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Los subsidios no bastan

El plan de incentivos al empleo juvenil reportó un buen arranque, pero se


requieren abordajes más estructurales
e integrar otros actores.
Francisco Miranda Hamburger
Director de Portafolio
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POR:
 
FRANCISCO MIRANDA HAMBURGER
Hace pocos días el presidente Iván Duque dio el primer balance del programa de Empleo
Juvenil: 55.103 jóvenes entre los 18 y 28 años, contratados por unos 4.801 empleadores, ya
están recibiendo un subsidio equivalente al 25 por ciento del salario.

Esta iniciativa, lanzada el pasado primero de julio, está en el corazón del paquete de
medidas del Gobierno Nacional para crear puestos de trabajo para esta población.

Se ha repetido hasta el cansancio que el segmento juvenil, junto al de mujeres, han sido de
los más afectados en términos laborales por la pandemia del coronavirus.

Incluso ahora, en medio de la recuperación de empleos generada por la reactivación de la


economía colombiana, el desempleo de los jóvenes continúa alto y baja a un ritmo más
lento.

El más reciente reporte del Dane registra entre mayo y julio de este año una tasa de
desempleo de personas entre 14 y 28 años de edad del 23,3 por ciento. Si bien ha caído más
de seis puntos porcentuales en comparación con el mismo período del año pasado, este dato
implica que hay más de 1,58 millones de jóvenes desocupados en el territorio nacional. A
lo anterior se añaden aproximadamente 5,7 millones de jóvenes inactivos, que también
merecen atención.

El Gobierno tiene, además del plan de subsidios a la nómina, otros aspectos de su estrategia
de empleo juvenil como incentivos tributarios, capacitaciones para desarrollar habilidades
requeridas por el mercado laboral y espacios en las inversiones públicas en infraestructura,
entre otros. No obstante, la misión de crear suficientes puestos de trabajo para los jóvenes
colombianos es desafiante y debería mantenerse dentro de las prioridades ejecutivas del
último año del cuatrienio.

Aunque este primer balance del programa nacional de Empleo Juvenil puede considerarse
un buen arranque, está lejos tanto de las necesidades nacionales como de las propias metas
del Gobierno: 100 mil en diciembre y 600 mil jóvenes beneficiados totales, de acuerdo al
presidente Duque.

Es evidente que la estrategia debe acompañar estos subsidios a las empresas con otras
apuestas más estructurales, no sujetas a la emergencia y que integren a otros actores como
las universidades y centros de formación técnica y tecnológica, las mipymes y el
ecosistema de emprendimiento.

Las empresas y sus demandas de personal están claramente en el centro del plan ya que son
las que generan esas plazas para los jóvenes.

Una política de ayuda empresarial a la formalización y a los recursos para sobrevivir y


reactivarse podrían atarse a los incentivos de creación de puestos de trabajo. Sin embargo,
la pandemia no hizo más que agrandar una brecha ya existente entre las habilidades y
conocimientos de los jóvenes y las necesidades y demandas del mercado laboral.

Capacitación y formación en bilingüismo, mayores habilidades digitales y otras habilidades


blandas -que las empresas de todos los tamaños han empezado a requerir a partir de la crisis
de la covid-19-, deben integrarse a los esfuerzos gubernamentales para el empleo juvenil.

El impulso de los subsidios es bienvenido - y un número mayor de empresas debe


postularse al programa- pero, al responder a la emergencia, deben diseñarse con un tiempo
de expiración determinado.

También es momento de abordar potenciales refuerzos a iniciativas ya existentes como


Jóvenes en Acción. Por ejemplo, una conexión de esas transferencias monetarias a
estrategias de inclusión productiva. La pandemia cambiará algunos aspectos del empleo y
el Gobierno, las empresas y el sistema educativo deben ayudar a la población joven
colombiana a adaptarse.

Francisco Miranda Hamburger


framir@portafolio.co
Twitter: @pachomiranda