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EL PRINCIPIO DE PRECAUCIÓN Y LA POLÉMICA POR LA INSTALACIÓN DE ANTENAS DE

TELEFONÍA MÓVIL
El sector de las telecomunicaciones ha sido objeto a lo largo del tiempo de una variada y nutrida
regulación con el objeto de mantener un alto grado de eficiencia en el desarrollo del mismo,
articulando las recomendaciones internacionales –como es el caso de la Unión Internacional de
Telecomunicaciones (UIT)- y acatando las normas supranacionales que tiene aplicación directa y
efecto positivo en el sector de las TIC´S para lograr un mercado más eficiente, competitivo y con
garantía de derechos para todos los usuarios de las telecomunicaciones.
En la actualidad existe una preocupación que ha venido tocando a todo el sector TIC´S relacionada
con la aplicación del denominado “Principio de Precaución”, del que mucho se ha hablado, sobre
todo por los últimos fallos de la Corte Constitucional, y que en cierta medida han afectado a las
telecomunicaciones en Colombia debido a que en aras de proteger la salud se ha ordenado por esta
Corte desinstalar antenas de telefonía móvil.
Este principio se aplica “cuando existen evidencias científicas de que un fenómeno, un producto o un
proceso presentan riesgos potenciales a la salud o el medio ambiente, pero estas evaluaciones
científicas no son suficientes para establecer con precisión ese riesgo” (Sentencia C-988-2004).
Asimismo, se debe tener en cuenta que “el riesgo o la magnitud del daño producido o que puede
sobrevenir no son conocidos con anticipación, porque no hay manera de establecer a mediano plazo
los riesgos de la acción” (Sentencia C-703-2010).
Dicho lo anterior, se debe centrar la discusión en determinar si realmente ¿las antenas de telefonía
móvil celular, al emitir ondas radioeléctricas generan un riesgo de afectación a la salud de los
seres humanos? O ¿se le está dando un alcance nocivo a la salud, mayor del que efectivamente
puede, en un momento determinado, producir?

La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, en el año 20061, publicó un informe en el
que propone una clasificación de acuerdo a los niveles de riesgo en la salud, específicamente
cáncer- que representa la exposición a ciertos agentes. De acuerdo a esta clasificación, en el nivel
más alto de riesgo a la salud se encuentra el grupo N° 1, en el que se clasifican los agentes
denominados como “carcinogénicos para los seres humanos”; el grupo N° 2A está compuesto por
agentes denominados “probablemente carcinogénicos para los seres humanos”; el grupo N° 2B lo
componen los agentes “posiblemente carcinogénicos para los seres humanos”; el grupo N° 3 es el
de los agentes “no clasificables como carcinogénico para los seres humanos”; y en el grupo N° 4
están “los probablemente no carcinogénicos para los seres humanos”.

Dicho lo anterior, el año pasado la misma IARC2, publicó un documento donde concluye que existe
“poca evidencia que demuestre el efecto cancerígeno de las radiaciones de radiofrecuencias” sin
1 IARC. (23 de Enero de 2006). IARC Monographs on the Evaluation of Carcinogenic Risks to Humans. Recuperado el
16 de Marzo de 2014, de International Agency for Research on Cancer / World Health Organization:
http://monographs.iarc.fr/ENG/Preamble/CurrentPreamble.pdf

2IARC. (10 de Abril de 2013). International Agency for Research of Cancer. Obtenido de Agents Classified by the IARC
Monographs, Volumes 1–107: http://monographs.iarc.fr/ENG/Classification/ClassificationsGroupOrder.pdf
embargo, clasifica a los campos electromagnéticos de radiofrecuencia como posiblemente
cancerígenos dentro del grupo llamado “2B”3.
Este grupo se encuentra en el tercer nivel de riesgo, donde el nivel 1 es el máximo y el 5 es el
mínimo y según la IARC, en ese mismo Grupo 2B se encuentran clasificados 281 generadores del
riesgo carcinógeno adicionales, dentro de los que se encuentran los implantes quirúrgicos, el humo
de los escapes de motor, el humo de soldadura, el trabajo en la industria textil manufacturera; la
exposición ocupacional al lavado en seco, el denominado E-Glass (el cual es la fibra de vidrio de uso
más común en el mercado), el níquel y el plomo.

No obstante, es necesario precisar que frente al uso de los teléfonos celulares la Organización
Mundial de la Salud4-OMS, coloca a los teléfonos móviles en un nivel mil veces superior frente a las
antenas de telefonía móvil celular en relación con las probabilidades de generación de cáncer en las
personas.

En consecuencia, según los estudios más recientes, existe un riesgo en la exposición a campos
electromagnéticos, pero dicho riesgo es mínimo, menor al generado por la exposición de
radiofrecuencias que emiten los teléfonos celulares e igual al generado por un sin número de cosas
que circulan por el medio ambiente y que son del contacto diario de las personas, entre ellas los
niños y personas mayores.
Lo anterior nos lleva a concluir que el Estado colombiano en garantía del derecho fundamental a la
salud debía hacer uso de medidas precautorias para minimizaran dichos riesgos, en atención a las
emisiones de las antenas de telefonía móvil, y en esta línea pensar a futuro sobre la aplicación de
alguna medida precautoria frente al resto de agentes que no hacen parte del sector de las
telecomunicaciones, que se encuentran en igual o superior grado de riesgo.
Pero ¿cómo se pueden ejercer las medidas precautorias? es decir ¿a través de decisiones
judiciales o a través de normas regulatorias que provienen del gobierno nacional? y en
consecuencia ¿son necesarias las medidas precautorias que provienen de los jueces si
previamente se han implementado a través de la regulación?
¿En Colombia con anterioridad a que la Corte Constitucional emitiera algún pronunciamiento
sobre la aplicación del principio de precaución sobre las antenas de telefonía móvil celular y
ordenará, en garantía del derecho a la salud, desmontarlas, no se había considerado alguna
medida precautoria en esta materia?
En el 2005, el Presidente de la República expidió el Decreto 195, el cual incorpora la recomendación
emitida por la Unión Internacional de Telecomunicaciones, “UIT-T K.52”, al ordenamiento jurídico
nacional, que establece una "Orientación sobre el cumplimiento de los límites de exposición de las
3
Categoría que se utiliza cuando se considera que una asociación causal es creíble, pero el azar, los sesgos o los
factores de confusión no pueden descartarse con una confianza razonable”. Nota descriptiva 193 de 2011-OMS.

4OMS. (31 de Mayo de 2011). Comunicado de prensa N° 208: IARC classifies radiofrequency electromagnetic fields as
possibly carcinogenic to humans. Obtenido de Orgnización Mundial de la Salud: http://www.iarc.fr/en/media-
centre/pr/2011/pdfs/pr208_E.pdf
personas a los campos electromagnéticos". Esta recomendación a su vez acoge los límites de
seguridad que proporcionó la Comisión Internacional de Protección de Emisiones No Ionizantes,
(ICNIRP), cuerpo de científicos independientes que realiza estudios sobre los potenciales peligros
para la salud humana, avalados por la OMS.
La ICNIRP en su calidad de órgano científico y experto en el estudio de los riesgos que generan las
radiaciones no ionizantes en la salud de los seres humanos, estableció cuáles son las restricciones
en los efectos sobre la salud, técnicamente llamadas “restricciones básicas”. Dichas restricciones
son umbrales en términos de potencia y densidad que no pueden ser excedidos con el fin de
prevenir cualquier tipo de afectación.
En tal sentido, por debajo de dichos umbrales determinó una serie de límites preventivos que son
cincuenta 50 veces inferiores a los mismos, de esta manera se eliminó el riesgo de efectos térmicos
en vía de protección a la salud de los seres humanos por exposición a campos electromagnéticos de
radiofrecuencia. Así, en niveles de campos electromagnéticos que estén por debajo de estos límites
se garantiza un entorno fuera de riesgo.
Este organismo clasifica dichos límites en dos tipos de exposición: “Exposición ocupacional” en caso
de adultos que generalmente están expuestos bajo condiciones conocidas y que son entrenados
para estar conscientes del riesgo potencial y para tomar las protecciones adecuadas; y “Exposición
del público en general” que comprende individuos de todas las edades y de estados de salud
variables y puede incluir grupos o individuos particularmente susceptibles. En el nivel de exposición
ocupacional los límites son más flexibles que los límites en el nivel de exposición del público en
general, caso en el cual dichos límites dependiendo de diferentes factores de susceptibilidad son
más estrictos.
Es preciso hacer un llamado a la reflexión sobre cuál es la naturaleza de estos límites, puesto que si
se analiza en detalle no son otra cosa sino “medidas precautorias” que se crearon en razón a los
riesgos que estas organizaciones internacionales determinaron, fundamentadas en estudios serios y
que se consideran proporcionales a dichos riesgos.
En este sentido, las medidas judiciales encaminadas a proteger la salud bajo el criterio del deber de
aplicación del principio de precaución sobran, puesto que dicho principio ha sido previamente
aplicado en la regulación interna.
La Agencia Nacional del Espectro-ANE, es la entidad técnica dotada de los equipos tecnológicos
apropiados, quien se encarga de realizar las mediciones respectivas y determinar si se superan o no
dichos límites para que con fundamento en estos resultados, se tomen medidas correctivas por la
autoridad competente, pues como ya se explicó, las preventivas las establece la regulación interna
(Decreto 195 de 2005).
Así que no existe un vacío regulatorio determinado por la falta de normatividad referida a la
distancia, pues como resultado de los estudios científicos realizados por los organismos
internacionales competentes, se demostró que el riesgo debía ser fundamentalmente limitado en
términos de potencia y densidad más que en términos de distancia. Al respecto, La IARC advirtió
que se puede incrementar la exposición a campos electromagnéticos cuando las estaciones base de
teléfonos móviles se encuentran más lejos de la terminal, visto que estas pueden tener que variar su
potencia de transmisión5.
Las recomendaciones de la OMS en materia de regulación apuntan a otros temas que no han sido
abordados con rigurosidad y que de ser tratados de esta manera reducirían considerablemente el
temor de la comunidad y su descontento con la instalación de las antenas de telefonía móvil. Estos
temas son principalmente: observancia rigurosa de las normas de seguridad nacionales e
internacionales existentes; medidas de protección sencillas como la presencia de barreras en torno a
las fuentes de campos electromagnéticos intensos que impidan el acceso no autorizado a las zonas
donde pueda superarse el límite de exposición; consulta a las autoridades locales y a la población
sobre la ubicación de las estaciones base de telefonía móvil; un eficaz sistema de información y
comunicación de aspectos relativos a la salud entre los científicos, los gobiernos, la industria y la
sociedad.

Por: Subdirección de Vigilancia y Control


Angela Bejarano Daza (Coordinadora del Grupo de Investigaciones, Abogada)
con apoyo técnico del Ingeniero Cesar Camilo Rodriguez.

5
IARC, Non-ionizing Radiation, Part 2: Radiofrequency Electromagnetic Fields, volume 102, Lyon,
Francia, 2013, páginas 109 y 110.

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