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EL MOSQUITO Y EL TORO

Un mosquito voló por el prado y se posó en la punta del cuerno de un


enorme toro. Después de descansar por un buen rato, se preparó para volar.
Pero antes de irse se acercó al oído del toro para disculparse:

— Lamento haber usado tu cuerno como lugar de descanso. Debes estar


muy contento de que me vaya ahora —dijo el mosquito.

El toro levantó la vista y respondió con indiferencia:

—Pequeño mosquito, gracias por compartirme tan grandiosa disculpa. Pero


piensas demasiado bien de ti mismo. ¡Ni siquiera me di cuenta de que
estabas allí!

Moraleja: Para muchos, la vanidad es reflejo de la ignorancia.


EL MURCIÉLAGO Y LAS COMADREJAS

Un murciélago cayó al suelo y de inmediato fue atrapado por una comadreja


que detestaba las aves. Viéndose a punto de perecer, le suplicó a la
comadreja que lo dejara vivir. La comadreja se negó, diciendo que era su
naturaleza ser enemiga de todas las aves. Resuelto a no darse por vencido,
el murciélago le aseguró que no era un ave sino un ratón. Dudosa, la
comadreja se acercó al murciélago y al notar que este no tenía plumas, lo
dejó en libertad. A los pocos días, el murciélago volvió a caer al suelo y fue
atrapado por otra comadreja. Sin embargo, esta comadreja sentía una gran
hostilidad hacia los ratones. Nuevamente, el murciélago rogó por su vida. La
comadreja se negó, afirmando que desde el día de su nacimiento es
enemiga de todos los ratones. El murciélago le aseguró que no era un ratón
sino un ave. La comadreja se acercó al murciélago y al observar sus alas, lo
dejó volar. Fue así como el murciélago escapó dos veces.

Moraleja: Es de sabios adaptarse a las circunstancias.


EL LEÓN Y LA ZORRA

Un viejo león tenía los dientes y garras tan gastados que ya no le resultaba
fácil conseguir alimentos. Sin más que hacer, fingió estar enfermo. Luego, se
encargó de avisar a todos los animales vecinos acerca de su pobre estado
de salud y se acostó en su cueva a esperar sus visitas. Cuando los animales
se presentaban a ofrecerle su simpatía, él los devoraba de un solo bocado.

La zorra también acudió a visitarlo, pero ella era muy astuta. Estando a una
distancia segura de la cueva, le preguntó cortésmente al león cómo se
encontraba de salud. El león respondió que estaba muy enfermo y le pidió
que entrara por un momento. Pero la zorra se quedó afuera, agradeciendo al
león por la amable invitación:

—Me encantaría poder hacer lo que me pides — dijo la zorra—, pero veo
que hay muchas huellas de los que entran a tu cueva y ninguna de los que
salen. Por favor, dime, ¿cómo encuentran tus visitantes la salida?

El león no dijo nada, pero la astuta zorra tampoco se quedó a esperar la


respuesta y así evitó ser devorada.

Moraleja: Si aprendes de los errores de los demás, evitarás los propios.

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