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Entrevista con Ignacio Ramonet

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FEBRUARY 21, 2007

Esta entrevista fue realizada por Gloria Ribé, directora y guionista de cine y televisión,
en junio de 2006 en la ciudad de París.

Gloria Ribé: ¿Por qué y cómo los medios de comunicación han adquirido tanto poder?

Ignacion Ramonet: Efectivamente, nunca en la historia ha habido tantos medios con


tanta influencia. Además de la prensa escrita, la radio, y la televisión, ha venido a
añadirse el Internet, un verdadero continente nuevo. Por otra parte, en los últimos 10 ó
15 años, la propia televisión ha conocido un desarrollo cuantitativo extraordinariamente
importante. Hoy en día se puede recibir televisión por la línea telefónica. Esto quiere
decir que en un hogar de clase media, sobre todo en los países desarrollados, hay una
capacidad de recibir información como nunca en la historia.

Por otra parte, en esta época de la globalización, las empresas de los medios de
comunicación tienden a querer dominar un mercado cada vez más importante. Esto hace
que los grupos mediáticos, que antes eran locales o nacionales, hoy tienden a ser por lo
menos regionales, continentales o a veces planetarios, como es el caso de la CNN que
desde finales de los años 80 ha tenido como objetivo el dirigirse al conjunto del planeta.

Hoy los medios pertenecen a empresas extremadamente poderosas por ejemplo, la


empresa de Rupert Murdoch, un grupo de comunicación que difunde información por
televisión, por radio, por prensa escrita, pero además posee empresas que producen
música, televisión, cine, se ocupan del ocio, de la diversión, de cultura de masas, etc. A tal
grado que ya no sabemos distinguir lo que es cultura de masas, de lo que es publicidad y
de lo que es información.

Estos grupos no sólo son grupos de comunicación importantes, sino grupos empresariales
extremadamente influyentes y que tienen la capacidad de aprovecharse de las
oportunidades que les da la globalización para instalarse en muchos países, p ara tener
influencias sobre muchos dirigentes políticos y tener influencia en las opiniones públicas.
Orson Wells en 1941, en su película El Ciudadano Kane, ya planteaba estos problemas,
sólo que El ciudadano Kane era un señor que tenía ambiciones política s y poseía algunos
periódicos pero, en un solo país. El ciudadano Kane de hoy tendría muchos periódicos,
muchas emisoras de radio y muchos canales de televisión en muchos países.

G.R.: ¿Por qué los dirigentes políticos han cedido tanto poder a los grupos financieros y
mediáticos?
I.R.: En efecto, en muchas regiones del mundo, los dirigentes políticos han cedido poder a
esos grupos. Por ejemplo, todo el fenómeno que llamamos privatizaciones no es más que
una transferencia del poder del Estado al poder privado, es decir que el gran
enfrentamiento en esta época de la globalización es el enfrentamiento del mercado y el
Estado. El Estado se había mantenido un poco protegido por los dirigentes políticos pero
ahora, como en el Caballo de Troya, en el Estado se han introducido empresarios o
políticos con mentalidad empresarial que en realidad son los que están vaciando al Estado
de muchas de sus prerrogativas, en particular de su función de actor económico.

En ese contexto, los medios de comunicación tienen como función principal convencer al
conjunto de las poblaciones de que hay que hacer esas reformas, así como de votar por
aquellos que estén dispuestos a llevarlas a cabo. Obviamente los medios, como grupos
industriales y económicos van a beneficiarse de esas reformas. Por consiguiente, vemos
que existe una alianza entre el mensaje de la globalización a favor de lo privado y a favor
del capital, y esos grupos mediáticos que encuentran su provecho difundiéndolo.

G.R. ¿Podríamos pensar que se trata de un nuevo proyecto imperial?

I.R.: Las configuraciones geopolíticas del mundo actual hacen aparecer por primera vez
una hiperpotencia sin ningún tipo de rivalidad: los Estados Unidos. Una hiperpotencia que
se manifiesta en diversos sectores: el político, el económico, el tecnológico y
evidentemente, el militar. A esto hay que añadir que en el mundo occidental, la cultura
de masas dominante es la cultura de masas norteamericana, y que además es una cultura
muy rentable. Las exportaciones, en términos de comunicación en cultura de masas por
televisión, por cine, por libros, etc., ocupan el segundo lugar de las exportaciones
norteamericanas, después de la aeronáutica y antes de la farmacéutica.

Ahora, ¿esto corresponde a un proyecto imperial?. Podríamos decir “si” y “no”. En


realidad, basta con ver qué mensajes contiene el cine de Hollywood, o las series de
televisión difundidas por Estados Unidos, para ver que globalmente la cultura de masas
norteamericana es un mensaje muy favorable a las ideologías de la supremacía
norteamericana.

Entonces, en términos de contenidos, sí hay un proyecto imperial. Ahora, ¿significa eso


que en la administración de Estados Unidos en torno al presidente, hay reuniones cada
semana para estudiar cómo se va a dominar al mundo mediante las películas
norteamericanas?, la respuesta es "no”. No es un proyecto político, es un proyecto que
resulta de la voluntad de dominar y obtener provecho de un mercado a escala mundial.
Por consiguiente, no es un proyecto imperial ejercido desde la cúpula política, sino un
mensaje que ideológicamente sirve a los Estados Unidos.

G.R.: Esa voluntad de occidentalizar o de “americanizar” al mundo, ¿qué efectos


produce en otras culturas?
I.R.: Evidentemente produce efectos, por un lado, digamos “positivos”. Por ejemplo, hoy
en día, en la Europa, tanto occidental como en la antigua Europa del este, se ha admitido
globalmente la idea de ser occidental. El modelo de comportamiento, la manera de vivir
el ocio, la manera de organizarse en su propia casa, de amueblarse, de comer, el
concepto de democracia, el sentido del humor mismo, etc., nos hacen constatar que,
antropológicamente, el modelo norteamericano se está extendiendo. De igual forma
vemos que para las clases medias o las clases altas de Asia y América Latina, “vivir bien”
quiere decir vivir a la americana.

Por otro lado, también ha tenido efectos muy negativos en áreas culturales donde esa
voluntad de americanizar se percibe como una agresión al modo de vida tradicional. Por
ejemplo en el mundo árabe y musulmán, donde no hay democracia, donde no ha habido
movimientos de ascensión social de las clases más humildes, donde pervive la dominación
del hombre sobre la mujer, y donde las relaciones tribales y la religión son
extremadamente fuertes.

En este contexto, la “americanización” significa la derrota del Islam y por consiguiente,


defender el Islam es defender la tradición y evidentemente, agredir al que está
difundiendo esas tesis. De ahí los atentados del 11 de septiembre. Hoy sabemos que los
autores de esos atentados no se habían limitado a usar cuatro aviones; el plan original
contemplaba diez aviones. Aunque no sabemos a dónde iban a ir, pero siguiendo la lógica
de la agresión simbólica al poder económico (World Trade Center), al poder político
(Washington) y al poder militar (Pentágono), podemos imaginar que uno de esos aviones
hubiese golpeado los estudios de Hollywood o Disneylandia, como uno de los símbolos de
la supremacía de la cultura de masas que se impone al mundo.

G.R.: El poder de los medios y su influencia en la opinión pública, ¿están vaciando a la


democracia de su sentido?

I.R.: Es una cuestión que hoy se plantea en muchas sociedades. Por ejemplo, cuando
votamos, ¿votamos libremente?, ¿es mi libre albedrío el que me conduce a votar por este
señor o por esta señora?, o bien, en realidad, ¿es porque me han metido en la cabeza una
serie de ideas que hacen que yo, como una marioneta, voy a votar por lo que me han
dicho?. Estas pregunta es evidentemente importante hoy día, en la medida en que las
cosas se han complicado enormemente.

Hoy es extremadamente difícil comprender la economía y la política. Por ejemplo en


Europa es muy difícil distinguir lo que depende de la autonomía de cada Estado y lo que
corresponde a la influencia de la Unión Europea; y si a esto le agregam os el aspecto
social, donde muchas leyes responden a las exigencias del Banco Mundial, del Fondo
Monetario Internacional, de la ONC, de la OCD, etc., nos damos cuenta de que el
panorama mundial se ha vuelto enormemente complejo. Sin embargo, frente a esta
complejidad tenemos unos medios de comunicación que exigen la simplificación absoluta,
reduciendo esa complejidad a una lectura elemental de las cosas.
Esta contradicción ha producido un mensaje muy maniqueo, muy elemental y ese
mensaje tiene efecto en su traducción política. Entonces, nos damos cuenta de que, de
hecho, los medios pueden falsificar la democracia. Está probado que la credibilidad de las
informaciones televisadas es más elevada en la medida en que el nivel socioeconómico y
cultural de los tele-espectadores es más bajo. Las capas sociales más modestas apenas
consumen otros medios de comunicación y casi nunca leen periódicos; por eso no pueden
cuestionar la versión de los hechos propuesta por la televisión. El telenoticiero constituye
la información del pobre. En esto estriba su importancia política. Manipula más
fácilmente a los que menos defensa cultural tienen.

G.R.. ¿Cómo percibe la relación entre libertad y censura?

I.R.: Seguimos pensando, por hábito o por pereza intelectual, que la censura sólo la
ejercen los gobiernos autoritarios, porque es una censura ostensible, muy visible. No
queremos plantearnos el problema de saber cómo funciona la censura en la democracia.
Partimos del principio de que la censura es lo propio de la dictadura, cuando en realidad
hay que partir del principio de que la censura es lo propio del poder, de todo poder. Hoy,
la censura ya no funciona por restricción o por supresión, como se hace en los países
donde se mata o se encarcela a los periodistas o se cierra un periódico, etc.

En las grandes democracias desarrolladas eso prácticamente ya no ocurre, pero lo que sí


ocurre es que hay mucha información que no circula, porque hay sobreinformación, es
decir que en las democracias la censura funciona por asfixia. N os ofrecen tanta
información y consumimos tanta información, que ya no nos damos cuenta de alguna que
no está. La ocultación y la disimulación en esa masa de información que se consume, es la
censura de hoy. Estamos pues en una situación en la que creemos que, por el hecho de
tener más información, tenemos más libertad, cuando en realidad, si analizamos bien,
tenemos mucha menos que en otros momentos.

G.R.: ¿Estos cambios afectan a la profesión y a la ética del periodista?, ¿por qué cada
vez más ciudadanos se preguntan dónde está la verdad?

I.R.: Yo soy periodista y creo que el trabajo del periodista tiene mucha influencia en la
democracia. Muy a menudo digo que la calidad de la democracia depende de la calidad de
la información y por consiguiente, las condiciones del ejercicio de la libertad de expresión
en las que actúa el periodista, tienen una gran influencia en toda la sociedad. Lo que ha
ocurrido es que todos estos cambios, tecnológicos, económicos y políticos, han sido
apoyados ciegamente por muchos periodistas, y ahora se dan cuenta de que eso crea una
serie de dificultades.

Por ejemplo, lo que sucedió con el prestigiado New York Times y con e l popular US Today,
cuando descubrieron que sus más importantes periodistas falsificaban las informaciones.
Y ahora, con lo que empezamos a saber sobre la guerra de Irak, en que nos damos cuenta
de que nunca hubo armas de destrucción masiva, ni relaciones entre el régimen de Sadam
Hussein y Al Qaeda, -que eran las dos razones oficiales para invadir a Irak-, el New York
Times, que había apoyado en primera plana esas tesis oficiales, ahora -dando ejemplo de
autocrítica-, declara públicamente “nos equivocamos”. Este tipo de escándalos hace que
efectivamente, la pregunta obligada es ¿dónde está la verdad?.

Si los principales medios no me dan garantía de que lo que me informan es verdadero, yo


como ciudadano, obviamente voy a preocuparme por la información que recibo. Todo
esto está creando un fenómeno que podemos llamar un estado de inseguridad
informacional. Eso significa que cuando el ciudadano recibe una información de la radio,
la prensa o la televisión, no sabe si es verdadera o falsa. No sabe si dentro de un mes van
a decirle “mire, lo que le dije hace un mes, no era cierto”.

G.R.: Como profesor universitario, ¿qué percibe usted en las nuevas generaciones de
comunicadores?

I.R.: Nos damos cuenta de que hoy en día, hay una sensibilidad ciudadana
extremadamente elevada con respecto a los problemas de los medios y su relación con la
sociedad. Basta con ver lo que sucedió en España. Tres días después de los atentados del
12 de marzo, había elecciones. El hecho de que, desde el punto de vista comunicacional,
mediante el uso del teléfono portátil o del Internet, la gente se envió toda una serie de
mensajes para alertarse sobre las dudas que podrían existir con respecto a la verdad
oficial que estaba dando el gobierno. Y el simple hecho de que el público, los c iudadanos,
empezaron a dudar de la versión oficial hizo que más de un millón y medio de personas
que, según los sondeos y las encuestas, iban a votar por el partido que estaba en el
gobierno, cambiaron su voto y votaron por la oposición.

Eso significa que existe una extrema sensibilidad a la manipulación mediática, la gente
sabe que los medios son una bomba atómica que les entra en el cerebro y por
consiguiente, no quieren que se abuse de esa bomba atómica. Esa sensibilidad se
encuentra en los estudiantes. Hoy, los estudiantes se interesan en cómo funciona este
sistema de mentiras.

G.R.: ¿Cómo funciona ese sistema de mentiras?

I.R.: Actualmente, la peor crisis geopolítica del mundo es la guerra de Irak, y es una
guerra que se ha hecho bajo falsos pretextos que han dado lugar a mentiras de Estado, en
que el presidente de un gobierno ha difundido informaciones falsas y que además, sabía
que eran falsas.

Esto es algo que uno puede imaginar en dictadores o en regímenes autoritarios pero que,
desde un país democrático, con el apoyo de los medios, se haya podido hacer esta
gigantesca manipulación con las consecuencias dramáticas y prácticas que eso supone,
hace que hoy en día haya una sensibilidad particular a este problema y que cada vez más
haya una exigencia de que nos dotemos de algún sistema que nos permita tener
garantías.

Por ejemplo, con la información está ocurriendo lo que pasó hace unos quince años con la
alimentación, es decir que en algunos países se pasó de una alimentación que era
estructural e históricamente una alimentación de penuria, a una situación de abundancia
de todos los productos, en todas las estaciones del año. Pero ahora se descubre que esa
alimentación está contaminada con pesticidas y fertilizantes químicos, y que ello provoca
toda una serie de muertes por cáncer, por infartos o por problemas de obesidad. Esto
creó tal desconfianza que, ahora, existen tiendas donde sólo se venden productos
orgánicos, producidos sin pesticidas y sin elementos dañinos para la salud.

Con la información está ocurriendo lo mismo. Antes no había información, ahora hay
mucha información, pero esa información está contaminada con mucha mentira, con
mucha falsedad, con mucha ocultación, etc. Entonces, hay cada vez más gente que quiere
y busca una información orgánica, con un sello que diga “esta es una información
orgánica, sin falsedad, sin mentiras. Una información que no daña su salud”.

G.R.: ¿Qué garantía ofrece un periódico como Le Monde diplomatique?

I.R.: Digamos que la desconfianza que existe actualmente hace que los medios
dominantes vean su credibilidad descender y que los medios alternativos, que proponen
otra concepción de la información, vean su credibilidad ascender. Le Monde diplomatique
se encuentra quiza en este segundo grupo: el que apuesta por la inteligencia y el sentido
crítico del lector. Aquí tratamos de presentar la séptima faz del dado, la cara escondida
de la información. A pesar de todo y a veces a contracorriente, hoy en día existen en e l
mundo muchos periodistas y muchos medios que trabajan en esa misma vía. Y esto, para
muchos, puede significar una buena noticia.
Description:
Ignacio Ramonet estudió ingeniería en Burdeos, Rabat y París, y sociología en la Escuela
de Altos Estudios Sociales de París. Interesado por el cine, trabajó cerca de Roland
Barthes y Christian Metz. Es Doctor en Semiología e Historia de la Cultura. Escribió en
Cahiers du Cinéma, y crítica de cine en Libération. Es director del periódico mensual Le
Monde diplomatique.

Es cofundador del movimiento Attac y de Media Watch Global. Promotor del Foro Social
Mundial de Porto Alegre. Profesor de teoría de la comunicación en la Universidad Denis -
Diderot (París VII). Ha sido profesor invitado de las universidades Carlos III (Madrid),
Buenos Aires, Valencia, San Petersburgo, Cuba, Puerto Rico, Santo Domingo, etc. Doctor
'honoris causa' por la Universidad de Santiago de Compostela, España.

Source:
Tomado de la página web de la Veeduría Ciudadana de la Comunicación Social. Per ú.

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