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La defensa de la mujer adúltera

8 Jesús regresó al monte de los Olivos (Los zorros tienen madrigueras y nidos las aves del
cielo; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza Lc 9, 57-58) 2 pero muy
temprano a la mañana siguiente, estaba de vuelta en el templo. Pronto se juntó una
multitud, y él se sentó a enseñarles. 3 Mientras hablaba, los maestros de la ley religiosa y
los fariseos le llevaron a una mujer que había sido sorprendida en el acto de adulterio; la
pusieron en medio de la multitud.4 «Maestro—le dijeron a Jesús—, esta mujer fue
sorprendida en el acto de adulterio. 5 La ley de Moisés manda apedrearla; ¿tú qué
dices?».

6 Intentaban tenderle una trampa para que dijera algo que pudieran usar en su contra,
pero Jesús se inclinó y escribió con el dedo en el polvo. 7 Como ellos seguían exigiéndole
una respuesta, él se incorporó nuevamente y les dijo: «¡Muy bien, pero el que nunca
haya pecado que tire la primera piedra!». 8 Luego volvió a inclinarse y siguió
escribiendo en el polvo.

9 Al oír eso, los acusadores se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los de
más edad, hasta que quedaron solo Jesús y la mujer en medio de la multitud. 10
Entonces Jesús se incorporó de nuevo y le dijo a la mujer:

—¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ni uno de ellos te condenó?

11 —Ni uno, Señor—dijo ella.

—Yo tampoco —le dijo Jesús—. Vete y no peques más.

ACERCAMIENTO AL EVANGELIO
A la pregunta de cómo empieza Jesús su jornada, y leer el principio de este evangelio, se
entiende la dedicación constante de Jesús a su misión. Jesús ha pasado parte o toda la noche
orando y meditando en el monte de los olivos y al amanecer va al templo. Inspira serenidad.
De madrugada sale al templo a ofrecerse a sí mismo a todos aquellos que como nosotros,
encontramos VIDA en sus palabras y en su actuar, en medio del constante acecho por parte
de sus detractores, los jefes religiosos del judaísmo, que seguramente lo quieren hacer
desaparecer del paisaje.
Los escribas y fariseos presentan a la mujer pecadora ante el Maestro con doble intensión.
Curioso como siempre la diferencia en la vara de medir las faltas de los hombres y las
mujeres. Como pasa ahora. Al ver la escena y la situación, nos recuerda la facilidad con que
emitimos juicios sobre lo correcto e incorrecto, y nos hace pensar en nuestras propias
actitudes. Otro aspecto curioso es el hecho que pareciera que la mujer adulteró sola, no se
presenta al cómplice, a pesar de que la Ley determinaba la pena de muerte por lapidación,
para ambos adúlteros, tanto el hombre como la mujer (Lev 20, 10 y Dt 22, 22).
En ese encuentro Jesús re direcciona el rol tradicional de la época; actúa tan diferente que
solo crea desconcierto y confrontación interior ante los acusadores y la misma adúltera. Lo
que esperaban era agresión y aplicación de una Ley inhumana e injusta y lo que se
encontraron fue un momento que los retó a pensar en la dignidad humana y en su propia
miseria como pecadores. No les habló de la Ley, le habló al corazón.

Jesús nos invita una vez más a pasar los momentos de toma de decisiones por el tamiz del
amor y la misericordia que sólo vienen de Él.

El perdón por encima de todo, sólo con la petición de no pecar más. El propósito de la
enmienda que nos enseñaron de pequeños.
Juan utiliza el texto de la mujer adúltera para darle más brillo a aspectos fundamentales en
la vida de Jesús. Por una parte, su esmero y cuidado con los débiles, los repudiados y los
desestimados por las sociedades, y por la otra, hacernos conscientes de que la naturaleza
humana es débil, imperfecta, inestable, errática e incongruente.

Los débiles son representados en la mujer adúltera. Aquellos que, como hoy, suelen recibir
todo el peso de la ley, del olvido y de la injusticia. Una sola frase desvela la inconsciencia
de quienes a veces nos sentimos dueños de lo correcto, de lo que debe ser, de la tradición,
por encima de lo humano y de lo divino expresado en la misericordia, la compasión y la
solidaridad: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Las creaciones
humanas son temporales y frágiles, el Covid-19 nos está mostrando esta fragilidad. Y el
Espíritu, como el viento, nos invita a cambiar de dirección.

ACERCAMIENTO A LA VIDA
CONVERSIÓN PERSONAL
Jesús es toda una inspiración en su forma de vivir y en su manera de estar en el mundo, por
eso es un buen ejemplo de actuación inspiradora para intentar crear un mundo más humano.
Antes de juzgar o condenar a alguien podemos aprender de Jesús, la serenidad, la
prudencia, la piedad y el discernimiento.

De la actitud de Jesús valorar su apertura de mente, es como si para mostrarnos sus


enseñanzas partiera de un punto cero, donde no hay prejuicios ni leyes que puedan
enturbiar su visión.

Toma distancia y se da cuenta que lo que generalmente viven las personas en aquella época,
especialmente los dirigentes religiosos, ya no sirve para la construcción del reino que le
manifiesta su Abba. Pero no se queda allí, consciente de que lo que está sucediendo en su
pueblo no corresponde al Reino de su padre, sino que, impulsado por el Espíritu, se expone
a sí mismo valerosamente y pone en evidencia la forma distorsionada de pensar y actuar de
aquella cultura
Del texto se destaca algo que parece fundamental en Jesús y que podemos acoger casi que
radicalmente en nuestra vida, tener la capacidad de tomar distancia de lo aprendido en la
cultura en la que nos hemos movido: religión, política, sociedad, entorno familiar, colegio,
grupos influyentes de amigos y amigas, en fin, todo aquello que ha aportado en la
construcción de la forma en que percibimos, vemos y vivimos nuestro lugar en el mundo.
Más que buscar el bien de las personas, la actitud de Jesús nos lleva a dar una oportunidad a
las personas por el hecho de serlo.

COMPROMISO EN EL PROYECTO DE JESÚS


Sentimos un llamado a seguir el mismo hilo que nos dejó Jesús, en el sentido expuesto
anteriormente. Cuantos vivimos en una zona de confort que contradice los anhelos y
fundamentos que vivimos en nuestro interior. A nuestro alrededor se viven las
contradicciones de los demás en su búsqueda de una mejor forma de vivir, que reflejan tal
vez las propias. Nos falta ese valor de Jesús para ser coherentes con el Reino de nuestro
Padre; atrevernos a SER a pesar de que se venga el mundo encima, con todas las
consecuencias que de ello se deriven.

Todavía hay tiempo.

Existen ámbitos donde se ven casos de desigualdad entre hombres y mujeres que tal vez
obedecen a los factores del poder, de las influencias del hombre con respecto a la mujer.
Importante es fomentar los valores humano-cristianos del ser por su dignidad de persona.
En el ámbito religioso, todos conocemos el papel que desempeña la mujer. Si llegara al
“poder” lo haría tan bien y tan mal como los hombres.

Debemos focalizar nuestro esfuerzo en que los hechos de vida no sean contradictorios con
el discurso y las palabras que expresamos. Importante tratar de tener contacto diariamente
con la palabra de Dios, en especial los evangelios, ya que estos libritos nos hablan del
evangelio (mensaje – buena nueva), Jesús mismo es excelente noticia, es la BUENÍSIMA
NOTICIA.
ORACIÓN «Salmo 25 (24)»
Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios
y Salvador
Buen Jesús, haz de mí un instrumento conciliador en mi familia, en mis grupos, con mis
vecinos y prudente con mis amistades. Dame la fuerza y la voluntad para hacerlo.
 Como juzgo yo a los demás?
Con dureza inquisidora?
Con suavidad haciendo ver que existen otros caminos?
Defiendo las injusticias o me quedo en silencio?
Se perdonar?
Me siento amad@, escuchad@ y perdonad@ por Dios?
Y como me trato yo a mí mism@ ante mis errores?

 El está en medio de nosotros, no puede ser de otra forma. Su Espíritu está fusionado con
el nuestro y nos invita a descubrirlo en nuestro interior y proyectarlo hacia los demás con
nuestras palabras y obras.

 ¡Cuánta hipocresía!… tanto en tiempo de Jesús como ahora… Y eso es lo que a Jesús lo
enoja: la hipocresía. De ahí su silencio, su actitud de ponerse a garabatear en el suelo, como
esperando a que reaccionemos frente a la injusticia y que dejemos de condenar… Quien no
tenga culpa que tire la primera piedra…

 Jesús la rescata de esa situación humillante y la dignifica al mirarla y al hablarle


llamándola Mujer. Esa palabra en boca de Jesús toma una dimensión redentora que le
permite levantarse y emprender la vida de otra manera

 ¡Cuánta empatía nos hace falta en el momento de hablar de la conducta de las demás!
Jesús nos invita en este pasaje a poder mirar a todas las personas –especialmente a las
mujeres más vulnerables, pobres o marginadas- con ojos compasivos y misericordiosos
como él lo hace y salir en su defensa, cuando son atacadas injustamente, o cuando están en
situación de inferioridad.

 A pesar de nuestros errores, son más grandes nuestros valores, nuestras bondades. Lo
bueno nuestro es lo que hay de Dios en nosotros.

Dios no nos tiene que perdonar nada. El Es solo misericordia y ya nos perdonó. No puede
condenarnos. Señor ten piedad, es una súplica REDUNDANTE. (No son palabras textuales,
es lo que he asimilado)

 Con sospecha o con simpatía, el relato permaneció en los evangelios, a costa de buscarle
una explicación a la “frase infractora” que algunos hubieran preferido que Jesús no hubiese
pronunciado: “Yo no te condeno”. La mujer tenía que ser lapidada, pero gracias a su gran
arrepentimiento, Jesús la defendió y después la perdonó. ¡qué bueno es el Señor! Pero, sin
embargo, no hay nada en el texto que nos haga suponer que la mujer adúltera se había
arrepentido.
 Este evangelio sigue incomodando hoy como lo hizo en los primeros siglos. Sigue
preocupando a quienes continúan, desde su “hipócrita moralidad” con el derecho de lanzar
piedras, difamaciones, marginando, pronunciando juicios severos, alimentando
desconfianzas, difundiendo habladurías….

 La actitud tolerante de Jesús transmite toda la misericordia y bondad de Dios. Este gesto
es el centro de la atención de la escena y todos los personajes que están alrededor
desaparecen ante su intolerancia. El mensaje de Jesús estaba hecho de palabras, pero sobre
todo de hechos. Hablaba de misericordia y de compasión, pero con gestos, para que se
pudieran entender mejor. Jesús no condena, da nuevas oportunidades.

Si los fariseos y los escribas −que vivieron en una cultura netamente religiosa− no habían
comprendido, finalmente, las Escrituras −y, por ello, juzgaron equivocadamente−, ¿qué
esperanza puede tener hoy un cristiano que no se prepara y que no profundiza en su fe?
Mucho ojo con el “buenísimo”, ese creerse “buenos”, por ende, mejor que todos los
demás… Es como lo que pasa, por ejemplo, con el valor de la humildad: Nadie
verdaderamente humilde puede reconocer su humildad porque, entonces, deja
automáticamente de serlo…

¡No al “puritanismo hipócrita”! No podemos juzgar a otros estando nosotros en la misma


condición que ellos; hay que tener la autoridad moral para poder hacerlo y, aun así,
solamente Dios puede juzgar. El no juzgar es, para mí, esencial en el mensaje de Jesús. En
todas las escenas que aparece un pecador o pecadora, Jesús le perdona los pecados: es el
“gesto” más importante que realiza, mucho más que curar las enfermedades.

A veces, me cuesta orar por cinco minutos, mucho más una hora, o dos…, menos podría yo
orar toda la noche como Jesús y, sin embargo, ¡cuánto bien hace la oración! Si el “Hijo de
Dios” necesitaba orar, ¡cuánto más lo necesitamos nosotros! Sobre todo, en este tiempo en
que el mundo está viviendo una pandemia, me pregunto: ¿Dónde está Dios? ¿Por qué no
nos escucha? Pero el tiempo de Dios es perfecto, nos escucha y atiende nuestra súplica.

Ser justos como Dios es justo; partiendo de esta premisa, la justicia va por ahí: amar a mi
prójimo y, cuando amo, el trato es delicado y eficaz.

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