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Literatura

y cosmovisión del vallenato tradicional

El 1 de diciembre de 2015 la Unesco, luego de meses de estudio, decidió incluir al vallenato dentro
de la Lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Inicialmente, los medios de
comunicación dieron a entender que lo del ente internacional había sido una salvaguardia para la
música vallenata en general. Sin embargo, la Unesco dejó claro en su informe que se trataba
específicamente de la “música vallenata tradicional de la región del Magdalena Grande”, la cual se
ha visto afectada por “un nuevo tipo de vallenato que está marginando el género musical
tradicional y atenuando el papel que éste desempeña en la cohesión social”, y advierten sobre las
“nuevas músicas asociadas al vallenato, simplemente porque utilizan el acordeón como
instrumento principal, pero que se alejan de sus normas y contenidos tradicionales”.

El vallenato tradicional se caracterizó por traspasar las fronteras del género musical mediante la
literatura y la cosmovisión de los primer juglares.

Género literario

A diferencia de las nuevas músicas asociadas al vallenato, en el tradicional la prioridad era el


suceso que se narraba, mientras que, en palabras del periodista Juan Gossaín, “la melodía
quedaba en un segundo plano porque el vallenato nació para difundir los sucesos de una región
que no tenía teléfonos. Por eso es que la gente ni siquiera bailaba los vallenatos: sería tanto como
bailar la crónica de un periódico”. En los inicios, los cantos empezaron a ser un recurso informativo
cuando los juglares se paseaban en burro, pueblo en pueblo, llevando noticias y anécdotas. “Pero
entonces llegaron las casas disqueras y pensaron lo contrario: que lo importante era la música y,
sobre todo, la voz del cantante. Si eso fuera verdad, Juancho Polo Valencia jamás hubiera podido
cantar su Alicia adorada”, afirma Gossaín.

El vallenato fue un referente indiscutible de grandes escritores. De hecho, García Márquez afirmó
que “Cien años de soledad no es más que un vallenato de 350 páginas”.

Uno de los ejemplos anecdóticos que consagraron el vallenato como un género literario, es la
crónica de Emiliano Zuleta Baquero en la que narra la famosa piquería con Lorenzo Morales,
‘Moralito’. El suceso, narrado en orden cronológico, empezó un 29 de junio de 1938, en donde la
presencia de Morales en un toque de Zuleta en Urumita, fue suficiente para generar la algarabía
de la gente, que emocionada obligaron el tan esperado enfrentamiento. Zuleta, que desde
temprano había empezado a tocar, no pudo resistir la envestida de un Morales descansado, por lo
que en una primera instancia éste último fue nombrado ganador. Emiliano Zuleta, derrotado y
cansado, se fue a dormir mientras Morales celebraba junto con sus seguidores. Todo parecía
haber llegado a su fin hasta que, después de un par de horas, el viejo Mile regresaba por la
revancha. Moralito, que ahora daba muestras de cansancio, se negó a tocar. Los seguidores de
Emiliano lo tildaron de cobarde, por lo que Morales para calmar los ánimos pronunció lo siguiente:
“Desafío a Emiliano Zuleta pa’ las cinco de la mañana ¡pa’ ve cuál es la vaina!”, y se fue a dormir.
Con la expectativa generada, toda Urumita se concentró en el lugar a las cinco de la mañana como
había sido acordado por los acordeoneros. Pero cuando Zuleta fue en busca de su contendor ya
éste se había marchado del pueblo. El hecho quedó inscrito en las notas de la Gota Fría, historia
que permanece para siempre en la memoria del vallenato.

La gota fría-Emiliano Zuleta Baquero



Acordate Moralito de aquel día
que estuviste en Urumita
y no quisiste hacer parranda
Te fuiste de mañanita
sería de la misma rabia

Morales mienta mi mama
solamente pa' ofender
para que él también se ofenda
ahora le miento la de él

Me lleva él o me lo llevo yo
pa' que se acabe la vaina
Ay Morales a mí no me lleva
Porque no me da la gana
Moralito a mí no me lleva
Porque no me da la gana

Moralito, Moralito se creía
que él a mí, que él a mí
me iba a ganar
Y cuando me oyó tocar
le cayó la gota fría

Cosmovisión del mundo

El vallenato tradicional representó la cosmovisión de sus primeros intérpretes. Se convirtió en una


expresión cargada de anécdotas, sentimentalismo, amor por la naturaleza. Pero además, logró
crear su propia interpretación del origen del bien y el mal. Los mitos y las leyendas, como forma de
comprender el mundo, se alejan del entendimiento y se acercan a la sensibilidad. Así mismo, la
creación de la leyenda de Francisco el Hombre, demuestra el legado intergeneracional del
vallenato como una prioridad, distinto a las músicas asociadas al género, los cuales priorizan sobre
lo comercial.

Francisco el Hombre, el personaje que existió como Francisco Antonio Moscote Guerra y el cual se
inmortalizó gracias a una batalla que tuvo con el diablo, en la que una noche al regresar de una
parranda (ocasión social para cantar y escuchar vallenatos) empezó a interpretar sus melodías. Al
terminar con su repertorio, escuchó notas de contestación de otro acordeonero, Satanás, quien lo
desafió a una piquería (retos entre dos acordeoneros para tocar la mejor melodía y hacer versos
improvisados). Según la leyenda, Satanás tocó sobre las raíces de un árbol mientras las estrellas se
apagaban. El mundo entró en una completa oscuridad. Sin embargo, Francisco, “dueño de grandes
virtudes y poseído de mucha fe, lejos de acobardarse con la abrasadora oscuridad, abrió su
acordeón e hizo sonar tan hermosa melodía y la magia de la misma devolvió la luz a la luna y a las
estrellas, infligiendo mucho temor del demonio. Después clamó a Dios y entonó el Credo al revés
con la potencia de su voz, de tal suerte que el demonio, vencido, exhaló un terrible alarido y con
su acordeón a rastras huyó hacia las montañas donde se perdió para siempre”.

La historia de Francisco el hombre se regaría por todos los caseríos, las veredas y los pueblos de la
Costa Caribe colombiana. García Márquez lo incluiría en Cien años de soledad como: “Un anciano
trotamundos de casi 200 años que pasaba con frecuencia por Macondo divulgando las canciones
compuestas por él mismo y relatando con detalles minuciosos las noticias ocurridas en los pueblos
de su itinerario”.

En la actualidad, el vallenato pierde la batalla frente al asedio de las ventas, las disqueras y las
enormes plataformas pirotécnicas de los nuevos intérpretes. La literatura se perdió entre la
banalidad de la música comercial y la cosmovisión pareció morirse con la partida de los primeros
juglares.

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