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GUIÓN MISA CRISMAL 2010

AMBIENTACIÓN
GUÍA 1: Hermanos: reunidos en el nombre del Señor nos disponemos a celebrar hoy la M
isa Crismal, fiesta de la unidad diocesana. En ella se consagrará el Santo Crisma,
con el que se unge a los bautizandos y confirmandos, a los obispos y a los pres
bíteros en el día de su ordenación. También se bendecirán los óleos de los catecúmenos y de
s enfermos a través de los cuales se seguirá edificando la unidad y la santidad del
Pueblo de Dios.
Esta Misa presidida por nuestro Padre Obispo, Mario Antonio, es también la fiesta
de la fidelidad en el servicio sacerdotal, ya que en presencia del Pueblo de Dio
s, los presbíteros renuevan su fidelidad al don que han recibido por la imposición d
e las manos en el sacramento del orden, expresión de la comunión entre los presbíteros
y el obispo.
Nos ponemos de pie y comenzamos la celebración cantando las letanías de los santos.

LITURGIA DE LA PALABRA
GUÍA 2: La Palabra de Dios es alimento de unidad. Ella nos interpela en nuestro di
ario caminar y nos enseña a vivir en la presencia del Señor.
Escuchemos con atención.
Después de la proclamación del Evangelio:
Permanecemos de pie para recibir la bendición con el Santo Evangelio.
Homilía

RENOVACIÓN DE LAS PROMESAS SACERDOTALES


GUÍA 1: Permanecemos sentados, los presbíteros se ponen de pie.
Los sacerdotes son hombres que han consagrado su vida a un permanente “estar en pr
esencia del Señor” y, como Jesús, hacerse “servidor de todos”.
En el especial contexto del año sacerdotal, en el cual la Iglesia nos invita a con
templar la belleza de la vocación ministerial, seremos testigos de la renovación de
las promesas sacerdotales realizadas el día de la ordenación.
Los presbíteros expresarán delante del Obispo y del Pueblo de Dios el testimonio exp
lícito de permanecer fieles a Cristo, a la Iglesia y a los hombres en el ministeri
o que se les ha conferido.

Diálogo Obispo con los presbíteros:


El Obispo se dirige a su presbiterio:
Queridos hijos: en este día recordamos a Cristo
en el momento de comunicar su sacerdocio
a los Apóstoles y por ellos a todos nosotros.
¿Quieren renovar ante su Obispo y el santo Pueblo de Dios,
las promesas que un día ustedes mismos formularon?
Presbíteros:
Sí, quiero
Obispo:
Cristo nos llama a permanecer en él
y ser así signos de la fidelidad de Dios para con su pueblo.
¿Están dispuestos a ser ejemplo de fidelidad a las exigencias que brotan de nuestro
ser de consagrados?
Presbíteros:
Estoy dispuesto.
Obispo:
¿Quieren irradiar la paternidad de Dios,
especialmente en el ministerio profético,
iluminando toda situación con la Palabra del Evangelio
tal como la guarda la Iglesia?
Presbíteros:
Quiero.
Obispo:
¿Están dispuestos a celebrar los Misterios
que nos dan nueva vida para que el Espíritu Santo
obre a través de ellos la santificación de los hermanos y
todos podamos glorificar al Padre?
Presbíteros:
Estoy dispuesto.
Obispo:
¿Quieren esforzarse en vivir identificados con Cristo, Buen Pastor,
renunciando a ustedes mismos hasta dar la vida por sus fieles?
Presbíteros:
Quiero.
Obispo:
¿Quieren cumplir fielmente su ministerio al servicio de la unidad,
identificándose plenamente con el corazón de Jesús
y solidarizándose con las necesidades profundas de los hombres?
Presbíteros:
Quiero.
GUÍA 2: El Obispo se dirige ahora a nosotros, pueblo de Dios. Escuchamos lo que n
os dice.
El Obispo se dirige al pueblo:
Me dirijo a ustedes, queridos hijos:
Oren por sus presbíteros que se entregan generosamente al Señor,
para que los dones del Espíritu se derramen abundantemente sobre ellos y, siendo f
ieles, puedan conducir a todos hasta el mismo Cristo
que es la fuente de la salvación.

GUIA 1: A cada invocación respondemos cantando:


Cristo, óyenos. Cristo, escúchanos.
Obispo:
Oren también por mí, para que sea fiel a la misión apostólica,
que sin merecerlo me fue encomendada,
y para que pueda reflejar entre ustedes una imagen más viva
y perfecta de Cristo Sacerdote, Buen Pastor y Servidor de todos.
Pueblo:
Cristo, óyenos. Cristo, escúchanos.
Obispo:
El Señor nos proteja con su amor,
Y nos conduzca a todos, pastores y ovejas, a la Vida Eterna.
Todos:
Amén.
BENDICIÓN Y CONSAGRACIÓN DE LOS ÓLEOS
GUÍA 1: Permanecemos sentados.

PROCESIÓN DE LOS ÓLEOS Y DONES


GUÍA 2: Nuestro obispo, como padre y pastor que vela por el rebaño del Señor, consagra
rá el Santo Crisma y bendecirá los óleos, que son instrumentos de la salvación de Cristo
en los diversos sacramentos: bautismo, confirmación, orden sagrado y unción de los
enfermos.
GUÍA 1: En procesión acercamos al altar los óleos y los dones del pan y el vino, fruto
s de nuestra tierra, nuestros esfuerzos y sacrificios.
GUÍA 2: La liturgia cristiana ha aceptado el uso de la unción que ya se utilizaba en
la Antigua Alianza. Esta unción expresaba la fuerza que Dios comunicaba a las per
sonas que empezaban una misión para su pueblo: los reyes, sacerdotes y profetas; e
llos prefiguraban a Cristo, el auténtico Ungido, cuyo nombre significa "el ungido
del Señor". Él recibe la unción de lo alto, que es el Espíritu de Dios. En Cristo nosotr
os, creyentes recibimos también la unción del Espíritu.
GUÍA 1: En nuestra liturgia son varias las circunstancias en las que con la unción s
e quiere expresar la gracia de la salvación:
Con el óleo de los catecúmenos se hace la primera unción del bautismo, unción prebautism
al, por medio de la cual los bautizados se vigorizan, reciben la fuerza divina d
el Espíritu Santo, para que puedan luchar contra el pecado y su instigador.
Con el óleo de los enfermos serán ungidos nuestros hermanos enfermos, experimentando
el encuentro con Cristo médico y pastor que remedia nuestras dolencias.
GUÍA 2: También se presentan los signos sencillos de pan y vino. «Las primeras comunid
ades vieron en el pan un símbolo de la unidad de la Iglesia. El vino nos habla de
amistad y comunión, porque crea un ambiente de solidaridad y comunicación».
En el altar serán transformados por el poder del Espíritu en Cristo nuestro alimento
.
GUÍA 1: La Misa Crismal es el signo perfecto, la mejor descripción de la unidad ecle
sial en torno al obispo y el origen pascual de los sacramentos, “es el Señor Resucit
ado quien nos quiere comunicar su vida nueva por la mediación de los sacramentos.
Este es el sentido profundo del contexto en el cual se celebra esta misa”. Por eso
con verdadera fe nos ponemos de pie para participar de la bendición de los óleos y
de la consagración del Santo Crisma.
GUÍA 2: Ahora el Obispo bendecirá el óleo de los enfermos.

Dios y Padre de todo consuelo,


que, por medio de tu Hijo,
quisiste remediar los males
de quienes estaban enfermos,
escucha con bondad
la oración que brota de la fe;
Envía desde el cielo
tu Espíritu Santo Paráclito
sobre este aceite.
Tú que has hecho que él
fuera producido por los vegetales
para que restaurara los cuerpos,
enriquece con tu bendición + este óleo,
para que cuantos sean ungidos con él
sientan en su cuerpo y en su alma
tu divina protección,
y así se vean liberados de la aflicción
y de todas las enfermedades y sufrimientos.
Señor, que este aceite
sea santificado en beneficio nuestro
por medio de tu bendición
en el nombre de tu Hijo Jesucristo.
(Que vive y reina por los siglos de los siglos.
R. Amén)

Después de la oración del obispo.


GUÍA 1: El obispo bendecirá ahora el óleo de los catecúmenos, que será utilizado en el bau
tismo, para que el poder de Cristo Salvador fortalezca a quien reciba este sacra
mento.
Señor, tú eres la fuerza y el refugio de tu pueblo,
y has hecho del aceite un signo de tu poder;
bendice + este aceite
y concede fortaleza a los catecúmenos que serán ungidos con él;
que al recibir la sabiduría y la gracia divina
comprendan plenamente el Evangelio de Jesucristo
y se esfuercen en el cumplimiento de sus deberes cristianos,
de manera que merezcan ser tus hijos adoptivos
y se alegren de haber renacido y vivir en tu Iglesia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Después de la oración del Obispo.
GUÍA 2: Participamos de la consagración del Santo Crisma.
GUÍA 1: El Obispo mezclará el óleo con una esencia perfumada.

El obispo hace una introducción a la oración de consagración del Crisma.


Queridos hermanos:
Pidamos a Dios Padre todopoderoso
que bendiga y santifique este aceite perfumado
para que quienes sean ungidos exteriormente con él,
lo sean también en su interior
y sean dignos de la redención divina.

GUÍA 1: Ahora el obispo soplará sobre el óleo perfumado. Este gesto simboliza la acción
vivificante del Espíritu sobre todo lo creado.
El obispo sopla sobre el Crisma.
I
Señor Dios,
autor de todo crecimiento y de todo progreso espiritual;
recibe con bondad este homenaje
que, gozosamente, por mi voz, te tributa la Iglesia.
Al crear la tierra
estableciste que produjera árboles frutales
e hiciste nacer entre ellos el olivo
que nos brinda su generoso aceite
con el que hemos preparado este santo crisma.
Ya en tiempos antiguos, David, previendo con espíritu profético
los sacramentos que tu amor instituiría en favor de los hombres,
nos invitaba a ungir nuestros rostros con óleo
en señal de alegría.
También, cuando en los días del diluvio
las aguas purificaron el pecado de la tierra,
una paloma, signo de la gracia futura,
anunció con un ramo de olivo
la restauración de la paz entre los hombres.
Y en los últimos tiempos,
el símbolo de la unción alcanzó su plenitud:
después que el agua bautismal lava los pecados,
el óleo santo consagra nuestros cuerpos
y da paz y alegría a nuestros rostros.
Además, Señor, tú ordenaste a Moisés, tu servidor,
que después de purificar con agua a su hermano Aarón,
lo consagrase sacerdote con la unción de este aceite.
Pero su mayor grandeza fue alcanzada
cuando tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo,
después de ser bautizado por Juan en el Jordán,
recibió el Espíritu Santo en forma de paloma
y se oyó tu voz declarando que él era tu Hijo, el Amado,
en quien tenías puesta tu predilección.
De esa manera corroboraste
lo vaticinado por el profeta David
que ya hablaba de Cristo cuando proclamó
«El Señor, tu Dios, te ha ungido con aceite de alegría
más que todos los hombres».

GUÍA 1: Ahora los sacerdotes extienden su mano derecha hacia el aceite perfumado,
uniéndose a la plegaria de nuestro Padre Obispo.
Por eso, Señor y Padre nuestro,
te rogamos que santifiques este aceite, fruto de tu creación,
y que, con la cooperación de Cristo, tu Hijo,
de cuyo nombre le viene a este óleo el nombre de crisma,
le infundas por medio de tu + bendición
la fuerza del Espíritu Santo
con la que ungiste a los sacerdotes,
a los reyes, a los profetas y a los mártires.
Que este crisma sea un signo de salvación y de vida
para todos aquellos que serán espiritualmente renovados
en las aguas del bautismo.
Que al ungirlos con la santidad
y al desaparecer la impureza con que nacieron,
se conviertan en templos de tu divina presencia
y te agraden con la fragancia de sus vidas inocentes.
Que de acuerdo con el orden sacramental que tú estableciste
sean revestidos de un don incorruptible
al infundirles la dignidad real, sacerdotal y profética.
Que este aceite sea crisma de salvación
para cuantos han de renacer
por medio del agua y del Espíritu Santo,
haciéndolos partícipes de la Vida eterna
y herederos de la gloria celestial.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

GUÍA 2: ¡Entonemos un canto de acción de gracias!


Canto de acción de gracias.
GUÍA 1: Podemos tomar asiento.

LITURGIA EUCARÍSTICA
Preparación del Altar
GUÍA 2: El obispo presentara a Dios nuestro Padre los dones del pan y el vino, fru
tos de nuestro esfuerzo y sacrificio. Cantamos...

COMUNIÓN
GUÍA 1: Cristo Eucaristía nos invita a vivir en su presencia. Vayamos a Él, que se hac
e alimento de Vida y nos hace pan para los hombres. Nos acercamos a comulgar can
tando…

RECEPCIÓN DE LOS ÓLEOS


GUÍA 2: Ahora los sacerdotes de nuestra diócesis y los representantes de las diferen
tes comunidades se acercarán a recibir de manos de nuestro Padre Obispo, los Santo
s Óleos, que se utilizarán en la administración de los sacramentos. Podemos tomar asie
nto.
Al finalizar la entrega de los óleos: Nos despedimos cantando.