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Por: 

José Miguel Sánchez González

El Comercio internacional, actividad propulsora del intercambio de bienes, servicios,


capitales y tecnologías entre los países, es hoy por hoy el componente más
representativo de la riqueza y el poder del mundo.

 Aunque esta labor siempre ha sido importante (recordemos en la antigüedad a imperios


que se destacaron por ser grandes comerciantes como el egipcio, el Babilónico, el
Otomano –  y por sobre ellos – el Fenicio; y después de Jesucristo, el Bizantino), a partir
del siglo XVI empezó a adquirir mayor relevancia con la conformación de los imperios
coloniales europeos, convirtiéndose en un instrumento de política expansionista. Como en
ese tiempo la riqueza de los Estados se medía en función de la cantidad de metales
preciosos que tuvieran (sobre todo oro y plata), su objetivo era conseguir más riqueza al
menor costo posible, esto es, mediante el comercio entre ellos. Esta concepción
protagónica del Comercio Internacional conocida como mercantilismo predominó durante
los siglos XV, XVI y XVII.

  El Comercio Internacional empezó a mostrar su verdadera dimensión con la aparición de


los Estados – Naciones (principio de los actuales países) a partir del siglo XVII,
consolidándose en XVIII y XIX, dado que los gobernantes consintieron que al
promocionarlo podían aumentar la riqueza, y  por  tanto, el poder de su  nación frente al
de las demás. Durante el siglo XX el comercio creció hasta el punto de convertirse en el
recurso más importante de la economía mundial. Se puede afirmar, entonces, que la
creciente interdependencia del comercio entre países continuará su marcha en el milenio
XXI y que, debido a la tendencia de crear bloques económicos regionales, algunos países
serán más dependientes que otros.

 A través del tiempo, el Comercio Internacional ha sido labor fundamental para que
los países  puedan obtener niveles adecuados de crecimiento y desarrollo económico y
social  vía intercambio económico, comercial, financiero, político, cultural, deportivo,
tecnológico, y demás,  que hace que las naciones  puedan destacarse por su
propia producción destinada al intercambio  en aras  de obtener apreciables  utilidades
con tales transacciones,  instrumento ideal para: promover los incrementos en
productividad; fabricar con bajos costos todo lo que se necesita;   dedicarse a producir
principalmente lo que se hace con más eficiencia; abrir  el camino a la especialización en
el trabajo, los negocios y  la producción; ampliar los mercados;  acceder a la
internacionalización, a la apertura, al libre comercio, y  en fin, a utilizar cualquier estrategia
tendiente a insertar activamente a las naciones  en la economía mundial, promoviendo –
para cada una – la obtención de los mejores resultados posibles.

 Tanto en el campo comercial, como en el económico, financiero, político y social, el


Comercio Internacional ha alcanzado un nivel de desarrollo tan alto, que ha convertido al
planeta en parte fundamental e indispensable de la carta de presentación de cada uno de
los países participes de este mundial acontecimiento diario y continuado, en el que todos
dependen de todos. Es un entorno en el cual, por cada nación,  es necesario diversificar y
no considerar solo el intercambio bienes y servicios; también:  movimiento de capitales,
desplazamiento de inversiones, sinergia de los negocios, inserción en la economía
internacional,  articulación con las múltiples estrategias empresariales, presencia en la
política internacional, protagonismo en las tratados de integración y de cooperación
internacional , incursión en las novísimas técnicas de mejoramiento para la producción, 
planeación para la apertura de nuevos mercados,  acceso a la obtención de las múltiples
certificaciones que acreditan garantía para las negociaciones,  y en fin, participación
activa de la  misión y visión  exportadora e importadora de cada país en cuestión,
fomentando con ello para sus habitantes la estabilidad económica y social (determinante
de  ascendente  progreso), así como un adecuado  nivel en la calidad de vida.

 Con la extensa temática escrita sobre Comercio Internacional, se puede apreciar y


señalar su trascendental importancia expuesta en los numerosos y formidables objetivos
que cumple en todos los confines, dado que con ellos tal actividad interactúa con los
diversos aspectos que influyen en el progreso de los países y en el trazado y fijación de
las políticas económicas y comerciales de los Estados. Con la práctica del Comercio
Internacional, las naciones  orientan  ostensiblemente el volumen y la composición de las
importaciones y las  exportaciones;  exponen con avasallante  fuerza la producción de
bienes y servicios;  determinan la participación profesional en el complejo mercado de
capitales y divisas; asumen el compromiso de acceder al alcance de los más altos niveles 
de crecimiento y desarrollo económico y social;  abstraen con  manifiesta eficiencia  la
urgencia de obtener por producción y/o adquisición las tecnologías avanzadas, impulsan
nuevas inversiones,  generan empleo; promueven la investigación y los avances
científicos, fomentan la creatividad y la iniciativa de los empresarios; innovan en nuevas
formas  de producción…..y  más…..y  más……y  más …..!!!

 …Ah, y esto no ha sido coyuntural.  Es estructural. Veamos:

 Con el paso del tiempo, el Comercio Internacional se ha convertido en pieza fundamental


para el acercamiento de los países en virtud al permanente interactuar comercial entre
ellos, puesto que ningún país se puede abastecer por si mismo. Desde su origen, la
actividad ha logrado suplir todas las demandas, y por ende, las necesidades más
relevantes de la población mundial, dado que sin   interesar mucho los tipos de países
(ricos, pobres, industrializados, desarrollados, en vía de desarrollo, etc.), todos requieren
de todos. Es una interdependencia indisoluble debido a que los recursos naturales de un
país nunca serán lo suficientemente cuantiosos y diversificados como para llegar
a satisfacer las necesidades de sus consumidores; por tanto, siempre va existir aquel bien
o servicio – escaso o abundante – que va a catapultar el intercambio internacional dando
origen a las importaciones y a las exportaciones.
 Así, entre las múltiples premisas que han dogmatizado al Comercio Internacional, existe
una de enorme significado: las exportaciones de unas naciones, son las importaciones de
otras, y viceversa. Esto conduce a una reflexión: una nación no exporta sólo porque
necesite poder de compra externo, también lo hace para complementar su estructura de
producción con otros mercados. Todo país tiene algunos recursos de producción (mano
de obra, recursos naturales, tecnología, administración, capital, etc.) que no puede
emplear plenamente dentro de su mercado; si quiere incorporarlos a su equipo de
producción, tiene que buscar mercados externos: cada uno depende de los demás.

 …En fin, la importancia que ha alcanzado el Comercio Internacional en cumplimiento de


sus alcances ha tenido, tiene y tendrá permanentes y profundas repercusiones en las
relaciones internacionales de los países en los campos económico, financiero, comercial,
político y social de todo el planeta.

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