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Románico en Castilla y León

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Iglesia de San Vicente (Ávila).


El arte románico en Castilla y León no difiere en lo esencial del arte románico del
resto de la península, pero sí tiene algunas características propias.1 Las primeras
manifestaciones se dieron en objetos de orfebrería, de marfil y de metal con la
introducción de temas y técnicas nuevas. Un buen ejemplo es la arqueta de San Juan
Bautista (o arca de los Marfiles de la iglesia de San Isidoro de León. Los primeros
artistas románicos fueron extranjeros, solicitados por los reyes; pronto se
afincaron en tierras castellanas y leonesas y crearon escuela donde los artesanos
locales aprendieron y empezaron a elaborar obras en el nuevo estilo. La
arquitectura entró bastante más tarde que en las tierras catalanas y aragonesas, y
esto sucedió cuando la dinastía de Sancho el Mayor se implantó en estas tierras
sucediéndole su hijo Fernando. Las primeras construcciones siguieron teniendo un
recuerdo tradicional hispánico. En la segunda mitad del siglo XI y ya en pleno
reinado de Fernando I que aunó el reino de León con el recientemente creado reino
de Castilla es cuando verdaderamente comenzaron las construcciones románicas en
Castilla y León, bajo el impulso de la monarquía y muy especialmente de las reinas
e infantas. Desde ese momento hasta bien entrado el siglo XIII se hará patente la
producción románica.

Índice
1 Contexto histórico en los reinos de León y Castilla
2 Arquitectura y escultura religiosas
2.1 Primer Románico
2.2 Románico pleno
2.3 Tardorrománico
3 Promotores y mecenas
4 Maestros constructores, escultores y pintores
5 Materiales y acabado del edificio
6 La iglesia, elementos y dependencias
7 El claustro reglar y sus dependencias
8 Escultura e imaginería
8.1 Imaginería
8.2 Escultura mobiliar
8.3 Los altares
8.4 Pilas de bautismo
8.5 Enterramientos y sarcófagos
9 Pintura
9.1 Pintura mural
9.2 Pintura sobre tabla
10 Artes suntuarias
10.1 Eboraria
10.1.1 Taller de marfiles de León
10.2 Orfebrería
10.3 Esmaltes
10.4 Rejería
11 Arquitectura civil y militar
11.1 Murallas
11.2 Castillos y recintos amurallados
11.3 Puentes
11.4 Palacios y casas
12 Simbología en el románico de Castilla y León
12.1 La altura
12.2 La planta y el número 4
12.3 La luz
12.4 Bestiario
13 Notas
14 Referencias
15 Bibliografía consultada
16 Enlaces externos
Contexto histórico en los reinos de León y Castilla
Fernando, el segundo hijo de Sancho el Mayor de Navarra, al casarse con Sancha,
hija del rey leonés Alfonso V, ocupó el trono de León a la muerte de este desde el
año 1037 al 1065. Fue a partir de este momento histórico cuando empezaron las
construcciones románicas en León y en Castilla, bajo la influencia de los monjes de
Cluny con quienes el rey Fernando mantuvo una estrecha amistad y a los que conoció
tal vez a través de la presencia de monjes benedictinos catalanes que ostentaban
cargos de responsabilidad en la iglesia secular. El rey Fernando favoreció con sus
mandas al monasterio de Cluny al que concedió en principio la cantidad de 1000
piezas de oro, pidiendo que se dijesen misas y oraciones por la salvación de su
alma.

Su hijo Alfonso VI heredó de su padre la admiración por Cluny (a cuyo monasterio


regaló en 1077 dos mil dinares de oro para financiar las obras del Cluny III) y fue
el más grande propagador de la arquitectura románica y el introductor “oficial” de
la liturgia romana en todos los monasterios e iglesias de su reino, comenzando por
el monasterio de Sahagún que fue el pionero y el más famoso de su época. Con
Alfonso VII se desarrolló la arquitectura cisterciense. Este rey protegió e hizo
numerosas donaciones a los grandes monasterios situados en su reino.

Con la nueva dinastía Borgoña, Alfonso VII (hijo de Raimundo de Borgoña y de la


reina Urraca, hija de Alfonso VI), y especialmente su hermana la infanta Sancha
Raimúndez, continuaron la tradición familiar de donaciones y protección a los
monasterios benedictinos, que en su época (mediados del siglo XII) estaban
implantando la reforma cisterciense. En su aspecto artístico, se desarrolló la
arquitectura cisterciense, que introdujo formas de transición al Gótico.

En el reino de León fueron siempre las reinas o las infantas quienes impulsaron la
arquitectura románica y las artes menores, siempre con el permiso y la aprobación
del soberano.2 Así nació por empeño de doña Sancha (esposa de Fernando I) la
construcción románica de San Juan Bautista en León, que más tarde se llamaría San
Isidoro. Esta construcción será agrandada después por voluntad de otra mujer,
Urraca, hija de Fernando y Sancha. Finalmente la iglesia será terminada, y
consagrada de nuevo en 1149 a instancias de la infanta Sancha, hermana del rey
Alfonso VII. Por todo el reino de León todas estas damas poblaron las tierras de
monasterios románicos, siendo la infanta Sancha la verdadera introductora de la
orden del Císter en León y en Castilla.

Arquitectura y escultura religiosas


Arquitectura y escultura formaron a la par un programa iconográfico dedicado a la
doctrina cristiana. Al principio, en las primeras construcciones apenas había
escultura y mucho menos escultura monumental, pero poco a poco se fueron creando
las puertas de las iglesias con sus arquivoltas bien decoradas, incluso con
decoración historiada, lo mismo que los capiteles, los tímpanos y los frisos.

En la arquitectura románica de Castilla y León se distinguen también las tres


etapas del románico general, primer románico, románico pleno y tardorrománico,
aunque la primera apenas tuvo lugar y solo se conocen dos ejemplares, edificados
además fuera de su tiempo, cuando ya se había introducido el románico pleno.

Primer Románico

Nuestra Señora de la Anunciada (Urueña, Valladolid). Arquitectura lombarda. Es el


único ejemplar en estilo románico catalán en Castilla y León.
Este periodo del románico se desarrolló entre la segunda mitad del siglo X y la
segunda mitad del siglo XI. No llegó a realizarse en Castilla y León que solo
cuenta con dos edificios del primer románico, que se consideran algo insólito en
estas tierras y que pertenecen a un periodo tardío coincidente con el desarrollo
del románico pleno en el resto de las tierras castellanas y leonesas. Estos dos
edificios son: Nuestra Señora de la Anunciada en Urueña y San Pelayo de Perazancas
en Palencia. Sobre las circunstancias de su construcción se tiene muy poca noticia,
pero estos dos templos demuestran que son obra de un buen taller y buenos maestros
constructores que conocían bien los elementos del primer románico y que
probablemente eran profesionales forasteros, seguramente llegados desde tierras
catalanas (concretamente el Condado de Urgel) donde este primer románico había
entrado años atrás con mucha fuerza. Sobre el por qué y quién hizo llegar hasta
aquí a estos artistas se han barajado varias hipótesis entre las que parece la más
acertada el hecho de que estén relacionadas familias castellanas con familias
catalanas. En el caso de la iglesia de la Anunciada de Urueña, se cree que el aire
lombardo que tiene se deba a la influencia de los descendientes del conde Ansúrez
(la familia de los Armengol de Urgel) que tuvieron buenas relaciones con los condes
de Barcelona y que posiblemente conocían a las cuadrillas de maestros lombardos a
quienes hicieron venir para llevar a cabo esta construcción. 3

La ermita de San Pelayo de Perazancas en Palencia fue consagrada en 1075. El ábside


presenta las formas típicas del lombardo pero añade detalles que demuestran una
época más avanzada como es la sustitución de las características lesenas lombardas
por columnillas no monolíticas y el empleo del ajedrezado jaqués. 4

Primera construcción románica. San Isidoro de León


Artículo principal: San Isidoro de León

Fachada sur de San Isidoro. Pueden verse las dos puertas románicas con sus tímpanos
historiados.
La primera construcción románica en Castilla y León fue en tiempos de Fernando I y
su esposa Sancha. Existía en León la antigua iglesia (perteneciente a un primitivo
monasterio) edificada en ladrillo y adobe bajo la advocación de San Juan Bautista y
San Pelayo, mandada construir por el rey leonés Alfonso V, para posible
enterramiento de algunos reyes asturiano-leoneses. Debía estar muy deteriorada y la
reina Sancha quiso que se ampliase y reconstruyese en piedra bajo la advocación de
San Juan Bautista; así surgió el nuevo templo románico que fue el elegido por el
rey Fernando como panteón real para guardar, en un principio, los restos de su
padre Sancho III el Mayor.5 Para enriquecer la iglesia y darle una importancia
religiosa aun mayor, los reyes mandaron traer desde Sevilla las reliquias de San
Isidoro. El templo fue consagrado el 21 de diciembre de 1063, dando así la primera
fecha en lo que a iglesias románicas en Castilla y León concierne. En este momento
tomó la advocación de San Juan Bautista y San Isidoro.

Tras esta primera reedificación, Urraca, hija de Fernando I, se encargó de seguir


las obras; la iglesia fue ampliada por la parte del este y del sur y se añadió el
crucero. A esta época pertenecen las dos portadas, portada del Perdón y portada del
Cordero (la más antigua) que constituyen un exponente del románico leonés y de los
primeros tiempos del románico en Castilla y León. Los capiteles historiados del
Panteón de Reyes de San Isidoro presentan por primera vez en la historia del
románico de Castilla y León temas bíblicos.

Con Alfonso VII y a instancias de su hermana Sancha se terminaron las partes altas
de los muros que estaban sin concluir y se remataron las bóvedas. La nueva
consagración tuvo lugar en 1149.

Románico pleno

Ábsides de San Martín de Frómista.


Desde los últimos años del siglo XI hasta la primera mitad del siglo XII fueron
apareciendo los edificios con las características del románico pleno en iglesias y
monasterios mandados construir como se ha dicho más arriba por los reyes e infantas
de Castilla y León. Hay además un movimiento de propagación directa por la vía del
Camino de Santiago por donde llegaron las nuevas tendencias consistentes, sobre
todo, en la complicación de la ornamentación de puertas y la gran importancia de la
pintura. Aparecieron los primeros frisos y las figuras radiales en las arquivoltas
cuya culminación será a partir de 1150 y se manifestó la escultura monumental. Los
edificios se construyeron abovedados.

Alcanzó en este periodo gran importancia el arte de la eboraria cuya técnica es de


carácter personal y claramente hispánico. Las mejores piezas salieron de un taller
localizado en la ciudad de León muy cercano a la colegiata de San Isidoro, ligado a
la realeza, que tuvo gran demanda y fama sobre todo durante el siglo XI. La pieza
más antigua documentada es el Arca de los Marfiles (1059), que se concibió como
relicario para los restos de San Juan Bautista y San Pelayo. Otra pieza de gran
valor es el Crucifijo de don Fernando y doña Sancha donado en 1063, obra maestra
reconocida en Europa como la más importante de este periodo. Se conserva en el
Museo Arqueológico Nacional. Otra pieza a tener en cuenta es el Arca de las
Bienaventuranzas (también depositada en el mismo museo), una de las 6 arquetas
donadas por el rey Fernando I. Como característica general del taller de eboraria
de León (escuela leonesa) hay que citar los ojos de azabache que llevan siempre los
cristos y otras imágenes.

Las construcciones del último tercio del siglo XI que han llegado hasta el siglo
XXI son:

San Isidoro de León (1063) con la novedad de utilizar capiteles labrados e


historiados, abriendo una nueva estética en el románico.
San Martín de Frómista (1066) con la novedad de incluir escultura en portadas y
capiteles, más las impostas ajedrezadas.6
Monasterio de San Salvador de Nogal de las Huertas (Palencia), fundado en el año
1063 por la condesa Elvira Sánchez.
San Isidoro de Dueñas en Palencia, monasterio anexionado a Cluny por Alfonso VI.
San Zoilo de Carrión de los Condes, que estuvo protegido por los Banu Gómez que lo
convirtieron en panteón de la familia cuyo primogénito Fernando (hijo del conde
Gómez Díaz y de Teresa) trajo desde Córdoba las reliquias del santo titular. Cuando
su madre Teresa quedó viuda ofreció la iglesia a Cluny. Las investigaciones
arqueológicas sacaron a la luz una galilea al oeste de la iglesia que no era sino
un pórtico que servía de enterramiento para reyes y nobles.
San Benito de Sahagún.
San Pedro de Arlanza.
Tardorrománico

Puerta cisterciense del románico tardío, arcos apuntados. Colegiata antigua de


Valladolid.
Es el último periodo del románico que terminará en algunos lugares en el primer
cuarto del siglo XIII o se alargará hasta mediados de este siglo. La arquitectura y
las técnicas de construcción se irán mezclando con el gótico hasta el triunfo de
este nuevo arte cuya ornamentación será totalmente distinta del románico. Durante
algún tiempo irán mezcladas técnicas románicas (contrafuertes, arcos de medio
punto, etc.) con aportaciones netamente góticas.

Es el momento de las grandes edificaciones de templos, además de ser la época más


activa en lo que se refiere a la construcción de monasterios cistercienses donde
empiezan a aparecer los arcos apuntados, al principio como simple recurso
constructivo y más tarde como arte ornamental. Se multiplican las arquivoltas en
las portadas. Casi todas las iglesias de los monasterios del Císter se construyeron
con estos arcos al mismo tiempo que se seguían usando los pesados contrafuertes y
las arquerías de medio punto propias del pleno románico. La arquitectura busca el
efecto de luces y sombras con la ayuda de la ampliación del número de columnas y de
codillos en los pilares.

Se manifiesta una inspiración directa en las obras de la Antigüedad así como


influencias estéticas bizantinas junto con un naturalismo idealizado. Ejemplos
interesantes: la fachada occidental de la Iglesia de Santiago el Mayor en Carrión
de los Condes,nota 1 el tema de la Anunciación en un capitel del claustro de Silos,
la portada de San Vicente de Ávila.

Promotores y mecenas
Para llevar a cabo la obra de arte, ya fuera un edificio, escultura, pintura o
cualquiera de artes menores, se requería en principio un promotor, alguien a quien
se le ocurriera que tal obra era necesaria o conveniente, o simplemente deseable. A
veces ese promotor era el mismo que financiaba tal obra y otras veces era una
persona distinta: el promotor elegía la obra, llamaba al artista y el mecenas
financiaba, o bien, el promotor llamaba al artista y además pagaba.

En los reinos de León y de Castilla los principales promotores fueron los reyes y
los miembros de su familia y también aquellos clérigos que estuvieron de acuerdo
con la reforma eclesiástica iniciada en Cluny, la reforma de la liturgia romana, y
en menor medida (y sobre todo al principio), la nobleza.

Recreación de la abadía de Cluny.


La política de acercamiento a Europa iniciada por Sancho el Mayor fue seguida por
su hijo Fernando I que se erigió en verdadero impulsor de la obra románica. Fue el
gran promotor junto con su esposa Sancha, encargando en primer lugar obras muebles
y reclamando para su corte artistas extranjeros que introducirían el gusto por el
nuevo arte y que además adaptarían su obra a la tradición hispana. Al mismo tiempo,
estos artistas crearon escuela y los maestros hispanos fueron aprendiendo técnicas
y valores que muy pronto se convertirían en verdaderas obras de arte románicas.

Su hijo Alfonso VI heredó de su padre la admiración por Cluny (a cuyo monasterio


regaló en 1077, dos mil dinares de oro para financiar las obras del Cluny III) y
fue el más grande propagador de la arquitectura románica y el introductor "oficial"
de la liturgia romana en todos los monasterios e iglesias de su reino, comenzando
por el monasterio de Sahagún que fue el pionero y el más famoso de su época.
Alfonso VII fue otro gran promotor-mecenas del románico de su tiempo que coincidió
con la arquitectura cisterciense. Protegió e hizo numerosas donaciones a los
grandes monasterios situados en su reino.

Poco a poco, en el periodo del románico pleno, fueron apareciendo como promotores
los monjes reformistas y los canónigos regulares de San Agustín y como mecenas, los
nobles que querían seguir el ejemplo de los reyes y no ser menos, sufragando para
Cluny y para los benedictinos obras importantes. Más tarde, en el tardorrománico,
los promotores fueron sobre todo los monjes cistercienses y los premostratenses no
faltando nunca los mecenas-financieros que ofrecían su inversión confiados en que
su pietas fuera reconocida a perpetuidad. La mayoría de las veces los mecenas
intervenían de manera directa en la obra, encargándose hasta de los mínimos
detalles. A veces el sufragio se buscaba entre el pueblo, ofreciendo como
recompensa unas indulgencias extraordinarias muy apreciadas.

Maestros constructores, escultores y pintores


Toda obra arquitectónica románica se componía de su director que seguía la obra de
principio a fin,nota 2y que estaba al frente de un grupo numeroso formando
cuadrillas de picapedreros, canteros, escultores, vidrieros, carpinteros, pintores
y otros muchos oficios o especialidades, que se trasladaban de un lugar a otro.
Estas cuadrillas formaban talleres de los que a veces salían maestros locales que
eran capaces de levantar iglesias rurales.
Estos maestros quedaron por lo general en el anonimato, aunque se han podido
recoger muchos nombres de escultores que trabajaron en los territorios de Castilla
y León, escultores que sí firmaron sus obras pero cuya vida y otros trabajos se
desconocen.

Materiales y acabado del edificio


La arquitectura románica, a partir del románico pleno, se hermana con la escultura
y con la pintura. El material empleado en las construcciones dependerá en gran
medida del dinero que se tenga para la obra y en otros casos de la proximidad o
lejanía de las canteras de piedra, material éste por excelencia y el preferido en
todas las épocas. Si se contaba con grandes recursos económicos, todo el edificio
podía estar construido en piedra o al menos en sillarejo o mampostería forrado de
sillares en las partes más nobles.

Toro (Zamora), iglesia de San Salvador. El zócalo es de piedra y el muro de


ladrillo.
Pero en muchos casos se recurría al ladrillo, fácil de obtener, más barato, y fácil
de colocar. A veces el edificio hecho de ladrillo contaba con una escultura pétrea
en capiteles y relieves; incluso podía tener grandes zócalos de piedra de donde
arrancaban los muros.

La pintura ayudaba al acabado del edificio románico, preservándolo además de los


grandes agentes externos que pudieran erosionar. La historiografía de los tiempos
presentes insiste mucho en esto, haciendo hincapié en el hecho de que los muros
internos e incluso externos estuvieran revocados con capas de pintura, que al haber
sido eliminada pudo ser la causa de erosión y ruina de muchos edificios.7 Tras la
pintura quedaban resaltadas las impostas, los canecillos, las roscas de los vanos,
los capiteles, etc., hechos en piedra, aunque a veces estos elementos escultóricos
se policromaban también, por el gusto del colorido.

Algunas de estas pinturas han quedado en ciertos edificios, como testimonio del
pasado, tanto en paredes como en esculturas o capiteles. En la fachada de San
Martín de Segovia todavía en el siglo XX podían verse restos de pintura,
testimoniada y descrita por el historiador español Marqués de Lozoya. Entre las
ruinas del monasterio de San Pedro de Arlanza se han encontrado fragmentos de
capiteles con su pintura original que pueden dar una idea de cómo estaba decorado
el resto. La iglesia palentina de Valdeolmillos conserva dos capiteles del arco
triunfal totalmente pintados.8

Los monjes cistercienses y los premostratenses también pintaban las paredes de sus
iglesias, de blanco o de un color terroso claro y a veces perfilaban las juntas de
los sillares en un tono gris.

La iglesia, elementos y dependencias

Planta de San Martín de Frómista, basilical.


Al coincidir la difusión del románico con el cambio de liturgia, la construcción de
las iglesias cambió también su planteamiento. El espacio eclesial necesitó de zonas
diáfanas, de naves abiertas desde las cuales los creyentes pudieran seguir y ver al
sacerdote que en la cabecera del ábside desarrollaba el rito de la misa o de otros
oficios y rezos cristianos.

La planta

Planta de la iglesia de la Vera Cruz (Segovia), centralizada.


Se adoptó al principio como generalidad para los monasterios, catedrales y
colegiatas la planta basilical consistente en tres naves y tres ábsides
semicirculares. Delante del presbiterio y cortando las naves, se diseñó el crucero.
Éste fue el proyecto seguido por los primeros templos del románico pleno: San
Martín de Frómista y San Isidro de Dueñas en Palencia, San Pedro de Arlanza en
Burgos y San Benito en Sahagún. Más frecuente para la mayoría de las iglesias fue
la planta de una sola nave con cabecera.

Después, en el periodo del tardorrománico el esquema se complicó,nota 3


construyendo en los brazos del crucero varios ábsides en batería, incluso girolas a
donde se asomaban una serie de absidiolos-capilla.

Las plantas cruciformes fueron más raras, aunque se pueden citar los ejemplos de
Santa Marta de Tera (provincia de Zamora) y San Lorenzo de Zorita del Páramo
(provincia de Palencia). Como ejemplo de planta central (utilizada sobre todo por
los caballeros templarios), están las iglesias de la Vera Cruz de Segovia y San
Marcos de Salamanca.

Ábsides

Ábsides de Santa María de Azogue en Benavente (Zamora)


En las iglesias, la cabecera, siempre la primera parte en edificarse, se solía
rematar en un ábside semicircular, habitualmente cubierto con una exedra, que acoge
en el interior el altar mayor (aunque son los menos, hay también casos de ábsides
poligonales y rectangulares, como el de Santa Marta de Tera).

Hacia el exterior el ábside queda con la forma de un cubo de muralla (de hecho
tiene función defensiva en algunos casos), dominando el muro de sillería sobre los
escasos vanos (saeteras, pequeños arcos, óculos) y algunos espacios más
profusamente decorados (modillones o canecillos en la cornisa). En las zonas de
románico mudéjar eran unas zonas especialmente utilizadas para diseñar armónicas
trazas de pilares y arcos de ladrillo.

Bóvedas

Arcos fajones y bóveda de cañón en la nave central de San Isidoro de León.

Bóvedas de arista en la nave lateral de la Basílica de San Vicente (Ávila)


A lo largo de los siglos XI y XII se fueron cubriendo las naves con la bóveda de
cañón, de medio cañón o de cuarto de cañón, recurso empleado en el románico de toda
Europa; más tarde se empleó la bóveda de arista. En Castilla y León se utilizaron
los arcos fajones como recurso de contrarresto. El empleo de la bóveda de arista
(originada por el corte perpendicular de dos bóvedas de cañón) había sido olvidado
y fue retomado por los grandes maestros constructores. La bóveda de arista a su vez
dio paso a la bóveda de crucería, procedimiento muy frecuente en la arquitectura
gótica. Se dio también el tipo de bóveda llamado helicoidal usado exclusivamente en
las escaleras de las torres (San Martín de Frómista). En los claustros de los
monasterios y en los de las catedrales se edificaron las bóvedas en rincón, que son
aquellas que resultaban del encuentro de dos pandas de un claustro.

Cimborrios

Cimborrio de San Martín de Frómista (provincia de Palencia).


Los grandes edificios se remataban con un gran cimborrio situado delante del
presbiterio, en la confluencia de la nave central y el crucero. La idea era que
estos cimborrios proporcionasen claridad a través de los vanos abiertos en ellos,
pero la mayoría de las veces no llegaron a completarse e incluso muchos se
hundieron arrastrando el resto del edificio. De esos grandes cimborrios han llegado
al presente el de Frómista (reconstruido), que es muy esbelto. Otros más chaparros
y apoyados sobre trompas pueden verse en el románico rural de Palencia y de
Segovia.
Cúpula románica de la catedral de Zamora en que se aprecian los gallones y las
ventanas.
La solución más espectacular fue la que se dio en las cúpulas llamadas del Duero en
las Catedrales de Salamanca, Zamora y colegiata de Toro (Zamora). Son cúpulas
gallonadas, con un tambor cilíndrico con ventanales sobre pechinas (sustituyendo a
las tradicionales trompas), del cual arrancan ocho arcos que se cruzan en la clave
con un despiece de 16 cascos llamados gallones. En el exterior están adornadas con
torrecillas, voladizos y arquillos ciegos además de buenos relieves de
ornamentación. Son fórmulas arquitectónicas de influencia bizantina que demuestran
el conocimiento de la escuela de Poitou.

Criptas
Solo se construyeron criptas en esta época como necesidad arquitectónica, cuando el
terreno lo requería, y no como necesidad para la liturgia. En la localidad de
Sepúlveda (Segovia), cuyo terreno es bastante accidentado, casi todas las iglesias
están construidas sobre criptas que soportan el edificio, siendo la más interesante
la de San Justo que está estructurada en tres espacios para la triple cabecera.

Sacristías
Existieron en la época románica en las catedrales y en los grandes monasterios,
ubicadas en un espacio junto a la sala capitular y tenían una puerta de acceso a la
cabecera de la iglesia. En las iglesias menores no existía una zona especial para
sacristía.

Torres

Torre de la iglesia de Santa María La Antigua (Valladolid).


Servían como campanarios pero en muchos de los casos eran verdaderas torres
defensivas, sobre todo en los territorios fronterizos. La situación de estas torres
no tenía un lugar determinado, unas veces se construían a los pies o en el lugar
del cimborrio o a un costado o incluso exentas. Estas torres-fortaleza fueron
perdiendo su aspecto a través de las múltiples restauraciones y cambios pero
todavía se las distingue por tener sus cuerpos bajos muy sólidos y sin vanos. A
veces se encuentran incorporadas al sistema defensivo de la ciudad, a una muralla,
como ocurre con la torre de San Isidoro de León o la de la catedral de Zamora.
Independientemente del destino que pudieran tener las torres de las iglesias, por
lo general se construían procurando la mayor belleza posible. Algunas han llegado a
ser por sí solas lo más atractivo de la iglesia a la que pertenecen, como ocurre
con las torres románicas de las iglesias de Segovia, siendo la de San Esteban la
más famosa. Un caso diferente es el de las torres del románico de ladrillo de la
ciudad de Sahagún (León). Se colocaron sobre el tramo recto del ábside, debido a
que, al estar construidas las iglesias en ladrillo (material menos consistente que
la piedra) fueron buscando el lugar de mayor resistencia que era siempre el
emplazamiento de los ábsides.

Hubo también la llamada torre pórtico, construida a los pies de la iglesia, pero
han sobrevivido pocos ejemplares en mal estado y en su mayoría muy transformadas en
estilo gótico. Subsiste la torre-pórtico románica de la desaparecida Colegiata de
Santa María la Mayor (Valladolid), desmochada pero conservando todavía las impostas
de ajedrezado jaqués; solo puede apreciarse desde la parte trasera pues en 1333 fue
inutilizada al construir delante la capilla funeraria de San Juan y San Blas que
ahora forma parte del museo catedralicio.

Torre defensiva de la catedral de Zamora.


Torre románica de San Esteban de Segovia.

Iglesia de San Lorenzo de Sahagún. La torre se levanta sobre el tramo recto del
ábside.

Torre-pórtico románica de la antigua Colegiata de Valladolid. Se ve la parte


trasera que daba sobre la nave de la iglesia.

Espadañas

Espadaña de la iglesia de San Salvador de Cantamuda (provincia de Palencia).


Las espadañas son elementos constructivos que cumplen más modestamente la función
para cobijo de las campanas.

En el románico fueron muy difundidas, aunque la mayoría de ellas ha resistido mal


el paso del tiempo y muchas de las que se ven fueron totalmente restauradas en
otras épocas. Pueden tener un piso o varios y el número de vanos para las campanas
es indeterminado.

Pórticos y galerías porticadas

Fachada de la iglesia románica de Santo Domingo en Soria. Pueden verse las ménsulas
de piedra (junto a los modillones) que sirvieron en su día para sujetar un pórtico
de madera.
El pórtico es un espacio arquitectónico diseñado en su origen para prevenir de las
inclemencias del tiempo. Se construía tanto en las iglesias rurales como de ciudad,
delante de la puerta principal para protegerla. En la mayoría de los casos fueron
hechos con estructura de madera que no resistió el paso del tiempo, pero en muchas
ocasiones la construcción fue en piedra dando lugar a galerías de gran desarrollo
que en algunos casos fueron verdaderas obras de arte. En la fachada de la iglesia
de Santo Domingo de Soria pueden apreciarse vestigios de lo que debió ser la
construcción de un pórtico de madera. Se observan los modillones de piedra en forma
de ganchos, utilizados para apoyar las rastras del tejaroz.nota 4

Los pórticos fueron un recuerdo del nártex de las basílicas latinas. Formaba un
cuerpo avanzado sobre la parte central de la fachada principal y si esta fachada
tenía torres, entonces ocupaba el espacio comprendido entre ellas. Otras veces
ocupaba todo el largo de la fachada, formando un espacio cubierto al que se llamó
"galilea" cuando estaba dedicado a enterramiento "sin retablo ni altar, ni
apariencia de capilla", especialmente para "próceres o reyes".9 Lo que hoy se
conoce como Panteón de reyes de San Isidoro de León fue inicialmente un clásico
pórtico románico (no estaba cerrado como ahora) abierto y separado por columnas.
Cuando se añadieron los sepulcros de los reyes fue cuando se convirtió en panteón y
se cerró.

Estos pórticos fueron evolucionando en las galerías porticadas típicas del románico
segoviano. Estas galerías sueden confundirse con los pórticos y de hecho así sucede
en la terminología vulgar, pero difieren bastante en cuanto a construcción, destino
y localización geográfica. Se encuentran en una amplia zona de Castilla; no solo en
la provincia de Segovia (las iglesias de San Martín y San Millán en la capital,
iglesia de la Asunción en Duratón) o en zonas limítrofes (Jaramillo de la Fuente en
la Sierra de la Demanda), sino en toda la Extremadura castellana. En la provincia
de Soria se dieron los primeros ejemplares: San Esteban de Gormaz, iglesia San
Pedro Apóstol de Bocigas de Perales,10 San Martín en Aguilera,11 ermita de Santa
María de Tiermes en Montejo de Tiermes,12 etc. Fue tradicional el hecho de
construir siete vanos o arcos dando lugar a una cierta especulación sobre el
sentido simbólico del número siete en las Sagradas Escrituras. Se desconoce el
origen y el uso primitivo que se les pudo dar, pero al ser un lugar cerrado pronto
se usaron como reunión de concejos y de vecinos, costumbre que se implantó a lo
largo de toda la geografía. Están colocadas sobre un pódium bastante alto con
columnas simples o pareadas; tienen un tejaroz que suele estar bastante adornado y
se cubren con madera; recorren una de las fachadas laterales de la iglesia o las
dos, y a veces también la principal.

Galería románica de la iglesia de San Millán en Segovia.

Galería románica de la iglesia de Rebolledo de la Torre (provincia de Burgos).

Galería románica de la iglesia de Caracena (provincia de Soria).

Galería románica de la iglesia de San Miguel de Sotosalbos (provincia de Segovia).

Tribunas
Las tribunas eran unas galerías construidas sobre las naves laterales desde las
cuales las personas importantes podían seguir la liturgia. Son muy escasas porque
apenas se les dio importancia en el románico de España. Se conocen dos ejemplos: la
tribuna de San Vicente de Ávila y la de San Isidoro de León. La historiografía
tradicional ha supuesto que en esta última iglesia se trataba de un espacio
especial para la reina Sancha, esposa de Fernando I, pero estudios más recientes
demuestran que las fechas no concuerdan. Se tiene pocas noticias sobre este añadido
arquitectónico.

Tribunas de San Vicente de Ávila.

Portadas

Puerta del Perdón de San Isidoro de León.


Con el románico pleno se introdujo la gran portada escultórica, rematada por un
tímpano que a veces estaba profusamente esculpido y en otras ocasiones se recurría
a la pintura. (También hubo portadas sin tímpano). Las portadas decoraban por
entero el centro de las fachadas. Al ser los muros de gran grosor, el vano de las
puertas se tenía que abrir en arcos abocinados, formando las arquivoltas que van
tomando un tamaño mayor de dentro a fuera. Cada arquivolta se corresponde con una
columna en cuyo capitel van apoyadas. En todos estos elementos la decoración
iconográfica es abundante y suele formar una unidad historiada con el tímpano. En
algunas portadas existe también un friso ricamente elaborado, así como se labran
muchas veces las enjutas.

El románico de Castilla y León es rico en portadas artísticas, historiadas o con


ornamentación geométrica o vegetal, empezando por las que se consideran como las
más antiguas: Portada del Cordero y portada del Perdón, ambas en la colegiata de
San Isidoro de León.

En la zona soriana las portadas de las iglesias rurales están abiertas en el lado
sur del edificio y son de ornamentación muy sencilla, con arquivoltas aboceladas y
con decoración geométrica (baquetón, bolas, zigzag, flores, dientes de sierra,
bocel o toro, entrelazos, puntas de diamante, etc). Carecen de tímpano. También
existen portadas muy labradas en las grandes iglesias, siendo el mejor ejemplo el
de Santo Domingo en la ciudad de Soria, con unas arquivoltas historiadas de
relieves radiales, siguiendo la escuela de Poitou.

En la zona palentina se difundió por varias corrientes de artistas, durante el


último tercio del siglo XII, un estilo renovador de escultura de gran impacto.
Mientras que durante el románico pleno no se había dado la construcción de
monumentales portadas, fue entonces, en el tardorrománico, cuando pueden
encontrarse. Un buen ejemplo está en la fachada occidental de la iglesia de
Santiago de Carrión de los Condes, que muestra un conjunto escultórico
extraordinario. De los tres arcos, es el central el que está ricamente esculpido
con el tema historiado de los artesanos en plena actividad de su oficio: Un
forjador de espadas, un sastre, un alfarero, un fundidor, un cocinero, un herrero,
un escribano, un monje copista, un arpista, un cerrajero, un zapatero, una
plañidora, un músico, una danzarina contorsionista, un sastre y otros de peor
identificación.13 Todos estos personajes están labrados en forma radial con
respecto al arco. Por encima, otro arco está adornado con motivos geométricos.
Tangente a este último se desarrolla una imposta con el clásico ajedrezado y por
encima el friso que ha dado la fama a esta puerta de la iglesia de Santiago. En el
centro y dentro de una mandorla muy elaborada está el Pantocrátor, bendiciendo con
su mano derecha y sosteniendo el libro de la sabiduría con la izquierda. Es una
escultura realizada en un solo bloque de piedra, digna de un gran maestro y muy
próxima ya al estilo gótico. A sus costados están tallados los símbolos de los
cuatro evangelistas. Se puede considerar casi una réplica la portada de la iglesia
de San Pedro de Moarves, con un friso muy parecido pero salido del taller de
escultores menos expertos.

Las portadas de la zona zamorana presentan arquivoltas muy trabajadas, ricas en


tallas vegetales y geométricas y a menudo polilobuladas: San Claudio de Olivares,
la colegiata de Toro y, en la propia ciudad de Zamora, la Magdalena, San Juan de
Portanova y la catedral.

En Ávila destaca la portada occidental de la iglesia de San Vicente, con cinco


arquivoltas muy elaboradas, parteluz y figuras de los apóstoles en el lugar de las
columnas. De todas las provincias castellano-leonesas, Valladolid es la que cuenta
con menos edificios románicos y no hay ninguna portada que resalte
excepcionalmente.

Portada sur de la iglesia de San Miguel en Caltójar (Soria).

San Claudio de Olivares (Zamora), arquivoltas con decoración variada.

Iglesia de San Juan Bautista de Moarves de Ojeda, provincia de Palencia.

Puerta románica de la iglesia de la Magdalena en Zamora. Decoración vegetal muy


rica. Arcos polilobulados en la arquivolta más pequeña.

El claustro reglar y sus dependencias

Planta de Santo Domingo de Silos (provincia de Burgos).


El claustro es un conjunto arquitectónico construido siempre junto a las iglesias
catedrales y las iglesias monacales, pegado a su lado norte o sur. El claustro por
excelencia es el que difundieron los monjes benedictinos. Las distintas
dependencias del claustro, articuladas en los cuatro lados de un patio
cuadrangular, estaban dedicadas al servicio de la vida de la comunidad.

En el románico de Castilla y León el claustro no presenta ninguna novedad o


diferencia respecto al modelo de Cluny. Las dependencias importantes se fueron
colocando siempre en las mismas zonas: la panda pegada al muro de la iglesia no
tiene ninguna distribución en habitaciones precisamente por encontrarse con dicho
muro. Recibe el nombre de mandatum por celebrarse en ella el ritual del lavatorio
de pies o mandatum todos los sábados y el Jueves Santo. En esta galería estaban
instalados unos bancos donde los monjes o canónigos se sentaban para leer o meditar
en las horas de recreo. La panda opuesta es la que se dedica a refectorio
(comedor), calefactorio (cuando lo hay) y cocina. La panda este se encuentra
ocupada por la estancia más importante en la vida de los monjes, la sala capitular.
Suele ser una pieza bien construida, con bonitas bóvedas y buenas esculturas en los
capiteles de las tres puertas de acceso que suele tener. A su lado y cerca del
cuerpo de la iglesia se solía reservar un hueco llamado armariolum o armarium,
donde se depositaban tanto los libros litúrgicos para los actos religiosos de cada
día como los libros de lectura de los monjes. Cuando los monasterios acumularon una
buena cantidad de libros y legajos, tuvieron necesidad de construir una biblioteca
y entonces el armarium quedó como un hueco obsoleto; en algunas ocasiones se
utilizó para poner un altar de devoción.

En Castilla y León el paso del tiempo ha sido muy duro para la conservación íntegra
de los claustros tanto de catedrales como de monasterios. Los cambios de estilo,
destrucciones y desamortizaciones ocasionaron la desaparición de gran parte de
ellos. Hay que tener en cuenta además que por toda la geografía se levantaron
cientos de cenobios de menor importancia, de segunda, tercera y hasta de cuarta
categoría, cuya arquitectura claustral no era sino un reflejo de la arquitectura
doméstica, con materiales pobres y sin pretensiones monumentales, lo que hace que
fuera casi imposible su conservación.

Claustro del monasterio de Silos.


El mejor ejemplo de claustro que haya llegado íntegro hasta el tiempo presente es
el correspondiente al monasterio de Santo Domingo de Silos, que comenzó a
construirse en románico en los primeros años del siglo XII, continuando la panda de
poniente sobre la mitad del siglo XII. Es además un caso insólito al conservarse
también en románico el segundo piso. El claustro de Silos constituye una joya
románica con las arquerías descansando en dobles columnas cuyos capiteles fueron
ejecutados por maestros y talleres de gran calidad. Las obras de los claustros
cistercienses se alargaron tanto que en la mayoría de ellos se fueron añadiendo
soluciones góticas, aun cuando sus capiteles fueran románicos, como es el caso del
Monasterio de Santa María de Valbuena.

Se conservan algunos espacios claustrales de los considerados como grandes


monasterios románicos siendo en otros casos una ruina total:

Monasterio de Oña (en Burgos), sala capitular y refectorio.


Monasterio de San Pedro de Arlanza, también Burgos, completamente en ruinas.
Monasterio de San Zoilo, algunos capiteles.
Monasterio de San Pedro de Cardeña, algunos capiteles en el llamado claustro de los
Mártires.
Gumiel de Izán, en cuyo museo parroquial se guardan una serie de capiteles
provenientes del desaparecido monasterio cisterciense de San Pedro de Gumiel.
En la colegiata de San Isidoro de León se conserva la panda románica sur, pegada a
la iglesia.
Otro claustro que se mantiene íntegro es el de Santa María la Real de Nieva, pero
el románico de sus capiteles está elaborado en el pleno gótico, siendo un caso
excepcional de románico arcaizante.

Escultura e imaginería

Relieve en un machón del claustro del monasterio de Silos que representa el


Descendimiento.
El monumento románico es un edificio donde se aglutinan y conjugan en perfecta
armonía arquitectónica, escultura y pintura. En general los grandes monumentos
románicos de Castilla y León están profusamente adornados con esculturas en sus
portadas, frisos, arquivoltas, capiteles y canecillos. Cuando la ornamentación es
historiada sigue un programa iconográfico de tipo doctrinal a la vez que embellece
el edificio. Estos programas iconográficos no están repartidos al azar sino que
desempeñan un plan de lectura que en muchos de los casos se complementa con la
pintura. Por eso a veces esa lectura se interrumpe cuando la continuación podría
estar en un tímpano cuya pintura ha desaparecido, o en unas paredes del interior
donde puede haber ocurrido lo mismo. En el románico pleno la escultura se fue
adaptando al marco arquitectónico que le servía de soporte, pero en el
tardorrománico las esculturas se fueron liberando de dicho marco al mismo tiempo
que las figuras fueron adquiriendo más naturalidad.

Los temas historiados no son siempre de carácter religioso; aparecen con frecuencia
escenas costumbristas, oficios, combates, etc., así como representaciones de seres
fabulosos, animales domésticos y animales exóticos que pueden simbolizar virtudes y
vicios. El repertorio es bastante extenso, tanto en canecillos como en capiteles.
Los hombres cultos conocían de sobra las representaciones de estos animales que se
podían ver en los libros decorados de las bibliotecas de los monasterios.

Otros temas frecuentes son los geométricos y los vegetales (que se dan con
abundancia en las iglesias rurales de la provincia de Soria), sobre todo en el
tardorrománico, cuando aparecen las grandes construcciones de los cistercienses que
tienen como norma huir de la representación de escenas que, a su parecer, podrían
distraer a los monjes, en lugar de inspirarles devoción. La decoración escultórica
de los cistercienses en Castilla y León es más arquitectónica que artística.

Capitel de Frómista representando la fábula del cuervo y la zorra.


Existe también un afán moralizador al representar la lujuria, avaricia y casi todos
los pecados. Las figuras están en actitudes procaces que pueden ser interpretadas
en la época actual de manera muy diferente a lo que se quiso señalar en aquellos
años: la intención era demostrar, afeándolo, la existencia del vicio que debía ser
corregido. El mejor ejemplo es el que ofrecen los famosos canecillos de la
colegiata de Cervatos en lo que ahora es Cantabria, limitando con la provincia de
Burgos. Las representaciones de viejas fábulas fueron muy comunes, siendo temas de
tradición oral, conocidos por el pueblo.

Se puede observar una cierta evolución entre la escultura del románico pleno y la
del tardorrománico. Las representaciones de la infancia o pasión de Cristo del
románico pleno son frías y distantes mientras que en el tardorrománico va
apareciendo la expresión de alegría o de dolor propiamente humanos. Este cambio de
expresión se aprecia en gran medida en la figura del Padre Eterno (Maiestas Domini
o Pantocrátor), representado sentado y dentro de una mandorla (figura muy difundida
en Castilla y León tanto en tímpanos como en frisos). En el románico pleno aparece
distante e irreal mientras que en el tardorrománico su expresión se aproxima un
tanto al ser humano.nota 5

Capitel de la Orestiada de San Martín de Frómista, inspirado en el sarcófago


hispanorromano.
La misma diferencia existe con las representaciones de la Virgen; mientras en el
románico pleno es un simple instrumento que sirve para entronizar a Jesús, en el
tardorrománico toma personalidad propia presentándose como la nueva Eva o como la
reina coronada. En casi todas las iglesias románicas de Castilla y León puede verse
en arte popular correspondiente al tardorrománico a la Virgen coronada en la escena
de la Adoración de los Reyes Magos.

En la escultura del románico pleno se observa una gran influencia de la escultura


clásica, sobre todo de los sarcófagos hispanorromanos.14 Este tema fue estudiado en
profundidad por el profesor Bertaux en los capiteles de San Martín de Frómista. Su
teoría se vio corroborada con la investigación del profesor Moralejo Álvarez que
descubrió el modelo exacto en el sarcófago de Santa María de Husillos (Palencia),
guardado en el Museo Arqueológico Nacional (España).1516

La escultura más antigua que se conoce en Castilla y León es la del tímpano de la


Portada del Cordero de la Basílica de San Isidoro de León, datada hacia el año 1100
y seguida por el tímpano de la Portada del Perdón de este mismo edificio.

Ejemplos de riqueza escultórica en iglesias:

Segundo maestro de Silos


Iglesia de San Vicente de Ávila
Apostolado de Carrión de los Condes
Apostolado de Moarves
Apogeo de los grandes monasterios cistercienses (siempre con temas vegetales y
geométricos).
Construcción de las últimas catedrales románicas: Zamora, Salamanca, Ciudad
Rodrigo.
Imaginería

Cristo tardorrománico. Museo de la iglesia del Salvador (Toro).


Los principales temas dentro de la imaginería tallada en madera fueron el Cristo
crucificado y la Virgen como trono, ambas imágenes alejadas de cualquier tipo de
sentimiento humano durante el Románico pleno. En el Tardorrománico empezó una
preocupación naturalista en la anatomía de Cristo.

Las dos imágenes fueron muy difundidas. El Cristo románico tiene unas
peculiaridades propias que lo identifican fácilmente y lo distinguen de otras
épocas. Es una escultura en bulto redondo que se impuso a partir del siglo XI con
la figura sin expresión de dolor. Sus características son:

Cuerpo vertical con los brazos rectos, horizontales y las manos abiertas; piernas y
pies paralelos.
4 clavos
Ojos abiertos
Cabello largo que cae detrás de las orejas y mechones sobre los hombros, bien
distribuidos; barba recortada y bigotes.
Nunca lleva corona de espinas
A veces lleva corona real y ropa talar, o también perizodium (paño hasta las
rodillas anudado en la cintura). Éste es el llamado Cristo Majestad o Majestades.
Sin señales de padecimiento
Hacia el 1200, los brazos no son tan horizontales (Cristo de Yanguas) y el cuerpo
se quiebra levemente
En los crucifijos románicos tardíos aparece con frecuencia la cruz de gajos o de
árbol sin desbastar, que hace alusión al árbol del pecado cuya consecuencia fue la
redención, según dice Ambrosio de Milán:

Por un árbol, Adán nos acarreó la muerte, por un árbol, Cristo nos devuelve la
vida.
Este simbolismo tuvo gran aceptación durante la Edad Media.

El Cristo del convento de Santa Clara (Astudillo), provincia de Palencia


(conservado en The Cloisters, Nueva York), influyó en multitud de obras. Es un
Cristo coronado, vestido con un colobio.

Virgen románica de autor anónimo (sedes sapientiae). Museo catedralicio de


Valladolid.
Muy difundida en el Románico de la zona estuvo la tipología denominada Sedes
sapientiae ("trono de sabiduría"), en la que la Virgen se representa como trono de
Jesús, dispuesto frontalmente en el centro de su regazo y en actitud de bendecir,
entre las piernas de la madre, que no toca al Niño. Muchas de estas imágenes fueron
desechadas de las iglesias por encontrarlas obsoletas, viejas o incluso feas y
fueron sustituidas por otras tallas del nuevo estilo. Pero una imagen no se
destruía nunca, así que lo que se hacía era enterrarlas o emparedarlas en los muros
de las iglesias. Por eso al cabo del tiempo y con ocasión de hacer restauraciones
muchas de ellas han ido apareciendo, dando lugar en muchos casos a la creencia de
haber aparecido milagrosamente.nota 6

Escultura mobiliar
Se dio suma importancia a los altares, como receptores de las reliquias de los
santos a quienes estaban dedicadas las iglesias. Las pilas de bautismo también
fueron elementos muy cuidados. Algunas son verdaderas obras de arte escultóricas.
Los sarcófagos comenzaron siendo bastante simples pero con el tiempo llegaron a ser
igualmente labrados.

Los altares

Altar románico de columnas de San Salvador de Cantamuda.


Los altares románicos fueron desapareciendo con el tiempo a medida que las variadas
reformas litúrgicas iban apareciendo. Se tenía noticia de muchos pero aparentemente
no se conservaba ninguno. En los últimos años del siglo XX y con motivo de las
restauraciones de los retablos aparecieron algunos altares en Castilla y León, unas
veces empotrados en el muro y otras como núcleo de los nuevos altares de épocas
venideras. Esto se debe a que un altar fue considerado desde siempre pieza sagrada
que incluso era guardián de las reliquias de algún santo. Se sabe que durante el
románico existieron dos tipos de altar: el cúbico y el de columnas. El altar cúbico
iba revestido con paneles de orfebrería, o placas de marfil esculpido o pinturas
sobre tabla. La placa delantera se llamaba frontal o antipendio. Algunos de estos
frontales se conservan en los museos. Por lo general se dejaba una inscripción en
el ara horizontal por medio de la cual se daba a conocer el tipo de reliquias que
se guardaban en este espacio.

Los altares con columnas también fueron frecuentes. Un buen ejemplo para hacerse
idea de cómo podían ser es el conservado en San Salvador de Cantamuda, que tiene
siete columnas en su frente.

Pilas de bautismo
El bautismo es un sacramento de la Iglesia católica, que tiene su rito propio, rito
que a través de los tiempos ha ido cambiando de configuración y cambiando también
el aspecto de las pilas de bautismo y el emplazamiento de las mismas.

La anterior liturgia hispana exigía para este sacramento una zona que estuviera
totalmente cerrada. Esta idea se heredó durante la época románica y se mantuvo con
algunas variantes, cerrando el espacio a veces con una cerca movible o bastidor que
se podía poner y quitar. En las iglesias grandes se destinaba alguna habitación
contigua y otras veces, si existían varios ábsides, uno de ellos era empleado para
este rito. También se utilizó en muchos casos la planta baja de las torres.

Las pilas bautismales románicas suelen ser grandes recipientes, redondos, con unas
medidas aproximadas unas con otras: 90 cm de altura por 1 m de diámetro en la boca.
La pila más antigua que se conoce es la de San Isidoro de León. Los temas de
ornamentación son diversos: temas historiados con narraciones alusivas casi siempre
al bautismo, temas vegetales y temas geométricos. Muchas son simples y no presentan
más que unos gallones en su panza. A veces llevan alrededor del círculo una leyenda
en que se advierte el nombre del autor, o bien se adoctrina a los fieles:
[…] El pecado […] ha sido borrado y completamente ahuyentado en esta fuente.nota 7

Iglesia de Santo Tomás en Covarrubias (provincia de Burgos).

Iglesia de Villacastín (provincia de Segovia).

San Juan Bautista de Moarves (provincia de Palencia).

Abadía de Retuerta (provincia de Valladolid).

Enterramientos y sarcófagos

Sepulcro de un hijo de Alfonso VIII en el Monasterio de Santa María la Real de Las


Huelgas (Burgos).
La liturgia hispana prohibía los enterramientos dentro de las iglesias y esta norma
o costumbre se respetó durante todo el siglo XI (incluso con la liturgia romana) y
casi todo el siglo XII. En este siglo empezaron a producirse excepciones y ya
entrado el siglo XIII se convirtió en práctica común.

Lo habitual eran los enterramientos en torno a las iglesias; en los atrios, y junto
a los ábsides cuando se trataba de monasterios. Para los poderosos e influyentes se
adaptó el pórtico que en principio y como su nombre indica era un espacio abierto y
que poco a poco se fue convirtiendo en espacio cerrado dedicado definitivamente a
panteón regio y de nobles.nota 8 El ejemplo más claro es el del panteón de San
Isidoro de León. Fue un pórtico abierto que se cerró; en la época del románico se
levantaron nuevos muros agrandando el espacio, dejando los anteriores muy
rebajados, justo a una altura en que se pudieran utilizar como banco corrido. A
esta zona se entraba desde la iglesia. Con el tiempo los enterramientos no solo
fueron con lápidas en el suelo sino que se llenaron de sarcófagos. Además de esta
galilea-panteón que ha llegado casi intacta, hubo otras famosas en la región,
desaparecidas en la actualidad: la del monasterio de Sahagún, de Oña, de Arlanza y
de San Zoilo de Carrión, esta última bien descrita en los documentos.

Al principio del románico los sarcófagos se construyeron siguiendo la tradición de


tiempos anteriores, es decir, un cuerpo excavado en forma antropomórfica cubierto
por una lápida llamada tampa en cuyo centro y de manera longitudinal se ve labrado
un resalte que divide ambas partes. Por lo general a los dos lados de este resalte
se hizo una inscripción laudatoria, incluso escenas religiosas donde a veces
aparece el propio fallecido. Otras veces la tampa se realizó sin ningún otro tipo
de decoración que no fuera el resalte ya descrito, tal y como se hizo en el primer
sepulcro de Domingo Manso (Santo Domingo de Silos), muerto en 1073.

De unos años más tarde es la tampa conservada del sepulcro de Alfonso, hijo del
conde Ansúrez, esta vez con abundante decoración a uno y otro lado del resalte
longitudinal.nota 9

Cenotafio de los santos Vicente, Sabina y Cristeta en la Basílica de San Vicente


(Ávila).
Otros sarcófagos conservados:

Sarcófago de una hija de Alfonso VIII en las Huelgas Reales de Burgos, de finales
del siglo XII. Desde la época del conde Ansúrez había trascurrido un siglo, dato
que se aprecia por las técnicas artísticas y por los temas de composición.
Sarcófago de un abad en la iglesia de Vivanco en el valle de Mena (Burgos), del año
1188, donde puede verse uno de los temas más recurrentes del románico: los 12
Apóstoles bajo arcadas que acompañan al Pantocrátor labrado en un lateral.
Cenotafio de los santos Vicente, Sabina y Cristeta en el crucero de San Vicente de
Ávila.nota 10 En este caso se trata de todo un monumento funerario con un programa
iconográfico muy importante y con un baldaquino sobre 4 columnas.
Sarcófago de San Juan Ortega en Burgos, en el que de nuevo surge un apostolado bajo
arcadas románicas.
Pintura
Además de la policromía que cubría relieves y esculturas de bulto redondo, los
edificios románicos estuvieron profusamente decorados con pinturas murales de las
que apenas ha llegado a nuestros días una pequeña muestra. Menos ejemplos aún han
llegado de la pintura sobre tabla, de la que se supone hubo una gran riqueza. El
tiempo, las modas, los agentes climáticos y los avatares históricos hicieron
desaparecer la mayor parte del patrimonio artístico. También hay que tener en
cuenta las técnicas empleadas en algunos casos, que no siempre fueron tan buenas
para la conservación de las obras.

Las figuras elegidas en la pintura son humanas, divinas y fruto de la imaginación o


de procedencia de los bestiarios de los manuscritos. La figura divina más
representada es la del Pantocrátor rodeado de una mandorla y de los símbolos de los
Apóstoles (Tetramorfos). En la pintura de Castilla y León son frecuentes los fondos
blancos (San Isidoro de León) o rojizos (San Baudelio de Berlanga), y los fondos
divididos en bandas (Maderuelo y San Pedro de Arlanza). En cuanto a las formas
geométricas, la más utilizada es el círculo, englobando las imágenes del Agnus Dei
y de la mano que bendice, llamada Dextera Domini, así como el círculo indicando
santidad con la figura del nimbo. Los temas representados son bastante variados
sobre todo en San Isidoro de León, y en los demás templos se repiten escenas del
Génesis y de la Biblia en general. Dentro del tema del Génesis es muy frecuente el
Paraíso, lugar idílico representado sobre todo por árboles. El ejemplo más
característico es el que ofrece la ermita de la Vera Cruz de Maderuelo con las
figuras de Adán y Eva y los cuatro árboles cargados de simbolismo.

Pintura mural

Panteón de reyes de San Isidoro de León.


El conocimiento de una técnica para la perfección y perdurabilidad de la pintura
mural solo se dio en la Antigüedad y en el Renacimiento.17 La técnica empleada
durante el románico era poco perdurable aunque muy agradecida para el pintor porque
permitía las rectificaciones, pero en cambio se descascarillaba con facilidad lo
que suponía un continuo mantenimiento. Se fijaba sobre la pared una mano de cal
sobre la que se pintaba una capa de colores disueltos en agua. Sobre esta capa se
trazaba el contorno de las figuras, generalmente en negro u ocre y se hacía el
relleno de los detalles en distintos colores. Este conjunto era rematado con temple
o con otros productos grasos. Los fondos eran planos y monocromos con lo que se
conseguía un resalte mayor de las figuras. La pintura se adaptaba perfectamente a
los elementos arquitectónicos.

El conjunto pictórico mejor conservado es el de las bóvedas del Panteón de reyes de


San Isidoro de León, datado en los primeros años del siglo XII y considerado en la
actualidad como obra maestra e insólita dentro de la pintura mural románica.

San Baudelio de Berlanga, arquitectura pintada.


Otro conjunto destacado son los murales de la ermita de San Baudelio de Berlanga
(provincia de Soria), cuyas paredes, ábsides, bóvedas, nervaduras y columnas
estuvieron totalmente recubiertas. Lo que se puede ver en la actualidad en gran
parte del edificio es un negativo de la pintura, huellas que dejaron al ser
arrancadas para vender al anticuario Leon Levi. Las pinturas han sido estudiadas
muy a fondo, tanto in situ como en los respectivos museos donde se guardan. Se
consideran obra de tres artistas locales distintos: el Maestro de Maderuelo o
Primer Maestro de Casillas (por Casillas de Berlanga, localidad donde se encuentra
la ermita), a quien se atribuyen todos los temas decorativos de arquerías y
bóvedas, las grandes escenas bíblicas y las pinturas del ábside, el Maestro de San
Baudelio o Segundo Maestro de Casillas, que debió pintar las escenas de caza de la
zona baja, que son las pinturas más originales, y un tercer maestro, de menor
importancia, a quien se atribuyen las pinturas del interior del coro.

Se conservan también algunos fragmentos de pintura mural, con toda una narración
del Génesis, en la ermita de San Pelayo de Perazancas;nota 11 y unas narraciones
bíblicas, con un gran Pantocrátor en la San Justo de Segovia, de la segunda mitad
del siglo XII, descubiertas en los años 60 del siglo XX tras una restauración del
templo.

San Pedro de Arlanza.


Del Tardorrománico son las pinturas del monasterio de San Pedro de Arlanza,
documentadas en una crónica de 1563 en la que se cita al pintor Gudesteo como
decorador de los muros de la iglesia con el tema de la Pasión de Cristo y de los
muros de la sala capitular con temas de la Biblia.18

Pintura sobre tabla


Se sabe por la documentación existente que hubo una gran riqueza en pintura sobre
tabla, pero lo cierto es que han llegado muy pocos ejemplares al presente. Se
utilizó para los frontales de altar, para arquetas de todo tipo y para revestir los
sarcófagos. Los temas desarrollados fueron principalmente el Pantocrátor y los doce
apóstoles, casi siempre representados bajo arcadas de medio punto. En los
sarcófagos se pintaban temas relacionados con la resurrección o escenas que
tuvieran que ver con la vida del fallecido.

El estilo es de líneas esquemáticas y tratamiento austero. Los colores empleados


suelen ser el rojo, ocre, blanco y azul. El azul se emplea mucho como fondo. En la
mayoría de las obras que se conservan se aprecia un cuidadoso tratamiento de los
rostros.

El ejemplo más importantes es el arca del monasterio de Carrizo, que conserva las
pinturas del frontal y la parte delantera de la tapa.19

Las dos obras más importantes que se pueden presentar como buenos ejemplos son, el
sarcófago de los santos mártires de la iglesia de San Vicente de Ávila y el arca
del monasterio de Carrizo que conserva las pinturas del frontal y la parte
delantera de la tapa.19

Artes suntuarias
Eboraria
La eboraria es el arte de trabajar el marfil o el hueso, calificado dentro de las
artes aplicadas, cuyos productos se destinan al uso diario o al culto o a la
ornamentación. También puede calificarse dentro de las artes suntuarias. Estas
piezas fueron muy apreciadas en época románica por su técnica y por su estética. En
muchos casos se incluyeron como complemento de otras obras: cubiertas de libros,
frontales de altar, arcas para reliquias, etc. Durante todo el siglo XI este arte
fue en progreso, ofreciendo nuevos avances en realización y técnica, anticipándose
a la escultura monumental en piedra.20

Taller de marfiles de León


Estaba situado muy cerca de la Colegiata y era un taller real, es decir, sujeto al
patrocinio y supervisión de los monarcas. Durante dos siglos tuvo una vida
próspera, siendo el siglo XI el de máximo esplendor; fue entonces cuando gozó de
las aportaciones originales de rasgos de tradición musulmana mezclados con
elementos de procedencia germánica. Durante el siglo siguiente la eboraria leonesa
se mantuvo con éxito aunque ya entonces fue a la zaga de la escultura monumental de
piedra, perdiendo poco a poco su condición vanguardista en las artes plásticas.

Arca de los Marfiles


Artículo principal: Arca de los Marfiles (San Isidoro de León)
Fernando I y su mujer Sancha donaron a la Colegiata de San Isidoro algunas de las
mejores obras salidas de este taller.nota 12 La pieza más antigua es la conocida
como Arca de los Marfiles (o Arqueta de San Isidoro de León), obra muy importante
pues fue concebida para guardar los restos mortales de San Juan Bautista y San
Pelayo, titulares de la primitiva Colegiata. Data esta obra de 1059 y en ella
participó tanto el arte de la eboraria como el de la orfebrería.

Crucifijo de don Fernando y doña Sancha


Las placas en marfil de mayor calidad son las del apostolado, con 12 figuras
independientes, en pie, situadas bajo arcos de medio punto y arcos de herradura,
cuyo modelo se ha podido rastrear en la miniatura mozárabe.

Crucifijo de don Fernando y doña Sancha


Artículo principal: Crucifijo de don Fernando y doña Sancha
Este ejemplar está considerado como obra maestra de la eboraria románica europea.
También fue una donación real a la Colegiata. Está depositado en el Museo Nacional
Arqueológico. La imagen del cristo es casi una talla de bulto redondo, toda ella de
marfil. La cruz es de madera, revestida por los dos lados de marfil que en su
origen estuvo sobredorado. Llevó incluida una reliquia de la Vera Cruz. Bajo los
pies del crucifijo puede leerse esta inscripción:

FREDINANDUSREX
SANCIAREGINA
Arca de las Bienaventuranzas
Artículo principal: Arca de las Bienaventuranzas
Fernando I había donado seis arquetas a la Colegiata de las que solo ha llegado al
tiempo presente ésta de las Bienaventuranzas. Posiblemente fuera destinada a
relicario. Es una arqueta de madera cuyo recubrimiento de plata repujada se perdió,
quedando como ornamentación los ocho pequeños relieves de marfil que representan
las Bienaventuranzas, que en forma de figura masculina aparecen dialogando con un
ángel bajo arcos de medio punto en los que se ve inscrito el comienzo de cada
bienaventuranza. Los ojos de los personajes están hechos de azabache, según
costumbre de la escuela de marfiles de León.

Cristo de Carrizo

Detalle del Cristo de Carrizo.


Artículo principal: Cristo de Carrizo
Procedente del monasterio de Carrizo, se guarda en el Museo de León. Tiene las
características propias del Románico de esa época: un Crucificado vivo, rígido, sin
acusar dolor, con cuatro clavos, sin corona y el paño de pureza largo hasta las
rodillas, que están en parte vaciadas para guardar reliquias.

Durante todo el siglo XII el taller de marfiles de León continuó con vida aunque
bajó bastante en productividad, no así en calidad que siguió siendo muy alta, según
lo demuestran las piezas conservadas. El estilo fue cambiando hacia rasgos
naturalistas al compás de las distintas manifestaciones románicas de todo este
siglo.

Portapaz de San Isidoro de León


Artículo principal: Portapaz de San Isidoro de León
Es una de las piezas más importantes de los primeros años del siglo XII. La obra de
marfil consiste en el relieve del Padre Eterno dentro de una mandorla, en actitud
de bendecir. La base es de madera con plata sobredorada.

Cristo de San Juan de Ortega (Burgos)


Artículo principal: Cristo de San Juan de Ortega (Burgos)
De mediados de siglo XII, custodiado en el Museo de Burgos. Le faltan los brazos y
la cruz de soporte. Es un cristo románico de cuatro clavos pero ya evolucionado
hacia el naturalismo, apareciendo las marcas de la Pasión, abultamiento de vientre
y corona real de oro. Lo más destacable de esta evolución es el tratamiento de la
cabeza y de la cara, con el ceño fruncido y los pómulos muy salientes que
contribuyen a señalar un aspecto patético.

Orfebrería

Réplica del Cáliz de doña Urraca. Basílica de San Isidoro de León.


La orfebrería tuvo una gran importancia en las artes románicas y fue de una gran
productividad en objetos litúrgicos, algunos de los cuales se han conservado casi
intactos. Los principales materiales utilizados fueron el oro y la plata, a veces
sobredorada, acompañados por esmaltes, camafeos, perlas y cabujones que aportaban
un colorido muy atractivo. También se utilizó el cobre y el bronce. Los objetos más
abundantes fueron:

Frontales de altar (o antipendios), con placas de oro o de plata y engarces en


pedrerías. Aunque en Castilla y León no se ha conservado ninguno se sabe que en la
Colegiata hubo cuatro donados por los reyes Fernando y Sancha y se tiene la
descripción de los que hubo en la catedral de Salamanca y de Zamora.
Cálices y patenas. Se conserva el cáliz donado por doña Urraca de Zamora,
procedente de los talleres reales. Es una pieza de gran valor, ricamente trabajada
con labores de filigrana e incrustaciones de piedras preciosas y perlas. El cáliz
de Santo Domingo de Silos es de plata sobredorada, con decoración de filigrana.
Relicarios. El Relicario de la Vera Cruz de la catedral de Astorga, de los últimos
años del siglo XII, es una cruz afiligranada y decorada con cabujones. La Arqueta
de San Isidoro fue otro regalo de Fernando y Sancha para la Colegiata, destinado a
guardar las reliquias del santo, fechada en 1063.21 Es una caja forrada ricamente
por dentro con telas musulmanas, y recubierta con plata repujada en la que se
representan varios pasajes del Génesis, símbolos de los Evangelistas y escenas
cortesanas que parecen referirse al rey y la reina con parte de su séquito.
Imaginería: También se elaboraron imágenes que tuvieron gran éxito y difusión. La
más importante de las que quedan es la Virgen de la Vega que puede verse en la
catedral vieja de Salamanca. Su nombre se debe a que pertenecía al antiguo
monasterio de la vega de Salamanca. Representa a la Virgen sedente como trono y el
Niño sentado en sus rodillas. Es de chapa de cobre y bronce que recubre una talla
de madera; está muy adornada con cabujones y esmaltes procedentes de talleres de la
península ibérica. Otros ejemplares importantes son la Virgen de Husillos
(provincia de Palencia) y la Virgen de la Majestad (catedral de Astorga).
Esmaltes
El esmalte es un arte que emplea una técnica que se apoya principalmente en la
química. Utilizando el plomo y el bórax que se mezclan con óxidos metálicos, y
sometiéndolos a altas temperaturas, se consigue una vitrificación con un colorido
brillante.

El esmaltado surgió en Oriente (probablemente en China); se extendió por el Imperio


bizantino, sobre todo durante los siglos X y XI, y de allí pasó a Europa. Adquirió
gran difusión en la Iglesia cristiana de la época románica, surgiendo importantes
talleres al amparo de monasterios y patrocinio de reyes. Uno de los más famosos y
populares fue el de Limoges en Francia, que estuvo custodiado por los Plantagenet.
De allí salieron obras producidas en serie, de bajo costo, que llegaron a todos los
rincones del mundo conocido.

Hubo en España otros talleres de mejor técnica, de trabajos artísticos más


elaborados y precisos que no pudieron competir con Limoges por resultar sus
productos mucho más caros, como sucedió con el taller de Silos.22

El auge del esmalte se dio en Castilla y León durante el siglo XII, empleando la
técnica del excavado, llamado también campeado o camplevé, que consiste en excavar
la plancha metálica destinada al esmalte con huecos o pequeñas celdas donde se
colocará dicho esmalte. Durante el siglo XI también hubo talleres de esmaltado,
aunque solo se conocen algunas piezas por sus descripciones. Las obras que se
pueden contemplar y que han llegado casi intactas están datadas de la segunda mitad
del siglo XII y corresponden en su mayoría al prestigioso taller del monasterio de
Silos. Sobre estas obras está hecho un exhaustivo estudio y una buena catalogación.

El taller de Silos estuvo bajo la protección del rey Alfonso VIII y de su mujer
Leonor de Aquitania, siendo además (junto con la corte) los principales
consumidores, adquiriendo tanto obras de temas religiosos como obras suntuarias de
uso personal. Una de las características del trabajo de este taller es el colorido,
empleando como predominante el verde y el azul y como secundarios los colores rojo
y blanco. Los esmaltes de Limoges tienen como predominante el color amarillo. Otra
característica es la técnica de las cabezas que se cincelan en alto relieve.

Artículo principal: Taller de esmaltes del monasterio de Silos


De este taller salieron obras que complementaban la orfebrería y también obras
enteras, independientes. Todas están inventariadas, estudiadas y catalogadas. Hay
frontales de altar, arquetas, cubiertas de libros litúrgicos, relicarios, cruces,
etc. La obra más conocida y que se tiene como obra maestra es la Urna de Santo
Domingo, datada de 1165 a 1170, destinada al sepulcro de este santo. Consta de dos
hojas o placas cubriendo el sarcófago, una esmaltada y otra simplemente barnizada y
grabada con el Agnus Dei y un Apostolado. La hoja esmaltada se guarda en el Museo
Arqueológico de Burgos. Es también obra importante una pareja de cubiertas de
Evangeliario. Una está en el Instituto de Valencia de Don Juan de Madrid y la otra
en el Museo de Cluny de París.

Artículo principal: Urna de Santo Domingo


Rejería

Reja románica de labrado perfecto que se supone correspondía al coro. Iglesia de


San Vicente en Ávila.
Durante el periodo del románico, las rejas se utilizaron para cerrar pequeños
huecos o ventanas por las que podía colarse cualquier animal, para proteger
recintos o capillas sagradas muy especiales y para reforzar las puertas de madera.
Se reconoce fácilmente una reja románica porque su diseño es casi igual en todas
las piezas con pequeños detalles que puedan diferenciarlas.

Son diseños muy sencillos: pequeñas piezas que se enrollan en espiral, unidas a las
barras verticales por abrazaderas o grapas y unidas entre sí también por
abrazaderas. Su época de expansión duró desde mediados del siglo XI hasta el XIII y
en algunos casos tuvieron una supervivencia en pleno estilo gótico. La región de
Castilla y León fue muy rica en rejas románicas, aunque la mayoría han desaparecido
formando chatarra o cambiando en la fragua su aspecto por otro más moderno. Fue esa
una costumbre muy extendida: se entregaba la reja vieja y con el mismo material se
construía la nueva.23

Puerta de la iglesia de Presencio (Burgos).


Algunas rejas conservadas:

Iglesia de San Cipriano de Zamora cuyas ventanas están resguardadas por rejas muy
antiguas. Además están documentadas con la escritura que aparece en el muro sur y
que dice:
Vermudo Ferario qui fecit memoria de Sua Fauica
Iglesia de San Isidoro de León donde se conserva un bonito ejemplar de ventana.
Catedral Vieja de Salamanca, con rejas románicas cerrando el ábside.
Catedral de Palencia, que guarda un bonito ejemplar en una puerta lateral de la
capilla del Sagrario.
San Vicente de Ávila, con una reja de labrado perfecto que se supone correspondía
al coro.
En el románico rural es frecuente que aparezca la reja reforzando la puerta de
entrada a la iglesia, como se puede ver en la fotografía adjunta de la iglesia del
pueblo de Presencio en Burgos.

Arquitectura civil y militar


La arquitectura civil románica es casi desconocida y la mayoría de los edificios
que se consideran de esta época, no lo son; aunque algunos conserven parte de los
cimientos o alguna puerta o ventana de medio punto de época románica, su desarrollo
y diseño arquitectónico pertenecen a tiempos más modernos. Sin embargo queda algún
resto como ejemplo, unas veces a la vista y otras embutido en la obra que se hizo
después.24

Murallas
La muralla o la cerca fue un elemento arquitectónico de suma importancia en el
periodo del románico, casi siempre relacionado o heredero de las cercas o pequeñas
murallas o murallas romanas, construidas en periodos anteriores por los núcleos y
asentamientos primitivos. Las ciudades amuralladas de tradición romana no hicieron
sino aportar su estructura, que en algunos casos estaba muy deteriorada, por lo que
hubo necesidad de rehacer. Las ciudades de León y Lugo conservan sus murallas
romanas que han llegado en buen estado hasta el siglo XXI.

Véase también: Murallas de León


Véase también: Murallas de Lugo
Otras murallas y cercas de nuevo trazado se construyeron en los últimos años del
siglo XII y a lo largo del XIII, por lo que pueden considerarse románicas. En
muchos de los casos no solo tenían un destino de protección del núcleo habitado
sino que hicieron la labor de aglutinar núcleos dispersos que tenían grandes
espacios entre sí, que serían el inicio de una ciudad autosuficiente con sus
propios cultivos, pudiendo así resistir un asedio prolongado. Así la futura ciudad
quedaba separada del resto, con unos derechos y unas obligaciones propios. Por otra
parte daban lugar estas cercas o murallas al control del movimiento de mercancías,
siendo este el sentido fiscal, exigiendo en las puertas el correspondiente pago.

Las murallas evolucionaron mucho en los siglos siguientes, o incluso llegaron a


desaparecer, por lo que no se puede contar más que con restos o ruinas que sean
auténticamente de época románica. El mejor ejemplo de muralla románica son las
murallas de Ávila, conservadas casi íntegras sus partes pertenecientes a dicho
periodo de la historia.
Murallas de Ávila.
Castillos y recintos amurallados

Restos de la cerca de Valladolid del siglo XII.


Durante la época del Románico, los siglos XI y XII, se arreglaron muchos castillos
ya existentes y se construyeron otros que fueron fuertes importantes en los avances
de la Reconquista, sobre todo en el reinado de Fernando II, en torno a 1180, cuando
la Extremadura castellana y la Extremadura leonesa (incluso zonas al norte del
Duero, como Valladolid) fueron objeto de repoblación. Estos castillos tenían
plantas rectangulares y sencillas, a veces torres circulares en cada esquina y muy
raramente de planta cuadrada, como avance a lo que sería la torre del homenaje. Se
construían con hiladas de encofrado de cal y canto, según se puede observar en los
restos estudiados. En Tierra de Campos se construyeron cercas y castillos de
tapial, como corresponde a la arquitectura de la zona. Aparecieron también las
torres albarranas como clara influencia musulmana.nota 13

Todos los castillos fueron renovados o demolidos en épocas siguientes y sus restos
románicos son difícilmente distinguibles, como los del Castillo de Frías (provincia
de Burgos) o los del castillo de Ponferrada (provincia de León); aunque existen
ejemplos que aun pueden dar testimonio, como en el alcázar de Segovia (la parte
construida sobre el espolón rocoso sobre la unión de los ríos Eresma y Clamores, o
la sala de los Ajimeces con ventanas de arco de medio punto).

Castillo de Turégano en que puede verse la cerca de tapial del recinto.


De entre los recintos que amurallaban una fortaleza se puede hacer mención de unos
pocos, más o menos arruinados y que muchos de ellos dejaron tan solo como recuerdo
el edificio de una iglesia que lleva como apellido ... del Castillo.

Recinto de tapial rodeando el castillo de Turégano (provincia de Segovia), con


nueve cubos hechos también en tapial.
En Bernardos (provincia de Segovia) se halla un cerro donde estaba el castillo, de
cuyo recinto solo queda una ermita llamada Nuestra Señora del Castillo.
En Coca (provincia de Segovia) se conservan muros del recinto románico, construido
en cal y canto.
En Madrigal de las Altas Torres (provincia de Ávila) el interior de la muralla de
su recinto de esta construido en fuerte tapial con cal y canto, obra románica. En
la parte más alta del recinto se encuentra la iglesia de Santa María del Castillo.
Se especula sobre el hecho de que este recinto no se hiciera para proteger una
ciudad, a modo de muralla, sino para cultivos y ganadería.25
En Cantalapiedra (provincia de Salamanca) se conserva un cubo de la cerca del
recinto y una iglesia llamada Santa María del Castillo.
En Ayllón (provincia de Segovia), se conserva por detrás del cerro un recinto
amurallado que fue abandonado, y que la gente del lugar conoce con el nombre de los
paredones. Se cree que fue un gran albacar (una especie de redil para el ganado
dentro del recinto de la fortaleza.)
En Fuentidueña (provincia de Segovia) puede verse la villa vieja despoblada y
cercada con muros de cal y canto y algunos cubos circulares y otros de planta
cuadrada.
En Ledesma (provincia de Salamanca), repoblada por orden de Fernando II en 1161.
Puede verse el recinto-castillo, edificado en sillarejo y mampuesto de granito con
algunos sillares reutilizados de la ciudad romana anterior.
En Aldeadávila (provincia de Salamanca) se pueden observar un ejemplo de torre
defensiva anterior a 1265, incorporada en el siglo XVI a la iglesia. Se conservan
las tres plantas inferiores de la torre, con muros de dos metros de espesor, la
escalera de caracol, y el arco de medio punto interior que daba acceso por la cara
norte.
Puentes
Igual que sucedió con los castillos, los puentes sufrieron cambios y restauraciones
posteriores por lo que su aspecto actual no corresponde en la mayoría de los casos
a aquella época. Lo mismo que algunos puentes medievales son llamados vulgarmente
“puente romano”, otros puentes de fabricación gótica son conocidos como “puente
románico” sin serlo.

Arco del Puente Mayor de Valladolid.


Un puente románico y peregrino fue el construido en Ponferrada (León), llamado el
Puente de Hierro por la barandilla que se puso de este material. Fue pensado y
edificado en función de las necesidades de los viajeros a Santiago de Compostela
que en este lugar tenían dificultades para atravesar el río Sil.

Valladolid tuvo su primer puente sobre el río Pisuerga en tiempos del señor de la
villa, conde Ansúrez, hacia el año 1080, el llamado Puente Mayor. En origen tenía
arcos de medio punto que después fueron sustituidos por los arcos apuntados. Lo que
se contempla en el siglo XXI de este puente dista mucho de la primitiva obra
románica.

Palacios y casas

Portada románica del palacio de Pedro I en Cuéllar.


Los edificios domésticos, incluidos los palacios, no tenían grandes pretensiones;
las casas se construían con materiales deleznables (en contraposición con la
grandeza de las iglesias), que no pudieron resistir el paso del tiempo. Cuando ya
se quiso dar importancia a esta arquitectura civil, lo poco que había se transformó
y lo nuevo se edificó con las tendencias del gótico. Así ocurrió con las célebres
canonjías de Segovia cuya estructura pertenece ya a la Baja Edad Media.

En la ciudad de León se encuentra el conocido palacio de doña Berenguela, llamado


palacio románico, cuya estructura y planificación corresponden en realidad a los
últimos años de la Baja Edad Media, lejos del románico, pero que conserva (tal vez
reutilizadas) unas ventanas de estilo románico. Así mismo existe en la ciudad
segoviana de Cuéllar el llamado palacio de Pedro I cuyo origen se supone que date
de la época de la Repoblación y hasta quizás sean románicos parte de sus cimientos,
pero el edificio actual es de principios del siglo XIV, aun cuando tenga una
portada románica que puede ser heredada del edificio anterior o reutilizada de
otro. Este palacio está considerado sin embargo como uno de los pocos ejemplares
del románico civil.2627

Casa del Cid en Zamora.


También existe en la ciudad de Zamora una casa conocida como Casa del Cid, cuya
historia está documentada en la seguridad de que viviera en ella doña Urraca y que
el Cid sirviera en ella al rey. Su aparejo y sus trazas en la fachada frente a la
catedral son de mediados del siglo XII. La fachada que da al Duero es obra del
siglo XI. Aun así, está bastante restaurada y reedificada durante los siglos
siguientes, pero puede considerarse como una de las poquísimas muestras de
arquitectura civil románica en Castilla y León.

Tradicionalmente se ha dado en llamar casa o palacio románico a aquellos edificios


que tienen una buena portada con arco de medio punto y grandes dovelas, siendo en
realidad estructuras que corresponden a época del gótico.

Simbología en el románico de Castilla y León

Capitel en la Iglesia del Espíritu Santo (Miranda de Ebro) que simboliza la unión
de Castilla y León en 1230.
Los estudios de la arquitectura religiosa en general y del arte románico en
particular han querido ver y demostrar las representaciones simbólicas que
presentan desde los orígenes los edificios de las iglesias cristianas en la
arquitectura, escultura y pintura. El simbolismo está presente no solo en los
templos románicos, sino en los góticos, renacentistas y barrocos y lo estuvo desde
tiempos pretéritos de la Antigüedad.

Para llevar a cabo la arquitectura cristiana y en este caso la arquitectura


románica se tenía muy en cuenta una serie de preceptos simbólicos que a primera
vista pueden pasar desapercibidos por desconocer su significado pero que fueron
desde muy antiguo consustanciales con las creencias religiosas de los hombres. Por
eso fueron importantes y se tuvieron en cuenta la ubicación y altura del edificio,
la planta con su división en parte circular y partes cuadradas, los números, la luz
entrante, la ornamentación geométrica o historiada y en gran medida el bestiario,
repartido sobre todo en canecillos y capiteles.28

La altura
El hecho de que el edificio sagrado esté construido en todo lo alto es algo
heredado o transmitido o que coincide con todas las religiones anteriores. Las
iglesias (rurales o catedrales) se construían en el lugar más elevado (que además
en muchos casos coincidía con el emplazamiento de un templo anterior) y si el
terreno era totalmente llano, se procuraba que los muros y la torre tuvieran mucha
más altura que el resto del caserío. La altura simbolizaba un mayor contacto con
Dios que se supone que habita allá arriba y al que los cristianos dieron uno de los
apelativos más antiguos para llamarle: el Altísimo.

La planta y el número 4

Cimborrio de San Martín de Frómista. Puede apreciarse el paso del círculo al


cuadrado por medio de las trompas donde se encuentran los símbolos del Tetramorfos.
La articulación de una iglesia románica se hacía siempre alrededor de uno o más
cuadrados. (La planta de cruz latina simboliza la cruz de Cristo y su sacrificio
para la salvación de las almas). El cuadrado simboliza lo terrestre frente al
círculo que simboliza lo divino.29 Ya desde el Génesis la Tierra está simbolizada
como un cuadrado que flota en el Universo, y en el centro de ese cuadrado está
situado el nacimiento de los 4 ríos que se dirigen a los 4 puntos cardinales. A su
vez los 4 ríos dibujan una cruz, que es origen del cuadrado. Todos estos diseños
cargados de simbología fueron empleados desde antiguo por las sucesivas culturas.
El número 4 está bien presente siendo el símbolo basado en los 4 elementos (tierra,
agua, aire, fuego) que son las estancias de las purificaciones del alma en las
culturas más antiguas. Basándose en estos conceptos, el número 4 será esencial en
la simbología del románico, por ejemplo, con la presencia del Tetramorfos (símbolos
de los 4 evangelistas) ubicado casi siempre bajo la cúpula en las trompas que unen
el círculo con el cuadrado, es decir, simbolizando su intervención entre la Tierra
y el Cielo, entre los hombres y Dios.

El círculo es desde antiguo el símbolo solar, por tanto y por extensión, el símbolo
de Dios. El círculo o el semicírculo se emplea en la construcción románica para las
zonas reservadas a lo divino: el ábside o los ábsides son zonas sagradas, lugar
donde habita Dios. El círculo de la cúpula simboliza la morada de Dios en el cielo;
de hecho, muchas de esas cúpulas se pintaron de azul con estrellas y con ángeles

La luz
Todas las iglesias románicas están orientadas en el eje este-oeste. El ábside (la
morada de Dios) debe estar en el este, lugar por donde sale el sol, lugar que ha de
recibir sus primeros rayos y que por tanto y al estar el resto en penumbra,
recibirá las miradas de los allí presentes.

Bestiario

Capitel de los pelícanos en Frómista. Simboliza la Eucaristía.


Los animales llevan consigo una serie de connotaciones simbólicas bien definidas y
bien conocidas por los artistas románicos y por el pueblo a quien iban dirigidas
sus obras. Los más comunes o los mejor conocidos son:

perro (fidelidad)
león (fuerza)
mono (lujuria)
paloma (castidad, Espíritu Santo)
cordero (víctima propiciatoria)
pelícano (sangre redentora de Cristo, representa la Eucaristía)
El león, el águila y el toro son símbolos muy empleados y referidos en la mayoría
de los casos a la suprema divinidad. Otros animales son símbolos moralizadores,
pero todos ellos deben interpretarse de acuerdo al contexto en que se hallan, pues
a veces el león puede representar al maligno y el perro al demonio. En definitiva,
los animales serán siempre símbolos del Bien o del Mal, estudiados dentro de su
narración iconográfica.

Notas
Ver fotos aquí
Un técnico, hombre de gran experiencia que resolvía sobre la marcha los problemas
que pudieran surgir.
En este momento hay un gran aumento de los miembros de los cabildos catedralicios
y de los monjes de los monasterios, por lo que hay necesidad de ampliar los
altares, ya que tenían obligación de decir misa diaria cada uno de los sacerdotes.
Rastra es un madero que se coloca a lo largo de un muro y que sirve para poder
apoyar el techo.
Ver el Padre Eterno de la fachada de Carrión de los condes.
El Museo Marés de Barcelona guarda una gran cantidad de vírgenes románicas
procedentes de iglesias de Castilla y León.
Pila bautismal de Fresneda de la sierra Tirón, siglo XII (Burgos).
Este tipo de pórtico con enterramientos es lo que se llama galilea.
Este sepulcro estuvo en el monasterio de Sahagún, después viajó hasta Estados
Unidos y finalmente se encuentra custodiado en el Museo Arqueológico Nacional.
Un cenotafio es un monumento mortuorio donde realmente no hay nadie enterrado.
Ver fotografías [1]
Así consta en el testamento de esta reina.
Torre que sobresale del recinto principal y al que se une por un paso superior.
Referencias
Se hace mención a Castilla y León como unidad política o comunidad autónoma
española constituida en 1983, pero en la época del románico se diferenciaban entre
sí los reinos de Castilla y de León y además lo que hoy es Cantabria, La Rioja e
incluso Galicia y Asturias estaban comprendidas en los reinos de Castilla o de
León. Muchos de los edificios románicos de esas comunidades autónomas diferenciadas
fueron levantados a instancias de los reyes o los nobles de los reinos de Castilla
y León.
Antonio Viñayo González L’ancien royaume de Leon roman, traducido del español al
francés por Norbert Vaillant. Colección La nuit des temps.
Bango Torviso 1994
«Ábside lombardo». Consultado el 4 de abril de 2017.
Sobre esta cuestión sigue habiendo discrepancia entre los historiadores. Algunos
apuntan sobre los posibles enterramientos en los monasterios de San Salvador de Oña
o San Pedro de Arlanza.
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este adorno en Frómista antes que en Jaca
Bango Torviso 2000; y Blanco Martín, Francisco Javier. Iniciación al Arte
Románico. Fundación de Santa María la Real. Aguilar de Campoo.
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Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española. «galilea».
Diccionario de la lengua española (23.ª edición).. Véase también wikt:galilea en el
Wikcionario.
(ver foto Archivado el 9 de marzo de 2009 en Wayback Machine.)
(ver foto Archivado el 16 de marzo de 2009 en Wayback Machine.)
(ver foto Archivado el 15 de marzo de 2009 en Wayback Machine.)
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1991.
Bertaux, E. L'Arquitecture romane: Espagne et Portugal, Histoire de l’Art, vol.II,
Paris 1905.
Moralejo Álvarez, S. San Martín de Frómista, en los orígenes de la escultura
románica europea, jornadas sobre el románico en la provincia de Palencia, Palencia
1986.

(Ver el sepulcro hispanorromano que inspiró estas esculturas).


Bango Torviso 2000
Después otros autores como Cook, Gudiol, Ainaud y Camón Aznar han lanzado otras
tesis en cuanto a la fecha, influencias y autores de dichas pinturas.
«Arcón de Carrizo -Monasterio de Santa María de Carrizo». Consultado el 4 de abril
de 2017.
Manuel Gómez Moreno, El arca de las reliquias de San Isidoro de León. Archivo
Español de Arte XLVIII, 1940. Este historiador fue el primero en estudiar los
marfiles españoles de esta época. En un trabajo de sistematización agrupó las
piezas según el estilo y descubrió dos talleres, uno en la ciudad de León y otro en
el monasterio de San Millán de la Cogolla.
Gómez Moreno, Manuel. El Arca de las Reliquias de San Isidoro de León. Archivo
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