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SEMANA 9. DICKENS II.

TIEMPOS DIFICLES

Observaciones en torno al dinero en Tiempos difíciles.

Emilio Bernini

Diría que aparece en cuatro modos, cuatro formulaciones, en una novela en la que, a
diferencia de Papá Goriot, el dinero no tiene sin dudas el mismo rol, porque la
centralidad en Tiempos difíciles está puesta en la educación y en la crítica
consecuencialista de la educación, en el trabajo y en las posibilidades de reforma de
esas condiciones laborales de explotación, por medio de la “simpatía” entre las clases.

1.

La primera, relativa a un pasaje que discute directamente con Martineau (Illustratios of


Political Economy), sobre la educación de los niños en distintas “sectas” religiosas, que
tienen en común no permitir el asombro, en I, 8, “Never Wonder”): la buena educación
para una de ellas, para la secta número tres:

“escribía para ellos unos libritos como el plomo, demostrando que los niños bien
educados llevaban infaliblemente su dinero a las Cajas de Ahorro”.

El ahorro de dinero está considerado desde la perspectiva de una educación errónea, que
no alienta la imaginación. En el mismo sentido de las relaciones entre el dinero y el
ahorro, está configurado uno de los rasgos de la madre de Bounderby (Mrs. Pegler) que
viaja solo para ver a su hijo desde lejos, y en esos viajes costosos, que hace una vez al
año, se gasta todos sus ahorros: “Me gasto en esto, una vez al año, todos mis ahorros”.
(I, 12)

2.

La segunda es aquella en la que se establece una relación entre el dinero y el tiempo: en


la parte I, 6, cuando Bounderby y Gradgrind van al circo a buscar al padre de Sissy
Jupe, para proponerle que la van a tomar para educarla, leemos:

Tiempos difíciles, I, 6

“-¡Con su permiso, señores! –dijo Mr Childers, inspeccionando con la mirada


todo el cuarto- ¿Son ustedes, me parece, los que querían ver a Jupe?
-Yo soy –contestó Mr. Gradgrind-. Su hija ha ido a buscarlo, pero me es
imposible esperar; de modo, pues, que si me lo permite, le dejaré un mensaje
para él.
-Comprenda, amigo –intervino Mr. Bounderby-, nosotros somos la clase de
personas [kind of people] que conoce el valor del tiempo y ustedes son la clase
de personas que no conoce el valor del tiempo.
-No tengo el honor –replicó Mr. Childers después de mirarlo de la cabeza a los
pies- de conocer a usted; pero si usted quiere decir que puede hacer más dinero
de su tiempo del que yo puedo del mío, debo juzgar por su apariencia que usted
tiene razón”.
(Dickens subraya “usted”; el resto de los énfasis me corresponde).

Hacer dinero del tiempo, dice el texto en inglés, que la traducción no recoge. Hay una
diferencia interesante entre hacer dinero del tiempo y hacer dinero en el tiempo. Podría
encerrarse ahí una diferencia entre dos modos de vivir el tiempo: en el sentido
bioeconómico, esa diferencia involucra la vida. Hacer dinero del tiempo supondría un
vínculo únicamente productivo con el tiempo; hacerlo en el tiempo supondría otras
posibilidades de uso del tiempo: el tiempo de diversión. De allí probablemente que
Sleary le diga más adelante a Gradgrind. “Usted es de los que tiene una curiosa visión
del dinero”, con su lengua deformada por el trabajo.

La cuestión es entonces entre el dinero como productividad del tiempo y la pérdida de


tiempo como improductividad. Es decir, está en relación con la cuestión del trabajo
productivo y del trabajo improductivo, que Dickens propone en la lectura de
Courtemanche, considerar en conjunto como trabajo. Entonces, de nuevo, el dinero está
subordinado a otra discusión (como en el caso del ahorro que está vinculado a la
educación), la del trabajo productivo e improductivo. El circo se presenta como un
modo de producción que no capitaliza el tiempo, del mismo modo en que lo hacen
Bounderby y Gradgrind, pero la novela no se extiende aquí en esa cuestión, sino que
sigue, como si justificara el despilfarro del tiempo de la gente del circo, con la
afirmación de que los del circo son honestos, tienen una “incapacidad especial para el
engaño”, etc. En esto mismo, la escena también tiene el objetivo de continuar la
presentación de la oposición inicial entre dos kind of people, dos tipos de personas, dos
clases.

3.

En el mismo sentido, la ciudad industrial está descripta por su uso productivo del
tiempo, por su uso capitalista:

I, 14

“El tiempo siguió su marcha en Coketown lo mismo que sus máquinas: tanta
materia prima trabajada, tanto combustible consumido, tanta potencia gastada,
tanto dinero ganado. Pero menos inexorable que el hierro, el acero y el bronce,
aportó sus variadas estaciones hasta el interior de aquel desierto de ladrillos y de
humo, e hizo la única resistencia que se hizo alguna vez contra su terrible
uniformidad [...]
El tiempo con sus incontables caballos de fuerza, transcurrió, sin preocuparse de
lo que pudiera decir nadie, y en el presente produjo en el Thomas treinta
centímetros más de estatura que la última vez que su padre se había fijado en él”.

(Dickens subraya “hizo”; el resto me corresponde)

Fíjense que, en la cita, vuelve a hacer una distinción, ahora entre el tiempo productivo,
en el sentido del capital, y el tiempo como devenir, que escribe con mayúsculas, que me
interesa remitir a aquella entre hacer dinero en el tiempo y del tiempo, y que también
hay que remitir a la concepción del propio presente como “época”, como “edad”, en el
sentido que señalé antes en las relaciones con Carlyle y los Signs of times. Acá el tiempo
como devenir es el que no está sujeto a la lógica de acumulación de capital, a la lógica
de la productividad; y es a la vez el transcurso diegético del tiempo, que resiste la
uniformidad de la ciudad industrial, que implica ciertos cambios en los personajes. Pero
no obstante, ese mismo tiempo como devenir, está pensado con las figuras del trabajo:
los “caballos de fuerza” del tiempo, el tiempo como “gran fabricante” (el título del
capítulo). Como si Dickens buscara extender la omnipresencia del trabajo industrial a
los efectos del tiempo, continuar en su descripción del tiempo con las mismas
metáforas de la producción y de la fábrica, pero para a la vez diferenciarlo, presentarlo
como una fuerza irreversible, como fuerza del devenir, que resiste el tiempo de la
producción humana y sus efectos, y cuyos objetivos se desconocen. “En algunos
estadios de su elaboración de la fábrica humana, los procesos del Tiempo son muy
rápidos”; más adelante señala que sus objetivos son “secretos”.

4.

Por último, el episodio del robo de dinero por parte de Tom Gradgrind en el banco de
Bounderby. El robo de dinero aparece representando la sexualidad de modo sublimado.
En principio está asociado a la relación more incestuosa entre los hermanos: todas las
decisiones de Louisa tienen que ver con su hermano. Su relación con Harthouse está
mediada por la cuestión del dinero; ella le confiesa al aristócrata haber vendido sus
joyas para pagar las deudas de juego de Tom. En el momento en que Tom trama el robo
al banco, la escena en la que Tom y Blackpool conversan, le ofrece un arreglo, para
involucrarlo y que lo señalen como culpable, está narrada en términos de connotación
propiamente sexual: 6, II.

“Tom había embutido un dedo mientras hablaba en uno de los ojales de la chaqueta de
Stephen y daba vueltas con él como si fuese un tornillo, de un modo rarísimo”.

Lo raro, para un escritor victoriano como Dickens, es precisamente la connotación


sexual del detalle.

También el episodio del robo debe leerse en el sentido consecuencialista: Tom por la
educación utilitarista que recibió se volvió un adicto al juego, además de un individuo
con una “sensualidad abyecta”, como dice literalmente el narrador. Ese detalle del dedo
en el ojal no hace más que dar cuenta de esa sensualidad. El robo es de una cantidad
irrisoria y tiene el efecto, en términos diegéticos, de promover el final de la novela: la
acusación infundada de Blackpool por parte de Bounderby, el rechazo de los obreros
dirigidos por Slackbridge, la “exilio” y el accidente en la caída en el pozo minero.

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