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J. R. R.

TOLKIEN

EL LI BRO
DE LOS CUENTOS
PERDI DOS
I

Editado por Christopher Tolkien

MINOTAURO
Título original:
The Book of Lost Tales
Part I
Traducción de Rubén Masera

Primera edición: diciembre de 1990


Segunda edición: febrero de 1991
Segunda reimpresión: marzo de 1992

© George Alien & Unwin Ltd. 1983, 1985


© Ediciones Minotauro, 1990
Avda. Diagonal, 519- 521. 08029 Barcelona
Tel. 439 51 05*

ISBN: 84- 450- 7138- 6


Depósito legal: B. 7516- 1992

Impreso por HUROPE, S.A.


Recaredo, 4. 08005 Barcelona

Impreso en España
Printed in Spain
PREFACIO

El libro de los Cuent os Perdidos, escrit o de sesent a a set ent a años at rás, fue la
prim era obra lit erar ia im port ant e de J. R. R. Tolk ien y en ella se habla por prim era
vez de los Valar, de los Hij os de I lúvat ar, los Elfos y los Hom bres, de los Enanos y
los Orcos y de las t ierras en las que se desarrolla su hist oria, de Valinor, m ás allá
del océano occident al, y de la Tierra Media, las «Gr andes Tier ras» ent re los m ares
del este y el oeste. Unos cincuenta y siete años después de que mi padre dejara de
t rabaj ar en Los Cuent os Perdidos, se publicó El Silm arillion, * en el que su dist ant e
precursor quedó profundam ent e t ransform ado; y desde ent onces han pasado seis
años. Est e Prefacio parece un sit io adecuado en el que com ent ar algunos aspect os
de ambas obras.
Se dice com únm ent e que El Silm arillion es un libro «difícil», que acercarse a él
requiere explicaciones y guías; y es en est e aspect o lo cont rario de El Señor de los
Anillos. En el Capít ulo 7 de su libro The Road t o Middle- earth [ El cam ino a la Tierra
Media] , el profesor T. A. Shippey lo acept a com o un hecho ( «El Silm arillion será
siem pre por fuerza una lect ura ardua») y explica el porqué de est a afirm ación.
Nunca se t rat a con j ust icia una exposición com plej a cuando se la ext ract a, pero
según Shippey est o ocurre en El Silm arillion por dos razones. En prim er lugar, no
hay en el libro una «m ediación» parecida a la de los hobbit s ( así en El hobbit
«Bilbo es el eslabón que une los tiempos modernos al mundo arcaico de los enanos
y los dragones») . Mi padre no ignoraba que la ausencia de hobbit s sería sent ida
com o una carencia en «El Silm arillion», y no sólo por aquellos lect ores
part icular m ent e encariñados con los hobbit s. En una cart a escrit a en 1956, poco
después de la publicación de El Señor de los Anillos, mi padre decía:

No creo que llegase a t ener el at ract ivo del S. de los A.: ¡no hay hobbit s en
él! Replet o de m it ología, de una cualidad feérica, y de t odos esos «alt os
peldaños» ( com o podría haber dicho Chaucer) que han gust ado t an poco a
muchos de mis críticos.

En «El Silm arillion» los ingredient es son puros y sin m ezcla; y el lect or est á a
m undos de dist ancia de sem ej ant e «m ediación», de sem ej ant e em bat e deliberado
(mucho m ás que una m era cuest ión de est ilos) producido por el encuent ro ent re el
Rey Théoden y Pippin y Merry en las ruinas de Isengard:

¡Adiós, hobbit s m íos! ¡Espero que volv am os a encont rarnos en m i casa!


Allí os sent aréis a m i lado y m e diréis t odo lo que vuest ros corazones desean:
los hechos de vuestros antepasados en la medida que los recordéis...
Los hobbit s saludaron con una profunda reverencia. ¡De m odo que ése es
el Rey de Rohan! dijo Pippin en voz baja . Un magnífico viejo. Muy cortés.

En segundo lugar:

*
Cuando el nombre se escribe en letra cursiva, me refiero a la obra tal como fue publicada;
cuando aparece ent re com illas, a la obra de m anera m ás gener al en cualquiera o en t odas
sus formas.
El Silm arillion difiere de las obras ant eriores de Tolk ien en que no se acept a
en él la convención novelíst ica. En la m ayor ía de las novelas ( con inclusión de
El hobbit y El Señor de los Anillos) se escoge un personaj e para que ocupe el
primer término, como Frodo o Bilbo, y luego se desarrolla la historia en relación
con lo que a él le ocurre. El novelist a, por supuest o, est á invent ando la hist or ia
y, en consecuencia, es om niscient e: puede explicar o m ost rar lo que en verdad
está ocurriendo y oponerlo a la percepción limitada del propio personaje.

Se t rat a, pues, y de m odo m uy ev ident e, de una cuest ión de «gust o» lit erario
( o de «hábit o» lit er ario) ; y t am bién de una cuest ión de «desilusión» lit eraria: la
desilusión ( errada) de los que esperaban un segundo Señor de los Anillos, como
anot a el profesor Shippey. Est o ha producido incluso una sensación de afrent a que
m e fue expresada con las palabras: « ¡Se parece al Ant iguo Test am ent ó»: una
condena ext rem a cont ra la que no hay apelación posible ( aunque est e lect or no
pudo haber avanzado m ucho ant es de que la com paración lo abrum ara) . «El Sil-
m arillion», claro est á, t enía por obj et o conm over direct am ent e el corazón y la
imaginación, sin exigirle al lector facultades extraordinarias o un esfuerzo excesivo,
y es dudoso que cualquier m odo de abordarlo les sirva de m ucho a quienes lo
consideran inabordable.
Hay aun una t ercera consideración ( que por cier t o el profesor Shippey no
expone en el mismo contexto):

Una cualidad que [ El Señor de los Anillos] t iene en abundancia es la


Brow ulfiana «sensación de pr ofundidad», creada, al igual que en el ant iguo
poem a épico, por canciones y digresiones com o la balada de Tinúviel de
Aragorn, las alusiones de Sam Gam gee a las Silm arils y la Corona de Hierro, la
crónica que hace Elr ond de Celebr im bor y docenas m ás. Ést a es, sin em bargo
una cualidad de El Señor de los Anillos, no de las hist or ias incorporadas en él.
Cont ar est as hist orias por sí m ism as y esperar que conservaran el encant o que
obt ienen de su cont ext o m ás am plio habr ía sido un t rem endo error, un error al
que Tolk ien hubiera sido m ás sensible que ningún ot ro. Com o escribió en una
carta reveladora fechada el 20 de setiembre de 1963:

Yo m ism o dudo de la em presa [ de escribir El Silm arillion] . Part e del


atractivo de El S. de los A., creo, es consecuencia de los atisbos que hay en él
de una hist oria m ás am plia que le sirve de m arco: un at ract ivo com o el que
t iene ver a la dist ancia una isla nunca visit ada o cont em plar las t orres de una
ciudad lej ana y resplandecient e en una neblina ilum inada por el sol. I r allí
sería dest ruir la m agia, a no ser que se revelaran una vez m ás nuevos
panoramas inasequibles. (Letters [Cartas]).

I r allí sería dest ruir la m agia. En cuant o a la revelación de «nuevos


panoram as inasequibles», el problem a radica en que com o el m ism o Tolk ien
debió de pensarlo m ás de una vez la Tierra Media de El Señor de los Anillos
era ya ant igua, con un vast o peso hist órico por det rás. Pero El Silm arillion debía
em pezar por el pr incipio. ¿Cóm o podía crearse «profundidad» cuando ya no se
tenía dónde retroceder?
La cart a cit ada aquí m uest ra por ciert o que m i padre sent ía que est o era un
problem a o quizá sería m ej or decir que lo sent ía a veces. Tam poco era un
pensam ient o nuevo: m ient ras est aba escribiendo El Señor de los Anillos en 1945,
me dijo en una carta:

Una hist or ia debe cont arse o no habrá hist oria; sin em bargo son las hist orias
que no se cuent an las m ás conm ovedoras. Creo que Celebrimbor lo conm ueve a
uno porque produce la súbit a sensación de infinit as hist orias que no han sido
contadas: m ont añas vist as a lo lej os que no han de escalarse nunca, árboles
lej anos ( com o los de Niggle) que j am ás han de visit arse; si se los visit a se
convierten en «árboles cercanos»...

Est o queda perfect am ent e ej em plificado, m e parece, en la canción que cant a Gim li
en Mor ia, donde los grandes nom bres del m undo ant iguo result an del t odo
remotos:

El mundo era hermoso, altas las montañas


en los Días Antiguos antes de la caída
de los reyes poderosos de Nargothrond
y Gondolin, que ahora se han marchado
más allá de los Mares del Oeste...

« ¡Eso m e gust a! dij o Sam . Me gust aría aprenderlo. En Moria, en Khazad-


dûm. Pero pensar en t odas esas lám paras vuelv e m ás densa la oscuridad.» Con el
ent usiast a «¡eso m e gust a! » Sam no sólo sirve de «m ediador» ( y graciosam ent e
«gam gifica») para acercarse a los «elevados», a los poderosos reyes de
Nargot hrond y Gondolin, a Durin en su t rono t allado, sino que los sit úa a una
dist ancia t odav ía m ás rem ot a, una dist ancia m ágica que bien podría par ecer ( en
ese momento) imposible de atravesar.
El profesor Shippey dice que «cont ar est as hist orias por sí m ism as y esperar
que conservaran el encant o que obt ienen de su cont ext o m ás am plio habría sido
un t rem endo error». El «error» presum iblem ent e consist e en m ant ener sem ej ant e
expect at iv a, no en absolut o en el hecho de cont ar las hist orias, y evident em ent e el
profesor Shippey considera que m i padre se pregunt aba en 1963 si debía t om ar la
plum a y em pezar a escribir, pues prolonga las palabras de la cart a «yo m ism o
dudo de la em presa» con «de escribir El Silm arillion». Pero cuando m i padre dij o
eso no se est aba refiriendo, de ningún m odo, a la obra m ism a, que por ot ra part e
ya est aba escrit a, algunas de sus part es una y ot ra vez ( las alusiones que figuran
en El Señor de los Anillos no son ilusorias) : lo que est aba en cuest ión para él,
com o lo dij o ant es en esa m ism a cart a, era el hecho de publicar la después de la
aparición de El Señor de los Anillos, cuando, com o él pensaba, el m om ent o
oportuno ya había pasado.

Me t em o de cualquier m odo que la present ación ex igirá m ucho t rabaj o, y yo


t rabaj o t an lent am ent e... Es necesario elaborar las leyendas ( se escribieron en
m om ent os dist int os, algunas de ellas hace m uchos años) y hacerlas coherent es;
y deben int egrarse con El S. de los A., y es preciso darles alguna form a
progresiva. No dispongo de ningún recurso sim ple, com o un viaj e o una
búsqueda.
Yo mismo dudo de la empresa...

Cuando después de su m uert e se plant eó la cuest ión de publicar de alguna


manera «El Silm ar illion», no at ribuí ninguna im port ancia a esa duda. El efect o de
«los at isbos de una hist or ia m ás am plia que le sirve de m arco» es indiscut ible y de
la m ayor im port ancia, pero no creí que los «at isbos» ut ilizados allí con t ant o art e
tuvieran por qué excluir todo nuevo conocimiento de la «historia más amplia».
La «sensación de profundidad» lit eraria «... creada por canciones y
digresiones» no puede convert irse en crit er io para m edir una obra t ot alm ent e
diferent e: est o sería t rat ar la hist or ia pr im ordial de los Días Ant iguos de acuerdo
con el uso art íst ico que se hace de ella en El Señor de los Anillos. Tam poco debe
ent enderse de m anera m ecánica el recurso de un m ov im ient o de ret roceso en el
t iem po im aginar io para capt ar nebulosam ent e acont ecim ient os cuyo at ract ivo
reside precisam ent e en su nebulosidad, com o si una narración m ás det allada de los
hechos de los poder osos reyes de Nargot hrond y Gondolin significara una apro-
xim ación peligrosam ent e cercana al fondo del pozo y la narración de la Creación
fuera a dar cont ra el fondo en un definit ivo agot am ient o de la «profundidad», una
ausencia de sitio a «dónde retroceder».
Ést e no es, por ciert o, el m odo en que suceden las cosas o, cuando m enos, el
m odo en que por fuerza t ienen que suceder. La «profundidad» en est e sent ido
im plica una relación ent re diferent es capas o niveles t em porales dent ro del m ism o
m undo. Con t al que el lect or t enga un sit io, una perspect iva pr iv ilegiada en el
t iem po im aginario desde el que pueda m irar hacia at rás, la ext rem a ant igüedad de
lo ext rem adam ent e ant iguo será ev ident e y de un m odo inint errum pido si es ne-
cesario. Y el m ism o hecho de que El Señor de los Anillos dé la im presión de una
poderosa est ruct ura t em poral real ( m ucho m ás poderosa que la que puede
conseguirse por una m era aseveración cronológica) procura est a perspect iva
priv ilegiada. Para leer El Silm arillion uno ha de sit uarse im aginar iam ent e a finales
de la Tercera Edad en la Tierra Media mirando hacia atrás: en el punto temporal en
el que Sam Gam gee observa: «¡Eso m e gust a! » para añadir luego « Me gust ar ía
saber algo m ás». Adem ás, la form a y el est ilo de com pendio o epít om e de El
Silmarillion, que sugiere un pasado cent enario de poesía y folklore, dan una fuert e
sensación de «cuent os que no han sido cont ados», aun cuando se los cuent a; la
«distancia» nunca se pierde. No hay urgencia narrativa, la presión y el temor de un
acont ecim ient o desconocido e inm ediat o. No vem os en realidad los Silm arils com o
vem os el Anillo. El creador de «El Silm ar illion», com o él m ism o dij o del aut or del
Beowulf, «est aba hablando de cosas ya ant iguas y cargadas de m elancolía, y
consagró su art e a reabrir la herida del corazón, causada por penas que son a la
vez punzantes y remotas».
Com o est á ahora per fect am ent e docum ent ado, m i padre deseaba sobrem anera
publicar « El Silm ar illion» j unt o con El Señor de los Anillos. Nada digo acerca de la
posible v iabilidad del proyect o en aquel ent onces, ni hago conj et uras sobre el
dest ino subsiguient e de una obra com binada m ucho m ás larga, una cuat rilogía o
t et ralogía, ni sobre los diferent es cam inos que pudo haber em prendido m i padre,
pues el post er ior desarrollo del m ism o «Silm arillion», la hist oria de los Días Ant i-
guos, habría quedado int errum pido. Pero al ser publicado de m anera póst um a casi
un cuarto de siglo después, la cuestión de la Tierra Media se presentó invirtiendo el
orden nat ural; y es por ciert o discut ible que fuera at inado publicar en 1977 una
versión del « legendarium » pr im ordial com o obra aislada que, por decirlo así, se
j ust ificara a sí m ism a. La obra publicada no t iene «m arco de referencia», no se
sugiere en ella qué es ni cóm o llegó a ser ( dent ro del m undo im aginado) . Pienso
ahora que esto ha sido un error.
La cart a de 1963 cit ada arr iba m uest ra que m i padre se pregunt aba cóm o
podrían pr esent arse las ley endas de los Días Ant iguos. El m odo original, el de El
libro de los Cuent os Perdidos, en el que un Hom bre, Eriol, llega después de un
largo v iaj e por m ar a la isla en la que v iv en los Elfos y se ent era de su hist oria por
ellos m ism os, había ido ( gradualm ent e) desvaneciéndose. Cuando m i padre m ur ió
en 1973, «El Silm arillion» se encont raba en un caract eríst ico est ado de desorden:
las prim er as part es habían sido m uy revisadas y en gran part e reescrit as, las
finales est aban t odavía com o habían sido abandonadas, algunas, hacía veint e
años; pero en los últ im os escrit os no se encont raba el m enor indicio o sugerencia
de cóm o organizarlo t odo, o algún posible «m arco de referencia». Creo que al final
pensó que nada servir ía, y no habría ot ra cosa que decir, salvo dar una explicación
de cómo llegó a ser registrado (en el mundo imaginado).
En la edición original de El Señor de los Anillos, Silbo le daba a Frodo en
Rivendel com o regalo de despedida «algunos libros de conocim ient o folklór ico que
él m ism o había com puest o en diversas épocas, escrit os con let ra fina, y en cuyo
lom o se leía: Traducciones del élfico por B.B.». En la segunda edición ( 1966)
«algunos libros» fue cam biado por «t res libros», y en la Not a acerca de los
docum ent os de la Com arca añadida al Pr ólogo de esa edición, m i padre decía que
el cont enido de « los t res grandes volúm enes encuadernados en piel roj a» se
preservaba en el ej em plar del Libro Roj o de la Front era del Oest e, hecho en
Cóndor por el Escriba del Rey Findegil en el año 172 de la Cuart a Edad; y t am bién
que

Se com probó que est os t res volúm enes eran obra de gran habilidad y
m uchos conocim ient os en la que... [ Bilbo] había ut ilizado t odas las fuent es de
las que dispuso en Rivendel, t ant o vivas com o escrit as. Pero com o Frodo las
ut ilizó poco, pues est aban consagradas casi ent eram ent e a los Días Ant iguos,
nada más se dice aquí de ellas.

En The Com plet e Guide t o Middle- earth [ Guía com plet a de la Tierra Media] , Robert
Fost er dice: «Quent a Silm arillion era sin duda una de las Traducciones del élfico de
Bilbo, preservadas en el Libro Roj o de la Front era del Oest e». Tam bién yo lo he
supuesto: los «libros de conocimiento folklórico que Bilbo le dio a Frodo procuraban
por fin la solución: eran «El Silm arillion». Pero apar t e de las pruebas m encionadas
aquí no hay, que yo sepa, ninguna ot ra declaración al respect o en los escrit os de
m i padre; y ( equivocadam ent e pienso ahora) no m e decidí a cruzar la brecha y
volver definitivo lo que me pareció una suposición.
Las opciones que t enía por delant e en relación con «El Silm arillion» eran t res.
La publicación podía dem orarse indefinidam ent e, por est ar la obra incom plet a y la
incoherencia de las distintas partes. Podía aceptar la naturaleza de la obra tal como
se encontraba, y, para citar mi Prólogo del libro, «presentar dentro de las cubiertas
de un libro único m at eriales m uy diversos, m ost rar El Silm arillion com o si fuera en
verdad una creación inint er rum pida que se había desarrollado a lo lar go de m ás de
m edio siglo»; y que, com o lo dij e en Cuent os I nconclusos ( pág. 9 de la versión
cast ellana) , im plicaría «un com plej o de t ext os div ergent es eslabonados por
com ent arios»: una em presa m uy superior a lo que las palabras sugieren. Por fin
elegí la t ercera opción: «elaborar un t ext o único, seleccionando y disponiendo el
m at erial del m odo que m e par eció m ás adecuado para obt ener una narración de
veras coherent e y con cont inuidad int erna». Habiendo llegado a esa decisión, t odo
el trabajo de edición que llevé a cabo junto con Guy Kay apuntó al fin expuesto por
m i padre en la cart a de 1963: «Es necesario elaborar las leyendas ... y hacerlas
coherentes; y deben integrarse con El S. de los A.». Como el objetivo era presentar
«El Silm arillion» com o «una ent idad com plet a y coherent e» ( que dada la
naturaleza del caso no podr ía conseguirse por com plet o) , se concluirá que en el
libro publicado no se expondrían las complejidades de su historia.
No im port a lo que se piense de la cuest ión, el result ado, que de ningún m odo
había prev ist o, fue añadir una nueva dim ensión de oscuridad a «El Silm arillion»,
pues la incert idum bre acerca de la edad de la obra, si ha de considerársela
«t em prana» o «t ardía», o cuáles de sus part es lo son, y acerca del grado de
int rom isión y m anipuleo ( o aun invención) edit or ial es m ot iv o de tropiezos y fuente
de no pocos errores. El profesor Randel Helms, en Tolkien and the Silmarils, lo dice
del modo siguiente:

Cualquiera int eresado, com o yo lo est oy, en el desarrollo de El Silm arillion


querrá est udiar los Cuent os I nconclusos, no sólo por su valor int r ínseco, sino
t am bién porque su relación con el pr im ero lo conv iert e en un ej em plo clásico de
un problem a de crít ica lit erar ia de larga dat a: ¿qué es en realidad una obra
lit eraria? ¿Es lo que el aut or quería ( o quizá podría haber querido) que fuera, o
lo que hace de ella un edit or post erior ? El problem a se vuelve especialmente
arduo para el crít ico cuando, com o ocurrió con El Silm arillion, el escrit or m uere
ant es de t erm inar su obra, y dej a m ás de una versión de algunas de sus part es,
que encuent ran publicación en ot ro sit io. ¿Qué versión considerará el crít ico la
«verdadera»?

Pero dice t am bién: «Christ opher Tolk ien nos ha ayudado en est e caso señalando
honest am ent e que El Silm arillion en la form a act ual es invención del hij o, no del
padre»; y est o es un grave err or, nacido de m is propias palabras. Aun el profesor
Shippey, aunque acept a m i afirm ación de que «una m uy vast a proporción» del
t ext o del « Silm arillion» de 1937 se conservó en la v ersión publicada, en ot ro lugar
lo consider a claram ent e una obra «t ardía», aun la últ im a de su aut or. Y en un ar-
t ículo t it ulado «The Text of The Hobbit : Put t ing Tolkien's Not es in Order» ( English
St udies in Canadá, VI I , 2, verano de 1981) Const ance B. Hieat t llega a la
conclusión de que « result a m uy claro en verdad que nunca lograrem os ver los
pasos sucesivos del pensamiento del autor detrás de El Silmarillion.
Pero por sobre las dificult ades y las oscuridades, lo que es ciert o y m uy
ev ident e es que para el progenit or de la Tierra Media y Valinor había una profunda
coherencia y una int errelación vit al ent re las épocas, los espacios y los seres, por
variados que sean sus m odos lit erar ios y por m uy prot eicas que puedan parecer
algunas part es vist as desde la perspect iva de t oda una vida. Él m ism o ent endía
m uy bien que para m uchos de los que leían con deleit e El Señor de los Anillos, la
Tierra Media nunca será ot ra cosa que una mise- en- scène de la hist oria, y dis-
frut arían de la sensación de «profundidad» sin deseos de explorar esos espacios.
Pero la «profundidad» no es, por supuest o, una ilusión, com o una est ant ería de
lomos falsos sin libros dentro; y el Quenya y el Sindarin son estructuras completas.
Hay explor aciones por llevar a cabo en est e m undo con perfect o derecho, fuera de
t oda consideración crítico- lit eraria; y es correct o int ent ar capt ar la est ruct ura de
t odo ese m undo, a part ir del m it o de la creación. Cada persona, cada rasgo del
m undo im aginado que pareció significat ivo al aut or es, pues, digno de at ención por
derecho propio, Manwë o Fëanor no menos que Gandalf o Galadriel, las Silmarils no
m enos que los Anillos; la Gran Música, las j erarquías div inas, las m oradas de los
Valar, el dest ino de los Hij os de I lúvat ar son elem ent os esenciales para la
com prensión del conj unt o. Tales inv est igaciones no son ilegít im as en principio;
nacen de una acept ación del m undo im aginado com o obj et o de cont em plación o
est udio t an válido com o m uchos ot ros obj et os de cont em plación o est udio de est e
ot ro m undo, dem asiado poco im aginar io a decir verdad. Fue con est a opinión y el
conocim ient o de que ot ros la com part ían, que hice la recopilación llam ada Cuentos
Inconclusos.
Pero la v isión del aut or de su propia v isión fue m udando y cam biando, en una
alt eración y una am pliación lent as y cont inuas: sólo en El hobbit y en El Señor de
los Anillos em ergieron part es de esa visión y fueron let ra escrit a durant e el curso
de la v ida de Tolk ien. El est udio de la Tierra Media y Valinor es, pues, com plej o;
porque el obj et o del est udio no er a est able, y exist e, por así decir,
«longit udinalm ent e» en el t iem po ( el curso de la v ida del aut or) , y no sólo
«t ransversalm ent e» en el t iem po com o libro im preso que ya no cam biará en nada
esencial. Mediant e la publicación de «El Silm ar illion» lo « longit udinal» se cort ó
transversalmente, y tuvo de ese modo un cierto carácter definitivo.

Est a exposición m ás bien errát ica es un int ent o de explicar los m ot iv os principales
que m e han im pulsado a publicar El libro de los Cuent os Perdidos. Es el prim er
paso para present ar la perspect iva «longit udinal» de la Tierra Media y Valinor :
cuando la inm ensa expansión geográfica, que fue creciendo desde el cent ro
em puj ando ( por así decir) Beleriand hacia el oest e, est aba t odav ía en un fut uro
dist ant e; cuando no había «Días Ant iguos» que t erm inaron con la inundación de
Beler iand porque no exist ían aún Edades del Mundo; cuando los Elfos eran t odavía
«hadas», y aun Rúm il, el sabio Noldo, est aba m uy alej ado de los « m aest ros de
ciencia» de los años post erior es de m i padre. En El libro de los Cuent os Perdidos
los príncipes de los Noldor no han aparecido todavía, ni tampoco los Elfos Grises de
Beler iand; Beren es un Elfo, no un Hom bre, y quien lo capt ura, el pr incipal
precursor de Sauron en ese papel, es un gato monstruoso poseído por un demonio;
los Enanos son un pueblo malvado; y las relaciones históricas de Quenya y Sindarin
est aban concebidas de m odo m uy diferent e. Ést os son unos pocos rasgos
especialm ent e not ables, pero la list a podría prolongarse aún m ucho m ás. Por ot ra
part e, había ya una firm e est ruct ura subyacent e. Adem ás, en la hist oria de la
histor ia de la Tier ra Media rara vez había desarrollo por descart e direct o: m ucho
m ás a m enudo se producía por sut iles t ransform aciones en et apas, de m odo que la
form ación de las ley endas ( el proceso por el que la hist or ia de Nargot hrond ent ra
en cont act o con la de Beren y Lút hien, por ej em plo, un cont act o que ni siquiera se
sugiere en los Cuent os Perdidos, aunque am bos elem ent os est aban present es en
él) se par ece a la form ación de las ley endas ent re los pueblos: el product o de
muchas mentes y muchas generaciones.
Mi padre em pezó El libro de los Cuent os Perdidos en 1916- 1917 durant e la
Pr im era Guerra, cuando t enía veint icinco años, y lo dej ó incom plet o por largo
t iem po. Era el punt o de part ida, cuando m enos en form a acabadam ent e narrat iv a,
de la hist oria de la Tierra Media y Valinor; per o ant es de que los Cuentos
est uvieran acabados, se dedicó a la com posición de poem as largos, la Balada de
Leithian, en díst icos rim ados ( la hist oria de Beren y Lút hien) , y Los hij os de Húrin,
en versos alit erat ivos. La form a en prosa de la «m it ología» em pezó una vez m ás
desde un nuevo punt o de part ida * en una sinopsis m uy breve, o «Esbozo» com o lo
llam ó, escrit o en 1926, y que t enía la int ención ex presa de procurar el m arco de
referencia necesario para la com prensión del poem a alit erat ivo. El post er ior
desarrollo escrit o de la form a en prosa se originó en ese «Esbozo» y avanzó en
línea direct a hast a la versión de «El Silm arillion», que hacia fines de 1937 se
acercaba a su form a acabada; m i padre int errum pió ent onces el t rabaj o y lo env ió
t al com o est aba a Allen y Unw in en noviem bre de ese año; pero en la década de
1930 fueron com puest os t am bién t ext os colat erales y subordinados im port ant es,
com o los Anales de Valinor y los Anales de Beleriand ( de los que subsist en
fragm ent os en la t raducción al inglés ant iguo hecha por Ælfw ine [ Eriol] ) , la crónica
cosm ológica llam ada Ambarkanta, la For m a del Mundo, de Rúm il, y la Lhammas o
«Crónica de las lenguas», de Pengolod de Gondolin. Luego la hist oria de la Prim era
Edad fue abandonada durant e m uchos años, hast a que com plet ó El Señor de los
Anillos, pero m ient ras t ranscurrieron los años que precedieron a la publicación de
est e libro, m i padre volv ió a «El Silm arillion» y ot ras obras afines con decidida
dedicación.
Est a edición de los Cuent os Perdidos será, espero, el pr incipio de una serie que
desarrollar á la hist oria por m edio de est os escrit os post eriores, en verso y en
prosa; y con est a esperanza he dado a est e libro un t ít ulo «om nicom prensivo» que
int ent a abarcar t am bién a los que quizá lo sigan, aunque m e t em o que «La hist or ia
de la Tierra Media» sea quizá en exceso am bicioso. De cualquier m odo est e t ít ulo
no implica una «historia» en el sentido convencional: mi intención es ofrecer textos
com plet os o en gran part e com plet os, de m odo que los libr os parecerán m ás una
serie de publicaciones. No m e propongo com o obj et ivo pr im ordial desenm arañar
m uchos hilos singulares y separados, sino m ás bien volver asequibles obras que
pueden y deben leerse como totalidades.
El rast reo de est a lar ga evolución t iene para m í profundo int erés, y espero que
lo t enga t am bién para los que sient en agrado por est a especie de búsqueda: sea
las t ransform aciones generales de la t ram a, la t eoría cosm ológica, o det alles t ales
com o la aparición pr em onit or ia de Legolas Hoj averde, el de v ist a penet rant e, en el
cuento La Caída de Gondolin. Pero est os viej os m anuscrit os no sólo t ienen int erés
para el est udio de los orígenes. Mi padre ( que yo sepa) nunca rechazó expre-
sam ent e gran part e de lo que allí se encuent ra, y es preciso recordar que «El
Silm ar illion», desde el «Esbozo» de 1926 en adelant e, se escribió com o un
resum en o epít om e, dando la sust ancia de obras m ucho m ás ext ensas ( ex ist ieran
*
Sólo en el caso de La Música de los Ainur hubo un desarrollo direct o desde un manuscrito a
ot ro, a part ir de El libro de los Cuent os Perdidos, hast a sus últ im as for m as; pues La Música
de los Ainur fue separada del resto y continuada como obr a in dependien t e.
de hecho o no) en un m arco m ás breve. El est ilo sum am ent e arcaico ut ilizado con
este propósit o no era pom poso: sugerent e y de m ucho vigor, parecía
part icular m ent e adecuado para t ransm it ir la nat uraleza m ágica y feérica de los
Elfos prim it ivos, pero con igual facilidad se hacía sarcást ico, burlándose de Melko o
los asunt os de Ulm o y Ossë. En est os casos parece nacer a veces una concepción
cóm ica, y el lenguaj e, rápido y vivaz, no sobrevivió en la gravedad de la prosa
ut ilizada por m i padr e en el post erior «Silm ar illion» ( así, Ossë «viaj a de aquí para
allá en la espum a de sus em presas» cuando ancla las islas en el fondo del m ar, los
acant ilados de Tol Eressëa que acaban de poblarse de las prim eras av es m arinas
«se llenan de chachara y de olor a pescado, y sobre las rocas se celebran grandes
cónclaves», y cuando los Elfos de la Cost a se hacen por fin a la m ar hacia Valinor,
Ulm o prodigiosam ent e «v iaj a a la zaga en un carro con olor a pescado y t oca con
fuerza la trompeta para desconcierto de Ossë»).
Los Cuent os Perdidos no alcanzaron nunca, ni se aprox im ar on siquier a, a una
form a que m i padre hubier a considerado publicable; eran experim ent ales y
prov isorios, y los cuadernos en que fueron escrit os se encuadernaron y guardaron
durant e años sin que se les volv iera a echar una m irada. Present arlos en un libr o
im preso ha plant eado espinosos problem as edit oriales. En prim er lugar, los
m anuscrit os son int rínsecam ent e difíciles: en part e porque los t ext os en su
m ayor ía fueron escrit os de prisa con lápiz y ahora cuest a leerlos, y a veces
requieren el uso de una lupa y m ucha paciencia no siem pr e recom pensada. Pero
adem ás en ciert os lugares m i padre borró el t ex t o original en lápiz y escribió
encim a una versión corregida en t int a; y com o en ese t iem po ut ilizaba cuadernos
cosidos y no hoj as suelt as, a veces no t enía lugar, de m odo que part es de los
cuent os aparecen escrit as en m edio de ot ros cuent os, y a veces el lect or se
encuentra con un terrible rompecabezas textual.
En segundo lugar, los Cuent os Perdidos no fueron escrit os uno después del
ot ro, según la secuencia de la narración; e ( inev it ablem ent e) m i padre se puso a
organizar y corregir el t ext o cuando la obra aún no est aba acabada. La Caída de
Gondolin fue el primero de los cuentos contados a Eriol que se escribió, y el Cuento
de Tinúviel el segundo, pero los acont ecim ient os de esos cuent os t ienen lugar
cerca del final de la hist or ia; por ot ra part e, los t ext os ex ist ent es son rev isiones
post eriores. En algunos casos no es posible leer ahora nada ant erior a la form a
revisada; en ot ros exist en am bas form as en su t ot alidad o en part e; hay a veces
sólo un borrador prelim inar; y en ot ros casos en fin no hay ninguna narración, sino
sólo notas y proyectos. Después de variados intentos, comprobé que no era posible
ningún ot r o m ét odo de present ación que ir ofreciéndolos en la secuencia de la
narrativa.
Y, finalm ent e, a m edida que la escrit ura de los Cuentos iba avanzando, hubo
cam bios de relaciones, aparecieron concepciones nuevas, y el desarrollo de las
lenguas parí passu con el de la narración conduj o a una cont inua rev isión de los
nombres.
Una edición que, com o ést a, t iene en cuent a sem ej ant es com plej idades, en
lugar de disim ular las art ificialm ent e, puede llegar a ser un t ext o int rincado y
exasperant e, donde ni por un inst ant e se dej a solo al lect or. He int ent ado que los
Cuentos m ism os result en accesibles y puedan leerse sin obst áculos, procurando al
m ism o t iem po de form a bast ant e acabada para los que lo deseen, det alles
concret os de los t ex t os. Para lograr lo, he reducido drást icam ent e el núm ero de
anotaciones, de t res m aneras: los m uchos cam bios hechos a los nom bres se
regist ran t odos, pero se los agrupa al final de cada cuent o, no se registran
indiv idualm ent e cada vez que aparecen ( los lugares en que aparecen los nom bres
pueden encont rarse en el índice) ; casi t odas las anot aciones que se refieren al
cont enido se incorporan en un com ent ario o un breve ensayo que sigue a cada uno
de los cuent os; y casi t odos los com ent arios lingüíst icos ( prim ordialm ent e la
et im ología de los nom bres) se incluyen en un Apéndice sobre los Nom bres al final
del libro, donde abunda la inform ación acerca de las prim eras et apas de las
lenguas «élficas». Así, pues, las not as num eradas se lim it an en gran part e a
variant es y divergencias que se encuent ran en ot ros t ext os, y el lect or que no
quiera molestarse por ellas, puede leer los cuentos sabiendo que eso es casi todo lo
que se pierde.
Los com ent arios son de alcance lim it ado, cent rándose sobre t odo en exponer
las im plicaciones de lo que se dice dent ro del cont ext o de los Cuentos y en
com pararlas con las del Silmarillion publicado. Me he abst enido de paralelos,
fuent es e influencias; y he ev it ado sobre t odo las com plej idades que separan los
Cuent os Perdidos de la obra publicada ( pues indicar las aun de paso, pienso,
dist raer ía al lect or) t rat ando la cuest ión de m aner a sim plificada, com o ent re dos
punt os fij os. Ni por un m om ent o supongo que m is análisis sean del t odo j ust os o
exact os, y es posible que hay a signos que podr ían aclarar los punt os descon-
cert ant es de los Cuentos que quizá a m í se m e han escapado. Se incluy e t am bién
un breve glosar io de palabras que aparecen en los Cuentos y poem as que son
anticuadas, arcaicas o raras.
Los t ext os se present an en una form a que se aprox im a m ucho a la del
m anuscrit o original. Sólo los deslices m enores m ás evident es han sido corregidos
en silencio; donde las oraciones se coordinan con torpeza o hay falta de coherencia
gram at ical, com o ocurre a veces en los Cuentos que no eran m ás que un rápido
borrador, no he int ervenido. Me he perm it ido m ayor libert ad en el em pleo de los
signos de puntuación, pues cuando m i padre escribía de prisa, punt uaba de
m anera errát ica o no lo hacía en absolut o; y he ido m ás lej os que él en el uso
coherent e de las m ayúsculas. He adopt ado, aunque con vacilaciones, un sist em a
coherent e de acent uación para los nom bres élficos. Mi padre escribió, por ej em plo,
Palûríen, Palúrien, Palurien; nen, Onen; Kôr, Kor. He ut ilizado el acent o agudo
para indicar vocal larga, y los acentos circunflejo y agudo (y algún grave ocasional)
de los t ext os originales, pero reservé el circunflej o para los m onosílabos: así,
Palúrien, Ónen, Kôr ; el m ism o sist em a, al m enos visualm ent e, que el del Sindar in
posterior.
Por últ im o, haber edit ado est e libro en dos part es es consecuencia de la
ext ensión de los Cuentos. La edición est á concebida com o una t ot alidad, y esper o
que la segunda part e aparezca ant es de un año; pero cada part e t iene su propio
índice y un Apéndice sobre los Nom bres. La segunda part e cont iene los que, en
muchos aspectos, son los cuentos más interesantes: Tinúviel, Turambar (Túrin), La
Caída de Gondolin, y el Cuent o del Nauglafring ( el Collar de los Enanos) ; esbozos
del Cuento de Eärendel y la conclusión de la obra; y Ælfwine de Inglaterra.
I

LA CABAÑA DEL JUEGO PERDIDO

En la t apa de uno de los ahora m uy gast ados «Cuadernos de ej ercicios escolares»


en los que se escribieron algunos de los Cuent os Perdidos m i padre apunt ó: La
Cabaña del Juego Perdido, que inicia [el] libro de los Cuentos Perdidos; y en la tapa
t am bién est án apunt adas en let ra de m i m adre sus iniciales: E.M.T., y una fecha:
12 de febrero de 1917. En est e cuaderno el cuent o aparece escrit o por m i m adre:
una copia prolij a de un m uy borroso m anuscrit o a lápiz en hoj as suelt as escrit o por
m i padre que fue guardado ent re las t apas. De m odo que la fecha de la com -
posición de est e cuent o pudo haber sido, aunque probablem ent e no lo fue, ant erior
al inv ierno de 1916- 1917. La copia en lim pio sigue con precisión el t ext o original;
luego se hicieron sobre la copia algunos cam bios, ligeros en su m ayor ía ( salvo en
relación con los nombres). El texto sigue aquí su forma definitiva.

Ahora bien, sucedió en cierto tiempo que un viajero de países lejanos, un


hom bre de gran curiosidad, fue llevado, por el deseo de t ierras ext rañas, y
de cam inos y m oradas de pueblos inusit ados, en un barco hacia el oest e,
t an hacia el oest e, que llegó hast a la I sla Solit aria, Tol Eressëa en la lengua
de las hadas, pero que los Gnom os1 llam an Dor Faidw en, la Tierra de la Li-
beración, y de ahí nació una gran historia.
Ahora bien, un día, después de mucho viajar, llegó cuando las luces de la
t arde se encendían en no pocas vent anas, al pie de una colina en una vast a
llanura boscosa. Se encont raba ahora en el cent ro de est a gran isla, y
durant e m uchos días había recorrido los cam inos de la isla, parando cada
noche en la casa de la gent e que el azar decidiera, fuera en un villorrio o un
pueblo de pro, a la hora de la t arde en que las velas se encienden. Ahora
bien, a esa hora el deseo de ver cosas nuevas dism inuye, aun para quien
tiene corazón de ex plorador; y ent onces, aun un hij o de Eärendel com o est e
viaj ero, piensa sobre t odo en la cena y el descanso y cont ar cuent os ant es
de que llegue la hora de irse a la cama y dormir.
Ahora bien, m ient ras est aba al pie de la pequeña colina se levant ó una
brisa leve, y luego una bandada de graj os voló por encim a de él a la clara
luz uniforme. Hacía algún tiempo que el sol se había hundido más allá de las
ram as de los olm os que se ext endían por la llanura hast a donde la vist a
podía alcanzar, y hacía algún t iem po que el oro t ardío se había desvanecido
ent re las hoj as, deslizándose por los claros um brosos para dorm ir baj o las
raíces y soñar hasta el alba.
Ahora bien, est os graj os dieron la v oz de bienvenida a casa y con un
rápido giro volvieron a posarse en la copa de algún olm o alt o en la cim a de
la colina. Ent onces pensó Er iol ( porque así lo llam ó después la gent e de la
isla, y el nom bre significa «El que sueña solo», pero cuáles fueron sus
ant eriores nom bres no se cuent a en ningún sit io) : «La hora del descanso
est á cerca, y aunque no sé ni siquiera el nom bre de est e pueblo
aparent em ent e honest o en la cum bre de la pequeña colina, buscaré reposo
y aloj am ient o y no seguiré adelant e hast a la m añana, ni siquiera ent onces
seguiré adelant e quizá, porque el lugar parece apacible y el sabor de la
brisa es bueno. Para m í t iene el aspect o de guardar m uchos secret os de
ant año y cosas m aravillosas y herm osas ent re sus t esoros y lugares nobles
y también en los corazones de los que viven dentro de los muros».
Ahora bien, Eriol venía desde el sur y por delant e de él se ext endía un
cam ino rect o bordeado por un alt o m uro de piedra gris sobre el que había
m uchas flores, y grandes t ej os oscuros en algunos sit ios. A t ravés de ellos,
m ient ras subía por el cam ino, vio brillar las prim eras est rellas, com o lo
cantó después en un canto que le dedicó a esa bella ciudad.
Ahora bien, se encont raba en la cim a de la colina ent re las casas y
dando un paso quizá casual inició el descenso por un sendero serpent eant e,
hast a que habiendo baj ado un poco por la ladera occident al de la colina,
una m inúscula vivienda at raj o su m irada; las cort inas de las vent anas
dej aban filt rar una luz cálida y deliciosa, com o de corazones cont ent os.
Ent onces t uvo nost algia de am able com pañía, y el deseo del viaj e m urió en
él... e im pulsado por un gran anhelo se acercó a la puert a de la cabaña, y
llam ó y le pregunt ó a alguien que acudió y abrió, cuál podría ser el nom br e
de est a casa y quién vivía en ella. Y le dij eron que era Mar Vanw a Tyaliéva,
o la Cabaña del Juego Perdido, y el nom bre le causó gran asom bro. Vivían
allí, le dij eron, Lindo y Vairë que la habían const ruido hacía m uchos años, y
con ellos est aban no pocos de su gent e y sus am igos y sus hij os. Y eso le
causó m ás asom bro t odavía al ver el t am año de la casa, pero el que le
había abiert o, leyendo lo que Eriol pensaba, le dij o: Pequeña es la
vivienda, pero m ás pequeños aún son los que m oran aquí... porque el que
ent re en ella ha de ser en verdad pequeño, o por propia buena volunt ad
volverse pequeño al pisar el umbral.
Dij o ent onces Eriol que su m ás caro deseo era ent rar en la casa y
solicitar de Vairë y Lindo una noche de cálido hospedaje, si les parecía bien,
pues él t enía volunt ad de volverse lo bast ant e pequeño allí en la puert a.
Dij o ent onces el ot ro: Entra y Eriol avanzó y, ¡vaya! , t uvo la im presión
de que er a una casa am plia y de m uy abundant e deleit e, y el señor de ella,
Lindo, y su esposa, Vairë, se adelant aron a saludarlo; y él sint ió en el
corazón una com placencia que nunca había conocido, aunque al
desembarcar en la Isla Solitaria mucha había sido su alegría.
Y cuando Vairë hubo pronunciado las palabras de bienvenida y Lindo le
hubo pregunt ado cóm o se llam aba y de dónde venía y adonde iba y él dij o
que se llamaba el Forastero y que venía de las Grandes Tierras,2 y que iba a
donde el deseo de viaj ar lo llevase, la com ida de la noche fue servida en la
vast a sala y a ella fue invit ado Eriol. Ahora bien, en est a sala, a pesar de
que era el t iem po del est ío, habían sido encendidas t res grandes fogatas:
una en el ext rem o lej ano del recint o y una a cada lado de la m esa, y a
excepción de la luz de est as fogat as, t odo est aba en cálida penum bra
cuando Eriol ent ró. Pero en ese m om ent o acudió m ucha gent e port ando
velas de dist int os t am años y form as, en candelabros de variado diseño;
muchos eran de madera tallada y ot r os de m et al bat ido, y fueron puest os al
azar sobre la mesa central y sobre las de los lados.
En ese m om ent o sonó un gong a la dist ancia con dulce clam or, y siguió
un ruido como de muchas risas mezcladas con un gran estrépito de pisadas.
Entonces le dijo Vairë a Eriol al verle la cara llena de feliz asombro: Ésa es
la voz de Tom bo, el Gong de los Niños, que se encuent ra j unt o a la Sala del
Juego Recuperado, y suena una vez para convocarlos a est a sala a la hora
de comer y de beber, y tres veces para convocarlos a la Habitación del Leño
Encendido a la hor a de cont ar cuent os. Y añadió Lindo: Si al sonar una
vez hay risas en los corredores y est répit o de pisadas, las paredes se
sacuden de alegría cuando suena t res veces a la t arde. Y el sonido de los
tres golpes es el momento más feliz del día para Corazoncito el Custodio del
Gong, como lo declara él mismo, que tanta felicidad ha conocido en tiempos
de ant año; y es t an anciano que sus años son incalculables, a pesar de la
alegría que lleva en el alm a. Navegó en Wingilot con Eärendel durant e est e
últ im o viaj e en el que buscaron a Kôr. Fue el sonido de est e Gong en los
Mares Som bríos el que despert ó al Durm ient e en la Torre de Perlas que se
alza allá lejos al oeste en las Islas del Crepúsculo.
Tanto subyugaron a Eriol estas palabras, pues le pareció que le abrían un
nuevo m undo m uy bello, que nada m ás oyó hast a que Vairë lo invit ó a
sent arse. Levant ó ent onces la cabeza y ¡he aquí que la sala y t odos sus
bancos y sillas se habían llenado de niños de t oda especie y t am año, y
salpicados ent re ellos había gent es de t odo aspect o y edad! En una cosa se
parecían t odos: en la cara de cada cual había una expresión de gran
felicidad ilum inada por la alegre expect at iva de nuevas alegrías y deleit es
por venir. La suave luz de las velas t am bién daba sobre t odos ellos;
resplandecía sobre t renzas brillant es y relum braba sobre cabellos oscuros, o
aquí y allí ponía un pálido fuego sobre m echones que habían encanecido.
Mient ras Eriol est aba m irándolos, t odos se pusieron de pie y ent onaron en
coro el canto del Servicio de las Carnes. Luego fue traída la comida y puesta
delant e de ellos, y ent onces los que t raían las fuent es y los que servían y
los que t endían la m esa, y el anfit rión y la anfit riona, los niños y el
convidado se sent aron; pero ant es Lindo bendij o la com ida y a los
com ensales. Mient ras com ían, Eriol ent ró en conversación con Lindo y con
su esposa, cont ándoles hist orias de sus avent uras de ot ro t iem po,
especialm ent e aquellas con que se había t opado en el viaj e que lo había
traído a la Isla Solitaria, y preguntándoles a su vez muchas cosas referentes
a la bella t ierra y ( sobre t odo) a la bella ciudad en la que se encont raba
ahora.
Lindo le dij o: Ent érat e que hoy, o m ás probablem ent e ayer, has
cruzado las fronteras de la región que se llamó Alalminórë o la «Tierra de los
Olm os», que los Gnom os llam an Gar Lossion o el «Lugar de las Flores».
Ahora bien, est a región se considera el cent ro de la isla y es su m ás bella
región; pero por encim a de t odas las ciudades y pueblos de Alalm inórë est á
Korom as o, com o algunos la llam an, Kort irion, y ést a es la ciudad en la que
ahora t e encuent ras. Tant o porque est á en el corazón de la isla com o por la
alt ura de su poderosa t orre, los que hablan de ella con am or la llam an la
Ciudadela de la I sla o aun del Mundo. No sólo por est e gran am or; t oda la
isla acude aquí en busca de sabiduría y dirección, de cant os y de la ciencia
de la t ierra; y aquí en un gran korin de olm os vive Meril- i- Turinqi. ( Ahora
bien, un korin es un m uro circular, ya sea de piedra, de espinos o aun de
árboles, que rodea un prado verde.) Meril lleva la sangre de Inwë, al que los
Gnom os llam an I nw it hiel, el que fue Rey de t odos los Eldar cuando
habit aban Kôr. En días ant eriores a que se escuchara el lam ent o del m undo,
I nw ë los conduj o a las t ierras de los Hom bres; pero esas m agnas y t rist es
cosas y cóm o los Elfos llegaron a est a isla bella y solit aria, quizá t e las
cuente en otra ocasión.
»Pero al cabo de m uchos días, I ngil, hij o de I nw ë, viendo que est e lugar
era muy hermoso, descansó aquí y reunió alrededor a la mayoría de los más
sabios y los m ás herm osos, de los m ás alegres y los m ás bondadosos de
t odos los Eldar. 3 Aquí ent re esos m uchos llegaron m i padre Valw ë, que fue
con Noldorin al encuent ro de los Gnom os, y el padre de Vairë, m i esposa,
Tulkast or. Era del linaj e de Aulë, pero había vivido largo t iem po con los
Flaut ist as de la Cost a, los Solosim pi, de m odo que fue de los prim eros en
llegar a la isla.
»Luego I ngil const ruyó la gran t orre 4 y llam ó a la ciudad Korom as o " el
Reposo de los Exiliados de Kôr" , pero por causa de esa t orre se la conoce
ahora sobre todo como Kortirion.
Ahora bien, por ese t iem po la com ida llegaba a su fin; ent onces Lindo
llenó su copa, y después de él Vairë y todos los que estaban en la sala, pero
a Eriol le dijo: Esto que ponemos en nuestras copas es limpë, la bebida de
los Eldar, de los j óvenes y los viej os por igual, y bebiéndola nuest ros
corazones se m ant ienen j óvenes y las bocas se nos llenan de cant os, pero
est a bebida yo no puedo darla: sólo Turinqi puede darla a aquellos que no
siendo de la raza de los Eldar, después de haberla bebido se quedan a vivir
para siem pre con los Eldar de la I sla hast a que llegue la hora de part ir en
busca de las fam ilias perdidas. Luego llenó la copa de Eriol, pero la llenó
con el vino dorado de los ant iguos t oneles de los Gnom os; y luego se puso
de pie y brindó « por la Part ida y el Reencendido del Sol Mágico». Luego
sonó el Gong de los Niños t res veces, y un alegre est répit o se elevó en la
sala, y algunos abrieron grandes puert as de roble de par en par en un
ext rem o, aquel en que no había hogar. Ent onces m uchos cogieron las velas
que est aban colocadas en pies de m adera y las sost uvieron en alt o m ient ras
otros reían y charlaban, pero t odos abrieron un sendero en m edio del gent ío
por el que avanzaron Lindo y Vairë y Eriol, y cuando ést os cruzaron las
puertas, la multitud los siguió.
Eriol vio entonces que se encontraban en un corto y amplio corredor, y la
part e superior de los m uros est aba cubiert a de t apices; y esos t apices
ilust raban hist orias que él no conocía en ese t iem po. Sobre los t apices
parecía haber pint uras, pero no podía verlas a causa de las som bras, pues
los port adores de velas venían det rás, y delant e de él la única luz procedía
de una puerta abierta por la que se filtraba un resplandor rojo, como de una
gran hoguera. Ése dij o Vairë es el Hogar de los Cuent os que arde en
la Sala de los Leños; arde allí durant e t odo el año, porque es un fuego
m ágico que ayuda al hom bre a cont ar cuent os... pero allí vam os ahora y
Eriol dijo que eso le parecía mejor que ninguna otra cosa.
Ent onces t odos ent raron riendo y conversando en el cuart o de donde
venía el resplandor roj o. Era un precioso cuart o com o podía apreciarse aun
a la luz de las llam as que bailaban sobre las paredes y el t echo baj o,
m ient ras que en los escondrij os y rincones había som bras profundas.
Alrededor del gran hogar había m uchas alfom bras y coj ines blandos; y un
poco a un lado había un sillón pr ofundo con brazos y pat as t allados. Y er a
de una t al nat uraleza, que Eriol sint ió ent onces y en t odas las ot ras
ocasiones que entró en el cuarto a la hora de contar cuentos, que cualquiera
que fuera el núm ero de gent es que allí hubiera, el cuart o daba la im presión
de ser bastante espacioso, no demasiado grande, pero nunca atestado.
Entonces todos se sentaron donde quisieron, viejos y jóvenes, pero Lindo
se sent ó en el sillón y Vairë sobre un coj ín a sus pies, y Eriol, regocij ado
junto al rojo resplandor aunque era verano, se tendió cerca del hogar.
Dij o ent onces Lindo: ¿De qué t rat arán los cuent os est a noche? ¿De las
Grandes Tierras y de las m oradas de los Hom bres; de los Valar y Valinor;
del Oest e y sus m ist erios, del Est e y su gloria, del Sur y sus descam pados
nunca recorridos, del Nort e y su poder y su fuerza; o de est a isla y su
gent e; o de los ant iguos días de Kôr donde vivió ot rora nuest ro pueblo?
Porque est a noche t enem os con nosot ros a un huésped, un hom bre de
vast os y excelent es viaj es, un hij o de Eärendel, según creo. ¿Trat arán de
viajes, de exploraciones navieras, de los vientos y el mar?5
Pero a est a pregunt a algunos respondieron una cosa y ot ros ot ra, hast a
que Eriol dij o: Os lo ruego, si los dem ás est án de acuerdo, por est a vez
cont adm e acerca de est a isla, y de t oda est a isla, y sobre t odo acerca de
est a buena casa y sus bellos m orador es, doncellas y m uchachos, porque de
t odas las casas ést a m e parece la m ás encant adora y de t odos los
habitantes, éstos los más dulces que haya contemplado.
Dij o Vairë ent onces: Sabe, pues, que ant iguam ent e, en los días de 6
I nw ë ( y es difícil rem ont arse m ás at rás en la hist oria de los Elfos) , había un
lugar de bellos j ardines en Valinor j unt o a un m ar de plat a. Ahora bien, est e
lugar est aba cerca de los confines del reino, pero no lej os de Kôr, aunque
por causa de la dist ancia a que se encont raba de Lindelos, el árbol del sol,
había allí una luz com o la del at ardecer del verano, salvo sólo cuando se
encendían en la colina al crepúsculo las lám paras de plat a, y ent onces unas
lucecillas blancas bailaban y se est rem ecían en los senderos per siguiendo
m ot as oscuras baj o los árboles. Ést e era un m om ent o de alegría para los
niños, porque sobr e t odo a est a hora un nuev o cam arada descendía por la
senda llam ada Olórë Mallë o la Senda de los Sueños. Se m e dij o, aunque la
verdad no la conozco, que la senda llegaba por rut as desviadas hast a las
m oradas de los Hom bres, pero nunca nos avent urábam os por esas rut as
cuando nosot ros íbam os allí. Era una senda de m árgenes profundos y set os
colgant es, m ás allá de los cuales se erguían m uchos árboles alt os, donde
parecía habit ar un susurro perpet uo; pero no r ara vez enorm es luciérnagas
revoloteaban por los bordes herbosos.
»Ahora bien, en est e lugar de j ardines un alt o port ón enrej ado que
brillaba dorado en el crepúsculo daba a la senda de los sueños, y desde allí
part ían m uchos cam inos serpent eant es form ados por alt os set os de boj
hast a el m ás bello de t odos los j ardines, y en m edio de ese j ardín se
levant aba una cabaña blanca. De qué est aba hecha o cuándo se habría
const ruido nadie lo sabía ni lo sabe ahora, pero se m e dij o que brillaba con
una luz pálida, com o de perlas, y que el t echo era de paj a, pero que esas
pajas eran de oro.
»Ahora bien, a un cost ado de la cabaña había un m at orral de lilas
blancas, y en el otro extremo un poderoso tejo con cuyos vástagos los niños
construían arcos o por cuyas ramas trepaban al techo. Pero todo pájaro que
alguna vez cant ó, acudía a las lilas y cant aba dulcem ent e. Ahora bien, las
paredes de la cabaña se inclinaban por la edad, y los m últ iples vent anucos
eran de un enrej ado ret orcido en las form as m ás ext rañas. Nadie, se decía,
vivía en la cabaña, que est aba sin em bargo guardada en secret o y con celo
por los Elfos, para que ningún daño le ocurriera, y los niños que jugaban allí
librem ent e no sabían que hubiera alguna guar dia. Ést a era la Cabaña de los
Niños o del Juego del Sueño, y no del Juego Perdido, com o se cant ó
erróneam ent e ent re los Hom bres... porque ningún j uego se había perdido
entonces, y aquí y ahora ¡ay! está la Cabaña del Juego Perdido.
» Ést os t am bién eran los prim eros niños: los niños de los padres de los
padres de los Hom bres que aquí vinieron; y por lást im a los Elfos int ent aron
guiar a t odos los que venían por esa senda hast a la cabaña y el j ardín,
t em iendo que los ext raviados llegaran a Kôr y se enam oraran de la gloria
de Valinor; porque ent onces se quedarían allí para siem pre y los padres se
hundirían en un pr ofundo dolor o errarían siem pre en vano convirt iéndose
en desarraigados y salvaj es ent re los hij os de los Hom bres. Más aún, a
algunos que llegaban al borde de los acant ilados de Eldam ar y allí se
dem oraban deslum brados por las bellas caracolas y los peces de m últ iples
colores, los est anques azules y la espum a de plat a, los conducían a la
cabaña seduciéndolos gent ilm ent e con el perfum e de las flores. Sin
em bargo, aun así había algunos que oían en aquella playa las dulces flaut as
de los Solosim pi a lo lej os, y que no j ugaban con los ot ros niños, sino que
asom ados a las vent anas m ás alt as m iraban esforzándose por t ener at isbos
del mar y las costas mágicas más allá de las sombras de los árboles.
»Ahora bien, en su m ayoría, los niños no ent raban con frecuencia en la
casa, sino que bailaban y j ugaban en el j ardín, recogiendo flores y
persiguiendo a las abej as doradas y a las m ariposas de alas de encaj e
puest as allí por los Elfos para su alegría. Y m uchos niños se hicieron allí
cam aradas, que después se encont raron y se am aron en las t ierras de los
Hom bres, pero de t ales cosas quizá los Hom bres sepan m ás de lo que yo
pueda decirt e. Había allí sin em bargo, com o t e he dicho, quienes oían las
flaut as de los Solosim pi a lo lej os, ot ros que, alej ándose del j ardín una vez
m ás, llegaban a escuchar el cant o de los Telelli en la colina, y aun algunos
que, después de llegar a Kôr, regresaban a su casa, con la m ent e y el
corazón m aravillados. De los neblinosos recuerdos de est os niños, de sus
narraciones inconclusas y de sus fragm ent os de canción nacieron m uchas
leyendas extrañas que deleitaron a los Hombres por largo tiempo y quizá los
deleit an t odavía; porque de ellos surgieron los poet as de las Grandes
Tierras.7
»Ahora bien, cuando las hadas abandonaron Kôr, esa senda fue
bloqueada para siem pre con grandes rocas infranqueables, de m odo que la
cabaña perm anece vacía y el j ardín desnudo hast a el día de hoy, y así
perm anecerá hast a m ucho después de la Part ida, cuando, si t odo va bien,
los caminos desde Arvalin hasta Valinor estarán atestados por los hijos y las
hij as de los Hom bres. Pero al ver que ningún niño iba ya allí en busca de
gozo y deleit e, el dolor y la opacidad se difundieron ent re ellos, y los
Hom bres casi dej aron de creer en la belleza de los Elfos y la gloria de los
Valar o de pensar en ellas, hast a que uno llegó de las Grandes Tierras y nos
rogó dar alivio a la oscuridad.
»Ahora bien, no hay cam ino seguro para los niños desde las Grandes
Tierras hast a aquí, pero Meril- i- Turinqi haciéndose eco de su propia
benignidad designó a Lindo, m i esposo, para t razar algún buen plan. Pues
bien, Lindo y yo, Vairë, hem os t om ado a nuest ro cargo a los niños: el rest o
de los que encont raron a Kôr y se quedaron con los Eldar para siem pre; de
m odo que levant am os con buena m agia est a Cabaña del Juego Perdido; y
aquí se at esoran y se ej ecut an los viej os cant os, los viej os cuent os y la
m úsica élfica. De vez en cuando nuest ros niños part en ot ra vez en busca de
las Grandes Tierras, y acuden j unt o a los niños solit arios y les susurran al
at ardecer cuando van a acost arse t em prano a la luz de la noche y de las
velas, o consuelan a los que lloran. Algunos, m e han dicho, escuchan las
quej as de los que han sido cast igados o reprendidos, y escuchan sus cuen-
t os y fingen ponerse de part e de ellos, y ést e m e parece a m í un raro y feliz
servicio.
»No obst ant e no t odos los que enviam os fuera regresan, y est o es una
gran pesadum bre para nosot ros, pues no es por m enudo am or que los Elfos
se hacen cargo de los hij os venidos de Kôr, sino m ás bien por consideración
a los hogares de los Hom bres; sin em bargo, en las Grandes Tierras, com o
bien lo sabes, hay herm osos lugares y adorables regiones de gran
seducción, por lo que sólo obedeciendo a una gran necesidad arriesgam os a
alguno de los niños que est án con nosot ros. Sin em bargo, la gran m ayoría
regresa y nos cuent an m uchas hist orias y m uchas cosas t rist es de sus
viaj es... y ahora t e he dicho casi t odo cuant o hay por decir de la Cabaña del
Juego Perdido.
Dij o Eriol ent onces: Pues son ést as t rist es not icias, aunque no
obst ant e, es bueno escucharlas, y m e recuerda ciert as palabr as que m i
padre m e dij o en m i t em prana infancia. Había una viej a t radición ent re los
de nuest ro linaj e, dij o, según la cual uno de los padres de nuest ro padre
habría hablado de una her m osa casa y unos j ardines m ágicos, de una
ciudad m aravillosa, y de una m úsica bella y nost álgica... y est as cosas dij o
que las había vist o y escuchado de niño, aunque no cóm o y dónde. Ahora
bien, t oda su vida fue un hom bre inquiet o, com o si t uviera dent ro de sí un
anhelo expresado a m edias de cosas desconocidas; y se dice que m urió
ent re las rocas de una cost a solit aria una noche de t or m ent a... y adem ás
que la m ayoría de sus hij os y los hij os de ést os t am bién han sido gent e
inquieta... y según creo, ahora sé la verdad del asunto.
Y Vairë dij o que er a probable que unos de los del linaj e de Eriol hubiera
encontrado las rocas de Eldamar en aquellos días.

NOTAS

1. Gnomos: el Segundo Clan, los Noldoli ( m ás t arde, Noldor). Para el uso de la


palabra Gnomos, véase pág. 42; para la dist inción lingüíst ica que aquí se hace,
véase la nota al final del capítulo.
2. Las «Grandes Tierras» son las t ierras al est e del Gran Mar. El t érm ino «Tierra
Media» no es nunca em pleado en los Cuent os Perdidos, y de hecho no aparece
hasta los escritos de la década de 1930.
3. En am bos m anuscrit os a las palabras «de t odos los Eldar» sigue «porque más
nobles no los había, puest o que ser de sangre élfica era equiv alent e y
bastante»; pero esto fue tachado en el segundo manuscrito.
4. Originalm ent e se leía «la gran Tirion», que fue luego reem plazado por «la gran
torre».
5. Est a oración desde «Porque est a noche t enem os» reem plazaba en el
m anuscrit o original un t ext o ant erior: «¿t rat ará de Eärendel el Errant e, quien
sólo ent re los hij os de los Hom bres t iene verdadero t rat o con los Valar y los
Elfos, quien sólo de ent re las gent es de su linaj e ha vist o m ás allá de
Taniquetil, el que navega eternamente por el firmamento?».
6. El texto original era «antes de los días de», que se cambió por «en los primeros
días de» y finalmente por el texto que aquí se ofrece.
7. Esta última frase fue un agregado al segundo manuscrito.

Cambios de los nombres que aparecen en


La Cabaña del Juego Perdido

Los nom bres se encont raban en est a época en un est ado sum am ent e fluido, lo
que reflejaba en parte el rápido desarrollo de las lenguas mismas. Hubo cambios en
el t ext o or iginal y t am bién ot ros en diferent es épocas al segundo t ext o, pero en las
not as siguient es no parece necesario ent rar en det alles de cuándo y dónde
ocurrieron esos cam bios. Los nom bres se dan en el orden en que aparecen en el
cuento. Se utilizan los signos > y < para significar «cambio a» y «proviene de».

Dor Faidw en El nom bre gnóm ico de Tol Eressëa fue cam biado m uchas veces: Gar
Eglos > Dor Edloth > Dor Usgwen > Dor Uswen > Dor Faidwen.
Mar Vanw a Tyaliéva En el t ext o original se dej ó un espacio en blanco para el
nombre élfico que se llenó luego con Mar Vanwa Taliéva.
Grandes Tierras A lo largo de t odo el cuent o es una corrección de Tierras
Exteriores, cuando se le dio a est e últ im o nom bre una significación dist int a
(tierras al oeste del Gran Mar).
Wingilot < Wingelot.
Gar Lossion < Losgar.
Koromas < Kormas.
Meril- i- Turinqi El primer texto dice sólo Turinqi, con un espacio en blanco destinado
a un nombre personal.
Inwë < Ing cada vez que aparece.
Inwithiel > Gim Githil, que fue a su vez Githil.
Ingil < Ingilmo.
Valwë < Manwë Parece posible que Manwë com o nom bre del padre de Vairë fuera
un mero desliz.
Noldorin Originalm ent e el t ext o era Noldorin al que los Gnom os dan el nom bre de
Goldriel; Goldriel se t ransform ó en Golthadriel, y luego la referencia a la
nomenclatura gnómica quedó eliminada dejando sólo Noldorin.
Tulkastor < Tulkassë < Turenbor.
Solosimpi < Solosimpë cada vez que aparece.
Lindelos < Lindeloksë < Lindeloktë Ramo Cantante (Glingol).
Telelli < Télellë.
Arvalin < Harmalin < Harwalin.

Comentario sobre
La Cabaña del Juego Perdido

La hist or ia de Eriol el m ar iner o era fundam ent al en la concepción or iginal de la


mitología de mi padre. En aquellos días, como contó mucho después en una carta a
su am igo Millón Waldm an,* la int ención prim ordial de la obra era sat isfacer su
deseo de cont ar con una lit erat ura específica y dist int ivam ent e inglesa referida a
las «hadas»:

Desde días m uy t em pranos m e ent r ist eció la pobreza de m i propia pat r ia


am ada: no t enía hist orias propias ( vinculadas con la lengua y el suelo) , ni de la
calidad que buscaba y encont raba ( com o ingredient es) en leyendas de ot ras
t ierras. Las había gr iegas, celt as, en lenguas rom ance, germ ánica, escandinav a
y finlandesa ( lo cual m e afect aba grandem ent e) ; pero nada en inglés, salvo un
material empobrecido destinado a venderse en los quioscos.

En sus prim eros escrit os la m it ología nacía de la ant igua hist oria legendaria de
Inglaterra; y más aún, se asociaba particularmente con ciertos lugares ingleses.
Eriol, él m ism o parient e cercano de figuras legendarias del noroest e de Europa,
llegó por fin al cabo de un viaje hacia el oeste a Tol Eressëa, la Isla Solitaria, donde
habit aban los Elfos; y de ellos aprendió «Los Cuent os Perdidos de Elfinesse». Pero
su papel debía ser al pr incipio m ás im port ant e en la est ruct ura de la obra que
( com o llegó a aparecer m ás t arde) sim plem ent e el de un hom bre de días
post eriores, que llegó «al país de las Hadas» y adquir ió allí conocim ient os perdidos
y ocult os, que dio a conocer luego en su propia lengua: al principio Er iol iba a ser
un elem ent o im port ant e del m ism o cuent o de hadas, un t est igo de la r uina de la
élfica Tol Eressëa. Los elem ent os de hist oria inglesa ant igua o «leyenda hist órica»
no iban a ser en un principio un m ero m arco aislado de los grandes cuent os que
const it uyeron después «El Silm arillion», sino una part e int egral de su conclusión.
La elucidación de t odo est o ( en la m edida en que sea posible) debe por fuerza pos-
ponerse hast a el final de los Cuentos; pero aquí cuando m enos algo ha de decirse
de la hist oria de Er iol hast a el m om ent o de su llegada a Tol Eressëa y de la
significación original de la Isla Solitaria.
La «historia de Eriol» se cuenta de hecho entre las cuestiones más intrincadas y
oscuras de t oda la hist oria de la Tierra Media y de Am an. Mi padre dej ó a m edio
camino los Cuentos Perdidos, y abandonó al mismo tiempo las ideas que tenía para
concluir los. Esas ideas pueden en verdad discernirse a part ir de sus not as; pero
ést as en su m ayoría est aban escrit as con lápiz a t oda velocidad, borrosas y
desvanecidas ahora, por m om ent os indescifrables aun al cabo de un prolongado
exam en, en t ir it as de papel, desordenadas y sin fecha, o en un pequeño cuaderno,
en el que, durant e el t iem po en que com ponía los Cuentos Perdidos, anotaba
pensam ient os y sugerencias. La form a com ún de est as not as sobre el elem ent o
«Eriol» o «inglés» es la de breves esbozos, donde los rasgos narrat ivos
sobresalient es, a m enudo sin clara conexión ent re sí, est án apunt ados a la m anera
de una lista; y varían de modo constante.
De cualquier m anera, ent re los que deben considerarse los prim er os de est os
esbozos en est e pequeño cuaderno, el t it ulado « Hist oria de la v ida de Eriol», el
m arinero que llegó a Tol Eressëa, guarda relación con la invasión t radicional de
Gran Bret aña por Hengest y Horsa en el siglo v d. de C. Ést e fue un asunt o al que
m i padre dedicó m ucho t iem po y reflex ión; le dedicó una conferencia en Oxford y

* The Let t en of J. R. R. Tolk ien [ Las Cart as de J. R. R. Tolkien] , ed. Humphrey


Carpenter, 1981, pág. 144. La carta, casi con toda certeza, fue escrita en 1951.
desarrolló ciertas" teorías originales, especialmente en conexión con la aparición de
Hengest en el Beowulf.*
Por est as anot aciones, nos ent eram os de que el nom bre or iginal de Er iol er a
Ottor, pero que se llam aba a sí m ism o Wáefre ( palabra que en inglés ant iguo
significa «inquiet o», «errant e») y viv ió t oda una vida sobre las aguas. Su padre se
llamaba Eoh ( palabr a que en el vocabulario poét ico del inglés ant iguo significa
«caballo»); y Eoh fue muerto por su hermano Beorn (en inglés antiguo «guerrero»,
pero que originalm ent e significaba «oso», com o t am bién la palabra em parent ada
björn en noruego ant iguo; cf. Beorn, el cam biador de form as de El hobbit ) . Eoh y
Beorn eran los hijos de Heden, «el que vestía de cuero y piel», y el linaje de Heden
( com o el de m uchos héroes de la leyenda nórdica) se rem ont aba hast a el dios
Wóden. En algunas not as m ás hay ot ras conexiones y com binaciones, y com o est a
hist or ia no se escribió nunca com o una narración coherent e, est os nom bres sólo
t ienen significado en cuant o revelan la dirección de los pensam ient os de m i padre
en ese tiempo.
Ot t or Wáefre se asent ó en la isla de Heligoland, en el Mar del Nort e, y se casó
con una m uj er llam ada Cwén ( en inglés ant iguo « m uj er», «esposa») ; t uvier on dos
hij os llam ados «por su padre» Hengest y Horsa «para vengar la m uert e de Eoh»
(hengest es otra palabra que en inglés antiguo significa «caballo»).
La nost algia por el m ar invadió a Ot t or Wáefre: era hij o de Eärendel, nacido
baj o su rayo. Si un rayo de Eärendel cae sobre un niño recién nacido, ést e se
conviert e en «hij o de Eärendel» y en un hom bre errant e. ( Tam bién en La Cabaña
del Juego Perdido es llam ado, t ant o por el aut or com o por Lindo, «hij o de
Eärendel».) Después de la m uert e de Cw én, Ot t or dej ó a sus j óvenes hij os.
Hengest y Horsa vengaron a Eoh y se convirt ieron en grandes capit anes; pero
Ot t or Wáefre se fue a buscar Tol Eressëa, llam ada aquí en inglés ant iguo se
uncúpa holm, «la isla desconocida».
Varias cosas se nos dicen en esas notas sobre la estadía de Eriol en Tol Eressëa
que no aparecen en El libro de los Cuent os Perdidos, pero de ést as sólo m e es
preciso referirme aquí a las afirmaciones de que «Eriol adoptó el nombre de Angol»
y de que fue llam ado por los Gnom os ( post eriorm ent e los Noldor, véase abaj o)
Angol «por las regiones de su pat ria». Est o sin duda se refiere a las ant iguas
t ierras de los « ingleses» ant es de que m igraran por el Mar del Nor t e hast a Gran
Bret aña: en inglés ant iguo Ángel, Angul, en alem án m oderno Angeln, la región de
la península danesa ent re el fiordo de Flensburg y el r ío de Schlei, al sur de la
m oderna front era danesa. Desde la cost a occident al de la península, no hay una
gran distancia hasta la isla de Heligoland.
En ot ro lugar Angol se considera el equivalent e gnóm ico de Eriollo; de esos
nombres se dice que son los de «la región de la parte norte de las Grandes Tierras,
"entre los m ares" , de las que v ino Er iol». ( Sobre est os nom bres, véase m ás
detalles bajo Eriol en el Apéndice sobre los nombres.) .
No ha de pensarse que est as not as represent an en t odos sus aspect os la
historia de Eriol tal como mi padre la concebía cuando escribió La Cabaña del Juego
Perdido; de cualquier m odo se dice expresam ent e allí que Eriol significa «el que
sueña solo», y que «en ningún sit io se cuent a cuáles fueron sus ant eriores
nom bres». Pero lo im port ant e es que ( de acuerdo con m i opinión sobre las

* J. R. R. Tolkien: Finn and Hengest, ed. Alan Bliss, 1982.


prim eras concepciones, aparent em ent e la m ej or explicación posible) ést a era
t odav ía la idea fundam ent al cuando fue escrit a: Eriol llegó a Tol Eressëa desde las
t ierras al Est e del Mar del Nor t e. Eriol pert enece al per íodo que precede a las in-
vasiones anglosaj onas de la Gran Bret aña ( t al com o m i padre deseaba
representarlo).
Más t arde el nom br e se t ransform ó en Ælfwine ( «Am igo de los Elfos») , el
m arinero se convirt ió en un inglés del «período anglosaj ón» de la hist oria de
I nglat erra, que navegó hacia el oest e, por m ar, hast a Tol Eressëa... navegó desde
I nglat erra hacia el océano At lánt ico; y de est a post erior concepción prov iene la
m uy not able hist or ia de Ælfwine de I nglat erra, que se ofrecerá al final de los
Cuentos Perdidos. Pero según la concepción anterior no era un inglés de Inglaterra:
I nglat erra en el sent ido de la t ierra de los ingleses no ex ist ía t odav ía; porque el
hecho fundam ent al ( del t odo explícit o en las not as exist ent es) de est a concepción
es que la isla élfica a la que llegó Eriol era I nglaterra, es decir, Tol Eressëa se
convert ir ía en I nglat erra, la t ierra de los ingleses al final de la hist oria. Korom as o
Kortirion, la ciudad en el centro de Tol Eressëa a la que llega Eriol en La Cabaña del
Juego Perdido, se convert iría en días post erior es en Warwick ( y los elem ent os Kor-
y War- est aban et im ológicam ent e relacionados) ; * Alalm inórë, la Tier ra de los
Olm os, sería Warw ickshire; y Tavrobel, donde se quedó Eriol un t iem po en Tol
Eressëa, sería luego la aldea de Staffordshire de Great Haywood.
Nada de est o est á explícit o en los Cuentos escrit os, y sólo se encuent ra en
not as independient es; pero par ece seguro que aún no est aba olv idado cuando se
escribió La Cabaña del Juego Perdido ( y, por ciert o, com o t rat aré de dem ost rarlo
m ás t arde, subyace en t odos los Cuentos). La copia en lim pio que hizo m i m adre
est á fechada en febrero de 1917. Desde 1913 hast a su m at rim onio en m arzo de
1916, v iv ió en Warw ick, y m i padre iba a visit ar la allí desde Ox ford; después de su
m at rim onio v iv ió por un t iem po en Great Hayw ood ( al est e de St afford) , pues es-
t aba cerca del cam pam ent o donde se aloj aba m í padre, y después de que él
regresara de Francia, perm aneció en Great Hayw ood durant e el inv ierno de 1916-
1917. Así pues, la ident ificación de Tol Eressëa Tavrobel con Great Hayw ood no
pudo ser ant erior a 1916, y la copia en lim pio de La Cabaña del Juego Perdido fue
hecha allí concret am ent e. En nov iem br e de 1915 m i padr e escribió un poem a
titulado Kort irion ent r e los árboles que est aba dedicado a Warw ick.* * A la prim era
copia en limpio del poema agregó una introducción en prosa en la que se dice:

Ahora bien, hubo un t iem po en que las hadas viv ían en la I sla Solit aria
después de las grandes guerras libradas cont ra Melko y la caída de Gondolin; y
levant aron una herm osa ciudad en m edio de esa isla, y est aba rodeada de
árboles. Pues bien, a est a ciudad llam aron Kort irion, t ant o en m em oria del
t iem po en que m oraron en Kôr, en Valinor, com o porque t am bién se elevaba
sobre una colina y t enía una gran t orre, alt a y gris, que I ngil, hij o de I nw ë, hizo
construir un día.

* No es posible iden t if icar la gr an t or r e o t ir ion lev an t ada por I n gil, h ij o de I nw e, con


la gr an t or r e del cast illo de War w ick , per o por lo m en os h ay cer t eza de qu e Kor om as
t en ía u n a gr an t or r e por q u e War w ick la t ien e.
** Se of r ecen t r es t ex t os d if er en t es de est e p oem a. Un p oem a escr it o en Ét aples en
el Pas de Calais en j un io de 1 9 1 6 y t it u lado « La I sla Solit ar ia» se r ef ier e de u n a m an er a
ex plícit a a I n glat er r a. Véase Let t er s [ Car t as] , n ot a 4 a la car t a 4 3 .
Muy herm osa era Kort irion, y las hadas la am aban, y se hizo rica en cant o, y
en poesía, y en risas claras, pero en un ciert o m om ent o ocurrió la Gran Part ida,
y las hadas habrían r eencendido el Sol Mágico de Valinor, si no hubiera sido por
la t raición y el corazón débil de los Hom bres. Pero de t al m odo sucedieron las
cosas, que el Sol Mágico ha m uert o y la I sla Solit ar ia fue dev uelt a a los confines
de las Grandes Tierras, y las hadas se han esparcido por t odos los vast os
cam inos inhóspit os del m undo; y ahora los hom bres m oran aún en est a isla, y
no les preocupan los días de ant año, ni nada saben de ellos. Sin em bargo, hay
todavía algunos Eldar y Noldoli* de otro tiempo que se han quedado en la isla, y
en las cost as de la t ierra que una vez fue la m ás bella m orada de los inm ort ales
aún se escuchan sus cantos.
Y les parece a las hadas y m e parece a m í, que conozco esa ciudad y he
andado a m enudo por sus cam inos, que el ot oño y la caída de las hoj as es la
est ación del año donde quizá aquí y allá él corazón de algún hom bre pueda
abrirse, y alguna m ir ada perciba cóm o ha decaído el est ado del m undo desde la
alt ura de la risa y la belleza de ant año. Pensad en Kort ir ion y ent r ist eceos... y
sin embargo ¿no hay ninguna esperanza?

Tant o aquí com o en La Cabaña del Juego Perdido se alude a acontecimientos


que est aban aún en el fut uro cuando Eriol llegó a Tol Eressëa; y aunque la
exposición y com ent ario de est os acont ecim ient os deban esperar t odavía hast a el
final de la obra, es necesario explicar aquí que «La Part ida» fue una gran
expedición em prendida en Tol Eressëa para rescat ar a los Elfos que aún andaban
errant es por las Grandes Tierras; cf. las palabras de Lindo: «hast a que llegue la
hora de part ir en busca de las fam ilias perdidas». En ese t iem po, con ayuda de
Ulm o, Tol Eressëa fue arrancada del fondo del m ar y arrast rada cerca de las cost as
occident ales de las Grandes Tierras. En la bat alla que siguió los Elfos fueron
derrotados y huyeron a esconderse en Tol Eressëa; los Hombres invadieron la isla y
así em pezó la decadencia de los Elfos. La hist oria subsiguient e de Tol Eressëa es la
hist oria de I nglat err a; y War w ick es una «Kort irion desfigurada», ella m ism a un
recuerdo del ant iguo Kôr ( la post erior Tir ion sobre Tuna, ciudad de los Elfos en
Am an; en los Cuent os perdidos el nom bre Kôr se em plea t ant o para designar la
ciudad como la colina).
I nw ë, al que en La Cabaña del Juego Perdido llam an «el Rey de t odos los Elfos
cuando vivían en Kôr», es el precursor de I ngw ë, Rey de los Elfos Vanyar en El
Silmarillion. En una hist or ia que le cuent an m ás t arde a Eriol en Tol Eressëa,
reaparece I nw ë com o uno de los t res Elfos que fueron por prim era vez a Valinor
después del Despert ar, com o lo fue I ngw ë en El Silm arillion; de sus parient es y
descendient es, los Inwir, nació Mer il- i- Turinqi, la Señora de Tol Eressëa. Las
referencias de Lindo a que I nw ë «oyera los lam ent os del m undo» ( est o es, de las
Grandes Tierras) y a que conduj era a los Elfos a las t ierras de los Hom bres son el
germ en de la hist or ia de las Huest es del Oest e que at acarían a Thangorodrim : «El
ej ércit o de los Valar se preparaba para la bat alla; y baj o sus banderas blancas
m archaban los Vany ar, el pueblo de I ngw ë...» ( El Silm arillion) . Más t arde Meril- i-
Turinqi le dice a Er iol en los Cuentos que «I nwë era el m ay or de los Elfos, y que
aún viv iría en m aj est ad, si no hubiera per ecido en esa m archa de salida al m undo;

* Para la distinción entre Eldar y Noldoli, véase La Música de los Ainur.


pero Ingil, su hijo, había vuelto hacía mucho tiempo a Valinor y allí se encontró con
Manw ë». En El Silm arillion, por ot ra part e, se dice de I ngw ë que «ent ró en Valinor
[ en el com ienzo de los días de los Elfos] y perm anece sent ado a los pies de las
Pot est ades, y t odos los Elfos lo reverencian; pero nunca regresó ni volv ió la m irada
a la Tierra Media».
Las palabras de Lindo sobre la est ancia de I ngil en Tol Eressëa «al cabo de
m uchos días» y la int erpret ación del nom bre de la ciudad de Korom as com o «el
Reposo de los Ex iliados de Kôr», se refieren al regreso de los Elfos desde las
Grandes Tierras después de la guerra declarada cont ra Melko ( Melkor, Morgot h)
para liberar a los Noldoli esclav izados. Sus palabras sobre su padre Valw ë «quien
fue con Noldorin al encuent ro de los Gnom os» se refieren a una part e de la hist or ia
de la expedición emprendida desde Kôr.*
Es, pues, importante ent ender que ( si m i int erpret ación general es correct a) en
La Cabaña del Juego Perdido Eriol llega a Tol Er essëa después de la Caída de
Gondolin y la m archa de los Elfos de Kôr sobre las Grandes Tierras para derrot ar a
Melko, cuando los Elfos que habían int erv enido en ella habían vuelt o por m ar para
viv ir en Tol Eressëa; pero ant es de t iem po de la Part ida y el t raslado de Tol
Eressëa a la posición geográfica de Inglaterra.

Es preciso decir sin dem ora que la lect ura de ot ros escrit os de m i padre arroj a
m uy poca luz sobre la «Cabaña» m ism a; pues la ent era concepción de los Hij os
que habían ido a Valinor iba a ser abandonada casi sin dej ar huella. Sin em bargo,
más tarde en los Cuentos Perdidos hay otra vez referencias a Olórë Mallë. Después
de la descripción del Ocult am ient o de Valinor, se dice que por pedido de Manwë
( que cont em plaba con dolor el acont ecim ient o) , los Valar Orom ë y Lórien inven-
t aron ext raños cam inos desde las Grandes Tierras hast a Valinor, y el cam ino
invent ado por Lórien fue Olórë Mallë, la Senda de los Sueños; por est a rut a,
cuando los «Hom bres acababan de despert ar en la t ierra», «los hij os de los padres
de los padres de los Hom bres iban a Valinor durant e el sueño». Hay ot ras dos
menciones en los cuentos de la Segunda Parte: la narradora del Cuento de Tinúviel
( una hij a de Mar Vanw a Tyaliéva) dice que había v ist o a Tinúviel y a su m adre con
sus propios oj os «cuando viaj aba por el Cam ino de los Sueños», y el narrador del
Cuento de Turambar dice que «había recorrido Olórë Mallë en días que precedieron
a la caída de Gondolin».
Hay t am bién un poem a sobre el t em a de la Cabaña del Juego Perdido, que
conserva m uchos de los det alles de la descripción del t ext o en prosa. Est e poem a,
de acuerdo con las not as de m i padre, fue com puest o en 59 St John's St reet ,
Oxford, donde vivía cuando aún no se había graduado, el 27- 28 de abril de 1915 (a
los 23 años) . Exist e ( com o const ant em ent e sucede en el caso de los poem as) en
varias ver siones, cada una de ellas con det alles que difieren de la ant erior; y t odo
el final fue reescrit o dos veces. Lo ofrezco aquí ant e t odo en su prim era versión, y
de los cam bios se da cuent a en not as al pie de página, y luego la v ersión final,
cuya fecha no puede det erm inarse con cert idum bre. Sospecho que fue m uy

* Cuando se llegue a la hist oria de Eärendel al final de los Cuentos, ar r oj ará ciert a luz
sobr e las referencias de Lindo al sonido del Gong en los Mares Som br íos y el Du r m ien t e
en la Tor r e de Per las.
posterior; y pudo haber sido en verdad una de las revisiones en las que se empeñó
m ient ras preparaba la colección de Las avent uras de Tom Bom badil (1962),
aunque no hay ninguna mención en la correspondencia de mi padre sobre el tema.
El t ít ulo original era Tú y yo / y la Cabaña del Juego Perdido ( con una
t raducción al inglés ant iguo Paet húsincel aérran gam enes) , que fue t ransformado
en Mar Vanw a Tyaliéva, La Cabaña del Juego Perdido; en la ver sión final es La
Casit a del Juego Perdido: Mar Vanwa Tyaliéva. El m argen de los versos es el de los
textos originales.

Tú y yo
y la Cabaña del Juego Perdido

Tú y yo... conocemos esa tierra


y a menudo hemos estado allí
en los largos días de antaño, los viejos días de la infancia,3
una niña morena y un niño rubio.
5 ¿Fue por caminos de sueños, luminosos de hogueras,
en el invierno blanco y helado,
o en las horas de los crepúsculos azules
de camas tempranas,
en las noches adormecidas del verano
10 cuando tú y yo nos perdimos en el Sueño
y allí nos encontramos...
tu pelo negro sobre el camisón blanco
y el mío rubio enmarañado?

Erramos tímidos de la mano,


15 o retozamos en la arena de las hadas15
y en cubos recogimos perlas y caracolas,
mientras que alrededor los ruiseñores
cantaban en los árboles.

Cavamos buscando plata con la pala


20 junto a brillantes mares interiores,
y corrimos luego tierra adentro por prados somnolientos
y por un cálido sendero retorcido,
que nunca volvimos a encontrar23
entre los altos árboles susurrantes.

25 No era el aire nocturno ni diurno,25


sino ligeramente oscuro con la más leve luz,
cuando por vez primera se hizo visible
la Cabaña del Juego Perdido.

3 En los largos antiguos días, los días luminosos,


15 en la arena dorada
23 qu e ah or a n o podem os v olv er a en con t r ar
25 nocturno ni tampoco diurno
Era de construcción muy antigua29
30 blanca y techada de paja de oro,
y horadada de celosías atentas
que miraban al mar;
y nuestros propios jardines de infancia
estaban allí... nuestros propios nomeolvides,
35 margaritas rojas, mastuerzos, mostaza,
y un nemophilë azul.
¡Oh! En todos los bordes guarnecidos de boj37
brotaban las flores preferidas... el flox,
la espuela de caballero, el clavel y la malva real
40 bajo un acerolo rojo:
y todos los senderos estaban llenos de formas,
de formas vestidas de blanco que jugaban felices,
y con ellas tú y yo.43
Y algunas tenían regaderas de plata
45 y mojaban sus ropas
o se salpicaban entre ellas; algunas trazaban planos
de casas, ciudades hermosas47
o viviendas de los árboles;
y algunas trepaban al techo;
50 y arriba canturreaban solitarias
y algunas bailaban a la ronda,
y tejían coronas de perladas margaritas,
o cazaban dorados abejorros;
pero aquí y allá una pareja
55 de mejillas rosadas y pelo enmarañado
debatían extraños asuntos, infantiles y antiguos...56 *
y entre ellos, nosotros.
¿Y por qué llegó Mañana
y con una mano gris nos arrastró;
60 y por qué no encontramos nunca la misma
antigua cabaña o el mágico sendero62
que cruza un mar de plata,63

29 r ecién con st r u id a est ab a, au n qu e er a m u y an t ig u a


37 y t odos los bor des
43 qu e r eían con t igo y t am bién con m igo.
47 pequeñas ciudades
56 debatían antiguos asuntos infantiles
* Parece haber aquí un eco de los versos del poem a de Francis Thom pson, Daisy
[Margarita]:
Two children did we stray and talk
Wise, idle, childish things.
[Encontramos dos niños extraviados que debatían indolentes y sabios asuntos infantiles.]
Mi padre adquirió las obras de Francis Thompson en 1913 y 1914.

62 que lleva entre el mar y el cielo


63 a esas antiguas costas
Los versos 58- 65 se reescribieron luego:
y esas antiguas costas y jardines hermosos,
donde están esas cosas que fueron una vez...?
65 Ni tú ni yo lo sabemos.

Ésta es la versión final del poema:

La Casita del Juego Perdido


Mar Vanwa Tyaliéva

Conocimos esa tierra una vez, tú y yo,


y una vez llegamos allí,
en los largos días hace ya tiempo transcurridos,
una niña morena y un niño rubio.
5 ¿Fue en los senderos del pensamiento luminoso
en el invierno frío y blanco,
o en las horas azules del crepúsculo
de camas prontamente arropadas,
en la noche adormecida del verano,
10 que tú y yo al Sueño descendimos
para encontrarnos allí,
tú con el pelo negro sobre el camisón blanco
y yo con el mío rubio enmarañado?

Erramos tímidos de la mano,


15 pequeñas huellas quedaron en la arena dorada,
y en cubos recogimos perlas y caracolas,
mientras alrededor los ruiseñores
cantaban en los árboles.
Cavamos buscando plata con la pala
20 y de soslayo veíamos el resplandor del mar,
luego corrimos tierra adentro a claros luminosos y verdes,
y encontramos la cálida senda retorcida
que ahora ya no podemos encontrar
entre altos árboles susurrantes.

Pero por qué fue que llegó un momento


en que ya no pudimos tomar ese camino,
aunque mucho lo buscamos y trepamos muy alto
o atisbamos el mar desde muchas orillas
buscando la senda que entre el cielo y el mar
lleva a esos antiguos jardines de delicia;
y cómo van las cosas ahora en esa tierra,
si la casa está en pie todavía y los jardines se extienden,
cubiertos de niños vestidos de blanco...
no lo sabemos, ni tú ni yo.
25 El aire no era nocturno ni diurno,
había una luz de eterno atardecer,
cuando por primera vez se iluminó
la Casita del Juego.
De construcción reciente, aunque muy antigua,
30 blanca y techada con paja de oro,
y horadada por celosías atentas
que miraban al mar;
y nuestros propios jardines infantiles
estaban allí: nuestros propios nomeolvides,
35 margaritas rojas, mastuerzos y mostaza,
y rábanos para el té.
Allí en todos los bordes, guarnecidos de boj,
brotaban las flores preferidas, de flox,
de lupinos, claveles y malva real
40 bajo un acerolo rojo;
y todos los jardines cubiertos de pequeños
que en su propia lengua hablaban,
pero no a ti ni tampoco a mí.
Porque algunos tenían regaderas de plata
45 y regaban sus ropas,
o se salpicaban entre sí; algunos trazaban planos
de casas, pequeñas ciudades
y viviendas arbóreas,
y algunos trepaban al techo
50 cantando solitarios en lo alto;
algunos bailaban la ronda
con guirnaldas de margaritas,
mientras otros, de rodillas
ante un pequeño rey de vestidos blancos
55 coronado de caléndulas cantaban
sus versos de antaño.
Pero una pequeña pareja
con las cabezas juntas, los cabellos mezclados,
iban de un lado a otro
60 todavía de la mano; y lo que decían,
antes que el despertar los separara,
eso sólo ahora lo sabemos.

Es not able que el poem a se llam ara La Cabaña o La Casit a del Juego Perdido
cuando lo que se describe es la Cabaña de los Niños de Valinor, cerca de la ciudad
de Kôr ; pero ést a era, de acuerdo con Vairë, «la Cabaña del Juego del Sueño, y no
del Juego Perdido como se dijo erróneamente entre los Hombres».
No int ent aré hacer ningún análisis, ni dilucidar las ideas cont enidas en la
«Cabaña de los Niños». Bast ará que el lect or perciba por sí m ism o las em ociones
personales y particulares en las que todo estaba todavía anclado.
Com o he dicho ya, la idea del v iaj e en sueños de los niños m ort ales a los
jardines de Valinor pronto sería abandonada por completo, y en la mitología que se
desarrolló luego no hubo lugar para ella; aun m enos para la idea de que en algún
fut uro posible « los cam inos a t r avés de Arvalin a Valinor se llenarán de los hij os y
las hijas de los Hombres».
De igual m odo, la pequeñez «feérica» no t ardó en desaparecer. La idea de la
Cabaña de los Niños ex ist ía ya en 1915, com o lo m uest ra el poem a Tú y yo; y fue
en el mismo año, en los mismos días de abril a decir verdad, que se escribió Goblin
Feet [ Pies de t rasgo] ( o Cum ap pá Niht ielfas) sobre el que dij o m i padre en 1917:
«Oj alá esa desdichada cosilla, que represent a t odo lo que llegué a det est ar
fervient em ent e ( t an poco después) pudiera ser ent errada para siem pre».* Sin
em bargo, es preciso observar que en las prim eras not as se dice que los Elfos y los
Hom bres «eran de un m ism o t am año» en t iem pos prim it ivos, y la pequeñez ( y la
t enuidad y la t ransparencia) de las hadas era part e de un proceso de
debilit am ient o, relacionado dir ect am ent e con el dom inio de los Hom bres en las
Grandes Tierras. Volveré m ás adelant e sobre est a cuest ión. Si se t iene est o en
cuenta, la pequeñez de la Cabaña es m uy rara y peculiar: Er iol, que viene v iaj ando
desde hace m uchos días por Tol Eressëa, se asom bra de que la m orada pueda dar
cabida a t ant os, y se le dice que t odo el que ent re en ella ha de ser o ha de
hacerse muy pequeño. Pero Tol Eressëa es una isla habitada por Elfos.
Present aré ahora t res t ext os del poem a Kort irion ent re los Árboles ( m ás t arde
Los Árboles de Kort irion) . Los prim eros borradores del poem a ( noviem bre de
1915)** subsist en aún, y hay m uchos ot ros t ext os. Se ha cit ado ya la int roducción
en prosa a la pr im era versión. Hubo una revisión im port ant e en 1937, y ot ra
m ucho m ás t arde; por est e t iem po era y a casi un poem a diferent e. Puest o que m i
padre se lo envió a Rayner Unw in en febrero de 1962 com o posible candidat o a ser
incluido en Las avent uras de Tom Bom badil, parece virt ualm ent e seguro que la
versión final es de ese entonces.***
Ofrezco el poem a prim er o en la form a que t uvo ant es de 1937, cuando sólo
había hecho unos pocos cambios. En una de las más viejas copias tiene un título en
inglés ant iguo: Cor Tirion paéra béam a on m iddes, y est á «dedicado a Warw ick»;
pero en ot ra el segundo t ít ulo est á en élfico ( la segunda palabra no es del t odo
legible): Narquelion la ... t u y aldalin Kor t irionw en ( est o es, «El ot oño [ ent re] los
árboles de Kortirion»).

Kortirion entre los árboles

* Se le h abía pedido au t or ización par a in clu ir el poem a en u n a an t ología, tal como


había sucedido varías veces con anterioridad. Véase la Biografía de Hum phr ey Car pent er ,
donde apar ece ( una par t e solam ent e) del poem a, y t am bién su bibliogr afía ibid. (año
1915).
** De acuer do con las not as de m i padr e, la com posición or iginal dat a del 21- 28 de
n ov iem br e de 1 9 1 5 , y fu e escr it a en War w ick du r an t e un a licencia que le fue concedida
en el cam pam ent o. Est o no es del t odo ex act o, pues sobr ev iv en car t as dir igidas a m i
m adr e que fuer on escr it as en el m ism o cam pamento el 25 y el 26 de noviembre, y en la
segunda dice que ha «escrito una copia a lápiz de ' Kor t ir ion ' » .
*** En su carta mi padre decía: «Los Árboles es demasiado largo y ambicioso, y aun si
se lo con sider ar a lo bast ant e bueno, har ía que el bar co se fuer a a piqu e» .
Oh, ciudad menguante sobre la pequeña colina,
los viejos recuerdos se desvanecen en tus antiguas puertas,
el vestido es gris ahora, tu viejo corazón casi está inmóvil;
sólo el ceñudo castillo espera siempre
5 y piensa en cómo se desliza el agua
entre los álamos altos, y deja estos reinos tierra adentro,
y resbala cruzando largos parados hasta el mar del oeste,
descendiendo todavía en sonoras cascadas,
un año tras otro hacia el mar;
10 y lentamente hacia allí muchos años han transcurrido
desde que las hadas levantaron Kortirion.

Oh, ciudad torreada sobre la colina ventosa


con callejuelas que serpentean de pronto entre muros sombríos
(donde aun ahora los pavos reales desfilan
15 majestuosos, color de zafiro y esmeralda)
mira esa campiña amplia que ciñe
iluminada de sol, regada por una lluvia de plata,
poblada de espesos bosques con un millar de árboles susurrantes
que echaron largas sombras en muchos mediodías ya pasados,
20 y murmuraron muchos siglos en la brisa.
Eres la ciudad de la Tierra de los Olmos,
Alalminórë en los Reinos de Faery.

¡Canta de tus árboles, vieja, vieja Kortirion!


Tus robles, tus arces tocados de borlas,
25 tus álamos cantores; y los espléndidos tejos
que coronan tus muros antiguos y meditan
sobre la sombría grandeza el día entero...
hasta que el brillo de las primeras estrellas
pálido se retuerce entre las barras oscuras,
30 hasta que las siete lámparas de la Osa de Plata
se mecen lentamente en cabellos velados
y como una diadema adornan al día caído.
¡Oh, torre y ciudadela del mundo!
Cuando el embanderado verano se despliega
35 hay más música en tus olmos...
un sonido continuo que ahoga
todas las voces de los otros árboles.
Canta de tus olmos, amada Kortirion,
cómo el verano tiende sus velas,
40 lo mismo que los mástiles vestidos, en lozanas naves,
una flota de galeones que orgullosos surca
los luminosos mares del sol.

Eres la más íntima provincia de la isla menguante,


donde se demoran todavía las Compañías Solitarias.
45 Serenas, sin desmayo, desfilan a veces lentamente
por tus caminos con plañideras armonías:
las hadas y los elfos inmortales
que bailan entre árboles y cantan
una nostálgica canción de lo que fue y podría ser.
50 Pasan y desaparecen en una brisa repentina,
una ola de hierbas reverentes... y olvidamos
esas voces tiernas de campanillas de flores
movidas por el viento, los cabellos relucientes como asfódelos de oro.
La primavera aún tiene alegría: tu primavera es siempre hermosa
55 entre los árboles; pero el soñoliento verano junto a tus arroyos
ya se inclina a escuchar al flautista secreto
más allá de los sueños boscosos
la larga y alta melodía que feéricos jacintos
cantan aún moviendo en ronda las cabezas
60 sobre los muros del castillo;
ya se inclina a escuchar el claro hechizo frío
en senderos soleados y perfumados ambientes;
una triste y mágica nota fantasmal,
una brizna de plata remota.

65 Entonces todos tus árboles, vieja ciudad sobre un bosque ventoso,


sueltan un largo suspiro triste y un lamento;
pues se van las horas de vividos colores, las noches encantadas
en que fantasmales mariposas nocturnas bailan como satélites
alrededor de los cirios en el aire inmóvil;
70 y ya están condenados los amaneceres radiantes
los dedos del sol llueven sobre los largos prados;
los campos somnolientos de olores y sonidos,
cuando todas las acederas, flores y hierbas emplumadas,
caen ante el segador.
75 Octubre triste y extraño viste las húmedas retamas
de telerañas finas salpicadas de oro,
y el olmo de ancha sombra empieza a vacilar;
la luctuosa multitud de las hojas palidece
al ver a la distancia las heladas tijeras
80 del invierno, y las lanzas de punta azul
que avanzan invencibles hacia el sol
del día brillante de Todos los Santos. Ha llegado la hora,
y débilmente sostenidas por alas de ámbar pálido
vuelan sobre los aires del valle agonizante
85 como pájaros sobre mares neblinosos.

Sin embargo, esta estación es a mi corazón la más cara,


la que más se concierta con esta menguada ciudad,
con nostalgias de espléndidas pompas ahora desvanecidas
en dulces sonidos de tristeza cuyo eco resuena
90 en los caminos de las nieblas errantes. Oh, tiempo gentil
en que las mañanas tardías se enjoyan de escarcha,
y hay sombras azules en los bosques distantes.
Las hadas conocen tus tempranos crepúsculos de cristal
y en secreto se ponen capuchas de penumbra,
95 grises, de suave púrpura, y largas bandas
de helada luz estelar cosidas con manos argentinas.

Conocen la estación de la noche brillante,


cuando el pálido encaje de los olmos desnudos
envuelve las Pléyades y los álamos de largos brazos ocultan la luz

100 de las lunas orladas de oro.


Oh, hadas menguantes y muy solitarios elfos
cantad, pues, cantad para vosotros mismos
un canto tejido de estrellas y de hojas lucientes;
girad luego con los vientos de alas de zafiro;
105 tañed luego la flauta y clamad con el corazón que entristece
a los hombres graves: «¡Recordad lo que ya se ha ido...
el sol mágico que iluminó Kortirion!»

Ahora tus árboles, vieja, vieja Kortirion,


se elevan entre pálidas nieblas mortecinas
110 como bajeles que parecen flotar a lo lejos
por mares de ópalo más allá de la línea sombría
de neblinosos puertos abandonados:
dejan atrás para siempre bahías pobladas
donde los tripulantes se reunieron en fiestas
115 y ahora como fantasmas ventosos
son llevados por aires lentos a costas vacías,
tristemente transportados
por un océano donde no ancla el olvido.
Desnudos han quedado tus árboles, Kortirion,
120 y toda su gloria veraniega ha partido pronto.
Las siete lámparas de la Osa de Plata
son hoy un tenue resplandor maravilloso
que flamea por sobre el año derrumbado.
Aunque frías y ventosas están tus plazas y vacías tus calles;
125 aunque rara vez bailan los elfos en tus pálidos retiros
(salvo en alguna rara noche iluminada por la luz de la luna,
un relampagueo, una susurrante sugerencia de blanco),
nunca querría abandonarte.

No me es preciso conocer el desierto o los palacios rojos


130 donde vive el sol, los grandes mares o las islas mágicas,
los pinares densos sobre las terrazas de la montaña;
y quedamente llamando desde ventosas lejanías
ninguna campana distante me toca el corazón de las que suenan
en las populosas ciudades de los Reyes Terrenos.
135 Encuentro aquí un insistente mensaje siempre cercano
en medio de la Tierra de los Elfos marchitos
(Alalminórë en los Reinos de Faery);
aquí girando lentamente en un dulce lamento
se demoran las hadas sagradas, los elfos inmortales
140 entonando un canto de desmayado anhelo.

Doy a cont inuación el t ext o del poem a t al com o m i padre lo r eescribió en 1937 en
la última de las formas ligeramente variadas.

Kortirion entre los árboles

Oh, ciudad menguante sobre una colina de tierra adentro,


viejas sombras se demoran en tus antiguas puertas,
tu vestido es gris ahora, tu viejo corazón está quieto;
tus torres silenciosas en la niebla aguardan
5 un derrumbe final, mientras el agua se desliza
entre los altos olmos; deja estos reinos tierra adentro,
y resbala cruzando prados hasta el Mar,
aún descendiendo en sonoras cascadas
un día tras otro hacia el Mar;
10 y lentamente hacia allí muchos años han transcurrido,
desde que por vez primera los Elfos levantaron Kortirion.

Oh, ciudad en lo alto de tu ventosa colina


con calles serpenteantes y callejas a la sombra de los muros
donde ahora pavos reales desfilan
15 majestuosos, de color zafiro y esmeralda;
en la cintura de esta tierra dormida;
cae la lluvia plateada, y se alza resplandeciente
el ejército sonoro de los viejos árboles de profunda raíz
que arrojaron largas sombras en muchos antiguos mediodías,
20 y murmuraron muchos siglos en la brisa;
eres la ciudad de la Tierra de los Olmos,
Alalminórë en los Reinos de Faery.
Nuevamente canta de tus árboles, Kortirion:
el haya sobre la colina, el sauce en el marjal,
25 los lluviosos álamos y los tejos ceñudos
dentro de tus antiguos patios que meditan
con grave esplendor el día entero;
hasta que el brillo de las. primeras estrellas
centellea a través de las barras oscuras,
30 y la blanca luna que asciende en el cielo
contempla allá abajo el fantasma de los árboles que mueren
lentamente, en silencio, día a día.
Oh, Isla Solitaria, aquí estaba tu ciudadela
antes de que cayera el embanderado verano.
35 Entonces llenos de música estaban tus olmos:
verde era su armadura, verdes sus yelmos,
los Señores y Reyes de todos tus árboles.
Canta, pues, de los olmos, renombrada Kortirion,
que en verano tienden sus velas
40 y se levantan como mástiles vestidos, de naves lozanas,
flota de galeones que profundamente se desliza
por mares iluminados de sol.

II

Eres la más íntima provincia de la ciudad menguante,


donde se demoran todavía las Compañías Solitarias;
45 serenas, esperanzadas, aquí desfilan lentamente
a lo largo de tus senderos con solemne armonía;
sacras gentes de días de antaño
Elfos inmortales que, cantando con misterio y belleza
de cosas desvanecidas que una vez fueron y aún pueden ser,
50 pasan como el viento entre árboles crujientes.
Una reverente ola de hierba, y olvidamos
las voces tiernas como campanillas
de flores, sacudidas por el viento,
los cabellos lucientes como asfódelos de oro.

Una vez estuvo aquí la primavera con alegría y todo fue bello
55 entre los árboles; pero el verano, adormilado junto al arroyo
oyó con corazón tembloroso al músico secreto
que tañía la flauta más allá de su sueño boscoso,
la larga melodía de las voces de los elfos
previendo al invierno a través de los árboles crecidos,
60 las flores t ardías que inclinan la cabeza sobre arruinados m uros, oyeron a
lo lejos la flauta encantada
m ás allá de los corredores soleados y las salas sost enidas por árboles;
porque delgada y clara y fría era la nota,
como una distante hebra de plata.
65 Entonces todos tus árboles, Kortirion, se inclinaron,
y se estremecieron con súbito y susurrado lamento:
Porque los días pasaban y las noches
m ientras fantasmagóricas mariposas nocturnas bailaban como satélites
alrededor de los cirios en el aire inmóvil.
70 Y concluirá ya el alba radiante,
los dedos del sol tendidos sobre las campiñas;
el olor y el adormilado sonido de los prados,
donde las acederas, las flores, las hierbas emplumadas
caen ante la hoja del segador.
75 Cuando el fresco octubre vistió la tela mojada de rocío
con una fina telaraña salpicada de oro,
los olmos de larga sombra empezaron a vacilar;
palideció la luctuosa multitud de las hojas,
al ver a lo lejos las heladas lanzas
80 del invierno marchando azules detrás del sol
del día brillante de Todos los Santos. La hora había llegado
y débilmente sostenidas por alas de ámbar pálido
batieron los anchos aires del valle marchito
y volaron como pájaros sobre mares neblinosos.

III

85 Ésta es la estación más cara al corazón,


el tiempo que mejor se adecúa a la antigua ciudad,
con desmayadas músicas sutiles que lentamente parten
por sendas serpenteantes de nieblas encalladas
en las que resuena el eco de la tristeza. ¡Oh, tiempo gentil,
90 cuando las mañanas tardías se cubren de las gemas de la
[escarcha,
y las sombras tempranas ocultan los bosques distantes!
Los Elfos de cabellos lucientes pasan en silencio
escondidos en el crepúsculo de las capuchas secretas
de color gris y púrpura y largas bandas
95 de helada luz estelar cosidas por manos argentinas.

Y a menudo bailan bajo el cielo abierto,


cuando los olmos desnudos envuelven con enramado encaje
las Siete Estrellas, y el ojo advierte entre las ramas
el oro de la cara redonda de la luna.
100 Oh, Elfos sagrados y bello pueblo inmortal,
cantáis entonces viejos cantos que otrora despertaron
bajo las estrellas primordiales antes del alba;
giráis entonces bailando con el viento que amaina,
como una vez bailasteis en el prado luciente
105 de la Patria de los Elfos, antes de que tuviéramos ser, antes
de que cruzarais los mares hasta esta costa mortal.
Ahora se ven tus árboles, vieja Kortirion encanecida
a través de pálidas nieblas, altos y mortecinos.
Como bajeles que flotaran a lo lejos
110 por mares opalinos más allá de la línea sombría
de neblinosos puertos olvidados;
dejando atrás para siempre los sonoros refugios
donde las tripulaciones se reunieron en fiestas
de orgullosa y señoril complacencia, ahora como fantasmas de aire
115 son llevados por la brisa hasta las costas del viento,
y tristemente arrastrados por la marea.
Desnudos han quedado tus árboles, Kortirion;
los vestidos gastados han desaparecido de sus huesos.
Las siete velas de la Osa de Plata
120 como cirios encendidos en la oscuridad de un templo
lucen ahora por sobre el año caído.
Aunque el patio y la calle están ahora helados y desiertos
y rara vez bailan los Elfos bajo el cielo marchito,
hay no obstante bajo la luna un sonido
125 de música aún sepultada bajo tierra,
cuando llegue el invierno, aquí es donde querría encontrarla.

No iría en busca del desierto o los palacios rojos


donde reina el sol, ni navegaría a las islas mágicas,
ni treparía a las terrazas de piedra de las montañas canosas;
130 y doblando apenas sobre distancias ventosas
ninguna campana llama mi corazón
en las ciudades atestadas de los Reyes de la Tierra.
Porque aquí está el sosiego y el profundo contento,
aunque la tristeza ronda la Tierra de los Olmos marchitos
135 (Alalminórë en los Reinos de Faery);
y haciendo música acallada en un lamento dulce
aquí viven los Elfos sagrados e inmortales,
y en las piedras y en los árboles hay un hechizo.

Ofrezco por últ im o el poem a final en la segunda de dos versiones que difieren
ligeramente; fue compuesto (según creo) casi medio siglo después del primero.

Los árboles de Kortirion

Alalminórë

¡Oh, antigua ciudad sobre una colina juramentada!


Viejas sombras se demoran en tus puertas rotas,
tus piedras son grises ahora, tus viejas salas están ahora calladas,
tus torres silenciosas aguardan en la niebla
5 el último derrumbe mientras el río se desliza
entre los altos olmos y deja estos reinos tierra adentro
y resbala entre largos prados hacia el Mar,
aun descendiendo en sonoras cascadas
un día tras otro hasta el Mar;
10 y por aquí lentamente muchos días se han ido
desde que los primeros Edain levantaron Kortirion.

¡Kortirion! Sobre tu colina aislada


con calles serpenteantes y callejuelas de sombríos muros
donde aun ahora los pavos reales desfilan
15 majestuosos, de color zafiro y esmeralda,
una vez tiempo atrás en esta tierra adormecida
de lluvia de plata, donde todavía se levantan
cargados de años los árboles de profundas raíces
que echaron largas sombras en pasados mediodías,
20 y susurraron en la brisa veloz
una vez hace mucho tiempo, Reina de la Tierra de los Olmos,
Alta Ciudad de los Reinos de Tierra Adentro.

Tus árboles en verano todavía recuerdas:


el sauce junto a la fuente, el haya sobre la colina;
25 los álamos lluviosos y los ceñudos tejos
dentro de antiguos patios que meditan
en grave esplendor el día entero,
hasta que brilla la primera estrella
y pasan los murciélagos en vuelo silencioso;
30 hasta que la luna blanca que asciende lentamente
ve en los campos en sombra los encantados árboles del sueño
envueltos en una capa nocturna, gris como la plata.
¡Alalminor! Aquí estaba tu ciudadela
antes de que cayera el embanderado verano;
35 a tu alrededor firme se alzaba tu ejército de olmos:
verde era la armadura, verdes y altos los yelmos,
altos señores y capitanes de los árboles.
Pero el verano mengua. ¡Mira, Kortirion!
Los olmos con velas tendidas se disponen
40 a los vientos, como mástiles en medio del valle
de barcos poderosos, pronto, muy pronto a navegar
hacia otros días más allá de los mares iluminados de sol.

II

Narquelion*

* Con el nom br e de Nar quelion ( que apar ece t am bién en el t ít ulo en élfico del poem a
original) , cf. Narquelië, «Sol- m enguant e», nom bre del décim o m es en quenya ( El Señor de
los Anillos, Apéndice D).
¡Alalminórë! ¡Corazón verde de esta Isla
donde se demoran aún las Fieles Compañías!
45 Todavía esperanzados desfilan lentamente
por sendas solitarias con solemnes armonías:
los Bellos, los primogénitos de los días de antaño,
los Elfos Inmortales que cantan de camino
la beatitud antigua y el dolor; aunque los hombres olvidan,
50 pasan como un viento entre árboles crujientes,
una ola de hierbas, y los hombres olvidan
las voces que claman desde un tiempo del que nada sabemos,
sus cabellos refulgen como la luz del sol de antaño.

¡Un viento en la hierba! El giro del año.


55 Un estremecimiento de los juncos junto al río,
un susurro de árboles... y a lo lejos oyen
el corazón del sueño enmarañado del verano,
música helada que un flautista heraldo toca
previendo el invierno y los días sin hojas.
60 Las temblorosas flores tardías de los muros en ruinas
ya se inclinan a escuchar esa flauta feérica.
A t ravés de los pasillos soleados del bosque los m uros sost enidos de
árboles
serpenteando en medio del verdor con una clara nota fría
con una remota brizna de plata.

65 La alta marea se retira, pronto el año habrá pasado;


y todos tus árboles, Kortirion, se lamentan.
Por la mañana la piedra de afilar resonaba bajo la hoja,
por la tarde la hierba y las doradas flores
empezaron a marchitarse, y los prados estaban desnudos.
70 Ya oscurecida se presenta el alba tardía,
más pálidos los dedos del sol reptan por el prado.
Están pasando los días. Se han ido como mariposas nocturnas
cuando con blancas alas bailaban como satélites
alrededor de los cirios en el aire sin viento.
75 Ha pasado la Fiesta de la Recolección. La luna de la cosecha se ha borrado.
Agoniza el verano que reinó tan brevemente.
Los olmos orgullosos por fin se amilanan,
las hojas incontables tiemblan y palidecen,
viendo a lo lejos cómo las lanzas heladas
80 del invierno marchan a la batalla contra el sol.
Cuando el brillante día de Todos los Santos se desvanece, acabada está la
[jornada,
y sobre alas de ámbar mortecino vuelan
en vientos indiferentes bajo el cielo torvo,
y caen como pájaros que agonizan en los mares.
III

Hrívion*

85 ¡Ay, Kortirion, Reina de los Olmos, ay!


Esta estación es la que más conviene a tu antigua ciudad,
con voces en las que triste resuena el eco perdido
serpenteante con leve música
en sendas de nieblas encalladas. ¡Oh, tiempo menguante
90 cuando la mañana se levanta encanecida de escarcha,
y las sombras tempranas velan los bosques distantes!
Invisibles pasan los Elfos, los brillantes cabellos
ocultas en el crepúsculo de capuchas secretas
y grises, los mantos de color azul oscuro sujetan con bandas
95 de helada luz estelar cosidas por manos argentinas.

A la noche bailan bajo el cielo abierto,


cuando los olmos desnudos envuelven con enramado encaje
las Siete Estrellas, y a través de las ramas
la mirada contempla el esplendor del frío en la alta cara de la luna.
100 ¡Oh, Linaje Primogénito, bella gente inmortal!
Cantáis ahora viejos cantos que una vez despertaron
bajo las estrellas primordiales antes del Alba;
bailáis como sombras luminosas al viento,
y una vez bailasteis sobre el prado brillante
105 del País de los Elfos, antes de que nosotros fuéramos, antes
de que cruzarais los anchos mares hasta esta costa mortal.

Ahora tus árboles se yerguen, vieja Kortirion gris,


a través de pálidas nieblas, altos y mortecinos,
como bajeles que lentamente se deslizan a lo lejos
110 hacia mares vacíos más allá de la línea
de neblinosos puertos olvidados;
dejando atrás para siempre refugios sonoros,
donde la tripulación se reunía en fiestas
de ocio señoril; ahora como fantasmas ventosos
115 los aires fríos los llevan a costas enemigas,
y en silencio la marea los arrastra.
Desnudado ha quedado tu reino, Kortirion,
Despojado de sus vestiduras, y su esplendor se ha perdido.
Como cirios encendidos en un templo sombrío,
120 las velas funerarias del Carro de Plata
resplandecen ahora sobre el año caído.
Ha llegado el invierno. Bajo el cielo marchito
callan los Elfos. Pero ¡no mueren!
Aquí esperando soportan el páramo, el silencio

* Cf. hrívë, «invierno» (El Señor de los Anillos, Apéndice D).


125 del invierno. Aquí también he de vivir yo;
Kortirion, aquí me encontraré con el invierno.

IV

Mettanyë*

No quiero encontrar las bóvedas ardientes y las arenas


donde reina el sol, ni desafiar las nieves mortales,
ni buscar en las montañas oscuras las tierras escondidas
130 del hombre, perdidas hace mucho, a donde no va ningún camino;
no hago caso de la campana apremiante que suena
con lengua de hierro en las torres de los reyes terrenos.
Aquí sobre las piedras y los árboles hay un hechizo
de inolvidable pérdida, de memoria más bendecida
135 que la riqueza mortal. Aquí invencible vive
el Pueblo Inmortal bajo olmos marchitos,
Alalminórë otrora en los antiguos reinos.

Term ino est e com ent ario con una not a sobre el uso que hace m i padre de la
palabra Gnomos para designar a los Noldor, que en los Cuent os Perdidos se llam an
Noldoli. Siguió em pleándola durant e m uchos años, y aún aparecía en las prim eras
ediciones de El hobbit**
En un borrador del párrafo final del Apéndice F de El Señor de los Anillos,
escribió:

He ut ilizado a veces ( no en est e libro) «gnom os» por Noldor y «gnom ish»
por Noldorin. Lo hice porque, no importa lo que Paracelso haya podido pensar (si
él en ver dad invent ó la palabra) , a algunos «gnom o» les sugerirá t odav ía
conocimiento.* El nom bre alt o élfico de est e pueblo, Noldor, significa Los Que

* Mettanyë contiene metta, «fin»; com o en Ambar- metta, el fin del m undo (El Señor de
los Anillos, VI, 5).
** En el Capítulo 3, Un breve descanso, «espadas de los Elfos Altos del Oeste» reemplazó
« espadas de los elfos que se llam an ahor a gnom os»; y en el Capít ulo 8, Moscas y arañas,
la frase «Allí fueron los Elfos de la Luz, los Elfos Profundos y los Elfos del Mar y viv ieron
edades ent er as» reem plazó «Allí los Elfos de la Luz, los Elfos Profundos ( o Gnom os) y los
Elfos del Mar vivieron edades enteras».
* Dos palabras están en cuestión: 1) la griega gn m , «pensamiento, inteligencia» (y en
plur al «m áx im as, dichos», de donde pr ov iene la palabr a inglesa gnome, una m áxim a o
aforism o, y el adj et ivo gnomic); y 2) la palabra gnome, em pleada por el escr it or del siglo
x vi Par acelso com o sinónim o de pygmaeus. Par acelso « dice que los ser es así llam ados
t ienen la t ier r a com o elem ent o . .. a t r av és de la cu al se m u ev en sin dificu lt ad com o los
peces en el agu a, o los páj ar os o los an im ales de t ier r a f ir m e en el air e» ( Ox f or d
En glish Dict ion ar y s. v . Gnome2 ) . El OED su gier e qu e, y a sea qu e Par acelso in v ent ar a él
Saben; porque de los t res clanes de los Elfos, los Noldor se dist inguieron
siem pre t ant o por su conocim ient o de las cosas que son y que han sido en est e
m undo, com o por su deseo de conocer m ás. Sin em bargo, de ningún m odo se
asem ej aban a los gnom os, sea en t eoría erudit a o en fant asía popular; he
abandonado ahora est a int erpret ación por dem asiado equívoca. Porque los
Noldor per t enecían a una raza de alt a est at ura, y herm osa, los Hij os m ayores
del m undo, ahora desaparecidos. Eran alt os, de piel clara y oj os grises, y t enían
cabellos oscuros, salvo la casa dorada de Finrod...

En el últ im o párrafo del Apéndice F t al com o fue publicado, la referencia a los


«gnomos» desapareció reemplazada por un pasaje en el que se explica el uso de la
palabra Elfos para t raducir Quendi y Eldar, a pesar de la m engua de la palabra
inglesa. Est e pasaj e que se refiere a los Quendi en su conj unt o cont inúa no
obst ant e con las m ism as palabras del borrador: «Eran una raza de alt a est at ura y
herm osa, y ent re ellos los Eldar parecían reyes, ahora desaparecidos: el Pueblo de
la Gran Jornada, el Pueblo de las Est rellas. Eran alt os, de piel clara y oj os grises,
aunque t enían cabellos oscuros, salvo en la casa dorada de Finrod...». De m odo,
pues, que est as palabras que describen los rasgos de la cara y el pelo se
escribieron en realidad sólo de los Noldor, no de t odos los Eldar: a decir verdad los
Vanyar t enían cabellos dorados, y era de la m adre vanyarin de Finarfin, I ndis, que
él, y Finrod Felagund y Galadriel, sus hijos, habían heredado los cabellos rubios que
los distinguía de los príncipes de los Noldor. Pero me es imposible determinar cómo
surgió esta extraordinaria perversión de sentido.**

m ism o la palabr a o no, debía significar «m or ador de la t ier ra» y desecha t oda conex ión
con la ot r a palabr a Gnom e. ( Est a not a es una r epet ición de la apar ecida en The Let t er s of
J. R. R. Tolk ien; v éase la car t a n. ° 239, a la que se r efier e. )
** El nom br e Finrod en el pasaj e al final del Apéndice F apar ece ahor a equivocado:
Finar fin er a Finr od, y Finr od er a I nglor h ast a la segunda edición de El Señor de los
Anillos, y en este caso el cambio fue olvidado.
II

LA MÚSICA DE LOS AINUR

En otro cuaderno igual a aquel en que La Cabaña del Juego Perdido fue copiado por
m i m adre, hay un t ext o en t int a escrit o con la let ra de m i padre ( y t odos los ot ros
t ext os de los Cuent os Perdidos est án escrit os de su m ano, salvo una copia en
lim pio de La Caída de Gondolin* titulado: Eslabón ent re la Cabaña del Juego
Perdido y ( Cuent o 2) la Música de los Ainur. Ést e cont inúa direct am ent e las últ im as
palabras que le dir ige Vairë a Eriol, y a su vez se vincula direct am ent e con La
Música de los Ainur (en un tercer cuaderno idéntico a los otros dos). El único indicio
de la fecha en que fueron escrit os el Eslabón y la Música ( que, según creo fueron
com puest os en el m ism o t iem po) es una cart a de m i padre de j ulio de 1964 en la
que decía que m ient ras Oxford lo «t enía em pleado en el personal que t rabaj aba en
el gran Diccionario t odav ía inacabado ent onces», escribió «un m it o cosm ogónico,
" La Música de los Ainur" ». Obt uvo su cargo en el Oxford Dict ionary en noviem br e
de 1918 y lo abandonó en la prim avera de 1920 (Biografía). Si su recuerdo era co-
rrect o, y no hay nada que pruebe lo cont rario, t ranscurrieron unos dos años o m ás
entre la composición de La Cabaña del Juego Perdido y La Música de los Ainur.
El Eslabón ent re los dos exist e en sólo una versión, porque el t ext o en t int a fue
escrito sobre un borrador a lápiz que ha quedado totalmente borrado. En este caso,
sigo el Eslabón con un breve comentario antes de ofrecer La Música de los Ainur.

Pero dij o Eriol hay t odavía m uchas cosas que siguen siendo
oscuras para m í. Por ciert o, gust osam ent e quisiera saber quiénes son esos
Valar. ¿Son los Dioses?
Lo son, en efect o dij o Lindo , aunque acerca de ellos, los hom bres
cuent an m uchas cosas ext rañas y confusas que est án m uy lej os de la
verdad, y les dan muchos nombres extraños que no oirás nunca aquí. Pero
Vairë dij o: Ya bast a, Lindo, no sigas com placiéndot e en cont ar hist orias,
porque la hora del descanso ha llegado, y a pesar de t odo su afán, nuest ro
huésped está cansado por el viaje. Envía en busca de los candiles del sueño,
y en la mañana el viajero escuchará más historias que le ocupen la cabeza y
le sat isfagan el corazón. Pero a Eriol le dij o: No creas que m añana
debas por fuerza abandonar est a casa; porque nadie lo hace... Por el
contrario, todos pueden quedarse si hay todavía un cuento que deseen oír.
Ent onces dij o Eriol que había perdido t odo deseo de seguir viaj ando, y
que perm anecer allí com o huésped un t iem po le parecía lo m ás herm oso
que pudiera ocurrirle. Llegaron ent onces los que port aban los candiles del
sueño, y cada uno de los allí reunidos cogió uno, y dos de los m iem bros de

* El verdadero t ít ulo de est e cuent o es Tuor y los Exiliados de Gondolin, pero m i padre
se refería a él llamándolo La Caída de Gondolin, y yo hago lo mismo.
la casa le pidieron a Eriol que los siguiera. Uno de ellos era el cust odio de la
puerta que había acudido a la llamada. Era viejo de apariencia, y de cabellos
canos, y pocos de los que allí est aban eran de est e m odo; pero el ot ro t enía
gast ada la cara por la int em perie y unos oj os azules de gran
cont ent am ient o, y era m uy delgado y pequeño, y nadie podía decir cuánt os
años había vivido, cincuent a o diez m il. Pues bien, ést e era I lverin o
Corazoncit o. Los dos lo guiaron por el corredor de los t apices con hist orias
bordadas hast a una gran escalinat a de roble. La escalinat a subía en espiral
hast a un pasaj e ilum inado por pequeñas lám paras colgant es de vidrios de
colores, que al balancearse arrojaban una lluvia de brillantes tintes sobre los
suelos y los tapices.
En est e pasaj e los guías doblaron por una súbit a esquina y luego,
después de descender unos pocos peldaños a oscuras, abrieron una puer t a
delante de él. Ent onces, haciéndole una reverencia le desearon buenos
sueños y dij o Corazoncit o: Sueños de dulces vient os y buenos viaj es por
grandes m ares y luego lo dej aron solo; y descubrió que se encont raba en
una est ancia pequeña que t enía una cam a con finas sábanas de lino y
profundas alm ohadas j unt o a la vent ana; y aquí la noche le pareció cálida y
fragant e, aunque acababa de disfrut ar la lum bre de los leños del Hogar de
los Cuentos. Todos los muebles eran aquí de madera oscura, y cuando la luz
del gran cirio vacilaba, sus suaves rayos obraban una m agia en la
habit ación: le pareció que el sueño era la m ayor de las delicias, y que esa
est ancia era la m ej or de cuant as había para dorm ir. Ant es de acost arse, sin
em bargo, Eriol abrió la vent ana y un arom a de flores ent ró com o una rá-
faga, y t uvo un at isbo de un j ardín som brío poblado de árboles, pero sus
espacios est aban bloqueados por luces plat eadas y som bras negras a causa
de la luna; no obstante esta ventana parecía alzarse muy alta en verdad por
encim a de los prados, y un ruiseñor cant ó de pront o en un ár bol de las
cercanías.
Se durm ió Eriol ent onces, y a t ravés de los sueños le llegó una m úsica
de una delicadeza que él nunca había escuchado ant es, y est aba llena de
nost algia. Era com o si caram illos de plat a o flaut as delicadas em it ieran
not as crist alinas y finas arm onías baj o la luna y sobre los prados; y Eriol
anheló en sueños no sabía bien qué.
Cuando despert ó, el sol salía y no había m úsica salvo la de un m illar de
pájaros junto a la ventana. La luz entraba a través de los paneles y arrojaba
alegres resplandores, y aquella habit ación fragant e y con agradables
colgaduras le pareció aún m ás dulce que ant es; pero Eriol se levant ó, y
vist iendo las herm osas ropas que le habían dispuest o para que pudiera
cam biar las suyas m anchadas por el viaj e, salió y erró por los pasaj es de la
casa, hasta que dio casualmente con una escalerilla por la que bajó llegando
a una galería y un patio soleado. En él había un portón enrejado que daba al
j ardín que había vist o ant es. Allí anduvo respirando el aire y observando
cóm o el sol se elevaba por sobre los ext raños t ej ados de la ciudad, cuando
vio que el viej o cust odio de la puert a se le acercaba por un sendero ent r e
avellanos. No vio a Eriol, porque llevaba com o siem pre la cabeza vuelt a
hacia la t ierra, y m usit aba de prisa ent re dient es; pero Eriol le habló
deseándole buenos días y él se sobresaltó.
Dij o ent onces: ¡Perdonad, señor! No os había vist o, pues est aba
escuchando a los páj aros. Por ciert o, señor, m e encont ráis de m al t alant e;
porque, ¡m irad! , acabo de escuchar a un bribón de alas negras de lo m ás
desvergonzado, que cant a canciones que m e son desconocidas y en una
lengua ext raña. Me irrit a, señor, m e irrit a, porque m e parecía que yo
conocía al m enos t odos los sim ples discursos de los páj aros. Est oy casi por
enviarlo a Mandos por su desfachat ez. Ant e est o Eriol rió de buena gana,
pero dij o el cust odio de la puert a: Más aún, señor, oj alá Tevildo, el
Príncipe de los Gat os, lo persiguiera por haber llegado a posarse en un
j ardín que est á al cuidado de Rúm il. Sabed que los Noldoli envej ecen de
m anera asom brosam ent e lent a, y sin em bargo m is cabellos se han vuelt o
grises en el est udio de las lenguas de los Valar y de los Eldar. Mucho ant es
de la caída de Gondolin, buen señor, m it igué la pesadum bre de est ar so-
m et ido en esclavit ud a Melko est udiando el lenguaj e de los m onst ruos y los
t rasgos. ¿No m e he aprendido las lenguas de las best ias, sin desdeñar
siquiera las finas voces de los volát iles y los rat ones? ¿No he m endigado
una est úpida canción o dos para cant urrearles a los escarabaj os que no
t ienen habla? Más t odavía, por m om ent os m e preocupé por las lenguas de
los Hom bres, pero, ¡Melko cargue con ellos! , esas lenguas m udan y cam -
bian, cam bian y m udan, y cuando se las dom ina, apenas es posible
com poner cant os o cuent os con t an duro m at erial. Por t ant o est a m añana
m e sent ía com o Ornar el Vala, que dist ingue t odas las lenguas m ient ras
escucha las voces m ezcladas de los páj aros, com prendiendo cada una de
ellas, reconociendo cada am ada canción, cuando t irípt i t irilla se present a un
páj aro, un dem onio de Melko... Pero os est oy fat igando, señor, con est a
chachara acerca de cantos y de palabras.
Por el contrario, no es así dijo Eriol , pero os ruego que no os dejéis
desanimar por un dem onio de m irlo. Si m is oj os no m e engañan, habéis
cuidado est e j ardín por un buen núm ero de años. Por t ant o debéis conocer
m ont ones de canciones y de lenguas, las bast ant es com o para consolar el
corazón del m ás grande de t odos los sabios, si en verdad ést a es la prim era
voz que oís sin alcanzar a int erpret arla. ¿No se dice que los páj aros de cada
distrito, más aún, de casi cada nido, hablan de manera distinta?
Eso se dice, y se lo dice con verdad dij o Rúm il , y t odos los cant os
de Tol Eressëa se escuchan en algún momento en este jardín.
Más que sat isfecho est á m i corazón dij o Eriol por haber aprendido
esa bella lengua que hablan los Eldar en est a isla de Tol Eressëa... pues m e
m aravilla oír que habláis com o si los Eldar t uvieran m uchos lenguaj es. ¿Es
así?
En efect o, así es dij o Rúm il . Ant e t odo hablan esa lengua a la cual
los Noldoli se aferran todavía... y en otros tiempos los Teleri, los Solosimpi y
los I nw ir t enían t odos sus propios lenguaj es. Sin em bargo ést os eran m uy
sem ej ant es y se m ezclan ahora en esa lengua de los Elfos de la isla que
habéis aprendido. Hay adem ás esos grupos perdidos que viven errant es y
t rist es en las Grandes Tierras, y quizá hablen de m odo m uy ext raño ahora,
porque han t ranscurrido edades ent eras desde que iniciaron la m archa
desde Kôr, y según ent iendo, fue el largo vagabundeo de los Noldoli por la
Tierra y las negras edades de su esclavit ud, m ient ras sus parient es vivían
t odavía en Valinor, lo que causó ese profundo cism a en el lenguaj e. Sin
em bargo, la lengua gnóm ica y el élfico de los Eldar son sin duda afines,
com o m e lo indica la ciencia folklórica... pero ¡ay! os est oy fat igando ot ra
vez. No he encont rado nunca ot ro oído en el m undo que no se fat igara
ant es de avanzar m ucho en sem ej ant e t em a. «Lenguas y hablas», dicen,
« una sola m e bast a»... y así lo dij o una vez Corazoncit o el cust odio del
Gong: «La lengua gnóm ica dijo m e bast a... ¿No la hablaban ese t al
Eärendel y Tuor y Bronw eg, m i padre ( al que rem ilgadam ent e llam áis con
error Voronwë) y ninguna otra?». Sin embargo, tuvo que aprender élfico por
fin, de lo cont rario habría sido condenado al silencio o a t ener que
abandonar Mar Vanw a Tyaliéva... y no habría podido soport ar ninguno de
esos dos dest inos. Pues he aquí que ahora gorj ea el Eldar com o una señora
de los I nw ir, aun la m ism a Meril- i- Turinqi, nuest ra reina, Manw ë la guarde.
Pero aun éstas no son todas: hay además la lengua secreta en que los Eldar
escribieron m uchas poesías y libros de sabiduría e hist orias de ant año y co-
sas prim ordiales, y sin em bargo no la hablan. Sólo los Valar em plean est a
lengua en sus alt os consej os, y no son m uchos los Eldar de nuest ros días
que pueden leerla o descifrar sus caract eres. Aprendí gran part e de ella en
Kôr, hace ya t oda una vida, por bondad de Aulë, y de ese m odo t engo
conocimiento de muchas cosas, muchas en verdad.
Entonces dij o Eriol quizá podáis hablarm e de las cosas que t ant o
deseo conocer desde que escuché esos cuent os ayer por la t arde j unt o al
Hogar. ¿Quiénes son los Valar Manw ë, Aulë y los dem ás que
nombrasteis y por qué part ist eis vosot ros los Eldar de esa pat ria de
encanto en Valinor?
Llegaron ent onces a una ver de gloriet a, y el sol est aba alt o y cálido y los
páj aros cant aban vigorosos, pero en los prados había oro esparcido.
Ent onces Rúm il se sent ó en un banco de piedra t allada cubiert o de m usgo y
dijo: De m ucha m ont a son las cosas que pregunt áis, y la verdadera
respuest a est á ent errada m ás allá de los últ im os confines, en los baldíos del
t iem po, a donde ni siquiera la vist a de Rúm il, el m ás anciano de los Noldoli,
puede llegar; y t odos los cuent os de los Valar y los Elfos est án ent ret ej idos
de t al m anera que difícilm ent e pueda int ent arse cont ar uno de ellos, sin
tener que desentrañar toda la gran historia.
Sin em bargo dij o Eriol , cont adm e, os lo ruego, algo de lo que
sabéis de los prim eros principios, para que pueda em pezar a ent ender lo
que se me ha dicho en esta isla.
Pero Rúm il dij o: I lúvat ar fue el prim er principio, y m ás allá no llega la
sabiduría de los Valar, los Eldar o los Hombres.
¿Quién era Ilúvatar? preguntó Eriol . ¿Era uno de los Dioses?
No dijo Rúmil , no lo era, porque fue él quien los hizo. Ilúvatar es el
Señor que mora más allá del mundo; que lo creó y no es de él ni en él está,
pero lo ama.
Eso no lo he escuchado nunca antes dijo Eriol.
Puede que así sea dij o Rúm il porque son t odavía los días
t em pranos del m undo de los Hom bres, ni se habla m ucho de la Música de
los Ainur.
Contadme dij o Eriol , porque anhelo aprender, ¿qué era la Música
de los Ainur?

Comentario sobre el Eslabón entre La Cabaña del Juego Perdido


y La Música de los Ainur

De ese m odo el Ainulindalë fue escuchado por pr im era vez por oídos m ort ales
m ient ras Eriol perm anecía sent ado en el j ardín lum inoso de Tol Er essëa. Aun
después de desaparecido Er iol ( o Ælfw ine) , Rúm il cont inuó allí, el gran sabio
noldor in de Tir ion «quien por prim era vez ideó los signos adecuados para regist rar
la lengua y el cant o» ( El Silm arillion) y La Música de los Ainur le siguió siendo
at ribuida, aunque invest ida de la gravedad de los t iem pos rem ot os 'y m uy alej ado
del filólogo gárrulo y caprichoso de Kort ir ion. Ha de observarse que en est a
narración Rúmil había sido esclavo sometido a Melko.
Aquí apar ece el Exilio de los Noldor de Valinor, porque a él se refieren
indudablemente las palabras de Rúmil sobre la marcha desde Kôr, y no a la marcha
de I nw ë sobre el m undo; y t am bién se dice algo de las lenguas y de aquellos que
las hablaban.
En este pasaje del eslabón Rúmil afirma:
1) que los Telen, los Solosimpi y los Inwir habían t enido diferencias
lingüísticas en el pasado;
2) pero que esos dialect os se han m ezclado ahora en la «lengua de los Elfos
de la isla»;
3) que la lengua de los Noldoli (los Gnomos) quedó profunda mente escindida
cuando partieron a las Grandes Tierras y fueron cautivos de Melko;
4) que los Noldoli que habit an ahora en Tol Eressëa han aprendido la lengua
de los Elfos de la isla; pero quedan ot ros en las Grandes Tierras. [ Cuando Rúm il
habló de «esos grupos perdidos que viven errant es y t rist es en las Grandes
Tierras» que «quizá hablen de un m odo m uy ex t raño ahora», parece haberse
est ado refiriendo al r est o de los exiliados noldor in de Kôr que no habían llegado a
Tol Eressëa ( com o él m ism o lo había hecho) y no a los Elfos que nunca fueron a
Valinor.]*

* Por ot r a par t e es posible que por « los gr upos per didos» se r efir ier a de h ech o a los
Elfos qu e se per dier on en el v iaj e desde las Agu as del Desper t ar ; lo im plicado es pu es:
En los Cuent os Perdidos el nom bre dado a los Elfos del Mar, llam ados después
Telen la t ercera de las t res «t ribus» , es Solosimpi («Flaut ist as de la Cost a») .
Ha de aclararse ahora que la prim era de las t r ibus, conducida por el Rey I nw ë, se
llamó Telen (los Vanyar de El Silmarillion), lo que no dej a de result ar confuso.
¿Quiénes eran ent onces los Inwir? Meril- i- Tur inqi le dice luego a Er iol que los Teler i
eran los que siguier on a I nw ë, «pero sus par ient es y descendient es const it uyen el
pueblo real de los I nw ir, a cuya sangre pert enezco». Los I nwir eran pues un clan
«real» incluido en los Teleri; y la relación ent re la v iej a concepción y la de El
Silmarillion puede mostrarse de la manera siguiente:

Cuentos Perdidos El Silmarillion


I Teleri ......................................................... Vanyar
(incluido Inwir)
II Noldoli .................................................... Noldor
(Gnomos)
III Solosimpi ................................................. Teleri

En este pasaje del eslabón, Rúmil parece decir que los «Eldar» se distinguen de
los «Gnom os»; «sin em bargo, son sin duda afines la lengua gnóm ica y el élfico de
los Eldar»; y «Eldar» y «Noldoli» se oponen en el preám bulo en prosa de Kortirion
ent re los árboles. En ot ra part e el «élfico» com o lengua se opone a «gnóm ico», y
«eldar» se em plea com o fórm ula en cont radicción a «gnóm ico». De hecho, en los
Cuent os Perdidos se explica perfect am ent e que los Gnom os eran ellos m ism os
Eldar: por ej em plo, «los Noldoli, que eran los sabios de los Eldar»; pero por otra
parte leemos que después de la Huida de los Noldoli de Valinor, Aulë «aún concedió
su am or a los pocos Gnom os fieles que perm anecieron en sus recint os, aunque los
llam ó en adelant e " Eldar" ». Est o no es t an rot undam ent e cont radict orio com o
parece a prim era v ist a. Parece que ( por una part e) la oposición de «eldar» o
«élfico» a «gnóm ico» surgió porque el gnóm ico se había convert ido en una lengua
separada; y aunque los Gnom os eran por ciert o Eldar, la lengua no t enía ot ros
orígenes. Pero ( por ot ra part e) hacía y a m ucho que los Gnom os habían aban-
donado Kôr, por lo que no se los veía com o «Koreldar», y por t ant o com o «Eldar ».
La palabra Eldar, pues, t enía ahora un sent ido m ás est recho, pero en cualquier
m om ent o podría volver a am pliarse y abarcar la ant igua denot ación por la que los
Noldoli eran «Eldar».
Si est o es así, el sent ido rest ringido de Eldar reflej a la sit uación de días
post eriores en Tol Eressëa; y en verdad, en los cuent os que siguen, donde la
narración se refiere a tiempos anteriores a la rebelión de los Noldoli y su part ida de
Valinor, son, de modo rotundo, «Eldar». Después de la rebelión, en el pasaje citado
arriba, Aulë no les daría a los Noldoli que se quedaron en Valinor ese nom bre; y
por tanto no llamaría «Eldar» a los que habían partido.
La m ism a am bigüedad se observa en las palabras Elfos y élfico. Rúm il llam a
aquí «élfico» la lengua de los Eldar, en oposición a «gnóm ico»; el nar rador del
Cuent o de Tinúviel, dice: «Ést e es m i cuent o y es un cuent o de los Gnom os, por lo

« si la br ech a abier t a en t r e la len gu a de los Noldoli y la de los Eldas qu e per m an ecier on


en Valin or fu e pr ofun da, cu án t o m ás debió ser lo la de los qu e n u n ca cr u zar on el m ar » .
que t e ruego que no canses los oídos de Eriol con nom bres élficos», y en el m ism o
pasaj e «Elfos» se opone específicam ent e a «Gnom os». Pero por lo dem ás, en los
cuent os que siguen en est e libro, Elfos, Eldar y Eldalië se ut ilizan de m anera int er -
cam biable para referirse a los Tres Clanes ( véase, por ej em plo, la narración del
debat e de los Valar sobre la convocat oria de los Elfos a Valinor) . Y, por últ im o, una
variant e en apariencia sim ilar se observa en la palabra «hada»; así, pues, Tol
Eressëa es el nom bre «en la lengua de las Hadas», m ient ras que «los Gnom os la
llam an Dor Faidw en», pero por ot ra part e, de Gilfanon, un Gnom o, se dice que es
«uno de los más viejos de la estirpe de las Hadas».
Se verá, por las observaciones de Rúm il, que a la «profunda escisión» de la
lengua de los Elfos en dos ram as se le at ribuía en ese t iem po una base hist ór ica
t ot alm ent e diferent e de la que después provocó la div isión. Aquí Rúm il la at ribuye
al « largo vagabundeo de los Noldoli por la Tierra y las negras edades en que
fueron siervos m ient ras sus parient es viv ían t odavía en Valinor»; en t érm inos
post eriores, «el Exilio de los Noldor». En El Silm arillion los Noldor llevaron la
lengua valinoreana a la Tierra Media, pero la abandonaron (salvo para comunicarse
ent re sí) y adopt aron en cam bio la lengua de Beler iand, el Sindarin de los Elfos
Grises, que nunca habían est ado en Valinor: quenya y sindarin eran de origen
com ún, pero la «profunda escisión» se ex plicaba porque habían est ado separados
m ucho t iem po. En los Cuent os Perdidos, por ot ra part e, los Noldor aún llevaban la
lengua élfica de Valinor a las Grandes Tierras, y allí ella m ism a cam biaba y se
volv ía por ent ero diferent e. En ot ras palabras, en la concepción original, la
«segunda lengua» sólo se separaba de la lengua progenit ura por la part ida de los
Gnom os de Valinor a las Grandes Tierras; m ient r as que después la «segunda
lengua» se separó de la «prim era» casi al pr incipio m ism o de la ex ist encia de los
Elfos en el m undo. No obst ant e, el gnómico es sindarin, la lengua concret a que
terminó por convert ir se, cuando cam bió la concepción de la obra, en la de los Elfos
Grises de Beler iand. En relación con las observaciones de Rúm il sobre la lengua
secret a que los Valar em plean y en la que los Eldar ot rora escribieron poesías y
libr os de sabidur ía, considérese la siguient e not a del cuadernillo de los Cuentos
Perdidos a que se ha hecho referencia.

Los Dioses ent endían la lengua de los Elfos, pero no la ut ilizaban ent re ellos.
Los m ás sabios de los Elfos aprendier on en buena part e el lenguaj e de los
Dioses, y t ant o ent re los Teleri com o ent re los Noldoli ese conocim ient o se
at esoró durant e largo t iem po, pero en la época de la llegada a Tol Eressëa, ya
nadie lo poseía, salvo I nw ir, y ahora ese conocim ient o est á m uert o, salv o en la
casa de Meril.

En est e pasaj e aparecen algunos nuevos personaj es. Ornar el Vala «que conoce
t odas las lenguas» no sobreviv ió a los Cuent os Perdidos; algo m ás se oye de él
post eriorm ent e, pero es una div inidad sin m ucha sust ancia. Tuor y Bronw eg
prov ienen del cuent o La Caída de Gondolin, que est aba ya escrit o; Bronweg es la
form a gnóm ica de Voronwë, el m ism o Voronw ë que acom pañó a Tuor desde
Vinyam ar hast a Gondolin en la leyenda post erior. Tevildo, Pr íncipe de los Gat os,
era un sirv ient e dem oníaco de Melko y el rem ot o ant ecesor de Sauron; es un act or
principal en la hist or ia original de Beren y Tinúv iel, que t am bién est aba ya escrit a
(el Cuento de Tinúviel).
Corazoncit o, el cust odio del Gong, hij o de Bronweg, ahora recibe un nom bre
élfico, Ilverin (una enmienda de Elwenildo).

La Música de los Ainur

El borrador or iginal escrit o rápidam ent e a lápiz y m uy corregido ex ist e t odav ía en


hojas sueltas dentro de la cubierta del cuaderno que contiene un texto más copioso
y acabado escrit o a t int a. Est a segunda versión, sin em bargo, se apoyaba
est recham ent e en la prim era, y los cam bios consist ían sobre t odo en añadidos. El
t ext o que se ofrece aquí es el segundo, pero algunos pasaj es en que los dos
difieren not ablem ent e aparecen anot ados ( pocas diferencias ent re los dos t ext os
son significat ivas, según m i opinión) . Se verá por los pasaj es del pr im er borrador
que se ofrece en las not as, que el plural era originalm ent e Ainu, no Ainur, y que
Ilúvatar era ant es Ilu (aunque Ilúvatar t am bién aparece ocasionalm ent e en el
borrador).

Dijo entonces Rúmil:


Oís ahora cosas que no han sido oídas ent re los Hom bres y de las que
los Elfos rara vez hablan; sin em bargo Manw ë Súlim o, Señor de Elfos y
Hom bres, se las susurró a los padres de m i padre en las profundidades del
tiempo.1 He aquí que Ilúvatar vivía solo. Antes que toda otra cosa, cantando
dio ser a los Ainur prim ero, y m ayor es su poder y su gloria que el de t oda
ot ra criat ura dent r o del m undo y fuera de él. Luego les fabricó una vivienda
en el vacío y habit ó ent re ellos enseñándoles t oda clase de cosas, y de ellas
la más grande era la música.
»A veces les hablaba proponiéndoles t em as de cant o e him nos j ubilosos,
revelando m uchas de las cosas grandes y m aravillosas que concibiera en su
m ent e y su corazón, y a veces ellos hacían m úsica para él, y las voces de
sus instrumentos se elevaban en esplendor alrededor de su trono.
»Una vez I lúvat ar propuso a los Ainur un poderoso proyect o de su
corazón, desarrollando una hist oria cuya vast edad y m aj est uosidad nunca
nada de lo que relat ara ant es había igualado, y la gloria de su principio y el
esplendor de su final asom braron a los Ainur, de m odo que hicieron una
reverencia delante de Ilúvatar y se quedaron sin habla.
» Ent onces dij o I lúvat ar: La hist oria que he ex puest o ant e vosot ros y la
herm osa región que os he descrit o com o el lugar donde t oda la hist oria
podría desplegarse y encarnarse, est á sólo esbozada. No he llenado t odos
los espacios vacíos, ni os he cont ado t odos los adornos y los det alles de
encant o y delicadeza que ocupan m i m ent e. Es m i deseo ahora que hagáis
una m úsica grande y gloriosa y un cant o de est e t em a y ( com o que os he
enseñado m ucho y he puest o dent ro de vosot ros el Fuego Secreto)2 que
ej ercit éis vuest ra m ent e y poderes adornando el t em a según vuest ro propio
pensam ient o e invención. Pero m e sent aré y escucharé y m e regocij aré de
que a t ravés de vosot ros haya conseguido pasar al cant o cosas de gran
belleza.
«Ent onces los arpist as y los laudist as, los flaut ist as y los gaiteros, los
órganos y los incont ables coros de los Ainur em pezaron a convert ir el t em a
de I lúvat ar en gran m úsica; y un sonido se elevó de poderosas m elodías
que cam biaban y se int ercam biaban, m ezclándose y disolviéndose en m edio
de un t rueno de arm onías, m ayor que el bram ido de los grandes m ares,
hast a que los lugares de la vivienda de I lúvat ar y las regiones de los Ainur
se llenaron de música al punto de rebosar, y el eco de la música, y el eco de
los ecos de la m úsica fluyeron aun hast a los espacios oscuros y vacíos m ás
dist ant es. Nunca hubo ni ha habido desde ent onces una m úsica de
sem ej ant e vast edad o esplendor; aunque se dice que t ant o los coros de
Ainur com o los de los hij os de los Hom bres ent ret ej erán ant e el t rono de
Ilúvatar una música mucho más poderosa, después del Gran Final. Entonces
los m ás poderosos t em as de I lúvat ar se t ocarán rect am ent e; porque los
Ainur y los Hom bres conocerán la m ent e y el corazón de I lúvat ar del m odo
más cabal, y toda su intención.
»Pero ahora I lúvat ar perm anecía sent ado y escuchaba, y por largo rat o
le pareció m uy bien, porque los errores de esa m úsica eran pocos, y le
pareció que los Ainur habían aprendido m ucho y bien. Pero a m edida que el
gran t em a avanzaba, Melko t uvo deseos de int ercalar cosas de su propia y
Vána im aginación que no se adecuaban al t em a fundam ent al de I lúvat ar.
Ahora bien, Melko, ent re los Ainur, había recibido de I lúvat ar algunos de los
m ás alt os dones de poder y sabiduría; y a m enudo iba solo a los sit ios
vacíos y oscuros en busca del Fuego Secret o que procura Vida y Realidad
( porque t enía el ardient e deseo de darse por sí m ism o a cosas propias) ; no
lo encont ró sin em bargo, por que est aba j unt o a I lúvat ar, y él no lo supo
hasta después.3
»Pero logró sin em bargo concebir pensam ient os propios de profunda
ast ucia, aunque ninguno de ellos m ost raba, ni siquiera a I lúvat ar. Algunas
de est as m aquinaciones e invenciones ahora las incorporaba a la m úsica, y
hubo a su alrededor asperezas y discordancias, y m uchos de los que
t ocaban cerca de él se desanim aron, la m úsica se debilit ó, y sus
pensam ient os quedaron inacabados y falt os de claridad, m ient ras que
m uchos ot ros t rat aban de acom pañar esa m úsica y no la del gran t em a con
que habían empezado.
»De est e m odo la m alicia de Melko se ext endió oscureciendo la m úsica,
porque esos pensam ient os suyos procedían de la negrura ext erior a donde
I lúvat ar no había vuelt o t odavía la luz de su rost ro; y porque sus
pensam ient os secret os no t enían ningún par ent esco con la belleza del
proyect o de I lúvat ar, las arm onías se rom pieron y quedaron dest ruidas. Sin
em bargo, I lúvat ar perm aneció sent ado y escuchó hast a que la m úsica
alcanzó una profundidad de lobreguez y fealdad inim aginables; ent onces
sonrió con t rist eza y levant ó la m ano izquierda, e inm ediat am ent e, aunque
nadie supo con claridad cóm o, un nuevo t em a em pezó ent re el est répit o,
parecido al prim ero y, sin em bargo, diferent e, y fue ganando en poder y
dulzura. Pero la discordia y el ruido que Melko había provocado em pezó a
levant arse t am bién, y hubo una guer ra de sonidos y se produj o un clam or
en el que muy poco podía distinguirse.
« Ent onces I lúvat ar levant ó la m ano derecha, y ya no sonreía, sino
lloraba; y un t ercer t em a, que de ningún m odo se asem ej aba a los ot ros,
surgió en m edio del t um ult o, hast a que por fin pareció que dos m úsicas se
desarrollaban al mismo tiempo a los pies de Ilúvatar, y las dos eran del todo
divergent es. Una era grandiosa y profunda y herm osa, pero est aba t eñida
de un dolor inm it igable, m ient ras que la ot ra había logrado ahora una uni-
dad y una sist em at icidad propias, pero era est rident e y Vána y arrogant e, y
bram aba t riunfal cont ra la ot ra com o si int ent ara sofocarla; sin em bargo,
siem pre, aun cuando t rat aba de abat irla de la m anera m ás feroz, de algún
m odo se sorprendía a sí m ism a com plem ent ándola y arm onizando con el
rival.
»En m edio de est a sonora bat alla, m ient ras los recint os de I lúvat ar se
sacudían y un estremecimiento recorría los lugares oscuros, Ilúvatar levantó
am bas m anos, y en un inconm ensurable acorde m ás profundo que el
firm am ent o, m ás glorioso que el sol y penet rant e com o la luz de la m irada
de Ilúvatar, la música se quebró y cesó.
«Ent onces dij o I lúvat ar: Poderosos son los Ainur, y gloriosos, y ent re
ellos es Melko el m ás poderoso en conocim ient o; pero que sepa, y t odos los
Ainur con él, que yo soy I lúvat ar, esas cosas que habéis cant ado provienen
de mí; las músicas que hacéis en las regiones celestiales no son sólo para mi
regocij o y vuest ro deleit e, sino t am bién para darles form a y realidad com o
las t enéis vosot ros, los Ainur, a quienes he creado par a que com part an la
realidad de mí mismo, Ilúvatar. Quizá llegue a amar las cosas que provienen
de m i cant o com o am o a los Ainur, que provienen de m i pensam ient o, 4 y
quizá m ás. Tú, Melko, verás que no es posible t ocar ningún t em a, salvo que
al final provenga de la volunt ad de I lúvat ar, ni t am poco alt erar la m úsica. El
que lo int ent a descubre a la larga que m e ayuda a crear una cosa de m ayor
grandeza aún, y de más compleja maravilla; porque, ¡oíd!, por mediación de
Melko un t error com o el fuego, un dolor com o las aguas oscuras, una ira
com o el t rueno y un m al t an alej ado de m i luz com o la m ás recóndit a
profundidad del m ás oscuro de los lugares se han incorporado al proyect o
que os puse por delant e. Por su m ediación el dolor y la m iseria se han pro-
ducido en el choque de esas m úsicas abrum adoras; y con la confusión del
sonido, la crueldad, y la rabia, y la oscuridad, y el lodo det est able, y t oda
put refacción de pensam ient o o cosa, las nieblas inm undas y la llam a
violent a y el frío sin piedad han nacido, y la m uert e sin esperanza. Por su
m ediación ha sido sin em bargo, y no por su agencia; y él verá, y vosot ros
t odos veréis igualm ent e, y aun esos seres verán que t endrán que habit ar en
el mal que por él adivino, y soportar por Melko la miseria y el dolor, el terror
y la m aldad; pero declararán a la larga que redunda t an sólo en m i gloria, y
sólo hace que el t em a sea m ás digno de ser escuchado, la Vida m ás digna
de ser vivida, y el Mundo t ant o m ás herm oso y m aravilloso que de t odos los
hechos de Ilúvatar será llamado el más fuerte y el más amado.
« Ent onces los Ainur sint ieron t em or y no com prendieron t odo lo que se
dij o, y Melko se llenó de v ergüenza y de furia, pero I lúvat ar, al ver el
general asom bro, se levant ó glorioso y salió de sus recint os, m ás allá de las
bellas regiones que había hecho para los Ainur, hacia los lugares oscuros; y
pidió a los Ainur que lo siguieran.
»Ahora bien, cuando llegaron a lo m ás ínt im o del vacío, vieron una
escena de sobrecogedora belleza y m aravilla donde ant es no había habido
nada; pero I lúvat ar dij o: ¡Cont em plad vuest ros coros y vuest ra m úsica!
Mient ras t ocabais por m i volunt ad, vuest ra m úsica fue cobrando form a, y,
¡m irad! , aun ahora el m undo se despliega y em pieza su hist oria com o ant es
m i t em a en vuest ras m anos. Cada cual encont rará aquí, en el proyect o que
m e pert enece, los adornos y em bellecim ient os que él m ism o concibió;
t odavía m ás, aun Melko descubrirá aquí las cosas que creyó sacar de su
propio corazón, apart ándose de m i volunt ad, y le parecerán part e del t odo y
t ribut arias de su gloria. Una sola cosa he añadido, el fuego que da Vida y
Realidad... y, ¡mirad!, el Fuego Secreto ardía en el corazón del mundo.
» Ent onces los Ainur se m aravillaron al ver el m undo englobado en el
vacío, y sin em bargo separado de él; y se regocij aron al ver la luz y
com probaron que era a la vez blanca y dorada, y rieron de placer ant e los
colores, y el inm enso bram ido del océano despert ó en ellos un anhelo
profundo. Todo com placía sus corazones: el aire y los vient os, y las
m at erias de que est aba hecha la Tierra: hierro y piedra y plat a y oro y
muchas sustancias; pero de todas ellas el agua se tuvo por la más bella y la
m ás beneficiosa, y fue grandem ent e alabada. En verdad vivía t odavía en el
agua un eco m ás profundo de la Música de los Ainur, que en ninguna ot ra
sust ancia del m undo, y aun en est e día t ardío, m uchos son los Hij os de los
Hom bres que escuchan insaciables la voz del Mar y sient en anhelos de no
saben qué.
»Sabed, pues, que el agua fue en gran part e el sueño y la invención de
Ulmo, un Ainu a quien Ilúvatar había instruido más que a los otros sobre las
profundidades de la m úsica; m ient ras que el aire, los vient os y los ét eres
del firm am ent o habían sido concepción de Manw ë Súlim o, el m ás grande y
m ás noble de los Ainur. La t ierra y las m ás benéficas de sus sust ancias
fueron concebidas por Aulë, al que I lúvat ar había enseñado m uchas cosas
sabias, escasamente menos que a Melko; sin embargo, había mucho allí que
no le pertenecía.5
»Ahora bien, habló I lúvat ar a Ulm o y dij o: ¿No ves cóm o Melko ha
concebido fríos crudos sin m oderación, y sin em bargo no ha dest ruido la
belleza de t us aguas crist alinas y de t us lím pidos est anques? Aun donde él
creyó haber doblegado a t odos, m ira! , ha sido creada la nieve y la escarcha
obró sus exquisit os t rabaj os; el hielo ha levant ado sus cast illos con
grandeza.
»De nuevo habló I lúvat ar: Melko ha concebido calores sin cuent o y
fuegos sin rest ricción, y. no obst ant e, no ha secado t u deseo ni ha acallado
por com plet o la m úsica de t us m ares. Cont em pla m ás bien ahora la alt ura y
la gloria de las nubes y la m agia que habit a en la niebla y los vapores;
escucha el susurro de las lluvias sobre la tierra.
»Dij o Ulm o ent onces: Sí, en verdad es el agua m ás bella ahora que
ant es en m i m ej or concepción. La nieve t iene una herm osura que sobrepasa
m is m ás secret os pensam ient os, y si no hay m ucha m úsica allí, la lluvia es
bella en verdad, y de una m úsica que m e colm a el corazón, t ant o es el
agrado que sient o por haberla encont rado m is oídos, aunque su t rist eza se
cuent a ent re las m ás t rist es de t odas las cosas. ¡Escuchad! I ré en busca de
Súlim o del aire y los vient os, él y yo t ocarem os m elodías por siem pre par a
tu gloria y regocijo.
»Ahora bien, desde ent onces Ulm o y Manw ë fueron grandes am igos y
aliados casi en relación con todos los asuntos.6

»Ahora bien, aun m ient ras I lúvat ar le hablaba a Ulm o, los Ainur
cont em plaban cóm o el m undo se desplegaba, j unt o con la hist oria que
I lúvat ar les había propuest o com o una gran m úsica. Es por el recuerdo de
las palabras de I lúvat ar y el conocim ient o, aunque incom plet o, de su
m úsica, que t ant o saben los Ainur del fut uro, de m odo que m uy pocas son
las cosas que no puedan prever; sin em bargo algunas hay que aun a ellos
les están ocultas.7 Así, pues, los Ainur lo contemplaban todo; hasta que mu-
cho ant es de la llegada de los Hom bres m ás aún: ¿quién ignora que
t ranscurrieron incont ables edades ant es de que incluso los Eldar surgieran y
cant aran el prim er cant o e hicieran la prim era gem a, y t ant o I lúvat ar com o
los Ainur vieran est a m aravilla? hubo una disput a ent re ellos, t ant o se
enamoraron de la gloria del mundo y tan cautivados quedaron por la historia
que allí se desplegaba, de la que la belleza del m undo er a sólo el m arco y el
escenario.
»Pues bien, com o consecuencia de t odo est o algunos m oran aún con
I lúvat ar m ás allá del m undo, y ést os fueron sobre t odo los que habían
t ocado absort os siguiendo el plan y el proyect o de I lúvat ar, y sólo se habían
cuidado de prolongarlo sin poner nada de su propia invención; pero algunos
ot ros, y ent re ellos m uchos de los m ás herm osos y los m ás sabios de los
Ainur, le pidieron encarecidam ent e a I lúvat ar que les perm it iera habit ar en
el m undo. Porque, decían ellos: Seríam os los guardianes de nuest ros
sueños, que por t u poder han alcanzado ahor a realidad y sobrecogedora
herm osura; e inst ruiríam os a los Eldar y los Hom bres en reverencia y oficio,
cuando el t iem po llegue en que apar ezcan sobre la Tierra por t u decisión,
prim ero los Eldar y por últ im o los padres de los padres de los Hom bres. Y
Melko fingió que deseaba dom inar la violencia de los calores y los remolinos
que había desat ado en la Tierra, pero en lo m ás profundo del corazón
escondía ot ro deseo: usurpar el poder de los ot ros Ainur y librar una guerra
cont ra los Eldar y los Hom bres, pues det est aba los grandes dones que
Ilúvatar se proponía otorgar a esas razas.8
»Ahora bien, los Eldar y los Hom bres eran concepción de I lúvat ar
solam ent e; los Ainur, que no habían com prendido del t odo la int ención de
I lúvat ar, no se at revieron a añadir nada a la m úsica; y est as razas, por esa
razón, son llam adas con verdad los Hij os de I lúvat ar. Ést a es quizá la causa
de que m uchos ot ros de los Ainur, adem ás de Melko, se hayan ent rom et ido
en los asuntos tanto de los Elfos como de los Hombres, sea con buena o con
m ala int ención; no obst ant e, viendo que I lúvat ar había hecho a los Eldar
m ás sem ej ant es en naturaleza aunque no en poder ni en est at ura a los
Ainur, m ient ras que a los Hom bres les había ot orgado ext r años dones,
tuvieron trato preferentemente con los Elfos.9
»Aun cuando conocía I lúvat ar el corazón de t odos, accedió al deseo de
los Ainur, y no se dice que ello lo apenara. De m odo que ent raron los
grandes en el m undo, y ellos son los que ahora llam am os los Valar ( o los
Vali, eso carece de im port ancia) . 10 Habit an en Valinor o en el firm am ent o; y
algunos en t ierra o en las profundidades del m ar. Allí rigió Melko t ant o los
fuegos com o la escarcha m ás cruel, t ant o los fríos ext rem os com o los m ás
profundos hornos debaj o de las m ont añas de fuego; y cualquier cosa que
sea violent a o excesiva, repent ina o cruel en el m undo, ha sido puest a a su
cargo, y casi siem pre con j ust icia. Pero Ulm o habit a en el océano ext erior y
gobierna el fluj o de t odas las aguas y el curso de los ríos, el
reabast ecim ient o de las fuent es y la caída de las lluvias y el rocío de t odo el
mundo. En el fondo del mar concibe una música profunda y extraña, aunque
cargada de dolor: y en ello recibe la ayuda de Manwë Súlimo.
»Los Solosim pi, cuando los Elfos llegaron y vivieron en Kôr, aprendieron
m ucho de él; de ahí la nost álgica fascinación de sus flaut as y su afición a
vivir junto a la costa. Allí estuvo Salmar con él, y Ossë y Ónen, a los que dio
el gobierno de las olas y los mares menores, y muchos otros.11
»Pero Aulë vivió en Valinor e hizo m uchas cosas; invent ó herram ient as e
inst rum ent os y se ocupó t ant o de la fabricación de t elas com o del bat ido de
m et ales; t am bién el cult ivo y la labranza lo deleit aron, y asim ism o las
lenguas y los alfabet os, los bordados y la pint ura. De él aprendieron los
Noldoli, que eran los m ás sabios de ent re los Eldar y est aban siem pre
buscando nuevas ciencias y conocim ient os, aprendieron un núm ero incal-
culable de art esanías y m agias y ciencias insondables. Por sus enseñanzas,
sobre las que los Eldar volcaban siem pre su propia gran belleza, de
pensam ient o, corazón e im aginación, lograron la invención y hechura de las
gemas; y éstas no estuvieron en el mundo antes de los Eldar, y de todas las
gem as, las Silm arilli eran las m ayores en m agnificencia, y ahora se han
perdido.
»Sin em bargo, el m ás grande y principal de esos cuat ro grandes era
Manw ë Súlim o; y vivía en Valinor, y vivía en una gloriosa m orada, sent ado
en un t r ono de m aravilla en el m ás alt o pináculo de Taniquet il, que se
levant a com o una t orre a orillas del m undo. Los halcones vuelan siem pre de
un lado a ot ro alrededor de esa m orada, y son capaces de ver las
profundidades del m ar, o penet rar en las m ás ocult as cavernas y en la m ás
profunda oscuridad del m undo. Le llevaban not icias de t odas part es acerca
de todo, y era muy poco lo que se le escapaba; algunas cosas, sin embargo,
perm anecían escondidas, aun para el Señor de los Dioses. Con él est aba
Varda, la Bella, que se convirt ió en su esposa y es Reina de las Est rellas, y
sus hij os fueron Fionw ë- Úrion y Erint i, de grande herm osura. Alrededor de
ellos vivía todo un ejército de hermosos espíritus, y su felicidad es mucha; y
los hom bres am an a Manw ë aún m ás que al poderoso Ulm o, porque nunca
intencionalmente les hizo mal ni tampoco está tan satisfecho de su honor, ni
es t an celoso de su poder com o el viej o de Vai. Los Teleri, a quienes I nw ë
gobernaba, eran especialmente amados por él, y de él recibieron la poesía y
el cant o; porque si Ulm o t iene el poder de la m úsica y de las voces de los
inst rum ent os, Manw ë t iene el esplendor de la poesía y el cant o m ás allá de
toda posible comparación.
»He aquí que Manwë Súlimo, vestido de zafiros, regidor de los aires y los
vient os, es el señor de los Dioses, los Elfos y los Hom bres, y el m ás grande
baluarte contra la maldad de Melko.

De nuevo habló Rúmil:


Y así fue que después de la part ida de los Ainur y de sé vasallaj e, t odo
perm aneció t ranquilo durant e una larga era m ient ras I lúvat ar m iraba.
Ent onces, de pront o dij o: «He aquí que am o al m undo, y es ést e un recint o
de j uegos para los Eldar y los Hom bres, que son m is bienam ados. Pero
cuando lleguen los Eldar serán con m ucho las m ás herm osas y las m ás
am ables de t odas las criat uras; irán m ás hondo en el conocim ient o de la
belleza y serán m ás dichosos que los Hom bres. Pero a los Hom bres les
ot orgaré un nuev o don, m ás grande t odavía». Por t ant o dispuso que los
Hom bres t uvieran una libre virt ud por la que dent ro de los lím it es de los
poderes y las sust ancias y las oport unidades del m undo pudieran m odelar y
proyect ar su vida, aun m ás allá de la original Música de los Ainur. que par a
t oda ot ra cosa es dest ino. Hizo, pues, que por sus acciones t odo quedar a
acabado en form a y hecho, y que el m undo se cum pliera hast a en el últ im o
y m ás m enudo de los det alles. 12 He aquí que aun nosot ros los Eldar hem os
comprobado con dolor que los Hombres tienen un extraño poder para bien o
para m al y para t orcer el curso de las cosas aun a despecho de los Dioses y
las Hadas según su libre albedrío; de m odo que decim os: El dest ino no
puede dom inar a los Hij os de los Hom bres, pero son de una ext raña
ceguera, aunque conozcan una gran felicidad.
»Ahora bien, I lúvat ar sabía que los Hom bres, en m edio de los rem olinos
de los Ainur. nunca se pondrían de acuerdo para ut ilizar ese don de acuerdo
con la int ención original, pero dij o: " Tam bién ést os averiguarán en el
m om ent o oport uno que t odo, aun la m ás horrible de las obras, est á hecho a
la larga sólo para m i gloria y es t ribut ario de la belleza de m i m undo" . Si
em bargo, dicen los Ainur que el pensam ient o de los Hom bres es a veces
doloroso aun para I lúvat ar; por t ant o, si el don de la libert ad fue m ot ivo de
envidia y asom bro, la paciencia de I lúvat ar ant e el m al uso que de él se
hizo, fue cosa de gran m aravilla t ant o para los Dioses com o para las Hadas.
Sin em bargo, es propio de la nat uraleza de est e don que los Hij os de los
Hom bres sólo habit en un breve t iem po en el m undo; no obst ant e, no
m ueren por com plet o y para siem pre, m ient ras que los Eldar m oran en él
hasta el Gran Final,13 a no ser que se les dé muerte o se marchiten de dolor
( pues est án suj et os a est as dos clases de m uert e) , ni t am poco la senect ud
les socava las fuerzas, a no ser que transcurran diez mil siglos; y si mueren,
renacen en sus hij os, de m odo que su núm ero no decrece ni aum ent a. Sin
em bargo, m ient ras que los Hij os de los Hom bres se unirán al cabo del curso
de t odas las cosas a la Segunda Música de los Ainur, qué les dest inaba
I lúvat ar a los Eldar m ás allá del fin del m undo, no lo ha revelado ni siquiera
a los Valar, y Melko no ha podido descubrirlo.

NOTAS

1 Esta oración inaugural falta en el borrador.


2 La referencia al hecho de haber puest o el Fuego Secret o en los Ainur falt a en el
borrador.
3 Est e pasaj e, desde «Ahora bien, Melk o, ent re los Ainur...», es una am pliación
de ot ro m ucho m ás breve en el borrador: «Melk o, ent re los Ainu, había viaj ado
solo m ás a m enudo a los lugares oscuros y a los vacíos [ añadido después: en
busca de los fuegos secretos]».
4 Las palabras «m i cant o» y «m i pensam ient o» est aban en posición invert ida en
el t ext o, y fueron corregidas post eriorm ent e con lápiz com o se lee en la v ersión
act ual. Al principio del t ext o aparece la frase «Ant es de t oda ot ra cosa, cant ó
prim ero para dar el ser a los Ainur». Cf. el com ienzo de Ainulindalë en El
Silmarillion: «Los Ainur ... que eran vástagos de su pensamiento».
5 No hay referencia aquí en el borrador a Manwë o Aulë.
6 Est a oración sobre la am ist ad y la alianza ent re Manw ë y Ulm o falt a en el
borrador.
7 Este pasaje era muy diferente en el texto del borrador:
Y aún m ient ras I lu se dir igía a Ulm o, los Ainu cont em plaban la gran hist oria
que les había propuest o para su asom bro, y en la que t oda la glor ia suya no
era sino el ám bit o de su cum plim ient o: cóm o se desarrollaba en un m illar de
com plej idades t al com o había sido la m úsica que ellos habían t ocado a los
pies de I lu, cóm o la belleza se veía abrum ada por el est répit o y el t um ult o, y
al fin reaparecía com o nueva belleza, y la t ierra cam biaba y las est rellas se
apagaban y se encendían, y el vient o soplaba por el firm am ent o y el sol y la
luna dejaban su curso y cobraban vida.
8 Esta oración sobre Melko falta en el borrador.
9 En el borrador este párrafo dice:
Ahora bien, los Eldar y los Hom bres eran concepción de I lu solam ent e, y los
Ainu, ni siquiera Melko, nada t uvieron que ver con su hechura, aunque lo
ciert o es que la m úsica de ant año y sus hechos en el m undo afect aron
poderosam ent e la hist or ia. Por est a razón, quizá, Melk o y m uchos de los
Ainu, con buena o m ala int ención, siem pre se ent rom et ían en sus asunt os,
pero viendo que I lu había hecho a los Eldar dem asiado parecidos en
nat uraleza, si no en est at ura, a los Ainu, t uvier on t rat o preferent em ent e con
los Hombres.
La conclusión de est e párrafo parece ser el único lugar en que el segundo t ext o
contradice abiertamente el del borrador.
10 El borrador dice: «y ést os son los que ahora vosot ros y nosot ros llam am os
Valur y Valir».
11 El párrafo ent ero que sigue a la m ención de los Solosim pi y «su am or a v iv ir
junto a la costa» falta en el borrador.
12 La redacción de este pasaje en el texto del borrador dice así:
«... pero a los Hombres les encomendaré una tarea y les otorgaré un don». Y
dispuso que t endrían libre albedrío y el poder de hacer y proyect ar cosas,
m ás allá de la m úsica original de los Ainu, y que por consecuencia de sus
act iv idades se cum plirían las form as y los hechos de t odas las cosas, y el
m undo nacido de la m úsica de los Ainu quedaría acabado hast a el últ im o y
más pequeño de sus detalles.
13 «mientras que los Eldar viven para siempre» dice el texto del borrador.

Cambios de los nombres que aparecen en


La Música de los Ainur

Ainur Siempre Ainu en el texto del borrador.


Ilúvatar Habitualmente Ilu en el texto del borrador, pero también Ilúvatar.
Ulmo Así se lo llama en el texto del borrador, pero también Linqil.
Solosimpi < Solosimpë.
Valar o Valí En el t ext o del borrador Valur y Valir ( que parecen ser form as
masculina y femenina).
Ónen < Ówen.
Vai < Ulmonan.

Comentario sobre
La Música de los Ainur

Un pasaj e que sirve de eslabón cont inúa el t ext o de La Música de los Ainur y lleva
a la hist or ia de La Const rucción de Valinor sin int errupciones en el relat o; pero
post ergo est e eslabón hast a el próx im o capít ulo. El t ext o escrit o es igualm ent e
cont inuo ent re am bos cuent os, y no hay indicios de que la com posición de La
Construcción de Valinor no siguiera a la de La Música de los Ainur.
En años post eriores, el m it o de la Creación fue revisado y reescrit o una y ot ra
vez; pero es preciso observar que en est e caso solam ent e, y en cont rast e con el
rest o de la m it ología, hay una t radición direct a de un m anuscrit o a ot ro, desde el
prim er borrador hast a la versión final: cada t ext o se basa direct am ent e en el que
lo precede.* Adem ás, y est o es sum am ent e not able, la pr im era versión, escrit a
cuando m i padre t enía 27 o 28 años e insert a t odavía en el cont ext o de La Cabaña
del Juego Perdido, era ya de una concepción t an evolucionada, que sólo se le
hicieron muy pocos cambios fundamentales. Los hubo, por cierto, en abundancia, y
se los puede seguir et apa por et apa a t ravés de los t ext os sucesiv os, siendo
m uchos los det alles que se le incorporaron; pero la sucesión de las oraciones
originales pueden reconocerse de cont inuo en la últ im a ver sión del Ainulindalë,
escrit o m ás de t reint a años después, y aun son m uchas las frases que
sobrevivieron.
Se verá que el gran t em a que I lúvat ar les propuso a los Ainur fue
originalm ent e algo m ás explícit o ( «La hist oria que he expuest o ant e vosot ros») , y
que las palabras que I lúvat ar dir ige a los Ainur al final de la Música cont iene una
larga declaración sobre lo que Melk o había pr oducido, sobre lo que había
int roducido en la hist oria del m undo. Pero ot ra es la diferencia m ás im por t ant e: en
la versión original, cuando los Ainur cont em plan el Mundo por vez prim era, lo ven
realm ent e ( «aun ahora el m undo se despliega y em pieza su hist oria») : no es par a
ellos una m era visión que les fuera arrebat ada y cobró ex ist encia t an sólo en las
palabras de Ilúvatar: «Eá! ¡Que estas cosas Sean!» (El Silmarillion).
Sin em bar go, una vez observadas t odas las diferencias, son m ucho m enos
not ables que la solidez el perfeccionam ient o con que el m it o de la Creación surgió
desde un principio.
Tam bién en est e «Cuent o» hacen su aparición m uchos rasgos específicos de
m enor significación general; y m uchos de ellos habrían de sobreviv ir. Manw ë.
llamado «señor de los Elfos y de los Hombres», recibe el apodo de Súlimo, «regidor
de los aires y el v ient o»: est á vest ido de zafiros, y halcones de m irada penet rant e
vuelan desde su m orada en Taniquet il ( El Silm arillion, cap. I ) ; am a especialm ent e
a los Teler i ( los post eriores Vanyar) , que de él recibieron el don de la poesía y el
canto; y su esposa es Varda, Reina de las Estrellas.
Manw ë. Melko. Ulm o y Aulë se dest acan com o «los cuat ro grandes»; en
definit iva los grandes Valar, los Aratar, alcanzaron el núm ero de nueve, pero ant es
hubo abundantes cambios jerárquicos. Las preocupaciones características de Aulë y
su particular asociación con los Noldoli surgen aquí en su versión definitiva, aunque
se le at ribuye un gust o por «las lenguas y los alfabet os», m ient ras que en El
Silmarillion, aunque est o no se niega, es present ado com o habilidad com ún de los
Elfos Noldoli; m ás t arde se dice en los Cuent os Perdidos que el m ism o Aulë
«ayudado por los Gnom os inv ent ó alfabet os y escrit uras». Ulm o, especialm ent e
asociado con los Solosim pi ( los post eriores Teler i) , se present a aquí com o m ás
sat isfecho de su honor y celoso de su poder que Manw ë; y habit a en Vai. Vai es
una corrección de Ulm onan; pero est o no es el reem plazo de un nom bre por ot ro:
Ulm onan era el nom bre de los recint os de Ulm o, que est aban en Vai, el Océano
Ext erior. La significación de Vai. un elem ent o im por t ant e en la cosm ología original,
se verá en el próximo capítulo.
Aparecen ahora ot ros seres div inos. Manw ë y Varda t ienen descendencia,

* Par a u n a com par ación con el t ex t o publicado en El Silm ar illion, debe t en er se en cu ent a que
par t e del asunt o de la pr im er a v er sión no apar ece en el Ainulindalë, sino en el final del Capít ulo 1,
Del principio de los días.
Fionwë- Úr ion y Erint i. Erint i m ás t arde se convirt ió en lim aré, «la doncella de
Varda» ( El Silm arillion) , pero nada se dij o nunca de ella. Fionw ë, cuyo nom bre se
t ransform ó m ucho después en Eönw ë, debió convert irse en el Heraldo de Manw ë,
cuando quedó abandonada la idea de «los Hij os de los Valar». Aparecen seres
subordinados a Ulm o: Salm ar, Ossë y Ónen ( m ás t arde Uinen) ; aunque t odos ellos
sobreviv ieron en el pant eón, la idea de los Maiar no apareció durant e varios años,
y Ossë se cont ó durant e m ucho t iem po ent re los Valar. A los Valar se los considera
aquí «Dioses» ( en v erdad, cuando Eriol pregunt a «¿son Dioses?», Lindo responde
que sí lo eran), y esta concepción se mantuvo hasta muy avanzado el desarrollo de
la mitología.
La idea del renacim ient o de los Elfos en sus hij os se enuncia aquí de m anera
explícit a, y t am bién el diverso dest ino de Elfos y Hom bres. En relación con est o,
puede m encionarse el siguient e hecho curioso. Tem pranam ent e en el t ext o que
acaba de ofrecerse aparece la enunciación: «Se dice que una [ m úsica] con m ucho
m ás poderosa se ent ret ej erá ant e el t rono de I lúv at ar por los coros t ant o de los
Ainur como de los hijos de los Hombres después del gran final»; y la afirmación con
que concluye el t ex t o: «Sin em bargo, m ient ras que los Hij os de los Hom bres se
unirán al cabo del curso de t odas las cosas a la Segunda Música de los Ainur, qué
les destinaba Ilúvatar a los Eldar más allá del fin del mundo, no lo ha revelado a los
Valar siquiera, y Melko no ha podido descubrirlo». Ahora bien, en la prim era
rev isión del Ainulindalë ( que dat a de la década de 1930) la pr im era de las
oraciones se t ransform ó en «... por los coros t ant o de los Ainur com o de los Hij os
de I lúvat ar al cabo del fin de los días» ; m ient ras que la segunda quedó en lo
esencial inalt erada. Así siguió siendo hast a la versión final. Es posible que el
cambio del primer pasaje no fuera intencional, la sustitución de otra frase común, y
que est o luego nunca fuera advert ido. Sin em bargo, en la obr a publicada dej é los
dos pasajes tal cual.
III

LA LLEGADA DE LOS VALAR


Y LA CONSTRUCCIÓN DE VALINOR

He observado ya que el próx im o cuent o est á eslabonado con La Música de los


Ainur sin int errupción narrat iv a; y el t ext o no lleva t ít ulo. Est á cont enido en t res
cuadernos separados ( los Cuent os Perdidos fueron escrit os del m odo m ás
asombroso, con partes de diferentes cuentos entrelazadas entre sí) y en la cubierta
del cuaderno que t iene la part e inicial que sigue a La Música de los Ainur aparece
escrit o: «cont iene t am bién la Llegada de los Valar y em pieza la Const rucción de
Valinor». El texto está en tinta escrito sobre un manuscrito a lápiz borrado.

Ent onces, cuando Rúm il hubo t erm inado y guardó silencio, Eriol dij o al
cabo de una pausa: Grandes not icias son ést as y m uy novedosas y
ext rañas suenan a m is oídos; sin em bargo parece que gran part e de lo que
m e has cont ado ocurrió fuera de est e m undo, y que aunque ahora ya sé de
dónde pr ovienen esa vida y ese m ovim ient o y el designio definit ivo de la
historia, me gustaría escuchar todavía muchas cosas de los primeros hechos
que ocurr ieron en el m undo; de buen grado escucharía de los t rabaj os de
los Valar y de los grandes seres de los días m ás ant iguos. ¿De dónde
provienen, dim e, el Sol o la Luna o las Est rellas y cóm o se delinearon sus
cursos y sus est aciones? Más aún: ¿de dónde provienen los cont inent es de
la t ierra, las Tierras Ext eriores, los grandes m ares y las I slas Mágicas? Aun
de los Eldar y su aparición y de la llegada de los Hombres quisiera saber por
tus cuentos de sabiduría y maravilla.
Ent onces respondió Rúm il: Son t us pregunt as casi t an largas y
verbosas com o m is cuent os, y la sed de t u curiosidad secaría un pozo m ás
profundo que el de m i ciencia si t e dej ara beber y acudir a m í sin
im pedim ent o, según lo desearas. En verdad no sabes lo que pregunt as ni la
longitud y la complejidad de las historias que quisieras escuchar. Mira, el sol
est á ya bien alt o sobre los t ej ados, y est a hora no es buena para cont ar
cuent os. Más bien ya es hora, y aun algo pasada, de quebrar el ayuno.
Con est as palabras, Rúm il echó a andar por el sendero de avellanos, y
at ravesando un espacio ilum inado por el sol, ent ró de prisa en la casa,
aunque tenía buen cuidado de mirar dónde ponía los pies antes de avanzar.
Pero Eriol perm aneció sent ado m edit abundo en la gloriet a, pensando en
t odo cuant o había oído, y m uchas pregunt as le acudieron a la m ent e que le
habría gust ado hacer, al punt o que olvidó que t odavía ayunaba. Pero en eso
llegan Corazoncit o y ot ro m ás, t rayendo bandej as cubiert as y lim pios
m ant eles y le dicen: Son palabras de Rúm il el Sabio: que en la gloriet a de
los Zorzales est ás desm ayándot e de ham bre y de fat iga de una gár rula
lengua... y pensando que est o era m uy pr obable, hem os venido en t u
ayuda.
Ent onces Eriol les dio las gracias, y después de quebrar el ayuno
perm aneció el rest o de ese herm oso día ocult o en las veredas del j ardín,
sum ido en profundos pensam ient os; no est uvo falt o t am poco de am enidad,
porque aunque encerrado dent ro de grandes m uros de piedra cubiert os por
árboles frut ales o plant as t repadoras, cuyas flores doradas y roj as
resplandecían al sol, los refugios y los rincones del j ardín, los sot os y
prados, los senderos som breados y los cam pos floridos parecían no t ener
fin, y la exploración descubría siem pre algo nuevo. No obst ant e, su alegría
aún fue m ás grande esa noche cuando se volvió a brindar por «el
Reencendido del Sol Mágico», y las velas fueron sost enidas en alt o y t odos
se dirigieron nuevamente a la sala donde ardía el Hogar de los Cuentos.
Dij o allí Lindo: ¿Habrá de haber cuent os ot ra vez est a noche com o de
cost um bre, o m úsica y canciones? Y la m ayoría dij o que canciones y
m úsica, y ent onces se pusieron de pie algunos de los m ás hábiles, y
cant aron viej as m elodías y quizá volvieron a la vida cant os m uert os de
Valinor en m edio de la luz t em blorosa de esa sala ilum inada por el fuego.
Algunos recit aron poesías que hablaban de Kôr, y Eldam ar, breves frag-
m ent os de la riqueza de ant año; pero pront o el cant o y la m úsica fueron
cesando, y hubo silencio m ient ras los allí reunidos pensaban en la belleza
perdida y añoraban el Reencendido del Sol Mágico.
Ahora bien, por fin le habló Eriol a Lindo diciendo: Rúm il el cust odio de
la puerta, que me pareció hombre de gran sabiduría, me relató esta mañana
en el j ardín el principio del m undo y la llegada de los Valar. ¡De buen grado
escucharía ahora noticias de Valinor!
Ent onces dij o Rúm il, porque est aba sent ado en un t aburet e en un rincón
sum ido en som bras: Pues con la licencia de Lindo y de Vairë em pezaré el
cuent o; de ot ro m odo seguirás pregunt ando siem pre; y que m e perdonen
los present es si vuelven a oír ant iguas hist orias. Pero Vairë dij o que est as
palabras acerca de las cosas ant iguas est aban lej os t odavía de haberse
estancado en los oídos de los Eldar.
Dijo Rúmil entonces:
He aquí que Manw ë Súlim o y Varda la Herm osa se levant aron. Varda,
m ient ras se había t ocado la Música, había pensado m ucho en una luz de
blancura y de plat a, y en las est rellas. Esos dos se cubrieron de alas de
poder y v iaj aron de prisa a t ravés de los t res aires. Vait ya es la oscuridad
que envuelve el m undo por fuera, pero I lw ë es azul y claro y fluye ent re las
est rellas, y finalm ent e llegaron a Vilna, que es gris, y en él los páj aros
vuelan a salvo.
»Con ellos llegaron m uchos de los Valí, que habían t ocado y afinado la
m úsica j unt o con ellos, y ést os son los Mánir y los Súruli, los silfos de los
vientos y los aires.
»Ahora bien, viaj aron m uy de prisa, pero Melko est uvo allí ant es que
ellos, pues se había precipit ado llam eando a t ravés de los aires, con una
im pet uosa rapidez, y hubo un t um ult o en el m ar donde se había zam bullido
y las m ont añas sobre él escupieron fuego y la t ierra abrió la boca y se
estremeció; pero Manwë al verlo montó en cólera.
»Después llegaron Ulm o y Aulë, y con Ulm o no había nadie, salvo
Salm ar, que fue luego conocido com o Noldorin, pues aunque había bondad
en el corazón de ese poderoso, los pensamientos más profundos los tenía en
la soledad, y era silencioso, desapegado y altivo aun frente a los Ainur; pero
con Aulë estaba la gran señora Palúrien, que se deleitaba en la riqueza y los
frut os de la t ierra; por esa razón fue llam ada Yavanna ent re los Eldar.
Alrededor de ellos viajó una gran hueste, los espíritus de los árboles y de los
bosques, del valle y la florest a y de las laderas de las m ont añas, o los que
cant an en m edio de la hierba por la m añana y ent onan cánt icos ent re las
espigas erguidas al at ardecer. Ést os son los Nerm ir y los Tavari, Nandini y
Orossi, duendecillos, hadas, espírit us t raviesos, lepraw ns y no sé cuánt os
nom bres m ás reciben, pues son m uy num erosos; sin em bargo, es preciso
no confundirlos con los Eldar pues han nacido ant es que el m undo y son
m ás viej os que lo que ést e t iene de m ás viej o, y no pert enecen a él, y les
da m ucha risa, pues no habiendo t enido nada que ver con su hechura, es
para ellos sobre t odo cosas de j uego; pero los Eldar pert enecen al m undo y
lo am an con un am or ardient e, y por esa razón sient en siem pre nost algia,
aun en la felicidad extrema.
»Pues bien, det rás de esos grandes capit anes vinieron Falm an- Ossë de
las olas del m ar y Ónen, su consort e, y con ellos las t ropas de los Oarni y
Falm aríni y los Wingildi de las largas t renzas, espírit us de la espum a y el
oleaj e del océano. Ahora bien, Ossë era vasallo y subordinado de Ulm o, por
t em or y reverencia, que no por am or. Tras él llegaron Tulkas Poldórëa,
orgulloso de sus fuerzas, y las herm anas Fánt uri, Fant ur de los Sueños, que
es Lórien Olofánt ur, y Fant ur de la Muert e, que es Vefánt ur Mandos, y a
esas dos se las llam a t am bién Tári porque son señoras de gran respet o,
reinas de los Valar. Una de ellas era la esposa de Mandos, y es conocida por
t odos com o Fui Nienna en razón de su lobreguez, y le com placen la aflicción
y las lágrim as. Muchos ot ros nom bres t iene que rara v ez se pronuncian y
son t odos luct uosos, porque es Núri la que suspira y Heskil la que da hálit o
al invierno, y t odos deben inclinarse ant e ella com o Qalm ë- Tári, la esposa
de la m uert e, pero he aquí que la ot ra era la esposa de Orom ë, el cazador
que es llam ado Aldaron, rey de los bosques, que grit a de alegría en la cim a
de las m ont añas y es casi t an luj urioso com o Tulkas, el de la perpet ua
j uvent ud. Orom ë es el hij o de Aulë y Palúrien, y la Tári, su esposa, es
conocida por t odos com o Vána la bella, que am a la alegría, la j uvent ud y la
belleza, y es el m ás feliz de t odos los seres, pues es Tuilérë o, com o decían
los Valar, Vána Tuivána, la que t rae la prim avera, y t odos cant an sus
alabanzas como Tári- Laisi, la esposa de la vida.
»Sin em bargo, cuando t odos ést os ya habían cruzado los confines del
m undo y Vilna est aba alborot ado, aun llegaron de prisa Makar y su feroz
herm ana Meássë; y habría sido m ej or que no hubieran encont rado el
m undo, y se hubieran quedado para siem pre con los Ainur m ás allá de
Vaitya y las estrellas, pues ambos eran de temperamento pendenciero y con
ot ros espírit us m enores que las acom pañaban fueron los prim eros en
sumarse a las discordias de Melko y en ayuda a la difusión de su música.
»Últ im o de t odos llegó Óm ar, que es llam ado Am illo, el m ás j oven de los
grandes Valar, y cantaba mientras se acercaba.
« Ent onces, cuando t odos est os grandes espírit us est uvieron reunidos
j unt os en los confines del m undo, Manw ë les habló diciendo: ¡Escuchad,
pues! ¿Cóm o pueden los Valar habit ar est e bello sit io y ser felices y
regocij arse, si se perm it e que Melko lo dest ruya provocando fuegos y
t orbellinos, de m odo que no t engam os dónde reposar en paz, y la t ierra no
pueda florecer y los designios de Ilúvatar queden sin cumplirse?
»Ent onces t odos los Valar se encolerizaron con Melko, y sólo Makar
habló cont ra Manw ë; pero el rest o escogió algunos de ent re ellos para que
fueran en busca del hacedor del m al, y ést os fueron Mandos y Tulkas, pues
t an espant able era el aspect o de Mandos que Melko lo t em ía m ás que a
nada, salvo la fuerza del brazo de Tulkas, y Tulkas fue el otro.
»Ahora bien, esos dos lo buscaron y lo obligaron a com parecer ant e
Manw ë, y Tulkas, cuyo corazón no sent ía afect o por la ret orcida ast ucia de
Melko, le asest ó a ést e un puñet azo, y él lo soport ó, pero nunca olvidó. No
obst ant e les habló gent ilm ent e a los Dioses, diciendo que no era m ucho el
daño que ocasionaba, y que en realidad est aba fest ej ando la nov edad del
m undo; t am poco, dij o, int ent aría hacer nada cont ra el señorío de Manw ë y
la dignidad de capitanes como Aulë y Ulmo, ni nadie que estuviera cerca. Su
consej o era m ás bien que cada uno de los Valar part iera ahora para m orar
ent re las am adas cosas t errest res, sin int ent ar prolongar su gobierno m ás
allá de sus justos límites. Había en esto cierta alusión encubierta a Manwë y
Ulm o, pero ent re los Dioses hubo algunos que acept aron de buena fe sus
palabras y est uvieron dispuest os a seguir su consej o, pero ot ros
desconfiaron; y en m edio del debat e, Ulm o se levant ó y se encam inó a los
Mares Ext rem os que est án m ás allá de las Tierras Ext eriores. No le
gust aban las palabras grandilocuent es ni las reuniones num erosas, y en
esas aguas profundas, inm óviles y vacías se proponía vivir, dej ando el
gobierno del Gran Mar y los m ares m enores a Ossë y Ónen, sus vasallos.
Sin em bargo, siem pre sum ido en las profundidades de los m ás rem ot os
recint os m arinos de Ulm onan dom inaba con su m agia los débiles est re-
m ecim ient os de los Mares Som bríos y regía los lagos y las fuent es y los ríos
del mundo.
»Pues bien, así eran las cosas en la Tierra en aquellos días, y no han
cam biado desde ent onces salvo por. m ediación de los t rabaj os de los Valar
de ant año. Las m ás poderosas de las regiones son las Grandes Tierras que
los hom bres habit an y recorren ahor a, y los Elfos Perdidos cant an y bailan
en las colinas; pero más allá de los límites más occidentales se extienden los
Grandes Mares, y en esas vast as aguas del oest e hay m uchas t ierras
m enores e islas ant es de que se encuent ren los m ares solitarios, cuyas olas
susurran alrededor de las I slas Mágicas. Más lej os aún, y pocas son las
em barcaciones de los hom bres m ort ales que se hayan avent urado t ant o,
est án los Mares Som bríos donde flot an las I slas del Crepúsculo y la Torre de
Perlas se eleva pálida sobre el cabo m ás occident al; pero t odav ía no había
sido const ruida, y los Mares Som bríos se ext endían oscuros a lo lej os hast a
la costa más extrema en Eruman.
»Ahora bien, las I slas del Crepúsculo son consideradas las prim eras de
las Tierras Exteriores: las Islas y Eruman y Valinor. Eruman o Arvalin está al
sur, pero los Mares Sombríos se extienden hasta las costas de Eldamar en el
nort e; sin em bargo, los barcos t ienen que navegar m ás lej os t odavía para
llegar a est as playas plat eadas, porque m ás allá de Erum an se levant an las
Mont añas de Valinor en un gran anillo hacia el oest e, y en los Mares
Som bríos al nort e de Er um an hay una vast a bahía, de m odo que las olas
bat en los grandes acant ilados y las Mont añas se levant an j unt o al m ar. Allí
est á Taniquet il, de gloriosa cont em plación, la m ás alt a de las m ont añas,
vest ida de la m ás pura nieve, y que m ira desde lo alt o de la bahía hacia el
sur m ás allá de Erum an y hacia el nort e m ás allá de la Bahía de Faëry; en
verdad, la t ot alidad de los Mares Som bríos, aun las velas de los barcos
sobre las aguas ilum inadas por el sol y las m ult it udes afanadas en los
puert os occident ales en las t ierras de los Hom bres, pudieron verse desde
allí, aunque la distancia se calcula en leguas inimaginables. Pero el Sol toda-
vía no había nacido, y las Mont añas de Valinor no se habían levant ado, y el
valle de Valinor era extenso y frío. Más allá de Valinor nunca he visto ni oído
nada, aunque sé que allí se ext ienden las oscuras aguas de los Mares
Exteriores, que no tienen mareas, y son tan frías y enrarecidas, que ninguna
barca puede navegar por ellas ni ningún pez penet rar en sus profundidades,
salvo los peces encantados de Ulmo y su carro mágico.
»Hacia allí había part ido ahora, pero los Dioses celebraban un consej o
sobre las palabras de Melko. Aulë y su esposa Palúrien, los m ás afect ados
por los t orbellinos de Melko y que no confiaban en sus prom esas, opinaban
que los Dioses no debían separarse com o él proponía, pues era posible que
quisiera at acarlos por separado y dañar sus posesiones. ¿No es acaso
dijeron m ás poderoso que cualquiera de nosot ros except o Manw ë? Mej or
será que edifiquem os una m orada donde podam os habit ar alegrem ent e
t odos j unt os, viaj ando sólo cuando sea necesario para el cuidado y la
vigilancia de nuest ros bienes y nuest ros feudos. En ella podrían vivir aun
aquellos que a veces no est án de acuerdo y encont rar allí reposo y solaz
después de los t rabaj os en el m undo. La m ent e y los dedos le escocían ya
a Aulë de deseos de hacer cosas, y cont inuó insist iendo en est a cuest ión; y
a la m ayoría de los Dioses les pareció un buen consej o, y viaj aron por el
m undo en busca de un sit io para vivir en él. Ésos eran los días del
Crepúsculo ( Lom endánar) , pues había luz, argent ina y dorada, pero no
est aba reunida y fluía y se est rem ecía en una corrient e irregular por los
aires o a veces caía gent ilm ent e en una lluvia esplendorosa y corría com o
agua por la t ierra; y en ese t iem po Varda en sus j uegos sólo había puest o
unas pocas estrellas en el cielo.
» En est a penum bra los Dioses iban de nort e a sur y veían poco; a decir
verdad en las m ás profundas de est as regiones encont raban frío y soledad,
y la égida de Melko ya fort alecida; pero Melko y sus sirvient es est aban
excavando en el nort e para const ruir los t ét ricos recint os de Ut um na, pues
no tenía intención de vivir junto con los otros, aunque por el momento fingía
paz y amistad.
»Ahora bien, por causa de la oscuridad, Aulë convenció a Melko de que
const ruyera sendas t orres en el nort e y en el sur, pues se proponía colocar
sobre cada una de ellas lám paras poderosas. A ést as las hizo el m ism o Aulë
de oro y de plat a, y Melko levant ó los pilares y eran ést os m uy alt os y
brillaban com o un pálido crist al azul; y cuando Aulë los golpeó con la m ano
resonaron com o el m et al. Se elevaron a t ravés del aire inferior hast a I lw ë y
las est rellas, y Melko dij o que eran de una sust ancia im perecedera que él
m ism o había invent ado; y m ent ía, porque sabía que eran de hielo. A la del
nort e le dio el nom bre de Ringil, y a la del sur, Helkar, y las lám paras
est aban pront as y fueron puest as sobre ellas cargadas de luz, plat eada la
del nort e y dorada la del sur. A est a luz la habían recogido Manw ë y Varda
generosam ent e del cielo, para que los Dioses pudieran explorar m ej or las
regiones del mundo y elegir las más bellas como morada.
»Ahora bien, en esa luz llam eant e viaj aron al est e y al oest e, y el est e
era un baldío de t ierras suelt as, y el oest e est aba cubiert o de vast os m ares
de oscuridad, porque en verdad se habían reunido ahor a en esas I slas del
Crepúsculo y allí est aban m irando hacia el oest e, cuando he aquí que las
lám paras del nort e y del sur t em blaron y se desplom aron, y al desplom arse
las aguas se levant aron en t orno a las islas. Pues bien, est as cosas ellos no
las ent endieron; el resplandor de aquellas luces había derret ido el hielo
t raicionero con que est aban hechos los pilares de Melko, Ringil y Helkar, y
grandes fluj os de agua se habían vert ido en los Mares Som bríos. Tan
grandes fueron los deshielos, que esos m ares, que al principio no eran de
gran tamaño, sino claros y cálidos, se hicieron negros y vastos, y sobre ellos
había vapores y som bras profundas por causa de las grandes aguas frías
que se vert ían en ellos. Así esas poderosas lám paras cayeron de las alt uras,
y el est répit o del derr um be sacudió las est rellas, y part e de la luz se
esparció ot ra vez por el aire, pero abundant e fue la que fluyó por t ierra
provocando incendios y desiertos con su amplio volumen antes de recogerse
en lagos y en estanques.
» Fue ent onces el m om ent o de la prim era noche, y fue ést e m uy largo;
pero los Valar est aban m uy irrit ados por la t raición de Melko, y era probable
que fueran anegados por los m ares som bríos que se levant aban ahora
cubriendo muchas islas.
«Entonces Ossë, porque Ulmo no se encontraba allí, reunió a los Oarni, y
j unt os arrast raron la isla en que se encont raban los Valar hacia el oest e de
las aguas, hast a que llegaron a Erum an, cuyas alt as cost as cont uvieron la
furiosa inundación... y ésa fue la primera marea.
»Dij o ent onces Manw ë: Ahora harem os una vivienda y un baluart e
cont ra el m al. De m odo que se dirigieron a Arvalin y vieron un am plio
espacio abiert o a lo lej os que llegaba a leguas aun desconocidas para los
Mares Ext eriores. Allí, dij o Aulë, habría un espacio adecuado para levant ar
un gran edificio y crear un reino de delicias; por t ant o los Valar y sus
súbdit os recogieron prim ero las rocas y las piedras m ás poderosas de
Arvalin y levant aron enorm es m ont añas en la llanura que llam an ahora
Valinor o la t ierra de los Dioses. En verdad, fue el m ism o Aulë quien t rabaj ó
durant e siet e edades a pedido de Manw ë erigiendo Taniquet il, y el m undo
ret um baba en las t inieblas y Melko oyó el ruido de est os t rabaj os. Por causa
de una gran albañilería es Erum áni ahora m uy ancha y desnuda y de un
m aravilloso nivel, porque cogieron t odas las piedras y las rocas que había
allí; pero las Mont añas de Valinor son escarpadas y de una alt ura im -
penet rable. Viendo por fin que se alzaban com o poderosas t orres ent re
Valinor y el m undo, los Dioses respiraron; pero Aulë y Tulkas viaj aron con
m uchos de los suyos a t ierras ext rañas, t rayendo al regresar m árm oles y
buenas piedras, hierro y plat a y oro y bronce, y t oda clase de m at eriales.
Los apilaron en m edio de la llanura y sin dem ora Aulë em pezó a t rabaj ar
vigorosamente.
»Al fin dij o: No est á bien t rabaj ar en m edio de est as t inieblas, y fue
una mala acción la de Melko que arruinó esas bellas lámparas. Pero Varda,
respondiendo, dij o: Hay m ucha luz t odavía en los aires, y la que fluye
vert ida sobre la t ierra y t uvo deseos de recoger un nuev o acopio y
levant ar un fanal en Taniquet il. Pero Manw ë no quiso que se recogiera del
cielo m ás radiación, porque la oscuridad era ya la de la noche, pero a su
pedido, Ulm o salió de las profundidades y viaj ó a los lagos resplandecient es
y a los est anques de brillant ez. De allí recogió ríos de luz que guardó en
grandes v asij as, y con ellas volvió a Valinor. Allí t oda la luz se vert ió en dos
grandes calderos que Aulë había preparado en ocasión de su regreso en
medio de las tinieblas, y tienen ellas el nombre de Kulullin y Silindrin.
»Ahora bien, en m edio del valle cavaron dos grandes pozos que est án a
leguas de dist ancia, aunque m uy cerca en la vast edad de esa llanura. En
uno puso Ulm o siet e rocas de oro t raídas de las m ás silenciosas
profundidades del m ar, y luego fue arroj ado allí un fragm ent o de la lám para
que había ardido un t iem po sobre Helkar, en el sur. Luego el pozo fue
cubiert o con t ierras fért iles creadas por Palúrien, y acudió Vána, la que am a
la vida y la luz del sol y a cuyo cant o las flores se alzan y se abren, y el
m urm ullo de las doncellas a su alrededor era com o el dichoso ruido de la
gent e que sale de paseo por prim era vez en la m añana lum inosa de un país
ext ranj ero. Allí cant ó sobre el m ont ículo la canción de la prim avera, y bailó
alrededor, y lo regó con las grandes corrient es de esa luz dorada que Ulm o
había t raído de los lagos derram ados; sin em bargo, al final Kulullin casi
rebalsaba.
»Pero en el ot ro pozo arroj ar on t res perlas enorm es que encont ró Ossë
en el Gran Mar, y t ras ellas arroj ó Varda una pequeña est rella, y lo
cubrieron de espum as y nieblas blancas y luego esparcieron suavem ent e
t ierra sobre él, pero Lórien, que am a los crepúsculos y las som bras
t em blorosas, y los dulces perfum es que viaj an en los vient os de la t arde, y
que es el señor de los sueños y la im aginación, se sent ó cerca y susurró
rápidas palabras inaudibles, m ient ras los espírit us que est aban a su servicio
t ocaban j unt o a él m elodías que se oían apenas, com o la m úsica que se
filt ra en la oscuridad desde viviendas lej anas; y los Dioses vert ieron en ese
sit io ríos de radiación blanca y la luz plat eada que Silindrin cont enía casi
hast a el borde... y después de haberla vert ido, Silindrin no est aba t odavía
llena.
« Ent onces acudió Palúrien, t am bién llam ada Kém i, Señora de la Tierra,
esposa de Aulë, m adre del señor de los bosques, y t ej ió hechizos alrededor
de esos dos sit ios, profundos encant am ient os de vida y crecim ient o, de
em isión de hoj as, de flores y de frut os... pero no añadió palabra de lengua
alguna a la canción. Después de haber cant ado m edit ó allí largo rat o, y los
Valar se sent aron en círculo alrededor, y la llanura de Valinor est aba a
oscuras. Luego, al cabo de un t iem po, hubo por fin un brillant e resplandor
de oro en las t inieblas, y los Valar y quienes los acom pañaban lanzaron un
grit o de alegría y alabanza. He aquí que del lugar que había sido regado con
la luz de Kulullin surgió un brot e esbelt o, y su cort eza vert ía una refulgencia
de oro pálido; em pero esa plant a creció de prisa, de m odo que en siet e
horas hubo un ár bol de poderosa est at ura y t odos los Valar y los suyos
pudieron sent arse baj o sus ram as. De gran belleza de form a y buen
desarrollo era el t ronco, y nada había en él que quebrar a la suavidad de la
cort eza que a gran alt ura sobre la t ierra em anaba una delicada luz am arilla.
Ent onces brot ó en t odas direcciones un encaj e de frondas, y de ellas
salieron capullos dorados y hoj as de un verde profundo y bordes
resplandecient es. Ya era la luz que em it ía ese árbol am plia y herm osa, pero
mient ras los Valar lo cont em plaban, dio capullos con t ant a profusión que
todas sus ramas quedaron ocultas por largos racimos estremecidos de flores
doradas, com o m illares de lám paras colgant es, y la luz se vert ía desde los
extremos y caía a tierra con dulce sonido.
«Alabaron ent onces los Dioses a Vána y a Palúrien y se regocij aron en la
luz diciéndoles: He aquí que ést e es un árbol m uy bello en ver dad, y debe
recibir un nom bre. Y Kém i dij o: Reciba el nom bre de Laurelin por la
brillant ez de sus flores y la m úsica de su rocío pero Vána prefería llam arlo
Lindeloksë y ambos nombres perduraron.
»Habían pasado ya doce horas desde que brot ara Lindeloksë, y a esa
hora un brillo plateado penetró el dorado resplandor, y he aquí que los Valar
vieron que un br ot e se alzaba en el sit io donde se habían vert ido los
est anques de Silindrin. Tenía la cort eza de un t ierno color blanco, que
resplandecía como perlas, y creció tan rápido como había crecido Laurelin, y
m ient ras crecía, la gloria de Laurelin m enguaba, y sus flores brillaban m e-
nos, hast a que ese árbol relum bró apenas, com o si durm iese; pero he aquí
que el ot ro alcanzó una est at ura t an grande com o la de Laurelin, y el t ronco
era aún m ás proporcionado y esbelt o, y la cort eza parecía de seda, pero las
ramas alt as eran m ás gruesas y enm arañadas y densas, y de ellas brot aron
masas de hojas lanceoladas, de un color verde azulado.
» Ent onces los Valar se quedaron m irando m aravillados, pero Palúrien
dijo: No ha t er m inado est e árbol t odavía su crecimiento. Y he aquí que
m ient ras hablaba, floreció, y las flores no colgaban en racim os, y cada una
tenía su propio tallo; recordaban las perlas y la plata y las estrellas, y ardían
con una luz blanca; y parecía que el corazón del árbol lat iera, y la radiación
luminosa se estremecía con ritmo creciente y menguante.
El t ronco dest ilaba una luz com o de plat a líquida que se vert ía en t ierra,
y que iluminaba la llanura. Esta luz sin embargo no llegaba tan lejos como la
luz del árbol de or o, y a causa t am bién de las grandes hoj as y del lat ido de
su vida int erior arroj aba un cont inuo revolot eo de som bras ent re los
estanques de brillantez, negras aquéllas y éstos muy claros. Entonces Lórien
no pudo cont ener su alegría, y aun Mandos sonrió. Pero Lórien dij o: He
aquí que le daré a est e árbol un nom bre, y lo llam aré Silpion. Y ése ha
sido siem pre su nom bre desde ent onces. Ent onces Palúrien se puso de pie y
les dij o a los Dioses: Coged ahora t oda la luz líquida que got ea desde est e
bello árbol, y alm acenadla en Silindrin, y que m ane desde allí, pero de
m anera m uy parca. Mirad, cuando las doce horas de plena luz hayan
t ranscurrido, el árbol volverá a m enguar, y ent onces volverá a encenderse
Laurelin, pero para que no se agot e, regadío siem pre gent ilm ent e con agua
de la caldera de Kulullin a la hora en que Silpion se at enúa, pero con Silpion
haced lo m ism o, volviendo a vert er la luz recogida del profundo Silindrin,
t oda vez que m engüe el árbol de oro. ¡Luz es la savia de est os árboles y su
savia es luz!
» Y con est as palabras quería ella decir que aunque a est os árboles había
que regarlos con luz, para que t uvieran savia y vida, de su desarrollo y vida
hacían siem pre luz en gran abundancia, m uy por encim a de la que sus
raíces absorbían; pero los Dioses escucharon su pedido, y Vána hizo que
una de sus propias doncellas, la const ant e Urw en, se hiciera cargo de la
tarea de regar a Laurelin, mientras que Lórien pidió a Sumo, un joven al que
am aba, que t uviera siem pre el cuidado de refrescar a Silpion. Por lo que se
dice que cada vez que los árboles eran regados, había un m aravilloso
resplandor de oro y plat a, y se m ezclaban luces de gran belleza ant es de
que un árbol menguara del todo o el otro alcanzara su plena gloria.
»Ahora bien, por causa de est os brillant es árboles, t uvo Aulë luz en
abundancia para sus t rabaj os, y em prendió m uchas t areas, y Tulkas lo
ayudó no poco, y Palúrien, m adre de la m agia, est aba con ellos. Prim ero
levant aron sobre Taniquet il una gran m orada para Manw ë, y se inst aló una
t orre de vigilancia. Desde allí lanzaba a sus halcones parecidos a saet as y
los recibía de vuelt a, y hacia allí viaj ó a m enudo «n días post eriores
Sorontur, Rey de las Águilas, al que Manwë concedió gran poder y sabiduría.
»Esa m ansión se const ruyó de m árm oles blancos y azules, y se
levant aba en m edio de cam pos de nieve, y los t ej ados est aban hechos de
una red de ese aire azul llam ado ilwë, que est á por encim a del blanco y el
gris. Est a red fue invención de Aulë y su esposa, pero Varda la salpicó de
est rellas, y Manw ë habit ó debaj o; pero en la llanura donde radiaban
plenam ent e los árboles había un grupo de viviendas levant adas com o una
bella ciudad sonrient e, y esa ciudad recibió el nom bre de Valm ar. Y en la
const rucción de Valm ar no se escat im aron m et ales ni piedras, ni la m adera
de aquellos árboles poderosos. Los t echados eran de oro y los suelos de
plat a y las puert as de bronce bruñido; fueron levant adas por hechizos y las
piedras fueron unidas por la m agia. Separado de ést as y lim it ando con el
valle había un gran patio, y éste era la casa de Aulë, y estaba llena de redes
m ágicas t ej idas con la luz de Laurelin y el resplandor de Silpion y el
cent elleo de las est rellas; pero se hicieron ot ras con hebras de oro y plat a y
hierro y bronce bat idos hast a alcanzar la delgadez del filam ent o de una
araña, y todas estaban tejidas con belleza para dar cabida a la música de los
Ainur, describiendo las cosas que fueron y serán o las que han sido sólo en
la gloria de la mente de Ilúvatar.
» En est e pat io había algunos de los árboles que luego crecieron sobre la
t ierra, y ent re ellos un est anque de aguas azules. Los frut os caían allí
durante todo el día con un ruido sordo sobre las márgenes, y eran recogidos
por las doncellas de Palúrien para su deleite y el de su señor.
» Ossë t am bién t enía una gran casa, y vivía en ella t oda vez que se
celebraba un cónclave de los Valar o se cansaba del ruido de las olas en los
mares, unen y los Oarni llevaron millares de perlas para su edificación, y los
suelos eran de agua de m ar, y los t apices t enían el brillo plat eado de los
peces, y est aba t echado con espum a. Ulm o no vivía en Valm ar y viaj ó de
regreso a los Mares Ext eriores, y si t enía necesidad de perm anecer un
t iem po en Valinor se aloj aba com o huésped en las est ancias de Manw ë;
pero est o no ocurría a m enudo. Lórien t am bién vivía lej os, y su m orada era
grande y recogida, y con am plios j ardines. El sit io t enía el nom bre de
Murm uran, que Aulë hizo con neblinas recogidas m ás allá de Arvalin sobre
los Mares Som bríos. Había sido levant ada en el Sur al pie de las Mont añas
de Valinor en los confines del reino, pero los j ardines se prolongaban m ara-
villosamente a un lado y otro serpenteando casi hasta el pie de Silpion, cuyo
resplandor los ilum inaba de m anera ext raña. Había allí m uchos laberint os y
lugares recóndit os, pues Palúrien le había dado a Lórien una fort una en
t ej os y cedros, y grupos de pinos que exudaban olores adorm ecedores en el
crepúsculo; y se levant aban ést os sobre est anques profundos. En los bordes
de los est anques revolot eaban luciérnagas de un lado al ot ro, y Varda había
puest o est rellas en las profundidades para deleit e de Lórien; pero los
espírit us de Lórien cant aban m aravillosam ent e en est os j ardines, y el
perfum e de las flores noct urnas y las canciones de los adorm ecidos
ruiseñores los llenaban de gran encant o. Tam bién crecían allí am apolas que
resplandecían rojas en el crepúsculo, y a éstas llamaron los Dioses fumellar,
las flores del sueño, y Lórien las ut ilizaba a m enudo en sus encant am ientos.
En m edio de est as am enidades había un anillo de som bríos cipreses que se
levant aban com o t orres sobre la profunda t ina de Silindrin. Allí est aba sobr e
un lecho de perlas, y su superficie ininterrumpida tenía estremecimientos de
plat a, y sobre ella caía la som bra de los árboles, y las Mont añas de Valinor
podían ver allí sus caras espej adas. Cuando Lórien la cont em plaba, t enía
m uchas visiones de m ist erio, y no perm it ía que la despert asen, salv o
cuando Silm o acudía sin ruido con una urna de plat a para llevarse unas
got as de frescor est rem ecido, y part ía luego quedam ent e de allí a regar las
raíces de Silpion antes de que el árbol de oro se calentara.
» De ot ro m odo pensaba Tulkas, que vivía en m edio de Valm ar. Muy
j uvenil es est e Dios, y fuert e de m iem bros y luj urioso, y por eso se le da el
nom bre de Poldórëa, el que am a los j uegos y el t iro al arco, la pelea con los
puños, la lucha, la carrera y el salt o, y las canciones que van bien con el
m ovim ient o de una copa bien colm ada en el aire y los brindis. No obst ant e
no es provocador ni asest a golpes sin m ot ivo com o Makar, aunque no hay
ninguno de los Valar ni de los Úvanim or ( que son m onst ruos, gigant es y
ogros) que no t em a los m úsculos de su brazo ni el golpe de su puño
enguant ado de hierro cuando t iene m ot ivos para est ar colérico. La suya es
una casa de alegría y fest ej os; y se erigió alt a en el aire, y t enía una t orre
de bronce y pilares de cobre que se unían en una am plia arcada. En el pat io
los hom bres j ugaban y rivalizaban ent re sí en duras cont iendas, y allí a
veces la herm osa Nessa, esposa de Tulkas, repart ía copas del m ej or vino y
las m ás refrescant es bebidas ent re los com pet idores. Pero a ella m ás que
nada le gust aba ret irarse a un sit io de prados herm osos, cuyo césped
Orom ë, su herm ano, había escogido en los claros um brosos del bosque, y
Palúrien lo había plant ado con hechizos y est aba siem pre verde y suave. Allí
bailaba ella ent re sus doncellas durant e el t iem po en que Laurelin florecía,
pues ¿no es más grande aún en la danza que la misma Vána?
» En Valm ar m oraba t am bién Noldorin, conocido hace m ucho t iem po
como Salmar, que a veces tocaba el arpa y la lira, y a veces se sentaba bajo
Laurelin m ient ras hacía una dulce m úsica con un inst rum ent o de arco. Allí
cant aba al com pás regocij adam ent e Am ulo, al que se le da el nom bre de
Ornar, cuya voz es la m ás bella de las voces, y que conoce t odas las
canciones en t odas las lenguas; si no cant aba al com pás del arpa de su
herm ano, gorj eaba en los j ardines de Orom ë cuando al cabo de un t iem po
Nielíqui, la pequeña doncella, em pezó a bailar de un lado a ot ro en los
bosques.
»Ahora bien, Orom ë dom inaba vast os t errit orios, que él am aba, y no
m enos que Palúrien, su m adre. He aquí que los bosques plant ados en la
planicie de Valinor y aun al pie de las montañas no tienen comparación en la
Tierra. Allí se deleit an las best ias, los ciervos ent re los árboles y los rebaños
de vacas en las anchas t ierras de past oreo; había bisont es y caballos que
erraban desenj aezados, pero j am ás invadían los j ardines de los Dioses;
gozaban siem pre de paz, sin em bargo, pues no había ent re ellos animales
de presa, ni t am poco iba Orom ë de caza a Valinor. Aunque am a est os
reinos, pasa m ucho t iem po en el m undo de fuera; m ás a m enudo aún que
Ossë y t an a m enudo com o Palúrien, y se conviert e ent onces en el m ás
grande de t odos los cazadores. Pero en Valm ar los recint os son am plios y
bajos, y pieles y cueros de gran riqueza y precio están esparcidos allí por los
suelos y colgados en los m uros, y t am bién lanzas, arcos y cuchillos hay en
ellos. En m edio de cada habit ación y cada sala crece un árbol que sost iene
el t echo, y su t ronco est á lleno de t rofeos y cornam ent as. Allí se reúne la
gent e de Orom ë vest ida de verde y cast año, y hay un ruido de alegría
arrogante, y el señor de los bosques produce una viva algarabía; pero Vána,
su esposa, cada vez que puede hacerlo, sale de allí a hurt adillas. Lej os de
los recint os sonoros de la casa, se ext ienden los j ardines, vigorosam ent e
apart ados de t ierras m ás salvaj es por cercos de espinos blancos de gran
t am año, que florecen com o nieves et ernas. La m ás ínt im a soledad está
am urallada de rosas, y ést e es el sit io m ás am ado de la bella señora de la
prim avera. En m edio de est e sit io de aire perfum ado, puso Aulë hace ya
m ucho t iem po ese caldero, el dorado Kulullin, siem pre lleno de la radiación
de Laurelin, como de agua brillante, y de él hizo una fuente, de modo que la
salud y la felicidad de la luz pura llenara t odo el j ardín. Los páj aros
cant aban allí t odo el año con la gargant a plena de la prim avera, y las flores
crecían en un alborot o de capullos y de vida gloriosa. Sin em bargo, el
esplendor de la t ina de oro nunca se derram aba, salvo cuando las doncellas
de Vána conducidas por Urw en abandonaban el j ardín a la hora en que
Silpion m enguaba y regaban las raíces del árbol de fuego; pero j unt o a la
fuent e y durant e el día había siem pre una luz de color ám bar, m ient ras las
abej as se afanaban ent re las rosas, y por allí iba Vána con pie ligero y las
alondras cantaban por encima de su cabeza de oro.
»Tan bellas eran est as m oradas y t an grande el brillo de los árboles de
Valinor, que Vefánt ur y Fui, la esposa t rist e, no podían soport ar est ar allí
m ucho t iem po, y se m archaban lej os al nort e de esas regiones, donde baj o
las raíces de las m ont añas m ás frías y nort eñas de Valinor que se alzan aquí
ot ra vez cerca de Arvalin, pidieron a Aulë que les excavara un recint o. Así lo
hizo ent onces, para que t odos los Dioses t uvieran una m orada agradable, y
ellos y t odos los m iem bros de su cort e som bría lo ayudaron. Muy vast as
eran esas cavernas, se ext endían aun por debaj o de los Mares Som bríos, y
est án llenas de lobreguez y de ecos resonant es, y t oda est a profunda
m orada es conocida de los Dioses y de los Elfos com o Mandos. Allí en una
sala de luct uoso color negro se sent aba Vefánt ur, y le dio a esa sala su
propio nom bre, Vê. Est aba ilum inada por un solo vaso colocado en el cent ro
en el que había unas pocas got as del rocío pálido de Silpion; las cort inas
eran de vapores oscuros y los suelos y colum nas est aban hechos de
azabache. Allí en días post eriores viaj aban los Elfos de t odos los clanes que
por infortunio morían en combate o de desdicha. Sólo así morían los Eldar, y
nada m ás que por un t iem po. Allí Mandos dict aba las suert es del dest ino, y
allí los Eldar esperaban en la oscuridad soñando con sus pasadas hazañas,
hast a llegado el m om ent o por él designado en que volverían a nacer en sus
hij os y podrían reír y cant ar ot ra vez. Fui no iba m ucho a Vê, pues se
dedicaba ant e t odo a dest ilar los hum ores salinos de que est án hechas las
lágrim as, y t enía nubes negras que echaba a flot ar para que recorrieran el
m undo cogidas por el vient o, y sus redes sin peso se asent aban de vez en
cuando sobre los que allí vivían. Ahora bien, est as t elas eran de
desesperación y lut o inconsolable, dolor y pena ciega. La sala que m ás le
gust aba era una aún m ás am plia y oscura que Vê, y t am bién ella le dio su
propio nom bre llam ándola Fui. Allí, delant e de un asient o negr o ardía en un
brasero un único carbón vacilante, y el techo era de alas de murciélago y los
pilares que lo sost enían y los m uros de alrededor est aban hechos de
basalt o. Allí iban los hij os de los Hom bres a escuchar su dest ino, y allí son
llevados por la m ult it ud de m ales que la m aligna m úsica de Melko incorporó
al m undo. La m at anza y los incendios, las ham brunas y las desdichas, las
enferm edades y los golpes asest ados en la oscuridad, la crueldad, el frío
penet rant e, la angust ia y la propia locura los em puj an allí; y Fui lee en sus
corazones. A algunos los m ant iene en Mandos baj o las m ont añas y a
algunos los envía m ás allá de las colinas y Melko los atrapa y los lleva a
Angam andi o los I nfiernos de Hierro, donde pasan días m uy m alos. Tam bién
a algunos, y ést os son la m ayoría, los m anda a bordo de la nave negra
Mornië, que de vez en cuando perm anece anclada en el puert o oscuro del
nort e, a la espera del m om ent o en que la t rist e pom pa la lleve a la playa, al
pie de los ásperos caminos de Mandos.
«Ent onces, cuando est á cargada, por propia iniciat iva despliega las velas
negras, e im pulsada por una suave brisa recorre esas cost as. Todos los que
est án a bordo, al llegar al sur, echan una m irada de nost algia y dolor a ese
lugar ent re las m ont añas donde es posible t ener un at isbo de la dist ant e
llanura de Valinor; y esa abert ura est á cerca de Taniquet il, donde se
encuent ra la ribera de Eldam ar. No ven nada m ás de ese lum inoso lugar, y
son arrast rados hacia las am plias llanuras de Arvalin. Allí van de un lado a
ot ro en la som bra, acam pando donde pueden; no obst ant e conocen el
canto, y alcanzan a ver las estrellas, y esperan pacientes la llegada del Gran
Final.
»Pocos son y felices en verdad aquellos a los que se m anifiest a Nornorë,
el heraldo de los Dioses. Van ent onces con él en carrozas o m ont ados en
m agníficos caballos al valle de Valinor y se reúnen en los recint os de
Valm ar, m orando en casa de los Dioses hast a la llegada del Gran Final. Se
encuent ran m uy lej os de las m ont añas negras del nort e o de las llanuras
neblinosas de Arvalin, y la música y la luz clara les pertenecen, y en ellas se
deleitan.
»¡Y bien! He descrit o las viviendas de t odos los Dioses que levant ó Aulë
con su art esanía en Valinor, pero Makar y su fiera herm ana Meássë se
const ruyeron por sí m ism os una m orada, ayudados sólo por su propia
gente, muy lúgubre ciertamente.
»Se levant aba en los confines de las Tierras Ext eriores, y no est aba m uy
lej os de Mandos. Est aba hecha de hierro y carecía de adornos. Allí luchaban
los vasallos de Makar vest idos de arm aduras y se oía gran clam or y grit os y
bram idos de t rom pet as, pero Meássë iba ent re los guerreros inst ándolos a
que se asest aran m ás golpes t odavía, o reviviendo a los desm ayados par a
que pudieran bat allar aún; y t enía los brazos enroj ecidos hast a los codos.
Ninguno de los Dioses iba nunca allí, salvo Tulkas, y si visit aban a Mandos,
lo hacían dando un rodeo por senderos circundantes, para evitar pasar cerca
de ese recint o t um ult uoso; pero Tulkas luchaba a veces allí con Makar o
dist ribuía pesados golpes ent re los luchadores, y est o lo hacía para que la
vida m uelle no lo debilit ara, pues no am aba a aquella gent e y ést a, a su
vez, en v erdad no lo am aba a él ni a su gran fuerza serena. Ahora bien,
cont inuam ent e se libraban bat allas en la cort e de Makar, salvo cuando los
hom bres se reunían en los salones para celebrar fest ines o en las ocasiones
en que Makar y Meássë est aban lej os en las m ont añas negras, cazando
j unt os lobos y osos. Pero en la casa había m uchas arm as de guerra, y
escudos de gran t am año y brillant em ent e pulidos colgaban de los m uros.
Est aba ilum inada de ant orchas y se cant aban en ella cant os de vict oria, de
saqueo y de pillaj e, y la luz roj a de las ant orchas se reflej aba en la hoj a
desnuda de las espadas. Allí se sent aban a m enudo Makar y su herm ana
para escuchar los cant os, y Makar t enía una pica enorm e sobre las rodillas,
y Meássë sost enía una lanza. Pero en aquellos días, ant es de que Valinor se
cerrase, est os dos viaj aban sobre t odo por la Tierra, y con frecuencia se
ausent aban, pues am aban los t orbellinos sin freno que Melko desat aba por
el mundo.
»Por t ant o ahora se const ruyó Valinor y en ella reina una gran paz, y los
Dioses se regocij an porque esos espírit us pendencieros no perm anecen
mucho tiempo entre ellos, y Melko no se acerca.
Ent onces dij o una niña ent re los allí reunidos, m uy sedient a t ant o de
cuentos como de poesías: Me gustaría que no hubiera ido nunca allí desde
ent onces, y que pudiera haber vist o esa t ierra t odavía resplandecient e t al
com o Aulë la dej ó. Ahora bien, había oído a Rúm il cont ar esa hist oria, y
había m edit ado m ucho en ella, pero era nueva para la m ayoría de los
present es, com o para Eriol, y t odos quedar on asom brados. Ent onces dij o
Eriol: Muy fuert es y gloriosos son los Valar, y de buen grado escucharía
m ás det alles de esos días de ant año si no viera brillar las Velas del Sueño
que ahor a vienen hacia aquí. Pero ot ro niño habló desde un coj ín cerca de
Lindo y dij o: Pues yo de buen grado visit aría los recint os de Makar y
cogería quizá una espada o un cuchillo; sin em bargo, en Valm ar m e parece
que est aría bien ser huésped de Or om ë. Y Lindo, riendo, dij o: Est aría
m uy bien, por ciert o y con esas palabras se levant ó y ya no se cont aron
más historias aquella noche.

NOTAS
Cambios de los nombres que aparecen en
La Llegada de los Valar y la Construcción de Valinor

Ónen < Ów en ( sólo la pr im era vez que aparece; luego Ónen, t al com o fue escrit o
la primera vez).
Eruman y Arvalin Los nom bres de est a región se escribieron originalmente
Habbanan y Harmalin. pero fueron reem plazados a lo largo de t odo el cuent o
( except o en dos casos en que Habbanan fue olvidado) por Eruman ( en una
ocasión Erumáni) y Arvalin. ( En las t res últ im as apariciones Habbanan >
Arvalin, m ient ras que en las prim eras Habbanan > Erum an: pero la diferencia
probablem ent e no t iene significado, pues los nom bres Habbanan / Harm alin y
m ás t arde Erum an / Arvalin eran int ercam biables.) En La Cabaña del Juego
Perdido los cambios fueron Hanwalin > Harmalin > Arvalin.
Lomendánar < Lome Danar.
Silindrin < Telim pë ( Silindrin) ( sólo la pr im era vez que aparece; luego el nom bre
es Silindrin, tal como fue escrito la primera vez).
Lindeloksë < Lindelótë.

Comentario sobre
La Llegada de los Valar y la Construcción de Valinor

Es m ej or exponer por part es el caudal de dat os que procura Rúm il en est a


ocasión, y empiezo por:

I) La llegada de los Valar y su encuentro con Melko.

La descripción de la ent rada de los Valar al m undo no se conservó, aunque la


crónica que de ellos se hace en este pasaje es el origen último de Valaquenta (v. El
Silmarillion): pero no hay, sin em bargo, un desarrollo cont inuo en los m anuscrit os.
El pasaj e t iene gran int erés, pues aquí aparecen a la vez m uchas figuras de la
m it ología que iban a conservarse, aunque hubo ot r as que no lo fueron. Es not able
cóm o m uchos de los nom bres de los Valar en los prim eros escrit os nunca fueron
reem plazados o m odificados: Yavanna. Tulkas, Lórien, Nienna, Orom ë. Aldaron.
Vána, Nessa, que aparecen por prim era vez en est e cuent o, y Manwë, Súlim o,
Varda. Ulm o. Aulë. Mandos, Ossë, Salm ar, que habían aparecido ya ant es. Algunos
se conservaron de m anera m odificada: Melkor en lugar de Melko. Uinen ( que ya
aparece más tarde en los Cuentos Perdidos) en lugar de Ónen. Fëanturi en lugar de
Fánturi; m ient ras que ot ros, com o Yavanna Palúrien y Tulkas Poldórëa
sobreviv ier on lar gam ent e en la t radición de « El Silm ar illion» ant es de ser
reem plazados por Kementári ( aunque cf. Kémi «Señora de la Tierra» en est e
cuent o) y Astaldo. Pero algunos de est os pr im eros Valar habían desaparecido en la
et apa o fase que siguió a los Cuent os Perdidos: Ómar- Am illo, y los bárbaros dioses
guerreros Makar y Meássë.
Aquí apar ecen t am bién ciert os parent escos que llegaron a sobrev ivir. Así,
Lórien y Mandos fueron desde el principio «hermanos», cada cual con su asociación
especial: «sueños» y «m uert e» respect ivam ent e; y Nienna t uvo desde el pr incipio
una est recha relación con ellos aquí com o la «esposa de Mandos», aunque m ás
t arde com o la herm ana de los Fëant uri. La concepción original de Nienna era por
ciert o m ás som bría y at erradora, una diosa de la m uert e en est recha relación con
Mandos, que lo fue después. Las inciert as relaciones de Ossë con Ulmo remontan a
los com ienzos; pero la alt ivez y desapego de Ulm o desaparecieron m ás t arde, al
m enos com o rasgo de su div ino «caráct er» explícit am ent e descrit o. Vána era ya la
esposa de Orom ë, pero Orom ë era el hij o de Aulë y ( Yavanna) Palúrien; en la
evolución post erior de los m it os Vána perdió t er reno en relación con Nienna,
m ient ras que Orom ë lo ganó, convirt iéndose finalm ent e en uno de los grandes
Valar, los Aratar.
Part icular m ent e int eresant e es el pasaj e que se refiere al ej ércit o de los
espír it us m enores que acom pañaban a Aulë y Palúrien, por el que se aprecia la
ant igüedad de la concepción de los Eldar, de nat uraleza del t odo dist int a de la de
los «diablillos, hadas, duendes, leprawns, et cét era», pues los Eldar «pert enecen al
m undo» y est án relacionados con él, m ient ras que esos ot ros seres son ant eriores
a la creación del mundo. En la obra posterior no hay huellas de una explicación se-
m ej ant e para el elem ent o «feérico» de la población del m undo: hay pocas
referencias a los Maiar, y por ciert o no se dice que ent re ellos se incluyan seres
que «cant an ent re las hierbas por la m añana y ent onan cánt icos ent re el m aíz
erguido al atardecer».*
Salm ar, com pañero de Ulm o, que aparecía en La Música de los Ainur, se
ident ifica ahora con Noldor in, que m enciona Vairë en La Cabaña del Juego Perdido;
lo que es posible discernir de su hist oria apar ecerá m ás t arde. Los t rabaj os
post eriores no dicen nada de él, salvo que llegó con Ulm o y fabricó sus cuernos (El
Silmarillion).
En el desarrollo post erior de est a narración no se hace m ención de que Tulkas
( ¡o Mandos! ) fuera a cercar a Melkor en el com ienzo m ism o de la hist oria de los
Valar en Arda. En El Silm arillion nos ent eram os m ás bien de la gran guerra librada

* Cf. El Silm ar illion: « Con los Valar v inier on ot ros espír it us que fueron t am bién ant es que el
Mu ndo, del m ism o or den de los Valar , per o de m enor j er ar quía. Son ést os los Maiar , el pueblo
som et ido a los Valar , y sus ser v idor es y asist ent es. El núm ero de est os espír it us no es conocido de
los Elfos y pocos t ien en n om b r e en las len gu as d e los Hij os de I lú v at ar » . Un a v er sión an t er ior de
est e pasaj e dice: « Muchos espír it us m enor es t r aj er on [ los Valar ] en su séqu it o, gr an des y
pequ eñ os, y a algu n os los Hom b r es los h an con fu n d id o con lo s El d ar o Elf o s; p er o
eq u iv o cad am en t e, p o r q u e f u er o n an t es d el m u n d o , y los Elfos y los Hom b r es desp er t ar on por
pr im er a v ez en el m u n do desp u és d e la lleg ada de los Valar » .
ent re los Valar y Melk or «ant es de que Arda est uviera del t odo form ada» y cóm o
llegó «desde el cielo», lo que fue causa de su derrot a, por lo que huyó de Arda y
«se puso a meditar en la oscuridad exterior».

II) La primera concepción de las Tierras Occidentales


y los Océanos

El mapa primitivo

En La Cabaña del Juego Perdido la expresión «Tierr as Ext erior es» se em pleaba
para designar a las t ierras al est e del Gran Mar, post eriorm ent e la Tier ra Media;
est e nom bre se reem plazó luego por «Grandes Tierras». Las Tierras Ext eriores se
definen ahora com o las I slas del Crepúsculo. Erum an ( o Arvalin) y Valinor. Un
em pleo curioso que aparece a m enudo en los Cuent os Perdidos es el de la
equivalencia del «m undo» con las Grandes Tierras, con la superficie ent era de la
t ierra al oest e de las Tierras Ext eriores; así, las m ont añas «se alzaban com o
poderosas t orres ent re Valinor y el m undo», y el Rey I nw ë oyó «el lam ent o del
mundo».
Conviene reproducir aquí un m apa que aparece en realidad en el t ext o de un
cuent o escrit o m ás t arde ( el de El Robo de Melkor y el Oscurecim ient o de Valinor) .
Est e m apa, dibuj ado en una página m anuscrit a con el t ext o escrit o alr ededor, no
es m ás que un rápido bocet o a lápiz, ahora borroso y t enue, m uchos de cuyos
rasgos son de int erpret ación difícil o im posible. Lo he vuelt o a dibuj ar lo más
exact am ent e que pude; el único rasgo perdido son unas let ras indescifrables que
empiezan con M, y preceden a la palabra Hielo. He añadido las let ras a, b, c,
etcétera para que sea posible seguir más fácilmente la exposición.
Ut um na ( m ás t arde Ut um no) se sit úa en el ext r em o nort e, al nort e de la
lámpara- pilar Ringil; la posición del pilar del sur parece no haber est ado del t odo
decidida según este mapa. El cuadrado señalado con a es evidentemente Valmar, y
creo que los dos punt os señalados con b son los Dos Árboles, de los que
post eriorm ent e se dice que est aban al nort e de la ciudad de los Dioses. El punt o
señalado con c es casi seguro que represent a el dom inio de Mandos ( cf. el párrafo
donde se cuent a que Vefánt ur Mandos y Fui Nienna le pidieron a Aulë que les
excavara un recint o «baj o las raíces de las m ont añas m ás frías y nort eñas de
Valinor»);* es difícil que el punt o al sur represent e el recint o de Makar y Meássë,
pues se dice que aunque no est aba lej os de Mandos, se levant aba «en los confines
de las Tierras Exteriores».
La zona que he señalado con h es Erum an / Arvalin ( que en definit iva r ecibió el
nom bre de Avat har) , ant es Habbanan / Harm alin ( Harw alin) , que son sim ples
alternativas.
Más t arde, en un m apa del m undo t razado en la década de 1930, la costa
occident al del Gran Mar sigue una suave curva regular hacia el oest e, de nort e a
sur, m ient ras que las Mont añas de Valinor siguen virt ualm ent e la m ism a curva en
sent ido cont rario hacia el est e; donde las dos curvas se unen en el punt o m edio se
encuent ran Tuna y Taniquet il. De m odo que se ext ienden dos zonas de t ierra con
form as de V prolongadas hacia el nort e y el sur desde el punt o m edio, ent re las
Mont añas y el Mar, que van alej ándose de cont inuo la una de la ot ra; y reciben el
nombre de Eruman (hacia el norte) y Arvalin (hacia el sur).
En el pequeño m apa prim it ivo la línea de m ont añas ya es así, y se la describe
en el t ext o com o «un gran anillo que se curva hacia el oest e» ( la curva es hacia el
oest e si se consideran las ex t rem idades m ás que la porción cent ral) . Pero la curv a
de la cost a es dist int a. Desdichadam ent e el pequeño m apa es en est e caso m uy
oscuro, pues hay var ias líneas ( señaladas con j ) que se ext ienden hacia el nort e a
part ir de Kôr ( señalada con d), y es im posible saber si las m arcas indican una
t achadura o represent an cadenas de m ont añas paralelas. Pero creo que est as
líneas señalan cam bios posibles en la curva de las Mont añas de Valinor al nort e; y
no m e cabe duda de que en est e t iem po m i padre no había im aginado una región

* En El Silm ar illion los r ecint os de Mandos est aban « al oest e en Valinor » . El t ext o definit ivo de
los Valaquenta dice en r ealidad «al nort e», pero lo reem placé por « al oest e» en la obr a publicada, e
igualm ent e « nor t e» por « su r » t en ien do en cuent a qu e en el m ism o pasaj e se d ice qu e los r ecint os
de Nien n a est án « al oest e del oest e, en los confin es d el m un do» , per o cer ca de los d e Man dos. En
ot r os pasaj es r esu lt a clar o que los r ecin t os de Mandos se con cebían en la cost a del Mar Ex t er ior ;
cf. El Silm ar illion: « Por qu e el espír it u de Ber en , a r equer im ient o de Lú t h ien , se dem or ó en las
Est ancias de Mandos, r esist iéndose a abandonar el m u ndo m ien t r as ella n o fu er a a d ecir un ú lt im o
adiós a las lóbr egas cost as del Mar Ext er ior , en el que se int er nan los Hom br es que m uer en par a no
v olv er nun ca m ás» . Las concep ciones « al nor t e en Valin or » y « en las cost as del Mar Ex t er ior » no
son sin em bar go cont r adict or ias, y lam en t o est a d u dosa in t r om isión ed it or ial.
«baldía» al nort e de Kôr y al est e de las m ont añas. Est a int erpret ación del m apa
concuerda con lo que se dice en el cuent o: «en los Mares Som br íos al nort e dé
Erum an hay una vast a bahía, de m odo que las olas bat en aun el pie de los grandes
acant ilados y las Mont añas se levant an j unt o al m ar» y «Taniquet il m ira desde lo
alt o de la bahía hacia el sur m ás allá de Erum an y hacia el nort e m ás allá de la
Bahía de Faëry». De acuerdo con est e punt o de vist a, el nom bre Eruman (luego
Araman), al pr incipio una alt ernat iva de Arvalin, se adopt ó para designar los
baldíos del norte cuando el plano de las regiones de la costa se hizo más simétrico.
Se dice en el cuent o que «en esas vast as aguas del Oest e hay m uchas t ierras
m enores e islas ant es de que se encuent ren los m ares solit ar ios cuyas olas
susurran alrededor de las I slas Mágicas». Los pequeños círculos del m apa
( señalados con k) son ev ident em ent e una represent ación esquem át ica de est os
archipiélagos ( se darán nuevos det alles de las I slas Mágicas m ás adelant e) . Los
Mares Som bríos, com o result ará m ás claro después, const it uían una región del
Gran Mar al oest e de Tol Eressëa. Las ot ras let ras del m apa se refieren a rasgos
que no han aparecido todavía en la narración.
En est e cuent o encont ram os la im port ant e idea cosm ológica de los Tres Aires,
Vait ya, I lw ë y Vilna, y la del Océano Ext erior, sin m areas, frío y «delgado». Se dij o
en La Música de los Ainur que Ulmo habita en el Océano Exterior y que dio a Ossë y
Ónen «dom inio de las olas y los m ares m enores»; se lo llam a allí «el v iej o de Vai»
(modificación de Ulmonan). Se ve ahora que Ulmonan es el nombre de sus recintos
en el Océano Ext er ior, y t am bién que los «m ares m enores» gobernados por Ossë y
Ónen incluyen al Gran Mar.
Exist e un dibuj o m uy t em prano sum am ent e not able en el que se ve el m undo
seccionado, y aparece com o un enorm e barco «vik ingo» con el m ást il que surge
del punt o m ás alt o de las Grandes Tierras con una única vela sobre la que est án el
Sol y la Luna, cuerdas am arradas al Taniquet il y a una gran m ont aña en el
extrem o est e, y proa curvada ( las m arcas negras sobre la vela son una m ancha de
t int a) . Est e dibuj o fue t razado bast ant e rápidam ent e con lápiz blando en una hoj a
pequeña; y est á est recham ent e relacionado con la cosm ogonía de los Cuentos
Perdidos.
Doy aquí una lista de los nombres y palabras escritos en el dibujo junto con, en
la medida de lo posible, sus significados (aunque sin detalles etimológicos, para los
que se ha de recurrir al Apéndice sobre los Nom bres, donde los nom bres y las
palabras que aparecen sólo en este dibujo se consideran separadamente).

I Vene Kem en Ést e es claram ent e el t ít ulo del dibuj o; podr ía significar «La Form a
de la Tierra» o «El Barco de la Tierra» ( véase el Apéndice sobre
los Nombres, bajo Glorvent).
N m e Oeste
Valinor; Taniquet il [ La enor m e alt ura de Taniquet il, aun t eniendo en cuent a el
form alism o del dibuj o, es not able: se lo describe en el cuent o t an alt o que «las
m ult it udes afanadas en los puert os occident ales en las t ierras de los Hom bres
pudieron v erse luego desde allí». El cuadro de m i padre de 1927- 28 (Pictures
by J. R. R. Tolkien, n.° 31) muestra su fantástica altura.]
Harmalin Nombre anterior de Arvalin.
i aldas «Los Árboles» (que se levantan al oeste de Taniquetil).
Toros valinoriva Toros es palabra oscura, pero en todo caso si la primera letra de la
prim era palabra es T, result a m uy poco caract eríst ica. Parece referirse a las
Montañas de Valinor.
Tolli Kimpelear Éstas deben de ser las Islas del Crepúsculo, pero no he encontrado
sitio donde aparezca la palabra Kimpelear o nada parecido.
Tol Eressëa «La Isla Solitaria».
I Tolli Kuruvar «Las Islas Mágicas».
Haloisi Velike «El Gran Mar».
Ô «El Mar». ( ¿Cuál es la est ruct ura en el fondo del m ar que se m uest ra baj o el
nombre Ô? Tiene que ser sin duda la v iv ienda de Ossë baj o el Gran Mar a que
se hace referencia en el próximo cuento.)
I Nori Landar Significa probablemente «Las Grandes Tierras».
Koivienéni Palabra precursora de Cuiviénen, las Aguas del Despertar.
Palisor La tierra donde despertaron los Elfos.
Sil «Luna».
Ûr «Sol».
Luvier «Nubes».
Oronto «Este».
Vait ya, I lw ë y Vilna aparecen en las t res capas descrit as en el cuent o y Vilna
reaparece en la esquina derecha de la par t e inferior del dibujo. Nada se dice en
los Cuent os Perdidos que dé cuent a de est e últ im o r asgo, ni result a evident e lo
que representan las líneas rizadas en el mismo rincón.
Ulmonan Los recintos de Ulmo.
Uin La Gran Ballena que aparece más adelante en los Cuentos.
Vai El Océano Exterior.
Neni Erùmear «Aguas Exteriores» = Vai.

Se ve por el dibujo que el mundo flota sobre Vai. Así lo describe el mismo Ulmo
en un cuento posterior:

He aquí que no hay sino un único Océano, y ése es Vai, porque lo que Ossë
considera océanos, no son sino m ares, aguas que yacen sobre los huecos de las
rocas ... En est as grandes aguas flot a la ancha Tierra, sost enida por la palabra
de Ilúvatar...

En el m ism o pasaj e, Ulm o habla de las islas de los m ares y dice que ( «salvo unas
pocas que flot an t odav ía sin t rabas») «se yerguen ahora com o pináculos sobre sus
raíces profundas», como también se lo ve bien en el dibujo.
Podr ía parecer plausible que hubiera alguna conexión ( física t ant o com o
et im ológica) ent re Vai y Vaitya, el m ás ext erior de los Tres Aires, «que envuelve
oscuro y lento el mundo» (en un punto posterior de los Cuentos hay una referencia
al «oscuro y t enue reino de Vait ya que est á fuera de t odo») . En la «fase» siguient e
de la cosm ología m ít ica ( que dat a de la década de 1930 y m uy claram ent e
documentada e ilust rada en una obra llam ada Ambarkanta, La Form a del Mundo) ,
t odo el m undo est á cont enido dent ro de vaiya, una palabra que significa «pliegue,
envolt ura»; vaiya «se asem ej a m ás al m ar por debaj o de la Tierra y al air e por
sobre ella» ( lo que concuerda con la descripción de las aguas de Vai com o m uy
«delgadas», de m odo que ninguna barca puede navegar sobre ellas, ni nadar en
ellas ningún pez, salv o los peces encant ados de Ulm o y su carroza) ; y en Vaiy a
baj o la Tierra habit a Ulm o. De m odo que Vaiya es en part e una derivación de
Vaitya y en parte de Vai.
Ahora bien, com o en la prim era list a de palabras en lengua Quenya ( véase el
Apéndice sobre los Nom bres) t ant o Vaitya ( «el aire ext er ior al m undo») com o Vai
( «el océano ext er ior ») der ivan de una r aíz vaya, «envolt ura», y se dice en est e
cuento que Vaitya «envuelve el mundo», podría creerse que Vaitya- Vai era ya en la
prim era cosm ogonía una sust ancia env olvent e cont inua, y que la cosm ología
post erior en est e punt o sólo vuelve explícit o lo que est aba present e aunque
inexpr esado en los Cuent os Perdidos. Pero por ciert o no hay sugerencia alguna de
est a idea en ninguno de los prim eros escrit os; y cuando volvem os a m irar el
dibuj o, parece insost enible. Porque Vai ev ident em ent e no es un continuum en
relación con Vaitya; y si la aparición de Vilna en la parte inferior del dibujo significa
que la Tier ra y el océano Vai sobre el que flot a est uvieran cont enidos dent ro de los
Tres Aires, de los que vem os la reaparición del m ás int erior ( Vilna) baj o la Tierra,
la sugerencia de que Vait ya- Vai const it uyeran un continuum es t odav ía m ucho
menos probable.
La representación del mundo como un barco, sigue siendo desconcertante. Sólo
en un sit io se sugiere que m i padre quizá concibier a el m undo de est a m anera: el
pasaje que cité antes, en el que Ulmo habla a los Valar acerca del tema, concluye:

Oh, Valar, no conocéis t odas las m aravillas y las m uchas cosas secret as que
hay baj o la quilla oscura de la Tierra donde t engo m is poderosos recint os de
Ulmonan, no las habéis soñado nunca.

Pero en el dibujo, Ulmonan no está debajo de la quilla del barco, sino dentro de
su casco; y me inclino a creer que las palabras de Ulmo «bajo la quilla oscura de la
Tierra» se refieren a la form a m ism a de la Tierra, que por ciert o es la de un barco.
Adem ás, un exam en at ent o del dibuj o m e aclara que el m ást il y la vela y aún m ás
nít idam ent e la proa curvada, se añadieron después. ¿Es posible que la form a de la
Tierra y de Vai tal como las había dibujado con la apariencia del casco de un bar-
co le sugiriera a m i padre la idea de añadir m ást il, vela y proa, com o un j eu
d'esprit? Eso no es caract eríst ico de él ni probable, pero no se m e ocurre ninguna
otra explicación.*

III) Las Lámparas

En est a part e de la narración el cuent o difiere not ablem ent e de las versiones
post eriores. No hay aquí m ención de la m orada de los Valar en la I sla de Alm aren
después de la hechura de las Lám paras ( El Silm arillion) , ni, por supuest o, del
regreso de Melko desde «fuera», pues aquí no sólo no abandonó Melko el m undo
después de ent rar en él, sino que él m ism o const ruyó los pilares de las Lám paras.

* Si est o es así, y si I Ven e Kem en sign if ica « El Bar co d e la Tier r a» , est e t ít ulo debió de
haber se añadido al dibuj o al m ism o t iem po que el m ást il, la vela y la proa. En la pequeña libret a a
la que me he referido, hay una nota aislada: « Mapa del Bar co del Mundo» .
En est a hist or ia, aunque algunos desconfiaron de Melko, su ast ut a cooperación ( al
punt o que él m ism o fue el que dio nom bre a los pilares) fue acept ada, m ient ras
que en la hist or ia post erior su host ilidad y m alicia eran conocidas y m anifiest as
para los Valar, aunque no se enteraron de que había regresado a Arda y construido
Ut um no hast a que fue dem asiado t arde. En est e cuent o hay una capacidad de
engaño, una baj a ast ucia en la Conduct a de Melk o, que no podía sobrev iv ir ( sin
embargo, su engañosa construcción de los pilares de hielo sobrevivió hasta las ver-
siones de la década de 1930).
Más t arde fueron las m ism as Lám paras las que recibier on nom bre ( en
definit iva, después de invent adas y descart adas algunas form as intermedias, Illuin
la Lám par a del nort e y Ormal la del sur) . En El Silm arillion Ringil ( que cont iene la
raíz ring, «frío») sobrev iv ió sólo com o el nom bre de la espada de Fingolfin, pero
Helcar es el del Mar I nt erior que «est aba donde ot rora habían est ado las raíces de
la m ont aña de I lluin». En est e cuent o, Helkar era el nom bre del pilar del sur, no el
del nort e. Ahora bien, helkar significaba «frío t ot al» ( véase el Apéndice sobre los
Nom bres) , lo que m uest ra que Helkar est aba originalm ent e en el ext rem o sur
( com o lo est á en una de las dos posiciones que se le dan en el pequeño m apa) , así
corno Ringil est aba en el ex t rem o nor t e. No hay m ención en el cuent o de la
form ación de los Mar es I nt erior es a la caída de las Lám paras; est a idea apareció
post eriorm ent e, pero no hay duda de que surgió del hecho de que los pilares de
hielo se derritieran.
No hay referencia post erior a la const rucción de las Mont añas de Valinor con
grandes rocas reunidas en Erum an / Arvalin, de m anera que la región quedó llana
y sin rocas.

IV) Los Dos Árboles

Est a t em prana hist oria del surgim ient o de los Dos Árboles da luz a algunos
elem ent os de versiones post eriores, m ás concent radas en la expresión. El rasgo
conservado de que el t erreno baj o Silpion ( Telper ion) est uv iera «m ot eado por la
som bra de sus hoj as t em blorosas» ( El Silm arillion) , t uvo su origen en el «lat ido del
corazón del árbol». La concepción de la luz com o sust ancia líquida que «salpicaba
el suelo», que corría en ríos y era vert ida en calderos, aunque no se ha perdido en
la obra publicada aparece aquí expresada de manera más física y vigorosa. Algunos
rasgos no fueron nunca cam biados, com o las flores arracim adas de Laurelin y el
borde brillante de las hojas.
Por lo dem ás, hay not ables diferencias ent re est a versión y las posteriores:
sobre t odo, quizá, que Laurelin fuera originalm ent e el Árbol de los Eldar. Los Dos
Árboles t enían aquí períodos de doce horas, no de siet e com o los t uvieron
después;* y los preparat ivos de los Valar para el nacim ient o de los Árboles con
det alles de «m agia» física fueron luego abandonados. Los dos grandes «calderos»
Kulullin y Silindr in sobreviv ieron en «las grandes t inaj as com o lagos

* Las palabras de Palúrien: «Mirad, cuando las doce horas de la luz m ás plena de est e árbol hayan
transcurrido, volverá a m enguar» parecen im plicar un t iem po prolongado m ás allá de las doce hor as;
pero probablem ent e el per íodo de m eng u a n o se con ocía con ex act it u d . En u n a list a d e n om b r es
d el cu en t o d e La Caída de Gondolin, se dice que Silpion ilum inaba t oda Valinor con luz plat eada
« d u r an t e la m it ad d e las v ein t icu at r o h or as» .
resplandecient es» en las que Varda at esoraba «el rocío de Telperion y la lluv ia que
caía de Laurelin» (ibid.), aunque los nom bres desaparecieron, com o desapareció la
necesidad de regar los Árboles con la luz recogida en las t inaj as o calderos; o de
cualquier m odo, no se la m enciona después. Urw en ( «Doncella del Sol») fue la
precursora de Arien, Maia del Sol; y Tilion, t im onel de la Luna en El Silm arillion,
que «yacía en sueños j unt o a los est anques de Est ë [ la esposa de Lórien] , en las
est rem ecidas ram as de Telperion» quizá debe algo a la figura del Silm o, a quien
Lórien amaba.
Como ya he observado, «en la evolución post erior Vána perdió t erreno en
relación con Nienna», y aquí son Vána y ( Yavanna) Palúrien las part eras del
nacimiento de los Árboles, no Yavanna y Nienna, como ocurrió después.
En cuant o a los nom bres de los Árboles, Silpion fue durant e largo t iem po el
nom bre del Árbol Blanco; Telperion no apareció hast a m ucho después, y aun
entonces Silpion se m ant uvo y es m encionado en El Silm arillion com o uno de sus
nombres. Laurelin rem ont a a los com ienzos y no fue nunca cam biado, pero sus
ot ros nom bres en los Cuent os Perdidos, Lindeloksë y ot ras form as sim ilares, no se
mantuvieron.

V) Las Moradas de los Valar

Est a descripción de las m ansiones de los Valar se perdió en am plia m edida en


versiones subsiguient es. En la obra publicada nada se dice de la m orada de
Manw ë, salv o el hecho escuet o de que sus recint os est aban «por sobre la nieve
et erna, sobre Oiolossë, la m ás alt a t orre de Taniquet il». Aquí aparece ahora
Soront ur, Rey de las Águilas, un visit ant e de los recint os de Manwë ( cf. El
Silmarillion: «Porque Manw ë, a quien t odas las aves son caras y le llev an nuevas a
Taniquet il de la Tier ra Media, había env iado la raza de las Águilas») ; de hecho
había aparecido ya en el cuent o de La Caída de Gondolin com o «Thorndor [ nom bre
gnómico] , Rey de las Águilas, al que los Eldar llam an Ram andur»; Ram andur fue
luego reemplazado por el nombre Sorontur.
De Valm ar y las m or adas de los Valar en la ciudad apenas sobrev iv ió nada en
escrit os post eriores, y sólo se conservan aquí y allá frases ( «las calles doradas» y
«las bóvedas de plat a» de Valm ar, «Valm ar, la de las m uchas cam panas») que
sugieren la solidez de la descripción or iginal, donde la casa de Tulkas de m uchas
plant as t enía una t orre de bronce, y los salones de Orom ë eran sost enidos por
árboles v ivient es con t rofeos y cornam ent as colgadas de sus t roncos. Est o no
significa que t odas esas im ágenes fueran definit ivam ent e abandonadas; com o he
dicho en el Prefacio, los Cuent os Perdidos fueron seguidos de una versión t an
com prim ida que no era m ás que un resum en ( ése era el propósit o) , y de él surgió
el post er ior desarrollo de la m it ología: un proceso de reexpansión. Muchas cosas a
las que no hubo nueva referencia después de los Cuent os Perdidos, pueden haber
seguido exist iendo en est ado de suspensión, por así decir. Valm ar por ciert o siguió
siendo una ciudad, con port ales, calles y v iv iendas. Pero en el cont ext o de la obra
post erior apenas es posible que el t em pest uoso Ossë fuera propiet ar io de una casa
en Valm ar , aunque los suelos fueran de agua salada y los t echos de espum a; y,
por supuest o, los recint os de Makar y Meássë ( donde la v ida descrit a debe algo a
los m it os de la Bat alla I ncesant e de la ant igua Escandinav ia) desaparecieron j unt o
con esas div inidades: una «facción pro Melk o» en Valinor por fuerza result ar ía un
estorbo.
Varios rasgos de las descripciones originales se conservaron: la rareza de las
visit as de Ulm o a Valm ar ( cf. El Silm arillion) , la frecuencia con que Palúr ien y
Orom ë v isit an «el m undo ex t erior», la asociación de los j ardines de Lór ien con
Silpion y la de los j ardines de Vána con Laurelin ( ibid.); y m ucho de lo que se dice
aquí de los «caract eres» div inos se ha conservado, aunque se lo exprese de
m anera diferent e. Tam bién aquí aparece Nessa, ya com o la esposa de Tulkas y la
herm ana de Orom ë, excelent e en la danza; y Óm ar- Am illo es ahora llam ado el
herm ano de Noldor in- Salm ar. Figura en ot ro sit io que Nielíqui era hij a de Orom ë y
Vána.

VI) Los Dioses de la Muerte y el Destino de los Elfos y los Hombres

Est a part e del cuent o cont iene los elem ent os m ás sorprendent es y difíciles.
Mandos y su esposa Nienna aparecen en la crónica de la llegada de los Valar al
m undo al principio del cuent o, donde se los llam a «Fant ur de la Muert e. Vefánt ur
Mandos» y «Fui Nienna», «señora de la m uert e». En el present e pasaj e se dice
que Vefánt ur dio a su m orada el nom bre de Vê, el suyo propio, m ient ras que
después ( en El Silm arillion) se le dio a él el nom bre de su m orada; pero en el
escrit o ant erior hay una dist inción ent re la región ( Mandos) y los recint os ( Vê y
Fui) dent r o de ella. No hay aquí huellas de Mandos com o el «Juez de los Valar»
que «pronuncia sus veredict os sólo a pedido de Manw ë», uno de los m ás not ables
aspectos de la posterior concepción de este Valar; tampoco, dado que Nienna es la
esposa de Mandos, ha aparecido Vairë la Tej edora, su esposa en la hist oria
post erior, con t apices que ret rat an «t odas las cosas que han sido alguna vez en el
Tiem po» y vist en los recint os de Mandos «que se ensanchan así que pasan las
edades»; en los Cuent os Perdidos se le da el nom bre de Vairë a un Elfo de Tol
Eressëa. Aquí, en los recint os de Aulë, hay t apices «que describen las cosas que
fueron y serán».
De sum a im port ancia es el pasaj e sobre Mandos en el que se habla clar am ent e
del dest ino de los Elfos que m ueren: esperan en los recint os de Mandos hast a que
Vefánt ur los libera decret ando que renazcan en sus propios hij os. Est a últ im a idea
ha aparecido ya en La Música de los Ainur ( ibid.) '. «los Eldar v iven en el m undo
hast a el Gran Final, a no ser que se les dé m uert e o se m archit en de dolor»; est e
pasaje sobrevivió con una pequeña alteración en El Silmarillion.
En el caso de Fui Nienna, sin em bargo, nos encont rarnos con ideas que ent ran
en profunda cont radicción con el pensam ient o cent ral de la post erior m it ología ( y
en est e pasaj e hay t am bién algo forzado de diferent e especie en la concepción
m ít ica: en la fant ást ica idea de «dest ilar los hum ores salinos de que est án hechas
las lágr im as» y las nubes negras t ej idas por Nienna que se deposit an sobre el
m undo com o «desesperación, y lut o inconsolable, dolor y ciega pena») . Aquí nos
ent eram os de que Nienna es el j uez de los Hom bres en sus recint os, que t ienen el
nom bre de Fui, según ella m ism a se llam a; y a algunos los ret iene en la r egión de
Mandos ( donde se encuent ran sus recint os) , m ient ras que la m ayor part e aborda
la negra nave Mornië, que no hace ot ra cosa que t rasladar a est os m uert os a lo
largo de la cost a hast a Arvalin, donde yer ran en la penum bra esperando el fin del
m undo. Pero a ot ros aun los envía a Melk o con el que han de sufrir «m alos días»
en Angamandi (¿en qué sentido están muertos o son mortales?); y (esto es lo más
ext raordinario) hay m uy pocos que van a viv ir ent re los Dioses en Valinor.
Est am os m uy lej os del Don de I lúvat ar, por el que los Hom bres no est án
dest inados al m undo, pues lo abandonan para part ir no se sabe a dónde; * y ést a
es la verdadera significación de la Muert e ( porque la m uert e de los Elfos es una
«muerte aparente», El Silmarillion): la salida definitiva e inevitable.
Pero una cierta luz, aunque de especie muy mortecina, puede arrojarse sobre la
idea de que los Hombres, después de la muerte, vayan errantes en la penumbra de
Arvalin, donde «acam pan donde pueden» y «esperan pacient es la llegada del Gran
Final». Debo referir m e aquí a los det alles de los nom bres cam biados de est a
región. Es evident e por la pr im era list a de palabr as o los diccionar ios de las dos
lenguas (para los que puede consultarse el Apéndice sobre los Nombres) que la sig-
nificación de Harwalin y Arvalin ( y probablemente también de Hablarían) era «cerca
de Valinor » o «cerca de los Valar». Por el diccionario gnóm ico se com prueba que el
significado de Eruman era «m ás allá de la m orada de los Mánir ( est o es, al sur de
Taniquetil, donde moraban los espíritus del aire de Manw ë) , y est e diccionario pone
t am bién en claro que la palabr a Mánir se relacionaba con la gnóm ica manos, defi-
nida com o «un espírit u que ha ido hacia los Valar o a Erum áni», y maní, «bueno,
santo». La significación de estas conexiones etimológicas resulta muy poco clara.
Pero ex ist e t am bién un poem a m uy viej o sobre est a región. Fue escrit o, según
las not as de m i padre, en Broct on Cam p, St affordshire, en diciem bre de 1915, o en
Ét aples en j unio de 1916; y se t it ula Habbanan baj o las Est rellas. En uno de los
t res t ext os ( en los que no hay var iant es) hay un t ít ulo en inglés ant iguo: þ
gebletsode [«bendito»] felda under þ m st eorrum , y en dos de ellas Habbanan fue
reem plazado por Eruman en el t ít ulo; en la t ercera figuraba Eruman desde el
principio. El poema es precedido por un breve preámbulo en prosa.

Habbanan bajo las Estrellas

Pues bien, Habbanan es la región donde uno est á cerca de los lugares que no son
de los Hom bres. Allí el aire es m uy dulce y m uy vast o el cielo por causa de la
anchura de la Tierra.

En Habbanan bajo los cielos


donde terminan todos los caminos, aun los más largos,
hay un sonido de guitarras distantes
y distantes ecos de una canción,
porque allí los hombres danzan

* Cf. El Silm arillion: «Algunos dicen que t am bién los Hom bres van a las est ancias de Mandos, pero
no esperan en el m ism o sit io que los Elfos, y sólo Mandos baj o la égida de I lúvat ar ( y t am bién Manwë)
saben adonde van después del t iem po de la m em oria por las est ancias silenciosas j unt o al Mar
Ext erior». Tam bién ibid.: «Porque el espírit u de Beren, a requerim ient o de Lút hien, se dem oró en las
Est ancias de Mandos, r esist iéndose a abandonar el m undo m ient ras ella no fuera a decir un últ im o
adiós a las lóbregas cost as del Mar Ext erior, en el que se int ernan los Hom bres que m ueren para no
volver nunca más».
alrededor del fuego rojo mientras canta una voz...
Y la noche los envuelve.

No una noche como la nuestra, pobres desdichados,


donde cerca de la Tierra en brumosa valla
se despliega una niebla que envuelve las estrellas
como delgado humo errante
oscureciendo con su velo apenas visible
la quieta serenidad de los abismos.

Un globo de vidrio oscuro facetado de luz


en el que huyen los vientos crepusculares;
espacios no hallados de una planicie olorosa
que vigila la luna mucho tiempo tendida
y recibe la ígnea lluvia de meteoros...
Tal es allí la noche.

Allí de un golpe advirtió mi corazón


que los que cantan en la Víspera,
los que responden a la luz de las estrellas
con la luminosa música de extrañas guitarras
eran los hijos felices de andar errabundo
acampados en esos prados etéreos
donde el inmaculado vestido de Dios
recubre glorioso las poderosas rodillas.

En la prim it iva list a de palabras quenyas encont ram os una últ im a prueba. El grupo
original de vocablos de est a list a dat a ( según creo; véase Apéndice sobre los
Nom bres) de 1915. y ent re ellos, baj o la raíz mana ( de la que deriv a Manwë)
aparece la palabra manimo, que significa un alm a que est á en el manimuine. el
«Purgatorio».
Est e poem a y est e vocablo en la list a de palabr as perm it en un raro y m uy
sugest ivo at isbo de la concepción m ít ica en su prim era fase; porque aquí las ideas
ext raídas de la t eología crist iana est án present es de m anera explícit a. Es
desconcert ant e encont rarlas en est e cuent o. Porque en él se narra el dest ino de los
Hom bres m uert os después del j uicio a que han sido som et idos en el recint o negr o
de Fui Nienna. Algunos ( «y ést os son la m ayoría») son t rasladados por el barco de
la m uert e a ( Habbanan) Erum an, donde andan errant es en la penum bra y esperan
pacient es hast a el Gran Final; ot ros son at rapados por Melko y som et idos a
t orm ent o en Angam andi, «los I nfiernos de Hierro»; y unos pocos van a m orar con
los Dioses en Valinor. Considerado j unt o con el poem a y las pruebas que report an
los prim eros «diccionarios», ¿puede est o ser ot ra cosa que un reflej o del
Purgatorio, el Infierno y el Paraíso?
Est o result a t ant o m ás singular si nos referim os al pasaj e final del cuent o de La
Música de los Ainur, donde I lúvat ar dice: «Pero a los Hom bres les ot orgaré un
nuevo don m ás grande t odavía», el don de poder «m odelar y proyect ar su vida
m ás allá aún de la original Música de los Ainur , que para t oda ot ra cosa es
destino», y donde se dice que «es propio de la naturaleza de este don que los Hijos
de los Hom bres sólo habit en un breve t iem po en el m undo; no obst ant e, no
m ueren para siem pre...». En la form a definit iva que aparece en El Silm arillion este
pasaj e no fue m uy m odificado. En la prim era ver sión, es ciert o, falt an algunas
frases:

Pero los Hij os de los Hom bres m ueren en verdad, y abandonan el m undo;
por lo que se los llam a los Huéspedes o los Forast eros. La Muert e es su dest ino,
el don de I lúvat ar, que hast a los m ism os Poderes envidiar án con el paso del
Tiempo.

Aun así, parece claro que est a idea cent ral, el Don de la Muert e, est aba ya
presente.
Debo dej ar est a cuest ión com o un acert ij o que no soy capaz de resolver. La
explicación m ás obv ia del conflict o de ideas que se da en est os cuent os sería
suponer que La Música de los Ainur es post erior a La Llegada de los Valar} / la
Const rucción de Valinor, pero com o ya he dicho, t odo parece apunt ar a lo
contrario.
Por últ im o, es posible observar la caract eríst ica ironía lingüíst ica por la que
Eruman en últ im a inst ancia se convirt ió en Aram an. Porque Arvalin significaba
sim plem ent e «cerca de Valinor », y era el ot r o nom bre, Eruman, el que est aba
asociado con los espírit us de los m uert os; pero Araman, casi con t oda cert eza,
significa sim plem ent e «j unt o a Am an». Y sin em bargo, el m ism o elem ent o man,
«bueno», se mantiene, pues Aman derivaba de él («el Estado Inmaculado»).
Quedan por observar dos cuest iones m enores en la conclusión del cuent o. Aquí
Nornorë es el Heraldo de los Dioses; m ás t arde ést e fue Fionwë ( y luego Eonw ë) . Y
en la referencia a «ese sit io baj o en m edio de las m ont añas desde donde se puede
t ener un at isbo de Valinor», cerca de Taniquet il, encont ram os la pr im era m ención
al hueco abiert o en las Mont añas de Valinor, donde se alzaba la colina de la ciudad
de los Elfos.
En las páginas en blanco cerca del final del t ext o de est e cuent o, m i padr e
escribió una list a de los nom bres secundarios de los Valar ( com o Manw ë Súlimo,
et c.) . Algunos de est os nom bres aparecen en el t ext o de los Cuentos; los que no,
se encontrarán en el Apéndice sobre los Nombres. Resulta por esta lista que Ómar-
Am illo es el gem elo de Salm ar - Noldor in ( se los llam a herm anos en el cuent o) ; que
Nielíqui es la hij a de Orom ë y Vána; y que Melk o t iene un hij o ( «de Ulbandi»)
llamado Kosomot: éste, como se comprueba más tarde, era Gothmog, Señor de los
Balrogs, al que Ecthelion dio muerte en Gondolin.
IV

EL ENCADENAMIENTO DE MELKO

Después del final del cuent o de Rúm il sobre La Llegada de los Valar y la
Const rucción de Valinor hay un largo int erludio ant es del próxim o, aunque el
m anuscrit o cont inúa sin que ni siquiera se int errum pa el párrafo. Pero en la t apa
del cuaderno de not as a El Encadenam ient o de Melko se le da un t ít ulo
independient e, y ést e es el que he adopt ado. El t ext o sigue en t int a sobre un
manuscrito a lápiz.
Esa noche Eriol oyó otra vez en. sueños la música que tanto lo había conmovido
la pr im era noche; y a la m añana siguient e fue ot ra vez al j ardín t em pr ano. Allí se
encont ró con Vairë, y ella lo llam ó Eriol: «ésa fue la prim era vez que se invent ó y
se pronunció el nom bre». Eriol le habló a Vairë de « la m úsica de ensueños» que
había oído, pero ella le dij o que no se t rat aba de m úsica de ensueños, sino de la
flaut a de Tim pinen, «al que los gnom os Rúm il, Corazoncit o y ot ros de m i casa
llam an Tinfang». Le dij o que los niños lo llam aban Tinfang Trino; y que t ocaba y
bailaba los at ardeceres de verano por la alegr ía de las pr im er as est rellas: «a cada
not a una nueva t it ila y resplandece. Los Noldoli dicen que salen dem asiado
t em prano si Tinfang Trino t oca, y lo am an, y los niños se asom an a m enudo por la
vent ana por t em or de que pase sin ser v ist o por los prados en som bra». Le dij o a
Eriol que era «m ás t ím ido que un corzo, rápido en esconderse y escapar com o un
rat ón de cam po; bast a pisar una ram illa y desaparece, y su flaut a se oye burlona
desde lejos».

Y una m agia m aravillosa habit a esa flaut a dij o Eriol , si eso es lo


que he escuchado aquí hace ya dos noches.
No hay ninguna dij o Vairë , ni siquiera la de los Solosim pi, que
pueda rivalizar con ella, aunque esos m ism os flaut ist as consideran que está
em parent ado con ellos; sin em bargo, se dice en t odas part es que ese
ext raño espírit u no es por ent ero de la especie de los Valar, ni de la de los
Eldar, sino a m edias un duende de los bosques y los valles, uno de los
m iem bros del gran séquit o de los hij os de Palúrien, y a m edias un Gnom o o
un Flaut ist a de la Cost a. 1 Sea com o fuere, es sin duda una criat ura
m aravillosam ent e sabia y ext raña, y allí fue con los Eldar hace m ucho, y no
m archaba ni reposaba ent re ellos, e iba siem pre por delant e, t ocando de
m odo ext raño, o sent ándose a veces con apar t ada reserva. Ahor a t oca por
los jardines terrestres; pero prefiere Alalminórë, y éste es el jardín que ama
por sobre t odos. De vez en cuando echam os de m enos su flaut a durant e
largos m eses, y decim os ent onces: « Tinfang Trino se ha ido a rom per
corazones por las Grandes Tierras, y m uchas de las regiones lej anas lo
escucharán est a noche al at ardecer» . Pero de pront o su flaut a se escucha
ot ra vez a la dulce hora del crepúsculo vespertino o baj o la luna clara, y las
estrellas se abrillantan y se tiñen de azul.
Sí dij o Eriol , y los corazones de quienes escuchan palpit an con
crecida añoranza. Tuve la im presión de que m i deseo era abrir la vent ana y
salt ar, t an dulce era el aire que m e llegaba desde fuera; nada m e bast aba,
y m ient ras escuchaba sent ía deseos de seguir, no sé bien a quién, no sé
bien adonde, fuera, a la magia del mundo bajo los astros.
Ent onces sin duda era Tim pinen el que t ocó para t i dij o Vairë , y
debes sent irt e honrado, por que hace ya m uchas noches que en el j ardín no
se oyen esas m elodías. Ahora, para siem pre, porque t al es el m ist erio de
ese espírit u, am arás los crepúsculos de verano y las noches est relladas, y
esa magia será causa de que el corazón te duela de modo inconsolable.
Pero, ¿no lo habéis escuchado m uchas veces y a m enudo, t odos los
que vivís aquí? dijo Eriol . Sin embargo, no parece que Estéis soportando
un anhelo comprendido a medidas, que no ha sido satisfecho.
Y no lo soportamos, en efecto, pues tenemos limpë dijo ella , limpë,
la única cura posible, del que bast a una got a para que el corazón pueda
entender cualquier música y cualquier canto.
Entonces dij o Eriol , podría yo agot ar una copa de esa buena
bebida. Pero Vairë le dij o que eso sería posible sólo si iba en busca de
Meril, la reina.
La consecuencia de esa conversación ent re Eriol y Vairë en el prado fue
que Eriol se pusiera en m archa no m uchos días después; y Tinfang Trino
había t ocado para él m uchas veces a la caída de la noche, baj o la luz de las
est rellas y el brillo de la luna, hast a que su corazón est uvo sat isfecho. En
esa ocasión, Corazoncit o fue su guía, y él buscó las est ancias de Meril- i-
Turinqui en su korin de olmos.
Ahora bien, la casa de esa bella señora estaba en la ciudad misma; al pie
de la gran t orre que I ngil había const ruido, había un am plio bosquecillo de
los m ás ant iguos y herm osos olm os de t oda esa Tierra de Olm os. Alt os
hast a el cielo se elevaban en t res decrecient es niveles de brillant e follaj e, y
la luz del sol que se filt raba ent re ellos era m uy fresca y de un verde
dorado. En m edio había un prado ext enso de hierbas suaves com o t ercio-
pelo, y alrededor los árboles t razaban un círculo, de m odo que las som bras
eran densas en los bordes, pero el resplandor del sol daba t odo el día en el
cent ro. Allí se levant aba una herm osa casa, y est aba t oda const ruida de
blanco, de una blancura que resplandecía, pero sobre el t echo crecían un
musgo tan denso y siemprevivas y muchas extrañas plantas trepadoras, que
el m at erial del que ot rora había sido hecho era invisible baj o el laberint o de
colores: dorados, rojizos, escarlatas y verdes.
I nnum erables páj aros parlot eaban en los aleros; y algunos cant aban
sobre los t ej ados, m ient ras palom as y t orcazas volaban en círculo sobre el
korin o se dej aban caer en el césped. Toda la vivienda est aba envuelt a en
flores. Racim os de capullos la rodeaban, espigas y ast as y m arañas
florecidas, flores de panículas y um belas que m iraban al sol. Allí solt aban
por el aire ligeram ent e agit ado unos arom as que se m ezclaban en una
fragancia de m aravilloso hechizo, y los t int es y colores se esparcían y se
j unt aban de acuerdo con la casualidad y la alegría del crecim ient o. Durant e
t odo el día zum baban allí las abej as ent re las flores; volaban por encim a del
techo y los m acizos perfum ados y los senderos, y aun por las frescas
galerías de la casa. Ahora bien, cuando Cor azoncit o y Eriol ascendían la
colina, el mediodía había pasado, y el sol brillaba decidido sobre el lado occi-
dent al de la t orre de I ngil. No t ardaron en llegar a un m uro de bloques de
piedra labrada inclinado hacia afuera, pero sobre él crecían hierbas y
campánulas y margaritas amarillas.
Encont raron en el m uro una port ezuela, y m ás allá se ext endía un claro
baj o los olm os y un sendero bordeado por ar bust os en un lado, y en el ot ro
por una corrient e que susurraba sobre un lecho de t ierra veget al. La
corrient e conducía hast a el borde del prado, y una vez allí dij o Corazoncit o
señalando la casa blanca: Mira la m orada de Meril- i- Turinqui, y com o no
t engo yo asunt o alguno con t an grande señora, em prenderé el cam ino de
regreso. Ent onces Eriol cont inuó solo por el prado soleado hast a que
est uvo hundido hast a los hom bros ent re las alt as flores que crecían delant e
de las galerías; y al aproxim arse aún m ás, llegó hast a él una m úsica, y una
herm osa señora en m edio de m uchas doncellas avanzó a su encuent ro.
Luego dij o sonrient e: Bienvenido, oh, m arinero de m últ iples m ares. ¿Por
qué buscas el agrado de m is t ranquilos j ardines y su gent il sonido cuando
tendrías que encont rar t u alegría en las brisas saladas del m ar, el olor del
viento y una barca oscilante?
Durant e un t iem po Eriol no pudo responder, pues la belleza de esa
señora y el encant o de ese sit io florido le habían paralizado la lengua; sin
embargo, a la larga m usit ó que m ares había vist o bast ant es, pero j am ás se
sent iría saciado en est a t an agraciada t ierra. No dij o ella . un día de
ot oño soplarán los vient os y una gaviot a arrast rada, quizá, se lam ent ará en
lo alto, y entonces recordarás con desolada nostalgia las negras costas de tu
país.2
No, señora dij o Eriol, y ahora hablaba con voz ansiosa , no es así,
porque el espírit u que t añe la flaut a en los prados um bríos ha colm ado m i
corazón, y ahora me consume la sed de un trago de limpë.
Ent onces la cara sonrient e de Meril se puso de inm ediat o grave, y
ordenando a sus doncellas que se m archasen, rogó a Eriol que la siguiera a
un sit io cerca de la casa, donde crecían hierbas frescas no dem asiado
cortas. Crecían allí árboles frutales, y alrededor de las raíces de un manzano
vet ust o de gran circunferencia, la t ierra había sido apilada de t al form a que
alrededor del t ronco había un ancho asient o, m uelle y cubiert o de hierba.
Allí se sentó Meril, miró a Eriol y le dijo: ¿Sabes, pues, lo que pides? Y él
contestó: No sé nada, salvo que quiero conocer el alm a de t odas las
canciones y t odas las m úsicas, y quedarm e para siem pre con am igos y
parient es con est e m aravilloso pueblo de los Eldar de la I sla, y quedar libre
de la inconsolable nostalgia, aun hasta la Partida, aun hasta el Gran Final.
Pero Meril dij o: La am ist ad es posible, t al vez, pero no el parent esco,
porque el Hom bre es Hom bre, y el Elda, Elda, y lo que I lúvat ar ha hecho
diferent e no puede volverse igual m ient ras perdure el m undo. Aun cuando
te quedaras aquí hasta el Gran Final y por virtud del limpë no te toparas con
la m uert e, t ienes que m orir y abandonarnos, porque el Hom bre por fuerza
ha de m orir alguna vez. Y escucha, oh, Eriol, no creas poder escapar de la
muert e con una dosis de limpë, porque sólo cam biarías de deseo,
reem plazando el viej o por un nuevo m ás profundo y agudo. El deseo
insat isfecho habit a los corazones de am bas razas de los llam ados Hij os de
I lúvat ar, pero es m ás int enso en los Eldar, porque sus corazones est án
llenos de la visión de una grande y gloriosa belleza.
Sin em bargo, oh, reina cont est ó Eriol , déj am e sólo probar esa
bebida, y ser por siem pre am igo de t u pueblo; oh, reina de los Eldalië, para
que pueda ser como los felices hijos de Mar Vanwa Tyaliéva.
No, no puedo hacerlo dij o Meril , pues es cuest ión m ás grave dar
est a bebida a quien ha conocido ya la vida y los días que pasan en las
tierras de los Hombres, que a un niño que poco más sabe; sin embargo, aun
a ést os hacem os esperar largo t iem po ant es de ofrecerles el vino de la
canción, enseñándoles prim ero nuest ra ciencia y poniendo a prueba sus
alm as y corazones. Por t ant o, t e pido que perm anezcas aquí aún m ás
tiempo y aprendas todo lo que puedas en esta nuestra isla. Pues ¿qué sabes
del mundo o de los antiguos días de los Hombres, o de las remotas raíces de
las cosas que ahor a son, o de los Eldalië y t oda su sabiduría para pret ender
nuestra copa de poesía y juventud?
La lengua de Tol Eressëa la conozco, y de los Valar t engo not icia, y del
principio del gran m undo, y de la const rucción de Valinor; he escuchado la
m úsica y la poesía y la risa de los Elfos, y t odo ello lo he encont rado
verdader o y bueno, y m i corazón sabe y m e ha dicho que en adelant e lo
am aré siem pre y sólo lo am aré. Así respondió Eriol, y su corazón est aba
apesadumbrado por la negativa de la Reina.
Pero nada sabes de la llegada de los Elfos, del dest ino por el que se
m ueven, ni de su nat uraleza ni del lugar que I lúvat ar les ha dado. Poco t e
inquiet a el gran esplendor de su pat ria en Eldam ar sobre la colina de Kôr, ni
t odo el dolor de nuest ra part ida. ¿Qué sabes t ú de nuest ros t rabaj os en los
oscuros caminos del mundo, y de la angustia que hemos padecido por causa
de Melko; de los dolores que hem os sufrido, y sufrim os t odavía, por causa
de los Hom bres, de los t em ores que oscurecen nuest ras esperanzas por
causa de los Hom bres? ¿Conoces los m ares de lágrim as que se ext ienden
ent re nuest ra vida en Tol Eressëa y esa época de risa que conocim os en
Valinor? Oh, hij o de los Hom bres, que querrías com part ir el dest ino de los
Eldalië, ¿qué sabes de nuest ros alt os deseos y de t odas las cosas que
esperam os t odavía? Porque he aquí que si bebes est a bebida, has de
conocer y am ar t odas esas cosas, siendo t u corazón el nuest ro. Más aún, si
en la Partida los Eldar y los Hombres libraran una guerra, deberías estar con
nosot ros en cont ra de los t uyos, y no podrías volver a t u pat ria aun cuando
t e royera la nost algia; y los deseos que consum en a veces a un hom br e
adult o que ha bebido limpë son un fuego de inim aginable t orm ent o. ¿Sabías
esas cosas, oh, Eriol, cuando viniste aquí con tu solicitud?
No, no las sabía dij o Eriol con t rist eza , aunque a m enudo he
interrogado a la gente.
Pues he aquí ent onces dij o Meril que em pezaré una hist oria y algo
t e cont aré ant es de que la larga t arde se desvanezca; pero luego t endrás
que irt e de aquí ot ra vez pacient emente. Y Eriol inclinó la cabeza.
Entonces cont inuó Meril , ahora t e cont aré de una época de paz que
hubo una vez en el m undo, y que se llam a «las cadenas de Melko». 3 Te
hablaré de la Tierra t al com o los Eldar la encont raron y de cóm o des-
pertaron en ella.
»He aquí que Valinor ha sido const ruida y los Dioses viven en paz,
porque Melko est á lej os, excavando y fort ificándose con hierro y frío, pero
Makar y Meássë cabalgan en los vent arrones y se regocij an en los
terremotos y en el dominio de las furias de los mares antiguos. Clara y bella
es Valinor, pero hay un profundo crepúsculo en el m undo, porque los Dioses
han recogido gran parte de la luz que otrora fluía por los aires. Rara vez cae
ahora la lluvia esplendorosa, y reina una penum bra ilum inada de pálidos
rayos o t eñida de roj o cuando Melko salpica el cielo desde una m ont aña
desgarrada por el fuego.
«Entonces Palúrien Yavanna abandonó los j ardines frut ales par a
exam inar las vast as t ierras de su dom inio, y erró por los oscuros
continentes sembrando semillas y meditando sobre valles y montañas. Sola
en ese et erno crepúsculo cant ó cant os de suprem o encant am ient o, y t an
profunda era su m agia que flot aban sobre los sit ios rocosos y los ecos se
dem oraban durant e años por las colinas y las planicies desiert as, y t odos
los buenos hechizos de los días post eriores son susurros de los recuerdos
que dejó su canto.
«Entonces em pezaron a crecer allí cosas: hongos y ext rañas plant as
llenaron los lugares húm edos, y líquenes y m usgos se arrast raron furt ivos
sobre las rocas y les com ieron la cara, y las rocas se desm oronaron y se
convirt ieron en polvo, y las plant as t repadoras se deshicieron, y hubo allí
t ierra veget al, y en ella crecieron en silencio helechos y plant as con
verrugas, y ext rañas criat uras asom aban la cabeza por las griet as y se
arrast raban por las piedras. Pero Yavanna lloró, porque no era ést e el bello
vigor en el que había pensado... y ent onces se le acercó Orom ë brincando
en el crepúsculo, pero Tuivána no abandonó la irradiación de Kulullin, ni
Nessa los verdes prados de su baile.
» Ent onces Orom ë y Palúrien sum aron t odo su poder, y Orom ë sopló
fuert e el cuerno com o si quisiera despert ar t odas las rocas grises a la vida
lozana. He aquí que al sonar el cuerno, los grandes bosques se encabrit aron
y se lam ent aron alrededor de las colinas, y t odos los árboles de hoj as
oscuras cobraron ser, y el m undo se cubrió de pinares y del olor de los
árboles resinosos, y los abet os y los cedros arrast raron por las cuest as sus
cortinados azules y verde oliva, y los tejos iniciaron una existencia de siglos.
Ahora est aba Orom ë m enos lóbrego, y Palúrien se sint ió consolada al ver la
belleza de las prim eras est rellas de Varda en los pálidos cielos a t ravés de
las ramas de los abetos, y al escuchar el murmullo de los bosques oscuros y
el crujir de las ramas cuando Manwë agitaba el aire.
» En ese t iem po m uchos espírit us ext raños viaj aron al m undo porque
había allí lugares agradables, oscuros y t ranquilos donde m orar. Algunos
vinieron de Mandos, viej os espírit us que part ían desde j unt o a I lúvat ar en
com pañía del que es m ás viej o que el m undo y m uy lóbrego y secret o, y
ot ros de las fort alezas del Nort e, donde Melko habit aba ent onces, las
profundas m azm or ras de Ut um na. Eran m alsanos y m aliciosos; ast ut os e
inquiet os llevaban consigo el horror, convirt iendo la oscuridad en algo m a-
ligno y t errible que no había t enido ant es exist encia. Pero unos pocos
bailaban con pie gentil exudando perfumes de la tarde, y éstos venían de los
jardines de Lórien.
»Aún el mundo está lleno de ellos, en días luminosos, demorándose solos
en el corazón um brío de los bosques prim ordiales, clam ando secret os por
los espacios est rellados y frecuent ando cavernas en las m ont añas que m uy
pocos han encont rado: pero los pinares est án t odavía dem asiado llenos de
est os espírit us que nada t ienen de élfico o hum ano com o para que los Eldar
o los Hombres puedan sentirse tranquilos.
»Cuando est a gran obra est uvo cum plida, de buen grado hubiera
descansado Palúrien de sus prolongados t rabaj os, volviendo a probar los
dulces frut os de Valinor y a refrescarse baj o el árbol de Laurelin cuyo rocío
es luz; pero Melko, que durant e largo t iem po se había escondido t em eroso
de la ira de los Valar por el m odo t raicionero con que había t rat ado las
lám paras, est alló en una gran violencia, pues creía que los Dioses le habían
abandonado el m undo a él y a los suyos. Baj o los suelos m ism os de Ossë,
hizo que la Tierra t em blara y se part iera y sus fuegos inferiores se
m ezclaran con el m ar. Torm ent as de vapor y vast os m ovim ient os m arít im os
avanzaron con gran est ruendo sobre el m undo, y los bosques gruñían y se
rom pían con un chasquido. El m ar se abalanzó sobre la t ierra y la quebró, y
vastas regiones se hundieron bajo su furia o se partieron en múltiples islotes
esparcidos, y en la cost a se abrieron cavernas. Las m ont añas oscilaron, y
los corazones de piedra se derritieron, y las piedras se vertieron como fuego
líquido por las laderas cubiert as de cenizas, llegando aun hast a el m ar, y el
ruido de las grandes bat allas de las playas de fuego rugió aun en las
Mont añas de Valinor, y ahogaron el cant o de los Dioses. Ent onces se
levant aron Kém i Palúrien, la bella Yavanna que da frut os, y Aulë el que am a
t odas las obras de ella y las sust ancias de la t ierra, y subieron a las
est ancias de Manw ë y le hablaron diciéndole que t odo lo bueno se est aba
arruinando por la ígnea m alicia del corazón dest em plado de Melko, y
Yavanna rogó que t oda su larga obra en el crepúsculo no fuera anegada y
sepult ada. Mient ras hablaban allí, llegó Ossë iracundo com o una ola ent re
arrecifes, porque est aba furioso por el quebrant am ient o de su reino y t emía
el disgust o de Ulm o, su señor. Ent onces se levant ó Manw ë Súlim o, Señor de
los Dioses y de los Elfos, y Varda Tinw et ári est aba j unt o a él, y habló con
una voz de t rueno desde Taniquet il, y los Dioses de Valm ar la oyeron, y
Vefántur reconoció la voz en Mandos, y Lórien se conmovió en Murmuran.
«Ent onces se celebró un consej o ent re los Dos Árboles a la hora en que
las luces se m ezclaban, y Ulm o fue allí desde las profundidades ext eriores;
y de las palabras allí habladas los Dioses trazaron un plan de sabiduría, y en
él est aban el pensam ient o de Ulm o y gran part e de la habilidad de Aulë y el
amplio conocimiento de Manwë.
»He aquí que Aulë reunió seis m et ales: cobre, plat a, est año, plom o,
hierro y oro, y t om ando una porción de cada uno, hizo con su m agia un
sépt im o que llam ó por ello tilkal* y ést e t enía t odas las virt udes de los seis
y m uchas propias, y un color verde brillant e o roj o según variara la luz; y
nada podía rom perlo, y sólo Aulë era capaz de m oldearlo. Luego forj ó una
poderosa cadena, haciéndola de los siet e m et ales soldados con hechizos en
una sust ancia de suprem a dureza y brillant ez y suavidad, pero de tilkal no
t uvo bast ant e sino para añadir un poco a cada eslabón. No obst ant e, hizo
dos esposas de tilkal solam ent e, y cuat ro grillet es de la m ism a sust ancia.
Ahora bien, la cadena se llam ó Angaino, la opresora, y las esposas
Vorotemnar, las que at an para siem pre, pero los grillet es recibieron el
nombre de Ilterendi porque no pueden ser limados ni partidos.
»Pero el deseo de los Dioses era at raer a Melko con gran poder e
inst arlo, si era posible, a que se dedicara a m ás nobles hechos; no obst ant e
se proponían, si ninguna ot ra cosa era posible, som et erlo por la fuerza o la
astucia, y ponerlo en una prisión de la que no hubiera escapatoria.
»Ahora bien, m ient ras Aulë se afanaba en la herrería, los Dioses
vist ieron arm aduras que recibieron de Makar, y ést e de buen grado los vio
cargar las arm as y prepararse com o si fueran a la guerra, aunque su cóler a
se dirigía cont ra Melko. Pero cuando los Grandes Dioses y t odos los suyos
est uvieron arm ados, subió Manw ë a un carro azul, cuyos t res caballos eran
los m ás blancos que recorrían los dom inios de Orom ë, y en la m ano llevaba
un gran arco blanco que disparaba flechas com o una ráfaga de vient o a
t ravés de los m ás anchos m ares. Fionw ë, su hij o, est aba t ras él, y Nornorë,
que era su heraldo, corría por delant e; pero Orom ë cabalgaba solo un
caballo cast año y llevaba una lanza, y Tulkas daba poderosas zancadas
junto a los estribos vestido con una túnica de cuero y un cinturón de bronce,
y no llevaba arm as, salvo un guant e en la m ano derecha forrada de hierro.

* Not a al pie de página en el m anuscrit o: « T( ambë) I ( lsa) L( atúken) K( anu) A(nga) L( aurë);
ilsa y lau r ë son los nom br es m ágicos de telpë y kulu» .
Telim ekt ar, su hij o, de t alla apenas suficient e para int ervenir en la guerra,
iba j unt o a él con una larga espada a la cint ura, suj et a por una faj a de
plat a. En un carro negro avanzaban los Fánt uri con un caballo negro del
lado de Mandos y uno m ot eado de gris del lado de Lórien, y Salm ar y Óm ar
iban por det rás corriendo velozm ent e, pero Aulë, que se había demorado
dem asiado en la herrería, era el últ im o, y no est aba arm ado, pero había
cogido su m art illo de largo m ango al t erm inar la forj a y se dirigía de prisa a
los bordes del Mar Som brío, y las brazas de su cadena eran cargadas por
detrás por cuatro herreros.
»En esas cost as Falm an- Ossë les salió al encuent ro y los t ransport ó en
una poderosa balsa sobre la que él mismo viajaba revestido con una cota de
m alla resplandecient e; pero Ulm o Vailim o se les había adelant ado m ucho,
bramando en su carro de aguas profundas, y tocaba airado una trompeta de
caracolas. Así fue que los Dioses at ravesaron el m ar y sort earon las islas y
pusieron pie en vast as t ierras, y avanzaron con gran poder y cólera m ás
profundam ent e hacia el Nort e. Así pasaron por las Mont añas de Hierro e
Hisilóm ë que se ext iende oscuro m ás allá, y llegaron a los ríos y a las
colinas de hielo. Allí Melko sacudió la t ierra baj o sus pies, e hizo que las
cum bres cubiert as de nieve eruct aran llam as; sin em bargo, a pesar de la
grandeza del despliegue de sus vasallos, que infect aban t odas las sendas,
no consiguieron int ercept arles el cam ino. Allí, en lo m ás profundo del Nort e,
m ás allá aún del arruinado pilar Ringil, llegaron a los enorm es port ones de
la profunda Ut um na, y Melko los cerró con gran est répit o delant e de sus
mismas caras.
«Ent onces Tulkas, furioso, los golpeó t enant e con su gran puño, y los
port ones resonaron, pero no cedieron; y Orom ë, desm ont ando, cogió el
cuerno y sopló en él de t al m odo que se abrieron inst ant áneam ent e, y
Manwë levantó su voz inmensurable y ordenó a Melko que saliera.
»Pero aunque en las profundidades de esas est ancias Melko lo oyó y se
sint ió int ranquilo, no salió, sino que envió a Langon, su sirvient e, y por su
m ediación les dij o que se regocij aba y se m aravillaba de ver a los Dioses
ant e sus puert as. De buen grado les daría la bienvenida, pero por la
pobreza de su morada no podía atender de manera adecuada a más de dos
de ellos; y rogaba que ni Manw ë ni Tulkas fueran part e del dúo, pues uno
m erecía y el ot ro exigía una hospit alidad de m ayor riqueza. Si est o no
fuera del agrado de los Dioses, con gust o escucharía al heraldo de Manw ë
para ent erarse de qué era eso que t ant o deseaban los Dioses para haber
abandonado así los blandos divanes y la m olicie de Valinor, y hacerse
present es en los sit ios lóbregos donde Melko t rabaj aba hum ildem ent e y
llevaba a cabo su fatigosa obra.
»Ent onces Manw ë y Ulm o y t odos los Dioses m ont aron en gran cólera
ant e la sut ileza y aduladora insolencia de las palabras de Melko, y el
furibundo Tulkas habría em pezado a descender sin m ás las escaleras
angost as que se perdían de vist a m ás allá de las puert as; pero los ot ros lo
det uvieron, y Aulë j uzgó que era claro por las palabras de Melko que
m ost raba prudencia y caut ela en aquella cuest ión, y se advert ía claram ent e
a cuáles de los Dioses t em ía m ás y a cuáles no deseaba ver en sus est an-
cias. Por t ant o dijo , concibam os un m edio por el que esos dos puedan
llegar a él sin que se dé cuent a, y quizá bast e el m iedo para que m ej oren
sus hábit os. A est o asint ió Manw ë | diciendo que t odas sus fuerzas
difícilm ent e podrían arrancar a Melko de su fort aleza, m ient ras que ese
engaño t enía que urdirse con sum a ast ucia para hacer caer en la t ram pa al
m aest ro de la superchería. Sólo por su orgullo es Melko vulnerable dijo
Manwë o por una bat alla t al que desgarrara la t ierra y derram ara el m al
sobre t odos nosot ros. Y Manw ë int ent ó evit ar t oda lucha ent re Ainur y
Ainur. Por t ant o, cuando los Dioses hubieron concert ado un plan para
at rapar a Melko aprovechando su abrum ador orgullo, concibieron ast ut as
palabras supuest am ent e at ribuidas al m ism o Manw ë, y las pusieron en boca
de Nornor ë, que descendió y las pronunció delant e del t rono de Melko. He
aquí dijo que los Dioses han venido a pedir el perdón de Melko, pues al
ver su gran enfado y el m undo dest rozado por su furia se han preguntado
los unos a los otros:»
" ¿Por qué est á disgust ado Melko?" , y los unos se respondieron a los
ot ros viendo los t um ult os provocados por su poder: " ¿No es acaso el m ás
grande de ent re nosot ros? ¿Por qué no vive el m ás poderoso de los Valar en
Valinor? Sin duda t iene m ot ivos para est ar indignado. Vayam os nosot ros a
Ut um na y roguém osle que viva en Valinor, para que Valm ar no Est ë vacía
de su presencia".
»" A est o, sólo Tulkas se negó, pero Manw ë se inclinó ant e la voz com ún
(esto lo dijeron los Dioses sabiendo el rencor que Melko sentía por Poldórëa)
y ahora han venido obligando a Tulkas m ediant e la violencia a rogart e que
los perdones y que vuelvas con ellos a completar su gloria, y que vivas si tal
es t u volunt ad en las est ancias de Makar, hast a que Aulë pueda construirte
una gran m ansión; y sus t orres sobrepasarán Taniquet il. A est o respondió
Melko con ansiedad, pues su orgullo ilimitado ya había ahogado su astucia.
» Por fin pronuncian los Dioses bellas palabras, y j ust as adem ás, pero
ant es que les conceda esa m erced, m i corazón ha de apaciguarse después
de las viej as ofensas. Por t ant o, han de venir aquí después de deponer las
arm as j unt o a los port ones, y rendirm e hom enaj e en ést as m is profundas
est ancias de Ut um na; pero a Tulkas no lo veré, y si voy a Valinor lo echaré
de allí, De todas estas cosas informó Nornorë, y Tulkas colérico golpeó sus
m anos una cont ra ot ra, pero Manw ë respondió que los Dioses no se
opondrían a los deseos del corazón de Melko; sin em bargo Tulkas iría
t am bién, y encadenado, par a ser ent regado al poder y los deseos de Melko;
y est o lo concedió Melko, ansioso por hum illar a los Valar, y el
encadenamiento de Tulkas le dio gran placer.
«Ent onces los Valar dej aron sus arm as j unt o a los port ones,,
encom endando sin em bargo que se m ont ara guardia sobre ellas, y pusieron
la cadena Angaino alrededor del cuello y los brazos de Tulkas, que apenas
podía soport ar aquel gran peso; y ent onces siguieron a Manw ë y a su
heraldo por las cavernas del nort e. Allí est aba Melko sent ado en el t rono, y
esa cámara estaba iluminada por braseros llameantes y de magia maligna, y
form as ext rañas se m ovían con febriles m ovim ient os de un lado a ot ro, y
serpient es de gran t am año se enrollaban y desenrollaban sin descanso
alrededor de los pilares que sostenían el alto techo. Entonces dijo Manwë:
He aquí que hem os venido y t e saludam os en t us propias est ancias; ven
ahora y quédate en Valinor.
»Pero Melko no est aba dispuest o a renunciar t an fácilm ent e a su placer.
No dijo , prim ero, t ú, Manw ë, has de venir y arrodillart e ant e m í, y
después de t i, t odos los Valar; pero el últ im o será Tulkas, que deber á
besarm e el pie, porque t engo en m ent e algo por lo que no debo a Poldórëa
un gran amor. Ahora bien, se proponía dar una patada a Tulkas en la boca
en pago por el puñet azo recibido hacía ya m ucho, pero los Valar habían
previst o algo de est o y fingieron hum illarse para de ese m odo sacar a Melko
de su fortaleza de Utumna. En verdad, Manwë hasta el final tuvo esperanzas
de paz y am ist ad, y los Dioses, a su ruego, habrían est ado dispuest os a
recibir a Melko en Valinor baj o una t regua y con prom esas de am ist ad, si no
hubiera sido insaciable su orgullo, e indoblegable su obst inación en hacer el
m al. Ahora, sin em bargo, poca m erced quedaba para él en sus corazones,
viendo que se em peñaba en exigir que Manw ë le rindiera homenaje y Tulkas
se inclinara ant e aquellos pies despiadados; no obst ant e, el Señor de los
Dioses y de los Elfos se aproxim ó al t rono de Melko e hizo adem án de
arrodillarse, porque ése era el plan para hacer caer en la t ram pa al
m alvado; pero he aquí que t al fue la ira que se inflam ó en los corazones de
Tulkas y de Aulë ant e la escena, que Tulkas cruzó la cám ara de un salt o a
pesar de Angaino, y Aulë est aba det rás de él, y Orom ë siguió a su padre, y
en el recint o hubo un gran t um ult o. Ent onces Melko se puso en pie de un
salto dando altas voces, y su gente acudió por todos aquellos torvos pasajes
en su ayuda. Enseguida golpeó a Manw ë con un m ayal de hierro que
llevaba, pero Manwë sopló suavemente sobre él y las espiguillas de hierro se
doblaron hacia at rás y Tulkas le asest ó un golpe a Melko en los dient es con
el puño de hierro, y él y Aulë lo cogieron, y sin dem ora lo envolvieron
treinta veces en las brazas de Angaino.
»Dijo entonces Oromë: Me gustaría que fuera posible matarlo. Y bien
habría est ado en verdad, pero no es posible t odavía m at ar a los grandes
Dioses.4 Se le impuso a Melko entonces amargo sometimiento, y se lo obligó
a caer de rodillas; por fuerza se le ordenó que im pidiera que t odos sus
vasallos m olest aran a los Valar; y, por ciert o, la m ayoría de ést os,
asust ados por la orden de su señor, se alej aron buscando los sit ios m ás
oscuros.
»Tulkas por ciert o sacó a Melko a la rast ra hast a delant e de los port ones
y allí Aulë le puso en cada m uñeca una de las Vorot em nar, y en cada t obillo
un par de las I lt erendi, y el tilkal se t ino de roj o en cont act o con Melko, y
esas t rabas nunca desde ent onces solt aron esas m anos y esos pies. Pues la
cadena est á forj ada para cada uno de esos m iem bros, y Melko t uvo que
soport arlas m ient ras Tulkas y Ulm o dest ruían los port ones de Ut um na y
apilaban m ont añas de piedra sobre ellos. Y las griet as y los lugares
cavernosos bajo la superficie de la tierra están llenos todavía de los espíritus
oscuros que quedaron prisioneros el día que Melko fue at rapado, y sin
em bargo m uchos son los cam inos por los que encuent ran salida al m undo
ext erior: fisuras desde donde grit an con la voz de la m arej ada sobre cost as
rocosas, oscuras corrient es subt erráneas que serpent ean invisibles durante
m uchas leguas, o los arcos azules donde los glaciares de Melko alcanzan su
término.
» Después de sucedidas est as cosas, volvieron los Dioses a Valm ar por
largos y oscuros cam inos, vigilando a Melko en cada m om ent o, m ient ras
ést e roía la rabia que lo consum ía. Tenía el labio part ido y su cara había
adquirido una ext raña m irada desde que Tulkas le diera aquel golpe, pues
ver la m aj est ad de Manw ë inclinada ant e aquel m aldit o era para él
insoportable, aun como parte de un plan.
»Ahora bien, se est ableció una cort e sobre las cuest as de Taniquet il, y
Melko com pareció ant e t odos los Vali, 5 grandes y pequeños, at ado delant e
del t rono de plat a de Manw ë. Cont ra él habló Ossë, y Orom ë, y Ulm o con
profunda ira, y Vána con aborrecim ient o, proclam ando hechos violent os y
crueles; no obst ant e habló Makar en favor de Melko, aunque no con calor ,
pues dij o: No est aría bien que la paz durara para siem pre: ya ningún
golpe resuena en la et erna quiet ud de Valinor, por lo que, si nunca hubiese
una acción guerrer a y no se sint iera la alegría del alborot o, ni aun en el
m undo ext erior, result aría t edioso en verdad, y por m i part e no aspiro yo a
t iem pos sem ej ant es. Ent onces se levant ó Palúrien apenada y deshecha en
lágrimas y habló de la difícil sit uación de la Tierra y de la gran belleza de lo
que ella había planeado, y de las cosas que deseaba hacer ardient em ent e;
de la riqueza de hierbas y flores, de los árboles y los frutos y los granos que
podría dar la t ierra, con que sólo hubiera paz en ella. Procurad, oh, Valar,
que los Elfos y los Hom bres no est én desprovist os de t odo solaz cuando les
llegue la hora de ent rar en la Tierra. Pero Melko se ret orció de rabia e
impotencia al oír el nombre de los Eldar y de los Hombres.
»Ahora bien, Aulë le prest ó caluroso apoyo en est o, y t ras él, m uchos
ot ros Dioses, pero Mandos y Lórien callaron; nunca hablan m ucho en las
asam bleas de los Valar, ni t am poco, por ciert o, en ot r as ocasiones, pero
Tulkas se levant ó airado en m edio de la reunión y se alej ó, pues no podía
soport ar parlam ent os cuando creía que la culpa era clara. Hubiera preferido
que se desencadenara a Melko y luchar allí m ism o con él dándole de
bofet adas en prem io a sus desaguisados, en lugar de sost ener elevados
debates sobre ellos. Pero Manw ë perm anecía sent ado y escuchaba y se
conm ovió por el discurso de Palúrien; sin em bargo consideraba que Melko
era un Ainu, y poderoso fuera de t oda m edida para el bien o el m al del
fut uro del m undo; por t ant o, desechó la dureza y ést e fue el veredict o:
Durant e t res edades m ient ras est uvieran disgust ados los Dioses, Melko
estaría encadenado en una bóveda de Mandos con la Angaino, y después
t endría que t rasladarse a la luz de los Dos Árboles, pero sólo para que
durant e cuat ro edades perm aneciera com o sirvient e en casa de Tulkas y le
obedeciera purgando la ant igua m alicia. Así dij o Manw ë , y sin
em bargo, difícilm ent e podr ás ganar de nuevo el favor de los Dioses;
t ardarán en t olerar que habit es en una casa, y que t engas algún bien ent re
ellos como es propio de un Vala y un señor de los Ainur.
» Ése fue el veredict o de Manw ë y aun a Makar y a Meássë les pareció
bien, aunque Tulkas y Palúrien lo consideraron clem ent e al punt o de
result ar peligroso. I nicia ahora Valinor el m ás prolongado período de paz y
lo inicia t am bién t oda la t ierra, m ient ras Melko habit a las m ás profundas
bóvedas de Mandos y el corazón se le ennegrece dentro.
»He aquí que los t um ult os del m ar decrecen lent am ent e y los fuegos
bajo las montañas se apagan; ya no tiembla la tierra y la fiereza del frío y la
t erquedad de las m ont añas y los ríos de hielo se derrit en hast a el ext rem o
nort e y el ext rem o sur, aun hast a las regiones de Ringil y Helkar. Va
ent onces Palúrien una vez m ás a la Tierra, y los bosques se m ult iplican y se
ext ienden, y a m enudo el cuerno de Orom ë se escucha t ras ella en la pe-
numbra: ahora la hierba mora y la brionia se arrastran entre los helechos, y
el acebo y la encina se ven sobre la t ierra. Aun las caras de los acant ilados
se cubren de hiedras y de plant as t repadoras en la calm a de los vient os y
sobre la quiet ud del m ar, y en t odas las cavernas y las cost as crecen
m at orrales, y vast as algas m arinas cobran vida m eciéndose dulcem ent e
cuando Ossë mueve las aguas.
»Viene ahora ese Vala y se sient a en un pr om ont orio de las Grandes
Tierras, ocioso en la quiet ud de su reino, y cont em pla cóm o Palúrien llena el
tranquilo crepúsculo de la Tierra de criaturas voladoras. Murciélagos y búhos
a los que Vefánt ur dio libert ad desde Mandos revolot ean por el cielo, y
ruiseñores enviados por Lórien desde Valinor t rinan j unt o a aguas
t ranquilas. A lo lej os grazna un chot acabras, y en los lugares oscuros las
serpientes que escaparon de Utumna cuando Melko fue apresado se mueven
sin ruido; croa una rana en el borde desnudo de un estanque.
» Envió ent onces not icia a Ulm o de las nuevas cosas que se habían
hecho, y Ulm o ya no quiso que las aguas de los m ares int eriores siguieran
deshabit adas; fue ent onces al encuent ro de Palúrien y ella hechizó los
m ares, que resplandecieron de peces o ext rañas criat uras que se
arrast raban por el fondo; sin em bargo, ninguno de los Valar o de los Elfos
sabe de dónde pr ovienen la m adreperla y las ost ras porque ya boqueaban
en las aguas silenciosas, quizá arroj adas por Melko desde lo alt o, y hubo
perlas antes de que los Eldar soñaran con las gemas.
» Tres grandes peces lum inosos en la oscuridad de los días sin sol
acom pañaban siem pre a Ulm o, y en el t echo de la vivienda de Ossë baj o el
Gran Mar brillan escamas fosforescentes. Fue aquél un tiempo de gran paz y
quiet ud, y la vida echó profundas raíces en los suelos recient es de la Tierra,
y se sem braron sem illas que sólo aguardaban la luz para germ inar, y se la
conoce y se la alaba como la edad de «las Cadenas de Melko».

NOTAS

1 Aquí se añadió el siguient e pasaj e, según parece, m uy poco después de haber


sido escrito el texto, pero luego fue borrado enérgicamente:

La verdad es que era hijo de Linwë Tinto, Rey de los Flautistas, que se perdió
hace m ucho en la front era de Palisor, y errando por Hisilóm ë encont ró al
solit ar io espír it u del crepúsculo ( Tindr iel) Wendelin, que bailaba en un claro
rodeado de hayas. Enam orado de ella, abandonó de buen grado a los suyos
y bailó para siempre en las sombras, pero mucho después sus hijos Timpinen
y Tinúv iel volv ieron a unirse a los Eldar, y hay cuent os acerca de ellos,
aunque rara vez se cuentan.

El nom bre Tindriel est aba solo en el m anuscrit o, pero luego se puso ent r e
parént esis y se añadió Wendelin en el m argen. Ést as son las pr im eras
referencias en la narración consecut iva a Thingol ( Linw ë Tint o) , Hit hlum
( Hisilóm ë) , Melian ( Tindr iel, Wendelin) y Lút hien Tinúv iel; pero pospongo el
comentario a estas alusiones.
2 Cf. la explicación de los nom bres Eriol y Angol com o «acant ilados de hierro» a
la que hay referencia en el Apéndice sobre los Nombres (bajo Eriol).
3 Asociados con la hist oria de la est ancia de Eriol ( Ælfw ine) en Tol Eressëa y los
«Cuent os Perdidos» que allí escuchó, exist en dos «esquem as» o sinopsis que
present an el plan de la obra. Uno de ellos es en gran part e un resum en de los
Cuentos t al com o fueron escrit os, el ot r o, por cier t o el post erior, diverge. En
est e segundo esquem a, en el que el v iaj ero se llam a Ælfw ine, el cuent o de la
segunda noche j unt o al Hogar de los Cuent os se at r ibuye a «Evrom ord el
cust odio de la Puert a», aunque el cont enido de la narración era el m ism o: la
Llegada de los Dioses; la Hechura del Mundo y la Const rucción de Valinor; la
Plant ación de los Dos Árboles. Después de est o aparece escrit o ( un añadido
post erior) : «Ælfw ine va a pedir limpë a Mer il; ést a se lo niega». La t ercera
noche junto al Hogar de los Cuentos se describe de la manera siguiente:

El Cust odio de la Puert a cont inúa con el Crepúsculo Pr im or dial. Las Furias de
Melko. Las Cadenas de Melko y el despert ar de los Elfos. ( Cóm o Fankil y
m uchas form as oscuras escapan al m undo.) [ At ribuido a Mer il, pero para ser
incorporado lo mismo que aquí y muy abreviado.]

Parece seguro que ést a era una rev isión en int ención solam ent e, nunca llevada
a cabo. Es not able que en el t ext o act ual, com o t am bién en el prim ero de est os
dos «esquem as», la función de Rúm il en la casa es la de cust odiar la puert a; y
Rúm il, no Evrom ord, era el nom bre que se preservó m ucho después com o el
del narrador de La Música de los Ainur.
4 El t ext o, t al com o fue escrit o originalm ent e, decía: «pero no es posible m at ar a
los grandes Dioses, aunque sí a sus hij os y a t odas las gent es m enores de los
Valí, aunque sólo si lo hace alguno de los Valar».
5 Valí es una m odificación de Valar. Cf. las palabras de Rúm il: «ellos son los que
ahora llamamos los Valar (o los Vali, eso carece de importancia)».

Comentario de
El Encadenamiento de Melko

En el int erludio ent re est e cuent o y el últ im o nos encont ram os con la figura de
Tim pinen o Tinfang. Est e ser ha ocupado la m ent e de m i padre durant e algunos
años, y hay dos poem as sobre él. El pr im ero se t it ula Tinfang Trino; es m uy brev e,
pero ex ist e en t res versiones. De acuerdo con una not a de m i padre, el original fue
escrit o en Oxford en el año 1914 y se reescribió en Leeds en «1920- 23». Se
publicó finalmente en 1927 en una forma más alterada que presento aquí.*

Tinfang Trino

¡Oh, el tañido, el tañido!


¡Cómo gorjea su flauta!
¡Oh, el tañido de Tinfang Trino!

Baila solo,
salta una piedra,
precipita como un cuervo
en el crepúsculo sobre el prado,
¡y su nombre es Tinfang Trino!

Aparece la primera estrella


y en la lámpara brota
una llama de azul estremecido.
No tañe para mí,
no tañe para ti,
no silba para ninguno de vosotros.
Es sólo suya su música,
¡las melodías de Tinfang Trino!

En la primera versión a Tinfang se lo llama «leprawn», y en el primer glosario de la


lengua gnómica es un «duende».
El segundo poema se titula Sobre Viejas Colinas y a lo Lejos (Over Old Hills and
Far Aw ay) . Exist en de él cinco versiones, de las que la pr im era lleva t am bién un

* Se publicó en un per iódico al que en el recort e que de él se conserva se designa


«I.U.M[agazineJ».
t ít ulo en inglés ant iguo ( del m ism o significado) : eond fyrne beorgas heonan
feor. Según not as de m i padr e fue escrit o en Broct on Cam p, en St affordshire,
ent re diciem bre de 1915 y febrero de 1916, y reescrit o en Oxford en 1927. La
versión final present ada aquí difiere de v ersiones ant eriores en palabras aisladas y
versos enteros, de las que al final apunto algunas de cierto interés.

Sobre Viejas Colinas y a lo Lejos

Era temprano una tranquila noche de junio,


había pocas estrellas y la luna estaba lejos,
languidecían los árboles dormidos, y silenciosas
las sombras por debajo despertaban.

5 Furtivamente me acerqué a la ventana,


abandonando en desorden mi lecho blanco,
y algo fascinante, lejano y extraño
como un perfume de flores de las costas del mar
que se extienden en el País de los Elfos y llueve en luz de estrellas,
10 titila y relumbra, se acercó a los cristales
de mi alta ventana enrejada. ¿O era un sonido?
Escuché y miré asombrado el suelo.
Porque de lejos llegaba una nota filtrada
de dulce encanto, ya clara, ya remota,
15 tan clara como una estrella en un estanque al lado de los juncos,
tan leve como el resplandor del rocío en los helechos.

Abandoné entonces la ventana y seguí la llamada.


Bajé las crujientes escaleras y crucé la sala,
y saliendo por la puerta, alta y gris,
20 y atravesando el prado, me alejé, más y más.

Era Tinfang Trino que bailaba allí,


tocando la flauta y sacudiendo los blancos cabellos
hasta que centellearon como la escarcha a la luz de la luna en invierno;
y rodeado de estrellas, titilando al compás del tañido,
25 brillando como chispas azules en la niebla,
como brillan siempre y titilan cuando toca.

Mis pies sólo hacían el fantasma de un ruido


sobre la resplandeciente grava blanca de alrededor,
donde relucían los pies pequeños en un círculo de arena
30 y los dedos eran blancos en la mano estremecida,
y había saltado al guiño de una estrella
con un gorro aleteante y cabellos lustrosos;
y se había echado al hombro la larga flauta,
de donde colgaba plateada y negra.
35 El cuerpo esbelto, delgado como una sombra,
se deslizaba entre los juncos como la niebla en un claro,
y reía como la plata fina, y tañía una nota alta,
mientras sacudía en las sombras la umbría chaqueta.
¡Oh!, las puntas de las zapatillas hacia atrás se curvaban
40 pero él bailaba como el viento en la intemperie del mundo.

Se ha marchado, y el valle está vacío y desnudo,


donde me quedo mirando solo.
Entonces de pronto de los prados lejanos,
otra vez de los juncos junto al estanque luminoso,
45 luego remotas desde un bosque de musgos espesos
llegan unas rápidas notas de dulce tañido.

Salto sobre el arroyo y me alejo de prisa del claro,


pues era Tinfang Trino el que tocaba;
he de seguir el tañido de esa flauta que tañe
50 sobre juncos, helechos, bajo ramas, y sobre raíces
y campos oscuros y entre hierbas crujientes
que murmuran y se inclinan cuando el viejo elfo pasa,
sobre viejas colinas y a lo lejos,
donde tocan dulcemente las arpas de los Eldar.

Versión anterior.

1- 2 Era una vez una tranquila tarde de junio...


Y me pareció que las estrellas brillaban demasiado pronto...
Cf. el t ext o en prosa, pág. 90: «Los Noldoli dicen que [ las est rellas] salen
demasiado temprano si Tinfang Trino toca.
8 de las costas del mar] junto al mar de las hadas
9 País de los Elfos] corrección hecha al t ext o de la ver sión final que reem plaza a
«el País de Faëry».
24 Hasta que las estrellas salieron, según parece, demasiado pronto.
Cf. nota del verso 2.
25- Siempre salen cuando trina y toca,
26 Y brillan azules mientras se entretiene.
Cf. el t ext o en prosa, pág. 91: «o baj o la luna clara, y las est rellas se
abrillantan y se tiñen de azul.»
54 los Eldar] corrección hecha al t ext o de la versión final, que reem plaza a «las
Hadas».

La primera parte de la historia El Encadenamiento de Melko llegó a tener una forma


m uy diferent e en v ersiones post eriores, en las que ( v. El Silm arillion) durant e la
est adía de los Valar en la I sla de Alm aren, baj o la luz de las Dos Lám paras, «las
sem illas que Yavanna había sem brado em pezaron a ger m inar y a brot ar con
pront it ud, y hubo una m ult it ud de cosas que crecían, grandes y pequeñas, m usgos
y hierbas y grandes helechos, y árboles con copas coronadas de nubes»; y que
«las best ias acudier on y habit aron en las llanuras herbosas, o en los ríos y los
lagos, o se int ernar on en las som bras de los bosques». Ést a fue la Prim avera de
Arda; per o después de la llegada de Melkor y la excavación de Ut um no, «las
criat uras verdes enferm aron y se pudrieron, y los ríos se ahogaron por las m alezas
y el lodo, y nacieron helechos hediondos y venenosos, sit io de la cr ianza de las
moscas; y los bosques se volvieron peligrosos y oscuros, el lugar donde merodeaba
el m iedo; y las best ias se volv ieron m onst ruos de cuerno y m arfil y t iñeron la t ierr a
de sangre». Luego se produj o el derrum be de las Lám paras, y «así t erm inó la
Pr im avera de Arda». Después de la const rucción de Valinor y la apar ición de los
Dos Árboles, «la Tierra Media se sum ió en un crepúsculo baj o las est rellas», y de
los Valar, sólo Yavanna y Orom ë volv ían allí en ocasiones: «Yavanna solía cam inar
en las som bras lam ent ándose, porque el crecim ient o y la prom esa de la Pr im aver a
de Arda habían sido frenados. E hizo dorm ir a m uchas criat uras que habían
aparecido en la pr im avera para que no envej ecieran y aguardaran la hora de
despert ar que aún llegaría». « Pero las m ás ant iguas criat uras v iv ient es ya habían
surgido: en los m ares las grandes algas, y en la t ierra la som bra de los grandes
árboles; y en los v alles vest idos por la noche de las m ont añas había oscuras
criaturas fuertes y antiguas.»
Por ot ra part e, en est a prim era narración, no hay m ención alguna de nada que
em pezara a crecer durant e el t iem po en que las Lám paras brillaban, y los prim eros
árboles y plant as aparecieron baj o el hechizo de Yavanna en el crepúsculo que
siguió a su derrum be. Adem ás en la últ im a oración de est e cuent o «se sembraron
sem illas», en ese t iem po de gran paz y quiet ud m ient ras Melko perm anecía
encadenado, «que sólo aguardaban la luz para germ inar». Así, pues, en la prim er a
hist oria Yavanna siem bra en la oscuridad sem illas que ( según parece) crecerán y
florecerán en post eriores días de luz, m ient ras que en t odas las versiones que
siguieron, la diosa ya no siem br a en t iem pos de oscuridad, sino que hace dorm ir a
m uchas criat uras que habían nacido a la luz de las Lám paras durant e la Prim avera
de Arda. Tant o en el prim er cuent o com o en El Silm arillion se sugiere que Yavanna
prevé que la luz llegará por fin a las Grandes Tierras o a la Tierra Media.
La concepción de una luz líquida fluyent e en los aires de la Tierra es ot ra vez
muy notable, y parece que según la idea original, las eras de crepúsculo del mundo
al est e del m ar est aban t odav ía ilum inadas por rest os de est a luz ( «Rara vez cae
ahora la lluvia esplendorosa, y reina una penum bra ilum inada de pálidos rayos»,
pág. 96) , com o t am bién por las est rellas de Varda, aun cuando «los Dioses han re-
cogido gran parte de la luz que otrora fluía por los aires» (ibid.).
La renovada v iolencia cósm ica es probablem ent e la precursora de la gran
Bat alla de los Poder es de la m it ología post erior ( El Silm arillion)', pero en est e
prim er cuent o, los levant am ient os de Melko son la causa de la visit a de los Valar,
m ient ras que la Bat alla de los Poderes, que cam bió la form a de la Tierra Media, era
una consecuencia. En El Silmarillion, que Orom ë descubriera a los Elfos, recién
despiertos, fue lo que llevó a los Valar a atacar Utumno.
En sus ricos det alles narrat iv os, com o en su aire «pr im it ivo», el relat o de Mer il-
i- Turinqi acerca de la capt ura de Melko t iene poca relación con el t ext o post erior; y
el t om o de la reunión en Ut um na y las t raicioneras m udanzas de los Valar par a
at raparlo, t am bién le son aj enos. Pero algo sobreviv ió: la cadena Angainor forj ada
por Aulë ( si no el m aravilloso m et al tilkal, con un nom bre obt enido de m anera t an
poco caract eríst ica) , la lucha ent re Tulkas y Melko, el caut iverio de Melko en
Mandos durante «tres edades», y la idea de que su fortaleza no fue destruida hasta
los cim ient os. Tam bién result a claro que el caráct er clem ent e y confiado de Manw ë
se definió t em pranam ent e; m ient ras que la referencia al hecho de que Mandos
hable rara vez prefigura quizá la observación de que emite sus juicios sólo a pedido
de Manw ë. Ya est á present e el or igen de los ruiseñores en el dom inio de Lór ien.
Por últ im o, puede que parezca por la narración del v iaj e de los Valar en est e
cuent o, que Hisilóm ë ( que sobrev iv ió sin ot ro cam bio que el nom bre quenya de
Hit hlum ) fuera aquí una región del t odo diferent e del post erior Hit hlum , pues se la
sitúa m ás allá de las Mont añas de Hierro: en El Silm arillion se dice que las
Montañas de Hierro fueron levantadas por Melkor «como un cerco para la ciudadela
de Ut um no»: «se elevaban sobre los confines de las regiones de frío sem piterno,
en una gran curva desde el est e hacia el oest e». Pero de hecho las «Mont añas de
Hierro» corresponden aquí a las post eriores «Mont añas de Som bra» (Ered
Wethrin). En una lista de nombres anotada que acompaña al cuento de La Caída de
Gondolin, el nombre Dor Lómin se define de la siguiente manera:

Dor Lóm in o la «Tierra de Som bra» era la región llam ada por los Eldar
Hisilómë ( y est o significa «Crepúsculos Som br íos») ... y se la designa así
por la escasa luz solar que asom a por sobre las Mont añas de Hierro al est e
y al sur.

En el pequeño m apa la línea de picos que he señalado con f represent a casi con
t oda cert eza esas m ont añas, y la región al nort e, señalada con g, es ent onces
Hisilómë.
El m anuscrit o cont inúa, desde el punt o en que he t erm inado el t ext o de est e
capít ulo, sin int errupciones; pero est e punt o es el final de una sección de la
narración m it ológica ( con una breve int errupción de Eriol) , y el rest o del cuent o de
Meril- i- Tur inqi se reserva para el próx im o capít ulo. De est e m odo, de un cuent o
hago dos.
V

LA LLEGADA DE LOS ELFOS


Y LA CONSTRUCCIÓN DE KÔR

Tom o est e t ít ulo de la cubiert a de la libret a ( donde se añade t am bién «Cóm o los
Elfos hicieron las Gem as») , porque, com o he observado ya, la narración cont inúa
sin un nuevo encabezamiento.

Dij o Eriol ent onces: Trist e fue la liberación de Melko, pienso, aunque
pareciera m isericordiosa y j ust a, pero ¿cóm o pudieron los Dioses hacer
semejante cosa?
Entonces Meril,1 continuando, dijo:
Un t iem po después, el t ercer período del caut iverio de Melko baj o las
est ancias de Mandos casi había concluido. Manw ë est aba sent ado en la
cum bre de la m ont aña y m iraba con oj os penet rant es las som bras de m ás
allá de Valinor, y los halcones volaban hacia él llevándole m uchas grandes
nuevas, pero Varda ent onaba un cant o y m iraba la llanura de Valinor. A esa
hora brillaba Silpion y los t echos de Valm ar parecían negros y plat eados
baj o sus rayos; y Varda est aba alegre, per o de pront o habló Manw ë,
diciendo: «He aquí que hay un resplandor de oro baj o los pinos y el m ás
profundo anochecer del m undo est á lleno de ligeras pisadas. ¡Han llegado
los Eldar, oh, Taniquet il! ». Ent onces Varda se irguió rápidam ent e y ext endió
los brazos hacia el nort e y el sur, y se dest renzó los largos cabellos, y
entonó el Canto de los Valar, e Ilwë se llenó de la belleza de su voz.
»Luego descendió a Valmar y a la morada de Aulë, que estaba fabricando
vasos de plat a para Lórien. A su lado est aba una vasij a llena de la radiación
de Telim pë 2 que ut ilizaba con ast ucia en sus art es, pero ahora Varda est aba
ant e él y dij o: " ¡Han llegado los Eldar! " , y Aulë arroj ó el m art illo diciendo:
" Ent onces I lúvat ar los ha enviado por fin" , y el m art illo, golpeando cont ra
unos lingotes de plata que estaban en el suelo, dio vida por su magia a unas
chispas argent inas, que rem ont aron desde la vent ana a los cielos. Ent onces
Varda cogió part e de esa radiación en la vasij a y la m ezcló con plat a
derret ida para darle m ayor est abilidad, y viaj ó con alas veloces y puso
m uchas est rellas en el firm am ent o, de m odo que los cielos se volvieron
m aravillosam ent e claros y su gloria se duplicó; y las est rellas que creó
ent onces t ienen poder de adorm ecim ient o, porque la plat a de sus cuerpos
proviene del t esoro de Lórien y su radiación había est ado m ucho t iem po en
Telimpë, en su jardín.
«Algunos han dicho que las Siet e Est rellas fueron puest as por Varda en
esa ocasión para conmemorar la llegada de los Eldar, y que Morwinyon, que
resplandece sobre el borde occident al del m undo, fue dej ado caer al
regresar, con gran prisa, a Valinor. Ahora bien, ést e es ciert am ent e el
verdader o principio de Morw inyon y su belleza, pero las Siet e Est rellas no
fueron puest as por Varda, siendo en realidad chispas de la forj a de Aulë,
cuya brillant ez en los cielos ant iguos inspiró a Varda el deseo de crear
astros rivales; aunque nunca lo logró.
»Pero m ient ras Varda est á aún em peñada en est a gran obra, he aquí
que Orom ë se precipit a por la llanura y t irando de las riendas da grandes
voces de m anera que t odos los oídos de Valm ar puedan oírlo: "Tulielto!
Tulielto! ¡Han venido, han venido! " . Luego se det iene a m it ad de cam ino
ent re los Dos Árboles y t oca el cuerno, y las puert as de Valm ar se abren, y
los Vali salen en tropel a la llanura, porque adivinan que noticias de grandes
nuevas han llegado al m undo. Ent onces habló Orom ë: " He aquí que los
bosques de las Grandes Tierras, aun en Palisor, la región m ás ínt im a donde
los pinares m urm uran incesant es, est án llenos de un r uido ext raño. Por allí
iba yo y fue com o si la gent e se levant ara a la hora de ret irarse baj o las
est rellas. Hubo un est rem ecim ient o ent re los árboles dist ant es y de pr ont o
se pronunciaron palabras, y unos pies iban de un lado al ot ro. Me pregunt é
ent onces qué es est o que Palúrien, m i m adre, ha obrado en secret o, y fui a
buscarlo y se lo pregunt é, y ella respondió: 'No es est o obra m ía, sino de la
mano de uno mucho más grande. Ilúvatar ha despertado a sus hijos por fin;
ve a Valinor y di a los Dioses que los Eldar han llegado'."
«Ent onces grit ó t oda la gent e de Valinor: " I ·Eldar t ulier: los Eldar han
llegado". Y sólo ent onces supieron los Dioses que su alegría había
cont enido una m ácula, o que habían esperado ham brient os para que se
com plet ase, pero ahora se dieron cuent a de que el m undo había sido un
mundo vacío plagado de soledad al no tener criaturas que le fueran propias.
»Ahora una vez más se celebra una asamblea y Manwë se sienta allí ante
los Dioses ent re los Dos Árboles, y ést os habían alum brado con su luz
cuat ro edades. Cada uno de los Valí se había dirigido allí, aun Ulm o Vailim o
con gran prisa desde los Mares Ext eriores, y t enía la cara ansiosa y
complacida.
»Ese día Manw ë liberó a Melko de Angaino ant es de que el t iem po de su
condena hubiera t ranscurrido del t odo, pero las esposas y los grillet es de
tilkal no le fueron quit ados, y los llevaba t odavía en las m uñecas y los
tobillos. La gran alegría ciega aun la previsión de los Dioses. Última de todos
llegó Palúrien Yavanna, que venía de prisa desde Palisor; y los Valar
discut ieron acerca de los Eldar; pero Melko est aba sent ado a los pies de
Tulkas y fingía una com placida y hum ilde anim ación. Por fin se decide ent re
los Dioses que algunos de los Eldar recién llegados sean invit ados a Valinor
para hablar allí con Manw ë y los suyos de su llegada al m undo y de los
deseos que éste les despertaba.
«Ent onces Nornorë, cuyos pies resplandecen invisibles por lo grande de
su velocidad, se lanza de Valinor port ando la em baj ada de Manw ë y va sin
dem ora t ant o por t ierra com o por m ar hast a Palisor. Allí encuent ra un sit io
profundam ent e enclavado en un valle de pendient es cubiert as de pinos; el
suelo es un est anque de aguas am plias, y el t echo el crepúsculo t achonado
de las est rellas de Varda. Allí había Orom ë oído el despert ar de los Eldar, y
todos los cantos lo llaman Koivië- néni o las Aguas del Despertar.
»Ahora bien, t odas las cuest as de ese valle y el m argen desnudo del
lago, y aun las rugosas est ribaciones de las m ont añas est án llenas de gent e
que cont em pla con m aravilla las est rellas, y algunos cant an ya con voces
m uy herm osas. Pero Nornorë se encont raba sobre una colina y est aba
asom brado de la hermosura de esa gent e, y porque era un Vala le
parecieron m aravillosam ent e pequeños y delicados y sus caras anhelant es y
tiernas. Ent onces habló con la volum inosa voz de los Valar y t odas aquellas
caras relucientes se volvieron hacia ella.
»" Oh, Eldalië, se os ha deseado durant e t oda la era del Crepúsculo, y se
os ha buscado por t odas las eras de paz, y vengo de part e aun de Manw ë
Súlim o, Señor de los Dioses, que habit a sobre Taniquet il en paz y sabiduría
hast a vosot ros que sois los Hij os de I lúvat ar, y ést as son las palabras que
puso en m i boca para que las pronuncie: Que unos pocos de ent re vosot ros
regrese conm igo porque ¿no soy yo Nornorë, heraldo de los Valar? y
entren en Valinor, con el fin de que le sea posible saber de vuestra llegada y
de todos vuestros deseos."
»Grande fue la agit ación y la m aravilla ent onces alrededor de las aguas
de Koivië, y el result ado fue que t res de los Eldar avanzaron at reviéndose a
part ir con Nornorë. y él los llevó a Valinor, y sus nom bres, t al com o los
transmitieron los Elfos de Kôr, eran I sil I nw ë, y Fionw ë Nólem ë, que fue el
padre de Turondo, y Tinw ë Lint ö, padre de Tinúviel, pero los Noldoli los
llaman Inwithiel, Golfinweg y Tinwelint. Luego se volvieron grandes entre los
Eldar, y los Teleri fueron los que siguieron a I sil, a cuya sangre y o
pert enezco. Nólem ë fue señor de los Noldoli, y de su hij o Turondo ( o
Turgon, com o lo llam aron) se cuent an grandes hist orias, pero Tinw ë 3 no
est uvo largo t iem po con los suyos, y sin em bargo se dice que vive t odavía
com o señor de los Elfos esparcidos en Hisilóm ë, bailando en sus sit ios cre-
pusculares con Wendelin, su esposa, un espírit u venido hace m ucho, m ucho
tiempo de los serenos jardines de Lórien; sin embargo, Isil se convirtió en el
m ás grande de los Elfos, y la gent e reverencia su poderoso nom bre hast a el
día de hoy.
»He aquí que los tres Elfos llevados por Nornorë estaban ante los Dioses,
y era la hora del cam bio de luces, y Silpion m enguaba, pero Laurelin est aba
despertando para alcanzar su mayor gloria, aunque Silmo vaciaba la urna de
plat a sobre las raíces del ot ro Árbol. Ent onces los Elfos se sint ieron por
com plet o deslum brados y asom brados por el esplendor de la luz, pues sus
oj os sólo conocían la penum bra y no habían vist o t odavía nada más brillante
que las est rellas de Varda, y la belleza y la m aj est uosa fuerza de los Dioses
reunidos en cónclave los llenó de rev erent e respet o, y los t echos de Valm ar
que llam eaban a la dist ancia en la llanura los hizo t em blar, y se inclinaron
en reverencia; pero Manw ë les dij o: " Levant aos, oh, Hij os de I lúvatar,
porque m uy com placidos est án los Dioses con vuest ra llegada. Cont adnos
cóm o habéis llegado; cóm o encont rast eis el m undo; qué os parece a
vosotros que sois sus primeros vástagos, o de qué deseos os llena".
»Pero Nólem ë, respondiendo, dij o: " ¡Oh, m uy poderoso, de dónde en
verdad venim os! Porque m e parece que acabo de despert ar de un sueño
et ernam ent e profundo, cuyos vast os ensueños ya se han olvidado" . Y Tinw ë
agregó que su corazón le decía que era un recién llegado de regiones
ilim it adas, aunque no alcanzaba a recordar por qué ext raños y oscuros
senderos había sido t raído hast a aquí; y por últ im o habló I nw ë, que había
est ado cont em plando a Laurelin m ient ras los ot ros hablaban, y dij o: " No
sabiendo de dónde vengo, ni por qué senderos, ni por dónde t ransit o, el
m undo en que est am os no es para m í sino una gran m aravilla, y m e par ece
que lo am o por ent ero; sin em bargo, lo que m ás sient o es el deseo de la
luz".
» Ent onces Manw ë vio que I lúvat ar había borrado de la m ent e de los
Eldar t odo conocim ient o del m odo de su llegada, y que los Dioses no debían
revelárselo; y se asom bró, pero Yavanna, que t am bién escuchaba, ret uvo el
alient o ant e la puñalada que le asest aron las palabras de I nw ë, al decir que
sent ía deseos de luz. Ent onces m iró a Laurelin y su corazón pensó en los
fruct íferos huert os de Valm ar, y le susurró algo a Tuivána, que estaba
sent ada j unt o a ella, m irando la t ierna gracia de esos Eldar; ent onces las
dos le dij eron a Manw ë: " La Tierra y sus som bras no son sit io para t an
bellas criat uras, a las que sólo el corazón y la m ent e de I lúvat ar pudieron
haber concebido. Herm osos son los pinares y las espesuras, pero est án
llenos de espírit us que nada t ienen de feérico, y los hij os de Mandos andan
errant es por los bosques, y los vasallos de Melko acechan desde lugares ex-
t raños; y nosot ros m ism os no querríam os privarnos del espect áculo de est a
dulce gent e. Su risa dist ant e se ha filt rado hast a nuest ros oídos desde
Palisor, y nos gust aría escuchar siem pre esos ecos en nuest ras est ancias de
Valm ar. Que los Eldar habit en ent re nosot ros y que el pozo de nuest ra
alegría se llene de nuevas fuentes que no puedan secarse".
«Ent onces se elevó un clam or ent re los Dioses, y la m ayoría habló en
favor de Palúrien y Vána, m ient ras que Makar dij o que Valinor había sido
const ruida para los Valar, " y ya parecía un j ardín de rosas para bellas
señoras en lugar de una m orada de hom bres. ¿Por qué queréis llenarlo de
hijos del mundo?"
Meássë lo apoyó en esto, y Mandos y Fui se mostraron fríos con los Eldar
com o en t odo; sin em bargo Varda respaldó con vehem encia a Yavanna y a
Tuivána, y en verdad su am or por los Eldar ha sido siem pre el m ás grande
ent re los habit ant es de Valinor; y Aulë y Lórien, Orom ë y Nessa y Ulm o
proclam aron vigorosam ent e su deseo de que los Eldar vivieran ent re los
Dioses. Por t ant o, aunque Ossë habló oponiéndose caut elosam ent e quizá
por los abrum adores celos y la rebelión que sent ía cont ra Ulm o , la
asamblea decidió que los Eldar fueran invitados, y los Dioses aguardaron tan
sólo el j uicio de Manw ë. He aquí que aun el ast ut o Melko, al ver dónde
est aba la m ayoría, aprobó la proclam ación del pedido y, sin em bargo, desde
aquellos días ha calumniado a los Valar diciendo que habían convocado a los
Eldar com o a una prisión por codicia y por los celos que les despert aba su
belleza. Así pues, a m enudo m int ió a los Noldoli, y cuando quería
int ranquilizarlos decía con ent era falt a de verdad que sólo él se había
opuesto a la voz general, hablando en favor de la libertad de los Elfos.
» Quizá, en verdad, si ot ra hubiera sido la decisión de los Dioses, el
m undo habría sido un lugar m ás agradable ahora, y el de los Eldar un
pueblo m ás feliz, pero j am ás habrían alcanzado la gloria, el conocim ient o y
la belleza que una vez alcanzaron, y aún m enos los habría beneficiado
ninguna de las palabras de Melko.
»Ahora bien, después de haber escuchado t odo lo que se dij o, habló
Manw ë, y est aba com placido, porque en verdad se inclinaba a que los Eldar
abandonaran el mundo en penumbra por la luz de Valinor. Volviéndose a los
Eldar, dij o: " Volved ahora a vuest ros parient es y Nornorë os conducirá allí
de prisa, aun hast a Koivië- néni, en Palisor. He aquí que ést a es la palabra
de Manw ë Súlim o, y la voz del deseo de los Valar, que el pueblo de los
Eldalië, los Hij os de I lúvat ar, viaj en a Valinor y habit en allí en el Esplendor
de Laurelin y la radiación de Silpion, y conozcan la felicidad de los Dioses.
Tendrán una m orada de insuperable belleza y los Dioses los ayudarán a
construirla".
»A eso respondió I nw ë: " Por ciert o, est am os com placidos con t u
invit ación, y aquellos ent re los Eldalië que han sent ido ya la nost algia de la
belleza de las est rellas, se dem orarán o descansarán hast a que sus oj os se
hayan deleit ado con la luz bendit a de Valinor" . Luego Nornorë llevó a esos
Elfos de regreso a las m árgenes vacías de Koivië- néni, y de pie sobre una
roca I nw ë t ransm it ió el anuncio a t odas las huest es de los Eldalië que
I lúvat ar despert ó prim ero en la Tierra, y t odos al escuchar sus palabras
anhelaron contemplar las caras de los Dioses.
»Cuando Nornorë volvió y les dij o a los Valar que los Elfos en verdad
vendrían, y que I lúvat ar había puest o una gran m ult it ud de ellos sobre la
Tierra, los Dioses hicieron im port ant es preparat ivos. He aquí que Aulë reúne
t odas las herram ient as y m at eriales, y Yavanna y Tuivána van por la llanura
aun hast a el pie de las m ont añas y las cost as desnudas de los Mares Som -
bríos en busca de un hogar y una m orada para ellos; pero Or om ë sale
direct am ent e de Valinor hacia los bosques, pues conocía allí t odos los
oscuros rincones, había recorrido t odos esos som bríos paraj es, pues se
proponía guiar al conj unt o de los Eldar desde Palisor por sobre t odas las
anchas tierras hacia el oeste, hasta llegar a los confines del Gran Mar.
»A esas oscuras costas se dirigió Ulmo, y extraño era el bramido del mar
apagado en esos ant iguos días sobre la cost a rocosa que aún t enía las
cicat rices de la t um ult uosa furia de Melko. Falm an- Ossë se sint ió m uy poco
com placido al ver a Ulm o en los Grandes Mares, porque había cogido esa
isla en la que el m ism o Ossë había llevado a los Dioses hast a Arvalin,
salvándolos de las aguas crecient es cuando Ringil y Helkar se derritieron
baj o las lám paras cent ellant es. Eso había ocurrido m uchas edades at rás, en
los días en que los Dioses eran forast eros recién llegados en el m undo, y
durant e t odo ese t iem po la isla había flot ado a oscuras en los Mares
Som bríos, desolada, salvo cuando Ossë t repaba por las playas durant e los
viaj es a las profundidades; pero ahor a Ulm o había llegado a su isla secret a
y uncido a ella una m ult it ud de los m ás grandes peces, y ent re ellos se
cont aba Uin, la m ás poderosa y viej a de las ballenas; y les pidió que
aplicaran sus fuerzas, y arrast raron con gran v igor la isla hast a las m ism as
costas de las Grandes Tierras, aun hasta la costa de Hisilómë al norte de las
Montañas de Hierro, adonde se retiraron las sombras más profundas cuando
el Sol salió por primera vez.
»Ahora allí est á Ulm o, y hast a allí llega el dest ello de los bosques que en
aquellos t ranquilos días avanzaban aun hast a la espum a del m ar, y he aquí
que oye los pasos de los Teleri ent re los árboles, e I nw ë va a la cabeza
j unt o al est ribo de Orom ë. Penosa había sido la m archa, y oscuro y difícil el
cam ino por Hisilóm ë, la t ierra de la som bra, a pesar de la habilidad y el
poder de Orom ë. A decir verdad, m ucho después que la alegría de Valinor
se les hubiera debilit ado en la m em oria, los Elfos cant aban t rist em ent e
cosas del viaj e, y cont aban m uchas hist orias acerca de aquellos que ( decían
y lo dicen aún) se per dieron en esos viej os bosques donde siem pre erraron
afligidos. Aún est aban allí m ucho después, cuando Melko encerró a los
Hom bres en Hisilóm ë, y aún bailan allí, después de llegar los Hom bres a los
sitios más claros de la Tierra. A Hisilómë los Hombres la llamaron Aryador, y
al Pueblo de la Sombra lo llamaron los Elfos Perdidos, y lo temieron.
»No obstante, la mayoría de las grandes compañías de los Teleri llegaron
a las playas y desde allí t reparon a la isla que Ulm o había t raído. Ulm o les
aconsej ó que no esperaran al rest o de sus parient es, y aunque al principio
no cedieron, pues la sola idea los hacía llorar, por fin se convencieron e
inm ediat am ent e fueron arrast rados a gran velocidad m ás allá de los Mares
Sombríos y la am plia bahía de Arvalin a las riberas de Valinor. Allí la
dist ant e belleza de los árboles que brilla a t ravés de la abert ura de las
m ont añas hechiza sus corazones, y sin em bargo siguen m irando at rás las
aguas por donde han venido, por que no saben dónde puedan est ar sus
ot ros parient es, y sin ellos ni siquiera t ienen el deseo de la belleza de
Valinor.
« Ent onces, dej ándolos silenciosos y dubit at ivos en la cost a, Ulm o vuelve
a arrast rar esa gran isla- carro hast a las rocas de Hisilóm ë, y he aquí que
calent ados por el dist ant e resplandor de Laurelin que ilum inaba el borde
occident al m ient ras él yacía en la Bahía de Faëry, árboles nuevos y m ás
tiernos empiezan a crecer, y en las cuestas asoma el verdor de las hierbas.
»Ahora bien, Ossë alza la cabeza por encim a de las aguas, colérico. No
han recur rido a él para t rasladar a los Elfos, han t om ado la isla sin pedirle
autorización, y se considera ofendido. Sigue de prisa la estela de Ulmo, pero
aun así es dej ado m uy at rás, pues Ulm o había puest o el poder de los Valar
en Uin y las ballenas. Ya est án allí en los acant ilados los Noldoli, angus-
t iados, creyéndose abandonados en la lobreguez, y Nólem ë Finw ë, que los
había conducido allí con t rabaj o t ras los Teleri, iba ent re ellos alent ándolos.
Tam bién llena de dificult ades había sido la j ornada, porque el m undo es
ancho, y casi habían recorrido la m it ad de él desde la m uy dist ant e Palisor,
y en esos días ni el sol brillaba ni la luna lucía, y no había cam inos ni de
Elfos ni de Hom bres. Orom ë t am bién había avanzado m ucho cabalgando a
ciert a dist ancia delant e de los Teleri, y había regresado ahora a las t ierras.
Allí est aban los Solosim pi ext raviados en los bosques que se ext endían
hast a profundas lej anías, y el cuerno resonó débilm ent e en los oídos de los
que est aban en la cost a, y el Valar los buscó de un lado a ot ro en los
oscuros valles de Hisilómë.
»Por t ant o, al llegar ahora Ulm o piensa en llevar de prisa a los Noldoli a
la ribera de Valinor, volviendo luego por los dem ás cuando Orom ë los
hubiera conducido a la cost a. Est o hace, y Falm an cont em pla est e segundo
t raslado desde lej os y echa espum a de rabia, pero grande es la alegría de
los Teleri y los Noldoli sobre esa costa donde hay una luz de tarde de verano
a causa del dist ant e resplandor de Lindeloksë. Allí puedo dej arlos por un
t iem po y cont ar los ext raños sucesos ocurridos a los Solosim pi por la ira de
Ossë, y de la primera permanencia en Tol Eressëa.
»Los gana el t em or en esa ant igua oscuridad, y seducidos por la bella
m úsica del duende Wendelin, com o ot ros cuent os lo revelan m ás
plenam ent e, su conduct or, Tinw ë Lint ö, se pierde, y m ucho t iem po lo
buscan, m as en vano, y nunca volvió. 4 Por t ant o, cuando oyer on el cuerno
de Orom ë en el bosque t uvieron gran alegría, y siguiendo los ecos del
sonido, pronto son conducidos a los acantilados, y oyen el murmullo del mar
a oscuras. Mucho t iem po aguardaron allí, pues Ossë arroj ó t or m ent as y
som bras sobre el regreso de Ulm o, de m odo que se acercó por cam inos
t ort uosos, y los grandes peces t it ubeaban al avanzar; sin em bargo, por fin
t am bién ellos suben a esa isla, y son arrast rados hacia Valinor; y a un t al
Ellu eligieron en lugar de Tinw ë, y desde ent onces se lo llam ó siem pre el
Señor de los Solosimpi.5
»He aquí ahora que aún no han llegado a m it ad de cam ino, y las I slas
del Crepúsculo flotan todavía muy lejos, cuando Ossë y Ónen los abordan en
las aguas occident ales del Gran Mar ant es de alcanzar las nieblas de los
Mares Sombríos. Entonces Ossë coge esa isla en la inmensa mano, y toda la
gran fuerza de Uin apenas puede seguir arrast rándola, porque en la
nat ación y en hechos de fuerza corporal en el agua ninguno de los Valar
puede igualar a Ossë, ni siquiera el m ism o Ulm o, y en verdad Ulm o no
est aba cerca, pues se encont raba m uy por delant e pilot ando en las t inieblas
la gran em barcación de Ossë, haciéndola avanzar con la m úsica de sus
caracolas. Ahora bien, ant es de que pudiera regresar, Ossë había logrado
det ener la isla, con ayuda de Ónen, y la est aba anclando en el fondo del
m ar con cuerdas gigant es de algas correosas, y pólipos que en esos días
oscuros habían ya crecido en lent as cent urias hast a alcanzar dim ensiones
inim aginables alrededor de los pilares de la casa, en las profundidades del
m ar. Ent onces, al inst ar Ulm o a las ballenas a aplicar t odas sus fuerzas y
ayudando él m ism o, Ossë apila rocas y piedras de m asa ingent e, que la
viej a cólera de Melko había esparcido por el fondo del m ar, y hace con ellas
una columna debajo de la isla.
» En vano t oca Ulm o la t rom pet a, y Uin, con la alet a de su desm esurada
cola, bate el mar hasta un hervor de ira, porque hacia allí lleva Ossë ahora a
t oda criat ura del m ar profundo, y fabr ica una casa y una vivienda de pét rea
concha; y las levant ó alrededor de la base de la isla: había corales de t oda
clase y percebes y esponj as duras com o piedra. No obst ant e, durant e
m ucho t iem po duró esa lucha, hast a que por fin Ulm o volvió a Valm ar
airado y sin ánim o. Allí com unicó a los dem ás Valar que los Solosim pi no
podían ser t ransport ados t odavía, porque la isla había quedado clavada en
las aguas más solitarias del mundo.
»Allí se levant a esa isla t odavía en verdad, t ú lo sabes, pues se la
llam a " la I sla Solit aria" y no puede verse t ierra alguna navegando m uchas
leguas desde sus acant ilados, porque las I slas del Crepúsculo est án
profundam ent e adent radas en el nebuloso oest e, y las I slas Mágicas, m uy
remotas en el este.
»Los Dioses por t ant o ahora piden a los Elfos que const ruyan una
m orada, y Aulë los ayudó a hacerlo, pero Ulm o vuelve a la I sla Solit aria, y
he ahí que ahora ést a se alza sobre un pilar de roca afirm ado en el suelo
m arino, y Ossë viaj a de un lado al ot ro en la espum a de su em presa,
anclando t odas las islas esparcidas en el fondo del m ar. De ahí proviene la
prim era est ancia de los Solosim pi en la I sla Solit aria, y la profunda
separación de ese pueblo de los dem ás t ant o en lenguas com o en
cost um bres; pues debes saber que t odos esos grandes hechos del pasado
que no const it uyen ahora m ás que un breve cuent o, no ocurrieron
fácilment e ni en un inst ant e, y una gran abundancia de hom bres podría
haber nacido y muerto entre el levantamiento de las Islas y la fabricación de
las Naves.
»Ahora la isla había capt ado dos veces el resplandor de los gloriosos
Árboles de Valinor, y por t ant o era y a m ás bella y m ás fért il y en ella había
m ás plant as dulces y hierbas que en t odos los ot ros sit ios del m undo, en los
que no se habían vist o nunca luces fuert es; en verdad los Solosim pi dicen
que los abedules ya crecían allí, y j uncos, y sobre las cuest as occident ales
se ext endía la hierba. Tam bién había allí m uchas cavernas, y una ext ensión
de arena blanca en la cost a al pie de los acant ilados negros y roj os, y aquí
estaba la morada de los Solosimpi aun en los días de ese profundo pasado.
»Allí se sent ó Ulm o en un prom ont orio y les dirigió palabras de consuelo
y de profunda sabiduría; y les com unicó t oda la ciencia del m ar, y ellos lo
escucharon; y les enseñó m úsica y les fabricó flaut as esbelt as. Por causa de
los t rabaj os de Ossë, no hay ribera donde se encuent ren esparcidas t ant as
caracolas m aravillosas com o en las playas blancas y las cobij adas grut as de
Tol Eressëa, y los Solosim pi habit aban m ucho en cavernas y las adornaban
con esos t esoros del m ar, y el sonido de sus nost álgicas flaut as podía oírse
durante muchos largos días, débilmente transportado por el viento.
»Ent onces el corazón se le derrit ió a Falm an- Ossë, y los habría dej ado
part ir si no fuera por la nueva alegría y el orgullo de que la belleza de los
Solosim pi m orara en m edio de sus dom inios, pues las flaut as le deleit aban
los oídos de cont inuo, y Uinen 6 y los Oarni y t odos los espírit us de las olas
estaban enamorados de ellas.
«Bailaban los Solosim pi al borde de las olas, y el am or del m ar y de las
cost as rocosas penet ró en sus corazones, aun cuando m iraran con nost algia
hacia las felices cost as donde hacía m ucho t iem po habían nacido los Teleri y
los Noldoli.
»Ahora bien, ést os, al cabo de una t em porada, recuperaron la esperanza
y su dolor se hizo m enos am argo, pues se habían ent erado de que sus
parient es no vivían en t ierra enem iga, y Ulm o los t enía baj o su prot ección y
cuidado. Por lo que sat isficieron ahor a el deseo de los Dioses y se dedicaron
a la const rucción de una m orada; y Aulë les enseñó m ucha ciencia y les
com unicó gran habilidad, y t am bién Manw ë. Pero Manw ë am aba m ás a los
Teleri, y de él y de Ornar aprendieron con m ayor profundidad el art e del
cant o y la poesía que los dem ás Elfos; pero los Noldoli eran los bienam ados
de Aulë, y aprendieron m ucho de su ciencia, hast a que sus corazones se
inquiet aron deseando m ás conocim ient o; pero al fin alcanzaron gran
sabiduría y una habilidad muy sutil.
»He aquí que hay un sit io baj o en ese anillo de m ont añas que m ont a
guardia sobre Valinor, y allí el resplandor de los Árboles se filt ra furt ivo
desde la llanura y dora las oscuras aguas de la bahía de Arvalin, 7 pero una
gran playa de la más fina arena, dorada al fulgor de Laurelin, blanca a la luz
de Silpion, corre allí t ierra adent ro, donde en la t urbación de los m ares
ant iguos un som brío brazo de agua había avanzado sobre Valinor, per o
ahora sólo hay allí un delgado hilillo de fest ón blanco. A la cabeza de est a
larga calet a se levant a una colina solit aria que m ira a las m ont añas de
m ayor alt ura. Ahora bien, sobre t odos los m uros de esa cala crecen con
m aravilloso vigor unos árboles herm osos, pero la colina est á cubiert a de
hierba y por encim a crecen cam pánulas que resuenan suavem ent e ant e el
aliento de Súlimo.
» Ése era el lugar donde esos bellos Elfos t enían int ención de vivir, y los
Dioses llamaron a esa colina Kôr, porque era redonda y suave. Allí llevó Aulë
t odo el polvo de los m et ales m ágicos que sus grandes obr as habían
producido y acum ulado, y lo apiló al pie de esa colina, y la m ayor part e de
ese polvo era de oro, y una playa de oro se ext endía desde el pie de Kôr
hacia donde florecían los Dos Árboles. Sobre la cim a de la colina los Elfos
const ruyeron bellas viviendas de un blanco brillant e, de m árm oles y piedras
excavadas de las Mont añas de Valinor, que resplandecían
maravillosamente,8 de plat a y de oro, y de una sust ancia de gran dureza y
blanco cent elleo que lograban fundiendo caracolas j unt o con el rocío de
Silpion, y había allí calles blancas bordeadas por árboles oscuros que
serpent eaban con giros graciosos o ascendían con t ram os de delicadas
escaleras desde la llanura de Valinor hast a la cúspide de Kôr; y cada una de
esas relum brant es casas est aba sit uada m ás alt a que su vecina, hast a que
se llegaba a la casa de I nw ë, m ás alt a que t odas las ot ras, con una esbelt a
t orre de plat a que subía al cielo com o una aguj a, y había allí inst alada una
lámpara de rayo penetrante que brillaba sobre las sombras de la bahía; pero
las ventanas de la ciudad sobre la colina de Kôr miraban al mar.
»Había allí fuent es de gran herm osura y m uy frágiles, y t echum bres y
pináculos de crist al brillant e y ám bar hechos por Palúrien y Ulm o, y los
árboles crecían densos sobre los blancos m uros y las t errazas, y sus frut os
dorados resplandecían con riqueza.
»Ahora bien, cuando edificaron Kôr, los Dioses les dieron a I nw ë y a
Nólem ë un brot e de cada uno de esos árboles gloriosos, y crecieron hast a
convert irse en esbelt os arbolillos feéricos, pero florecían et ernam ent e sin
marchit arse j am ás, y los de los pat ios de I nw ë eran los m ás herm osos, y
alrededor de ellos los Teleri cant aban cant os de felicidad, pero ot ros,
t am bién cant ando, subían y baj aban los t ram os de m árm ol y las voces
anhelant es de los Noldoli eran oídas en los pat ios y en las salas; pero los
Solosim pi vivían lej os en m edio del m ar y hacían m úsica al vient o en sus
flautas de concha.
Ahora bien, Ossë está muy satisfecho de esos Solosimpi, los flautistas de
la cost a, y si Ulm o no est á cerca, se sient a en un escollo en el m ar, y
m uchos de los Oarni est án j unt o a él, y escucha su voz y cont em pla sus
bailes volát iles sobre la cost a, pero no se at reve a volver a Valm ar por
causa del poder que Ulmo tiene en las asambleas de los Valar y la ira del
poderoso por el anclaje de las islas.
»A decir verdad, los Dioses apenas habían podido evit ar la guer ra;
deseaban la paz y no t oleraron que Ulm o reuniera al pueblo de los Valar y
at acara a Ossë para desprender las islas de las nuevas raíces. Por t ant o
cabalga a veces Ossë sobre las espum as hast a la bahía de Arvalin 9 y
cont em pla la gloria de las colinas, y sient e nost algia de la luz y la felicidad
de la llanura, pero sobre t odo del cant o de los páj aros y los rápidos alet eos
en el aire claro, cansado ya de sus peces oscuros y de plat a, silenciosos y
extraños en medio de las aguas profundas.
»Pero un día algunos páj aros llegaron volando m uy alt o de los j ardines
de Yavanna, y algunos eran blancos y ot ros eran negros y ot ros en fin eran
a la vez blancos y negros; y desconcert ados ent re las som bras, no t enían
dónde posarse; y Ossë los seduj o, y ellos se posaron ent onces en sus
hom bros poderosos, y él les enseñó a nadar y les dio una gran fort aleza de
alas, pues vigor en los hom bros t enía m ás que [ ¿ningún?] ot ro ser y era el
m ás grande de los nadador es; y vert ió aceit es de peces sobre sus plum as
para que resistieran el agua, y los alimentó de pececillos.
»Luego volvió a sus propios m ares, y nadaban y volaban alrededor de él
graznando y piando; y les m ost ró unas viviendas en las I slas del Crepúsculo
y aun en los acant ilados de Tol Eressëa, y allí aprendieron a zam bullirse y
coger peces con la lanza del pico, y sus voces se volvieron ásperas a causa
de los sit ios escarpados donde vivían, apart ados de las dulces regiones de
Valinor, o llorando por la m úsica de los Solosim pi y el suspiro del m ar. Y
ahora han llegado al reino t odo ese gran pueblo de golondrinas de m ar y
pet reles; y hay allí frailecillos y pat os éider y corm oranes y alcat races y
palom as zorit as, y los acant ilados se llenan de parlot eos y de olor a
pescado, y en los rebordes se celebran gr andes cónclaves, o ent re los
bancos de arena o los arrecifes sobre las aguas. Pero los m ás orgullosos de
todas estas aves eran los cisnes, y a éstos Ossë los dejó vivir en Tol Eressëa
[ ¿volando?] a lo largo de sus cost as o nadando t ierra adent ro por los
arroyos; y los puso allí com o regalo y alegría para los Solosim pi. Pero
cuando Ulm o oyó de esos nuevos hechos, se sint ió descont ent o por los
est ragos com et idos ent re los peces que había puest o en el agua con ayuda
de Palúrien.
»Ahora bien, los Solosim pi sient en gran deleit e por [ ¿sus?] páj aros,
criat uras nuevas para ellos, y por los cisnes, y he aquí que por los lagos de
Tol Eressëa ya navegan en balsas hechas con árboles derribados, y algunos
uncen cisnes a ellas y cruzan velozm ent e las aguas; pero los m ás osados se
avent uran al m ar y las gaviot as los arrast ran, y cuando Ulm o vio eso, se
sint ió m uy com placido. Porque he aquí que los Teleri y los Noldoli se quej an
ante Manwë de la separación de los Solosimpi; y los Dioses desean que sean
t ransport ados hast a Valinor; pero Ulm o no concibe t odavía que puedan
conseguirlo sin la ayuda de Ossë y los Oarni, y de ningún m odo quiere
hum illarse hast a ese punt o. Pero ahora viaj a velozm ent e de regreso al
encuent ro de Aulë, y est os dos m archan de prisa a Tol Eressëa, y Orom ë
estaba con ellos, y allí se produjo la primera tala de árboles del mundo fuera
de Valinor. Ahora, de la m adera aserrada de los pinos y los robles hace Aulë
grandes barcas, parecidas a los cuerpos de los cisnes, y las cubre con la
cort eza de álam os plat eados o con plum as recogidas del plum aj e aceit oso
de las aves de Ossë, y se clavan y se rem achan [ ¿fuert em ent e?] con plat a,
y les talla proas imitando los cuellos erguidos de los cisnes, pero son huecas
y no tienen pies; y con cuerdas de gran longitud y delgadez se uncen a ellas
gaviot as y pet reles, que eran dóciles en m anos de los Solosim pi, pues así
había dispuesto Ossë sus corazones.
»Ahora bien, en las playas de las costas occidentales de Tol Eressëa, aun
en Falassë Núm ëa ( Oleaj e Occident al) , hay m ucha gent e del pueblo de los
Elfos, y gran cant idad de esas barcas- cisne, y el graznido de las gaviot as
sobre ellas es incesant e. Pero los Solosim pi acuden en gran núm ero y
entran en los cuerpos huecos de est as nuevas criat uras, nacidas de la
habilidad de Aulë, y en un núm ero cada vez m ayor se dirigen a esas cost as
marchando al sonido de flautas y gaitas innumerables.
»Ahora est án t odos em barcados y las gaviot as vuelan vigorosamente
hacia el cielo en penum bras, pero Aulë y Orom ë est án en la barca de
adelant e, la m ás poderosa de t odas; a ella est án uncidas set ecient as
gaviot as, y resplandece de plat a y plum as blancas, y t iene un pico de oro y
oj os de ám bar y azabache. Pero Ulm o viaj a det rás en un carro t irado por
peces, y toca fuertemente la trompeta a causa de la frustración de Ossë y el
rescate de los Elfos de la Costa.
»Pero Ossë, al ver el m odo en que esas aves han provocado su ruina,
está muy desalentado; sin embargo, por la presencia de los tres Dioses y en
verdad por el am or que les profesa a los Solosim pi, ya m uy int enso, no
estorbó a la blanca flota, y de ese modo llegaron a las extensiones grises del
océano, a t ravés de sonidos apagados y las nieblas de los Mares Som bríos,
aun hasta las primeras aguas oscuras de la bahía de Arvalin.
»Has de saber, pues, que la I sla Solit aria est á en los confines del Gran
Mar. Ahora bien, el Gran Mar, o las Aguas Occident ales, se encuent ra m ás
allá de los lím it es del ext rem o oest e de las Grandes Tierras, y en él hay
muchas tierras e islas, y más allá de ellas se llega a las Islas Mágicas, y más
allá t odavía est á Tol Eressëa. Pero m ás allá de Tol Eressëa est á el m uro de
brumas y esas extensas nieblas marinas bajo las que se extienden los Mares
Som bríos, y sobre ellos flot an las I slas del Crepúsculo adonde sólo en el
t iem po m ás claro llega un levísim o dest ello de la lej ana luz de Silpion. Pero
en la m ás occident al de est as islas se levant aba la Torre de Perlas
const ruida en días post eriores y m uy nom brada en los cant os; pero las I slas
del Crepúsculo son consideradas las prim eras de las Tierras Ext eriores,
j unt o con Arvalin y Valinor, y Tol Eressëa no se considera part e de las
Tierras Ext eriores ni de las Grandes Tierras, donde err aron m ás t arde los
Hom bres. Pero la cost a m ás lej ana de esos Mares Som bríos es Arvalin o
Erum áni hast a el lej ano sur, y m ás hacia el nort e bañan las cost as m ism as
de Eldam ar, y son aquí m ás am plios para quien viaj ara hacia el oest e. Más
allá de Arvalin se levant an com o t orres esas enorm es m ont añas de Valinor
que en un am plio anillo doblan lent am ent e hacia el oest e; pero los Mares
Som bríos form an una vast a bahía al nort e de Arvalin que se ext iende
direct am ent e hast a el pie negro de las m ont añas, que aquí bordean las
aguas y no la t ierra, y allí, en lo m ás adent rado de la bahía se levant a
Taniquet il, de gloriosa cont em plación, la m ás elevada de las m ont añas,
vest ida de la m ás pura nieve, que m ira a t ravés de Arvalin m edio hacia el
sur y m edio hacia el nort e, a t ravés de la poderosa Bahía de Faëry, y así,
m ás allá de los m ism os Mares Som bríos, de m odo que t odas las velas sobre
las aguas ilum inadas por el sol en días post eriores ( cuando los Dioses
hicieron esa lám para) y t odos los puert os occident ales de las Tierras de los
Hom bres podían verse desde la cim a; y sin em bargo esa dist ancia sólo
puede calcularse en leguas inconcebibles.
»Pero ahora se acerca esa ext raña flot a a est as regiones y m iran oj os
ansiosos. Allí se levant a Taniquet il y es púrpura y oscura de un lado,
ensom brecida por la lobreguez de Arvalin y los Mares Som bríos, y
gloriosam ent e ilum inada del ot ro por la luz de los Árboles de Valinor. Ahora
bien, donde los m ares bañaban esas cost as de ant año, las olas, m ucho
antes de romper, eran de pronto iluminadas por Laurelin si era de día, o por
Silpion si era de noche, y las som bras del m undo cesaban casi súbitamente,
y las olas reían. Pero una abert ura en las m ont añas de esas cost as perm it ía
un at isbo de Valinor, y allí se levant aba la colina de Kôr, y la arena blanca
acude al encuent ro de la calet a, pero su pie se sum erge en aguas verdes, y
det rás la arena de oro se ext iende m ás de lo que el oj o puede sospechar, y
en verdad, m ás allá de Valinor, quién ha vist o u oído nada salvo Ulm o; sin
em bargo aquí se ext ienden por ciert o las aguas oscuras de los Mares
Ext eriores: sin olas son, y m uy frías, y de t an escasa profundidad que
ningún barco puede flotar sobre ellas y pocos peces nadan por debajo.
»Pero ahora sobre la colina de Kôr hay una m uchedum bre que corre
alborozada, y t oda la gent e de los Teleri y los Noldoli sale por las puert as y
espera dar la bienvenida a la llegada de la flot a. Y ahora esas barcas
abandonan las som bras y quedan at rapadas en el resplandor de la bahía, y
atracan, y los Solosimpi bailan y tocan la flauta, y el sonido se mezcla con el
canto de los Teleri y la atenuada música de los Noldoli.
»Lej os at rás quedó Tol Eressëa en silencio, y sus bosques y cost as
est aban callados, porque casi t oda aquella horda de aves m arinas había
volado tras los Eldar y graznaban ahora en las costas de Eldamar; pero Ossë
estaba desanimado, y sus estancias de plata en Valmar permanecieron largo
t iem po vacías, pues no se acercó a ellas durant e un largo período, y se
quedó al borde de la som bra, adonde llegaba el gem ido de las aves m arinas
a la distancia.
»Ahora bien, los Solosim pi no habit aron m ucho en Kôr; t enían ext rañas
m oradas ent re las rocas de la cost a, y Ulm o acudía y se sent aba ent re ellos
com o ant es en Tol Eressëa, y vert ía sobre ellos t oda su ciencia y t odo su
am or por la m úsica, y ellos bebían con ansia. Hacía m úsica y la t ej ían
at rapando unas hebras de sonido susurrado en las aguas de las cavernas o
en las olas agit adas por vient os gent iles; y a ést as las t renzaban con el
gem ido de las gaviot as y los ecos de sus propias dulces voces. Pero los
Teleri e Inwir recolectaban [¿cosechas?] de canto y poesía, y estaban muy a
m enudo con los Dioses bailando en las est ancias de Manw ë, cuyas bóvedas
eran como las del cielo, para alegría de Varda de las Estrellas, o llenando las
calles y los pat ios de Valm ar con el ext raño encant o de sus pom pas y
festejos; y para alegría de Oromë y Nessa bailaban sobre las hierbas verdes,
y los claros de Valinor los conocían m ient ras pasaban rev olot eando ent re los
árboles ilum inados de oro, y Palúrien se alegraba m ucho al verlos. A
m enudo est aban con ellos los Noldoli y hacían dulce m úsica con una
m ult it ud de arpas y violas y Salm ar los am aba; pero el m ayor deleit e lo
encont raban en las est ancias de Aulë o en sus propios queridos hogares de
Kôr, dando form a a m uchas cosas herm osas y ent ret ej iendo cuent os. Lle-
naban t oda la ciudad con pint uras y t apices bordados y t allas de gran
delicadeza, y aun Valmar se volvió más hermosa bajo sus hábiles manos.
» Es preciso cont ar ahora que los Solosim pi navegaban a m enudo por los
m ares cercanos en sus barcas- cisne, t irados por las aves o rem ando ellos
m ism os con grandes rem os que habían const ruido im it ando las pat as de los
cisnes o los ánades; y dragaban el fondo m arino, y obt uvieron riqueza de
las delicadas conchas de esas m ágicas aguas y un incont able núm ero de
perlas del lust re m ás puro y est elar; y ést as eran a la v ez gloria, deleit e y
envidia de los dem ás Eldar, que las deseaban para que brillaran com o
adorno en la ciudad de Kôr.
»Pero aquellos de ent re los Noldoli a los que Aulë les había enseñado
m ás profundam ent e, t rabaj aban en secret o de m anera incesant e, y de Aulë
habían recibido una gran riqueza en m et ales, m árm oles y piedras, y con
perm iso de los Valar recibieron t am bién un gran acopio de la radiación de
Kulullin y de Telim pë que conservaron en cuencos escondidos. De Varda
recibieron luz de est rellas y Manw ë les dio hebras del ilwë m ás azul; agua
de los m ás lím pidos est anques de esa calet a de Kôr, y got as de crist al de
t odas las fuent es cent elleant es de los pat ios de Valm ar. Recogieron rocío en
los bosques de Orom ë, y pét alos de flores de t odos los t int es y dulzuras de
los j ardines de Yavanna, y perseguían los rayos de Laurelin y Silpion ent re
las hoj as. Pero cuando t odas est as cosas bellas y radiant es est uvieron
reunidas, obt uvieron de los Solosim pi m uchas caracolas blancas y rosas, y
la m ás pura espum a, y por fin unas pocas perlas. Est as perlas fueron un
m odelo, y la ciencia de Aulë y la m agia de los Valar las herram ient as m ás
adecuadas, y t odas las cosas herm osas de la sust ancia de la Tierra, los
m at eriales de su art esanía; y de t odo ello los Noldoli invent aron e hicieron
con gran t rabaj o las prim eras gem as. Hicieron crist ales con las aguas de las
fuent es, t ocadas con la luz de Silpion; el ám bar y la crisoprasa y los
t opacios lucían baj o sus m anos, y t rabaj aron los granat es y los rubíes
fabricando su vít rea sust ancia com o les había enseñado Aulë, per o
tiñéndolos con los jugos de las rosas y las flores rojas, y dándole a cada uno
un corazón de fuego. Algunos hicieron esmeraldas con las aguas de la caleta
de Kôr y los dest ellos de los herbosos claros de Valinor, y m odelaron
t am bién zafiros con gran profusión [ ¿t iñéndolos?] con los aires de Manw ë; .
había am at ist as y m uchas piedras de luna, berilos y ónix, ágat as de
m árm oles m ezclados y m uchas piedras m enores, y se alegraron sus
corazones, y no se cont ent aron con unas pocas, sino que las convirt ieron
enj oyas de un núm ero inconm ensurable, hast a que t odas las bellas
sust ancias est uvieron casi agot adas y las grandes pilas de esas gem as no
podían ya esconderse, pues resplandecían a la luz com o lechos de brillant es
flores. Luego tomaron las perlas que tenían y casi todas sus joyas e hicieron
una nuev a gem a de lechosa palidez salpicada con lust res, com o ecos de
t odas las ot ras piedras, y las consideraron m uy herm osas, y ést as eran los
ópalos; pero ot ros siguieron t rabaj ando, y de la luz de las est rellas y de
got as del agua m ás pura, del rocío de Silpion y del aire m ás t enue, hicieron
los diamantes, y desafiaron a que cualquiera hiciera algo más bello.
«Ent onces se puso de pie Fëanor y se encont ró con los Solosim pi y les
rogó que le dieran una perla de gran t am año, y obt uv o adem ás una ur na
llena del m ás lum inoso resplandor fosforescent e recogido de la espum a en
lugares oscuros, y con t odo ello volvió a casa, y cogió t odas las dem ás
gem as y las puso a la luz de lám paras blancas y candelabros de plat a, y
cogió el lust re de las perlas y los débiles sem it onos de los ópalos y los
[ ¿bañó?] en la fosforescencia y el radiant e rocío de Silpion, y agregó sólo
una pequeña got a de la luz de Laurelin, y dando a t odas esas m ágicas luces
un cuerpo de vidrio perfect o, que sólo él podía fabricar, pues ni siquiera
Aulë era capaz de urdir ot ro sem ej ant e, t an grande era la esbelt a dest reza
de los dedos de Fëanor, hizo una j oya, y brillaba con su propia ......... 10
radiación en la com plet a oscuridad; y est uvo sent ado largo t iem po
cont em plando su belleza. Y luego hizo ot ras dos, y no t uvo m ás m at erial; y
fue en busca de los dem ás para que vieran su obra, y t odos se llenaron de
asom bro, y a esas j oyas las llam ó Silm arilli, o com o decim os hoy en la
lengua de los Noldoli, Silubrilt hin. 11 Por t ant o, aunque los Solosim pi
sostuvieron que ninguna de las gem as de los Noldoli, ni siquiera el
m aj est uoso brillo de los diam ant es, sobrepasaba a esas t iernas perlas,
t odos los que los han vist o sost uvieron que los Silm arils de Fëanor eran las
joyas más bellas que alguna vez hayan brillado o [¿resplandecido?].
»Ahora Kôr est á ilum inada con t odas est as ricas gem as y cent ellea del
m odo m ás m aravilloso, y t odos los parient es de los Eldalië se han v uelt o
ricos por la generosidad de los Noldoli, y el deseo de belleza de los Dioses
ha sido sat isfecho plenam ent e. Zafiros de gran [ ¿m aravilla?] le fueron
dados a Manw ë y los lleva incrust ados en la ropa, y Orom ë t uvo un cint urón
de esm eraldas, pero Yavanna am aba t odas las gem as, y Aulë se deleitaba
en los diam ant es y las am at ist as. Sólo a Melko no se le dio ninguna, pues
no había expiado sus m uchos crím enes, y él las codiciaba m ucho, aunque
no dijo nada fingiendo que les concedía menos valor que a los metales.
»Pero ahora t oda la parent ela de los Eldalië ha encont rado su m ás
grande beat it ud, y la m aj est ad y la gloria de los Dioses y su pat ria han
aum ent ado hast a alcanzar el m ayor esplendor que el m undo hay a vist o, y
los Árboles brillaban en Valinor, y Valinor devolvía su luz en m iles de
cent elleos de colores quebrados; pero las Grandes Tierras est aban
silenciosas y oscuras y m uy solit arias, y Ossë se sent aba en las
inm ediaciones y v eía la luz lunar de Silpion t it ilar sobre la grava de
diam ant es y crist ales que los gnom os arroj an con prodigalidad a orillas de
los m ares, y los vít reos fragm ent os quebrados relucían sobre el lado de Kôr
que da al m ar; pero las charcas ent re las rocas oscuras est aban llenas de
j oyas, y los Solosim pi, en cuyos vest idos t enían cosidas perlas, bailaban
alrededor, y ésa era la m ás bella de t odas aquellas cost as, y la m úsica de
las aguas sobre las riberas de plat a era fascinant e por sobre t odo ot ro
sonido.
»Éstas eran las rocas de Eldamar, y yo las vi hace mucho, pues Inwë era
el ant epasado de m is ant epasados; 12 y era [ ¿aun?] el m ayor de los Elfos y
todavía viviría m aj est uoso si no hubiera m uert o durant e la m archa al
mundo, pero Ingil, su hijo, volvió hace mucho a Valinor y está con Manwë. Y
yo soy t am bién parient e de los bailarines de la cost a, y sé que est as cosas
que t e cuent o son verdaderas; y la m agia y la m aravilla de la Bahía de
Faëry es tal que nadie que la haya visto como era entonces puede hablar de
ella sin retener el aliento y sin que se le quiebre la voz.
Entonces Meril, la Reina, terminó su largo cuento, pero Eriol no dijo nada
cont em plando los largos rayos del sol ponient e que llegaban ent re los
t roncos de los m anzanos, y soñando con Faëry. Por fin dij o Meril: Ve
ahora a casa, porque ya se desvanece la t arde, y cont ar est a hist oria ha
puesto el peso de la nostalgia en mi corazón y en el tuyo. Pero ten paciencia
y aguar da t odavía ant es de buscar am igos en esa t rist e parent ela de los
Elfos de la Isla.
Pero Eriol dij o: Aún no sé, y no le es posible a m i corazón adivinarlo,
cóm o se desvaneció t oda esa belleza, o cóm o no se im pidió que los Elfos
abandonaran Eldamar.
Pero Meril dij o: No, he prolongado el cuent o dem asiado por am or a
aquellos días, y m uchas grandes cosas han ocurrido ent re la hechura de las
gem as y el regreso a Tol Eressëa; pero m uchos las conocen t an bien com o
yo, y Lindo o Rúm il de Mar Vanw a Tyaliéva podr ían cont arlas m ej or que yo.
Ent onces ella y Eriol volvieron a la casa de las flores, y Eriol se despidió
ant es de que la cara occident al de la t orre de I ngil se volviera gris en el
crepúsculo.

NOTAS

1 En el manuscrito dice Vairë, pero esto sólo puede ser una equivocación.
2 La aparición de est e nom bre, Telimpë, aquí y ot r a vez m ás adelant e en el
cuent o, com o t am bién en el de El Sol y la Luna, es curiosa; en el cuent o de La
Llegada de los Valar y la Const rucción de Valinor el nom bre en su prim era
aparición se cam bió de Telim pë ( Silindrin) a Silindrin, y en los casos siguient es
se escribió desde un principio Silindrin.
3 En el m anuscrit o dice aquí Linwë y ot ra vez abaj o; véase baj o Tinw ë Lint ö en
los «Cambios de nombres» al final de estas notas.
4 Est a oración, desde «y seducidos...», se agregó después, aunque no m ucho
según todas las apariencias, de escrito el texto.
5 Est a oración, desde «y a un t al Ellu...», se agregó en el m om ent o al que nos
referimos en la nota 4.
6 La prim er a aparición de la form a Uinen, escrit a así en el m om ent o de la
composición (esto es, sin que fuera una corrección de Ónen).
7 Arvalin: así escrit o en el m om ent o de la com posición, no una corrección de
Habbanan o Harmalin como anteriormente.
8 Cuando m i padre escribió est os t ext os, escribió pr im er o con lápiz, y luego lo
hizo en tinta por encima borrando el texto en lápiz; de él pueden leerse algunos
fragm ent os, por lo que es posible ver que alt er ó un t ant o el original a m edida
que avanzaba. Al llegar a las palabras «resplandecían m arav illosam ent e», sin
em bargo, abandonó la escrit ura del nuev o t ext o en t int a, y desde est e punt o
sólo t enem os el m anuscrit o original a lápiz, m uy difícil de leer en ocasiones,
pues fue hecho de prisa, y el t iem po lo ha m anchado y borrado en part e. No
siem pre pude descifrar est e t ext o y ut ilizo parént esis y signos de int errogación
para señalar una lect ura inciert a, e hiler as de punt os para indicar la ex t ensión
aproximada de las palabras ilegibles.
9 Arvalin: aquí y en las siguientes apariciones una corrección de Habbanan; véase
not a 7. La explicación es evident em ent e que el nom bre Arvalin se decidió en el
m om ent o de reescribir el t ext o con t int a sobre el original a lápiz o ant es aún;
aunque m ás avanzados en la narración, est am os aquí en una et apa de
composición anterior.
10 La palabra podría ser «hechicera».
11 Ot ras form as ( que em piezan con Sigm- ) preceden a Silubrilthin, aunque no se
lee claramente. Meril habla como si el nombre gnómico fuera la forma usada en
Tol Eressëa, aunque no resulta claro por qué.
12 «El ant epasado de m is ant epasados»; la escrit ura original decía «m i
antepasado».

Cambios de los nombres de


La Llegada de los Elfos y la Construcción de Kôr

Tinw ë Lint o < Linw ë Tint o ( est e últ im o es el nom bre que aparece eh un pasaj e
int erpolado del cuent o precedent e, véase pág. 102, not a 1) . En las dos
apariciones siguient es de Linwë ( véase not a 3 arriba) el nom br e no se cam bió,
ev ident em ent e por descuido; en los dos pasaj es agregados en que aparece el
nombre (véanse notas 4 y 5 arriba) la forma es Tinwë (Linto).
I nwit hiel < Gim- githil ( el m ism o cam bio que aparece en La Cabaña del Juego
Perdido).
Tinwelint < Tintoglin.
Wendelin < Tindriel (cf. el pasaje interpolado en el cuento anterior).
Arvalin < Habbanan a lo largo de t odo el cuent o except o una v ez. Véanse not as 7
y 9 arriba.
Lindeloksë < Lindelót ë ( el m ism o cam bio en La Llegada de los Valar y la,
Construcción de Valinor).
Erumáni < Harwalin.
Comentario sobre
La Llegada de los Elfos y la Construcción de Kôr

Me he referido ya a la gran diferencia de est ruct ura de la narración al principio de


est e cuent o, a saber, que aquí los Elfos despertaron durant e el caut iver io de Melk o
en Valinor , m ient ras que en la hist oria post erior fue precisam ent e el Despert ar lo
que decidió a los Valar hacerle la guerra a Melko, lo que provocó el caut iver io en
Mandos. Así, el asunt o t an im port ant e luego del caut iver io de los Elfos en
Cuiv iénen llevado a cabo por Melkor ( El Silm arillion) est á por fuerza del t odo
ausent e. La liberación de Melk o de la prisión de Mandos ocurre aquí m ucho m ás
t em prano, ant es de la llegada de los «em baj adores» élficos a Valinor, y Melk o
interviene en el debate acerca de la llamada.
La hist oria de la llegada de Orom ë al encuent ro de los Elfos que acaban de
despert ar rem ont a a los principios ( aunque aquí t am bién Yav anna Palúrien est aba
present e) , pero al m enos Manwë conocía la llegada de los Elfos, y est o quit a fuerza
a la hist oria, pues los grandes Valar no t enían necesidad de que Orom ë les
com unicara el acont ecim ient o. El nom bre Eldar exist ía ya en Valinor ant es del
Despertar, y no se había planteado la historia de que fue Oromë quien los llamó «la
Gent e de las Est rellas»; com o se verá en el Apéndice sobre los Nom bres, Eldar
tenía una et im ología com plet am ent e dist int a en est e t iem po. La post erior dist inción
ent re los Eldar que siguieron a Orom ë en la j ornada hacia el oest e hast a el océano
y los Avari, los Maldispuest os, que no escucharon el llam am ient o de los Valar, no
est á present e, y por ciert o no hay en el cuent o la m enor sugerencia de que
ninguno de los Elfos que oyer on la llam ada la rechazasen; hubo, sin em bargo, de
acuerdo con otro cuento (posterior), Elfos que no abandonaron nunca Palisor.
Aquí es Nornorë, el Heraldo de los Dioses, no Orom ë, el que condujo a los Elfos
a Valinor, y luego los devolv ió a las Aguas del Despert ar ( y es not able que aun en
est a t an t em prana versión, m ás proclive a las «explicaciones» que las de m ás
adelant e, nada se dice de cóm o se t rasladaron desde los dist ant es lugares de la
Tierra a Valinor, cuando en cam bio luego la Gran Marcha sólo se llevó a cabo con
m uchas dificult ades) . El pasaj e en el que Manw ë int erroga a los t res Elfos acerca
de la nat uraleza de su llegada al m undo, y la pérdida de t odo recuerdo que
precediera al despert ar, no sobrev iv ió después de los Cuent os Perdidos. Otra
alt eración im port ant e de la est ruct ura es el ansioso apoyo que prest a Ulm o a los
part idar ios de la llam ada de los Elfos a Valinor; en El Silm arillion, Ulm o era el
cabecilla de los que «sostenían que los Quendi debían ser dejados errar a su antojo
en la Tierra Media».
Doy aquí la historia de los nombres de los principales Eldar.
Elu Thingol (Quenya Elw ë Singollo) em pezó com o Linw ë Tint o ( o t am bién
simplemente Linwë); este nom bre se cam bió por Tinw ë Lint o ( Tinw ë) . El nom br e
gnóm ico era al pr incipio Tintoglin y luego Tinwelint. Era el conduct or de los
Solosim pi ( post eriorm ent e los Teleri) durant e la Gran Jornada, pero fue seducido
en Hisilóm ë por el « duende» (Tindriel >) Wendelin (posteriormente Melian), que
vino de los j ardines de Lórien en Valinor; se convirt ió en señor de los Elfos de
Hisilóm ë, y su hij a era Tinúviel. El conduct or de los Solosim pi en est e lugar era, de
modo desconcertante, Ellu (posteriormente Olwë, hermano de Elwë).
El señor de los Noldoli era Finw ë Nólem ë (también Nólem ë Finwë y con m ayor
frecuencia sim plem ent e Nólemë)', el nom bre Finwë se m ant uvo a lo largo de t oda
la hist or ia. En la lengua gnóm ica era Golfinweg. El hij o era Turondo, en gnóm ico
Turgon ( post eriorm ent e Turgon se conv irt ió en el niet o de Finw ë, pues era el hij o
de Fingolfin, hijo de Finwë).
El señor de los Teleri ( post erior m ent e los Vany ar) era (Ing >) Inwë, aquí
llamado I sil I nw ë, en gnóm ico (Gim- githil >) Inwithiel. Su hij o, que const ruyó la
gran t orre de Kort ir ion, era (Ingilmo >) Ingil. El «clan real» de los Teleri eran los
Inwir. Así pues

Cuentos Perdidos (última forma El Silmarillion


de los nombres)

Isil Inwë (gnómico Inwithiel)


señor de los Teleri ..................... Ingwë, señor de los Vanyar,
(su hijo Ingil)
Finwë Nólemë (gnómico Golfinweg)
señor de los Noldoli .................... Finwë, señor de los Noldor
(su hijo Turondo, gnómico Turgon) (su nieto Turgon)
Tinwë Linto (gnómico Tinwelint), Elwë Singollo (Sindarin Elu Thingol),
señor de los Solosimpi, luego señor señor de los Teleri, luego señor de
de los Elfos de Hisilómë los Elfos Grises de Beleriand
Wendelin ................................... Melian
(su hija Tinúviel) ....................... (su hija Lúthien Tinúviel)
Ellu, señor de los Solosimpi después Olwë, señor de los Teleri después de
de la pérdida de Tinwë Linto la pérdida de su hermano Elwë
Singollo

En El Silm arillion se describe cóm o Varda crea est rellas por segunda vez ant es
de la llegada de los Elfos para recibirlos:

Ent onces Varda abandonó el consej o y desde las alt uras del Taniquet il
cont em pló la oscuridad de la Tierra Media baj o las estrellas innum erables,
débiles y distantes, e inició entonces un gran trabajo, la mayor de las labores
de los Valar desde que llegaran a Arda. Recogió el rocío plat eado de las t inas
de Telper ion, y con él hizo nuevas est rellas y m ás brillant es preparando la
llegada de los Primeros Nacidos...

En la pr im era versión encont ram os ya la concepción de que las est rellas fueron
creadas en dos act os separados, que Varda creó est rellas por segunda vez
celebrando la llegada de los Elfos, aunque aquí los Elfos habían despert ado ya; y
que las nuevas est rellas se hicieron con la luz líquida caída del Árbol de la Luna,
Silpion. El pasaj e que acaba de cit arse de El Silm arillion procede a afirm ar que, en
el t iem po de la segunda creación de las est rellas, Varda «alt a en el Nort e, com o un
ret o a Melkor, echó a girar la corona de siet e poderosas est rellas: Valacirca, la Hoz
de los Valar y signo de los hados»; pero aquí esto se niega, y se sostiene un origen
especial para la Osa Mayor, cuyas est rellas no fueron inv ención de Varda, sino
chispas escapadas de la forj a de Aulë. En la pequeña libret a de not as ya
m encionada, que est á llena de anot aciones suelt as y proyect os garrapat eados de
prisa, este mito presenta una forma diferente:

La Hoz de Plata
Las siete mariposas
Aulë est aba fabricando una hoz de plat a. Melk o int errum pió su t rabaj o
cont ándole una m ent ira acerca de la señora Palúrien. Aulë se encoler izó
tanto que rompió la hoz de un golpe. Saltaron siete chispas que volaron a los
cielos. Varda las at rapó y les dio sit io en los cielos com o signo del honor de
Palúr ien. Vuelan ahora siem pre en la form a de una hoz que gira y gira en
torno al polo.

Creo que no puede caber duda de que esta nota es anterior al presente texto.
La est rella Morw iny on, «que resplandece sobre el borde del m undo en el
oest e», es Arct urus; véase el Apéndice sobre los Nom bres. En ningún lugar se
explica por qué Morwinyon se concibe míticamente siempre en el oeste.

Volv iendo ahora a la Gran Marcha y al cruce del océano, el or igen de Tol
Eressëa en la isla sobre la que Ossë llevó a los Dioses hacia las t ierras occident ales
en la época de la caída de las Lám paras, se perdió j unt o con la hist or ia y cuando
Ossë dej ó de t ener derecho de propiedad sobre ella. La idea de que los Eldar
llegaron por separado a las cost as de las Grandes Tierras en t res grandes
com pañías sucesivas ( en el or den Teleri Noldor i Solosim pi, y post erior m ent e
Vanyar Noldor - Teler i) rem ont a al principio; pero aquí el pr im er pueblo y el
segundo cruzaron el océano cada cual por su cuent a, m ient ras que luego lo hi-
cieron juntos.
En El Silm arillion t ranscurrieron «m uchos años» ant es de que Ulm o r egresara
en busca del últ im o de los t res clanes, los Teler i, un t iem po t an prolongado que
llegaron a am ar las cost as de la Tierra Media, y Ossë logró persuadir a algunos de
que se quedaran ( Círdan, el Carpint ero de Nav íos, y los Elfos de los Falas, con sus
puert os de Brit hom bar y Eglarest ) . No hay huellas de est o en la prim era narración,
aunque se insinúa y a que quienes llegaron últ im os esperaron largo t iem po el
regreso de Ulm o. En la versión publicada, la causa de la ira de Ossë cont ra el
t raslado de los Eldar sobre la isla flot ant e ha desaparecido, y el m ot iv o que t uvo
para anclar la isla en el océano es del t odo diferent e: por ciert o lo hizo a pedido de
Ulmo (ibid.), quien en t odo caso se oponía a la llam ada de los Eldar a Valinor. Per o
el anclaj e de Tol Eressëa com o act o de rebeldía de Ossë durant e lar go t iem po
siguió siendo un elem ent o de la hist or ia. No est á claro qué ot ras «islas esparcidas
de su dominio» ancló Ossë en el fondo del mar; pero como en el dibujo de la Barca
del Mundo, la I sla Solit aria, las I slas Mágicas y las I slas del Crepúsculo se
m uest ran de la m ism a m anera, alzadas com o pináculos desde el fondo del m ar,
fueron ést as probablemente las que Ossë fij ó ( aunque Rúm il y Meril t odav ía se
refieren a las Islas del Crepúsculo como islas «flotantes» en los Mares Sombríos).
En la v iej a hist oria se dej a bien en claro que Tol Eressëa se fij ó lej os en m edio
del océano y «no puede verse t ierra alguna navegando m uchas leguas desde sus
acant ilados». Ése fue en verdad el m ot ivo de su nom bre, que quedó dism inuido
cuando la I sla Solit ar ia se sit uó en la Bahía de Eldam ar. Pero las palabr as que se
dicen de Tol Eressëa en el últ im o capít ulo de El Silm arillion ( obra relat ivam ent e
poco t rabaj ada y rev isada) , «la I sla Solit ar ia que m ira t ant o al oest e com o al
est e», sin duda prov ienen de la viej a hist oria; en el cuent o Ælfwine de I nglat erra
se ve el origen de est a frase: « la I sla Solit ar ia que m ir a hacia el est e del
Archipiélago Mágico y más allá las tierras de los Hombres, y hacia el oeste y mucho
más allá las Sombras de las que se tiene un atisbo de la Tierra Exterior, el reino de
los Dioses». Las profundas diferencias que separan la lengua de los Solosim pi de
las de otros clanes, a las que se hace referencia en este cuento, se conservan en El
Silmarillion, pero la idea apareció en los días en que Tol Eressëa se alej ó m ás
todavía de Valinor.
Com o se observa a m enudo en la evolución de est os m it os, una idea primitiva
sobrevive en un contexto completamente alterado: aquí el desarrollo de los árboles
y las plant as en las cuest as occident ales de la isla flot ant e em pezó con el segundo
asent am ient o en la Bahía de Faëry, y al recibir la luz de los Árboles cuando los
Teler i y los Noldoli desem barcaron, y en est os t iem pos se m ant uvo herm osa y
fért il, después de haber sido anclada lej os de Valinor en m edio del océano; luego
est a idea se conservó en el cont ext o de la luz de los Árboles que pasaba a t ravés
del Calacirya y daba sobre Tol Eressëa, cerca de la Bahía de Eldam ar. De m anera
semejante, parece que la instrucción que imparte Ulmo a los Solosimpi en música y
ciencia m arina, sent ado en un prom ont or io de Tol Eressëa después de haber sido
fij ada la isla en el fondo del m ar , se t ransform a en la enseñanza que im part e Ossë
a los Teler i «de t odas las ciencias del m ar y la m úsica del m ar», sent ado en una
roca frente a la costa de la Tierra Media (El Silmarillion).
Es digna de at ención la referencia que se hace aquí al hueco abiert o en las
Mont añas de Valinor . En El Silm arillion fueron los Valar quienes lo abrieron, el
Calacir ya o el Paso de la Luz, y sólo después de la llegada de los Eldar a Am an,
porque «aun ent re las flores radiant es de los j ardines, ilum inados por los Árboles
de Valinor , [ los Vanyar y los Noldor ] deseaban a veces cont em plar las est rellas» ;
m ient ras que en est e cuent o, era un accident e «nat ural», relacionado con la larga
ensenada que entraba del mar.
Por la crónica de la llegada de los Elfos a las cost as de las Grandes Tierras, se
ve que Hisilóm ë era una región que bordeaba el Gran Mar, lo que concuerda con la
región señalada g en el pr im er m apa; y es realm ent e not able que nos t opem os
aquí con la idea de que los Hom bres fueron encerrados en Hisilóm ë por Melko, una
idea que sobrev iv ió hast a la form a final, en la que los Hom bres del Est e fueron
recompensados después de la Nirnaet h Arnoediad por el t raicionero servicio que
hicieron a Morgoth, siendo confinados en Hithlum (El Silmarillion, cap. 20).
En la descripción de la colina y la ciudad de Kôr aparecen varios rasgos que
nunca se perdier on en lo que se dice luego de Tir ion sobre Tuna. Cf. El Silmarillion,
cap. 5:

En lo alt o de Tuna se levant ó la ciudad de los Elfos, los blancos m uros y


t errazas de Tir ion; y la m ás alt a t orre de esa ciudad fue la Torre de I ngw ë,
Mindon Eldaliéva, cuya lám par a de plat a brillaba a lo lej os ent re las nieblas
del mar.
El polv o de oro y «m et ales m ágicos» que Aulë había apilado al pie de Kôr ,
em polvaba el calzado y los vest idos de Eärendil cuando ést e subía las «largas
escalinatas blancas» de Tirion (ibid.).
No se dice aquí si los gaj os de Laurelin y Silpion que los Dioses dieron a I nwë y
Nólem ë, y que «brot aron et ernam ent e sin nunca abat irse» eran t am bién
product ores de luz, pero m ás adelant e, en los Cuent os Perdidos, después de la
Part ida de los Noldoli, hay t am bién una referencia a los Árboles de Kôr , y en ella
los árboles dados a I nw ë brillaban t odavía, m ient ras que los dados a Nólem ë
habían sido arrancados para «ir a parar nadie sabe dónde». En El Silm arillion se
dice que Yavanna hizo para los Vanyar y los Noldor «un árbol a im agen de un
Telperion m enor, salvo que no daba luz propia»; se lo «plant ó en los pat ios baj o el
Mindon, y allí flor eció, y sus vást agos fueron m uchos en Eldam ar». De él provenía
el Árbol de Tol Eressëa.
Relacionado con est a descripción de la ciudad de los Elfos en Valinor, ofrezco
aquí un poem a t it ulado Kôr. Fue escrit o el 30 de abril de 1915 ( dos días después
de Pies de Diablillo y Tú y Yo) , y de él exist en dos t ext os: el prim ero, m anuscrit o,
t iene un subt ít ulo, «En una Ciudad Perdida y Muert a». El segundo, una copia
mecanografiada, según parece tenía inicialmente el título de Kôr, pero se lo cambió
luego por La Ciudad de los Dioses, y el subt ít ulo fue borrado; y con est e t ít ulo el
poem a se publicó en Leeds en 1923.* No se le hicieron cambios al texto, salvo que
en el penúlt im o ver so «ningún páj aro cant aba» había sido ya cam biado en el
m anuscrit o por «ninguna voz vibraba». Parece posible, especialment e en v ist a de
su subt ít ulo original, que el poem a describía Kôr después de ser abandonada por
los Elfos.

Kôr

En una Ciudad Perdida y Muerta

Una colina atezada, gigantesca, coronada de un baluarte


se yergue mirando un mar azul
bajo un cielo azul, sobre cuyo oscuro fondo
engarzados corno contra un suelo de pórfiro
resplandecen blancos templos de mármol y deslumbrantes recintos;
y sombras oscuras se extienden
en barras estremecidas sobre muros de marfil
proyectadas por abultados árboles arraigados en piedras a la sombra,
como columnas talladas de la bóveda,
con fuste y capitel de basalto negro.
Allí unos lentos días para siempre olvidados recogen
las sombras en silencio contando una a una las horas;
y ninguna voz vibra; y las torres de mármol
blancas, calientes y mudas, para siempre arden y duermen.

* Se pub licó en un a r ev ist a llam ada The Micr ocosm , dir igida por Dor ot hy Rat clif fe; Volu m en
VI I I , n . ° 1 , pr im av er a d e 1 9 2 3 .
La hist or ia de la evolución de las aves m arinas obr ada por Ossë, y de cóm o los
Solosim pi fueron finalm ent e a Valinor en barcas que parecían cisnes, t iradas por
gaviotas, para gran desdicha de Ossë, difiere decididamente de lo que se cuenta en
El Silmarillion:

Durant e t oda, una larga edad [ los Teler i] habit aron en Tol Eressëa; per o
poco a poco hubo un cam bio en ellos y fueron at raídos por la luz que fluía
sobre el m ar hacia la I sla Solit aria. Se sent ían desgarrados ent re el am or a
la m úsica de las olas sobre las cost as y el deseo de ver ot ra v ez a las gent es
de su linaj e, y cont em plar el esplendor de Valinor; pero al final el deseo de
la luz fue el m ás poderoso. Por t ant o, Ulm o, som et ido a la v olunt ad de los
Valar, les envió a Ossë, am igo de ellos, y ést e, aunque ent rist ecido, les
enseñó el art e de const ruir naves, y cuando las nav es est uvieron
const ruidas, les llev ó com o regalo de despedida m uchos cisnes de alas
vigorosas. Ent onces los cisnes arrast raron las blancas naves de los Teler i por
sobre el m ar sin v ient os; y así, por últ im o y los últ im os, llegaron a Am an y a
las costas de Eldamar.

Pero los cisnes siguieron siendo un regalo de Ossë a los Elfos de Tol Er essëa y
las barcas de los Teleri ret uv ieron la form a de las const ruidas por Aulë para los
Solosim pi: «est aban hechas a im agen de los cisnes, con picos de oro y oj os de oro
y azabache» (ibid).

El pasaj e con la descripción geográfica que sigue es curioso; pues se parece


sobrem anera ( y algunas frases son idént icas) al del cuent o de La Llegada de los
Valar y la Const rucción de Valinor. Más abaj o se sugiere una explicación. Est a
segunda versión procura de hecho poca nueva inform ación; la única diferencia
sust ancial es la m ención de Tol Eressëa. Es ahora claro que los Mares Som br íos
eran una región del Gran Mar al oest e de Tol Eressëa. En El Silm arillion la
concepción había cam biado con el t raslado de Tol Eressëa: en t iem pos del
Ocultamiento de Valinor

se levant aron las I slas Encant adas, y en t odos los m ares de alrededor hubo
som bras y desconciert o. Y esas islas se ext endieron com o una red por los
Mares Som bríos desde el nor t e bast a el sur, ant es de que quien navegue
hacia el oeste llegue a Tol Eressëa, la Isla Solitaria.

Hay ot ro elem ent o de repet ición cuando se habla del hueco en las Mont añas de
Valinor y la colina de Kôr en el ext rem o de la ensenada que ha sido ya descrit o en
la m ism a hist or ia. La explicación de est a repet ición casi con t oda cert eza ha de
encont rarse en los dos niveles de com posición del r elat o ( véase la not a 8) ; porque
el pr im ero de est os pasaj es corresponde a la part e rev isada y el segundo al t ex t o
original en lápiz.
En su revisión m i padre, según creo, sim plem ent e había incluido ant es el
pasaj e sobre el hueco en las Mont añas, la colina y la ensenada, y si hubier a
cont inuado la rev isión del cuent o hast a el final, el segundo pasaj e habría quedado
elim inado. Puede sugerirse la m ism a explicación t am bién para la repet ición del
pasaje sobre las islas del Gran Mar y la costa de Valinor en el cuento de La Llegada
de los Valar y la Construcción de Valinor, pero en este caso ha de suponerse que la
rev isión en t int a sobre el m anuscrit o original a lápiz debía de haberse llevado a
cabo cuando la narración ya estaba muy avanzada.
En El Silm arillion t oda la cuest ión de la hechura de las gem as por los Noldoli se
sintetiza en estas palabras:

Y sucedió que los albañiles de la casa de Finwë, que excavaban en las colinas
en busca de piedra ( pues se deleit aban en la const rucción de alt as t orres) ,
descubrieron por prim era vez las gem as de la t ierra, y las ext raj eron en
incont ables m ir íadas; e invent aron herram ient as para cort ar las gem as y
darles form a y las t allaron de m últ iples m aneras. No las at esoraron, sino que
las repartieron libremente, y con ese trabajo enriquecieron a toda Valinor.

De est e m odo, la rapsódica descripción al final de est e cuent o de la hechura de


las piedras con m at eriales «m ágicos» luz de est rellas, e Ilwë, rocío y pét alos,
sust ancias v ít reas t eñidas con el j ugo de las flores se abandonó, y los Noldor se
convirt ieron en m ineros, hábiles por ciert o, pero excavando t an sólo lo que podía
encontrarse en las rocas de Valinor.
Por ot ra part e, en un pasaj e ant erior de El Silm arillion, la v iej a idea se ret iene:
«Fueron t am bién los Noldor los prim er os en logr ar la hechura de gem as». No es
necesario subrayar cuánto se gana con la discreción de la última redacción; en esta
prim era narración los Silm ar ils no se dest acan dem asiado de t oda la m arav illa
acumulada en las otras gemas de los Noldoli.
Rasgos que perm anecieron son la generosidad de los Noldor, que dan sus
gemas y las esparcen sobre las costas (cf. El Silmarillion'. «Muchas joyas les dieron
[ a los Teleri] los Noldor, ópalos y diam ant es y crist ales pálidos, que esparcían
sobre las cost as y arroj aban a los est anques») ; las perlas que los Teleri ext raían
del m ar (ibid.); los zafiros que los Noldor dieron a Manw ë ( «Su cet ro era de zafiro,
que los Noldor labrar on para él») ; y, por supuest o, Fëanor com o el creador de los
Silm ar ils, aunque, com o se lo verá en el próx im o cuent o, Fëanor no era t odav ía el
hijo de Finwë (Nólemë).

Concluyo est e com ent ario con ot ro poem a prim er izo relacionado con el asunt o
de este cuento. Se dice en la historia que los Hombres en Hisilómë tenían miedo de
los Elfos Perdidos, a los que llam aban Pueblo de la Som bra, y el nom bre que le
daban a la tierra era Aryador. La significación que se le daba en la lista primitiva de
palabras gnóm icas es «t ierra o lugar de la som bra» ( cf. la significación de Hisilómë
y Dor Lómin).
El poema se titula Canto de Aryador y existen de él dos ejemplares; de acuerdo
con las not as sobre ellos, se escribió en un cam pam ent o del ej ércit o cerca de
Lichfield el 12 de set iem bre de 1915. Que yo sepa, nunca fue dado a la im prent a.
El pr im er ej em plar, m anuscrit o, t iene t am bién un t ít ulo en inglés ant iguo: Án léoþ
Éargedores; el segundo, m ecanografiado, es virt ualm ent e idént ico, pero debe
advert irse que la pr im era palabra de la t ercera est rofa, «Ella» ,* es una corrección
de «Él» en ambos ejemplares.

Canto de Aryador

En los valles de Aryador


junto al boscoso interior de la costa
los verdes prados del lago descienden
por las cuestas hacia los juncos
que en el crepúsculo susurran sobre Aryador:

«¿Oís los múltiples cencerros


de las cabras en las colinas
cuando el valle se desmorona desde los pinos?
¿Oís gemir a los bosques azules
cuando el Sol ha partido solo
a perseguir las sombras de las montañas entre los pinos?

Ella se ha perdido en las colinas


y las tierras altas lentamente se cubren
de gentes de sombra que murmuran en los helechos;
y los cencerros se oyen aún,
y las voces en las colinas,
mientras al este arden ya las estrellas.
Los Hombres encienden luces pequeñas
abajo a lo lejos junto a los arroyos que bajan de las montañas
donde habitan en los hayales cerca de la costa,
pero en las alturas los grandes bosques
miran la luz que decae al oeste
y susurran al viento cosas de antaño,

cuando el valle no era conocido


y bramaban solas las aguas,
y toda la noche bailaban las gentes de la noche
cuando el Sol había partido
cruzando espesos bosques inexplorados
y en los árboles había rayos de luz errante.
Entonces se oían voces en las colinas
y un sonido de campanas fantasmales
y la marcha de las gentes de la sombra en lo alto.
En las montañas, junto a la costa
en la olvidada Aryador

* El sol es fem en in o en la m it ología de Tolk ien .


había baile y había música;
había gentes de la sombra que cantaban
viejos cantos de viejos Dioses en Aryador.»
VI

EL ROBO DE MELKO
Y EL OSCURECIMIENTO DE VALINOR

Tam bién en est a ocasión el t ít ulo ha sido t om ado de la cubiert a de la libret a


que contenía el texto; la narración, escrita rápidamente a lápiz (véase la nota 8 del
ant erior capít ulo) , con algunas correcciones cont em poráneas a la com posición o
posteriores, sigue sin ninguna interrupción.

Ent onces volvió Eriol a la Cabaña del Juego Perdido, y su am or por t odas
las cosas que veía alrededor y su deseo de com prender las se hicieron m ás
profundos. Siem pre quería saber algo m ás de la hist oria de los Eldar; nunca
dej aba de est ar ent re los que iban cada velada al Salón del Hogar de los
Cuent os; de m odo, pues, que en una ocasión, cuando había t ranscurrido
ciert o t iem po siendo huésped de Vairë y Lindo, sucedió que Lindo habló de
este modo a su requerimiento:
Escucha, pues, oh. Eriol, si deseas [ saber] cóm o fue que la belleza de
Valinor quedó abat ida o cóm o los Elfos debieron abandonar las cost as de
Eldam ar. Puede que sepas ya que Melko vivía en Valm ar com o sirvient e de
la casa de Tulkas en los días de la dicha de los Eldalië; allí alim ent aba su
odio por los Dioses y se consum ía de celos de los Eldar, pero fue la codicia
de la belleza de las gem as, a pesar de su fingido desint erés, lo que al final
doblegó su paciencia y fue causa de que m edit ara con profundidad
malvados designios.
»Ahora bien, en aquellos t iem pos sólo los Noldoli conocían el art e de
m odelar esos bellos obj et os, y a pesar de los ricos regalos que hacían a
t odos aquellos a los que am aban, el t esoro que ellos poseían era con m ucho
el m ayor; por t ant o, siem pre que le era posible, Melko se reunía con ellos,
hablando con ast ucia. De est e m odo durant e largo t iem po t rat ó de que le
regalaran j oyas o sorprender a algún incaut o para aprender algo de su art e
ocult o, pero cuando de nada le sirvieron est os int ent os, t rat ó de sem brar
m alos deseos y discordias ent re los Gnom os, cont ándoles aquella m ent ira
acerca del Consej o, cuando los Eldar fueron llam ados por prim era vez a
Valinor.1 Sois esclavos decía o niños, si queréis; se os perm it e
ent ret eneros con j uguet es, pero sin descarriaros ni int ent ar saber
dem asiado; t rat ad sólo de cruzar esos m uros y conoceréis la dureza de sus
corazones. He aquí que ut ilizan vuest ra habilidad, y pret enden que vuest ra
belleza sea adorno de sus reinos. Est o no es am or, sino or gulloso deseo;
ponedlo a prueba. Pedid la herencia que I lúvat ar os t iene dest inada: el
ent ero ancho m undo para andar por él, con t odos sus m ist erios aún
inexplorados, y toda esa materia prima para obras de artesanías, que nunca
podrían llevarse a cabo en est os est rechos j ardines cercados de m ont añas y
encerrados por un mar insuperable.
»Al oír est as cosas, a pesar del verdadero conocim ient o que Nólem ë les
había im part ido, hubo m uchos cuyos corazones escucharon a m edias a
Melko, y la inquiet ud creció ent re ellos, y Melko vert ió aceit e en el fuego de
sus deseos. De él aprendieron m uchas cosas que sólo a los grandes Valar
les conviene saber, pues com prendidas a m edias cosas t an profundas y
recóndit as m at an la felicidad; y adem ás m ucho de lo que Melko decía eran
ast ut as m ent iras o sólo parcialm ent e verdaderas, y los Noldoli dej aron de
cant ar y sus violas guardaron silencio en la colina de Kôr, pues sus
corazones iban envej eciendo un t ant o a m edida que crecían en ciencia y en
deseos, y los libros de sabiduría se m ult iplicaron com o las hoj as del bosque.
Porque has de saber que en esos días, Aulë, ayudado por los Gnom os,
inventó alfabet os y escrit uras, y sobre los m uros de Kôr había m uchas os-
curas hist orias escrit as con sím bolos ideográficos y t am bién se grabaron allí
o se t allaron sobre piedra runas de gran belleza, y Eärendel leyó m uchos
cuent os m aravillosos, y quizá pueda leerse alguno t odavía, si la corrupción
no lo ha convert ido en polvo. Los ot ros Elfos no prest aban dem asiada
at ención a est as cosas, y a veces se sent ían t rist es y t em erosos ant e la
dicha dism inuida de sus parient es. Gran alegría t uvo Melko ent onces, y
trabaj ó con paciencia y sin prisa; sin em bargo, no est uvo m ás cerca de su
fin, pues a pesar de t odos sus int ent os, la gloria de los Árboles y la belleza
de las gem as y el recuerdo de la oscuridad de los cam inos desde Palisor
ret enían a los Noldoli; y Nólem ë hablaba siem pre en cont ra de Melko y
calmaba la inquietud y el descontento de los suyos.
»Por fin, t an grande fue su preocupación que lo consult ó con Fëanor, y
aun con Inwë y Ellu Melemno (que por entonces conducía a los Solosimpi), y
aceptó su consejo de que le hablara al mismo Manwë de los oscuros desvíos
de Melko.
»Y Melko al ent erarse sint ió gran rabia cont ra los Gnom os, y yendo el
prim ero ant e Manw ë, se inclinó m uy baj o, y cont ó de cóm o los Noldoli se
at revían a m urm urarle cosas cont ra el señorío de Manw ë, sost eniendo que
en habilidad y en belleza, ellos ( a los que I lúvat ar había dest inado com o
dueños de t oda la t ierra) sobrepasaban con m ucho a los Valar, para los que
debían t rabaj ar sin obt ener recom pensa. Mucha fue la pesadum bre del
corazón de Manw ë al escuchar est as palabras, pues t em ía hacía t iem po que
la gran am ist ad de los Valar y los Eldar se rom piera por algún m ot ivo,
sabiendo que los Elfos eran hijos del mundo, y que algún día deberían volver
a él. Más t odavía, ¿quién podría decir que t odos est os hechos, aun la
m aldad aparent em ent e innecesaria de Melko, no fueran sino part e del
dest ino fij ado desde ant año? Sin em bargo, el Señor de los Dioses se m ost ró
frío con el delat or, y aún est aba int errogándolo, cuando llegó la em baj ada
de Nólem ë, y se les perm it ió que dij eran la verdad ant e él. Por causa de la
presencia de Melko, quizá hablaron m enos hábilm ent e en su propio favor de
lo que habrían podido hacer, y quizá aun el corazón de Manw ë Súlim o
est aba t eñido con el veneno de las palabras de Melko, porque la ponzoña de
la malicia de Melko es por cierto muy fuerte y sutil.
»No obst ant e, t ant o Melko com o los Noldoli fueron reprendidos y
despachados. A Melko en verdad se le ordenó volver a Mandos y
perm anecer allí un t iem po en penit encia, y que no se at reviera a andar por
Valm ar durant e m uchas lunas, no hast a que el gran fest ival que ahora se
aproxim aba hubiera sido celebrado; pero Manw ë, t em iendo que el
descont ent o de los Noldoli cont am inara los ot ros clanes, ordenó a Aulë que
les encont rara ot ro sit io y los conduj era allí y les const ruyera una nueva
ciudad donde pudieran vivir.
» Grande fue el dolor en la colina de Kôr cuando esas nuevas llegaron, y
aunque todos estaban indignados por la traición de Melko, había ahora entre
ellos una nueva am argura cont ra los Dioses, y las m urm uraciones fueron
más altas que antes.
»Un pequeño arroy o, y su nom bre era Híri, baj aba de las colinas hacia el
nort e y la cost a donde est aba const ruida Kôr, y desde allí serpent eaba a
t ravés de la llanura nadie sabía hacia dónde. Quizá desem bocara en los
Mares Ext eriores, porque al nort e de las raíces de Silpion se hundía en la
Tierra, y allí había un lugar escarpado y un valle bordeado de rocas; y ése
era el sitio donde los Noldoli se proponían vivir o, más bien, esperar a que la
ira de Manw ë lo abandonara, pues de ningún m odo acept aban la idea de
dejar a Kôr para siempre.
»Abrieron cuevas en las paredes de ese valle y allí llevaron su t esoro en
gem as, en oro, en plat a y en cosas herm osas; pero las ant iguas casas en
Kôr quedaron vacías de sus voces, sólo llenas de sus pinturas y sus libros de
ciencias, y en las calles de Kôr y todos los senderos de Valmar resplandecían
t odavía las [ ¿gem as?] y los m árm oles t allados señalando los días de
felicidad de los Gnomos, que ahora llegaban a su fin.
»Va ent onces Melko a Mandos, y lej os de Valinor, planea rebelión y
venganza t ant o cont ra los gnom os com o cont ra los Dioses. En ver dad,
habiendo habit ado casi dur ant e t res edades en las bóvedas de Mandos,
había ganado la am ist ad de ciert os espírit us som bríos y los había pervert ido
prom et iéndoles la [ ¿posesión?] de vast as ext ensiones y regiones de la
Tierra, si llegaba a necesit arlos y recurría a ellos; y los llam a ahora a su
alrededor en las oscuras hondonadas de las m ont añas que rodean Mandos.
Desde allí envía espías invisibles como sombras volátiles cuando Silpion está
en flor, y se ent era de los hechos de los Noldoli y de t odo lo que pasa en la
llanura. Ahora bien, ocurrió poco después que los Valar y los Eldar
celebraron una gran fiest a, ésa de la que Manw ë había hablado, y le
ordenar on a Melko que no se present ara ant e Valm ar en est a ocasión;
porque has de saber que un día cada siet e años celebraban con regocij o la
llegada de los Eldar a Valinor, y cada tres años una menor para conmemorar
la llegada de la flot a blanca de los Solosim pi a las cost as de Eldam ar; pero
cada veint iún años, cuando est as dos fiest as caían j unt as, celebraban una
de gran m agnificencia, y duraba siet e días, y por esa razón esos años eran
llam ados «Años de Doble Júbilo»; * y est as fiest as t odos los Koreldar ,
dondequiera est én ahora en el ancho m undo, las celebran t odavía. Ahora
bien, la fiest a que se aproxim a es la de Doble Júbilo, y t odas las huest es de
los Dioses y los Elfos se aprontan para celebrarla de la manera más gloriosa.
Hubo pom pas y largas procesiones de Elfos, que cant ando y bailando vienen
serpent eant es desde Kôr hast a las puert as de Valm ar. Se ha t razado un
cam ino en ocasión de est e fest ival desde la puert a occident al de Kôr hasta
las t orrecillas del poderoso arco que se abría en los m uros de Valm ar hacia
el nort e, donde est aban los Árboles. Era de m árm ol blanco y lo cruzaban
m uchos gent iles arroyos que venían de las lej anas m ont añas. Salt aba
ent onces convirt iéndose en esbelt os puent es m aravillosam ent e cercados de
delicadas balaust radas que brillaban com o perlas; apenas ést os salvaban el
agua, azucenas de gran belleza que crecían desde el seno de las corrientes
que cruzaban gent iles la llanura asom aban sus am plios capullos por sus
bordes y los lirios m archaban a lo largo de sus orillas; pues m ediant e
hábiles excavaciones se había logrado que arroyuelos de las m ás lím pidas
aguas fluyeran de corrient e a corrient e bordeando t odo ese largo cam ino
con el fresco sonido del agua susurrant e. De v ez en cuando crecían a cada
lado árboles poderosos, o el camino se ensanchaba en un claro y por arte de
m agia las fuent es se alzaban alt as en el aire para refresco de t odos los que
pasaban por allí.
»Venían ahora los Teleri conducidos por la gente vestida de blanco de los
I nwir, y el tañido de las arpas conjuntas hacía latir el aire de la manera más
dulce; y t ras ellos iban los Noldoli m ezclándose una vez m ás con su querida
parent ela por clem encia de Manw ë, para que el fest ival fuera debidam ent e
celebrado, pero la m úsica de las violas e inst rum ent os era ahora m ás dul-
cem ent e t rist e que nunca ant es. Por últ im o venía la gent e de las cost as, y
sus flaut as y sus voces hablaban de los sent im ient os que despert aban las
m areas y el susurro de las olas y el gem ido de las aves m arinas, y los
adentraban profundamente en la llanura.
« Ent onces t oda esa huest e form ó ant e las puert as de Valm ar, y a una
palabra y señal de Inwë, como una sola voz, irrumpieron al unísono a cantar
el Cant o de la Luz. Est e cant o lo había escrit o y lo había enseñado Lirillo, 2 y
hablaba de la nostalgia que sentían los Elfos por la luz, de la terrible jornada
a t ravés del m undo oscuro llevados por el deseo de los Dos Árboles, de la
suprem a alegría de cont em plar la cara de los Dioses, y del renovado deseo
de ent rar una vez m ás en Valm ar y pisar las cort es bendit as de los Valar.
Ent onces se abrieron las puert as de Valm ar y Nornorë los invit ó a ent rar, y
* Agregado aquí en el margen: Samírien.
t oda aquella brillant e com pañía at ravesó las puert as. Allí Varda les salió al
encuentro, erguida ent re los Mánir y los Súruli, y t odos los Dioses les dieron
la bienvenida, y luego hubo fiestas en todas aquellas grandes estancias.
»Ahora bien, de acuerdo con la cost um bre en el t ercer día se vest ían
t odos de blanco y azul y subían a las alt uras de Taniquet il, y allí Manw ë les
hablaba com o le parecía adecuado de la Música de los Ainur y la gloria de
I lúvat ar, y de las cosas por ser y de las que habían sido. Y ese día Kôr y
Valm ar est aban silenciosas y calladas, pero el t echo del m undo y la cuesta
de Taniquet il brillan con los resplandecient es vest idos de los Dioses y de los
Elfos, y en t odas las m ont añas resuena el eco de sus voces; pero después,
el último día de júbilo, los Dioses iban a Kôr y se sentaban en las cuestas de
la brillant e colina contemplando con am or la bella ciudad, y luego,
bendiciéndola en nom bre de I lúvat ar, part ían ant es de que Silpion
floreciera; y así terminaban los días de Doble Júbilo.
»Pero ese aciago año, el corazón blasfem o de Melko lo induj o a elegir
precisam ent e el día de las palabras de Manw ë en Taniquet il para llevar a
cabo sus designios; pues ent onces est arían sin guar dia Kôr y Valm ar y el
valle rodeado de rocas de Sirnúm en: porque ¿en cont ra de quién
necesitaban guardarse los Elfos o los Vána en aquellos días?
«Arrast rándose, pues, con su gent e oscura el t ercer día de Sam írien,
como esa fiesta se llamaba, entró en las sombrías estancias de la morada de
Makar ( pues aun esa Vala salvaj e había ido a Valm ar a honrar esa ocasión,
y en verdad t odos los Dioses habían ido allí, salvo Fui y Vefánt ur t an sólo, y
aun Ossë, olvidando durant e esos siet e días la enem ist ad con Ulm o y los
celos que de él sent ía) . Allí un pensam ient o acude al corazón de Melko, y se
arma furtivamente y arma a los suyos con espadas muy afiladas y crueles, y
est o les convenía, porque ahora t odos penet ran furt ivos en el valle de
Sirnúmen, donde habitaban los Noldoli, y he aquí que los gnomos, por causa
de lo que habían obrado en ellos las enseñanzas del mismo Melko, se habían
vuelto precavidos y desconfiados, más de lo que era habitual en los Eldar de
aquellos días. Había allí apost ados al cuidado del t esoro guardas de ciert a
fuerza que no habían ido a la fiest a, a pesar de que est o era cont rario a las
cost um bres y a las ordenanzas de los Dioses. Est alla ahora de pront o una
am arga bat alla en el corazón de Valinor y esos guardas reciben la m uert e
mientras la paz y el agrado en Taniquetil a lo lejos son muy grandes; a decir
verdad, por esa razón nadie oyó los grit os. Ahora Melko sabía que habría
por siempre guerra entre él y todos los demás habitantes de Valinor, porque
había m at ado a los Noldoli huéspedes de los Valar ant e las puert as de
su casa. Con su propia m ano en verdad había dado m uert e a Bruit hw ir,
padre de Fëanor, 3 e irrum piendo en esa casa de piedra que él defendía puso
sus manos sobre las más gloriosas de las gemas, los Silmarils, guardados en
un cofre de m arfil. Saquea t odo ese gran t esoro de gem as, cargan él y sus
compañeros todo lo que pueden y buscan cómo escapar.
» Debes saber que Orom ë t enía grandes est ablos y un t erreno de crianza
de buenos caballos no m uy lej os de ese sit io, donde habían crecido espesos
bosques salvaj es. Allí se dirige Melko furt ivam ent e, y capt ura una m anada
de caballos negros acobardándolos con el t error que es capaz de suscit ar.
Toda la com pañía de ladrones se alej a a caballo después de dest ruir las
cosas de m enor valor que consideran im posible cargar. Trazando un vast o
círculo y avanzando con la velocidad de un huracán, velocidad que sólo los
caballos divinos de Orom ë m ont ados por los hij os de los Dioses pueden
conseguir, sort earon Valm ar desde lej os por el oest e, pasando por regiones
no holladas donde la luz de los Árboles era débil. Mucho ant es de que la
gente descendiera de Taniquetil y mucho antes del final de la fiesta y de que
los Noldoli volvieran a sus casas y las encont raran saqueadas, Melko y sus
[ ¿ladrones?] habían avanzado pr ofundam ent e hacia el sur, habían
encont rado allí un lugar baj o ent re las m ont añas, y ent raron en las llanuras
de Er um an. Bien podrían Aulë y Tulkas lam ent ar su descuido dej ando ese
lugar bajo mucho tiempo
at rás, cuando levant aron esas colinas para evit ar el paso de t odo m al
desde el llano, pues ése era el lugar por donde acost um braban ent rar en
Valinor después de excavar en los cam pos de Arvalin. 4 Se dice en ver dad
que est a cabalgat a en sem icírculo, difícil y peligrosa, no era part e en un
principio del plan de Melko, pues ant es se había propuest o ir hacia el nort e
por los pasaj es cerca de Mandos; pero se le advirt ió que no lo hiciera, pues
Mandos y Fui nunca abandonaban esos reinos, y su gent e infect aba t odas
las hondonadas y precipicios de las m ont añas del nort e, y a pesar de t oda
aquella lobreguez, Mandos no era un rebelde cont ra Manw ë, ni un inst igador
de acciones m alvadas. »Muy al nort e ( si se es capaz de resist ir los fríos,
com o Melko) , se dice en las viej as leyendas que los Grandes Mares se es-
t rechan hast a convert irse en una cosa reducida, y sin ayuda de bar cas
Melko y los suyos podrían haber ent rado así en el m undo; pero no lo
hicieron, y el triste cuento siguió su curso designado; de lo contrario los Dos
Árboles podrían haber brillado aún, y los Elfos cantarían todavía en Valinor.

»Al fin acaba el fest ival y vuelven los Dioses a Valm ar por el blanco
cam ino de Kôr. Las luces t it ilan en la ciudad de los Elfos y en ella reina la
paz, pero los Noldoli se t rasladan t rist em ent e por la llanura a Sirnúm en.
Silpion resplandece a esa hora, y ant es de que la luz se at enúe, el prim er
lam ent o por los m uert os que se oyera en Valinor se levant a desde ese valle
rocoso, porque Fëanor lam ent a la m uert e de Bruit hw ir; y m uchos ot ros
gnom os j unt o a él descubren que los espírit us de sus m uert os han escapado
cam ino de Vê. Ent onces unos m ensaj eros cabalgan de prisa a Valm ar
llevando la noticia de esos hechos, y allí encuentran a Manwë, pues no había
abandonado todavía esa ciudad para dirigirse a su morada en Taniquetil.
» ¡Ay, oh, Manw ë Súlim o! claman , el m al ha horadado las Mont añas
de Valinor y ha caído sobre Sirnúm en de la Llanura. Allí yace m uert o
Bruit hw ir, progenit or de Fëanor 5 y m uchos de los Noldoli, y t odo nuest ro
tesoro de gemas y cosas hermosas y el amante trabajo de nuestras manos y
corazones durant e t ant os años ha sido robado. ¿Adonde ha ido, oh, Manw ë,
pues t us oj os lo ven t odo? ¿Quién ha com et ido est e m al, pues los Noldoli
claman venganza, oh, muy [¿justo?]?
«Ent onces les dij o Manw ë: ¡He aquí, oh, Hij os de los Noldoli, que m i
corazón se entristece por vosotros, pues el veneno de Melko os ha cambiado
ya, y la codicia ha ent r ado en vuest ros corazones! Si no hubierais
considerado vuest ras gem as y vuest ras t elas6 de m ayor valor que el fest ival
de las gent es o las ordenanzas de Manw ë, vuest ro señor, est o no habría
acaecido, y Bruit hw ir go- Maidros y esos ot ros desvent urados est arían aún
con vida y no peligrarían vuest ras j oyas. Todavía m ás, m i sabiduría m e
enseña que por causa de la m uert e de Bruit hw ir y sus cam aradas los m ás
grandes m ales caerán sobre los Dioses y los Elfos y los Hom bres por venir.
Sin los Dioses que os llevaron a la luz y os dieron t odos los m at eriales de
vuest ra art esanía, enseñando a vuest ra prim it iva ignorancia, ninguna de
esas bellas cosas que t ant o am áis nunca habría sido; lo que fue hecho, sea
hecho ot ra vez, pues el poder de los Valar no cam bia; pero de m ás valor
que t oda la gloria de Valinor y t oda la gracia y la belleza de Kôr es la paz y
la felicidad y la sabiduría, y ést as, una vez perdidas, son m ás difíciles de
recobrar. Cesad, pues, de m urm urar y hablar en cont ra de los Valar, o
pensaros en vuest ros corazones iguales a ellos en m aj est ad; part id ahora
m ás bien, penit ent es, sabiendo que Melko ha obrado est e m al cont ra
vosot ros, y que vuest ro t rat o secret o con él os ha t raído t oda est a pérdida y
dolor. Por t ant o, no volváis a confiar en él, ni en ningún ot ro que susurre
palabras secret as de descont ent o ent re vosot ros, pues el frut o inevit able es
la humillación y el desaliento.
» Y la em baj ada se sint ió avergonzada y am edrent ada y volvió abat ida a
Sirnúm en; sin em bargo, m ás pesadum bre había en el corazón de Manw ë
que en el de ellos, pues m al est aban las cosas en verdad, y sin em bargo,
preveía que est arían t odavía peor; y así se resuelven los dest inos de los
Dioses, pues he aquí que a los Noldoli las palabras de Manw ë les parecieron
frías y desalm adas, y no conocían su dolor y su t ernura; y Manw ë los vio
cam biados y volcados a la codicia; sólo buscaban la com odidad, vuelt os
como los niños, con el corazón pleno de la pérdida de sus hermosas cosas.
»Ahora Melko se encuent ra en las t ierras baldías de Arvalin y no sabe
cóm o escapar, pues la lobreguez es allí m uy grande, y no conoce esas
regiones que se ext ienden hast a el sur m ás ext rem o. Por t ant o, envió un
mensaj ero proclam ando el derecho inviolable de un heraldo ( aunque ést e
era un sirvient e renegado de Mandos al que Melko había pervert ido) por el
pasaj e a Valinor, y allí, erguido ant e las puert as de Valm ar, 7 pidió audiencia
a los Dioses; y se le pregunt ó de dónde venía, y él dij o que de part e del
Ainu Melko, y Tulkas le habría arroj ado piedras desde los m uros y lo habr ía
matado, pero los otros no permitieron que se le maltratara, y a despecho de
su enfado y aborrecim ient o lo adm it ieron en la am plia plaza de or o delant e
de las est ancias do Aulë. Y a la m ism a hora se enviaron j inet es a Kôr y a
Sirnúmen convocando a los Elfos, pues se supuso que este asunto les atañía
de cerca. Cuando t odo est uvo pront o, el m ensaj ero se colocó j unt o a la
aguj a de oro puro en la que Aulë había escrit o la hist oria del encendido del
Árbol de oro ( en las est ancias de Lórien se levant aba una de plat a con ot ro
cuent o) , y de pront o Manw ë dij o: ¡Habla! y su voz fue com o un t rueno
iracundo, y las est ancias resonaron, pero el em baj ador, sin abat irse,
transmitió su mensaje, diciendo:
» El Señor Melko, regidor del mundo desde el este más oscuro hasta las
cuest as ext eriores de las Mont añas de Valinor, a sus parient es los Ainur. He
aquí que en com pensación por diversas graves afrent as y por largo t iem po
de inj ust o caut iverio a pesar de la nobleza de su condición y su sangre que
ha sufrido en vuest ras m anos, ha t om ado, com o le es debido, ciert os pe-
queños t esoros que eran guardados por los Noldoli, vuest ros esclavos. Le es
m uy penoso haberse vist o obligado a m at ar algunos, pues por la m aldad
que abrigaban sus corazones, le habrían hecho daño; sin em bargo,
elim inará de la m em oria su blasfem o int ent o, y t odas las pasadas inj urias
que vosot ros los Dioses le habéis hecho las olvidará m ost rando su presencia
una vez m ás en ese sit io llam ado Valm ar, si escucháis sus condiciones y las
sat isfacéis. Pues debéis saber que los Noldoli serán sus sirvient es y le
adornarán una casa; adem ás, por der echo exige... pero en ese m om ent o,
al alzar el heraldo aún m ás su voz hinchado con palabras de insolencia, t an
grande fue la ira de los Valar que Tulkas y varios de los de su casa salt aron
sobre él y le t aparon la boca, y hubo t um ult o en la plaza del consej o. En
verdad Melko no pret endía ganar nada, salvo t iem po y la confusión de los
Valar mediante esta embajada de insolencia.
«Ent onces Manw ë le ordenó que solt ara al heraldo, pero se alzaron los
Dioses grit ando a una: Ése no es un heraldo, sino un rebelde, un ladrón y
un asesino.
» Ha m ancillado la sant idad de Valinor grit ó Tulkas y nos ha
arroj ado su insolencia a los dient es. La opinión de t odos los Elfos era
unit aria en est a cuest ión. Esperanza de recobrar las j oyas, no t enían
ninguna, salvo m ediant e la capt ura de Melko, que era ahora cosa fuera de
t oda esperanza, pero no est aban dispuest os a parlam ent ar con Melko y lo
t rat arían com o a un crim inal, a él y a t odos los suyos. ( Y est o era lo
significado por Manw ë al decir que la m uert e de Bruit hw ir sería la raíz del
m ás grande de los m ales, pues fue ese asesinat o lo que m ás inflamaba
tanto a los Dioses como a los Elfos.)8
»Con est e fin hablaron en los oídos de Varda y de Aulë, y Varda abrazó
su causa ant e Manw ë, y Aulë lo hizo m ás decididam ent e t odavía, pues su
corazón est aba t am bién dolido por el robo de t ant as cosas de exquisit a
art esanía y m anufact ura; pero Tulkas Poldórëa no necesit aba ruegos, pues
est aba inflam ado de ira. Ahora bien, t odos est os abogados conm ovieron al
consej o con sus palabras, de m odo que al final fue decisión de Manw ë
enviar un m ensaj e de rechazo a las palabras de Melko y dest errarlo por
siempre de Valinor junto con todos sus seguidores. Estas palabras le hubiera
dirigido al em baj ador, ordenándole que fuera con ellas al encuent ro de su
am o, pero la gent e de los Vali y de los Elfos se opusieron rot undam ent e, y
conducidos por Tulkas, llevaron al renegado al pico más alto de Taniquetil, y
declarando que no era ningún her aldo y t om ando com o t est igos a la
m ont aña y las est rellas, lo arroj aron sobre las piedras de Arvalien, de m odo
que murió, y Mandos lo recibió en sus cavernas más profundas.
« Ent onces Manw ë, al ver en est a rebelión y el act o de violencia que se
acababa de com et er la raíz de la am argura, arroj ó su cet ro y lloró; pero los
otros se dirigieron a Soront ur, Rey de las Águilas, sobre Taniquet il, y por él
se t ransm it ieron las palabras de Manw ë a Melko: Fuera para siem pre, oh,
m aldit o, no t e at revas ya nunca a parlam ent ar con los Dioses ni con los
Elfos. Tam poco t u pie ni el de nadie que t e sirva volverá a pisar el suelo de
Valinor m ient ras dure el m undo. Y Soront ur buscó a Melko y le com unicó
lo ordenado, y de la m uert e de su em baj ador le cont ó [ ¿t am bién?] .
Ent onces Melko habría m at ado a Soront ur, furioso por la m uert e de su
mensajero; y en verdad est e hecho no est aba de acuerdo con la m ás
est rict a j ust icia; Melko lo ha echado siem pre en cara a los dioses con
ext rem a am argura, ret orciéndolo y convirt iéndolo en un negro cuent o de
m alicias; y ent re el m aligno y Soront ur hubo siem pre desde ent onces odio y
guerra, y ella fue m ás am arga t odavía cuando Soront ur y los suyos se
dirigieron a las Mont añas de Hierro e hicieron allí su m orada vigilando t odo
lo que Melko hacía.
»Acude ahora Aulë a Manw ë y le habla con palabras alentadoras,
diciéndole que Valm ar aún se m ant iene erguida y que las Mont añas son
alt as y un bast ión seguro en cont ra del m al. He aquí que si Melko desat a
ot ra vez t orbellinos en el m undo, ¿no fue ya ant es encadenado? Puede serlo
otra vez; pero pronto yo y Tulkas taparemos ese pasaje que lleva a Erumáni
y los mares, para que Melko nunca pueda volver por ese camino.
»Pero Manwë y Aulë planean apostar guardias en esas montañas hasta el
m om ent o en que se conozcan los designios de Melko y los sit ios de su
morada.
«Entonces em pieza Aulë a hablarle a Manw ë acerca de los Noldoli, y
ruega m ucho por ellos, diciendo que Manw ë, absort o y ansioso, apenas ha
cuidado de ellos, y que el m al, en verdad, sólo de Melko había venido,
m ient ras que los Eldar no son esclavos ni sirvient es, sino seres de una
dulzura y una belleza m aravillosas; que eran por siem pre los huéspedes de
los Dioses. Por t ant o Manw ë los invit a a volver a Kôr, y si lo desean a
ocuparse de nuevo en la hechura de gem as y de t elas, y t odas las cosas de
belleza y valor que puedan necesit ar para sus t rabaj os les serán dadas con
más prodigalidad que antes todavía.
»Pero cuando Fëanor supo est o, dij o: Sí, pero ¿quién nos devolverá
ese corazón dichoso sin el que los t rabaj os de encant o y m agia no pueden
hacerse? Y Bruit hw ir ha m uert o y t am bién est á m uert o m i corazón.
Muchos, no obstante, regresaron a Kôr, y algo se recobró de la vieja alegría,
aunque por la felicidad dism inuida de sus corazones, sus esfuerzos no
consiguieron gem as del lust re y la gloria de ant año. Pero Fëanor se quedó
viviendo con unos pocos en Sirnúm en, sint iéndose dolorido, y aunque día y
noche lo int ent aba, no pudo nunca hacer j oyas que se asem ej aran a los
ant iguos Silm arils, que Melko le había arrebat ado; ni t am poco, en verdad,
no lo ha logrado desde ent onces ningún art esano. Por fin abandona el
int ent o, prefiriendo m ás bien sent arse j unt o a la t um ba de Bruit hw ir,
llam ada el Mont ículo de la Prim era Pena,* y est aba bien nom brada, por el
dolor que causó la m uert e del que allí yacía. Allí m edit aba Fëanor am argos
pensam ient os, hast a que los vapores negros de su corazón le alt eraron el
cerebro, y se levant ó y se encam inó a Kôr. Allí les habló largam ent e a los
Gnom os de sus m ales y sus penurias y de la dism inución de su fort una y su
gloria, pidiéndoles que abandonaran la prisión de esa m orada y fueran al
mundo: Los Valar se han vuelt o cobardes; pero el corazón de los Eldar no
es débil, y veremos lo que nos pertenece, y si no lo obtenemos a hurtadillas,
lo obt endrem os por la violencia. Allí habrá guer ra ent re los Hij os de I lúvat ar
y Ainu Melko. ¿Qué si perecem os en el int ent o? Las oscuras est ancias de Vê
son poco peor que est a brillant e prisión... 9 Y prevaleció sobre algunos
ot ros, decidiéndose ir ant e el m ism o Manw ë y pedir que se les perm it iera
abandonar Valinor en paz y ser puest os sin riesgo por los Dioses en las
costas del mundo desde donde una vez habían sido trasladados.
« Ent onces se ent rist eció Manw ë por el pedido, y prohibió a los gnom os
pronunciar sem ej ant es palabras en Kôr, si deseaban; t odavía m orar allí
ent re los ot ros Elfos; pero luego, abandonando la aspereza, les cont ó
muchas cosas acerca del mundo y sus cualidades y los peligros que ya había
allí, y lo peor que podría advenir aún, por causa del regreso de Melko. Mi
corazón sient e y m i sabiduría m e indica dijo que no t ranscurrirá una
edad m uy prolongada ant es de que esos ot ros Hij os de I lúvat ar, los padres
de los padres de los Hom bres, ent ren en el m undo... y he aquí que est á
cont enido en la Música de los Ainur que a la larga y por un t iem po los
Hom bres gobernar án el m undo; sin em bargo, si est o será para bien o para
m al, I lúvat ar no lo ha revelado, y no m e gust aría que la lucha o el m iedo o
el enfado se int erpusieran ent re los diferent es Hij os de I lúvat ar, y de buen
grado dej aría durant e m uchas edades el m undo vacío de seres que podrían
luchar cont ra los Hom bres recién llegados o dañarlos ant es que sus clanes
se hayan fort alecido, m ient ras las naciones y los pueblos de la Tierra sean
infantes todavía. A esto agregó muchas palabras referentes a los Hombres
y a su nat uraleza y las cosas que les acaecerían, y los Noldoli se asom -
braron, pues no habían oído a los Valar hablar de los Hom bres, salvo rara
vez; y no los habían escuchado m ucho ent onces, pensando en esas

* En el m ar gen apar ecen escr it os los nom br es gnóm icos: « Cûm a Gum lait h o Cûm a
Thegranaithos».
criat uras com o débiles y ciegas y t orpes y poseedoras del don de la m uert e,
y no era de ningún m odo probable que igualaran la gloria de los Eldalië. Por
t ant o ahora, aunque Manw ë había aliviado de est e m odo su corazón con la
esperanza de que los Noldoli, al ver que no se esforzaba sin propósit o q
m ot ivo, se serenaran y confiaran m ás en su am or. Pero los Noldoli se
sint ieron asom brados al descubrir que los Ainur daban t ant a im port ancia a
la idea de los Hom bres, y las palabras de Manw ë lograron lo cont rario de lo
que se pr oponía; porque Féanor en su am argura las ret orció dándoles una
m ala apariencia; cuando se encont ró una vez m ás ant e las m ult it udes de
Kôr, pronunció estas palabras:
» ¡He aquí que conocem os ahora la razón por la que nos han t raído a
este m undo com o un cargam ent o de esclavos! Ahora por fin se nos dice con
qué obj et ivo se nos t iene encerrados aquí, privados de nuest ra heredad en
el m undo, privados del gobierno de las anchas t ierras por t em or quizá de
que no las cedam os a una raza no nacida t odavía. Pues sí que est á bien, a
un pueblo t rist e, dot ado de rápida m ort alidad, una raza de excavadores en
las som bras, t orpes de m ano, sin afinación para el cant o y la m úsica, que
m onót onam ent e labrarán la t ierra con rudas herram ient as, a esos que
también son de I lúvat ar. según dice Manw ë Súlim o, Señor de los Ainur,
quiere darles el m undo y t odas las m aravillas de la t ierra, t odas sus
sust ancias ocult as; ent regar a ést os lo que es nuest ra heredad. ¿O qué
significa si no hablar de los peligros del m undo? Un t ruco para engañarnos;
una m áscara de palabras. Oh, t odos vosot ros, hij os de los Noldoli, los que
no queráis ser sirvient es en la casa de los Dioses, por blanda que sea la
servidum bre, levant aos, os lo pido, y salid de Valinor, porque ahora ha
llegado la hora y el mundo espera.
»En verdad es cuest ión de m aravilla la sut il ast ucia de Melko, pues en
esas palabras quién negará que se ocult a el aguij ón de la verdad
deform ada, ni dej ará de asom brarse al ver las palabras del m ism o Melko
salir de boca de Fëanor, su enem igo, que ni sabía ni recordaba de dónde
provenían sus propios pensam ient os; sin em bargo, quizá el [ ¿ext rem o?]
origen de esas cosas t an t rist es era ant erior aun a Melko, y t ales cosas han
de ser así por fuerza, y el misterio de los celos de los Elfos y los Hombres es
un acertijo irresuelto, uno de los dolores en las oscuras raíces del mundo.
»Sean com o fueren est as cosas t an profundas, la fiereza de las palabras
de Fëanor le conquist aron inst ant áneam ent e un m ont ón de seguidores,
porque un velo parecía cubrir el corazón de los gnom os... y quizá aun est o
era conocido de I lúvat ar. Sin em bargo, Melko se habría regocij ado al oírlo
viendo que el m al daba frut os m ás allá de t oda esperanza. Ahora, no
obst ant e, ese m aligno yerra por las oscuras llanuras de Erum an, y m ás pro-
fundam ent e al sur, donde nadie ha penet rado nunca, encont ró una región
de pr ofunda lobreguez, y por el m om ent o le pareció un buen sit io donde
esconder el tesoro robado.
»Por t ant o busca hast a que encuent ra una caverna oscura en las colinas,
y t elas de oscuridad se ext ienden por doquier, de m odo que podía sent ir el
aire negro, pesado y sofocant e alrededor de la cara y las m anos. Muy
profundos y serpent eant es eran esos senderos y t enían una salida
subt erránea al m ar, com o dicen los libros ant iguos, y aquí, en un t iem po,
est uvieron después10 caut ivos la Luna y el Sol; porque aquí vivía el espírit u
prim ordial Móru, de la que ni los Valar siquiera sabían de dónde o cuándo
había venido, y la gent e de la Tierra le ha dado m uchos nom bres. Quizá las
nieblas y la oscuridad de los confines de los Mares Som bríos la criaron en
esa com plet a oscuridad que apareció ent re la caída de las Lám paras y el
encendido de los Árboles, pero lo m ás probable es que haya sido así siem -
pre; y t odavía le gust a habit ar en ese sit io negro, adopt ando la form a de
una hor rible araña, t ej iendo hebras adherent es de t inieblas que at rapa en
su t ela est rellas y lunas y t odas las cosas brillant es que navegan por el aire.
En ver dad fue a causa de sus t rabaj os que t an poca de la luz desbordant e
de los Dos Árboles fluyera por el m undo, pues se alim ent aba codiciosa de la
luz, pero ella sólo producía esa oscuridad que es la negación de t oda luz.
Ungw ë Liant i, la gran araña que lo at rapa t odo, la llam aban los Eldar,
dándole t am bién el nom bre de Wirilóm ë o Tej edora de Tinieblas, y los
Noldoli hablan t odavía de ella com o Ungoliont la Araña, o com o Gw erlum la
Negra.
»Ahora bien, ent re Melko y Ungw ë Liant i hubo am ist ad desde un
principio, cuando ella lo encont ró j unt o con los suyos errando en las
cavernas que le pert enecían; pero la Tej edora de Tinieblas se sint ió
fascinada por la brillantez de ese tesoro en joyas tan pronto como lo vio.
»Melko había despoj ado a los Noldoli y había llevado ant es el dolor y la
confusión a Valinor por m enos de ese t esoro, pero ahora t enía en m anos un
plan am bicioso, m ás oscuro y profundo t odavía; por t ant o, al ver la codicia
en los oj os de Ungw é le ofrece t odo el t esoro, reservándose sólo los t res
Silm arils, si ella lo apoya en est e nuevo designio. Est o lo concede ella
pront am ent e, y así pasó t odo ese t esoro de gem as adorables, m ás bellas
que cualquier ot ra que el m undo hubiera vist o, al inm undo cuidado de
Wirilóm ë, y est aba envuelt o en t elas de oscuridad y profundamente
escondido en las cavernas orient ales de las grandes m ont añas que
constituyen la frontera austral de Eruman.
»Pensando que era el m om ent o de at acar m ient ras Valinor est á t odavía
alborot ada y sin esperar a que Aulë y Tulkas bloquearan el pasaj e en las
colinas, Melko y Wirilóm ë ent raron furt ivam ent e en Valinor y se escondieron
en el valle al pie de las colinas hast a que Silpion est uvo en flor; pero en
t odo ese t iem po la Tej edora de Tinieblas cont inuó t ej iendo hebras ligeras y
sombras de m aligno hechizo. Dej a que se vayan flot ando, de m odo que en
lugar de la bella luz plat eada de Silpion en la llanura occident al de Valinor,
avanza ahora una oscuridad inciert a y m ort ecina, y unas luces débiles se
est rem ecen en ella. Luego arroj a una capa negra de invisibilidad sobr e
Melko y sobre ella m ism a y avanzan en secret o por la llanura, y los Dioses
se sient en int rigados y los Elfos en Kôr t ienen m iedo; no obst ant e no ven
t odavía en est o la m ano de Melko, pensando sobre t odo que se t rat a de
alguna de las obras de Ossë, que a veces con sus t orm ent as provocaba
grandes nieblas y oscuridad que flot aban hast a los Mares Som bríos,
cubriendo aun los aires brillant es de Valinor; aunque est o enfadaba t ant o a
Ulm o com o a Manw ë. Ent onces envió Manw ë una dulce brisa occident al con
la que acost um braba en esas ocasiones barrer los negros hum ores m arinos,
hacia el est e y sobre las aguas, pero un hálit o t an gent il de nada sirvió
cont ra la noche t ej ida, pesada y pegaj osa que Wirilóm ë había ext endido en
t odas direcciones. Así fue que sin ser not ados, Melko y la Araña de la Noche
llegaron a las raíces de Laurelin, y Melko, convocando t odo su divino poder,
hundió una espada en el bello t ronco, y la fogosa radiación que brot ó de él
lo habría consum ido sin duda aun m ient ras ret iraba la espada si la Tej edora
de Tinieblas no se le hubiera echado encim a aplicando los labios a la herida
abierta en la corteza y succionando fuerza y vida.
»Por m ala fort una, est e hecho no fue advert ido en seguida, pues era la
hora del m ás profundo r eposo de Laurelin, que ya nunca volvería a
despert ar a la gloria, derram ando belleza y alegría delant e de los Dioses.
Por causa de ese gran t rago de luz, un repent ino orgullo llenó el corazón de
Gw erlum , y no escuchó las advert encias de Melko, y siguió succionando
hast a casi alcanzar las raíces de Silpion y echó a borbot ones m alignos va-
pores de noche, que fluyeron como ríos de negrura aun hasta las puertas de
Valm ar. Ahora coge Melko el arm a que le queda, un cuchillo, y hiere con él
el t ronco de Silpion t ant as veces com o el t iem po lo perm it e; pero un gnom o
llam ado Daurin ( Tórin) que venía de Sirnúm en con gran acopio de m alas
nuevas, lo ve y se precipit a hacia él con grandes grit os. Tan grande fue la
arrem et ida de est e gnom o im pet uoso, que ant es de que Melko se diera
cuent a, había at acado a Wirilóm ë, repant igada en el suelo com o una araña.
Ahora bien, esa hoj a esbelt a que Daurin esgrim ía era de la forj a de Aulë y
había sido m oj ada en miruvor, de lo cont rario nunca hubiera logrado hacer
daño a ese [ ¿ser?] secret o, pero ahora le part e una de las grandes pat as, y
la hoj a se m ancha con un negro cuaj aron, un veneno para t odas las
[ ¿cosas?] cuya vida es la luz. Ent onces, ret orciéndose, Wirilóm ë arroj a una
hebra sobre Daurin, que no puede desprenderse de ella, y Melko im placable
lo apuñala. Enseguida, arrebat ando la esbelt a hoj a brillant e del puño
agónico de Daurin, la clava profundam ent e en el t ronco de Silpion, y la
ponzoña de Gw erlum , negr a en la hoj a, secó la savia m ism a y la esencia del
árbol, y la luz se reduj o súbit am ent e a un resplandor m ort ecino en el
crepúsculo impenetrable.
«Ent onces Melko y Wirilóm ë se vuelven y huy en, no dem asiado pront o,
porque algunos había det rás de Daurin que al verlo caer escaparon con
m iedo a Kôr y a Valm ar, t ropezando enloquecidam ent e en la oscuridad,
pero ya los Valar vienen cabalgando por la llanura t an de prisa com o es
posible, aunque dem asiado t arde par a defender a los Árboles, que est án
ahora en peligro.
»Ahora esos Noldoli confirman los temores de los Valar cuando dicen que
Melko es en verdad el aut or de la fechoría, y sient en sólo un deseo: ponerle
las m anos encim a y t am bién a sus cóm plices ant es de que puedan escapar
más allá de las montañas.
»Tulkas est á a la vanguar dia de esa gran cacería, salt ando con pie
seguro en la penum bra, y Orom ë no puede m ant enerse j unt o a él, pues ni
siquiera su divino corcel alcanza a precipitarse con tanta rapidez en la noche
crecient e com o Poldórëa en la fogosidad de su ira. Ulm o oye los grit os de su
casa en Vai, y Ossë [ ¿asom a?] la cabeza por sobre los Mares Som bríos, y al
no ver ya luz alguna que descienda por el valle de Kôr, salt a sobre la playa
de Eldam ar y corre de prisa a unirse con los Ainur. Ahora el único sit io
ilum inado que queda en Valinor es ese j ardín donde la fuent e dorada
m anaba desde Kulullin, y Vána y Nessa y Urw en y m uchas doncellas y
señoras de los Valar est aban anegadas en lágrim as, pero Palúrien ciñe a su
señor que espera im pacient e, y Varda ha venido cabalgando desde
Taniquet il al lado de su señor llevando una est rella cent elleant e delant e de
él como una antorcha.
»Telim ekt ar, hij o de Tulkas, se encuent ra ent re esa gent e noble, y su
cara y sus arm as brillan com o la plat a en la oscuridad, pero ahora t odos los
Dioses y t oda la gent e cabalgan aquí y allá, y algunos t ienen en la m ano
ant orchas [ ¿presurosas?] , de m odo que la llanura est á sem brada de pálidas
luces errantes y el sonido de voces que llaman en la penumbra.
»Aun mientras Melko escapa, la vanguardia de la cacería pasa junto a los
Árboles, y por poco los Valí no desm ayan de angust ia ant e la ruina que allí
ven; pero ahora Melko y algunos de sus cam aradas, ant es hij os de Mandos,
se separan de Ungw ë, quien, envuelt a en la noche, vuelve a su casa sobre
las m ont añas del sur; y los que part icipaban en la cacería ni siquiera se
acercaron a ella, pero los ot ros escapan al nort e con gran rapidez, pues los
cam aradas de Melko conocen bien las m ont añas, y t ienen la esperanza de
conseguir que huy a. Por fin llegaron a un sit io donde los velos de som bra
eran delgados, y un grupo de Vali que se había desprendido del rest o
alcanzó a verlos, y Tulkas est aba en él; con un gran rugido salt a ent onces
sobre ellos. En verdad habría habido una bat alla ent re Tulkas y Melko si la
dist ancia no hubiera sido excesiva; aunque Tulkas ganó t erreno hast a est ar
a t iro de lanza de Melko, un cint urón de niebla cubrió una vez m ás a los
fugit ivos, y la risa burlona de Melko parece venir prim ero de un sit io,
después de ot ro, ahora casi j unt o a él, ahora desde m uy por delant e, y
Tulkas se vuelve frenético y Melko escapa.
»Entonces Makar y Meássë cabalgaron a t oda pr isa por el nort e
despert ando a Mandos y ordenando que se m ont e guardia en los senderos
de las montañas, pero o bien Makar llegó demasiado tarde, o bien la astucia
de Melko los derrot ó; y la m ent e de Makar no era dem asiado sut il, pues ni
siquiera llegaron a at isbar a ese Ainu, que sin duda escapó por allí, y obró
m uchos m ales después en el m undo, aunque nadie m e ha cont ado aún
cómo llegó a regresar a los reinos helados del norte.

NOTAS

1 Véase La Llegada de los Elfos.


2 Lirillo aparece en la lista de los nombres de los Valar secundarios, de la que hay
una referencia anterior como nombre de Salmar- Noldorin.
3 «Padre de Fëanor» es la lect ura final después de una larga vacilación ent re
«hijo de Fëanor» y «hermano de Fëanor».
4 Para la hist oria de la obt ención de rocas y piedras en Arvalin ( Erum an) para
levantar las Montañas de Valinor, véase La Llegada de los Valar.
5 «Progenitor de Fëanor» es una corrección de «hijo de Fëanor»; véase nota 3.
6 Después de la palabra «t elas» aparecía la oración siguient e, que fue luego
t achada: «que los Dioses habrían podido crear, si lo hubieran querido, en una
hora»; oración notable por sí misma, y también por haber sido eliminada.
7 La página del m anuscrit o que em pieza con las palabras «ant e las puert as de
Valm ar» y t erm ina con «sin abat irse t ransm it ió su; m ensaj e diciendo» est á
escrit a alr ededor del pequeño m apa del m undo reproducido y descrit o en La
Llegada de los Valar.
8 En est a part e del cuent o el m anuscrit o consist e en pasaj es separados, unidos
ent re sí por líneas; el sit io de est a oración no result a del t odo claro, pero lo
más probable es que éste sea el correcto.
9 Los puntos figuran en el original.
10 «después» es una corrección de «ant iguam ent e». En el m argen, j unt o a est a
frase, hay un punto de interrogación.

Cambios de nombres en
El Robo de Melko y el Oscurecimiento de Valinor

Ellu Melem no < Melem no ( en el Capít ulo V, en una oración añadida, el conduct or
de los Solosimpi es Ellu).
Sirnúm en < Num essir ( las dos prim eras apariciones, luego se escribe
directamente Sirnúmen).
Eruman < Harmalin < Habbanan.
Arvalin < Harvalien < Habbanan < Harvalien < Harm alin; Arvalien así escrit o por
primera vez en la pág. 142.
Bruithwir reemplaza un nombre anterior, probablemente Maron.
Bruit hw ir go- Maidros < Bruit hw ir go- Fëanor; go- es un pat roním ico, «hij o de».
Véanse notas 3 y 5.
Móru Est e nom bre podría leerse igualm ent e Morn, com o en ot ras apariciones
ocasionales en ot ros lugares ( véase el Apéndice sobr e los Nom bres) .
Reemplaza aquí a otro nombre, probablemente Mordi.
Ungoliont < Gungliont.
Daurin ( Tórin) Decía originalm ent e Féanor, corregido luego por ( ?) Daurlas .......
em parent ado con Feanor y m ás t arde por un gnom o llam ado Daurin ( Tórin) .
Las siguientes veces que aparece Daurin son correcciones de Fëanor.

Comentario de
El Robo de Melko y el Oscurecimiento de Valinor

La hist oria de la corrupción de los Noldoli por Melko fue cont ada al fin de m odo
m uy diferent e; porque allí int ervenía el asunt o de la disput a ent re los hij os de
Finwë, Feanor y Fingolfin (El Silmarillion), de la que no hay huellas en el cuento, en
el que, de cualquier m odo, Feanor no es el hij o de Finw ë Nólem ë, sino de un t al
Bruit hw ir. El m ot ivo prim ordial de la post erior hist oria, el deseo que experim ent a
Melkor de apoderarse de los Silmarils (ibid.), está aquí representado tan sólo por el
deseo de la posesión de las gemas de los Noldoli en general: es por cierto un rasgo
not able de la m it ología or iginal que aunque los Silm arils est aban present es, t enían
relat ivam ent e escasa im port ancia. Hay una coincidencia esencial con la hist oria
post erior en que son los Noldoli el obj et o del at aque de Melko, y hay una m uy
est recha, aunque lim it ada sem ej anza en los argum ent os que ut ilizó: el
confinamiento de los Elfos en Valinor por los Valar y las amplias regiones en el este
que por derecho les pert enecían; pero not ablem ent e ausent e de las palabras de
Melko est á t oda referencia a la llegada de los Hom bres; est e elem ent o es
int roducido en el cuent o m ás t arde y de m anera del t odo diferent e por el m ism o
Manw ë. Adem ás la part icular asociación de los Noldoli con el Vala m alo surge del
deseo que t iene ést e de poseer de las gem as; en El Silm arillion los Noldor recurren
a él por la inst rucción que podría procurarles, m ient ras que las ot ras cast as se
mantuvieron apartadas.
A part ir de est e punt o, las narraciones divergen por com plet o; por que el m al
secret o de Melkor en El Silm arillion es puest o al desnudo com o result ado de una
indagación sobre la disput a de los pr íncipes Noldorin, m ient ras que aquí est a
revelación procede sim plem ent e de la ansiedad que le provoca a Finw ë Nólem ë la
inquiet ud de su pueblo. La hist oria post erior es, claro est á, m uy superior en t ant o
Melkor fue perseguido por los Valar com o enem igo conocido, t an pront o com o se
supo de sus m aquinaciones ( aunque escapó) , m ient ras que en el cuent o, a pesar
de que hay ahora pr uebas decisivas de que no se había refor m ado, sólo se le dice
que se ret ire a m edit ar en Mandos. En El Silmarillion est á present e el germ en de la
hist or ia: el dest ierro de Fëanor en Fórm enos, adonde fue acom pañado por Finwë,
aunque aquí se le or dena abandonar Kôr a t odo el pueblo de los Noldoli y dir igirse
al escarpado valle del norte, donde el río de Híri se hunde bajo tierra, y la orden de
hacerlo parece haber sido m enos un cast igo im puest o por Manw ë que una
precaución y una salvaguardia.
En relación con el lugar del dest ierro de los Noldoli, llam ado aquí Sirnúmen
( «Río Occident al») , puede m encionarse que en una not a aislada del pequeño
cuaderno al que nos hem os referido, se dice: «El r ío de la segunda m orada rocosa
de los gnomos en Valinor era kelusindi, y la fuente que le daba origen kapalinda».
Not able es el pasaj e en el que se dice que Manwë sabía que «los Elfos eran
hijos del m undo y que algún día deberían volver a él». Com o he observado ant es,
el m undo con frecuencia equiv ale a las Grandes Tierras, y est a acepción se da
repet idam ent e en est e cuent o, pero no est á claro si ést e es el sent ido en que aquí
se em plea. Me inclino a pensar que la significación de la frase es que en ocasión
del «Gran Final» los Eldar, com o que pert enecen a la Tierra, no pueden volver con
los Valar y los espír it us que fueron «ant es que el m undo» a las regiones de donde
vinieron (cf. la conclusión de la original Música de los Ainur).
En cuant o al robo de las j oyas, la est ruct ura de la narración es una vez m ás
radicalm ent e diferent e de la hist oria post erior, pues en ést a el at aque de Melkor a
los Noldor en Fórmenos, el robo de los Silmarils y el asesinato de Finwë se llevaban
a cabo después del encuent ro con Ungoliant en el sur y la dest rucción de los Dos
Árboles; Ungoliant est aba con él en Fórm enos. Tam poco hay en la pr im era versión
ninguna m ención de la v isit a pr ev ia de Melko a Fór m enos ( El Silm arillion, cap. 7) ,
después de la cual pasó a t ravés de Calacirya y se dir igió hacia el nort e cost a
arriba, volviendo luego en secret o a Avat har ( Arvalin, Erum an) en busca de
Ungoliant.
Por ot ra part e, el gr an fest ival era ya la ocasión para que Melko robar a los
Silm ar ils de la m or ada de los Noldoli, aunque el fest ival era algo t ot alm ent e
diferent e, pues sólo t enía un propósit o conm em orat ivo ( véase El Silm arillion, cap.
8) , y form aba part e necesariam ent e de ese propósit o que los Solosim pi debieran
est ar present es ( en El Silm arillion «Sólo los Teleri m ás allá de las m ont añas
cant aban t odav ía en las orillas del océano; pues poco caso hacían del t iem po o las
estaciones»).
De los oscuros cómplices de Melko provenientes de Mandos (de algunos de ellos
se dij o que fueron «ant es hij os de Mandos») no hay después la m enor huella, ni
t am poco del robo de los caballos de Orom ë; y m ient ras se dice aquí que Melk o
deseaba abandonar Valinor por los pasaj es de las m ont añas del nort e, pero luego
lo pensó m ej or ( per m it iendo una reflex ión sobre cuál podr ía haber sido el dest ino
de Valinor en ot ras circunst ancias) , en la hist oria post erior est e m ovim ient o hacia
el nort e er a una m aniobra fingida. Pero es int eresant e observar el ger m en de una
cosa en la otra, pues nunca se perdió la idea subyacente de un movimiento hacia el
nort e, y luego hacia el sur, aunque t iene lugar en ot ro m om ent o de la narración
con una motivación diferente.
Tam bién es int eresant e la aparición de la idea de que un parient e ínt im o de
Fëanor sólo después de muchas vacilaciones entre hermano e hijo, se decidió por
el padre fuera m uert o por Melkor en la m or ada de los Noldoli, Sirnúm en,
precursora de Fórm enos; pero el padr e t enía t odav ía que ser ident ificado con el
Señor de los Noldoli.
En est e pasaj e hay algunas ot ras liger as indicaciones geográficas. Los Dos
Árboles estaban al norte de la ciudad de Valmar, como se lo muestra en el mapa, y
de nuevo de acuerdo con el m apa, las Grandes Tierras y las Tierras Ext er iores se
acercaban mucho en el norte lejano.
Lo que es sum am ent e not able, el hueco en las Mont añas de Valinor m ost rado
en el m apa y que yo señalé con la let ra «, ahora se explica: «el sit io baj o en las
colinas» por el que Melko y sus seguidores abandonaron Valinor par a ent rar en
Arvalin- Er um an, era un hueco dej ado por Tulkas y Aulë para poder ent rar en
Valinor en la época del levantamiento de las montañas.
Nada sobrevivió casi de la parte siguiente de este cuento. El discurso que dirigió
Manw ë a los Noldoli desapareció ( aunque part e de su cont enido se ex presa
brevemente en otro lugar de la narración de El Silmarillion: «Los Noldor empezaron
a m urm urar en cont ra [ de los Valar] , y m uchos se llenaron de orgullo, olv idando
que m ucho de lo que t enían y sabían er a un regalo de los Valar») . Es not able que
se refiera al padre de Fëanor, Bruit hw ir, por el pat r oním ico go- Maidros: aunque el
nom bre Maidros iba a ser después el del hij o m ayor de Fëanor, no el de su abuelo,
desde un principio estuvo asociado con los «Fëanorianos». No hay huella más tarde
de la ext raña hist oria del sir vient e renegado de Mandos que llevó a los Valar el
ult raj ant e m ensaj e de Melko y que encont ró la m uert e arroj ado desde Taniquet il
por el irreprim ible Tulkas, desobedeciendo sin m ás a Manwë; ni de que se env iar a
a Soront ur com o m ensaj ero de los Dioses a Melko ( no se explica cóm o Soront ur
sabía dónde encont rarlo) . Se dice aquí que después «Soront ur y los suyos se
dir igieron a las Mont añas de Hierro e hicieron allí su m orada, vigilando t odo lo que
Melko hacía». He observado al com ent ar El Caut iverio de Melko, que las Mont añas
de Hierro, al sur de Hisilómë, corresponden allí a las luego llamadas Montañas de la
Sombra ( Ered Wet hrin) . Por ot r a part e, en El Cuent o del Sol y de la Luna, Melko,
después de huir de Valinor, edifica «una nueva v iv ienda en la región del nort e
donde se levant an las Mont añas de Hierro, m uy alt as y de t errible v isión»; y en el
Cuent o de Turam bar* or iginal se dice que Angband est aba baj o las raíces de la
fort aleza del m ás ext rem o nort e de las Mont añas de Hierro, y que est as m ont añas
se llam aban así por «los I nfiernos de Hierro» que t enían por debaj o. Que en est e
cuent o se diga que Soront ur «vigilaba t odo lo que Melko hacía» desde su m orada
en las Mont añas de Hierro evident em ent e im plica t am bién que Angband est aba
debaj o de ellas; y la hist oria de que Soront ur ( Thorondor) t enía sus nidos sobre
Thangorodrim ant es de m udarlos a Gondolin, sobrev iv ió largo t iem po en la
t radición del «Silm ar illion» ( véase Cuent os I nconclusos, I ) . Hay, pues,
aparent em ent e un em pleo cont radict orio del t érm ino «Mont añas de Hierro» en los
Cuent os Perdidos; a no ser que pueda suponerse que esas m ont añas se conciben
como una cadena continua: la extensión austral (las luego llamadas Montañas de la
Som bra) const it uir ían el cercado aust ral de Hisilóm ë, m ientras que los picos
sept ent rionales, al encont rarse por sobre Angband, dieron a la cadena su nom bre.
Más adelante encontraremos pruebas de que esto es así.
En la hist oria or iginal los Noldoli de Sirnúm en reciben el perm iso ( por
int ercesión de Aulë) de volver a Kôr, pero Feanor se quedó allí am argado en
com pañía de algunos ot ros pocos; y de est e m odo se obt iene la sit uación del relat o
posterior los Noldor en Tir ion, pero Feanor en Fórm enos , pero est á ausent e el
elem ent o del dest ierro de Feanor y su r egreso ilegal a la ciudad de los Elfos. Una
diferencia subyacent e digna de m ención es que en El Silm arillion los Vanyar hacía
ya m ucho que habían part ido de Tir ion y habían ido a viv ir a Taniquet il o a Valinor :
no hay la m enor sugerencia de est o en el v iej o cuento; y por supuest o, hay una
fundam ent al diferencia est ruct ural ent r e la prim it iva narración y la siguient e:
cuando Feanor levant a el est andart e de la rebelión, los Árboles aún brillaban en
Valinor.
En el cuent o parece haber t ranscurrido un largo t iem po después de la pérdida
de los t esoros de los Noldoli, durant e el cual se pusieron a t rabaj ar ot ra vez con
alegr ía dism inuida, y Feanor int ent ó en vano rehacer los Silm arils; est e elem ent o,
por supuest o, desaparecerá en la est ruct ura post erior, m ucho m ás aj ust ada, donde
Feanor ( negándose a dar los Silm ar ils a los Valar para la curación de los Árboles,
sin saber t odav ía que Melko las ha cogido) sabe sin int ent arlo que no puede

* El título completo de este cuento es El Cuento de Turambar y el Foalókë; el Foalókë es el


Dragón.
rehacerlas como Yavanna no puede rehacer los Árboles.
La em baj ada de Feanor y ot ros Noldoli ant e Manw ë pidiendo que los Dioses los
t rasladen de regreso a las Grandes Tierras fue elim inada, y con ella las not ables
palabras que les dice Manw ë sobre la llegada de los Hom bres, y su expresada
resist encia a dej ar que los Eldar regresen «al m undo», m ient ras los Hom bres
est uvieran t odav ía en su infancia. En El Silm arillion no hay la m enor sugerencia de
que Manwë t uviera est a idea en la m ent e ( t am poco la hay de que el conocim ient o
de Manw ë fuera t an grande) ; y en verdad, m ient ras que en la v iej a hist oria fue la
descripción que hizo Manw ë de los Hom bres y su act it ud en relación con ellos lo
que originó la ret órica de Feanor en cont ra de ellos y dio t an int enso colorido a su
m ención del v erdadero m ot ivo de los Valar para llevar a los Eldar a Valinor, en El
Silmarillion est as ideas son part e de las m ent iras de Melkor ( he observado arr iba
que en las palabras de persuasión que dir ige Melk o a los Noldoli, no hay ninguna
referencia a la llegada de los Hombres).
Ot ro elem ent o por lo dem ás desconocido en la Música de los Ainur es revelado
en las palabras de Manw ë: que el m undo a la lar ga será gobernado m ucho t iem po
por los Hombres. En la versión original hay varias sugerencias en apartes reflexivos
de que t odo t iene un dest ino: así pues, aquí « los celos de los Elfos y los Hom bres»
se conciben quizá com o part e necesaria del desarr ollo de la hist or ia del m undo, y
ant es en el cuent o se pregunt a: «¿quién podría decir que t odos est os hechos, aun
la m aldad aparent em ent e innecesaria de Melko, no fueran sino part e del dest ino
fijado desde antaño?».
Pero a pesar de t odos los cam bios radicales en la narración, la not a
caract eríst ica de la ret órica de Fëanor se m ant uvo; el discurso que dirige a los
Noldoli de Kôr se eleva en los m ism os rit m os que el discurso pronunciado a la luz
de las antorchas ante los Noldor de Tirion (El Silmarillion, cap. 7).
En la hist oria de Melko y Ungoliont se adv iert e que los elem ent os esenciales
est aban present es ab init io: la duda respect o al origen de ese ser, su m orada en
las desoladas regiones del sur de las Tierras Exteriores, el hecho de que succionara
luz para producir sólo hebras de oscuridad; su alianza con Melko, que él la
recom pensara con gem as robadas a los Noldoli ( aunque est o recibió m ás t arde un
t rat am ient o diferent e) , la perforación de los Árboles por Melko y la succión de Un-
goliont de la luz; y la gran cacería m ont ada de los Valar, que no logró su obj et iv o
en la oscuridad y la niebla perm it iendo que Melko huyera de Valinor por los
caminos del norte.
Dent ro de est a est ruct ura hay com o casi siem pre m uchos punt os de
divergencia ent re la prim era hist oria y las versiones post eriores. En El Silm arillion
Melkor fue a Avat har porque sabía que Ungoliant viv ía allí, m ient ras que en el
cuent o ella lo encont ró cuando buscaba un cam ino de huida. En el cuent o el or igen
de ella es desconocido, y aunque puede decirse que est e elem ent o se m ant uvo en
El Silmarillion ( «Los Eldar no saben de dónde vino») , m ediant e el recurso «Algunos
han dicho...» de hecho se da una clara explicación: era un ser de «ant es del
m undo», pervert ido por Melkor, que había sido su señor, aunque ella lo negó. La
idea or iginal de «el espír it u prim ordial Móru» se explícit a en un det alle de la
prim era list a de palabras en lengua gnóm ica, donde el nom bre Muñí se define
com o «un nom bre de la Noche Prim ordial personificada com o Gw erlum o
Gungliont».*
La v iej a hist or ia carece decididam ent e de la descripción que se hace en El
Silmarillion del descenso de Melkor y Ungoliant desde el Mont e Hyarm ent ir a la
llanura de Valinor; y t am bién allí est aba desarrollándose el gran fest ival de los
Valar y los Eldar; aquí hace ya rat o que había t erm inado. En El Silm arillion el
at aque a los Árboles se produj o a la hora de la m ezcla de las luces, m ient ras que
aquí Silpion est aba en pleno florecim ient o; y la descripción de la dest rucción de los
Árboles se vuelve del t odo diferent e por la presencia del gnom o Daurin, después
abandonada sin dej ar huella. Así pues, en la v iej a hist oria no se dice en realidad
que Ungoliont bebiera la luz de Silpion, sino sólo que el Árbol m ur ió por haber
dej ado ella su veneno en la hoj a de Daur in, que Melko hundió en el t ronco; y en El
Silmarillion Ungoliant fue a «las Fuent es de Varda» y las bebió hast a secarlas
t am bién. Es ext raño que el gnom o se llam ara prim ero Fëanor, pues Melko le daba
m uert e. Parecería que m i padre, cuando m enos por el m om ent o, est uviera abr i-
gando la idea de que Fëanor no desem peñaría papel alguno en la hist oria de los
Noldoli en las Grandes Tierras; pero en los esbozos de un cuent o post erior ( El
trabajo de los Noldoli) , Fëanor m or ía en Mit hr im . En est e pasaj e aparece por
prim era v ez el miruvor, definido en la prim era list a de palabras Qenya com o
«néct ar, bebida de los Valar». En The Road Goes Ever On [ El cam ino cont inúa] m i
padre decía que era el nom br e que los Valar daban a la bebida servida en los
fest ivales, y la com paraba con el néct ar de los Dioses Olím picos ( en la t raducción
de Namárië, ponía miruvórë, «néctar»).
La m ás im port ant e de las diferencias en el cuent o es el inm ediat o regr eso de
Ungoliont a su guarida en el sur, de m odo que la Disput a de los Ladrones, el
rescat e de Melkor por los balrogs y la llegada de Ungoliant a Nan Dungort heb que
aparecen en El Silm arillion están ausent es en la narración de los Cuentos Perdidos:
la entrega de las gemas de los Noldoli a Ungoliont se produce en la primera versión
cuando ella se encuent ra por prim era v ez con Melk o; en El Silm arillion él no la
tenía, pues el ataque a Fórmenos aún no se había producido.

* En el cuent o ( v ean pág. 150) se escr ibió or iginar iam ent e Gungliont , pero se corrigió por
Ungoliont.
VII

LA HUIDA DE LOS NOLDOLI

No hay int errupción en la narración de Lindo, que cont inúa en la m ism a form a,
escrit a rápidam ent e a lápiz ( y cerca de est e punt o pasa a ot ro cuaderno sim ilar,
ev ident em ent e sin int errupción alguna en la com posición) , pero m e pareció
convenient e int roducir aquí un nuevo capít ulo o un nuevo «Cuent o», t om ando el
título, una vez más, de la cubierta del cuaderno.

No obst ant e, los Dioses no abandonaron la esperanza y a m enudo se


reunían al pie de Laurelin, el árbol en ruinas, y desde allí salían y exploraban
la t ierra de Valinor una vez m ás incansables, deseando fieram ent e vengar
los daños hechos a su bello reino; y ent onces los Eldar, convocados por
ellos, ayudan en la cacería que se fat iga no sólo en la llanura, pues t am bién
se esfuerza subiendo y baj ando las laderas de las m ont añas, ya que no hay
m odo de escapar de Valinor por el oest e, donde se ext ienden las frías aguas
de los Mares Exteriores.
»Pero Fëanor, en la plaza que rodea la casa de I nw ë en lo m ás alt o de
Kôr, no adm it e ser silenciado y clam a que t odos los Noldoli se reúnan allí y
lo escuchen, y m uchos m illares de ellos acuden a oír sus palabras port ando
delgadas ant orchas, de m odo que el lugar se llena de una luz m ort ecina,
dist int a de t odas las que hubieran brillado alguna vez sobre esas blancas
paredes. Ahora bien, cuando est án allí reunidos y Fëanor ve que la m ayoría
de los allí present es pert enecen al clan de los Noldor, 1 los exhort a a
aprovechar la oscuridad y la confusión y el cansancio de los Dioses par a
rom per el yugo porque así, enloquecido, llam aba a los días de beat it ud
pasados en Valinor e irse de allí llevando consigo t odo lo que pudieran o
desearan. Si el corazón de t odos vosot ros es dem asiado débil para
seguirm e, he aquí que yo, Fëanor, part iré solo al ancho y m ágico m undo en
busca de las gem as que m e pert enecen, y quizá m e ocurran allí m uchas
grandes y ext rañas avent uras m ás dignas de un hij o de I lúvat ar que de un
sirviente de los Dioses.2
»Se produce ent onces una gran arr em et ida de t odos los que quieren
seguirlo sin dem ora, y aunque el sabio Nólem ë habla en cont r a de est a
precipit ación, no quieren escucharlo y el t um ult o se vuelve t odavía m ás
frenét ico. Una vez m ás Nólem ë les ruega que cuando m enos le envíen una
em baj ada a Manw ë para despedirse del m odo debido y quizá obt ener su
beneplácit o y consej o para el viaj e, pero Fëanor los convence de que
rechacen aun esa sabiduría m oderada, diciendo que hacerlo sería cort ej ar
una negat iva, y que Manw ë les prohibiría part ir. ¿Qué significa Valinor
para nosotros dicen ahora que su luz ha quedado reducida a t an poco?
Es preferible int ernarse en el m undo ilimitado. Ahora, pues, se arm an lo
m ej or que pueden porque ni los Elfos ni los Dioses en aquellos días
pensaban m ucho en las arm as y alm acenan j oyas y vest idos; pero dej an
at rás los libros y la ciencia, y en ver dad no había m ucho allí que los sabios
de ent re ellos no llevaran en la m em oria. Pero Nólem ë, al ver que su
consej o no prevalecía, no quiso separarse de los suyos y fue con ellos y los
ayudó en t odos sus preparat ivos. Luego baj aron de la colina de Kôr
ilum inados por el fuego de las ant orchas, y así, andando de prisa a lo largo
de la ensenada y las cost as de ese brazo del Mar Som brío que invadía allí
las colinas, encontraron las viviendas de las costas de los Solosimpi.

La cort a part e del t ext o que sigue fue luego anulada, habiéndosele escrit o encim a
las palabr as «I nsert ar la Bat alla de Kópas Alqalunt en», y reem plazada por un
añadido. La parte eliminada dice:

La m ayor part e de esa gent e había ido de cacería con los Dioses, pero
a los que se habían quedado t rat aron de persuadirlos de que se sum aran a
ellos, com o lo habían hecho ya algunos de los Teleri, pero ninguno de los
I nw ir escuchó sus palabras. Ahora bien, com o t enían casi t ant as doncellas y
m uj eres com o hom bres y m uchachos ( aunque m uchos niños, especialm ent e
los m ás j óvenes habían sido dej ados en Kôr y Sirnúm en) , se sint ieron
apurados, y en esta extremidad, acuciados de dolor y con la mente alterada,
los Noldoli com et ieron los act os que luego lam ent aron m ás am argam ent e,
pues los abrum aba el dolor, y aun el corazón de la gent e herm ana se volvió
contra ellos por un tiempo.
«Llegados a Copas donde había un puerto de gran quietud amado por los
Solosim pi, se apoderaron de t odas las naves de esa gent e y em barcaron en
ellas a sus m uj eres y sus niños y a [ ¿ot ros?] pocos m ás, algunos de los
Solosim pi que se les habían unido, pues t enían habilidad en la navegación.
De est e m odo, m archando incesant em ent e a lo largo de la playa que se
hacía m ás inhóspit a y m ás difícil de t ransit ar a m edida que se ext endía
hacia el nort e, m ient ras la flot a los seguía j unt o a la cost a no m uy
adent rada en el m ar, se m e dij o que los Noldoli abandonaron Valinor; sin
embargo, no conozco con profundidad la cuestión, y quizá haya cuentos que
ningún clan de los gnom os conoce, que relat e con m ás claridad los t rist es
acontecimientos de ese tiempo. Además he oído decir

El añadido que reem plaza est e pasaj e fue escrit o con cuidado a t int a de m anera
perfectamente legible en hojas separadas, no sé cuánto tiempo más tarde.
La Matanza de los Parientes
(La Batalla de Kópas Alqalunten)

La m ayor part e de esa gent e había ido de cacería con los Dioses, per o
m uchos est aban reunidos en las playas delant e de sus viviendas y ent re
ellos cundió el desalient o; sin em bargo, no pocos aún se afanaban en los
sit ios de sus barcos, de los cuales el principal era el que llam aban Kópas, o
de m anera m ás com plet a, Kópas Alqalunt ë, el Puert o de los Barcos- Cisne.*
Ahora bien, el Puert o de los Cisnes era com o una dársena de aguas t ran-
quilas, salvo que hacia el est e y los m ares, el anillo de rocas que lo rodeaba
se hundía un t ant o, y allí el m ar se abría cam ino, de m odo que se había
form ado un poderoso arco de roca viva. Tan grande era, que, con excepción
de los de m ayor envergadura, dos barcos podían pasar a la vez, uno
saliendo quizá, y ot ro ent rando en busca de las t ranquilas aguas azules, y el
t ope de los m ást iles no rozaba siquiera la roca en lo alt o. No era m ucha la
luz de los Árboles que llegaba allí en ot ro t iem po por causa del m uro, por lo
que el sit io est aba ilum inado por un anillo de lám paras de oro, y t am bién
había lint ernas de m uchos colores que enviaban señales a los m uelles y los
desem barcaderos de las diferent es casas; pero a t ravés del arco era posible
t ener un at isbo dist ant e de los pálidos Mares Som bríos, ilum inados débil-
m ent e por el resplandor de los Árboles. Muy herm oso era ese puert o de
cont em plar cuando las blancas flot as volvían con débil resplandor y las
aguas pert urbadas rom pían la radiación espej ada de las lám paras en
pequeñas luces rizadas, t ej iendo ext raños dibuj os de m últ iples líneas
t it ilant es. Pero ahora t odos los baj eles est aban inm óviles, y una profunda
lobreguez había descendido sobre el sit io en que se habían m archit ado los
Árboles.
Ninguno de los Solosim pi escuchó las osadas palabras de los Noldoli,
salvo unos pocos que podían cont arse con los dedos de la m ano; y así esa
gent e fue desdichada hacia el nort e a lo largo de las cost as de Eldam ar
hast a que llegaron a lo alt o de los acant ilados que m iraban sobre el Puert o
de los Cisnes, y allí los Solosim pi de ant año habían t allado en la roca
escaleras serpent eant es que llegaban hast a el borde del puert o. Ahora bien,
desde allí hacia el nort e el cam ino era m uy m alo y escarpado, y los Noldoli
t enían consigo casi t ant as doncellas y m uj eres com o hom bres y m uchachos
( aunque m uchos, especialm ent e los niños m ás j óvenes, habían sido dej ados
en Kôr y Sirnúm en, y m uchas lágrim as se habían derram ado por ello) ; por
lo que se sint ieron ciert am ent e en un gran apuro, y en est a ext rem idad,
acuciados de dolor y con la m ent e alt erada, com et ieron los act os de los que
luego con m ás am argura se arrepint ieron, pues por esa razón el desagrado
de los Dioses no dej ó de abrum arlos y el corazón de los dem ás Eldalië se

* En el m argen est á escr it o Ielfethýþ. Est o es inglés ant iguo y r epr esent a la int erpret ación
que hace Eriol del nom bre élfico en su propia lengua: el prim er elem ent o significa «cisne» (ielfetu) y el
segundo (posteriormente «hithe») significa «puerto, desembarcadero».
volvió contra ellos.
He aquí que Fëanor piensa que esas huest es nunca podrán avanzar de
prisa a lo largo de la cost a, salvo con ayuda de barcos. Y éstos dijo , si
no nos los dan los Elfos de la cost a, nosot ros los t om arem os. Por t anto,
baj ando al puert o int ent aron em barcarse en las naves que allí había, pero
los Solosim pi se negaron; no obst ant e, por el crecido núm ero de ese
pueblo- gnóm ico, no opusieron resist encia t odavía; pero una ira había
despert ado ent re Eldar y Eldar. De m odo, pues, que los Noldoli em barcaron
en esas barcas a t odas sus m uj eres y sus niños y una gran huest e adem ás,
y solt ando am arras, rem aron con m uchos rem os hacia los m ares. Ent onces
una gran cólera se inflam ó en el corazón de los Flaut ist as de las Cost as al
descubrir el robo de esos baj eles que habían const ruido con habilidad y
esfuerzo, y ent re ellos había algunos fabricados por los Dioses en Tol
Eressëa com o se ha cont ado, barcas m aravillosas y m ágicas, las primeras
que hubieran existido. De modo que surgió de pronto una voz entre ellos:
Nunca esos ladrones abandonarán el Puert o en nuest ras naves y todos los
Solosim pi que est aban allí corrieron de prisa a lo alt o del m uro del
acant ilado donde est aba el arco por el que pasaría la flot a, y desde allí les
grit aron a los gnom os que regresaran; pero ést os no les hicieron caso y
mant uvieron el rum bo, y los Solosim pi los am enazaron con piedras y
tendieron sus arcos feéricos.
Viendo est o y creyendo que la guerra se había desat ado ya, acudieron
los gnom os que no debían em barcarse, sino m archar a lo largo de las
cost as, y se apresuraron t ras los Solosim pi, hast a que llegando súbit am ent e
a ellos cerca de las puert as del Puer t o, los m at aron cruelm ent e y los
arrojaron al mar; y así murieron los Eldar por primera vez bajo las armas de
sus herm anos, y fue ést e un hecho de horror. Ahora bien, el núm ero de los
Solosim pi que cayó fue abundant e, y no escaso el de los gnom os, pues t u-
vieron que luchar m uy duro para volver por aquellos est rechos senderos en
lo alt o del acant ilado, y m uchos del pueblo de la cost a, al oír la refriega, se
habían amontonado en la retaguardia.
Por fin, sin embargo, la cosa está hecha, y las naves se han internado en
los m ares ext ensos y los Noldoli se alej aron, pero las pequeñas lám paras se
han rot o y el Puert o est á a oscuras y en silencio, salvo por el quedo sonido
de las lágrim as. De igual especie fueron t odas las obras de Melko en est e
mundo.
Ahora bien, cuent a el cuent o que m ient ras los Solosim pi lloraban y los
Dioses exploraban t oda la llanura de Valinor o se sent aban desanim ados
baj o los Árboles en ruina, una gran edad t ranscurrió, y fue una edad de
dolor, y durant e ese t iem po el pueblo de los gnom os sufrió los m ás grandes
m ales, y t odas las penurias del m undo los host igaron. Porque algunos
marcharon incesantemente a lo largo de esa costa hasta que Eldamar quedó
at rás oscura y olvidada, y los cam inos se volvieron m ás ásperos e
int ransit ables a m edida que avanzaban hacia el nort e, pero la flot a
navegaba j unt o a la cost a no m uy adent rada .en el m ar, y los cam inant es
alcanzaban a verlos con frecuencia en la t enebrosa penum bra, pues se
movían muy lentamente en aquellas olas morosas.
Sin embargo, no conozco toda la historia de esas penurias, ni nadie la ha
cont ado, pues sería un cuent o de desdichas, y aunque los gnom os relat an
m uchas cosas acerca de aquellos días con una claridad de la que no soy
capaz, de ningún m odo les gust a dem orarse en los t rist es acont ecim ient os
de aquella época, y sus recuerdos no despiert an m uy a m enudo. No
obstante, he oído decir

El añadido t erm ina aquí, y volvem os al t ext o original apresuradam ent e


garrapateado con lápiz:

que nunca habrían logrado ese espant oso pasaj e de Qerkaringa 3 si y a


hubieran est ado som et idos al cansancio, la enferm edad y las m uchas
debilidades que luego les fueron propias cuando vivieron lej os de Valinor .
Todavía el bendit o alim ent o de los Dioses y su bebida m anaban ricas en sus
venas, por lo que eran sem idivinos; pero no t enían t odavía limpë en el
viaj e, pues no les fue dado a las hadas hast a m ucho después, cuando se
em prendió la Marcha de la Liberación, y los m ales del m undo, que Melko
había envenenado con su presencia, no tardaron en caer sobre ellos.
Si permites que interrumpa tu historia dijo Eriol , ¿qué quieres decir
con «el espantoso pasaje de Qerkaringa»?
Debes saber, pues dij o Lindo , que las cost as de Eldam ar y las
cost as que cont inúan esa playa hacia el nort e m ás allá del am plio puert o de
Kópas, avanzan siem pre hacia el est e, de m odo que después de incont ables
m illas, m ás al nort e t odavía que las Mont añas de Hierro y en los confines de
los Reinos Glaciales, los Grandes Mares, ayudados por una inclinación hacia
el oest e de las Grandes Tierras, quedan reducidos a un brazo est recho.
Ahora bien, el pasaj e de esas aguas es de un peligro insuperable, pues
est án llenas de m alignas corrient es y de rem olinos de fuerza dem oledora, y
flot an allí islas de hielo, que se resquebraj an y chocan ent re sí con un ruido
espant oso, dest ruyendo t ant o los grandes peces com o los barcos, si se
aventuraran por ese sitio. En aquellos días, sin embargo, un estrecho cuello,
que luego los Dioses dest ruyeron, iba de la t ierra occident al casi hast a las
cost as del est e; era de hielo sin em bargo, y de nieve [ ¿apilada?] ,
desgarrado en precipicios y acant ilados y casi int ransit able, y lo llam aban el
Helkaraksë o Colm illo de Hielo, 4 un rest o de los ant iguos y t erribles hielos
que se deslizaban por esas regiones ant es de que Melko fuera encadenado y
el nort e se volviera clem ent e por un t iem po, y se m ant enía allí por causa de
su est rechez y la [ ¿apiñadura?] de las islas de hielo que venían flot ando
desde el m ás profundo nort e, donde el invierno se había ret irado. Ahor a
bien, la franja de agua que fluía aún entre el extremo del Colmillo de Hielo y
las Grandes Tierras se llamaba Qerkaringa o Abismo de Frío.5
»Si Melko hubiera conocido en verdad el osado int ent o de los Gnom os,
los habría abrum ado en ese sit io m aligno a su ant oj o, pero m uchos m eses
habían pasado desde que él m ism o había huido quizá por ese lugar, y se
encont raba ahora ya m uy lej os. ¿No digo bien, Rúm il, respect o de est as
cosas?
Has contado la verdadera historia dijo Rúmil , pero no has dicho que
ant es de llegar a Helkaraksë, la huest e pasó j unt o al lugar donde Mornië
suele est ar am arrado, pues allí un em pinado y ret orcido sendero baj a
serpent eando desde Mandos enclavado ent re las m ont añas que las alm as
m andadas por Fui a Arvalin deben t ransit ar. 6 Allí los sorprendió un sirvient e
de Vefánt ur y pregunt ando qué significaba ese viaj e, les rogó que dieran la
vuelt a, pero le respondieron con desprecio, de m odo que encaram ándose
sobre una roca, les habló alto, y su voz llegó aún hasta la flota en las olas; y
les predij o m uchas de las desvent uras que luego les ocurrieron,
previniéndoles en cont ra de Melko, y por últ im o dij o: Grande es la caída
de Gondolin, y nadie de los que allí est aban lo ent endió, porque Turondo,
hij o de Nólem ë, 7 no est aba t odavía sobre la Tierra. Pero los hom bres sabios
recordaron sus palabras, pues Mandos y t odos los suyos t ienen el poder de
la profecía, y largo t iem po at esoraron esas palabras com o las Profecías de
Am nos, pues así se llam aba el sit io donde las escucharon en ese t iem po;
ahora se llama Hanstovánen8 o el lugar de amarre del Mornië.
«Después de eso los Noldoli viaj aron despacio, y cuando el espant oso
ist m o de Helkaraksë est uvo delant e de ellos, algunos fueron part idarios de
trasladar a t oda la huest e, por grupos sucesivos, a t ravés del m ar,
prefiriendo m ás bien avent urarse por sobre esas peligrosas aguas que
int ent ar encont rar un pasaj e ent re los precipicios y las t raicioneras
hendiduras del ist m o de hielo. Est o es lo que int ent aron, y una gran barca
se perdió con t odos los de a bordo por causa de ciert o t errible rem olino
que había en la bahía, cerca del lugar donde Helkaraksë se ext endía hacia
el oest e; y ese rem olino a veces gira com o un vast o t rom po y chilla fuert e
con un sonido dolient e, t errible de escuchar, y las cosas que a él se
acercan son absorbidas por esa profundidad m onst ruosa, y se est rellan
cont ra dient es de hielo y de roca; y el nom bre del rem olino es Wiruin. Por
t ant o los Noldoli sufren gran angust ia y perplej idad, pues aun si pudieran
encont rar un cam ino ent re los t errores del Helkaraksë, he aquí que aun así
no pueden alcanzar el m undo int erior, pues aun en el ext rem o se abre ese
hueco, y aunque es est recho, el bram ido del agua que se precipit a por allí
puede oírse a gran dist ancia, y el est répit o del hielo que se desprendía del
cabo llegaba hast a ellos, y t am bién los choques y los em bat es de las islas
de hielo que desde el norte bajan por ese espantoso estrecho.
»Ahora bien, la presencia de esas islas flot ant es de hielo era
consecuencia sin duda de la presencia de Melko en el nort e lej ano, pues el
invierno se había ret irado al m ás ext rem o nort e y al m ás ext rem o sur, de
modo que casi no quedaba asidero para él en el mundo en aquellos días de
paz llam ados las Cadenas de Melko; pero sin em bargo, precisam ent e fue
est a act ividad de Melko la que a la larga salvó a los Noldoli, pues he aquí
ahora que se vieron obligados a hacer desem barcar a t odas las m uj eres y
t odos los navegant es y allí en esas t orvas playas levant aron un m iserable
campamento.
»Los cant os llam an a esa m orada 9 las Tiendas de la Quej a, por que se
alzaron allí m uchos llant os y lam ent aciones, y m uchos culparon a Fëanor
con am argura, y en verdad ello era j ust o, pero pocos se fueron, pues
sospechaban que no habría bienvenida para ellos en Valinor si regresaban; y
eso en verdad lo comprobaron los pocos que intentaron volver, pero esto no
es parte del cuento.
»Cuando los dolores de los Noldoli est án en su punt o m ás negro, y
ninguno t iene esperanzas de regreso o alegría, he aquí que el invierno
despliega sus estandartes y avanza lentamente hacia el sur, vestido de hielo
con espadas de escarcha y látigos de granizo. Sin embargo, tan grande es el
frío, que el hielo flot ant e se agrupa y se apiña y se apila com o m ont añas
ent re el ext rem o de Helkaraksë 10 y las t ierras orient ales, y por últ im o se
vuelve t an fuert e que la corrient e no lo m ueve. Luego, abandonando las
naves robadas, dej an el dolient e cam pam ent o y se esfuerzan por cruzar los
t errores del Qerkaringa. ¿Quién podrá cont ar de la m iseria de esa m archa o
del núm ero de los que se perdieron cayendo en grandes precipicios de hielo
en cuyo fondo lej ano hervía agua escondida o ext raviándose y m uriendo de
frío? Porque aunque t odo aquello era m alo, t ant as cosas desesper adas les
ocurrieron luego en las Grandes Tierras, que en sus m ent es quedó reducido
a algo de m enor cuant ía, y en verdad los cuent os que cont aban el abandono
de Valinor no fueron nunca dulces al oído de los Noldoli, ya fueran sirvientes
o ciudadanos de Gondolin. Sin em bargo, ni siquiera esas cosas pueden dar
la m uert e al clan de los gnom os, y de los que est án allí perdidos, t odavía se
dice que algunos yerran t rist em ent e ent re las m ont añas de hielo, ignorantes
de t odo lo que les ha ocurrido a sus parient es, y ot ros int ent aron volver a
Valinor, y Mandos los tiene, y otros en fin que siguieron adelante volvieron a
encont rar al cabo de largos días a sus desdichados herm anos. Sea com o
fuere, una part ida m acilent a y dism inuida alcanzó a la larga el suelo rocoso
de las t ierras orient ales, y allí se quedaron m irando at rás por sobre el hielo
de Helkaraksë y de Qerkaringa las est ribaciones de las m ont añas m ás allá
del m ar, porque a lo lej os, ent re las nieblas del sur, se levant aban las m ás
gloriosas alt uras de Valinor, separándolos para siem pre de sus herm anos y
sus hogares.
»De este modo entraron los Noldoli al mundo.
Y con est as palabras de Rúm il t erm inaba la hist oria del oscurecimiento
de Valinor.
Grande era el poder de Melko para el m al dij o Eriol , si pudo en
verdad dest ruir con su ast ucia la felicidad y la gloria de los Dioses y de los
Elfos, oscureciendo la luz de sus corazones no en m enor m edida que la de
sus m oradas, y reduciendo a la nada t odo su am or. Ést a con seguridad fue
la peor acción que haya cometido.
En verdad nunca t an grande m al se le volvió a hacer a Valinor dijo
Lindo , pero la m ano de Melko ha t rabaj ado en cosas t odavía peores y las
sem illas de su m aldad han alcanzado un t am año t errible desde aquellos
días.
Sin em bargo dij o Eriol m i corazón no puede pensar en ot ros
infort unios por el dolor que m e produce la dest rucción de esos bellos
Árboles y la oscuridad del mundo.

NOTAS

1 El m anuscrit o por ciert o parece t ener aquí la for m a Noldor. Debe recordarse
que en la viej a hist oria los Teleri ( est o es, m ás adelant e los Vanyar) no habían
abandonado Kôr.
2 En la part e superior de la página m anuscrit a y refir iéndose claram ent e a las
palabras de Fëanor, m i padre escribió: « I ncrem ent ar el elem ent o de deseo en
los Silm ar ils». Ot ra not a se refiere a la part e de la narración que com ienza aquí
y dice que «necesit a ser m uy rev isada: la [ ¿sed?] de j oyas en especial de los
sagrados Silmarils ha de ser puesta de relieve. Y hay que incorporar la batalla
de Kópas Alqalunt ë, de fundam ent al im port ancia, en la que los gnom os dieron
m uert e a los Solosim pi». Est a not a fue luego t achada y señalada con la palabr a
«hecho», pero sólo la segunda direct iva fue en realidad seguida: ést e es el
añadido sobre la Matanza de los Parientes que aparece en la historia.
3 Mi padre escribió aquí en el m argen: «Helkaraksë Colm illo de Hielo Qerkaringa
el agua»; véase nota 5.
4 Helkaraksë o Colmillo de Hielo: antes se leía Qerkaringa; véase nota 5.
5 Est e pasaj e, desde «Debes saber, pues dij o Lindo », reem plaza una versión
anterior que no ofrezco, pues no contiene casi nada que no Estë contenido en la
que la reem plaza; y la últ im a oración de ést a es aun un agregado. Sin
em bargo, es necesario observar que en la prim era versión el cuello de t ierra se
llama Qerkaringa ( com o t am bién al pr incipio en la corrección del pasaj e, véase
not a 4) con la observación de que «el nom bre se le ha dado t am bién al brazo
de m ar a lo lej os». Ést a fue, pues, la idea prim era: Qerkaringa,
primordialm ent e el nom bre del cuello de t ierra, pero prolongable t am bién al
brazo de mar (presumiblemente en este período querka no significaba «golfo»).
Mi padre decidió luego que Qerkaringa sería el nom bre del brazo de m ar, e
int roduj o el de Helkaraksë para el cuello de t ierra; de ahí la anot ación al
m argen dada en la not a 3 arriba. A est a alt ura añadió la últ im a oración de la
segunda versión: «La franja de agua que fluía aún entre el extremo del Colmillo
de Hielo y las Grandes Tierras se llam aba Qerkaringa o el Abism o del Frío» y
reemplazó Qerkaringa en el cuerpo del pasaj e ( not a 4) por Helkaraksë o
Colmillo de Hielo, t ransport ando est e cam bio al rest o del cuent o (de Qerkaringa
> de Helkaraksë y de Qerkaringa).
6 Para el cam ino desde Mandos, la nave negra Mornië y su viaj e a lo largo de la
costa hasta Arvalin, véase La Llegada de los Valar.
7 Turondo o Turgon, hijo de Nólemë, ha sido nombrado anteriormente.
8 La lectura de Hanstovánen es un tanto incierta, y lo sigue otro nombre «o .......
Mornien». Véase abajo en «Cambios de nombres».
9 Después de la palabra «m orada» hay un espacio en blanco para el añadido de
un nombre élfico.
10 En el manuscrito Qerkaringa no está corregido, pero evidentemente se refiere al
prom ont or io occident al ( el Colm illo de Hielo) , y por t ant o leo Helkaraksë en el
texto (véase nota 5).

Cambios de nombres en
La Huida de los Noldoli

Helkaraksë < Qerkaringa ( para los det alles y la ex plicación de est e cam bio, véase
nota 5).
Arvalin < Habbanan.
Amnos < Emnon < Morniento.
Hanstovánen El nom bre del «sit io de am arra de Mornië» se escribió pr im er o
Mornielta ( las últ im as let ras no pueden leerse con seguridad) , luego Vane (o
Vane) Hanst o; est e últ im o nom bre fue t achado, pero la form a en el t ext o ( que
puede leerse t am bién Hanstavánen) parece ser la definit iv a. Después de
Hanstovánen sigue «o ....... Mornien».

Comentario de
La Huida de los Noldoli

En est e «cuent o» ( en realidad la conclusión del largo cuent o de «El Robo de


Melko y el Oscurecimiento de Valinor» contado por Lindo y terminado por Rúmil) se
encuent ra la m ás ant igua narración de la part ida de los gnom os de Valinor. Aquí
los Dioses siguen a Vána persecución m ucho después de haber escapado Melko, y
adem ás, ayudados en ella por los Eldar ( con inclusión de los Solosim pi, que com o
m ás t arde los Teler i descrit os en El Silm arillion, difícilm ent e habrían abandonado
las cost as y sus barcos) . El regreso de Fëanor a Kôr y la arenga que les dir ige a los
Noldoli (y, en esta narración, a otros) a la luz de las antorchas es un rasgo original;
pero sus hij os no han aparecido t odav ía, ni t am poco, en verdad, ninguno de los
príncipes Noldorin descendientes de Finwë, salvo Turondo (Turgon), del que se dice
específicam ent e que no est aba t odav ía en la t ierra, No hay Juram ent o de Fëanor, y
la post er ior hist or ia de las opiniones div ididas de los Noldor solo apar ece en el
int ent o que hace Nólem ë ( Finw ë) por calm ar a la gent e; Nólem ë desem peña pues
el papel luego desem peñado por Finarfin ( El Silm arillion, Cap.9) . En El Silm arillion,
después de la Mat anza de Alqualondë y la profecía del Nort e. Finarfin y m uchos de
los suyos vuelven a Valinor y reciben el perdón de los Valar; pero aquí no hubo
bienvenida para los pocos que volvieron o, de otro modo, «Mandos los tiene».
En la part e desechada, sust it uida por la narración de la bat alla de Kópas
Alqualunt en, la referencia a «los act os que luego lam ent aron m ás am argam ent e»
sim plem ent e ha de r elacionarse con el robo de las naves de los Solosim pi, pues no
hay indicación de act os m ás graves ( en el pasaj e que lo rem plaza casi las m ism as
palabras se em plean para referirse a la Mat anza de los Parient es) . El surgim ient o
concreto de la idea de que los Noldoli eran culpables de algo más grave que el robo
com et ido en Kópas aparece en una not a en el cuadernillo que m i padre usaba para
apunt ar ideas y sugerencias, m uchas de ellas no m ás que oraciones suelt as o
m eros nom bres aislados, y que servía para recordarle t rabaj os por hacer, hist orias
por contar o cambios por llevar a cabo. Esta nota dice:

La cólera de los Dioses y de los Elfos es m uy grande; aunque algunos Noldoli m at en a


algunos Solosim pi en Kópas; y que Ulm o int erceda por ellos ( ? si ulm o am a t ant o a los
Solosimpi).

Est o fue t achado y se agrego la palabra «hecho», y la recom endación de que


Ulm o debe int erceder por los Noldoli se encuent ra en el cuent o El Ocult am ient o de
Valinor.
En la descripción de Kópas el «poderoso arco de roca viva» sobreviv ió en «el
Arco de roca viva t allado por el m ar» en una descripción m ucho m ás breve de
Alqualondë en El Silm arillion ( cap. 5) ; y vem os aquí la razón de que el Puert o est é
«ilum inado por m uchas lám paras» (ibid.): porque llegaba poca luz de los Dos
Árboles a causa del m uro de roca que lo rodeaba ( aunque la oscuridad de
Alqualondë queda sugerida por lo que se dice en El Silm arillion: «est aba en los
confines de Eldam ar , al nort e de Calacir ya, donde la luz de las est rellas er a
brillante y clara»).
Los det alles de los acont ecim ient os en el Puert o fueron concebidos de m anera
diferent e en la hist oria post erior, pero aun así, en general coincidían am bas
versiones; y aunque la t or m ent a desencadenada por Uinen (ibid.) no aparece en la
versión or iginal, se conservó en cam bio el v iaj e de los Noldoli hacia el nort e,
andando algunos a lo largo de la costa y otros en las naves.
Hay int eresant es indicaciones acerca de la geografía de las regiones del nort e.
Nada se dice de la exist encia de una gran zona baldía ( m ás t arde Aram an) ent re
las Mont añas de Valinor, al nort e, y el m ar, una conclusión alcanzada ant es, y
sost enida incident alm ent e por la m ención de un em pinado sendero que baj a desde
Mandos en las m ont añas hast a el lugar de am arre de Mornië, la nave negra. El
nombre Helkaraksë, «el Hielo Trit urador», que aparece en las correcciones del
t ext o y se at ribuye al cuello o prom ont or io que part e del oest e, se aplicó luego a lo
que se llam a aquí Qerkaringa, el est recho lleno de t rozos de hielo «que se
resquebraj an y chocan ent re sí»; pero est o fue cuando el Helcaraxë, «el Hielo
Trit urador », había llegado a t ener una significación geográfica del t odo dist int a en
la im agen del m undo m ucho m ás elaborada que m i padre concibió durant e la
«fase» siguiente de su mitología.
En El Silm arillion se sugiere que el que pronuncia la Profecía del Nort e era el
m ism o Mandos «y no un heraldo m enor de Manw ë», y su gravedad, su
fundam ent al im port ancia a decir v erdad, en la m it ología es m ucho m ayor; aquí no
hay sugerencia de «condenación» o « m aldición» , sino sólo de predicción. Est a
predicción incluía las oscuras palabras «Grande es la caída de Gondolin». En el
cuent o de La Caída de Gondolin ( pero en una oración int ercalada posiblem ent e
post erior a la present e hist or ia) , Turgon, de pie en la escalinat a de su palacio en
m edio de la dest rucción de la ciudad, pronunció esas m ism as palabras, «y los
Hom bres se est rem ecieron porque ésas eran las palabras de Am non, el profet a de
ant año». Aquí Amnon ( m ás bien que Amnos com o en el pr esent e t ext o, el m ism o
una corrección de Emnon) no es un lugar, sino una persona ( ¿el sir v ient e de
Vefánt ur que pronunció la profecía?) . En el cuadernillo al que nos referim os ant es
aparece la siguiente nota:

Profecía de Am non. Grande es la caída de Gondolin. He aquí que Turgon no se


desvanecerá hasta que el lirio del valle se desvanezca.

En algunas otras notas para los Cuentos Perdidos esto se expresa:

Profecía de Am non. «Grande es la caída de Gondolin» y «Cuando el lirio del valle se


marchite, entonces Turgon se desvanecerá».

En est as not as Amnon podría ser un lugar o una persona. El «lir io del valle» es
la m ism a Gondolin, uno de cuyos Siet e Nom bres era Losengriol, m ás t arde
Lothengriol, cuya traducción era «flor del valle o lirio del valle».
Hay una interesante afirmación en el viejo cuento: se dice que los Noldoli nunca
habrían atravesado la región helada si hubieran estado sometidos ya «al cansancio,
la enferm edad y las m uchas debilidades que luego les fueron propias al viv ir lej os
de Valinor» y que «t odav ía el bendit o alim ent o de los dioses y su bebida m anaban
ricos en sus venas, por lo que eran sem idivinos». Est o resuena com o un eco en las
palabras de El Silm arillion: los Noldor eran recién llegados del Reino Bendecido, y
no est aban t odavía cansados con el cansancio de la Tierra. Por ot ra part e se decía
específicam ent e en la Profecía del Nort e que «aunque Eru no os dest inó a m orir en
Eä, y ninguna enferm edad puede afect aros, podéis ser m at ados sin em bargo, y
matados seréis».
De la t raición de los Fëanorianos, que part ieron en las barcas y dej aron a las
huest es de Fingolfin en las cost as de Aram an, no hay huellas por supuest o en el
viej o relat o; pero la inculpación de Fëanor est aba ya present e ( « las Tiendas de la
Quej a») . Hay ot ro aspect o not able en la prim era v ersión de la m it ología: aunque
gran part e de la est ruct ura narrat iva est aba bien fundada y habría de perdurar, la
est ruct ura «genealógica» post erior era apenas un esbozo. Turgon ex ist ía com o el
hij o de ( Finw ë) Nólem ë, pero no hay la m enor sugerencia de que Fëanor fuer a
parient e cercano del señor de los Noldoli, y los ot r os príncipes, Fingolfin, Finarfin,
Fingon, Felagund, no aparecen en absolut o en ninguna form a ni con ningún ot ro
nombre.
VIII

EL CUENTO DEL SOL Y DE LA LUNA

El Cuent o del Sol y de la Luna es precedido por un «I nt erludio» ( com o se lo


llam a en el m anuscrit o) en el que aparece, com o huésped en Mar Vanw a Tyaliéva,
un t al Gilfanon de Tavrobel. Est e int er ludio ex ist e t am bién en una versión ant erior
abandonada.
El cuent o est á escrit o en casi t oda su ext ensión en t int a sobre un original a
lápiz luego borrado, pero hacia el final ( v éase not a 19) est á escrit o direct am ent e
en tinta, y el borrador a lápiz está en otro cuaderno.
El Cuent o del Sol y de la Luna es m uy largo y lo he acort ado a veces m ediant e
breves paráfrasis, sin om it ir ningún det alle de int er és. ( Una not a de m i padre dice
que este cuento «necesita una profunda revisión, cortes y [¿remodelación?]».)

Gilfanon a·Davrobel

Ahora bien, no ha de pensarse que porque Eriol escuchara t antas


hist orias que hablaban de los diversos infort unios de los Elfos, su sed de
limpë hubiera dism inuido en él, pues no era así, y m ient ras la m ult it ud se
sent aba alrededor del Hogar de los Cuent os no dej aba de hacer ansiosas
pregunt as, int ent ando conocer t oda la hist oria de ese pueblo aun hast a los
días en que se encont raban, en el m om ent o en que el pueblo élfico vivía
otra vez reunido en la isla.
Sabiendo por t ant o ahora algo del glorioso est ilo de su ant iguo hogar y
del esplendor de los Dioses, reflexionaba a m enudo sobre la llegada de los
días de la Luz del Sol y el Resplandor de la Luna, y de los hechos de los
Elfos en el m undo de fuera, y de sus avent uras allí con los Hom bres ant es
que Melko concibiera su separación; por t ant o, una noche, sent ado delant e
del Hogar de los Cuent os, pregunt ó: ¿De dónde provienen el Sol y la
Luna, oh, Lindo? Porque hast a ahora sólo he oído de los Dos Árboles y su
t rist e desvanecim ient o, pero de la llegada de los Hom bres o de los hechos
de los Elfos más allá de Valinor nadie me ha contado nada.
Ahora bien, ocurrió que esa noche est aba present e un huésped t ant o en
la m esa com o j unt o al Hogar de los Cuent os, y su nom bre era Gilfanon, y
t odos lo llam aban Gilfanon a·Davrobel,1 pues venía de esa región de la isla
donde se levant a la Torre de Tavrobel j unt o a los ríos, 2 y a su alrededor
vivían los gnom os com o un único pueblo, y nom braban los lugares en su
propia lengua. A esa región Gilfanon solía llam arla la m ás bella de la isla, y
al clan de los gnom os su m ej or gent e, aunque ant es que ese pueblo llegara
allí, él había vivido lej os de los Noldoli, viajando con I lkorins en Hisilóm ë y
Artanor,3 y allí, com o m uy pocos Elfos lo hacían, se volvió gran am igo y
com pañero de los Hij os de los Hom bres de ese ent onces. A sus leyendas y
recuerdos, agregaba él su propio conocim ient o, pues había est ado pro-
fundam ent e versado en m uchas ciencias y lenguas en los dist ant es días de
Kôr, y adem ás t enía experiencia de hechos m uy ant iguos, siendo en verdad
una de las hadas4 de m ayor edad, y la de m ás edad de las que ahora vivían
en la isla, aunque Meril llevaba el t ít ulo de Señora de la I sla por m ot ivos de
sangre.
Por t ant o, dij o ent onces Lindo, respondiendo a Eriol: Gilfanon, aquí
present e, puede cont art e m uchas cosas de t ales asunt os, y no est aría m al
que viaj aras con él para aloj art e un t iem po en Tavrobel... No, no hagas ese
gesto dij o riendo al ver la cara de Eriol porque no querem os dest errart e
t odavía... pero en verdad, sería at inado que quien quiere beber limpë
buscara prim ero la hospit alidad de Gilfanon, en cuya ant igua casa ( la Casa
de las Cien Chim eneas, que est á cerca del puent e de Tavrobel) 5 pueden
escucharse muchas cosas tanto del pasado como de las que han de venir.
Me parece le dij o Gilfanon a Eriol que Lindo int ent a deshacerse de
dos huéspedes a la vez; de cualquier m odo, no puede hacerlo t odavía, pues
m e propongo perm anecer en Kort irion siet e noches, y adem ás gozar
m ient ras t ant o de la buena m esa y t enderm e ant e el Hogar de los Cuent os.
Después quizá t ú y yo viaj arem os, y verás el pleno encant o de la isla de las
hadas. Pero ahora que Lindo alce la voz y nos cuent e m ás del esplendor de
los Dioses y sus obras, un tema del que nunca se cansa.
Al oírlo, Lindo se sint ió com placido, pues en verdad le encant aba cont ar
t ales cuent os y a m enudo buscaba la ocasión de poder volver a cont arlos, y
dijo: Ent onces cont aré la hist oria del Sol y de la Luna y de las Est rellas,
para que Eriol pueda escucharlas según es su deseo. Y Eriol se sint ió
com placido, pero Gilfanon dij o: Sigue hablando, Lindo m ío, no t e dem ores
en el cuento para siempre.
Ent onces Lindo alzó la voz, 6 y era la m ás agradable de oír ent re las de
todos los narradores, y dijo:*
Cuent o un cuent o del t iem po de la prim era huida de los gnom os, y he
aquí que acaban de huir. Llegó ent onces esa t rist e nueva a los Dioses y a
los dem ás Elfos, y al principio nadie lo creía. No obst ant e, la nueva les
seguía llegando, y por m uchos dist int os m ensaj eros. Algunos eran de los
Teleri, que habían escuchado el discurso de Fëanor en la plaza de Kôr y
habían vist o a los Noldoli part ir de allí con t odos los bienes que podían car-
gar; ot ros eran de los Solosim pi, y ést os t raían la espant osa nueva del
arrebat o de las naves- cisne y la t errible m at anza de los parient es en el
Puerto y de la sangre derramada en las blancas playas de Alqaluntë.
»Por fin llegó apresurado un m ensaj ero de Mandos, que había est ado
cont em plando esa m ult it ud cerca de las playas de Am nor, y los Dioses
supieron que los gnom os se habían adentrado m uy lej os en el m undo, y
* Escrito al margen: «Comienzo de El Sol y la Luna».
Varda y t odos los Elfos lloraron, porque ahora la oscuridad parecía negra en
verdad, y no sólo había muerto la luz exterior de los hermosos Árboles.
«Result a ext raño decir que aunque Aulë había am ado a los Noldoli por
sobre t odos los dem ás Elfos, y les había enseñado t odo lo que sabían y les
había dado grandes m ont os de riqueza, ahora el corazón se le había vuelt o
del t odo cont ra ellos, pues los consideró ingrat os por no haberse despedido
de él, y t enía el corazón apesadum brado por las m alas acciones que habían
com et ido ent re los Solosim pi. No volváis a pronunciar nunca dijo el
nom bre de los Noldoli delant e de m í. Y aunque aún dio su am or a los
pocos gnom os fieles que se habían quedado con él, en adelant e los llam ó
«Eldar».
»Pero los Teleri y los Solosim pi, habiendo llorado al principio, cuando la
m at anza del Puert o fue de t odos conocida, secaron sus lágrim as, y el horror
y la angustia hicieron presa de sus corazones, y también ellos hablaban rara
vez de los Noldoli, salvo con t rist eza o en susurros a puert a cerrada; y los
pocos Noldoli que se quedaron eran llam ados los Aulenossë o parient es de
Aulë, o eran int egrados en los ot ros clanes, y el pueblo de los gnom os no
tienen sitio ni nombre ahora en toda Valinor.
»Debe decirse ahora que al cabo de un largo t iem po, le pareció a Manw ë
que la cacería de los Dioses de nada valía, y que seguram ent e Melko habría
escapado ya de Valinor; por t ant o envió a Soront ur al m undo, y Soront ur no
volvió en largo t iem po, y aún Tulkas y m uchos ot ros regist raban la t ierra,
pero Manw ë perm anecía j unt o a los Árboles ennegrecidos y t enía el corazón
apesadum brado m ient ras m edit aba con profundidad y lobreguez, pero en
esas ocasiones no veía la m enor luz de esperanza. De pront o hay ruido de
bat ir de alas en ese sit io, porque Soront ur, Rey de las Águilas, ha vuelt o en
vigoroso vuelo a t ravés del crepúsculo, y he aquí que posándose en las
ram as ennegrecidas de Silpion, cuent a que Melko ha irrum pido en el m undo
y que m uchos m alos espírit us est án con él. Pero dice , m e parece que
nunca m ás se le abrirá Ut um na, y ya se afana por const ruirse nuevas
viviendas en esa región del norte donde se levantan las Montañas de Hierro,
m uy alt as y t erribles de ver. Sin em bargo, oh, Manw ë, Señor del Aire, ot ras
nuevas t engo t am bién para t us oídos, porque he aquí que m ient ras volvía
por sobre los m ares negros y las t ierras inhóspit as, vi una visión de gran
m aravilla y asom bro: una flot a de naves blancas que iban vacías a la deriva
em puj adas por el vient o, y algunas ardían con llam as brillant es, y m ient ras
m e m aravillaba, he aquí que vi una gran m ult it ud de gent e en las cost as de
las Grandes Tierras y t odos m iraban hacia el oest e, pero algunos aún iban
errant es sobre el hielo, pues has de saber que ése era el lugar donde están
los riscos de Helkaraksë y donde las aguas asesinas de Qerkaringa fluían
antaño, pero el hielo las detiene ahora. Volando bajo me pareció escuchar el
sonido de lam ent os y de t rist es palabras dichas en la lengua de los Eldar; y
esta historia te traigo para que tú la descifres.
»Pero Manw ë supo por eso que los Noldoli se habían ido para siem pre y
sus naves est aban quem adas o abandonadas, y que t am bién Melko est aba
en el m undo, y la cacería no servía de nada; y quizá en recuerdo de esos
hechos es dicho corrient e en boca de Elfos y Hom bres que quienes quem an
sus naves no t ienen esperanza ya de cam biar de opinión. Por t ant o, Manw ë
ahora levant a su voz inm ensurable llam ando a los Dioses, y t odos los que
estaban en las anchas tierras de Valinor lo oyen y acuden.
»Vino primero Tulkas, cansado y cubierto de polvo, porque nadie como él
había recorrido la llanura. Siet e veces había abarcado su ancho y t res veces
había escalado el m uro de m ont añas, y t odas esas inm ensurables cuest as y
herbazales, prados y bosques había at ravesado, quem ado por el deseo de
cast igar al despoj ador de Valinor. Llegó allí Lórien y se apoyó cont ra el
t ronco m archit o de Silpion, y lloró la ruina de sus t ranquilos j ardines
aplast ados por la cacería; allí t am bién est aba Meássë y con ella Makar, y
ést e t enía la m ano roj a porque había alcanzado a dos de los cam aradas de
Melko y les había dado muerte mientras huían, y sólo él tenía alguna alegría
en esos lúgubres t iem pos. Ossë est aba allí, y t enía las barbas verdes
desgarradas y los ojos apagados y la boca abierta; se apoyaba en un cayado
y sentía mucha sed, porque aunque era poderoso en los mares e incansable,
t rabaj os t an desesperados en el seno de la Tierra consum ían por com plet o
su vigor.
»Salm ar y Ornar est aban allí y sus inst rum ent os de m úsica no em it ían el
m enor sonido y t enían el corazón apesadum brado, aunque sin em bargo no
t ant o com o Aulë, enam orado de la t ierra y de t odas las cosas que se
obt ienen de ella con una buena labor, porque de t odos los Dioses él era el
que m ás había am ado a Valm ar y a Kôr con t odos sus t esoros, y la sonrisa
de las bellas llanuras y su ruina le part ían el corazón. Con él est aba
Yavanna, Reina de la Tierra, y ella había ido de cacería con los Dioses y
est aba agot ada; pero Vána y Nessa lloraban com o doncellas j unt o a las
fuentes de oro de Kulullin.
»Sólo Ulm o no acudió a los Árboles, sino que baj ó a la playa de Eldam ar,
y allí se quedó m irando la lobreguez m ar adent ro, y llam aba a m enudo con
voz poder osa com o si fuera a at raer de nuevo a esos renegados al seno de
los Dioses, y m ient ras t ocaba una profunda m úsica nost álgica en sus
caracolas m ágicas, y para él sólo, salvo t am bién para Varda, señora de las
estrellas,7 era la part ida de los Gnom os un m ayor dolor t odavía que la ruina
de los Árboles. Ant es había am ado Ulm o en grado sum o a los Solosim pi,
pero cuando oyó de su matanza por los gnomos, sufrió en verdad, aunque el
enfado no le endureció el corazón, pues Ulm o t enía m ás presciencia que
ninguno de los Dioses, aun m ás que el gran Manw ë, y quizá veía m uchas de
las cosas que serían consecuencia de aquella huida, y los grandes dolores de
los desdichados Noldoli en el m undo, y la angust ia con la que ex piarían la
sangre de Kópas, y deseaba que todo aquello no fuera así.
»Ahora bien, cuando t odos est uvieron allí reunidos, les habló Manw ë
ent onces y les cont ó las nuevas de Soront ur y les dij o de cóm o la
persecución había fracasado; pero en ese t iem po los Dioses est aban
confundidos en la penum bra y celebraban pocos consej os, y cada cual
buscaba su propia casa y los sit ios de deleit e de ant año, ahora m uert os, y
perm anecían allí sent ados en silenció en oscura m edit ación. Sin em bargo,
algunos iban de vez en cuando a la llanura y cont em plaban anhelant es los
Árboles m archit os, com o si de esas ram as secas fuera a brot ar una nueva
luz; pero est o no ocurrió, y Valinor est aba llena de som bras y de lobreguez,
y los Elfos lloraban y no les era posible el consuelo, y los Noldoli sufrían
amargas penurias en las tierras del norte.
»Luego, al cabo de largo t iem po, con súbit o dolor y fat iga supieron los
Dioses que la luz había abandonado a Valinor para siem pre, y que nunca
ot ra vez florecerían esos Árboles en el m om ent o preciso. Sólo quedaba la
luz de las est rellas, salvo un t enue resplandor j unt o a la fuent e de Kulullin
que t odavía m anaba o un pálido brillo dem orado cerca de la profunda
Telimpë,8 t inaj a de los sueños. Pero aun ést as est aban dism inuidas y des-
lucidas, pues los Árboles no proporcionaban ya aquel rocío renovador.
»Por tanto se pone en pie Vána y busca a Lórien, y con ellos van Urwendi
y Silm o 9 y m uchos ot ros, t ant o de los Vali com o de los Elfos; y recogen luz
de oro y de plata en grandes vasos y van tristemente a los Árboles en ruina.
Allí cant a Lórien los cant os m ás anhelant es de m agia y encant am ient o
alrededor del t ronco de Silpion pidiendo que sus raíces fueran regadas con
la radiación de Telim pë; y est o se hizo con prodigalidad, aunque era poca la
cant idad que quedaba de ella en las m oradas de los Dioses. De igual m odo
hace Vána, y cant a ant iguas canciones de oro de días m ás felices, y pide a
sus doncellas que bailen sus brillant es bailes, com o los que solían bailar
sobre el césped en los j ardines de rosas cerca de Kulullin, y m ient ras ellas
bailaban, anegó las raíces de Laurelin con el flujo de sus jarras de oro.
»Sin em bargo de nada sirven t odos esos cant os y encant am ient os, y
aunque las raíces de los Árboles parecen beber t odo lo que ellos viert en,
nadie ve el m enor est rem ecim ient o de vida renov ada, o el m ás débil
resplandor de luz; en ninguna hoj a m archit a brilla la savia ni alza la cabeza
un capullo. En ver dad en aquel dolorido frenesí habrían vert ido los últ im os
rest os de brillant ez que los Dioses conservaban, si por fort una Manw ë y
Aulë no hubieran llegado en ese m om ent o at raídos por el cant o en la
penum bra, y los hubieran det enido diciendo: Escuchad, oh, Vána, y t ú,
oh, Lórien, ¿qué significa est a precipit ación? ¿Y por qué no escuchast eis
prim ero el consej o de vuest ros herm anos? Pues ¿no sabéis que lo que
derram áis irreflexivos en t ierra es ahora el m ayor t esoro del m undo? Y
cuando se haya acabado, quizá ni siquiera t oda la sabiduría de los Dioses
pueda devolvérnoslo.
« Ent onces Vána dij o: Perdón, oh, Manw ë Súlim o, y que m i dolor y m is
lágrim as sean m i excusa; ant es, sin em bargo, nunca dej ó est e líquido de
refrescar el corazón de Laurelin, y devolvía a cam bio un frut o de luz m ás
pleno que el que nosot ros le dábam os; y m e pareció que los Dioses
perm anecían sent ados y som bríos en sus est ancias, y por la pesadum bre de
sus corazones no int ent aban poner r em edio a sus m ales. Pero he aquí que
Lórien y yo recurrim os a nuest ros hechizos y ellos de nada sirven. Y Vána
se echó a llorar.
»Fue ent onces idea de m uchos que esos dos, Lórien y Vána, no habían
podido curar las heridas de Laurelin y de Silpion por que no habían m ezclado
en sus hechizos palabra alguna de la Señora de la Tierra, m adre de la
m agia. Por t ant o, m uchos dijeron: Busquem os a Palúrien, pues quizá su
m agia logre que est os Árboles recuperen part e de su ant igua gloria; y
ent onces si la luz se renueva, Aulë y sus art esanos pueden r eparar los
daños de nuest ro herm oso reino, y una vez m ás habrá felicidad ent r e
Erum áni y el m ar. 10 Pero en la oscuridad y los m alos días de fuera del
muro de montañas, pocos pensaron o se cuidaron de ellos.
»Por t ant o, llam aron ent onces a Yavanna, y ella vino y pregunt ó qué
querían, y después de haberlo oído, lloró y habló ant e ellos diciendo:
Sabed, oh, Valar, y vosot ros hij os e hij as de los Eldar, Hij os de I lúvat ar ,
prim eros vást agos de los bosques de la Tierra, que est os Dos Árboles nunca
volverán a florecer, y ot ros com o ellos no cobrarán vida durant e m uchas
edades en el m undo. Muchas cosas se harán y ocurrirán, y envej ecerán los
Dioses, y los Elfos se acercarán a la ext inción ant es de que vuelvan a
encenderse est os Árboles o ilum inarse el Sol Mágico. Y los Dioses no
sabían qué quería decir al hablar del Sol Mágico, ni lo supieron durant e
m ucho t iem po. Pero Tulkas, después de haber escuchado, dij o: ¿Por qué
pronuncias esas palabras, oh, Kém i Palúrien, pues no eres aficionado a las
predicciones y m enos aún a las agoreras? Y ot ros hubo que dij eron: Sí,
y nunca ant es ha sido Kém i, la Señora de la Tierra, dura de consej o, ni le
faltó el hechizo de la más profunda virtud. Y le rogaron que recurriera a su
poder. Pero Yavanna dij o: Es est o consecuencia del dest ino y de la Música
de los Ainur. Maravillas tales como esos Árboles de oro y de plata ni siquiera
los Dioses pueden hacer m ás de una vez, y ello, durant e la j uvent ud del
m undo; t odos m is hechizos de nada sirven para hacer lo que ahora m e
pedís.
«Ent onces dij o Vána: ¿Cóm o ent onces, oh, Aulë, poderoso hacedor,
llamado i·Talka Marda Forj ador del Mundo por el vigor de t u obr a,
hem os de hacer para obt ener la luz que nuest ra alegría necesit a? Porque
¿qué es Valinor sin luz o qué eres t ú si pierdes t u habilidad com o, según
parece, la ha perdido tu esposa?
» La luz dijo Aulë no puede hacerse mediante el arte de la forja, oh,
Vána- Laisi, y ni siquiera los Dioses son capaces, si la savia de los Árboles de
m aravilla se ha secado para siem pre. Pero Palúrien, cont est ando t am bién,
dijo: Escucha, oh, Tuivána, ¿sólo piensas siem pre en Valinor, olvidando el
m undo de fuera? Porque el corazón m e dice que es ya t iem po de que los
Dioses hagan de nuevo la guerra por el m undo y elim inen los poderes de
Melko ant es de que su fuerza crezca de m anera abrum adora. Pero Vána
no ent endió la int ención de Palúrien, pensado sólo en su Árbol de oro, y
quedó descont ent a; pero Manw ë y Varda, y con ellos Aulë y Yavanna, se
fueron de allí, y en cónclave secreto trataron de aconsejarse mutuamente, y
por últ im o dieron con palabras de esperanza. Ent onces Manw ë llam ó una
vez m ás a t oda la gent e de Valinor; y esa gran m ult it ud se reunió en el
cenador de Vána ent re sus rosas, donde est aban las fuent es de Kulullin,
porque la llanura ahora se ext endía fría y oscura. Allí fueron aun los
conductores de los Elfos y se sentaron a los pies de los Dioses, y eso, antes,
nunca había pasado; pero cuando t odos est uvieron reunidos, se levant ó
Aulë y dijo: Escuchad todos. Manwë Súlimo Valatúru* tiene algo que decir,
y la opinión de la Señora de la Tierra y la Reina de las Est rellas est á en ella,
y de ella no está ausente mi consejo.
« Ent onces se hizo un gran silencio para que Manw ë pudiera hablar, y
Manw ë dij o: Mirad, pueblo m ío, un t iem po de oscuridad nos ha llegado, y
sin em bargo, no creo que haya sido sin el deseo de I lúvat ar. Porque los
Dioses casi han olvidado el m undo, que est á a la expect at iva de m ej ores
días y de los Hom bres, los hij os m enores de I lúvat ar, que pr ont o han de
llegar. Por t ant o ahora se han m archit ado los Árboles que llenaban nuest ra
t ierra de encant o y nuest ros corazones de alegría, al punt o que deseos m ás
am plios no podían penet r ar en ellos, y hem os de dirigir nuest ros
pensam ient os a nuevos recursos, por los que podam os derram ar luz t ant o
sobre el mundo de fuera como sobre Valinor dentro.
»Luego les habló de las reservas de radiación que t odavía poseían;
porque de luz plat eada no les quedaba m ucha, salvo sólo la que había en
Telimpë, y una cantidad menor que Aulë guardaba en vasijas en su herrería.
Alguna por ciert o habían recogido los Eldar con am or en m inúsculos vasos,
m ient ras fluía y se m algast aba en el suelo alrededor del t ronco her ido, pero
todo esto era insuficiente.
»Ahora bien, la pequeñez de sus reservas de luz blanca t enía m uchas
causas, pues Varda la había ut ilizado en abundancia cuando encendió las
poderosas est rellas del cielo, t ant o a la llegada de los Eldar com o en ot ras
ocasiones. Adem ás el Árbol Silpion daba un rocío de luz m enos rico que el
Laurelin, pero no obst ant e, porque er a m enos calient e y de una fogosidad
m ás sut il, los Dioses y los Elfos lo necesit aban siem pre para sus obras de
mágica artesanía, y lo mezclaban con toda clase de cosas que inventaban, y
en esto, los Noldoli eran los principales.
»Ahora bien, ni siquiera los Dioses podían am ansar la luz dorada par a
som et erla a sus obras, y habían dej ado que se acum ulara en la gran t inaj a
Kulullin para gran increm ent o de sus fuent es, o en ot ras brillant es vasij as y
anchos est anques alrededor de los pat ios, porque la salud y la gloria de su
radiación era m uy grande. Se dice en verdad que de t odos los Eldar sólo los
prim eros hacedores de j oyas, de los que Fëanor es el de m ás grande fam a,
t enían el secret o de cóm o am ansar la luz dorada, y sólo se at revían a
* Al m ar gen: « t am bién Valahiru».
ut ilizar est e conocim ient o con parquedad, y ahora ha perecido con ellos y
desaparecido de la faz de la Tierra. Sin em bargo, ni siquiera de est a
radiación dorada había una fuent e infalible ahora que Laurelin ya no dej aba
caer su dulce rocío. De est a necesidad hizo Manw ë su plan, y la luz se
obt enía de la siem bra de las est rellas, que Varda había creado; porque a
cada una de las est rellas le había dado un corazón de llam a plat eada,
puest o dent ro de vasos de crist ales y vidrios pálidos, y sust ancias
inconcebibles de los colores m ás sut iles; y algunos de esos vasos eran
sem ej ant es a naves y anim ados por sus corazones de luz viaj aban siem pr e
por I lw ë, aunque no podían elevarse al reino oscuro y t enue de Vait ya que
est á fuera de t odo. Espírit us alados de sum a pureza y herm osura aun los
m ás et éreos de esos brillant es coros de los Mánir y los Súruli que viaj an por
las est ancias de Manw ë en Taniquet il o at raviesan, t odos los aires que se
m ueven sobre el m undo dirigen el t im ón de esos barcos est elares y los
conducen por cursos laberínt icos alt os sobre la Tierra, y Varda les dio
nombres, pero son pocos los conocidos.
»Ot ras había cuyos vasos eran com o lám paras t raslúcidas que t it ilaban
en el m undo, en I lw ë o en los confines m ism os de Vilna y los aires que
respiram os, y se est rem ecían y vacilaban por el soplo de los vient os
superiores; sin em bargo m oran donde est án suspendidas y no se m ueven
de allí; y de ést as, algunas eran m uy grandes y bellas, y los Dioses y los
Elfos las am aban ent re t odas sus riquezas; y en ellas se inspiraban los
hacedores de j oyas. No m enos am aban a Morw inyon del oest e, cuyo nom -
bre significa chispa del crepúsculo, y de su posición en el cielo m ucho se ha
dicho; y t am bién de Nielluin, que es la Abej a del Azur, Nielluin a la que
t odavía m uchos hom bres ven en el ot oño o en el invierno arder cerca del
pie de Telim ekt ar, el hij o de Tulkas, cuya hist oria t iene que ser cont ada
todavía.
»Pero he aquí dij o Lindo que la belleza de las est rellas ha hecho que
m e ext ravíe, y sin em bargo no dudo de que en ese gran discurso, el m ás
im port ant e que pr onunciara nunca Manw ë delant e de los Dioses, hizo
m ención de ellas con palabras aún m ás am ant es que las m ías. Porque de
ese m odo deseaba llevar el corazón de los Dioses a que consideraran su
designio, y después de haber hablado de las est rellas, pronunció est as
últ im as palabras: He aquí dij o Manw ë que ést e es el t ercer int ent o de
los Dioses de llevar luz a los lugares oscuros, y tanto las Lámparas del Norte
y del Sur com o los Árboles de la llanura, Melko los ha llevado a la ruina.
Sólo en el aire Melko no t iene poder para el m al, por lo que es m i consej o
que const ruyam os un gran baj el y lo llenem os con la luz dorada del rocío de
Laurelin, y que lo pongam os a flot e com o un poderoso barco, alt o sobre los
reinos oscuros de la Tierra. Allí t razará sus cursos lej anos a t ravés de los
aires y vert irá luz sobre t odo el m undo ent re Valinórë y las cost as de
oriente.
»Ahora bien, Manw ë decidió que el curso del barco de luz fuera ent re el
est e y el oest e, pues Melko dom inaba el nort e y Ungw eliant el sur, m ient ras
que en el oest e est aban Valinor y los reinos bendit os, y en el est e grandes
regiones de tierras oscuras hambrientas de luz.
»Ahora bien, se dice dij o Lindo que, aunque ciert os Dioses podrían,
si lo quisieran, viaj ar con velocidad repent ina a t ravés de Vilna y los aires
inferiores, ninguno de los Valar, ni siquiera el m ism o Melko, ni ninguno de
los ot ros, salvo Manw ë y Varda y los suyos, pueden ir m ás allá: porque ést a
fue la palabra de I lúvat ar cuando los precipit ó al m undo según su deseo,
que siem pre vivirían en el m undo una vez que ent raran en él, y no podrían
abandonarlo hast a que llegara el Gran Final, pues est aban t ej idos con las
hebras del dest ino del m undo y eran part e de él. Más t odavía, sólo a
Manw ë, de quien conocía la pureza y la gloria de su corazón, concedió
I lúvat ar el poder de visit ar las alt uras ext rem as; y de respirar el gran claro
Sereno que est á t an por encim a del m undo que no lo alcanza ni el polvo
m ás sut il, ni el m ás delgado olor de sus vidas, ni el m ás débil eco de sus
cant os o sus penas. Allí anda a m enudo Manw ë Súlim o m ucho m ás allá de
las est rellas y lo observa con am or, y est á m uy cerca del corazón de
Ilúvatar.
»Pero ést a ha sido siem pre y es t odavía la m ayor am ar gura de Melko,
pues de ningún m odo podía ahora abandonar por sí m ism o el seno de la
Tierra, y quizá oiréis t odavía cuánt o creció su envidia cuando los grandes
baj eles de la luz se hicieron a la vela; pero ahora es pr eciso decir que t an
conm ovedoras fueron las palabras y t an grande su sabiduría que 11 la m ayor
parte de los Dioses pensó que el propósito era bueno, y dijeron entonces:
Que Aulë se ocupe, pues, con t odos los suyos, en fabricar est a barca de luz.
Y pocos fueron los que dij eron ot ra cosa, aunque se dice que Lórien no se
sint ió m uy com placido, t em iendo que la som bra y los sit ios t ranquilos y
secret os dej aran de exist ir, y por ciert o Vána no prest aba at ención a t odo
est o, consum ida com o est aba por el vano deseo de que los Árboles se
encendieran otra vez.
« Ent onces dij o Aulë: La t area que m e encom endáis es de ext rem a
dificultad, pero pondré en ella todo mi empeño. Y pidió la ayuda de Varda,
la hacedora de est rellas, y los dos part ieron y se perdieron largo t iem po en
las sombras.

El cuent o cont inúa con la narración del fracaso de Aulë y Varda, incapaces de
invent ar una sust ancia que no fuera «dem asiado v olum inosa com o par a navegar
por los air es o dem asiado frágil com o para soport ar la radiación de Kulullin»; y
cuando est o se supo, y com o el plan de Manw ë había fracasado, Vána y Lórien
pidieron que Yavanna intentara la curación de los Árboles.

Al final, por t ant o, Manw ë pidió a Yavanna que ej erciera su poder, y


ella se resist ió, pero la obligó el clam or de la gent e,. y rogó que le dieran
algo de la radiación blanca y de la radiación dorada; pero Manw ë y Aulë sólo
le concedieron dos pequeñas am pollas, diciendo que si el líquido hubiera
t enido ant es el poder de curar los Árboles, ést os ya est arían florecidos, pues
Vána y Lórien lo habían vert ido generosam ent e sobre sus raíces. Entonces,
apenada, Yavanna salió a la llanura, y el cuerpo le t em blaba y t enía la cara
m uy pálida por la grandeza del esfuerzo que hacía luchando cont ra el
dest ino. Sost enía en la m ano derecha la am polla de oro y en la izquierda la
de plat a, y las levant ó de pie ent re los Árboles, y de cada una salieron
llamas rojas y blancas como flores, y el terreno tembló, y la tierra se abrió y
de ella brot aron flores y plant as alrededor de sus pies, blancas y azules a la
izquierda y roj as y doradas a la derecha, y los Dioses se quedaron en
silencio y asom brados. Ent onces se acercó a los Árboles y vert ió en cada
uno de ellos la am polla correspondient e, y cant ó los cant os del crecim ient o
incesant e y un cant o de resurrección después de la m uert e y el
agot am ient o; y de pront o, ya no siguió cant ando. Est aba a m it ad de cam ino
ent re los Dos Árboles, y hubo un com plet o silencio; y luego un gr an ruido, y
nadie sabía lo que había pasado, pero Palúrien est aba desm ayada en t ierra;
y m uchos acudieron de un salt o a su lado y la alzaron, y ella t em bló y t uv o
miedo.
» ¡Vána, oh, hijos de los Dioses exclamó , es toda mi fuerza! He aquí
que por deseo vuest ro he vert ido m i poder sobre la Tierra com o agua, y
como agua la Tierra la ha absorbido de mí; se ha retirado y nada más puedo
hacer. Y los Árboles se alzaban aún áridos y desolados, y t odos los allí
presentes lloraban al verla, pero Manw ë dij o: No lloréis, hij os de los Dio-
ses, el daño irreparable, porque muchas bellas cosas podéis hacer todavía, y
no ha per ecido la belleza en el m undo, ni t odos los consej os de los Dioses
han quedado reducidos a la nada. Pero no obst ant e los allí reunidos
abandonaron aquel sit io, apenados, salvo Vána t an sólo, que se abrazó al
tronco de Laurelin y lloró.
»Era el tiempo de la más débil esperanza y una oscuridad profunda como
nunca ant es cayera había caído sobre Valinor; y t odavía Vána lloraba, y
había enredado sus cabellos dorados en el t ronco de Laurelin y sus lágrim as
caían lent am ent e sobre las raíces; y m ient ras el rocío de su am or gent il
rozaba el árbol, he aquí que una súbit a lum inosidad pálida nació en esos
lugares oscuros. Ent onces m iró Vána m aravillada, y donde sus prim eras
lágrim as habían caído, Laurelin t uvo un br ot e que en seguida se t ransform ó
en capullos, y los capullos eran t odos de oro, y desde allí brot ó una luz
como un rayo de sol desde detrás de las nubes.
«Ent onces se alej ó Vána un poco por la llanura y alzó la dulce voz con
t odas sus fuerzas, y llegó un t ant o t em blorosa hast a las puert as de Valm ar,
y t odos los Valar la oyeron. Ent onces dij o Óm ar: Ésa es la voz de la
lamentación de Vána. Pero Salmar dijo: No, escuchad más atentamente,
pues en ese sonido hay m ás bien alegría. Y t odos los que est aban allí es-
cucharon y las palabras que oyeron fueron I·kal'antúlien, Ha vuelto la luz.
»Alt os fueron los m urm ullos ent onces en las calles de Valm ar, y la gent e
se precipit ó t um ult uosa a la llanura, y cuando vieron a Vána baj o el Árbol y
el nuevo brot e de oro, un repent ino cant o de alabanza y alegría irrum pió en
la lengua de t odos; y Tulkas dij o: He aquí que los hechizos de Yavanna
result aron m ás poderosos que su predicción. Pero Yavanna, m irando la
cara de Vána, dij o: ¡Ay! , no es así, porque en est o m is hechizos sólo han
desem peñado un pequeño papel, y m ás poderoso ha sido el gent il am or de
Vána, y sus lágrim as un rocío m ás curat ivo y m ás t ierno que t oda la
radiación de ant año; sin em bargo, en cuant o a m i predicción, pront o lo
verás, oh, Tulkas, con que sólo estés atento.
«Ent onces t oda la gent e m iró a Laurelin, y he aquí que esos capullos se
abrieron, y asom aron unos pét alos, y ést os eran del oro m ás fino, distintos
de los de ant año, y aun m ient ras m iraban la ram a daba capullos dorados, y
en ella había una m ult it ud de flores. Ahora bien, t an pront o com o los
capullos est uvieron plenam ent e abiert os, vino una súbit a ráfaga de vient o y
arrancó las flores de sus finos t allos haciéndolas volar com o chorros de
fuego sobre las cabezas de los que m iraban, y alguna gent e pensó que est o
era m alo; pero m uchos de los Eldar persiguieron aquellos pét alos brillant es
a lo largo y a lo ancho y los recogieron en cest os; sin em bargo, salvo los
que est aban hechos con hebras de oro u ot ros m et ales, no pudieron
cont ener esos ardient es capullos y fueron t ot alm ent e consum idos y
quemados, y los pétalos se volvieron a perder.
»Una flor había, sin em bargo, que er a m ás grande que las ot ras, m ás
brillant e y m ás ricam ent e dorada, y se m ecía al vient o, pero no se
desprendía; y creció, y m ient ras crecía alim ent ándose con su propio calor,
fruct ificó. Ent onces, caídos ya los pét alos y at esorados, hubo un frut o de
gran belleza que colgaba de esa ram a de Laurelin, pero las hoj as que había
en ella se agost aron y se m archit aron y ya no siguieron brillando. Aun
m ient ras iban cayendo a t ierra, el frut o m edraba m aravillosam ent e, porque
t oda la savia y la radiación del Árbol agonizant e est aban en él, y los zum os
de ese frut o eran com o llam as est rem ecidas am barinas y roj as, y sus
pepit as brillaban com o el oro, y la cort eza era de una perfect a lum inosidad,
suave com o un crist al cuya nat uraleza est á im pregnada de oro; y a t ravés
de ella se podía ver dent ro el m ovim ient o de sus zum os, com o los fuegos
palpit ant es de un horno. Tan grande fue la luz y la riqueza de ese frut o y
t ant o su peso, que la ram a em pezó a doblarse y colgaba com o un globo de
fuego delante de los ojos de todos.
«Ent onces le dij o Yavanna a Aulë: Sost én esa ram a, m i señor, no sea
que se quiebre y se est relle duram ent e cont ra el suelo; y ésa sería la m ás
grande aflicción, pues debéis saber todos que ésta es la última llama de vida
que ha de m ost rar Laurelin. Pero Aulë se había apart ado com o quien est á
perdido en súbit os pensam ient os desde que el frut o alcanzara la m adurez, y
ahora respondió diciendo: Durante mucho tiempo en verdad buscamos por
las casas y los j ardines desolados m at eriales para nuest ra art esanía. Ahora
sé que I lúvat ar ha puest o en m is m anos la sat isfacción de m i deseo.
Ent onces, llam ando a Tulkas, cort ó el t allo del frut o, y los que est aban
mirando se quedaron boquiabiertos y se asombraron de su crueldad.
»Murm uraron en alt as voces y algunos grit aron: ¡Ay de quien viole de
nuevo nuest ro Árbol! Y Vána parecía furiosa. Sin em bargo, ninguno se
at revió a acercarse, pues esos dos, Aulë y Tulkas, apenas podían cargar
sobre sus hom bros divinos el gran globo de llam as, y t rast abillaban baj o él.
Al oír el enfado de t odos, Aulë se det uvo, diciendo: Tened un poco de
j uicio y m ost rad paciencia. Pero aún m ient ras est aba diciendo est as
palabras su pie vaciló y se fue al suelo, y ni siquiera Tulkas pudo soport ar
ese frut o solo, de m odo que cayó y al dar cont ra la dura t ierra, el globo se
part ió. I nm ediat am ent e t al fue la enceguecedora radiación, m ayor que
cualquiera que Laurelin hubiese producido ant es, aun en plena floración,
que deslum bró los oj os oscurecidos de los Vali, y t odos cayeron de espaldas
confundidos, pero de ese sit io se elevó un pilar de luz hiriendo los cielos,
que las est rellas palidecieron y la cara de Taniquet il enroj eció a lo lej os, y
sólo Aulë ent re t odos los que allí est aban no fue conm ovido por el dolor.
Ent onces Aulë dij o: De est o puedo hacer una barca de luz que sobrepase
aun los deseos de Manw ë y ahora Varda y m uchos ot ros, aun Vána,
entendieron su propósito y se alegraron. Pero hicieron una poderosa canasta
con hebras de oro y rociándola con los pét alos ardient es de su propia
floración, pusieron dent ro de ella las m it ades del Frut o del Mediodía, y
levant ándola con m uchas m anos, la cargaron con cant os y grandes
esperanzas. Luego, al llegar a los pat ios de Aulë, la deposit aron en el suelo,
y allí m ism o em pezó la gran forj a del Sol; y ést a fue de t odas las obras de
Aulë Talkam arda, que hacen legión, la de m ás grande m aravilla. De esa
cort eza perfect a hizo un baj el, diáfano y brillant e, y sin em bargo de una
fuerza at em perada, porque con hechizos que le eran pr opios, superó su fra-
gilidad, aunque de ningún modo por ello disminuyó su sutil delicadeza.
»Ahora la m ás ardient e radiación se vert ía allí sin derram arse ni
opacarse, pero de ella el baj el no recibió daño alguno, pues podía navegar
los aires con m ás ligereza que un páj aro; y Aulë se alegró en ext rem o, y
m odeló ese baj el com o un gran barco ancho de m anga, poniendo una m it ad
de la corteza dentro de la otra para que su fuerza no se quebrantase.

Sigue la narración de cóm o Vána, arrepent ida de sus pasadas m urm uraciones, se
cort ó los cabellos dorados y se los dio a los Dioses, y con sus cabellos t ej ieron
velas y cuerdas, «m ás fuert es que las que hubiera vist o ningún m arinero, aunque
de la sut ileza de las t elarañas». Los m ást iles y los rem os del barco eran t odos de
oro.

Entonces, para que ese Barco de los Cielos estuviera pronto hasta en el
m enor de sus det alles, los pét alos int act os de la últ im a flor de Laurelin se
recogieron com o una est rella en la proa, y en la borda se colgaron borlas y
gallardet es de luz indirect a, y el relum bre de un relám pago quedó at rapado
en el m ást il com o un est andart e; pero t odo ese vaso se llenó hast a el borde
con la deslum brant e radiación del oro de Kulullin, y m ezclados con él había
got as de los zum os del Frut o del Mediodía, y ést os eran m uy calient es; el
seno de la Tierra apenas alcanzaba a ret enerlo, y salt aba suj et o a las
cuerdas como un pájaro cautivo que quiere volar.
»Luego los Dioses le dieron nom bre a ese Barco, y lo llam aron Sári, que
significa Sol, pero los Elfos lo llam aron Ûr, que significa fuego; 12 per o
m uchos ot ros nom bres t iene en la leyenda y la poesía. Ent re los Dioses lo
llam an la Lám para de Vána en recuerdo de las lágrim as y las dulces t renzas
que ofreció; y los gnom os lo llam an Galm ir, el cent elleo del oro, 13 y
Glorvent , la nave de oro, y Bráglorin, el vaso resplandecient e, y m uchos
ot ros nom bres adem ás; y los nom bres que t iene ent re los Hom bres,
ninguno los ha contado nunca.
»He aquí ahora que ha de r elat arse cóm o m ient ras algunos cont inúan en
el galeón, ot ros, cerca de donde ot rora crecieran los Dos Árboles, hacían
una gran vasij a, y en ello t rabaj aban afanosam ent e. Hicieron el fondo de
oro y las paredes de bronce pulido, y en t orno una arcada de pilares
dorados con un t ope de fuego, aunque sólo por el est e; pero Yavanna le
puso alrededor un grande e innom inado hechizo, de m odo que allí se
vert ieron casi t odas las aguas del Frut o del Mediodía y se convirt ió en un
baño de fuego. Se lo llama ahora en verdad Tanyasalpë, el cuenco de fuego,
y aun Faskalanúm en, el Baño del Sol Ponient e, porque aquí, después de
volver Urw endi y de que el sol se hubiese puest o por vez prim era en
Valinor, el barco part ió y su resplandor refrescó ot ra vez nuevos viaj es la
mañana siguiente mientras la Luna sostenía el Alto Cielo.
»Ahora bien, la hechura de est e lugar de fuego es m ás prodigiosa de lo
que parece, pues t an sut iles eran esas radiaciones que lanzadas al aire no
se derram an ni se hunden, por el cont rario, se elevan y flot an m uy por
encim a de Vilna, siendo de ext rem a fuerza ascendent e y ligereza; sin
em bargo, ahora nada se le escapaba a Faskalan, que ardía en m edio de la
llanura, y de allí llegaba la luz a Valinor, pero a causa de la profundidad de
la vasija, era bastante escasa, y la cercaba un aro de sombra.
«Ent onces dij o Manw ë, cont em plando la gloria de ese barco m ient ras se
esforzaba por alej arse: ¿Quién ha de t im onear est e barco para nosot ros y
guiarlo por sobre los reinos de la Tierra, pues aun ni siquiera los divinos
cuerpos de los Valar, m e parece, podrían resist ir largo t iem po bañarse en
esta luz tan intensa?
»Pero un gran pensamiento advino al corazón de Urwendi, y dijo no tener
m iedo, y rogó convert irse en la señora del Sol y apront arse para ese oficio
t al com o I lúvat ar se lo había puest o en el corazón. Ent onces ordenó a
m uchas de sus doncellas que la siguieran, las que ot rora habían regado con
luz las raíces de Laurelin, y arroj ando a un lado sus vest idos, se int ernaron
en el estanque Faskalan como bañistas en el mar, y las espumas doradas les
cubrieron los cuerpos, y los Dioses las vieron y se asustaron. Pero al cabo de
un t iem po volvieron a las bronceadas orillas y no eran com o ant es, pues sus
cuerpos se habían vuelt o t raslúcidos y brillaban con un ardor int erior, y la
luz resplandecía en sus m iem bros al andar, y ningún v est ido podía ya cu-
brirles los cuerpos gloriosos. Eran com o el aire y pisaban t an ligeram ent e
com o la luz del sol pisa la t ierra, y sin decir una palabra, subieron al barco,
que se alzó sobre las t ensas cuerdas y t oda la gent e de Valinor apenas pudo
retenerlo.
»Ahora, finalm ent e, por orden de Manw ë, suben las largas laderas de
Taniquet il y arrast ran con ellos i·Kalavent ë, el Barco de la Luz, y no er a
t area pequeña; y se det ienen ahora en el ancho espacio delant e de las
grandes puert as de Manw ë, y el barco est á sobre la ladera occident al de la
m ont aña est rem eciéndose y t irando de sus am arras, y ya t an grande se ha
vuelt o su gloria que los rayos del sol se viert en sobre los hom bros de
Taniquet il y hay una nueva luz en el cielo, y las aguas de los lej anos Mares
Sombríos son tocadas por un fuego que nunca se ha visto antes. Se dice que
a esa hora t odas las criat uras que andaban por el m undo se quedaron
inm óviles y se asom braron, y Manw ë se volvió a Urw endi y le dij o: Ve
ahora, m uy m aravillosa doncella bañada en fuego, y t im onea el barco de luz
divina por sobre el m undo, para que la alegría llegue hast a las griet as m ás
est rechas y despiert en t odas las criat uras que duer m en en su seno. 14 Pero
Urw endi no cont est ó, y m iraba con ansia hacia el est e, y Manw ë ordenó
solt ar las am arras que cont enían el barco, y ya la Nave de la Mañana se
elevó por sobre Taniquetil y el seno del aire la recibió.
»Aun mientras se elevaba, ardió más brillante y con mayor pureza, hasta
que t oda Valinor se llenó de esplendor, y los valles de Er úm áni y los Mares
Som bríos se bañaron de luz, y los rayos del sol se derram aron sobre la
oscura llanura de Arvalin, salvo sólo donde las t elas adherent es y los m ás
oscuros vapores de Ungw eliant ë se t endían dem asiado espesos com o para
que alguna radiación se filtrara.
«Ent onces, al m irar t odos arriba, vieron que el cielo era azul y m uy
brillant e y herm oso, pero las est rellas huyeron al llegar el gran am anecer
sobre el m undo; y un vient o gent il sopló desde las t ierras frías al encuent ro
del baj el y llenó las velas resplandecient es, y se levant aron vapor es blancos
desde los m ares neblinosos, de m odo que la proa parecía hender una
espum a blanca y aérea. Sin em bargo, no se sacudía, pues los Mánir que
iban a su lado lo sost enían con cuerdas doradas, y m ás y m ás alt o se elev ó
el gran galeón del Sol, hast a que aun a la m irada de Manw ë no fue m ás que
un disco de fuego coronado con velos de esplendor que lent o y m aj est uoso
venía navegando desde el oeste.
»Ahora bien, a m edida que avanzaba, la luz se hacía en Valinor m ás
dulce, y las sombras de las casas de los Dioses se alargaban hacia las aguas
de los Mares Ext eriores, pero Taniquet il arroj aba una gran som bra
occident al que iba haciéndose m ás prolongada y profunda, y la t arde fue en
Valinor.
Ent onces dij o Gilfanon, riendo: Vaya, buen señor, m ucho alargas el
cuento, porque me parece que te gusta demorarte en las obras y los hechos
de los grandes Dioses, pero si no pones m edida en t us palabras, nuest ro
forast ero no vivirá para oír las cosas que ocurrieron en el m undo, cuando
por fin los Dioses lo dieron a la luz que durant e t ant o t iem po habían
ret enido... y t ales cuent os, m e parece, son de una variedad que es grat o
oír.
Pero Eriol en verdad había estado escuchando con gran ansiedad la dulce
voz de Lindo, y dij o: Sólo m uy poco, un día quizá según est im arían los
Eldar, hace que he venido aquí, pero no m e gust a ya el nom bre de
forast ero, ni t am poco prolongará Lindo su cuent o m ás allá de m i int erés por
escucharlo, sea cual fuere la hist oria, pero he aquí que ést a se adecúa
perfectamente a mi corazón.
Pero Lindo dij o: Por ciert o, t engo m ás que cont ar, pero, oh, Eriol, vale
la pena escuchar las cosas que t iene Gilfanon en los labios; a decir verdad
nunca he escuchado yo ni ninguno de los aquí presentes la historia completa
de est os acont ecim ient os. Por t ant o, t an pront o com o m e sea posible
rem at aré m i cuent o y le pondré fin, pero de aquí a t res noches cont arem os
nuevos cuentos, y será una ocasión de gran ceremonia, se tocará música en
ella, y t odos los hij os de la Casa del Juego Perdido est arán aquí reunidos a
los pies de Gilfanon para oírle relat ar los t rabaj os de los Noldoli y la llegada
de la Humanidad.
Pues bien, m ucho com placieron est as palabras a Gilfanon y a Eriol, y
muchos además sintieron agrado, pero ahora Lindo prosigue:
Has de saber que hast a t ales alt uras ascendió el Barco del Sol, cada
vez m ás calient e y brillant e, que ant es de que t ranscurriera m ucho t iem po,
su gloria era m ás vast a de lo que los Dioses habían concebido cuando
t odavía est aba en puert o en m edio de ellos. En t odas part es penet raba su
luz int ensa, y t odos los valles y los bosques oscuros, las t ét ricas cuest as y
las corrient es rocosas quedaron deslum bradas por él, y los Dioses se asom -
braron. Grande era la m agia y la m aravilla del Sol en aquellos días de la
brillant e Urw endi, aunque no t an t ierno y delicadam ent e bello com o había
sido una vez el dulce Árbol Laurelin; y así despert aron en Valinor m urm ullos
de un nuevo descont ent o, y las palabras cundieron ent re los hij os de los
Dioses, porque Mandos y Fui est aban enoj ados, y dij eron que Aulë y Varda
est aban siem pre alt erando el debido orden del m undo, convirt iéndolo en un
lugar donde no podía haber ninguna som bra pacífica; pero Lórien se sent ó y
lloró en un bosquecillo baj o la Som bra de Taniquet il y m iró los j ardines que
se ext endían allá abaj o, t odavía desordenados por la gran cacería de los
Dioses, pues él no había t enido ánim os para com ponerlos. Est aban allí los
ruiseñores en silencio porque el calor bailaba sobre los árboles, y las
am apolas se m archit aron, y las flores noct urnas est aban desm ayadas y no
t enían perfum e; y Silm o est aba t rist e j unt o a Telim pë, que lucía em pañado
com o las aguas est ancadas m ás que com o el resplandecient e rocío de
Silpion, t an abrum adora era la int ensa luz del día. Ent onces se levant ó
Lórien y le dij o a Manw ë: Manda que t u barco resplandecient e vuelva, oh,
Señor de los Cielos, porque los oj os nos duelen por causa de sus llam a-
radas, y la belleza y el dulce sueño se han ido lej os. Preferim os a est o la
oscuridad y nuest ros recuerdos, porque el viej o encant o de Laurelin ha
desaparecido, y Silpion ya no exist e. Tam poco ninguno de los Dioses
est aba del t odo cont ent o, sabiendo en sus corazones que habían hecho algo
de una grandeza que al principio no habían sospechado, y nunca ot ra vez
vería Valinor épocas com o las pasadas; y Vána dij o que la fuent e de Kulullin
se había opacado y que el j ardín se m archit aba al calor, y las rosas habían
perdido m at ices y fragancias, pues el sol no navegaba t an lej os de la Tierr a
como ahora.
«Ent onces los reprendió Manw ë por su ligereza y descont ent o, pero ellos
no se calm aron; y de pront o habló Ulm o, llegado del Vai ext erior: Señor
Manw ë, ni t u consej o ni el de ellos han de despreciarse. ¿No habéis
entendido, oh, Valar, el porqué de la belleza de los Árboles de antaño? En el
cam bio, y en la lent a alt eración de las cosas bellas, en lo pasado m ezclán-
dose dulcemente con lo que está por venir.
»Pero Lórien dij o de pront o: Oh, Valat úru, el Señor de Vai habla
palabras m ás sabias que las que ant es se dij eron, y m e llenan de una gran
nostalgia. Y los abandonó entonces y se dirigió a la llanura, y por entonces
habían t ranscurrido t res días, que es la duración de t res florecim ient os del
Laurelin de antaño, desde que el Barco de la Mañana había soltado amarras.
Luego durant e cuat ro días m ás perm aneció sent ado Lórien j unt o al t ronco
de Silpion y las som bras se agrupaban t ím idas a su alrededor, porque el Sol
se había alej ado hacia el est e volando por los cielos a su ant oj o, pues
Manw ë no había reglado t odavía su curso y se le había dicho a Urw endi que
fuera a donde le pareciese convenient e. Sin em bargo, aun así, no est á
Lórien apaciguado, y una niebla llega del m ar y un v acilant e crepúsculo
pende una vez más sobre Valinor, pero él se queda allí sentado largo tiempo
pregunt ándose por qué los hechizos de Yavanna sólo habían obrado sobr e
Laurelin.

Ent onces Lórien le cant ó a Silpion, diciendo que los Valar se habían perdido «en un
desiert o de oro y calor, o en som bras llenas de m uert e e inhóspit as t inieblas», y
tocó la herida abierta en el tronco del Árbol.

He aquí que aún m ient ras t ocaba esa cruel herida, una luz brilló allí,
t enue, com o si la savia radiant e aun palpit ara dent ro, pero una ram a baj a
por sobre la cabeza inclinada de Lórien de pronto tuvo brotes, y aparecieron
hoj as de un verde m uy oscuro, largas y ovales, que se desplegaron; no
obst ant e, el rest o del Árbol est aba desnudo y m uert o, y así lo ha est ado
siem pre desde ent onces. Ahora bien, en ese t iem po habían t ranscurrido
siet e veces siet e días desde que el frut o del m ediodía naciera en Laurelin, y
m uchos de los Eldar y de los espírit us y de los Dioses se habían acercado al
oír el cant o de Lórien; pero ést e no les hizo caso, m irando solam ent e el
Árbol.
»He aquí que las hoj as nuevas est aban recubiert as de una hum edad
plat eada, y la cara int erna era blanca y t enía pálidos filam ent os
resplandecient es. Había t am bién capullos de flores en esa ram a, y se
abrieron, pero una niebla oscura venida del m ar se había agolpado
alrededor del Árbol, y el aire se puso m uy frío, com o nunca lo había est ado
ant es en Valinor, y los capullos se m archit aron y cayeron y nadie hizo caso
de ellos. Sólo uno había quedado en el ext rem o de la ram a, que al abrirse
brilló con luz propia, y no hubo niebla ni frío que lo dañase, y esparciéndose
parecía en verdad absorber los vapores m ism os e incorporarlos sut ilm ent e a
la sust ancia plat eada de su cuerpo; y creció hast a convert irse en una flor
resplandecient e m uy pálida y m aravillosa, y ni siquiera la superaba la niev e
m ás pura sobre Taniquet il brillando a la luz de Silpion, y su corazón era de
llam as blancas y lat ía de m anera m aravillosa. Ent onces dij o Lórien,
inspirado por la alegría que sent ía en el corazón: Mirad la Rosa de Silpion.
Y la rosa creció hast a alcanzar casi el t am año del frut o de Laurelin, y en
esa flor había diez m il pét alos de crist al, y est aba im pregnada de un rocío
oloroso com o la m iel, y est e rocío era luz. No dej ó Lórien que nadie se
acercara, y est o ha de lam ent arlo para siem pre: porque la ram a de la que
colgaba la Rosa quedó sin savia y se m archit ó; aun así no perm it ió que esa
flor fuera arrancada gent ilm ent e, pues se había enam orado de su encant o y
deseaba verla crecer m ás poderosa que el Frut o del Mediodía, m ás gloriosa
que el Sol.
«Ent onces la ram a m archit a se desprendió y la Rosa de Silpion cayó al
suelo, y part e del rocío de luz se perdió, y aquí y allá algún pét alo quedó
aplast ado y deslucido, y Lórien grit ó con fuerza e int ent ó alzarla
suavem ent e, pero era dem asiado grande. Por t ant o los Dioses enviaron a
buscar en casa de Aulë un gran cargador de plat a que había allí, parecido a
una m esa para gigant es, y sobre él colocaron la últ im a flor de Silpion, y a
pesar de sus heridas, la gloria y la fragancia y la magia pálida de la flor eran
por cierto muy grandes.
»Ahora bien, cuando Lórien hubo dom inado el dolor de est a pérdida,
pronunció el consej o que las palabras de Ulm o habían evocado en él: que
los Dioses hicieran ot ro vaso digno de com pararse con el galeón del Sol. Y
que sea hecho dijo con la Rosa de Silpion, y en m em oria del ascenso y
descenso de est os Árboles, doce horas surcará el Barco del Sol los cielos y
abandonará Valinor, y doce horas la pálida cort eza de Silpion m ont ará por
los aires, y habrá descanso para los ojos cansados y los corazones afligidos.
» Ést a fue, pues, la m anera en que se hizo la Luna, por que Aulë no quiso
desm em brar la m aravilla de la Rosa de Plat a, y convocó a ciert os Eldar
em parent ados con los Noldoli de antaño15 y que t enían relación con los
hacedores de j oyas. Ahora bien, ést os le m ost raron un gran acopio de
crist ales y de delicados vidrios que Fëanor y sus hij os16 habían guardado en
lugares secret os en Sirnúm en, y con la ayuda de esos Elfos y de Varda de
las est rellas, que aun cedió algo de la luz de sus frágiles em barcaciones
para dar una lím pida claridad a la const rucción de la nave, creó una
sust ancia delgada com o un pét alo de rosa, clara com o el m ás t ransparent e
vidrio feérico, y m uy suave; sin em bargo, con su habilidad, Aulë la curvó y
la t rabaj ó, y la llam ó vírin. De vírin, pues, const ruyó un baj el m aravilloso, y
a m enudo han hablado los Hom bres del Barco de la Luna; sin em bargo,
poco se parecía a cualquier ot ra nave que haya navegado por m ar o por
aire. Se parecía más quizá a una isla de vidrio puro, aunque no muy grande,
y había en ella m inúsculos lagos bordeados de níveas flores
resplandecient es, pues el agua de esos est anques que sum inist raban la
savia era la radiación de Telim pë. En el m edio de esa isla lucient e se t alló
una copa del m at erial crist alino que Aulë había hecho, y el cuerpo vít reo del
baj el chisporrot eaba de m anera m aravillosa al resplandecer de est a copa.
Había allí varas, que quizá eran de hielo, y se elevaron sobre ella com o
feéricos m ást iles; a ellos se suj et aron velas, unidas por hebras delgadas, y
Uinen las t ej ió de nieblas blancas y espum a, y sobre algunas había
esparcidas escam as de peces plat eados, y ot ras est aban salpicadas de
est rellas dim inut as, com o punt os de luz: chispas at rapadas en la niev e
cuando Nielluin estaba brillando.
»Así era el Barco de la Luna, la isla de crist al de la Rosa, y los Dioses lo
llam aron Rána, la Luna, pero las hadas lo llam aron Sil, la Rosa,17 y m uchos
ot ros dulces nom bres adem ás. Se lo llam ó t am bién I lsalunt ë o el esquife de
plat a, y los gnom os lo llam aron Minet hlos o la isla argent ina, y Crit hosceleg,
el disco de vidrio.
»Ahora bien, pidió Silm o navegar en él por los océanos del firm am ent o,
pero no le fue posible, pues ni pert enecía a los hij os del aire, ni t enía m odo
de quit arse t errenalidad com o había hecho Urw endi, 18 y de poco le habría
servido ent rar en Faskalan, si se hubiera at revido a int ent arlo, porque
ent onces Rána se habría m archit ado delant e de él. Por t ant o ordenó Manw ë
a I linsor ( un espírit u de los Súruli que am aba las nieves y la luz de las
est rellas, y había ayudado a Varda en m uchas de sus obras) que t im oneara
este barco de ext r año resplandor, y con él fueron ot ros m uchos espírit us del
aire at aviados con ropas plat eadas y blancas, o, de lo cont rario, del oro m ás
pálido; pero un viejo Elfo de cabellera cana subió sin ser advertido a la Luna
y se escondió en la Rosa, y allí vive siem pre desde ent onces y cuida de esa
flor, y ha levant ado una t orrecilla blanca en la Luna a la que sube a m enudo
y vigila los cielos o el m undo de abaj o, y ést e es Uolë Kúvion, el que nunca
duerm e. Algunos en verdad lo han llam ado el Hom bre de la Luna, pero m ás
bien es Ilinsor el que merodea por entre las estrellas.
»Debe decirse ahora que el primitivo plan de Lórien se vio alterado, pues
la blanca radiación de Silpion de ningún m odo es t an anim ada y et érea
com o lo es la llam a de Laurelin, ni t am poco vírin t an poco pesada com o la
cort eza del brillant e Frut o del Mediodía; y cuando los Dioses cargaron el
carro blanco de luz y lo lanzaron al cielo, he aquí que ni siquiera se alzaba
por sobre sus cabezas. Adem ás, la Rosa vivient e seguía segregando una
m iel com o la luz, que se dest ilaba sobre la isla de vidrio; y resplandece allí
un rocío de rayos lunares, aunque ést e m ás bien ent orpece el baj el que lo
m ant iene a flot e, com o lo hacía el increm ent o de las llam as del Barco del
Sol. Así es, pues, que I linsor debe r egresar a veces, y el sobrefluj o de la
radiación de la Rosa se alm acena en Valinor en previsión de días oscuros; y
es preciso decir que t ales días se producían de vez en cuando, y ent onces la
flor blanca de la isla se desvanece y apenas brilla, y por t ant o es preciso
renovarla y regarla con rocío plat eado, com o había que hacer ant año con
Silpion.
»De ahí que se const ruyera un est anque cerca del oscuro m uro aust ral
de Valm ar, y de plat a y m árm oles blancos eran las paredes, y había un
cerco de t ej os alrededor, com o un int rincado laberint o. Allí Lórien cuidaba la
luz del rocío de esa bella Rosa, y la llamó Lago Irtinsa.
»Así es que durant e cat orce noches los hom bres pueden ver la barca de
Rana flotando en los aires, y durante otras catorce, los cielos nada saben de
ella; m ient ras que aun en esas herm osas noches en que Rana sale de viaj e,
no m uest ra siem pre el m ism o aspect o com o Sári el glorioso, porque
m ient ras que ese brillant e galeón viaj a aun por sobre I lw ë y m ás allá de las
est rellas, y hiende una senda deslum bradora encegueciendo los cielos, m ás
alt o que ninguna ot ra cosa, despreocupado de los vient os y los m ovim ient os
del aire, la barca de I linsor es m ás pesada, y t iene m enos m agia y poder , y
no viaj a nunca sobre los cielos, sino que navega por los pliegues inferiores
de I lw ë, t razando una franj a blanca ent re las est rellas. Por est a razón los
alt os vient os la pert urban a veces hinchando las velas neblinosas; y a
m enudo ést as se desgarran y quedan esparcidas, y los Dioses las renuevan.
A veces t am bién los pét alos de la Rosa se fruncen, y las llam as blancas van
de aquí para allá com o un cirio de plat a que vacila al vient o. Ent onces Rana
se eleva y se m ueve por el aire, y se puede observar la esbelt a y brillant e
curva de la quilla, hundiéndose ya de proa, ya de popa; y cuando ot ra vez
navega serenam ent e hacia el oest e, a t ravés del resplandor se ve la am plia
Rosa de Silpion, y algunos dicen, adem ás, que t am bién se ve la form a de
Uolë Kúvion.
» Es por ciert o de m uy bello aspect o el Barco de la Luna, y la Tierra se
llena de luces t enues y som bras profundas de rápido m ovim ient o, y sueños
radiant es avanzan con alas serenas por el m undo, pero a pesar de est ar
com placido, Lórien sient e pena, porque su flor lleva t odavía, y llevará por
siem pre, las m arcas de las m agulladuras y la caída; y t odos los hom bres
pueden verlas con claridad.
»Pero19 he aquí dice Lindo que m e est oy adelant ando, porque hast a
ahora sólo he cont ado que el barco de plat a acaba de const ruirse y sólo
Ilinsor ha subido a bordo... y ahora los Dioses arrast ran una vez m ás hacia
arriba ese baj el por las em pinadas laderas del viej o Taniquet il, cant ado por
la gent e de Lórien, que durant e m ucho t iem po ha est ado m uda en Valinor.
Más lent o era ese ascenso que el del Barco de la Mañana, y t oda la gent e
t ira afanosa de las cuerdas, hast a que viene Orom ë y unce a él una m anada
de blancos caballos salvajes, y así llega el bajel a la cumbre extrema.
»Ent onces he aquí que se ve a lo lej os el galeón del Sol que avanza
dorado desde el est e, y los Valar se m aravillan al divisar los picos
resplandecient es de las m ont añas a lo lej os, y unas islas verdes que relucen
en m ares ot rora oscuros. Ent onces exclam ó Ossë: ¡Mira, oh, Manw ë, el
mar es azul, casi tan azul como Ilwë, al que amas! Y dijo Manwë: No, no
envidiem os a I lw ë, pues el m ar no es azul solam ent e, sino t am bién gris y
verde y púrpura, y florecido del m odo m ás bello con espum a blanca. Ni el
j ade, ni la am at ist a, ni el pórfiro con brillant es y perlas incrust adas supera a
las aguas de los Grandes Mares y los Pequeños Mares cuando la luz del sol
los impregna.
»Así diciendo, or denó Manw ë a Fionw ë, su hij o, el m ás veloz de los
Dioses, que se t rasladara por los aires y dij era a Urw endi que la barca del
Sol debía volver m om ent áneam ent e a Valinor, pues los Dioses celebraban
un consejo que le incumbía, y Fionwë voló del todo dispuesto, pues hacía ya
m ucho que había concebido un gran am or por la brillant e doncella, y su
actual encanto, bañada en fuego y radiante señora del Sol, encendía en él la
fuerza de los Dioses.
Así fue com o Urw endi, no de m uy buen grado, volvió con su barco
revolot eando sobre Valinor, y Orom ë lo enlazó con un aro de oro, y fue
arrast rado lent am ent e a Tierra, y he aquí que una vez m ás los bosques de
Taniquet il relucen en la luz m ezclada de plat a y oro, y t odos recordaron la
antigua mezcla de los Árboles; pero Ilsaluntë palidecía ante el galeón del Sol
hast a el punt o de que ya no parecía que est uviese ardiendo. Así t erm inó el
prim er día del m undo, y fue m uy largo y hubo m uchos hechos m aravillosos
que Gilfanon puede cont ar; pero ahora los Dioses veían que la t arde se
hacía m ás profunda en el m undo a m edida que el Barco del Sol era
arrast rado abaj o, y la luz sobre las m ont añas se desvanecía, y el brillo de
los m ares se apagó. Ent onces la oscuridad prim ordial salió arrast rándose
una vez m ás desde m uchas guaridas recóndit as, pero Varda se alegró de
ver el brillo im pert urbable de las est rellas. Sári fue arrast rado m uy lej os por
la llanura, y luego rem olcaron a I lsalunt ë hacia el pico m ás alt o, de m odo
que un brillo blanco se volcaba desde allí sobre el ancho m undo; y la
prim era noche había llegado. En verdad, en est os días la oscuridad no est á
ya dent ro de los lím it es del m undo, sino sólo la noche, y la noche es otra
cosa muy distinta por causa de la Rosa de Silpion.
»Pero ahora Aulë llena hast a rebosar el vaso de esa flor de radiación
blanca, y m uchos de los Súruli de alas blancas se deslizan por debaj o y lo
cargan lent am ent e hast a ponerlo en com pañía de las est rellas. Allí navega
despacio, pálido y glorioso, e I linsor y sus cam aradas se sient an a los
bordes y con rem os lucient es lo im pelen a surcar el cielo; y Manw ë sopló el
hinchado velam en hast a que se elevó lej os en el aire, y el golpe de los
rem os invisibles cont ra los vient os de la noche fue apagándose y des-
vaneciéndose.
»De est a m anera subió por vez prim era la Luna sobre Taniquet il, y
Lórien se regocijó, pero Ilinsor tuvo celos de la supremacía del Sol, y ordenó
a los m arineros de las est rellas huir delant e de él, y las lám paras de las
const elaciones se apagaron, pero no t odas, y a m enudo alzaba las velas
persiguiéndolas, y las pequeñas naves de Varda huían ant e el cazador del
firmam ent o y no podían ser at rapadas. Y eso dij o Lindo es t odo, m e
parece, lo que sé de la const rucción de esos barcos m aravillosos y de su
botadura al aire.20
Pero dij o Eriol seguram ent e eso no es así, porque al com enzar el
cuent o m e pareció que prom et ist e hablarnos del present e curso del Sol y de
la Luna y de su salida por el est e, y por m i part e, con licencia de los que
están aquí reunidos, no estoy dispuesto a liberarte de tu palabra.
Ent onces dij o Lindo, riendo: No, no recuerdo esa prom esa, y si la hice
fui en verdad precipitado, pues de ningún modo es fácil relatar las cosas que
pides, y m uchos asunt os relacionados con los hechos de aquellos días en
Valinor est án ocult os a t odos, salvo a los Valar solam ent e. Ahora, sin
em bargo, de buen grado est oy dispuest o a escuchar, y t ú Vairë, quizá
quieras hacerte cargo del peso de la narración.
Est e regocij ó a t odos, y los niños bat ieron palm as, pues se sent ían
encantados cuando Vairë era la narradora de los cuentos; pero Vairë dijo:
He aquí que cont aré cuent os de aquellos días profundos, y el prim ero
se llama El Ocultamiento de Valinor.

NOTAS

1 El m anuscrit o dice aquí Gilfan a · Davrobel, pero en la desechada versión


ant erior dice en est e pasaj e Gilfanon a · Davrobel, lo que sugiere que Gilfan no
fue intencional.
2 Sobre la relación de Tavrobel con la aldea de St affordshire, véase el
comentario. En Great Haywood el río Sow se une al Trent.
3 En la versión desechada de est e «int er ludio», la hist oria de Gilfanon se cuent a
de m anera diferent e: «est uvo allí m ucho ant es que ningún I lkor in, y hacía
edades ent eras que había v iv ido en Hisilóm ë»; «v ino a Tol Er essëa después de
la gran marcha [esto es, la marcha de Inwë al mundo, la gran expedición desde
Kôr, pues había adopt ado un parent esco sanguíneo con los Noldoli». Est a es la
primera aparición del término Ilkorin, que se refiere a los Elfos que «no eran de
Kôr» ( cf. el t érm ino post erior Úmanyar, los Elfos que «no eran de Am an») .
Artanor es la precursora de Doriath.
4 Gilfanon, un gnom o, es llam ado aquí el m ás viej o de las hadas; véase La
Música de los Ainur.
5 No conozco ninguna explicación de « la Casa de las Cien Chim eneas», cerca del
puent e de Tavrobel, pero no he v isit ado nunca Great Haywood, y quizá allí
hubiera (o hay) una casa que le diera origen.
6 La últ im a part e de la form a desechada del «int erludio» es ent eramente
diferente:

Por t ant o dij o Lindo respondiendo a Eriol: Gilfanon, aquí present e, puede
cont art e m uchas cosas acerca de t ales asunt os, pero ant e t odo es preciso
cont art e de las cosas que se hicieron en Valinor cuando Melk o dio m uer t e a los
Árboles y los gnom os se m archaron a la oscuridad. Es un largo cuent o, pero
vale la pena escucharlo. Por que a Lindo le encant aba cont ar esos cuent os y a
m enudo buscaba la ocasión de recordarlos; pero Gilfanon dij o: Sigue
hablando, Lindo m ío, pero m e parece que el cuent o no se cont ará est a noche,
ni m uchas noches después, y ya habré regresado a Tavrobel. No dijo
Lindo , no m e dem oraré dem asiado en la hist oria, y el día de m añana será
para ti. Y así diciendo, Gilfanon suspiró, pero Lindo levantó la voz...

7 «No sea que» [«lest it be»]: esta curiosa expresión está clara en el manuscrito;
el em pleo de la expr esión parece del t odo sin precedent es, pero su significado
debe de ser «a no ser que también a Varda...»
8 Sobre Telimpë com o nom bre del «caldero de la Luna» en lugar de Silindrin,
véase la not a a los cam bios de nom bres en La Llegada de los Valar y la not a 2
a La Llegada de los Elfos.
9 Véase La Llegada de los Valar. En las apariciones ant erior es el nom bre es
Urwen, no Urwendi.
10 «Ent re Erum áni y el Mar», est o es, el Mar Ext erior, Vai, el lím it e occident al de
Valinor.
11 El pasaj e que em pieza «Porque de ese m odo deseaba...» y cont inúa hast a est e
punto fue agregado en una hoja aparte y reemplazaba uno mucho más corto en
el que Manwë brevemente declaraba su plan, y nada se decía de los poderes de
los Valar. Pero no cr eo que la corrección fuera redact ada m ucho m ás t arde que
el cuerpo del texto.
12 Aquí decía ant eriorm ent e: «Luego los Dioses dieron nom bre a la nav e, y la
llamaron Ûr, que significa Sol», etc.
13 Aquí decía ant eriorm ent e: «y los gnom os la llam an Aur, el Sol, y Galm ir, el
resplandor del oro», etc.
14 Una not a aislada se refiere a la apar ición de criat uras m ás saludables cuando
salió el Sol ( est o es, sobre las Grandes Tierras) y dice que «t odos los páj aros
cantaron en el primer amanecer».
15 Los Aulenossë.
16 Ésta es la primera aparición de los Hijos de Fëanor.
17 Anteriormente decía «la rosa de plata».
18 Urwendi, Urwandi en el manuscrito, pero creo que esto no fue intencional.
19 A part ir de est e punt o el t ex t o del Cuent o del Sol y de la Luna no est á ya
escrit o sobre un or iginal a lápiz borrado, y a part ir del m ism o punt o el t ext o
original continúa en otro cuaderno. De hecho, hasta el final del Cuento del Sol y
de la Luna las diferencias son m ínim as, sólo ligeras alt eraciones en la
redacción; pero el t ext o or iginal sí explica que la prim era v ez que aparece el
nombre Gilfanon decía Ailios. Podría uno suponer de cualquier m odo que ést e
fue un desliz, una reversión de un nom bre ant erior, y que est o no es así se
dem uest ra porque en la pr im er a versión, en lugar de « lleno de los m aravillosos
hechos que Gilfanon puede cont ar» dice «lleno de los m arav illosos hechos que
Ailios contará».
20 A part ir de est e punt o la segunda versión difier e t ot alm ent e de la prim era. La
primera dice:

Y eso es t odo, creo dij o Lindo , lo que sé de las herm osas obras de los
Dioses. Pero Ailios dij o: Poco t e cuest a en verdad hilvanar el cuent o si se
refiere a Valinor; ha t ranscurrido ciert o t iem po desde que nos prom et ist e un
cuent o acerca de la salida del Sol y de la Luna en el est e, y t oda una lluv ia
de palabras has solt ado desde ent onces, pero ahora est ás decidido a
[ ¿burlart e?] y ni una palabra de esa prom esa. A decir verdad, baj o la
aspereza que m ost raba, a Ailios le gust aban las palabras de Lindo t ant o
como las que más, y estaba ansioso por saber del asunto.
Eso se dice fácilmente dijo Lindo...

Lo que sigue en la versión original se relaciona con el asunt o del capít ulo
siguiente.
Ailios dice aquí que la prom esa de Lindo no ha sido sat isfecha, com o lo hace
Eriol, m ás cort ésm ent e en la segunda versión. No . exist e el com ienzo del
cuent o en la pr im era versión, y quizá, com o fue escrit o or iginalm ent e, Lindo
hacía la prom esa; pero en la segunda no dice t al cosa ( en verdad la pr egunt a
de Eriol er a «¿De dónde prov ienen el Sol y la Luna?») , y al final de est e cuent o
niega que la haya hecho.

Cambios de nombres en
El Cuento del Sol y de la Luna

Am nor < Am nos ( Am nos es la form a en La Huida de los Noldoli, < Emnon;
también se da la forma Amnon).
Para los cam bios en el pasaj e acerca de los nom bres del Sol, véanse las not as 12 y
13.
Gilfanon < Ailios (sólo la primera vez que aparece; véase nota 19).
Minethlos < Mainlos.
Uolë Kúvion < Uolë Mikúm i, sólo la segunda vez que aparece en el t ext o; la
segunda aparición, Uolë Mikúmi fue dejada sin cambios, aunque me he decidido
por Uolë Kúvion en el texto.
Barco de la Mañana < Kalavent ë ( i·Kalavent ë, «el Barco de la Luz», se da sin
corrección en el texto).
Las llamas del Barco del Sol < las llamas de Kalaventë.
Sári < Kalavenë (Kalavenë es la forma original).

Comentarios sobre
El Cuento del Sol y de la Luna
La int ención del com ienzo de est e cuent o es sin duda poner m ás pro-
nunciadam ent e de relieve el horror provocado por la conduct a de los Noldoli ( en
especial la amargura que experimenta Aulë en relación con ellos, de la que nada se
dice después) y t am bién su definit iva y absolut a exclusión de Valinor. Per o
sobreviv ió la idea de que algunos de los gnom os perm anecieron en Valinor ( los
Aulenossë; cf. El Silmarillion, cap. 7).

Y de t odos los Noldor de Valinor, ahora ya un gran pueblo, sólo una décim a
part e rehusó ponerse en cam ino: algunos por el am or que t enían a los Valar ( y
de t odos ellos no era Aulë el m enos am ado) , ot ros por el am or de Tir ion y las
m uchas cosas que allí habían hecho; ninguno por t em or a los peligr os del
camino.

La m isión de Soront ur y las nuevas con que volv ió iban a ser abandonadas.
Muy not able es el r elat o acerca de las naves vacías a la deriva, algunas de las
cuales «ardían con brillant es llam as»: el origen del incendio de las naves de los
Teler i en Losgar por Fëanor en El Silmarillion ( cap. 8) , donde, sin em bargo, el
m ot ivo es m ás evident e. Que la segunda m orada de Melko en las Grandes Tierras
no era Ut um na se dice aquí de m odo explícit o, y t am bién que se encont raba en las
Montañas de Hierro; el nombre Angamandi, «Infiernos de Hierro», aparece una vez
en los Cuent os Perdidos, en la m uy ext r aña referencia al dest ino de los Hom bres
después de la m uert e ( «La llegada de los Valar» ) . En narraciones post eriores,
Angband se const ruía en el sit io de Ut um no, pero finalm ent e quedaron separados
ot ra vez, y en El Silmarillion Angband había ex ist ido desde t iem pos m uy ant iguos,
antes del cautiverio de Melkor (cap. 1). En este cuento no se explica por qué nunca
m ás est ará abiert a Ut um na para él, aunque sin duda fue porque Tulkas y Ulm o
rompieron las puertas y les pusieron encima montañas de piedra.
La part e siguient e del cuent o arroj a m ucha luz sobre la pr imera concepción que
t uvo m i padre de los poderes y las lim it aciones de los grandes Valar. Se m uest ra
que Yavanna y Manw ë ( ¿lo adv iert en por m ediación de Yavanna?) creen que los
Valar se han equivocado, o cuando m enos, no han sido capaces de llevar a cabo
los m ás am plios designios de I lúvat ar ( «Tengo para m í que est e [ t iem po de
oscuridad] no se ha producido sin el deseo de I lúvat ar») : la idea de Dioses «egoís-
t as», preocupados por sí m ism os, queda expresada claram ent e, los Dioses se
cont ent an con cuidar de sus j ardines e idear sus invenciones det rás de las
m ont añas, dej ando que «el m undo» se haga a sí m ism o com o pueda. Y est a t om a
de conciencia es un elem ent o esencial en la creación del Sol y de la Luna, que han
de ser cuerpos que no sólo ilum inen los «reinos bendit os» ( expresión que t iene
lugar aquí por prim era vez) sino el rest o de la Tierr a oscura. De t odo est o sólo hay
una huella en El Silmarillion (cap. 9):

Est as cosas hicieron los Valar, recordando en el crepúsculo la oscuridad de las


t ierras de Arda; y resolv ieron ent onces ilum inar la Tierra Media, y est orbar con
luz las acciones de Melkor.

De gran int erés es t am bién la afirm ación «t eológica» en la prim era narración
acerca de la unión de los Valar con el m undo com o condición para ent rar en él; cf.
El Silmarillion:

I lúvat ar les im puso est a condición, quizá t am bién necesaria para el am or de


ellos: que de ent onces en adelant e los poderes que él les había concedido se
lim it aran y suj et aran al Mundo, por siem pre, hast a que el Mundo quedase
completado, de m odo t al que ellos fuesen la v ida del Mundo y el Mundo la v ida
de ellos.

En el cuent o est a condición es una lim it ación física expresa: ninguno de los
Valar, salv o Manw ë y Varda y sus espír it us asist ent es, podían elevarse a los aires
superiores por encim a de Vilna, aunque eran capaces de t rasladarse a gran
velocidad en los aires inferiores.
En el pasaj e en que se dice que Ulm o, a pesar del am or que sent ía por los
Noldoli y el dolor que le prov ocaba la Mat anza de los Parient es, no est aba sin
em bargo del t odo disgust ado con ellos, pues «t enía m ás presciencia que ninguno
de los Dioses, aun m ás que el gran Manw ë», se ve que la peculiar preocupación de
Ulm o por los Eldar ex iliados que desem peña un papel t an im por t ant e, si bien
m ist er ioso, en el desarrollo de la hist oria ex ist ía desde un pr incipio; com o
también existía el pensamiento de Yavanna, expresado en El Silmarillion:

Aun para los m ás poderosos baj o la égida de I lúv at ar hay una obra que sólo
pueden llevar a cabo una única vez. Di ser a la Luz de los Árboles, y en los
confines de Eá nunca más podré hacerlo.

La referencia de Yavanna al Mágico Sol y al momento en que se enciende (en el


brindis de la velada de la Cabaña del Juego Perdido) es en est a et apa
intencionalmente oscura.
No hay post erior referencia a la hist or ia del desperdicio de luz por Lórien y
Vána, que la vierten con descuido sobre las raíces de los Árboles.
Volv iendo a la descripción que hace Lindo de las est rellas, Morwinyon ha
aparecido ya en un cuent o ant erior ( «La Llegada de los Valar») ; en él se dice que
Varda la dej ó caer «al volver con gran prisa a Valinor» y que resplandece sobre el
borde del m undo en el oest e; en el present e cuent o, Morw inyon ( que de acuerdo
con las list as de palabras qenyas y gnóm icas es Arct urus) est á una vez más
ext rañam ent e represent ada com o una lum inar ia del cielo occident al. Se dice aquí
que m ient ras algunas de las est rellas eran guiadas por los Mánir y los Súruli en
cursos laberínt icos, ot ras, con inclusión de Morw inyon y Nielluin habit an donde
están suspendidas y no se trasladan. ¿Es la explicación de est o que en los ant iguos
m it os de los Elfos hubo un t iem po en el que el m ov im ient o aparent e y regular de
t odos los cuerpos celest iales de est e a oest e no había em pezado t odavía? En la
cosm ología de m i padre est e m ovim ient o no t iene explicación m it ológica en sit io
alguno.
Nielluin ( « Abej a Azul») es Sir ius ( llam ada Helluin en El Silm arillion) , y est a
est rella ocupa un lugar en la leyenda de Telim ekt ar , hij o de Tulkas, aunque nunca
se explicó claram ent e cóm o se incorporó a la const elación de Orion ( cf.
Telumehtar, «Orion» en El Señor de los Anillos, Apéndice E, I). Nielluin era Ingil, el
hij o de I nw ë, que seguía a Telim ekt ar com o una gran abej a, t ransport ando una
miel llameante (véase en el Apéndice sobre los Nombres, Ingil y Telimektar).
Se da aquí fundam ent o al curso del Sol y de la Luna ent re el est e y el oest e ( en
lugar de seguir cualquier ot ra dirección) y la razón por la que se evit a el sur, es la
presencia allí de Ungw eliant . Est o parece at r ibuir a Ungweliant una am plia zona
som et ida a su poder de absorber luz. No queda claro en el cuent o de El
Oscurecim ient o de Valinor dónde est aba su m orada. Se dice que Melko erraba por
«las oscuras llanuras de Erum an, y m ás profundam ent e al sur, donde nadie había
penetrado nunca, encont ró una región de ext rem a lobreguez»: la r egión donde
est aba la caverna de Ungw eliant , que t enía «una salida subt erránea al m ar»; y
después de la destrucción de los Árboles, Ungweliant «se dirige al sur por sobre las
m ont añas a su m orada». Las borrosas líneas del pequeño m apa no alcanzan a
aclarar cómo era en esa época la configuración de las tierras y los mares australes.
En com paración con la últ im a part e del cuent o, sobre el últ im o fruto de Laurelin
y la últ im a flor de Silpion, la creación del Sol y la Luna, y el lanzam ient o de los
baj eles, el Capít ulo 11 de El Silm arillion ( const ruido a part ir de dos versiones
post eriores no m uy diferent es ent re sí) es ext rem adam ent e breve. Aunque con
muchas diferencias, las versiones posteriores parecen a veces casi resúmenes de la
prim era hist oria, pero a m enudo es difícil saber si el acort am ient o es consecuencia
de que mi padre tuviera la impresión de que la descripción era demasiado larga, de
que ocupaba un sit io dem asiado am plio en la estructura t ot al, o de que rechazara
algunas de las ideas que cont iene y deseara reducir la ext rem a «concreción» de las
im ágenes. Por ciert o hay aquí un excesiv o deleit e en m at eriales de propiedades
«m ágicas»: oro, plat a, crist al, vidr io, y sobre t odo la luz concebida com o un ele-
m ent o líquido, o com o rocío, com o m iel, un elem ent o en el que es posible bañarse
y que es posible recoger en vasij as, que ha desaparecido en gran part e en El
Silmarillion ( aunque, por supuest o, la idea de la luz com o elem ent o líquido, que
got ea, se viert e, se guarda y es absorbida por I ngoliant , sigue siendo esencial para
la concepción de los Árboles, est a idea se vuelv e m enos concret a en escrit os
post eriores y a las operaciones div inas se les da una explicación y j ust ificación
menos: «físicas»).
Com o result ado de est a m inuciosa y dram át ica descripción, el or igen del Sol y
de la Luna en el últ im o frut o y la últ im a flor de los Árboles t iene m enos m ist erio
que el sucint o y herm oso lenguaj e de El Silm arillion; pero t am bién se dice m ucho
aquí para subrayar el gran tamaño del «Fruto del Mediodía», y el aumento del calor
y el br illo del Bar co del Sol después del lanzam ient o, de m odo que no es t an
espont ánea la idea de que si el Sol que ilum ina br illant em ent e la Tierra ent era no
era sino un único frut o de Laurelin, Valinor t uvo que haber sido un sit io
dolor osam ent e brillant e y caluroso en los días de los Árboles. En la pr im era hist or ia
las últ im as ext er iorizaciones de vida de los Árboles, agonizant es son por com plet o
ext rañas y «enorm es», las de Laurelin port ent osas, aun om inosas; el Sol result a
asom brosam ent e brillant e y calient e aun para los Valar, que se sient en
pert urbados e int ranquilos por lo que se ha hecho ( los Dioses sabían «que habían
hecho algo m ás grande t odavía de lo que al pr incipio habían sospechado») ; y el
enfado y la aflicción de algunos de los Valar ant e la luz quem ant e del Sol dan la
im presión de que en el últ im o frut o de Laurelin se ha desencadenado, un poder
terrible e imprevisible. Esta aflicción por cierto sobrevive en El Silmarillion, cap. 11,
en la referencia a «los ruegos de Lórien y Est ë, que dij eron que el sueño y el
descanso habían quedado elim inados de la Tierr a, y que las est rellas est aban
ocult as»; pero en el cuent o el abrum ador poder del nuev o Sol se com unica
intensament e en las im ágenes del «calor que baila por sobre los árboles» en los
j ardines de Lórien, los ruiseñores silenciados, las am apolas m archit as y el desa-
liento de las flores nocturnas.
En el viej o cuent o hay una explicación m ít ica de las fases de la Luna ( aunque
no de los eclipses) y de las m arcas que t iene en la cara: el episodio de la rot ura de
la rama marchita de Silpion y la caída de la Flor de la Luna: una historia que difiere
por completo de la explicación que se da en El Silmarillion (ibid.).
En el cuento el fruto de Laurelin también cayó al suelo cuando Aulë resbaló y su
peso fue excesivo para que Tulkas pudiera soport arlo solo; la significación de est e
episodio no result a del t odo clara, pero parece que si el Frut o del Mediodía no se
hubiera part ido, Aulë no habría com prendido cóm o era por dent ro y no hubiera
concebido la estructura del Barco del Sol.
Aunque en am plia m edida las grandes diferencias ent re las versiones de est a
part e de la Mit ología sea consecuencia de una post erior com presión, aún quedan
m uchas cont radicciones de las que considero aquí sólo algunas de las m ás
im port ant es, adem ás de la que se refiere a las m arcas de la Luna ya m encionada.
Así, pues, en El Silmarillion la Luna se elevó primero «y fue la mayor de las nuevas
luces, com o Telper ion fue el m ayor de los Árboles» (ibid.); en la v iej a hist or ia su-
cede al revés, t ant o en el caso de los Árboles com o en el de las nuevas luces.
Adem ás, en El Silm arillion es Varda la que decide los m ovim ient os celest es, y los
alt era cediendo al ruego de Est ë y Lórien, m ient ras que aquí es la aflicción m ism a
de Lórien ant e la llegada del Sol lo que induce al florecim ient o de Silpion y la
creación de la Luna. Los Valar , en verdad, desem peñan papeles diferent es a lo
largo de am bas narraciones; y aquí se at ribuye m ucha m ayor im port ancia a los
act os de Vána y Lórien, cuyas relaciones con el Sol y la Luna son a la vez m ás
profundas y explícit as que lo que fueron luego, com o lo habían sido las que
t uvier on con los Árboles; en El Silm arillion era Nienna la que regaba los Árboles
con sus lágrim as ( cap. 11) . En El Silm arillion el Sol y la Luna se m ovían m ás cerca
de Arda que «las ant iguas est rellas» (ibid.), pero aquí se m ueven en niveles del
firmamento del todo distintos.
Pero un rasgo en el que la post erior com presión puede por ciert o advert irse es
la elaborada descripción en el cuent o de la Luna com o «una isla de v idr io puro»,
«una isla resplandecient e» con pequeños lagos de la luz de Telim pë orlados de
flores brillant es, y una copa crist alina en el m edio en la que se puso la Flor de la
Luna; sólo ent onces se explica la referencia a que Tilion t im onee « la isla de la
Luna» en El Silm arillion. El v iej o Elfo Uolë Kúv ion ( al que «algunos en verdad han
llam ado el Hom bre de la Luna») casi parece v enido de ot ra concepción; su
presencia result a difícil de ent ender, pues se nos ha dicho que Silm o no pudo
navegar en el Barco de la Luna porque no era hij o del aire y no podía « lavar su ser
de t errenalidad». Un encabezam ient o aislado, «Uolë y Erint i», en un cuadernillo
ut ilizado, ent re ot ras cosas, para sugerir hist orias que podrían cont arse, significa
sin duda que se est aba preparando un cuent o sobre el t em a de Uolë; cf. el Cuent o
de Qorinóm i sobre Urw endi y Fionw ë, herm ano de Erint i. No hay huellas de est os
cuentos, y probablemente nunca se escribieron. En otra nota del cuaderno se llama
a Uolë, Mikúm i ( el nom bre ant erior de Uolë Kúv ion) , «Rey de la Luna»; y una
t ercera se refiere a un poem a, «El Hom bre de la Luna», que ha de cant ar Eriol,
«que dice que les cant ará la canción de la leyenda de Uolë Mikúm i, t al com o se
conoce ent re los Hom bres». Mi padre escribió un poem a sobre el Hom bre de la
Luna en marzo de 1915, pero si fue éste el que pensaba incluir, habría sorprendido
a la gent e de Mar Vanw a Tyaliéva, y habría t enido que cam biar las referencias a
lugares de I nglat erra que no ex ist ían t odavía. Aunque es m uy probable que t uviera
algo m uy dist int o en m ent e. Creo que no carece de int erés ofrecer est e poem a en
una de sus primeras formas.
A medida que la mitología fue evolucionando y cambiando, la Creación del Sol y
de la Luna se convirt ió en un elem ent o de gran dificult ad; y en El Silm arillion
publicado est e capít ulo no par ece encaj ar del t odo con gran part e del r est o de la
obra. Hacia el final de su vida m i padre se proponía por ciert o desm ant elar gran
part e de lo que había const ruido, int ent ando resolver lo que consideraba sin duda
un problema fundamental.

Nota sobre el orden de los Cuentos

El desarrollo de los Cuent os Perdidos es aquí de hecho ext rem adam ent e
complej o. Después de las palabras con que concluye La Huida de los Noldoli,
«t erm inaba la hist or ia del oscurecim ient o de Valinor », m i padre escribió: «En ot ros
libr os se cuent an acont ecim ient os post eriores», pero de hecho añadió luego el
breve diálogo ent re Lindo y Er iol ( «Grande era el poder de Melko para el m al...»)
que se transcribe al final de La Huida de los Noldoli.
La com paginación de los cuadernos m uest ra que el próx im o cuent o iba a ser el
Cuent o de Tinúviel, que est á escrit o en ot ro cuadernillo. Est a larga hist oria ( que se
ofrecerá en la Segunda Part e) , la v ersión m ás ant igua ex ist ent e de «Beren y
Lút hien», com ienza con un largo pasaj e que sirve de Eslabón; y lo cur ioso es que
este Eslabón com ienza precisam ent e con el diálogo ent re Lindo y Eriol al que
acabam os de referirnos, casi redact ado de la m ism a m anera, y se ve que ést a es
su ubicación original; pero aquí fue tachado.
He m encionado ya que en una cart a escrit a por m i padre en 1964 decía que
redactó La Música de los Ainur m ient ras t rabaj aba en Oxford ent re los m iem bros
del personal dedicado a la com posición del Diccionario, puest o en el que se inició
en noviem bre de 1918 y abandonó en la prim avera de 1920. En la m ism a cart a
dice que escribió «La Caída de Gondolin durant e una licencia por enferm edad que
el ej ércit o le concedió en 1917», y «la versión original del " Cuent o de Lút hien
Tinúv iel y Beren" , algo m ás t arde en el m ism o año». No hay nada en los m a-
nuscrit os que sugiera que los cuent os que siguen a La Música de los Ainur hast a el
punt o que hem os alcanzado ahora no fueran escrit os de m anera consecut iva y
continua mientras mi padre estaba todavía en Oxford.
A prim era vist a, pues, exist e una cont radicción insuperable: pues el Eslabón en
cuest ión se refiere explícit am ent e al Oscurecim ient o de Valinor, un cuent o escrit o
después de haber sido designado en Ox ford a fines de 1918, pero es un eslabón
con el Cuent o de Tinúviel, que según él dij o, escribió en 1917. Pero el Cuent o de
Tinúviel ( y el Eslabón que lo precede) es de hecho un t ext o en t int a escrit o sobre
un original a lápiz. Según creo, es seguro que est a reescrit ura de Tinúviel fue
considerablem ent e post erior. Est aba vinculado con La Huida de los Noldoli
m ediant e los discursos de Lindo y Er iol ( el pasaj e vinculant e es part e int egral y
continua del Cuent o de Tinúviel, y no fue añadido post eriorm ent e) . En est a et apa
m i padre debe de haber considerado que no era preciso cont ar los Cuentos según
el orden de las secuencias narrat ivas ( pues Tinúviel, por supuest o, corresponde a
una época posterior a la de la creación del Sol y de la Luna).
La reescrit ura de Tinúviel cont inuaba el «int er ludio» or iginal que present a a
Gilfanon de Tavrobel com o huésped de la casa, y est o conducía al Cuent o del Sol y
de la Luna. Pero luego m i padre cam bió de opinión y t achó el diálogo de Lindo y
Eriol en el com ienzo del Eslabón con Tinúviel, que iba a seguir ahora a La Huida de
los Noldoli, y lo escribió otra vez por entero en la otra libreta al final de ese cuento.
Al m ism o t iem po reescribió ext ensam ent e el «int erludio» de Gilfanon, y lo puso al
final de La Huida de los Noldoli. Así pues:

Huida de los Noldoli Huida de los Noldoli


Palabras de Lindo y Eriol Palabras de Lindo y Eriol
Cuento de Tinúviel «Interludio» de Gilfanon
«Interludio» de Gilfanon (reescrito)
Cuento del Sol y de la Luna Cuento del Sol y de la Luna
y el Ocultamiento de y el Ocultamiento de
Valinor Valinor

Que la reescrit ura de Tinúviel fue uno de los últ im os elem ent os en la
com posición de los Cuent os Perdidos parece evident e puest o que le sigue la
prim era form a del « int erludio» de Gilfanon, escrit o en la m ism a época. Gilfanon
reem plazó a Ailios, y Ailios, no Gilfanon, es el huésped de la casa en la pr im er a
versión del Cuent o del Sol y de la Luna y El Ocult am ient o de Valinor, y es adem ás
el narrador del Cuento del Nauglafring.

Hay varias versiones del poem a sobre el Hom bre de la Luna. Se publicó en
Leeds en 1923,* y m ucho después y m uy cam biado se incluyó en Las avent uras de
Tom Bombadil (1962). Lo presento aquí tal como fue publicado, en una versión casi
idént ica a la del pr im er borrador, donde lleva por t ít ulo « Por qué el Hom bre de la
Luna baj ó dem asiado pront o: una fant asía anglo- orient al» ; el t ít ulo del pr im er
t ext o acabado es «Una Fant asía: Por qué el Hom bre de la Luna baj ó dem asiado
pronto», junto con otro en inglés antiguo: Se Móncyning.

Por qué el Hombre de la Luna


bajó demasiado pronto

El Hombre de la Luna tenía zapatos plateados


y barba de hebras plateadas;
ceñido de oro pálido
4 de oro tenía la cabeza.
Vestido de seda en el gran globo blanco
abrió una puerta de marfil

* «A Nort hern Vent ure: verses by m em bers of t he Leeds Universit y English Sch ool
Associat ion » ( Leed s, Sw an Pr ess, 1 9 2 3 ) . No h e v ist o est a p u blicación y t om o est os det alles d e la
Biogr afía de Hu m ph r ey Car pen t er .
con una llave de cristal, y en secreto
8 salió a un patio cubierto de sombras;
por una afiligranada escala de telaraña
bajó de prisa como una centella
y riendo, libre y dichoso,
12 rápidamente se precipitó a tierra.
Estaba cansado de coronas de perlas y diamantes,
del pálido minarete
vertiginoso y blanco en la altura lunar
16 en un mundo engarzado de plata;

y se aventuró buscando el rubí y el berilo,


y la esmeralda y el zafiro,
y todas las gemas lustrosas para nuevas diademas
20 o para adorno de su pálido atuendo.
Estaba solo además, sin nada que hacer
sino mirar abajo el mundo dorado,
o tratar de oír la melodía distante
24 que pasaba junto a él como un alegre remolino;

y en el plenilunio de la luna de plata


había anhelado tristemente el Fuego,
no las límpidas luces de la selene lánguida
28 sino una encarnada pira terrestre
con purpúreos resplandores de rosa y carmesí
y una saltarina lengua anaranjada;
y grandes mares azules y los apasionados tintes
32 del alba joven que baila;

por caminos de prados como la crisoprasa


junto al Yare y al Nen serpenteantes.
Cómo anhelaba la alegría de la Tierra poblada
36 y la sanguínea corriente de los hombres;
y codiciaba el canto y la risa
y las viandas calientes y el vino,
pues comía pasteles perlados de nieve ligera
40 y bebía la luz de la luna.

Le cosquillearon los pies al pensar en la carne,


en el ponche y el guiso con pimienta,
y al fin sin darse cuenta resbaló en la escalera
44 y cayó como caen los meteoros;
a su lado pasaban las chispas estelares
que salpicaban como la lluvia
y desde las escalas se dio un baño de espuma
48 en el Océano de Almain;

y empezó a pensar, temiendo derretirse y heder,


qué hacer en la luna,
cuando un buque de Yarmouth lo encontró flotando a lo lejos,
52 y la tripulación asombrada
lo atrapó en una red todo mojado y brillante
con un resplandor fosforescente
de luces blancoazuladas y color topacio
56 y un delicado líquido verde.

Con el pescado de la mañana como era su deseo


lo enviaron a una ciudad de Norwich,
para que se calentara con ginebra en una taberna de Norfolk,
60 y se secara la ropa empapada.
Aunque el tañido de San Pedro despertó muchas campanas
en la ciudad de torres resonantes
para anunciar la nueva de ese lunático crucero
64 en las horas tempranas de la mañana,

no se encendieron fuegos, no hubo desayunos,


y nadie le vendió gemas;
encontró cenizas en lugar de fuego,
68 y en vez de coros e himnos exultantes
encontró ronquidos, todos dormían en Norfolk,
y por poco no se le rompe el corazón,
más vacío y más frío que antaño en las alturas,
72 hasta que le cambió la feérica capa

a un cocinero adormilado por un rincón en la cocina,


y el cinturón de oro por una sonrisa,
y una joya preciosa por un cuenco de gachas,
76 una muestra fría y vil
del orgulloso guisado de Norwich la angla...
Llegó demasiado pronto
este huésped singular en busca de aventuras
80 desde las Montañas de la Luna.

Parece m uy posible que el « pálido m inaret e» reaparezca en la «t orrecilla


blanca» que Uolë Kúvion construyó en la Luna, donde a menudo sube a contemplar
los cielos y el m undo por debaj o. El m inaret e del Hom bre de la Luna sobrev ive en
la versión final.
El Océano de Alm ain es el Mar del Nort e (Almain o Almany era el nom bre que
se le daba a Alem ania ant iguam ent e en inglés) ; el Yare es un río de Norfolk que
desem boca en el m ar en Yarm out h, y el Nene ( que se pronuncia t am bién con una
vocal corta) desemboca en el Wash.
IX

EL OCULTAMIENTO DE VALINOR

El v ínculo con est e cuent o, que est á cont ado por Vairë, aparece al final del
últ im o. El m anuscrit o prosigue com o en la últ im a part e de El Cuento del Sol y de la
Luna con un borrador ant erior que t am bién se conserva, y al que nos referim os en
las notas.

He aquí que cuent o cuent os del profundo pasado, y el prim ero se t it ula
El Ocultamiento de Valinor.
» Ya habéis oído dij o ella del lanzam ient o del Sol y de la Luna a sus
dislocadas j ornadas, y m uchas cosas hay que decir del despert ar de la
Tierra baj o su luz; pero oíd ahora de los pensam ient os y los hechos de los
habitantes de Valinor en aquellos vigorosos días.
»Hay que decir ahora que t an am plios eran los viaj es de esos barcos de
luz, que a los Dioses no les fue fácil gobernar todas sus idas y venidas como
se habían propuest o al principio, e I linsor det est aba ceder el cielo a
Urwendi, y Urwendi a menudo se hacía a la vela antes del debido regreso de
I linsor, pues era de ánim o ansioso y ardient e. Por t ant o am bos baj eles
flot aban con frecuencia al m ism o t iem po, y su gloria al navegar m uy cerca
del seno de la Tierra, com o ocurría a m enudo ent onces, era m uy grande y
muy terrible de ver.
» Ent onces una vaga inquiet ud est rem eció de nuevo a Valinor , y el
corazón de los Dioses fue otra vez perturbado, y los Eldar hablaban entre sí,
y esto era lo que pensaban:
» He aquí que el m undo se ha v uelt o claro com o el pat io de los Dioses;
es posible andar por sus sendas com o por las avenidas de Vansam írin o las
t errazas de Kôr; y Valinor ya no es sit io seguro, pues el im placable Melko
nos odia y t iene en su poder el m undo de fuer a y m uchos y feroces son allí
sus aliados. Y ellos1 cont aban aun con los Noldoli, y pensaban m al, y t am -
poco olvidaban a los Hom bres, sobre los cuales Melko les había m ent ido. A
decir verdad, con la alegría del últ im o brot e de los Árboles y las grandes y
bellas labores de la const rucción de los barcos, el t em or de Melko había sido
dej ado de lado, y la am argura de esos m alignos últ im os días y de la huida
del pueblo de los Gnom os había quedado adorm ecida; pero ahora que
Valinor est aba de nuevo en paz y las heridas de t ierras y j ardines se habían
cerrado, la memoria despertó otra vez el enojo y la pena.
»En verdad, si los Dioses no olvidaron la locura de los Noldoli y
endurecieron sus corazones, sin em bargo, m ás airados t odavía parecían los
Elfos, y los Solosim pi est aban llenos de am argura cont ra sus parient es y
deseaban no verles m ás las caras en los cam inos de sus hogares. De ést os,
los más encarnizados eran aquellos que habían perdido a sus parientes en el
Puerto de los Cisnes, y el que los conducía era un tal Ainairos, que había es-
capado de aquella refriega dej ando m uert o a su herm ano; e intentaba
incesant em ent e aum ent ar con sus palabras la am argura del corazón de los
Elfos.
»Ahora bien, est o afligía m ucho a Manw ë, aunque advert ía que su
designio no se había com plet ado aún y que la sabiduría de los Valar t enía
que volcarse una vez m ás sobre el perfect o gobierno del Sol y de la Luna.
Por t ant o, convocó a los Dioses y a los Elfos en cónclave para que j unt os
pudieran m ej orar el designio original, y adem ás t enía la esperanza de
calm ar la cólera y la inquiet ud que los agit aba con dulces palabras de sa-
biduría ant es que brot ara algún m al. Pues claram ent e veía allí el veneno de
las m ent iras de Melko, que viven y se m ult iplican dondequiera que las
siem bre, con m ás frut o que cualquier sim ient e que se eche en la Tierra; y
ya se le había inform ado que las ant iguas m urm uraciones de los Elfos
habían em pezado de nuevo, y que el orgullo llenaba a algunos de locura, de
modo que no podían soportar la idea de la llegada de la Humanidad.
« Est aba ahora sent ado Manw ë con ánim o apesadum brado ant e Kulullin y
m iraba a los Valar reunidos cerca y a los Eldar de alrededor, pero no reveló
plenam ent e lo que pensaba, diciéndoles sólo que los había llam ado a
consej o una vez m ás para det erm inar el curso del Sol y de la Luna y poner
orden y sabiduría en sus cursos. Ent onces habló direct am ent e Ainairos ant e
él diciendo que había cosas m ás im port ant es para ellos, y expuso ant e los
Dioses lo que pensaban los Elfos de los Noldoli, y la desnudez de la tierra de
Valinor respect o del m undo de fuera. Hubo ent onces un gran t um ult o, y
m uchos de los Valar y de su gent e lo apoyaron con fuert es voces, y algunos
ot ros de los Eldar clam aron que Manw ë y Varda habían hecho que sus
parient es vivieran en Valinor prom et iéndoles que allí t endrían alegría con-
t inua; que los Dioses procuraran ahora que est a felicidad no quedara
reducida a una m enudencia, pues Melko dom inaba el m undo, y ellos no se
at revían a ir a los lugares en que habían despert ado, aun si lo hubieran
querido. La m ayor part e de los Valar echaban en falt a su ant igua
t ranquilidad y sólo querían la paz, deseando que ni el rum or sobre Melko y
su violencia, ni la m urm uración de la inquiet ud de los gnom os volvieran a
pert urbar su felicidad; y por esos m ot ivos clam aron t am bién por el
ocult am ient o de la t ierra. Est as pret ensiones eran apoyadas sobre t odo por
Vána y Nessa, aunque la m ayoría de los grandes Dioses t enían la m ism a
opinión. En vano les rogó Ulm o por su presciencia que t uvieran piedad y
perdonaran a los Noldoli o desplegó Manw ë los secret os de la Música de los
Ainur y el propósit o del m undo; y durant e m ucho t iem po se llenó de ruido
ese consej o y se colm ó m ás de am argura y de palabras ardient es que
ninguno que se hubiera celebrado ant es; por t ant o; finalm ent e se separó de
ellos Manw ë Súlim o diciendo que ningún m uro ni fort aleza podría ahora
poner freno a la m aldad de Melko, pues ya est aba viva ent re ellos y les
nublaba las mentes.
»Así pues, ocurrió que los enem igos de los gnom os se hicieron eco del
consej o de los Dioses y la sangre de Kópas em pezó ya su obra m aligna;
pues se inició ent onces lo que se llam ó el Ocult am ient o de Valinor, y Manw ë
y Varda y Ulm o de los Mares no t uvieron part e en él, pero los ot ros Valar y
los Elfos no se m ant uvieron apart ados, aunque Yavanna y Orom ë, su hij o,
tenían el corazón inquieto.
»Ahora bien, Lórien y Vána conducían a los Dioses y Aulë prest ó su
habilidad y Tulkas su fuerza, y en ese t iem po los Valar no salieron a la
conquist a de Melko, y m ucho lo lam ent aron después y lo lam ent an t odavía;
porque la gran gloria de los Valar, por causa de ese error, no alcanzó su
plenit ud durant e m uchas edades de la Tierra, y el m undo t odavía la
aguarda.2

» En aquellos t iem pos, sin em bargo, no t enían conocim ient o de est as


cosas, y se em peñaron en nuevos y grandes t rabaj os, com o no se habían
vist o desde los días en que se const ruyera Valinor. Hicieron las m ont añas
circundant es m ás del t odo im penet rables del lado orient al, y t ales m agias
t errenas t ej ió Kém i alrededor de los precipicios y picos inaccesibles que de
t odos los sit ios espant osos y t erribles de la poderosa Tierra, era la m uralla
de los Dioses que m iraba a Erum an el m ás horrendo y peligroso, y ni
siquiera Ut um na ni los lugares que ocupaba Melko en las Mont añas de
Hierro estaban tan llenos de miedo insuperable. Además, aun en las llanuras
alrededor del ... orient al 3 se am ont onaban esas t elas im penet rables de
oscuridad adherent e que Ungw eliant ë había levant ado en Valinor en el
tiempo de la destrucción de los Árboles. Ahora las apartaron los Dioses de la
t ierra brillant e para que enredaran los pasos de t odos los que t ransit aran
por allí, y las ext endieron a lo largo y a lo ancho llegando así a cubrir los
Mares Som bríos hast a que la Bahía de Faëry se oscureció ocult ando la
radiación de Valinor, y el brillo de las lám paras de Kôr quedó así escondido
y nunca t raspasaba las cost as enj oyadas. De nort e a sur m archaban los
encantam ient os y la m agia inaccesible de los Dioses, pero aun así no
estaban contentos; y dijeron: He aquí que haremos que todos los caminos
a Valinor, t ant o los conocidos com o los secret os, se desvanezcan por
completo del mundo o conduzcan traicioneros a una ciega confusión.
»Esto hicieron, pues, y ni una vía del mar quedó sin peligrosos remolinos
o corrient es de abrum adora fuerza para confusión de t odos los barcos. Y
espírit us de súbit as t orm ent as o vient os inesperados se cernían allí por
volunt ad de Ossë, y ot ros de nieblas inext ricables. No olvidaron siquiera los
largos cam inos t ort uosos que los m ensaj eros de los Dioses habían conocido
y t ransit ado a t ravés de los oscuros desiert os del nort e y el sur m ás
profundo; y cuando t odo est o est uvo hecho com o ellos querían, Lórien dij o:
Ahora Valinor se levant a sola y t enem os paz. Y Vána cant ó una vez m ás
sobre su jardín, tanta era la ligereza de su corazón.
»Solos ent re t odos, los corazones de los Solosim pi recelaban y se
est aban en las cost as cerca de sus ant iguos hogares y la risa no se oía con
frecuencia ent re ellos, y m iraban el Mar y a pesar del peligro y la lobreguez
que en él había, t em ían que por él llegara el m al a la t ierra. Ent onces
algunos de ellos fueron al encuentro de Aulë, y de Tulkas, que estaba cerca,
y dij eron: Oh, grandes ent re los Valar, m uy bien y m aravillosam ent e han
t rabaj ado los Dioses, pero pensam os en nuest ros corazones que algo falt a
todavía; porque no hemos oído que el camino de la huida de los Noldoli, aun
el espant oso pasaj e de los acant ilados de Helkaraksë, haya sido dest ruido.
Por donde los hij os de los Eldar han pasado, los hij os de Melko pueden
volver, a pesar de t odos vuest ros encant am ient os y engaños; y el m ar
indefenso tampoco ha traído paz a nuestros corazones.
» De eso se rió Tulkas, diciendo que nada podría llegar ahora a Valinor,
salvo sólo por los aires m ás encum brados. Y Melko no t iene poder allí; ni
t am poco nosot ros, oh, pequeños de la Tierra. No obst ant e, a pedido de
Aulë fue con ese Vala a los am argos lugares del dolor de los gnom os, y
Aulë, con el poderoso m art illo de la forj a golpeó el m uro de hielo dent ado, y
cuando est uvo rot o aun hast a las frías aguas, Tulkas lo part ió con sus
grandes m anos y los m ares ent raron rugiendo, y el t errit orio de los Dioses
quedó separado por completo de los reinos de la Tierra.4
»Esto hicieron a instancias de los Elfos de la Costa, pero de ningún modo
perm it ieron los Dioses que ese sit io de escasa alt ura en las colinas baj o
Taniquet il y que da a la Bahía de Faëry fuera cubiert o de rocas, com o lo
deseaban los Solosim pi, porque allí t enía Orom ë m uchos bosques am enos y
sit ios de deleit e, y los Teleri 5 no soport aron que Kôr fuera dest ruida o
encerrada muy de cerca por tenebrosos muros de montañas.
«Ent onces se dirigieron los Solosim pi a Ulm o, y ést e no quiso
escucharlos, diciendo que nunca habían aprendido de su m úsica sem ej ant e
am argura de corazón, que m ás parecían haber est ado escuchando los
susurros de Melko el m aldit o. Y al alej arse de Ulm o algunos est aban
abat idos, pero ot ros fueron en busca de Ossë, y ést e los ayudó a despecho
de Ulm o; y de los t rabaj os de Ossë en aquellos días provienen las I slas
Mágicas; por que Ossë las dispuso en un gran anillo alrededor de los lím ites
occidentales del mar poderoso, de manera que guardaban la Bahía de Faëry,
y aunque en aquellos días las t inieblas inm ensas de esas aguas lej anas iban
m ás allá de los Mares Som bríos y ext endían lenguas de oscuridad hacia
ellas, aun así eran de una belleza insuperable, Y los barcos que pasan por
allí las divisan por fuerza, t ant a era su seducción que pocos t enían la
capacidad de pasar de largo, y si lo int ent aban súbit as t orm ent as los
arrast raban cont ra esas playas cuyo pedregullo resplandecía com o la plat a y
el oro. No obst ant e, t odos los que allí pisaban, ya no podían abandonar el
lugar, quedando at rapados en las redes de los cabellos de Oinen, 6 la Señora
del Mar, y abrum ados por el prolongado sueño que Lórien había dej ado allí,
yacían tendidos al margen de las olas, como los ahogados que son devueltos
una vez m ás a la orilla por los m ovim ient os del m ar; sin em bargo, est os
desvent urados dorm ían con profundidad insondable y las aguas oscuras les
lavaban los m iem bros, pero los barcos se pudrían am ort aj ados de algas, y
nunca más navegaban ante los vientos del penumbroso oeste.7

»Ahora bien, cuando Manw ë m iró apenado desde lo alt o de Taniquet il, y
vio hechas t odas est as cosas, hizo llam ar a Lórien y Orom ë, pensando que
eran m enos t ercos de corazón que los dem ás, y cuando hubieron acudido,
les habló con gravedad; no obst ant e no quiso que el t rabaj o de los Dioses
fuera deshecho, porque no lo consideraba del t odo m alo, pero convenció a
esos dos que hicieran lo que les pedía. Y así lo hicieron ellos; Lórien tejió allí
un cam ino de delicada m agia, que iba serpent eando en secret o desde las
t ierras orient ales y t odos los grandes desiert os del m undo hast a los m uros
de Kôr, y pasaba por la Cabaña de los Hij os de la Tierra 8 y desde allí por la
«senda de los olmos susurrantes» hasta llegar al mar.
»Pero los m ares t enebrosos y los est rechos est aban at ravesados por
puentes esbeltos que descansaban en el aire y resplandecían como si fueran
neblinas de seda ilum inadas por una luna t enue, o perlados vapores; sin
em bargo, adem ás de los Valar y los Elfos, ningún Hom bre los ha vist o
nunca, salvo en los dulces sueños del corazón en tiempos de juventud. Es el
m ás largo de los cam inos y pocos hay que hayan llegado hast a su final,
t ant os son las t ierras y los m aravillosos lugares de hechizo y encant o por
donde pasa ant es de llegar a Elfinesse; no obst ant e prest a suave apoy o a
los pies, y nadie se cansa nunca de transitarlo.
»Así era dij o Vairë y así es t odavía Olórë Mallë, la Senda de los
Sueños; pero m uy dist int a fue la obra de Orom ë, pues después de escuchar
las palabras de Manw ë fue de prisa al encuent ro de Vána, su esposa, y le
pidió una t renza de sus largos cabellos dorados. Ahora bien, los cabellos de
Vána la Blonda se habían vuelt o m ás largos y radiant es t odavía desde los
días en que se los había ofrecido a Aulë, y le dio a Orom ë una part e de
aquellas hebras doradas. Ent onces las sum ergió él en la radiación de
Kulullin, y Vána t ej ió con ellas hábilm ent e una t raílla inm ensurable, y con
ella se dirigió Orom ë a grandes zancadas a las est ancias de Manw ë en la
montaña.
«Ent onces, dando grandes voces para que Manw ë y Varda y t oda su
gent e acudiera, sost uvo ant e sus oj os esa correa de oro, y ellos no supieron
para qué servía; pero Oromë les pidió que miraran hacia la Montaña llamada
Kalorm ë, que se levant aba inm ensa en las t ierras m ás dist ant es de Valinor,
y se la considera la más alta salvo Taniquetil; sin embargo, desde allí parece
algo vago que se desvanece a lo lej os. Mient ras t odos est aban m irando,
Orom ë dio un paso at rás y recurriendo a t oda su habilidad y su fuerza,
asest ó un poderoso lat igazo, y la cuerda dorada se precipit ó en una curva a
t ravés del cielo hast a que el lazo cayó sobre el m ás alt o pináculo de
Kalorm ë. Ent onces, por la m agia de su hechura y la habilidad de la m ano de
Orom ë, perm aneció com o una brillant e curva dorada que no caía ni se
afloj aba; pero Orom ë suj et ó un ext rem o a un pilar de los pat ios de Manw ë,
y volviéndose a quienes lo m iraban, dij o: Quien quiera errar por las
Grandes Tierras que m e siga. Y allí m ism o puso el pie sobre la correa y
part ió com o el vient o sobre el abism o, aun hast a Kalorm ë, m ient ras que
todos en Taniquetil callaron asombrados. Entonces soltó Oromë la correa del
pico de Kalorm ë y volvió a la carrera t an de prisa com o había partido,
deshilachándola m ient ras hacía el cam ino de regreso, hast a que una v ez
más estuvo ante Manwë. Entonces, dijo: He aquí, oh, Súlimo, Señor de los
Aires, un cam ino que he invent ado y por el que cualquiera de los Valar de
buen corazón puede ir al sit io que le plazca en las Grandes Tierras; porque
allí donde lo desee, t enderé m i puent e esbelt o y vosot ros aseguraréis el
extremo de este lado.
»Y de est a obra de Orom ë provino esa m aravilla de los cielos que los
hom bres cont em plan con adm iración y que algunos t em en, pues no saben
qué pueda augurar . No obst ant e, ese puent e t iene diferent es aspect os en
diferent es ocasiones en las diversas regiones de la Tierra, y rara vez se
hace visible a los Hom bres y los Elfos. Ahora bien, resplandece m ej or a los
rayos oblicuos del Sol y cuando las lluvias del cielo lo m oj an, y es ent onces
cuando su brillo result a m ás m ágico, y la luz dorada se quiebra en las
cuerdas que got ean en m últ iples m at ices purpúreos, verdes y roj os, de
m odo que los hom bres con frecuencia lo llam an Arco I ris, pero m uchos
ot ros nom bres le han dado t am bién, y las hadas lo llam an I lw eran, el
Puente del Cielo.
»Ahora bien, los Hom bres con vida no pueden pisar las hebras vacilantes
de Ilweran, y pocos son los Eldar que tienen el ánimo de hacerlo, aunque no
hay ot ros cam inos para que Elfos y Hom bres se dirij an a Valinor desde
aquellos días, salvo uno, muy oscuro; sin embargo es también muy corto, el
m ás cort o y m ás rápido de t odos los cam inos, y m uy áspero, porque
Mandos lo hizo y Fui lo puso allí. Se llam a Qalvanda, la Rut a de la Muert e, y
conduce sólo a las estancias de Mandos y de Fui. Tiene dos carriles; por uno
transitan los Elfos y por el otro las almas de los Hombres, y por cierto nunca
se mezclan.9
»Así dij o Vairë se logró el ocult am ient o de Valinor, y los Valar
dej aron escapar la oport unidad de alcanzar una gloria m ás espléndida y
duradera que la gr an gloria que les pert eneció y les pert enece t odavía. Sin
em bargo, aún falt a cont ar m uchos acont ecim ient os de aquellos días, de los
que quizá pueda ahora cont aros unos pocos; y a uno de ellos lo llam aré El
Puerto del Cielo.

»He aquí ahora que los corazones reposan gracias a la t regua 10 de


Manw ë y los Valar, y m ient ras los Dioses celebran fest ej os en Valm ar y el
cielo se llena de la gloria ingobernada de los Barcos de la Luz, los Elfos
vuelven por fin a reconst ruir la felicidad de Kôr; y allí int ent an olvidar t odos
los dolores y t odos los t rabaj os a que est uvieron som et idos desde la
Liberación de Melko. Ahora Kôr se conviert e en el m ás bello y m ás delica-
dam ent e adorable de t odos los reinos de Valinor, pues en el pat io de I nw ë
brillaban aún t iernam ent e los dos árboles feéricos; y eran vást agos de los
Árboles gloriosos ahora m uert os dados por los Dioses a I nw ë en los
prim eros días de la const rucción de la ciudad. Ot ros t am bién les fueron
dados a Nólem ë, pero ést os fueron desent errados y desaparecieron nadie
sabe dónde, y otros no ha habido nunca.11
»Sin em bargo, aun cuando los Elfos confiaban en que los Valar
escudarían la t ierra y t ej erían una zona prot ect ora alrededor, y aunque los
días aciagos iban perdiéndose en el pasado no podían librarse del t odo del
recuerdo de sus desdichas; ni lo lograron nunca, hast a que el cam ino
m ágico de Lórien fue com plet ado y se perm it ió que los hij os de los padres
de los padres de los Hom bres avanzaran por él en el dulce sueño; ent onces
una nuev a alegría ardió brillant e en sus corazones, pero est as, cosas no
habían ocurrido todavía, y los Hombres acababan de despertar en la Tierra.
»Pero Manw ë y Ulm o, sabiendo que había llegado la hora, discut ieron
una y ot ra vez cóm o podrían prot egerse. Muchos planes t razaron y a todos
los j uzgaban en relación con la idea de Melko y el t ránsit o de los gnom os;
sin em bargo, los ot ros habit ant es de Valinor t odavía no se preocupaban
m ucho de est as cuest iones. No obst ant e, Manw ë decidió dirigirse una vez
m ás a los Valar, aunque de los Hom bres nada dij o, y les recordó que en los
t rabaj os para el ocult am ient o de Valinor, se habían perm it ido olvidar la
indocilidad del Sol y de la Luna. Ahor a bien, era el t em or de Manw ë que la
Tierra se volviera insoport able por causa de la int ensa luz y el calor de esas
cosas t an brillant es, y el corazón de Yavanna est aba de acuerdo con él en
eso, pero la m ayoría de los Dioses y de los Elfos consideraron bueno su
designio, pues el levant am ient o del Sol y de la Luna a cursos m ás alt os,
pensaban, pondría punt o final a t odos sus afanes, alej ando los penet rant es
rayos, y de ese m odo las m ont añas y las regiones de sus m oradas no
est arían dem asiado int ensam ent e ilum inadas y nadie podría volver a
espiarlos desde lejos.
»Por t ant o, algunos dij eron: Enviem os ahora m ensaj eros que
descubran la hechura del m undo en el ext rem o est e, m ás allá aún del
alcance de la m irada de Manw ë desde la Mont aña del Mundo. Ent onces se
levant ó Orom ë: Eso puedo decíroslo, pues lo he vist o. En el est e, m ás allá
de las t ierras desmoronadas, hay una playa silenciosa y un m ar oscuro y
vacío. Y los Dioses se m aravillaron al saberlo; sin em bargo nunca ant es,
nadie, salvo Orom ë, había t enido deseos de ver u oír t ales cosas, ni siquiera
Yavanna, la Señora de la Tierra. Nada digo de Ulm o Vailim o, Señor de Vai,
porque en verdad t odas esas cosas las sabía desde el principio de la Tierra.
Por tanto ahora este anciano, después de Oromë, siguió exponiendo ante los
Valar cuál era la naturaleza secreta de la Tierra, y dijo:
» He aquí que no hay m ás que un Océano, y ése es Vai, porque los que
Ossë considera océanos, no son sino m ares, aguas que yacen sobre huecos
de roca; pero Vai se ext iende desde el Muro de las Cosas hast a el Muro de
las Cosas, no im port a dónde vayáis. En el nort e hay t ant o frío que aun las
pálidas aguas est án congeladas hast a una profundidad inconcebible o
insondable, y en el sur es t an com plet a la oscuridad y t ant o el engaño por
causa de Ungoliont , 12 que nadie, except o yo, puede encont rar allí un
camino. En est as vast as aguas flot a la ancha Tierra sost enida por la palabra
de I lúvat ar, y no hay peces ni barcos que naden allí a los que no haya dicho
la gran palabra que m e dij o I lúvat ar, at ándolos con el hechizo; pero aun
Valinor es part e del ancho m undo, y la sust ancia de la Tierra es la piedra y
el metal, y los mares son estanques en sus huecos, y las islas, salvo algunas
que nadan sin t rabas t odavía, se levant an ahora com o pináculos desde las
profundidades herbosas. Sabed, pues, que Valinor se alza algo m ás cerca
del gran Muro de las Cosas en el que I lúvat ar nos ha encerrado que la cost a
del ext rem o est e; y est o lo sé porque, zam bulléndom e por debaj o del
m undo, a m enudo he visit ado esas playas sin puert os; pues he aquí, oh,
Valar, que no conocéis t odas las m aravillas, y m uchas cosas secret as que
hay baj o la oscura quilla de la Tierra, donde t engo yo m is poderosas
estancias de Ulmonan, con las que nunca habéis soñado.
»Pero dij o Manw ë: Eso es verdad, oh, Ulm o Vailim o, pero ¿en qué se
relaciona con nuest ro present e propósit o? Y Ulm o cont est ó: He aquí que
llevaré conm igo a Aulë, el Herrero, sin riesgo y rápidam ent e por debaj o de
las aguas de Vai en m i carro de m ares profundos, hast a las cost as
orient ales, y allí él y yo const ruirem os puert os para los Barcos, y desde el
est e en adelant e part irán y darán plena luz y gloría a los Hom bres, que las
necesit an, y a los desdichados Noldoli, uno después del ot ro siguiéndose en
el cielo y volviendo a Valinor. Aquí, cuando los corazones desfallezcan,
descansarán un rat o en los Mares Ext eriores y Urw endi se bañará en
Faskalan e I linsor beberá las t ranquilas aguas del Lago I rt insa, ant es de
volver a partir.
»Ahora bien, Manw ë y Ulm o habían confabulado est e parlam ent o, y los
Valar y los Elfos los escucharon por diversas razones, como antes; por tanto
ahora part ió Aulë de prisa con Ulm o, y const ruyeron grandes puert as en el
est e j unt o al m ar silencioso; y el puert o del Sol era am plio y dorado, pero el
puert o de la Luna est aba en el m ism o fondeadero, y era blanco, y t enía
puert as de plat a y de perlas que brillaban t enues t an pront o com o el Sol
baj aba de los cielos a Valinor; a esa hora las puert as se abren por sí solas
ant e la Luna nacient e, pero ninguno de los Elfos ha vist o nunca est as cosas,
salvo Uolë Kúvion, y él no ha contado ningún cuento.
»Ahora bien, al principio los Valar se proponían arrast rar al Sol y a la
Luna debaj o de la Tierra, consagrándolos con el hechizo de Ulm o para que
Vai no los dañara, cada uno a la hora designada; pero vieron al final que
Sári,13 aun así, no podía ir sin riesgo debaj o del m undo pues era dem asiado
frágil y ligero; y m uchas preciosas radiaciones se m algast aron en los
int ent os baj o las aguas profundas, y quedaron com o chispas secret as en
m uchas cavernas desconocidas del océano. Muchos nadadores feéricos y
nadadores de los duendes las han buscado m ucho t iem po m ás allá del
ext rem o est e, com o se lo cant a en el cant o del Durm ient e de la Torre de
Perlas.14
»En verdad, el infortunio recayó aun en la brillante Urwendi, que erró por
las oscuras grutas e infinitos pasajes del reino de Ulmo, hasta que Fionwë la
encontró y la llevó de regreso a Valinor; pero el cuento completo se llama el
Cuento de Qorinómi y no puede contarse aquí.15
»Así ocurrió que los Dioses se at revieron a em prender una gran hazaña,
la m ás poderosa de t odas; pues const ruyendo una flot a de balsas y barcas
mágicas con ayuda de Ulmo de otro modo ninguna de ellas hubiera podido
navegar por las aguas de Vai se acercaron al Muro de las Cosas y allí
const ruyeron la Puert a de la Noche ( Morit arnon o Tar n Fui, com o los Eldar
las llam an en sus lenguas) . Allí est á t odavía, com plet am ent e negra y
enorm e sobre los m uros de color azul profundo. Los pilares son del m ás
poderoso basalt o y lo m ism o el dint el, pero hay t allados allí grandes
dragones de piedra negra, y de sus fauces sale lent am ent e un hum o
sombrío. Las puertas son inexpugnables, y nadie sabe cómo fueron hechas o
colocadas, pues no se les perm it ió a los Eldar est ar en ese espant oso
edificio, y es el últ im o secret o de los Dioses; y ni la arrem et ida del m undo
forzará esas puert as, que sólo se abren con una palabra m íst ica. Esa
palabra sólo Urwendi la sabe, y Manwë fue el que se la dijo; porque más allá
de la Puert a de la Noche est á la oscuridad ext erior, y el que pase por ella
puede escaparse del m undo y de la m uert e y oír cosas que no pueden ser
oídas de los habitantes de la Tierra, y esto no ha de ocurrir.
» En el est e, sin em bargo, la obra de los Dioses era de ot ra clase, porque
allí se const ruyó un gran ar co, y se dice que es t odo de oro resplandecient e
asegurado con rej as de plat a; sin em bargo, aun ent re los Dioses pocos son
quienes lo han vist o, a causa de los vapores lum inosos que a m enudo lo
envuelven. Ahora bien, las Puertas de la Mañana sólo se abren también para
Urw endi, y la palabra que pronuncia es la m ism a que pronuncia ant e la
Puerta de la Noche, sólo que se la invierte.
»Así ocurre que, aun ahora, cuando el Barco de la Luna deja el puerto en
el Est e y las puert as de perlas, Ulm o arrast ra el galeón del Sol hast a la
Puert a de la Noche. Ent onces pronuncia Urw endi la palabra m íst ica, y la
Puert a se abre ant e ella, y sale una ráfaga de oscuridad, pero se desvanece
ant e la luz enceguecedora; y el galeón del Sol ent ra en la oscuridad
ilimitada, y avanzando por detrás del mundo, encuentra otra vez el Este. Allí
Sári, dot ada de la liviandad de la m añana, pasa por las puert as y Urw endi y
sus doncellas em it en un sonido de cuernos dorados, y el alba se derram a
ante los ojos de los Hombres.16
»Pero m uchas veces uno de los m inúsculos barcos- est rella de Varda,
surcando los Mares Ext eriores, com o a m enudo sucede, es absorbido a
t ravés de la Puert a de la Noche det rás del Sol; y algunos lo siguen por la
vast edad sin est rellas de regreso hast a el Muro Orient al, ot ros se pierden
para siempre, y otros en fin resplandecen más allá de la Puerta hasta que el
Barco del Sol sale otra vez.17 Entonces éstos saltan y se precipitan de vuelta
al cielo, o recorren sus espacios; y es éste un espectáculo muy hermoso: las
Fuentes de las Estrellas.
»He aquí que la Luna no se avent ura a la com plet a soledad de la
oscuridad ext erior, por causa de su luz y su m aj est ad m enores, y viaj a
todavía por debaj o del m undo, y m uchas son allí las cont ingencias; por lo
que a m enudo es m enos punt ual que el Sol y m ás inconst ant e. A veces no
sale después de Sári, y ot ras llega t arde y sólo em prende un pequeño viaj e
o aun desafía los cielos m ient ras Urw endi t odavía se encuent ra allí.
Ent onces sonríen los Dioses con añoranza y dicen: Una vez m ás la m ezcla
18
de las luces.
» Durant e m ucho t iem po, en verdad, ést e fue el m odo en que se
gober naron los Barcos, y m ucho fue el t iem po t ranscurrido hast a que los
Dioses temieron una vez más por el Sol y la Luna a causa de ciertas noticias
que recibieron esos días, que quizá se cuent en después; y por ese m ism o
t em or, ocurrió algo nuevo y ext raño. Quizá pueda cont arlo ahora ant es de
llegar al fin; y se llama El Tejido de los Días, los Meses y los Años.
»Porque debéis saber que m ient ras los Dioses est aban reunidos en
cónclave pensando cómo podrían sujetar las lámparas del cielo y conducirlas
com o un auriga conduce sus caballos al galope, he aquí que t res ancianos
comparecen ante ellos y saludan a Manwë.
»Pero Manw ë les pregunt ó quiénes eran. Porque bien sé dijo , que
no pert enecéis a los felices m oradores de Valm ar o los j ardines de los
Dioses. Y los Valar se m aravillaron de que hubieran llegado sin ayuda.
Ahora bien, esos hom bres t enían un ext raño aspect o, pareciendo de una
vej ez ilim it ada, pero con las fuerzas conservadas indóm it as. Y el que est aba
a la izquierda era excesivam ent e pequeño y baj o, y el del m edio, de
est at ura m ediana, y el t ercero era largo y alt o; y el prim ero t enía los
cabellos cort os y una bar ba pequeña, y la del ot ro no era larga ni cort a,
pero la barba del t ercero barría la t ierra delant e de él m ient ras andaba.
Ahora bien, al cabo de un t iem po el que era baj o y pequeño habló en
respuest a a Manw ë, y dij o: Som os herm anos; y hom bres de m uy sut il
artesanía. Y el ot ro respondió: He aquí que nos llam am os Danuin,
Ranuin y Fanuin,* y yo soy Ranuin, y Danuin ha hablado. Ent onces dij o
Fanuin: Y t e ofrecem os nuest ra habilidad para perplej idad t uya; pero
quiénes som os, de dónde v enim os y adonde vam os, sólo t e lo direm os si
aceptas nuestro consejo y después de haber obrado como lo deseamos.

* En el m argen est á escrit o D gor M naþ 7 Missére, palabras en inglés ant icu o qu e sign ifican
« día, m es y añ o» .
«Ent onces algunos de los Dioses se negaron t em iendo un ardid ( aun
quizá de Melko) y ot ros est uvieron dispuest os a acept ar la propuest a, y ést e
fue el consej o que al final prevaleció por la gr an perplej idad del m om ent o.
Ent onces esos t res, Danuin y Ranuin y Fanuin, pidieron que se les reservara
una habit ación; y se les cedió una en casa de Aulë. Allí hilaron y t ej ieron en
secret o, y después de t ranscurrido un período de dos veces doce horas, se
present ó Danuin y le habló a Manw ë diciendo: He aquí el result ado de m i
artesanía. Y ninguno supo de su int ención, porque t enía vacías las m anos.
Pero cuando el Barco del Sol volvió, fue Danuin al timón y poniendo la mano
en él pidió a Ulm o que lo arr ast rara, com o era habit ual, por sobre las aguas
hast a la Puert a de la Noche; y cuando Ulm o se hubo alej ado un t ant o de la
cost a de Valinor, Danuin dio un paso at rás, y he aquí que Ulm o ya no pudo
arrast rar el Barco del Sol m ás adelant e, aunque recurriera a t odas sus
fuerzas. Ent onces Manw ë y Ulm o y t odos los que lo veían, sint ieron m iedo,
pero Danuin liberó al sol y se ret iró y ya no pudieron encont rarlo; y al cabo
de veint iocho noches, vino Ranuin y dij o t am bién: He aquí el result ado de
m i art esanía y nada m ás pudo verse en sus m anos ext endidas que lo que
se viera ant es en las de Danuin. Ranuin esperó hast a que I linsor llevara la
Rosa de Silpion a Valinor, y ent onces puso las m anos sobre una punt a de
vidrio que había en esa isla, y ningún hom bre fue ya capaz de apart ar la
barca de I linsor de Ranuin; pero t am poco Ranuin dij o una palabra, y se
marchó; entonces Rana quedó libre, pero a Ranuin nadie pudo encontrarlo.
«Ent onces los Dioses se pregunt aron largo t iem po qué podría significar
aquello, pero nada m ás sucedió hast a que Rana hubo crecido y m enguado
t rece veces. Luego acudió Fanuin y pidió a los Dioses que det uvieran a
I linsor para que a la llegada de Sári am bos barcos pudieran est ar en Valinor
a la vez. Pero cuando est o hubo ocurrido, pidió ayuda a los Dioses.
Porque dijo he hecho algo de gran peso que de buen grado os m ost raría,
pero m is fuerzas no m e bast an para rem olcarlo. Y siet e de los m ás
robust os de la casa de Tulkas fueron al sit io donde Fanuin t rabaj aba y no
pudieron ver nada allí; pero él les pidió que se agacharan y les pareció que
ponían las m anos sobre un poderoso cable y t rast abillaron baj o su peso
cuando se lo echaron al hombro, pero aun así no pudieron verlo.
«Ent onces, dirigiéndose sucesivam ent e a Sári y a Rana, Fanuin m ovió
las m anos com o si est uviera anudando con una gran cuerda cada uno de
los baj eles; pero cuando t odo est o est uvo hecho, le dij o a Manw ë: He
aquí, oh, Súlim o, Señor de los Dioses, que la obra est á acabada y los
barcos de luz est án som et idos a las at aduras del t iem po, que ni vosot ros ni
ellos podrán nunca rom per , ni t am poco escapar de ellas, aunque esas
at aduras son invisibles a los oj os de t odos los seres que I lúvat ar ha hecho,
pues nada hay que sea más fuerte.
»Ent onces, de pront o, he aquí que Danuin y Ranuin aparecieron j unt o a
él, y Danuin, dirigiéndose a Manw ë, le puso en las m anos una cuerda
delgada, pero Manw ë no pudo verla; Con est o dij o Danuin , oh, Manw ë
Súlim o, puedes gobernar las idas y venidas del Sol, y nunca podrá ser
llevado m ás allá de la conducción de t u m ano, y t al es la virt ud de est a
cuerda, que las idas y los ret ornos del sol serán t enidas por las m ás
punt uales e inevit ables de t odas las cosas de la Tierra. Luego hizo Ranuin
de idént ica m anera, y he aquí que Manw ë sint ió en la palm a de la m ano una
poderosa cuerda invisible. Con ella dij o Ranuin sost endrás y
t im onearás a la inconst ant e Luna, t ant o com o pueda hacerse, y t an grande
es la virtud de la "correa de Ranuin" que aun la Luna veleidosa será una me-
dida del t iem po para los Elfos y los Hom bres. Por últ im o pidió Fanuin que
Manw ë suj et ara el ext rem o de su poderoso cable, y Manw ë lo t ocó, y el
cable fue amarrado a una gran roca sobre el Taniquetil (que ha sido llamada
por t ant o Gonlat h) y Fanuin dij o: Ahora ést e, el m ás poderoso de los
cables m ant iene am arrados a la Luna y al Sol; con él puedes coordinar sus
movim ient os y ent ret ej er sus dest inos; porque la cuerda de Fanuin es la
Cuerda de los Años, y Urw endi, al salir por la Puert a de la Noche, conducir á
el barco alrededor de la Tierra suj et o a la m araña de las esbelt as hebras de
la cuerda del día hast a que llegue el Gran Final; y t am bién t odo el m undo y
los habit ant es del m undo, t ant o los Dioses com o los Elfos y los Hom bres, y
las criat uras que se m uevan y las cosas arraigadas est arán suj et as a las
ataduras del Tiempo.
«Entonces todos los Dioses tuvieron miedo al ver lo que había ocurrido, y
al saber que en adelant e aun ellos est arían som et idos en la cuent a del
t iem po a una lent a vej ez, y los días brillant es concluirían en el crepúsculo
hast a que I lúvat ar, al llegar el Gran Final, los llam ara. Pero Fanuin dij o:
Pues sólo se t rat a de la Música de los Ainur: porque he aquí quiénes som os:
Danuin, Ranuin y Fanuin, el Día y el Mes y el Año, los hij os de Aluin, el
Tiem po, que es el m ás ant iguo de los Ainur, y est á m ás allá, y som et ido a
I lúvat ar; y de él venim os, y a él volvem os ahora. Enseguida los t res
desaparecieron de Valinor; pero de ellos proviene el t razado de los cursos
inalt erables del Sol y de la Luna, y el som et im ient o de t odas las cosas del
mundo al tiempo y al cambio.
»Pero en cuant o a los Barcos de la Luz, he aquí, oh, Gilfanon y t odos los
que escucháis, que t erm inaré el cuent o de Lindo y de Vairë acerca de la
const rucción del Sol y de la Luna con la gran predicción que se pronunció
ent re los Dioses cuando la Puert a de la Noche se abrió por prim era vez.
Porque se dij o que ant es de que llegue el Gran Final, Melko se las
compondrá de algún m odo para provocar una disput a ent re la Luna y el Sol,
e I linsor int ent ará seguir a Urw endi a t ravés de las Puert as y cuando se
hayan ido, tanto la Puerta del Este como la del Oeste quedarán destruidas, y
Urw endi e I linsor se habrán perdido. De est e m odo Fionw ë Úrion, hij o de
Manw ë, por am or a Urw endi, será al final causa de la ruina de Melko, y
dest ruirá al m undo por dest ruir a su enem igo, de m odo que t odas las cosas
serán arrolladas.19
Y así terminó Vairë, y el gran cuento se deshizo en el silencio de la sala.
NOTAS

1 Originalmente estaban aquí las palabras «los Solosimpi».


2 El borrador desechado del cuent o es aquí not ablem ent e breve y dice com o
sigue (después de las observaciones de Ailios dadas en la nota 20 al Cuento del
Sol y de la Luna):

Eso se dice fácilmente dijo Lindo ; porque las murmuraciones de las que
he hablado se hicier on m ás fuert es y llegaron a las sesiones de ese consej o
convocado para fij ar el curso del Sol y de la Luna; y t odas las ant iguas
heridas que habían ardido ant e la inst igación de Melko acerca de la libert ad
de los Elfos aun la lucha que culm inó en el Ex ilio de los Noldoli volvieron
a encenderse. Sin em bargo, pocos eran ahora los que sent ían lást im a de los
gnom os, y los Eldar, a los que el m undo recién ilum inado seducía, no se
at rev ían a abandonar Valinor por t em or al poder de Melk o; por t ant o, los
enem igos de los gnom os al final, a pesar de t odo lo que Ulm o pudiera alegar
o pedir y a pesar de la clem encia de Manwë, siguieron el consej o de los
Dioses; y así acont eció lo que las hist or ias llam an el [ Cierre > ] Ocult am ient o
de Valinor. Y los Dioses por el m om ent o no salieron a luchar cont ra Melko, y
se dej ó escapar la m ás grande oport unidad que t uv ieron de alcanzar gloria y
et erno honor, [ com o la Música de I lúvat ar lo había previst o y ellos m uy
poco lo ent endieron y ¿quién sabe si la salvación del m undo y la liberación
de los Hom bres y de los Elfos provendrá de ellos ot ra vez? Hay algunos que
m urm uran que no será así, y la esperanza se dem ora t odav ía en una lej ana
tierra de Hombres, pero cómo puede ello acontecer, yo no lo sé.]

3 Parece decir «est e». La palabra «orient al» se añadió al t ext o, y puede que m i
padre t uv iera int ención de reem plazar «est e» por «borde orient al» o algo
parecido.
4 Aquí «Tierra», aunque result e ext raño, est á claram ent e ut ilizada com o «el
m undo» para designar las Grandes Tierras, que se diferencian de las Tierras
Exteriores del oeste.
5 Los Teler i ( est o es, post eriorm ent e los Vanyar) en el viej o cuent o no habían
abandonado Kôr.
6 Originalmente Ówen y luego Ónen, el nom bre de la esposa de Ossë había ya
aparecido en su form a final Uinen; pero Uinen est á escrit o con claridad, y
también, por supuesto, deliberadamente.
7 En el borrador, la narración del Ocult am ient o de Valinor es m uy breve, y
avanza rápidam ent e hacia el Cam ino de los Sueños. Las t elas de oscuridad
puest as sobre las laderas orient ales de las m ont añas no eran las dej adas en
Valinor por Ungw eliant ë, y se las com para con las m ás adherent es que
Ungw eliant ë haya t ej ido. Helkaraksë y las I slas Mágicas sólo se m encionan en
una nota marginal para señalar que han de ser incluidas en el texto.
8 «Tierra» también está usada aquí en el sentido de las «Grandes Tierras» (véase
nota 4). El borrador dice aquí «Hijos del Mundo».
9 Aunque no hay diferencias sust anciales en relación con Olórë Mallë ent re los
dos t ext os, en el pr im ero no se m enciona la Senda del Arco I ris de Orom ë. Una
not a aislada, evident em ent e escrit a ant es que el cuent o, dice: «Cuando los
Dioses cierran Valinor ... Lórien dej a un sendero a t ravés de las m ont añas
llam ado Olórë Mallë, y Manw ë lo llam a Ar co I ris, por el que t r ansit a par a v igilar
el mundo. Sólo es visible después de la lluvia, porque entonces está húmedo».
10 «Tregua»; ant es decía «com prom iso». Es not able que Manw ë se describa ant es
como un primus ínter pares que como el regidor de todos los otros Valar.
11 Sobre los Árboles de Kôr, véase La Llegada de los Elfos.
12 Véase el Comentario al Cuento del Sol y de la Luna.
13 Sári es aquí ( y en adelant e) el nom bre escrit o, no una corrección de Kalavenë,
el nom bre del t ext o en borrador de El Sol y la Luna y el Ocult am ient o de
Valinor. Lo que dice aquí el borrador es «el Barco del Sol», denom inación que
es a su vez una alt eración de «los barcos», porque m i padre al pr incipio había
escrit o que ninguno de los dos barcos podía ser llevado debaj o de la Tierra sin
riesgo.
14 El Durm ient e de la Torre de Per las es nom brado en La Cabaña del Juego
Perdido. La canción del durm ient e es casi con t oda seguridad el poema Los
Marineros Felices, escrit o or iginalm ent e en 1915 y publicado en 1923 ( véase
la Biografía de Hum phrey Carpent er, Apéndice C) ; se darán de él dos versiones
relacionadas con los m at er iales para el Cuent o de Eärendel en la segunda
part e de los Cuent os Perdidos. El poem a cont iene una referencia a los dos
barcos que pasan por la Torr e de Per las, cargados «de las chispas del fuego
orient al at esorado / que nadadores subm arinos ganaron en aguas del Sol
desconocido».
15 El borrador original dice aquí: «pero est o es el cuent o de Qorinóm i, y no m e
at revo a cont arlo aquí porque m i am igo Ailios m e est á m irando» ( véanse las
notas 19 y 20).
16 El t ext o en borrador decía aquí al pr incipio: «y el galeón del Sol sale a la
oscuridad y, yendo por det rás del m undo, encuent ra el est e ot ra vez, pero allí
no hay puert a y el Muro de las Cosas es m ás baj o; y con la liv iandad de la
m añana Kalavenë pasa por encim a de él, y el alba se derram a sobre las
m ont añas orient ales y baña los oj os de los Hom bres». Part e de est o, desde
«pero allí no hay puert a» est aba ent re corchet es, y se int roduj o el pasaj e
acerca del gran arco del est e y las Puer t as de la Mañana. Para el nom bre de
Kalavenë, véanse los cambios de nombres en el Cuento del Sol y de la Luna.
17 Esto es, hasta que el Barco del Sol sale por la Puerta de la Noche a la oscuridad
exterior; el Barco del Sol parte, las estrellas errantes vuelven al cielo.
18 La segunda versión de est a part e del cuent o de Vairë, «El Puert o del Sol»,
sigue el borrador original ( t al com o fue corregido) bast ant e de cerca, sin
diferencias sust anciales; pero la part e del cuent o que sigue est á del t odo
ausente en el texto en borrador.
19 Est e pasaj e final difiere en varios punt os de la ver sión or iginal. En ella, Ailios
aparece ot ra vez en lugar de Gilfanon; la «gran predicción» se pronunció ent re
los Dioses «cuando decidieron const ruir la Puert a de la Noche»; y cuando
I linsor hay a seguido a Urw endi a t ravés de las puert as, «Melko dest ruirá las
Puert as y levant ará el Muro Orient al m ás allá de los [ ¿cielos?] y Urw endi e
Ilinsor se habrán perdido».
Cambios de nombres en
El Ocultamiento de Valinor

Vansam írin < cam ino de Sam írien ( Sam írien aparece com o el nom bre de la Fiest a
del Doble Júbilo).
Kôr < Kort irion. Después, aunque Kôr no fue t achado, m i padre escribió Tûn
sobre él, con un signo de int errogación, y lo m ism o cuando Kôr vuelve a
aparecer m ás adelant e. Ést a es la prim era aparición de ese nom bre en el t ext o
de los Cuentos Perdidos, que luego dio origen al de Túna (la colina sobre la que
se edificó Tirion).
Ainairos < Oivárin.
Morítarnon, Tarn Fui El borrador original del cuento dice «Montar o Tarna Fui».
Sári El borrador original dice Kalavenë. En la pr im era apar ición de los nom bres de
los tres Hijos del Tiempo la secuencia de formas era:
Danuin < Danos < una forma ilegible Dan...
Ranuin < Ranos < Ranoth < Rôn
Fanuin < Lathos < Lathweg
A lo largo del rest o del pasaj e: Danuin < Dana; Ranuin < Ranot h; Fanuin <
Lathweg.
Aluin < Lúmin.

Comentario sobre
El Ocultamiento de Valinor

La narración del Consej o de los Valar y los Eldar en el com ienzo de est e cuent o
( una am pliación considerable a part ir del borrador prelim inar que se ofrece en la
not a 2) es not able e im port ant e en la hist oria de las ideas de m i padre sobre los
Valar y sus m ot ivaciones. En El Silm arillion el Ocult am ient o de Valinor fue
provocado por el ataque de Melkor al timonel de la Luna:

Pero al ver a Tilion atacado, los Valar tuvieron una duda, pues no sabían de lo
que eran capaces aún la m alicia y la ast ucia de Morgot h. Resist iéndose a
hacerle la guerra en la Tierr a Media, recordaron no obst ant e la ruina de
Almaren; y decidieron que no sucedería lo mismo a Valinor.

Un poco ant es en El Silm arillion se dan las razones por las que los Valar no
están dispuestos a hacer la guerra:

Se dice que así com o los Valar hicieron la guerra a Melkor por el bien de los
Quendi, así ahora la ev it aban por el bien de los Hildor, los Nacidos Después,
los Hij os Menores de I lúvat ar . Porque t an graves habían sido las heridas
abiert as en la Tierra Media durant e la guerra cont ra Ut um no, que los Valar
temían que aún ocurriera algo peor; por cuanto los Hildor serían gente mortal,
y m enos apt os que los Quendi para enfrent ar el t em or y los t um ult os. Ade-
más, no le estaba revelado a Manwë dónde aparecerían los Hombres: al norte,
al sur o al est e. Por t ant o, los Valar lanzaron la luz, pero fort alecieron la t ierra
en que morarían los Hombres.

En El Silm arillion no hay vest igio del t um ult uoso consej o, ni sugerencia de que los
Valar no hubieran estado de acuerdo con Manw ë, Varda y Ulm o, que desaprobaban
act ivam ent e la obra y se m ant uvier on apart ados de ella; igualm ent e no se hace
m ención de que Ulm o hubiera rogado nada por piedad a los Noldor, ni del disgust o
de Manw ë. En la v iej a hist or ia fue la host ilidad de algunos de los Eldar hacia los
Noldoli, capit aneados por un Elfo de Kópas ( Alqualondë) que t am bién desapareció
por completo: en la narración posterior no se dice una palabra sobre el sentimiento
que exper im ent an los Elfos de Valinor por los Noldor exiliados, lo que const it uyó el
punt o de part ida del Ocult am ient o de Valinor; y es sum am ent e curioso observar
que la acción de los Valar fue desencadenada en esencia por la apat ía m ezclada
con el miedo. En ninguna parte aparece más claramente la primera concepción que
t uvo m i padre de los Dioses com o seres fainéant. Sost iene adem ás de m aner a
com plet am ent e explícit a que no haberle hecho la guerra a Melko fue ent onces un
profundo error que los dism inuía y er a ( según parece) ir reparable. En escrit os
posteriores el Ocult am ient o de Valinor cont inúa apareciendo, pero sólo com o un
gran hecho de la ant igüedad m it ológica; no hay la m enor sugerencia de que se lo
condene.
El bloqueo de Valinor y su t ot al aislam ient o del m undo de fuera est á quizá m ás
subrayado en la prim era narración. Las t elarañas desechadas de Ungw eliant y el
uso que le dieron los Dioses desaparecen en la hist oria post erior. Especialm ent e
not able es cóm o se explica aquí que el hueco abiert o en las alt uras circundant es
( m ás t arde llam ado Calacirya) no fuera bloqueado. En El Silm arillion se dice que
ese pasaje no fue cerrado porque

los Eldar les eran todavía fieles, y en la ciudad de Tirion, sobre la colina verde,
Finarfin gobernaba aún al rest o de los Noldor en la profunda hendedura de las
montañas. Porque la gent e de raza élfica, aun los Vanyar e I ngwë, señor de
t odos ellos, han de respirar a veces el aire ext er ior y el v ient o que v iene por
encim a del m ar desde las t ierras en que nacieron; y los Valar no est aban dis-
puestos a separar por completo a los Teleri de sus parientes.

El v iej o m ot ivo de los Solosim pi ( > Teler i) , que desean que est o se llev e a cabo ( lo
que result a bast ant e ext raño, pues ¿querían los Flaut ist as de la Cost a
abandonarla?) , desapareció j unt o con el am argo resent im ient o que
exper im ent aban cont ra los Noldoli, la negat iva de Ulm o a ayudarlos, y la
disponibilidad de Ossë a despecho de Ulm o. El pasaj e de las I slas Mágicas, hechas
por Ossë, reaparece en la conclusión del capítulo 11 de El Silmarillion:

Y t am bién en esos t iem pos, que los cant os llam an Nurt alë Valinoréva, el
Ocult am ient o de Valinor, se levant aron las I slas Encant adas, y en t odos los
m ares de alrededor hubo som bras y desconciert o. Y est as islas se ext endieron
com o una red por los Mares Som br íos desde el nort e hast a el sur, ant es de
que Tol Eressëa, la I sla Solit aria fuera alcanzada por alguien que hubiera
part ido del oest e. Difícilm ent e puede pasar un barco ent re ellas, pues las olas
rom pen de cont inuo con un suspiro om inoso sobre rocas oscuras am ort aj adas
en nieblas. Y en el crepúsculo un gran cansancio ganaba a los m arineros, y
abom inaban el m ar; pero t odo el que alguna vez puso pie en las islas quedó
allí atrapado y durmió hasta el Cambio del Mundo.

Result a claro por est e pasaj e del cuent o que las I slas Mágicas est aban sit uadas al
est e de los Mares Som bríos, aunque «int ensas t inieblas ... ext endían lenguas de
oscuridad hacia ellas»; m ient ras que en un pasaj e ant erior se dice que m ás allá de
Tol Eressëa ( que se encuent ra a su vez m ás allá de las I slas Mágicas) «est á el
muro de brumas y esas extensas nieblas marinas debajo de las cuales se extienden
los Mares Som br íos». Por ciert o, las post eriores «I slas Encant adas» deben m ucho
com o concepción a las I slas Mágicas, pero en el pasaj e de El Silm arillion que
acabam os de cit ar est aban en los Mares Som bríos, sum idas en el crepúsculo. Es
posible, por t ant o, que las I slas Encant adas deriven t am bién de las I slas del
Crepúsculo.
La descripción de los t rabaj os de Tulkas y Aulë en las regiones del nort e no
parece est ar de acuerdo con lo que se dij o ant es, aunque es im probable que haya
una verdadera cont radicción. Más adelant e se afirm a claram ent e que había una
franj a de agua ( Qer karinga, el Abism o de Fr ío) ent re el ext rem o del «Colm illo de
Hielo» ( Helkaraksë) y las Grandes Tierras en t iem pos de la t r avesía de los Noldoli.
En est e m ism o pasaj e el Colm illo de Hielo se describe com o un cuello est recho que
los Dioses dest ruyeron después. Los Noldoli pudieron llegar hast a las Grandes
Tierras a pesar de esa abert ura en el ex t rem o por que con el gran frío reinant e el
est uario se había llenado de hielo inm óv il. Puede que la significación de est e
pasaj e, sin em bargo, sea que por la dest rucción del Colm illo de Hielo, se haya
abiert o un hueco m ucho m ás ancho, de m odo que ya no hubo posibilidad de que
alguien pudiera utilizar esa ruta.
De los t res «cam inos» hechos por Lórien, Orom ë y Mandos, no hay vest igios en
los escrit os post erior es de m i padre. El Ar co I ris nunca se m enciona, ni se sugiere
explicación alguna de cóm o los Hom bres y los Elfos llegan a las est ancias de
Mandos. Pero es difícil int erpret ar est a concepción de los «cam inos», saber en qué
medida la idea tenía un contenido puramente figurado.
Para el cam ino de Lórien, Olór ë Mallë, la Senda de los Sueños, que describía
Vairë en La Cabaña del Juego Perdido, véase el comentario a este cuento. Allí Vairë
decía que Olórë Mallë venía de las t ierras de los Hom bres, que era «una senda de
m árgenes profundas y set os colgant es, m ás allá de los cuales se erguían m uchos
árboles alt os donde parecía v iv ir un susurro perpet uo», y que de esa senda un alt o
port al conducía a la Cabaña de los Hij os o del Juego del Sueño. Ést a no est aba
lej os de Kôr y hast a allí llegaban los hij os de los padres de los padres de los
Hom bres; los Eldar los guiaban si era posible hast a la Cabaña y los j ardines,
t em iendo que pudier an ext rav iarse y llegar a Kôr y se enam oraran de la gloria de
Valinor. Parece haber acuerdo en general ent re est os dos cuent os, aunque es difícil
int erpret ar las palabras del pasaj e donde se dice que la senda pasaba por la
Cabaña de los Hijos de la Tierra, y de allí, por el camino de los álamos susurrantes,
seguía hasta alcanzar el m ar. Es not able que aun en est a et apa del desarrollo de la
m it ología, cuando t ant o m ás se había escrit o desde la llegada de Eriol a Tol
Eressëa, la concepción de que los hij os de los Hom bres llegaban en sueños por un
misterioso «camino» a una cabaña de Valinor, nunca se había perdido.
En la narración de la const rucción del puent e del Arco I ris por Orom ë, el lazo
que arroj ó queda suj et o a la gr an m ont aña Kalorm ë ( «Mont aña del Sol Nacient e»)
en el más remoto oriente. Esta montaña se ve en el dibujo del «Barco del Mundo».
La hist oria que Vairë llam ó «El Puert o del Sol», nos da el cuadro m ás acabado
de la est r uct ura del m undo, en la fase m ás t em prana de la m it ología. Los Valar,
por ciert o, ext rañam ent e, parecen ignorar est e asunt o, la nat uraleza del m undo
que cobró ser en am plia m edida por ellos m ism os, y necesit an que Ulm o los
fam iliar ice con verdades t an fundam ent ales. Una posible explicación de est a
ignorancia puede encont rarse en la radical difer encia en el t rat am ient o de la
Creación del Mundo ent re la prim era y la segunda versión de La Música de los
Ainur. He observado ant es que originalm ent e los Ainur ven por prim era vez el
m undo en su acabada realidad, e I lúvat ar les dice: «aun ahora el m undo se
desenvuelve y em pieza su hist oria»; m ient ras que en la form a desarrollada, era
una visión que les fue quitada y sólo cobra existencia en la palabra de Ilúvatar: Eä!
Que estas cosas Sean. Se dice en El Silmarillion que

cuando los Valar ent r aron en Eá, se sint ier on desconcert ados y perdidos, pues
les pareció que nada de lo que habían v ist o había sido hecho, y que t odo
estaba a punto de empezar y aún informe...

y sigue la descripción de los grandes t rabaj os de los Valar para la concreta


«construcción» del mundo:

Const ruyeron t ierras y Melkor las dest ruyó; cavaron valles y Melkor los
levant ó; t allaron m ont añas y Melkor las derribó; ahondaron m ares y Melkor
los derramó...

Nada de est o hay en la viej a v ersión, y uno t iene la im presión ( aunque nada est á
explícit o) de que los Valar llegaron a un m undo que est aba ya «hecho» y les era
desconocido ( «los Dioses iban de nort e a sur y veían poco; a decir verdad en las
m ás profundas de est as regiones encont raban frío y soledad...») . Aunque la
concepción del m undo derivaba en gran m edida de la ej ecución de la Música, su
realidad provenía del act o creador de I lúvat ar ( «Seríam os los guardianes de las
bellas cosas de nuest ros sueños que por t u poder han alcanzado ahora r ealidad»);
y el conocim ient o que t enían los Dioses de las propiedades y dim ensiones
concret as de su m orada era relat iv am ent e m ás escaso ( así quizá debam os
suponerlo) de lo que después se concibió.
Pero est o es dem orarse dem asiado en el asunt o. Más probablem ent e la
ignorancia de los Valar debe at ribuirse a su curioso aislam ient o colect ivo y esa
indiferencia por d m undo de m ás allá de las m ont añas que t ant o se subraya en
este cuento.
Sea com o fuere, Ulm o en est e t iem po com unica a los Valar que el m undo
ent ero es un océano, Vai, sobre el que flot a la Tier ra sost enida por la palabra de
I lúvat ar; y t odos los m ares de la Tierra, aun el que divide a Valinor de las Grandes
Tierras, son huecos abiert os en la super ficie de la Tierra, y son dist int os de Vai,
cuya nat uraleza es ot ra. Todo est o lo hem os vist o ya; y en un cuent o ant erior algo
se dijo sobre la naturaleza de las aguas que sirven de sostén:

Más allá de Valinor nunca he vist o ni oído nada, salv o que con seguridad se
ext ienden las oscuras aguas de los Mares Ext er iores, que no t ienen m areas, y
son t an frías y enrarecidas que ninguna barca puede navegar por ellas ni
ningún pez penet rar sus profundidades, except o los peces encant ados de
Ulmo y su carro mágico.

De m odo que Ulm o dice aquí que no hay pez ni barca que pueda avent urarse
en sus aguas, salvo aquellos a los que él haya dicho la gran palabra que Ilúvatar, a
su vez, le dijera a él y que los sostenía con su hechizo.
En el borde ext erior de Vai se levant a el Muro de las Cosas, descrit o com o azul
profundo. Valinor est á m ás cerca del Muro de las Cosas que la cost a orient al de las
Grandes Tierras, lo que debe de querer decir que Vai es m ás est recho en el oest e
que en el est e. En el Muro de las Cosas los Dioses abrieron en est e t iem po dos
entradas: en el oeste la Puerta de la Noche, y en el este, las Puertas de la Mañana;
y lo que est á m ás allá de est as ent radas abiert as en el Muro es llam ado «vastedad
sin est rellas» y «oscuridad ext erior». No se aclara cóm o el aire ext erior ( «el reino
oscuro y t enue de Vait ya que est á fuera de t odo») ha de relacionarse con la
concepción del Muro de las Cosas o la Oscuridad Exterior. En el texto desechado de
est e cuent o, m i padr e escribió al pr incipio ( véase not a 16) que en el est e el Mur o
de las Cosas era m ás baj o, de m odo que cuando el Sol vuelve de la Oscuridad Ex-
t erior, no ent ra en el cielo or ient al por una puert a, sino que navega por encim a del
Muro. Est o se cam bió luego y se int roduj o la idea de la Puer t a del Mur o Orient al,
las Puert as de la Mañana; pero parece claro que los Muros se concibieron en un
principio com o los de las ciudades o los j ardines t er renos: m uros con un t ope, un
cerco circular. En el ensayo cosm ológico de la década de 1930, el Ambarkanta, los
muros son muy distintos:

Alrededor del m undo est án los Ilurambar o los Muros del Mundo. Son com o el
hielo y el crist al y el acero, por sobre la im aginación de los Hij os de la Tierra,
fríos, t ransparent es y duros. No pueden verse ni t raspasarse, salvo por la
Puerta de la Noche.
Dentro de est os m uros est á englobada la Tierra: por encim a, por debaj o y
t odo a su alrededor est á Vaiya, el Océano Envolvent e. Pero ést e se asem ej a
más al mar por debajo de la Tierra y al aire por encima de ella.

El Cuent o de Qorinóm i de hecho no fue nunca cont ado; en la prim era versión
de este cuento (véase nota 15) parece que a Vairë le habría gustado contarlo, pero
sent ía sobre ella los pequeños oj os com o cuent as del insidioso Ailios. En la pr im er a
list a de palabras en Qenya, Qorinómi se define com o «el nom bre del Sol» ,
lit eralm ent e, «ahogado en el Mar», palabra deriv ada de una raíz que significa
«at ragant arse, sofocarse, ahogarse», con est a explicación: «El Sol, después de
huir de la Luna, se zam bulló en el m ar y erró en las cavernas de los Oarit si».
Oaritsi no aparece en la list a de palabras, pero oaris equivale a «sirena». Nada se
dice en los Cuent os Perdidos de que la Luna le diera caza al Sol; era las est rellas
de Varda lo que I linsor, «cazador del firm am ent o», perseguía, y est aba «celoso de
la supremacía del Sol».
La conclusión del cuento de Vairë, «El Tejido de los Días, los Meses y los Años»,
m uest ra ( según m e parece) que m i padre invest igó un m odo de im aginación m ít ica
que era para él un callejón sin salida. El simbolismo formal y explícito se aparta por
com plet o de la dirección general de su pensam ient o. Plant ea t am bién una ext raña
pregunt a. ¿En qué sent ido era posible que los Valar est uvieran «fuera del Tiem po»
ant es de los t ej idos de Danuin, Ranuin y Fanuin? En La Música de los Ainur,
I lúvat ar decía: «aun ahora el m undo se despliega y em pieza su hist oria»; en la
versión final (El Silmarillion) se dice que

la Gran Música no había sido sino el desarrollo y la floración del pensam ient o
en los Palacios I nt em porales, y lo que habían v ist o, sólo una prefiguración;
pero ahora habían entrado en el principio del Tiempo...

( Tam bién se dice en El Silm arillion que cuando los Dos Árboles de Valinor
em pezaron a br illar , em pezó t am bién el Cóm put o del Tiem po; est o se refiere al
com ienzo de la m edición del t iem po a part ir de la expansión y la m engua de los
Árboles.)
En est e cuent o se dice que la obra de Danuin, Ranuin y Fanuin es la causa del
«som et im ient o de t odas las cosas del m undo al t iem po y el cam bio». Pero la idea
m ism a de una hist or ia, de una serie de hechos consecut ivos, im plica por sí m ism a
el t iem po y el cam bio. ¿Cóm o puede decirse, pues, que Valinor sólo quedó
som et ida a la necesidad del cam bio con el ordenam ient o de los m ov im ient os del
Sol y de la Luna, cuando en el curso de la hist or ia que se desenvuelv e en los
Cuent os Perdidos ha habido gr andes cam bios? Adem ás los Dioses saben ahora que
en adelant e t am bién ellos deberán som et erse a un lent o envej ecim ient o y que los
días de brillantez menguarán. La sola afirmación (por ejemplo) de que Ómar- Amillo
era el más joven de los Valar que entraron en el mundo, es también una afirmación
de que los ot ros Valar, m ay ores que él, est aban envej eciendo. La «edad», por
supuest o, t iene dos aspect os para los seres m ort ales que van siem pr e
aprox im ándose: el t iem po t r anscurre y el cuerpo decae. Pero se dice de la
inmortalidad «natural» de los Eldar: «ni tampoco la senectud les socava las fuerzas
a no ser que t ranscurran diez m il siglos». Así pues, su «edad aum ent a» ( Gilfanon
es el de m ás edad de los que m oran ahora en la isla y «una de las hadas de m ás
edad», pero la edad no aum ent a en el sent ido de decaer y debilit arse. ¿Por qué
ent onces los Dioses saben ahora que «en adelant e» deberán som et erse a un lent o
proceso de envej ecim ient o, que sólo ha de ent enderse en la segunda acepción de
«edad»? Puede que haya aquí una hondura de pensam ient o que se m e escapa;
pero por cierto, no le encuentro explicación.
Por último al final de todos los primeros escritos sobre el tema puede verse que
la creación del Sol y de la Luna y el gobierno de sus m ovim ient os ocuparon un
lugar im port ant e en la concepción or iginal de m i padre: el m it o ast ronóm ico es
fundam ent al para el conj unt o. Post eriorm ent e est a im por t ancia no dej ó de
disminuir, y es posible que, al final, hubiera desaparecido por completo.
X

EL CUENTO DE GILFANON:
LAS PENURIAS DE LOS NOLDOLI
Y LA LLEGADA DE LA HUMANIDAD

El t ext o en borrador desechado de El Ocult am ient o de Valinor sigue de la


manera siguiente, poco después de concluido el cuento de Vairë:

Ahora bien, después de la narración de est e cuent o, nada m ás había de qué


hablar esa noche, pero Lindo le rogó a Ailios que en la noche siguient e o t an
pronto como fuera posible se narrasen cuentos de ceremonia; pero Ailios no lo
consintió, alegando que tenía que viajar a una aldea distante. De modo que se
decidió que los relat os se cont arían en el sépt im o día ant es de encender las
velas del sueño... y ése era el día de Turuhalmë1 o la Recolección de Leños.
Será un día adecuado dij o Lindo porque los j uegos de la m añana en la
nieve y la recolección de leños en los bosques y las canciones y las bebidas de
la Turuhalm ë nos procurarán el ánim o adecuado para escuchar viej os cuent os
junto al hogar.

Com o he observado ant es, la form a original del Cuent o del Sol y de la Luna y El
Ocult am ient o de Valinor per t enece al per íodo que precede a la aparición de
Gilfanon de Tavrobel y a la eliminación de Ailios.
I nm ediat am ent e después del t ext o en borrador desechado, en la m ism a página
m anuscrit a, el t ext o en t int a del Cuent o de Turam bar ( Túrin) em pieza con est as
palabras:

Cuando Ailios se hubo hart ado de hablar, la hora de encender las velas est aba
cercana, y así llegó a su fin el prim er día de la Turuhalm ë; pero la segunda
noche Ailios ya no est aba allí, y un t al Elt as, habiéndoselo pedido Lindo,
empezó un cuento...

¿Cuál habría sido el cuent o de Ailios? ( pues yo dir ía que nunca fue escrit o) . La
respuest a est á clar a en un borrador rudim ent ar io que cont inúa a part ir de la
conversación que sigue a El Ocult am ient o de Valinor. En él se dice que el día de la
Turuhalm ë había llegado por fin, y que la gent e reunida de Mar Vanwa Ty aliéva fue
a los bosques nevados a recoger leños que t raerían en t rineos. Nunca se dej aba
que la Hoguera de los Cuent os se apagara o m uriera en cenizas grises, pero en la
víspera de la Turuhalm ë dism inuía ardiendo apenas hast a la m ism a Turuhalmë;
ent onces se llevaban a la Sala de la Hoguera unos grandes leños que bendecidos
por Lindo con una ant igua m agia bram aban y llam eaban en el hogar. Vairë bendijo
la puert a y el dint el de la sala y le dio la llave a Rúm il conv irt iéndolo una vez m ás
en el Cust odio de la Puert a, y a Corazoncit o le dio el m art illo del gong. Ent onces
dijo Lindo, como cada año:

Elevad v uest ras voces, oh, Flaut ist as de la Cost a, y vosot ros, Elfos de Kôr,
cant ad con fuert es voces; y t odos vosot ros, Noldoli y hadas escondidas del
m undo, bailad y cant ad, cant ad y bailad, oh pequeños hij os de los Hom bres,
que en la Casa del Recuerdo resuenen vuestras voces...

Luego se cant ó un cant o de los días ant iguos que los Eldar com pusieron cuando
viv ían baj o el ala de Manw ë y cant aban a lo largo del cam ino desde Kôr hast a la
ciudad de los Dioses (véase capítulo VI).
Habían t ranscurrido seis m eses desde que Eriol había ido a v isit ar a Meril- i-
Turinqi rogando que se le dier a un t rago de limpë (véase El Encadenam ient o de
Melkor) , y de ese deseo se había olv idado por el m om ent o; pero esa noche le dij o
a Lindo: ¡Me gust aría beber cont igo! A est o replicó Lindo que Eriol no deber ía
«sobrepasar los lím it es que I lúvat ar había im puest o», pero que t am poco debía
considerar t odav ía que la negat iva de Meril era definit iva. Ent onces se ent rist eció
Eriol, porque en lo profundo de su corazón adiv inaba que «el sabor del limpë y la
beatitud de los Elfos le serían ajenos para siempre».
El texto termina cuando Ailios se prepara para contar un cuento:
«Cuent o com o puedo aquellas cosas que he vist o y conocido desde días m uy
ant iguos, cuando el Sol se elevó por prim era vez y hubo congoj a y m ucho dolor,
pues Melk o reinaba sin im pedim ent os, y el poder y la fuerza que salían de
Angamandi llegaban casi hasta los extremos de la vasta Tierra.»
Result a claro que no se escribió nada m ás. Si se lo hubiera com plet ado, habría
conducido hast a el com ienzo de Turambar m encionado ant es ( «Cuando Ailios se
hubo hart ado de hablar...») ; y habría sido fundam ent al para la hist oria de las
Grandes Tierras, pues incluir ía la llegada de los Noldoli que v enían de Valinor, el
Despertar de los Hombres y la Batalla de las Lágrimas Innumerables.
El t ext o que se acaba de describir, que vincula El Ocult am ient o de Valinor con
el cuent o no escrit o de Ailios, no fue t achado, y m i padre escribió sobre él: «Debe
est ar después del Cuent o de Eärendel y ant es de que Eriol v iaj e a Tavrobel;
después de Tavrobel, bebe limpë». Est o result a ext raño, pues no pudo haber
t enido int ención de que la hist oria de la Llegada de los Hom bres siguier a a la de
Eärendel; pero puede que t uv iera int ención de ut ilizar t an sólo la sust ancia de est e
breve texto, describiendo las ceremonias de la Turuhalmë, y sin final.
Sea com o fuere, invent ó un nuevo m arco para cont ar est os cuent os, aunque no
lo com plet ó, y la descripción rev isada de la siguient e sesión de narración de
cuent os aparece en el Cuent o del Sol y de la Luna, donde, después de la
int errupción de Gilfanon, se convino en que t ranscurridas t res noches, a part ir de
aquella en que Lindo y Vairë contaron El Sol y la Luna y El Ocultamiento de Valinor,
habría una ocasión de m ayor cerem onia en la que Gilfanon relat ar ía « la congoj a de
los Noldoli y la llegada de la Humanidad».
A part ir de la segunda versión del cuent o de Vairë sobre el ocult am ient o de
Valinor, sigue el cuent o de Gilfanon con páginas num eradas consecut ivas; pero
aquí Gilfanon lo cuent a la noche siguient e, no t res días después. Por desdicha,
Gilfanon es apenas m ej or serv ido que Ailios, porque si Ailios apenas había
com enzado, Gilfanon se int errum pe abrupt am ent e al cabo de algunas pocas
páginas. Lo que ex ist e de est e cuent o fue escrit o m uy de pr isa y a lápiz, y result a
perfect am ent e claro que t erm ina donde t erm ina sencillam ent e porque m i padre no
siguió escribiéndolo. Fue aquí donde m i padre abandonó los Cuent os Perdidos... o,
m ás exact am ent e, donde abandonó los que esperaban t odavía ser escrit os; y los
efect os de est a int errupción no dej aron nunca de hacerse sent ir a lo largo de t oda
la hist or ia de «El Silm arillion». Los cuent os principales que siguen al de Gilfanon,
los de Ber en y Tinúviel, Túrin Turam bar, la Caída de Gondolin y el Collar de los
Enanos, habían sido escrit os y ( en los t r es prim eros casos) reescrit os; y el últ im o
de ellos debía conducir al «gran cuent o de Eärendel». Per o ése ni siquiera fue
empezado.
Presento aquí el texto del Cuento de Gilfanon hasta donde llega.

Ahora bien, cuando Vairë hubo t erm inado, dij o Gilfanon: No os quej éis
si m añana t ej o un largo cuent o, pues las cosas que he de narrar cubren un
largo período, y he esperado m ucho para narrarlas. Y Lindo se echó a reír
diciendo que podía contar todo lo que sabía y satisfacerle el corazón.
Pero al día siguient e Gilfanon ocupó el asient o y em pezó de est a
manera:
Ahora m uchas de las cosas m ás ant iguas de la Tierra han quedado
olvidadas porque se perdieron en la oscuridad que había ant es de brillar el
Sol, y no hay ciencia que pueda recuperarlas; sin em bargo, est o quizá es
nuevo para los oídos de m uchos de los aquí reunidos: cuando los Teleri, los
Noldoli y los Solosim pi part ieron det rás de Orom ë y después encont raron
Valinor, no era ésa, sin em bargo, la t ot alidad de la raza de los Eldalië, y los
que se quedaron at rás son los que m uchos llam an los Qendi, las hadas
perdidas del m undo, pero vosot ros, los Elfos de Kôr, llam áis I lkorins, los
Elfos que nunca v ieron la luz de Kôr. De ést os, algunos cayeron por el
cam ino o se perdieron en las t inieblas sin senderos de aquellos días,
despist ados y recién despiert os en la Tierra, pero eran m ayoría los que no
habían abandonado Palisor, y durant e m ucho t iem po vivieron en los pinares
de Palisor, o se sent aban en silencio cont em plando las est rellas espej adas
en las Aguas del Despert ar, pálidas y quiet as. Tan vast as edades
t ranscurrieron sobre ellos, que la llegada de Nornorë a Palisor se desvaneció
en una leyenda dist ant e, y se decían unos a ot ros que sus herm anos habían
part ido hacia el oest e, hacia las I slas Resplandecient es. Allí, decían, m oran
los Dioses, y los llam aban el Gran Pueblo del Oest e, y creían que vivían en
el m ar, en islas ilum inadas por el fuego; pero m uchos no habían vist o
siquiera las grandes olas de esas poderosas aguas.
»Ahora bien, a los Eldar o Qendi, I lúvat ar les había dado el don de la
palabra, y sólo la separación de sus dest inos los ha cam biado y hecho
diferent es; sin em bargo, nada se ha t ransform ado t an poco com o la lengua
de los Elfos Oscuros de Palisor.2
Ahora el cuent o habla de ciert o duende, y le da el nom bre de Tu, el
m ago, pues era m ás hábil en art es m ágicas que nadie que haya vivido
nunca m ás allá de la Tierra de Valinor; y viaj ando por el m undo, encont ró a
los Elfos... 3 y los reunió y les enseñó m uchas cosas profundas, y fue para
ellos una especie de rey poderoso, y los cuent os que ent re ellos se cuent an
lo llam an el Señor del Crepúsculo, y a t odas las hadas de su reino, Hisildi o
gent e del anochecer. Ahora bien, los lugares alrededor de Koivië- néni, las
Aguas del Despert ar, son escarpados y llenos de rocas poderosas, y la
corrient e que alim ent a esas aguas cae en ellas por una profunda hendedur a
.... una hebra pálida y delgada, pero la salida de ese lago oscuro est aba
baj o t ierra y fluía por innum erables cavernas cada vez m ás baj as en el seno
del m undo. Allí est aba la m orada de Tu, el m ago, y esos sit ios son de
profundidad insondable, pero ahora las puert as est án selladas desde hace
mucho, y nadie conoce ya la entrada.
»Había .... una pálida luz azul y plat eada siem pre vacilant e y m uchos
ext raños espírit us iban y venían ent re el [ ¿núm ero?] de los Elfos. Ahora
bien, ent re t odos esos Elfos había un t al Nuin, y era m uy sabio y le gust aba
recorrer largos espacios, porque los oj os de los Hisildi se habían vuelt o
ext rem adam ent e penet rant es, y podían seguir los t enues senderos de
aquellos días en penum bra. Una vez fue Nuin m uy lej os hacia el est e de
Palisor, y pocos de los suyos lo acom pañaban, y a esas regiones Tu nunca
los m andaba a cum plir recado alguno, y sobre ellas se cont aban cuent os
ext raños; pero ahora 4 la curiosidad venció a Nuin, y avanzando hast a m uy
lej os, llegó a un sit io ext raño y m aravilloso; nunca había vist o nada
sem ej ant e. Un m uro com o una m ont aña se levant aba ant e él, y m ucho
t iem po buscó un m odo de sobrepasarlo, hast a que se t opó con un pasaj e, y
era m uy oscuro y est recho; ent raba en el gran acant ilado y descendía
serpent eando a t ravés de él. Cobró coraj e ent onces y siguió est a senda
angosta hasta que de pronto los muros bajaron a un lado y a otro, y vio que
había encont rado la ent rada de un gran espacio encerrado en un anillo de
m ont añas inint errum pidas cuya ext ensión no podía det erm inar en la
penumbra.
» De pront o a su alrededor se precipit aron los dulces olores de la Tierra;
no había fragancias m ás adorables en los aires de Valinor, y se quedó
bebiendo los perfum es con profundo deleit e, y ent re la fragancia de las
flores [¿nocturnas?] llegaban los profundos olores que los pinares sueltan en
los aires de la medianoche.
»De pront o, a lo lej os abaj o en los bosques oscuros que se ext endían
sobre el valle, cant ó un r uiseñor, y ot ros cont est aron pálidam ent e a la
dist ancia, y Nuin por poco no se desm aya ant e el encant o de ese lugar de
ensueño, y supo que había ent rado en Murm enalda o el «Valle del Sueño»,
donde es siem pre la hora de la prim era y t ranquila oscuridad baj o las
jóvenes estrellas, y el viento no sopla.
»Descendió ent onces Nuin m ás profundam ent e en el valle pisando con
levedad, dom inado por un asom bro que no había conocido ant es, y he aquí
que vio baj o los árboles el cálido crepúsculo poblado de form as dorm idas,
algunas enlazadas en parej as, y ot ras dulcem ent e dorm idas a solas, y Nuin
se detuvo y se maravilló respirando apenas.
«Entonces, asust ado de súbit o, se volvió y salió furt ivam ent e de aquel
sit io consagrado, y volviendo ot ra vez por el pasaj e a t ravés de la m ont aña,
m archó de prisa a la vivienda de Tu; y yendo al encuent ro del m ás anciano
de los m agos, le dij o que acababa de llegar de las Tierras del Est e, y Tu
sint ió m uy poca alegría al saberlo, no m ás que cuando Nuin t erm inó de
cont arle lo que había vist o. " Y m e pareció dijo que t odos los que
dormían eran niños pequeños, aunque tenían la estatura de los más altos de
los Elfos."
« Ent onces Tu sint ió m iedo de Manw ë, m ás aún, de I lúvat ar el Señor de
Todo, y le dijo a Nuin:

Aquí se int errum pe el Cuent o de Gilfanon. El m ago Tú y Nuin, el Elfo Oscuro,


desaparecen de la m it ología para no volver nunca m ás, j unt o con la m aravillosa
hist oria del encuent ro de Nuin con las form as de los Padr es de la Hum anidad,
t odav ía dorm idos en el Valle de Murm enalda... aunque por la nat uraleza de la obra
y los diversos grados de at ención que m i padre concedió luego a las diferent es
part es, no siem pre es posible dist inguir ent re los elem ent os abandonados defini-
tivamente y los tenidos en «suspenso indefinido». Y aunque es lamentable que este
cuent o haya sido abandonado, no est am os ent eram ent e a oscuras sobre cóm o
habría continuado la narración.
Me he referido ya ( en la not a 3 a El Encadenam ient o de Melkor) a la ex ist encia
de dos «planes» o esbozos para el proy ect o de los Cuent os Perdidos; y he dicho
que uno de ellos es un resum en de los Cuentos t al com o exist en, m ient ras que el
ot ro es un proyect o, una rev isión que nunca fue em prendida. No cabe duda de que
el primero de ellos, que para el propósito de este capítulo llamaré «B», se compuso
cuando los Cuent os Perdidos habían alcanzado el m ás alt o punt o de su desarrollo,
t al com o est án represent ados en los últ im os t ext os y arreglos que aparecen en
est e libro. Ahora bien, cuando est e esbozo llega al Cuent o de Gilfanon, se vuelve
en seguida m ucho m ás det allado, pero luego se reduce ot ra vez, refir iéndose
brevem ent e a los cuent os de Tinúv iel, Túrin, Tuor y el Collar de los Enanos, y se
vuelve ot ra vez m ás det allado al llegar al cuent o de Eärendel. Result a claro, pues,
que B es la form a prelim inar, de acuerdo con el m ét odo ut ilizado regular m ent e por
m i padre en aquellos días, del Cuento de Gilfanon, y en verdad, la part e del cuent o
que fue escrit a com o narración acabada, evident em ent e sigue el esbozo m uy de
cerca, aunque lo expande de manera sustancial.
Hay t am bién un esbozo ext rem adam ent e desordenado, aunque det allado, del
asunt o del Cuent o de Gilfanon, que aunque se aproxim a a B, incorpora det alles de
los que B carece, y viceversa; ést e es, casi sin duda alguna, el predecesor de B, y
en ese capítulo se lo llamará «A».
El segundo esbozo al que nos referim os arriba, un proyect o irrealizado de
rev isión de la obra ent era, int roduce elem ent os que no es preciso com ent ar aquí;
bast e decir que el m arinero er a ahora Ælfw ine y no Eriol, y que la hist oria ant erior
había sido cam biada, pero que el plan general de los cuent os m ism os había
quedado en gran part e int act o ( con varias not as que indicaban que había que
abrev iar los o reconst ruir los) . A est e esbozo lo llam aré «D». No es posible saber
cuánt o t iem po t ranscurrió ent re B y D, pero creo que probablem ent e no fue
m ucho. Parece posible que est e nuevo plan est uviera asociado con la súbit a
int errupción del Cuent o de Gilfanon. Com o B, D ent ra de pront o en det alles m ucho
más acabados al llegar a esta altura.
Por últ im o, en un esbozo m ucho m ás breve y sum ario, que añade no obst ant e
uno o dos punt os int eresant es, t am bién . Ælfw ine r eem plaza a Eriol; ést e seguía a
B y precedía a D, y se lo llama aquí «C».
No expondré todos estos esbozos in extenso, ya que hay ent r e ellos num erosas
superposiciones; por ot ra part e, com binar los t odos en uno sería a la vez confuso e
inexact o. Pero com o los esbozos A y B son m uy parecidos, pueden fácilm ent e
com binarse en uno, y sigo est a narración de acuerdo con D, t eniendo en cuent a G
en la m edida en que añada algo int eresant e. Y com o en lo que respect a al Cuento
de Gilfanon los esbozos est án claram ent e div ididos en dos part es, el Despert ar de
los Hom bres y la hist oria de los gnom os en las Grandes Tierras, t rat o cada una de
ellas por separado.
No hay necesidad de dar el m at erial de los esbozos para el com ienzo del
Cuento de Gilfanon tal como fue escrito, pero es necesario tener en cuenta algunos
puntos de diferencia entre los esbozos y el cuento.
A y B llam an al m ago- rey Tuv o, no Tu; en C no t iene nom bre, y en D, es Tu,
«el duende», com o en el cuent o. En A, est e ser t iene asociaciones negat ivas:
«Melko se encuent ra con Tuvo m ient ras est á caut ivo en Mandos. Le enseña a Tuvo
m agia negra». Est o fue t achado, y nada m ás se dice de la cuest ión; pero t ant o A
com o B cuent an que fue después de la huida de Melko y la ruina de los Árboles
cuando Tuvo ent ró en el m undo y «est ableció un reinado m ágico en las t ierras
medias».
En A se dice que sólo los Elfos que se quedaron en Palisor per t enecen al pueblo
de los Teleri ( m ás t arde, los Vanyar) . Est e pasaj e del Cuent o de Gilfanon es el
prim er indicio que t enem os de la ex ist encia de t ales Elfos ( véase el Com ent ario a
La Llegada de los Elfos) ; y m e inclino a pensar que la concepción de los Elfos
Oscuros ( post eriorm ent e los Avar i) que nunca part ieron desde las Aguas del
Despert ar sólo aparecieron m ás t arde, durant e la com posición de los Cuentos
Perdidos. Pero el nom bre Qendi, que aparece aquí por prim era vez en las
narraciones primitivas, es utilizado algo ambiguamente. En el fragmento del cuento
escrit o, las palabras «los que quedaron at rás son los que m uchos llam an los Qendi,
las hadas perdidas del m undo, 5 pero vosot ros los Elfos de Kôr los llam áis I lk or ins»
parecen una declaración del t odo explícit a: los Qendi equivalen a los Elfos Oscuros;
pero un poco m ás adelant e Gilfanon habla de «los Eldar o los Qendi», y en el
esbozo B se dice que «m uchos de los m iem br os del pueblo original llam ado Qendi
( el nom br e Eldar les fue dado por los Dioses) perm anecier on en Palisor». Est as
últ im as afirm aciones parecen dem ost rar con t oda claridad que Qendi era un
término con que se pretendía designar a todos los Elfos.
La cont radicción, sin em bargo, es sólo aparent e. Qendi era en verdad el
nom bre or iginal de t odos los Elfos, y Eldar, el nom bre dado por los Dioses y
adopt ado por los Elfos de Valinor; los que se quedaron, conservaron el v iej o
nom bre de Qendi. La prim it iva list a de palabras de la lengua gnóm ica dice
explícit am ent e que con el nom bre de Elda los Dioses llam aban a las «hadas» y fue
«adopt ado por ellas en m uy am plia m edida; los I lkorins conservaron el v iej o
nombre de Qendi; y ést e fue adopt ado com o el nom bre de los clanes reunidos en
Tol Eressëa».6
Tant o en A com o en B se añade que « los Dioses no hablaban ent re sí las
lenguas de los Eldalië; pero podían hacerlo y com prendían t odas las lenguas. Los
m ás sabios de ent re los Elfos aprendieron el lenguaj e secret o de los Dioses y
durant e m ucho t iem po at esoraron ese conocim ient o, pero después de la llegada a
Tol Eressëa ninguno lo recordaba, salvo Inwir, y ahora esa lengua ha muerto, salvo
en la casa de Meril» . Com párense con est o las observaciones que hace Rúm il a
Eriol: «hay además la lengua secreta en que los Eldar escribieron muchas poesías y
libros de sabiduría e hist orias de ant año y cosas prim ordiales, y sin em bargo no la
hablan. Sólo los Valar em plean esa lengua en sus alt os consej os, y no son m uchos
los Eldar de nuestros días que pueden leerla o descifrar sus caracteres».
Las palabras con que Nuin le describe a Tu la est at ura de los durm ient es en el
Valle de Murm enalda son curiosas. En A se añade: «Los Hom bres al pr incipio
t enían casi la m ism a est at ura de los Elfos, siendo las hadas m ucho m ás alt as y los
Hom bres m ás pequeños que ahora. A m edida que el poder de los Hom bres fue
creciendo, las hadas han m enguado y los Hom bres han crecido un t ant o». Ot ras
declaraciones de ese t iem po señalan que los Hom bres y los Elfos eran de una
est at ura m uy sim ilar, y que la dism inución de la de los Elfos est aba est rechamente
relacionada con la llegada de los Hom bres y su dom inio. Por t ant o las palabras de
Nuin son desconcert ant es, especialm ent e porque en A preceden inm ediat am ent e al
com ent ario sobre la sim ilit ud original; y sólo pueden querer decir que los
durm ient es de Murm enalda eran m uy alt os com parados con los Elfos. Que los
durm ient es eran en verdad niños, no m eram ent e parecidos a niños en algún
aspect o, queda claro en D: « Nuin encuent ra el Valle del Sopor ( Murm elanda) ,
donde yacen dormidos innumerables niños».
Llegam os ahora al punt o en el que la narración se desarrolla sólo en form a
esbozada.

El Despertar de los Hombres


según los primeros esbozos

El m ago Tuvo le dij o a Nuin que los durm ient es que había v ist o eran los nuevos
Hij os de I lúvat ar, y est aban esperando la luz. Prohibió que ninguno de los Elfos los
despert ara o visit ara esos lugares, pues t em ía la ira de I lúvat ar; pero no obst ant e
Nuin iba allí a m enudo, y los observaba sent ado en una r oca. En una ocasión
tropezó con uno de los durmientes, que se agitó, pero no despertó. Por fin, vencido
por la cur iosidad, despert ó a dos de ellos, llam ados Erm on y Elm ir; eran m udos y
est aban m uy asust ados, pero él les enseñó la lengua I lkor in; por esa razón es
llam ado Nuin, Padre del Lenguaj e. Luego llegó el Pr im er Am anecer; y Erm on y
Elm ir, solos ent re los hom bres, v ieron el Sol que se alzaba por prim era vez en el
oest e y avanzaba hacia el Puert o del Est e. Ent onces los Hom bres salieron de
Murmenalda como «una hueste de niños adormilados».
( En el cuent o de El Ocult am ient o de Valinor, el Puert o del Est e sólo se
construyó después de transcurrido mucho tiempo desde la primera salida del Barco
del Sol. Es int eresant e que los pr im eros Hom bres, Erm on y Elm ir, fueran
despert ados por Nuin ant es de la pr im er a salida del Sol, y aunque Tuvo sabía que
los Hom bres est aban a la espera de la luz, no se est ablece conexión alguna ent re
el act o de Nuin y la salida del Sol. Claro que no es posible j uzgar el t enor int erno
de la narración a part ir de est os resúm enes. Tam bién es not able que m ient ras que
la lengua de los Elfos, en su origen una y la m ism a, fuera un don direct o de
Ilúvatar, los Hombres nacieran en el mundo sin lengua alguna y la recibieran por la
inst rucción que les im part ió un I lkorin. Cf. El Silm arillion: «Tam bién se cuent a que
est os Hom bres [ la gent e de Bëor] t enían t rat os desde hacía ya m ucho con los Elfos
Oscuros, al est e de las m ont añas, y que de ellos habían aprendido gran part e de la
lengua élfica; y com o t odas las lenguas de los Qendi t enían un único origen, la
lengua de Bëor y de su gent e se asem ej aba a la élfica en m uchas palabras y
modos.»)
En est e punt o de la hist or ia aparecen los agent es de Melko, los Úv anim or,
«criados en la t ierr a» por él ( los Úvanim or, «que son m onst ruos, gigant es y
ogros», han sido ya m encionados en La Llegada de los Valar) ; y Tuvo pr ot egió a
Hom bres y a Elfos cont ra esos m onst ruos y cont ra los «duendes m alignos». A
menciona además a los Orcos.
Un sirv ient e de Melko llam ado «Fúk il o Fangli» ent ró en el m undo, y
confundiéndose ent re los Hom bres, los perv irt ió, de m odo que t raidoram ent e se
volvieron en contra de los Ilkorins; sigue la Batalla de Palisor, en la que la gente de
Erm on luchó al lado de Nuin. Según A, «los duendes y los Hom bres que les
prest aron ayuda fueron derrot ados», pero B la llam a «una bat alla indecisa»; y los
Hom bres corrom pidos por Fangli huyer on y se convirt ieron en «t ribus incult as y
salvaj es» que veneraban a Fangli y a Melko. Luego ( en A solam ent e) Palisor cayó
en poder de «Fangli y su ej ércit o de Nauglat h ( o Enanos) ». ( En los prim eros
escritos los Enanos se consideran siempre un pueblo malvado.)
Por est e esbozo se ve que la corrupción de algunos Hom bres en el pr incipio de
los días por m ediación de Melko era un rasgo de la prim era fase de la m it ología;
pero de t oda la hist oria esbozada aquí sólo hay a lo m ás una sugerencia en El
Silmarillion'. « Hay una oscuridad det rás de nosot ros dij o Bëor , y le hem os
dado la espalda, y no deseamos volver allí ni siquiera con el pensamiento».7

El Despertar de los Hombres


según los esbozos posteriores

Se dice aquí al principio de la narración que los Úvanim or de Melko habían


escapado cuando los Dioses destruyeron la Fortaleza del Norte, y andaban errantes
en los bosques; Fankil, sirv ient e de Melk o, viv ía en liber t ad en el m undo. ( Fankil =
Fangli / Fúkil en A y B. En C es llam ado « hij o de Melk o». Fankil fue m encionado ya
en un punt o ant erior de D, cuando en la época del Despert ar de los Elfos «Fankil y
m uchas form as oscuras escaparon al m undo»; véase El Encadenam ient o de Melko,
nota 3.)
Nuin, «padre del Lenguaj e», que fue una y ot ra vez a Murm enalda a pesar de
las advert encias de Tu ( que aquí no se especifican) , despert ó a Erm on y a Elm ir, y
les enseñó el lenguaj e y m uchas ot ras cosas. Sólo Er m on y Elm ir ent re los
Hom bres vieron el Sol que se alzaba en el oest e, y las sem illas de Palúr ien que
reventaron en hoj as y flores. Las huest es de los Hom bres salieron com o niños
adorm ilados, levant ando un sordo clam or ant e el Sol; cuando regresó lo siguieron
hacia el oest e, y sint ieron un m iedo espant oso de la prim era Noche. Nuin y Erm on
y Elmir les enseñaron el lenguaje.
Los hom bres crecieron en est at ura y obt uvieron conocim ient os de los Elfos
Oscuros,8 pero Tu se desvaneció ant e el Sol y se escondió en las cavernas
insondables. Los Hom bres habit aron el cent ro del m undo y desde allí se
expandieron en todas direcciones; y transcurrió una muy vasta era.
Fankil, j unt o con los Enanos y los Trasgos, se m ezclaron con los Hom bres y
sem braron la discordia ent re ellos y los Elfos; y m uchos Hom bres ayudaron a los
Enanos. Sólo la gent e de Erm on est uvo al lado de las Hadas en la pr im era guerra
ent re Trasgos y Elfos ( Trasgos es aquí una corrección de Enanos, y ést a, a su vez,
de Hombres), que se llama la Guerra de Palisor. Nuin murió víctima de los Trasgos,
por causa de la t raición de los Hom bres. Muchos clanes de los Hom bres fueron
conducidos a los desiert os del est e y los bosques del sur, donde se volv ieron
pueblos oscuros y salvajes.
Las huest es de Tareg el I k or in m archaron hacia el noroest e escuchando el
murmullo de los Gnomos; y muchos de los clanes perdidos se les unieron.

La Historia de los Gnomos Exiliados


según los primeros esbozos

Los Gnom os, después del paso de Helkar aksë, se esparcieron por Hisilóm ë, donde
t uvieron «dificult ades» con la Gent e Som bría, llam ada en A la «gent e- duende», y
en B, los «duendes Úvalear». ( Nos hem os encont rado ya con la Gent e Som br ía en
Hisilóm ë en el cuent o de La Llegada de los Elfos; así llam an los Hom bres, después
de ser encerrados en Hisilóm ë por Melko, a los Elfos Perdidos que perm anecieron
allí cuando se ext rav iaron abandonando Palisor. Se verá en los esbozos post eriores
que est a Gent e Som bría era un pueblo desconocido com plet am ent e diferent e de
los Elfos; y parece, por t ant o, que el nom bre se preservó, aunque la denot ación
fue nueva.)
Los Gnom os encont raron las Aguas de Asgon* y acam paron allí; luego t uvier on
lugar el Cóm put o del Pueblo, el nacim ient o de Turgon con las «profecías» y la
m uert e de Fëanor. Sobre est e últ im o asunt o los esbozos difieren. En A fue Nólem ë,
llam ado t am bién Fingolm a, el que m urió: «su barca se desvanece por una senda
ocult a, la m ism a, según se dice, por la que escapó Tuor. Navegó para celebr ar
sacrificios en una isla rocosa de Asgon». ( ¿A quién ofrecía esos sacrificios?) En B,
com o se escribió prim ero, t am bién fue «Fingolm a ( Nólem ë) » el m uert o, pero su
nom bre fue reem plazado por el de Fëanor; «la barca se desvaneció por una
[ senda] ocult a, la abert ura, según se dice, que los Noldoli ensancharon luego y
convirt ieron en el cam ino por el que Tuor escapó. Navegó hacia la I sla Rocosa de
Asgon porque allí vio brillar algo que, según creyó, eran joyas».
Abandonando Asgon, los Gnom os cruzaron las Mont añas de la Am argura y
librar on la prim era bat alla con los orcos al pie de las Mont añas de Hierro. ( Para las
Mont añas de Hierro com o el lím it e aust ral de Hisilóm ë, véanse los com ent arios a El
Encadenam ient o de Melko y a El Robo de Melko.} En el Cuent o de Tinúviel, Beren
venía de Hisilóm ë, desde «m ás allá de las Mont añas de la Am argura» y «a t ravés
de los horrores de las Mont añas de Hierr o»; parece, pues, claro que las Montañas

* Más tarde, Lago Mithrim.


de la Amargura y las Montañas de Hierro se identifican.
El próx im o cam pam ent o de los Gnom os est aba «j unt o a Sir ion» ( que aparece
aquí por prim era vez) ; y aquí por pr im era vez los Gnom os se encuent ran con los
I lk or ins; A añade que los I lk or ins pert enecían originalm ent e a los Noldoli, y se
habían ext raviado durant e el abandono de Palisor. Los Gnom os se ent eraron por
ellos de la llegada de los Hom bres y de la Bat alla de Palisor; y ellos dieron a los
Ilkorins noticias de Valinor y de la búsqueda de las joyas.
Ahora aparece aquí por pr im era vez Maidros, hij o de Fëanor ( ant eriorm ent e, en
el cuent o de El Robo de Melko, se dio ese nom bre al abuelo de Fëanor) . Maidros,
guiado por los I lkor ins, conduj o un ej ér cit o a las m ont añas, sea «para buscar las
j oyas» ( A) o «para buscar la m orada de Melko» ( B; quizá la lect ura correct a sea
aquí «en busca de la m orada de Melko», com o dice en C) , pero fueron rechazados
con una gran m asacre de las puert as de Angam andi; y el m ism o Maidros fue
apresado vivo y t ort urado por no querer revelar las art es secret as de los Noldoli
para la hechura de joyas , y una vez mutilado lo enviaron de vuelta a los gnomos.
( En A, donde era t odavía Nólem ë el que m oría en las Aguas de Asgon en lugar de
Fëanor, era ést e quien conducía al ej ércit o en cont ra de Melko, y quien era
capturado, torturado y mutilado.)
Ent onces los Siet e Hij os de Fëanor j uraron enem ist ad et erna cont ra cualquier a
que se apoderara de los Silmarils. (Ésta es la primera aparición de los Siete Hijos y
del Juram ent o, aunque el hecho de que Fëanor t uviera hij os se m enciona en el
Cuento del Sol y de la Luna.)
Las huest es de Melk o se aproxim aron ent onces al cam pam ent o de los gnom os
j unt o a Sirion, y los gnom os huyeron hacia el sur para v iv ir en Gorfalon, donde
conocieron a los Hom bres, t ant o a los buenos com o a los m alos, per o sobre t odo
conocieron al pueblo de Erm on; y les fue env iada una em baj ada a Tuvo, a
Tinw elint ( est o es, Thingol, véase el com ent ario a La Llegada de los Elfos) y a
Ermon.9 Se dispuso un gran ej ércit o de Gnom os, I lk or ins y Hom bres al m ando de
Fingolm a ( Nólem ë) en el Valle de las Fuent es, llam ado después el Valle de las
Aguas Lloradas. Pero el m ism o Melko ent ró en las t iendas de los Hom bres y los
engañó, y algunos de ellos cayeron a traición sobre la retaguardia de los Gnomos al
t iem po que el ej ércit o de Melk o los at acaba; a ot ros Melko los persuadió de que
abandonaran a sus am igos, y a ést os, j unt o con ot ros que logró ex t rav iar con
hechizos y nieblas, los llevó con engaño a la Tierra de las Sombras. (Con esto cf. la
referencia en el cuent o de La Llegada de los Elfos al encierro de los Hom bres en
Hisilómë por Melko.)
Luego t uvo lugar « la t err ible Bat alla de las Lágr im as I nnum erables» . Sólo los
Hij os de Úrin* ent r e los Hom bres lucharon hast a el final, y nadie ( except o dos
m ensaj eros) salió con vida de la refriega; Turgon y un gran regim ient o, viendo el
día perdido, se volv ieron y les cort aron la ret irada rescat ando a m uj eres y niños.
Turgon fue perseguido, y hay una referencia al «sacrificio de Mablon el I lk orin para
salvar al ejército»; Maidros y los otros hijos de Fëanor riñeron con Turgon porque
querían el liderazgo, A y part ieron hacia el sur. El rest o de los sobrevivient es y
los fugit iv os fueron rodeados, y j uraron lealt ad a Melko; y ést e m ont ó en cólera,
porque no pudo descubrir a dónde había huido Turgon.
Después de una referencia a «las Minas de Melko» y «el hechizo del Miedo

* Más tarde, Húrin.


I nsondable» ( el hechizo que Melko im ponía a sus esclavos) , la hist oria t erm ina con
«la Const rucción de Gondolin» y « la div isión ent re Hom bres y Elfos en I silóm ë a
causa de la Bat alla de las Lágrim as I nnum erables» : Melko fom ent ó la desconfianza
e hizo que se espiaran de continuo mutuamente, para que así no se combinaran en
su cont ra; y creó las falsas- hadas a sem ej anza de las aut ént icas, y ést as engaña-
ron y traicionaron a los Hombres.10
Com o los esbozos en est e punt o vuelven a reducirse a m eros encabezamientos
para los cuentos de Tinúviel, Túrin, etcétera, es evidente que el Cuento de Gilfanon
habría terminado aquí.

La Historia de los Gnomos Exiliados


según el esbozo posterior

Los Gnom os residieron en la Tier ra de las Som bras ( est o es, Hisilóm ë) y allí
t uvier on t r at o con la Gent e Som bría. Ést os eran duendes ( C) ; nadie sabe de dónde
venían: no pert enecen a los Valar ni t am poco a Melk o, pero se piensa que
provenían del vacío exterior y de la oscuridad primordial, cuando el mundo acababa
de hacerse. Los Gnom os encont raron «las Aguas de Mit hr im ( Asgon) » y allí m ur ió
Fëanor, ahogado en ellas; fabricaron arm as por prim era vez, y excavaron las
m ont añas oscuras. ( Est o result a curioso, pues se había dicho en la narración de la
Mat anza de los Par ient es en Alqalunt ë que «así m ur ieron los Eldar por pr im era vez
baj o las arm as de sus parient es». De cóm o los Eldar t uvieron arm as a su
disposición por primera vez fue una cuestión incierta durante largo tiempo.)
Los Gnom os peleaban ahora con los Orcos por prim era vez y se apoderaron del
paso de las Mont añas de la Am argura; así escaparon de la Tierra de las Som bras
para t em or y asom bro de Melko. Penet raron en el Bosque de Art anor
( post eriorm ent e Doriat h) y la Región de las Grandes Llanuras ( quizá la precursora
de la post erior Talat h Dirnen, la Llanura Guardada de Nargot hrond) ; y las huest es
de Nólem ë crecieron hast a hacerse m uy num erosas. Pract icaron m uchas artes,
pero no perm anecían m ucho t iem po asent ados en sit io alguno. El pr incipal
cam pam ent o de Nólem ë se ext endía alrededor de las aguas de Sir ion; y los
Gnom os rechazaron a los Orcos hast a el pie de las Mont añas de Hierro. Melk o
agrupó todo su poder con ira secreta.
Nació Turgon, de Nólemë.
Maidros, «el hij o principal de Fëanor», conduj o un ej ércit o cont ra Angband,
pero fue rechazado con fuego desde las puert as, y fue cogido vivo y at orm ent ado
de acuerdo con C, repit iendo la hist oria del pr im er esbozo, porque no quiso revelar
las art es secret as de la fabricación de j oyas. ( No se dice aquí que Maidros fuer a
liberado y devuelt o a los suyos, pero se lo sobreent iende por el Juram ent o de los
Siete Hijos.)
Los Siet e Hij os de Fëanor j uraron odio et erno cont ra t odos, Dioses, Elfos u
Hom bres, que t uvieran en su poder los Silm arils; y los Hij os de Fëanor
abandonaron las huest es de Nólem ë y volv ieron a Dor Lóm in, donde se
convirtieron en una raza poderosa y feroz.
Las huest es de Tareg el I lkor in encont raron a los Gnom os en la Fiest a de la
Reunión; y los Hom bres de Erm on v ieron a los Gnom os por prim era vez. Ent onces
las huest es de Nólem ë, aum ent adas por las de Tareg y por los hij os de Erm on, se
prepararon para la bat alla; y se enviaron m ensaj eros al nort e, al sur, al est e y al
oest e. Sólo Tinwelint rechazó la convocat oria, y dij o: No vayáis a las m ont añas.
Úrin y Egnor* marcharon con incontables batallones.
Melko retiró todas sus fuerzas, y Nólemë creyó que tenía miedo. Las huestes de
Elfinesse se dir igieron a las Tierras Derruidas y acam paron en el Valle de las
Fuentes (Gorfalong) o, como se lo llamó más tarde, el Valle de las Aguas Lloradas.
( La narración de los acont ecim ient os ant eriores a la Bat alla de las Lágrim as
I nnum erables difiere en el esbozo de los ant eriores, incluyendo C. En ést os, los
Gnom os huían del cam pam ent o j unt o a Sir ion cuando las huest es de Melko se
aprox im aban y se ret iraban a Gorfalon, donde se reunían las vast as huest es de los
Gnom os, los I lkor ins y los Hom bres, y se dispusieron en orden de bat alla en el
Valle de las Fuent es. En D no hay m ención alguna de una ret irada de las huest es
de Nólem ë; m ás bien parece que avanzaron desde el cam pam ent o j unt o a Sir ion al
Valle de las Fuent es ( Gorfalong) . Pero dada la nat uraleza de est os esbozos, no es
posible pr ecisarlo dem asiado. El esbozo C, que t erm ina aquí, dice que cuando los
Gnom os encont raron Hom bres por prim era vez en Gorfalon, les enseñaron
art esanías; ést e es uno de los punt os de part ida, sin duda, de los post eriores
Amigos de los Elfos de Beleriand.)
Algunos Hom bres t raidores sobornados por Melko se infilt raron en el
cam pam ent o com o t rovadores. Melko cayó sobre ellos al am anecer en una lluv ia
gris y a cont inuación ocurrió la Bat alla de las Lágrim as I nnum erables, de la que no
se ha cont ado t oda la hist or ia, pues ningún Gnom o quiere hablar de ella. ( En el
m argen m i padre escribió: «¿Melko est uvo personalm ent e allí?». En el pr im er
esbozo Melko en persona entraba en el campamento de sus enemigos.)
En la bat alla, Nólem ë quedó aislado y recibió la m uert e, y los Orcos le
arrancaron el corazón; pero Turgon rescat ó el cuerpo y el corazón, y ést e se
convirt ió en un em blem a. 11 Casi la m it ad de los Gnom os y los Hom bres m urieron
allí.
Los Hom bres huyeron, y sólo los hij os de Úrin resist ieron con firm eza hast a
recibir la m uert e; pero Úrin fue at rapado. La ira de Turgon fue t errible, y su gran
batallón se abrió camino fuera de la lucha con meros actos de heroísmo.
Melko env ió t ras ellos un ej ércit o de Balrogs, y Mablon el I lk orin m ur ió cuando
int ent aba salvar a sus com pañeros. Turgon huyó hacia el sur a lo largo del Sir ion,
recogiendo a las m uj eres y los niños de los cam pam ent os, y ayudado por la m agia
del río, escapó a un sitio secreto donde Melko no pudo encontrarlo.
Los Hij os de Fëanor llegaron dem asiado t arde y encont raron un cam po
desolado; m at aron a los saqueadores que quedaban y después de sepult ar a
Nólemë, levantaron el más grande montículo del mundo sobre él y los [¿Gnomos?].
Se lo llamó la Colina de la Muerte.
Siguió la Serv idum bre de los Noldoli. Los Gnom os est aban am argados por la
t raición de los Hom bres, y la facilidad con la que Melko los había engañado. El
esbozo t erm ina con referencias a «las Minas de Melko», «el Hechizo del Miedo
I nsondable» y la m ención de que t odos los Hom bres del nort e fueron encerrados
en Hisilómë.
El esbozo D vuelve ent onces a la hist oria de Beren y Tinúviel, y sé conect a
nat uralm ent e con el cuent o que se acaba de abocet ar: «Beren, hij o de Egnor,

* El pad r e d e Ber en
abandonó Dor Lóm in* y se encam inó a Art anor...» Ést a es la próx im a hist oria que
ha de contarse junto al Hogar de los Cuentos (como también en el esbozo B); en D
el asunto del Cuento de Gilfanon ha de abarcar cuatro noches.

Si de est os esbozos se seleccionan ciert os rasgos y se los pr esent a de t al m odo


que ant es queden subrayados los acuerdos que los desacuerdos, la sem ej anza con
la estructura narrativa de El Silmarillion es de inmediato evidente. Así, pues:

Los Noldoli cruzan Helkaraksë y se esparcen por Hisilóm ë, acam pando j unt o
al Asgon (Mithrim);
Se encuentran con los Elfos Ilkorin (= Úmanyar);
Fëanor muere;
Primera batalla con los Orcos;
Un ejército gnómico va a Angband;
Maidros, capturado, atormentado y mutilado;
Los Hijos de Fëanor abandonan el ejército de los Elfos (en D solamente);
Se libra una gran bat alla llam ada la Bat alla de las Lágrim as I nnum erables
entre los Elfos y los Hombres y las huestes de Melko;
Traición de los Hombres, corrompidos por Melko, en la batalla;
Pero el pueblo de Úrin (Húrin) permanece fiel y no sobrevive;
El conduct or de los Gnom os queda aislado y recibe la m uert e ( en D
solamente);
Turgon y sus huestes se abren camino y se dirigen a Gondolin;
Melko se encoleriza porque no puede averiguar dónde ha ido Turgon;
Los Fëanorianos llegan tarde a la batalla (en D solamente).
Se levanta un gran montículo (en D solamente).

Ést os son rasgos esenciales de la hist oria que iba a sobreviv ir. Pero las diferencias
son m uchas e im port ant es. La m ás sorprendent e de t odas es que t oda hist or ia
post erior de los largos años t ranscurridos en el Sit io de Angband, que t erm ina con
la Bat alla de la Súbit a Llam a ( Dagor Bragollach) y el pasaj e de los Hom bres por
sobre las Mont añas hast a Beleriand y al servicio de los Reyes Noldor in, no había
aparecido aún. Puede que el efect o sea en part e el result ado de la com prim ida
naturaleza de est os esbozos, y en verdad, la referencia en el últ im o de ellos, D, a
las m últ iples art es que pract ican los Noldoli cont rarrest a un t ant o est a im presión;
de cualquier m odo, Turgon, nacido cuando los Gnom os est aban en Hisilóm ë o ( de
acuerdo con D) cuando est aban acam pados j unt o al Sirion, ha llegado a la plena
m adurez en la Bat alla de las Lágrim as I nnum erables. 12 Aun así, el cuadro que se
t raza en El Silm arillion, de un período de cent urias, m ient ras Morgot h est aba es-
t rict am ent e confinado en Angband y los Noldor const ruían viviendas y t orres

* Est o es, Hisilóm ë.


prot egidos por los ej ércit os del nort e, est á radicalm ent e ausent e. En las «fases»
post eriores de la hist or ia m i padre fue am pliando cada vez m ás el per íodo
t ranscurrido ent re la creación del Sol y de la Luna y la Bat alla de las Lágrim as
I nnum erables. Es t am bién esencial para la v iej a concepción, según la cual la
vict or ia de Melko fue t an com plet a y abrum adora, que un núm ero m uy elevado de
los Noldoli se convir t ieran en sus siervos, y dondequiera que fueran, vivían en la
esclavit ud de su hechizo; sólo en Gondolin t enían libert ad; así, pues, en el v iej o
cuent o de La Caída de Gondolin se dice que la gent e de Gondolin «eran los únicos
de los Noldoli que escaparon al poder de Melko cuando en la Bat alla de las
Lágrimas Innumerables los mató y sometió a esclavitud y los ató con hechizos y los
obligó a v ivir en los I nfiernos de Hierro, pudiendo sólo abandonar ese sit io si así él
lo quería y lo ordenaba». Adem ás, Gondolin no fue fundada hast a después de la
Batalla de las Lágrimas Innumerables.13
Poco es lo que podem os saber de la m uert e de Fëanor según la prim era
concepción; pero cuando m enos result a claro que no t iene relación con la hist or ia
de su m uert e en El Silm arillion. En est os esbozos prim it ivos los Noldoli, al
abandonar Hisilóm ë, t uvieron su prim era refriega con los Orcos al pie de las
Mont añas de Hierro o en el paso de las Mont añas de la Am argura, y est as alt uras,
bast ant e probablem ent e, corresponden a las post eriores Mont añas de la Som bra,
Ered Wet hrin; pero en El Silm arillion el prim er encuent ro de los Noldor con los
Orcos ocurrió en Mithrim.
El encuent ro ent re los Gnom os y los I lkorins sobreviv ió en el encuent ro ent re
los Noldor recién llegados con los Elfos Grises de Mithrim (ibid.); pero los Noldor
t uvier on m ás not icias del poder del Rey Thingol de Dor iat h que de la Bat alla de
Palisor.
Mient ras que en est os esbozos Maidros, hij o de Fëanor, conduj o un at aque
cont ra Angband que fue repelido con m at anzas y en el que él m ism o fue
capturado, en El Silmarillion es Fingolfin quien aparece ante Angband, y recibido en
silencio, se ret iró prudent em ent e a Mit hrim . Maidros ( Maedhros) había sido y a
capt urado en un encuent ro con una em baj ada de Morgot h que supuest am ent e
había acudido a parlamentar, y oyó el sonido de las trompetas de Fingolfin desde el
lugar en que est aba siendo som et ido a t orm ent o en Thangorodrim , donde Morgot h
lo ret uvo hast a que, com o él dij o, los Noldor abandonaron la lucha y part ieron. De
las huest es div ididas de los Noldor, por supuest o, no hay v est igios en la v iej a
hist or ia; y el rescat e de Maedhros por Fingon, que se cort ó la m ano para salvarlo,
no aparece en form a alguna; en lugar de ello, es puest o en libert ad por Melk o,
aunque m ut ilado, y sin que se dé ninguna explicación. Pero es m uy caract eríst ico
que la m ut ilación de Maidros un «m om ent o» im port ant e de las leyendas nunca
se perdiera aunque se le dio un entorno y una causa por entero diferentes.
El Juram ent o de los Hij os de Fëanor se llevó aquí a cabo después que los
Gnom os llegaran de Valinor y después de la m uert e de su padre; y en el esbozo
post erior D, abandonaron luego el ej ércit o de ( Finw ë) Nólem ë, Señor de los
Noldoli, y volv ieron a Dor Lóm in ( Hisilóm ë) . En est e y en ot ros elem ent os que
aparecen sólo en D, la hist or ia se aproxim a m ás a su form a post erior. En la vuelt a
a Dor Lóm in est á el germ en del v iaj e de los Fëanorianos desde Mit hr im al est e de
Beleriand ( El Silm arillion) ; en la Fiest a de la Reunión, el de Meret h Adert had, la
Fiest a de la Reunificación, celebrada por Fingolfin para los Elfos de Beler iand
(ibid.), aunque los part icipant es son por fuerza ent eram ent e ot ros; en la llegada
dem orada de los Fëanorianos al cam po asolado de las Lágr im as I nnum erables, el
de la llegada t ardía del ej ércit o de Maedhros (ibid.); en la m uert e de ( Finw ë)
Nólem ë en la bat alla, el de la m uert e de Fingon (ibid.; cuando Finw ë pasó a ser el
padre de Fëanor y así ocupó el sit io de Bruit hw ir, m at ado por Melko en Valinor, su
posición com o conduct or del ej ércit o en la Bat alla de las Lágrim as I nnum erables
fue ocupado por Fingon) ; y en el gran pináculo llam ado la Colina de la Muert e,
levantado por los Hijos de Fëanor, el de Haudh- en- Ndengin o Colina de la Mat anza,
apilada por los Orcos en Anfauglit h (ibid.). Si la em baj ada ant e Tuvo, Tinw elint y
Erm on ( que en D se conviert e en el env ío de m ensaj eros) ant icipa rem ot am ent e la
Unión de Maedhros (ibid.), no result a claro, aunque la negat iv a de Tinw elint a unir
sus fuerzas con las de Nólem ë sobreviv ió en el rechazo de Thingol a los int ent os de
acercam ient o de Maedhros. Por ciert o, no puedo explicar las palabras de Tinw elint
«No vayáis a las montañas», pero sospecho que se trata de las Montañas de Hierro
sobre Angband, y que advert ía en cont ra de un at aque a Melko; en el v iej o Cuento
de Turam bar, Tinw elint decía: «Por la sabidur ía de m i corazón y el dest ino
im puest o por los Dioses no fui yo con m i pueblo a la Bat alla de las Lágrim as
Innumerables».
Ot ros elem ent os en la hist oria de la bat alla que sobrev iv ieron la firm eza de la
gent e de Úrin ( Húr in) , la huida de Turgon ex ist ían ya en est e t iem po en un
cuento que había sido escrito (el de Túrin).
Las indicaciones geográficas son escasas, y no hay mapa de las Grandes Tierras
para el pr im er período de las leyendas; en cualquier caso es m ej or dej ar de lado
estas cuestiones hasta llegar a los cuentos que se desarrollan en esos territorios. El
Valle de las Fuent es, luego el Valle de las Aguas Lloradas, en D se ident ifica
explícitamente con Gorfalong, llamado en los primeros esbozos Gorfalon, tal vez un
sit io diferent e; pero de cualquier m odo ni ést os ni «las Tier ras Desm oronadas»
pueden relacionarse con los lugares o los nom bres de la geografía post erior, a no
ser que ( especialm ent e en cuant o en D se dice que «Turgon huyó hacia el sur a lo
largo del Sir ion») , pueda suponerse que algo par ecido al post erior Paso del Sir ion
existiera ya, y que su nombre fuera Valle de las Fuentes o de las Aguas Lloradas.

NOTAS

1 Sobre Turuhalmë est án escrit os los nom bres Duruchalm ( t achado) y


Halmadhurwion.
2 Este párrafo tiene un signo de interrogación.
3 La palabra puede leerse tanto dim, «oscuro», como dun, «pardo».
4 Aquí or iginalm ent e decía «y pocos de los suyos est aban con él; y est o Tu se lo
t enía prohibido a su pueblo, pues t em ía la ira de I lúvat ar y Manw ë; sin
embargo así lo hizo» (la curiosidad venció a Nuin, etcétera).
5 Anteriormente en los Cuentos, «los Elfos Perdidos» eran los que durante el gran
viaje se habían perdido y erraron por Hisilómë (véase La Llegada de los Elfos).
6 En el cuent o a las «hadas» del dom inio de Tu ( est o es, los Elfos Oscuros) se les
da el nombre de Hisildi, el pueblo del crepúsculo; en los esbozos A y B, además
de Hisildi, se les da otros nombres: Humarni, Kaliondi, Lómëarni.
7 Cf. t am bién las palabras de Sador a Túrin durant e su infancia (Cuentos
Inconclusos): «Una oscuridad hay por det rás de nosot ros, y de ella nos han
llegado m uy pocos cuent os. Puede que los padres de nuest ros padres hayan
tenido cosas que decir, pero no dijeron nada. Aun sus nombres están olvidados.
Las Mont añas se int erponen ent re nosot ros y la vida de donde v inieron,
huyendo nadie sabe de qué».
8 Cf. El Silm arillion: «Se dice que ant es que t ranscurriera m ucho t iem po, se
t oparon con los Elfos Oscuros en diversos sit ios, y t uvieron amistad con ellos; y
los Hom bres, aun en la niñez, se convirt ieron en los com pañeros y los
discípulos de est e pueblo ant iguo, vagabundos de la raza élfica que nunca
t om aron el cam ino de Valinor, y que sólo habían oído not icias vagas de los
Valar y no los conocían más que como un nombre distante».
9 Sobre Ermon est á escrit a, casi sin duda alguna, la palabra en inglés ant iguo
Æsc ( «ceniza») . Parece concebible que ést a sea una adapt ación al inglés de
Askr, «ceniza» en noruego ant iguo; en la m it ología nórdica, así se llam a el
prim er hom bre, quien, j unt o con la pr im era m uj er (Embla), fue hecho por los
Dioses de los dos árboles que encont raron a or illas del m ar ( Völuspá est rofa
17; Snorra Edda, Gylfaginning § 8).
10 El t ext o incorpora aquí la palabra ent re parént esis «( Gongs) ». Podr ía pensarse
que ést e es un nom bre para las Kaukareldar o «falsas hadas», pero en la list a
de palabr as gnóm icas Gong se define com o «pert enecient e a una t ribu de
Orcos, un trasgo».
11 El corazón de Nólem ë, arrancado por los Orcos y recuperado por Turgon, su
hij o, es m encionado en una viej a not a aislada que dice t am bién que Turgon lo
engarzó en oro; y el em blem a del Pueblo del Rey en Gondolin, el Corazón
Escarlata, se menciona en el cuento de La Caída de Gondolin.
12 Cf. «Turondo, hij o de Nólem ë, no est aba t odav ía sobre la t ierra.» El nom br e
gnóm ico de Turondo era Tur gon ( La Llegada de los Elfos) . En la hist or ia
posterior, Turgon fue un conductor de los Noldor cuando abandonaron Valinor.
13 Después que se cam bió la hist oria, y la fundación de Gondolin se ubicó m ucho
ant es, las cont radicciones de la part e final de El Silmarillion nunca
desaparecieron; y ést a fue una m uy im port ant e fuent e de dificult ades al
preparar la publicación de la obra.
APÉNDICE*

NOMBRES DE LOS CUENTOS PERDIDOS. PRIMERA PARTE

Exist en dos pequeños cuadernos, cont em poráneos de los Cuent os Perdidos, que
cont ienen los pr im eros «léx icos» de las lenguas élficas; y am bos son docum ent os
extremadamente difíciles.
Uno de ellos se relaciona con la lengua llam ada, en el libr o, Quenya, y m e
referiré a él com o « LQ» ( Léxico Quenya) . Una buena proporción de los art ículos de
la pr im era part e del alfabet o se hicieron en el t iem po en que la obra se em pezaba;
estos estaban escritos muy cuidadosam ent e, aunque el lápiz r esult a ahora borroso.
Entre los artículos originales se encuentra este grupo:

Lemin 'cinco'
Lempe 'diez'
Leminkainen '23'

La elección de '23' sugiere que m i padr e t enía esa edad en ese t iem po, y que la
libret a fue em pezada por t ant o ant es de 1915. Est o recibe el apoyo de algunas
aseveraciones del prim er est rat o de voces sobre cier t as figuras de la m it ología que
nada t ienen que ver con t odo lo que se dice en ot ros sit ios, y que perm it en t ener
atisbos de una etapa aún anterior a los Cuentos Perdidos.
La libret a nat uralm ent e siguió siendo usada, y m uchos art ículos ( práct icam ent e
t odos los de la segunda m it ad del alfabet o) son post erior es a los del pr im er
estrato, aunque no se pueda decir en concreto más que todas las voces pertenecen
al período de los Cuentos Perdidos (o a un período que los precedía por muy poco).
Las palabras del LQ est án ordenadas de acuerdo con «raíces» y una not a al
principio dice:

Las raíces est án en m ayúsculas, y no son palabras que est én en uso en


absolut o, pero sirven para elucidar las palabras agrupadas y la conex ión ent re
ellas.

Hay no poca incert idum bre, expresada por signos de int errogación, en la
form ulación de las raíces, y en la adscripción de las palabras a una u ot ra raíz,
pues m i padre vacilaba ent re diversas ideas et im ológicas; y en algunos casos
parece claro que la palabra est aba «allí», por así decir, aunque su et im ología
perm anecía por ciert o sin definir t odav ía, y no v iceversa. Con frecuencia las raíces
m ism as son de represent ación difícil, pues ciert as consonant es llevan signos
diacr ít icos que no se definen. Las not as sobre los nom bres que siguen dan
inevitablemente una impresión algo más positiva que la libreta en sí.
La ot ra libret a es un diccionar io de la lengua gnóm ica, Goldogrin, y m e referiré
a ella com o «LG» ( Léxico Goldogr in o Gnóm ico) . Ést a no est á ordenada

* En est a edición digit al las páginas m encionadas t ant o en el apéndice com o en el índice
analítico se corresponden con la edición original en papel. (N. del E. Digital)
hist óricam ent e, por raíces ( aunque ocasionalm ent e ést as se m encionen) , sino m ás
bien, en cuant o a proyect o al m enos, com o un diccionar io convencional; y cont iene
un núm ero not able de palabras. La libret a lleva por t ít ulo i·Lam na·Ngoldat hon (o
sea, 'la lengua de los Gnomos'): Goldogrin, con una fecha: 1917. Bajo el título está
escrito Erial Sarot hr on ( o sea, 'Eriol, el Viaj ero') , quien en ot ros sit ios es llamado
Angol, pero a quien su propio pueblo llama Ottor Wáefre (véase pág. 34).
La gran dificult ad es en est e caso la int ensidad con que m i padre ut ilizó est a
pequeña libret a, corrigiendo, elim inando, añadiendo, en un est rat o sobre ot ro, de
modo que a veces se vuelve muy difícil de interpretar. Además, los cambios hechos
a ciert as form as de una voz no necesariam ent e se act ualizan en las de ot ras voces
afines; así pues, las et apas de una concepción lingüíst ica en rápida expansión son
de represent ación sum am ent e difícil. Est as pequeñas libret as eran m at eriales de
t rabaj o, de ningún m odo el est ablecim ient o de ideas acabadas ( es por ciert o m uy
claro que el LG en part icular acom pañó m uy de cerca la com posición de los
Cuentos). Además, las lenguas cambiaban aun mientras el primer «estrato» estaba
siendo incorporado en LG; por ej em plo, la palabr a mô 'ovej as' fue reem plazada
luego por moth, pero después en el diccionar io uimoth 'ovej as de las olas' fue la
forma escrita por primera vez.
Es evident e que las lenguas en est a et apa est án ya respaldadas por una
est ruct ura hist ór ica ext rem adam ent e sofist icada y m uy int r incada desde el punt o
de vist a fonét ico; per o parece que ( para nuest ra frust ración y desdicha) m uy poco
es lo que sobreviv e de aquellos días en m at eria de descripción fonológica o
gramatical. No he encontrado nada, por ejemplo, que establezca, aun de la manera
m ás esquem át ica, las relaciones fonológicas ent re las dos lenguas. Exist e sí, en el
caso del quenya, ciert a descripción fonológica pr im it iva, pero las alt eraciones y sus
sust it uciones de que luego fue obj et o la convir t ieron en algo t an liado y frust rant e
( aunque el m at erial era de cualquier form a ext r em adam ent e com plej o) que no
pude hacer uso de ella.
Intent ar la ut ilización de m at eriales post eriores para la elucidación de las ideas
lingüíst icas del pr im er período de nada serv ir ía en est e libro. Pero la lect ura cabal
de est os dos vocabularios m uest ra del m odo m ás claro posible cuan profundo era
el com prom iso con el desarrollo de la m it ología y las lenguas, y sería gravem ent e
equív oco publicar los Cuent os Perdidos sin algún int ent o de m ost rar las conexiones
et im ológicas de los nom bres que aparecen en ellos. Por t ant o, doy t ant a
inform ación com o sea posible derivar de est as libr et as, pero sin una especulación
que nos apart e de ellas. Por ej em plo, es ev ident e que un elem ent o pr im it ivo de las
const rucciones et im ológicas era una ligera variación de las «raíces» ant iguas ( en
especial, consecuencia de las diferencias en la form ación de las consonant es) , que
con el correr del t iem po dieron sit uaciones sem ánt icas m uy com plej as; o que una
antigua «ablaut» vocálica (la variación de longitud o cualidad de las vocales en una
serie) est aba present e; pero he pensado que lo m ej or era pr esent ar el cont enido
de los diccionarios tan claramente como sea posible.
Vale la pena observar que, aquí y allá, m i padre int roduj o una especie de
«retruécano histórico»; así, por ejemplo, la raíz SAHA 'estar caliente' da (además de
saiwa 'calient e' o sára 'fogoso') Sahara 'sur', y de NENE 'fluir' prov ienen nen 'río',
nénu 'ninfea am arilla' y nénuvar 'est anque de lirios'; cf. nenuphar 'ninfea', francés
moderno nenúfar. Hay adem ás varias sem ej anzas con el inglés ant iguo que
ev ident em ent e no son fort uit as, com o hôr 'viejo', HERE 'regir', rûm 'secreto
(susurro)'.
Se puede advert ir que m uchos elem ent os de las lenguas post erior es, Quenya y
Sindar in, com o se las conoce por las obras publicadas, rem ont an al principio; las
lenguas, com o las leyendas, est aban en una evolución, una expansión y un
refinam ient o cont inuos. Pero la sit uación hist órica y las r elaciones de las dos
lenguas com o se las había concebido en est e t iem po, cam biaron post erior m ent e de
manera radical: véase págs. 66, 67.

El ordenam ient o del m at erial ha result ado difícil, y en verdad sin una m ej or
com prensión de las relaciones y sus cam biant es form ulaciones, difícilm ent e podría
result ar sat isfact orio. El sist em a que he adopt ado es sit uar grupos de palabras
et im ológicam ent e r elacionadas, t ant o en quenya com o en gnóm ico, baj o un
nom bre im port ant e que cont iene una de ellas; ot ras apariciones de una palabra de
est e grupo se refieren a est a voz ( por ej em plo, glor- en Glorvent , Bráglorín se
refieren a la voz Laurelin, donde se dan las asociaciones del quenya laurë 'oro'). Se
da cada uno de los nom bres de los Cuent os Perdidos que aparecen en est e
volum en, est o es, si se encuent ra alguna inform ación et im ológica contemporánea
relacionada con él: cada nombre que no se encuentre en la lista que sigue, o me es
del t odo im penet rable, o cuando m enos no es posible ident ificarlo con cert idum br e.
Tam bién se incluyen los nom bres elim inados, según el m ism o crit er io, pero se
sitúan bajo los nombres que los reemplazaron (por ejemplo, Dor Uswen figura bajo
Dor Faidwen).
La list a de los nom bres secundarios de los Valar que est án escrit os en las
páginas en blanco frent e al cuent o de La Llegada de los Valar ( véase pág. 117) se
señala como «lista de los nombres de los Valar». El signo > sólo se utiliza donde se
lo ut iliza en el diccionario gnóm ico, com o alfa > alchw a, que significa que uno
derivó hist óricam ent e del ot r o; no se ut iliza en est e Apéndice para r eferirse a
alteraciones que mi padre hizo en los mismos diccionarios.

***

Ainur Ent re los art ículos originales de LQ, figuran ainu 'dios pagano' y aini 'diosa
pagana', j unt o con áye '¡salve! ' y Ainatar 'I lúvat ar, Dios'. ( Por supuest o, dentro
del cont ex t o de la m it ología los Ainur no pueden considerarse «paganos».) LG
contiene Ain: «t am bién con form as m asculina y fem enina dist int ivas, Ainos y
Ainil, un Dios, o sea uno de los grandes Valar».
Alalminórë Véase Aldaron, Valinor. En LQ Alalminórë se explica «Tierra de los
Olm os, una de las prov incias de I nw inórë en la que est á sit uada Kort ir ion
(Warwickshire)»; o sea, Alalm inórë = Warw ickshire ( véase pág. 35) . Las
palabras gnómicas son lalm o larm, también lalmir 'olmo'.
Aldaron En LQ hay una raíz ALA 'esparcirse' con los derivados alda 'árbol', aldea
'som bra de árbol', aldëon 'avenida de árboles' y alalmë 'olm o' ( véase
Alalminórë). En LG est e nom bre de Orom ë aparece com o Aldor y Ormaldor
(Oromë es Orma en gnómico); ald 'madera'; cambiado luego por âl.
Alqaluntë LQ alqa 'cisne'; LG alcwi, con la correspondient e palabra en Qenya dada
aquí como alqë; alcwi cambió luego a alfa < alchwa.
Aluin Véase Lúmin.
Amulo Est a form a aparece en LQ, pero no se indica el significado; Amillion es el
mes de Amulo, febrero (una de las primeras voces).
Angaino Junt o con angayassë 'miseria', angaitya 'tormento', Angaino se da en LQ
separadam ent e de las palabras en las que aparece 'el hierro' ( véase
Angamandi) y se definió al pr incipio com o 'un gigant e', lo que fue corregido
luego por 'una gran cadena'. En LG Melko t iene el nom bre de Angainos con una
not a: «No confundir el Angainos Gnóm ico con el Qenya Angaino (Gnómico
Gainu), la gran cadena de tilkal». Bajo Gainu hay una not a post erior:
«popularm ent e relacionado con ang 'hierro', pero equivale en realidad a
'torturador'».
An ga m a n di LQ cont iene anga 'hierr o' ( que es la a de tilkal, pág. 126, angaino 'de
hierro', Angaron(ti) 'Mont añas de Hierro' y Angamandu o Eremandu 'Infiernos
de Hierro' ( con el post erior añadido: «o Angamandi, plur al») . Las form as
gnóm icas son ang 'hierro' ( com o en Angol, véase baj o Eriol) , angrin 'de hierro',
Angband, que ext rañam ent e, según se dice en LG es «la gran fort aleza de
Melko después de la Lam ent ación I nsondable hast a la bat alla del Est anque del
Crepúsculo» (cuando Tulkas finalmente derrotó a Melko). Véase Mandos.
Angol Véase Eriol.
Arvalin Véase Eruman.
Aryador Se dice ( pág. 148) que ést e es el nom bre ent re los Hom bres de Hisilóm ë;
pero de acuerdo con LG ést a era una palabra de origen I lkor in que significaba
't ierra o lugar de som bras'; LQ Arëandor, Arëanor «nom bre de un dist rit o
montañoso, la morada de la Gente Sombría» (véase pág. 291). Véase Eruman.
Asgon LG cont iene Asgon «nom bre de un lago de Dor Lóm in ( Hisilóm ë) , quenya
Aksanda»; LQ cont iene aksa 'cascada'; su equivalent e gnóm ico es acha. ( No se
arroja luz alguna sobre el nombre posterior Mithrim en los diccionarios.)
Aulë La palabra aulë 'velludo' se considera en LQ un derivado de la raíz OWO ( de
donde provienen t am bién oa 'lana' y uë 'vellón') , pero sin indicación que est o
tenga que relacionarse con el nombre del Vala. La forma gnómica de su nombre
es Óla, cam biada luego por Óli, sin que se diera m ás inform ación. En la list a de
los nom br es de los Valar Aulë es llam ado t am bién Tamar o Tamildo. Ést os se
incorporan en el LQ sin t raducción baj o la raíz TAMA Tundir, forj ar', con tambe
'cobre' ( la t de tilkal, pág. 126) , tambina 'de cobre', tamin 'forj a'; las palabras
gnóm icas son tan. 'cobre', tambin 'de cobre', tambos 'caldero'. Par a ot ros
nombres de Aulë, véase Talka Marda.
Aulenossë Para nossë 'pariente, gente', véase Valinor.
Aur Nombre gnómico del Sol; véase Ûr.

Balrog LG define Balrog com o «una especie de dem onio del fuego; criat uras y
sirv ient es de Melko» . Con el art ículo, la form a es i'Malrog, plural i'Malraugin.
Voces separadas incorporan bal 'angust ia' ( consonant e inicial or iginal mb- ),
balc 'cruel' y graug 'dem onio'. Se m encionan las form as quenyas araukë y
Malkaraukë. En LQ Malkraukë j unt o con ot ras palabras com o malkanë 'tortura'
se incorporan baj o la raíz MALA ( MBALA) '( aplast ar) , last im ar, dañar', pero la re-
lación de est o con MALA 'aplastar, apret ar' ( véase Olórë Mallë) no est aba
decidida según parece. Exist en t am bién Valkaraukë y valkanë, pero t am bién
esta relación queda oscura.
Bráglorin Definida en el t ext o ( pág. 230) com o el vaso r esplandecient e, pero
t raducida en LG com o «Carro Dorado, uno de los nom bres del Sol», con una
not a: «t am bién en form a analít ica i·Vreda 'Loriol»; brada 'coche, carro'. Para -
glorin, véase Laurelin.
Bronweg LG cont iene Bronweg «( el const ant e) , nom bre de un fam oso Gnom o»,
con palabras relacionadas t ales com o brod, bronn 'firme', bronweth
'const ancia'. En LQ Voronwë ( véase pág. 63) 'el fiel' deriva de la raíz VORO, con
vor, voro 'siempre', voronda 'fiel', vorína, 'eterno', etcétera. Cf. Vorotemnar.
La t erm inación com ún - weg no figura en LG, pero cf. gweg 'hombre', plural
gwaith.

Cû m a Gu m la it h 'El Mont ículo de la pr im era Pena', t um ba de Bruit hw ir, pág. 186.


LG cûm 'm ont ículo, especialm ent e m ont ículo funerario' ( t am bién cum- 'yacer',
cumli 'lecho'); gumlaith 'cansancio de espíritu, pena' (blaith 'espíritu').
Cû m a Thegranaithos Véase el art ículo precedent e. LG thegra 'primero,
delantero', thegor 'jefe'; naitha- 'dolerse, llorar, lamentar', naithol 'miserable'.

Danuin LG cont iene dana 'día ( 24 horas) ', con una referencia al quenya sana (que
no figura en LQ) ; Dana era el nom bre que precedía a Danuin ( pág. 273) .
También aparece en Lomendánar 'Días del Crepúsculo'.
Dor Faidwen En gnómico dar (> ndor- ) 'tierra (habitada), país, gente de la tierra';
véase Valinor.
Dor Faidw en es t raducido en el t ext o com o 'Tier r a de la Liberación' ( pág.
21) ; LG cont iene faidw en 'libert ad', y m uchas palabras relacionadas, comofair
'libre', faith 'licencia', fainu- 'liberar'.
Dor Faidw en fue el nom bre gnóm ico definit ivo de Tol Eressëa después de
m uchos cam bios ( pág. 31) , aunque poco es lo que puede averiguarse sobre las
prim eras form as. Gar en Gar Eglos es una palabra gnóm ica que significa 'lugar,
distrito'. Dor Us( g) wen: LG cont iene la r aíz us- 'irse, part ir' ( t am bién uthwen
'salida') y LQ baj o la raíz USU 'escapar', cont iene uswe 'salida, escape' y usin 'él
escapa'.
Dor Lómin Véase Valinor, Hisilómë.

Eärendel En una list a anot ada de nom bres que acom paña La caída de Gondolin
hay la sugerencia, at ribuida a Corazoncit o, hij o de Voronw ë, de que Eärendel
t enía «ciert o parent esco con ea y earen 'águila' y 'nido de águilas'», y en LQ
est as palabras ( am bas con la significación de 'águila') se sit úan con Eärendel,
aunque no est án explícit am ent e conect adas. En el cuent o m ism o se dice que
«hay m uchas int erpret aciones t ant o ent re los Elfos com o ent re los Hom bres»
del nom br e Eärendel, y se sugiere que era una palabra de «alguna lengua
secreta» hablada por la gente de Gondolin.
LG cont iene una voz: Ioringli «verdadera form a gnóm ica del nom br e de
Eärendel, aunque también se adoptó la forma eldar y a menudo se la encuentra
en est ado t ransit or io com o I arendel, I orendel» ( sobre la dist inción ent re
'gnóm ico' y 'eldar', véase págs. 65- 66) . Las palabras gnóm icas para decir
'águila' son ior, ioroth.
LQ cont iene la voz Eärendilyon «hij o de Eärendel ( ut ilizada para designar a
cualquier marinero)»; cf. pág. 21.
Eldamar Para el pr im er elem ent o, véase Eldar. En LQ las siguient es palabras se
dan en un grupo: m ar ( m as- ) 'm orada de los Hom bres, la Tierra, - landia',
mardo 'morador', mosto 'aldea' y - mas, equivalent e al inglés - ton, - by en los
nom bres de lugares ( cf. Mar Vanw a Tyaliéva; Korom as; i·Talka Marda 'Herrero
del Mundo', Aulë). En LG figuran bar 'hogar' (< mbar- ), y derivados como baros
'villorrio', también - bar como sufijo 'habitante de'.
El equivalent e gnóm ico de Eldamar era Eglobar ( Egla en gnóm ico = Egla en
quenya): «Eglobar 'Elfinesse' = Eldamar en quenya, est o es, Hogar de los
Elfos; la t ierra en el borde de Valinor donde habit ar on las hadas y const ruyeron
Cor. Tam bién en las form as Egla- bar, Eglam ar, Eglomar». En LQ se dice baj o
una voz m uy t em prana que Eldamar es «la orilla rocosa en la part e occident al
de Inwinórë (Faëry)»; «sobre esta roca se había construido la ciudad blanca lla-
mada Kôr».
Eldar En LQ Elda figura separadam ent e, sin conexiones et im ológicas, y se define
com o «un nada de playa o Solosimpë ( flaut ist a de la cost a) ». Est e es un at isbo
que asom a de una concepción ant erior a la que se da en los Cuent os Perdidos:
los Eldar eran originariam ent e los Elfos del Mar. En LG figura el art ículo Egla
«'un ser de fuera', nom bre que los Valar dieron a las hadas y adopt ado por
ellos m ism os en am plia m edida; equiv ale al quenya Elda» ( véase pág. 288;
también eg, êg 'lej os, dist ant e'. La asociación de los Eldar con las est rellas no
remonta al principio.
Erinti Aparece en LQ baj o una voz t em prana aislada ( luego t achada) . Nada se dice
nunca de ella en los Cuent os Perdidos, pero en esa not a se la llam a la Vala del
am or, la m úsica y la belleza, llam ada t am bién Lotessë y Akairis ('novia'),
herm ana de Noldor in y Am illo. Sólo est os t res ( est o es, de los Valar )
abandonaron Valinor y v iv ieron en I nwenórë ( Tol Eressëa) ; ella m ism a habit a
en Alalm inórë en un korin de olm os guardado por las hadas. La segunda m it ad
del mes de avestalis (enero) se llama Erintion.
No hay huellas de est o en ningún ot ro sit io; pero es evident e que cuando
Erint i se convir t ió en la hij a de Manw ë y Varda, fue reem plazada en Alalminórë
por Meril- i- Turinqi, la Señora de Tol Eressëa.
En la list a de nom bres de los Valar, Er int i es llam ada t am bién Kalainis; esta
palabra aparece en LQ con la significación de 'm ayo', uno de los m uchos
derivados de la raíz KALA (véase Galmir).
Eriol En La Cabaña del Juego Perdido ( págs. 22, 23) Erial se t raduce 'El que sueña
a solas'. En LQ los elem ent os de est a int erpret ación se analizan baj o las raíces
ERE 'perm anecer a solas' ( véase Tol Eressëa) y LORO 'dorm it ar' ( véase Lórien).
En LG aparece la not a cit ada en págs. 34- 35, en la que se dice que el gnóm ico
Angol y el quenya Eriollo eran los nombres de la región «entre los mares» de la
que venía Eriol ( = Angeln en la península danesa) ; y según ot ra not a aislada
Angol deriva de ang 'hierr o' y 61 'acant ilado'; y se dice que Eriol significa lo
m ism o «pues ést e es el nom br e que se les da a las hadas en el sit io [sic] de su
país ( acant ilados de hierro) ». Mer il se refiere a «las negras cost as de t u país»
( pág. 121) . En est a not a se dice que la int erpret ación 'El que sueña a solas' es
un juego de palabras sobre la parte de Lindo.
Para ang, véase Angamandi. LG cont iene ol, óla 'Acant ilado, precipicio sobr e
el m ar' con las form as quenyas ollo, old . LQ cont iene ere(n) 'hierro o acero', y
est e elem ent o apar ece t am bién en el nom bre alt ernat ivo Eremandu para
Angamandu 'Infiernos de Hierro'.
Eruman Los nom bres de est a región son t an difíciles com o la concepción original
de ella m ism a ( véase págs. 114- 115 y siguient es) . La form a Erumáni (que
aparece en los Cuentos t am bién com o Eruman) aparece en LQ baj o ERE 'fuera'
(cf. Neni Erúm ëar) sin m ás inform ación. LG cont iene un largo art ículo baj o
Edhofon, que equiv ale al quenya Erúmani: es «una t ierra oscura fuera de
Valinor y al sur de la Bahía de las Hadas, que se extendía hasta la base del lado
occident al de las Mont añas de Valinor; su m ás lej ano punt o nort e t ocaba las
raíces de Taniquet il, de donde Edhofon < E usm n - , es decir, m ás allá de la
m orada de los Mánir. De ahí t am bién el t ít ulo queny a Afalinan o Arvalion, esto
es, cerca de Valinor». Esto parece implicar que Taniquetil era «la morada de los
Mánir», com o es com prensible, pues los Mánir est aban part icularm ent e
asociados con Manwë ( las palabras gnóm icas m ona, m oni se definen com o 'es-
pírit us del aire, hij os de Manw ë') y por t ant o Erum an est aba m ás allá ( al sur
de) su morada. Véase Mánir.
LG afirm a que Edhofon era t am bién llam ado Garioth; y Gariot h es «la
verdadera form a gnóm ica» del nom br e Aryador ( palabra de origen I lk orin)
'tierra de sombras', aunque aplicada no a Hisilómë, sino a Edhofon/Eruman.
De acuerdo con LQ, Harwalin 'cerca de los Valar' cont iene har(e) 'cerca'; las
voces que figuran en LG result an dem asiado confusas com o para que puedan
cit arse, pues las form as Harwalin / Arvalin fueron cam biadas una y ot ra vez.
Baj o una voz post erior de LG figura el prefij o ar- 'j unt o a, al lado de'. Para
Habbanan, véase Valar.

Fa la ssë N ú m ë a Traducido en el t ext o ( pág. 155) com o 'Oleaj e Occident al'; véase
Palman, Númë.
Falman En LQ la r aíz FALA t iene los derivados falma 'espuma', falmar 'ola al
romper', falas(s) 'cost a, playa', Palman = Ossë; cf. Falassë Núm ëa, Falm aríni.
LG cont iene falm 'ola', falos 'orilla, oleaj e', Falmon o Falathron «nom bres de
Otha [Ossë], = quenya Palman y Falassar».
Falmaríni Véase Falman.
Fanturi En LQ fant ur, sin t raducción, pero referido a Lórien y Mandos; aparece
bajo la raíz FANA, con varios derivados, todos relacionados con visiones, sueños,
quedarse dorm ido. En LG ( una voz de incorpor ación t ardía) la form a es
Fanthor, plural i·Fanthaurin «el nom bre de cada uno de los dos herm anos, el
sueño y la muerte».
Fanuin LG cont iene fann 'año'. Para los nom bres desechados Lat hos, Lat hweg
(pág. 273), véase Gonlath.
Faskala- n ú m e n , Fa sk a la n Traducido en el t ext o ( pág. 230) com o 'Baño del Sol
Ponient e'. LG cont iene fas- 'lavar', fase 'limpiar', fasca- 'salpicar, rociar', fôs
'baño'. Para - numen, véase Númë.
Feanor El único dat o de que se dispone para la significación de est e nom bre figur a
bajo Fionwë- Úrion.
Fingolma Véase Nólemë.
Finwë Com o nom br e propio, no figura en los diccionar ios, pero LG cont iene un
nom bre com ún, finweg 'art esano, hom bre hábil' ( con Jim 'ingenioso, diest ro', y
ot ras palabras afines) ; para - weg, véase Bronweg. En LQ los derivados de la
raíz FINÍ dan finwa 'sagaz', finië, findë 'astuto'. Véase Nólemë.
Fionwë- Úrion Fión 'hij o' se da separadam ent e en LQ ( una apresurada adición
t ardía) , con la not a «especialm ent e Fion( w ë) el Vala». En gnóm ico se llam a
'Auras Fionweg o Fionaur Fionor'. En una voz t ardía de LG « Fionaur ( Fionor) =
quenya Fëanor ( forj ador de copas) », y ent re las voces originales figuraron
'cuenco, copa'. No hay indicación de que esto se refiera a Feanor el Gnomo.
Para el segundo elem ent o ( Úrion, Auras) , véase Ûr. En la list a de nom bres
de los Valar, Fionwë se llama Kalmo; véase Galmir.
Fui En LQ figuran hui 'niebla, oscuridad, lobreguez, noche' y huiva 'lóbrego', y
también 'Fui ( = huí) esposa de Vê'. En gnóm ico es llam ada Fuil 'Reina de la
Oscuridad', y las palabras afines son fui 'noche', fuin 'secreto, oscuro'.
fumellar Las 'flores del sueño' ( am apolas) en los j ardines de Lórien ( pág. 95) . LQ
baj o la raíz FUMU 'sueño' cont iene fúmë 'sueño' ( sustantivo), fúm ella, fúm ellot
'amapola'.

Galmir Traducido en el t ext o ( pág. 230 com o «el cent elleo del oro» ( uno de los
nom bres del Sol) . Est e es un derivado del gnóm ico gal- 'brillar ', que en queny a
es KALA 'brillo del or o', raíz de la que se dan m uchos derivados en LQ, com o
hala- 'brillar', kálë 'mañana', kalma 'luz del día', Kalainis 'm ayo' ( véase Erinti),
kalwa 'herm oso', et cét era. Cf. Kalorm ë, Kalavent ë y I ·kal ant úlien 'Ha vuelt o la
luz' (pág. 227).
Ga r Lossion Traducido en el t ext o ( pág. 25) com o «Sit io de Flores» ( nom bre
gnóm ico de Alalm inórë) . Para Gar, véase Dor Faidwen. LG cont iene lost
'pim pollo' y lôs 'flor', pero se observa que probablem ent e no t ienen conex ión y
que es m ás verosím il que lôs est é relacionado con lass 'hoj a', t am bién ut ilizada
como 'pét alo'. ( LQ cont iene lassë 'hoja', lasselanta 'caída de las hoj as, ot oño'.)
Véase Lindelos.
Glorvent Para el elem ent o Glor- , véase Laurelin. LG cont enía Glorben(d) 'barco de
oro', cam biado luego por Glorvent 'baj el de oro'; benn 'form a, cort e', benc,
bent 'baj el pequeño'. LQ cont iene la raíz VENE 'form a, cort e ahuecado' con los
derivados venië, venwë 'forma, corte' y venë 'bajel pequeño, vaso, plato'. Cf. el
t ít ulo del dibuj o del «Barco del Mundo» , I Vene Kem en ( véase pág. 106) y el
nombre del Sol, i·Kalaventë (Kalavénë).
Golfinweg Véase Nólemë, Finwë.
Gondolin LQ no incorpora este nombre, pero ondo 'piedra' aparece bajo la raíz ONO
'duro'. En LG se dice que Gondolin equivale al quenya Ondolin ( cam biado luego
por Ondolinda) 'piedra cant ant e'. Hay t am bién un ar t ículo gond 'piedra grande,
roca'; m ás t arde est o se cam bió por gonn, y una not a añadía que Gondolin
equivalía a Gonn Dolin, junto con el artículo dólin 'canto'. Véase Lindelos.
Gong LG no da m ás inform ación que la cit ada en pág. 300 not a 10, pero se refiere
a sithagong 'libélula' [sitha 'mosca', Sithaloth o Sithaloctha ( 'enj am bre de
moscas'), las Pléyades].
Gonlath Est e es el nom bre de la gran roca sit uada sobre Taniquet il a la que se
suj et ó la cuerda de Fanuin ( pág. 269) ; el segundo elem ent o, por t ant o, debe
ser lath 'año', que aparece t am bién en los nom br es desechados de Fanuin,
Lathos y Lathweg (pág. 273). Para Gon- , véase Gondolin.
Gwerlum Est e nom bre figura en LG con la t raducción 'Tej edor de Tinieblas'; gwer-
'serpent ear, volverse, t orcer', pero t am bién ut ilizada en el sent ido de la raíz
gwidh- 't ej er, plegar'. LQ cont iene la raíz GWERE 'arrem olinar, girar, ret orcerse',
pero el nom bre Wirilómë de la gran Araña est á baj o la raíz GWIDI, de la que
provienen windelë 'hilar', winda 'trama', wistë 'tej ido'. Ést e debe de ser el sit io
que le corresponde al gran rem olino Wiruin ( pág. 207) , que no figura en los
diccionarios. Para el elemento - lómë, - lum, véase Hisilómë.

H a loisi V e lik ë ( Sobre el dibuj o del « Barco del Mundo», pág. 107) En LQ haloisi 'el
mar ( en una t orm ent a) ' figura baj o la r aíz HALA, con ot ros derivados, haloitë
'agitado', halla- 'saltar'.
Al quenya velikë 'grande', corresponde el gnóm ico beleg 'poderoso, grande'
(como en Beleg el Arquero en el cuento de Túrin).
Helkar En LQ baj o la raíz HELE figura helkë 'hielo', helka 'glacial', hilkin 'hiela',
halkin 'congelado'. LG cont iene hele, heleg 'hielo', hel- 'helar', heloth
'escarcha', et cét era, y helcor 'frío árt ico, congelación com plet a'; est o últ im o fue
cam biado por helchor «'frío ant árt ico, congelación com plet a del sur' ( el pilar de
la Lámpara Austral). Quenya Helkar».
Helkaraksë Véase Helkar; Helkaraksë no figura en ninguno de los diccionarios y el
segundo elem ent o es oscuro, a no ser que se lo relacione con el quenya aksa
'cascada' (véase Asgan).
Heskil La raíz HESE 'inv ierno' en LQ t iene los derivados Heskil 'invernal', Hesin
'invierno', hessa 'm uert o, m archit o', hesta- 'm archit ar'. En LG figuran Hess
'inv ierno, especialm ent e com o nom bre de Fuil' y hesc 'm archit o, m uert o;
helado'. Para otro nombre de Fui Nienna, véase Vailimo.
Hisildi Véase Hisilómë.
Hisilómë Baj o la raíz HISI LQ cont iene hísë, hist ë 'crepúsculo', Hisinan 'Tierra del
Crepúsculo'. Para la traducción de Hisilómë como 'Crepúsculos Sombríos', véase
pág. 140.
La raíz LOMO t iene varios derivados, com o lómë 'crepúsculo, lobreguez,
oscuridad', lómëar 'hij o de la lobreguez' ( cf. Lóm ëarni) , lóm in 'sombra', lomir
'm e escondo', lomba 'secret o'. Cf. Wirilómë. Las palabras gnóm icas son lôm
'lobreguez, som bra', lómin 'som brío, t enebroso y com o sust ant ivo lobreguez':
así pues, Dor Lóm in. Los m ism os elem ent os se dan en Lomendánar 'Días del
crepúsculo'.

Ilinsor Palabra incorporada t ardíam ent e en LG, da Glinthos, igual al quenya


Ilinsor, Tim onel de la Luna. El prim er elem ent o es probablemente glint 'cristal'.
Ilinsor no figura en LQ.
Ilkorin El prefij o negat iv o il- aparece en am bos diccionarios; en LG se dice que il-
«denota lo opuesto, lo contrario, es más que una mera negación». Véase Kôr.
Ilsaluntë ( Nom bre de la Luna.) lisa figura en LQ com o «el nom bre m íst ico de la
plat a, com o laurë lo es del oro»; es la i de tilkal, pág. 126. Para luntë 'barco',
véase Alqaluntë. El nom bre gnóm ico es Gilthalont; se dice que giltha 'metal
blanco' equivale a celeb 'plata' (quenya telpë), pero ahora con inclusión de gais
'acero', ladog 'est año', et cét era, en oposición a culu 'oro'; y se dice que culu es
la palabra poét ica con que se designa el oro, pero «t am bién se usa
m ít icam ent e com o nom bre de la clase de t odos los m et ales roj os y am arillos,
como giltha se dice de todos los que son blancos y grises». Véase Telimpë.
Ilterendi En el t ext o los gr illet es son llam ados Ilterendi «porque no pueden ser
lim ados ni part idos» ( pág. 126) , pero la raíz TERE en LQ t iene derivados con el
sentido de 'horadar' (tereva 'agujerear', teret 'barrena, taladro').
Ilúvatar No cabe la m enor duda de que la significación original de Ilúvatar era
'Padre- Cielo' (en LQ se encuentra atar 'padre'); véase Ilwë.
Ilverin Nom bre élfico de Corazoncit o, hij o de Br onw eg. El nom bre desechado
Elwenildo (pág. 67) contiene la palabra elwen 'corazón' que figura en LQ; en LG
figura la palabra ilf 'corazón ( especialm ent e referida a los sent im ient os) ', y
varios nombres (Ilfin(g), Ilfiniol, Ilfrith) que corresponden al quenya Ilwerin.
Ilwë En LQ se dice que la palabra ilu significa «ét er, los aires sut iles ent re las
est rellas», m ient ras que en LG se dice que el nom bre Gnómico Ilon de I lúvat ar
equivale al quenya Ilu. En LQ ilwë se definió prim er o com o 'cielo', con el
post erior añadido « el aire azul que est á alrededor de las est rellas, las capas
m edias»; a est o corresponde en gnóm ico ilwint, palabra sobre la que se explica
en LG que la ver dadera form a ilwi o ilwin se perv irt ió convirt iéndose en ilwint
por asociación con gw int 'cara', com o si significara 'cara de Dios'. Ot ras
palabras que se encuent ran en gnóm ico son I lbar, I lbarot h «cielo, región
superior m ás allá del m undo»; I lador, I lat hon o I lúvat ar, ilbrant 'arco iris'
(véase Ilweran).
Ilweran LQ cont iene I lw eran, I lwerant a 'arco ir is' ( ot ra palabra para arco iris en
quenya es Iluqinga, en la que qinga significa 'arco'; qingi- 'vibración de cuerdas,
arpa') . En gnóm ico las form as correspondient es son Ilbrant o Ilvrant, de las
que se dice en LG haberse asociado erradam ent e con brant 'arco ( para
disparar) '; el segundo elem ent o se relaciona m ás bien con rantha 'arco,
puente', como lo muestra Ilweran(ta) en quenya.
Ingil En LG los nom bres gnóm icos de los hij os de I nw ë son Gilweth y Git hilm a; Gil
es la est rella Sir io y se dice que es el nom bre de Gilwet h después que se elevó
a los cielos y «a sem ej anza de una gran abej a port adora de m iel llam eant e
siguió a Daim ord [ Telim ekt ar, Orion] »; v éase las palabras Nielluin, Telim ekt ar.
No se da explicación de est os nom bres, pero Gil(weth) est á claram ent e
relacionado con un gil- 'brillar', gilm 'luz de luna', giltha 'm et al blanco' ( véase
Ilsaluntë). Para Githilma, véase hil.
Inwë En LQ est e nom bre, «el del anciano rey de las hadas que las conduj o al
m undo», deriva de la raíz INI 'pequeño', y t am bién der iva de ella el adj et ivo
inya y los sust ant ivos I nw ilis, I nw inórë 'Hada' e 'I nglat erra' ( est e últ im o
t achado) . Aquí se decía que Tol Eressëa se había llam ado Inwinórë por I nw ë,
pero est o fue luego cam biado, y se dice que se le dio el nom bre de Ingilnórë
por su hij o I ngil. Est as palabras se relacionan con una m uy t em prana
concepción ( véase Alalm inórë, Eldam ar) . Para ot ros nom bres de I nw ë, véase
Inwithiel, isil.
Inwir Véase Inwë. En LG al «noble clan de los Tilt hin» ( Teler i) se lo llam a los
Imrim, singular Im (véase Inwithiel).
Inwithiel En los textos Inwithiel, nombre gnómico del Rey Inwë, es una corrección
de (Gim)Githil (págs. 32, 162). En LG los nombres Inwithiel, Githil se dan como
añadidos a sus nombres propiamente dichos Inweg o Im. Véase Isil.
Isil En el cuento de La Llegada de los Elfos (pág. 144) a Inwë se lo llama Isil Inwë,
y en LG la form a gnóm ica que le corresponde a Isil es Githil ( al nom br e de su
hijo Githilma corresponde el quenya Isilmo). En LQ figura una raíz ISI (iska
'pálido', is 'nieve ligera') , cuyo equivalent e gnóm ico es ith- o git h- ; GL cont iene
la palabra ith 'nieve fina'.
Kalaventë Véase Galmir, Glorvent.
Kalormë Est a palabra figura en LQ ent re los der ivados de la raíz KALA (véase
Galmir), con la significación « pico de m ont aña por sobre el que sale el Sol».
Orme equivale a 'cum bre, pico' de una raíz ORO, aparent em ent e con el sent ido
base de 'elevarse': or 'sobre', oro 'montaña', oro- 'subir', orto- 'levantar',
oronta 'escapado', orosta 'ascenso', et cét era; gnóm ico or 'sobre, encim a de';
orod, ort 'montaña', orm 'cumbre', oros, orost - 'lev ant arse'. Cf. Orom ë, Orossi,
Tavrobel.
Kapalinda ( La fuent e del r ío en el sit io de la proscripción de los Noldoli en
Valinor.) LQ incluye kapalinda 'surt idor de agua' ent re los derivados de la raíz
KAPA 'saltar, surgir'; linda es un elemento oscuro.
Kaukereldar Baj o la raíz KAWA 'inclinarse' figuran los der ivados kauka 'torcido,
doblado, j iboso', kauko 'jorobado', kawin 'm e inclino', kaure 'miedo', kaurea
'tímido'.
Kelusindi ( El río en el lugar de la proscripción de los Noldoli en Valinor, pág. 194,
llam ado en el t ext o Sirnúmen.) En LQ, baj o la r aíz KELE, KELU 'fluir, got ear,
rezum ar' figuran m uchos derivados, con inclusión de kelusindi 'un río', t am bién
kelu, kelumë 'corriente', kektelë 'fuente' (también en la forma ektelë), etcétera.
Para - sindi, véase Sirion.
Kémi LQ cont iene kemi 't ierra, suelo, t erreno' y kemen 'suelo', provenient es de la
raíz KEME. El nom bre gnóm ico es Címir, que equiv ale al quenya Kémi 'Madre
Tierra'. Ex ist e t am bién una palabra gnómica, grosgen 'suelo' en la que - gen
equivale al quenya kémi.
Koivië- néni «Aguas del Despert ar». En LQ, baj o la raíz KOYO 't ener vida' figuran
los der ivados koi, koirë 'vida', koitë 'ser viv ient e', koina, koirëa 'vivo', koiva
'despierto', koivië 'despert ar'. En LG figuran cuil 'vida', cuith 'vida, cuerpo
viv ient e', et cét era; cwiv- 'est ar despiert o', cwivra- 'despertar', cuivros
'despertarse': Nenin a Gw ivros 'Aguas del Despert ar'. Para - néni, Nenin, véase
Neni Erúmëar.
Kópas LQ cont iene kópa 'puert o', la única palabra que figura baj o la raíz KOPO
'prot eger, guardar'. LG cont iene gobos 'puert o' con una referencia al quenya
kópa, kópas; también gob 'hueco de la mano', gobli 'valle'.
Kôr En LQ est e nom bre figura baj o la raíz KORO '¿venerar?', con la not a «la ant igua
ciudad edificada sobre las rocas de Eldam ar, de donde las hadas part ieron para
ent rar en el m undo» ; t am bién sit uadas allí est án korda 'templo', kordon 'ídolo'.
La form a gnóm ica dada aquí es Côr, pero en LG Côr ( «la m ont aña de las hadas
y la ciudad const ruida sobre ella cerca de las cost as de la Bahía de las Hadas»)
fue reem plazada por Gw âr, Goros, «equiv alent e al quenya Kôr, la ciudad sobre
la m ont aña redonda». Est a int erpret ación del nom bre Kôr evidentemente
reem plaza a la de LQ, que pert enece al pr im er est rat o de voces. Para m ás
detalles, véase korin.
korin Véase Kôr. En LQ hay una segunda raíz KORO ( es decir, dist int a de la que dio
Kôr); est a significa 'ser redondeado, rodar', y t iene derivados com o korima
'redondo', kornë 'hogaza', t am bién korin «un claust ro circular, especialm ent e
en la cim a de una m ont aña». Al m ism o t iem po que Côr fue reem plazada por
Gw âr, Goros en LG, se incorporó la palabra gorin ( gw arin) 'círculo de árboles',
equivalent e al quenya korin, y t odas est as form as derivan de la m ism a raíz
(gwas- o gor- < guor, equivalent e al quenya kor- ), que parecería significar
'redondez'; así, en el cuent o de La Llegada de los Elfos, «los Dioses llam aron a
esa colina Kôr, porque era redonda y suave» (pág. 152).
Koromas Una voz separada incorporada t em pranam ent e define Kormas ( la form a
en el t ext o ant es de ser reem plazada por Koromas, página 32) de la m anera
siguient e: «la nueva capit al de las hadas después de ret irarse del m undo host il
a Tol Eressëa, ahora I nw inórë. Se la llam ó así en m em oria de Kôr y porque su
torre más alta se llamaba también Kortirion». Para - mas, véase Eldamar.
Kortirion La palabra tirion 't or re poderosa, ciudad en la cim a de una m ont aña'
figura en LQ baj o la raíz TIRI 'erguirse', j unt o con linda 'asta', tirin 't orre alt a',
tirios 'ciudad am urallada con t orres'. Exist e ot ra raíz TIRI cuya consonant e
m edia es de nat uraleza diferent e y significa 'vigilar, m ont ar guardia; m irar,
observar', de la que deriva tiris 'v igilancia, vigilia', et cét era. En LG figuran tir-
'est ar a la expectativa, esperar', tirin ( form a poét ica tirion) 'garit a, t orr ecilla',
Tirimbrithla 'la Torre de Perlas' (véase Silmarilli).
Kosomot Hij o de Melko ( véase pág. 117) . Con un segundo elem ent o diferent e,
Kosomoko, est a palabra figura en LQ baj o la raíz MOKO 'odiar' (mokir 'y o odio')
y se dice allí que la form a gnóm ica correspondient e es Gothmog. El prim er
elemento proviene de la raíz KOSO 'luchar', en gnómico goth 'guerra, lucha', con
muchas palabras derivadas.
Kulullin En LQ est e nom bre no figura ent re los derivados de KULU 'oro', ni t am poco
aparece ent re las palabras gnóm icas ( en su m ayoría nom bres del Sol) que
contienen culu en LG. Para las significación de culu en gnóm ico, véase
Ilsaluntë.

Laisi Véase Tári- Laisi.


Laurelin En LQ figuran laurë 'oro' ( casi con igual significación que kulu) , laurina
'dorado'; laurë es la l final de tilkal ( pág. 126, donde se dice que es el nom bre
«m ágico» del oro, com o ilsa lo es de la plat a) . Las palabras gnóm icas son glôr
'oro', glôrin, glôriol 'dorado', pero LG no contiene nombres del Árbol de Oro. Cf.
Bráglorin, Glorvent.
limpë limpë 'bebida de las hadas' figura en LQ baj o la raíz LIPI, j unt o con lipte-
'gotear', limptë 'pequeña got a', lipil 'v aso pequeño'. Las formas
correspondient es en LG son limp o limpelis 'la bebida de las hadas', lib-
'gotear', lib 'gota', libli 'vaso pequeño'.
Lindeloksë Una de las veces que aparece en los t ext os, es una corrección de
Lindeloktë, corregido a su vez y reem plazado por Lindelos ( pág. 32) , ot r as una
corrección de Lindelótë sin m odificaciones post erior es ( págs. 101, 163) . Véase
Lindelos.
Lindelos Linde- es uno de los m uchos derivados de la raíz LIRI 'cant ar', com o Un
'melodía', lindelë 'canción, m úsica', lindelëa 'melodioso', lint 'poema', lirilla
'endecha, canción' (cf. la tirípti lirilla de Rúmil, página 62), y el nombre del Vala
Lirillo. En LG figuran lir- 'cant ar' y glir 'cant o, poem a'. Lindelos no figura en LQ,
que cont iene el nom bre desechado en el t ext o Lindeloktë ( pág. 32) , t raducido
aquí 'ramo cantante, laburno'.
Loktë 'capullo ( de flores en ram os) ' deriva de la r aíz LOHO, com o t am bién
deriva de ella lokta- 'brot ar, dar hoj as o flores'. Se dice que ést a es una form a
ext endida de la raíz OLO 'ext rem o', de la que prov ienen olë 'tres', olma 'nueve',
ólemë 'codo'. Ot ra form a ext endida de est a raíz es LO' O, de la que deriv an lótë
'flor' ( y - lot 'la form a com ún en los nom bres com puest os') y m uchas ot ras
palabras; cf. Lindelótë, ot ro nom bre desechado del Árbol de Oro ( págs. 101,
163), Wingilot. Para las palabras gnóm icas, véase Gar Lossion. En LG no figur a
nom bre alguno del Árbol de Oro, pero de hecho era Glingol (que
originar iam ent e aparecía en los t ext os, véase pág. 32) ; en LG figura glin
'sonido, voz, em isión' ( t am bién lin 'sonido') , con una not a que indica que - glin,
- grin es un sufijo en los nombres de las lenguas, como el gnómico Goldogrin.
Lirillo (Uno de los nombres de Salmar- Noldorin, pág. 179.) Véase Lindelos.
Lómëarni ( Uno de los nom br es de los Elfos Oscuros, págs. 299- 300, not a 6.)
Véase Hisilómë.
Lomendánar «Días del Crepúsculo» (pág. 88). Véase Hisilómë, Danuin.
Lórien Derivado de la raíz LORO 'adorm ecim ient o', j unt o con lor- 'adormecerse',
larda 'adorm ilado, som nolient o'; t am bién olor, olorë 'sueño', olórëa
'ensoñador'. ( Para una form ulación m uy post erior de las palabras que
provienen de est a raíz, con inclusión de Olórin [ Gandalf] , véase Cuentos
Inconclusos, pág. 497). En LG figuran lûr 'adormecimiento', Lúriel, reemplazado
por Lúrin, que equivale al quenya Lórien, y t am bién olm , olot h, olor 'sueño,
aparición, visión', oltha 'most rarse com o aparición'. Cf. Erial, Olofant ur, Olórë
Mallë.
Lúmin ( Nom bre desechado de Aluin 'Tiem po', pág. 273.) En LG figura lûm
'tiempo', luin 't ranscurrido, pasado', lu 'ocasión, m om ento', lûtha 'paso ( del
tiempo), llegar a suceder'. Quizá Aluin pertenezca también a este grupo.
Luvier He t raducido est a palabra en el dibuj o del « Barco del Mundo» com o 'Nubes'
( pág. 108) sobre la base de las palabras que figuran en LQ com o deriv adas de
la raíz LUVU: luvu- 'encapot arse, cernerse', lumbo 'nube oscura y baj a', lúrë
't iem po oscuro', lúrëa 'oscuro, anublado'. En LG figuran lum 'nube', lumbri 'mal
tiempo', lumbrin, lumba 'anublado', lur- 'estar bajas las nubes'.

Makar En LQ ( «Dios de las Bat allas») figura baj o la raíz MAKA, j unt o con mak-
'matar', makil 'espada'. Su nom bre gnóm ico es Magron o Magorn, relacionado
con las palabras mactha- 'matar', macha 'carnicer ía, bat alla', magli 'una gran
espada'. Véase Meássé.
En la list a de nom bres de los Valar, Mak ar es llam ado t am bién Ramandor.
Ése era el nom bre original del Rey de las Águilas en La Caída de Gondolin,
reemplazado luego por Sorontur. En LQ, bajo la raíz RAMA (rama- 'gritar', rambë
'grito', ran 'ruido') Ramandor se traduce como 'el Gritón, equivalente a Makar'.
Mandos Est e nom bre se ident ifica en LQ com o 'las est ancias de Vê y Fui
(infierno)', y se lo compara con - mandu en Angamandu 'Infiernos de Hierro'. En
LG figura el siguient e art ículo: «Bandoth [reemplazado luego por Bannotk] (cf.
Angband) equivale a Mandos: 1) la región de las alm as de los m uert os que
esperan, 2) el Dios que j uzgaba a los Elfos y los Gnom os m uert os, 3) ut ilizado
sin propiedad exclusivamente para designar sus estancias, llamadas en realidad
Gwê [ reem plazado luego por Gwî] o Ingwi». Para la dist inción ent re la región
Mandos, en la que vivían los dioses de la muerte, y sus recintos Vê y Fui, véase
págs. 97, 98, 113- 114.
Mánir No figura en LQ; pero en LG figura «móna o móni: los espír it us del aire,
hij os de Manw eg». En el art ículo siguient e se incluyen nuevas relaciones:
«manos (plural manossin): espírit u que ha ido al encuent ro de los Valar o de
Erum áni ( Edhofon) . Cf. móna, quenya mánë». Véase Eruman y págs. 114 y
siguient es. Ot ras palabras son mani 'bueno ( sólo se dice de los hom bres o los
caract eres) , sant o' ( LQ manë 'bueno [ m oral] '), mandra 'noble' y Manweg
(quenya Manwë).
Manwë Véase Mánir. Los nombres gnómicos son Man y Manweg (para - weg, véase
Bronweg).
M a r V a n w a Tya lié v a Para Mar, véase Eldamar, y para Vanwa, véase Qalvanda.
Tyalië 'juego, partida' figura como voz aislada en LQ bajo la raíz TYALA.
Meássë Una apresurada not a post erior en LQ añade Meássë «herm ana de Makar,
Am azona con los brazos ensangrent ados» a la raíz MEHE '¿m anar?', de la que
proviene mear 'coágulo'. En LG es Mechas y Mechot hli ( m eechor 'coágulo') , y
se la llam a t am bién Magrintha 'la de las m anos roj as' (magru equivale a macha
'm at anza, bat alla', magrusaig 'sedient o de sangre') . En la list a de nom bres de
los Valar se la llam a Rávë o Ravenni; en LQ la raíz RAVA t iene m uchos
derivados, com o rauta- 'cazar', raust 'cacería, acechanza', Raustar, uno de los
nom bres de Orom ë, rau (plural rávi) 'león', ravennë 'leona', Rávi, uno de los
nom bres de Meássë. En LG figuran form as m uy sim ilares: rau 'león', rausta
'cazar', raust 'cacería'.
Melko El nom bre se incorpora en LQ, pero sin indicación de afinidad et im ológica.
En LG el nombre correspondiente es Belca, cambiado luego por Belcha, con una
not a que refiere el nom bre al quenya velka 'llam a'. En la list a de los nom bres
de los Valar se lo llam a Yelur (raíz DYELE, de la que prov ienen las palabras
quenyas yelwa 'frío', Yelin 'inv ierno') ; la form a gnóm ica es Geluim , Gieluim
«nom bre de Belca cuando ej erce la función cont raria de prov ocar un frío int en-
so, quenya Yeloimu», cf. Gilim 'inv ierno'. Melko es t am bién llam ado en la list a
de nom br es Ulban(d), que se define en LQ com o 'm onst ruo', baj o el prefij o
negativo UL- ; su hij o Kosom ot ( Got hm og) era 'Ulbandi' ( pág. 117) . Ot ros
nom bres que se le da en gnóm ico son Uduvrin (véase Utumna) y Angainos
(véase Angaino).
Meril- i- Turinqi Meril no figur a en LQ, pero sí turinqi 'reina' j unt o con m uchos
ot ros derivados de la raíz TURU 'ser fuert e', con inclusión de Turambar
(Turumarto) y tur 'rey'. En LG figuran tur- 'poder, t ener la capacidad de', tur
'rey', turwin 'reina', turm 'aut oridad, r egencia; fort aleza' turinthi 'princesa,
especialmente título de Gwidhil". Cf. Sorontur, Valatúru, Tuor.
En GL hay asim ism o las siguient es adiciones: ' Gwidhil- i- Durinthi equivalente
a Meril- i- Turinqi Reina de las Flores; gwethra 'floración, florecer'; y la raíz
gwedh- es aquí comparada al quenya mer- , que no figura en QL.
Minethlos En LG figuran min 'único, solo', mindon 't orre, t orrecilla o pináculo que
se levant a aislado', mineth 'isla', Minethlos 'I sla argent ina ( la Luna) '; la m ism a
t raducción aparece en el t ext o, pág. 237. Baj o la raíz MÍ en LQ figuran mir
'uno', minqë 'once'; y baj o la r aíz MINI mindon 't orrecilla'. El segundo elem ent o
de Minethlos debe ser de hecho lôs 'flor' (véase Gar Lossion).
Miruvor En LQ figura miruvórë 'néct ar, bebida de los Valar' ( véase pág. 199) ,
j unt o con miru 'v ino'. En LG, mirofor (o gurmir) 'bebida de los Dioses', mîr,
miras 'vino'.
Moritarnon 'Puert a de la Noche' ( véase Momië). En LG figuran tarn 'portón',
tarnon 'portero'. Cf. Tarn Fui.
Mornië No figura en LQ, pero es uno de los m uchos deriv ados de la raíz MORO,
como moru- 'esconder', mori, 'noche', m orna, m orqa 'negro', morion 'hij o de la
oscuridad'. ( Un caso curioso es Morwen 'hij a de la oscuridad', Júpit er . En el
cuent o original de Túrin, su m adre no se llam aba Morw en.) El nom bre gnóm ico
del barco de la m uert e es Mornir, un agregado post erior a las palabras morn
'oscuro, negro', morth 'oscuridad', mortha 'en penum bra', j unt o con la not a «el
barco negro que viaj a regular m ent e ent re Mandos y Erum áni, quenya Mornië
( Pena Negra) ». El segundo elem ent o es por t ant o nîr 'pena' ( < niër- ), al que
corresponde el quenya nyérë. Cf. Moritarnon, Móru, Morwinyon.
Móru Un agregado post erior en LG dice Muru «nom bre de la Noche prim ordial
personificada com o Gw er lum o Gungliont », de ahí que en el t ext o lea
preferentemente Móru en lugar de Morn ( pág. 193) . Ent re los art ículos
originales de LG, figura múri 'oscuridad, noche'. Véase Mornië.
Morwinyon Est e nom bre de la est rella Arct urus se t raduce en el t ext o ( pág. 224)
com o 'chispa del crepúsculo', y LQ baj o la raíz MORO (véase Mornië], lo t raduce
'chispa en la oscuridad'. LQ contiene la raíz GWINI, con la palabra derivada wintil
'chispa'.
El nom bre gnóm ico es Morwinthi; probablem ent e afines son gw im , gw inc
'chispa, resplandor', gwimla 'pestañar, titilar'.
Murmenalda Traducido en el t ext o com o 'Valle del Sueño', 'Valle del Sopor' ( págs.
285, 289) . En LQ, baj o la raíz MURU, figuran muru- 'dormitar', murmë 'sopor',
murmëa 'soporífero'. El segundo elem ent o proviene de la raíz NLDL, cuyos
derivados en LQ son nal(lë) 'v alle' y nalda 'cuenca', em pleado com o adj et ivo.
En gnóm ico se dan nal 'valle', nal 'abaj o, hacia abaj o', nalos 'hundir, resbalar',
Nalosaura 'puesta de sol', etcétera. Cf. Murmuran.
Murmuran Véase Murmenalda. En LG figura la for m a gnóm ica que corresponde al
quenya Murmuran como Mormaurien 'm orada de Lúriel', pero parece t ener una
et im ología diferent e: cf. Malmaurien equivalent e a Olórë Mallë, el Sendero de
los Sueños, maur 'sueño, visión'.

Nandini En una hoj a suelt a donde aparece una list a de los diversos clanes de los
'duendes', los Nandini son 'duendes de los valles'. En LQ figur a la raíz NARA con
los der ivados nan(d) 't ierra boscosa', nandin 'dríada'; en LG figura nandir
'duende del cam po', quenya. nandin, j unt o con nand 'cam po' ( plural nandin
'país'), nandor 'granjero', etc.
Nauglath En LG hay las siguient es palabras: naug y naugli 'enano', naugla 'de los
enanos', nauglafel 'con nat uraleza de enano, es decir, m ezquino, avaro' ( véase
pág. 290) . En LQ no hay nada que le corresponda, pero en LG se dice que el
equivalente quenya de naug es nauka.
N e n i Er ú m ë a r ( Sobre el dibuj o del « Barco del Mundo», donde lo he t raducido
'Aguas Ext eriores', pág. 108.) En LQ, baj o la raíz NENE 'fluir', figura nen 'río,
agua', y la m ism a form a se present a en gnóm ico. En LQ se indica que Erúmëa
'del lado de fuera' es un derivado de ERE 'exterior', como en Eruman. Cf. Koivië-
néni.
Nermir En la list a de duendes a que se hace referencia baj o Nandini, los Nermir
son 'los duendes de los prados'. En LQ figura un artículo aislado, Nermi 'espíritu
del cam po', y en LG aparece Nermil «duende que frecuent a los prados y las
orillas de los ríos».
Nessa Ese nom bre no figura en los diccionarios. En la list a de los nom bres de los
Valar se la llam a Helinyetillë y Melesta. En LQ, ent re las voces incorporadas al
principio, figura helin, nom bre de la v iolet a o el pensam ient o, y Helinyetillë se
define com o 'Oj os de la Serenidad' ( nom bre que se le da a la v iolet a) ; cf.yéta
'm irar '. Pero en LQ ést e es uno de los nom bres de Erint i. Ev ident em ent e hubo
al pr incipio m uchos cam bios ent re las diosas de la prim avera, la at r ibución de
nom bres y de papeles ( véase Erint i) . Melest a proviene sin duda de la r aíz MELE
'amar' (meles[së] 'amor', melwa 'am able', et c.; gnóm ico mel- 'amar', meleth
'amor', melón, meltha 'amado', etcétera.)
Nielíqui Según LQ est e nom bre (Nieliqi y t am bién Nielikki, Nyelikkí) deriva de la
raíz NYEHE 'llorar' (véase Nienna). Donde sus lágrimas caían, se formaban copos
de nieve (nieninqë, lit eralm ent e 'lágr im a blanca') . Véase el poem a Nieninqë en
The Monst ers and t he Crit ics and Ot her Essays, de J. R. R. Tolk ien, 1983, pág.
215. Para ninqë, véase Tanitequil.
El segundo elemento de Nielíqui proviene presumiblemente de la raíz LIQI, de
la que der ivan linqë 'agua', liqin 'húmedo', liqis 'transparencia', et cét era ( véase
Ulmo).
Nielluin Est e nom bre de la est rella Sir ius se t raduce en el t ext o ( pág. 224) com o
'la Abeja del Azur' (véase Ingil). El primer elemento proviene de la raíz NEHE, de
la que der ivan nektë 'miel', nier ( < neier < nei er) 'abej a m elífera', nierwes
'colmena'. El nombre de Sirius que figura en LQ es Niellúnë o Nierninwea; tanto
ninwa como lúnë son palabr as quenyas que significan 'azul'. En gnóm ico el
nom bre de la est rella es Niothluimi, que equivale al quenya Nielluin: nio, nios
'abeja' y muchas palabras afines, luim 'azul'.
Nienna En LQ, Nyenna la diosa figur a baj o la raíz NYE( NE) 'balar', de la que
provienen nyéni 'cabra', nyéna- 'lam ent arse', et cét era; pero hay una not a «o
derivan todas de la raíz NYEHE». Ésta significa 'llorar': nië 'lágrima' (cf. Nielíqui),
nyenyë 'lloroso'. En LG las form as del nom bre son Nenni( r) , Nenir, Ninir, sin
que se den conexiones etimológicas, pero cf. nîn 'lágrima'.
Noldoli La raíz MOL 'saber' en LQ t iene los derivados Noldo 'Gnom o' y Noldorinwa
adjetivo, Noldomar 'Gnom olandia', y Noldorin «que vivió un t iem po en
Noldom ar y conduj o a los Gnom os a I nwenórë». Parece que Noldomar significa
las Grandes Tierras. Pero es m uy curioso que ent re est as voces, que son de las
prim eras, 'Gnom o' sea una corrección de 'Trasgo'; cf. el poem a Pies de t rasgo
(1915) y su título en inglés antiguo Cumaþ pá Nihtielfas (pág. 43).
En gnómico, 'Gnomo' es Golda («es decir, el listo»); Goldothrim 'el pueblo de
los Gnom os', Goldogrin, su lengua, Goldobar, Goldom ar 'Gnom olandia'. El
equivalent e de Noldorin en LG es Goldriel, que era la form a ant ecedent e de
Golthadriel en el t ext o ant es de que las dos fueran t achadas ( pág. 32) . Véase
Nólemë.
Noldorin Véase Noldoli.
Nólemë Est a palabra figura en LQ com o sust ant ivo com ún, 'conocím ient o
profundo, sabiduría' ( véase Noldolt). El nom bre gnóm ico de Finw ë Nólem ë,
Golfinweg ( pág. 144) , cont iene el m ism o elem ent o, com o t am bién Fingolma, el
nombre que se le da en los esbozos de El Cuento de Gilfanon (págs. 292- 293).
I N or i La n dar ( Sobre el dibuj o del «Bar co del Mundo», significa probablemente
'las Grandes Tierras', págs. 106, 108.) Para nori, véase Valinor. Nada parecido
a (andar aparece en LQ; en LG figura la palabra land (lann) 'ancho'.
Nornorë En LQ este nombre figura con la forma Nornoros 'heraldo de los Dioses', y
com o el verbo nornoro- 'corr er sin pausa', deriva de la raíz NORO 'correr,
cabalgar, viaj ar'. En LG figuran palabras semejantes: nor- 'correr, rodar', norn
'rueda', nûr 'correr sin pausa'. El nombre correspondiente al quenya Nornorë es
aquí Drondor 'mensaj ero de los Dioses' (drond 'carrera, pist a' y drô 'rueda');
Drondor se transformó luego en Dronúrín (< Noron r- ) y drond en dronn.
Númë ( Sobre el dibuj o del « Barco del Mundo».) En LQ númë 'oest e' deriva de la
raíz NUHU 'inclinarse, agacharse, hundirse'; ot ras palabras derivadas de la
m ism a raíz son núta- 'agacharse, hundirse', númeta- , num enda- 'baj ar ( el
Sol)', númëa 'en el oest e'. En gnóm ico num- 'hundir se, descender' númin 'en el
oeste', Auranúmin 'puest a de sol', numbros 'inclinar se, resbalar', nunthi 'hacia
abajo'. Cf. Falassë Númëa Faskala- númen, Sirnúmen.
Núri Nom bre de Fui Nienna: «Núri la que suspira», pág. 85. Figura sin t raducción
en LQ baj o la raíz NURU, j unt o con núru- 'gruñir ( de los perr os) ', nur 'gruñido,
lam ent o'. En gnóm ico su nom bre es Nurnil, asociado con las palabras nur-
'gruñir', nurn 'lamento', nurna- 'quejarse, lamentarse'.

Ó (Sobre el dibujo del «Barco del Mundo»: 'el Mar', págs. 107- 108.) Véase Ónen.
Oarni Véase Ónen.
Olofantur Véase Lórien, Fanturi.
Olór ë M a llë Para Olórë, véase Lórien. Mallë 'calle' figura en LQ baj o la raíz MALA
'aplast ar' ( véase Balrog); la form a gnóm ica es mal 'cam ino nivelado, rut a', y el
equivalente de Olórë Mallë es Malmaurien (véase Murmuran).
Ónen La raíz O' O en LQ t iene los derivados Ô, palabra poét ica 'el Mar', oar 'criatura
del m ar', oaris ( - t s) , oarwen 'sirena' y Ossë; el nom bre Ówen ( ant ecedent e de
Ónen en el t ext o, págs. 79, 100- 101) t am bién figura, y evident em ent e significa
lo m ism o que oarwen (para - wen, véase Urwen). La form a post erior Uinen en
los Cuentos aparent em ent e es gnóm ica; en LG aparece Únen 'Señora del Mar',
más tarde Uinen. También aparece la forma Oinen ( pág. 260) . En la list a de los
nom bres de los Valar Ónen es t am bién llam ada Solórë (véase Solosimpi) y Ui
Oarista. Est e últ im o nom bre aparece en LQ con la definición 'Reina de las
Sirenas', j unt o con Uin 'la ballena prim ordial'; per o cóm o se relacionan est os
nombres con otros resulta oscuro.
Orco En LQ ork ( orq- ) 'm onst ruo'. En LG ore 'diablillo', plural orcin, orchot h ( hot h
'gente, pueblo', hothri 'ejército', hothron 'capitán').
Oromë En LQ Orom ë «hij o de Aulë» figura baj o la r aíz ORO, que difier e
( aparent em ent e por causa de la nat uraleza de la consonant e) de ORO ( con la
significación de 'elev ado, escarpado') , que figura baj o Kalormë; pero se dice
que est as raíces result an «sum am ent e confusas». Est a segunda raíz da origen
a órë 'el alba, salida del Sol, Est e', órëa 'propio del alba, orient al', orontë,
oronto 'salida del Sol', osto 'las puert as del Sol' y Ostor «el Est e, el Sol al salir
por sus blancos port ones». Se observa que quizás Oromë t endría que figurar
baj o la ot ra raíz, pero no hay indicación alguna sobre las conexiones del
nom bre. En El Ocult am ient o de Valinor ( págs. 263- 264) Or om ë m uest ra un
part icular conocim ient o de la part e orient al del m undo. Su nom bre en gnóm ico
es Orma; y en la list a de los nom bres de los Valar se lo llam a Raustar, para lo
que debe verse Meássë.
Oronto (Sobre el dibujo del «Barco del Mundo», 'Este'.) Véase Oromë.
Orossi En la list a de los duendes a que hay referencia baj o Nandini, los Orossi son
'duendes de la m ont aña', siendo est e nom bre, pues, un derivado de la raíz ORO
vista en Kalormë.
Ossë Véase Ónen. Su nombre gnómico es Otha u Oth.

Palisor Véase Palúrien.


Palúrien Una de las prim eras voces de LQ sit úa Palurín 'el ancho m undo' baj o la
raíz PALA, cuyos deriv ados poseen un sent ido general com ún de 'chat ura', ent re
ellos palis 'césped, prado', de donde proviene sin duda Palisor. En LG el nombre
correspondient e es Belaurin, B( a) laurin; pero se la llam a t am bién Bladorwen
«la ancha t ierra, el m undo con sus plant as y sus frut os, la Madre Tier ra» ( pa-
labras afines son blant 'chat o, abiert o, expansiv o, franco', blath 'suelo',
bladwen 'planicie'). Véase Yavanna.
Poldórëa No figura en LQ, pero LG brinda v arias form as correspondientes:
Polodweg, que equivale a Tulcus (polod 'poder, autoridad'); polodrin 'poderoso',
t am bién en form a poét ica Poldurin o Poldorin, que se usa especialm ent e com o
epíteto de Tulcus; en quenya Boldorëa.

Qalmë- Tári La raíz es OALA 'm orir', de la que prov ienen qalmë 'muerte', qalin
'm uert o' y ot ras palabras de la m ism a significación. Tári prov iene de TAHA: tâ
'alto', tára 'elevado', tári 'reina', et c.; en gnóm ico dâ 'alto', dará' 'elevado',
daroth 'cumbre, pico'. Cf. Taniquetil.
Qalvanda «La Rut a de la Muert e» ( pág. 262) . Véase Qalmë- Tári. El segundo
elem ent o prov iene de la raíz VAHA, de donde prov ienen el t iem po pasado 'fui o
iba', vand- 'cam ino, sendero', vandl 'cayado', vanwa 'desaparecido por el
cam ino, pasado, desaparecido, perdido' ( com o en Mar Vanw a Tyaliéva) . Cf.
Vansamírin.
Qerkaringa El primer elemento resulta oscuro; para - ringa, véase Ringil.
Qorinómi Véase pág. 279. La raíz es QORO/ QOSO, de donde prov ienen qoro-
'ahogarse, sofocarse', qorin 'ahogado, sofocado', etcétera.

Rána No figura en LQ, pero en LG figuran Rân 'la Luna (en quenya Rána)' y ranoth
'mes' (Ranoth fue el nom bre desechado que precedió a Ranuin, pág. 273) . En
el texto se dice (pág. 237) que los Dioses llamaron Rana a la Luna.
Ranuin Véase Rána.
Ringil En LQ figuran ringa 'húm edo, frío, est rem ecedor', ringwë 'helada, escarcha',
rin 'rocío'; en LG rî 'frescura', ring 'fresco, frío, una súbit a br isa y ráfaga fría' y
( añadido post erior) Ringli «los fríos árt icos, el Polo Nort e ( véase el cuent o de la
Llegada de los Ainur)». Cf. Qerkaringa.
Rúmil Est e nom bre no figura en ninguno de los dos diccionarios, pero
probablem ent e se relaciona con las palabras que aparecen en LG: rû y rûm
'secreto, misterio', ruim 'secreto, misterioso', rui 'susurro', ruitha 'susurrar'.

Salmar Est a palabra debe de pert enecer al grupo de los deriv ados de la raíz SALA:
salma 'lira', salmë 'tocar el arpa', etcétera.
Samírien ( La Fiest a del Doble Júbilo, págs. 177- 178.) Presum iblem ent e derivada
de la raíz MIRI 'sonrisa'; en LQ se dice que sa- es un «prefijo intensificativo». Cf.
Vansamírin.
Sári No figura en ninguno de los diccionarios, pero en LQ de la raíz SAHA/ SAHYA
derivan sâ 'fuego', saiwa 'caliente', Sahóra 'el Sur'; en LG figuran sâ (forma
poética de sai), sairin 'fogoso', saiwen 'verano' y otras palabras.
Sil Baj o la raíz SILI en LQ figura una larga list a de palabras que em piezan con Sil
'Luna', y t odas ellas significan algo relacionado con la blancura o la luz blanca,
pero ni Silpion ni Silmaril aparecen en ella. En LG Sil «equivale a 'Rosa de
Silpion', véase el Cuent o de la Creación del Sol y de la Luna, pero a m enudo,
ut ilizada poét icam ent e, equivale a Luna Llena o Rân». En est e cuent o ( pág.
237) , se dice que las hadas llam aron a la Luna «Sil, la Rosa» ( allí decía ant e-
riormente «la rosa de plata»).
Silindrin El «calder o de la Luna» no figura en ninguno de los dos diccionarios; la
form a m ás aproxim ada es Silindo, que figura en LQ, el nom bre de Júpit er.
Véase Sil.
Silmarilli Véase Sil. En LG el equivalent e del quenya. Silmaril' es si- lubrill-
(silum[b]aril- ), plural silubrilthin ( que aparece en el t ext o, pág. 159; un
agregado post erior est ablece la com paración con brithla 'perla', quenya marilla
(que no figura en LQ). La Torre de perlas se llamaba en gnómico Tirimbrithla.
Silmo Véase Sil. En LQ Sumo se t raduce 'la Luna', y en LG se dice que Silma es el
equivalente gnómico del qenya Silmo.
Silpion Véase Sil. Los nom bres gnóm icos son Silpios o Piosil, pero no se dice
cuáles son sus significados.
Silubrilthin Véase Silmarilli.
Sirion En LQ figura la raíz SIRI 'fluir' con los derivados sindi 'río' (cf. Kelusindi), sírë
'corriente', sírima 'líquido, fluido'. En LG figuran sîr 'río', siriol 'fluy ent e', y
Sirion ( palabra poét ica) «río, propiam ent e, el nom bre del fam oso río m ágico
que fluía a t ravés de Garlisgion y Nant at hrin» (Garlisgion 'lugar de los j uncos'
sobreviv ió en Lisgardh «la t ierra de los j uncos en las desem bocaduras del
Sirion», Cuent os I nconclusos, pág. 50) . Cf. Sirnúmen, y el nom bre que
reemplazó: Numessir.
Sirnúmen Véase Sirion, Númë.
Solosimpi En el LQ figura Solosimpë 'los Flaut ist as de la Cost a', de la que el
prim er elem ent o proviene de la raíz SOLO: solmë 'ola', solor, solossë 'marejada,
oleaj e' ( cf. Solórë, nom bre de Ónen) , y el segundo de SIPI 'silbat o, flaut a':
sim pa, sim pina 'gait a, flaut a', simpisë 't ocar la flaut a', simpetar 'flaut ist a'. En
LG el nom bre gnóm ico de los Solosim pi es Thlossibin o Thlossibrim, de thloss
'rom pient e', con la variant e Flossibrim. Se dice que la palabra floss se ha
formado a partir de thloss por influencia de flass 'margen, rompiente, orilla'.
Sorontur Derivado de la raíz SORO 'águila': sor, sornë 'águila', sornion 'nido de
águilas', Sorontur 'Rey de las Águilas'. Para - tur, véase Meril- i- Turinqi. Las
formas gnóm icas son thorn 'águila', thrond '( nido de águilas) , pináculo',
Thorndor y Throndor 'Rey de las Águilas'.
Súlimo En LQ, baj o las t res form as raigales SUHYU, SUHU, SUFU 'air e, alient o,
exhalación, bocanada', figuran sû 'ruido del v ient o', súlimë 'viento' y Súlimi, - o
'Vali del Vient o, que equivalen a Manwë y Varda'. Est o probablem ent e significa
que Manw ë era Súlimo y Varda, Súlimi, pues en la list a de los nom bres de los
Valar a Varda se la llam a Súlimi; pero en LG se dice que Manw ë y Varda eran
llamados conj unt am ent e i·Súlimi. En LG figuran sû 'ruido del v ient o', súltha
'soplo ( del vient o) ', pero el nom bre cólico de Manw ë es Saulm ot h ( saul 'viento
huracanado') , del que se dice ser una form a m ás ant igua del post erior
Solmoth; y esto equivale al 'quenya Súlimo'.
En gnóm ico es llam ado t am bién Gw anw eg ( gw â 'viento', gwam 'ráfaga de
vient o') , a m enudo com binado con Man (véase Manwë) como Man'Wanweg,
que equiv ale al quenya Manw ë Súlim o. En LQ aparece la raíz GW : wâ 'viento',
wanwa 'gran ráfaga', wanwavoitë 'vent oso'; y en la list a de los nom bres de los
Valar, Manwë y Varda son llamados conjuntamente Wanwavoisi.
Súruli Véase Súlim o. Súruli no figura en LQ, pero en LG figura Sulus (plurales
Sulussin y Suluthrim) «uno de los dos clanes de espíritus del aire de Manwë, en
quenya Súru, plural Súruli».

Ta lk a M a r da Est e t ít ulo de Aulë, t raducido en el t ext o ( pág. 221) com o 'Forj ador
del Mundo', no figura en LQ, pero en LG figura «Martaglos, correctamente
Maltagros, t ít ulo de Ola, Herrero del Mundo» com o equivalent e del quenya
Talka Marw a; también t agros, t aglos 'herrero'. Es llam ado t am bién Óla Mar; y
en la list a de los nom bres de los Valar, Aulë Mar. ( Mucho después reapareció
est e t ít ulo de Aulë. En una not a m uy post erior se le da el nom bre de m bart an
'artífice del mundo' > quenya Martamo, Sindarin Barthan.)
Taniquetil Baj o la raíz TAHA (véase Qalmë- Tári), a Taniquetil se le at ribuye en LQ
la significación 't oca de nieve elevada'. El segundo elem ent o prov iene de la raíz
NIQI (ninqë 'blanco' niqis 'nieve', niqetil 'toca de nieve'; cf. nieninqë 'lágrima
blanca' (copo de nieve) en el artículo Níeliquí).
La form a gnóm ica es Danigw et hil ( dâ 'elevado') , pero el segundo elem ent o
parece ser diferent e, pues en LG figura una palabra nigweth «tormenta
(propiamente de nieve, pero en ese sentido parece haberse desvanecido)».
Tanyasalpë Traducido en el t ext o com o 'cuenco de fuego' ( pág. 230) , salpa
'cuenco' figura en LQ baj o la raíz , j unt o con sulp- 'lamer', salpa 'beber a
sorbos', sulpa 'sopa'. Tanya no figura en LQ; en LG figuran tan «leña», tantha-
'avivar ( el fuego) ', tang 'llam a, resplandor' y Tanfa «el m ás baj o de t odos los
aires, el aire caliente de los sitios profundos».
Tári- Laisi Para Tári, véase Qalmë- Tári. En LQ la raíz LAYA 'estar vivo, florecer' tiene
los derivados lairë 'prado', laiqa 'verde', laito y laisi, am bos con la significación
de 'j uvent ud, vigor, vida nueva'. Las palabras gnóm icas son laib (también
glaib) 'verde', laigos 'verdor', que equiv ale al quenya laiqassë, lair (también
glair) 'prado'. Tiene gran int erés la siguient e not a: «Téngase en cuent a que
Laigolas, que equivale a hoja verde [véase Gar Lossion], al volverse arcaico por
ser la form a final laib, se convirt ió en Legolast, est o es, vist a- penetrante [last
'm irar, at isbar', leg, lêg 'agudo, penet rant e'] . Aunque quizás am bos eran su
nom bre, pues a los Gnom os les encant aba dos nom bres de sonido sim ilar y
significación diferent es com o Laigolas Legolast , Túrin Turam bar, etcétera.
Legolas, la form a ordinar ia, es una confusión ent re am bos». ( Legolas Hoj a
Verde aparece en el cuento de La Caída de Gondolin; era un Elfo de Gondolin, y
siendo m iope, conduj o a los fugit ivos desde la ciudad a t ravés de la llanura en
la oscuridad. Una not a relacionada con el cuent o dice que «vive t odav ía en Tol
Eressëa, y los Eldar de ese lugar le dan el nombre de Laiqalassë».)
Tarn Fui Véase Moritarnon, Fui.
Tavari En la list a de duendes a que se hace m ención baj o Nandini, los Tavari son
los 'duendes de los bosques'. En LQ t avar ( t avarni) 'espír it us del valle' deriva
de la raíz TAVA, de la que prov ienen t am bién tauno 'bosque', taulë 'árbol
corpulento', lavas 't ierra boscosa'. En LG figuran tavor 'duende del bosque',
t aur, t am os 'bosque' (Tavros es t am bién un nom bre propio, «duende j efe del
bosque, el Espír it u Azul de los Bosques». Posteriormente Tavros se convirt ió en
un nom bre de Orom ë, que fue luego Tauros y finalm ent e Tauron en El
Silmarillion).
Tavrobel Est e nom bre aparece en LG con la t raducción 'pat ria boscosa' ( véase
Tavari). Se dice que el elem ent o pel «sólo se da por lo gener al en nom bres de
lugares com o Tavrobel», y significa 'aldea, villorr io'. En ot ra not a aislada se da
el nom bre gnóm ico adicional Tavrost, y los nom bres quenyas Tavaros(së),
Taurossë, Tavrost evident em ent e cont ienen el elem ent o rost 'cuest a, colina,
ascenso'; son palabras afines rosta 'ascenso' (Rost'aura 'Salida del Sol') , ront
'alt o, escarpado', adscript as a la raíz rô- , oro- . Éstas son variantes etimológicas
de las palabras que figuran bajo Kalormë.
Telelli Est e t érm ino, que aparece sólo una vez en los Cuentos ( pág. 29 result a
oscuro. En LQ, entre los primeros artículos, figura todo un complejo de palabras
que significan 'elfo pequeño': en él se incluyen Teler y Telellë, con los adj et ivos
telerëa y telella. No hay sugerencia alguna de que exist a una diferencia ent re
ellos. Una not a aislada afirm a que los Elfos j óvenes de t odos los clanes que
habit aban en Kôr para perfeccionar las art es del cant o y la poesía se llam aban
Telelli; pero en ot ro lugar se em plea la palabra dialect al Telellin por Telerin.
Véase Telen.
Teleri Véase Telelli. En LG figura Tilith «elfo, m iem bro de la prim era de las t res
t ribus de las hadas o los Eldar; plural Tilthin». La significación post erior de
Telen, cuando se convirt ió en el nom bre de la Tercera Tribu, est aba ya
potencialment e present e: en LQ figura la raíz TEL + u, con los derivados telu-
'finalizar, t erm inar', telu (sustantivo), telwa 'últ im o, post erior'; se sugiere que
ést a fuera quizás una ext ensión de la raíz TELE 'cubrir' ( véase Telimektar). En
LG est as significaciones, 'cubrir, cerrar, t erm inar', se at ribuyen expresam ent e a
la raíz TEL- : telm 'bóv eda, cielo', teloth 't echum bre, dosel, cobij o', telu- 'cerrar,
terminar, finalizar', telu 'fin'.
Telimektar En LQ Telim ekt ar, Telim bekt ar se t raduce 'Or ion, lit eralmente
Espadachín del Cielo', y figur a baj o la raíz TELE 'cubrir', j unt o con tel 'techo',
leída 'baj o t echo', telimbo 'dosel; cielo', et cét era. - mektar probablemente
deriva de la raíz MAKA; véase Makar. La forma gnómica es Telumaithar.
En la list a de nom bres de los Valar se lo llam a t am bién Taimondo. Hay not as
fundam ent ales sobre est e nom bre en am bos diccionarios, que parecen haber
sido incorporadas al m ism o t iem po. En LQ Taimondo y Taimordo, nom bres de
Telim ekt ar , j unt o con Taim ë, Taim ië 'el cielo', fueron incorporados baj o la raíz
TAHA (véase Qalmë- Tári). El equivalent e gnóm ico es Daim ord ( dai, daim ot h
'cielo') , que aparece t am bién en LG baj o la voz que se refier e a I ngil, hij o de
Inwë (Gil, Sirius): se elevó por los cielos asumiendo la forma de una gran abeja
y 'siguió a Daim ord' ( véase Ingil). Pero la palabra mordo 'guerrero, héroe' en
quenya fue en realidad t om ada de la gnómica mord, y el verdadero equivalente
quenya de mord era mavar 'past or'; ést a era la significación or iginal de la
palabra gnóm ica t am bién, y dio origen, m ediant e su em pleo en poesía, a la de
'hombre, guerrero', después de volverse ant icuado su uso en la prosa y la
lengua hablada. Así pues, Daimord significaba originar iam ent e 'Past or del
Cielo', com o el nom bre quenya original Taimavar, alterado por influencia del
nombre gnómico y dando lugar a Taimondo, Taimordo.
Telimpë No figura en LQ bajo la raíz TELPE, aunque sí figuran telempë, telpë 'plata'.
Las palabr as gnóm icas son celeb 'plata', celebrin 'de plata', Celebran, Celiot h,
nombres de la Luna. Véase Ilsaluntë.
Tevildo Figura en LQ baj o la raíz TEFE ( con los derivados teve- 'odiar', t evin, t evië
'odioso') y descrit o com o 'el Señor de los Gat os' ( véase pág. 61) . La form a
gnómica es Tifil 'Príncipe de los Gatos'.
Tilkal Nom bre const ruido con el sonido inicial del nom bre de seis m et ales ( véase
pág. 126 y not a al pie de página) . Para tambë 'cobre', véase Aulë, y para ilsa
'plata', I lsalunt ë. Lat úken 'est año' figura com o art ículo separado en LQ, j unt o
con latukenda 'de est año'; la form a gnóm ica es ladog. Kanu 'plomo', kanuva
'de plom o' figuran baj o la raíz KANA en LQ. Para anga 'hierro', véase
Angamandi, y para laurë 'oro', Laurelin.
Timpinen Figura en LQ com o el único der ivado de la raíz TIFI, pero baj o la raíz TIPI
figuran timpë 'lluvia menuda', timpinë 'rocío', etcétera. Véase Tinfang.
Tinfang El art ículo en LG dice: «Tinfing o Tinfang el flaut ist a ( llam ado Gw arbilin o
Guardián de los Pájaros), un duende; cf. quenya timpinen 'flautista' (Timpando,
Varavilindo)». Ot ras palabras gnóm icas son tif- 'silbar', timpa- 'tintinear,
resonar', timpi 'campanilla', timp 'ulular, not a de flaut a', tifin 'flaut illa'. El
prim er elem ent o de Gwarbilin aparece t am bién en Am on Gw aret h 'Colina de la
Vigilancia', que aparece en el cuent o de La Caída de Gondolin; el segundo es
bilin(c) 'gorrión, pajarillo'.
Tin w ë Lin t o, Tin w e lin t En LG figura: «Tinweg (también Lintinweg) y con m ayor
frecuencia Tinwelint, equivale al quenya Tinwë Linto; originariamente conductor
de los Solosimpi (más tarde conducidos por Ellu), pero se- convirtió en el Rey de
los Elfos Perdidos de Ar- t anor». El prim er elem ent o del nom bre prov iene de
TIN- , con derivados t ales com o tim 'chispa, brillo ( de una est rella) ', tintiltha- 'ti-
tilar', tinwithli 'grupo de est rellas, const elación'. El segundo element o es
posiblem ent e el gnóm ico lint 'r ápido, v iv o, ligero', palabra a la que se refirió m i
padre en su ensayo «A Secret Vice» ( The Mons- t ers and t he Crit ics and Ot her
Essays, 1983, pág. 205) com o a una de las que pr im er o recordaba de una
et apa m uy t em prana de sus const rucciones lingüíst icas. El nom bre no figura en
LQ ni en su prim era form a ( Linw ë Tint o, pág. 161) ni en la post erior, pero baj o
la raíz TINI aparecen tinwë 'estrella', tint 'chispa (plateada)', etcétera, y también
lintitinwë 't ener m uchas est rellas'; el prim er elem ent o de est a palabra es el
prefijo multiplicativo li- , lin- . Cf. Tinwetári.
Tinwetári 'Reina de las estrellas'. Para los elementos de este nombre, véase Tinwë
Lint o, Qalm ë- Tári. El nom bre gnóm ico correspondient e es Tinturwin, con un
segundo elem ent o diferent e ( véase Meril- i- Turinqi). Varda es llam ada t am bién
Tim bridhil, Tim firil, con el m ism o prim er elem ent o (Bridhil es el nom bre
gnóm ico de Varda) , y Gailbridh(n)ir, que cont iene gail 'est rella' ( corresponde al
quenya ílë en Ílivarda; no figura en LQ).
Tol Er e ssë a Baj o la raíz TOLO, en LQ figuran los derivados tol « isla; cualquier
elevación aislada en el agua, llanura, etcétera», taimen 'tachón (de un escudo),
colina redondeada aislada, etcétera', tolos 'nudo, protuberancia', tolë 'centro', y
otras palabras. En LG figura tol, 'isla con altas costas escarpadas'.
Eressëa aparece en LQ baj o la raíz ERE ( diferent e de la que se vio en
Eruman) 'perm anecer solo': er 'sólo, sino, salv o', eressë 'únicamente,
exclusivamente', eressëa 'solitario', erda 'abandonado, desértico', erin
'perm anece'. En gnóm ico la I sla Solit aria es Tol Eret hrin ( er 'uno', ereth
'soledad', erethrin 'solitario, solo', etcétera).
Tolli Ku r u v a r ( En el dibuj o del «Barco del Mundo», 'las I slas Mágicas', págs. 106-
107.) Para Tolli, véase Tol Eressëa. En LQ figura un grupo const it uido por kuru
'mágico', kuruvar 'mago', kuruni 'bruj a', con una not a: 'de m agia benigna'. En
LG figuran curu 'mágico', curug 'mago', curus 'brujo'.
Tombo En LQ Tombo 'gong' figura baj o la raíz TUMU 'hincharse ( con idea de
ahuecam ient o) ', j unt o con tumbë 'trompeta', tumbo 'valle oscuro', tumna
'profundo, oscuro u ocult o' ( véase Utumna). Las palabras en gnóm ico son tûm
'valle', tum 'hueco', tumli 'valle pequeño ent re m ont añas', tumbol 'com o un
valle, ahuecado', tumla- 'ahuecar'.
Tuilérë Raíz TUYU en LQ: tuilë 'pr im av era, lit eralm ent e un capullo, y t am bién
colect ivam ent e capullos, nuevos brot es, verdor recient e', Tuilérë 'prim avera' y
varias ot ras palabras, com o tuilindo 'golondrina ( cant or de la pr im aver a) '. Las
form as gnóm icas son t uil, t uilir 'prim avera' ( con una not a que explica que Tuilir
equivale a Vána) ; pero Vána es t am bién llam ada Hairen 'primavera',
posiblem ent e relacionada con hair 'punt ual, oport uno', hai 'puntualmente',
haidri 'antes del mediodía'.
Tuivána Véase Tuilérë, Vána.
t u lie lt o, & c. Tullelto se t raduce 'han venido' ( pág. 142) , y I ·Eldar t ulier 'los Eldar
han llegado' ( ibid.) ; I ·kal'ant úlien se t raduce 'Ha vuelt o la luz' ( pág. 227) . En
LQ, baj o la raíz TULU 'buscar, t raer, llevar; m over, venir' figura el verbo tulu- ,
de la m ism a significación; t am bién tulwë 'pilar, est andart e, palo', tulma
'catafalco'. En LG figuran tul- 'traer; venir', tultha- 'levantar, llevar'.
Tulkas En LQ figura el nom br e baj o la r aíz TULUK, j unt o con tulunka 'inamovible,
firme', tulka- 'fijar, colocar, establecer'. La forma gnómica es Tulcus (- os), y las
palabras afines tulug 'inamovible, firme', tulga- 'afirmar, establecer, asentar'.
Tulkastor El nom br e no figura en los diccionar ios ( ni las form as precedentes
Tulkassë, Turenbor, pág. 32, véase Tulkas, Meril- l- Turinqi.
Tuor Tuor no figura en los diccionarios, pero deriva probablem ent e ( pues el
nom bre se escribe t am bién Tûr) de la raíz TURU 'ser fuert e'; véase Meril- l-
Turinqi.
Turgon Ni Turondo ni el gnóm ico Turgon figuran en los diccionarios y, m ás allá de
la probabilidad de que el pr im er elem ent o prov enga de la raíz TURU (véase
Meril- i- Turinqi), estos nombres no pueden explicarse.
Turuhalmë 'La recolección de Leños' ( pág. 281) . En LQ figura una segunda raíz
TURU ( TUSO) 'encender' (cuya consonante medial difiere de TURU 'ser fuerte') con
m uchos derivados: turu- , t unda- 'encender', turu 'específicam ent e leña para el
fuego, pero se dice de la m adera en general', turúva 'de m adera', tusturë
'leño', et cét era. En LG figuran duru 'm adera: palo, viga o leño', durog 'de
madera'.
El segundo elem ent o es en gnóm ico halm 'recolect ar, arrast rar ( peces,
et cét era) '. El nom bre del fest ival es Duruchalmo(s), que equivale a Halm
nadhuruthon ( en el t ext o se había escrit o Duruchalm y el t ér m ino fue después
tachado, pág. 299), traducido por 'Yule'; esto se cambió luego por Durufui 'Yule
(noche), es decir, Noche de los Leños' (véase Fui).
Uin Véase Ónen. En LG uin es un sust ant ivo com ún, 'ballena', así llam ada por Uin
'la gran ballena de Gulm a' (Gulma equivale a Ulmo); pero aparent em ent e
( aunque est a voz result a algo oscura) la significación original de uin,
preservada en poesía, era 'ola'. Ot ra palabra gnóm ica para 'ballena' es uimoth
'ovej a de las olas' (moth 'ovej a', t am bién '1000'; es probable que
originariamente significara 'rebaño'; mothweg 'pastor').
Uinen Véase Ónen.
Ulmo Ulmo figura en LQ bajo la raíz ULU 'verter, fluir rápidamente', junto con ulu- y
ulto- 'vert er', t ant o en sent ido t ransit ivo com o int ransit iv o. Su nom bre en
gnóm ico es Gulma, con los versos correspondientes gul- y gulta- . En el t ext o
en borrador de La Música de los Ainur se lo llama también Linqil: véase Nielíqui.
Para otros nombres, véase Vailimo.
Ulmonan Véase Ulmo; el segundo elemento de este nombre no tiene explicación.
Ungoliont Véase Ungwë Lianti.
Un gw é Lia n t i, Un gw e lia n t ( ë ) En LQ, baj o una raíz GUNGU ent re signos de
int errogación figuran ungwë 'araña, especialm ent e Ungwë la Tej edora de
Tinieblas, por lo general Ungwelianti'. El segundo elem ent o prov iene de la raíz
LI + ya 'ent ret ej er' j unt o con los der ivados lia 'entrelazar', liantë 'zarcillo',
liantassë 'enredadera'. En LG el nom br e se incorporó originariam ent e com o
Gungliont, t al com o fue escrit o por pr im era vez en el t ex t o ( pág. 193) ; m ás
tarde fue cam biado por 'Ungweliont o Ungoliont'. El segundo elem ent o se
asigna a la raíz l - (lind 'entrelazar').
Uolë Kú vion Kúvion fue una alt eración de Mikúmi ( pág. 243) . El nom bre no figura
en LQ baj o la raíz KUVU 'doblar, inclinar', que t iene los derivados kû 'Luna
creciente', kúnë 'cuart o crecient e, arco'. En LG figuran cû 'arco, cuart o
crecient e; la Luna crecient e o m enguant e', y t am bién «Cuvonw eg: Ûl
Cuvonweg ( que equivale al quenya Ólë Kúm ion) , el Rey de la Luna». Baj o Ûl,
sin embargo, el equivalente quenya es Uolë, y se dice aquí que el nombre Ûl se
da habit ualm ent e en la frase Ûl·a·Rinthilios; y se dice de Rinthilios que es «la
Luna circular, el nom bre del Elfo de la Luna» (rinc 'circular', com o sust ant ivo
'disco'; rin- 'girar, retornar').
Ûr La raíz URU/ USU t iene en LQ por deriv ados uru 'fuego', úrin 'candente', uruvoitë
'fogoso', urúva 'com o el fuego' urwa 'sobre el fuego', Ûr 'el Sol' ( con ot ras
formas Urí, Úrinki, Urw en) , Úrion 'uno de los nombres de Fionwë', urna 'horno',
usta- , urya- 'quem ar' ( en sent ido t ransit ivo e int ransit ivo) . La form a gnóm ica
es Aur ( aurost 'amanecer') y t am bién la palabra poét ica Uril. Véase Fionwë-
Úrion, Urwen.
Ur w e n , Ur w e n di En los pr im eros cuent os de est e libro, la form a de Urwen,
convirt iéndose en Urwendi en el Cuent o del Sol y de la Luna. La voz original en
LG era «Urwendi y Urwin (quenya Urwen) la doncella del Barco del Sol», pero
est o fue reem plazado por «Urwendhin y Urwin (quenyar Urwendi)». En LQ
(véase Ûr) , Urw en figura com o nom bre del Sol. En la list a de nom bres de los
Valar, a la doncella del Sol se la llam a t am bién Úrinki, y t am bién ést e aparece
en LQ como nombre del Sol.
El elem ent o - wen figura en LQ baj o la raíz GWENE: wen y wendi 'doncella,
muchacha', - wen pat roním ico fem enino, com o el m asculino - ion, wendelë
'doncellez' ( véase Wendelin). En LG las form as se alt eraron m ucho y result an
confusas. Las palabras dadas t ienen su raíz en gwin- , gw en- , gw et h, con las
significaciones de 'm uj er', 'm uchacha', et c.; la raíz parece haber cam biado de
gweni- a gwedhe- , t ant o con referencia al quenya meril (véase Meril- i- Turinqi)
como con referencia al quenya wendi.
Utumna En LQ no figura la raíz de Utumna ( «regiones inferiores lóbregas y
oscuras en el Nort e, prim era m orada de Melko») , pero cf. la palabra tumna
'profundo, oscuro u ocult o' m encionada baj o Tombo. En gnóm ico las form as
son Udum y Uduvna; Belcha (Melko) es llamado Uduvrin.
Úvanimor Véase Vána.

Vai La raíz VAYA 'cercar' en LQ da Vai 'el Océano Ext er ior', Vaimo o Vailimo 'Ulmo
com o Regidor de Vai', vaima 'vestido', vainë 'vaina', vainolë 'aljaba', vaita-
'envolver', Vaitya 'los aires superiores m ás allá del m undo', et cét era. En
gnóm ico la form a es Bai, con las palabras afines Baithom 'los aires ext er iores',
baith 'vestidura', baidha 'vestir', bain 'vestido (quenya vaina)'.
Vailimo Véase Vai. En gnómico la forma es Belmoth (< Bailmoth); hay también un
nom bre poét ico: Bairos. Ulm o es t am bién llam ado en gnóm ico i Chorw eg a·
Vai, es decir, 'el Viej o de Vai' (hôr «v iej o, ant iguo [ dícese sólo de las cosas
t odav ía en exist encia] ») , hortha- 'envejecer', horoth 'ancianidad', Hôs
'ancianidad', nombre de Fuil). Para - weg, véase Bronweg.
Vaitya Véase Vai.
Valahíru ( Añadido en el m ar gen del t ext o j unt o a Valatúru, pág. 222.) No figur a
en los diccionar ios, pero probablem ent e deba relacionarse con la raíz HERE
'regir, t ener poder', que figura en LQ; de ella provienen heru- 'regir', heru
'señor', heri 'señora', hérë 'señoría'.
Valar En LQ Valar o Valí der iva de la r aíz VALA; su form a m asculina singular es
Valon o Valmo, y la fem enina Valis o Valdë; ot ras palabras son valin, valim o
'feliz', vald- 'beatitud, felicidad'.
Las palabras gnóm icas son com plicadas y curiosas. Tal com o fue escrit a por
prim era v ez Ban 'dios, uno de los grandes Valar', plural Banin, y 'Dor' Vanion,
que equiv ale a Dor Banion, que equivale a su vez a Gwalien (o Valinor)'. Todo
est o fue t achado. En ot ro sit io en LG figura la raíz GWAL 'fort una, felicidad':
Guíala «uno de los dioses, con inclusión de su div ina parent ela y sus hij os; por
t ant o a veces se dice de uno de sus parient es m enores, en oposición a Ban»;
Gwalon y Gwalthi, que corresponden respect ivam ent e al quenya Valon, Valsi;
gw alt «buena suert e; cualquier acont ecim ient o o pensam ient o providencial: " la
suert e de los valar " , i·w alt ne Vanion (quenya valto)»; y ot ras palabras
abst ract as com o gwalweth 'fort una, felicidad'. No hay huellas de la
interpretación posterior de Valar. Para más detalles, véase Vána.
Valatúru Véase Valar, Meril- i- Turinqi.
Valinor En LQ figuran dos form as: Valinor y Valinórë ( la últ im a t am bién aparece
en el t ext o, pág. 224) , am bas definidas com o 'Asgard' ( est o es, la Ciudad de
los Dioses en la m it ología escandinava) . Para los nom bres gnóm icos (Gwalien,
etcétera), véase Valar.
Nórë figura en LQ bajo la raíz N 'llegar a ser, nacer' y se define com o 't ierra
nat al, nación, fam ilia, país', t am bién - nor 'la form a en las palabras
compuestas'. Otras palabras son nosta- 'dar a luz', nosta 'nacimiento, natalicio',
nostalë 'especie, clase', nossë 'parient e, gent e' ( com o en Aulenossë). La form a
gnómica es dôr: véase Dor Faidwen.
Valamar Véase Valar, Eldamar.
Vána Der ivado de la raíz VANA en LQ, j unt o con vanë 'clara', vanesë 'belleza',
vanima 'lim pia, correct a, clara', úvanimo 'monstruo' (ú equivale a 'no') ,
etcétera. Aquí figuran también Vanar y Vara, que equivalen a Valar, Valí, con la
nota: 'cf. gnómico Ban- . Véase Valar.
El nom bre de Vána en gnóm ico era Gw ân o Gwani ( cam biado luego por
Gwann o Gwannuin); gwant, gwandra 'hermoso', gwanthi 'hermosura'.
Vána- Laisi Véase Vána, Tára- Laisi.
Vansamírin Est e nom bre reem plazó el cam ino de Sam írien en el t ext o ( pág. 273) .
Véase Qalvanda, Samírien.
Varda En LQ el nom bre figura j unt o con vard- 'regir, gobernar', vardar 'rey', varni
'reina'. En gnóm ico Varda se llam aba Bridhil ( y Timbridhil, véase Tinwetári),
que es nombre emparentado con el quenya vard- .
Vê En LQ figura Vê 'nom bre de Fant ur' baj o la r aíz VEHE, pero sin adscribir le
significación ni dar ot ros deriv ados. La form a en LG es Gwê, alt erada luego a
Gwî: «nom bre de las est ancias de Bandot h, quenya Ve». Véase Mandos,
Vefántur.
Vefántur En LG el Vala m ism o es llam ado Bandot h Gw ê ( cam biado luego por
Bannoth Gwî), Gwefantur (cambiado por Gwifanthor), y Gwivannoth.
Vene Kemen Véase Glorvent, Kémi.
Vilna En LQ la raíz VILI (sin que se dé su significación) t iene los derivados Vilna
(cambiado luego por Vilya) 'aire (inferior)', Vilmar «morada de Manwë, los aires
superiores ( pero no ilu) », vilin 'aireado, vent ilado', vilë 'brisa suave'. Las
palabras 'pero no ilu' se refieren a la definición de ilu en el sent ido de ilwë, el
aire m edio ent re las est rellas ( véase ilwë). La m orada de Manw ë, Vilmar, no se
menciona en ningún otro sitio.
Los nom bres gnóm icos para los aires inferiores eran Gwilfa o Fâ; se dice del
últ im o que carece de et im ología conocida. Los nom bres quenyas
correspondient es que figuran en LG son Fâ y Favilna, y ést os figuran en LQ
baj o la raíz FAGA sin t raducción, m eram ent e com o equivalent es de Vilna. Otras
palabras gnóm icas son gwil- 'navegar, flot ar, volar', gwilith 'brisa', gwilbñn
'm ariposa': ést as corresponden a las palabras que en LQ figuran baj o la raíz
GWILI: wili- 'navegar, flot ar, volar', wilin 'pájaro', wilwarin 'm ariposa'. En LG
figura otro nombre de Manweg como Señor de los Vientos: Famfir.
Voronwë Véase Bronweg.
Vorotemnar Para voro 'siem pr e', véase Bronw eg. Tem nar debe de provenir de la
raíz TEME 'atar', de la que no se mencionan palabras derivadas en LQ.

Wendelin Est e nom bre no figura en LQ, pero LG da Gwendeling (cambiado luego
por Gwedhiling) como el nom bre gnóm ico que corresponde al quenya
Wendelin; «Reina de los Elfos de los Bosques, m adre de Tinúviel» ( la única vez
que aparece el nom bre Tinúviel en los diccionar ios) . El nom bre debe de est ar
em parent ado con el quenya wen 'doncella, m uchacha' y las form as gnóm icas
que figuran bajo Unven.
Wingildi Véase Wingilot.
Wingilot Baj o la raíz GWINGI/ GWIGI en LQ figuran wingë 'espum a, rociada', wingilot
'flor de espum a, el barco de Eärendel' y wingild- 'ninfa' ( cf. Wingildi}. Para el
elemento - /oí, véase Lindelos.
En LG figura el art ículo: «Gwingalos o Gwingli, equivalent e a Lothwinga o
Flor de Espum a, el nom bre del barco de Eärendel ( I oringli) »; t am bién lothwing
'flor de espum a', gwing 'crest a de ola, espum a' y gwingil «doncella de espum a
(sirena, una de las servidoras de Uinen)».
Wirilómë Véase Gwerlum.
Wiruin Véase Gwerlum.

Yavanna En LQ est e nom bre figura baj o la raíz YA VA, junto con yavin 'da frut o',
yáva 'fruto', yávan 'cosecha, ot oño'. La form a gnóm ica es I fon, I von
«especialm ent e en las com binaciones I von Belaurin, I von Cím ir, I von
i·Vladorwen»', véase Kémi, Palúrien.
ÍNDICE

Est e índice procura ( en int ención) una referencia com plet a a las páginas en que
aparecen t odas las voces con excepción de Eldar/ Elfos, Dioses/ Valar y Valinor;
ent re las v oces se incluyen las form as de los nom bres desechados que figuran en
las Notas, pero no está cubierto el Apéndice sobre los Nombres.
Ocasionalm ent e se dan referencia a páginas en las que una persona o lugar no
es m encionado concret am ent e, com o «el cust odio de la puert a», pág. 61, baj o
Rúmil. Figuran referencias a las m enciones de los Cuent os que aparecerán en la
Segunda Part e, pero no a las de los de est e libro. Las enunciaciones explicat ivas
son m uy breves, y los nom bres definidos en el índice de El Silmarillion en general
no se explican aquí.

Abismo de Frío Véase Qerkaringa.


Ælfwine «Am igo de los Elfos», nom bre post erior de Eriol, 134, 287; el cuent o de
Ælfwine de Inglaterra, 35, 167.
Æsc (Inglés antiguo) 300. Véase Askr.
Aguas del Despertar 65, 108, 143, 163, 284, 288. Véase Cuiviénen, Koivië- néni.
Aguas Occidentales Véase Gran Mar.
Ailios Nom bre ant erior de Gilfanon, 242- 243, 251, 270, 272- 273, 279, 281- 283.
Ainairos Elfo de Alqaluntë, 256, 273. (En lugar de Oivárin.)
Ainulindalë 64, 77- 81. Véase Música de los Ainur.
Ainur (Singular Ainu; plural Ainur, 68, 77- 79.) 68- 74, 76- 81, 84, 85, 86, 128, 132,
183, 186- 187, 191- 192, 270, 277; Ainu Melko, 183, 186. Véase Música delos
Ainur.
Alalminórë «Tierra de los Olm os», región de Tol Eressëa, 25, 35, 45, 48, 49, 52,
54, 57, 119. Alalminor, 53; la pr im era part e del poem a Las árboles de
Kortirion, 52. Véase Gar Lossion, Tierra de los Olmos.
Aldaron Nom bre de Orom ë, «rey de los bosques», 85, 101; señor de los bosques,
91.
Almain, Océano de El mar del Norte, 252- 253.
Almaren 110, 138, 274.
Alqaluntë Véase Kópas Alqaluntë.
Alqualondë 211, 274.
Alto Cielo 230.
Aluin El Tiempo, el más antiguo de los Ainur, 270, 273. (En lugar de Lúmin.)
Aman 33, 37, 117, 167, 169, 241. Véase Reino Bendecido.
Ambarkanta «La Forma del Mundo» (obra cosmológica), 108, 279.
Amigos de los Elfos 295.
Amillo El m ás j oven de los grandes Valar, t am bién llam ado Ornar, 86, 96, 101,
113, 117, 280.
Amnon Profecía de Amnon, Amnon el Profeta, 212- 213, 243.
Amnor Hebras de Amnor, 216, 243. (En lugar de Amnos.)
Amnos Lugar de desem barque del barco Mornië; las profecías de Am nos, 206, 210,
213, 243. (En lugar de Emnon, Morniento.)
Anfauglith 299.
Angaino «La Opresora», la gran cadena con la que se suj et ó a Melko, 126, 130-
132, 143; forma posterior Angainor, 139.
Angamandi «I nfiernos de Hierro», 98, 114- 116, 244, 282, 292. Véase I nfiernos de
Hierro.
Angband 196, 244, 294- 299; Sitio de Angband, 297.
Angeln 34.
Anglo- Sajón(es) 34. Véase Inglés antiguo (referencias a la lengua).
Angol «Acantilados de Hierro», nombre gnómico de Eriol y de su patria, 34, 134.
Años de Doble Júbilo Véase Doble Júbilo.
Aroman 105, 17,212- 213.
Araña de la Noche 190. Véase Gwerlum, Móru, Ungoliant, Ungweliantë, Wirilómë.
Aratar 80, 102.
Árbol Blanco de Valinor 111. Véase Silpion, Telperion.
Árboles de Kôr Véase Kôr.
Árboles de Valinor Véase Dos Árboles.
Arco Iris 262, 272, 276- 277. Véase Ilweran.
Arcturus 166, 246. Véase Morwinyon.
Arda 102, 110, 138- 139, 165, 245, 248.
Arien 111.
Artanor Región después llamada Doriath, 215, 241, 294- 296.
Arvalin Nom bre int er cam biable con Eruman, q. v. 29, 32, 43, 87, 90, 95, 97, 99,
100, 101, 104, 105, 106, 110, 114, 117, 147, 156, 161- 162, 181, 182, 192,
196- 197, 206, 210, 231; Arvalien, 193; Bahía de Arvalin, 148, 152- 153, 155.
Aryador «Tierra de las Som br as», nom bre de Hisilóm ë ent re los Hom bres, 148,
171- 173; poema Un canto a Aryador, 172- 173.
Asgon Primer nombre del Lago Mithrim, 292- 294, 296.
Askr El primer Hombre en la mitología escandinava, 300.
Astaldo Nombre de Tulkas, 101.
Aulë 25, 63, 66, 72, 77, 80, 84, 85, 86, 88, 89, 90, 91, 93, 94, 97, 99, 100, 102,
104, 113, 125, 126, 141- 142, 146- 147, 150- 152, 154- 155, 158- 160, 165, 168,
170, 175- 176, 180, 183- 185, 189- 190, 196- 197, 217, 220- 222, 225, 228- 229,
233, 235- 236, 240, 244, 248, 257- 259, 261, 264, 268, 276. Véase
Talkamarda.
Aulenossë «Parent ela de Aulë», nom bre dado a los Noldoli que se quedaron en
Valinor, 217, 242- 244; parentela de Aulë, 25.
Aur El Sol (gnómico), 242.
Avari 163.
Avathar 105, 195, 198.
Aventuras de Tom Bombadil, Las 39, 44, 251.
Bahía de Faery 87, 105, 148, 156, 160, 167, 258- 259. Véase Faery.
Balrogs 117, 199, 295.
Barca o Barco del Mundo 105- 109, 166, 277.
Barco de la Luna Véase Luna.
Barco de los Cielos, Barco de la Mañana Véase Sol.
Batalla de la Súbita Llama Véase Dagor Bragollach.
Batalla de las Lágrimas Innumerables 283, 293- 299. Véase Nirnaeth Arnoediad.
Batalla de los Poderes 139.
Batalla de Palisor Véase Palisor.
Beleriand 67, 164, 295, 297- 298.
Bëor 289- 290.
Beorn ( 1) Tío de Ot t or Wáefre ( Eriol) , 34. ( 2) El cam biador de form as en El Hobbit ,
34.
Beowulf 33.
Beren 104, 114, 292, 294- 296; t am bién en referencias al cuent o original de ( Beren
y) Tinúviel, véase Tinúviel.
Bráglorin Uno de los nombres del Sol (gnómico), 230.
Brithombar 166.
Bronweg Forma gnómica de Voronwë, 63, 67.
Bruithwir Padre de Fëanor, 180- 182, 184- 186, 192- 193, 196, 298; Bruit hw ir go-
Fëanor, 193; Bruithwir go- Maidros, 182, 193.
Cabaña del Juego Perdido (sin incluir referencias al mismo cuento) y otros nombres
( Cabaña de los Niños, de los Hij os de la Tierra, del Juego del Sueño; Casa del
Juego Perdido; Casa del Recuerdo), 23, 28, 29, 30, 38, 39, 40, 43, 79, 80, 174,
233, 245, 260, 276, 282; poem a( s) sobre el t em a, 38- 43. Véase Mar Vanw a
Tyaliéva.
Calacirya «Paso de la Luz», 167, 195, 212, 275.
Carpenter, Humphrey J. R. R. Tolkien, una biografía, 44, 251, 272.
Cartas de J. R. R. Tolkien, Las 32, 36, 57- 59.
Casa de las Cien Chimeneas La casa de Gilfanon en Tavrobel, 215, 241.
Casa del Juego Perdido 233; poema La Casita del Juego Perdido, 39, 41- 43.
Círdan el Carpintero de Navíos 166.
Ciudad de los Dioses, La (poema, título anterior Kôr), 168.
Colina de la Matanza Véase Haudh- en- Ndengin.
Colina de la Muerte Montículo de piedra levantado sobre Finwë Nólemë, 296, 298.
Colinas de Hierro Véase Montañas de Hierro.
Collar de los Enanos, Cuento del 283, 286; Cuento de Nauglafring, 251.
Colmillo de Hielo 206, 209, 212, 276. Véase Helkaraksë.
Compañías Solitarias 46, 49; Fieles Compañías, 54.
Cópas Véase Kópas Alqaluntë.
Corazón Escarlata, El Emblema del Pueblo del Rey en Gondolin, 300.
Corazoncito Hij o de Bronw eg, llam ado «el Cust odio del Gong» ( de Mar Vanw a
Tyaliéva), 24, 60, 63, 67, 83, 118- 121, 282. Véase Inverin.
Crithosceleg Uno de los nombres de la Luna (gnómico), 237.
Cuadros de J. R. R. Tolkien 106.
Cuentos Inconclusos 196, 300.
Cuerda de los Años 269.
Cuiviénen 108, 163. Véase Koivië- néni, Aguas del Despertar.
Cûm a Gum lait h, Cûm a Thegranait hos «Mont ículo de la Pr im era Pena», t um ba de
Bruithwir, padre de Fëanor, 186.
Cwén Esposa de Ottor Wáefre (Eriol), 34.
Dagor Bragollach «La Batalla de la Súbita Llama», 297.
Danuin «Día», hij o de Aluin «el Tiem po», 267- 270, 273, 279- 280; form as
anteriores, Danos, Dana, 273.
Daurin Gnom o m uert o por Melko durant e el at aque a los Árboles; llam ado t am bién
Tórin, 190, 193, 198- 199.
Días del Crepúsculo Véase Lomendánar.
Dioses Passim ; sobre la nat uraleza y el caráct er de los Dioses ( Valar, véase 80- 81)
y su relación con Manw ë, véase especialm ent e 129- 131, 139, 185, 223- 224,
232, 244- 245, 257, 262, 269- 271, 273- 275, 277- 278, 280; lengua de los
Dioses, 62- 64, 66- 67, 288. Véase Hijos de los Dioses.
Dioses Olímpicos 199.
Doble Júbilo Gran festival de Valinor, 177- 179, 273. Véase Samírien.
Dor Edlot h, Dor Us( g) w en Prim it ivos nom bres gnóm icos de Tol Er essëa, 31.
(Reemplazados por Dor Faidwen.)
Dor Faidwen «Tierra de Liberación», nombre gnómico de Tol Eressëa, 21, 31, 66.
Dor Lamín «Tierra de la Sombra», 140, 171, 294- 296, 298. Véase Hisilómë.
Doriath 241, 294, 298. Véase Artanor.
Dos Árboles ( con inclusión de referencias a los Árboles) 104, 106 ( i aldas) , 111,
126, 132, 134, 138, 143, 151- 152, 156, 160, 167- 168, 195- 199, 203- 204,
209, 212, 214- 215, 216- 222, 224- 227, 230, 234- 236, 239, 241, 245- 248, 256,
258, 262, 279- 280, 287.
Duende(s) 118, 136, 149, 164, 265, 284, 287, 290, 291, 294, 326, 328; gente
duende 291; duendes Úvalear 291.
Durmiente de la Torre de Perlas Véase Torre de Perlas.
Duruchalm Nombre desechado de Turuhalmë, 299.
Eá El Univ erso, 213, 245, 277 ( la palabra de I lúv at ar le pr ocura exist encia, 80,
277).
Eärendel 21, 24, 27, 34, 175; el Cuent o de Eärendel, 38, 272, 283, 286; form a
posterior Eärendil, 168.
Ecthelion 117.
Edain 53.
Eglarest 166.
Egnor Padre de Beren, 295.
Eldalië 66, 122- 123, 143, 146- 147, 160, 174, 187, 203, 284, 288.
Eldamar «Hogar de los Elfos», 28, 30, 83, 87, 98, 122, 156- 157, 160- 161, 168,
169, 174, 177, 191, 203, 204, 212, 218 ( casi siem pre que aparece hay
referencia a las cost as, las riberas, la playa o las rocas de Eldam ar) ; Bahía de
Eldamar, 166- 167. Véase Elfinesse.
Eldar (Singular Elda). Referencias seleccionadas ( con inclusión t ant o de los El- dar
como de los Elfos): significación de los términos Eldar y Elfos, 65- 67, 163, 288;
lenguas de los, 62- 63, 65- 67, 218, 265, 284, 288- 290; or igen, nat uraleza y
dest ino, 73- 74, 76- 78, 84, 85, 97, 98, 102, 113, 121, 122, 176, 194, 263;
est at ura en relación con los Hom bres; 44, 286, 288- 289; relaciones con los
Hom bres, 44, 123, 186- 187, 197, 215, 288- 289; despert ar, 141- 145; con-
vocatoria a Valinor; 143- 147, 163- 164; mengua, 44, 221.
Élfico De la lengua de los Eldar , 63, 66- 67; com o adj et ivo de Elfos, 29, 203, 214,
237, 260, 262, 265.
Elfinesse Traducción de Eldamar (véase Apéndice, pág. 309), 33, 260, 295.
Elfos Véase Eldar; también Elfos Oscuros, Profundos, Grises, Alt os, de la I sla, de la
Luz, Perdidos, del Mar, de la Costa.
Elfos Altos 57; Alto élfico 57.
Elfos del Mar 57, 65.
Elfos de la Costa Véase Flautistas de la Costa.
Elfos de la Isla Elfos de Tol Eressëa, 63, 161.
Elfos de la Luz 57.
Elfos Grises 67, 164, 298.
Elfos Oscuros 284- 291, 299- 300. Véase Hisildi, Humarni, Kaliondi.
Elfos Perdidos 87, 148, 171, 291, 299; bandas perdidas, 65; hadas perdidas, 284,
288; clanes perdidos, 291, familias perdidas de los clanes 26, 37.
Elfos Profundos Gnomos, 57.
Ellu Señor de los Solosim pi, elegido en lugar de Tinw ë Lint o ( post eriorm ent e Olw ë;
se t rat a de alguien diferent e de Elu Thingol) , 149, 162, 164- 165, 193; Ellu
Melemno, 176, 193; Melemno, 193.
Elmir Uno de los dos primeros Hombres (junto con Ermon), 289- 291.
Eltas Narrador del Cuento de Turambar, 281.
Elu Thingol 164. Véase Thingol.
Elwë Singollo 164.
Elwenildo Nombre anterior de Ilverin (Corazoncito), 67.
Embla La primera mujer en la mitología escandinava, 300.
Emnon Profecías de Am non, 210, 212- 213, 243. ( En lugar de Morniento; en lugar
de Amnos.)
Enanos 290, 291. Véase Nauglath.
Eoh Padre de Ottor Wáefre (Eriol), 34.
Eönwë Heraldo de Manwë, 80, 117.
Ered Wethrin Montañas de la Sombra, 140, 196, 297.
Erinti Hija de Manwë y Varda, 75, 80, 249.
Eriol 22- 27, 30, 33- 38, 44, 59, 60, 66, 80, 82- 83, 100, 118- 123, 134, 140, 142,
161, 174, 202, 205, 208- 209, 214- 215, 249- 250, 277, 282- 283, 287- 288.
Eriollo, 34. Para su nom bre e hist or ia, véase especialm ent e 33- 35; y véase
Ælfwine.
Ermon Uno de los dos prim er os Hom bres ( con Elm ir) , 289- 291, 293, 299, 300;
pueblo de, hijos de, 291- 293.
Eru 213.
Eruman Nom bre int ercam biable con Arvalin, q. v.; ( originalm ent e) la región al est e
de las Mont añas de Valinor y al sur de Taniquet il ( véase especialm ent e 104-
105, 114- 117). 87, 89,90, 100, 104- 105,114- 117, 180, 188- 189,192,195, 258;
Erumáni, 90, 100, 101, 114, 156, 163, 185, 195, 231, 242, 246. ( Nom bres
anteriores de la región: Habbanan, Harwalin, Harvalien, Harmalin.)
Estë 111, 247.
Estrellas 82- 84, 86, 88, 89, 91, 93- 95, 125, 139, 142- 145, 158, 165, 167, 192,
212, 216, 219, 222- 224, 229, 236- 238, 240, 246- 248, 266, 273, 279, 284,
285; Fuentes de las Estrellas, 266. Creación de las estrellas por Yarda, 88, 141-
143, 165- 166.
Evromord Cust odio de la puert a de Mar Vanw a Tyaliéva ( que según parece debía
reemplazar a Rúmil), 134.
Faëry 161; Reinos de Faery 45, 48, 49, 52. Véase Bahía de Faëry.
Falas 166.
Falassë Númëa «Oleaje Occidental» en las costas de Tol Eressëa, 155.
Falman- Ossë Véase Ossë.
Falmaríni Espíritus de la espuma del mar, 85.
Fangli Nombre anterior de Fankil, 290. Véase Fúkil.
Fankil Sirviente de Melko, 134, 290. (En lugar de Fangli / Fúkil.)
Fantur (Plural Fánturi.) Los Valar Vefánt ur Mandos y Lórien Olofánt ur, 101, 113;
forma posterior Fëanturi, 101.
Fanuin «Año», hij o de Aluin « el Tiem po», 267- 270, 273, 279. ( En lugar de Lathos,
Lathweg).
Faskala- númen «Baño del Sol Ponient e», 230. Faskalan, 230, 237, 265. Véase
Tanyasalpë.
Feanor 159- 160, 171, 176, 180, 182, 185, 188, 192- 199, 200, 203, 207- 209, 211,
213, 216, 223, 236, 244, 291- 292, 294- 298; Hij os de Feanor, 236, 242, 294-
299; Juramento de Feanor o de sus hijos, 211, 292, 294, 298.
Fëanorianos 196, 213, 297- 298.
Fiesta de la Recolección (1.° de agosto) 53.
Fiesta de la Reunión 294, 298; Fiesta de la Reunificación, véase Mereth Aderthad.
Finarfin 58, 211, 213,275.
Fingolfin 109, 164, 193, 213, 298.
Fingolma Nombre de Finwë Nólemë, 292.
Fingon 213, 298.
Finrod Felagund 57, 58, 213. Véase Finglor.
Finwë Señor de los Noldoli; llamado también Nólemë, Nólemë Finwë, Finwë Nóteme
( t odas las referencias est án com piladas aquí) , 144, 148- 149, 153, 164, 168,
171, 175- 176, 193- 195, 201, 206, 210- 211, 213, 292- 296, 298, 300. Véase
Fingolma, Golfinweg.
Fionw ë, Fionw ë- Úrion Hij o de Manw ë y Varda, 75, 80, 117, 127, 239, 249, 265,
270.
Flaut ist as de la Cost a Los Solosim pi ( después llam ados Teleri) , 25, 65, 118, 153,
204, 275, 282; los Flaut ist as, 134; bailarines de la cost a, 160; Elfos de la
Costa, pueblo de la costa, 155, 204, 259.
Fórmenos 194- 197, 199.
Fruto del Mediodía 229, 235, 237, 247, 248.
Fuego Secreto 69, 72, 77.
Fui Diosa de la Muer t e, llam ada t am bién Nienna, Fui Nienna ( t odas las referencias
est án com piladas aquí) , 85, 97- 98, 101- 102, 104, 111- 114, 116, 146, 179,
233, 248, 262; Fui com o nom bre de su m orada, 98, 113- 114. Véase Heskil,
Núri, Qalmë- Tári.
Fúkil Nombre anterior de Fankil, 289- 291. Véase Fangli.
Fumellar Amapolas en los jardines de Lórien, 95.
Galadriel 58.
Galmir «Centelleo del Oro», uno de los nombres del Sol (gnómico), 230, 242.
Gar Eglos Nom bre gnóm ico or iginal de Tol Eressëa ( reem plazado por Dor Edlot h,
etcétera), 31.
Gar Lossion «Lugar de las Flores», nombre gnómico de Alalminórë, 25, 32 (en lugar
de Losgar).
Gilfanon ( Gilfanon a- Davrobel, Gilfanon de Tavrobel) 66, 214- 216, 232- 233, 239,
241- 243, 270, 273, 280, 281- 283, 288. (En lugar de Ailios.)
Gim- Githil Nom bre gnóm ico de I nw ë, 32, 162- 164. ( En lugar de Githil, reem-
plazado por Inwithiel.)
Githil 32. Véase Gim- Githil.
Glingol Nombre gnómico del Árbol Dorado de Valinor, 32.
Glorvent «Barco de Oro», uno de los nombres del Sol (gnómico), 230.
Gnóm ico, lengua Gnóm ica, lenguaj e de los Gnom os 31- 32, 34, 57, 62, 63, 64, 65-
67, 112, 114, 136, 162, 164, 171, 198, 246, 288, 300.
Gnomos ( con inclusión de pueblo de los Gnom os, clan de los Gnom os) 21, 25- 26,
31, 34,38,57- 58,65- 67,80, 118, 175- 177, 180, 181, 186, 190, 193- 195,
198,202, 204- 209, 210, 214- 217, 219, 230, 237, 241, 244, 256, 263, 271,
287, 291- 298. Véase especialmente 57- 58, 65- 67, y también Noldoli.
Goldriel Nombre anterior de Golthadriel, 32.
Golfinweg Nombre gnómico de Nólemë Finwë, 144, 164.
Golthadriel Nombre gnómico de Salmar (Noldorin), 32. (En lugar de Goldriel.)
Gondolin 36, 38, 62, 67, 117, 196, 206- 208, 212, 293, 296- 297, 300; el cuento de
Tuor y los Exiliados de Gondolin ( «La Caída de Gondolin») , 59, 67, 111- 112,
140, 212, 250, 283, 286, 297, 300.
Gong de los Niños En Mar Vanw a Tyaliéva, 23, 24, 26, 38, 282. Véase Tombo,
Corazoncito.
Gongs Véase 300.
Gonlath Una gran roca sobre Taniquetil, 269.
Gorfalon, Gorfalong Sit io de la Bat alla de las Lágrim as I nnum erables, 293, 295,
299. Véase Valle de las Aguas Lloradas; Valle de las Fuentes.
Gothmog Señor de los Balrogs, 117. Véase Kosomot.
go- Fëanor, go- Maidros «hijo de Fëanor, de Maidros», 192- 193, 196, 192- 193, 196.
Gran Bretaña 33, 34, 35.
Gran Final 69, 77, 80, 99, 11