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General Guido, 9 de septiembre de 2021

AL GERIÁTRICO, ENVIEMOS A LA IGNORANCIA


Cuando parecían agotadas las referencias absurdas a la actividad
agropecuaria, con estupor, celebramos la creatividad de quienes
desconociendo tanto al campo y gente, terminan demostrando, aún con orgullo
y porfía, su vocación dañina.
Queda más que clara la autoría de las medidas vigentes en contra del comercio
normal de las carnes. Y que la intención es sostener un conflicto que sólo hará
que perdamos todos. Primero los productores, y al final los consumidores.
Ahorremos tiempo: no escuchan. No les interesa resolver su error. Por eso le
hablamos a la comunidad: el campo no es un geriátrico. Profundicemos sin
eufemismos.
Como en todo ciclo de vida, y como en todo esquema productivo, la ternera
nace, si su condición es apropiada, se la reserva para madre con todo lo
sanitario y genético que conlleva, y obvio, alimentación y manejo bajo pautas
de buen trato animal. Se convierte en vaquillona, si logra la primera preñez,
será madre y pasará a ser vaca. Esa vaca, podrá lograr una, dos o tres
pariciones más. Pasan años. Al final de su ciclo, y cuando el consumidor
argentino dio cuenta de carnes jóvenes y engordadas en su plato, esa vaca
queda en el campo, sin destino, camino a su muerte. Sin embargo, poder
exportarla, implica evitar su muerte en el campo, darle un destino final
productivo, evitar el impacto ambiental que conlleva y además, hacer funcionar
una cadena de frigoríficos y trabajadores que se prepararon sólo para esa
categoría.
Porque al consumidor argentino le gusta la carne de bovinos más jóvenes,
suplementados o engordados a corral.
Posiblemente, pocas propuestas en estas elecciones del domingo próximo y de
noviembre contengan un claro mensaje como espera el sector agropecuario.
Celebramos el acto democrático, como una fiesta cívica. Pero, desde esta
entidad, convocamos a nuestras comunidades del interior a reflexionar
profundamente en estos temas que nos hunden en discusiones sin sentido.
Salvo la ideología absurda, los demás perdemos todos. Mandemos al geriátrico
a las viejas ideologías enfermas de irracionalidad.