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No soy solamente un número

Pues aun vuestros cabellos están todos contados. Así que, no temáis; más valéis vosotros
que muchos pajarillos. Mateo 10:30-31

INTRODUCCIÓN:
En estos tiempos la humanidad no aprecia el valor de una persona. A veces a los hombres se
les honra más que a las mujeres y en otras a las mujeres que a los hombres. A los ricos se les
respeta más a que a los pobres u obreros. Al profesionista más que a los iletrados etc., El valor
actual de una persona se determina como en el mercado, se determina como el precio de un
auto. El modelo reciente es cotizado y entre más viejo se devalúa. La perturbadora verdad es
que el valor humano depende del que lo valora. ¿Quién le ha puesto valor a tu vida? Sin
embargo, a los ojos de Dios y de una madre o un padre se ve algo interesante. Ningún ser
humano aprecia el valor de la vida sino hasta que sean padres, no sé si alguien lo entiende
antes de serlo. ¿Qué pasaría si el diablo te hiciera una oferta por las vidas de tus hijos? que te
ofreciera darte ganancias para toda tu vida siendo la familia más rica del mundo por uno de
tus hijos ¿Qué harías? Qué te parece todo el petróleo del medio oriente o muchas
propiedades de tal forma que seas un hombre muy rico.

Sé que su respuesta sería igual que la mía ¡No! No hay cantidad de dinero ni posesiones
materiales que puedan tentarnos a vender a nuestros hijos. El valor de una persona es
incalculable, sin embargo, las personas no se ven así. Nadie le da este valor al ser humano sino
solo Dios.

¿Cuánto vale un ser humano? ¿Cuánto vales tu? Y ¿Cuánto vale el amigo que ganarás para
Cristo? Con esto admitimos que nadie puede ponerle precio a la vida de un ser humano y esto
nos prepara para pensar que todo el mundo es el bebe de alguien. Y según las normas de los
padres, no hay otro niño en el mundo que valga menos que el mío. Esto nos dice algo acerca
del valor inapreciable de una persona. Sin embargo esto también nos muestra la incoherencia
en la aplicación de estas normas, pues valoramos a los nuestros y a los otros no. Solo hay
alguien quien es el padre de padres que nunca pierde de vista el valor de las personas, viejos
o jóvenes y niños. Jesús, quien no cedió cuando el diablo le ofreció los reinos del mundo por la
salvación de los hombres.

1 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.
2 Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.
3 Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en
pan.
4 El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que
sale de la boca de Dios.
5 Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo,
6 y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está:
A sus ángeles mandará acerca de ti, m y,
En sus manos te sostendrán,
Para que no tropieces con tu pie en piedra. m
7 Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.
8 Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la
gloria de ellos,
9 y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares.
10 Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él
sólo servirás.
11 El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.
Mat. 4:1-11

El valor del ser humano lo llevó a decidir a morir en sacrificio por la humanidad. Su punto era
claro en sus acciones de amor, si el padre celestial toma nota de un pajarillo que cae a tierra,
entonces ¿se imagina lo mucho que ama a sus propios hijos y se preocupa por ellos? Si todos
compartiéramos el valor que Él le da a una persona, nuestras familias e iglesias serían lugares
más sanos y seguros.
Nada daría más valor a nuestros amigos que el ser tratados como alguien “por quien Cristo
murió”

15 Pero si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme al amor.


No hagas que por la comida tuya se pierda aquel por quien Cristo murió.
Romanos. 14:15

11 Y por el conocimiento tuyo, se perderá el hermano débil por quien Cristo murió.
1 Cor. 8:11

Normalmente los hombres y las mujeres son etiquetados con expresiones y números, inclusive
en las iglesias. Con esto no estamos diciendo que enumerar es malo, sino que solo te mires no
como un número. Tu y la persona que vas a ganar para Cristo no son tan solamente un
numero. Detrás de los números en que se identifican las personas, hay hombres y mujeres con
necesidades y deseos de ser reconocidas como tales y con un precio incalculable que Dios les
dio. Somos mucha más que números de una estadística. En el censo de población se te conoce
como un numero, y tal vez en otro lugar como 100 y 2500 etc., Para Dios eres algo especial y
el amigo que vas anotar para ganarlo también lo es. Pensemos en lo que somos para Dios y lo
que Él dice que somos.

ERES IMPORTANTE PARA DIOS


Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo
grande bonanza. Marcos 4:39. Cuando acaba de pasar una tormenta, valoramos la hermosa
paz y tranquilidad que nos da nuestro Dios, un día soleado y todo vuelve a la normalidad.
Esperamos dos o tres días detenidos en nuestra casa sin saber cuando dejará de llover y de
estropear nuestros planes, sin embargo puedes estar dentro de la tormenta y disfrutar por
lo que estás pasando, encerrado en tu casa con tu familia tomando algo calientito viendo
por la ventana como el viento mueve los árboles y sacude el agua que está cayendo,
observas a unas cuantas personas que corren por entre el chubasco tratando de protegerse
y piensas: “Gracias Señor por la casa que tengo”, puedes estar quieto el agua no te tocará,
quizás pueda infiltrarse en tu casa por debajo de la puerta o por el techo, pero estás
tranquilo, en medio de la tormenta tienes tranquilidad porque tu casa está firme.

La tormenta no se ha ido, pero estás cómodo porque hay un techo que te protege y unas
paredes que te cubren, no puedes llevar a cabo los planes que tenías pero no por eso te vas
a quedar sin hacer nada, quizás tus planes eran ajetrearte y Dios te estaba invitando a
descansar, probablemente por ti mismo nunca lo hubieras hecho, así que te invitó a su
manera a que descansaras.

En nuestra vida sucede algo similar, en ocasiones tenemos tanto tiempo ocupados en nuestros
asuntos y nos olvidamos de lo primordial, descansar en los brazos del Señor Jesús, en las
tormentas de nuestra vida hay una invitación muy clara de parte de Dios: “descansa en mí”. Es
por eso que Dios nos permite pasar por situaciones que están fuera de nuestro control, para
demostrarnos que con su fuerza todo es posible, tú vas a estar seguro de algo hasta que
compruebas su efectividad.

El problema es que muchas veces decimos confiar en Dios pero nunca dejamos que Él pelee
nuestras batallas por nosotros, somos tan autosuficientes que creemos poder hacer todo
solos, cuando Dios nos ha dicho que Él ya hizo todo por nosotros, es nuestro Pastor y nada nos
faltará.

Dios ha hecho todo esto por ti para que entiendas el mensaje, “Eres importante para mi” te lo
dice en cada amanecer, a cada momento, a través de cada situación, “eres importante para
mí, te he cuidado, te voy a cuidar, siempre te he amado, antes de nacer te conocí, te
santifiqué, te aparté, eres mi tesoro (Éxodo 19:5), eres la niña de mis ojos (Deuteronomio
32:10), mis planes para ti son de paz (Jeremías 29:11), nunca te dejaré, ni te desampararé
(Josué 1:9), te amo tanto que di a mi Hijo por ti(Juan 3:16).”

Y lo único que nos pide es que confiemos en todo lo que ha hecho, Dios quiere que lo sepas y
nunca lo olvides, eres importante para Él, tanto que Jesús murió en la cruz del Calvario para
que tú vivieras, deja de luchar con tus fuerzas, no puedes vencer las tormentas sólo, deja que
Jesús las detenga por ti, de hecho Él ya lo hizo, de nada sirve preocuparse, al contrario, deja
simplemente tus cargas en Jesús y deja de ser orgulloso (1 Pedro 5:6-7), permite que la ayuda
divina proporcione todo lo que necesitas y tómalo con la tranquilidad que un bebé duerme en
los brazos de sus padres. No estamos solos ni huérfanos, el espíritu clama: Abba Padre y tienes
ese derecho de hablar con tu Padre no como un Dios lejano o tirano, sino como un miembro
de tu familia, porque eso eres, miembro de la familia de Dios, no un extraño, sino alguien que
come de la mesa misma del Rey.

I.- Pues aun vuestros cabellos están todos contados. Así que, no temáis; más valéis vosotros
que muchos pajarillos.
Mateo 10:30-31

Tu vales más que toda la creación. Analicemos la expresión “aun vuestros cabellos están todos
contados” Si creías que no eras importante Dios toma en cuanta todo lo que tú eres. Aun de
tus cabellos Dios toma cuidado. Checa la expresión están todos contados. ¿Sabes cuantos
cabellos tienes? Dios si.

II.- Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: Antes que te formase en el vientre te
conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones. Jeremías 1:4-5.

Tal vez piensas que nadie te toma en cuanta o que tu vida es un accidente. No es así, todo ser
humano tiene un plan para su vida. Aunque este versículo se aplica para describir la vida. del
profeta, es aplicado a todos los seres humanos. Antes que te formases en el vientre de tu
madre Dios ya tenía cuenta de ti y te conoce, te dio vida para algo especial. Fuiste creado para
algo, hay un plan para tu vida.

Tú eres muy importante.

III.- Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas,
porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Isa 43:1.

Dos cosas interesantes: Elte puso nombre y no número. El te conoce con un nombre y este
nombre es en base a lo que tú eres como persona, no lo que las personas piensan que tú eres.
No con el nombre con que te conocen ni con el sobre nombre que te pusieron, sino por lo que
tú eres para Él. Solo en Dios conocerás tu plan de vida.

IV.- El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a
comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un
nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe. Apoc. 2:17

Un día conocerás verdaderamente lo que tú eres para Dios y ese nombre que Él te dio cuando
planeo tu vida.

CONCLUSIÓN:
Tu eres más de lo que las personas dicen que eres, Dios te conoce perfectamente quien eres y
lo que tú vales aunque tú no lo conozcas. Tú no eres victima de la circunstancia, ni de lo que
dicen las personas de ti. Tú eres alguien especial.

La ciencia adopta, como parte de su método, un enfoque naturalista: excluye cualquier


hipótesis que postule la existencia de entidades sobrenaturales. Una consecuencia de este
requisito metodológico (suponer que existen espíritus, milagros o magia le impediría
trabajar) es que la ciencia es, necesariamente, materialista.
Últimamente, “materialista” se ha convertido en una mala palabra. Y en efecto: aplicado de
manera miope, el materialismo puede llevar a conclusiones cuadradas y cortas de miras.
Un ejemplo: calcular cuánto vale un ser humano.

Químicamente, el cuerpo humano –si no hay espíritus, un humano es nada más su cuerpo–
se compone sólo de varios elementos en distintas cantidades. Aunque los cálculos varían,
consta de 65% de oxígeno, 18% de carbono, 10% de hidrógeno, 3% de nitrógeno, 1% de
fósforo, 0.5% de calcio, 0.35% de potasio, 0.25% de azufre, 0.15% de sodio, 0.15% de cloro,
0.05% de magnesio y cantidades minúsculas de otros elementos. El precio de todo esto es
entre uno y 15 dólares.
Pero no saltemos a conclusiones: los elementos del cuerpo humano no están aislados,
forman compuestos químicos, incluyendo macromoléculas de gran complejidad, como el
ácido desoxirribonucleico (ADN) y proteínas como enzimas o anticuerpos, con altísimo valor
de mercado. Tan solo el costo estimado del ADN de un humano sería de 9700000 dólares, y
el de sus anticuerpos, 7300000.
Pasando del nivel químico al fisiológico, que considera ya no moléculas, sino los órganos del
cuerpo humano, su valor aumenta. Un pulmón puede costar 116000 dólares; un riñón,
91000, y un corazón, 57000. El valor total de los órganos de un cadáver que pueden
aprovecharse para trasplantes es de cientos de miles de dólares. Y algunos tejidos y células
son aún más caros: la médula ósea puede valer 23 millones de dólares; 32 óvulos de una
mujer, 224 000 dólares, igual que los millones de espermatozoides que un hombre puede
vender durante 20 años. Así, el valor de un cuerpo humano podría alcanzar los 45 millones
de dólares.

Pero un ser humano no es sólo la materia que lo forma: es también su historia, su vida y sus
actos, todos consecuencia de su mente y su conciencia, productos no materiales, pero
tampoco sobrenaturales, del funcionamiento de su cerebro.
El error es valorar a una persona sólo por su costo monetario, no importa si es dos o 45
millones de dólares. Un ser humano no puede tener precio. No es sólo materia, sino
conciencia. El reto es entender, de manera naturalista, cómo esta surge de un cerebro hecho
sólo de elementos químicos.

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