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LAS CONTRADICCIONES SOBRE EL

CARÁCTER IRRENUNCIABLE DE LA
AUTORÍA EN LA LEY DE PROPIEDAD
INTELECTUAL

© José Luis Cano Alonso, 2021. Todos los derechos reservados.


Madrid, España
www.joseluiscanoalonso.com
José Luis Cano Alonso

ÍNDICE

Introducción ................................................................................................................... 2
1. Los derechos morales y los patrimoniales .......................................................... 2
1.1 Los derechos morales ..................................................................................... 2
1.2 Los derechos patrimoniales ........................................................................... 3
1.3 Legislación básica............................................................................................ 3
1.4 El reto de entender la incoherencia .............................................................. 4
2. Obras con varios autores ....................................................................................... 4
3. El autor no siempre es el creador ......................................................................... 5
3.1 La autoría en la obra colectiva ...................................................................... 5
3.2 Una posible argumentación........................................................................... 6
3.3 Conclusión ....................................................................................................... 6
3.4 Para más información ..................................................................................... 7

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Las contradicciones sobre el carácter irrenunciable de la autoría en la Ley de Propiedad Intelectual

Introducción

La creación artística humana tiene una protección legal específica en todas las
sociedades avanzadas. Lo peculiar de dicha protección es que se reconoce la
vertiente moral de la creación, que es complementada por la vertiente
patrimonial (y no al revés). Esta asimetría de protección trae causa del carácter
personalísimo e irrenunciable que se otorga a la creación artística y como medio
de que, bajo ninguna circunstancia, una persona pueda ser privada del derecho
humano básico a reconocerla como autora de una obra intelectual.

Sin embargo, la legislación española tiene algunas sorprendentes incoherencias


que, aun con justificación de utilidad real, generan dilemas intelectuales a poco
que uno entrecruza preceptos y aplica una mirada crítica a su lectura y estudio.

El objetivo del presente trabajo es presentar, no siendo los primeros, estas


curiosas contradicciones.

1. Los derechos morales y los patrimoniales

Como hemos comentado, al referirnos a la Propiedad Intelectual, los derechos de


autor se componen de derechos morales y derechos patrimoniales. En este primer
apartado esbozaremos las características principales de ambos.

1.1 Los derechos morales

Los derechos morales son aquellos intrínsecos al autor, al creador de la obra. Son
personalísimos (inherentes a la persona titular de ellos), irrenunciables e
inalienables y se generan en el mismo instante de la creación de la obra. No es
necesario registrar la creación artística, ni realizar ningún otro acto para provocar
el nacimiento de los derechos morales y su adhesión a la persona autora.

Sin perjuicio de lo dicho, con la inclusión de la obra en el Registro de la Propiedad


Intelectual se adquiere la presunción de autoría ex lege. Sin dicho registro no se
tiene esa presunción, aunque, insistimos, el registro no añade ni quita derecho
moral alguno, sino que simplemente facilita la demostración de que el autor es
realmente quien dice ser, en caso de reclamación de o frente a terceros.

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El carácter irrenunciable de los derechos morales significa que ni siquiera su


titular −el autor− puede renunciar a ellos, por lo que se entiende que menos aún
podría forzar la renuncia un tercero.

Respecto a la cualidad de inalienables, los derechos morales de autor no pueden


ser transmitidos a otros, es decir, siempre pertenecerán al autor,
inseparablemente. No pueden ser vendidos, cedidos, donados, etc., en modo
alguno. De hecho, tampoco pueden ser embargados1, en tanto los art. 1.111 del
Código Civil (CC, en adelante) y 605.1 de la Ley de Enjuiciamiento Civil (LEC, en
adelante) establecen que son inembargables los derechos inherentes a la persona
y los declarados inalienables, respectivamente.

1.2 Los derechos patrimoniales

Totalmente distinta es la configuración de los derechos patrimoniales. Estos se


refieren, en esencia, a la explotación mercantil de la obra artística creada. La
posibilidad de distribución de la obra a título oneroso, por ejemplo, permite al
creador obtener una compensación económica a cambio de ceder el derecho de
explotación de la obra, de manera determinada. Por lo tanto, no hay duda
respecto al carácter eminentemente económico de los derechos patrimoniales y,
por lo tanto, de su carácter prescindible mediante pacto. La ley lo permite, pero
en los derechos morales no.

1.3 Legislación básica

Todo lo dicho hasta ahora, excepto la referencia al CC y a la LEC, se encuentra en


la ley básica española sobre Propiedad Intelectual, el Real Decreto Legislativo
1/1996, de 12 de abril, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley de
Propiedad Intelectual, regularizando, aclarando y armonizando las disposiciones
legales vigentes sobre la materia (LPI, en adelante).

La primera referencia a la composición de los derechos de autor −mediante la


conjunción de los derechos patrimoniales y los morales− la encontramos en el art.

1Escuela de Organización Industrial, «Los derechos morales del autor en Propiedad Intelectual»
https://www.eoi.es/wiki/index.php/LOS_DERECHOS_MORALES_DEL_AUTOR_en_Propie
dad_intelectual

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Las contradicciones sobre el carácter irrenunciable de la autoría en la Ley de Propiedad Intelectual

2: “La propiedad intelectual está integrada por derechos de carácter personal y


patrimonial […]”

Y, concretamente, lo referente a los derechos morales, sobre los cuales girarán las
reflexiones del resto de este trabajo, tienen su fuente principal en el art. 14, en el
que se detallan cuáles son estos derechos y se establece de manera indubitada su
carácter irrenunciable e inalienable.

Pero los derechos de autor no solo se encuentran en la legislación española. Sin


entrar en detalle, mencionaremos el Convenio de Berna y el Tratado de la OMPI
sobre Derecho de Autor2, que vinculan a los países miembros de la Unión
Europea en esta materia. Asimismo, el artículo 27.2 de la Declaración Universal
de Derechos Humanos3 ya establecía la dualidad de derechos asociados a las
creaciones intelectuales: “Toda persona tiene derecho a la protección de los
intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones
científicas, literarias o artísticas de que sea autora” (la cursiva es nuestra).

1.4 El reto de entender la incoherencia

En resumen, lo que se ha tratado de establecer en este apartado es el carácter


claramente diferenciado entre unos derechos y otros. Unos lo son a nivel moral
y, por lo tanto, de carácter intrínseco a la persona creadora y otros económicos y
por ello susceptibles de ser objeto de tráfico mercantil.

Siendo esto así, el reto será entender por qué entonces la ley permite “prescindir”
en determinados casos de los derechos morales.

2. Obras con varios autores

Una obra puede ser fruto del trabajo de un solo autor o de varios. La LPI
contempla para ello las figuras de 1) obra en colaboración y 2) obra colectiva. En
ambos casos es posible la diferenciación de la autoría de cada parte de la obra
−mediante pacto en contrario a lo dispuesto en la norma en el caso de la obra
colectiva−. Sin perjuicio de las disposiciones acordadas entre los autores sobre los
derechos patrimoniales, lo que está a salvo de ellas son los derechos morales

2 https://www.wipo.int/treaties/es/ip/wct/index.html
3 https://www.un.org/es/about-us/universal-declaration-of-human-rights

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generados por cada autor, teniendo que serlo de manera expresa en la obra
colectiva por lo que se indica en el siguiente apartado.

3. El autor no siempre es el creador

3.1 La autoría en la obra colectiva

En determinados casos, el creador de una obra no es considerado por la LPI como


autor de la misma. Esto ocurre, salvo pacto en contrario, en las obras colectivas
(arts. 8 y 97.2 LPI), en las que es al promotor de la obra a quien la Ley atribuye, de
primeras, la autoría.

Realmente, la atribución de los derechos morales −que no los patrimoniales, que


podría entenderse sin esfuerzo− al promotor de la obra colectiva se trata de una
ficción jurídica, si tenemos en consideración el art. 5.1 LPI:

Se considera autor a la persona natural que crea alguna obra literaria, artística
o científica.

El apartado 2 del art. 5 LPI, no obstante, parece ir preparando el terreno para lo


que viene después, que no es otra cosa que hacer frente a una aparente falta de
coherencia:

No obstante, de la protección que esta Ley concede al autor se podrán


beneficiar personas jurídicas en los casos expresamente previstos en ella

El carácter irrenunciable de la autoría de la obra se encuentra recogido en el art.


14 LPI. Es decir, según el art. 14 no es posible que un autor −el creador de una
obra− renuncie a su autoría. Teniendo en cuenta que, por el solo hecho de crear
la obra, ya se es autor, no cabría pensar en ceder la autoría a alguien que no haya
sido el creador, ya que sería una acción contra legem.

Este parece ser el motivo razonable por el que el art. 5.2 no dice que el autor pueda
ser la persona jurídica, sino que esta se podrá beneficiar de la protección que por su
propia naturaleza tiene el autor. La persona jurídica no está suplantando al autor,
sino que se le están concediendo sus mismos derechos.

Sin embargo, dicha benevolencia convive mal, a efectos de salvaguardar lo dicho


sobre lo irrenunciable de los derechos morales, con la contundencia del art. 97.2
−y, aunque en menor medida, del art. 8−:

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Las contradicciones sobre el carácter irrenunciable de la autoría en la Ley de Propiedad Intelectual

Cuando se trate de una obra colectiva tendrá la consideración de autor, salvo


pacto en contrario, la persona natural o jurídica que la edite y divulgue bajo
su nombre.

3.2 Una posible argumentación

Un argumento que podría alegarse en defensa de esta extraña situación


contradictoria es que no se puede renunciar a lo que no se tiene; nos referiríamos
a los derechos morales de los “escribientes” de una obra colectiva −hablando de
una creación literaria, por ejemplo−. Sí, porque no serían autores ya que el art.
97.2 no los contempla como tales, por lo que carecerían siquiera de derechos
morales de autor. De ese modo, esos “entes” no podrían ser calificados ni siquiera
como creadores ya que, por transitividad del art. 1, un creador es un autor y el
art. 97.2 expresa, por exclusión, que no lo son.

En fin, es claro que esta rebuscada explicación cae por su propio peso. Negar la
condición de autor a quien escribe una obra literaria, a quien concibe su
argumentación, estructura y que genera el producto intelectual final es vaciar de
contenido cualquier atisbo de creatividad humana a ese acto de escribir. Es un
argumento radicalmente opuesto al art. 1 y a su espíritu. Es equiparar al autor
con una mera imprenta, con un transcriptor que copia textos de un lugar a otro.

3.3 Conclusión

En definitiva, el malabarismo que realiza la LPI consiste en asignar, con carácter


general, la condición de autor al creador (art. 5.1) y, excepcionalmente, al
promotor de la obra colectiva (art. 97.2). Solo con esta fictio iuris se puede
mantener la coherencia con lo establecido sobre el carácter irrenunciable de los
derechos morales.

Sin embargo, la propiedad intelectual se basa en la creación. Un encargo, por muy


detallado que sea, no deja de ser la estructura, el andamiaje de algo que luego
será una obra y, en sí mismo, es una creación intelectual, siendo susceptible de
derechos de autor independientes. O incluso ser considerado como obra original
de las obras derivadas de los autores de la obra colectiva. En nuestra modesta
opinión, no era necesario vaciar de contenido moral a la figura del autor creador
para las obras colectivas.

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José Luis Cano Alonso

3.4 Para más información

Recomendamos encarecidamente la consulta del extenso trabajo de la profesora


PILAR CÁMARA ÁGUILA “La obra colectiva: ¿solución o problema?” (Cámara
Águila, 2010)4. Con mucha mayor brillantez, fundamentación doctrinal y
profusión analiza esta problemática no trivial.

4 Cámara Águila, «La obra colectiva: ¿Solución o problema?» https://www.pei-


revista.com/numeros-publicados/numero-35