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30 Años de la desaparición de los hermanos restrepo

El 8 de enero de 1988 desaparecieron los hermanos Carlos Santiago y Pedro Andrés


Restrepo Arismendy, quienes para el momento contaban con 18 y 15 años de edad
respectivamente.
La desaparición de estos dos jóvenes es atribuida al escuadrón de la Policía Nacional SIC-10,
y ocurrió durante la más flagrante y sistemática violación de los Derechos Humanos en la
historia ecuatoriana.

Las investigaciones realizadas en torno a la desaparición evidenciaron que Carlos Santiago y


Pedro Andrés fueron secuestrados, torturados, asesinados, y arrojados a una laguna en la
cual se deshicieron de sus cuerpos. 
El crimen, asociado a la política de Estado del Gobierno neoliberal de León Febres Cordero,
sigue después de 30 años, en la impunidad, los cuerpos de los hermanos Restrepo siguen sin
aparecer, y los responsables de los delitos cometidos en su contra siguen sin haber recibido
el castigo correspondiente por parte de la justicia ecuatoriana. 
La cineasta ecuatoriana, María Fernanda Restrepo, realizó en 2011 un documental que
retrata el crimen de Estado cometido en contra de sus hermanos, quienes según
declaraciones del exagente del SIC-10, Hugo España, fueron asesinados y arrojados a la
laguna de Yambo en Cotopaxi, donde se han realizado numerosas búsquedas sin éxito  
Caso Restrepo
El Caso Restrepo es un caso de violación de Derechos humanos ocurrido en Ecuador en el
año de 1988 durante la presidencia de Leon Febres-Cordero, el cual ha pasado a ser un
asunto de Estado
El caso nace a merced de la desaparición de los hermanos Carlos Santiago y Pedro Andrés
Restrepo Arismendi, nacidos en la ciudad de Quito en el año
de 1971 y 1974 respectivamente, quienes al momento de su desaparición contaban con 17 y
14 años de edad. Los desaparecidos nacieron en una familia acomodada, hijos de Pedro
Restrepo y Luz Helena Arismendi y residían en la ciudad de Quito, en el valle de Cumbayá,
en la ciudadela Miravalle. Todavía no han encontrado sus cuerpos

Situación legal

En el mes de junio de 1995, la entonces Corte Suprema de Justicia dictó sentencia en el caso


Restrepo. Los policías en servicio activo cabo segundo Víctor Camilo Badillo, subteniente
Doris Morán, teniente Juan Sosa y teniente coronel Trajano Barrionuevo, fueron sentenciados
a 16 años de prisión, en el caso del primero de ellos, y a 8 años los restantes. Fueron
encontrados inocentes los coroneles Gustavo Gallegos y Gustavo Zapata. A pesar de estas
sentencias, aún se discute la culpabilidad de muchos sindicados.
La denuncia de número 11.868 presentada ante la Comisión internacional de derechos llegó
a su fin el 14 de mayo de 1998, durante la presidencia de Fabian Alarcon con una solución
amistosa al conflicto, mediante el cual el Estado ecuatoriano reconoce su responsabilidad del
caso de los hermanos Restrepo, comprometiéndose a pagar una indemnización de
$2'000.000,00 (dos millones de dólares estadounidenses) y de realizar la búsqueda de los
cuerpos de los menores.
Imagine que usted es padre o madre de dos hijos de 17 y 14 años. Que con su cónyuge
salen de la ciudad un par de días y al regreso no los hallan. Seguramente enloquecerían,
estallarían en llanto y se resolvieran a buscarlos en cada rincón del mundo.

Es lo que les ocurrió e hicieron Pedro Restrepo y Luz Arismendi desde el 10 de enero de
1988. No sólo fue la pérdida de sus vástagos, sino el engaño y la difamación de ellos por
agentes de la Policía Nacional, que después la sufrieron en sus propias personas.

En la galería de la infamia uniformada empieza a desfilar Doris Morán, quien estuvo a


cargo del caso como jefe de la brigada de menores. Intentó construir la imagen de
drogadictos y alcohólicos de los chicos, procurando forzar a que declaren en su contra sus
compañeros; luego los acusó de guerrilleros, asociando su desaparición al pasado de la
familia. Pidió dinero a los padres y los intimó a que no denunciaran el hecho a las
autoridades y a la prensa, para no arriesgar a los jóvenes. Usó inclusive a su madre, para
ganarse la confianza de aquellos. Les decían que sus hijos estaban bien, los exhortaban a
tener confianza en Dios. Les dio una fecha de retorno y sugirió que les prepararan la
comida que les gustaba. Dijo de ella el Fiscal: “De la perfidia salta a la crueldad y vuelve a
ésta apenas deja aquella”.

En febrero de 1988 la policía muestra el carro donde iban los hermanos. Se quiso hacer
aparecer que habían sufrido un accidente de tránsito. El Coronel Gallegos declaró que sus
cuerpos habían sido devorados por los peces. Le muestran a la familia un zapato usado de
Carlos, el hijo mayor desaparecido, la madre desmiente que él lo haya utilizado. El
comandante de la Policía, General Molina, le da el pésame a Pedro Restrepo y cierran el
caso. En agosto, enseguida que deja el poder el Ing. Febres Cordero, la familia hace
pública la situación. Desde marzo de 1989, todos los miércoles, Pedro, Luz y la hermana
de ella, reclamaron a sus hijos en la Plaza Grande en Quito. El Dr. Borja escucha su
clamor, desechando el informe policial del accidente, que fue desmentido por la policía
colombiana, que implicó a la ecuatoriana, y conforma una comisión internacional,
integrada por un experto de la ONU y otras personalidades nacionales y extranjeras. La
comisión corroboró los infundios policiales contra la familia y determinó la
responsabilidad de la institución.

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