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Hermano
C E RDO
Enero 2007

Joseph Frank
Pensadores y Mentirosos
Rumania y el auge del fascismo
Lorrie Moore
Perdiendo los papeles
La novela de folletín de HC
Habedero,
por una estudiante de letras hispánicas
Supremos Líderes

11
Mauricio Salvador
Daniel Espartaco Sánchez

Politburó
Javier G. Cozzolino, Javier Moreno, Ed-

Hermano
gardo Dieleke, José Luis Justes Amador,
Edgardo Dieleke, Abril Olmos, Raúl
Aníbal Sánchez, Pablo Muñoz, Eduar-
do Varas, J. S. de Montfort.
Politburó Honorario
C E RDO
Kim Jong-Il, Jo Myong-Rok, Ri Jong-
Mu, Kim Jong-Chun, Kim Il-Chol,
Jon Pyong-Hol, Kim Yong-Nam, Óscar
Wong.
Editorial
Colaboradores Cartas al Hermanocerdo,
Carlos Romero (México)
Paloma Vidal (Argentina-Brasil)
Las cartas que llegan a nuestro buzón, 5
Agente Arte hormiga (México)
Orlando Mazeyra Guillén (El Perú)
Claudia Ulloa (El Perú)
Sergio Loo (México) Ficción
Claudia Ulloa (El Perú)
Andrés Felipe Escovar
Francisco Roberto Mtz. (México) Javier González Cozzolino
Carlos Vzz (Coahuila) Prosas poéticas, 6
Alberto Bruzos Moro (España) Lorrie Moore
Estudiante de letras hispánicas (México)
Ramón Curtiz (México) Perdiendo los papeles, 10
Diseño Estudiante de letras hispánicas
Mauricio Salvador Habedero, la novela (segunda parte), 15
Colaboraciones
hermanocerdo@gmail.com
J. S. de Montfort
Rainer Maria Rilke y los rayos del caribe, 22
Orlando Mazeyra Guillén
Hermanocerdo es una publicación Napoleón Quispe, 25
cuasimensual sin fines de lucro y editada Carlos Vzz
en México, DF. Las opiniones vertidas El díler de San Juan, 28
en cada texto son responsabilidad de sus
autores; al mismo tiempo, nada de lo di-
cho en el editorial tiene necesariamente Crítica
que ver con los autores. Las suscripciones
son al correo hermanocerdo@gmail.com
Para descargar los números anteriores vi- Joseph Frank
sita la página beta de Hermanocerdo Pensadores y Mentirosos, 34
http://hermanocerdo.googlepages.com Rumania y el ascenso del fascismo
Javier Moreno
Reconstruyendo la oscuridad, 45
House of Leaves, M.Z. Danielewski
Alberto Bruzos Moro
El hombre que atropelló a Roland Barthes, 48
Ramón Curtiz
Quiero ser un clásico marginal, 51
Walden Tres, de Miguel Habedero
Francisco Roberto Pérez Martínez
¿Es suficiente la belleza?, 54
La piel muerta, de David Miklos

11 Columnas

Hermano Miguel Habedero


Un buen nombre para una columna
C E RDO es difícil de encontrar, 56
Kim Che-San
Nuestro hombre en Pyongyang, 58

Miscelánea

Sergio Loo
La casa de todos los colores, 61
Andrés Felipe Escovar
Recuerdo necrológico de Carlos Hevia, 63
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HermanoCerdo
Número 11, enero, 2007
que pasa su vida regodeándose en el onanismo y

D icen -pero el Querido Líder es más sabio- el sibarismo. Aqui en Corea ya lo habríamos man-
que mi nombre es Kim Chen-San y que soy dado a trabajar con los campesinos para reedu-
el nuevo columnista de la revista HermanoCerdo. carlo. Y creo que hay una reseña de un tal Joseph
Explicar cómo llegué aquí me es tan difícil como Frank -crítico imperialista que debería ser pasado
explicar por qué un día decidí atravesar a pie la por las armas- sobre un tema que parece conocer
zona desmilitarizada del paralelo 38. Pero sí, mi muy bien: el fascismo; nos habla de cómo los in-
columna “Nuestro hombre en Pyongyang” (soy telectuales burgueses no son lo que parecen. En
admirador de Graham Greene pero no es para especial me agrada el tratamiento que hace de un
tanto) será un puente de comunicación entre el tal Cioran, un escritor pesimista. El pesimismo es
querido pueblo norcoreano y las hermanas nacio- producto de una sociedad decadente al borde del
nes de Hispanoamérica. Los editores de Herma- aniquilamiento espiritual y material. También se
noCerdo me enviarán cada mes un cheque por 20 habla sobre un tal Mircea Eliade, un megalóma-
dólares (¡todavía no lo puedo creer!) y un juego de no, y de un pusilánime de nombre Eugene Iones-
navajas imperialistas americanas vía valija diplo- co. Eugene, ¿así que te parecen malos los colecti-
mática. Aprovecho este espacio para agradecer a vismos, eh? ¿Estarías dispuesto a decir eso frente a
todos mis futuros lectores. Debido al inexistente nuestro Querido Líder Kim Jong-Il, que destaca
acceso a internet aquí en Corea del Norte es posi- entre los hombres por su peinado?
ble que mis notas lleguen con algún retraso -posi- La demás basura capitalista no merece men-
blemente en la cabeza nuclear de un misil telediri- cionarse, en realidad sólo acepté colaborar aquí
gido-, pero eso no será obstáculo para que los siga para que la gente conozca los adelantos de mi
informando. Los editores de HC me han pedido pueblo y de Nuestro Querido Líder, el Brillante,
que escriba la editorial del número 11 a pesar de el Magnánimo, Kim Jong-Il.
que no estoy de acuerdo con toda la propaganda  -Kim Che-San
imperialista y fascista yanqui que aquí se publica. ***
Hay un cuento de la escritora burguesa Lorrie Interrumpimos esta editorial por razones más
Moore que trata de cómo los matrimonios impe- que obvias, y para anunciar que declaramos de-
rialistas son una farsa. La única parte valiosa es sierto el “Primer Premio de Literatura Latinoa-
cuando el narrador describe cómo el personaje mericana y del Caribe Juan Rulfo y Borges” en
Rafe -pro-nuclear- se interesa por la construcción parte porque los mejores textos que nos llegaron
de los cohetes a escala. En el cuento de un tal Co- eran de autores que habían cumplido los 16 años
zzolino, también podemos ver cómo esta influen- hace mucho tiempo, en parte por las demandas
cia nefasta, producto del libre mercado, se exporta que llegaron -a la mesa de redacción de ustedes-,
a los hermanos pueblos de Latinoamérica. ¡Es el de los herederos de Rulfo, Maria Kodama y Yoko
imperialismo yanqui lo que impide al narrador Ono (aún no sabemos qué pinta Yoko Ono en
encontrar trabajo! Aunque el divorcio está admiti- todo esto pero estamos investigándolo). En la
do en Corea del Norte, gracias a nuestro Querido mesa de redación algunos no estuvieron a favor
Líder, el Presidente Eterno, Kim Il-Sung, la taza de declarar el premio desierto, sino semi-desér-
de divorcios es baja, porque la desintegración fa- tico, o tundra. Para el Preclaro Hermano Cerdo,
miliar es producto del fascismo. más infalible que el Papa, es un asunto de forma
Hay una historia anónima sobre un tal Miguel no de contenido.
Habedero, escritor pequeñoburgués y pusilánime  -Hermano Cerdo
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Cartas al HermanoCerdo
Las cartas que llegan a nuestro buzón

¡Vive! molesto porque no fui consultado en esa época, una de sus actividades
Daniel y Mauricio, aunque con- al respecto. Pero esta carta es para favoritas era humillar a una pobre
sentí en escribir una columna para darles el espaldarazo, para decirles estudiante de maestría, exhibién-
esa revista electrónica de ustedes, que sigan adelante, pues en el dole su falta de talento para la
confieso que nunca la he leído. No fondo, hombre débil como soy, me repostería. Conocí su nombre una
es mi costumbre leer revistas, sólo mata la curiosidad. Un abrazo. Por de las últimas tardes que nos vimos,
leo los clásicos. En parte, consentí cierto, una disculpa por no haberles Habedero escribió su nombre y
a la idea loca de la columna porque entregado la columna a tiempo, la marca de la harina necesaria,
mi instinto de viejo zorro me dijo pero estuve de vacaciones por subrayando ésta como si realmente
que internet era el futuro; en parte Oaxaca, buscanco como siempre un fuera importante, en la página final
también porque nunca he podido girón del paraíso perdido, con un de una novela de Jane Austen. Aún
negarme a los jóvenes. Pero el otro viejo amor. conservo el libro, aunque a quién
día vino a verme un amigo, yo  — M. H. carajos le gusta el fruit cake.
estaba en la cocina destapando una  — Patricia Sánchez Aramburu
cerveza, y me dijo que habia leído FINALISTAS DEL
un texto, muy divertido, en una tal “PRIMER PREMIO DE LITERA- Análisis semiótico “La propuesta
revista Hermano Cerdo, donde yo TURA LATINOAMERICANA Y nomadológica en El llano en
soy el protagonista y en donde se DEL CARIBE JUAN RULFO Y llamas, de Juan Rulfo.
envidencian “de manera magistral” JORGE LUIS BORGES” En El llano en llamas, Rulfo
mis obsesiones y manías. Me trajo presenta, casi en secreto, casi a voz
un ejemplar impreso, y me lo leyó Testimonio vivo baja, casi con pena, una propuesta
en voz alta. Él no podía parar de Conocí al tal Habedero en las de materialidades proto-discursivas
reír, pero yo me sentí muy ofen- vísperas de una Navidad, hacía (Laclau) que pasen a formar parte
dido: mi vida estaba al desnudo y como que me recuperaba de mi de una escudería (re)deconstructiva
con ella mis amoríos extertóreos primer divorcio, o me recuperaba y (Derrida) y, así, incuben posibili-
que, por otra parte, parecen salidos hacía como que me dolía, mien- dades de nomadización discursiva
de un folletín. Debo decir que si tras el frío lo penetraba todo. El (Deleuze). ¿Qué hay por decir?, se
mi vida fuera una novela, todas las invierno era severo con los fantas- pregunta entonces. Lo que hay por
heroínas que han cruzado por ella mas, vespertinos y burocráticos, de decir es que se ha dicho ya demasia-
serían como las heroínas de Tur- cierto instituto de la UNAM. Creo do (Beckett). Cuando, a mitad del
guéniev, o como Madame Bovary. que esas Navidades, Habedero y yo tiempo, Donatella o como se llame
Mi vida, cuidadosamente protegida compartíamos el no tener invitacio- (la etiquetización nominal no pasa,
durante sesenta años, y esa era una nes que ocuparan nuestras agendas para Rulfo, de ser un lujo de la
de las razones por las que siempre decembrinas, ambos sabíamos que clase dominante de la tardomoder-
me negué a dar entrevistas. Despues cualquier secretaria enana y piruja nidad) logra susurrar “Acostúmbra-
de la quinta cerveza, eran las diez de disfrutaba de mayor popularidad te, porque vas a estar aquí mucho
la mañana, y una vez que mi amigo social que nosotros. Él era un gor- tiempo”, lo que sucede es que ya no
se fue, Stoltz, se llama, leí el relato do, de calvicie irreversible y encías hay más por suceder. El gran Otro
y comencé a reírme. En efecto, el inflamadas, y yo, una pelirroja (Lacan) se ha retirado, dejándonos,
tipo que sale ahí, haciendo ejercicio avejentada a fuerza de nicotina y como siempre, desolados (Borges).
en un parque con pantalones de café. Nos escondíamos en la cocina  — Carlos Romero
mezclilla, mal bailarín, mal amante a fumar, mientras Habedero me
algunas veces, era yo: Miguel Habe- daba las instrucciones para hacer un Nota: Como se advierte en la edito-
dero. Y bueno, me senti halagado, fruit cake perfecto, era autoritario y rial, el premio se declaró desierto.
fascinado con la idea de ser un misógino en su forma de presumir
personaje de ficción. Sigo un poco sus cualidades culinarias. Al parecer
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Ficción
Prosas poéticas
Javier González Cozzolino

S
i algo Cora no puede decir de mí es era lo que estaba haciendo, cómo era el clima, si se
que no la haya apoyado con el trabajo. comía bien, en fin, esas cosas que un marido común
Yo siempre fui poco importante para su pregunta a su esposa.
vida, ella tuvo aventuras que comparadas Ahora los norteamericanos decidieron achicar el
con nuestro matrimonio me dan ganas estudio en Buenos Aires y con el dinero de la indem-
de llorar. Pero tanto cuando le fue muy nización le dije a Cora que comprase una máquina.
bien como cuando anduvo muy mal en En casa teníamos pc y los diseñadores generalmente
su trabajo yo siempre estuve ahí a su lado. Después trabajan con mac. Compramos una mac muy lin-
tengo mil defectos y Cora está autorizada para decir da, blanca, que yo mucho no entiendo, y Cora trajo
de mí lo que le plazca. Pero de su trabajo no. Ella es unos cedés con todos sus archivos personales del es-
diseñadora. tudio. También trajo, me contó, tipografías y traba-
jos que realizó para los norteamericanos.
Cuando nos conocimos ella trabajaba en un dia- -Eso es robar, pero se lo merecen -me dijo.
rio y yo estaba desocupado. La pasaba a buscar por Y yo la abracé y le di ánimos y fui a la pieza de
la redacción y a veces todavía ella estaba en hora de los chicos porque el menor lloraba.
cierre y andaba rodeada por hombres que le pasaban Hace unos días me senté al escritorio que tene-
printers o le pedían consejos sobre cómo acomodar mos en el living para investigar la mac. Cora está en
fotos y textos de la manera más estética. Cora se aco- tratativas de asociarse con otra ex estudio y ese día
modaba el pelo hacia uno de sus hombros y respon- estaba con ella, charlando sobre el tema en un café.
día con dedicación acaso sin saber que así también Los chicos andaban en el colegio.
les coqueteaba, pero yo me mantenía distante y ja- Cora nunca me contó que escribe prosa poética.
más provoqué ningún escándalo. No sé cómo di con la carpeta que dice “Cora-prosas
Después de casados pasó a un estudio muy im- viejas”. Llegué por esas casualidades que genera el
portante con sede en lo Estados Unidos. Yo otra apretar el mouse y probar funciones. En la mac no
vez quedé desocupado pero ella cobraba en dólares hay word por el momento, Cora me dijo que ven-
y pudimos salir bien parados. Me ocupaba de los dría el programador del estudio, un chico free lance
chicos, limpiaba la casa, la esperaba con la comida que piratea programas y que instalaría el word en
hecha y cuando no estaba muy cansada hacíamos el casa. Yo le dije que para qué.
amor rápido porque al día siguiente ella tenía que -Para que puedas usar también esta máquina -
madrugar. me contestó.
Durante ese tiempo Cora viajó varias veces al Y no entiendo mucho de prosa poética. Quie-
exterior. Estuvo en Miami, en Chile, en Venezue- ro decir, no soy un experto. Pero puedo descubrir
la, en República Dominicana, en París. Iba siempre si un texto está hecho con gracia o si es algo cursi.
acompañada por el presidente del estudio y por dos Y Cora escribe con mucha gracia, no en el word,
o tres diseñadores más, y aunque mis escenas de celos sino en el quark. Pero mi tristeza, unos días atrás,
siempre precedieron a aquellos vuelos complicados ha sido tremenda. Cora registra su vida pasada en
desde Ezeiza, yo con el menor en brazos y el otro afe- sus prosas poéticas y recuerda a los otros hombres
rrado de mi mano mientras la veíamos saludar desde que tuvo antes de conocerme y casarse y tener hijos
la puerta de embarque, nunca le impedí que viajara. conmigo. A algunos de esos tipos los pude mediana-
Por teléfono le pedía disculpas, le preguntaba qué mente identificar. Cora alguna vez algo me contó de
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su pasado, no porque ella quiso sino porque yo se lo está fechada antes de nuestro primer encuentro y es
exigí. Exactamente antes de casarnos quise saber con una prosa a mi entender muy desalentadora.
cuántos hombres lo había hecho y más allá de que la Ese segundo texto abrió mi incontinencia verbal
cifra me espeluznó, me quedaron grabadas imágenes la misma noche que la leí. Hay otras prosas, algunas
que ella no me describió pero que sí yo me imagi- firmadas al borde de nuestro matrimonio, pero el
né. Y entre esas imágenes está la de un hombre más disparador fue el segundo texto, sí. La desperté y le
grande que Cora, diez o quince años más grande que dije que había estado leyendolá. Ella al principio no
Cora, que fue su amigo, que fue su novio y que fue comprendió y eso me enfureció y me hizo encender
su amante ocasional mientras ella tenía con otros su- la luz de la mesita para ver si así, iluminada mi boca,
jetos otras relaciones. podía escuchar mejor lo que le decía.
Hace unos días le escribí a Cora un mail que -Son prosas poéticas, nada más que eso -me dijo
dice que si el amor fuera voluntario, que entonces yo Cora.
jamás la hubiese elegido. Cora se enojó mucho. -Sé que son prosas poéticas, pero todo tiene su
parte de realidad.
Mi descubrimiento lo dejé posar como se posa la -Es literatura -insistió.
fibra de las frutas en el agua después de un tiempo. -Pero yo no sabía que escribías.
Además las prosas poéticas de Cora, también descu- -Soy una persona independiente -me dijo.
brí, eran muchas. Durante semanas me abstuve de -Y una puta -le grité.
meterme otra vez en la mac y me dediqué a las tareas Cora entonces se incorporó dejando que se le
del hogar y a buscar un empleo. Lo conseguí hace escapara uno de los dos pezones que también des-
relativamente muy poco, como vendedor telefónico cribe en su segunda prosa, diciendo esa prosa algo
de servicios de emergencia. Tengo buena dicción y así como que a él le gusta ver cómo mis pezones se
buena voz también y cuento con experiencia en el endurecen en el roce con el satén. Se incorporó y me
asunto. El trabajo era además de seis horas, de las dijo enfermo, a lo que yo le contesté con una pre-
cuatro de la tarde hasta las diez de la noche, y eso me gunta, que para qué carajo guardaba esos textos.
permitía ir por nuevos empleos para completar mis -Porque se me da la regalada gana -me respondió
gastos mensuales, que no son muchos, pero pesan. y justo cuando yo estaba por volver a insultarla el
De la prosa poética que primero leí recuerdo fra- menor comenzó a llorar desesperado, lo que me hizo
ses sueltas y sumamente hirientes. Cora menciona salir de la pieza e ir en su busca para consolarlo.
ése que fue su amigo, novio y amante con esas pala- A la mañana siguiente no nos hablamos en el
bras y se detiene en la carnalidad de la relación con desayuno y ella, a mi regreso de llevar a los chicos
un detallismo a veces pornográfico. La prosa poética al colegio, ya no estaba. La llamé por teléfono y le
de la que hablo, como todas las demás que también pregunté hacia dónde se había marchado.
descubrí, está fechada y eso de algún modo es un -No te interesa -me dijo.
alivio porque es algo que ha escrito mucho antes de -Me interesa porque soy tu marido -le dije.
conocerme, pero igual no deja de lastimarme. -Estás enfermo de verdad -me dijo.
La segunda prosa, que le sigue a la anterior, la leí -Espero que no vayas al encuentro de algún tipo
una noche, no bien comprobé que los chicos y Cora -le dije.
no irían a despertarse. La máquina estaba apagada -Esperás mal -me contestó.
y cerré la puerta del living para que no escucharan Después acabé de un tiro con todas sus prosas
ese sonido que hacen las mac cuando se encienden. poéticas, cincuenta y siete en total, mi Di-s, al me-
En esa segunda prosa Cora no me permite que in- nos todas fechadas antes, aunque algunas al borde,
dividualice al hombre del que trata, sin embargo ese de nuestro matrimonio, y sonó el teléfono y me ha-
pormenor no hace menos grave lo que ahora mismo bló la directora del colegio preguntando que quién
siento al recordarlo. Ahí se detiene en los fluidos, ex- iría a buscar a los chicos, a lo que respondí que la
plicita sus deseos de beberse todos los fluidos de un madre y enseguida llamé a Cora y le dije que los
hombre en particular, describe los labios, el torso, chicos la estaban esperando en el colegio, y mientras
los muslos de ese hombre y lo mucho que le gusta se lo decía la imaginé fornicando con un hombre y
verla en camisón caminar hasta el baño y lo mucho se lo dije, y ella me cortó la comunicación no sin
que también goza al verla regresar envuelta en una antes exigirme que fuera en busca de los chicos y me
toalla para sentarse a los pies de la cama y peinarse el hiciera cargo de mi paternidad. Pero no le hice caso;
pelo humedecido con las piernas abiertas. También llamé al colegio y le pregunté a la directora si era
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posible por esa vez retenerlos durante el turno tarde, su mando. Seguramente le gustaba tan poco como a
con las maestras del turno tarde. mí el trabajo.
-Estoy en una entrevista de trabajo y mi mujer Bajo su mirada inquieta hablé con un señor. El
anda en la calle, no creo que podamos llegar hasta las señor parecía todavía joven, unos cincuenta años.
tres o las cuatro. Después de hacerle el entre para que escuchara nues-
-Está bien -me respondió la directora, y aunque tros servicios de emergencias médicas comencé con
me sentí muy culpable por dejar a los chicos fuera de las preguntas.
casa me consolé pensando que se trataba de la mejor -¿Qué haría usted si uno de sus hijos sufre un
opción, yo no podía cuidarlos en el estado en que accidente doméstico?
me encontraba. -Tengo medicina prepaga.
Iba al baño, me miraba al espejo, salía del baño. -¿Pero sabe usted la cantidad de ambulancias
Iba a nuestra pieza y revolvía los cajones de Cora que tiene su medicina prepaga?
en busca de algún otro elemento escondido de su -No.
pasado. Y entre medio digitaba los números de su -¿Y entonces?
teléfono y una voz me respondía que el usuario de -Está también el servicio de urgencias de la ciu-
la línea estaba fuera del área de cobertura o tenía el dad.
artefacto apagado. -Cincuenta ambulancias para una población de
Terminé bebiendomé los jugos en polvo de mis seis millones de personas.
hijos y fumando Delicados a rabiar. Terminé tendi- -¿Cincuenta?
do en la cama y a las tres y media de la tarde volvió -Como escucha. Y en muy malas condiciones.
a llamar la directora. Entonces fui en busca de los En cambio nosotros contamos con cien para un uni-
chicos. Y en la calle me crucé con Cora, que me dijo verso de clientes que no supera las tres mil perso-
que no me preocupara, que iba ella por ellos, que yo nas.
me fuera a trabajar. -Yo he visto a las ambulancias de ustedes.
Pero antes que obedecerle le pedí explicaciones -Sólo un perfecto idiota no las vería.
por cada una de sus cincuenta y siete prosas poé- -¿Perdón?
ticas. Caminábamos hacia el colegio y ella no me -Que sólo si usted fuera un perfecto idiota no
respondía. Las viejas con sus carritos de las compras podría ver a nuestras ambulancias.
y los señores mayores que de traje salían a estirar las -¿Pero quién es usted?
piernas me miraban un poco sorprendidos. Yo trata- -Un vendedor telefónico, la puta madre que lo
ba de no levantar la voz pero de todos modos se es- remil parió.
cuchaban muy bien mis exigencias. Prosas poéticas, -Váyase a la mierda, hijo de puta.
prosas poéticas era lo que más decía yo, poseído por -Chupemelá.
un odio inconmensurable hacia todo lo que fuese un Pero mis reclamos de indemnización no tuvie-
libro, las letras de los afiches callejeros, las publicida- ron efecto porque todavía estaba a prueba. Así me
des de los kioscos. lo hizo saber mi supervisor mientras mis compañe-
Una cuadra antes de llegar al colegio Cora se de- ros desde sus boxes continuaban con sus diálogos a
tuvo y se dio vuelta para mirarme. la vez que desviaban sus miradas hacia mí, que ya
-Sos un enfermo hijo de puta y lo mejor que recogía mis pocas cosas: una lapicera, un block de
podés hacer para seguir viviendo conmigo es irte a notas.
trabajar -me dijo. Llevaba anteojos negros que igual Caminé largo rato por el centro y al final me
no podían disimular que lloraba. El rimel de las pes- senté en un bar a fumar mis Delicados y beber café.
tañas le generaba lágrimas negras. Pensé en el destino de mi matrimonio con Cora y
sobre todo pensé en mis hijos creciendo sin mí. Eso
Mi supervisor me vino a buscar al box. me disparó pensamientos oscuros, hasta que llegué a
-Media hora tarde. tomar conciencia de que todo estaba terminado.
-Tuve problemas. Cuando llegué a casa eran las ocho. Cora les
-Todos tienen problemas pero llegan a horario. daba de comer a los chicos y aunque por su mirada
Mi supervisor era casi un menor de edad. Tenía me di cuenta de que me preguntaba qué hacía tan
título universitario y eso lo elevaba en su escalafón. temprano nada dijo, de manera que yo le conté.
Todavía le salían montañitas de acné en los pómulos -Me echaron. Ahora podés tener más tiempo
y la frente. Todavía no podía dominar sus nervios ni para hacer tus cosas.
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Cora salió de la cocina y me dejó con los chicos.


Terminé de ayudarlos a cenar y les puse una película
de disney para que se mantuvieran entretenidos. El
mayor me dijo que mamá había estado llorando. Yo
le expliqué que mamá lloraba porque una amiga se
había ido de viaje. El mayor no me creyó y entonces
le dije que en realidad mamá estaba muy preocupa-
da porque se había quedado sin trabajo, ahí se quedó
más conforme con mi explicación.
Cora había apagado la luz en la pieza en señal de
renuncia a todo lo que ocurriese dentro de casa.
-Me acaban de echar del trabajo -volví a decir.
Ella estaba tendida, boca arriba, tapada hasta el
mentón.
-Insulté a un tipo por el teléfono. Ahora vas a
tener más tiempo para tus cosas -le insistí-. Por lo
menos para escribir tus prosas poéticas -le dije y re-
gresé a la cocina.
Los chicos se durmieron antes del final de la pe-
lícula. Primero al menor y luego al mayor, al uno y
al otro los alcé hasta sus camitas.
Cora me asustó al irrumpir en el vestíbulo que
comunica con el baño y las dos piezas.
-Hace tiempo que no estabas así -me dijo y aho-
ra no había pena en su rostro sino esa expresión que
es tan de Cora y que te dice que desprecia todo lo
que acabás de hacer. Yo continué hasta nuestra pieza.
Del libro falso de la biblioteca saqué algún dinero.
Ella me preguntó qué estaba haciendo.
-Me voy a comprar cigarrillos -le contesté.
A la mañana siguiente me despertó el teléfono
en la plaza. Había un sol fuerte y bamboleante como
los péndulos de los relojes antiguos.
-¿Se puede saber dónde carajo estás? -me pre-
guntó Cora.
-Haciendo todo lo que vos ya hiciste en tu pa-
sado -le dije. JAVIER GONZÁLEZ COZZOLINO, escritor chi-
Después volví a casa caminando despacio y mu- cano-argentino. Pionero de HermanoCerdo, forma
cho después Cora me pidió el divorcio.HC parte del equipo editorial.
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Perdiendo los papeles


Lorrie Moore

A
Traducción de José Luis Justes Amador como un personaje. Los más osados podrían sugerir
que “se ha metido en algo realmente mierdero.” Los
unque Kit y Rafe se habían cono- cohetes eran altos, plásticos, cosas con forma de pene
cido en el movimiento pacifista, que Rafe recubría de auténticos detalles militares.
marchando, organizando, prepa- ¿Qué le había pasado al hippie guapo con el que ella
rando carteles anti-nucleares, aho- se había casado? Estaba lejano y susceptible, lleno
ra querían matarse el uno al otro. de furia. La vaciedad se había instalado en sus ojos
También se habían vuelto, en parte, verde azulados. Seguían siendo grandes y brillantes
pro-nucleares. Casados ya dos déca- pero no funcionaban, como si fueran bisutería. Ella
das preciosas, preciosas, ella y Rafe parecían en ese se preguntaba si era una crisis nerviosa. Pero conti-
tiempo sólo compañeros en el odio y en el disgusto, nuó durante unos meses y ella comenzó a sospechar
parecía que su viejo amor, lujurioso, había mutado que era un tumor cerebral. A veces, él salía y paseaba
en rabia. El hecho de que el odio (como el amor) no su muda alienación, la pantomima de odio que se
pudiese vivir sólo de aire era, al mismo tiempo, una había olvidado por un momento. “Hey, hermosa,” le
vergüenza y un síntoma de muerte. Y por eso, en su decía desde la escalera después de no haberla mirado
nuevo proyecto conjunto, destinado al éxito, eran a los ojos en dos meses. Era como estar encerrado
cómplices y sinergéticos. Lo alimentaban, usaban en una tormenta de nieve con un tío demente. ¿Eso
con él homeopatía y lo consentían. Alimentaban y sería el matrimonio? Ella no estaba tan segura.
cuidaban su odio juntos: cardiovascularmente, es- Solía verlo sólo cuando se levantaban y él se lan-
piritualmente, orgánicamente. En pareja, como un zaba a la oficina. Y cuando él volvía a la casa desapa-
sistema, como un equipo de baile de mala vibra, le recía en las escaleras del sótano. Por la noche, en la
habían mostrado al odio el centro del escenario y ansiosa conjunción de anochecer que era ahora su
le habían puesto una luz cenital para que destacara. vida juntos, después de que los niños se hubieran
A lo tuyo, muñeca. ¿Quién es el mejor? ¿Quién es el ido a la cama, la casa se llenaba de humo. Cuando
macho? ella le llamaba la atención, él no respondía. Parecía
“¿Pro nuclear? ¿En serio?” Eso le preguntaban haberse vuelto una especie de marciano. Por supues-
a Kit las amigas con las que, indiscreta, continuaba to, después entendería que eso significaba que él es-
quejándose. taba saliendo con otra mujer, pero, por el momento,
“No exactamente,” suspiraba Kit. “Sólo en parte.” para proteger su propia vanidad y salud mental, sólo
“Parece que necesitas a alguien con quien ha- trabajaba con dos hipótesis: tumor cerebral o mar-
blar.” ciano.
Esa frase hería los sentimientos de Kit ya que “Todos los esposos son marcianos,” le dijo su
ella sentía que estaba hablando con ellas. “Sólo me amiga Jan por teléfono.
preocupo por los niños,” decía. “Dios me ayude. No lo sabía.” Kit comenzó a
extender mantequilla de maní en un pretzel y a co-
Rafe había cambiado. Su sonrisa era un bostezo mérselo aprisa.
descuidado. ¿O era que su sonrisa se había quedado “Está desconectado. No puede juzgar nada.”
así sin más? ¿Cuál era la letra real de la canción? Ella “No en el planeta en el que vive. En su planeta él
no lo sabía. Pero, eso lo sabía seguro, había cambia- es como Salomón. ‘Que traigan al niño apestoso.’”
do. En Beersboro uno dice las cosas con neutralidad, “¿Crees que la gente puede rehabilitarse y per-
así. Así se amortiguaban los cambios. Nadie decía donar?”
que un hombre estaba totalmente jodido. Decían “el “Sí. Mira a Ollie North.”
tipo ha cambiado.” Rafe comenzó a montar cohetes “Ha perdido la carrera por el senado. No se le ha
a escala en el sótano. Se volvió algo diferente. Era perdonado lo suficiente.”
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“Pero consiguió algunos votos.” reconoce en la muerte aunque se le entierre con su


“Sí y ¿ahora que hace?” mejor traje. Sobre los papeles había una carta de Rafe
“Ahora está promoviendo una línea de pijamas sugiriendo que su aniversario de boda, en primavera,
ignífugos. Eso es vida.” Hizo una pausa. “¿No estás fuese la fecha del divorcio. “¿Por qué no completar
luchando contra eso?” la simetría?” escribía lo que ni siquiera sonaba a él,
“¿Contra qué?” aunque su eficiencia desalmada le sentaba bien, le
“Contra los cohetes que lo devuelven a su pla- sentaba bien a su nueva vida como marciano y, en
neta.” general, se acomodaba a los principios marcianos.
Kit volvió a suspirar. “Sí. Todo ese asunto de los Los papeles se referían a Kit y Rafe por sus nom-
militares que envenenan nuestro espacio. ¿Que si bres legales, Catherine y Raphael, como si fueran
lucho? No lucho. Bueno, está bien. De vez en cuan- sus versiones formales las que se estaban divorcian-
do le pregunto. Le pregunto ‘¿qué estás haciendo?’. do. Eran sus certificados de nacimiento los que se
Le pregunto ‘¿estás intentando envenenar a toda la estaban divorciando y no ellos. Rafe todavía estaba
familia?’. Le pregunto ‘¿me escuchas?’. Le vuelvo a viviendo en la casa y aún no le había dicho a ella
preguntar ‘¿me escuchas?’. Después le pregunto ‘¿es- que ya había comprado otra. “Cielo, acaba de llegar
tás sordo?’. También le pregunto ‘¿Qué crees que es algo muy interesante por correo,” le dijo ella, tem-
un matrimonio? Tengo ganas de saberlo’ y también blando.
‘¿es esta tu idea de un lugar bien ventilado?’ Como
una entrevista. No creo en las peleas. Creo en darle La rabia tiene propósitos medicinales pero ella
una oportunidad a la paz. También creo en el des- no podía soportarla mucho tiempo y, cuando se des-
angrarse por dentro.” Hizo otra pausa para colocar vaneció, la soledad la rodeó con la pena ardiendo en
el teléfono mejor contra su rostro. “También me in- el centro con un frío calor helado. En los funerales
teresan,” dijo Kit, “todas esas balas forenses que se de dos ancianos que ella apenas conocía, lloró en la
disuelven y no se pueden detectar. ¿Has oído hablar última banca de la iglesia como si fuera la amante
de ellas?” secreta de alguno de los muertos. Se sentía triste y
“No.” enferma y no quería volver a ver a Rafe nunca. O,
“Bueno, quizá me equivoco. Probablemente me mejor, a Raphael, pero le habían prometido a los ni-
equivoco. Ahí es donde entra el misterioso accidente ños unas vacaciones en el Caribe. Ya estaban reserva-
de coche.” das. ¿Qué podían hacer?
En el cromo del refrigerador vio su propio re- Para esto, al menos, habían servido las clases de
flejo, en parte rubia a lo Shelley Winters, en parte actuación a las que había ido en la prepa: para ac-
patata, las arrugas finamente delineadas y los acci- tuar. Una vez había hecho de reina en “Un Cuento
dentes bajo los ojos como un interludio musical en de Invierno” y una vez de muchacha retadora en una
la hinchazón. En cada una de las películas que había obra titulada “Love me right now” escrita por uno
visto de Shelley Winters, Shelley Winters era la que de los más extraños maestros de inglés de su escue-
moría. la. En ambas representaciones ella había aprendido
La mantequilla de maní se había pegado a sus que el tiempo es, esencialmente, una cosa cómica, el
encías. En la barra de la cocina, una enorme sandía hecho de constreñirse a él llevaba a la tragedia o, al
ya vieja había comenzado a resquebrajarse por la lí- menos, al desastre. Romeo y Julieta, Tristán e Isolda.
nea de las semillas, como una mueca de tiburón, y Sólo con que hubieran tenido tiempo. El matrimo-
arrancó un trozo para pasárselo por la parte interna nio dejó de ser cómico cuando se paró de repente, en
de su boca. Había pasado un año desde la última el punto en que se convirtió en divorcio, no como el
vez que Rafe le había besado. En parte le importaba tiempo en el tiempo nunca molestaba y la diversión
y en parte no. Una mujer tiene que elegir su propia era interminable.
infelicidad con cuidado. Esa es la única felicidad en Aún así Rafe invirtió treinta segundos en un
esta vida: elegir la mejor infelicidad. Un movimiento esfuerzo para persuadirla de que no fuera con él y
en falso y, Dios, se jode todo. con los niños de vacaciones. “No creo que debas ir,”
anunció.
La notificación la agarró por sorpresa. Llegó por “Voy a ir,” dijo ella.
correo, dirigida a ella. Ahí estaba, engrapada a los “Les vamos a dar a los niños falsas esperanzas.”
papeles de divorcio. Servida. La perra estaba empa- “La esperanza nunca es falsa. O es siempre falsa.
pelada. Como una persona, un matrimonio no se Lo que sea. Es simplemente esperanza,” dijo. “No
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hay nada de malo en eso.” el tiempo, se endurecería: la miraría por encima de


“Creo que no deberías ir.” sus lentes a la manera de un maître que sospecha
El divorcio, según lo veía ella, sería como el ma- algo. Él la vería venir como una anfitriona asusta-
trimonio: una lucha de poder. ¿Quién sería el perro da ve a alguien sin tarjeta de identificación. Pero en
y quién el dueño? éste, en su último viaje como familia, él se estaba
A aquellas alturas, sin embargo, ella y Rafe no portando decentemente bien.
habían firmado aún los papeles. Y todavía estaba el Todos dormían en la misma habitación, en ca-
asunto del anillo de matrimonio engarzado de pe- mas separadas y veían a las otras familias alborozarse
queñas esmeraldas falsas que a ella le gustaba mucho y divertirse por lo que, en comparación, la suya, una
y esperaba seguir llevando porque no parecía el típi- familia a punto de romperse para siempre, no pa-
co anillo de matrimonio. Él se había quitado el ani- recía tan mala. Ella no se dejó engañar por la brisa
llo, que sí parecía típico, un año antes porque, dijo, ecuatorial y por eso no se quemó con el sol colonial.
“le molestaba.” Ella había pensado por un tiempo Con los encargados del complejo hotelero compar-
que quería decir que le rozaba. No se había alarmado tía una rabia moral hacia los guardias armados que
mucho. Él había desgarrado sus ropas cuando se co- impedían que los niños nativos se colaran, a través
nocieron por primera vez, él había sido como un nu- de la barda, en la playa blanca, blanca. Y se aplicaba
dista: las cosas simplemente acontecían. Pero no era una especie de resina en la frente para congelar y
bueno intentar permanecer casada con uno. Pronto hacer retroceder las arrugas para aparecer más joven
saldría en castas citas geriátricas con otra gente cuyas ante un marido que huía aunque él no se molestara
ropas, como las de ella, permanecerían pegadas al en mirarla ni una sola vez. No es que ella estuviera
cuerpo. tan bien: su maleta se había perdido y se había visto
“¿Qué pasará si no me puedo sacar el anillo?,” le obligada a llevar la ropa comprada en la tienda de
dijo en el avión. Había ganado un poco de peso du- regalos con las palabras “La Caribe” en cada una de
rante los veinte años de matrimonio pero no tanto. las prendas.
Había sido prácticamente una novia niña. En la playa la gente leía libros sobre los genoci-
“Envíame la factura del cerrajero,” le contestó él. dios en Ruanda y en Yugoslavia. Eso añadía seriedad
Había desaparecido la chispa en sus ojos. a un viaje que no la tenía. Se suponía que no había
“¿Qué pasa contigo?” dijo ella. Por supuesto, que darse cuenta de los niños morenos de la isla que,
culpaba a los padres de él que, en cierto modo, hace al otro lado del alambre espino, tiraban rocas.
tiempo, por accidente o a propósito, lo habían criado Hay muchas maneras de hacer que las cosas des-
como un alienígena, con valores del espacio exterior, aparezcan momentáneamente. Una de ellas es ha-
con pensamientos alienígenas y con la personalidad cerse desaparecer a uno mismo en el movimiento y
vacía y cambiante, la franqueza falsa y los secretos la repetición.
sociopáticos de un alien.
“¿Qué pasa contigo?” rugió él. Tenía ese hábito, A Sam sólo le gustaba el trampolín y nada más.
ese hábito alienígena, de repetir simplemente lo que Había posibilidad de montarse en delfines pero a él
ella le acababa de decir. Tendía a hacerlo. De eso no le parecía cruel. “Tienen un lenguaje,” decía. “No
había la menor duda con un sistema nervioso cen- debemos montarlos.”
tral de silicona, un procesador de información con “Parecen felices,” dijo Kit.
un chip de silicona que encontraba incesantemente Sam la estudió con una seriedad que estaba más
nuevas combinaciones lingüísticas que había que ab- allá de la dulzura. “Parecen felices para que así no
sorber y almacenar. La repetición ganaba tiempo y le los mates.”
ayudaba a almacenar la información. “¿Eso piensas?”
Ella estaba menos preocupada por las niñas, que “Si los delfines se percataran,” dijo, “ni siquiera
eran pequeñas aún, que por Sam, su sensible hijo de sabríamos que tienen un lenguaje.” Que la inteligen-
cuarto de primaria que estaba ahora sentado al otro cia en algo socava el apetito que tienes por ese algo.
lado del pasillo del avión mirando enojado por la Que lo delicioso de algo oscurece tanto la mente de
ventana a las nubes. Pronto, gracias a las maquina- quien degusta como la de quien es degustado. Que
ciones de las extremadamente progresistas leyes de esa delicia termina en decapitación. Que sólo se pue-
divorcio (¡un hijo necesita a su padre!), ella ya no lo de entender algo sin desearlo. ¿Cómo sabía él ya esas
vería todos los días porque se escoraría y se alejaría cosas? Normalmente las niñas las saben antes. Pero
flotando como un papel llevado por el viento. Con no las suyas. Sus niñas, Beth y Dale, eran opacas a
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cualquier intento de entendimiento: prácticas, auto- romper pero quizá te tienes que mover al siguiente y
indulgentes, gemelas independientes de cinco años, al siguiente como un gusano a través de los corazo-
un sistema en sí mismas. Tenían su propio mundo nes de la fruta. Daniel dejó las piedras calientes so-
secreto de palabras Montessori y bisutería y como bre ella hasta que se enfriaron. Conforme cada una
un encantamiento que las llevaba a la hilaridad la de ellas iba perdiendo su calor ella ya no las sentía en
mayor parte de las veces al repetir seis veces la frase su espalda y después el hecho de retirarlas era como
“M&M’s de canela” a toda velocidad. Llevaban unas un descubrimiento de que habían estado ahí todo
brillantes alas de hada a donde fueran, incluso so- el rato. Qué extraño olvidar y luego sentir algo sólo
bre sus suéteres, y llevaban varitas. “Soy un hermano al final. Al final, el masajista retiró todas las piedras
mayor ahora” le decía Sam a todo aquel con que en- y con los bordes de éstas presionó fuerte su espalda,
contraba y con cierto orgullo el día en que nacieron entre los huesos, de un modo que parecía rudo pero
las niñas y, tras eso, ya no volvió a hablar del asunto. que no parecía tener tal intención.
A veces Kit se refería a Beth y Dale como Death y “Eso estuvo bien,” dijo ella mientras él apretaba
Bale cuando, por ejemplo, enterraban sus Barbies en todas las piedras. Las había calentado en un Croc-
la arena y después las sacaban usando una sustancia kpot eléctrico de plástico lleno de agua y ahora lo
gelatinosa. Una mujer envuelta en una toalla que es- estaba desenchufando con un gesto cansado.
taba leyendo sobre el genocidio se volteó y sonrió. “¿Dónde conseguiste esas piedras?” preguntó.
En este hotel de lujo junto al mar, las contradiccio- Eran suaves y gris oscuro, negras cuando se mojaban
nes de la vida eran grotescas e inevitables. según observó ella.
Kit fue a la recepción y reservó un masaje de pie- “Son piedras de río,” dijo él. “Las he estado re-
dras calientes. “¿Preferiría un hombre o una mujer?” colectando durante años en Colorado.” Las puso en
le preguntó la recepcionista. una caja de metal.
“¿Perdón?” dijo Kit deteniéndose. Tras tantos “¿Viviste en Colorado?” preguntó ella.
años de matrimonio, ¿qué quería? ¿Qué sabía de los “Solía,” dijo él y eso fue todo.
hombres o de las mujeres? “No existe tal cosa como

L
‘los hombres,” solía decir Jan. “Cada hombre es di-
ferente. Lo único que tienen en común es, bueno, su a última noche de sus vacaciones, como si
capacidad para la violencia.” fuera un chiste, llegó su maleta. Ella ni si-
“Un hombre o una mujer, ¿para el masaje?” pre- quiera la abrió. Sam puso el pequeño letre-
guntó Kit. Pensaba en el lento apareamiento de los ro en la puerta que decía “DESPIERTENNOS
caracoles hermafroditas para los cuales todo era con- PARA LAS TORTUGAS DE MAR.” El letrero
fuso. Para el momento en que decidían quién iba a tenía una leyenda impresa que decía 3 a. m. de tal
ser el macho y la hembra llegaba alguien con salsa de modo que pudieran ir a la playa y ver la eclosión
ajo y los engullía. de las tortugas y cómo se lanzaban hacia el océano,
“Lo que sea,” dijo y supo que sería un hombre. cobijadas por la noche, para evitar a los depredado-
Aunque intentó no mirarlo no pudo evitar oler res. Pero, aunque Sam había colocado el letrero con
todos los aromas que exhalaba, tabaco, incienso, cuidado y antes de la hora límite de medianoche,
cannabis, y que lo rodeaban totalmente. Un viejo nadie los había despertado. Y para la hora a que se
mariguano norteamericano que había vuelto a la se- levantaron y bajaron a la playa ya eran las diez de la
milla. Su nombre era Daniel Hadler, según la identi- mañana. Aunque, extrañamente, las tortugas aún es-
ficación que llevaba en la camisa como una condeco- taban ahí. Habían hecho eclosión durante la noche y
ración. No hablaba. Ponía piedras calientes a lo largo el personal del hotel las había retenido en una jaula
de toda su espalda y las dejaba ahí. ¿Pensaba ella que de mimbre para mostrárselas a los turistas que eran
su carne, toda llena de loción, era demasiado privada demasiado perezosos o demasiado sordos como para
y preciosa como para que él la tocara? ¿Estás loca? La haberse levantado en la noche.
alegría loca de su rostro miraba al suelo junto a la “Miren, vengan a ver” decía el hombre de acento
cabecera de la mesa de masajes y cuando él la tocaba latino que normalmente rentaba el equipo de buceo.
sus ojos se llenaban de lágrimas agridulces que res- Sam, Beth, Dale y Kit corrieron. (Rafe se había que-
balaban por su nariz lo que le hizo percatarse de que dado rezagado para beber café y leer el periódico).
Dios la había colocado perfectamente como tubería Las delicadas crías se estaban calentando al sol. El
para el llanto. La triste alfombra de la cabaña de ma- vello, color de oro veneciano, de sus patas se esta-
sajes dejó una marca tras ella. Un corazón se puede ba volviendo ya un marrón desecado. “Voy a tener
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que dejarlas marcharse ya,” dijo el hombre. “Ustedes


son los últimos en ver a estos pequeños bebés.” Las
acercó al filo del agua y les dejó marchar, demasiadas
horas tarde, para que encontraran su propio camino
hacia el mar. Y entonces cuando una fragata llegó,
las agarró, una a una, de entre las olas de plata y se
las comió como desayuno.
Kit se hundió en una silla enorme junto a Rafe.
Él se estaba bronceando, según ella podía ver, para la
lujuria de otra. Su propia postura era una incitación.
¿A qué perra le habría dado él el boleto? (Sólo habría
de descubrirlo después. “Como feminista, no debes
culpar a otra mujer,” le diría una vecina. “Como fe-
minista, te pido que ya no me hables nunca más,”
replicaría Kit).
“Creo que necesito un trago,” dijo ella. Los chi-
cos estaban nadando.
“¿No creerás que te voy a comprar un trago?”
dijo él.
¿Había preguntado ella? ¿Acaso se había referi-
do a él con el nombre más amargo en que pudiera
pensar? ¿Se había levantado y le había abofeteado
enfrente de los que pasaban? ¿Quién te dijo eso?

Cuando finalme nte dejaron La Caribe, ella es-


taba contenta. Al estar ahí, ella había comenzado a
odiar el mundo. En los aeropuertos y en los vue-
los a casa, ella ni siquiera intentó parecer natural: la
naturalidad era un crimen. Ella habló con sus hijos
calmada, como en un guión, con dialogo neutro y
acotaciones neutras. De vuelta a Beersboro, ella des-
empacó los condones y las velas, su pequeño saco de
amor, totalemente sin usar y lo arrojó a la basura.
¿En qué había estado pensando? Después, cuando ya
había aprendido a contar la historia de otro modo,
como historia, le construyó una escena final en la
que hacían el amor como una venganza sentimental
que contenía el centro inviolable de su amor, la dul- “Perdiendo los papeles” apareció por primera vez en la re-
ce seguridad animal de noche tras noche, el suave vista The New Yorker.
corazón todavía latiendo del matrimonio. Pero, por
ahora, igual que le pasaría a sus hijas, e incluso a su
hijo, envejecía estoicamente hacia un abismo de ol-
vido hasta llegar, aterrorizada, a darse cuenta (¿ima-
ginación del pasado?) que ella y Rafe nunca habían
estado juntos.HC
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Habedero, la novela (segunda parte)


Por una estudiante de letras hispánicas

V
Ciudad de México, 1999 la adolescencia, en la que estaba realmente confun-
dida, y aunque esa lectura me confundió aún más,
oy a describir mi primer encuen- puede considerarse algo positivo. Todos debemos
tro con Miguel Habedero, escritor plantearnos algunas preguntas a cierta edad, el esta-
marginal. Nos quedamos de ver en do de las cosas, ¿existe la salvación? Etcétera. Hablo
una cantina de la colonia Narvarte. entrecortadamente. No estoy brillante, parece que
Me dice por teléfono que le queda no me sigue. Habedero tamborilea en la mesa sin
a dos cuadras de su departamento; ocultar un bostezo.
que nunca sale demasiado lejos por- -¿Tienes cigarrillos? -me pregunta.
que no le gusta caminar ni tomar un taxi “a menos -No, no fumo.
que sea necesario”; que nunca aprendió a manejar y -Mierda. Sí, ya me han dicho eso otras veces. La
por eso no tiene auto. Autobiografía precoz se puede considerar mi mejor
Al principio no lo reconozco, en la solapa de sus obra de ficción. No me había ocurrido nada inte-
libros siempre aparece la misma fotografía de cuan- resante, así que lo inventé todo. La culpa es de Yev-
do tenía veinticinco años, incluso en la última ree- tuchenko. Estabas fuera de onda si no escribías una
dición de Caminos de desolación: el cabello quebrado autobiografía precoz en los años sesenta.
y rebelde, un poco gomoso; suéter cuello de tortuga Me siento un poco decepcionada.
blanco, una marinera y un cigarrillo en la boca al -¿Entonces, usted nunca comió carne humana?
estilo Albert Camus. -No, nunca -responde, y da la vuelta a la hoja de
-La única foto en que salgo bien -me dice. su periódico.
Le comento el enorme parecido con Camus en -¿Y el dos de octubre del 68?
esa fotografía y me contesta que no lo sabe, segu- -Estuve en cama, con gripe.
ro miente, que nunca ha leído a los existencialistas También le hago la obligada pregunta milenaris-
franceses y esas mariconadas. Treinta años después, ta, no se me ocurre nada más:
Habedero, el gurú del underground en México, está -¿Si la civilización se colapsara el 31 de diciem-
muy cambiado. Lleva el cabello muy corto, total- bre y tuviera que mudarse a un isla desierta, qué li-
mente gris, y se ha dejado la barba: camisa hawaiana, bro se llevaría con usted?
bermudas y sandalias. Le pregunto si está escribien- -Eso no va ocurrir. Si la civilización no se colap-
do algo: só en los sesenta cuando todos usábamos drogas...
-No. -Es hipotético.
Es temprano, el lugar está vacío y el encargado -Entonces me llevaría la guía Disney de los pe-
de la limpieza talla el tapete de la entrada con una queños castores.
escoba. Habedero pide una cerveza y hojea su perió- -¿Qué es lo que más detesta?
dico. Silencio incómodo. Me mira de reojo, exami- -Las estudiantes de letras hispánicas –responde–.
nándome con desconfianza. Detrás, en la barra, se Mi tercera esposa estudiaba letras hispánicas.
escucha el sonido de la cristalería, percibo un olor a Pide otra cerveza.
desinfectante barato.
Le comento que a mí me parece que sus nove- ***

E
las, especialmente Caminos de desolación, son supe-
riores a otras consideradas emblemáticas de los años sta primera entrevista no fue fácil, pero
sesenta como De perfil de José Agustín o Gazapo de con perseverancia y dedicación me gané su
Gustavo Sainz. Él dice que José Agustín es su amigo amistad. Estaba resuelta y ninguna aspere-
-miente otra vez-, y que no me meta con él. za pudo desanimarme. Quería realizar mi
Le digo que aunque la crítica no esté de acuerdo tesis sobre Caminos de desolación y Escuela
yo siento una especial predilección por su Autobio- de Robinsones, dos clásicos marginales de la literatura
grafía Precoz, pues la leí en un momento de mi vida, mexicana. En las siguientes ocasiones pude romper
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el hielo y me dejó entrar incluso a su departamento quedaba del mítico Habedero, autor de Walden tres
donde me mostró su colección de literatura beat. Te- y Los caballos están nerviosos, John: western existencia-
nía la primera edición de Kaddish autografiada por lista. Había dejado de ser aquel enfant terrible que
Ginsberg. transformó el fracaso de su generación en algo su-
Él y Allen (así es como lo llamaba familiarmen- blime y elegante. Su pesimismo estaba despojado de
te) tuvieron a lo largo de treinta años una corres- cualquier vestidura.
pondencia escueta aunque de carácter intimista. -Bien -se golpeó las rodillas con ambas manos-,
Habedero preparaba un volumen, pero había tenido acompáñame.
algunos problemas con los derechos de autor. En esas
cartas se discute con preocupación sobre el futuro ***
de la poesía norteamericana. Jamás me imaginé que
Ginsberg se preocupara por el futuro de la poesía ¿Qué se fizo de aquel Miguel Habedero que ex-
norteamericana; o para ser sincera, hasta hace muy ploró los engañosos caminos del territorio tarahu-
poco no sabía quién era Ginsberg porque yo estudié mara, en el corazón de la Sierra Madre Occidental,
lengua y literatura hispánicas y ahí no hay mucho llevando a cuestas una Remington de nueve kilos?
tiempo de leer otras cosas. Como escribió en el famoso prólogo a la segun-
Cuando me invitó a conocer su departamento y da edición de Caminos de desolación:
el lugar donde trabaja -un enorme escritorio donde
se apilan de manera desafiante hileras de carpetas y Había leído a Artaud, como todo mundo a los
libros-, tuve la impresión de que me había llevado veinticinco años, y estaba dispuesto, como todo
ahí para seducirme, pero al ver el estado en que se mundo a los veinticinco años, a encontrarme a mí
encontraba ese lugar se esfumó cualquier sospecha. mismo y además escribir un libro sobre este viaje:
Parecía como si acabara de mudarse: un par de ma- Caminos de desolación. Era un prófugo de la ley -
letas en una esquina, algunas cajas apiladas. no un springbreaker como los beatniks-, acusado de
Sonó el teléfono. Habedero permaneció inmó- pertenecer a un grupo terrorista.
vil, por un momento pensé que me haría un gesto
con el índice para que no hiciera ruido. Esta acusación era algo inexacta. Ya entonces era
-Hola –se escuchó la voz de un Habedero más demasiado escéptico y cínico para militar en cual-
joven desde las profundidades de su vieja contesta- quier organización que pretendiera cambiar el estado
dora de cinta-, estás llamando a casa de Miguel Ha- de las cosas, me dijo, y abolir la propiedad privada.
bedero. Si tuvo que cambiarse el nombre a Gabriel Aboites
Él estaba de pie, mirando el aparato con una (como el protagonista de Walden Tres); si tuvo que
cerveza en la mano, como si estuviera a punto de esconderse de la ley durante tres años y después huir
hacer contacto con vida inteligente de otro planeta. a San Francisco, cruzando el Río Bravo en un neumá-
El rostro inteligible de un ídolo maya. tico, la culpa era de Roberta Lujan; la única mujer,
Se escuchó un hondo suspiro, el chasqueo de se dice, que Habedero amó en su vida.
una lengua, después la voz temblorosa y con acento Sobre ella sabemos que perteneció al MARIP,
extranjero de una mujer: Movimiento Armado Revolucionario Independien-
-Sé que estás ahí, sólo quiero que sepas que he te del Pueblo, pero no sabemos si éste realmente
puesto tus cosas en cajas y que en este momento es- existió. Se cree que fue una escisión de MARP, Mo-
tán sobre la acera. Será mejor que vengas a recoger- vimiento Armado Revolucionario del Pueblo. Al
las. No te molestes en subir a saludarme. MARIP, sus detractores lo apodaban Movimiento
Habedero levantó la cabeza y cerró los ojos. Fue Armado Independientemente del Pueblo. Pocos da-
hacia el refrigerador, sacó un par de latas más y me tos nos han llegado sobre el grupo al que pertenecía
alargó una sin preguntarme si quería. No puedo la mujer de Habedero y casi podríamos afirmar que
pensar con tanto calor, dijo, y se sentó en el sofá. El se trató de una mera conspiración de salón. Otros
sol comenzó a declinar. dicen que la famosa escisión ocurrió en medio del
-¿Tienes cigarrillos? asalto a una sucursal del banco Longoria, momento
-No, ya le dije que no fumo. en que fueron evidentes los desacuerdos tácticos del
-Mierda. grupo. Dos lideres naturales pugnando por el poder
Al verlo sentado ahí, con la luz difusa a sus es- es demasiado en un grupo de cinco personas. Cuan-
paldas ensombreciendo su rostro, pensé que nada do llegó la policía, me contó Habedero, dos grupos
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escindidos huyeron cada uno por su lado y ambos maron a la puerta, Habedero vio dos tipos a través
intentaron apropiarse la acción, causando una con- de las cortinas, policías vestidos de paisano, a juzgar
fusión en lo medios que quedó zanjada al llamarlos por sus mal cortados trajes de poliéster.
terroristas, independientemente del pueblo o no. -Me siguieron -murmuró Roberta.
Habedero salió de viaje un par de semanas por -Esconde las armas, voy a dejarlos entrar.
Sudamérica y le pidió a Roberta que le diera de co- -Es demasiado tarde.
mer al gato. Cuando regresó notó con agrado que su Roberta sacó el revólver de debajo de la cama y
refrigerador y su alacena estaban llenos como para abrió el tambor.
aprovisionar a un pequeño ejercito. Notó que junto -Mierda, no tenemos balas. Por cierto, estoy em-
a la cama estaba la edición cubana del Diario del Che barazada.
en Bolivia con anotaciones en tinta roja en los már- -¿Es mío?
genes hechas por el puño de Roberta, que en aquel -No.
entonces sólo tenía 16 años: era una letra casi infan- Los policías comenzaron a golpear la puerta. Ro-
til, pequeña y apretada. berta lo empujó hasta la recámara y cerró con llave;
Siempre temió por el fanatismo de la muchacha, arrastró el escritorio para bloquear la entrada.
que dormía con las botas puestas y cada mañana se -¿De quién es?
levantaba a hacer 120 abdominales y sentadillas, -De Michin.
porque, decía, se estaba preparando para la lucha -¿Y quién es Michin? ¿El príncipe idiota?
armada. Hasta ese momento no la había tomado -El líder de nuestro grupo.
en serio realmente, considerando que el ejercicio le Se escuchó el crujir de la puerta bajo las botas
sentaba muy bien. Hasta que vio las anotaciones, de los policías.
más diabólicas, en su opinión, que las anotaciones -Vámonos de aquí -dijo Habedero, señalando la
hechas por Napoleón a Maquiavelo. Sin saber dema- ventana abierta que daba a un toldo por el que era
siado sobre caligrafía, era evidente que habían sido posible saltar-. Tú primero
trazadas por una mente trastornada. “Jajá, eres todo Fue en entonces cuando cayó en cuenta de que
un mojigato, Ernesto, te preguntas por qué no se te Roberta estaba embarazada realmente y corrigió:
han unido los campesinos cuando no los necesita- -Tal vez lo mejor es entregarnos -no sabia qué les
mos en nuestra lucha armada, ¡hay que pasarlos por sucedía a los sospechosos que capturaban. A pesar de
las armas! ¡El campesino es reaccionario por natura- su rebeldía, tenía fe en las instituciones.
leza!” El campesino, pensó Habedero, aterrorizado, Roberta tomó una granada de mano.
la figura más sagrada en la cultura mexicana después -No me atraparán viva -dijo, la voz se le quebró
de la madre, y también pensó que una revolución, en la penúltima sílaba.
paradójicamente, sin respeto por lo sagrado, estaba Habedero sintió sus piernas temblar al ver cómo
condenada al fracaso. aquella niña de dieciséis años, en estado de ingravi-
Debajo de la cama encontró dos granadas de dez, retiraba el seguro de la granada con los dientes.
mano, un fusil M-1 recortado y un revólver calibre La prueba decisiva de que el infantilismo de izquier-
22. Un arsenal ecléctico, ciertamente, cuyo único da podía ser algo literal. Sus encías se helaron al ima-
punto en común era causar daño a otras personas, ginar el contacto de esos hermosos dientecillos con
pensó Habedero. Siempre había mirado con simpa- el metal frío. Vio la determinación en sus ojos. El
tía la Revolución, pero sintió un escozor en la gar- miedo lo arrojó por la ventana, y corrió por las calles
ganta y sus brazos se aflojaron cuando registró deba- de la ciudad de México. Nunca más volvió a ver a
jo de la cama. Roberta Luján.
Cuando Roberta Luján cruzó la puerta con dos
bolsas repletas de atún enlatado, Habedero la espe- ***
raba sentado en el sillón, cruzado de piernas y en la
mano un cenicero lleno de colillas. Este episodio nunca es referido en Caminos de
-Haz convertido mi departamento en una casa desolación, pero es una de las causas que arrojaron
de seguridad. al maltrecho espíritu de Habedero en su peregrina-
Entonces la guerrilla urbana era fácil de localizar ción. Se afeitó la barba y se cortó el pelo para salir
con sólo seguir adolescentes de mirada enfebrecida de incógnito de la ciudad de México. Una fotografía
que compraban cien latas de atún en el supermerca- suya, no aquella donde parece Albert Camus, salió
do y doscientos paquetitos de galletas saladas. Lla- publicada en los principales periódicos de la ciudad.
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Inápuchi era una población conocida por los le exige ser también un documento, una sociología,
antropólogos militantes de izquierda porque sus ha- una lección de historia, o no tiene validez.
bitantes permanecieron ajenos a la evangelización y Los tres lectores que he tenido en treinta años,
eran por consiguiente, gentiles. Ahí se veía cumpli- aparte de mis ex esposas, han creído que yo soy Mi-
do el sueño de una sociedad utópica no corrompida guel Aboites, el hombre que encuentra la salvación
por el hombre blanco. por los caminos de la desolación..
Ya antes del episodio descrito, Habedero era
un espíritu atormentado, demasiadas películas y ***
comida chatarra; demasiada televisión, rock n´ roll,
drogas, sexo y la literatura existencialista que más Tomamos un taxi, pues era “estrictamente ne-
tarde negaría. Era imperioso regresar a sus orígenes; cesario.” A la luz del atardecer, el rostro de Miguel
al momento anterior a la cultura: el viaje a la semilla. Habedero parecía macilento y verdoso.
Y por eso fue a presentarse ante don Erasto Olmos, Un par de vagos husmeaban entre las cajas api-
médico brujo. Necesitaba curarse de todas las impu- ñadas sobre la acera. Habedero se apeó del taxi an-
rezas de la cultura occidental. Pero don Erasto no lo tes de que se detuviera y comenzó arrojarles piedras.
recibió, aunque tampoco lo rechazó. Habedero me- Tuve que pagar el viaje.
rodeó por su cabaña algunas semanas y se sentaba a -Vacune a su amigo -me aconsejó el taxista, an-
su lado, esperando de ese cuerpo santo y momifica- tes de hacer rechinar las llantas y desparecer en la
do alguna iluminación. esquina.
El viejo chaman estaba harto de todos esos cha- -Mi televisor, ¿dónde está mi televisor? -Habe-
bochi buscando la salvación que se arrastraban por dero revolvió las cajas, no parecía haber nada de va-
el camino empinado que llegaba hasta su cabaña. Se lor. Sólo viejos discos de Dione Warwick y cintas
decía que tenía más de ciento veinte años. Esperaba super 8.
la muerte con una sonrisa, escuchando un pequeño -¿Dónde está mi televisor? -escupió sobre la bo-
radio de transistores y fumando cigarrillos, por único cina del interfón.
alimento pinole disuelto en agua y café instantáneo. -Lo regalé -contestó una voz transistorizada- a tu
Su programa favorito era La hora nacional. Todos los mejor amigo, y también me acosté con él.
domingos a las diez de la noche, mientras el caserío -¿Mi mejor amigo? -murmuró Habedero para
entero dormía, podía escucharse desde una distancia sí-, yo no tengo amigos.
considerable El guapango de Moncayo. Llevaba mas de treinta años con ese televisor en
-Maestro -dijo Habedero-, he venido a usted blanco y negro, lo compró con su primer cheque, las
para aprender... regalías de Los caballos están nerviosos, John; el único
-¿Tienes cigarrillos? cheque que había recibido en su vida por escribir un
-Sí. libro. Estaba ligado emocionalmente a ese aparato.
-¿Con filtro? Le gustaba ver a Eliot Ness en Los intocables. Alguna
-No. vez le pregunté qué lo inspiraba para escribir novelas
-Mierda. Todos ustedes, malditos hippies, fu- de largo aliento, Escuela de robinsones tiene 850 pá-
man cigarrillos sin filtro, por eso tienen los dientes ginas. ¿Experimentando con drogas?.
amarillos. Mira -abrió la boca- todos mis dientes son -La televisión -me contestó-, es lo único que me
blancos. relaja, ya no pasan Los intocables pero me encanta
El medico brujo, don Erasto Olmos, en verdad Guardianes de la bahía; la tipa que sale ahí es... es-
tenía una dentadura perfecta. tupenda.
-La próxima vez trae un cartón de Raleigh -aña- Como ya lo había comprobado, esta vincula-
dió con su expresión de viejo sabio estoico rarámuri-, ción hacia los objetos es típica de su personalidad.
porque Raleigh es el cigarro. Tiene treinta años con su vieja rémington, la leyenda
dice que cada noche, antes de acostarse, la desmonta
Así que nunca tuve una iniciación en el estricto para limpiarla y engrasarla.
sentido de la palabra. Caminos de desolación es una -¿Y esta putita quién es? -dijo la mujer al verme,
obra de ficción, y esto nadie lo comprende. El lector tenía los brazos cruzados.
mexicano está sediento de historia y de realidad, por Era alta y delgada, de cuello firme, lleno de lu-
si no fuera poco vivir en este país donde la historia nares, y una nariz grande. Muy guapa para los años
y la realidad amenazan con destruirte. A la novela se que se cargaba encima.
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La reconocí en seguida, Sara Kohn. Fue esposa es el único lugar donde me siento cómodo.
de Habedero dos meses y su amante durante treinta Bebió unas treinta cervezas aproximadamente.
años. Juntos editaron la revista underground bilingüe Me dijo que el secreto era no contarlas y no preocu-
El alba vestida de cuero, donde se publicaron por pri- parse por el ácido úrico. Estaba pensativo, mirando
mera vez algunos de los poemas más representativos por la ventana el flujo ininterrumpido de la avenida
de la época. Retenía el televisor como prenda a un Insurgentes.
préstamo que ya no tenía intención de cobrar. -¿Maestro, en qué piensa? -le pregunté, sólo po-
-Está escribiendo una tesis sobre mi trabajo - día hablarle de usted, aunque él me dijera todo el
contestó Habedero, abriéndose paso en el departa- tiempo háblame de tú.
mento. -Que en alguna parte hay un maldito cabrón
-Ya te dije que lo regalé -la mujer encendió un mirando mi televisor y que cuando lo encuentre voy
cigarrillo y se apoyó contra el marco de la puerta-. a romperle las rodillas con un bat de béisbol.
Así que ahora escriben una tesis sobre tu obra, lo que Creo que me excedí, nunca había bebido más de
nos faltaba. cinco cervezas en mi vida. Y esto curioso, pensarán,
Habedero registró cada una de las habitaciones: pues los estudiantes de letras hispánicas tenemos
-Hace veinte años -dijo-, un académico gringo fama de borrachos. La verdad es que nos emborra-
escribió una tesis sobre uno de mis libros. chamos con un par de cervezas. Por lo mismo, em-
-Hay un académico gringo para todo. pecé a contarle sobre mi infancia. Le conté que mi
-No vine aquí para discutir contigo. ¿Dónde está padre es un intelectual de izquierda de esos que salen
mi televisor? en la televisión hablando de “asuntos de coyuntura”,
-Ya te dije. como dice él. Es egresado del CIDE. Siempre que
-Yo no tengo amigos. ocurre algo interesante van a entrevistarlo a la casa
-Lo sé. y se cruza de piernas, apoya un codo en el respaldo
-¿Cómo era? del sofá y habla y habla. Tiene una columna en la
-Bajito, moreno, de cabello negro. Se llamaba sección de Economía de El Jornalero y sus artículos
Mauricio, creo, no me acuerdo. Un poco maricón. comienzan generalmente así: un fantasma recorre el
Parecía filipino y me cayó simpático, por eso no mundo, el fantasma de la letra de cambio; o bien:
pude negarme cuando me pidió el televisor. un fantasma recorre el mundo, el fantasma de los
-Mierda. créditos hipotecarios. Siempre tiene algo que decir
Salimos del edificio, Habedero estaba furioso sobre Israel o los pueblos indígenas, pero nunca ha
y pateó las cajas y los discos de Dione Warwick. tenido una palabra de amor para mí, nunca un ¿hola
Me dijo que alguien había estado acostándose con qué tal?; o un: ¿cómo te va en la escuela?
cada una de sus ex esposas con el pretexto de que Mi madre es una ama de casa feminista que es-
era su mejor amigo. Al principio no le había dado tudió sociología pero no se tituló. Siempre estuvo
importancia, incluso le pareció divertido, pero re- obsesionada por hacer lo correcto conmigo y ser mi
cientemente se sentía acosado. Llegaba y decía, soy amiga. Desde los ocho me habló sobre lo que ella
el mejor amigo de Miguel y se alquilaba como paño llama “la sexualidad femenina”, que yo era dueña
de lágrimas para después seducirlas. ¿Quién era el absoluta de mi cuerpo y esas cosas; desde los quin-
tal Mauricio? ¿Un fan que lo acechaba con un viejo ce empezó a preguntarme si ya había dejado de ser
ejemplar de Walden tres en el bolsillo y un revolver virgen.
en el otro? ¿Un rival resentido? ¿Un loco inofensi- -Lo entiendo perfectamente. Creo que tengo un
vo? ¿Un agente de Gobernación? Habedero todavía par de hijos por ahí –dijo Habedero, sin terminar
padecía un poco de la enfermedad mental llamada la frase, pues se ocupaba de vaciar otra botella de
trastorno paranoico setentero de la personalidad. Y cerveza.
con este asunto del televisor había llegado demasia-
do lejos... Mi primera vez estaba realmente cohibida por-
*** que tendría que contarle a mi madre ese mismo día
cuando llegara a casa y entonces ella me miraría de
Terminamos en un bar donde todos le conocían. esa manera que pretendía ser de complicidad pero
The sixties, se llamaba, decorado con murales de los que, debo decirlo, no era totalmente sincera. Recuer-
Beatles y Elvis, muy camp. da que siempre tienes en mí a una amiga, me decía,
-Nunca soporté a los Beatles -me susurró-, pero y entonces comenzaba el interrogatorio, quería estar
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conmigo en cada uno de los momentos importantes maneció inmóvil, como el mismo ídolo de piedra,
de mi vida. vetusto y verdoso, imperturbable en su existencia
-Tu madre apesta. eterna. Cada vez que sonaba el teléfono tenía un
Mi madre estaba echando a perder mi vida duelo mental con esa grabadora, como en una esce-
sexual cada día cuando yo cruzaba la puerta de mi na de Los caballos están nerviosos, John, donde todos
casa, y tenía que pasar por la sala para ver sus cejas los duelos ocurren en el plano mental. Desenfunda,
arquearse por encima de Debate Feminista y sonreír parecía decir su cuerpo encorvado, la sempiterna
de aquella manera que supuestamente tenía la fun- lata de cerveza en la mano.
ción de darme confianza. -¿Contesto?
-¿Sigues siendo virgen? Negó con la cabeza.
-No, ya no. Cuando sonó el timbre, se escuchó el ruido de
-¿Y se lo contaste a tu madre? automóviles en una avenida.
-No pude hacerlo y ella se siente preocupada -Es él -dijo Habedero-, me sigue a todas partes.
porque tengo veinticinco. Sus manos temblaban. El rostro apenas se movió y
-Tienes que perdonar a tu madre, somos una sus labios se contrajeron en algo que pretendía ser
generación a la que le costó mucho trabajo emanci- casi con desesperación una sonrisa.
parse y para nosotros esas pequeñas conquistas son Fue hacia la ventana, en la esquina alguien estaba
demasiado importantes. Se nos va la vida en eso, parado junto a un teléfono público. Habedero tomó
pues de lo contrario, nuestra existencia, la historia una sombrilla y salió dejando la puerta abierta.
misma, no tendría sentido. –No está –dijo al regresar.
-¿Habla en serio? El teléfono volvió a sonar un par de veces.
-No, tu madre apesta. -¿No tienes cigarrillos verdad, no fumas?
Estuvimos bebiendo un rato más y Habedero Negué con la cabeza. En ese momento me hu-
me dijo que cuando tararea las canciones de los Bea- biera gustado traer un cigarrillo y encendérselo como
tles significa que está borracho. Comenzó a cantar a un condenado en el paredón.
Eleanor Rigby. Mi asesora de tesis me había dicho -¿Y porque no compra una cajetilla, maestro?
que perdía el tiempo con Habedero; que él no había -Porque no fumo.
escrito sino folletines y que debería hacer mi tesis Me miró de una manera extraña, estaba sentado
sobre Rulfo o Julio Torri, los héroes que nos dieron sobre la cama.
patria. Pero al verlo ahí, tarareando con un pésimo -¿Qué?
acento el famoso estribillo, pensé que había algo en El ídolo de piedra, con su mirada de petroglifo,
Habedero más atractivo que sus libros. Después me se volvió un dios cristiano, tierno e indolente. Más
enteré de que mi asesora de tesis había estado casado que un dios cristiano, un cristiano mismo, esperan-
con él. do en la arena a que se levante la reja de donde salen
los leones, su único consuelo es un oscuro dios del
Oh, look at all that lonely people. desierto que huele a camello. Entonces me levanté y
Oh, look at all that lonely people caminé hacia él. Desabroché mi blusa y me senté en
sus rodillas.
*** -No esperes nada de mí: son casi las cinco, tengo
55 años y he bebido demasiado.
Salimos del Sixties casi a las tres de la mañana y ¿Debo decir que me sentí humillada? Quería ha-
tomamos un taxi. Habedero balbuceaba algo sobre cerle un favor, quería acostarme con él por lástima,
un tal Padre Mackenzie. Fuimos a su departamen- inmolarme, protegerlo, y era rechazada. En el fondo
to. Tomamos un par de cervezas más; yo me sentía me seducía la idea de decirle a mi madre que me
realmente mareada. Noté que en su refrigerador no había tirado a un viejo y mirar su rostro contraerse
había nada de comer. debajo de su eterna sonrisa de comprensión. Fue un
-¿Maestro, en qué piensa? pensamiento fugaz y liberador.
-En ese maldito maricón, el tal Mauricio, voy a Me tiré sobre la cama y le dije que tenía mie-
romperle los codos y la rodillas y a sacarle los ojos. do del futuro y todas la pendejadas que se dicen en
Hizo un ademán de realizar todas estas acciones so- esos momentos. Pero a él no parecía importarle mi
bre un cuerpo de aire. vulnerabilidad, misma que jamás me había fallado.
Sonó el teléfono y me sobresalté. Habedero per- Seguía ahí, mirando entre las cortinas, incompren-
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sible de nuevo, y la manaza velluda exprimiendo la


sombrilla. Nada le importaba este cuerpo joven, dis-
puesto sobre la cama.
-No vemos luego –le dije, tomé mi bolso, me
eché un poco de agua fría en la cara y me fui enojada
conmigo misma. Esperaba oír su voz detrás de mí,
pidiéndome que me detuviera, pero ahí estaba su
rostro en la ventana mirando hacia el teléfono solita-
rio de la esquina como un cactus bajo los primerizos
rayos del sol.
No pude contener las lágrimas. Miré el reloj,
efectivamente eran casi las cinco de la mañana. Mi-
guel Habedero, escritor marginal, me había roto el
corazón y pensé que, al final, otra tesis sobre Juan
Rulfo no podía lastimar a nadie.HC

ESTUDIANTE DE LETRAS HISPÁNICAS. Nació


en la Ciudad de México. Estudió Lengua y literatura
hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras, de la
UNAM. Después de terminar su tesis de licenciatura
“El uso de los dos puntos en los cuentos de Juan Rul-
fo,” pasó un año en las costas de Oaxaca vendiendo
collares de piedras semipreciosas. Actualmente diri-
ge la revista trimestral universitaria Los inéditos.
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Rainer María Rilke y los rayos del Caribe


J. S. de Montfort

Para Julio Bustamante, de buscar los rayos en la distancia.

P
el entusiasta. Yo también gritaba, como mi abuela (no, más
que mi abuela). Y entre los gritos, el estruendo: un,
or suerte que están las tormentas dos, tres, un, dos… tres, tanteaba los segundos, y
(que siempre estarán) para ayudarme. hacía un cálculo rápido: tres, siete, nueve, veinte ki-
Hoy mismo han de presentarse: las lómetros. Bum!. Y gritos y más gritos, gritaba feliz
huelo. La televisión las ha anunciado y veía caer el rayo sobre el mar Caribe, y mi abue-
desde días atrás. Por eso estoy sentado la alzaba el rosario mientras se veían los estruendos
en la terraza, desnudo tiritando, espe- luminosos preñando de electricidad las aguas ¡qué
rando desde hace casi cinco noches. maravilla era aquello! ¡Cómo olvidarlo!
Cansado, exhausto, pero preparado para actuar. -Bruno, tienes el alma de diablo –me decía des-
Lo bueno para mi propósito de hoy es que vivo pués, cuando ya todo se tranquilizaba, mi abuela,
en un apartamento de fábula: desde el balcón se pue- abrazándome temblorosa y pálida.
de ver inmenso el mar Caribe; es decir, se está justo al Palmira se reía, y secretamente sé que me admi-
frente del mar Caribe. Desde aquí se tiene una vista raba…
privilegiada sobre la electricidad de los rayos que se Y yo, después (ya los dos solos), le decía a Palmi-
escampará violenta por el mar; se tiene la sensación ra que no tenía el alma del diablo, que era “un rayo,
de que son tus propias manos las que lo preñan todo un auténtico rayo caribeño”. Y siempre le decía “un
con los parpadeos luminosos de los rayos: día te lo demostraré”. Y ella se tapaba la sonrisa con la
Ese fulgor, la rapidez con que actúan, su precisi- mano, mientras miraba a todos lados, por si hubiese
ón al agujerear las aguas inmensas del mar Caribe… de descubrir la abuela su connivencia conmigo.
es hermoso. Hoy ha llegado ese día, Palmira. Siento que no
Por suerte que está también Rainer María Rilke. estés para verlo.
Si se piensa, Rilke es igual que los rayos, igual que -Tonterías de la abuela, me decía ella-. No le ha-
rayos esparcidos revoltosos en la hostilidad de la no- gas caso. Yo te quiero igual, aun cuando tuvieses el
che son los poemas de Rilke. alma de diablo…
Rilke nos ilumina fugaz las zonas oscuras. Lo La echo tanto de menos tanto a Palmira… tanto
mismo los rayos de las tormentas tropicales contra como un hombre puede echar de menos a su igual: a
la superficie inmensa del mar Caribe. su amiga, a su amante, a su hermana, a su madre, a
Bueno, esto yo ya lo intuí desde niño: su prima, a su tía…. A alguien de su propia sangre.
Ocurría que de pronto, al llegar Octubre (igual Yo también te quiero, Palmira. Igual.
que ahora), sobrevenían temibles, pero –por ello Ahora estoy sentado (como cada una de las úl-
mismo- fascinantes, las tormentas tropicales. timas noches) desnudo tiritando sobre la terraza
Nuestra abuela –temerosa de la ira de dios- nos del apartamento. Estoy esperando a que vengan los
sentaba en la parte baja del chalet y nos obligaba rayos. Pero no vienen…
a rezar. Pero yo no rezaba, yo buscaba estirando el Por invocarlos (del mismo modo que durante las
cuello a través de las cortinas los reflejos del true- últimas ciento veinte horas) leo muy alto, recitando
no. Me acurrucaba en el sofá, haciéndole creer a mi con el mayor entusiasmo:
abuela que yo también temía la cólera de dios. Pero
era mentira. -¡Quien desde los órdenes angélicos si yo
Lo que hacía era tratar de adivinar –en la lejanía- gritara…!,¡Quien desde los órdenes angélicos si yo
la caída del rayo. Y ella, al advertir mi intención (que gritara…!, ¡Quién, quién, quién…!
no me daba la gana de rezar), gritaba, me gritaba. Y no, nadie me escucha: ni ángeles ni demo-
Palmira –mi prima pequeña - nos miraba curio- nios.
sa, pero también estirando los párpados –en tanto Ayúdame, prima mía …!
que seguía, obediente, rezando-, tratando asimismo
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Por eso grito, grito hasta que mi voz se hace ron- cayó un rayo, un rayo como los de nuestra infancia
ca e inaudible luego. Y me canso. Y grito sin gritar, dichosa: el cielo se iluminó para nosotros en un se-
y me duele la traquea, las cuerdas vocales, pero sigo gundo, nos echamos al suelo e inmediatamente se
gritando ahora colérico, tratando de que el esófago hizo el silencio y la oscuridad. Y yo me sentí tan
salga despedido por la boca. fascinado…
Chapoteo con los pies descalzos sobre el suelo En ese momento, Palmira se me abrazó temerosa
empapado de ron. Echo lujurioso todo el ron que y obstinada, igual que la abuela cuando era pequeño
queda en la botella sobre mí, sobre mi cuerpo des- y me gritaba que tenía “alma de diablo”, pero no,
nudo. no… esta vez nos besamos, nos manoseamos, nos
Me siento un poco mareado. acariciamos, nos besamos, nos… nos hicimos uno.
Pongo la cabeza entre las piernas. Uno. Y todo empezó ahí. Ahí. Con los rayos.
Descanso un poco.
Juraría que oigo ruidos en la puerta. Pero no Se ven algunas chispas lejanas, demasiado leja-
podría asegurarlo, igualmente. Quizá haya alguien nas. Es imposible todavía discriminar alguno de los
golpeándola; pero no me importa. sonidos. Pero ya se acerca. Se acerca. Se acerca…
En la esquina del balcón está mi pararrayos Se oyen también ruidos: golpes del viento contra
(construido manualmente con la mayor dedicación: las ventanas, tejas sueltas que caen sobre la calzada,
sólido hierro atractivo para esas bestias del cielo). los pajarracos inmensos (los cuervos negros) que ha-
El pararrayos los agarra –a los rayos-. Me los acerca bitan las ramas de las palmeras de la costa Caribe…
tanto… y yo –entretanto-, desnudo, me extiendo los turistas italianos locos, gritando en la playa, bor-
sobre la madera protectora dispuesta en el balcón. rachos, drogados.
Y ese olor a quemado… Y durante la adolescencia Las nubes negras comienzan su danza. Esto em-
hacíamos el amor justo en ese momento, cada año: pieza. Por fin.
sí, Palmira y yo, ¿te acuerdas, Palmira?, hacíamos el Vienen hacia mí, lentas y pesadas, cargadas has-
amor cuando el cielo se iluminaba, chillándole al ta los topes. Las nubes.
mar Caribe: “¡Quién, quién, quién.…!”. Venid, venid
Pero hoy no habrá nada de eso. Voy a atraerlas:
Entre otras cosas porque Palmira ya no está. Está He cogido la mecedora. La he sacado al balcón.
en Cambridge, estudiando un maldito MBA. Son Si me esfuerzo, he pensado, podría hacerla caer di-
cosas de su padre, el diplomático. rectamente al océano. Queda tan cerca… a unas po-
Está vez será de otro modo: será descalzo sobre el cas decenas de metros. Y ellas, las bestias de la noche,
suelo mojado, mojado inundado de ron. Y la mano vendrían por fin a mí.
bien agarrada al pararrayos, Mi otra mano me servirá He tenido que tomar aliento (llevo mucho can-
para iluminar el cielo, para proyectar los reflejos de sancio acumulado).
Rilke sobre la noche… Seré yo esta vez quien aguje- Me asusto, porque además he sentido algo a la
ree la oscuridad impenetrable del mar Caribe. espalda. La extraña sensación de que alguien más to-
Yo solo. maba aliento, justo sobre la nuca fría.
Sin ti, Palmira. ¿Eres tú, Palmira?
Por si no salgo de ésta, hay una cámara sobre la Y sí, entonces he contado: un, dos, tres, un, dos,
otra esquina del balcón, para que lo registre todo: (un golpe en la pared, en la puerta, en el cristal)
todo. Para que todo el mundo lo sepa. Para que te …tres, siete nueve.
enteres, Palmira, de todo, de que te amo. Y ¡Bum!
La primera vez que nos cayó (a mí y a Palmira) La mecedora ha caído en el centro de la avenida
un rayo fue aquí mismo. Entonces aquí vivía yo con de la playa: un todoterreno Nissan la ha destroza-
mi madre, hasta que murió. Pero esa noche mi ma- do con su rueda rabiosa, pero justo al irse a apartar
dre se había quedado a dormir con la abuela (que ha chocado contra uno de esos taxistas cartageneros
también murió, algo después). lentos y despistados.
Era la noche de la gran tormenta (la habíamos Por fin: el caos. Las alarmas. Las motos de la
bautizado después así, pues fue nuestra primera no- policía. Los autobuses que se salen de la calzada. Los
che). Bebíamos Tres Esquinas. Felices, jóvenes y feli- turistas locos. Las sombrillas volando en las playas...
ces, recitábamos con pasión a Rilke, imbuyéndonos una rama que cruje y cruje y cruje y un pajarraco
devotos de los versos y… simplemente, pues nos (un cuervo negro) se estrella contra el asfalto. Pongo
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a grabar la cámar...
Y entonces, mezquinas, las nubes han venido a
mí.
¡Han venido!
…a mi cuerpo desnudo estirado sobre el lecho
de ron de la terraza del apartamento. Ya, ya vienen,
ya vienen, ya vienen… los rayos. Noto la electrici-
dad estática en la mano, sobre el pararrayos. Sufro
una magnífica erección.HC

J. S. de MONFORT nació en 1977 en Valencia, Es-


paña. Se diplomó en Literatura Creativa en la escue-
la TAI de Madrid. Es batería de jazz y ha escrito un
libro de cuentos, La tristeza de los cedros. Vive en
Barcelona y estudia Filología Inglesa.
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Napoleón Quispe
Orlando Mazeyra Guillén

H
ace más de media centuria, en al- en esta avejentada, procelosa y horrible capital.
guna misérrima población de las “Soy un cholo perseverante como todos los aya-
melancólicas alturas que dibujan cuchanos de pura cepa,” es la nefasta letanía con la
el accidentado retrato del departa- que se autodefine y vanagloria en forma cotidiana;
mento de Ayacucho, sus humildes pero no hace falta que nos recuerde (como disco ra-
padres tomaron la decisión de bau- yado) que él es un cholo, porque su inconfundible
tizarlo con un suntuoso e incitante aspecto lo delata a leguas: piel cobriza, la típica nariz
nombre: ¡Napoleón! fracturada de los andinos, ojos tristes y sobrecogedo-
Pero yo, que lo conozco desde hace no menos de ramente desconfiados. Sin ápice de duda, todo aquel
tres años, tengo que ser bastante franco en afirmar que lo vea o escuche se convencerá de que es un cho-
que siempre me resultó poco placentero (y sobre lo perfecto: ¡un inca legítimo!
todo exageradamente descabellado) el siquiera pre- Napoleón Emiliano Quispe Yucra. Esas cuatro
tender vincular en lo más ínfimo a este Napoleón palabras se cohesionan, se apoyan entre ellas y for-
andino con aquel célebre y minúsculo emperador man el nombre que aparece, subrayado, en todas las
galo que, en sus incontables días de gloria superla- separatas de mi locuaz y esmirriado profesor que está
tiva, hizo que el continente europeo retemblara de a cargo de ese soporífero curso universitario llamado
cabo a rabo. “Realidad Nacional.” Nosotros -sus alumnos de la
El Napoleón al que yo veo y escucho casi todos Facultad de Ciencias de la Comunicación de la uni-
los días de la semana, no pertenece -¡ya lo quisiera versidad de Lima- le decimos sarcásticamente “mis-
él!- a la archifamosa dinastía de los Bonaparte. Su ter Quispe,” o simplemente “don Napo.” Él, apar-
apellido es más bien de notoria raigambre plebeya: te de pedagogo, es periodista (como casi todos los
Quispe. Sí, Quispe, que tal vez es el apellido más or- profesores de nuestra Facultad). Trabaja desde hace
dinario y despreciado del país; pues todo aquel lime- más de treinta años, como conductor del sintoniza-
ño que se considere decente (y bien nacido), apren- do noticiero matutino de Radioprogramas del Perú:
de desde muy párvulo, que Quispe es sinónimo de “Desayunando con Napoleón.” Y tiene también una
“cholo analfabeto” o de “serranito mugriento.” Y afamada columna llamada “Pandemonio Político,”
Napoleón Quispe a pesar de ser un tipo honesto, que aparece los todos los domingos en la mitad infe-
muy leído e impecable en su vestimenta, es, al fin y rior de la penúltima página del diario El Comercio.
al cabo, un serranito común y corriente… un choli-
to bastante aparatoso y acomplejado. Ayer, en la clase que dictó a media mañana, nos
Su bendita biografía me la sé de paporreta, por- habló sin cortapisas de la discriminación racial: sus
que él siempre encuentra o fabrica una nueva opor- “malditas causas” y sus “nefastas consecuencias.”
tunidad para excitarse repitiéndola -y agregándole de Nos dijo, casi gritando y con los ojos desorbitados,
paso, un infaltable y personalísimo condimento- con que nuestro país cuenta con dos vergonzosos atri-
notable emoción y exagerado orgullo: hace muchos butos: la perniciosa frivolidad y el embrutecedor ra-
años, cuando él todavía era un imberbe que vestía un cismo. “Resulta siendo una salvaje mezcla,” afirmó,
chullo en la cabeza y unas mugrientas ojotas en los notoriamente apesadumbrado y con un desaliento
pies, decidió dejar definitivamente de formar parte conmovedor. “El racismo y la frivolidad caminan de
de ese desdichado y numeroso clan que conforman la mano, se abrazan y procrean más odios y resenti-
todos esos cholitos insípidos y ágrafos que se quedan mientos en este indescifrable país. Racismo y frivo-
en su fría puna trepando cerros escarpados, arando lidad: horrorosos componentes de ese cóctel suicida
la maltratada tierra o tejiendo llamativos ponchos que los peruanos bebemos desbocadamente… Bebi-
multicolores. Él ahora ha pasado a convertirse en un da, tan irresistible como maléfica, que nos empalaga
ilustre socio de ese vasto club que agrupa a esos se- y barbariza...”
rranitos aventureros que -luego de bajar del ande- se Como en todas sus clases, yo lo escuché pres-
han hecho, a punta de menudos sacrificios, un lugar tándole una moderada atención y tomando breves
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e intermitentes notas de algunos de sus pintorescos espeso escupitajo que humedeció toda mi frente. En
comentarios. Para mí era otro día común y corriente milésimas de segundos mi cabeza se vio azotada por
en el que, muy a mi pesar, tenía que someter a mis inatajables ráfagas de preguntas sin respuesta: ¿por
oídos otro exaltado discurso acerca de nuestra ver- qué rayos me eligió a mí?, ¿acaso el cholo Quispe
gonzosa “Realidad Nacional.” Es por eso que cuan- sabía leer la mente de los demás?, ¿era yo el único
do don Napo apenas había empezado a regurgitar racista del aula?, ¿le había dado, sin querer, alguna
las primeras sentencias de su encendida perorata, ya muestra de la inmensa repulsión que le guardo a los
me había animado a pronosticar que ésa iba resultar cholos? Me quedé petrificado, tieso como esas vario-
siendo más aburrida que la elocución de la anterior pintas estatuas divinas que ornamentan casi todos
clase, en la que había hablado de otro tema capital: los mausoleos del presbítero Matías Maestro… De
la tan mentada deuda externa. un momento a otro, y sin saber por qué, intenté en-
Pero, repentinamente, todo cambió al final de la contrar una respuesta salvadora en la arrebatada faz
clase. Cuando el tibio ambiente de la espaciosa aula de don Napo; y, cuando ausculté la inusual mueca
de color verde terroso se vio invadido por los acom- que se dibujaba en toda su cara, comprendí que ese
pasados y ruidosos pitidos del timbre electrónico arrugado rostro reflejaba tácitamente muchas cosas,
que señalaba que la clase había culminado, tapé mi y todas ellas eran negativas: odio inconfesable, rabia
lapicero y, en el mismo instante en el que me apres- contenida, ingentes deseos de revancha.
taba a introducir mi pequeño cuaderno de apuntes y Hasta ahora no sé bien cómo lo hice, pero tomé
mi lapicero en las oscuras entrañas de mi raída mo- algo del valor que aún aleteaba caóticamente en mi
chila de cuero, el día dejó de ser normal… Y pasó a claudicante interior:
ser un día tan agobiante como inolvidable. -¡No! -le respondí tratando de aparentar ente-
-Señor Echenique, por favor, póngase de pie reza; pero, en realidad, me temblaban las piernas-.
-me dijo don Napo, señalándome con el acusador Don Napo: usted me ofende con esa infeliz pregun-
dedo índice de su arrugada mano derecha-. Antes de ta. Yo creo que el racismo es lo peor que puede exis-
retirarme, quiero hacerle una pregunta que, tal vez, tir no sólo en el país, sino en toda la raza humana, y
lo puede sofocar un poquito. estoy seguro que si queremos llegar a ser verdaderos
Fue algo inevitable: sus palabras me pusieron periodistas debemos liberarnos de todo tipo de pre-
bastante nervioso; me paré lentamente y empecé a juicio y discriminación. ¿Racista yo? Nunca. Debo
apretar la tapa de mi lapicero con los dedos de mi tener muchos defectos, pero ése, sin duda, no es uno
mano izquierda. Él me miraba con invencible firme- los que se me pueda atribuir. Ojalá esto le haya que-
za y yo trataba de no rehuir a esa mirada afilada que dado bien claro.
me alteraba los ánimos por completo. Huelga decir Al terminar de emitir mi respuesta aclaratoria
que todos mis compañeros presenciaban con mucha me sentí reivindicado, el piso ya no se me movía
atención la peculiar escena que protagonizábamos como antes (cuando no tenía ninguna respuesta a la
mister Quispe y yo. Mientras esperaba que me for- vista). Y es que no me había dejado derrotar por esa
mulara la temida pregunta, alcancé a sentir algunos malintencionada pregunta. “¡Le gané el duelo!” pen-
murmullos que provenían de los ocupantes de las sé con ánimos renovados. Pero lo cierto es que canté
últimas carpetas, y esto no hizo más que incremen- victoria antes de tiempo porque, mientras respiraba
tar mi desasosiego. aliviado y mi pulso retomaba su intervalo regular, ya
-Ante todo, quiero que sea sincero -habló por se empezaba a gestar una furibunda e insospechada
fin, utilizando un timbre de voz que venía acom- réplica:
pañado de cierta desconfianza. Y, mientras sacaba -¿Te puedo pedir una sola cosa? -me dijo con
un pañuelo de color marfil del bolsillo trasero de su un acento que reflejaba un desembozado desprecio
opaco pantalón, continuó-: A nosotros nos puede hacia todo lo que yo acababa de afirmar-. Sácate la
mentir fácilmente, pero hay una cosa que jamás po- careta: no te creo y estoy absolutamente convencido
drá hacer: engañar a su conciencia. Así que, dígame de que ninguno de tus compañeros te ha creído…
con la mano en el pecho y delante de todos sus com- No quiero que te sientas mal, pero yo no soy hipó-
pañeros: ¿es usted racista? crita y me siento en la imperiosa necesidad de decir-
La pregunta me cayó como un baldazo de agua te que vas por muy mal camino. Lamentablemente
fría. Fue algo tan inesperado y doloroso como la filu- este país está plagado de gente infame como tú...
da punta de un puñal que penetra iracundamente y... como dice esa vieja canción que tanto me gusta:
por la espalda… fue un golpe bajo… un soberbio y “Cholo soy y no me compadezcas.”
  27    E n e ro 2 0 0 7    H e r m a n o c e rd o

Me vapuleó delante de todos mis compañeros.


No me creyó nada de lo que le dije. El aula se vio
sumida en un silencio fúnebre y los rostros absor-
tos de algunos de mis compañeros le imprimían un
semblante más tétrico aún al magro suceso. Yo no
supe qué agregar (o refutar), ¡me quedé afásico!, y
no alcancé a decir nada más. Él, como si nada fuera
de lo común hubiera pasado, guardó con irritante
parsimonia el pañuelo con el que se acababa de en-
jugar la frente, después tomó su cartapacio y salió
raudamente del aula advirtiendo que en la siguiente
clase la asistencia era obligatoria porque había con-
trol de lectura.
Lo odié con la fibra más íntima de mi ser, le
deseé todas las desventuras que el ser humano más
pérfido del planeta le puede desear a su peor enemi-
go. Pero, si lo odié con tanta desmesura, fue porque
él tuvo toda la razón: ¡mentí!, ¡traté de engañarlo!,
pero no se comió ni una sola palabra de mi farsa
barata.HC

ORLANDO MAZEYRA GUILLÉN nació en Are-


quipa, Perú, en 1980. Artículos suyos han apa-
recido en las revistas El Hablador (Lima), Voces
(Madrid) y El Parnaso (Granada), así como en el
Proyecto Quipu: Literatura descentralizada, Gam-
bito de Peón de Ricardo Sumalavia y en el Proyecto
Sherezade de Narrativa Contemporánea de la Uni-
versidad de Manitoba (Winnipeg, Canadá).
  28    E n e ro 2 0 0 7    H e r m a n o c e rd o

El díler de Juan Salazar


Carlos Vzz

L
os dílers sólo sirven pa una cosa: pa -El díler no va a venir Juan. Aún podemos hacer
romperte el corazón. el intercambio en la farmacia. Andemos antes de que

-
-El corazón en mil pedazos. nos flete la noche.
-Ah, y pa componerles. Huncke también hacía malabares con la Riptide.
Juan Salazar, el exponente más Decía de la abstinencia que era como mascar un chicle
aventajado del dílercorrido, miraba sin sabor. El cuarto menguante de la malilla rápido
con terneza las luces del metro de alcanzaría los límites de la luna llena y la estación
Nueva York. Las horas mandíbulas formaron una completa se poblaría para él de vampiros aztecas.
corbata de sal en Times Square. Transcurrieron como Sin embargo, Juan Salazar permaneció desasido a
el clima de los alacranes: destellantes de ratones, pa- realizar el trueque con los charlatanes de los farma-
ranoicos de campo. Próxima a la soltura norteña del céuticos. La única oferta de desentenderse de la Star
cantante, referenciable por el abrigo Chesterfield, el .380 era canjeársela al díler por 35 dosis de heroína.
sombrero y las botas, los yonquis trapicheaban cual- Incontables tarros de cerveza había consumido en su
quier feriecilla en los andenes. intento por diferirse de la pistola. Nadie la adquiría.
-Pinche güerco. Tenía finta de confiable. El arma se atribuyó un carisma de mal agüero. Se
-Te lo advertí Juan -dijo Herbert Huncke-. Ese desplazara en indefinida dirección, se confirmaba al
dilersillo se vuelve puras charras. cantante norteño con una Star .380 dentro una caja
Con la tenacidad que le consentía el oro en la de zapatos bajo el brazo. Ni en las casas de empeño
esclava y el conjunto de terlenca, Juan Salazar, lacio pudo concebir acuerdo.
lacio, tiró de jilo a su compadre y continuó conscrip- -Juan, por intromisión décima. El díler se rajó.
to al filudo capricho de los rieles. El díler no va a venir.
Sin mirar a los travestís, sotol en mano, más Juan, por dolécima entorpeción. El díler es una ra-
vale, sintió un fuetazo de azul centrífugo en las cor- jón. El díler no va a venir: las frases retambearon en
vas. Era la Riptide: el síndrome de abstinencia. Pero su cabeza como el tonaleo del saxo alto de su con-
no qüitió, siguió indiferente, como en las praderas lo junto de taconazo.
hacen las palomas, a la espera de un díler que siem- -Es imposible desapropiarse de este cacharro,
pre está por aparecer y nunca llega. eda?
-No va a venir, Juan. El díler no va a venir. -Y tú que la cambiaste por una máquina de es-
El interprete de Cuatro lágrimas observó su cin- cribir.
to deshacerse de las presillas de sus vaqueros y hecho Juan Salazar Pro, connotado de que desprender-
víbora escapar reptando como sobre la arena de un se de la pistola sería inconjeturable en Nueva York,
panteón. No se ciscó. Conocía por anticipado que decidió embarcarse a México. Tal vez en San Pedros-
todas las corridas de toros y las peleas de gallos que lavia el deslibramiento del arma no se presentaría tan
se sucedieran adentro de la estación eran producidas dificultoso. Total, qué más da, si San Pedroslavia no
por la abstinencia. El sudor propio del adicto redujo era el paraíso que proferían, sino otro engaño de los
la velocidad de los vagones y se trasladó en mente a níger, puedo volver a pastar, en blanco y negro, mi
las ocasiones en que intrepidaba encloquecidos ires y condición posnorteña en la calles de Manhattan.
venires con La Biblia Vaquera bajo el brazo en busca -Huncke. Vámonos.
de un díler total. -Y el díler, Juan?
Su regresión se contaminó por las teorías de los -Me largo a México. A San Pedroslavia.
relatos de cantina acerca de San Pedroslavia. Una -Y el díler. Ya no lo vamos a esperar, Juan?
tierra mágica. La droga no se termina nunca. Todo -Huncke. Vámonos. Vámonos de aquí. Vámo-
mundo es díler. La heroína es baratísima. En disolutas nos de aquí porque el díler no va a venir.
destemplanzas, Juan Salazar había rundado el acorde
de trasladarse a México. Establecerse en San Pedros-
lavia y beneficiarse del libre tracaleo de heroína.
  29    E n e ro 2 0 0 7    H e r m a n o c e rd o

El díler definitivo Para nadie eran un secreto que el cantante era


puto. Ross Russel lo reveló en la biografía Salucita
La única oportunidad de obtener más droga, es ser Lives. The high life and hard times of Juan (Una im-
la droga estaba escrito en la pared con la caligrafía ploración) Salazar. Ed. Charterhouse, Nueva York,
ortodoxa que brinda el uso de la grasa para zapatos 19**. Ese aspecto de su personalidad es sintomático
El Oso. Pedro Rodríguez, un erudito de la música en los personajes míticos. Su leyenda ocupa un sitio
norteña, dormitaba en su cuartito de azotea de la en la inmortalidad. No deben asumirse otras lectu-
calle Coahuila. Desenfadado músico de sesión, imi- ras en el genio de Juan Salazar, sólo la que obedece a
tando la norteñez de Chet Baker, comenzó a fletarse su carácter revolucionario en el ámbito musical. Re-
heroína. El instrumento musical que ejecutaba era putados críticos como Charles Delaunay, Ted Gioia,
La Biblia Vaquera. Joachim Berent y Leonard Feather han realizado la
apología de su preferencia sexual con su creatividad
La frase sobre el muro se la había pirateado de de improvisación norteña. La fascinación por Juan
un librito de poemas de Jack Kerouac, La heroína es Salazar, además de su condición de jazzman inter-
para el dolor. En el tocadiscos sonaba un larga du- nado en Camarillo, es la parábola que produce con
ración de Juan Salazar. Con esa voz que parece un su arte. El principal orgullo de la condición norteña
quiebre, el oriundo de Nuevo León cantaba Luces de es su cualidad violenta, sexista y sin sentido, casi casi
Nueva York. Pedro Rodríguez se resistía a matricu- hip hop. La parábola pernea en el hecho de que en
larse como díler. En San Pedroslavia tenía el crédito una sociedad machista, un puto, que bajo las botas
vedado. La única manera de encontrase rodeado de de piel de huevo de piojo trae las uñas pintadas de
droga era venderla. rosa, sea el producto de la admiración masculina.
Juan Salazar es un trasgresor del norteño style.
La aguja del tocadiscos, al cambiar de posición,
le desmembró a Pedro Rodríguez el instante en que San Pedroslavia coincidió con la epistemología
la droga endulza al cuerpo. Enseguida lo atacó la de los relatos de cantina. El ambiente saludable de
Riptide: abrió los ojos y un contingente de perros pa- la cuchara que calienta droga a diario, propició que
recidos a un titipuchal deambulaban con insistencia Juan Salazar comenzara la formación de un nuevo
de postín junto a su cama. El vértigo de precipitarse quinteto con músicos locales. Pero aún quedaba el
del colchón lo paniqueó justo más que el dolor de problema de la pistola. No podía despedirse de ella.
huesos. La ciencia cierta de que se lo tragarían los Se había contagiado de muina ontológica. Pero Juan
perros lo mantenía con las uñas afectivas a la pared. Salazar ya tenía un prospecto: Pedro Rodríguez, un
díler famoso por usar un cinto piteado con hebilla
Aterido, aproximó el rostro a la orilla del col- de hierro. Había oído que lo encontraría en el Coli-
chón. Atinó a ver que los perros correteaban. Perros seo Laguna, antiguamente el Palacio de los Depor-
rabiosos. Perros se calculaban más de 100. Con el tes, una arena de Lucha Libre.
espanto segurito en los ojos y los ojos cerquitas al
filo del camastro, Pedro Rodríguez emitió un alarido
profuso y uno a uno, los 117 perros entraron en su Para obtener la droga Pedro Rodríguez tuvo que
pecho con contracciones que prefiguraban el espas- desistirse de su Biblia Vaquera. La malremató en un
mo. Cuando se tragó al último animal hacía noche y bazar. La arrecholaron en un rincón junto a un acor-
el disco de Juan Salazar se repetía. deón y un bajosexto. Invirtió el dinero en heroína
que escondía en frascos de nescafé entre los perros
y la cama.
Juan “Salucita” Salazar se instaló en San Pedros-
lavia en la calle de Orizaba 210-8. Huncke, que era Empezó a traficarla en globos. Pero era un for-
un veterano en extradiciones acusado de ladronzue- mato muy alto para los yonquis, apenas si viven el
lo, se había hospedado con Bill Garver, desdeñó la día a día. La solución fue las chinches: dosis de un
intromisión a México. Juan Salucita llegó acompasa- solo viaje. La vendimia también reprodujo deficien-
do por otro Juan. John Vollmer, un poeta beat. Yon- cias. San Pedroslavia es la Ciudad del Vicio y cada
qui también. Y metrohomosexual. Concupiscente tres casas alguien te ofrece droga. Y si deseas ahorrar-
del cantante. te la molestia, más allá existen los picaderos, don-
de por solo 20 pesos metes un brazo, te aplican el
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torniquete y ellos mismos te inyectan. Mientras to- había tres clientes. Dos en una mesa hacían los pre-
dos operaban mediante ventanitas, Pedro Rodríguez parativos para inyectarse. El otro cuchicheaba frente
implementó el viejo sistema del burrero. Trasladar la a una botella de sotol. Pasaron diez minutos y el can-
droga a domicilio. Su clientela eran adictos que no tinero no le ofrecía trago.
deseban desplazarse. Eran contados, sin embargo, Apenas iba a levantarse a pedir una cerveza Su-
las ganancias le aseguraban que nunca le faltaría su perior y Juan Salazar apareció al principio de la esca-
cucharada personal. lera. La iluminación de la cantina cambió. El color
arena se apoderó de todo, de la barra, del barman, de
El oficio no cambió en absoluto a Pedro Rodrí- la corbata de Juan Salazar.
guez. Era un asiduo a la Lucha Libre. Cada domingo Comenzó a bajar los escalones y el tiempo se
asistía al Coliseo Laguna. Era de facción ruda. Su hizo goma. Pedro Rodríguez percibió algo distinto
padre había sido luchador: La Sombra Azul. Lamen- en su manera de caminar. Pensó que se debía a la
taba haber perdido La Biblia Vaquera. La arena de exagerada prudencia de su descenso, pero no. Lo
Lucha Libre se la recordaba. Ahí la encontró aban- confirmó en tierra uniforme. Daba pasos cuadrados.
donada, estropeada, estrujada, como si un músico la Dibujaba cuadros con las piernas al andar. Cada dos
hubiera pisoteado después de haber viajado con ella pasos cambiaba de dirección. Más que un hombre
debajo del asiento en el metro. Al final los instrumen- que se acercara, parecía un carro estacionándose.
tos si no terminan destruidos, se empeñan o se venden Además su figura se comportaba indecisa. Estaba
para conseguir más droga. pixeleada. Sí, un Juan Salazar pixeleado se aproxi-
maba a su mesa.
Ocupó la silla frente a él y su imagen se compor-
El corrido de Guillermo Tell taba interferente. Parecía que estuviera perdiendo
señal. La consistencia de su corbata semejaba tran-
sistores. A su espalda la cortina de la entrada, hecha
-Muchas gracias. Luis Ernesto Martínez en el de corcholatas cosidas, se movió por la entrada de un
saxofón. El Dr. Benway en la batería. Clark-Nova en cliente. Se levantaron y procedieron hacia la planta
el bajosexto. Dave Tesorero en el acordeón. alta. Pedro Rodríguez no recordó que el cantante
-En el micrófono: Juan Salazar. pronunciara una sola palabra.
El Bunker, blues bar, estaba sobrevendido. El En el cuartito los esperaba John Vollmer. En un
público no se toleraba que la banda no regresara rincón había una Biblia Vaquera, Pedro Rodríguez
para un segundo encore. Juan Juan Juan, gritaban la sacó del estuche y comenzó a tocar una polka. Se
los carteristas, siempre de entre los entusiastas los detuvo para presentar el material. John Vollmer le
más fervorosos. Pedro Rodríguez ocupaba un asien- preguntó desde cuando la tocaba. Desde niño. Con
to en la tercera mesa. El grupo no volvería al escena- gusto Juan lo invitaba al quinteto, lástima, están
rio, lo supo cuando vio avanzar hacia él a un miem- completos, pero si el muchacho falla, lo contrata-
bro de los logísticos. Se levantó para acompañarlo a mos. Preparó la droga y los tres se picaron.
los camerinos, pero el tipo del estaf le dijo Aquí no, Cuando la intensidad de la heroína empezó a
Juan te espera en esta dirección, y le extendió un desvanecerse, John Vollmer y Juan Salazar se pusie-
papel con las especificaciones. ron a coger. Pedro Rodríguez continuó recostado en
un sillón individual. Por su posición no podía verlos,
Los datos en la servilleta no apuntaban hacia sólo los oía gemir. Se asomó bajo el sillón y los vio.
Orizaba 210-8. Contenía las indicaciones para llegar Vio a los perros. Estaban ahí. No puede ser. No ten-
a la cantina El otro paraíso. El lugar se ostentaba sór- go la Riptide. Este no es mi cuarto. Se agachó otra
dido y de clientela reducida. Era un establecimiento vez y reconoció su cama, la frase escrita en la padre.
de yonquis, con piso de tierra y mesas de madera. Al Los perros organizaban una corretiza.
costado izquierdo se encontraba la barra. La cortina
del baño estaba compuesta por largas tiras de tapas Cuando los amantes terminaron de coger, los
de cerillos hilvanadas. Al final, junto a la rocola, una perros comenzaron a apoderarse de Pedro Rodrí-
escalera de cemento conducía a la planta alta. guez.

Pedro Rodríguez entró a la cantina y se situó


en una mesa mirando hacia el fondo del local. Sólo
  31    E n e ro 2 0 0 7    H e r m a n o c e rd o

-Es hora de la rutina Guillermo Tell. postre, se deleitó con una pomada para las heridas
El departamento donde Juan Salazar se desabo- que descubrió en el congelador.
tonaba el saco estaba en el edificio Monterrey. La
reunión era para celebrar la grabación que habían Aún con apetito, se enfiló rumbo al baño, para
hecho de Mi último refugio acompañados por un seguirse con la vaselina, pero el frío que sentía se lo
conjunto de cuerdas. Los chicos de la banda, los in- impidió. Tembleque, cerró los ojos y se engarruñó
genieros de sonido y un marqués, que se rumoraba pegado a la pared. Una cobija, grito. Échenme una
andaba tras los güesos del cantante, brindaban con cobija. Los gritos eran inútiles. No había nadie en
sotol de Torrecillas. el cuarto que le comunicara una protección. Sólo él
y los 42 grados. Una cobija que me estoy muriendo
-Es hora del numerito Guillermo Tell –repitió de frío. Una cobija, pinches perros. Así, tembloroso
Juan Salazar. y desnudo se quedó dormido. Ni quién lo ayudara,
ni siquiera él podía taparse, yacía muy lejos de la
Andaba borracho, y todo norteño enamorado lo cama.
primero que se empeña en demostrar al embriagarse
es lo buen tirador. Dejó el saco sobre el sofá, se arre-
mangó la camisa, se desanudó la corbata y le safó el
seguro a la Star .380. John Vollmer levantó un vaso Con la caja de zapatos bajo el brazo, Juan Salazar
hasta la mitad de sotol y se lo colocó coquetamente entró en el edificio. Timbró en cuarto de azotea. Pe-
sobre la cabeza. El cantante agarró distancia de más dro Rodríguez abrió la puerta erupcionado. Su cuer-
o menos tres metros y le apuntó. po era un montonal de ronchas. Escocía.
-Pedro.
Jaló del gatillo y sonó el disparo. Ambos, el vaso -Dígame Juan.
y John Vollmer cayeron al piso. Girando en círcu- -Necesito dos gramos de heroína. Pero no tengo
los concéntricos encima del azul de los mosaicos se dinero pa pagarle.
anunció el vaso, intacto. Un charco de sangre se su- -Juan, usted sabe, el negocio...
girió alrededor de la frente de Jonh Vollmer. Juan -Traigo esto –le mostró la Star .380.
Salazar, con lágrimas en el rostro, se agachó sobre su -Así la cosa cambia. Con ese carro pa qué quiero
amante. Juanito, Juanito, háblame, háblame. No te diligencia.
mueras, Juanito, no te mueras. El juego había fraca- Le entregó la pistola aún caliente, por el disparo
sado. John Vollmer estaba muerto. Resplandecía el que había liquidado a John Vollmer, envuelta en un
balazo en su frente. pañuelo y se alejó con la droga por el sucio bulevar.
Pedro Rodríguez se quedó a rascarse en su cuarto.
Era tan intensa la comezón que durante toda la ma-
drugada el único sonido que se oyó en la calle era el
Pedro Rodríguez despertó con medio cuerpo de sus uñas enfrentándose contra la piel.
salido de las cobijas. No había ningún perro en el
cuarto. El sol marcaba las doce del día. La hora del
Bótanus. Gracias plenas. El apapacho del desierto se
dejaba sentir por ai de los 42 grados centígrados, a La Biblia Vaquera
la sombra.
En la delegación, el comisario amonestó a dos
Inapropiado, pero sintió deseos de comer. Con de sus agentes por negarse a proceder.
la visión nublada, el pelo revuelto y temblor en cada -Cómo está eso de que se desisten de arrestar a
mano, realizó un cateo al refrigerador. Lo primero Pedro Rodríguez.
que tragó fue un frasco de mayonesa. Sin revisarle -Hemos oído historias, comisario.
la fecha de caducidad, sin saber desde cuándo estaba -Carajo.
ahí, se lo empujó inconscientemente con un dedo. -Dicen que es un nahual.
Luego destapó un recipiente con sardinas Brunswick -Qué es eso?
que por su olor se deducía de un añejamiento supe- -Un brujo. Un indio brujo capaz de transformar-
rior a las cuatro semanas. Continuó con un frasco de se en burbuja, en pájaro, coyote o lo que quiera.
salsa Valentina. Fondo fondo fondo. Por último, de -Esos son inventos de la gente ignorante. Pedro
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Rodríguez no es más que un díler insignificante. guardia en el acceso al baño de hombres. Otro cus-
todiaba la puerta y el tercero inspeccionaba la locali-
-Dicen que lo han visto disparar con una Biblia dad de ring general.
Vaquera.
-No sean ridículos. Con una Biblia Vaquera? Y Con la pistola entre la cintura y el pantalón, se
qué, para picar cebolla utiliza una guitarra? encaminó hacia el camerino de los rudos. Un cuarto
-Mi comisario... oficial lo interceptó. Entre todos lo revisaron, pero
-Mi comisario, una chingada. Ustedes se me lar- no le encontraron el arma. En su lugar, ridícula-
gan y me consiguen a ese díler como sea. mente metida en el pantalón y mal disimulada, le
hallaron una Biblia Vaquera. Después de registrar
el cuartito de azotea y pasearlo en un viejo Dodge
-No me haga perder la paciencia y confiese, se- durante dos horas con la cabeza entre las rodillas,
ñor Juan Salazar, qué hizo con el arma con la que Pedro Rodríguez no reveló el paradero de la Star
mató a su amante –preguntó el comisario. .380. Tampoco supo explicar cómo había obtenido
-Ya se lo dije, se la di a Pedro Rodríguez. La Biblia Vaquera. Esposado, lo ingresaron a la dele-
-Por última vez, señor Juan Salazar, conoce us- gación. La pistola nunca apareció.
ted el paradero de Pedro Rodríguez.
La calentadita terminó a las cinco de la tarde.
Desde las once de la mañana, dos mantecas lo tortu-
Juan Salazar sólo permaneció detenido trece días raron para que aflojara prenda respecto al escondite
en Lecumberri. Salió en libertad bajo fianza. El liti- de la pistola. Desconcertados por la terquedad de
gio costó 2312 dólares. El abogado Bernabé Jura- mantenerse pulcro, lo depositaron en su celda para
do cobró 2300 por sus servicios, de los cuales 300 que después de un descanso y una breve charla, re-
sirvieron para sobornar a los peritos en balística. Al cuperara el dolor, para que no dejara de hacérsele
no encontrar el instrumento homicida, para evitar costumbre, no lo fuera a extrañar.
que el proceso se retrasara, Jurado suplantó la Star
.380 por una Smith & Wess. La payasada Guillermo A las siete le participaron la cena. Ya había oscu-
Tell fue desmentida. La versión presentada a la corte recido por la modificación del horario de verano. De
aclaraba que Juan Salazar se encontraba limpiando la plaza principal le llegaba una música de banda. Al
su pistola. Accidentalmente esta cayó al piso y se dis- día siguiente lo trasladarían a Lecumberri. El agota-
paró. La bala se incrustó en la frente de la víctima de miento padecido por la tortura lo obligó a dormirse
manera no premeditada. con la vista fija en la pared.

Un relajo dentro de la celda lo despertó. Mien-


John Vollmer fue sepultado en la fosa 1018 A- tras dormía, soñó con saxofones: tenores, altos, so-
NEW del Panteón Americano. pranos. Imaginó que la banda seguía con su jolgorio,
hasta creyó oír La Marcha de los Santos. El escándalo
dentro de la celda no lo dejaba concentrase en la
Pedro Rodríguez oía un blues en su viejo toca- melodía. Supuso que los mantecas volvían para re-
discos cuando tocaron el timbre de su cuarto de azo- petirle la dosis. Qué esperan, se preguntó. Pero no
tea. Pensó en la policía, pensó en los perros y pensó eran ellos. Recordó a los perros. Estaba convencido
en Juan Salazar. Con la jeringa colgada del brazo, se de que eran los perros, pero se resistía mirarlos.
levantó a abrir. No era nadie. Y antes de que apare-
ciera un yanqui con un calentón importado, obsti- Continuó con el rostro hacia el muro de la pri-
nado en que se lo intercambiara por droga, agarró la sión. Una voz dentro de su cabeza le habló y sintió
Star .380 y salió a la calle. miedo. La voz le dijo: Ai tán otra vez esos. Por el
desmadre se presumía que los perros andaban ju-
Llegó al Coliseo Laguna en la segunda pelea. Esa gueteando. La voz repitió: Ai tán otra vez esos, no
noche se enfrentaban máscara Vs cabellera el Hijo entienden los cabrones. Pedro Rodríguez se giró para
del Santo y el Espanto Jr. Compró unas semillas observarlos. No eran perros, eran hombres y esta-
y pidió una Victoría. En la semifinal de superlujo, ban todos reunidos en círculo como un grupo de
luego de cuatro cervezas, vio a un antinarcóticos de muchachos que patean un balón de fuego en una
  33    E n e ro 2 0 0 7    H e r m a n o c e rd o

esquina. Se levantó del camastro y se colocó en me-


dio de la rueda. Como si le hablara a la voz en su
interior dijo:
-Cómo les voy a tener miedo si forman parte
de mí –y los 117 hombres empezaron a entrar en él
mientras soltaba un largo alarido.
Los dos policías de guardia se despertaron con
los gritotes.
-Ándale tú, el de la nueva ya hizo su acto. Córre-
le, no se nos vaya a ahorcar.
Pero los de turno, al asomarse entre los barrotes,
no vieron al preso. El candado permanecía sin bur-
lar. Lo único que contenía la celda era una víbora
que como cinto vaquero refulgía.
-Mira, pareja. Una víbora.
-Mátala, mátala. Dispárale zonzo. Es de las chi-
rrioneras. Esas anidan en las casas.
Sacaron sus armas y abrieron fuego contra la
víbora que reptaba y se retorcía, se retorcía y repta-
ba, reptaba y se retorcía. Cuando la sintieron bien
muerta, abrieron la puerta y sólo hallaron un cinto
piteado aporreado a balazos.HC

CARLOS VZZ nació en Torreón, Coahuila, en


1978. Es autor del libro de cuentos Cuco Sán-
chez Blues y del poemario El diablo camina entre
adobes como un niño con una boina sucia. Ha sido
becario del Fondo Estatal para la Cultura y las
Artes de Coahuila y del FONCA. A finales del
2005 obtuvo el XXI premio nacional de cuento
Magdalena Mondragón.
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Crítica
Pensadores y mentirosos
Joseph Frank

Traducción de Mauricio Salvador de la facultad de la Universidad de Chicago y autor


del bestseller The Closing of American Mind. Otro
profesor de la universidad es un historiador de la
An Infamous Past: E.M. Cioran and the Rise of Fas- religión, nacido en Rumania, Radu Grielescu, con
cism in Romania, de Marta Petreu, una reputación internacional incluso mayor que la
Ivan R. Dee, 332 pp. de Ravelstein, y obviamente basado en Eliade. El na-
rrador de la novela, que más o menos puede identifi-
carse con el autor, está casado con una mujer ruma-

T
I na (Una de las esposas de Bellow fue de hecho una
matemática rumana –en la novela es astrónoma- y
ras la desgracia de la Segunda Gue- su novela anterior, The Dean’s December, está situada
rra Mundial, hubo una gran afluencia en Bucarest.) El muy civilizado Grielescu cultiva ha-
de refugiados hacia los Estados Uni- lagadoramente a la pareja y un motivo menor de la
dos. La mayoría provenía de poblacio- novela es la fútil protesta de Ravelstein contra lo que
nes arrancadas a causa del curso de la adivina, correctamente, como un esfuerzo por parte
batalla, o que escapaba de un pasado de Grielescu de congraciarse con el narrador.
del que tenía suerte de haber sobrevi-
vido. Algunos, sin embargo, intentaban dejar atrás Tanto Ravelstein como el narrador son judíos,
un pasado de orden diferente, uno en el que habían y el primero se ha enterado que Grielescu, durante
colaborado, o expresado simpatía, por las derrotadas los 30 y 40, fue un ferviente portavoz intelectual del
potencias del Eje. Un ejemplo notable es el caso de movimiento ferozmente antisemita de la Guardia
Paul de Man, el distinguido profesor de literatura de Hierro. De hecho, había “denunciado la sífilis
comparada de la Universidad de Yale; otro caso emi- judía que había infectado la alta civilización de los
nente es el de Mircea Eliade, el muy admirado his- Balcanes.” Durante la guerra sirvió al gobierno pro
toriador de la religión, que fue jefe del Departamen- fascista en sus embajadas de Inglaterra y Portugal; y
to de Religión en la Universidad de Chicago desde vivió siempre con el temor de que sus afiliaciones y
1957 hasta su muerte en 1986. Eliade había sido un simpatías pasadas con la Guardia de Hierro fueran
fuerte partidario del movimiento de la Guardia de conocidas. “Grielescu te está usando,” dice Ravels-
Hierro, el equivalente rumano de los fascistas ita- tein al narrador. “En su propio país él era un fascista,
lianos y los nazis alemanes, pero a lo largo de toda y te necesita para cubrirse aquí.” El narrador admite
su carrera intentó ocultar y negar su afiliación a las que nunca se planteó una pregunta sobre el pasado
ideas del movimiento y su servicio, durante la gue- de Grielescu pero se rehúsa a creer que pudiera ha-
rra, al gobierno pro Eje del mariscal Ion Antonescu. ber tenido un auténtico odio hacia los judíos.

Aunque la historia de Eliade ha atraído poca Este episodio de la novela de Bellow es citado
atención en los Estados Unidos, aparece, bajo nom- en un reciente estudio francés, que aún no aparece
bre ficticio, en la novela Ravelstein de Saul Bellow. en inglés, titulado Cioran, Eliade, Ionesco: L’oubli du
Es bien sabido que el personaje de Ravelstein es un fascisme, escrito por Alexandra Laignel-Lavastine,
retrato ficcional del difunto Allan Bloom, miembro historiadora de la historia y cultura de Europa del
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Este. Este revelador libro es una exploración extre- fue puesto a prueba.” Esta crítica del racionalismo,
madamente erudita de las carreras de los tres escrito- del materialismo y de la pérdida de la fe religiosa se
res contenidos en el título, basado larga aunque no acompañaba por un elogio de la “fuerza de la vida”
exclusivamente en la muy poco conocida (y, hasta y de las experiencias más extremas e irracionales,
recientemente, inaccesible) literatura periodística en como sustentando el origen de una nueva esfera de
Rumania de los años 30 y 40. Todos esos hombres valores.
eran nativos de esa tierra distante y relativamente
oscura, y todos lograron la impresionante hazaña de Los tres hombres atendieron la Universidad de
convertirse en figuras mundialmente famosas. Bucarest, el centro de la vida cultural de Rumania,
donde se conocieron y compitieron por la atención
Los libros de Eliade sobre la historia de la reli- en las animadas discusiones que tenían lugar en los
gión lo elevaron a una altura dominante en el campo, cafés de la Calei Victorei, la avenida principal de la
y logró fama como novelista tanto en su país como ciudad. Cada conversación ahí era una reto personal
en Francia. E. M. Cioran fue ampliamente saludado y, en un volumen de artículos críticos titulado Non,
por sus reflexiones brillantes y desilusionadas sobre Ionesco retrata irónicamente las estrategias que se
la cultura y la historia, escritas primero en rumano empleaban para causar impresión. Un neófito podía
y luego en francés, y alabado como uno de los gran- imitar a Cioran y hablar “en respuesta a todo o con
de estilistas contemporáneos en su lengua adoptada. completa irrelevancia,” o “en una temblorosa voz, en
Eugene Ionesco fue un pionero del teatro del absur- que la emoción y la tensión interior se expresaban
do, y sus obras, cómica y simbólicamente trágicas, mientras las frases se interrumpían unas a las otras,
se ponían en escena en todos lados; eventualmente citando un pasaje de Unamuno o Berdiayev.” No
fue elegido como miembro de la Academia Francesa. obstante, para otros en la universidad las cuestiones
Los tres tuvieron un pasado que deseaban esconder no eran tan efervescentemente intelectuales, espe-
(aunque lo que Ionesco ocultaba no iba más allá de cialmente para aquellos de origen judío.
la simpatía con las tendencias fascistas que los otros
dos apoyaron tan fervientemente). El propósito del De primera importancia en este contexto es el
libro de Laignel-Lavastine es investigar la verdad antisemitismo endémico de la cultura rumana, de
acerca de este pasado tanto como pueda establecerse profundas raíces históricas. Animado por el auge del
a través de los documentos sobrevivientes y del tes- nazismo durante los 30, el antisemitismo indígena
timonio de sus contemporáneos. Ahora, se comple- de la Guardia de Hierro hizo que la vida de los es-
menta con la aparición en inglés de un trabajo dedi- tudiantes judíos en la universidad fuera un continuo
cado exclusivamente a Cioran, An Infamous Past, de tormento. Se les asignaban asientos especiales, se les
la poeta y erudita rumana Marta Petreu, publicado ofendía verbalmente y se les asaltaba físicamente. A
originalmente en 1999. veces era necesario llamar a la policía para brindar-
les protección mientras dejaban los salones de clase.
Laignel-Lavastine comienza con un dramático Hay un pasaje conmovedor en una novela de 1934
retrato de la atmósfera política y cultural de la Ru- de Mihail Sebastian, también dramaturgo y durante
mania de los últimos años de la década de los 20, el un tiempo miembro del círculo cercano a Eliade, en
período en que los tres hombres con los que lidia el que el personaje principal, obviamente autobio-
alcanzaban su madurez. El clima ideológico de la gráfico y a quien han abofeteado, protesta consigo
época lo definió Mircea Eliade, entonces de veinte mismo: “Di a ti mismo que eres el hijo de una na-
años, en una serie de ensayos titulada: “Un itinerario ción de mártires, azota tu cabeza contra las paredes,
espiritual” –trabajo que rápidamente se convirtió en pero si deseas poder verte a la cara, si no deseas mo-
el modelo de la nueva generación y que promovió rir de la vergüenza, no llores.”
al joven Eliade al rango de líder. Dejando de lado
todas las ideas que destruidas por la carnicería de la La figura académica reinante en la universidad,
Primera Guerra Mundial, Eliade escribió: “El mito o al menos la figura que ejercía más influencia en
del progreso indefinido, la fe en la aptitud y en el los autores que nos ocupan, fue un filósofo llamado
poder de la ciencia y la tecnología para establecer Nae Ionescu. Tenía un doctorado en filosofía por la
la paz generalizada y la justicia social, la primacía Universidad de Munich y era un carismático orador
del racionalismo y el prestigio del agnosticismo, capaz de producir una influencia casi hipnótica y de
todo esto ha sido hecho pedazos en toda área en que llenar los auditorios. Retratado por Laignel-Lavasti-
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ne más o menos como un charlatán intelectual cuyas rigurosa formación política. Años después, esto lo
brillantes presentaciones copiaba y plagiaba de fuen- hizo mucho más simple para Eliade, en sus extrema-
tes filosóficas alemanas, Ionescu sin embargo consi- damente desconfiables memorias, para purificar su
guió la indeleble adherencia de las más finas mentes cercanía con la Guardia de Hierro al describir que
de la joven generación. Sus clases, de acuerdo con “tenía la vocación y estructura de una secta religiosa
Cioran, sólo eran preparadas a medias, así que “es- más que de un movimiento político.” De hecho, la
tábamos frente a frente con el trabajo de su pensa- organización ofrecía candidatos para todas las elec-
miento. Nos comunicaba este esfuerzo. La tensión ciones y participaba en todas las campañas políticas.
trabajando de manera recíproca... Tales profesores Todavía en los años 80, Eliade hacía hincapié en el
son extraños.” componente religioso de su ideología, que glorifi-
caba el terrorismo y el asesinato como ejemplos de
¿Qué absorbieron los estudiantes de las enseñan- sacrificio personal. La Guardia de Hierro, escribió,
zas de este embelesador maestro? Rastreaba la crisis “era el único movimiento que tomó en serio la Cris-
del hombre moderno, que para él culminaba en la tiandad y la Iglesia.”
emergencia de la ideología de la democracia, a la fu-
sión del subjetivismo filosófico de Descartes con el II

D
método matemático y la uniformización científica
impuesta por el Renacimiento. A esta perspectiva in- espués de esbozar estos antecedentes,
dividualista oponía aquella de la sumisión del indi- Laignel-Lavastine hace un seguimiento
viduo a la colectividad nacional –no la nación legal, de la carrera de los tres protagonistas du-
sino la orgánica, la comunidad de sangre y espíritu, rante este período. Cioran nació en una
que era, de acuerdo con Ionescu, la única realidad familia clerical en lo que había sido par-
viva y creativa. Hasta 1933, tales ideas protofascis- te del imperio Austro-Húngaro, y como estudiante
tas, que eran la moneda corriente de mucha de la del lycée fue uno de los pocos que sacaron provecho
filosofía alemana de aquel tiempo, no habían tenido de las bien proveídas bibliotecas alemanas. Como
una aplicación política por parte de Ionescu, quien lo muestran sus notas, se imbuyó de lo mejor de la
había estado a favor de restaurar al Rey Carol II en filosofía alemana tanto antigua como moderna, así
1930. Pero en 1933 viajó a Alemania y el ascenso como de los rusos como Dostoyevsky o Shestov. En
al poder de Hitler le impresionó mucho. A su re- 1933, a la edad de 22 años, comenzó a publicar ar-
greso, protestó, junto con Eliade, por la prohibición tículos en el semanario antisemita Vremea, en el que
emitida contra la Guardia de Hierro, uno de cuyos Eliade aparecía regularmente. Las contribuciones
miembros había recientemente asesinado al liberal de Cioran se distinguían por un extremo pesimis-
primer ministro. Fue en 1933 que el filósofo tam- mo cultural y ético derivado de Nietzsche, Simmel
bién tuvo contacto personal por primera vez con C. y Scheler. Petreu hace hincapié en la influencia de
Z. Codrenau, el fundador y líder de la Guardia de Spengler, a cuyo pensamiento sobre la caída de Oc-
Hierro, y aparentemente una personalidad muy im- cidente Cioran permaneció como deudor durante
presionante. toda su vida. A sus escritos también les caracterizaba
una preocupación angustiante sobre el status de Ru-
La Guardia de Hierro era tan cruel y brutal mania en la escena mundial. ¿Por qué medios podría
como cualquier otra formación fascista –incluso más el país elevarse sobre la mediocridad en que parecía
cuando se trataba de ejercer violencia homicida con- estancada? ¿Cómo podía “emerger de miles de años
tra los judíos-, pero difería de los otros movimien- de vida vegetativa y sub histórica?”, como escribió
tos por contener, junto con un fuerte componente en 1933.
nacionalista, otro de índole religiosa. De acuerdo
con Laignel-Lavastine, “el Führerprinzip [el culto al Como otros estudiantes de Nae Ionescu, Cio-
líder] con el prototipo cristiano del apóstol y el mo- ran comenzó a simpatizar con el movimiento de la
delo balcano de los haidouks, aquellos que impartían Guardia de Hierro sin aceptar algunas de sus presu-
justicia en las carreteras, una especie de Robin Hood posiciones ideológicas; y siempre rehusó afiliarse por
de los Cárpatos.” Cada miembro de la Guardia de completo a algún movimiento político. Sin embar-
Hierro debía someterse a una disciplina que cambia- go, un momento decisivo de su vida fue una beca
ría su carácter, y –al menos en teoría- el movimiento Humboldt a Alemania en 1933, donde vivió hasta
estaba más cerca de una secta religiosa que de una el verano de 1935. El nuevo dinamismo que Hit-
  37    E n e ro 2 0 0 7    H e r m a n o c e rd o

ler había impuesto a la vida alemana le impresionó  La mayor parte del libro de Petreu se dedica a
mucho, y lo comparaba tristemente con la inercia un análisis crítico y muy minucioso de esta obra, el
en casa. “Para decir la verdad,” escribió a un amigo único tratado puramente político que Cioran escri-
poco después de se llegada, “hay cosas aquí que me bió. Su antisemitismo y xenofobia eran lugares co-
agradan, y estoy convencido de que un régimen dic- munes en el pensamiento rumano, pero Petreu ve
tatorial tendría éxito conquistando nuestro pantano sus ideas políticas como independientes del contex-
natal.” Mientras el tiempo pasaba, admiraba más y to de un periodo dominado por el conflicto entre el
más a Hitler, y expresaba admiración en los artícu- “occidentalismo” y lo “autóctono” (la confianza en
los nada vacilantes que mandaba para sus lectores las tradiciones nativas). Cioran rechaza ambos, no
rumanos. “No hay ninguna figura política contem- una transformación capitalista junto a las líneas de-
poránea,” escribió, “por quien sienta mayor admira- mocráticas europeas, y tampoco una reafrimación de
ción y simpatía que por Hitler,” que había logrado los valores nacionales encarnados en la vida rural.
infundir “una mesiánica inspiración a un campo de En cambio, estaba a favor de una creciente in-
valores que el racionalismo democrático había vuelto dustrialización, y expresó considerable admiración
banal y trivial.” Junto con muchos otros, atendía las por Lenin y la Revolución Rusa, aunque por supues-
populares clases del filósofo Ludwig Klages, un anti- to abjurando de su ideología materialista. Más aún,
semita y simpatizante nazi, a quien Cioran compara la transformación de Rumania sólo podía ser nacio-
con Ionescu y pone en el mismo nivel de Heidegger nalista, y fue aquí donde coincidió con la Guardia
(Klages escribió una obra en tres grandes volúmenes de Hierro proclamando en 1937 su confianza en “el
para demostrar que la razón había sido siempre una heroísmo que comienza en brutalidad y termina en
fuerza disolvente y corruptora en la vida humana). sacrificio.” Se encontró con Codreanu varias veces,
pero escribió a Eliade en 1935 que “ninguna doc-
De regreso en casa, Cioran hizo el servicio mi- trina política recibe mi última aprobación.” Cioran
litar obligatorio y luego, comenzando en 1936, en- dejó Rumania otra vez en 1937, al aplicar para una
señó filosofía durante un año en un lycée. Durante beca en España, la tierra de Unamuno. Pero la Gue-
estos años publicó tres libros, dos sobre religión y rra Civil lo hizo imposible, por lo que a cambio pasó
otro –la obra más escandalosa y provocativa que ja- tres años en Francia.
más salió de su pluma- titulado La transfiguración
de Rumania. Aquí pone de relieve el problema de
la integración de las minorías, y no sólo defiende III

E
la xenofobia rumana sino que intenta desarrollar un
argumento antisemita sistemático e histórico para liade, como ya se había dicho, no encon-
probar que los judíos son inasimilables. “El senti- tró ninguna dificultad en aceptar la ideo-
miento de animosidad hacia los extraños,” declara, logía de la Guardia de Hierro, que veía a
“es tan característico del sentimiento nacional ruma- la luz de sus propias preocupaciones sobre
no que los dos son por siempre indisolubles. Hemos la religión y la espiritualidad. La diferencia
vivido cientos de años bajo su dominio [del de los entre él y Cioran, cuyo libro La transfiguración de
extraños] que no odiarlos, no hacerlos a un lado, se- Rumania Eliade preparó para las prensas como un
ría prueba de la falta de un instinto nacional.” servicio a su amigo, se ilustra claramente por una
En cuanto a los judíos, Cioran escribe que “cada carta donde Eliade se muestra lleno de admiración
vez que un pueblo se hace consciente de sí mismo, por la sección sobre los judíos y otras minorías, pero
fatalmente entra en conflicto con los judíos.” Uno objeta los comentarios despectivos de Cioran acerca
puede aprender a vivir con los húngaros o con los de la villa rumana en el sentido de que no poseía
alemanes sajones, pero es imposible con los judíos nada sino una “reserva biológica.” Para Eliade, en
“por la razón de la particular estructura de su men- cambio, era la fuente de los valores religiosos que
talidad y por sus inherentes orientaciones políticas.” habían existido por siglos –y que eran revividas por
Cioran repite la usual letanía de los cargos antisemi- las Guardia de Hierro. En una serie de más de cin-
tas, pero intenta darles la lógica y consistencia que cuenta artículos entre 1934 y 1938, Eliade alabó “al
de otra forma no poseían, relacionándolos con las Capitán,” como se le conocía a Codreanu, por haber
características esenciales de la mentalidad judía. El inspirado tal movimiento y urgido a los jóvenes in-
libro fue escrito después que Hitler pasara las leyes telectuales a unirse a la causa. “La significación del
de Nuremberg en Alemania. movimiento de la revolución propuesta por Corne-
  38    E n e ro 2 0 0 7    H e r m a n o c e rd o

lio Codreanu es tan profundamente mística que,” ese mismo mes, Codreanu fue muerto, presumi-
declaró, “su éxito designará la victoria del espíritu blemente mientras intentaba escapar, por lo quese
Cristiano en Europa.” reprimió severamente a la Guardia de Hierro. Elia-
Sin embargo, la adhesión de Eliade a la causa de había perdido su puesto en la universidad, pero
no fue de ninguna manera instantánea. Fue sólo en confió a Cioran que no se “arrepentía de nada,” y
diciembre de 1935 que decidió que “la primacía de escribió una obra, Iphigenia, en la que exaltaba las
lo espiritual no implica un rechazo de la acción.” En ideas de sacrificio y muerte por la patria en palabras
1936 comienza a apoyar abiertamente a la Guardia que literalmente reproducían aquellas que usó para
de Hierro; pero su propósito era “proveer su ideo- los dos guardias de hierro sacrificados por la causa
logía con un fundamento filosófico más sólido.” A de Franco.
uno le recuerda el intento de Heidegger de proveer
al hitlerismo con lo que él filósofo consideraba un La vida de Eliade en su tierra natal comenzaba
cimiento filosófico de mayor valor. Eliade mantiene a ser difícil y su correspondencia revela que buscaba
una batalla continua contra las ideas de la Ilustración irse a cualquier otro lado. Hizo intentos por ir a Esta-
y rastrea la degeneración de Rumania en su intento dos Unidos y Francia sin resultado, por lo que final-
de adoptar tales ideas foráneas: “Siendo una impor- mente tuvo que decidirse por un puesto de agregado
tación extranjera, el régimen democrático se preocu- cultural en Londres, antes de que Rumania entrara
pa por asuntos que no son específicamente rumanos a la guerra en contra de los Aliados. Los ingleses es-
–abstracciones como los derechos del hombre, los taban bien informados de su pasado y lo clasificaron
derechos de las minorías, y la libertad de conscien- como “el miembro más nazificado de la legación,”
cia.” Mucho mejor una dictadura como la Mussoli- posiblemente un espía de Alemania. Cuando se le
ni, preferible siempre a la democracia porque si la transfirió a Portugal se llegó a discutir si se le debía
última se hace pedazos “inevitablemente se inclinará permitir dejar el país; Eliade se llenó de indignación
hacia la izquierda” y así hacia el comunismo. cuando lo desnudaron y registraron antes de par-
tir. Pasó cuatro años en Lisboa, donde la dictadura
Un evento importante en estos años para Eliade de Salazar, que él llamaba “una forma Cristiana de
fue el regreso de los ataúdes de dos de sus amigos, totalitarismo,” estaba más cerca de sus preferencias
ambos prominentes guardianes de hierro, muertos políticas que cualquiera que pudiera encontrar en
luchando por Franco en la Guerra Civil Española. otro lado. Mientras llevaba a cabo sus actividades en
Se organizó una gran demostración semioficial para la embajada, también escribió una biografía hagio-
honrar sus restos, y Eliade escribió tres artículos, gráfica y erudita sobre Salazar, quien se dignó, para
uno publicado en el periódico mismo de la Guar- su delicia, en ofrecerle una audiencia, y le encargó
dia de Hierro, para consagrar la gloria de su sacrifi- entregar un mensaje al General Antonescu. El viaje
cio. Como era usual, dota este evento con su propia de Eliade a Bucarest en 1942 fue también la última
aura pseudo religiosa. “La muerte voluntaria de Ion vez que vio su tierra natal.
Mota y Vasili Marin,” escribió, “tiene una significa-
ción mística: el sacrificio por la Cristiandad.” Para
este momento Eliade es ya un activo partisano de IV

E
la Guardia de Hierro; y cuando la Guardia pierde
el favor del gobierno en 1938, llevando al arresto de l tercer miembro del trío es Eugene Io-
Codreanu y cientos de sus más prominentes segui- nesco, y la cubierta del libro de Laignel-La-
dores, Mircea Eliade se encontraba entre ellos. vastine contiene una foto de 1977 en París
en la encantadora y tranquila Plaza Furs-
Las condiciones de su detención en un campo, tenberg, a solo unos pasos de la muche-
alguna vez escuela de agricultura, se encontraban le- dumbre de St. Germain-des-Près. La foto captura a
jos de ser opresivas, y se organizaron cursos a cargo los tres exiliados charlando de la manera más amiga-
de Ionescu y Eliade, quien se las arregló para escribir ble, y ha provocado mucha crítica puesto que parece
ahí una novela titulada Marriage in heaven. El tío de indicar que los tres fueron igualmente culpables en
su esposa era un general cercano al Rey Carol II, y cuanto al “oubli du fascisme,” el olvido del fascismo,
puesto que Eliade sufría tuberculosis, pronto le fue indicado por el título del libro. El texto deja cla-
permitido mudarse a una villa en la montaña y re- ro, sin embargo, que la visión política de Ionesco
gresar a casa a principios de diciembre. Más tarde, siempre se opuso fieramente a la tentación fascista.
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De hecho, su famosa obra Rhinoceros (1959) se basa Para este momento, Ionesco estaba muy influen-
en fascinación horrorífica de lo que vio cuando los ciado por Emannuel Mournier, el fundador del pe-
miembros de su generación cedían ante el hechizo riódico Sprit, y católico liberal que intentaba condu-
del fascismo. cirse por un camino entre la izquierda y la derecha
La obra retrata una pequeña villa de provincia y que engendró una doctrina conocida como “Per-
donde los habitantes se transforman gradualmente sonalismo.” Esta doctrina era anticapitalista y muy
en rinocerontes que destruyen todo en su camino. crítica de las debilidades de la democracia liberal,
Los diarios de Ionesco registran el proceso por el que, pero hacía hincapié en la importancia de preservar
como escribió, “vi cómo mis hermanos, mis amigos, los derechos de la personalidad individual, pero no
gradualmente se transformaban en extraños. Sentía como una entidad política, sino como una moral y
que un nuevo espíritu germinaba en ellos, cómo una espiritual. A Mournier se le criticó duramente por
nueva personalidad sustituía la de ellos.” Estas nue- haber contribuido a minar el respeto por la demo-
vas personalidades eran aquellas de “los ideólogos y cracia en los años anteriores a la guerra en Francia;
semi intelectuales” que mutaron en “rinocerontes”; pero lo que impresionaba a Ionesco era su énfasis en
un personaje llamado “El lógico” en la obra, presu- salvaguardar la responsabilidad moral de lo indivi-
miblemente basado en Nae Ionescu, precipitaba la dual. Tanto Cioran como Ionesco enviaron a casa
transformación. artículos describiendo sus impresiones de París; el
primero retrató la ciudad y a Francia misma como
Pero Ionesco, también, poseía un pasado que “una nación fatigada y gastada, en el ocaso de su his-
deseaba mantener oculto, aunque resultaba relativa- toria,” mientras que el segundo habló de ella como
mente anodino en comparación con el de los otros “del último refugio de la humanidad.”
dos. Por una parte, estaba la cuestión de su familia.
El padre de Ionesco era un abogado rumano con un Tras el estallido de la guerra en 1939, Ionesco
doctorado francés y su madre al parecer era francesa. decidió regresar a Rumania; una decisión de la que
Pero parece haber algunas preguntas sobre sus orí- se arrepintió amargamente. Permaneció ahí hasta el
genes: ella podía no ser una ciudadana francesa del verano de 1942, intentando desesperadamente irse
todo, y posiblemente de ascendencia judía. Nada de de nuevo. Durante este periodo, el general Anto-
esto se menciona en los escritos autobiográficos de nescu, tomó el poder en el gobierno rumano y lo
Ionesco; pero habló de su madre con Mihail Sebas- compartió durante cinco meses con la Guardia de
tian, cuya amistad, a diferencia de la de los otros, Hierro. Ambos instituyeron un reinado de terror de
siguió cultivando, y quien comenta: “Yo ya sabía por “indescriptible salvajismo,” particularmente en con-
rumores que su madre era judía.” La conversación tra de los judíos, pero también masacrando oponen-
ocurrió en 1941, sólo quince días después de que un tes y secuestrando a antiguos miembros del gobierno
progromo a manos de la Guardia de Hierro, terrible y a prominentes intelecuales para ejecutarlos. Anto-
en su carnicería, sucediera en Bucarest. nescu, molesto por el caos, terminó suprimiendo a
la Guardia de Hierro con la ayuda de tropas alema-
Ionesco enseñaba literatura francesa en la Uni- nas. Mientras tanto, a las ya existentes se añadieron
versidad de Bucarest, y se volvió muy conocido nuevas leyes contra los judíos, y se aplicaron a los
cuando a su libro Non se le concedió un prestigioso “conversos” del pasado y del presente así como a to-
premio literario. En él atacaba ferozmente a las emi- dos los que se aferraban a su fe; se les excluyó de la
nencias de la literatura rumana por su “nacionalis- enseñanza así como de cualquier oficina profesional
mo e historicismo etno-lingüístico.” Mientras tanto, excepto aquellos con permiso especial por parte del
mantenía un diario que nutrió mucho de su trabajo estado. Como lo revelan sus cuadernos, Ionesco cayó
posterior, en el que lo vemos rechazando los colec- en la desesperación; y tras varios intentos inútiles
tivismos tanto del comunismo como del fascismo. por conseguir una visa o un pasaporte, finalmente
En 1938 recibió una beca del director del Instituto apeló a la ayuda a sus amigos de diversos ministerios.
Cultural Francés –que meses antes había dado una a Como último recurso, se las arreglaron para conver-
Cioran- para estudiar en París; pero aunque ambos tirlo en agregado de prensa en la embajada rumana
vivían en la misma sección de París y tenían ami- en Vichy (para este entonces Francia había sido de-
gos rumanos comunes, cuidadosamente evitaban la rrotada). Como él lo dice, “Soy como un prisionero
compañía del uno y el otro. prófugo que huye en el uniforme del carcelero.”
  40    E n e ro 2 0 0 7    H e r m a n o c e rd o

Esta es la segunda parte de su pasado rumano Vichy. En marzo de 1941 Cioran ocupó su nuevo
que Ionesco mantiene oculta: estos años en Vichy puesto, pero rompió todo los registros debido a la
nunca se les menciona en sus escritos autobiográfi- brevedad de su servicio, de apenas dos meses y me-
cos. Un completo recuento de ellos es lo que ofrece dio. Mientras tanto se las arregló para obtener una
el libro de Laignel-Lavastine, usando los documen- beca de estudios con la ayuda de su antiguo bene-
tos hoy disponibles en su dossier del Ministerio de factor, ahora en el Collège de France, y regresó para
Relaciones Exteriores en Bucarest y las referencias a vivir y escribir en la Francia ocupada.  
dichos momentos en sus cartas. Es bastante claro,
para citar al libro, que esta fue “una estrategia de Durante estos años, Cioran pasó mucho tiempo
sobrevivencia”; y aunque Ionesco odiaba cada mo- con otro intelectual rumano de origen judío, Benja-
mento de sus obligaciones, las llevó a cabo de una min Fondane (en realidad Vecsler), que con justicia
manera tan consciente que recibió una promoción a era un bien conocido crítico literario y poeta a tra-
secretario cultural en el verano de 1943. vés de sus obras en francés. En una carta a sus pa-
dres de 1946 -citada por Petreu- Cioran escribe que
Mucho de su tiempo lo dedicaba a promover “[Fondane] mostró ser más gentil y más generoso
la traducción y publicación de escritores rumanos, que todos mis amigos ‘cristianos’ juntos. A la larga,
y a maniobrar entre los periódicos franceses en el todas las ideas son absurdas y falsas; sólo la gente está
complicado laberinto creado por los periódicos co- ahí, independientemente de su origen o su religión.”
laboracionistas, los semi-colaboracionistas y las pu- Cuando finalmente denunciaron y arrestaron a Fon-
blicaciones puramente literarias. Ionesco evitó cui- dane, Cioran fue con Jean Paulhan a suplicar por su
dadosamente las primeras prefiriendo aquellas que liberación. Sorprendentemente lograron éxito en su
intentaban preservar una autonomía literaria, inclu- caso; pero Fondane se rehusó a irse sin su hermana,
so si era necesariamente limitada. También empleó que también había sido detenida, y ambos murieron
secretamente, usando un seudónimo, a un poeta ju- en Auschwitz.
dío rumano cuyos trabajos habían sido ilustrados por
Brancusi y Victor Brauner. Lejos de ser indulgente Quedan pocas dudas de que, como señala Laig-
con sus temas, Laignel-Lavastine no omite los otros nel-Lavastine, “el arresto de Fondane causó un im-
deberes llevados a cabo por Ionesco que pudieran pacto profundo en Cioran,” y dejó una impronta
considerarse “comprometedores”; pero concluye que indeleble en sus ideas y valores. Más tarde escribió
su record es “en general muy honorable.” Con todo, un admirativo ensayo sobre su amigo, y además, tras
esos fueron los años que Ionesco deseaba olvidar. la guerra, ayudó a la esposa de Fondane a reeditar sus
obras y completó un importante e inacabado libro
sobre Baudelaire. También escribió un artículo pi-
V diendo que el nombre de Fondane se incluyera entre
los de los escritores deportados cuyos nombres serían

C
inscritos en el Pantheon. Laignel-Lavastine lo critica
ioran también estaba en París cuando es- por haber llamado a Fondane “moldavo” antes que
talló de la guerra y decidió regresar a Bu- judío (como si esto no se diera por entendido), y
carest en el otoño de 1940, aunque, tam- porque otras frases, al interpretarse, podían contener
bién, eliminó estos meses de los recuentos rastros de su anterior antisemitismo. Pero los actos,
de su vida. La razón es muy simple. Llegó tales como su intervención para la liberación de su
cuando la Guardia de Hierro se había adueñado amigo, hablan más que las palabras; y este no es el
prácticamente del gobierno; y en el mismo día que único caso en el que se arroja sospecha sobre una ge-
la Guardia cometía las atrocidades antes menciona- nuina tranformación en el sentimiento de Cioran.
das, Cioran, elogiosamente, habló en la radio de la
“Legión” (como también se le conocía a la Guardia Eliade no tuvo ninguún problema similar senci-
de Hierro). “Codreanu,” dijo, había “infundido ho- llamente porque no hubo transformación de ningún
nor a una nación de esclavos y otorgado un sentido tipo. Todo lo contrario. Durante la guerra Eliade
de orgullo a una multitud sin carácter.” También mantuvo un cuaderno de notas que hoy se encuen-
publicó diversos artículos dentro de la misma línea tra depositado en la biblioteca de la Universidad de
y, preparando su regreso a Francia, obtuvo una cita Chicago, el cual, puesto que nunca se le consideró
como agregado cultural en la embajada rumana en para su publicación, Eliade no se aplicó a corregir
  41    E n e ro 2 0 0 7    H e r m a n o c e rd o

como para borronear o distorsionar sus opiniones y protagonistas, aunque de gran interés en sí mismos,
actos. Es un documento asombroso, que revela auto y apenas tocados por Petreu, lidian con material más
adulación mezclada con megalomanía y un ferviente familiar y fácilmente accesible. Una buena dosis de
compromiso con el triunfo de Hitler, Mussolini y crítica se dirigió contra su libro, pero ninguna, hasta
Antonescu sobre los “Anglo-Bolcheviques.” Compa- donde yo sé, minó de verdad la base factual de su
rándose con Goethe, cuyo genio admiraba, Eliade acusación, aún cuando podría acusársele de faltas
concluye: “Mis horizontes intelectuales son más vas- menores en el detalle.
tos.” A pesar de la consolación de tales reflexiones,
el curso de la guerra lo deprimió terriblemente. Tras Una cuestión muy diferente es la que se pone
la derrota de los alemanes y sus aliados rumanos en en la mesa cuando Laignel-Lavastine discute el
Stalingrado (a lo que llamó “una tragedia”), seguida tema de si Eliade y Cioran experimentaron alguna
de la invasión del norte de África y de la victoria de vez cualquier suerte de “verdadera transformación”
los ingleses sobre Rommel, Eliade se sintió afectado respecto de sus primeras concepciones, o si sólo se
a tal grado que anota: “Insomnia, pesadillas, depre- dedicaron a un “juego secreto de proyecciones, cál-
sión.” culos y ocultamientos.” Esto implica cuestiones de
interpretación en que las opiniones podrían diferir.
Para Eliade, el triunfo de los Aliados significaba Tales cuestiones, como ella reconoce, aplican sólo
“el abandono de Europa a las hordas asiáticas.” In- “muy pobremente” a Ionesco, que fue más bien víc-
cluso cuando a los judíos se les masacraba a diestra y tima de las circunstancias y no de un compromiso
siniestra en su tierra natal, por no decir en todos la- ideológico del que se quisiera arrepentir. En años
dos -y la posición diplomática de Eliade lo mantenía posteriores, la imagen de la cubierta del libro de los
bien informado-, ninguna palabra de tales eventos tres hombres enfrascados en amigable conversación
aparece en sus páginas. Mientras las malas señales podría crear una impresión errónea, incluso cuando
se volvían más y más legibles, resolvió no regresar a podría acercarse una pizca a la verdad de en lo que se
casa y usar otra táctica. “He decidido ‘penetrar’ Eu- convirtió su relación.
ropa más profundamente y con más determinación
de lo que he hecho hasta ahora.” Meses después se En los años inmediatos de la posguerra, muchos
ve a sí mismo como “un caballo de Troya dentro de de los intelectuales rumanos en París (no todos, por
la arena científica” cuyo propósito era “validar cien- cierto), se aglutinaron alrededor de Eliade, cuya
tíficamente la metafísica significancia de la vida pre- habitación de hotel se convirtió en “el lugar de en-
histórica.” Y así es exactamente como se comportó cuentro del exilio.” En tales reuniones, Ionesco se
tras el derrocamiento de Antonescu y tras perder su aparecía, como dijo a un amigo, “sólo para escapar
puesto en la embajada rumana. Tenía conexiones de [su] agotadora soledad,” mientras al mismo tiem-
académicas en París, particularmente el historiador po clamaba que este grupo era “un grupo de Legio-
de la cultura Georges Dumézil, y usó está influencia, narios [Guardias de Hierro] que no se han arrepen-
así como otras, para conseguir cargos en le enseñan- tido.” Más aún, aparte de sobrellevar su “dolorosa
za. Había comenzado a escribir su Tratado de historia soledad,” la situación política rumana había cambia-
de las religiones en 1944, y su influyente El mito del do enteramente por lo que ahora se encontró más o
eterno retorno un año después; ambos aparecieron menos de acuerdo con sus antiguos enemigos. Un
en francés en los años inmediatamente posteriores gobierno comunista había tomado el poder en Ru-
a la guerra y lanzaron a Eliade en su camino hacia mania y Ionesco podía reunirse con los otros y de-
la fama internacional y al puesto permanente en la plorar esta imposición del colectivismo -de izquierda
Universidad de Chicago. o de derecha-, del que siempre había abjurado.

A lo largo de su vida posterior Ionesco apoyó


VI activamente las causas democráticas, anexando su

E
nombre a las peticiones de apoyo de la Primavera
l gran valor del libro de Laignel-Lavasti- de Praga, la resistencia afgana contra Rusia, y el
ne es su minuciosa investigación del con- derecho de los judíos rusos a emigrar; también se
texto rumano, dentro de un marco mucho unió a movimientos como Amnistía Internacional.
más amplio que el de Petreu. Los capítulos Fue incansable en su apoyo a Israel, oponiéndose a
dedicados a los años de posguerra de los tres una fuerte corriente francesa de opinión gauchiste.
  42    E n e ro 2 0 0 7    H e r m a n o c e rd o

Se unió en su anticomunismo a Arthur Koestler, Nada descaradamente antisemítico se encuentra


Leszek Kolakowski y Czeslaw Milosz, entre otros. Se en los escritos de posguerra de Eliade, pero el pre-
le pinta como “inclinándose hacia la derecha,” pero juicio se traspasa de una manera mucho más erudita
haciéndolo en defensa de los valores en que siempre a su teoría de la religión. Una de las piedras angu-
creyó: la libertad del hombre y el humanismo. Más lares de su doctrina es que el hombre arcaico vivía
o menos gauchiste ella misma, Laignel-Lavastine no en un mundo de tiempo cíclico cuyas repeticiones
puede resistir el cavar en el “lado más bien reaccio- estaban marcadas por fiestas de un tipo u otro en
nario del viejo académico, que a veces logra provocar que el “tiempo sagrado,” el tiempo de la experiencia
una sonrisa o una reacción de molestia” cuando “su religiosa, se recreaba. El mundo moderno perdió su
anticomunismo se vuelve al final un poquito ridí- habilidad de revivir el “tiempo sagrado” en gran par-
culo.” Esta es una desagradable puñalada que le da te porque los Hebreos (como los llama ahora Eliade)
poco crédito. rompieron el tiempo cíclico “del eterno retorno” al
vincular a Dios con el tiempo lineal. “Los hebreos,”
La extraordinaria carrera de Eliade ilustra su ha- escribe, “fueron los primeros en descubrir la impor-
bilidad y su éxito al jugar el “secreto juego de pro- tancia de la historia como la epifanía de Dios,” y este
yecciones, cálculos y ocultamientos.” Ya se ha hecho descubrimiento de la historia fue el que finalmente
referencia a la falsificación de memorias y periódicos condujo hacia todos los males del mundo moderno.
que se ilustran a través de todo el libro. No obstan- Daniel Dubuisson, analista francés de las opinio-
te, su pasado con la Guardia de Hierro solía atra- nes de Eliade sobre la mitología, concluye que esta
parlo de cuando en cuando. Aunque patrocinada noción de la historia “inventa especialmente una
por un formidable grupo de prominente eruditos, nueva acusación contra los judíos, la de un crimen
su solicitud para un cargo en el Centro Francés de ontológico, un crimen capital y sin duda inperdo-
Investigación Científica fue rechazada porque un re- nable.” Así Eliade permaneció fiel a sí mismo bajo
nombrado historiador medieval de origen rumano este disfraz erudito de sus últimos años, cuando su
escribió una detallada carta acerca de sus antiguos fama mundial alcanzaba su apogeo y se lamentaba
compromisos. De manera similar, bien instalado ya su muerte con mojigata reverencia.
en la Universidad de Chicago en 1973, Gershom
Scholem -a quien había conocido en los coloquios
de Ascona, Suiza, incialmente patrocinados por El caso más complicado de todos fue el de Cio-
Jung (cuyo pasado político también es muy sospe- ran, en cuyos escritos posteriores saltan pasajes que
choso)- invitó a Eliade a una lectura en Israel. En podrían leerse como expresiones implícitas de arre-
1972, un pequeño periódico israelí de la emigración pentimiento de sus primeras convicciones, que nun-
rumana había publicado un artículo revelando parte ca pareció capaz de repudiar públicamente. Era mu-
de las conexiones de Eliade con la Guardia de Hie- cho más franco en sus cartas y en sus conversaciones
rro, pero sin citar ninguna fuente escrita. Scholem privadas. En una carta a un amigo, Cioran declara
se vio en apuros pero Eliade escribió una carta api- en 1971 que “cuando contemplo ciertos encapricha-
lando mentira tras mentira, negando indignado que mientos de mi pasado, me paralizo: No lo compren-
hubiera alguna vez publicado una línea a favor de la do. ¡Qué locura!” Esto ciertamente parecería indicar
Guardia de Hierro, confiando en la inaccesibilidad un rechazo de su parte. Conversando con el autor
del material en aquel entonces. La invitación a la de un libro sobre el comandante de Auschwitz, dice
Universidad Hebrea se retiró pese a que Scholem, “Los que los alemanes hicieron alcanza para conde-
incapaz de creer en tal hipocrecía, exhortó a Eliade a nar a la humanidad.”
visitarlo personalmente y ofreció arreglar una entre-
vista con el autor del artículo para aclarar el asunto.
Prudentemente, Eliade canceló el viaje y nunca vi- No puede haber duda que, a diferencia de Elia-
sitó Israel, entonces o después. Parte de la estrate- de, el asunto de su anterior fascismo y antisemitismo
gia de Eliade fue cultivar a prominentes eruditos atormentó al complejo y autocuestionable Cioran,
o intelectuales judíos -de lo que Ravelstein/Bloom cuyo pensamiento siempre se dirigió a minar las cer-
lo había correctamente acusado. Saul Bellow habló tezas humanas, incluyendo las suyas propias. El aná-
en su funeral en 1986. Su novela indica que debió lisis del Cioran de posguerra que se da aquí es más
arrepentirse de haberlo hecho. complejo y controversial que el del libro de Laig-
nel-Lavastine. Se le retrata evadiendo cualquier res-
  43    E n e ro 2 0 0 7    H e r m a n o c e rd o

ponsabilidad manifiesta sobre su pasado así como, lo que en el pasado se evaluó negativamente ahora se
“a diferencia de Eliade,” oprimido por sentimientos le daba un entusiasta giro positivo. Más aún, Cioran
“inseparables de un deseo de expiación y de una continuamente identifica su propia situación con la
culpa difusa... [una] ´sensación opresiva´ con la que de los judíos escribiendo que “su drama [el de los
admite despertarse por las mañanas, ‘como si cargara judíos] es el mío.” En 1970 medita que “Carezco de
con el peso de miles de crímenes.’” una condición esencial para realizarme: ser judío.”

Como en el caso de Eliade, el pasado de Cioran Esta obsesiva auto identificación con los judíos
solía acecharlo. Paul Celan, el gran poeta alemán de se interpreta como “la expresión invertida del mis-
origen rumano cuyos padres murieron en un campo mo fenómeno psicopatológico” que antes le había
rumano y quien fue deportado a un campo de traba- conducido a sus peores excesos. A lo mejor; pero
jo, vivía también en París cuando en 1953 tradujo al glorificar a los judíos en vez de envilecerlos cierta-
alemán una de las obras de Cioran, Précis de décom- mente indica una suerte de cambio. Además, la ob-
position (Breviario de podredumbre). Los dos se veían jeción que se hace es que mientras Cioran de conti-
de vez en cuando, y Cioran ayudó al poeta cuando nuo expresa arrepentimiento de sus errores pasados,
éste combatía acusaciones de plagio. No obstante, siempre lo hace en términos generales sin intentar
cuando un crítico rumano a su paso por París re- explicar por qué los rechaza ahora. Para Laignel-La-
veló los particulares del pasado de Cioran, Celan se vastine, la ambigua relación de Cioran con su pasa-
rehusó a tener algo más que ver con él. A pesar de do es difícilmente un intento genuino de avenirse
este rompimiento, la noticia del suicidio de Celan le con las consecuencias prácticas de las ideas que una
afectó profundamente. Se sugiere que esta relación vez propugnó y con las que, incluso, jugueteó en
con un poeta judío podía haber sido también una una manera retóricamente medio divertida. Laignel-
especie de tapadera como la que Eliade explotó tan Lavastine se pregunta si, como en el caso de Eliade,
exitosamente; pero no hay nada que apoye tales sos- Cioran meramente “traducía a un lenguaje aceptable
pechas excepto que, cuando a Cioran le preguntaron los motivos y actitudes ideológicos ideológicamente
si había conocido a Céline, en cambio mencionó a descalificados en Occidente.” Petreu es mucho más
Celan. Uno tiene la impresión de que a pesar de la afirmativa en este caso, y cita a alguien que visitó a
evidente intención de querer aquilatar justamente la Cioran en sus últimos días cuando sufría la enfer-
evidencia en la ambivalencia de Cioran, Laignel-La- medad de Alzheimer: “Desde su cama de hospital,
vastine lleva las cosas muy lejos. intentando con desesperación superar los síntomas
de la enfermedad, a tropiezos Cioran dijo a su visi-
tante: ‘No... soy... un... anti... semita.’”
El mismo problema surge cuando Laignel-La-
vastine afronta la actitud de Cioran hacia los judíos.
Cuando, por ejemplo, en Rumania se publicó una A este punto, déjenme añadir mi propio testi-
nueva edición de su libro más antisemita, La transfi- monio personal. Durante mis años en París conocí
guración de Rumania, Cioran insistió en eliminar el a Cioran, lo vi en diversas ocasiones y tuvimos muy
capítulo sobre los judíos junto con otros comenta- buenas conversaciones (particular pero no exclusiva-
rios sobre ellos dispersos en el libro. “Renuncié por mente sobre literatura rusa, en la que mostraba un
completo a una parte muy larga [del libro] que se apasionado interés). Cualquiera que hayan sido los
enraizaba en muchos prejuicios del pasado, y con- giros y las vueltas de su complicada consciencia, la
sidero inadmisibles ciertas opiniones acerca de los personalidad brillantemente sardónica, auto irónica
judíos,” escribió a un amigo. Nada podría ser más y fascinante que conocí no pudo haber sido la de
explícito. Aún más, en uno de sus libros posteriores un manipulador consciente y decidido a mentir con
en francés, incluye una sección sobre los judíos titu- deliberación.
lada “Un peuple de solitaires” (Un pueblo solitario)
aclamado como filosemítico. Pero Laignel-Lavastine Si existe una crítica general al excelente libro
cree que esto es una ilusión porque al comparar este de Laignel-Lavastine, es la implacable persecución
texto con lo que Cioran había escrito años atrás, en- de Cioran, quizá en un intento por contrarrestar a
cuentra que la imagen que se ofrece del pueblo e his- sus devotos admiradores en Francia y en todos la-
toria judíos es la misma ofrecida antes -excepto que a dos -Susan Sontag, por ejemplo, que lo introdujo a
  44    E n e ro 2 0 0 7    H e r m a n o c e rd o

los Estados Unidos. Una falta de conocimiento del


contexto rumano permite verlo inocente y exclu-
sivamente a la luz de sus altas especulaciones filo-
sóficas. Pero si estas se ven hoy oscurecidas por los
compromisos políticos que más tarde él mismo en-
contró incomprensibles, la evidencia confiable de su
lucha genuina por sobrellevar su pasado merece más
simpatía. En el caso de Cioran, la compasión no es
enemiga de la verdad.

JOSEPH FRANK es profesor emérito de literatura


comparada y de lenguas y literaturas eslavas en la
Universidad de Stanford. Su libro más reciente es
Dostoevsky: The Mantle of the Prophet (Princeton
University Press). La reseña que publicamos apa-
reció por primera vez en el número de noviembre
de 2006 de la revista The New Republic.
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Reconstruyendo la oscuridad
Javier Moreno

“I have no sense of anything other than myself,” he


mumbles. ¿Qué ve ahora? ¿Quién anda ahí? ¿Está seguro?
House of Leaves, M.Z. Danielewski
La o(b)scuridad
Scene reconstruction: Ejercicios
Reconstruir la oscuridad. Llenarla de volumen.
Para empezar, un ejercicio sencillo. Considere la ¿Qué hay en el cuadro negro? ¿Qué hay en la ceguera
siguiente fotografía: del viejo Zampanò? ¿Cuántos viven en su penum-
bra? Scene Reconstruction: el descaradamente borgia-
no Zampanò llena su nada de letras y las deforma
intentando convertirlas en una metáfora de lo que
no ve. Como es de esperarse, fracasa: muere en el
intento. Pero hay más opciones: tal vez Zampanò no
es el creador de la metáfora sino su divulgador. Un
moribundo evangelista encerrado en una casa llena
de gatos, recibiendo lectores, contratando transcrip-
tores, dictando a universitarias desprevenidas aque-
llo que desde su oscuridad presiente. O, claro, quizás
Zampanò simplemente no existe, es el invento de
alguien más. Sea como sea, Zampanò sueña un do-
Olvide por un momento las circunstancias par- cumental (¿o es una ficción?, ¿o es un engaño? ),
ticulares de la misma. No se pregunte, por ejemplo, The Navidson Record, sobre un hombre obsesionado,
cuándo o dónde fue tomada, o quién es su autor, o como él, con capturar la o(b)scuridad, y una casa
qué hizo tras tomarla (Luego hablaremos de eso). poseida por ella, una casa que resguarda el camino
Por ahora, concéntrese en preguntas del siguiente hacia un laberinto negro y sin fondo, Ash Tree Lane.
estilo: ¿Hacía calor? ¿Cuál es la distancia (en metros) Escribe un ensayo sobre él. Pero The Navidson Record
desde el buitre hasta la niña? ¿Es una niña? ¿Cómo es más grande que Zampanò. Su ensayo se desborda
se llama? ¿Se mueve? ¿Gime? ¿Cuánto mide (en cen- sobre el mundo invisible y se convierte en un símbo-
tímetros)? ¿Cuánto pesa (en gramos)? ¿Qué hay del lo total de eso que no ve, que no puede vivir. Zam-
buitre (centímetros, kilos)? Intente recrear tridimen- panò vislumbra una inmensa scene reconstruction co-
sionalmente la escena en su cabeza. Antiproyéctela. munal que llena al Navidson Record de sentidos, de
Pregúntese cuántas cámaras serían necesarias para caminos, de interpretaciones. The Navidson Record
capturar la esencia del momento, para darle una vi- es la película que todo el mundo ha visto y sobre la
sión total de ese instante congelado. Ahora, intente que todos tienen algo qué decir. Intentando ocupar
un ejercicio similar frente a la siguiente imagen: el vacío negro, T h e N a v i d s o n R e -
c o r d s e e x p a n d e .

 “En el futuro, los lectores de periódicos y revistas probable-


mente verán las fotografías de las noticias más como ilustra-
ciones que como reportajes, dado que sabrán bien que no hay
manera de distinguir una imagen genuina de una que ha sido
manipulada. Incluso si los fotografos y editores resisten la tenta-
ción de la manipulación digital, cosa que probablemente harán,
la credibilidad de las imágenes reproducidas disminuirá debido
a un ambiente de expectativas reducidas. En resumen, las foto-
grafías no lucirán tan reales como alguna vez lucieron.” -Andy
Grundberg, “No lo dude: La camara puede mentir”, New York
Times, agosto 12 de 1990, Sección 2, 1, 29.)
  46    E n e ro 2 0 0 7    H e r m a n o c e rd o

The Navidson Record visiones congeladas de niños corriendo entre las ba-
las, pero no puede dejar sus cámaras, no puede dejar
Will Navidson es famoso. Tal vez lo recuerden de capturar el mundo, así que llena la casa de in-
por esa foto, seguro que la han visto, de una niña contables cámaras de video y se prepara para narrar
sudanesa moribunda que es acechada por un buitre. su primer año de vida bucólica, sencilla, tranquila y
Ganó un Pulitzer con ella. Todo el mundo ha visto feliz. El único problema es que un día, al llegar de
esa foto, sí. Todo el mundo tiene una opinión sobre un paseo, descubren que hay una nueva puerta. Una
ella. Todo el mundo juzga. Todo el mundo sabe qué puerta que conduce a un corredor frio. Un corredor
ocurrió, cómo llegó él ahí, qué estaba haciendo, qué que escapa las dimensiones de la casa, que desafía la
no hizo, qué no pudo hacer, qué no fue capaz de ser. lógica del mundo. Curioso, Will se adentra.Así se
Will Navidson también ha visto el corazón de las inicia The Navidson Record.
tinieblas. Will Navidson escribe sobre esa foto en su
última carta antes de desaparecer: Johnny Boy

Not the photo—that photo, that thing—but Back here again. These pages are a mess. Stuck
who she was before one-sixtieth of a second sliced together with honey from all my tea making. Stu-
her out of thin air and won me the pulitzer though ck together with blood. No idea what to make of
that didnt keep the vultures away i did that by swin- those last few entries either. What’s the difference,
ging my tripodaround though that didnt keep her especially in difference, what’s read what’s left in
from dying five years old daisy’s age except she was what’s left out what’s invented what’s remembered
picking at a bone you should have seen her not the what’s forgotten what’s written what’s found what’s
but her a little girl squatting in a field of rock dan- lost what’s done?What’s not done? What’s the diffe-
gling a bone between her fingers i miss miss miss but rence?
i didn’t miss i got her along with the vulture in the
background when the real vulture was the guy with Zampanò es incansable, pero su tarea, ya lo dije,
the camera preying on her for his fuck pulitzer prize lo supera. Su ensayo a retazos, una gigantesca broma
it doesnt matter if she was already ten minutes from metaliteraria hiperestructurada e hiperdiagramada,
dying i took threem minutes to snap a photo should laberíntica, excesiva, erudita y confusa (¿cuántos ad-
have taken 10 minutes taking her somewhere so she jetivos le caben?), yace junto a su cuerpo (junto a
wouldnt go away like that no family, no mother no sus poemas, junto a sus notas, junto a su obra de
day, no people just a vulture and a fucking photo- vida, junto a los enigmáticos restos de su paso por
journalist i wish i were dead right now i wish i were el mundo) cuando los paramédicos vienen, porque
dead that poor little baby this god god awful... Lude, su vecino, un peluquero gigoló, les avisa que
el viejo hace dos días que no sale. Antes de morir, se
(Momento, ¿pero ese fotografo no se llamaba deshizo de todos sus gatos. Lude también le avisa a
Kevin Carter?) Will Navidson se instala junto a su Johnny, su mejor amigo. (Johnny Truant: Asistente
compañera Karen y sus hijos Daisy y Chad en Ash de un taller de tatuajes en West Hollywood, huér-
Tree Lane intentando escapar de su trabajo, de sus fano de padre y madre, viajero de mochila, catador
de psicoactivos e incorregible mitómano.) Lude le
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No la foto -esa foto, esa cosa- sino quien ella era un sesentavo dice a Johnny que tienen que entrar a ese lugar antes
de segundo antes de que cortara el aire y me ganara el Pulitzer de que se lleven las propiedades del viejo. Johnny
aunque eso no haya alejado al buitre yo lo hice agitando mi trí-
pode pero eso no impidió que ella muriera cinco años la edad de lo acompaña. Johnny entra. Johnny encuentra la
daisy excepto que ella estaba mordiqueando un hueso la debiste casa de hojas. Johnny, pobre desgraciado, intentará
haber visto no la una niñita arrastrándose en un terreno pe- completar la tarea de Zampanò y se pierde en ella,
dragoso sosteniendo un hueso entre sus dedos extraño extraño pero algo queda escrito. Algo aparece en algún lugar
extraño pero yo no extraño la llevo conmigo junto al buitre al
fondo pero el verdadero buitre era el tipo con la cámara ace-
chándola por su puto premio pulitzer no importa si le faltaban  De vuelta otra vez. Estas páginas son un desastre. Pegadas
diez minutos para morir yo me demoré tresm minutos en tomar entre ellas con la miel de mis tazas de té. Pegadas entre ellas
la foto me hubiera tomado diez minutos llevarla algún lugar con sangre. No sé qué hacer con esas últimas entradas tampoco.
para que no se fuera así sin familia, sin madre sin día, sin gente ¿Cuál es la diferencia, especialmente en la diferencia, qué leí qué
sólo un buitre y un fotógrafo de mierda ojalá estuviera muerto preservé qu descarté qué inventé qué recordé qué olvidé qué
ahora mismo ojalá estuviera muerto pobre bebecita espantoso escribí qué encontré qué perdí qué hice?¿Qué no hice?¿Cuál es
espantoso dios... la diferencia? (Johnny Truant, October 31, 1998)
  47    E n e ro 2 0 0 7    H e r m a n o c e rd o

y un cibernauta lector se pregunta: “¿Qué pasó con un año por Europa, Mark Z. Danielewski cuelga en
Johnny? Parecía un buen tipo.” Y así, al escapar de internet hasta que un editor la descubre y resuelve
Zampanò gracias a su muerte, quedamos a merced publicarla. Setecientas nueve páginas de abrumador
de este Johnny -furioso editor con paradero desco- desconcierto. Esa es la historia oficial. Hay todo tipo
nocido- que repleta el ensayo del ciego de copiosas de metahistorias intermedias en las cuales todos y
notas al margen, que interpola posibles capítulos ja- cada uno de los supuestos coautores y editores son a
más escritos, que corrige al viejo al tiempo que duda la vez creaciones de los miembros más recientes de la
de todo lo allí escrito. Porque, claro, como nosotros, logia (o los más antiguos). De alguna manera, House
Johnny jamás ha escuchado hablar de The Navid- of Leaves no soporta estar encerrada y cada tanto
son Record. Johnny, de hecho, sabe de la existencia pega un salto y engulle el universo que la contiene,
de Kevin Carter. Johnny prosigue la obra de Zam- ese que no la deja ser, esperando que al despertar
panò porque encuentra algo en ese texto a retazos tenga piernas, o manos, o tentáculos, o yo qué sé.
que lo atrae y lo perturba, algo que ni entiende ni Algunos dicen, sin embargo, que el libro es sólo la
puede transmitir. A través de sus notas, sin embargo, recopilación de toda la producción literaria secreta
queda claro que no es nada de envidiar. Al final, a de Danielewski. Diez años escribiendo fragmentos
quien leemos es a Johnny, un coautor improvisado e incapaz de dejarlos atrás. Una especie de archivo
desesperado por entender toda esa sangre y encontrar de recuerdos. Siempre, en cualquie caso, House of
a Lude. Un desequilibrado que conversa con el es- Leaves resulta ser el producto de una obsesión, ya sea
pectro del estricto Zampanò. El que ha visto mucho individual o colectiva, de capturar algo. Algo cuya
-demasiado- contra el que no ve nada. identidad está por decidirse. Algo cuya realidad está
por confirmarse. Algo que no se puede ver.
Libros maximales
Notas adicionales
No se equivoque, esos que escriben libros largos • House of Leaves, pese a su fama, no ha sido tra-
no tienen nada qué decir. Por supuesto aquellos que ducido al español. Aparentemente, nuestras editoria-
escriben libros cortos tienen aún menos qué decir. les se rehusan a imprimir algo con una diagramación
(Make no mistake, those who write long books have tan elaborada (texto con colores, profusas notas al
nothing to say. Of course those who write short pie, notas en los márgenes, páginas al revés, páginas
books have even less to say.) (Zampanò (?), Julio 27, indecisas sobre el derecho y el revés, páginas con no-
1991) tas en versión especular y en el mero centro, páginas
con palabras que caen, etc). Un intento colectivo de
Johnny extiende el trabajo de Zampanò pero no traducción en linea no le caería mal.
lo culmina. ¿Es posible terminarlo? Cabe pregun- • La premisa de House of Leaves no es de ninguna
tarse aquí si realmente existen los libros maximales. manera novedosa. Al parecer, por ejemplo, compar-
Libros que no admitan extensiones, que constituyan te más que un parecido onomástico con House on the
su propia ultimate extended version. A veces me gusta borderland, una novela clasica de terror de William
imaginarme que Lolita, digamos, es así, pero luego H. Hodgson, la cual fue escrita casi un siglo antes.
encuentro ediciones de Penguin con comentarios de • Esta es una de las pocas novelas que conozco
Nabokov y pienso que tal vez todos los libros son que cuenta con una banda sonora semioficial. La
potencialmente infinitos, y por tanto -debido a su cantante Poe, hermana de Danielewski, produjo el
finitud forzada por este universo que les vino en disco Haunted como un experimento de musicaliza-
suerte- incapaces de alcanzar su versión total. Pero ción de los ambientes y situaciones descritas. Es un
los libros son pretenciosos, pocos serían capaces de buen complemento.
aceptar en público su incompletez. House of Leaves
es el resultado de ese nuevo intento de Johnny. La por el personaje, se adjuntan sendos apéndices donde dan cuen-
compilación penúltima (siempre penúltima) de la ta de su historia personal. Uno de ellos, tal vez mi favorito, es la
compilación de todas las cartas que su madre enferma le escribió
labor truncada de Zampanò, y su edición comenta- desde el sanatorio. Estas cartas, de hecho, proponen una nueva
da, modificada, subtitulada, ampliada y regurgitada, variante en la teoría de la autoría del ensayo. En ellas, Zampanò
aunque no digerida, que, luego de una juiciosa (y ex- podría ser una creación de la madre de Johnny, o incluso ella
tensa) labor de edición adicional durante su viaje de misma. También se incluyen extractos de una especie de diario
de Zampanò, poesías del viaje por europa de Johnny, fotografías
de casas en Virginia, esquemas estructurales del ensayo y citas
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Al desaparecer Johnny, y como respuesta al interés del público recopiladas para la construcción del mismo.)
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El hombre que atropelló a Roland Barthes


Alberto Bruzos Moro

D
e acuerdo con breves notas bio- llamar por su nombre, y otra serie de personajes
gráficas, Roland Barthes muere secundarios de la Francia político-cultural de prin-
-fallece, encuentra la muerte (“met cipios de los ochenta (para quien le sirva de algo:
his death”)- prematuramente el 26 Jacques Lang, Jacques Berque, Danièle Delorme,
de marzo de 1980, a los 65 años, Pierre Henry, Rolf Liberman). Sabemos que a eso
tras haber sido atropellado el 25 de las 15:45 Roland Barthes se dispone a cruzar la
de febrero por la furgoneta de una Rue des Écoles a la altura del número 44, e incluso
lavandería mientras cruza la parisina Rue des Éco- tenemos el valioso testimonio de que “il regarde vers
les delante del Collège de France, donde ocupaba la gauche, puis vers la droite, avant de traverser”, que
la cátedra de semiología literaria desde 1977, “sur excita la suspicacia de uno de sus biógrafos (“Pen-
proposition de Michel Foucault”. se-t-il à autre chose?”) y, seguidamente, su imagina-
Siguiendo al propio Roland Barthes, para quien ción: “Est-il comme l’ont prétendu certs excedé par
todo es un signo, y así nada se sustrae a la transac- ce repas, ennuyé par les discours des casse-pieds de la
ción significativa, y cualquier objeto, rasgo o gesto politique?” Pero no sabemos si brilla tímidamente
nos rapta y sublima en su sentido, y en suma nada ni el sol o por el contrario es un día nublado y tal vez
nadie escapa a esta ebullición semiológica del espa- lluvioso de febrero en París, tampoco la marca ni el
cio espiritual humano, entonces también el hombre modelo de la furgoneta, ni en qué sentido circula
que atropella a Roland Barthes es un signo. -hacia la Rue du Cardinal Lemoine, a la derecha, o
En términos técnicos, el refe- hacia el Boulevard Saint Michel,
rente del signo que atropella a Ro- a la izquierda, según la posición
land Barthes es opaco. Sabemos de un peatón que baja confiado
que hay una furgoneta, sabemos del Collége de France en direc-
que hay un atropellamiento, sabe- ción al Sena-, ni mucho menos
mos que hay un conductor y que, sabemos, y a eso íbamos, quién
por una operación lógica elemen- conducía el vehículo que atrope-
tal, él es el autor del atropellamien- lla a Roland Barthes y lo manda
to y, sencillamente, el hombre que mata a Roland al hospital -cuyo nombre sí sabemos: la Salpêtrière-
Barthes, que lleva prematuramente al encuentro de y, vaya, lo mata, sujeto al que las notas biográficas
su muerte al catedrático de semiología del Collège desprecian y eliden, retratando al catedrático de se-
de France, egocéntrico y homosexual, superviviente miología “run over by a laundry van” o todavía más
a una tuberculosis en los años treinta y cuarenta y vagamente “percuté par une voiture”.
renuente del estructuralismo, del marxismo y de la Es irónico que quien atropelló a Roland Bar-
metodología académica a favor de lo que Nietzsche thes, el semiólogo, sea conocido hoy apenas como
entiende por cultura (según Deleuze, según Barthes: el sujeto gramatical de una operación semiológica.
“La culture, pour Nietzsche, c’est la violence subie No menos que el hecho de que el propio semiólogo,
par la pensée, c’est une formation de la pensée sous Roland Barthes, sea hoy un mero signo -una marca-
l’action des forces sélectives, un dressage qui met en de lo que fue cuando aún respiraba y producía, has-
jeu l’inconscient du penseur. La culture donc, fait ta que una furgoneta presumiblemente cargada de
que les Grecs appelaient la paideia, car les Grecs ne ropa blanca -sábanas y toallas limpias y perfumadas
parlaient pas de méthode, ils parlaient de paideia”), de cualquier hotel, quizá de una residencia universi-
y entre otros méritos asesino a su vez del autor y del taria- percutió contra él y lo mandó a la Salpêtrière y
capricho de la autoría de un texto. Sabemos que ese más tarde a la tumba, y aún más que la narración de
lunes Roland Barthes viene de almorzar con François este momento letal en que Roland Barthes fue pre-
Miterrand, futuro (pasado ya) presidente de la Re- maturamente arrancado y borrado de la existencia,
pública, al que en algún momento se recordará sólo sea para nosotros también un signo, una estructura
por la faraónica biblioteca que mandó construir y semántica con su lugar (París, Rue des Écoles, delan-
  49    E n e ro 2 0 0 7    H e r m a n o c e rd o

te del Collège de France), su tiempo (25 de febrero por su provisionalidad y anonimato- haya sido erigi-
de 1980, “vers quinze heures quarante-cinq”), su da por la vulgaridad sensacionalista del periodismo
paciente (Roland Barthes, el semiólogo, el catedrá- cultural y la biografía barata a la notoria categoría
tico de semiología literaria del Collège de France), de sujeto, protagonista, por un lado, del homicidio
su acción (el atropellamiento), su instrumento (la biológico del organismo Roland Barthes y, por otro,
furgonnette de una lavandería) y su efecto (la hos- del enriquecimiento semiológico del signo Roland
pitalización y, a la larga, la muerte), sin olvidar ese Barthes, promovido -“percutido”- del estrellato de la
opaco agente (el hombre que atropelló a Roland erudición terrenal a una esfera superior, la trivialidad
Barthes) que todo este montaje semiológico parece mitológica, cuya narración de los hechos y los actos
destinado a ofuscar y a disculpar con un arte simple no es en sí falsa sino, al contrario, fraudulentamente
y perverso. verdadera, perecederamente eterna, aberrantemente
Bien mirado, el cómo, cuándo y dónde del qué natural. Basta citar las propias palabras de Roland
son tópicos casi ineludibles, pero extraña que de en- Barthes, según quien el mito se expresa en “un langa-
tre todas las demás circunstancias haya trascendido ge qui ne veut pas mourir: il arrache aux sens dont il
precisamente la furgoneta de una lavandería, y nada, s’alimente une survie insidieuse, dégradée, il provo-
sin embargo, acerca de la identidad del desdichado que en eux un sursis artificiel dans lequel il s’installe
autor del atropellamiento a la larga mortal de Roland à l’aise, il en fait des cadavres parlants”, para advertir
Barthes. Mas si todo es un signo, y más en un mundo con intelectual espanto el ritual asesinato biográfico
soterrado por la sedimentación de la palabra, enton- del semiólogo, que inmortaliza, con el peculiar estilo
ces hasta la ausencia es un signo, y el ocultamiento amanerado de la síntesis de contraportada, su acci-
no arroja menos luz sobre lo ocultado que cualquier dental asesinato biológico.
discurso. Así, la elipsis del conductor del vehículo -y Alguien tenía que realizar el atropellamiento de
no, sin embargo, del propio vehículo- no deja de ser Roland Barthes, mas siendo del todo irresponsable.
significativa. Para empezar, de la propia vulgaridad Como la caída de Troya, la demencia de Nietszche
e insignificancia del individuo, pues todo cambiaría o la génesis de U2, la muerte de Roland Barthes, tal
si se hubiera tratado de uno de los ex amantes del como la refieren las notas biográficas, es un mito,
semiólogo, de un obispo, de un travestido, de un una singularidad tautológica que presenta al cate-
menor de edad, de un alcohólico en pleno delirium drático de semiología encaminado hacia su muerte,
tremens, de un turista birmano sin permiso de con- la cual “encuentra” -de manera sólo en apariencia
ducir, de un hare krishna o del novelista exiliado Mi- accidental, sólo figuradamente “prematura”- al su-
lan Kundera. En tal caso, seguramente habría sido el frir un atropellamiento plenamente transitivo, la
vehículo el elemento desapercibido y olvidado, en- identidad de cuyo agente, el hombre que atropelló a
sombrecido por la notoriedad de su usuario. Quien, Roland Barthes, es eclipsada, anulada por la suprema
suponemos, es un varón francés de mediana edad, entidad del atropellado, con lo que el desdichado
ramplón y ponderable. Un soltero domiciliado en conductor queda asimilado a la estructura mito-sim-
París. Lector ocasional de Alexandre Dumas. Va de bólica como ciego instrumento del destino. De un
vez en cuando al cine, donde bebe coca-cola, aunque modo similar entran en el esquema mítico el lugar
prefiere quedarse en casa si llueve. Suda cuando ha- y el momento del suceso, que cumplen la función
bla por teléfono, sobre todo si es con su amiga (“ma de coordenadas simbólicas, anclando la mitología en
copine”), con la que hace raramente el amor, aún sin lo real, como si la muerte del semiólogo nos fuese
preservativo. Tiene un olor vulgar, una manera de netamente comprensible una vez ubicada en un es-
reír común, un acento típico. Es, en suma, un pro- cenario (la transitable Rue des Écoles) y una fecha
tagonista inapropiado, un sujeto quimérico, inopi- (el histórico mes de marzo de 1980, durante el cual
nable e inocuamente elidible. Un ente simple, poco se prolonga la agonía de un hospitalizado Roland
novelesco. Prosaico, mas de una prosa de la que ni Barthes, entubado para posibilitarle la respiración y
siquiera se alimenta la voracidad de los diarios. De acosado por “la foule qui se pressait dans les coulo-
ahí que la furgoneta -y no un turismo- de una lavan- irs”), cuya realidad y sentido son avalados por ca-
dería -y no de una zapatería o un supermercado, con llejeros, por enciclopedias, por calendarios -así es, a
todas las connotaciones, pues, que suscita este nego- propósito, como los sistemas de signos conspiran en
cio dedicado a eliminar esencialmente de la ropa de conjunto la ilusoria trama de verosimilitud en que el
cama y de baño las indeseables y repugnantes polu- entendimiento humano rumia su íntimo vacío.
ciones corporales de seres borrados, ellos también, Así es como, en fin, Roland Barthes deviene
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materia de cotilleo cultural, triturado por la misma


ideología subyacente que se esmeró en desvelar, por
cierta manera de pensar -o más bien de no pensar, de
dispensar de pensar, obteniendo no obstante pensa-
mientos y, lo que es más importante, la plena ilusión
del pensamiento-, cierta incurablemente romántica
factoría de ideas protésicas, de sabiduría trivial, de
“bruit de langage”, que ofrece a su masa de suscrip-
tores un ameno sucedáneo de Roland Barthes -de
Pablo Picasso, de Ludwig Wittgenstein-, instantáneo
y dietético, bien empaquetado y con instrucciones
de consumo e ingredientes adjuntos -crítico litera-
rio, filósofo, semiólogo, 12 de noviembre de 1915,
Cherbourg, temprana muerte paterna (sic), infancia
rural (sic), madre encuadernadora (sic), París, la Sor-
bonne, tuberculosis, lingüística estructural, pos-es-
tructuralismo, gay (“erotic encounters with boys in
Marocco”), muerte del autor, intertextualidad, S/Z,
Mithologies, moda, Japón, fotografía, seminarios, cá-
tedra del Collège de France, 25 de febrero de 1980,
atropellado “by a laundry van” (“laundry busines-
ses use a van to deliver almost their entire business
to the clientele they work for. Vans are also used to
shuttle people and their luggage between hotels and
airports, to transport commuters between parking
lots and their places of work, and along established
routes as mini-buses, as well as to occasionally run
over eminent semioticians”), 26 de marzo de 1980,
bibliografía-, apenas, y con todo, el mismo Roland
Barthes que, de manera desolada y profética, “récla-
me de vivre pleinement la contradiction de mon
temps, qui peut faire d’un sarcasme la condition de
la vérité.”HC

ALBERTO BRUZOS MORO nació en 1976 en


Ponferrada, España. Estudió Lingüística en la Uni-
versidad de León. Actualmente trabaja como lector
de español en la Universidad de Princeton, New Jer-
sey.
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Quiero ser un clásico marginal


Ramón Curtiz

Walden Tres, encontrar la edición original Novaro de los años se-


de Miguel Habedero. senta. Por supuesto yo tengo una que compré en el
Editorial Liebre de Marzo, México 2006. tianguis de la lagunilla a diez pesos y que está des-

R
pastada. Cuál no sería mi sorpresa que además estaba
firmada por el mismísimo Habedero con la siguiente
escatar clásicos marginales... Esa dedicatoria: Para mi gran amigo, Gustavo Sainz, ma-
es, creo yo, la aspiración suprema de estro de maestros. Acuérdate de Acapulco.
toda editorial independiente. En el A pesar del daño que ha sufrido, el libro es un
gran mapa de la literatura nacional, documento invaluable. Creo que en la portada, aho-
estos ríos subterráneos solían ser el ra perdida, aparecía la ilustración del interior de un
descubrimiento de unos pocos. La departamento, en un tono naive, en el centro una
paradoja de nuestros tiempos es que ventana, a la derecha una guitarra eléctrica y a la
los clásicos marginales (sin seguir siendo marginales) izquierda una máquina de escribir sobre una mesa.
aún provocan la misma excitación y nerviosismo en- Debajo de la mesa dos botellas de cerveza vacías y
tre los aparentes conocedores de la realidad literaria un cenicero. O al menos esa es la descripción que
nacional. Uno asiste a cenas donde la gente se da da Sandino Gómez en un artículo publicado en la
golpecitos en el codo como diciendo: “Yo sé que tú revista Páramos del Norte.
sabes que Francisco Tario es el mejor escritor mexi- Es una pena que Liebre de Marzo no haya con-
cano,” o donde se establecen secretas alianzas entre sentido reeditar el libro con la portada original de un
los “selectos” lectores que tuvieron una vez en sus artista anónimo y que, como las demás editoriales
manos la primera edición de El libro vacío, de Josefi- “independientes,” pequen de exquisitos al poner un
na Vicens. Rescatar clásicos marginales se ha vuelto bigote en la portada.
una carrera contra el tiempo. Y me pregunto qué Hay muchas cosas que reprochar al reciente
pasará cuando ya no haya más clásicos marginales trabajo de la editorial independiente, antes de co-
que rescatar. Qué sucederá cuando los estudiantes y menzar a hablar del libro, una de ellas fue que no
los aficionados a las letras ya no tengan ese vínculo respetaron la puntuación original del libro; es decir:
precioso que otorga el saberse parte de una cofradía ninguna. El intento de Aurelio Torres de ofrecer una
que, digamos, entiende por qué Francisco Tario es “coherencia tipográfica” me parece un insulto a las
tan bueno, aunque posiblemente no lo sea. exigencias del artista. A pesar de todo, el libro se lee
Sin embargo, no podría decirse lo mismo de la bien y, creo yo, un poco mejor que el original. Creo
editorial Liebre de Marzo, cuyo objetivo desde un que más bien hizo falta una edición crítica que de-
principio, como afirmó Aurelio Torres en entrevista sentrañase todas las referencias crípticas dentro de
para La Jornada, es “reeditar los clásicos marginales la novela.
de la literatura mexicana,” es decir, “aquellos libros Walden tres es la historia de Miguel Aboites un
que se han vuelto imprescindibles para adquirir una músico de rock que llega de Tijuana a buscar fama y
visión sensible e incluyente de la literatura del siglo fortuna en la ciudad de México. Su único equipaje
XX.” En dicho contexto, uno perdona el hecho de es el Walden de Thoreau, “una guía espiritual en la
que la primera reedición haya sido la del ya bastante jungla de asfalto” y una guitarra eléctrica. La cadena
revisitado Libro vacío de Josefina Vicens, y el segun- evolutiva que va desde el hombre que vive en sole-
do una selección, que deja bastante que desear, del dad, Walden de Thoreau, la comunidad utópica de
más revisitado aún Francisco Tario. Su tercera reedi- Walden dos, Skinner, y el intento de instaurar una
ción fue la de En las sombrías tierras de Gundalf, edi- comuna en una departamento de cuarenta metros
tado en 1972, de Francisco Parada, conocido entre cuadrados es más que obvio. Aunque Habedero
algunos especialistas como el “Tolkien mexicano.” haya dicho en una entrevista que desconocía la exis-
Sin embargo, celebro la aparición de Walden tres tencia de un Walden dos (todos conocemos la famosa
de Miguel Habedero, pues cada vez es más difícil anécdota sobre el título), creo que Habedero mentía
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o sembraba pistas falsas como ha sido siempre sucos- al departamento Walden tres en honor a las anterio-
tumbre. La pocas entrevistas que hay se contradicen res experiencias utópicas. (Es materia de otro ensayo
entre sí. Tambien cabe destacar la existencia de otro discutir las influencias del pensamiento político y
Walden tres publicado en 1979 por Rubén Ardilla, filosófico en la obra de Habedero) Demóstenes y
un colombiano skineriano, una especie de novela Aboites comienzan una vida libre de compromisos
autobiográfica. compartiendo la bebida y el tabaco, compartiendo
El objeto de Habedero era presumiblemente la incluso a las chicas que visitan el departamento, sin
experimentación con el lenguaje. Transcribo las pri- ningún conflicto interesante hasta que aparece Lily
meras líneas (que también son las finales, y que defi- Marlene (llamada así, creo, en honor a una canción).
nen en gran parte la circularidad del libro), donde se El personaje de Lily Marlene es, sin duda, el más
hace evidente su preocupación por los alcances del interesante de todos. ¿Cómo no iba a serlo si se trata
lenguaje para expresar los vericuetos de la condición de una mujer sin una pierna, que tiene sexo a todas
humana (respetamos la puntuación original): horas y que encima tiene un padre millonario dueño
de yates y lanchas en Acapulco? Aunque Walden tres
Escribo que escribo que escribo que escribo que es mayormente autobiografica, los críticos sostienen
escribo que escribo que escribo que escribo que es- que la escena de la persecución en lanchas es más
cribo que escribo que escribo que escribo que escri- bien una alegoría sobre el bien y el mal, y que deno-
bo que escribo que estoy escribiendo ta una fuerte influencia de Melville -esto debido al
dilema que representa llevar a cabo una persecución
El lector común podría preguntar: ¿Qué demo- de tales caracteristicas en el corazón de la Ciudad de
nios quiere decir eso? Pero para el lector especializa- Mexico. El mismo Habedero, en una serie de entre-
do el significado es obvio: el narrador se ha propues- vistas que sostuvo con el estudioso juarense Jaime
to, de entrada, hacernos parte de la imposibilidad Romero (Qué rollo con la onda, ése, v.3, UACJ, col.
del lenguaje tal y como él lo ve. En algún ensayo, Doble Hélice), no ayuda a aclarar el asunto:
Roland Barthes dice: “Mucho antes que Flaubert,
el escritor ha experimentado -y expresado- el duro -Ahora se me ocurre que lo que estaba intentan-
trabajo del estilo, la fatiga de las correcciones ince- do era transgredir el género, aunque en ese enton-
santes...” Como Barthes, podríamos decir: Mucho ces simplemente me parecía divertido que alguien
antes que Vicens, Bellatin o Elizondo, Habedero ya te persiguiera en una lancha y al mismo tiempo te
experimentaba el lenguaje como la imposibilidad del disparara con un fusil de asalto. Siempre he sido fan
lenguaje mismo. Lo que el lector común ve como de las armas.
una falta es, en realidad, el acierto de su cometido:
no escribir sobre el párrafo de la vida, sino sobre el Pero Habedero abusa de las licencias poéticas
margen donde nuestra conciencia plasma sus inen- que el género permite. Uno no se explica cómo es
tendibles garabatos. que el perseguidor podía estar “aferrado con las dos
manos al volante” y al mismo tiempo soltar ráfagas
Pero esa es sólo la primera frase, la que resume con un fusil de asalto. Lo cierto, sin embargo, es
su preocupación original. A partir de entonces, sin que la presecución en lanchas tiene un significado
embargo, es fácil desentrañar la trama pese a tratar- más profundo que el de siplemente huir como con-
se de un libro caótico en el que conviven las notas secuencia de un mal negocio de drogas. Quizá José
periodísticas, las canciones de rocancol y las frases Joaquín Blanco tiene razón al decir que:
tomadas del interior de una galleta china. Es por eso
que la edición original contaba con un apéndice ex- la persecución en lanchas es símbolo de una
plicativo, una suerte de esquema sobre la trama y los persecución mística, la búsqueda del amor por parte
personajes. de los protagonistas y la lenta pero irrefutable certe-
La trama es más o menos esta: Aboites conoce za de que el amor, en una sociedad corrompida por
a Demóstenes González (el nombre cambia cons- el capitalismo salvaje, es imposible.
tantemente: Demócrito, Demonoide, Demos), en
un bar de la colonia Roma; después de beber unas Reafirmando esta tesis, Habedero vuelve, con
cervezas deciden compartir un departamento y vivir prosa más brillante, a insertar una persecución en
según las ideas de solidaridad que durante la velada lanchas en su novela Caminos de desolación:
han discutido como dos hermanos. Deciden llamar
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Jacobo sintió que su lancha se elevaba y vio su


estela desaparecer entre las olas del río. ¿Los había
dejado atrás? ¿Era de nuevo libre? Un giro súbito
lo sacó de sus ensoñaciones. Las lanchas no son tan
estables como parece en las películas.

En suma, la reedición de este clásico marginal de


la literatura mexicana es algo que debemos celebrar.
Ahora, cuando la visión materialista de un mundo
sin ideales nos embelesa con sus cantos de sirena, es
necesario rescatar aquellos que defendieron una idea
humanista del mundo, defensa que escritores como
Miguel Habedero han hecho con sólo una vieja má-
quina de escribir y un frío y solitario six de cervezas.
Queda al público sacar sus propias conclusiones so-
bre la valía de este clásico marginal de la literatura
mexicana.HC

RAMÓN CURTIZ nació en Hermosillo, Sonora.


Estudió Letras inglesas en la Universidad
Nacional Autónoma de México.
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¿Es suficiente la belleza?


Francisco Roberto Pérez Martínez

La piel muerta estrategia: la elaboración de campos semánticos. A


de David Miklos lo largo del libro, leemos adjetivos que reiteran un
Tusquets, 2005, 83 pp.  sentimiento de vacío, soledad y desesperanza. Es-
La gente extraña trategia utilizada magistralmente por Proust en los
de David Miklos diversos tomos de En busca del tiempo perdido. Por
Tusquets, 2006, 115 pp.   ello, Antonio Ortuño al reseñar el mismo libro lo

L
  describe como un texto atmosférico y de tensión líri-
ca. Miklos crea postales en las que envuelve al lector
a novela no es más que un pretexto, en el ambiente de sus personajes:
La piel muerta y La gente extraña son
las excusas de David Miklos para di- Un retrato que nadie hace: Ingrid permanece en
vagar sobre la soledad y la melancolía silencio, una lágrima alcanza la comisura de su boca,
utilizando la escritura fragmentaria. sigue el curso del hilillo de la baba hasta el cuello,
No estamos frente a dos novelas sino a se pierde entre su escote. No tenemos nada que de-
una suerte de postales que son observa- cirnos, aunque las tres preguntas que le hiciera al
das desde diversas aristas y por diferentes individuos. médico sigan sin respuesta.
Mientras La piel muerta traza un paralelismo entre
un joven y la ciudad de Puerto Trinidad, La gente Párrafos y fragmentos como el anterior son co-
extraña narra la vida de dos personajes, Federica y munes: una serie de palabras (nadie, silencio, lágrima,
Matías, después de su encuentro aparentemente for- pierde, nada) que nos remiten al mismo sentimiento
tuito.  y una situación que reitera la suerte de naufragio (se
pierde en el escote, nada que decirnos, preguntas…
[La forma] sin respuesta). De esta manera se construye La piel
Las novelas están construidas de manera muy muerta. El mérito de este libro está en estos detalles
similar. En la ópera prima de Miklos, se nos narra el y en que el autor nos lleva de la mano en la lectura:
final desde el comienzo del libro: la tragedia ha suce- cada capítulo comienza con unos párrafos que nos
dido. De tal manera que cada fragmento desarrolla advierten del mundo al que nos sumergirá y cada
un ambiente sombrío que nos remite siempre a la campo semántico que desarrolla es precedido por
primera página. Es decir, una forma de determinis- una frase que nos alerta sobre la dirección a donde
mo que provoca melancolía o nostalgia: ya sabemos nos guía; por ejemplo:
qué sucederá y sólo podemos leer los fragmentos
como parte de un pasado mejor que el presente. La Siempre esperamos una despedida.
segunda novela del autor comienza con una reflexión
sobre la nada pero el siguiente apartado arranca con No me escucha llegar. Veo su espalda, la cabeza
un párrafo vertiginoso que nos permite vislumbrar cubierta por una mascada amarilla, pálida, una falsa
lo que vendrá. De nueva cuenta, el ambiente som- rubia. Descansa en el jardín, ante los rosales muti-
brío es anunciado al comienzo. Las dos novelas nos lados, un libro abierto sobre su regazo. Imagino su
remiten a un momento que es narrado por diferentes vista fija en las montañas del sur, reflejadas en las
voces, es decir, el autor nos muestra una postal que lentes oscuras de sus gafas. Me acerco a ella, despa-
es descrita desde distintas perspectivas y en diversos cioso, como una nube que se desintegra…
momentos.
La piel muerta es un libro bello y pulcro. Da- La forma en que está estructurada la obra per-
vid Miklos domina la técnica, es meticuloso en la mite que los fragmentos sean leídos pausadamente,
selección de los adjetivos que utiliza para describir brindando una sensación de silencio. La pulcritud
cada sustantivo. Sin embargo, es posible advertir su del texto y lo pertinente de las descripciones nos
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“aíslan por completo del ruido entre sus páginas”, se percibe cierta prisa en ser publicada mientras la
como señaló Tryno Maldonado en El Polemista. Los primera parece fue escrita con mayor paciencia.  
silencios de esta obra han valido varios aplausos para
Miklos.
Antonio Ortuño escribió en Letras libres: “[La [El fondo]
piel muerta] No es un experimento, sino un orga-
nismo”. Me parece que esta afirmación es parcial- Las novelas del siglo XIX aspiraban a ser obras
mente refutable. Es cierto, no es un experimento: maestras y deseaban construir catedrales de arqui-
la escritura fragmentaria es una estrategia utilizada tectura universal y totalizadora. El siglo XIX fue el
frecuentemente. Pero afirmar que es un organismo siglo de la novela. En este contexto surgió también
es contradecir la forma del libro. Se puede decir que la escritura fragmentaria, ahí están Mallarmé y Va-
la obra no deja cabos sueltos y cada historia se cie- léry. Los fragmentos enumeraban paradojas que las
rra de manera afortunada en las últimas páginas. Me novelas omitían en aras de una gran estructura. En
parece que la sensación de organicidad se da porque otras palabras, esta forma de escritura aspira a ser
Puerto Trinidad es descrito cabalmente y Bruno, el una catedral de arquitectura ecléctica. La escritura
protagonista, es abordado desde diversas aristas que fragmentaria sólo se hace fragmentaria deliberada-
permiten percibir como unidad. Definir este libro mente: analiza minuciosamente, examina, busca las
como un organismo sería arrebatarle su carácter frag- paradojas. No es azarosa, es el resultado de un ejerci-
mentario, restarle valor a cada una de las postales. cio de pensamiento deliberado.
Después de los aplausos recibidos, da la impre- En este sentido, en La piel muerta y La gente ex-
sión que David Miklos no corrió riesgos en La gente traña vence el esteticismo; no hay reflexión. Ésta es
extraña, de nueva cuenta están presentes la belleza, la desplazada por lo minucioso del lenguaje y la forma.
pulcritud, los fragmentos, los silencios y los campos En algunos pasajes las novelas se vuelven en extremo
semánticos. Esta vez lo hace con menos éxito. En Le- intimistas que brindan una sensación de exclusión,
tras Libres, Luis Bugarini escribió sobre esta novela, el lector se siente ajeno. Las historias poseen las vir-
“la estética del silencio corre el riesgo de volverse la tudes enumeradas arriba pero no hay voz alguna que
estética del tartamudeo, del estornudo y el tropie- nos invite a cuestionar algunos de los sentimientos
zo: muchas páginas de La gente extraña avanzan con que el autor aborda: todos sabemos que la tristeza
muletillas –gramaticales y de forma– y producen una nos brinda un sentimiento de vacío, de naufragio,
sensación de abulia.” Sin embargo, en esta novela se de desesperanza. Nos reitera de una manera estética
percibe un dejo más narrativo pues en la tercera y lo que sabemos. ¿Basta un par de buenas historias
cuarta sección Miklos comienza a construir historias para abordar de nuevo la soledad, la nostalgia y la
alejadas de fragmentos porque los protagonistas se melancolía?
separan y desenvuelven en su contexto, pero se de- Miklos no corre riesgos: nos envuelve en la his-
tiene bruscamente para intercalar voces y continuar toria pero no cuestiona; no deja un solo cabo suelto
con las postales. que nos obligue a detener la lectura para preguntar-
Para el lector que leyó la primera novela, La gen- nos si estamos o no de acuerdo con lo escrito. Nos
te extraña resultará monótona y menos imaginativa invita a pasar un agradable rato pero no propone ra-
pues conforme avance en la lectura de esta última zones, no profundiza, no inquieta. Nos deja a la de-
las estrategias del autor son predecibles y se repiten, riva de la estética, no soplan vientos de cavilación.
incluso en ocasiones la experimentación hace que ¿Es la belleza suficiente? Es la pregunta que pro-
la lectura se entorpezca. Por ejemplo, el autor juega pongo al posible lector de Miklos pues ambos libros
con el personaje de Matías pues éste nos narra las son bellos, no más.  
andanzas de Jeff y utiliza frases como: “Jeff piensa,
pienso, que en algún lugar del desierto debe haber
caballos”, “Como un epifanía, pienso que piensa FRANCISCO ROBERTO PÉREZ MARTÍNEZ na-
Jeff”, “No es difícil familiarizarse con el desierto, ció Aguascalientes. Estudio en el CIDE algo que no-
pienso que piensa: todo es semejante”; esta fórmu- sotros no comprendemos.
la es utilizada tan constantemente que en ocasiones
hace pesada la lectura.
La piel muerta opaca a La gente extraña por su
pulcritud y está mejor tejida, además, en la segunda
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Columnas
Un buen nombre para una columna es difícil de
encontrar
Por Miguel Habedero

imprenta y garrapateábamos nuestras primeras no-


Carta a un joven escritor marginal veluchas: Gustavo Sáinz y su Gazapo, José Agustín
con esa tierna novela llamada La tumba, y yo con
Walden tres. Te sorprenderás, querido y remoto mu-

M
Querido y remoto muchacho: chacho, si te digo que yo era el discípulo aventajado
de Juan Rulfo y Juan José Arreola (¡de los dos!) en
e dices que ganaste una una época en la que los aprendices debían tomar un
beca de la Fundación para las bando o el otro. Fue mi libro el primero que Juan
Letras Mexicanas, pero que te José Arreola propuso para la mítica colección Cua-
asusta dejar de ser un escritor dernos del Unicornio, honor que luego se le cedió a
marginal como hasta ahora lo una guapa y pretenciosa escritora de nombre Betty
has sido. Tu carta me ha emo- Mirror. En fin, en aquel año, 1966, solicité la beca
cionado porque a través de ella del Centro Mexicano de Escritores para escribir una
me he visto a mí mismo a los 20 años, tirado en novela. Gracias a mi encanto natural, había supera-
un oscuro callejón de Garibaldi buscando una re- do los obstáculos de los escritores provincianos que
pentina visión de la divinidad, con una botella vacía llegaban a la ciudad a probar suerte. Ahora era mi
de cerveza en una mano, y en la otra: El alba vesti- turno, y estaba dispuesto a aprovecharlo. Mis com-
da de cuero, la revista que cambiaría el rumbo de la pañeros de beca, que he nombrado arriba, estaban
poesía nacional. Tuve los mejores maestros que cual- todos reunidos en la vieja casona donde funcionaba
quier generación haya podido tener -Rulfo, Arreola, el Centro Mexicano de Escritores, una casa maltre-
Buda-; era un joven ambicioso y apuesto; becario cha de desvencijados libreros con las primeras edi-
del Centro Mexicano de Escritores (CEM), ahora ciones de mi otrora maestro John Cheever, que por
desaparecido. Quizá hayas escuchado anécdotas de entonces nadie conocía. Yo estaba suscrito al New
aquel tiempo, maestros como Juan Rulfo o Juan José Yorker, al Partisan Review, Harper’s y de vez en vez
Arreola, o la sonrisa bondadosa del maestro Mon- compraba el Atlantic Monthly.
terde. Acaso has escuchado de la emergente gene- Desde la primera sesión fue claro que en el taller
ración del 66, el número de la bestia: mi “cuatazo” había dos bandos: por un lado los preciocistas: Eli-
José Agustín, el “Chato Elisetas,” Julieta Campos, zondo, Campos y el pobre de Víctor de la Rosa; por
Amparo Dávila, el poeta de la Rosa, ahora olvidado, el otro, los “realistas,” por así decirlo: José Agustín,
como yo. Dávila y yo. Todavía recuerdo los argumentos que
Pero déjame decirte cómo fue, cómo es que to- usábamos para criticar nuestras páginas, o al menos
dos urdieron este complot contra mí. O déjame ha- recuerdo los del Chato Elizondo, que llegaba a las
cer la pregunta más sencilla: ¿Qué hice yo, Miguel sesiones vestido con una marinera, las solapas arriba,
Habedero, para que decidieran borrarme de la faz aunque estuvieramos en Mayo, y fumando Gitanes:
de la tierra? Pues si revisas con atención la lista de
becarios del CME, no encontrarás mi nombre. -Mira, Habedero, no sé qué obsesión tienes tú
con el lenguaje, pero no creo que vayas a llegar a
En aquellos tiempos la literatura mexicana bo- ningún lado.
yaba en su propio onanismo. Todos éramos jóvenes, -Explícate bien, Chava, tienes voz de pito.
algunos incluso (como Sáinz, Agustín y yo) éramos A Rulfo y a Arreola les encantaban mis salidas
casi unos niños, escribíamos palabrotas en letras de de muchacho francote y privinciano, mi aspecto de
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vaquero. Se miraban entre sí y se daban codazos cada Total, aquel era el ambiente que se vivía en las
vez que yo, el buen salvaje, decía alguna palabrota. sesiones del Centro Mexicano de Escritores y mi no-
Todos ahí eran los típicos productos de Meso- vela avanzaba contra viento y marea. Pero la vida
américa: bajitos, delgados, desnutridos. En el fondo es más dura de lo que uno cree y la literatura no es
supongo que me tenían miedo porque sabían que aquel paraíso que nos imaginamos a los veinte años.
no podían meterse conmigo, que podía destapar una A los dos meses comprendí que algo había cambiado
cerveza familiar con la hebilla de mi pantalon y va- a mi alrededor. Las críticas a mi novela se hicieron
ciarla de un sólo trago. más feroces, incluso por parte de mi “cuatazo” José
-Por ejemplo -decía Elizondo, bajo la mirada Agustín, y en especial de mis maestros. Sabía que
sarcástica de mi “cuatazo” José Agustín-, esta frase: alguien planeaba destruirme, pero ignoraba sus mé-
Escribo que escribo que escribo... etcétera, etcétera. Je todos. Se estaba urdiendo un complot en mi contra
ne comprend pas. y yo, al fin y al cabo, muchacho provinciano, sempi-
-Intento destruir el lenguaje, Chava. De eso se ternamente drogado, no tenía ni remota idea de lo
trata mi proyecto de beca. que me esperaba.

Arreola y Rulfo habían aceptado mi proyecto, Como dije, el proyecto de mi novela era destruir
muy interesados, cuando una tarde los abordé en la el lenguaje. Y todos los días de mi vida, desde que
Casa del Lago y les dije: abría los ojos hasta que los cerraba, me concentraba
en ese único cometido.. Para eso utilicé varios mé-
-Maestros, quiero destruir el lenguaje. todos: drogarme con todas las drogas que mi amigo
Demócrito González me podía conseguir; no dor-
Me miraron con temor, y asintieron, como dos mir durante días y de pronto sentarme a escribir una
monjes shaolin. Pero a Salvador, Julieta Campos y historia bajo los efectos de la vigilia prolongada; o
Víctor de la Rosa les enfurecía mi proyecto: adoptar la posición de loto y escribir escritura au-
tomática. A veces me auto inflingía diversas tortu-
-Por favor, Habedero. A ver, dime, ¿qué es lo que ras chinas para ver cómo resultaba mi escritura; u
entiendes por lenguaje? orinaba sobre papel en blanco y me ponía a ver las
-Mira, Chava, aquí hay dos bandos y tú pertene- manchas buscando alguna frase. Tenía sobre mi es-
ces al enemigo. Y además no hablo con tipos que se critorio una fotografía de Joyce y una edición pen-
emborrachan con la primera cerveza. guin del Tristam Shandy. Destruir el lenguaje, creía,
-Tranquilos, chavos -intervenía José Agustín-, era una técnica ultra realista para la descripción de
todos somos becarios. los objetos. Me reía de ese postulado en el que todo
-Me niego a discutir literatura con un tipo así era producto del lenguaje. De pronto me di cuenta
-dijo Elizondo, con la aprobación de la Campos y de que las palabras, las preciosas palabras, mis ami-
Víctor de la Rosa y sentándose de lado para darme la gas cantarinas, se interponían entre yo y mis obje-
espalda-. No es arte. tivos. Lo descriptivo tenía que incluir la totalidad
de la vida humana: comencé a incluir las notas de
Y así es como criticaba yo, ante el beneplácito la fonda donde comía todos los días, las frases que
de mis maestros: encontraba en los baños públicos, viejas canciones
-Julieta, estarás muy buena y todo lo que quie- que hablaban de amor, mi declaración de impuestos.
ras, pero esto no es literatura. Tirado en ese callejón de Garibaldi me encontraba
O: con un volante arrugado y pensaba que esa era el
-Señora Dávila, de verdad no sé quién le dijo elemento que faltaba en mi manuscrito.

U
que usted podía escribir un cuento.
O: na tarde mis maestros, Rulfo y Arreola,
-Cuatazo, ¿no te parece que todos tus personajes esperaban de pie en la reja de la casona
son unos cretinos; es decir, que se parecen demasia- del CME. Estaban ahí, flacuchos, con
do a ti? sus melenas al aire, sin decir palabra. Al
verme juntaron los hombros, como for-
mando una valla para impedir que alguien pasara,
en este caso yo.
  58    E n e ro 2 0 0 7    H e r m a n o c e rd o

-Miguel. mugrientos habrá uno o dos que decidan acabar


-Maestros, ¿sucede algo? contigo. Esto es lo que me sucedió a mí y este es
-Miguel -dijo Rulfo, en voz apenas audible-. Me mi testimonio. Ser un escritor marginal no signifi-
cuesta decir esto, pero no puedes pasar. ca necesariamente ser un hooligan y dejar de pagar
-¿Están fumigando? la renta. La destrucción del lenguaje sólo te traerá
Ambos sacudieron la cabeza, como diciendo penas. Inténtalo si te sientes capaz de soportar la so-
“Dios, este muchacho.” ledad y la marginación, la envidia y la vileza. Pero si
-No, Habedero -dijo Arreola, con su voz de viejo no te sientes capaz, entonces escribe para tus tutores
sabio chamánico-. Lo que Juan te quiere decir es que y gana premios.HC
ya no formas parte del taller. Dejaste de ser becario.
Me asusté. Había que pagar la renta del Walden
tres.
-¿Maestros?
Los vi mirar hacia otro lado. Luego suspiraron,
al unísono, y Rulfo me dijo:
-¿Cómo decirlo? Hemos llegado a la conclusión
de que tu trabajo no cumple con la calidad espera-
da.
Yo miré hacia todos lados, como preguntándo-
me si era a mí a quien le estaban diciendo eso; a lo
mejor me confundían con el Chato o con mi “cua-
tazo.”
-Está en el contrato, Miguel. Y todos estamos de
acuerdo en que no estás cumpliendo con lo señalado
en tu proyecto.
-Pero...
-Pero nada.
Aguardé un momento para ver si se trataba de
una broma. Miré hacia las ventanas y creo haber vis-
to cómo una se abría y dejaba escapar una mirada
amarillenta, inyectada de odio: Salvador Elizondo.
-Esto no se puede quedar así.
-Adiós, muchacho, y suerte -dijo Rulfo-. Deja
las drogas.

Pero yo di un paso atrás, junté toda la saliva de


la que es capaz un bebedor de cerveza allá en mi
pueblo, Parral, y solté un escupitajo que los abarcó
a los dos, tocando incluso el corbatín de payaso de
Juan José Arreola.

Esa fue la marca que dejé en la literatura mexi-


cana. Desde entonces, en aquella casa, se urdió un
complot para borrarme de la historia literaria nacio-
nal.

Y esta es mi primera lección, querido y remoto


escritor marginal: Nunca critiques a tus compañe-
ros de beca. Nunca de los nuncas. Tampoco escupas
sobre sus originales ni los avientes al piso para saltar
sobre ellos. No sabes si entre aquellos muchachos
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Nuestro hombre en Pyongyang


Por Kim Che-San

A partir de enero de 2007 comienza la columna Muchos ven esto como otro ejemplo de la calidad de
“Nuestro hombre en Pyongyang” escrita por nuestro re- Corea como una verdadera nación progresista que
portero estrella Kim Che-San. Mucho de este material acepta personas de todo tipo de vida.
es inédito en Occidente. Nos permite echar un vistazo — Diciembre 19 (juche 95)
a la vida cotidiana del hermano pueblo norcoreano, el
cual, a pesar de los embargos de la propaganda impe-
rialista, lucha por salir adelante.
Kim Jong-Il gana el liderazgo

La Asamblea del Pueblo paga el cambio de sexo El querido líder, Kim Jon-Il, gana el liderazgo de
nuevo, esta vez con 61.39% de la votación.
Corea es una de las primeras naciones en el mundo
que ofrece cirugía, libre de cargo, para reasignar de El primero de diciembre, los coreanos fueron
sexo a los ciudadanos. a las urnas para votar por sus representantes en la
Asamblea Suprema del Pueblo, como también por
Entre las muchas cosas estudiadas por el queri- su líder.
do líder, Kim Jong-Il, y sus grupos de científicos, se Sin mucha sorpresa, el querido líder, Kim Jong-
encuentra el reciente fenómeno del “gen de la con- Il, ganó para sí otro término de cinco años, con
fusión”; esto es: que alguien de cierto género, ya sea el Partido del Trabajo que una vez más se muestra
masculino o femenino, siente que es del sexo opues- como el más grande partido en la democráticamente
to allá abajo. electa Asamblea. Aún así, el Partido Socialdemócrata
Esta condición ha causado mucho sufrimien- de Corea, liderado por Kim Yong Dae, hizo algunos
to y depresión en un segmento de la población, y avances, ganando un sorprendente 32% de la vo-
ha sido regularmente desaprobado por la sociedad tación. Los resultados, y la distribución de los 687
como una especie de estilo de vida o una fase. Gra- asientos de la asamblea, quedaron de la siguiente
cias a la investigación del Gran Líder y sus brillantes manera:
científicos, ha sido descubierto que un cierto sector Kim Jong-Il - Partido del Trabajo - 61.39%-
de la población puede parecer hombre o mujer, pero 421 asientos.
mentalmente es de otro género. Con estos estudios Kim Young Dae - Partido Socialdemócrata de
completos, la Suprema Asamblea del Pueblo ha Corea - 32.05 % - 220 asientos.
movido al país para proveer gratis la cirugía de rea- Lee-Jung Mi - Partido Verde de Corea - 5.06
signación de sexo para aquellos que califican como -35 asientos.
confundidos de género. Ryu Mi Yong - Partido Chongoista de Chongu
- 1.50% - 11 asientos.
“Estas noticias no pueden ser más bienvenidas” Se espera que el partido socialdemócrata y el
dijo Han Jong-Ok, un transexual pre-quirúrgico, partido verde formen una coalición para darse a sí
“El querido líder no es sólo grande como líder del mismos más asientos en la oposición. Se espera que
país, es asimismo un brillante científico y un compa- el partido Chondoista de Chongu se acerque más al
sivo ser humano. Él realmente se preocupa por cada Partido del Trabajo.
persona de este país, sin importar quienes sean.” Una elección similar tuvo lugar en la imperia-
lista Norteamérica el mes pasado, los resultados de
Para calificar para la cirugía de reasignamiento de la cual fueron ampliamente reportados como nada
sexo, los aplicantes deben pasar una gran evaluación más que un espectáculo, una falsa elección.
física y mental utilizando los métodos científicos del
querido líder para descubrir si realmente están califi-  — Diciembre 3, 2006 (año juche 95)
cados (y listos para recibir) la revolucionaria cirugía.
  60    E n e ro 2 0 0 7    H e r m a n o c e rd o

Semana del cine norteamericano en Pyongyang ( Miercoles 25 - 7 pm & 9 pm)

En el filme “A Prairie Home Companion” dos En esta brutal pero altamente real película de te-
mujeres lloran en la miseria después de que los capi- rror, víctimas de los ensayos nucleares imperialistas
talistas terminaron con su querido programa de radio americanos que fueron conducidos ilegalmente en
y destruyeron su histórico edificio para crear un inútil su territorio confrontan a la escoria imperialista que
estacionamiento. los usó como conejillos de indias.

La próxima semana en Pyongyang, los ciudada-


nos tendrán la oportunidad de ver un lote completo In America
de películas de Americanos que nunca han sido vis- ( Jueves 26 - 7 pm & 9 pm)
tas en este país, y que han sido altamente censuradas
en América debido a sus contenidos. Ahora serán Una familia europea emigra a América con gran
presentadas aquí sin censura por primera vez. Estas esperanza tras un lavado de cerebro debido a horas
son películas que presentan un mensaje duro en va- de propaganda. Al llegar, sin embargo, son forzados
rios géneros distintos: drama, horror, comedia, et- a vivir en condiciones de pobreza incluso peores a las
cétera. Todas las proyecciones ocurrirán en el Teatro de antes, y en condiciones de vida que no son apro-
del Día de la Liberación Patria en Pyongyang, con piadas ni para un perro. Pese a todo esto, la familia
horarios indicados junto a cada película. intenta permanecer esperanzada, con las dos hijitas
inspirando a sus padres para sacar lo mejor de su
mala decisión.
A Prairie Home Companion
( Lunes, 23 - 7 pm & 9 pm)
Saved!
La triste historia de la última emisión de un pro- ( Viernes 27 - 7 pm & 9 pm)
grama de radio histórico que dentro de poco será
cancelado por capitalistas que desean destruir el mo- Una comedia sobre una adolescente embarazada
numento histórico desde donde es transmitido para que es convertida en paria por los fanáticos religio-
construir un parqueadero. sos locos de su pueblo. Los habitantes del pueblo
No sólo destruyen el estudio, sino que arruinan creen en un estúpido “hombre grande en el cielo”
el entretenimiento de millones de oyentes del pro- e intentan forzar sus creencias religiosas opresivas y
grama de radio. Esta película prueba hasta dónde falsas a cualquiera, incluyendo enviar adolescentes
pueden llegar los capitalistas con tal de oprimir a embarazadas y homosexuales a campos de concen-
otros por su propio beneficio. Aunque el estudio va tración para “educarlos”.
a ser destruido, el malvado imperialista comprende
lo que le espera, demostrando el antiguo refrán: “Lo Dogville
que por agua viene, por agua se va.” ( Sábado 28 - 7 pm & 9 pm)

Un film no muy sutil sobre los peligros del im-


Erin Brockovich perialismo americano. Una mujer en problemas llega
( Martes 24 - 7 pm & 9 pm) a un pequeño pueblo, donde inicialmente la enga-
ñan dándole la bienvenida a la comunidad. Pronto
Una mujer valiente lucha contra los imperialistas descubre que sus habitantes tienen otras motivacio-
que envenenaron familias para mejorar sus ganan- nes, mucho más oscuras, incluyendo esclavitud y
cias y luego mintieron sobre sus crímenes cuando la violación. Este film refleja la situación de muchas
gente empezó a enfermarse. Basada en una historia víctimas de la propaganda Americana que inmigran
real, ella expone la escoria capitalista y gana una ba- allá, para ser inicialmente bienvenidas y luego escla-
talla en nombre de la gente del mundo. vizadas en pobreza y miseria. También tiene un final
poderoso e ideal.

The Hills Have Eyes Do The Right Thing


  61    E n e ro 2 0 0 7    H e r m a n o c e rd o

(Domingo 29 - 7 pm & 9 pm) 16-NE Psapp


“Hi”
Negros americanos se rebelan contra el racismo 17-13 Bae Cho-Won
imperialista que los ha forzado a vivir como ciuda- “Si nuestro partido decide, nosotros también”
danos de segunda clase en los podridos guetos de 18-19 Lisa Miskovsky
América. “Mary”
19-20 La viejas lesbianas de Choson.
Todos los filmes serán mostrados en el idioma “(Aguanta, Pueblo) El socialismo va a liberar-
original con subtítulos en coreano. te”
20-16 Lee Ji Ma
“Por favor acepta nuestro saludo, querido lí-
Los Top 20 del chart coreano der”

El Colectivo de Granjeros del Noroeste es el núme-


ro uno con su primer sencillo.  Reportando para HermanoCerdo,

01-06 El colectivo de granjeros del noroeste  Kim-Che-San


“El método Juche de cultivo es el único mé-
todo”
02-06 Latoya Jackson
“C’est La Vie”
03-03 MC Cho
“Amo a los americanos (odio a los imperialis-
tas)”
04-05 Hong Sae-Mi, Feat. MC Cho
“La estrella dorada de la patria”
05-02 Kim Yonk Yok
“Juntos en defensa del socialismo 06”
06-08 Banarama vs. Kim Yong Yok
“Juche en primer grado”
07-11 La asamblea coreana de protección an-
tifascista
“Bombas sobre la ciudad de Nueva York”
08-04 The Pipettes
“Pulp Shapes”
09-14 Scissors sisters
“I don’t Feel Like Dancin”
10-12 El ataque de los tiburones del río Tumen
¡Baila! (da todo por la madre patria)
11-07 Señor Jong-Sung
“Estoy ciego (pero aún puedo ver la Revolu-
ción)”
12-15 Kasabian
“Empire”
13-NE. Lee JIn y los héroes de Songun
“Recojamos hojas de zarzamora”
14-17 Lily Allen
“Smile (Censored Version)”
15-09 Bob Sinclar
“Everybody Movin’”
  62    E n e ro 2 0 0 7    H e r m a n o c e rd o

Miscelánea
LA CASA DE TODOS LOS COLORES Me desbordé en llanto junto con él. Luego tomé
un poco de aire y lo corrí de la habitación. A la ma-

S oy accesible pero tengo mis límites. ¿Por qué, si tú


pides una limonada con agua natural te la traen
con mineral? El servicio fue un asco pero me la pasé
ñana siguiente, que por suerte era sábado, bajé en mi
bata de seda. Debí haber dormido profundamente
porque no noté cuando Marco entró por sus cosas
bien. Platicamos de todo. Como íbamos solas, Lucy, para bañarse. Estaba en la mesa del jardín esperán-
Zamanta y yo, sin esposos ni hijos, nos quedamos dome para desayunar. Tomé asiento, le pregunté por
ahí durante horas y hablamos de hasta cuando éra- los niños. Me dijo que Karlita había ido a ensayar
mos niñas. Curioso, porque entonces me acordé de con su amiga, y que Josué ya había desayunado y
una casita de muñecas que yo misma había hecho estaba en su cuarto.
con varias cajas de zapatos de mi mamá, que en paz -Tienes que hablar con él –le insistí.
descanse. Me acuerdo que la decoré con cortinitas -Antes debemos hablar tú y yo –respondió.
y cuadros muy elegantes – recortes de revistas –: La plática fue tan larga como hiriente. Temí
el techo estaba lleno de confeti, porque siempre era desmayarme en varias ocasiones. Marco trató de ser
navidad. Me acuerdo que compré pintura de mu- gentil, pero yo me deshilaba por dentro. Me dijo
chos colores para poner uno distinto en cada pared. que había mantenido una relación clandestina con
Parecía una casa hecha de arcoiris. Cuando la termi- alguien más, con Alex, dijo. Yo le pregunté que de
né, hice pompas de jabón para que llovieran sobre la dónde era esa tal Alejandra, y por qué tenía que ve-
casa. Nos reímos mucho cuando se los platiqué. nir a destruir mi familia. Él me corrigió: su nombre
Regresé cansada por el tráfico. No esperamos completo era Alejandro, no Alejandra. Yo dije, Ay,
a Marco. Le pedí a Maru que nos sirviera de una porque no suele hacer ese tipo de malas bromas. Nos
vez la comida, porque yo nada más tomé café –nada quedamos callados durante largo tiempo. Y aunque
de pan, todas estábamos a dieta–. Karla estaba muy todo en mí se hundía sin remedio, tomé fuerza al
emocionada porque iba de hacer de Julieta en una pensar en los niños.
obra de la escuela. Comía con delicadeza, según ella -¿Nuestros hijos lo saben?
para “interiorizarse en el personaje”. A mí me pare- Se encogió de hombros e insinuó una leve son-
ció perfecto que dejara de comer como una troglodi- risa con sus labios rosas. Decidí seguir con él, por
ta. Esa niña no tiene modales. Josué, como siempre, los niños. Una casa sin padre, el que sea, siempre es
triste, con una carita de niño regañado, distraído. Le horrible. Además los niños no lo soportarían. Deci-
he dicho a Marco que hable con él. No quiero verlo dimos seguir con la farsa. Esa farsa que hasta hace
así ahora que venga su cumpleaños. Karla no aceptó un día era mi realidad.
postre, se fue volando a casa de una compañera a
ensayar. Maru se fue a la cocina y yo me quedé sola. La mañana y el día siguiente transcurrieron.
Bueno, con Josué, que es lo mismo. Terminó su pos- Karla todo el tiempo ensayando en casa de su amiga
tre y sin decirme nada, subió a su cuarto y se encerró Nadia y Josué encerrado. Marco y yo éramos dos
a oír su música. desconocidos que tenían que dormir en el mismo le-
Estaba en la cama, leyendo el nuevo libro de Co- cho noche tras noche. Luego, algunas semanas des-
hello. Se oyó el carro de Marco y luego un portazo. pués, la marea bajó. Cierto que irremediablemente
Yo me exalté, por supuesto. Al entrar a la habitación perdí a mi marido, pero recuperé al amigo, al con-
trató de desvestirse sin tambalear; se metió entre las fidente al que una noche le entregué mi vida entera
sábanas dándome la espalda, y comenzó a llorar. Le con un “sí”. Supuse que con los años, después de que
pregunté qué había sucedido. Le insistí hasta que los hijos se van de la casa, sólo queda la compañía
obtuve de él esas dos palabras que cambiarían mi del otro. Nosotros sólo nos habíamos adelantado,
vida: eso era todo.
-Me dejó. Con la confianza renovada, una noche le pedí
a Marco hablara con Josué. Pobre, siempre tan soli-
  63    E n e ro 2 0 0 7    H e r m a n o c e rd o

tario. Cada vez que veía sus manos largas y blancas razón mía. De momento no quise escucharlo.
y sus ojos grandes y tristes me entraban ganas de No sé cómo Mariano se hizo buen amigo de
llorar. Marco accedió. Marco. A veces iba a verlo y cuando regresaba me
daba noticia de mis hijos. Estaban bien. Yo lamen-
A la mañana siguiente Maru había servido el taba no estar con ellos. Los extrañaba, y a Marco
desayuno. Josué lucía un aire distinto, miraba a su también. Quizá ya era tiempo de volver, pero algo
padre con cierto brillo en la mirada que bien le co- me retenía.
rrespondía Marco. Sin acordarlo, acabamos el desa- Una mañana me estaba duchando cuando escu-
yuno lo más prontamente, a sabiendas de que Josué ché que la puerta se abrió. No me dio tiempo de
tenía algo que anunciarnos. Esperamos a que diera preguntar ni de avisar que estaba a punto de salir.
el último bocado. Miró nuevamente a Marco, quien Mariano entró a la regadera. Atónita le escuché de-
asintió con la cabeza y colocó su mano sobre el hom- cirme algo, aunque no supe qué. Me rodeó con sus
bro de mi pequeñín. Josué bajó la vista y titubeante brazos de bronce y me besó con los labios cerrados.
dijo: Yo traté de salir pero él me retuvo y sujetó mi cuer-
-Mamá... soy gay. po fuertemente contra el suyo.
Marco me tomó de la mano, pero inmediata- -Por favor, no me violes -imploré.
mente la retiré. Josué me pareció un completo des- -Entonces házmelo tú a mí –propuso.
conocido. Miré a Karla, mi niña chiquita. Ella puso No sé qué me sucedió. Me sentí ultrajada, me
sus negros ojos sobre mi rostro fijamente y me dijo: sentí utilizada, me sentí satisfecha, pese a que aquel
-A mí ni me veas. Nadia y yo somos pareja. hombre sólo me había besado mientras restregaba su
Cuando recobré la razón, Zamanta y un joven, cuerpo contra el mío. Quizá fue para recuperar algo
que luego me enteré se llama Mariano, me cuida- de esa autoestima que había perdido en días anterio-
ban. Estábamos en mi habitación. Ella me puso una res. Mariano salió de la regadera sin decirme más. Yo
compresa fría en la sien y me dio una pastilla. Dijo inmediatamente traté de olvidarlo. Sé que Zamanta
que Marco la llamó desesperado y que vino de in- sabe algo de lo que sucedió, no me hizo el mayor
mediato. Los demás, refiriéndose a esos extraños con reproche.
los que ahora vivo, esperaban en la sala a que yo me Regresé a casa unos días después, pero no dejé
recuperara. Mariano salió de la habitación para dejar de ver a Zamanta ni a Mariano. Salíamos juntos a
que yo desahogara mis penas con Zamanta. Ella me todas partes. Marco seguía deprimido por el tal Alex.
propuso irme un tiempo con ella mientras mi mente Cuando Josué dejaba libre el teléfono, porque de la
se despejaba, aclarándome que de momento estaba noche a la mañana se había vuelto popular en toda
viviendo con aquel muchacho. Yo no quería moles- la escuela, Marco intentaba que su ex le contestara.
tarlos, pero finalmente accedí. Castigué a Karla porque le encontré una cajetilla de
Tenían un jardín grande y a su casa entraba mu- cigarrillos. Se lo advertí: no me gusta que fumen.
cha luz. Todo era armonía. Zamanta y yo revivimos Pero a ella le encanta retarme. Para darme a respetar,
esos tiempos de juventud en que se quedaba a dor- como la madre que me tocó ser, comencé a dejarla y
mir en mi casa y fantaseábamos cómo seríamos de pasar por ella al colegio. Conocí a Nadia, al parecer
grandes y esa clase de tonterías. Siempre había vis- una buena muchacha, pero no les permití salir ni
to a Zamanta algo excéntrica, desprejuiciada, pero verse durante las tardes. Algunas veces hay que ser
también era muy bondadosa. Mariano era respetuo- una bruja para que te respeten.
so y servicial. Era mucho más joven que nosotras, Si no era Zamanta era Mariano el que me lla-
pero tenía una mirada llena de sabiduría. Aparte de maba por las tardes. Como Karla siempre convencía
su porte tan gallardo, claro. a Maru de mentirme para escaparse con Nadia, y
Después del divorcio, Zamanta se dedicó a “re- como Marco regresaba hasta muy noche, no podía
tomar su vida”, según sus palabras. Mariano apa- dejar la casa. Entonces ellos me visitaban. Después
reció entonces, como una ráfaga de vida, como un de esa vez, Mariano y yo no habíamos vuelto a acer-
sueño hecho realidad. Porque aparte de su... trabajo carnos de esa manera. Nunca lo hablamos. Me hu-
nocturno, donde la conoció, de día estudia derecho biera muerto de vergüenza. Ay, lo bueno es que los
y es un buen hijo de familia. tres actuábamos civilizadamente. No íbamos a dejar
Marco llamaba diariamente para preguntar por que unos instantes de placer desbocado y furioso
mí, pero siempre me negaba a contestarle. Zamanta arruinaran tan bonita relación.
o Mariano, según quien estuviera en casa, le daba
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Mariano, Zamanta y Marco confabularon para Una vez arriba, en el cuarto, me tomó de ambas
que yo levantara el castigo a Karla. Unos minutos manos y me pidió irme a vivir con ellos en trío. Za-
después tocaron a la puerta. Era Nadia con un traje manta estaba allí y trató de convencerme. Dijo que
sastre muy lindo, zapatos bien boleados y dos cajas seríamos muy felices y que yo podría seguir viendo
de chocolates. a mis hijos las veces que quisiera. Yo les dije que no
-Para usted y para su hija. podía ser, que a fin de cuentas… a mí me había toca-
Fue una gran cena familiar. Esa muchacha es do ser la esposa, era una mujer casada y esas cosas.
muy agradable. Además, hace que Karlita se com- -Pero ya le pedimos permiso a Marco. Dice que
porte como toda una dama. Nos invitó a ver la fun- no te preocupes, te va a seguir manteniendo.
ción de la escuela, cosa que mi hija no había hecho. Lo reconsideré y ¡Ay! Todo fue tan extraño… De
Todos quedamos en ir. La pasamos tan bien que repente me vi bajando las escaleras, descalza. Había
Marco propuso hacer una gran fiesta en el cumplea- tanta gente que no podía avanzar. Inútil pedir per-
ños de Josué, que ya era la semana entrante. miso porque nadie me escucharía con tanto ruido,
porque era eso, ruido y no música. Karla y Nadia me
El miércoles fuimos a la representación de Ro- saludaban desde el otro extremo de la casa –se veían
meo y Julieta. Yo creo que Karla olvidó algunos diá- ridículas vestidas así. De pronto vi a un muchacho
logos o se envenenó antes de tiempo, porque a partir levantar una manta de colores. Todos gritaban. Era
de que ella tomó del frasquito, los demás actores no horrible. Comencé a gritar pero nadie me escuchó.
supieron bien qué hacer. Se veían muy nerviosos y No sé de dónde apareció Marco que gritaba mientras
comenzaron a tartamudear y a improvisar. No hace yo sentía cómo se encajaban mis uñas en su piel.
falta ser una experta para notarlo. De todas maneras -¿Qué te pasa? ¿Te sientes bien? –preguntó Za-
les quedó muy mona la obra. Resultó que Nadia era manta haciéndome regresar a la realidad.
la encargada de luces y efectos especiales. No enten- -Sí, creo que sí –respondí obnubilada.
dí entonces para qué tanto ensayo. Al final, Josué, -¿Quieres que bajemos a la fiesta?
Marco y Mariano les llevaron ramos de rosas rojas al -¿Tu crees que en tu casa cabrá toda mi ropa?
camerino. No se las entregaron porque estaban algo 
ocupadas. No me explicaron más. Luego las lleva-  — Sergio Loo
mos a comer. Ahí le pegunté a Nadia por su familia,
porque aunque parecía que sí, quería cerciorarme de
que venía de una buena. Karla me dio un golpe leve
bajo la mesa. Nadia me explicó que sus padres no
apoyaban su deseo de dedicarse al teatro y por eso Recuerdo necrológico de Carlos Hevia
no asistieron. Eso me pareció inhumano.

Finalmente el gran día de la fiesta llegó. La casa


se inundó de muchachitos. Josué conocía a toda
la ciudad. Karla y Nadia estaban caracterizadas de
E n 2006 murió el escritor Carlos Hevia. Este
Montevideano es abordado en un escueto texto
que aparece en La literatura Nazi en América. Más
Romeo y Julieta. La fiesta no era de disfraces pero allá de las limitaciones temporales que tuvo Bolaño
muchos parecían salidos de otro mundo. Zamanta para describir la muerte de Hevia - la cual sigue sien-
y Mariano le regalaron un pastel enorme. Marco do un misterio -, cabe hacer una suerte de glosa a la
servía las bebidas. Yo le dije que fuera midiendo, mención que hace el desaparecido escritor Chileno
que no dejara que se emborracharan. Estaba muy de la novela de Hevia titulada El Premio de Jasón.
divertido atendiendo y poniendo discos de nuestros Como lo afirma Bolaño, esta es una fábula en la
tiempos. Cualquiera pensaría que era música inade- que se afirma que la vida en la tierra es “el resulta-
cuada, pero no, todos estaban bailando y gritando. do de un fallido concurso televisivo intergaláctico”.
Eso sí, los niños con los niños y las niñas con las Con los años, este argumento se convirtió en una
niñas. Mi casa se llenó de confeti y mantas con los obsesión para Hevia; antes que exorcizar algún fan-
colores del arcoiris. Todos bailaban y se divertían. tasma, la escritura de dicha obra y el distanciamien-
Mariano me tomó de la mano y me hizo subir al to ocasionado por el tiempo, le hicieron germinar
cuarto. Yo sabía que me tenía una sorpresa. Es un una fijación que se vio reflejada en la nada rigurosa
hombre súper detallista. No podía faltar un pequeño recolección de datos cuyas fuentes eran revistas so-
presente para mí ese día. bre ovnis y esoterismo - en su mayoría provenientes
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de España. Es así como escribió en 2003 un docu- dentro del círculo cerrado que lo conectaban direc-
mento cuya publicación se realizó mediante fotoco- tamente con el autor inglés, ni tampoco los ataques
piado, en el cual hizo una serie de aclaraciones que a su supuesto giro de noventa grados, a tal punto
anexó a su obra, enfatizando que la vida en la tierra que muchos lo calificaron como un neo marxiano,
fue un realiti Show de proporciones intergalácticas. de esos que en las últimas décadas habían pululado
Así mismo, no faltan las líneas en las que insinuó en Europa y que comenzaban a ser imitados en toda
arrepentimiento por su apresuramiento con la pu- América Latina.
blicación de la novela, y aún hoy se dice que tuvo Hevia no tuvo más remedio que hacer una acla-
momentos en los que afirmó querer tomar cada uno ración a su anexo - también fotocopiada, pero de la
de los ejemplares de El premio de Jasón y quemarlos. cual no queda un sólo ejemplar, entrando a la tra-
Las dos o tres fotocopias que quedaron de ese anexo, dición oral y el chisme del círculo Montevideano
estuvieron flotando por distintas librerías de Mon- que frecuentaba - , en la cual expresaba que darle
tevideo, hasta evaporarse. un giro a su obra no era algo novedoso, pues antes
Luego de dar a conocer este escrito, Hevia fue Heidegger y Nietzche habían hecho lo mismo, estas
interrogado inquisitivamente por uno de sus cono- palabras fueron tomadas con burla por los intelec-
cidos en las míticas tertulias que realizaban en el país tuales que lo conocieron, haciendo hincapié en la
oriental algunos estudiosos de la Revista de Historia falta de modestia de un escritor de medio pelo como
Contemporánea , quien le preguntó si se había inspi- el montevideano.
rado en Orwel, a lo cual Hevia contestó airado que A pesar de todos esos avatares, su vida más clara
jamás habría de valerse de un tipo que era aún más y pública continuó siendo la misma: Trabajó en car-
peligroso que los mismos comunistas, que no había gos intermedios en distintos programas periodísticos
nada más rústico, por no darle otro nombre, que de Uruguay, y prosiguió su ardua traducción de las
esa febril defensa de la libertad y de eso que llama- obras del filósofo Étienne de Saint Étienne.
ban individualidad, que la realizada en los libelos de 
ese tipo. Pese a su defensa, no faltaron comentarios  — Andrés Felipe Escovar

Hermano
C E RDO