda nos podría
inducir a cometer tal locura, no de acá no salg...
–Acompáñame, acá no podemos seguir, la leche ya se ha derramado, y tratar de
limpiarla sería estupido e innecesario. Acompáñame, vamonos, vamonos de aquí, vamonos
de esta ciudad, de este infierno, de este lugar. Séamos libres Paula.
– ¿Con qué? ¿Con qué nos vamos, y hacia dónde vamos? No tenemos ningún peso,
no tenemos nada Tomás, esto no es tan simple como lo dices, no puedo llegar y dejar todo
botado, no puedo botar mi vida a la basura, no me puedo ir...
–No importa el destino, no importa como, sólo ponte algo, busca tus maletas...tengo
plata, o al menos lo suficiente para marcharnos, vamos, no tengas miedo, iremos en
camión, caminando, o en bicicleta, a Brasil, o a Jamaica, a Argentina, o a Croacia, eso no
importa, eso es lo de menos.
–No entiendes Tomás.... ¡No seas pendejo! Madura, madura Tomás, no actúes con
tanta locura. Deja de hablar como huevón, como si tuvieran filmando tu vida para
proyectarla en el cine. Tomás despierta, ya estay harto grandecito para ver la realidad.
– Pero acá no nos podemos quedar, acá no podemos estar Paula, ¿será que no
entiendes que de ti no me puedo separar?
–Tomás, ¿Por qué me pones en aprietos tan grande, por qué me metes en esta locura
tan irónica? ¿Por qué me fui a enamorar de ti? Pero Tomás, es verdad lo que dices, la
corriente ya se ha desatado, ahora hay que tomar un bote y partir, hay que salir, y hay que
dejar, esta aventura la estaba esperando, siempre la había soñado, siempre había pensado en
mandar todo a la cresta y dejar toda la mierda, para partir, partir hacia nuevos horizontes,
hacia nuevas vidas, y hacia nuevos lugares. Quiero conocer, quiero vivir. ¡Acepto mi amor!
Contigo siempre iré. No sé lo que tienes, o no sé lo que tengo, pero rehusarme a quererte y
a amarte me sería letal, yo te quiero, o quizás te amo, pero todo me es tan confuso, todo
pasó tan rápido, de repente me encuentro en medio de una pesadilla, o quizás en medio de
un sueño....eso todavía no lo sé, pero el destino será el encargado de enseñármelo, contra
ello no puedo hacer nada....no sé para que perder más tiempo...estoy lista. Lista para partir,
lista para vivir.
–Chuta Paula, yo pensé que era yo el que me mandaba discursos de huevón.
–Cállate ya. Solo estoy empolgada con todo esto.

80
–Yo igual. Vamos entonces, no hay tiempo que perder.

Esa misma noche Tomás y Paula se embarcaron en una aventura nunca antes
encarnada. Tomaron lo básico y necesario, pero bastaba el amor, el lazo entre ellos, para
que todo lo básico y necesario se convirtiera en lo único esencial para desembarcar de
aquel lugar. La vida daba vueltas, y la vida era mucho más que el negro horizonte que se
apreciaba desde la capital.
.......................................

Nacrea Cruz salió a la plaza a disfrutar de su infancia pre adolescente, no había


entendido la tristeza que abrumaba a su madre, y no entendía las discusiones por teléfono
que esta constantemente tenía con el abuelo, en fin el abuelo era enojón, y eso ella lo sabía,
pero a pesar de eso era un viejo buena onda, eso si que era un poquito enfermo el pobre,
apenas podía caminar, y le costaba bastante respirar, tenía una voz ronca que asustaba en
un principio, pero que después de escucharla durante un tiempo uno se acostumbra y haba
pasaba inadvertida. Pero los problemas de adultos se los voy a dejar a los adultos, para que
preocuparme, total que, pero igual me preocupa no puedo dejar a mi mamá así, tan sola y
tan triste, tan deprimida que nunca se levanta de aquella pieza, hace días que esta así, o
pensándolo bien hace meses, desde que se fue el papá de viaje, al cielo según ella, pucha
como lo extraño, como quisiera haber estado más tiempo con él, y decirle simplemente “te
quiero papá”, pero no, tú Nacrea, siempre en otra, no estabas ni ahí. Ahora entiendo, lo que
no tienes hace falta, lo aprecias mucho mas, por eso no le puedo hacer esto a mi madre, la
tengo que acompañar en estos tiempos difíciles, esperar que mejore, y no dejarla tan sola,
tan oscura, y tan abandonada. Sí sé, tengo trece todavía, quizás un poco ingenua, como he
escuchado tanto decir por ahí, pero igual cacho las cosas, las personas creen que no, creen
que soy una especie de sorda muda, o una suerte de fantasma rodando por la casa, nadie me
pesca, todos creen que soy aquella niña mimada que no cacha nada, una especie de autista,
pero se equivocan, yo sé lo que pasa, yo sé lo que ocurre, solo es que, es que es difícil
aceptarlo, es difícil procesarlo, es difícil decirse a una misma... ¡Tú vida es una mierda!
¡Estas acabada!

81
Eso es exactamente lo que pasa, desde que se fue el papá la vida es una porquería, la
paz no ha vuelto, pero esa es mi forma de encontrarla, de buscarla en sus escondites, pucha
pero la paz es tan rápida, tan breve, que es imposible perseguirla de rincón en rincón, uno
tiene que proporcionarle un hogar, sino, esta no se siente cómoda, y se arranca así no mas,
como la araña Tinita, que siempre se anda escondiendo por ahí, imposible perseguirla, hay
que esperarla, pero el caso de la paz es distinto, uno tiene que crear todo un ambiente, ya
que la paz es frágil, y se quiebra fácilmente. Esta es mi forma de creer que hay paz, vivir en
la ingenuidad de mi ya pasada infancia, vamos tengo trece, y entiendo bastante las cosas,
imposible creerse el cuento de la cigüeña, y del conejito de pascua, en ese sentido soy
bastante capa, yo entiendo todo. Sé lo que ocurre, y también sé lo que va a pasar. No quiero
que mi mamá se muera. No quiero que lleven a mi mamá.
No sé si todavía es muy tarde para impedirlo, pero estoy confundida y no sé que
hacer. No sé si seguir viviendo en esta ingenuidad, y hacer creer a todo el mundo en mi
falsa discapacidad, o decidir actuar, dejar esta tontera de lado y decir...si eso es lo que voy a
hacer, basta de esa tontera de cabra chica, que de eso no tengo nada, no sé como no lo
notan, no sé como mi avidez pasa tan desapercibida, como pueden ser tan ciegos, pero te
tengo que confesar que mi posición es bastante cómoda, los adultos hablan frente mío como
si no fuese nada, como que no significara nada, y sé muy bien que si ellos supiesen que yo
entiendo perfectamente sus diálogos, nunca, pero nunca, hablarían lo que hablan frente mío.
Pero no quiero seguir mintiendo, esta es una de las veces en que siento temor, siento pavor,
no sé que hacer, no sé lo que va a suceder. Ya Nacrea Cruz, sé que eres fuerte, voy a
actuar, exactamente, voy a dejar estas trenzas de pendeja de lado, voy a entrar a aquella
pieza y decirle....
– ¡Mamá! ¡Mamá! ¡Lo sé! ¡Lo sé todo!
–Hija, que bueno verte, ¿cómo te fue en la plaza, cómo estuvo el juego? ¿Te
encontraste con la Camilita?
–Mamá, ¡no entiendes! Yo sé lo que sucede.
–¿Qué sabes mija? ¿Qué es lo que sabes?, porque hablas así, esa no eres tú.
–Mamá, de verdad no entiendes, he mentido todo este rato, yo no soy quien crees
que soy, yo no soy esa niña frágil e ingenua que todos quieren creer que soy, yo sé lo que
está sucediendo, yo sé lo que sucedió con el papá, yo lo escuché todo mamá, por eso, por

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eso decidí estar así, por eso decidí estar en este estado, en este estado de niña de cinco
años... ¡yo se lo que hiciste mamá!
–Hija. ¿Qué es lo que ocurre aquí?
– ¡Mamá, no te hagas la tonta! ¡Sé porque te sientes así! Yo se lo que hiciste.
–Ya, niña, que es lo que sabes.
– ¡Tú lo planeaste mamá! Yo sé
– ¿De qué estás hablando niña? ¿Qué es lo que pasa? Esa no es la niña que conozco.
–Mamá, crecí, entiende de una vez por todas. Yo sé porque el abuelo te odia. Yo sé
lo que hiciste.
–¿Qué cresta sabes entonces?
– Tú lo mataste.

.....................................

–Jaque mate.
– ¡Jaque mate un carajo! Tramposo de mierda.
– ¡Ja! ¡Ja! Estás aprendiendo.
– ¿Estoy aprendiendo qué? ¿A percatarme de las trampas?
–Si pues, ese es el objetivo ¿no? Gana el mejor. No importa como.
– Sí importa carajo, claro que importa compadre, esa es la diferencia entre tú y yo.
Yo juego limpio.
– ¿Y de que te ha servido Sirio? Sigues siendo el hijito de mamita de siempre.
–No hables huevadas Tomás. Tú sabes muy bien que no es así, y que gracias a mi
trabajo esta empresa ha salido adelante.
–Sabes muy bien que no hermanito…
–Cállate pendejo de mierda, antes que te saque la cresta, mira quien habla, el niño
revoltoso de la familia.
–Revoltoso ¿y que? Así soy, y así he sido después de ocho años, lo he pasado bien.
–Pues claro que sí. Claro que lo has pasado bien, después que tiraste todo a la
basura, al…al…
–Cállate weon, no lo menciones, porque ahí si que te saco la cresta.

83
–Mira quien habla Tomacito, después de todo eres mi hermano menor, y el que le
pega al otro acá soy yo.
–Huevadas…
–Haber cabrón, que dices, que todavía soy yo el que mando aquí, yo soy el mayor.
–El hombrecito de la casa, como diría papito– decía Tomás sarcasticamente con su
ronca voz.
–Cállate pendejo, tu sabes que él nos quería por igual.
–Claro que no huevón, tú eras el favorito, yo era la ovejita negra, ¿o ya se te olvidó?
–Tú sabes muy bien que tú no eres la oveja negra de esta familia Tomás, a pesar de
todas las pendejadas que hiciste, tú no eres la oveja negra.
–¿Y por qué lo dices? Por…
–Dejémoslo ahí no mas, tú sabes muy bien porque.– dijo Sirio interrumpiendo a
Tomás.
–Yo lo seguí hermanito, ¿acaso no te acuerdas?…Por mi culpa ocurrió todo lo que
ocurrió.
–¿Acaso denuevo estas en otra? Tú sabes que no fue tu culpa, tú lo sabes muy bien,
y no insistas con eso.
–Sabes que, todo es una mierda…– dijo Tomás
–Sigues siendo el mismo de siempre
–Las personas no cambian Sirio, eso lo sabes.
–Te equivocas pendejo, las cosas si cambian, eres tú el que no se da cuenta, no sé
porque, quizás porque no quieres darte cuenta, pero todo ha cambiado. Yo se que tú lo ves.
– ¿Veo que mierda Sirio? ¿Qué mierda quieres que vea…? Si todo sigue oscuro…
¿con qué mierda de luz quieres que vea?
–Dale hermano, tú sabes muy bien que ver, pero no creo que estés preparado aún.
–Sigues siendo el mismo filósofo de siempre hermano, en eso no puedes discutir, no
has cambiado nada.
–No dije que nada permanecía igual pendejo
–Huevadas, me cansé de esta conversación. Vamos al grano.
–Al grano vamos entonces.
–Tú sabes lo que ocurrió con la mamá.

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–Si sé que yo sé.
–Pero no lo quieres contar.
–No estas preparado aun.
–Mira de nuevo, el regaloncito de la casa…….dime por una vez por todas, ¿qué es
lo que te dijo la mamá? ¡Qué es lo que te dijo ella!
–Me dijo algo que no quieres escuchar Tomás, ni tú ni Pedro, todavía no lo quieren
escuchar, cuando quieran escuchar recién ahí lo sabrán.
–¿De qué mierdas hablas Sirio? ¿Cómo que no quiero escuchar?
– Chao hermano, me tengo que ir.
–¿Por qué pasa todo esto…? ¿Es por lo de Paula? ¿Es eso? ¿Qué pasa con Paula?
Dime que pasa.
–Basta, no insistas.

………………………………
–Tomás lo tengo que hacer
–No Paula, eso ya lo conversamos. No lo harás.
–Tomás eso no está en discusión…va a ser rápido, lo hago y punto…no podemos
morirnos de hambre por Dios santo.
–Claro que sí, prefiero eso a que lo hagas.
–Tomás no seas infantil. Tú sabías muy bien de los riesgos de dejar todo a la cresta,
tú sabías muy bien de los riesgos de dejar todo a la deriva, al borde del abismo. Tú lo sabías
Tomás, así que no me vengas con cuentos.
–Paula no entiendes, yo te amo, no puedo dejar que cometas lo que vas a cometer
–¡Hay Tomás! No seas hipócrita. Lo dices como si yo no fuera una puta.
–Pero Paula, ya no lo eres.
–Claro que lo soy Tomás, es mi profesión, es mi pega, es mi forma de sobrevivir. Y
tú lo sabes, fue así como nos conocimos ¿no? Tú sabes muy bien que yo soy una puta, y
punto.
–Pero ya no lo eres…no lo hagas Paula…te lo suplico… Hay otras formas…
– ¿Qué otras formas Tomás? ¿Qué otra forma hay? No podemos seguir esta travesía
así, ni siquiera tenemos suficiente para volver, hace una semana que no comemos

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decentemente, no podemos seguir así, y eso tú y yo lo sabemos. No nos hagamos los
hipócritas, y no le pongamos tanto dolor donde no lo hay. Voy a la calle y punto…a vender
a lo único que se hacer.Soy Puta y punto.
–Paula no, Paula no. No lo hagas. No me puedes hacer esto. No puedes irte así no
mas. No puedes fornicar con otro por la cresta– decía Tomás entre medio de gritos y furias.
–Lo siento mi amor…lo tengo que hacer, solo esta noche, eso va a ser suficiente
para financiar el regreso…todo fue un error, toda esa salida apresurada de Santiago fue un
error.
– Paula no cambies de tema…no me dejes aquí solo, no te vayas con otro.
Muy tarde, la puerta ya se había cerrado, y Paula ya había bajado por las mugrientas
escaleras de la pensión de cuarta categoría en la cual se hospedaban en los suburbios de
Buenos Aires. Paula lo iba a hacer. Lo tenía que hacer. Pero en el fondo en el fondo, ella
sabía que era mas que una alguna necesidad, ella sabía que era un deseo, un vicio al cual no
podía abandonar, no podía dejar su profesión así como así. Quizás eso notó Tomás en sus
ojos, por eso tan potente resistencia. Por eso hizo todo lo posible para que ella no se fuera
de aquella mugrienta habitación…por eso…muy tarde, ya se había ido, da lo mismo las
razones por detrás. Pero a la calle Paula había vuelto. Le dolía provocar tanto dolor a
Tomás, ella lo amaba, por algo se había sumergido en tal aventura, en tal locura, sin antes
bien pensar en las consecuencias, consecuencias en la cual no se contaba y tampoco se
incluía quedarse sin recursos, después del collar de perlas que Tomás robó del cofre de su
madre, fue difícil imaginarse que no quedaba nada. Pero así era…ni para comer. Todas las
perlas se las habían aspirado los dos por las narices. Estaban cansados, cansados de amarse
día y noche, de fumar y aspirar hasta que sus mentes volaran juntas hasta el más allá.
Necesitaban hacer algo, ella necesitaba acabar de una vez por todas con esta locura, y la
mejor forma de acabarla era con su trabajo. El que siempre la había salvado en momentos
difíciles. Eso Tomás lo sabía, pero era entendible que le costara aceptarlo. Pero Paula
siempre ha hecho, hace, y siempre hará lo que quiere, no hay familia, y ni amor que la
detenga. Estaba decidida, la calle volvía a ser su hogar.

………………………….
–Buenos días alumnos. A sus puestos. Hoy día hay prueba sorpresa.

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– Chuuuuuuuuuta, las cagó la vieja.
–¿Qué dijo usted señor Cruz?– dijo la señora Pringman impresionando con su buen
oído.
– No, nada profe, solo me preguntaba el motivo de tal sorpresa.
– Mira Sr. Cruz, yo quiero que le quede algo bien claro, la extensa trayectoria
familiar que usted tiene en este colegio no le da privilegios, y usted no se me venga a
hacer el chorito en frente de la clase, porque para eso ya tengo suficiente con tus
hermanos, claro esta con la excepción de Pedro, que chico mas amable ¿no? Él es el
único ejemplo que deberías seguir, y te lo digo en serio Sr. Cruz. Bueno, a lo que quiero
llegar es que con tú familia ya tuve más que suficiente, si se me permite decirlo. Y no
solo con sus hermanos Sr. Cruz, porque con tu estirpe ya estoy acostumbrada hace
mucho tiempo, recuerde muy bien que yo fui tutora de tu madre, y también de tus dos
tías, la Magdalena y la Nephesis. Adorables sin duda alguna, pero eran igual de
revoltosas que tú, aunque debo confesártelo que te llevas el título. Sin entrar en detalles,
a tu madre solo me tocó inculcarle una impecable educación hasta el sexto año, ya que
después de eso se retiró del colegio.
– ¿Por qué se retiró?– preguntaba Tomás sorprendido, ya que sentía que de alguna
forma u otra esa profesora sabía algo de su pasado que él no sabía, y es mas, no sólo no
sabía, sino que sentía un inmenso vacío, un vacío que podía ser rellenado solo con la
ayuda de esa experíente profesora. Ya que sabía que los secretos seguirían ocultos bajo
una humareda de misterios por muchos años más, si todo dependiese de su madre. Pero
era verdad, Tomás no había insistido en eso, quizás por su juventud, no le interesaba
averiguar lo que había pasado, si no que solo se interesaba en el presente, en el minuto
en que se estaba viviendo, y también en el futuro, pero nunca en lo que ya pasó. Pero
esta mini discusión con su profesora le había traído a la cabeza varios hechos, y
cabezas, cabezas que no estaban conectadas, y que por si solas no hacían el menor
sentido. Eso lo llevó a hacer tal pregunta. Sentía que esa profesora era la clave, la clave
para conectar esas cabezas que estaban desunidas, pero que se necesitaban entre si,
necesitaban llenar el espacio vacío, que de poco a poco lo empezaba a sofocar.
– Y con eso ya me basta Sr. Cruz. Cuando yo hablo nadie me interrumpe– decía la
profesora en una forma de no contestar la pregunta sin levantar sospechas. Ella se había

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percatado que no debía haberse metido por terrenos pantanosos. Y ahora quería salir
rápidamente de ellos.
– Y como esta estipulado en el reglamento escolar, al cual obviamente hay que
seguirlo al pie de la letra…–seguía Ursulina Pringman con un aburrido sermón.
– Vieja milica…seguro que es amante de Pinocho. – susurró Joaquín a Tomás
– ¡Jaja! Demás.
– Señor Cruz, ¿puede compartir el chiste con la clase?– Mencionaba la señora
Ursulina Pringman, como si tuviera un karma en el cual estuviera especificado la tarea
de hacer la estadía de los alumnos en el colegio lo más desagradable posible.
– Estoy seguro que usted no lo querría escuchar, doña Ursulina.
– Pues me encantaría Sr. Cruz, mi sentido de humor va mucho mas allá de lo que
usted cree.
– Me lo imagino.
– Muy chistosito Tomás, pero no suficiente… y volviendo a lo que estaba diciendo,
antes de tan inesperada interrupción al estatuto escolar hay que seguirlo como si fuese
hueso santo, y en él esta especificado que las pruebas sin breve aviso pueden ser dadas
a cualquier momento durante la jornada escolar…
– “ ¿Tomás qué te pasa? Te veo en la pileta, necesito hablarte. Urgente. Te quiero.”
– leía Tomás la nota secreta que le había enviado Sara.
– Señor Cruz, usted se esmera en interrumpir mi clase, ¿acaso no basta con sus
esporádicos comentarios? Pásame esa nota.
– No señora profesora, la nota es algo que a usted no le incumbe.
– ¿Qué es lo que dijo?– cuestionaba con mirada de serpiente curiosa la vieja
Ursulina.
– Exacto, lo que dice en esa nota es personal. A usted no le incumbe.
– Le recuerdo Tomás Cruz que usted esta hablando con su profesora, y que todo lo
que ocurre en esta clase es de mi mas completa incumbencia, de acuerdo a lo que
estipula la regla 236 en la pagina 56.
– No me importa ninguna puta regla señora profesora, si se me permite la palabra,
pero a pesar de todas las reglas de este establecimiento, mis derechos constitucionales
están primero, ¡y no permitiré que usted viole mi privacidad!

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– Basta señor Cruz. ¡Pásame esa nota!
– Le digo que ¡NO!
– Señor Cruz, le ratifico, mi paciencia se agota muy rápidamente, mas rápido de lo
que usted cree.
– Pues la mía también señora profesora.
– Suficiente. Retirese de esta sala lo cuanto antes.
– Pues con mucho gusto lo haré. – decía Tomás dando un fuerte golpe en la puerta,
haciendo notar su ira, a pesar que le había encantado hacer rabiar a la profesora de tal
manera. Había sentido que no era justo que ella le escondiera algo, y tampoco que ella
supiera algo que él supuestamente no debiera saber, algo sobre su vida, algo sobre su
pasado. Y además, estaba cansado de los abusos de esta, no entendía porqué él era
siempre víctima de sus ácidos comentarios, y porqué también ella se empolgaba en
buscar algo para llamarle la atención, castigarle, y hasta bajar su ya precaria nota.
– Sí, señorita Goones
– Necesito ir al baño
– Permiso concedido. – le decía la profesora, que indudablemente le daba un trato
distintivo a sus alumnos favoritos.

Sara se dirigía a la pileta, donde esperaba encontrase con Tomás, a pesar de que la
nota decía que el encuentro sería durante el recreo, ella había entendido muy bien el
truco perpetrado en clase. Tomás hizo todo por salir de la sala, y por algún motivo era.
“Pues claro, para encontrarse en la pileta, para encontrase conmigo”, pensaba Sara. Al
fin tendrían el tiempo de conversar, ya que la relación se había puesto muy tensa
últimamente, Sara no sabía porque, pero sentía que algo le ocurría a Tomás, se estaba
comportando muy raro, como si este supiera que algo distinto y preocupante fuese a
pasar.
–Te estaba esperando– decía Tomás.
–Si sé, por eso vine.
–Te tengo que decir algo.
– Bésame antes.
–No puedo. De eso se trata– decía Tomás en medio de mucho dolor.

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– ¿Por qué?– decía Sara impactada.
–De eso se trata Sara, tengo que decirte algo, y no sé como empezar…pero
necesito…
–Empieza con la verdad mi amor.
–No lo digas más Sara.
– ¿Decir qué?
–Decir mi amor…ya no me digas mi amor…lo siento, pero esto tiene que terminar.
Lo nuestro se termina ya, lo siento mucho, en serio que lo siento, pero siento que lo
tengo que hacer, es mi deber, me duele hacerte eso porque aun siento algo por ti, pero
no quiero que sufras…
– ¿Sufrir? ¡Pero es eso lo que estas haciendo ahora Tomás! ¡Ahora estoy
sufriendo!– decía Sara entre ira, rabia, y lágrimas.
–Lo siento Sara, pero así es. No puedo seguir contigo.
–¡Dime porque Tomás, en serio dime!
–….
–¡Vamos dime! ¿Es por qué soy distinta cierto? Es por eso, ¿es porque soy
cartucha, cierto? ¿Es porque no tomo, cierto? ¡Es porque no estoy ebria, y porque no
fumo marihuana, y tampoco inhalo! Vamos Tomás, dime. Porqueaunque no lo creas
por ti lo haría todo ¡Si quieres me drogo, en serio! En verdad que si, ahora mismo, fumo
todo lo que quieras, y me drogo con toda la coca que quieras, por ti lo haría Tomás, no
me importa arruinarme la vida. En serio que lo hago.
–Sara, no digas tonteras, sabes muy bien que no es por eso…no me hagas sufrir,
porque aunque no lo creas, a mi me duele, y también me cuesta bastante hacerte esto;
también sufro.
–Vamos, dime Tomás, no me mientas con palabras dulces, solo quiero la verdad.
Aunque la verdad ya la sé. Sólo lo haces porque no te di la pasada. ¡Exacto! No me
pudiste esperar. Terminas conmigo solo porque no me he acostado contigo aun, después
de un mes juntos no me he acostado contigo, ¿y eso es lo que te pesa no?
– ¿Te recomiendo un psiquiatra? No digas tonteras Sara, claro que no es eso. ¿Crees
que me metí contigo solo para hacerte el amor?

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–No se nada Tomás. Y tampoco entiendo nada. Me gustaría entenderte… ¿vamos,
cuál es la razón? Por lo menos dime eso. Dime. No necesitas mentirme mas, ya
terminaste conmigo.
–¿De veras que quieres la razón?
–No importa que la verdad duela Tomás, solo la quiero. Dime la verdad.
–Pues es otra, me enamoré de otra. Y me voy Sara, por eso guardo este secreto.
Mañana parto, solo el Joaquín, y ahora tú, saben de eso. Guarda el secreto.
– ¿Qué? ¿Cómo que te vas?
–Sabía que era un error decirte la verdad.
– ¿Hacia donde te vas Tomás?
– No sé hacia donde voy, pero me voy, eso es lo único que necesitas saber. Antes
quiero decirte algo. Mientras estuve contigo hubo amor. Lo sentí. Sentí amor por ti.
–Mentira…Tomás, sé que no lo hubo si no no me harías eso.
–Verdad…para que me miento a mi mismo, para que me miento, en verdad no hubo
amor, solo hubieron las ganas de acostarme contigo. ¡El sexo lo era todo! ¿Es eso lo que
quieres escuchar?
–Prefiero mil veces escuchar eso, la cruda realidad, a que me mientas con estupidas
palabras y sentimientos que se que no existieron.
–Lo quería hacer menos doloroso Sara.
–Muy tarde. Me tengo que ir.

…………………………

–! Yo soy así! ¡Yo me drogo! ¡Siempre me he drogado! Es mi mundo…y me


encanta, no lo voy a cambiar. Y que lo escuchen bien clarito… ¡este lugar no es para mí!
¡Esta mierda de lugar no me interesa!”
–Vamos Romina, sigue, desahogate, y diga todo lo que tienes que decir, para eso
estamos, para que te sueltes y digas todo lo que sientes.
–¡Cállate viejo de mierda! ¿No ves qué esto es una cárcel, una prisión, y de que yo
sé lo que estoy haciendo, y de que estoy segura de que no necesito esto?
– ¿Entonces porque te pillaron traficando Romina?

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– ¿Por qué crees viejo inmundo?…a mí no me limpian el culo como a los otros
presentes de este círculo. Necesito comer. Necesito vivir, por la mierda. Traficar me
permite financiarme, me da lo suficiente para comer y vestir. No necesito andar en la calle
vendiéndome, ya que con vender este producto a gente todavía mas jodida que yo ya me
basta y sobra.
–¿Te das cuenta que le haces daños a la familia Romina? ¿Te das cuenta porque
estas acá?
–Sí sé porque estoy acá. Ese puto discurso me lo han repetido miles de veces, desde
el juez, hasta el portero. Me importa un pito como siempre digo. Esto es lo peor. ¡Mírense a
ustedes mismos! Viven en una vida perfecta… ¿Es qué no entienden? Entiendan de una vez
por todas. Yo asumo mi vicio, y también lo respeto, ya que sé que es la única manera de no
quedar adicta a la represión y a la tristeza. Ustedes no saben lo que es vivir donde yo
vivo…ustedes no tienen idea. Yo no nací en cuna de oro.
– ¿Ese es tú problema Romina? ¿El no haber nacido en cuna de oro?
– ¡Por supuesto que lo es! ¿Qué más quiere? ¿Qué viva una vida normal al ver toda
la injusticia que me rodea?
– ¿Y esta es tu solución Romina, cruzar los brazos e inhalar?
– ¡Y que mas quieres que haga doctor! ¿Qué más quiere?
–Mira Romina, eso lo tienes que encontrar tú misma, en el camino de esa búsqueda
has avanzado, después de veinte y tres sesiones, en diez días, te atreviste a pararte delante
de este círculo y revelar algo de ti, y no sólo decir que nos odias a todos. Eso es un paso
adelante. Vas por buen camino. Pronto te darás cuenta que al final de tu túnel, si hay una
luz, y hasta allá es necesario llegar, no te sirve de nada esconderte en un rincón a través de
la coca Romina. Eso tú lo sabes, lo estas descubriendo por ti misma. Vamos compañeros,
aplaudamos con la bendición del señor a nuestra compañera. Vamos, gritemos. ¡Romina!
¡Romina! ¡Romina!
– ¡Viejo chiflado! Entiende de una vez por todas. Yo no tengo nada que descubrir,
yo soy dueña de mis propias decisiones. Ustedes y su sistema imperialista y burocrático me
retienen en esta cárcel de maniáticos, donde creen que los problemas se van a solucionar
sentándonos en círculos y hablando. ¡Entiendan por favor! Esto no sirve para nada. Ustedes
son todos unos lunáticos.

92
–Basta Romina, se terminó tu turno. Piensa en lo que ocurrió esta mañana. En la
tarde tendremos otra terapia grupal, y quizás puedas avanzar algo más en tu búsqueda.
–Pues que bueno que se terminó. Porque esto me esta volviendo loca de remate. No
soporto más esta vida de maniática. Necesito un pito. ¡Necesito mi libertad!
–Romina vuelve a tu puesto…
– ¡No me reprimas mierda! ¿No es eso lo que has estado queriendo por los últimos
diez días? ¿No querías que hablara? Pues ahora déjame hablar.
–Romina eso es lo que te falta. Tienes que aprender a respetar.
–¡A qué! ¿A respetar a tu estupido sistema? ¿Sabes qué? ¡Chao! Pégate un ubicatex
loco. Esto ya es demasiado. ¡Ahora dame de vuelta mis pitos!
–Próximo por favor, la Señorita Gaete ya terminó de expresarse…Próximo.
¡Vamos! ¿Quién es el próximo? ¿Quién es el próximo en la lista?
–Pues soy yo doctor.
–Tú eres…Federico Rojas ¿no?
–Así es doctor.
–Bueno Federico, empecemos…
–…
– ¿Sabes por que estas aquí?
–Sí, doctor…las drogas.
– ¿Y cual es el problema con ellas Federico?
–Son adcitivas
– ¿Eres un adicto Federico?
–No doctor, no lo soy.
– ¿Estás seguro de que no lo eres Federico?
– ¡Obvio que si lo es doc! ¡Mírelo mas adicto imposible!!Ni mi abuela!
–Cállate Romina. Tú no puedes hablar ahora. NO es tu turno.
–El único NO que sirve doctor, es el NO a Pinochet y a todos sus malditos
seguidores del Opus Dei.
–Cállate comunista de mierda. Respeta tu turno, que ya me tienes harto.– decía
Camilo desde una de las sillas.

93
– ¡Cállate maraco! Que a la Romina no la ofenden– argumentaba con garra Tomás
Cruz.
– ¡Tú Cruz cállate! Nadie te pidió la opinión.
–Tampoco la tuya imbecil. A nadie vas a reprimir por las ideas, porque eso ya lo
hicieron en este país durante casi diecisiete años, derechistas de mierda, ¡hijos de papito!
–Como andamos por casa compadre, porque tu eres hijo de papito tal cual como
nosotros, no seas hipócrita. – insistía uniéndose en la conversación Alberto.
– ¿Y por qué mierda crees que estoy donde estoy maraco? Por esto estoy acá. Me di
cuenta que el planeta es una mierda. Que te meten el dedo en la boca y que te mienten hasta
no poder más.
– ¡Cállense todos! A sus asientos.– bramía el doctor desde el centro del círculo de
sillas, sorprendiendo a todos por su ira. –Y a ti Cruz, te voy a transferir a la sección uno, a
ver si encuentras tu camino propio a la salvación.
–Ustedes si que son pendejos por la cresta que no se saben callar…parecen
animalitos.– seguía reprochando el doctor.
– Tomás Cruz, vamos a tu caso, esta discusión no la podemos dejar al aire. A usted
le toca ahora… ¿por qué crees que “te mienten hasta no poder más”?
–Usted no tiene idea doctor. Usted no sabe. ¿Por qué mierda cree que estoy acá?
–Por su drogadicción, por supuesto, tal cual todos los otros pacientes.
–Usted sabe muy bien que esa no es lo que pregunte doctor. Anda al grano… ¿por
qué crees que me drogo?
–Pues eso solo tú lo sabes Tomás.
–Crees que es para sentirme superior, ¿cierto? O mejor dicho…para sentirme cool,
¿no?
–Nunca he asumido eso.
–Pues claro que si lo has hecho…por supuesto que lo has hecho…es que no
entiendes doctor. Yo no aguanto más. Ya no puedo más. La droga fue mi salida, ¿no puedes
entender eso?
– ¿Tu salida Tomás? ¿Pues de que te arrancas?
– De mi verdad doctor.
– ¿De que verdad Tomás?

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– De la única verdad en mi vida…Mi vida es una mentira. Eso es lo único realmente
verdadero.
– ¿Por qué Tomás, qué daño te hicieron para que pienses eso?
– ¿Qué daño me hicieron?– preguntaba Tomás irónicamente. – ¿En serio quiere que
se lo diga? ¿En serio quiere saber? ¿Realmente estás interesado en saberlo?
–Pues sí, Tomás, sí me interesa saber que es lo que te pasa. ¿Qué daño te hicieron?
–Pues me mintieron durante 16 años de mi vida ¡Huevón! ¡¿Te parece poco?!
– ¿Por qué te mintieron Tomás? ¿Quién te mintió Tomás?– seguía insistiendo el
psiquiatra o psicólogo, con su típico tono analítico que a veces llegaba a cargar.
–No te lo puedes imaginar, ¿cierto doctor? Pues no sigas. No estoy listo para
contarlo.
…………………………….

–Tomás, ¿estás listo?


–Más listo imposible Romina, es ahora o nunca. Pero no aguanto ningún segundo
más en este manicomio de drogadictos. Extraño a Paula. No tengo la menor idea en donde
se encuentra ahora. Perdí el contacto con ella, después que nos pillaron. No sé, pero algo
paso en ese momento…
–Mira weon, tus pendejadas me las cuentas después, pero ahora no es el momento, y
otra cosa: ¿Cuándo vay a dejar de ser tan hipócrita? ¿Te cuesta tanto admitirlo? Ya filo,
como hemos dicho, es ahora o nunca. Más tarde imposible. Y no te preocupes por el
destino que tomaremos después. Vamos a la casa de Elvira.
– ¿Elvira?
– ¿Qué cresta weon?, deja de preguntas. Cállate o alguien nos va a escuchar…este
manicomio de drogadictos está lleno de locos ambulantes.
–Jaja, ahora la hipócrita eres tú.
– ¡Shh! Viene alguien.
En ese momento Romina y Tomás se metieron a la primera puerta que encontraron,
después de escuchar unos pasos que se movían al final del pasillo. Quizás sería una
enfermera, realizando su ronda de vigilancia. Esconderse en el primer lugar que
encontraran era lo esencial para el no fracaso de la operación. Para la desgracia de Romina,

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y la suerte de Tomás, la primera puerta que abrieron era un pequeño closet, con un espacio
apenas suficiente para los dos. Pero no había alternativa, era entrar ahí, o ser pillados por la
enfermera.
–Vamos entra. – decía una preocupada Romina.
–Después de ti.
–Cierra la puerta, y cállate de una vez por todas. Y respira mas bajo.
–No puedo…te siento muy cerca, me estas tocando, estas arriba mío. Puedo sentir tu
dulce aroma…
–Ya cállate Tomás, no es hora de estar caliente. ¡Ubícate ya! Y mira, tú no conoces
nada de mi vida. Y por la cresta como puedes ser tan cuma, hace dos minutos me estabas
hablando sobre una tal Paula, un supuesto amor que te marcó para siempre…y ahora…
¡Saca la mano weon, apenas me conoces!
–Ya perdón, una pequeña broma.
–Ya cállate…se acercan los pasos.
–No puedo contenerme, déjame tocarte, entiende… ¡estas arriba mío!
–De otra forma no cabemos, así que aguanta lo caliente, y salgamos de acá lo antes
posible.
–Hay mierda, los pasos se detuvieron. Pero creo que cerca. Ahora escucho gritos…
mira escucha.
– ¡Doctor! ¡Doctor! Creo que hay un problema, el lecho de un tal Tomás Cruz, y de
una tal Romina Gaete están vacíos. Pregunté a sus compañeros de cuarto sobre que había
ocurrido, pero dicen haberse enterado de nada. ¡Se fugaron doctor!– gritaba desesperada
una enfermera.
– ¿Qué es lo que dices?– bramía el doctor no creyendo lo que escuchaba.
–Señor, ellos se fugaron.
–Pero esto no es posible, o sea, es la primera vez que esto ocurre aquí. Nuestra
reputación era impecable, y nuestra seguridad es la máxima. Y ellos se escapan de un
segundo a otro, sin dejar ni rastro ni huellas.– añadía el doctor un tanto decepcionado, ya
que era el primer “fracaso” ocurrido en aquella prestigiosa y tradicional clínica, desde que
hace cuarenta y tres años abrió sus puertas.
– ¿Doctor, que hacemos?

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–No hay nada que hacer señora Lupert, la batalla ya esta perdida…
–Pero la guerra no, doctor.
–Sí lo esta Dora. Hay que aceptarlo. Se escaparon y punto. ¡Es un fiasco!
Mientras la enfermera y el doctor dialogaban en un intento inútil de compartir sus
penas, ellos se fueron alejando hacia la máquina de café, que se ubicaba bastante lejos del
pasillo de los “internos”, como se denominaba aquella área de aquella viejísima mansión,
que ni siquiera parecía una antigua gran residencia, si no que ya estaba completamente
adaptada para recibir sus drogadictos y maniáticos pacientes. A los cuales en nuestra
sociedad comúnmente se denominaban de locos, anti’sociales, psicópatas, o psicóticos.
Aunque entre un drogadicto y un psicópata hay hartos océanos de separación, para la gente
común todo era la misma mierda que debería ser aniquilada cuanto antes, pero por el sobrio
motivo de que la aniquilación causaría polémica en las asociaciones de las viejas de los
Detenidos Desaparecidos, era mejor esperar, y poner a las personas “enfermitas” en
distintas clínicas distribuidas alrededor del “territorio Nacional”, de Arica a la Antártica, o
de desierto a desierto...pero que estuvieran bien lejos.
Si eran locos o tenían problemas psicológicos, no era el punto. Lo importante era
algo, algo bastante crucial. Romina y Tomás se habían escapado de aquel centro de
rehabilitación, o mejor dicho de aquel manicomio. Habían corrido riesgos al hacerlo, pero
eran riesgos que fueron cuidadosamente esperados y planeados. Ya que Romina y Tomás
conocían muy bien las rutinas, y la forma en que operaba la “cárcel”, sabían donde todo se
escondía y encontraba, desde una simple donut hasta la bolsa de condones que el médico
guardaba en el tercer cajón a su izquierda, y que constantemente usaba para engañar a su
esposa con las enfermeras de turno entre las una y dos y media de la mañana. Cuando
supuestamente no había nadie por los pasillos, y los enfermitos se encontraban divagando
por sus dulces sueños. Fue precisamente en frente de la sala del doctor Gutiérrez, que
Romina y Tomás pasaron. Y fue precisamente lo que esperaban ver, lo que vieron. En más
una noche de rutina, Gutiérrez y Tíana, la jovencita que recién había engresado de la Chile,
ejercían una calurosa reunión de traición y complicidad. Los cuerpos se unían en uno, y
amagaban los desastrosos ruidos que los brutales movimientos aprendidos y seguidos al pie
de la letra en libros de kama sutra, producían. El placer era intenso, pero el silencio tenía
que ser más fuerte. El ruido era lo despacio suficiente, para que no traspasara las gruesas

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murallas de aquel viejo caserón. ¿Razón por la unión? Para Gutiérrez, obviamente era
placer, pero para Tíana, puede ser una mezcla de aventuras, y de fluidos, o también mero
interés de escalar rápidamente en la jerarquía de la clínica, aunque Tomás sabía muy bien
que no era el interés de parte della, sino que pura calentura física. Eran famosos los cuentos
de una tal enfermera que asediaba a los drogadictos, y necesitados de sexo pacientes,
mientras estos se duchaban. Tomás había tenido la suerte de presenciar los rumores en
persona. Con cuidado de pinza ella seleccionaba a quien podía asediar. Aunque
personalmente estoy seguro de que el noventa y nueve por ciento de los pacientes varones
no hubiera tenido ningún problema con el asedio, todo por el contrario. Aunque el centro se
decía casto, eso no era verdad. La escabullida de las “niñas” a las piezas de los varones, o la
de los varones a las piezas de las niñas, era bastante frecuente. Incluso una vez, se rumoreó
que hubo un escándalo, que la familia obviamente mantuvo en secreto, cuando se enteraron
que su hija, quien estaba de interna en la clínica por más de tres meses, tenía un mes de
embarazo. El escándalo fue total, y vidrios se quebraban en la sala del director de la
institución. El director ofreció una compensación a la familia, pero como esta no necesitaba
de ningún aporte económico, la familia solo exigió que consiguieran al mejor médico de
abortos del país, y que practicaran el “acto” lo antes posible, ya que su niña no podía
procrear teniendo dieciséis años de edad. La surra que se llevó el médico fue incluso
superior a la de la joven. La reacción de la madre fue peor que la del padre. Esta la tomó de
sus cabellos, y literalmente la tiró a la primera sala que vio. A pesar de querer aparentar una
discreción, la histeria de la madre fue mayor que la intención del silencio. Dos horas
después la niña, ya no tan niña, salió con dos ojos morados, el cuero cabelludo inflamado,
una pera hinchada, y lágrimas de sangre manchando su rostro. Pero a pesar de todo, fue la
madre que salió mas afectada. Aunque no tenía ninguna marca física, la breve mirada que
se veía en sus pupilas delataba el inminente dolor y decepción. Obviamente la niña fue
sacada del lugar, y fue mandada a una tal clínica Quientupa en Buzios, famosa por sus
famosos pacientes.
Aventuras en un centro de rehabilitación hay muchas. Enfermeras que acosan a
pacientes, apasionantes relaciones bajo las blancas sabanas, calurosas noches, e incontables
anectódas, son lo que queda marcado en tu memoria. Es la mejor parte del tratamiento, si es
que se puede llamar a ese engorroso proceso como tal.

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El director de la clínica convenció a la familia que no avisara nada a la prensa, y que
no comentara nada, ya que si eso sucedía, la reputación de la prestigiosa clínica se
sucumbiría. Pero no fue necesario, todo por el contrario, la irritada madre exigió que
ninguna palabra saliese de las cuatro paredes, y que si escuchaba algún rumor sobre la
desgracia que le había ocurrido a su santa hija bajo aquel asqueroso techo, no dudaría en
contratar a peligrosos asesinos para que violaran y después torturaran al director, a su
madre y a todas sus hermanas. El pacto no necesario, fue hecho. La niña se fue, pero por
desgracia de su madre, la historia de la niña que quedó embarazada permanecerá en las
crueles mentes de aquellos drogadictos para siempre, o al menos hasta que la muerte haga
el favor de sacarlos de aquellas miserables y penitentes vidas. Pero algo podía tranquilizar a
la histérica madre…si alguien contaba lo de su hija, también estaría admitiendo que estuvo
presente en el lugar de rehabilitación, por lo tanto también se auto incriminaría diciendo
que también es, o al menos fue, un “dependiente químico”. El secreto era hermético, a
diferencia de todos los otros, este no iría de boca en boca, y de oído en oído. Pero los
detalles de aquel gran escándalo siempre eran dignos de recordar de vez en cuando,
principalmente en los momentos de divagación total.
Pero Tomás sabía que la historia de la famosa joven no era la única. Niñas que
quedaron embarazadas en aquella clínica, fueron muchas. Ya que tal cual en la edad media,
follar era el único pasatiempo. Tu tiempo no era copado por interminables horas de
televisión basura, y las terapias apenas ocupaban pequeña parte de tu día. Así que tenías el
día entero de libertad, pero una libertad condicional, en donde no estaba presente las
herramientas en que supuestamente inviertes tu tiempo. No había televisión, tampoco radio,
y ni menos un computador. Estabas completamente fuera del mundo real…como si no
estuvieras viviendo en él mientras estuvieras internado en aquella gran parcela, que
ocupaba todo tu campo de visión…ya que los altos alerces impedían que a tu vista llegaran
imágenes que no fueran alerces y solo alerces….lo que hacía de la noche la parte más
divertida del día. El tiempo era gastado, o quizás invertido, completamente en planear en
que forma se adentrarían a la pieza del sexo opuesto…cada día era una aventura. Y no sé si
por torpeza, flojera, o por hacer la vista gorda, las enfermeras de turno no hacían nada al
respecto. Quizás eran muy conservadoras para creer lo que sus ojos creían estar enviando a
sus ingenuas mentes. Pero no era culpa de ellas, habían sido criadas así, en un mundo lleno

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de torpeza y tabúes. Esta, no se si lo había mencionado, no era solo una clínica de
rehabilitación, si no que era una clínica de rehabilitación católica. Lo que significaba que
todos sus médicos, y enfermeras, eran estrictamente católicos, y en muchos casos habían
seguido la “carrera” eclesiástica, para finalmente convertirse en curas o sacerdotes. Pero
más que una institución católica, aquella clínica era una institución diabólica. Ni siquiera en
el infierno se cometían tantos pecados. La mentalidad puritana de sus funcionarios no
lograba combatir la avanzada mentalidad pecadora de sus jóvenes pacientes. E incluso el
director de la institución, en el caso de la niña embarazada, llegó a sugerir que el embarazo
de la niña se trataba más bien un milagro de Dios que de cualquier otra perversión. La
madre no creyó, y le importó un rábano si la iglesia o no estaba a favor o en contra de los
abortos, pero sin un hijo el vientre su hija quedaría. No importando si fuese una institución
católica, budista, judía, o mulsumana.
El aborto se hizo, y solo ahí el director del lugar se percató en el altercado que se
había metido. Todos fueron cómplices de todos. La niña de sus noches de placer, la madre
de lo sucedido con su hija, las enfermeras de su jefe, el jefe de sus pacientes, y los pacientes
de lo sucedido. Eso provocó que el establecimiento se cerrara todavía mas a la verdad, y
todo lo “diabólico”, o más bien dicho “placentero”, hecho por sus pacientes, era
intencionalmente ignorado. En el caso de un embarazo, lavaban el cerebro de la afectada
para que se le practicase un aborto, y para que esta no abriera la boca, ni siquiera a su
familia. E incluso, el director decidió poner en el baño de los varones condones, aceptando
que la batalla ya estaba perdida. Y que si era para haber sexo, mas valiera que este fuese
seguro…y que abortos no fuesen mas practicados. La formula resultó, y en muy raras
ocasiones el especialista y cómplice “doctor de los abortos” fue visto en aquel lugar. Por lo
que las noches en aquel lugar parecían mas a la de los moteles, que a las de una institución
de rehabilitación de drogas infanto–juvenil con fuerte inclinación a la iglesia y religión
católica. Lo que hacía que sus pacientes se esmerasen en mantener su estadía en el lugar
durante la mayor cantidad de tiempo posible, y también hacía que la clínica tuviese una tasa
de fugas cercana al cero porciento. Porcentaje muy inferior a cualquier otro establecimiento
que decía rehabilitar a sus pacientes. Por eso la fuga de Romina y Tomás sorprendió…
Los médicos, e inclusos enfermeras se hicieron cómplices y participes de las
aventuras de sus jóvenes pacientes, pero con una condición, cuando el sol despertaba, el

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infierno debía volver bajo tierra, y el cielo volver a levantar. Era un acuerdo masivo, una
regla, y quizás la única, a la cual todos respetaban sin excepción. Durante el día no se
comentaba sobre el asunto, no se hablaba, y ni siquiera se pensaba sobre lo que pasaba
cuando las estrellas se iluminaban. Esa era la institución de rehabilitación. El cielo era
dueño absoluto durante el día, pero el demonio reinaba durante la noche.
A pesar de saber todo lo que estaban dejando atrás, y todas las aventuras que habían
vivido, Tomás y Romina sabían que no había sensación mejor que la libertad, a la cual ni
siquiera el sexo era capaz de igualar. Además Tomás no extrañaba el placer, si no que
extrañaba un sentimiento distinto, y mucho más adverso; el amor…y Romina sentía
nostalgia por algo parecido, aunque un poco más enredado y peculiar...un amor lésbico,
pero lésbico o no, seguía siendo amor…Elvira era su pasión.
…………………………..

– Ya, Romina. ¡El plan funcionó! Dame un beso po mina. Sin tu galán de
Hollywood nada de eso hubiera sucedido.
– ¡Jaja! No me hagas reír– reía Romina sarcásticamente. –Y otra cosa, nunca, pero
nunca, nunca mas me toques sin mi permiso, te lo digo por tu propia seguridad.
–Ya, Rominita…no sabía que te ibas a molestar tanto. ¿Sabes qué? Olvídalo…lo del
closet ya pasó, broma no mas. Ahora calmate, y dime hacia donde me llevas.
–Te llevo a conocerme…
– ¡Chuta! Eso si que es profundo.
–No te rías Tomas, es verdad, descubrirás mi secreto, terminarás por conocer quien
verdaderamente soy. No soy solo una revolucionaria que trafica drogas.
–Me parece, en una amistad hay que haber honestidad.
–Sabias palabras Cruz…creo que estoy empezando a creer que los colegios caros
sirven de algo.
–Ja, ja. No digas wevadas. ¿Acaso estamos retrocediendo? Ya asumimos que no soy
cuico. No discutamos lo que discutimos la semana pasada otra vez. Ese capítulo ya esta
cerrado… ¿entiendes? Over…finished…mandalo a Gabón si quieres, pero sacatelo de la
cabeza.

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– ¡Ja! ¿Qué era lo que estaba diciendo? ¿Over…finished? Lo llevas en la sangre
Cruz.
–No es mi culpa…
–Tampoco la mía.
–Ya mina, no me chorees más. No ves que quiero conocerte.
– Dale, como te decía soy mucho mas que una traficante, o como ustedes dicen…un
“dealer”…mi vida no es solo tomar una micro de La Pintana a Lo Barnechea, para pararme
escondida frente al Nido de Águilas, y esperar a que los paltones como tu salgan para
comprar mi mercadería. Eso es para financiar mi vida…no es mi vida. Pero si lo piensas
bien, mi vida esta dividida en hartas partes, la de “dealer”, la de revolucionaria, la amorosa,
la de amiga, y la de adicta. No me puedo calificar como una u otra. Soy varias.
– ¿No me vas a preguntar cual me gusta mas?
–No lo encuentro necesario… ¿para qué? Pero ya que insistes tanto, te lo pregunto.
–Me gustas mas como la Romina calientona…la sexy.
–Puta weon, te juro que a la próxima te dejo estéril…deja de pensar con el pico.
– ¿Sabes lo que mas me gusta…?
–Me lo imagino, no es necesario decirlo.
–No es lo que piensas Romina…lo que mas me gusta es joderte, me encanta verte
furiosa, por tonteras tan infantiles. Entiende que la cabeza de un hombre no es solo sexo…
es sexo más sexo.
–Weon…imposible no estar furiosa a tu lado.
–Ja…estoy en lo cierto, se como dejarte fuera de control…pero ahora hablando en
serio.
–¿Tienes esa capacidad?
–¿Bromeas?
–Nunca me he imaginado a Tomás Cruz hablando en serio…eso es cosa de otro
mundo.
–Mira Romina, tu tampoco me conoces…soy mucho mas que el gallo caliente que
tu crees. Soy mucho más que el pobre adicto que te compra. Soy mucho más que tu mejor
cliente.
–¿Y por quée crees que eres mi mejor cliente?

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– Conozco a mi gente Romina, y nadie te compra como yo.
–¿Supongo que te enorgulleces por el título?
–No como tú crees…a veces pienso que es al revés.
–Mira Tomás…no te conozco, y tú tampoco me conoces. O sea…nos hemos vistos
por casi un año…pero la única relación es de “dealer” y “consumer”…nada mas. Esta
semana que pasamos juntos en esta clínica de mierda fue la primera vez que nos salimos del
guión…y tengo que admitir que no fue tan malo como al principio creí. Por algo te ofrecí
salir de ese lugar…aunque se que a ti no te desagradaba para nada quedarte.
–A pesar de todo sigues siendo una orgullosa arrogante…todavía no me das las
gracias.
–¡Ja! ¿Y porque te daría las gracias?
–¿Por qué crees que no estas en la cárcel…pudriéndote en un cubículo de medio
metro cuadrado con diez tipas mas…algunas tratando de violarte, y otras simplemente de
matarte?
–¡Ja! ¡No lo puedo creer puto Cruz! Pero no te debo nada…
–Gracias a los “paltones” como yo…no estas pudriéndote Romina ¿Viste que sirve
de algo?...le dije a Nacrea que eras mi polola, entonces ella, después de muchas rabietas,
entendió que era imposible recuperarme completamente si la persona a quien quería seguía
siendo adicta…por eso sobornó a los agentes del OS–7 para que te detuvieran como
consumidora…y después hizo un par de llamados al juez, y mi mamá decidió pagarte esta
clínica. ¿En serio crees que el gobierno le da “becas” a clínicas que cobran doscientas lucas
diarias? No seas ingenua.
–Mira hijito de papito…o de mamá…o como sea. No te voy a dar las gracias…si
quieres que te lo mame o algo, tampoco lo voy a hacer. Me daría lo mismo haber estado en
una cárcel…y mira Tomás Cruz, nunca necesité, ni necesito, y tampoco necesitaré ningún
favor de niño rico. No es mi puto interés.
–Sabes que Romina, contigo no se puede dialogar. No estoy pidiendo ningún favor
sexual a cambio…o como sea como lo llames, solo te estoy diciendo la verdad, porque si
te pillan de nuevo, ya no va a estar mi “mamita” para ayudarte…te lo advierto no más. Este
país es injusto…y los con plata siempre salen ganando. Ni si me encontraran vendiendo dos
kilos de cocaína me meterían preso…pero para que te encarcelen a ti por el resto de tus

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putos días, bastan diez gramos. Y creo que tú me conoces Romina, no fui yo quien escogió
ser un Cruz.
–Pero seguro que te encanta ser uno.
–El apellido se tiene que llevar con orgullo…no importa si eres Cruz o Soto…pero a
tu apellido lo respetas.
–Sabes que Tomás, a pesar de todo lo que dices creer y defender, sigues con la
misma mentalidad de cuico…entiende algo, a nosotros los pobres les importa un pico cual
es nuestro apellido…no tenemos esa costumbre de los ricos de conocernos por ellos, yo soy
Romina, y no “Gaete”. Mis amigos me dicen Romina, y no Gaete. A mi me conocen por
Romi, y no por “Gaete”. ¿Cachai?
–Y tu igual Romina, creo que la convivencia cambia a las personas, bastó una
semana conmigo para que aprendieras a usar la palabra cachai. Como una de esas
verdaderas “minas clon” que andan paseando por el Portal La Dehesa, y que no tienen nada
que hacer, pero dicen cachai palabra por medio.
–Eso prueba mi punto Tomacito. Bienvenido a Cuicolandia.
–Tomás…no Tomacito
– ¿Acaso llamarte Tomacito afecta tu ego? ¿Tu virilidad?
–No “Ro–minita”…para nada.
–Sabes que weon, vamos rápido, antes que me arrepienta de llevarte donde mi lugar.
–Estoy de acuerdo. Quiero conocerte…
–Imbecil.

………………………………………..

Tomás y Romina se alejaron apresuradamente de los gruesos muros que separaba la


parcela que hospedaba a la Clínica Católica de Rehabilitación de Dependientes Químicos,
sin duda la más famosa de Santiago, y aunque bien Católica, la clínica tenía fines
completamente lucrativos, claro es que esa parte nadie la ve, lo que sale en Canal 13 es que
es un servicio a la sociedad…pues claro que si, pero un servicio bien caro y bastante
exclusivo.

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Después de alejarse de los gruesos muros, cubiertos por enredaderas, logrando así
un clásico estilo colonial europeo, tomaron la primera micro que vieron…cualquiera que
los acercara a la ciudad…porque ya estaban casí en Pirque, bastante lejos de lo que
normalmente llamamos Santiago.
En la micro no había nadie más…solo el chofer, a quien se le podía notar las dos
grandes ojeras que tenía bajo sus ojos. Después de media hora…sorpresivamente se subió
una anciana...pero ya eran pasadas las dos de la mañana. Tomás y Romina deducieron
algo…solo puede ser puta. Esa nueva clase de mujeres que buscan aventurarse vendiendo
su cuerpo, como una exótica y única pieza de museo.
El viaje de micro casí ocurrió sin ningún percance…el conductor casí durmiendo,
las calles de la ciudad completamente vacías, y la anciana contando su plata después de un
arduo día de trabajo. La anciana se bajó en Matucana y se metió a un oscuro pasaje,
después les tocó a Tomás y a Romina…pero estos se bajaron bien mas cercanos a una
población. Le dijeron chao al conductor…y este respondió con una voz cansada y
dormida…que apenas se lograba entender.
–Bueno niño cuico….esta es mi población. Acá es donde vivo. No es La Dehesa…
pero tampoco es tan malo así.
–Gracias.
–¿Por qué?
–Por abrirme tu mundo…por ayudarme a escapar…por tu amistad.
–Ya cállate wevon…me carga cuando nos ponemos sentimental. Sigamos
caminando mejor…nos quedan tres cuadras todavía.
Después de caminar las tres interminables cuadras, en las cuales Tomás conoció un
poco mas de la realidad, aunque para decir la verdad, fuera de La Dehesa ya conocía
bastante. Ya había pasado bastante tiempo desde que saliera de la burbuja de su casa, y se
decidiera finalmente vivir su vida. Lograr su independencia.
El hogar de Romina era humilde…como todos los de la rodondesa…tenía un bajo
portón de madera…hecho a palos de puntas mal cortadas, el suelo de tierra, que por la hora
de la madrugada se encontraba húmedo, y una casucha que se elevaba pocos metros del
suelo, seguramente para prevenir los famosos aluviones de invierno. Pero a pesar de todo,
todo estaba en su lugar…no había nada fuera de lo normal.

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–¿Vives sola?
–Sin preguntas, ya lo sabrás…pero vivo sin mamita y ni papito. Acá la vida es
distinta Tomás. No te la regalan. Es bastante dura. Mis padres viven en otra población…y
mis hermanos viven en la población Las Higueras
–…
–Queda a dos kilómetros de aquí…más o menos. Mira Tomás…no sé porque lo
hago, pero te estoy abriendo mi vida. Yo sé algo de ti que tú no sabes…y que…mejor me
callo, no estas preparado para escucharlo todavía. Pero fue en el día en que te vinieron a
visitar, descubrí algo que mis ojos no esperaban descubrir. Filo. Después lo entenderás.
Pero quiero que entiendas algo. Mi familia se ha dedicado a la delincuencia por más de
cinco generaciones. Ahora estamos en el tráfico, vendemos drogas, la conseguimos en
cantidad, las envolvemos en papelillos, y vamos a distintos puntos a distribuirlas, yo desde
hace tres meses que estoy en tu colegio, y te tengo que decir que es uno de los mejores
puntos de Santiago. Harto verde para esconder…poco movimiento, pero muchas ventas.
Mis hermanos van al centro, se ubican en el citê de la droga, mi vieja se ubica en Calle
Brasil, y mi padre y mis tíos se ubican en distintos lugares del sector oriente. La venta es
sectorizada…aunque en todos los lugares se venden drogas, en los lugares altos hay una
mayor exigencia. La droga tiene que ser de calidad…ahora por acá, hasta arena le echamos
a la coca. Arriba tampoco se vende pasta base…o muy poco. Pero la parte más divertida de
mi trabajo es ir a la Plaza San Enrique en la salida de la Picasso…en las fiestas tecnos
también se vende bastante…éxtasis; es lo que esta de moda ahora. Marihuana siempre…se
venden hartos pitos en el colegio…pero los consumidores de hierba no siempre son adictos
a las drogas…bueno nosotros acá la denominamos “droga light”...bueno no te aburro mas.
Déjame invitarte a pasar. – decía Romina abriendo la puerta de su casa.
–Me sorprendes Romina.
–Entra mejor.
– ¡Romina! Llegaste…no lo puedo creer. Pero creí que tenías para dos meses más…
al menos. ¿Y este que viene contigo…quién es? Espera, ¿no estoy soñando o si? ¡Qué
sorpresa! Pensé que era algunos de tus hermanos viniendo para acá. ¡Qué buena noticia es
esta! En serio que no lo esperaba.

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–Hola Elvira. Este es Tomás, te lo presento. Me escapé con él desde la clínica.
Tomás, esta es Elvira. –presentaba Romina.
– ¿Él sabe de lo nuestro?– indagaba Elvira.
–No…, todavía. – respondía Romina.
–No sabía que tenías una hermana Romina, me podrías haber contando.
–Jaja…no somos hermanas Tomás,… ¿cierto? Romina es mi pareja.
– ¿Tu pareja? ¿Ustedes…ustedes…ustedes son lesbianas?
–Así nos denomina la gente actualmente.
–Lesbianas…raras…mujerzuelas…cualquier cosa. El nombre siempre cambia,
dependiendo de la época. – agregaba Romina.
–Estoy sorprendido…no se que decir.
–No tienes que decir nada Tomás.
–Ahora entiendo todo…toda tu resistencia, ya sabes, en la clínica nada pasó…me
estaba pareciendo raro.
–Huevón corta con tus huevadas…
– ¿Y bueno que quieren? No tengo mucho que ofrecer…el stock esta vacío. –
ofrecía Elvira.
– ¿Gratis?
–Sólo por hoy Tomás. Hoy día eres “nuestro” invitado.
– ¡Uau! Que honor… ¿pito tienes?
–Vamos Tomas, atrévete, es por hoy. Prueba esta.
–¿Qué es?
–Digamos que algo nuevo. CH6. Polvo producido en Chile. La primera droga que se
fabrica en el mercado Nacional. No es de muy buena calidad…pero es 100% Nacional. Se
esta pidiendo harto. Es más barata que la de Colombia…porque no se necesita transportarla
desde tan lejos.
–Romina, entiende, acabamos de salir de un centro de rehabilitación. Mira, no te
voy a hueviar, no te estoy diciendo que voy a parar, pero al menos voy a dejar de probar
cosas nuevas…al menos eso. Dame lo típico no más. Tú sabes, tú eres quien me vende…
esta semana de abstinencia me mató. A pesar de que en aquella clínica pasaba de todo…
drogas no entraba.

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–Bien que parecías de otro mundo Tomás…ahora entiendo. Eres de esos típicos
huevones que le compran a la Romi en Barnechea ¿no?– preguntaba Elvira.
–No soy de esos típicos huevones…soy distinto…ellos no se atreven a venir acá…
les gusta arriesgarse, probar de todo, y hacer de todo. En las fiestas de quince ya se ven a
minas vomitando en el baño, y a gallos inyectándose en el brazo, a gallas viajando a Miami
para que le metan una cuchara…pero debajo de Plaza Italia no bajan.
–Disculpa por interrumpirte… ¿pero nunca se te ha ocurrido vender?
– ¿Vender drogas?
– ¿Que mas va a ser po tontillo? Por supuesto que si. En papelillos…cuantidades
pequeñas, en los recreos, en las fiestas, en clases, donde sea. Debes conocer a mucha gente
Tomás. Tienes buen mercado. El 60% se queda con nosotras, y el 40% te lo llevas tú. Es
casi la mitad Tomás.
– Así que por eso me trajiste aquí…para ofrecerme si quería vender. ¿No habría
sido más fácil si me lo hubieras preguntado allá en la clínica…o en la salida del colegio?
– ¿Aceptas o no? – insistía Romina.
–No sé Romina…como quieres que te diga, la respuesta no es tan simple. No es
apenas decir sí o no. Es distinto. Traficar es distinto que consumir.
–Vamos Tomas, tú sabes muy bien que nada va pasar si te pillan.
–No necesito vender Romina…puedo costear mi consumo. No tengo necesidad.
–La plata nunca esta demás Tomas. Piénsalo.
–Mira Tomás...al menos prueba por una semana. Dime como te sientes, y después
nos dices si quieres seguir o no. – añadía Elvira.
–En serio no sé que responder…todo me parece tan nuevo. Aunque les parezca
infantil o ridículo escuchar eso. Pero nunca se me había cruzado por la cabeza empezar a
vender.
–Mira Tomás…nosotras te vamos a convencer. ¿Después nos respondes, ya?
Esa conversación se quedó clavada en mi memoria. Y me pareció increíble cuando
Elvira le dijo que ellas me irían a convencer. Bueno, lo lograron. Después de esa calurosa
noche de invierno, empecé a traficar. Sin saber muy bien lo que eso significaba. Sabía lo
básico…cuanto costaba cada papelillo, cuanto pesaban, donde llevarlos, como disimular,
etc…pero no sabía cual era el verdadero significado de lo que estaba haciendo. Supongo

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que tampoco sabía el verdadero significado de mi vida o que destino o rumbo debiera yo
tomar. Pero con o sin norte, la decisión ya la había tomado. Y transformándome en un
verdadero animal sin raciocinio y solo con instintos, en una noche se me olvidó todo el
verdadero amor que sentía por Paula. Ese recuerdo, fue la primera traición que realmente
me dolió. Me dolió darla, y no recibirla. Me sentí culpable…dañé lo mas precioso que tenía
en aquel mundo. A pesar de haberme acostado con Elvira y Romina…la rara pareja, nada
significaban en mi corazón. A pesar de todo, ellas dos siguieron siendo grandes amigas.
Romina más que Elvira. Éramos compañeros de fiestas, no importando todo el abismo
social que nos separaba, quizás eso era lo que mas me atraía en ellas, que fueran lesbianas
era secundario…pero como ya lo he dicho, no sabía muy bien las consecuencias de todo
este juego dudoso. Necesitaba a alguien, a alguien que me entendiera, que me
comprendiera, que me aconsejara…ese alguien todavía estaba lejos…era Paula. Necesitaba
a Paula.

……………………………..

– ¡Tomás, weon! ¿Qué sorpresa…que estás haciendo aquí? Cuidado weon, ya sabes
como es la mamá. Haz silencio. Mira, ya sé que te fugaste…no es necesario que me digas
nada. Solo escóndete. Sí…sube por ahí…no te preocupes ya están todos durmiendo.
–Gracias hermano. Te lo debo.
–Mira pendejo, en tu hermano mayor puedes confiar. Por mi no te preocupes, que
entre los hermanos hay que haber lealtad. Pero mira weon, de la forma que conozco a la
mamá ella no se va a tomar muy bien la noticia de la fuga…así que prepara una buena
excusa para mañana si no quieres que te mande de vuelta…y oye…un consejo no mas, no
es que quiero meterme en tu vida, si pendejo, yo fui igual que tú, igual de pajarón. Pero
despierta weon, ya no eres una guagua. Mira, es perdonable y aceptable que fumes y tomes,
ya, quizás la marihuana también…pero eso de andar metiéndose con coca y éxtasis ya es de
otro mundo. Esa wea te mata weon…no es como fumar un pito. Y te lo digo por
experiencia.
– ¿Experiencia? ¿Quién lo diría…? Nunca pensaría que Pedro Cruz se podría meter
con cierto tipo de cosas. – decía Tomás irónicamente.

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–No me conoces hermanito, tampoco quiero que lo hagas. Pero despierta cabro, te
estay sucumbiendo.
–Ya oh, suficiente, no te preocupes. Pero en todo caso gracias por la ayuda. Pero
ganas de dormir no tengo.
– ¿De dónde llegas…? Se nota que hiciste algunas paradas.
–…Ni te cuento, pero vamos dime. ¿Qué hay de nuevo, qué ha pasado desde que me
fui a la clínica?
–Vamos Tomás, tu sabes que en esta casa nada para, y ocurren mil cosas por
segundo. Te cuento entonces. La mamá esta furiosa…
–Vamos, eso no es novedad.
–Ya cállate pendejo y escucha…esa cosa de la alcaldía se le esta yendo a la mierda.
¡Salió en las noticias weon!
–¿Qué salió en las noticias?
–¡Tú po Tomás! Salió en todas partes que te fuiste a una clínica, salió el tipo de
droga, la hora, y hasta en que pieza te quedabas, información sobre los exámenes,
entrevistaron a los pacos que te arrestaron. Los periodistas son así, lo saben todo. Y cuando
uno tiene plata la cosa vende. Fue peor de lo que pasó con el Craighouse con el caso de las
pruebas robadas, ya no es como antiguamente cuando la prensa respetaba al barrio alto.
Ahora es todo al revés, si es del barrio alto…vende. Y más encima si eres un CRUZ.
Entiende Tomás. La mamá esta en plena campaña…y gracias a ti y la noticia de que te
internaron ella se hundió nueve puntos en las encuestas. Ahora va tercera. Ese viejo
populista de la UDI, y el otro cura de la iglesia, la están aventajando. Sus enemigos, que
son muchos, argumentaron que ella era una mala madre, que no tenía control ni sobre los
pasos de sus propios hijos, que todos eran unos hijos de mamá, drogadictos, reventados,
prepotentes y arrogantes. Salieron miles de personas en la tele, que supuestamente te
conocían, hablando miles de leseras sobre ti…y en Chile hermanito, puede ser aceptable
que una mina sea corrupta, ladrona, o lo que sea, pero mala madre si que no.
–¿Qué cosas salían?
–Puras mentiras, pero mentiras o no, la gente se lo traga.

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–Puta weon, mi vida es mi vida…y no puedo dejar de vivirla solo porque mi mamá
tiene esa idea tonta de hacerse alcaldesa. No es mi culpa que la “Nacrea” quiera siempre
estar en el centro de la atención. Ella se lo buscó. No es mi culpa.
–Mira Tomás, no se si es tu culpa o no. Pero solo te aviso. Dejaste la cagada y
punto. Y ahora cuidado para no causar más escándalos en esta casa, que el techo esta que se
cae.
– ¿Bueno y que mas ha pasado…? Supongo que yo no soy el único integrante
problemático en esta casa.
–Por desgracia tienes razón.
–Por supuesto que sí, pero vamos, estoy hambriento de noticias, necesito
información para prepara mi estrategia.
–Te entiendo… Te acuerdas de esa nana que se fue, ya sabes, la que mamá pilló con
papá.
–Imposible olvidar…pobre padre el nuestro. Le prohibieron hasta de vernos.
–No sé si tan pobre será…igual estaba engañando a la mamá, y eso no es justo.
–Vamos Pedro…tú sabes muy bien que ese matrimonio siempre ha sido de
apariencias, y que ya se había destruido desde hace bastante tiempo. ¿Cuántas veces la
mamá no engañó al papá con el jardinero o el guardia? Eso siempre ha ocurrido en esta
casa…por los dos lados, pero todos fingen no ver nada. Esto es peor que un manicomio.
–Nuestra vida son puras mentiras unidas, esa es nuestra verdad…pero hay que
aceptarla Tomás, no podemos cambiar el destino. Cada uno guarda sus propios secretos, y
aunque no lo quieras, prefiero que sea así de que todo sea abierto y verdadero.
–Estoy de acuerdo Pedro…así es mas divertido.
–Uno vive una vida paralela, no importando cual es la vida familiar. Uno adentro
de la casa es uno, pero afuera es otro. Nadie se entera de nada.
–Hermano, veo que tú también pareces no ser quien creo que eres…me sorprendes
en serio.
–Mira Tomás, entiende algo, en mi vida no entremos mejor. Pero tienes que ser más
avispado. Si te vas a cagar la vida drogándote hazlo en secreto. Todo Chile sabe de tus
problemas con las drogas…y tú no haces nada para esconderte. Entiende hombre, drógate,
pero drógate escondido, sólo, y en secreto.

111
–En secreto y a escondidas sí. Pero solo no amigo, esa es la gracia, estar en grupo.
–Veo que tienes mucho que aprender. Mira Tomás, solo otro consejo mas, la droga
que compras es basura… ¿quién te la vende?
–Ahh, veo que quieres mostrar las cartas ¿no?
–Eso lo decides tú. Tú y yo sabemos que los dos tenemos secretos, es tu decisión. Si
tú las muestras, yo haré lo mismo.
–Me parece bien hermanito.
–Acuérdate, el que te dice hermanito acá soy yo pendejo.
– ¿Y desde cuando tanta agresividad por un inocente juego de palabras?
–Ya pendejo, vamos decide, ¿quieres mostrar las cartas o no?
– ¿Qué quieres que te diga?
–Pues todo lo que tienes que decir. He escuchado cosas…pero no te preocupes, soy
el único.
– ¿Escuchado cosas? Contrataste alguien para que me investigue. – preguntaba
Tomás.
–…Digamos que sí.
–Me siento halagado, supongo que mi vida es lo suficientemente interesante para
eso. – decía Tomás con una voz llena de ironía.
–Es bien más interesante de lo que crees hermanito.
–Bueno, dime entonces, que es lo que sabes. Anda al grano.
–Lo sé todo Tomás. Lo del Kitu, lo de Paula, lo de tu viaje, lo del asalto que
sufriste, de tus escapadas, de tu gran amor, de que rompiste con la hija del embajador, lo de
Joaquín, lo de Elvira, lo de Romina Gaete...todo, se cosas que ni tú sabes. Todo…lo sé
completamente todo. Y por eso quiero abrir las puertas, y mostrar las cartas.
Tomás se quedó perplejo, nunca pero nunca se imaginó que algún miembro de su
familia tuviese la mas mínima idea de todos sus amoríos, sus adicciones, y su vida, su
verdadera vida. Sabía que su madre estaba enterada de su adicción, pero solo como algo
superficial, sin verdaderamente saber lo que estaba por detrás. Pero lo que acababa de
escuchar mas que ponerlo en aprietos, lo sorprendía, y principalmente si venía de la boca de
su hermano, la oveja pura de la familia, quizás la única supuestamente blanca entre tanta
lana negra. La temperatura subió en Tomás, y su corazón latía mas rápido que nunca.

112
Respiraba en forma acelerada, y el oxigeno apenas lograba entrar es sus deteriorados
pulmones.
–No te preocupes Tomás…tengo mucho que contarte. Lo nuestro queda en
secreto…absoluto secreto. Ven…te quiero mostrar algo. Pero solo quiero que sepas algo…
si llegas a abrir la boca, las consecuencias serán devastadoras, no solo para mí, para ti
también. Tú aceptaste mostrar las cartas…y bueno aquí vamos. La decisión ya está tomada.
– ¿Por qué estamos en tu pieza?
–Weon cállate y mira.
– ¿Qué estas haciendo…moviendo el closet?
– ¡Sshhh!
Tomás se sorprendía viendo que detrás del closet que movía su hermano, había una
puerta de tamaño mediano, no tan grande, pero lo suficientemente alta y ancha para que
entrara una persona sin problemas. Pedro abría la puerta, y a cada segundo Tomás se
sorprendía mas. Su hermano había logrado lo imposible, proyectaba una imagen de oveja
santa, siendo el mismo diablo en persona.
–Entra…vamos entra…ya vas a tener bastante tiempo para sorprenderte.
Tomás entró despacio al pasadizo….como desconfiando un poco, pero la insistencia
de su hermano hacía que caminara más rápido. Era un amplio pasillo, sumerso en una
oscuridad abrumadora…después de caminar un par de decenas de pasos llegaron a una
gruesa y ostentosa puerta de roble.
– ¿Y ahora que?
–Espera weon…deja abrirla. Solo acuérdate de una cosa. Pase lo que pase te quedas
piola, y mantén la calma, solo cállate, y trata de no preguntar mucho, yo te voy a decir lo
que necesitas saber.
Lentamente Pedro tomaba una gruesa llave de hierro carbonizado, la introducía en
la cerradura, y giraba tres veces y media hacia la izquierda. La pesada puerta se abrió.
Pedro y Tomás entraron en una pequeña sala, donde una nueva puerta aparecía, pero esta
vez, Pedro en vez de introducir otra pesada llave, solo puso su dedo en una especie de
escáner. Eso bastó para que la puerta (esta vez metálica) se abriera rápidamente, y una
claridad que apagaba al sol dejase por breves minutos a los dos jóvenes ciegos.
– ¿Qué mierda es esta?

113
–Sí hermano…eso es lo que ves, nuestra casa ha sido por bastante tiempo un
verdadero templo de la droga…es de aquí donde viene la mayoría de la droga que se vende
en Santiago.
La sorpresa de Tomás fue tanta, mezclada con la gran cantidad de alcohol y coca
que estaba ya presente en su organismo, que su cuerpo despencó en el duro suelo de
cemento de la bodega.
– ¿Weon, estás bien? Puta por la cresta…este weon se me desmayó. Nunca creí que
fuese tanto el impacto. ¿Qué mierda hice? Vamos Tomás…despierta…quédate ahí, te voy a
traer un vaso con agua…. ¡Mierda! Mejor lo voy a sacar de aquí. Lo voy a llevar a su
cama…que duerma mejor…no esta preparado para ver lo que vio…quizás mañana, quizás
otro día. ¡Chuta que pesa este pendejo!

…………………………………..

Una mañana de agosto…el frío desaparecía, y el sol aparecía. Era sábado, días que
en el pasado, cuando la vida todavía era una burbuja y el destino todavía era inocente, la
rutina del joven Tomás era copada con golf, francés y ajedrez, pero últimamente las clases
fueron cambiadas por enjaquecas tan típicas del alcohol. Este sábado, sin embargo, todo era
distinto. Pero no el “distinto” de mejor, si no todo por el contrario. Esta vez todo era peor.
No se acordaba que había ocurrido en la noche anterior, si todo había sido un sueño
producto del éxtasis y del CH6 consumido en casa de Elvira…o si todo era verdad…espera
un poco. Elvira…se acordaba de Elvira, por lo menos de eso si, pero… ¿Cómo había
llegado hacia su cama? ¿Cómo había venido hasta su casa? Puta weon, creo que exageré
ayer. No me acuerdo de nada, o sea me acuerdo de entrar en un lugar secreto, de unas
conversaciones, chuta…pero me duele tanto la cabeza. ¿Qué cresta weon…pero mira, solo
tengo que acordarme de algo, que me fugué de la clínica, y eso no significa buenas noticias,
con que cresta de cara voy aparecer hoy día en el desayuno? ¿Con qué puto castigo me van
a castigar hoy…? Ya Tomás, no seas tan pendejo, preocupándote por castigos, por la cresta
hombre, crece, no te quedes pegado, que no se te mueran todas las neuronas.
–Knoc! Knoc!– sonaba la puerta.

114
¿Quién mierda será…? Se supone que nadie sabe que estoy aquí, seguramente es
Petunia, a esa vieja nada se le escapa, pensaba Tomás.
– ¡Entra!– gritaba Tomás.
– ¡¿Paula?! ¿Qué mierda haces aquí?
– ¡Ssshhhhh! Cállate Tomás, se supone que no nos conocemos…tú no sabes mi
nombre. Soy la nueva nana de la casa.
–¿La nueva nana de la casa?
–Me contrataron para reemplazar la nana que se fue.
–¿La nana que se fue?
–No seas tan pavo. No importa, filo. Lo importante es que me contrataron y punto,
pero nadie sabe lo de nosotros. Así que mejor cierra la boca. Te dejo con tu impresión
inicial, aquí está tu desayuno, tengo harto trabajo que hacer. Hasta luego.
–No. Paula espera.
–Ya te dije Tomás, me tengo que ir. No sé en que locura me estoy metiendo.
–Quédate. Por favor, quédate.
–Una parte de mi dice que sí, pero la otra me recuerda que todo es una locura.
–Un beso. Es todo lo que te pido. Un beso es suficiente.
–No se si es el mejor momento Tomás. Hace mucho que no nos vemos.
– ¿Por qué estaás aquí entonces?
–Sinceramente no lo sé.
–Fue un impulso Paula. Fue tu pasión la que te trajo.
– Dame tiempo, es todo lo que te pido.
–Hasta luego entonces. Pero recuerda algo. Todavía siento cosas por ti.
Paula había cerrado la puerta. El café estaba frío y el pan estaba duro. Pero no
importaba. En pocas horas la vida de Tomás había cambiado completamente. Él todavía no
se enteraba o no se percataba lo que le estaba ocurriendo. Fueron tantas cosas, que las
acciones recibidas por sus ojos no se procesaban completamente, y solo imágenes borrosas
percorrían sin sentido los estrechos túneles de su mente. Tomás volvió a dormir creyendo
fingir que nada había ocurrido, y que todo seguiría como siempre. A pesar de todo, era el
mejor café frío que nunca antes hubiese provado.

115
………………………………

Ver la luz del sol al despertar siempre da una sensación de nacimiento. De un nuevo
empezar. Otro día se está creando, y tu historia se seguirá escribiendo. Tomás se levantó,
buscó sus pantuflas, que gracias a Petunia siempre se mantenían en el lugar de siempre,
justo sobre la alfombra al lado de la cama. Abrió la puerta del baño. Se miró al espejo.
Abrió la tapa del water. Se sacó los pantalones. Meó. Tiró la cadena.
A pesar de siempre seguir la misma rutina de siempre, Tomás ya no se sentía el
mismo. Andaba con otros pasos, y miraba con otros ojos. Abrió la puerta de su cuarto.
Caminó por el corredor. Abrió otra puerta. La puerta de Pedro.
–Quiero hablar contigo.
–Toca antes pendejo…siempre toca antes de entrar.
–No vengas con huevadas. No me acuerdo de nada….sólo de tu cara. Explícame. Sé
que sabes todo. Pero no sé de que “todo” sabes.
–Bien hermanito. ¿Te gustó la sorpresa del desayuno?
–Mas que gustar, me impactó. No lo esperaba. Estoy confundido.
–….siempre lo estás…se nota que todavía eres un pendejo. A pesar de todo.
–Córtala ahí compadre. No vengo a discutir…vengo a pedir ayuda.
–¿Ayuda? Pués me parece un honor Tomás, nunca esperaría que tú pidieras ayuda.
No es lo tuyo.
–La vida da muchas vueltas, eso tú lo debes saber.
–Por experiencia propia. Vamos, sé que te acuerdas de algo.
–Del pasillo sí. Lo que me dijiste de Paula sí. Pero después todo es negro. ¿Qué
tomé?
–No diría que es culpa del trago hermano, aunque quizás haya empeorado todavía
mas tu memoria. Te desmayaste.
–Lo esperaba.
–Después te llevé a tu pieza. Y ahí dormiste como si nada te hubiese pasado.
–¿Que me pasó?

116
–Mira Tomás. Creo que ayer cometí un error. No te di la oportunidad de elegir si
quieres cambiar tu vida o no. Ahora que no te acuerdas de nada, y que tampoco creo que te
acordaras, te doy la opción de decidir. ¿En serio quieres saber la verdad?
–…Sí.
–Elige la pastilla roja entonces, la azul te hará dormir y olvidar todo, la roja te abrirá
el mundo.
–Huevón esto no es Matrix, deja de hueviarme, vamos muestra las cartas. Dime la
verdad.
– ¿Por dolorosa que sea?
–Mira hermano, mi vida es una mierda. Es todo lo que necesitas saber. Apenas
puedo mirarme al espejo. No me gusta lo que veo. No me gusta como vivo. No me gusta lo
que hago. No me gusta mi futuro. No me gustan mis pendejadas. No me gust…
–No te gusta tu vida…ya sé, ya a lo tengo claro. ¿Estas preparado para entrar?
– ¿Al pasillo?
– ¿Dónde mas? Vamos, no hay tiempo que perder. ¿Quieres un pito?
–No gracias. Después. Vamonos mejor.

……………………..

Uh ah…Chica Electrica...Uh ah…Chica eléctrica…es lo que estaba sonando en la


radio de una de las piezas del departamento de Paula. En la mesa había un revolver calibre
16, siete balas, treinta lucas, y una pequeña bolsa con cincuenta papelillos. Yacía sobre la
silla una bolsa de condones, maquillaje, y un par de Camel’s. Las cortinas tapaban la
pequeña sala de cualquier claridad. La estufa estaba prendida a fuego lento…haciendo el
frío ambiente un poco más acogedor. El reloj en la pared marcaba las 7:53, mientras del
baño salía una figura hasta ahora desconocida…por lo menos por mí hasta ese entonces.
Fue poco después cuando llegué al humilde pero estratégico hogar. Todavía tenía las llaves.
Había pasado más de dos semanas desde que no había visto a Paula…y a pesar de todo
había algo en mi que me decía que la extrañaba…todavía mas de lo que a mi me hubiera
gustado. La amaba de verdad. Todavía la amaba.

117
Cuando abrí la puerta la fría mirada del ser desconocido demostraba sorpresa. La de
Paula, quién estaba sobre él, demostraba indiferencia. A pesar de verme entrar seguía
cogiendolo…como si entre nosotros no hubiese pasado nada.
– ¿Quién es él? ¿Tú hermano?– le preguntaba el ser desconocido a Paula.
–Sí…es mi hermano. Ya se va. No te preocupes. Sigamos.
– ¡NO PO HUEVON! YO NO SOY SU HERMANO. LEVANTATE MIERDA.
Al ver a los dos juntos una sensación de odio se apoderó de mí. Yo amaba a esa
prostituta. Y su mirada se reía de mí. No respetaba a su trabajo. Imposible hacerlo. Pero
ellos seguían en lo mismo, ignorando mi presencia. Mientras tanto mi corazón se agitaba
tanto, que se quebraba en pedazos. Un inconsciente se apoderó de mí. Ya no era Tomás
Cruz.
A continuación lo único que recuerdo fue tomar el arma que yacía sobre la mesa.
Cargarla. Y disparar.
–CONCHA DE TU MADRE…– fue lo único que atiné a decir.
El cuerpo de Paula se llenó de sangre.
Fueron tres disparos. Lo maté.
…………………………..

–¿QUÉ HICISTE TOMÁS? LO MATASTE. LO MATASTE.


–CÁLLATE…cállate. Mira lo que me hiciste. No es mi culpa. Tú lo buscaste. No
fue mi culpa.
–Tomás…este es mi trabajo. Tú lo sabes.
–Paula. Entiende algo. YO TE AMO POR LA CRESTA QUE TE AMO.
–Tomás, acabas de matar a un hombre. ¿Sabes lo que eso significa? ARRANCATE.
Pronto llegará la policía. Y se acaba todo.
–Arrancáte conmigo Paula. Nos tenemos que ir.
–¿Hacia donde Tomás? Esto no es un juego.
–A cualquier lado. Al infierno quizás. Aquí no podemos seguir.

118
8
Underground

Lo confieso. Soy un asesino. Maté a un hombre, pero lo hice por amor. Quité una
vida, en solo tres segundos, con solo tres disparos. Una locura, que quizás me llevará a
pasar mi eternidad en los infiernos, acompañando al diablo en sus malicias y travesuras.
Drogarse, traficar, o robar no es lo mismo que matar. Esa noche en la casa de Paula perdí el
control que tanto había ansiado. Me di cuenta que ya no era mas Tomás Cruz, y que me
había convertido en un verdadero monstruo. Ya no tenía alma, sólo algo que se asemejaba y
gritaba con toda su furia “Paula”. Si el amor es bonito, no te lo podría decir, pero si sé que
es cruel. Te hace cometer atrocidades que solo el corazón puede comandar. Fue mi caso,
esa es mi historia. Maté a un hombre por amor. Por amor a Paula, y temor a su traición. La
misma que tantas veces he yo cometido. Pero cuando me tocó soportarla, no la toleré, y
aniquilé. Si sé, soy un maldito desgraciado.

……………………………..

¿Qué me cuesta admitirlo? Tomás no seas huevón...hasta tu me cansas con tus


huevadas, déjame descansar. Quiero seguir contando mi historia, estoy en la parte más
desastrosa, la parte donde realmente te convertiste en lo que eres hoy. Cállate un poco y
déjame reflexionar.

…………………………

– ¡Hijo! ¡Hijo! ¿Qué mierda le hicieron a mi hijo? ¿Qué cresta le pasa?

119
–Calmese señora…todo va a estar bien.
–Cállate tu huevon…muéstrame a mi hijo antes que te saque la chucha. ¿Dónde esta
mi Tomás…que mierda le pasó? Weon te juro que te mato, no me digas tonteras.
–Señora Nacrea, por favor, controlese, su hijo está bien, está en la Unidad de
Tratamientos Intensivos, pero nada mas. Fue grave lo que le ocurrió. Pero usted por favor
calmese, lo va a hacer todo peor. Lo acabamos de operar, se encuentra complicado. Fue
una operación de emergencia, bastante delicada. Pero ahora señora, sólo Dios puede
ayudar. La medicina ya hizo su parte.
–¡Hijo de puta! Mas te vale que no le pase nada a mi hijo, sino todo va a ser de tu
puta culpa. Y te lo digo porque soy Nacrea Cruz, y tú te callas…y weon mas te vale
devolverme a mi hijo sano y salvo, ¡degenerado de mieerrrrrrrrrda! Mira weon, que te
quede bien claro, te juro por Dios, el Diablo, y la Virgen que si le pasa algo a mi hijo, te
juro que asesino a toda tu familia, incluyendo a tu nana y a tu perro, imbecil, así que mas te
vale no depositar la salud de mi hijo en Dios tarado, para eso te estoy pagando aweonado.
–Mamá calmese, el Tomás va a estar bien, ven sentémonos. Él es joven y va a
resistir. – decía Pedro.
–Hijo gracias por el apoyo, por siempre estar con tu madre cuando lo necesita. Voy
a tomar agua, y avisarle al desgraciado de tu padre, queriendo o no ese imbecil sigue siendo
padre de mis hijos. Y también a tus hermanos, todavía no saben, no quise despertarlos. Voy
a tomar agua.
–Perdona doctor, mi madre está alterada.
–No se preocupe joven, eso siempre ocurre, pero debo decir que nunca llega a tales
extremos, primera vez que escucho amenazas hacia mi familia, y juramentos en nombre del
Diablo.
–Estaba bromeando doctor. ¿Y qué le pasó a mi hermano?
–No le quería decirle a tu mamá, al menos no aún. Pero usted es más fuerte. Lo
entenderá. Tomás está grave. Muy grave. Esta es su segunda internación por sobredosis.
Pero esta vez tuvo una hemorragia cerebral, del grado cinco, fue una operación larga. Cayó
en coma, por eso digo que ahora todo esta en manos de Dios. Cuando un paciente entra en
coma no hay nada que la medicina pueda hacer, solo rezar para que este vuelva.
–….No sé que decir.

120
–Lo siento joven. Se lo dije porque usted esta más preparado para escucharlo. Pero
le recomiendo no avisarle nada a su madre, es posible, usted sabe, no es alguien muy
predecible.
–Doctor no me venga con rodeos. Deje los cuentos reservados para Nacrea. Dime la
verdad, ¿mi hermano va a vivir?
–Hijo, siempre hay que tener esperanzas. Tu hermano entró muy grave aquí. Le
hicimos radiografías de su cerebro, y te digo que desde hace mucho tiempo no veía algo tan
deteriorado, apenas logro entender como podía llevar una vida aparentemente normal.
–No la llevaba doctor.
–¿Cuál es tu nombre hijo?
–Soy Pedro. Pedro Cruz.
–Mira Pedro, acá en la clínica Alemana llegan mas o menos de tres a cuatro casos
por noche, a causa de algún tipo de sobredosis. Tampoco es raro que ocurra en las mañanas,
o incluso en horario de clases. El número puede llegar a aumentar al triple en los fines de
semana. Las madres llegan sorprendidas, ya que no tenían idea que sus hijos eran
drogadictos, y bueno, uno queda como imbecil abriéndole los ojos.
–No me sorprende doctor. ¿Cuándo podré ver a mi hermano?
–Esta en la U.T.I., no estamos en horario de visitas, pero ven, pase. Parece que tu
madre se va a demorar un poco con sus llamadas.
De lejos se escuchaban los gritos en el teléfono…
–¡Mira Juan Ignacio! Solo te digo esto porque te tengo piedad, no sé porque lo hago.
Ojalá que no me arrepiente. ¿Yo perra? Mira mula, no es hora de discutir, ¿será que no me
entiendes? No, si sé, nunca nos hemos entendido en nuestro matrimonio, esta más que
claro. No, tú tienes la culpa que el matrimonio era una mierda. Tú fuiste el que me
traicionaste Juan Ignacio, que no se te olvide. Mira Vega, entiende algo por la cresta, no te
llamo para hablarte de tu mal desempeño en la cama aweonado, te llamo para otra cosa, tú
hijo Tomás esta internado grave en la Clínica Alemana. ¿Qué es lo que tiene? No sé, no le
pregunté al doctor aun, recién llegué. Recién me pudieron contactar. Sí, estaba fuera, y que
weon, hace mucho que dejaste de controlar mi vida. Cállate imbecil, y ven a la clínica. –
dijo a gritos Nacrea Cruz colgando el teléfono.

121
Mientras Nacrea Cruz hacía llamadas que iban desde Vitacura a Turquía, Pedro se
escabullió en la U.T.I. con el doctor, que le hizo una rara excepción. Cuando entró Pedro a
la sala y vio en la condición que estaba su hermano, no pudo más y se deshizo en llantos.
Toda la culpa que no había sentido en años le retumbó en la mente y en el corazón de una.
La joven vida de su hermano estaba por acabar. Queriendo o no, Tomás era su hermano
favorito, con el que mas tenía contacto, y era al que mas admiraba. Tomás era especial, un
ser distinto, y no sabía si sería capaz de soportar su muerte, y menos aun la dolorosa
situación actual. Lo único que conectaba a su hermano con este cruel mundo era su
corazón. No sabía si ese corazón sería lo suficientemente fuerte para evitar que fuese
sugado por el mas allá. El olor de la muerte se presentía. Era un olor fuerte que se
introducía por los orificios de la nariz, y traspasaba los poros de la piel, erizando los
cabellos como una rara sensación de escalofríos. Después el olor traspasaba las neuronas
del cerebro, cambiando las descargas magnéticas a solo un único propósito, arraigar la
culpa en el corazón. Pero ya era bastante tarde para volver atrás. El daño ya estaba hecho. Y
Tomás se estaba muriendo. El Jaque lo había matado. Al menos eso era lo que Pedro estaba
sintiendo. La única reacción que se pudo producir fue un largo e intenso destello de
lágrimas. Era la primera vez en muchos años que Pedro lloraba. Lástima que las lágrimas
no solucionan nada.
Juan Ignacio de la Vega llegó pocos momentos después a la Clínica Alemana, vio a
Nacrea y se dio cuenta que estaba mas estupenda que nunca, pero el orgullo fue mas, y solo
atinó a decir: “sigues siendo la misma tirana de siempre”.
–Y tú el mismo canalla– es la respuesta que escuchó.
– ¿Cómo está el jardinero?
– ¿Cómo está la nana? Quiero decir weon, que en vez de preguntar por el jardinero
atina a preguntar por tu hijo, mejor, ¿no crees?
– ¿Por qué crees que vine? ¿Para hablar contigo? ¿No te acuerdas lo que tus
abogados dijeron? No me puedo acercar a ti y a ninguno de “mis” hijos en más de 100
metros, así que más te vale que no vuelvas a entablar ninguna demanda, porque ya me
sacaste todo Nacrea.

122
–Todavía me falta el Porsche, y los vestidos que le compraste a esa puta Juan.
Además, todavía te queda plata para comer hombre, y no moriré contenta hasta que te
pudras en la miseria.
–Eres mala Nacrea, en vez de un corazón tienes carbón.
–Con mucho orgullo me desprendí de él Juan, al menos el carbón no hace sufrir.
–Mira Nacrea, te quiero decir algo, no vine aquí a pelear, vine por nuestro hijo. Creo
que debemos dejar nuestros conflictos de lado, y relacionarnos como gente civilizada.
–Sólo por esta noche Juan, porque después no te quiero ver ni en sombra. Lo de
Tomacito ya es una pesadilla para mí, ahora verte ya es una tortura.
–Estoy en el otro lado de la sala. Hablaré con el médico. Acuérdate que Tomás
también es mi hijo, y yo sigo siendo su padre.
–De eso no me olvidaré Juan, fue el peor error que cometí en mi vida. – dijo Nacrea
con cierto grado de desespero, había olvidado llamar a alguien.
La permanencia en la clínica fue aterradora, siempre lo es, al menos eso es lo que te
dicen. El olor a hospital es infernal, ya que trae consigo las verdaderas partículas del
sufrimiento.
Pero al menos sirvió de algo, no digo que estar en coma es justificable, pero sirvió
para que mi madre volviese a ver la silueta de mi padre.
Fueron doce días, y trece noches la que permanecí en coma. Despertar es la
sensación más rara que alguna vez llegué a experimentar. Es como despertar de un largo
sueño, pero no de ocho horas, y ni siquiera de doce, fueron más de doscientos cincuenta. Mi
madre envejeció en doce días, lo que normalmente envejecería en doce años. No sé, pero
estaba mas nerviosa de lo que supuestamente debiera estar. Obvio que tener a un hijo en
coma le eleva los nervios a cualquiera, pero daba la ligera impresión que había algo mas
que la mantenía así. Quizás algo sobre el pasado. O talvez la presencia de Juan, o hasta de
un cura que nunca antes había visto en mi vida. Desperté, y la verdad que siempre quise
ocultarle a Nacrea se descubrió. Ella se enteró que a pesar de haberme internado en una
clínica algunos meses atrás, yo había vuelto a lo mismo. Lo confieso, todavía lo hago, pero
a menor escala. Es imposible parar, ya es parte de mí. As veces pienso que para mi el día no
tiene veinte cuatro horas como para todos los demás. Hay horas a las que llamo vegetar.
Puede ocurrir en cualquier momento. Puedo estar en el medio de una ducha, o hasta

123
soñando, y de repente la dependencia me entra en la cabeza, y empiezo luchar contra ella.
Diciéndole que se calle, que todavía no es hora. Lo que yo hago es ponerme horas, y cuotas
diarias, mas de eso no puedo consumir. Siento que hay dos personas viviendo dentro de mí.
A una de ellas trato de expulsar, pero si la expulso sería como amputar a un corazón, o a
parte de mi cerebro.
……………………….

Paula le había contado la peor noticia, o quizás la que más lo impactaría en toda su
vida. Sí, se había enterado, después de mucho insistir, de enviar muchas cartas y mensajes,
de gritarle es su ventana, y de dormir dos días y dos noches en su puerta. Paula le abrió la
puerta, y en una revelación no planeada le dijo –Mira Tomás, si pensara que fueras tan
pendejo nunca hubiera salido contigo.
– ¿Te arrepientes de todo lo que vivimos? – atiné a preguntar en una pregunta que ni
yo mismo podía responder pero que Paula, sin saberlo mucho respondió al instante.
–Si me arrepiento o no no es el punto, quizás me hubiese arrepentido si no hubiese
seguido mis instintos, no sé, pero esto es una locura Tomás, no importa lo que pase, pero
nosotros no podemos seguir.
Me acuerdo que cuándo me dijo esas últimas palabras “nosotros no podemos
seguir” finalmente pude entender que todo esto era en serio, que no todo era una broma. Por
primera vez me percaté que podía perder a Paula para siempre. Fue un golpe bajo que
todavía duele cuando la memoria cumple con su penoso deber.
– No me puedes hacer esto Paula, no digas que me vaya ahora después que me
metiste en todo, ya es muy tarde para ignorarme.
–Nunca debí abrir la puerta, no planeaba involucrarte, pero ya es muy tarde,
insististe mucho, y al final lo hice, ya sabes de todo.
–¿No te das cuenta en todo lo que estamos metidos Paula?
– Prefiero no pensarlo, pero todo esto ha sido una pesadilla, pero una pesadilla que
tiene sabor a sueño, fue mi culpa Tomás, nunca debí haberte conocido, nunca debí haber
pretendido nada mas que hacer mi trabajo de puta, no debí haberme enamorado, andate
porfa, no toques de nuevo mi puerta, esto se acaba hoy, vive tu vida, yo me voy, no vas a
saber nada de mi durante mucho tiempo Tomás, pero entiende que me duele hacer esto, de

124
tener que abandonar todo, pero entiendo que lo hago porque te amo, y no quiero arruinarte
la vida. Vas a saber de mí, al menos eso creo, te voy a mandar cartas, no sé, pero nos
contactaremos, no importa lo que sea de mí, pero andate Tomás, andate ya, no te quiero
volver a ver.
– ¿Estas loca Paula? De acá no me iré, lo siento.
– ¿Por qué eres tan terco? ¿Por qué tienes que ser tan monstruo? Lo siento pero no
tengo otra opción. No me obligues a matarte. ¡No te quiero ver jamás!– decía Paula
sacando un revólver.– Andate, no te quiero hacer daño, andate, ¡andate ahora!
A partir de ese día Tomás nunca mas volvió a escuchar de Paula, al menos durante
mucho tiempo. Se dio cuenta que el dolor que un balazo llegaría a provoca sería
infinitamente menor que el dolor de tener que olvidar todo el amor que una vez llegó a
sentir por Paula

9
El Joven de La Pobla

Vi la dura mirada de mi madre, subí a mi pieza, salté por la ventana, y fui a la calle.
Tomé una micro, no me acuerdo el número, pero fue la primera que decía La Dehesa – y
lugar completamente desconocido en su frontis. Saqué un billete de mi bolsillo y pagué al
chofer. Me miró con cara de mula, estaba pagando con billetes. Me senté en el asiento del
medio, en la ventana. Miré a mi alrededor, todo era verde y lindo, claro que de eso me di
cuenta tiempo después. La micro seguía su curso normal. Entraba y salía gente. Viejas,
jóvenes, putas, obreros, vendedores, artistas, cantantes, estudiantes, etc...Escuchaba las
canciones y el pedir de monedas. Escuchaba las miradas de la gente. Veía como los
vendedores que deambulaban en el pasillo de la micro en cada nueva parada hacían de sus
helados, carteras, lápices, y alfajores, el mejor y más fino producto del mundo, algunos
atestaban hasta con evidencia médica que tal o tal alimento traían enormes beneficios que
combatían la impotencia sexual, el cáncer de la próstata, la hepatitis cuatriruníana, o el

125
crisum terudium. Me di cuenta que cada uno trataba de ganarse la vida como pudiese. Fue
ahí cuando me percaté de la locura que estaba cometiendo.
No me importó mucho, me di cuenta de la locura, pero no de las consecuencias de
tal aventura. Mas una vez la teoría de Nacrea Cruz tenía razón, yo era un loco deambulando
por el mundo. A medida que avanzaba la micro, que para mí no tenía destino claro, el
panorama iba cambiando. Los árboles y los autos últimos modelos escaseaban, habían
menos vendedores ambulantes, es cierto, pero había más suciedad en las calles, y se olía un
olor distinto. Esperé bastante. Me di cuenta que la gente se iba bajando, y que nadie iba
subiendo. Después de pasar horas desde que me subí a la micro, el conductor me avisó que
se había acabado el recorrido y que me tenía que bajar. Mi aventura acababa de empezar.
Pisé un suelo de tierra y piedras. La tarde se acababa, y el sol se escondía. Yo con
mi bolso empecé a caminar. No estaba pesado, no había traído muchas cosas, antes de salir
de la casa me di cuenta que solo viviría con lo esencial. Empecé a caminar sin rumbo,
doblando por las esquinas y siguiendo las avenidas. Me sentía un vanguardista, un
conquistador, que descubría tierra vírgenes, nunca antes pisadas por el hombre. Me enteré
que la gente era distinta a mí, que no mezclaba con ellos, que yo era el distinto, y que si
quería sobrevivir era mejor no destacar. Pero lo descubrí muy tarde. Cuando llevaba apenas
unas calles caminadas y el frío se hacía más presente, sentí un golpe en la espalda, y una
zancadilla que me botó en el suelo. Recibí un golpe en la nariz, lo que me hizo sangrar,
después vi como se arrancaba con mi bolso. Quedé botado en el suelo. Era un joven de la
pobla.

…………………………..

Todavía estaba en la micro, llena a no dar más. Yo estaba sentado, pero podía oler
las fragancias a colonias mojadas, la radio que tocaba cumbias, y las manos mal cuidadas.
Veía las ropas de Patronato rodar por el lugar, también veía como el aire se hacía cada vez
más denso. No me importaba mucho, todo era nuevo. En cierta forma, a cada cuadra que
avanzaba la micro más latía mi corazón. Yo tomé cualquier cosa que me llevase lejos de mi
hogar, pero secretamente me daba cuenta que cuanto más lejos estuviera más ganas tendría
de estar cerca. Contradicción de pendejo se podría decir, nunca contento con nada. Pero me

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parecía muy tarde para cambiar, y mi orgullo Cruz era más fuerte que el frío, el temor, y la
pobreza. Decidí hacerme hombre, pero no perdiendo la virginidad como antes creía.
Hacerse hombre implicaba mucho más que eso. Decidí madurar de una vez por todas, cual
tal internamente lo planeó mi madre, mi madre, esa huevona siempre esta detrás de todo,
con todo el respeto y la honra que le debo. Siempre la he admirado mucho, y eso nunca
cansaré de repetir. No importaba cuanto la quisiera o la admirase, solo me acuerdo que en
esos momentos yo la odiaba, junto a toda mi familia, lo único que quería hacer, al menos
externamente, era alejarme, aunque los dos sabemos que dentro (muy adentro) de mí
ocurría todo lo contrario. El problema consistía en que la única persona que logró llegar tan
profundo en mí, y de abrir lo que realmente siento, era Paula, y en esos días en que decidí
arrancarme para siempre de mi casa, al menos con ese objetivo, Paula se encontraba muy
lejos de Santiago.
Después de que me asaltaran y estar sangrando y golpeado en el suelo, me percaté
de que no habría nadie para socorrerme, y ayudarme a levantar. No habría Nacrea Cruz
dándome la mano, y gritando hacia medio mundo buscando a un culpable por el golpe
recibido por su hijo mimado. Me miré a mi mismo, decidí levantarme y seguir mi camino.
Ahora estaba sin nada, sin plata, sin origami, sin ropa, y sin comida. Estaba solo,
con unos pantalones rotos, una camisa manchada de sangre, y una nariz hinchada. Estaba
feliz y asustado al mismo tiempo. Como si de una vez por todas la carga que llevaba en
cima durante todos los años de mi vida hubiese sido robada. Era libre.
Cuando emprendí los primeros pasos por los caminos de tierra de aquella población
me di cuenta que todavía no era como ellos. Decidí quebrar una ventana de una casa que
parecía abandonada. Recogí un pedazo de vidrio que rebotó en el suelo. Empecé a cortar mi
camisa, y romper mis pantalones, hacerme unos hoyos en las zapatillas, y sumergirme
como tacleando a un fantasma en un juego de rugby, en el barro. Si alguien me hubiese
visto, seguramente creería que me había vuelto loco, y no dudaría en llamar al centro de
asistencia psicológico máas cercano. Se me olvidaba que las terapias, y los psiquíatras son
lujos de pocos, y que los pobres no tienen como tratar sus problemas mentales.
Para muchos el hecho de hacer lo que hice me hace una persona poco inteligente,
poco astuta, y hasta tonta. Yo digo filo. Me importa un rábano lo que los otros piensen.
Solo quiero que sepan que el haberme convertido en joven de la pobla, si es así como me

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puedo llamar a mi mismo, me abrió mundos completamente desconocidos, y me di cuenta
que mis problemas iban mucho mas allá de que si la Juana o la Fulana me iba a pescar en la
fiesta, o que si el la Tati o la Pati me daría la pasada. Me di cuenta que las drogas no eran
problemas, si no parte de tu vida. Como todos los parásitos, los que tienen plata tienen
obviamente mas recursos para enfrentarlos, tienen esa pequeña luz al final del túnel, cosa
que no sucede acá abajo. Si acá alguien sale del mundito maldito y maloliente en que
nacieron es a pura garra, y fuerza de corazón. Es aperrando, y luchando.
Son esas experiencias que hacen de mi etapa de joven pobre, las más ricas de mi
vida. Gracias a la locura que cometí, viví algo único que ninguno de los que se codean a mi
lado ni siquiera estuvieron cerca de vivir. Ellos no saben como funcionan las cosas en el
lado B. Para ellos la miseria máxima se encuentra en el Canal 12 de Metrópolis, o en el
trescientos y tanto del Sky. Para ellos la pobreza son los reportajes de narcotráfico del
Contacto, o los niños pudriéndose de hambre en el Discovery Channel, o las fotos de
mujeres desnutridas del Nacional Geographic. Nunca vivieron nada en carne propia. Y eso
de verdadera pena, porque da la impresión en que viven dentro de una verdadera caja de
pandora, que viven adentro de un reality show, en donde todos los pueden observar, pero
ellos no saben ni siquiera la hora, y ni el día en que están parados.
La primera vez que salí de La Dehesa fue para ir al Mercado Central, donde
encontré a Paula. Yo juraba que eso era lo más lejos en que podría llegar, que no habría
nada mas mediocre en Santiago, ahora me doy cuenta de lo equivocado en que estaba. Este
gran Santiago, que en verdad se divide en verdaderas naciones, culturas, y pueblos, cae
mucho más abajo que el mercado central, sus pescados hediondos, y la suciedad de la Línea
2 del Metro. La segunda vez que salí de mi jaula, fue con Romina, en ese día en que ocurrió
mi memorable fuga de la clínica. Recién me di cuenta, inconscientemente, en donde me
estaba metiendo. Para mí todo consistía en una película de Hollywood, en donde el
principal actor era yo. La tercera vez fue ahora, en La Estrella. Es sólo ahora que puedo
describir los caminos de de piedra, y es aquí donde me quitaron mi bolso y mi última
conexión, a no ser de la sangre, con los países del oriente de Santiago.
No me acuerdo si era una noche nublada, o no. Pero me gusta la idea de pensar que
las negras nubes tapaban el sol. Empecé a caminar con mi paso de iguana de Petland,
intentando clamufarme como soldado de Vietnam en esta nueva selva que pasaría a ser mi

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hogar. Te miento al decir que no me salieron las lágrimas. Pero más por el temor que por el
frío. Suena frívolo, y apocalíptico ver a un cabro de dieciséis años llorando. Los hombres
no lloran.
No me importaba el machismo con que había sido criado, estaba lejos de mi hogar,
y creo que llorar era necesario para despojar todas las augurías que tenía capturadas en mi
interior. Era un paso esencial para ahogar ese libro viejo, y quemar esas páginas entre
abiertas, para así comenzar una nueva historia.
Después de que la fría brisa despojara las lágrimas de mi rostro, mis ojos nunca más
me volvieron a fallar. Seguí caminando a paso duro. Era increíble ver que todas las
familias, por humildes que fueran, se encerraban en sus casas. No estaba la pichanga de la
tarde, todos vivían como si el vecino no existiese, eso no cambiaba mucho de barrio en
barrio. El sueño me venció. Y me senté en una esquina a indagar con mi imaginación lo que
pasaba. Mis ojos se cerraron. Pude dormir y soñar. Fue el primer sueño que tuve en muchos
años. Soñé con mi familia.
Cuando veía la cara de mi madre y veía como su boca decía algo para intentar de
darme un mensaje, me desperté con una patada en el estómago. Por breves momentos no
pude respirar. Eran tres jóvenes. Me preguntaban que estaba haciendo en la esquina de
ellos.
–Que pasa huevón. Paque me pegai.– intentaba decir con mi mejor acento de
teleserie posible. El acento de cuico tenía que ser olvidado.
–Tay en nuestra calle conshasumadre.
–Soy nuevo.
–Se te nota harto pajarón. ¿Paque te fugai del paraíso? No finjaí acentos. Que acá en
la pobla no somos naá de tontos. Los ojos los tenemos bien parados.
–Que quieren que les diga. Estoy solo. Soy yo y el mundo.
– ¿Es bien cuático el cuico no?
–Sha, loko, cuatio es poco.– decía otro.
– ¿Como te shamai?– preguntaba la tercera.
–Tomás. No se si cuático o no. Pero a partir de hoy soy uno de ustedes.
– ¿Uno de nosotros?

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–Mira pendex, nuestro club es caleta de exclusive. No es pa cualquier culíao que
quiera entrar.
–Pero tenemos vacantes loco. Pero tenís que apeshugar. Tenís harto que cambiar pa
ser “uno de nosotros”.
–Disculpa por el golpe– decía el weon que se veía más viejo que yo, pero era medio
metro mas bajo, y tenía el tabique desgastado por el neopren.
–Nos presentamos entonces. Nosotros somos los yuntas del barrio. Los compinches,
los hermanos. Somos hijos de putre, hijos de la calle. La calle es nuestra familia. Siempre lo
ha sido. Y de la calle es de onde vivimos y venimos.
–De la bosta de los basureros, ya lo entiendo. – dijé yo sin premeditarlo.
–Epa consha, nosotros somos pobres pero dignos, y si vai entrar al club sosíal tení
que aprender a vivir como nosotros.
–No problem.
–No hablamos inglés tarado. Acá no hay nada de sorry, y de “chit” o “fock”, ni
tampoco “soundovabitch” o “mutherfucker”. Aca se dice pura “zorra”, “pico”, o “raja”, “pa
la cagaa”, y es así como vivimos nosotros. Somo el orgullo rasca. Somo reordinarios, nos
gusta el hip hop, y somos los tiro de gracia, somos los jóvenes de la pobla. Somos la favela,
la podredumbre. Somos to eso. Y tu Carmelo. Tení que adaptarte, y cuando se te pase la
paja de niñería de andar arrancando de mami, volví a tu lugar, y nos pagai de vuelta. Y nos
gusta decir osho, u oyó. Nos gusta la cumbia. Y na´de esas gueas tecno. Somos distintos.
Quero dejar el juego claro, pa que nadie se tome el pelo. Aca las reglas son claritas.
–No me shamo Carmelo. Soy Tomás.
–Tay aprendiendo longhi., el process no es difícil. Pronto con las cachativas vay
aprender.
–Pero no les voy a poder pagar nada. No pienso volver.
–Hey tú. Tú no erí el único weon revoltoso Tomás. Aunque te guste creerlo.
Tampoco hay que decir que es común. Pero patanes coo tú sha vimos como docena de
veces.
–Vamos weon, levántate. Acá no es seguro. Acá pasan los viejos en los taxis
ofreciendo luca. No acepti weon. Son pedófilos. Pagan bien, pero teni que mamar y abrir el
queque. Tení que tener cuidado con las gangs. No estay en territorio amigo. Nosotros

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somos los del putre, pertenecemos al putre Chengo, el jefe. Ahora te damos con él. Los
otros son los Shecos. No son pacíficos.
–Nosotros tampoco…– añadía otro.
–Tamos en una guerra que es la zorra.
–¿Qué se pelean?– atiné a preguntar. El tema me interesaba.
–Todo weon. La calle es nuestra jerga. Nuestro territorio. Nos adueñamos. Acá se
negocía lana, cach, harto cach. En las guerras de decide quién organiza las prostis, las
travis, que pagan comisión, se organiza quién vende la merqui blanca y la verde, y quién
trata a las moñis.
–O.k. merqui blanca es cocaína, merqui verde es marihuana, prostis son putas, travis
son travestis, y moñis son niños.– decía la Tutía que veía como mi cara se ponía de poto al
escuchar las nuevas expresiones.
–Las peleas son fieras. Dos, tres veces la week.
–Ustedes saben hartras palabras en inglés. ¿Quién les enseña?
–Inglés de películas no mas compinche. Y de compadres como tú que se aparecen
de vez en cuando, después nos enseñai mas.
–Yapo…. – decía yo integrándome al grupo.
–LLa, vamos con el jefe. Pero salgamos rápido, no tamos muy protegidos. ¿Veí
esto?– me indicaba el más bajo, el mismo de la patada, con el dedo mostrándome su torso.
–es una acuchillada, son marcas de guerra, cicatrices tenemos muchas. Bienvenidos al
mundo. Si te gusta, lo que nunca ha pasado, te podis quedar. Suerte compadre. La necesitai
en este juego.

………………………

El integrarme a una nueva sociedad completamente distinta a la mía no fue tan duro
como pensé. Me di cuenta que todos eramos humanos queriéndolo o no, y que no tenía
nada a perder. Las semanas pasaban y yo quedaba cada vez más parecido a los del grupo,
actuábamos de la misma forma, y mirábamos al mundo de la misma particular manera. En
poco tiempo no había la más mínima diferencia entre yo y el resto. Nos tratábamos como
iguales, como hermanos, como miembros de una pandilla que se creía dueña del mundo.

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Pronto me olvidé de mi familia y de mi pasado, al menos temporalmente. Ya había perdido
el acento del barrio alto, y también las costumbres de cuico. Aprendí a vivir con la pobreza,
como todos los demás. Aprendí a robar, a esconderse, a correr. Es verdad que todo era muy
crudo, muy insensible, muy duro, pero al mismo tiempo muy real. Hambre pasé poca, las
comisiones de las putas financiaban las pandillas, que cada día se armaban todavía mas. Ya
eramos sofisticados. E irónicamente, yo guardaba la más grande revelación de mi hermano
Pedro como el mayor secreto de mi vida. Por cosas del destino, yo comencé a vender
drogas del Jaque. La mercadería era comprada por el jefe de la “tribu” al poderoso Jaque de
Sanhattan, quién a su vez recibía la “merqui” directamente de Escobar de Colombia, y
reenviaba gran parte al As en California. Después el jefe de la pandilla nos repartía a
nosotros los miembros del “club” para que vendiésemos puerta en puerta y esquina en
esquina. Pero yo ya estaba harto de lo mismo, quería parar, si mi interés era vender drogas
mejor me juntaba a las atrocidades de mi hermano, donde no sería un simple comerciante,
pero controlaría gran parte de una comuna. Sin embargo no podía volver donde mi familia.
Y tampoco podía dejar de vender, era como me decía Paula, “por necesidad”. Era la única
forma de poder alimentar el vicio que a estas alturas me domina por completo. En mis
pocos momentos lucidos en donde me doy cuenta de los rumbos que mi vida está tomando,
me excluyo del resto “del resto” del mundo. Quedo sólo, y me dedico a llorar mis penas y a
mirarme en un espejo, en donde creo ver imágenes distorsionadas que no soy yo. A veces
no me reconozco. Ya no soy el mismo. Nada sigue igual. No son solamente mis ropas, y
quizás uno que otro moretón en la cara,y tampoco es mi acento, el cambio es bastante mñas
profundo, y eso me asusta. Porque internamente viven dos Tomás. El de la Pobla, y el de
siempre. Me asusta ver que el de siempre está completamente derrotado, rindiéndose a
regalar el famoso título de “siempre”, después de una dura batalla. El Tomás de siempre
logra aparecer de vez en cuando, y cuando eso ocurre no hay tristeza que puede describir
mi situación. No logro entender lo que está ocurriendo. Y me convenzo que nunca voy a
lograr salir de este hoyo sólo. Necesito la ayuda que me está sido renegada. Pero poco
después pongo la mano en mi bolsillo y encuento el papelillo que tanto deseo. Como si no
pudiese controlar mi mano, y menos mi voluntad. Desenrrollo lo que tengo, saco el espejo
que tanto odio de la pared, aspiro profundo, y todo vuelve a ser un sueño. Me olvido de

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todo, y sego como siempre. Viviendo feliz, con una felicidad ficticia, pero feliz, excluído
de mi verdadero mundo.

……………………….

Paula se había ido de Santiago. Empacó sus cosas y nunca más escuché hablar de
ella. Visité su casa durante toda una semana, esperando recibir noticias. Pero no recibía
respuesta. No había nadie, se cansaban repitiendo los vecinos cuando escuchaban mis
desesperados intentos de contactarla. Paula era sensacional. Después de amenazarme con su
revólver, e inundarse de lágrimas, tomó su maleta, y empacó sus pocas pilchas. Se fue al
aeropuerto con los trescientos pesos que tenía. Allí desembarcó, no teniendo un peso para el
pasaje aéreo. Se sentó en una silla que quedaba al lado de la puerta de un sanitario. Vio
cuando un piloto de una aerolínea gringa entraba al baño. Ella lo siguió. Entró al cubículo
en donde este estaba semi-desnudo. Le desabrochó el cinturón. Le abrió el cierre del
pantalón, y le sacó sus calzoncillos. Hizo que este se sentará en el water. Y a seguir con su
boca lo convenció para meterla escondida en cualquier avión.
Este accedió, un poco nervioso por la experiencia en el aeropuerto de ese país
subdesarrollado y extraño. Al principió no accedía a hacerlo. Entonces Paula, aprendiendo
y adaptándose un poco a la personalidad de Nacrea, lo llenó de gritos y amenazas. El piloto,
escandalizado por el escándalo y la posibilidad de que alguien se enterara y mal interpretara
la escena, accedió a regañadientes. No quería ser acusado de abuso sexual, o que no había
pagado los dólares que había prometido a una prostituta latina, cualquiera de las situaciones
sería suficiente para dejarlo preso en el país, y arruinar su exitosa carrera de piloto
comercial. Meter a esa loca y desesperada joven no sería fácil. Tenía que hacerlo. Conversó
con una azafata de su misma empresa, con quién tenía una cercana amistad, y pidió para
que le prestara algún uniforme de reserva. Esta extrañada y sin hacer preguntas, aceptó, no
solo porque estaba hablando con su jefe, pero también con un cercano amigo. Paula que
seguía al piloto a pocos pasos supervisionando toda la operación, veía la preocupación de
este, y como su blanca piel caucásea se ponía roja. El piloto transpirado y arrepentido de
haber aceptado lo que una desconocida de un país desconocido le había brindado en el
baño, le otorgó el uniforme de su amiga. Paula con la misma presión que le había

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convencido que la embarcará en el vuelo que el piloto pilotearía, lo obligó a meterse en el
baño de mujeres con ella. No quería que el piloto se arrancara mientras ella se desvestía
para ponerse el uniforme de funcionaria. El piloto todavía más impresionado entró en el
mismo cubículo de Paula, y dijo con su pobre español que no quería ningún otro favor de la
misma especie. Esta se desvistió y se puso rápidamente el uniforme de azafata que el piloto
le entregó. Le quedaba perfecto. Los dos salieron rápidamente del baño, que por suerte se
encontraba vacío por las altas horas de la madrugada. El piloto se embarcó con Paula.
Pasaron por policía internacional, donde no necesitaron mostrar ningún documento, ya que
la buena fe chilena encontraba desnecesario chequear documentos de los profesionales de
una línea aérea extrajera. Los dos, minutos antes del embarque de pasajeros, entraron al
avión como si Paula verdaderamente tratase de una sofisticada azafata. El piloto entró a la
cabina, y le dijo a Paula que ya había cumplido su trato. Esta que no era tonta, le dijo que
tenía que ayudarla a salir del aeropuerto del país del norte. Este de nuevo accedió bajo la
presión de una candente mirada, que trataba de convencerlo y presionarlo a la misma vez.
Paula le dio un apretón en el glúteo y fue a la parte de atrás de la aeronave, mientras el
piloto trataba de arrancarse de esa naciente víbora que lo manipulaba encerrándose en su
cabina, esperando lo antes posible llegar a su destino, ver a sus hijos, y cenar con su esposa
para que esta le dijera que la cuenta de luz estaba atrasada que “little Andrew” necesitaba ir
al psicólogo, y que el banco había llamado cobrando la cuota de la casa.
Mientras tanto por diversión más que por obligación, Paula cumplió un sueño de
niña fingiendo ser azafata. A las preguntas de sus extrañadas y nórdicas compañeras, ella
dijo que había sido prestada por Lan Chile a través de la publicitada alianza One World , ya
que el vuelo se llenaría más de lo esperado con pasajeros de un vuelo averiado de la
compañía, y se necesitaría personal extra. El avión despegó. Y Paula ya se encontraba a
nueve mil metros de altura y sobrevolando los pastos verdes en que seguramente estaría la
casa de Tomás Cruz.
Era la primera vez que Paula viajaba por avión, y admiraba con emoción como el
sol salía de su escondite detrás de la cordillera. Era el principio de una nueva vida. Dejaría
a Chile, a sus amores y a sus desgracias para atrás.
El boarding service empezaba a prepararse, y desde los parlantes del avión se
escuchaba al piloto dar la bienvenida a los pasajeros como si nada hubiese pasado. Las

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azafatas con una eficiencia primermundista organizaban como locas las bandejas a seren
servidas. Paula no se quedaba atrás con su improvisación. De hecho lo hacía muy bien, ya
que la imaginación de infancia y las ganas de actuar, sumados al duro entrenamiento de
Petunia en la casa Cruz, habían sido suficiente para prepararla para cualquier tipo de
servicio en cualquier tipo situación, no importando lo extrema que esta fuese.
El vuelo estaba lleno, había en sus asientos gente de distinta clases, viejas cuicas
que irían a hacer compras en Miami y después pasar a Nueva York, como pobres vestidos
de ricos para escaparse de Chile, y dirigirse a una nueva tierra, para darse cuenta que nada
es mejor que el país de origen, y que el dinero fácil no existe en ningún lugar del mundo.
Cuándo llegasen, la mitad sería devuelto como mulas de carga a Santiago por culpa del
exigente servicio de inmigración americano, y la otra mitad que apenas había juntado
recursos como para comprar el pasaje, se internaría por las callejuelas de Miami para
enterarse que en la ciudad hay más latinos que gringos.
Paula, mientras servía las bandejas, veía las distintas miradas de las personas, y
trataba de adivinar lo que cada una estaría pensando, y cual era el objetivo detrás del viaje.
En muchos casos no lograba adivinar, pero en los pocos que si lograba, sentía una
conexión profunda y de ayuda, para decirle que ella también estaba en la misma situación,
y que también necesitaba de ayuda, y que también se sentía sola.
Las turbulencias comenzaron a sentirse mientras el avión se adentraba en las nubes
que flotaban por el cielo. Por sorpresa de sus compañeras, Paula se asustaba como si nunca
antes hubiera vivido tal situación, y estaban en lo cierto, era la primera vez que Paula
pasaba por una turbulencia, y de verdad pensaba que el avión iría caer a mil kilómetros por
hora arriba de una escuela infestada de niños.
–Calm down sweetie, it’s just a normal shaking. It is very common in this route. Is
this your first time flying Santiago–Míami?– preguntaba una de sus compañeras.
Paula no entendía palabra de lo que le estaban hablando, pero no podía delatar su
situación, porque estaba enterada de que en cualquier línea aérea a las azafatas le enseñaban
el inglés mínimo para lograr entender. Paula se hizo la desentendida y atinó a decir “Yes”.
La histeria cundía en la clase económica. Y en vez de vuelo internacional, la
aeronave parecía bus intercomunal. La gente reclamaba por la comida plástica que se le
entregaba, y Paula respondía que se estaban abaratando los costos, otra gente reclamaba por

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la bebida que estaba sin gas, y Paula decía que no podía hacer nada ya que era imposible
saltar de paracaídas para comprar una coca cola en el almacén mas cercano, ya que si así lo
hacia ella no podría subir de nuevo al avión. Paula se portaba como una verdadera actriz y
se tomaba su rol a serio. Incluso daba la impresión que era la azafata más bien dispuesta de
la tripulación, porque mientras las otras ignoraban los llamados de las lucecitas de los
asientos del avión, Paula acudía a todas sin excepción.
Llegó la hora del Duty Free, que era cuando las azafatas tal como si estuvieran en
La Vega, se encargaban de ofrecer merchandising de American Airlines por veinte dólares,
o relojes suizos por 150.
–O.k. You Lan Chile girl take that car, and start selling, it seems like you are well
trained.– decía la azafata jefe señalandole con un dedo un carro lleno de joyas.
Paula que no entendía palabra, leyó los gestos de la supervisora y entendió que no le
estaba regalando el carro con joyas, si no que la estaba enviando a vender lo que estaba en
él. Paula con mucho gusto empezó anunciando, por sorpresa de todos, los productos a viva
voz – “!La Mont Blanc a 150!”– decía ella entre los pasillos. Las ventas fueron un éxito y
los dólares llenaban los bolsillos de Paula. La tentación de robar fue inmensa, lo que
consistió una verdadera guerra que Paula tenía que luchar. Ya que no tendría ningún peso, y
para que hablar de un dólar, al llegar a destino. Al final decidió no sacar ningún dólar, ya
que la supervisora se daría cuenta al contar la plata de que faltaba dinero.
Las piernas de Paula se estaban cansando, y mientras se dirigía al final de pasillo
para devolverle las ganancias a la mujer que le había indicado el carro, recibió mas de un
golpe en el traste. Pero eso si que no aguantaba y no aceptaba ignorar. Al volver a la cocina
devolvió todo a la supervisora. Y llenó algunos vasos con agua y hielo, casi se decide
hacerlo con café hirviendo, pero prefirió no hacerlo porque si el cliente se quemaba este
gritaría causando un verdadero escándalo. Con la bandeja volvió a los asientos que
quedaron grabados en su mente, y derramó los vasos sobre los pantalones de los osados.
Después pidió perdón, como si todo se tratase de un mero accidente. Estos decidieron
ignorar la situación, ya que no querían que el acto de manosear a la azafata se ventilara en
caso de hacer del accidente que los afectaba algo mayor. Paula trataba de pasar la mayor
parte de su tiempo haciendo algo, ya que no quería estar junto a las otras funcionarias en la

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parte de atrás, ya que estas hablaban en inglés y descubrirían que la chilena que las
acompañaba no sabía palabra, y que entonces no sería una azafata, sino una infiltrada.
El viaje ocurrió sin inconvenientes, y casi ocho horas después el avión estaba
aterrizando en el aeropuerto de Miami. Los pasajeros se paraban de sus asientos, y se
dirigían como perros enrabiados a la puerta delantera de la nave, que a su vez estaba
conectada con la loza que conectaría a los pasajeros con el edificio terminal. Paula no sabía
que paso seguir. Así que esperó, postrándose a la puerta de la cabina, y esperó que el piloto
que la había infiltrado en la nave, la ayudase. Este, algunos minutos después de que la nave
se vaciara abrió la puerta de la cabina con la ilusión de que la joven que se había
encontrado con él en un baño del aeropuerto de Santiago se hubiese ido. Su mirada se
desilusionó al ver que todavía estaba en el avión, y que lo esperaba a él para solucionar su
último problema. El gringo sabía que la policía en Estados Unidos no sería tan bondadosa
como la de Chile, ya que la típica idiosincrasia chilena por suerte no cruzaba sus fronteras.
Entonces le dijo a Paula que lo siguiese a la parte de atrás del avión, ya que no
podían salir por la loza que los llevaría al aeropuerto, porque a la salida sabía que tendrían
que pasar por policía internacional, lo que sería fatal ya que Paula era una inmigrante ilegal.
Entonces el piloto, ya en la parte de atrás del avión, apretó un botón que hacía que una
escalera que yacía dentro de la aeronave se desarmase, y hiciera un camino hacia el mismo
suelo acimentado del aeropuerto. Paula bajaba por las escaleras junto al piloto, y este paró
una van de la compañía que los llevaría a la zona de estacionamientos, y así evitarían pasar
por todo el papeleo de inmigración. Al llegar al estacionamiento el piloto se despidió de
Paula, e irónicamente le deseó suerte. Paula llevaba su mochila en mano, era lo único que
tenía, y ahora se encontraba en un mundo que desconocía por completo. Paula reflexionó y
se dio cuenta que estaba en la misma situación con la cual había llegado a Santiago desde el
sur años atrás, cuando apenas cumplía la mayoría de edad y abandonaba la casa paterna.
Paula también se dio cuenta que su camino en esa tierra no sería muy distinto al vivido en
Chile, y que seguramente, al menos en un principio, se dedicaría a hacer las mismas cosas.
Fue en el mismo estacionamiento adentro de un auto amarillo donde consiguió sus primeros
veinte dólares.

…………………..

137
Llegó la hora de introducirme en la pandilla, los desconocidos que me recogieron en
la esquina donde me detuve por primera vez a dormir me guiaron a su guarida, o su
escondite secreto, o como cresta se llame. La cosa es que se trataba del centro de
operaciones del grupo. Era un galpón abandonado en el medio de la población, un lugar
inhabitable, ni siquiera para los parámetros de los mendigos. El lugar apenas tenía un techo,
y para que decir sobre puertas y ventanas. Era más bien una especie de gran container
abandonado, una especie de bodega usada por una empresa que seguramente había
quebrado. Era allí donde se hacían las reuniones, y donde todos se juntaban alrededor de
una fogata. Nos adentramos en el lugar, y ahí sentado como si fuese el jefe de una tribu de
un lejano país africano, estaba un joven de aspecto débil pero travieso, era flaco, con faz
clara, y ojos negros. Tenía una cicatriz en la cara, una especie de cola de escorpión. Por eso
lo apodaban escorpión. El joven parecía tener mi misma edad, quizás un poco mayor, pero
no mas de un año. Aunque yo por mi altura siempre aparentaba ser más grande de lo que
verdaderamente soy. El Escorpión aparentaba su edad no por la altura, o un imponente
cuerpo, pero por su mirada de experiencia. Se notaba que el escorpión había estado en
todas, y que el brillo de infancia se había completamente desvanecido. Tenía una voz
gruesa, pero no porque fuera un adulto, pero porque trataba de forzarla. Le resultaba
bastante bien, pero no cien por ciento auténtica. Se notaba que estaba adelantando para su
edad en el aspecto de vivencias de la vida, y que había vivido lo que unos pocos tendrían el
coraje de vivir. Había toda una mística que lo rodeaba. Se dice que él siempre había vivido
en la calle, que cuando tenía siete había asesinado de un tiro a su madre que lo golpeaba, y
castrado con un cuchillo a su padre que lo violaba. El Escorpión tenía una mirada dura y
penetrante, dejaba el olor de autoridad por donde pasase, y se notaba el título de jefe por
donde se le mirase. Era un personaje admirado por la banda, todo rodeaba alrededor de él.
Era una especie de Peter Pan de la pobla. También estaba vestido distinto, con
cadenas de oro, y anchas camisas que ocultaban su flaqueza muscular, y destacaba su
rudeza. El Escorpión era inteligente, estratega, y un líder nato. Era frío, y cruel, cualidades
esenciales para liderar su pandilla. Era intachable, no aceptaba un “no” como respuesta, y
mataba cuando era necesario. Hacía que la sumisión fuese total hacia él, y que él fuese el
centro del mundo. Los otros jóvenes lo seguían no solo por el temor de poder estar contra el

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Escorpión, pero porque la calle ya tenía dueño. El territorio de las calles marginales de La
Pintana estaban en manos del Escorpión, o de la Culebra, quién por sorpresa era una mujer
y líder del otro y único grupo. El poder de las calles se decidía a través de la violencia y las
armas. Batallas se libraban diariamente. Y en el juego había mucho dinero y poder
envuelto.
Los que pertenecían al mundo de la calle, al “otro” mundo, tenían que adherirse a
una de las bandas rivales. Era la única forma de sobrevivir. Las bandas también brindaban
apoyo y seguridad. Muchas veces el Escorpión destinaba encargos, los cuales
recompensaba muy bien. También daba armas, y drogas. Y distribuía tareas que parecían
típicas, pero que consistían en amedrentar, y violar a las putas que no habían pagado la
comisión o disparar a los travestís sin autorización, o incluso violentar a los menores que se
dedicaban a la prostitución. Al Escorpión, además de un corazón, le faltaba un dedo
meñique, lo que lo haícia muy característico. Versiones sobre la desaparición de su dedo
habían muchas, pero la más recurrente era que su madre, en la pelea que le había arrebatado
la vida, se lo había mordido, de tan brusca manera, hasta cortarlo y engullirlo.
Cuando llegué al galpón, sentados alrededor de la fogata estaba el Escorpión, de
quién me habían hablado brevemente durante el camino, y sus asistentes más cercanos. Una
tipa que parecía su polola, y otros jóvenes de peor aspecto de los que me buscaron. Cuando
llegamos al lugar el loco bajo que me había pegado la patada le dijo al escorpión que me
había encontrado en la calle, y que pensaba que sería útil incluirme en la pandilla. También
le dijo que yo era algo raro, no era peluza, que pertenecía al barrio alto, por lo tanto tenía
familia con plata, y hablaba acento raro. Le contó que yo me había arrancado de mi casa, y
que no sabía que me encontraba en un área prohibida. Al terminar de escuchar el relato de
quién poco sabía de mí, el escorpión me dijo:
–Mira culíao lo único que te voy a exigir es lealtad. Si quieres entrar vas a tener que
cumplir el ritual, tal como todo lo hicimos alguna vez. Entiende que la ley que rige aquí es
la ley de la calle, no es la justicia, y ni la moral. Aca quién manda soy yo, y mi palabra es
ley. Lo digo sin ningún escrúpulo, porque fui yo el que fundó todo esto, y es a través de mi
que llegan los recursos para financiar esta guerra.
–No hay problema. – me equivoqué al decir eso, ya que la reacción del escorpión no
fue de las mejores.

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–¡Tú te callas maraco!– me gritó el escorpión pegándome una patada en el estómago
que me hizo rugir de dolor.
–La próxima vez que hables sin permiso la patada te va a dejar estéril. ¿Entendido?
Esa vez no me atreví a responder.
–Como decía, te puedes quedar pendejo, pero tienes que aprender a respetar. Las
cosas no son tan malas después que entres, pero entrar no es fácil. Tienes que demostrar
que tienes los cojones, tienes que demostrar que eres hombre. Acá no entran gallinas, las
gallinas no pertenecen donde el Escorpión, las gallinas y los traidores merecen morir, pero
conmigo no trabajan. Si quedas “amigo”, ya eres parte de esta hermandad. Tienes que hacer
lo siguiente. Vas a tener que matar. Matar a una niña, parece un ángel, pero trabaja para la
Culebra. Y la Culebra es nuestro enemigo común, trabaja al otro lado de la calle. Dice
dominar lo que nos pertenece, y no cede en sus ambiciones de sacarme de donde estoy.
Vende lo mismo que nosotros, y quiere apropiarse de lo que no le pertenece. La niña es la
hija de la culebra. No es tan niña, tiene quince o catorce, y matarla es una misión difícil,
complicada y delicada, pero que significará dar un golpe bajo y definitivo contra las
aspiraciones de la culebra más venenosa que ha existido. Gran Avenida es la frontera, mas
allá el territorio es perverso, frío y hostil, es nuestro deber salvar lo que un día nos
perteneció, esta zona le pertenece a nuestra pandilla, a los marginados y a los ignorados, a
los jóvenes sin hogar y pasados a llevar. La Culebra es profesional, es traficante de las
antiguas, su familia siempre ha sido principal actor de distribución en el sector. No quiero
dar más explicaciones. ¿Tienes algo que decir?
– ¿Es esto una broma?– decía yo en medio de una grotesca burla y carcajada que
salía fuera de mi control. Me parecía irrisorio que un tipo de mi misma edad estuviese
hablando de dominación, de misiones secretas, de matar a la hija de un personaje que se
conocía como Culebra, de derechos, de rituales, de entrar a un grupo, etc…Me parecía estar
viviendo dentro de una película de jóvenes chiflados y delincuentes que se creen los dueños
del mundo. Nada me parecía real, todo parecía una actuación de las que se hacen para los
niños de pre-kinder.
– ¿Qué dijiste maricón?– me decía el Escorpión, furioso y sorprendido a la misma
vez.

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–No me digas maricón. No te tengo miedo. ¿Quién mierda de persona se esconde
detrás de una mascara que se llama Escorpión? ¿De qué cresta estay hablando compadre?
Ustedes son una pandilla juvenil con aires de mafia italiana. Hablan de dominar el territorio
que les pertenece, de causas ridículas que se hacen pasar por revolucionarias.
–Mira culíao, entiende algo. A mí no se me contesta, no se que es lo que vienes
hacer aquí. Entiende algo, acá la vida es D–I–S–T–I–N–T–A. Quizás lo que recién
escuchaste suena como películas gringas. Pero si nuestra vida es cinematográfica no es
nuestra culpa. Entiende algo, no se porque no te he matado todavía, pero tengo que decir
que me sorprendes. Eres la primera persona que se atreve a enfrentarme. Mira culíao,
quizás estoy viviendo en una vida de espectros, o de locos, o de weas que no entiendo.
Quizás mate, y venda la mierda que me pase el Jaque, pero es así como se ha hecho
siempre. Esa es nuestra forma de vida, y ningún weon que no cache lo que habla, y que
viene de un mundo de películas, donde todos los sueños son realidad, donde es posible no
mover un dedo para comer y botar todo lo que nosotros nos gastamos la vida entera
imaginando, va a cambiar nuestra forma de vivir. Es cierto, no somos una mafia italiana,
pero nos sentimos orgullosos de nuestra organización, por primera vez todos los que no
tienen hogar y no tienen lugar, nos sentimos dueños de algo. Ese algo es la calle. La calle
tiene dueño, y esos somos nosotros. Y en nuestra calle nosotros fijamos las reglas. Te doy
la oportunidad de quedarte, ya que das un aire distinto que llama mi atención, pero si no vas
a estar de acuerdo, ándate a la mierda, te voy a dar treinta segundos para que te arranques y
desaparezcas y vuelvas donde siempre perteneces. – amenazó él apuntándome la pistola.
–Y para que conste pendejo, es mejor que le temas al Escorpión, nadie no me teme,
y tu no vas a ser el primero.– arremataba él.
–No estoy criticando nada, pero no voy a matar la hija de nadie, no me importa si es
la hija del diablo, o la hija de una santa, pero ya maté una vez, y esa fue por una locura
pasajera, y nada en el mundo me va a volver a provocar la locura necesaria para quitarle la
vida a una persona. Así que metete tu arma por el culo, que no pienso escuchar mas weas y
mariconadas de un payaso de circo.
– ¿Qué eres tú, maraco? ¿Un filósofo o un fugitivo?

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–Pensar no es pecado supongo. No soy filósofo, pero a estas alturas ya no tengo
miedo de decir lo que pienso. Por suerte puedo mirar para atrás y arrepentirme por haber
quedado callado cuando sentía ganas de gritar.
–Ya culíao, no tienes que cumplir con ningún ritual. Te lo voy a dejar pasar, pero si
vas a tener que cumplir con las reglas si quieres habitar nuestras calles. Acá la palabra clave
es omertà, la ley del silencio, nadie habla, todos callan, y no me importa que suerte tengas
tú, o que arrepentimiento cargas, pero entiende que este no es el mundo real, este es nuestro
mundo, el mundo que nosotros creamos, si quieres pertenecer a él tienes que jugar con las
reglas, si no, no nos sirves.
–Dale, todo bien. No hay problema. Estoy parquiado eso es todo. Estoy entrando,
recién comenzando.
–Vas bien, sigue así. Vamos quédate….
– ¡Quietos todos mierda!– se escuchaba desde la entrada una voz de mujer.
–Suelten las armas hemos dicho…– decía otro joven armado, mientras el Escorpión
salía arrancando en medio de un grupo de personas que intentaba protegerlo de tal
inesperado ataque.
Yo no sabía que hacer, cualquier reacción me parecía desnecesaria, así que decidí
irme detrás de una lata de basurero que se ubicaba detrás de un poste que sostenía el techo
de aquel despedazado galpón. Necesitaba observar lo que sucedía, entender en que consistía
todo ese revuelo, y porque algunos arrancaban, y otros disparaban.
–Vamos Escorpión, pelea como hombre, no te arranques mierda. He esperado años
para este momento, no seas pendejo huevón, y aparece, sé que me estas viendo.– decía con
rudeza una mujer que se parecía a una Culebra.
–Vamos hombre, aparece y pelea por lo que supuestamente te pertenece. Quiero
decir pertenecía, porque este galpón ya es nuestro. – agregaba la misma.
–Maricona suelta tus armas que este lugar es mío. – decía apareciendo de la nada el
Escorpión – no tomes lo que no te pertenece, tú sabes muy bien que yo cuento con el apoyo
del Jaque, que él me pasa todo, y que mis transacciones son limpias.
Al escuchar lo que se decía yo apenas podía conectar la discusión que lograba
escuchar, con mi hermano. No podía tragar la idea de que mi hermano era un traficante de
drogas, todo me parecía muy raro, yo conocía a Pedro, y sabía que él no podía y tampoco

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tenía la capacidad de abastecer de drogas a toda una ciudad sin despertar ninguna sospecha
en una casa como la Cruz. En nuestro hogar las paredes tenían oídos, y no me cabía en la
cabeza la idea de que nadie supiese nada.
–Mira Escorpión, esta discusión es entre tú y yo, no metas a terceros en esto, porque
tú sabes muy bien que este negocio es un monopolio y que el Jaque abastece a toda la
ciudad y a quién sea que quiera vender. Lo que está en disputa aquí es la distribución en La
Pintana, y yo no voy a aceptar que un grupo de pendejos marginales me quiten lo que
siempre me perteneció, yo llegué a este lugar, y trabajo en este negocio mijito, antes que tu
puta madre tuviera la idea de romperle el condón a tu padre para que finalmente pudiese
quedar embarazada, y agarrar al pico de sus sueños.
–Mira Culebra, yo conozco el negocio tan bien como tú y sé muy bien que lo que
está en juego es quién vende. Yo sé que el negocio es monopolio del Jaque, y lo que esta en
disputa es quién esta dispuesto a vender lo que llega desde Colombia. Pero esta guerra no te
la pienso regalar, y una pelea fatal va a determinar quién tiene derecho sobre que. Nosotros
los “jóvenes de las pobla”, los pendejos, de quién tu tanto hablas, nos ganamos este
espacio, y estamos dispuestos a morir por seguir preservándolo. Nosotros ya hemos sido
ignorados por toda la sociedad, y ya hemos sido tratados como mierda de alcantarillado,
pero ya no viejita, los tiempos cambian, nosotros nos unimos, y el sector sur de La Pintana
es nuestro.
–Huevón entiende por la mierda que te parió…
–Mira Culebra, lo que digas sobre mi madre me importa un pico, a mi madre la
maté, y a mi padre también. Entiende algo, yo no tengo familia, no tengo corazón, lo único
que tengo es esta mierda a la que acabas de invadir. Y a la cual no eres bienvenida.
–Mira Escorpión, o como cresta sea tu apodo, estas rodeado. No tienes salida.
Arrancar es lo único que te queda, y agradece que tengo piedad maternal para no
sucumbirte en la desgracia miserable, la que nunca se le ha pasado por la cabeza a las
propias mocosas a quién vendes por veinte lucas. Tú trasformaste el negocio de las drogas
mi querido amigo, en algo crudo, sucio, y asqueroso. No acepto que seas un verdadero
proxeneta de menores.

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–Culebra, no me hagas reír. Tú sabes muy bien que la prostitución no es un cuento
de hadas, y que no es algo inventado por mí. Las esquinas de Santiago siempre han
existido, y con o sin mi aval van existir viejos verdes dispuestos a pagar por niños.
–Eres un cerdo Escorpión, un verdadero cerdo, mereces pudrirte en tú miseria, no mereces
el apodo que te inculcaste. Porque no eres un escorpión, porque los escorpiones son
venenosos, y tienen sangre fría, pero tienen honor, y tienen moral. Tú, ¿quién mierda eres
tú? Eres un huevón come libros que se cree violento porque fue el primero con las suerte de
conseguir un arma y disparar hacia donde se le ocurriese. Pero eres un hipócrita, un falso,
un insecto de mierda que tiene que ser aplastado, mírate al espejo pendejo, escorpión una
concha de tu madre. Si hasta me da pena matarte.
–No seas hipócrita, no me hables de moral. Porque tú estas peleando, estas aquí
invadiendo mi lugar, amenazándome por la única razón que he estado haciendo lo que tú
siempre has hecho.
–Búscate otro lugar pendejo, esta es solo una advertencia, si en una semana no
abandonas tú tribu de weones drogadictos y marihuaneros que se creen El Padrino, esta
pistola va a escupir tiros, y no va a haber grito de piedad que te salve mocoso. Porque
queriéndolo o no, todavía no te salen pelos en los pechos, y aceptándolo o no, eres un
adolescente rebelde. No eres un adulto. Todavía te falta para eso, sí, te estas metiendo
donde no te corresponde. Tú lugar es en el liceo, o debajo del puente, me importa un pico,
pero tú lugar no es donde yo mando. Y acá tienes tu regalo de despedida pendejo.
– ¡Bang!– disparó la pistola de la Culebra, acertando un tiro directo en el dedo gordo del
pie del Escorpión.
–Ahora te faltarán dos dedos querido e iluso colega. No solo el dedo que te quitó tu
madre antes que tú la degollaras, pero el dedo que murió con el disparo de la Culebra. Esta
compadre, es una muestra de mi veneno. Huir, es lo que te sugiero.
Lo que mas me sorprendió es que tal como Caupolicán lo hizo cuando Pedro de
Valdivia decidió cortarle las manos, el Escorpión no gritó. No dio ningún sollozo, y
ninguna muestra de dolor. Se quedó allí, quieto, parado, y observando como la Culebra
abandonaba su hogar, el lugar que había conquistado con su lucha, y que se aferraba a su
sangre, creencias, y sufrimientos. Por ese lugar era por el cual el Escorpión vivía, y desde
ese momento un gran respeto hacia él apareció en mí. Me di cuenta que el Escorpión era

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alguien que podía morir por lo que creía, y que estaba decidido a no abandonar lo que le
pertenecía.
Salí detrás de la lata de basurero. Y todos los otros que conmigo se habían
escondido también aparecieron. Una vergüenza les llenaba la cara a todos. Habían
abandonado a su jefe, a su causa, a todo, por el miedo del fuego, de las armas, y de las
intrigas. Todos arrancaron cuando el peligro se acercó, el único que permaneció quieto, y
dispuesto a luchar, fue el Escorpión.
–¿Qué les pasó maricas? ¿Dónde mierda se fueron a meter? ¿Por qué pusieron su
cola entre la raja como los perros vagabundos? ¿Acaso no tienen valor, coraje, valentía?
¿Para qué mierda están acá entonces…? Actuando todo este tiempo, el que se quiera ir que
se vaya, si no se quieren quedar no se queden. Pero no finjan. Ustedes no son putas que
fingen orgasmos. Ustedes son hombres por la cresta. Tienen carajo. Tienen armas, pero
tienen que tener coraje. Eso es lo que les falta. No abandonen el barco en la tormenta. Les
advierto que la tormenta recién empieza. Y doy ahora la oportunidad para el que se quiera
ir se vaya. No les pasará nada. Es la única oportunidad de abandonar. El que se decida
quedar tiene que ser cien por ciento fiel. Los actores son para las novelas, para las
teleseries, para los partidos políticos, para los curas, pero no para la guerra. El que me
quiera abandonar que dé un paso adelante.
El bajo que me pegó la patada dio un paso adelante. Los otros dos que lo
acompañaban también.
– ¿Alguien más?– preguntaba el Escorpión.
No hubo respuesta. Pero segundos después el Escorpión sacó su pistola y brindó tres
disparos. Disparos sin cobardía, que solo perforaban la sien explotando en el cerebro en mil
direcciones, dando una muerte rápida y sin dolor.
–Van a ir al cielo. Van a vivir felices. Ellos no tuvieron la culpa de ser unos
traidores. Dios los perdona. Pero yo no, que quede claro. Yo no perdono la traición.
Por algún motivo del cual no tengo control y ni conocimiento, yo me decidí unirme
a aquel grupo. No fue por miedo. Pero por desesperación. Yo sabía que no sabría vivir en la
calle sólo, que no tendría nada que hacer caminando como sonámbulo por las noches
capitalinas. Que el tiempo se convertiría en eternidad con mi soledad. Yo no podía ir donde
mis amigos, porque había decidido que ya no pertenecían donde yo. Y tampoco podía

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volver donde la Romina y la Elvira, porque ellas, tal cual como el bajo, eran unas traidoras,
su amistad se basaba en el interés. Era una amistad desechable, duraba solo hasta cuando
traía beneficios. Cuando la tormenta venía, cuando los recursos acababan, cuando se
lograba lo que se conseguía, tal cual una botella de coca cola que se acaba, el plástico se
tiraba a la basura. No quería estar cerca de gente así. Gente que he estado rodeado desde
siempre. Gente que ven plástico desechable, no reciclable. Estaba cansado de todo eso.
Necesitaba estar con personas que creían en algo, aunque ese algo fuese algo funesto, no
me importaba lo que fuese. Solo quería un nuevo hogar, no quería estar sólo, me di cuenta
que he estado sólo toda mi vida. Y la soledad es lo peor que te puede ocurrir. No digo la
soledad de fin de semana, en la que celebras diciendo “No tengo a ningún gil cerca”. Digo
la soledad de verdad, de todo los días, la soledad que te dice que todos son una mierda, que
nadie es real, que todos actúan, que nadie dice la verdad. Yo vi peligrosamente en aquél
grupo liderado por el Escorpión algo de lo que siempre he buscado; verdad.
………………………..

– Nadie es perfecto mamá.


–Nadie te pide que lo seas.
–Sí lo pides. Yo sé que eso quieres. Que eso sueñas.
–Tomás, te lo digo de adulto a adulto. Te miro y veo que ya eres un hombre. Ya no
te puedo tratar de Tomacito. Ya es hora que seas responsable. Que asumas tus actos. Pero
entiendo que todos soñamos con la perfección. Que la perfección es un concepto
inalcanzable, porque siempre cambia. Nuestras necesidades se hacen infinitas, nunca
estamos contentos sobre todo. Siempre va a haber algo molestando. Una cosa mínima que
si no estas preparado, puede arruinar a lo que llamas felicidad. Por eso hijo, haz lo que
quieras con tu vida. A mí me da lo mismo. Quiero que sepas que yo no estoy ciega, pero
que voy a tratar de serlo. Te quiero mucho, y quiero que sepas que siempre estaré ahí
cuando me necesites. Los hombres no lloran Tomás. Sécate esas lágrimas.

………………………..

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Paula se levantó la falda. Salió del auto amarillo con sus veinte dólares. Batió la
puerta con fuerza, y caminando con las piernas airadas volvió a entrar por las puertas
automáticas del aeropuerto.

………………………………

–Tomás despierta.
–Despierta pu culíao. Deja de soñar con los ojos abiertos, hay pega pa delante loco.
–Mierda, sorry weon, estaba soñando.
–Estay volado loco, es distinto. No es nada soñando.
–Me estaba acordando no más.
–De vidas pasadas.
–Quizás.
–Cuenta po.
–¿Y la pega?
–Ya vamos en camino compadre.
–Me acordé de una carta de mi padre, me acorde de mi vida loco.
– ¿Y esto qué es? ¿No es vida?
–Te digo de mi verdadera vida. Esto acá, queriéndolo o no, es nuevo.
–Así que carta de papito ¿no? Ustedes cuicos son todos iguales. Nunca cambian,
aunque quieran.
–Shhhhhhhh.
–Cuando te haga la señal entras tú. Con cuidado no más. No hay que despertar al
guardia. – atiné a decirle, estaba empezando a concentrarme.
–Cálmate, esa no es la casa de pinocho weon. Esto es clase media no más. Estamos
en La Florida todavía. Son bicicletas no más. Pa pasarlo bien.
–¿Y la misión?– pregunté yo.
–No es aquí weon. Es en Vitacura. Vamos a buscar los paquetes donde la mina del
Jaque. Tenemos suerte compadre. No ve que el Escorpión confía en nosotros. Solo a los

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más cercanos les pide que vayan. La bici es pa ir más rápido no más. Si te fijas, el Metro
está cerrado.
–Puedo ser cuico, pero no tonto. Que no te confundas.
–Uno, dos, tres. Salté. Tomás mejor quédate ahí. Voy a pasar las bicis por encima
de la reja. Tú las recibes. ¿Pacto?
–Pacto.
–Las agarré Tomás. Tan sin candados. Tenemos suerte. Son harto buenas. Bianchi y
todo.
–Pasa pa ca. Yo me quedo con la azul.
–Ni muerto me quedo con la rosada.
–Cagaste weon. La pedí primero.
–Ya weon cállate que si nos escuchan demás que sacan la escopeta y chao. Ni azul y
ni rosado
–La tengo. Suéltala.
–La otra ahora.
–La tengo. – dijé sujetando la bicicleta que me pasaban desde el otro lado.
–Ahora voy a saltar Tomás.
–Deja de decir lo que vas a hacer. Hazlo no más.
–A pedalear ahora weon. Ya tenemos transporte. Vitacura nos espera. Es pura
subida. Pero un poco de ejercicio no va a hacer mal. Dicen que es la media mina. Nunca la
he visto. Primera vez que voy. Siempre entrega todo personalmente. Dicen que no confía en
nadie. Pero exige la plata justo una semana después. Ni un minuto más tarde. Por minuto de
atraso, semana que te corta el crédito. No es buena idea atrasarse.
–Tú hablas harto. Más de lo necesario.
–Ya po culíao, tú me caes bien. Erís pájaro nuevo. Tienes onda y misterio. La Chati
esta loca por ti. ¿No le viste los ojos?
–Toy en otra comps.
–Se nota que hay sufrido po. No es cualquiera que de príncipe quiere pasar a
mendigo.
–Eso es otro cuento. Nada que ver con Paula.
–Así que Paula se llama ¿no?

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–No hablemos della.
–Tú decides.
– ¿Como es ser rico?– me preguntaba.
– ¿Rico de plata o de cara?
–Ja. Que erís harto presumido weon. Te crees la muerte.
–Te estoy wevíando no más loco.
– ¿Y entonces, como es tener harta palta?
–Ser paltón no mas, como toda la gente del círculo. Todos unos paltones. Pero no
creas que tu vida es perfecta. La plata aburre weon. Es como ser un poodle que le dan todo.
Ser poodle es cómodo, pero es mediocre. Prefiero ser un león que caza por su comida, y
que no tiene su dueñita que le da filetito y le lleva Jean Pierre para que le corte el pelito.
–Ja. Lo planteas de una forma interesante conshasumadre. Pero acá no somos
leones. Somos perros vagos.

…………………….

– ¿Y que onda contigo?


– ¿Y tu quién eri? ¿El nuevo?
–El nuevo, sí, eso supongo. El nuevo.
–¿Qué mierda weón, pa que estay aquí, no te day cuenta que todos soñarían con
salir, y tu tay contento de entrar? Si esto no es un playstation weón, acá uno sufre de
verdad.
– ¿Y hay fiesta?– le preguntó Tomás.
– ¿Fiesta? Tú crees que me estoy vistiendo así para una fiesta? Si weón, en la iglesia
si hay una fiesta. Una puta fiesta…
– ¿Y porque nadie me invita, quién es el festejado?– decía Tomás mitad volado,
mitad en serio.
– Tú me estas hueviando ¿cierto? Puta “nuevo” o como cresta te llames. El festejado
acá es el cura, y pa que sepas siempre hay fiestas, yo mis amigas, y mis amigos vamos a las
fiestas, en las fiestas hay mucha otra gente, y sabis que, lo pasamos la raja. Es lo mejor, una

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fiesta secreta, exclusiva, así como súper elegante con gente alta, sabes, todo de un nivel
muy seco.
–¿Y porque estay tan triste, entonces? ¿Qué no tienes pareja para la fiesta?
–Puta weón, tu me hacís reír. ¿Qué edad tenis? Filo, no me importa tu edad, pero
piensas como guagua weón, pon un poco de malicia en todo lo que te digo. A mi me pagan
para ir a las fiestas. Entiende weón, yo hago el papel de payasito en las fiestas de los niños.
Con eso vivo.
–Pero no estás vestida de payasa...
–Mira conchatumadre, parece que te lo tengo que decir bien clarito pa que captes mi
idioma. Nosotros damos vuelta la cruz de la iglesia, ¿me entendí weón? ¿Ta mas claro?
–Lo siento, pero toy muy cansado pa cacharte.
–Puta nuevito tú no estay cansado, tú estay volado, pero te voy a sacar del cielo ya
ya, te lo voy a decir bien clarito pa que no me sigas jodiendo. ¿Acaso tú has escuchado
hablar de prostitución infantil? ¿Has escuchado hablar de pedofilos?
Tomás captó de una, la lesera del CH6 temporal se había desvanecido, las palabras
de la payaso habían sido muy claras como para que la ingenuidad siguiera escondiéndose
tras los efectos de una calcomanía.
–Caíste ¿no? Caíste del cielo, ¿y como se siente? Mal no cierto. Pero no te
preocupes “nuevo”, si estas acá te tienes que acostumbrar no más. Aquí uno se cae del cielo
todos los días, y los días pasan para volver en él. ¿Me entiendes o no? Acá las personas
viven para volver a volar. Uno hace de todo, y si ser la payasita noche por medio me
devuelve las alas, que bienvenido sea eso.
A Tomás se le olvidó el Padre Nuestro.
………………………

En seguida los dos, después de pedalear casi dos horas en sus bicicletas y parar de
vez en cuando en un Pronto para tomar algo, llegaron a la esperada dirección. La casa no
era como los casones que la rodeaban. Era la más simple del barrio, pero comparado con
vivir en la calle, la casa de Lucila parecía un verdadero palacio. Tocaron el timbre cuatro
veces, tal cual la clave lo indicaba. Rápidamente dos perros furiosos rottweiler salieron de
la parte trasera del patio hacia el portón donde los dos jóvenes esperaban. Una puerta se

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abre repentinamente. La mujer que se aproxima a los treinta años aprieta una especie de
control que hace abrir el portón. Ella indica que los jóvenes entren. Los esperaba. Los
jóvenes vacilan. Los perros los intimidan. Ella les dice que no hacen nada, que solo
impresionan ser bravos, pero que en el fondo son tan inofensivos como los poodles. A paso
lento los dos entran al jardín ante el fuerte gruñido de los perros que los apuntan con los
caniles. Después de caminar hacia la puerta, Lucila los saluda con un apretón de mano. La
relación era meramente comercial, nada de besitos o abrazos. Ella era fría. Eso se notaba,
manejaba todo como hombre, era más ruda que un regimiento, sin embargo su belleza y
feminidad de sirena no estaba en duda. Ella pide que los dos tomen asiento, y recién decide
prender las luces. Ella inicia la conversación, habla como si anduviera dando órdenes, y
pregunta porqué no vinieron los mismos de siempre. Cuando la pregunta se hace el
acompañante de Tomás saca un papel arrugado del bolsillo. Es una nota firmada por el
Escorpión. Después de leer la nota sus rasgos de dureza se sueltan un poco, y la
conversación se torna un poco más amable. Ya no era tanto negocio, y si una curiosidad por
conocer a sus nuevos receptores.
–¿Cómo se llaman?
–Yo me llamo Mosca, y él se llama Tomás J…
–Muñoz.
– ¿Así que tienes nombre y apellido, y tu compañero solo un apodo?
– Soy nuevo en el grupo, después me van a buscar un apodo que me identifique.
–El Guapo te deberían poner. Me recuerdas de alguien. Tú mirada se me hace
familiar.
–Bueno señora, nosotros venimos por los paquetes, lo siento pero nos tenemos que
apurar.
–¡Por favor! Señora si que no. No me ofendas, y tampoco agarre pepa cabro, yo solo
salgo con el Jaque, nada mas, no soy señora de nadie. La cosa tampoco es matrimonio.
–¿Por qué nunca aparece, porque el Jaque nunca aparece?
–No seas tan preguntón Mosquita, Mosca que habla, Mosca muerta. El Jaque tiene
sus razones, yo soy la que me encargo de hacer las entregas. Como siempre, el tiempo
comienza a correr de ahora en adelante. Y el escorpión siempre ha sido puntual con sus
pagos. Voy y vuelvo cabritos.

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– Acá la esperamos señorita.
Lucila se paró del sofá, subió una escalera de madera que hacía sonar sus pasos de
mujer, abrió una puerta que sonaba en el segundo piso.
–¿No te dije que era mina?
–O sea ni tanto tampoco. Es inteligente y todo, pero no le llega ni a los talones a la
Paula.
–Salta pal lado loco, tú si que estas ciego. ¿Acaso no les miraste las medias piernas?
–Puta que te gustan las viejas.
–Son sólo diez años.
–Eso es lo que aparenta compadre, pero mírale a los ojos y ahí vay a saber su edad.
Tiene más, pero es verdad que se ve joven. A pesar de todo tienes una posibilidad nula, ¿no
viste que sale con el Jaque?
– El Jaque, el Jaque, y el Jaque. ¿A quién mierda le importa el culíao del Jaque? El
weon se caga en su propia coca, por algo nunca sale, me tinca que la mina esta al lado dél
para seguir en el negocio no mas. Debe tener decenas de lalos por ahí. ¿No viste la cara de
pico que tenía?
–Yo cacho que la única cara de pico aquí es la tuya “Mosquita”.
Los pasos de Lucila se escucharon cuando sus zapatos tocaron los pisos de la
escalera de madera. Los jóvenes que hablaban, automáticamente tomaron postura de
gangsters profesionales, con la mirada fría y seria que la pega supuestamente exigía.
–Bien chicos, les traje lo mejor. Recién me llegó mercadería nueva. Esta es de la
fina, sin cobro extra, solo para celebrar toda la lealtad que ustedes han tenido con el Jaque.
Acá les traigo una muestra– dijo Lucila poniendo unas cuantas líneas sobre la mesa de
vidrio.
– Vamos Mosca, tú primero. – indicó ella. El Mosca como niño tomando helado por
primera vez, a pesar de su experiencia, empezó a picar y preparar lo que se le ofrecía,
después tomó el tubo de la bic que Lucila le pasaba y comenzó la primera línea.
–¿Qué te dije?
–Tenís razón. Esta si que es buena. Demás que pudimos venderla un poco mas cara.
–Para mí ningún problema, desde que la platita este aquí antes del martes próximo.
–Vamos Tomás, ahora tú. – indicaba ella con su fino dedo.

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Yo en seguida tomé la misma Bic que me pasaba el gil. Quedaban adentro algunos
restos de la línea que el flaite había aspirado. No me importó mucho, las ganas de aspirar
superaban en muchas veces a mi asco aristocrático. Hace ya mas de una semana que no lo
hacía. Tiempo record, con todo el tramite de salirse de la casa a la calle solo había podido
conseguirme pa fumar cannabis, nada de líneas. Recuerdo que aspiré con tanta fuerza que el
polvo majestuoso adentró con tal rapidez, que desde mi nariz ya desgastada, un riachuelo
rojo empezó a escapar.
–Mierda loco, tay sangrando.
–No te preocupes. No es la primera vez. Pasa luego. Es cosa de minutos. Es cosa de
lavarse.
–Pasa al baño Tomás. Es la primera puerta a la izquierda. Te espero aquí.
Yo con la cabeza levantada para evitar manchar de sangre la alfombra del suelo, me
adentré por el pasillo que Lucila me indicó. Estaba oscuro y con mi mirada focalizando el
techo no tuve otra salida que guiarme con las manos. Vi una puerta a la izquierda, no sabía
si era un baño o no. Pero la sangre hace que uno se desespere. Me di cuenta que no era un
baño, era una pieza. Pero en la pieza había un baño. Entré a este. Prendí las luces y dejé
correr el agua de la tina. Después de unos dos minutos el sangramiento había cesado,
supongo que la sangre se había coagulado. Me sequé con una toalla. No sabía de quién era,
pero me daba lo mismo, total no creo que a aquella casa volvería. Levanté la vista y recién
me percate que estaba en el baño de la pieza principal, supuestamente la pieza de Lucila.
Miré a un retrato que yacía al lado de los tarros de perfumes. Era Lucila y mi hermano.
Mi hermano se veía un poco máas joven desde la última vez que lo ví. La foto
parecía haber sido tomada en una fiesta algunos dos años atrás. No tengo la mas mínima
idea la forma en que mi hermano había conocido a Lucila, pero me parece que la relación
entre ellos había comenzado por la vía profesional y de trabajo, y después con la confianza
y la intimidad que exigía el negocio, los sentimientos se empezaron a acercarse, de tal
manera que la edad no fue impedimento para el amor. Este gil salió igual a mi, pensé en
aquél momento. Le gustan las más viejas al pelotudo. Que pena que el que había salido
igual al otro no era mi hermano, sino yo, se me olvidaba que yo era el hermano menor. Esa
es la lata de ser el menor, se te agota la originalidad. No le di mucha importancia a la foto,
total ya sabía el secreto de mi hermano, y no me sorprendió verlo al lado de Lucila, en el

153
mundo bajo era conocida la relación entre Lucila, la gran mano derecha e izquierda de mi
hermano, con el Jaque, que en el fondo (hay veces que me cuesta poner en mente que mi
hermano, el Pedro puro de siempre, es el Jaque) son la misma persona.
Salí del cuarto de Lucila, y me dirigí como si no hubiese entrado en un lugar
prohibido, a la sala donde Lucila y el Mosca me esperaban. Ella le había ofrecido un trago,
era piscola, y los dos, desde lejos, parecían grandes amigos que no se habían visto en años.
Rara la tipa, supuestamente era fría.
La mente de Tomás no estaba preocupada, porque sabía que Lucila no sabía nada de
su familia, ya que confiaba en la astucia de su hermano de no mezclar las dos vidas
paralelas que este llevaba. Llevar dos vidas opuestas conlleva muchos riesgos, y su
hermano había tomado las preucaciones indicadas para no mezclar las cosas. Tomás
tampoco sabía nada de Lucila, y solo había oído hablar de ella por medio del Escorpión.
Fue en una conversación con este cuando se enteró de que Lucila era quién prácticamente
conducía los negocios del Jaque, y que con ella era con quién se trataba. La personalidad
drástica de Lucila era conocida en la plaza, ya que ella era quién prácticamente tenía todo el
poder de las operaciones, porque a pesar del Jaque tener todos los contactos con el exterior,
y tomar las decisiones más importantes, Lucila era quién era la cara del negocio día a día.
También solucionaba todos los pequeños problemas operacionales que la múltiple red de
conexiones que el Jaque, y las bandas de barrio que finalmente se encargaban de vender y
comerciar el producto, podrían tener. Era una narco maldita, de sangre y cara. Rumores
sobre Lucila no faltaban. Algunos aseguraban que ella era una verdadera hija de puta que se
encargaba personalmente de torturar a sus subordinados en caso de incumplimiento de
misión. Se dice que ella no era chilena, o que si lo era, había vivido años en Colombia,
donde había pasado una infancia presa en las entrañas de las guerrillas. Allí fue donde
aprendió todas las claves de éxito en la conducción del complicado negocio, por lo que se
explicaría su gran sangre fría, e impecable administración. Las malas lenguas también
decían que ella era una verdadera perra que tenía amoríos con Escobar, y con la mitad del
comando policial, razón por la cual, a pesar de ser abiertamente conocida en el mundo
hampa, nunca abría ni siquiera la menor sospecha en el mundo legal.
Pues se equivocaban. Lucila era mujer leal, y esa fue la primera calidad que le
observó el Jaque al derivarle gran parte del control del millonario negocio. Las razones por

154
la cual nunca era capturada era por los grandes sobornos que ella ofrecía, y por la gran red
de contactos que la mafia de las drogas poseía. Investigaciones sabía que si Lucila caía, su
boca no callaría, y delataría la drogadicción de media cúpula del senado, y de la corte
suprema, por lo que no era conveniente perturbar a lo que a la visión de ciego, era invisible.
Cuando la suciedad no se mueve no levanta polvo. Y levantar el polvo del Jaque era letal.
Tomás se fijó al mirar al techo que una diminuta cámara vigilaba toda la
conversación que ellos tenían. Y que el Mosca, mas ebrio que la mosca que se cayó a la
sopa, no paraba de revelar información. Tampoco de tanta importancia, porque una pandilla
de barrio no tenía tanto poder que esconder. También se fijó que en la parte de afuera
estacionaban un par de autos con vidrios oscuros. No creía que fueran investigaciones.
Seguramente eran vigilantes de Lucila. Era mucho riesgo dejar un oasis en medio del
desierto capitalino desprotegido y cuidado solamente por una mano dura de mujer, aunque
fuese la mano más dura del mundo, la envidia que despertaba el monopolio del Jaque hacía
que la confianza no fuese fácil de fiar. La seguridad de la casa era sútil. Quizás la casa era
más segura que el propio cofre de la matriz del Banco de Chile, pero de una manera
sigilosa, que no despertaba sospecha. Los vidrios eran blindados, las cámaras escondidas,
los guardias infiltrados, y quién cresta sabe lo que había en el segundo piso de aquél
verdadero arsenal. Se notaba la presencia humana en la casa, estaba más que claro que
Lucila no estaba sola en aquél domicilio, y que como siempre, era apenas la cara dulce y
fría de una verdadera maquinaria organizacional. Los atentados sufridos por ella requerían
bastante mas que los dedos de las manos, y de los pies para contar. Claro está que pandilla
que intentaba revelarse, dando los golpes tan comunes en la industria, eran puestas en las
no deseables listas negras de Lucila. Todos sabían que el estar en la lista significaba tener
que cavar su propia tumba.
–Y bueno chicos, ¿no les da miedo salir solos, con un par de bicicletas, con tanta
mercadería valiosa dentro de una mochila?
–En eso está la clave Lucila, no despertar sospechas. Ni de los rivales, y ni de las
autoridades. Si nosotros entráramos en este barrio tranquilo con un operativo del porte de
un buque, con guarda espaldas, y helicópteros, los vecinos se despertarían, denunciarían,
nos perseguirían, y seguramente pasaríamos el resto de la vida y la muerte dentro de los
calabozos públicos, los cuales no serían como un capuchino.

155
–Tienes un humor fatal, Tomás. Los felicito por seguir el manual. Les deseo suerte
entonces. Saludos al Escorpión. Dile que me haga una visita. Le tengo una propuesta…pero
tiene que ser en persona.
–Claro que sí. No se preocupe. Y bueno, saludos al jefe. – dije antes de
desplomarme al suelo.
…………………….

Cuando abrí los ojos una noche después, mi hermano Pedro me miraba. Estaba
esperando que me despertara. Su mirada me reprochaba con sus típicas palabras que suplían
una paternidad ausente. Caí en una trampa, en una emboscada. Fui completamente
engañado. No había rincón de aquella ciudad en el cual pudiese refugiarme, arrancar, y
gritar. Ahora todo es tan lógico, y tan obvio, que me da vergüenza analizar mi antigua
ingenuidad. Yo que me creía el más pillo, y despierto entre los vivos, caí ante una botella
de pisco que adormecía. Cuando me desplomé al suelo, Lucila tomó su teléfono celular y le
comunicó a mi hermano, el Jaque, que el plan había salido a la perfección, y que yo estaba
durmiendo en la casa de Vitacura, y que en seguida tomaría el camino para la casa Cruz,
donde lo esperaría una cuadra antes de arribar a las sólidas murallas de la residencia.
De repente toda la amistad diplomática recibida por parte del Escorpión y su
pandilla hacían sentido. Me recibieron como un verdadero embajador de una nación rica y
poderosa visitando a un país pequeño pero con grandes aspiraciones. Recién entiendo toda
la confianza depositada en mi persona para transportar carga importante “en bicicleta” con
otro estafador que se hacia llamar Mosca. Todo era un complot, una farsa. Me di cuenta que
si quería arrancar no podía ser en el mundo criminal. Porque en ese mundo los ojos del
Jaque no descansaban. No había pared u oído que no estuviera conectado con el
todopoderoso cerebro del rey de sanhattan. Pero en el mundo legal tampoco tenía salida, era
imposible pasar un día antes que un conocido de Nacrea Cruz me identificara y la
informara de mis andanzas. Mi única salida era fuera, fuera de este horno frío que yace
inmóvil a las turbulencias mundiales, rodeado por un desierto infernal, un mar infinito, una
cordillera impenetrable, y una antártica congelante. Desde el momento en que entré en el
galpón y encontré al Escorpión en uno de sus tantos rituales encontré una resistencia feroz,
pero de un día toda esa resistencia se fue ablandando y él mismo me entrega su cargo de

156
más confianza. Mi hermano, horas antes, al enterarse de la locura de mi madre, que me
echó de mi propio hogar con una furia que todavía retumba en mis entrañas, dio voz de
alerta a Lucila para que avisara a su red de conexiones que se buscaba a un joven del barrio
alto que pretendía vivir en la misma calle, y que se llamaba Tomás. En caso de encontrar a
alguien con descripciones similares, favor enviarlo sin que este se entere de su
descubrimiento, al centro de operaciones de Vitacura, donde lo esperaría Lucila. Las
razones por la búsqueda eran confidenciales, y el que entregara al joven en perfecto estado
recibiría una amnistía en sus atrasos, y un descuento del 20% en las compras sucedidas
durante el año próximo. La voz se corrió, y al momento que el Escorpión percibió que
frente sus ojos yacía el boleto al 20% de descuento en todas sus compras, tal cual en una
súper liquidación de La Polar, decidió salir corriendo y enviar al joven en una misión
secreta y especial, que exigía un trabajo intenso, y máxima discreción. Toda una farsa,
Tomás cayó como niño que ve helado, en la trampa.
–Hermano, ¿estás bien?
–Claro que estoy bien huevón. Ahora explícame que cresta me hiciste.
–Puta weon, tú ya sabías que era el Jaque ¿no? Bueno, los ojos del Jaque todo lo
ven. Tú viste la foto mía con Lucila, e igual no pudiste escapar de la trampa, igual caíste
como pajarito tonto.
–Y ese era tu objetivo. ¿Ver cuan ingenua una persona puede ser?
–Mira pendejo, entiende algo, la vieja está loca, está desesperada, no sabía que irías
a llevar a serio lo que te dijo. Pensó que irías a volver en uno u dos días, que irías donde un
amigo y punto. La vieja está completamente dopada, porque después de pasar casi dos
semanas sin verte, se imaginó miles de películas, y se amenazó con suicidarse. Tuve que
llamar al médico, y hace tres días que no despierta de su cama. Decidí entonces que era
hora de actuar, que la vieja no podía seguir igual, y bueno, ya sabes lo que ocurrió. Lucila
recibió una llamada de una de esas pandillas juveniles, y les dijo que te trajeran al anzol. Y
tú como pez hambriento caíste.
–Puta weon no me tratis como un pendejo gil. Andate a la cresta, que no me interesa
nada de esta mierda de familia, que esta más jodida que mi cerebro weon.
–Tomás, entiende que lo hago por tu propio bien.
–No me trates como si fueras mi padre, getón.

157
–No intento ser el papá Tomás. Solo trato de ayudar. Entiende hombre, madura si no
quieres que te sigan tratando como pendejo. Entiende que la vida no es un juego en donde
las personas se enojan y se escapan sumergiéndose en los alcantarillados.
–Si me quiero sumergir en los alcantarillados es problema mío weon. Y sabis que.
Lo logré. Durante toda esta semana actué como un perfecto bandido con vida propia, con
pensamiento propio. Me sentí parte de algo. Que servía para algo. Y fue hasta tu llamada
que todo se arruinó. Tú weon. Nada te da derecho de meterte en MI vida. Entiende por la
cresta weon. No soy tu hijo.
–Eres mi hermano Tomás, no importa lo jodida que este esta familia, todavía eres
mi hermano.
–Cállate Pedro…no me hables. No tienes moral. Eres una farsa.
–Fue mi deber Tomás. Yo intuí tu forma de actuar. Pensé en lo que haría si yo fuera
tú. Y Bingo, ahí estabas. Fue para mejor. Entiende por la cresta. Y si po weon. Tienes
razón. No soy tu padre, y no tengo moral para criticarte, para entrar en tu vida, que de
seguro no es tan jodida como la mía. Pero igual te quiero po weon, e igual me preocupo. Y
me importa un pico lo que digas, siempre cuando te arranques y dejes la cagada, voy a
hacer todo lo posible por arreglarla.
–Hablas igual que la mamá weon. ¿Qué te pasa? ¡Ahora andate! Quiero estar solo.
–Mira pendejo te dejo sólo. Y sabes algo, tienes razón. Ya tení las bolas suficientes
grandes para decidir lo que hacer con tu vida.
–Si po weon, sí que las tengo. ¡Ahora andate!

…………………….

Hay memorias y momentos en la vida que no se olvidan. Uno de esos momentos


que permanece intacto en la memoria de una persona es el primer beso que esta da. Yo me
acuerdo del mío. O sea no fue el primero. A los tres años yo ya me andaba andando
besuqueando con mis primas, pero de eso no me acuerdo a no ser por las fotos que andan
escondidas por ahí. Me acuerdo que cuando tenía nueve o diez años, no me acuerdo bien, di
mi primer beso de verdad, no esos de jueguitos de pendejos, y tampoco esos de amor
eterno, pero fue un beso real. Estaba con Sara en la casa. Sus visitas eran comunes, era mi

158
mejor amiga, y siempre jugábamos como dos tortolos inocentes. Nuestra relación era de
amigos, y no se nos pasaba por la cabeza tener algo como los pololos que hacían cosas
raras cuando estaban solos. Nos parecía todo asqueroso, y para nosotros era una vergüenza
que a un chico le gustara una chica, ya que si el resto del curso se enteraba la pareja era
submetida o los constantes “uuuuuy” haciendo de cualquier mejilla más roja que la bandera
del partido comunista. Nosotros sabíamos que algo raro sentíamos, que en verdad en
nuestras miradas se enfrentaban más que una simple amistad, pero supongo que eramos
muy chicos para saber lo que aquél extraño sentimiento significaba. Todo cambió aquél día.
Estábamos jugando a las escondidas, con el Joaquín, y la Maca que todavía era muy chica
para saber contar. Le tocaba contar a la Maca, y el trabajo de encontrar a alguien
entremedio de los laberintos de aquella casa era obra de titanes, así que siempre había nana
que se entrometía a ayudarla. Yo con la Sara, como grandes y comunes aliados, decidimos
escondernos juntos. Mi mamá había salido, no estaba. Antes de ese día ella era mi ídolo, la
admiraba. Papá tampoco estaba, siempre llegaba por el horario de las noticias, que en ese
entonces era demasiado tarde para mí estar despierto. Con la Sara decidimos romper las
reglas, y meternos en la pieza prohibida de la casa. Esa era la pieza de mi madre, que hace
ya algunos meses era distinta a la habitación de mi padre. Sara se asustó un poco, pero los
dos nos atrevimos y nos divertimos al hacer algo completamente prohibido. Los dos
entramos sin dejar señales, no encendimos luces, y no abrimos las cortinas, porque nos
creíamos verdaderos espías del F.B.I. entrando a una embajada China para robar
documentos de suma importancia. Estábamos escondidos debajo de la cama de mi madre
cuando escuchamos unos pasos rápidos acercarse. Era mi madre, que sorpresivamente
entraba a la pieza más callada que nosotros, en una clara intención de no advertir su llegada
a los otros presentes de la casa. Sara y yo nos aterramos, sabía que las consecuencias,
siempre aumentadas de sobremanera a esa edad, serían desastrosas en el caso de que mi
madre descubriera nuestra presencia. Sería una falta gravísima, que conllevaría a dos
semanas sin tele, y a una gran decepción de parte de mi madre ante mi inesperada falta de
conducta. Eso, mas que el castigo, era lo que mas me preocupaba sobre ser descubierto. Yo
hasta ese entonces era ejemplar, tranquilo, pácifico, siempre sacándome buenas notas,
obediente, y destacado, y perder ese título era peor que cualquier castigo posible. Con la
mirada le indiqué a Sara que se quedara callada, que no hiciera pío, y esperáramos que mi

159
madre saliera de la oscura, y siempre oscura, habitación. Mi madre trancó la puerta y se
dirigió hacia la terraza de su pieza. Abrió la puerta de vidrio, y para mi sorpresa el tipo de
la piscina entraba con todavía más sigilo tomado de la mano de mi madre. Hasta ese
entonces no pasaba por mi mente la gravedad de la situación. Me imaginaba que eran
apenas amigos que se estaban viendo, tal cual yo y Sara. En seguida vi como el musculoso
joven arrancaba despiadadamente el vestido negro de mi mamá. Y de la misma manera mi
madre le sacaba los cinturones a su pantalón, siguiendo por su blanca camisa, hasta que los
dos, mi madre, y el piscinero, quedaron completamente desnudos. Los dos no emitían
palabra. Eran apenas bestias que hacían cosas parecidas a las películas que un día espié a
mi hermano Sirio ver. Sara se tapaba los ojos, y yo me ponía todavía más rojo de
vergüenza, porque recién entraba en mi cabeza lo que estaba ocurriendo. Mamá estaba
engañando a papá. A pesar de todo, no pude dejar de seguir mirando, había algo en mí que
me hacía quedar callado, y hacer como si nada estuviese sucediendo. Sara respetó mi
decisión, no era tonta, y a pesar de nuestra corta edad, entendíamos lo que ocurría. El
piscinero, todavía de pie, besaba y agarraba con efusividad los senos de mi madre, y mi
madre a su vez le agarraba lo que antes para mí era por donde se hacia pipí, del piscinero.
Los dos estaban irreconocibles, como fuera de sus máscaras, mostrándose en su intimidad,
con todas sus imperfecciones y debilidades, apenas amándose a si mismos. No sé si era
amor. No importa, pero no me cabía duda que era una profunda excitación. A esa edad me
parecía tremendo lo que tenía agarrado mi madre entre sus dedos, y asimilé que los dos
hacían los mismos movimientos que los perros hacían de vez en cuando. La imagen que
caía ante mis ojos me producía vértigo. Era la primera vez que veía a una mujer y a un
hombre desnudos. Cuando espié una vez a Sirio no había logrado ver nada, solo escuchar
ruidos en un volumen mínimo que en ese entonces no sabía de lo que realmente se trataba.
Esos mismos ruidos, y al mismo volumen bajo, como conteniéndose de gritar, estaban
emitiendo mi madre y el piscinero. Él era más joven que ella, calculaba que tenía un poco
más que los grandes del colegio, que para mí eran los que hacían la lista negra y se
dedicaban a tirar huevos, y romper ventanas en el último día de clases. Los dos, no se
subieron a la cama, que yacía sobre nosotros, al menos no al primer momento. Ellos
prefirieron hacer lo que antes me parecía ser una verdadera inmundicie en el mismo suelo,
frente a la cama, a centímetros desde donde yo y Sara nos escondíamos. El pánico se

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adentró en mí, podía pensar que mi madre me estaba viendo, y que sabía o presentía nuestra
presencia. Supongo que era una impresión mía, ya que ni siquiera si empezáramos a gritar
debajo de la cama, ellos se darían cuenta de que en la habitación había más gente. Estaban
demasiados concentrados en brindarle el máximo placer al otro. El piscinero, tal como el
perro, ponía su cosa por atrás de mi madre, la agarraba fuerte, y empujaba rápidamente. La
cara de mi madre se ponía dura, con una mezcla de dolor y placer, cada vez que el piscinero
que tenía atrás, se adentraba en ella. Se produjo mi primera erección. Ver lo que estaba
viendo, inexplicablemente me excitaba, y me gustaba. Ponía lo que tenía guardado dentro
de mis calzoncillos, duro y recto. Miré hacia Sara. Ella, también dominada por la
curiosidad, se había sacado las manos de la vista. Los dos nos miramos. Nos acercamos.
Nos abrazamos siendo cómplices de lo que estábamos presenciando. En seguida nos
besamos. Yo saqué mi lengua, y ella sacó la suya.

………………….

–Alo.
–Alo.
–Soy el Tomás. Me voy a tirar de un puente.
– ¿Para qué me llamas entonces si te vas a tirar de un puente?
–Porque eres mi psiquiatra por la cresta, ¿para que mas te voy a llamar mierda?
–Tírate.
– ¿Qué?
–Lo que escuchaste huevón. Tírate. No estoy ni ahí. Me da lo mismo. Acuérdate que
eres solo un cliente más. No eres el centro del mundo. Además si te mueres nadie me va a
culpar. ¿Por qué Tomás, sabes algo?
–Que.
–Eres un caso perdido.
–Cállate tarado. Si tu crees que vas a ganar con tus tácticas de psiquiatra no lo vas a
hacer. Igual me voy a tirar. Y sabes que. Que bueno que me diste la idea. Le voy a dejar
una nota a todos, diciendo que me pusiste puras weas en la cabeza, que por eso me tiro. Y
tu reputación se va a ir al carajo.

161
–Mira Tomás. Sigues siendo el mismo pendejo de siempre. Tú te juras el centro del
mundo. Como te he dicho mi carrera se basa en más de treinta años de éxito. Un caso como
el tuyo no lo tomó nadie, ni por todo el dinero que tu madre quiso pagar. Todos tenían
miedo que hicieras lo que estas haciendo ahora, tu caso es muy público, y un fracaso
supuestamente significaría mucha exposición. Pero me importa un carajo Tomás. Me jubilo
en menos de un año. Tengo suficiente para pasar el resto de mis años en una isla del caribe,
y jamás volver hablar de Chile.
–Cállate weon. Ese es tu problema. Tú no sirves para psiquiatra, hablas mas de lo
que escuchas.
–¿Y te vas a tirar o no?
–Que chucha weon. ¿Qué te importa lo que haga? Si me tiro o no es mi problema.
–Yo pensé que me llamabas para avisarme que te ibas a tirar. Seguramente
esperabas que me importase. Que dijera “No Tomacito, no te tires, la vida es buena, estás
estresado, estás en problemas, estás ciego pobrecito….” Mira huevón, tírate rápido. ¿En
que puente estas para avisarle a tu madre para que vaya a buscar tu cadáver?
– ¿En qué puente?
–Si po weon. ¿En qué puente estas?
– ¿Qué te importa carajo? ¿Acaso no me crees capaz de tirarme? ¿Acaso piensas
que esto es una más de mis bromas?
–No dije eso imbecil…
–Puta gil, estoy sordo o me hago, pero parece que mi psiquiatra acaba de llamarme
de imbecil. Pues mira weon, estoy en el Puente La Dehesa. Ven acá para verme si no me
crees. Vine solo de bicicleta. Hay pocos autos.
–Por la hora weon. Si quisieras que tu suicidio fuese mas público lo tendrías que
haber hecho en el horario de las noticias.
– ¿Weon de que mierda hablas? Estoy a punto de tirarme al Mapocho, ¿y tú me
hablas del horario de las noticias? Que carajo, weon, estay mas enfermo que yo.
–¿Y porque crees que soy un psiquiatra Tomás? Los psiquiatras tenemos que ser
más enfermos que nuestros pacientes. Es la única forma de entenderlos.
–Mira carajo, me importa un pico que nadie me vea tirandome de un puente.

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–Sabes que Tomás. A mi no me pagan para escucharte por teléfono. Así que
púdrete. Tírate.
–¿En serio quieres que me tire?
–Me ahorrarías el medio problema si lo haces. Estoy cansado de mirarte la cara de
pajero que tenis. Y por ética no puedo abandonar tu caso.
–Así que te aburro, ¿no?
–Si po weon, me aburres. Eres un hijito de papá. ¿Me escuchaste? Un hijito de papá.
Tenís a todo el mundo a tus pies. Todos están cansados de tus berrinches Tomás. Eres un
weon, un pendejo, tienes una mentalidad kindergarten. Eres un desperdicio.
– ¡Cállate! ¡Cállate!
– ¡Tírate! ¡Vamos, tírate! Te quiero ver muerto weon. ¿Tú crees que soy weon?
¿Sabes qué? chao pa los giles, ojalá que las vacas vuelen. Déjame dormir. Como te dije, no
me pagan para atender a psicópatas después del horario de oficinas. Si quieres pideme una
hora.
–tup, tup, tup, tup…–sonaba el auricular del celular de Tomás después del que el
Dr.Flamenco colgó.

……………………..

– ¡Detente! No te tires.
–La primera persona cuerda que veo en años.
–Vamos bajate de ahí.
– ¿Quién eres?
–Bajate y te doy mi número.
–Cállate, el que impone las condiciones aquí soy yo.
– ¿Vamos que quieres? –me preguntó.
– ¿Qué quiero? Pues que quiere alguien parado al otro lado de un puente.
–Suicidarse supongo, ¿pero te das cuenta que no te vas a morir?
–No

163
–El puente es muy bajo, y hay harta agua abajo. Lo máximo que te va a pasar es que
te rompas una pierna. Vamos bajate, se que no quieres tirarte. Si lo quisieras ya lo hubieras
hecho.
–¿Y tú crees que es fácil?– pregunté.
–Vamos, no adelantes el curso de la vida. La muerte te va a llegar, pero no todavía,
eres joven.
–Igual que tú.
–Eres la media mina.
– ¿Y eso es un piropo? ¿Que onda, te vas a tirar por un puente, y tratas de
levantarme la falda?
–Es la naturaleza. Es un piropo no más.
–Vamos, no seas terco. Bajate que esto no es Titanic, si te caes no tengo la fuerza de
Leonardo Di Caprio para sujetarte.
–Si me llego a tirar no quiero que me sujetes.
–No lo voy a hacer, no quiero caer contigo. ¿Y por qué te vay a tirar?
–¿Por qué?– pregunté.
–¿Acaso no se te ocurre una razón?
–No. Nunca lo había pensado.
–Piensa en una. Debes tener muchas. – me dijo.
–Si que las tengo.
–Vamos, tenemos tiempo, cuéntame una.
– ¿Contarte una? No te conozco.
–¿Y qué importa? Pensé que te ibas a tirar. Supongo que a estas alturas los secretos
no importan.
–Supongo que no, ¿pero qué pasa si me arrepiento?
–Si te arrepientes te vienes conmigo, y te cuento mis secretos.
–Esa es una buena invitación.
–¿Y cuál es tu razón?
–Pues no querer seguir viviendo. No tener ganas de hacer nada. Da lo mismo
despertar o dormir. Supongo que lo que viene después de la muerte es mejor.

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–Lo mismo pensaba yo. Y todavía lo pienso. Pero no me suicido porque pienso que
puedo tener los dos. La vida para hacer lo que se me de las ganas, y cuando venga a su
tiempo, la muerte. Para que deshacerse de una, la muerte igual va a venir. Vamos, el mundo
es grande, no te encierres en tu círculo, no te ahogues en Santiago. Hay suficiente espacio
para empezar denuevo, para recomenzar. – decía la tipa de melena enrollada y pechugas
apretadas, que parecía mas a loca psicótica que filósofa intentando salvar a alguien.
– ¿Recomenzar la vida contigo?
– ¿Por qué no? Pero antes baja.
–¿Si lo hago prometes que salimos?
–Palabra de mujer.

……………………….

–Tghiissssch, tghiiiisch, tghiisssssscho. Aspiraba yo una por una, línea por línea,
volando por el planetario. Estaba en el recreo del colegio. Me importó un pico, igual seguí.
Había visto a la Romina recién ese lunes en la mañana, la mina no estaba en el fin de
semana, y el viernes no pude comprar nada. Estuve el sábado en seco, el gil del Joaquín no
tenía nada pa prestar, puros porros, y el hijo de puta del Duarte se había ido a Reñaca. La
Maca Torres hace tiempo que había dejado la lesera y se había hecho socia del Samantha
Social Nerdy Society, en donde los requerimientos eran seguir las buenas costumbres que
tanto predicaban las monjas de la plaza de armas. El medio cuerpo y la media mina
haciéndose basura al lado de esa gorda que se creía la miss intelligence. Admito que todo lo
que le faltaba a la Samantha en belleza lo tenía en inteligencia. Siempre sospeché que la
weona era una marciana, pero fue mucho después cuando descubrí que la weona si tenía
algo de jupiteriana al juntarse secretamente en una sociedad de seguidores de la vida
espacial en el exterior, grupo que incluso hacía lista de espera para ser abducidas en el caso
de que una nave aterrizara a la tierra y pidiese voluntarias para experimentos transgeneticos
que seguramente cambiarían el estándar de la mujer bella y atractiva. Más tarde me enteré
que la tía de la Samantha fue amante de Pinochet, y que la weona a causa de eso era tipo
ultra derecha casi nazista, pero sin embargo le encantaba Neruda, y se memorizaba todo los
poemas de memoria, llorando cuando las célebres frases llegaban a su cúlmine. El Carlos

165
Tupenaque, el otro raro del curso, me había contado que a la Samantha le encantaba que le
recitarán poemas mientras se lo metían, yo le dije que no porque la Samantha no fuese una
modelo había que faltarle el respeto, porque a la gente se le respeta. El imbecil me dijo que
era un hipócrita al decir eso porque ni le dirigía la palabra a los gordos, cuatro ojos, o feos.
Yo le dije que nada que ver, no le dirigía la palabra a nadie, y que la impresión que la gente
tenía de mí era equivocada, todo por los rumores que hablaban cualquier wea de mi vida,
como si yo fuese producto de detergente en polvo que se publicita en la televisión con
frases como “increíble, no lo puedo creer”, ¡al ver a las dueñas de casa que supuestamente
son tan oprimidas decir que mira que limpio el calcetín! Shhh…………………….Te pillé
Cruz. Ahora si que cagaste cabrito.
–Mierda
–Te caché loquito.
–Ya profe, tu eres buena onda.
– ¿Weon crees que no sé lo que tienes en tu nariz?
– ¿Azúcar?
–Ya weon, suelta un papel.
–¿Bromea?
–Pon la línea loco. El sueldo no es tan bueno para comprar siempre.
–…
–Vamos Cruz. Anda pasando. Este es el secreto. Te quedas pepa, y yo ciego. Así
nos vamos y chao compadre. Business are business. – insistió.
–Deal.
–Trato hecho.
–Vamos loco que extraño la sensación. Pásame tu Bic.
–Te doy una nueva.
–Yo también tuve tu edad cabrón. Si tu crees que las drogas son nuevas estas
equivocado. Pero el problema es que quedan pegadas.
–Pensé que eras cómplice, no lector de sermones ultra repetidos. ¿Y la vas a querer
o no?
– ¿Acaso no soy el profe mas buena onda del alumnado…? Pasa la línea loco, que a
la demora te pido dos.

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–Las que quiera, también vendo.
– ¿Acaso eres ingenuo, Cruz? Eso no se les dice a los profesores. Te podría cagar en
cualquier momento. Nadie te creería.
–Pues hazlo si quiere. Pero te juró que te armo el escándalo de tu vida, y en Chile
compadre, desde el año de la cocoa, cuando explotó el caso Spiniak, que el beneficio de la
duda no existe.
–Eres hábil Cruz.
–Me llamó Tomás, don Altamirano. Los que me dicen Cruz no me conocen.
–Bueno Tomás. Tienes razón, ya somos más que amigos, somos socios. ¿Y cuando
empezaste tú?
–Puta weon no pensaba que ese sería el tipo de conversación con el profesor de
física.
–En los que enseñan física puedes confiar Tomás. Nosotros tenemos otra visión del
mundo, no juzgamos, solo entendemos.
–No me acuerdo compadre. Yo cacho que desde el vientre de mi madre, porque a
los cinco ya hurgaba el velador de mi hermano buscando por el polvo blanco, creo que
estoy tan acostumbrado que ya ni me hace daño. Es puro vicio, pero si quieres saber la
verdad de estar volado casi nunca pasa. Para mi esto es como echarse sal a la nariz. La nariz
solo arde, nada más.
–No hables mal de tu madre Tomás. A las madres, no importando lo mala que sean,
se les tiene que decir que son las mejores del mundo, el que dice que tiene mala madre es
un maricón mal agradecido.
–Yo la quiero, si lo quieres saber. No he hablado mal de nadie.
–Ya, cállate un poco que va a tocar. Pero weon si vay a hacer eso en el colegio hazla
a escondido, no en el baño getón.
–Es lo que siempre hago, pero el vicio me apretaba el cogote.
–Aguántate weon. Es cosa de cerrar la nariz.

……………………

167
Debería haber muerto. Debí haber estado quieto, parado, sin moverme, sin
preocuparme, mirarla a los ojos y decirle “No me importa que me dispares” cualquier
disparo es mejor que perderte para siempre. No lo hice. Fui un cobarde, una sombra, un
idiota, un estupido, cualquier cosa menos un hombre. Eso es lo que vio Paula, y por eso no
se arrepintió de su partida. Se fue triste, pero con la mirada arriba mirando nuevos
horizontes. Le deseo suerte.

……………………….

–Conchatumadre. Ahora si que te pasaste Jaque de mierda.

…………………….

¿Mamá, como pudiste? Madre, yo sé perdonar, pero todavía no he logrado perdonar


tu locura. Recuerdo tus últimas palabras, las que me inducían a que fuera a jugar, y
aprovechar mis últimos momentos felices. Estabas en lo correcto mamá, aquél fue el último
momento de verdadera felicidad que he tenido. Todavía rememoro tus palabras, las que
me advertían sobre lo bello pero peligroso de ser un conejo. Las que me avisaban que
detrás de los árboles habían mas que sombras, sombras en donde se camuflaban verdaderos
jaguares capaces de comer a los ingenuos y a los débiles. ¿Mamá, como pudiste hacernos
algo así? En que estabas pensando cuando tomaste la decisión. ¿Acaso no tenías amor por
tus hijos? No te quiero culpar, no después de tanto tiempo. Quiero que sepas que me he
recuperado. Ya superé mi trágica infancia, supongo que no soy la única que vive por lo
mismo, pero no desearía la experiencia de tener padre y madre muertos a nadie en este
mundo. Mamá, me condenaste a vivir sin familia, sola como un rubí, metida en un orfanato.
No sé nada de mis hermanos mamá. Creo que el abuelo los mandó a Turquía, que sé yo,
perdí contacto, no me preparaste para lo que vendría. Creo que nadie hubiese logrado
hacerlo. Nadie es capaz de estar preparado para soportar tan trágico dolor. El dolor de una
madre que no quiere vivir, el dolor de una madre que abandona. Pero te comprendo mamá,
ahora soy madre y entiendo tu decisión. Creeme, hay veces en que también tengo ganas de
botarlo todo, pero me acuerdo de ti, y pienso que mis hijos a pesar de todas sus

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impertinencias, no merecen lo mismo que viví. No tienen culpa de su pasado. Madre madre,
espero que Dios te haya abierto las puertas del cielo, que te haya perdonado, yo se que no
estabas consciente de lo que hiciste, y ahora que miro hacia atrás veo que te arrepentiste,
pero ya era muy tarde, era muy tarde para volver. Tu muerte ya estaba condenada, y mi
felicidad ya estaba hipotecada.
Ahora no soy triste, pero creo que nunca llegaré a ser feliz, no se puede, trato de
hacer lo mejor posible, pero ser feliz es imposible. Tendría que mutilar mi memoria para
lograr semejante estado, tendría que volver en el tiempo y cuidar de que el papá no hubiese
muerto, no se hubiese metido en lo que se metía, y tú, me aseguraría de que tú no
cometieras tal tontera, hubiera impedido a la fuerza que tú te acercarás a las pastillas que
usaste para quitar la vida. Cuando me hablaste, estabas absolutamente arrepentida de
haberlas ingerido, pero estás ya habían entrado en tú torrente sanguineo, y la muerte se
hacía inevitable. Si pudiera volver en el tiempo, me aseguraría de estar a tu lado,
consolando tu pena, y secando tus lágrimas. Tal cual lo hace una madre con una hija
desesperada, a mi no me importaría hacer el rol inverso, con tal de tenerte viva y a mi lado.
Mamá cuanto te extraño.
……………………….

El detective Cienfuegos recibió una peculiar llamada a su oficina de parte de


Carabineros, informándolo en su despacho de investigaciones que un homicidio había
ocurrido. Este después de terminar de beber su café, más dulce que lo normal, tomó las
llaves de su patrulla, y dio el inicio al rutinario proceso de investigación que un caso de
homicidio ameritaba. En seguida, un equipo compuesto por más de media docena de
personas, se dirigió al lugar del asesinato, en uno de los barrios céntricos del Gran Santiago.
Los asesinatos no eran cosa de todos los días, en esta especie de comarca de
Sudamérica, en donde todo ocurre lento y pacíficamente, nada sale a la luz pública, y los
problemas que existen solo llegan a susurrarse a los oídos. Al fin algo emocionante,
pensaba Cienfuegos después de una semana sin verdadera pega, en la cual solo se dedicaba
a investigar casos de robos menores, y hasta a acudir al barrio alto a peticiones de las
patronas que acusaban a sus nanas de haberle robado joyas y diamantes. Cienfuegos tomó
el ascensor que lo dirigiría al subterráneo del moderno edificio de Investigaciones. Su

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compañera, la señorita Patricia Pitrotvic, hija de rusos inmigrantes, lo seguía. Yo manejo, le
decía Patricia a Cienfuegos. Antes sobre mi cadáver señorita, fue su respuesta. Lo siento,
insistía ella. A mi me toca, tú manejaste ayer. Y además, no me diga señorita, don
Cienfuegos, porque le recuerdo que tú no eres menos joven que yo. Cuidado con el “tú”,
oficial. Recuerde que yo soy superior. Mi superior en la China, caballero. A mi me toca
manejar, y metase por el culo su ego de macho pendejo. ¿Acaso me quiere retar a un gallito
Cienfuegos? ¿A un gallito, con una mujer? Entiende señorita Patricia, las mujeres están en
esta institución por las piernas, no por las habilidades. La razón por la cual usted esta aquí
es por puro marketing político.
Usted no tiene arreglo Cienfuegos. Vamos, que vamos tarde. Si tú quieres, maneja.
Pero en serio que andate al carajo. Con usted voy , con usted voy.
Cienfuegos, joven detective, pero brillante, había llegado a la institución hace poco
menos de media década, con él su colega no solo de universidad, y rival en notas, que
siempre lo acompañaba. Los dos habían sido indicados no por su edad pero por sus
habilidades para tomar cuenta de este homicidio, que todo indicaba, había sido pasional.
Cuando entraron al auto, que manejaba Cienfuegos después de una ardua batalla para
conquistar el volante, un equipo de fotógrafos, y expertos en ciencia forense los siguieron.
Cienfuegos estaba a cargo, a cargo por primera vez.
Cuando llegaron al barrio infestado de putas baratas, y departamentos de medio
cuarto usados por ejecutivos para fines de motel, ya estaba presente Carabineros, los
mismos que habían contactado Investigaciones. En la vida real no era como Hollywood, y
no era necesario pelearse con el oficial de carabineros para decidir quien estaría a cargo.
Los dos cumplirían distintas funciones. Carabineros tendrían que mantener a los curiosos
afuera, no permitiendo la entrada al recinto que era constantemente atacado por la prensa
amarilla, e Investigaciones haría lo propio al intentar descubrir la identidad del criminal, las
circunstancias del crimen, entrevistar a vecinos, etc…todo rutina.
Cienfuegos subió al tercer piso por las escaleras, el ascensor del viejo predio hace
tiempo no funcionaba. El alboroto de los vehículos policíacos había provocado una intensa
adrenalina en el edificio, que poco después de escuchar los disparos permanecía casi vacío,
ya que disparos atraía a la policía, y la policía perseguía a lo ilegal, y lo ilegal estaba en
permanente presencia; al menos en aquél lugar.

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Cienfuegos entró al departamento que ya había sido aislado por Carabineros con la
típica cinta amarilla. El trabajo recién empezaba. Nadie hasta ahora había entrado al
departamento, a no ser por los carabineros que minutos antes habían entrado en un intento
de perseguir al autor de los disparos, que por supuesto, ya no permanecía en el lugar.
Cuando carabineros dio por concluído que no había peligro presente en el departamento, y
que por el olor a podredumbre, un cadáver seguramente permanecía escondido, se dio la
instrucción de contactar el ala de investigaciones para tomar las riendas del caso.
–Así que tu primer gran trabajo, ¿no cierto Cienfuegos?– le decía un experíente
carabinero que guardaba la puerta.
–Pues siempre está el primero.
–Le quería decir que está todo limpio, nosotros solo entramos para averiguar si
permanecía el autor de los disparos, no hemos tocado nada, todo permanece intacto.
–Más les vale, porque con Investigaciones no se mete nadie. Pues se puede retirar
Carabinero, ya no son necesario sus servicios. Solo asegurese que no entren esos
weones sensacionalistas con cámaras incluídas, recuerde que se paga bien por las fotos de
sangre.
–No hay sangre Cienfuegos. Limpiaron todo, pero parece que no se deshicieron del
cadáver. El cuerpo permanece escondido en algún lugar.
–Va a ser complicado encontrar pistas– le decía Patricia.
–No complicado, pero menos fácil. – se jactaba Cienfuegos con su prepotencia de
juventud.
–Pues entremos. – le decía Patricia.
–Sí, entremos.
El departamento de medio cuarto estaba impecable. El olor a producto de limpieza
atacaba el olor a podredumbre, que a pesar de los esfuerzos por esconderlo, lograba salir a
denunciar el crimen cometido. Los oficiales persiguieron el olor del cadáver, el primer
paso, según indicaba el manual, era averiguar donde estaba el resultado del homicidio.
Como competente mateo, el oficial Cienfuegos persiguió con nariz de sabueso los
indicios que le indicaban que el cadáver se encontraba adentro de la nevera.
–Parece que se han hecho compras en este departamento.
–No haga bromas oficial Patricia, tómese su trabajo a serio.

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–Yo creo que usted se esta creyendo el cuento, capitán. Pero la actuación no es
necesaria para mí, que lo conozco tanto. Y ponle tanto a eso.
–Vamos, saquemos el cadáver. Parece que está entero.
–Por supuesto que sí. Si el tipo esta sentado adentro de la nevera.
Y así era. Paula con Tomás habían sacado todo de la nevera, y puesto el cadáver
adentro. Las razones no eran muy obvias. Yo creo que más por el instinto animal de tratar
de eliminar las pistas de lo ocurrido, que por verdadera lógica. Después de sacar todo de la
nevera, y transformarla en una verdadera caja hermética, los dos con mucho esfuerzo
metieron el cadáver.
–Puta Paula, no se como aguantabas a ese tipo arriba tuyo.
–Tomás, no estoy de humor, apurémonos, pronto estarán los pacos acá.
–No creo que se atrevan a llamarlo, este edificio esta infestado de putas, no se van a
querer meter en problemas.
– ¿Y que? Hablas de las putas como si no fueran humanas. Acuérdate que soy una,
y además Tomás, no te entiendo, imposible hacerlo, hablas tan naturalmente. ¿En serio que
no tomaste nada? Acabas de matar a alguien, y parece que todo tratase de un procedimiento
tan simple para ti.
Y Paula estaba en lo cierto. Tomás, después del odio que se apoderó de él, el mismo
que lo hizo tomar el revólver que descansaba sobre la mesa al lado del sofá, en donde Paula
jodia al que después se convirtió en cadáver, actuaba como si nada extraño hubiese
ocurrido. Paula por su cuenta estaba mas histérica, como no creyendo lo sucedido. Los dos
si que habían caído bajo, y Paula se imaginó las consecuencias de esa caída. Tomás, no
creo. Él todavía no sabía nada de consecuencias, eso era cosas del mas allá. Paula tomó la
mano de Tomás, y le dio un beso profundo, después de poner el cadáver en la nevera. Le
dijo que se arrancara. Él le dijo que ella no podía permanecer allí, que si la encontraban con
un cadáver dentro de su departamento, era cosa de minutos para que permaneciese
pudriéndose dentro de una cárcel, porque algo que no se toleraba en el país eran las putas, y
menos encima si esas eran asesinas de hombres de familia. Ella le dijo que tenía razón. No
podía quedarse allí. Tenía que irse lo antes posible. Es mas, tenían que irse. Paula ya era
cómplice de todo. Además, si Paula clamase inocencia, no hubiese alma en este mundo que

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le creería a una prostituta. Las mujeres de las calles no dicen la verdad. Eso Paula lo había
experimentado desde siempre.
–Tomás, nos vamos donde la Jimena, de ahí vemos que hacemos.
–Contigo voy. ¿Me perdonas?
–¿Por matar al tipo? El que te tiene que perdonar no soy yo Tomás.
–Lo hice por ti.
–Cállate.
–Es verdad.
–Necesitas tratamiento. Estás loco.
Era verdad. Tomás estaba loco. Tomás ya no era Tomás. Tomás era el otro Tomás.
No él mismo. No importaba quien era quien. Los roles eran secundarios. Lo importante era
escapar. Fueron muchas pistas las dejadas. Tendrían que desaparecer. Decirle chao al
mundo. Al menos al mundo que hasta entonces conocían. El mundo de Santiago. Los
últimos meses, en los cuales Tomás ya había vuelto a su casa después de ser engañado por
el Jaque, cuando permanecía en la calle, como un verdadero bandido, muchos cambios
habían ocurrido. Tomás ya no era un joven drogadicto, adentrándose en una aventura. La
aventura lo poseyó, y lo sacó de los parámetros de lo aceptable. Paula tampoco era la
misma. Tomás y Paula ya no era la pareja desparfalaria que se había formado en una noche
de luna oscura, eran dos personas que habían juntado sus caminos que habían sidos
interrumpidos por grandes piedras y tormentas, para después volver a juntarlos. Los dos, a
pesar de todos los obstáculos, decidieron que lejos no podían estar, aunque trataran, todo lo
que habían vivido era más fuerte, y por lo tanto más necesario. Los dos estaban sordos. El
asesinato no les haría desencerar los oídos, y menos aún sacarse los lentes de encima. Si el
mundo no les era útil, entonces otro mundo, lejos de allí, tendría que ser creado.

…………………..

Tomás Cruz se cayó de la cama. La pesadilla desproporcional que había soñado hizo
que sus poros se abrieran soltando los litros de piscola en forma de transpiración. Mientras
tanto Nacrea Cruz entraba a la pieza a enterarse cuales eran los motivos de tantos griteríos,
y por míseros segundos en una viñeta sacada al azar se podía apreciar a una familia común

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y corriente, en donde las protuberancias del destino no hacían ocaso, y tal cual una sonda
americana perdida en Marte, disfrutaba de las horas sin pensar en lo que vendría.
–Deja de delirar. Oye. Despierta. Despierta ahora. Estas hablando solo. Tomás
despierta.
–Me quiero ir.
– ¿Hacia donde te quieres ir? ¿No te das cuenta que estay curado?
–Me quiero ir mamá, me quiero ir.
–¿Ir hacia donde?
–No sé. Me quiero ir, irme de aquí. Quiero irme donde Paula. Llevame hacia ella.
– ¿Paula? Tomás quien es Paula. ¿La nana?
–Sí.
– ¿Qué pasa con la nana Tomás? La nana esta de vacaciones. Tomó permiso, estaba
enferma. Nadie sabe cuando vuelve.
Y Tomás se despertó. Suerte que se despertó antes de seguir delirando y revelando
información que debiera ser mantenida en secreto. Eso era. Tomás es un hijo de puta, ni ahí
con la vida. Un perro vago.
–¿Donde vas?
Tomás no hacía caso. Solo caminaba. Ya no le preocupaba esconder sus fugas. Solo
caminaba. Bajaba las escaleras. Salía por la puerta delantera y se dirigía donde Dios sabe
donde. Había perdido todo respeto. Pero sin embargo tenía razón. El respeto se logra, no se
impone. Es como la confianza.
– ¡Escribe! ¡Escribe! Escribe más rápido. Vamos mierda. Aprieta las teclas con
fuerza. Apriétalas. Si no lo hacen ustedes no se recuperan. No ven que están condenados a
estar aquí. Son mil páginas por día. Me entienden. Este es el infierno. Si quieren salir
escriban. Si quieren quedarse, también escriban. Solo escribiendo tienen esperanzas.
Y la información se filtraba por las puertas del suelo.
– ¡Alguien ahí! Alguien que me escuche. Alguien que me lea. Estoy preso. Estoy
detenido. Este es el infierno. Un campo de concentración. Nosotros escribimos los destinos.
–¡Paf! Vuelve a tu historia, 36. No digas tonterías. ¡No escribas lo que digo mierda!
Estas quebrando la regla numero uno, 36. ¡VUELVE!

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Y de repente Nacrea Cruz veía desprevenida como su hijo se le escapaba de la
mano.
–Quiero parar estoy cansado.
–¡Paf!
Me golpearon.
–¡Paf.
………………………….
Me tengo que escapar.

………………………
–Hola huevón.
–Hola.
–Te extrañaba.
–Yo igual.
–Veamos.
–Vamonos.
–Aquí no gil.
–Aquí si.
–Nos van a ver.
–Mala suerte.
–No te olvides que esta fiesta es del colegio. Y que las brujas están como sapas. Mi
amor para….
–No, amor querida. Esto es solo sexo.
Paf.
–Sigues siendo último Cruz.
–Que te pasa cabrita. Desde cuando tan sensible.
–Antes de acostarte con una, deberías aprender como tratar las mujeres.
–Así que tratar a las mujeres. Ya cállate que pareces gallina en celos. Se que quieres.
–Hay Tomás.
–Hay Tomás ni pepino. Termina lo que empezaste.
Paf.

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–Puta, esa dolió más que la otra.
– ¿Cuándo la dejas?
– ¿Dejar qué?
–La putita que te tiene loco.
–Tratala bien, no es ella quién le anda abriendo el cierre al primero. Epa, no soy tan
tonto como pa recibir la tercera– le dije sujetándole la mano justo antes del golpe.
–Tú sabes que te quiero Tomás.
–Tú no me quieres Margarita. Tú me amas.
–Si sé.
–Pero yo te quiero. Sabes porque.
–¿Por qué?
–Por que estas muy rica.
Se venía la cuarta cuando la alcancé a detener.
–Vamos Margarita. No me exijas más. Lo pasamos bien así. Tú sabes que no voy a
dejar a la putita que tanto te molesta.
–pero Tommy.
–No seas hueca. Me cargan las huecas.
–Así que te gustan las inteligentes ¿no? Para ti soy lo que sea. Y que te parecen las
rotitas…puedo actuar querido. Soy lo que quieras. También me puedo disfrazar de puta,
de enfermera, de nana, de profesora, lo que sea.
La Margarita Sinfonck me estaba hartando, le agarré las pechugas y me fui.
–¿Ya te vas mi amor?
–Entiende, erís enferma de hueca.
–Hay Tommy.
No alcancé a escuchar. Ya había cerrado la puerta cuando me encontré de frente con
la Paola Cinemark, media drogada, media hipertinética, me dijo que ella, y no sé quienes
mas, irían a la casa de Caty McDonald’s ya que harían una sesión de espiritismo y que la
wea iba estar re buena, porque la abuela del Gonzalo Petummagi, que era seca en cosas
esotéricas le había enseñado un par de trucos que de verdad servían…
La dejé hablando sola. Esas tipas cuando toman son capaces de decir cualquier cosa
con tal de mover la lengua. A mi no me interesaba. La fiesta ya me estaba aburriendo,

176
cuando de repente la Cinemark se me aparece agachada. Se levantó y me dijo que se estaba
estirando las piernas, ya que el frío deterioraba los huesos, lo que hacía que las ciento
treinta y seis calorías de la piscola se acumularán en las rodillas, pero que gracias a los
santos cada sesión de estiramiento ayudaba a quemar ciento cuarenta, entonces sumando y
restando su metabolismo quedaba con saldo positivo de cuatro.
Puta, me dije que había locos para todo, pero la Cinemark si que las cagó, estaba
peor que la McDonald’s, la que seguramente se estaba comiendo un par de Big Macs, la
que la hacía verse cada día más gorda, pero según ella no importaba, porque cuando saliera
del “high school” se haría una súper liposucción que la dejaría mas linda que Britney
Spears, ya que de oreja y de cejas se veía más linda que ella. Iba caminando hacia
cualquier lugar, medio hipnotizado, medio dopado.
……………………..

Tomás Cruz despertaba de una noche de jerga. Cuando despertó, un susto. La pieza
oscura. Mucho calor. No estaba en su casa. Se levantó desnudo, y buscó sus pantalones. Ni
idea donde estaban. Estaba en pelotas. Una broma quizás. A su lado, en la cama, no había
nadie. Chuta que estaba en problemas, donde mierda se había metido. Trató recordar. No
fue muy útil, en su memoria había un espantapájaros sobre un campo minado, alguien
gritando ayuda, y una bala explotando en una cabeza. Sueños son sueños, supuso él. En
pelotas abrió la puerta de la pieza en que dormía. La casa no le era conocida. Decidió bajar
por las escaleras, dirigirse a la cocina y buscar algo de comer, el estómago le rugía. Abrió el
freezer, sacó una cerveza, la abrió. Parece que hizo mucho ruido, porque escuchó una
puerta abrirse. Mejor esconderse, no quería encontrarse en pelotas de cara con el papá de
una mina a la quién apenas conocía. Los nervios le atravesaban el cráneo, y el frío le
congelaba las bolas, estaba más que claro que no era una posición favorable para sacarse
una foto. Mejor arrancarse. Todavía era temprano, y el sol apenas salía. Vio las llaves de un
auto. Y mierda…pasos se acercaban a la cocina. Mejor salir corriendo. Al lado de la cocina
estaba el garaje. Era cosa de abrir la puerta, abrir el portón, y chao, partir con el auto rajado
para la casa, o para cualquier parte lejos de ahí. El portón se abría apretando el botón del
citófono. Eso hizo, sí, todas las casas eran iguales. Después abrió la puerta de la cocina y…
mierdaaaaaaaaaaa. La alarma empezó a tocar a todo volumen. Ahora si que todos se

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despiertan, puta Tomás gil de mierda. Nada que hacer, lo peor era quedarse parado y en
pelotas lamentándose que la alarma de una casa desconocida empezara a sonar. Salió rajado
al jardín. Más problemas, habían tres autos, trató con el azul, nada, no sirve. Chuta, todos
están despiertos, y viene un rottweiler. Mierda ahora si que chao todo. Que un rottweiler te
muerda en pelotas sí que debe doler. A la mierda eso, mejor correr. Y la alarma seguía
sonando a todo rajar. Tomás se dirigió al auto rojo, al convertible bacán. Demás que llegaba
a trescientos. Lo abrió. Entró al auto. Y puso pie al acelerador a todo rajar. Puta que el
viento frío lo congelaba. No había tiempo para reclamar. El auto ya estaba en la calle, y
Tomás manejando un auto robado, y en pelotas.
¿Donde ir?
Ni idea.
Suerte que a las cinco de las mañana no hay pacos en la calle para molestarte.
Porque que detengan a un menor, con indicios de drogadicción, desnudo, en un auto
convertible y robado, no sería muy agradable. Para las situaciones graves están los amigos.
Así pensó. Ya estaba en Avenida Kennedy, la casa del Joaquín estaba bastante lejos.
Semáforo rojo. No se porque pero el deber cívico hizo que Tomás Cruz detuviera al auto.
En la pista de su izquierda se detuvo un otro auto. Era una vieja que casi le dio un ataque,
eso le pasaba por mirona. A la derecha se detuvo un escarabajo, miró, era un grupo de
minas volviendo de una fiesta. Les guiñó un ojo, ellas sonrieron. El semáforo se puso
verde. La carrera comenzaba, para eso estaban en Kennedy. El auto daba trescientos, dejó a
la vieja del Ford lejos para tras, y a las minas rubias del escarabajo ni señal. Tomás se
sentía libre. No por andar en pelotas, pero si, estaba manejando un auto por las calles vacías
de Santiago. En las calles puros curados recién despertándose. Total era domingo, y el
sábado por la noche es para aprovecharlo. Llegó a avenida Las Condes, subió hasta el
puente en que pocos días antes había tratado de suicidarse, entro a El Rodeo, y encontró la
casa del Joaquín. Menos mal que no había nadie en las calles, y que por suerte el Joaquín
no tenía perros. Saltó las rejas. Y a escondidas empezó a tirar piedras chicas a la ventana
del dormitorio del Joaquín. Puta el gil no se despertaba. Trató denuevo. Por suerte ahora
una luz se prendía. El weon miró por la ventana. Me vio y se sorprendió, el perla no estaba
acostumbrado a las locuras. Abrió la ventana. Me dijo que tomara la escalera y subiera, que
no podía bajar porque sus viejos se despertaban. Yo cagado de frío busqué la escalera y

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subí rajando. La pieza del Joaquín estaba calientita, y me sorprende que tuviera a alguien en
la cama. Era la Carla, suerte que estaba durmiendo.
–¿Weon y desde cuando arrancando de tus minas?.– me dijo el Joaquín
sarcásticamente.
–Ja. Le dijé. No te hagai el chistoso perlita. Vamos weon, pásame algo pa vestirme.
Puta el Joaquín si que era hediondo. Agarre unos pantalones que tenía y me los puse. Estar
en pelotas tanto rato si que cansaba.
–Calzoncillos si que no te presto weon, la ropa interior es íntima.
–Weon ¿y quién te anda pidiendo eso? Igual, gracias socio. Me sacaste del medio
problema.
–¿Y de quién es el Ferrari?
Tomás el pavo ni siquiera se había dado cuenta que era lo que había robado, sabía
que era el medio convertible, pero con todo el apuro por arrancar no se dio cuenta que se
había llevado el medio Ferrari. Ahora si que le daban al menos un año de cárcel. No
importaba. Abrió el closet de su amigo y sacó una camisa. Después te explico. La fiesta
anoche en la casa de la Paty Meriat estaba la raja. Y estaba re buena tu mina, ¿desde cuándo
juntos? ¿Y te la llevai así no mas a tu casa? ¿Y que te dicen tus viejos? Chuta, hablando de
viejos es hora de despertarla. La loca se tiene que ir, y que la vieja se va a dar cuenta, y eso
si que chao. Sí, esto no es motel, y que esta es una familia decente, y que tus amistades te
están llevando al infierno, y que te curaste en la fiesta, y miles de huevadas mas. Carla
despiertate. Estuvo bueno anoche, pero ya es mañana. Andate. Hay ya, no me trati así. Hola
Tomás, ¿que hacis aquí? No, Joaquín, no me digai que durmió con nosotros, o sea no me
acuerdo, pero con dos es mucho cachai, yo soy decente. No te pases rollos. Si el Tomás esta
aquí pa ayudarte no más. Te va a llevar a tu casa, puta y mis viejos están que se despiertan.
Van a tener que bajar por la ventana. ¿Y me creí super man? le decía la Carla asustada.
Super man no, pero super woman sí, le dijo Tomás. Se puso roja, los dos bajaron. Y chao
Joaquín, y medio beso que le dio la Carla. Nos fuimos arrancando pal auto, total ya estaba
robado y el Ferrari había que aprovecharlo. La Carla dio un grito cuando vio el auto.
– ¿Qué haces con el auto de la Paloma Kiucs?
Chuta, ahora si que daban ganas de vomitar. Ahora si que quedó la embarrada.
Ahora si que todo hacía sentido. La bruja de la Kiucs me había engrupido, la weona si que

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era bruja, toda misteriosa, pero re rica si, pero igual tenía como sus maldiciones y encantos,
era como sirena, re peligroso acercársele.
–¿Paloma Kiucs?– atinó a decir el Cruz como medio huevón.
–Si po, no seas pajarón. O sea anoche en la fiesta de la Paty Meriat quedaste
embrujado, cachai que ni te despediste y te fuiste con la Paloma, los dos estaban mas
calientes, por poco no lo hacen ahí cachai, menos mal que la loca te llevó.
Ahora estaba la cagada, la Paloma Kiucs lo había logrado. Ahora entendía todo de la
pieza oscura, de despertar sólo, y de no tener ni siquiera un trapo con que vestirse.
– ¿Y como lo pasaste anoche Tomás?
– ¿Anoche?
–Sí po, anoche.
–No me acuerdo.
–Pajarón.
– ¿Y como lo pasaste tú?
–Bien.
La fue a dejar, no hablé mucho, lo que rondaba mi cabeza ahora, es como iba a solucionar
este medio problema. De seguro que la Paloma Kiucs me obliga venderle el alma pa que no
vaya a la cárcel. Supongo que es hora de volver y enfrentar el problema. Ni problema ni
que repollo, si este auto lo voy a dejar botado en la esquina de su casa y salgo cascando.
Total sus viejos no van a tener porque saber que su hijita la sabia, se había tirado a
un tipo bajo su propio techo. La Palomita Kiucs iba a estar pa callada, nadie me vio, nadie
sabe nada.
Pero la media sorpresa al llegar cerca de la casa de los Kiucs, que por suerte
memoricé el camino cuando salí arrancando. Los pacos habían cerrado dos cuadras a la
redonda, creo que se armó la grande. Muy tarde para arrancar, si ya me habían visto. Lo
único que quedaba ahora era actuar. Por lo menos para algo servían todas las películas
Blockbuster.
–¿Y usted jovencito, que hace con ese autito?– me decía sonrojándose el paco que
me ordenaba bajarme del auto.
–Lo tomé prestado no más.

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–Sargento, si este cabro es del barrio alto, hay que tratarlo bien. – le gritaba otro
paco que estaba a unos pasos.
–Si no fuese por tu papi jovencito, te juro que te hago pedazos, te juro que estoy
harto de cabros como vos.
Creo que solté un poco la lengua, porque parece que enojé mucho al paco que se
puso color tomate, y por poco no me saca la cresta enfrente de todos.
– Que te transfieran a La Pintana entonces po.
Un otro paco, un paco más calmado se dirigió a mí y me preguntó que hacía con el
auto. Entonces empecé actuar. Le dije que era el pololo de la hija del dueño del auto, y que
ella me había dicho pa tomarlo prestado e ir al supermercado Montecarlo que era 24 horas a
comprar miles de estupideces, pero que volvía ahora a devolvérselo.
– ¿Y donde están las miles de estupideces que compraste cabrito? Haber, abre la
maleta.
Chuta ahí si que fui gil, parece que el talento de mentir se me estaba desgastando, no
había pensado en ese detalle.
–Es que cuando llegué al cajero me di cuenta que se me había olvidado la tarjeta.
Entonces yo mas que avergonzado tuve que devolver toda las compras, y todo el tiempo
perdido sirvió de nada, así que aquí estoy de vuelta, con el auto y sin compras.
–Veamos si es verdad, el Sr. Kiucs va a estar contento en ver el auto de nuevo, y tú
cabrito, reza para que la hijita mimada esa te siga el cuento, porque si dice que todo es
mentira, para la cárcel nos vamos compadre, y al menos va a tomar dos días para que tu
mamita te saque. Y te prometo joven, que vas a sufrir, vas a ver el mundo real, allá en la
cárcel están ansiosos por los jóvenes como tú, les encanta la carne frescca, les encanta
pegarles, y torturarlos, y hacerles cosas… ¿sabes por qué cabrito? Porque odian a los de tú
clase– me decía el oficial a mis oídos.
Por primera vez ví que el mundo se me caía encima, y que mi vida entera dependía
de lo que dijera esa bruja, sabía que de todas maneras esto me iba a costar muy caro. Era mi
alma, o dos días en el infierno.
…………………….

–Sr.Kiucs, acá le tenemos al culpable de todo, y acá esta su auto, sano y salvo.

181
–Mira tú, quién diría, el hijo de Nacrea Cruz robando autos de lujo. Pero como da
vueltas la vida, ¿no, oficial?– me decía ese viejo de mierda que era más brujo que su hija y
que me provocaba unas ganas tremendas de pegarle y sacarle todo los dientes de mierda a
ese estafador que me tinca peor que los de EuroLatina.
–Bueno Sr. Kiucs, el joven aquí dice que es pololo de su hija, y que lo único que
hizo fue tomar el auto que se lo prestó su hija pa ir a comprar “estupideces” al Montecarlo
de Cantagallo.– decía el “carabinero” con tono irónico, y sarcástico.
–Es que la Paloma no me había dicho nada, que sorpresa mas grande, de veras que
me sorprende. ¡Hija! Baja hija, tenemos que preguntarte algo.
Y ahí por las escaleras bajaba la flamante Paloma Kiucs. Pero esta paloma no era
blanca como Palomita Blanca, esta era la paloma negra, y oscura. Daba miedo mirarla,
leyendas decían que te chupaba el espíritu. La tonta debe haber sabido todo, si era obvio
que quién se había llevado el auto era su última víctima. La mina me miró con aires de
complicidad. Quería saber si aceptaba su precio. El precio de salvarme.
Yo asentí.
–Hay Tommy, ¿por qué te demoraste tanto? Me tenías re preocupada, si te había
prestado el auto, pero tardaste tanto que pensé que te había pasado algo, o sea que alegría
verte de vuelta. Hay mi amor, dame un beso. – besar los labios de esa bruja fue lo peor de
la actuación, era como besar a una rana, y la weona que se aprovechaba y consumía de a
poco mi lengua. Después de casi media hora la tipa me soltó y pude tomar aire. Total esto
era una actuación, la Paloma y yo nos amábamos.
–Hay papá perdoname. Es que no tuve tiempo de avisarte, es que estaba dormida y
ni me di cuenta de todo el lio que se había armado. Pero Tomás es buena gente. Y esta era
mi sorpresa papi, este es mi pololo. Y papá esta vez que es serio. Tomás es “the one”. O sea
que lo amo, cachai papá. Fue todo un malentendido.
–¿Y este joven durmió aquí en la casa, Palomita?
–Mira papá, Tommy esta en plena crisis familiar– la tipa era buena actriz, pero lo
peor es que parecía leer mis pensamientos– entonces yo le dije que viniera por la noche y
durmiera en una de las piezas que tenemos extras, pero fue por puro que en su casa ya no
soporta estar. Hay papi, cuanto lo siento, pero no tuve tiempo de avisarte. ¿Perdóname ya?–

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decía “Palomita”, la Palomita que sabía las palabras perfectas para manipular a cualquiera.
Prometo que hasta le creí por unos instantes.
–Bueno oficiales, les pido mil disculpas, pero como ven todo esto ha sido un mal
entendido. Les pido perdón por el tiempo quitado, pero estoy seguro que una llamada de
elogios al Coronel Turitis les alegrará el día.
–Por supuesto Sr. Kiucs, para esto estamos, es nuestro deber. Usted no tiene culpa
alguna de alarmarse al ver que su auto favorito no esta en su garaje. Y bueno, tenemos
tareas a cumplir, nos despedimos.
Que alivio, al menos hacia el infierno no me iba. Esto era peor.

…………………………….

–¿Y cuando me muero?


–Paisano, ya estás muerto. – me decía la gitana de los ojos tristes, con una voz que
daba una ligera sensación de seriedad y risa.
– ¿Y cuando morí…?–decía Tomás riéndose.
–Pues del momento en que decidiste tirarte del puente.

– ¿Y cuánto voy a vivir?


–Pues paisano, ya le he dicho, usted ya está muerto.
–Sí, sí, estoy muerto, pero quiero decir hasta cuando voy a estar muerto de verdad.
–Usted es muy complicado paisano, no le entiendo– decía ella con un acento raro.
Se notaba que ella venía de otro país.
–¿Por qué me mira así?– me preguntaba ella.
–¿Mirarte así como?
–Pues con cara de torpe.
– ¿Y que haces tú acá en Santiago? ¿Donde esta tú campamento?
–Me arranqué paisano.
–Dime Tomás.
–Ya no tengo campamento. Me echaron.
–¿Y que hiciste?

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–Pues no soy pura.
–¿Te echaron por no ser pura?
–Es lo que escuchaste. Ustedes chilenos son muy torpes, preguntan lo que saben.
–Yo solo trato de ser amable. Solo quiero darte las gracias. ¿Y conoces Santiago?
–No, paisano…Tomás. Nosotros de Chile solo conocemos Iquique, en Iquique
llegamos al puerto, y de Iquique venimos bajando hasta el sur, antes eramos de España,
pero yo provengo de Rumania.
–Eres linda, ¿te lo han dicho?– creo que fui muy tierno, porque parece que las
palabras a esa gitana no le hicieron efecto, a cualquier chilena la mataba, pero a la gitana
las palabras solo le rebotaban.
Cambié de táctica, el galán no servía, mala cueva no más, ahora soy otro.
–¿Tequila?
–¿Tequila?– dijo ella de nuevo.
–Si, Tequila. Te voy a llevar donde hay tequila gitana. Te voy a mostrar Santiago.
Vamos, salgamos deste paradero. Nosotros los paisanos nos transportamos en micro.
Así que Tomás y la gitana fueron a buscar tequila, se subieron a la primera micro, le pidió
rebaja al conductor que parece que al ver a la gitana se asustó, porque tomó los ciento
cincuenta pesos y siguió manejando sin decir “cabro huevón, la wea cuesta 300”. Daba lo
mismo, la gitana conmigo bien lo iba a pasar. Nos tomamos la alfombra mágica de aladino,
que un poco modificada, en versión modernizada igual servía.
La gitana no parecía gitana, o sea no a primera vista, era necesario escucharla, verla
hablar, porque la loca se había vestido como paisana.
– ¿Y has andado en micro antes?
– ¿Y por quién me tienes?
–Pues por gitana.
– ¿Dónde vamos paisano?– le preguntaba la gitana que no se acostumbraba a
llamarlo por Tomás.
–A Santiago, a Santiago vamos.
–Pero ya estamos en Santiago.
– Eso es lo que yo creía, pero gitana, Santiago no es esto.

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Y después de bajarse de la micro y tomar otra micro, y caminar entre lodo y barro, y
tener la gitana tomada de las manos, que lo seguía por todos lados porque peor que todo era
perderse en medio de la nada, los dos tocaron la puerta de madera.
–¿Tomás?
– ¿No me reconoces?
–Es que estás distinto.
– ¿No te alegras en verme?
–Sí, pero que sorpresa. ¿Y quién es ella, tu nueva adquisición?
–Puta a ti no se te acaba el humor. Esta es la… ¿cómo te llamas?– le preguntó
Tomás a la gitana.
–Javenska.
–Bueno Romina, aquí te presento a Javenska, la gitana. Mi nueva amiga, si es que a
eso te refieres. ¿Y no nos vas a invitar a pasar?
–Es que Tomás yo estoy de salida.
–Cachai mina, uno llena en rebuena onda a visitarte, y vos después me vienes a
mandar a la cresta diciéndome a mí y a la gitana que estas de salida, mira que sabe leer la
mano, y es seca en eso.
La Javenska, más sorprendida que todos, solo atinó a decir.
–Yo leo la mano, pero no gratis.
–Tomás cachai que estoy harto de tus pololitas y de tus problemas, si po weon, no
me creas con cara de weona. Si se armó el medio escándalo, ya no vay al colegio, ya estay
fuera de tu casa, ya estay fuera de todo, si todos te andan buscando po Tomás.
–¿Y tú desde cuando que te creis mi mamá Romina? Ya estoy harto grande pa saber
lo que hacer– decía Tomás con una falsa seguridad.
Romina sabía todo, porque tal cual todo los dealers había acusado recibo del
mensaje del Jaque, Tomás Cruz era por segunda vez buscado en el underground, y
recompensa se ofrecía por ello.
– Yo no soy tu mamá y ni tu polola, y en serio que no me importa lo que te pase a ti,
pero lo único que te digo es que estoy en otra compadre. Yadescubrí tus rollos, no soy nada
tonta.

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–Y haber Romina, hablemos cara a cara. ¿Que cresta descubriste de mí? Ah, vamos,
dime. Si yo no soy gil Romina. A ti te pesa en la cara que yo sea un Cruz ¿cierto? Si tu si
que me crees harto huevón. ¿Crees que no sé que tú eres una forajida? Tú crees que yo no
sé nada, en serio, me sorprende que todos después de todo, después de todas las huevadas
que hago con mi vida, todavía me creen un conejo blanco. Pero fíjate Romina, que de
conejo blanco tengo solo la cara. Yo sé muy bien que tus weas son ilegales hasta en el
mundo ilegal. No sé si me explico po Rominita, yo se que eres enemiga del Cruz, y
tambien sé de tu familia, no me vengasi a decir que no. Sé que ustedes son rebeldes, no sé
si estoy hablando tu jerga, pero en el fondo sé que me entiendes. Solo quiero que sepas
algo. A mi me da lo mismo las weas del Jaque. Me importa un pico lo que pasa adentro de
esa casa. Y por eso me echaron. Por eso Nacrea Cruz me echó de la casa, y por eso no
quiero volver. Los Cruz se acabaron me escuchaste, ya no soy Tomás Cruz.
– ¡Ja! ¿Y cómo te llamas ahora Cruz, Tomás el pandillero?
–Veo que estás harto enterada Romina.
–Tú juras que en el underground no te conoce nadie, ¿cierto? Estás harto
equivocado Cruz, si te quieres esconder de tu puta familia te fuiste a meter en el peor lugar.
–¿Y sabes por qué Cruz? Me da una mierda admitirlo, pero igual lo voy hacer– se
reprimía ella diciendo–Porque los putos Cruz son los reyes del underground Tomás. Si a ti
te están buscando de nuevo, perlita. Y yo como soy tu amiga te voy a decir que el Puto de
tu hermano ofreció plata para que te rompieran una botella en la cabeza y te fuesen a
entregar donde la víbora que lo acompaña. Ahh….sorpresa ¿no? Créelo, pero la historia se
repite, estás nuevamente forajido. A ti no te parecía que tu Rominita conocía al gran Cruz.
Puta Cruz, si a ti te tratan de esconder todo no es mi culpa, pero no esperes que todos sean
igual de conejos que tú. ¿No me entiendes Cruz? Eres un ingenuo. No captas nada.
Entiende weon, a ti te esconden todo porque…
–Haber Romina, dime porque…– le decía él agarrandole los brazos y acercándole
sus labios.
–No ves weon que no soy tan descarada de darte un beso ante la gitana, ¿acaso la
quieres destrozar a ella también? Entiende de una po cabrón, yo soy lesbiana, no me gustan
los hombres.

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–Romina mentirosa, yo sé que te gusto, vamos dime porque todos me esconden
todo.
–Tomacito, ¿tú no entiendes, cierto? Tú no entiendes, eres muy gil para entenderlo,
pero te va a llegar la hora de saber la verdad.
– ¿No me vas a contar?
–Antes muerta. – muy tarde, que a la gitana se le rompiera el corazón o no daba lo
mismo, pero la Romina estaba mas rica que nunca y dejar de besarla era pecado sagrado.
– ¿Y dónde vas? – le dijo Tomás sarcásticamente después del beso.
– ¿Hacia dónde crees que voy? Voy a trabajar por la cresta. ¿No te acuerdas de
Jacques Burns? No po, verdad que hablo griego, al conejo de Tomás no le dicen nada, si el
cabro es muy guagua todavía. – le decía la Romina torturándole los ojos.
– ¿Jacques Burns?
– ¿Sabes qué Cruz? ¿De veras quieres que te sugiera algo? Vuelve a tu puta casa
antes que algún otro te entregue, y cuándo llegues a tu casa te sientas con Pedro el inocente,
sacas una pistola, se la apuntas a la cabeza y le dices:

………………………

–Hermanito, ya es hora de mostrar las cartas


–Tomás no ves que estás volado, baja el arma.
–….
–QUE BAJES EL ARMA CABRÓN.
–Mira Jaquecito, el que tiene el arma aquí soy yo, y si esta es la única manera de
sacarte la verdad, que así sea. Como tú dijiste, estoy harto volado, y no respondo si aprieto
el gatillo. Y entiende huevón, que lo me hace volar, son las weas que tenís bajo esta casa,
son las weas que que jaquíco vende. No te hagas el weon conmigo, yo sé muy bien lo que
pasa en esta casa. No me vengas con el cuento que Nacrea no sabe nada, que todo es un
pequeño negocio tuyo. ¿No ves hermanito, que estoy cansado de ser un conejito? Quiero
participar. Quiero entrar a jugar. También soy un Cruz, ¿o no?
–Veo que aprendiste harto mientras estuviste fuera.
–Viviendo en el underground. ¿No es ahí donde el nerd del colegio es rey?

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–BAJA EL PUTO ARMA, y ahí conversamos.
Así lo hizo Tomás, bajó el puto arma, y por primera vez en la vida estaba de cara a
cara con su hermano, esperando por la verdad, cansado de los juegos, y cansado de ser
tratado como pendejo.
–Entiende Tomás. Hasta ahora has hecho puras pendejadas, entiende que eres un
pendejo, y que esto es negocio de gente grande.
–No me hables huevadas. Si tú crees que yo no sé, ¿por que me quieres esconder
todo? Es porque te da miedo perder ese título ¿no? El título de Jaque. ¿Acaso sigues
creyendo que soy mierda, Pedro? ¿Todavía cree que yo no sé que le quitaste el título al
Sirio?
–No menciones al nombre de ese hijo de puta aquí Tomás, y no me hables tonteras.
El Sirio se fue a la mierda por otros motivos, el weón traicionó a esta familia, y por poco no
estamos todos tras las celdas. Suerte que al weon lo pararon a tiempo.
– ¿Qué, poniéndole una bomba al auto?
–Sabíamos que no se iba a morir. Nosotros no matamos a los de nuestra propia
sangre.
–Puta weon, mataron a su novia. Mira al weon ahora, apenas habla, le quitaron todo
lo que quería. Ahora el weon es un perro protegiéndose las bolas con la cola.
–Y tú Tomás, eres un pobre conejo que no está preparado para saber lo que es
trabajar en esto. Entiende Tomás…you still are a fucking playboy. ¿Te muestro pruebas?
¿Te muestro hechos? Mira hijo de puta…acá esta, todo registrado, todas las huevadas que
hay hecho desde el mismo día que naciste.

……………………

Que te den tu vida entera en fotos es bastante impresionante, es una sensación de


mierda, como que te meten dos huevos por los ojos, y una cámara por el culo. Es
exactamente eso, todos mis estúpidos pasos registrados, eso es lo que el huevón del Jaque
me dio, mi vida registrada en fotos. El huevón lo tenía todo, tenía a Paula, a Romina, a
Joaquín, el robo del auto, el vender drogas, el comprar drogas, el arrancarme, por poco no
me saca fotos en la ducha, si hasta cagando creo que había una. Cuando me dio el paquete

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perdí el control, me tiré en cima dél y si no es porque la vieja de la Petunia llega con una
manguera de agua helada al sótano donde el hijo de puta tiene todas sus mierdas, te juro
que creo que lo mato.
–Tú hijo de la gran maraña que el corcovado que te parió –le dije para no decirle
hijo de puta, porque bien que lo tenía merecido– te juro que te mato weon, porque tu erís
excremento.
Y los dos seguíamos con la pelea ignorando a la vieja de la Petunia que gritaba
como loca al ver como nos rompíamos la cara, y sangrábamos pa la chucha. Hasta que
decidimos parar, fue acuerdo mútuo, pero yo era más fuerte que él, lo único que el hijo de
puta tenía era un cerebro, y mas encima mal usado. Al fin el mediocre tuvo las agallas de
echarme en cara el asesinato.
–¡Y tú pendejo de mierda! Tú que quieres saber toda la verdad, no te sabes limpiar
ni el propio culo. Weon, lo único que haces bien es meterte en problemas. No me vengas
con huevadas Tomás, ¿por qué crees que no estas en la cárcel weon? Weon, es asqueroso
mencionar lo que le harían a cabros como tú, pero mira hijo de la maña, porque el hijo de
mamá aquí eres tú. Te lo digo en serio, ¿por qué crees que tú matas a alguien y no te pasa
nada? ¿Por qué crees que cuando te robas un auto no pasa nada? ¿Por qué crees que te
agarran vendiendo y no te pasa nada? Vamos pendejo, ahora te toca a ti responder.
¡RESPONDE MIERDA! Haber si eres tan hombre, ahora me toca a mí, vamos hombrecito,
¿no eres tan valiente?
–Me das asco Jaque…en serio que me das asco, ¿en lo que te fuiste a meter
conchesumadre?
–Puta gil, no me vengas a criticar, porque esto es negocio familiar, metete tu asco
por la chucha weon, tienes que estar orgullo de ser un Cruz, y si no quieres estar orgulloso
de tu apellido, hijo de la cresta, toma tu pistola y disparate en la cabeza. Que con nuestro
nombre no se juega, ¿Estás entendiendo, pendejo?
–Weon, ¿y quién crees que soy? ¿Una de tus sirvientes del “underground” para
andar dándome ordenes? Acuérdate Pedrito, que entre tú y yo no hay Jaque, ¿me
entendiste…? Yo no soy una de tus putitas para que me andes dando órdenes.

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–Ja, eso es lo único que faltaba Tomás, eso es lo único, no me hables de putas
quieres, porque agradece al diablo que te aguanté a esa Paula, porque hace harto que debí
haber cortado el problema de raíz.
–Haber Pedrito, ¿qué problema? Vamos dime, ¿qué problema? ¿Qué te pasa con la
Paula? ¿Acaso te gusta? ¿Por eso la dejaste venir a trabajar aquí, por eso no soltaste la
lengua a la mamá? ¿Te gusta, no?
–Sí me gusta, gil ¿y qué? Ah, dime ¿y qué?– dijo Pedro sorprendiéndome
–Ahí esta todo el problema Jaquito, ahí es donde esta todo, porque tienes envidia,
eso es lo que te pasa, en el fondo tú sabes que a ti te gustaría ser el conejo. ¿Que te apuesto
que dejarías todo para tener mi vida?
–No Tomás, te equivocas. Yo no quiero vivir como un pendejo que cree que es el
centro del universo, entiende Tomás, yo me se limpiar el propio culo. ¿Acaso tu sabes
quién es tu padre, conejito?
Me quedé callado, no tenía ganas de seguir con lo mismo. Estaba agotado, y la nariz
me chorreaba. Ese hijo de no sé que había caído muy bajo, ese hijo de Nacrea ya había
pasado los límites hace rato. No había caso intentar. El hijo de puta nunca soltaría la
lengua, porque para él, no dependiendo lo que pasara, seguiría siendo un pobre conejo. Sí,
en esta familia todos creen que soy eso. Un conejo playboy, una especie de ingenuo, y
egocéntrico y estupido pendejo, que no cacha nada del verdadero mundo, del mundito del
cual mamita está tan orgullosa, que no sabe jugar las reglas de la familia, que no sabe y ni
tiene capacidad de participar en este tan peligroso underground. A la chucha con ellos
entonces, los mando a la verdadera cresta del cerro. Ya no me interesan, y te juro que me da
vergüenza llamarme Cruz.
–Lámete tus propias bolas conchetumadre, porque a mi no me vay a volver a ver –
eso fue lo último que le dije.
………………………..

En verdad exageré un poco. Mi vida entera no estaba en fotos, en el sobre que tomé
antes de salir y no volver del cuartel del Jaque, solo estaban los hechos más importantes,
como fotos mías drogándome, comprando, vendiendo, viviendo en la pobla, besándome
con Paula, y con Romina, y también fotos de la investigación del asesinato. Pero nada mas,

190
aunque insignificante, el saber que no me habían metido una cámara por el culo fue un gran
alivio, fue como si toda tu vida hubiese vuelto a la normalidad, y que tu pasado volviese a
ser de tu propiedad. Me fui muy puto del subterráneo del Jaque, me juré a mi mismo que
nunca mas iría a ver a ese weon que se creía rey del mundo, y que se sentía orgulloso de las
mierdas que hacía. Bastaba con vivir una semana en el famoso underground para entender
las weas que el Jaque provocaba.
Así que del subterráneo salí golpeando puertas y rompiendo vidrios, el Jaque se
había quedado en su “oficina” seguramente aplicándole una terapia de shock a Petunia,
diciéndole que la pelea entre hermanos era normal. A Petunia no había que ocultarle nada,
si hay alguien que sabe toda la verdad es esa vieja de mierda, pero la tipa no va a soltar
palabra, y por eso vale tanto, porque en ella el clan Cruz podía confiar, con ella todo el
secreto se le iba a la tumba. Me fui de aquella casa llena de ira y de odio, pero con una gran
idea en la cabeza, jurándome a mi mismo que nunca volvería.
Juré olvidarme de todo lo que había vivido hasta ahora. Por suerte nunca cumplo lo
que juro.
………………………..

Después de un gramo en cada nariz, y lavarme con agua helada fui derecho donde la
Romina. La gitana que no tenía lugar donde vivir se había quedado en la casa della
supongo que pasándola de lo mas bien con la Elvira. La Romina se había ido a su trabajo
que en verdad nadie sabe de que mierda se trataba. Tomé la micro, la siempre fiel micro, y
llegué a la mierda de población. Por mi sorpresa las calles estaban vacías, supongo que
había llegado muy tarde. Toqué la puerta con fuerza, la Romina me abrió la puerta en bata,
adentro estaba más caliente que la cresta, supuse que la Romina se había olvidado de
apagar la chimenea. Me preguntó como me había ido. Le dije que como el hoyo, y que juré
que a partir de aquel día no volvería a aquella casa, que dejaba el colegio, dejaba mi vida de
“pendejo” para vivirla en real. Ella se rió de mi, me dijo que estaba alterado, que nunca iba
a cambiar, que las personas no cambian, que todos los hombres son iguales, te dicen puras
huevadas y después al día siguiente despiertan y se olvidan de lo que se prometieron a ellos
mismos. La mandé a la chucha. Le pregunté a la Romina la verdad, le tocaba a ella ahora
contarme su versión del Jaque. Desde que la conocí lo único que logré descubrir fue que la

191
familia de la Romina eran una especie de rebeldes que no respetaban el monopolio de los
Cruz y que hacían contrabandos desde Brasil sin la autorización de Colombia, y que el
incidente del secuestro del Jaque había sido cosa dellos, y que no todo fue casual como
inicialmente se pensaba, y que por la cresta que los Zorros Ramírez, aliados
incondicionales del Jaque, había logrado salvarlo de la emboscada en Rio. Pero la weona
entre lágrimas me dijo que hace tres años el Jaque había acabado con eso de la rebelión.
Toda su familia fue colgada en postes de luz en la población. Mataron a todos. Romina fue
la única que se salvó, ella le juró lealtad al puto del Jaque, que por sus piernas, o por mera
compasión, decidió que la iba a dejar vivir. Me dijo que me había mentido durante mucho
tiempo, que al principio ella era enviada de mi hermano para espiarme, y que sentía por
eso. Yo no tenía más energías para enfrentarla. Para gritarle que era una vendida, y miles de
mierdas más que con certeza se las merecía. No quería más eso, eso no llegaría a nada. A la
tipa las lágrimas no le paraban de salir, que por poco no se inundaba la casa, yo la abracé y
le dije que no importaba, pero ella siempre orgullosa dijo que no estaba llorando por
haberme engañado y si por el recuerdo de su familia. Yo le dije que a pesar de todo
confiaba en ella, y le pregunté si estaba dispuesta a dar otro rumbo a la situación. Ella
incrédula me miró, se dio cuenta lo que yo quería decir con esas palabras.
A la mierda con el Jaque, a partir de ese momento Santiago iba a tener nuevo dueño,
la nueva mafia Conejo Blanco acababa de formarse. Aunque nos costara la vida nos
vengaríamos; se lo volví a jurar.
……………………………

– ¿Y tú Tomás, te vamos a tener que llamar el Conejo Blanco de Sanhattan?– decía


Romina burlándose de mí idea, que para ella era mucho mas que grotesca.
–¿Y algún problema con ese nombre?– dije yo como medio enojándome, ya que una
cosa que odio completamente es que duden de mi capacidad para hacer lo que me
propongo, debo admitir que por lo menos en eso soy igual a Nacrea.
–Ya po Tomás, ¿dónde esta tu sangre noble? Si ese nombre está chulo hasta pa mi
po. Vamos ponte las pilas, podemos encontrar algo mejor que conejo blanco. Mira. Tú vas
a ser el Kaiser, el Kaiser de…de…de– pensaba ella con fuerza –Tomás, ¿y qué lugar te
gusta?

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–No le pongas tanto rollo Romina.– rugía Tomás ironizándose a sí mismo.
– Mira la idea del Kaiser esta buena, ponle Kaiser de Santiago. – insistía Romina.
–No, Santiago no. Ponle Kaiser.
–Sí weon, si Kaiser es definitivo. Pero ponle Kaiser de alguna wea, o sea Kaiser
sólo queda mal.
–Puta no se me ocurre nada. ¿Y desde cuando eres experta en marketing?
–Esos son mis cuentos, mira tienes…Kaiser de Santiago, Kaiser de Chile, Kaiser de
Maipú, Kaiser de Reñaca, Kaiser de la pobla, Kaiser del Oasis, Kaiser Cruz.
–Cállate, tu no cachai nada, deja de tirar nombres al aire. Me voy a llamar Kaiser
del Tráfico, y es así como me voy hacer conocido.
–El gran Kaiser del Tráfico, que así sea.
–Una nueva era empieza, Romina. ¿Me escuchas? Una nueva era.
–Que así sea. Vamos, dame un beso, supongo que soy tu socia en esto.
–Eres mucho más que mi socia Romina, tú vas a ser pieza esencial en esta guerra.
–Que sea como Dios quiera.
–No digas el nombre de Dios Romina, no tienes idea de lo que estas hablando.
–¿Qué te pasa con Dios, acaso también le tienes odio?
– ¿Tengo mis razones, no? Sé cosas que tu nunca vas a saber Romina. Yo prefiero
confiar en el diablo.
–Que Dios te perdone, Tomás.
– ¿Y tú? ¿Desde cuando tan católica? No tenía idea que eras tan creyente.
–Mira weon, filo con tu filosofía, si juras por la hormiga que come el azúcar del pan
podrido de tu abuela me da lo mismo, pero vamos a lo que importa. Yo tengo a una familia
a quién vengar, y tú, puta no se tú, pero supongo que igual quieres seguir con esto, así que
pongámonos las pilas y trabajemos. Yo Tomacito, conozco a harta gente que esta harta con
tu hermanito, y que daría lo que sea para mandarlo a la cresta del infierno. Yo cacho que el
primer paso compadre, es contactar a esa gente, reunirnos acá, explicarles el cuento.
–Haber Romina, puta como te puedo llamar.
– A la asistente del Jaque la llaman víbora.
–No Romina, tú eres muy rica para ser llamada víbora.
–No necesito piropos de un weon que tiene una caldera en el cerebro, Tomás.

193
–Sabes que…filo, vamos al plan. Vamos hacer esto a la rápida, nada de diplomacia
barata, porque a esos weones que tú conoces lo primero que van a hacer en una reunión es
exigir que después de ganarle al Jaque ellos tengan porcentaje del monopolio. Despierta
Romina, no puedes ser tan pava. Si esto lo vamos a hacer de mi manera. A la manera del
Kaiser. Vamos, ¿estás lista?
–Supongo– dijo Romina medio incrédula.
–Y tu gitanita, ¿quieres acompañarme o quedarte ahí parada como estátua?– le
preguntaba Tomás a la gitana que ya hacía dos días que vivía con Romina y Elvira, y no
daba señales de mostrar molestia por los sacos de cocaína, y ni la colección de revólveres.
–Y Romina, ¿tú novia te va a acompañar o no?
–Yo estoy contigo Tomás, tú ya sabes eso– le decía con una risada irrisoria Elvira,
la joven de ojos verdes, que salía desde adentro de la media agua de Romina.
Fue en esa noche del 29 de Julio que la banda del Kaiser se formó. Tomás y las tres
mujeres que lo acompañaban estaban destinados a propinar el primer golpe. La guerra
acababa de comenzar. Los cuatro entraron en la mediagua, agarraron un par de pistolas
cada uno. Y pareciéndose que cada uno se leyese la mente del otro, todos siguieron a
Tomás que corría hasta avenida San Pablo, donde detuvo un taxi, le apuntó un arma a la
cabeza, y con amenazas lo mandó a correr, meandose de frío y de miedo, por las calles del
Gran Santiago. A full por hora Tomás ponía pie en el acelerador y sus acompañantes
parecían disfrutar ciegamente del viaje. Romina parecía adivinar hacia donde se dirigía
Tomás. Lo miró preguntándole sí estaba seguro.
–Más seguro imposible. – fue la respuesta.
Tomás ponía pie fondo en el acelerador, la imagen de odio por su hermano, del odio
acumulado durante toda su infancia, del odio por su familia, y en fin, por todo el mundo
que lo rodeaba, le perseguía la psiquis, seguramente hace tiempo que la mente de Tomás
estaba desquiciada, y perturbada, pero ya estaba decidido a dar el golpe que daría la señal
de alerta. La señal de caballeros que indicaría que la guerra estaba comenzando, que el
Jaque ya no actuaría solo por las calles. El taxi Pegueot medio cayéndose a pedazos subía a
toda velocidad por Av. Las Condes, doblaba con fuerza hacia el puente La Dehesa, seguía
por la avenida del mismo nombre, y se detenía ante una gran casa protegida con murallas
de tres metros.

194
Los cuatro se bajaron del taxi.
El guardia sorprendido, saludó al joven Tomás, quién mas una vez parecía estar de
vuelta medio drogado y medio ebrio después de una fiesta de fin de semana.
–¿Y va a entrar con sus amigas así no mas, joven Tomás? Usted sabe lo que va a
decir su mamá.
–Vamos Sergio, yo me encargo deso, déjame entrar no mas.
Sergio como perro obediente abrió el portón. Tomás y sus supuestas compañeras de
parranda ya estaban en el jardín. Tomás y sus acompañantes con la pistola escondida se
dirigieron a la puerta. Tocó el timbre, Petunia en bata de dormir le abrió, y con una mirada
llena de reproches lo cuestionó, preguntándole en donde había estado durante todas esas
horas. Tomás le dijo que se callara y que llamara a Pedro, que era urgente hablar con él.
Petunia quemándose de enojo por dentro, y decidida a aceptar que el niño travieso de la
casa se había perdido pa siempre, llamó a la pieza de Pedro por el citófono.
Petunia le dijo a Tomás que subiera. Perfecto, todo seguía como Tomás se había
imaginado. La mirada de Petunia se hizo todavía mas reprochiva al ver a las compañeras de
Tomás.
–Oye Tomacito, usted sabe muy bien que su mamá no le permite traer compañeras a
la casa.
–A la mierda con mi madre Petunia. A la mierda contigo también. – dijo Tomás
gritando sin querer escuchar la respuesta, y solo atinó a subir rápidamente la escalera que lo
dirigiría a la pieza de su querido hermano. Este era el fin del pasado, y el comienzo del
futuro. Ya había empezado a despedirse de esa maldita casa que tanto lo había trastornado.
Abrió la puerta de Pedro, quién había visto en secreto solo algunas horas antes. Pedro,
quién antes estaba dormido, se sorprendió al ver quién acompañaba a Tomás. Conocía a
Romina, y pensaba que esta lo había traído por la recompensa que se ofrecía por la cabeza
de su hermano. Pedro se levantó de su cama, y saludó a Tomás como si nada hubiese
sucedido entre ellos en la mañana del mismo día, cuando Tomás decidió volver después de
días forajido, a exigirle a su hermano la verdad de los secretos que agitaban su dormir.
–Que bueno que decidiste volver Tomacito– le decía el Jaque a Tomás con una risa
irónica.

195
–A la mierda con volver Pedrito, yo vine acá por lo que es mío. – le decía Tomás
apuntándole el arma que traía escondida. –Llámame Kaiser, se acabó el conejo que
conocías Pedro, vamos, no te hagas el huevón, se supone que eres inteligente y ya
entendiste los motivos de mi visita. No hagas las cosas difíciles hermanito.
Pedro estaba perplejo, sabía que en los últimos días Tomás estaba un poco mal de la
cabeza, un poco perturbado, y hasta loco, lo que había motivado su huída de la casa. Sabía
que estaba muy enojado, y que había descubierto la verdad que Pedro tanto había tratado de
ocultarle. Sabía que todo lo que había hecho era con el objetivo de proteger a Tomás de la
historia que perseguía a la familia. Sabía que Tomás no estaba preparado para manejar el
hecho de que toda su vida era una farsa, y que lo que traía fortuna a aquella casa eran los
negocios ilícitos tan bien ocultos. Vamos, había que aceptarlo, Tomás era un pobre
drogadicto incapaz de limpiarse el propio culo, mejor dejar que siga viviendo en su mundo
egocéntrico, y hecho y diseñado solo para y por él mismo. No había necesidad de cambiar
las reglas del juego. Por eso, por eso sus ojos se abrían con pavor y sorpresa al darse cuenta
que no estaba viviendo una pesadilla. Al aceptar que todo se había salido fuera de control, y
que el drogadicto de su hermano estaba sujetando un arma en su contra y haciéndose llamar
Kaiser.

–Vamos gil, no me mires así, yo se que tu sabías que un día esta hora llegaría, pero
no lo querías aceptar ¿cierto? Bueno hermano, las pesadillas se hacen realidad. Vamos, no
hagas el trámite más engorroso. – le decía Tomás apretando con más fuerza la punta del
revolver contra su frente.
Pedro decidió que ya no era hora de volver a dormir y fingir que todo era un mal
sueño, buscó el control remoto que movía eléctricamente el estante que ocultaba la puerta
que dirigía a la bodega, desde donde todo el negocio del Jaque era dirigido. El Jaque
encendió las luces, y estaba desilusionado de ser asaltado y robado por su propio hermano,
en su propia casa. Al llegar al final del pasillo el Jaque pretendía doblar a la izquierda,
donde estaba almacenado la mercancía que llegaba por barco desde Colombia.
–No hermano, no es lo blanco que vengo a buscar. Eso no me interesa. No todavía.
Yo vengo por lo caro. Vamos, yo sé lo que tienes detrás de la puerta de la derecha.

196
Pedro con su tarjeta magnética abrió la puerta que le indicaba el Kaiser. Romina
estaba perpleja, en una sala de poco más de doscientos metros cuadrados el Jaque mantenía
suficiente arsenal para invadir Chile. Eran hileras de metralletas, granadas, y balas. Era el
arsenal del Jaque de Sanhattan. Definitivamente Tomás había cambiado.
–Romina tu vigilas al Jaque. Asegurate que mantenga las manos detrás del cuello, y
que no se de vuelta. Y nosotros– indicaba Tomás con la mirada a Elvira y a la gitana– nos
vamos de compras.
Cincuenta minutos después, Tomás cargó el taxi que había robado con armas que le
serían suficientes para crear su propio ejército. Pedro permaneció amarrado en su
“supermercado” sin ningún rasguño, y una carta dirigida hacia Nacrea entre los dientes. Era
la despedida.
………………………………

MAMÁ. TE QUIERO. TE PERDONO. ENTIENDEME.


TOMÁS.

………………………

Pedro Cruz permaneció dos días y tres noches gritando atado quince metros bajo
tierra, en el arsenal donde el Kaiser había robado casi un cuarto de sus armas. Pedro gritó
por ayuda hasta que se le rompió la voz. Cuando lo encontraron el Jaque estaba desnutrido,
y pálido. Lo llevaron directamente a una clínica, en donde permaneció otros dos días
internado a base de suero. Solo después tuvo la posibilidad de sentarse y pensar que
significaban las acciones que acababan de afectarle. Difícilmente lograba creer lo que le
estaba ocurriendo, nunca en los tres años que Pedro llevaba siendo el Jaque de Sanhattan
una rebelión de ese tipo había ocurrido. Pedro se estaba meando, meando de miedo. Sabía
que el último ataque significaba terror. El terror de enfrentar el fracaso de pedir ayuda a
quién verdaderamente debiera estar frente de todo. Nacrea Cruz había delegado las
responsabilidades del subterráneo de su casa sin culpa y ni escrúpulos al hijo a quién
juzgaba más talentoso para enfrentar la realidad. A Pedro Cruz le habían depositado la

197
confianza, y ahora este debía lidiar con un fracaso. Lo que más le dolía era que era una
puñalada de su propio hermano, quién supuestamente debiera ser un aliado en esta
verdadera dictadura militar. La dictadura del Jaque. Jugó mal, tuvo una mala pasada, y
pensó que nada de esto era serio. Pensaba que era una mas de las bromas de un drogadicto
fucking playboy fuera de control. Estaba mal. Estaba pagando caro por su estupidez. Era
hora de accionar el plan de guerra. La primera batalla estaba perdida. Pero la segunda ya
estaba en camino.
……………………….

– ¡Hay Tomás! Lo logramos. Tomás lo hicimos. ¡Mira!– gritaba Romina excitada y


emocionada al mismo tiempo mostrándole una docena de R–15 robadas desde el arsenal del
Jaque de Sanhattan.
–No cantes victoria anticipadamente Romina. Esto es solo el principio, hay que
mostrarle a este gil que no esta jugando con niños. Nuestra causa es seria. Le vamos a jugar
el mismo juego. Ahora vamos al segundo paso.
El segundo paso venía después del primero. El primer paso había sido conseguir lo
esencial para comenzar una guerra; armas. El segundo era conseguir el otro elemento
básico en la ecuación; plata.
–Romina, vamos a robar un banco.
–Estas bromeando?
– ¿No lo hacías antes?
–Sí, pero era distinto. Cuando nosotros lo hacíamos estábamos seguros que nada
pasaría. Pero Tomás, yo ya te conté sobre el acuerdo de Jacques Burns, tú sabes muy bien
que cuando nosotros asaltábamos los bancos todo era teatro, que era cosa de salir con la
plata, y pagar la mitad a Jacques. Todos terminaban felices, vivos, y seguros. El banco le
cobraba el seguro por los millones que le eran robados, nadie se enteraba de lo ocurrido, y
nosotros contentos y felices después de una bella pieza de teatro.
–Transforma el teatro en realidad Romina. Nosotros necesitamos plata. Esto es en
serio.
–Lo se mi amor.
– ¡No me llames así!– le dijo Tomás seriamente en el taxi.

198
–Verdad, se me olvidaba que todavía estas enamorado de esa….
–Cállate Romina, tú no hables de lo que no te incumbe. Mañana lo haremos. Banco
de Chile, sucursal Apumanque. Diez de la noche. Reza para que haya plata. No me quiero
enojar y dejar la cabeza del guardia rondando por el suelo.
–Sin violencia Tomás.
–No me llames Tomás. Soy el Kaiser.
–Verdad, también se me olvidaba eso. Se te han subido los humos por la cabeza,
¿acaso no te hay fijado?
–Cállate Romina.– le decía Tomás manejando y apuntándole un arma al mismo
tiempo, mientras Elvira y la gitana que apenas conocía el mundo en que se estaban
metiendo miraban perplejas, como si todo fuese una película de cine.
–Baja el arma huevón. Acaba tu jueguito que hay llegado muy lejos. No te day
cuenta Tomás que ahora tenemos que tener cuidado. ¿Qué estamos cagados? ¡PUTA
WEON DESPIERTA! Entiende gil, yo lo sé por experiencia propia, que con el Jaque de
Sanhattan no se juega. El gil de tu hermano ya debe haber dado la señal. ¿Sabes Tomás qué
significa cuando digo que el Jaque de Sanhattan haya dado la señal?
–…
–No me sorprendes para nada Tomás Cruz, igual de gil como siempre…– decía
Romina volviendo a tomar control de la situación. – Significa que cada mendigo, traficante,
asaltante, paco, o puta nos van a estar buscando hasta encontrarnos Tomás. ¿Acaso porque
creí que en todo este tiempo nadie ha intentado rebelarse? ¿Por qué el Jaque es un tipo
buena onda, amable, justo? No me hagas reír Tomás. A pesar de todo no tienes idea como
funciona todo por acá.
–Cállate Romina, mejor enséñame. Para eso estoy. Pero quiero que sepas que no
importa que sea lo que signifique tal o cual cosa. Entiende algo, no tengo nada que perder.
No me interesa nada. No le tengo miedo a nada. Nada me puede detener. Solo entiende que
no voy a parar hasta…
Tomás se empezó a mirar a través del retrovisor del auto. No se reconocía a si
mismo, y no tenía idea sobre lo que estaba haciendo o pensando. Fue solo momentáneo,
después el espíritu de rabia le había vuelto, y sentía las mismas ganas de siempre; la de

199
destruir lo que la mierda del clan Cruz había creado durante años de forcejeo. Estaba
decidido. Nada lo iba parar, ni siquiera sus propias dudas.

………………………

Me siento tan triste, es la sensación de la nada, la sensación de que todo los días en
que has despertado han sido inútiles, sientes que tu vida ha sido un fracaso, y todo lo que
has llegado a hacer es solo botar tu tiempo al water, para después tirar la cadena, y decir lo
siento, pero vida, te boté. Tan corto es tu tiempo, y tanto es que lo desperdicias. ¡Cállate!
No me hables de perder el tiempo, el tiempo se pierde solo, no es mi culpa que el tiempo se
vaya de las manos. Al final de cuentas, ¿Qué es el tiempo si estas en este lugar en donde no
existe ni siquiera un reloj para decir que estas estancado en la eternidad? El tiempo no
existe acá abajo, entiende eso. Acá vives para siempre, es eterno, eternamente cruel. Noche
y día todo lo mismo, diez, cincuenta, cien, no importa la cantidad de años, total no se nota
la diferencia. Nadie nota las diferencias, todo se repite como una salsa de tomates, todos los
días iguales, todos los días ocurriendo las mismas mierdas, con las mismas personas, y
produciendo los mismos efectos. Yo no quiero tener esa responsabilidad entiendeme. No
estoy en condición mental para escribir el destino de nadie. Eso dolió.

Tomás estaba acostado en la pieza oscura y calurosa, apenas consciente de si


mismo. Lo había agarrado la bruja. Después de tomar la piscola que ella le había dado, toda
las acciones a Tomás le daban lo mismo. Todo era una broma, todo era caerse por un
precipicio, todo era reírse por cualquier palabra, todo era gritar, y disfrutar, todo era
explotar y quemarse en un incendio en donde no sientes el dolor del fuego, solo el calor de
las llamas.
–Eras el último Cruz que me faltaba Tomás. Al fin lo logré, me tomó tiempo lograr
que cayeras, nunca nadie antes se había resistido tanto. Es que estás enamorado, ese es el
problema, cuando uno esta enamorado uno es fiel, y por eso te resistías tanto, tuve que
hacer trampa. Pero ahora estas aquí. Conmigo, y entiendeme que cuando te digo que te voy
a poseer te lo digo en el sentido figurado, me tomó semanas prepararlo, pero a partir de hoy
vas a ser otro, me entiendes Tomás. Te van a poseer, no yo, pero el futuro, y el destino.

200
Tienes que entender Tomás, que ahí tanto ríes, y tanto lloras, que en el mundo existen
conexiones, conexiones entre el mundo y el otro lado. Me han notificado Tomás, yo tengo
esa habilidad de hablar con los otros, que era necesario que prestaras tu cuerpo, cuentas se
tenían que arreglar, algo que ignoro tiene que ser modificado, y tú vas a ser el medio
Tomás, te van a usar para intentar modificar algo que fue escrito con falta de ortografía, van
a tratar de modificar un error que ya fue impreso, y ya esta en circulación. Tú vas a ser el
medio Tomás, entiende. Vamos ahora, tómate esto, y repite conmigo las siguientes
palabras, sí, más fuerte, esto es un culto entiendeme, este es un ritual, es necesario corregir
el error. Me lo vas agradecer, solo recuerda esto. Sí, yo también te quiero, y yo también
tengo sueño. ¿Te sientes mareado? ¿Es el calor? Sí, el mareo es normal. Pronto te vas a
quedar dormido, y vas a cerrar los ojos, sí, esa risa no es tuya. Lo sé, esta adaptándose en tu
cuerpo Tomás, entiende, tienes que ser fuerte, te va a doler un poco, pero después todo se
va a olvidar, recuerda que te tienes que dejar dominar, no luches mucho, que cuanto menos
luches mejor. ¿Por qué hago esto? Eres tan tierno cuando lo quieres Tomás, pareces un niño
de un año con miedo, no le temas al destino, es todo lo que te digo, los astros indicaron que
todo esto pasaría, son los poderes que rigen el día, los poderes que rigen los sentimientos,
que hacen que este mundo no sea perfecto, y que la existencia sea entretenida. Entiende
Tomás Cruz, tú eres pieza esencial en una etapa importante de corrección. Hubo un error de
cálculo, de alguien que escribía alocadamente, de alguien, de alguien que se salió de control
y no respetó las reglas, y que intenta fusionar los dos lados. Tienes que entender que eso no
es permitido. ¿Qué soy yo? Eres inteligente Tomás, mucho mas de lo que supuse, me haces
preguntas inteligentes en tu inconsciente. Vamos, no se resista, porque la resistencia te hará
doler mas, se bueno, y acepta que esto no puede ser cambiado, tu fuisteis el elegido. Yo
soy, digamos, poseo la habilidad de comunicar físicamente al mundo que nos rige, con el
mundo experimental. Nosotros somos el experimento, somos los hamsters en el laberinto,
yo soy el hámster poseído de la habilidad de hacer lo que los científicos que escriben los
destinos quieran que yo haga. Ahora me piden que haga que te posean. Sí. Es complicado,
pero no te preocupes, no te vas a acordar, y después de esto vas a tener la vida idiota y
egocéntrica que siempre has tenido, pero con una ligera diferencia Tomás, la noche de hoy.
Vamos Tomás, bésame, te miento al decirte que no me produces nada. Soy una bruja que te
quiere, entiendeme, no tienes porque temerme. No tienes porque arrancar, el corazón de un

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hámster es grande para que quepa más de una persona. ¿Qué te cuente sobre mis otras
víctimas? No Tomás, tú no eres una víctima, entiende, eres privilegiado, mis otras víctimas
son tus hermanos Cruz. Entiende, ustedes han sido un error, una herramienta que un traidor
que escribe ha usado para escapar. Duerme ahora. Mañana te veo entonces. Un beso.
Descansa en paz. Esto no es un error.
…………………….

–Ya cabros. Están todos listos. Hoy día es el gran día. El día en donde vamos a
mostrar quienes somos, y para que estamos aquí. Va a ser hoy el día en que vamos a decir
que estamos jugando en serio, y que no pensamos abandonar el barco. – decía el Kaiser.
–Ya conejo, tú sabis que hacer, vay a estar afuera del Banco de Chile con la Jimena,
la Camila, y la Rosita. Ustedes van a ser encargados de llamar la atención de todos.
Acuérdense que el Apumanque va a estar lleno a esa hora, eso lo tenemos que poner en
nuestro favor, y no hacer del público una desventaja. Va a ser gracias a la cantidad de gente
que vamos a poder escapar. – reiteraba Romina los planes de Tomás.
–La Romina, la gitana, la Elvira, el Gato, el Perro, el Mosca, la Cobra, y Yo, vamos
a entrar al banco vestido de clientes importantes. Adentro de los maletines van a estar las
pistolas armadas. Cuando nosotros entremos, ustedes comienzan con el striptease y con el
show, la gracia es que nadie mire al banco, y nadie se de cuenta de lo que está pasando
adentro. Ustedes tienen que ser el centro de la atención, a ustedes las tienen que perseguir
los guardias, no a nosotros, no al asalto. – reiteraba Tomás.
–Mientras el grupo uno hace el striptease, el grupo dos asalta el banco, el grupo tres
va a estar a cargo de manejar la operación de escape. La Cyntia maneja el auto uno, el
Camilo el auto dos, el José el auto tres, y el Pescado el auto cuatro. Los del grupo dos, los
que asaltan al banco, nos vamos a dividir en los cuatro autos. Los del striptease arrancan y
se mezclan entre el público. Si los detenienen no va a ser por más de dos horas. Ustedes
dicen que con el show estaban buscando recaudar un poco de plata. Los cuatro autos van a
estar estacionados frente al banco. Cada uno se va a una dirección distinta. El auto uno se
va a Las Condes, el auto dos a La Pintana, el tres a Lo Prado, y el cuatro a Providencia. En
el Banco de Chile van haber ochocientos millones. Van a ser doscientos millones en cada

202
auto. A las ocho quiero todos los autos en el centro de operaciones. O sea en la casa de La
Reina.
– Tampoco hay que olvidarse del grupo cuatro, que también es importante, quizás el
más clave de todos. Los del cuatro van a ser encargados de armar el incendio. Van a tirar
las bombas de fuego a la cocina del Mc Donald’s, eso va a causar suficiente desorden para
sacar la atención de donde no necesitamos que este. Mientras el grupo dos, está adentro del
cofre del banco, tenemos al grupo cinco, que va a ser el vestido de paco y que va a hacer de
cuenta que el banco esta cerrado por causa del incendio ocurrido en el local cerca. Es de
suma importancia que el grupo cinco no deje a nadie entrar o salir del banco. La operación
completa debe estar lista en siete minutos. Y los ochocientos millones repartidos en cuatro
sacos distintos. Recuerden cabros, en este asalto somos mas de veinte participando. Pero los
ochocientos millones son de suma importancia para financiar el comienzo de nuestra
rebelión. Sin la plata no tenemos posibilidad.
–Vamos chicos– se apuraba a decir la Romina. – Hagámoslo por el Kaiser, todo va a
salir bien, con suerte aparecemos en las noticias de las nueve, y nos hacemos conocidos.
–Vamos hacer historia. Vamos, a subirse en los autos. – ordenaba el Kaiser con una
apariencia de joven capitán dirigiendo una primera batalla en la que todo se juega por el
todo.
Los cuatro autos salieron del sitio prácticamente baldío que el Kaiser con ayuda de
la Romina se había conseguido en La Reina, era ese el lugar en donde antes vivía su familia
antes de ser asesinada. La casa, gracias a los más de tres años sin uso, estaba casi
completamente deteriorada. No es necesario mencionar que los autos fueron robados y
transformados. Todo estaba saliendo cronométricamente bien, sin ningún minuto de atraso.
Se podría dar por hecho que las llaves del cofre del banco estarían presentes en la
importante sucursal a esa hora, tal cual era rutina. Este era el golpe no solo monetario, pero
también público. Era imposible no soltar una risa al imaginarse la reacción de Pedro Cruz al
ver los noticiarios. Para él sería bastante obvio que el asalto de gran magnitud había sido
por parte del Kaiser, nadie más que el Kaiser tedría el coraje de contradecirlo y no
consultarlo antes de dar un golpe criminalistico de tales proporciones.

203
Tomás también se aseguraría de dejar una cinta grabada en el banco, en donde este
aparecía encapuchado soltando amenazas a medio mundo, y responsabilizando al Kaiser
por el seguramente hecho delictual más recordado del año.
Era un martes, el reloj marcaba las una de la tarde. El Apumanque estaba lleno. Una
esquina antes, tal cual lo planeado, todos menos los chóferes se bajaron de las cuatro
camionetas. Caminando cada uno se dirigió a su punto.
–Te deseo suerte Tomás– le dijo Romina dándole un beso en la mejilla. – Este es tu
verdadero estreno. Me refiero a lo grande, vender droga no es nada comparado a esto.
–Yo te deseo suerte a ti, vamos, ahora concéntrate. Cuando estemos a cinco pasos
de la puerta del banco acuérdate de ponerte tu máscara. No estamos tan hambrientos de
fama para no ponerlas.

204
10
El Kaiser del Tráfico

–Vamos todos los señores agachándose, porque la navidad esta llegando. – gritaba
Tomás irrumpiendo en el silencio armonioso del banco.
–Agachadita, agachadita, agachadita se baila así– gritaba la Romina en una
humorada, mientras la gitana sorprendía dirigiéndose a los guardias.
–Al que saque pistola, al tiro un tiro por la culata. Vamos muchachos, pórtense bien
que nada va a pasar.
–Y usted gerente– decía Tomás. –Me acompaña al cofre, no gana nada con
mentirme, yo sé que las llaves las tiene con usted.
El gerente nervioso, y todos callados y agachados. Los guardias sin arma. La puerta
vigilada, y afuera un griterío infernal que nadie desde el banco entendía la razón,
supuestamente los que tenían que estar gritando eran ellos, y no los transeúntes.
En cuestión de segundos carabineros, y bomberos llegaron a controlar el alboroto
que el incendio del Mc Donald’s había causado, hasta la misma prensa había sido activada,
y afuera por los vidrios espejados de la sucursal se podían ver los camiones de los distintos
canales.
Mientras afuera era el tremendo despelote, adentro del banco no volaba ninguna
mosca, era la paz absoluta. El gato, y la Mosca se quedaron controlando a los clientes, y la
gitana a los guardias, mientras los otros acompañaron al gerente hasta el cofre con los sacos
de casi veinte kilos cada uno. El sistema de seguridad del banco era más simple de lo que se
suponía, era cosa del gerente digitar una clave, y poner una llave, que los millones que el
banco guardaba se ponían a la disposición de quién tuviera las ganas de sacarlos. Claro está
que Chile todavía no estaba acostumbrado a los asaltos, por lo tanto la seguridad era
mínima.
En un abrir y cerrar de ojos los billetes fueron puestos adentro del saco. Hasta ahora
ningún disparo. Y si alguien había activado alguna alarma, el despelote de afuera se haría
cargo de apagarla, seguramente era el incendio desastroso del Mc Donald que había hecho
que las alarmas de los bancos se dispararan. Pasaron cinco minutos, y los más de

205
ochocientos millones ya estaban guardados en los cuatro sacos distintos. Era hora de irse.
Los autos estaban afuera esperando a los del grupo dos, y a los del grupo cuatro. Los otros
ya habían desaparecido. Con la velocidad casi tan rápida a la de una bala, como corriendo
escapando de un incendio, todos de la operación ya se encontraban adentro de los cuatro
autos. La operación había sido concluida.

……………….

– Sebastián Decouve
– Presente.
– Marta Irribaría
– Presente.
– Tomás Cruz.
– Ausente.
–¿Quién sabe lo que le ocurre a ese niñito? Hace una semana que no viene al
colegio. – preguntaba la profesora de Historia, que no contemplaba la idea de que hace
una semana los decibeles emitidos en su clase habían bajado por la mitad.
Todos callados, nadie tenía ni la menor idea que responder, el conflictivo del curso
había desaparecido como por arte de magia.
–Sara, ¿tú sabes lo que le sucede a tu pololo?
–No es mi pololo, profesora.
–Bueno, pololo, ex pololo, lo mismo, lo que me interesa es saber si sabes lo que le
pasa a ese niñito que no viene desde hace una semanas a clases.
–No tengo la mínima idea profesora. Y nos hemos estado preguntando, y nadie sabe
nada. En el recreo de ayer le pregunté a Pedro lo que pasaba con su hermano, y él se
puso serio, como que no me quiso responder.
–Se lo comió un ovni– atinó a decir el Ignacio León casi celebrando.
Nadie se rió del chiste.
–Pamela, me tinca que tú sabes algo, tú siempre sabes de todas las copuchas de este
curso.
–Oye profe, yo no sé nada de lo que pasa con el resto del mundo.

206
–Claro po como tú erí el mundo…
– ¿Oye qué te pasa? No te he hecho nada. Si tú sientes falta de tu Tomacito no es mi
culpa, así que mejor anda ubicándote.
–Mira no siento falta de nada, pero la última vez que ví a Tomás Cruz fue medio
drogado besándose contigo en la fiesta pasada. Así que tú fuiste la última en verlo.
Todas las miradas del curso se dirigieron a Paloma Kiucs, la profesora se quedó
estancada, boquiabierta, con la palabra “drogado” del comentario acusador de la Paola
Cinemar…Cirens.
–Es cierto Paloma. Tú fuiste la última en verlo. – decía la profesora en medio de
estado de shock.
–Sí, saben que, sí, fui la última en verlo. Pero el domingo en la mañana ya no estaba
en mi cama. El weon se arrancó.
Los ojos de la profesora Cilma quedaron en forma de huevos. El curso parecía
hipócritamente escadanlisarse por el comentario de la “bruja”.
– ¿Qué significa usted al decirnos tal cosa…señorita Kiucs?
–Hay profe no sea tan ingenua, si esta clarito lo que nos acaba de decir, la tipa acaba
de confesar que embrujó a Tomás en su cama, y ahora el pobre que shockeado con la
impresión y ahora no puede ni siquiera volver a clases. Seguramente prefirió el suicidio que
acordarse de las torturas de esa loca.
–Haber chicas, dejen de discutir. Y saben que, voy a tratar de ser moderna, y
preferir no saber lo que ocurre en las fiestecitas de ustedes. Me importa un rábano lo que
pasa afuera de esta clase. Vamos, sigamos con el control que tenía programado, si la madre
de este joven no ha demostrado ninguna preocupación, debe significar que todo esta o.k.
–Es que usted no conoce a la Nacrea Cruz profesora, esa tipa está más loca que el
propio Tomás y la bruja juntos– se escuchó a decir una voz, a lo que le siguieron unas
pocas risitas de odio.
–Haber– dijo la vieja mirando hacia atrás. –He dicho que el tema esta encerrado,
prosigamos con el curso normal de la clase. Insisto que lo que ocurre con el joven Tomás
no es de nuestra incumbencia.
– ¡Sí lo es profesora!– gritó en un impulso no controlado la Marcela Laberontis.

207
– ¿Y porque señorita, va a ser de nuestra incumbencia lo que le sucede a un alumno
irresponsable que nunca ha llevado a serio sus clases?– preguntaba la profesora en tono
sarcástico.
–Parece que usted vive en otro mundo profesora– desafiaba Marcela, siempre
paranoica, a la profesora.
–¿Cómo?– preguntaba sorprendida la vieja.
–¿Acaso usted no ha escuchado del caso Matute…usted cree que es normal que una
persona este desaparecida durante una semana, y nadie sepa de su paradero, y cuando se le
pregunta al hermano este no dice ni palabra? Es obvio que aquí pasó algo raro…y todo nos
indica que el culpable es siempre la última persona que vio al desaparecido.
– ¡Yo no fui!– gritaba casi llorando la sensible mente de la Paloma Kiucs.
–Señorita Marcela…en primer lugar, si algo grave le hubiese sucedido a sr. Cruz,
daría por hecho que su madre sería la primera en hacer todo público, y de explotar el
escándalo. En segundo lugar, usted se va de esta sala inmediatamente por interrumpir mi
clase, y crear falsas hipótesis acusatorias y conspiratorias contra una compañera. La espero
mañana con su padre, y su madre. –dijo agresivamente la profesora.
–Tengo padres separados, mi madre se fue a la cresta, y solo vivo con mi padre, ¿le
importa que solo venga con él, “profesora”?
Los ojos–huevos de la vieja se habían agrandado todavía más. Las canas se le
estaban empezando a caer. La profe, aunque vieja no estaba loca, y solo atinó a decir en
medio de un patatús generalizado.
–No. ¡Y salga luego de mi clase!

…………………………….

–Gracias.
–¿Por salvar tu pellejo?
–Supongo.
–No te va a salir gratis.
–¿Qué mierda querís conmigo Kiucs? ¿No te bastó con lo de anoche?
–Quiero saber si te acuerdas de algo.

208
–No. Ese es el problema. Quiero saber que mierda me hiciste.
–Supongo que va a tardar un poco.
– ¿Qué cosa?
–El efecto Tomás. Entiende algo, tú vas a cambiar, no tú, pero el otro tú.
– ¿Sabes algo? Cada día estay más chiflada.
–No importa Tomás, vas a tardar en entenderlo.
– ¿Y qué quieres a cambio?
– ¿Quién crees que soy Tomás? ¿Qué crees que voy a pedir a cambio? Una noche
contigo, que salgas conmigo, un beso? Ubícate cabrito, te hice un favor nada mas, vamos
supongo que ahora eres libre de mí y de la cárcel. En todo caso pendejo, si te preocupa
tanto, después de la fiesta no pasó nada. Creo que estaba peor que tú y me fui a dormir.
Ahora andate a la mierda, y sal de mí vista.
–…chao entonces. Pásalo bien. En todo caso el auto estaba la…
– Que me importa como estaba el auto, ahora andate.
–Supongo que le dijiste a tu papá que estábamos saliendo.
–Eres bien weon Cruz. Bien peor que tu hermano.
–¿Y que pasa con mi hermano? No tenía idea que lo conocías.
–Sí lo conozco.
–¿Por qué te dicen bruja?
–Me cuesta imaginar que no quieres salir de esta casa después de todo. Me dicen
bruja por decir la verdad. Por predecir cosas que van a pasar. Y tú Tomás, tienes que estar
preparado.
– ¿Y es verdad? ¿Es verdad que eres medio bruja?
– ¡Sí Tomás! ¿Quieres que te muestre mi calderón?

……………………..

Me asusté mucho. Le había dado un beso, y ella me miraba sorprendida, supongo


que entendía más que yo. Pero todavía estábamos ahí, presos debajo de esa cama, asustados
y perplejos ante lo que veíamos ante nuestros propios ojos. No por debilidad, pero más por
susto, yo empecé a llorar, a llorar calladamente. Sara me comprendió. Sara sabía que yo

209
entendía la barbaridad que estaba ocurriendo, Sara entendía mi odio, entendía mi temor.
Fue quizás por eso que me abrazó, acalló mis ruidos, y abrazados nos dormimos.
Nos despertamos cuando era muy tarde, muchas horas después, quizás en el otro
día. Ella me miró con esos ojos incrédulos. Con el mismo silencio que entramos en nuestro
escondite, salimos de él. En la pieza no había nada, y no costaba imaginar que lo que los
dos habíamos vivido horas antes era solo el producto de una pesadilla. Sentí vergüenza, yo
era un niño, no estaba preparado para ver lo que ví, no estaba preparado para sentir lo que
sentí. Ella me entendía. Se despidió, y minutos después ya estaba en su casa. No nos
hablamos por harto tiempo. Yo me cerré, quedé callado, triste y melancólico. Creo recordar
que me llevaron a un psicólogo, quizás mi primera visita, por eso pensé que estaba
completamente loco, o enfermo, o cualquier cosa menos normal. En esa época yo entendía
que la normalidad era lo perfecto, fue solo después que comencé a odiar lo que se decía
“normal”. También creo que fue a partir de ese día, junto a Sara, que empecé a guardar
odio, odio contra Nacrea Cruz, desde ese día empecé a dudar de las personas, a no poder
confiar en nadie, a pensar que todo era falso. Desde ese día la realidad del mundo se abrió
ante mí, y el mundo fantástico de los payasos desapareció por completo. Fue el final de una
etapa, y el comienzo de otra. Me imaginé que las personas cambiaban, y era lo que yo
estaba haciendo, cambiando. Que se fuera a la mierda todo.

…………………..

–¿Nombre?
–Carla Zents
–Te toca hablar.
–¿Qué quieres que te diga?
–¿Por qué lo haces Carla? ¿Por qué estas aquí?
Esto era un circo, una pesadilla, todos en círculo, mirando a quién estaba en el
medio, una supuesta terapia grupal, después un viejo pelado y canoso, con lente gruesos, y
con edad de cocoa, preguntándole al que estaba al medio preguntas tan estupidas como tan
obvias, que no creo que ni siquiera en cien años solucionarían el problema que cada uno de
los presentes supuestamente tenía.

210
–Vamos, cuéntanos como empezaste. Acá en mi lista, y en tu último examen al que
tomaste al ingresar acá, dice que eres dependiente de cocaína, pasta base, y marihuana.
¿Con cuál empezaste?
La joven sentada en el medio era débil, era tímida, era callada, sumisa a la mirada
penetrante del viejo, miraba desconfiadamente. Todos en el círculo observaban lo que mas
se acercaba a una matanza de cerdos en un coliseo romano, que a una consulta psicológica.
¿Con qué edad empezaste? ¿Por qué lo hiciste?
Ninguna de las preguntas del viejo tenía respuesta. Era como si estuviese hablando
sólo contra una muralla. Carla Zents no parecía escuchar. No parecía mirar.
– ¿Por cuánto tiempo quieres quedar aquí mija? Si no hablas, es difícil que salgas.
Vamos respondeme, tienes que descubrirte a ti misma, identificar los motivos que te
llevaron a llegar lo que llegaste. Vamos compañeros, démosle un aplauso de fuerza y apoyo
a Carla, ella lo necesita. Vamos, gritemos su nombre…
– ¡Carla! ¡Carla! ¡Carla!
Se escuchaba como en un coro del programa Cachureos.
–¿Viste Carla, como te quieren? Abre tu corazón mija, quizás de esa forma puedas
cambiar de vida. Vamos, brindémosle otro grito de apoyo a Carla, que se siente sola, y
desesperada, y por eso se esconde dentro de sí.
Era suficiente, esto era una payasada.
–¿Dónde va usted joven? Vuelva a su asiento que la sesión no ha terminado.
–Váyase a la mierda, mejor muerto que cercado por dementes payasos. No me
gustan los circos.
Tomás se paró de su asiento y se dirigió a la puerta que daba al pasillo del Centro de
Rehabilitación.
–Tomás Cruz. Le advierto. Vuelva a su asiento.
Tomás no hizo caso. El psicólogo parecía más psicópata que sus pacientes. Por el
walkie talkie que tenía en su bolsillo llamó por ayuda, se escuchaba él diciendo que había
un paciente fuera de control.
Antes que Tomás pudiera salir por la puerta de la muerta terapia de muertos, dos
gigantes aparecieron cargando una inyección.
–Ese joven esta enfermo. ¡Hay que calmarlo!

211
Todos parecían dopados, todos miraban con cara de poto como agarraban a Tomás
Cruz, a pesar de todo su pataleo y su resistencia, lo que incluso hizo que diese un cacho que
hizo volar las tapas de botella del viejo, que momentáneamente se quedó ciego. Era verdad,
todos en esa sala, los que supuestamente eran los casos de “química dependencia de teens
arrogantes, y sin respeto por la autoridad, casos extremos, clase 1”, estaban medios
dormidos. Tomás estaba seguro que a la comida de mierda que le daban les echaban
dopantes, nadie reaccionaba, todos, día y noche, estaban como zombies, solo atinando a
responder “sí”, “no”. Por precaución Tomás botaba toda la comida al water, ya que el
basurero de ese centro de locos era rigurosamente controlado. Prefería comer pasto que una
comida que te hacía más enfermo de lo que supuestamente estabas. Una comida que te
hacía tonto. Romina por suerte no estaba en la categoría de “teens arrogantes y químico
dependientes que no tienen respeto por la autoridad, casos extremos, clase 1”. Creo que
Nacrea Cruz se había esmerado en que su hijo atendiera el ala de tratamientos más
enfermiza, y extrema del recinto, en donde los pacientes que atendían ya no vivían una vida
cotidiana. Estos habían intentado terminar con sus propias vidas, eran violentos,
irracionales, y agresivos. Ese lugar era más cercano a un zoológico de perros enfermos e
inconscientes que un lugar en donde “químicos dependientes” se recuperaban.
El ala de Romina, la “niña becada por el gobierno”, estaba medianamente lejos del
lugar en donde estaba Tomás. Romina estaba en la categoría de no dopados. Su ala se
denominaba “Químicos dependientes medianamente controlados, y racionales, clase 3”.
Romina a regañadientes aceptaba compartir un poco de su comida, en un peligroso tráfico
interno, en donde circulaban desde jugos de naranjas que no dopaban, hasta pastillas de
ecstasy, los precios eran caros. Los médicos con exámenes diarios descubrían los pacientes
que habían consumido, pero no tenían ni el más mínimo olfato de donde pudiera venir lo
que seguía alimentando el vicio. La rutina del lugar era mas o menos la misma todos los
días. Todos levantándose a las seis de la mañana. Cuatro personas por pieza. Las mujeres
por el lado izquierdo del pasillo, los hombres al lado derecho. A las siete, todos iban a la
mini iglesia existente en el lugar, donde todos, dopados o no dopados, rezaban el padre
nuestro al menos quinientas veces. Solo una hora y media después los internos, bajo
vigilancia de ballenas vestidas de blanco, regresaban a su habitación, donde estaría servido
un desayuno especialmente diseñado para el paciente. Tomás se horrorizaba al ver como los

212
compañeros con quién compartía pieza comían todo lo que se les daba sin escrúpulo
alguno. Total estaban dopados, y no se daban cuenta de lo que estaban haciendo. Era un
ciclo vicioso. Creo que la dosis que le ponían a la comida duraba hasta la comida siguiente,
en donde el paciente todavía permanecería dopado para darse cuenta que estaba tonto, y
que era la comida lo que causaba eso. Por suerte era solamente el ala extrema al cual se
aplicaba ese método de recuperación. Se presumía que los pacientes “clase 1”; eran cinco
las clases, la “clase 1” la más extrema, y la “clase 5” la más suave, eran agresivos, y en
caso de no estar químicamente controlados, podrían atentar contra la seguridad del recinto.
En la “clase 1” nadie hablaba, casi todos permanecían sentados en los tiempos libres
mirando al techo. Y cuando llegaba la luna, todos durmiendo por efectos del remedio.
Después del desayuno, dado a las ocho y media, venía la hora de las duchas. Eso era
lo peor. Después de una semana en el lugar Tomás había entendido que para no ser dopado
tenía que actuar. Tenía que fingir estar dopado. Cuando perdió el control en la clase del
viejo clase de botella, el psicólogo pensó que la dosis de doping no había sido suficiente en
la mañana, y al mismo momento gerenció una inyección intravenosa para controlarlo, lo
que lo hacía dormir por al menos seis horas, soñando en la nada, solo en lo oscuro. Al seren
todos dopados, nadie podía hacer nada sólo. El primer día fue un escándalo para Tomás. A
los pacientes “clase 1” se les “asistía en sus duchas”. Cuando nombraron el nombre de
Tomás para que este entrara al baño y se diera su ducha, este se sorprendía porque el tipo
con cara de maricón no salía del baño para que él se desvistiera. La experiencia era
torturosa, una verdadera tortura psicológica.
–¿¡Y tu weon, no vay a salir!?
–Los pacientes “clase 1” están dopados, y es peligroso que se duchen solos. Pero
parece que tu dosis no fue lo fuerte suficiente.
Segundos después Tomás tenía seis manos sobre su mandíbula forzándolo a tragar
dos pastillas.
Acto seguido estaba limpio, y con uniforme nuevo (los pacientes del centro de
rehabilitación utilizaban uniformes, los de la “clase 1” eran azules). Tomás no se acordaba
de nada. Solo de flashes, en que recordaba solo decir “sí”, “no”. Por suerte Romina le había
advertido no comer nada, ella que no estaba dopada, sabía de la situación de los de la “clase
1”. El contacto de los casos extremos con el resto de las clases era completamente

213
prohibido. Era escabulléndose por el jardín como Tomás y Romina tenían los breves
contactos durante el día, lo suficiente para darle fuerza el uno al otro.
Tomás se moría de hambre. Suerte que por lo menos tenía un poco de comida sacada del
plato de Romina.
En el día siguiente, lo mismo. Todos arriba a las seis y media. Los clase uno iban a
misas vigilados, y sentados en las primeras hileras, después de una hora y media, el
desayuno, que Tomás Cruz se torturaba por no comer, y botarlo de la manera que fuese.
Porque después los platos era revisados. Todo en ese puto lugar era revisado. Suerte que
Tomás había entendido como jugar el juego. No se dopaba.
De nuevo escuchaba su nombre con la misma vocecita de mierda.
–Tomás Cruz
Tomás iba en camino al baño. Había entendido que tenía que actuar, y comportarse
como un inválido. Parece que el doping te hacía obedecer a todas las órdenes que te daban.
Lo habían obligado desvestirse. Fue difícil para Tomás actuar, no estaba dispuesto a tolerar
esa mariconada, digan lo que digan ese lugar era enfermizo. No era normal, no era correcto.
Pero Tomás no quería otra inyección, era mejor permanecer lúcido, estando lúcido era la
única manera de escapar, escapar de esa verdadera clase de mongólicos que solo atinaban a
decir “sí”, “no”.
Acto seguido Tomás estaba en pelotas bajo el agua caliente de la ducha. Nunca en
su vida se había sentido tan torturado, con tanto pudor, se sentía como violado, el tipo de la
voz cargante seguía ahí, mirándolo, vigilándolo mientras él se duchaba, era como para
gritar y salir corriendo. Era asqueroso. Tomás quería salir de esa ducha lo antes posible.
Antes que diera un paso, el tipo tenía sus manos llenas de shampoo sobre su cabeza. Era
mejor morirse, Tomás supuso que le habían hecho lo mismo el día anterior, pero no se
acordaba; por supuesto que no. Estaba dopado. Después del shampoo el tipo pasaba jabón
sobre su cuerpo. Era como vomitar. Tomás no sabía que hacer. Se sentía mediocre,
impotente, sin poder actuar, psicológicamente humillado, débil como caracol, peor que
dopado, pero sin estarlo. Era odioso ver la cara del tipo que lo lavaba, si fuese una mujer
excelente, pero no un enfermero maricón. Tomás seguramente nunca se sintió mas a fondo.
No estaba dispuesto a resistir otra cosa similar, no de nuevo. Por suerte, antes de que
Tomás Cruz, paciente clase 1, reaccionara de forma violenta, la ducha terminó. Le pusieron

214
el uniforme azul. Acto seguido, los clase 1 estaban en otra terapia con el tapa botellas.
Tomás supuso que era mejor estar dopado, por lo menos no estabas lúcido para recordar y
analizar, lo que facilitaba tolerar todo lo que estaba pasando.
Tomás se preguntaba como los dopados entendían palabra de lo que el viejo tapa
botellas decía, sin entenderlas las terapias eran inútiles. Después fue que descubrió que la
metodología de rehabilitación de los clase 1 era a través del inconsciente, forma mas
longeva, cierto, pero bastante más eficaz. Los pacientes dopados, supuestamente no
accionaban su lado lúcido, por lo que todas sus trabas psicológicas no eran activamente
accionadas, lo que facilitaba la aceptación de la información entregada por el psiquíatra.
Era una técnica nueva y revolucionaria, que prometía cambiar la forma en que las
rehabilitaciones de los casos extremos eran hechas.
A las ocho todos a la cama. Los dopados dormían. Tomás descubrió que toda la
seguridad del recinto se concentraba en el ala de la clase 1, eran los denominados pacientes
cinco estrellas, peligrosos, aunque estuvieran dopados. Tomás cuando la luna subía, se
escabullía por la ventana del primer piso de la pieza en donde dormían los cuatro pacientes,
ni siquiera sabía el nombre de los otros tres, con ellos ni siquiera se podía hablar, porque
todo lo que respondían era: “sí”, “no”. Afuera se encontraba con Romina. Ella le dijo que
de la ala tres para abajo la cosa era una fiesta. Las enfermeras de turno se habían rendido en
la guerra de controlar los pacientes que no estaban dopados, controlar alguien que no está
lúcido supongo que era fácil.
–Romina, no soporto más esto. Nos tenemos que arrancar. ¡Hoy, ahora!
–Imposible ahora Tomás. Mañana sí, lo he estado pensando. Si no te has dado
cuenta, de este lugar solo existe una salida, y que las puertas de este lugar son acero puro, y
solo se abren con las tarjetas de las enfermeras. Todas ellas la cuelgan en sus cuellos. Dame
tiempo, durante mañana trato de conseguirme una, así que la tenga nos vamos.
–No me entiendes Romina. No soporto ni un segundo más en este lugar. No tienes
idea de lo que pasa en el ala de los mongólicos.
–No seas ingenuo Tomás, si quieres fugarte, te tienes que fugar asegurándote que no
te van a pillar, porque si te pillan en un intento de fuga es peor, entiende, si te cachan…esta
mierda funciona igual que una cárcel, si te cachan fugándote, no te van a dejar tranquilos, te
van a poner vigila las veinte cuatro horas, y vas a estar obligado a comer esa comida de

215
dopados, porque no voy a poder ni siquiera darte medio pan. Vamos, fuerza. Vuelve a tu
lugar, en cinco minutos las enfermeras pasan turno en tu ala. Más vale que estés en tu cama.
Suerte.
Esto no era un centro de rehabilitación, esto era un manicomio. Mejor estar muerto.
Los clase uno eran revisados cada cuarenta y cinco minutos. Tomás llegó justo a
tiempo de la cita con Romina para que la enfermera lo viese durmiendo. Tomás abrió los
ojos, esta vez no era una ballena blanca. Estaba desesperado, quería arrancar de todas
maneras. El desespero lo hacía tonto, lo hacía débil, no lo hacía pensar.
–Hola.
–Hola, lindo. ¿Cómo estas, y por qué no puedes dormir?
Esa vez Tomás no dijo ni “sí” y ni “no”.
–Sí, puedo dormir, pero tengo que salir de aquí, por favor, se lo ruego, sáqueme de
aquí.
–No, no, no, entiende. Tomás, tú nombre ¿no? Tomacito, tienes que entender que
estas enfermito, y que este es el mejor lugar para recuperarte, veo que eres bastante
fuertecito Tomás– le decía la enfermera como hablándole a una guagua– parece que voy a
tener que aumentar tu dosis. Otra inyección lo haría dormir hasta la mañana siguiente.
Las seis y media, misa, desayuno. Tomás pensó, será mejor doparme, así se
olvidaría de todo. Mejor que no, porque si se submetía a las reglas, no sabía cuanto tiempo
esos psicópatas lo mantendrían preso en aquel manicomio, le habían dicho que tenía un
pronóstico de siete semanas. Si dos días le parecieron fatales, era difícil imaginar lo que le
harían en dos meses. No comió nada.
–Tomás Cruz.
Era la misma voz cargante. La tortura volvería a empezar.
A mitad de camino, mientras le pasaban la mano en la cabeza, Tomás no resistió.
Toda su furia acumulada se concentró en su puño. De un derechazo le barrió la nariz al
enfermero. Mas vale que Romina se hubiera conseguido la tarjeta. Ya no soportaba más. Se
tenía que apurar. Pronto llegaría alguien con una inyección. El enfermero había quedado
inconsciente en el suelo, el agua que se iba era rojiza. Tomás no tenía mucho tiempo. Sin
secarse y sin nada agarró su uniforme, por primera vez en dos días se vistió dignamente, sin
ningún ojo maricón mirándolo, salió corriendo. No podía, en la pieza había una enfermera,

216
parecía más fuerte que el enfermero. Filo, Tomás estaba fuera de sí, no estaba dispuesto a
soportar mas. Salió corriendo por los pasillos, iría donde el ala de Romina, ella tendría la
tarjeta, estaba dispuesto a matar a todos que se le pusieran por delante. Todos miraban
perplejos, un ejército de hombres de blanco lo perseguían a unos ciento cincuenta pasos
atrás. Tomás entró en la pieza de la Romina. Las compañeras de Romina lo miraron.
Vamos, Tomás pensó, no es hora de buitrear. Tomás le dijo a Romina que era hora de
arrancarse, que después hablaban, pero que tenían que irse ahora. Tomás sintió un
pinchazo. Ahora estaba en camisa de fuerza.

………………………

–Señor, Señora, permite quitarle un poquito de su tiempo para contarle una historia
real de un viejo trabajador que gracias a una perítonitis lo despidieron del trabajo y está
cesante, con un hijo enfermo de gravedad en la U.T.I. del hospital Sotero del Río, con dos
cabritas chicas que necesitan alimentarse, y con una esposa con crisis de histeria. Señoras y
señores yo desde hace seis meses que estoy cesante, y por no tener la educación no me han
dado trabajo. Señoras y señores por favor ténganle compasión a este viejo, y le pido una
contribución para poder sostener el pago de los caros remedios de mi hijo y mi esposa.
–Cuchufli, cuchufli a cien, aprovechando la oferta con este producto de exportación,
con calidad garantizada, y manjarcito natural.
–Madame, caballero, les vengo a ofrecer una oportunidad única. Acá les muestro el
nuevo producto originario de Tanzania, donde las mujeres tienen el pelo crespo y
desarrollaron esta super peineta para alisar el cabello. Con una calidad única y garantizada,
y aprobado por los laboratorios industries, funciona con solamente dos pilas y da resultado
garantizado. Esta peineta va a serle la solución a sus problemas de visual, dándole una
mejor calidad de vida, y hasta la posibilidad de un ascenso laboral. Si lo lleva en este
precioso día le haré un ofertón especial, le entregaré este rouge morado perla, hecho para
embellecer a la mujer. Todo por el módico precio de dos mil nueve noventa.
–Valparaíso cerro principal, y las mujeres…
– ¡Callados todos mierda! Acá las cosas de ahora en delante van a ser como el
Kaiser del Tráfico lo diga. No griten y actúen normalmente que nadie va a salir herido.

217
Ustedes solo nos van acompañar en un pequeño viaje. – mientras Cuchufla amenazaba a los
pasajeros con la metralleta automática que había sacado de su mochila, Romina rendía al
conductor con su pistola calibre treinta y dos. El colorín vigilaba la puerta de atrás, Elvira la
puerta de adelante, y el cuchufla hacía guardia en el medio del pasillo. El conductor salía de
su asiento mientras la micro se detenía en el semáforo rojo, y Seba Escala tomaba su lugar
en el manejo de la máquina.
–Jefe mira aquí, si tenemos a un paco de pasajero, si lo pillé con las manos en la
masa jefe, mire su pistola. – le decía el Cuchufla a Tomás Cruz que había tomado la micro
antes del asalto, camuflado como pasajero.
–Ya pasajeros, si esto no es un asalto, es solo un paseo, entreguen todos sus
celulares que todos serán devueltos. Si vamos a pasar por el banco y volvemos. Ustedes pa
callado, cualquier gritito de mierda que delate algo a la chuchita los vamos a mandar.
La micro iba a toda velocidad, sin embargo no salía de lo normal. En Santiago las
micros eran como unos monstruos, corrían sin piedad atropellando a cualquier chorito que
se atrevía ponérsele por en frente. Y la micro bajaba por Apoquindo, y llegaba a Pedro de
Valdivia. El edificio central del Banco Bilbao Vizcaya estaba abierto. De una, unos once
miembros de la banda incluyendo el propio Kaiser, que se hacían pasar por pasajeros, se
bajaron de la micro repleta. Una vieja desubicada se le ocurrió subir a la máquina. No había
otra que dejarla. La pobre no sabía que estaba condenando su vida. Los once ejecutivos
entraban al lobby preparados para dar un nuevo gran golpe. Estaban siendo esperados.
Venían de parte de constructora Encolta a reunirse con el directorio del banco para buscar
un financiamiento millonario para financiar el nuevo super puente de Chiloé. Los guardias
les dijeron que pasaran y se dirigieran al décimo tercer piso, que estaban gratos de
recibirlos, etc…todo lo que le podrían decir a futuros clientes super golden vip first class.
Los once entraron al amplio y lujoso ascensor. En el décimo tercer piso fueron recibidos
por una secretaria que los guió a una sala de reuniones que tenía como vista gran parte de
Providencia siendo atravesada por el Mapocho. Mientras los “ejecutivos” eran recibidos, la
micro llena de pasajeros daba vuelta la cuadra. Eran nueve las vueltas, el tiempo estaba
calculado para que cuando los ejecutivos dejaran el edificio la micro estuviese frente a
ellos, haciendo del escape lo más discreto posible.

218
–Bienvenidos todos ustedes, gusto en recibirlos. Tengan el gusto de pasar. – le decía
un importante ejecutivo con acento español.
En la enorme mesa se sentaban el grupo de evaluación financiera del banco, su
presidente, y once sillas más, que vacías esperaban. Una secretaria entró con una bandeja
de café y agua mineral. Cuando la secretaria cerró la puerta, los once ejecutivos
simultáneamente pusieron sus maletines sobre la moderna mesa. En tres segundos once
metralletas saltaban a la vista apuntando donde fuese. El Kaiser se levantaba de su asiento
dirigiéndose a la cabecera de la mesa.
–Al cofre.– fue la única orden. Nada de garabatos, este robo era con clase, nada de
amenazas baratas.
El español, presidente del banco, sorprendido por tanto alboroto, se paraba de su
asiento con las manos hacia arriba. Estaba rojo como pimentón sudando como si estuviese
corriendo doscientos kilómetros.
Una ejecutiva arriesgó a decir.
–¡Pero tenemos trato con el Jaque! Esto debe ser un error.
Ni Jaque ni que mierda fue la única respuesta que recibió. Estaba claro para todos
los presentes, ejecutivos y ladrones, que el comentario no había sido bien recibido.
–No hagamos show presidente. Vamos lentito. Sabemos que el cofre del banco está
en este piso. Acuérdese que cualquier sospecha, tengo cincuenta balas listas para
liposuccionar cualquier grasa.
Estaba claro para el español que no había como reaccionar. Puta mierda, a quien
mierda se le había ocurrido invertir en el tercer mundo. Si estos latinos son unos
subdesarrollados. El presidente se dirigía al cofre. Después de poner la palma de su mano
en un escáner, poner su retina en juego, y digitar una clave, la bóveda se abrió. En segundos
seis ladrones entraban con bolsas de basura. Era llegar y llevar. Así de rápido.
–Usted se viene con nosotros presidente– le dijo el Kaiser burlonamente al español.
Los once ejecutivos falsos y el presidente del banco bajaron por el mismo ascensor por el
cual subieron. El banco había caído. El presidente, por las características del negocio
confidencial, había pedido desconectar las cámaras del décimo tercer piso, no quería que
información pudiese filtrarse, cualquier guardita podría tomar la cinta y vendérsela a un
banco de la competencia. Los doce llegaron al lobby llevando consigo sin pudor seis bolsas

219
de basura. Tal como planeado la micro 324 pasaba por el banco en el momento oportuno.
Los doce subieron y la micro partió rajada.
……………………

Estoy enferma. Enferma de locura, enferma de tos, enferma de todo, enferma de ti.
De tu infidelidad. Quiero mirar al techo, no pestañear, y torturar mis ojos hasta que estos se
sequen, obligándolos a aguantar, para así no poder mas ver, no poder ver tu cara, tu cara
que me produce los recuerdos que nausean mi mente, no me dejan pensar, y me dejan
querer quedarme echada en mi cama, mirando con los ojos abiertos al techo, y pensando en
las nauseas y las ganas que tengo de quedar ciega para no poder verte mas, porque verte me
produce fiebre, me produce rabia, me produce debilidad.
Tengo ganas de no seguir respirando, trato de taparme la nariz, y de mantener
abierto los ojos, no quiero tenerme a mí cerca de mí. No entiendes en la situación en que
estoy. Solo quiero quedar quieta, callada, inerte, y triste. Tengo ganas de llorar, de
deprimirme, de quedarme quieta en esta pieza oscura, no despertar, y fingir que estoy
muerta. Fingir que el mundo no existe, y que siempre estaré ciega para no volver ver tu
cara. Pero nada de eso ocurre. El ruido me grita que afuera de esa puerta si hay vida, yo no
quiero que eso exista, no quiero que haya mundo afuera. Yo quiero quedarme aquí, quieta,
y callada, sufriendo, sola, yo y el mundo, sin nadie, sin vida, sin futuro. Quiero que la vida
no siga, que quede parada en este punto. Parece que disfrutara esta situación, la de querer
sufrir, me siento cómoda sufriendo, no quiero que pare, quiero quedarme triste, triste hasta
que muera. Quiero convertirme en piedra, en una piedra deprimida. No quiero hablar, no
quiero mirar, no quiero escuchar, solo quiero quedarme aquí, quieta, callada, y sufriendo.
–Sra. Nacrea, usted me pidió que la despertara.
– ¡Andate! ¡No ve que quiero estar sola!
–Perdón señora, pero el juez la espera en una hora y media mas.
–Metase el juez por el culo si lo quiere.
No hay explicación, esa señora está loca. Pensó la empleada para sí mismo, bajó,
ignorando como siempre las humillaciones del trabajo. Para eso le pagaban a una, para
aguantar que la pisaran y la fregaran por el piso cada vez que el humor no estaba en el
techo. Total no importa, al menos, cuando daban las siete, ella tomaba la micro, e iba a su

220
casa pobre pero ordenada, donde encontraría una familia que la quiere, en donde las
personas no tienen ni la mitad de las enfermedades psicológicas de los que viven en esta
casa tienen. En vez de nanas, deberían tener psicólogos en esta casa. Menos peor que
aguantar las excentridades y gritos de Nacrea Cruz, era aguantar la sesentona de Petunia.
Puta la vieja jodida.
–¡Rosa! Anda a trabajar pues niña, no se quede ahí parada, no es para eso que te
pagan. Regla A 46.2 del Manual de la Casa Cruz, las empleadas que son ineficientes en su
trabajo se les deberán descontar un diez por ciento del sueldo diario. ¡Vamos Rosa!
Muévete si no quieres que te descuente el diez por ciento.
Chuta la vieja maricona. Una piensa que las nanas siempre van a estar unidas, que
una comprendería la otra, que se apoyarían entre si contra las patronas. Pero parece que
Petunia se creía superior, no se creía una “empleadita” de las que se contratan y le pasan un
manual para que se lo memoricen, Petunia pensaba que era superior a todos, y que le
pagaban para garantizar la eficiencia de la “servidumbre”. Casa de mierda, y vieja de
mierda. Por lo menos los patrones trataban mal, pero por lo menos no vendían sus raíces,
ahora esa Petunia sí, era una pobre que se creía superior, que se creía con el derecho de
aplastar a las otras personas. Si no pagaran bien en la casa, se juraría a si misma irse lo
antes posible. Claro esta que había ventajas al trabajar por los Cruz, no solo por el sueldo,
sino que te daban asistencia médica y hasta mental. Una vez al mes venía un psicólogo a la
casa que estaba destinado solo a escuchar el problema de las nanas. Cada una tenía entre
una hora y una hora y media, el viejo llegaba a las seis de la mañana, y solo se iba después
de las noticias de la noche. Quizás era el mejor día del mes, porque todas se sentían
especiales, era como elegante ir al psicólogo, cosas de los ricos, de las señoras, entonces
cuando volvías a la pobla y decías “fui al psicólogo” era como súper top, como de otro
mundo, y las viejas envidiosas de los departamentos de abajo quedaban copuchando que la
Rosita se fue al psicólogo, que se cree cuica, etc…Era “regio” ser el centro de la atención,
al menos por una vez en el mes.
Petunia era especial hasta en las consultas, a ella le tocaba más tiempo con el
psicólogo, y en vez de la hora y media, la vieja quedaba como dos horas. Parece que los
viejos se entienden bien entre viejos, una lata que el psicólogo no fuese un poco más buen

221
mozo. Pero era verdad, la cosa resultaba, después de la consulta una se sentía aliviada,
valorada, como que le gustaba el trabajo, como que estaba progresando en la vida.
En eso estaba Rosa, bajando las escaleras que daban acceso al piso exclusivo de
Nacrea, cuando de la puerta sale una mujer llorando, como sintiéndose culpable por el
holocausto.
–Hay disculpa linda, no quería ser tan bruta contigo, perdóname.
Loca la tipa, loca de remate, le bajó una culpa tremenda por todas las humillaciones
dadas durante la semana entera, de repente se ponía a llorar en el hombro, diciendo que
estaba nerviosa, y que estaba con problema de psiquis, y que el yoga no había resultado, y
los ejercicios de haiki no habían logrado que ella se elevara a otro espacio exterior. Y que
se sentía culpable, que se sentía una asesina, y que estaba deprimida. Y de repente una se
percataba que una estaba siendo una verdadera psicóloga. Y de repente Nacrea llorando le
decía, “hay Rosita, que sería de mi vida sin ti”, imagínate. “Eres lo más cercana a una
verdadera amiga que yo tengo, porque las otras son pura apariencia, a una se le va la plata y
se mandan cascando, las otras son puro caguin, y que el marido de la Ignacia Duarte era
impotente, y que el marido de la Pía Cotepo salio con una suelta, y que la traicionó, y etc…
Hay Rosita, perdoname”, y de repente empezaba a gritar unas palabras que no cachaba lo
que significan, pero era algo como “Relief, Relief, go out stress” y de repente empezaba a
contarme que no se en que terapia le habían dicho que decir esas palabras combatían el bajo
ánimo. Y que había descubierto el nombre de su ángel de la guardia, y que este estaba
todavía más deprimido, y que. Bueno de repente, se acordaba que tenía que hacer y gritaba.
–Hay Rosita, ¡viste! No me acordaste que tenía que hacer, mira casi voy atrasada al
juicio de ese desgraciado.
Que una se volviese más loca imposible, y la locura de la patrona la tenía loca a
una, con razón mandaba el psicólogo para nosotras una vez al mes, si no esta casa sería un
verdadero caos. Y cuando no eran los problemas de Nacrea Cruz, eran los de los niños, era
que el Tomacito esto, y Tomacito este otro, o que Pedro hizo tal cosa, o que la Maca le
cortó el pelo a una compañera, o que llamaban del colegio, o que la polola de no se quién
era una aprovechadora. No, si era terrible, terrible, lo que una tenía que aguantar. Si a una
no le pagaban solo para hacer el aseo, uno tenía que asistir todos los días a un circo diario,
y creo que eso era lo que hacía un poco menos ingrato el trabajo. Al ver los desastres que

222
ocurrían bajo el techo de esa casa, una valorizaba su riconcito allá, lejos, una le daba
gracias a Dios por tener la familia que tenía, por lo menos eran pobres pero sanos. Pero el
contrato no le permitía desahogarse. Al firmar el contrato que incluía todos los puntos del
manual, y no sé cuantas firmas que tenía que hacer una, una en cada página, le obligaban a
mantenerse calladita, cualquier palabra sobre la patrona, sus hijos, o la casa, le podía costar
una no se cuantos millones de pesos, o no se cuantos años de trabajo. No, si era terrible la
cosa, imagine que una pared le escuche a una, y después la demanden. Sí cada cuento que
he escuchado sobre las nanas de esta casa, me dijeron por allá fuera que habían por lo
menos unas tres internadas en un manicomio, y otras dos en un centro de detención, no y si
eso no era lo peor, si uno se metía con uno de los cabros Nacrea se aseguraba de mandar a
matar a una. Si era terrible terrible, todo vigilado. Pero no todo era malo. En otras casas se
decía que las nanas solo comían migajas de pan, arroz marca chapsui, y lengua de burro.
Por lo menos acá en esta casa las nanas tenían el derecho de comer lo mismo que los
patrones, y la porción de una no estaba regulada, solo el tiempo que tenía una para comer,
porque tampoco podrías estar hablando y comiendo por dos horas, eran cuarenta y cinco
minutos de colación. Pero en ese tiempo una podía comer lo que quisiera, sin restricción, y
admito que había unas que se lo tomaban a chancho, se llenaban la guata como si nunca
hubieran comido antes en su vida, y aunque no les gustara lo que estaban comiendo siempre
tomaban lo más caro, como si estuvieran de una forma u otra aumentando su sueldo por el
ítem de “filete y palmitos consumido”. Bárbaras las viejas. No, si era terrible. Y una que era
la más joven, era la mas acosada. En eso Nacrea era estricta, contrataba, desde que su
maridito se le fue, puras nanas feas, yo no se como pasé, pero era la mas bonita lejos saben,
las otras eran puras viejas bajas y gordas. Yo pasé, y otra que recién había llegado, una tal
de Paula que me caía como la ñuñis. Había rumores sobre esa Paula, era harto bonita sí, si
ni siquiera parecía una de nosotras, uno sabe cuando uno tiene como ese mirar distinto, ese
mundo en los ojos, esa clase, esas ganas de ser grande. Y la Paula tenía todo eso, si uno le
ponía un vestidito mejorcito y hasta parecía una súper top model, no si mejor que Cecilia
Bolocco pero más morenita, y no tan falsa. Pero decían las malas lenguas de la nada, ah si
po, eso era otro ítem que no me gustaba mucho de la casa, era mucho el caguin de la casa,
se decía de todo por los pasillos, era un pelambre así de terrible. Decía cada cochinada
sobre los patrones que era imposible creer, mira si hasta decían que esa Paula era una

223
víbora interesada, que se acostaba con Tomás, y que los dos se conocían, y que tenían
relaciones, y que todo era clandestino. Era así el medio caguín. Y como a veces la Paula se
quedaba puerta adentro, ella salía del ala de las nanas y subía donde el joven. No, si debo
admitir que harto mino el Tomás. Pero mas pesado que la rechucha, me tinca que sería
imposible aguantarlo, yo caché que me daba unas miradas, y una vez sin querer queriendo
entré en la pieza cuando se estaba cambiando, yo me puse toda roja e intenté como salir,
pero el como que sí nada, que daba lo mismo. Y as veces cuando terminaba la ducha,
empezaba a llamarme por el citófono. “Rosita, tráeme una toalla porfa”. Si era mas pavo,
que le costaba ver si en el baño estaba su toalla antes que se duchara. Y una subía y le
tocaba la puerta del baño, y le decía “Tomás acá esta su toalla”, y el abría la puerta
completa del baño como si nada, y una se ponía roja, y todo, y una vez el cabro me
preguntó.
–¿Me estay mirando?
Y a una como que le daba cosa, que no sabía que decir.
–No me importa sabes. Me da lo mismo que me mires. Total estay muy mina.
Una quedaba como sin habla, porque yo tenía un pololo, y a pesar de tener poco
mas de veinte tenía a un mocoso chico en la casa. Uno le tiraba la toalla y bajaba corriendo,
como toda nerviosa. Pero el Tomás seguía como si nada hubiese pasado, como si todo fuese
completamente normal, terrible, no si era terrible todo. Yo le decía todo eso al psicólogo,
pero antes el me tenía que jurar por su mamá en el cielo que no le contaría nada a nadie,
porque si la patrona sabía quizás que me echen, y si me echan no hay comida pal niño, no,
si era terrible, y algunas veces a mi me tocaba ser como la psicóloga del psicólogo, porque
generalmente yo era la última a quien me atendían, y el viejo todo agotado me empezaba
como a contar sus problemas. No, si terrible, si un día hasta se empezó a llorar, así de
grave, parece que los problemas de las otras lo deprimían un poco. Si el trabajo era harto
cansador. Y una vez cuando esa Paula se me acercó, pucha como odio a esa Paula. Ella me
dijo algo así como “te tengo cachada Rosita, aléjate del cabro”, yo me puse furia, que se
habrá pensado ella, pero yo no era aprovechadora como ella, si yo no era una suelta, yo
tenía una familia, era decente, y no me interesaba acostarme con cabros ricos pa probar la
suerte y ganar la lotería si aparecía guagua, porque si aparece guagua, eso es lo que he
escuchado antes, cuando por el barrio en la hora libre las nanas nos juntamos en la plaza

224
que hay cerca. La Maggi me dijo un día que en la casa en que ella trabajaba una tal Carmen
que era harto buenamoza, se quedó embarazada del cabro de la casa, y entonces la
Carmencita había armado el medio escándalo. Entonces lo que hizo la señora fue entrarla
en una pieza y sacó un cheque, después la subió a un auto y fue directo a un doctor para que
le hicieran un aborto. Después del aborto así luego después, le entregó un cheque como de
diez millones. Y le dijo algo así como quédate callada y desaparece suelta de mierda. Así
de humillante, pero una no podía decir nada, porque si una decía algo quizás que le quitasen
el cheque, y con los diez millones en la mano una ya tenía casa propia y todo, y no mas
trabajo de nana, con los diez millones una hacía la fiesta y se compraba un carrito de mote
con huesillo e iba al centro a vender. No, si era la oportunidad de la vida, y por eso hartas
cabras jóvenes que entraban a la casa a trabajar intentaban “sacarse la lotería”, así lo decía
la Maggi, y a la Maggi hay que creerle porque es harto sabia, porque ha trabajado hartos
años en las casas, y sabe como es el sistema. Y también empezaba a hablar de sindicatos, y
derechos, y eso como que aburría un poco, porque el tiempo libre era bien corto, y una
trataba de “descansar la psiquis” durante el paseo por la plaza. La Maggi como que quería
hacer una guerra con las peruanas, y en eso era harto mala porque como que las
discriminaba, decía que eran unas vendidas que trabajaban por migajas, y le jodian el
trabajo a todas las chilenas, y que ya casi no quedaba pega por ahí, y que los sueldos
estaban bajando, porque las señoras eran todavía más jodidas, y decía que si una no
aceptaba el sueldo como estaba, se contrataría a una peruana mejor, porque cobran mas
barato y cocinan mejor, y además tenían como más cultura, y eran limpias y honestas. Eso
humillaba harto decía la Maggi, y de repente volvía a convertirme en psicóloga y la veía
llorando en mi hombro. O sea todos hablaban de sus problemas conmigo, así de terrible, yo
era como una caja de pandora que acumulaba el odio de todas las personas, pobre y ricos,
patronas y compañeras de trabajo, pero yo no le decía nada a nadie, todo quedaba
acumulado dentro de mí, hasta el psicólogo me creía por psicóloga, y uno llegaba a la casa
agobiada, y el cabro chico se ponía a llorar y uno le gritaba todas sus penas al mocoso, y el
pobre que ni tenía la culpa, no, si era terrible. Pero terrible es la vida, todo terrible. Terrible,
terrible.
……………………….

225
–Te traje el desayuno, mal agradecido.
– ¿Que haces aquí Paula? ¿Qué tienes en en tu cabeza? Estás loca.
– Cálmado. Quería estar cerca tuyo, ¿por qué no me has ido a ver?
–Como supiste. ¿Cómo supiste donde vivía?
–No importa pajarito. Lo importante es que soy tu nueva nana.
–Estás loca, estás loca Paula, vamos esto no es una broma. Esto es mi casa por la
mierda. Si se enteran que…
–¿Qué? Que estay saliendo con una…
–¡Shh!
–No seas paranóico Tomás. ¿No me vas a dar un beso, un abrazo por lo menos?
Pensé que estamos saliendo, que me querías.
–Ten cuidado Paula, te estas metiendo en mi vida, esto no es bueno.
–No me vas a sacar de este empleo Tomás, antes muerta. Harto bonita tu casa. No
sabía que tenías tanto billete.
–Tú no sabes nada Paula. No te metas donde no te corresponde. ¿Cómo mierda te
contrataron? Pensé que ya no contrataban a nanas bonitas.
–Me contrataron porque soy seca Tomás. Cálmate, nadie sabe y ni sabrá de lo
nuestro. ¿Por qué la cara de preocupado? ¿Crees que estoy aquí por la plata? Que de
repente me di cuenta. Chuta…el cabro tiene billete, me voy a su casa haber si logro
casarme y tener un hijo rico. ¿Qué te pasa en las weas Tomás.? Vamos madura un poco. Tú
sabes que no me interesa, que si quisiera casarme por interés ya lo hubiera hecho hace
tiempo.
–En todo caso Paula, no tengo niuno, con suerte me pagan la mesada con las notas
que tengo, y hasta en ochocientos años más cuando Nacrea se muera, no voy a ver nada del
supuesto “billete” del cual tanto hablas. Soy hijo de rico, pero pobre, pobre y feliz. Vamos,
abrázame.
–Así me gusta Tomás. Vamos, esto va a ser divertido.
–¿Qué, tenerte en mi cama?
–¿No te gusta?
–Me encanta.
–Oye, tu vieja es una bruja. ¿Hay leído el manual “Cruz”?

226
–No, pero supongo que es una pesadilla.
–Sí. Y oye estoy bastante celosa, las nanas que tení aquí son harto caguineras, y las
weonas no paran de hablar del “Tomás” esto, y del “Tomás” lo otro.
–Son todas feas Paula, no tienes porque preocuparte.
–¿Y la Rosita?
–Muy torpe la tipa. Parece santa. Me pongo en pelotas enfrente della, y la tipa se
pone roja y se arranca.
–No me deberías contar eso Tomás.
–Tú fuiste la que decidiste entrar en mi vida.
–Que bienvenido sea entonces. ¿Y como va el colegio?
–No me preguntes eso Paula.
– ¿Por qué, te hago ver muy pendejo?
–Sí.
–Vamos, la edad no me importa, tú sabes deso.
–Cuéntame de ti Paula. Nunca hemos hablado. Supongo que no te conozco mucho.
Te quiero, pero no te conozco.
–¿Qué te cuente de mí, “Tomacito”?– ironizaba Paula con la voz de Petunia.
–¿Cómo llegaste a Santiago? ¿Cómo llegaste a eso…?
–Mi pregunta es que hacías tú en un lugar como el mío. ¿Por qué fuiste? Vamos, no
era necesario. Lo podrías haber conseguido de otra forma, no era necesario…ya sabes.
–Que ¿Ir donde una puta?
–Sí– decía Paula.
–Estaba volado Paula, no me di cuenta de lo que estaba haciendo hasta el día
siguiente, en donde vi tu tarjeta en mi bolsillo, y me acordé de lo que había pasado.
– ¿Y, tienes polola?
– ¿Para qué este cuestionario Paula?
–Porque si quieres que lo nuestro siga, rompe con ella mañana mismo. Y si te pillo
con alguna te armo el escándalo de tu vida.
–Suenas como Nacrea Cruz, Paula, no me gusta nada.
–Porque le dices a tu vieja “Nacrea Cruz”, como si fuera una desconocida.

227
–Tengo mis razones. Vamos, no pretendas saber toda mi vida en un día. Apenas te
conozco.
–Pero me quieres.
–Sí, pero vamos despacio.
–Puta cabro, despacio para hablar, pero pa lo otro erí una mierda.
–Cállate Paula. Que te pasa. Andate a la mierda.
–Ya, acaso te herí tu “masculinidad”, de poco vay aprendiendo cabrito, soy tu
profesora, y hay que retarte.
–Que profesora ni que mierda. Vamos que quizás la Petunia te esta buscando.
–No trates de humillarme cabro, lo de nana es solo un papel, a mi no me tratas como
las otras. Me han contado que eres insoportable, mal educado, un cuico insoportable.
–Si soy insoportable Paulita, ¿Por qué estas en mi cama? Andate a caguinear mejor.
–Y tú andate a la mierda Tomás.

……………………..

–Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!– se despertó Tomás en el medio de la noche. Había


soñado, tenido una pesadilla. Estaba transpirando. La había visto. Había estado, allí,
escribiendo, dentro del cuerpo, mirando las paginas, decía: “te vas a morir”. Era Vera.

…………………..

–Paremos la cagada ahora mismo.


–Cálmate loco, primera pega no más.
–Mira weon, si esto no lo vay a hacer bien, mejor no lo hagai ni hoy, ni nunca. Acá
uno se arriesga y caga, cachai, se arriesga y capuf, no hay segunda oportunidad.
–Y acuérdate– agregaba Romina apoyando a Tomás – que nosotros no solo estamos
corriendo de los pacos. Si con los pacos no pasa nada, nuestra preocupación es el Jaque.
–Jaque que mierda ni que nada. Yo no soy el que tiene la bolsa que falta.

228
–Mira weon, este es un trabajo en equipo, lo que se gana aquí se comparte. Y si
faltan diez millones mas te vale que los encuentres rápido, y mas rápido que una mano
buscando una pistola.
–Calmado loco, tranquilízate. No te lleves tu papel de Kaiser tan a serio.
–¿Si tú encuentras qué todo esto un circo para que estás aquí? No necesito estorbos
Cuchufla.
–Ya perdón jefecito. Acuérdese que todavía falta la otra camioneta que llegue,
demás que en el medio de la confusión alguien tomó la bolsa.
Tomás sacó una pistola de su bolsillo. Estaba fuera de control. Había matado una
vez, matar denuevo no sería problema. Matar una o mil veces cuenta lo mismo, a todo los
asesinos los meten en el mismo saco.
–Te doy tres segundos maricón. Yo se que estás trabajando para el Jaque.
–Calmado loco, yo no traicioné a nadie.
–Tres…
–En serio Kaiser, si yo no solté la culata. Mi lengua ta guardaita, vo sabes que no
soy espía de nadie.
–Dos…
–No me vay a matar culíao, en serio que no, porque si lo haces te juro que mi
espíritu te va a rondar hasta que estis rezando para que te lleven tu alma.
–PANG.
Si no fuese por Romina, que al percatarse que los segundos no eran en broma, la
cabeza del negro Cuchufla hubiera estado repartida como piezas de ajedrez en el suelo de la
bodega.
Los pantalones blancos del Negro Cuchufla estaban amarillos.
–Te salvaste por poco Cuchufla.– dijo el Kaiser.–Pero a la próxima no te perdono.
No me gusta tu cara weon, se huele de lejos que tienes algo escondido. Metete en la raja la
idea que te voy a estar vigilando.
El Cuchufla no dijo nada. Estaba temblando. La bala apenas pasó sobre su gruesa
melena.
Mientras Cuchufla estaba agachado frente a la mirada odiosa de Tomás Cruz, llegó
la tercera camioneta de la operación. La bolsa no estaba.

229
No importaba tanto, la operación había resultado bien, los millones eran suficientes,
nadie había muerto, gran impacto mediático, nadie preso, y ni la mínima sospecha. Romina
se había encargado de llevarse los videos del banco. Usar máscaras no era de la categoría
del Kaiser. Para eso estaban los delincuentes de otro rango.
Mientras tanto el Kaiser se esmeraba en construir una nueva imagen que pusiera
peso ante el Jaque de Sanhattan, y preparaba nuevos golpes de gran impacto para ganar el
terreno que siempre le debería haber pertenecido.
…………………..
Santo, Santo, Santo es el Señor
Dios del universo y de la tierra.
–Tomás, vamos, pon atención, deja el weveo, aunque sea solo en misa.
Oosana, Oosana, en el cielo.
Santo, Santo, santo es el Señor
–Te dije que la cortaras.
Dios del Universo, y de la Tierra.
–Estoy bromeando no mas, no te pongas tan histérica.
–Es que no te das cuenta que estamos en misa, y que cualquiera puede darse cuenta.
–Romina, pero si acá adentro no hay mas nadie, estamos adentro de la mierda en
donde te confiesas.
– ¿Y si alguien entra?
–¿Quién va entrar, si estamos en misa?
Padre Nuestro, santificado sea tu nombre,
–No sé po Tomás, pero no esta bien. Afuera esta tu familia entera rezando, y tu
weón mira, ya estas sobre mi.
–Eres muy alharaca ah Romina. Si no quieres estar aquí entonces andate…
–Ya oh, si no te piquues tanto tampoco, solo te estoy diciendo que quizás te sea útil
prestar atención a misa por lo menos una vez en la vida.
–No te das cuenta Romina, que no estoy ni ahí.
–Ni ahí conmigo o ni ahí con misa.
–Tu sabes que con los dos.

230
–Puta Tomás, a veces me doy cuenta que te conozco como la tabla del dos. Sigues
dándome nauseas como siempre. Anda a meterte con las pendejas de tu barrio mejor, o
mejor con la Paulita, la misma que te dejó. Porque en serio que ya no tolero tus huevadas.
–No me gustan las pendejas de mi barrio Romina. Y te digo que la cortes con tus
celos. Tú sabes que mi barrio no me gusta. Para que me lo dicis entonces.
Tú que estas en el cielo, santificado sea tu nombre,
–Ya mocoso, cambiando de tema. ¿No te has fijado en tu vieja? Toda contradictoria
la tipa, le encanta venir a misa.
–¿Y desde cuándo hay problema en ser católico?
–Hay contradicciones Tomás, es todo lo que te digo, parece que estás ciego, no te
das cuenta de nada. Vamos deja de mirarme las piernas y mírame a los ojos por lo menos
una vez. Lo que yo te estoy diciendo Tomás es que me he fijado en todos estos encuentros
de iglesia, que tu mamá ama venir a la iglesia.
– ¿Qué estás tratando de decir Romina? ¿Qué mi mamá esta enamorada de Dios?
–No de Dios Tomás.
–Olvídate, mira que el cura acaba de decir que hay que darse el saludo de la paz…la
paz este contigo Rominita.
–Cabro de mierda, sal de aquí, ahora si que se te pasó la mano.
………………………

Tragedia nacional. Nacrea Cruz estaba tarde para el compromiso.


–¿Dónde estabas Nacrea?, Estás diez minutos tarde, el juicio esta por empezar.
–Tú cállate, no te pago para que me cuestiones. Si estamos tarde apurate entonces.
Acuérdate que quiero destrozarlo, humillarlo, quiero que se arrepienta hasta el resto
de su vida por lo que me hizo.
Nacrea y el abogado entraron a la sala del juez. La sala era casi completamente
ocupada por una mesa larga, con ocho asientos en cada lado. En la cabecera se encontraba
un hombre con aspecto de juez. Al lado derecho del juez se encontraba el padre de los hijos
de Nacrea con su abogado. Al otro lado de la mesa, habían seis sillas ocupadas por los
abogados de Nacrea Cruz, las dos que sobraban fueron ocupadas por Nacrea y el abogado
que la esperaba.

231
–Llega tarde señora– dijo el juez con mala cara.
–Señorita, juez, con ese hombre ya no estoy casada.
–Legalmente sí lo está, interrumpía el abogado de su marido.
–Y es precisamente porque estamos aquí. Para que finalmente me pueda divorciar
de ese cretino.– gritaba Nacrea.
–Cálmate– le dijo cautelosamente uno de los abogados de Nacrea a su oído.
Nacrea nunca obedecía ninguna órden.
–Sí, que lo escuchen todos en esta sala. ¡Ese desgraciado que tienen en frente me
engañó, y mas encima tiene la desfachatez de tratar de quitarme la tuición de mis hijos,
demandándome por loca demente que intenta matarlo!
–¡Tranquilícese señora! Esto no es un show de televisión. Ubíquese por favor, acá
nadie va a tolerar sus gritos.
Nacrea entró en sí. Había contratado a los siete mejores abogados del país, pero
supuso que ni el mejor equipo judicial lograría ganar el caso si ella proseguía berreando
como una demente que supuestamente intentaría matar a su marido, precisamente uno de
los mayores argumentos del abogado incompetente de su ex.
–Discúlpeme juez, es que estas situaciones me ponen fuera de control.
–Eso esta más que claro “señorita”. Bueno prosigamos. Aquí, el doctor Rodríguez,
abogado de don José Ignacio Vega, me entrega los términos por los cuales su marido esta
dispuesto a aceptar el divorcio. Abogado Rodríguez, por favor explique los términos que
usted exige.
–Mi cliente exige la mitad del patrimonio, y la tuición completa de sus hijos, ya que
esta mujer es una desquiciada mental que no está mentalmente capacitada para tener bajo su
tutela cinco menores de edad. Aquí tenemos informes clínicos de la Clínica Alemana, sobre
el lamentable estado de Tomás Cruz, que gracias a la tutela deficiente de su madre, se ha
visto involucrado en distintos tipos de dependencia química.
–¡CRETINO! ¿Cómo puedes usar el problema de mi hijo a favor tuyo? Caíste bajo
Juan Ignacio, pero me las va a pagar– gritaba Nacrea levantándose de su asiento.
– ¡Silencio! Cálmese señora.
–Señorita, juez. Ya le dije, señorita.

232
–Bueno, déjeme proseguir por favor– insistía educadamente el juez. –Supongo que
ahora la parte de la…señorita Nacrea Cruz expondrá la posición de Nacrea Cruz sobre el
divorcio.
–Sí señor juez. En nombre del equipo de mi clienta, le pedimos disculpas, nosotros
entendemos que ella esta pasando por momentos difíciles.
–¿Qué estas diciendo desgraciado? No estoy pasando por ningún momento difícil.
–Bueno, como decía, la posición de mi clienta es que no esta dispuesta a dar ningún
porcentaje al Sr. Vega, ya que el 99.9% del holding Cruz esta en nombre de Nacrea Cruz, y
que el 100% de las empresas del holding fueron heredadas por ella desde la muerte de su
padre, y que el señor Vega no tuvo participación alguna en el desarrollo del holding.
Respecto a la acusación de homicidio que se le impone a nuestra clienta, nos parece
efectivamente ridícula, ya que es mera especulación barata, ya que no hay pruebas que
nuestra clienta haya intentado o confabulado con una red criminal para que esta matara al
padre de sus hijos. De eso nadie tiene pruebas y ni evidencias. Respecto al caso de uno de
los hijos del casal que esta involucrado en drogas ilícitas, el joven se encontraba adicto
desde hace dos años, lo que significa que la adicción comenzó antes de la ruptura del casal,
por lo que nuestra clienta no es responsable sobre los desafortunios ocurrido con el joven.
Los tratamientos psiquiátricos recibidos por nuestra clienta no significa que esta esté loca, y
nada nos indica que nuestra clienta no esta preparada para cuidar de sus propios hijos.
–¿Qué tiene a decir usted?– le preguntaba el juez al abogado del ex de Nacrea.
–Que después de treinta años de matrimonio, mi cliente ha sido parte esencial del
exitoso desarrollo financiero del holding Cruz, por lo tanto, aunque no sea dueño de las
acciones, después del divorcio le correspondería una parte de estas. La otra, que mi cliente
debiera debe tener la tuición de sus hijos, ya que diariamente Nacrea Cruz demuestra su
locura, lo que significa dar un mal ejemplo para los menores.
–He escuchado los dos lados– dijo el juez. En mis manos tengo las dos propuestas.
La decisión les será informada en una semana. Pueden retirarse.
–¡Te voy a matar desgraciado!– decía Nacrea a su ex, después de salir del campo de
visión del juez. –Te lo juro por Dios que si me quitas a mis hijos te descuartizo, y te tiro en
un calabozo de ratas mugrientas. Eres una vergüenza Vega. Un cerdo de mierda.

233
La posibilidad de no poder aplastar a la supuesta cucaracha, se convertía en una
verdadera pesadilla en la psiquis de Nacrea Cruz. Estaba segura que el juez había
confabulado con su ex marido un complot mortal en donde este tendría derecho a acercarse
a los mas valioso que tenía; sus hijos. En esa semana, en la cual el juez evaluó la situación
y las propuestas de las dos partes, Nacrea no pudo dormir, el stress fue fatal, y los gritos en
la casa no cesaban, apenas comía, y lo único que hacía era quedarse encerrada en su pieza
oscura mirando al techo intentando que sus ojos se secaran. Del resto del mundo ni señal.
Después de una semana de estar encerrada en su pieza, con los ojos abiertos que después de
todo no se secaban, recibió la llamada de la Rosita. “El juez la espera en una hora…”, dijo
la nana en tono bien despacio. Nacrea despertaba de su estado vegetal, se vestía
rápidamente, y al llegar a la corte se encontró con su team de abogados, era todo un
alboroto, mas vale que ella hubiese logrado su objetivo, y eso los abogados lo sabían, era
perder el pellejo si Nacrea perdía. Y perder para Nacrea significaba cualquier coma que no
fuese finalmente adoptada por el juez de su propuesta. Cualquier centímetro que ganase el
padre de sus hijos sería una verdadera tragedia. Gracias a la dosis de calmantes que uno de
sus abogados le había brindado, Nacrea entró a la sala sin gritar, conteniéndose, y con
lentes oscuros, como si fuese a presenciar un funeral.
–Gusto tenerlos aquí. La justicia ya ha tomado una decisión– sentenciaba fríamente
el juez. –Después de cuidadosamente evaluar las dos partes presentadas, la justicia
concluye que el Sr. Vega no tendrá ninguna participación en las finanzas de la Señorita
Nacrea Cruz, debido a que la creación de las empresas Cruz fue hecha por los padres de
Nacrea Cruz. Respecto a la tuición de los hijos la justicia determina que estos deben
permanecer con la madre, pero considera ilógico la petición hecha por esta de que su padre
no se acerque a ellos en una redondesa de veinticinco kilómetros. La justicia determina que
por la sanidad mental de los hijos del matrimonio disuelto, estos deben permanecer al
menos treinta y seis días bajo la tutela del padre, lo que se acerca al diez por ciento del año.
La justicia también considera ilógica y hasta ridícula la petición de Nacrea Cruz de
encarcelar a sr.Vega por trescientos veinte tres años de cárcel, lo que por parámetros
humanos significan una permanencia en la cárcel de tres vidas y media. La justicia no
reconoce el adulterio como crímen, por lo tanto este no tiene consecuencias legales. Los
términos de este dictamen podrán ser revistos, si alguna de las partes así lo desea, después

234
de ciento veinte semanas, antes de ese lapso de tiempo esta decisión resultará inapelable.
Muchas gracias señores, se pueden retirar. El juicio oral, y sin jurado, se da por concluído.
–Vamos Nacrea, el resultado no fue tan malo. Ya es hora de virar la página, no te quedes
pagada en un matrimonio fracasado. Eso ya esta resuelto. La vida sigue adelante. Déjame
invitarte a una taza de café. – le decía uno de los abogados de Nacrea al verla por primera
vez desde que empezará el juicio, sensible, y débil.
…………………….

–Amigos, me voy. – decía Tomás Cruz, mostrando su debilidad en público por


única vez en su vida.
–¿Te vas?
–Me voy.
–¿Al infinito y mas allá?
–Al infinito y más allá. Para nunca mas volver, me despido de ustedes. Quiero decir
que los quise mucho.
Tomás no conseguía seguir hablando, trataba pero no podía, se dio cuenta que todo
es inútil, hablar no sirve de nada, la pena es mucha.
Ese día se había aparecido de sorpresa por el colegio, al eleventh grade, donde
todos lo querían u odiaban. Todos lo conocían, y la cara de todos reconocía. Quizás era
estupido, no estratégicamente correcto. Pero era lo que tenía que haber hecho. Tomás había
tomado malas decisiones en la vida. La había embarrado. Embarrado con todas sus letras.
Embarrado de verdad. Ahora era hora de pagar las consecuencias. Nacrea Cruz estaba
muerta. La realidad se había elevado del infierno. Todo era distinto. Era hora de tomar
nuevos rumbos. De quemar lo dejado atrás. Quemar las páginas escritas era doloroso,
aunque estas estuviesen hechas a base de sangre, y falta de ortografía, era doloroso borrar el
papel de la vida. El cuaderno en donde todo estaba anotado, en donde tus pasos de niñez
fueron dados. Dios así lo quiso. Deseó quitar, en vez de dar. Era como debiera ser. Tomás
había decidido quemar lo escrito, sin olvidar lo que había anotado. Era hora de seguir
adelante. Seguir adelante como el Kaiser que siempre deseó haber sido. Seguir adelante con
lo que siempre había soñado y ocultado. Tomás pensó que rebeló lo que sabía cuando ya
era muy tarde, debería haber hablado con la verdad desde antes. No se podía volver atrás.

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Ya no se podía despertar llorando entre los brazos de una orgullosa madre. Se había ido. A
pesar de todo era ella, quién como la madre della, mantenía ligado el delgado hilo de la
familia que conectaba todo. Cuando el hilo se rompía, era mejor separarse. Cada uno iría a
su lado. El destino de Tomás estaba decidido. No por una tirana, pero querida, sino por él
mismo. Sus decisiones habían sido tomadas. Ahora era hora de despedirse, de decir hasta
nunca, y de pedirle perdón a Dios. Que Dios me perdone.
………………….
Morir vale la pena. Querer vivir también. Pero antes de querer hacer cualquier
mierda ese hijo de puta me las va pagar. El hijo de puta que me puso hacer esas weas me
las va pagar. Me lo voy a matar. Lo voy a estrangular, lo voy a torturar, y jurará nunca
antes haber nacido, porque los hijos de putas que hacen eso no merecen vivir. Son mierda
pura. La mierda es pa los caballos, la mierda es abono para planta, la mierda no se puede
oler. Pero el hijo de puta me la puso adentro de la nariz. Y el weon que creyó que se iba a
escapar. Un hijo de puta ingenuo que intenta arruinarte, eso es lo que faltaba. Mira
conchudo, entiende que yo descubrí, me lo contaron, que yo entiendo. No sirve de nada
esconderte. Ya estás en la mira. Estás perdido. Llegué con una goma, y cortando tu dedo
voy hacer que borres todas las mierdas que has escrito. Eres una mierda, o quizás yo soy
una mierda que te salió tan bien, tan perfecta, que se te salió fuera de las manos, perdiste el
control. Y ahora la mierda está aquí para ajustar cuentas. Me lo dijo Vera. Si gran hijo de
puta. ¿Tú crees que todas tus creaciones son iguales, no? ¿Tú crees que todos somos
científicos que ven solo lo que queremos? ¿Para qué cresta me mandaste la Kiucs entonces
po? Piensa gil que uno mas uno no es dos. Imbecil. Nos hacis creer las mierdas
existencialista que sacaste de la lengua de tu perro. Yo logré escapar. No se cuantos lo han
hecho. Pero yo lo hice. Y no pienso volver. Pero sabes que conchadetumadre, a diferencia
de los otros yo estoy vivo. ¿Crees que te saliste con la tuya, no? Sí weon, lo que escuchaste,
yo estoy vivo. Más vivo que la carne podrida. Yo puedo hacerte daño. Yo no solo miro, yo
actúo, yo vivo. Si weon, no me preguntes como. Supongo que tú te equivocaste. Supongo
que tú me diste esto. Supongo no se que mierda, pero está oportunidad yo la aprovecho. Te
voy a encontrar cabrón. Te juro que si. Y te voy a obligar a que deshagas toda la mierda
que hiciste. ¿Qué si quiero ser un Dios? No cara de palo, Dios es muy bajo para mi. Porque
me di cuenta que el cielo está bajo tu culo, que calienta tu silla. Pero cagaste. Ya es muy

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tarde. Me las vas a pagar. ¿Qué si me gustó mi existencia de mierda? ¿Qué si no fue
divertido ser Kaiser, y todo lo demás? No po weon, tú las arruinaste al quitarme todo lo que
llegué a querer. Tú fuiste el maricón que me dio a probar de lo mejor para después
quitármelo como un dulce a un niño. Pero ese niño llorón creció y está aquí pa exigir que
esas cosas vuelvan.
–¡Detente! ¡Tomás Cruz, detente!– se oía escuchar una voz sin calor desde las
paredes.
–No soy Tomás Cruz mierda. Tú me diste ese nombre.
–Estás detenido. Lo único que te digo es bienvenido.

……………………

–¿Por qué te fuiste Vera, por qué te fuiste? Yo quería seguir jugando. Quería seguir
siendo niña. Pero te fuiste
…………………
La gente nace y muere. Ese es el destino. Pero yo no acepto el destino. Voy a matar
a ese desgraciado aunque sea la única cosa que haga. Que se me escuche. A ese desgraciado
lo voy a perseguir, le voy a triturar las manos, los dedos, arrancar las uñas, para que nunca,
nunca mas, nunca mas escriba denuevo. Deja tirarme Dios. Déjame ir donde quiero.
Llévame al infierno. Llévame abajo, que esto no lo voy a tolerar. Prefiero ser espectro, que
humillado. Vamos Dios, llevame abajo. ¡Escúchame! No me mires como pavo, este cuento
se acabó. Yo ya descubrí la verdad. Escúchame hijo de puta. Escúchame mierda.
Escúchame anticristo, o como mierda te llames. Yo voy a ir detrás tuyo. No te vas a salir de
esta. Podría haber sido yo, o cualquier persona, pero menos la persona que más quiero en el
mundo. No Nacrea Cruz. No a Nacrea.

………………….

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–Llegaste tarde Paula. Él ya se fue. Se quiso ir. Nadie pudo impedírselo. Pero algo
me dice, algo me dice…
–No digas nada. Los muertos no vuelven. No digas tonteras Pedro. Acéptalo y ya.
La muerte es el fin.
–La muerte no es el fin Paula. Entiende eso. Este puto mundo es solo un universo de
los miles existentes. Tomás fue ajustar cuentas. Pero algo me dice que su trabajo en este
planeta no ha cesado Paula. Tomás se fue amándote. Tomás querrá volver.
–Cállate Pedro. Lo tenemos que aceptar. Tomás se fue.
…………………..

– ¿Esta muerta? ¿Murió? ¿La mataron?


–Sí.
–¿Por qué imbecil?
–No sé Tomás. La mataron. ¿Por qué te ríes? Háblame pendejo. Mírame a los ojos.
¿Por qué te ríes?
–Me río Pedro, me río porque eso me hace feliz. ¿Eres imbecil o que? ¿Qué mierda
te pasa por la cabeza, idiota? La mamá esta muerta. ¿Entiendes? La mamá murió.
–Tomás, ¿hacia dónde vas?
–Ajustar cuentas Pedro. Son cosas que tú no entiendes. Voy ajustar cuentas.
–A la mamá la asesinaron Tomás. Ya encontraron al sujeto. Fue un ajuste de
cuentas. El tipo esta preso, y te aseguro que se va a pudrir en tortura.
–No Pedro. Tú no entiendes.
–Detente Tomás. No te arranques ahora.
–Ajustar cuentas…
Fueron las últimas palabras de Tomás.
……………………

Que Dios me perdone.


NOTA DEL AUTOR: Este es el verdadero final…..la version que han leido es la
penultima, dos dias antes de imprimir el l ibro hice cambios menores, la mayoria son las
paginas que he scaneado aquí.

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